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Debates en Sociología Nº 10

Debates en Sociología Nº 10

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DEBATES EN SOCIOLOGÍA 10

1984

EDITOR: COMITÉ EDITORIAL:

Gonzalo Portocarrero Francisco Durand, Orlando Plaza,Gonzalo Portocarrero, Isabel Yépez.

CONTENIDO ARTICULOS Alison Mac Ewen, Desarrollo dependiente y la segregación ocupacional por sexo Violeta Sara Lafosse, Valor del trabajo de la campesina Patricia Oliart. Migrantes andinos en un contexto urbano: Las cholas en Lima Alicia Trinidad Grandón y José María García Ríos. El trabajo doméstico de la mujer de sectores populares urbanos: El caso de la pobladora de El Agustino Virginia Vargas. Movimiento feminista en el Perú : Balance y perspectivas 121 Maritza Villavicencio. Acción de las mujeres peruanas durante la guerra con Chile NOTAS, RESEÑAS Y COMENTARIOS La dominación total (Gonzalo Portocarrero ) Mujer y trabajo: Testimonio de un a mujer obrera ( Betty Valdivia López ) Mujer y Trabajo: Nuevos problemas, nuevos métodos ( Varios ) Mujer, poeta y peruana (Rosina Valcárcel Carnero ) 50 años de tesis universitarias, sobre la mujer en la Pontificia Universidad Católica. ( Victoria Ponce del Castillo ) Índice de autores y de temas de Debates en sociología (19877–1983) (Javier Champa) 159 175 183 197 203 231 5 61 69

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147

In Memorian: Arthur Eugene Havens

229

10 EN SOCIOLOGIA

PONTlFlClA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU DEPARTAMENTO DE ClENClAS SOCIALES

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*+o

COMITE EDITORIAL: Francisco Durand, Orlando Plaza, Gonzalo Portocarrero (Editor), Isabel Yepez. Los Editores no necesariamente asumen responsabilidad por las opiniones de los autores de los artículos publicados.

DESARROLLO D E P E N D I E N T E Y LA SEGREGACION OCUPACIONAL P O R S E X O Alison Mac Ewen Scott*

Introducción Este artículo analiza los efectos del desarrollo dependiente a sobre la posición de l mujer en el mercado de trabajo urbano. Se examina el grado de segregación entre mujeres hombres, la desigualdad relativa que surge de tal segregación y las posibilidades para lograr una mayor integración e igualdad en el futuro. Como cualquier proyección futura depende de una identificación correcta de los mecanismos causales que afectan la posición de la mujer, es necesario analizar con detenimiento el efecto del desarrollo económico sobre ella.

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Se ha sugerido que el desarrollo económico no ha ofrecido mayores ventajas para la mujer en cuanto al empleo, especialmente en América Latina donde el crecimiento ha sido desequilibrado y ha producido una "crisis de empleo" 10 cual ha afectado a los hombres tanto como a las mujeres. La tasa de participación laboral femenina ha bajado y aquellas que consiguen trabajo se encuentran limitadas a un número reducido de ocupaciones, generalmente en el sector de servicios y con salarios bajos. (Boserup, 1976; Saffioti, 1978; Schmink, 1977). Las causas de esta situación y las tendencias futuras han sido objeto de mucha discusión. Sin embargo, hasta ahora no hay una explica-

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Profesora de la University of Essex. Colchester, Inglaterra.

ción satisfactoria. Es reconocido que hay una correspondencia entre la división por sexo del trabajo dentro de la familia y el tipo de trabajo que realiza la mujer en el mercado de trabajo. pero esta "correspondencia" misma no está bien teorizada. Las generalizaciones funcionalistas que tratan de explicar esta "correspondencia" en términos de su utilidad para las necesidades de acumulac'ón o reproducción del sistema capitalista atraen por su simplicidad, pero no cumplen los requisitos de una teoría sofisticada. Las críticas generales al funcionalismo se pueden aplicar a esta variedad -la identificación entre una relación y su función no puede explicar la causa de la relación, los mecanismos que la producen, los posibles conflictos implicados, la variedad entre distintos casos. ni las modificaciones a través del tiempo. Finalmente, implica una reificación del concepto del sistema capitalista y le atribuye un carácter unidimensional que subestima gravemente su capacidad de generar conflictos y cambios. Esta crítica no niega en absoluto la existencia de la "correspondencia" ya mencionada, sino que postula la necesidad de modelos teóricos menos simplistas. Para esto, es necesario investigar el papel que juega el género a nivel de procesos laborales y mercados de trabajo específicos. Hay una variedad de modelos económicos que se basan en las características de oferta de la mujer, asumiendo que ellas provienen de su papel dentro de la familia. Tales características incluyen. por ejemplo, un bajo nivel de educación, falta de capacitación vocacional, falta de experiencia acumdlada de trabajo, falta de aspiraciones carreristas e inestabilidad en el empleo. En última instancia, todo depende del problema de continuidad del empleo que es impedida por la maternidad. Aunque las teorías varían según si enfatizan la demanda de este grupo inestable u otros aspectos de su oferta. el problema de inestabilidad es básico. Condiciona las expectativas del empleador. tanto como las aspiraciones de las mujeres mismas. Este supuesto básico tiene mucha influenc'a en la discusión sobre los efectos del desarrollo económico sobre la posición de la mujer. En primer lugar, el capitalismo ha creado el problema de inestabilidad laboral femenina por su separación entre el trabajo y el hogar y entre la producc'ón y el consumo. Este proceso coincidió con la división sexual de trabajo dentro de la familia, en la

cual la mujer se quedó con la responsabilidad primaria del hogar y secundaria en el conseguimiento de recursos económicos. En segundo lugar, surgió una creciente división dentro de la estructura ocupacional entre trabajos que requerían una fuerza laboral estable .y los que no la requerían. Finalmente, el nivel de capacitación para el trabajo está íntimamente relacionado con el grado de compromiso de la mujer con el trabajo desde el punto de vista del sistema y de las motivaciones de las mujeres mismas. Hay dos hipótesis particulares que merecen atención especial tanto por su influencia en el debate como por sus diferentes pronósticos para la situación futura de la mujer. En este artículo detallaremos y aplicaremos estas dos hipótesis al caso de Lima que presenta condiciones ideales para su verificación. Demostraremos, luego, que ambas perspectivas tienen graves deficiencia? que se originan, sobretodo, de su incapacidad de incorporar elementos ideológicos y políticos al análisis.

La primera hipótesis, que se puede denominar la hip6tesis pesimista, se basa en el modelo dualista de la economía y la segmentación de mercados de trabajo. Hay dos versiones: la primera surgió en los Estados Unidos para explicar la concentración de negros y mujeres en trabajos mal remunerados (Kerr, 1954; Piore, 1971 ). La economía es dividida entre dos sectores: el.sector primario es dominado por empresas modernas y monopolistas, con tecnología intensiva de capital ( 1 ). La mano de obra aqui requiere capacftación específica y experiencia acumulada dentro de la empresa. Por lo tanto, surge la necesidad de una fuerza laboral estable y se desarrolla un sistema de carreras internas a través de las cuales se van promoviendo los trabajadores. Altas remuneraciones y beneficios sociales particulares de empresa, representan incentivos para aumentar la estabilidad de la mano de obra. El sector secundario consiste en empresas competitivas que utilizan tecnologías intensivas de mano de obra. y donde la inestabilidad de trabajo sirve una función importante en el mantenimiento de salarios bajos. En vista de que las mujeres son consideradas inestables en el mercado de trabajo, se
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(1)

En algunas versiones del modelo, los sectores son constituídos por empleos y no empresas. Sin embargo. por lo general, se considera que diferentes empresas tienen preponderancia de un tipo de empleo u otro. Este supuesto ha sido criticado por Rubery (1980).

las ve como un grupo apropiado para el sector secundario y no el sector primario (Baron y Norris, 1976).

La segunda versión toma aspectos de esta teoría y la aplica a otro tipo de dualismo que se encuentra en los países del Tercer Mundo. Aquí también hay dos sectores, el formal y el informal, pero el formal incorpora ambos elementos de la producción monopolista y competitiva, mientras el sector informal consiste en empresas que, si bien están ligadas al sistema capitalista, no tienen relaciones da producción capitalistas. El dualismo es producto, por un lado, de la predominancia de empresas monopolistas y del reducido tamaño de empresas competitivas y, por otro, de la persistencia d e la producción en pequeña escala. Esta configuración es un producto específico de la dependencia económica, lo cual acentúa las tendencias monopolistas y capitalintensivas por la importación de capital y tecnología extranjeras. Como la expansión del empleo en este sector 'no guarda relación con los procesos demográficos de crecimiento de población y migración, el sector informal tiene que absorber el excedente de mano de obra con ingresos muy deprimidos. Las posibilidades d e empleo para la mujer dentro d e este panorama serían pesimistas. Por las razones delineadas arriba, la estabilidad de empleo es cada vez más premiada dentro del sector formal y, por lo tanto, las mujeres cada vez más excluídas. Así, deben ~efugiarse en el sector informal que tiene mayor capacidad de absorción de mano de obra, pero donde los trabajos son mal remunerados. Comparando esta situación con la posición de la mujer rural que tenía una función importante en la producción campesina, parecería que el desarrollo del capitalismo produce una marginalización y desvalorización del trabajo de la mujer. Si esta situación es vista como producto de las tendencias básicas de la dependencia económica, que probablemente se profundizarían aím más en el futuro, entonces las perspectivas para una mejora en la situación del empleo de la mujer son muy reducidas.
La veracidad de la hipótesis pesimista depende de dos factores; la aplicabilidad general del modelo dualista al análisis de la situación del empleo en un país dependiente, y la capacidad de explicar la discriminación hacia la mujer dentro d e los dos sectores. Se ha criticado el modelo en ambos aspectos (ver por

ejemplo: Rubery, 1980). En particular se pueden mencionar dos puntos. Primero, la .visión de la tendencia tecnológica es demasiado estrecha. El capital monopolista utiliza una variedad de tecnologías, algunas de las cuales son ntensivas de mano de obra. La creciente internacionalización de capital está produciendo una constante re-ubicación geográfica d e operaciones d e ensambraje liviano manual, las cuales dependen de mano d e obra barata, o sea femenina. Este fenómeno está expandiendo las posibilidades de empleo para mujeres en el sector formal manufacturero (ver: Elson & Pearson 1981; Hurnphrey, 1983). El segundo problema es la centralidad del factor tecnológico en la teoría. que excluye a otros procesos que pueden crear empleos para mujeres, particularmente la burocracia. La expansión del aparato estatal ha sido una fuente importante del empleo para la mujer en sector servicios como veremos más adelante.

La segunda hipótesis, que se denominará optimista, enfatiza la capacidad del desarrollo económico d e modificar las condiciones de oferta de la mujer. La expansión del sistema educacional formal, la proliferación de cursos vocacionales, la reducción en el tamaño de la familia y el desarrollo de un sistema de seguridad social que permita mantener la continuidad en el empleo, deberían mejorar la posición competitiva de la mujer en el mercado de trabajo. Por lo tanto, subiría su participación laboral y disminuiría la segregación ocupacional. La evidencia d e los países altamente industrializados. de una elcvacion de las tasas de participaciéai económica femenina y la expansión de mujeres en ocupaciones ñlejor remuneradas tales como las profesionales y el trabajo de oficina (Oppenheimer, 1970), son indicadores de un panorama más optimista para la mujer.
Consideramos que ninguna de estas dos hipótesis son satisfactorias. Por una parte, se puede cuestionar la centralidad de la inestabilidad laboral de la mujer, como causa principal d e su posición dentro de la estructura ocupacional. Muchos empleos no forman parte de una estructura de carrera, pero aún allí hay segregación entre hombres y mujeres. En todos los trabajos hay rotación de mano de obra y muchas veces la inestabilidad la* boral es mayor entre hombres siguiendo carreras que entre mu+ jeres sin carrera. Una encuesta de trabajadores manuales en

Lima demuestra que las mujeres permanecen más tiempo en un mismo empleo que los hombres (Scott, 1978). Sostenemos que el papel del género. en la división del trabajo. es mucho más complejo. Se trata no sólo de flujos de mercado entre demanda y oferta de trabajadores distinguidos por su grado de compromiso con el trabajo y el nivel de capacitación que corresponde a éste, sino también de un conjunto de factores culturales. ideológicos y políticos que tienen que ver con el valor social atribuido a la mujer y a su trabajo ( 2 ) , el ejercicio de poder dentro del proceso laboral y el papel del género en los mecanismos de control de la empresa. Por lo tanto, no se puede considerar la segregación por sexo como efecto de las fuerzas de mercado, concebidas como mecanismos impersonales, sino que es un reflejo de una estructura ya penetrada por valores y normas culturales con respecto al género.

El supuesto compartido por las dos hipótesis delineadas arriba, es que la estructura ocupacional es neutra con respecto al sexo. compuesto de roles vacíos. a-sexuales. En otras palabras. el género es una caracteristica de los individuos y no de los empleos. Entonces, si las características de los individuos cambian, o la demanda por ellas se modifica, la distribución de hombres y mujeres en la estructura ocupacional cambiaría. Sin embargo, la evidenc;a demuestra que el fenómeno de la segregación ocupacional se ha mantenido estable a pesar d e profundos cambios, tanto en la estructura de producción como en las características de la fuerza laboral. En los casos donde la composición sexual en una ocupación ha cambiado (que son relativamente pocos y concentrados en épocas de transición abrupta cuando se produce una ruptura en el sistema de valores conjuntamente con un cam-

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(2) En una versión de la teoría neo-clásica de mercados de trebajo (ver: Amsden, 1980), se considera que ciertos aspectos del empko femenino
se deben a las aptitudes "naturales" de la mujer, tales como la destreza

manual, la paciencia. etc. Estas aptitudes "naturales" también resistirían a las fuerzas del mercado e impedirian una desegregación ocupacional. Sin embargo. el concepto no es natural sino ideológico. porque es producto de la socialización m6s que de la genética y porque sólo tiene una aplicación parcial. Por ejemplo, la destreza manual de las mujeres es aprojyiada para el empleo de ensamblaje liviano, pero no para la cirujia o la electricidad.

bio en el mercado laboral) el reemplazo de hombres por mujeres (o viceversa), generalmente, es acompañado por una redefinición del rol ocupacional. Esta estabilidad en el patrón de segregación ocupacional sugiere que factores culturales y politicos pueden intervenir en el mercado d e trabajo, de manera que diluyen el impacto de los cambios de demanda y oferta. Esto sucede porque la tipificación por género de! rol ocupacional ocurre previa al proceso de reclutamiento. La perspectiva ofrecida aquí, implica el abandono de la imagen de una estructura ocupacional asexual y el reemplazo de una imagen que consiste en roles penetrados, en mayor o menor grado, por ideas estereotipadas en cuanto a "trabajos de hombres" y "trabajos de mujeres". Esta penetración por el género es ideológica, en el sentido de que es normativa. Por lo tanto, siempre habrán algunas desviaciones y más desviaciones en algunas ocupaciones que en otras. Según este punto de vista, se debe distinguir el origen de la fijación de género en el rol ocupacional y su efecto para el proceso de reclutamiento posterior. El origen puede ser resultado de una variedad d e procesos, entre ellos, la oferta y demanda de mano de obra, la ideología en cuanto a la habilidad "natural" de un sexo u otro, el proceso político entre hombres y mujeres en el trabajo. el papel de sindicalistas masculinos, etc. El efecto es diferente. Una vez establecida, la estereotipificación del rol ocupacional como "trabajo de mujer" ya ejerce su influencia propia sobre el proceso d e reclutamiento de manera que las mujeres no se presentan para un cargo masculino aún cuando tengan las calificaciones apropiadas, ni los hombres solicitan un trabajo "de mujer" aún cuando sufran la amenaza del desempleo. La identidad sexual de los trabajos, previa al proceso de reclutamiento, tendrá su influencia también en la formación de motivaciones Rara trabaj,adores, sus aspiraciones educacionales y su orientación general hacia el mercado de trabajo. Vale decir, que la segregación sexual en el trabajo no es la variable dependiente en un modelo neutral de mercado de trabajo, sino un aspecto de la segregac'ón más genera! que penetra los procesos de socialización, capacitación y reclutamiento, es decir, las variables independientes e intervinientes también.

Cuando estudiamos el efecto del desarrollo económico sobre la situación de la mujer tenemos que distinguir varios aspectos. Primero, los cambios estructurales en el mercado de trabajo femenino que provienen de los procesos de generación y destrucción de roles ocupacionales femeninos. Los procesos de mecanización y burocratizaciók serán importantes aquí, pero también hay que considerar el proceso político entre el capital y el trabajo que puede llevar a la utilización del género como un elemento de control. Segundo, el proceso distribucional que va concentrado a las mujeres entre los distintos trabajos femeninos. Aquí los procesos de demanda y oferta dentro de los submercados femeninos tendrían importancia. Sería interesante identificar las diferencias que existen entre los submercados femeninos especifico~ y relacionar éstas con las características generales de la mano de obra femenina. El tercer aspecto seria el efecto deo la integración de los mercados femeninos y masculinos sobre la desigualdad general entre hombres y mujeres. Un supuesto básico d e esta posición es que no sólo se separan los mercados de trabajo masculinos y femeninos. sino que a lo largo del tiempo hay poca sustitución directa de un sexo por otro. Los cambios que se producen en las distribuciones de hombres y mujeres en la estructura ocupacional se producen, mayormente, por el proceso de nacimiento y muerte de roles reservados por un sexo u otro, o por el proceso de reconstrucción de estos roles. Dos imp1icanc;as surgen de esta interpretación. Primero, las posibilidades para mejorar la posición de la mujer dependerían más de los cambios dentro del mercado de trabajó femenino que de una sustitución de hombres por mujeres y, por lo tanto. de una desegregación ocupacional. Segundo. cualquier cambio en las característ'cas de las mujeres, como su nivel de educación, mayor compromiso con el trabajo, etc., n o se reflejaría en un proceso de desegregación sino en una mejora general en la calidad de la fuerza laboral femenina. Por ejemplo, es más probable que un alza en el nivel de educación de la mujer urbana produzca domésticas más cultas que electricistas femeninas. Entonces, el proceso de desegregación no se podrá dejar a las fuerzas del mercado. Requeriría un intento deliberado para desmantelar los constituyentes ideológicos de los roles ocupacionales con medio~ legislativos y de re-educación.

Este artículo está dividido en dos secciones. La primera, analiza la estructura del empleo durante un período d e crecimienc to económico entre 1940-72. La segunda, examina varios aspectos de la segregación ocupacional al final de este período en ,1973-74. Lima presenta un caso muy adecuado para poner a prueba las hipótesis delineadas previamente. El período de crecimiento entre 1940-72 era relativamente alto y estable en comparación con otros países de América Latina, pero era muy dependiente del capital y tecnología extranjera y altamente dualista. Este dualismo se refleja en una estructura ocupacional característicamente polarizada entre empresas grandes y pequeñas. El Perú también experimentó una expans;ón educacional considerable durante estos años, gran parte de la cual fue concentrada en Lima. Como resultado, la desigualdad educacional entre hombres y mujeres allí bajó. No ocurri'eron otros cambios que pudieron haber modificado las condiciones de oferta y demanda para mujeres, tales como un aumento en el impacto de medios legislativos, cambios e n el patrón de participación económica femenina o en la estructura de la familia que la afecta. Por lo tanto, se debería ver clac ramente el efecto en la segregación ocupacional de los dos factores claves en la hipótesis pesimista y optimista, la segmentación de mercados y la educación de la mujer. En el año 1974 el grado de segregación por género era muy pronunciado. Casi dos tercios de la fuerza laboral metropolitana trabajaban en ocupaciones que tenían una concentración d e un sexo u otro por encima del 90% y cuatro quintos se encontraban en ocupaciones que tenían una alta predominancia de hombres o mujeres. Sin embargo, el número de trabajos "femeninos" estaba muy por debajo del número de trabajos "masculhos". D e las 63 ocupaciones donde se empleaban mujeres, casi dos tercios de ellas trabajaban en trece ocupaciones. Además, en estas trece ocupaciones predominaban las mujeres.

La separación entre mercados de trabajos femeninos y masculinos tuvo un efecto muy grande sobre la desigualdad distribucional entre los dos sexos. Los empleos "femeninos", que empleaban a más mujeres, se concentraban en los estratos bajos de

la jerarquía ocupacional. Así, el 37% de las mujeres se encontraba en la categoría de trabajadores no-calificados y de servicios, comparado con sólo el 12% de los hombres. También dentro del trabajo no-manual, las mujeres se encontraban en los rangos inferiores. En general, el ingreso medio mensual femenino era casi la mitad del masculino y se encontraban diferenciales entre los ingresos de hombres y mujeres dentro de cada clase ocupacional. Esta desigualdad de ingreso no guardaba relación con sus respectivos niveles de educación y,; en algunos casos. el nivel promedio de años de educación de las mujeres era mayor que el nivei de los hombres. Estos datos presentan bastante evidencia de la separación de mercados masculinos y femeninos. Ahora, veremós si esta separación puede ser explicada por las hipótesis pesimista u optimista o si hay que buscar una alternativa. Notas metodológicas Afortunadamente, hay datos relativamente buenos para medir los cambios en la estructur.a del empleo durante este período en Lima. Hay censos nacionales de población en los años 1940, 1961 y 1972. Naturalmente, hay que tener mucho cuidado con la interpretación de las estadísticas oficiales para el análisis del empleo femenino y en el uso de comparaciones intercensales. Se ha hecho todo lo posible para asegurar la comparabilidad de los datos, especialmente en cuanto a cambios de definiciones. Otras fuentes de datos incluyen dos encuestas de empleo aplicadas por el Ministerio de Trabajo en 1973 y 1974 y los estudios de caso recogidos por esta autora en 1974. En el Apéndice d e este articulo se hace una descripción y evaluación de todas las fuentes. E s necesario hacer notar que este análisis varía metodológicamente comparado con algunos otros estudios. Primero. el análisqs de los cambios en la estructura ocupacional está basado en la fuerza de trabajo metropolitana y no nacional. Esto evita los problemas de la diversidad regional y la inadecuada cobertura censal de la mujer rural. Además, los efectos del crecimiento económico y la expansión educacional se concentraban mayormente en Lima y, por lo tanto, deberían ser reflejados en la estructura ocupacional allí. Segundo, el análisis es de la fuerza la-

bpral metropolitana total, incluyendo a todas las mujeres y no sólo a las mujeres de barriada o las que trabajan en ocupaciones o industrias específicas. Creemos que esto es importante para apreciar la diversidad de la fuerza de trabajo femenina, al mismo tiempo que su estructura global. Tercero, a lo largo de este artículo se enfatiza una distinción entre trabajo manual y no-manual, que es relevante tanto para hombres como para mujeres. Esta distinción es frecuente en el análisis sociológico de ocupaciones, pero no es común en los modelos económicos y puede requerir clarificación. Se refiere. básicamente, a la diferencia material y social entre trabajo físico manual y trabajo intelectual o de oficina. Corresponde a la dis- tinción entre obreros y empleados, pero como se basa en la descripción técnica del trabajo y no de su forma de remuneración, los trabajadores por cuenta propia y familiares están colocados junto con obreros o empleados según su titulo ocupacional. Los trabajadores no-manuales incluyen, entonces, a los profesionales. técnicos, empleados d e oficina y vendedores empleados en funciones burocráticas. Los trabajadores manuales incluyen a trabajadores calificados y no-calificados, ambulantes, pequeños minoristas y sirvientes domésticos. La distinción entre trabajo manual y nomanual representa una división jerárquica de status, reconocido subjetivamente en términos de la clase media y clase baja o popular ( 3 ) . Finalmente, cualquier análisis de la desigualdad ocupacional debe basarse en un sistema de clasificación de ocupaciones que tenga criterios consistentes de jerarquización (por ejemplo: ingreso, calificación). En la mayoría de los países latinoamericanos, los datos ocupacionales se basan en la c1asificac;ón COTA, que no se conforma con estos criterios (ver: Wainerman y Lattes. 1981 ) . Para este análisis se han re-clasificado las ocupacipnes

(3) El concepto de clase social utilizado aquí se refiere a la agrupación
social que se origina en las re!aciones de producción, pero que adquiere formas institucionalizadas de acción social y. por lo tanto, es reconocido subjetivamente por los actores. Conviene distinguir este concepto del de clase económica, que se refiere a la relación abstracta de producción y propiedad.

a nivel de tres dígitos (4). Por lo tanto. esta clasificación no será directamente comparable con la de otros países. E l desarrollo dependiente y la estructura de! empleo en Lima. Antes de examinar en detalle los efectos del desarrollo económico en la segregación ocupacional por sexo. describiremos brevemente algunos de los factores que podrían haber afectado la demanda y la oferta del trabajo femenino. a) Dualismo económico y segmentación de mercados de trabajo

En 1940 la economía peruana estaba todavía en una etapa temprana de industrialización y el sector moderno era pequeño (5)'. El período entre 1940-72 experimentó un crecimiento relativamente alto debido a una demanda sostenida de las exportaciones, el procesamiento industrial de algunos de estos productos y la sustitución de importaciones. El crecimiento económico fue reflejado en la aparición, en Lima, de grandes fábricas, supermercados, bancos y burocracias estatales. Además, proliferaron los pequeños talleres, vendedores ambulantes y otras manifestaciones del sector informal. La población de Lima aumentó de 645. 172, en 1940, a 3.302.523, en 1972 (5.2% por año), y la fuerza laboral se cuadruplicó, alcanzando más de un millón en el año 1972. Según la encuesta de empleo urbano del Ministerio de Trabajo de 1973, el 45% de la mano de obra metropolitana traba(4) La clasificación COTA de ocupaciones a nivel de un digito, carece de criterios consistentes de jerarquización. Confunde las dimensiones de calificación y sector económico. produciendo mucha heterogeneidad dentro de ciertos grupos. No se pueden separar los trabajadores manuales de los no-manuales, ni los profesionales de los técnicos. La reclasificación de grupos ocupacionales fue realizada por analistas del Ministerio de Trabajo con esta autora para un trabajo sobre la movilidad ocupacional. Ver: Suárez (1975) para detal!es de los procedimientos. (5) Hay .poca información sobre la estructura de producción alrededor de 1940. Según algunas fuentes (Panamericana Unión. 1950: ECLA, 1959). la industria fabril habría empleado un 2% de la PEA nacional y consistía en producción de bienes de consumo y procesamiento de productos para la exportación.

jaba en empresas con menos de cinco trabajadores, el 20% en las de 5 - 99 trabajadores y el 30% en las de 100 o más trabajadores ( 6 ) . Había una diferencial muy marcada entre el valor agregado por trabajador en el sector formal comparado con' el informal, que produjo una diferencial similar de ingresos (Webb, 1977). La encuesta de empleo del Ministerio de Trabajo de 1974, que agrupa la fuerza de trabajo entre las que se encuentran empresas con más de 20 trabajadores y las de menos de 20, demuestra que el ingreso promedio mensual de trabajadores en el primer grupo era el doble del ingreso promedio en el segundo grupo. Hay bastante evidencia, entonces, de un dualismo estructural en la economía limeíía con una segmentación en el mercado de trabajo. Según la hipótesis pesimista, se podrá esperar una marginalización progresiva de la mujer en el mercado de trabajo y una concentración, cada vez mayor, en el sector informal. Ea' realidad, veremos que esto no ha ocurrido en términos globales, aunque sí se ha producido la tendencia dentro de la clase trabajadora. b) Legislación laboral

'

Aparte de la tecnología, otro factor que puede afectar la demanda del trabajo femenino dentro del sector formal es la legislación laboral, que eleva el costo d e la mano de obra femenina con respecto a la mano de obra masculina. Este argumento ha sido apoyado por Chaplín, quien sostiene que la caída de la mano de obra femenina en la industria textil' entre 1940 y 1961 se debió al impacto de la legislación (Chaplín, 1967, 1971 ). Sostenemos que, aunque tales medidas existieron en el Perú, no pueden explicar variaciones en la demanda de mujeres durante el período de referencia. Como muchos países latinoamericanos, el Perú tiene legislación laboral avanzada y progresista, cuyo efecto es elevar el costo y reducir la flexibilidad de la mano de obra para el empleador (se ha mencionado una proporción de 50% del costo de
(6) Excluídos los no-determinados (5%). Nótese que el grupo con menos de 5 trabajadores en el índice común del sector informal.

mano de obra) (Little, 1960). Además, hay una legislación proteccionista para la mujer que requiere permiso de maternidad, limitaciones sobre la jornada de trabajo y regulaciones acerca de sus condiciones de trabajo. que indudablemente representan inconvenientes para el empleador. Además, como la mayoría de estas medidas se refieren al trabajo asalariado en empresas modernas, su impacto estaría concentrado en el sector formal. En cambio. las mujeres en el sector informal tienen, relativamente. poca protecc'ón. Sin embargo, hay que nctar que la mayoria de estas leyes fueron introducidas muchos años antes del período al cual se refiere Chaplin. Generalmente, datan de los años veinte y treinta. y la legislación referente a la mujer fue introducida por ley 2851 en 1918 que está todavía vigente (Rodríguez de Muñoz y Rosa de Salonen, 1978). Aparte de las leyes referentes al salario dominical ( 1948) y al salario mínimo ( 1965), los cambios legislativos en el área laboral trataban sólo de modificaciones o extens'ones de los principios introducidos veinte años antes. Curiosamente, uno de los grupos más beneficiados con estas modif'caciones fue el de empleados de oficina, cuyo número creció notablemente durante los años 1940-72. Si bien no se introdujeron medidas nuevas durante el período que estudió Chaplín, tampoco hubo una mejor aplicación de la ley. Chaplín mismo reconoce que habían problemas con el cumplimiento de la legislación laboral en el Perú (Chaplín, 1967). Este problema deberá ser especialmente grave para la mujer que no tiene representación en los sindicatos o en los partidos políticos para reclamar sus derechos. En e1 caso de la industria texti!. sin embargo. hay evidencia de una re-estructuración y de cambios tecnológicos que podrían haber aumentado la demanda de tareas "masculinas" con respecto a las "femeninas" ( 7 ) (ver también Chapkis y Enloe. 1983). El aumento en el número de trabajadores dentro de categorías relativamente "costosas", en términos de beneficios sociales, sugeriría que esos inconvenientes para el empleador fueran compensados por otras ventajas, tales como el bajo nivel del salario
(7) Esta observación tiene su origen en los comentarios hechos por obreros de la industria textil, quienes fueron entrevistados por la autora.

básico, alta productividad, bajo grado de militancia, etc. Otra posibilidad es que la estereotipificación de estos roles reduce la elasticidad de demanda de la mano de obra femenina. Por lo tanto, no se considera que este factor tuvo una influencia importante en la demanda de mano de obra femenina durante el período de mayor crecimiento económico. c)

La expansión educacional

La expansión de la educación en el Perú ha sido formidable. En Lima, la proporción de adultos (mayores de 14 años) con educación secundaria o superior se elevó desde un 19,5%, en 1940, a un 44,9%, en 1972, mientras que la proporción sin educación descendió a la mitad. En el año 1973, el nivel de analfabetismo en la fuerza laboral metropolitana era bajísimo (menos del 4 % ) y consistía mayormente de trabajadores viejos. Los efectos de esta expansión educacional sobre el nivel de calificación de la población adulta en Lima es evidente en el cuadro 1. Nótese que este cuadro excluye la población escolar
CUADRO No 1
Nivel de educación de la población mayor de 14 afios (Departamento de Lima. mas Callao).

Nivel de Educación

Total

1940 Hom. Mujrs Total

1961 Hom. Mujrs. Total

1972 Hom. Mujrs.

'Analfabetos* Primaria Secundaria
Superior

Total Incluye Pre-escolares y Transición, y no determinados en los Censos de 1961 y 1972. Fuentes: Censos Nacionales de Población 1940. 1961. 1972.

menor de 15 años e incluye a la población adulta inactiva. De esta manera, se puede apreciar el nivel de calificación de las mujeres potencialmente activas, además de las activas ( 8 ) . Este cuadro demuestra el alza general en los niveles d e educación de las mujeres adultas, especialmente en el nivel d e secundaria. El grado de desventaja educacional sufrido por las mujeres a principios del período es también evidente. Hay una proporción mucho mayor de analfabetos entre mujeres que hombres y mucho menor con educación superior. Hacia el año 1972. la proporción de mujeres analfabetas había caído por la mitad, mientras la de educación superior se cuadruplicó. Sin embargo. cierta tendencia de concentración en los bajos niveles de educación se ha mantenido, aunque afecta a una proporción decreciente de mujeres. El impacto de la expansión educacional se ve más claramente en los niveles intermedios, donde se encuentra el 80% de la población adulta.
CUADRO N 2 o
Distribución por sexo dentro de cada nivel educacional (Adultos mayores de 14 años. Departamento de Lima. mas Ca!lao).

Nivel de Educación

1940
Total

Hcm. Mujrs Total Hm. Mujrs. Total Hm. Mujra.
lg61

1

1972

Analfabetos* Primaria Secundaria Superior Total Incluye Transición y Pre-escolar. Fuentes: Censos Nacionales de Población 1940. 1961. 1972.

(8) Nótese que este cuadro está basado en las cifras departamentales y
no metropolitanas. Puede incluir, en 1940, a una población rural pequeña que tendría bajos nive!es de educación. (Ver Apéndice).

E.1 cuadro 2 demuestra que la desproporción entre los sexos en cada nivel de educación (excepto las analfabetas), ha ido bajando. Teóricamente, las mujeres deberían haber reducido su desventaja competitiva con los hombres en cuanto a la mayor parte de los trabajos que requieren estos niveles de educación. Según la hipótesis optimista, se podría esperar una desegregación entre hombres y mujeres, por lo menos en las ocupaciones no manuzles. Sin embargo, debe notarse que este pronóstico será influenciado por la tasa de participación laboral femenina. Como veremos a continuación, hay una pérdida considerable d e talento entre las mujeres, precisamente en el nivel donde más han reducido su desventaja educacional relativa a los hombres. La tasa de participación de la mujer

d)

Desde 1940, ha habido una caída sustancial en las tasas de participación económica femenina y ha habido mucha discusión acerca de si las causas de ella fueron reales o definicionales (Webb, 1977; Gurrieri, 1971; Scott, 1977; Deere, 1978). Este debate se ha enfocado, primeramente, en la situación de la mujer rural y en los dos primeros censos que tuvieron cambios de definiciones. En Lima, parecería que este debate es menos relevante, porque la caída en las tasas de participación afectó a ambos sexos; ocurrió en un área urbana y con'tinuó entre 1961 y 1972, cuando las definiciones permanecieron iguales. Brevemente, las tendencias en Lima Metropolitana fueron las siguientes: Primero, la tasa global de participación económica (basada en una población activa mayor de 5 años) cayó de 40%. en 1940, a 37%. en 1961, y a 33%. en 1972. La tasa femenina bajó de 26% a 25% y a 22% en las mismas fechas. Segundo, los cambios en las tasas de participación fueron similares entre hombres y mujeres, y se concentraron en los mismos grupos de edad los jóvenes y los viejos. Parecería, entonces, que las causas fueron generales -producto de un aumento en la escolaridad y de una jubilación más temprana- y no se debió a un cambio específico en el comportamiento de la mujer frente a su participación laboral. Tercero. en vista de que ambas tasas cambiaron

en forma similar, la proporción de mujeres en la fuerza de trabajo metropolitana se mantuvo estable en un 28%. Desgraciadamente. los datos cenra!es no permiten u11 análisis más detallado de los factores que afectaron el patrón de la participación femenina o de los cambios experimentados durante el período de crecimiento económico. Sin embargo, los datos del Ministerio de Trabajo dan algunas sugerencias. El cuadro 3 demuestra el efecto de la educación sobre la tasa de participación laboral femenina. Aquí se puede notar que las tasas son más altas en los extremos opuestos de la escala educacional (las de educación superior y las analfabetas), pero estas dos categorías representan sólo el 15% de las mujeres totales. En los niveles intermedios de educación, las tasas son más bajas y entre las mujeres con educación secundaria son las más bajas de todas. Esto indica un desgaste impresionante de talento femenino.
CUADRO N 3 9
Patrón de actividad económica entre mujeres de 15 años y más, por nivel de educación. Lima 1974.

Nivel Educación

% Activo

I

Activas %

Inactivas*

yo

I

Total

Analfabetas** Primaria Secundaria Superior Total

* **

Inc!uye desempleadas. (Ver Apéndice). Incluye Pre-escolar y Transición. Fuente: Encuesta del Ministerio de Trabajo, 1974.

¿Hasta qué punto es esta pérdida de talento el resultado de presiones domésticas o de demanda? El cuadro 4 pone en evidencia una relación fuerte entre estado civil y participación eco-

n6mica la tasa de las mujeres casadas y convivientes es casi la mitad de la tasa de las solteras ( 9 ) . Sin embargo, aún entre las solteras, la tasa sigue más baja entre aquellas que tienen el nivel secundario de educación.
CUADRO NQ 4
Tasas de participación económica de mujeres de 15 años y más, por nivel de educación y estado civil, Lima 1974. Estado Civil Nivel Educación Casada/ Conviviente Viuda/ Divoraada

-

Soltera

Total

Analfabetas** Primaria Secundarla Superior

Pocos casos (menos de 10). Incluye Pre-escolar y Transición. Fuente: Ministerio de. Trabajo, Encuesta d o Empleo Urbano, 1974.

* **

Stycos (1968) ha demostrado la existencia de marcadas diferencias de clase en cuanto a actitudes hacia la mujer trabajadora y se podría sostener que estas solteras educadas e inactivas provienen d e una clase social que suscribe los valores tradicionales, que prefieren que la mujer se quede en su casa. (ver también: Barrig, 1979). Sin embargo, -hay indicaciones que las mujeres con educación secundaria encuentran una demanda limitada por su trabajo. Su
(9) Los Censos indican que la estructura de la familia permaneció estable durante el periodo de crecimiento económico. Las tasas de fecundidad, nupcialidad y la edad al contraer matrimonio casi no cambiaron. Esto indicaría que las normas domésticas habian mantenido su influencia sobre la participación femenina.

tasa de empleo es 50% más alta que la tasa de mujeres con educación primaria y el doble de 'la tasa de desempleo de hombres con educación secundaria. (del Valle, 1976, p. 127). El hecho de que las mujeres con educwión secundaria, que representan el 46% de la mano de obra total con este grado de educación, encuentre una desproporción tan alta de desempleo. sugiere que no hay competencia directa entre mujeres y hombres a este nivel en el mercado de trabajo. Más bien, indicaría que los mercados de trabajo masculinos y femeninos son separados, y como hay menos puestos femeninos que masculinos, un aumento en la oferta de mujeres, resultante de la expansión educacional, I l e varía al mayor desempleo 'entre mujeres que entre hombres. Esto confirmaría nuestra hipótesis de que una mejora en la situación de empleo de la mujer, depende más d e una expansión de empleos femeninos que de una mejora en el nivel de capacitación d e la mujer. Veamos, ahora, hasta qué punto el alza en el nivel de educación de la mujer ha resultado en una desegregación ocupacional entre hombres y mujeres.
1.- Cambios en l estructura del empleo lemenino e n Lima a 1940-72.

En esta sección se presentará un análisis detallado d e los cambios del empleo por sector económico y categoría ocupacional. Desgraciadamente, no hay datos sobre grupos ocupacionales para el censo de 1940 y en ninguno de los censos existen distribuciones de la fuerza de trabajo por tamaño de empresa. A pesar de sus limitaciones (ver: Scott, 1979). tendremos que depender d e las categorías de trabajadores por cuenta propia y familiares, como indicadores del empleo "informal". Según la hipótesis pesimista, el efecto de la tecnología y d e la segmentación de mercados de trabajo producidos por la dependencia y el dualismo, será reflejado por un éxodo de las mujeres del sector de manufacturas hacia el comercio y servicios y una disminución de mujeres en las relaciones capitalistas d e producción, con un aumento en la proporción de trabajo por cuenta propia y servicio doméstico ( 10).
(10) Nótese que esta tendencia será más acertada a nivel nacional qiie a
nivel metropolitano, en vista de que el éxodo de mujeres del sector de

Como ya se ha notado, la veracidad de esta hipótesis se basa, en parte. en la aplicabilidad general del modelo dualista de segmentación de mercados de trabajo y, en particular, la supuesta homogeneidad tecnológica del sector formal y la facilidad de acceso al empleo. Por otra parte, depende también de su capacidad de demostrar que cualquier desequilibrio entre las distribuciones de hombres y mujeres en la estructura ocupacional se debe a la división formal e informal y no a otros procesos discriminatorios dentro de ambos sectores. En cambio, una distribución más al azar de las mujeres tanto por sector económico como por categorías ocupacionales y una tendencia hacia la desegregación. prestarán apoyo a la posición optimista; el supuesto de que los factores de ofmta tienen mayor peso que los de demanda y que el hecho de tener más calificaciones educacionales podría ofrecer una solución real a las limitaciones en el mercado laboral para las mujeres que trabajan. Los cuadros 5 y 6 muestran datos sobre la distribución de la fuerza laboral de acuerdo al sector económico y lascategoría ocupacional en tres censos diferentes. Debido a que el censG de 1940 no permite que se hagan tabulaciones cruzadas entre las dos variables al nivel metropolitano, los cuadros se han construído sobre la base de cifras departamentales. Se ha omitido la fuerza laboral en la agricultura, la pesca y la minería, eliminando así algo de la parcialidad que de otro modo existiría hacia la agricultura y el trabajo por cuenta propia. Un examen de la estructura del empleo durante el período 1940-72 revela tres puntos importantes, que pueden afectar la validez en Lima del modelo dualista de segmentación de mercados de trabajo. En primer lugar, no se produjo un desequilibrio en la distribución de mano de obra por sector económico, sino que se mantuvo relativamente estable. El cuadro 5 demuesmanufacturas se ha producido mayormente en zonas rurales, donde la manufactura casera (dominada por mujeres) ha sido reemplazada pon productos industriales. Sin embargo, en las ciudades se produciria otro éxodo. producto de la creciente intensificación capital-intensivo de la industria y el aumento de la demanda de mano de obra masculina.

.

CUADRO N? 5
Estructura del Empleo (a) por Sector Económico
( b ) Departamento de Lima y Callao.

(i) Distribución total po. Sector (hombres y mu Distribución femenina Sector Económicc por Sector Ekonómicc jeres )

(iii Incremento porcentual en empleo total
1940-72

(iv) Aumento porcentual en empleo temenino
1940-72

(VI Propcrción (vi) del aumenta % de mujers en cada neto de em. sector plea pata mujares

Manufacturas (c) Construcción Transporte Comercio (d) Servicios (e) No especificados
I

Total

1

100.0 100.0 lW,O

(a)

Población económicamente activa, mayor de 5 aflos, excluyendo desempleados (a excepción de las cifras de 1961 que yen sólo a los aspirantes a trabajar). ( b ) Excluye agricultura, ganadería, pesca y minería. (c) Incluye gas, electricidad y agua para fines de comparabilidad con el Censo de 1940. (d) Incluye la categoría de "establecimientos financieros y seguros" que apareció en el Censo de 1972. (e) Incluye gobierno y servicios personales. Fuentes: Censos Nacionales de Población, 1940, 1961, 1972.

UXC~U-

CUADRO N o
Estructura del Empleo

6

(a) por Categoría Ocupacional. Departamento de

Lima y Callao.

Categoría Ocupacional.

Distribución total (hombres y mujeres)

(ii) Distribución femenina por Categoría Ocupacional
1940 1961 1972

(iii) Aumento porcentual en empleo total
1940-72

(iv) Aumento porcentual en empleo femenino
1940-72

(VI
Proporción del aumento neto de empleo para mujeres

(vi)
Ojo de mujeres por

categoría
1940 1961 1972

Independientes ( b ) Trabajadores familiares Sirvientes Obreros Empleados No 'especifi7iada

(a) Poblacidn económicamente activa, mayor de 5 años, excluyendo trabajadores en agricultura, ganadería, pesca y mincrin y excluyendo a los desempleados (1961 excluye a aspirantes solamente). (b) Independientes y patrones están colocados juntos por cambios en definiciones en distintos Censos. Fuentes: Censos Nacionales de Población, 1940, 1961, 1972.

tra una reducc'ón muy pequeña en la cantidad relativa del empleo en el sector de manufacturas y un aumento más bien modesto del empleo en el sector terciario. En segundo lugar, no hay evidencia de un refrenamiento al proceso de proletarización y una expans'ón descontrolada de trabajadores "informales". El cuadro 6 indica que la razón entre el trabajo asalariado (obreros y empleados) y - trabajadores independientes y familiares cambió a favor del primer grupo. Una tabulación cruzada de estos dos cuadros (que no se incluye) muestra sólo ligera evidencia de una crisis en la pequeñá manufactura y ninguna para el crecimiento ilimitado del comercio al por menor. E n tercer lugar, el cambio más notable entre categorías ocupacionales no ocurrió entre el trabajo asalariado y el trabajo independiente, sino ckntro del trabajo asalariado mismo, o sea, entre obreros y empleados. Si la proporción de obreros bajó desde 1940. era porque la de empleados aumentó, llegando así a representar poco más de la mitad del trabajo asalariado en 1972. Esta tendencia, que está concentrada en el sector formal. se ha repetido en todos los sectores económicos y demuestra ' un proceso global de burocratización que tiene consecuencias i m p o r t a n t ~para el empleo de mujeres, como veremos ahora. En general, la relativa estabilidad en la estructura del empleo se ha reflejado también en la fuerza laboral femenina. Aunque han habido ligeros cambios en la dirección adelantada por las teorías pesimistas. no ha existido una tendencia espectacular hacia la marginalizacib de la mujer; la influencia dominante ha sido más bien la de la burocratización. La columna (ii) de los cuadros 5 y 6 muestra que hubo, en realidad, una relativa caída en el empleo femenino en manufacturas y una relativa subida en el empleo comercial, mientras la cantidad de empleos en servicios cambió poco. Sin embargo, la mayor parte de esta redistribución por sector, se debió a la expansión de trabajos de oficina más que al trabajo por cuenta propia. La columna (iv) en el cuadro 6 muestra que la tasa de aumento del empleo asalariado entre las mujeres ha estado por sobre la fuerza laboral en su totalidad y dos veces y media por sobre la tasa de. aumento en empleo femenino en total. En 1940, la cantidad de mujeres empleadas estaba muy por debajo de toda la fuerza laboral, pero antes de 1972 se encontraba marginalmente por encima.

Un análisis de la categoría ocupacional dentro de los sectores económicos, muestra un patrón similar de estabilidad en trabajo independiente y variaciones considerables entre las proporciones de obreros y empleados. Hay poca evidencia de una presión hacia la pequeña manufactura femenina por la producción capitalista en e1 sector, ni de una inundación del sector comercial con mujeres vendedoras.

Si cs que hubo un apretón en la proporción relativa de obreras, éste vino de las oficinistas. E n el sector d e manufacturas, la cantidad d e mujeres obreras cayó del 62% a l 39%. mientras la proporción de empleadas allí subió del 9% al 29%. Aún a pesar de la baja relativa en obreras, debería hacerse notar que las cifras absolutas casi se doblaron. De este modo, hubo cierta expansión en demanda de obreras en manufacturas, a pesar de los efectos de legislación y mecanización. Sin embargo, esta expansión fue sobrepasada por la demanda de hombres y, en concecuencia, la proporción de mujeres dentro de la categoría de Obreros bajó. Desgraciadamente, sin contar con una mayor desagregación, no es posible d e c i ~hasta dónde fue éste un efecto de la sustitución hombre/mujer, más que de crecimiento difereacial en las industrias dominadas por hombres y mujeres.
Es en el sector de servicios que el aumento en trabajos de oficina ha sido más impresionante. La cantidad relativa del servicio doméstico cayó de1.6676 al 49%. mientras que la de oficinistas creció hasta más del doble. El aumento en trabajos de ofic'na entre mujeres, explica casi la mitad del aumento neto en empleos del sector terciario total y el 50% del aumento neto en 12 totalidad del empleo femenino. Aunque el servicio doméstico aumentó en términos absolutos, su posición relativa como fuente de empleo femenino ha caído en forma consistente, Hasta 1972 había bajado del 38% al 28% del empleo femenino total y del 6670 al 49% del empleo femenino en servicios. Hay amplia evidencia de segregación por género en estos cuadros, tanto en el grado de mayor o menor representación de las mujeres en ciertos sectores y categorías de empleo en el año base ( l94O), como en el impacto diferencial de los cambios en e] empleo que ocurrieron más tarde. La columna ( v ) , en los dos

cuadros. relaciona l cantidad de aumento neto en el empleo por a sector, con el aumento global en el empleo femenino, indicando el grado al cual los aumentos por sector eran proporcionales o "justos". Muestra que, las mujeres, en general, no recibían una cantidad "justa" de los nuevos trabajos. Esto era, particularmente. notorio con respecto a los sectores económicos (ver cuadro 5!. Aparte de los sectores de la construcción y del transporte, de los que han sido excluídas tradicionalmente, las mujeres recibieron una porción menos que proporcional en empleos d e manufacturas y más que proporcional en empleos de servicios. Sólo en el comercio recibieron, en forma aproximada, una cantidad "justa" de nuevos trabajos. El efecto d e todo esto ha sido que la proporción mujer/hombre ha subido en el sector d e servicios y ha bajado en manufacturas, construcción y transporte, aumentando de este modo el grado de desequilibrio en cada sector, respectivamente. En cuanto a categoría ocupacional, aunque la cantidad de nuevos trabajos para mujeres en diferentes categorías no se desviaba mucho de la cantidad total de nuevos empleos, existía aún algún menor o mayor desequilibrio. Las mujeres recibieron una cantidad menos que proporcional de empleos por cuenta propia y trabajo obrero y una cantidad más que proporcional d e empleos de oficina. Nótese que los cálculos de la cantidad "justa" o "proporcional" de nuevos trabajos es relativa al aumento total en empleo femenino. El hecho de que esta cifra se encuentre muy por debajo de la mitad, significa que .en todos los casos muchos más trabajos pasaron a manos de los hombres que al de las mujeres. Aún más, a pesar de aumentos muy rápidos y más que proporcionales en algunos empleos femeninos, tales cambios no fueron suficientes para revertir la posición de minoría d e las mujeres en esas áreas del mercado laboral. Antes de conciuir esta sección, es necesario hacer algunas observaciones acerca de los efectos de la cambiante estructura del empleo femenino en la situación de las mujeres como grupo social. Se puede ver con claridad, que la caída relativa en el trabajo obrero en manufacturas y la relativa subida en empleos

d e oficina significa que las mujeres .están ahora mucho más polarizadas en los extremos del espectro formal/informal y en la división manual/no manual.

La mayor parte de las trabajadoras manuales se encuentran ahora en lugares de trabajo pequeños y dispersos, ya sea por cuenta propia o en servicios domésticos, con sólo un 11<ro en trabajo de fábricas. En cambio, la mayor parte de las trabajadoras no-manuales, se encuentran. empleadas en grandes compañías y en la burocracia estatal.
En conjunto, esto significa que hay una laguna creciente en las condiciones de empleo entre las mujeres de la clase media y las de la clase trabajadora. Sin embargo, del mismo modo en que las trabajadoras manuales y no-manuales se ven cada vez más separadas en el mercado de trabajo, asimismo, se encuentran también ligadas por una dependencia mutua, pero potencialmente conflictiva (11 ). La demanda por muchos d e los servicios personales que proveen las trabajadoras manuales, descansa en los crecientes ingresos y en el aumento de la participación económica de las trabajadoras no-manuales. A la inversa. estas últimas dependen de una oferta contínua de trabajo doméstico barato. Como ya lo ha hecho notar Arizpe ( 1977), en algunas áreas de la economía, la segregación por género en el me~cado de trabajo corre aparejada con una segregación entre los empleadores, produciendo así un mercado de oferta y demarida puramente femenino. En conclusión, entonces, en lo que se refiere a Lima, el modelo pesimista subestima el grado de oportunidades que el sector moderno ofrece a las mujeres y, al mismo tiempo, exagera el grado de marginalización de las mujeres en empleos de "refugio". La tendencia mejor apoyada por los datos es la baja en trabajo obrero femenino en el sector de manufacturas, pero hasta esta tendencia es relativa solamente, ya que las cifras absolutas casi se doblaron. Estos descubrimientos demuestran que la división dualista entre el sector formal e informal no puede proveer una explicación satisfactoria al cambiante patrón del empleo femenino entre 1940-1972 en Lima.
(11)
Conflictiva porque implica una relación de subordinación y exp!otación.

Sin embargo, el creciente desequilibrio en la distribución por sexo dentro de los diferentes sectores y categorías ocupacionales. indica que las mujeres no estaban siendo distribuídas al azar a través del mercado de trabajo y que la segregación por género "interfería" con las fuerzas del mercado asumidas por el modelo optimista. Por un lado, impedía a las mujeres que obtuvieran trabajos apropiados para sus niveles de calificación (por ejemplo, trabajos de fábrica) y, por el otro, mantenía una demanda por mujeres en trabajos que tenían más altos costos de bienestar social (es decir, trabajos de oficina). Parecería ser, entonces, que ni la estructura dualista de la economía, ni los ascendentes niveles educacionales de las mujeres, son suficientes para explicar el cambiante patrón del empleo femenino en el mercado laboral de Lima entre 1940-72. S e sugiere que los trabajos tipificados en cuanto a sexo y la segregación en los mercados laborales por género, lo que hace un corte a través de las divisiones económicas y educacionales, son la clave para comprender este patrón cambiante. En otras palabras, la posición de las mujeres en Lima fue influenciada tanto por cambios en las tasas de crecimiento de "trabajos femeninos", como por 'cambios educacionales y estructurales más amplios. 2.- Segregación por Género en Lima en 1973-74. Como bien se sabe, .el verdadero alcance d e la segregación por género en el mercado de trabajo está oculto por los datos estadísticos agregados. Las mujeres no sólo se encuentran concentradas en ciertos sectores 'particulares de la economía, sino que también en ocupaciones específicas y en secciones y tareas muy determinadas en el lugar de trabajo. Mientras más afinado sea el análisis, más se pueden notar las desviaciones por "género" en ciertas esferas del trabajo. La unidad de análisis más apropiada para el estudio de la segregación por género sería entonces la ocupación clasificada al nivel más alto de desagregación. Los análisis de segregación varían en gran medida en los niveles de agregación y en los criterios que se usan (12). La
(12)
La mayor diferencia entre medidas de segregación consiste en si se basan en las proporciones absolutas o relativas. La segregación rela-

32

mayoría de los estudios se basan en grupos grandes de ocupaciones, porque así se presentan los datos censales (ver: Oppenheimer, 1970; Hakim, 1979; Schmink, 1977). En esta sección, analizaremos el grado de segregación a un nivel más desagregado, basándonos en la clasificación de ocupaciones ( C O T A ) a tres dígitos. Luego se examinará el impacto de esta segregación en patrones de desigualdad entre las clases ocupacionales. Finalmente, demostraremos cómo la división del trabajo entre los empleos femeninos y masculinos podrían afectar el patrón cambiante del empleo femenino bajo condiciones de crecimiento económico dualista. En el análisis que sigue, se han ordenado las ocupaciones dentro de las grandes clases ocupacionales (13), en términos de su grado de concentración hombre/mujer. Las agrupaciones son las siguientes :

- empleos con absoluta preponderancia de mujeres u hombres,
en donde representan el 90% y el 100% del grupo:

- ocupaciones desproporcionadamente masculinas, en las que
las mujeres tienen menos de su proporción total de la fuerza laboral ( 3 2 % ) , pero donde no caen al 10% del grupo:

-

agrupaciones con una ligera desproporción de mujeres, aquellas en que las mujeres tienen una preponderancia que es igual o poco más que 'su proporción total en la f u e ~ z a laboral, pero donde aún no logran una mayoría absoluta (50%);

tiva toma en cuenta la proporción total de mujeres en la fuerza laboral y standariza la proporción dentro de una determinada ocupación por la proporción total. Esto permite una mayor apreciación del grado de *parcialidad implicado en la segregación. Hakim (1979) también mide la segregación ocupacional en el sentido vertical, es decir, el grado de concentración de las mujeres en los estratos bajos en comparación con los hombres. (13) Recuérdese que la base de la jerarquización de estas clases ocupacionales difiere de los grandes grupos de la clasificación COTA. Véase nota (4).

-

ocupaciones con una alta preponderancia de mujeres, es decir, representan entre 50% y 89% del grupo.

El cuadro 7 muestra que la mayoría d e las ocupaciones están dominadas por un sexo u otro, lo cual confirma el alto grado de segregación en Lima. Sin embargo, hay un desequilibrio en la distribución de trabajos "de hombre" y "de mujer". Hay un número mucho mayor de trabajos exclusivamente "masculinos" que de trabajos "femeninos" en todas las clases ocupacionales y hay dos clases, en particular, que consisten casi enteramente de ocupaciones masculinas. La variedad y alcance de los trabajos "mascu!inos" allí es notable. En contraste, hay muy pocos trabajos exclusivamente "femeninos" y una alta concentración de mujeres en ellas. El 63% de todas las mujeres están empleadas en sólo 13 de las 107 ocupaciones posibles. Estas son: enfermeras. maestras, obstetras, secretarias, dietistas, trabajadoras sociales, b'bliotecarias, sirvientes domésticas, lavanderas, cocineras, pensionistas, peluqueras y costureras (14).

El cuadro 8 da las proporciones de la población en cada clase ocupacional en trabajos con diferentes grados de concentración de hombres y mujeres. Este cuadro muestra muy claramente la polarización de la fuerza laboral entre trabajos "masculinos" y "femeninos": cuatro quintos están empleados en ocupac;ones que son muy parcializadas en una u otra dirección y casi dos tercios trabajan en puestos que son casi exclusivamente "de hombres" o "de mujeres".
Se advierte que una proporción mucho más grande de la fuerza laboral total trabaja en empleos "masculinos" que en empleos "femeninos", y la concentración de hombres en empleos "masculinos" es mayor que la concentración de mujer= en empleos "femeninos". Esto indica que la tipificación por sexo de las ocupaciones no es un fenómeno que se aplica sólo a una minoría de ocupaciones femeninas, que pueden ser representadas
(14) E n la encuesta habia un total de 107 ocupaciones listadas, en 44 de las cuales no se empleaba a ninguna mujer. D e las 63 restantes. 11 5
ocupaciones concentraban a casi dos tercios de las mujeres. Todas estas ocupaciones tenían una alta preponderancia de mujeres, o sea, arriba

de un 50%.

CUADRO N 7 9
Grados de concentración hombre/mujer dentro de las ocupaciones y clases ocupacionales.

Clase
Ocupacional**

Absoluta Preponderan- Desproporcionadamente cia masculina masculinos H = 90 100% H = 69 89%

-

-

Ligera desproporción fe- Alta preponderancia de Absoluta preponderancia menina . mjrs uee femenina M = 32 49% M = 90 100% M = 50 89%

-

-

-

-

1

Arquitectos, ingenieros, agrónomos, médicos, Profesores universitarios. dentistas, abogados, contadorea 1

Químicos farmacéuticos. Maestros secundarios.

Obstetrices.

ILil

Diplomáticos. Ministros, .'*--"' -' Directores de la Administración Pública, Directores y Gerentes en Altos Ejecutivos, MayoComercio, Producción y ristas, Jefes de SucurServicios, Contratistas sales de Comercio. de construcciones. Jefes de División, Banqueros, Agentes de Seguros. Técnicos Agropecuarios, Oficiales de las FF.AA., Topógrafos, Artistas, Técnicos Laboratoristas. Fotógrafos, Oficiales de Periodistas. Operadores Maestros en Escuelas Cubierta. Pilotos. Me- de máquinns IBM. Privadas, Traductores, cánicos de Vuelo. PoliBibliotecarios. cias. Técnico? var'os Paramédicos. Dietistas. Maestras de primaria,' 'Ayudantes en Educa- Enfermeras, Parteras. ción, Trabajadores Sociales.

111

I v

Inspectores, Despachadores, Cobradores, Agentes Viajeros, Cornisb- Cajeros. fimaceneros. nistas, Agentes de Aduana. Microbuseros, Camioneros. Taxistas.

Telegrafistas y O;>~radores de Radio', Operadorea de Mimeografo.

;ccrcbirins.

V

Sastres, Zapateros, Carpinteros, Mecáni.cas, Fontaneros, Gasfiteros, Electricistas. Reparadores de Radios y T.V., Textileros, Obreros en Cigarreros, Embaladores: Joyeros. Litógrafos, Ca- el proceso de produc- Etiquetadores. jistas, Fundidores, He- cion. rreros. Alfareros, LadriI!eros. Destiladores. Vulcanizadores. Carniceros, Panaderos, Lecheros. Curtidores.

-

Modistns y Costureras.

Dependientes de Tienda, Minoristas, Ambulantes.

VI11

Carteros y Mensajeros Aprendices, Porteros, Cargadores, Peluqueros*. Mozos, Cantineros. Lustrabotas. Jardineros, Vareadorcs, Barrenderos.

Camareras, Pensionistas, Sirvientes dom4sticos. Cocineros, Auxiliar de Lavanderas. enfermería.

* **

Este grupo tiene una segregación interna por género. Clases Ocupacionales: 1: Profesionales, 11: Gerentes y Admi nistradores, 111: Tkcnlcos, IV: Empleados de oficina, V: Conductores, VI: Trabajadores calificados y semi-calificados. VII: Vendedores. VIII: Trabajadores no calificados y de Servicios. Ministerio de Trabajo, Encuesta de Empleo 1974.

Fuente:

como "excepciones", sino que incluye también a los trabajos de hombres, los cuales son la mayoría. La segregación por sexo es un rasgo profundo $ global del mercado de trabajo. El grado de predominancia por un sexo u otro, varía entre las diferentes clases ocupacionales. Si añadimos las proporciones den4 tro de cada clase, que se encuentran en ocupaciones con absoluta preponderancia de hombres o mujeres, tendremos un índice del grado de polarización allí. Las clases más polarizadas son: Gerentes, Conductores, Trabajadores calificados y semi-calificados (las cuales son clases predominantemente masculinas) y Trabajadores no-calificados y de servicios (que es predominantemente femenina). Estas clases tienen entre el 80% y el 90% de su mano de obra ubicada en los polos extremos del cuadro. Llama la atención que en estas clases más polarizadas. muchas de las ocupaciones son "tradicionales" y se encuentran en el sector informal, lo cual indica una segregación interna en el sector. Además, el papel de la educación como medio de acceso al trabajo es relativamente pequeño comparado con el capital y el aprendizaje tradicional. En cambio, las clases que dan más importancia a la educación formal, tales como los Profesionales, los Técnicos y los Empleados de oficina tienen un nivel menor de segregación en sus ocupaciones y una distribución de mano de obra menos polar'zada entre trabajos "masculinos" y "femeninos". Esto indicaríz que un aumento en el nivel de educación de las mujeres d o llevaría a una desegregación en estas clases y no tendría muchos efectos en las otras. La clase menos segregada de todas es la de Trabajadores comerciales, que no tiene ocupaciones que sean predominantemente "masculinas" o "femeninas". Sin embargo, esta desegregación puede ser aparente. Moser ( 1975) demuestra una segregación por sexo según €1 grado de capitalización y las líneas de venta, que no está reflejada en los títulos ocupacionales. El patrón general de segregación en Lima es notablemente parecido al que prevalece en los países europeos y Norte Améri-

CUADRO NQ

8

Distribución de la fuerza laboral en ocupaciones de diferentes grados de concentración por género.

Qases ocupacionales

Grados de concentración por sexo

TOTAL
H90%+

H90%+

H69-89%

W249%

M.50-89%

Profesionales Gerentes Ttknicos Oficinistas Conductores Trabajadores calificados y senlicalificados Vendedores Trabajadores no calificados y de servicios
-

Mujeres Hombres
-

TOTAL GENERAL

Fuente: Encueta da Empleo 1974 del Ministerio de Trabajo.

CUADRO NQ 9
Distribución de hombres y mujeres por clase ocupacional y medidas de representación femenina. Lima 1974.

Clase o c a p a c i o d

l
l I

Total

Hombres

yo de mqrs.

IR0

r

1 Profesionales ii Gerentes 111 Tecnicos I EmpleaV

l
;
4.6

i
/

6.5
8.2

5.6 8.6 7,9

3.4 2,1 8.8

'

I
23.6 10.3
34.8

1
'

06 .0
0.29

'

Zde
I
tores

!
1

Oi

12.7

11,3

1 5

I

39.3

'

3

VI Trabajadores Ca. lificados y Semi. I calificados VI1 Trabajadores co. mercia!es VI11 Trbaajadores no calificados y d~ servicios

TOTAL

1
I

IW.0

100,O

400.0

1

32.3

Fuente: Encuesta de Empleo, 1974. Ministerio de Trabajo.

ca. Para buscar sus orígenes, habría que tener en cuenta factores económicos y culturales, como la estructura familiar hispánica, el católicismo, los sistemas de producción implantados desde afuera e indígenas y el desarrollo de procesos laborales y mercados de trabajo específicos. Cualesquiera que sean sus orígenes, el patrón de esta segregación es similar al que se ha comentado ya muchas veces (ver, por ejemplo, Young et. al. 1980; Blaxhall

y ;Reagan, 1976). Las mujeres se concentran en aquellas ocupaciones que présentan afinidad con sus roles domésticos: educación y bienestar, cocina, I:'mpieza, costura y compras. Están excluídas de trabajos que involucran poder y prestigio, capital, iniciativa, creatividad y responsabilidad.

Veamos ahora, de qué manera esta segregación por género afecta la estructura global d e desigualdad entre hombres y mujeres. El cuadro 9 da una composición por sexo de las clases ocupacionales, junto con el Indice de Representación Ocupacional, estadística que muestra el grado al cual las mujeres tienen mayor o menor representación relativa ( 15). Igual representación significa que la proporción de mujeres en la clase es igual a su proporción en la fuerza laboral total y tiene un valor de 1 .O. Cualquier cifra por debajo de 1 , significa menor representación y cualquiera por sobre 1, significa mayor representación. Este cuadro muestra un desequilibrio considerable en la distribución de mujeres por la jerarquía ocupacional total y dentro de las clases ocupacionales. El 55% de las mujeres están concentradas en las dos clases ocupacionales más bajas comparado con sólo el 24% de los hombres. Dentro de las categorías generales de trabajo manual y no-manual, hay también un aglutinamiento de mujeres en los rangos más bajos. El trabajo no calificado y de servicios constituye un 52.6% del empleo manual femenino, comparando con un 17% del empleo manual masculino y el trabajo de oficina provee empleos para un 52% de mujeres no-manuales, comparado con un 34% de hombres no-manuales. El Indice de Representación Ocupacional muestra que las mujeres tienen una representación mayor de 1 en las clases de menor categoría, mientras que en las otras clases su representación está por debajo de 1. La distorsión es especialmente aguda en el caso de la clase VIII, que es dominada absolutamente por mujeres y recibe casi el doble de su proporción relativa global. La desigualdad en la distribución de mujeres entre y dentro de las clases ocupacionales está ligado a su restricción a ocupa(15) En Indice de Representación Ocupacional viene de Bluestone et. al.
(1971).

ciones "femeninas" y al nivel de empleo en estos trabajos (ver cuadro 10).
9

El hecho de que se encuentre este grado de concentración de mujeres en ocupaciones "femeninas" al final del período d e crecimiento económico, confirmaría nuestra hipótesis de que los cambios en la estructura del empleo femenino entre 1940-72 ha estado. fundamentalmente, ligado a la expansión de ocupaciones "femeninas" y no a un proceso de sustitución directa d e mujeres por hombres. También prestaría apoyo a la idea que la autonomía relativa del mercado de trabajo femenino y la limitada demanda en él, conjuntamente con una oferta expandida de mujeres más educadas, llevará a un desnivel entre los ingresos y la educación de la mujer trabajadora comparada con el hombre.
El cuadro 11 muestra q"e. efectivamente, es así. Las mujeres se ven atrapadas en ocupaciones con ingresos más bajos que los hombres, una situación que ocurre "a pesar de", más bien que "debido a" sus niveles de educación. Como promedio, las mujeres en Lima ganan cerca de la mitad de lo que ganan los hombres y e l diferencial es aún más grande en la categoría de trabajadores manuales donde está empleada la mayoría de las mujeres. El alto grado de desigualdad en ingresos entre hombres y mujeres es un resultado de su diferente ubicación en la estructura ocupacional. El problema para las mujeres es que se concentran precisamente en aquellas clases ocupacionales que tienen los sueldos más bajos y el diferencial entre hombres y mujeres más grande

CUADRO No Distribución

10
por Clase Ocupacima'

de mujeres y de trabajo "femenino" Lima 1974.

6 del e m
C k s e Ocupaaonal

leo f e m e
nino

de mujecs en traajos femeninos

TQ de traba
jos feme ninos

Ocupaciones ti Trabajos

Profesionales Gerentes

Maesras Secundarias. 3bstetras.
-

--

Técnicos

Otras Maestras, Dietistas, Enfermeras, Trabaiadoras Sociales, Biblio, tecarias. Secretarias.

@npleados de Oficina Conductores Trabajadores C a lificados y Semi calificados Trabajadores Comerciales Trabajadores no Calificados y de Servicios

Modistas.

Ayudantes de Enfermeria, domésticas. lavanderas. Codneras, Pensionistas. Pz!uqueras.

TOTAL

Fuente:

Encuesta de Empleo, 1974. Ministerio de Trabajo.

CUADRO N o

11

Promedio mensual de ingresos. promedio de años de educacion y diferenciales mujer/hombre por clase ocupacional.

CIase Ocupacional

Promedio de ingresos de ma j r s como 9 ee del promedio de hombres

Promedio de Romedio de año6 de. d u
cación
Gas d e educaá6n de mujeres como %

(H Y M)

del promedio
de hombres

1 Profesionales II Gerentes 111 Técnicos IV Emplea, dos de O ficina V Conductores V TrabajaI dores Ca lificados y Semicalifica, dos VI1 Trabajadores C o merciales VI11 Trabajadores no Calificados y di Servicios

Total NoManual Total manualei TOTAL

*

E n 1974, 43 soles peruanos = 1 US$.

Fuente: Encuesta de Empleo, 1974. Miistorio de Trabajo.

44

Este cuadro muesíya que, Bunque existe una correlación qntre ingresos y educación a nivel de clases ocupacionales, hay poca asociación entre estas variables "dentro" de las clases. A pesar de que en la mayoría de las clases los salarios femeninos están entre la mitad y las cuatro quintas partes de los de los hombres, sus años promedio de educación son casi iguales o superiores a los de los hombres. Por lo tanto, parecería ser cierto que un aumento en' el nivel de la educación de la mujer no llevará ni a una desegregación ocupacional por género, ni a una reducción en el diferencial de ingresos femenino-masculinos. Podrá resultar en un ascenso ocupacional para algunas mujeres, peTo esto dependerá de la tasa de expansión en empleos "femeninos" d e alta calificación. En suma, hay poca evidencia en apoyo de la hipótesis optimista, de que la desigualdad ocupacional entre hombres y mujeres se eliminará por vía de la educación formal. Consideremos ahora la relación entre el dualismo estructural y la desigualdad femenino-masculino. Ya hemos visto que es erróneo asumir que las mujeres son excluídas del sector formal de la economía. No sólo hay mujeres empleadas en los dos sectores, sino que hay una substancial segregación por género en ambos. Por lo tanto,. el dualismo del género no puede ser supe~impuesto al dualismo económico. El cuadro 12 muestra que, dentro d e los dos sectores, la mayoría de las mujeres trabajan en empleos "femeninos" y que hay un número similar de tales trabajos en los dos sectores. Sin embargo, los niveles de empleo allí son muy diferentes con una concentración mucho mayor de mujeres en las pequeñas empresas que en las grandes.

CUADRO N? 12
Distribnáón de mujeres y de "trabajos femeninos" por tamaño de empresa ('). Lima, 1974.

dE
presa de bajadores)

% de empleo to- O/o de mujeres en Número de trabrital f e m d n o

trabajos femeninos

OS f d o s
11

<20

(a)

20+ (b)

S n datos i

1

61 .O 30.8 8.2

53,6
60.4

13

( a ) Incluye a trabajadores independientes y familiares. (b) Incluye a trabajadores del Estado. En este cuadro. por razones de codificación, se ha tenido que utilizar dos ( 0 ) categorías para indicar el dualismo económico. Ya se sabe, por otras encuestas de empleo. que la población está en realidad concentrada en einpresas con menos de 5 y más de 100 trabajadores. Fuente: Encuesta de 'Empleo. 1974. Ministerio de Trabajo.

El cuadro 13 indica el efecto del dualismo económico en la desigualdad de ingresos entre hombres y mujeres. El rasgo más sobresaliente aquí, es el gran tamaño del diferencial de ingresos entre hombres y mujeres, aún cuando el volumen de la empresa y los niveles de educación estén controlados. Dentro de las categorías manuales como no-manuales, los hombres en pequeñas empresas ganan más que las mujeres en grandes empresas.

CUADRO N? 13
Distribución de hombres y mujeres. Promedio de ingresos y educación por tamaño de las empresas.

l
Trabajadores no manuales Distribución porcentual

Número de trabadores por empresa I I

l
1
Hombres

1
Mujeres

l
t

1
28.6 71.41 9.464 26.0 74.0 6.132

-

- Años de Educación l x
Trabajadores manuales Distribución porcentual

x Ingresos mensuales 8.128
9.5

( 4 107
I
l

1 6.979

27.8

72.0 8.439 10.8

l l ~ / 9.5

64.3 x Ingresos mensua!esl 3 949

35.71 5.105

l

89.5

10.5 3.228

-

/ 1.754
69.2

1 3.062

72.6

23 4 4,871 6.1 42.5

x Años de Educación
Distribución porcentual total

I1 I

5.8 51,6

6.11 81

5.2 57.2

s

= media aritmética.
Encuesta de Empleo, 1974. Ministerio de 'Trabajo.

Fuente:

Aunque el dualismo estructural evidentemente influye en la distribución de ingresos en general, parecería que el efecto del sexo es mucho más poderoso y requiere explicación. También hzbria que analizar las causas de la continuada segregación por género "dentro" del sector formal e informal.

Conclusión Este trabajo comenzó con una crítica a dos hipótesis convencionales sobre el impacto del desarrollo económico en el trabajo femenino. Aunque hay muchas variantes en los razonamientos de estos dos enfoques. se ha concentrado en dos aspectos que son centrales en cada uno de ellos: la división de la economía en un sector formal e informal y en el nivel de educacción de las mujeres. Nuestro propósito ha sido demostrar que estos enfoques no son adecuados, porque no toman en cuenta la influencia de la tipificación de ocupaciones por género en la operación del mercado de trabajo. Lima es un buen caso para ilustrar estos puntos, ya que durante un período de crecimiento económico relativamente sostenido durante 1940-72, el dualismo ecqnómico se profundizó, mientras que el desnivel educacional entre sexos se redujo. Aún más. estos cambios tuvieron lugar contra un fondo de oferta femenina relativamente estable; no hubo cambios en la estructura familiar ni en el patrón de participación femenina. Tampoco hubo ningún cambio significativo en el status legal de la mujer én el mercado laboral.
~

A través del análisis de la cambiante estructura del empleo femenino en Lima durante este período y del patrón de segregación por género en 1974, hemos tratado de demostrar que la posición de la mujer en el mercado de trabajo está considerablemente limitada por su confinamiento a mercados de trabajo específicamente "femeninos". Esto significa que la influencia de cambios generales como el dualismo creciente y los niveles de educación ascendentes fueron diluídos por la estructura particular del trabajo femenino. Tan importantes como estos fenómenos generales eran los procesos de expansión y contracción de determinados trabajos "femeninos" y la distribución cambiante de mujeres entre estos trabajos.
Varias preguntas teóricas surgen de este análisis. Primero, ¿en qué forma limita la división de las ocupaciones por sexo el reclutamiento ocupacional y, por lo tapto, modifica las fuerzas de oferta y demanda en el mercado de trabajo? Segundo, ¿cuál

es el impacto sobre los mercados laborales específicamente femeninos del proceso global de desarrollo económico? En cuanto a la primera pregunta, hemos mantenido que la tipificación de trabajos por sexo de1;mita el patrón d e reclutamiento, porque los hombres y las mujeres no compiten entre sí por los mismos trabajos. A veces, esto "diluye" las fuerzas del mercado de modo que las mujeres son protegidas d é la caída de demanda que debería resultar del costo más alto de sus beneficios sociales. Otras veces, les impide tener acceso a trabajos a los que deberían tener derecho si se tiene en cuenta su nivel de educación. En el caso de Lima, vimos que las mujeres no eran excluídas del sector formal como podría h a b e s e esperado según la hipótesis pesimista, pero la reducción d e diferenciales educacionales entre sexos, no ~ r o d u j o una desegregación como hubiera predicho la hipótesis optimista. Evidentemente, la clave para la segregación por sexos en el mercado de trabajo yace en el proceso de reclutamiento ocupapacional, Hay varios factores involucrados aquí: el proceso por el cual determinados trabajos se transforman en empleos tipificados por sexo, el efecto que la etiqueta del sexo tiene en disuadir a posibles postulantes del sexo "no apropiado" y en crear preferencias por parte de los empleadores, la presencia o ausencia de mecanismos discriminatorios y, finalmente, el grado al que el contenido de la educación formal y vocacional es influenciado por género, de manera que falla en equipar a las mujeres para que puedan competir por trabajos "masculinos". La evidencia d e Lima sugiere que esta influencia es profu.nda (Ver: Mansilla, 1983). Mucho se ha escrito, acerca del rol de la Iglesia en la soc2alización por género en las escuelas, especialmente conventos ( Barrig, 1979). Gurrieri ( 1971 ) demuestra que los cursos vocac'onales para mujeres tienden a dirigirlas hacia trabajos específicamente femeninos (tales como costura, mecanografía, cosmetología, peluquería, etc.). En lo que se refiere a trabajo manual, el mayor impedimento para que las mujeres adquieran una especialización es el hecho de que el proceso de entrenamiento se lleva a cabo dentro del empleo mismo y no en instituciones vocacionales (Scott, 1981 ) . En . . pequeños talleres, donde los oficios son muy segregados por sexo y donde el maestro (sic) controla

los procesos de reclutamiento. capacitación y promoción. es virtualmente imposible que las mujeres consigan acceso a los oficios que son considerados "masculinos". En resumen. entonces. la tipificación de los trabajos por sexo influye en todas las fases de la orientación. capacitación y reclutamiento para el trabajo. El efecto es orientar a las mujeres hacia trabajos "femeninos" y equiparlas específicamente para estos trabajos. Al m'smo tiempo. crea ciertos obstáculos -económicos, políticos e ideoló~icor- para obtener acceso a trabajos "masculinos". Por lo tanto, es erróneo ver la segregación por género como resultado de procesos de mercado que se asumen como neutrales en cuanto al género, en los que hombres y mujeres compiten sobre una base de igualdad por los mismos trabajos. Este análisis demuestra que el patrón general de la segregación por género no encaja exactamente con la división del trabajo entre clases ocupacionales y la segmentación de la economía entre sectores formales e informales. Es necesario distinguir aquí entre la distribución de ocupaciones "generizadas" definidas como roles estructurales y la distribución de mujeres en esos roles. En términos estructurales, hemos visto que la división por género hace un corte transversal a la división económica del trabajo, produciendo un pequeño número de ocupa@on+ "femen'inas" dentro d e casi todas l s clases ocupacionales y en el sector fora mal e informal de la economía. Sin embargo, las mujeres no están distribuídas igualmente en estas ocupaciones "femeninas", sino que tienden a concentrarse en aquellas que están en las clases más bajas y en las empresas más pequeñas. Un análisis de la cambiante posición de las mujeres en el mercado laboral, por lo tanto, requiere de una investigación de la interacción entre estos aspectos estructurales y compos'cionales dentro del cqntexto de un patrón determinado de acumuIación. El efecto de los procesos económicos en la estructura interna y la composición del mercado de trabajo femenino, todavía requiere clarificación. Podemos sugerir tan sólo algunas hipótesis aquí. En el caso peruano, parecería que la expansión del Estado, en cuanto a bienestar social, ha sido importante en la creación

de trabajos para maestras ,enfermeras y trabajadoras sociales. La tendencia hacia la burocratización en las oficinas gubernamenmentales y Iss empresas privadas creó empleos para of cipistas. Estas tendenc'as tienen sus raíces en un clima de inversión expansionista y la disponibilidad de un excedente para la expansión del Estado. El crecimiento en los ingresos de la clase media y la existencia de preferencias culturales por ciertos servicios personales, expandieron la demanda por sirvientas domésticas, modistas y peluqueras. En el sector de manufacturas, aunque la innovación tecnológica parece haber reducido el número d e trabajos femeninos tradicionales en la industria textil, expandió la demanda por mujeres en trabajos de ensamblaje, empaquetado y etiquetado. Finalmente, la desigualdad del crecimiento de ingresos y la existencia en Lima de familias pobres, significó que algunas mujeres casadas se vieran obligadas a suplementar el ingreso familiar con ventas al por menor o trabajo domiciliario. Estas son algunas de las consecuencias específicas que el patrón particular de crecimiento entre 1940-72 tenía para la mujer trabajadora en Lima. Un aspecto crucial de este patrón es que, a pesar del dualismo y la desigualdad, los ingresos en casi todo el mercado de trabajo limeño subían y las oportunidades de movilidad ocupacional se expandían. La relativa magnitud del empleo femen'no "margiiial" era, por lb tanto, bajo, comparado con épocas más recientes en el Perú. Bajo estas circunstancias, las mujeres parecen haber decidido invertir en la educación para aprovechar las oportunidades de ascenso. En conscuencia, el nivel de participación femenina cayó. Así, paradójicamente, esta caída fue el producto de la expansión de oportunidades para mujeres, más que la exclusión capitalista. Esta situación cambió drásticamente en la mitad de los años setenta cuando Perú se vió lanzado a una recesión prolongada. Bajo pres'ón del FMI se redujeron los gastos del Estado y se congelaron los sueldos y salarios. El impacto sobre el empleo fe0 menino fue dramático: la tasa de participación femenina subió, así como la proporción de mujeres en empleo "marginal" o "informal" (Suárez, et. al, 1982). E s poco probable que estos cambios alteraran el patrón estructural de la segregación por género dentro de las ocupaciones y las clases ocupacionales, pero si cam-

biaron los niveles de empleo en determinadas ocupaciones femeninas y la distribución de mujeres entre ellas. produciendo una mayor "marginalización" femenina.

El efecto variable del crecimiento y la recesión en el patrón de empleo femenino indica que, a corto plazo, la infl-cia de cambios macro-económicos es principalmente compo~icional.es decir. afecta el nivel de empleo e ingreso en trabajos femeninos más que su distribución estructural. A largo plazo, los procesos económicos podrán modificar esta estructura, pero también influirán otros factores tales como la estructura familiar, la política del Estado y valores culturales. El hecho de que estas otras estructuras estén involucradas además de lo económico, podría explicar su relativa estabilidad a través del tiempo.
¿Cómo se podrían evaluar los cambios en el patrón de empleo femenino en Lima? Se pueden referir a muchos criterios diferentes, pero son dos los aspectos que merecen atención. Primero, el grado de mejoramiento absoluto en niveles de ingreso, empleo y oportunidades de movilidad educacional y, segundo, el grado de relativa desigualdad d ~ n t r o del mercado laboral femenino y entre sexos. Como acabamos de ver, en términos absolutos, la pos'ción de las mujeres en el mercado laboral de Lima era mucho mejor bajo condiciones de crecimiento que durante las de recesión. Entre 1940-72 el número absoluto de mujeres ocupadas se triplicó y subió su promedio de ingresos ( 16). Además, las oportunidades se expandieron más en la parte más privilegiada del mercado de trabajo, es decir, en trabajos con ingresos más altos y mejores condiciones ( 17). En el otro extremo, los ingresos familiares ascendientes redujeron la necesidad de que las mujeres trabajaran en empleos menos atractivos.
(16) Se infiere esta observación del trabajo de Webb

(1977). a través de un examen de los ingresos de grupos ocupacionales donde predominaban mujeres. Sin embargo, Webb no proporciona información soA bre los diferenciales de ingresos entre hombres y mujeres. (17) Aunque se puede considerar que estas ocupaciones carecen de interés intrínseco para la mujer, el hecho es que son preferidas a los trabajos laboriosos. tales como el servicio doméstico y la venta ambulante.

Sin embargo, aún existían y posiblemente aumentaron las desigualdades dentro del mercado de trabajo femenino y entre 4exos. La desigualdad entre trabajadoras fue, en parte, una reflección de la desigualdad económica general entre clases ocupacionales y sectores económicos, pero fue también producto d e los desniveles en la distribucción de trabajos femeninos en'la estructura ocupacional. La ausencia de oportunidades para mujeres en el trabajo manual calificado, produjo una polarización creciente entre trabajos manuales y no-manuales. Esto ha limitado la posibilidad de una movilidad ascendente intergeneracional de mujeres. La movilidad entre el trabajo manual y no-manual requiere una inversión considerable en educación y así no puede producirse, generalmente, en una generación. Parece, por lo tanto, que los beneficios del crecimiento han tendido a distribuirse en forma desigual entre las mujeres de clase media y baja y de distintas generaciones. Sin embargo, la desigualdad entre hombres y mujeres opaca, con mucho, las diferencias entre las mujeres mismas, aunque hay similitudes estructurales en los dos tipos de desigualdad. Ambos son el producto de la división económica general del trabajo, que concentra a la mayor parte de la fuerza de trabajo en las clases ocupacionales más bajas y de la división del trabajo por sexo, que divide a la fuerza de trabajo en mercados de trabajo femeninos y masculinos. En Lima, la combinación entre una división del trabajo estable por sexo y el progreso económico mejoró las condiciones dentro del mercado de trabajo femenbo en forma considerable, aunque se deterioró la relativa desigualdad entre hombres y mujeres. El hecho de que los avances en la posición de las mujeres hayan resultado tenues durante la recesión muestra que, por último, cambios duraderos requieren modificaciones en la base estructural de la segregac'ón por género. Esto significa tener que afrontar el problema de tipificación de ocupaciones por sexo y el proceso de "generización" del trabajo. Hasta que los aspectos político-culturales de la segregación por género estén integrados al análisis de mercados de trabajo y la formulación d e políticas, las desigualdades por género no podrán ser comprendidas ni eliminadas.

APENDICE

Notas sobre las fuentes de datos

El análisis en este artículo se basa en dos fuentes. principales de datos: Los Censos Nacionales d e Población de 1940, 1961 y 1972 y la Encuesta de Empleo realizada por el Ministerio de Trabajo en 1974. La calidad de los datos de la Encuesta es muy buena, debido a que el marco muestra1 se había desarrollado durante nueve años y los instrumentos de investigación se aplicaban con mucha sensibilidad. ,De la Encuesta de 1974, la parte referente a Lima tenia 7.342 casos, de los cuales 3.642 tenían trabajo. Teniendo en cuenta que no se recopilaron datos sobre el trabajo anterior de los desempleados, se les ha tenido que considerar junto con los inactivds. También se refiere brevemente a la Encuesta de Empleo de 1973, la cual tuvo 7.424 casos, de los cuales 3.588 estaban ocupados.
Los Censos proveen la única base para el análisis histórico, ya que las Encuestas de Empleo sólo comenzaron en el Perú durante los años sesenta. Existen algunos pro6lemas para la comparación d e datos entre los diferentes Censos debido a cambios en las definiciones y a variaciones en los niveles de agregación de los datos. Los principales problemas son los siguientes:
ji)

La definición geográfica d e Lima

El área conocida como Lima Metropolitana consiste en dos
centros urbanos, que originalmente estaban separados, pero que

ahora forman parte de la misma conurbación: la -antigua ciudad de Lima y el puerto del Callao. Esta área está englobada por dos provincias (la provincia de Lima y la provincia constitucional del Callao), las cuales corresponden a la definic'ón d e Lima Metropolitana en los Ceqsos. El marco muestra1 del Ministerio de Trabajo excluye algunos de los distritos más lejanos y, por lo tanto, su área de referencia no es estrictamente la misma que la del Censo.

Un problema importante para este análisis es que ciertos datos no existen a nivel de provincias y sólo se proporcionan a nivel del departamento. Las cifras departamentales incluyen cuatro ciudades costeñas y una pequeña población rural dispersa. Debido al crecimiento de la población metropolitana. su proporción con respecto a la población total departamental ha aumentado de un 7075, en 1940, a un 81 %, en 1961, y a un 96%, en 1972. Como resultado, se advierte en los primeros Censos, especialmente en el de 1940, una inflación d e la población en agricultura, en trabajo independiente y en la tasa de participación femenina (las tres variables están asociadas con la población rural campesina). Para eliminar esta parciaPdad, se ha quitado la población económicamente activa en el sector primario. La distribución restante es muy sim;lar a la que resulta de la suma de las dos provincias y del muestre0 del Ministerio de Trabajo; Las cifras .ajustadas departamentales forman la base del análisis en la sección 1.
(ii) La tasa de parficipación femenina

Hay variaciones en la definición de participación activa entre el Censo de 1940 y el resto, que puede haber perjudicado espec;almente a las mujeres. El cambio radica en la aplicación en los Censos de 1961 y 1972 de un criterio mínimo de 15 horas trabajadas durante la semana, lo cual no existió en 1940. Aded más, en este año hubo una cédula especial para la población rural, que tendía a elevar la tasa de participación. E s posible que los Censos de 1961 y 1972 subestimen la tasa de part'cipación femenina, aún en las ciudades, pero no es posible su cuantificación o ponderación. La Encuesta del Ministerio de Trabajo hace un sondeo mucho más sofist'cado de los diferentes niveles d e

empleo, pero da como resultado una tasa femenina sólo ligeramente más alta que la del Censo de 1972. Una comparación entre la estructura del empleo femenino en el Censo de 1972 y la Enr cuesta de 1974 sugiere que la subestimación está concentrada en mujeres de 25 a 50 años ocupadas en trabajos a domic'lio. A nuestro juicio, el grado general de subestimación no es suficiente para afectar las tendencias analizadas en la sección 1.
( iii )

Cambios de definicwnes

Entre los tres Censos hubo cambios de definiciones con respecto al Sector Económico (que fue redasificado en cada Censo) y a la categoría ocupacional (que fueron redefinidas en 1961). Para lograr comparaciones correctas, se han reclasificado y reagregado las cifras (Para detalles, ver las notas al pie d e los cuadros 5 y 6).

N O T A S Una verstón más extensa de este articulo será ~ublicadapor la O I T en el libro Sex Discrimination and Sex Segregation in Urban Labour Markets of the Third World editado por Richard Anker. Quisiera agradecer los comentarios de Richard Anker. Diarie Elson y Ruth Pearson y el apoyo de Leonore Davidoff. Mary McIntosh y Maxime Molyneux. También debo reconocer la generosidad del Ministerio de Trabajo que proporcionó los datos y de Randy Banks quien hizo el trabajo de computación. Agradezco a Gladis García y a Alfonso Núñez por su ayuda en la preparación de esta versión española.

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VALOR DEL TRABAJO D E LA CAMPESINA Violeta Sara-Lafosse

1 . Aporte productivo

La mujer campesina, es decir, la mujer que trabaja la tierra
en forma directa, dedicada al cultivo de toda clase de productos y a la crianza de animales, no siempre es reconocida en su condición de trabajadora del agro. Son varias las instancias en las cuales se presenta este desconocimiento. Una de las más importantes es la Ley de Reforma Agraria que recorta su derecho a la posesión d e la tierra que trabaja, en función de un código civil que supone a la mujer como cumpliendo en forma exclusiva el papel de ama de casa y sometida a la autoridad de un jefe. Los principios de la Constitución vigente, que rechazan toda discriminación por sexo, exigen una revisión de los artículos de la Ley que discriminan a la cam-. pesina. Otra forma de desconocimiento es a través de los datos estadísticos. En el Censo de Población de 1972 los datos referentes a trabajadores agrícolas, que comprenden tanto a obreros como a independientes y a trabajadores familiares no remunerados, presentan un 91% de varones y tan sólo un 9% de mujeres. Esta proporción está en contradicción con la información que ofrecen los estudios provenientes de observación directa, tanto de antropólogos como de economistas. Los datos censales e s t h distor-

sionados debido a las definioiones operativas empleadas, así como a la naturaleza de las encuestas; al etnocentrismo urbano y a la deficiente preparación de los encuestadores. Lo más lamentable es que hay estudios que analizan los problemas del empleo agrícola haciendo uso de esta información censal sin cuestionarla. El conocimiento de la real participación de. la campesina en el trabajo productivo es factible, analizando el tiempo que dedica a dicha labor. Este tiempo puede ser medido a través de los años y en contraposición al ded'cado a otras tareas. Las campesinas empiezan a trabajar en el agro desde muy niñas; hay algunas que afirman que lo hicieron desde nacer, es decir, el trabajo es un ingrediente indiscernible a nivel de las primeras experiencias vitales de la campesina. Es indudable que, esta temprana iniciación en el trabajo del agro, posibilita una fuerte ide~tificaciónde la mujer campesina con su ocupación agropecuaria, no siendo considerada como coyuntural o accesoria. El estudio del tiempo que dedica la campesina al trabajo del agro exige diferenciar este último en agricola y pecuario. El trabajo agrícola, por ser dependiente de las distintas etapas d e crecimiento de las plantas, presenta periodos cortos de intensa actividad y otros más largos de menor intensidad de trabajo; mientras que el trabajo pecuario es casi constante a lo largo del año, presentándose diferencias según las especies criadas. La conclusión inmediata de lo señalado anteriormente, es que el tiempo dedicado a la actividad pecuaria es mayor que el dedicado a la agrícola. Sin embargo, esto sólo es verdad para la campesina de minifundio; porque la que trabaja en una unidad asociativa la obrera eventual se dedican casi en forma exclusiva al trabajo agrícola. Para tener un panorama más ampl'o de la tarea productiva d e la campesina, es necesario conocer algo acerca de otras actividades no agropecuarias, que representan para ella ingresos adicionales; pero, al mismo tiempo, horas adicionales de trabajo. Las ocupaciones adicionales de la campesina son varias. E n primer lugar, está la artesanía, luego el comercio de los productos

de su chacra, le sigue la elaboración de alimentos para la venta y el comercio intermediario. Finalmente, se completa el panorama de las ocupaciones d e la campesina con el tiempo que dedka a las ocupaciones domésticas. Al comparar este tiempo con el que dedica al trabajo agropecuario, se puede afirmar que la campesina peruana se identifica, en primer lugar, con su papel de productora agropecuaria; pero que a ello se añade las exigencias de realizar trabajos domésticos, con lo que aumenta su jornada de trabajo.
- .

Si a lo anterior añadimos los trabajos de artesanía u otros, podemos encontrar campesinas con una jornada d e trabajo su-, inamentz cargada. En resumen, podemos afirmar que, pese a su intenso trabajo, no se reconoce el aporte productivo de la campesina. 2. Valoración del trabajo

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El aporte productivo de las.campesinas no es solamente desconocido a nivel cuantitativo sino también a nivel cualitativo. Esto lo podemos observar analizando detenidamente las tareas que realizan las campesinas dentro del ciclo agrícola de los diferentes productos. Se puede afirmar, primero, que las campesinas realizan todas las tareas del ciclo agrícola y, en segundo lugar, que están especializadas en algunas de ellas. L a s tareas que les toma más tiempo son: la cosecha, el deshierbe y la siembra. ES notable cómo estas tres tareas representan formas de trabajo que exigen gran habil'dad manual, destreza y concentración mental. para no maltratar los productos cosechados, no arrancar la planta junto con la mala hierba y no desperdiciar la semilla; y, al mismo tiempo, suponen una gran resistencia física para soportar horas de trabajo en una postura que exige tener el cuerpo doblado hasta alcanzar el suelo con las manos y caminar al mismo tiempo. Esta es la postura en la cual se deshierba, se cosecha tubérculos y se siembra o deshija gran parte de los productos. Sin embargo, este trabajo es considerado "suave" y, en consecuencia, se legitima una menor valoración expresada en un salario más bajo.

En algunos lugares de la sierra, el varón recibe un jornal (sistema de ayuda mutua) o en productos alimenticios. La situación de la ganancia igual para varones y mujeres, está generalmente asociada al pago por tarea o al destajo; es decir, se paga por quintal o arroba de producto cosechado, sea este algodón, café, etc. Esta forma de pago exige rendimientos máximos y, por lo mismo, da origen en muchos lugares a otra forma de discr:minación; a la mujer se le paga al destajo y el varón recibe un jornal fijo.
y a la mujer no se le paga, se le ~etribuyeen "ayni"

Es interesante observar que la introducción del sistema cooperativo no ha modificado las costumbres discriminatorias. Esto lo podemos entender al observar que es el voto, mayoritariarnente masculino, el que decide sobre la ganancia femenina. E n este caso podemos comprobar una vez más que el sistema patriarcal se opone decididamente a cualquier intento democrático que cuestione su supervivencia. Otro indicador d e la valoración del trabajo femenino lo podemos encontrar en la valoración que la campesina tiene d e ella misma, la cual refleja, asimismo, la ideología dominante acerca de la mujer. Esta autovaloración la encontramos claramente expresada en la aceptación o rechazo de la costumbre discriminatoria en los salarios, por parte de las campesinas que la sufren. La mayoría de las campesinas acepta la discriminación y la justifica en términos d e diferencia física, costumbre o patriarcal'smo. Es decir, se valora más el esfuerzo muscular que realiza mayoritariamente el varón, y se da una valoración menor a la habilidad, destreza y concentración mental característicos de las tareas femeninas. Esta paradoja nos lleva a reflexionar sobre la valoración opuesta existente en el medio urbano, donde los trabajos que sólo exigen esfuerzo muscular son los menos valorados, porque pueden ser reemplazados fácilmente por las máquinas; mientras que los trabajos que suponen habilidad y destreza manual unidas a capacidad de discernimiento visual y concentración mental son los más vaIorados y llevan a la especialización. Por tanto, podemos afirmar que existe una subestimación cualitativa del trabajo femenino en el agro.

3.

Capacitación e ideología

El trabajo que desempeña la campesina en las labores de cultivo de plantas y crianza de animales supone una capacitación especifica que le permita una buen5 producción. Ahora bien, esta capacitación está, a su vez, condicionada por la capacitación escolar y extraescolar. La magnitud de la discriminación que sufre la mujer campesina, en cuanto a oportunidades educativas, puede conocerse comparando el grado de escolaridad alcanzado por ellas y por sus respectivos cónyuges. La comparación muestra que el analfabetismo femenino es el triple del analfabetismo masculino. La precar:a situación educativa de la campesina está condicionada por su ingreso o no a la escuela, la edad en que I'o 'hace si es que ingresa y el abandono más o menos precoz de la misma. En primer lugar, la que va a la escuela ingresa a una edad por encima de lo aceptable pedagógicamente. La que no va a la escuela es porque los padres o tutores deciden que la niña no estudie, por su condición de mujer. En otros casos, el trabajo agropecuario que realiza la niña le impide abandonarlo para ir a la escuela. El abandono escolar se produce en situaciones similares a las anteriores, aunque hay que añadir las situaciones d e compromiso conyugal o de embarazo. El .hecho d e haber abandonado los estudios o no haberlos recibido no significa una actitud de rechazo al estudio, por el contrario, hay un gran deseo de estudiar aún siendo adultas. Es posible afirmar que la baja condición educativa de la campesina le impide autovalorarse y ser valorada en su ambiente; pero, al mismo tiempo. la baja valoración de la mujer es una de las causas más importantes por las cuales no se le educa. Se presenta, por tanto, un fenómeno de circularidad causal, difícil de ser resuelto internamente porque el sustento de la subvaloración femenina es de tipo ideológico, anclado en un sistema patriarcal tradicional. Por otro lado, hemos considerado que la campesina requiere de una capacitación agropecuaria, para que por su trabajo

productivo obtenga rendimientos óptimos. Sin embargo, es casi excepcional la situación de la campesina que ha recibido una capacitación de tal naturaleza. Esto se produce porque son pocos los programas de capacitación agropecuaria que se ofrecen en el medio rural; aún es menor el número de las campesinas que están informadas de su existencia y, de las informadas. sólo asiste la mitad. La inasistencia femenina puede deberse a una deficiente implementación de los cursos, ya sea por segregación sexual. falta de propaganda y de apoyo como, por ejemplo. la implementación de un servicio de cuidado infantil, reconocido como indispensable ahí donde interesa apoyar una concurrencia femenina. Es importante y revelador comparar el tipo de conocimientos dados con los que aspiran las campesinas. A nivel de técnicas muy generales, las aspiraciones son mucho menores d e lo que se ofrece y, por el contrario, en el rubro de conocimientos específicos en lo pecuario hay un interés muy grande que contrasta con el que se les brinda. Una vez más, el hecho de ser la actividad pecuaria, básicamente femenina, coincide con un mayor descuido en su fomento.

Es importante anotar que, fuera de los conocimientos de técnica agropecuaria, se ofrece a la campesina una gama muy variada de otros conocimientos y en una proporción tres veces mayor que los agrotécnicos. Muchos de estos conocim'entos no interesan a las campesinas: tan es así, que l cuarta parte no asiste por ese moa tivo y a otra cuarta parte no le es útil lo aprendido.
La irracionalidad presente en la opción subyacente de ofrecer a la campesina una capacitación que no le interesa y no le es útil, negándole, simultáneamente, aquello que ella requiere y le F.S provechoso, no tiene otra explicación que la presencia de una ideología urbano-industrial sobre el papel de la mujer, reforzada por un sistema patriacal discriminatorio.
4.

Participación, de la mujer

Finalmente, es interesante conocer el n'vel de participación de la mujer en la toma de decisiones sobre lo técnico agrícola, así como en lo económico.

La región de la sierra, que representa a su .vez formas culturales autóctonas, es favorable a una mayor participación d e la mujer tanto en lo técnico 'como en lo económico; sin embargo, la situación de propietaria de la tierra que trabaja es decisiva como cond'cionante de su participación a todo nivel. Esto nos confirma acerca de los efectos negativos de la Ley de Reforma Agraria sobre la situación de la mujer en el agro.

MIGRANTES ANDINOS E N U N C O N T E X T O URBANO: LAS CHOLAS E N LIMA Patricia OIiart

. . .María es d sol, el olor, el sudor; es la dosis más fuerte y lenta de alguien que sabe reír cuando debe llorar y no vive y está ,que revienta. María, María Milton Nascimento.
Desde la experiencia vital de alguien perteneciente a la clase media limeña, los sujetos del presente artículo podrían tal vez remitirlo a la casera del mercado o a la vendedora de periódicos de la esquina, a la -más cercana- "muchacha" de su casa; o, tal vez, le recuerde alguna de las incursiones de la T.V. en los pueblos jóvenes, mostrá~donos sus comedores populares, sus reclamos por el agua, sus enfrentamientos con la policía en una marcha que quiso ser ~acífica. Desde allí se percibe su pobreza, y también algo de sus sufrimientos y limitaciones. Pero para quienes -por razones de trabajo, intereses diversos u opciones vitalec- se han acercado al mundo de estas mujeres, a su ambiente cotidiano, a su vida familiar y social, a sus aspiraciones y sus lrichas, la percepción se hace muy distinta. Se descubre con ellas una vida plena de actividad. una firme voluntad de lucha contra la adversidad. una creatividad que vence límites inflexibles para vivir en solidaridad. También están -por supuesto- las dificultades, las pequeñas peleas, las envidias y los celos, las diferencias culturales, los impulsos arribistas. . . Todo ello transcurre en los barrios populares de una ciudad cada vez más chola, donde la

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presencia de estas mujeres, sus esposos y sus hijos, provoca bastante más que cambios demográficos. En este artículo se pretende dar cuenta de una conciencia nueva en los migrantes serranos. que hoy son la mayoria del "pueblo limeño". Conciencia nueva -con menos de tres décadas respecto de su situación como peruanos, como ciudadanos con derecho a aspirar a una vida mejor y luchar por alcanzarla. Pero hemos escogido hablar solamente de mujeres, porque junto con esta defensa de la identidad cultural asistimos al desarrollo de una personalidad vigorosa y autoafirmativa en las madres y esposas que moran en los barrios populares de Lima. Algo de ésto se evidenciará en los fragmentos transcritos de entrevistas realizadas a cinco mujeres que tienen en común su origen serrano y campesino.

Pese a que yri es un lugar común el afirmar que Lima es cada vez más chola y popular, no es ocioso para lo que nos ocupa, mencionar algunas expresiones de la presencia andina en nuestra ciudad. Recordemos, en primer lugar, que cerca del 25% de la población de Lima nació en los departamentos de la sierra. Del total de serranos en Lima, el 19.7% proviene del departamento de Ancash. Junín y Ayacucho aportan -según el censo de 1981- un 13% cada uno. De Cuzco, Puno y Apurímac viene el 19%. El resto corresponde a Cajamarca, Arequipa, Huánuco, Huancavelica y Pasco, en orden de importancia. Para proporcionar alguna idea sobre la composición social de estos migrantes, nos remitimos a un cuadro del Ministerio de Trabajo recogido en Trabajo en Cifras ( 1 ). Allí se nos dice que el 52% de los migrantes en Lima vive en los siguientes sectores: Cono Nbrte, Cono Sur, Ate-Vitarte, El Agustino, La Victoria, San Luis, Rímac, San Juan de Lurigancho. En estas mismas zonas, según el cuadro mencionado, reside el 58% de los obreros de empresas privadas, 38% de los obreros públicos, 58% de los trabajadores independientes y el 69% de los trabajadores familiares no remunerados. En estos mismos distritos se encuentra la mayoría de los pueblos
(1)
Yepes, Isabel; Sulmont, Denis: Trabajo en cifras. P . A . de Ciencias Sociales, PUC. mayo de 1983.

jóvenes de la capital, en los que, según. el último censo, habita el 24.7% de la población de Lima Metropolitana. Pero hay otros indicadores mas evidentes para un observador cualquiera, que dan cuenta de los cambios ocurridos en esta ciudad. Por ejemplo, hace 20 años difícilmente la Plaza San Martín o la Plaza de Armas hubieran sido escenarios de entusiastas y consecutivas concentraciones de conjuntos e intérpretes de música serrana, ante un público mayoritariamente provinciano y popular. Por otro lado, la idea de que la "música folklórica" -como comúnmente se llama a la música tradicional serrana- está totalmente marginada de los medios de comunicación, queda relativizada cuando sabemos que se propalan, a través de ocho emisoras locales, un promedio de 80 horas diarias de esta música, con espacios muchas veces mantenidos por los clubes de provincianos existentes en la capital ( 2 ) . Además de ello, cada día son más los programas dedicados a la difusión del sorprendente fenómeno que representa la llamada "música chicha" o cumbia peruana.

La realidad de la presencia andina en la ciudad ha sido incorporada también en los avisos comerciales de la televisión. cuyos publicistas necesitan desarrollar una especial sensibilidad para conocw a los compradores de sus mercancías. Así. a diferencia de décadas pasadas en las que el cholo aparecía lejano o estilizado, hoy vemos su imagen y su lenguaje representados cada vez con mayor realismo, apareciendo como destinatario preciso de tales mensajes publicitarios.
Todas estas transformaciones en la vida cultural limeña, además del reconocimiento casi oficial del elemento andino como componente de esta ciudad, no sólo obedecen a la presencia númerica de los serranos en Lima. Hay una actitud en esos migrantes y sus hijos limeños que también es hoy diferente. Es decir. son ellos mismos los principales gestores de estos cambios. Su realidad es otra porque ellos lo han provocado. Nos interesa mostrar cómo en todo este proceso se desarrolla una conciencia nueva que aparece en las palabras de nuestras entrevistadas: "La capital de nuestro país, y se lo digo sencillamente, ya no es para

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(2)

Lloréns A., Jose Antonio: Los "Programas Polklóricos" en la Radiodifusión ü e a Lima, enero de 1983. (Sin publicar). mñ,

unos cuantitos. Han habido cambios tremendos. Aquellos que siempre han dicho que son limeiíos, blanquitos, costeños, herederos de una sangre azul L . . .], orgullosos de sus ojos azules y verdes. ahora son un grupo minúsculo [ . . . l . Lima ya no es de ellos. Ahora la capital ni siquiera sirve para que ese grupo pueda sentirse diferente de los provincianos, esos que apestamos a queso, apestamos a llama" (María, 54). Numerosos y de diverso orden son los elementos que han intervenido en esta transformación del mestizo popular ( 3 ) . Desde el impulso creciente de los pueblos andinos a la construcción de carreteras que acercan el campo a Lima, hasta el acceso a la educación, pasando por el registro en la conciencia de la prédica anti-racista y nacionalista del gobierno de Velasco. El mercado, con su fuerza homogeneizadora, también contribuye a cambiar perspectivas : "Los provincianos ahora somos más allegados ya al pueblo limeño. Antes también venían y se les notaba. Ahora no. Uno no sabes cuándo ha llegado uno, si ha llegado, no ha llegado, si es de aquí. Sus ropas son iguales de todos, con zapatillas, su bloyín, polo, igual nomás. Pero también ya no hay disprecio" (Raquel, 24). Junto con limeiíos -en su gran mayoría hijos de provincianosy costeños, los migrantes serranos en Lima han construído pueblos enteros, transformando terrenos áridos e inhóspitos en zonas habitadas y hasta ornadas de plantas y provisionales jardines exteriores ( 4 ) . Así, cada día nuestra ciudad va adquiriendo características físicas y culturales nuevas y originales. A pesar de la profunda crisis, de la miseria y el hambre, en los barrios populares de Lima no hay sólo descomposición y muerte. Hay vida, ganas de vivirla con esperanza, alegría y creatividad. Con ello,+sistimos a la con(3) Nos referimos a un mestizaje cultural, más que racial. ( 4 ) Al respecto, son ilustrativas las investigaciones de Norma Adams, antropóloga de! IEP sobre e! pueblo joven lo de octubre y los migrantes del distrito ayacuchano de Huahuapuquio. De campesinos a profesionales. (PUC, 1980) de Jorge Osterling, también da cuenta de este fenómeno bastante común.

figuración de una cultura popuíar en la que aquella atávica separación entre costeños y serranos se transforma cada día -y en gran parte- por acción de los segundos. Desde los años sesenta, los migrantes serranos son más urbanos, pero también más cholos; es decir, más dispuestos a defender su identidad y su condición de peruanos, aprendiendo a usar referentes totalizadores, sin perder la particularidad: "...Ahora, el provinciano está comprendiendo que es tan peruano como el que más. Esto antes no se podía. Peruanos eran solamente algunas personas, jno? Ahora no. Y, además, el provinciano ahora se siente orgulloso de ser serrano [ . . .1, ahora baila, canta y grita su huayrio donde sea y dice: yo soy serrano" (María). "Antes se hacía mucho diferencia con los provincianos. Ahora ya no puede haber. Antes los provincianos eran más despreciados, jno? Se borlaban, les trataban derectamente de serranus, como insulto, jno? Los criollos se creían más importantes. Pero.. . un peruano.. . yo creo qui no se le debe tratar así jno? porque todos somos peruanos, todos somos humanos. Esta vez, en estos años, yo creo qui ha cambiado mucho eso" (Olga, 31). Para ello, existen en la sociedad peruana actual mejores condiciones que antes. Pese a la diversidad de vertientes culturales coexistentes en este país, asistimos a un proceso de creciente homogeneización que hace que nos atrevamos a decir que en la actualidad, el problema fundamental de los migrantes al llegar a la ciudad ya no es el "choque cultural". Haciendo una gruesa simplificación, podríamos decir que hay dos grandes maneras de ingresar a la urbe. Son modalidades relacionadas también con oleadas migratorias distintas en el tiempo. Hasta hace dos o tres décadas el migrante típico llegaba solo a la capital. Tenía que buscar sus medios de vida por sí mismo, o bien -sobre todo para el caso de las mujeres- era recibido por un conocido o pariente lejano, por lo general ya "acomodado", para quien comenzaba a trabajar bajo relaciones serviles. Este migrante arribaba a un medio distinto del suyo y en condiciones desventajosas, sin mayores vínculos con sus iguales. Para integrarse al medio, debía asumir patrones de comportamiento ajenos, sintiéndose indefenso al no contar con el respaldo de quien estu-

v:era en condiciones iguales a la suya. Esto, hasta encontrarse con las diversas instancias socializadoras de las clases - populares. Durante este proceso. el sentimiento predominante era el de la hostilidad hacia él y hacia su identidad: "Antes la gente de Lima vivíyan de los provincianos, y los provincianos vivíyan sin respeto. Encima qui tenían que trabajar duro, se les trataba mal" (Olga). "Ahora que soy una persona madura [ . . . ] voy sacando una conclusión de mis primeros años en Lima, y me doy cuenta pues de que había un complejo tremendo y que nadie quería ser serrano. Todo el mundo quería ser de Lima, y todo el mundo quería ser de la parte Norte, de la costa, nunca de la sierra. Todo el mundo era 'costeño', nunca les gustaba decir que eran de la sierra" (María). "[Lima] me parecía un mundo tan distinto. . . porque yo ya no escuchaba mi huayno -por lo radio sólo rancheras, guarachas, nomás pasaban- ni tampoco podía cantar porque me parecía que me miraban como a un animal raro" (María).

Lo descrito líneas arriba corresponde con la primera de las formas de ingreso a la ciudad. Posteriormente, en especial durante las últimas dos décadas, la llegada masiva de migrantes permite la generalización de los "clubes de residentes" y de todo un ambiente provinciano que -más allá del club- acoge al recien llegado. El migrante de estos años llega a la casa del hermano, del primo, del pariente cercano que ya tiene, o está construyendo su casa, que vive solo o con su familia y que le presta la ayuda necesaria para buscar un empleo, terminar sus estudios; en suma. para abrirse paso en la ciudad. Culturalmente, el mundo al q u e llegan estos migrantes es más cercano al que dejaron atrás. En el barrio al que llega, es posible que sus vecinos provengan de su mismo pueblo, o de uno muy cercano ( 4 ) , o que sus parientes formen parte de un equipo de fútbol o un club con los paisanos. Celebrará con ellos "fiestas costumbristas" -como llaman los provincianos a la celebración de las fiestas tradicionales- de su pueblo y de otros pueblos. Así, el desarraigo no será tan grande y podrá conservar partes importantes de sí mismo en su integración a la vida en la capital.

". . .Pero ahora ye en la ciudad, los serranos han sabido hacerse un espacio. Tienen sus clubes, se ayudan entre paisanos. Antes no era así. Uno llegaba y no sabía nada de paisanos. Entonces trataba de arribar, de individualizarse. Eso era todo. Y son los mismos provincianos los que han cambiado esto, ¿no?. . .Los limeños, o mejor dicho, los criollos siempre tratan de discriminar por medio de la raza. Siempre están: 'que costeño, que serrano. . .'. Eso ya está sembrado. Y es bien fuerte, pero los mismos provincianos lo están cambiando" (Lucy, 26).

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Si bien la forma de ingreso a la capital es importante para el posterior desarrollo de la vida cotidiana del migrante, juega también un papel importante en ello la relación que éste establezca con las organizaciones o las diversas instancias socgalizadoras del mundo popular y de la ciudad. Puede ser el sindicato. la federación, la asociación de ambulantes, la organización vecinal, la secta religiosa, el club deportivo, el club de madres, el partido político, etc. A lo largo del proceso de inserción en la ciudad, va transformando su visión de ésta, del país, de las clases sociales, de sí mismo. "En su casa de mi madrina. donde yo me hey criado, sí han cambiado las cosas. Antes me trataban distinto, entonces yo hey ido a visitar con mis hijos y mi ha hecho sentar en la sala. a mis hijos les ha mimado, y hasta mi ha preguntado mi diricción [ . . .l. Entonces yo le digo: ~ Q u íha pasado madrina, ¿por qué me tratas así? ¿Por quí está así tu casa? Porque antes su casa de mi madrina era puru luju tenía. E n cambio ahora, es igual nomás a la casa de mi otros familias. Y ella mi dice qui los tiempos han cambiado, que la vida ha cambiado. Yo creo que ahora todo es más igual que antes. . . Antes, . . .cuando los limiños viíyan una cucaracha gritaban, si asustaban, ahora no. Es como ver. . . un animalito otro en su casa [se ríe] ahura ya hay cucarachas en todas partes, moscas en todas partes" (Olga). "El triunfo de Barrantes no es el triunfo de un partido. E s el triunfo de los provincianos y de los pobres de Lima" (María). Los cinco casos que presentamos no son raros o muy especiales. N o nos fue dificil conocer a estas mujeres, conversar con ellas o saber de sus vidas. Con sus orígenes y prirneras expe-

rienrias comunes, y los distintos rumbos que tomaron sus vidas posteriormente, todas ellas nos muestran el importante papel que -desde la particularidad de las actividades femeninas- cumplen las mujeres como agentes activos en la mejora de las condiciones de vida del pueblo. Raque1 y Olga, luchando diariamente por su organización y su barrio; Lucy, con un proyecto más definido políticamente. bregando por sacar adelante la organización gremial de las trabajadoras del hogar. Isabel invierte su dinamismo y energía buscando, junto a otras vecinas, las formas más eficaces de obtener los servicios para su barrio. María, más allá de sus logros como cantante, se esfuerza por cumplir con un rol de educadora y defensora de nuestra identidad mestiza.

A través de sus testimonios podemos ver también cómo algunos de los valores tradicionalmente atribuídos a las clases populares -como el fatalismo, la conformidad, el espíritu pasivoparecen estar ausentes en varios aspectos d e la vida de estas mujeres. Los importantes cambios ocurridos en sus vidas (la migración. las diferentes experiencias de trabajo, la vida escolar, el matrimonio) no aparecen para ellas como obra del destino y sus designios, sino como parte de una constante lucha contra lo tradicional, lo establecido, que pretendía negarles el estudio y la posibilidad de mejorar sus vidas. Con esa comprensión de las cosas, se expresan también ciertas frustraciones que tratan de ser resueltas proyectando el futuro de los hijos. Frente a ellos, estas mujeres no se sienten contentas con lo logrado. En todas está presente esta idea: "Que no sean como yo. . . que no sufran como yo". Desean para sus hijos un mayor nivel educativo y estabilidad en su vida de adultos. Gran parte de su esfuerzo cotidiano apunta a cumplir este objetivo.
Con todo ello, podemos decir que para nuestras entrevistadas y para otras como ellas, la vida está en el futuro y se construye desde hoy, día a día, con esfuerzo y con proyectos. Sus esperanzas están encarnadas en la posibilidad de una vida mejor para los hijos y en la "superación" de su barrio. Pero para llegar a realizarlas trabajan diariamente con empeño y decisión. ¿Qué es lo nuevo en todo esto? Creemos que es posible mostrar los cambios que se operan en la conciencia popular como parte de fenómenos sociales mayores y con alguna historia hacia

atrás. Cada vez se hace más evidente el desarrollo de una conciencia democrática: Todos somos iguales, todos tenemos derecho a lo mismo. De esta manera, hoy se comprenden de muy diversa forma las tradicionales divisiones sociales: Si hay ricos y pobres, no es porque "así debe ser". Igualmente las diferencias raciales no marcan superioridad o inferioridad en las personas. La educación, en cambio, sí diferencia cualitativamente a las de realización perpersonas porque ofrece mayores sonal. El hombre no es mejor que la mujer. La unidad del pueblo es importante para conseguir lo que necesita; además, aquéllo sólo se puede lograr luchando. Por otro lado, podemos ver que en esta Lima chola y popular se está gestando una cultura nueva en múltiples dimensiones. Encontramos a mujeres que viven su feminidad autoafirmando la fuerza que les da el ser mujeres y madres del pueblo. Presenciamos también la aparición de migrantes -y de sus hijos- que ya no se sienten extranjeros en l capital, sea porque aquí se ena cuentran entre los suyos, como también porque el rechazo de Lima y los limeños ya no es importante para ellos. Aquí, en esta ciudad, donde se encuentran, se conocen y conviven partes del mosaico que somos, están surgiendo peruanos y peruanas que anuncian el futuro de "una nación joven en un país viejo". 11 Presentamos, ahora, a Raquel, Oiga, Lucy, Isabel y Maria. Sólo una de ellas nació en Lima, pero es hija de migrantes serranos. Las demás llegaron a Lima antes de los 16 años y son de origen campesino. Las entrevistas fueron hechas entre febrero y abril de 1984 ( 5 ) .
(5) D e las entrevistas hechas a María Alvarado Trujillo, una sc realizo en 1981 en la Escuela Nacional de Arte Folklórico. José A. Lloréns, autor
de la entrevista, nos la cedió gentilmente para este artículo.

En las siguientes páginas, pretendemos dar una imagen lo más cercana posible del transcurrir de sus vidas, de sus preocupaciones y de la actitud con la que enfrentan los problemas. Conocemos ya algunas de sus percepciones sobre Lima y los provincianos. Ahora nos acercaremos a sus aspiraciones, a su vida familiar. a su lucha diaria por una vida mejor o al menos igual -no peor- a la que hoy llevan. RAQUEL Nació en el departamento de Ayacucho y tiene 24 años. Llegó a Lima poco después de morir su padre: "Mi mamá estaba sola, desesperada, no sabía qué hacer. Teníamos un terreno chico nomás. mi mamá no tinía cómo coltivar. El último de mis hermanos estaba de on año. los otros tenían 3 años, cuatro años y seis años. Conmigo eramos cinco. Yo tenía 10 años. De ahí nos hemos venido pa' acá, para Naranjal. Acá en esa época había algodón y juntos con mi mamá me puse a trabajar recogiendo algodón". Esto ocurría en una ex-hacienda -hoy CAP- ubicada en el distrito de San Martín de Porres en las faldas del Cerro "El Choclo", cuya apariencia se ha ido transformando en los últimos 8 años. El declive de sus laderas está hoy convertido en una suerte de andenería en cuya parte plana se construyen las viviendas de estera, cartón y adobe de cerca de 170 familias. La tarea de ganarle terreno al cerro ha sido y sigue siendo enfrentada cotidianamente de manera colectiva. Permanentemente se ve grupos de personas quitando piedras y aplanando la tierra:. dibujando la que algún día -según sus pobladores, serían las calles de su aún no reconocido pueblo joven. Allí, en ese cerro, vive Raque1 con su esposo, sus tres hijos y un hermano menor a quienes sostiene con su trabajo: "Como sea yo tengo que mantener a mi familia porque mi esposo está estudiando en la oniversidad y no me puede cómo ayudar, así que yo pue trabajando le sostengo a mi hogar".

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Gana entre 4,000 y 4,500 soles diarios co,rtando alfalfa, por la que tiene que pagar para luego venderla en el mercado.

Además, esta joven mujer es secretaria de organización del comité de damas de su barrio. Por lo que nos dice, su esposo parece haber influido mucho en su comprensión de las cosas: "En el comité de damas tratamos de organizar a las compañeras para. . cómo se llama. . . para poder luchar unidas por nuestros .hijos. Mi esposo, él me dice que organice a las mujeres, que hay que cultorizarlas para que se organicen para que pueden comprender más y que así las mujeres ya no van estar cohibidas en su casa, calladas, que no pueden ni participar ni hablar en público. Así me dice mi esposo, que juntos y. organizadamente podemos avanzar, porque necesitamos, porque somos pobres".

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Raquel es una mujer menuda, muy delgada y ojerosa, de hablar pausado y semblante tranquilo. Contrastan con su apariencia su responsabilidad y disposición para el trabajo, así como la seriedad y tono grave que asume al hablar de sus hijos. Un día cualquiera en la vida de Raquel es como ella nos dice: "Yo me levanto las cuatro de la mañana, compro mi alfalfa y cargo y voy al mercado. Regreso y cocino pa' los hijos; después, empiezo lavar ropa, después ya hago otras cosas. Si hay una reunión, yo ya me vengo pa'ca [se refiere al local comunal donde se realizó la entrevista], estoy limpiando, llamando a los vecinos al local. converso con las vecinas para organ'zarnos, ver lo que estamos haciendo. Si viene el médico, también preparo el local. . . Y así pasa mi tiempo. Yo me acuesto a las ocho. más tarde no puedo porqui tengo que levantarme las cuatro. Si tengo que cortar -hay días que voy cortar más leios- entonces me levanto las tres de la mañana. Asi pasa mi tiempo. . .anochezco, amanezco trabajand o . . ." Ella lamenta no haber estudiado más, pues desde muy pequeña tuvo que ayudar a su madre con la mantenc'ón de sus hermanos menores. En su pueblo solamente estudió hasta segundo de primaria, pero dice que al llegar a Lima se le olvidó todo. Su madre acudió a unos parientes que vivían en Barrios Altos para que matriculasen a Raquel en una escuela. Lo hicieron, pero Raquel no tuvo mayor éxito en sus intentos de seguir estudiando:

". . .ahí en Barrios Altos yo tenia familia. Estudiaba en
el nocturno. Me acuerdo: todos los alumnos eran más grandes, yo era la más chica. Pero mi horario de trabajo era de 7 de la mañana a 6 de la tarde, entonces yo llegaba al colegio y me dormía, no podía cómo aprovichar el estudio. El cansancio mismo me hacía dormir en la carpeta, no pude aprovechar así que lo dejé. Más era lo que se gastaba pasajes. . . ". Pero como tantas otras madres, ella traslada sus asp'raciones educativas a sus hijos, y ve su formación escolar y universitaria como garantía de seguridad para ellos: "Mi hijita mayor [7 años] ya está estudiando. . . Yo quiero que mis hijos sean educados, instruídos, que sigan su profesión. Pero también quiero que luchen. . . que luchen pa' que mejore la vida del pueblo, que luchen por el pueblo. . . Ahora es una crisis económico tan grande, no tenemos pa' comer, no le podemos dar buena su educación a los hijos, pero tenemos que hacer el esfuerzo. . .porque si no. igual que yo serían m's hijos pues también".

OLGA'
Nació hace 31 años en un barrio minero de Cerro de Pasco. Lleva en 'Lima 26 años. Es huérfana de padre y madre desde los nueve años y a partir de entonces fue a vivir a casa de su madrina. Desde 1961 hasta 1975 -año en que se casó- trabajó allí como empleada, asumiendo las tareas que su madr'na le daba en el restaurante que aún posee en un céntrico barrio limeño. Olga trabajó allí sin sueldo hasta 1970. Ella dice no entender esto como una injusticia puesto que su madrina la trataba como a una hija y además le dió educación. Mas la percepc'ón que tiene de su madrina es contradictoria. Agradecida en algunos momentos, crítica en otros. "Yo: estudiaba en Jesús María, y trabajaba en avenida Grau. Como mi madrina tinía negoc'o de restaurante, yo mi levantaba las cuatro de la mañana para empezar a preparar las cosas, limpiar, comprar, esas cosas. El colegio era lijos y yo lligaba tardi, a veces no iba de

cansancio, me quedaba nomás. Otros días mi dormía en la carpeta. Mucho era el cansancio pues".

O también :
"Yo mi casé contra la voluntad de mi madrina. Ella no quiría que yo mi case. Quería que esté siempre con ella. Contra ella y mi padrino yo me casé con dispensa judicial". Dlesde entonces -1975- vive igual que Raque1 en Cerro, El Choclo. Sobre este pobre y alejado asentamiento nos dice: "Ahora esto está más bonito qui antes; jno?, porqui ha cambiado, está,mejor ahora y con el t'empo va ser una maravilla. Vamos a tener de todo. Ahora tenemos una carretera, viene el aguatero, viene el gaseosero; bueno pues, tenemus de todo. Antes acá no llegaba nada, 'bía que caminar hasta la Panamericana, ahora ya hay camino. Si te vas en taxi, te vienes en taxi, te has venido en micro ¿ves?, ya hay. Antes no había ni camino pa' caminar. Yo mimagino que con el tiempo esto va a ser mejor". Olga es ama de casa. Su esposo es obrero textil y trabaja en el horario nocturno. Tiene cinco hijos, cuatro en la primaria y uno en educación inicial. Lo más importante para ella es que ellos estudien : "Pa' mis hijos. . . yo cuánto quisiera que estudien, jno? aunqui no sean profesionales, yo quiero que progresen, que trabajen pa' que se desenvuelvan, ¿no?, que tengan un buen trabajo. No quiero que sufran como yo, por: que cuando uno no tiene madre, padre, se sufre mucho. Si quieres estud;ar, no puedes; ehtoncis trabajas, estudias, pero no se puede, es mucho el agotamiento. Yo tengo mi cuarto de primaria. Hasta ahí estudié. Ahora les exijo a mis hijos que estudien. Les digo, les sup1;co que estudien, que no sían como yo. Yo tengo mis-hermanos mayores que son profesionales. Ellos han adquirido su profesión con su esjuerzo. Mi papá nos dejó muy pequeños, ellos estudiaban, trabajaban. Y o no hey podido porque era muy pequeña, mi cansaba más. Ellos trabajaban para ellos. Para mí no se podía. . . D e allí mis hermanos se llegaron a casarse y se olvidaron de

veces pienso ir. . .pero no puedo. . .por una cosa, por otra cosa. . .se enjerma mi esposo, se enjerma mi hijo, o no tengo para el pasaje. . . y así así, yo no voy a ver a mis hermanos".

m í . . .hace diez años que no les veo a mis familias. A

A su madrina ha ido a visitarla dos veces desde que salió de su casa. Se ha vinculado más al mundo familiar de su esposo. Su situación actual tiene para ella un doble signo. Siente que ha disminuido de categoría social y no quiere que nadie que la conociera siendo soltera sepa del lugar y las condiciones en las que v:ve. Por otro lado, se considera "mejor" que muchas de sus vecinas, más instruída, más culta, más humanitaria y activa, además desinteresada.
Olga tiene varias responsabilidades en su barrio. E s promotora de salud de su comité, pero por su dinamismo y habilidad también atiende las necesidades de otros. En el club de madres es secretaria de prensa y, junto con Raquel, es una de las más dinámicas propulsoras de éste. Aunque tal vez para cada una, estas responsabilidades estén cargadas de sentidos muy distintos: "Me gusta participar y ayudar, soy muy humanitaria. No soy rencorosa, tendré problemas con otras señoras. pero mi olvido al instante. Nosotros queremos que todos sían unidos, que no haya problemas en el pueblo.. . Pero la mayoría de las compañeras no comprenden. . . quizás nunca han participado, entonces no saben lo que es un club de madres [ . . . l . Entonces estas personas carecen de conocimiento. La mayoría de mujeres en este pueblo son analfabetas. No saben, no comprenden lo que uno les habla. No han tenido roce antes.. . entonces, hay que hacerles comprender con cariño, no contradecirles. hablarles como se habla un niño, jno?". Podenos decir, sin embargo, que en S U barrio Olga ha descubierto una serie de cualidades suyas antes negadas o sin posibilidades de desarrollo. Ella aprecia este hecho y no quiere dejar de evolucionar personalmente. Considera que esto constituye una ayuda para la educación de sus hijos:

"El club de madres para mí es muy importante. Tal vez
desde aquel día que participo hey aprendido más, veo

qui significo un poco más. Antes yo mi sintía cohibida de participar, sólo tinía mis problemas, no hablaba muchu con el vecindario, pero ahora no. Yo he cambiado, mucho ...tal vez sea la edad jno? (se ríe). Ahora es diferente. Yo tengo mis problemas, pero también tengo mis responsabilidades. Entonces ya no pienso tanto en mis cosas nomás. . . .Hay veces cuando estoy discansando, no mi siento tranquila. Mi desespero. Siento qui debo estar participando en algo, haciendo algo".

Es la única de las entrevistadas nacida en Lima. Tiene 36
años. Su padre nació en Ayacucho y su madre en Huánuco. No sabe en qué año llegaron, pero sí recuerda haber sabido que ambos estaban solos en Lima cuando se conocieron para luego casarse. Su padre llegó cuando tenía 18 años e ingresó a la Guardia Civil. La madre de Isabel murió poco después de nacer el último de sus siete hijos, víctima de una larga enfermedad que modificó sustancialmente el rumbo d e su familia: "Como mi mamá estaba grave, mi papá se retiró del cuerpo policial y entró a trabajar como operario al arsenal de la FAP. Entonces recibía su jubilación y un sueldo mayor. Pero mi mamá s;guió grave hasta que yo ya ni siquiera pude seguir estudiando. Mucho era ei gasto y tampoco había quién se encargue de la casa. Yo tenía 10 años en esa época. Llegué a mi quinto de primaria nomás. Hasta que mi papá tuvo que dejar su sueldo de la F A P porque salió una ley que decía que nadie podía rec!bir doble sueldo del estado. Entonces su pensión de mi papá no alcanzaba para todos. Entonces yo, terminando mi primaria, me puse a trabajar desde mis 11 años. Trabajaba en casas haciendo servicio. Yo soy la segunda de todos mis hermanos, entonces mi papá dijo que mi hermana la mayor se quedaba haciendo el trabajo de la casa. Yo salía a trabajar a la calle. mis hermanos hombres, que son tres, estudiaban. Yo me resentía de por qué tenía que salir yo a trabajar a la calle. Eso siempre se ha quedado en mí [ . . . l . La primera vez que trabajé -cama afuera le dicen- yo no me acostumbraba. Yo decía: '¿cuándo se acabará esto, cuándo se acabará?'. Pasó el tiempo y yo seguí trabajando en otras cosas, quise estudiar más, pero no se

podía. . .mi papá. . . para él la educación había que dársela a los varones, no a las mujeres . . l . Esa era la mental'dad de mi papá. Mi mamá sí quería que estudiemos. Ella murió y nosotros estábamos mal en lo económico".

L.

Después de trabajar en servicio doméstico, Isabel decidió emplearse en algo diferente. Trabajó como obrera en tres lugares distintos. Los dos primeros, talleres casi artesanales: U n taller donde se envasaba en bolsas, muñecos de plást'ros. El otro, más grande. donde se confeccionaban trapos para limpiar pisos y carros. El tercero fue una fábrica de "muebles de fierro forrados en plástico" donde además aprendió a trabajar con fibra de vidrio. Allí permaneció durante diez años. Sal'ó al nacer su segundo hijo "Yo tenía. . .estaría para cumplir los 13 años, y ya no quería trabajar en casas. Entonces, una vez que salí de la última casa en que trabajé, entré a trabajar donde una señora que embolsaba figuritas de plástico. Eran de deportistas. Pero ese trabajo no me gustaba porque no aprendía nada. Había varias muchachas, pero yo veía que ese trabajo no era para mí. Después entré a trabajar en una fábrica. Era chica. Se hacían trapos para trapear, así para limpiar carros, en eso trabajé. Los trapos, los dueños los traían en costalillos. Eran trapos. . .retazos pequeños, entonces nosotros poníamos eso en el centro, de allí otra tela encima y a pasarle y pasarle la máquina. A las franelas de carro les hacíamos la basta. Hacíamos cuadrados grandes. De esos trapos cosidos nos pagaban. . .0.50 centavos ;por kih! Y estaba cose y cose, cose y cose y lo más que se sacaba eran tres soles diarios. Y eso no era plata, pues. También de allí me salí, pero me dieron Seguro Social. Ahi saqué mi. . .tarjeta de. . .prestaciones. M;. mira era entrar a trabajar con mi hermana. Ella empezó a trabajar en una fábrica que quedoba cerquita a mi casa, y estaba aprendiendo bastantes cosas. Le digo a mi hermana: 'no seas malita, pregunta, consígueme un trabajo para mí'. Ella me decía: 'Pero si no hav trabaio. cuántas muchachas yo veo q u e van a buscar trabajo y no les dán' . . . Es que mi hermana era bien vergonzosa. Entonces un día yo me metí a la fábr'ca. Estaba allí y vino el dueño y me ve: 'iQué hace esta niña acá?'. Entonces le digo: 'Soy, su hermana de Ernestina y necesito tra-

bajar. necesitas trabajar?, i y cómo Eznestina no me ha dicho nada?; pero tú eres muy chica, no puedes trabajar acá'. Entonces yo me aumenté la edad: 'Tengo 16 años', le digo y no me cree; entonces le digo: 'Tengo 14' y entré a trabajar allí". Ahora Isabel es ama de casa y delegada por su manzana a ia asamblea de la cooperativa de vivienda donde vive desde hace ocho años. En ese tiempo ha demostrado su empeño, tenacidad e inteligencia en el trabajo vecinal,. Cumplió un papel importantísimo en la campaña que terminó con la renunc'a al cargo de un dirigente comprimetido en malversación de fondos de la cooperativa. Ella dice que después de eso se ha convencido de que se pueden conseguir las cosas si se insiste. El año pasado su h'jo mayor fue desaprobado en más de cinco cursos durante el segundo bimestre del ciclo escolar. A partir del día en que Isabel recogió la libreta, decidió convencer a su hijo de la necesidad de estudiar. Redobló la vigilanc'a sobre el cumplimiento de las tareas de su hijo.

"Y así yo le decía: T ú tienes que proponerte hijo, porque si tú te lo propones tú puedes salir adelante, porque lo que uno se propone lo consigue. Y así, diciendo estas palabras, lo levantaba todos los días a las seis de la mañana desde unas dos semanas antes de que empiecen sus exámenes. A las seis de la mañanaYlo hacía repasar. Salía del coleg'o y de ahí no me salía durante la semana. Lo hacía estudiar hasta las 11 de la noche. De ahí a acostarse. H e estado así con él hasta que dió sus exámenes. M e iba al colegio a ver cómo le iba. y así hasta que terminó de dar sus exámenes. Le entregaron la libreta. . .y era otra cosa. Le digo: mira esas notas hijo, jno te da gusto?. . . "

La misma firmeza de Isabel ha sido conocida por sus vecinos el año pasado, cuando junto con un grupo de señoras se ded:có a investigar algmas irregularidades cometidas por la junta directiva de su cooperativa. "La primera intervención que hice fue una vez en una asamblea que yo veía que los delegados todo, todo lo que presentaba la directiva. aprobaban. Se veía que la

directiva ya traía algo decidido, y los delegados todo, todo aprobaban. Esa vez era un balance que estaban presentando. y sin discutir se estaba aprobando. Entonces ese rato yo me paré, con todos mis nervios, mi boca temblaba para hablar, las piernas no me sostenían, pero yo decía: no puedo quedarme callada. Entonces, ese rato mi forma de hablar no fue adecuada, porque no estaba preparada, estaba nerviosa, entonces parecía que estaba enojada. no sé.. .furiosa. Les dije que tenía que hacer un reclamo. que otro señor y yo no entendíamos de ese balance y que no estaba claro y que por eso no podía aprobarse. Yo dije: 'si yo vengo a nombre de mi manzana, yo después les tengo que informar a ellos. Yo no vengo por mí sola, entonces, tengo que entender lo que apruebo'. Y yo decía eso porque el señor que discutía sabía todo bien, b'en; y entonces é l . . . ¿cómo se dice.. . ? fundamentó, si, fundamentó por qué no quería aprobar ese balance y eso me hizo desconfiar más. Pero no hablé bien, porque yo terminé y nadie me apoyó y ese balance se aprobó. Era un balance donde por refrigerio, movilidad y esas cosas se había gastado un montón de plata. . .como le d'je, esa fue mi primera intervención, con un nerviosismo único. Ese rato sentía en mi pecho un dolor. . .un dolor que no se me pasó ni al llegar a mi casa. Después de esa intervención empieza mi batallar".

Y ese batallar terminó con el descubrimiento y comprobación de cobros indeb'dos, gastos no explicados, tráfico de lotes y estafas a la población de parte de los dirigentes ,de la cooperativa. Tras ello, el presidente del Consejo de Administración renunció a su cargo junto con otros dos miembros de su directiva.
Cuando enmezamos esto. no sabíamos en oué iba a terminar. Sólo queríamos demostrar que nos estaban robando, pues. Con las señoras hemos caminado de acá pa' allá, de acá pa' allá, hasta que todas las pruebas hemos remido". Para Isabel, esta experiencia no resultó fácil. Tuvo que aprender muchas cosas para poder enfrentarse a la formalidad de la directiva y al burocratismo de las instancias públicas a las que asistía acompañada de sus vecinas buscando información:
a,

"Ahora le digo: creo que sola no hubiera podido resolver todos esos problemas. H e tenido que aprender mirando, mirando, pero hasta ahora hay cosas que no entiendo. Por ejemplo cuando dicen: 'pasa al orden del día', jahí yo me mareo! A veces me dicen: 'ipor qué no hizo su pedido en su oportunidad?'. Y o quiero hablar. . .pero ya se pasó el momento en que yo debía haber pedido eso, pero yo nunca sé cuál es ese momento.. . porque a veces insistía en que me hagan caso, en que me escuchen y pensaba: no me quieren dejar hablar. Me decían: 'señora, no proteste' porque yo les discutía diciendo: 'pero estoy en .mi derecho, yo soy delegada, tengo que hablar'; pero es que no sabia, no sabía cómo es la forma". Este grupo de señoras con el que Isabel se movilizó ha logrado impulsar mejoras importantes en el barrio. Ellas valoran mucho este hecho y han aprendido sin ninguna asesoría externa cómo real'zar una serie de trámites burocráticos que en principio son responsabilidad de la direct'va. Ellas usan una frase con la que se dan aliento cuando les ponen muchas trabas a lo que pretenden o cuando descubren que las subestiman: "a las inventoras de la bomba, nos vienen con 'cuetecillos' ".

LUCY
Cumplió recién los 25 años. Llegó a Lima a los 14 desde
su pueblo en la provincia de 2 de Mayo en el departamento d e

Huánuco. Salió de allí huyendo de su padre con un hermano mayor que trabajaba en Lima. Como gran parte de las familias en el campo, la suya se oponía a que ella, por ser mujer, asista a la escuela. "Cuando yo vivía allá en Huánuco, iba parientes' lejanos que estaban viviendo acá y me decían: 'en Lima puedes trabajar rápido, superarte'. Yo tenía la idea d e encontrar un Lima donde uno puede conseguir de todo ( . . . ) . Pero allá en la sierra es dificil que una estudie. Los padres no quieren que las hijas estudien. Sólo los varones nomás. Y yo ya me había hecho esa idea que tenía que estudiar, que tenía que sobresalir".

Al llegar estuvo unos días en casa de un tio en Villa El Salvador, mientras su hermano le buscaba trabajo. Finalmente, la ubicó en casa de una familia huanuqueña en Jesús María: Aunque eran huanuqueños, era una situación bien distinto, un choque así. . .culturalmente todo era distinto. Y yo empecé a cambiar bastante. Yo al princip'o me avergonzaba de hablar quechua, de ser como era. trataba de imitarles a los que trabajaba en su casa, de ser como ellos. Yo estaba confundida. trataba de imitar todo, la vestimenta, la manera de hablar, de comportarse y a veces hasta rechazaba mis paisanos, rechazaba hablar quechua. Todas esas cosas he pasado". La vida escolar de Lucy. in'ciada apenas aprendió l o básico del castellano, definió totalmente su vida, como veremos. Estudió hasta el segundo año de secundaria en un colegio nocturno a cargo de un plantel de profesores y monjas preocupadas por estimular la toma de conciencia de sus alumnas -mayoritariamente trabajadoras del hogar- respecto a sus derechos y su situación de explotadas. Allí nuestra entrevistada se integró a un grupo de alumnas que luego participaron en organ'zaciones sindicales de trabajadoras del hogar: "Allí yo me empecé a dar cuenta, por ejemplo, que me pagaban poco, que los días domingos no salía y eso. Pero me salí porque tuve un accidente de tráns'to cuando estaba llevando al bebito que cuidaba en mi trabajo. M e atropelló un moto, entonces quedé con el rostro desfigurado como tres años. De ahí la señora no quiso pagarme mis beneficios sociales y me botaron así enferma. ¿Quién me ayudó? Las compañeras de ese grupito que ya se había formado".
< I

La relación de solidaridad y comunión de intereses entre Lucy y sus compañeras parece ser Indestructible. Por 10 menos en lo que a ella se refiere y en la ayuda que ha recibido en los momentos más difíciles y aún ahora:
"Con toda esta realidad que nosotros vivimos, es difícil que te margines cuando ya sabes lo que es estar con las compañeras. Yo he tratado de mantenerme siempre y hasta ahora con ellas. Participaba de un sindi-

cato, en todos los grupos del sector. con diferentes organ'zaciones, coordinando, trabajando. Pero ya en 1979 tuve mi bebito, me replegué un poco del trabajo, pero no me desligué. Ahí también las compañeras me han ayudado. [ . . .l. Hay veces en que el bebito se enferma y yo no tengo plata ni para- los gastos, así que de una u otra manera las compañeras del sindicato me han dadd la mano". Para Lucy la formación recibida y la autoformación que ella ha continuado le s'rven como fuente de fortaleza para resistir y."salir adelante". Es además consciente de su calidad y, por ello. desempeña algunos cargos en las organizaciones en las que esth. Participa de una secc'ón distrital de su sindicato con responsabilidades directivas y de una coordinadora de sindicatos y organizaciones diversas de trabajadoras del hogar. Actualmente su s'tuación personal es bastante dura. Sólo consigue trabajar por horas y "cama afuera". De otro modo no la aceptan con el niño que ahora tiene tres años. No tiene un lugar para vivir. Está temporalmente en uno de los locales de su gremio, y otras veces va a casa de un hermano que vive en Canto Grande: "Pero a pesar de todo, he tratado de sobresalir, tanto en lo moral y en la cuestión afectiva. H e tratado de orientarme yo misma. Por eso yo me mantengo hasta ahostita. Mi familia me ha dado la espalda. Por el hecho de que soy madre soltera y ellos tienen una ideología tradicional no me han entendido ( . . . ). Yo no les guardo ningún recelo, ningún rencor, porque como te digo, la crianza que ellos han tenido no los hace culpables ( . . . ). La vida a veces te enseña con dureza y uno tiene que aprender a no ser resenti'da, a np ser rencorosa porque uno tiene que entender las cosas de otra manera. Uno tiene que saber que los problemas no puede resolverlos uno personalmente, sino así, colectivamente. Y también saber que mi vida, *así como la vida de otras compañeras como yo, no va a mejorar hasta que no se transforme este sistema. . . Algún día se va a transformar y tendremos otro modo de vivir, Y todos tendremos que trabajar para construir una cosa nueva. Eso es lo que a mí me mantiene. jno?. Eso es lo que a mí me da fuerzas para seguir.. . Mientras tanto uno tiene que contribuir con el sindicato, tratar de que se relacione con otras organizac'ones. Por ejemplo, en este caso. como somos todas mu-

jeres, también podemos coordinar con las compañeras de los barrios, porque nuestras hermanas o a veces nosotras mismas, cuando alguna se casa, se convierte en eso. en una pobladora". Lucy ha contado con espacios de reflexión sobre si misma. que no han tenido las otras mujeres que entrevistamos. Su caso es muy especial. aunque no es único. Son muchas las que como ella en los barrios, en las fábricas o dentro de su gremio han ingresado a las organizaciones populares o políticas d e la izquierda, o han participado de movimientos cristianos y han entendido su formación como una constante transformación de sí mismas: "Tener esta vida es bien difícil. Es una cosa compleja mi vida personal porque el compromiso, la conciencia d e clase. la conciencia política, a veces choca cuando uno no lo acentúa bien. Para mí ha sido bien difícil entender la necesidad de cambiar el sistema porque una trabajadora del hogar está aislada de todo, jno? Entonces, las limitaciones para una buena formación son muchas. Se cometen muchos errores y es necesaria la autocrítica. También es difícil mantenerse organizada porque eso hace que uno no pueda resistir mucho tiempo en los empleos. Ser madre también limita. Pero yo trato de vencer todas esas barreras para poder seguir en esto. Por eso es importante que uno misma se autoeduque. que uno misma reflex'one lo que hace. sus errores y los errores de otros. Hay que tener mucha paciencia para todo, no se puede entender todo espontáneamente, hay que esforzarse, hay que pensar". Sólo la inquietud por la educación de su hijo le hace pensar en dedicarse menos a sus actividades sind'cales, aunque lo que desea para el hijo guarda mucha coherencia con su comprensión d e las cosas: "Yo ya no pienso tanto en mi futuro, en mejorar yo, en qué será de mi persona. Más bien pienso en el futuro de mi hijito. Por él estoy pensando dejar algunas responsabilidades si es que encuentro un trabajo estable con cama adentro. Quiero educarlo para que de repente tenga un vida distinta. Pero, eso sí, yo quiero que entienda su realidad distinto, pues. No qu'ero que crezca como otros niños que son resentidos. Yo espero

que .él tenga una educación creadora, donde él sea distinto, sea conciente siempre, que no cambie. Por ejemplo, José Carlos Mar'átegui ha sido un luchador; en cambio su hijo es un reaccionario, ¿no?; yo no quiero que así pase con mi hijo. El es un niñito que es bien inteligente, part'cipa en todo conmigo, me acompaña a las reuniones, a las marchas, él sabe cómo está todo. Mi interés es que mantenga esa visión, que sea así de joven y que luche por el futuro, ¿no?". MARIA Dejamos a María para el final no sólo por ser la mayor de las entrevistadas, sino porque su caso representa una de las formas menos comunes de adaptación o inserc'ón en el medio urbano. Ella es una conocida intérprete de música tradicional andina. Nació en las provincia del Malvas, en el departamento de Ancash, en 1930. Por su edad y su aguda inteligencia reflexiva, es capaz de ordenar con mucha coherencia y riqueza de elementos el relato sobre su vida; por ello recurriremos más a su testimonio que en los otros casos para resumir su vida. Adelantamos que ella es de origen campesino y que estuvo en su pueblo hasta los nueve años de edad. Salió de allí huyendo con una prima luego de la muerte de su madre:
'

Mi padre vivía, pero él más dedicado a la chacra, yo en la casa, él en el campo: prácticamente, podría decirse que estaba un poco desamparada. Tenía hermanos casados, pero ellos también dedicados al campo, y bueno, yo estaba sola". En esa soledad. planea su fuga con una prima que había ido de visita a su pueblo. Llega a Lima a la casa en la que su prima estaba empleada mientras ubicaba a su hermana que ya vivía aquí. María se recuerda a sí misma en esos años'diciendo:' "En la forma que me ven ahora, posiblemente no creerían, pero en aquella época yo era demasiado tonta o demasiado ingenua. Era una muchacha típica de la sierra que ignora todo el otro mundo tan distinto al que yo estaba llegando". Con numerosas anécdotas típicas de quien viene a la urbe del medio rural. describe su entrada a Lima, Al llegar, María había estudiado hasta el tercero de primaria. Tal vez, porque para realizarse como cantante la educación escolar no le ha sido

d.

necesaria, para ella solamente representa la posibilidad de leer. Dice que su escuela ha sido vida de artista que le ha permitido conocer mucha gente, de distintos medios sociales y culturales. Sólo los primeros años de su vida realizó actividades distintas a las del canto. Trabajó como empleada doméstica l s o primeros años. Al tercer año de estar aquí, ya compartía este trabajo con sus inclinaciones artísticas, asistiendo constantemente a los ensayos de una "compañía de música folklórica", primero como bailarina suplente y luego como cantante desde el día que el empresario acced'ó a escucharla. Pero en aquellos años, el trabajo de suplente era ad honorem: "El problema mío. entonces, era que yo no tenía un trabajo seguro. Para mí hay veces tampoco me aceptaban porque los, ensayos eran estrictos en las compañías. [...]. inclusive y o ni ganaba, ni siquiera estaba trabajando, pero el hecho de pertenecer a la compañía como suplente hay veces pagaba multa. Se pagaba multa por faltar, imagínese, cincuenta centavos. Y hay veces que a mí no me dejaban salir de mi trabajo. Era un problema porque yo trabajaba cama adentro. Entonces pedía permiso. Algunos patrones me comprendían una o dos veces, pero otros me largaban diciendo: 'Bueno jvas a cantar tu huayno o vas a 'trabajar? ¡Te largas!'. Así que me ponían con la maleta en la calle, pues. tenía que irme a una amiga, o quién sabe a algún familiar una temporada, volver a buscar otro trabajo. otra vez los ensayos. Lastimosamente habré caminado pues unas docientas o trecientas casas durante esa época.. . d e casa en casa. de casa en casa, que ahora muchas veces paso por ahí y me acuerdo.

A pesar de las dificultades y de su juventud, María cuenta que ya había decidido ser cantante haciendo los sacrificios que fuesen necesarios para conseguirlo. Todo esto con el único a p o F de sus amigas en un medio soc'al hostil:
" . . . N o encontré mucha comprensión; al contrario, encontré siempre menosprecio porque me decían : ' i Por cantar tu serranada!. . . T ú crees que estas en tu tierra. . . ' y así, cosas menospreciativas, cosas hirientes, ¿"O? Así era pues. . . . Y o tampoco quería molestar a mi fam;Iia. Tenia que valerme por mi misma".

Como el caso de muchos otros cantantes, todo ese esfuerzo h e premiado un día por la casualidad. Una función, en la que Maria debía cantar como integrante del coro, se vió afectada por la ausencia de la solista de la compañía. El empresario exigió que María la reemplace. La fecha fue tan importante para ella que celebra esa fecha como aniversario del inicio de su actividad artística. Esto ocurrió hace casi cuarenta años. "iDespués que tanto habia luchado y ese día del debut me toqué de nervios y no quise salir! Hasta que el seño,r D. me pegó un grito. Me dijo: '¡Señorita! ~ U S ted cree que está aquí a dónde para hacer lo que le da la gana? jVa usted a salir o no?' [ . . . ] y ide un empujón me mandó al escenario! y así que entonces pues ... ya pues, no habia nada que hacer; la gente, claro, me aplaudió, jno? Pero elIos no sabían cómo iba a cantar, no sabían cómo era mi voz. . .Así es que el conjunto comienza a tocar la entrada pues, oiga usted, y comienzo a cantar el pasacalle. . . jay, qué cosa más linda, nunca olvidaré.. .! [. . . l . Si bien me empujaron para entrar, jtambién tuvieron que sacarme a empujones porque ya me habia gustado ya, y canta y canta estaba. . , ". Ese mismo día, el empresario de la compañía le propuso ser cantante solista. Allí trabajó casi cuatro años. En la actualidad, Maria vive modestamente en una pequeña casa en una urbanización popular en el distrito de Comas. Tiene un espacio radial diario y varios discos grabados. Ha recorrido el país varias veces e incluso h salido al extranjero. a

EL TRABAJO DOMESTICO DE LA MUJER DE SECTORES POPULARES URBANOS: E-LCASO DE LA POBLADORA DE EL AGUSTINO
Alicia Trinidad Grandón José María Garc?a Ríos

El interés por el "trabajo de la mujer" en América Latina es reciente y se deja sentir desde mediados de la década del 70, producto de la confluencia de distintos acontecimientos:
l . El surgimiento de movimientos feministas en diversos países de la región, que comienzan a cuestionar la vida cotidiana y realizan una labor de denuncia de la condición oprimida de la mujer, siendo uno de los ámbitos de la misma el trabajo doméstico -como un trabajo desvalorizado, no reconocido como tald la discriminación de la mujer en el mercado de trabajo, la condena a una doble jornada para quienes ingresan al mercado laboral.

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2. El surgimiento de organizaciones femeninas gestionadas por mujeres en el mundo popular, como comedores guarderías infantiles, comités de salud, talleres productivos, que intentan satisfacer colectivamente necesidades que históricamente se han circunscrito al ámbito ~ r i v a d odel hogar, la alimentación, educación, salud, así como la de complementar los ingresos familiares para satisfacer las mismas, y que aparecen como alternativas viables para afrontar la sobrevivencia, sometida a fuerte tensión e incertidumbre con la crisis que afecta a los países de la región, aproximadamente, desde mediados de los años 70 hasta la actualidad.

-

3.- El protagonismo de las mujeres en estas organizaciones populares planteó tres demandas a los agentes dedicados al trabajo de promoción: por una parte. apoyarlas en un intento de lograr proporcionar los servicios colectivos más arriba señalados n la comunidad, fortalecerlas como organización; y. por otro, enfrentarse al problema de la subordinación de la mujer en nuestras sociedades. Sin embargo. las posibilidades de responder a estos requerimientos se veían limitadas por el vacío de conocicimiento existente en torno a esas otras dimensiones de la mujer popular. Este hecho puso en el tapete la necesidad urgente e ineludible de entrar a conocer en profundidad este sujeto y. en convergencia con el trabajo promocional, ir encontrando las respuestas más viables a estos roblem mas junto con las protagonistas.
Estos acontecimientos se transformaron en fuente de motivación para los estudios que se empiezan a suceder cada vez con mayor frecuencia a partir de los años 80 en América Latina, y que tocan la participación de la mujer en economías campesinas, luego en economías urbanas y que más recientemente incursionan en otros ámbitos: participación social y política, la identidad, la sexualidad, la ideología, recuperación de la memoria colectiva de la participación de la mujer en la historia, etc. En nuestro caso particular, el interés por la mujer deviene del trabajo de promoción realizado con sectores populares, donde nos hemos visto fuertemente involucrados en el tercer acontecimiento anteriormente descrito, y que nos ha conducido a la tarea de realizar un estudio que se aboque a conocer a la mujer popular urbana en su participación en la familia, el trabajo y las organ'zaciones. Los resultados. se encaminan a responder a la necesidad de desarrollar un proceso educativo de revalorización de sí mismas como sujeto social a partir de su vida cotidiana y las condiciones en que ésta se lleva a cabo, en otras palabras, en función de su propia experiencia de su especificidad.

La opción por la pobladora de El Agustino obedece, entre otras razones, a que este distrito resulta representativo de los sectores populares, en tanto es uno de los más pobres de Lima-Callao,

está entre los d e mayor población y es uno de los pueblos jóvenes más ant'guos, que a 35 años de su masivo poblamiento. muchos de sus primigenios asentamientos no consiguen salir de su marginación urbana. a lo que se agrega nuestro conocimiento del barrio y las pobladoras por el trabajo educativo realizado en el sector. El presente articulo es parte del estudio antes mencionado y está referido específicamente al papel de la mujer agustiniana dedicada a las labores de casa. En la primera parte, exponemos de manera muy general el lugar que ocupa el trabajo doméstico en la división social del trabajo. La preocupación central de la segunda parte es desarrollar algunas reflexiones en torno al carácter que asume el trabajo del ama de casa de sectores populares urbanos en las sociedades periféricas. Y a partir de dichas reflexiones, esbozar ideas en torno a cómo el capital aprovecha este trabajo para maximizar sus ganancias. En la parte final, analizamos, a través del caso concreto del ama de casa de El Agustko, las condiciones y el modo en que realiza su trabajo doméstico, situación que -asumimos- comparte en general con las pobladoras de otros pueblos jóvenes del país y de distintos rincones de América Latina.
1 .-

.

P. .

El trabajo doméstico en general

La reproducción económica de la soc'edad requiere del reemplazo d e los medios de producción y de la vida, sometidas a desgaste. que deviene en la necesidad de creación de nuevos bienes y servicios. Intervienen en ella dos grandes procesos: el de la producc:ón y el de la reproducción de la fuerza de trabajo, que cristalizan en dos esferas de la división del trabajo, que define el ámbito de la producción para el varón y el de la reproducción de la fuerza de trabajo para la mujer. Esta división del trabajo produce también la separac'ón entre el ámbito público y el privado, el afuera y el adentro (Sullerot,

1970: 29-30). El significado del adentro es la reclusión al i n t e rior del hogar y la adjudicación del trabajo doméstico al servicio d e la familia, y el afuera ( d e la casa) es un campo abierto a la actividad diversificada. al trabajo que produce riqueza (por intercambio o acumulación), a las artes, la polít'ca, la ciencia; por lo tanto, esta separación superpone una segunda dicotomía arriba/ abajo, que traduce una valoración diferencial para el hombre y la mujer, así como los campos de acción en que cada uno incursiona y. por ende, al trabajo que realizan. De esta desva1orizac:ón de la mujer y su trabajo ya encontramos antecedentes muy claros en la historia antigua de la humanidad. En Grecia, Platón y Aristóteles planteaban que la mujer era un ser inferior y que ello provenía de su calidad de productora de materia (hijos, vestuario y alimentos), con un status semejante al del esclavo, condición que menoscababa su racionalidad, inhabilitándola para el trabajo intelectual y, por consiguiente, la excluía de part'cipar en las actividades nobles de la ciudad: la teoría, la filosofía y la política, dejándola apta sólo para el trabajo doméstico "dentro del hogar" (máxima que también se proclamaba en Egipto y Roma), (Ibidem: 27-28). La ideología dominante se ha encargado tempranamente de justificar la discriminación de la mujer, así como de subestimar el trabajo doméstico, como variante del trabajo manual. La desvalorización del trabajo doméstico subsiste a pesar de que constituye una producción socialmente necesaria. En las sociedades basadas en la mercancía "no se le considera frabdjo", porque se encuentra fuera de la esfera del intercamb'o y del mercado. El trabajo doméstico en la familia asume la forma de producción de valores de uso (bienes y servicios), para el consumo directo inmediato y privado. Comprende las tareas d e cuidado de la ropa (lavar, planchar, coser), aseo de la vivienda, abastecimiento y preparación de alimentos, socialización de los hijos, cuidado de la salud y atención del marido. Pese a no ser considerado un trabajo de valor económico en nuestras sociedades, tiene una participación trascendental en la reproducción de la fuerza de trabajo:

Participa en la reconsti~ucidn o mantención del trabajador como tal, transformando las materias primas, compradas con el ingreso familiar -que socialmente se responsab'liza al varón de conseguido- en valores de uso aptos para el consumo inmediato, que satisfacen 'las necesidades de alimentación, vestuario, vivienda, higiene, cuidados de la salud. Participa de la reposición de la fuerza de trabajo, mediante la crianza de los hijos que supone cuidarlos, educarlos, atender su salud, mantención y socia1:zarlos de acuerdo a las pautas que los convertirán en hábiles trabajadores y ciudadanos de acuerdo a las aptitudes técnicas y culturales precisadas por el capital.

Sin embargo, este trabajo dedicado a la reproducción directa de la fuerza d e trabajo, queda disimulado (al no ser remunerado permanece invisible). No obstante, si la mujer no lo realizara, semejaría necesario comprar los bienes y servicios que él produce á un tercer trabajador y, ciertamente, el salario no cubrirá los mínimos de subsistencia.
2.

Et trabajo doméstico en sectores populares urbanos

En sociedades periféricas, el trabajo doméstico de la mujer urbano-popular asume ciertas peculiaridades dados por su doble inserción: en una clase subalterna y en un país de economía de0 pendiente. En estos países, el capital se interesa por la reproducción de sólo una parte de la fuerza de trabajo (proporción que se ha reducido durante los últimos años por la aplicación de políticas económicas de inspiración neoliberal). Así, una vasta proporción de la población urbana, es remitida a otras formas de producción y = la familia, y dentro de ella, ésto se vincula al trabajo productor de valores de uso para el consumo directo, para lograr la reproducción de la unidad familiar que alcanza niveles precarios. Por otro lado, la fuerza de trabajo asalariada alcanza, en términos promedios, un nivel de ingresos bajo (que también se ha reducido por la caída de los ingresos reales), que sólo cubren una parte de las necesidades de reproducción de la fuerza de trabajo,

remitiendo la otra parte a la familia y, en especial, al trabajo de la mujer. Así, vemos que en ambas fracciones de la clase trabajadora en la ciudad, la mujer asume parte importante de la reproducción directa de la fuerza de trabajo. la que no se remunera. y que en ambos casos tiendt a ampliarse por las dificultades de absorción de mano de obra del aparato productivo, así como por la caída de los ingresos, que afectan también las condiciones materiales en que la mujer lleva a cabo las labores del hogar. El trabajo doméstico de la mujer popular urbana realizado en estas condiciones combina una serie de características que lo tipifican y diferenc'an del realizado por mujeres de otras clases sociales ( 1 ), así tenemos que:
1.

es un trabajo intensivo. de mayor duración. cualifica a la familia como una unidad de producciónreproducci6n. es estereotipadamente femenino.

2.
3.

4. 1.

El trabajo del ama de casa asume un carácter intensivo dado que: a) Lo realiza la mujer y no se delega en personas ajenas a la familia. porque los ingresos no permiten la compra d e servicios a terceros. Las condiciones materiales en que se desarrolla el trabajo doméstico en la ciudad son mayoritariamente precarias y van a hacer más dificil y pesado el trabajo de la mujer ex'giéndole mayor tiempo y energías.

b)

(1)

Carácter que no es privativo del trabajo domEstico de la mujer popular urbana, también lo es para la mujer campesina.

Los déficits de la vivienda en relación al material de construcción, dotación de agua, desagüe y energía eléctrica, van a afectar las tareas del ama de casa en tres niveles: el aseo, la salud familiar y el mantenimiento. c)

La caída de los ingresos y las crisis (situaciones habituales en las sociedades dependientes), la mujer las enfrenta con una estrategia de ampliación de las actividades que constituyen trabajo doméstico entrando a producir nuevos bienes y servicios de esa esfera que antes adqu'ría en el mercado, como vestuario, alimentos, entre los más recurridos. De esta manera, la sobreexplotación que caracteriza a estos períodos no sólo alcanza al trabajo del varón (que se ve obligado a ampliar su jornada laboral, ejecutando muchas veces más de un trabajo), sino también a la mujer que debe extender su jornada de trabajo doméstico.

d)

No disponen en forma generalizada de artefactos electrodomésticos que puedan facil'tarles el desarrollo de las tareas de reconstitución cotidiana de la fuerza de trabajo. Ello implica que todo el trabajo es hecho en forma manual, por 10 tanto, lleva a un mayor gasto de tiempo y energías.

e)

A las tareas de la reproducción directa de la fuerza de
trabajo, la mujer incorpo~aotras de orden menor tendientes a elaborar y vender un producto para complementar el ingreso familiar. Situación que se acentúa y extiende entre las amas de casa en tiempo de crisis, quienes desarrollan actividades que, por lo general, constituyen extensiones de su rol domést'co.

2.

Las condiciones que hacen intensivo al trabajo de la mujer también contribuyen al alargamiento de la jornada de trabajo, que se extiende por sobre el standard internacional d e ocho horas y que también sobrepasa con creces las 48 horas laborales semanales, ya que el ama de casa no queda eximida de estas labores sábados, domingos y feriados.

.

La reproducción de bienes y servicios en que deviene el trabajo doméstico de la mujer de sectores populares urbanos no permite cualificar a la familia sólo como una unidad de consumo. El ama de casa produce una serie cie bienes y servicios que se encuentran en el mercado. pero que no son accesibles a la clase trabajadora y que por tratarse de satisfactores de necesidades básicas como alimentos, vestuario, cuidados de la salud, no se visualiza otra alternativa que el trabajo de ella, quien además part'cipa como trabajadora familiar no remunerada en pequeñas unidades productivas constituidas por el grupo familiar y/o elaborando algunos productos menores para la venta, cuyo objetivo es complementar el ingreso.

a.

Es un trabajo estereotipadamente femenino, donde la división del trabajo por sexo marca taxativamente. estas actividades para ella. Así, cuando el ama de casa delega algunas tareas, éstas recaen en otra mujer de la familia. Pudiendo colegirse una gran conformidad con este rol, que en términos ideológicos se justifica como inherente a la condición de la mujer, qu'en por su sexo y por su aptitud de dar a luz le corresponde. por extensión, todo el trabajo de atención a la familia y el hogar, justificación que naturaliza un hecho social.

3.

El caso de la pobladora de Ed Agustino

3.1 La famitia agustinbna y su contexfo
Declarado distrito en 1965, El Agustino está formado por el espacio que rodea al cerro con el mismo nombre, con una irregular demarcación que deja fuera los terrenos más rentables. Recoge áreas anteriormente pertenecientes a las jurisdicciones municipales de Ate y Cercado de Lima, y su ubicación -a sólo 15 cuadras de la Plaza de Armas, lindando con la Carretera Central y a un paso de "La Paradau- ha favorecido su rápido crecimiento. El período intercensal 72-81 acusa claras tendencias para el distrito: gran aumento de la población, tugurización y hacinamiento crecientes, así como un claro predominio del sector servicios en

la distribución ocupacional. Dkhas tendencias lo perfilan como hábitat casi exclusivo de sectores populares pauperizados. Su difícil topografía unida a la situación legal de los terrenos d e la ex-hacienda de Riva Agüero -ubicados al pie del salitroso c e r r o - han confluido para que su poblamiento, iniciado desde la década del 40. fuera caótico, sin trazado urbanístico ni infraestructura previa y lo realizaran mayormente los estratos más pobres de la ciudad, venidos del campo o de los tugurios del centro de Lima, los únicos que, por no tener nada que perder más que su falta de espacio para vivienda, se han arriesgado a vivir y construir en terrenos de propiedad no saneada legal ni físicamente, soportando las carencias urbanísticas más graves y las más penosas dificultades de acceso. Pese a su céntrica ubicación y a los procesos de remodelación habidos justamente entre ambos censos, para 1981 El Agustino toca fondo: se coloca junto con Carabayllo, en el escalón más bajo de la ciudad capital, al alcanzar el más alto índice de pobreza relativa entre los 31 distritos de la Gran Lima. De esta manera, El Agustino es, en la actualidad. un inmenso "Pueblo Joven" cargado de años, gentes y problemas.
Las características de la familia de El Agustino en 1984

Cada hogar cobija en la actualidad 7 personas (en promedio), siendo cuatro de ellos hijos del ama de casa. Hay familias extensas en casi la mitad de los hogares (46%) y en igual proporción de hogares vive una familia nucle'ar compdeta (ambos cónyuges y sus hijos). El otro grupo (8% restante) está compuesto por familias nucleares incompletas (madre e hijo sin cónyuge varón).

La cuarta parte de los hogares están a cargo de una. jefa sola ( 2 4 % ) . de los cuales el 16% están conformados por familias extensas y 8% por familias nucleares incompletas.
Las edades promedio de los jefes son 41 .5 años para la esposa y 43 años para el esposo. En la mayoría de las famil'as hay menores (de O a 5 años, en el 53% de los casos) y escolares

(de 6 a 13 años. en el 64% de los hogares), pero no ancianos (solo en 8% de los casos hay algún mayor de 64 años). Y es abrumadora la presencia de menores de edad (de O a 17 años): los hay en el 91 % de los hogares agustinianos, y el promedio es de tres menores por familia. El índice ae masculinidad es 1.09.

La situación laboral presenta los siguientes rasgos: en las tres cuartas partes de los hogares trabajan dos o más miembros. Las mujeres comprenden el 37% de la PEA. Las ocupaciones de las madres insertas en el mercado de trabajo son en un 869% trabajos por cuenta propia frente a un 39% de esposos en la misma categoría, lo que da una clara idea de cómo los miembros de las familias agustinianas tienen en gran medida que generar sus propios empleos para atender la sobrevivencia, lo que es especialmente notorio para el caso de las mujeres.

Las amas de

casa de

El Agustinp

Desde el punto de vista que aquí estamos analizando -el del desempeño del trabajo doméstico por la mujer- los resultados de nuestra investigación nos llevan a distinguir tres tipos de amas de casa:

1)
2)

las que se dedican como actividad principal "su casa" las que realizan trabajo generador de ingreso fuera de la casa

3) las que desarrollan actividades generadoras de ingreso dentro de su vivienda.
Ahora, no todas las pobladoras asumen el rol de amas de casa de la misma manera, de acuerdo a cada tipo surgen formas y usos de tiempo diferenciales en el ejercicio de los quehaceres domésticos, como queda claramente graficado en el cuadro siguiente:

CUADRO N? 1 TAREAS DOMESTICAS QUE ASUME EL AMA D E CASA (2)

AMAS DE CASA TAREAS
PNP" sólo de su casa

Trabajan hri. Trabajan

, ,

SU

casa

desayuno almuerzo lonche cena - Cuidado, alimentación, aseo de los bebés - Limpieza de la casa - Hacer compras del mercado Servir las comidas: desayuno almuerzo lonche cena - Lavar ropa - Planchar coser tejer - Lavado de vajilla

- Preparar:

-

Sin datos 100 85

+

+

En el análisis que sigue. nos referiremos exclusivamente al grupo de mujeres que se dedican ,.sólo" a su casa, que constituyen en la actualidad el 53%. del total de amas de casa de El Agustino. En él mostraremos cómo se concretan en estas pobladoras las dimensiones del trabajo doméstico para la mujer popular, señaladas en la segunda parte de este artículo.
'

(2) Todos los datos que .presentamos en esta tercera parte concernientes a !a situación de la mujer. y la familia de El Agustino, provienen de la recolección de datos efectuada para nuestra investigación en curso, con una tabulación provisional de 120 casos de los 140 que componen nuestra muestra representativa de hogares para 1984.

3.2.

El trabajo doméstico de las amas d e casa de El Agustino

A.

El carácter intensivo del trabajo doméstico

1 ) El trabajo doméstico es de responsabilidad de la pobladora agustiniana. La mayoría abrumadora de las amas de casa asumen solas, individualmente, la mayor parte de las tareas que componen la carga doméstica (91%) y son pocas las que han logrado liberarse de un volumen significativo de estas lares ( 2 % ) .

Si examinam.os la carga doméstica del ama de casa extraída de un día cualquiera, advertimos que está constituída por un gran volumen de tareas, de naturaleza dispar( como queda de manif'esto en el cuadro que viene a continuación) y de ejecución simultánea para muchas de ellas.

CUADRO N? 2
ACTIVIDADES DIARIAS MAS COMUNES DEL AMA D E CASA

H O R A R I O S

Y

A C T I V I D A D E S

% d e ldrcas que asume por sí sola

Se levanta a !as 6:20 en promedio Compra el ,pan Prepara el desayuno Lava la vajilla Sirve el desayuno
Hace limpieza de la casa (ordena. arregla) Levantan y asean a los niños y los alistan para el colegio (donde hay escolares) Cargan agua paro e! dia (en los hogares quc no tienen agua corriente) Cambian pañales, lavan al bebé, preparan el biberón y lo alimentan (donde los hay) Aseo y arreglo personal de algunas madres antes de ir al colegio a dejar a sus hijos

23% 88% 30% 70%

H O R A R I O S

Y

A C T I V I D A D E S

% de tareas que asume por sí sola

Hace las compras del mercado Prepara y cocina el a'muerzo Alimenta y cambia al bebé (donde lo hay)

95% 100% 100%

92 % 52 % 27 % 22% Tejen 15% . Cuidan y cambian al bebé (donde lo hay) 60% Sirve el almuerzo

Ayudan a los niños en sus deberes escolares (relativo a los hogares con nifios en el colegio) 50% Dar de comer a las aves (las que crían) 90% Cambiar y atender al bebé (donde lo tienen)100% Compra pan para el lonche 23%

Prepara el lonche 55% Sirve el lonche 55% Reparan o calientan la comida 60% Sirve la comida 83% Hace dormir a los chicos (donde los hay)50% Lava la vajiila 22%

Aunque el cuadro nos exime de mayores comentarios en relación al gran volumen de tareas que componen la carga doméstica. en realidad resume en las 28 labores más comunes, una jornada que en algunos casos consta hasta de 48 quehaceres.

El hecho que estas labores concentren su desarrollo al interior del hogar, no debe ocultamos su carácter dispar, así por ejemplo, es distinta la disposición a q u e se ve exigida el ama de casa cuando hace las compras del mercado, cuando cuida a sus hijos o cuando realiza el aseo de la casa. Mientras las compras le demandan el uso de la racionalidad matemática y económica, sus hijos requieren de su intu'ción y sintonía emotivoakctiva, y el aseo de la casa le plantea "sacarle punta al ingenio" para poner orden y limpieza en medio de las precarias condiciones de su vivienda. En suma, el trabajo doméstico precisa poner en funciones habilidades diversificadas. Para dar abasto en el lapso de su jornada diaria de trabajo doméstico a la satisfacción de las neces;dades de reproducción cotidiana de la familia, la mujer popular se ve en la necesidad de ejecutar simultáneamente la mayor cantidad de tareas que le sea posible a la vez, dado que no cuenta con ayuda en la mayoría de las familias, y que socialmente se le exige -a la mujerla realización de todos esos quehaceres. Una imagen que nos puede ayudar a comprender lo stressante de esta situación, es ia invención capitalista del chofer-cobrador de ómnibus, quien debe atender s:multáneamente a las dificultades y riesgos del tráfico urbano, los pasajeros que suben y bajan, y efectuar las operaciones de cobro, cambio y extensión del boleto.
2) Aún cuando hemos encontrado que la vivienda de las familias cuya mujer declara como ocupación principal "su casa" es, en promedio, algo mejor que las de la otra gran mitad de las familias del distrito (aquellas en que la mujer desempeña además un trabajo generador de ingresos), su situación no es nada halagüeña. Como veremos, las condiciones materiales de las viviendas de El Agust'no no hacen sino incrementar el trabajo del ama de casa.

\

- En un lote cuya superficie promedio no es excesivamente pequeño (94 m2), se levanta una vivienda que ocupa en la mitad de los casos sólo parte del área del lote. E.1 área m:edia construída no alcaza los 75 m' y en un 21% de los casos la vivienda tiene menos de 30 mZ construidos.
-

La mayoría de las viviendas están sin terminar y, prác-

ticamente, dos tercios sólo cuentan con techado provisional como lo indica ,el cuadro siguiente.
CUADRO. N? 4 MATERIAL PREDOMINANTE EN LAS VIVIENDAS

1. 2. 3. 4.

Estera Madera Adobes Ladrillo/Concreto

13% 4 14 69

13% 17 31 100

1. Estera
2. Madera/Quinclia

41% 16
7

41%

3. Eternit 4. Aligerado

36

57 6t . 100

La predominancia de los materiales semiprecarios y precarios utilizados en la construcció~ de las viviendas que apreciamos en el cuadro N, " hace muy difícil mantener el aseo del hogar, ya que tales materialles acumulan fácilmente insectos y polvo en las rendijas haciendo práicticamente imposible su total eliminación. No es preciso recordar cómo ello repercute, a su vez, en la salud familiar, pues es conocida la directa relación entre deficiente higiene y mayor incidencia de enfermedades. Además, la insuficiente protección contra el clima y las diferencias de temperatura - q u e los m'smos brindan- derivan en un deterioro más acelerado de los muebles y utensilios del hogar y en un incremento de las afecciones broncopulmonares e intestinales.

- Un daño semejante ocasiona la insuficiente distribución
de ambientes, así por ejemplo, la falta de un lugar exclusivo para cocina, implica que el humo, la grasa y los olores invadan otros ambientes afectando personas y enseres, situación que aqueja al 32% de estas familias.

- La cantidad de dormitorios para la numerosa familia también deja mucho que desear, presentándose un agudo problema de hacinamiento y promiscuidad, que grafican los datos siguientes (véase cuadro No 5 ) .
CUADRO

No 5
- 1984

N U M E R O D E DORMITORIOS POR V M E N D A Número de dormitorios

Viviendas

%

%
Acumulado

Xingún ambiente exclusivo de dormir Un solo dormitorio Dos dormitorios T r e s dormitorios Cuatro y más dormitorios

20% 24 40 1O 6

20% 44 84 94
100

CabR señalar que a ese 20% de familias que duermen todos en un ambiente "para todo uso", se suma un 58% de familias cuya vivienda tiene algún dormitorio donde duermen de tres a ocho personas. En el 22% restante se cuenta con un dormitorio para una o dos personas, con lo que sólo una quinta parte de las familias puede evitar una situación de promiscuidad. Esta insuficiencia de ambientes para dormir, cocinar, Ilevar a cabo la higiene personal y una sala (donde departir. escuchar radio, ver T.V. o, por último, sentarse a descansar con cierta soltura), conlleva una aglomeración de personas y enseres que obstaculiza las labores del ama de casa, y pone serios impedimentos a que el hogar cumpla las funciones de proporcionar tranquilidad, espacio ~ersonal, relax y reposición de energías. De esta manera, no sólo se encuentra amenazada la salud física. sino también la salud mental.

- En cuanto a la dotación de servicio de agua, desagüe y electricidad domiciliarios, no tenemos datos tabulados para 1984 pero, dado el lento avance de los proyectos de implementación de dichos servicios en los asentarnientos populares, podemos considerar semejante la situación actual a la que arro-

jaba .nuestra encuesta d e 1977 para 1000 hogares: apenas el 50% tenía agua domiciliaria, sólo un 28% contaba con instalación regular -con medidor- de energía eléctrica y no llegaban a 6% las viviendas que disponían de la más costosa de las instalaciones, el desagüe. Por esta vía se ve incrementado el esfuerzo que demanda para el ama de casa agustiniana eliminar los desechos y mantener limpia la vivienda: la falta de desagüe le obliga a cargar pesados baldes que vaciará en los buzones de la pista, cuando no los vierte frente a su propia casa, generándose así focos de infección adyacentes a las viviendas. Si pensamos en el elevado número de familias que se ven obligadas a cargar el agua hasta sus viviendas. nos daremos cuenta que esas mujeres -pues en ellas recae, principalmente. dicha tarea- invierten una cuota adicional de tiempo y energías y que, consiguientemente, sólo van a poder hacer un uso restringido de este líquido tanto en el aseo familiar como en la limpieza del hogar y sus utensilios, afectándose también, por ese lado, la higiene y salud familiar, así como el mantenimiento de los enseres de la casa. A esto se agregan los problemas de contaminación por el acarreo y almacenamiento sin garantías de conservación adecuada del agua.

La instalac'ón deficitaria o inexistente de energía eléctrica, además de restringir el uso de artefactos que aliviarían algunas labores, redundará, por una parte, en dificultades para la ejccución de actividades en el horario vespertino-nocturno dada la mala iluminación y, por otra, en aumento de los riesgos de accidentes por cortocircuitos o por utilización de iluminación por llama (vela, candil, mechero o kerosene).
3 ) Las labores domésticas del ama de casa agustiniana son intensivas en trabajo manual, ya que carecen de~electrodomésticos que puedan liberarlas o ayudarlas en el desarrollo de algunos de estos quehaceres, especialmente en los que dicen tener relación con la. preparación de las comidas que atan más a la mujer a la casa por la cantidad de horas que le consumen (qué sólo en la preparación del almuerzo le lleva alrededor de dos horas y media).

Así tenemos que el 78% de las mujeres utiliza cocina a kerosene ( y sólo un 19% coc'na a gas). artefacto que no le significa de ninguna manera ahorro de tiempo. Lo mismo ocurre con el refrigerador, del que sólo disponen alrededor de un 19%. situación que se traduce en mayor trabajo, en tanto demanda salir a hacer mercado varias veces por semana, así como cocinar más de una vez diariamente, por la imposibilidad de conservar los alimentos. Para realizar el lavado de ropa y el aseo de la vivienda. que están entre las tareas más frecuentes del ama de casa. tampoco disponen de los implementos auxiliares necesarios.
4 ) Al trabajo de atención del hogar, los hijos y el marido. la mujer agustiniana agrega otras tareas cuya finalidad es ahorrar y se centran en la confección d e prendas de vestir para la familia: costura. tejidos y crianza de aves de corral.

Dado el bajo nivel de ingresos y también como una forma de enfrentar la caída del salario real, las amas de casa desarrollan otras actividades, donde elaboran productos para la venta u ofrecen servicios como los que mostramos a continuación:
CUADRO No 6 ESTRATEGIAS D E CAPTACION D E INGRESOS D E LAS AMAS DE CASA

TIPOS DE ESTRATEGIAS
Venta de marcianos Tejer Coser Lavar ropa Dar .pensión Vento de otros a!imentos Otros
'

% de amas de casa que las r@alizan

Encontramos que un total d e 42.5% de amas de casa agustinianas desarrollan estos t'rabafós complementarios, que como podemos apreciar se vinculan primordialmente a su rol doméstico y las funciones de velar por la alimentación, la salud y el

vestuario. Los apremios económicos obligan a un grupo significativo de estas mujeres a realizar dos o más actividades (12. 11%). En .consecuencia, vemos que el trabajo que realiza la mujer en la familia popular, hace de ésta una unidad de producciónconsumo, en tanto ella produce bienes y servicios para satisfacer las necesidades inmediatas del grupo familiar, así también como para ofrecerlos en el mercado como una estrategia de captación de ingresos, para contribuir a la reproducción de esta unidad.

B. Un trabajo ¿e larga duración
Las condiciones ya examinadas en el caso concreto del ama de casa de El Agustino, que tornan intensivo su trabajo doméstico, conducen finalmente al ejercicio de una prolongada jornada de trabajo que alcanza, en promedio, una duración de trece horas 20 minutos diarios ( 3 ) , superando con creces las 8 horas laborables diarias, duplicando de esa manera la jornada semanal del obrero, en tanto la mujer no descansa sábados. domingos ni feriados, laborando en promedio 93 horas 20 minutos. Para reponerse de esta extensa jornada, la pobladora-ama de casa duerme en término medio 7 horas y 45 minutos, lapso que nos puede llevar a pensar -erróneamenteque dispone casi de las 8 horas recomendables de descanso, pero no olvidemos las condiciones de estrechez, hacinamiento y promiscuidad a que se encuentra sometida y que, por ende, le impiden "un sueño reparador". Repuesta en forma precaria, quizás un poco cansada. debe levantarse alrededor de las 6 y 20' de la mañana y comenzar a desplegar su trabajo que durará más de trece horas. . . y así todos !os días. . .

(3) Para ca!cular las

horas de trabajo doméstico hemos descontado el tiempo empleado en recreación y descanso (ver T.V., leer diarios, re. vistas, reposar y hacer siesta, etc.).

C. Un trabajo estereotipadamente femenino
Los efectos de la crisis no han alterado la división del trabajo por sexo tradicional al interior del hogar, a pesar de que un número creciente de pobladoras se han visto obligadas a incorporarse al mercado laboral durante los últimos ocho años (pasando de un 41.3% en 1977 a 47.5% en 1984). y en el caso de la mujer que se dedica con exclusividad a los quehaceres d e la casa, ella ha visto ampliarse el volumen de sus obligaciones en ese ámbito como ya anteriormente señalamos. En consecuenc'a, el trabajo doméstico en los hogares de El Agustino continúa siendo de exclusiva responsabilidad d e la mujer. Primeramente, como ya anotamos, porque sobre un 90% asume más de dos tercios de las labores de casa. y de ese grupo tenemos que un 68% de los casos, el ama de casa asume la totalidad del trabajo doméstico. Y cuando ella recibe ayuda o delega trabajo éste recae, por regla general, en otra mujer. tratándose en la mayoría de los casos de su hija como podemos apreciar en el cuadro siguiente:
CUADRO Nu
7

VOLUMEN G%: TAREAS DELEGADAS POR EL AMA DE CASA (-1)
Persona que ayuda Delega todo el trabajo Delega más
de 12 tareas

Delaga dc 7 a 12 tareas

Delega de 3 a 6 tareas

MARIDO

HIJA
HIJO HERMANA MAMA

O 1
O

O O

o
O O

O 4

o
1

O

O

O

(Las cifras hacen referencia al númcro de hogares en que recibe colaboración el ama d e casa).

(4)

Las tareas aludidas corresponden a un total de 19 que repartian en los ámbitos de preparación de !as diversas comidas del dia. cuidados de la ropa, atención de los menores y educación de los mismos, aseo de la vivienda y cuidados de la salud.

La- ayuda de la hija reviste gran importancia también en terminos cualitativos, ya que se centra en las tareas más pesadas, que requieren mayor tiempo y dedicación, como preparar el almuerzo, lavar platos, hacer aseo, así como en el cuidado de sus hermanos menores. Ella cumple muchas veces un papel supletorio que va desde asumir dos tercios del trabajo doméstico, hasta la totalidad de estas responsabilidades cuando la madre trabaja fu.era del hogar. Sólo cuenta con la colaboración del esposo en un 5% de los hogares, quien desarrolla en promedio tres tareas, que en todos los casos se vinculan más al rol tradicional del varón: de representar a la familia ante entidades de la comunidad y ser el poseedor del conocimiento, que para este caso se traducen en ejercer de apoderado de los hijos en el colegio y ayudar a éstos en sus deberes escolares. Se mantiene la tendencia a que sea la mujer quien asuma con exclusividad el trabajo doméstico y continúa fuertemente arraigada la representación colectiva que refuerza este hecho -que se trata de actividades inherentes a su condición de mujer-. La mayoría de las amas de casa entrevistadas manifestaba una conciencia de conformidad, en expresiones como las siguientes:

«<Mesiento bien, ya que es el deber d e una ama d e casa y lo tengo que afrontar»
«Feliz, porque v m a mis hijos crecer, los veo educarse, veo a mi esposo llegar de su trabajos «Me siento bi,en, ya que la mujer da nacido para hacer de mamá y esposa y hacer todas las cosas d e la casa» ((Alegre, porque la casa está limpia y m,e siento corno dueña, manr do a mis hijos» «[Tranquila! [Nada me molesta, ni los rateros!» Tal conformidad resulta contradictoria con los sentimientos de experimentar este trabajo como muy prolongado, repetiti-

vo, agobiante, no mostrando una disposición a rebelarse. Sólo un 25% de las amas de casa entrev'stadas exteriorizó rechazo hacia ese rol y a veces en forma muy gráfica: «Cansada, agotada, siempre con sueño, sin ganas de salir, ni con mi esposo» «Muy cansada, a veces frustrada, porque por mas quc se trabajc nunca se termina y todavía el esposo dice: 'ipero si no haces nada! ¿de qué te cansas?'; por eso es que a veces una no tiene ánimo ni para arreglarse»

A modo de conclusiones, en base al análisis desarrollado en torno al carácter del trabajo doméstico del ama de casa de sectores populares urbanos, podemos plantear que:
Los rasgos que asume el trabajo de la mujer popular se presentan sólo parcialmente para el caso del ama de casa de otras clases sociales, dado que su mayor nivel de ingreso familiar le permite ejecutar dichas labores en condiciones materiales más favorables (de vivienda y equipamiento, acceso a artefactos electrodomésticos), así como adquirir bienes y servicios en el mercado (alimentos preparados o semielaborados. vestuario, m,edicinas, lavandería, contratación de empleada doméstica en quien se delega parte importante de esas responsabilidades), que las amas de casa populares se ven obligadas a producir por sí mismas por las razones ya latamente expuestas. 2. Por consiguiente, el volumen de trabajo reproductivo que realiza la mujer popular es mayor así como también la cantidad de bienes y servicios que ella produce; por lo tanto, su aporte a la reproducción directa de la fuerza de trabajo resulta tarnbih de mayor cuantía.

En consecuencia, como el salario no cubre todas las dernandas esenciales de la reconstitución y la reposición de la fuerza de trabajo en sectores populares, se acrecienta por la vía del trabajo doméstico del ama de casa, la extracción de trabajo a la clase trabajadora, prolongándose de ,esa manera, también, la explota.ción a la mujer-esposa del obrero.

3.

En el contexto de la crisis actual que vive el país (con índices crecientes de desempleo, subempleo, inestabilidad laboral, inflación, caida constante de los ingresos reales). las repercusiones más inmediatas para los sectores populares son el deterioro da sus condiciones de vida y. por ende, la caida de los n'veles de reproducción de la fuerza de trabajo.

Esta situación, para la cual no se avisora una evolución favorab1,e a corto o mediano plazo, no hará más que acrecentar el volumen de trabajo de la pobladora-ama de casa de El Agustino y de los sectores populares en general, como una fórmula para lograr la reproducción d.e la unidad familiar.

Esto significará la acentuación de varias de las características analizadas de dicho trabajo. Se hará más intensivo y, por lo tanto, se extenderá la duración de la jornada de trabajo doméstico. Se remarcará su carácter de unidad productora y reproductora, como estrategia de sobrevivencia para afrontar la crisis. Y, en ese mismo sentido, un número mayor de amas de casa se verán precisadas a ingresar al mercado laboral, sumando al rol tradicional de amas de casa el de proveedoras.

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M O V I M I E N T O FEMINISTA E N EL PERU: BALANCE Y PERSPECTIVAS Virginia Vargas ( *) Yo escribo para que ustedes sepan, para que comprendan, grito para que me oigan, voy, adelante para mostrarles el camino. Flora Tristán

Una

experiencia que trasluce muchas

No es nada fácil, en verdad, intentar delinear un balance del movimiento feminista en el Perú; tanto más cuando éste es aún incipiente, no ha delineado aún sus propuestas y se siente inseguro frente a la magnitud de tareas que vislumbra en un futuro cercano. Esta es, por lo mismo, una interpretación personal que, sin embargo, deja trasluc'r lo que ha sido la evolución de muchas mujeres en una situación similar a la mía, mujeres que hemos crecido junto al movimiento y que hemos contribuido, desde sus inicios. a los esfuerzos por desarrollarlo y consolidarlo. Ciertamente, no pretendo asumir la voz de todas las feministas. La mía expresa el discurso de una militante del movimiento, que ha te(*)
Investigadora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. La autora agradece la paciencia y ayuda de Vicky Guzmán, quien escuchó y leyó los contenidos del presente artícu!~.

nido la oportun'dad de dedicar gran parte de su vida, en los ultimos años. a organizarlo. Hubiese sido interesante confrontar mi percepción con la de otras mujeres. Sin embargo. esta intenciiui es una tarea pendiente para el futuro.

La militanc'a política partidaria precedió mi militancia feminista. Aquella primera experiencia fue decisiva en mi vida, y preparó las condiciones para mi opción feminista. Militar políticamenie en los años 70 significaba recusar el destino de mujer que la sociedad nos había asignado. Sin embargo. la experiencia partidar'a nos demostró con, el tiempo. no sólo que los partido': reproducian a su interior. la división de roles sexuales, sino que también evidenció las limitaciones que la estructura partidaria, tal como se la concebía en ese entonces, tenía para un cambio radical en las formas de vivir. La tendencia permanente a homogenizar opin'ones, a desresponsabilizar a los sujetos de sus decisiones vitales. a coactar su libertad y creatividaci, la sentíamos demasiado asfixiante.
La búsqueda de alternativas para nuestro género, nos llevó
a conformar organizaciones aún no feministas, en esta primera

etapa. Sin embargo, pese al cuestionamiento que teníamos frente a nuestra práctica anterior, inicialmente reprodujimos muchos de 10s presupuestos que habían guiado esta práctica. Nos concebíamos como un grupo de personas que poseíamos la verdad y considerábamos que sólo aquellas que enfrentaban la doble explotac'ón: como clase y como género, tenían derecho a reivindicar sus roble mas. Para nosotras. miembros de la "pequeña burguesía intelectual", se nos reservaba la misión de transferir ese conocimiento "correcto" a las demás mujeres. Indudablemente. tal concepción era sólo la "punta del iceberg" del sistema de concepciones que estaban a la base de la práctica política part'daria. Entre ellas, reconocer la existencia de un sólo sujeto revolucionario: de acuerdo a las contradicciones de clases que marcan la sociedad. Por otro lado, y con un mesianismo, machismo y vanguardismo ilimitado, canceb:r a los sectores populares y, en nuestro caso a las mujeres, como terrenos vírgenes donde depositar nuestras semíllas del saber.

Sólo cuando nos atrevimos a pensar en nosotras mismas, cuando enfrentamos nuestras inseguridades y carencias, cuando reconocimos nuestras contradicciones y aspiraciones no resueltas, caímos en la cuenta que estábamos reeditando viejos esquemas con ropaje nuevo. Fue un descubrimiento doloroso. Rechazábamos los esquemas anteriores, pero no sabíamos cómo reemplazarlos. Nos dimos cuenta también que, por el momento, contábamos sólo con nosotras mismas. Iniciamos una mirada introspectiva y levantamos algunos temas, pr'mero, luego angustias, incomodidades. Fue realmente un proceso colectivo, alimentado por las preguntas individuales que comenzaron pronto a ser las mismas para todas. Sexualidad, control de nuestros cuerpos, violencia, maternidad, trabajo doméstico, fueron los puntos iniciales donde nos descubrimos diferentes a l discurso que s o b ~ enosotras habían creado y que nosotras habíamos asumido. Encontrarnos diferentes era también descubrir cómo nuestra especificidad como grupo -dada nuestra condición de género oprimido- había quedado oscurecida, secundarizada, en las especificidades de los otros grupos, o en las generalidades de la lucha social. Fue también el momento de asumir -a partir de este elemento común de opresión, que nos trascendía como grupo y como clase- nuestra propia lucha, comenzar a construir nuestra propia alternativa. La teoría del patriarcado, como sistema específico de dominación de las mujeres, nos permitió ordenar nuestra reflexión y ampliar nuestra perspectiva. A partir de ahí descubrimos no sólo la riqueza y complejidad del mundo privado, de las relaciones personales. sino también las deformaciones del mundo público, de las relaciones e instituciones político-soc'ales, orgapizadas sin nosotras. Si con esta mirada introspectiva habíamos comenzado a tomar conciencia de nuestra identidad social, quedarnos en ello significaba no completar el proceso, aceptar nuestra condición de ciudadanas de segunda categoría, aceptar nuestra exclusión del mundo social más amplio. Miramos, entonces, con otros ojos, con una nueva intenciosialidad: la relación entre lo público y lo privado. intentábamos desarrollar nuestra propuesta alternativa. Viejos temas tales como poder, democracia, liderazgo, fueron incorporados a nuestro debate, obteniendo nuevas significaciones al considerar el punto d e vista de las excluídas que necesitan hacer pública su visión de la historia y de la sociedad.

La alternativa [eminista

El movimiento feminista es un movimiento politico, con perfiles propios, que no se diluye al interior de otros movimientos. No es simplemente añadir aspectos reivindicativos referidos a las mujeres. a las plataformas y programas de otros movimientos. No es tampoco un conjunto de re'vindicaciones aisladas ( * ) . E s la explicitación d e una concepción del mundo, de un utopía que sustenta estas reivindicaiones; un mirar la realidad desde la perspectiva de la otra mitad de la human'dad. desde la urgmcia de revertir las condiciones que hacen posible su subordinación social. El movimiento feminista reivindica, entonces. el derecho y la legitimidad para crear y proponer una utopía de vida, para pensar en el mundo que queremos, a partir de nuestra experiehcia real, efectiva y afectiva en 61.
El concebir al feminismo como una concepción del mundo implicó, en un primer momento. reconocer que muchos de los aspectos anteriormente negados por nosotras mismas, cobraban una nueva sign'ficación. Así, la sexualidad, la maternidad, la formación de seres humanos integrales se nos revelaron como procesos tan importantes que los cambios económicos y mucho más significativos que el dominio tecnológico de la sociedad. Poco a poco comenzamos a cuestionar la primacía de la óptica masculina en todos los ámbitos de la vida. al mismo tiempo que elaborábamos nuestra perspect'va frente a los mismos o nuevos problemas. Tuvimos necesidad de repensar "toda" la realidad social, ya que las relaciones d e género no determinan sólo los intercambios presentes sino que se perpetúan en instituciones. en estructuras que reproducen la relac'ón desigual entre los sexos. El primer cuestionamiento que hicimos se refirió a la separación de la experiencia y el quehacer humano en dos ámbitos aparentemente opuestos y no relacionados: ámbito privado y ámb'ta público, en los cuales se distribuían los sexos: el femenino a lo privado y el masculino a lo público. lo que además influía en la valoración diferencial atribuida a ambos espacios.

(*)

Entendemos que cualquier planteamiento o reivindicación no existe sin referencia a un contexto que, iwplicita o explícitamente. le da sentido.

En efecto, el espacio de lo privado, que incluye el mundo personal, de los afectos, de las emociones y sentim'entos; el mundo interno y doméstico, es el lugar donde se sacraliza y legitima la existencia de géneros sexuales, donde se desvaloriza nuestro papel de reproductora de la fuerza de trabajo, d m d e se invis'biliza nuestro trabajo doméstico otorgándole carácter de improductivo donde, finalmente, se mantiene y reproduce nuestra dependencia a la jerarquía masculina, al perpetuar estos valores a través de la socializac'ón d e la prole. Quehacer cotidiano de absoluta importancia, pero inmediato, opaco, rutinario, aislante, excluyente y desvalorizado hasta por nosotras mismas. El espacio público, del mundo "externo", el de las instituciones, el de las decisiones. el del poder y de lo político; ,es el lugar donde se legitima y reproduce la jerarquía masculina. valorizado al máximo por su primacía masculina, es un espacio del que estamos ausentes o al que .accedemos eventualmente, nunca en igualdad, siempre como apoyo. sombra, sostén de los otros y a condición de adoptar la óptica del dominante. Esta constatación nos llevó a preguntarnos por los meca: nismos que históricamqnte habían hecho posible no solamente la ex'stencia de dos áreas de experiencia sino el surgimiento y mantención de la opresión de la mujer. El concepto de patriarcado, nos permitió responder a ello y dar una explicación global a la situación histórica y actual de la mujer. El patriarcado, sistema no sólo ideológico sino sustentado en una base material muy definida, dada por el control que los hombres ejercen sobre dos aspectos fundamentales de la vida de las mujeres: su capacidad sexual y su capacidad de trabajo, nos enfrantó al hecho que, al lado de la contradicción económica, de explotación de clase, subsiste, a lo largo del tiempo otra gran contradicción, la de la opres'ón sexual. Contradicción, que deforma de antemano la relación entre los sexos, iguales en apariencia, pero opresores y oprimidos en la realidad. A la lógica de clase se interpone, sin negarla, otra lógica que da cuenta de y otorga especific:dad a la cuestión de la mujer y a sus posibilidades de transformación. Concepto este que nos sirvió para enriquecer el análisis sobre lo pfvado y lo público, y dotar de contenido el carácter de lo político para el movimiento.

Con la conceptualización del patriarcado volvimos a repensar las relaciones que se establecen entre lo privado y público, privilegiando el análisis de nuestra situación en el mundo privado, para esc!arecer las formas que asume nuestra opresión de género. Si bien los problemas que enfrentamos en nuestro quehacer político se encuentran en todas las esferas sociales donde circulamos en el ámbito privado, doméstico y cotidiano donde la mayoría de las mujeres sufren el domin'o masculino. Y es la existencia de esta instancia institucionalizada la que posibilita el control de la sexualidad femenina. Si tomamos distancia de nuestro mundo doméstico, podemos percibir los niveles de opresión que .se anidan a su interior. Ayuda a tomar distancia con nuestra realidad doméstica. el desplazar nuestra atención al mundo público. donde podemos percibir no sólo cuán excluidas estamos las mujeres de los beneficios sociales sino también darnos cuenta de la magnitud de las consecuencias que impone sobre nuestras vidas el encierro doméstico. En lo cotidiano, no sólo se han ido consolidando los lazos de nuestra opresión s'no también se han gestado los mecanismos para concitar nuestra complicidad. Nuestra aceptación tácita que el poder real corresponde a los hombres y que debemos conformarnos con las formas ilusas y mezquinas de poder que desarrollan los oprimidos para paliar, sobrellevar, resignarse a su stuación. Al sostener las feministas que lo privado es político no sólo nos referimos al hecho que las rmelacianesen el mundo privado son relaciones de poder en sí mismas sino también que ellas generan una cadena interminable de relaciones de dominio en los otros ámbitos de la sociedad. Igualmente, no nos limitamos a exigir la inclusión de la mujer en lo público, sino también y principalmente rescatar la importancia de las experiencias en el ámbito privado y reconocerlas como parte indispensable y complementaria de lo público. Afirmar que Id personal es político signif'ca rescatar al ámbito privado como un terreno de lucha para el cambio social. Por otro lado, esclarecer que el objetivo de esta lucha es la democratizac'ón de las relaciones personales y que el cambio político es inimaginable sin el cambio personal. En este sentido, aseverar que los cambios no se dan en abstracto sino a partir de nuestra ind'vidualidad. Significa finalmente darle su lugar.

en el ámbito político, afectos, emociones, sentimientos. Al politizar de esta forma lo privado estamos dimensionando, ampliando, re-artYculando lo político, esclareciendo otras contradicciones que también han movido la historia y que, por olvidarlas, nos restringimos a transitar por callejones sin salida. Dentro de esta perspectiva, como señala Julieta Kirwood ( " ) , la praxis política de la mujer sería el acto de negación de los mecanismos interpuestos para su liberación y de lo que constituye el origen de su opresión:
-

negación de la existencia de dos áreas de experiencia de la actividad humana, excluyentes y separadas, lo público y lo privado. negación dle la conciencia de improductividad, de no trabajo, atribuída a las mujeres en su rol de reproductoras individuales de la fuerza de trabajo colectiva.

-

- negación de la situación de dependencia que sufren las mujeres como grupo social en el ámbito cívico, político, sexual y psicológico.

- negación, por lo tanto, de la condición de objeto, de alteridad
del género femenino.

- negación de la atempoialidad real atribuída a la reivindicacian feminista.
-

negación del aislamiento, atomización .e "indiv:dualización" de los problemas de las mujeres y la consecuente afirmación del "nosotras".

Esta alternativa que hemos esbozado no es, evidentemente, la única propuesta de transformación de la condición de l a mujer. Nos encontramos todos los días con otras propuestas, que nosotras consideramos parciales, incompletas o insuficientemente desprendidas de la óptica masculina. Entre ellas, están las que pro-

-(*)

Feminista chi,!ena, una de las que está aportando con más insistencia y audacia a una teoria feminista latinoarnerican?.

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pugnan un espacio para la mujer dentro de las estructuras existentes, l'mitándose a demandar su incorporación a los espacios y tiempos masculinos; también nos encontramos con aquellas que consideran que la transformación de nuestra situación llegará junto con la transformación de la sociedad, privilegiando así la contrad'cción económica productiva, de clase, y negligiendo cualquier otra contradicción. entre ellas la sexual. La opresión femenina es de naturaleza secundaria para esta lógica de pensamiento y, al oscurecer d e esta manera su especificidad, se desactivan sus pos'bilidades de acción en el presente.

No sólo autonomia ideológica, sino también orgánica
Para avanzar en nuestra praxis política, para eludir la influencia permanente de las concepciones que oscurecen nuestra especificidad, las feministas hemos debido luchar por la autonomía de nuestras organizaciones. La necesidad de un movimiento autónomo surge básicamente del reconocimiento, ya señalado, que además de la contradiccián de clase propia del capitalismo existe la contradicción entre los sexos, propia del patriarcado, y de la constatación de que esta realidad patriarcal es desconsiderada muchas veces no sólo por las instituciones y grupos sociales que refuerzan el sistema, sino también, desgraciadamentk, por aquellas que luchan por su tzansformación. La autonomia significa af'rmar la necesidad d e la independencia del movimiento a nivel organizativo y a nivel ideológico. La autonomía del movimiento garantiza que éste no se diluya en las múltiples contradicciones sociales, económicas y políticas de nuestra realidad ni se subord'ne a los intereses de determinados grupos, clases o instituciones. Finalmente, rescata la necesidad, sentida por las mujeres, de tener un espacio de confrontación basado en nuestros intereses como género y eliininando las mediaciones que interponen los partidos u otras instituciones. Algunos supuestos sustentan la autonomía: en primer lugar. la convicción de que la liberación de la mujer es principalmente nuestra; los hombres van a levantar difícilmente nuestras reivind'caciones porque ellas atentan sus privilegios internalizados por siglos en su conciencia.

En segundo lugar, necesitamos de un espacio autónomo para conocernos, identificarnos con las otras a partir de nuestra situación de opresión para desarrollar una nueva conciencia, colectiva. de ser mujeres, en base a la socialización de nuestras experiencias; para conectarnos con el mundo y las instituciones desde nuestra perspectiva y nuestros intereses. La autonomía organ'zativa, que aleja la influencia de concepciones que alimenten o refuercen nuestra subordinación, nos permite recuperarnos a nosotras mismas, v'sibilizar el aquí y ahora de nuestra lucha y rescatar nuestra historia pasada. Ello es más necesario no sólo porque también nosotras tenemos internalizada nuestra subordinación, sino además porque histór'camente nuestra protesta ha sido silenciada, nuestra presencia oscurecida, nuestra lucha cooptada.
En tercer lugar, si las estructuras d e opresión patriarcal están presentes en todas las inst'tuciones, sólo a partir de nuestra autonomía organizativa podemos garantizar que dichas estructuras no nos atrapen y nos hagan perder nuestros objetivos. E n el proceso de nuestra lucha, podemos coincidir con otras organizaciones que buscan el cambio y sus intereses pueden ser también los nuestros a nivel general (lucha por un cambio revolucionario, democratización de la sociedad, independencia nacional, etc.), pero aportamos a ellas como sujetos políticos a partir de nuestros intereses y reivind:caciones específicas. Si nuestra lucha se orienta en contra del patriarcado capitalista, sistemas ambos que se refuerzan mutuamente para "fortalecer la .estructura d e clase capitalista y la estructura sexual jerarquizada" al luchar contra nuestra opres'ón estamos luchando en contra del sistema como un todo.

El movimiento real
Un auténtico balance del movimiento feminista exige reconstmir las raíces de este movimiento y la h'storia de las resistencias -sordas o abiertas- que han opuesto las mujeres al sistema d e opresión sexual. Cuán invisibilizada habrá estado la presencia de nuestro género en la historia que 'uno de mis grandes descubrimientos, después de muchos años de militancia feminista, fue advertir que la lucha

contra la opresión patriarcal no empezó ni con mi conciencia. ni con la de mis amigas. Al contrar'o, esta resistencia es tan larga como nuestra historia, incaica. colonial, republicana. No obstante. es a fines del siglo XIX que se retoma con más fuerza continuando con organicidad y perspectiva las primeras décadas hasta comienzos de este siglo. Reconocer qué es lo que tenemos de común con estas mujeres nos permite estar en condiciones de avanzar ahora y esclarecer qué errores de perspectiva seguimos manteniendo. Ambas tareas son parte no sólo del proceso de recuperación de nuestra memoria e identidad como mujeres, sino también. elemento indispensable para entender nuestro presente pensar la estrategia de nuestra lucha. Tal análisis excede, obviamente, los límites de este artículo. Quiero simplemente explicitar el supuesto que asumo: nada de lo que hemos logrado hasta ahora. ninguna conquista educacional. laboral o política ha sido otorgada grac'osamente: ha sido la rebeldía de !as nuestras en el pasado lo que las hizo ~osible.Por lo mismo, todo lo que nos falta conquistar será ~ r o d u c t ode nuestra lucha.
1.

Después de varias décadas de oscuro silencio -aún por iluminar- hace aparición el var'ado "feminismo moderno" a partir de los años 70. Varias razones pueden explicar este renacimiento, entre ellas, queremos hipotetizar sobre la incidencia de los cambios económicos, políticos y sociales a partir de la década del 50. en la situación de la mujer. El sent:do de los cambios de esa década se tradujo en una modernización y democratización del país, y a la mujer le permifió mayor acceso a la educación, al mundo laboral, y en el caso de mujeres de sectores medios. al control de su natalidad. Los años 50 también nos enfrentan, por primera vez, al intento de diseñar una política dirigida a la mujer desde el Estado. la que fue impulsada por María Delgado de Odría, esposa del entonces presidente Odría. En las barriadas se organizó una suerte de clientelaje político, que por el lado femenino cobró concreción 2 partir de los clubes de madres. Política paternalista y caritativa que encontraba, en ese momento, significativo eco en las mujeres m'grantes, cuya vida cotidiana transcurría en las barriadas. Desde fines del 50 y a lo largo de los sesenta, se fue desarrollando una enriquecedora experiencia de luchas reivindicativas. Las mujeres participan activa y solidariamente en ellas, acompañando a

sus hermanos, padres. o esposos: están en la 'primera fila en -las invasiones campesinas de tierras o en los asentamientos urbanos. Estuvieron ausentes, sin embargo, sus reivindicaciones específicas como género oprimido. Consecuentemente, una vez pasado el momento de lucha, volvieron a su espacio tradicional. Muchas otras mujeres comienzan lentamente a ingresar a los partidos políticos reformistas, primero, y de la llamada nueva izquierda, después. Partidos e instituciones que aceptaron esta incorporación, sin reconocer la opresión específica de género, la que tampoco era reivindicada por ellas. Hacia fines de la década del 60, la instauración del proceso reformista de Velasc-o Alvarado ( 19681, acelera la cricis y ruptura de viejos esquemas. Se va gestando, al mismo tiempo, una profunda crisis social y económica que impulsa a hombres y mujeres a rebelarse contra esta situación. Expresión de ello son los grandes paros nacionales del 77-78. el fortalecimiento y combatividad de gremios obreros y pmfesimales, el surgimento d e un importante movimiento regional popular. Aunque en este proceso están también ausentes, como en la década anterior, las reivindicaiones específicas de la mujer, se va creando un espacio para el cuestionamiento de la condición femenina. Durante este periodo, comienzan a surgir un conjunto de instituciones y grupos interesados en abordar la ~roblemática de la mujer, entre ellas, la Unión Popular de Mujeres del Perú, ligada a la Federación Democrática Internacional de Mujeres (Berlín Oriental), Centro Femenino Popular, Movimiento Promoción de la Mujer, Grupo de Trabajo Flora Tristán ( 7 2 ) . Otras dos organizaciones, creadas en décadas anteriores: la Comisión Interamericana de Mujeres ( C I M ) y el Movimiento Derechos de la Mujer, completaban el conjunto de organizaciones existentes a inicios de la década del 70. La inauguración de la década de la mujer, a nivel internacional, estimuló el surgimiento de nuevas organ'zaciones ligadas al gobierno o a organismos internacionales. Como era previsible, estas instituciones tuvieron una orientación burocrática, reproduciendo y reforzando, no pocas veces, la ideología tradicional; organizaciones como ACOMUC -conformada por esposas de funcionarios públicos y pdíticos- o como la Unión Panamericana d e Mujeres, oriqntaron acciones asistencialistas, profundamente desmovilizadoras, de las cuales las más

beneficiadas a nivel de prestigio personal y de manejo de poder fueron sus propias integrantes. En este periodo se acentuó, con contenidos diferentes al del período de Odría, una política estatal hacia la mujer. En 1973 el Gobierno crea el Comité Técnico de Revaloración de la Mujer ( C O T R E M ) que se convirtió en el primer núcleo estatal de coordinación de los diferentes grupos de mujeres. En 1974. se crea también desde el gobierno, el Consejo Nacional de la Mujer Peruana ( C O N A M U P ) . que si bien comparte el carácter "institucionalizado" de las otras organizaciones semiestatales, acoge en su seno a un conjunto de mujeres progresistas y democráticas que se interesan genuinamente por la situación de la mujer. Thnto es así que cuando el gobierno de Morales Bermúdez (1975) -que puso freno a muchas de las reformas del período velasquista- disuelve por decreto a la C O N A M U P , algunas de sus integrantes lograron mantenerse organizadas en diferentes instituciones de mujeres, acercándose algunas de ellas a posiciones feministas. Podemos distinguir, en estas organizaciones, formas diferentes de acercarse a la problemática de la mujer, tendencias que aún están presentes en las organ'zaciones actuales, y que expresan no sólo la complejidad de la situación de la mujer y la variedad de discursos, incluso contradictorios que tratan d e interpretarla, sino también la percepción que sobre la sociedad y el cambio tienen las mujeres. Una tendencia más institucionalizada y conservadora recurre
a la capacitación y asistencia a la mujer, principalmente de sec-

tores populares, buscando dotarla de mayores conocimientos que le permitan desempeñar m.ejor su rol de esposa-madre, y establecer una relación jerárquica y vertical con las mujeres. Aunque algunas de ellas plantean la necesidad de incrementar la participación femenina, se sustentan en las cualidades morales atribuídas a la misma y en la defensa del orden sexual establecido. Una segunda tendencia está próxima a los intereses políticopartidarios e incentiva la participac'ón de la mujer como un elemento de apoyo en las luchas sociales; aspira dotar a las mujeres de una conciencia política que se lim'ta a defender los pro-

yectos de cambio existentes, cualquiera sea su carácter: reformistas o revolucionarios. Finahente, les ofrece el partido o el Estado como núcleos de organización. Ciertamente, aún dentro de estas tendencias, gruesamente delineadas, se encuentran mujeres proclives a procesar un cuestionamiento más profundo de su situación. Una tercera tendencia que paulatinamente ha ido precisando sus lím'tes, es la feminista. En el período señalado, ALIMUPER prefigura su existencia (1973). Sostiene una lucha solitaria durante años por las reivindicaciones femeninas: impulsa las primeras manifestaciones d e protesta contra los concursos de belleza y denuncia -por primera vez en el paísla utilización de la mujer por los medios de comunicación; las primeras veces que reiv;ndican para la mujer el derecho de controlar su cuerpo provienen de este audaz movimiento. Como era de esperar, tal osadía fue rápidamente estigmatizada, siendo objeto, este movim'ento, de burlas y escarnios tanto de hombres como de mujeres. Transcurrieron alrededor de cinco años de la experiencia mencionada, nuevos grupos de mujeres se atreven a escapar de las tutelas institucionales -partidos u otros- y af'rmar su existencia autónoma. De esta manera. entre 1978-1979 el movimiento Manuela Ramos, Mujeres en Lucha, Frente Socialista de Mujeres y el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, hacen su aparición en la escena públtca. Pese a que la influencia censora de la ideología prevaleciente y especialmente la de izquierda, nos impedía declararnos feministas, internamente empezábamos a procesar un importante camb'o que nos llevaría a transitar por este camino. Nuestra convicción sobre la necesidad de cambiar la situación social nos llevaba a adherirnos a la izquierda y buscar en la cQnceptual'zación marxista la respuesta a los principales problemas que se derivan de nuestra condición; ilusa aspiración en muchos casos, en la medida que, y a pesar de la genialidad de esta doctrina, ella había excluido de sus preocupaciones la necesidad de liberar a las mujeres de su subordinación como género. Simultáneamente, y esta vez ya no más en el plano de las ideas, en nuestra práctica social reproducimos viejos modelos de aproximación a otras mujeres.

Fueron, pues, nuestra cercanía ideológica. y emocional, y las huellas aún presentes de nuestra anterior mil'tancia política, que aún nos marcaban intensamente, motivos de no pocos conflictcs internos y sustento de nuestra práctica inicial. Atrapadas aún en múltiples contradicciones. difícilmente podíamos esclarecer y asimilar la respuesta de los partidos de izquierda, que en la mayoría de las veces, y en respuesta a los propios temores de sus integrantes y a la lógica de sus estructuras. respondieron con intolerancia a nuestras aún incipientes posiciones feministas. Por ello, la primera parte de nuestra historia está marcada por los esfuerzos balbuceantes. con idas y retrocesos, de deslindar con las posiciones de izquierda. Nuestra madurez vino -mu:ho después- cuando dejamos de priviieg'ar a los partidos y a la izquierda como nuestros interlocutores y fuentes de legitimación de nuestra acción, y pudimos concebir libremente -como mujeresnuestra relac'ón con la sociedad y con el cambio social. Durante mucho tiempo nos era difícil entender por qué nos era negado un derecho considerado, en principio, a todo otro sector oprimido, a saber, organizarnos a partir de nuestras propias reivindicaciones. Dicho sea de paso, cuando el movimiento feminista comepzó a plantear con fuerza su especificidad reivindicativa, contribuyó a debilitar una práct'ca tan unilateral y economicista vigente en los partidos políticos. Pero en ese momento de nuestro proceso, desarrollábamos aún una conciencia culpable que retardaba una auténtica definición de autonomía, hecho que se hacía evidente en el tipo de reivindicaciones levantadas y en las formas de lucha que asumíamos las pocas veces que levantamos una exigencia prop'a. diluímos su impacto y cercenamos sus posibilidades de convocatoria por la forma de lucha adoptada. La marcha llamada por A L I M U P E R en ocasión al Día Internacional del Aborto. constituyó un buen ejemplo al respecto. Aún dema,n&ndo el derecho al aborto, dudábamos de la legitimidad de la propuesta temiendo estar respondiendo a una preocupación de pequeño-burguesas y no de sectores populares. ¡Cuán cegadas estábamos! Nuestros grcpo sotemores a aceptarnos como mujeres pertenecientes a cial. nos llevaba a desconocer los mismos problemas nuestros en

otras mujeres, aunque la realidad no mostraba que !as mujeres de sectores populares no sólo están más sometidas al peso de una maternidad involuntaria sino que también se someten, ccn caantos más riesgx -de salud y de prisión- a prácticas abortivas reñidas con las más mínimas normas de higiene. Se explica, entonces, que las nuevas organizaciones rcliusaran a participar como tales. Lo que sí se logró fue que alrededor de 50 mujeres, individualmente, nos acompañaran en el movimiento. La segunda gran lección la aprendimos en la acción misma: renunciando a nuestra creatcvidad para pensar nuevas formas dc lucha, recurrimos al estilo más tradicional: una marcha por las calles de Lima, portando pancartas alusivas al tema: anticoncepción, aborto, control de nuestros cuerpos. En el transcurso de la movilización, las burlas y las agresiones verbales fuercn de tal violencia, que un grupo de manifestantes abandonaron silenciosa y avergonzadamente la marcha. Ahora, tiempo transcurrido c identidad ganada, puedo af'rmar que si bien la reivindicación era absolutamente válida, la forma de lucha adoptada evidenciaba hasta qué punto seguíamos pensando en nosotras en términos de vanguardia y no en la necesidad de construir consenso para nuestra alternativa. Poco tiempo después, los grupos de mujeres se uniero,n para organ:zar una movilización de apoyo al Frente Sandinista y de repudio a Somoza. Doscientos cincuenta mujeres nos movilizamos esta vez, manteniendo el entusiasmo y la combatividad pese a la hostilizaci8,d de la policía. Nos era más fácil mmtenet en alto nuestra protesta en la medida que recurríamos a una forma y motivo legitimado de lucha. A partir de esta experieficia, sigiiificativa por el número de participantes y su carácter político coyuntural y no por su carácter feminista. se conformó el Comité de Coordinación de Organizaciones Femeninas (fines de 1979), con el declarado objetivo de desplegar una acción política que aunara la voluntad de los diferentes grupos de mujeres y su compromiso de cambio con la realidad social. Formaron parte de él las cuatro organizaciones recién surgidas y también AL1MUPE.R. Al interior del Comité de Coord'nación se reprodujer0.n las contradicciones que, en diferentes grados habían enfrentado o seguían enfrenfando cada uno de los grupos integrantes. El

interés de resguardar al Comité y nuestra inhabilidad para manejar d'screpancias nos llevó erróneamente a negligir la importancia de una discusión más profunda sobre nuestras incipientes ideas, entre ellas la especificidad que podría adoptar el feminismo en nuestra realidad. Nos dedicamos, así, a una serie de tareas coyunturales: de apoyo a las luchas del conjunto del movimiento social y ocasionalmente a algunos gremios de mujeres, la mayoría de las veces dentro del más puro estilo tradicional: ayuno solidario con la huelga magisterial, marcha contra la comerc'alización del Día de la Madre. marcha contra el hambre, etc. La marcha silenciosa. con mujeres enlutadas, en protesta por el asesinato de argentinas montoneras en nuestro país constituyó una rara excepción, pues intentó desarrollar un estilo diferente de protesta. Analizando esta situación. retrospectivamente, no existía en verdad diferencias entre las acciones de lucha emprendidas por el Com'té de Coordinación y las que hubiese podido llevar a cabo cualquier gremio, cualquier sindicato o movimiento. Temíamos hablar de la opresión de la mujer, de su derecho al trabajo, d e la reivindicación de su sexual'dad, de los golpes y maltratos que recibía del marido, creyendo que inicialmente debíamos responder a otras urgencias, básicamente económicas. El afán de no alejarnos de la "lucha de clases" nos impidió. por un buen tiempo, repensar en nuestros términos formas propias y creativas de ,levantar la especificidad de la cuestión femenina y analizar las modalidades que ésta asume en un país como el nuestro. Aún permanecía oculto, para muchas de nosotras, el carácter político y subversivo del mov'miento feminista. N o todo, sin embargo, son limitaciones. Logramos concitar el interés y atención de un conjunto de mujeres que, aunque difusamente, intuían la potencialidad de la organ'zación. Por otro lado, nuestras confrontaciones y discrepancias con los partidos políticos permitió consolidar nuestra convicción de la necesidad de la autonomía para el movimiento, si queríamos evitar ser cooptadas y neutralizadas; logramos también un acercamiento como mujeres a algunas militantes de las comisiones femeninas de los partidos, que a poco andar devinieron a feministas. Pudimos organizar, aunque con muchas dudas al comienzo, acciones sostenidas y audaces, como la campaña contra el concurso de Miss Universo en el Perú. Superamos también la fác'l

trampa de confundir el trabajo y lucha por la liberación de la mujer con el simple trabajo de investigación acerca de las formas que asume su opresión. E a este proceso, una a una las organizaciones se proclamaron feministas, cambiándose el nombre de Coordinadora de Organizaciones Femeninas por simplemente Coordhadora 'Feminista. Con el tiempo, la Coordinadora Feminista desapareció, casi naturalmente, sin grandes luchas, sin grandes discusiones; la marcaba su origen puramente formal. No había sido producto de las acciones de un movimiento pujante sino de las debilidades y balbuceos de un movimiento naciente e inseguro. Cumplió, indudablemente, un papel importante en esta primera etapa; permitió que los grupos feministas confrontaran carencias, se dieran fuerza entre ellos, afloraran algunas posiciones. Lo medular del trabajo y reflexión del los grupos, sin embargo, nunca pasó por ella; las acciones emprendidas a su interior nunca perdieron la característica de obedecer más a urgencias externas planteadas por los partidos políticos, de las organizaciones clasistas, que a las necesidades reales de un movimiento en formación. En el último período del funcionamiento de la Coordinadora fue acrecentándose una sensación de desgaste e improductividad. La incorporación de nuevos grupos, en vez de alimentarla, la constriñó, pues estaban viviendo en ese momento el mismo proceso que los primeros grupos habíamos ya superado. Eran ritmos, prioridades y percepciones diferentes que en lugar de enr'quecernos nos empobrecían. No pretendo dar un juicio de valor en esto; empero, si hubiéramos nacido con bases más sólidas. estas diferencias hub'eran enriquecido la discusión y las acciones. Pero no estábamos aún preparadas para ello. Eramos pocas y por ello decidimos jerarquizar dónde depositar nuestros esfuerzos a fin de fortalecernos como grupos y para preparar el 11 Encuentro Feminista, al que percibíamos como un hito de singular importancia en nuestra corta historia. Las coordinaciones se estrecharon entre los grupos afines y se limitaron, en el caso de los otros grupos, a programar acciones coyunturales en las que, sin embargo, también h e difícil el acuerdo. Dos estilos se iban ~erfilando: por un lado, uno insistía en la necesidad de incorporar en las acciones de lucha generales a las mujeres d e organizaciones populares y de partidos, cuya expresión más clara fue la creación del COM U P (Comis'ón de la Mujer Peruana). Otro, centraba su esfuerzo en buscar nuevas formas de lucha que correspondieran a

'la especificidad de la cuestión femenina atraer. a partir de ello. al conjunto de mujeres. Acusaciones veladas empezaron a manifestarse sobre el "no feminismo" de unas y el "feminismo burgués" de las otras; críticas acerca del contacto sospechosamente estrecho e indiferenciado con los partidos de las unas y la supuesta desconsideración de los problemas s i a l e s de las otras. El 11 Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe fue el lugar donde se explicitaron más claramente estas divergencias. Fue, sin embargo, más un estallido emocional que una clara expresión de posturas diferenciadas. Es por ello, posiblemente. que no hubo un rompimiento del movimiento sino más bien la explicit a c i h de una s'tuación que venía arrastrándose desde antes y que nos permitió. luego de encarar las diferencias. buscar los puntos coincidentes que pudieran fortalecer el movimiento. Base social del feminkmo Generalmente se identifica el movimiento feminista con las organizaciones fem'nistas existentes, las que agrupan principalmente a mujeres procedentes de capas medias urbanas. Y esto no es causal. En efecto, la experiencia nos ha demostrado que la :preocupación por la liberación de la opresión de género surge con más fuerza en medios sociales en los cuales las mujeres han logrado romper con algunas de las barreras tradicionales y en los cuales tienen mayor acceso a la educación, al trabajo fuera de la casa, a la salud y. por ende, con todas las limitaciones, logran algún nivel de independencia personal. Pese a ello, el movimiento feminista o sus integrantes, tienen un interés creciente por articular sus concepciones, sus demandas con las del amplio movimiento de mujeres que viven en otros medios y real'dades sociales. Nos interesa que el movimiento trascienda a las capas medias que les dieron origen e incluya a la mayoría de las mujeres que proceden de diferentes medios y realidades. Entendemos. sin embargo, que para ser posible esta aspirac'ón como movimiento debemos pensar profundamente acerca de la influencia de otros determinantes en esta articulación: clase, raza. edad. Uno de los puntos más controvertidos dentro del movimiento ha sido la relación que establecemos con los sectores populares.

Todos los grupos, en diferentes grados, ded'can parte de sus recursos y tiempo a desarrollar proyectos localizados en los barrios urbano-marginales y aspiran ampliar su radio de acción a las zonas rurales. Muchas de nosotras hemos incluso afirmado que 10 que diferenc;a al feminismo latinoamericano del europeo es nuestra particular ligazón m n los sectores populares, llegando algunas de nosotras a postular la existencia de un feminismo de base popular. Sin embargo, el problema es mucho más complejo y trasciende, de lejos, las buenas intenciones que existen detrás de los proyectos d'rigidos a sectores populares o la afirmación de nuestra especificidad continental. Aún más, estas aseveraciones nos pueden llevar a enmascarar el problema. Si partimos subrayando aquello que nos une con el resto de mujeres como género oprimido, deberíamos acentuar este aspecto justamente y dejar de pensar nuestra relación con las mismas como la relación entre mujeres de sectores medios con mujeres de sectores populares; de afirmar nuestra relación en la condición de clase y no en la d e género. Pienso que es a partir del reconocimiento de nuestra común opresión que podemos hacer una nueva lectura sobre las diferenc'as que la lógica de clase introduce, ciertamente, entre nosotras las mujeres. Por otra parte, debemos no sólo dejar de centrarnos en la lógica de clase, sino también introducir la consideración de aspectos tan importantes como el racial, el generacional, los que junto al factor clase son responsables de las diferencias y matices dentro de la unidad de género oprimido. Pensando así el problema entendemos, entonces, que la especificidad del movimiento feminista latinoamericano no es su unión con los sectores populares en sí misma, sino tratar de develar cómo en las situaciones concretas de vida de nosotras las mujeres se unen a la opresión sexual otro tipo de opresiones. cómo a la lógica patriarcal, por ejemplo, se une la lógica capitalista para transformar a la mujer en la más oprimida: como fuerza de trabajo descalificada y barata, como consumista y como defensora del sistema que la aprisiona.

Así, por ejemplo, nuestro interés y preocupación por acercarnos a las mujeres que roced den de sectores urbano-marginales no es deb'do a la simple percepción de la injusta marginación económica que sufren. Nuestro acercamiento tiene en cuenta el comportamiento desplegado por ellas, que sientan las bases de una unión futura. En efecto, las mujeres de sectores populares no son sólo las pobres desposeídas: son mucho más que ello, son las personas que pueblan. junto a los jóvenes y niños los barrios populares, son las que a través de sus organizaciones, han contribuído a desarrollar estos espacios urbanos y acceder a los servicios indispensables. Son. pues, mujeres de un gran potencial oue pueden poner su fuerza al servicio de una sociedad de relaciones humanas más justas. Y así es, en efecto, en la lucha cotidiana que enfrenta, en la 0rgan:zación que establecen para poner en funcionamiento un comedor popular. para implementar programas de gobierno local como el vaso de leche, no sólo van rompiendo el encierro doméstico, sino que por ello mismo se van enfrentando a las limitac'ones de la estructura familiar, a la marginación masculina, y pueden incluir, entonces, las reivindicaciones como género sus luchas más ampl'as E n este sentido. probablemente el punto de partida de nuestras luchas y la de las mujeres de sectores marginales difiera, pero en el objetivo, implícitos o explícitos de subvertir el orden patriarcal existente, existe una coincidencia básica. En contacto con la experiencia cotidiana de las mujeres en tanto tales. las feministas hemos ido aprendiendo muchas cosas y entre ellas, que la conciencia feminista puede desarrollarse en situac'ones no previstas e impensadas por nosotras. Que allí donde hay mujeres hay gérmenes para luchar contra su opresión. E s el caso de algunas mujeres de sectores campesinos. En el último período han comenzado a surgir grupos de mujeres campesinas que cuestionan su situación y que no han tenido la mediación clara de los grupos feministas, es verdad que en situaciones peculiares: son mujeres con cierto acceso a la dinámica urbana, y con experiencia en formas de lucha y organización que trascienden sus ámbitos locales. Un ejemplo claro de esto lo encontramos en el último congreso campesino de la Confederación Campesina del Perú. Las mujeres delegadas no sólo lograron incluir cinco representantes en la directiva (sólo les habían

asignado dos), sino tamb'én exigieron el espacio necesario para plantear sus demandas: al final de los tres días de Congreso, durante los cuales todos los oradores habían sido hombres, se pretendió dejar la última media hora antes de la elección para que las mujeres hablaran. Y allí se armó un buen lío, ya que las mujeres exigieron hablar el tiempo que ellas consideraban necesar'o y así lo hicieron: sus intervenciones duraron horas planteando, además de reivindicaciones por tierra y herramientas, SUS denuncias en contra de los maridos que se emborrachaban y les pegaban. La forma de plantearnos nuestra relación con secto,res populares ha estado influído por antiguas experiencias y patrones y no ha subrayado nuestro aspecto de unidad como género con el resto de mujeres. El acercamiento inicial a "otras mujeres" obedecía más a la necesidad, ya mencionada, d e justificar nuestra existencia como grupos feministas en una realidad como la peruana. Cuántas veces nos hemos escuchado a nosotras mismas afirmando ante algunos compañeros: somos feministas, pero no pensamos sólo en nosotras; también, como ustedes, estamos comprometidas con nuestra realidad. . . obviábamos decir -porque aún no lo teníamos clar o - que estábamos comprometidas en los términos que de ellos habíamos aprendido, en los moldes que ellos nos habían impuesto, en la lógica que nos ninguneaba y nos invisibilizaba. Aún centrábamos. en otros factores, la definición del movimiento. En buenas cuentas, era no creer en nuestra utopía, era pretender que el carácter subversivo y revolucionario del fem'nismo venía de fuera, en este caso, de nuestro compromiso con los sectores populares, y no que este carácter estaba dado por el profundo y global cuestionamiento a las formas de opresión patriarcal capitalista. En este momento, sabemos que al desarrollar un claro polo feminista estamos otorgando una importante base de apoyo para que cualquier mujer o grupos de mujeres que cuestione su situación, sepa y tenga en cuenta que hay otras mujeres en su lucha, y pueda, por ello mismo. potenciar y dar mayor permanencia a su lucha.

Nuevas formas de acercamiento En la urgeqcia de no reiterar errores iniciales, ensayamos nuevas formas de acercamiento y organización que partían de nuestras propias experiencias, de la negación de las formas tradicionales (verticales, jerárqu'cas) que de antemano nos descalificaban y subordinaban. Logramos también levantar temas comunes que nos permitieran encontrarnos como mujeres y aminorar las diferencias entre nosotras. Generalmente. los pequeños grupos no jerárqu:cos, donde todas nuestras voces puedan ser escuchadas y nuestros ritmos respetados: donde reflexionemos a partir de nuestras propias experiencias o percepciones frente a los problemas que nos plantea la realidad.

No podía ser de otra manera. Arrinconadas en el mundo desvalorizado de lo privado, las mujeres hemos interiorizado esta desvalorización: subordinadas y dependientes de la opinión y decisión masculina. se nos hace difícil andar con nuestros propios pies: expropiada nuestra sexualidad en beneficio de la reproducción y del placer del hombre, hemos visto fragmentada nuestra identidad; marginadas da lo público, ignoradas por la historia, desdeñadas intelectualmente por subjetivas y emocionales, hemos perdido nuestra capacidad de comunicación como iguales, hemos renunciado al uso de la palabra, hemos desconfiado de nuestras posibilidades de producir conocimientos válidos, hemos 'nteriorizado, en fin, concepciones de los otros sobre nosotras. hemos \-¡vido de lo prestado.
Pero justamente todas estas experiencias de marginación, de carencia, permanente, son formas absolutamente válidas e indispensables de conocim'ento sobre lo que queremos cambiar. Y la teoría feminista se construye en base a lo que las mujeres sienten. a cómo perciben su opresión. El primer paso para ~roducir este conocimiento es e1 acto de recuperar la palabra, socializar nuestras experiencias ( y los pequeños grupos constituyen un lugar privilegiado para ello). Socializando experiencias. constatamos que estas carencias y fragmentaciones no son producto inciividual, de nuestra mala suerte, sino un producto social que afecta al conjunto de mujeres como género, cualquiera sea su clase, edad o raza. A partir de esta constatación, a medida que hemos ido avanzando en acciones y luchas para modificar nuestra si-

tuación, hemos también producido conocimientos sobre las formas e interrelaciones de esta opresión en todos los ámbitos de la sociedad. Nuestro conocimiento ya no es "prestado" ni disgregado. La teoría ha comenzado a surgir de nuestra experiencia personal y nos ha impulsado a reconstruir nuevamente nuestra situación objetiva de vida. Sólo de esta forma hemos logrado comenzar a conocernos a nosotras y a las otras: quiénes somos, cómo hemos llegado a serlo, cómo queremos ser. Empezamos a mirar de otra forma la realidad, a conocerla a partir de nuestro reconocimiento en ella. Reconocimiento, esta vez critico, porque detectamos sus condicionantes, sus límites y posibilidades que nos impone o nos abre cada una de las instanc'as de la realidad.
Qué hemos logrado hasta ahora

El movimiento feminista aún se está consolidando, es un movimiento joven, queda mucho por hacer, por descubrir, por afinar. Pero hay logros importantes. A nivel personal, las feministas compartimos una importante vivencia de transformación d e nuestras vidas: hemos cambiado la percepc'ón sobre nosotras mismas, nos hemos autoafirmado, hemos descubierto formas nuevas de relacionarnos entre mujeres, con nuestros hijos e hijas, con los hombres en general, con nuestros hombres en particular. Hemos crecido como mujeres junto con el movimiento. Como movimiento. hemos logrado sacar a luz el problema de la opresión de la mujer, lograr que no quede escondido tras explicaciones muy abstractas sino que se devele su especificidad y su existencia al interior de la vida social y política. A los grupos de hace seis años: Centro Flora Tiistán, Movimiento Manuela Ramos, Mujeres en Lucha, Frente Socialista de Mujeres, ALIMUPER ( y de los cuales ALIMUPER entró en receso hace dos años y el Frente Socialista de Mujeres cambió su nombre por el de Mujer y Cambio), se han sumado muchos más: Promoción de la Mujer (uno de los más antiguos, pero que sólo en el último período se ha perfilado como grupo feminista). Grupo Autónomo de Mujeres, Colectiva La Otra Cara de La Luna. Algunos grupos han surgido de separaciones de un mismo grupo. La división de Mujeres en Lucha dió origen al Instituto María Jesús Alvarado y una posterior división de éste dió. origen al grupo W A R M I ; otros grupos que surgieron con un
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carácter más académko se suman a posiciones feministas, aunque no se definan así como organización. Igualmente, han surgido numerosos grupos en provincias, algunos declaradamente feministas y otros en proceso de serlo (Movimiento Hacia una Nueva Mujer y Asociación Micaela Bastidas, en Trujillo; Frente d e Mujeres de Cajamarca; Centro de la Mujer de Arequipa). Por otro lado, son numerosas las instituciones y centros en Lima y en provincias, que hacen trabajo con mujeres desde una perspectiva feminista (Cusco, Huancayo, Piura. Puno, Moquegua). Existe una Librería de la Mujer, un Centro de Documentación de la Mujer, una Cafetería de mujeres, grupos de mujeres de tercera edad, grupos de autoayuda, grupos que están interesadas en crear una Casa para la mujer violada; grupos que ofrecen asesoría legal a mujeres; y dentro de los centros, equipos de asesoría legal a mujeres, salud, de sexualidad, de derechos humanos, de invest'gación sobre la mujer. Al mismo tiempo, una importante producción cultural alternativa: folletos sobre trabajo, sexualidad, política, leyes; libros sobre metodología, sobre historia de la mujer en el Perú. y una gran cantidad de publicaciones a mimeógrafo sobre diferentes temas; existen dos revistas (Mujer y Sociedad y La Tortuga), boletines, una regular producción de audiovisuales y algunos videos. Una de las preguntas que surge casi espontáneamente es por qué los grupos feministas no forman un solo grupo, si están luchando por lo mismo. Esto no representa un problema para nosotras, creemos que el movimiento feminista se plasma en una cantidad de pequeños grupos, cada uno de los cuales incide en algunos aspectos de la compleja realidad de la mujer, tratando de superar y plantear alternativas a algunas de sus múltiples carencias. Su característica es ser un movimiento poco estructurado, no jerárquico; pretender ubicarlo a una sola organización es constreñirlo y restarle creatividad. Es indudablemente importante la un:dad y coordinación en base a los p ~ n t o scomunes, que son múltiples, o la centralización para acciones coyunturales o campañas de interés para todas las mujeres, pero es necesario desarrollar también las diferencias, con respeto y solidaridad. Deberíamos incluso impulsar nuevos grupos que complementen las actividades de los grupos actuales; nos falta, por ejemplo, un lugar de atención y refugio para las mujeres golpeadas y violadas; nos faltan más abogadas feministas que consoliden la inci-

piente red legal feminista que se está creando; son aún contadas las médicas feministas; necesitamos más investigadoras feministas; maestras que implementen una educación no sexista; profesoras «niversitarias que impulsen estudios de la mujer en las universidades; más literatas, más artistas, más pintoras; más trabajadoras obreras, más secretarias, más amas de casa, etc. El aporte de cada una de ellas, al interior' de los grupos existentes o a partir de nuevos grupos, es indispensable. E n el último periodo han surgido, por primera vez, también. dos organizaciones de homosexuales: MOLH y ALPHO, y dentro de ellos, mujeres lesbianas que se han comenzado a acercar al movimiento feminista. que se están atreviendo a ". . .salir del closet ...", algo que no había sucedido anteriormente, no sólo por la fuerte represión sexual y conservadurismo autoritario de nuestra sociedad, sino también porque los grupos feministas recién hemos abierto sus espacios para acoger a las lesb'anas, ante el temor que nos acusaran de tales, o identificaran al feminismo con el lesbianismo. Ahora es claro para nosotras: si hemos mantenido como principio el derecho a la diferencia, la libertad para decidir sobre nuestros cuerpos, ello no puede ser válido para algunas y no para otras. Hay otros puntos álgidos en el movimiento, entre ellos, las dif'cultades que enfrentamos en el intento de construir organizaciones alternativas, concretando en ellas un nuevo tipo de relaciones, no jerarquizadas, no competitivas, en base a la reflexión, al afecto y a la sol'daridad. En la primera etapa, idealizamos enormemente las posibilidades de comunicación entre las mujeres, ciesarrollando una sensibilidad especial para acercarnos entre nosotras, pero desarmándonos y abatiéndonos cuando las relaciones no eran tan fluidas. Estamos aprendiendo ahora a aceptarnos como somos, a aceptar las diferencias como aportes individuales y creativos de todas. Otro punto importante está en relación con la forma en que se ha desarrollado el movimiento alrededor, fundamentalmente, de grupos feministas que eran a la vez instituciones de trabajo feminista. Ello ha significado, por un lado, un impulso invalorable a la difusión del movimiento, a acciones de lucha, a investigac'ones, a trabajos y10 proyectos multiclasistas; se han creado impor-

tantes espacios para mujeres; por otro lado, sin embargo. ha significado un riesgo de inst'tucionalización del movimiento, en varios aspectos: al crear lugares con posibilidades de realizar trabajos alterna tivos para mujeres. con proyectos interesantes: de investigar. de producir materiales. de teorizar; en suma. de trabajar en lo que creemos y en la forma que nos gusta. nos ha llevado por momentos a centrarnos en nuestros trabajos especificos, en nuestra confrontación como mujeres. momento indispensable. pero que a veces nos ha restado audacia y creatividad para expandir los logros hacia el conjunto del movimiento, hacia un número cada vez mayor de mujeres. Por lo mismo. no hemos tenido suficiente capacidad 0rgan;zativa. En este momento, nuestra preocupación es hacer más pública nuestra propuesta. desarrollar mayor capacidad política y definir una estrategia más clara para construir un consenso más amplio y conquistar logros materiales para nuestra liberación.

ACCION DE LAS MUJERES PERUANAS DURANTE LA GUERRA CON CHILE
Maritza Villavicencio

Los hechos históricos son el resultado de la convergencia de la totalidad y multiplicidad de los actos humanos, aunque muchos de ellos escapen a la conciencia de sus propios autofes. más aián cuando un sector de los involucrados, llámese grupo, casta, clase, raza a género no cuenta con los instrumentos "legitimados" para registrar sus propios actos.
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Estos, finalmente, terminan siendo diluídos o deformados por quienes tienen la función (el poder) d e construir la memoria histórica de una coletividad. En una sociedad altamente elitista como la peruana, con una tradición hi~torio~ráfica corte aristocrático, e1 registro oficial de de nuestro pasado excluyó a la gran mayoría indígena y popular. Fue recién por los años 60 que esa historiografía empieza a ser cuestionada por la aparición de estudios históricos sobre los movimientos campesinos, seguidos por otros sobre los demás movimientos sociales de origen popular. El avance indudable que significaron esos nuevos aportes para la construcción de una conciencia nacional nos deja, sin embargo, un vacío; pareciera que la historia rescatada fuera la de los varones de esos movimientos y, al igual que la historiografía tra-

dicional, daba un lugarcito a los de abajo: Túpac Amam (antes de Velasco). J,osé Olaya, María Parado de Bellido, etc ... En esta nueva versión, Túpac Amaru y José Olaya quedan reivindicados como expresión d e un proyecto nacional, pero las mujeres siguen teniendo un lugar de excepción; somos el complemento o simplemente el detalle anecdótico. Incluso cuando dentro de esta misma versión se retoman y reinterpretan temas que habían sido considerados propios de la h'storiografía tradicional, como el quehacer político de las altas esferas o los hechos militares, las acciones de las mujeres continúan en la oscuridad, como si ellas no hubieran tenido nada que ver con esos sucesos. Precisamente las guerras, al ser consideradas estrictamente como resultado único de acciones bélicas, sea de quienes toman las armas directamente o de aquellos que dirigen las tácticas militares, se dejan de lado no sólo las consideraciones de orden socio-económicas y políticas que al fin y al cabo son rescatadas por la historia social, sino que se pierde el conjunto de los hechos de otros personajes anónimos como las mujeres cuyos actos cotidianos y heróicos hacen ~ o s i b l edesde la, propia existencia de los ejercicios hasta el punto de garantizar la resistencia y la victoria. En nuestra historiografia el ocultamiento del papel de las mujeres en la Guerra del Pacífico es significativo. La manera como fueron involucradas las mujeres tomó varios signos, algunos comunes a todas ellas en su condic'ón de tal: sexo femenino y otras diferenciadas por la procedencia social. Fue así, por ejemplo, que tanto las mujeres pertenecientes a la oligarquía peruana como las mujeres indígenas de la serranía fueron tomadas como botín de guerra y violadas por la tropa chilena. Testimonio de ello dió Antonia Moreno de Cáceres en sus Recuerdos d e la Calmpña de la Breña, cuando señala las razones por las cuales los indígenas lucharon contra los chilenos, eran "quienes talaban sus sembríos, incendiaban sus tristes chozas, ultrajaban a sus mujeres sembrqndo el dolor y la miseria" (p. 59).

En el otro extremo social se repetían este tipo de agresiones; fue así que durante el saqueo de Pisagua, Doña Hortensia Ceballos de Ruiz. miembro de una de las familias más adineradas y de abolengo de la región, tuvo que elegir la muerte "hundiéndose en la garganta la bayoneta que pudo alcanzarle su marido a tiempo antes de convertirse en el más preciado trofeo de un chileno que ya la había tomado en sus brazos" (Elvira García y García: La Mujer Peruana a través d e tos Siglos, t. 1, p. 380). Mi abuela, Mercedes Cáceres viuda de Fernández, me contaba que el miedo que le tenían a los chilenos se debía "a que dicen que durante la guerra abusaban de las mujeres y si no se dejaban les cortaban los senos". Aunque es innegable que las mujeres de familias adineradas de Lima y Provincias gozaban de ciertas prerrogativas, 00 dejaban de correr peligro, sobre todo si eran familiares de algún jefe militar de la resistencia. No sólo la barbarie de la guerra igualó a las mujeres; también el sentim'ento patriótico y humano las comprometió por igual. Sin embargo, en las acciones concretas que se derivaron del compromiso adquirido, se evidenciaron las diferencias sociales y raciales, a cada quien y de acuerdo a su ubicación socfal le cupo un lugar diferenciado en la resistencia.

La participación de las mujeres de la vertiente popular cobró variadas formas, casi todas ellas signadas por la acción directa, sea en los cuarteles, en los desplazamientos de los ejércitos y en el mismo campa de batalla, y hasta en las acciones riesgosas de la resistencia como mensajeras, transportando armas. etc.
Las rabonas
Entre las primeras, cabe destacar el papel que les cupo a las mujeres indígenas, compañeras de los soldados reclutados para formar los batallones. La rabona "es la india prometida del indio; viene la leva, arranca de la grieta de los Andes a todos los pastofies, chacareros y peones que necesita; les convierte en soldados; y por cada hombre que recluta, tiene que llevarse una mujer que le sigue. . .

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("La rabona tipo sud-americano". Artículo de Eloy Penillan en El Perú Ilustrado N? 171 del sábado 16 de agosto de 1890). Registradas oficialmente como cantineras, no fueron un fenómeno social inédito de la guerra con Chile. pues su existencia data de los improvisados ejércitos que se inauguraron durante las guerras independentistas y de aquéllos que se formaron bajo el mando de los caudillos militares que se disputaron el poder en el período 'nmediatamente posterior a la declaración d e la independencia.
Sin embargo, entre ese período 'y la guerra, su labor fue la misma. Flora Tristán, testigo del primer momento, relata en su libro Las Peregrinaciones d e u n a Paria su versión: "Estas [las rabonas] forman una tropa considerable y preceden al ejército por un espacio de 4 ó 5 horas para tener tiempo de conseguir víveres, cocinarlos y preparar todo el albergue que iban a ocup a r . . . atraviesan los ríos a nado llevando a veces uno y a veces dos hijos sobre sus espaldas. . . proveen a las necesidades del soldado, lavan y componen sus vestidos. . . ".

Y un observador del segundo momento escribió: " . . . desde entonces la compañera del soldado tiene que multiplicar sus labores: guisa. barre, cose, plancha, limpia las armas de su 'cholo', recoge sus haberes, asiste a sus ejercicios y cuando hay orden de emprender una marcha, carga con todo aquel ajuar formando el equipo que se echa a la espalda" (Eloy Penillan, artículo citado).
Por otro lado, Flora Tristán afirma que "cada soldado lleva consigo cuantas mujeres quiere. Hay algunos que llevan hasta cuatro.. .". Aunque esto se refiere a los años 30, y pueda ser una exageración. es ~ r o b a b l e que algo similar haya ocurrido durante la guerra con las viudas de los soldados muertos, tal vez, a manera de protección. eran tomadas por los soldados que quedaban en pie. De este modo el aprovisionamiento y sostenimiento de los batallones corrió básicamente a cuenta de estas mujeres anónimas d e quienes dependía que los soldados estén en buenas condiciones para salir al frente de batalla

Pero la labor de las rabonas no termina allí; por si fuera poco lo que ya hacían, también se hicieron presentes en el mismo campo de la contienda, sea para recargar los fusiles de sus compañeros, "prestando eficaces servicios de enfermería" (Antonia Moreno de Cáceres, ob. cit., p. 39) y enterrando a los muertos. Expuestas a las calamidades de una vida en esas condiciones, y a mil peligros, estas pobres mujeres se dieron tiempo para cumplir labores de espías. Aunque no tenemos datos de que ello haya sido generalizado, Doña Antonia de Cáceres cuenta que "una indiecita frutera, fingiendo no saber hablar castellano, se había infiltrado en el campo chileno y había escuchado un complot para asesinar al Mariscal Cáceres. Gracias a esta información el Mariscal pudo salvar su vida". Tampoco faltaron entre ellas arrebatos de heroismo, como el de Dolores, heroína anónima de la Batalla de San Francisco, que ha pasado a través de la historia con ese nombre, pues así se denominaba el cerro en que se produjo su primera hazaña. Su verdadero nombre es desconocido. Elvira García y García, por quien conocemos esta historia, cuenta que Dolores era la esposa de un sargento que dirigía la lucha: al caer herido mortalmente, ella tomó el mando, luciéndose por su osadía: "llega la primera a los parapetos del enemigo, ayuda a desalojarlos y les toma los cañones, peka cuerpo a cuerpo junto a los soldados" (Elvira García y García, op. cit., t. 1, p. 384). Posteriormente. se trasladaron a Tarapacá donde vuelve a tomar parte activa en el combate hasta lograr la victoria: lamentablemente fue herida en un brazo y murió antes de llegar a Arica. A pesar de las muestras de heroismo y la entrega cotidiana en fatigosas tareas para mantener en pie a su soldado, éste sostuvo un trato agresivo y violento con ella. El maltrato y los golpes que sufrían las rabonas fueron tan extremos que los oficiales tuvieron que tomar cartas en el asunto. En el Perú Ilustrado del 4 de junio de 1887, No 4, se narra una escena en la cual "el Mariscal Sucre defendió a una rabona que había sido maltratada por su marido, y castigó con un mes

de prisión al que le pegó y le dijo: 'a la mujer no se pega ni ccp una flor' ". Sin embargo, según las fuentes recopiladas por Juan José Vega (La República, l o de abril de l984), revela que las rabonas asumían el maltrato como parte de su relación íntima de pareja "que encuadraba en los marcos del rudo patriarcalismo andino" (p. 52). D e buena o mala gana, la realidad es que las rabonas. además

de afrontar las peripecias propias de los batalbnes en guerra,
soportaron también las consecuencias de esa relación "patriarcal andina". A pesar del olvido que la historia oficial ha echado sobre ellas, las rabonas fueron un factor decisivo y esencial en la contienda. Así lo intuyeron los propios soldados quienes se elevaron en protestas cuando los mandos oficiales pretendieron eliminarlas; 1.0s soldados no confiaban en que la administración militar fuera capaz de suplantar sus servicios. De este modo, las rabonas cargaron sobre sus espaldas !as deficiencias del nuevo estado peruano como la conciliaciM y los apetitos de poder de sus dirigentes. Las siervas en la Guerra La gran mayoría de la servidumbre limeña estaba conformada por mujeres de raza negra, mulatas e indígenas; a diferencia de las rabonas, sus acciones no se ubicaron ern el mismo campo de batalla, sino que se enmarcaron dentro del contexto de la resistencia citadina en apoyo a los jefes militares y a los batallones que luchaban en el int,erior d d país. La participación de estas mujeres se movió, sin embargo, en el ámbito más peligroso de la resistencia, es decir, la del cumplimiento de tareas clandestinas decididas y ordenadas por sus patronas. Ese fue el caso de Gregoria Láinez, servidora de doña Antonia Moreno de Cáceres; ella nos relata en -sus memorias: "Yo tenía

bajo mis órdenes, para empresas arriesgadas, a .una moFena llamada Gregoria, alta, delgada y muy audaz; era ella la portadora de los fusiles y municiones que podíamos adquirir. Impávida, pasaba al lado de los paladines chilenos, llevando, cada vez, dos ~ifles bien atados a la cintura, disimulados bajo sus largos vestidos y sosteniendo al brazo un cesto de municiones, ocultas entre las legumbres". También, mujeres como Helena y Maritza "sus leales servidoras, la acompañaron en estas peligrosas aventuras" (Judith Prieto de Zegarra; "Residtencia y conspiración femenina", El Comercio, 17 de diciembre de 1979. p. 2 ) . Otra mujer tacneña, Clara Enríquez de Pobleda, criada de la familia Incláp, se dirigió a Arica a rescatar los cadáveres de los hombres de dicha familia, estando allí prestó servicio a los heridos y a los presos. Los prisioneros peruanos habían escondido la bandera del Estado Mayor para que no caiga en manos de los chilenos. pero como todos ellos estaban condenados a muerte, temían por el destino del pabellón, así que encargaron a Clara sacarlo de allí; en efecto, ella, ocultándolo bajo sus faldas logró salvarlo (Elvira Garcia y García, op. cit., t. 1, pp. 382-383). Rescatar las acciones de estas mujeres se hace más dificultosa que la de aquellas consignadas por las mujeres de las clases altas, pero tal vez una manera de aproximarnos a ellas es a partir de las huellas dejadas por las primeras, pues el sinnúmero de iniciativas que emprendieron, como los hospitales de sangre, recaudación de fondos, etc., supusieron un despliegue de actividades que, dada la costumbre de la época y de esta clase social. las labores más pesadas, rutinarias y arriesgadas deben haber recaído en la servidumbre femenina, por supuesto, sin las venta- jas ni las seguridades de que relativamente gozaban sus promotoras.

LA ACCION INDIRECTA

Las señoras en la

Guerra

"Qué puedo hacer en favor de mi patria. si a las mujeres todo nos está vedado?" (Isabel Ugarte [hermana de Alfonso Ugarte. héroe de la Guerra del Pacífico] ). De 10 POCO que se ha escrito sobre la participación de las mujeres en la guerra con Chile, la mayor parte corresponde a testimonios dejados por las mujeres de las clases altas parientes de los héroes o de personajes que por su status político o económico ejercían influencia en la vida social de entonces. Su labor fue multifacética, no hubo ámbito de la vida en que no manifestasen su protesta por la invasión chilena. Desde la esfera de la cotidianeidad hasta la pública, ellas supieron aportar su grano de rebeldía. Resistencia cotidiana Judith Prieto de Zegarra, en un artículo de El Comercio ("Cuando las novias se vistieron de luto", 8 de octubre de 1979. p. 2 ) . rememora cómo las novias en 1881 trocaron "el clásico atuendo por sedas y crespones negros que envolvieron sus cuerpos. contrastando con el tul blanco coronado por azahares, en cabellos y manos como expresión del dolor de la Patria herida. . . sentimientos y acciones de mujeres peruanas, reflejadas como 'protesta en la. moda matrimonial de entonces". Cuenta que esta .costumbre se generalizó a lo largo y ancho de todo el país. Otra modalidad, quien sabe no tan generalizada pero si muy ingeniosa, fue la que se produjo en Ayacucho: "cuando los chilenos ocuparon Ayacucho tomaron particular interés en hacerse presentar en la casa de la familia Sáenz, porque habían oído decir que las niñas eran muy bonitas, pero éstas se negaron a recibirlos".

Ante el temor de que los chilenos tomaran represalias por la negativa de ellas, decidieron aceptar, pero concibiendo un plan. "Mandaron decir a los jefes chilenos que los recibirían. Llegado el momento, acudieron éstos, quedando ~etrificadosde sorpresa al encontrarse con unos fenómenos. En vez de las beldades que esperaban ver tenían delante unos espantajos sin pestañas ni cejas ni cabello en las cabezas, pues estaban completamente rapadas. . . " (Memorias de doña Antonia Moreno de Cáceres. p. 73).

La resistencia organizada
La actitud de protesta de las mujeres peruanas en lo cotidiano, dirigido básicamente a hostilizar la ocupación chilena, se complementó con una resistencia activa; en este campo, las señoras de las clases altas tuvieron un papel decisorio, pues fueron ellas qu'enes organizaron la resistencia y la conspiración.
Personaje sobresaliente y popular fue doña Antonia Moreno de Cáceres quien tuvo a su cargo la organización del Comité de Resistencia de Lima; este comité desempeñó múltiples actividades como la organización de un arsenal de armas clandestino en el Teatro Politeama, envío secreto de víveres, pertrechos, armas, medicinas y oficiales.

Por si fuera poco, su labor no quedó allí,. pues siendo esposa de Avelino Cáceres, Mariscal y jefe militar del ejército que combatía en la sierra, le cupo hacer de intermediaria diplomática entre él y otros jefes militares con los cuales discrepaba políticamente.
Sabiendo también de la influencia que ella ejercía sobre su marido, los jefes militares.chilenos intentaban doblegar a Cáceres mediante la persuación de doña Antonia, cosa que resultaba infructuosa por la renuencia de ella misma. Sin :embargo, doña Antonia no estuvo sola, tuvo a su lado amigas como Rosita Elías, esposa del contralmirante Montero, Laura Rodríguez de Corbacho, Clara Lizárraga, entre otras (Judith Prieto de Zegarra, "Conspiración y resistencia femeninas", El Comercio, 17 de diciembre de 1979, p. 2).

Un factor esencial de la resistencia fue la provisión de recursos económicos para hacer frente al conjunto de necesidades para sostener la guerra; en medio del desastre económico y la corrupción. el estado peruano no estaba en condiciones d e proveer los medios materiales para mantener en pie los ejércitos peruanos, fueron entonces las mujeres de las clases adineradas. quienes con su propia fortuna contribuyeron a la compra de armas y de pertrechos de guerra. Rosalía Rolando de Lauri, esposa de un comerciante acaudalado, entregó recursos pecuniarios para importar armas y ella misma, dado su status influyente, convenció a un comandante inglés para transportarlas desde Panamá hasta Perú (Elvira García y García, op. cit., t. 11, cap. "La mujer peruana en las guerras nacionales"). Sin embargo. la peculiaridad de la resistencia femenina, estuvo en la articulación de su orgullo patriótico herido con una gran sensibilidad, que se expresó en acciones aparentemente contradictorias. Siendo las fortunas de dichas señ,oras principalmente destinadas a la formación de hospitales de sangre y ambulancias donde atendían personalmente a los heridos de guerra, ellas no discriminaron entre peruanos y chilenos. Isabel González Prada decía: "¿Para qué? Si todos sufren es caritativo ayudarlos a calmar su dolor" (Elvira Garcia y Garcia, t. 11, op. cit.). Por otro lado, se preocuparon también de que sus contribuciones a la resistencia tuvieran un efecto práctico y socia1 en los sectores populares de entonces. Rosario Cárdenas del Solar abrió un taller can sus fondos personales para coser ropa para el ejército": de este modo pensó ea darles trabajo remunerado a las familias pobres (Elvira Garcia y García, op. cit., t. 11, cap. "La mujer y las guerras nacionales").
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Al lado de los casos individuales se desarrollaron acciones grupales o colectivas como fue la Gran Colecta para la Guerra, organizada por una comisión de 50 señoras que impulsaron la colecta d e objetos con la finalidad de rifarlos y obtener asi fondos

para el cuidado de los heridos, viudas y huerfanitos. La gran rifa se llevó a cabo en el mes de setiembre de 1879. Otro aspecto de la participación femenina fue el papel d e Mtermediación con los ocupantes chilenos. Gracias a mujeres cercanas a los medios diplomáticos, muchos de los peruanos perseguidos pudieron obtener salvoconductos y huir d e muerte segura: igualmente, los prisioneros de guerra peruanos en suelo chileno, obtuvieron consuelo y atención de estas mujeres como la señora Margarita de Aliaga y Puente de IT'Aponte Ribeyro, casada con un diplomático brasilero quien ejemplifica estas acciones. Consecuencias Si la rutina de las mujeres se vió interrumpida por la guerra, el efecto de las pérdidas materiales y humanas debieron afectar aún más el curso d e sus vidas. La disminución de la ~oblacion masculina (que suponemos a causa de las heridas mortales sufridas en el campo de batalla) significaron para las mujeres 1s pérdida de padres, esposos, hijos, hermanos, que las convirtierm en viudas, huérfanas, etc.; en esa nueva condición, se vieron impedidas da asumi.r responsabilidades que antes compartían o simplemente no realizaban. Según Elvira García y García, las mujeres antes de la guerra detestaban el trabajo (fuera de casa); sin embargo, luego de la guerra, al ver mermadas sus fortunas, se vieron obligadas a incursionar en el campo del trabajo remunerado. Aunque, evidentemente, tal comentario se refiere a las mujeres de las clases altas, pues fortuna podían perder las indigenas, mulatas y negras?. es muy probable que las viudas, huérfaI;as y demás desamparadas de estas clases entraran a engrosar las filas de los oficios populares urbanos, como la de vendedora ambulante. el servicio doméstico y hasta el meretricio, categoría que no aparece en el censo d e 1876. Por otro lado, es probable que en este período se produjera ascenso de las profesiones femeninas, como profesoras, institu-

e!

trices, y también se inicie la participación de las mujeres en las profesiones liberales. Finalmente, nos aventuramos a una primera conclusión, y es que uno de los efectos más importantes de la guerra sobre las mujeres fue que acelero la incorporación femenina en la vida pública, especialmente en campo laboral.

LA DOMINACION T O T A L
Gonzalo Portocamero"

La creciente popularidad ( 1 ) del testimonio oral en las Ciencias Sociales corresponde a una etapa de desencanto y búsqueda, pero no todavía de encuentro, Con tanto énfasis en las explicaciones estructurales y en lo económico, desaparecieron los hombres concretos con el potencial transformador de su conciencia y libertad. En su reemplazo, se asumió que su comportamiento podía ser representado por esquemas simples del tipo estímulorespuesta. En esta perspectiva, para mencionar un caso típico, se suponía, por ejemplo. que la crisis económica con la resultante caída en los ingresos y condiciones de vida llevaría a la protesta y a la movilización. De hecho, estos supuestos fueron cómodos para legitimar una Ciencia Social que no tratara de los hombres sino como agentes c soportes d e la estructura y que, con esta simplificación, aspiraba

*

(1)

Profesor del Departamento de CCSS de la P W . El autor quisiera hacer constar su agradecimiento a los doctores Alberto Flores Galindo y César Rodriguez Rabanal. Al primero, por el estimulo a tratar este tipo de temas; a! segundo, por haberle permitido asistir a su seminario sobre Psicoanálisis y al examen de los casos que él supervisa. Un primer antecedente es Erasmo biografía de un Yanacona negro del valle de Chancay publicada por el Instituto de Estudios Peruanos por en 1974. La biografía de Gregorio Condori Mamani -recopilada Ricardo Valderrame y publicada por el Centro Bartolomé de las Casaspromovió una polémica y un impacto seguramente duradero en sus lectores. Recientemente se han publicado Catac Ccaos de Jacobo Cruz (Piura, 1982) y Memorias de un viqo luchadorr Juan H. Pévez, recopiladas por Teresa Oré (Ed. Tarea. Lima, 1983).

a formular leyes o cuanto menos definir tendencias estructurales ( 2 ) . Esta pérdida del sujeto comenzó a ser lamentada cuando las numerosas sorpresas de la realidad hicieron evidente que. sobre todo en momentos d a crisis, ésta no se deja atrapar por formulaciones generales. En leyes cuya pretensión de validez implica pasar por encima de la indeterminación y libertad específicas d e la acción humana para reafirmarse sólo en la casualidad externa, en lo que Sartre llamaba lo "práctico-inerte". No, las razones del comportamiento humano son más complejas y no se reducen al simple reflejo automático frente a un hecho externo. Entre la imposibilidad d e las leyes y lo irrelevante de la mera erudición, la apuesta al testimonio biográfico aparece motivada por la promesa d e lograr comprender, sin reducciones. el intercambio entre lo personal y lo colectivo y, gracias a ello, entender más plenamente la realidad y su historia. E,] análisis social de los individuos permitiría reconstruir los procesamientos biográficos de los condicionamientos sociales que, en tanto resultan comunes para un grupo, un lugar y una época, basan la necesidad de una Psicología Social. Ciencia que, penetrando en la mentalidad individual y de grupo, tendría que llenar el vacío dejado por la crisis de los esquemas conductistas y las leyes que ellos fundamentaban. Esto es, explicar el comportamiento no sólo a partir d e lo externo sino también considerando que la subjetividad individual y social es un hecho irreductible y productor de efectos específicos y relevantes que, a su vez. necesita ser explicado. En esta perspectiva, podemos ver la vida individual como ". . . una praxis que se apropia de las relaciones sociales (las estructuras sociales), las interioriza y las retraduce en estructuras sicológicas por su actividad desestructurante-reestructurante" ( 3 ) .
( 2 ) En un texto escrito hacia fines de los 50, Hanah Arendt decía: "LO
malo. de las modernas teorías del behaviorismo no es, que sean erróneas. sino que podrían llegar a ser verdaderas, que en realidad son las mejores conce,ptualizaciones ~osibles de ciertas claras tendencias de la sociedad moderna". La Condición Humana. Ed. Seix Barral. Barcelona 1974. p. 420. En' el Perú de 1984, cuando el caos es l a cotidiano. este peligro se siente como remoto. Franco Ferraroti "Acerca de la Autonomía del Metodo Biográfico" en Jean fivignaud, Sociobgía del conocimienta Fondo de C u h a Econ m c . México, 1982. óia

(3)

hb obstante, estrecho sería el criterio de quien considerara el testimonio biográfico sólo como un método o material, aún cuando básico, para la Psicología Social o para un conocimiento más íntimo de Iai historia. De hecho, es también un relato que, por inmediato y cálido, constituye ulm forma muy rica de comunica. ción humana, en la que setnarran hechos, se transmiten valores y se participan sentimientos. La empatía que desarrolla el lector al acceder a la interioridad de una persona le facilita comprenderla, esto es, reconstruir la lógica que une sus circunstancias cor, su carácter y decisiones.
Lógicamente, el testimonio es siempre y necesariamente parcial, "en toda acción -dice Dantelo que intenta principalmente el agente, ya actúe por necesidad natural o por libre VOluntad, es explicar su propia imagen". En el caso del testimonio. lo que se busca es aprobar una hipótesis, enfatizar que -pese a todo- el yo está muy cerca de los ideales que lo encaminan. Más sistemáticamente puede decirse que el testimonio es doblemente subjetivo. Por un lado, es un recuento de los hechos protagonizados -actuados, percibidos y sentidospor una persona. Por el otro, estos mismos hechos son retenidos selectivamente por la memoria y luego relatados por un yo que busca reafirmarse y justificarse ante un semejante y, por medio' de él, ante sí mismo. Por ello es que, corno fuente para la reconstrucción de hechos históricos, su empleo es cuestionable. Pero su valor radica, ante todo, en ser la puerta principal a la subjetividad individual y social. Para servir de base al estudio de las esperanzas, las ansiedades y los proyectos d e un grupo social. Para tender el puente que vincule orgánicamente el estudio de las estructuras con el de las acciones. Una oportunidad de introducirnos en esta perspectiva es el libro Basta que es una colección de 23 testimonios de empleadas domésticas de la Sierra Sur. Publicado por el Centro Bartolomé de las Casas y producido por el Sindicato de Trabajadores del Hogar del Cuzco, está dedicado a la memoria de Egidia Laime Jancco, quien fuera principal organizadora del sindicato. D e ella se transcriben algunos pensamientos de los que extraemos el siguiemte que es muy significativo: "Compañeras: no basta conseguir una vida mejor para nosotras, sino hasta cambiar esta so-

ciedad. Siempre vamos a conseguir con sangre, nunca con paz ni conciliación" (p. 1 5) . Aunque la introducción es muy poco explícita en cuanto a la metodología empleada. se señala, al menos, que en la recopilación de las biografías interesaron ". . . dos rupturas ejes de estas vidas. La primera la arranca de su familia y de su medio, reduciendo su horizonte a la casa d e la patrona. La segunda la vincula al sindicato. ensanchando su conciencia a la dimensión de su clase" (p. 23). A pesar de que siempre sea necesario focalizar una entrevista. más aún cuando se trata de presentar una problemática social a través de biografías individuales, resulta lamentable la relativa ausencia de aspectos subjetivos donde se explicite la forma en que son vividas las circunstaacias. De hecho. el poner énfasis en la narración de acontecimientos en desmedro de su significación personal, disminuye la posibilidad d e empatía y comprensión que pueda generar el lector con este sufridísimo grupo social. Son tantos los temas que los testimonios abordan que todo comentario ha de ser por fuerza unilataaI. En realidad, Basta constituye una ventana abierta de donde se pueden divisar aspcctos esenciales de la realidad del Perú profundo así como de la del Perú mestizo y urbano y, sobre todo, la relación entre ambos. Entre ellos puede señalarse la dinámica familiar del mundo andino, el funcionamiento de las relaciones serviles en las haciendas serranas y la mentalidad campesina. No obstante, es muy claro que el tema central es la relación, a la vez étnica y de clase. entre patrones y sirvientas en el contexto del hogar de la clase media urbana y andina. En lo que sigue, se harán algunos comentarios acerca de la naturaleza y dinámica de la dominación para hacer luego algunas precisiones sobre un problema central: la concientización. Como se verá, ésta implica la revalorización de la propia vida a la luz d e una alternativa nueva que sólo es interiorizada como posibilidad después d e mucho sufrimiento y lucha. Una lectura corrida y poco reflexiva del texto despierta sentimientos de indignación, pena y admiración. En un mundo marcado por al escasez y la violencia, el ser mujer, india, menor y abandonada o entregada por los padres -en todo caso, sin su apo-

yo- es la peor de todas las posiciones sociales. Desde tan abajo, el mundo es ciertamente horrible. Estar allí es ser el último extremo de la cadena d e explotación. Es ser candidato ideal para sufrir mil vejámenes, para ser basurero donde los demás desahogan sus frustraciones, para recibir un afecto escaso y manipulatorio, para -en fin- dejar de ser humano y convertirse en una máquina de trabajo. N o obstante, también admiración porque el sufrimiento no destruye la esperanza ni las humillaciones la dignidad, porque en algún momento despierta una voluntad de lucha y de solidaridad en vez del abatimiento y del mero ventajismo personal. Finalmente, pena por lo irreparable del sufrimiento y también por el odio, resentimiento y deseos de venganza, macerados todos en el dolor de una opresión total. Otros "pagarán mis lágrimas" se dice una empleada verbalizando así un sentimiento que otras no se atreven a objetivar con tanta claridad. pero que sin duda comparten.

A continuación, trataremos de reconstruir un testimonio tipico que, sin ser exacto a ninguno. toma elementos representativos de todos. La niña pertenece a una familia numerosa, las condiciones de vida son miserables y desde muy pequeña su infancia queda mediatizada; en vez de juego. trabajo: ayudar al padre en el campo, a la madre en la casa. En un momento determinado la niña es "entregada" sea a camb'o de una mensualidad para la familia, sea en cumplimiento de una promesa arrancada a los ~ a d r e s través de la intimidación o creación de falsas expectaa tivas. Otras veces es ella misma la que se entrega huyendo de una situación familiar frente a la cual todo opción es mejor. En el mundo de la pobreza la explotación suele ser mayor y los lazos de parentesco la pueden legitimar y exacerbar. La familia receptora, representada con hecuencia por la señora "madrina", se compromete a tratarla como a una "hija", velando -supuestamentepor su desarrollo físico e intelectual.
Comienza, entonces, un verdadero calvario. La patrona, el centro del mundo d e la empleada, suele ser una amiga "protectora" de la familia o también una prima o tia de la niña, o, con menos frecuencia, una persona que se encuentra por casualidad. El "señor" es un terrateniente, o un comerciante, o un maestro. o un militar, o u,n empleado bancario. En cualquier forma, el trato es el mismo: una profunda vocación autoritaria heredada

del gamonalismo. o en todo caso identificada con su espíritu, caracteriza la mentalidad y comportamiento de los sectores medios. Para las empleadas. los patrones son identificados tanto por su sftuación económica: ricos, ricachones, platudos; como también por su pertenecia étnica : gringos, señores, blancos, mistis.

Al inicio de la relación patrón-sirviente hay una fase característica, una suerte de seducción que se prolonga en una corta luna de miel. Antes de apoderarse de la persona de la empleada la señora promete: "nada te va a faltar, todo tengo". "como a una hija más te voy a tratar". Retrospectivamente. las empleadas dirán: "boquita linda para engañar tenía". Lógicamente. esta primera y breve fase servirá para que la empleadora evalúe los recursos y capacidad de defensa de su sirvienta y se asegure de su control. Constatado el hecho de que está frente a una persona que carece de medios de resistencia, empieza entonces a implementarse la estrategia de dominación total. Ella está encaminada a hacer de la niña un robot ( 4 ) sumiso y obediente. que nunca se duerme sin antes haber agotado todas sus energías y qua es,; además, el desfogue donde se descargan las frustracciones de los impulsos sexuales y agresivos de sus patrones.
En general, los patrones no parecen dar absolutamente nada que no se les haya reclamado con insistencia y están dispuestos, en cambio. a avanzar en el control d e la empleada hasta donde ella lo permita. Con esta finalidad se emplean una serie de tácticas. La primera es procurar el aislamiento de la sirvienta y su reclusión dentro de la casa. Para ello se trabaja en dos frentes: se prohiben las salidas y, paralelamente, se satanizan las amistades o los espacios de donde puede venir una palabra amiga, un consejo liberador. Se trata, pues, de eliminar tanto la posibilidad objetiva como el deseo subjetivo. "Te enseñan malas cosas, no debes juntarte". "No vas a conversar can nadie, la tertulia trae todo, arruina la vida". "El día que quieras salir a la / puerta de la calle, te voy a llevar a la PIP, allí te van a hacer pasar corriente". "Son unas correteadoras". Se trata de algunas expresiones características que tratan de crear una imagen del mundo aún peor de lo que éste puede ser para una empleada.
1

(4) Es muy instructivo saber que la palabra robot es de origen polaco
y que en esa lengua significa siervo de la gleba.

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Asustarla, crearle descanfianza, reducir Sus relaciones personales para que no tenga posibilidades de comparación: son medios para impedir que escape. Está también la expropiación sistemática del tiempo libre. El juego es asimilado al ocio y cuanto más aguanta la sirvienta más se le exige. La sobreexplotación campea con descaro al interior de estos hogares: en realidad, ella es otro mecanismo para convertirla en una máquina. "Yo vendía pan en triciclo en las mañanas, desde las seis hasta las once o diez de la mañana. S e alquilaba un horno. También lavaba su ropa de seis o más personas, cocinaba, atendía a los bebés, dos ya también. En la noche pelaba hartas papas para la pensión, hasta las doce d e la noche". Las continuas exigencias van d e la mano con la desvalorización d e la empleada y de su trabajo, ello justifica jornadas de 12 ó 14 horas al día. Pese a trabajar sin descanso los patrones "nada haces". decían. Una tercera táctica es la violencia verbal y física. Se busca, por su intermedio, suscitar el terror y la obediencia. También destruir el orgullo personal, creando la sensación de ser indefensa y absolutamente dependiente. Para ello todo vale: las manos, los pies, el látigo, el ají, el agua hervida. la plancha y otros objetos contundentes. "Si yo quiero, yo te mato y tú tienes a nadie quien te reclame, yo te puedo matar nomás, yo puedo hacer lo que me da la gana contigo. Yo puedo hacer lo que quiero". Todas las empleadas, a excepciórj de una, manifiestan haber sido brutalmenmente golpeadas. En el caso de Bonifacia el resultado fue SU muerte.

La violencia verbal es más frecuente y se refiere, generalmente, a lo étnico. "India, chola puta" es el insulte más típico. Con él y otros similares se busca, eventualmente, lograr mantener una distancia con la empleada, esto es, deshumanizarla; desidentificarse con la persona que hay en ella justificando así la explotación y eliminando posibles sentimientos de culpa. También realzar la autoestima a través de vivenciar su poder sobre el otro. La violencia, fuera de ser un "instrumento pedagógico" con el que programar una cotidianidad, es igualmente una reacción irracional ante una vida signada por frustraciones como es la de los señores y señoras: En realidad, se produce una cadena de despla-

zamientos donde la empleada es el último eslabón. ". . su espoco era bien malo. De borracho le pegaba a la señora, entonces la señora de cólera .se desfogaba en mi". Ante el maltrato, la empleada debe callar y bajar la cabeza. "A ver contesta, ¿quién te estari enseñando a contestar?". No sólo las relaciones en el hogar están calcadas sobre el modelo de la hacienda sino que el nivel social en que interactúan los patrones también se caracteriza por la escasez. la frustración y la arbitrariedad. De otro lado, el abuso sexual es frecuentísimo y las criaturas de la empleada con el patrón o los hijos de éste la terminan de atar. "Si es que va a tener un hijo ya no vamos a pagar, porque no va a poder salir d e aquí por no separarse de su hijo. Entonces, los hijos se aprovechan de la empleada a fin de que siga trabajando año tras riño sin ganar sueldo. Allí hay explotación bastante, pues" (p. 85). Por último, está también la manipulación del afecto. En un medio a la vez pequeño y lleno de carencias se genera una sed tan grande par ser alguien ante los ojos de otro que un mendrugo d e cariño se convierte en algo inapreciable por el que se está dispuesta a dar todo. La dependencia afectiva de los patrones o de un hijo de ellos hace más dificil la posibilidad de escapatoria. Eventualmente. las lleva a ser presas fáciles de donjuanes que merodean parques, establecimientos comerciales y colegios. Bastan. muchas veces, unas frases -una oferta de protección y cariño- para que las empleadas se sientan realmente muy felices. Después de la seducción y el bebé resultante viene, por lo general. el abandono. Sin embargo, el hijo se convierte en esperanza y motivo de preocupación que de alguna forma la compensa de una vida tan difícil, dándole un sentido a sus sufrimientos y actividad. "En realidad me alegro de tener mi hijo. porque cuando estaba sola no tenía voluntad para trabajar, lo único que quería era salir. no sé, tenía una intenciones jno? pero, en cambio: trabajo con más voluntad ahora" (p. 101). En síntesis: aislamiento, sobreexplotación, violencia y manipulación afectiva componen la fórmula con la que se trata de convertir a una persona en una máquina. Pero, a pesar de tanta adversidad, no hay desesperanza ni suicidios y, en medio d e la explotación, la rebelión se abre paso. Hay, entonces, dos preguntas que responder. Primero: jCÓmo personas, seres humanos, pueden soportar esta situación y, además, sin un deterioro irreversible de

su autoestima? Segundo: iCómo logran escapar del terrible poder que las rodea? Para responder la primera ofrecemos dos pistas. Una de ellas es que el hogar paterno constituye, la mayoría de las veces, una escuela donde se aprende la resignación ante el sufrimiento. La segunda, como se verá, se refiere a la vida imaginaria. Al interior de las familias campesinas que entregan a sus hijas se reproduce en micro la dinámica social en la que viven. Es decir: terror y veneración frente al poder, individualismo y, por último, explotación y violencia sobre el más débil. No hay, pues, con frecuencia. una ruptura profunda entre el hogar en que han nacido y la casa en que van a servir.

Lo miserable de las condiciones de vida y la permanente agresividad en las relaciones sociales, en la que los débiles llevan siempre la peor parte, generan una mentalidad fatalista en la que la vida es sufrir y el destino el que Dtos mande. "Porque actualmente mi papá dice: 'Es así la vida'. La gente siempre se ilusiona que la vida es así; sufrir hasta la muerte, y así me decían" (p. 138). Esta mentalidad prepara a su dueño a esperar siempre lo peor, a estar permanentemente entrenando para el sufrimiento. A poder vivir cotidianamente con el dolar, asimilarlo y neutralizarlo para que no dañe. Este estar listo para el sufrimiento permite aislarlo para que no choque ni destruya.
Otra forma de conjurar el dolor y la frustración es Ia compen?ación fantástica. Gilbert Durand atribuye a la fabulación la delicada tarea de lograr un equilibrio entre los deseos y las frustraciones. "El Psicoanálisis clásico ya había comprobado. en la concepción de la sublimación, el papel amortiguador que cumple 13 imaginación entre la pulsión y su represión. Sin embargo, el Psicoanálisis Freudiano que contentaba, por la desva!orizacióh de que se hacía objeto a la imagen, con verificar la estructura equilibrante del proceso de sublimación, pero insistía en demistificar las aberraciones imaginarias de las neurosis reduciéndolas a su causa temporal y reemplazándolas por el encadenamiento positivista de los hechos biográficos de la primera infancia. En un sistema tal, y salvo en el caso de la sublimación, la imagen es más un obstáculo para el equilibrio que un coadyuvante eficaz"

( 5 ) . E l equilibrio que la fantasía contribuye a establecer no es sólo personal sino, ante todo, social. En efecto, a semejanza d e las frustraciones que no son accidentes personales sino productos típicos y recurrentes de una estructura social (de una distribución de los recursos y el poder), las fabulaciones que permiten el equilibrio están también fuera del individuo como stock disponible a ser elaborado personalmente. Entre ellas la más importante es, naturalmente. la religión.
De hecho. no es casualidad que la más sufrida del grupo, Fortunata, diga: ". . .no hay justicia para mi, como soy huérfana d e padre y madre, solita estoy, no tengo defensa. Ellos sí tienen plata. Mi papá es el Señor Jesús-Cristo. Ahora sigo en el Cuzco, no puedo trabajar. Estoy mal de mi cuerpo, de mis pies. Cuando trabajo, se hinchan mis pies. Pero el Señor Jesús-Cristo estaba en la cárcel d e la riada, y yo también de la nada estuve en la cárcel. Ahora me falta que me maten como él, en público, pensando como el Señor Jesús-Cristo pensaba, en todo lo bueno, no en la maldad. Y o feliz muerte voy a morir porque he sufrido en la cárcel y en todas partes. En mi cuaderno he escrito la verdad. mi sufrimiento lo sabe el Señor. Tiene poder en este mundo. Sabe la verdad". En esencia, estas fantasías son una defensa contra.una realidad abrumadora y que al darle un sentido al sufrimiento y afirmar una esperanza permiten mantener un cierto equilibrio. Son, como diría Bruno Bettelheim instrumentos mediante los que el hombre busca afirmar un sentido y hacer significativa, subjetivamente valiosa, su propia vida ( 6 ) . Tal situación se da también en el Sueño del pongo, cuento corto de José María Arguedas. U n indio sirviente, al que su patrón le tiene especial ojeriza por su humildad y recóndita dignidad. sueña que en el otro mundo San Francisco dispone que s u patrón sea recubierto con miel y él con excremento. Terminada la operación, el santo ordena que ambos deban lamerse, el uno al otro. por la eternidad. E.n el sueño, la tortilla se vuelve y esta expec;5) G . Durand La imaginación simbólica. Ed. Amorrortu. Bs. As. 1971 p .
128. Durand es fundador y activo animador del laboratorio de estudios sobre lo imaginario. ( 6 ) Ver del autor: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Ed. Grijalbo, México 1980. También Sobrevivir, Ed. Critica, Grupo Editorial Grijalbo, Barcelona 1981.

tativa del más allá como el mundo de acá -pero que le da su fortaleza al pongo.

al revés-

es la

Para hacer una tipologia de las formas de dominación legítima, Weber consideraba que lo pertinente era inquirir por los motivos que impulsaban tanto a exigir como a practicar la obediencia. En este sentido, distinguía la dominación racional de la carismática. La primera, 6asada en la creencia en la legalidad de las normas y, por lo tanto, d e los derechos de ellas emanadas. La segunda, fundamentada en el puro'afecto, "en la mera inclinación personal del súbdito hacia la autoridad" y en la convicción de ésta de llevar a cabo una misión sagrada. En el caso que nos ocupa, sin embargo, estaríamos ante una situación que se acerca más al tercer tipo, a la dominación tradicional. E n su forma más pura. ella depende de la creencia en la santidad de los ordenamientos y los poderes señoriales existentes desde siempre ( 7 ) . N o obstante, la realidad es siempre más complicada que la teoría y ésta -tal como lo pensaba Weber- no es más que una guía para penetrar, sin perderse, en el laberinto de lo particular. Conviene, entonces, regresar a los testimonios. En efecto, ¿por qué el patrón se cree con derecho a ser servido? ¿por el pago de una remuneración? Pero el pago es relativamente nuevo y, además, no totalmente extendido puesto que, cuando niñas, la mayoría de las empleadas no recibían nada. Antes, en la época de la hacienda y del pongaje, las niñas eran entregadas indefinidamente y sin sueldo. El hecho es que -pese a ello- los patrones encuentran natural el usar y abusar de la empleada. Tratan de pensar que le están haciendo un favor porque ella es india e ignorante, porque es pobre, porque en su tierra nada tiene y acá está mucho mejor. La empleada, mientras tanto, obedece porque está acostumbrada a haferlo, porque se cree inferior, porque tiene miedo y vive asustada, porque le tiene cariño al bebé o a la patrona. Encontramos, entonces, una dominación que cuandc es vivida como legítima es sobre todo tradicional. pero existen también elementos racionaleg que tienden a convertir su situación en la
(7)' M a x Weber, Economía y sociedad. Fondo de Cultura Económica. México 1974. p. 170 y SS.

del trabajador libre que puede. al menos, escoger su patrón. Igualmente presente está el elemento afectivo, la identificación emocional con el mundo de los señores a través del cariño hacia uno de ellos. Pero la costumbre y la resignación son, la m a p r i a de las veces, lo más importante. "Así tratan mal siempre. así será su trato pues". Lo existente es lo único concebible. Ante la explotación de sus padres por el hacendado una chica, instintivamente. se rebela e interroga acerca del por qué de las cosas. Los padres la reprimen, "no podía hacer más preguntas", dice ella. En verdad, le dan a entefider que las cosas son como son y no hay ninguna explicación. "Y así, lo que cultivaban los campesinos no era todo para ellos, sino mitad nomás, y además tenían que trabajar en la hacienda, asi hacía mi papá. De eso nunca hablaban mis papás. nadie sabía pues. Estaban como dormidos. porque nadie se daba cuenta, ningún campesino. Por eso mismo el hacendado explotaba, por lo que no se daban cuenta. Así le era más fácil abusar". Lo rutinario, la costumbre sin sorpresas, termina por ser invisible.

La rebelión es, en esencia, el relativizar el estado de cosas. el dejar de verlo como algo ineludible o necesario, el empezar a enjuiciarlo y vivenciarlo como una injusticia, el sacudirse el yugo que obliga a bajar la cabeza. Si se piensa así, el castigo, la humillación duelen más y son mucho m á s atentatorios contra la autoestima. A partir de ese momento la vida deja de sentirse como algo ajeno y el destino comienza a ser asumido como algo que se tiene entre manos. Pero. ante todo, jcómo se da la ruptura?
La conciencia de la vida que llevan se genera siempre a partir de un diálogo con una amiga con quien pueden ensayar a ser ellas mismas. El lugar puede ser la esquina, el parque, el colegio. el sindicato. Con frecuencia, lo que sensibiliza al mensaje es una situación límite; una golpiza tremenda, un abuso sexual llevan a que en su fuero interno digan: jno más, basta!, a s d e ese momento. la empleada esta ya dispuesta a revalorizar sus condiciones y transformar sus actitudes. "Señora, yo no soy un aninmal para que me haga trabajar tanto". Si uno se da cuenta ya no puede seguir explotada. La rebelión significa poinerse "macha" y comenzar a contestar en vez de bajar la cabeza. E n seguida, el trato con la patrona es redefinido o, con más frecuencia, la empleada

Fe fuga buscando protección en su tierra, en otra casa o en el sindicato. "El día que abras la boca a la patrona para contestarle aunque sea que le des un lapo a la vieja, si ella lo necesita realmente. te respeta. Eso bien claro es" (p. 147). Es muy significativo que la metáfora "estaba como dormida" sea tan recurrente como medio de explicar lo que antes acontecía. E s decir, antes era oscuro y confuso, ahora las cosas son claras. Tampoco es gratuito que con la rebelión se genere la necesidad* de una ilusión más terrena, un hijo o el sindicato y la lucha contra la explotación. Su conciencia de la situación llega a ser muy clara: "Claro, ellos piensan que no somos iguales, ellos piensan que los decentes valen mucho más que los pobres, o sea, creen que los pobres somos una basura de ellos, que ellos valen mucho más que nosotros" (p. 159). El enfrentamiento es, simultáneamente, un hecho biográfico y social. Si bien es cierto que hasta los diez o doce años no hay posibilidad de rebelión, también lo es el que la expansión de las ideas democráticas y el surgimiento de alternativas de ocupación son decisivos. Las creencias democráticas -igualdad ontológica de los seres humanos y autonomía de cada uno de ellos- han ido subvirtiendo el viejo orden tradicional. El Gobierno del General Velasco fue muy importante en este sentido. Es así que el Sindicato de Trabajadores del Hogar fue reconocido en 1972. Paralelamente, las empleadas comienzan a existir como sujetos de derecho para las autoridades. Sus reclamos si no resueltos son al menos atendidos y hasta no falta quien, en el mundo oficial, les tenga simpatía. La dominación tradicional ha entrado en una crisis definitiva.
¿Qué cicatrices deja una vida así?, ¿Hasta qué punto el saldo es odio, resentimiento, deseos de venganza? La ideología del sindicato, cuya idea-fuerza consiste en que nada se consigue si no es a cambio de sangre, resume bastante bien el sentir espontáneo de sus bases. Una empleada constata que mientras sus patrones tienen tres televisores a ella le dan sólo un café aguado como toda comida y reflexiona: "Esas cositas que tienen, algún día se acabarán, no durarán. . . así son esa gente, yo los conozco. Pero los odio con toda mi vida. V e o en la calle, peor que a mi enemigo que me habría hecho algún

daño. los odio bastante. A los campesinos explotan peor que un perro. Ni a un perro así le hacen. La gente pobre habla idioma quechua: ellos dicen que no saben hablar quechua. Van al campo: ¿Qué dice ese indio? ¿Qué dice ese cholo? Yo no entiendo. Así hacen. son muy creidos; que se han hecho muy españoles, no sé cuánto. Eso es lo que hacen ellos" (p. 189). Para finalizar, hoy dos temas que parecen convenientes subraen función de lo que hoy acontece en el Perú. a ) El ensañamiento con el débil. La violencia es mucho mas que un castigo. inclusive más que un desfogue. para muchos es un placer ( 8 ) . Aunque el abuso parece estar ampliamente esparcido en el Perú, es claro que se concentra en el trato con los débiles. La explicación de ello debe ser tema prioritario para una Psicología Social de la sociedad peruana. Desde el punto de vista sociológico, el sadismo es posible allí donde se produce una enorme concentración del poder y donde, por tanto, hay grupos totalmente indefensos. Pero una posibilidad no es todavía una realidad. E n Psicoanálisis se dice que el sadismo va invariablemente acompañado -al menos en alguna medida- por el masoquismo y que suele corresponder a la satisfacción de una pulsión de dominio, a la eventual necesidad de sentirse omnipotente haciendo sufrir al otro. La historia peruana abunda en episodios en los que el ejercicio de la violencia es un fin en sí mismo. Sobre todo en la conquista. cuando, por ejemplo, los indios eran quemados o cazados con perros, con frecuencia por el simple gusto de hacerlo. El resultado de esta inclinación sádica, el odio, parece en cambio, más fácil de entender ya que es la respuesta natural a la opresión o marginación que no tienen ya legitimidad para el que las sufre. Como después de todo vivimos en una cultura cuyos principales ideales éticos son cristianos, es de esperar que el sadismo tenga como consecuencia el sentimiento de culpa.
(8)
"Una fecha no había hervido el agua rápido; la ca!entadora chica contenia seis jarras de agua y estaba hirviendo ya. La Sra. Santosa ine la quería echar en mi cara y el primus lo ha apagado tirándolo en el suelo. Me echó el agua en mis pies tcdo. He gritado fuerte todavía. La Sra: Santosn se ha reido.. . Yo seguia gritando. En las noches me p n í a n un palo para que no me toquen las ropas. Caminaba con mis manos y mis rodillas. tenía que coser las ropas y pelar papas. Me hacían trabajar" (pp. 65-66).

b) Sólo en Geografía tiene el término andino una signifinificación limitada, y; clara. En otras disciplinas tiene aún un sentido místico, una resonancia imaginaria que más parece consecuencia de una intención reparatoria que la alusión a un cuerpo definible de hipótesis. La extensión rápida de un término, se dice, es síntoma del surgimiento de un nuevo estado de conciencia. En el Perú, la popularización del término andino corresponde a la revalorización d e esa presencia indecible que no se sabe bien lo que es, pero que se llama lo "andino".

MUJER Y TRABAJO: TESTIMONIO DE UNA MUJER OBRERA
Betsey Valdivia &pez

Tratar sobre la obrera en el Perú es también acercarse a su dimensión cotidiana, plena de viven, cias sobre lo que percibe, siente y reflexiona de su diaria jornada de trabajo fabril. Los testimonios constituyen la entrada apropiada para el conocimiento de su realidad como mujer trabajadora, lo que percibe sobre la estructura física y el funcionamiento de la fábrica, las funciones de trabajo por sexo, las relaciones jerárquicas dentro de la fábrica. las relaciones sociales, sus condiciones de trabajo y de salud que la empresa le brinda. El testimonio también nos da la oportunidad de develar las valoraciones, sentimientos y actitudes respecto al trabajo, su familia y a ella misma, como mujer y como trabajadora. Agradecemos a las trabajadoras de confecciones por su valiosa colaboración. Con ellas y por ellas estamos aprendiendo su verdadera dimensión.

Antecedentes
Soy trabajadora de confecciones, en la fábrica he ingresado en marzo de 1966, actualmente me voy para 18 años de trabajo. He entrado como costurera de máquina, soy maquinista. Trabajo

en la sección de pantalones. También he trabajado en bolsillos y remalladoras. Soy limeña. pero de familia ayacuchana; yo me he criado en A~acucho. me siento más ayacuchana que de Lima. Eramos trece hermanos, pero quedamos doce. De todas mis hermanas soy la mayor. pero tengo un hermano que es el mayor de todos. Desde chiquilla nomás he entrado a trabajar. Entré a los 17 años. menor de edad. Como mi papá es sastre, entré sabiendo. Me recomendó un jefe, amigo mío. Entré a trabajar para ayudar a la familia. Organización físka de la empresa: la planta y sus secciones. Segregacion d e espacios y funciones de trabajo por sexos. En la fábrica, la mayoría somos mujeres, más o menos el 60 ó 70F;no es muy exacto. pero es un cálculo. Hombres hay pocos porque es costura, la máquina la usamos las mujeres, nosotras somos las maquinistas. Hombres están para planchar sacos, pantalones. También trabajan en la sección de corte. Hay la sección de sacos, de pantalones; se hacen conjuntos, ternos. E s un proceso. Empieza en la sección d e corte: tienden m a s mesas y ahí cortan las telas con moldes, luego las mujeres se encargan de pegar los tickets. cazando las mangas con el cuerpo del saco y lo mismo con los pantalones. Trabajamos por número cazando número con número. De ahí se reparte a diferentes secciones; si cortan para saco va para saco, si cortan para pantalón va para pantalón, por secciones. En la de pantalones, por ejemplo, una empieza remallando, otras hacen bolsillo trasero, otras delantero. Otras más allá van haciendo la jarreto, más allá uniendo las dos piernas, más allá ya sale el pantalón. Igualito es en sacos y en jockey. Después pasa a stock, en el almacén van a chequearlo. ven si tiene mini-yayas, ven su calidad. Luego pasa a tienda y sale con guía. Nosotros trabajamos pedidos, para Scala, para tiendas de Miraflores. También para tiendas de nosotros. Nosotros tenemos una cadena d e tiendas: creo que tenemos unas siete tiendas. Con

ctros nombres: Ternos Palace, Ringo, pero son de Mister, .Luego. hay otras tiendas en Miraflores, en San Isidro, en el Callao, en el centro de Lima. Ahora último han abierto dos tiendas más.
Organización del trabajo: jerarquía vertical

Hay varios jefes en cada sección. En mi sección hay como siete jefes. Hay grupos, )t cada grupo se compone de diez máquinas: hay un jefe por cada grupo y otro por cada sección. Hay jefe de producción de sacos, de pantalones, de jockey. El trabajo se hace en cadena. El jefe se encarga del grupo. Todo le comunicamos a él. El jefe se escoge no por lo que uno 'sabe o por lo que se supere. Por mérito no es, Cuando son soplones, cuando son más pegados a la empresa, a esos son los que suben de inmediato como jefes. Puede ser hombre o mujer. La mayoría sigue como obrero. Hace tres años o cuatro años atrás les han puesto como empleados y han aceptado. Jefes o jefas, ellos nos acusan cuando no estamos de acuerdo con algo. Hay veces también les gusta hostilizarnos y nos calumnian. Tienen la orden de comunicar al gerente. A los jefes lo único que les interesa es sacar y sacar trabajo porque ellos ganan un porcentaje. Por eso es que ellos como animales nos arrean. Nos dicen: "rápido, apúrense que necesitamos el trabajo". Por eso es que nos controlan de ir al baño, nos mandan memorándum cuando conversamos o nos quedamos paradas. Para lo único que nos levantamos es para ir al baño, para tomar agua y nada más. Luego tenemos que regresar de inmediato y ellos nos siguen apurando y apurando. Ahora último nos están hostilizando demasiado; como estamos exigiendo el aumento. Por cualquier cosa nos hostilizan. Por ejemplo, a una compañera le han mandado un memorándum solamente por haber ~rotestadouna cosa sobre el horario, sólo fue un comentario que ella hizo, nada más. Habían cerrado muy temprano la puerta y varios compañeros se han quedado fuera. entonces ella ha dicho: . qué malo que es" y el jefe se ha resentido y le ha acusado. Le han mandado un memorándun por faltamiento de respeto al jefe. A otra le han enviado un memorándum por haber conversado tres minutos nada más en el pasadizo.
4'

Relaciones sociales en la fábrka Los jefes san los que crean el caos dentro de la fábrica. Hacen crear rivalidades entre compañeras. El mismo jefe nos ifidispone, son los causantes que haya pleitos. Empezando por el trabajo, a unas le dan más a otras menos. A unas le dan trabajo más fuerte, a otras más suave. Nadie está contenta. Esto sucede por la incapacidad de los jefes de sección. Como las mujeres somos más sensibles, cualquier cosita que nos sucede no sabemos dónde correr. Había una doctora en Psicología, pero ella gana siempre de parte de la empresa, entonces ellos se enteran de los problemas de los trabajadores y los usan para utilizamos. Quieren saber nuestra capacidad personal. si somos competentes para la lucha, si somos aptas para participar en el sindicato o no. En la fábrica trabajamos con todo tipo de personas, pero es feo, es horrible meterse en problemas. . .de callejón digo yo. porque son problemas personales. Yo nunca me he metido con nadie, he tratado le mediar las cosas, lo que está a mi alcance. Algunas tienen carácter fuerte que chocan a veces y ahí se produce un estallamiento. una bomba. Muchas veces la que sabe más gana menos y el que sabe menos gana más. Por ejemplo, me dan un trabajo bien pesado. pero no m e pueren subir en el trabajo porque es otro trabajo, porque hacemos varias compañeras la misma prenda. Entonces, a mí me han sacrificado; mientras mis compañeras han hecho como cien pantalones o como ciento sesenta diarios yo, con ese pesadito, ~ u e d ohacer menos. Pero es bien pesadito y me pagan igual. También abusan de las ,nuevas, trabajan un poquito más y las mandan hacer de todo. Las tienen como volantes. mientras que otras tienen trabajo fijo. Casi no hay muchas nuevas porque han sido despedidas.

Con mis compañeras nos llevamos bien. es como un hogar, un segundo hogar, conversamos.

Condiciones de trabajo Somos destajeras, entramos con un base hace años atrás. Yo entré con 40 soles y por sindicato ganamos 44 soles. Encima de la base ganamos por centavos. Los aumentos vienen por sindicato pero, como es destajo, no nos beneficia. Ahora soy volante, no me consideran como volante pero me tienen así, porque yo hago de todo. Las volantes son las que ayudan de todo. A pesar de eso tengo mi máquina fija. En mi máquina hago cualquier tipo de trabajo. A veces pienso que tengo la culpa por haber aceptado, a veces uno colabora. Por haber hecho saber mi conocimiento de costurera y por eso abusan, "ella sabe, hay que darle a ella" dicen y me mandan hacer pretina, pantalones para compostura, pantalones nuevos y yo los arreglo. Así somos varias. La jornal que estamos ganando no nos alcanza, son mil soles diarios que estamos ganando. Nos consideran muy Las personas que tienen más de 20 a 25 años están ganando Muy poco ganamos nosotros, no alcanza ni para un té. La de confecciones está muy mal pagada. cinco poco. igual. rama

Ahora estamos en lucha, hemos hecho una marcha de protesta. Hemos conseguido dos mil soles de aumento, más mil soles de las cláusulas y 80 libras. Sería 3,800 soles de aumento. Pero los dueños son tan injustos que no nos quieren dar los dos mil soles de aumento. Actualmente trabajamos con máquinas Singer antiguas. Son las mismas desde que entramos. Las que han aumentado son las nuevas, Paff. Pero nuestras máquinas están bien gastadas. Como no han cambiado ya están faltando. Se paran malogrando. Cuando la cosa es fuerte se las llevan y las componen., Hay como cinco mecánicos. Cuando se paraliza, tenemos que buscar otra máquina que esté vacía: hay compañeras que están con descanso o están con permiso. Ahí se puede agarrar su máquina, si no hay tendría que esperar hasta que la arreglen. Tenemos comedor, pero no está en buenas condiciones, está muy regular. Salimos por secciones, en primer turno sale sacos,

abrigos y damas; en segundo turno pantalones'con jockey y en tercer turno salen empleados. Cada turno sale media hora. Cuand o se levantan y salen. en diez minutos comienzan a limpiar; son personal de limpieza, de mantenimiento. son chicos que limpian la mesa y luego barren. Todo en diez minutos. Después sale el segundo turno y así sucesivamente. Son dos turnos de obreros y uno de empleados. Tenemos media hora nomas de refrigerio y nosotras lo pagamos, o sea, el refrigerio está incluído dentro de las ocho horas. Nosotras estamos trabajando ocho horas y media diarias, cuando en realidad deberíamos trabajar siete horas y media. Hay ventiladores para el calor, pero son muy pocos realmente. La fábrica se ha agrandado últimamente, pero no ha puesto las condiciones completas que deberían tener los trabajadores. Según ellos, no tienen plata para comprarlos. El sindicato lucha, . . pero no nos quieren dar. Hemos luchada también por movilidad, pero no se ha podido conseguir: al principio nos convenía pagar la mitad como en otras empresas que tienen sus ómnibus. Pero ellos siempre pofiep peros: "que derrepente chocan; y si se matan; si el personal muere: si el chofer se mata", así nos dicen. Como ahora no hay trabajo, ha bajado por la misma situación económica que tenemos, ha bajado las ventas y todo eso. La misma producción ha variado bastante, nosotros estamos produciendo casi la tercera parte del año pasado. Ahora los hilos es como un oro, hay que cuidarlo. Entre nosotras nos robamos el hilo, porque no nos facilitan marcarlos, tenemos que separarlos en dos partes, lo que nunca hemos hecho. N o podemos desperdiciar el hilo, porque a veces no hay. Una vez hemos hecho cinco mil pantalones y justo para cuatro mil quinientos si han salido completos y los quinientos que quedaban no alcanzaba la pretina. Hemos tenido que hacerla pieza por pieza, pieza por pieza y más trabajo para nosotras. Hasta la cabeza nos ha dolido y qué íbamos a reclamar, 'como ha bajado bastante la producción, ha bajado enormemente.

El dueño dice que no hay plata para comprar las materias primas; tenemos telas, pero como están en el aeropuerto, en la aduana, no pueden sacarlas de los depósitos. N o sé si es cosa de ellos o como estamos en plena lucha se están vengando. Antes sí teníamos trabajo.

Maquinista esta con la máquina desde que uno viene a íaborar. Todo el día estamos ahí. La que menos sufrimos de alergia, la alergia de la pelusa. También la mayoría de compañeras sufrimos de los riñones, por la misma máquina. También nos da descenso. . . como somos mujeres. Cuando no tenía experiencia cuántas veces me ha pasado que me be cosido la mano.
. .. . ..
. .

.

.Hemos .pedido leche 'pór la alergia de la pelusa que absorbemo diario y no nos han querido dar. La empresa dice "no, solamente.eso subsiste 'en las fábricas de pintura, que allí aspiran tóxicos". . .

La bulla de la máquina tambi* es horrible. Hay muchas compañeras que con cuántos años con ese ruido son afectadas. Es malo psíquicamente, tenemos enfermas de los nervios que están descansando.

La fábrica nos pone música, pero una música clásica que aggg! demasiado nos baja la moral en el trabajo, son música muy fúnebres, como tipo jazz, que uno ni conoce. Suavecito, si; pero muy fúnebre. Siempre nos han puesto. Toda la vida.
Escuchar la radio no podemos, desgraciadamente; llevan algu, nas, pero no se puede oir muy bien, por el mismo ruido de las máquinas. A veces los jefes permiten la radio, pero bajito, no se oye bien. A'ntes teniamias una clínica, pero como a la empresa no le convenía por la economía, ya no tenemos. Ahora nos manda al Seguro y en el Seguro nos dan descanso de acuerdo a lo que crean conveniente.

Tenemos botiquín. pero de adorno, no está completo. Nada compran ahora. La fábrica no cumple con los requisitos del botiquin. comprar cosas para casos de emergencia: algodón. mercurio, alcohol. Lo básico. La misma necesidad ha obligado a que nosotras mismas hagamos una cuota y compremos los remedios. Pero ahora ya no nos alcanza, no podemos comprar nada. Cuando uno sale embarazada. ellos ya saben cuando a una le toca su descanso. Para eso tenemos horario de maternidad, pero que dura un año nada más desde que nace el bebe. Es de una hora que puede ser en la entrada, uno entra a las 8 normalmente a laborar p puede entrar a las 9 o de lo contrario a la salida. salimos a las 4.30 y podemos salir a las 3.30. Nunca hubo cuna en la fábrica porque decían que no estaban gn. condiciones de -mantenerla. S610 se paga por concepto de cuna. Antes. se pagaba más o menos, pero ahora se ha congelado también y el Ministerio no nos ha querido ayudar en eso. Ellos dicen que no están en condiciones de tener wa cuna, les saldría más caro porque tendrían, primero, que usar un sitio, pagar personal que se encargue de cuidar a los niños, pagar la leche, todo eso, muy caro les sale. Preferible para ellos pagar lo que corresponde de acuerdo al convenio ( 1) .

(1)

Testimonio tomado en noviembre Je 1983 por Celia Mansilla y Betsey Valdivia.

MUJER Y TRABAJO: NUEVOS PROBLEMAS. NUEVOS METODOSZ

En los últimos años se manifiesta un intéres creciente por conocer la situación de la mujer en todos los ámbitos sociales, entre ellos, el del trabajo y, por ende, se incluye más frecuentemente la variable sexo en el recojo y análisis de información sobre la fuerza laboral. Al mismo tiempo se empieza a cuestionar las categorías y formas de entender y medir el trabajo social. El peso creciente de actividades informales en la reproducción social y el reconocimiento de la existencia de variadas formas de trabajo no consideradas en las mediciones habituales ha contribuido ciertamente a estos cuestionamientos. i Ahora bien, s queremos entender el comportamiento de la mujer en el mercado de trabajo podemos empezar por pregunt a m s cuál es la validez y utilidad de la informaci6n estadística para lograr este objetivo. Con el sólo análisis de la información estadística más accesible (censs-encuesta de hogar), es posible darse cuenta del comportamiento diferencial de la f u o a de trabajo por sexo y percibir cómo el' mercado de trabajo no funciona como un espacio único donde hombres y mujeres se desplazan libremente. sino

* El

presente articulo es producto de las reflexiones en tomo a los avances de una investigación que se está llevando a cabo en el Centro de la Mujer Peruana mora Tristán sobre la incorporación y adaptación de la Mujer al trabajo en la industria electrónica por un equipo confotmado por Virginia Guzmh, Beatriz Cobih, Marfil Francke y Patricia Portocarrero.

que al contrario, a su interior, pueden distinguirse espacios -los menos- donde la fuerza de trabajo es mayoritariamente femenina. h s últimos datos de los censos para el país (72-81 ) nos muestran que. para ambos años censales. la PEA femenina es menor que la masculina (ver Cuadro 1). Una vez incorporada al mercado de trabajo las mujeres reaIizan, en una mayor proporción que los hombres,. actividades incluidas en el sector 111 en el rubro de comercio y servicios comunales yl personales. En caso de incorporarse al sector 11 se sitúan en determinadas ramas al interior de las cuales desempeñan funciones específicas (ver Cuadro 2 ) .

En efecto, en el Cuadro 3 se puede observar cómo las mujeres se incorparan. mayoritariamente en la rama textil, d e prendas de vestir o industria de cuero y, en segundo lugar, en la rama de alimentos, bebidas y tabaco.
En el Cuadro 4, se puede ~ercibircuáles son los espacios preferentemente masculino y femenbo en el mercado d e trabajo fabril. Por último, el Cuadro 5 muestra la distribución de la PEA según tipo de industria. N o obstante, entre ambos años censales, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo sigue creciendo; y aunque disminuya proporcionalmente en el sector 11, en términos absolutos aumenta. Un análisis más profundo. sistemático y comparativo de toda la información potencialmente disponible ayudana a precisar la profundidad y extensión de la segregación sexual a este nivel. E n este sentido, es inconcebible que en nuestro país muchas estadísticas n o incluyan sistemáticamente la variable sexo, impidiendo de esta manera analizar el comportamiento de esta fuerza d e trabajo a través del tiempo. E s claro, entonces, que los datos censales y estadísticos nos iluminan sobre la situación de la mujer en el mercado de trabajo y que podrían hacerlo aún mejor si la variable sexo se considera

CUADRO NP 1 POBLACION ECONOMICAMENTE ACTIVA (6 AROS

Y UAS) POR SEXO Y AREA DE RESIDENCIA 1972-198.1
1981

h
Total Nacional
3'871 .6 (100.0) 2'388.8 (100.0) 1'482.8 (100.0)

1972 Hombres
3'071.9
( 79.3)

Mujeres
800.2 (20.7) 595.3 (25.0) 204.9 (13 8)

Total
5'281.7 ( 100.0) 3'432.1 (100.0) 1'849.6 ( 100.0)

Hombres
3937.7 ( 74.6) 2'478.3
'( 72.2)

Mujeres
1'344 .O ( 25.4) 953.8 (27.8) 390.2 (21.1)

Urbana

1'793.5 ( 75.0) 1'277.9 ( 86.2)

Rural

1'459.4
( 78.9)

PUENTE: iNE. Censos Nacionales 1972 y 1981.
Crecimiento Intercensal de la PEA Masculina: 28.2 % Crecimiento Intercensal de la PEA Femenina: 67.9%

CUADRO No. 2
POBLACION ECONOMICAMENTE ACTIVA OCUPADA (15 AiiOS Y MAS) POR SEXO. SEGUN SECTOR Y RAMA DE ACTIVIDAD ECONOMICA: 1972-1981 (Cifras relat.). (m porcentajes)

i

Agricultura, Pesca. Silvicultura. Explot. Minas.

47.80 1.73

18.02 0.18

42.51 2.40

21.70 0.40

I
I

11

Industria Electricidad Construccion Total

i

11.90 0.23 5 63

17.20 0.05 0.?2

11.09 0.43 4.93

,10.88 0.14 0.29

111

Comercio Transporte Serv. Financieros Serv. Comunales y personales. Total

9.18 5.30 1.26 12.69

17.02 0.W 1 .O9 38.77 57.8

10.91 5.10 2.45 16.99

18.58 1.17 2.43
30.04

56.2 3.99 10.37

No especificado TOTAL

4.96 (3'164.9)

6.55 (807.6)

(3'725.923) ( 1 '200.060)

FUENTES INE. Censos Nacionales 1972 y 1981

CUADRO No. 3
PERU: POBLACION ECONOMICAMENTE ACTIVA DE 6 AROS Y MAS OCUPADA EN LA INDUSTRIA MANUFACTURERA, 1972.

Hombres

(Cifras relativas) Mujeres

Productos alimenticios, bebidas y tabaco. Textiles, prendas de vestir e industria de cuero. Industria de madera y productos de madera. Fabricación de papel y productos de papel. Imprentas y Editoriales. Fabricación de sustaticias quimicas y productos químicos derivados del petróleo y del carbón. Fabricación de productos minerales no metálicos exceptuando los derivados del petróleo y del carbón. industrias metálicas básicas. Fabricación de productos metálicos. Maquinarias y equipos. Otras Industrias manufactureras. hdustrias manufactureras n.e.c.0.

TOTAL:

100.0

100.0

FUENTE: ONEC. Censo Nacional de Población y Vivienda 1972. Vol. 11,
cuadro 26.

CUADRO

No.

4

PERU: POBLACION FEMENINA DE 6
Industria Mendachueca
Productos alimenticios, bebidas y tabaco. Textiles, prendas de vestir e industria de cuero. Industria de la madera y productw de madera (mueb!es) Fabricación de papel y ptoductcs de papel (imp. y editoriales). Fabricación de sustancias químicas derivadas del petróleo y del carbón. F a b r ~ a c i ó n de productos minerale! no metBlicos exceptuando los dcriv. del petróleo y carbón. Industrias metálicas básicas. Fabricación de productos metd!icos. maquinarias y equipos. Otras industrias manufactureras. Industrias manufactureras n.e.c.0.

AROS Y MAS OCUPADA EN INDUSTRIA MANUFAC'RIRERA. 1972.

Pot>lsción Total

Hombrcs

Majats

.

TOTAL:

I7UENTE: ONEC. Censo Nacional de Población y Vivienda.

197:.

Vol. 11, cuadro 26.

CUADRO No.

5

POBLACION ECONOMICAMENTE ACTIVA FEMENMA E N LA INDUSTRIA MANUFACTURERA POR GRANDES GRUPOS 1981 (6 AROS) Total Población Económicamente Activa Femenina en Industria Manufacturera Población Económicamente Activa Femenina en bienes de consumo Industria de bienes intermedios Industria de bienes de capital

135,975 122.164 10,351 3,460

;100.0 %

89.84 7.61 2 .51

sistemáticamente. Sin embargo, l explicación de la situación dia ferencial de la fuerza de trabajo femenina exige trascender simple recojo, lectura y análisis de estos datos.

dónde y cómo situarnos para entender la situación de la mujer en el trabajo?
Algunos autores han relacionado los cambios en el comportamiento de la fuerza de trabajo femenina con las transformaciones que ocurren en la estructura económica. Así señalan, por ejemplo, cómo la presencia d e la mujer en el sector 11 fue mayor en las primeras etapas de industrialización en el país, cuando este proceso res en taba un carácter aún muy artesanal y disperso y que, a la inversa, c u q d o la industria se moderniza con la introducción de nuevas témicas y capitales, centralizándose espacial y geográficamente, la mujer es excluída del sector. Por último, se advierte una mayor presencia d e ella en algunas ramas industriales (química, electrónica, conservas) para ejecutar funciones muy simples, descalificadas, repetitivas. E s decir, en momentos en que el mismo desarrollo industrial descalifica los puestos de trabajo. También se ha relacionado el mayor ingreso d e la mujer al mercado de trabajo en el sector 111 a partir de 1971' con la crisis económica, que ha presionado a las mujeres a salir d e su hogar en búsqueda de ingreso. Frente a una industria con capacidad

decreciente, de absorber mano de obra, como efecto de la misma crisis, las mujeres no han tenido otra alternativa que buscar variadas formas de generación de ingreso en el llamado sector informal de la economía. Estos estudios. que pretenden indagar por las razones del comportamiento de la fuerza de trabajo femenino en la estructura productiva, aunque interesantes, dejan muchas preguntas sin respuestas. Entre ellas. por ejemplo, no explican por qué a partir de los años 60 existe en el país un mayor número de jóvenes provenientes de sectores urbano-populares o hijos d e inmigrante~ campesinos, con niveles de escolaridad más altos y en disposición para trabajar en las industrias que se instalan durante esos años. Ciertamente, la presencia de estas jóvenes -es sugerente de cambios en la situación de la mujer a nivel ideológico y social, que a su vez reflejan cómo en el país ha tenido lugar un proceso de urbanizaci6n y democratización de oportunidadesa nivel de clases y género. Entre ellos, la democratización y masificación de la enseñanza.

Lo mismo ocurre, si tratamos de explicar la ubicación diferencial de las mujeres en distintos sectores y espacios del mercado de trabajo a partir de la estructura productiva. Para entender este fenómeno es preciso recurrir a otras variables: edad, estado civil, número de hijos, niveles de escolaridad, . . . etc. En efecto, son las mujeres solteras, jóvenes, y con mayores niveles de educación quienes ingresan a la industria, mientras que las casadas c m hijos lo hacen en mayor medida en el sector servicios. La constatación reiterada de la influencia de factores extraeconómicos en el comportamiento laboral de la mujer llevó a muchas investigadoras, a intentar aislar variables y estudiar su efecto sobre el comportamiento de la fuerza de trabajo femenino. De tal manera que, a partir de la presencia de algunas de ellas, puedan preveerse determinadas formas de comportamiento. Pese a la contribución evidente de tales estudios, muchos de ellos no cuestionan la división sexual del trabajo, a nivel social global, ni el peso de los factores ideológicos en su reproducción.

Por otra parte, el método empleado permanece externo a la realidad que se quiere describir sin lograr aprehender la interrelación simultánea de factores que influyen en la decisión de una mujer para incorporarse o retirarse del mercado de trabajo. Al mismo tiempo, no permite rescatar los contenidos de conciencia -dimensión subjetiva de los fenómenos socialesque acompañan los cambios en la situación laboral de las mujeres. Así, preguntas tales como: ¿qué ha significado para las mujeres ingresar masiva y crecientemente a un mercado de trabajo?, ¿cómo ha transformado este ingreso sus relaciones consigo misma, con sus hijos, esposa y contorno social inmediato?, ¿qué sentido le otorga al trabajo dentro del conjunto de sus actividades?, ¿qué reivindicaciones levanta?, ¿qué es necesario modificar a nivel del trabajo y la familia para mejorar su situación de vida?, permanecerían sin despejar de no recurrirse a nuevas técnicas metodológicas como son las historias de vida, los testimonios y los talleres y reuniones grupales. Todas ellas, de carácter. cualitativo, cumplen la función de complementar y enriquecer los conocimientos posibilitados por el tradicional acercamiento empírico de la realidad. En rescate de la aproximación biográfica: un paso necesarid La aproximación biográfica -denominación genérica en la que incluimos al testimonio, historia de vida y entrevista a profundidad- permite, al incorporar la dimensión subjetiva de 10 real, indagar sobre la significación que el trabajo tiene para las personas y sobre otros temas que suelen permanecer en la penumbra y que, sólo considerados en su conjunto posibilitan entender a cabalidad el significado de la actuación individual. enmarcada en las estructuras que la condicionan. Y ello, porque la aproximación biográfica posibilita y supone un conocimiento profundo y no segmentado de la vida de los individuos. Dentro de esta perspectiva no es sólo al Homus Económico al que se apela. pues se sabe que el bienestar va más allá de la satisfacción de necesidades básicas. De lo que se trata es de aprehender todos aquellos factores que, sin estar referidos directamente a la inserción de un individuo al mercado de trabajo, juegan un rol impor-

tante, tanto en las opciones laborales que se le ofrecen, como en las decisiones que se puedan tomar al respecto. Partimos, pues, por concebir la dinámica del empleo como un proceso que trasciende al ámbito exclusivamente económico de la oferta y la demanda de mano d e obra para reconocer - c o m o ya antes lo hicimos- que en ella intervienen, simultáneamente, factores del orden político, social e ideológico-cultural que enmarcan las aspiraciones, expectativas y valoraciones de los individuos.

La aproximación biográfica tiece entonces por objetivo recuperar la influencia simultánea de todas estas dimensiones -objetivas y subjetivas- posibilitando la reconstrucción de la totalidad social y la superacih de la fragmentación que generan los análisis cuantitativos y los estudios que priorizan las tendencias estructurales.
La validez del método, en el sentido antes admitido, se hace aún más evidente cuando se trata d e analizar el empleo femenino como fenómeno social. Sabido es que las decisiones de las mujeres en el ámbito productivo sólo excepcionalmente pueden desligarse de la realidad que ellas viven en el ámbito reproductivo. Las mujeres han sido tradicionalmente socializadas para gravitar sobre su rol reproductivo. Ello no impide, claro está. que (por comsideraciones ya antes expuestas) se integren ampliamente al mercado de trabajo. Sin embargo, también es conocido que el conflicto de roles se agudiza cuando de formar un hogar o de criar a los hijos se trata. Así, la decisión de continuar trabajando, especialmente en determinados sectores como la industria cuyas exigencias (horario extenso, disciplina rígida, etc.) no permitan la conciliación de roles, se ve cuestionada: y la determinación tomada, no depende sólo de factores económicos sino también culturales y sociales. Igualmente, es admitido que muchas mujeres optan por trabajar independientemente para poder asumir con menor dificultad estas diversas exigencias. Pongamos otro ejemplo referido, esta vez, a las opciones laborales: considerando la mayor fuerza física de los varones. una serie de puestos son referidos exclusivamente a la fuerza de trabajo masculina (joven), ignorando el hecho que hoy en día, dado el creciente proceso de tecnificación. muchos de estos pues-

tos ya no requieren de tal fuerza pudiendo, perfectamente, ser desempeñados por mujeres. ¿Qué otros sino factores culturales de subvaloración de la mujer pueden explicar con este caso la injusta segregación femenina? Una segunda virtud de la aproximación biográfica es permitir al investigador recuperar "lo vivido" -propiedad de la conciencia que implica la existencia del sujeto- en su globalidad. Sería a partir de ello, y sin imponer categorías predeterminadas para la interpretación, que el investigador detectaría los ejes claves del relato libre, áreas en las que es necesario sumergirse para encontrar el sentido profundo y la explicación adecuada en cada caso. Así, por ejemplo, en la investigación que actualmente realizamos, encontramos mujeres cuyas vidas personales son tan complicadas y denotan tanta deprivación material y afectiva. que la esfera del trabajo - e n otros casos determinanteaparece siempre como subordinada. En situaciones como la descrita, descubrimos la necesidad de profundizar en los aspectos personales que, pese a aparentemente desviarnos de nuestro objeto de estudio inmediato (ingreso y adaptacih de la mujer al trabajo, interacción vida productiva y reproductiva, relaciones sociales de producción), nos permitió, en realidad, interpretar y ubicar en su lugar preciso los datos de la historia laboral. Recuperar "lo vivido", además, significa reconocer y destacar el valor de la experiencia de vida como fuente de conocimiento necesaria que permite incorporar la dimensión subjetiva de los procesos sociales. Dicha dimensión fue desechada por mucho tiempo de las Ciencias Sociales que se inspiraban en corrientes tales como el positivismo y el estructuralismo; es también poco valorizada por los propios sujetos de la entrevista que no lograban penetrar, a través de sus realidades individuales, aparentemente opacas, para comprender las determinaciones sociales de las mismas y poder enmarcarlas en sus condiciones de existencia.

Un ejemplo ilustrativo que nos lleva a reflexionar sobre la revaloración de lo vivido como yacimiento inexplorado de conocimiento sociológico y la aceptación de este hecho por los sujetos de la entrevista, se dió en una reunión que propiciamos entre un grupo de mujeres trabajadoras de la industria electrónica. Todas ellas habían sido entrevistadas, ya en conjunto comenta-

ban sus reflexiones y coincidían en plantear sus experiencias particulares como un ejemplo y reservorio de lecciones para el conjunto de las trabajadoras. Así, eran capaces de percibir los mecanismos que operaban en la relación triangular que fomentaba la jerarquía empresaria: Jefe

1

I

I

I I l

I

1 1

obrera

obrera

I

Esta fue definida como una situación de particular tensión que estimulaba la competencia entre iguales y una mayor exp,lotación. que dañaba las relaciones personales entre ellas y favorecía la búsqueda de privilegios especiales y prebendas, para lo cual muchas mujeres se valían "de su cuerpo o algún don propio, una zalamería especial".

La aproximación biográfica supone, de otro lado, la interacción .horizontal entre el investigador y el investigado, rompe así con la tajante división tradicional entre sujetos y objetos de conocimiento permitiendo una más activa participación de estos últimos, no sólo en la identificación de problemas. sino también en la solución de los mismos. E s en tanto método reflexivo que posibilita a las personas entrevistadas el distanciamiento de su propia experiencia -objetivar lo subjetivo- y la toma de conciencia sobre las determinaciones sociales que influyen en sus proyectos in'dividuales, que se abre la posibilidad de transformar a los sujetos de la entrevista. hasta entonces pasivos y sufrientes de su realidad, en actores de su propia historia individual y social. Es interesante percibir, en el caso que nos ocupa (mujer en la industria electrónica), cómo las trabajadoras, poco ejercitadas en el método reflexivo, necesitan desplegar y explicar paso a paso todo el discurrir de sus vidas para lograr un beneficioso distanciamiento. Sólo mediante éste son capaces de reconocer que

sus vidas privadas, que sus problemas individuales n o san sólo tales sino que se insertan dentro de una dimensión social, única vía para encontrar una solución persistente de los mismos. Posibilitar esta toma de conciencia, sentando las bases para una acción cuestionadora se torna aún más vital en el caso de las mujeres, a quienes -producto de una socialización diferencialles resulta más difícil que a los hombres cuestionar los roles (hija, madre, esposa, etc.) que se le adjudican como naturales y que se conviertan en el centro d e gravitación y definición de su existencia. Así, es mediante la liberación de fuerzas subjetivas, a través de las técnicas antes mencionadas, que se podrá recuperar no sólo una dimensión hasta ahora perdida, pero imprescindible para el análisis, la comprensión y reconstrucción de la realidad social: sino que también, se podrán crear las condiciones para lograr el sustento necesario que se evite que las transformaciones percibidas como urgentes por el análisis social permanezcan como simple declaratoria de deseos inciertos en su aplicabilidad.

MUJER,POETA Y

PERUANA Rosina Valcárcel C.

¿Qué ha sucedido en los últimos quince años? ¿Qué condicionamientos históricos favorecieron la emergencia de sectores sectores de mujeres en el panorama cultural y político? ¿Qué ocasiona esta fuerza impugnadora de la cultura e ideología dominantes, embrión de presión contra el sistema socio-económicd actual? ¿Hasta dónde la Revolución cubana, el triunfo de Vietnam. las guerrillas en nuestro país, el Movimiento de mayo del 68 en París, los viajes al cosmos, van a repercutir en el pensamiento y actitudes de la juventud peruana? Se pueden precisar, además. otros factores: la mayor inserción de la mujer en el aparato laboral que --a su vez- ha determinado la redefinición de su papel; asimismo, el ingreso más amplio a las universidades. la reorientación de la Iglesia, la aceptación del divorcia, la difusión y empleo de los métodos .anticonceptivos, el deterioro de los valores y patrones culturales tradicionales de la -familia y un cuestionamientd de la concepción de la -pareja, que sacrifica un tanto al amor romántico, quejoso e incierto, dando paso así al emtismo libre, presente y placentero. Definitivamente, esto último, confluye con la crisis política del 68 y el inicio del proceso velasquista que duró hasta el 75. Por diversas razones esta época reconocerá la problemática femenina, y resaltamos como ejemplos la Ley de Reforma Educa-

tiva (que postula la coeducación) y la creación del Comité T&nico de Revaloración de la Mujer (COTREM). dentro del marco de las transformaciones realizadas. Cabe revelar -tambiénque, a partir del 76. el ascenso del movimiento obrero y popular origina diferentes formas de presencia y protesta de las mujeres a través de organizaciones como el SUTEP,CITE, etcétera.

Si bien es cierto que el índice de participación de las mujeres de capas medias en organizaciones políticas y populares no es alto, en comparación al de los hombres, y que es evidqnte que el lugar de la mujer en la cultura y arte nacionales no llega a ser representativo ( y ello se explica por el carácter del Estado y de la ideología de las clases en el poder, etc.); sin embargo. en relación a las décadas anteriores, esta intervención si resulta significativa tanto por el grado (que ha aumentado) cuanto por la calidad y el contenido de los mensajes de sus demandas y creaciones (contestatarios en su mayoría).
En la década del 20. Magda Portal sorprende con su pluma . (Mariátegui la distingue en sus 7 ensayos). A inicios del 30 escriben Adela Montesinos, Rosa Alarco (aunque sus poemas reciém se conocen después de muerta) y otras anónimas. Ulteriormente: Blanca Varela. Cecilia Bustamante, Lola Thorne. Sarina Helfgott y Raque1 Jodorowsky ( jchilena? ) , constituyen figuras importantes del quehacer poético femenino de las postrimerías del 50, aproximadamente. También amigas de las letras: Julia Ferrer, Gladys Basagoitia, Carmen Luz Bejarano y Elvira Ordóñez, a inicios del 60 más o menos. En la poesia simbolista, surrealista o retórica del 50 se palpa experiencia, vital. Empero, es alrededor de los decenios del 60 y 70 donde se desarrolla una línea confesional, coloquial, cotidiana. Es cierto que la poesía como captación de la belleza es única, no existe diferencia a nivel genético. La sensibilidad femenipa está condicionada por el modo como la categoría mujer es asumida por ella misma y, en ese sentido, la poesia joven es menos femenina. respecto a la distorsionada idea que se tiene de lo femenino.

No obstante, dada la situación de la mujer en un país predominantemente capitalista, subdesarrollado y dependiente, donde el llamado sexo débil está oprimido en rtiil formas visibles e invisibles, la voz de la poeta adquiere rasgos particulares. Antaño las escritoras trabajaban más su universo interior, su espacio subjetivo, íntimo. Varias artistas tradujeron un sentimiento amoroso cunstruido en planos ideales y elaboraron más un erotismo intelectual. Este tema se sitúa ahora, en la vida diaria de la pareja, conviviente o no. y este hecho real las distingue de sus antecesoras en cuya producción la condición de hembra-mujer está un tanto velada.

La búsqueda de una identidad. de una visión propia, no está .referida.a casos aislados o excepcionales, no es más la mujer talentosa o incomprendida como sostiene Abelardo Sánchez León. . Se trata, en el Perú y en América Latina, de un hecho social en el cual la mujer constituye también una tendencia, una corriente, tina vorágine. No es por ello casual que en Cuba la poesía última esté mejor representada por mujeres, y este criterio lo comparte Nicolás Guillén, como me lo manifestara en el 79. El último Jurado de Casa de las Américas consagró la labor poética femenina a través del premio otorgado a Reyna María Rodríguez. de la Brigada "Hermanos Saíz".
Las nuevas generaciones en nuestra patria, bajo la influencia de los factores mencionados, aparte de otros fundamentales como el ejemplo del Che, el sicoanálisis, el hippismo. el feminismo, el Golpe en Chile (73). la nueva izquierda. la búsqueda de la realización personal, de la vivencia. del derecho al aborto. a la libertad, tiene entre sus portavoces más conocidas a: Mercedes Ibáñez Rosazza (Trujillo), Gloria Mendoza (Puno). Rosa Carpio íArequipa), Enriqueta Beleván, Aidé ~ o m é r o Sonia Luz Carrillo. , Jnés Cook, Ana María Gazzolo; ellas y otras más han publicado sus obras hasta el 79, mayor información puede obtenerse en la k Bibliografía c la poesía peruana 65/79, recopilada por Jesús Cabel. A continuación, editan las interesantes vates: Sui-Yun (Iquitos), Rosa Carbonel, Marcela Robles y Carmen 011é. La última, poetiza el cuerpo de la mujer respecto a los cambios, al hombre. a la existencia total.

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E n la década en curso destacan Dalmacia Ruíz Rosas. Mariella Dreyfus y Pagicia Alba, por el brío y .belleza contestatarios con que fustigan a la gente, mediante temas como el sexo. todavía tabú en nuestra pacata sociedad. Aunque aún en evolución. es pertinente señalar la actividad poética de Carolina Ocampo ( Huancayo) , Esther Castañeda, Maritza Tueros. ~ a r i e l aJunco. Nérida Adrianzén, Rocío Silva Santiscban, Marcela Garay y Cecilia Pardo. entre otras. La mayoría solo ha publicado en revistas estudiantiles: Sic, Hora Zero, Riaíces Edicas. Caballo de Fuego, Ruray, etc. De las ausentes, reconocemos la reflexión literaria. de . Agueda Castañeda (inédita) .. . . . y de- María Cqrnejo, quien =omparte.'.'coo Carrillo el &o d e la poesía que ironiza las pautas machista's.

mili?

D e otro lado, pueden ubicarse a Mariela Salas, Matilde Baraglia, y muchas otras, quienes en la búsqueda de una voz propia prometen resultados meritorios.
Finalmente. es justo e imprescindible citar la labor cultural d e Catalina Arianzén, egresada de Literatura de San Marcos, ej.: estudio- de la "Poesía Nueva AyacuchanaW,UNSCH, 1971 y el trabajo poético de María del Pilar Kruger Barton ( M A P Y ) , como PEQUEBU. Ambas de la generación del 70, actualmente presas ideales políticos.

El lirismo de la poeta no resulta ajeno a su entorno, al contrario. La escritora se yergue rebelde, desnuda, contra todo tipo d e violencia. Su triple y compleja condición de pemana, poeta y mujer la proyecta a la comunidad. Sus textos son dibujados en forma heterogénea, tanto en el tono, estilo, cuanto en temas tratados, pero casi todas las referidas autoras de los últimos años expresan con espíritu amplio su mundo interior, sus contradicciones, su riqueza, su cotidianeidad (infancia, familia, amor. trabajo, desocupación, sensualidad, etc.) . Intuición, reflexión, pasión, desgarramiento, locura se entremezclan en el discurso poético ofreciéndonos imágenes y metáforas singulares. El rescate de lo vivido mediante la palabra, es sintetizado a través d e poemas d e gran aliento, muchas veces acerca del medio ambiente en sí.

La politicidad, el feminismo y la ruptura de esquemas conservadores, configuran, más que una pose de moda, una posición generaciooal o de clase social. Es una posición estética y ética ante su contexto sbcial, donde las poetas gritan la incomunicación, el 'subvivir, la marginación. Paralelamente, maduran ensayistas talentosas como Maruja Barrig, críticas historiadoras como Wilma Derpich o periodistas agudas como María del Pilar Tello. De igual modo, se crean Centros de Estudio sobre la mujer, ejemplo: "Flora Tristán", organizaciones feministas, recitales masivos, marchas, protestas, denuncias. Dentro de este marco, otro acontecimiento singular lo constituye el mayor índice de militantes en movimientos políticos como el APRA, Izquierda Unida y, fundamentalmente, llama la atención el enrolamiento de mujeres -en los últimos 4 años se constataen Sendero Luminoso, donde la militante también puede ser dirigente en la acción. Tenemos a Edith Lagos (escribía) y a Carlota Tello sobresaliendo. Las actitudes autoafirmativas abren camino a transformaciones en la mentalidad "femenina", de madres a amigas, de musas a cantoras, de sumisas a subversivas. Acaso se estén trastocando las bases de la ideología alienante y consumista, las creencias religiosas y las actitudes patriarcales. aunque el sentimiento de culpa sea lugar común todavía entre algunos ateos, izquierdistas hombres y mujeres, como bien lo pinta .este yerso de 011é :

De niña la sensación de ser buena dirigía mis actos de día al sol alargaba una limosna invitaba de N sandwkh un bocado después de masturbarme quería llorar de miedo y de vergüenza tenía el tic de la señal de ,?a cruz las misas de difuntos eran el coro qw necesitaba la miseria de mi adolescencia oh bondad de ti no queda más que la veleidad de haberla sentido.

50 AROS DE TESIS UNIVERSITARIAS SOBRE LA MUJER
E N LA UNIVERSIDAD CATOLICA Victoria Ponce del Castillo
'

¿PO' qué se elige la Mujer como tema para Tesis Universitarias? Este artículo ofrece a los lectores la manera cómo el tema ha sido tratado en las tesis desde 1935 en la Universidad Católica. LESéste un ejercicio sociológico ocioso? Nos parece que no, en tanto el 84.31 % de las Tesis Universitarias ( T U ) han sido elaboradas por estudiantes mujeres preocupadas por analizar y resolver su incorporación/ubicación en el mundo social y público; mientras que el 15.69% de estudiantes varones también se afirman en la tarea de explorar la situación de la mujer. Ver cuadro NV 1. La institución univeisitaria no está aislada del entorno social y limitada a la sola transmisión de conocimientos sino que también está cruzada por múltiples factores culturales y sexuales que influyen en el modo de producir el conocimiento. Un ejemplo son las TU que presentamos en este ensayo. Tengo la percepción de que algunos conocimientos científicos. tal como lo recibimos, no permite entrever la posible discriminación por sexo, que existen en investigaciones que tratan sobre la condición femenina.

constatamos al observar el entorno universitario? Un alto número de autoridades universitarias y docentes masculinos que asesoran TU, sobre la mujer, quienes más de las veces tienen actitudes patriarcales creando recelos y distanciamientos a los estudiantes que intentan trabajar este tema con perspectivas dif erentes. Por otro lado, es escaso -salvo honrosas excepciones- los docentes investigadores cuyas inquietudes científicas se hallan dirigidas a la temática femenina considerando justamente el factor sexual como variable explicativa. Estas ideas nos hace pensar que la elección de un tema de estudio traduce el I'espíritu de la época", revelando la ideología. el contexto socioeconómico y la personalidad de los autores. Presentamos a los lectores 51 TU cuyos contenidos se refieren a la mujer ( 1 ) . Siendo la más antigua la de la facultad de Derecho en 1935 y la más reciente la de Sociología en 1983. La problemática femenina será una opción presente a lo largo de cincuenta años en la Universidad Católica. Asumimos como perspectiva que las T U reflejan: la posición de la mujer en la sociedad peruana, así como las ideas predominantes referidas a ella en un periodo hist6rico.-dado: En su estilo y calidad de investigac%n las T U transparentaxi la actitud: personal del autor hacia la mujer, más la justificación' racional que le presta el referente teórico. 2. Contexto sociohistóriw peruano

:

En el Perú de fines del siglo pasado. una pequeña proporción de la población femenina fue incorporada al trabajo urbano moderno y a la educación. Esto significó, parz estas mujeres, la posibilidad de un ingreso monetario propio; y en algunas ocasiones, su acceso a la educación superior en profesiones afines a la "naturaleza femenina", como Educación, Literatura y Trabajo Social. Esta situación repercutió en una ligera transformación de los anteriores roles asignados a la mujer esposa, madre
(1 ) Ver Cuadro

NP 2.

204

-..

y ama de casa. Sirvió también para el reconocimiento - d e su calidad de productora social.

En correspondencia a esta realidad, la Constitución Política de 1933, señaló la igualdad de derechos para varones y mujeres. Pero el Código Civil, aprobado en 1936. limitaba los derechos jurídicos de la mujer casada sometiéndola a la autoridad marital. Por ello, no es extraño. que las T U de la Facultad de Derecho tengan por. temática los Derechos Patrimoniales de la esposa y coincidan en la defensa de los Bienes Reservados de la mujer casada. Esta figura jurídica afirma que dentro del matrimonio la mujer tiene capacidad económica frente al peculio de su trabajo independiente. Aporte que actualizaba la jurisprudencia peruana con -los avances internacionales. Contradictoriamente, dentro de la ética de justicia social que la Constitución de 1933 funda, se percibe que la influencia del Código Napoleónico en el Derecho Peruano es lesivo para los derechos de la mujer. De esta manera, se ha insistido tibiamente en la revisión de la legislación. Veamos T U de la facultad de Derecho: A. Molina, 1935; J. Gonzales, 1941: S. Chuecas, 1942; E. Valdez, 1946. Durante l a década de los '40, la democratización de la educación benefició principalmente a los sectores medios urbanos. Por ello, en la facultad de Literatura se observó marcada preferencia por estudiar a escritoras que pusieron énfasis en la educación femenina ( Clorinda Matto, Angélica Palma, etc. ) , reivindicando el derecho de la mujer al estudio y el trabajo. Casos de TU: C. Legendre, 1941: M. Posadas, 1942; o, indirectamente. caso C. Fitts. 1939. En los '50. el Perú entró en un proceso de industrialización Las ciudades crecieron y ofrecieron mejores condiciones de vida, lo que atrajo grandes oleadas migratorias del campo a la urbe. Las mujeres adquirieron derecho al voto. La participación laboral femenina se incrementó ligeramente en relación a las décadas anteriores, pero siempre en desigualdad. con respecto a la tasa de actividad masculina. La industria, el comercio y los servicios concentraron, igualmente, la presencia femenina.
y modernización.

Este hecho atrajo nuevamente la atención de las T U , interesándose los investigadores en la legislación laboral de mujeres y niños (Ver en Derecho: V. Milla. 1957). Era obvio que el trabajo de la mujer era sobreexplotado por ser no calificado y mal remunerado. Ante esta situación las TU, producidas en la Facultad de Educación. propondrán durante los '60, la calificación técnico-industrial para las mujeres -aunque en actividades tradicionalmente consideradas femeninas- (Ver T U en Educación: 1. Varallanos, 1965: M. Oliván. 1966: D Saravia. 1966: . N. Barrionuevo, 1967). En 1968. el Gobierno Militar presidido por el General Juan Velasco, implementó diversas reformas sociales. Entre ellas. afirmó la intervención de la mujer en los bienes administrados por el marido: normó la igualdad de remuneraciones entre los sexos: propició lineamientos políticos de revaloración de la mujer vía la Reforma Educativa. Inclusive se designó el año de 1975 como el Año de la Mujer Peruana. propiciándose así un espacio social de reflexión sobre la condición femenina en el Perú. Pero és en los '70, cuando la crisis económica del país empezó a agudizarse, se restringió la oferta del empleo y la incorporación femenina al trabajo. De otra parte, las leyes laborales proteccionistas obstaculizaron su inserción a este mercado de trabajo. Las T U reflejan este período rico en aperturas reformistas y contradicciones. Veamos, pues, T U en Derecho: J. Norabuena. 1970: J. Portocarrero. 1971: N. Tincopa, 1973; en Educación: M. Peschiera. 1970; E. Villena, 1974: en Sociología: A. Ortiz. 1973; C. Dawson, 1976; en Antropología: M. Runciman, 1975: en Asistencia Social: M. Señor y Uria, 1974. Durante los '70 y el primer quinquenio de los '80. se observó como énfasis característico común a las T U el estudio de la actividad económica femenina tanto en el trabajo doméstico como en el social, aspectos subestimados por los anteriores investigadores. Se empleó, para ello, instrumentos de medición socia1 como estadísticas. encuestas que logren demostrar analíticamente estas labores.

Asimismo, el estudio de la fuerza de trabajo femenino fue una puerta de entrada para comprender uno de los rasgos característicos del modo de producción capitalista que opera en un país dependiente y subdesarrollado. Se incidió también en los análisis de clase como dimensión necesaria para comprender los diferentes grupos de mujeres en la sociedad peruana. Ver T U en Derecho: G. Torres, 1980; en Antropología: M. Arellano, 1978; en Sociología: M. Berthin, 1981; G. Salazar, 1981; J,. García, 1983. Otro aspecto analizado fue el de la unidad reproducción de la mujer esi los aspectos de su vida económica y comunitaria. Estas perspectivas proveerán de datos e,mpíricos sobre la situación femenina en la realidad social peruana.

t

3.

Momentas ideológicos significativos

Este contexto sociohistórico tiene su correlato en las ideologías que lo han acompañado y que formaron el "clima mental de la época". Constatamos. pues. momentos ideológicos tales como:

,

3 . 1 De la ideología marianista a la ladcización,
Desde las primeras tesis de la década del 30 hasta las del '60, observamos como constante en la argumentación el privilegiar a la mujer como esposa, madre y ama de casa. Estos son elementos característicos a la ideología marianista, fenómeno que se ha dado particularmente en Latinoamérica y que consiste en: "el culto a la superioridad espiritual y a la fortaleza moral femenina, y es complementario al machismo, que es el culto a la virilidad [...] el marianismo no es una práctica religiosa aunque la palabra se emplea para describir un movimiento dentro de la Iglesia Católica Romana. el cual tiene por objeto la veneración especial de la figura de la Virgen María [ . . .] en torno al cual se ha erigido un edificio secular de creencias y prácticas relativas a la posición de las mujeres en la

sociedad [ . . . ] internalizándose el culto a la maternidad" ( 2 ) . Las Tesis de Educación Familiar son la expresión más transparente de esta ideología. Los títulos de estos trabajos son harto sugerentes de esta etapa. Ver T U : C. Sanabria, 1956. La mujer como esposa y madre; C. Estremadoyro, 1956. La mujer fuerte; C. Tejeda. 1957. La mujer como base de la alegría del hogar; 1. Díaz. 1960. La mujer en el hogar: responsabilidad 9 ~ r a n d e r ade su misión; D. Gallardo. 1960. La educación de la mujer en 3 etapos de su vida: niña, joven, madre, esposa y dueña de casa, etc. Los contenidos de.estas tesis reafirman a la mujer como garante"de1' orden social y se la exclusiviza erl la familia. De esta manera, las expectativas femeninas son modeladas de acuerdo a los roles asignados por una sociedad, con una estructura productiva incapaz de incorporarla plenamente.

El marianismo, no obstante, también subyace en las concepciones de otras facultades y especialidades: Derecho, Historia, Literatura, Trabajo Social y otros, marcando la piciducción académica entre los '50 al '70. Esta ideología sólo fue abandonada por la laicización de la universidad y la sociedad.
3 . 2 Del desarrollisrno al reformismo naciondista

A partir de la década del '70, nuevas ideologías y actitudes advinieron con la ruptura del orden oligárquico. Para las ideologías desarrollistas. la igualdad entre los sexos es funcional para la modernización. El incremento educativo y la calificación profesional de la mujer la convierten en agente del d,esarrollo. El reformismo nacionalista, para sus fines, necesita movilizar los recursos naturales y humanos disponibles. La Reforma Educativa y la Reforma Agraria, son propuestas con particular entusiasmo.
Este tránsito ideológico desde la tradición al mod,ernismo se ve apoyado por Ia masificación de los medios de comunica(2) Marianismo. la otra cara del machismo., Evelynn aevens. En: Hembra y macho en Latinoamérica. Edit. Diana. Mexico, 1977. Comp. Ann
:.

.

Pescatello.

.

.

ción: por el surgimientb d i deiocratiz&tes desde la base de la sociedad; por la identificación con los oprimidos: por la difusión de las ideas sobre la liberación femaiina: por la lucha por la democracia política. 'Estos factores diversos permean a la universidad para acoger la pluralidad de concepciones y replanteos 'sobre la realidad social.

"

Es así como en las T U se plantean estas propuestas: en Historia: C. Linares, 1973. La imagen de la mujer a través de dos perspectivas sorides; en Asistencia Social: Señor y Uria, 1974. La participación social d e la mujer en los centros de prohoción femenin,a; en Educación Familiar: E. Villena, 1974. Participación de la mujer campesina en el proceso de Reforma Agraria; en Educación: G. Romero, 1975. Hacia un análisis semántico de la figura femenina en los anuncios pubdicitarios; C. Larrea, 1975. La aducaci6n y la liberación, femenina; M. Urdanibia, 1979. Peapectivas bibldcas de la liberación de la mujer latinoamericana.
E n el pensamiento científico, se hacen presentes nuevos elementos de reflexión, teórica: aportes del marxismó, la teoloc& de la liberación, la teoría de la dependencia, alimentado intelectualmente este periodo.
'

3.3 Nuevas perspectivas ideológicas

La Iaicización de la sociedad y el modernismo, apoyados en las reformas sociales implementadas, tuvieron como efecto lógico que las mujeres urbanas de sectores medios y beneficiarias de la educación adquirieran conciencia de los condicionamientos socioculturales que la limitaban para la actividad social y pública.
En la facultad de Psicología, observamos que el total de autores que trabajan el tema Mujer para fines de tesis son mujeres. Estos trabajos cuestionarán temas como: la valoración excesiva de la maternidad (ver: 1. Althaus, 1980) o la mitificación de la sexualidad femenina ( M . Balbi, 1983) o criticarán a través de estudios comparativos las tipologías sexuales (ver: M. Figueroa. 1980); en Antropología: E. Grassi, 1982, trabajó aspectos ideológicos que explica~anla condición femenina.

'

A principios de la década del 80, sc creó una corriente de opinión favorable a la mujer casada que trabaja remuneradamente fuera del hogar. Realidad creciente en las zonas urbanas que las tesis señalan. Recordemos, en 1973, el solitario esfuerzo de A. Ortiz. El trabajo d e la mujer casada, Sociología; en Psicología: C. Jones, 1983. La dependencia de la mujer y su relación en cl trabajo. reafirma la necesidad sicológica y social para las mujeres del trabajo, condición que mejora las relaciones humanas, familiares y de pareja, en el caso d,e las casadas.

Es posible afirmar. pues, que las T U estan reflejando de alguna manera los conflictos de los sectores urbanos medios femeninos en su lucha por incorporarse a la sociedad.

Las autoras(es) de T U de estos últimos años, expresan preocupación por la ausencia de relevancia académica del tema Mujer, así como por la orfandad de cuerpos teóricos que den cuenta cabal de la especificidad femenina.
4.

Feminismo, tesis universitarias y comtp~ida¿ académica

El feminismo, fenómeno contemporáneo que emergió luchando por el derecho a la educación. derecho a la propiedad y derechos civico-políticos para las mujeres, ha aportado al pensamiento científico el cuestionamiento de las formas de producir el conocimiento. La variable sexo ha aperturado nuevas categorías analíticas al cuerpo teórico. También se ha demostrado que la mujer como sujeto de estudio no es un problema aislado, sino que puede ser abordado cruzando diferentes variables teóricas. De este influjo moderno no escapan las T U , cuyos autores expresan diversos juicios valorativos respécto al feminismo. Algunos, como los de la década del 40 al 60. lo rechazan por considerar que postulan el "afeminamiento del hombre y la masculinización de la mujer". Otros, de la década del 70. señalan actitudes ambiguas. y algunos en los últimos tiempos como el 80, simpatías abiertas hacia esta nueva corriente tebrico-ideológica.

La industrialización y la modernización ha mejorado el status
femenino y ha coincidido con la lucha organizada de las mujeres por sus derechos. En el contexto internacional, las Naciones Uni-

das han acogido esta situación y han procedido a 'crear el decenio de la mujer 1975/1985. Esta iniciativa ha sido apoyada nacional y localmente. privilegiándose institucional y financieramente la generación de nuevos conocimientos sobre la mujer.

.*.

La PUC co-auspició importantes eventos académicos que ha sensibilizado a la comunidad universitaria sobre la temática de la mujer. Estos acontecimientos fueron los siguientes:
.1978 (octubre-diciembre) : Seminario-Taller "Participación de la Mujer en el Desarrollo Nacional", auspiciado por el Instituto Nacional de Cultura y el Instituto de Estudios Sociales de Holanda. .1982 (7-10 junio): "Congreso de Investigación acerca de la Mujer en la Región Andina", auspiciado por la Asociación Perú Mujer, la Asociación Multidisciplinaria en Estudios de Población (AMIDEP) y la PUC.

En ambas reuniones, la Universidad Católica convino en proveer infraestructura asegurando que sus estudiantes se beneficiaran con la presencia de investigadoras especializadas en el problema de la mujer.
L PUC ha inaugurado y ha legitimado el estudio de la mua jer al percibirla como sujeto inmerso en el movimiento social. Esto hace que, en 1983, se aperture el curso "Sociologia de la Mujer". La institucionalización de los estudios sobre la mujer, indican que se ha adquirido validez y riqueza temática, como cualquier otro actor social y por derecho propio. La Universidad codinúa hasta el presente apoyando localmente diversos encuentros de reflexión teórica sobre la condición femenina, propiciados por centros de investigación y promoción de mujeres.
Las T U contemporáneas son tributarias de este contexto de apertura a lo femenino. Se observa, pues, que hay un mayor volumen de producción de tesis que cubre toda la década del 70 e inicios del 80 (3). Esto hace predecir la necesidad de formular políticas que, incorporando el conocimiento teórico existente sobre
(3) V r Cuadro NQ 3. e

la mujer; impulsen la movilización de las cohdencias contra la
discriminación por sexo en pro d e la mejora de la calidad de las relaciones entre hombres y mujeres, en. la comunidad académica y nacional.

5.

Metodología

Las Tesis Universitarias que presentamos -son producto d e una depuración previa, donde el criterio de selección consistió. inicialmente, en. elegir aquéllas -que.hayan explicitado su .interés por la temática de la Mujer en sus títulos. En algunos casos, se han acogido trabajos cuyo título y contenido hacen referencia indirecta a la mujer, pero que son útiles para dar cuenta de la concepción que de ésta se tenía. Las tesis han sido revisadas directamente. Los resúmenes que acompañan al dato bibliográfico, ponen énfasis e n aquellos aspectos de la producción académica que reflejan el modo de percibir la realidad y la imagen que de la mujer se tenía.
,,

Llama la atención la calidad diferenciada de las investigaciones que evolucionan en un tránsito de la retórica moralista a la valoración del dato estadístico para, finalmente, tender orientarse hacia los aspectos ideológicos. . .

a

'La bibliografía empleada por los autores. en una primera etapa, 'se apoya en la literatura religiosa como la Biblia, Encíclicas. discursos de Pio XII; en la Teología de la Liberación de.Gustavo Gutiérrez, José L. Idígoras; en la Teoría de la Dependencia de F.H. Cardoso, E. Faletto, Teothonio Dos Santos; y también e n la' 1iteL ratura marxista.
'

En la década del 70 y parte del 80, se observa el empleo d e textos de autoras feministas como: Simone de Beauvoir, Betty Friedan, Olivia Harris, Eva Figes; siendo también autora necesaria Viola Klein.

La actitud y el estilo de investigación avanza desde un distanciamiento hacia el tema hasta una asunción personal en éste.. Detalle notable en el caso de las mujeres investigadoras de las T U de los años iniciales de la década del' 80.

Finalmente, es neceswio poner en conocimiento a los lectores, que la Asociación Perú Mujer tiene un listado de T U de las universidades particulares y estatales de Lima Metropolitana. Sin embargo. queda pendiente la tarea de realizar este mismo trabajo a nivel nacional que permita recuperar la memoria histórica de la temática femenina proyectandolo hacia la comunidad y el cambio s d a l .

DERECHO
l.

INGUNZA BALBUENA, Augu~to

La mujer ante el Derecho Romano. 1935. 28 h. Bachiricr.
El autor informa sobre la situación de la mujer en la legislación romana. Afirma que sólo los pueblos cristianos tienen una legislación civilizadora y favorable a la mujer. Tambien describe Jas leyes de los países europeos, ací como las de Argertina, Brasil. Chile.
2.

MOLINA y BUENO, Agustín
Los Derechos Patrimoniales de la mujer casada. 1935. 221 h. Br.

Analiza históricamente la evolución de los derechos patrimoniales de In mujer casada, asimismo, la legislación contemporánea europea y americana.
3.

GONZALEZ SLiAREZ, Jasé
Los Bienes ~ e s e r v a d o sde la mujer casada. 1941. 238 h. B . t

' Apoyado en e) desarrollo histórico, afirma que el origen de los Bienes Reservados en todo país se debió al nuevo papel de la mujer, ya no Como ama de casa sino como agente de producción.
4.

CHUECAS GUERRERO, Salvador
La mujer casada y los Bien- Reservados de ésta. 1942, 69 h. Br.

Para explicar la tutela jurídica de la mujer, trabaja dos capitulas sobre la historia jurídica internacional y nacional, y para demostrar la dis~riminación legal hacia la mujer casada. Reconoce con simpatía la lucha feminist-i sobre el derecho de propiedad para la mujer.

5.

- V A L D W DE

LA TORRE, Esperanza

Esquema de la capacidad de la mujer casada en el Código Civil peniano. 1946. 140 h. Br.

La autora reconcce las limitaciones juridicas de la mujer casada. pero afirma que en el p1ar.o jurídico la representación y direccibn del hogar corresponde al varón por la neceszria división del trabajo al interior del hogar, principio por el cual la mujer atiende el hogar y el hombre lo representa.
6.

MILLA D E LEON PUPPO, Vilma Trabajo de mujer& y menores. 1957. 89 h. Br.
.

.

Señala que el proteccionismo legal, reposa sobre sólidas bases científicas de protección a la salud de la madre y la infancia. La autora explica que 1s mujer y el niño en el derecho social, tienen el mismo antecedente histórico de regu'ación legal de orden especial porque coinciden en el estado de debilidad física y de indefensa social. Considera, finalmente que. siendo una de las mitiones fundamentales de la mujer, la maternidad debe protegérsela por un principio de "autoconservación" de la especie humana.

7.

MERINO CAMPODONICO, Giovanna Algunas consideraciones sobre la posición de la mujw en el Derccho Familiar peruano. 1958. 97 h. Br.

La autora afirma criticamente la necesidad de una reforma integral del Código Civil, el cual revisa detenidamente en lo que se refiere a la ca,pacidad jurídica de la mujer casada.
8.

PERALTA CORDOVA, Elia Los Bimes Reservados de la mujer casada. 1958. 95 h. Br.

Explica la figura jurídica de los Bienes Reservados; expresa que, incorporada la mujer a todos los campos de la actividad pública, se impone como exigencia inaplazable y de justicia el reconocimiento de su derechos patrimoniales.
9.

GALVEZ AREVALO, Adriana Los Derechos Patrimoniales de la mujer casada en el Código Civil peruano. 1963. 134 h Br.

Basada en el análisis histórico, demuestra que la incapacidad jurídica de ia mujer casada, se fundó en razones de sexo, y afirma que, en el presente. no tienen fundamentos vá!idos estas ccnsideraciones legales. Critica, finalmente. a1 Código Civil en sus diversos articulados.

10, NORABUENA CASANOVA, Jorge

E l consentimiento de la mujer en la disposición: do los Bienes Comuncs. 1970. 161 h. Br, El autor aprueba la modificación del Artículo 188 que limita las facultades irrestrictas del marido de disponer sobre los bienes conyugales -dado en 1969- porque se beneficia a la mujer y los hijos en el resguardo del patrimonio. Pero advierte que esta reforma será formal mientras se persista en oue la mujer necesite del consentimiento marital para la administración de los bienes comunes.
11. PORTOCARRERO MORi, Jorge

Comentariw sobre

al régimen legal del trabajo de' mujeres y menores en

el P r , 1971. 209 h. Br. eú
Sostiene que es un derecho natural inherente a la persona de la mujer y riel niño la reglamentación del trabajo por parte del Estado. A fin de protcger su natural debilidad en la realización de trabajos prolongados que no c t é n de acuerdo con su constitución física, intelectual y moral.
12. TINCOPA MONTOYA, Nida

La mujer casada en el ej&cio

del comercio en el P r 1973. 61 h Br. eú .

Desde la perspectiva de búsqueda de verdadera igualdad de los ciudadanos peruanos, critica exhaustivamente las limitaciones juridicas a que se somete a la mujer casada para el ejercicio del comercio. en contraste con una realidad social en que la mujef participa activamente en esta rama de actividad.
13. TORRES MENDOZA, Graaela

qw' el derecho l e proporciona

Realidad sociojurídica de la mujer ante el trabajo; ventajas y desventajas 1980. 150 h. Br.

La autora cuestiona la idea de la distinta naturaleza de los sexos, presente en la doctrina legislativa con respecto al trabajo femenino. Afirmo que el problema principal de la mujer consiste en el acceso al mercado de empleo y a la igualdad de oportunidades en el trato. Señala que la legislación civil como del Códigc de Comercio sitúan a la mujer en desventaja con respecto al hombre. pues llevan implícitos que la principal obligación de la mujer es la atención al hogar. limitándola en su desarrollo en e1 ámbito laboral. Critica al paternalismo protector legal y señala que la discriminación de la mujer obedece a factores jurídicos, sociales e ideológicos y finaliza expresando que debe respetarse el derecho de la mujer a elegir libremente su ocupación.

J.

SANABRIA, Carlota
La mujer coma esposa y madre. 1956. 54 h .

Enfatiza que la crisis de la educación. tiene su raíz en la falta de formación de las madres. Criticando, asimismo. a las madres que trabajan de desamor para con sus hijos. Explica la necesidad de la Educación Familiar como curso que durante 3 años entregue nociones para que toda mujer ejerza sus funciones de esposa. madre. ama de casa y educadora.

2.

ESTREMADOYRO ROBLES, Germen

Argumentando sobre la base de las Sagradas Escrituras. así como sobre los discursos de Pio XII, la autora señala como virtudes femeninas: la abnegación. la prudencia, el sacrificio; aconsejando finalmente paciencia, mansedumbre. ante la sicologia varonil. Dedica varios capítulos a persuadir sobre la importancia de la virtud de la castidad entre las jóvenes y las casadas

La mujer como base de la alegría del hogar. 1957. 92 h.
La autora convoca a las mujeres a comprender que en sus manos esti la felicidad de sus esposos e hijos. Y confirma al hogar como el lugar natura! de la mujer.

4.

DIAZ CASTRO, Irma La mujer en el hogar: responsabilidad y grandeza de su misión 1960. 92 h.

La felicidad de un hogar está en la mujer que ha sido creada para la maternidad, amor a la casa y aceptación de todo sacrificio para saber cumplir los deberes que se le imponen como fundamento de la familia e n el papel de esposa, madre y ama de casa. Argumento que la autora finaliza incidiendo en la preparación de la niñez femenina en el desarrollo de las virtudes y cualidades esencialmente femeninas.

5.

GALLARDO SANTA MARIA,

Delfina

La educación de la mujer en 3 etapas de su vida: niña, joven, madre+
esposa y dueña de casa. 1960. 85 h . La mujer madre debe estar capacitada para desarrollar plenamente s u rol de tal. La mujer esposa debe poseer cualidades prácticas para ser buena ama de casa; morales de abnegación y paciencia, asimismo cualidades intelec-

tuales. Los centros de madre -concluye la autoracorte y confección, así como orientación moral.
6.

deben difundir bordado.

MOSQUERA MORENO, Lelia La mujer y su influencia en la educación del niño y las consideraciones económico-sociales y pedagógicas del hogar ancashino. 1960. 63 h

Afirma que la mujer -puede realizar la misma calidad de trabajo que el hombre y, al mismo tiempo, dedicarse a estudios superiores siempre y cuando mantenga su femineidad y la dulcedumbre de su carácter naturalmente inclinado a los principios religiosos, morales. humanitarios y sociales. Recomienda que se' den cursos a las mujeres de corte-confección, zurcido, pequeBa industria.

7 . ESCALANTE CORTiJO, Griselda
"

r

Educación d e la mujer.. 1962. 96 h . Se debe fomentar la educación espiritual y moral de las mujeres, porque la maternidad la convierte en educadora de almas. Además, la mujer es el eje sobre el cual gira la humanidad.
O.

VILLENA PIEROLA, Edissa Participación ,de la mujer campesina en el proceso de la Reforma Agraria. 1974. 79 h.

SeÍiala la importancia de la Educadora Familiar como agente de promoción y cambio, de allí afirma la necesidad de que la mujer profesional adquiera una mentalidad nueva que se adecue d proceso de cambios que vive el pais La autora describe los lineamientos de la política del Gobierno Militar frente a la Reforma Agraria. expresando entusiasmo ante los programas a realizarse con la mujer campesina. EDUCACION
1 . VARALLANOS HERNANDEZ, ú.ma

La educación de la mujer peruana en las academias industriales pazticul r s 1965. 174 h. Prof. ae.

Describe la educación industrial femenina en las academias particulares, donde se capacita a la mujer e n cursos de corte-confección, labores. cocinarepostería: educación para el hogar. La autora informa que en 1925. por iniciativa de las Señoras de la Sociedad Bien del Hogarse crearon las Ciencias Domésticas, con el objetivo de formar moral. manual e intelectua1men:e a las mujeres. así como dotarlas de medios para mejorar su condición económica.

2.

OWAN

J,

María Milagros,

Sor

importancia y trascendencia de la Edocaaón de la mujer en la media. 1966. 139 h. D c x t a a d a

m

La autora enfatiza en que la cultura capacita a la futura madre para la educación de sus hijm y que una mujer culta puede ofrecer a su esposo una compaiiia agradable para la conversación sobre diversos asuntos. De alli la importancia de la enseñanza secundaria para las mujeres.

Mercedes Cabeno de Carbonera como educadora. 1966. 107 h. Rof.
Trata de la ubicación histórica. producción literaria y labor magisterial de Mercedes Cabel!~. Es. en particular, interesante el desarrollo de las ideas pedagógicas sobre la educación femenina, que la autora propone como vigentes. pues se afirma el derecho de la mujer al estudio y al trabajo.
4.

BARRIONUEVO DE CACERES. Nora

La mujer, la educación y el trabajo. 1967. 90 h. Br.
Considera que las profesiones modernas son desempeñadas por las mujeres en igualdad de condiciones y oportunidades. Afirma que la única limitación es la inherente a la condición femenina, por lo que existen profesiones más propias de varones que de mujeres Siendo adecuadamente femenino ser maestra o asistenta social. Esto es así porque la mujer es abnegada, sacrificada y tierna. madre y educadora. Concluye que la mujer debe trabajar y realizarse como persona y profesional. ya que el hogar no basta.

5.

PESCHIERA CASSINELLI,

María

La mujq y la ocupación en el P r . 1970. 59 h. Br.. eú

El argumento de la autora consiste en que la preparación de la mujer debe ser no so10 técnica sino espiritual y humana.
6.

SILVA BULLON. María

La m u j a incaica y su educación. 1970. 30 h. & .
Ofrece información recogida por los cronistas (espaíloles, mestizos e indios) sobre el imperio incaico, a partir del cual reconstruye la educación de la mujer incaica, y concluye que la mujer fue educada para el hogar y la comunidad.

7.

ROMERO MAGNI. Gloria
H a a a un análisis semántico de la figura femenina en los anuncios citarios. 1975. 211 h. Br.

publi-

La autora realiza su trabajo analitico criticando el modelo de femineidad propuestos por los anuncios publicitarios por ser propuestas que responden a 10s intereses de clase capitalista, de quienes han ido estructurando y modelando los medios de comunicac~ón.Expresa que sólo en una sociedad libre la mujer será libre. Ofrece encuestas y análisis de la publicidad de diversas revistas.

8.

LARREA MARQUEZ, Carmen
La educación y la liberación femenina. 1975. 139 h. Br.

Plantea que la mujer no es manifestación de una clase social determinada por la función que desempeña, sino que lo es en función del esposo. Pues su figuración en sociedad no es por ella misma ya que, educada para desempeñarse como madre y esposa, el hombre es el eje alrededor del cual gira s u vida. Concluye en que la liberación de la mujer es parte de la liberación de la humanidad y que las mujeres deben empezar a luchar y movilizarse.

9.

URDANIBIA URRIISOLA, Miguel María
Perspectivas bíblicas de la liberación de la mujer latinoam&can+ 291 h. Br.
1979.

Expresa que su trabajo busca dotar de base teológica a la liberación de !a mujer en Latinoamérica. Señala que la mujer en L. A . vive una marginación compartida con el hombre, pues ambos son víctimas de estructuras socio-ecocu!turales de dependencia, pero donde además la mujer sufre la dominación ciel macho latinoamericano, consistiendo su interpretación biblica en lo siguiente:

1)

Desde el momento de la creación, hombre y mujer son iguales y complementarios.
'

2 ) E n el Antiguo Testamento, Débora y Judit, son el testimonio de que la
mujer tiene un rol activo en la historia.

3) E n el Nuevo Testamento, María afirma el plan de Dios juntamente con
el hombre. El autor concluye que el compromiso liberador de la mujer debe ser fruto de la fe en Dios que libera a su pueblo, realizándose una liberación personal cuando se sabe renunciar a si mismo. Las mujeres deben olvidar sus particulares reivindicaciones y comprometerse solidariamente con los hombres en la liberación de los pueblos.

Un acercamiento al

es&

de b maternidad. 1980. 67 h. Br.

La autora. al evidenciar la escasez del desarrollo teórico de estudia refendos a la identidad femenina y' al desarrollo pico-sexual de la mujer. se p ~ o p n e el estudio de la maternidad femenina para acercarse a estos aspectos que le interesan. y encuentra que el rol de la mujer engendradora y depen&ente es necesario para la mantención de una instituci6n base de la sociedad: la familia de tipo patriarcal. Empleando 2 pruebas test de la figura humana o test de Machover y el test de completud de frases de Sachs, en 20 mujeres. concluye:
1)

que por la división entre lo público/privado, la relación familiar presenta un padre distante.

2 ) la re'ación de pareja se da sobre la base de la sumisión y dependencia
- de la mujer,

3) y que la maternidad es ,prcibida como deber y limitante de la posibilidad
del desarrollo de la mujer.

2.

FIGUEROA EERNANDEZ. Maritza
Estudio comparativo de los rasgos de personalidad según el miembros de una institución. 1980. 133 h. 8. sexo en

Este trabajo comparativo se basó en hombres y mujeres que eligieron ia actividad policial. La autora encuentra que ambos presentan rasgos de personalidad muy similares entre si. y que estas características no se encuentran ligadas al sexo; en su mayoría son independientes de los condicionamientos físico-anatómicos que diferencian a hombres y mujeres. Considera que, ubicar !a realidad social en la que se desenvuelven las relaciones hombre-mujer. permite csmprender el origen y la funcionalidad de la ideología en los conceptos de lo masculino y lo femenino. así como también da un mayor alcance al conocimiento sicológico que se tiene de la misma. Pone especial énfasis en el grupo femenino y afirma que las mujeres que realizan esta labor y la eligen voluntariamente se enfrentan a un medio en el cual deben imponer su vocación v realidad psíquica fuera de los estereotipos femeninos aceptados

3.

BALBI SCARNEO, Marielir
La noción de k muja en Freadt uua exploración bibliográfica. 1981.
97 h.

&.

Plantea que el sujeto femenino que Freud estudia no habia sido objeto de ciencia hasta ese momento y, por ello, la comprensión de la mujer se veia obstaculizada debido a los prejuicios e ideologia de la sociedad. La autora considera que la teoría freudiana &re una nueva perspectiva para investigar y explicar lo femenino, ya que restituye a la mujer su sexualidad develando sus aspectos inconscientes. Concluye en la necesidad de descentrar la polémica de la feminidad de condicionemientos anatómicos (vagina-clitoris-pene), pues de esa manera se perpetúa un realismo biológico por donde no pasa la dimensi& inconsciente de la femineidad. porque si bien existen diferencias entre Ics sexos. anatomía no es destiio.

4. JONES BALCALZAR, Cyntbia

La depzndenfia de k mujer y su relación en e trabajo. 1983. 118 h. Br. 4
La autora confiesa que su objetivo de investigación n o es exclusivamente académico, sino que tiene gran interés como mujer y profesional en conocer la problemática de otras mujeres profesionales. pues quiere averiguar cómo integran sus roles de madres, esposas con sus intereses profesionales. Metodológicamente elige profesionales de la clase media y en actividad. Concluye afirmando que las profesionales que trabajan en su profesión se encuentran satisfechas y realizadas. Que el tránsito por la universidad como el contacto cotidiano con el trabajo elegido. las refuerza como personas independientes. Pero también dice que el trabajo en general y no sólo el profesional mejora la relación de pareja y combate la dependencia femenina.

SOCIOLOGIA
1.

ORTIZ DE REY, Ada
El trabajo de la mujer casada. 1973. 57 h. Br.

La autora sefiala que el trabajo rentado de la mujer casada de sectores urbanos medios tiene tres niveles:
1)

el nivel social, que favorece la capacidad productiva de una nación al permitir el uso real de una fuerza laboral que tradidonalmente se perdía p r el matrimonio, nivel familiar. promueve el cambio de la estructura familiar y redefine 10s roles -& los esposos y las relaciones de ~ o d e r ,

2)

3) nivel individual. da la posibilidad de la realización personal a la mujer casada que aspira a otros roles que no sean los exdusivos de madre y
ama de casa.
2.

DAWSON CUPENT, Carmen
Problemática de l mujer anaifabeta d e Chota. 1976. 75 h. Br. a

'

Los primeros capítulos del trabajo entregan un diagnostico social de Chota. en los siguientes y finales. La autora informa sobre la imposibilidad de participación de la mujer en su sociedad local en términos de dirección y crgarización, a causa de las relaciones de dominio del hombre sobre la mujer. Señala que el patrón cultural machista somete y margina a las mujeres. La baja tasa de escolaridad y el alto porcentaje de analfabetismo femenino. hace que el acceso de las mujeres a los bienes y seivicios dependa de grupos de varones alfabetizados.
. .

5.

BERTHIN DE BLANES. Martha
Inseraón de la mujer al trabajo urbano en La Paz. 1981. 65 h.

&.

Explica que la mujer no está marginada del sistema productivo por $1 hecho de ocupar u lugar menos visible dentro de la división social del trabajo; n por el contrario, ella se inserta de una manera determinada y en diferentes formas a la dinámica de acumulación del capital, ocupando un lugar concreto en la división social del' trabajo. La mujer no está ausente ni al margen de la lógica capitalista dominante en nuestros paises. La autora desarrolla en la tesis la situación de la mujer en el mercado de trabajo como dentro de la fuerza labord.

4.

SALAZAR CASTRO, Gelga Lidia La mujer campesina en la provincia de Cajamarca. 1981. ó4 h. Br.

La autora afirma que la mujer campesina realiza una serie de trabajos cii !a producción agrícola-ganadera y artesanal. que se van modificando en diversas etapas y en concordancia con los cambios efectuados a nivel departaire en tal y nacional. Señala que la relación hombre-mujer en el campesinado es sólida, razón por la cual privilegia en la tesis la relación mujer-familia. dentro de una dimensión de clase y teniendo por eje el trabajo productivo/ reproductivo del ama de casa campesina. 5. GARCXA RIOS, José María La mujU pobladora de El Agustino. 1983. 71 h. Br. El autor plantea que las simplificaciones que minimizan el rol de la harriada y el de la mujer, en el análisis de las relaciones de producción redu'

ciendo todo d esquema dual capitalista-dase obrera, no sirve para dar cuenta en su complejidad de la dinámica mujer-familia dentro de la unidad producción/ reproducción. Tiene este trabajo como propósito relievar el estudio del pape' de la mujer urbano-popular, intentando explicar la función que cumple el ama de casa en el proceso de acumulación capitalista en los paises subdrsarrollados.

LITERATURA
1.

FITTS GUZMAN,

n
Carmen

La mujer a través d . algunos románticos peruanost Palma, Cisneros, Salae verry, Carrasca. 1939. 70 h. Br. Plantea que los autores románticos se han fijado sólo en el aspecto fisico de las mujeres, sin detenerse en la personalidad femenina, por lo que les critica la tendencia exagerada de estos autores a presentar a la mujer como un ángel o, de lo contrario, extremar su condena.
'

2.

LEGENDRE, Qotilde Angélica Palma. 1941. 68 h. Br.

Señala que Angélica Palma fue una mujer peruanista. Sus novelas transparentan su esfuerzo por mejorar la condición femenina. pues sus heroinas son mujeres que desafían la indiferencia de la sociedad. Afirma que la labor feminista de Angélica Palma buscó la superación moral e intelectual de la mujer, pero que no pretendió nunca igualdades políticas para las mujeres.

3.
e

POSADAS ROSA, Margarita Características e impacto de las novelas de Angélica Palma. 1942. 151 h. Doctorado.

Expresa que su tesis tiene la finalidad de exaltar la figura de Angdica Falma como novelista, rescatando la calidad y actitud de sus novelas.
4.

BARRIONUEVO GIL, Bertha Clorinda Matto de Turner: ensayo sobre su vida y obra. 1952. 95 h. Br.

El ensayo releva la labor cultural e intelectual de la señora Matto y e i presa su admiración a la calidad humana de la escritora como a sus cualidades femeninas.

Análiss de los personajes femeninos Argaedas, 1973. 166 h. Dodorado.

en

Todas las Sangres & José Mari

La autora se afirma en un enfoque psico-social desde la perspectiva de la femineidad; declara no adherirse al feminismo. Aunque encuentra que en la novela de Arguedas el hombre es el centro y soporte de la estructura novelistica y que las mujeres desempeíían papel complementario opacadas por la fuerza, el poder y la comp!ejidad de los principales personajes masculinos. Sin embargo, son estas figuras secundarias quienes definen el clímax dramatico de ! a F novela.

ANTROPOLOGLA
1.

RUNCIlClAN TUDELA, María .Actividad económica de ias mujeres: Herrera". 1975. 87 h. Br.
caso de

la Colonización "lenaro

La autora cmplea como criterio para seleccionar la población femenina para fines de su investigación. la categoría ocupacional de los esposos para definlr ñsi la actividad económica de las mujeres. Emp!ea como técnicas la observacion entrevistas y documentación. Concluye que el futuro de la colonización radica en la apertura de las mujeres al cambio. Sefiala que en "Jenaro Herrera". las mujeres no tienen conciencia de su papel como trabajadoras y ciudadanas complemento del hombre para llevar a cabo los planes del gobierno para el logro de la igualdad económica, política. social y cultural.
2.

ARELLANO CRUZ, Martha La mujer y ia doble jornada. Estudio de la mujer campesina en la Cooperativa Comunal "Juan Francisco Velasco Gallo". 1978. 80 h. 1978.

Plantea que e! trabajo de la mujer es esencial para que se mantenga la luerza de trabajo en la cooperativa y garantizarla para el futuro a través de las labores domésticas y crianza de los niños o bien con el trabajo que ella realiza en el proceso productivo del a!godón. El rol de la mujer campesina. 2ma de casa y asalariada es negado y poco visualizado por una cultura machista, propia del sistema capitalista, lo que supone la realización de la doble jornada y la sobreexplotación de la mujer en el agro wruano. La autora cmplea censos. entrevistas y observación directa a su &jeto de estudio.

3.

GRASSI ESTELA, Mary Mujer e ideologíar caso empleadas domésticas. 1982. 110 h. Br.

Señala que las mujeres son una cuestión marginal en el debate antropológico, salvo para dásicos como Malinowski y Mead. Pretende aportar desde ia tesis una perspectiva antropológica al estudio de la mujer. Afirma que si bien el machismo es la causa visible del bajo status femenino, esta supremacia no se habría mantenido sin la existencia de una andamiaje ideológico como económico que lo sostenga. En el desarrol!~ del trabajo, la autora da cuenta pormenorizada del servicio doméstico en el Perú.

HISTORIA

Nueva responsabilidad de la mujer aistiana. 1954. 115 h. Br. La autor*, a partir de una visión histórica. afirma que las leyes civiles han rehabilitado a la mujer, y que su origen se encuentra en el cristianismo. Sólo los pueblos cristianos, otorgan un trato civilizado a la mujer.
2,

CARLIN DALY, María Teresa

Resencia histórica de la mujdr en la Emancipación del Br.

P r . 1956. eú

184 h.

La historiadora afirma que la unión del elemento masculino y femenino dió un poderoso sentido de fuerza al movimiento liberador. Señala que con el movimiento emancipador la mujer peruana se inicia en la vida nacional y complementa su personalidad histórica ingresando al campo de la política. describe finalmente episodios históricos de esta época.
3.
LINARES VERA PORTOCARRERO, Ceciiia

La imagen de la mujer a través de dos perspactivas soaales. 1973. 143 h. Br.
Propone que el problema de la mujer no depende de factores biosicológicos. sino de la estructura global de la sociedad. La mujer está vinculada a la realidad social, esta perspectiva es diferente de aquellas otras que plantean el problema de la mujer en términos de liberalismo sexual o de masculinización de la mujer. Sobre la base de 600 personas de ambos sexos, procedentes de diversos niveles educativos y clases sociales, encuentra que la imagen de la mujer es prcibida:
1)

en el sentido de que las necesidades de realización femenina se dan a través del otro (esposos, hijos).

21

o de manera progresista. es decir. definida por el &abajo social y realización personal.

la

Afirma que los estereotipos sobre masculinidad y feminidad. son distorsiones idealógicas que se han desarrollado a través de contínuos procesos históricos.

ASISTENCIA SOCIAL
í.

SESOR Y URIA, María Esperanza

La participación social de la mujer en los centros de promoción femenina; investigación en 13 centros de promoción de la mujer asesorados por Servicio Social., 1974. 114 h. Br.
La autora constata. en su trabajo de campo. la situación de marginalidad ec que se encuentra la mujer de los pueblos jóvenes. Afirma, finalmente. luego de describir el escenario social de los barrios. que la integración de la mujer en general y de la residente en zonas marginales. especialmente, n o consiste únicamente en buscar medios de participación sino en una transformación radical que modifique la estratificación social y los valores.

CUADRO W

1

TESIS UNIVERSITARIAS SEGUN SEXO
Distribución de las Tesis Universitarias (TU) según sexo y en porcentajes *.

TOTAL TU

l
H
NQ
? ' o

S E X O

M
N P
%

N9

%

51

100.00

8

15.69

43

84.31

' Elaborado según datos del cuadro N 2. o

226

CUADRO

NQ 2
'

TESIS UNIVERSITARIAS POR ESPECIALIDADES Rango ordenado de acuerdo a la frecuencia de Tesis Universitarias sobre el tema Mujer, en las diversas especialidades académicas; por número total y por sexo *.

Rango

Especialidades

Tesis Universitarias

Total
Derecho Educación Educación Familiar Literatura Sociología Psicología Historia Antropología Trabajo Social

H

-

M

Economia, Teología, Arte y Filosofía, carecen de tesis sobre este tcma.

Fuente: Fichero de Tesis de la Biblioteca General, 3? Piso, Fundo Pando.

PUC.

CUADRO NO 3 TESIS UNIVERSITARIAS SEGUN DECADAS
Volumen de producción de Tesis Universitarias por décadas sexo de los autores.
)-

(*)

Se trata de 9 TU elaboradas entre 1980/1983; actualmente existen sobre
el tema Mujer. varios proyectos de investigación en preparación. ?o que hace suponer que a] final de esta dkada se registrará un importante número de TU.

ARTHUR EUGENE HAVENS Diciembre 22, 1936 - Junio 27, 1984

La Facultad y el Departamento de Ciencias Sociales desean testimoniar ante la comunidad científica y universitaria su profundo pesar por la pérdida prematura e irreparable de quien fuera no solamente un notable estudioso del Perú y de otros países como Colombia y Nicaragua, sino también un gran amigo de Latinoamérica y, muy en particular, de nuestro país. El Dr. Havens prestó importantes servicios a las Ciencias Sociales en esta Universidal; tanto en la docencia a nivel de graduados y postgraduados, en la animación de intercambio y debates entre los docentes e investigadores, así como en el impulso a la política y los planes de investigación del Departamento y también a través de sus diversos trabajos que el Departamento y el Programa Académico de Ciencias Sociales tuvieron la satisfacción de publicar. Además en diversas oportunidades brindó su generoso apoyo a distintas e importantes instituciones nacionales. Aquejado por una dolorosa enfermedad, el Dr. Havens nos ha legado una inocultable lección de fortaleza de espíritu y amor por la vida al permanecer ininterrumpidamente activo en sus diversos quehaceres en su país natal, e inclusive en el nuestro mientras sus fuerzas se lo permitieron, hasta muy poco tiempo antes de morir. Sirva esta ocasión para manifestar el indeclinable propósito de la Facultad y el Departamento de Ciencias Sociales por continuar trabajando en la reflexión crítica sobre los grandes problemas nacionales y las opciones que se nos abren ante ellos, en el espíritu que pudimos compartir con Eugene Havens, maestro y amigo.
Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Ciencias Sociales

JAVIER CHAMPA

INDICE DE AUTORES Y DE MATERIAS DE LA REVISTA DEBATES EN SOCIOLOGIA
( 1977-1983)

1. INDICE DE AUTORES

ADRIANZEN M., Alberto

Critica d e la ideología del G o b i m o de las fiuerzas Armadas. NQ 1. 1977, pp. 191-193. Reseña al libro del mismo título de Luis Rocca.
. . .. .

[I

ALVAREZ. María Teófila

Minería, capital fransnacional y poder en el Perú. 1982, pp. 197-203.

NQ 7.

Reseña al libro del mismo título de Fernando Sánchez Albavera.
ARCE. Eduardo

7 años d e reforma agraria peruana. N Q 1. 1977. PP. 194-196.
Reseña al libro del mismo título de Mariano Valderrama.
[3
BERNALES, Enrique

La universidad: una crisis de larga duraciónl. pp. 171-196.
BERNALES. Enrique
s d e s .

NQ

1'. 1977.

[4

Una opción de desarrollo académico; el postgrado de cientias N? 3. 1978. pp. 105-1 18. [5

BUHLER, Anton

Racionalidad e irracionalidad en el capitalismo según Max Weber. NQ 1. 1977, PP. 43-67. 16

CARAVEDO MOLINARI. Baltazar

Crecimiento industrial en el Oncenio (1919-1930). NQ3. 1978, pp. 91-97 [7
CASTILLO OCHOA. Manuel

La burguesía i h s t r i a l y el reformismo mditar: 1968-1975. No7. 1982, pp. 61-82. [8
DELICH. Francisco

Para el análisis d e los fenómenos sociopolíticos coyunturales: premisas y perspectiva. N 1. 1977, pp. 157-170. 9 [9
DURAND, Francisco

E l móvimiento obrero y la comunidad industrial: balance cih una experiencia. N" 3. 1978, pp. 37-52. [ 10
DURAND. Francisco

Notas sobre el problema de la burguesia en el Perú, 1982. pp. 47-60.
FLORESGALMDO. Alberto

No 7.
111

La nación como utopía: Túpac Amaru 1780. pp. 139-153.
FLORES-GALINDO. Alberto

N " .

1977,
[12

Independencia y clases sociales.

No7. 1982, pp. 99-114.
113

FLORES-GALINDO, Alberto; PLAZA. Orlando; ORE. Teresa

Oligarquía y capital comercial cn el sur peruano (1870-1930).

No3. 1978. pp. 53-75.
GIBAJA V . P.. Pedro

j1 4

N 7. 1982. pp. 205-212. 9

Formas de dominio, economía y comunidades campesinas.

Reseña al libro del mismo titulo de Orlando Plaza y Marfil Francke. 115

GIESECKE. Alberto

La burguesía industrial en el desarrollo del Perú. N? 9. 1983. pp. 165-170. Reseña al libro del mismo título de Anthony Ferner.
t16
HENRY. Etienne

Los asentamientos urbanos populares: un esquema interpretativo. No l . 1977, pp. 109-138. r!7
HEREDIA H., César

'.

N 9. 9

La década frustrada: los industriales g el poder, 1970-1980. 1983, pp. 171-180.
116

Reseña al libro del mismo título de Francisco Durand.
KAHHAT, Farid

Amérka Latina y la crisis d e hegemonía norteamericana.

N9 9. 1983, pp. 157-163.
Reseña al libro del mismo título de Luis Maira.
119
LLOSA. Eleana

Michel Foucault dialoga sobre el poder. No 9. 1983, pp. 127-1 33.

MAC ESWEN SCOTT, Alison Transformaciones en la estructura del trabajo infantil bajo ccmndicbnes de crecimienb económico dualista en el Perú. N9 9. 1983, pp. 11-126.
121
MANSILLA A., Maria Eugenia

Aprendiendo a ser mujer (Estereotipcs sexuales en textos escolares). N? 9. 1983, pp. 65-89. [ 22
MEDINA GARCIA. Oswaldo

De la marginalidad urbana a la "ciudad autogestionaria": ¿problema y solución? r\Tp 7. 1982, pp. 183-196. [ 23
W D i N A GARCIA, Oswaldo

N? 7. 1982, pp.

Manuel Román de Silgado, científico de las ciencias sociales. 219-221. [24

ORE. Teresa: FLORES-GALINDO. Alberto; PLAZA, Orlando

Oligarquía y capital comercial en el sur peruano (1870-1930). N Q 3. 1978. pp. 53-75. í25 PANFICHI. Aido La crisis y las multitudes: Lima, 5 & febrero de 1975. N* 9. 1983. pp. 31-63. 126 PIQUERAS. Manuel ¿Un nuevo hito en la ciencia política lafinoanoeríkana? Estado y política en América Latina. N ? 9. 1983, pp. 143-156. Reseña al volumen colectivo Esta& y pditica en America m i n a , preparado y coordinado por ~ k r b e r tLechner. [27
PLAZA, Orlando; FLORES-GALINDO. Alberto; ORE. Teresa

Oligarquía y capital cy>mercial eh el sur peruano (1870-1930). NQ3. 1978. pp. 53-75.
PONCE A., Ana

C 28

Oferta y demanda de mano de obra a nivel de las empresas agrícolas del Bajb Piura y; Cañete. No 7. 1982, pp. 143-151.
125
PORTOCARRERO. Gonzalo

Sobre la intervención del Estado en la economía. N Q 3. 1978. pp. 77-90.
PORTOCARRERO. Gonzalc

Perú: 1890-1977. Gnowth and policy in a open eccmomy. N Q 7. 1982, pp. 213-218. Reseña al libro del mismo título de Rosemary Thorp & Geof£rey Bertram.
l 31
PORTOCARRERO. Gonzalo

Ideologías, funciones del Estada y políticas económicas. Perú: 1900-1980. N " . 1983, pp. 7-30. [ 32
REYNA, Carlos

Luis Alberto Sánchez y la historia del APRA. No 9. 1983, pp. 135-141. 133

ROCHABRUN S., Guillermo

¿Hay una metodologa marxista? A partir de ¿a I* sección de El Capital. N" 1. 1977, pp. 9-41. [34
ROMERO DE IGUIRIZ. Catalina

Cambios en la relacibn Iglesia-Sociedad en el Perú: 1958~ 1978. NQ 7. 1982, pp. 115-141.
135
SALAS SANCHEZ. Margarita

Participacibn laboral y autogestión en el Perú. pp. 153-182.
SARRLAFOSSE, Violeta

NQ 7.

1982, 136

El trabajo a domicilio: antecedentes generales y análisis del caso de las confecciones. No 7. 1982, pp. 83-98. f 37
SOBERON A.. Luis

Las operaciones del capital extranjero en el contexto de SU desarrollo global: el caso de W.R. Grace & Co. NQ . 1977, 1 pp. 83-108. 138
SOBERON A., Luis

Modernization, explotation and dependency in Latin America. Germani, Gonaález Casanova and Cardoso. Reseña al libro del mismo titulo de J,oseph A. Kahl.

139
SULMONT. Denis

N 3. ?

Crisis, huelgas y movimientos populares mbanos en el Perú. 1978, pp. 1-35.
140

SULMONT. Denis

Proletariado y ciencia social.
.VALDERRAMA L., Mariano

NQ 7.

1982, pp. 1'-45.

f 41

El proceso de fragmentación de la propiedad rural en el iiepartamento de Cajamrca. NQ 1 . 1977, pp. 71-82. 142

VALDERRAMA L., Mariano

Reforma agraria, cooperatioización y luchas campesinas; el valle Chancay-Huaraí. N9 1. 1977, pp. 189-190. Reseña al libro del mismo titulo de Fernando Eguren.
[43
.

.

WENDORFF M., Carlos

Unidades d e pequeña escala de operación en la economía urbana: criterios de identificación. No 9. 1983, pp. 91-109. [ 44
YEPES DEI; CASTILLO. Isabel

Seminario sobre adminjstración del trabajo y conakiones de trabajo. No 9. 1983, pp. 181-185. Reseña al .libro del mismo título del Centro Interamericano de Administración del Trabajo ( C I A T ) y la Organización Internacional del Trabajo ( O I T ) . [45

11.

INDICE DE MATERIAS

CULTURA E IDEOLOGIA 1. 4, 5, 20, 22, 35 ECONOMIA Y SOCIEDAD
2, 14, 15, 25, 28, 32, 38

HISTORIA
7, 12. 13, 14, 25, 28, 31, 32, 33. 35

INTERNACIONAL
19, 27, 39

MOVIMIENTOS SOCIALES
10, 26. 40. 43

PROBLEMATICA AGRARIA
3, 15, 29. 42, 43

PROBLEMATICA URBANO-INDUSTRIAL
7, 8, 10, 11. 16, 17, 18, 21, 23. 36, 37. 39, 40, 44, 45

TEORIA OTROS
24

6 , 9, 11, 15. 17, 27, 30, 34, 41. 44

R E V I S T A S
EDICIONES ANUALES

Anthropologica Boletín, del Instituto Riva-Agüero Derecho Debates en Sociologia Número Suelto: US$ 8.00 más US$ 1 .O0 por envio aéreo. Suscripción : US$ 6.50 más US$ 1 .O0 por envio aéreo.
EDICIONES SEMESTRALES

Econornia Histórica Luxis Revista de la UniverJu'dad Católica/Nueva serie Revista de PskoZogia
Número Suelto:

Suscripcwn

US$ 8.00 más US$ 1 .O0 por envio aéreo. : US$ 13.00 más US$ 2.00 por envio aéreo.

INFORMES Y SUSCRIPCIONES

Fondo Editorial. Pontificia Universidad Católica del Perú Apartado 1761. Lima, Perú Telf. 62-2540. Anexo 220

HOMENAJE AL CUARTO CENTENARIO DE LA IMPRENTA EN LIMA
DOCTRINA

C H R I S T I A N A ,
Y CATECISMO PARA INSTRVC-

Smpt t ffo con liccncia dcla Real Audiencia,rn la
Cid44

A &r 8 q s j , por &HU

T m r d o primrro

ImpwJor enejor Rvqor W P i r r ,

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