Francisco de Quevedo

HISTORIA DE LA VIDA DEL BUSCON

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Libro primero

Capítulo I En que cuenta quién es el Buscón

Yo, señora, soy de Segovia; mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del
mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal. Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era decendiente de la gloria. Tuvo muy buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos enemigos, porque hasta los tres del alma no los tuvo por tales; persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros. Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les daba con el agua levantándoles la cara para el lavatorio, un mi hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en la cárcel. Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos las voluntades. Por estas y otras niñerías estuvo preso, y rigores de justicia, de que hombre no se puede defender, le sacaron por las calles. En lo que toca de medio abajo tratáronle aquellos señores regaladamente. Iba a la brida en bestia segura y de buen paso, con mesura y buen día. Mas de medio arriba,

¡no tuvo calamidades! Un día. Hubo fama que reedificaba doncellas. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran. cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes y por mal nombre alcagüeta. pues. otros. juntona.etcétera. Muchas veces me hubieran . solas las calvas se la cubría. otros. Para unos era tercera. Mas de todo nos libró la buena astucia.. mas yo. Y de allí a un rato. cosa que pareció muy bien. unos amanecidos y otros puestos. que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito. Mi madre. nunca me apliqué a uno ni a otro. decía que era tal su agrado que hechizaba a cuantos la trataban. porque hacía cabelleras. poblaba quijadas con dientes. Ver. que no hay más que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela en unas costillas. primera para otros y flux para los dineros de todos. al fin vivía de adornar hombres y era remendona de cuerpos. que de allí a seis años se le contaban por encima de la ropilla. con la cara de risa que ella oía esto de todos era para dar mil gracias a Dios. Más se movía el que se los daba que él. no sin sentimiento: -En su tiempo. no vive. eran los virgos como soles. esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal. resuscitaba cabellos encubriendo canas. Y decía. divirtióse algo con las alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes. y no de puro buen cristiano. no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo.. habiendo suspirado. empreñaba piernas con pantorrillas postizas. alabándomela una vieja que me crió. Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio. En mi mocedad siempre andaba por las iglesias. y los más en un día mismo amanecidos y puestos. que le estaba de perlas lo colorado. otras nos azotan y otras nos cuelgan.. Y con no tratarla nadie que se le cubriese pelo. Unos la llamaban zurcidora de gustos. decía de manos: -Quien no hurta en el mundo. Diéronle docientos escogidos. hijo. algebrista de voluntades desconcertadas. Porque no querrían que donde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. pues. acordándose de las que le habían batanado las costillas). Decíame mi padre: -Hijo.

Sentábame el maestro junto a sí. Yo os he sustentado a vos. Llegábame de todos. y sacádoos de las cárceles con industria y mantenídoos en ellas con dinero. Parecióles bien lo que decía. Y con esto y mi oficio. Íbame a su casa a jugar los días de fiesta y acompañábale cada día. Mas de todo me ha sacado el punto en boca. Fui. y con esto creció la envidia en los demás niños. Yo. que así llamábamos la mujer del maestro. Metílos en paz diciendo que yo quería aprender virtud resueltamente y ir con mis buenos pensamientos adelante. recibióme muy alegre diciendo que tenía cara de hombre agudo y de buen entendimiento. ¿era por vuestro ánimo o por las bebidas que yo os daba? ¡Gracias a mis botes! Y si no temiera que me habían de oír en la calle. Yo me quedé solo. Los otros. Nunca confesé sino cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. pues sin leer ni escribir no se podía hacer nada. favorecíanme demasiado. Capítulo II De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió A otro día ya estaba comprada la cartilla y hablado el maestro. o que porque . a la escuela. y que para esto me pusiesen a la escuela. el chitón y los nones. -¿Cómo a mí sustentado? -dijo ella con grande cólera. con esto. a los hijos de caballeros y personas principales. Preso estuve por pedigüeño en caminos y a pique de que me esteraran el tragar y de acabar todos mis negocios con diez y seis maravedís: diez de soga y seis de cáñamo. Teníalos a todos con semejantes caricias obligados. ganaba la palmatoria los más días por venir antes y íbame el postrero por hacer algunos recados a la señora. he sustentado a tu madre lo más honradamente que he podido.llorado en el asno si hubiera cantado en el potro. Mi madre se entró adentro y mi padre fue a rapar a uno (así lo dijo él) no sé si la barba o la bolsa: lo más ordinario era uno y otro. yo dijera lo de cuando entré por la chimenea y os saqué por el tejado. y particularmente a un hijo de don Alonso Coronel de Zúñiga. aunque lo gruñeron un rato entre los dos. Si no confesábades. con el cual juntaba meriendas. señora. dando gracias a Dios porque me hizo hijo de padres tan celosos de mi bien. por no desmentirle di muy bien la lición aquella mañana.

Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza. como me lo dijo tan claro (que aun si lo dijera turbio no me diera por entendido) agarré una piedra y descalabréle. curó al muchacho. Y aunque yo me corría disimulaba. oyendo la causa de la riña. Cuál decía: -Yo la tiré dos berenjenas a su madre cuando fue obispa. por disculpar la invidia. que me quería mal porque mi madre le había chupado dos hermanitas pequeñas de noche. Fuime a mi madre corriendo que me escondiese. que esas cosas. fue mi padre. otros don Ventosa. que yo trocaba con él los peones si eran mejores los míos.no les hablaba o que porque les parecía demasiado punto el mío. gloria a Dios. adonde el maestro me recibió con ira hasta que. nunca me faltaron. dábale de lo que almorzaba y no . apaciguólo y volvióme a la escuela. todo lo sufría. Cuando yo oí esto. aunque sean verdad. noramaza! ¿eso sabes decir? No serás bobo. contéla el caso. Unos me llamaban don Navaja. con todo cuanto andaban royéndome los zancajos. que se llamaba don Diego. En todo esto. gracia tienes. sólo anduviste errado en no preguntarle quién se lo dijo. cuál decía. como siempre tuve altos pensamientos. Al fin. siempre me visitaba aquel hijo de don Alonso de Zúñiga. volvíme a ella y roguéla me declarase si le podía desmentir con verdad o que me dijese si me había concebido a escote entre muchos o si era hijo de mi padre. determinado de coger lo que pudiese en breves días y salirme de en casa de mi padre: tanto pudo conmigo la vergüenza. se le aplacó el enojo considerando la razón que había tenido. porque me quería bien naturalmente. Yo con esto quedé como muerto y dime por novillo de legítimo matrimonio. hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechicera. díjome: -Muy bien hiciste: bien muestras quién eres. siempre andaban poniéndome nombres tocantes al oficio de mi padre. Rióse y dijo: -¡Ah. Disimulé. otro decía que a mi padre le habían llevado a su casa para que la limpiase de ratones (por llamarle gato). no se han de decir. Unos me decían «zape» cuando pasaba y otros «miz». lo cual.

las oraciones a los otros. pues. llámale Poncio Pilato y echa a correr. llaméle Poncio Pilato. enseñábale a luchar. llegando al Credo (advierta V. jugaba con él al toro. Y respondílo veinte veces a otros tantos azotes que me dio. Yo. que viniendo por la calle un hombre que se llamaba Poncio de Aguirre. al tiempo de decir «padeció so el poder de Poncio Pilato». por darle gusto a mi amigo. el cual tenía fama de confeso. uno de los primeros que hubo escuela por Navidad. no aprovechó). Sucedió. de suerte que fue forzoso meterme huyendo en casa de mi maestro dando gritos. que me abrazó y dio una firma en que me perdonaba de azotes las dos primeras veces que los mereciese. acordándome que no había de decir más Pilatos. Y así luego (aunque señora le rogó por mí. Md. Quedé tan escarmentado de decir Poncio Pilato y con tal miedo. asigurándole de castigarme. Echamos su- . En estas niñeces pasé algún tiempo aprendiendo a leer y escrebir. comprábale estampas. mandóme desatacar y azotándome. Entró el hombre tras mí y defendióme el maestro de que no me matase. Así que los más días. que mandándome el día siguiente decir. la inocente malicia).le pedía de lo que él comía. ordenó que hubiese rey de gallos. movida de lo que yo la servía. que el don Dieguito me dijo: -Hola. Con esto fui yo muy contento. y trazando el maestro de que se holgasen sus muchachos. como solía. y entreteníale siempre. Dióle al maestro tanta risa de oír mi simplicidad y de ver el miedo que le había tenido. señor. dije: «padeció so el poder de Poncio de Aguirre». Corrióse tanto el hombre que dio a correr tras mí con un cuchillo desnudo para matarme. sus padres del caballerito. viendo cuánto le regocijaba mi compañía. decía tras cada azote: -¿Diréis más Poncio Pilato? Yo respondía: -No. rogaban a los míos que me dejasen con él a comer y cenar y aun a dormir los más días. Llegó (por no enfadar) el de unas Carnestolendas.

y ni fue visto ni oído cuando lo despachó a las tripas. que cuando me empezaron a tirar los tronchos. biznietos tenía en tahonas. Pasamos por la plaza (aun de acordarme tengo miedo). De su raza no sé más de que sospecho era de judío según era medroso y desdichado. Ya mis muchachos se habían armado de piedras y daban tras las revendederas -y descalabraron dos. llegáronse otras y con ellas pícaros. las armas. Llegó el día y salí en uno como caballo. al cual respondí. La edad no hay que tratar. como digo. mi madre» (como si ellas no lo echaran de ver por el talle y rostro). La bercera (que siempre son desvergonzadas) empezó a dar voces. que si no eran ofensivas contra las narices. cayó conmigo en una (hablando con perdón) privada. después que caí en la privada. como iba rodando por el gaznate. y el sucederme la desgracia tan de repente. como yo llevaba plumas en el sombrero. garrofales. pidióme. entendiendo que me habían tenido por mi madre y que la tiraban. empecé a decir: «Hermanas. mejor dijera en un cofre vivo. El miedo me disculpó la ignorancia. no llegó en mucho tiempo. Llegó a mí. Púseme cual V. comencé a apearme. prendió a berceras y muchachos mirando a todos qué armas tenían y quitándoselas. Vino la justicia. Iban tras mí los demás niños todos aderezados. y llegando cerca de las mesas de las verduras (Dios nos libre). como habían hecho otras veces. era la persona más necesaria de la riña. Quiero confesar a V. tronchos y otras legumbres. nabos frisones. comenzó a hacer información. y viendo que no tenía ningunas. aunque llevo plumas. mas tal golpe me le dieron al caballo en la cara que.ertes entre doce señalados por él y cúpome a mí. empiezan a dar tras el pobre rey. a todo esto. porque me las habían quitado y metídolas en una casa a secar con la capa y sombrero. y alzando zanorias. todo sucio. yendo a empinarse. nabos. viendo que era batalla nabal y que no se había de hacer a caballo. Md. según andaba él. que yo no tenía otras. Md. etcétera. como necio y muchacho. agarró mi caballo un repollo a una. a las cuales. Yo. . que no anduvo en peores pasos Roberto el diablo. puede imaginar. Era rucio. y rodado el que iba encima por lo que caía en todo. que. Avisé a mis padres que me buscasen galas. Yo. no soy Aldonza de San Pedro. porque habían sacado algunos dagas de las que traían por gala y otros espadas pequeñas.

primero domingo después de Cuaresma. y envió allá el suyo y a mí para que le acompañase y sirviese.Pero. con una fiesta revuelta. y de puro flaco se le desgajaron las dos piernas y se quedó sembrado para otro año en el lodo. Unos se fueron por una parte y otros por otra. Yo echaba la culpa a las dos leguas de rocín exprimido que me dieron. y no me llevó porque no hallaba por donde asirme (tal me había puesto del lodo). aunque no sabía bien escribir. quísome llevar a la cárcel. viéndose en aprieto. y lo otro por ahorrar de cuidado. salíme de su casa y fuime a ver a mi amigo don Diego. Entramos. y. se esforzó a tirar dos coces. los ojos avecindados en . Entré en ella. Allí tuve nuevas de cómo mi rocín. y esto con gran gusto de los suyos. bien cerca de expirar. para mi intento de ser caballero lo que se requería era escribir mal. Viéndome. en su compañía. porque tal laceria no admite encarecimiento. sino de quedarme a servir a don Diego o. y yo me vine a mi casa desde la plaza martirizando cuantas narices topaba en el camino. en poder de la hambre viva. Procuraba satisfacerlos. viendo que no bastaba. Él era un clérigo cerbatana. desde luego renunciaba la escuela por no darles gasto y su casa para ahorrarlos de pesadumbre. y que así. por el que daba mi amistad al niño. y a sus padres resueltos por ello de no inviarle más a la escuela. largo sólo en el talle. un pueblo escandalizado. conté a mis padres el suceso. Supo que había en Segovia un licenciado Cabra que tenía por oficio el criar hijos de caballeros. pues. una cabeza pequeña. Avisé de dónde y cómo quedaba y que hasta que me diesen licencia no los vería. volviendo al alguacil. determinéme de no volver más a la escuela ni a casa de mis padres. por mejor decir. Capítulo III De cómo fue a un pupilaje por criado de don Diego Coronel Determinó. pues. Escribí a mi casa que yo no había menester más ir a la escuela porque. y corriéronse tanto de verme de la manera que venía que me quisieron maltratar. lo uno por apartarle de su regalo. al cual hallé en la suya descalabrado. los padres corridos. mi amigo descalabrado y el caballo muerto. don Alonso de poner a su hijo en pupilaje.

Comenzó a enternecerse. la tenían por de cuero de rana. era de cosa que fue paño. Unos. y como no los vi. Traía un bonete los días de sol ratonado con mil gateras y guarniciones de grasa. la nariz. A poder déste. con una nuez tan salida que parecía se iba a buscar de comer forzada de la necesidad. el gaznate largo como de avestruz. y dijo: . que parecía que miraba por cuévanos. según decían algunos. porque no se sabía de qué color era. Su andar muy espacioso. teatino lanudo. tan hundidos y escuros que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes. pues. porque se le había comido de unas búas de resfriado. y en su poder estuve con don Diego. viéndola tan sin pelo. le faltaban no sé cuántos. comían los amos primero y servíamos los criados. Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba. la barba grande. comido el pico. y la noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática corta. le sonaban los güesos como tablillas de San Lázaro. que de pura hambre parecía que amenazaba a comérselas. que aun por no gastar tiempo no duró más. otros decían que era ilusión. La sotana. no traía cuello ni puños. El refitorio era un aposento como medio celemín. pregunté que cómo no los había a un criado antiguo. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora de comer. y él decía que era tanto el asco que le daba ver la mano del barbero por su cara.el cogote. entre Roma y Francia. vine. si se descomponía algo. las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina. Parecía. que nunca se la cortaba por no gastar. Yo miré lo primero por los gatos. y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado. el cual. Fuimos allá. Sentábanse a una mesa hasta cinco caballeros. las manos como un manojo de sarmientos cada una. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él. desde cerca parecía negra y desde lejos entre azul. él era archipobre y protomiseria. con los fondos en caspa. que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero. Llevábala sin ceñidor. era milagrosa. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. los dientes. de flaco. con esto y los cabellos largos y la sotana y el bonetón. con dos piernas largas y flacas. Díjonos lo que habíamos de hacer. Al fin. Mirado de medio abajo parecía tenedor o compás. estaba ya con la marca del pupilaje. La cama tenía en el suelo. los brazos secos. y dormía siempre de un lado por no gastar las sábanas. Cortábale los cabellos un muchacho de nosotros. de cuerpo de santo. La habla ética. que antes se dejaría matar que tal permitiese.

Acabando de decirlo. Venía un nabo aventurero a vueltas de la carne (apenas). Comieron una comida eterna. que en comer una dellas peligrara Narciso más que en la fuente. -¡Mal ingenio te acabe!. meciendo la cabeza dos veces. decía yo entre mí. Y tomando el cuchillo por el cuerno. echóse su escudilla a pechos. con que dejaba la barba pavonada de caldo. Que era grande adulador de las legumbres. todo lo demás es vicio y gula. Coman. Repartió a cada uno tan poco carnero que entre lo que se les pegó en las uñas y se les quedó entre los di- . me comencé a afligir. cuando vi un mozo medio espíritu y tan flaco. Trujeron caldo en unas escudillas de madera. tan claro. con un plato de carne en las manos que parecía que la había quitado de sí mismo. sin principio ni fin. picóle con la punta y asomándole a las narices. y más me susté cuando advertí que todos los que vivían en el pupilaje de antes estaban como leznas. ¿Qué tiene esto de refitorio de Jerónimos para que se críen aquí? Yo. que me huelgo de verlos comer. digan lo que dijeren. y son cordiales. Y. dijo: -Conforta realmente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra a cada sorbo: -Cierto que no hay tal cosa como la olla. con unas caras que parecía se afeitaban con diaquilón.-¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que sois nuevo. con esto. trayéndole en procesión por la portada de la cara. la paseaba por los bigotes. lamiéndoselos. Sentóse el licenciado Cabra y echó la bendición. y otro tanto ingenio. sacando la lengua. y dijo el maestro en viéndole: -¿Nabo hay? No hay perdiz para mí que se le iguale. diciendo: -Todo esto es salud.

Certifico a V. Cabra los miraba y decía: -Coman. que para todos hay. Md. qué aliño para los que bostezaban de hambre! Acabaron de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa. y dijo el pupilero: -Quede esto para los criados. y no le hube bien llegado a la boca. -¡Mal te haga Dios y lo que has comido. Volvióse al sol y dejónos solos. y entre tres no le acertaban a encaminar las manos a la boca. que una cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos. Entonces yo no pude tener la risa. ¡Mire V. no les haga mal lo que han comido. y yo. No riñan. como arremetieron todos. tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía.entes. que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas. Comenzaron los otros a gruñir. que se llamaba Jurre. por estar casi en ayunas. pues Dios les da con qué. que también han de comer. y emboquéme de tres medrugos los dos y el un pellejo. vizcaíno. que tal amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición. al ruido entró Cabra. no lo queramos todo. y dijo: -Ea. que vi el negocio malparado y que mis tripas pedían justicia. que los otros. Enojóse mucho y díjome que aprendiese modestia y tres o cuatro sentencias viejas y fuese. lacerado -decía yo-. y diéronme un vaso con agua. me le quitó el mozo espiritado que dije. dejando descomulgadas las tripas de participantes. como más sano y más fuerte que los otros. como si fuera lavatorio de comunión. y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio. cuando. pienso que se consumió todo. que vi al uno dellos. demos lugar a la gentecilla que se repapile. arremetí al plato. Md. abriendo toda la boca. Sentámonos nosotros. y en el plato dos pellejos y unos güesos. no lo hacían. diciendo: -Coman como hermanos. viendo que estaba en casa donde se brindaba a las tripas . Levantéme con grande dolor de mi alma. Pedí yo de beber.

y que somos ánimas que estamos en el Purgatorio. aunque no había comido. él trazando de quejarse a su padre y pedir que le sacase de allí y yo aconsejándole que lo hiciese. Mandáronme leer el primer nominativo a los otros. y la cena ya que no se pasó en blanco. de proveerme. digo. Decíame don Diego que qué haría él para persuadir a las tripas que habían comido. fuimos y oímosla todos. Fuímonos a acostar y en toda la noche pudimos yo ni don Diego dormir. se llegó la hora de levantar. comiéndomelas. y era de manera mi hambre que me desayuné con la mitad de las razones. Y todo esto creerá quien supiere lo que me contó el mozo de Cabra. y díjome: -Como no lo son en esta casa. aunque últimamente le dije: -Señor. Andaban váguidos en aquella casa como en otras ahítos. diciendo que una Cuaresma topó muchos hombres. Para una vez que os proveeréis mientras aquí estuviéredes. unos metiendo los pies. Entretuvímonos hasta la noche. si alguno no nos reza en alguna cuenta de perdones y nos saca de penas con alguna misa en altar previlegiado. porque no lo querían creer. no osé. aunque tenía gana. Dieron las seis y llamó Cabra a lición. pasóse la merienda en blanco. Decía alabanzas de la dieta y que se ahorraba un hombre de sueños pesados. no las hay. Entre estas pláticas y un poco que dormimos. y citaba una arretahíla de médicos infernales. que considerando lo poco que había de entrar en mi cuerpo. dondequiera podréis. ¿Cómo encareceré yo mi tristeza y pena? Fue tanta. «Es cosa saludable (decía) cenar poco. Diome gana de descomer. echar nada dél. como agora vos. Llegó la hora de cenar. para tener el estómago desocupado». se pasó en moreno: pasas y almendras y candil y dos bendiciones. otros las . Cenaron y cenamos todos y no cenó ninguno. ¿sabéis de cierto si estamos vivos? Porque yo imagino que en la pendencia de las berceras nos mataron. es por demás decir que nos saque vuestro padre. sabiendo que en su casa no se podía soñar otra cosa sino que comían. porque se dijese que cenábamos con bendición. Y así. y pregunté por las necesarias a un antiguo.y no hacían la razón. que aquí estoy dos meses ha y no he hecho tal cosa sino el día que entré. de lo que cené en mi casa la noche antes.

y esto por muy gran rato. Certificóme que era verdad. abríala y metía un pedazo de tocino en ella que la llenase y tornábala a cerrar y metíala colgando de un cordel en la olla. disparósela por entre la camisa y el espinazo y diole con ella en el cogote. trazamos de decir que teníamos algún mal. tenía una caja de hierro. Y volviendo a la lición. porque.manos y otros todo el cuerpo en el portal de su casa. Quedó el mozo dando gritos. y yo. No osamos decir calentura. en vez de echársela dentro. y dio en sólo asomar el tocino a la olla. que fue boticario. dijo que nos echase sendas gaitas. que luego tornarían a don Diego. diola y decorámosla. que le servía de enfermera. toda agujerada como salvadera. no buscaría el remedio. de manera que no comían desde allí adelante. Supo el mal. por no sé qué que le dijeron un día de hidalguía allá fuera. el desventurado atajóse. y la vieja. pero no me valió. dijo que me echasen a mí la otra. Enojóse Cabra conmigo y dijo que él me echaría de su casa. y mucha gente que venía a sólo aquello de fuera. Yo rogaba a Dios que se enojase tanto que me despidiese. me la echó la vieja. porque tenía una que había heredado de su padre. Dolor de cabeza u muelas era poco estorbo. tía suya. . Don Diego y yo nos vimos tan al cabo que. Yo me resistía. que conocí la casa. porque no la teniendo era fácil de conocer el enredo. Y prosiguió siempre en aquel modo de vivir que he contado. Dijimos al fin que nos dolían las tripas y que estábamos muy malos de achaque de no haber hecho de nuestras personas en tres días. y tomóla y aderezó una melecina. y así. vino Cabra y. Dábase la olla por entendida del tocino y nosotros comíamos algunas sospechas de pernil. le buscamos para no levantarnos de mañana. Pasábamoslo con estas cosas como se puede imaginar. a la cual de retorno di con ella en toda la cara. lo creo. mas no lo quiso mi ventura. que bien se echaba de ver que era bellaquería todo. para que la diese algún zumo por los agujeros y quedase para otro día el tocino. y haciendo llamar una vieja de setenta años. Dígolo porque no parezca encarecimiento lo que dije. viéndolo. Empezaron por don Diego. Mas ordenólo el diablo de otra suerte. y preguntando a uno un día que qué sería (porque Cabra se enojó de que se lo preguntase) respondió que los unos tenían sarna y los otros sabañones y que en metiéndolos en aquella casa morían de hambre. ya que para comer al cabo de un mes no hallábamos remedio. teniéndome Cabra y otros. Sólo añadió a la comida tocino en la olla. Parecióle después que en esto se gastaba mucho. fiados en que a trueque de no gastar dos cuartos en una melecina. Y así. y vino a servir por defuera de guarnición la que dentro había de ser aforro.

por no gastar. Era tan sorda que no oía nada. vino. con tantas barbas fuerza de pelos y canas suyas que pudieran pretender corregimiento u abogacía Pues meter el badil por el cucharón y inviar una escudilla de caldo empedrada era ordinario. Vino a sacarnos del pupilaje y teniéndonos delante nos preguntaba por nosotros. y quedamos todos asombrados. Dios lo sabe. enterrámosle muy pobremente por ser forastero. y a la entrada della estuvo malo un compañero. llegó a oídos de don Alonso Coronel y como no tenía otro hijo. Con esto no nos valían plegarias. tratando muy mal de palabra al licenciado Vigilia. desengañóse de los embustes de Cabra y comenzó a dar más crédito a las razones de dos sombras. que nos seguían con los deseos y con los ojos. Divulgóse por el pueblo el caso atroz. el cual le tomó el pulso y dijo que la hambre le había ganado por la mano en matar aquel hombre. ciega. Y todo lo metía para que hiciese presencia en las tripas y abultase. palos y estopa de la que hilaba en la olla. Y tales nos vio que sin aguardar a más. detuvo el llamar médico hasta que ya él pedía confisión más que otra cosa. Despedímonos de los compañeros. que ya estábamos reducidos a tan miserable estado. Otro decía: -«¡Garbanzos con luto! ¿Quién se les habrá muerto?» Mi amo fue el primero que se encajó una cuenta. Metió en casa la vieja por ama. nos mandó llevar en dos sillas a casa. entendía por señas. Cabra. Imprimiéronseme estas razones en el corazón. Unos decían: -«¡Garbanzos negros! Sin duda son de Etiopía». Diéronle el Sacramento. Murió el pobre mozo. Los viernes solía inviar unos güevos. y el Cabra le hacía creer que lo hacíamos por no asistir al estudio. para que guisase de comer y sirviese a los pupilos y despidió al criado porque le halló un viernes a la mañana con unas migajas de pan en la ropilla. Lo que pasamos con la vieja. cuando le vio (que había un día que no hablaba). y al mascarla se quebró un diente. Mil veces topé yo sabandijas. Llamó entonces un platicante. haciendo las lástimas que hace el .Quejábamonos nosotros a don Alonso. necesario ha sido el veros entrar en esta casa para persuadirme que no es el infierno. dijo: -Señor mío Jesucristo. y el pobre. Pasamos en este trabajo hasta la Cuaresma. y tan gran rezadora que un día se le desensartó el rosario sobre la olla y nos la trujo con el caldo más devoto que he comido.

comiendo. alguna vez nos acordábamos de las mesas del mal pupilero. por el consiguiente.que queda en Argel viendo venir rescatados por la Trinidad sus compañeros. y. Solíamos contar a don Alonso cómo al sentarse en la mesa nos decía males de la gula (no habiéndola él conocido en su vida). . pues parecía que tenía por pecado el matarla. en buen rato no me los hallaron. Capítulo IV De la convalecencia y ida a estudiar a Alcalá de Henares Entramos en casa de don Alonso y echáronnos en dos camas con mucho tiento. a la primera almendrada y a la primera ave. metía perdices y capones. y rogábamos al Señor que ningún cristiano cayese en sus manos crueles. ¡Quién podrá contar. y a mí. que estaban magras y alforzadas. porque no se nos desparramasen los huesos de puro roídos de la hambre. Trujeron médicos y mandaron que nos limpiasen con zorras el polvo de las bocas. las luminarias que pusieron las tripas de contento? Todo les hacía novedad. y bien lo éramos de duelos. y aún parecíamos sombras de otros hombres. según regateaba el comer. Mandaron los dotores que por nueve días no hablase nadie recio en nuestro aposento. Trujeron exploradores que nos buscasen los ojos por toda la cara. y aun el herirla. Levantábamonos a hacer pinicos dentro de cuarenta días. como a retablos. como había sido mi trabajo mayor y la hambre imperial. y en lo amarillo y flaco simiente de los Padres del yermo. Si acaso. Ordenaron que nos diesen sustancias y pistos. porque como estaban güecos los estómagos sonaba en ellos el eco de cualquiera palabra. pero nunca podían las quijadas desdoblarse. la hambre. que al fin me trataban como a criado. Todo el día gastábamos en dar gracias a Dios por habernos rescatado de la captividad del fierísimo Cabra. gallinas y todas las cosas que no quería darnos. y así se dio orden que cada día nos las ahormasen con la mano del almirez. y reíase mucho cuando le contábamos que en el mandamiento de No matarás. Con estas y otras prevenciones comenzamos a volver y cobrar algún aliento. se nos aumentaba la hambre tanto que acrecentábamos la costa aquel día.

y le hemos de servir. Dos estudiantes fregones. porque nosotros veníamos de espacio). diciendo: -«Más me engorda un poco de sueño que cuantos faisanes tiene el mundo». metióme adentro. diome a mí la mano para salir del estribo. cuatro tapices. que nos daba remitido en cédulas para un hombre que se llamaba Julián Merluza. Yo le respondí que sí. y llegamos a la media noche. Pusimos el hato en el carro de un Diego Monje. ofrecí de servir a su hijo como vería. güésped. Md. mi señor. una hora antes de anochecer. dijo: -Señor güésped. que no deseaba otra cosa sino salir de tierra donde se oyese el nombre de aquel malvado perseguidor de estómagos. y estaban dos rufianes con unas mujercillas. Y. pegóse al coche. y yo.. de los de mantellina. un cofre con ropa blanca. Mi amo. trató don Alonso de inviar a su hijo a Alcalá a estudiar lo que le faltaba de la Gramática. salimos a la tardecica. diciendo esto. Vaciad la dispensa. El ventero era morisco y ladrón. cinco colchones. Md. poco más. que en mi vida vi perro y gato juntos con la paz que aquel día. y díjome si iba a estudiar. y dijo: -Descanse V. como más nuevo en la venta y muchacho. Nosotros nos metimos en un coche. -dijeron al punto los rufianes-. mirad que este caballero os agradecerá lo que hiciéredes. y. era una media camita y otra de cordeles con ruedas para meterla debajo de la otra mía y del mayordomo. pues. a la siempre maldita venta de Viveros. Hola. que se llamaba Baranda. un cura rezando al olor. ocho almohadas. ocho sábanas. panzas al trote. déme lo que hubiere para mí y mis criados. Díjome a mí si quería ir.Pasáronsenos tres meses en esto. . al cabo. andaban aparecidos por la venta para engullir. un viejo mercader y avariento procurando olvidarse de cenar andaba esforzando sus ojos que se durmiesen en ayunas: arremedaba los bostezos. Hízonos gran fiesta. y las demás zarandajas de casa. llegóse el uno y quitóle la capa. -Todos los somos de V. Y con esto diole un criado para ayo que le gobernase la casa y tuviese cuenta del dinero del gasto. y como él y los ministros del carretero iban horros (que ya había llegado también con el hato antes.

Y púsola en un poyo. Los estudiantes dijeron: -Cene V.! Él se quedó admirado. y el otro trujo un plato. que después de cenar se hablará. que se enfría. Llegó un rufián y puso asientos para todos y una silla para don Diego. Md. mi señor don Diego. ¿Quién no creyera que se habían criado con nosotros? Don Diego se le ofreció mucho. dijo: -Dejen eso. Md. que había de ver yo a V. y yo también. entre tanto que a nosotros nos aderezan lo que hubiere. que. le serviremos a la mesa.. no hablando con ellos: -Luego. y dijo a su amigo: -¿Es este señor de cuyo padre me dijistes vos tantas cosas? ¡Gran dicha ha sido nuestra conocelle según está de grande! ¡Dios le guarde! Y empezó a santiguarse. que estoy tal que no me conocerá V. salió el ventero y puso los manteles. El otro compañero andaba mirando a don Diego a la cara. que yo y el otro lo éramos. dijo: -Oh. V. y no bien lo dije. Md. agora diez años. -¡Jesús! -dijo don Diego-. y oliendo la estafa. se sienten. Estaba yo con esto desvanecido y hecho dueño de la venta. que aún no está todo a punto. que juráramos entrambos no haberle visto en nuestra vida. Dijo una de las mujeres: -¡Qué buen talle de caballero! ¿Y va a estudiar? ¿Es V. Md. mi señor. Y a esto respondieron los rufianes. su criado? Yo respondí. y preguntándole su nombre. desta manera? ¡Desdichado de mí. ¿quién me dijera a mí. . Preguntáronme su nombre. cuando el uno de los estudiantes se llegó a él medio llorando y dándole un abrazo apretadísimo. creyendo que era así como lo decían. si son servidos. Mds.

. Y diciendo esto sepultó un panecillo. que jamás comió lechugas. cuando vio mi amo que todos se le habían encajado. comenzóse a afligir. en cuatro bocados. tío de mi padre. Y al dársele. Decían los rufianes: -No cene mucho. Con lo cual nosotros comimos refranes y ellos aves.. Porque los estudiantes tomaron la ensalada. Sentáronse. que era un razonable plato. la Iglesia ha de ser la primera. Lo demás se engulleron el cura y los otros. Mande V. afligíme y temí lo que sucedió. y entre los dos estudiantes y ellas no dejaron sino un cogollo. y más de noche. Pesia diez. Sentáronse los rufianes con medio cabrito asado y dos lonjas de tocino y un par de palomas cocidas. Md. y son malas para la memoria. dijeron: -No es razón que donde está un caballero tan principal se queden estas damas sin comer. señor. Md. Ya. que le hará mal. con el mirar sólo. y el que más comía era el cura. ¿ahí se está? Llegue y alcance. y éstas no son tan buenas. y mirando a mi amo. No bien se lo dijeron. Repartiéronlo todo y a don Diego dieron no sé qué güesos y alones diciendo que «del cabrito el güesecito y del ave el aloncito» y que el refrán lo decía. que alcancen un bocado. que mi señor don Diego nos hace merced a todos. el cual se comió don Diego. Y replicaba el maldito estudiante: -Y más que es menester hacerse a comer poco para la vida de Alcalá. Pues ¿las mujeres? Ya daban cuenta de un pan. cuando vi a los unos convidados y a los otros que se convidaban. y dijeron: -Pues padre. convidólas. Él. aquel maldito estudiante le dijo: -Un agüelo tuvo V. y el otro. cuando se sentó. haciendo del galán. otro.Yo.

Yo y el otro criado estábamos rogando a Dios que les pusiese en corazón que dejasen algo. se llegó y sacó al pobre viejo. vea aquí un doblón. pecador de mí. señor güésped. ¿Conoce. que a la mañana habría lugar. Con esto. Tan presto saltó el descomulgado pariente de mi amo (digo el estudiantón) y dijo: -Aunque V. quiere reír? Pues hagamos alguna burla a este mal viejo. que no ha comido sino un pero en todo el camino. volvió el un rufián y dijo: -Oh. vio ser de alcorzas. y dijo: -¿V. por dicha. déles todo lo que hubiere. Y volviéndose a don Diego. que estaba pasmado. debe de saber poco de cortesía. no habemos dejado nada a los criados. Él quería pagar la cena y replicáronle que no lo hiciese.) Vio al avariento que dormía. Llegáronse todos. Cerró la caja y púsola donde estaba. preguntóle su nombre al estudiante. Estuviéronse un rato parlando. Ah. palos y lo que halló. Y ya que lo hubieron comido todo y que el cura repasaba los güesos de los otros. como nos ha dado a nosotros. (En los infiernos descanse. y dijo: . y abriéndola. Vengan aquí V. Md. Los rufianes dijeron: -Bien haya el licenciado. y es riquísimo. y él dijo que se llamaba tal Coronel. señor hidalgo. de debajo de los pies unas alforjas. y aun a los nuestros si los tuviéramos.. dijo: -No se enoje V. Mds. hágalo. y encima dos o tres yesones y un tarazón de teja. me perdone. que es razón. Levantaron las mesas y todos dijeron a don Diego que se acostase. Md. y desenvolviéndolas halló una caja. Md. que dormía. Maldiciones le eché cuando vi tan gran disimulación que no pensé acabar. dondequiera que está. Sacó todas cuantas había y en su lugar puso piedras. a mi señor primo? Él dará a sus criados. y como si fuera de guerra hizo gente. que no le conocían.

Almorzamos un bocado. y agarrando un yesón echósele en la boca y fuele a hincar una muela y medio diente que tenía. Los rufianes hicieron la cuenta. ¿no halló otra cosa que llevarse. no podía levantar la capilla del gabán. porque es contra el dolor de estómago. Llegó la hora de caminar. aunque ventero. y el estudiante lo puso todo en las alforjas. padre. Sacóla el vino y desenfundando una almohada de nuestro coche. que no entendiera Juan de Leganés la suma. Mds. sino burlárase con este caballero delante de nosotros. y al levantarse. Con esto. se fueron todos a acostar para una hora que quedaba o media. Miró lo que era. Llamáronle. gobernar. cogió el dinero. y fuese a dormir.-Pues aún no basta. sobrando del que sacó mi amo cuatro reales. y el viejo tomó sus alforjas y. contólo y. los asió.. Juraba y perjuraba diciendo que no había metido él tal en la capilla. Déjese V. se la llenó de lana y estopa. que a estos pícaros con cuatro reales se les tapa la boca. Decían los estudiantes: -No pide más un ochavo. desatólas a escuras debajo del gabán. porque no viésemos lo que sacaba y no partir con nadie. y el viejo todavía dormía. y vino a montar de cena sólo treinta reales. que bota tiene el viejo. despertaron todos. después de haber echado un poco de vino debajo. Y tosiendo. y por poco los . que en mano está. sino esa piedra? ¿Qué les parece a V.. Y respondió un rufián: -No. y en la capilla del gabán le echó una gran piedra. sabe lo que ha de hacer. diciendo: -Éstos le daré de posada. si yo no lo hubiera visto? Cosa es que estimo en más de cien ducados.. Md. y el mesonero adrede le riñó. y la cerró. Quedamos sustados con el gasto. diciendo: -Cuerpo de Dios.

envejecerá. y nunca pudimos en limpio sacar el gasto. y pidió que le dejasen enjaguar la boca con un poco de vino. El otro decía: -Sarna de V. señor don Diego. declarando la burla. Con estas y otras cosas. otra vez rásquese cuando le coman y no después. Dejáronle y. cata la cruz! Otro abrió un breviario. y el cura el primero. tuvo por bien el callar y subir en el carro con los rufianes y las mujeres. El ventero decía: -Señor nuevo. hasta que él mismo dijo lo que era. . Nosotros dimos en no hacer caso. tan barbado y velloso que no se podía beber ni colar. que llegamos a las nueve. Dios sabe cuán corridos íbamos. y echando en un vaso un poco de vino. y no bien comenzó a caminar cuando unos y otros nos comenzaron a dar vaya. a pocas estrenas como ésta. dejó caer las alforjas. allá se lo diré de misas. Y el estudiante maldito voceaba: -Señor primo. sacándola. y en todo el día. llegóse a él el estudiante. salió con la lana y estopa un vino salvaje. Comenzó a escupir y hacer gestos de asco y de dolor.. pero viendo las descompuestas carcajadas de risa. Md. abrióla. y nosotros nos subimos en el coche.perdiera. llegamos todos a él. Los estudiantes y el cura se ensartaron en dos borricos. diciéndole que qué tenía. que él traía bota. apeámonos en un mesón. acabamos de contar la cena pasada. llegamos a la villa. Empezóse a ofrecer a Satanás. Entonces acabó de perder la paciencia el viejo. y dijo: -¡Arriedro vayas. hiciéronle creer que estaba endemoniado. El cura decía: -Sacerdote soy.

Pueda tener sarna. cuando me encararon y comenzaron a decir: -«¡Nuevo!». preguntóme que qué querían. Amaneció. y yo. Md. que no sabía lo que era. entre tanto. diciendo: -¡Viva el compañero. Él. Era el dueño y güésped de los que creen en Dios por cortesía o sobre falso. que estaba fuera la puerta de Santiago. aunque esta teníamos entre tres moradores diferentes no más. comenzaron a reírse. y al momento nos vestimos nosotros y tomamos el camino para escuelas. Y con esto (¡mire V. acomodamos las camas y lo demás. y dormimos aquella noche. y no hube metido bien un pie. como que no hacía caso.Capítulo V De la entrada de Alcalá. Púseme colorado. Entré en el patio. que no es mucho que tenga mala condición quien no tiene buena ley. Ni sé si lo hizo porque le comenzásemos a tener respeto o por ser natural suyo dellos. que había de entrar en otro diferente y fui solo. . A mi amo apadrináronle unos colegiales conocidos de su padre y entró en su general. mas no bastó. diéronselos y con tanto comenzaron una grita del diablo. nunca Dios lo permitiera. por lo que podía suceder. Pidieron dos docenas de reales. Yo por disimular di en reír. Pusimos nuestro hatillo. y helos aquí en camisa a todos los estudiantes de la posada a pedir la patente a mi amo. moriscos los llaman en el pueblo. el güésped con peor cara que si yo fuera el Santísimo Sacramento. porque llegándose a mí ocho o nueve. comencé a temblar. pero yo. dijo: -Por resucitar está este Lázaro. y sea admitido en nuestra amistad! Goce de las preeminencias de antiguo. qué previlegios!) volaron por la escalera. patente y burlas que le hicieron por nuevo Antes que anocheciese salimos del mesón a la casa que nos tenían alquilada. andar manchado y padecer la hambre que todos. pues. pues al instante se puso uno que estaba a mi lado las manos en las narices y apartándose. patio de estudiantes donde hay muchos juntos. según olisca. me acomodé entre dos colchones y sólo tenía la media cabeza fuera. que parecía tortuga. Recibióme.

que me pensé escapar. puse las manos también y dije: -V.. que apenas acerté. según me trataban. Dioles mucha risa y. un manchegazo acatarrado hízome alarde de uno terrible. Estaba ya nevado de pies a cabeza. y fue ventura el ser de mañana. apartándose. Mds. Dejáronme. y tan blanco.Y con esto todos se apartaron tapándose las narices. Fuime a casa. Entré en casa. y el morisco que me vio comenzóse a reír y a hacer como que quería escupirme. y yo. Quisieron tras esto darme de pescozones pero no había dónde sin llevarse en las manos la mitad del afeite de mi negra capa. pero fue tal la batería y lluvia que cayó sobre mí. el que daba las voces me enclavó un gargajo en los dos ojos. y iba hecho zufaina de viejo a pura saliva. Yo. Yo estaba cubierto el rostro con la capa. Aquí se han de considerar mis angustias. En esto. dije: -¡Juro a Dios que ma. que todos tiraban a mí. vi que se me aparejaban gargajos. pensé que por ahorrar de médicos y boticas aguardan nuevos para purgarse. pues sólo topé dos o tres muchachos. ya estaban juntos hasta ciento.. pero un bellaco. que debían de ser bien inclinados porque no me tiraron más de cuatro o seis trapajos y luego me dejaron. Destapéme por ver lo que era. que huele muy mal. que temí que lo hiciese. viéndome cubierto y que no tenía en la cara cosa. arrancó hacia mí diciendo con gran cólera: -¡Baste. y al mismo tiempo. diciendo: -Esto hago. Comenzaron a escarrar y tocar al arma y en las toses y abrir y cerrar de las bocas. y era de ver cómo tomaban la puntería. creí dellos que lo harían. Levantó la infernal gente una grita que me aturdieron. no le déis con el palo! Que yo. dije: . Yo entonces. tienen razón. según lo que echaron sobre mí de sus estómagos. que no pude acabar la razón. Yo. ya blanca por mis pecados.! Iba a decir te. que me vi perdido.

Él. diciendo: -No se hiciera entre luteranos. saludándome todos. y en buscar por dónde asir la sotana y el manteo para quitármelos. y dije: -Bien me anima V. me preguntaron si estaba malo y cómo estaba en la cama. se pasó mucho rato. subí arriba. viendo mi llanto. Yo. Y con esto empecé a llorar. que aquí no tienes otro padre ni madre. cuando oí decir «otra vida». dijo: -¿Es buen modo de servir ése. Pablos? Ya es otra vida. ¿Hay tal maldad? Otro decía: . entendí que era ya muerto. le quité y me eché en la cama y colguélo en una azutea. con más cólera. Al fin. Con esta ayuda de costa. Mira por ti. parece que nunca se han de acabar. y con esto. Acostéme y dormí. y mire estas costillas. porque me dio dos libras de porrazos. Pero. que andan encadenadas y unas traían a otras. Yo les conté el caso y. abre el ojo que asan carne. despierto calvo. que no soy Ecce-Homo. güésped. como si en ellos no hubiera mal ninguno. dándome sobre los hombros con las pesas que tenía. Md. me hallé fuerte y ya como si no hubiera pasado por mí nada. después de haber comido y cenado bien. a la noche. en mis trabajos. y él. enojóse y comenzó a darme repelones con tanta prisa. cuando comienzan desgracias en uno. y buscando la sotana y viéndola. al punto. creyólo.-Tené. Viniéronse a acostar los otros criados y. que ha servido de pañizuelo a las mayores narices que se han visto jamás en paso. compadecióse de mí y dijo: -Pablos. Contéle todo lo que había pasado y mandóme desnudar y llevar a mi aposento (que era donde dormían cuatro criados de los güéspedes de casa). Levantéme dando voces y quejándome. que a dos más. se empezaron a santiguar. Nunca lo dijera. Vea cuál está aquella sotana y manteo. medio derrengado. Vino mi amo y como me halló durmiendo y no sabía la asquerosa aventura.

yo creí que alguno de fuera nos daba a todos. preguntando si acaso les habían hecho mal. acostáronse. y dormíme yo. cuando con una maroma me asentaron un azote con hijos en todas las espaldas. y al punto los tres que dormían empezaron a dar gritos también. Debían de ser las doce cuando el uno dellos me despertó a puros gritos. unos golpazos de látigo. y como sonaban los azotes.-El retor tiene la culpa en no poner remedio. Con esto se acabaron de desnudar. entre estas voces. Comencé a quejarme. y agradecíles la merced que me mostraban hacer. Hícelo así. . que ya no me quedó. Cesaron los azotes y levantáronse con grandes gritos todos cuatro. diciendo: -¡Ay. volviéndose a la suya. quíseme levantar. por haberme tirado las frazadas abajo. mataron la luz. y cubrióla. Todos se quejaban de muerte. Hicieron los otros que cerraban la puerta. aquel maldito que estaba junto a mí se pasó a mi cama y proveyó en ella. diciendo: -¡Es gran bellaquería. ¿Conocerá los que eran? Yo respondí que no. Yo comencé a decir: -¡Justicia de Dios! Pero menudeaban tanto los azotes sobre mí. quejábase el otro también. tan encogido que parecía galgo con calambre. que me parecía que estaba con mi padre y mis hermanos. que me matan! ¡Ladrones! Sonaban en su cama. Yo levanté la cabeza y dije: -¿Qué es eso? Y apenas la descubrí. Entre tanto. y yo entonces salí de donde estaba y subíme a mi cama. dábanme a mí sólo. y no ha de quedar así! Yo todavía me estaba debajo de la cama quejándome como perro cogido entre puertas. otro remedio sino el de meterme debajo de la cama.

fueron a levantar la ropa con deseo de afrentarme. por asegurarme. con el miedo y la turbación. Yo la tenía asida con los dientes por no mostrar la caca. había hecho aquella vileza. cuando desperté halléme proveído y hecho una necesaria. y ellos decían: -A fee que no se escape. y luego. mi amo entró diciendo: -¿Es posible. yo les dije que muy malo.Acostéme y cubríme y torné a dormir. Levantáronse todos y yo tomé por achaque los azotes para no vestirme. todos comenzaron a mirar si había en el aposento algún servicio. que no he de poder contigo? Son las ocho ¿y estáste en la cama? ¡Levántate enhoramala! Los otros. Pablos. Pero. Dijo uno: -¡Pues es muy bueno esto para haber de estudiar! . y como entre sueños me revolcase. a preguntarme cómo estaba. dijo uno: -¡Cuerpo de Dios y cómo hiede! Don Diego dijo lo mismo. Y decía uno: -Y si V. No había diablos que me moviesen de un lado. yo me hallaba inocente y culpado y no sabía cómo disculparme. Al fin. que os quejábades mucho. porque me habían dado muchos azotes. veamos si estáis herido. considerando si acaso. Y agarraba de la ropa. tras él. quejándose y muy disimulados. Preguntábales yo que qué podía haber sido. Y diciendo esto. o si entre sueños. Estaba confuso. amigo. sin sentirlo. Los compañeros se llegaron a mí. En esto. dejando esto. levantá. contaron a don Diego el caso todo y pidiéronle que me dejase dormir. Decían que no se podía estar allí. porque era verdad. Y cuando ellos vieron que no había remedio por aquel camino. no lo cree. Md. que el matemático nos lo dirá.

ya me habían hecho dos dedos de señal en cada pierna. Md. Ellos. cuando le dio el mal. y dijeron: -Sin duda debajo de la de Pablos hay algo. después de haberme lavado. ¡Quién dirá lo que yo sentía. Dejáronme diciendo: -¡Jesús. -¡Pobre dél! -decían los bellacos (yo hacía del desmayado)-. que ya me tenían los cordeles en los muslos. tanto tiró que me le desconcertó. entre los cinco me levantaron. diciendo: -¡Gran lástima! Don Diego me tomó el dedo del corazón y. que sabían el misterio. al fin. entendiendo hacerme bien. y por presto que lo hice. y ellos decían adrede: -Más va en vuestra salud que en haberos ensuciado. que veía poco remedio en el negocio y que me iban a echar la garra. Yo. Callá. y se fueron. pasémosle a una de las nuestras y miremos debajo della. mucho de ese dedo del corazón. hice que había vuelto. de miedo de que me le diesen. descoyuntado un dedo y a peligro de que me diesen garrote! Al fin. lo uno con la vergüenza. tírele V. Y mi amo. .. y al alzar las sábanas fue tanta la risa de todos viendo los recientes no ya palominos sino palomos grandes. como los bellacos iban con malicia. Y con esto me pusieron en la cama. hice visajes.Miraron las camas y quitáronlas para ver debajo. apretaron conmigo. Los otros trataron de darme un garrote en los muslos.. y decían: -El pobrecito agora sin duda se ensució. fingí que me había dado mal de corazón: agarréme a los palos. y qué flaco sois! Yo lloraba de enojo. que se hundía el aposento.

me preguntó cómo estaba. A mediodía me vestí. Md. juntándonos todos a parlar en el corredor. Capítulo VI De las crueldades de la ama. hechos amigos. Comieron todos los de la casa y yo. de suerte que cuando vinieron los amos ya estaba todo hecho. que hice todas las diligencias posibles. Pablos. después de darme vaya. y dice bien. lavándola como gualdrapa. Y después. y con esto. en llegando. vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos.Yo no hacía a solas sino considerar cómo casi era peor lo que había pasado en Alcalá en un día que todo lo que me sucedió con Cabra. los otros criados. De puro considerar en él. que todos. aunque poco y de mala gana. todos a la par dábamos grandísimos gritos como que cantábamos y así expiraron en nuestras manos. que aún no estaban acabadas de hacer las morcillas. si no eran los vientres. Y no por falta . limpié la sotana lo mejor que pude. y dije entre mí: -«Avisón. recogimos la sangre. Porque no se oyese el ruido que hacían. Yo estaba jugando con los otros criados. Riéronla todos. Propuse de hacer nueva vida. me enojé tanto que salí allá diciendo que era mucha bellaquería y atrevimiento venir a gruñir a casa ajena. Lo primero. y en las escuelas y patios nadie me inquietó más. pero yo aseguro a V. Sucedió que un día entraron dos puercos del mejor garbo que vi en mi vida. y travesuras que hizo «Haz como viere» dice el refrán. doblóse mi afrenta. si pudiese. Yo que lo oí. Y diciendo esto. y dijo que dos marranos. aunque mal. y dije al uno: -Vaya y vea quién gruñe en nuestra casa. y oílos gruñir. Sacamos los vientres. Fue. y aguardé a mi amo que. declararon la burla. yo puse pena de la vida a todos los cochinos que se entrasen en casa y a los pollos de la ama que del corral pasasen a mi aposento. y luego los acogotamos. y más. envásole a cada uno a puerta cerrada la espada por los pechos. vivimos de allí adelante todos los de la casa como hermanos. y a puros jergones los medio chamuscamos en el corral. alerta». No sé si salí con ello.

de prisa. Las Pascuas. que el uno exageraba al otro o la virtud o el vicio. si él no fuese travieso. carbón o tocino. cuando yo estaba delante: -Mi amo. escondíamos la mitad. Md. por cierto que no hay servicio como el de Pablicos. diría que como se entraron sin llamar a la puerta como en su casa. Yo. Pablos. por diferenciar. y nos las comimos las más como se las traía hechas el cochino en la barriga. y si había güesos. lo mejor de la plaza tray. No cabía el ama de contento conmigo. Era de notar ver a mi amo tan quieto y religioso y a mí tan travieso. y enojóse conmigo de manera que obligó a los huéspedes (que de risa no se podían valer) a volver por mí. decíamos el ama y yo: . Dijo don Diego: -A fee. Yo era el despensero Judas. que por no detenernos las habíamos dejado la mitad de lo que ellas se tenían dentro. solía echar cabos de vela de sebo y así decía que estaban sus ollas gordas por el cabo. consérvele V. Preguntábame don Diego que qué había de decir si me acusaban y me prendía la justicia. que entendí que eran nuestros. don Diego el caso. Y era verdad según me lo parló un pabilo que yo masqué un día. que desde entonces hereda no sé qué amor a la sisa este oficio. de botas a bolsa. Si se compraba aceite de por junto. decía della lo mismo y así teníamos engañada la casa. pues. en verdad. por el consiguiente. y así hacía unas ollas éticas de puro flacas. Ella decía. y cuando nos parecía. antes de puro penitente estaba en los güesos. porque siempre iba de más a menos. que bien se le puede sufrir el ser bellaquillo por la fidelidad. unos caldos que a estar cuajados se pudieran hacer sartas de cristal dellos. que es el sagrado de los estudiantes. que os hacéis a las armas. porque éramos dos al mohíno: habíamonos conjurado contra la despensa. Era cercenadora de porciones como de moneda. no entraba cosa magra.. Y la vez que podía echar cabra u oveja no echaba carnero. y que si no me valiese. no era nada carnal. para que estuviese gorda la olla. a lo cual respondí yo que me llamaría a hambre. La carne no guardaba en manos de la ama la orden retórica. Riéronse todos de las disculpas. Supo.

y apretábale para que inviase al mayordomo a sabello. con ser. Md. ya que no tenía carne. y quedaban agradecidos. y en la Salve Rehína. Acostábase en un aposento encima del de mi amo. Md. y en verdad que había menester todas estas ayudas para desquitarse de lo que pecaba. chupándolos como sanguijuelas. Tenía otras habilidades. Yo apostaré que V. Bendecía las ollas y al espumar hacía cruces con el cucharón. Yo hacía que lloraba. comprar más y a fee que se ha de lucir de otra manera. que era más barato llevar un haz de leña a cuestas. como digo. muy satisfecho de mí: -¡Así fuese Pablicos aplicado a virtud como es de fiar! ¿Toda esta es la lealtad que me decís vos dél? Tuvímoslos desta manera. era conqueridora de voluntades y corchete de gustos. Pero tal prisa le han dado. porque el ama confesaba y comulgaba de ocho a ocho días y nunca la vi rastro de imaginación de volver nada ni hacer escrúpulo. Decíale don Diego. Ya se ha acabado el aceite o el carbón. Pablicos. y rezaba más oraciones que un ciego. se espanta de la suma de dinero que montaba al cabo del año. En todas las imágines decía que rezaba cada noche por sus bienhechores. Yo pienso que las conjuraba por sacarles los espíritus. Ella decía: -No me digas a mí. y de lo que comprábamos sisábamos la otra mitad. Mande V. para que callase la ama. Dél colgaban muchos manojos de imágines.-Modérese V. pero no debía obligar a restitución. en mí a las obras. de suerte que nos despedazábamos de risa todos. y si alguna vez compraba yo algo en la plaza por lo que valía. que adrede porfiaba. reñíamos adrede el alma y yo. Entraba por el Justo Juez y acababa en el Conquibules. tan grande. cruces y cuentas de perdones que hacían ruido de sonajas. y en el ama al celo de su bien. íbame a quejar a mi señor. Md. en el gasto. y con esto asegurábamos al amo y al mayordomo. contaba ciento y tantos santos abogados suyos. Traía un rosario al cuello siempre. Decía las oraciones en latín adrede por fingirse inocente. y esto era en todo. que esto son dos cuartos de ensalada. Denle dineros a Pablicos. que es lo mismo que alcagüeta. una santa. que en verdad que si se dan tanta prisa no baste la hacienda del Rey. Iban y sabíanlo. pero dis- . Dábanmelos y vendíamosles la mitad sisada. daba voces. que ella decía. Ello mucho debió de ser.

vine a agarrarle y di a correr. si están juntos. ella debía de decir lo mismo porque chocamos de embuste el uno con el otro. y no quisieron creer que había sucedido así. El confitero dio tras mí. ¿Pensará V. partí corriendo. Arrancaron con esto y fuéronse. y otros criados y vecinos. dije: . busqué nuevas trazas de holgarme y di en lo que llaman los estudiantes correr o arrebatar. y dijéronme: -¿Va por aquí un hombre. que en despensa es peor que gatos y perros. sentéme sobre él y envolví la capa a la pierna de presto y empecé a decir. Md. que aquí me pisó. los convidé para otra noche a verme correr cajas. pues lo es con su amo». y advirtiendo ellos que estaban las cajas dentro la tienda y que no las podía tomar con la mano. con la pierna en la mano. Por lo cual. Yo. y más por estar el confitero. conté la burla. me habían de alcanzar. y en llegando a la tienda. y al volver una esquina. quedé solo. hermano? -Ahí adelante. loado sea el Señor. y metiendo doce pasos atrás de la tienda mano a la espada. decía yo entre mí. Vinieron. como iba cargado. se han de procurar engañar el uno al otro? «Ésta ha de ser ruin conmigo. Quedamos enemigos como gatos y gatos.culpábase conmigo diciendo que le venía de casta como al rey de Francia sanar lamparones. En esto me sucedieron cosas graciosísimas. vi que aunque les llevaba ventaja. Ellos se venían desgañifando. empecé a decir: «Por tan alta Señora». y tomando vuelo. aunque lo celebraron mucho. que siempre estuvimos en paz? Pues ¿quién ignora que dos amigos. y lo ordinario de la «hora menguada» y «aire corrupto». por lo que sucedió al otro de las pasas. tuviéronlo por imposible. pues. llevéme el cofín a casa. que me vi ya mal con el ama. fingiéndome pobre: -¡Ay! ¡Dios se lo perdone. alerta. Yo. Vine. que era un estoque recio. que me ha pisado! Oyéronme esto y en llegando. vi una confitería y en ella un cofín de pasas sobre el tablero. porque yendo una noche a las nueve (que anda poca gente) por la calle Mayor. y que no la podía burlar. como sean cudiciosos. y por poco se descubriera la hilaza.

Md. oírme dos palabras a solas. y dije: -¿Justicia? Respondieron: -Sí. en nombre revesado. como era muchacho y oía que me alababan el ingenio con que salía destas travesuras. Yo. Pero. y en columbrando la justicia. Y tiré una estocada por delante del confitero. -¿Es el corregidor? Dijeron que sí. y empezó a santiguarse que no pensó acabar. Md. y que era un hombre con quien él había tenido palabras. que les pedía para beber y me venía con ellas. Apartóse. Decían los compañeros que yo solo podía sustentar la casa con lo que corría. en sus manos de V. que sin duda le había herido. ya los corchetes estaban empuñando las espadas y los alguaciles poniendo mano a las varitas. de quitar una noche las espadas a la mesma ronda. que es lo mismo que hurtar. está mi remedio y mi venganza y mucho provecho de la república. animábame para hacer muchas más. Y así. Él se dejó caer pidiendo confesión. Cada día traía la pretina llena de jarras de monjas. lleguéme con otro de los criados de casa. volviendo los ojos. si quiere una gran prisión. Yo le dije: . como quedaron desbaratadas al salir de la caja las que estaban alrededor. Confieso que nunca me supo cosa tan bien. echó de ver la burla. y fuimos juntos. Hinquéme de rodillas y dije: -Señor. Señalóse cuál había de ser. yo delante. muy alborotado. prometí a don Diego y a todos los compañeros. mande V. Quedáronse espantados de ver la traza y muertos de risa de que el confitero decía que le mirasen. y yo di la estocada en una caja y la pasé y saqué en la espada y me fui con ella. introduje que no diesen nada sin prenda primero.-«¡Muera!».

. mandó que debajo de unas yerbas pusiesen todos las espadas escondidas en un campo que está enfrente casi de la casa. dispararán. ¿Quién contara las diligencias que hizo con el retor el corregidor? Aquella noche anduvieron todos los patios reconociendo las caras y mirando las armas. Md. que había avisado al otro que ellos dejarlas y él tomarlas y pescarse a casa fuese todo uno. hízolo así. Yo entonces le dije. -¡Jesús! -dijo-. yo he venido desde Sevilla siguiendo seis hombres los más facinorosos del mundo. perderse ha V. porque no había sino estudiantes y pícaros (que es todo uno). estaba echado en la . Llegaron a casa. y yo. el corregidor dio un salto hacia arriba. y en viendo entrar con espadas. no hallaron media. por lo que les he oído. todos ladrones y matadores de hombres. y uno a uno. y cogerlos por detrás los brazos. y vienen acompañando. Ellos que entraron y no vieron nada. advertido. porque antes importa que todos V. no se detenga V. sospecharon lo que fue. (y bajando más la voz dije) Antonio Pérez. y el Rey acá. seguidme todos! Dadme una rodela. Mds. di cantonada y emboquéme por una callejuela que va a dar a la Vitoria. y no hallándome. y dijo: -¿Y dónde están? -Señor. tornándole a apartar: -Señor. con la cudicia de la prisión. que demasiados vamos. comenzaron a buscarme. que no me alcanzara un galgo. y yendo a buscar sus espadas. y aun sospecho. si hace eso. porque no me conociesen. y entre ellos viene uno que mató a mi madre y a un hermano mío por saltearlos.. En esto llegamos cerca. entren sin espadas. que las ánimas de mi madre y hermano se lo pagarán en oraciones. Con esto. no nos detengamos. pusiéronlas y caminaron. según los he oído decir.. ¡Hola. Yo. que ellos están en los aposentos y traen pistoletes. y en entrando ellos mezclados con otra gente que entraba.-Señor. como saben que no la puede traer sino la justicia. Con dagas es mejor. Cuadróle al corregidor la traza. y al entrar todos quedéme atrás el postrero. a una espía francesa. en la casa pública. que es. y el corregidor. y le está probado esto. Md.

pues de cajones de tundidores y plateros y mesas de fruteras (que nunca se me olvidará la afrenta de cuando fui rey de gallos) sustentaba la chimenea de casa todo el año. Llegó el retor y la justicia. Favorecíanme los caballeros y apenas me dejaban servir a don Diego.cama con un tocador y con una vela en la mano y un Cristo en la otra y un compañero clérigo ayudándome a morir. Capítulo VII De la ida de don Diego. si va a decir la verdad. las ocupaciones grandes desta plaza en que me tiene ocupado Su Majestad no me han dado lugar a hacer esto. . y hasta hoy no se ha acabado de solenizar la burla en Alcalá. me escribió una carta a Alcalá. antes el retor me dijo un responso. y los demás rezando las letanías. preguntó si estaba ya sin habla. dejo de contar cómo hacía monte la plaza del pueblo. No miraron nada. Y por no ser largo. en todo aquello de alrededor. hombre allegado a toda virtud y muy conocido en Segovia por lo que era allegado a la justicia. y la resolución que tomó en sus cosas para adelante En este tiempo vino a don Diego una carta de su padre. que si algo tiene malo el servir al Rey es el trabajo. Verdugo era. desde Segovia. no persuadiéndose que allí pudiera haber habido lugar para cosa. en cuyo pliego venía otra de un tío mío llamado Alonso Ramplón. comencé a cobrar fama de travieso y agudo entre todos. se fueron desesperados de hallar rastro. han pasado por sus manos. pues. a quien siempre tuve el respeto que era razón por el mucho amor que me tenía. y dijéronle que sí. viñas y güertos. Este. se salieron. y el corregidor de ahorcarle fuese quien fuese. pero una águila en el oficio. pues cuantas allí se habían hecho de cuarenta años a esta parte. vérsele hacer daba gana a uno de dejarse ahorcar. Callo las pinsiones que tenía sobre los habares. y nuevas de la muerte de su padre y madre. en esta forma: «Hijo Pablos (que por el mucho amor que me tenía me llamaba así). jurando el retor de remitirle si le topasen. Levantéme de la cama. aunque se desquita con esta negra honrilla de ser sus criados. Con estas y otras cosas. y viendo el espectáculo. y con tanto.

Yo lo hice así. os podéis venir aquí. aquí ha quedado no sé qué hacienda escondida de vuestros padres. mandaba descansar a los confesores y íbales alabando lo que decían bueno. De vuestra madre. será en todo hasta cuatrocientos ducados. Halláronla en su casa más piernas.Pésame de daros nuevas de poco gusto. Hijo. y lo que tengo ha de ser para vos. pero yo entiendo que los pasteleros desta tierra nos consolarán. con cuatrocientos de muerte. porque está presa en la Inquisición de Toledo. tiró las arrugas de la ropa atrás. le dijo: «Padre. Iba con gran desenfado mirando a las ventanas y haciendo cortesías a los que dejaban sus oficios por mirarle. Dios sabe lo que a mí me pesa de verle en ellos haciendo mesa franca a los grajos. No os sabré encarecer cuán bien pareció a todos. Pésame que nos deshonra a todos. vaya un poco de Credo. brazos y cabezas que en una capilla de milagros. porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora. Y viendo que el teatino le quería predicar. Hícele cuartos y dile por sepoltura los caminos. y acabemos presto. Vuestro tío soy. Hízose así. Y lo menos que hacía era sobrevirgos y contrahacer doncellas. dígolo como quien lo guindó. yo lo doy por predicado. nadie le veía con los Cristos delante que no le juzgase por ahorcado. encomendóme que le pusiese la caperuza de lado y que le limpiase las barbas. Vuestro padre murió ocho días ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo. que no querría parecer prolijo». y a mí principalmente. Cayó sin encoger las piernas ni hacer gesto. no subió a gatas ni despacio y viendo un escalón hendido. que no todos tenían su hígado. Llegó a la N de palo. vuelto a él. tomó la soga y púsola en la nuez. aunque está viva agora. que con lo que vos sabéis . que al fin soy ministro del Rey y me están mal estos parentescos. Sentóse arriba. Subió en el asno sin poner pie en el estribo. veníale el sayo vaquero que parecía haberse hecho para él. Dicen que representará en un auto el día de la Trinidad. puso el un pie en la escalera. casi os puedo decir lo mismo. acomodándole en los de a cuatro. quedó con una gravedad que no había más que pedir. hízose dos veces los bigotes. volvióse a la justicia y dijo que mandase aderezar aquel para otro. y como tenía aquella presencia. Vista ésta.

perdiéndoseme acaso. y yo me quedé en la casa disimulando mi desventura. Fuime corriendo a don Diego. No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta. me pude descubrir sin vergüenza. cómo me había escrito mi señor tío. pero holguéme en parte (tanto pueden los vicios en los padres. y comencé a disponer mi partida para Segovia. más alto pico y más autoridad me importa tener. Porque si hasta agora tenía como cada cual mi piedra en el rollo. ya soy otro. Lastimóse mucho y preguntóme que qué pensaba hacer. al otro día. él se fue a Segovia harto triste. el verdugo. que consuela de sus desgracias. cómo le trincharon y le hicieron moneda. movido de las travesuras mías que había oído decir. a los hijos). y entre tanto. le dije: -Señor. Dios os guarde». que a él. que a él le pesaba de dejarme y a mí más. Respondedme luego. Yo. . riéndome. en esto. que estaba leyendo la carta de su padre. como a quien sabía quién yo soy. agora tengo mi padre. y otros mis pensamientos. y con tanto.de latín y retórica. desto y de la prisioncilla de mama. Dile cuenta de mis determinaciones. Díjome que se determinaba ir y todo lo que le mandaba su padre. seréis singular en el arte de verdugo. en que le mandaba que se fuese y que no me llevase en su compañía. no la leyese alguien. con fin de cobrar mi hacienda y conocer mis parientes para huir dellos. Declaréle cómo había muerto tan honradamente como el más estirado. Quemé la carta porque. díjome que me acomodaría con otro caballero amigo suyo para que le sirviese. por grandes que sean.

Al fin. Yo me iba entretiniendo por el camino considerando en estas cosas. Saludéle y saludóme. que aun estando a su lado no me vía. encontré con un hombre en un macho de albarda. Proseguimos en la conversación (propia de pícaros). donde durmió aquella noche Llegó el día de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado. y de lo que le sucedió en él hasta Rejas. si como es imposible no lo fuera. -¿Qué cosa puede ser -le dije yo. en Flandes. Vendí lo poco que tenía de secreto. y venimos a dar de una cosa en otra. Dios sabe lo que sentí el dejar tantos amigos y apasionados. las solicitudes del ama por el salario. otro: -«¡Bien me decían a mí que este era un trampista!». que empezó a suspirar y a decir: -Más me cuestan a mí esos estados que al Rey. las voces del güésped de la casa por el arrendamiento? Uno decía: «¡Siempre me lo dijo el corazón!». Aquí fue ello. comenzamos luego a tratar de si bajaba el turco y de las fuerzas del Rey. sea imposible y no se pueda hacer? . ¿Quién contará las angustias del zapatero por lo fiado. yo salí tan bienquisto del pueblo que dejé con mi ausencia a la mitad dél llorando y a la otra mitad riéndose de los que lloraban. y después que nos pagamos las respuestas. en los cuales discursos eché de ver que era loco repúblico y de gobierno. Comenzó a decir de qué manera se podía conquistar la Tierra Santa y cómo se ganaría Argel. para el camino. y con ayuda de unos embustes hice hasta seiscientos reales. cuando pasado Torote. preguntéle dónde iba.que. ya estuviera todo sosegado. Alquilé una mula y salíme de la posada. el cual iba hablando entre sí con muy gran prisa y tan embebecido. que eran sin número. porque ha catorce años que ando con un arbitrio que. conviniendo tanto.Libro segundo Capítulo I Del camino de Alcalá para Segovia. adonde ya no tenía que sacar más de mi sombra.

que la puedo tener muy bien. que ser imposible es otra cosa. por cierto -le dije-. y al punto.-¿Quién le dice a V. que agora lo pienso imprimir con otros trabajillos. donde se quedó. que la dificultad de todo está en este pedazo de mar. Roguéle que me los dijese. -No hará la mar tal cosa que lo tengo yo eso muy apurado -me respondió-. No vi en mi vida tan gran orate. -Ese tengo yo. sacando de las faldriqueras un gran papel. de oír cosa tan nueva y tan bien fundada. y dijo: -Bien ve V. y tengo una ejecutoria muy honrada. que venía a ver una parienta suya. Decíame que Joanelo no había hecho nada. -dijo luego. y él entonces mirándome a la cara. quién tal oyó en el mundo! Y al cabo. Md. pero advierta V. pues yo doy orden de chuparle todo con esponjas y quitarle de allí. le contara a V. que ya que chupe el agua que hubiere entonces.que no se pueda hacer?. Md. entre los cuales le doy al Rey modo de ganar a Ostende por dos caminos. que a todos les da gran contento. lo que es. me dijo: -Y no lo pienso poner en ejecución si primero el Rey no me da una encomienda. pero allá se verá. que él trazaba agora de subir toda el agua de Tajo a Toledo de otra manera más fácil. Md. Y si no fuera por dar pesadumbre. Di yo con este desatino una gran risada. No lo osé replicar de miedo que me dijese que tenía arbitrio para tirar el cielo acá abajo. fuera de que yo tengo pensada una invención para hundir la mar por aquella parte doce estados. Con estas pláticas y desconciertos llegamos a Torrejón. dijo que por ensalmo: ¡Mire V. y no hay que tratar. Md. Y sabido lo que era. Md. me mostró pintado el fuerte del enemigo y el nuestro. hacerse puede. tornará luego la mar a echar más. . me dijo: -A nadie se lo he dicho que no haya hecho otro tanto.

-¿Es posible -le dije yo. movido a risa. hacía con ellos mil cosas saltando. Md. Y empezó a meter una parola tan grande que me forzó a preguntarle qué materia profesaba. Dios y enhorabuena. -Eso -me dijo. Yo. porque no diga quién lo hizo y estaba poniéndolo en términos de matemática. viendo los círculos. poniendo un dedo encima de otro. cerró el libro. le dije: -Pues. que más le tenía por encantador. Levantéle. para reparar los tajos que se forman sobre el centro de las estocadas. música y medicina. desde lejos vi una mula suelta y un hombre junto a ella a pie. Al fin me determiné. Respondíle que mía.Yo pasé adelante pereciéndome de risa de los arbitrios en que ocupaba el tiempo. Preguntóme si iba a Madrid por línea recta o si iba por camino circunflejo. cuando. en verdad. le dije que circunflejo. y llegando cerca. filosofía. Yo confieso que entendí por gran rato (que me paré desde lejos a vello) que era encantador. continuando la espada para matar sin confesión al contrario. resbalósele y cayó. que por lo que yo vi hacer a V. y díjome: -No tomé bien el medio de proporción para hacer la circunferencia al subir. pues se trata de matar en esa arte. y de rato en rato. Yo. aunque no lo entendí. -Esa postrera no lo dudo. que mirando a un libro hacía unas rayas que medía con un compás. y casi no me determinaba a pasar. Yo no le entendí lo que me dijo y luego temí lo que era. . mas teología. Daba vueltas y saltos a un lado y a otro. sintióme. y mirándola. y al poner el pie en el estribo. dijo: -Esos gavilanes habían de ser más largos. Díjome que él era diestro verdadero y que lo haría bueno en cualquiera parte.que hay matemática en eso? -No solamente matemática -dijo-. porque más desatinado hombre no ha nacido de las mujeres. Preguntóme cúya era la espada que llevaba al lado. en el campo denantes.era que se me ofreció una treta por el cuarto círculo con el compás mayor.

Md. El güésped. Apeámonos en una posada y al apearnos me advirtió con grandes voces que hiciese un ángulo obtuso con las piernas. Md. Pensé con esto perder el juicio. preguntóme que si era indio aquel caballero. en Rejas que dormiremos esta noche. que se llama Grandezas de la espada. y díjole: -Señor. Llegóse luego al güésped. con dos asadores me veréis hacer maravillas. y para que lo creáis. que no los quiero sino para esgrimir. que agora aprendo yo la limpiadera contra la espada. déme dos asadores para dos o tres ángulos. haciendo los tajos mayores que comprehenden en sí las aspirales de la espada. Y no dudéis que cualquiera que leyere en este libro matará a todos los que quisiere. que quizá le valdrá más lo que me viere hacer hoy que todo lo que ha ganado en su vida. Déme los asadores. que mi mujer los asará. que al momento se los volveré. chica ni grande. No se ha visto cosa tan digna de risa en el mundo. En fin. -¿Cómo dotor? Bien lo entiende -me dijo-: es un gran sabio y aun estoy por decir más. -¡Jesús! -dijo el güésped-. que hablaba de aquella suerte. aunque aves son que no las he oído nombrar. los asadores estaban ocupados y hubimos de tomar dos cucharones. lo que es no saber. -¡Que no son aves! -dijo volviéndose a mí-. que me vio reír y le vio.-No os burléis -me dijo-. -U ese libro enseña a ser pestes a los hombres u le compuso algún dotor. déme V. -Pues este libro las dice -me respondió-. -No entiendo cosa de cuantas me decís. Daba un salto y decía: . Mire V. y es muy bueno y dice milagros. En estas pláticas llegamos a Rejas. acá los ángulos. y que reduciéndolas a líneas paralelas me pusiese perpendicular en el suelo.

si no. y como yo me estaba quedo. -Meta mano a la blanca si la tray y apuremos cuál es verdadera destreza. la cara con un per signum crucis de inimicis suis. Y entonces. No llegaba a mí desde una legua y andaba alrededor con el cucharón. y está impreso con licencia del Rey. Esta había de ser cuchillada y éste tajo. que no saben sino beber. aquí y en otra parte. dijo: -Yo soy examinado y traigo la carta. midámoslo. y dijo: . el maestro sacó la daga. Yo que vi la ocasión. Y. metíme en medio y dije que no hablaba con él. y yo sustentaré que es verdad lo que dice. y dijo en altas voces: -Este libro lo dice. y déjese de cucharones. parecían tretas contra olla que se sale. zambo de piernas a lo águila imperial. Y sacó el compás. Ahora me aprovecho del movimiento remiso para matar el natural.-Con este compás alcanzo más y gano los grados del perfil. y que así no tenía por qué picarse. Díjome al fin: -Esto es lo bueno y no las borracherías que enseñan estos bellacos maestros de esgrima . que haga pedazos a quien tratare mal a tanto buen hijo como profesa la destreza. y empezó a decir: -Este ángulo es obtuso. con el cucharón y sin el cucharón. y por el sol que calienta los panes. mirando al suelo. cuando de un aposento salió un mulatazo mostrando las presas. El pobre de mi compañero abrió el libro. y. No lo había acabado de decir. con un sombrero enjerto en guardasol y un coleto de ante debajo de una ropilla suelta y llena de cintas. con unos bigotes de guardamano y una daga con más rejas que un locutorio de monjas. la barba de ganchos.

por ser en favor de los católicos. aunque de risa no me podía mover.-Y no sé quién es Ángulo ni Obtuso. En esto amaneció. El güésped se daba a los diablos de que lo despertase. pero que hacía más locos que diestros. pagamos la posada. el cual empezó a huir. dando saltos por la casa. hicímoslos amigos a él y al maestro. porque los más no le entendían. Y ya que estaba apartado. Despertóme a mí. que le he ganado los grados del perfil. Capítulo II De lo que le sucedió hasta llegar a Madrid. y no contento con esto. dando saltos y diciendo en lengua matemática mil disparates. Y decía que luego se la quería ir a enseñar al Rey. Y con esto se subió y me dijo que si me quería levantar vería la treta tan famosa que había hallado contra el turco y sus alfanjes. diciendo que había hallado objeto fijo a la estocada sagital por la cuerda. Metímoslos en paz el güésped y yo y otra gente que había. levántase en camisa y empieza a andar a escuras por el aposento. estando en el campo donde no nos oía nadie. cenamos. con un poeta Yo tomé mi camino para Madrid y él se despidió de mí por ir diferente jornada. diciendo: -No me puede dar. Acometió al pobre diablo. pero con esta en la mano le haré yo pedazos. me dijo al oído: . el cual se apartó diciendo que el libro que alegaba mi compañero era bueno. Metieron al buen hombre en su aposento. ni en mi vida oí decir tales hombres. bajó el güésped para que le diese luz. y tanto le molestó que le llamó loco. Y a las dos de la mañana. y acostámonos todos los de la casa. volvió con gran prisa. y llamándome a voces. vestímonos todos. y a mí con él.

no me premiaron en el cartel unos cantarcicos. Con esto caminé más de una legua que no topé persona. Trabamos plática y luego me preguntó que de dónde venía. Yo le prometí de hacerlo. que yo me los agradecía a mí mismo. que iba camino de Madrid. que es hoy el señor san Corpus Criste? Hoy es el día de las danzas en que el Cordero sin mancilla tanto se humilla.. que no diga nada de todos los altísimos secretos que le he comunicado en materia de destreza. que al que la hereda de sus agüelos». Y parecíanme a mí tan bien estos pensamientos honrados. las chanzonetas al Corpus y al Nacimiento. y guárdelo para sí.-Por vida de V. pues falta entre todos un hombre de discurso. tornóse a partir de mí. Md. y por la primera. Preguntéle que cómo o por qué se podía decir tal de lugar donde asistían tantos doctos varones. Iba yo entre mí pensando en las muchas dificultades que tenía para profesar honra y virtud. que habiendo más de catorce años que hago yo en Majalahonda. -Maldiga Dios -dijo él. que era ésta. y luego tener tanta que me desconociesen por ella. que no he tenido de quien aprender virtud ni a quien parecer en ella. se conocerán las demás: Pastores. Y diciendo y haciendo.tan mala gente como hay en ese pueblo. se los he de leer. que yo sé que se holgará. ¿no es lindo chiste. desenvainó una retahíla de copias pestilenciales. pues había menester tapar primero la poca de mis padres. . yo le dije que de Alcalá. Decía a solas: «Más se me ha de agradecer a mí. donde he sido sacristán. Y él. que visita nuestras panzas. la sinrazón. Md. cuando topé un clérigo muy viejo en una mula. Md. y porque vea V. muy enojado dijo: -¿Doctos? Yo le diré a V. qué tan doctos. y yo empecé a reírme del secreto tan gracioso. pues tiene buen entendimiento. En estas razones y discursos iba.

jumentos. Md. ¿no es lindo chiste? -¿Qué pudiera decir más -me dijo. que a borbollones se me salía por los ojos y narices. antes le dije cierto que eran dignas de cualquier premio y que no había oído cosa tan graciosa en mi vida. El título era El arca de Noé. pues oya V. y este es el borrador. yo le daré en el calendario. -¿No? -dijo al mismo punto-. Suene el lindo sacabuche. cosa rica. perdido de risa de ver la suma ignorancia. lobos y jabalíes. y Corpus Christi no es santo sino el día de la institución del Sacramento. dije: -¡Cosa admirable! Pero sólo reparo en que llama V. raposas. pues nuestro bien consiste. un pedacito de un librillo que tengo hecho a las once mil vírgenes adonde a cada una he compuesto cincuenta otavas. Y así. por excusarme de oír tanto millón de otavas.y entre estas bienaventuranzas entra en el humano buche. y está canonizado y apostaré a ello la cabeza. Yo. Pastores. me comenzó a recitar una comedia que tenía más jornadas que el camino de Jerusalén. como fábulas de Isopo. Y sería hasta cinco manos de papel. -¡Qué lindo es eso! -me respondió haciendo burla-. Decíame: -Hícela en dos días.el mismo inventor de los chistes? Mire qué misterios encierra aquella palabra pastores: más me costó de un mes de estudio. Yo le alabé la traza y la invención. No pude porfiar. Md. y dando una gran carcajada. señor san Corpus Criste. Yo no pude con esto tener la risa. a lo cual me respondió: . le supliqué que no me dijese cosa a lo divino. Hacíase toda entre gallos y ratones.

-¿Cómo se podrá representar -le dije yo-. pero no se ha hecho otra tal en el mundo y la novedad es más que todo. pero fue al revés. y él saltaba: -Pues empezaré por uno donde la comparo a ese animal. tordos y picazas. decía: -¿No ve V. Yo confieso la verdad. que a no haber esa. Afligíme tanto con ver que no podía nombrar cosa a que él no hubiese hecho algún disparate. -Por ciento. ¿había cosa más alta? Pero yo tengo pensado de hacerla toda de papagayos. alta cosa es esa. Yo le dije que si se las había visto él. por divertirle. aquella estrella que se ve de día? A lo cual.por una mujer a quien amo.-Ello cosa mía es. si han de entrar los mismos animales y ellos no hablan? -Esa es la dificultad. Y vea aquí novecientos y un sonetos y doce redondillas (que parecía que contaba escudos por maravedís) hechos a las piernas de mi dama. y si yo salgo con hacerla representar. comencé a echar la plática a otras cosas. que no parece sino que sabe los intentos dellos. Md. tuve miedo a tantos versos malos. Decíale que veía liebres. Y empezaba luego. y así. no cabía de contento. será cosa famosa. y meter para el entremés monas. entendiendo que de vergüenza callaría. -Otras más altas he hecho yo -dijo. que hablan. que cuando vi que llegábamos a Madrid. en que la llamo estrella. pero que iban en profecía los concetos. que aunque me holgaba de oírle. y díjome que no había hecho tal por las órdenes que tenía. alzó la voz entrando por la calle. porque por mostrar lo que era. le diré el soneto treinta. dijo: -En acabando éste. Yo le supliqué que . y yo.

Capítulo III De lo que hizo en Madrid. y díjome: -Más me han de valer de trecientos reales los ciegos. Fuímonos a una. y es sólo contra los poetas hebenes : . Decía en este tenor: Premática del desengaño contra los poetas güeros. ¡Oh vida miserable! Pues ninguna lo es más que la de los locos que ganan de comer con los que lo son. y lo que le sucedió hasta llegar a Cercedilla. y en acabando de comer oiremos la premática. para hacer algunas dellas. y luego pidióme que le leyese la premática. Despidiólos. la saqué y se la leí. Md. Yo. por estar declarados por locos en una premática que había salido contra ellos. donde él se acostumbraba apear. y por aquí discurrió.lo dejase. tal que provocase a gestos. Diéronle una barahúnda de bienvenido. comimos. recibiendo ocho reales de señal de cada uno. chirles y hebenes Diole al sacristán la mayor risa del mundo. y hallamos a la puerta más de doce ciegos. se hizo hora de comer. Unos le conocieron por el olor y otros por la voz. y dijo: -¡Hablara yo para mañana Por Dios. Prometí de hacerlo en la posada. muy congojado. que entendí que hablaba conmigo. y luego empezaron unos a pedirle oración para el Justo Juez en verso grave y sonoro. donde durmió Recogióse un rato a estudiar herejías y necedades para los ciegos. Entre tanto. me recogeré agora un poco. y así. poniéndole por delante que si los niños olían poeta no quedaría troncho que no se viniese por sus pies tras nosotros. otros pidieron de las ánimas. de uno que lo fue y se recogió a buen vivir. La cual pongo aquí. con licencia de V.. por no haber otra cosa que hacer. por haberme parecido aguda y conveniente a lo que se quiso reprehender en ella. Pidióme que se la leyese si la tenía. abrazólos a todos.

porque no se agoten con la prisa que las dan. »Ítem. señalando meses vedados a las musas. En parte me dio gana de reír. Aquí no lo pudo sufrir el sacristán y levantándose en pie. que no tiene fuerza ni apremia. a fuerza de los soles y estrellas que gastan en hacerlas. para sacar el oro. Y para esto señalamos casas de arrepentidos. dijo: -¡Mas no. Yo probaré que las copias del poeta clérigo no están sujetas a tal premática y luego quiero irlo a averiguar ante la justicia. que sobre eso pienso ir al Papa y gastar lo que tengo. viendo que todo el año adoran cejas. les ponemos perpetuo silencio en las cosas del cielo. y cristianos aunque malos. como a la caza y pesca. mandamos quemar las coplas de los poetas.Cayóme a mí muy en gracia oírle decir esto. despedazadores del vocablo y volteadores de razones. y que los prediquen sacando Cristos para convertirlos. advirtiendo los grandes buchornos que hay en las caniculares y nunca anochecidas coplas de los poetas de sol. han pegado el dicho achaque de poesía a las mujeres. como estatuas de Nabuco». como a malas mujeres. pero por no detenerme. que soy eclesiástico. le dije: -Señor. adelante. como si él fuera muy albillo o moscatel. como pasas. listones y zapatillas. sino quitarnos las haciendas! No pase V. como franjas viejas. que se me hacía tarde. Dejé el prólogo y comencé el primer capítulo que decía: «Atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son nuestros prójimos. Bueno es que yo. Y por cuanto el siglo está pobre y necesitado. »Ítem. declaramos que nos tenemos por desquitados con este mal que las hemos hecho del que nos hicieron en la manzana. habiendo considerado que esta seta infernal de hombres condenados a perpetuo conceto. mandamos que la Semana Santa recojan a todos los poetas públicos y cantoneros. esta premática es hecha por gracia. dientes. pues en los más versos hacen sus damas de todos metales. . Md. plata y perlas. haciendo otros pecados más inormes. había de padecer ese agravio. por estar falta de autoridad.

Y que advirtiendo a la gran cosecha de redondillas. -Ya le he dicho a V. mandaban que los legajos que por sus deméritos escapaban de las especerías. Esto le cayó muy en gracia. ¡Algún puto.-¡Pecador de mí! -dijo muy alborotado-. so pena de andar bien vestido el poeta que tal hiciese. lo que es hallarse un hombre con ochocientas mil coplas de contado y oír eso? Prosiga V. fuesen a las necesarias sin apelación. señalando ermitas a los amigos de soledad. avisara V. y. -repliqué.que son burlas. que son grandes pesadumbres esas. chamuscados con sus ánimas encendidas. y tan embebecidos en su música que no pacen. Proseguí diciendo: »Ítem. de puro vieja. por lo cual andan los ganados flacos de beber sus lágrimas. advirtiendo que después que dejaron de ser moros (aunque todavía conservan algunas reliquias) se han metido a pastores. mandábamos que no se pasasen coplas de Aragón a Castilla. ¿Sabe V. Y así.. por ser oficio alegre y de pullas. Y a los demás.ordenó tal cosa! Y si supiera quién era yo le hiciera una sátira con tales coplas que le pesara a él y a todos cuantos las vieran de verlas. que se acomoden en mozos de mulas». señor. medio riendo. porque traía él una sotana con canas. ni de Italia a España. Md. ¡Miren qué bien le estaría a un hombre lampiño como yo la ermita! ¡O a un hombre vinajeroso y sacristando ser mozo de mulas! Ea. y que las oiga como tales. de andar limpio un hora». Md. bujarrón y judío -dijo en altas voces. y que como a tales no las enterrasen en sagrado a las mujeres que se enamoran de poeta a secas. . se podían estercolar con él dos heredades. y Dios le perdone el susto que me dio. El manteo. Md. Md. Proseguí diciendo: «Que por estorbar los grandes hurtos. cornudo. canciones y sonetos que había habido en estos años fértiles. y con tantas cazcarrias que para enterrarle no era menester más de estregársela encima. le dije que mandaban también tener entre los desesperados que se ahorcan y despeñan. mandamos que dejen el tal oficio. y hubiérame ahorrado la mayor pesadumbre del mundo. si reincidiese.

y dioles esto a todo tanta risa. mandamos a todos los poetas en común que se descarten de Júpiter. no digan zozobra. humanal y pundonores. el cuello en el sombrero. so pena de que los tendrán por abogados a la hora de su muerte». Yo me despedí dél. se vuelvan a cada fiesta. aunque me pesaba. con tal que puedan tener carta de examen de los caciques de los poetas que fueren en aquellas partes. ciegos y sacristanes. Y últimamente dijo: -Hombre soy yo que he estado en un aposento con Liñán. ni hagan las trazas con papeles o cintas. me topase con un soldado. que no sucedan en Tetuán los casos. por acabar. y medias de lienzo. ni hagan los pensamientos de tornillo. por lo que decía de los ciegos. Y que había estado en Madrid tan cerca de Lope de Vega como lo estaba de mí. y que hoy día los traía. Venus. para decir la presente obra. llegué al postrer capítulo. Al fin. limitando a los poetas de farsantes que no acaben los entremeses con palos ni diablos. que era sátira contra él. y he comido más de dos veces con Espinel. y malos. desterrándoles estos vocablos: cristián.Y. Y finalmente. la espada al hombro. y que tenía en su casa un retrato del divino Figueroa. y a los de sacristanes. Quiso Dios que porque no fuese pensando en mal. la camisa en la espada. alpargates. amada. A todos los que oyeron la premática pareció cuanto bien se puede decir. que no jueguen del vocablo. y que había visto a don Alonso de Ercilla mil veces. y que había comprado los gregüescos que dejó Padilla cuando se metió fraile. Enseñólos. que no querían salir de la posada. ni las comedias en casamientos. Iba en cuerpo y en alma. introibo y Chiries. los zapatos en la faldriquera. y a los de ciegos. como son farsantes. sus frascos en la pretina y un poco . Apolo y otros dioses. que no hagan los villancicos con Gil ni Pascual. y mandándoles que. y comencé a caminar para el puerto. mandamos que pueda haber algunos oficiales públicos desta arte. ya eran las dos. Sólo el sacristanejo empezó a jurar por vida de las vísperas solenes. y todos me pidieron traslado de ella. que mudándoles el nombre. y como era forzoso el camino. y que él sabía mejor lo que había de hacer que naide. salimos de Madrid. que decía así: «Pero advirtiendo con ojos de piedad a que hay tres géneros de gentes en la república tan sumamente miserables que no pueden vivir sin los tales poetas. los calzones vueltos.

-Estas me dieron -dijo. comiendo madera. y no he recibido sino buenas palabras.que es pueblo para gente ruin. estar en un sitio. en los calcañares. Estaba derrengado de algún palo que le dieron porque se dormía haciendo guarda y decía que era de un astillazo. Y dije: -Señor mío. Quitóse el sombrero y mostróme el rostro. Y con esto. la nieve a la cinta. ¡voto a Cristo!. -¿Qué estiman -dijo muy enojado. a los jugadores. por vida del licenciado. y que estimaban mucho a cualquier hombre de suerte. ¡vive Dios!. que no ha salido en campaña. Y en vida nos hacen soldados en pena por los cimenterios.de órgano en cajas de hoja de lata para papeles. tras veinte años de servicios y haber perdido mi sangre en servicio del Rey. Luego trabamos plática. Lea estos papeles -me dijo-. me enseñó otras dos señales. calzaba dieciséis puntos de cara.si he estado yo ahí seis meses pretendiendo una bandera. y guerra en pie y desabrigada. tan señalado. Y las balas pocas veces se andan a roer zancajos. como lo dicen estas heridas? Y quiso desatacarse. nos volvemos en este pelo a rogar a los moros y herejes con nuestros cuerpos. ¡voto a Cristo!. hecho un reloj. y si ventajas. desatacarse más es brindar a puto que enseñar heridas. por quien veo trinchado mi gesto. y dijo que eran balas. que agora tienen lugar de malas obras. y si pedimos entretenimiento nos envían a la comedia. Más quiero. A esto le dije yo que advirtiese que en la Corte había de todo. preguntóme si venía de la Corte. Tenía otros tres chirlos que se la volvían mapa a puras líneas. que sufriendo las supercherías que se hacen a un hombre de bien. . Luego. comidos de piojos y güéspedas. en servicio de Dios y del Rey. que tantos tenía en una cuchillada que le partía las narices. -No está para más -dijo luego. Y en llegando a ese lugarcito del diablo nos remiten a la sopa y al coche de los pobres en San Felipe donde cada día en corrillos se hace consejo de estado. dije que de paso había estado en ella. hombre. y yo saqué por otras dos mías que tengo que habían sido sabañones.defendiendo a París. Creo que pretendía introducir en picazos algunas almorranas.

Comenzó a sacar cañones de hoja de lata y a enseñarme papeles. Md.Y decía verdad. Pregunte V. Yendo en estas conversaciones. El ermitaño le dijo: -Y ¿dónde dejó V. y eché de ver que era algún picarón gallina. ¡voto a Cristo!. Y él respondió: -¿Pues qué otro? ¿No me ve la mella que tengo en los dientes? No tratemos desto. y dijo: -¡Ah. macilento y vestido de paño pardo. sí. con una barba tan larga que hacía lodos con ella. pues me reprehende mi propio oficio. bien se echa de ver que no es soldado. padre!. topamos en un borrico un ermitaño. Md. Yo los leí y dije mil cosas en su alabanza y que el Cid ni Bernardo no habían hecho lo que él. Md. cuando no de todos. que parece mal alabarse el hombre. y verá lo que le dicen. Julián Romero y otros hombres de bien. porque lo estaba a puros golpes. Saltó en esto y dijo: -¿Cómo lo que yo? ¡Voto a Dios!. -¿Es V. Saltó el soldado. . el saco de Amberes. a lo cual dijo: -Padre. más espesas he visto yo las picas sobre mí. ni lo que García de Paredes. Saludamos con el Deo gracias acostumbrado y empezó a alabar los trigos y en ellos la misericordia del Señor. y que sería de más abrigo el de Amberes. ¡juro a Dios! El ermitaño le reprehendió que no jurase tanto. que no hubiera Bernardo para un hora en este tiempo. que debían de ser de otro a quien había tomado el nombre. que hice en el saco de Amberes lo que pude. acaso? -le dije yo. y. que ese me parece de las Navas-. en Flandes por la hazaña del Mellado. Diome a mí gran risa de ver en lo que ponía la soldadesca. ¡voto a Dios!. ¡pese al diablo! Sé que entonces no había artillería. porque ya entre soldados no hay costumbre más aborrecida de los de más importancia.

cudicioso. Perdía una sencilla y acertaba doce maliciosas. llegamos a Cercedilla. de manera que a cada avemaría sonaba un cabe. Yo me comí las uñas y el fraile . -¡Oh. Yo. mandamos aderezar la cena -era viernes-. El soldado echaba a cada suerte doce votos y otros tantos peses. sino juguemos hasta cien reales que yo traigo. Y pujaba un suspiro por remate. que eran hasta ducientos reales. que la ociosidad es madre de los vicios. retiraba el ladrón con las ancas de la mano que era lástima. En estas cosas divertidos. ya anochecido. en amistad. el ermitaño dijo: -Entretengámonos un rato. Iba entre sí rezando a silbos oraciones de culebra. y el ermitaño de su desnudez. y lo bueno fue que dijo que no sabía el juego y hizo que se le enseñásemos. y con tanto llegamos a la falda del puerto. con las cuentas frisonas. dije que jugaría otros tantos.Rióse mucho el soldado de la pregunta. Dejónos el bienaventurado hacer dos manos. El soldado dijo: -No. Heredónos en vida. el soldado iba comparando las peñas a los castillos que había visto. considerando en la cuentas. como la espada del soldado. aforrados en por vidas. Yo confieso que pensé ser su lechuza y bebérsele. pero ansí le sucedan todos sus intentos al turco. por no hacer mal tercio. cómo volaría yo con pólvora gran parte deste puerto -decía-. Y dejó caer de la manga el descuadernado. y dijo que allí llevaba el aceite de la lámpara. juguemos avemarías. y luego nos la dio tal que no dejó blanca en la mesa. y hiciera buena obra a los caminantes! -No hay tal como hacer buenas obras -decía el santero. y el ermitaño. Yo iba mirando tanto el rosariazo del ermitaño. Entramos en la posada todos tres juntos. el ermitaño rezando el rosario de una carga de leña hecha bolas. Diome a mí gran risa al ver aquello. Fue el juego al parar. y entre tanto. y mirando cuál lugar era fuerte y a dónde se había de plantar la artillería. acetó.

y yo de la misma suerte. tras haberme ganado a mí seiscientos reales. Durmió. que a mí. -¡Pesia tal! -decía el pobre alférez (que él me dijo entonces que lo era)-. y olvidáronsele los papeles. que íbamos in puribus. fue corriendo y trujo tres bacines. y que pagase hasta Segovia la posada por los dos. Yo me acosté con harta tristeza. El güésped se turbó. que era lo que llevaba. trujéronla. y al soldado los ciento. Prometió hacerlo. Acabó de pelarnos. pero no he padecido tal despojo. y un envoltorio de camisas jubiladas. Pedí yo luz muy aprisa. el padre se persinó.ocupaba las suyas en mi moneda. nuestras cartas eran como el Mesías. creímoslo. Metióse sesenta güevos. como si no estuvieran sin remedio. No dejaba santo que no llamaba. y el soldado juró de no jurar más. yo estuve desvelado trazando cómo quitarle el dinero. y como todos decíamos que se los diese. y nosotros nos santiguamos dél. me ha sucedido bien. pedíle que me diese de cenar. quisímosle jugar sobre prendas. y que éramos prójimos. y el güésped el envoltorio al soldado. porque me encomendaba a Dios. El pobre alférez hundió la casa a gritos pidiendo que le diese los servicios. y que no había de tratar de otra cosa. y él. Él se reía a todo esto. El soldado hablaba entre sueños de los cien reales. diciendo: -He ahí para cada uno el suyo. y el soldado llamó al güésped y le encomendó sus papeles en las cajas de lata que los traía. que nunca venían y las aguardábamos siempre. Dormimos todos en una sala con otra gente que estaba allí porque los aposentos estaban tomados para otros. Y como nosotros no sabíamos la habilidad que tenía de los dedos a la muñeca. Tornó a sacar el rosario para rezar. -No juren -decía-. Acostámonos. ¿Quieren más servicios? . ¡no vi tal en mi vida! Dijo que se iba a acostar. Yo. entre luteranos y moros me he visto. Hízose hora de levantar. que no tenía ya blanca. dijo que aquello era entretenimiento.

Y todo lo juraba por su conciencia. jurando que le había de matar porque hacía burla dél. que acá llamamos fulleros de pluma. muy a lo dineroso. bien vestido. A lo cual respondió. Decía el güésped: -Señor. El ermitaño. tiene conciencia. casi. Apaciguámoslos. y tornamos al aposento. Pagó por nosotros y salímonos del pueblo para el puerto. aguardando ir en bolsas. hechos cuartos. Nadie. que se vende sin haberle. tanto que el soldado y yo le preguntamos que quién era aquel caballero. receloso.Que él entendió que nos habían dado cámaras. enfadados del término del ermitaño y de ver que no le habíamos podido quitar el dinero. Entretúvonos el camino contando que estaba perdido porque había quebrado un cambio. Enternecíme. que le tenía más de sesenta mil escudos. Topamos con un ginovés. a poner los precios por donde se gobierna la moneda. De lo cual sacamos que en Visanzón se lleva el compás a los músicos de uña. Aquí fue ella. . su merced pidió servicios. como oyen decir que muerde por muy poco. a pesar de la memoria. y aun no podíamos. y si era bien dar dineros o no a Visanzón. En estas pláticas vimos los muros de Segovia. riéndose: -Es un pueblo de Italia. con punta de barba. que se levantó el soldado con la espada tras el güésped. que con los sucesos de Cabra me contradecía el contento. diciendo que le había hecho mal el susto. todo lo llevaba a materia de maravedís. Comenzó a nombrar a Visanzón. y él con su guardasol. Todos salimos tras él a tenerle. digo con uno destos antecristos de las monedas de España. yo no estoy obligado a saber que en lengua soldada se llaman así los papeles de las hazañas. Trabamos conversación con él. Llegué al pueblo. han dado en dejarla con el ombligo en naciendo. y a mí se me alegraron los ojos. y a la entrada vi a mi padre en el camino. que se había hallado en la Naval San Quintín y otras. de todos los deste trato. a Josafad. que subía el puerto con un paje detrás. en camisa. que es gente que naturalmente nació para bolsas. se quedó en la cama. trayendo servicios en lugar de papeles que le había dado. donde se juntan los hombres de negocios. aunque yo pienso que conciencia en mercader es como virgo en cantonera. y entré algo desconocido de como salí. porque.

que era yo un gran caballero.mejor en el pueblo. la cobranza de su hacienda y vuelta a la corte Tenía mi buen tío su alojamiento junto al matadero.Dejé la compañía. que estaba notando esto con un hombre a quien había dicho. Capítulo IV Del hospedaje de su tío. Yo. cuando. me aparté tan avergonzado. todos descaperuzados. que a no depender dél la cobranza de mi hacienda. preguntando por él. que me vi a caballo. Entramos en ella. sino que llevaban sogas por cuerdas. Holgué mucho de ver tantos hombres de bien en mi pueblo. pero yo os prometo. arremetió a abrazarme. diciendo que no le conocían. y díjome: -No es alcázar la posada. dije que le aguardaría allí. y considerando en quién conocería a mi tío -fuera del rollo. con una en la mano tocando un pasacalles públicas en las costillas de cinco laúdes. estando en esto. y díjome: -Aquí te podrás ir mientras cumplo con esta gente. volvió y llevóme a su casa. sobrino. que es a propósito para dar expediente a mis negocios. Fuime con él. Lleguéme a mucha gente a preguntar por Alonso Ramplón y nadie me daba razón dél. no volví a despedirme de aquel con quien estaba. y que en aquella sarta parecería punto menos de azotado. y visitas. delante de mi tío. . donde me apeé y comimos. veo a mi buen tío que echando en mí los ojos (por pasar cerca). Penséme morir de vergüenza. Yo. y así. y él. Venía una procesión de desnudos. Acabó de repasarles las espaldas. no lo hablara más en mi vida ni pareciera entre gentes. llamándome sobrino. que ya vamos de vuelta y hoy comerás conmigo. muy haciéndose de pencas. en casa de un aguador. no hallé nadie de quien echar mano. oí al precursor de la penca hacer de garganta y a mi tío de las suyas.

En esto entró por la puerta con una ropa hasta los pies morada. y porque no llevase la penca de tres suelas cuando me palmearon. digo. que se lo pagué yo sobrado a Juanazo en Murcia. y empezó a bailar y decir que si había venido Clemente. porque aguijase el burro. Dios y enhorabuena. porque comería bien. Saludónos a su manera. con las cabezas bajas. y tras él entró un mulato zurdo y bizco. que lo han pagado bien el Romo y el Garroso. un porquero. Entramos en un aposento tan bajo que andábamos por él como quien recibe bendiciones. Hiciéronse la mamona el uno al otro. devanado en un trapo y con unos zuecos. escarpias y otras herramientas del oficio. Arremangóse el desalmado animero el sayazo. y quedó con unas piernas zambas en gregüescos de lienzo. y dijo: -Cuatro ducados di yo a Flechilla. para si se diferenciaba en algo de la horca. Colgó la penca en un clavo. verdugo de Ocaña. -¡Vive Dios! -dijo el corchete-. Dios sabe cuál estaba de ver la infamia de mi tío. porque iba el borrico con un paseo de pato y el bellaco me los asentó de manera que no se levantaron sino ronchas. y a mi tío le dijo: -A fe. y haciendo son con la cajita. cuando. yo le dije que no lo tenía de costumbre. que sólo aguardé a ver lo que me sucedía en lo alto. uno de los que piden para las ánimas. . el cual me dijo que había tenido ventura en topar con él en tan buena ocasión. porque a puros chirlos la tenía toda hilvanada. Saltó el de las ánimas. entró un chirimía de la bellota. que tenía convidados unos amigos. un coleto de ante. Dijo mi tío que no. Entró y sentóse. Conocíle por el (hablando con perdón) cuerno que traía en la mano. cuchillos. la espada con más gavilanes que la caza del Rey. dijo: -Tanto me han valido a mí las ánimas hoy como a ti los azotados: encaja. saludando a los de casa. que estaba con otros de que colgaban cordeles. Alonso.Subimos por una escalera. un sombrero con más falda que un monte y más copa que un nogal. Díjome que por qué no me quitaba el manteo y me sentaba. lazos. Traía la cara de punto.

como estaba hecho a santiguar espaldas. Echómelo de ver el corchete. y menos voluntad della. -A cada puerco le viene su San Martín -dijo el demandador.entre cuantos manejan la zurriaga. Sesenta me dieron los de hoy y llevaron unos azotes de amigo. Parecieron en la mesa cinco pasteles de a cuatro. Yo. dijeron un responso todos. subían la comida de un bodegón que estaba a las espaldas de la casa. y por una soguilla. diciendo: «La Iglesia en mejor lugar. Sorbióse el corchete tres de puro tinto. y tomando un hisopo. de suerte que no pude disimular la vergüenza. echó la bendición mi tío y. parecían más amagos de azotes que de cruces. me las cogía al vuelo y hacía más razones que decíamos todos No había memoria de agua. y dijo: -¿Es el padre el que padeció el otro día. a quien se dieron ciertos empujones en el envés? Yo respondí que no era hombre que padecía como ellos. con penca sencilla. se levantó mi tío y dijo: -Es mi sobrino. sólo que eran todas cosas para beber. Brindóme a mí el porquero. en cabecera el demandador. siéntese. gran supuesto. Yo rabiaba ya por comer y por cobrar mi hacienda y huir de mi tío. Pusieron las mesas. maeso en Alcalá. En esto. en un sombrero. -De eso me puedo alabar yo -dijo mi buen tío. No quiero decir lo que comimos. dijo: -Con virgo están mis espaldas. Sentáronse a comer.Y el porquero. Y los demás nos sentamos sin orden. Pidiéronme perdón y ofreciéronme toda caricia. con su . en unos mendrugos de platos y retacillos de cántaros y tinajas. No podrá nadie encarecer mi sentimiento y afrenta. concomiéndose. que vi cuán honrada gente era la que hablaba mi tío. después de haber quitado las hojaldres. padre». como suben la limosna los de la cárcel. que al que se me encomienda hago lo que debo. confieso que me puse colorado.

rezo una avemaría por el que Dios haya. diciendo: «Es bueno el avisillo para beber». que no he comido en mi vida mejor carne tinta. Yo que vi al corchete que. alargando la mano. Asiéronse a puños. que alargando la mano y asiendo una. dijo con la voz algo áspera y ronca. tomó el salero y dijo: «Caliente está este caldo». se asó en caldo y se puso todo de arriba abajo que era vergüenza. y alzando el instrumento de güeso. y como pesaba algo la cabeza. y tras esto decía que el porquero le había empujado. se la puso en el carrillo. y. y alzándola para sorberla. El porquero que vio que el otro se le caía encima. Yo que los vi que ya. el porquero vomitó cuanto había comido en las barbas del de la demanda. estando juntos los dos y teniéndole el demandador mordido de un carrillo. Vínoseme a la memoria. Dijo mi tío: -Ya os acordáis. quiso ahirmar sobre la mesa. el un ojo medio acostado y el otro nadando en mosto: -Sobrino. y se lo chocló en la boca. metí en paz la . comencé a reír por una parte y a rabiar por otra. diciendo: -«Dios bendijo la limpieza». pero yo pasé con los suelos solos. por el ánima del difunto cuyas eran aquellas carnes. en suma. y era de suerte lo que hicieron el corchete y el de las ánimas. fuese a levantar. Él. con los vuelcos y alteración. trastornóla. por este pan de Dios que crió a su imagen y semejanza. lo que os escribí de vuestro padre. Menudeóse sobre dos jarros. y manchó a los demás. levantóse. que estaba más en su juicio. le dio con él una trompetada. que se vio así. y así. decía que quién había traído a su casa tantos clérigos. que se pusieron las suyas tales. que era destas movedizas. siempre que como pasteles. multiplicaban. dijo uno: -¡Qué mulata está la olla! Ya mi tío estaba tal. que trayendo un plato de salchichas que parecía de dedos de negro. y quedéme con la costumbre. ellos comieron. Trujeron caldo.requiem aeternam. y volcándola. por llevarla a la boca. sobrino. y que el porquero se llevó el puño de sal. y el de las ánimas tomó con entrambas manos una escudilla. Mi tío.

hecho una taberna de vinos de retorno. en lugar de ir a la puerta. Respondió el porquero (que aún no la había desollado) que no era nada sino la siesta y que hacía grandes buchornos. escandalicéme mucho. Salíme de casa. tratamos largo en mis cosas. y diciendo que se les había perdido la casa. y como vio estrellas. eché a mi tío en la cama. el cual hizo cortesía a un velador de palo que tenía. y yo acomodéme sobre mis vestidos y algunas ropas de los que Dios tenga que estaban por allí. Despertó diciendo que estaba molido y que no sabía de qué. Despachélos a todos uno por uno lo mejor que pude. que aunque no tenía zorra tenía raposa. que vi la bellaquería del demandador. A la mañana traté con mi tío de reconocer mi hacienda y cobralla. Quité el cuerno al porquero. no había hacerle callar. El aposento estaba. Santiguáronse todos y besaron la tierra. me la dio de unos . dijo que le diesen su cajilla: -«Mucho han holgado las ánimas para tener a su cargo mi sustento». le reduje a que me diera noticia de parte de mi hacienda. aunque no de toda. y fuese. parte con las enjaguaduras de las monas. como pudo. porque no había habido jamás quien supiese en él más tonadas y que le quería tañer con el órgano. tuve nueva de que ya era muerto. y dejé dormir a los demás hasta las once de la noche que despertaron. diciendo que le diesen su cuerno. Con estas vilezas y infamias que vía yo. pensando que era convidado. acosté a mi tío. El demandador. diciendo que el cielo estaba estrellado a mediodía. y tuve harto trabajo por ser hombre tan borracho y rústico. ya que dormían los otros. y que había un gran eclís.brega. yo no me aparté dellos hasta que vi que dormían. Torné a casa a la noche. Al fin. Yo. comenzó a llamar a los otros con grandes voces. Levantéle. y propuse de guardarme de semejantes hombres. a la ventana. entretúveme a ver mi tierra toda la tarde. pasé por la casa de Cabra. y esperezándose. y así. ya me crecía por puntos el deseo de verme entre gente principal y caballeros. y no cuidé de preguntar de qué sabiendo que hay hambre en el mundo. el cual. el cual estaba llorando con gran tristeza. Al fin. preguntó mi tío que qué hora era. habiendo pasado cuatro horas. Levantóse. parte con las aguas que habían hecho de no beberlas. Pasamos desta manera la noche. y levanté del suelo al corchete. y hallé al uno despierto y que andaba a gatas por el aposento buscando la puerta. desasí a los dos.

que ya había prevenido para mí un colchón. porque había siempre un jarro en medio. Era de ver cómo se barajaban la taba: cogiéndola en el aire al que la echaba. ellos se fueron. sin que me sintiese. podría ser cardenal.. mucha culpa tendrás si no medras y eres bueno.trescientos ducados que mi buen padre había ganado por sus puños. y que estudiando. pues tienes a quién parecer. Sacaban de taba como de naipe para la fábrica de la sed. que como estaba en su mano hacerlos. que fue harto para ser hombre de tan poca razón. yo no te he de faltar. Díjome. se la tornaban a dar. Md. Dinero llevas. porque eternamente no lo había de ver. el cual mi tío no había bebido ni gastado. Este jugaba misas como si fuera otra cosa. Pasaron la tarde en jugar a la taba mi tío. Vino la noche. . en viendo que los tenía: -Hijo Pablos. me fui a un mesón a esconder y aguardar comodidad para ir a la Corte. el porquero. Por no cansar a V. no lo tenía por dificultoso. Gastamos el día en pláticas desatinadas y en pagar las visitas a los personajes dichos. Como he dicho. Agradecíle mucho la oferta. para ti lo quiero. y demandador. Dejéle en el aposento una carta cerrada. antes que él despertase. porque pensaba que yo me graduaría con este. vengo a decir que cobré y embolsé mi dinero. yo me levanté y me fui a una posada. que cuanto sirvo y cuanto tengo. torné a cerrar la puerta por de fuera y echéle la llave por una gatera. y dejádolos en confianza de una buena mujer a cuya sombra se hurtaba diez leguas a la redonda. Amaneció y. y meciéndola en la muñeca. que contenía mi ida y las causas. avisándole que no me buscase. acostámonos mi tío y yo cada uno en su cama.

que dos es imposible. donde. Consideraba yo que iba a la Corte. porque me importa negar la sangre que tenemos. y trinchándome. No hay que encarecer las blasfemias y oprobios que diría contra mí. cuando desde lejos vi venir un hidalgo de portante. Md. ofendido con la carta que decía en esta forma: «Señor Alonso Ramplón: tras haberme Dios hecho tan señaladas mercedes como quitarme de delante a mi buen padre y tener a mi madre en Toledo. deshonrabuenos. si no vengo a sus manos. y de sacar vestidos nuevos cortos al uso. Yo iba caballero en el rucio de la Mancha. Volvamos a mi camino. jinete de gaznates». Sirva al Rey y a Dios». con su capa puesta.Capítulo V De su huida. que entendí que lo decía por coche y criados que dejaba atrás. Yo pretendo ser uno de mi linaje. no me faltaba sino ver hacer en V. Miróme y dijo: -Irá V. bellaco. y ansí. por lo menos sé que hará humo. el cuello abierto más de roto que de molde. Propuse de colgar los hábitos en llegando. y bien deseoso de no topar nadie. espetéme en el dicho y empecé mi jornada. Md. alquilómele. y al parecer bien puesto. Llevaba un jumento. señor licenciado. espada ceñida. Iba entre mí diciendo: «Allá quedarás. y salíme a aguardarle a la puerta fuera del lugar. calzas atacadas y botas. adonde nadie me conocía. Pero volvamos a las cosas que el dicho de mi tío hacía. en ese borrico con harto más descanso que yo con todo mi aparato.. No pregunte por mí ni me nombre. que era la cosa que más me consolaba. Salió. el sombrero de lado. y que había de valerme por mi habilidad allí. y los sucesos en ella hasta la corte Partía aquella mañana del mesón un arriero con cargas a la Corte. Sospeché que era algún caballero que dejaba atrás su coche. Yo. como hace a otros. lo que en otros hace. emparejando le saludé. dije: .

porque se le rompió una agujeta que traía. un hidalgo hecho y derecho. Pero ya. Md. Yo le dije que le aseguraba de que me había persuadido a muy diferentes cosas de las que vía. -Si hace V. yo no puedo socorrerle. si V. la cual era tan sola que. Y espantóme lo que descubrí en el tocamiento. que me confesó. Md. Como destas hojaldres cubren en el mundo lo que V. todos la tienen colorada y no puede ser hijo de algo el que no tiene nada. porque nada cubro. de casa de solar montañés. que si como sustento la nobleza me sustentara. Y aclaróseme tanto en materia de ser pobre. Md. Debióle parecer a V. -¿Cuál coche detrás? -dijo él muy alborotado. que era un conde de Irlos. en viendo el cuello abierto y mi presencia. por ir cansado de caminar con las bragas en los puños. como discreto. porque no entiendo eso de los criados. que cubría la capa. se previno diciendo: -Señor licenciado. señor. traía las cuchilladas con entretelas de nalga pura.-En verdad. sin pan y carne no se sustenta buena sangre. -replicó-. no es oro todo lo que reluce. que hay tanto que ver en mí como tengo. tras verme muerto de risa de verle. vaya. ha tentado. y como él no podía soltar las calzas. Y al volver atrás. Md. -Pues aún no ha visto nada V. porque vengo también atacado únicamente. señor. Md. Md. aquellos vuelcos que da inquietan. como hizo fuerza. Md. Ya he . y movido a compasión. Yo. húbele yo de subir. no hubiera más que pedir. no aguarda a sus criados. porque por la parte de atrás. se le cayeron las calzas. le dije: -Por Dios.. que lo tengo por más apacible caminar que el del coche. Veme aquí V. y por la misericordia de Dios. porque aunque V. burla -dijo él. señor licenciado. vendrá en el que tray detrás con regalo. me pidió una prestada. me apeé. que si no le hacía merced de dejarle subir en el borrico un rato no le era posible pasar adelante. que vi que de la camisa no se vía sino una ceja. a media legua que anduvimos. y que traía tapado el rabo de medio ojo. con las cachondas de la mano-. Él. que sintió lo que le había visto.

que no solo se contenta cada uno con sus cosas. -Y nunca. Tras esto dijo que iba a la Corte. por no tener sobre qué caer muerto. ¡decir que no tiene letras de oro! Pero más valiera el oro en las píldoras que en las letras. aunque iban mezcladas con risa. Es la lisonja llave maestra. no me quisieron dar sobre ella en un bodegón dos tajadas.caído en la cuenta de las ejecutorias. y se asegurará de esa duda. azadón. porque acababa en dan y empezaba en don. pues quien no le tiene por ante le tiene por postre. como él. Y con todo. . He vendido hasta mi sepoltura. No se vio jamás nombre tan campanudo. porque me parecía dificultoso en este tiempo. me faltan cien reales en la bolsa. porque un mayorazgo roído como él en un pueblo corto. Yo vi el cielo abierto. Dijo que todos los nombres de su padre: don Toribio Rodríguez Vallejo Gómez de Ampuero y Jordán. después que hallándome en ayunas un día. Preguntéle cómo se llamaba y adónde iba y a qué. adonde caben todos y adonde hay mesas francas para estómagos aventureros. Y porque no se le haga dificultoso lo que digo. y que por eso se iba a la patria común. sino que aun solicitan las ajenas. como el remendón. cuando entro en ella. blandón. de comer y refocilo de lo vedado. que vuelve en oro cuanto toca. -Muchos hay desos -dijo-. y de más provecho es. Sólo el don me ha quedado por vender y soy tan desgraciado que no hallo nadie con necesidad dél. oiga mis sucesos y mis trazas. pendón. hay muy pocas letras con oro. y muchos de estotros. y no se podía sustentar. le rogué que me contase cómo y con quiénes y de qué manera viven en la Corte los que no tenían. cama. porque la industria en la Corte es piedra filosofal. que la hacienda de mi padre Toribio Rodríguez Vallejo Gómez de Ampuero (que todos estos nombres tenía) se perdió en una fianza. bordón y otros así. y en son de entretenimiento para el camino. que abre a todas voluntades en tales pueblos. las calamidades del dicho hidalgo me enternecieron. pues. Confieso que. olía mal a dos días. como son de badajo.

porque tal entendimiento. otros. y estos criados. chirles. güeros. etc.». para tomar ocasión de engullir un bocado. y hallará nuestros aposentos llenos de güesos de carnero y aves. Pues ¿qué diré del modo de comer en casas ajenas? En hablando a uno media vez.. Md.. que le quiero servir de maestresala. Dios le tenga en el cielo (y nombramos un señor muerto. pagamos las más veces los estómagos de vacío. unos nos llamamos caballeros hebenes. decimos que sí. y al cabo decimos: . Si nos preguntan si hemos comido. ni otra cepa de la que decienden los tales. que disimula los malos y esconde los buenos. Somos gente que comemos un puerro y representamos un capón. Reñimos en entrando el huésped: «¿Es posible que no he de ser yo poderoso para que barra esa moza? Perdone V. que solía. todo lo cual cogemos de parte de noche por el pueblo para honrarnos con ello de día. gustar más de verme partir que de comer. decimos: -Ahora deje V. Md. Somos susto de los banquetes. Entrará uno a visitarnos en nuestras casas. y aunque parta muy bien el ave. pan o carne el que fuere. vámosle a ver. y siempre a la hora de mascar. mondaduras de frutas.Capítulo VI En que prosigue el camino y lo prometido de su vida y costumbres «-Lo primero ha de saber que en la Corte hay siempre el más necio y el más sabio. Entre nosotros nos diferenciamos con diferentes nombres. polilla de los bodegones. que han comido aquí unos amigos. que es gran trabajo traer la comida en manos ajenas. más rico y más pobre. duque o conde). porque destas aguardadas nos han sucedido grandes vigilias.. que no se les conoce raíz ni mueble. tomamos el cuchillo y partimos bocaditos. sabemos su casa. Sustentámonos así del aire. traspillados y caninos. y los extremos de todas las cosas. chanflones. y que en ella hay unos géneros de gentes como yo. que se sepa que está en la mesa. y andamos contentos. Es nuestra abogada la industria. la puerta embarazada con plumas y pellejos de gazapos. si nos convidan no aguardamos a segundo envite. Decimos que nos llevan sus amores. Diciendo esto. si ellos no han empezado decimos que no.. Si han empezado. cáncer de las ollas y convidados por fuerza. Quien no nos conoce cree que es así y pasa por convite. etc.

Es de ver uno de nosotros en una casa de juego con el cuidado que sirve y despabila las velas. en día claro. tray orinales. haciendo creer a los frailes que es más devoción que necesidad. y ahora espera salir para soletas y otras cosas. cómo mete naipes y soleniza las cosas del que gana. los aprovechamos para papel. a su rayo. a la mañana. y después de todo. porque. y todo por lo que es. que de incurables. hijas de sábanas. Estudiamos posturas contra la luz. Sábelo sola la capa. y en la sombra del suelo vemos las que hacen los andrajos y hilachas de las entrepiernas. que. el tocino por ser tocino.esta ropilla. Los escarpines. y solemos traer la trasera tan pacífica. por falta de cuchilladas.-¡Oh. y antes camisas. que fue en su principio. la tenemos nosotros para remendarnos. todo por un triste real de barato. va en pruebas el medio plato: el nabo por ser nabo. como tenemos por enemigo declarado al sol. andamos las piernas muy juntas. puntadas y trapos. primero son pañizuelos. nieta de una capa y bisnieta de un capuz. que no hay más pelo en ellas que en un guijarro. ¡Qué buena mano tiene! Y diciendo y haciendo. y hacemos las reverencias con solos los tobillos. por cuanto nos descubre los remiendos. a las mañanas. habiendo sido toallas. ya tenemos sopa de algún convento aplazada. Pues ¿qué diré del modo con que de noche nos apartamos de las luces porque no se vean los herreruelos calvos y las ropillas lampiñas?. si se abren las rodillas. pues. no la tomamos en público. pues primero fue gregüescos. que es Dios servido de dárnosle en la . y en el papel escribimos. Tenemos de memoria. Md. No hay cosa en todos nuestros cuerpos que no haya sido otra cosa y no tenga historia. Y como en otras partes hay hora señalada para oración. Verbi gratia: bien ve V. qué bien güele! Cierto que haría agravio a la guisandera en no probarlo. Cuando esto nos falta. nos ponemos. las diversidades de cosas que sanamos. abiertas las piernas. Es de ver cómo quitamos cuchilladas de atrás para poblar lo de adelante. toda la ropería vieja. para lo que toca a vestirnos. y guardámonos de días de aire y de subir por escaleras claras o a caballo. los he visto hacer revivir con semejantes medicamentos. sino a lo escondido. -dijo. Son de ver. se verá el ventanaje. que se queda en las puras bayetas. y después hacemos dél polvos para resucitar los zapatos.

Pero si alguna vez vamos dentro del coche. si es en el muslo. Y aunque. ¿por qué ha de pensar que no tengo camisa? Pues todo esto le puede faltar a un cabal- . Si nos come delante de algunas damas. Pero por no gastar con barberos. por lindas que sean. con todo el pescuezo de fuera. contamos que vimos un soldado atravesado desde tal parte a tal parte. o están muertos o muy lejos. y arrimándonos a una esquina en son de empinarnos para ver algo. aunque sea en pollino por las calles públicas. Estamos obligados a andar a caballo una vez cada mes. y come en el pecho. con la güéspeda por la posada. Y lo que más es de notar es que nunca nos enamoramos sino de pane lucrando. conforme lo del Evangelio: «Ayudaos como buenos hermanos». y advertimos que los tales señores. Es de ver cómo andan los estómagos en celo. es de considerar que siempre es en el estribo. comiendo tan poco y bebiendo tan mal no se puede cumplir con tantas. por su tanda todas están contentas. ¿cómo pensará que andan caballeras en las piernas en pelo. ni otra cosa? Y quien viere este cuello. rascándonos en vez de enseñarlas. y así.barba y quitárnosle en la capa. y señalamos con las manos aquellas que nos comen. nos rascamos. si sabemos que alguno trata la misma gente que otro. unos por amigos. siempre andamos en recuesta con una bodegonera por la comida. nos damos sanctus aunque sea al introibo. sin media. otros por deudos. aunque sea en la arquilla o trasera. haciendo cortesías porque nos vean todos y hablando a los amigos y conocidos aunque miren a otra parte. con la que abre los cuellos por los que tray el hombre. Encajamos duques y condes en las conversaciones. tenemos traza para rascarnos en público sin que se vea. y obligados a ir en coche una vez en el año. Si es en la iglesia. que veda la orden damas melindrosas. Traemos gran cuenta en no andar los unos por las casas de los otros. ¿Qué diré del mentir? Jamás se halla verdad en nuestra boca. Levantámonos. prevenimos siempre de aguardar a que otro de los nuestros tenga también pelambre y entonces nos la quitamos el uno al otro. Quien ve estas botas mías.

y dimos con nuestros cuerpos en Madrid. y con esto vive en la Corte. sino hasta cien reales solos. Pero.» Tanto gusté de las extrañas maneras de vivir del hidalgo. rostro cáscara de nuez. abrazóme mil veces. y ya se ve en prosperidad y con dineros. y posada en compañía de todos. los cuales bastaron. porque así es gran ornato de la persona. a obligarle a mi amistad. diciendo que siempre esperó que habían de hacer impresión sus razones en hombre de tan buen entendimiento. Lo uno. llamó. atacóse. es de sustento. porque se cena el hombre en el almidón con sus fondos en mugre. inclinándome a la chirlería. y ya en el espital. en casa de los amigos de don Toribio. en fin. un caballero de nosotros ha de tener más faltas que una preñada de nueve meses. que divertido con ellas y con otras. madrugamos. . porque con ellos abrí los ojos a muchas cosas. señor licenciado. y después de haberle vuelto de una parte a otra. Llegó a la puerta. chupándole con destreza. Libro tercero y último de la primera parte de la vida del Buscón Capítulo I De lo que le sucedió en la corte luego que llegó hasta que amaneció Entramos en la Corte a las diez de la mañana. con la buena obra que le había hecho y hacía. abrióle una vejezuela muy pobremente abrigada. se vive. y el que se sabe bandear es rey.lero. Ofrecióme favor para introducirme en la Corte con los demás cofrades del estafón. Compréle del huésped tres agujetas. de conformidad. no declarándole que tenía los escudos que llevaba. adonde nos quedamos aquella noche. señor licenciado. Cenó conmigo el dicho hidalgo. Y al fin. y tanto me embebecí. no. dormimos aquella noche. fuímonos a apear. que no traía blanca y yo me hallaba obligado a sus avisos. con poco que tenga. pero cuello abierto y almidonado. Declaréle mis deseos antes que nos acostásemos. me llegué a pie hasta las Rozas. Acetéla.

y así me habré menester recoger a remendar. y pregunté como nuevo para saber la causa de estar siempre envuelto en la capa. para entrarse a espulgar. Dijo . a lo cual respondió: -Hijo. Preguntó si había algunos retazos. que apenas tenía qué espulgar según andaba desnudo. para acomodar jubones incurables. A todo esto. Yo le pregunté que por qué no se los ponía y dijo que por ser entrambos de una mano. porque eran a modo dellas. Grandes gracias di a Dios viendo cuánto dio a los hombres en darles industria. Preguntó por los amigos. noté que no se desarrebozaba. que era treta para tener guantes. Vació el guante y sacó otro y doblólos a usanza de médico.mordiscada de facciones. de lo cual resultó darme un abrazo y ofrecérseme. porque el tal no traía camisa ni gregüescos.vengo del camino con mal de calzas. Este pedazo de arrebozo lo disimula todo. que al mismo Portugal empalagara de bayetas. tengo en las espaldas una gatera. porque no entrase otro. acompañada de un remiendo de lanilla y de una mancha de aceite. y respondió. A las doce y media entró por la puerta una estantigua vestida de bayeta hasta los pies. punto menos de Arias Gonzalo. que decía: «Espulgador hay». y yo en atender a todo. que en mi hato. ropillas tísicas y con dolor de costado de los caballeros. con la cual. con un chillido crespo. que la vieja recogía trapos dos días en la semana por las calles. de suerte que hacían apariencia debajo del luto. Hablamos un rato. que parece que hago caravanas para lechuza u que retozo con algunos candiles. cuando él. y una carta. Yo pensé que eran calzas. Desarrebozóse y hallé que debajo de la sotana traía gran bulto. nunca saldréis de la Mancha. -Yo -dijo mi buen amigo. que habían ido a buscar. Entró al espulgadero y volvió una tablilla como las que ponen en las sacristías. se arremangó. cargada de espaldas y de años. Habláronse los dos en germanía. como las que tratan en papel. Estuvimos solos hasta que dieron las doce. diciendo que era licencia para pedir para una pobre. aunque caminéis a cualquiera parte. los había allegado. pasando el tiempo él en animarme a la profesión de la vida barata. ya que les quitase riquezas. y vi que eran dos rodajas de cartón que traía atadas a la cintura y encajadas en los muslos. y sacó un guante con diez y seis reales.

y no se reirá. quince días había. y la trasera de lienzo blanco.. levantando el cuello porque no se viese el anjeo. Decía el de la ropilla y casi gregüescos: -La mitad me debéis. y lo demás de bayeta colorada.! . Los valones eran de chamelote. Entraron luego otros dos. y traía (¡mire V. En esto estábamos. Yo apostaré que no sabe por qué traigo este sombrero con la falda presa arriba. Ponía la firma de quien le parecía. larga hasta el medio valón y su capa de lo mismo. que estaba roto. y que así no lo echan de ver. y habíalo sido en los alojamientos y hasta la mar.. dijo: -Haráse a las armas. y unos frascos por no tener capa. y eran hechas por él mismo. diciendo esto. Quitóse la capa. Supo mi venida de los demás y hablóme con mucho afecto. sacó más de veinte cartas y otros tantos reales. ¡juro a Dios. con sus fondos en sudor. Yo dije que por galantería y por dar lugar a la vista. Contaba extraños servicios suyos. Hacíase soldado. y él. y si no me la dais. Y esto hacía cada mes. de mal de zaragüelles. Este venía dando voces con el otro. o por lo menos mucha parte. y una muleta con una pierna liada en trapajos y pellejos por no tener más de una calza. con un sombrero prendidas las faldas por los dos lados. Traía cada una un real de porte. el uno con una ropilla de paño. en la cama. sepa que es porque no tiene toquilla. y a título de soldado entraba en cualquiera parte. mas no era más de lo que se descubría. escribía nuevas que inventaba a las personas más honradas y dábalas en aquel traje cobrando los portes. cuando vino uno con sus botas de camino y su vestido pardo. Y. -Antes por estorbarla -dijo-. diciendo que no había podido dar aquellas. cosa que me espantó ver la novedad de la vida.que no y que por falta de harapos se estaba. con gran disimulación. No pude tener la risa. don Lorenzo Iñíguez del Pedroso. que traía valona por no tener cuello. quién tal pensara!) la ropilla de pardo paño la delantera. Md.

Ya estaba yo tan hallado con ellos como si todos fuéramos hermanos (que esta facilidad y dulzura se halla siempre en las cosas malas). Era de ver a uno ponerse la camisa de doce veces. Dijo el soldado: -¿A mí chanzas? ¡No llevaréis ni medio! Han de saber V. que con acostarse como andaban de día. y preguntamos la causa de la pendencia. No se desnudaron los más. y dijo. nombrándome alférez: «Mire V. tan juntos que parecíamos herramienta en estuche. llegó un niño a este pobrete. y en los mentises acostumbrados. Md. Era de ver llegada la noche cómo nos acostamos en dos camas. atento a que le vio no sé qué cosa que traía en las manos. si no era en el aire. arremetió el uno al otro y asiéndose se salieron con los pedazos de los vestidos en las manos a los primeros estirones y no fue mucho. que estando hoy en San Salvador. Pídeme ahora la mitad. Metímoslos en paz. Yo antes me haré pedazos otra vez que tal dé. dividida en doce trapos. Mds. Recibí el recado y con él doce pañizuelos. cumplieron con el precepto de dormir en cueros. que el sonarse estaba vedado en la orden. que los inviaba a algún hombre de aquel nombre. para honrar la comunidad haciendo dellos unos cuellos y unos remates de mangas que se viesen y representasen camisas. Pasóse la cena de en claro en claro.-No jure a Dios -dijo el otro-. diciendo una oración a cada uno como . Yo que luego entendí la flor. y respondí a su madre. Juzgóse la causa en su favor. aceté. mandándole que los entregase a la vieja. Llevómele. Todos los han de romper mis narices. no daréis. y dijo que sí. qué le quiere este niño». y os daré con esta muleta mil palos. que en llegando a casa no soy cojo. Solo se le contradijo lo del sonar con ellos. Si daréis. u de saetilla a coz de dedo. y le dijo que si era yo el alférez Joan de Lorenzana. Capítulo II En que prosigue la materia comenzada y cuenta algunos raros sucesos Amaneció el Señor y pusímonos todos en arma.

por plegar las entrepiernas. Parecióme bien. Otro. que no fue poco de ver. Acabado esto. Acabóse la hora del remedio (que así la llamaban ellos) y fuéronse mirando unos a otros lo que quedaba mal parado. Uno. y para los de atrás traiga siempre el sombrero caído sobre el cogote. porque ellos cosían y la vieja les daba los materiales. porque quería gastar los cien reales en uno. porque no llegaban más de cuatro dedos más abajo de la rodilla. para culcusirse debajo del brazo. Otro pedía guía para ponerse el jubón. y yo dije que antes trazasen mi vestido. con cuchilladas no más de por delante. metiendo la cabeza entre ellas. A cuál se le perdía una pierna en los callejones de las calzas y la venía a hallar donde menos convenía asomada. Cuál. y vistámosle de lo reservado. y al que preguntare que por qué anda así respóndale que porque puede andar con la cara descubierta por todo el mundo. los cuales había traído el soldado. de la sotanilla me hicieron ropilla de luto de paño. Lo que sobró de paño trocaron a un sombrero viejo reteñido. . el dinero se dé al depósito. ha de ir volviéndose con él. Luego señalémosle su diócesi en el pueblo adonde él solo busque y apolille. trapos y arrapiezos de diferentes colores. Las medias calzas de seda aun no eran medias. El cuello estaba todo abierto de puro roto. El cuello y los valones me quitaron y en su lugar me pusieron unas calzas atacadas. los cuales cuatro dedos cubría una bota justa sobre la media colorada que yo traía. si le mirase uno. y acortando el herreruelo quedó bueno. de suerte que la falda cubra el cuello y descubra toda la frente. todos empuñaron aguja y hilo para hacer un punteado en un rasgado y otro. Md. V. No pintó tan extrañas posturas Bosco como yo vi. -Eso no -dijeron ellos-. saque pies. arremedando un cinco de guarismo. pusiéronle por toquilla unos algodones de tintero muy bien puestos. estirándole. deposité el dinero y en un instante. socorría a los cañones. pusiéronmele. se hacía un ovillo.. y en media hora se podía averiguar con él. hincado de rodillas. Determinaron de irse fuera. como la flor del sol con el sol. y quitarme la sotana. y dijeron: -El cuello está trabajoso por detrás y por los lados. que lados y trasera eran unas gamuzas. si fueren dos y miraren por los lados. se hacía L.sacerdote que se viste.

pusiéronme una espuela en la pretina. según dijo. quitábamos el sombrero. diciendo: -Con esta caja puede ir por todo el mundo. soltó de detrás de las orejas el cabello. Y porque no le conociese. cordel y aguja. deseando hacer lo mismo con sus capas a las mujeres hacíamos reverencias. paño. que se huelgan con ellas y con las paternidades mucho A uno decía mi buen ayo: «Mañana me traen dineros». Yo moríame de risa de ver la figura de mi amigo. mas no podía el dinero. A todos hacíamos cortesías. a los hombres. lienzo. como a misacantano. en lo cual conocí que era tan amigo de sus amigos. que me tray en palabras el banco». Cuál le pedía la capa. otro el de la espada y otro el de las sábanas y camisas. y dijo: . plantóse un parche en un ojo y púsose a hablar italiano conmigo. Entróse en un portal a recoger la melena y el parche. los rosarios en la mano. yesca y eslabón en una bolsa de cuero. entre ermitaño y caballero lanudo. Esto pudo hacer mientras el otro venía. tomamos el camino para mi barrio señalado. Señaláronme por cuartel para buscar mi vida el de San Luis. etc. raso y otros retacillos. en esta se encierra todo nuestro remedio. hacíase más cruces que un ensalmador. y fuese diciendo: -¡Jesús!.. pensé que era él. dedal. y así. A quien bueyes ha perdido. y quedó nazareno.. y un cuchillo. Tómela y guárdela. Sucedió. por padrino el mismo que me trujo y convirtió. como mula. Digo de verdad que vi al hombre dar vueltas alrededor. saliendo de casa con los otros. empecé mi jornada.Diéronme una caja con hilo negro y hilo blanco. Salimos de casa con paso tardo. para empezar la estafa. de manera que eché de ver que era caballero de alquiler. que traía recogido.. como perro que se quiere echar. que no tenía cosa suya. que aún no le había visto. a otro: «Aguárdeme V. sin haber menester amigos ni deudos. pues. Md. Andábamos haciendo culebra de una acera a otra por no topar con casas de acreedores. por estar ocupado en chismes con una vieja. Ya le pedía uno el alquiler de la casa. por una deuda. que vio desde lejos un hombre que le sacaba los ojos. seda. un día. quién le daba prisa por la pretina. aunque por ser nuevo me dieron.

que criado con hambre desde niño. Y si tanta prisa tenéis. -¡Cuerpo de Dios -replicó. Y díjome: -Con esto vaya el hombre descuidado de comer hoy. yo me voy a la sopa de San . y han menester llevar en paciencia algunas pagas atrasadas. os sustentéis ya con ella. en una esquina. Ya os he dicho que a nadie falta Dios. y repliqué afligido por parte de mi estómago. hermano. no es mucho. Aprendé. Pasamos adelante y. pues. No os veo hacer diligencia vehemente para mascar. yo determino de hacer la que pudiere. no les cayó en gracia a mis tripas el alcotín y tenía hambre como si tal no hubiera comido. y dio un reloj las doce. como el otro rey con ponzoña. Renovada. volvíme al amigo y dije: -Hermano. de una picarona que nos lo dio de gracia.-Estos son los aderezos de negar deudas. después de dar el bienvenido a mi adestrador. -Es verdad -dije-. y. esto no puede faltar. Afligíme yo. No falta el Señor a los cuervos ni a los grajos ni aun a los escribanos ¿y había de faltar a los traspillados? Poco estómago tienes. estaba hecho el hombre a comer más que un sabañón y hanme metido a vigilias. sino comer todo el día! ¿Qué más hacen los animales? No se escribe que jamás caballero nuestro haya tenido cámaras. la memoria con la hora. tomamos dos tajadas de alcotín y agua ardiente. y así. Si vos no lo sentís. ¡No. por ser de mañana. que veréis mil cosas destas en el pueblo. pero temo mucho tener menos y nada en él. de puro mal proveídos no nos proveemos. este de la hambre es recio noviciado. En esto estábamos. considerando que aún teníamos en duda la comida.con vos! Pues dan agora las doce ¿y tanta prisa? Tenéis muy puntuales ganas y ejecutivas. A lo cual respondió: -Poca fe tienes con la religión y orden de los caninos. que antes. y como yo era nuevo en el trato. por lo menos.

jugando con el decenario. que no son tan cortas mis faltas que se hayan de suplir con sobras de otros. y al instante me quedé del modo que andaba como el perro perdiguero con el aliento de la caza. . adonde vivía un pastelero. según estaba. y voy con prisa a comer. venid. Le miré con tanto ahínco que se secó el pastel como un aojado. no erraran. señor licenciado. Cada uno eche por su calle. resolvíame otra vez a pagarlo. fue mucho conocerme. me detuviera más. Dios que lo quiso. y con aquel resuello del horno tropezóme en las narices. Yo que iba haciendo punta a uno. y derramóselas por la barba y vestido. con más barros que la cara de un sanguino y tantos rabos que parecía chirrión con sotana. preguntóme cómo estaba. y llegué con esto a la esquina de la calle de San Luis. Angustiéme de manera que me determiné a zamparme en un bodegón de los que están por allí. adonde hay aquellos frailes de leche como capones. Iba yo fiando en mis escudillos aunque me remordía la conciencia el ser contra la orden comer a su costa quien vive de tripas horras en el mundo. díjele luego: -¡Ah. -Eso me pesa a mí -replicó-. amigo mío. Arremetió a mí en viéndome. limpiándome los bigotes. que lo era porque no tenía más de diez cuentas. Si vos queréis seguirme. Todos los que me vían me juzgaban por comido. Yo me iba determinando a quebrar el ayuno. Allí es de contemplar las trazas que yo daba para hurtarle. Mi amigo iba pisando tieso y mirándose a los pies. porque me aguarda una hermana casada y su marido. topo con un licenciado Flechilla. cada uno a sus aventuras. puestos en él los ojos. de suerte que parecía haber comido. En esto me dio la una. qué de cosas tengo que contarle! Sólo me pesa de que me he de ir esta noche y no habrá lugar. Asomábase uno de a ocho tostado. que venía haldeando por la calle abajo.Jerónimo. -Adiós -dije yo-. por disimular mi flaqueza. Ya yo iba tosiendo y escarbando. pulpo graduado o mercader que cargaba para Italia. Yo le abracé. y allí haré el buche. arrebozado y la capa sobre el hombro izquierdo. y si no. y si fuera de piojos. que. y si no fuera por ser tarde. sacó unas migajas de pan que traía para el efeto siempre en una cajuela.

Sentáronse y sentéme. Llegamos tratando en ello a su casa. apartámonos yo y el licenciado a hablar de la ida en casa de la dicha. pero con prisa tan fiera. Pegósele luego al alma el envite. Entramos. señor? Ya bajo». hice que me llamaban de la calle. Levantóse la mesa. la persecución de los güesos y el destrozo de la carne. Topóme otras muchas veces y disculpéme con él contándole mil embustes que no importan para el caso. y dije: -«¿A mí. diciendo que luego volvía. con lo cual llevaba mejor el verme engullir. empedré la faltriquera de mendrugos. que fue industria tratarle de cosa de gusto. yo me ofrecí mucho a su cuñado y hermana. que ni me había convidado ni le pasaba por la imaginación. Vino la olla y comímela en dos bocados casi toda. Quedóme aguardando hasta hoy. que quiero hacer lo que estoy obligado. y que se me hiciera agravio en tratarme con cumplimiento. no persuadiéndose a otra cosa sino a que yo venía convidado por venir a tal hora. Abrí los ojos oyendo que no había comido. Y si va a decir verdad. vamos.-¿Que aquí está mi señora Ana? Aunque lo deje todo. que desaparecí por lo del pan comido y la compañía deshecha. Y estando hablando con él a una ventana. pues fue con más prisa que un extraordinario el correo. diciendo que me había preguntado por él y que le tenía en el alma y otras mentiras deste modo. y sentéme en un banco de los que tienen en sus puertas los mercaderes. sin malicia. diciendo que yo era de casa y amigo viejo. comenzaron a decir que si lo supieran que habían de tener tan buen güésped que hubieran prevenido algo. de rato en rato le pegaba yo con la mozuela. Pedíle licencia. Ellos bien debían notar los fieros tragos del caldo y el modo de agotar la escudilla. que parecía que aun entre los dientes no la tenía bien segura. que le deshace en veinte y cuatro horas. y porque el otro lo llevase mejor. Quiso Dios . entre burla y juego. llegué a la puerta de Guadalajara. y ellos. que no come un cuerpo más presto el montón de la Antigua de Valladolid. Fuime con él y empecéle a contar que una mujercilla que él había querido mucho en Alcalá sabía yo dónde estaba. y que le podía dar entrada en su casa. Dios es mi padre. porque tal destrozo como yo hice en el ante no lo hiciera una bala en el de un coleto. Yo cogí la ocasión y convidéme. Fuime por las calles de Dios. Yo se lo facilité mucho. que yo despaché el ordinario.

Pareciólas irse. Y acuérdome que cuando salimos de la tienda llamé uno de los pajes. Nombréme don Álvaro de Córdoba y entréme por la puerta delante de sus ojos. Regatearon diciendo que no tomaban de quien no conocían. y al entrar en la de las Carretas escogí la casa que mejor y más grande me pareció. advirtiéndome con el secreto que había de ir el paje. A los de . con achaque de dar limosna a un pobre que me la pidió. y así me pidieron licencia. natural de Olías. como quien no aventuraba a perder nada. Sentí que les había dado mi libertad algún seguro de algo de la tienda. por lo cual estaba descaperuzado. diciendo que no podía entrar paje en la suya a todas horas. Yo empecé luego. Entré y hallé al soldado de los trapos con una hacha de cera que le dieron para acompañar un difunto y se vino con ella. Preguntaron si había algún terciopelo de labor extraordinaria. Hice que le decía que se quedasen todos y que me aguardasen allí (que así dije yo que lo había dicho). y con intento de estafarme en más se fiaron de mí y preguntáronme mi posada. con su vieja y pajecillo. de tercio y pelado y pelo y apelo y pospelo. Y para que me tuviesen por hombre de partes y conocido no hacía sino quitar el sombrero a todos los oidores y caballeros que pasaban. Regatearon dármele. que estaba en otra tienda. Tenía un coche sin caballos a la puerta. yo les ofrecía en prendas los cien escudos. acomodé los criados ajenos como buen caballero. pero que me hiciesen merced de acetar unas telas que me habían traído de Milán. y con tanto. a jugar del vocablo. por ser gente principal. y yo. y dijéronme su casa. Yo las pedí por favor y como en gracia un rosario engazado en oro que llevaba la más bonita dellas. ofrecílas lo que quisiesen.y no dejé güeso sano a la razón. que a la noche llevaría un paje que les dije que era mío. Llegó la noche escura y acogímonos a casa todos.que llegaron a la tienda dos de las que piden prestado sobre sus caras. y sin conocer a ninguno les hacía cortesías como si los tratara familiarmente. había sido capitán en una comedia y combatido con moros en una danza. y la verdad es que le pregunté si era criado del comendador mi tío. por ser ya tarde. Yo las llevé por la calle Mayor. Ellas se cegaron con esto y con unos cien escudos en oro que yo saqué de los que traía. Dijo que no. Díjeles que aquella era y que allí estaba ella y el coche y dueño para servirlas. para trabar conversación. Llamábase éste Magazo. Yo me aproveché de la ocasión diciendo que había sido atrevimiento ofrecerles nada. en prendas de que las había de ver a otro día sin falta. tapadas de medio ojo. con gran autoridad con la mano. por estar enfrente aguardando a su amo.

. contando la batalla que había vencido el señor don Juan en Lepanto. y se afrenta un don Peluche de comer! ¡Graduado estoy de bachiller en artes por Sigüenza!». viendo que un vejezuelo que allí estaba decía que aunque acudía al brodio. gorronazo). y como él no sabía nada de mar. más triste que pastelería en Cuaresma. Nombraba turcos. En fin. y vieron que en un rincón detrás de la puerta estaba sorbiendo con gran valor. se vio en tanto peligro el pobre hermano. Nombraba castillos y apenas los había visto en los ochavos. Pasábamos con él lindos ratos. Aquí lo dejo porque el compañero estaba ya fuera desaprensando los güesos. todos los que había leído en unas coplas que andaban desto. y aun no bastaba.Flandes decía que había estado en la China. galeones y capitanes. con el enojo. y oíle decir yo muchas veces de Luis Quijada que había sido honra de amigos. Trataba de formar un campo y nunca supo sino espulgarse en él. que hay hombre en la sopa del bendito santo que puede ser obispo o otra cualquier dignidad. y aun no los podía meter en paz. lleno de sangre y muy sucio. y ellos. Metióse el portero de por medio. Entró luego mi compañero deshechas las narices y toda la cabeza entrapajada. que ya no reparaban sino en que pedía para otros y no se preciaba de sopón. que decía: «¡Yo volveré lo que he comido!». y a los de la China en Flandes. Celebraba mucho la memoria del señor don Juan. que era decendiente de los godos y que tenía deudos. con más agujeros que una flauta y más remiendos que una pía y más manchas que un jaspe y más puntos que un libro de música (decía un estudiantón destos de la capacha. Quitáronselo a los otros mendigos para dárselo. siguiéronle. Embistiéronle con los jarros. como muñeca de niños. como no sabía el pobrete que era nombre del mar. -«¡Miren el todo trapos. y sobre si era bien hecho engañar por engullir y quitar a otros para sí. y el daño de las narices se le hizo uno con una escudilla de palo que se la dio a oler con más prisa que convenía. se levantaron voces y tras ellas palos y tras los palos chichones y tolondrones en su pobre cabeza. dijo. Quitáronle la espada. Preguntámosle la causa. salió a las voces el portero. diciendo que era para unas personas honradas y pobres. porque no tenía de naval más del comer nabos. que aquel Lepanto fue un moro muy bravo. y dijo que había ido a la sopa de San Jerónimo y que pidió porción doblada.

y por mal nombre fulleros).. heridos y mancos. hecha la pretina una sarta de búcaros y vidros. había agarrado con poco temor de Dios. el cual se había hecho ensalmador con unas santiguaduras y oraciones que había aprendido de una vieja. la cual había trocado en una mesa de trucos a la suya. Con esto cogía mucha limosna y entrábase en las casas que veía abiertas: si no había . Pues en lo que toca a mujeres. Mas todo fue nada para ver entrar a don Cosme cercado de muchachos con lamparones. Andaba de noche desta suerte. entraba en las casas con Deo gracias. iba por su capa y tomaba la que mejor le parecía y salíase. el cual entró con una capa muy buena. Usábalo en los juegos de argolla y bolos. pidiendo de beber en los tornos de las monjas. besaba la tierra al entrar en la iglesia. no había lugar. los cuales. llamábase indigno. porque no ha nacido tal artífice en el mentir. Vino Polanco haciendo gran ruido. tenía seis hijos y preñadas dos santeras. como que no hacía partido. cáncer y lepra. Hablaba del Niño Jesús.Capítulo III En que prosigue la misma materia. y haced bien para las ánimas. Al fin. que no se la cubriera pelo al que la llevó. Mas sacóle de la puja don Lorenzo del Pedroso. hasta dar con todos en la cárcel Entró Merlo Díaz. que los piojos eran silicios y que la hambre canina eran ayunos voluntarios.. decía «Dios nos libre y nos guarde». Ganaba este por todos. Porque él era jugador y lo otro (ciertos los llaman. Contaba tentaciones. etc. tanto. decía lo del «Espíritu Santo sea con todos». traía el pueblo tal. y pidió su saco pardo.». Traía todo ajuar de hipócrita: un rosario con unas cuentas frisonas. concomiéndose. que aun por descuido no decía verdad. porque si el que venía a curarse no traía bulto debajo de la capa. pero las faldas sí. y ponerla con las otras. que se encomendaban a él y era como encomendarse al diablo. Tenía asolado medio reino. y luego. no levantaba los ojos a las mujeres. Con estas cosas. en nombrando al demonio. los que no quebraba hendía.. hacía creer. Hacía creer cuanto quería. barba larga postiza y campanilla.. no sonaba dinero en faldriquera. Usaba éste quitarse la capa como que quería jugar. por ser desbarbada. diciendo: «Acordaos de la muerte. o no piaban algunos capones. cruz grande. de los mandamientos de Dios. al descuido hacía que se le viese por debajo de la capa un trozo de diciplina salpicada con sangre de las narices. Juraba el nombre de Dios unas veces en vano y otras en vacío.

Traía media docena de corchetes.». Confesó luego todo el caso y dijo cómo vivíamos todos y que éramos caballeros de rapiña.. a cada uno dos pares de grillos y sumiéronnos en un calabozo. Trujo un alguacil y agarráronme la vieja. llamaba hijos a todos. Quiso. sacando un doblón.. ropa. de un amigo ermitaño que tenía en las cuestas de Alcalá. díjele al carcelero: -Señor. jubón. Traía encima de muy buena camisa. un saco de sayal roto. en entrando. por espacio de un mes. que se llamaba la madre Labruscas. conoció uno no sé qué hacienda suya. Lloraba la vieja a cada paso. robaba cuando había. . enclavijaba las manos y suspiraba de lo amargo. que yendo a vender no sé qué ropa y otras cosillas a una casa. etcétera. el diablo. los compañeros a la vergüenza y él en fiado Echáronnos. Ésta gobernaba el hato aconsejaba y encubría. tocaba la campanilla y decía con una voz que él fingía muy penitente: «Acordaos. hasta salir la vieja azotada. verdugos de a pie. Y para que lo hiciese dile escudo como cara. me apartó. La cual se iba por las casas diciendo que era de una doncella pobre y que se deshacía dél para comer. pues. Y ya tenía para cada cosa su embuste y su trapaza. que me vi ir allá. Dejóla el alguacil en la cárcel y vino a casa. saya y manteo. Volvamos agora a que les enseñé el rosario y conté el cuento. aprovechéme del dinero que traía conmigo y. en ellos. hermanos. Celebraron mucho la traza y recibióle la vieja por su cuenta y razón para venderle. Capítulo IV En que trata los sucesos de la cárcel. En viéndolos. en secreto. y dio con todo el colegio buscón en la cárcel. si le topaban. oígame V. Yo. que nunca está ocioso en cosas tocantes a sus siervos. adonde se vio en gran peligro la caballería. y halló en ella a todos mis compañeros y a mí con ellos. Todas estas trazas de hurtar y modos extraordinarios conocí.testigos ni estorbo. Md.

Alzóse el grito. desnudarse de un golpe todo cuanto traían encima como culebras. abrió la sala. Diéronme mi camilla. Md. y al ruido despertó el concurso. -le dije. por levantarse aprisa. A cuál por asirle de alguna parte sigura. derramóle. que es mejor a veces serlo de un cachete que de un reino. Condenáronme todos. al quitar la soga en que venían ensartados. Al fin. Usé el oficio de adelantado. El. al fin. y aquél asir de otro para acomodarse. Busquéle las manos. tuvimos palabras. Estaba el servicio a mi cabecera. entró luz y informóse del caso. cuáles jugaban. con toda su cuadrilla. y metíle a uno media pretina en la cara. a decirles que mudasen a otra parte el vedriado. por estar todo tan manido le agarraba el corchete de las puras carnes y aun no hallaba de qué asir. eran de ver unos cuerpos pías remendados y otros aloques de tinto y blanco. se salían pegados los andrajos. Olvidamos todos los grillos. Yo conocí la deshecha y respondíle humilde. sospechando que se le iban algunos vasallos. otros. vime forzado. yo me disculpaba con decir que en toda la noche me habían dejado cerrar los ojos. según los tenía roídos la hambre. Asábamonos a pretinazos a escuras. llegada la noche. Era de ver algunos dormir envainados. a dormir a la sala de los linajes. El alcaide. Dejo de contar la risa tan grande que en la cárcel y por las calles había con nosotros.que se duela de un hombre de bien. cerrados. a intercesión de mis narices. El carcelero. diciendo: -Yo averiguaré la enfermedad y si no es urgente bajará al cepo. sin quitarse nada. armado. y como sus palmas estaban hechas a llevar semejantes dátiles. Y sobre si le viene muy ancho o no (como si me hubieran tomado la medida con el bacín). Dejóme fuera y a los amigos descolgáronlos abajo. Era de ver a los que no tenían cama llegar y asir de los pies al acostado y sacarlo arrastrando en medio de la sala y encajarse en la cama. yo fui. unos sin capas y otros con ellas arrastrando. porque como nos traían atados y a empellones. y era tanto el mal olor que hubieron de levantarse todos. subió corriendo. pare- . cerró con los dichos veinte y seis. Y. Otros iban dejando a los corchetes en las manos los pedazos de ropillas y gregüescos.-Suplico a V. se mató la luz.

Decía que estaba preso por liberalidades. Decían ellos que presto podrían decir que habían servido a su Rey por mar y por tierra. No se podrá creer la notable alegría con que aguardaban su despacho. le llamaba botiller del verdugo y depositario general de culpas. Yo di luego seis reales. dos pares de grillos y una cadena de portada. A estos se llegaban otros cuatro hombres. quedaron remitidos para la noche. alto. Había confesado este. como mastines. todos agrillados. entendido. y así. Cuando el alcaide le reñía por alguna travesura. que eran cosas de atrás. Fui llevado abajo. pobrete. y averigüé que por puto. y lo primero que nos fue notificado fue dar para la limpieza. Este hacía amistad con otro que llamaban Robledo y por otro nombre el Trepado. Respondía que no. con el que ha de hacer humo? Dios es Dios. Tenía menos las orejas y pegadas la narices. eran de manos en pescar lo que topaba. Llamábanle el Jayán. como si en una noche lo hubiera yo ensuciado todo. Yo pensé que pecados viejos quería decir. y no había quien se osase ventosear. Vímonos las caras. Este había sido más azotado que postillón. y así. recibiéronme con arbórbola y placer los amigos. y. Decía que estaba por cosas de aire. Amaneció el Señor y salimos del calabozo. so pena de culebrazo fino. Tenía la cara con tantas cuchilladas que a descubrirse puntos no se la ganara un flux. gente de azotes y galeras. y era tan maldito que traíamos todos con carlancas. abigotado. las traseras. rapantes como leones de armas. Otras veces le amenazaba diciendo: -«¿Qué te arriesgas. chilindrón legítimo. Dormí aquella noche algo desabrigado. . Traía más hierro que Vizcaya. mohíno de cara. Había en el calabozo un mozo tuerto. sospechaba yo si era por algunos fuelles. asió del caso y mandóme bajar allá. no había verdugo que no hubiese probado la mano en él. que te vendimie de camino». de miedo de acordarle dónde tenía las asentaderas. mis compañeros no tenían qué dar. chirimías o abanicos. cargado de espaldas y de azotes en ellas. Determinéme a consentir antes que a pellizcar el talego más de lo que lo estaba.ciéndole que por no dejarme zabullir en lo hondo le daría otro doblón. y decíale si era por algo desto. aunque no tan bien como la cuchillada que se las partía.

Fuímonos ahuchados a la postrera faldriquera de la casa. que dentro de poco tiempo tenía el dicho don Toribio más golpes en la cabeza que una ropilla abierta. aquella noche los dejaron. Estaban como liendres en cabellos o chinches en cama. Ofrecieron para pagar la patente sus vestidos haciendo cuenta que era mejor entrarse en la cama por desnudos que por heridos. no quedaba andrajo en pie. Los bellacos. ordenaron a la noche de darlos culebra de cáñamo. y se halló que de todos sus vestidos juntos no se podía hacer una mecha a un candil. Comenzó a dar voces que le mataban. Los buenos caballeros. Mataron la luz. Menudeaban tanto las piedras y cascotes. donde se espulgan todos. Consintiéronselo. la cual era la que llaman ruana. y otro que en un brazo ayuno dellos quebraba ayuno de ocho días. viéndose sin santidad cerca de morir San Esteban. Acabaron su vida las ropillas. Empezaron luego a sentir el abrigo de la manta. mohínos de ver que mis compañeros no contribuían. por presto que acordaron a hacer lo mismo. con la fuerza que hacían. Y así. comidas y almorzadas de sarna y piojos). Él. Sonaban los golpes en la tabla. que uno le halló el cogote a don Toribio y le levantó una pantorrilla en él de dos dedos. Quedáronse en la cama. digo envueltos en una manta. cantaban todos juntos y hacían ruido con las prisiones. porque no se oyesen sus aullidos. Pensaron aquella mañana ser almorzados .Todos estos. porque había piojo con hambre canina. les sonaban los güesos. se apretaron de manera las carnes ayunas (cenadas. habíalos frisones y otros que se podían echar a la oreja de un toro. Allí fue el ver cómo. que él pagaría luego y daría sus vestidos en prendas. Allí fue ella. dijo que le dejasen salir. Empezaron a silbar dos dellos y otro a dar sogazos. dejaron el dar azotes y empezaron a tirar ladrillos. Los bellacos. por esconderse. y a la mañana les pidieron que se desnudasen. que se defendían con él. que vieron que no se quejaban. yo metíme luego debajo de la tarima. Vino la noche. y a pesar de los otros. asió de los otros para meterse debajo. ya tenían las chollas con más tejas que pelos. con una soga dedicada al efeto. callaban los dichos. que cupieron todos en un resquicio de la tarima. y no hallando remedio contra el granizo. piedras y cascote que tenían recogido. que vieron el negocio de revuelta. descalabrado y como pudo se levantó y pasó a mi lado. Los otros.

dellos; quitáronse la manta, maldiciendo su fortuna, deshaciéndose a puras uñadas. Yo salíme del calabozo diciéndoles que me perdonasen si no les hiciese mucha compañía, porque me importaba no hacérsela. Torné a repasarle las manos al carcelero con tres de a ocho y sabiendo quién era el escribano de la causa inviéle a llamar con un picarillo. Vino, metíle en un aposento, y empecéle a decir (después de haber tratado de la causa) cómo yo tenía no sé que dinero; supliquéle que me lo guardase, y que en lo que hubiese lugar favoreciese la causa de un hijodalgo desgraciado que por engaño había incurrido en tal delito. -Crea V. Md. -dijo, después de haber pescado la mosca-, que en nosotros está todo el juego, y que si uno da en no ser hombre de bien puede hacer mucho mal. Más tengo yo en galeras de balde, por mi gusto, que hay letras en el proceso. Fíese de mí y crea que le sacaré a paz y a salvo. Fuese con esto y volvióse desde la puerta a pedirme algo para el buen Diego García, el alguacil, que importaba acallarle con mordaza de plata y apuntóme no sé qué del relator, para ayuda de comerse cláusula entera. Dijo: -Un relator, señor, con arcar las cejas, levantar la voz, dar una patada para hacer atender al alcalde divertido hacer una acción, destruye a un cristiano. Dime por entendido y añadí otros cincuenta reales, y en pago me dijo que enderezase el cuello de la capa, y dos remedios para el catarro que tenía de la frialdad del calabozo, y últimamente me dijo, mirándome con grillos: -Ahorre de pesadumbre, que con ocho reales que dé al alcaide, le aliviará; que esta es gente que no hace virtud si no es por interés. Cayóme en gracia la advertencia. Al fin, él se fue. Yo di al carcelero un escudo; quitóme los grillos. Dejábame entrar en su casa. Tenía una ballena por mujer y dos hijas del diablo, feas y necias, y de la vida, a pesar de sus caras. Sucedió que el carcelero (se llamaba tal Blandones de San Pablo, y la mujer doña Ana Moráez) vino a comer, estando yo allí, muy enojado y bufando. No quiso comer. La mujer, recelando alguna gran pesadumbre, se

llegó a él, y le enfadó tanto con las acostumbradas importunidades, que dijo: -¿Qué ha de ser, si el bellaco ladrón de Almendros el aposentador, me ha dicho, teniendo palabras con él sobre el arrendamiento, que vos nos sois limpia? -¿Tantos rabos me ha quitado el bellaco? -dijo ella-; por el siglo de mi agüelo, que no sois hombre, pues no le pelastes las barbas. ¿Llamo yo a sus criadas que me limpien? Y volviéndose a mí, dijo: -Vale Dios que no me podrá decir que soy judía como él, que de cuatro cuartos que tiene, los dos son de villano y los otros ocho maravedís de hebreo. A fe, señor don Pablos, que si yo lo oyera, que yo le acordara de que tiene las espaldas en el aspa de San Andrés. Entonces, muy afligido el alcaide, respondió: -¡Ay, mujer, que callé porque dijo que en esa teníades vos dos o tres madejas! Que lo sucio no os lo dijo por lo puerco, sino por el no lo comer. -Luego ¿judía dijo que era? ¿Y con esa paciencia lo decís, buenos tiempos? ¿Así sentís la honra de doña Ana Moráez, hija de Esteban Rubio y Joan de Madrid, que sabe Dios y todo el mundo? -¡Cómo! ¿Hija -dije yo- de Joan de Madrid? -De Joan de Madrid, el de Auñón. -Voto a Dios -dije yo- que el bellaco que tal dijo es un judío, puto y cornudo. Y volviéndome a ellas: -Joan de Madrid, mi señor, que esté en el cielo, fue primo hermano de mi padre. Y daré yo probanza de quién es y cómo; y esto me toca a mí. Y si

salgo de la cárcel yo le haré desdecir cien veces al bellaco. Ejecutoria tengo en el pueblo, tocante a entrambos, con letras de oro. Alegráronse con el nuevo pariente y cobraron ánimo con lo de la ejecutoria. Y ni yo la tenía ni sabía quiénes eran. Comenzó el marido a quererse informar del parentesco por menudo. Yo, porque no me cogiese en mentira, hice que me salía de enojado, votando y jurando. Tuviéronme, diciendo que no se tratase más dello. Yo, de rato en rato, salía muy al descuido con decir: -¡Joan de Madrid! ¡Burlando es la probanza que yo tengo suya! Otras veces decía: -¡Joan de Madrid, el mayor! Su padre de Joan de Madrid fue casado con Ana de Acevedo, la gorda. Y callaba otro poco. Al fin, con estas cosas, el alcaide me daba de comer y cama en su casa, y el escribano, solicitado dél y cohechado con el dinero, lo hizo tan bien, que sacaron a la vieja delante de todos en un palafrén pardo a la brida, con un músico de culpas delante. Era el pregón: «¡A esta mujer, por ladrona!» Llevábale el compás en las costillas el verdugo, según lo que le habían recetado los señores de los ropones. Luego seguían todos mis compañeros, en los overos de echar agua, sin sombreros y las caras descubiertas. Sacábanlos a la vergüenza y cada uno, de puro roto, llevaba la suya de fuera. Desterráronlos por seis años. Yo salí en fiado, por virtud del escribano. Y el relator no se descuidó, porque mudó tono, habló quedo y ronco, brincó razones y mascó cláusulas enteras.

Capítulo V De cómo tomó posada, y la desgracia que le sucedió en ella

Salí de la cárcel. Halléme solo y sin los amigos; aunque me avisaron que iban camino de Sevilla a costa de la caridad, no los quise seguir.

-Ese es -replicó. que así dije que era mi nombre (porque los amigos me habían dicho que no era de costa mudarse los nombres. y lo otro la comodidad de hallármela en casa. zaceaba un poco. Hacía que bostezaba. tenía miedo a los ratones. por mostrar los dientes y hacer cruces en la boca. miradora. si se jugaba a algún juego era siempre el de pizpirigaña. en enviar a mi casa amigos a buscarme cuando no estaba en ella. el primero. partía la comida en la mesa. y un catalán. a tres moradores: fui el uno yo. Entró uno. alegre.el que yo digo. con muy buena ropa. como no estaba tan bien vestido como era razón. Hiciéronme muy buena acogida. Di para acreditarme de rico que lo disimulaba. pero no enamorada. traíalas nuevas aunque nunca las hubiese. Di en poner en ella los ojos. a veces entremetida y a veces entresacada y salida. servíalas en todo lo que era de balde. más roto que rico. porque tenían trato de alquilarla. «un hombre de negocios rico. A mí no me pareció mal la moza para el deleite. Granjeé una voluntad en todos agradecida. en la iglesia siempre tenía puestas las manos. Díjelas que sabía encantamientos y que era nigromante. toda la casa tenía ya tan manoseada que enfadaba ya a sus mismos padres. conservando la sangre a pura carne y pan que le comía. Hospedáronme muy bien en su casa.Determinéme de ir a una posada. por ser cosa de mostrar manos. adrede. . no hacían de mí el caso que era razón. Al fin. sin tener gana. pequeño de cuerpo. preguntando por el señor don Ramiro de Guzmán. preguntó por don Ramiro. que. a quien visitaba siempre. el otro un portugués. de contino tenía un alfiler que prender en el tocado. Al fin. que haría que pareciese que se hundía la casa y que se abrasaba. contábales cuentos que yo tenía estudiados para entretener. feo de cara y pobre. Desconociéronme en esto las huéspedas y respondieron que allí no vivía sino un don Ramiro de Guzmán. y que era útil). Y no quisiera más renta al servicio de Dios que la que tiene a más de dos mil ducados. y otras cosas que ellas como buenas creedoras tragaron. preciábase de manos y por enseñarlas siempre despabilaba las velas. por las calles iba enseñando siempre cuál casa era de uno y cuál de otro. que hizo agora tres asientos con el Rey». aunque ya me había mejorado algo de ropa por medio del alcaide. donde hallé una moza rubia y blanca. en el estrado.

señor don Ramiro. porque cacareaba notablemente. porque dieron en desvelarse para regalarme y servirme.Contóles otros embustes. Yo que las vi tan cebadas declaré mi voluntad a la muchacha y ella me oyó contentísima. su mucha hermo- . botas. y fuese. Díjoles que me la diesen para que la acetase. ¿Cómo que nos esconda V. Fue esto de verme con tanto dinero de contado. para confirmarlas más en mi riqueza. el cual era la criatura más triste y miserable que Dios crió. en creyendo que tenía dinero. celebraban mis palabras. de tres a tres días. Era de ver cómo. la moza me hablaba y recibía mis billetes. y él las dejó una cédula de cambio fingida. el catalán me trataba de cobarde y vil. Ardía por doña Berenguela de Robledo. de nueve mil escudos. y siempre andaba apuntando con él el catalán. quién es debiéndonos tanta voluntad? Yo hice como que me había disgustado por el dejar de la cédula y fuime a mi aposento. Creyeron la riqueza la niña y la madre y acotáronme luego para marido. Yo lo sabía todo y a veces lo oía. me decían que todo me estaba bien. cerréme en mi aposento. Vine yo con gran disimulación. y si no era el poner güevos. para ellas. Enamorábala sentándose a conversación y suspirando más que beata en sermón de Cuaresma. El portugués decía que era un piojoso. quedáronse espantadas. El portugués se llamaba o siñor Vasco de Meneses. cuello pequeño y mostachos grandes. diciéndome mil lisonjas. que estaba dividido del suyo con sólo un tabique muy delgado. Comenzaba por lo ordinario: «Este atrevimiento. y una noche. y sacando cincuenta escudos estuve contándolos en la mesa tantas veces que oyeron contar seis mil escudos. pícaro. Pretendía por lo bravo. que así se llamaba. digo de Christus. comía a tercianas. no había tal donaire como el mío. y en entrando. Apartámonos. Como vieron los dos que yo iba tan adelante dieron en decir mal de mí. todo lo que yo podía desear. que traía a cobrar en mí. pero no me hallaba con ánimo para responder. Cantaba mal. Al fin. caballero de la cartilla. me dieron la cédula diciendo: -Dineros y amor mal se encubren. no le faltaba otra cosa para gallina. Traía su capa de luto. y el pan tan duro que apenas le pudiera morder un maldiciente. Md. desarropado.

trataba de «penar». que quebré todas las tejas y quedaron estampadas en las costillas. Recibiéronme con la mayor alegría del mundo.. me subí al corredor. El diablo. porque el escribano y dos criados y un hermano me molieron a palos y me ataron a la vista de mi dama.. su mayordomo que fue de las depositarías. dijo y escribió que eran ganzúas y aunque las vio. pasaba a las cobranzas y le había venido a besar las manos. por las señas. y arrebozado y mudando la voz. ofrecíame por esclavo. salíme de casa y alquilé una mula. y pensando que eran ladrones (que son antojadizos dellos los deste oficio) subieron al tejado. pequeño de cuerpo. Díjele que era don Ramiro de Guzmán y rióse . y era lo bueno que ella pensaba que todo era artificio y no acababa de reír. vánseme los pies y doy en el de un vecino escribano tan desatinado golpe. la muchacha se remató. yo deseoso de gozar la ocasión. que es agudo en todo. señor del Valcerrado y Villorete. y las supliqué que le dijesen que Diego de Solórzana. Al ruido despertó la media casa. Md. Con esto. daba aullidos. dije yo que era él.un caballero de ese nombre. y trazó de que la fuese a hablar a la una de la noche por un corredor que caía a un tejado donde estaba la ventana de su aposento. diciendo si vivía allí su merced del señor don Ramiro de Guzmán.sura de V. -Aquí vive -repondió la niña. y por pasar desde él al tejado que había de ser. Yo que vi esto quíseme esconder detrás de una chimenea y fue aumentar la sospecha. Comenzó luego a hacer la causa. pensó que había caído por gracia y nigromancia y no hacía sino decirme que subiese.».. diciendo que para qué les tenía escondido el ser señor de Valcerrado y Villorete. sin bastarme ninguna diligencia. sin haber remedio de que no lo fuesen. firmaba el corazón con la saeta. Y. Al fin. para alimentar más el crédito de mi calidad. vine a la posada y pregunté por mí mismo. que bastaba ya. y yo. Con esto me fui y volví a casa de allí a un rato.. Mas ella se reía mucho. cudiciosa de marido tan rico. ordenó que venida la noche. decía lo de «me abraso». llegamos a los túes. porque como yo la había dicho que sabía hacer burlas y encantamentos. Diéronme el recado. y porque me sonaron unas llaves en la faldriquera. Con esto y con los palos y puñadas que me dieron.

Capítulo VI Prosigue el cuento. Hincábame de rodillas y ni por esas ni por esotras bastaba con el escribano. Mil veces me quiso desatar. no sabía qué hacerme. Agarró la correa y tornóme a repasar las costillas. Dieron orden de bajarme abajo y lo hicieron por una ventana que caía a una pieza que servía de cocina. entraron el portugués y el catalán. que me había visto caer y apalear. triste. no me atrevía. que me había visto moler a palos delante de mi dama. reprehendiéndome el mal vicio de hurtar como quien tan bien le sabía. cuando incitados y forzados de los ruegos de mi querida. que es la sangre con que se labran semejantes diamantes. y cuando me acordaba de lo de las ganzúas y las hojas que había escrito en la causa. Comenzóme a desatar y al . diciendo que él era un caballero «fidalgo de casa du Rey». Todo esto pasaba en el tejado. Madrugó al amanecer y vistióse a hora que en toda su casa no había otros levantados sino él y los testimonios. Pasé la noche en revolver trazas. unas veces me determinaba a rogárselo por Jesucristo. que no fue dar en el tejado sino en las manos del escribano. desenvainando la pluma. y que yo era un «home muito fidalgo». aun de las tejas arriba levantan falsos testimonios. pero sentíame luego y levantábase a visitarme los nudos. desengañada de que no era encanto sino desdicha. los quiso espetar por cómplices en el proceso. El portugués no lo pudo sufrir. y en viendo el escribano que me hablaban. En esto estábamos. y me vi llevar preso sin razón y con mal nombre.mucho. [echaba de ver que no hay cosa que tanto crezca como culpa en poder de escribano]. que los tales. con otros varios sucesos No cerré los ojos con toda la noche. él dándome y yo casi determinado de darle a él dineros. Yo. considerando mi desgracia. y que era bellaquería tenerme atado. y considerando lo que le pasó con ellos vivo. que más velaba él en cómo forjaría el embuste que yo en mi provecho. y tratóle algo mal de palabra.

que me vi corrido y afrentado. que montaba algunos reales. Tratábame de resuelto y sacudido por los palos. decían que parecía dinero pero no lo era. al fin. Dejáronles salir y quedaron diciendo que siempre lo temieron. deshiciéronse los cuellos. y pedían favor al Rey. dijo: -¡Voto a Dios que esto no se puede hacer conmigo y que a no ser Vs. y que ya me iban dando en la flor de lo rico. que me viniesen una noche a prender. decían entrambos que eran demonios y que yo tenía familiar. y viendo el escribano que no había quién le ayudase. Mds. quien son les podría costar caro! Manden contentar estos testigos y echen de ver que les sirvo sin interés. otras veces de leña y madera. Temblaron todas. me desataron. Con esto no chistó alma terrena. Los dos. Yo vi luego la letra. Al sacarme a mí callaron. pero por no confesar que los había recibido lo dejé y me fui con ellos.punto el escribano clamó: «¡Resistencia!». Reíase el catalán mucho y decía a la niña que se casase conmigo para volver el refrán al revés. Y cuando les contaban del dinero que yo había contado. y para no pagar comida. cama ni posada. Yo. traíame afrentado con estos equívocos. traté con un licenciado Brandalagas. cuellos grandes . Yo saqué mi ropa y comida horra. y sacar mi hato libre. y dos criados suyos. saqué ocho reales y díselos y aun estuve por volverle los palos que me había dado. Si entraba a visitarlos trataban luego de varear. Contaban al catalán y al portugués lo de aquellos que me venían a buscar. Llegaron la señalada y requirieron a la güéspeda que venían de parte del Santo Oficio y que convenía secreto. y respondieron que eran bienes de la Inquisición. y que no fuese tras cornudo apaleado sino tras apaleado cornudo. Di traza con los que me ayudaron de mudar de hábito y ponerme calza de obra y vestido al uso. natural de Hornillos. pisaron las capas. entre corchetes y ganapanes. pero al ver sacar el hato pidieron embargo por la deuda. y con otros dos amigos suyos. como lo suelen hacer para representar las puñadas que no ha habido. dando las gracias de mi libertad y rescate. por lo que yo me había hecho nigromántico con ellas. Entré en casa con la cara rozada de puros mojicones y las espaldas algo mohínas de los varapalos. de ninguna suerte persuadiéronse a ello. comencé a trazar de salirme de casa.

y. Llevaba la capa echada sobre el hombro y el sombrero en la mano. Supe dónde se alquilaban caballos y espetéme en uno el primer día. yo solté la prosa y con mil cortesías los detuve un rato. aunque no la tuviese. que los acompañaría.y un lacayo en menudos: dos lacayuelos. y con algún arcaduz por donde se guiase. a título de rico. dijeron que se querían ir al Prado a bureo un poco. como que concertaba alguno. que entrábamos en unas fiestas. que si no lo tenían a enfado. Mirábanme todos. diciendo: «¿Quién será este tagarote escuderón?». Llegáronse a un coche de damas los dos. lindo va el buscón». y paseaba. y que era cosa que sucedía muchas veces en la Corte. porque el uno llevaba un hábito en los pechos. y en entrando. caballo o lacayo. y pidiéronme que picardease un rato. y el otro una cadena de diamantes (que era hábito y encomienda todo junto). Yo hacía como que no oía nada. cada cual con su lacayo. Eran las . y quiso mi ventura que topé muchas ocasiones de hacer esto. Di señas de la librea y metíme entre los dos y caminamos. Preguntáronme si concertaba uno de plata que tenía en las manos. ni cuál era el que no le llevaba. Y aún añadieron que ellos me encaminarían parte conveniente y que me estuviese bien. determinéme. dije yo que andaba en busca de buenos caballos para mí y a otro primo mío. los hacía parar y les preguntaba cúyo era. Dejéles la parte de las mozas y tomé el estribo de madre y tía. que los encaminase al Prado. cuál decía: «Este yo le he visto a pie». En topando algún paje. En fin. a mi parecer. poniéndome por delante el provecho que se me siguiría de casarme con la ostentación. Y porque los otros iban embelesados y. Yo iba considerando que a nadie que nos veía era posible el determinar cúyos eran los lacayos. Visité no sé cuántas almonedas y compré mi aderezo de casar. hacíale dar dos vueltas en la calle. y yo. que entonces era uso. Llegáronse dos caballeros. Llegamos al Prado. Salíme a la calle Mayor y púseme enfrente de una tienda de jaeces. Empecé a hablar muy recio de las cañas de Talavera y de un caballo que tenía porcelana. Animáronme a ello. Yo. y decía de las señales y si le querían vender. saqué el pie del estribo y puse el talón por defuera y empecé a pasear. le ponía una falta en el freno y decía lo que había de hacer para remediarlo. encarecíales mucho el roldanejo que esperaba de Córdoba. negro cudicioso de pescar mujer. otro: «Hola. Dejé dicho al mercader que si viniesen allí mis pajes y un lacayo. y no hallé lacayo.

y se les echaba de ver en la plática. que por bondad de Dios. con haberle salido ricos casamientos. Híceme algo de rogar. Prometílas regalos y preguntélas del estado de aquellas señoras. Yo dije lo ordinario: que las viesen colocadas como merecían. En esto. Ella pobre es. que no tiene sino seis mil ducados de dote. aficionáronse. por vieja que sea. Preguntáronme tras esto que en qué me entretenía en la Corte. -Eso creo muy bien -dije yo. y agradóles mucho la palabra colocadas. dije que echaba menos mis pajes. Y. no habré menester nada. -Y yo. Díjeles mil ternezas y oíanme. que no hay mujer. por no tener con quien inviar a casa por unas cajas que tenía. y que yo las inviaría algo fiambre.vejezuelas alegres. dijéronme su casa y preguntaron la mía. Agradeciéronmelo y yo las supliqué se fuesen a la Casa del Campo al otro día. y cómo le quiero bien! no se case sino con su gusto y mujer de casta. Yo. señor. Ellos. señoras. con tanto. por el mucho dote. no he querido casar mi sobrina. que me vieron largo en lo de la merienda. las doncellicas remataron la conversación con pedir algo de merendar a mis amigos: Mirábase el uno a otro. y si salgo con un pleito que traigo en buenos puntos. Yo les dije que en huir de un padre y madre que me querían casar contra mi voluntad con mujer fea y necia y mal nacida. se apartó el coche. . que tenga tantos años como presunción. y respondieron que doncellas. quiero más una mujer limpia en cueros que una judía poderosa. Acetaron luego. pero no debe nada a nadie en sangre. que vi ocasión. la una de cincuenta y la otra punto menos. y a todos tiembla la barba. Saltó tan presto la tía: -¡Ay. y por obligarme me suplicaron cenase con ellos aquella noche. que le prometo que con ser yo no muy rica. mi mayorazgo vale al pie de cuatro mil ducados de renta. por no ser de calidad. y yo y los compañeros comenzamos a caminar a casa.

Recibiéronme ellas con mucho amor y ellos llamándome de vos. en señal de familiaridad. Yo comencé a decir que me había visto tan ocupado con negocios de Su Majestad y cuentas de mi mayorazgo. y que. me dio plata. así. Tomé el camino a la hora señalada para la Casa del Campo. y desde allí a mi casa. Capítulo VII En que se prosigue lo mismo. pagándoselo a un repostero de un señor. quedando concertados de vernos a la tarde en la Casa del Campo.aunque poco. y desabotonados seis botones de la ropilla. y yo dije que era plazo de cierto martelo y que. haciendo bajar a buscar mis criados y jurando de echarlos de casa. y gastar docientos reales en ella. . plata y merienda. y cené con ellos. y a la tarde ya yo tenía alquilado mi caballito. y ya estaban allá las dichas y los caballeros y todo. Yo confieso que no pude dormir en toda la noche con el cuidado de lo que había de hacer con el dote. Fuime. Y lo que más me tenía en duda era el hacer dél una casa o darlo a censo. Fui a dar el caballo al alquilador. las apercibía a merienda de repente. y asomados unos papeles. Contéles el caso y el concierto hecho. y determinamos de enviar la merienda sin falta. con otros sucesos y desgracias que le sucedieron Amaneció y despertamos a dar traza en los criados. me diesen licencia. y la sirvió él y tres criados. Llegué. Llevaba toda la pretina llena de papeles como memoriales. Pasóse la mañana en aderezar lo necesario. que no sabía yo cuál sería mejor y de más provecho. En fin. Acostámonos con estas determinaciones. como el dinero ha dado en mandarlo todo y no hay quien le pierda el respeto. así. y en todo el día había otra cosa sino don Filipe acá y don Filipe allá. Dieron las diez. Había dicho que me llamaba don Filipe Tristán. que había temido el no poder cumplir. Hallé los compañeros jugando quinolicas.

y dábame sospechas de hocicada. y holguéme de ver descubiertas las niñas. que eran sus amigos. por bien diferente de lo que es. y si son feas y discretas es lo mismo que acostarse con Aristóteles o Séneca o con un libro. que entretanto nos íbamos a los estanques. que cuando sea boba. Al fin. y los otros dos. colorada. no hacía sino mirarme. hasta que supe su nombre. harto sabe si me sabe bien. sino para acostarme con ellas. y al pasar una enramada prendióseme en un árbol la guarnición del cuello y desgarróse un poco. delante dellas y de todos. Fuimos a los estanques. los otros y ellas no hacían sino mirarme y callar. vi venir un caballero con dos criados por la güerta adelante.En esto. llegó el repostero con su jarcia. y ellos dijeron: -Don Filipe Tristán. vímoslo todo y en el discurso conocí que la mi desposada corría peligro en tiempo de Herodes. conozco a mi buen don Diego Coronel. se llegó a mí y dijo: -V. Llegáronse a mí las viejas a hacerme regalos. Acercóse a mí. caliente y fiambre. a todo esto. Llegamos cerca del cenador. y. buena nariz. porque no he visto desde que Dios me crió tan linda cosa como aquella en quien yo tenía asestado el matrimonio: blanca. boca pequeña. y como estaba en aquel hábito. que así se llamaba la niña. mi nombre. por inocente. mucho que merendar. que allá lo aderezaría doña Ana. dientes menudos y espesos. alta de cuerpo. pero tenía más desenvoltura. rubia. me perdone. La otra no era mala. que por Dios que le tenía. estando en esto. un caballero muy honrado y rico. Preguntóles. No sabía. Mandéle que fuese al cenador y aderezase allí. plata y mozos. Veíale yo santiguarse. y prendiómelo con un alfiler de plata y dijo la madre que inviase el cuello a su casa al otro día. Llegó la niña. Habló a las mujeres y tratólas de primas. según se echó de ver después. pero como yo no quiero las mujeres para consejeras ni bufonas. y cuando no me cato. ojos rasgados y verdes. Estaba todo cumplidísimo. lindas manazas y zazosita. que no he visto cosa tan parecida a un cri- . frutas y dulces. Esto me consoló. procúrolas de buenas partes para el arte de las ofensas. Yo me estaba hablando con el repostero. Md. no hacía sino volver y mirarme. estaban en gran conversación con él. Levantaron los manteles y.

tía y madre. El don Diego se me ofreció y me pidió perdón del agravio que me había hecho en tenerme por el hijo del barbero. Md. ¿Cómo parecido? El talle. y yo me esforcé para que no me desmintiese la color. Riéronse todos mucho. que en V. la habla. Md. que es admiración grande. dijeron que cómo era posible que a un caballero tan principal se pareciese un pícaro tan bajo como aquél. como en brasas. Estaba. que es el que nos hospedó por orden de mi marido. y díjele que tenía deseo de ver aquel hombre. aunque lo disimulaba.ado que yo tuve en Segovia. Tratamos de venirnos al lugar. ¡No he visto tal cosa! Digo. Y porque no sospechase nada dellas. . señor. y que no he visto cosa tan parecida. en Ocaña. que se llamaba Pablillos. dijo la una: -Yo le conozco muy bien al señor don Filipe.: su madre era hechicera y un poco puta. debe de ser herida y en él fue un palo que le dieron entrando a hurtar unas gallinas. Yo entendí la letra y dije que mi voluntad era y sería de servirlas con mi poco posible en todas partes. Yo y los otros dos nos despedimos y don Diego se entró con ellas en el coche. hijo de un barbero del mismo lugar.y ¿no ahorcaron ese ganapán? Entonces las viejas. Y añadía: -No creerá V. -Dolo al diablo -dije yo. -¡Jesús! -decía el don Diego-. y él el más ruin hombre y más mal inclinado tacaño del mundo. y su padre ladrón y su tío verdugo. Yo decía con unos empujoncillos de risa: -¡Gentil bergantón! ¡Hideputa pícaro! Y por de dentro considere el pío lector lo que sentiría mi gallofería. los meneos. porque me habían dicho infinitos que le era parecidísimo. hasta en esa señal de la frente. que fue gran amigo suyo.

y. Sacaron naipes: estaban hechos. y ganéles cosa de trecientos reales. porque tenía más flores que un mayo y barajas hechas. En esto pasaron el camino hasta su casa. Yo venía cariacontecido y encapotado. y la madre y tía dijeron cómo yo era un mayorazgo de tantos ducados de renta y que me quería casar con Anica. consoláronme aconsejando que disimulase y no desistiese de la pretensión por ningún camino ni manera. Contéles cómo me había topado con don Diego y lo que me había sucedido. ni criados. -Venga. Crecióles a todos el ojo y clamaron: -¡Venga el fraile norabuena! -Es hombre grave en la orden -replicó Pero López. y con tanto. no sólo acertada. Di en irme por abajo. que era en la calle del Arenal a San Filipe. . entraron en la pieza. que él más lo hace por la conversación. Pidiéronme que jugase. no les dije más de que me había visto en un grande aprieto. y sea por lo que fuere. Topé a mis compañeros. -No ha de entrar nadie de fuera. Perdí una mano. lindas. cudiciosos de preguntarme lo que me había sucedido. como ha salido. y dijeron si gustarían de jugar con un fraile que acababa de llegar a curarse en casa de unas primas suyas. Entendíalo yo entonces razonablemente. los cuales estaban estudiando en unos dados tretas flamantes. que venía enfermo y traía talegos como el brazo y una calza de doblones. que se informase y vería si era cosa. licenciado Brandalagas y Pero López. cudiciosos de pelarme. En viéndome lo dejaron. invié los amigos delante. sino de mucha honra para todo su linaje. por el recato -dijo Brandalagas. se quiere entretener. -No hay tratar deso -respondió el güésped-. Determinámonos de ir a darles un muerto (que así se llama el enterrar una bolsa).Preguntólas que qué era la merienda y el estar conmigo. me despedí y vine a mi casa. supimos que se jugaba en casa de un vecino boticario juego de parar. En esto. Yo entendíles la flor y sentéme. Nosotros nos fuimos a casa juntos como la otra noche.

que tenía un caballo y le aguardaba. iban tres al mohíno pero quedaron mohínos los tres. que se había acabado de apear a oír misa. Consintió. que sabía más que ellos. que vivía en la misma casa de sus . empecé a decir: -¡Oh. me despedí. y delante de mi señora. en lo cual conocí que había otros muchos como yo.Con esto. y a la mañana me levanté a buscar mi caballo y no hallé por alquilar ninguno. unos antojos y mi barba. Yo que me vi así. Yo torné a subir. y al dar la tercera asomóse doña Ana. y al ruido se había asomado don Diego Coronel. ellos quedaron ciertos del caso y creída la mentira. que por ser atusada no desayudaba. Di baratos y con mi «¡loado sea Nuestro Señor!». que era entretenimiento y no otra cosa. Traía el lacayo ya el caballo. Entré muy humilde. que era la de mi señora. Los otros. que se paró luego. empínase y. Ellos levantaban bien. comenzóse el juego. sentéme. dábanse a mil diablos. quise hacer galantería: dile dos varazos. les di tal gatada que en espacio de tres horas me llevé más de mil trescientos reales. Venimos a casa a la una y media y acostámonos después de haber partido la ganancia. hideputa! ¡No fuérades vos valenzuela! Estas temeridades me han de acabar. Yo que la vi y no sabía las mañas del caballo ni era buen jinete. porque yo. encargándoles que no recibiesen escándalo de verme jugar. Pues andar a pie pareciera mal y más entonces. Consoléme con esto algo de lo sucedido. Metíle cuatro reales en la mano. fuime a San Filipe y topéme con una lacayo de un letrado. Despedíme y salímonos fuera. y rodeado de niños que se habían llegado. sahuméme con paja y afeitéme de tercianas. aprieta a correr y da conmigo por las orejas en un charco. subí en el caballo y di dos vueltas calle arriba y calle abajo sin ver nada. porque mientras su amo estaba en la iglesia me dejase dar dos vueltas en el caballo por la calle del Arenal. tirando dos coces. Vinieron los acólitos y ya yo estaba con un tocador en la cabeza por disimular la corona y fingir la enfermedad. con una color de cera amarilla. tiréle de la rienda. y mi hábito de fraile. que habían perdido cuanto tenían. Habíanme dicho las mañas y quise porfiar con él.

No se puede creer qué duro es de caderas. y con mala silla fue milagro no matarme. Y soy tan desgraciado. Yo que le vi. menos cien reales que yo traía conmigo. sin saber qué consejo tomar de mi remedio. y conociendo su rocín arremete al lacayo y empieza a darle de puñadas. Esto no me parecía bien. Dábame el lacayo prisa porque no saliese su amo y lo viese. quedéme hablando desde la calle con don Diego y dije: -En mi vida subí en tan mala bestia. me hube de apear. y fue totalmente causa de mi desdicha. llega por detrás el letradillo. que estándome diciendo el lacayo que nos fuésemos. . y era éste deste licenciado. adonde tenía en una maleta todo el dinero que había quedado de mi herencia y lo que había ganado. determiné de quedarme y apretarlo sumamente. porque si los prendían. no sabía por dónde. y con todo parece que se siente V. habían de aclarar lo del hábito y otras cosas y era morir en la horca. Al fin. Quise probarlo. hallé que el buen licenciado Brandalagas y Pero López habían cargado con ello y no parecían. Estaba tristísimo de ver dos desgracias tan grandes en un palmo de tierra. dije que no. Quedé como muerto. Pues seguirlos. Y yo. Está ahí mi caballo overo en San Filipe. me demudé. volviéndose a mí. aunque tenía estropeada una pierna. que ya yo me consideraba remediado con el dote. Preguntóme si había sido algo. -Sí fue -dijo don Diego-. diciendo en altas voces que qué bellaquería era dar su caballo a nadie. -Sí siento -dije yo-. mas el don Diego cobró mala sospecha de lo del letrado. Al fin. por no perder también el casamiento. de esa pierna. que había de ir a palacio. Y la mayor y fundamento de las otras fue que cuando llegué a casa y fui a ver una arca. Decía entre mí: «¡Malhaya quien fía en hacienda mal ganada. La muchacha quedó satisfecha y con lástima de mi caída. por hacer la deshecha. y lo peor fue que. Todo pasaba a vista de mi dama y de don Diego: no se ha visto en tanta vergüenza ningún azotado. subió el letrado y fuese. Dije cómo yo le corría y hacía parar.primas. fuera de otras muchas que me sucedieron. y es desbocado en la carrera y trotón. que se va como se viene! ¡Triste de mí! ¿Qué haré?» No sabía si irme a buscarlos. dijeron que allí estaba uno en que no lo haría. y me querría ir a tomar mi caballo y a casa. muy enojado. dijo que me apease con Dios. si dar parte a la justicia. Md.

Comí. topáronme. y me espiaba. y le había contado cómo me casaba riquísimamente. enojado de cómo yo no le había vuelto a ver. andando en mi busca. Yo no sé si fue la fuerza de la verdad de ser yo el mismo pícaro que sospechaba don Diego. por papeles. aguardaba a la esquina. que don Diego se puso a inquerir quién era y de qué vivía. y este. y en pasando partía detrás dél. Estuvímonos en conversación tratando de lo que sería bien hacer a la noche. En fin. y como no llevaba lacayo. tanto hizo. y en entrando en la calle. que por el más extraordinario camino del mundo supo la verdad. metíame detrás y daba otra vuelta. por no pasar sin él. topó con el licenciado Flechilla. que fue el que me convidó a comer cuando yo estaba con los caballeros. y contóles lo que pasaba y díjoles que se aparejasen y en viéndome a la noche en la calle. a que pasase algún hombre que lo pareciese. Llegando a la entrada de la calle de la Paz. y sabiendo cómo yo había sido su criado. y él. y a la tarde alquilé mi caballico y fuime hacia la calle. Concertáronse. dijo don Diego: -Por vida de don Filipe. le dijo de la suerte que me encontró cuando me llevó a comer y que no había dos días que me había topado a caballo muy bien puesto. porque yo apretaba en lo del casamiento. que troquemos capas. que tenían deseo de acabarlo. Entonces despidiéndose los dos. y disimularon de suerte los tres que jamás pensé que eran tan amigos míos como entonces. y en llegando al fin de la calle. -Sea en buen hora -dije yo. . o si fue la sospecha del caballo del letrado. y que me conocerían en la capa que él traía. y volviéndose a su casa encontró con los dos caballeros del hábito y cadena amigos míos. haciéndole lacayo sin serlo. que me magulasen los cascos. echaron hacia abajo. junto a la Puerta del Sol. hablando con don Diego. hasta el avemaría. acosado de ellas. bravamente. No aguardó más don Diego. u qué se fue. que me importa pasar por aquí y que no me conozcan. antes de entrar. que la llevaría yo. metíame detrás de la esquina hasta que volviese otro que lo pareciese. y yo y don Diego quedamos solos y echamos a San Filipe.

cierra uno de los que me aguardaban por don Diego. ni estar en la Corte. llegué a la puerta. Huyeron y yo quedéme en la calle con los cintarazos. ni tratar del casamiento. Acostáronme. que no osé entrar en la calle. o el carcelero burlado. a las doce. Daba voces: -¡A los capeadores! A ellas vino la justicia. que me fuese. aunque sospechaba por las palabras que acaso era el güésped de quien me había salido con la traza de la Inquisición. Yo di voces. o mis compañeros huidos. pero nunca sospeché en don Diego ni en lo que era. yo esperaba de tantas partes la cuchillada. preguntáronme dónde vivía.. En fin. que no me podía tener en ellas ni las sentía. y. asiéronme para llevarme a curar. cuando ordena el diablo que dos que lo aguardaban para cintarearlo por una mujercilla. levantáronme. y llega el otro.Tomé la suya inocentemente y dile la mía. levantan y empiezan una lluvia de espaldarazos sobre mí. de miedo. y dame un trasquilón de oreja a oreja y quítanme la capa. robado.. viendo mi cara de dos pedazos y tan lisiadas las piernas de los palos. Metiéronme en casa de un barbero. que no sabía a quién echársela. No bien me aparté dél con su capa. entendiendo por la capa que yo era don Diego. mas él.. dijo que le importaba ir solo. y déjanme en el suelo. y emparejando. diciendo: -¡Así pagan los pícaros embustidores mal nacidos! Comencé a dar gritos y a pedir confisión. y dame dos palos en las piernas y derríbame en el suelo. y lleváronme allá. que era a la hora que solía hablar con ella. al fin. Disimulé tres o cuatro chichones que tenía y detúveme un rato. con un garrote conmigo. y como no sabía lo que era. que tenía trazado el deshacerme las mías. . y viendo mi cara con una zanja de un palmo y sin capa ni saber lo que era. y en ellas y la cara conocieron que no era yo. y de manera que ni podía seguir a los amigos. curóme. ni estar fuera. y quedé aquella noche confuso. Ofrecíle mi persona para hacerle espaldas.

que siempre hablaba por refranes: -De donde sacan y no pon. niña si se lo preguntaban. arrancaba el vello. de puro blancas no las conocían sus maridos. hasta en los pésames. y a la Plañosa. un bamboleo de cabellos y un asomo de vedijas por el manto y la toca extremado. que parecía higo enharinado. . templaba gustos y careaba placeres. se las enseñaba a esgrimir. Yo no te entiendo. Pues tratada en materia de afeites. alquilaba su casa y era corredora para alquilar otras. presto llegan al hondón. su concurrente en Alcalá. con su cara de muesca. no me espanto que hagas algunas travesuras. a la rubia. barbada y bizca y roma. que riese siempre. entre chufa y castaña apilada. y empezó por estas palabras. tales lodos. ni sé tu manera de vivir. Y en lo que ella era más extremada era en arremedar virgos y adobar doncellas. y hacía malparir y mal empreñar. lo primero enseñándola cuáles cosas había de descubrir de su cara. Mozo eres. porque con él mataba los niños en las barrigas.Capítulo VIII De su cura y otros sucesos peregrinos He aquí a la mañana amanece a mi cabecera la güéspeda de casa. Tenía buena fama en el lugar y echábase a dormir con ella y con cuantos querían. no le faltaba una gota para bruja. en Burgos. vieja de bien. cerrándolos. En todo el año no se vaciaba la posada de gente. arrugada y llena de afeite. A la de buenos dientes. Allí les decía cómo habían de encajar la joya: las niñas por gracia. tales tortas. a la de buenas manos. enseñaba a pelar. Y para remate de lo que era. Llamábase la Paloma. Enseñaba pediduras para dinero seco y pediduras para cadenas y sortijas. de tales polvos. Enlucía manos y gargantas como paredes. lindos bailes con las niñas y dormidillos. cuervos entraban y les corregía las caras de manera que al entrar en sus casas. hijo don Filipe. tartamuda. En solos ocho días que yo estuve en casa la vi hacer todo esto. de tales bodas. a buenos ojos. Era de ver cómo ensayaba una muchacha en el taparse. las mozas por deuda y las viejas por respeto y obligación. Citaba a la Vidaña. acicalaba dientes. y refranes que dijesen las mujeres. y elevaciones mirando arriba. tenía un bebedizo que llamaba Herodes. Esto he dicho para que se me tenga lástima de ver a las manos que vine y se ponderen mejor las razones que me dijo. a Muñatones la de Salamanca.

como me vieron en la cama y a ella conmigo. cerraron con ella y conmigo y diéronme cuatro o seis empellones muy grandes y arrastráronme fuera de la cama. se untaba y salía de noche por la puerta del humo). Y por mis entenado y difuntos. acabó en él y no comenzó. que. y si la untaban las manos. durmiendo. bobillo que si te inquietaban mujeres. Anda. que se acuerda de mí. dio a correr. la desventura. bien sabes tú que soy yo fiel perpetuo en esta tierra de esa mercaduría. caminamos a la güesa: yo. Porque uno la miraba y decía: . Ellos que lo vieron y supieron por lo que decía otro güésped de casa que yo lo era arrancaron tras el picaño. con ser su tema. y el diablo. Yo que vi que había acabado la plática y sermón en pedirme. que de la mano a la boca se pierde la sopa. cada oveja con su pareja. hijo. que aun lo que me debes de la posada no te lo pidiera agora. Entraron en mi aposento. A ella la tenían asida otros dos tratándola de alcagüeta y bruja. ¡Quién tal pensara de una mujer que hacía la vida referida! A las voces del alguacil y a mis quejas. ¡Qué cosa es que me digan a mí que has desperdiciado mucha hacienda sin saber cómo. hijo. sábete. el amigo. y sabían que estaba el amigo en casa. y que me sustento de las posturas. ya pícaro. y ya caballero. y asiéronle y dejáronme a mí repelado y apuñeado. y diréte quién eres. estándosele dando. como todos hacen. y así yo haya buen acabamiento. trazó que la venían a prender por amancebada. a no haberlo menester para unas candelicas y hierbas (que trataba en botes.sin mirar que. vínome a desengañar y a decir que era otra de su nombre. que era un frutero que estaba en el aposento de adentro. y todo por las compañías! Dime con quién andas. Yo la conté su dinero y. y que te han visto aquí ya estudiante. así que enseño como que pongo. y con todo mi trabajo me reía de lo que los picarones decían a la Guía. y que nos damos con ellas en casa. que gasta las faldas con quien hace sus mangas. sin ser boticaria. tras una alcorzada y otra redomadona. y no andarte con un pícaro y otro pícaro. como montón de tierra. no me espanté de la visita. que no me la había hecho otra vez mientras había sido su güésped. que nunca me olvida. te lo puedo decir. Yo te juro que hubieras ahorrado muchos ducados si te hubieras encomendado a mí porque no soy nada amiga de dineros. si no fue un día que me vino a dar satisfaciones de que había oído que me habían dicho no sé qué de hechizos y que la quisieron prender y escondió la calle.

me trabó mis miembros. Al fin. que es de grande importancia. porque me dijo no sé qué de volar. que me veo y me deseo!» Esto decía los días de trabajo. y con eso me metí a pobre fiado en mi buena prosa.-¡Qué bien os estará una mitra. Impúsome en la voz y frases doloridas de pedir un pobre que entendía de la arte mucho. y apenas podía salir. y atáronlos entrambos. buen cristiano. y lo que me holgaré de veros consagrar tres mil nabos a vuestro servicio! Otro: -Ya tienen escogidas plumas los señores alcaldes. trujeron el picarón. porque los cien reales se consumieron en la cura. y así. con voz dolorida y realzamiento de plegarias: «¡Dalde. dalde una limosna al pobre tullido y lastimado de la mano del Señor!» Y paraba un poco. aullando en esta forma. Anduve ocho días por las calles. siervo del Señor. Halléme sin dinero. y así comencé luego a ejercitallo por las calles. remendado y largo. y decía: «¡Fieles cristianos y devotos del Señor! ¡Por tan alta princesa como la Reina de los Ángeles. mi gabán de pobre. cuellos y jubones. y hube de ponerme muletas. y luego añadía: «¡Un aire corruto en hora menguada trabajando en una viña. yo desconfié de su prisión. Aunque. Cosíme sesenta reales que me sobraron en el jubón. y un rosario. pero los días de fiesta comenzaba con diferente voz. loado sea el Señor!» . madre. y vender mi vestido. la capilla del gabán en la cabeza. al pobre lisiado y llagado. que era todo muy bueno. diéronme doce puntos en la cara. que me vi sano y bueno como se ven y se vean. Pidiéronme perdón y dejáronme solo. para que entréis bizarra. Yo quedé algo aliviado de ver a mi buena güéspeda en el estado que tenía sus negocios. y otras cosas que no me sonaron bien. según las cosas que contaba una criada que quedó en casa. Madre de Dios. para no hacer más gasto no tiniendo dinero. no tenía otro cuidado sino el de levantarme a tiempo que la tirase mi naranja. determiné de salirme con dos muletas de la casa. mis polainas y zapatos grandes. un Cristo de bronce traía colgando del cuello. comida y posada. Estuve en la casa curándome ocho días. y así. Hícelo y compré con lo que me dieron un coleto de cordobán viejo y un jubonazo de estopa famoso.

Iba a la parte con dos niños de la cajuela en las sangrías que hacían dellas. y decíamos: -«Por cierto. Estaba riquísimo. manco de los brazos y con una pierna menos.Venían con esto los ochavos trompicando y ganaba mucho dinero. que recogían limosna por las calles y hurtaban lo que podían. tenía una potra muy grande. Decía con voz ronca. en casa está». Poníase echado boca arriba en su puesto. pregonábanlos. cuatro o cinco. decía. Dormía en un portal de un cirujano. y movía a más devoción. y era como nuestro retor. y la hicimos entrambos. y vine a tener tanta amistad con él. y liadas. y decía: «¡Miren la pobreza y el regalo que hace el Señor al cristiano!» Si pasaba mujer decía: «¡Ah. señor. señor arcediano. le daban limosna y pasaban por allí aunque no fuese camino para sus visitas. y él me encaminó la gentecica a propósito. que me descubrió un secreto con que en dos días estuvimos ricos. que me rondaba las mismas calles en un carretón y cogía más limosna con pedir mal criado. Llevaba metidas entrambas piernas en una bolsa de cuero. y salíamos nosotros a preguntar las señas. y ganaba que era un juicio. Tenía modo diferente para pedir los días de los santos. señora hermosa. él adulaba terriblemente. y calentura. dábanle cuenta a él y todo lo guardaba. y parecía que tenía hinchada la mano y manca. señor caballero!» Si iba alguno en coche. el mayor secreto y la más alta industria que cupo en mendigo. y si clérigo en mula. y mis dos muletas. Y últimamente me declaró. y veníamos a enriquecer de manera . Si pasaba un soldadico: «¡Ah. uno de los mayores bellacos que Dios crió. porque las llamase así. cada día. ganaba más que todos. Al fin. luego le llamaba señoría. y tomé el mismo arbitrio. Dábannos el hallazgo. señor capitán!». y que si no llego. yo mudé de frasecicas y cogía maravillosa mosca. rematando en chillido: «¡Acordaos siervos de Jesucristo. Y era que este tal pobre tenía tres muchachos pequeños. y con la potra defuera. que le mata un carro. con un pobre de cantón. Yo advertí. Halléme en menos de un mes con más de docientos reales horros. sino quitábale la s. y no dije más Jesús. todo junto. En fin. del castigado del Señor por sus pecados! ¡Dalde al pobre lo que Dios reciba! Y añadía: «¡Por el buen Jesú!». y si otro hombre cualquiera: «¡Ah. Y era que hurtábamos niños. y atábase con un cordel el brazo por arriba. Y ganara más si no se me atravesara un mocetón mal encarado. con intento que nos fuésemos juntos. entre los dos. sea Dios en su ánima!» Y las más. tan grande como una bola de puente. que le topé a tal hora.

que también hacía las reinas y papeles graves en la comedia. y una entre ellas. por mi dinero. sin pensar a quien hablaba. según pareció. y busqué por los mesones en qué ir a Toledo. llevado del deseo de amor y gozarla. poeta y galán de monjas Topé en un paraje una compañía de farsantes que iban a Toledo. y había renegado y metídose al oficio. que no me mueve ninguna. Íbamos barajados hombres y mujeres.que me hallé yo con cincuenta escudos. donde ni conocía ni me conocía nadie. por darme lugar que la hablase. pero sin pasión. cuello y espada. y despedíme de Valcázar. yo me determiné. porque tales carnes no tiene el suelo. Determiné de salirme de la Corte y tomar mi camino para Toledo. aunque las traía entrapajadas. compré un vestido pardo. se puede gastar con ella cualquier dinero. de alcanzar de los demás lugar para que yo fuese con ellos. para gastar con su merced unos veinte escudos. Llevaban tres carros. que soy su marido -dijo el hombre-. Capítulo IX En que se hace representante. saltó del carro y fuese al otro. que me ha parecido bien por ser hermosa? -No me lo está a mí el decirlo. Acertó a estar su marido a mi lado. me hizo amistad. y no hacía sino santiguarse de mi per signum crucis. y apenas el hombre me conocía con la cuchillada. ni tal juguetoncica. Al fin. Al fin. y quiso Dios que entre los compañeros iba uno que lo había sido mío del estudio en Alcalá. la bailarina. díjele: -A esta mujer ¿por qué orden la podremos hablar. me pareció extremada sabandija. que era el pobre que dije. Y diciendo esto. y yo. y ya sano de las piernas. Díjele lo que me importaba ir allá y salir de la Corte. . ni tratar deso.

en hábito de ermitaño. de lo que son todas. y entréme. y preguntóme que adónde iba y algo de mi vida. a manos de mal membrillo. llamaba a la gente «senado». y eché de ver que estos son de los que dijera algún bellaco que cumplen el preceto de San Pablo de tener mujeres como si no las tuviesen. Encareciéronme tanto la vida de la farándula. que los acomodaba bien con mi voz. por lo que yo le dije a mi amigo que iba en la compañía. torciendo la sentencia en malicia. Era de una nave. que venía destrozada y sin provisión. Y con tanto. tuvimos nuestro merecido. tronchos y badeas. que si no eran comedias del buen Lope de Vega. y al desatar de la maraña no había más de casarse todos y allá vas. y yo. Al fin. concertéme por dos años con el autor. que me acordaba de cuando muchacho.Cayóme en gracia la respuesta del hombre. acabo. Al fin. si no. Y sabiendo. hízose la comedia el primer día y no la entendió nadie. y al fin parecí bien en el teatro. y representélo de suerte que les di cudicia. y ello merecíalo la comedia. empezámosla y quiso Dios que empezaba por una guerra. comencé a representar un pedazo de la comedia de San Alejo. tras muchas palabras. Íbamos holgando por el camino mucho. decía lo de «este es el puerto». pedía perdón de las faltas y silencio. No se ha visto tal torbellino. y metía dos lacayos por hacer reír. al segundo. y Ramón. Hubo un víctor de rezado. díjome que si quería entrar en la danza con ellos. porque traía un rey de Normandía sin propósito. Al fin. porque pensaba que el serlo era de hombres muy doctos y sabios. acaso. llegamos a Toledo. Representamos una comedia de un representante nuestro (que yo me admiré de que fuesen poetas. y salía yo armado y con rodela. mis desgracias y descomodidades. ni representante que no haga su farsa de moros y cristianos. habléla. y no de gente tan sumamente lega). que. no había otra cosa. que me acuerdo yo antes. dejamos concertadas para Toledo las obras. Yo puse cuidado en todo y eché la primera loa en el lugar. Yo. que tenía necesidad de arrimo y me había parecido bien la moza. Diéronme que estudiar tres o cuatro loas y papeles de barba. Y está ya de manera esto que no hay autor que no escriba comedias. Hícele escritura de estar con él y diome mi ración y representaciones. Yo gocé de la ocasión. .

cuál soneto de manos y cuál romancico para cabellos. animado con este aplauso. sino que de un paso tomado de uno y otro de otro. por serlo una figura que había hecho con gran aceptación de los mosqueteros y chusma vulgar. murmuraba de los famosos. Díjome que jurado a Dios. y que el interés de sacar trecientos o cuatrocientos reales les ponía aquellos riesgos. Hablaba de entender de la comedia. ya yo tenía nombre. porque acudiesen a la mía. Y declaróme como no había habido farsante jamás que supiese hacer una copla de otra manera. Si alguno venía a leer comedia yo era el que la oía. Confesóme que los farsantes que hacían comedias todo les obligaba a restitución. diciéndole que mirase de la que nos habíamos escapado y escarmentase. ¿Pues villancicos? Hervía en sac- . con su «bu. que tenía yo conocimiento con algunos poetas y había leído a Garcilaso. aunque. Y con esto y la farsanta y representar pasaba la vida. porque se aprovechaban de cuanto habían representado. Atrevíme a una comedia y porque no escapase de ser divina cosa la hice de Nuestra Señora del Rosario. que no era suyo nada de la comedia. Que pasado un mes que había que estábamos en Toledo. En fin. como había otras tiendas. y que el daño no había estado sino en lo mal zurcido. Comenzaba con chirimías. llamaba bonico a Morales. había hecho aquella capa de pobre. decimos que es nuestra». había sus ánimas de purgatorio y sus demonios. porque acudían a mí enamorados. No me daba manos a trabajar. y así. caíale muy en gracia al lugar el nombre de Satán en las copias y el tratar luego de si cayó del cielo y tal. por hallarme con algún natural a la poesía. y habían llegado a llamarme Alonsete. les leían unos y otros comedias: -«Tomámoslas para verlas. rri» al entrar. Al fin. unos por coplas de cejas y otros de ojos. que se usaban entonces.Tratamos todos muy mal al compañero poeta. Para cada cosa tenía su precio. de remiendo. y más. daba mi voto en el reposo natural de Sánchez. y «rri. mi comedia se hizo y pareció muy bien. y yo principalmente. reprehendía los gestos a Pinedo. No me pareció mal la traza. y que era muy fácil. me desvirgué de poeta en un romancico y luego hice un entremés y no pareció mal. hacía barato. y por otro nombre me llamaban el Cruel. lo otro. determiné de dar en el arte. haciendo comedias buenas y enmendando el yerro pasado. y yo confieso que me incliné a ella. pedíanme el parecer en el adorno de los teatros y trazar las apariencias. que como andaban por esos lugares. bu» al salir. Tenía ya tres pares de vestidos y autores que me pretendían sonsacar de la compañía. que yo había dicho llamarme Alonso. llevámonoslas y con añadir una necedad y quitar una cosa bien dicha.

con «aquí gracia y después gloria». pues por estos se veía de puro rotos y por esotros no se verá nada. Estaba viento en popa con estas cosas. Yo me recogía en mi posada. en esta copla de un cautivo de Tetuán: Pidámosle sin falacia al alto Rey sin escoria. Amén. con los platos y olla. y daba grandes gritos componiendo mi comedia. etc. porque había dado para tener tapicería barata en un arbitrio del diablo. ciegos me sustentaban a pura oración. y decía: Guarda el oso. guarda el oso. la he de contar. que las sacó en su nombre. y colgarlos.ristanes y demandaderas de monjas. como si lo hiciera en el tablado. yo estaba en un paso de una montería. Ordena el diablo que a la hora y punto que la moza iba subiendo por la escalera. que provocaba a gestos. ocho reales de cada una. que era angosta y escura. dame gracia virginal. que me deja hecho pedazos. y me acuerdo que hice entonces la del Justo Juez. y allí me estaba y allí comía. Yo tenía por costumbre escribir representando recio. Hija del Padre divino. que nos quiera dar su gracia. y fue de comprar reposteros de tabernas. pues ve nuestra pertinacia. y después allá la gloria. Costáronme veinte y cinco o treinta reales y eran más para ver que cuantos tiene el Rey. que aunque es en mi afrenta. al desván. Tenía mi casa muy bien aderezada. grave y sonorosa. y baja tras ti furioso. . Escribí para un ciego. Sucedióme un día la mejor cosa del mundo. el día que escribía comedia. subía una moza con la vianda y dejábamela allí. y tal. las famosas que empiezan: Madre del Verbo humanal. Fui el primero que introdujo acabar las coplas como los sermones. que casi aspiraba ya a ser autor. rico y próspero.

Yo. Avíseme cuándo habrá locutorio y sabré juntamente cuándo tendré gusto». ya que me vía con dineros y bien puesto. que a mi autor (que siempre paran en esto). que era verdad y que la avisaba. por enojo. no se podrá creer el contento de la buena monja sabiendo mi nuevo estado. si no lo ha V. cualquiera sin la suya es soledad. como no aspiraba a semejantes oficios y el andar en ellos era por necesidad. Llevó el billetico la andadera. que entendí salir de mala vida con no ser farsante. y aun contándoles yo cómo había sido ignorancia de la moza. que por hacer lo que me importaba. sabiendo que en Toledo le había ido bien. que es lo mismo que galán de monjas. Despedíme de todos. con lo cual nos desmembramos todos y echó cada uno por su parte. que. para mí. Y por presto que yo acudí ya estaba toda la vecindad conmigo preguntando por el oso. Respondióme desta manera: . me determiné de escribirla lo siguiente: Carta: «Más por agradar a V. Y destas cosas me sucedieron muchas mientras perseveré en el oficio de poeta y no salí del mal estado. Tuve ocasión para dar en esto porque una a cuya petición había yo hecho muchos villancicos se aficionó en un auto del Corpus de mí viéndome representar un San Juan Evangelista (que lo era ella). Va a huir y con la turbación písase la saya y rueda toda la escalera. como oyó decir «baja tras ti» y «me deja». Md. porque yo había fingido que era hijo de un gran caballero. aunque los compañeros me querían guiar a otras compañías. he dejado la compañía. Ya seré tanto más suyo cuanto soy más mío. Md. como cofia. no comí aquel día. y por hablar más claro. Regalábame la mujer con cuidado y habíame dicho que sólo sentía que fuese farsante. Supiéronlo los compañeros y fue celebrado el cuento en la ciudad. no traté de más que de holgarme. Sucedió. etc. fuéronse. derrama la olla y quiebra los platos. aun no lo querían creer. si va a decir verdad. pues.que entendió la moza (que era gallega). Al fin. en pretendiente de Antecristo. di en amante de red. y sale dando gritos a la calle diciendo que mataba un oso a un hombre. le ejecutaron no sé por qué deudas y le pusieron en la cárcel. y yo. y dábala compasión. porque era lo que he referido de la comedia.

era menester inviar a tomar lugar a las doce. y andaba una tosidura de Barrabás. oigo la seña antigua: empieza a toser y yo a toser. Andaba tan tieso que parecía que almorzaba asadores y que comía virotes. y hay hombre que piensa que es reclamo de ruiseñor y le sale después graznido de cuervo). mirando con su mano puesta en la espada y la otra con el rosario. Fuime derecho a la iglesia.Respuesta: «De sus buenos sucesos antes aguardo los parabienes que los doy. gran compañero del sacristán y monacillo y muy bien recibido del vicario. a vísperas. Al fin. como para comedia nueva: hervía en devotos. sin pestañear. me puse en donde pude. Comí y púseme el vestido con que solía hacer los galanes en las comedias. Al fin. Oílas todas. y luego empecé a repasar todos los lazos y agujeros de la red con los ojos para ver si parecía. pero no deje de venirse V. cuando Dios y enhorabuena. a puro estirarme para ver. Podemos decir que ha vuelto en sí. que era hombre de humor. que realmente la monja tenía buen entendimiento y era hermosa. es costumbre en las viejas. las diferentes posturas de los amantes. y tienen también que nunca salen de vísperas del contento. recé. otro. porque como es seña a las mozas. Contentóme el papel. y luego por las vistas. con ser una plazuela bien grande. No se creerá los pares de vísperas que yo oí. Arremedábamos un catarro y parecía que habían echado pimiento en la iglesia. y podíanse ir a ver. y allá. Md. que por esto llaman a los enamorados de monjas «solenes enamorados». que más era diablo y en hora mala. y eché de ver mi desventura (que es peligrosísima seña en los conventos. y me pesara dello a no saber que mi voluntad y su provecho es todo uno. no resta agora sino perseverancia que se mida con la que yo tendré. Cuál. Estuve gran rato en la iglesia. alzadas las manos y extendidos los brazos a lo . que allí nos veremos. El locutorio dudo por hoy. porque no se les llega el día jamás. por lo que tienen de vísperas. cuando se me asoma a la red una vieja tosiendo. Y adiós». yo estaba cansado de toser. por cosas raras. hasta que empezaron vísperas. estaba como figura de piedra sobre sepulcro. y quizá podré yo hacer alguna pandilla a la abadesa. etc. Fuime a las vistas. Estaba con dos varas de gaznate más del que tenía cuando entré en los amores.

allí salía un listón verde. Al fin. como si sacara arañas. que es gran gusto verlas a ellas tan crudas y a ellos tan asados. dando pesadumbre a los ladrillos. leyendo coplas y enseñándoselas. como a macho. «padre» al vicario y «hermano» al sacristán. Los favores son todos toques. a uso de cazador con carne.seráfico recibiendo las llagas. yo llamaba ya «señora» a la abadesa. parecía que llamaba halcón. sin hablar palabra. cuál mecía el pañizuelo. Aman al escondite. pasaba por el terrero con una mujer de la mano. En verano es de ver cómo no sólo se calientan al sol. allí se veía una pepitoria. Los celosos eran otra banda. que ya parecía salvadera y ya pomo de olor. que nunca llegan a cabes: un paloteadico con los dedos. En ivierno acontece con la humidad nacerle a uno de nosotros berros y arboledas en el cuerpo. cuál hacía la seña de los sombrereros. parecía medirse con la esquina. al cabo. adonde estaban las monjas. como güeso de santo. ¡Y verlos hablar quedito y de rezado! ¡Pues sufrir una vieja que riñe. cuál se paseaba como si le hubieran de querer por el portante. otras tosían. cuál. si habla. es para ver a una mujer por red y vidrieras. cuál. otro. en otra parte colgaba un guante. unos estaban en corrillos riéndose y mirando a ellas. a otro lado se mostraba buhonería: una enseñaba el rosario. una mano y acullá un pie. la enseñaba a su querida las entrañas por el gaznate. Esto era de la parte de abajo y nuestra. de un retrato. otros. una portera que manda y una tornera que miente! Y lo mejor es ver cómo nos piden celos de las de acá fuera. y las causas tan endemoniadas que hallan para probarlo. y una pared con deshilados. ceceando. Hincan las cabezas en las rejas y apúntanse los requiebros por las troneras. cosas todas que con el tiempo y el curso alcanza un desesperado. y si calla. aunque faltaban sesos. Empezáronme a enfadar las torneras con despedirme y las . y cuál hablaba con una criada echadiza que le daba un recado. No hay nieve que se nos escape ni lluvia que se nos pase por alto. para dar picón. era cosa de ver también. porque las vistas era una torrecilla llena de rendijas toda. otro. en otra parte había cosas de sábado: cabezas y lenguas. pero de la de arriba. Unas hablaban algo recio. Estaban todos los agujeros poblados de brújulas. sino se chamuscan. con una cartica en la mano. con la boca más abierta que la de mujer pedigüeña. pegado a la pared. es como enamorarse de un tordo en jaula. y todo esto. éstos. diciendo que el verdadero amor es el suyo.

considérelo el pío lector. cogiéndola a mi monja. Capítulo X De lo que le sucedió en Sevilla hasta embarcarse a Indias Pasé el camino de Toledo a Sevilla prósperamente. solía. . que a otros se da tan barato y en esta vida. por desautorizar la fiesta. Si hablaba. juntar tanto con ellas la cabeza. Cuando yo vi que las unas por el un santo y las otras por el otro trataban indecentemente dellos. más por lo que la llevaba que por mí. aunque perdiese mi sustento. porque como yo tenía ya mis principios de fullero y llevaba dados cargados con nueva pasta de mayor y de menor. y sacaron tales voces. cincuenta escudos de cosas de labor. No me veía nadie que no decía: «¡Maldito seas. trujeron banquetas en lugar de sillas a la iglesia. y hablaba como sacerdote que dice las palabras de la consagración. y así. y otras cosas peores. Todo esto me tenía revolviendo pareceres y casi determinado a dejar la monja. Y no quiera V. porque acabé de conocer lo que son las monjas. temiendo que si más aguardaba había de ver nacer mandrágoras en los locutorios. que por dos días siguientes traía los hierros estampados en la frente. bolsicos de ámbar y dulces. y tenía la mano derecha encubridora de un lado -pues preñada de cuatro paría tres-. Md. Lo que la monja hizo de sentimiento. no se me escapaba dinero. medias de seda. Consideré cuán caro me costaba el infierno. Veía que me condenaba a puñados y que me iba al infierno por sólo el sentido del tacto. con título de rifárselos. Y los devotos de las Bautistas. saber más de que las Bautistas todas enronquecieron adrede. porque no me oyesen los demás que estaban en las rejas. llevaba gran provisión de cartones de lo ancho y de lo largo para hacer garrotes de morros y ballestilla. que en vez de cantar la misa la gimieron. Y determinéme el día de San Juan Evangelista. bellaco monjil!». y muchos pícaros del rastro.monjas con pedirme. no se lavaron las caras y se vistieron de viejo. por tan descansados caminos. tomé mi camino para Sevilla.

Dejo de referir otras muchas flores, porque a decirlas todas me tuvieran más por ramillete que por hombre; y también, porque antes fuera dar que imitar que referir vicios de que huyan los hombres. Mas quizá declarando yo algunas chanzas y modos de hablar, estarán más avisados los ignorantes y los que leyeron mi libro serán engañados por su culpa. No te fíes, hombre, en dar tú la baraja, que te la trocarán al despabilar de una vela. Guarda el naipe de tocamientos, raspados o bruñidos, cosa con que se conocen los azares. Y por si fueres pícaro, letor, advierte que en cocinas y caballerizas pican con un alfiler u doblan los azares, para conocerlos por lo hendido. Si tratares con gente honrada guárdate del naipe, que desde la estampa fue concebido en pecado, y que con traer atravesado el papel, dice lo que viene. No te fíes de naipe limpio, que al que da vista y retén, lo más jabonado es sucio. Advierte que a la carteta, el que hace los naipes que no doble más arqueadas las figuras, fuera de los reyes, que las demás cartas, porque el tal doblar es por tu dinero difunto. A la primera, mira no den de arriba las que descarta el que da y procura que no se pidan cartas u por los dedos en el naipe u por las primeras letras de las palabras. No quiero darte luz de más cosas; estas bastan para saber que has de vivir con cautela, pues es cierto que son infinitas las maulas que te callo. «Dar muerte» llaman quitar el dinero, y con propiedad; «revesa» llaman la treta contra el amigo, que de puro revesada no la entiende; «dobles» son los que acarrean sencillos para que los desuellen estos rastreros de bolsas; «blanco» llaman al sano de malicia y bueno como el pan y «negro» al que deja en blanco sus diligencias. Yo, pues, con ese lenguaje y con estas flores, llegué a Sevilla con el dinero de las camaradas, gané el alquiler de las mulas y la comida y dineros a los güéspedes de las posadas. Fuime luego a apear al mesón del Moro, donde me topó un condicípulo mío de Alcalá, que se llamaba Mata, y agora se decía, por parecerle nombre de poco ruido, Matorral. Trataba en vidas y era tendero de cuchilladas, y no le iba mal. Traía la muestra dellas en su cara, y por las que le habían dado concertaba tamaño y hondura de las que había de dar. Decía: «No hay tal maestro como el bien acuchillado»; y tenía razón, porque la cara era una cuera y él un cuero. Díjome que me había de ir a cenar con él y otros camaradas, y que ellos me volverían al mesón. Fui; llegamos a su posada, y dijo:

-«Ea, quite la capa vuacé, y parezca hombre, que verá esta noche todos los buenos hijos de Jevilla. Y porque no lo tengan por maricón, ahaje ese cuello y agobie de espaldas; la capa caída, que siempre nosotros andamos de capa caída; ese hocico, de tornillo, gestos a un lado y a otro; y haga vucé de las j, h, y de las h, j. Diga conmigo: jerida, mojino, jumo, pahería, mohar, habalí, y harro de vino». Tomélo de memoria. Prestóme una daga, que en lo ancho era alfanje, y en lo largo, de comedimiento suyo no se llamaba espada, que bien podía. -Bébase -me dijo- esta media azumbre de vino puro, que si no da vaharada no parecerá valiente. Estando en esto, y yo con lo bebido atolondrado, entraron cuatro dellos, con cuatro zapatos de gotoso por caras, andando a lo columpio, no cubiertos con las capas sino fajados por los lomos; los sombreros empinados sobre la frente, altas las faldillas de delante que parecían diademas; un par de herrerías enteras por guarniciones de dagas y espadas; las conteras en conversación con el calcañar derecho; los ojos derribados, la vista fuerte; bigotes buidos a lo cuerno, y barbas turcas, como caballos. Hiciéronnos un gesto con la boca, y luego a mi amigo le dijeron, con voces mohínas, sisando palabras: -Seidor. -So compadre -respondió mi ayo. Sentáronse, y para preguntar quién era yo, no hablaron palabra, sino el uno miró a Matorrales, y abriendo la boca y empujando hacia mí el labio de abajo me señaló, a lo cual mi maestro de novicios satisfizo empuñando la barba y mirando hacia abajo. Y con esto, se levantaron todos y me abrazaron, y yo a ellos, que fue lo mismo que si catara cuatro diferentes vinos. Llegó la hora de cenar; vinieron a servir unos pícaros que los bravos llaman «cañones». Sentámonos a la mesa; aparecióse luego el alcaparrón; empezaron, por bienvenido, a beber a mi honra, que yo hasta que la vi beber no entendí que tenía tanta. Vino pescado y carne, y todo con apetitos de sed. Estaba una artesa en el suelo llena de vino y allí se echaba de buces el

que quería hacer la razón; contentóme la penadilla; a dos veces, no hubo hombre que conociese al otro. Empezaron pláticas de guerra; menudeábanse los juramentos; murieron de brindis a brindis, veinte o treinta sin confesión; recetáronsele al asistente mil puñaladas; tratóse de la buena memoria de Domingo Tiznado y Gayón, derramóse vino en cantidad al ánima de Escamilla; los que las cogieron tristes lloraron tiernamente al mal logrado Alonso Álvarez. Y a mi compañero, con estas cosas, se le desconcertó el reloj de la cabeza y dijo, algo ronco, tomando un pan con las dos manos y mirando a la luz: -Por esta, que es la cara de Dios, y por aquella luz que salió por la boca del ángel, que si vucedes quieren, que esta noche hemos de dar al corchete que siguió al pobre Tuerto. Levantóse entre ellos alarido disforme, y desnudando las dagas, lo juraron poniendo las manos cada uno en el borde de la artesa, y echándose sobre ella de hocicos; dijeron: -Así como bebemos este vino hemos de beberle la sangre a todo acechador. -¿Quién es este Alonso Álvarez -pregunté- que tanto se ha sentido su muerte? -Mancebito -dijo el uno- lidiador ahigadado, mozo de manos y buen compañero. ¡Vamos, que me retientan los dimoños! Con esto salimos de casa a montería de corchetes. Yo, como iba entregado al vino y había renunciado en su poder mis sentidos, no advertí al riesgo que me ponía. Llegamos a la calle de la Mar, donde encaró con nosotros la ronda. No bien la columbraron, cuando, sacando las espadas, la embistieron; yo hice lo mismo, y limpiamos dos cuerpos de corchetes de sus malditas ánimas al primer encuentro. El alguacil puso la justicia en sus pies y apeló por la calle arriba dando voces. No lo pudimos seguir, por haber cargado delantero. Y, al fin, nos acogimos a la Iglesia Mayor, donde nos amparamos del rigor de la justicia y dormimos lo necesario para espumar el vino que hervía en los cascos. Y vueltos ya en nuestro acuerdo, me espantaba yo de ver que hubiese perdido la justicia dos corchetes y huido el alguacil de un racimo de uvas, que entonces lo éramos nosotros.

como V. con todo. porque al olor de los retraídos vinieron ninfas. pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres. que no soy tan cuerdo. Aficionóseme la Grajales. sino de cansado. no de escarmentado. Estudié la jacarandina y en pocos días era rabí de los otros rufianes. y así. consultándolo primero con la Grajal. verá en la segunda parte. de pasarme a Indias con ella y ver si mudando mundo y tierra mejoraría mi suerte. vistióme de nuevo de sus colores. pero. rondábamos disfrazados. rondábanos la puerta. propuse de navegar en ansias con la Grajal hasta morir. Md.Pasábamoslo en la iglesia notablemente. Y fueme peor. La justicia no se descuidaba de buscarnos. Yo que vi que duraba mucho este negocio y más la fortuna en perseguirme. . de media noche abajo. determiné. desnudándose para vestirnos. como obstinado pecador. Súpome bien y mejor que todas esta vida.

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