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5. LA IMPORTANCIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y SUS CAUSAS

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LA IMPORTANCIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y SUS CAUSAS
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Published by: Eugenio Marcelo Quezada Flores on May 22, 2012
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CONTENIDO OBJETIVO

: :

La importancia de la Revolución Francesa y sus causas. Comprender la importancia de la Revolución Francesa para el mundo contemporáneo, identificando las principales causas de este fenómeno.

INICIO: Observan imagen “La libertad guiando al pueblo” de Eugene Delacroix (1830) y la comentamos (está más abajo). Leo los artículos I, II, III y VII de la “Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789” y pregunto: ¿qué son?, ¿los habían escuchado? Responden. Aclaro las diferencias con Derechos Humanos y explico su relación con la Revolución Francesa. DESARROLLO: Recuerdan el concepto de MULTICAUSALIDAD. Leen guía e identifican las múltiples causas de la Revolución Francesa 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8.
CAUSAS:

Mayor crecimiento demográfico de Europa (gran cantidad de población). Rígida estructura social conocida como Antiguo Régimen, basada en la desigualdad e injusticia. Economía de base agrícola (retrasada). Burguesía, clase social en ascenso, pero excluida del gobierno y de los privilegios de la nobleza. Malas cosechas y sequía entre 1770 y 1780. Gastos desmedidos en obras públicas y por apoyo a colonias inglesas de América del Norte (bancarrota). Sistema político absoluto, caracterizado porque el rey no debía rendir cuentas a nadie (excepto a Dios) La Mayor difusión de la lectura en Europa.

9. La influencia de los filósofos de la Ilustración, quienes cuestionaron la sociedad, especialmente las monarquías.

10. Adicionalmente, los últimos inviernos fueron muy crudos y se sumaron a la pobreza del Tercer Estado.

Luego explico que existen distintas interpretaciones para los acontecimientos. CIERRE: Énfasis en ideas principales de la clase, en función del objetivo.

LA MULTICAUSALIDAD DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

LA MULTICAUSALIDAD DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

¿Qué fenómenos hiucieron posible la Revolución Francesa?, ¿cuál fue el impacto de esta Revolución en la Europa del siglo XVIII, y que llega hasta nuestros días? La Revolución Frances parece ser uno de los temas favoritos de los historiadores. Los diez años que duró la revolución han suscitado más bibliografía que los trescientos años de monarquía francesa. Hacia finales del siglo XVIII, Francia era un país de contrastes. Era el país europeo de mayor crecimiento demográfico, pero tenía una rígida estructura social que privilegiaba a unos pocos y su economía estaba retrasada respecto de Inglaterra, su vecino y principal competidor. Mientras este último país modernizaba su economía a través de la Revolución Industrial, vendiendo productos a sus colonias y tecnificando los procesos de elaboración de productos, Francia seguía con una economía de base agrícola , en la que predominaba la tierra como principal fuente de riqueza y la mayoría de su población era campesina. Al mismo tiempo, la sociedad del Antiguo Régimen seguía siendo de carácter estamental, como en la Edad Media, y descansaba sobre fuertes desigualdades e injusticias entre la nobleza y el Tercer Estado. En la Europa Occidental, el dominio del señor sobre la tierra se había restringido: ya en el siglo XVIII no existía la servidumbre, salvo en lugares muy localizados y el labrador disfrutaba de una libertad que le permitía disponer de la tierra para legarla, venderla o repartirla a su antojo, pagando unos derechos de propiedad al señor. Sin embargo, la situación de los campesinos seguía siendo de pobreza generalizada. Además, el sector más dinámico del Tercer Estado, la burguesía, estaba en franco ascenso económico, pero excluida del gobierno y de los privilegios de la nobleza. En las décadas de 1770 y 1780, la economía francesa comenzó a declinar, debido a las malas cosechas y a las sequías, que perjudicaron la actividad agrícola y ganadera. Por otra parte, el Estado francés había gastado enormes sumas de dinero en obras públicas y en apoyar los intentos independentistas de las colonias inglesas en América del Norte (1775 – 1783). Este contexto de volvió más tenso, ya que la burguesía exigía la libertad de tráfico y comercio, mientras que la aristocracia aumentaba sus gastos en lujo. A nivel político, en Francia, el rey no debía dar cuenta a nadie de su actuación, excepto a Dios. A pesar de la férrea solidez de las monarquías absolutas, en Europa ya se estaba discutiendo la concentración del poder político en una sola institución. En Inglaterra se habían establecido limitaciones a la monarquía con la Declaración de Derechos en 1689, que acotó los poderes reales y aseguró la supremacía del parlamento. Por otra parte, a mediados del siglo XVIII hubo ubna mayor difusión de la lectura en Europa, lo que permitió que nuevas capas sociales, especialmente la burguesía, tuviera acceso a diversas fuentes de conocimiento. Los autores románticos ofrecían historias donde resaltaban la libertad, el amor y la pasión. Sin embargo, la mayor influencia en el desarrollo de la Revolución estuvo en las ideas impulsadas por los filósofos de la Ilustración, quienes reflexionaron y cuestionaron distintos ámbitos de la vida en la sociedad europea, especialmente el poder absoluto de las monarquías.

¿Qué fenómenos hiucieron posible la Revolución Francesa?, ¿cuál fue el impacto de esta Revolución en la Europa del siglo XVIII, y que llega hasta nuestros días? La Revolución Frances parece ser uno de los temas favoritos de los historiadores. Los diez años que duró la revolución han suscitado más bibliografía que los trescientos años de monarquía francesa. Hacia finales del siglo XVIII, Francia era un país de contrastes. Era el país europeo de mayor crecimiento demográfico, pero tenía una rígida estructura social que privilegiaba a unos pocos y su economía estaba retrasada respecto de Inglaterra, su vecino y principal competidor. Mientras este último país modernizaba su economía a través de la Revolución Industrial, vendiendo productos a sus colonias y tecnificando los procesos de elaboración de productos, Francia seguía con una economía de base agrícola , en la que predominaba la tierra como principal fuente de riqueza y la mayoría de su población era campesina. Al mismo tiempo, la sociedad del Antiguo Régimen seguía siendo de carácter estamental, como en la Edad Media, y descansaba sobre fuertes desigualdades e injusticias entre la nobleza y el Tercer Estado. En la Europa Occidental, el dominio del señor sobre la tierra se había restringido: ya en el siglo XVIII no existía la servidumbre, salvo en lugares muy localizados y el labrador disfrutaba de una libertad que le permitía disponer de la tierra para legarla, venderla o repartirla a su antojo, pagando unos derechos de propiedad al señor. Sin embargo, la situación de los campesinos seguía siendo de pobreza generalizada. Además, el sector más dinámico del Tercer Estado, la burguesía, estaba en franco ascenso económico, pero excluida del gobierno y de los privilegios de la nobleza. En las décadas de 1770 y 1780, la economía francesa comenzó a declinar, debido a las malas cosechas y a las sequías, que perjudicaron la actividad agrícola y ganadera. Por otra parte, el Estado francés había gastado enormes sumas de dinero en obras públicas y en apoyar los intentos independentistas de las colonias inglesas en América del Norte (1775 – 1783). Este contexto de volvió más tenso, ya que la burguesía exigía la libertad de tráfico y comercio, mientras que la aristocracia aumentaba sus gastos en lujo. A nivel político, en Francia, el rey no debía dar cuenta a nadie de su actuación, excepto a Dios. A pesar de la férrea solidez de las monarquías absolutas, en Europa ya se estaba discutiendo la concentración del poder político en una sola institución. En Inglaterra se habían establecido limitaciones a la monarquía con la Declaración de Derechos en 1689, que acotó los poderes reales y aseguró la supremacía del parlamento. Por otra parte, a mediados del siglo XVIII hubo ubna mayor difusión de la lectura en Europa, lo que permitió que nuevas capas sociales, especialmente la burguesía, tuviera acceso a diversas fuentes de conocimiento. Los autores románticos ofrecían historias donde resaltaban la libertad, el amor y la pasión. Sin embargo, la mayor influencia en el desarrollo de la Revolución estuvo en las ideas impulsadas por los

filósofos de la Ilustración, quienes reflexionaron y cuestionaron distintos ámbitos de la vida en la sociedad europea, especialmente el poder absoluto de las monarquías.

LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO

es un cuadro pintado por EUGÈNE DELACROIX en 1830 y conservado en el

Museo del Louvre de París.
“He emprendido un tema moderno, una barricada, y si no he luchado por la patria, al menos pintaré para ella”.

Eugène Delacroix

El lienzo representa una escena del 28 de julio de 1830 en la que el pueblo de París levantó barricadas. El rey Carlos X de Francia había suprimido el parlamento por decreto y tenía la intención de restringir la libertad de prensa. Los disturbios iniciales se convirtieron en un levantamiento que desembocó en una revolución seguida por ciudadanos enojados de todas las clases sociales. No existió un único cabecilla. Por eso Delacroix representa a la Libertad como guía que conduce al pueblo. Tampoco está representada de una forma abstracta, sino que es una figura alegórica muy sensual y real. El espectador sólo tiene dos posibilidades, el unirse a la masa, o el ser arrasado por ella. El pueblo es la unión de clases: se representa al burgués con su sombrero de copa y empuñando el fusil, al lado un andrajoso y un herido que pide clemencia a Francia. Al fondo aparecen brumas y humos de la batalla que diluyen un barrio francés bastante realista. A los pies de la Libertad un moribundo la mira fijamente indicándonos que ha valido la pena morir por ella.

“Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789”

I. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derecho: las distinciones sociales no pueden ser fundadas sino sobre la utilidad común. II. (…) Esos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. III. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la nación, ningún cuerpo, ningún individuo puede ejercer autoridad que no emane de aquella expresamente. VI. La ley es la expresión de la voluntad general: todos los ciudadanos tienen el derecho de concurrir personalmente, o por sus representantes, a su formación. Ella debe ser la misma para todos, sea protegiendo, sea castigando (…). VII. Ningún hombre puede ser acusado, detenido ni apresado sino en los casos determinados por la ley. X. Nadie puede ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas, mientras su manifestación no afecte el orden público establecido por la ley.

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo texto completo figura en las páginas siguientes. Tras este acto histórico, la Asamblea pidió a todos los Países Miembros que publicaran el texto de la Declaración y dispusieran que fuera "distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o de los territorios"

(LECTURA COMPLEMENTARIA)

El mismo año en que Estados Unidos elegía su primer presidente, estallaba en Francia un proceso revolucionario que iba a derribar el régimen señorial y, proyectando su influjo sobre toda Europa, pondría las bases del mundo contemporáneo. La resistencia de la monarquía absolutista y los estamentos privilegiados a aceptar la participación en los órganos de gobierno de las nuevas fuerzas sociales, la burguesía y otros sectores del pueblo llano, surgida aquélla del auge de la industria y el comercio, determinó el estallido revolucionario, que pasó por distintas etapas. En 1789, cuando Luis XVI convocó los Estados Generales, una vieja institución asamblearia de origen medieval que reunía los tres estamentos, la nobleza, el clero y el tercer estado, este último optó por asumir la defensa de sus propios intereses y constituyó una Asamblea Nacional. El 14 de julio del mismo año las masas de París asaltaron la Bastilla, fortaleza real convertida en prisión que simbolizaba el absolutismo monárquico. La asamblea promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, inspirada en la Constitución estadounidense, y estableció una monarquía constitucional (1791). Los revolucionarios obligaron al rey a abandonar el palacio de Versalles y trasladarse a París, donde era más fácil controlar sus movimientos. Tras el fallido intento de fuga de la familia real, los jacobinos, que agrupaban a los sectores más radicales frente a los girondinos o moderados, pidieron la proclamación de la república. En 1792 la Asamblea se transformó en Convención Nacional (1792-1795). En enero de 1793, Luis XVI y la reina María Antonieta fueron ejecutados. En el resto de Europa las monarquías absolutistas se sentían amenazadas y, encabezadas por Austria, comenzaban a organizar una decidida respuesta para frenar la expansión liberal. En esta situación, los jacobinos, dirigidos por Robespierre y Saint-Just se hicieron con el control de la Convención. En junio de 1793 crearon el Comité de Salvación Pública y desencadenaron la etapa del Terror, una dictadura populista que multiplicó las condenas y las ejecuciones. En 1794 la Convención desplazó a Robespierre, que fue ejecutado, y accedieron al poder los termidorianos, antiguos girondinos, quienes desataron una implacable persecución contra los jacobinos y abolieron sus leyes. Mientras tanto, en el exterior, el ejército revolucionario obtenía importantes éxitos militares frente a las potencias aristocráticas. La convención termidoriana confió el poder a un Directorio (1795) que moderó la política represiva, lo que facilitó una reacción de los realistas y moderados. En este momento irrumpió la figura de Napoleón Bonaparte (1769-1821), joven y prestigioso general de origen corso que fue llamado a París para aplastar a los conspiradores. Bonaparte volvió después a combatir en Italia y Egipto. Al persistir la inestabilidad, Napoleón fue llamado de nuevo a París, donde encabezó el golpe de estado del 18 de Brumario (fecha del calendario revolucionario francés que corresponde al 9 de noviembre de 1799), que instauró la etapa del Consulado, en la que el gobierno de la nación recaía en tres cónsules. Sin embargo, el Consulado derivaría en una dictadura personal. Napoleón Bonaparte asumió los principios revolucionarios, pero consideraba concluido el proceso que los había implantado. En 1802 se proclamó cónsul vitalicio, y en 1804 fue coronado emperador en París por el papa Pío VII. Las potencias europeas organizaron diversas coaliciones contra la Francia napoleónica. En 1805, Austria, Gran Bretaña, Rusia, Suecia y Nápoles derrotaron a la escuadra francesa en la batalla naval de Trafalgar. Poco después, en diciembre del mismo año, Napoleón derrotaba a los austriacos en la batalla de Austerlitz e incorporaba gran parte de la Italia austriaca. Intervino también en los principados alemanes. En 1896, Napoleón había decretado el bloqueo continental contra los británicos. Para castigar a Portugal por el incumplimiento del bloqueo, en 1808 envió un ejército a través del territorio español, en lo que en realidad constituía una invasión en toda regla de la península Ibérica. Mientras sostenía una guerra de desgaste contra la resistencia de los españoles, Napoleón puso en el trono español a su hermano José I. En 1812 invadió la lejana Rusia al frente de un gran ejército. A causa de las dificultades de avituallamiento y de las inclemencias del clima, la expedición acabó en un desastroso fracaso del que los franceses no se recuperarían. También fueron expulsados de España, y Fernando VII pasó a ocupar el trono. Una nueva coalición europea derrotó a las tropas napoleónicas en Leipzig (1813) y ocupó París. Napoleón fue desterrado a la isla de Elba (1814) y subió al trono francés Luis XVIII. Ante la creciente impopularidad del nuevo monarca, Napoleón regresó al continente y pudo ocupar de nuevo el poder durante los Cien Días (marzo-junio de 1815). La derrota francesa ante los británicos y los prusianos en la batalla de Waterloo fue definitiva. Napoleón fue confinado en la lejana isla de Santa Elena, donde murió en 1821. Las potencias absolutistas reunidas en el Congreso de Viena (1814-1815) trazaron un mapa europeo que prevalecería hasta entrado el siglo XX. No obstante, en el conjunto de Europa estallarían otras revoluciones liberales.
NAPOLEÓN BONAPARTE

LA REVOLUCIÓN FRANCESA

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