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inventarios personalidad - test psicologicos c13 _anastasi…(2)

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Inventarios autodescriptivos de personalidad

Aunque en ocasiones se emplea el término "personalidad" en un sentido más amplio, en la terminología psicométrica los "tests de personalidad" son instrumentos que se utilizan para medir las características emocionales, motivacionales, interpersonales y de actitudes, rasgos todos estos que se consideran distintos de las habilidades.1 En los próximos cuatro capítulos, examinaremos los más importantes tests de personalidad clasificados según el método empleado para obtener los datos de los individuos. En este capítulo revisaremos los inventarios autodescriptivos de personalidad y en el siguiente las técnicas usadas para medir intereses y actitudes. Los instrumentos descritos en estos dos capítulos son sobre todo cuestionarios autodescriptivos, instrumentos de lápiz y papel que si bien son particularmente adecuados para la aplicación colectiva, muchos pueden utilizarse también en la evaluación individual. En el capítulo 15 analizaremos el uso de las técnicas proyectivas para evaluar las características de personalidad y en el 16 revisaremos diversas aproximaciones al tema, algunas de las cuales se encuentran aún en etapa experimental. El número de tests de personalidad alcanza varios cientos, de los que son especialmente numerosos los inventarios de personalidad y las técnicas proyectivas. En este libro nos interesamos ante todo en los acercamientos que han sido explorados en la evaluación de la personalidad; por ello, y aunque se ha escrito varios libros dedicados en exclusiva al tema, en un intento ilustrativo haremos una breve descripción de algunas de las pruebas más conocidas de cada categoría. Para una revisión más detallada del tema, el lector puede recurrir a libros especializados (por ejemplo, Angleitner y Wiggins, 1986; Butcher, 1995; Lanyon y Goodstein, 1997; y J. S. Wiggins, 1973/1988). En el desarrollo de los inventarios de personalidad se han seguido diversas aproximaciones para formular, reunir, seleccionar y agrupar los reactivos. Entre los procedimientos de mayor uso se encuentran los que se basan en la relevancia del contenido, la clave del criterio empírico, el análisis factorial y la teoría sobre la personalidad. En las siguientes secciones analizaremos e ilustraremos cada uno de esos planteamientos, aunque es importante anticipar que no se trata de técnicas alternativas o mutuamente excluyentes, pues todas pueden combinarse, teóricamente, en el desarrollo de un solo inventario de personalidad y, de hecho, en la mayor parte de los instrumentos actuales se utilizan dos o más de estos procedimientos. Aunque algunos tests de personalidad se emplean como instrumentos colectivos de proyección, casi todos encuentran su principal aplicación en la clínica y la consejería, por esta razón los cuatro capítulos siguientes deberán considerarse en conjunción con los puntos de vista de los contextos especializados que veremos en el capítulo 17. En su estado actual de desarrollo, hay que considerar la mayor parte de los tests de personalidad como auxiliares en la evaluación individual o como instrumentos de investigación. PROCEDIMIENTOS RELACIONADOS CON EL CONTENIDO El prototipo de los inventarios autodescriptivos de personalidad fue la Hoja de Datos Personales de Woodworth (Woodworth Personal Data Sheet), instrumento desarrollado para usarse durante la Primera Guerra Mundial (véase la referencia en el capítulo 2) que en

esencia constituyó una tentativa por estandarizar una entrevista psiquiátrica y adaptar el procedimiento para la evaluación masiva. Para ello, Woodworth recopiló de la bibliografía psiquiátrica y de conversaciones con especialistas de esta disciplina la información concerniente a los síntomas comunes de neuróticos y preneuróticos. Las preguntas del inventario se formularon en función de esos síntomas y trataban las desviaciones de la conducta como miedos anormales o fobias, obsesiones y compulsiones, pesadillas y otros trastornos del sueño, fatiga excesiva y otros síntomas psicosomá-ticos, sentimientos de irrealidad y perturbaciones motoras como tics y temblores. Si bien es cierto que en la elección final de los reactivos Woodworth utilizó ciertas herramientas estadísticas (que veremos en la próxima sección), también es evidente que en la elaboración y uso de este inventario puso el acento en la relevancia del contenido de sus reactivos, como lo indican las fuentes de las que se obtuvieron así como el reconocimiento común de ciertas clases de comportamiento como mal adaptados. El legado de Woodworth a la elaboración de los inventarios modernos se aprecia en el hecho de que al preparar un nuevo banco de reactivos las instrucciones de quienes los escriben se basan en el análisis de contenido del área conductual que pretende evaluarse. Un ejemplo actual de la aproximación relacionada con el contenido al desarrollo del inventario autodescriptivo es la Lista de Verificación de 90 Síntomas, Revisada (Symptom Checklist'90-Revised, SCL-90-R, Derogatis, 1994), un instrumento diseñado para identificar problemas psicológicos y síntomas de psicopatología, que consta de la breve descripción de 90 síntomas (por ejemplo, mal apetito, debilidad o vértigos). En una escala de cinco puntos se pide a los individuos que indiquen el grado al que se han visto afligidos por cada uno de los problemas en los últimos siete días. La SCL-90-R proporciona normas separadas para adultos y adolescentes de ambos sexos no pacientes así como para pacientes psiquiátricos internados y de consulta externa. Sin embargo, algunas de las normas no son lo suficientemente representativas; por ejemplo, el grupo normativo de pacientes psiquiátricos internos estuvo conformado predominantemente por individuos de posición socioeconómica baja, y el grupo de adolescentes, sobre todo por personas de clase media y casi todas blancas. Los reactivos de la SCL-90-R no sólo se asemejan a los de los instrumentos anteriores del tipo de lista de verificación en el hecho de que se seleccionaron sobre la base de la relevancia del contenido y la utilidad clínica, sino también en que algunos de ellos pueden rastrearse hasta la Hoja de Datos Personales de Woodworth mediante las escalas intermedias como la Lista de Verificación de Síntomas de Hopkins (Hopkins Symptom Checklist) y el índice Médico de Cornell (Corneii Medical Index., Derogatis y Lazarus, 1994). Los reactivos se organizan en nueve dimensiones de psicopatolo-gía: somatización, depresión, ansiedad, hostilidad, psicoticismo, sensibilidad interpersonal, ansiedad fóbica, ideación paranoide y síntomas obsesivo-compulsivos. Los análisis factoriales de las escalas indican que están correlacionadas y que, por consecuencia, no son de mucha utilidad para el diagnóstico diferencial; no obstante, los índices globales derivados de la lista de verificación han demostrado ser indicadores confiables de la presencia y la gravedad de la psicopatología (Payne, 1985). La SCL-90-R y otros instrumentos relacionados, como el Inventario Breve de Síntomas (Brief Symptom Inventory), se utilizan mejor como parte de una batería, en la evaluación del cambio producido en el curso de una terapia y en la investigación sobre el efecto de diversos tratamientos. La principal ventaja de la aproximación relacionada con el contenido para el desarrollo de los inventarios de personalidad estriba en la simplicidad y lo directo del método. No obstante que esas características hacen posible contar con instrumentos relativamente breves y económicos, su transparencia permite que los examinados hagan esfuerzos conscientes por manipular los resultados en mayor medida que otros métodos; además, en general estos instrumentos no poseen las características destinadas a prevenir o detectar los sesgos de respuesta que revisaremos más adelante (Bornstein, Rossner, Hill y Stepanian,

1994), por lo que no resulta aconsejable confiar exclusivamente en sus resultados como la base para la toma de decisiones.
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CRITERIO Aproximación básica. El uso de una clave empírica de criterio se refiere al desarrollo de una clave de puntuación en términos de algún criterio externo. El procedimiento requiere la selección de los reactivos que han de conservarse y la asignación de los pesos de4a puntuación para cada respuesta. En la elaboración de la Hoja de Datos Personales de Woodworth, algunas de las comprobaciones estadísticas aplicadas en la selección final de los reactivos señalaron el camino para la clave de criterio. Así, en este inventario no se conservó ningún reactivo si el 25 por ciento o más de los miembros de la muestra normal lo respondía en la dirección desfavorable por considerar que una característica conductual que ocurre con tal frecuencia en una muestra esencialmente normal no puede ser indicador de anormalidad. En la selección de reactivos se utilizó también el método de grupos contrastados, por lo que sólo se conservaron los síntomas que en un grupo diagnosticado como psiconeurótico se informaban al menos dos veces más que en un grupo normal. No obstante, a pesar del uso de dichas comprobaciones empíricas, las aproximaciones relacionadas con el contenido confían esencialmente en una interpretación literal o verídica de los reactivos del cuestionario. Se considera que la respuesta a cada pregunta es un indicador de la actual existencia o inexistencia del problema, creencia o conducta descrita por la pregunta. Por otro lado, en la clave empírica de criterio las respuestas se consideran diagnósticas o sintomáticas del criterio conductual con el que se encontraron asociadas. En una descripción inicial de esa aproximación, Meehl (1945) escribía: ¡ . . . la forma más fructífera de considerar al inventario de tipo verbal de personalidad no es como una "autoclasificación" o autodescripción cuyo valor requiere suponer que la precisión en las observaciones que el examinado hace de sí mismo son exactas. Más bien, las respuestas a los reactivos de la prueba se consideran como un segmento intrínsecamente interesante de la conducta verbal, cuyo conocimiento puede ser más importante que cualquier conocimiento del material "fáctico" sobre el que el reactivo pretende investigar de manera superficial. De modo que, si un hipocondríaco dice que sufre "muchas jaquecas", el hecho que resulta de interés es que él lo dice. [p. 9] Un inventario autodescriptivo consta de una serie de estímulos verbales estandarizados, cuyas respuestas se califican —en los casos en los que utilizan procedimientos de clave de criterio— en función de sus correlatos conductuales establecidos empíricamente, lo que implica que se les trata como a cualquier otra respuesta a una prueba psicológica. El hecho de que las respuestas correspondan a la percepción que el sujeto tiene de la realidad no altera dicha situación, sencillamente brinda una hipótesis para explicar la validez establecida de manera empírica de algunos reactivos. Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota El Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota (MMPI) constituye el ejemplo más destacado de la clave de criterio empírico en la elaboración de tests de personalidad. En años recientes, el MMPI ha sido revisado y reformulado en dos versiones, el MMPI-2 (Butcher, Dahlstrom, Graham, Tellegen y Kaemmer, 1989) y el MMPI para Adolescentes (MMPI-A, Butcher et al, 1992). De cualquier modo, no es posible analizarlas sin referirse al MMPI original y a la función que cumplió en la historia de la evaluación de la personalidad. Aunque una descripción detallada del instrumento rebasa el alcance de este texto, debe advertirse que, durante casi medio siglo, el MMPI fue el test de personalidad de mayor uso y

el más investigado.2 Como instrumento, el MMPI fue, en muchos sentidos, víctima de su propio éxito. Concebido en la década de los treinta por Starke R. Hathaway, psicólogo clínico, y por J. Charles McKinley, neuropsiquiatra, durante los años cuarenta se publicó en una serie de artículos como auxiliar en el proceso del diagnóstico psiquiátrico.3 Posteriormente, su efectividad para detectar psicopatologías y diferenciar entre las categorías nosológicas gruesas condujo a su utilización con distintos propósitos que superaban su objetivo original. Para la década de los sesenta, el MMPI estaba firmemente colocado a la cabeza de los tests de personalidad y se utilizaba en la consejería con sujetos normales, en ambientes laborales, médicos, militares y forenses así como con pacientes psiquiátricos. Para la década de los ochenta, la bibliografía sobre el MMPI incluía varias miles de referencias que documentaban, entre muchas otras cosas, el uso de sus 13 escalas básicas en una gran variedad de poblaciones, el desarrollo de centenares de escalas especiales basadas en sus reactivos y una vasta colección de correlatos empíricos de las escalas elevadas y modelos de perfil. Sin embargo, para ese momento, los problemas conceptuales documentados y psicométricos del inventario parecían aún más gravosos al considerar los avances en los campos de la psicopatología, la teoría de la personalidad y la elaboración de pruebas; para entonces ya se había demostrado también que las normas, anticuadas e insuficientes, resultaban inapropiadas para los examinados actuales, lo que implicaba que la base utilizada para determinar la anormalidad descansaba sobre fundamentos inciertos (Colligan, Osborne, Swenson y Offord, 1983, 1989). En efecto, la muestra original de estandarización se había convertido en algo similar a un grupo de referencia no normativo en términos del cual se definió la escala de calificación. Los datos mucho más extensos obtenidos más adelante, con referencia a las claves del perfil, proporcionaron la base para la interpretación normativa. Así, la comisión encargada de la reestandarización del MMPI se enfrentó a la difícil tarea de modernizar el instrumento a la vez que trataba de salvar la riqueza interpretativa del material relevante para la evaluación de la personalidad, y en especial de la psicopatología, contenido en la estructura básica del MMPI. En un intento por mantener la continuidad, la comisión decidió conservar la mayor parte de los reactivos (todos los de las escalas clínicas y de validez originales y muchos de los reactivos de las escalas complementarias), lo que supone que se mantuvieron paralelamente sus debilidades inherentes. Los mayores cambios fueron una renormalización completa del inventario, el desarrollo de calificaciones T uniformes para las ocho escalas clínicas originales y para todas las escalas de contenido, la revisión y eliminación de los reactivos obsoletos o cuestionables, así como la inclusión de reactivos nuevos, la creación de nuevas escalas de validez (complementarias y de contenido) y la separación del inventario en dos versiones adecuadas para diferentes grupos de edad. El Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota-2. Los reactivos del MM-PI-2 consisten en 567 afirmaciones a las que el examinado da una respuesta de "cierto" o "falso". Salvo por algunos cambios en la redacción y un reordenamiento de los reactivos, los primeros 370 son prácticamente idénticos a los del MMPI, ya que sus respuestas se necesitaban para calificar las 10 escalas "clínicas" y las tres escalas de"validez" originales. Los 197 reactivos restantes (107 de los cuales son nuevos) son necesarios para la calificación total de las 104 escalas y subescalas nuevas, revisadas, complementarias, de contenido y validez conservada que forman el inventario completo. El contenido de los reactivos varía considerablemente y cubre áreas como la salud general, afectiva, neurológica y los síntomas motores; las actitudes sexuales, políticas y sociales; aspectos educativos, ocupacionales, familiares y maritales; así como muchas manifestaciones bien conocidas de conducta neurótica o psicótica, como los estados obsesivo y compulsivo, los delirios, las alucinaciones, las ideas de referencia, las fobias y las tendencias sádicas y masoquistas. Dahlstrom (1993a) preparó un manual complementario que proporciona toda la información necesaria para comparar los reactivos del MMPI-2 con los originales. A continuación, se muestran algunos ilustrativos reactivos seguidos por el número que les

corresponde en la forma actual de la prueba:4 Mi sueño es irregular y agitado. (39) Creo que hay una conspiración en mi contra. (138) Me preocupo por el sexo. (166) Cuando me aburro me gusta crear cierta excitación. (169) En el fondo a la mayoría de la gente le disgusta tener que ayudar a otras personas. (286) El MMPI-2 proporciona calificaciones para 10 "escalas clínicas" básicas, que son las mismas del MMPI original: 1. Hs: Hipocondriasts 2. D: Depresión 3. Hi: Histeria 4. Dp: Desviación psicopática 5. Mf: Masculinidad-femineidad 6. Pa: Paranoia 7. Pt: Psicastenia 8. Es: Esquizofrenia 9. Ma: Manía 10. Is: Introversión social

Ocho de esas escalas se desarrollaron empíricamente en la década de los cuarenta por clave de criterio para los reactivos que diferenciaban pequeñas muestras clínicas (cada una formada por alrededor de 50 personas que representaban el tradicional diagnóstico psiquiátrico) y un grupo de control normal compuesto por 724 visitantes y familiares de los pacientes internos en los hospitales de la Universidad de Minnesota (Hathaway y McKinley, 1940, 1943). La escala de masculinidad-femineidad, que originalmente pretendía distinguir entre hombres homosexuales y heterosexuales, se desarrolló a partir de las diferencias en la frecuencia con que soldados varones y empleadas de una aerolínea apoyaban los reactivos. Las calificaciones en esta escala indican el grado al que los intereses y las actitudes del individuo coinciden con el estereotipo de su grupo sexual. La escala de introversión social, agregada después, se derivó de las respuestas de dos grupos contrastados de universitarios seleccionados sobre la base de sus calificaciones extremas en una prueba de introversión-extraversión. Al conservar intactas las escalas básicas del MMPI (salvo por la eliminación de nueve reactivos, el reordenamiento del resto y algunos cambios en la redacción), los autores del MMPI-2 buscaban preservar la riqueza de la información clínica asociada con la interpretación de las claves de los perfiles basados en los modelos de las puntuaciones obtenidas (Graham, 1993; Greene, 1991); conservaron las nociones obsoletas de psicopatología, las consecuencias de la ingenua e inadecuada aplicación del método empírico de grupos contrastados y otros problemas como la multidimensionalidad y el traslape de las escalas básicas (Helmes y Reddon, 1993). El MMPI original se distingue por el uso de tres escalas llamadas de validez (conservadas en el MMPI-2),5 que más que interesarse en los aspectos técnicos de la validez pretenden supervisar el descuido, la comprensión inadecuada, la simulación y la existencia de ciertas actitudes y predisposiciones de respuesta. Las calificaciones de validez comprenden: Puntuación de mentiras (L). Se basa en un grupo de reactivos que hacen que el examinado aparezca bajo una luz favorable pero que es poco probable que se respondan honestamente en la dirección favorable (por ejemplo: no me gusta nadie que conozco). Puntuación de infrecuencia (F). Determinada por un conjunto de 60 (de un original de 64) reactivos en la dirección calificada por no más del 10 por ciento del grupo de estandarización del MMPI. Aunque representan conductas indeseables, esos reactivos no corresponden a ningún patrón particular de anormalidad, por lo que es

poco probable que haya alguien que muestre todos o casi todos los síntomas. Una alta puntuación en F puede indicar errores de calificación, descuido al responder, una gran excentricidad, procesos psicóticos o simulación deliberada. Puntuación de corrección (K). A partir de otra combinación de reactivos especialmente elegidos, esta puntuación ofrece una medida de las actitudes de evaluación que se consideran más sutiles. Una alta puntuación en K puede indicar que se está a la defensiva o un intento deliberado de "simular que se está mal". Las puntuaciones de las dos primeras escalas (L y F) suelen utilizarse para hacer una evaluación global del registro de la prueba, que se considera invalidado si cualquiera de ellas excede del valor especificado. Por otro lado, la puntuación de la escala K funciona como variable de supresión, se utiliza para calcular un factor de corrección que se agrega a las puntuaciones de algunas escalas clínicas a fin de obtener totales ajustados. La eficacia de este uso de la puntuación K es cuestionable, por lo que las puntuaciones de las escalas afectadas pueden informarse con y sin la corrección. Aunque una puntuación K inusualmente alta podría hacer que un registro resulte sospechoso e indicar la necesidad de un escrutinio adicional, las elevaciones moderadas reflejan la fortaleza del ego y un ajuste positivo, esto es importante si se considera la historia y las circunstancias de la vida del individuo al evaluar estas elevaciones. Entre las 21 escalas complementarias del MMPI-2, se encuentran los tres nuevos indicadores de "validez" que pueden ayudar a evaluar el cuidado y la veracidad con que los examinados contestan el inventario. Éstas son la escala F posterior (Fp), la escala de inconsistencia de respuestas variables (INVAR) y la escala de inconsistencia de respuestas verdaderas (INVER). Mientras que la escala Fp es básicamente una extensión de la escala F original para los reactivos que aparecen en la segunda mitad del inventario, las escalas INVAR e INVER son nuevas y constan de pares de reactivos con similares significados opuestos que pretenden detectar las respuestas inconsistentes o contradictorias. La forma básica del perfil para el MMPI-2 (figura 13.1) abarca las 13 escalas clínicas y de validez conservadas de la versión original. También, cuenta con perfiles separados para las 15 escalas de contenido, las 27 del componente de contenido, las 21 complementarias y las 28 subescalas Harris-Lingoes.6 Algunas de las escalas y subescalas son nuevas y otras se conservaron del original, pero todas se califican utilizando la muestra normativa del MMPI-2 compuesta por 2.600 adultos de 16 a 84 años. Ésta se extrajo de siete estados en un intento por reflejar a la población norteamericana en términos de variables demográficas significativas como el género, la edad y la etnicidad, por lo que resulta mucho más representativa de la población actual de los Estados Unidos que el grupo normativo original de Minnesota (Dahlstrom y Tellegen, 1993). Pese a ello, se ha cuestionado la representatividad de la muestra debido principalmente a los elevados niveles ocupacionales y de escolaridad, y por la poca representación de hispanos y asiaticoamericanos en comparación con las cifras del censo de 1980 (Duckworth, 1991). El resultado principal del establecimiento de nuevas normas para el MMPI fue una disminución en la elevación de las puntuaciones de los perfiles clínicos. Este cambio, que ya se anticipaba, obedece quizá a diferencias generacionales así como a factores especiales que son exclusivos de la muestra original de Minnesota y a la forma en que se utilizó en la elaboración del MMPI (D. S. Nichols, 1992). En cualquier caso, el corte de la calificación T necesaria para considerar que una elevación de la escala es de interés clínico ya no es de 70 sino de 65, o aproximadamente 1.5 DE por encima de la media. Otra innovación introducida en el MMPI-2 es el uso de calificaciones T uniformes, en contraste con las normalizadas o derivadas linealmente en ocho de las 10 escalas clínicas y en todas las de contenido. Esto implica igualar las calificaciones en todas esas escalas a una distribución promedio compuesta. Las calificaciones T uniformes permiten hacer comparaciones entre escalas en términos de equivalentes percentilares sin distorsionar de manera notable la forma de las distribuciones de las puntuaciones crudas, las cuales son positivamente asimétricas, aunque en diferentes grados (Tellegen y Ben-Porath, 1992).

Los cambios descritos se justificaron sobre bases psicométricas; sin embargo, se generó una controversia sobre la posibilidad de generalizar para el MMPI-2 el conocimiento clínico y los descubrimientos en la bibliografía sobre la interpretación del perfil del MMPI, y esto porque los cambios mencionados produjeron diferencias entre los patrones de los perfiles y las claves obtenidas del MMPI y del MMPI-2 (Chojnacki y Walsh, 1992; Morrison, Edwards y Weissman, 1994; Tellegen, Ben-Porath, 1993). Los datos sugieren que para los perfiles bien definidos con una clara separación entre las calificaciones de la escala parece haber tanta consistencia entre los tipos de códigos del MMPI y del MMPI-2 como la que se encuentra al repetir la aplicación de cualquiera de esas versiones (Archer, 1992b; Graham, 1993). En cualquier caso, el manual del MMPI-2 contiene información que permite al usuario comparar las calificaciones generadas de las dos versiones, basándose en las respuestas a cualquiera de ellas, y si bien esta aproximación no está exenta de problemas (véase, por ejemplo, Ben Porath y Tellegen, 1995), algunos consideran que es un método empíricamente defendible que permite a los usuarios superar el periodo de transición entre las dos versiones (véase, por ejemplo, Humphrey y Dahlstrom, 1995). El Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota para Adolescentes. El MMPI-A es la nueva forma del inventario diseñada específicamente para adolescentes, aunque incorpora casi todos los rasgos del MMPI y del MMPI-2 (incluyendo las 13 escalas básicas). Para adaptar la prueba a los más jóvenes se redujo la longitud del inventario a 478 reactivos, se incluyeron nuevos reactivos y escalas que cubren áreas específicamente relevantes (como la escuela y los problemas familiares) y, sobre todo, se proveyeron normas apropiadas para esa edad. El MMPI-A utilizó una muestra normativa de 1 620 adolescentes contemporáneos de 14 a 18 años. Al mismo tiempo, se obtuvo una muestra clínica de 713 adolescentes con el mismo rango de edad para comparaciones y estudios de validez. Además de las escalas clínicas y de validez que comparte con el MMPI-2, el MMPI-A tiene sus propias escalaste validez (Fl y F2), así como algunas escalas y subescalas complementarias y de contenido exclusivas y otras que son comunes a ambos instrumentos. Aunque numerosas investigaciones, incluidas las normas y tablas de conversión publicadas por Dahlstrom et al. (1972) y Marks, Seeman y Haller (1974), apoyan el uso del MMPI en adolescentes, esta investigación no necesariamente se aplica al MMPI-A, que más que una revisión es un instrumento nuevo, por lo que su utilidad deberá ser determinada por las investigaciones y los materiales interpretativos que se iniciaron con su publicación (Archer, 1992a; Butcher y Williams, 1992; Williams, Butcher, Ben-Porath y Graham, 1992). Comentarios finales sobre los Inventarios Multifásicos de Personalidad de Minnesota. A pesar de su origen como prototipo de un empirismo aplicado ingenuamente y de los rumores constantes sobre su inminente desaparición, el MMPI se las ha arreglado para sobrevivir. De hecho, aunque su propósito original era ayudar en el proceso de clasificación psiquiátrica y aunque los procedimientos seguidos en su desarrollo lo hacían inapropiado para la evaluación de la personalidad en individuos normales, se ha utilizado lo mismo con personas normales que con pacientes psiquiátricos. El instrumento y sus versiones revisadas han añadido una serie de procedimientos y estrategias interpretativas al marco original, empíricamente derivado de la estructura, de los inventarios. Dichos rasgos, que aunque ya se han mencionado merecen una mayor consideración, incluyen muchas de las escalas desarrolladas al agrupar los reactivos sobre la base de su contenido (Butcher, Graham, Williams y Ben-Porath, 1990) así como el uso del análisis factorial en el desarrollo de algunas de sus escalas complementarias (Welsh, 1956). Continúan evolucionando nuevas formas de aproximarse a la compleja tarea de interpretación del MMPI. Una de las más recientes es el uso de compendios estructurales para dar cierta coherencia y facilitar el uso de la multiplicidad de escalas correlacionadas producidas por los inventarios de Minnesota. El método, que se basa en el análisis de las escalas, subescalas y reactivos, pretende reducir el

número de dimensiones necesarias para interpretar los resultados de los inventarios por corte transversal de clasificaciones arbitrarias (como las escalas "suplementaria", "de contenido" y de "Harris y Lingoes"). Las dimensiones más destacadas se utilizan para organizar las categorías en un formato "resumido estructural" similar al desarrollado por Exner para el Rorschach (véase el capítulo 15). Esta aproximación a la interpretación del MMPI se encuentra en una etapa incipiente de desarrollo y requiere de mayor investigación y validación; no obstante, ya se aplica de una manera que parece prometedora tanto para el MMPI-2, en el que las dimensiones estructurales se derivaron sobre todo a partir del análisis del contenido, como para el MMPI-A, cuyas dimensiones se derivaron mediante el análisis factorial (Archer y Krishnamurthy, 1994; Archer, Krishnamurthy y Jacobson, 1994; Nichols y Greene, 1995). Otros dos desarrollos que siguen los pasos del MMPI-2 y el MMPI-A, al igual que la mayor parte de las pruebas, son la automatización de procedimientos para la aplicación, calificación e interpretación de los inventarios y las traducciones de los instrumentos a otros idiomas. Al igual que con el MMPI, se dispone para los nuevos inventarios de procedimientos convencionales de aplicación y calificación computa-rizada, al igual que varias formas automatizadas de interpretación. Además, se ha elaborado y aplicado con resultados prometedores una versión adaptada y computarizada del MMPI-2 (Roper, Ben-Porath y Butcher, 1991, 1995). Aunque pasó casi una década para que el MMPI original fuera traducido por primera vez, el trabajo sobre las adaptaciones transculturales del MMPI-2 empezó incluso antes de que éstas se publicaran. Durante los tres primeros años de su existencia, había 15 proyectos de traducción del MMPI-2 completos o en proceso. Se prepararon seis traducciones o adaptaciones al español, incluidas dos versiones para uso con hispanos en los Estados Unidos, y también se dispone de un manual sobre traducciones y adaptaciones internacionales del MMPI-2 (Butcher, 1996). Un descubrimiento digno de mención de quienes han recopilado los datos para el uso de dichas traducciones y adaptaciones es que las muestras transculturales normales tienen una calificación más cercana a las normas de estandarización del MMPI-2 comparadas con las normas de las muestras anteriores del MMPI. Al tratar de mejorar el ejemplo clásico del inventario de personalidad sin alterarlo de manera fundamental, la Comisión de Reestandarización del MMPI se impuso dos metas difíciles y, en gran medida, contradictorias. El tiempo dirá si las decisiones que ha tomado han de extender la supremacía de los inventarios de Minnesota al próximo siglo o si serán superados por una nueva generación de instrumentos similares, como el Inventario Básico de Personalidad de Jackson (Basic Personality Inventory, que estudiamos en otra sección de este capítulo) o el Inventario de Evaluación de la Personalidad (Personality Assessment Inventory, PAI) desarrollado por Leslie Morey (1991) que utiliza una elaborada estrategia secuencial que combina métodos lógicos y empíricos para garantizar la firmeza psicométrica de sus escalas. Mientras tanto, continúa la diversidad y amplitud de publicaciones de libros y artículos sobre el MMP1-2 y el MMPI-A (Butcher, 1990; Butcher, Graham y Ben-Porath, 1995; Keller y Butcher, 1991; Pope, Butcher y Seelen, 1993).
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El lector puede encontrar en L. R. Aiken (1993), Burger (1993) y Maddi (1989) más antecedentes sobre las aproximaciones actuales a la teoría e investigación de la personalidad.
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Para una descripción más concisa del MMPI original, véanse las ediciones anteriores de este texto (por ejemplo, Anastasi, 1988b); una revisión más extensa puede encontrarse en los volúmenes clásicos de Dahlstrom, Welsh y Dahlstrom (1972, 1975). ' Dahlstrom y Dahlstrom (1980) reproducen los artículos originales.

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Tomado del Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota-2. Copyright © por The Regents of the University of Minnesota. Todos los derechos reservados. Reproducido con autorización
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También hay una puntuación de "No lo sé (?)" que representa el número de reactivos en el que se hicieron dos marcas o se omitieron. Si este conteo excede a los 30 reactivos, el registro de la prueba se considera sospechoso y probablemente no válido.
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Como son de 1996, el editor del MMPI-2 todavía no pone en circulación las 10 subescalas de sutil-obvio de Wiener-Harmon.

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