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Silvina Ocampo Carl Herst Carl Herst tena la cara muy ancha, los pmulos y las mandbulas salientes,

, los ojos hundidos. Mi hermano quiso comprarle un perro. Viva en Olivos y fuimos en busca del perro. Cuando, llegamos a la casa, Carl Herst en persona nos abri la puerta. Nos hizo pasar directamente a su escritorio. All nos sentamos y bebimos cerveza helada; nos habl largamente del criadero, del trabajo que le daba, del pedigree de los animales y de la importancia de la alimentacin. Fue al fondo del jardn en busca de Fullo (as se llamaba el perro que tena disponible para vender a mi hermano) y nosotros nos quedamos mirando el cuarto. En las paredes haba fotografas en sus marcos dorados, todas de perros; sobre las mesas los portarretratos llevaban fotografas de perros pelados, peludos, en grupos, solos, enanos, altsimos, largos como salchichas, atos como la cara de la luna, madres e hijos, hermanos, de todas las edades. En un lbum entreabierto vislumbr colecciones de instantneas tambin de perros en el campo, en la ciudad, corriendo, sentados, acostados. Cuando Carl Herst lleg, con Fullo, mi hermano y yo estbamos riendo, pero pronto dej de rer porque el animal me dio miedo. Tena una mandbula enorme y unos ojos redondos y fros. Es malo? pregunt. Es buensimo me respondi Herst y fiel. Despus de discutir el precio mi hermano resolvi que volveramos al da siguiente. Al da siguiente no haba nadie en la casa cuando llegamos, pero una vecina nos dijo que el seor le haba dicho de hacernos pasar hasta el fondo del jardn si queramos llevarnos el perro. Pasamos al fondo del jardn donde haba un alambre tejido y dentro del permetro del alambre tejido una casilla grande y bien cuidada, de madera. Temblando segu a mi hermano. Entramos por una puertita de hierro despintada. Los perros nos miraron amistosamente y Fullo vino corriendo. Despus se meti en la casilla. Mi hermano entr en la casilla para buscarlo; yo espi desde afuera. En las paredes del interior, que estaban pintadas de blanco, vi un cuadro colgado. Mir atentamente: era una fotografa de Carl Herst. En las paredes haba platos colgados con inscripciones como estas: "Qu perro es como un amigo?", "Ama a los hombres, cudalos, son parte de tu alma", "Tengo un amigo, qu importa el resto", "Cuando te sientas solo no busques otro perro", "El hombre no traiciona, el perro s", "Un hombre nunca miente".

Silvina Ocampo Carl Herst

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