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Reflexiones Acerca de La Fidelidad-Infidelidad en Las Parejas

Reflexiones Acerca de La Fidelidad-Infidelidad en Las Parejas

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Publicado porMario Deforis
Algunas ideas para pensar en pareja: sobre la fidelidad-infidelidad
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Reflexiones acerca de fidelidad-infidelidad en las parejas

Lic. Oscar De Cristóforis No cabe ninguna duda que la idea de infidelidad en las parejas de tipo matrimonial viene cambiando en las últimas décadas. Creo que su principal transformación se viene operando en la distinción que hoy se hace entre ser fiel a alguien y sostener exclusividad sexual con esa persona. Desde que se establecieron leyes civiles para la institución matrimonial esa norma de exclusividad pasó a ser uno de los requisitos fundamentales de la vida en pareja. Antiguamente fue un instrumento de control sobre la descendencia y a su vez una herramienta de dominación del varón sobre la mujer, ya que él a lo largo de la historia, siempre se las arregló para estar fuera de esa norma, o por lo menos no sufrir las mismas consecuencias si la trasgredía. A pesar de que actualmente no exista definición alguna de la palabra fidelidad que incluya el concepto de exclusividad sexual (para el diccionario de la Real Academia española significa “lealtad, observancia de la fe que uno debe a otro”), la ruptura de esa norma dentro de las leyes civiles del matrimonio es causal de divorcio bajo la figura de adulterio. A pesar de todo ya existe jurisprudencia en la que si un cónyuge sostiene relaciones sexuales por fuera del matrimonio siendo la causal falta y/o terminación del amor, se lo exime de culpabilidad, a pesar de que se lleve a cabo el divorcio. Desde la reforma de 1995 en nuestro país, el adulterio es sólo una causal subjetiva del divorcio, y de esa manera el Código Civil deja abierto el libre albedrío de las parejas. A todo esto debemos sumarle el crecimiento sostenido de uniones por fuera de las leyes civiles y las normas religiosas, lo cual colabora a una mayor laxitud en cuanto al tema de la exclusividad. ¿Por qué? Básicamente porque para sostener tan hipócrita regla tiene que haber mecanismos de represión suficientemente rígidos como lo son los que plantean ambas instancias. Y por que digo hipócrita, simplemente porque en nuestra sociedad como en la mayoría, dicha exclusividad no es respetada en un altísimo porcentaje pero a pesar de todo se la sigue defendiendo, inclusive por aquellos que no la respetan. Es sabido que el deseo erótico se sustenta en la variación del objeto sexual y que por otro lado, tiene fecha de vencimiento, que sostenerlo con una misma persona requiere de múltiples factores que por lo general fallan muy frecuentemente; que la exigencia de la monogamia no es sino un vano intento por querer regular y controlar aquello que es imposible de ser regulado, aunque muchas veces se quiera voluntariamente lograrlo. La fidelidad en cambio es otra cosa. Consiste sobre todo en la confianza que se deposita en el otro de la pareja y en el cumplimiento de los pactos que ambos realicen en conjunto. De ahí que puede darse que la opción de exclusividad sexual no sea premisa para algunas parejas, o que no sea comunicada al otro si sucede, o que no se cometa en público, o con conocidos, etc. Las variables pueden ser infinitas como lo son las combinaciones posibles de parejas. Muchas veces se toleran deslealtades mayores referidas a cuestiones

económicas, por ejemplo, pero si se trata de descubrir algún encuentro que confirme la ruptura de esa exclusividad, parecería que para muchos todo se derrumba, que ya es imposible la convivencia, que el amor que existía se acaba, cuando en realidad se trate, tal vez de un episodio transitorio, casual. Y si no lo fuera, si ese encuentro significara para alguno de los dos algo muy importante, entonces se confirmaría la idea que nada es para siempre, que el amor se acaba y se renueva, pero en otro ser; que siempre hay que estar preparado ante esa posibilidad, que el unicato no puede reinar permanentemente. Y además, cuando uno de los dos comienza a transitar una nueva relación, donde no sólo el sexo es importante sino que hay otros atractivos muy valorados en juego, que hacen que la persona considere beneficioso sostener ese vínculo, lo más probable es que la pareja anterior esté agotada o en vías de estarlo. En estos casos los lamentos, el daño que se ocasiona al abandonado no es sólo en el plano de la pérdida de ese afecto, sino también en el cambio que se le genera en su vida en general, en su habitat, en lo económico, en lo social, etc. Pero eso es parte de la vida, y no deberían ser esos perjuicios las razones valederas para quedar encadenados a una relación estéril toda la existencia restante. Cada vez más la monogamia como mito recibe estocadas mortales desde muchos frentes y por variadas razones. Entre ellas se agrega la autonomía de las mujeres. Ya no sólo el hombre suele tener libertad para no cumplirla, sino que ahora también las mujeres, en plano de igualdad, dejan paso a su derecho de procurarse lo que no pueden obtener de su pareja estable, o a poder acceder, sin culpas, a las prácticas sexuales que el hombre durante siglos ejerció en forma visible u oculta. El clamor de igualdad de deberes y derechos entre varones y mujeres habitantes de los diferentes tipos de parejas que se conforman en la actualidad, es constante y aumenta día a día.

Deberíamos a esta altura eliminar el par de términos fidelidad-infidelidad cuando nos referimos al sostenimiento o no de la exclusividad sexual entre los miembros de una pareja. Hablar de adulterio en los casos de matrimonio civil, y sólo si el pacto entre ellos fue el de prometerse dicha exclusividad. *** ¿FIDELIDAD O EXCLUSIVIDAD SEXUAL?

El carácter egoísta y narcisista del amor en los seres humanos limita la capacidad de soportar el compartir la persona amada con otro u otros, y lo vive como una grave afrenta. La condición por lo menos ilusoria de exclusividad (fidelidad) en la vida amorosa de las personas sigue siendo una necesidad y una fuente de bienestar. A pesar de todo, la idea tradicional de fidelidad se va distendiendo, relajando, cada vez más.

Antes de seguir adelante con estas reflexiones sobre este tema tan álgido en la vida de las parejas, me gustaría sentar mi posición con respecto a la diferenciación que suelo hacer con respecto a fidelidad- infidelidad y exclusividad sexual, hechos que no ubico en igualdad de condiciones. Fidelidad según el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española (1726-1739) se define como “lealtad, observancia de la fe que uno debe a otro por ser superior como el vasallo al rey, el criado al amo. Significa también la virtud que obliga a cumplir lo prometido”. En la edición de 1992 del diccionario de la Real Academia de la Lengua se define fidelidad como “1. Lealtad, observancia de la fe que uno debe a otro. 2. Puntualidad, exactitud en la ejecución de una cosa”. Por lo tanto ser infiel es romper la promesa de lealtad hacia alguien. Me pregunto ¿se puede ser fiel a las promesas que formulamos en primera instancia en todos los ordenes de nuestra vida? ¿Debemos ser fieles a todas esas promesas que realizamos en algún momento de nuestra vida y no modificarlas jamás a través de los años? Las promesas están hechas para romperlas con el paso de los años y las circunstancias. De todas maneras me parece que en un vínculo matrimonial existen muchos pactos de convivencia que sí merecen ser respetados y que la fidelidad o lealtad pasa precisamente por poder sostener un proyecto de vida en común donde ambos (y su prole) puedan vivir confortablemente afectiva y materialmente, donde los esfuerzos para lograr eso sean legítimos y no se disipen hacia otros frentes. Pero algo muy distinto es que en algún momento de la vida de la pareja ocurra un encuentro sexual con otro, sin que eso significa la necesidad de romper el vínculo.

Tanto un hombre como una mujer pueden aceptar hoy en forma más extendida, sin decirlo abiertamente a su compañero sexual, que nadie está exento de que le ocurra algún encuentro sexual al margen de su pareja estable, y a veces agrega que hasta podría perdonarlo. Por supuesto que cuando ocurre todo es distinto: esa pérdida del lugar de preferencia causa dolor y se lo vive como una afrenta grave. De todas formas las relaciones en paralelo aumentan, y las mujeres hoy se igualan a la tradicional “libertad” que siempre se solió adjudicar a los hombres en ese aspecto. Los recursos más frecuentes que ocurren para ya no soportar más la exclusividad sexual a lo largo de muchos años de vida en pareja son, por un lado la tradicional hipocresía de decir que se es fiel y simultáneamente tener relaciones de amantazgo breves o duraderas, por el otro, el buscar a partir de la facilitación del divorcio y las separaciones nuevos compañeros sexuales, lo cual hace que una exclusividad para toda la vida ya casi no se vea, y además como corolario de lo anterior, el elegir vivir solo, con alguna pareja estable o no, donde la posibilidad de frecuentes encuentros sexuales se ve ampliamente facilitado precisamente por esa condición de no compartir el mismo techo. Porque la oportunidad es un agente facilitador para dar rienda suelta al deseo. Esto no significa que aún hoy muchas parejas continúen prometiéndose exclusividad mutua y que además la cumplan. Por existir una gran variedad de variables este tema tiene una complejidad que no puede resumirse en pocas opciones. Existen razones ideológicas, religiosas, psicológicas, socio-culturales que intervienen para que esa exclusividad se siga sosteniendo como valor social.

Amar es la afirmación gozosa de la existencia de otro, en su carácter de otro, con respeto de esa diferencia. Se cita“la fidelidad como perfección del amor”: esta es una premisa sobre la cual se sigue insistiendo, pero, ¿existe un amor perfecto? ¿O es sólo un valor que sirve como horizonte, una zanahoria inalcanzable?

La fidelidad puede ser entendida no como valor moral sino como una necesidad social referida esencialmente al orden y sostenimiento de las sociedades en Occidente. Está organizada en torno a un pacto fuertemente reglado por el Estado y las normas religiosas, principalmente por la Iglesia quien ha ejercido a lo largo de siglos un papel preponderante desde el siglo VII en adelante. Como plantea Daniel Sibony muy acertadamente, la fidelidad se muestra como lo contrario de la seducción y de la traición. No alejarse del camino (y ese camino puede ser la relación conyugal o Dios por efecto de la seducción o de alguna otra cosa, y agrega que asegurar que uno no será seducido jamás, es como garantizar cierta muerte, y yo agregaría que es como matar al deseo, porque la seducción forma parte de las fuerzas de la vida. ¿Acaso no traicionamos nuestro primer amor, nuestra madre, que es precisamente nuestro primer objeto amoroso y a la cual tantas promesas le hacemos que quedarán incumplidas? ¿No traiciona el discípulo al maestro cuando tomando los supuestos aprendidos, los transforma y hasta reniega de alguno de ellos? Si en la vida no existieran esas “traiciones” necesarias no podríamos hablar de “vida”. El diccionario define a la fidelidad como la exactitud en cumplir con un compromiso, también como constancia en el cariño. Esta definición merece leerse con mucha atención. Si la fidelidad es entre otras cosas constancia en el cariño ¿se la puede prometer? ¿Se puede prometer esa constancia en períodos prolongados? El cariño es un sentimiento, como también a veces describimos al amor, o la gratitud, el odio, la tristeza o la dicha. La intimidad de los sentimientos es muy compleja y misteriosa, como también lo es la forma en que nacen y se expresan, se sostienen o agonizan, los motivos por los cuales dichos sentimientos se despliegan, se debilitan o desaparecen. Las razones por lo cual eso sucede son desconocidas por nosotros, a veces nadan en las aguas de nuestro inconciente pero lo cierto es que son tan insondables como el alma de las personas que sienten. El concepto de fidelidad sexual tal como se lo expresa en las cuestiones del amor es una norma externa para querer suplir las diferentes paradojas que el amor mismo plantea, querer un reaseguro de algo tan volátil y cambiante como lo es el sentimiento amoroso. Limitar por un lado la libertad, y promoverla, a la vez, por el otro, es como bien plantea Sartre, tratar que esa libertad sea ejercida para que el otro/a me ame sólo y únicamente a mí. “Ciertas cosas para hacerse reales deben pasar por esa vibración precaria en la que se mezclan fidelidad y traición ¿A qué eres fiel cuando traicionas, y que traicionas siendo fiel “ se pregunta Daniel Sibony.¿Cuántos cuerpos deseables caben en nuestras mentes? ¿Cómo alguien puede pensar que los vínculos deberían anular el deseo por otros y de otros

seres? ¿Cómo se ha podido trivializar tanto el conocimiento de la fidelidad ligándolo exclusivamente a lo sexual? Y entonces ¿cómo entendemos el contacto físico entre los individuos para que los vínculos previamente constituidos no se desestabilicen demasiado o se quiebren definitivamente? ¿Dónde están los límites al deseo y del deseo? ¿Dónde se los ubican los que no se ajustan a los cánones oficiales del deseo? Hace unas cinco décadas atrás se penalizaba el besarse en público, Dentro de algunas décadas más ¿será aceptado o decente sostener intercambios sexuales entre parejas, algo que ya ocurre pero se lo considera perverso y moralmente inaceptable? ¿No se verán ciertos intercambios sexuales simultáneos a los de la pareja estable como algo que enriquece la vida sexual de los individuos?

La fidelidad en el ámbito de la pareja se la ha unido casi siempre a exclusividad sexual. No he escuchado nunca que alguien dijera que su pareja le fue infiel porque no le comunicó sobre una cuenta bancaria, o realizó una inversión sin compartirlo con su pareja. No sucede de igual modo en otros contextos como por ejemplo en la amistad donde ser fiel a un amigo no significa tener uno solamente, o en el ámbito de las ideas donde uno se maneja con varias y a veces hasta contradictorias entre sí. Creo no debería pensarse que ser fiel en la pareja es hacer desaparecer el deseo por cualquier otro hombre o mujer.¿Se puede creer esa afirmación no te soy infiel ni en sueños? ¿Qué lugar le damos a las fantasías? ¿O acaso vamos a afirmar que cuando uno está haciendo el amor con su pareja y le aparece otra imagen de alguien conocido eso es un episodio de infidelidad? Si son precisamente las fantasías sexuales más variadas y frondosas las que sostienen una buena y rica excitación. Pero seguramente en lo que tenemos que reflexionar es acerca de cómo la satisfacción de nuestro deseo no cause sufrimiento a nuestra pareja, ya que evitar el deseo es imposible. No siempre la fidelidad como exclusividad se plantea como un acuerdo consensuado, a veces se lo hace como una conducta auto-represiva auto-impuesta, o a veces como una obligación que el otro nos impone y también como prohibición. En estos últimos casos ¿podemos hablar de decisión, libertad personal, acuerdo, pacto? La otra cosa a tener en cuenta es que en general esa exigencia de fidelidadexclusividad no se la suele exigir por el bienestar del otro sino por la propia de quien lo plantea ya que si el otro no es feliz con esta exigencia, no importa, por lo tanto no se trata de una actitud amorosa sino de un egoísmo personal, una preservación personal acerca del daño que se sentiría si “eso” sucediera. Otras veces también se lo usa como una herramienta de refugio, consuelo y/o justificación de un conjunto de incapacidades personales y temores, es decir, se termina siendo fiel porque no se puede hacer otra cosa, siendo muy distinto esto de aquél que pudiendo y teniendo oportunidades para hacerlo elige por la negativa. Es bastante frecuente ver en la clínica que aquellas parejas que se obligaron a una fidelidad absoluta caigan en crisis muy profundas ante cualquier episodio de infidelidad, aunque el mismo no sea tan importante. Son parejas que defienden el vínculo como si fuera una fortaleza en la cual nadie puede penetrar, y ante el menor atisbo

de intromisión, estallan con toda su artillería. Ese es un concepto de fidelidad muy irreflexivo, rígido, poco pensado y conversado que se ha organizado bajo un modelo tradicional de pareja que hoy en día esta siendo cuestionado por las incesantes transformaciones socio-culturales. Es de tenerse en cuenta que lo obligatorio, lo rígidamente prescripto, lo inmutable no produce la excitación necesaria para la vida intima de una pareja sino que por el contrario, acentúa el aburrimiento. La fidelidad debería ser una opción que se elige voluntariamente, hasta a veces en forma unilateral, pero no tomada como un importante reaseguro para tener al otro en forma incondicional, sino como algo dinámico, cambiante, dependiente también de las transformaciones que una pareja va sufriendo con los años. Además hay que tener en cuenta las notables diferencias de la no exclusividad sexual en los diferentes tipos de parejas, y no hacer afirmaciones cerradas, universales para todas las relaciones. La fidelidad entendida como lealtad, confianza, es necesaria para poder mantener compromisos adquiridos y hacer que un vinculo de pareja pueda mantener continuidad en el tiempo. Es fundamental para establecer una vida en común y comprometerse con el otro. Ese lazo, cuando es sólido no se rifa por algún encuentro sexual por fuera de la pareja estable. Y si así llegara a suceder es porque lo nuevo adquiere suficiente fuerza sobre lo que ya se estaba agotando, terminando. El contenido de la fidelidad va cambiando a medida que va cambiando la vida, y la vida en común de la pareja, se va redefiniendo con el paso del tiempo. No es algo que se genera automáticamente: es una decisión con contenidos específicos en cada caso. Es la confianza de sentir al otro de la pareja como un compañero de vida que nos aporta esa cuota necesaria de seguridad, protección, cuidado, afecto, compañerismo, alegría, complicidad, confortabilidad y que además de sentirlo como reciproco estamos dispuestos a jugarnos por ese otro del vinculo. A esta altura creo que casi nadie podría objetar la legítima necesidad de que una relación de pareja con convivencia se sustentara sobre parámetros de una fidelidad entendida como lealtad, compromiso en un proyecto en común, cuidado por el otro, como lo planteaba más arriba. La dificultad surge cuando esta fidelidad se la quiere entender casi únicamente como un pacto de exclusividad sexual. Ahí es donde se dividen las aguas. Creo que es hipócrita la promesa de afirmar esa exclusividad al otro, porque es como si quisiéramos sujetar nuestro futuro deseante a un pacto (que en muchos casos es una norma y hasta un decreto o artículo del código civil). Más, diría que es imposible prometer sobre algo tan delicado, cambiante, misterioso como lo es el deseo humano. Es como prometer amor a alguien para toda la vida cuando sabemos que será hasta que se acabe, salvo que uno tenga la predisposición de imponérselo a rajatabla para sí mismo y para el otro ¿Podemos llamar a eso amor? Así como creo que es interesante y operativo mantener la diferencia entre fidelidad y exclusividad sexual, me parece que también se debe respetar la diferencia que existe entre una pareja matrimonial concebida bajo las leyes civiles y los ritos religiosos y aquellas que

no adoptan ese sistema pero que se parecen en casi todo a las primeras. Tanto la ley civil como por ejemplo la canónica cristiana consideran la no exclusividad sexual como “adulterio” y causa de separación de los cónyuges, siendo por lo tanto una falta (pecado) grave. Esto de por sí ya es suficiente para resultar ser una prescripción social muy fuerte y muy resistida a sufrir cambios.

La fidelidad no es algo que se pueda aceptar o no aceptar. No es algo que se pueda guardar o no (”guardar fidelidad” es la fórmula eclesial). Es una creación de la voluntad en la relación amorosa.

La fidelidad, o la infidelidad, se refieren al cumplimiento de un acuerdo dentro del contrato de relación conyugal, no a la presencia o ausencia de relaciones sexuales con terceros. De esta manera puede haber una relación fiel en la que se den relaciones sexuales extraconyugales y una relación infiel en la que no existan relaciones sexuales con terceros. Una persona es fiel de manera convencida cuando se adhiere a la relación con la otra persona. Esa adherencia se genera cuando, dentro de un contexto de igualdad y gozo, se produce hacia el otro y hacia la relación que les une una actitud de reconocimiento, valoración, defensa y preservación. Y eso sólo es posible cuando se establece entre seres autónomos. Por lo tanto deduciría que una relación es fiel cuando se da entre personas autónomas.

Fidelidad se emparenta con lealtad. Una persona fiel o leal es aquella que se mantiene constante en sus afectos o en el cumplimento de sus obligaciones o en la fe que uno debe a otro. Fiel es aquél que no defrauda la confianza que se deposita en él. La fidelidad se relaciona con la gratitud, la persona leal ha recibido un bien de otro y no olvida, lo valora. Pero, ¿se puede ser leal y no fiel?

La infidelidad, en muchos casos, no tiene que ver con desamor o desprecio a la pareja, sino que está enrolada con el deseo sexual, con la búsqueda de la variedad, algo que llevamos dentro y que forma parte de nuestra esencia humana.

Algunos críticos piensan que la monogamia como base de la unión exclusiva hombre- mujer, ya no constituye una forma de vida realista, pues ésta se convierte

rápidamente en monotonía, y que el concepto de la fidelidad es algo que ha quedado obsoleto, por lo que admiten de algún modo las relaciones sexuales extramatrimoniales, dándoles un carácter legítimo cuando se trata de recuperar la autoestima o la sensación de seres humanos. En cambio muchos moralistas defienden la fidelidad como un deber conyugal inexcusable, y opinan que la parte inocente está obligada a divorciarse de la infiel, por quedar el matrimonio vacío e impuro.

Se podría pensar la infidelidad como una manera de burlar la ley matrimonial, pero en realidad al ser vivida como traición, mentira, engaño, no hace más que reforzarla. Esta cuestión de la monogamia que se instaló en la civilización occidental no es solamente un condicionamiento social legalmente establecido, sino que ha penetrado en la subjetividades a tal punto de llegarse a creer que es como una condición innata del ser humano el sostenerla. Y debido a eso, un individuo que no esté en una pareja de tipo matrimonial, y que no sostenga exclusividad sexual con su partenaire, sentirá de alguna forma culpa, cierto malestar, necesitará mantenerlo oculto, etc., y si quisiera hacer de ello un pacto explícito es muy probable que no se lo conseguiría mantener sin que la pareja se deshaga. Es tan fuerte ese mandato social que solamente en las últimas décadas se ven con cierta frecuencia parejas que no conviven que pueden no respetar esa consigna y que pueden hablar de ello en forma explícita. Quiero decir que esto está cambiando, y son esas parejas que se constituyen después de las matrimoniales, que por lo general no conviven, las que más generan situaciones nuevas que conmocionan los parámetros tradicionales, entre ellos los de una monogamia estricta.

Es frecuente observar que en la vida cotidiana de las parejas, el aspecto idílico se erotiza con lo prohibido. En la medida en que el vínculo deja de ser clandestino y se legaliza, la 'rutina' minimiza al deseo. También el acto infiel aporta una cuota en esa vertiente de reavivar el deseo. Pero no creo que se pueda generalizar acerca de las distintas motivaciones que mueven a algunos miembros de las parejas a no tener exclusividad con su partenaire. Son tantas que precisamente por eso se puede plantear que una fidelidad extrema durante largos años de vida en común, aparece hoy día como una rareza o sencillamente como una hipocresía, en los casos en que se lo trata de ocultar sólo para mantener cierta formalidad. oscar@decristoforis.com.ar www.decristoforis.com.ar

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