FE Y REALIDAD: ADAPTACION DEL RELIGIOSO-CONQUISTADOR

Martha Barriqa

Tel-l-o

A través de1 anál-isis documental- se puede establ-ecer l-os mecanismos ideológicos por los cuales 1a lglesia logró consol-idar los ideafes de poder de la Corona española, así como los propios. Muchos de los primeros cronistas del siglo XVI mencionan a l-os religiosos en sus relatos, integrados al- grupo expedicj-onario y sin establecer distincíones notables entre el-l-os y los civiles. Salvo 1os casos en que sus acciones implicaran un aporte sustancial a1 contenido narrativo, son ignorados. No son narrados sus hechos puntuales como tampoco aquellos protagonizados por cada arcabucero, hombre a cabal-fo o soldado.
Comprobamos Ia incorporación de 1os religiosos a los grupos expedicionarios por 1a clara mención que e1 25 de julio de 1529 hizo la reina a Francisco Pízarto que: tten cvanto saLiéredes destos nuestros Reynos e L7egásedes a La dicha provincia del- Perú, hayais de l-l-evar o tener con vos a fos dichos oficial-es de nuestra hacienda que por nos esten y fuesen nombrados y, asi mismo, Las personas religiosas y ecTesiásticas que por Nos serán señal-adas para instrucción de fos indios y naturaTes de aqueTTa Provincia a Nuestra Sancta Fe CatóLica, con cuyo parecer y no sin eLLos habeis de hacer 7a conquista, descubrimiento y pobTación de l-a tierra. . .,, (7)
Una vez llegados a 1os nuevos territorios y entrar a l-a vida activa, los rellgiosos preferían puestos que les reportaran beneficios económicos, más que los que les permitieran una labor eficaz en l-a propagación de la fé. Algunos optaron por regresar a España cuando creyeron haber alcanzado un capital suficiente. Las Ordenes mendicantes recibieron mayor apoyo para establecerse, tanto del- estado como de1 pueblo. Esto conl1evó una separación entre éstas y los cIérlgos, en cuanto la capacidad económica gue lograban. Determinados religiosos recibían beneficios debido a sus influencias y rel-aciones sociales ó al dinero, con 1o que podían acceder a las mejores plazas. Los menos favorecidos debÍan conformarse con un puesto de pocas posibilidades, o con ser asalariados de Ios anterj-ores para cubrir el trabajo que éstos rechazaban. Esto 1os obligó muchas veces a emigrar en busca de otras perspectivas a sus aspiraciones. (2)

En eI Perú 1os sacerdotes secul-ares llegaron con los conquistadores, siendo mayor su número que eI de los frail-es. Lockhardt señala muy ampliamente que 'rsolo estaban interesados en obtener ganancias económicas" (3) . Lo cierto es que entre ellos pocos eran los que traían un nombramiento. Se encontraban desconectados de la jeraquía, y por 1o tanto desprotegidos ante cualquier event.uaLidad. Debido a esta circunsLancia los encontramos participando en las guerras civil-es como combatientes, en las que no esLuvieron ausentes los regulares. Incluso los cl-érigos que llegaban con un nombramj-ento real o cédulasr pdrá que se encarg'aran de una parroquia y ganaran un suefdo, Do recibían 1o suficiente. Toribio de Mogrovejo afirmaba de ellos que: "a Lo que entiendo pasaron de ciento fuera de más de trescientos de menores órdenes que se mueren de hantbre y andan buscando misas que decir para poderse sustentar", porque todas las doctrinas estaban en manos de frailes (a) . Ya desde los primeros años se dice gue había en el- Perú ,,una casta de sacerdotes-empresarios que se enriqueció en esa atmósfera de fanática riqueza y que Tuego retornó rápidamente a España"
(5)

Los frailes presentaban un situación dj-ferente. Llegaban respaldados por una congregación con casa matriz en España, gu€ Ios enviaba en grupos

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organizados directamente a Ia sede de la misma en América. Aguí se les encomendaba misiones específicas y se l-es destinaba a lugares determinados por 1os superiores y de acuerdo a lineamienLos establecidos de política interna. Salvo 1os religiosos que arribaron con 1os primeros grupos expedicionarios, y q¡re debieron afrontar las mismas vi-scisitudes que el-1os, 1os demás encontraron e1 terreno debidamente al-l-anado. La mayoría pasaron a doctrinas en las que ejercieron labor misional.
Un aspecto a considerar es aquel por eI que se establ-ece una distincj-ón entre Ias congregaciones religiosas que recibían subsidio estatal- y aquellas que no contaban con este aporte. Las primeras, dominJ-ca, franciscana y agustina, estaban encargadas de Ia evangelización. Los mercedarios figuran en el- segundo grupo, pero por haber participado del contingente inicial expedicionario recibieron donación de encomiendas, junto con los dominicos. Los franciscanos, a pesar de gozar de1 beneficio del subsidio no recibieron encomiendas por encontrarse ausentes en e1 primer momenLo, igual que 1os agustinos. El trato a las Ordenes es similar al- dado a los soldados de Ia expedición. Los llamados "de Ia conquistarr, recibieron encomiendas independientemente de su ori-gen social. Los que llegaron posteriormente Aal'ri ar¡n nar I ^ menos ser hidalgos o haber prestado servicios importantes a los caudillos. (6)

quien recayó 1a primera designación significativa dentro de la jeraquía de 1a T^1 ^^l ^ ^f rgresl-a, at ser nombrado obispo del Cuzco y Protector de los Indios (7). Los franciscanos participaron en la expedicion de Francisco Pizarro con fray Marcos de Niza, quien lIegó a Piura en 1532 (8) " otros misioneros arribaron a partir de L534, y en Lima figuran dos en 1535, entre ellos Francisco de Ia Cruz. Recibió los solares que correspondieron a su Orden, pero poco después se ausentó de l-a ciudad (9). Por su parte los agust.inos se establecieron en mayo de 1551 en Lima. AI año
^r ^.i -,.i ^-L^ sr-gur-enEe, eL ¿¿ de marzo, la Audiencia informó gue de acuerdo a las disposiciones de la Corona, se había adquirido t.Llna casa e sol-ar y que se pagó de fa Hacienda Real- de su Magestad en eJ cuaT sitio 7os frayTes han fundado iglesia y casa de Las Limosnas que an avido't, en el mismo documento se hacía hincanié en la buena labor que realiza¡an y en la importancia que se expandieran y aumentaran (10) . De 1os mercedarios se afirma que estuvieron con Pízarro en Cajamarca en número de tres, pero no se, mencionan en las crónicas que son las fuentes que hemos considerado. ñ"ian tsra en Piura en 1534 es el- mercedario Fray Miguel de orenes fundador del- convento mayor en Lima. EI Cabil-do Secular de Lima informó el 1 de marzo de 1553 que: ttEn esta ciudad de Los Reyes está edificado un monasterio de fa orden de Nuestra Señora de 7a Merced, que es eL más antiguo que en e77a hay de ninguna arrfan ntta attaql4n pasat aca aTgunos reTigiosos de su orden, porque 7os que hay de77os, además de ser pocos en número... no pueden conseguir su buen propósito y conbendría y sería muy provechoso y necesario que oviese mas. . . tenemos entendido que han menester ayuda para sustentarse a causa de averl-es quitado ef ayuda que ^^r^ pala eDLv +^^:-* cctttat) como más largo informará a vuestra Señoría y mercedes e1 padre fray Bartofomé Orenes,, (77) .

Ent,re todas, la Orden de Santo Domingo mantuvo e1 papel relevante que venía desempeñando desde Europa, por l-o que recibió especial atención de 1a Corona. Ingresó con Pizarro a Cajamarca representada por fray Vicente de Valverde, sobre

El 14 de agosto de 1543 se embarcó en Sevilla un grupo de franciscanos, 9u€ en su equipaje incluyó ttorganos, Tibros, campanas/ ornamentos, imágenes, y otras II^---^^^ ):^L^ uuDaD vsc De ttevá.s€r] a dicha provincia [Perú] , para sus monasterios" (72). Por
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BARRIGA/ ADAPTACION DEL RELIGIOSO CONOUISTADOR

encargo deI príncipe Felipe, eI 22 de febrero de 1545 partió otro contingente al ó Francisco de l-a Cruz al que se proveyó de los ornamentos y todo 1o necesario para su ministerio. Este grupo estaba constituído por 12 frailes, pero Farina ar¡ zra ^^inión que deberían viajar más. A1 año siguiente, el 11 de octubre, se embarcó un nuevo lJrupo al Perú (13). La preocupación del- Príncipe hizo que el 16 de mayo de 1548 diriqiera una comunicación a la Audiencia de Lima en 1a que afirmaba que: t'Fray Josepe de San BartoLomé de l-a Orden de San Francisco... me ha echo refación .nic ?r1 e77as hav comenzados a hazer aTqunos monasterios de fa diCha orden... Áe ^u"ho hacer otros de nuevo donde fuesen necesarios o como La "onu"t'ná mi merced fuese e porque quiero ser informado de l-a orden que se ha tenido en La nhr¡ tr aáiFi-;^ de 7os monasterios que estan comenzados a hacer en esas provincias de l-a dicha Orden de San Francisco y de 1a que converná tenerse para se acabar e hacer otros de nuevo... me envies Relación particuTar del1o para quevisto mandemos ñr^r/éér la mta ¡, -cnvenga a7 servicio de Dios Nuestro Señor o bien desa tierratt (74) ,
mando de .fuan

En fanh¡ -osterior nuevos franciscanos engrosarían progresivamente el número de misi-oneros en el- Perú, siempre auspiciados por la Corona. Encontramos dj-ferencias en e1 compromiso de 1os religiosos frente a la realidad en formación, así como en su capacidad de respuesta ante las dificul-tades. Cuando eI sitio de Lima, que mantuvo en sosobra a 1a población (1536-L537) se afirma que "Los fraiLes
f ranei s.enós

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soTo quedaron l-os c7érigos de La iglesia mayor y 7os fraiLes dominicos y de 7a merced, con e7 marqués." Pizarro intentó convencerlos "con Lagrimas en Los ojos" á ñ"ó ñórñ=ña^iósen en Ia ciudad, pero ell-os "Lo dejaron con crueLdad" (75). Entonces abandonaron e1 solar que se les había asiqnado.

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Esta actitud ha sido justificada en el- sentido de que l-a huida franciscana se basó en que no había 'trazón para pensar que pudiera l-ibrarse aTgo fuera de 7as mutaTTas.t' Como quiera que fuera, l-os frailes se habían mostrado reticentes a aceptar los solares que F.Pizarro 1es había asignado, tanto en el Cuzco como en rr-- , eI¡ Ia \l---^ -'ivían extramuros al- momento de retirarse. Su cenLro de operaci-ones ^- r- uE ! lrrrra desde entonces fue Quito (16).
demasiado en l-os asuntos del reino, otra fue l-a reacción de fas demás Ordenes en

Si los franciscanos -cualquiera fuera su motivación- rehuyeron involucrarse

eI Perú. En concordancia con la misión po1ítico-religiosa que significaba Ia evangelización, l-os vemos inmersos corporativa o individualmente en cuestiones que ^ñ.réñfamont-a nnnlrariaban su ministeriO. En el_ eierciciO de éSta, se afirmaba en fSgS "ay entre eLLos mismos, en cada reTigión entre sí, muy grandes bandos y
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En los grupos expedicionarj-os figuraban religiosos encargados por 1as autoridades civiles y religiosas de España de cumplir funciones j-nherentes a su n¡rrnr¡'iÁn T'\a óet.a manera fOrman parte de lOS grupos ,'COngUiStadOreS" de 1a primera etapa. Establ-ecidas las primeras ciudades, algunos continuaron su afán exploratorio acompañando a aquellos españoles que quisieron conseguir para sí mismos Ia gloria de encontrar nuevos pueblos y riquezas. Los religiosos prosiguen la labor encomendada, como 'rexpedicionarios". Otros permanecieron con 1os grupos íniciales asumiendo 1a función de 'rsoldados" e involucrándose pronto en l-os conflictos
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relacionadas al bando en el- que milit.aban, como "correo' y más agresivamente como "espÍas". A consecuencia de estos conflictos, se ofrecieron como "mediad.ores" de mas o menos éxito, seg'un fos casos/ con eI grupo de autoridades. Entre éstas encontramos religiosos rrautoridades po1íticas" y "autoridades religiosas", estatus que frecuentemente confl-uían en el mismo individuo. Sin dejar su actividad como rtpredicadores" muchos cornlcinan las funciones gue hemos mencionado anteriormente con aquell-a otra que, por otra parte, era l-a razÓn de su llegada al- continente, la de "fundadores" de conventos e iglesias.
Estas esferas de accíón cubiertas por religiosos son significativas para comprender e1 desempeño de la Iglesia en l-as actividades que fe habían sido encomendadas. Los cronistas del siglo XVI, en su mayoría testigos de excepción del deambul-ar de los religiosos, han dejado una fuente inLeresante de información. De ell-a hemos extraído algunos ejemplos que nos parecen significativos para conocer este estamento soclal en sus primeras acciones en nuestro territorio, y de qué manera pudieron afectar en sus consecuencias l-a finalidad gie l-es competia.

En el grupo "conquistador'r identíficamos a fray Vicente de Valverde, dominico compañero de Francisco Pizarro en 1os momentos relevantes de 1a campaña. fnnecesario abundar en 1os pormenores pues es ef religioso que más controversias suscitó entre sus contemporáneos y en 1os historiadores
nosteri ores

aparte. Un solo testigo afirma heberlo visLo combatir con crueldad y decisión (18). El apoyo inlcial 1o recibió Francisco Pízarco del- c]érigo Hernando de Luque, "cLérigo rico, que fLamaron Hernando Loco por el-l-o" (79) quien no participó en l-a campaña personalmente. Un religioso que continuó con Gonzalo Pizarro Ia exploración de los territorios a1 Este fue el dominico Fray Gaspar de Carbajal. Diwersas y poco claras circunstancias motivaron gue continuara con Rodrigo de Ore11ana, culminando el viaje en el oceano Atlántico (20) . Años después y como superíor del convento de su Orden en Lima 1os Oidores 1e encargaron una delicada misión ante Blasco Nuñez, episodio después del cual no aparece en las crónicas (2a) . Se deduce, sin embargo, la alta estima que gozaba
enLre sus contemporáneos.
Las referencias más contínuas son l-as de los religj-osos "soldados". Junto con la aislada mención a Vicente de Valverde como combativo soldado en elconflicto de Cajamarca, encontramos participaciones relevantes durante la etapa de l-as llamadas Guerras Civiles. El- mercedario Pedro Muñoz fue de los mas feroces impugnadores de l-as ordenanzas que trajo Blasco Nuñez, con quien parecía tener un antiguo conflicto desde España. Considerando las disposiciones como atentatorj-as de los derechos de conquista, fue inseparable y fiel de Gonzalo Pizarro al- lado de quien luchó como sol-dado y sirviendo de mensajero (22) . Dos
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merece un estudio

y eI otro, enviado por Gonzalo para sobornar a Hinojosa y Albarado en el campo de Gasca, se pasó con un hermano suyo a1 bando realista (24) . El- Arzobispo de Lima 'Jerónimo de Loayza aparece junto a Pedro de La Gasca, ambos "iban en del-antera fatigaban 7os artiTferos que tirasen a gran priesa haciendo mudar fos tiros como era necesario" (25) .
E1 lugarteniente de Gonzafo Pizarro, Francisco de Carbajal tenía fama de crueldad. Corrían rumores de gue "había sido fraiTe y aun de evangeLio". Parecía encontrar especial satisfacción en imponer la máxima pena a 1os religiosos. Como cuando ahorcó a dos dominicos, uno de el1os hermano de ,Joan Solano e1 obispo de1 Cusco, por haber participado de1 grupo de Diego Centeno (26) . La misma suerte
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corrió Fray Gonzalo quien llevaba un mensaje de Pedro de l-a Gasca a Diego al Cusco. Lo interceptó Carbajal condenándol-o a morir ahorcado "con rtn breviario al- cueJJo", de 1o que se espantó e1 mismo Gonzalo Pízarro. Esta sentencia coincidió con Ia de ,Juan Pantaleón, quíen aparentemente era amigo de Pedro Pizarro y que, además de espía, correo y combatiente, estaba reconocido como buen predicador. La historiografía atrj-buyó su muerte a intentar persuadir a l-os indios al servicio del- rey y a1 haberse atrevido a enterrar a fos indígenas caidos en l-a batal-la de Guarina (27) . t"teior suerte le cupo aI dominico Fray Pedro de Ulloa. Gonzalo Pizarro 1o eapturó cuando llevaba un mensaje de Ia Gasca y 1e dió tormento. Liberado se incorporó a la hueste de Centeno donde
Centeno
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fundar 1os monasterios de Arequipa y Huánuco (28). Con Centeno encontramos también aI clérigo Domingo Ruiz, "e7 padre vizcaíno" quien después se unió a l-a Gasca, y luego planeó deportar a1 oponerse a Ia repartición de beneficios que éste publicó terminadas las Guerras Civiles. Ruiz afirmaba haber invertido en e1Ias más de cuarenta miI ducados de oro sin beneficio Q9)
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Apoyando a Gonzalo Pizarro figuraba e1 clérigo .Tuan Coronel como preceptor de su hijo. Participó también en l-as batallas y fue deportado por el obispo Sol-ano (50) . Como capel-l-án estaba Benito Martín y como confesor de Gonzalo, el padre Herrera. Este se acercó a Blasco Nuñez de Vela en Guarina "como 7o vió caido; preguntó7e quién era, que tan poco 1o conocía; díjo7e Bl-asco Nuñez No os va eso en nada; haced vuestro oficio. Temíase aTguna cruel-dad" (31-¡. Lo que permite sospechar que o no reconoció Blasco que quien 1e hablaba era un sacerdote o en ell-os tampoco tenía confianza.

Frecuentemente los religiosos cumplían de mensajeros, probablemente en eI supuesto de la protección de su investidura. El clérigo Baltazar de Loayza sirvló de correo a l-os leal-es a1 rey residentes en eI Cusco que envi-aron cartas a Blasco Nuñez. Gonzalo Pizarro 1o capturó cuando intentaba entregar sal-voconductos de Blasco entre su gente. Fue despojado de el-l-os, y sin apoyo, devuelto de regreso a Lima (32) . otros religiosos sirvieron de mensajeros a Pedro de la Gasca. Entre ellos los domínicos Antonio de Castro (33) y Jerónimo de Loayza, eI Arzobispo de Lima. Este acudió ante Gonzal-o Pizarro con un mensaje de la Gasca pero no tuvo éxito, 1o trató despectivamente y 1o hechó de su campamento ttni aun l-e quiso escuchar después de haber entrado" (34). La forma de actuar de Loayza en l-o que a tratos políticos se refiere fue poco clara y suscitaba desconf ianza.

Tan arrj-esgada como la anLerior, y tan aparentemente fuera de propósito en un religioso, fue eI de ser "espía". Los mensajeros cumplían adlcionalmente esta funció en cuanto podían entrar a los campamentos y advertir datos importantes, cuando no habl-ar con so1dados y capitanes. El cIérigo Baltazar de Loayza espió a favor de Blasco Nuñez de VeIa,' frailes mercedarios y clérigos, en beneficio de Gonzal-o Pizarro. Un caso especial fue eI del clérigo Hernao, cura de Ia iglesia mentropolj-tana de Li-ma, quien advlrtió a Francisco Pizarro sobre el- atentado contra su vida planeado por el grupo de Diego de Almagro el joven, al- haber sido enterado por confesión de uno de los conspiradores (35). Pl-zarro Io ignoró por considerarlo un gesto de conveniencia.

Dentro de l-as funciones políticas estuvo el intento de algunos religiosos de evitar conflictos mayores a los expuestos, actuando como "mediadores' o arbitros, interponiendo sus buenos oficios. Fray Tomas de San Martín fue entre ''I aq d¡mi n i ¡n< , . quj-en mayor ascendencia tuvo entre 1os españoles de Ia pri-mera etapa. Fue Prowincial de su convento en Lima y designado Obispo de Charcas. Demostró una sóIida personalj-dad y capacidad intermediadora, siempre a favor de
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Ia causa realista, pero 1o suficientemente honesto como para ser convocado por Gonzalo Pizarro como su ava1 ante Pedro de la Gasca, y por Diego de Almagro e1 i nr¡on ¡,, i an r ^ solicitó como mediador. Sindicadn ¿-nmn 't r-orres,r>onsA j del revtl fue acusado de propiciar la muerte de los rebeldes después de la batall-a de Chupas, "por un sermón que predicó eL rregente que fue obispo de J-os Charcas que dijo qtte matasen a todos y no qs.edase ninguno" (36) . A pesar de esta opinión no perdió credibilidad San Martín, de quien se afirmaba que "por ser persona tan señalada, que con soLa su autoridad bastaba para todas las personas dudosas l-e diesen crédito,, (37) .
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Fray Gaspar de Carbajal, dominico mencionado anteriormente, fue encargado por los Oidores de una delicada y comprometj-da misión que logró cumpl-ir con éxito (38). otro padre dominico, el obispo de1 Cusco .fuan Sol-ano participó en l-a hueste de Diego Centeno a favor de l-a causa realista. Se caracLerizí primero como mediador y luego se reunió con Pedro de 1a Gasca en compañía de quj-en "iban en delantera, fatigaban l-os artill-eros que fuesen a gran príesa, haciendo mudar los tiros como era necesario', (39). E1 principal entre una serie de miembros de l-a Orden mercedaria activos participantes en los problemas poIíticos de esta primera etapa, e1 provincial Fray Francisco de Bobadil-l-a, fue convocado como medj-ador entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro en la entrevista de MaIa. E1 fracaso de el-l-a fue, entre otros factores, achacado a la traición de los mercedarios. Se afirmaba que Bobadil-la se dejó sobornar, hecho que siempre negó Francisco Pizarro. Lo cierto es que Almagro se quejó de1 injusto fa1lo de fos mercedari-os en Mala de enviarlo a España a dilucidar el asunto de 1os límites geográficos de sus posesiones, con evidente propósito de favorecer a su oponente (40). Francisco Husando 1o representó aquella wez y, según las fuentes, le advirtió de 1a posible traición de Pízarro. Sin embargo también fue involucrado en el- cohecho (41) . Reinvindicando a los mercedarios ante Diego de Almagro se narra 1a acción de dos de ellos quienes en e1 Cusco intentaron salvar1o, sin éxito, de 1a muerte, cavando un tunel hasta Ia celda en Ia que 1o había confinado Hernado Pizarro (42) . Después y por propia decisión, fue en eI conwento de los mercedarios en esa ciudad, donde reposaron sus restos.
Destacó entre l-as autoridades religiosas desempeñando act.j-vidades civiles
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situación que entre otras consecuencias, había distraído a los miembros de la Iglesia. f'ue eI personaje más rel-evante de su época por e1 papeJ- de Pacificador que 1e confió la Corona. Consiguió de e1la "1os poderes que pidió y 1as cartas y firmas en blanco que quiso" (43). Sus contemporáneos consideraban que eI rey llnrri qn anr¡i ¡r Jna raposa/ pues un l-eón no aprovechó". Sus soldados, en concordancia, pensaban que no hubo I'nunca el- cielo cobijado zorro mas astuLo gue é1" (44). Reconocido como hombre honrado, no siempre sus juicios fueron bien recibidos. Generó serios resentimientos entre quienes l-o habían apoyado, pues consideraron arbitrario el reparto que hizo publicar una vez terminada su misión. Cuanto más que no enfrentó las consecuencias, pues dado a conocer en el Cusco, a é1 le pareció "convenient.e y menos peligroso" irse a Lima, dejando fa responsabilidad al- Arzobispo Loayza (a5) Esta incoherencia de carácter se aúna a l-a denuncia hecha sobre la manera como se maltrataba a l-os indi-os cargueros de su séquito, "qrte marchaban amarrados l-os unos a l-os otros para que no pudieran escaparse. Como muchos de estos por e7 gran peso no podían caminar o
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BARRIGA/ ADAPTACION DEL RELIGIOSO CONQUISTADOR

quien fuera miembro del Santo Tribunal de Ia Inquisición fue apenas mas benigna con sus compatriotas rebeldes, e incluso con los leales. De regreso a España fue premiado el- éxit.o de su gestión con el- Obispado de Pal-encia, en 1551.

Estos son algunos nombres que reportan 1as crónicas sobre religiosos rel-acionados a los hechos de su tiempo. Observemos que entre el1os l-os dominicos, mercedarios, y clérigos tienen papeles relewantes, tanto a nivel militar como sol-dados, estrategas y espías, así como a nivel político. La alta jerarquía organizaba la batal1a, l-as menores luchaban en eI campo. De fos francj-scanos fray Jodoco Ricke destacó entre l-os otros que participaron. Están ausentes 1os agust.inos porque recién se esLablecieron en 1551, cuando 1a peor parte había concluído y eI Virreinato estaba en proceso de pacificación.
Entre otras actividades, en las que por grado o fuerza figuran religiosos, está la de Ia exploración de los terriLorios alejados de Ia costa y aquellos hacia eI sur, en l-o que hoy es Chile. Las crónicas informan sobre religiosos protagoni-zando historias propias de l-os que se avenLuraron a descubrir nuevas tierras. Trasponiendo Ia cordi11era, sorteando obstáculos naturales, vadeando ríos, pasando hambre. Aveces formando parte de expediciones mayores con civiles, en otras sol-os. Fray.fosé de Acosta, Pedro Cíeza de León, .Tosé de Arriaga, eI ,fesuita Anónimo, incertan en sus textos 1os testimonios directos de estos religiosos. Religiosos que incluso se creen envueltos en hechos maravillosos o rodeados de riquezas incalculables, en un territorio que promete posibilidades insospechadas, increíbles y hasta mágicas. Fray caspar de Carbajal decidió años después de su travesía por el Amazonas hasta eI Atlántico con Ore1lana, contar sus peripecias para reinwidicar a su capitán. Su narración esta plena de todo aquello que hemos mencionado. Carbajal siente que la mano de Dios 1o guía a anternarse en esa realidad exhuberante de l-a selva amazónica, ante 1a que en ningún momento deja de asombrarse, y de dar gracias a Dios, quien "no mirando nuestros pecados de nos sacar destos peJigros y hacernos tantas mercedes que no permitló que nos muriésemos de hambre,, (47). Por todo e1Io, en esta primera etapa del asentamiento español en Perú, no fue mucho l-o que a favor de l-a cristianización de l-os puebl-os hicieron los religiosos l-os indios, "ahora ni tienen ni guardan 1ey suya ni l-a nuestra, ni sirven ai que antes adoraban por su Dios ni tampoco a7 qse verdaderamente 7o es; porque puesüo caso que se -l.es ha predicado y predica e7 Evangel-io; han visto y ven en Los que Les dicen que vinieron a enseñarl-o tan mal-os ejempTos y contrarios a 7o que 1es predican, que casi ninguna impresión ha hecho en eTlos en Lo interior, segun Las muestras se ven. . .tt (48) .

Posteriormente y hasta finales de siglo e1 afan de imponer la cultura europea, conllevó destrucción y maltrato así como la perdida de, 1o que "Pareciól-e a un doctrinero que todo aqueTTo debía de ser hechizos y arte mágica, y porfió gue ,se habían de quemar... Lo mismo ha acaecido en otras cosas, que pensando Los nuestros que todo es superstición, han perdido muchas memorias de cosas antiguas y ocuLtas, que pudieran no poco aprovechar. Esto sucede de un ceTo necio, que sin saber, ni aun querer saber fas cosas de l-os indios, a carga cerrada dicen que todas son hechicerías. . . Los que han querido con buen modo informarse de el-Los, han haJ-l-ado muchas cosas diqnas de consideración" (49).

La causa de estos daños radicaba, no sofo en l-a escasa preparación de muchos de l-os religiosos en l-a época, sino también en el- que la f ormación inicial que habían recibido era distinta y hast.a opuesta a la religiosa.

SEQUILAO 8

narrinin=¡iÁ-

habían afTojado,' (50).
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Terminada su mj-sión en el Perú, Pedro de la Gasca "procuró La conversión de 7os indios que aun no eran baptizados, e que continuase 7a predicación y 7a doctrina cristiana por 7os obispos frail-es y c7érigos; porque con fas guerras
de su con 1a de los soldados - leales o rebel-des - junto a los que Los hubo habil-ísimos en cuestiones de g'uerra destacando al-gunos por
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Da cuenta esta información de 1o frecuente de
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condición militaron. una especial calidad. No faltaron los soldados gue, final-izada esta etapa de la historia de 1a colonia, tomaron los hábitos, afcanzando importantes cargos en 1a jerarguía religiosa. Esta trasmutación de funciones nos acerca a comprender que, en 1o que se refiere a l-os primeros habitantes europeos en el Perú, no existía una del-imitacíón clara respecto a los rofes. En Europa existía 1a figura de "soldado de Cristo". En un caso referido a militares luchando por una causa cuya finalidad implicaba 1a defensa de la fe cristiana y por otra, la de religiosos quienes "militantemente" emprendían campañas de extensión de 1a misma fe. EI arma de l-os primeros era Ia espada, de 1os otros Ia cruz, por 1o menos en el consenso de la época.
En América, en esLe y otros aspectos, encontramos modi-ficaciones en elIglesia. Los religi-osos partícipes de las acciones guerreras, podían estar infl-uídos por ciertos factores gue intentaremos resumj-r:
desempeño de l-a

A- La mayor parte de los miembros de 1a Iglesia pertenecientes a 1a al-ta jerarquía -nobles o hijodalgos- habían sido formados en la cultura guerrera que organizaba sus grupos familiares y sociales. Los de menor jerarquía habían desenwuelto sus vidas - propias o por tradición familiar -entre armas, actividad inevitabl-e entre fines del XV y primera mitad de1 XVI. Esto supone un entrenamiento previo de 1os miembros de la Iglesia, cualquiera fuera su
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B- Las campañas contra los herejes fueron protegidas por la visión de1 "Apostol Santiago", sobre airoso caballo blanco y con 1a espada desenvainada, arrasando gentiles, con decisión y seguridad. La concepción mj-sma de esta aparición pudo concentrar un aspecto del imaginario popular respecto a Ia posibilidad de que un hombre de religión asumiera esta función sin por elIo trasgredir regla alguna, ni distinguirse de un seglar cualquiera. EI mismo religioso pudo albergar 1a imagen del- Arcángel Guerrero, combatiwo y victorioso, con espada flamante en la mano, tan arraigada en la devoción de la c1ase popular europea, Los mártires de 1a cristiandad y Ia emulación de sus hechos, fue motivación para que muchos religiosos pasaran a las Indias, deseosos de repetir hazañas. El Perú no fue campo propicio -hasta donde sabemos-, para repetir este tipo de gesta heroica, pero debió infl-uir en muchos de los que se inLernaron en terrenos desconocidos en 1as campañas de exploración. Salvo ef caso del padre
Diecrn Marl.ín mra tan vivamente e-i cmnl ns f :n nrrn.lg¿lgg . narró frar¡ Marfín t-tqL
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C- El término "hereje" tiene en el Perú una extensión amplia. Por una parte corresponde a 1os "gentiles" y con el-1o invol-ucra a todo el pueblo indígena. Pero no es contra ellos especialmente contra quienes encontramos Iuchando a l-os religiosos. Aquí "hereje" estaría involucrando a quien se oponga a1 designio, señalado como "divj-no", del rey de España sobre los territori-os encontrados. Son traidores al estado que se establecía, y estando éste avalado
l - rvrcDra, yvr ¿q r-t ^^i ^ pasan a engrosar eI grupo contra el que se just.ifica decididas -^acciones combatiwas, en las que por 1a misma razón participan los religiosos. Defienden una causa civil cuya meta final sería religiosa. Se emparentaría así con una "g'uerra santa" que como l-a de 1as Cruzadas, no distinguía mi-litantes.

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BARRIGA/ ADAPTACION DEL RELIGIOSO CONQUISTADOR

desarrollado las guerras de Reconquj-sta y Ia identificación con l-a real-idad americana ya se ha señalado en muchos estudios. Lo que no queda claro es que miembros de la Iglesía enarbolen una espada o un arcabuz, aveces con exceso de
1.iL^--1ir^l ¿ruelqrruau, y eII I€€lllplazo de la CtUZ.

Los narradores -soldados en su mayor parte- no encuentran incompatible 9F€, en l-as circunstancias de] momento, los religiosos "de habit.o" asuman tareas de combatientes. Se acepta con naturalidad su incorporación como espía o mensajero y no se disimula la admiración por las habil-idades g'uerreras de algunos. Sin embargo, se percibe e1 t.ono de reproche cuando por esta misma cj-rcunstancj-a, son víctimas de castigos derivados de sus acciones. Como cuando Francisco Carvajal ahorcó algunos. Hecho que sorprendía af mismo Gonzafo Pízarro, quien también consi-deraba debía mantenerse e1 respeto a Ia investidura. EsLa supuesta impunidad justifica e1 que 1os cronistas descrj-ban estos hechos rápidamente y procurando darles un tono adecuado, que preservara e1 respeto que se les debía. Salvo el caso de Gerónimo Benzoni quren, como excranjero, no tiene escrúpu1o en presentarlos en acciones crue1es.
La Iglesia, por su parte, cifraba sus eperanzas de víctoria en Ia de los soldados. No sabemos, sin enüargo, la actitud al- interior de 1a Institución respecto a1 comportamiento de sus miembros en estos casos de acti-vidad política extrainstitucional. Sl bien los altos grados jerárquicos incurrj-eron en ellos -y estaba en su responsabi-lidad juzgarlos- ¿qué actitud se tomó con l-os de menor jerarquÍa que no participaron en las actividades que eIlos organizaban, sino en las opuestas?.
Muchos de 1os religiosos mencionados en l-as crónicas no aparecen mas all-á del hecho que protagonizaron dentro de la contienda. De alguno se menciona que fue desterrado o castigado por el- obispo correspondiente, pero perdemos el rastro de Ia mayoría. Cabe preguntarse cuá1 fue l-a actividad fuLura de estos personajes. ¿Retomaron su l-abor doctrinal, o regresaron a España? Siabandonaron eI ministerio al que habían hecho votos -por haberse alejado tanto del espíritu y e1 propósito misional -o si fueron reincorporados a 1as casas conventuales con prerrogativas. Esto último podría sospecharse, si consideramos l-as luchas internas, con características semejantes a 1as más enconadas bat.allas, g¡ue con frecuencia tuvieron lugar aI interior de las congregaciones.

Si se mantuvieron en 1a Iglesia activamente, ¿cuál- fue Ia tendencia ideológica que propugnaron?. ¿Podrían sustraerse a la experiencia violenta y deshumanizarrLe que supuso el- enfrentamiento militar?. ¿Cómo lograrían recuperar eI equilibrio indlspensable, sobretodo en 1os que trabajaron en l-as zonas al-ejadas y en 1os pueblos de indios?.
En conclusión tenemos que las Ordenes religiosas se establecieron en ef Perú en épocas sucesivas y cada una de e1las aplicó sus propios métodos de trabajo y sentó distintos niveles de rel-ación con l-a autoridad política. En l-as crónicas y relaciones de 1a época aparecen fos religiosos real-izando de preferencra actividades po1íticas. Son pocos l-os escritores que se cuj-daron de informarnos sobre la l-abor propiamente j-nherente a 1a función religiosa. Esto, sin embargo, nos ha permitido conocer aspectos importantes para determinar la tendencia ideológica que 1os ori-entó. Se encuentra en los mismos textos referencias sobre el- caso de miembros de la Iglesia que partici-paron en fas campañas de exploración hacia e1 oriente y hacia eI sur del territorio entonces conocido. Los motj-vó su afan de aventura, antes que e1 de incorporar cristianos catequizando indígenas. Contribuyó a apartar af religioso de su ministerio las dificultades que muchas veces encontró para instal-arse. Esto generó
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de los que gozaban otros sectores. Escritores posteriores reprocharon 1as actividades poco profesionales en 1as que se invol-ucraron los religiosos. A el-l-o 1e atribuyeron el poco éxito que se podía comprobar en eI adoctrinamiento de l-os 1ndígenas y en l-a rela j ación de l-as costumbres morales de l-os pueblos . Los cronistas jesuitas, prj-ncipal-mente, rechazaron como inadecuada y falta de comprensión Ia indiscriminada destrucción de objetos cul-turales por parte de 1os religiosos que por su escasa formación fueron incapaces de distinguir entre aquellos de alto valor y 1os de índoIe puramente idolátrica.
Ya hemos señalado en otro lugar 1o que significó, en Ia imposlción de pauLas y normas culturales y en las consecuencias que trajo respecto a cómo fue considerada l-a cultura nativa, l-a actitud e ideología que portaba e1 religioso. Su interés no estuvo siempre centrado en el aspecto doctrinal. La manera cómo asumió su actividad extra religiosa y cómo fue considerada ésta por sus contemporáneos, pudo ser determinante. Entre los grupos enfrentados durante las Guerras Civiles, 1os reproches de cada uno de los bandos hacia eI contrario

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estaban definidos en términos de deslealtad, traición y crueldad, para 1os rebeldes. ttDe esclavos, abatidos, pobres, irregulares, porque 7a Gasca y 7os obispos y fraiTes predicadores batalTaban, (st¡, para l-os leales a l-a causa real-ista. Aunque tuvieran experiencj-a en que los miembros de la Iglesia participaran actr-vamente en estas acciones, no dejaba de l-l-amar l-a atención de los soldados el que Pedro de l-a Gasca ,,caudil-Lo mayor, eJ cual iba en Los deTanteros con su zamarra, ordenaba 7a artil-7ería y animaba l-os de caballo que corriesen tras Los que huían. Fray Rocha 7o acompañaba con una al-abarda en l-as manos y 7os obispos andaban entte 7os arcabricesr esforzando Los arcabuceros contra Los tiranos y desleaLes,, (52) .
Podemos argumentar que los casos aquí t.ratados - siendo muchos más de 1os que hemos seña1ado - son aislados y que los escritores los consj-gnan en tanto raros y curiosos, sin que representen una conducta común entre 1os religiosos. Sj-endo esto posible, debemos advertir eI nivel que cupaban en la jerarquía de 1a Iglesia algunos de los mencionados. Debieron por consigui-ente convocar a sus subordinados en número significativo. Lo suficientemente significativo como para que Ios autores de estas mismas fuentes, sean conscientes del grave daño que taI situación ocasi-onó a 1a evanqelízación
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BARRIGAI ADAPTACION DEL RELIGIOSO CONQUISTADOR

NOTAS

Histsoria de Ia rglesia en e1 perú. 1,953,200 T.r Lima 2. Si recordamos Ia razón por 1a que había entrado aI servi-cio religioso gran parte de los miembros de l-a lglesia, no nos extrañará la importancia def factor económico en sus consideraciones. Para mayor información véase,- RAPP, Francis, La Iglesia y Ia vida religiosa en occidente a fines de la Edad Media. EditorialLabor S.A. , 1973 Barcel-ona 3 . LOCKHARDT, .James; El mundo hispanoperuano 1532 -1560 . Fondo de Cuftura Económica , 1,982, 68. México 4.LISSON CHAVEZ, Emili-o; La Iglesia de España en eI Perú, Vol.4 N'17 (8.V.1593) 5 . LOCKIARDT, Op. cit, 68 6. toro,, / / 7.COBO, Bernabé; Historia de Ia fundación de trima. Biblioteca de Autores Españoles, N'42, !956, 4L8 y ss. Madrid y BARRIGA TELLO, Martha; La Iglesia de Santo Doimingo de Lima, Tesis inédita 1979 Lima UNMSM 8.LLORCA, S.,f. Bernardino y otros; Hietoria de Ia lglesia CatóIica. Edad Moderna, T.IfI. Biblioteca de Autores Cristianos, 1967 Madrid. 1012 siguiendo a Fray Lazaro de Aspurz dice que estuvo con Francisco Pizarro desde a527 en eI
l.VARGAS UGARTE S.T, Rubén;
nri mav a¡nnn¡i -i enf o

respecto. Vargas Ugarte supone, por su parte que 1legó después de l-a muerLe de Atahualpa 9.VARGAS UGARTE, S..]. Rubén; Historia de la, cit;I,2L3; EGAÑA, S.,f . Antonio de; Historia de Ia fglesia en la América Españo1a. Hemisferio Sur. Biblioteca de Autores Cri-stianos, 1-966 , 49 Madrid 10 . LTSSON CHAVEZ, Op. cit . , yoI "2, N" 5
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12.Ibid; VoI .1, N'3 (Archivo de Lima , 566 Lib.5 , f .1-9-23) 13.Ibíd; Vol .1, N"4 , 1-45 y 164 ss. 14. Ibíd; L54 1S.CALANC}A, O.S.A. Antonio de Ia; Crónica moralizada de la Orden de San AgustÍn en eI Perú, con sucesos ejemplares de esta monarquía, T.a Lib.I, Cap.2O, No1, Pedro Lavarría Editor a639 Barcelona,. reporta e1 dato.; PORRAS BARRENECHEA, Raúl-,' Los cronist,as de1 Perú, 1986 Lima, 7r9 cita la información de: Fragmento Históri eo . can 1 ? R .nrF s qrr rraz cita Montesinos ¡ Yuv 15.TIBESAR, Olf'.M. Antonio. Comienzos de los franciscanos en el Perú. Iguitos, Centro de estudios Teológicos de 1a Amazonía (CETA), L991-, Cap.tr 17.LAVALLE, Bernar; Reserches sur I'apparitiori de 1a conscience créole dans La ViceRoyalit,e du Perou. Lrant,agonisme Hispano-Creole dans les Ordres Religieu (XvI eme-xvlleme siecles) . 2 Vols. 1982. Cita una carta del- Gobernador García de Castro a sus superiores. AGI Lima, 1972, 389-390 (26.1V.1565) lB.BENZONI, Gerónimo; Historia de1 Nuevo Mundo UNMSM. 1967 Lima. Trad. Carlos

-14

Radicati.

Ig.LOPEZ DE GOMARA, Francisco; Hispania vintrix. Primera y segunda parte de Ia Historia General de las Indias. En: VEDIA Enrique; Historiadores Prímitivos de Indias , 1,946; 224 Madrid 20.ZARATE, AgusLín; Histsoria de1 descubrimientso y conquista del Perú. E.T.A. EI Perú a través de los siglos. Primera Serie, T.Itr Líb.fV, Cap.IV; PIZARRO, Pedro Re1ación de1 descubrimient,o y conquista del Perú, E.T.A 1968 Lima. Lo acompañó Fray Gonza1o de Vera según rel-ata Carvajal en su crónica reinvindicativa de Franci-sco de Orel]ana 21.ZARATE, Agustín de; Historia del descubrimiento y conquista del Perú, E.T.A.

35

El Perú a través de l-os siglos. Primera Seríe, T.fI, Lib.v, Cap.xI 22.ZARATE', op.cit, Lib.VI , Cap.XVIII; BENZoNI , op.cit; 25, 26 dice que Bfasco Nuñez 1o mandó estrangular pero vargas Ugarte refiere que estaba desterrado en Va]]adolid en 1551, Historia de Ia...; T.I) 1-96-1-9'7
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SEQUILAO 8

23.ZARATE, Op.cj-t; Lib.VI, Cap.XII; LOPEZ DE GOMARA, Op.cit; 27i, 24.ZARATE, Op.cit; Lib.VII, Cap.VI 25. ZARATE, Op. cit; Lib.vI , cap.vII 26.ZARATE, Ibi-d; Lj-b.V, Cap.XIV; Lib.VIf, Cap.III 27.ZARATE, Ibid; Lib.VII, Cap.T y III; LOPF'Z DE GOMARA,- Op.cit 267; PIZARRO Pedro; Op.cit,578; BENZONI; Op.Cit, 39. JESUITA ANONIMO, Relación de Las costumbres ant,iguas de los nat,uraLes del Pirú. En : ESTEVE BARBA, Francisco,' Crónicas Peruanas de interés indígena, BiblioLeca de Autores Españo1es !968, 185 Madrid 28. ZARATE, Op.cit Lib.VI , Cap.Xrr y XVIrr; LIb.VII, Cap.III ; CIEZA DE LEON, Pedro La Crónica deI Perú, Cap. CXXXI 29.BENZONI , Op.cit,46; ZARATE, Op.cit, Lib.VI , Cap.XIII; LOPEZ DE GOMARA, Op . cr|- ,24 30.BENZONI, Op.cit,34 31.LOPEZ DE GOMARA, Op.cít,264 32.ZARATE, Op.cit, Lib.V, Caps.IX y XI; LOPEZ DE GOMARA, Op.ciL,257 33.LOPEZ DE GOMARA, Op. cíL,272 34.LOPEZ DE GOMARA Op.cit,252; BENZONI , Op.ciL,27; ZARATE, Op.cit, Lj-b.VII, Cap.VI , Lib.V, Cap.XIII y V 35.ZARATE, Lib.IV, PIZARRO, Pedro; Cap.VII; LOPEZ DE GOMARA, Op.cit,244;
Op.

cit,

558

Cap.CXX; ZARATE; Op.cit, Lib.V, Cap.X y XIII; Lib.VI , Cap.VIII y IX; BORREGAN, Crónica de la conquista de1 Perú, E.T.A. E] Perú a través de l-os siglos T.II 1968, 443; PoRRAS op.cit cita e1 Historial del paje de Pizarro, 722-723; LOPEZ DE GOMARA, op.ci:u,264 37.ZARATE, Op.cit, Lib.VI , Cap.IX 38.LOPEZ DE GOMARA, Op.eit,252; BENZONI , Op.cii*,27; ZARATE, Op.cit, Lib.VII, Cap . VI 39.ZARATE, Op.cit, Lib.V, cap.XIII; Lib.VI , Cap.V; LOPEZ DE GOMARA, Op.cí:L,268269; BENZONI , Op.cit,40,. ; CTEZA DE LEON, Op.cit, Cap.CXX 40.PIZARRO, Pedro; Op.cit,540; BORREGAN, Op.ciL,432; ZARATE, Op,cit, Lib.III, Cap.VIII; Lib.VI , Cap.XI; LOPEZ DE GOMARA, Op.cit, 240 4l.BENZONI , Op.cit,17; LOPEZ DE GOMARA, Op.cJ-L,240 42 .BORREGAN, Op. cit, 436 43.LOPEZ DE GOMARA, Op.ciL,266 44.Ibid, 265; BENZONI, Op.cit,35 y 46; ZARATE, Agustín de Op.cit, es quien mas ampliamente nos informa sobre las actividades de Pedro de La Gasca en el Perú 45.ZARATE, Op.cit, Lib.VI, Cap.IX 46.BENZONI, Op.cit,43 47.CARVA'JAL, O.P. Gaspar de; Relación del nuevo descubrimiento del famoso río grande que descubrió por muy gran ventura eI Capitán Francisco de Orellana, Edit Reyes. Biblioteca Amazonas Vol.I, !942, 69 Quito 48.SANTILLAN, Hernando de Relación del origen y descendencia, polÍtica y gobierno de los Incas. En: ESTEVE BARBA, cit, 1,27; itm, 72 49.ACOSTA S.,f. Joseph de Historia nalural y moral de las Indias. Biblioteca de Autores Españo1es, N'?3 1954. Libro 6to, Cap. VII, 1BB; Madrid 5 0 . LOPE Z DE GOMARA , Op . cilL , 2'7 4 5r .rbj-d,272 52. Ibid, 273E2 DE GOMARA, Op. cii-,264 32.ZARATE, Op.cit, Lib.V, Caps.IX y XI; LOPEZ DE GOMARA, Op.c]-1¿,257 33.LOPEZ DE GOMARA, Op.cíL,272 ZARATE, Op.cit, Lib.vrr, 34.LOPEZ DE GOMARA Op.cit,252; BENZONT, Op. cit,27; Cap.VI , Lib.V, Cap.XIII y V 35.ZARATE, Lib.IV, Cap.VII; LOPF.Z DE GOMARA, Op.cit,244; PIZARRO, 36.CIEZA DE LEON; Op.cit,

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