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Mujeres Guatemaltecas Sobresalientes en La Literatura

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Mujeres guatemaltecas sobresalientes en la literatura del Siglo XIX

Desde que los españoles iniciaron la conquista de América hasta bien entrado el siglo XIX, lo que hoy conocemos como Guatemala, sufrió muchos cambios, ajustes y reajustes sociales que dieron como resultado el país que hoy conocemos. La literatura guatemalteca dio a luz a poetas y narradores que retrataron la sociedad y nos legaron su visión estética de la misma a través de su obra. Aunque la nuestra siempre fue una sociedad en la que reinaba el machismo, las mujeres también alzaron su voz poética. Claro que fueron pocas en número y su obra no sobrevivió al tiempo, algunas muestras pueden darnos luces acerca de su temática, preocupaciones, forma de ver la vida y sus anhelos. Este trabajo tiene como objetivo dar una vista general acerca de ellas. A pesar de que no pueden clasificarse con las características de una generación, bien pueden estudiárseles desde la perspectiva de una estética femenina. Sor Juana de Maldonado y Paz Nació en Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1598 y murió en 1666, hija del Oidor de la Real Audiencia, Juan de Maldonado, es decir un juez que respondía directamente a España. El calvario de esta joven de renombrada belleza física y habilidades artísticas variadas inició cuando ella, su primo y su padre se prestaron como modelos para una pintura de Antonio Montufar, quien los pintó como Santa Lucía, San Esteban y Juan el Bautista. La iglesia los señaló de suplantadores cuando los cuadros empezaron a usarse en las procesiones y a venerarse. La solución acostumbrada a los problemas de las jóvenes en aquellos tiempos era refugiarse en los conventos, así Juana fue aceptada en la residencia de la Concepción. Así nació la leyenda de la divina reclusa, que vivía a todo lujo en su apartamento propio anexo al convento, de siete habitaciones, seis criadas y rodeada de piezas de arte de oro y planta, traídas de todo el mundo, tocando toda clase de instrumentos y deleitando a sus ilustres visitantes con sus versos y su voz. En su momento, el historiador irlandés Tomas Gage, describió la belleza y talento de la que llamó la novena musa. Ernesto Chinchilla Aguilar encontró en los archivos de la Inquisición de México, la denuncia contra ella y su familia. José Joaquín Pardo halló el documento en el Archivo General de Guatemala en el que el Rey le otorgaba a ella una pensión vitalicia por el trabajo de su padre. Ricardo Palomo Toledo anunció el hallazgo del contrato de compraventa del apartamento ocupado por la monja y luego en 1958, dio con el voto que ella firmó al ordenarse. Todos los datos anteriores desmienten la opinión generalizada que indicaba que Gage había inventado la historia de sor Juana, al igual que hizo con otros sucesos. Pero el descubrimiento más importante para el hacer literario de Juana, fue el de Luz Méndez de la Vega, en el Archivo de México nuevamente; allí se topó con un cuaderno fabricado con papel del siglo XIX, que contenía una antología de poesías coloniales. Identificó la ortografía como del siglo XVII. Entre los escritos figuraba “El entretenimiento en agradecimiento de la guida a Egicto”, una obra de teatro que relataba la huida de Jesús, José y María ante la

amenaza de Herodes. Datos aportados por el texto indicaban que sería representado en el convento de la Concepción y otros detalles la ubican en la época de la monja. La calidad de dicho texto ha sido reconocida por los expertos y atribuida a Juana. “Es un verdadero entramado de planos distintos que produce un texto original que, si bien abreva en el teatro medieval europea, se muestra con notables diferencias, acentuadas por las características culturales guatemaltecas, Esto refuerza la idea de una cultura del nuevo mundo filtrándose por los resquicios de la cultura del viejo mundo”, escribe Iride Rossi, profesora argentina, autora del libro de La palabra oculta, monjas escritoras en la colonia. Octabas para la maternidad Estrella vibrante Que al oriente asoma Tu diste la luz A la tierra todas Porque tu nos distes Bellísima aura Al sol de justicia Que nuestra alma goza Rompiendo tinieblas Destrullendo sombras Trajiste al mundo La divina antorcha Antorcha es Jesús Pues su luz ermosa Trasciende a las almas De quien le adoran Oh Virgen y Madre Mi Acina y Señora De la eterna gloria Por eso cantamos Con vos armoniosa Salve Virgen Madre Misericordiosa Jesús Laparra Nació en Quetzaltenango, el 14 de octubre de 1820, hija de Nicolás Laparra y Desideria Reyes. En 1840, el Estado de los Altos fue invadido por Carrera, por lo que la familia entera se mudó a Comitán, Chiapas. Allí fundó una escuela de oficios domésticos para niñas. Murió el 16 de enero de 1887. En 1854 volvió a Quetzaltenango y colaboró en periódicos y revistas, especialmente en El ideal, fundado por su hermana Vicenta Laparra. Se le conoció como “Poetisa mística”, probablemente por su tendencia a temas religiosos. Entre sus obras están: 1854 “Ensayos poéticos”, poemario 1880 “Decenario del niño Jesús”, temas religiosos

1884 “Ensueños de la mente”, poemario Algunos de sus poemas los reproducen los libros “Poesía femenina guatemalense” y “La antología de poetas guatemaltecos”. A mi hermana Vicenta Por eso allá desde tu edad primera Tu pobre corazón se hizo pedazos Te circundó de espinas por doquiera Y descargó la cruz sobre tus brazos. Vicenta Laparra de la Cerda Nació en Quetzaltenango el 5 de abril de 1831 y murió en la capital de Guatemala el 29 de enero de 1905. Quedó huérfana a los 6 años y bajo la tutela de su hermana mayor Jesús Laparra. Tenía cualidades artísticas, destacó como solista en el bel canto. Fue directora del Colegio Nacional de Señoritas en San José, Costa Rica y fue fundadora del primer colegio de párvulos. También trabajó en el campo periodístico, fundó los periódicos La voz de la mujer en 1885, El ideal en 1887 y la revista de La escuela normal en 1894, en las que incluía a mujeres tanto en la dirección como en la redacción. Así mismo se le reconocen acciones a favor de la raza indígena, desde la perspectiva pedagógica. Fue la precursora del teatro nacional y la primera mujer en poner en escena su producción dramática. Se presentó con éxito en el teatro Colón. Su producción literaria es significativa, desde novela, novela corta, dramas, comedias de un acto, poesía, prosa, zarzuela y estudios didácticos. Uno de los temas que trata en su obra es el de la calumnia, incluso titula así una de sus novelas, lo retoma en la obra de teatro Tempestades del alma y en la novela Hortensia. “Calumnia” “¡Oh!, los hipócritas son los seres más detestables que existen en el mundo. Con cuánta razón Jesús le llamó con sus divinos labios: raza de víboras. El agresor que hiere a cara descubierta se expone a ser castigado, lucha con armas iguales y su maldad, si es grande, por lo menos no es tan vil; pero el hipócrita, el traidor que, llamando amigo al ser que aborrece, madura en la sombra planes siniestros para perderle, comete una acción de incalificable crueldad”. “Dile que fui calumniada Que me creyeron perjura; Que bajo la tumba oscura… ¡Muy herida! ¡Pero honrada!” Hortensia El ideal Su primera publicación se realizó en 1887, su lema era defender los intereses femeninos, promover los derechos de la mujer, con una fuerte tendencia educativa. No pudo sostenerse por el poco apoyo de la sociedad que recibió. Entre las colaboradoras figuran  Adelaida Chévez  Dolores Montenegro  María Josefa Córdova y Aragón  Isabel M. de Castellanos

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Elisa Monge Pilar Larrave de Castellanos Carmen de Silva Refaela del Águila Sara María de More Celinda D. Darmes

María Cruz Nació el 12 de mayo de 1876 y murió en París en 1915. Quedó huérfana de madre a los 11 años y fue llevada a vivir a París por su padre quien ocupó un cargo diplomático. Viajó por distintos países de Europa, dominaba el francés, alemán, italiano, inglés y castellano. Su padre muere en 1902 y ella viaja a la India en donde realiza una función benéfica. Las cartas que escribe a sus amigos desde allá son recopiladas en un homenaje póstumo por César Brañas y publicadas en el diario El imparcial. Los restos mortales de la poetisa, su padre y el escritor Domingo Estrada, con quien guardaba una estrecha amistad, fueron repatriados en 1960. Ocasión sobre la que David Vela escribe el texto “Dos rosas negras: poesía y eternidad”. Rigoberto Bran Azmitia plasma ese momento en su obra “Funeral Poético”. María Albertina Gálvez recopila la obra de la autora en un volumen titulado “María Cruz a través de su poesía”, este trabajo fue publicado en el periódico El imparcial, la revista La locomotora y La quincena, esta última en El Salvador. Su producción literaria fue objeto de un trabajo comparativo con la obra de María Josefa Granados.; estudio realizado por la periodista Atala Valenzuela. El libro “Historia de la Literatura Guatemalteca” de los académicos Francisco Albizúrez Palma y Catalina Barrios y Barrios, considera su obra. El escritor Premio Nacional de Literatura, Marco Antonio Flores, recopiló y publicó los poemas más conocidos de Cruz bajo el título “Vino Añejo”, de la editorial La Ermita. Destaca por la cantidad de información acerca de la vida de la autora, el libro publicado por Gálvez. El guante Junto a con mis reliquias más secretas Y en un pañuelo, blanco relicario, Donde nunca miradas indiscretas Profanan la fe de aquel santuario. Yo conservaba un guante, un guante usado, Un guate negro, que a la mente mía De la sima profunda del pasado Una faz melancólica traía. Un guante que evocaba en mi memoria La primera gota amarga de mi vida, La primera hoja triste de mi historia,

El ¡Ay! De la primera despedida; Aquel solemne, vaporoso instante En que al sentir la muerte en su aposento, El pálido poeta agonizante Me dijo adiós, con apagado acento. Tendiéndome su mano descarnada, Adiós por siempre, repitió mi hermano Y su boca marchita y abrasada Como un suspiro se posó en mi mano…

¿Para que? El intenso azul del cielo, cual turquesa en agonía, palidece lentamente, y el occiduo sol ertría de oro y cobre las hirsutas cabelleras del cocal. Con destellos sonrosados reverbera la montaña, en fulgor incandescente al distante mar se baña, y se tiñe el horizonte de carmín y de coral. El gris del éter claro, reflejando en su alta frente los postreros resplandores que despide el Occidente, la redonda luna sube entre copos de algodón. Imparables muselinas del crepúsculo violeta, Flotan suaves, embrumando el color y la silueta, Sobre el llano y el camino, la arboleda y el peñón. Dolores Montenegro Nació en Guatemala en el año de 1856 y murió en 1933. Proveniente de una familia acomodada, Lola vivió la tragedia desde muy temprana edad, por su vida desfilaron toda una gama de situaciones tristes desde malos amores hasta muertes sin trágicas y tempranas. Se casó con el poeta salvadoreño Joaquín Méndez y procreó dos hijos, Joaquín, que murió muy joven y Luz que vivió viajando. Sentía un serio compromiso político con Barrios y era conocida por ayudar a la evasión de perseguidos por política. Era amiga de personalidades de la época como Rubén Darío y Guillermo Hall. Sus primeras composiciones aparecieron en El porvenir, periódico literario. En 1887 formó parte de la redacción del El ideal, con Carmen P. de Silva y Vicenta Laparra. Se le conoció con el apelativo de “Cantora del dolor”. Manuel Mendoza menciona a la poeta en su libro “Biografía de Enrique Gómez Carrillo” de la siguiente manera: “No deslumbraba, pero atraía, cultivaba por el conjunto armonizador de sus formas y de sus líneas. Apasionada y celos, ¡pobre del hombre que cayera abajo su dominio! Amaba con todo el corazón; era sensible a la lisonja, a la dulzura y al cariño; pero rebelde al mandato. La figura descollante en su retina era la hipérbole”. Continúa describiendo a la autora física, psicológica y literariamente por diez páginas. Otro extracto dice así: “No fue sino hasta más entrada en años –cuando las duras experiencias la golpearon en el pecho-, que Lola empezó a modificar el estilo de su pensamiento poético, tornándose quejumbrosa, llorona y renegada. Los primeros ensayos la hicieron rebelde, extraviándola en sendas de bohemia con sed atormentadora de cariño, con ansias de libertad.

Guillermina Herrera, estudiosa de las letras y autora del libro “Lola Romántica”, un ensayo sobre la vida y obra de la poetisa, indica que “Ella es parte del conjunto de voces femeninas que incursionó valientemente en los medios de comunicación y publicaciones. Aun con serias limitaciones –económicas y de censura, principalmente- esas mujeres alimentaron un clima de expresión intelectual y literaria en los tiempo de la conformación de la república”. A solas… No sé por qué mi corazón doliente no halla un consuelo que sus penas calme, y se dobla mi frente mustia y triste sobre tu amor cual desmayado sauce. No sé por qué la garra del tormento con furia cruel me despedaza el alma; siento un dolor que abrasa mi existencia doliente, triste, congojosa, amarga. En las desiertas playas de mi vida veo avanzar la tempestad que brama; ya lo siento venir y no la temo, que nunca el miedo a doblegarme alcanza. ¡Ah!, si supieras que las turbias olas veo agitarse en mi sombría calma, cuando entrechocan al furor del viento y se deshacen en la triste playa.

Cuadro comparativo de las poetisas del siglo XIX

Poeta
Sor Juana de Maldonado María Josefa Granados Jesús Laparra Vicenta Laparra de la Cerda

Época
1598 - 1666

Géneros
Poesía Auto sacramental Poesía Sátira Poesía Ensayo poético Novela, Novela corta, Drama, Poesía, Ensayo, Zarzuela Poesía

Temas
Religioso

Movimiento
Barroco

1796-1848

Político Intimista Religioso Intimista Derechos de la mujer Derechos de los indígenas Didácticos El mar La noche La muerte Viaje

Romanticismo

1820-1887 1831-1905

Romanticismo Romanticismo

María Cruz

1876-1902

Romanticismo Pre modernismo

Lola Montenegro

1856-1933

Poesía

Amor Dolor Muerte

Romanticismo Pre modernismo

Conclusión  La mujeres literatas guatemaltecas han tenido en común el pertenecer a una clase social privilegiada, es decir, con acceso a la educación, que no dependía solo de poder pagarla, sino de que la familia permitiera ese acceso dentro de la formación de las niñas.  Todas se relacionaban de forma personal con importantes poetas de la época.  Cada una fue rebelde desde el punto de vista de expresar sus ideas en forma escrita.  Ninguna utilizó su pluma para fomentar las ideas feministas, aunque sí para expresarse como mujeres con los temas que ellas consideraban importantes.  El periodismo también fue un vehículo por medio del cual estas mujeres expresaron sus ideas.

Universidad de San Carlos de Guatemala Facultad de Humanidades Departamento de Letras Literatura Guatemalteca del Siglo XIX Licenciada Clara Luz Anleu María Isabel Díaz Sabán 9412711

Mujeres escritoras del Siglo XIX en Guatemala

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