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El Derecho a la Intimidad o Privacidad en la Constitución de Bolivia - 2012

El Derecho a la Intimidad o Privacidad en la Constitución de Bolivia - 2012

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En este caso se ha puesto en discusión la inviolabilidad de las comunicaciones, lo que está estrechamente relacionado al Derecho a la Intimidad o Privacidad, consagrado y garantizado por la misma Constitución Política del Estado, lo que obliga a realizar un análisis acerca de la naturaleza y los alcances de éste derecho en el sistema constitucional boliviano, en relación a las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).
En este caso se ha puesto en discusión la inviolabilidad de las comunicaciones, lo que está estrechamente relacionado al Derecho a la Intimidad o Privacidad, consagrado y garantizado por la misma Constitución Política del Estado, lo que obliga a realizar un análisis acerca de la naturaleza y los alcances de éste derecho en el sistema constitucional boliviano, en relación a las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

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Por: Abog. Alan E. Vargas Lima    1.

 Antecedentes     Hace algunos días atrás, diversos medios de comunicación han informado que el Ministro  de Gobierno, Carlos Romero, había presentado a la opinión pública, la grabación de una  conversación telefónica, en la que presuntamente, la Diputada del Movimiento Sin Miedo  (MSM) Marcela Revollo, hablaba con dirigentes indígenas de la IX Marcha en defensa del  Territorio  Indígena  y  Parque  Nacional  Isiboro  Sécure  (Tipnis)  en  la  que  además  habría  ofrecido financiamiento económico.     Fue  así  que,  en  conferencia  pública  de  prensa,  el  mencionado  Ministro  hizo  conocer  la  grabación  de  audio  que  anónimamente  habría  llegado  a  su  despacho  (no  se  sabe  si  en  cumplimiento  de  una  instrucción  previa,  o  talvez  por  “arte  de  magia”),  en  donde  se  identifica  la  voz  de  la  Diputada  Marcela  Revollo,  del  Movimiento  Sin  Miedo  (Partido  Político del sector de oposición al Gobierno), conversando sobre los costos y gastos que  implicaría  la  mencionada  Marcha  Indígena  que,  a  fines  del  mes  de  abril,  partió  desde  Trinidad hacia La Paz.    Esta situación, de claros matices políticos por los sujetos que involucra, ha provocado la  reacción de la Diputada afectada, quien anunció la interposición de una acción penal en  contra del Ministro, por haber hecho público un audio grabado sin conocimiento suyo.   

      EL DERECHO A LA INTIMIDAD O PRIVACIDAD EN LA CONSTITUCIÓN  BOLIVIANA. Sus alcances y mecanismos de protección   

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Por otro lado, y como respuesta a la Diputada Marcela Revollo, quien acusó al Ministro de  Gobierno,  Carlos  Romero  de  espionaje;  la  Ministra  de  Comunicación,  Amanda  Dávila,  afirmó que el derecho a la privacidad de una persona que ocupa un cargo público, “sólo es  válido en su hogar”1 (sic), cuando lo evidente, según Revollo, es que el Órgano Ejecutivo  violó su privacidad como persona, acusando la existencia de un acto de espionaje, además  de  sostener  que  la  difusión  de  dicha  grabación,  habría  vulnerado  el  Artículo  151  de  la  Constitución Política del Estado, que establece:     “I.  Las  asambleístas  y  los  asambleístas  gozarán  de  inviolabilidad  personal  durante  el  tiempo  de  su  mandato  y  con  posterioridad  a  éste,  por  las  opiniones,  comunicaciones,  representaciones,  requerimientos,  interpelaciones,  denuncias,  propuestas,  expresiones  o  cualquier  acto  de  legislación,  información  o  fiscalización  que  formulen  o  realicen  en  el  desempeño  de  sus  funciones  no  podrán  ser  procesados  penalmente.  II.  El  domicilio,  la  residencia  o  la  habitación  de  las  asambleístas  y  los  asambleístas  serán  inviolables,  y  no  podrán ser allanados en ninguna circunstancia. Esta previsión se aplicará a los vehículos de  su  uso  particular  u  oficial  y  a  las  oficinas  de  uso  legislativo”;  por  lo  que,  solicitó  al  Ministerio Público, realizar las investigaciones correspondientes.    Como  se  puede  ver,  en  este  caso  se  ha  puesto  en  discusión  la  inviolabilidad  de  las  comunicaciones,  lo  que  está  estrechamente  relacionado  al  Derecho  a  la  Intimidad2  o  Privacidad, consagrado y garantizado por la misma Constitución Política del Estado, lo que  obliga  a  realizar  un  análisis  acerca  de  la  naturaleza  y  los  alcances  de  éste  derecho en  el  sistema  constitucional  boliviano,  en  relación  a  las  nuevas  Tecnologías  de  Información  y  Comunicación (TIC)3. 
                                                            
"(…) Creo que cuando una persona asume un cargo público, la privacidad solamente se queda en la casa, fuera de la casa cualquier tipo de escenario es público y una autoridad tiene que saber eso y sobre todo cuando no estamos hablando de cosas que tienen que ver con nuestra familia, sino estamos hablando como hace la diputada Revollo, acerca de temas que tienen que ver con el Estado, que tienen que ver con movilizaciones que en este momento se están llevando a cabo, cuando tiene que ver con intentos de soborno a dirigentes indígenas", dijo la Ministra Amanda Dávila en Conferencia de Prensa realizada en Palacio Quemado. 2 Una primera aproximación al estudio del Derecho a la Intimidad en Bolivia, fue escrito por: DERMIZAKY PEREDO, Pablo. El Derecho a la Intimidad. En: REVISTA IUS ET PRAXIS. Año 6 Nº 1 (2000). Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales – Universidad de Talca, Chile. Págs. 177-193. Ahora se encuentra disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/197/19760113.pdf 3 Las Tecnologías de Información y Comunicación, comprenden al conjunto de recursos, herramientas, equipos, programas informáticos, aplicaciones, redes y medios, que permiten la compilación, procesamiento, almacenamiento, transmisión y recepción de información, voz, datos, texto, video e imágenes. Se consideran como sus componentes el hardware, el software y los servicios. Cfr. Ley Nº 164 de Telecomunicaciones, Tecnologías de Información y Comunicación, de 8 de agosto de 2011. Esta Ley, también establece en su artículo 54, que los usuarios(as) de los servicios de telecomunicaciones y tecnologías de información y comunicación, tienen derecho a: “6. Exigir respeto a la privacidad e inviolabilidad de sus comunicaciones, salvo aquellos casoso expresamente señalados por la Constitución Política del Estado y la Ley”; a cuyo efecto podrá “16. Reclamar ante los proveedores de servicios y acudir ante las autoridades competentes en aquellos casos que la usuaria o usuario considere vulnerados sus derechos, mereciendo atención oportuna”. Asimismo, en concordancia con la norma constitucional, la citada Ley establece en su artículo 56, que: “(…) los operadores de redes públicas y proveedores de servicios de telecomunicaciones y tecnologías de información y comunicación, deben garantizar la inviolabilidad y secreto de las comunicaciones, al igual que 2
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2. Nociones Generales    De  manera  general,  la  privacidad  puede  ser  definida  como  aquel  ámbito  de  la  vida  personal de un individuo, que (según su voluntad) se desarrolla en un espacio reservado y  debe mantenerse con carácter confidencial4.     Por  otro  lado,  y  según  el  Diccionario  de  la  Lengua  de  la  Real  Academia  Española,  privacidad se define como "ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de  cualquier intromisión" e intimidad se define como "zona espiritual íntima y reservada de  una persona o de un grupo, especialmente de una familia".     En  este  sentido,  el  Artículo  12  de  la  Declaración  Universal  de  los  Derechos  Humanos,  adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece que el derecho a la  vida privada es un derecho humano, y que: "Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en  su  vida  privada,  ni  su  familia,  ni  cualquier  entidad,  ni  de  ataques  a  su  honra  o  su  reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o  ataques".     Asimismo, el Artículo 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, adoptado  por  la  Asamblea  General  de  las  Naciones  Unidas,  consagra,  al  respecto,  lo  siguiente:  “1.  Nadie  será  objeto  de  injerencias  arbitrarias  o  ilegales  en  su  vida  privada,  su  familia,  su  domicilio  o  su  correspondencia,  ni  de  ataques  ilegales  a  su  honra  y  reputación;  2.  Toda  persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o esos ataques”.     En el ámbito regional, el Artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos  (Pacto  de  San  José  de  Costa  Rica),  establece  una  norma  de  protección  de  la  honra  y  dignidad,  al  señalar:  “1.  Toda  persona  tiene  derecho  al  respeto  de  su  honra  y  al  reconocimiento  de  su  dignidad;  2.  Nadie  puede  ser  objeto  de  injerencias  arbitrarias  o  abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su correspondencia, ni  de ataques ilegales a su honra o reputación; 3. Toda persona tiene derecho a la protección  de la ley contra esas injerencias o esos ataques."    Entonces,  el  derecho  a  la  intimidad  o  privacidad,  consiste  en  la  potestad  o  facultad  que  tiene toda persona para mantener en reserva, determinadas facetas de su personalidad,  teniendo  como  uno  de  sus  elementos  esenciales,  la  inviolabilidad  de  la  vida  privada,  referida al escenario o espacio físico en el que se desenvuelve, como es el domicilio, los  medios  relacionales  de  comunicación  y  correspondencia,  así  como  los  objetos  que  contienen manifestaciones de voluntad o de conocimiento, no destinadas originalmente al 
                                                                                                                                                                                     
la protección de los datos personales y la intimidad de usuarias o usuarios, salvo los contemplados en guías telefónicas, facturas y otros establecidos por norma”. 4 “Aunque privacy deriva del latín privatus, privacidad se ha incorporado a nuestra lengua en los últimos años a través del inglés, por lo cual el término es rechazado por algunos como un anglicismo, alegando que el término correcto es intimidad, y en cambio es aceptado por otros como un préstamo lingüístico válido”. Ver el término Privacidad en: http://es.wikipedia.org/wiki/Privacidad 3

 

acceso  de  personas  ajenas  o  extrañas,  lo  que  involucra  escritos,  fotografías  u  otros  documentos5.    En ese marco, debe entenderse que el derecho a la inviolabilidad de correspondencia no  se reduce únicamente al ámbito de la correspondencia escrita (es decir, la carta postal),  sino que también se extiende a cualquier medio o sistema de comunicación privada de las  personas, dado que con el desarrollo y avance de la tecnología, actualmente se cuentan  con  múltiples  formas  y  sistemas  de  comunicación  privada  como  son,  la  telefonía  fija,  telefonía móvil, y el correo electrónico6.    De  ahí  que,  la  inviolabilidad  de  correspondencia  y  de  todas  las  formas  de  comunicación  privada,  que  garantiza  la  Constitución,  está  destinada  a  resguardar  esencialmente  los  siguientes bienes jurídicos:     1)  La  libertad  de  toda  persona  para  comunicarse  con  otras,  sin  que  se  produzcan  interrupciones o interferencias ilegales o arbitrarias; y,   2)  La  reserva  o  el  secreto  de  aquello  que  se  escribe  o  habla  entre  quienes  se  hayan  comunicado.   
                                                            
Sobre éste tema, también se ha pronunciado en su momento el brillante jurista boliviano José Antonio Rivera Santivañez, quien considerando que este derecho tiene diversas connotaciones en la sociedad de que se trate, sus circunstancias particulares y la época o el periodo correspondiente; señaló que no es posible plantear un concepto uniforme o universal. “Con la advertencia antes referida, se puede señalar que el derecho a la intimidad o la vida privada consiste en la potestad o facultad que tiene toda persona para mantener en reserva determinadas facetas de su vida y personalidad, como las referidas al ámbito en el que se desenvuelve, a su ámbito afectivo, de sus convicciones y creencias, su ámbito familiar y relacional, así como al de la manifestación de su voluntad. Se trata de un derecho personalísimo que permite sustraer a la persona de la publicidad o de otras perturbaciones a la vida privada, que sin embargo está limitado por las necesidades sociales y los intereses públicos. No cabe duda que se trata de un derecho innato y fundamental de la persona, sin el cual el hombre quedaría reducido al nivel de cosa, o de simple objeto. Es un derecho que nace y se fundamenta en la autodeterminación de la persona. En la doctrina constitucional boliviana, se ha entendido que se trata de un derecho que constituye obligaciones negativas para el Estado y los particulares, lo que significa la prohibición de ingerencia o intromisión de extraños en la vida íntima o vida privada de la persona titular del derecho; de lo se puede inferir que surge el derecho a la protección de la vida privada, constituyendo una obligación positiva para el Estado, consistente en la adopción de medidas legislativas, administrativas y jurisdiccionales para establecer vías y mecanismos de protección de la vida íntima o privada de la persona. Pero también se ha entendido que abarca la dimensión positiva con relación a su titular, lo que implica el derecho de la persona a acceder a un banco de datos público o privado a objeto de conocer cuánta información sobre su vida íntima o privada se ha recogido, almacenado o distribuido, con qué finalidad y a quiénes se ha distribuido; es a partir de ello que, en la reforma constitucional de 2004, se ha creado la garantía jurisdiccional de hábeas data”. Cfr. RIVERA SANTIVAÑEZ, José Antonio. El Derecho a la Protección de la Vida Privada y el Derecho a la Libertad de Información en la Doctrina y en la Jurisprudencia. Una perspectiva en Bolivia. En: REVISTA DE ESTUDIOS CONSTITUCIONALES. Año 6 Nº 1 (2008). Centro de Estudios Constitucionales de Chile, Universidad de Talca. Págs. 43-67. Disponible en: http://t.co/xQEBYsFG 6 El Correo Electrónico, ahora también se encuentra regulado por la citada Ley Nº 164 de Telecomunicaciones, Tecnologías de Información y Comunicación, cuyo artículo 89 establece que el correo electrónico personal se equipara a la correspondencia postal, estando dentro del alcance de la inviolabilidad establecida en la Constitución Política del Estado, por lo que, la protección del correo electrónico personal abarca su creación, transmisión, recepción y almacenamiento. 4
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3. El Derecho a la Intimidad o Privacidad en la Constitución Boliviana     Un aspecto relevante en este tema, es que actualmente la Constitución Política del Estado  aprobada  en  enero  del  año  2009,  además  de  declarar  que  “Bolivia  se  constituye  en  un  Estado  Unitario  Social  de  Derecho  Plurinacional  Comunitario,  libre,  independiente,  soberano,  democrático,  intercultural,  descentralizado  y  con  autonomías.  (…)”,  dedica  su  Capítulo Segundo a establecer expresamente los “Principios, Valores y Fines del Estado”, a  cuyo  efecto  el  artículo  8  constitucional  declara  que  el  Estado  Plurinacional  de  Bolivia  “asume  y  promueve  como  principios  ético‐morales  de  la  sociedad  plural,  los  siguientes:  ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma  qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra  sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble)”; y asimismo señala que nuestro Estado “se  sustenta  en  los  valores  de  unidad,  igualdad,  inclusión,  dignidad,  libertad,  solidaridad,  reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de  oportunidades,  equidad  social  y  de  género  en  la  participación,  bienestar  común,  responsabilidad,  justicia  social,  distribución  y  redistribución  de  los  productos  y  bienes  sociales, para vivir bien”.     De la norma citada, se extrae con claridad que uno de los valores supremos consagrados  en el sistema constitucional, es precisamente la dignidad humana7, de donde emanan los  demás derechos humanos; es decir, que su afectación implica también dañar el contenido  esencial de los demás derechos, que tienen su fundamento  y finalidad, en resguardar la  dignidad humana. Todo ello, se desprende de una interpretación sistemática y finalista de  las  normas  contenidas  en  el  texto  constitucional,  en  armonía  con  los  principales  instrumentos  internacionales  de  protección  de  los  derechos  humanos  (DUDH,  PIDCP  y  CADH), que constituyen en su conjunto el bloque de constitucionalidad en Bolivia8.    Por  su  parte,  el  artículo  9  constitucional,  en  forma  innovadora  también  dispone  expresamente  que  “Son  fines  y  funciones  esenciales  del  Estado,  además  de  los  que 
                                                            
Respecto al derecho a la dignidad humana, el Tribunal Constitucional en su Sentencia Constitucional Nº 0686/2004-R, de 6 de mayo, ha señalado que: “(...) La doctrina del Derecho Constitucional considera a la dignidad humana como un valor supremo inherente al Estado Democrático de Derecho, por lo mismo lo conceptúa como aquel que tiene todo hombre para que se le reconozca como un ser dotado de un fin propio, y no cual simple medio para fines de otros. Equivale al merecimiento de un trato especial que tiene toda persona por el hecho de ser tal. En el sistema constitucional boliviano, la dignidad humana tiene una doble dimensión, de un lado, se constituye en un valor supremo sobre el que se asienta el Estado Social y Democrático de Derecho y, del otro, en un derecho fundamental de la persona, conforme lo ha proclamado el art. 6.II de la Constitución (actual artículo 22 de la Constitución vigente). En la dimensión de derecho fundamental, la dignidad humana es la facultad que tiene toda persona de exigir de los demás un trato acorde con su condición humana. Este Tribunal Constitucional, en su SC 0338/2003-R de 19 de marzo, lo ha definido como aquel 'que tiene toda persona por su sola condición de 'humano', para que se la respete y reconozca como un ser dotado de un fin propio, y no como un medio para la consecución de fines extraños, o ajenos a su realización personal. La dignidad es la percepción de la propia condición humana, y de las prerrogativas que de ella derivan' (...)”. 8 Cfr. NOGUEIRA ALCALÁ, Humberto. El Derecho a la Privacidad y a la Intimidad en el ordenamiento jurídico chileno. En: REVISTA IUS ET PRAXIS. Año 4 Nº 2 (1998). Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales – Universidad de Talca, Chile. Págs. 65-106. Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/197/19740206.pdf 5
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establece la Constitución y la ley: 1. Constituir una sociedad justa y armoniosa, cimentada  en  la  descolonización,  sin  discriminación  ni  explotación,  con  plena  justicia  social,  para  consolidar  las  identidades  plurinacionales.  2.  Garantizar  el  bienestar,  el  desarrollo,  la  seguridad y la protección e igual dignidad de las personas, las naciones, los pueblos y las  comunidades,  y  fomentar  el  respeto  mutuo  y  el  diálogo  intracultural,  intercultural  y  plurilingüe.  3.  Reafirmar  y  consolidar  la  unidad  del  país,  y  preservar  como  patrimonio  histórico  y  humano  la  diversidad  plurinacional.  4.  Garantizar  el  cumplimiento  de  los  principios, valores, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución. 5.  Garantizar el acceso de las personas a la educación, a la salud y al trabajo. 6. Promover y  garantizar  el  aprovechamiento  responsable  y  planificado  de  los  recursos  naturales,  e  impulsar  su  industrialización,  a  través  del  desarrollo  y  del  fortalecimiento  de  la  base  productiva  en  sus  diferentes  dimensiones  y  niveles,  así  como  la  conservación  del  medio  ambiente,  para  el  bienestar  de  las  generaciones  actuales  y  futuras”  (el  subrayado  me  corresponde).     En este sentido, la misma Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, en su  Capítulo dedicado a los Derechos Civiles y Políticos, establece en su artículo 21, numeral 2,  que las bolivianas y bolivianos tenemos derecho: "A la privacidad, intimidad, honra, honor,  propia imagen y dignidad".     Asimismo, y reforzando el alcance de este derecho, el artículo 25 constitucional, establece  que: “I. Toda persona tiene derecho a la inviolabilidad de su domicilio y al secreto de las  comunicaciones  privadas  en  todas  sus  formas,  salvo  autorización  judicial.  II.  Son  inviolables  la  correspondencia,  los  papeles  privados  y  las  manifestaciones  privadas  contenidas  en  cualquier  soporte,  éstos  no  podrán  ser  incautados  salvo  en  los  casos  determinados por la ley para la investigación penal, en virtud de orden escrita y motivada  de  autoridad  judicial  competente.  III.  Ni  la  autoridad  pública,  ni  persona  u  organismo  alguno  podrán  interceptar  conversaciones  o  comunicaciones  privadas  mediante  instalación  que  las  controle  o  centralice.  IV.  La  información  y  prueba  obtenidas  con  violación de correspondencia y comunicaciones en cualquiera de sus formas no producirán  efecto  legal”.  Esta  disposición  constitucional,  contiene  distintas  normas  que  regulan  básicamente lo siguiente:    a) El  derecho  a  la  inviolabilidad  del  domicilio9,  que  básicamente  significa  que  nadie  puede introducirse o ingresar en él, sin consentimiento del propietario o habitante,  excepto en los casos expresamente previstos por la misma Constitución.     Asimismo, debe considerarse que el carácter domiciliario de un recinto se da por el  hecho  de  que  en  su  interior,  una  o  más  personas  desarrollan  actividades 

                                                            
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El derecho a la intimidad o privacidad tiene como uno de sus elementos esenciales la inviolabilidad del domicilio, cuya naturaleza, alcances y limitaciones, han sido desarrolladas por la jurisprudencia constitucional boliviana, siendo de utilidad consultar la Sentencia Constitucional Nº 1420/2004 de 6 de septiembre. 6

 

pertenecientes a la esfera de la vida privada, es decir, ese ámbito de la existencia  de la persona, en donde los demás no pueden introducirse ilícitamente10.    b) El carácter inviolable de la correspondencia y los papeles privados, determinando la  prohibición de su incautación, excepto en los casos expresamente establecidos por  Ley, y previa orden escrita y motivada de autoridad judicial competente.  
 

Esto,  implica,  que  toda  persona  tiene  el  derecho  de  mantener  en  reserva  su  correspondencia  y  sus  papeles  privados,  y  este  derecho  extiende  su  aplicación  a  toda forma de comunicación, por vía escrita, oral o audiovisual, considerando que  de acuerdo al avance de la tecnología, ahora existen medios sofisticados para una  comunicación  pronta  y  oportuna,  como  la  telefonía  fija,  fax,  telefonía  móvil  y  otros11.    c) La  invalidez  como  medio  probatorio,  de  los  documentos  privados  violados  o  sustraídos,  lo  que  implica  que  la  persona  que  sustraiga  o  se  apodere  ilegítimamente, y/o el funcionario público que incaute un documento privado sin  el consentimiento o conocimiento del dueño, o sin una orden judicial expresa, no  podrá presentar como prueba dicha documentación y, en caso de ser presentada,  la misma no podrá surtir efectos probatorios válidos en el proceso.    d) La  prohibición  de  interceptar  conversaciones  o  comunicaciones  privadas,  implica  que ninguna persona particular o funcionario público –cualquiera sea su rango de  autoridad–, puede ni debe interceptar, conversaciones o comunicaciones privadas,  bajo pena de incurrir en delito sancionado por la Ley Penal. Esto, significa también  que  ninguna  autoridad  judicial  puede  ordenar  la  intercepción  de  este  tipo  de  conversaciones.     4. El Derecho a la Intimidad o Privacidad en la Jurisprudencia Constitucional    La  jurisprudencia  del  Tribunal  Constitucional  de  Bolivia,  contenida  en  la  Sentencia  Constitucional  Nº  1420/2004  de  6  de  septiembre,  también  se  ha  pronunciado  sobre  la  naturaleza jurídica y los alcances del derecho a la intimidad, al establecer lo siguiente:      
                                                            
Cfr. RIVERA SANTIVAÑEZ, José Antonio, y otros. La Constitución Política del Estado: Comentario Crítico. Tercera Edición, actualizada con las reformas del 2004. Cochabamba (Bolivia): Talleres Gráficos KIPUS, Junio de 2005. Pág. 113. 11 “Cabe advertir que, tomando en cuenta que el derecho a la inviolabilidad de correspondencia y papeles privados, forma parte del núcleo esencial del derecho a la privacidad o intimidad, con relación a los documentos privados, este derecho alcanza a todos aquellos producidos en la esfera propia de lo íntimo, de manera que comprende los escritos privados y otros objetos de carácter representativo o declarativo que tienen el mismo carácter íntimo, tales como fotografías, cintas cinematográficas, videos y grabaciones magnetofónicas”. RIVERA SANTIVAÑEZ, José Antonio, y otros. La Constitución Política del Estado: Comentario Crítico. Pág. 112. 7
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“El derecho a la intimidad o la privacidad es la potestad o facultad que tiene toda  persona para mantener en reserva determinadas facetas de su personalidad. Es un  derecho  que  se  inscribe  en  el  marco  del  valor  supremo  de  la  libertad  en  su  dimensión referida al “status” de la persona que implica la libertad ‐ autonomía, lo  que importa que esté íntimamente relacionado con el derecho al libre desarrollo de  la  personalidad;  la  consagración  de  este  derecho  se  encamina  a  proteger  la  vida  privada  del  individuo  y  la  de  su  familia,  de  todas  aquellas  perturbaciones  ajenas  que,  de  manera  indebida,  buscan  penetrar  o  develar  los  sucesos  personales  o  familiares.    El  derecho  a  la  intimidad  o  la  privacidad,  al  ser  inherente  a  otros  derechos  fundamentales  como  son  el  libre  desarrollo  de  la  personalidad  y  el  derecho  a  la  dignidad  humana,  goza  de  mecanismos  de  protección  constitucional  y  legal;  se  entiende  que  la  persona  debe  ser  protegida  de  las  molestias  o  angustias  que  le  puedan ocasionar el que otros no respeten su intimidad, o busquen inmiscuirse en  ella.  Por  ello,  la  doctrina  señala  que  el  núcleo esencial  del  derecho  a  la  intimidad  define  un  espacio  intangible,  inmune  a  intromisiones  externas,  del  que  se  deduce  un derecho a no ser forzado a escuchar o a ver lo que no desea escuchar o ver, así  como un derecho a no ser escuchado o visto cuando no se desea ser escuchado o  visto.     En ese contexto el derecho a la intimidad o la privacidad está consagrado por los  instrumentos internacionales como un derecho humano; así se pueden citar el art.  12  de  la  Declaración  Universal  de  los  Derechos  Humanos  (DUDH),  el  art.  17  del  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos  (PIDCP),  el  art.  11  de  la  Convención Americana de Derechos Humanos (CADH), cuyas normas, en términos  generales,  prevén  que  nadie  será  objeto  de  injerencias  arbitrarias  en  su  vida  privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a  su reputación.     Ahora  bien,  conforme  ha  establecido  este  Tribunal  Constitucional,  a  través  de  su  jurisprudencia,  los  tratados,  convenciones  o  declaraciones  internacionales  sobre  derechos humanos  a los  que se hubiese  adherido  o suscrito  y  ratificado  el  Estado  boliviano  forman  parte  del  bloque  de  constitucionalidad  y  los  derechos  consagrados  forman  parte  del  catálogo  de  los  derechos  fundamentales  previstos  por  la  Constitución.  En  consecuencia,  el  derecho  a  la  intimidad  o  la  privacidad  es  tutelable por la vía del amparo constitucional.    En cuanto a los alcances del derecho a la intimidad, cabe señalar que el mismo se  identifica  jurídicamente  con  el  concepto  de  vida  privada,  que  es  el  conjunto  de  actos, situaciones y circunstancias que por su carácter personalísimo no están, por  regla general, expuestos a la curiosidad y a la divulgación, pues están sustraídos a  la injerencia o al conocimiento de extraños”.   
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Ahora bien, sobre los derechos a la intimidad y privacidad como base de la protección de  datos  personales,  recientemente  la  jurisprudencia  contenida  en  la  Sentencia  Constitucional Nº1738/2010‐R de 25 de octubre, al respecto ha señalado que:     “Del  art.  130  de  la  CPE,  se  concibe  que  tanto  las  personas  naturales  y  jurídicas  tienen  acceso  a  los  derechos  a  la  privacidad,  intimidad,  honra,  honor,  propia  imagen y dignidad reconocido en el art. 21.1 de la CPE, entre uno de esos derechos  esta  la  intimidad,  que  sin  duda  es  uno  de  los  bienes  más  susceptibles  de  ser  lesionados o puesto en peligro por el uso de las nuevas tecnologías, por lo que se  hace  necesario  colocar  un  límite  a  la  utilización  de  la  informática  y  las  comunicaciones  ante  la  posibilidad  de  que  se  pueda  agredir  a  la  intimidad  de  los  ciudadanos  y  con  ello  se  pueda  coartar  el  ejercicio  de  sus  derechos  (Conde  Ortíz,  Concepción, “La protección de datos personales: un derecho autónomo en base a  los conceptos de intimidad y privacidad”), por lo mismo, este autor señaló que la  intimidad  consiste  en  “el  poder  concebido  a  la  persona  sobre  el  conjunto  de  actividades que forma su círculo íntimo, poder que le permite excluir a los extraños  de entrometerse en él y de darle una publicidad que no desee el interesado”, así la  jurisprudencia  de  España  en  su  STC  134/1999  de  15  de  julio,  señaló  que:  “El  derecho a la intimidad garantiza el individuo un poder jurídico sobre la información  relativa  a  una  persona  o  a  su  familia,  pudiendo  imponer  a  terceros,  sean  éstos  simples  particulares  o  poderes  públicos,  su  voluntad  de  no  dar  a  conocer  dicha  información o prohibiendo su difusión no consentida”.     Ahora bien en lo que respecta a la privacidad personal o familiar, el mismo autor  señaló que es “el poder de ejercer un control sobre las informaciones que le atañen  a  uno,  teoría  que  viene  a  considerar  la  intimidad  como  el  derecho  a  poder  participar  y  controlar  las  informaciones  que  concierne  a  cada  persona”,  de  igual  forma hace una distinción entre intimidad y privacidad, señalando que la intimidad  es “el conjunto de sentimientos, pensamientos e inclinaciones más internos, como  la  ideología,  religión  o  creencias,  las  tendencias  personales  que  afectan  a  la  vida  sexual,  problemas  de  salud  que  deseamos  mantener  en  secreto  y  otras  inclinaciones”; mientras que, privacidad hace referencia “al ámbito de la persona  formado  por  su  vida  familiar,  aficiones,  bienes  particulares  y  actividades  personales”. De todo lo anterior se tiene que tanto la intimidad como la privacidad  son  la  base  fundamental  para  la  protección  de  todos  los  datos  personales  de  las  personas,  que  sólo  le  atingen  a  él  o  a  ella,  por  lo  mismo  se  encuentra  facultado  para  determinar  cuándo  y  dentro  de  qué  límites  pueden  revelarse  situaciones  referentes  a  su  propia  vida,  entendiéndose  en  consecuencia  de  que  la  acción  de  protección de privacidad, entre otros protege la intromisión por parte de personas  particulares y/o jurídicas a la vida íntima del ser humano que le corresponde como  consecuencia del reconocimiento a su dignidad, por lo que la vulneración de estos  derechos afectan directamente a su imagen, honra y reputación”. (El resaltado del  texto, en negrillas y subrayado, me corresponde)    
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5. El Derecho a la Intimidad en la Jurisprudencia Constitucional comparada     A  nivel  de  jurisprudencia  comparada,  desde  el  año  1992,  la  Corte  Constitucional  de  Colombia reconoció el derecho a la intimidad como un derecho fundamental que permite  a  las  personas  manejar  su  propia  existencia  como  a  bien  lo  tengan  con  el  mínimo  de  injerencias  exteriores.  Se  dijo  en  ese  entonces  que  se  trataba  de  un  derecho  “general,  absoluto, extrapatrimonial, inalienable e imprescriptible y que se pueda hacer valer "erga  omnes", vale decir, tanto frente al Estado como a los particulares. En consecuencia, toda  persona, por el hecho de serlo, es titular a priori de este derecho y el único legitimado para  permitir  la  divulgación  de  datos  concernientes  a  su  vida  privada.  Su  finalidad  es  la  de  asegurar  la  protección  de  intereses  morales;  su  titular  no  puede  renunciar  total  o  definitivamente a la intimidad pues dicho acto estaría viciado de nulidad absoluta (…)”. Se  afirmó  también  que  la  intimidad  es  “el  espacio  intangible,  inmune  a  las  intromisiones  externas, del que se deduce un derecho a no ser forzado a escuchar o a ser lo que no desea  escuchar  o  ver,  así  como  un  derecho  a  no  ser  escuchado  o  visto  cuando  no  se  desea  ser  escuchado o visto.”     En 1995, se reiteró esta visión del derecho a la intimidad, cuando se afirmó que “(...) este  derecho, que se deduce de la dignidad humana y de la natural tendencia de toda persona  a  la  libertad,  a  la  autonomía  y  a  la  autoconservación,  protege  el  ámbito  privado  del  individuo  y  de  su  familia  como  el  núcleo  humano  más  próximo.  Uno  y  otra  están  en  posición  de  reclamar  una  mínima  consideración  particular  y  pública  a  su  interioridad,  actitud que se traduce en abstención de conocimiento e injerencia en la esfera reservada  que  les  corresponde  y  que  está  compuesta  por  asuntos,  problemas,  situaciones  y  circunstancias de su exclusivo interés. Esta no hace parte del dominio público y, por tanto,  no debe ser materia de información suministrada a terceros, ni de la intervención o análisis  de grupos humanos ajenos, ni de divulgaciones o publicaciones (…) Ese terreno privado no  puede  ser  invadido  por  los  demás  miembros  de  la  comunidad  a  la  que  se  integran  la  persona o familia, ni por el Estado. Aún dentro de la familia, cada uno de sus componentes  tiene derecho a demandar de los demás el respeto a su identidad y privacidad personal”.     Así entendido, como derecho casi absoluto, la jurisprudencia constitucional parece haber  adoptado,  en  los  años  inmediatamente  posteriores  a  la  entrada  en  vigor  de  la  Constitución de 1991, y de su artículo 15 en particular –“todas las personas tienen derecho  a su intimidad personal y familiar…y el Estado debe respetarlos y hacerlos respetar”‐, una  visión  del  derecho  a  la  intimidad  cercana  a  la  célebre  formulación  del  magistrado  norteamericano Louis Brandeis, de finales del S. XIX: “The right to be let alone” , es decir,  el derecho a la intimidad como el derecho a estar solo, el derecho a la soledad.     Sin embargo, esta visión ha sido objeto de críticas, en varios sentidos: puede verse como  un  derecho  arcaico  y  obsoleto,  incompatible  con  la  vida  en  sociedades  urbanas,  industrializadas, tecnificadas y proclives a los fenómenos de masas. Se ha dicho también  que es un derecho de elite, creado para proteger los privilegios de las clases aristocráticas  y privilegiadas, y muy asociado con la propiedad privada. En esta perspectiva, el derecho a 
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la  intimidad  sería  simplemente  otro  mecanismo  jurídico  para  proteger  la  propiedad  privada. Casi por definición, los desposeídos de bienes materiales no tendrían derecho a la  intimidad,  pues  de  ellos  no  se  predica  la  existencia  de  una  esfera  de  protección  infranqueable,  al  carecer  de  bienes  y  recintos  que  garanticen  físicamente  ese  derecho.  Finalmente,  se  ha  criticado  también  que  esta  aproximación  absoluta  hacia  la  intimidad,  que protege el derecho al aislamiento o al ensimismamiento, es imposible de hacer valer  jurídicamente, porque no se proyecta al exterior, y no plantea cuestiones en relación con  los otros. El derecho, por definición, no podría entrometerse, ni siquiera para protegerla,  en la esfera inmune a la vida social de que trata el derecho a la intimidad, pues el derecho  regula la vida en sociedad. El derecho a la intimidad sería justamente lo opuesto.      Desde  la  perspectiva  del  derecho  constitucional  colombiano,  estas  críticas,  interesantes  desde el punto de vista teórico y analítico, carecen de validez o pertinencia. El derecho a  la intimidad, junto con otros derechos como el del libre desarrollo de la personalidad y la  libertad  de  conciencia,  están  concebidos  para  permitir  a  las  personas  fortalecer  y  desarrollar su condición de seres libres y autónomos, que es el presupuesto esencial del  estado  democrático.  La  individualidad  del  individuo,  su  posibilidad  no  siempre  fácil  de  separarse del influjo de los otros o de la masa, de realizar las actividades que les son afines  y  no  las  que  le  sean  impuestas,  de  reflexionar  solitariamente,  de  optar  por  sus  propias  preferencias, y de llegar a sus propias conclusiones frente a los dilemas de la cotidianidad  y  de  la  política,  en  fin,  la  posibilidad  de  aislarse  con  frecuencia  u  ocasionalmente  del  mundo,  es  de  lo  que  depende  el  que  pueda  convertirse  en  un  sujeto  de  derechos  y  obligaciones, el que pueda ejercer  las responsabilidades democráticas y participar en los  procesos  que  forjan   un  estado  social  de  derecho  como  lo  es  el  colombiano.  Sólo  reconociendo la autonomía e individualidad de las personas, puede hablarse del “respeto  a la dignidad humana” que sirve de fundamento al Estado colombiano, según el artículo  1º de la Constitución.     La  protección  de  esa  esfera  inmune  a  la  injerencia  de  los  otros  –del  Estado  o  de  otros  particulares‐, como prerrequisito para la construcción de la autonomía individual que a su  vez   constituye  el  rasgo  esencial  del  sujeto  democráticamente  activo,  tiene  que  ser  jurídicamente  relevante,  y  lo  es,  a  través  de  los  mecanismos  constitucionales  de  protección al derecho a la intimidad, los cuales no circunscriben su alcance a cierta clase  social económica o ilustrada, sino que se extienden, como no podía ser de otra forma, a  todas las personas amparadas por la Constitución12.     6. La Acción de Protección de Privacidad prevista por la Constitución Boliviana    La jurisprudencia citada anteriormente, hace referencia a que actualmente en la doctrina  existen numerosas reflexiones sobre la necesidad de modificar los esquemas jurídicos con  la intención de dar protección legal a los derechos, que puedan ser dañados a partir de los  nuevos  inventos  para  la  reproducción  de  la  imagen  y/o  la  voz,  así  como  la  creciente 
                                                            
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Cfr. Sentencia C-640/10 (Agosto 18, Bogotá DC). Ahora se encuentra disponible en: http://t.co/RVPpR7F0 11

 

posibilidad de comunicación de los mismos, por lo que, resulta de imperiosa necesidad la  protección de los datos que revelen la personalidad del individuo.     En nuestro país, el art. 130 parágrafos I y II, de la Constitución Política del Estado vigente  (que  tiene  su  precedente  en  lo  anteriormente  dispuesto  por  el  artículo  23  de  la  Constitución  Política  de  1994,  ahora  abrogada)  protegiendo  estos  derechos  personalísimos,  establece  que:  “Toda  persona  individual  o  colectiva  que  crea  estar  indebida  o  ilegalmente  impedida  de  conocer,  objetar  u  obtener  la  eliminación  o  rectificación de los datos registrados por cualquier medio físico, electrónico, magnético o  información, en archivos o banco de datos públicos o privados, o que afecten a su derecho  fundamental a la intimidad y privacidad personal o familiar, o a su propia imagen, honra y  reputación,  podrá  interponer  la  Acción  de  Protección  de  Privacidad”,  aclarando  además  que ésta Acción no procede para levantar el secreto en materia de prensa.     De lo señalado, se infiere que la Acción de Protección de Privacidad, protege los derechos  relativos  a  la  personalidad  del  individuo  como  son  la  intimidad,  privacidad  personal  o  familiar, la propia imagen, honra y reputación, contra el manejo de datos o informaciones  obtenidas  y  almacenadas  en  los  bancos  de  datos  públicos  o  privados.  Por  esta  misma  razón,  la  doctrina  señala  que  esta  acción,  en  realidad  protege  el  derecho  a  la  autodeterminación informática, entendida como la facultad de una persona para conocer,  actualizar,  rectificar  o  cancelar  la  información  existente  en  una  base  de  datos  pública  o  privada, y que se hubiese obtenido, almacenado y distribuido13.   
                                                            
Respecto a la naturaleza jurídica y los nuevos alcances de la Acción de Protección de Privacidad, la reciente jurisprudencia constitucional contenida en la Sentencia Constitucional 1999/2010 de 26 de octubre, ha establecido que: “La nueva Constitución Política del Estado cambia el nomen juris del hábeas data a acción de protección de privacidad, pero no así su esencia tutelar, empero contempla algunos cambios específicos en cuanto a su redacción, en especial el art. 130. I, en el que se refiere a los casos de legitimación activa que si bien es muy similar al texto del art. 23.I de CPEabrg, tiene una diferencia notoria cuando afirma; “…Toda persona individual o colectiva que crea estar indebida o ilegalmente impedida de conocer, objetar u obtener la eliminación o rectificación de los datos registrados por cualquier medio físico, electrónico, magnético o informático, en archivos o bancos de datos públicos o privados, o que afecten a su derecho fundamental a la intimidad y privacidad personal o familiar, o a su propia imagen, honra y reputación, podrá interponer la Acción de Protección de Privacidad”. Observamos en primer lugar que se añaden a las personas colectivas como posibles legitimados activos, o futuros accionantes, concibiendo que las personas colectivas también tienen acceso a los derechos reconocidos por el art. 21.2 de la CPE, los cuales son: derecho a la intimidad, honra, propia imagen y dignidad. Se entiende que el texto del art. 130.I al reconocer como posibles accionantes a personas colectivas, se refiere a aquellas de orden público como privado, pero con algunas diferencias en cuanto a los derechos tutelados para estas, es decir, que las personas colectivas no podrán aducir la vulneración de su derecho a la intimidad personal y familiar, que son derechos fundamentales de índole personal, pero sí podrían denunciar la vulneración de sus derechos a la imagen y a la reputación. Corresponde aclarar que si bien el derecho a la imagen, a la honra y a la reputación, parecieran estar dentro del mismo grupo de derechos tutelados por la acción de protección de privacidad, en el caso de las personas colectivas, que es el objeto del presente análisis, como se indica líneas supra, sólo podrían denunciar la vulneración de los derechos a la imagen y la reputación, pero no así de la honra, debido a que el derecho a la honra es de índole estrictamente personal, es decir, entra dentro de la esfera de la personalidad y es concebido doctrinalmente como la pretensión de respeto que corresponde a cada persona como reconocimiento de su dignidad frente a la sociedad. (…)”. 12
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7. Alcances de la Acción Tutelar de la Privacidad    Al  estar  ligado  con  los  derechos  señalados  precedentemente,  la  jurisprudencia  constitucional establecida en la Sentencia Constitucional Nº 0965/2004‐R de 23 de junio,  señaló que una acción de tutela de esta naturaleza, tiene los siguientes alcances:    1. Conocer  la  información  o  “registro  de  datos  personales  obtenidos  y  almacenados  en un banco de datos de la entidad pública o privada, para conocer qué es lo que se  dice  respecto  a  la  persona  que  plantea  el  hábeas  data,  de  manera  que  pueda  verificar si la información y los datos obtenidos y almacenados son los correctos y  verídicos; si no afectan las áreas calificadas como sensibles para su honor, la honra  y  la  buena  imagen  personal”;  asimismo,  conocer  los  fines  y  objetivo  de  la  obtención y almacenamiento; es decir, qué uso le darán a esa información.    2. Actualizar los datos existentes, que comprende el “el derecho a la actualización de  la información o los datos personales registrados en el banco de datos, añadiendo  los datos omitidos o actualizando los datos atrasados; con la finalidad de evitar el  uso  o  distribución  de  una  información  inadecuada,  incorrecta  o  imprecisa  que  podría ocasionar graves daños y perjuicios a la persona”.    3. Modificar  o  corregir  la  información  existente  en  el  banco  de  datos,  cuando  son  incorrectos  o  ajenos  a  la  verdad,  en  otros  términos  es  “el  derecho  corrección  o  modificación  de  la  información  o  los  datos  personales  inexactos  registrados  en  el  banco de datos público o privado, tiene la finalidad de eliminar los datos falsos que  contiene la información, los datos que no se ajustan de manera alguna a la verdad,  cuyo uso podría ocasionar graves daños y perjuicios a la persona”.    4. Preservar la confidencialidad de la información que si bien es correcta y obtenida  legalmente, no se la puede otorgar en forma indiscriminada; esta acción se funda  en  el  derecho  a  la  “confidencialidad  de  cierta  información  legalmente  obtenida,  pero que no debería trascender a terceros porque su difusión podría causar daños y  perjuicios a la persona”.    5. Excluir  la  información  sensible,  es  decir,  aquella  información  que  sólo  importa  al  titular, como las ideas políticas, religiosas, orientación sexual, enfermedades, etc.;  así la citada Sentencia Constitucional señaló que es el “Derecho de exclusión de la  llamada `información sensible` relacionada al ámbito de la intimidad de la persona,  es  decir,  aquellos  datos  mediante  los  cuales  se  pueden  determinar  aspectos  considerados básicos dentro del desarrollo de la personalidad, tales como las ideas  religiosas,  políticas  o  gremiales,  comportamiento  sexual;  información  que  potencialmente  podría  generar  discriminación  o  que  podría  romper  la  privacidad  del registrado”.      
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8. Presupuestos indispensables de procedencia    Conforme  lo  establece  la  misma  Constitución,  para  la  procedencia  de  ésta  Acción  se  requieren dos presupuestos esenciales:     a) La existencia de un banco de datos, que puede ser público o privado, físico, electrónico,  magnético,  informático,  que  tengan  como  finalidad  proveer  informes.  De  ahí  que,  la  Sentencia  Constitucional  Nº  0965/2004‐R,  señaló  que  la  acción  del  hábeas  data  es  una  modalidad de amparo que permite a toda persona interesada acceder al conocimiento de  los  datos  que  consten  en  registros  o  bancos  de  datos  públicos  o  privados  destinados  a  proveer informes, y a exigir su supresión, rectificación, confidencialidad o actualización, en  caso de falsedad o discriminación; y,     b) Que ese banco de datos contenga información vinculada a los derechos protegidos por  la Acción de Protección de Privacidad.    9. El Principio de Subsidiariedad en la Acción de Protección de Privacidad    Se debe señalar que el art. 131.I de la CPE, en cuanto al trámite de esta acción, establece  de  manera  expresa  asimilar  el  procedimiento  previsto  para  la  Acción  de  Amparo  Constitucional; de ahí que le son aplicables todos los requisitos de admisión y las causales  de improcedencia del amparo constitucional, así como los principios de subsidiariedad e  inmediatez.    Respecto a la aplicación del principio de subsidiariedad, la citada Sentencia Constitucional  Nº 0965/2004‐R, de 23 de junio, señaló que:     “Tomando en cuenta sus fines y objetivos, así como la aplicación supletoria de las  normas previstas por el artículo 19 de la CPE, dispuesta por el art. 23 parágrafo V  antes  referido,  se  entiende  que  el  hábeas  data  es  una  acción  de  carácter  subsidiario, es decir que solamente puede ser viable en el supuesto que el titular del  derecho lesionado haya reclamado ante la entidad pública o privada encargada del  banco  de  datos,  la  entrega  de  la  información  o  datos  personales  obtenidos  o  almacenados,  y  en  su  caso,  la  actualización,  rectificación  o  supresión  de  aquella  información  o  datos  falsos,  incorrectos,  o  que  induce  a  discriminaciones,  y  no  obtiene una respuesta positiva o favorable a su requerimiento, o sea que la entidad  pública  o  privada  no  asume  inmediatamente  la  acción  solicitada.  Dicho  de  otra  manera, el hábeas data se activa exclusivamente cuando la persona demuestra que  ha acudido previamente ante la entidad pública o privada para pedir la restitución  de su derecho lesionado y no ha podido lograr la reparación a dicha vulneración”.     En  el  mismo  sentido,  la  Sentencia  Constitucional  Nº  1572/2004‐R,  señaló  que  le  eran  aplicables  al  hábeas  data  los  principios  de  subsidiariedad  e  inmediatez;  consiguientemente,  al  hábeas  data  (ahora  denominado  Acción  de  Protección  de 
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Privacidad)  le  es  aplicable  la  doctrina  constitucional  sentada  para  el  Amparo  Constitucional, por lo que, se debe aplicar el principio de subsidiariedad, establecido en la  misma Constitución; lo que significa que  sólo  se activa cuando  el recurrente ha agotado  los  medios  o  recursos  que  tenía  a  su  alcance  para  lograr  conocer,  objetar  u  obtener  la  eliminación, rectificación de los datos públicos  o privados que afectan a su derecho a la  intimidad y privacidad personal y familiar, a su imagen, honra y reputación.     10. Conclusión    Conforme a lo detallado, se establece que la Acción de Protección a la Privacidad, al igual  que  el  Amparo  Constitucional,  tiene  como  uno  de  sus  principios  la  subsidiariedad,  que  exige el agotamiento de todas las instancias y recursos existentes; ello implica, que si bien  en el presente caso no existe un “banco de datos público o privado”, se trata más bien de  la difusión pública de una información inherente a las comunicaciones telefónicas privadas  de una persona, en este caso, de una Diputada Nacional, quien claramente anunció acudir  a la vía penal para esclarecer éste hecho, que pone en duda la seguridad telefónica de las  personas que no son adherentes a la corriente oficialista del gobierno de turno.     Sin embargo, debe también considerarse que en el presente caso, al no haberse respetado  la  vida  íntima  y  privacidad  de  la  Diputada,  se  hace  evidente  la  vulneración  de  sus  derechos, ya que la misma jamás otorgó su consentimiento para que esas grabaciones de  conversaciones privadas, que forman parte de su vida íntima, sean divulgadas a través de  una  Conferencia  de  Prensa  hacia  todos  los  medios  de  comunicación,  como  ahora  ha  sucedido, lo cual afecta directamente a su intimidad y privacidad, como persona y como  mujer.     Por  ello,  se  hace  imperiosa  la  necesidad  de  que  esas  grabaciones  de  conversaciones  privadas sean eliminadas de forma inmediata, a objeto de que no se siga utilizando éste  pretexto para desprestigiar la labor solidaria que se ha llevado adelante; con mayor razón  cuando  el  Estado  Plurinacional,  a  través  de  la  Constitución,  se  ha  comprometido  a  respetar la vida íntima y la privacidad de las personas, acorde con los valores y principios  imperantes en un país pluricultural como es el nuestro; consecuentemente, el debate para  el otorgamiento o denegación de la tutela que pueda ser eventualmente solicitada por la  persona  afectada,  y  para  la  definición  de  criterios  en  este  tipo  de  conflictos  tutelares14  ante el Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia, aún está abierto. 
                                                            
Sin embargo, cabe tener presente que, en ocasión de pronunciarse sobre la imposibilidad de interposición simultánea de las Acciones de Amparo y Protección de Privacidad, el Tribunal Constitucional ya estableció algunos lineamientos acerca de los ámbitos de procedencia de ambas Acciones tutelares; en efecto, la Sentencia Constitucional Nº1478/2011-R de 10 de octubre, estableció: “(…) Habiéndose planteado de manera simultánea las acciones de amparo constitucional y protección de privacidad, el Tribunal Constitucional a través de la SC 1046/2010-R de 23 de agosto, sostuvo que: “…es necesario precisar, que entre ambas acciones tutelares existe una marcada diferencia, tanto en su naturaleza jurídica, sus fines y objetivos, así como en sus alcances; en efecto, el amparo constitucional tiene por finalidad la tutela inmediata y eficaz de derechos fundamentales y garantías constitucionales restituyéndolos en los casos en que sean amenazados, suprimidos o restringidos por actos u omisiones indebidos, en cambio del hábeas data, 15
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  Por último, es necesario dejar claramente establecido, que el derecho a la privacidad no  está encerrado entre cuatro paredes (es decir que ¡no se queda en casa!), aún tratándose  de personas en ejercicio de la función pública y/o en cargos de representación nacional,  porque  la  Constitución  boliviana  sabiamente  dispone  que  el  domicilio,  la  residencia  o  la  habitación de las y los asambleístas (vale decir, las oficinas utilizadas durante el ejercicio  de  sus  funciones  legislativas)  serán  inviolables,  no  pudiendo  ser  allanados  bajo  ninguna  circunstancia; todo ello, por la sencilla razón de que la intimidad o privacidad, al igual que  los  demás  derechos  humanos,  nos  persiguen  como  la  sombra  al  cuerpo  (si  vale  el  término), y siendo inherentes a la naturaleza humana, no pueden perder su esencia sólo  por un afán desesperado de indagar la vida y las relaciones de las personas, mucho más  cuando el mismo gobierno de turno, actúa más allá de lo que le permite la Ley.         Abog. Alan E. Vargas Lima Responsable del Blog Jurídico: Tren Fugitivo Boliviano http://alanvargas4784.blogspot.com/ La Paz, 15 de mayo de 2012.               

                                                                                                                                                                                     
proteger el derecho a la autodeterminación informática, preservando la información sobre los datos personales ante su utilización incontrolada, indebida e ilegal, impidiendo que terceras personas usen datos falsos, erróneos o reservados que podrían causar graves daños y perjuicios a la persona, aunque su tramitación sea igual a la del amparo constitucional; empero, por las marcadas diferencias ya señaladas, no corresponde una tramitación conjunta de ambos recursos. Por las razones referidas, la interposición de los citados recursos, su tramitación y consiguiente Resolución no pueden realizarse de manera simultánea, sino por separado, a fin de garantizar la efectividad de la tutela. Así la SC 0678/2002-R de 10 de junio, ha dejado establecido que: '... por Acuerdo Constitucional 105/2000 de 12 de diciembre, en atención a que tanto las exigencias formales como de contenido son distintas, se establece que los recursos de hábeas corpus y amparo constitucional presentados en forma conjunta, deben ser admitidos por separado y en caso de no observarse esa disposición, se deberá proceder a la devolución del expediente al Juzgado o Sala de la Corte de origen, para que subsane la deficiencia'. Entendimiento jurisprudencial que también es válido para el recurso de hábeas data, por concurrir las mismas diferencias”. Las finalidades anotadas se encuentran instituidas en forma separada estableciéndose un procedimiento diferente para la tramitación de cada una de las acciones de defensa, establecidas tanto en la Constitución como en la Ley del Tribunal Constitucional, por lo que su interposición así como la resolución que otorgue o deniegue la tutela solicitada, según el caso, no puede ser conjunta sino separada, teniendo en cuenta además, que las sentencias a dictarse deben corresponder a cada una de las acciones independientemente interpuestas”. 16

 

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