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Obras Completas en Internet - Alvaro GNR

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Índice

En "Me tenéis contento
Que lea Rita Pan y circo: Liga de Champiñones Ojo al dato Emepetrés de apoyo Bob Dylan vs. Bertín Osborne Paula Vázquez y La Isla de los Famosos II Señoras y señores: Elecciones en Madrileño Herria Movida en la Santa Sede Las cosas del Amo El vocero Que alguien me ayude ¡¡¡FELICIDADES A TODOS Y PRÓSPERO AÑO 43!!!! La Lagartija Injusta final de Copa Apadrina un tertuliano EXPANHA-8013 Llega el tecnohombre El hombre y la serie El marketing, o cómo mearle en la boca a la elite financiera Los domingueros madrileños: usos, costumbres y utilidades Insomnio (Basado en hechos reales) ¿Por qué te partes de risa con la Lista de Schindler? Cine la Hostia de Bueno que lo Flipas:Million Dollar Baby: para vuestra puta madre Los vascos Festimad "El Alamein" 2005 Ecologista goes to Treblinka La orden jedi alopécicobigolanar MTC en el día del Orgullo Gay Lanzarote y las bodas gays Estar fuera (Capítulo 1 de 3) "Madrid en agosto" goes to Treblinka Estar fuera (Capítulo 2 de 3)

Kike Turmix Viejo de mierda goes to Treblinka Extraños caminos La negociación con ETA Delinkiendo II Delinkiendo Mis más sinceras felicitaciones al Fútbol Club Barcelona I Certamen Mundial ¿Eres Hombre o eres nena? leitmotiv: Los Soprano Post Scriptum del Proscrito El Día Después La hamburguesación del Conde-Duque de Robértez España desde el bunker y IV Predicciones Post Especial Satanismo "06-06-06" Nacido en los Setenta White Pride Nio-solio-mosico en Madrit, cosmopiolota urbe de artastas urbianos (I y II) DE LAS SAGAS VIKINGAS DE MTC:"Portero de finca urbana goes to Treblinka" Manifiesto por una violencia mejor Navidades Europeas

En La Página Definitiva
Juegos de acción en 8 bits El Diván Spanien Über Alles EPISODIOS NACIONALES – 1. TRAFALGAR EPISODIOS NACIONALES – 2. LA CORTE DE CARLOS IV EPISODIOS NACIONALES Guía de la Liga 06/07: Todo lo que hay que saber para berrear bien desde la grada Periodistas Ley sálica o guerra incruenta El ejercicio de la Medicina y la pornografía mundial Intimidades del Real Madrid – FC Barcelona Una Historia de Violencia Detectan una verdad en los Estados Unidos de Norteamérica “Infiltrados” de Martin Scorsese Discursos ibéricos de Navidad, Equinoccio y Año Nuevo. Jesus Camp: “Ni todos los conventos de Colorado valen la vida de un republicano” Justicia alcorconera El corazón de Chirac, más negro que la noche, menos negro que su alma El último Rey de Escocia (Kevin McDonald, 2007) El buen alemán, Steven Soderbergh 2007 Venta de humo. Razón aquí El buen pastor, Robert De Niro 2006 Norte y Sur De Madrid al váter Mi familia es la Legión La alegre fiesta de la gerontocracia en la España española Storm A fumar todos a vuestra puta casa Peligro: España en manos de los españoles Sé lo que hicisteis el último verano

El Rey de los niños Abrevie, Lorenzo Runaway, Brigada Especial La Madre Patria Leones por corderos Madrid existe Resumen de 2007: pero qué cosa más fea Él No country for old man Rajoy, arrodíllate ante el altar sagrado de la Patria El puto negro Clever & Smart Me llamo Harvey Milk Gran Torino Michael Jackson, juguete roto y destartalado Goma-2 Un muro para el muro La cinta blanca, de Michael Haneke Gran Hermano 11 en cinco minutos Enano Rojo I Love Escassi The thick of it – In the Loop Garth Marenghi’s Darkplace El parto de los montes Supervivientes 2010: Perdidos en Nicaragua Camisetas de ETA

Que lea Rita
Madrid adolece un problema grave. Su población lee demasiado. El asunto comenzó cuando en las largas distancias del metro, el populacho se llevaba libros que dieron lugar a acaloradas discusiones: Que si la hermeneútica no debe agrupar ámbitos heterogéneos del pensamiento, los unos, que si los pueblos ágrafos no piensan, los otros. Y tanto va el cántaro a la fuente, que recientemente hemos podido observar como ha subido el número de asesinatos en la Comunidad, el tráfico de armas está a la orden del día y las cunetas se llenan de cadáveres. Todo porque los Estructuralistas de la Línea 6 iniciaron esa campaña de ajustes de cuentas con los subjetivistas de la Línea 4 y para qué hablar de los Historicistas del Cercanías, unos carniceros. Afortunadamente, contábamos con un Líder en la Comunidad de Madrid, un hombre llamado a regir nuestros destinos universales como pueblo, que, en su infinita sabiduría, instaló televisores por doquier en todas las esquinas del metro para que la gente leyera un poquito menos y volviera a imperar la normalidad. Ya estaba bien de empresas que se iban al garete porque sus ejecutivos permanecían absortos en las ensoñaciones de El Quijote, ya bastaba de amas de casa que descuidaban sus labores fascinadas por la gramática generativa de Chomsky.

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Los carga el diablo Aún así, lo curioso es que este fenómeno de lectura compulsiva del ciudadano medio español, no tenga su reflejo en el ciber-espacio, donde, como ustedes sabrán, no lee una mierda ni Dios. Más allá de distinguir el epígrafe "Logos y Tonos" para bajarse el último hit de Chenoa o el himno del Atleti para el móvil, estarán ustedes cansados de mandar textos que consideran de interés a sus amigos y que estos, asustados los pobres al ver más de tres renglones, lean las tres primeras palabras y las tres últimas, le den al delete y le digan: le eché un ojo por encima. Sé de buena tinta que en las empresas que pretenden hacer caja en internet siempre existe un conflicto entre periodistas y empresarios basado en "menos textos, más flash, y mujeres en cueros". Los empresarios españoles son, por lo general, malas personas - por decirlo de un modo aséptico - pero tienen la sana costumbre de llamar al pan, pan, y al vino, vino. Si quieren menos texto y más tetas es porque saben qué es lo que reclama la gente. Por eso desde aquí, quiero impulsar un nuevo lenguaje que favorezca las necesidades de los internautas y, a la vez, sirva para hacer circular información un poquito más interesante que los gorgoritos de Bisbal. Sería un lenguaje como el que sigue (entrecomillado):

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¿Le parece una zarandaja? Pues ahí, querido lector, pone: "El presidente del gobierno, José María Aznar, dará un giro radical a su política incluyendo nuevas medidas sociales de cara a las próximas elecciones" Usted, que es un desgraciado que tiene el valor de leer el periódico de vez en cuando, está ahora mismo extraviado por completo y no entiende el porqué de este nuevo lenguaje de símbolos. ¿No sabe usted que la pornografía en internet ya cotiza en bolsa, que hay más de 50.000 sitios dedicados a esta sana actividad? ¿Sabe que una de las revoluciones más importantes que ha supuesto internet en la vida del hombre es el conseguir que el 99% población masculina se la machaque con la mano izquierda? El internauta normal accede a tanta pornografía diariamente de forma voluntaria - ya lo creo que voluntaria - que esos símbolos que usted no identifica, para él contienen mucha más información que 1.500 páginas de sus tratados de filosofía. Difundamos pues este nuevo lenguaje para conseguir que la gente navegue por la red y se informe mientras realiza sus actividades usuales. Y ahora, gafotas, atienda, ¿Qué diferencia observa entre estas dos fotografías?

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¿Ninguna? pues la figura A es un artículo de Haro Tecqlen "A la alegría por la dictadura del proletariado" y la figura B es una columna de Giménez Losantos "Neumonía asiática y felipismo". En este revolucionario lenguaje, ahí donde usted ve la misma cosa, en un código binario compuesto de pelos de coño rubios y pelos de coño castaños, hay dos mensajes completamente distintos que usted es incapaz tanto de asimilar como de distinguir. Le parecerá una locura, pero esta forma de comunicación incide directamente en el cortex de los internautas con más de cinco años de antiguedad, que son, hasta ahora, los únicos que pueden descodificar el mensaje automáticamente con solo mirarlo. La NASA calcula que en 2015 todos los e-mails y páginas webs utilizarán este rápido y más completo lenguaje en detrimento de las letras, las frasecitas y los párrafos interminables que tanto le gustan a usted, empollón. De hecho, ya hay un gran número de oficinistas que se comunican con este lenguaje en sus horas de trabajo. El mundo progresa, caballero, y usted leyendo horas y horas... ¡retrógrado!.

Pan y circo: Liga de Champiñones

Catenaccio severo: 5+3+2=tedio Antes de empezar, dejemos una cosa clara: El fútbol es un juego en el que se lleva la victoria el participante que obtenga mayor diferencia de goles. No hay unos jueces que sacan cartelitos con la nota que le dan al juego de cada equipo y gana el que mejor media obtenga, eso es en el patinaje artístico. Y el fútbol es un juego, como el ajedrez, y el que mejor juega es el que más partidas/os gana, no al revés. Algo tan simple como esto, parece ser que no queda claro en este país, donde cada vez que ganan los italianos afloran todos nuestros complejos de inferioridad y les acusamos de jugar mal y feo. No defiendo el catenaccio como un estilo de vida, pero para ganar tanto en Europa como en un Mundial hay que

superar a un equipo de estos. Si no, desde mi punto de vista, no mereces ser Campeón de Europa. Si los italianos juegan así es porque saben que muchos equipos con falta de mordiente se estrellan contra esas defensas que parecen manifestaciones contra la guerra. Los opinadores deportivos de este país a eso lo denominan ser un cobarde, a mi me parece más bien ser competitivo, amarrategui, pero competitivo. Y si no los resultados a la vista están, que tampoco son para tanto, porque que yo sepa el catenaccio, uefas aparte, no ha ganado prácticamente nada en los 90s. Y encima habrá quien defienda el partido del Madrid y el Manchester como la máxima concepción posible del fútbol. Un Madrid en el que la labor técnica del entrenador se limita a decidir el once incial y los cambios, porque ese equipo desde que pisa el campo parece los juveniles de la CNT-FAI. Eso sí, hay que destacar a un tio como Guti, que mete el pase del primer gol y desbarajusta toda la estrategia que pudiese tener el Manchester y que - otro con suerte - no creo que pasase por la gilipollez de Helguera y la siempre descacharrante irregularidad de Hierro. En resumen: un correcalles como ese es muy emocionante, muy espectacular y muy divertido - además, a quién no le mola ver goles - pero el desorden defensivo no define el absoluto lo que yo entiendo por buen juego.

Ojo al dato

Acaba de salir Esperanza Aguirre en una piragua por no sé qué rio de la Comunidad. Por si la escenita no rozase suficientemente lo patético, nuestra Primera Mujer Presidenta del Senado nos avisa a los madrileños de que va a luchar por que todos tengamos acceso a este tipo de deportes. Gracias, libertadora de los pueblos, ingentes masas de ciudadanos a los que hasta ahora se les había negado el derecho al piraguismo te lo agradecerán de por vida.

Emepetrés de apoyo:
The D4: "Come On" Tengo la desgracia de leer el País de las Tentaciones prácticamente todas las semanas y es un vicio tragicómico, a veces te ries, a veces lloras. Y en el apartado de las lágrimas, reinaba este viernes un grupo bajo el epígrafe "Sexo, morro y punk": The Yeah Yeah Yeahs. El lector más ducho a la hora de distinguir qué es enrollado y cuando y qué no e idem, ya sabrá que esta banda pertenece a la oleada de grupos garageros que ahora son lo que más mola. Hablo de los Strokes, White Stripes, Libertines, Vines, etc... que bajo la etiqueta Indie Rock/Punk Revival copan las listas de ventas. El lector también sabrá que este tipo de discos, cuya calidad no es mala, pero ni por asomo es la hostia como nos quieren hacer creer, son los que compran fundamentalmente las mujeres modernas de hoy y, en menor medida, algún que otro gay o futuro gay. Y lo más importante, sé que el lector por lo general no se come una mierda. Así que querido amigo, introdúzcase usted de mi mano en el disco de los D4, 6twenty, y cuando hable con esa modernilla sin seso a la que usted se quiere follar y surja en la conversación lo buenos que son los Strokes, espétele usted que los verdaderamente buenos son los D4. Ella, con la mente preparada para el punk rock de los D4 tras abandonar Oasis a su suerte y empezar a pensar garageramente gracias a los White Stripes, quedará prendadísima del potencial destructor de esta banda. Todo gracias a usted, que da la impresión de ser todo un enterado de lo que se cuece en el underground (jajaja) del rock, y le meterá la polla hasta la vesícula. Los D4 son de Nueva Zelanda. En su disco de debut

hacen lo que siempre han hecho los grupos de rock de las antípodas, obras de arte. Si te gustan los Celibate Rifles y los Devil Dogs aquí tienes más de lo mismo, gracias a dios.

Bob Dylan vs. Bertín Osborne
La guerra del folk Comparar a estos dos genios de la música siempre nos ha traido muchos problemas a los que entendemos. Bob Dylan posee una legión de fans en la ultra-izquierda. Agitadores y anti-demócratas que no permiten que se someta a su líder a la crítica y a la revisión histórica que todo buen análisis ciéntifico de la materia precisa. En todo caso, en Me Teneis Contento no existe el miedo a los enemigos de la libertad. Para situarnos, es preciso indicar la diferente extracción social de ambos cantautores: Mientras que Dylan fue a la Universidad de Minnesota en Minneapolis a estudiar arte, como cualquier pijo que va de listo de su edad, Bertín Osborne tuvo que abandonar la escuela a los dieciseis años al no aprobar el PREU, sin duda a causa de sus ideas libertarias y su talante de artista del pueblo, cualidades que no pasarían inadvertidas para los profesores de aquella España totalitaria. Y, a buen seguro, le ningunearon y suspendieron hasta que tuvo que abandonar el colegio incapaz de sacar sus estudios adelante. Por otro lado, mientras que Dylan es judío de nacimiento, es decir, que proviene del pueblo que asesinó a Jesucristo. Bertín es descendiente de Tomas Osborne y Mann, un empresario inglés que vino a España con la intención de traer prosperidad a estas tierras fundando una gran empresa que dio trabajo a los españoles harapientos y ha dado más gloria aún a nuestra historia gastronómica con sus populares vinos olorosos.

Además, Dylan, que le usurpó el nombre al poeta Dylan Thomas (se llama realmente Robert Allen Zimmerman), se ha pasado al cristianismo de mala manera el muy chaquetero demostrando que ni siquiera es un tipo de fiar. Y encima fue a tocar para el Papa polaco medio comunista este que ha condenado recientemente la acción de la democracia contra un supervillano tiranoopresor iraquí. En cambio, Bertín ha sido siempre fiel a sus ideas y a su filosofía de esquivar el trabajo manual cueste lo que cueste (por el bien del arte). De hecho, tras más de treinta años en la carretera, daba gloria ver cómo el año pasado seguía creyendo firmemente en los principios que le impulsaron a emprender una carrera artística y declaraba en un periódico: "Yo soy ambicioso en cualquier cosa que me haga sentirme feliz, encuentro la felicidad de otra manera que trabajando" (El Mundo, Domingo 17 de Marzo de 2002) Respecto a sus inicios en el mundo de la música, hay que decir que los de Dylan fueron fulgurantes. Era jovencito, no tan feo como ahora y tenía muchas ganas de triunfar. Así que se fue a Nueva York, ciudad que como bien sabrá todo el mundo que haya visto Cruising (1980 - USA - Dir: William Friedkin) es un lugar repleto de invertidos de diverso pelaje a cada cual más abyecto - véase Lou Reed, por ejemplo -. Y allí conoció a John Hammond, un amante del swing, el jazz y, por lo general, la música negra, con lo que no sabemos qué encontraría en las composiciones de un judio blancuzco y esmirriao. Turbio asunto que da que pensar y evidencia con casi total seguridad, al 95% prácticamente, que Dylan se convirtió en el pelele sexual del productor a cambio de un contrato discográfico. Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, Bertín hacía lo posible por no tullir su talento artísitico realizando cualquier tipo de actividad relacionada con, como hemos dicho antes, dar un palo al agua. Pero era una época muy dura y no le quedó más remedio que, en un tiempo record,

trabajar y ser despedido sistemáticamente como corredor de fincas inmobiliarias, en una consignataria de buques, en una compañía de seguros y, finalmente, como representante de Sofico, al mismo tiempo que hacía lo que más le gustaba, cantar en discotecas. Pero eran malos tiempos y, lejos de siquiera pensar en ejercer la prostitución masculina como Dylan, optó por la inmigración yéndose a EEUU como todos esos marroquies que llegan hoy exhaustos a nuestras tierras. Muy probablemente la descomunal sensibilidad ante la injusticia social de Bertín se deba a su experiencia como inmigrante en la que se forjó a si mismo en los valores de la superación con una fe ciega en su talento. Sumidos en la era hippy, Dylan no fue reacio en absoluto a convivir con semejante ralea de drogadictos y filocomunistas, y se junta con drogotas como The Band grupo que contaba al piano con un muyaidin fundamentalista islámico - para sacarle la pasta a su sello discográfico alquilando una casa en la que meterse con la escusa de que iban a grabar un disco que nunca vio la luz dadas las orgías, sesiones de drogadicción y demás crímenes contra la humanidad que allí acontecieron. Pero como las imprudencias se pagan, en uno de sus colocones, Dylan coge la moto y sufre un accidente y se parte el cuello, lo que le obliga a llevar una prótesis el resto de su vida. En cambio, Bertín regresó a su patria y se casó con Sandra Domecq Williams en la Iglesia de San Miguel. Una mujer perteneciente a otra gran familia de los vinos olorosos de Jerez, con amplio patrimonio, de la que se enamoró sin duda por su elocuencia y simpatía. Y por esas fechas comenzó su gran popularidad cosechada a base de trabajarse con ahinco y grandes sacrificios el cirucuito de discotecas veraniegas de la Costa Azul y, en menor medida, por un reportaje sobre su vida aparecido en la revista Diez Minutos, de la que, curiosamente, su tío Javier Osborne era el director. Y al que, sin duda, la entrañable curiosidad fraternal por la figura de su hermano

le llevó a realizar el reportaje. Lo que dice aún más de la nobleza de esta familia. En lo estrictamente artístico, podemos decir que Bertín es un hombre polifacético que lo mismo te canta canción ligera, que una ranchera, que lo mismo te presenta un programa de contactos sexuales completamente borracho, que uno sobre explotación infantil hasta el culo de farlopa. Incluso ha pasado por diferentes épocas artísticas, como los días glam vestido de humanoide futurista presentando Scavengers (A3 - 1995) Por el contrario, Dylan, apenas sabe tocar la guitarra y emitir peculiares sonidos soplándose en la prótesis, pero conocida por todos es su inoperancia a la hora de cantar. Además, en los ocho discos (o más) de Bertín, un nutrido elenco de músicos de primer nivel ha visto culminada su carrera al ver como el Osborne aceptaba sus composiciones para interpretarlas con su genial voz sobrehumana. No como Dylan, que con una carrera irregular ha tenido que solicitar a amigos melenudos suyos que por favor hagan alguna versión de su paupérrima colección de composiciones propias para poder cobrar royalties con los que sobrevivir y pagarse los vicios. Sin embargo, las masas desinformadas seguirán considerando a Dylan como un genio (!) y a Bertín como un mujeriego irresponsable sólo porque es guapo y liga. El siniestro Dylan verá como le editan un libro en el que se describe a si mismo "Tarántula", y Bertín, todo un poeta que ha acuñado versos tales como: "Cierra esa boca, toda llena de dientes" es marginado por el oligopolio de la comunidad cultural que temen que brillantes razonamientos sociológico-políticos como el dicho recientemente de: "Sí en España el 90% de la gente está en contra de la guerra, y el 90% a favor del Rey, ¿Por qué lleva todo el mundo banderas republicanas a las manifestaciones?" obtengan difusión entre la población y peligren sus privilegios, mientras que el pueblo permanece en el oscurantismo obligados a aguantar a

Bob Dylan y privados en su mayor parte del genio artístico y la magnitud humana de Bertín Osborne. Qué mal está el mundo, joder...

Paula Vázquez y La Isla de los Famosos II

¡Enchúfamela! Me pregunto si en esta nueva edición del único programa de A3 que han visto más de cuatro personas en los últimos cinco años, la presencia de Paula Vázquez seguirá la evolución de las últimas temporadas y por fin, tras ir reduciendo progresivamente el tamaño de sus ropas hasta el de un kleenex y enseñar cada día más que ayer pero menos que mañana, comenzará sus crónicas a pie de playa saltando alegre sobre un vibrador bicéfalo o dará paso a las pruebas del concurso leyendo torpemente la tarjetita con la mano izquierda y colocándose las bolas chinas con la derecha. Sea como sea, el salir día a día como una auténtica y genuina actriz de películas "X" es digno de admiración desde un punto de vista de abnegación frente a los dictados de las audiencias y un modelo ejemplar de filiación y amor a la empresa que te paga. Toda una profesional de la TV de hoy esta Paula. En las facultades de periodismo del futuro se estudiará su caso como un nuevo ente disciplinar denominado, mismamente, La Periodista Pornográfica.

Señoras y señores:
Con un diseño bastante juno y sin saber manejar una mierda este puto editor, queda inaugurado mi weblog. Encontrará aquí el lector imaginario una retahila de pensamientos peregrinos que no interesan a nadie, por eso a nadie invito a leerlos, que sin duda poseeran una vaciedad y una falta de fundamento digna de las tonterías más insustanciales que campan por la red. He creado esta cutrez porque me apetece escribir las payasadas que se me ocurren en los Transportes Públicos de la Comunidad de Madrid. Y como para que me contradigan, me discutan, me pongan los puntos sobre las ies y, en definitiva, me toquen los cojones de mala manera, ya tengo varias listas de correo a las que estoy apuntado y un destacable número de allegados que no hace más que llevarme la contraria como si yo no tuviese ¡siempre! la razón. Así que considere usted esta página como un ejercicio de libertad individual y una pequeña burbuja donde imperarán unos valores caracterizados fundamentalmente por ser los que a mi me salga de la polla cuando se me ponga en los cojones ¡y punto! Gracias. Fdo: Diógenes Pajaskristoss

Elecciones en Madrileño Herria

Nosotros también nos tuvimos que inventar un trapo Este año el show de ir a votar viene precedido del XX Aniversario de la Comunidad de Madrid. Un genial invento esta región, traído por los pelos malamente y que afortunadamente, hasta hoy, sólo parece haber traído connotaciones administrativas. Digo afortunadamente porque sólo nos faltaba adquirir una identidad cultural que reafirmar frente al resto de íberos de la península. En este sentido, digamos que la CAM ha despojado al madrileño de su identidad castellana, que es lo que se supone que somos aquí, y a cambio ha servido para que los que se sienten algo, se sientan es-pa-ño-les. Creando un fenómeno "esponja" que absorbe la subnormalidad y la enajenación mental latente en toda sub-patria, permitiendo así que gran parte de los habitantes de la ciudad no pierdan el tiempo pensando en tonterías de este tipo. El día del XX Aniversario, nuestro líder, Alberto Ruíz Gallardón - sí, el hombre que llevó la TV al subsuelo pronunció un discurso destinado a los los "esponjas" para que siguieran llevando a cabo ese efecto sanitario tan de agradecer en la capital de un estado asimétrico. En él, el amigo parte de aquel malévolo enemigo imaginario que

"nunca supo ver en Madrid más que un mentidero" para terminar diciendo que esta CA es la que más ha prosperado sin dar la lata ni exigir un trato de favor, no como los pérfidos vascos o los pesados catalanes. Y añade - lo mejor de todo - que somos los que más aportamos al PIB nacional porque somos los mejores, los más desprendidos y unos verdaderos patriotas. Olvidándose de un pequeñísimo detalle sin importancia, como es que en Madrid estén las sedes sociales de numerosas empresas que no tienen por qué estar establecidas aquí, sino en cualquier parte del resto del país, pero que sí que pagan sus impuestos en la CAM. Pero eso no importa a la hora de alabar una gestión, y más si es la propia. Sobre todo en un Estado como éste, en el que unos gastan dinero en dorarse la pila y otros en sobornar a los chinches para que no se coman a sus hijos. El pricipal logro de este ser consiste en haber trazado no sé cuántos kilómetros de metro. En Madrid Directo pudimos ver atónitos como ciudadanos privilegiados se ahorraban cuatro minutos, e incluso cinco, para llegar a sus respectivos curreles. Otros, seguían cogiendo el cercanías y otros, que viven más cerca del centro aún, como en la Alameda de Osuna, ni saben lo que es un metro. Antes de reparar en cómo llevar una línea de metro hasta Albacete, nuestro líder inauguró el nuevo trazado manifestando su orgullo por haber contribuido a que "los ciudadanos del sur puedan ir en metro a comprar a las macrosuperficies", cuando en esta ciudad, el único sector de la población que va a comprar algo en metro y vuelve a casa con las bolsas, son los toxicómanos que pillan caballo en La Ballesta, aunque tampoco importa, la obra será satisfactoria en virtud del número de votos que se obtenga gracias a ella. Aspira a sustituirle un tal Simancas, personaje que despierta bastante admiración en mi como también lo hicieron Porta y Hermanito en las novelas de Sven

Hassel o el Leonardo di Caprio del super-blufff de Gangs of New York despertará en las nuevas generaciones de jóvenes. Porque el hombre proviene de la FSM, que ha sido peor que un Royal Rumble de la WWF. Estamos hablando de la asociación con mayor número de heridos por arma blanca que jamás haya ocasionado el cisma socialista entre guerristas y renovadores. Es por eso que un tipo tan ducho con el estoque, se me antoja como un buen líder para combatir - volviendo al discurso de Gallardón - a ese enemigo imaginario que quiere hacer de nuestra pequeña y joven patria un mentidero gualtrapas.

Madrid, cosmopolita urbe plural y ágora de culturas Enfrente tiene a Esperanza Aguirre, mujer cuyo nombramiento demuestra el cariño que le tiene el PP a la CAM, y cuyo talante político prácticamente no merece la pena ni analizarlo; ella es más bien como un amable peluche o dibujo animado, mientras la mantengan callada pinta bien la mona y encaja perfectamente en la estrategia de gobierno del PP, esa de no hacer nada para no equivocarse nunca. Además, en Madrid es difícil que se hunda un petrolero. El tema de la alcaldía es mucho más escabroso, a Álvarez del Manzano le ha faltado instaurar el derecho de pernada para lograr el título a la Peor Gestión de la Puta Historia. Lo gracioso es que, como ya no se presenta, el PP exhortiza con su marcha todos los males creados y

permite que Gallardón también se sienta indignado con la tan nefasta gestión anterior. Incluso en el debate de Telemadrid se permitió el lujo de descolocar por completo a las dos lelas que tiene como rivales siendo él también crítico con la etapa anterior. Eso es tener suerte, porque si llega a tener delante a un candidato como dios manda, igual le pregunta que si le parece tan mal lo hecho en la legislatura anterior, por qué cohones lleva diez concejales, diez, nada menos, en sus listas. Pero no se da el caso de vida inteligente en la oposición.

El alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano La gestión municipal anterior se caracterizó fundamentalmente por hacer multitetrasobremegamillonario al dueño de las escavadoras con las que, me imagino, que también han hecho el metro, pero en este ámbito ha sido a base de pasos subterraneos - algunos muy peculiares, como el de Costa Rica, que tiene un semáforo justo a la salida - Si los contactos y las influencias se mantienen, probablemente hasta se lleve a cabo aquel proyecto del anterior alcalde de construir una red de autopistas subterraneas y ya puestos, un superparaguas gigante para la lluvia. Mientras, cientos de

miles de coches son inyectados a presión en el corazón de la ciudad por medio de esos nefastos pasos subterraneos y la villa y corte revienta por los cuatro costados cual armaggedom. Creando, eso sí, el marco idoneo para realizar en Madrid el mejor festival de rock ácido-psicodélico de todos los tiempos. La otra opción al festival de rock, es una especie de Isla de Lesbos que pretende llevar a cabo Trinidad Jimenez, candidata de cuya sinceridad no hay que dudar pues ya desde el primer momento acompañó su foto con el eslogan "Un gobierno para todos y todas", del que se deduce gramaticalmente que hay gobierno doble para ellas. Por lo demás, también se le llena la boca con demagogias baratas, aunque con doble mérito, pues los demás candidatos no cuentan la dificultad añadida que supone semejante piñata a la hora de llenar unas fosas de vaciedades.

Nuestras entrañables tradiciones folclóricas IU, por su parte, en su línea: haciendo todo lo posible para que no les vote nadie, pero eso sí, con solera. Si fuese mayoría la izquierda y pactasen con el PSOE han dicho que pedirán las consejerías de Vivienda y Sanidad. Que no está mal, pero ya puestos, por qué no exigir también la

Corona de España, Nápoles, Piamonte y los Estados Pontificios, si total, en diez años la coalición, o sin eufemismos, el Partido Comunista de España ya no existirá... que al menos se echen unas risas, qué coño. En fin, yo recomiendaría el voto a La mona Chita si se presentase en contra del PP, pero hagan lo que quieran porque el geógrafo urbano que desestropicie las barbaridades que se le han ido haciendo a esta ciudad desde finales de los ochenta, no buen desestropiciador será, sino el puto amo de los desestropiciadores. Para mi que, en el mejor de los casos, tenemos ya para diez o veinte años de daños irreparables en la morfología de la ciudad. Lo mejor es la solución Springfield de los Simpsons, trasladar la ciudad de sitio y empezar de nuevo. Pues si algo hay en esta Castilla nuestra, es espacio.

Movida en la Santa Sede
Hay que tener los ojos de cartón piedra, los tímpanos de latón y el mismo sentido del tacto que un arado de páramo castellano para no darse cuenta de que el mundo fútbol ha cambiado más en cinco años que Silvia Jato en dos semanas si le escondieran los utensilios de depilación del bozo. Es por ello que no me parece bien criticar como se está criticando la revolucionaria y vanguardista estrategia de Florentino Pérez y Jorge Valdano al frente del Madrid. La plebe sufre la marcha de Del Bosque en lo más profundo de su corazón porque la plebe tiene sentimientos. Pero los buenos empresarios carecen de "eso" lo mismo que Fuenlabrada de minas de oro y es que si, en un ejercicio de "róbame-que-me-gusta" único en el mundo, el pueblo de Madrid ha aplaudido las recalificaciones de Floren, no sé qué le ven de raro a que este simpático centrista le dé la patada vilmente al entrenador que ha obtenido mejores resultados en el Madrid, yo creo que casi en toda su historia (si hacemos un coeficiente títulos/temporadas) y le ha espetado: "queremos un entrenador más tecnificado (...) necesitamos un entrenador con un perfil más acorde con la imagen del Real Madrid" que en el mundo de la comunicación de masas se traduce por: "gordocojo-viejocabrón, vas a terminar tus días haciéndole indicaciones a los obreros de la construcción junto a otros jubilados chochos" Mirando al futuro con perspectiva e indagando en los aspectos clave de la cuestión con el fin de ofrecer una opinión visionaria -como todo en Me Teneis Contento- y, sobre todo, a juzgar por su sustituto, creo que Florentino ha hecho muy bien, qué cojones, ha hecho de puta madre.

Observen bien la cara de Queiroz, el sustituto. No esperen que gaste una pulsación de mis cansados dedos en realizar el más mínimo análisis técnico o táctico de las cualidades de este hombre como entrenador de fútbol. La clave para entender el balompié de hoy es proyectar nuestra paupérrima energía neuronal en todos los aspectos, todos -repito-, que menos tengan que ver con un esférico. En ese sentido y volviendo a la cara de este hombre, me temo que han dado con el entrenador perfecto, la pieza clave. No sé si el lector habrá estado en Niza, pero yo sí*. Las terrazas del paseo marítimo de esta perla del Mediterraneo están plagadas de varones ligeramente canosos con bronceados UVA y sonrisas lánguidas, exactamente iguales que Queiroz. No sé qué impresiones les produce observar la tez de este hombre, pero yo lo que veo es la sonrisa tensa inconfundible de cualquier putero de altos vuelos que susurra entre dientes: "No me jodas que no conseguiste la merca" Del Bosque, que al parecer -noticia bomba- ¡era de izquierdas!, respondía a un estilo arcaico no compatible con el fútbol elitista en el que se tiene que desenvolver el Madrid. No por sus tácticas ni sus cambios, si no por su talante y costumbres. ¿Se imagina alguien a Del Bosque borracho subido en la tarima de un pub nocturno haciendo molinetes con la chorra? La verdad es que no. La elección de Queiroz se entiende dentro de la escala de valores de algo tan español como es "la Barra del Bar", aunqeu en este caso sea de terciopelo- ¿A quién puede respetar un multimillonario como Ronaldo? ¿Y un niño mimado como Raúl? ¿A un anciano como Del Bosque? No, sólo a un tio más putero que ellos. Ya me imagino las charlas en la barra del Hotel en las concentraciones en las que Queiroz les cuente anécdotas de sus vacaciones en Puerto Rico. Le dará palmaditas en

la espalda al inexperto Ronaldo, que se cree que sabe mucho, pero que no tiene un paladar tan fino en prostitutas como el Mister. Los chicos admiraran a éste, su líder, que encarna mejor que nadie el prototipo de lo que ellos quieren ser y hoy por hoy no alcanzan. Vividores de ámbito internacional, expertos en la globalización del mercado de la prostitución, alguien con buenos contactos en la mafia, gente con estilo y clase, en definitiva, la reencarnación del manager de Maradona, Coppola retirado por ingesta excesiva de cocaina del 95%- no nuevos ricos recién salidos de Getafe, como Raúl. Por todas estas razones creo que los chicos respetarán a este entrenador más que a nadie y que jugarán como los ángeles bajo su turulo, perdón, batuta. *No piensen que soy hombre de mundo. Estuve sólo una noche y borracho como una prea.

Las cosas del Amo
Nuestro amo, José María Aznar, ayer se levantó despeinado, con babas secas en los labios y ganas de mear. El Hombre evacuaría lo antes posible, desayunaría unos Frosties, una pera y un café con leche mientras echaba un ojo a la prensa del día. Le contó unos chistes sobre la Comunidad de Madrid y lo bien que le van las cosas en ése, su golpe de mano más maquiávelico hasta la fecha a su mayordomo -instruido éste en su profesión por la GPU Siberiana del ejército soviético para aguantar semejante tortura día a día- y se metería en la ducha no sin antes comprobar en el espejo el estado de su barriga, no vaya a ser que algún periodista ponga de manifiesto sus kilitos de más y se dude de su capacidad para alcanzar velocidades de 14 metros por segundo (creo recordar que así era, más o menos).

"¿Y si me suicido para que me quieran como a Kurt Cobain?" Afeitado y peinado, mientras Nuestro Guía se pone la camisa, clava la mirada en sus propios ojos reflejados en el espejo. "Ahí voy Europa, hoy será un día histórico, menuda intervención me voy a marcar... ya veo los párrafos en los libros de Historia dentro de veinte años..." Antes de subirse al helicóptero que le lleva a Barajas, una llamada al móvil de su guía espiritual le da los últimos ánimos: "Oye, que ya me han contado lo que vas a decir, ánimo eh! Que lo vas a hacer muy bien. En Roma están muy contentos". Y según arranca el aparato, le dicen adiós sus hijos y su asesor de imagen le muestra el pulgar y le guiña un ojo. ¡A por todas!

Más o menos en estas circunstancias se plantó ayer Aznar en Grecia. Los líderes europeos andan ladrándose unos a otros elaborando una Constitución para la Unión. Precisamente en un momento tan crítico como éste en el que el papel internacional europeo ha quedado relegado al de una comparsa de muertos de hambre a los que les parece muy mal lo que le hace su primo de Zumosol, EEUU, pero que se apresuran como buitres en apoderarse de los restos de los cadáveres que va dejando en su política inter(multi)nacional.

Por otro lado, lo que ha fundamentado la estructura de los países europeos desde la caída de Aznar I en 1945, el estado del bienestar, se está pasando peligrosamente de moda -peligrosamente más que nada para todas esas familias que empiezan a no llegar a fin de mes y las que te rondaré morena- Cuando la demencia del déficit cero goza de mayor popularidad -ya sabe, esa idea de pasarse

la última semana del mes sin comer y cenando pipas para no usar la tarjeta de crédito con el fin de empezar el mes siguiente con "déficit cero"En unos tiempos en los que predonina la idea de que los países son empresas y lo que necesitan es un buen gestor, que los mejores políticos son los buenos empresarios, que es lo mismo que afirmar que el teatro es un espectáculo y como tal, los mejores actores y artistas son las mujeres con las tetas más grandes. En esta Europa en la que anda la gente quemándose a lo bonzo por no sé qué movida, en la que hay Comunidades como la de Madrid donde aumenta la criminalidad pero nuestro fashion déficit cero nos quita 6.000 policías para equilibrar las cuentas. Es en esta Europa es en la que piensa Aznar todos los días cuando se levanta para ver amanecer; observa el horizonte, las nubes y los rayos rosados del primer sol de la mañana pensando qué puede hacer un personaje histórico como él para mejorar el futuro de sus conciudadanos, de sus hermanos de destino universal.

"¡¡¡¿¿Qué me dices??!!! ¿¿que tú no apelas a la responsabilidad??"

Y lo que se le ha ocurrido lo ha enunciado con firmeza, apelando a la responsabilidad y toda esa serie de adjetivos que repite el muchacho hasta la más puta saciedad. Es lo siguiente: "considero insuficiente el reflejo de la herencia cristiana en la Constitución" ¡¡Ole tus cojones Don José María!! ¿Está tu estrategia coordinada con los que han hecho el trabajo sucio de blindar las fronteras a los inmigrantes y la hambruna? ¿Quieres recordar a los que ya se han colado que ésta no es una tierra de moros de mierda, que aquí somos cristianos, monjes y guerreros, como decía José Antonio?

Sea como sea, Chema, cabrón, ¿qué hacemos con todos los ciudadanos que piensan que Europa despegó según se iba desvinculando progresivamente de la religión? ¿Y con toda esa gente que cree que Religión y Estado son dos cosas bien diferentes? Te recomiendo, que creo que aún estás a tiempo, que en el telediario de Antena 3 de hoy les digas (con firmeza y responsabilidad, por supuesto) "Irresponsables" ¿Cómo se le puede ocurrir pensar a alguien que no existe ni la más mínima necesidad de dotar a una constitución de un origen cristiano? ¿Quién es el cretino que hoy en día no necesita que le indiquen claramente cuál es su identidad? ¿No se dan cuenta las hordas ácratas y ateas de que la identidad no es algo individual, que es un ente que debe definir una comunidad con el fin de darle un uso práctico a la hora de eliminar minorías y acabar con esa mariconada de la pluralidad?

Cómo está el mundo, Chemix, ¿Verdad? Lo has hecho muy bien y nos has dejado deslumbrados. Te animo a que vayas más allá. Primero: Demuestra que el Real Madrid

es el club que más simpatías despierta en Europa a la par de ser el mejor club del mundo y oblígales a esos putos guiris a incluir eso también en la Constitución. Los Europeos reconocen que el R.Madrid es el más noble y bélico adalid como ha quedado demostrado en la Champiñones en repetidas ocasiones. Y como colofón. Segundo: pilla las listas de ventas de música en Europa y pon sobre la mesa que los Bee Gees son el grupo que más ha vendido en la historia y que, aunque sean australianos, todo europeo lleva un Bee Gee dentro por decreto. Al menos, danos ese consuelo a los ateos.

El vocero
Seguro que alguna vez en el colegio os habeis visto metidos en una situación como ésta: el profesor de gimnasia os manda recoger los balones tras la clase y meterlos en el bolsón de redecilla. Cuando ya te quedan pocos viene el repetidor y le pega una patada de la virgen al bolsón y los desperdiga de nuevo. Tú le dices: "¿No me tires los balones!" y él te contesta a la velocidad del rayo: "¡A lo que me voy a tirar es a tu madre!". Entonces toda la clase se descojona en tu cara, entre ellos tus amigos, y cierto personaje, a menudo ligeramente obeso, con gafas rectangulares y un aparato dental como el nudo ferroviario de Venta de Baños (Palencia), grita: "¡Hala qué palo, hala qué palo!" o, si es un colegio público: (Cual juez de tenis o frutero) "Paloooooooo, paloooooooo". Toda esa escandalera por haber sido víctima de una respuesta ingeniosa que te ridiculiza. Me estoy refiriendo a ese tipo de ser que sobre sus hombros descansaba el peso de todos los dichos o frasecillas populares que podían surgir en la comunidad de 30 personas que era una clase a modo de repetirlas inclementemente las 24 horas del día. Ese puto pesado que siempre acompañaba a la enfermería, alarmado, en actitud de bombero salvador, al compañero que diariamente, a las 11:25, sangraba por la nariz y luego te lo contaba por activa y por pasiva con todo lujo de detalles como si de un informe de operaciones militares se tratara. Hablo de ese puto capullo que repetía a voces todos las putas tonterías que salían de la tele. En mis tiempos: muy especialmente el "A jugaaaaaaaar" de Joaquín Prat (D.E.P.) del Precio Justo cuando alguien salía a la tarima, cuando tocaba el timbre después de cada clase, cuando se masturbaba en su casa (me imagino). Que luego se renovó por el "qué mala zuerte" del puto Arús (Ni puta gracia me hacía a mi este hombre) y, finalmente, se refugió en la gran masa de imitadores de

Chiquito de la Calzada (menos gracia aún me hacía este buen señor). Ese tipo que cuando discutías con él sobre algo siempre era en estos términos: -Tú: Tio, déjame en paz, no me interesan tus chistes -Él: (A grito pelao y mirando al resto de gente) HALA DICE QUE TIO DEJAME EN PAZ NO ME INTERESAN TUS CHISTES, JAS, JAS, JAS -Tú: Joder, paso de ti, déjame -Él: (idem) HALA DICE QUE JODER PASO DE TI DEJAME, JAS, JAS, JAS -Tú: Jooooder, qué cruz contigo -Él: (idem) HALA DICE QUE JODER QUÉ CRUZ CONTIGO, JAS, JAS, JAS -Tú: ¡No repitas lo que digo! -Él: (idem) HALA DICE QUE NO REPITAS LO QUE DIGO, JAS, JAS, JAS -Tú:(idem) ¡¡Socorrooooooo!! -Él:(idem) HALA DICE QUE SOCOROOOOOO, JAS, JAS, JAS Llegados a este punto, me preguto -y en torno a esto gira todo el texto- ¿Es esta clase de gente la que conforma la redacción del MARCA? Hoy la noticia era: El Madrid se interesa por Ayala -dicho de un modo aséptico- y la primera página era: AYALA. Y porque hace calor, que si no sería: AYALAZO con letras del tamaño de la cabeza de un niño. Constantemente se repite este patrón. La noticia gira en torno a una idea primaria y básica. P.EJ: Raúl lo ve fácil contra el San Cristo. La plana es "FÁCIL" en fosforito, cuaerpo nueve millones, subrayado, negrita y cursiva. Me pregunto yo cuál será la aportación que esto puede suponer al que le interesa la información deportiva. Leerse este periódico en la barra del bar no lo veo mal, de hecho, las barras de bar son un fuero que otorgan el derecho a cada hombre de hacer lo que le plazca sin ser preguntado por ello. Pero ¿gastarse un céntimo en esta puta mierda es normal?

Pues es el periódico más vendido de España. Con lo que una actitud como la del cerdo del que antes he hablado se ve recompensada en la vida con el éxito profesional y económico. Ser así da sus frutos en este mundo. Cuando la sociedad debería arrojar a esta gente en cubos de basura por el barranco más cercano, resulta que pone en sus manos algo tan sagrado como la información balompédica. Pues así está la vida de dura. Luego dicen que si Hitler no sé qué, que si Hitler no sé cuántos.

Que alguien me ayude
Lugar: El Ejcalibur: una discoteca madrileña de heavy metal que se encuentra ubicada nada más y nada menos que en el corazón de Vallecas. Es frecuentada mayoritariamente por personas de religión "heavy metal", pero siempre hay un pequeño número de almas cándidas que sólo se acercan a semejante lugar por su carácter "after". Este tipo de personas suele basar su diversión en susodicho lugar en ocupar el centro de la pista y bailar hasta la más extrema postura imposible al son de himnos como son el escorpionsiano "lof yiu laik an jurricain", el "painquiler" de los yudas y alcanzar el éxtasis a brincos si el grupo es español y la canción es, por ejemplo, "Mas que una intención" de Asfalto. Hechos: En tan incomparable marco, el que suscribe perpetró en la mañana del domingo una invención malévola de la cual se muestra orgulloso. El invento en cuestión fue denominado "El punteo con la polla", es un paso de baile que se ejecuta sacándose la polla y simulando tocar un virtuso punteo sobre ella. Tengo que añadir que si bien lo de mostrar los genitales en público es una costumbre muy arraigada en la zona de Galicia en la que me eduqué como alcohólico, no suelo practicarla en el Madrid urbano con mucha frecuencia. También tengo que aclarar que todo se debió a que, dada la prominencia alcanzada por mi bajo vientre durante los últimos meses a causa de una tendencia casual a empinar el codo más de la cuenta, tengo que salir de casa con el primer botón del pantalón desabrochado. Sin duda esta circunstancia que facilitaba el acceso de mis extremidades superiores a mis genitales fue la principal causa del desastre, aunque eso no me exime de culpa en absoluto.

¡¡¡Hostiaputatronco la que monté ayer!!! Ruegos: En cualquier caso, la bella estampa navideña de un individuo en edad adulta con la espalda arqueada hacia atrás, moviendo la cabeza con histeria y, lo más importante, -porque hasta aquí hay muchos seres en estas circunstancias en el Ejcalibur- con la polla fuera y utlizando ésta a modo de guitarra, causó sensación entre los mios. Tanta que uno de mis acompañantes, también en unas condiciones que válgame dios... evolucionó esta nueva tendencia artística englobada en la rama de la danza, con un esperpético trote en el cuál mostraba exclusivamente uno solo de los dos testículos con los que nace un ser humano de cromosomas XY. Desde aquí, hago un llamamiento a las masas de la piel de toro a ver si conocen a algún individuo que ya haya ideado estos bailes en un lugar similar al ejcalibur sólo por el asunto de pedir la patente respetando la legalidad y la propiedad intelectual. Asimismo, también es oportuno realizar un

llamamiento a los inventores del país para que ideen en ésta, una nación bastante alcóholica, un método por el cual el hombre, cuando su nivel de alcohol por litro de sangre alcanza un nivel considerable, pueda orinar al tiempo que le sea imposible acceder con las manos a sus genitales. Sé de mucha gente que lo agradecería, gente que se encuentra peor que los que sufren las almorranas en silencio, gente que no os podéis hacer idea de a qué clase de lunes se tiene que enfrentar, qué tortura es conforme se suceden las primeras horas del inicio de la semana y uno siente como puñaladas en el corazón cada recuerdo del fin de semana que aparece fugazmente en su cerebelo. ¡Ayuda! por Dios.

¡¡¡FELICIDADES A TODOS Y PRÓSPERO AÑO 43!!!!
Se acumulan tantas felicitaciones estos días que no sabe uno ni por donde empezar, así que lo haremos por orden de abolengo ¡Felicidades Principito! El segundo de todos los españoles anuncia su boda con una plebeya, imagino que para depurar un poco la sangre que ya tocaba. Puestos a elegir, si tenía que ser Leticia y divorciada, hubiera preferido a Leticia Sabater, pero es que mi trasnochado y sanguinario republicanismo "progre" me impide ver la realidad de forma no sesgada -Atención todos al eufemismo "progre", ya sé que tiene más años que la abuela de Tarzán, pero mis muy muy muy queridísimos autores de la web Libertad Digital lo están volviendo a poner de moda, ya que si pones directamente "rojo" tres veces en cada párrafo que escribes lo mismo das un poco el cante. Comentaban las señoritas de mi trabajo muy animandamente a la hora del café que si llegan a saber que se iba a casar con una cualquiera habrían estudiado periodismo, que seguro que está practicando delante del espejo con una corona del Burger King, etc... se piensan estas mujeres sofisticadas y dinámicas de hoy que el resto de las féminas son como ellas. Felicidades también a ese maestro de literatura que va a poder esgrimir con orgullo hasta el día que fallezca en extrañas circunstancias ese hispanísimo, españolazo e ibericón "yo me la tiré" ¡Bien por ti, colega! Sólo tu sabrás las guarrerías que te hizo la Reina de España. ¡Felicidades ex-maoista navarro Urdazi!!! porque haber tenido bajo tus órdenes a la futura Reina de España lo

mismo te templa un poco ¡Felicidades Lehendakari Ibarretxe! por haber obtenido el don divino de la omnipresencia. Dos horas que dediqué el fin de semana a leer el periódico y todos sus anexos y colindantes del domingo y ya sé hasta con qué mano te la machacas. Enhorabuena por tu plan; tan sobado, tan manido, tan falto de sentido práctico y tan destinado al enfrentamiento que sigue la tradición más pura del ideario de tu partido. Me pregunto yo si no se podrá defender la secesión de España con ideas coherentes. A mi se me ocurren unas cuantas ¡y soy de Madrid! Pero me contesto, como si fuese tonto, que lo de esta peña consiste en pedir sin pedir nada para obtener el beneficio máximo y el perjuicio cero con el fin de situarse algún día en la más pura expresión del abuso. Me la sudaría de no ser porque cuando me levanto y meo, veo aznarines e ibarretxes en la espumilla del WC; cuando miro a la cara de la gente que, como yo, viaja en la EMT, veo aznarines e ibarretxes; cuando desayuno un café, veo en él aznarines e ibarretxes y así hasta la extenuación. Sólo me queda por decir que, una vez leído el plan (atención amigos de Euskal Herria que me escribís. SÍ lo he leído, SÍ puedo criticarlo) compuesto por cuatro vaguedades plasmadas en cuatro hojas y viendo lo que tardó el amigo en redactarlo con la ayuda, encima, de grandes personalidades de la cultura y de las letras y el derecho y patatín y patatán de Euskal Herria, creo que ya es hora de exigir máquinas de fichar en los centros de trabajo de los representantes políticos del Estado y Estada de Todos y Todas y Todes (éste último pronombr@ va por las mascotas, que también son de dios)

¿Con cuál te la machacas? ¿Con ésta también? ¡Hostia! A ver si vamos a ser primos ¡¡Feliz año 43 a todos!! Sí, estamos en el año 43 D.D. (Después de Diego Armando Maradona) El 30 de Octubre fue la Noche Vieja de la Iglesia Maradoniana, y como adscrito espiritualmente a tan respetable secta, lo celebré como él manda y como no voy a relatar aquí. Nunca podré olvidar aquel verano del 86. La silueta de dos heroes infantiles se dibujaba en el horizonte. De un lado: Diego Armando Maradona; del otro: Emilio Butragueño. Yo opté por el primero sin dudarlo, importándome una mierda el Real Madrid y mi país. Luego, conforme pasaban los años, según la prensa narraba las hazañas de uno y de otro, supe que había elegido bien porque mi vida se parecía bastante más a la de Diego que a la del puto enano blancuzco y opusino que es El Buitre. Ni que decir tiene que casi me da algo cuando Diego va y recala en el equipo que más quiero a principios de los noventa con su media melena rizada centroeuropa 80s style* y sembrando el caos en todo el país. ¡Dale Diego! ¡La efedrina no es dopante! ¡FIFA Puta! ¡¡¡Felicidades pueblo de Madrid!!! que ante el super escándalo o sea del transfuguismo ¿sabes? han castigado a la víctima y premiado al verdugo ¡bieeeen!

¡¡¡Felicidades también a todos los espectadores que han asistido al musical de Queen!!! porque tienen que tener los cojones más gordos que los cerdos de Almendralejo Y... ¡¡¡Felicidades Ramón García!!! por tu nuevo programa, cada vez está más cerca el día en que, formando perfectas hileras, recibamos el soma de tus propias manos. *Me he quedado flipado. Según edito y termino esto, me voy a leer el correo y encuentro un espamcilyo de Viruete en Telebasura donde me topo de bruces con esta maravilla. Pues nada, todo lo que usted siempre quiso saber sobre el peinado con más feromonas de la historia en la página Única y Verdadera: Viruete.com

La Lagartija
Cómo atraparlas: técnicas de caza / Cría en cautividad: ¿cómo se lo digo a mi madre? / Alimentación común y Nouvelle Cousine: mis mejores recetas / Decorando el terrario: ¿Piedra o Ladrillo? / El primer amor: "oh, oh, creo que está embarazada" / Sus peores enemigos: plantando cara al chulito del barrio Los niños que pasan largas temporadas en soledad antes de enrolarse en la pandilla de macarras de su barrio comienzan a manifestar enseguida una serie de síntomas tales como hablar solos, inventar personas ficticias o muy especialmente, el tema que nos ocupa, desarrollar aficiones extrañas. Yo fui uno de esos niños solitarios y ante la imposibilidad de tener un perro o un gato, me dio por criar bichos de toda índole. La manutención de un insecto, por ejemplo, seguida de un estudio visual diario de su conducta era para mi una actividad de lo más entretenida y apasionante. Y dirá usted: eso lo hemos hecho todos, todos hemos criado gusanos de seda. Sí, no te falta razón -te contestaré- pero los gusanos de seda, los coges y te los metes por el culo porque son una puta mariconada, y no por el apelativo "de seda" que también, sino porque el echarle hojas de morera que tragar a unos seres que podrían sobrevivir en el mismísimo núcleo interno del Sol, tiene la misma gracia que jugar al Out Run con tiempo infinito (créanme, lo he probado y no mola nada, a no ser que te guste conducir como al payaso del anuncio de Audi) En aquellos "maravillosos" años pasó por mi hogar la pirámide alimenticia comprendida entre la lombriz y el mirlo especie por especie. Ni que decir tiene que, como los grupos de rock and roll, unos bichos son apasionantes, la mayoría un coñazo y algunos una puta mierda. Por ejemplo, la lombriz, en un cubo de estos de playa, con una cantidad de tierra mantenida equilibradamente húmeda, podía sobrevivir lo que quisiera si ibas cambiando la tierra y tal, pero la mayor parte del tiempo lo pasaba oculta en sus galerías y no la veías ni-de-coña ¿Dónde está la gracia? El asunto podría ser toda una experiencia de tener una especie de hormiguero artificial de cristal de esos que sólo salen en los libros de sociales, pero en esta disciplina urbana hay que partir de la base de que sólo te puedes arreglar con los trastos de tu casa y librando cada día una lucha encarnizada con ese demonio satánico y maligno que es tu madre que te puede tirar el asunto a la basura en menos que canta un gallo amparándose en la más sucia traición y con las peores artes. A la caza

Como es lógico, el primer paso para criar lagartijas en cautividad es arrebatarles vilmente la libertad. Para ello, se puede uno hacer muchas pajas mentales, como veremos más adelante, pero sólo hay una premisa que yo considere indispensable: llevarse un bote. A partir de aquí, que cada uno haga lo que le salga de la polla. Sí es cierto, por otra parte, que es muy recomendable el uso de un calzado adecuado. En mis tiempos mozos, la veda de la lagartija se abría en la temporada estival, tiempo en el que uno iba ataviado con su bañador y unas chancletas pues pasaba la mitad del día con el culo metido en la piscina. Como mi principal coto de caza era un descampado cercano, hago especial hincapié en lo del calzado porque en numerosas ocasiones fui en chanclas y volví, en chanclas también, pero sangrando y, muy probablemente, con mutaciones en el ADN de mis células madre, porque eran los ochenta -¡hoy es el futuro, nena!- y aquello estaba cubierto de un tupido manto de cristales de litrona y bucólicas chutas de caballo. Mis técnicas personales y autodidactas de caza no llenarían muchos minutos en Jara y Sedal. Consistían básicamente en acecho, paciencia y manotazo. Que consiste en localizar al reptil en su grieta o agujero, quedarse quieto como una puta aguantando la respiración esperando a que salga confiado y, cuando está a tiro, atraparle con la palma de la mano en un movimiento que exigía una concentración y una pericia de talante guerrero, por lo menos, oriental. Porque la mano tenía que ir rápida y blandita, para no aplastarlas, que me ocurrió más de una vez. Por de pronto, decir que todas se cagaban en el violento lance.

En la imagen, uno de los peligros que, cual Indiana Jones de la vida, deberá sortear el cazador de lagartijas urbano Pero hasta en un mundo tan marginal como la caza de lagartijas en descampados de extrarradio, había quién te intentaba epatar con sus inventos. En una ocasión, atisbé en la lejanía a un muchacho solitario. Éste se fue acercando lentamente hasta que, en mi puta chepa, me preguntó qué hacía. Le expliqué el asunto y el hombre trató torpemente de imitarme. Este interfecto también era un muchacho solitario, pero con más razones que yo, el acababa de llegar de Yugoslavia. Desgraciadamente, se hizo mi amigo y le tuve que aguantar yo las horas que no estaba con su madre, pero al menos, me dejó divertidos recuerdos. En especial uno que me dejó maravillado. Como mi a eslavo compañero le pesaba un poco el culo a la hora de adoptar posturas imposibles sobre la expectoración sangrienta de un yoni y una lavadora oxidada, el muy cerebrín se inventó un arma para la caza de la lagartija. Un día me vino con un pequeño maletín de madera en cuyo interior había una cerbatana, que no era otra cosa que un puto tubo de hierro que había encontrado el día anterior en el descampado. De todas formas, eran dignas de elogio las flechas que había fabricado artesanalmente con plastelina, celofán, corcho y un alfiler. En un principio, el invento me dejó maravillado, pero en la práctica, eso era más inofensivo que los rifles polacos del s.XIX que le vendieron a Negrín en el 38. En toda una tarde que estuvo el buen hombre chuflando del artefacto sólo consiguió clavarle una flecha a una lagartija que no sólo no se inmutó, sino que se desprendió del alfiler con un movimiento tan leve como el que quita la caspa de la hombrera. Aprendimos la lección aquel día de que para perforar la piel de un reptil con un alfiler hace falta una detonación mayor a la que puede ofrecer el pulmón de un niño de ocho años. Mi relación con este chico fue a más, pero poco más. Se cortó años más tarde cuando su madre le pidió a la mía dinero para no sé qué movidas de victimas de la guerra de Yugoslavia (eran Croatas) y mi madre pasó de ella olímpicamente. Para concluir, añadir que también te podías ayudar de un palo para sacarlas de sus grietas. A lo largo de mi carrera, he visto como se las reducía con tirachinas, tiragüitos e, incluso, con escopetas de aire comprimido. Muy entretenido, supongo, pero a mi nunca me ha gustado matarlas. Y no por ecologista, que animales he matado a patadas unos cuantos cientos a lo largo de mi vida, sino porque, quizá, yo tenía una visión más compleja e ilustrada de la relación ser humano-lagartija que los paletos de mi barrio y los paletos de mi pueblo. En cautividad Una vez en casa, si conseguimos que nuestra madre trague con el asunto, lo primero que hay que hacer es darle un hogar a nuestra huésped-víctima. Para esto hay

que tener en cuenta un factor muy importante: La lagartija, para comer, necesita calentar su sangre con los rayos del sol, por lo que no nos vale una caja de zapatos con agujeros en la tapa. A priori, necesitamos paredes de cristal, por lo que una pecera normal y corriente vale de maravilla. Aunque la lagartija que más me duró a mi, Cleopatra se llamaba, vivió cómodamente en un tarro de miel de ocho kilos de capacidad que le regalaron a mis viejos no sé donde. Por otra parte, el único mueble que necesitan en su hogar es una piedra bajo la que resguardarse, por lo que podemos pillar cualquier canto o bien, si nos ponemos pijillos, ir al IKEA de las lagartijas, que en castellano se llama obra, y hacerse con un ladrillo, el cual arrojaremos contra un muro, pared o suelo hasta que alguno de sus pedazos adopte la forma que nos convenga. Podemos realizar esta operación cuantas veces queramos pero teniendo en cuenta que la sustracción de ladrillos en las obras españolas -al menos en mis tiempos- está penada con una hostia contante y, sobre todo, sonante, en la cara del infractor por parte de un señor trabajador de la construcción, que además de dejarle a uno pitando los oídos, le puede ocasionar una brecha de siete puntos en el moflete por la abrupta aspereza que normalmente caracteriza la palma de la mano de los obreros españoles. Alimento para mi campeona En las múltiples conferencias que he dado sobre este tema a lo largo de mi vida, siempre he dicho que lo verdaderamente jodido empieza cuando ya tienes a la bicha enfrascada en tu habitación muerta de risa. Alimentar y mantener vivo a un ser tan frágil y delicado como una lagartija es una tarea laboriosa de cojones tirando a de la hostia. En primer lugar, necesitamos un flexo, porque lo de los rayos de sol, si tienes una terraza orientada a la puta sombra eterna, como me pasaba a mi, no funciona demasiado bien. Por eso , lo suyo es acercarle un flexo, que salga de su madriguera, se sitúe sobre la piedra o ladrillo y, una vez espabilada con el calorcito de la bombilla, empiece a sacar la lengua. En ese momento le echaríamos la comida y, sin lugar a dudas, ella se la zampará rápidamente. Pero ¿qué le damos de comer? esto es complicado. En lo que respecta a mi experiencia personal, yo bajaba a los jardines y descampados del barrio y pillaba una buena cantidad de hormigas. Mi campeona se las tragaba como si fuese un aspirador, daba gloria verla. Ahora bien, había un compañero del cole que me aseguraba que a él sus lagartijas le comían trocitos de carne cruda ¿sería verdad? probé unas cuantas veces y ni se acercaban así que no sé, pero sí sé que es necesario añadir en este contexto que este individuo aseguraba que, cuando iba a Galicia con sus padres de vacaciones, había un puente que tenían que cruzar dominado por una torre en la cual había un loco con un M-16 que disparaba a todos los coches

que pasaban, de forma que su padre tenía que esquivar las ráfagas haciento trompos y la de Dios es Cristo, por lo que cabe una posibilidad de que lo de los trocitos de carne sea una jodida mentira podrida y sarnosa. Alimentar a nuestra campeona es seguramente lo más emocionante del hecho de criarla en cautividad. Especialmente, es todo un espectáculo verla cazar una mosca y engullirla de un bocado o, la madre del cordero, asistir al enfrentamiento con un cortapichas con posterior deglución violenta del mismo. Juro por dios que eso es más emocionante que ver como tu hijo da su primer paso, dice su primera palabra o se caga por primera vez en esa alfombra de 1.200 euros que estás pagando a plazos como un gilipollas sofisticado de hoy en día tonto del culo. Pero tampoco es oro todo lo que reluce, en una ocasión introduje un cortapichas negro bastante grande –sería otra especie superior- totalmente convencido de que iba a presenciar un combate trepidante y el muy cabrón, no sólo la mató en un plisplás, sino que ocupó su morada y se alimentó de ella durante meses. Fiel a las leyes de la naturaleza, dejé que ocupara el tarro y le llamé "Charli" le alimenté con trozos de fruta y moscas hasta que un día apareció seco, como apareceremos todos. Era un cabrón que me mató una lagartija, pero todos mis respetos hacia él allá donde esté. En este sentido drámatico, recuerdo la desgraciada visita de mis primos durante unas vacaciones de Navidad. Los muy cabrones querían jugar al ordenador como fuera y en mi habitación sólo había un enchufe por lo que fui obligado por Herr Mi Madre a sacar a la terraza el terrario y renunciar al único enchufe en el que podía poner mi flexo para darla de comer. Así pereció mi Cleopatra, semicongelada mientras, tras la ventana, dos hijos de Satán se lo pasaban en grande con el Ikari Warriors. La reproducción No nos vamos a engañar, que las lagartijas se reproduzcan en cautividad es más jodido que teletransportarse de un lugar a otro. Al menos, en la cautividad de una pecera con tierra y un trozo de ladrillo en un séptimo piso. Se supone que para distinguir los machos de las hembras, hay que fijarse en el tamaño y en la cabeza. La verdad es que yo en mi vida he visto dos lagartijas iguales y, además, las muy perras no llevan DNI con lo que es imposible saber su edad y, por tanto, establecer criterios lógicos respecto a su tamaño. El caso es que no hay dios que las haga reproducirse en casa. De todas formas, yo una vez cogí una embarazada, la chica puso sus huevos y estos se secaron al sol, sin más. Lo cual no quita que yo haya asistido a ese elevado momento como es la reproducción entre reptiles coleópteros; resulta que en mi pueblo a mi tio se le puso un día en los cojones que toda lagartija que viese en la era la subiría a nuestro palomar-gallinero, que no es más que una excepcional ruina de adobe y madera carcomida

que se puede desmoronar sobre nuestras cabezas cualquier día, pudiendo ser ese día dentro de cinco minutos tranquilamente. Pero dejando de lado los riesgos inherentes a la condición humana ibérica, no puedo sino estar orgulloso de la mancomunidad de lagartijas que tenemos ahí montada. Al final de la primavera, empiezan a correr y a procrear en los ladrillos de adobe más románticos y en verano da gloria ver la cantidad de crías que corretean inocentes ante la aburrida mirada de nuestra perra. La extinción En mi barrio ya no se ve una lagartija ni por casualidad. En un afán científico he tratado de averiguar el porqué y sólo se me ocurren dos hipótesis: A/ "Los Chismosos Horrorosos": El nombre con el que Hommer denomina a sus cuñadas le viene al pelo a una pareja de hermanos, chico-chica, con los que desgraciadamente compartí esta afición. Recuerdo como aparecieron sus siluetas en el horizonte del mismo modo que hizo el yugoslavo en su día y que, desde ese momento, tuve que sufrir su existencia durante años. En nuestra primera toma de contacto venían acompañados de una bestia zafia con la intención de meterse conmigo, de putearme un poco. Yo estaba cogiendo hormigas para mis campeonas y, tras unas preguntillas, empezaron a joderme con el: ¿te gustaría que te cogiera un gigante y te metiera en una jaula con un reptil hambriento? Me intentaron arrebatar mi tarrito y protagonizamos un tragicómico episodio violento que concluyó con una pérdida de volumen capilar importante por mi parte, las dos guarras llorando como dos putas perras y el enano zumbón intentando hacer karate unos metros más allá -En la actualidad, el enano programa ordenadores, su hermana es cajera del Carrefour y la chusquera que les dirigía juro por dios que es lesbiana y está liada con un monstruo de siete colas que limpia escaleras y, al menos a mediados de los noventa, lo hacía escuchando Parchís, doy fe- De aquel día sólo pudo nacer una bella amistad. Los dos hermanos, que no tendrían una vida muy apasionante, abandonaron a sus compañeras de comba a merced de la protolesbiana y se venían todos los días a verme a mi coger bichos, en un principio, y a cogerlos ellos al poco tiempo. La motivación podía ser originada por un complejo de monoimitamonos, por la puta novedad o por, el motivo real, ganas de ser más. Y es que si algo les hacía felices a estos dos era haber cogido al cabo del día más lagartijas que yo, de hecho, el puto enano zumbón se convirtió en una puta máquina adiestrada para localizar y exterminar lagartijas. No bromeo, en el tiempo que yo cogía una y un puñadito de hormigas, estos dos hijos de primos se hacían con por lo menos siete u ocho. Además, les daban besos, les ponían nombres ultragays -recuerdo uno: Chivín- y, sinceramente, creo que fueron el motivo por el cual dejé la caza por una pelota de balompié y me fui a las canchas de

fútbol del barrio donde fui introducido en el mundo del jembi y de la dronga por unos chicos que ahora alicatan váteres. Así que, pues eso, no me extrañaría que esos dos cabrones acabaran con toda la fauna de reptiles del distrito. B/ Las salamanquesas: Lagartijas no se ven, pero salamanquesas hay a puñados. En recaídas que he sufrido me he acercado a ver si me hacía con alguna lagartija, pero cual era mi sorpresa que lo único que había eran unos bichos con pinchos en la piel, ventosas en los dedos y ojos de buey. En un principio pensé que sería trepidante la manutención de una salamanquesa, pero es bastante complicado, al menos para mi. Como en la ciudad cazan por la noche a la luz de las farolas, simular este hábitat en un pisito es bastante complicado. Lo comprobé porque cuando les ponía el flexo, en lugar de salir a calentarse, como las lagartijas, se escondían debajo de la piedra con cara de sofoco. Nunca logré hacer nada práctico con ellas y su abundancia me ha terminado dando nauseas. Lo mejor que me han dado fue ver como un gato despedazaba una por motu propio y una descarga de adrenalina tipo puenting un día que encendí un mechero en una grieta a ver si cazaba alguna y me encontré a dos palmos de mi cara una rata con dos incisivos de un par de centímetros colgando de su boca. Aún me da escalofríos y, eso, que quizá las salamanquesas hayan desplazado a las lagartijas de su zona. MODA REPTIL: Lagartija (Fig. Izq) La lagartija entiende la vida como algo trágico y doloros por eso porta una gótica manicura de postizos largos y puntiagudos, asimismo, en lo más profundo de su corazón luce la tibia luz de la poesía y el amor, pues sus ojos, de oscuro y opaco rimmel, dotan su alma de una profundidad espiritual muy intensa. Escucha The Cure y New Order en la intimidad y U2 con los amigos y de sport. Salamanquesa (Fig. Der.) La salamanquesa se abriga con una gruesa capa de piel que le hace invulnerable. Su manicura redondeada y de formas curvas se adapta a todas las superficies conformando el reptil del siglo XXI: joven, dinámico, sofisticado y ambicioso. No se detiene ante nada, el mundo es suyo. Cuando hace tríos, pone Massive Attack, pero para conducir su A3, se relaja con Bossa Nova.

El último escalafón del guerrero Pero cuando uno se hace adulto, cuando uno empieza a contemplar los atardeceres otoñales con el ceño fruncido y la vista perdida en el horizonte, ya no puede andar cogiendo lagartijas por la calle como un retrasado mental. Hay que afrontar nuevos retos y uno de ellos es el de los lagartos a secas. Mi abuelo me enseñó dos cosas en la vida: a hacer

carreras de caracoles y a cazar lagartos. Sobre los primeros, decir que lo único que adquirí fue un dilema moral sobre si abandonar o no a mi abuelo a su suerte e irme a jugar por ahí cuando éste me invitaba a presenciar una carrera de caracoles quedándose él dormido en el acto y los caracoles recorriendo caminos azarosos cada uno en una dirección. Pero como quién no es afortunado en el juego, folla mucho -o algo así- ya se sabe, quién no controla de caracoles, arrasa con los lagartos -afirmo yoporque la técnica que me enseñó para su caza era efectiva como una Bomba H. Consistía pasear por el campo, localizar alguno y perseguirle hasta su agujero. En ese momento, nos quitamos el cordón del zapato y hacemos un lazo sin anudar del todo, lo situamos en la boca del agujero por el que se ha metido y, con los brazos extendidos con un extremo del cordón en cada mano esperamos a que el lagarto asome el cabezón. En ese momento ¡zas! tiramos con fuerza y ahí le tenemos, cogido por el cuello con nuestro lazo mortal. Tengo que decir, que si eres un niño de ciudad acojona un poco coger a un bicho de dos palmos de largo con cara de demonio, pero su manutención es de lo más entretenida. Mi tío les daba huevos de codorniz y agua con azúcar. Posteriormente, cuando morían, llevaba su cadáver a un hormiguero y lo dejaba ahí para, a los pocos días, volver y recoger el esqueleto bien limpito y romper la monotonía decorativa de los portarretratos y las bandejas de plata de nuestras Madresfürher con un original esqueleto de reptil. ¿Pasa algo? a otros les da por morder esquinas o, lo que es peor, por la filatelia.

Injusta final de Copa
Ayer todos los españoles bienintencionados presenciamos un lamentable espectáculo que deteriora por completo la práctica del balompie en nuestro país. Un equipo, el mezquino Zaragoza, le arrebató la copa al Real Madrid mediante sucios trucos antideportivos y antifutbolísticos. Por un lado, el equipo maño se empleó con todo descaro en la manipulación del esférico con la intención de que rebasara no una, sino tres, la línea de meta madridista. Al tiempo que promovió la engañifa y el bulo en forma de fintas, regates y amagos para impedir a los blancos mantener una posesión de balón en las mismas y justas condiciones que el rival. No contentos con ello, la cúpula del Zaragoza apeló a la fe ciega de sus jugadores en la Virgen del Pilar e instigarles a perseguir la consecución de un gol terrorista "a la maña", esto es: disparar a puerta desde distancias inverosímiles con un arrebato asilvestrado típicamente aragonés, pero con el odio y la inquina belicosa del moro infiel, no es de extrañar pues, que el primero en emplear estos medios para decantar una final de lado del baturrismo meridiano fuera Nayim, un moromierda. Por lo demás, como ya anunciábamos en este weblog, el Sistema de juego Queiroz, grandes dosis de refinadas, pero intensas, sesiones de prostíbulo para toda la plantilla, han acabado con el Real Madrid luchando por varios títulos y metiendo goles muy alegres y bonitos, pero más gripao a mitad de marzo que el jodido motocarro de un afilador de cuchillos del año sententa y dos. Con lo que, desde aquí, recomendamos al Madrid que no cese el ritmo de bukkakes, pero que entrene menos, que se les ve cansados, co.

Apadrina un tertuliano
Creo que es momento para que vuelva a aparecer la solidaridad característica del pueblo español ante desgracias como terremotos e inundaciones y, todos a una, hagamos lo posible para enviar, como si fueran mantas, unos cuantos cientos de toneladas de Almax a los tertulianos de la COPE e iluminados de Libertad Digital. Lo están pasando mal.

Mamografía del estómago de Jiménez Losantos Tras observar los resultados electorales, creo que hay que felicitar con gran sinceridad al director de la campaña del PP, sin duda ha logrado un hito en la democracia, no por los resultados de su partido, sino por los de ERC, que gracias a la excepcional campaña diseñada para ellos desde Génova, han logrado multiplicar por ocho sus resultados. Si eso no es efectividad electoral, que venga dios y lo vea. En Me Tenéis Contento, por lo demás, estamos muy felices. Se preguntará el lector qué puede alegrar a un alcohólico drogadicto probablemente seropositivo -que no lo sé y me la suda- muy sospechoso de ser progre -esto es el eufemismo actual para decir "rojo de mierda". Pues me alegra enormemente que en los albores del siglo XXI nos

hemos librado de tener un presidente que se llame Mariano. España progresa hacia el futuro, señores.

EXPANHA-8013
Estimados lectores: La inmensa deuda que arrastro en los burdeles de mi comarca mas una serie de derrotas consecutivas en apuestas de peleas de perros han terminado por hundir mi economía y han puesto en peligro mi integridad física. Es por esto, que he decidido vender este espacio como propaganda electoral y paliar así mi difícil situación. He tenido suerte y me lo han comprado unos Legionarios de Cristo con los que os dejo a continuación. Gracias por vuestra paciencia. Infieles: Como sabéis, los Legionarios de Cristo estamos en línea directa con Dios, así que os ponemos con Él para que os cuente, en un comunicado en exclusiva, cómo será la España, nuestra España, del año 8013 si seguís votando lo que hay que votar. Queridos Siervos: ¿Qué tal? Soy Dios. A continuación, paso a explicaros cómo será el mundo dentro de seis mil años gracias a vuestro buen hacer en el voto, unos, y absteniéndose, otros: Alrededor de 2050 el calentamiento de la tierra derretirá los casquetes polares y desaparecerá gran parte de la superficie terrestre excepto zonas aisladas y la Meseta de Españaza. Las partes aisladas serán prácticamente inhabitables al estar contaminadas químicamente por las armas de destrucción masiva que los estadounidenses emplearon en destruir las posibles amenazas por armas de destrucción masiva que suponían moros, chinos, negros y todas esos pueblos con gobiernos malignos inherentes a

su condición de infrarazas. Los franceses serán exterminados en hornos crematorios por ateos, los ingleses se extinguirán ellos solos porque al ser tan putos cerdos que hasta tienen baños con moqueta, una peste bubónica fulminante acabará con toda vida inteligente en sus islas. Por otra parte, la nacionalidad alemana será abolida por crímenes del pasado tales como el nazismo y el techno-pop de los ochenta, siendo eliminados físicamente los que se nieguen a abandonar su nacionalidad y el resto, dado su profundo apego a la tierra y su extremada cuadratura mental, pasarán a ser denominados como Vascongados Buenos y su custodia se entregará a los españoles, que a su vez serán los encargados de gobernar el planeta Tierra. Esto se debe a que los ciudadanos de EEUU viajarán en masa a nuevos planetas habitables abandonando la Tierra y relegando el Sistema Solar a la categoría de Basurero Interestelar en el que depositarán cuidadosamente y desde una distancia prudencial toda la mierda que generen en sus planetas para no tener que volver a abandonarlos. De esta basura se alimentarán los habitantes de la Tierra, es decir, los españoles. Los únicos españoles que no habitarán la meseta serán los gallegos, que serán enviados a las tierras contaminadas. Ya que, por extrañas mutaciones sufridas, quizá, a causa de la ingesta de pescados rellenos de petróleo -modas de la antigüedad- darán mucho mal rollo al conjunto de la sociedad y aparecerá cierta desconfianza hacia ellos por parte del resto de los españoles e, incluso, del propio Partido Popular hacia el líder gallego por antonomasia: Manuel Fraga, Que, sí, seguirá vivo y coleando en el año 8013 y se sospecharán en él ciertas actitudes conspiracionistas para hacerse con el control del universo. La vida en España será apacible y buena. En mitad de la meseta, habrá un recinto cerrado por un gran muro y

vigilado por un ejército armado hasta los dientes que se llamará Madrix-764, en el cuál vivirán los afiliados al Partido Popular, los miembros de la Iglesia Católica y los empresarios. A su alrededor, habrá una vasta extensión de edificios que copiarán el modelo arquitectónico del Barrio de La Concepción (los de Qué he hecho yo para merecer esto de Almodóvar -para los que son de provincias) Se llamará Xtra-Radium-666. En cuyas casas vivirán el resto de ciudadanos. A cada hombre, se le asignará un agujero en uno de estos bloques en cuanto cumpla la mayoría de edad. Con lo que el problema de la vivienda habrá desaparecido de España para siempre gracias al buen hacer del gobierno que habéis de elegir dentro de unos días. Los ciudadanos, para pagar esta generosa aportación del Estado contraerán un crédito con los habitantes de Madrix-764 que vencerá a los trescientos años, como es seguro que no vivirán tanto tiempo, en otro alarde de generosidad, se les perdonará lo que no puedan pagar, pero a cambio trabajarán gratis toda su vida, aunque podrán comer sin pagar precio alguno el maná que caerá del cielo, es decir, la mierda que tirarán los norteamericanos desde sus Naves de La Basura Interestelares (Buryerkinx-52) Los destinos de el planeta Expanha serán regidos por El Líder, que será un candidato del Partido Popular elegido por un sorteo que sólo contará con él como participante. A los habitantes de Xtra-Radium-666, este pequeño fraude les sudará la polla porque vivirán inmersos de lleno en el mundo de la cultura, esto es el Chunchol, derivación fonética del término del siglo XX "Fútbol". La educación, de nuevo en un gran gesto de generosidad del Partido Popular, será universal e igual para todos los ciudadanos, en las numerosas escuelas que habrá en Xtra-Radium-666 los ciudadanos más inteligentes podrán estudiar y conocer setenta y tantos siglos de historia chuncholística y los más deficientes entrarán en una Formación Profesional en la que aprenderán la práctica

este deporte. Los más diestros en el juego, se enrolarán en las filas del Real Madrix, el único equipo de Chúnchol permitido en todo el planeta, que jugará competiciones contra el Real Madrix-2, el Real Madrix-3, Real Madrix-4 y así sucesivamente. Aunque siempre ganará el Real Madrix-1, para que los afiliados al PP tengan un referente claro a la hora de animar a un equipo. De todas formas, para los integrantes de estos conjuntos será una satisfacción consumir alimentos frescos ricos en proteínas y un honor tener derecho a vestir fuera del campo las ropas tradicionales de futbolista, el llamado Traxe d Maxaderox consistente en una camisa arrugada o bisbalina. La sanidad pública funcionará a las mil maravillas, ya que quedará en manos del Espíritu Santo. Eso de que un tío vea a otro tío en pelotas será considerado un barbarismo típico del pasado. La curación o no de una enfermedad quedará sujeta a los merecimientos que haya hecho esa persona para estar en la Tierra, por lo que si es ingrata, el Espíritu Santo se la llevará, con lo que también quedará resuelto automáticamente el problema de la justicia. Por otra parte, los homosexuales se podrán casar entre ellos sin ningún tipo de problema, siempre y cuando lo hagan entre un hombre homosexual y una mujer homosexual y disimulen. Si no están dispuestos, siempre podrán formar parte del clero como se ha hecho desde tiempos inmemoriales. Sólo habrá un problema en nuestro gran país, y es que nadie es perfecto. Nuestra España plural seguirá padeciendo algunas rencillas entre los pueblos que la conforman, en concreto, el pueblo vasco, que seguirá en el candelabro (antes candelero) aunque en los tiempos que corren, habrán cambiado ciertos matices de sus reivindicaciones, ya que, en el año 8000, con el fin de obtener ventajas con respecto a los que les rodean, los vascos del futuro exigirán los derechos inherentes a su

condición de españoles más españoles que nadie. Sobrarán datos históricos para argumentar sus protestas, como la repoblación de Castilla durante la Reconquista, su adhesión sin fisuras a la Corona de Castilla, idear la contrarreforma, etc.. Aunque el hecho más determinante que encabezará sus protestas serán sus dos máximas aportaciones a la instauración de la teocracia en España: El Carlismo y los Requetés. Nadie ha luchado tanto por devolver a España a los gloriosos tiempos de la Baja Edad Media como ellos, y en gran parte, tendrán razón. Pero eso no incrementará nuestras diferencias, sino al contrario. Además, en la Navydax -rito derivado de la antigua Navidad cristiana- se celebra el nacimiento de Cristo pero según el Evangelio de Pio, Pio Moa. Que establece su nacimiento en el siglo XIX y que en lugar de ser crucificado, crucificó él a toda la población en una cruzada por su bien, siempre por su bien, y para librarles del comunismo, claro está." Nota del Autor: Más triste es de robar.

Llega el tecnohombre
Hace unos días me topé con esta noticia: Los "tecnohombres" plantan ya cara a los metrosexuales: "Son hombres, son "guapos", no se depilan ni se arreglan excesivamente. Su vicio es la consola, el PC o el móvil de última generación y ya seducen, tanto o más que los metrosexuales, entre la población femenina (...) Tienen aspecto de robot, movimientos mecánicos, ojos fríos y hombros caídos" Lo de los metrosexuales es algo que he visto venir desde que era preadolescente. De hecho, no sé a qué viene tanta lata con Beckham y la metrosexualidad, cuando en los 80s los iconos sexuales y máximos exponentes de la belleza masculina eran Bon Jovi y Axl Rose, dos prohombres que además de maquillarse, se cardaban el pelo como Isabel Tocino. Pero sí es cierto que eran cantantes de rock y que vivían del espectáculo, y que algo ha pasado en nuestro fútbol si hemos pasado del Tato Abadía y Carmelo, el "Beckenbauer de la Bahía", con sus correspondientes calvas, entrecejos y recios bigotes, a Guti y Beckham, con sus "tengo cita el martes en la pelu" y esa más que probable lencería fetichista de la suerte para los partidos importantes. Pero esto de los tecnohombres me suena ya a puto cachondeo y, lo que es más triste, me acojona y me temo que será verdad. España es un país que está pegando unos cambios considerables, si hoy día una madre afirma en el mercado: mi hijo mayor es físico, el mediano es filólogo y la pequeña estudia Química; lo normal será que dé lástima y le rebajen el precio del mero. Pero si ocurre lo contrario y dice que su hijo mayor es encofrador, el mediano electricista y la pequeña fontanera, lo lógico en ese caso será imaginarse que a la entrada de su chale(t)

hay una placa de oro macizo en la que reza "Familia Martínez Pérez: OBREROS". Así que por razones como éstas, no me extrañaría que la calaña más miserable del instituto, los individuos que no servían ni para hacer deporte ni para ligar ni para emborracharse, ni tan siquiera para una actividad tan infraexistencial como escuchar y acumular discos de jevimetal, los que hoy en dían son los putos informáticos, además de llevarse la pasta y los curros, se lleven las tías y salgan en la portada de Playgirl pasándose el pulgar por el morro presumiendo de micropenia, lo más de lo más, por qué no, en un futuro cercano. Con lo que, respaldado por las dotes adivinatorias de Me Tenéis Contento en su año de existencia (El Madrid iba a arrasar con Queiroz, al igual que el PP con Rajoy) me voy a aventurar a adivinar los próximos cánones estéticos que en un fututo mojarán las bragas de esas personas humanas tan entrañables llamadas mujeres: El puretasexual: Su piel blancuzca por la ausencia total de vida bajo la luz solar, contrasta con el agradable tacto a lija industrial de la barba que malamente afeita cada ocho días con sus propias uñas. Destaca en él un gran talento para la ingestión de bebidas alcohólicas de alta graduación y una sin par y divertida mutación genética por la cual la piel de su recto es de acero inoxidable debido a una dieta basada exclusivamente en banderillas y boquerones. El chandalistasexual: Si en el año 1984 nos hubieran enseñado una foto de este tipo de sujeto, habríamos pensado que se trataba, sin lugar a dudas, del piloto de un trasbordador espacial con licencia del Gobierno Imperial de la Galaxia de Andrómeda, pero no, se trata del chandalistasexual: natural de la populosa barriada de Moratalaz, por poner un ejemplo, quizá sea un hombre agarrado a una mariconera, o una mariconera agarrada a un hombre. Él es así, especial: se pasa el fin de semana

completo en el Carrefour con su señora esposa; y con carisma: va a la boda de su hermano en un puto asco de chandal jodidamente reflectante. El jubiladodeurinariospúblicossexual: Mas todo llega en la vida y dado que los ciclos de la moda son imprevisibles, también le tiene que tocar estar en el punto de mira vaginal a uno de esos jubilados que decide gastar las pocas horas que le quedan de vida haciéndose pajas en los urinarios públicos de la estación de Atocha, embriagado por la extasiante contemplación del ir y venir de numerosos rabos descargando la acumulación urinaria de toda una mañana. Aunque, por las noches, en un momento más íntimo y romántico, va al Parque del Oeste ataviado con una gabardina, para ocultarse, unos prismáticos, para captar el amor de las parejas, y por supuesto, un cuchillo de dos palmos, por si algún chandalistasexual que esté magreando a una futura víctima de la violencia doméstica le sorprenda pelándosela detrás de un árbol y se le antoje reventarle la cabeza con el puño americano que lleva en la mariconera. Sin más, anímese el lector y envíeme su perfil para la elaboración de nuevos ascossexuales, gracias.

El hombre y la serie
Unos fumamos Ducados, otros Camel Light; mientras unos hacen cicloturismo, otros se meten picos en la arteria; si a Fulanito le gusta tragarse un buen pegote de semen, a Menganito le da por irse a cazar mariposas los días pares. Los humanoides del estado español de la Europa de los pueblos en la Tierra de las culturas globales son muy distintos entre sí. Mucho, vale, pero una cosa tenemos en común: todos seguimos una mierda en la televisión. Excepto, claro está, los intelectuales, pero están condenados a la extinción por imposibilidad manifiesta de copulación al no tener nada de qué hablar en la fase previa al apareamiento, siendo éste, por tanto, imposible. Todos vemos la puta tele, el mayor cáncer de la historia del hombre. La generación de la TV y el pop ha sido, es y seguirá siendo la más subnormal de la historia de la humanidad. Durante su vigencia, todo el progreso se ha destinado al entretenimiento vil y cuanto más banal mejor. Dejando de lado costumbres tan nobles y humanas como el exterminio de razas minoritarias, los sacrificios humanos a dioses de cartón o la mismísima antropofagia. ¿Hacia dónde vamos? No lo sé. ¿Dónde están nuestros valores? Lo ignoro. ¿Acaso tenemos alma? Vete tú a saber. Yo sólo sé una cosa: Vivimos un momento de series en televisión bastante bueno. A dos metros bajo tierra y Los Soprano suponen, hoy en día, una razón por la que vivir. Tanto que A dos metros está encuadrada en un espacio televisivo llamado "Noche de Series", como dándole un toque de distinción para no confundirla con Los Serrano, Siete Vidas, El Comisario, Policías, Periodistas, Bomberos, Aparejadores, Poceros y demás mierda seca de facturación ibérica. Estas son

series para los listos, para el público exquisito que no se conforma con medianías de consumo masivo. Y lo cierto es que los guiones de A dos metros o Los Soprano están muy, pero que muy currados y se lo pasa uno pipa, pero en realidad, no nos engañemos, estas series no son más que culebrones como los de toda la vida de Dios.

(Este simpático enterrador homosexual hijo de un difunto fumador empedernido de porros y una maruja con una depresión crónica postmenopausia del recopón emparejada con un ruso futura víctima de la mafia de ese país y hermano de un exgrunge de la apestosa Seattle

que padece un extraño tumor cerebral a la par que una novia superdotada más puta que las gallinas con un hermano bipolar bastante psicópata que acosa a la hermana pequeña de éste la cual disfrutaba de la compañía de un rapero enganchado al crack que iba pegando tiros a los transeúntes por los semáforos antes de conocer a un chico con una intensa vida interior o sea que no follaba en la primera cita hijo de una pareja de costras que aprovecha cualquier fiesta pagana de tres al cuarto para bailar en pelotas a la intemperie fumándose unos petas, está liado en serio con un negro policía hermano de una yonki junto con la que recibió maltratos en la infancia y que está ahora en la cárcel por atropellar a un vagabundo borracho y darse a la fuga por lo que ambos deben cuidar de su hijita ¿a qué es muy mono?) ¿En qué se diferencian Los Soprano y Dallas? Simplemente en que en la primera puedes escuchar Urge Overkill y Bachtman Turner Overdrive y en que JR no se iba de putas borracho disparando al aire con su colt. ¿Qué tendría que tener Falcon Crest para molar tanto como A dos metros? Pues simplemente un problema de pedofília por parte de Chulí y unas escenitas de Ángela Channing encuerada, con fusta y látigo de siete colas. Porque si de algo han servido todos estos años de evolución y progreso televisivo generación tras generación ha sido para conseguir crear una serie que cuenta una ficción completamente irreal como algo perfectamente creíble. Al contrario que en Celtiberia -cosa de nuestro Hecho diferencial- donde se representa la realidad cotidiana como algo menos creíble que una licenciatura cum laude de Mariano Rajoy en la escuela de Fama, otra gran serie, por cierto. Aún con todo, la única serie verdaderamente distinta y especial que si pudiera elevarse a lo más sagrado es Doctor en Alaska, prueba de ello era la alegre manera que tenía TVE de programarla. Una filosofía donde Lynch

y Tarantino se daban la mano emitiendo primero los capítulos pares, luego los primos y finalmente los impares. Siendo su comprensión cognitiva totalmente imposible hasta el último capítulo, que acostumbraba a ser el primero, o el piloto. ¿Pertenecería esta emisión de los capítulos en orden aleatorio a un bingo clandestino a escala estatal? Nunca lo sabremos... El caso es que lo que acontecía en Doctor en Alaska no era ni predecible, ni normal, ni la primera gilipollez que se le pasara por la cabeza al guionista de turno. Era alimento sabroso para nuestros cerebelos, aunque lo correcto sea decir "¡de que no pasaba nada, ridios!" Por otra parte, no puedo sino recodar con cariño todos esos años que pasé en mi infancia lobotomizándome con esas series cuyos guiones sólo podrían ser engendrados por un ordenador de 8 bits, ya que un ser humano carece, por muy paleolítico que sea, de la obcecación mental necesaria para idear ocho mil capítulos sobre un mismo tema con exactamente la misma estructura una y otra vez, año tras año, lustro tras lustro. Quizá hoy en día se pregunte el lector por qué su vida consiste en trabajar como un perro, tomarse unas cañas con un amigo el jueves y llegar a casa el domingo al borde de la muerte por envenenamiento tras tres días de giña intensa que luego el lunes, martes y miércoles suponen una losa en forma de resaca invencible, malestar generalizado, fatalismo crónico, arrepentimientos innumerables y vergüenza torera. ¿Por qué su vida siempre acaba y empieza en el mismo sitio, como si de un bucle eterno se tratara? Pues bien, sólo hay una explicación posible, al menos para los de mi generación. Si te has pasado ocho años o más de tu infancia viendo El Equipo A, Starman, McGiver y tantas y tantas series que eran siempre, pero siempre, el mismo capítulo con ligeras variaciones estéticas una y otra vez, no es de extrañar que tu cerebro, que de niño está voluble, gaseoso, sin solidificar aún como la dura piedra que son los sesos de

todo un Español hecho y derecho, se haya conformado con una estructura interna circular que te obliga de por vida a repetir una y otra vez las mismas cagadas con sus correspondientes arrepentimientos. Siempre en la misma situación cometiendo el mismo error, el eterno retorno nietzscheano, pero de aquella manera. ¿O qué os creéis que le ha pasado al jambo que hacía de McGiver tras pasarse los mejores años de su vida representando como escapaba de una caja bajo siete llaves haciendo una fisión nuclear dando palmas sobre sus ventosidades? Ese hombre o está en un sanatorio mental o era un holograma. Así que mucho cuidado con lo que ve uno por la tele, no vaya a ser que en los tiempos que corren haya más de una valiente que proyecte su complejo de Electra en el personaje femenino de A dos metros bajo tierra, o algún maltratador se dé una explicación a sí mismo gracias a Tony Soprano. En mi caso, Don Johnson estigmatizó mi infancia y así me va. Al menos no doy asco vistiendo.

El marketing, o cómo mearle en la boca a la elite financiera
Digamos que el marketing no es un tema muy veraniego, la verdad, pero es que en Madrid en verano hace más frío que en Oslo. Servidor, que se levanta a las siete de la mañana todos los días porque es un trabajador tan honrado como gilipollas, pues no tiene vacaciones en verano, sufre nada más despertarse unos fríos tan intensos como las corrientes de aire que recorren la entrepierna de Loyola de Palacio. Resulta que mi señora abre todas las ventanas de noche para que corra el aire y se mantenga la casa fresca a eso de la una de la tarde, que es cuando se levanta ella. Con lo que yo, cuando salgo de la ducha todo mojado -y aún más sexy- para vestirme, me enfrento al relente matutino en toda su intensidad campando a sus anchas por el pasillo de mi propia casa helándome como a un témpano. Además, como siempre llego tarde, salgo de casa con prisa, voy hasta el metro corriendo, y dado que -eso sí- a las siete ya tenemos treinta grados, suda uno como un perro y así, bien empapadito y medio destemplado, se mete uno en esas cámaras frigoríficas que son los vagones del Metro de Madrid, que como tengas la suerte de situarte justo debajo del chorro del aire acondicionado del vagón sales del metro con escarcha detrás de las orejas. Para luego llegar al trabajo, donde viene lo extremo: mi sitio está justo debajo del aire acondicionado y mis compañeros, bellísimas personas y mejores colegas, han estado más de una vez a punto de arrancarme la yugular con una grapadora cuando les he dicho que iba a apagar ese trasto infernal que me tiene tiritando toda la mañana. Por eso, en lo que a mi respecta, mucho agosto y mucha hostia, pero voy a trabajar todos los días con la rebeca de

mi abuela. Así que de veranito cálido y festivo nada. Estoy deseando que llegue el invierno para poder pasar calor a gusto. Dicho esto, queda claro que el que desee un texto ligerito porque se pasa el día en la playa, las noches de jarana y no tiene muchas ganas de pensar, puede ir haciendo ejercicios prácticos con la mandíbula para albergar en un momento dado, si fuera preciso, el diámetro completo de mi bolsa escrotal, porque yo estoy aquí pringando en agosto y con unas anginas del copón. Y es que, como madrileño que soy, mi desgracia no puede ser mayor. Como a todos mis paisanos, en verano me gusta retozar en la playa como al que más, llenarla de mierda y arrasar con los moluscos atrofiados y envueltos en una fina y delicada capa de gasoil, y no estar aquí más solo que la una pasando un frío infernal. Estábamos hablando del marketing. ¿Qué coño es el marketing? Todos pensamos que marketing quiere decir lo mismo que tocomocho, pero en boca de los comerciales de CEAC y todas esas instituciones de dudosa catadura moral. Pero no, el marketing es algo así como la Compañía de Jesús, una institución benéfica para ayudar al prójimo, o más concretamente, para alimentar al hambriento. Verá V.d, la sociedad en la que vivimos rezuma tanta justicia que sitúa en lo más alto, como elite, a los mayores criminales que ha engendrado occidente: la clase empresarial. Podría pasarme horas demostrando lo que asevero, pero paso, el que no entienda que el trabajo de un empresario consiste en vender por 12 lo que ha comprado por 3 y manufacturado por 1, que deje de leer si quiere. Y cuánto más asciende en la pirámide empresarial, más margen, así hasta darse casos como los de la vivienda de Madrid, la internet que nos da Telefónica -no sé si era cinco veces más cara y diez veces más lenta que en los países civilizados que nos rodean- etc... etc...

Los gobiernos bien podrían meter mano en este tipo de asuntos para evitar el abuso al que nos someten estas buenas gentes. Bastaba con meter impuestos del 90% donde haya beneficios del 900% y ese tipo de gangas que somos los pueblos del norte de África. Podría hacerse, sí, pero hay un problema, que la política no es más que una actividad transitoria, como la mili, digamos, por la que pasan los empresarios en algún momento de su vida, y ya se sabe... mear contra el viento y apuntando a la boca es un acto poco corriente en el dirigente de hoy en día, pero aquí tengo yo la respuesta para que seas tú, pichulín, el que orine en sus fosas. Porque imagínese que de repente cambia la sociedad y dirigir una gran empresa se convierte en una actividad que requiere una conducta honesta. Sería catastrófico. Supondría inyectar en la sociedad una cantidad de delincuentes de la peor calaña que traería terribles consecuencias. Porque una cosa es un ucraniano que coge a tu hijo de doce años, lo trocea y se lo echa a las carpas del estanque del Retiro -que, por cierto, un día se van a comer un niño, pero vivo- para vender sus órganos en el mercado negro. Pues sí, es un malnacido, pero no deja de ser una víctima del pérfido comunismo, esa plaga maldita del s.XX, ese sistema atroz, esa filosofía contranatura, esos líderes genocidas, esos... (siga leyendo sobre el comunismo de la mano de auténticos ex comunistas aquí) Pero, en cambio, un hombre de buena familia, al que no le ha faltado nunca de nada, que tiene dos carreras y un master en Oxford, que sabe tres idiomas, que es muy respetado en el vecindario, pero que por lo que sea, oye, vete tú a saber, es un pedazo de hijo de puta que te cagas, pues no le queda otra que ser empresario, porque si tuviera que ser él el que sacara los órganos a tu hijo, lo mismo coge los restos del chaval, les prende fuego, los mete en una caja y, envuelto como regalo, te lo manda a casa por Navidad, como hacía no sé ahora mismo qué célebre psicópata, ni pienso buscarlo -

estamos en verano, recuerde. Para entender qué es el marketing, antes hay que saber cómo piensa un directivo. Imagine una reunión a las siete de la mañana de empresarios de alta graduación. Resulta que uno quiere comprarse un portaviones para llenarlo de prostitutas e irse de despedida de soltero en plan crucero por el Caribe -al estilo de la realeza española, vaya-, pues les pregunta a sus consejeros cómo pueden multiplicar sus beneficios. Uno dirá: reduzcamos plantilla; otro: subamos el precio de nuestro producto; y un tercero concluirá: modernicemos nuestro producto reduciendo su calidad a la mitad, pero doblando su precio acompañándolo todo, claro está, de una agresiva campaña publicitaria en la que se insulte gravemente al telespectador si no contrata nuestros servicios ipso facto. Qué tipo más listo, habrán pensado. Pues sí, este consejero tiene lo que se llama "pensamiento lateral" ¿Y de dónde procede este don? Generalmente de una caradura innata y los libros de marketing. ¿Van pillando en qué consiste pues? Si los empresarios son unos perros sarnosos, hay peña aún más perra que encima les da ideas, pero que -y aquí radica todo- se las vende más caras que la cocaína.

¿Ha salido ya "Auto-Massaging Circa Anus for Stress in Bussiness"? ¡Pues mándeme siete!

Pero no todo en el marketing es veneno. De todos los libros que se publican al año, debe haber por lo menos un 95% de los mismos que son una mierda de dimensiones bíblicas y un timo de tres pares de cojones. Es aquí, amigos míos, donde reside el carácter sociocristiano del marketing. Hay un gran número de personas, desde escritores frustrados a profesores de universidad, desde diseñadores gráficos a operarios de imprenta, que viven de este 95% de detritus. El empresario no se suele gastar su dinero a lo tonto, si le hacen falta siete audis, pues no se compra ocho, pero a la hora de buscar argucias y trampas que le permitan incrementar sus dividendos, si se tiene que comprar todos los libros de marketing del mercado, se los compra. De este modo, reinyectan en la economía parte del dinero que le chupan al populacho permitiendo que la hambruna y la desesperación no se extienda por las calles como a ellos les gustaría. Es por ello que el marketing es la válvula por la que se escapan los dividendos que los opresores sustraen vilmente al pueblo heroico, el marketing es un Robin Hood, un Pretty Boy Floyd, un Kalashnikov. Si V.d considera que le están chupando la sangre, también puede escribirse un librillo de marketing y sacar unas perras. No se preocupe por nada, cuenta la leyenda que de los libros de marketing sólo importa la tapa, que lo de dentro son las actas del XXVIII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, el de 1990 -tremenda cantidad de papel que aún no se ha sabido qué hacer con ella. Los empresarios no se dan cuenta de que les timan porque no se leen los libros tal cual, ellos leen resúmenes que les hacen sus lacayos. Y estos tampoco se leen los libros, directamente extraen las ideas básicas de la contraportada y a correr. Un ejemplo de esos resúmenes, para que se entienda, sería el que voy a hacer a continuación, que no es el primero que hago en mi vida, de este mismo texto: Putos aires acondicionados de Madrid en verano

Empresarios chorizos hijosputa Al loro con las carpas del Retiro Gracias al marketing se chupa la sangre al ciudadano con más caudal Gracias al marketing mucha gente le chupa la sangre al empresario Gracias al marketing el sistema funciona Viva Cristo Rey Como ve, el marketing es mucho más que una disciplina teórica más. Es el punto en el que se vertebra todo el sistema capitalista de occidente. Las libertades de nuestras democracias subsisten gracias al marketing. El marketing no puede ser otra cosa que un regalo de Dios, así que no tenga miedo. Escriba un libro de marketing y sáqueles unos duros a esos desgraciados que le cobran 30 euros al mes por el ADSL. Lo único que tiene que hacer es inventarse un título ocurrente, la contraportada ya se la redactan en la editorial. Para ello utilice el "pensamiento lateral" planteando contrasentidos con sentido. Por ejemplo: "Desatornillando clavos" -De cómo resolver un problema con la mayor brevedad-, o directamente búsquese cualquier teoría, filosofía, pensamiento u obra de la antigüedad y la traslada al mundo empresarial de la forma más precaria que pueda, fíjese en este ejemplo real: Sun Tzu. El arte de la guerra para directivos De todas formas, siempre podemos recurrir a la vieja escuela: pillar un palabro y añadirle -ing. De ahí surgen grandes ideas para libros. Por ejemplo, el acoso laboral, joderle la vida a una persona en el curro, etc... ahora se llama mobbing. Otra tendencia que viene pegando fuerte es el coaching, que -atención- consiste en llevarse un grupete de directivos al monte a hacer una ginkana para cohesionarlos como grupo humano y aumentar su rendimiento y productividad. Ni que decir tiene que esto cuesta una pasta. Es más, para qué te voy a contar más, estimado lector, si basta con que te diga quién ha sido uno

de los que han introducido este sacaperras en nuestro país: Jorge Valdano. Lo dejamos aquí mejor ¿verdad? Desde MTC, siempre a tu servicio, te sugeriría que desarrollases algún tema de este estilo, pues en el marketing un tipo tiene una idea revolucionaria y otros cuarenta mil desarrollan sus versiones de la misma a rebufo de lo cuantioso del best seller original. Una sugerencia que propongo es el coaching nocturning. Dos monitores sacarían a un grupo de directivos por un circuito de farra nocturna con parada y fonda en un chalé abarrotado de prostitutas. Al amanecer, observan como el gerente, sólo ataviado con una camisa tropical, flota boca abajo en la piscina al lado de una menor de las de "juraría que tenía 25" estrangulada. La potenciación del espíritu de equipo vendría dada en alto grado a la hora reaccionar frente al marrón, se incrementaría la capacidad de relación con otras entidades empresariales personificadas estas en la policía y, por su puesto, se estrecharían lazos entre los integrantes del equipo a la hora de dar la cara unos por otros delante de las respectivas cónyuges, con un plus en capacidad creativa, por supuesto, a la hora de inventarse las correspondientes excusas de tebeo. En la actual situación mundial en la que vivimos, siempre puedes hacerte comunista, pero este es un negocio que, además de cotizar a la baja, en los últimos cincuenta años llenaba las bocas de muy pocos y, curiosamente, los pelanas de siempre. Por esta razón, el marketing se me antoja como el arma más revolucionaria jamás entregada a los héroes del pueblo. Diplómese... ¡por la revolución!

Los domingueros madrileños: usos, costumbres y utilidades
¿Alguien se acuerda de la película de los Doors de Oliver Stone? En ella, un jovencito Jim Morrison iba tranquilamente de viaje en coche con sus papis y, de repente, se topaban con un accidente. El niño veía a un indio morirse en la cuneta atropellado y luego esa visión le acompañaría toda su vida. Yo también tengo una visión que me acompaña desde crío relacionada con una cuneta. A mí de pequeño mis padres me llevaban mucho a la Casa de Campo o la Pedriza a andar y, como bien es sabido, arrancar lagartijas de su medio natural. Siempre que nos adentrábamos en dichos lugares me llamaba mucho la atención que donde nosotros dejábamos el coche para ponernos a andar unas cuatro horitas y luego comer por ahí perdidos, alejados del mundanal ruido, había un gran número de gente que plantaba el campamento. Sí, en el puto parking. Me resultaba muy curioso que la gente entendiese por un día de campo pasar la jornada en un aparcamiento de tierra lleno de cacas de perro. Pero eso no es tan grave comparado con lo que me obsesionaba, y es que, si unos acampaban en el aparcamiento, otras familias lo hacían en la mismísima cuneta. Y esa es la visión que me persigue: Todo un clan sentado en sillas alrededor de una mesa degustando unos filetes empanados en tuperguares junto a una botella de tintorro. La abuela a un lado haciendo la fotosíntesis y unos cuantos niños jugando al balón, con toda la composición situada, y esto es lo importante, a doce centímetros de la mismísima cuneta. Disfrutando del sol, el campo, los filetes empanados y una frecuencia de tráfico de un coche cada quince segundos pasando delante de

sus mismísimas narices. Ya de muy pequeño empecé a preguntarme qué clase de seres aberrados eran estos. Pero mis dudas se fueron esclareciendo conforme me escolaricé y vi que en las salidas campestres que organizaba el colegio, nos metían en autobuses, nos soltaban en el aparcamiento de ora la Casa de Campo ora Cercedilla y, bajo la orden de "no paséis de esas lomas", nuestro día de campo consistía en jugar al fútbol hacinados en cincuenta metros cuadrados, es decir, igual que en el patio del colegio pero con mierdas de perro, en la Casa de Campo, y de vaca, en Cercedilla. Bonito recuerdo tengo yo de la mierda de vaca en una salida de estas. A los tres minutos de bajar del autobús me senté, literalmente, en una quedando toda la parte trasera de mi pantalón llena de puta mierda fresca. Así pasé el día, jodido y amargado y con poca gente a mi alrededor. Para más inri, me mareé en el bus de vuelta y me poté encima. Y, nada más llegar, me esperaba mi madre para ir al dentista. Un día redondo. Luego se quejan en Irak. El caso es que yo me preguntaba, qué clase de desgraciados disfrutan así de la naturaleza, y según crecía me fui dando cuenta: los madrileños. En concreto, los domingueros madrileños. Pero da igual porque madrileño y dominguero casi viene a ser lo mismo. Mi odio, posteriormente, se fue acrecentando a medida que me fui echando a perder. Siempre que he pisado un parque público ha sido para hacer el mal, esto es: charlar alrededor de litronas con gentuza. Pero ¡ojo! sin tambores ni mierdas. Vestidos de tribu urbana como los cretinos adolescentes que éramos, pero limpios, sin perros y a las órdenes de Su Majestad el Rey de España, por supuesto, cuyo ejemplo, por otra parte, es el que seguíamos y fuimos abandonando conforme empezamos a sufrir enfermedades hepáticas del tipo de la cirrosis y derivados. En los parques públicos había muchos domingueros. Siempre mirando mal o desconfiando de todo aquél que no fuera a los columpios con cuatro moñacos. Detectarlos

era sencillo, sólo había que escuchar en la lejanía dos palabras que pronunciadas con normalidad -papá, mamáson hasta bonitas, pero que hecho del modo dominguero, con la sílaba tónica en la primera "a" -pápa, máma- te hacía vomitar antes de haber ingerido tus cuatro litros de Cola Rioco con Vino Pryca-Montemelo. Visualmente, la localización es más sencilla: En los ochenta bigotes y anoraks con motivos geométricos elegidos al azar en caprichosos colores fosforitos; mas en los noventa plumíferos de dimensiones bárbaras -debieron confeccionarlos tomando como modelo a Juan Antonio San Epifanio- con una entrega ya total y absoluta al chandalismo extremo, que del mismo modo que extreme lesbian bondage es una categoría pornográfica, no sé por qué el extreme bizarre weekend chandalism no está incluido en la lista de parafilias humanas, pues es tan ofensivo para la moral pública como el primero.

La políticamente incorrecta ecuación del chandalista Por otra parte, hay un elemento muy curioso que prevalece sea la década que sea. El dominguero, por alguna razón, tiene problemas con los objetos y tiene que transportarlos. Para ello, antes llevaba una especie de neceser o bolso de mano llamado "mariconera". Una cosa así muy de gitanos a la que el dominguero medio se entregaba con la pasión de los dualismos existenciales, en este caso, el de su admiración y rechazo a la etnia

calé. Más adelante, seguía existiendo la necesidad de transporte de objetos personales, pero cambiaba el envoltorio. Nos situamos ya en la era de las riñoneras, satánico atavío para trasladar enseres que, por otra parte, a saber qué mierdas serían, quizá unas pelusillas de bolsillo, un tornillo y tres o cuatro pesetas oxidadas. En Me Tenéis Contento la política de traslado de objetos personales por la vía pública tiene una línea clara y definida: todo aquél que lleve por la calle algo más de lo que le cabe en los bolsillos es maricón. Opinamos que el hombre sincero y honesto, si ve que algo no le entra en el bolsillo del pantalón, lo deja en casa. No usa un aparato, ya sea riñonera o bolso, para ir por ahí con más cosas de las que le permite su condición de homínido. El hombre de verdad no se engaña a sí mismo y a la sociedad, se conforma, y si necesita llevar algo que no le cabe en el bolsillo, lo lleva en la puta mano, hostia, que cada día sois más gays. Si un hombre no tiene cojones para ir por la vida con lo que puede guardar en los bolsillos de sus vaqueros, no tiene nada, ni palabra de honor. Cierto es que ir con el discman en agosto en la mano, como se hace en Me Teneis Contento, estimula las glándulas sudodíparas de dicha mano de manera extrema conformando una sensación de tortura refinada en la extremidad, que se está deshidratando la pobre, pero, joder, las mujeres tienen la regla y le ponen menos pegas a la vida. En resumen: El hombre heterosexual y machote como yo, lleva el discman en la mano, lo pasa fatal, no disfruta de la música durante el camino y luego se deja el aparato en la barra de algún bar. Digamos que es algo gilipollas, sí, pero al menos le podrá decir a su hijo con firmeza que él, en su juventud, no llevó un bolso de maricón, ni de hippi, que es peor.

Se empieza por el bolso... Podríamos seguir hablando durante horas de las prendas domingueras. Que si una bandera de España en el reloj, moda que ya no se lleva, pero que tenía mucho pedigrí. Que si escayolos, mocasines con calcetines blancos -por cierto, volviendo al tema de la integridad sexual, nosotros de niños decíamos: calcetín blanco, zapato oscuro, maricón seguro. El caso es que merece más la pena señalar otros aspectos del dominguero madrileño. Por ejemplo, su inabarcable concepto de la higiene. Veamos, si un energúmeno malas pintas está sentado en un banco de un parque público con sus amigos bebiéndose unas litronas, es un asco, una vergüenza. Un motivo para echar miraditas amenazantes y estar a punto de llegar a las manos. El típico y deplorable conflicto de agarrones entre dos machos en diferentes celos de apareamiento, el uno amargado porque lleva siete años sin follar, y el otro amargado también porque le quedan siete para hacerlo por primera vez. En fin, beber en los parques puede llegar a ser asqueroso si se hace siguiendo la tradición de, al acabar el litro, lanzarlo verticalmente para que en su caída se rompa en mil pedazos que se clavaran en mil pies de niños con zapatillas Victoria de mercadillo -de las de ver

una de tu número en un cajón gigante y pasarte la mañana buscando otra del mismo tamaño para reunir el par, muy entretenido para jubilados y gente de malvivir, pero muy duro para el hombre de hoy que no lleva bolso ni riñonera- y luego, tras reventar el vidrio, pota uno encima de los cristales. No es que sea un comportamiento muy católico, de acuerdo ¿pero por qué ha de serlo el que tu moñaco se cague en el dodotis y lo eches en una papelera de rejilla, de forma que quede expuesto tanto a la vista como a las pituitarias ajenas?. Que si ya se ven manadas de humanos enteras huir cuando escuchan el pápa-máma, ni que decir tiene el miedo que alberga el homo-sapiens para adentrarse en un territorio cuyos límites están demarcados con fresca y humeante mierda de crío estratégicamente dispuesta. Llegados a este punto, se preguntará el lector madrileño ¿y qué podríamos hacer con toda esta ralea de domingueros? Para mí está clarísimo: invadir el País Vasco. Porque con el ejército profesional de mierda el Estado ha perdido a su mayor proveedora de alcohólicos, la mili. De modo que los soldados tienen que estar haciendo horas extras en los bares bebiendo tintorro, como toda la vida, por otra parte, para sostener el PIB agrario del interior de España, vinícola en su mayoría. Pobres patriotas, así que la única fuerza de choque que nos queda no es otra que los domingueros. Y no es manca, atención: Para llevar a cabo este ambicioso plan, en primer lugar habría que celebrar las fiestas de Moratalaz del año que viene en Hernani. Acto seguido, miles de domingueros infestarían las carreteras y playas vascas. Un hermoso cinturón marítimo de dodotis cagaos serviría para bloquear toda la región, de modo que se impediría la entrada en el País Vasco de una sustancia vital para la vida en el lugar: el speed. A falta de éste, por lo menos la mitad de los vascos saldría de sus casas para vagar confusos por las calles hasta caer aletargados, como dormidos, y perecer. En una segunda fase, las suegras de los domingueros

harían cadenas humanas en los puticlubs de la zona alzando ejemplares del Alfa Omega del ABC, espantando a los asiduos, que huirían despavoridos hasta ver como explotaba su bolsa escrotal unos metros más allá -como en Fortaleza Infernal, pero los huevos en lugar de la cabeza- por lo que otros tantos morirían por reventón de la zona testicular, dado que descargar con una vascuence, como bien dicen los Lehendakaris Muertos, es el verdadero problema vasco: no hay manera. Posteriormente, los que quedasen morirían en los bares. Porque una cosa sí trasciende por encima de todos los pueblos: el comercio. Y teniendo una demanda tan grande de pinchos de tortilla con mayonesa expuestos un par de horitas al sol de mediodía, los hosteleros no se iban a cortar en llenar la barra de tamaño veneno, quitando los pinchos a los que están acostumbrados por el lugar, por ejemplo: cresta de gallo con setas (lo probé en Bilbao y me clavaron bien además) El caso es que para soportar los pinchos de tortilla con salmonelosis hay que haber pasado muchos veranos en Torremolinos y desarrollar los anticuerpos. Y los vascos, por no salir, no han salido ni de su boina. Así que se produciría una selección natural y el homo eusquéricus sería eliminado del mapa en un plis. Finalmente, dado el alto número de Gómez que hay en los movimientos abertzales, yo sostengo que el problema no es cosa de la raza, si no del clima. Esos cielos encapotados tan cerca del suelo deben generar una especie de campo eléctrico que de algún modo u otro multiplica la mala hostia de los campesinos pasando luego lo que pasa. Por lo tanto, daría ventajas fiscales a la producción de chandals en otra región para que se produjeran migraciones de regreso. Y el País Vasco se precinta cuidadosamente y se instala un cementerio nuclear y a tomar por culo ya de una vez. Vamos, que ni pintado el plan. Espero que Su Majestad lo lea. Estoy seguro de que sí. Y hasta aquí hemos llegado. Un saludo a mis amigos de Moratalaz y a los que llevan bolso. Seguid persiguiendo

ese arco iris, chicos. La próxima vez, hablaremos de los que no sois madrileños, es decir, los paletos. Porque como dice un conocido mío, en España han muerto más paletos por golpe de azada en el cráneo a causa de cuatro centímetros de tierra que por herida de bala en la Segunda Guerra Mundial. Y eso da para mucho.

Insomnio (Basado en hechos reales)
Estoy en casa lisiado con una contractura en la espalda. Como mi dimensión barrigal está aumentando considerablemente, decidí hacer abdominales (después de ya casi seis o siete años sin realizar la más mínima actividad física, ni siquiera darle patadas a un esférico) y ¡chas! casi me quedo parapléjico. Como me aburro soberanamente y si pongo la tele o leo, con este frío, me quedo dormido como una abuelilla, pues me he decidido a retomar esto, que ya van dos meses sin meter ningún ladrillo. Podría decir que tengo mucho trabajo, que me han surgido imprevistos, pero no, lo que pasa es que soy un vago de siete suelas. Lo cierto es que no se me ocurre de qué chorrada hablar, así que voy a tener que hablar de mí, por desgracia. Pero allá voy, con ustedes, un insomnio acontecido estas navidades: Esta breve historia comienza, como no podría ser de otra forma, con una borrachera estúpida y monumental. Una de éstas que si sales de trabajar, que si juega el Madrid, que si patatín, que si patatán, que te vas a cuatro patas para casa. Al llegar a mi hogar, decidí encender el ordenador para, ya que estábamos, leerme el plan Ibarretxe -ebrio cobra un sentido mucho más profundo- y navegando no sé qué vi que capto mi atención, por lo que me dirigí a la nevera a por algo de comer para que su deglución amenizase la lectura. Sólo contaba con un batido de fresa. Tiene nutrientes -pensé- así que decidí ingerirlo. Pero, lamentablemente, fue sentarme y al llevar la mano al ratón, derramar su contenido sobre el teclado. El teclado se fue a tomar por culo evidentemente. Así que tuve que plantearme, como trabajador filocomunista que soy, hacer lo mismo que hacían los obreros soviéticos en la URSS cuando se encontraban ante la pérdida o destrucción de

una herramienta en su hogar: cholar otra igual o mejor en el curro.

El petróleo me la suda mientras no escasee este fluido de fantasía Dos días más tarde, en el trabajo, me quedé hasta las tantas para que la gente desalojase y, en su momento, afanar algún teclado en desuso. Lo hice, como en Misión Imposible, pero con menos sutileza, me introduje un teclado por la huevera, alojándolo entre la ingle y mi pecho lozano y español. Dije adiós con una sonrisa nerviosa a quien quedaba por ahí y salí escopetado. Pensaba sacar el artilugio, que me estaba destrozando los cojones, en el ascensor. Pero hete aquí que había un individuo en el descansillo y tuve que bajar con él, por lo que no me pareció muy católico extraerme un teclado de la entrepierna en el metro cuadrado del ascensor. Así salí a la calle, pero de nuevo me dio un poco de vergüenza sacármelo y que la gente pensara que, o bien acababa de robarlo, o bien que soy retrasado mental. Y por miedo a cruzarme con un militante de algún partido político democrático que me diese una paliza, opté por disimular y colarme en el metro con el abrigo y un teclado "Compaq" en las pelotas. Lo mismo que, como ya se ha dicho en algún post, en

Madrid, en verano te cagas de frío. El invierno no iba a ser menos y flipas con el calor que hace. Y si vas en el metro, con la chupa sin desabrochar y un apéndice de plástico de cincuenta centímetros debajo, bien prieto, no te quiero ni contar. Me tocó sudar. Y sudando como una perra salí a la calle en mi parada. Donde, quizá por ser la parte más alta de Madrid, quizá por joder, hay unos vientos que sugieren más de una vez la locomoción a vela, pues me quedé heladito al estar empapado en sudor por la miserable calefacción del asqueroso metro. Llegué a casa rechinando los dientes. Me saqué el artilugio y no lo eché al fuego de la chimenea porque carezco de la misma. Me quité los zapatos chutándolos por el salón. Dice el populacho que esto es de cochambrosos, pero si aparece una cucaracha más te vale haber dispuesto los zapatos en la estancia como aconseja la Historia de la Wehrmacht, Divisiones Acorazadas, Tomo II. Me situé frente al ordenador y a mi antiguo teclado, ahora rosa, y vi que ¡caramba! la botella de batido todavía rondaba por las cercanías y aún quedaba algo de contenido. Por lo tanto, dejé el nuevo teclado por ahí tirado y me tumbé a ver la tele acabando el fluido rosa. Curiosamente, no presentaba un paso por boca aterciopelado como es costumbre en los productos de Okey SA. Como mi procedimiento de cata podríamos definirlo de neardenthal, prueba de ello eran los goterones que había en mi camisa tras una compulsiva primera ingesta fruto de la alegría de encontrarme tamaña sorpresa de fresa, decidí beberme el néctar como dios manda, bendiciéndolo y con una fase olfativa inicial. En ella se percibía con claridad que, aunque había unos lácteos muy marcados, ciertas notas agrias daban un mal rollo que te cagas. Se trataba de un Okey Fresa excelente, pero una crianza de dos días al sol no le había hecho ningún bien. Debía estar podrido. No me quedó otra que encogerme en el sillón y esperar la muerte como un Español con mayúscula, esto es: en calzoncillos, camiseta interior y tumbado. No perecí, no, pero me desperté a las dos de la mañana

aturdido en el sofá. Mis tripas sonaban mal y yo me levantaba a las siete al día siguiente. Me fui a la cama con el rabo entre las piernas y una preocupación muy grande: a ver cómo hostias me volvía a dormir. Estaba bastante desvelado y comencé a dar vueltas en la coma de forma inmisericorde. En el despertador parpadeaban ya las tres. Eso sí que le pone nervioso a uno. Desesperado, barajé posibles técnicas para conciliar el sueño y me decanté por una muy vanguardista: me puse a cantar. Escogí una canción que, a mi juicio, su letra tenía que ser la del himno español. No por nada, sino porque nos define muy bien como pueblo, está extendida en toda la piel de toro y, coño, es bonita. Me refiero a "La puta de la cabra". Tras recitarla unas doscientas cuarenta o doscientas cincuenta veces, no sé cómo, por arte de bilibirloque, fíjate tú, me sorprendí a mi mismo cantando "Soy una chumbera" de Melody. Por tan simpático acontecimiento esotérico, me animé y le imprimí alegría al asunto. ¡¡Soy una chumbera, soy una chumbera, soy una chumbera!! gritaba entusiasmado. Hasta que me quedé mudo como un pez. Un enigma cósmico se presentó ante mi con inusual fiereza: ¿Qué putos cojones es una chumbera?. Alarmado, salté de la cama y cagándome de frío abrí el diccionario: chumbera. (De chumbo). 1. f. higuera chumba. Juro por Dios que pensaba que los higos eran "chungos". Ahora resulta que son "chumbos". Pero el enigma estaba en la canción, que no tenía sentido. Por lo que tuve que buscar qué es "chumba". Suponía que querría decir alocada, saltarina o algo que encaje con lo que pueda cantar una niña de ocho años, pero ponía: ~ chumba. 1. f. nopal.

¿Nopal? ¿Pero qué hostias es un nopal?: nopal. (Del nahua nopalli). 1. m. Planta de la familia de las Cactáceas, de unos tres metros de altura, con tallos aplastados, carnosos, formados por una serie de paletas ovales de tres a cuatro decímetros de longitud y dos de anchura, erizadas de espinas que representan las hojas; flores grandes, sentadas en el borde de los tallos, con muchos pétalos encarnados o amarillos, y por fruto el higo chumbo. Procedente de México, se ha hecho casi espontáneo en el mediodía de España, donde sirve para formar setos vivos. ¡Buf! bueno, podría ser que Melody se dedique a la psicodelia en sus letras, todo es posible en el arte de la música, pero no, resulta que había una segunda acepción, y agárrate los machos: ~ de la cochinilla. 1. m. Méx. Variedad que se diferencia de la planta anterior por tener muy pocas espinas en las palas, sobre las cuales vive la cochinilla. ¿Está diciendo Melody, una niña de ocho años o menos, que dentro de ella, que en sus entrañas, que en su interior lo que hay es una cochinilla? O sea, ¿que está cantando "¡Soy una puta guarra, soy una puta guarra!"? Pero qué país es éste, por dios.

Como para buscar en el diccionario lo de la pata negra En ese momento, alteradísimo, decidí enviar los resultados de mi investigación a la autoridad competente. La única que yo reconozco en este país, que no es ni ZP, ni Rajoy, ni Otegui, ni ningún político: se trata de la cinta de pelo de Emilio Sánchez Vicario. No sé si, de llevar siempre la misma, por el moho y el calorcito, cobró vida, o si procede de una invasión alienígena, en concreto de La Invasión de los Ornamentos Ochenteros, que aterrizó en su cabeza y se adueñó de su destino para siempre. Tuve que entrar en Internet para encontrar la letra entera de Melody y adjuntarla en mi misiva a Su Majestad, la cinta de pelo de Vicario. Para ello, monté el teclado y, maldiciendo, dentro de su página web pude comprobar que en realidad decía "Soy una rumbera". Qué decepción, yo que llevo años cantando en toda reunión social que se precie "Soy una chumbera". Había confundido una sílaba de vital importancia. Así me miraban mis amigos: entre confundidos y apenados. La cinta de pelo de Vicario tendrá que esperar. ¿Qué habría podido llevarme a tamaño error? -pensé, de nuevo dando vueltas en la cama. Esto ha tenido que ser cosa del PP, como siempre. Y no es broma, la generación de críos que ha crecido con Aznar como líder de masas, al querer aproximarse a sus cualidades sobrenaturales, lo

mismo han copiado su dicción, y por eso no hay Dios que entienda si Melody cantaba rumbera, chumbera o, directamente, puta guarra, como yo sospechaba. De todas formas, a poco que Crónicas Marcianas dure unos meses más, seguro que tenemos a Melody por ahí dejando que la expliquen lo perra que es. En resumen, que algo de razón tengo que tener. Y como ya le deben estar saliendo las tetillas, seguro que el lector hetero, y ligeramente pederasta, se ha estado frotando las manos. En ese momento, fue pensar en tetas y que me asaltase otra incógnita cósmica: ¿Por qué las tetas no llevan premio? Seguro que todo hombre de bien, si se sincera, daría cuenta del agotamiento vital que supone haberse pasado toda una vida sufriendo por las tetas ajenas. Son muchos los litros de baba que genera uno en el colegio por la presencia de algún par de melocotones de descomunal tamaño en los alrededores. Años de púber bigotillo sufriendo hipertensión por culpa de las peras. Al final, cuando por fin tu mano se acercaba a unas, después de haberte arrastrado por lodazales si hubiera sido preciso para conseguir camelar a la chica de turno, en ese momento histérico -porque en el sexo, cuando no hay amor, hay compulsión, y a los catorce años, amor, lo que es amor, sólo lo albergaba Candy Candy, ergo, era un momento histérico- cuando agarrabas la bufa por primera vez en tu vida y de dentro de ti surgía un tifón de sensaciones sólo equiparables a lo que siente He-Man cuando alza su espada y grita: "por el poder de Greyskull", llegaba un cenit, un máximo, un momento inolvidable, pero que, una vez logrado, te jodía la vida. Porque te quedabas ahí, como esperando algo más, y es que, en el fondo, lo que estabas haciendo no era más que manosear con brío una simple pelota de carne. ¿Todo, todo este sufrimiento de tantos años por una mísera pelota de carne?

He-Man, tras tocar la primera teta de su vida, segundos antes de pensar: ¿era esto? Porque claro, estamos hablando de una época, la mía, en que las chicas se dejaban tocar, pero nada más, no al menos hasta haber cumplido los 17 o 18. Y después de horas intercambiando babas y tocándose por encima, pero nada más, te recalentabas, que es lo peor que le puede pasar a un ser humano. Casi es preferible la vida en la teocracia franquista que sufrieron nuestros padres donde, o bien ni sabían lo que era una teta, o bien tenían claro que no la iban a tocar hasta que casi peinasen canas. Hoy en día ya sé que, por medio de Internet, una teen brunette bizarre pantyhose de catorce años, natural de Fuenlabrada, puede ser experta en chupar polos de carne, pero en mis tiempos aún no había arraigado la lujuria que generó el laicismo felipista ¡anatema! de los ochenta. Al final, dándole mil vueltas, me reafirmé en mi idea para solucionar el problema: que las tetas lleven premio. Un rolex de oro, un paquete de Fortuna, yo qué sé, algún simpático obsequio dentro del canalillo... cualquier cosa que justifique el hecho de haber reptado por una chica durante todos los meses que costaba hacérselas por aquel entonces. Eso, o prenderle fuego al Papa. Mmmmm, casi mejor lo segundo que lo primero -concluí- y me sobé

por fin.

¿Por qué te partes de risa con la Lista de Schindler? De la serie "Mis Colegas" Capítulo I
Me alegra que me haga esa pregunta, porque tendré que explicarle a Usted quién es mi amigo "Rodriguini" y eso me hace mucha ilusión. Pero antes, los antecedentes: hace unos días, coincidí con unos amigos que, emocionados, visionaban La Lista de Schindler. Me uní a ellos a ver si me emocionaba yo también. Conforme aumentaban las escenas de violencia en la película, aumentaba su indignación ante el Holocausto, aumentaba su emoción, pero hete aquí que, en mí, lo que aumentaba era una risa silenciosa. Con mucha educación y maneras democráticas me preguntaron: "¿De qué te ríes puta hiena?" Y tuve que explicar que yo también estaba muy emocionado, que me daba mucha pena, pero que esa película la vi en el cine con mi amigo Rodriguini y que me daba mucha risa recordar aquel día. Algo que sucedía siempre que volvía a ver las imágenes. Rodriguini y yo nos hicimos amigos en séptimo de EGB. Consecuencia de que ambos éramos los dos únicos de la clase que con doce años ya fumábamos. La italianización de su nombre se debe a que en un trabajo que nos mandaron en Inglés, elaborar la carta de un restaurante, él llamó al suyo Rodriguini Pizzeria. En cuanto a su modus vivendi, resulta que sus padres trabajaban en Iberia y volaban día sí, día también. Por lo que la ley en su casa la imponía una asistenta dominicana. Sin éxito -debo añadir. A mediodía, antes de ir a clase por la tarde, siempre íbamos a su casa una camarilla de señores de doce años a tomar coñac y fumar puros. Como le dábamos mucho el coñazo a la dominicana con los Guns N´Roses a todo

trapo y no podía ver la telenovela, a ésta no se le ocurrió nada más ingenioso que comprarnos todos los días una revista porno a condición de que le dejáramos ver el culebrón a gusto. Como la asistenta no era precisamente millonaria, nos compraba las revistas más baratas del quiosco. Se trataba de cabeceras de renombre y reconocido prestigio como el Lib, la Clima o el Charo Medina. Mi señora siempre define el cine español como "El despertar sexual de Jorge Sanz bajo la atónita mirada de Gabino Diego en el contexto de la Guerra Civil". A ver cuando algún cineasta español se decide a rodar el mío, cuando a la tierna edad de doce añitos, un capullito de alhelí, un puto crío inocente pese a tener un Don Julián entre los dientes y una copa de Carlos III en la mano, abrí por la mitad un Charo Medina y me topé con la imagen de un "matrimonio de Logroño, 64 y 58 años, busca similar sólo para ella" y como reclamo ella mostraba orgullosa el bazo por vía vaginal y él se introducía un palito por la uretra. Yo diría que, cinematográficamente, eso sólo se puede equiparar a cuando los nazis abren el Arca de la Alianza en Indiana Jones primera entrega.

Obsérvese un despertar sexual de la mano de un Charo Medina Recuerdo perfectamente ese día porque fue el último en que me levanté de la cama siendo una persona física,

jurídica y humana, normal. Mi código de valores morales recibió tal patada que, a día de hoy, todavía sigue siendo una masa amorfa sin orden ni concierto desperdigada por el cosmos. Pues fue con esta nueva piel recién estrenada cuando me metí en un cine junto a Rodriguini a ver La Lista de Schindler. Lo primero que le llamó la atención fue el color de la película. "No me jodas macho que es en blanco y negro" -dijo llevándose las manos a la cabeza. Posteriormente hizo varios amagos de irse. En uno de ellos le tuve que placar y todo. El hecho de ver una película en blanco y negro sin explosiones, putas y coca le parecía letal. A esas alturas ya habíamos armado bastante jaleo y algún que otro asistente se estaba cagando en mis muelas. Rodriguini no me iba a dejar tirado yéndose, pero tampoco iba a aguantar la película, con lo que, para estar más cómodo, se tumbó en el puto suelo y se encendió un cigarro, cantó por lo bajini alguna que otra tonadilla y, finalmente, se quedó dormido como un angelito. Momento en el que gracias a dios se acabó la ira del resto de los espectadores contra nosotros dos y que aproveché para meterme un poco en la película. Me pareció una historia conmovedora, de mucha pena, sí. Sobre todo aderezada con los sollozos que se oían por toda la sala. La gente estaba muy afectada. Pero, de pronto, empecé a escuchar ruidos por la zona donde Rodriguini yacía en brazos de Morfeo cual saco de patatas ahí depositado, en el puto suelo. Cegado por la pantalla tardé en distinguir qué pasaba, sólo le oía reírse entre dientes. Cuando se me abrieron las pupilas lo vi con claridad. Recién despertado y ante la cautivadora imagen del puto techo de la sala, Rodriguini había tenido a bien sacarse la chorra y hacerse una paja. Completamente avergonzado por todo lo que ya nos habían llamado la atención, no pude reírme como mi esternón demandaba, al percibir esa situación con judíos famélicos en la pantalla, espectadores llorosos en las butacas, y el jodido Rodriguini as himself rebozándose por el suelo. Así que me puse a llorar, a llorar de risa como nunca lo he hecho.

Y cuanta más risa tenía que contener, más lloraba y me descojonaba vivo. Ese recuerdo, que me jodió el clímax de la película por completo, me acompaña como uno de los días que más me he reído en mi vida. Por lo tanto, cada vez que veo al amigo Schindler poner miradas vitriólicas al final -parte de la película que coincidió con la extracción y manipulación de pene por parte de mi amigono puedo evitar descojonarme vivo. Todo gracias al Rodriguini, gran amigo, gran español y gran ludópata -en una etapa posterior de su vida. Gracias, tío.

Cine la Hostia de Bueno que lo Flipas Million Dollar Baby: para vuestra puta madre
Como soy como soy, que si me ponen un par de uniformes de la wehrmacht, aunque sea en la piel de los hermanos Tonetti, trago con todo lo que salga en una pantalla, pues no me di cuenta del fenómeno que se estaba gestando con El Pianista de Roman Polanski o lo que yo llamo "cine la hostia de bueno que lo flipas". Pero lo que en su día fue hacer pasar una película correcta, aunque insulsa, insípida, inodora e incolora por cine del que se caga la perra, te descuidas cinco minutos y en poco más de un año ahora resulta que una requetemierda como Million Dollar Baby ocupa la vacante. Y lo que antes era desfachatez, ahora es un ataque directo a las personas de bien, que diría Zaplana, pero en otro contexto. Si esto es buen cine, que me corten la pichorra en filamentos para hacerle una peluca a Anasagasti, que me dolerá menos que el estado actual del séptimo arte. Me explicaré: Con Million Dollar Baby el amigo Clint sigue la línea que ya marcó con Mystic River. Por un lado la atmósfera de que la vida es muy perra y por otro, una curiosa forma de guión baturro-navarra que para señalar que un personaje tiene mala suerte, por ejemplo, no es que tenga problemas con la hipoteca, no, le tienen que raptar de niño unos pederastas y estar dándole por el culo de forma continuada varios días, para que de mayor, lastrado por las taras mentales que el suceso le produjo, lo maten por error y tiren el cadáver a un río lleno de mierda de

alcantarilla. No es de extrañar, pues, que en su siguiente película, Million Dollar Baby, su asesor guionista, natural de Sangüesa o de Sos del Rey Católico, cuando Clint le dijo que para la próxima historia necesitaba el perfil de una chica que no le van bien las cosas, que no tiene suerte en la vida, qué sé yo... que es un poco desdichada, pues en lo primero que pensó fue en la cuadriplegia. Lo que es la primera parte de la película no está mal. Viene a ser una especie de Roky femenino más cutre pero con el atractivo de ver a Morgan Freeman en calcetines un par de veces. Hasta ahí, una entretenida película de autosuperación tipo Karate Kid, Yo, El Halcón o nuestro incendiario Yo Hice a Roque III. Lo que yo no entiendo es que, si gusta tanto este tipo de cine, el Viruete no se edite en papel couché. El caso es que lo mismo resulta que el cinéfilo de hoy se ha fijado en esta película por su último tramo, donde la historia pega un giro radical y pasa del leit motiv "tú puedes rockin in the USA" a una comedia de humor absurdo y vanguardista absolutamente genial. "Humor senil" creo que lo llama Clint. Porque Clint está o senil o muy, pero que muy mayor. Mucho hay que estarlo para decir que la boxeadora mala de la película es la campeona de la RDA o Alemania Oriental. Por un momento piensas que la historia está ambientada en la época en la que existía este próspero país, pero a juzgar por los modernos vehículos que se conducen en el film, me temo que el colega Eastwood lleva sin tocar la sección de internacional del Herald Tribune unos veinte o veinticinco años. Pero lo mejor no es eso, agárrate, es que resulta que esa mujer es negra y, además, puta; "prostituta de la Alemania Oriental" dicen, para ser exactos. O sea, que si tenemos en cuenta que en la Alemania ocupada por la URSS, después de las políticas raciales de Don Adolfo Hitler, el número de ciudadanos de color negro debería oscilar entre 0 y 0'1, se deduce pues que esta mujer tuvo que emigrar del mundo libre al comunismo, es decir, ser la única persona que

saltó el muro de oeste a este, y todo con el fin de prostituirse en un país donde el dinero no servía para nada. Joder, para ser así de puta hay que ser muy puta. Qué puta más zorra, que diría Tony Soprano. Pero lo más disparatado de esta comedia empieza cuando la protagonista se queda cuadriplégica por un golpe traicionero que le propina la reputa y la llevan al Hospital Psicodélico Infernal de Kansas City. Un lugar donde, en un principio, parece ser que está en buenas manos porque le hacen una traqueotomía y la mujer no tiene excesivas complicaciones para seguir hablando con el tubo insertado en la garganta -como todo el mundo sabe, con una traqueotomía se puede participar en los campeonatos de bertsolari del hospital, de hecho, no hay más que fijarse en el Papa, al que recientemente le han practicado una, y cada vez que se acerca a un micrófono suelta un chorro de voz con un ímpetu y vigor tales que yo, personalmente, cierro los ojos y pienso que se trata sin lugar a dudas de Joselito "El pequeño ruiseñor"- Más adelante, en el hospital, cuando ya lleva tiempo ingresada, parece ser que cambia la administración del centro y entra una junta directiva recién llegada de Pretoria (Lesotho -África), porque, cosas de la vida, resulta que entre los cuidados a las personas paralíticas no está incluido el cambiarles de postura para que no les salgan heridas o llagas. En la película, a la pobre protagonista no es que le salga una un tanto molesta, es que se le engangrena la llaga y le amputan la pierna -esta parte se le debió ocurrir al asesor-guionista baturro-navarro gracias a la inspiración que sugieren momentos tan supermaños como ir en burra por las vías del AVE y gritarle al tren cuando se aproxima a 310 km/hora "chufla, chufla, que como no te apartes tú".

Clint Eastwood con el traje de escribir guiones cinematográficos Más adelante, en otro golpe del guión que podríamos calificar como "armonioso y primaveral" la boxeadora cuadriplégica se arranca la lengua de un mordisco para ver si logra morirse asfixiándose con su propia sangre. Llegados a este punto, en la casa donde estábamos viendo el divx ya empezó el cachondeo severo. Resulta que uno de mis amigos, Jorge "El Yevi", es ultrafan de la película Jeremiah Johnson de Robert Reford (va de un jambo que se hace ermitaño en las montañas) y da la casualidad de que, con motivo de mi visita a su ciudad, Zaragoza, quisieron obsequiarme con un plato muy típico del lugar, spaghetti con tomate, para ver el film. El tema es que el Yevi vete tú a saber por qué, tenía la cocina un tanto, digamos, abandonada. Y durante el complejo proceso de preparación y elaboración del singular plato, tanto el Yevi como el Chema tuvieron que estar una media hora previa quitándole moho al chorizo y al queso. Todo esto viene a cuento porque, en el desenlace final de la película, cuando se ve una silueta entrando sigilosamente en el hospital, se alinearon los factores anteriormente mencionados y mis amigos al menos me alegraron la tarde con los siguientes comentarios: "Ese va a ser Jeremiah Jonson que va a coger el trozo de lengua de antes, que ya tiene que estar lleno de moho". En realidad era Clint, que entra en la habitación y le hace un arrumaco a la chica, lo que provocó otra intervención: "Anda, qué

cabrón, se la va a follar ahora que no puede darle una hostia". Y Clint le quitó el respirador para que el Yevi concluyera: "Y por el agujero del cuello, claro, para que lo sienta". En ese estado de descojono, borracho, y tras haber ingerido una buena cantidad de moho, que Clint entre en un hospital, le quite el respirador a una paciente, ahí no suene ni una alarma ni venga una enfermera ni Dios que lo fundó y se pire tan a gusto y meditando pues ya me sudaba bastante la polla. El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la falta de talento de un mendrugo. Ésta es la razón por la cuál no he visto Mar Adentro, del ínclito por todos conocido. Porque ya vi Tesis y Abre los ojos. Pero me da la sensación de que la celebridad de estas dos películas ha generado una especie estado de opinión entre las mentes más privilegiadas de nuestra civilización que da como a entender una especie de compasión del tipo: (ante un paralítico) "pobrecito, alguien debería matarlo". Que si bien "tiene sus más y sus menos y sus dimes y diretes", como señalaría El Nota en El Gran Lebowsky, en este mundo de mentes homogéneas terminará otorgando más dignidad al suicida que al que vive en condiciones jodidas, que es precisamente, en mi humilde opinión, el que más uso hace de la dignidad que Dios le ha dado. Aunque a este respecto, que cada uno opine lo que quiera, yo no juzgo a nadie por este tipo de cosas. Para que este no sea un texto eminentemente excretor, voy a hacer un par de consideraciones cinéfilas de carácter positivo. Si, oh súbditos de Juan Carlos I, lo que queréis es ver películas duras que os angustien y depriman que versen sobre paralíticos, la más recomendable que conozco es Johnny cogió su fusil, que encima es antibélica y sirve de apoyo moral para gritar ¡No a la guerra! con los colegas. Trata sobre un soldado que se ha quedado sordo, ciego, sin piernas, ni brazos ni mandíbula. Al final, como parece que es lo más normal pero yo creo que no lo es tanto, termina pidiendo por favor

que le maten y esto se cuenta en el film mediante sus sueños y sensaciones, que te joden la vida y destrozan mil millones de veces más que las cómicos giros de guión baturro-navarros de un conductor de cosechadoras cerealeras como es Clint Eastwood, que parece mentira que hiciera Bird. Y si lo que queréis, oh hijos de Don Pelayo, es una buena película de boxeo, no voy a recomendar Toro Salvaje, que ya está más vista que el tebeo, sino The Set-Up (Nadie puede vencerme, 1949) que no es que yo sea un cinéfilo gafotas del copón, es que la echaron en Cinemanía hace no mucho, y cuyo final habéis tenido 55 años para verla- da una idea aproximada de lo fantástico que tiene que ser el mundo del boxeo: al protagonista le machacan la mano a pisotones y su mujer y él se llevan una alegría tremenda porque ya nunca jamás podrá volver a boxear. Sin más, un saludo a Constantino Romero por haber doblado a Clint Eastwood en Million Dollar Baby con exactamente el mismo registro que usó con Darth Vadder -me ha ayudado mucho a tomarme en serio la película- y a Javi Navarro, que lo tiene que estar pasando muy mal, pues el muy gay ha vulnerado la filosofía más elemental de nuestro club, el Sevilla FC, al darle un codazo a un contrario, pero no "pisalo" cuando estaba en el suelo. Te toca vivir con esa losa el resto de tu vida, Javi.

Los vascos
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Los vascos los vascos los vascos los vascos

Los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos los vascos

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Festimad "El Alamein" 2005
Con motivo del cincuenta aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, el Exmo. Ayuntamiento de Fuenlabrada celebró el pasado fin de semana una recreación a gran escala de la formidable batalla entre ingleses y alemanes que tuvo lugar en El Alamein. Tormentas de arena, escasez de agua, alimentos en mal estado, amasijos de hierro en llamas, desesperación, llanto, angustia, violencia y sol, socarrante y severo solazo; sobrecogieron a los asistentes que, asombrados, elogiaban al ayuntamiento con gritos, vítores y silbidos por lograr tan brillante reproducción del célebre acontecimiento histórico. La conmemoración incluía también un parque temático sobre los horrores del nazismo. Se trataba de la fiel reproducción de un campo de concentración con 25.000 personas hacinadas a grandes temperaturas y sin agua, que si bien tenía más parecido con los campos de refugiados de la Guerra de los Balcanes, las labores de identificación y cacheo a las que graciosamente eran sometidos constantemente los participantes recreaban inconfundiblemente la ardua labor de las SS en la Europa del Este. Como en todo festejo que acontece en la piel de toro, no podía faltar música. Acompañando las labores de recreación histórica, a lo lejos, se ofrecieron algunos conciertos para amenizar la asistencia del público allí congregado. Cabe señalar lamentables sucesos protagonizados por individuos de las étnias periféricas del Estado español, que si bien exigen que se respeten sus lenguas y dialectos primitivos, no hacen lo mismo con los pintorescos idiomas del interior de la península. Lo que dio lugar a equívocos cuando estos irrespetuosos

ciudadanos leyeron en la web del Festimad que la zona de acampada era un "terreno mullido y tupido de hierba, en su mayoría, está sombreado por árboles" que en español puede querer decir algo parecido a lo que suena al leerlo, pero que en castellanomanchego significa, literalmente "páramo, secarral o solana de tierra baldía coronada por un pequeño arbol muerto que señala la cota más alta". En lo que a mi respecta, no me lo pasé mal. Salí del trabajo el jueves a mediodía y me fui a ver a RIP KC al Paraninfo de la Complutense para entrenar un poco eso de estar de pie e hidratado a base de alcohol bajo altísimas temperaturas. El concierto de los de Vallecas fue como siempre excepcional, aunque me llamó más la atención que los organizadores del evento, que debía ser algo en favor de Venezuela, aparte de ser feos y granulentos, llevaban camisetas de la Alemania Oriental, con dos cojones. No sé si de broma o reivindicándola. Me creo cualquier cosa. El caso es que ahí comencé una giña que duró hasta que nos personamos al día siguiente en Fuenlabrada para el Festimad y, en lugar de enlazar, empezó otra bien distinta: Fui ordenado maño honorífico por mis colegas, que me hicieron entrega de un cachirulo y una bota de vino. Estoy pensando que con todos los títulos nobiliarios que ostento, "Álvaro I de España y III de Castilla, Subhumano II de Romería Gallega Palangana de Sevilla y Baturro de Honor", -todo galardones obtenidos a manos de naturales de dichas provincias con el sudor de mi frente en épicos y severos megaciegos- cuando mi hijo herede esta carga nobiliaria y todas las responsabilidades que conlleva el pobre no va a pasar de los trece, (si es hija la meteré a monja con la intención de follarme el Acueducto de Segovia -esto es un guiño para las manadas de fans de Gómez de la Serna que se amontonan en internet) así que cuando la muerte me lleve creo que abdicaré en mi padre para alargar la vida de mi retoño algo más de lo que esta carga genética supone. En cuanto al festival, ejerciendo de maño, le grité con todas

mis fuerzas cachirulo en ristre "Maricón, Maricón" a todos los melenitas que se subían a un escenario; aunque luego me metí en mi papel real y me dediqué a contestar a todo lo que se me decía: "España, España, España". Así me preguntaban: -¿Tienes un cigarro? -¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA! -¿Sabes que eres muy guapo? -¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA! ¡ESPAÑA! -¿Podrías vomitar por favor en el interior de otra tienda de campaña que no sea la mía? -¡E-PAÑA! ¡E-PAÑA! ¡E-PAÑA! De todas formas, lo mejor del Festimad llegó cuando, de casualidad, leí la noticia que daba el mejor diario de España y uno de los más prestigiosos del mundo, El País, el domingo. La firma Fernando Martín, que supongo que se querría ir de fin de semana a la playa o algo y la dejó escrita el jueves. Atención: "La actuación de Prodigy puso punto final al Festimad 2005": Cierto, pero cuando yo leía estas líneas aún no había empezado el concierto. "Fu Manchú dieron también su correspondiente dosis de sonidos al borde del estallido de tímpanos": Se suspendió por la tormenta de arena a los cinco minutos. Y era el único puto concierto que yo había ido a ver. Me cago en mis putas muelas. Luego F.Iñiguez firma una columna al lado: "Las contradicciones oficiales [políticas, porque fue la ministra] sin embargo, no empañaron ayer el buen funcionamiento de la segunda jornada del Festimad": Un funcionamiento cojonudo. Se suspende Fu Manchu nada más empezar y no se reanuda ningún concierto más hasta

cinco o seis o siete horas más tarde. "Mejor ubicados y definitivamente tomadas las medidas del recinto por los asistentes (...) todos se desenvolvieron con presteza y animosidad": Así es como el colega F.Íñiguez se refiere a que la gente quemara los coches de propaganda del festival y asaltara los puestos de comida mientras los organizadores huían despavoridos y acojonados previendo un linchamiento. "Poco importaba que el polvo siguiera siendo el protagonista principal": No importaba nada, unas ocho mil personas aproximadamente con mascarillas, alérgicos evacuados, gente llorando, otros con la cabeza dentro de la camiseta. Era jauja. "Y eso a pesar de los frecuentes riegos con mangueras de los camiones cisterna": Esto ocurrió una vez creo que durante Mondo Generator. Y consistía en regar a las tías, en especial a dos que se dieron un morreo mientras las calaban. Yo, en mi hijaputez, cuando arreciaba la tormenta de arena en su máxima intensidad me reía entre dientes pensado cuan encroquetado sería su estado en ese momento. En fin, si eres periodista y te invitan a un festival, te dejan una grada para que seas el único de los veinticinco mil que se puede sentar en condiciones, te dejan mear en aseos limpios y no cagados simpáticamente por fuera. En definitiva, encima que no pagas y te tratan mejor que al que afora religiosamente su entrada, ten por favor los santos cojones de por lo menos presentarte allí y escribir lo que has visto, sinvergüenza, caradura, infrahombre, subhumano y cabrón. PD: Fotos del evento aquí

Ecologista goes to Treblinka
tardé cinco minutos en compartir opiniones con Casimiro sobre diferentes dolencias rectales sufridas en el pasado bueno, él en el pasado presente. Alguien así es inequívocamente un buen tío. Lo digo porque me hace gracia la atmósfera que envuelve el texto, la cual considero que está impregnada de la antiglobalización tan propia del litoral mediterráneo y que no me cuadra en tan buena gente como son ellos. A veces, en las regiones de interior tenemos que mostrarnos férreos en la dominación de las aldeas periféricas, pero es que, en situaciones como ésta, tienes que reírte. Quizá seamos paternalistas, pero qué caray, lo hacemos por su bien, ¡si es que son como críos!. Vamos a ver, chicos, la contaminación, los gases de efecto invernadero y todas esas cosas no van a acabar con la vida en el planeta ni Dios que lo fundó. Atended, en mi casa, por ejemplo, yo soy como EEUU, lo lleno todo de mierda y no lo limpio. Tengo mis métodos, a saber, me suelo pasear descalzo por toda la casa cantando alguna canción, el "Soy una Chumbera" por ejemplo, y pasito a pasito todo el horror vacui de pelusas y restos de frutos secos, que a veces llegan a obstruir el paso de una habitación a otra, se adhiere a mis pies que posteriormente lavo en el bidet. Eso es lo que los políticos llaman "desarrollo sostenible", que en realidad sólo sirve para dar trabajo a todos los jóvenes de familia bien catalana que han dilapidado la fortuna familiar estudiando tonterías y carreras que no valen para nada. Y en mi caso doméstico, porque dicen que caminar previene de enfermedades coronarias.

Sí? sí, coño, sí Mi casa se vuelve habitable cuando con dos cojones cojo la escoba. O sea, cuando se me come la mierda. Y esto es lo que pasará en la Tierra, especialmente cuando la mierda llegue a los barrios donde viven los oligarcas. Por lo tanto, es sencillo, cuanta más mierda sueltes, antes les llegará y antes se tomarán medidas de urgencia de carácter incluso militar que devolverán ese arcoiris que tanto le gusta a Apendicito de Yolanda perseguir mientras juega con una cometa de piel humana. Esa es mi política ecologista para la conservación del medio ambiente: contaminar a discreción. Por otra parte, si acaso, que todo es posible, yo estuviera equivocado, siempre queda el plan B. Y es que yo no soy de la generación que ha consumido consolas y manga de forma compulsiva, lo cual quiere decir que habitualmente no confundo realidad con ficción. Me refiero a que no me pajeo con otros mundos paralelos de alegría y alborozo. Yo quiero que se cumplan mis sueños. No me vale con elucubrar leyendo tebeos. Yo quiero vivir en la Negociudad de Mad Max III "La Cúpula de Trueno" y no descansaré hasta que mi sueño se haga realidad. Mientras, vosotros, si queréis, jugad al rol. Otro Comunicado Institucional Dirigido al Sr. Migoya, que se pasó por aquí: No es tan de extrañar que tuviéramos pensamientos paralelos viendo Million Dollar Baby. Yo me he criado con El Vibora. Con él

he aprendido, me he divertido y me la he pelado mucho, todo hay que decirlo. Y al contrario que Lucía Etxebarría, sí conservo mi colección, además, con orgullo, sobre todo porque me la empezó comprar mi padre. Gracias por Odio, Hernán. EXTRA: "Hierro abandona la lucha armada" Es el nombre de una semblanza biográfica que he perpetrado junto a un confidente de la prensa deportiva sobre el capitán de mi equipo. Por lo subnormal, insultante, poco respetuosa con la realidad y atrevida, creo que el resultado es, como diría mi tronco, Kiko: "la polla que trepana". La tiene usted aquí, y gratis.

La orden jedi alopécicobigolanar
El otro día unos jóvenes demócratas entraron en el entrenamiento del Atlético de Madrid en el Cerro del Espino (Majadahonda) a acojonar un poquillo a los jugadores. Fue impresionante ver cómo todo dios se najaba; los empleados del club preguntado si ya que estaban querían tomar algo y los jugadores con la bolsa escrotal como una nuez y los ojos vitriólicos de Candy Candy. Tan sólo un Hombre fue capaz de plantarles cara: Bastón. Miguel González Bastón, entrenador de porteros del Atlético de Madrid, fue guardameta del Burgos durante muchísimos años. Es un cromo que todo adulto que al pan le llama pan y al vino, vino, tuvo de niño una y mil veces; un calvo con bigote preconstitucional como el Tato Abadía (Logroñés), Carmelo (Cádiz) y muchos otros jugadores, funcionarios y señores paseantes con transistor y mariconera. Si el par de cojones que tiene este hombre no quedó ayer suficientemente claro, se podría destacar que en 1990 sufrió un traumatismo craneoencefálico al darse un piñazo con un poste en un lance del juego. Bastón se tomaba en serio lo que hacía. Años más tarde, estuve sentado casi a su lado en un Real Madrid B - Real Burgos de segunda división que ganó el equipo blanco por 4-1. Y al final del partido pidió perdón a los cuatro aficionados que se habían desplazado desde la capital castellana por el ridículo que habían hecho sus compañeros. Lo dicho, era un señor de los pies a la cabeza.

Miguel González Bastón, Zamora 89-90 de 2ª Los señores calvos con bigote preconstitucional abundaban mucho, pero ahora se están extinguiendo. De pequeño, cuando estabas jugando en el parque y te caías de un tobogán haciéndote una brecha de siete puntos, siempre había un calvo con bigote preconstitucional que te metía en su Talbot Horizon, sacaba un pañuelo por la ventanilla y te llevaba a toda velocidad al hospital poniendo el vehículo a dos ruedas si fuese necesario. Siempre había señores calvos con bigote preconstitucional deambulando por ahí sin saber muy bien a donde iban, pero iban haciendo el bien; cabreados por una señal mal puesta o por un coche aparcado en un paso de cebra. Eran como una orden jedi que velaba por el equilibrio del universo, serenos sobre los que descansaba la estabilidad y la paz de la ciudad: el civismo. Quizá no todo era idílico en ellos. Vale, les gustaba Franco, pero quién va a echarle eso en cara ¿nosotros? ¿una generación de españoles que nos gusta hacernos besos negros? anda no me jodas. Antiguamente había una esperanza. Un joven guerrero descendiente de una larga estirpe de jedis, en concreto, la orden de la benemérita, estaba llamado a extirpar el lado oscuro de la fuerza de nuestro país, pero se pasó al reverso tenebroso por un quítame allá esas pajas. Se llama Carod Rovira. Actualmente su calva y su bigote

preconstitucional están ruralmente alborotados, como haciéndoles un desprecio, mientras expande el mal por el universo. Ya no hay esperanza.

MTC en el día del Orgullo Gay

La única vez que he asistido a una fiesta del Orgullo Gay en Chueca fue hace aproximadamente diez años. Estaba en Moratalaz, había quedado con mis colegas death metaleros -yo fui un death metalero adolescente. Nos fuimos a las afueras del barrio, más allá de la catedral mormona, que poca gente conoce, pero que manda cojones toda ella y lo que la rodea. En un descampado bebimos como perros y, oye, alguna vez tenía que pasar, me comí un cuarto de tripi. Curioso, esperé sus efectos. Mientras tanto, bebiendo y bebiendo hacía el payaso junto a mis amigos. Éramos lo más death metal, pero ninguno de nosotros se lo tomaba muy en serio porque no parábamos de hacer el gilipollas y, como todo el mundo sabe, el death metal no es para reír. Cuando me quise dar cuenta me estaba partiendo el culo de todo. Al rato, corría por lo más profundo del descampado con toda la pandilla. Nos meábamos de risa al ver que la maleza era más alta que nosotros. Aún así, subimos a una elevación del terreno y desde allí vimos -toma moreno- fuegos artificiales -eran las fiestas de otro barrio, no me acuerdo

de cuál. Al cabo de media hora de bucear entre arbustos, ver el cielo y que de repente se iluminase con fuegos artificiales estando de tripi fue un momento mágico. Luego, no sé cómo, pero nos fuimos de juerga, como siempre, a Chueca, a un bar que se llamaba Fear, el único que ponía death metal de todo Madrid. En el trayecto en metro a un amigo mío le estaba dando algo de la risa. Otro colega mío, haciendo escarnio de su persona, nos decía por lo bajini entre sudores y risas nerviosas: éste es una "vaca risa rosa sudorosa". Al objeto de la burla se lo comentábamos: eh, escucha, eres una "vaca risa rosa sudorosa". Y él se reía aún más, poniéndose más rojo, más gordo y más sudoroso. Creo que en ese momento es cuando más me he reído en mi vida. El caso es que salimos del metro. Fuimos por los pasillos de Chueca, todos bastante ciegos. Y, fuera, se oía un ruido marchoso terrible, como si hubiera montada la mejor fiesta de la Historia. Agilizamos el paso. Íbamos casi corriendo a ver la que había preparada en la superficie. Y fue salir de la boca de metro, esperando unirnos a la mayor fiesta de camisetas mojadas más grande jamás montada en la Mansión Playboy, y encontramos con cuatro travestis gritando sobre un tablao y centenares de homosexuales fuera de sí. Había mujeres, pero pocas, lo juro. En ese momento, mirarnos y estrecharnos de hombros diciendo, con una inocencia inalcanzable hoy en día, ¿esto qué coño es? añadiendo después con seriedad y agitando el índice: "esto no es lo que parecía, no, no, no, de ninguna manera" debió ser éste el segundo momento que más me he reído en mi vida. Decidimos atravesar el mar de gays como una cadena humana. Todos agarrados para que no nos pasara nada. Los preparativos de "la cadena del metal" también fueron descojonantes. Por el camino gritábamos. Los gays gritaban de emoción en su fiesta, nosotros, de espanto. Aunque en realidad lo que más hacíamos era no parar de reír y llorar de ídem. Llegamos por fin a la calle. Nos paramos en la zona detrás del bar de lesbianas "El Truco". No había tanta aglomeración de gente. Mis amigos cogían aire. Más de uno estaba al

borde del infarto y sin poder parar de reír ya no se sabía de qué. Yo estaba completamente embriagado por la alegría. Por la calle pasó un motorista. Salté del grupo. Me tumbé en mitad de la calle para interrumpirle el paso. Paró. Me levanté. Le hice señas para que se quitara el casco. El tipo se lo quitó raudo pensando que le iba a decir algo importante. Parecía hasta preocupado. Se lo quitó. Me acerqué a su oreja y le susurré: a mi también me gusta el mundo del motor. Me empezó a pitar el oído. Según decía "motor" el hombre me había dado un puñetazo en la cara. Volví al grupo. Me entró mal rollo, me amargué y me fui a casa. Así fue mi único Día del Orgullo Gay. Enhorabuena a todos los mariconzones españoles por tan señalado día como hoy.

Lanzarote y las bodas gays
texto excretor debería haberlo escrito la semana pasada con motivo de las manifestaciones que tuvieron lugar en mi ciudad, Madrid, mía y de nadie más. Pero me fue imposible porque me encontraba en Zaragoza. En concreto, a orillas del Ebro, debajo de un puente, alrededor de una furgoneta-discoteca con "El Potro", "El Rambo" y otros individuos de diverso pelaje que, por turnos, sostenían una rojigualda con el toro de Osborne. Por culpa de esta enriquecedora experiencia donde las haya no pude sentir el ambientillo que rezuman dos manifestaciones simultaneas de esta ralea: una por la familia y la teocracia, y la otra -un tanto extraña- de un millón de personas persiguiendo a un negro con un tambor por la Castellana. Dicho de otro modo: huí. Y decidí dedicar mi exilio a explorar otras culturas que no son la mía, como es el mundo de los bakalutis-a-piñón-fijo con sus costumbres y su idiosincrasia tan particular que a mi, personalmente, me resulta bastante simpática. Mucho más simpática por lo menos que las sectas de coleccionistas de vinilos, los seguidores de movimientos minoritarios u obispos de cualquier cultura popular de tres al cuarto. Anda y que no me lo pasé bien. Pero este tipo de incursiones selváticas fuera de Madrid que me da por llevar a cabo no son óbice para que opine sobre lo ocurrido. Yo, con el Foro de la Familia, el PP, la Santa Madre y compañía, tengo la misma impresión que siento cuando veo la película "Excalibur" de John Boorman. En este pedazo de film, hay un momento en el que Lancelot, que se está beneficiando a la reina en mitad del campo como si fuera una vulgar turista alemana poseída en la era en un pueblo de la provincia de Castellón, es descubierto por el marido de la reina, o sea, el Rey -ni más ni menos-, que clava su espada, Excalibur -

ahí es nada- entre medias de los dos. Lancelot se despierta, lo ve y se altera: "¡El Rey sin espada! ¡La tierra sin Rey! ¡La tierra sin Rey! Aaaaaaagghhh". Y sale corriendo en pelota picada campo a través con toda la vegetación de más de medio metro golpeando dolorosamente su bolsa escrotal. Esta escena es uno de los momentos de comedia involuntaria con los que más me he reído en mi vida. Me recuerda a cómo caen en Madrid las machadas de los nacionalistas periféricos: "¿Que Cataluña es una nación? ¡La patria se rompe! ¡La España rota! aaaaghhhhh -y se echan al monte semidesnudos (intelectualmente)".

A Lanzarote le molan mucho las trifulcas con lanza, espada y mazo, pero los duelos a sable de carne le exasperan No es que yo sea abierto de mente. Las machadas periféricas también le duelen a mi patriotismo, pero a menudo, al menos en mi ambiente, nos las tomamos a chufla. Aunque el caso de las bodas gays es distinto. La reacción airada e histérica que les produce a los sectores profamilia no la comparto en absoluto. En Me Tenéis Contento, la homosexualidad, aparte de ser una hipotética alternativa de futuro para una existencia que

gradualmente es más penosa cada día, es algo que nos la trae al pairo. Vamos a ver, si cada vez que un señor con bigote preconstitucional ingiere el pene de un gordito calvo en Albacete, llamara a la puerta de mi casa un policía y me dijera "oiga, que hay dos maduritos en Albacete chupándose las pollas, ponga aquí la mano" y acto seguido me machacara las falanges de los dedos con unas botas militares. Pues sí, la homosexualidad nos parecería muy preocupante. Pero como no es el caso, nos la suda. El caso es que hay que señalar que, como Lancelot en Excalibur, se trata de gente con arraigadas creencias milenarias, lo cual es digno de respeto. A Lancelot la tierra sin rey se los pone de corbata, a los profamilia las bodas gays les subleva, vale, muy, bien, estupendo, pero hay un dato clave. Lancelot lo que está haciendo es tirarse a la reina, exactamente igual que la Santa Madre Iglesia, sólo que donde digo reina, diga erario público. Así que si no les gusta lo que hace el Estado a su bola, pues que hagan como Lancelot: que corran desnudos por el bosque para cambiar de vida y convertirse en un predicador del apocalipsis con déficit de higiene, como ocurre en la película. Porque a estas alturas de la vida, seamos justos, la doctrina de la Iglesia poco se diferencia de los contenidos de la revista Más Allá.

Estar fuera (Capítulo 1 de 3)
Dennis Whopper (la uve doble corre a cargo de Faemino y Cansado en su difunta lamandibula.com) decía completamente borracho a sus dos hijos pandilleros (Mat Dillon y Mickey Rourke) en La Ley de la Calle: "una visión más aguda de la realidad no te convierte en loco, pero puede volverte loco". Ojo al dato -añado. Al oírlo, Mickey Rourke balanceaba su cabeza de lado a lado, como si le pesara, con una sonrisa entre el sarcasmo y el hastío mientras Mat Dillon abría la boca con cara de bobo y no daba crédito a lo que decía su viejo. Yo lo que quiero es repartir hostias sin más -debía estar pensando. En esta maravillosa película, Mickey Rourke es El Chico de la Moto. El pandillero más chungo del barrio cuya chupa de cuero y Harley Davinson contrastan con la dulce y melancólica mirada de un niño herido. En la película el Chico de la Moto perfectamente podría dar un recital de hostias, de frases en plan Lord Byron y padecer amores tan intensos que duelen, pero no, se lo deja todo a su hermanito, él está de vuelta de todo. Sin embargo, su hermano sí quiere ser como era él en el pasado. Un rebelde sin causa, un lo quiero todo y lo quiero ahora: un rey de la calle. Y eso tan sólo arranca de Mickey Rourke indiferencia. Lo que le pasa al Chico de la Moto es que tiene una visión bastante global de lo que pasa en su barrio. El hombre ha viajado -en moto, sí- ha visto mundo y ha recapacitado sobre lo que supone haber dedicado la adolescencia a repartir leches, ponerse ciego y fornicar indiscriminadamente. Durante la peli vemos como constantemente choca con su hermano hasta que, al final, cuando ya más o menos uno se ha enterado de qué es lo que pasa en ambas cabezas, Francis Ford Coppola deja

que la película concluya en clave simbólica: El Chico de Moto está obsesionado con los peces exóticos de vivos colores de una tienda. Resulta que en las peceras en las que se venden están separados por compartimentos porque en tan poco espacio se pelean hasta la muerte. El Chico de la Moto dice que en el río tendrían espacio suficiente para vivir y no se pelearían. Pero en ese momento aparece el poli malévolo con gafas de espejo y, cuando Mickey Rourke dice: "alguien debería llevarlos al río"; él contesta: "y alguien debería quitarte de en medio". Mat Dillon, que no tiene mucho seso, si flipaba con los "crípticos" mensajes de su padre, ahora ya sí que no sabe ni por donde le da el aire. En realidad, lo que se le escapa es que el símbolo está en los peces, que representan a los jovenzuelos, atosigados por una sociedad opresora, un futuro de mierda y ninguna posibilidad de evasión intelectual, razones por las cuales se pelean y esnifan pegamento. "Alguien debería llevarles al río" dice y hace Miki Rourke, que es acribillado a balazos en ese momento por el policía a orillas del susodicho río, dando a entender que el sistema necesita como salvaguarda preservar un orden en el que el hecho de que cada jovenzuelo ajuste libremente su vida a la visión que tiene de lo que le rodea, como señalaba el señor Whopper a sus hijos, va contra lo establecido y es anatema. Pocas veces una película sobre pandilleros da una visión tan inteligente sobre el fenómeno y su componente lírico no se basa en pelanas con miradas vitriólicas haciendo pucheros con una botella de Jack en una mano y una navaja ensangrentada en la otra, sino que te abre el esternón e introduce dentro la sensación de "como mi vida es una mierda me voy a dedicar a hacer el gilipollas para por lo menos hacer ruido y si me muero pues me muero ya que no tengo ningún futuro en este barrio de estibadores portuarios irlandeses y obreros italianos del metro" y además a toro pasado, es decir, subrayando que el fenómeno no es más que una absoluta ridiculez. Más aún

para quien ha sido el abanderado del tema. He tenido que decir todo esto para explicarles que en esta trilogía voy a tratar el tema de los peces de colores que le gustan a Mickey Rourke. Seres preciosos, delicados, únicos, encerrados y que muerden. Y voy a tratar el tema torpemente y con tres brochazos mal dados tirando de la única fuente de cultura, sabiduría y conocimiento de la que he abusado en mi vida: la tele. Pez Nº1: Lucas Afraid of the dark. 1992 (Francia, GB) Dir. Mark People: Lucas es un chico que carga con la tara de no ver tres en un burro. No ve nada de nada de nada. Cada día está más ciego. Y además, tiene imaginación porque le da por imaginarse que su madre también es ciega. Suponemos que por amor. El caso es que sus imaginaciones, en un principio variopintas, pasan a hacerse uno con sus miedos y Lucas está todo el día acojonado porque cree que un asesino de ciegos les va a matar a él y a su madre. Como Lucas puede que sea ciego, pero no gilipollas, empieza a ir por ahí con un par de agujas de hacer punto de veinte centímetros por si acaso, lo que le trae problemas. Su mejor amigo es el perro del vecino. Un can majísimo que le quiere un montón y que todas las mañanas le llama alegremente con sus ladridos moviendo el rabo y las orejas apostado en la ventana de su casa. Pues en una de estas, a Lucas le da por imaginarse que los ruidos que proceden de la ventana son de un asesino en serie de ciegos y le inserta vía globos oculares las dos agujas de hacer punto dando fin a su existencia patética de perro baboso de mierda. Pero como Lucas no comparte esta visión mía del perro, pues se lleva un disgusto de no te menees. Y el dueño del chucho ni te cuento, que se lo encuentra tirado en una esquina en avanzado estado de descomposición. Este pequeño incidente sin importancia vuelve aún más loco a Lucas que empieza a ver asesinos en serie de ciegos por todas partes. Hasta que llega un

punto en que sus padres sospechan que está como una puta maraca. Impresión que se ve acrecentada cuando Lucas se fuga de casa con las agujas en una mano y su hermanito recién nacido en la otra. No voy a contar el final por respeto, aunque la película ya está bastante destripada. Tan sólo destacar en qué se puede convertir un pez de colores sensible y con imaginación si nadie se da cuenta de que a causa de una galopante ceguera que le hace abrir las puertas con el tabique nasal el chaval está completamente aterrorizado. Pez Nº2: Francie The Butcher Boy (Contracorriente). 1997 (Irlanda, GB) Dir: Neil Jordan: A Neil Jordan ya se le vio en Juego de Lágrimas que tenía bastante pedigrí. Una película que parece ser una sesuda reflexión sobre el terrorismo y termina siéndolo sobre la sexualidad no es moco de pavo. Con estas referencias no es de extrañar que mole tanto El chico carnicero, llamada Contracorriente por los traductores hispanos que para demostrar que entienden algo las películas tienen que explicártela en el título jodiendo ese derecho sagrado de todo artista de llamar a sus creaciones como le venga en gana. El film trata sobre la vida de Francie, un muchacho hijo de un músico alcohólico y una madre enferma mental que está todo el día entrando y saliendo de un manicomio. Francie, dejando de lado las palizas que le da su padre a la parienta, tampoco está muy a disgusto, al contrario, es feliz y les quiere muchísimo. Al chaval la vida se le ha planteado así y, oye, tampoco va a montar un numerito, lo acepta y trata de estar a gusto. El problema aparece como siempre con los agravios comparativos. Resulta que la vecina, la señora Nugent, que tiene un hijo gafotas y empollón, no puede ni ver a la familia de Francie. Es más, les llama cerdos y le da asco vivir en la casa contigua. La respuesta de nuestro héroe es putear al hijo de los Nugent y cagarse literalmente, es decir, plantar un tronco humeante, en el salón de su casa. Esta acción armada le

supone el ingreso en un reformatorio, donde, en su salsa, hace amistad con los internos a los que denomina cariñosamente "paletos", aunque la estancia no es del todo idílica ya que un cura le viste de vez en cuando de mujer para hacerse pajas frotándose con él. Después de esta experiencia se empieza a volver bastante loco y habla a menudo con la Virgen, representada ni más ni menos que por Sinead O'Connor. En esto que Francie hace un amigo, Joe, que le ofrece un pacto de sangre más con la intención de que Francie deje de maltratar al hijo de los Nugent que de ser amigo suyo. Pero ya da igual. La señora Nugent envía a dos matones para que le den una paliza a Francie. Aquí me viene un recuerdo de mi infancia. A mi me puteaba mucho una gorda mucho más mayor que yo, hasta que un día me tiró a la piscina y, lleno de rabia, la emprendí a patadas en la cabeza con ella. Me dejó en paz para siempre. Pues Francie hace algo similar. Le zumban constantemente los matones, y él en una de éstas coge una piedra y la emprende a golpes con los cráneos de estos. Está a punto de matarlos, y le dejan en paz, aunque como contrapartida su amigo Joe se escandaliza y huye. Este hecho, sumado a que el padre de Francie lleva muerto en casa varias semanas y el chico sigue hablando con él como si nada, hace que le envíen en esta ocasión a un manicomio donde le dan electroshock y demás lindezas. Así que por fin se vuelve completamente loco, no para de ver cerdos por todas partes y habla con la Virgen en cada retrato de ella con el que se topa, de forma que su amigo pasa de él y, como Judas, le niega tres veces. A Francie esto le rompe y comienza a desear el holocausto nuclear. La visión de las bombas nucleares estallando a su paso es muy impactante. Yo también me reconozco en estas escenas, pues todas las mañanas cuando entro en el metro deseo que ocurra algo semejante, o bien un holocausto nuclear o bien un terremoto descomunal, pero algo que me libre de tener que pringar siempre esclavizado por la rutina. El desenlace de todo esto es morrocotudo. El pueblo espera que se aparezca la Virgen y hacen una especie de rezos

comunitarios. Mientras, Francie va casa de la vecina y hace con ella algunas cosillas. Esas cosillas las descubre una mujer posteriormente y pega un par de gritos. Entonces los vecinos se creen que se ha aparecido la Virgen en casa de la señora Nugent y corren emocionados dando gracias a dios al interior de la casa donde, por el contrario, lo que se encuentran es un graffiti en la pared escrito con las tripas de la susodicha en el que se lee "Cerdos". Omitiré el final, aunque de nuevo la cosa más destripada no puede estar. Lo que hay que destacar es que a un pez de colores necesitado de cariño, cuando se le desprecia, se convierte en monstruo. Para recordar, una frase que le dice la Virgen a Francie: "Te quiero mucho, pero el mundo va por un lado y tu por otro, chico, qué le vamos a hacer". Pez Nº3: Léolo Léolo. 1993 (Canadá, Francia) Dir: Jean-Claude Lauzon: Después del cagueta y el trastornado, ahora le toca el turno al punk. A ese chico que se sienta en el porche de su casa a disparar con su escopeta de juguete a todos los coches que pasan, Léolo. Hablar de esta película no es fácil porque es la mejor película de todos los tiempos, no obstante, su autor, Jean-Claude Lauzon, puso toda la carne en el asador porque de algún modo debía presentir que, al poco de terminarla, palmaría en un accidente de avión. Se trata de un poema visual sobre el hecho de soñar y crear, pero muy especialmente, trata sobre verbalizar. Y de qué forma. Verbalizar sin público. En tu cabeza, de ti para ti mismo. Para no morirte en vida. De ahí el lema que se repite constantemente "porque sueño, yo no lo estoy [loco]". Leo Lozeau es un muchacho que forma parte de una familia de dementes y retrasados. Pero el asunto no le preocupa demasiado, sin ningún tipo de complejo se inventa su propio origen al margen de esa casta de chalados. Él es Leolo Lozonne. Un día un italiano estaba masturbándose frente a unos tomates que se exportaban al Canadá desde su pueblecillo transalpino

y por un extraño accidente uno de ellos terminó en el interior de la vagina de la madre de Léolo, que quedó encinta. En realidad la familia es francófona y vive en Montreal, con lo que ante tal sin dios de culturas, Léolo opta por la que más le gusta, aunque no esté allí presente, la italiana, porque "Italia es demasiado bonita para dejársela sólo a los italianos". Toda la historia transcurre al ritmo de la narración de los textos que escribe Léolo, que son leídos por un extraño ser que mora por la zona hurgando en las basuras, donde ha encontrado los diarios del chaval. Léolo no sabe que le leen. Por eso la historia se convierte en un pequeño catalejo por el que se diferencia su vitalidad entre el mar de inmundicia que es su barrio. Pero el chico no se apoya en ningún público, todas sus palabras van a la basura y, por arte cinematográfico, llegan a nosotros. La película describe un retrato de la preadolescencia. Tiempo de despertar sexual, Léolo se masturba introduciendo el pito en un hígado -supongo que de vaca- al que con una navaja le ha hecho una rajita; y tiempo de odios y rabietas viscerales, Léolo intenta ahorcar a su abuelo porque paga a la chica que le gusta para que le enseñe las tetas y le chupe los dedos de los pies y porque él ya le había intentado asesinar antes. En general, Léolo odia a su familia, salvo a su madre -"mi madre tenía la fuerza de un gran barco navegando por un océano enfermo"- pero sí muy especialmente a su padre -"un perro que mordía su vida perra (...) un hombre con una expresión en la cara como de hola y adiós"- y se ve obligado a convivir en la misma habitación con su hermano, que desde que le pegaron de pequeño "había hecho del miedo su razón de ser" y dedicaba las veinticuatro horas del día a engordar sus músculos haciendo ejercicio (un saludo cariñoso desde aquí a todos los que os matáis en el gimnasio) para que luego, ya de mayor siendo todo un cachas, le vuelvan a pegar sin que pueda defenderse "porque el miedo habita en lo más profundo de nosotros y, ante eso, nada se puede hacer". Con sus otras dos hermanas encerradas en un manicomio, cada una por diversas causas, y

obligado a cagar diariamente pues su madre se había convencido de que "la salud florece al cagar", a Léolo sólo le queda el mundo que está dentro de su coco, esa pequeña parcela infinita que es la imaginación, donde Bianca -la que le chupa los pies a su abuelo por unos reales- le canta dulces canciones en la preciosa Italia. Para hacerse una idea de cómo debe ser el mundo real en el que vive Léolo tenemos una escena en la que conocemos a sus amigos, una pandilla de alcohólicos encuerados que apuesta a ver si un chaval es capaz de follarse un gato -ganan los del sí. Léolo dedica unas líneas mentales al muchacho: "su madre estaba preocupada por si su hijo fumaba, por eso le olía todos los días los dedos de la mano, tranquila, su hijo no fuma, se folla todo lo que se mueve, por eso tiene el pito carcomido por las bacterias y se prostituye con su entrenador de hockey, pero no se preocupe, que no fuma porque se ahoga". En esta tesitura el señor ese extraño que hurga en las basuras trata de hacerle llegar al profesor de Léolo los textos que ha encontrado, pero éste, especialista en judo, pasa olímpicamente de ellos e ilustra al viejo: "en este pueblo todos los chicos serán carpinteros, y los que sepan escribir bien pondrán multas si pueden entrar en la academia de policía". Consciente de ello y terriblemente aburrido, Léolo se come todos sus escritos con la intención de quitarse la vida "había disparado contra todos y ya era hora de apuntar la pistola hacia mi boca". Por lo que termina, como el resto de su familia, en el manicomio. Qué debemos sacar en claro de esto, que los peces de colores con una visión más aguda de la realidad tienen que poder compartirla con alguien, sino se ponen mustios. No todo el mundo puede hacer en esta vida como el hermano de Léolo, al que un orientador del colegio le pide que dibuje lo que quiera en un folio en blanco y al cabo de una hora se lo devuelve tal cual: "he dibujado un conejo blanco en la nieve ¿no lo ve? Está ahí".

"Madrid en agosto" goes to Treblinka
Si te quedas solo en Madrid en agosto más vale que te busques un buen chochito o, en el caso de que tengas trompas de falopio en el vientre, un buen mango porque, koleg@s, la cosa aquí se pone tan apasionante como deglutir un bocadillo de polvorones sentado al sol. Describamos la rutina de un día cualquiera, un día de diario sin más: un día de mierda. En principio, te levantas sobre las cuatro o cinco de la tarde. Empapado en sudor como un sapo en su charca, paradójicamente tienes la boca como una puta alpargata a causa de la resaca -por qué si no. Bebes agua restregando las encías contra el grifo dejando algún jirón de carne colgando, pero obteniendo un extraño e inconfesable placer con la pequeña carnicería. Te vas al salón con tu botella de litro de gazpacho, un bote de banderillas y una ristra de seis cervezas para volverte a tragar otro día más el Inglaterra Argentina de México ´86 que tienen colgado en la página del Mundial de Alemania y que se ve de bien on-line que es un primor. Acabado el partido, cuando te pones a ver resúmenes de otros mundiales te das cuenta, no sólo de que llevas veinte minutos pasando para atrás y para delante frame por frame el pase a Canigga en octavos de Italia ´90, sino que además te has acabado las seis cervezas. Asustado, desorientado y gritando mientras te revuelcas por el suelo con los ojos en blanco, consigues ataviarte con A/ una camiseta de Lo+Plus que te regalaron cuando fuiste de público al programa con el cole, o sea, que tiene diez años; B/ un pantalón militar negro recortado (muy importante) por encima de la rodilla, cuyo botón bajo la acción de tu barriga queda a tres o cuatro dedos de su ojal, por lo que la prenda se sostiene en el cuerpo gracias a que la bragueta se cuelga desesperadamente de tu rabo; y C/ unas humildes y católicas chancletas -que no sandalias, antiespañoles indóciles y afeminados.

Encogido y asustado por la luz solar llegas hasta el DIA (Autoservicio Descuento). Ves que no está la yonki de la puerta y te congratulas. La primera fase ha sido superada con éxito y sin esfuerzo. En la fase dos tienes que tratar de ignorar el "chop-chop" de tus chanclas pegándose en el suelo e ir bailando breakdance por el pasillo para que ningún producto derretido te gotee encima desencadenando un choque traumático en tu cerebelo del puto asco de forma que pierdas el control, te pongas a girar sobre ti mismo, te manches con otros productos derretidos, te pringues bien, te enredes y cuando te quieras dar cuenta estés ahí atrapado en una masa adiposa, nadie te pueda ver ni oir y, cuando cierre el supermercado, las cajeras te rodeen, te inyecten un líquido que te disuelva por dentro para sorber, con los pelos del bigote, la papilla que antes eran tus órganos y huesos. Esto no ocurre porque tú no has visto morir a tus amigos con la cara en el barro para que ahora su recuerdo se pierda en la digestión de una cajera-araña. Cargas bien el carrito con un afán y un vigor que hace santiguarse a las señoras que por ahí deambulan entre la podredumbre y que en su día conocieron a tu madre y te pellizcaban el moflete cuando te encontraban con ella en este mismo local. Pagas a la novia de Spiderman, entiendes por qué el superhéroe estaba siempre tan deprimido y a continuación realizas un acto inequívocamente hispano del que te enorgulleces, por la raigambre, pero en el que te cagas, por lo desastroso. Si bien antes has cogido y te has comprado cerveza Mahou y no la marca del DIA porque por un par de céntimos por lata no te vas a envenenar, luego coges y a la hora de comprar las bolsas (a dos céntimos cada una) te pillas sólo dos porque te parece una gitanada gorda que no te las regalen como en todas partes, con lo que de nuevo por dos céntimos esta vez te vas con toda la mercancía en dos bolsas que se van rajando por el camino y que te dejan marcadas las palmas de las manos con dos finas pero dolorosísimas líneas moradas. En ese plan sales a la calle, donde de nuevo la luz solar te acongoja al tiempo

que te angustia la progresiva ruptura de las bolsas que pesan kilos de los más gordos del Sistema Métrico Decimal, pero ahí no queda la cosa. Por el rabillo del ojo ves que de entre dos coches sale la yonki dando voces. Se está subiendo los pantalones mientras se acerca a ti dejando tras de si un gran charco de pis que aún se extiende como la peste por la acera. Uno aprieta el culo y en su mente sólo hay sitio para una palabra: huir. Correteas como una gallina a causa de la postura que adopta tu columna vertebral con semejante peso en los brazos. Llegas a la acera. Está en ascuas. Qué pasa. Pasa que en Madrid, a falta de una comisión de estudios sobre la señera a la que darle un buen puñado de euros, hay una empresa que se llama ACS-Ferrovial que te asfalta la calle tres veces al año a cambio del correspondiente botín esquilmado del erario público municipal. El caso es que la calle está humeante. La intentas cruzar como pisando huevos y ves que los coches vienen a toda hostia con la intención de atropellarte vilmente. Piensas: pero coño, si estoy en el paso de cebra. En concreto en el paso de cebra que lleva el nombre y apellidos de mi padre, pues por él lo pusieron, ya que justo aquí casi le mata una moto en el glorioso año del Quinto Centenario, 1992, que le partió la cadera con el chasis y la boca con el casco al salir disparado el conductor, de forma que al verle tirado en el suelo hecho un higo y sangrando por la boca, dábamos por hecho que en pocas horas se reunía con su adorado Prokofiev en el infierno de los rojos heterodoxos ateos y patriotas. Pero no, no hay paso de peatones, lo han borrado los cabrones. Así que atraviesas la calle tirándote en plancha al contacto de los dedos de la yonki con tu espalda. A salvo en la acera de enfrente, sólo te queda llegar a casa en cien metros. Qué cien metros, señora. Se trata de la calle donde cagan todos los perros del barrio. Y aunque los propietarios de los animales son muy buenos ciudadanos y echan la mierda en las papeleras dentro de graciosas bolsitas, con el sol de agosto y la dejadez municipal, a cuarenta grados, las cacas hierven y engalanan toda la

rue con un penetrante olor a mierda seca podrida. Cuando por fin llegas a tu portal, suspirando, abres el buzón esperando encontrar en él por fin el cáliz del carpintero, el Santo Grial, pero sólo hay facturas. Aquí pasar pruebas constantemente sólo sirve para sobrevivir. Entonces en casa te tajas por fin con más razones aún y decides bajar a la piscina porque o te refrescas o feneces. En la pisti todo bien. Te bañas, te sales, te bañas y te sales. Entonces te quedas en la toalla con tu Marca tan a gusto. Todo pinta bien para el Madrid de Robinho, pero no para el de Baptista, os lo digo yo que conozco y amo al Sevilla FC y sé que Julio no funcionará en este club. Pero de pronto un niño te empieza a joder la vida. Te arroja juguetes, la pelota y te viene a preguntar cosas absurdas. El pobre infraser está aburrido como cualquier madrileño en Madrid en agosto. Alguien debería partir caras. O sea, me explico: Yo no soy partidario de la violencia con los niños. Si en el colegio y en la vida un niño se porta mal, yo soy partidario de las hostias, pero que se las peguen a los padres. De forma que te levantas hastiado del chaval e interactúas con su viejo, que te dice: - Pero joven ¿por qué me acaba de golpear cuatro veces, me ha parecido contar, con un ladrillo en la boca causando baja entre cuatro de mis dientes y esta incontenible hemorragia? - Es que señor, entienda, con todo respeto, que su hijo me está jodiendo la vida. - ¡Ah, copón! haberlo dicho antes. Comparto enteramente sus métodos, pero es que ese chico no es mi hijo. - Rediós, entonces me golpearé con el ladrillo en la boca las cuatro veces de rigor para compensar tamaño perjuicio. - Vaya, quedo agradecido por su honradez. Si es que, ya ve usted, yo soy el padre de esa niña y se ha confundido usted. - Anda la hostia, ¿Esa niña? pues sepa usted que esa niña es niña, sí, pero también lolita, que desde mi

posición, al descuidar la visión de los avatares de la 2ªB, he visto como desplazaba su bañador mostrándome sugerentemente los labios menores capilarmente poblados con la timidez que su edad supone mientras acariciaba su piñata de premolar a premolar con la lengua. - ¡Qué calamidad! Entonces, acorde a esta línea de pensamiento que tenemos usted y yo en defensa del menor, supongo que ahora el caballero querrá follarse a mi mujer. - Supone usted bien, caramba. Así que venga esas llaves de casa, que subo raudo y veloz a desagraviar mi orgullo herido. - Comprendo la problemática y ahí van esas llaves. Tengo una hija que en cuernos me arruina, pero quién no tiene honor, no tiene nada. La grande es la del portal. Pero haga usted el favor, si es que tiene arrestos, de limpiarse la sangre que mana de sus fauces, que donde la poseerá en breve, duermo yo esta noche y no quisiera levantarme mañana con la espalda pringada de sus humores y plasmas. - Ahí lleva usted razón. No sólo me limpio, mire, sino que me introduciré este trapo en la boca a modo de torniquete. - Joven, escuche, yo honor, todo el que quiera, ya lo está usted viendo, pero que se limpie tamaña sangría en mi toalla me parece un gesto hostil que, sinceramente, me toca mucho los cojones y no los tengo precisamente fresquitos en este momento. - ¡Caray! pues comprométome a bajarle luego el mejor vestido de mi madre para que se cague usted en él con torrencial diarrea. - Lo considero justo Y entre pitos y flautas, después de que el caballero se ensañe con el vestido de tu madre, de nuevo te asalta la duda. ¿Qué hago? Y es tu tronco Dani el que te da la solución. Le llamas, te suplica que vayas, acudes. Y en su querfo, pues tres cuartos de lo mismo, a trasegar con ansia viendo fútbol para que cuando la emoción retumbe

en tus venas, te desfogues jugando al Supersidekicks -el de los Hombres, el Uno, el que sólo usa dos botones. De pronto ves que te desplazas a cuatro patas. Así que le dices a tu amigo que con ese ciego es probable que ya te llegue para dormir, que no hay más anhelo en tu corazón durante este mes de agosto que dormir si fueren quince horas pues quince. Él te abraza y agradece tu visita como un jubilado en el geriátrico. Basta con dos segundos de su mirada para que te clave en el alma las aciagas sensaciones de la clausura y el retiro a las que está sometido por el hecho de haber caído en la casilla de "Madrid en Agosto" en el gran juego que es el Calendario Laboral de las empresas Hijasputas de la capital de España. Coges su pena y te piras. Por la calle ves que no hay ni Cristo. Te perturba tanto la falta de humanoides que la de vehículos ya se traduce en profunda angustia. Empujado por tu alma revolucionaria te plantas en mitad del asfalto. Quiero ver un coche, copón -te dices. Así que siguiendo las normas del Metro, que si te enciendes un cigarro aparece ipso-facto, piensas: voy a caminar descalzo por la carretera para que salgan de sus escondrijos prestos a atropellarme. Koleg@s, no sale ni dios. Andas diez minutos y tu casa ya se ve a lo lejos. Lo único vivo con lo que te encuentras son dos homosexuales dándose el palo en un banco. En silencio, los tres consultáis vuestras respectivas fachas y decidís que vuestras vidas no se crucen más que en lo visual. Das un rodeo para llegar a queli, pues no te hace en ese momento atravesar el Bulevar de las Heces Fritas, y llegas a casa. Te dices: pues ya hemos resuelto el día. Pero miras el reloj y se te encoge el alma; desde que entraste en el DIA Autoservicio Descuento sólo han pasado diecisiete minutos. Te angostas, incluso lloras. Así es Madrid en este mes. Mientras subes a casa, lo piensas: si esto es Agosto, que vuelva a empezar.

Estar fuera (Capítulo 2 de 3)
Se me podrá acusar de todos los crímenes del siglo XX, de que expongo ideas sin conexión entre si que caen en el cerebelo del lector como antiguas monedas de quinientas pesetas en botes vacíos de pintura, de que todo el mundo lleva un fascista dentro y yo lo que hago con el mío es atizar su fuego para que salga al exterior con vigor y fiereza; pero no se me podrá echar en cara que a la hora de escupir mierda sobre algo, antes me he tomado la molestia de que se me eche la misma mierda a mi. En la primera parte de esta serie hablé de las películas que me gustan a mí a la hora de desarrollar el concepto que me he inventado peregrinamente- de "Estar fuera". Hice público que me gusta el cine epatante, barroco, cursi e incluso, diría que hasta modernillo. Pero ahora vamos a hacer público qué clase de puta mierda es el que os gusta a vosotros, estimados y respetabilísimos lectores. Sean Penn desde mi punto de vista encarna perfectamente el concepto de "Estar fuera" de cadena de montaje que asola el cine, supongo que en todas las épocas, pero actualmente con rotunda presencia. Sean Penn es un sujeto que, en palabras de mi tronco Pablo, es cabezón hasta la hidrocefalia, aunque ello no es óbice para que de vez en cuando solidifique en forma de mostoso y fermentado tupé su habitual esponjada cabellera, lo que constituye un peso tal a la altura del cráneo, que desplaza hacia abajo su columna vertebral de modo que sus andares se tornan arqueados hasta reproducir fielmente los del referente cinematográfico favorito del actor ¿No lo adivinan? A ver, ¿Qué clase de individuo se va rescatar a las víctimas de un huracán en un barco que tiene un agujero en mitad del casco para pasarse toda la travesía achicando agua frenéticamente? Pues eso: Popeye. Sin más dilación, vamos a pasar a

analizar la obra de este genio desde un punto de vista, quizá un poco atrevido, pero que, por pena, dignifica mayestáticamente sus películas. Pena de muerte (1995): Actualmente, la mocedad puede, sin salir de su habitación, contactar con una persona de sexo similar o contrario con la que, tras un par de esmileis y tras comprobar sus atributos por la webcam, quedar media hora más tarde en cualquier punto de la ciudad para mantener un teen bizarre anal hardcore pantyhose del carajo la vela. Yo, cuando era mozo, me tenía que poner la arandela del tapón del lavabo en la oreja a modo de pendiente y falsificar el carné de identidad para entrar en lamentables tugurios a bailar el rap de "Mi abuela" con un patético break dance, a ver si alguna persona del sexo contrario se dignaba a mirarme y, con suerte, me pasaba el herpes si lograba besarla durante tres horas y media lo que quedaba de tarde, como se hacía antiguamente. Bueno, fue duro, por eso me hice jevi, para renunciar al sexo, dedicarme a la droga y no volver a pensar en chicas hasta la edad adulta; pero al parecer era peor en el medio oeste de los Estados Unidos de Norteamérica, donde los mancebos se reunían en el granero hasta que se acababa el licor de patata y entonces cogían la escopeta del tío Herman, acribillaban a la primera chavala que se cruzara en el pantano y se follaban el cadáver entre todos los colegas y un obrero siderúrgico que había perdido el autobús a la ciudad y se había quedado a pasar la noche en el pueblo, con la juventud. Esta dicotomía entre la actualidad y unos tiempos en los que el semen se acumulaba en los testículos de forma que se filtraba al torrente sanguíneo y los adolescentes perdían el juicio y el control sobre sus actos, bien azuzando a unos señores de cincuenta y seis años vestidos de trogloditas que se llamaban Manowar para que hicieran solos de guitarra aún más largos y estridentes, en España, o bien destripando con tenedores oxidados a un individuo de etnia afroamericana para asfixiarle haciéndole tragar sus propios intestinos y después prenderle fuego crucificado

boca abajo, en EEUU, es el punto de partida de esta excepcional película de Sean Penn. Nuestro actor favorito quiere que, a través de su retina vibrante, alcancemos el orgasmo que supone la toma de conciencia de una injusticia contundente. Hemos de preguntarnos: cómo puede el Estado matar con una inyección letal a alguien que no ha mantenido en su vida un chat con webcam con un matrimonio de Cuenca de vida alegre. Seguramente el personaje interpretado por Sean Penn hubiera sido una persona normal de haber podido descargar su agresividad a golpe de ratón y emulsión de sustancias alcaloides en la humedad relativa del aire a través de la punta de la polla. Sin embargo, este ir y venir de sentimientos contradictorios se ve satisfecho cuando al final de la película, Tim Robbins, el julapa que se chimpa a Susan Sarandon y dirige tamaña obra de arte, nos obsequia con una secuencia en la que la inyección letal se acerca poco a poco al brazo de Sean Penn y, al contrario que en todas las películas americanas, cuando la aguja roza la piel no se cae una teja en la extremidad robótica y se paraliza el mecanismo mortal, ni aparece un aldeano deficiente mental irrumpiendo en la sala agitando un trozo de cadáver putrefacto que ha encontrado en el campo con el que se prueba que el asesino fue otro, ni se oscurece el plano y Sean se despierta entre sudores porque todo era un sueño; No, Tim Robbins es un director con influencia europea y la aguja penetra en la piel del ínclito que muere como el cerdo que es, proporcionándonos un burbujeante placer en la boca del estómago, pues no es lo mismo ver la mirada vitriólica en pleno apogeo que verla a la deriva porque el sujeto se aproxima al otro barrio. Qué gustera por Dios. Muy recomendable. TAPS (1981): Una de las causas por las cuales en Estados Unidos no hay una elevada conflictividad laboral es porque allí los trabajadores no son propiedad del patrón, lo son del sindicato, y el sindicato pertenece a la

mafia. Por lo tanto, todos los expedientes de regulación de empleo no se resuelven con cuarenta y cinco días por año trabajado, sino con cuarenta y cinco balas en el pecho desde un "Ford 1930 Model A" a la salida de un Night Club. Ésta sin par articulación del estado del bienestar, con el paso de los años, ha calado en todos los espectros sociales de forma que el "si me jodes te mato, Billy" es algo tan habitual en EEUU como el "Prohibido aparcar, Vado Permanente: Habizamo Jrua" en España. Sean Penn es un actor comprometido con la causa humana y este tipo de conflictos en su tierra le preocupan. Él sería partidario de que todos fuesen amiguitos y resolvieran los problemas hablando, porque una sonrisa puede más que una pistola. Para demostrar ésta, su tesis, Sean Penn entró gustoso a formar parte del reparto de TAPS junto a otro genio de la interpretación, Tom Cruise. Se trata de una película que nos plantea este problema desde un original punto de vista: los niños. Porque coserse a tiros entre adultos, bueno, está mal ¿pero con niños? Porque en esta sociedad enferma, los niños, las criaturas, también se empapan de la justicia de "el más rápido". Los TAPS estos son los alumnos de un colegio militar, de los que se echan de menos en España, y resulta que les han reducido el presupuesto, o que van a destituir al típico profesor simpático con el pelo blanco -ya no me acuerdo- el caso es que se amotinan con M-16 y granadas. A continuación, como es lógico, para sacar a los mocosos de ahí se presentan los marines de pelo en pecho y se monta la de Dios es Cristo. El problema a mi juicio es que la película carece de sutileza. Al final vemos un enfrentamiento a tiros sin más, como en el Oeste, en el que Sean Penn encuentra tiempo para verter nada más y nada menos que las primeras lagrimitas cinematográficas de su carrera. Como, suponemos, ni los marines ni los guionistas de la película leen Me Tenéis Contento, en concreto, la lección Madrid en Agosto goes to Treblinka, así que no se han planteado que es mucho más inteligente desarrollar la misma estrategia con tanques,

marines y helicópteros apache, sí, pero en lugar de ir a por los niños, ir a por sus padres. Con lo que, después, a los chavales se les puede combatir de una forma mucho más respetuosa con la infancia, avalada por Unicef y todo, arrojándoles una munición que no haga daño, como pequeñas bolitas blancas, diminutos globitos, que casi ni pesan ni hacen ruido, una minucia, una nadería: los ojos de sus padres. Así se rendirían con menos lloros y aspavientos. Recomedable. Giro al infierno (1997): Precioso documental colorista que José Antonio Labordeta tomó como modelo para su serie "Un país en la mochila". Sean Penn se pasea por el medio oeste norteamericano oteando bellos paisajes, visitando los negocios locales que articulan una imperecedera economía rural y conversando con los aldeanos, de esos que les das la mano y al día siguiente te despiertas por la mañana con tubérculos de patata creciendo en la yema de los dedos. El director de esta cosa, Oliver Stone, quiso que la obra tuviera un aire experimental y vanguardista y por eso contrató como Director de Fotografía a la mecedora de su suegra, sobre la cual depositó cuidadosamente la cámara de video para que dos bakalas de Sangüesa hasta las orejas de speed le dieran leña al mono meciendo y meciendo. Con tanto traqueteo visual, Sean Penn gimotea haciendo scratch, lo que le convierte en el primer artista en utilizar técnicas de DJ con las glándulas lacrimales. Estos recursos modernistas fueron lo más peliagudo y duro del rodaje. Todo lo demás fue la mar de fácil, entre otras cosas, porque usaron el guión y el plan de rodaje de Red Rock West, una película rodada cinco años antes y que por casualidades de esas que se dan sólo una vez en la vida, pues es exactamente igual. Nicolas Cage hace de Sean Penn (lagrimitas), Dennis (W)hopper es Nick Nolte (demente desquiciado) y otra zorra hace de zorra (Jennifer López). "La conciencia de América" debe tener unos cargos de conciencia tan grandes como América por "inspirarse" de esta forma en la película de John Dahl, que no es que sea precisamente

buena, pero al menos no causa vértigos seguirla durante diez minutos como Giro al Infierno. Pasable. La delgada línea roja (1998): Comedia romántica de corte homosexual en un contexto antibélico. La verdadera enjundia de esta película la encarna Nick Nolte en el papel del responsable de un par de batallones de marines. Sean Penn se limita a mariconear. Coquetea con el gay más pasivo de toda la compañía y, con sus decisiones, favorece que los Mariquita Pérez rollitos de su chorbo se salven de una muerte segura. Estamos hablando de la primera reivindicación cinematográfica a gran escala de los homosexuales como personas moralmente superiores. La acción se situa en el Pacífico, en una isla cualquiera de todas las que los EEUU tuvieron que despejar de japoneses a base de sangre y sangre. Nick Nolte es un oficial frustrado. No ha llegado hasta lo más alto y, además, él entiende que todo el amor que llevaba dentro no se lo ha podido dar a nadie. Poéticamente, estos pensamientos se muestran en forma de hipérbole. El Coronel es un triste, nos queda claro. El problema es que a él y a sus hombres los envían a una isla absurda del Pacífico a barrer a los amarillos. Las tropas avanzan, pero una vez situado el enemigo y comenzadas las hostilidades, Nick Nolte empieza a darle vueltas al asunto. Tras escuchar el sonoro traqueteo de las carracas de Semana Santa en manos de los mozos que llaman a los Santos oficios reproducidas por los dientes castañeantes de sus soldados, el coronel se lo piensa dos veces. Desde su puesto de mando, mira al horizonte y con sus particulares gestos, transmite una reflexión: "¡Kía! somos cuatro mil contra cuatro, y esos cuatro, lejos de arrugarse, están dando batalla hasta la muerte, sin alimentos, sin munición, fieles a su juramento por el Emperador, qué va a ser esto como ganemos nosotros ¿Bodas gays? ¿Centrocampistas defensivos con mechitas aguaoxigenadas en el balompié (Albelda)? ¡Esto será el apocalipsis!".

"¡A la de tres nos vamos todos corriendo!" Las contradicciones atacan su cerebelo socavando sus más firmes convicciones. Irrumpe en escena el ejemplo más significativo del cine antibélico en toda la Historia del celuloide. Nick Nolte, aterrado, recapacita: "¿voy a dejar que esta panda de mascachicles, mucho mayor en número, acabe con unos muchachos fieles a sus ideas que lo están dando todo ahí en lo alto de la montañica alimentándose de sus propias heces? ¡Por los cojones! ¡Viva el género humano! ¡Viva la Revolución Francesa!. La humanidad vale más que eso. Dios me ha puesto en esta encrucijada. Debo decidir en favor del trapo de mi país o en favor de toda la humanidad". Y es en ese momento donde el cine antibélico alcanza su máxima expresión, cuando el sistema de valores establecido da un vuelco revolucionario: "por el bien de la Civilización, que aniquilen a esta panda de sarasas" -deduce Nick Nolte. Por eso ordena un ataque frontal, en fila de a uno, contra las ametralladoras de los estoicos japoneses. Pero la tragedia se consuma y, como no podría ser de otra forma, aparece un griego -todos sabemos lo que es un griego y lo que su cultura ha aportado a la humanidad: sexo anal y puta democracia- que desobedece las órdenes. No sin ensalzar la figura del macho alfa, el griego subalterno manda a los únicos soldados con un par de pelotas a reducir a los japoneses. Nunca tantos maricas le debieron tanto a un borracho hetero de extrarradio. El género humano ve como la evolución darwiniana se trunca y

miles de nenazas sobreviven a una muerte anunciada para seguir engendrando nenazas. Nick Nolte y su noble ideal fracasan. Poco después, en un giro de tuerca provocador como pocos en este cine de vanguardia, el novio de Sean Penn, pensando que al adentrarse en las líneas enemigas va a sufrir una violación múltiple, es eliminado a tiros sin contemplaciones. Sean Penn llora. Qué le vamos a hacer. Obra maestra. iamsam.jpg

Yo soy Sam (2001): Intenso drama autobiográfico sobre ciertos problemas que tuvo Sean Penn para obtener la custodia de su hija. Personalmente, como desempleado, soy de los que sufre dolores de esófago, o bien como agujetas por efectuar movimientos peristálticos todo el día tragando y tragando, o bien en forma de escozor de tenerlo en carne viva. Esta circunstancia le traslada a uno en numerosas ocasiones a la situación de verse caminando solitario y ebrio por la calle a las tres de la mañana un frío día de diario. Es en esos momentos cuando uno se vuelve más cívico y humano. Ves como están las escaleras, las barandillas, las obras de la calle, etc... que tienes que superar todos estos obstáculos reptando como una culebra epiléptica y te solidarizas con los disminuidos físicos que las pasan putas hasta para llamar desde una cabina. Por eso, porque conozco el tema, esta película en la que Sean Penn nos abre su corazón mostrándose desnudo, íntimamente, en el día a día de su vida con su discapacidad, me llega. Cabe destacar, por otra parte, que la que fue mujer del empresario cubano anticastrista Tony Montana, aparece en el film bastante bien establecida, no estaba claro que tras abandonar a su marido y fugarse de

Miami, en una época en la que se la podía catalogar tranquilamente como la tía más buena de toda la historia de las civilizaciones, hubiera podido rehacer su vida. Recomendada por su interés humano. trilo.jpg

Hombres frente a frente (1985) / Hurlyburly (1998) / Mystic River (2003): Mayestática trilogía sobre un tema de rabiosa actualidad: "Tener un hijo tonto". Éstas tres películas, que por separado serían "buena", "fallida" y "mala", en conjunto constituyen una obra maestra absoluta de la historia del cine. En "Dos Hombres frente a Frente", Sean Penn es un delincuente de poca monta que está todo el día trapicheando en las cloacas y estercoleros de la ciudad. Un buen día, su padre, y qué padre señoras y señores -Christopher Walken derrochando mala hostia y dulzura frente a una mujer a la hora de marcar la curva praxiteliana de "a que me saco el cinto"- se empeña en educarle. Para ello le inculca las artes criminales más ancestrales, las técnicas actuales más depuradas y las nuevas teorías e hipótesis de las mentes delictivas más innovadoras. Es decir, lo convierte en un mafioso de tomo y lomo que, a mitad del metraje, ya roza con la punta de los dedos el último escalón del guerrero: la concejalía de urbanismo. Pero como estamos hablando de uno de esos personajes que le gusta representar a Sean, el mozo se amaricona porque

le da miedo la responsabilidad y, ante la disyuntiva de ser hombre o ser nena, decide huir de su padre junto con su novia como si se tratase de Arévalo y Juanito Navarro haciendo de mariconas locas para emprender una especie de odisea tipo Thelma & Louise. Pero el padre, que es un señor padre y no huye de sus obligaciones como su hijo, al enterarse decide darle un escarmiento que le sirva de lección y le mete diez o doce balas entre pecho y espalda. Sean Penn, lejos de ofrecer resistencia cara a cara, de hombre a hombre, como irónicamente y en clave de humor se titula la película, ¡le mete una denuncia!. En la última escena, en el banquillo de los testigos, Sean señala a su padre como "malo malón" y empieza a llorar abundantemente. Christopher Walken piensa "hala, sí, encima ahora échate a llorar, muerdenucas" y se queda pensando profundamente de dónde habrá sacado su vástago el cromosoma "Y". padree.jpg

Padre espiritual de todos los buenos españoles En la segunda parte de la trilogía, "Hurlyburly", vemos que Sean ya se ha hecho mayor y, en ausencia de un padre que le metiera en vereda, pues el hombre se vuelca en desarrollar actividades propias de los jóvenes caprichosos y mimados: meterse coca y divagar. Aquí hay que erigirle una estatua ecuestre al guionista. Ni más ni menos que trece tomos de cuatro mil páginas tuvo que redactar este héroe anónimo en los que no se dice absolutamente nada. Esta segunda parte de transición, sirve para que Sean nos

enseñe que a un hijo tonto cuyos padres no le han pegado unas buenas hostias -o como apostamos en Me Tenéis Contento en defensa del menor, pegárselas a si mismos en cada trastada del hijo (Mi hijo pinta un graffitti, yo me corto el dedo delante de él)- pues de mayor es aún más tonto, que es lo que viene a sentenciar la tercera y última parte de la saga: Mystic River. En esta cinta, dirigida por ese sutil poeta francés del siglo XIX, Clint Eastwood, la historia comienza con un flashback que nos lleva a cuando Sean Penn era crío y jugaba con sus coleguillas en la calle. Resulta que uno de sus amigos (Tim Robbins) no es un julay sinsangre como él y, para llamar la atención, algo muy propio de los niños, toma la iniciativa cuando tenía tan sólo ocho años y sin copiar a ningún hermano mayor ni estrella del rock, por su cuenta, coge y viola a tres ancianos en una cabaña alejada de la ciudad. Esta gesta le convierte en el tío más popular del barrio, cosa que Sean Penn envidiará toda su vida. Porque cuando ya es adulto, el hecho de que una de sus hijas tome como modelo a seguir a Tim Robbins en lugar de a él, le obliga a coger su chupa negra, más negra que la noche, menos negra que su alma, y pedirle explicaciones al bueno de Tim. Le echa en cara que su hija también haya querido ser la estrella del vecindario superando su hazaña al violar a varios críos repetidamente, tanto que murió de lipotimia. Sean Penn, rabiando, había visto como su hijita no tenía ningún interés en ir echando miradas vitriólicas por la vida y por eso, en un último gesto de llorón, asesina a puñaladas envidiosas al genuino Tim Robbins, que no da crédito el hombre, como es normal por otra parte. Obra maestra absoluta. PD: Gracias a Pablo por sus indicaciones y a Wyn, el único hombre sobre la tierra gerontófilico y pederasta al mismo tiempo, por trasladar al Photoshop mi encargo mejor de lo que me podía imaginar.

Kike Turmix
Ayer de madrugada murió Kike Turmix. Yo conocí a Kike a base de insultos. Él decía que Led Zeppelin sólo daban para un recopilatorio, yo contestaba que le faltaba un hervor, él me decía que los árboles no me dejaban ver el bosque. Se podría decir que era mi enemigo musical, pero un día, el día menos pensado, me llamó para irnos de marcha con un grupo sueco de infausto recuerdo, Backyard Babies, que tocaba en el Festimad. Yo ante todo soy más majo que la chorra, y esa tendida de mano la acepté sin duda alguna. Tras las presentaciones, Kike me llevó a una esquina del mesón malasañero donde estábamos y me dijo: escucha, de la discusión entre Beatles, Stones y Byrds ¿qué elijo yo? pues a los tres, chico, y ahora vamos a pillarmos un castañazo del copón. Y dicho y hecho, porque hay dios que nos lo pillamos. A mi nunca me gustaron los Pleasure Fuckers. Ni mientras ni después ni ahora. Sin embargo, un día Kike me puso en su casa un proyecto de grupo que tenía que no había fructificado: Los Ramalamas. Me pareció espectacular. Al poco tiempo me presentó al guitarra de ese grupo, José Carlos Sisto. Ayer enterré a Kike en compañía personal de Sisto. José Carlos ha sido para mí una fuente de sabiduría, anécdotas y bilis hacia la cerrazón musical aparte de un amigo de los que te lo demuestran en lo material y en lo espiritual- y todo ello partió de Kike. El día que Kike me escuchó hablar de grupos peruanos como Laghonia, sentenció riendo: ¡Tú ya te has hecho amigo del Sisto! Sería difícil enumerar toda la gente que me presentó Kike. Entre los importantes, señalaría a mi alma gemela Marcos, peón de España y recio militar; entre los trascendentes, Mermaid, al grito de: ¡Álvaro, estos son tan fiesteros como tú! -en el Serie B de Calahorra, año no sé cuántos. Ahí me acerqué al talento de Chechu e Íñigo, sin quemarme, y

abracé a un tío tan cariñoso y genuino como Leroy. Aquél mismo día caminaba por la noche con unos sujetos. Uno decía que a Turmix le echaríamos de menos cuando muriera, era Jaime Gonzalo, que le enterraba antes de que le diera incluso el primer infarto (más sabe el diablo por viejo...) otro era Gegundez, redactor rutero, que elogiaba a Marga, la mujer de Kike, y a su fanzine, el de su sello Safety Pin, recordando cierto artículo en el que Marga, con buena pluma, narraba como uno de los Black Halos había hecho un amago de cunninlingus a una moza en mitad de un bar. Esa moza era mi ex, y lo le dije a Gegun: se trataba, ni más ni menos, que de mi novia. El mundo es un pañuelo -contestó riendo. Marga y Kike, dentro o fuera del juego, siempre estaban presentes. Indagas en tu amigo y puede salir mucha mierda. Si yo ahora relatase todos los pufos, desencuentros y movidas que ha tenido Kike con decenas de personas, blogger necesitaría el procesador computerizado de la NASA para poder sostener tamaño texto. Pero no es mi intención ni mucho menos, aunque tampoco obviaré describirle tal cual era. Kike era un niño, un puto niño de cien kilos y cuarenta años de edad. Una vez Kike me lió para irme con él de gira con los Black Halos. Acepté, me enciegué vivo con él y a las nueve de la mañana del sábado, justo antes de salir para Cádiz, me dijo que no se iba, que le había surgido no sé qué tontería. Le pedías explicaciones y le daba igual. Te ignoraba. Hace pocos meses me pidió que le pagará no sé qué de ebay por paypal. Lo hice, me costó no sé cuánto, me lo dio y luego resultó que era mucho más. Ante este tipo de púas mucha gente reaccionaba retirándole el saludo de por vida. Yo, digamos, se lo quitaba por un mes. A mi siempre me llegaba cuando entraba en un bar y, cogiéndome del antebrazo, hubiera pasado lo que hubiera pasado un mes antes, me contaba la última de no sé quién descojonándose. Yo no podía alimentar el rencor ante tamaña lozanía sonriente, y con mis más y mis menos, mis dimes y diretes, siempre le aguanté con cariño entre fastidio y fastidio. No es mérito

que yo lo hiciera de mes a mes. Lydia Rocket Girl y Antonio Manostijeras redondeaban este círculo vicioso diariamente. Yo un día les pregunté que por qué lo hacían, que Kike era guay pero a cierta distancia, ellos me contestaron que él era él, era así, si te gusta, bien, si no, cero patatero. A ellos les encantaba, y ellos fueron lo mejor que le pasó a Kike sus últimos días. Porque Kike, después de su primer infarto lo pasó mal. Le llamaban para pinchar, sí, pero no le llamaban. No le llamaban. Después de toda su vida sólo le quedaba pasearse por Malasaña con sus discos dispuesto a que alguien escuchara sus sesiones con las correspondientes reverencias que exige el más mínimo respeto. Pero diversas púas que no vienen al caso le apartaron del tocadiscos. En esta última época a mi me recordaba a Juncal. El Juncal del rock. Purista, sabio y elegante, siempre tenía alguien que le llevara el equipaje mientras él daba tumbos por la calle, mientras le daban la espalda. Yo trabajaba en el mundo del vino cuando le conocí. Y de ahí surgieron momentos muy especiales. Andy Shernoff, bajista y compositor de los Dictators, era sumiller en Nueva York. Kike le habló de mí y, juntos, recorrimos la Ribera del Duero, le presenté en los círculos más sibaritas de catadores vinícolas en Madrid. Para mi fue interesante. Aunque mi relación con Andy fue la misma que pueda haber entre una tortuga y un rinoceronte. Uno dice "mmmm" y el otro "gñññññ". Yo no me entero mucho del inglés y menos del slang de Nueva York de Andy. Kike cuando nos presentó, lo debía tener en mente. Le dijo: Andy, this is Álvaro, a thunderbird (¿o firebird?); yo contesté: hello, hello!!!; Andy se descojonaba; yo le pregunté al alguien que estaba al lado: ¿Qué coño es un thunderbird?; Un paleto -me señalaron. ¡Ah! vale, pues cojonudo. Pero es que lo del vino no fue cualquier tontería. Un día descuidé una botella de Vega Sicilia Magnum de mi

trabajo. Le dije a Kike que nos la íbamos a pipar los dos juntos. Él compró patés y quesos bastante majos y nos montamos una cena Marga, él y yo que no se la salta un gitano. Como colofón, Marga emigró, pero nos trajo antes de darse el piro otra botella de Absolut. Nos la bajamos mientras Kike me descubría los siguientes grupos: Rocky Ericsson, Radio Birdman, Blue Cheer, Brownsville Station y los Hollywood Joneses. De estos últimos, si no es por él, nunca hubiera sabido de ellos en la vida. El resto, los habría descubierto tarde o temprano por audiogalaxy, soulseek o metralleta. Pero Brownsville Station... quien te pasa Brownsville Station puede ser cualquier cosa menos un mal amigo. Salí a cuatro patas de su casa, me olvidé de todo lo hablado, pero no de lo escuchado, aún hoy son mis grupos de cabecera. La semana pasada estuve con él en el Hospital. Como Espe y Alberto gestionan tan de puta madre la ciudad, estuvimos esperando una ambulancia para llevarle a casa a morir, a morir en su puta casa, más de cinco horas. Durante ese tiempo, Carlos Abraxas, Sisto, Marga y yo le paseamos en silla de ruedas de arriba a abajo del hospital unas cinco horas. Amarillo, muy amarillo, pero nunca gualda -era tan nacionalista vasco hasta para coger colorme contaba los planes que tenía para soportar el tratamiento y, por supuesto, para cuando se curara. Por esta razón, ayer, en el velatorio, no pude soportar verle en una caja de pino y me tuve que ir. Kike quería que su adiós fuese una fiesta. Y la gente allí congregada, más que menos, le correspondía. Yo no pude. Yo veía una caja llena de ilusiones y, sobre todo, de pasión. Porque si algo definía a Kike Turmix era la pasión. Gente con esa pasión por lo que sea ya no nace. Kike se arruinó viviendo su "ahora". Nunca fue capaz de progresar como promotor porque era incapaz de desear verse trayendo a los Deep Purple. Irresponsable, desordenado y total y absolutamente genuino, yo no fui capaz de ver tamaño sujeto en un puto ataud. Hace unos meses, él se

preocupó por cierta afición mía y yo me lo tomé mal, pensé que el muy cabrón no tenía nada mejor que hacer que enredar en mi intimidad. Juan Cacheda me explicó que no era una urraca, que era un colega preocupado. Kike no tenía muchos gestos con la gente, pero se ha ido a la tumba con ese ínfimo pero gran detalle para conmigo. No sé cómo llevará estar junto a Freddy Mercury. Fijo que con Johnny Thunders y Joey Ramone lo lleva bien. Especialmente sabiendo que en ese planeta en el que está, todavía no hay ningún guns and roses, sus bestias negras. Gracias Kike por tu huella. Es lo que yo llamo una huella. Y tu memoria y tu mujer estarán a salvo gracias a unos cuantos que yo me sé, más dignos que la puta vida. Te vas y lo dejas todo atado, Kike. Me/nos queda en ésta, mi santa casa, el recuerdo de verte llorando tras ver a los Stooges: ¡Ya me puedo morir tranquilo!

Viejo de mierda goes to Treblinka
Recuerdo perfectamente aquel día. Salía yo del colegio. Estaría en segundo o tercero de EGB. Fuera me esperaba un colega para irnos juntos a casa. Crucé la calle hacia él. Era un día gris, lluvioso. Cuando le alcancé escuché detrás de mí ¡pof!. Me giré y vi cómo un anciano, abuelo de algún crío, se había resbalado con el paso de cebra y se había comido el suelo bien comido, tanto, que al levantarse, le colgaba el labio superior completamente desprendido de la cara. La preciosa postal navideña me dejó sin poder comer ni dormir un par de días. Era yo un chico impresionable, porque recuerdo perfectamente cómo otros mozos de mi edad, que estaban a mi alrededor, hacían chistes con que si su labio una lombriz colgando, etc... Al poco tiempo, tuve la suerte de asistir a la práctica desintegración de una anciana por un camión del patrocinador del Real Madrid por aquellas fechas, Parmalat. Ambos sucesos me crearon conciencia y pasé unos días preocupado por los viejecitos. Me apenaba profundamente observar que el medio les era completamente hostil y que a duras penas iban sobreviviendo cada día pasando aventuras, como ir a comprar el pan, que les podían costar la vida. Pero, sí, he dicho unos días, y es que fueron sólo unos días. Al poco tiempo mi opinión empezó a cambiar cuando nos repartían cromos gratis a la puerta del cole para que nos enganchásemos las colecciones que salían. En el bullicio desatado en el momento, tirarle tú del pelo a un compañero para que se apartase, vale, pero lo que no había forma de justificar es que un viejo te agarrara la cara con la mano como una alien ponedora y te metiera el dedo hasta la laringe no sé si con vistas a, efectivamente, ponerte huevos, o a untar en lo que hubieras desayunado para dárselo a un pajarillo que llevara en el bolsillo en plan Hombre de Alcatrazz. El caso es que mimaban tan

hasta la nausea a sus nietos que no les dejaban meterse en el remolino de chavales histéricos y los muy cabrones se introducían ellos arramplando con todos los sobres de cromos con la delicadeza y la fragilidad de movimientos de una persona que se está ahogando debajo del agua. Pero hablando de agua, mis problemas con los ancianos se pusieron más feos en otra ocasión posterior. Esta vez fuera del colegio, en verano, le tiré un globo de agua al Setenta y por lo visto, entró por una ventanilla que estaba abierta y, a las dos horas o así, cuando más desprevenido estaba correteando por ahí, surgió un viejo de la maleza, como un guepardo, y me agarró brutalmente del brazo con las dos manos. Que me iba directo a comisaría con él. Yo lo negué todo, como es costumbre en esta casa, pero resulta que me había visto bien cuando cometía mi húmeda intifada. Estuve como una hora y media con el brazo asido por las garras de ese venerable anciano. Con la lagrimilla colgando por el dolor cual Candy Candy atrapada en un cepo para zorros. Al final me soltó, supongo que porque veía que le hacía runrún el estómago y ya era la hora de deglutir sus nutrientes, a saber qué porquerías: tuétano, sesos, casquería... Pero yo lo pasé mal, de verdad. Pasé muy mal rato. Fue angustiosa la mañana que me dio el puto viejo. Aunque ahora lo pienso y hubiera estado bien haber ido a comisaría a ver qué le decían al denunciar que "no es que este niño de diez años le ha tirado un globo de agua al autobús y me ha mojado". Hubiera sido un buen parte de culo. Pero, claro, yo pensaba que me iban a encarcelar con el Pirri y el Torete. Omitiré algunas anécdotas posteriores de índole violenta. Sobre todo por si pusieron denuncia, aún no ha prescrito y un honorable señor inspector está leyendo estas líneas. Pero sí puedo hablar de la tercera edad madrileña y el divertido mundo de la sexualidad. De entrada, un vejete, muy simpático que, en la Plaza del Rastrillo, en una alegre y disparatada época en la que yo iba ahí a comprar droga, tenía que esperar siempre un buen rato a que apareciera el camello y durante ese periodo, siempre una

hora por lo menos, el anciano se te acercaba con cara de angustia, como desesperado, casi llorando, te agarraba de las solapas y te espetaba: Por favor, por favor... ¿puedo chuparte la polla? por favor... por favor, déjame chupártela por favor". Y no era a mi sólo, era también a yonkis de cincuenta años de edad la mar de atractivos y con un sex appeal que ya lo quisiera Rick Modelitos Martel. Pero vamos, le echabas para un lado dándole en la chepa con un periódico al grito de "¡tuso! ¡tuso!" y no pasaba nada. Aunque fue en el Parque del Oeste, donde la cosa ya pasó de castaño oscuro. Estaba yo con mi ex, que era muy oportuna ella, y a un entrañable y lleno de vida señor mayor al que, cosas de la primavera, sorprendimos haciéndose una paja detrás de un árbol a tres metros de nosotros mirándole las tetas, le dijo que era un guarro y tal entre risas, porque resultaba ridículo el hombre, la verdad, meneándose la polla escondido detrás de un tronco mocho. Pero resulta que el encantador jubilado, echó a andar hacia ella llamándola "puta, que eres una puta". Yo levanteme raudo con la intención de incrustarle los nudillos en las fosas nasales sin contemplaciones, pero resultó que advirtiólo y de la mariconera -toda la vida pensando qué llevarían en las mariconeras los viejalessacó un machete de apreciables dimensiones y dirigióse hacia mi, por lo que no me quedó otra que coger a la chica del brazo y echar patas cuesta arriba -para más inripisando cacas de perro. Fue tal la mala hostia que me entró y me sentí tan ultrajado, que hasta hablé con un amigo mío que de todas las tendencias, las pasarelas, lo fashion y tal, él había elegido para vestirse el look "cabeza rapada" y para leer, pues en lugar del Glamour o la revista Vanidad, el fanzine Cirrosis, ese en que venían los nombres completos, dirección y teléfono de ciudadanos de ideas avanzadas e invitaba a regalarles a sus madres un presente tan fabuloso como que aparezca tu hijo muerto con cuatro puñaladas en un descampado a las cinco de la mañana. Le comenté el incidente del viejo pajero porque a él también le había pasado algo similar y acordamos ir un día a darle una paliza a todos los

pajilleros que pilláramos por medio en el Parque del Oeste, pero afortunadamente se quedó en eso, en un acuerdo verbal. Aunque me sentí bastante lleno de odio por unos días. Finalmente, me viene a la mente un viejo que se la casca en el WC de Atocha, donde no es noticia, de hecho más de una vez meas con un pajillero a cada lado, pero es que éste se la cascaba con una cara de pena, así despacito, mirándote el rabo con el rostro desvaído, que entraban ganas de decirle: mire, señor, cásquesela todo lo que quiera a mi costa, pero hágame el favor de por lo menos sonreír un poco de medio lado porque me está partiendo el alma, cojones. Pero esto no dejan de ser sino anécdotas triviales. Diamantinos instantes en una existencia patética. El verdadero pánico con la tercera edad, aquí en Madrid, se sufre en los transportes públicos. En el metro, valga este ejemplo: el vagón hasta arriba, no cabe nadie más, pero un anciano se empeña en entrar comprimiendo a todos los pasajeros a base de empujar al pelotón como si fuese una masa informe dúctil y maleable. Penetra y se queda entre la gente y la puerta. Llegamos a Avenida de América, donde se baja todo el mundo, se abren las puertas detrás de él, pero no se mueve. Los viajeros salen como pueden a su derecha y a su izquierda, pero no los que están enfrente. La gente apelotonada grita y se arrastra como en Heysel. Pero él no se inmuta. Es más, se agarra más fuerte. Alguien grita: "¡Salga y vuelva a entrar por el amor de Dios!". Él lo oye, pero ni mira, se agarra más y más fuerte. Cuando por fin la gente ha logrado salir, ves cómo hay señoras con un sofoco, niños a punto de vomitar, escayolados buscando sus muletas, pero él ha mantenido la posición. Como en las escaleras mecánicas. Todo el mundo sabe que en esta ciudad hay un código no escrito por el que los que se ponen a la derecha suben sin andar dejando la izquierda libre para los que tienen prisa. Pero siempre te toca un anciano en la izquierda delante de ti cuando más prisa tienes. Se lo ruegas: "¿me deja pasar?". Se asusta. Alguien vocifera más abajo. Él atrapa el

pasamanos, pone el culo ligeramente en pompa y aprieta los dientes: por sus cojones que no se mueve hasta llegar arriba. Y digo yo, a raíz de los acontecimientos, que todo esto demuestra que Franco era antifascista. Porque si en vez de enviar a Hitler la División Azul, hubiera enviado un par de regimientos de ancianos reclutados en el metro de Madrid -que ya existía por aquel entonces- en el frente oriental los alemanes no hubieran cedido ni un palmo de terreno. Conquistar, no sé, pero ceder, nada de nada. O en Normandía, con poner una silla de autobús de la EMT en mitad de la playa con un viejo sentado, los aliados no hubieran pasado ni con destructores imperiales flanqueados por ocho estrellas de la muerte. Y es que la relación entre transporte público y mayores es explosiva. Dentro del bus, ves peleas a muerte por un sitio y, una vez conseguido por los vetustos gladiadores, comienzan las largas, extensas y detallistas conversaciones sobre enfermedades: que si a mi cuñado le extirpan los ojos, que si a mi hermano le amplían la vejiga, que si a mi marido le han puesto un páncreas de goma colgando de la punta de la polla, que si cáncer de sida, que si... Las líneas de autobús que llevan a ambulatorios, especialmente si tienen consulta de especialistas, son tan estimulantes como el AVE Mathausen - Treblinka. El otro día fui yo a hacerme unas radiografías a San Blas en el Setenta y, al volver, por lo visto un viejo había cometido la osadía de discutir el orden de la fila para subir al bus. No me enteré mucho, porque iba con los cascos, pero delante de mis narices los dos adorables abuelos comenzaron a reventarse la cara a hostias. Abochornado, intervine y agarré a uno diciéndole: "¿pero qué hace usted, hombre de Dios?" Y él, con los ojos inyectados en sangre y mostrándome los caninos afilados y brillantes, me clavó las uñas gruñendo cual pollinocerdo salvaje: "¡Mi mujer! ¡Mi mujer!". Sin tener ni puta idea de qué cojones me hablaba, giré la cabeza 180º siguiendo la dirección de las serpientes que proyectaba su mirada y me encontré con que, el otro viejo, mientras yo agarraba a éste, había aprovechado para zumbar a su esposa. Pero zumbar unas

hostias con hache morrocotudas mientras la mujer se retorcía por el suelo mostrando la combinación a toda la parada -prenda a la que yo me refería hasta no hace mucho, en mi bendito analfabetismo, con el término "código". En cuanto me percaté de lo demencial de aquello solté al viejo que retenía, que ya estaba espumando por las fosas, como quién tira a lo lejos las bragas de una amante que había sustraído con fines masturbatorios y al desplegarlas se topa con un hermoso palomino aún caliente y goteante. Dije: ¡hale! ¡Arrancaos los ojos!. Y me fui en busca de una parada de metro, que me daba bastante vergüenza permanecer allí después de mi heroico papel en la pelea. Como yo no soy puta ni esto un cabaret, no obviaré las razones por las cuales los ancianos van por la vida como terroristas sanguinarios. Que no es porque sean malas personas, tontos de baba o extraños infraseres. Es peña que se siente y se sabe inferior. Y este sentimiento lo que desencadena son dos tipos de reacciones: por un lado hay quienes, al verse menos, se cagan, van acojonados y tienen las reacciones típicas que genera el miedo; por otra parte, están los listos, los que al verse inferiores tratan de aprovecharse de ello. Es todo bastante humano. Pero también hay que tener en cuenta que si se da el fenómeno es por algo. Y es que si a algo empuja esta sociedad de consumo, de "lo quiero todo y lo quiero ahora", es a ser eternamente chispeante y juvenil. Lo añejo apesta y se aparta, se desplaza y se margina. Por lo tanto, desde aquí, vamos a defender dos posturas para evitar este cisma entre juventud y tercera edad. Nosotros, los jóvenes de ahora, llevamos años poniéndonos ciegos, con el sudor de nuestra frente, hasta lograr que España sea uno de los primeros consumidores mundiales de drogas. Tanto rollo con la selección de fumfol y aquí, cientos de miles de jóvenes anónimos hemos situado a la Patria en lo más alto. Es la única escapatoria posible para no terminar agarrándole la vena cava a otro sujeto para arrebatarle el asiento del bus. La juventud actual tenemos como modelo

para envejecer a Paco Rabal en "Los Santos Inocentes". Queremos acabar sin juicio alguno persiguiendo pájaros con una sonrisa en los labios y un vacío en el craneo. Todo para terminar, si acaso, violando una niña de catorce años y que te linchen los vecinos del lugar. Es un final más digno que el que se propone en este inicio del siglo XXI. Aunque claro, si nos queremos encaminar hacia el desarrollo sostenible, la otra variable, que habrá que estudiarla en su justa medida, es tomar medidas en plan "Cuando el destino nos alcance" de Charlton Heston. Coges a los viejos, les pones a Kenny Gee, y cuando se despisten ¡zas! Inyección letal y a fabricar galletas con el cadáver. Nutritivos snacks crujientes ideales para los que están creciendo. Cualquier cosa mejor que tenerlos por ahí como zombies violentos. Porque para simple y llanamente esconderlos, no sé si habrá presupuesto. Y para más negritud relativa del aire, el otro día fui a ver Una Historia de Violencia, que no me gustó y por lo tanto me cagué en ella y sobre todo en vosotros con esta reseña.

Extraños caminos
con tanto botellón y tanta historia, me han venido varias cosas a la cabeza. Yo no estoy ni en contra ni a favor del botellón, simplemente me parece lo más normal del mundo. Además, yo a esas edades me entregué a ello con verdadero entusiasmo y arrojo. El caso es que pensando cómo iban a acabar hoy muchos de nuestros zagales, potando bilis retorciéndose en el suelo sintiendo que se les escapa la vida como arena entre los dedos, me he puesto a recordar, a asociar ideas, patatín y patatán, y se me ha ocurrido esto de Extraños Caminos que, pese al título, no es precisamente una novela de Corín Tellado. Hay una película que se llama Pickpocket (El Ratero). Pocas se habrán hecho mejores en esta vida. Trata sobre un cleptómano que se lo gasta todo en putas y juego, que tiene malos rollos con su madre y que sufre mucho consigo mismo porque está muy amargado. Todo con una fotografía con un contraste muy alto y unos personajes muy hieráticos propios del cine gabacho de la época en plan "La cinematografía no es para reir". Resulta que al final de la peli, con el tío ya preso, una tía que le había rondado sin éxito se presenta en la cárcel y ahí surge el amor mutuo. Él dice: No sé quién, no sé quién, qué extraño camino me ha llevado hasta ti. Y justo se acaba ahí dejando un amargo regusto de toma casualidades putas y aflígete bien que no te queda otra. Pues bien, yo una vez tuve una novia. Una chica muy maja que un día me dejó porque se había liado con un tío más molón que yo, un fotógrafo del Hola, en concreto. Para más pelotas, un modernillo, di que ahora no tiene importancia, que todo el mundo viste llamativo y extravagante, lo que hace automáticamente que deje de ser llamativo y extravagante, pero me refiero a los que tenían esta facha a mediados de los noventa, por aquella época a la modernez de este sujeto mis colegas y yo la denominábamos tridimensionalidad. Y claro, fue inventar

el término y que me dejaran por un tridimensional, por gilipollas. No sin disfrutar secretamente del extraño placer de la miseria y la desolación del desamor, de hombre pasé a ser gusano y me empapé bien de VAT69, que era para lo que me llegaba a mí en aquella época y para lo que tenía específicamente adaptada la flora intestinal. Mitad hombre, mitad trapo, y haciendo gala de unas equilibradísimas y admirables facultades mentales, la penuria que no consiguió apagar el alcohol, decidí acabar con ella haciéndome cortes en los brazos con una cuchilla. Y por no hacerlos al tuntún, para no dar imagen de individuo ágrafo, me dio por dibujar esvásticas. Así estaba yo cuando me llamó mi amigo Manolo para ir a ver un partido del mundial 98 a su casa. Un recuerdo desde aquí a Manolo, que hace mucho que no le veo. Aunque sé que si le pasa algún día algo me enteraré, porque tenía la estantería de su habitación llena de morteros y bombas de mano que un colega militar profesional le traía como souvenir de cuando hacía maniobras. Digo yo -y le dijeque como un día apagase mal un cigarro se iban a enterar en Cuenca de la explosión, pero ni caso -el tío era de Moratalaz, qué vas a esperar. El caso es que fui a su casa a ver el fútbol borracho como una prea desde varios días atrás. España - Bulgaria, en concreto. Yo en esta vida he dado muchos tumbos, desde ideológicos a estéticos pasando por cientos de "gustos" que he defendido a capa y espada para luego denigrar con altanería, pero una cosa he tenido siempre clara: La selección española de fútbol profesional es la luz que guía mis pasos, mi Dulcinea del Toboso, mi escudo de armas, mi estandarte imperial. Aquel día era el último asidero que me quedaba para alegrarme un poco la existencia, y fiel a su historia, la selección ganó, sí, pero quedó eliminada. Entonces me vi en la necesidad de ahogar este excedente de pena generado en el último momento y que lo ingerido los tres días anteriores parece ser que no cubría. En fin, salí de esa casa en ese tipo de situación que ves como constelaciones de colores fosforescentes sin necesidad de cerrar los ojos y que los objetos inanimados, ahí están,

los muy cabrones, bailando break. Fuimos a las fiestas de Moratalaz, que eran por esas fechas, y no las disfruté mucho. Al poco de llegar me caí como un peso muerto a nadar un poco en mis propios vómitos. La imagen era preciosa, gente de bien disfrutando de las fiestas con sus hijos y yo en mitad de la explanada, frente al escenario, vomitando hasta por las fosas nasales con esvásticas sangrantes cortadas en los brazos. Claro, mis amigos huyeron de allí rápido y me abandonaron. Yo hubiera hecho lo mismo. Pero ahí no quedó la cosa. En cuanto anocheció, sin previo aviso, se encienden los focos y al escenario subió ni más ni menos que Juan Pardo. Al escuchar los primeros acordes y darme cuenta de quien era, de que no me podía escapar, de que no me podía ni mover sin sollozar, de que no podría abrir un párpado por una amalgama de tierra y pota que se me había pegado a la cara, pensé para mis adentros maldiciendo al Altísimo con fiereza: Juan Pardo, Juan Pardo... qué extraño camino me ha llevado a tragarme un concierto tuyo entero.

"Pues sí que hay que joderse, sí" (traducción aproximada) Y éste, sin más, era el camino extraño más emblemático con el que contaba yo en la memoria hasta estas navidades. Cómo no, me fui a Zaragoza. Estuve con mi tronco el Chemari pinchando discos. Si la otra vez fue babear una por una todas las perlas del catálogo de Vampi-Soul, en esta ocasión fue Jorge Ben a saco y más cosas que no me acuerdo, pero no eran precisamente la última sensación escandinava. El rock no ha muerto, pero

le pueden dar mucho por culo a veces, la verdad. Apropósito, una frase acuñada por El Potro unos días antes en un antro por la presencia continua de lo que allí llaman "un alicates" -un pesado- que daba la chapa con la edad dorada del rock and roll: "Co, los viejos rockeros nunca mueren, pero dan mucho mal". En fin, que ahí estábamos Chemari y yo cuando apareció el Iñaki. Este sujeto tenía unos negocios conmigo a medias y de pronto dejé de saber de él vilmente. Nos dimos un abrazo y tal, pero le pregunté seca y rápidamente: ¿tú, qué pasa? Y empezó a hacer aspavientos, como es costumbre en esa casa: tioooo, que no veas lo que me pasó, que por eso no pude llamarte... Patatín y patatán. Yo pensado, a ver qué patraña me suelta éste. Y soltó que llevaba unos días de ciego por ahí y estaba en casa. Para no sé qué hostias, se tenía que ir a casa de sus padres. Así que cogió el coche. Ya al salir por el portal tenía algo de ganas de cagar. Como los excesos se pagan, y más si son los de un fin de semana continuo, pues nada, que esas ganas de cagar empezaron a ir en aumento. En un aumento preocupante. Digamos, que en progresión geométrica. Llegó un momento en que pensó: joder... hostias. Sí, la cosa pasaba de castaño a oscuro. Y pasó, se estaba cagando vivo. Estuvo a punto de sacar un pañuelo por la ventana para saltarse los semáforos como cuando un caballero jedi de la orden alopécicobigolanar lleva a un niño con una brecha para urgencias. Pero no hubo pelotas. Se limitó a gritar "noooo". Por lo visto consiguió aparcar. Salió del coche. Fue andando con cuidado hasta que, en palabras textuales: "yo no me rendí, yo seguí ahí apretando hasta el final y si algo falló, no fui yo, el caso es que mi ojete él solo se abrió y purrum pom-pom-pom: me cagué encima entero". Estaba en el portal de la casa de sus viejos, así que subió a toda leche, acojonado y jumeando. Arriba, sorpresa, sus padres con sus tíos en el salón. Pegó un gritito y se metió corriendo en el váter. Se quitó los pantalones con la plasta y los echó al bidet. Desesperado, cogió la ducha y empezó a rociarlos para, poco a poco, con resignación cristiana, ir colando la

mierda por el desagüe. Cuando ya parecía todo apañado, se percató de la tragedia. No sé cuántos euros y el teléfono móvil estaban en el bolsillo del pantalón y, como es normal al contacto con el agua en abundancia, se le fueron a tomar por culo. Por eso perdió todos los teléfonos de la agenda y por lo visto al final sí que recuperó los euros poniéndolos a secar al sol en la terraza. Yo me quedé sin palabras. Sólo pude, totalmente desarmado por tan contundentes argumentos, soltar un: Joder, Iñaki, Iñaki... qué camino más extraño has recorrido para terminar no llamándome. Y por esta razón y no otra, Bernard Bresson y yo nos hicimos uno con el cosmos por segunda vez. PD: Dedicado a mi koleg@ Ismael por ofrecerme un juramento de vasallaje con su señor feudal

La negociación con ETA
De nuevo llama el deber patrio, debo apartar mis dimes y diretes personales para ayudar a mi país, España. ¿Qué es la negociación con ETA? Veamos, hoy día, en este mundo que tanto detesta el Foro de la Familia, es normal verse en la situación de que te follas una tía, te corres en su boca, y luego ella, sin tragárselo, pretende darte un morreo o, lo que es peor, chuparte la cara. Si la fase "lefa" de un coito viniera antes de correrse, antes del "hasta aquí hemos llegado", podría estudiarse la medida, pero no es el caso, la naturaleza es como es. Y después de correrse quién quiere enredar en el pasado. A lo hecho pecho, lo asumo hasta la última perversión, pero no me lo pases por la cara después, coño. Esto es, si te lo tragas todo delante de mi, hasta la última gota, pues vale, te doy un morreo de culminación de un buen polvo. Aunque haya restos de semen en tu boca y, por consiguiente, en mi lengua. Qué más da. Tampoco vas a ser un vinagre. Pues eso, de esto, más o menos, va el tema. Ahora haced vuestras cábalas libremente, pero con propiedad, hombre, que vaya show...

Delinkiendo II
Un día me referí a la obra de esta pareja como (aprox.) una "uzi de certeros pildorazos infraculturales", ahora, peinando canas, viendo a nuestros hijos crecer y relacionarse, habiendo compartido trinchera con él y viendo morir a nuestros camaradas con la cara en el barro, tras gestionar sus cuatro divorcios y recomendarle un cirujano para su lifting a ella, creo que lo mejor de Lametones es que, cuando les lees, te entran muchas ganas de abrazarles, sí, con mimitos, y luego, en cuanto les sueltas, coger un terrón de azucar empapado en coñac el día anterior para, sosteniéndolo con los nudillos, darles en la cara bien y dejarles espantosas cicatrices de por vida como a las putas de la Barceloneta. Y por si la sangre no les apaciguase, sacarse el cinto y enchufarles por el lado de la hebilla hasta que, desde el suelo arrinconados digan, clamen: ¡apoyamos la socialdemocracia!.

Delinkiendo
Las iniciativas dinámicas y proactivas que he tomado en mi vida han estado relacionadas con la adquisición de estupefacientes. Pero hoy, mirando lo desangelada que tenemos La Página Definitiva, he decidido redecorarla un poco empezando por la sección de enlaces. Reproduzco la primera parte de esta lista íntegra porque se trata de un bien social. Son las páginas que más me molan, que no son pocas, y que en breve estarán todas reseñadas en LPD. El Blog Ausente Antiguamente, la juventud con inquietudes se afiliaba o bien a la Falange o bien al Partido Comunista y se iba por los bares pegando tiros con alegría y españolidad burbujeante. Hoy han muerto las ideas. Ahora la juventud se afilia a unos gustos. Estos son un mundo insondable lleno de secretos inexplicables. Por ejemplo, un sujeto escolarizado hasta los ocho años que dedica el fin de semana a la ingesta de mdma y que como dé la casualidad de que le gustas a la chica que le gusta a él, te puede reventar una litrona en la cara y patearte el torax aludiendo que "le has mirado mal", luego conoce a gente que comparte sus gustos, el tunning mismamente, y forja una amistad intensa y sincera. Sin embargo, un individuo de cuarenta años, amante de los comics, lo kitsch y demás, virgen a la edad adulta cual Francisco Franco Bahamontes, que si oye toser por la calle después de las ocho de la tarde defeca en sus calzones de Bat-man y echa a correr, cuando se relaciona con gente de su rollo, que disfruta de tebeos, cine de serie b y demás porquerías, entabla las amistades con la envidia, el odio y la traición como principales puntos de referencia. Se trata de un fenómeno digno de estudio. Y si Usted quiere que uno de estos personajes no le saque los ojos empleando un argamboy como palanca por haber infravalorado el

comic guatemalteco del siglo doce riéndose además, para más inri, de los androides subacuáticos del cine soviético, más vale que lea este blog redactado por todo un padre de familia hincha del RCD Español. Arcadi Espada Arcadi Espada tiene un grandísimo talento para llamarte gilipollas integral con un par de frases crípticas sólo comprensibles por sus más cercanos allegados y filólogos medievalistas acostumbrados a interpretar textos. Como se mete con los nacionalistas periféricos, pues en la Meseta a todo el mundo le gusta mucho Arcadi Espada. Dicen: "jajaja, hoy sí que ha estado sembrado el Arcadi insultando a estos cerdos nacionalistas periféricos". Lo que pasa es que el día menos pensado les va a insultar a ellos y dirán "jajaja, hoy sí que ha estado sembrado el Arcadi insultando a estos cerdos nacionalistas periféricos". No puedo creer que lo hayan inventado Dejando de lado que a la juventud actual le gustaría haber tenido veinte años en 1977 para poder disfrutar de los Devo en directo y a los fans de Devo de 1977 vivir en 2006 para poder disfrutar del "hacia la alegría por la tecnología", hay que reconocer que si a los nacidos en los setenta nos cuentan que en 2006 no íbamos a ir montados en burbujas aerodeslizantes a las estaciones lunares para pasar un fin de semana en plutón con nuestros colegas de putísima madre comprados en Cyberdyne Systems, cogemos y hacemos la revolución contra el comunismo y el capitalismo para instaurar el único sistema que mola, el feudal. En cualquier caso, parece ser el que el futuro prometido se puede encontrar si buscas debajo de las piedras, como hace este blogero. Con sus entradas conoceremos la futurista ropa interior de Loyola de Palacio, el secreto de Botín para reunir su primer capital para invertir y la tartera que Etoo lleva todos los días al

entrenamiento. Patada al diccionario Este sujeto considera que los periodistas, cobrando 300 euros como becario hasta que, ya en la pitopausia, se alcanzan los 700, no tienen más que hacer que escribir y hablar como Lázaro Carreter. Aunque hay que reconocer que, a la luz de los hallazgos que se exponen en este blog, muchos periodistas más que un poco borricos, directamente parecen chimpancés. My own private Eindhoven Muchas veces nos los preguntamos ¿por qué los españoles tenemos esa tendencia a destruir todo bien público? Se trata de un impulso instintivo como el hambre o las ganas de follar. Vamos, que si aquí ponen Internet en las paradas de autobús, abogados de prestigio, cirujanos cardiovasculares y algún que otro ministro bajarían de sus casas armados con picos y bates de beisbol a destruirlos antes de que nadie pueda utilizarlos. Pues resulta que en Eihndoven, los hay, sí, y con impresora en color. De piedra se quedó este blogero, que nos alumbra con ésta y otras curiosidades de la civilización occidental que aún no se han extendido en África. Viruete Existe la cultura pop y, como dice mi amigo Goyo, la cultura popó. Viruete.com analiza pormenorizadamente la segunda de estas acepciones. Si vierais a los autores de esta web fliparíais. Todo el día rodeados de titis, aparcando sus cadillacs en doble fila y espantando al agente de movilidad sacándose el rabo y haciendo un par de molinetes, metiéndose la misma fatucheli que David Copperfield o dirigiendo la invasión de Perejil por videoconferencia desde un reservado del Gabbana, pensaríais que, joder, cómo es que les da luego por

perder el tiempo en glosar una especie de Enciclopedia de la Mierda. Pues ya veis, hay gente pa´tó. Curioso pero inútil Hay quien piensa que si acumula en su casa diez mil vinilos primera edición de psicodelia sesentera, en cuanto coloque en la estantería el último de ellos, llamara a la puerta de su casa una bonus pedazo de pibón superinteligente que posee todos los LPs de Bevis Frond, Os Mutantes, Pescado Rabioso y Carmen Maki & Blues Creation. El sujeto que gestiona Curioso pero Inútil cree que va a untar el churro porque sabe cuánto viven los peces pulmonados fuera del agua. Ahí lo llevas. Pero, con todo, este blog resulta de gran ayuda para las personas que pasan diez horas al día departiendo en bares-ágora ibéricos y los contenidos del Marca se les quedan pequeños.

Mis más sinceras felicitaciones al Fútbol Club Barcelona
Me temo que mi sueño de que el Barça viaje a la final de París en dirigible para que corran la misma suerte que el Hindenburg no se va a cumplir porque a ver quién es el guapo que convence Etoo de viajar en un medio de transporte en el que no regalan cacahuetes. De todas formas, al que no le importaría no coger el avión sería a Ronaldinho, creo que entre Cataluña y París hay el volumen necesario de arboleda para que se llegue hasta allí vía ramas. Está claro que el Gobierno está vendido y entregado a Esquerra Republicana, es demasiada casualidad que siendo Ronaldinho bípedo porque alguien tiene que ser la excepción que confirma la regla, le quieran dar precisamente ahora derechos a los simios. Por otra parte, que le hagan ya una puta trasfusión de sangre a Iniesta, que como se descuiden se presenta en París en avanzado estado de descomposición. Aunque, ojo, mejor que no se la hagan si el donante es Valdés, un tío que no da positivo en los controles porque lo que le pasan en Hospitalet es cal rascada de la pared de urinarios públicos. Sólo le faltaba a Iniesta que le insuflasen unos grametes de estricnina en sangre. En todo caso, Márquez estaría encantado si el chico palma, deseando que está de extraer los órganos del cadáver y vendérselos a un gringo en Ciudad Juárez. Por el que sí que me alegro es por Deco. Mira que se fue a nacer a Brasil para evitar la Maldición Lusitana, un mal que afecta a miles de portugueses -nacer con un hermano siamés unido por el entrecejo,- pero nada, hasta allí les siguió el espíritu de Viriato. Me cago en la putísima calavera de Yiuli, que mi mierda será más consistente que su masa osea, pues tanta ingesta de lefa y lefa y lefa le está poniendo los huesos cartilaginosos. ¡Ay el Motta, que está

drogao! dirían Martes y Trece en referencia a tamaño Canis Familiaris para reirse un poco del Loco de la Colina. ¿Y Ulegá? ¡Ay, Ulegá! Ulegá me cae muy bien y me parece un chico muy simpático. Que tengas mucha suerte en París, Ulegá, y en lo que te queda de carrera deportiva. Eres el mejor. En otro orden de cosas, ¡LADRONDECABALLOS! copón, que eres el ganador del I Certamen Mundial de Me Tenéis Contento. Mándame tu dirección postal al email de ahí abajo que dondequiera que te ocultes te enviaré un super Hulk "La Masa" con síndrome de down. Como buen maníaco depresivo sé que he estado ausente demasiado tiempo (as usual), pero el viernes, si dios quiere, os presentaré el II Certamen Mundial MTC cuyo premio chana ochenta veces más que el Hulk deficiente, que no es poco.

I Certamen Mundial ¿Eres Hombre o eres nena? de Me Tenéis Contento leitmotiv: Los Soprano
El otro día, cosas que tiene uno, conversé con unas castas inferiores, de las que ven cadenas de televisión de esas que se encuentra uno tiradas en la calle, entre cartones, y me contaron que no sé qué canal gratuito echaba Los Soprano. Dije que vale, que me parecía muy bien, pero que por favor no se arrancase las garrapatas con la mano delante de mi que me daba mucha grima. Y el tío insistía, pero es que, además, hacen un programa especial en el que personas formidables fanáticas de la serie cuentan lo mucho que les mola. Tras, con un marcial manotazo, apartar de mi cara el brick de vino que me ofrecía y en el que había ido depositando las garrapatas el muy cabrón, le pregunté qué famosos eran esos. Entonces díjome: Entrañables personajes, a saber... Trinidad Jiménez, Juan Imedio... gente así, gente fabulosa. Con lo que arrebatole el brick y me puse a beber de él como un cosaco masticando todas y cada una de las garrapatas. ¿Trinidad Jiménez hablando de Los Soprano? ¿Juan Imedio? ¿Sansuputamadre? Virgen Santísima, se me cayó el alma a los pies. En ese momento por mi cabeza sólo pasaba montar la de Dios es Cristo. Una de la que nunca se olvidasen esos hijosperra de guionistas de televisión. Lo primero que se me ocurrió fue hacer algo rollo oriental: cortarse el meñique, meterlo en un sobre y enviarlo a la atención de "Milikito; La Sexta". Como estoy en contra de la multiculturalidad y su puta calavera, después barajé la posibilidad de hacerlo a la holandesa, Europa, enviando una oreja. Pero se me había calentado el morro con el Montemelo con Arachnidas Acariformes Ixidoideas, pasé de todo y me entregué a un severo castañazo. Días

después, repuesto, no quise claudicar ante tamaña ofensa. Así que, un poco más lúcido, decidí resolver el asunto de manera aristocrática. Trazando una línea separatoria entre el que sí y el que no, entre el Hombre y la nena. Organizar un concurso de sapiencia sobre Los Soprano. Y aquí está, señoras y señores: El Primer Certamen Mundial ¿Eres Hombre o eres nena? de Me Téneis Contento. Como no soy un empollón gafotas, ni una meticulosa marujilla. Como el fenómeno fans me repugna, como no me chana el rollo Star Trek, pues no voy a hacer un concurso con preguntas en plan qué grupo, maravilloso grupo, escuchaban Tony y Janice de niños cuando su padre fue detenido en el parque de atracciones. No, eso es para mataos, para enfermos. Para gente que ve mucho la serie, pero no la ve bien. Lo importante no es ver cada capítulo ochenta veces, lo importante es verlos bien. Por eso, queridos míos, yo os ofrezco la posibilidad de ser u Hombres o nenas. Porque todo Hombre con hache de hostiaputaya, señalaría el fotograma por el que os voy a preguntar como Donald Sutherland en La Invasión de los Ladrones de Cuerpos, cuya foto no voy a añadir al texto porque tiene un lugar de honor en el próximo post que verán Ustedes en quince días, La Invasión de los Chochos ladrones de cuerpos. En fin, dejémonos de chorradas, ahí va la pregunta: ¿En qué temporada, capítulo y escena aparece en Los Soprano la Selección Española de Fútbol Profesional?

La furia, los toritos bravos olé olé, la que nunca defrauda, el combinado nacional de fútbol profesional del Reino de España. ¿Eh? Dónde y cuándo sale. Yo la vi a la primera. Como sé que no sois buenos españoles, seré condescendiente y contestaré a todas las preguntas que se me hagan siempre y cuando no revelen información del copón de la baraja. Pero estoy dispuesto a dar pistas. Preferiría que se preguntase en los comentarios y no por email para que todo el mundo viese las respuestas. Ya que esto no va de coña, aquí nos estamos jugando un lote de premios que se caga la puta perra. Al loretovalverde: PREMIOS

¿No crees que los vinilos te quedan un poco sosos en la estantería? ¿Le da miedo a tus sobrinos entrar en tu casa por parecer un sórdido almacén industrial? ¿A tu mujer le empiezan a interesar complementos como estatuillas de cristal del todo a cien, una sevillana para poner sobre la tele, un plato recuerdo de Salamanca o un cuadro con aristócratas británicos en la caza del zorro? No te ralles, ha llegado lo que necesitabas, un Hulk "La Masa" con síndrome de down

Un superpremio que te resolverá más de un problema, llenará tu casa de alegría y alborozo y será un referente visual que dará sentido a la palabra hogar. Estimados troncos, este pedazo de premio, que me ha aparecido por segunda vez en el detergente, se lo enviaré certificado y urgente al que resuelva el enigma que he planteado: ¿Cuándo aparece la Selección Española de Fútbol en Los Soprano?. Y como sé que cientos de miles de vosotros os lanzaréis a concursar para decirle a vuestras titis "Yo soy hombre, no soy nena, yo concursé en el Primer Certamen Mundial de Me Tenéis Contento", he pensado en un premio de consolación para los que merezcan una Mención de Honor por su entrega y conocimientos. Atención al segundo premio:

Porque se trata ni más ni menos que de un lote de auténtica y genuina lefa envasada de Diéguez Satanasito "El Alegre Criminólogo de las Gentes". Este semen, ha sido extraído en un bucólico balneario de los Alpes franceses por Fray René de Maupassant, un benedictino octogenario ciego y sordomudo, sin brazos ni piernas y que en los pocos centímetros de piel en los que no tiene pústulas supurantes y gangrena exhibe orgulloso tatuajes talegueros, empleando el método artesano natural

"Arzobispado de Pamplona" esto es, sorber la lefa directamente de la próstata succionando por el ano, laborioso método con más de ochocientos años de antiguedad que le confiere al semen propiedades organolépticas y, por supuesto, una generosa cantidad de bífidus activo. ¿Que tiene Usted un hijo tonto? dos gotitas debajo de la lengua todas las mañanas y ya verá que pedazo de hijoperra crece bajo su tutela. ¿Acaso la inseguridad hace que le atormente una entrevista de trabajo? extienda un poco de esta sustancia por su cara y su hipotálamo empezará a reproducir a toda caña el Machine Gun de los Commodores y arrasará Usted con todo, copón. Y nada más, espero vuestas preguntas y ansío una amplia participación. Si no me cagaré en vuestras putas calaveras. O avisad a vuestros koleg@s que flipen con la serie para que den aquí el do de pecho, si tienen ibéricas pelotas.

Post Scriptum del Proscrito
Una vez, cuando éramos jóvenes y estábamos como maracas, reventamos unas casas portátiles donde se cambian los obreros y pasamos ahí el fin de semana jugando al cheminova. En estado de embriaguez química aparece la sinceridad, como todo el mundo sabe. Un amigo confesó que tenía algunas tendencias homo. Otro, en esa coyuntura, soltó que se echaba de vez en cuando ketchup en la polla para que se la chupase el perro. Flipamos, por supuesto, pero tampoco le juzgamos. Drogándose en un agujero que usaban los obreros para cagar no es que estés en la cima del mundo precisamente como para ir diciendo lo que está bien o está mal a los demás. Pues bien, he estado tentado de llamarle. Al margen del hecho de que mi amigo podría tener la amabilidad de emplear otro producto que no le diese tanta sed al pobre animal, si era capaz de hacer eso, no sé qué podría impedirle cambiar el Mar Báltico de lugar. Pero en el último momento rehusé. Luego por poco no me salí por la tangente al leer en los comentarios que alguno se lo había tomado como un chiste. Al final, he decidido ir con la verdad por delante en un Post Scriptum que ya está colgado a continuación del artículo en LPD. Es éste: POST SCRIPTUM En la primera actualización de este artículo, figuraba una errata en la que se denominaba a Montenegro "República Báltica" en lugar de "Balcánica". Preguntado por ello, el autor afirmaba conocer "perfectamente" la ubicación del Mar Báltico y las repúblicas que le rodean, pero que se le había debido "ir la olla por alguna razón desconocida" y ha perpetrado lo que no ha tenido inconveniente en calificar como "cagada del quince". Además, el excelso y aclamado plumilla, añadía que "lo grave no sólo es que yo la cague", sino que esto se lo hayan leído los que lo

suben a la red y les haya pasado inadvertido: "que son profesores de universidad" -apostillaba con vehemencia. De modo que toda esta engorrosa situación, al margen de seiscientos mil montenegrinos indignados "que me pueden comer la polla" -especificaba- no hace más que evidenciar cuál es la situación del periodismo español y la universidad, que "de la mano" no dan más de si que el show al que acaban ustedes de asistir. Pero hay más cosas que contar. Son las fiestas de mi barrio. Hay gente a la que se le dan bien las matemáticas, a otros la pintura, otros tocan de puta madre. Pues bien, mi talento reside en enchufarle con una carabina a todo palillo que me pongan por delante en los puestos de tiro de los feriantes. Así que este finde, como os podréis imaginar, hice buen acopio de objetos ridículos y putapénicos para premiar los Certámenes Mundiales de MTC. Ya no sólo es el premio en sí, sino la garantía de que ha sido conseguido con épica y gloria. Más gloria a la gloria. Vamos a ser una especie de sociedad piramidal de la gesta. Por otra parte, también hablé con el alehopero, un sujeto con una crisálida debajo del sobaco de la que sale él mismo conforme avanzan sus edades pero con un aspecto físico completamente distinto, y que tiene el típico grupo que debería ser ilegal, Grimorio. Me dijo que no controlaba mucho a los Everly Brothers. Y me extrañó de alguien tan versado en el asunto. Así que Ladrondecaballos, cuyo Hulk con síndrome de down ha salido esta mañana para allá, también encontrará en el paquete la discografía de los Everly Brothers, así como todos los que ganen los sucesivos premios, porque os tengo que evangelizar -Esto es cosa mía, no tiene nada que ver con que Satanasito tenga los huevos secos. Está deseando ducharos a tod@s). Respecto a los tiros en la Feria, hay más que contar. Flipé mucho, mucho. Y mi acompañante, Chemari, también. Los que regentaban el puesto de carabinas, como no podría ser de otra forma, eran gitanos portugueses, válgame la

redundancia. A mi me atendió una vez el padre, y en los sucesivos premios que arrasé, la hija. La vástaga tendría unos diez u once años. No más, tal vez menos incluso. Cuando yo trifoliaba los palillos, ella cogía el premio y le quitaba con la lengua la gomita que le unía a la barra de la que colgaba. Yo venía de juerga desde el día anterior. Tenía una sudoración súbita y me había bajado un brick de sangría yo solo viendo a la Bon Scott Band. Entonces, vale que el despertar sexual de esta étnia se produce a los seis años, pero igual me estaba equivocando, así que le pregunté a Chemari si eso era normal y éste, en bastante mejor estado que yo, me dijo que no. Seguí tirando y ganando y la cría ya parecía Asia Carrera saboreando un glande, mirándome a los ojos y en definitiva, chupando cada premio que me daba como si fuesen putas pollas. El Chemica se meaba de risa. Pero a mi me asaltó una sensación extraña y una duda. Ahí, rodeado de gitanos portugueses, con un arma de fuego en la mano, bastante ciego y habiendo ligado, me pregunté: ¿y si le pido la mano de esta nena a su padre, aquí de hedor ingle-sobacal presente, y comienzo una nueva vida como feriante? Fue el recuerdo de Hommer en similares circunstancias lo que me echó para atrás. Cogí los premios y nos fuimos a beber algo para celebrar el palillocidio inmisericorde que perpetré. Pero chicos, no olvidéis, cuando tengáis estos peluches y objetos ridículos en vuestro poder -si es que ganáis algo, patanes- que todos ellos han sido succionados felatoriamente por una chica de once años de la étnia calé. Os parecerá barro. En breve: concursos.

El Día Después
En el dia de hoy, cautivo y desarmado el combinado británico, las tropas nacionalcatalanistas han enchufado sus últimos goles de mierda. La champiñons ha terminado. Si tuviese que describir cómo me quedé ayer, si tuviese que hacerlo con un polo de la bandera de España, unos pantalones beige de pinzas y unos zapatos castellanos, diría: jo, me quedé plof. Pero dije me cago en su putísima calavera tal y como me encontraba, ataviado únicamente con unos calzoncillos, por las altas temperaturas, y harapientos por una cosa un tanto extraña que me sucede de aquí a unos años, no sé por qué, pero que suelo estar tumbado y al incorporarme y abrir las patas para ponerme de pie se me rasgan los gallumbos seguramente se deba a que más de un calzón que tengo por ahí ya estaba viejo cuando cursaba COU, pero prefiero pensar que es a consecuencia de lo hercúleo de mi nabo. El caso es que Barça ganó. Tengo parte de la responsabilidad. Mantuve todas las supersticiones controladas ya desde septiembre. Yo sabía que lo de Etoo tenía pinta de venganza bíblica por lo de Figo. Así que he estado todo este tiempo sin piarla, sin fanfarronear, completamente agazapadito esperando mi premio, pero ayer la cagué. Tenía muy mal presentimiento con el calor de bochornazo que había ayer en Madrid, típicamente barcelonés. Mal presagio. Y acongojado, tomé la postura fácil. Como mi chica es catalana y culé, tomé la típica actitud cobarde de decir "ahí está el gol" en una especie de autodefensa cada vez que el Barcelona se acercaba al área. Olvidé que ante tales mezquindades el Demiurgo de las Suertes no tiene piedad y me castigó pero bien, cuando ya creía que era posible consumar la gesta. Cómo me arrepiento de mi error ¡la que he desencadenado!. Después, cagándome en san su puta madre, no tenía ganas de hacer nada. Ni música, ni libros ni pelis. Cuando expelo pus por todos los poros siento que puedo pudrir la belleza si entro en contacto con ella. Pero tuve suerte,

hace poco me han dejado la película cuyo título fue lo primero que introduje en el buscador del emule en cuanto lo instalé: El Día Después. Haría diecisiete años o dieciocho que no le echaba un ojo a esta obra. Tragándomela ahora comprendo por qué me acojonó vivo en su día. Aunque lo cierto es que me gustó mucho, si bien la hubiera preferido en catalán. Obviamente "pare, se m'han cremat les retines" suena bellísima expresada entre el estruendo de una explosión nuclear ¿verdad?. Menudo bálsamo me supuso el filme. Ahora podré asumir las demostraciones sindicales que se celebren en el Camp Nou, que serán la envidia de Leni Reisenthal. Y toleraré mejor los gritos de ¡Una nación, una lengua, un equipo de fufol! Pero en todo caso, si ayer no se me hubieran humedecido los ojos de auténtico y profundo dolor intenso cuando ese traficante de urracas venenosas enchufó el segundo de mala manera mientras mi mujer daba alaridos de placer en mi jodida madrileña puta casa, significaría que ya no me gusta el balompié. Y la afición por el fútbol es el mejor premio de consolación que tiene la falta de inteligencia. Cuando Pedja introdujo aquél, para que ese instante fuese la mayor efusión descojonativa exhuberante que he vivido nunca, tuve que pasar por el AC Milan, Prosineki, Wembley, Tenerife, un 5-0 y la Recopa de Robson. La alegría en el fútbol se origina en el sufrimiento anterior, un sufrimiento en forma de hermorroide encangrenada que te come por dentro con los dientes infectados en bacterias asesinas como los varanos. Hay que ser muy macho para soportar este dolor con épica. Por eso me cago en todos vuestros putos muertos culés de mierda y digo ¡Viva el fumbol! ¡Viva mi raigambre castellana y viva el Amadís de Gaula!

-Està canviant el temps, oi, Pau? -Mireia, per a mi que això és cosa dels castellans (En catalán mucho mejor, dónde va a parar) PD: Gracias al Filòleg Sediciós por sus indicaciones. Y gracias en segunda instancia a Panterablanca que también me ha apercibido de que no se me da muy bien el catalán, no obstante, soy de Burgos.

La hamburguesación del Conde-Duque de Robértez

Acuarela sobre papel de idem. No sé cuántos x no sé cuántos centímetros. Marco comprado en el bazar de chinos de enfrente de mi queo. Tiempo empleado: 40 minutos. Pues nada machos. La explicación de esto es que si una visión me ha estigmatizado en mi vida, fue ver a Robértez (La Robertación, Robertrón, Rúpert... el líder del Motociclón) hacer la hamburguesa con la polla a la una de la tarde frente al Bar La Isla tras una noche de giñeta en el Ejkálibur. Las miradas de los transeúntes, la inocente alegría de Róber, que mostraba su obra como un niño que

te enseña un dibujo, el contexto y la pleyade a grandes rasgos, me llegaron muy dentro. Aquel día íbamos calentitos y bien enajenados, que ya antes, en mitad de la pista, yo me había sacado el rabo para puntearle encima el solo del "Love you like and Hurricane" de los Scorpions, pero el remate, la traca, fue una hamburguesa con la que mi amigo obsequió al pueblo de Vallecas aquella mañana. Por estas razones, y porque desde que uno ya no le puede regalar un disco a un amigo porque sería como invitarle en un bar a una ración de palillos y un vaso de agua, decidí pintarle un cuadro a mi tronco por su cumple. Y hete aquí la obra: La hamburguesación del Conde-Duque de Robértez. No soy un buen pintor, pero me parece que hoy día eso es lo de menos en el mundo del arte. Así que admiren qué obra ¡¡qué maravilla! ¡¡qué trazos!! ¡¡qué expresión!! ¡¡cuánta energía ambivalente que se hace uno con el cosmos!! ¡¡A la mierda Manet, Monet y la Mona Lisa ¡¡he llegado yo!! PD: Los lectores con cultura y ambiciones pop, o popó, querrán saber quién es ese gato que asoma por detrás. Pues se trata ni más ni menos que de Micho, el amigo de Tristón. Cortesía de mi esposa. Y lo siento por el flash, pero la foto que hice sin él me salió desenfocada, pues tengo yo un pulso como para edificar la catedral de Burgos empleando naipes.

España desde el bunker y IV
"Les inmigrants de la patrie nos mean", el epitafio de mis crónicas homéricas sobre las hazañas de la selección española de fútbol profesional puede leerse: aquí Lo más jodido de esto es que algún hijoputa que estuvo viendo el partido en Colón tuvo a bien mearse en las paredes del vagón de metro, de modo que cualquier gilipollas que se apoyase al día siguiente se llevaría sus orines impregnados. Me tocó representar el papel de gilipollas en la historia. Y lo más gracioso es que iba a un ministerio a una rueda de prensa, por lo que me tuve que meter debajo de la fuente de un parque público y llegué al lugar con una pinta extraordinaria. Lo gracioso es que el lunes también fui, y el finde previo, tras una juerga intensa con los Green Manalishi, por alguna extraña razón el domingo por la tarde, ya desquiciados, nos dio por pintarnos cosas a rotring sobre nuestros torsos desnudos. Yo les dibujaba corazones y esvásticas, ellos a mi pollas e inscripciones en lengua eusquérica. Al día siguiente me fui al ministerio con alguna que otra polla asomándome por el cuello de la camisa. Y mi mujer casi se va a la piscina con una cruz gamada en cada nalga, que hubiera sido de traca. En todo caso, lo puto fue el miércoles, porque después de mi cante jondo con los tatuajes a rotring el lunes, llegué tarde, mojado y sudando, y dejé la cartera sobre unos bolsos de forma brusca y se cayeron. Traté de agarrar desesperadamente uno de ellos que contenía un ordenador portátil, y lo hice con la uña del dedo pulgar. Tras unos instantes hinchando la vena halterofílicamente, pues oye, no se pueden ganar todos los retos que se asumen en la vida, uno es humano y la uña cedió y quedose en el Ministerio ahí de por vida. Todo esto bajo la ceja arqueada del Ministr@, por supuesto y cuchicheos entre los plumillas congregados que me

miraban con cara de ojete e indignación. A mi, con el universo de sensaciones que estaba viviendo en mi uña amoratada todos ellos en su conjunto me sudaban la polla bien. Pero es que al salir luego, caminando por Príncipe Pío, me cayó en el puto ojo agua con lejía desde un balcón, que lo estarían fregando. Y ahí me partí la polla, porque si me cae la gota antes y no después, si hubiese entrado en el Ministerio deprimido por España, meado, mojado, arrojando uñas al patio de butacas y llorando por un ojo enrojecido hasta el granate, pues ya hubiese sido la ultrapolla... gggggggñññññññññ España desde el bunker III

Y "La Última Cruzada" se puede leer aquí. De este magno día guardo un grato recuerdo de un sujeto que puso una bandera de España tamaño guateque en el puto aire acondicionado de forma que nos cochamos de sudor como cerdos. Y como para decire algo, él que presumía de que esa bandera "había estado en más de quince 20enes". En fin, para llorar, el partido, el calorazo que pasé y los veinte enes de san dios.

Predicciones
I. Mesetariotóxica indagación en activos intangibles Oh, Oh ¿qué es esa silueta que domina la arboleda en lo alto? ¿Es un pájaro? ¿es un mejillón? Oh, ah ¡es... el MEJILLORRIÓN!

Que sí cojones, un gorrión con un mejillón adherido:

La fotografía ha

sido tomada a veinticinco metros del río Manzanares. Se trata de un río bastante limpio, lo que pasa es que su ridículo caudal azuzó la calenturienta mente de algún paleto de ciudad, que tuvo a bien construir como una especie de esclusas para que tuviese una mínima anchura. Luego este río no es otra cosa que agua estancada en diferentes compartimentos, que si la aderezas con cuarenta y tres gradicos a la sombra, produce mierda en microscópicas cadenas de montaje. A veces lo miro desde la ventana del curro y veo que los obreros han echado un trozo de madera de embalar al agua para luego tirarle piedras a ver quién le da, eso cuando no tienen insomnio y duermen la siesta entre los matorrales y la basura, el caso es que la madera se queda flotando, solitaria, y si sopla el viento llega a navegar en dirección contraria al sentido en el que se supone que va la corriente, dando un espectáculo patético que a los madrileños con vergüenza y sentido común nos invita a destruir esta mierda de rio y hacer que atraviese la ciudad por el alcantarillado a merced de unas corrientes muchos más poderosas y torrenciales, las de la cadena del váter. Pero el asunto es que en estas aguas cuya contemplación sólo transmite desolación y miseria espiritual, el que se supone fue el mejor alcalde de Madrid, echó patos, los cuales fueron sustraídos en su mayoría por forajidos de étnia calé con el fin de deglutirlos. Eran tiempos del Torete, la gente era como de otra pasta. Y digo yo, que si el mejor alcalde puso patos, pues de todos los que hubo antes, que fueron poco menos que la peste, seguro que algún espabilado echó mejillones -lo mismo pensando en dar una ocupación como marisqueros a los gitanos que luego fueron robapatos- y claro, los mejillones al entrar en contacto con el silicio, azufre, uranio enriquecido y sosa caústica que flotaba en el agua producto de los cambios de temperaturas extremos a los que está sometida la basura acumulada en el fondo desde que el pueblo vasco tomó la Meseta en la Reconquista, pues sufrían unas mutaciones genéticas que les dotaron de un desarrollo y

una inteligencia prodigiosa. Entonces, igual que los peces en la era mesozoica de san dios desarrollaron patas para salir del agua, estos mejillones no se han andado con hostias y directamente han desarrollado un pájaro completo para darse rulos por ahí. El otro día me partí la polla, porque estaba haciendo gestionesen el despacho de la secretaria, se posó uno en la ventana y dije "ese es Pistulichi". Y luego entre otros, reconocí a otro al que le llamo "Ramón María del ValleInclán". Y ella toda entusiasmada y cursi pregunta melosamente "hala, cómo los reconoces ¿por el plumaje?. Y contesté: "No, por los tumores". Sonará como suene, pero así es. Tengo el curro al lado de una legión de gorriones tumorosos. Cosa que no me extraña a juzgar por el estado de la "Boina" últimamente:

Y es que, me cago en la vida, contemplas esto un rato, te das la vuelta, y sientes que en el salón de tu casa va a estar Charlton Heston mascando Soylent Green tumbado en tu sillón. Ahora que el eslogan "De Madrid al cielo" pasa por ser una amenaza de muerte tipificada en el código penal, otra comparación que sugieren por ahí es con la Tierra de Mordor:

Y ya empieza todo a cobrar sentido. Así que puse unas lonchas de speed en la terraza, invité al Mejillorrión que, según decía, es vidente, y cuando le dio la verborrea aproveché para preguntarle por el futuro. Aquí abajo, en la imagen, con la concha abierta (cuando se abre, el pájaro se queda dormido y viceversa)

Me contó que en la próxima legislatura, la Aguirre y Gallardón tienen un plan maléfico que hará que nuestras vidas sean aún más lamentables. Como ya se habrá tunelado todo y será imposible construir más accesos a la ciudad por tierra, la siguiente fase de este proceso de inyección brutal de coches en la urbe, pasará por la instalación de unas catapultas en Somosierra y el Cerro de los Ángeles -para los pobres- y una flota de B-52 -para los ricos- que introducirán los coches en Madrid desde el aire. Así, además, se potenciará la industria y la economía, porque ingenieros alemanes diseñarán un coche que se fabricará en Ruanda pero se venderá en España, por supuesto, por el que todos los madrileñitos entregarán su primer hijo varón al Banco para obtener el prestamo que les permita adquirir el famoso nuevo vehículo, el Seat Ligre, que siempre cae de pie. Y a los peatones no nos quedará más remedio que transitar por las cloacas, que de todas formas, a día de hoy -mirad el cielo de esta ciudad, cojones, miradlo- seguramente sea más sano reptar por el alcantarillado apartando heces con las manos desnudas, que respirar y andar por la superficie. Sin embargo, el molusco alado decía que había una profecía sobre un joven guerrero que acabaría con Esperanza, la Señora de Mordor. Que Gallardón daba igual, que en una manifestación de la AVT le iba a morder Losantos transmitiéndole la rabia y falleciendo en los siguientes quince segundos. La forma de acabar con Espe

-insistía- pasaba por encontrar en los restos arqueológicos aquellos famosos donde Manzano hizo un aparcamiento, el Timbre de Mordor. Un rollo que lo pulsas, y la Espe acude rauda. Se trata de esta movida:

Pero lo que ocurre es que los humanoides al uso no lo podemos pulsar porque está preparado para la huella del elegido, que, como se puede ver por el relieve, ha de tener tres pollas, y una de ellas bífida. Por lo visto, el sujeto trifálico, penetrará brutalmente a la señora Aguirre por los tres agujeros, de modo que el miembro que entra por vía oral, al hacer contacto en la laringe, se bifurca e inicia una subfase nasal accediendo por detrás de la campanilla, momento en el cual, la presidenta experimentará el primer orgasmo de su vida, que se le antojaba caro, eyaculará todo lo que ha acumulado durante todos estos años y al final, por fin, exhausta y en plena satisfacción fisiológica y emocional, con los moflestes sonrosados y la frente aún sudorosa, se volverá buena. Una buena persona que velará porque los madrieños vivamos en una comunidad habitable, donde dé gloria andar por la calle y donde los ciclistas no tengan la misma esperanza de vida que los naturales de Sierra Leona. Y en esto que el cabrón del mejillorrión había volcado todo el speed enchufándoselo él solo y jodiéndome el gramo entero. Así que le dije "si que te gusta a ti el espitén cabrón, anda y que te den mucho por el culo" y fuime enojado dejándole al infraser chupando techo en la rama de un árbol.

II. Paradigma del mundialismo en contraste con el folclore cerril de poblacho castellano Ahora que está el Mundial en marcha os voy a hacer mi predicción, que se diferencia de todas las que oigais por ahí en que la mía se va a cumplir. No le daré muchas vueltas: si España llega a cuartos, se enfrentará con Brasil y le meterá siete en el mejor partido de la historia de nuestra selección y del balompié mundial, con gol de Torres al estilo Maradona. Luego ya no sé qué pasará. Esto no lo he visto ni en los posos del café ni en las cartas del tarot. sé a ciencia cierta, con precisión matemática, que va a suceder tal cual lo digo porque el viernes uno de julio, a las nueve de la noche, me encontraré en mitad de la nada, en mitad del puto campo, donde por no llegar no llega ni el oxígeno, que por lo visto lo están llevando en camiones, en una boda que se han antojado de que sea así, ultrarural. Mientras yo alterno con señoras con pamela que a diario van a la compra en tractor y obreros del campo rumanos, ataviados con trajes a medida, vosotros estaréis viendo el partido más importante y emblemático en la historia de la selección española. Por esa razón y no otra, va a suceder lo que predigo. Me cago en mi puta vida. III. Regando huevos, hijasputa, en prosa y alma de Punset

Dándole vueltas a cómo se le podría ahorrar dolor a la mujer en el parto, deducía yo que lo suyo sería que fuésemos una especie ovípara u ovovivípara. Conclusión esta a la que llegarán los científicos en pocos años y trataran de transformar nuestras técnicas reproductivas por medio de la tecnología. Así pues, cuando una pareja ya se haya visto todas las series de televisión habidas y por haber en el emule y no le quede otra que procrear, se comprarán su placenta Phillips, echarán los chismes dentro y a esperar nueve meses. Más o menos como pasaba en Un Mundo Feliz, pero sin dosificar el feto con licores blancos para que la criatura sea 100% española, o como gustaban denominar en el libro, epsilon. Pero, claro, al ser natural de la misma zona que Luís Aragonés y, por tanto, tendente al exceso y el azar, me he puesto a extremarlo todo con los ojos fuera de sus órbitas pensando "cómo sería si... cómo sería si..." en plan histérico hasta dar con la perfección absoluta, que sería, a mi juicio, que nos reprodujéramos como el pez rana Antennarius striatus, un ser de estos que fecundan los huevos regándolos con su esperma. Así, la mujer, en lugar de regla, que pusiese huevos de veinte centímetros de diámetro. Sería un parte de culo su humor y "emotividad" cuando estuviesen a punto de reventar con el pedazo de huevo alojado en el recto. Y luego tú, varón, macho, amigo, o te haces una paja sobre ellos o, ya puestos a no perder animalidad, te los follas, que ya sería de traca. Los

hombres comprándose revistas de TOP Huevones, Huevos Encuerados, etc... quedando relegada la atención que le prestamos a la mujer a un mero sexto sentido para no pisarlas o chocarse con ellas cuando vaguen desorientadas por la calle. Así te vas de fiesta con tu droga, tus copas y tu huevo. Follaríamos siempre, sin quejas, a tu ritmo, a tu rollo, cuando quieras... y si ves que el huevo se ha quedado preñado, pues lo chafas, aunque el Vaticano se opondría, eso sí. Por otro lado, subiría en importancia el gang bang, follarse todos los colegas el mismo huevo, pero carecería de sentido la orgía, follarte varios huevos, a no ser que se entendiera en un sentido olímpico cercano al marathon. El famoso beso blanco consistiría en hacerte una tortilla con el huevo que te acabas de follar. Y como el uso gastronómico se extendiera mucho, iba a ser muy conflictivo comprar huevos importados, con esto de la globalización, a Corea, por ejemplo, y que te tocase el que se ha follado toda la tripulación del barco mercante que los trae. Si se tratase de huevos de corte reptiliano o arácnido, la gestación podría tener lugar en cualquier sitio en más o menos cualquier condición meteorológica. De modo que sería bastante triste que hubiesen dejado un huevo preñado por ahí tirado en cualquier callejón y termine uno viniendo al mundo debajo de un Seat Ritmo abandonado y oxidado en el que defeca un vagabundo. El equivalente a la pederastia supongo que lo ostentarían quienes se follasen los huevos cuando les faltasen sólo un par de días para romperse y nacer el crío. El dilema ético moral de nuestro tiempo pasaría por discutir si es reprobable o no que en Etiopía se coman los huevos cuando están preñados. Actividad que, de no ser ilegal, arruinaría los asadores de cochinillo castellanos, a ver quién compite con un fetillo a la naranja que podría preparar uno en su casa tranquilamente follándose un huevo y esperando unos meses sin necesidad de tener una granja y toda la historia. Otra problemática social sería el feminismo, las mujeres chafarían los huevos nada más ponerlos con la única finalidad para la que tienen un talento sideral: joder

la marrana. Los hombres, sin el suministro ovoide, nos pondríamos farrucos en plan nacionalsocialista y las internaríamos en campos de concentración a poner huevos hacinadas en celdas diminutas, tal y como ocurre a día de hoy con las gallinas. El chollazo sería follarse un huevo, que se quede preñado y el bebé te salga hembra, así podrías tener suministro de huevos privado y constante. Desarrollo sostenible, sin malos rollos por los recursos naturales. Humpty Dumpty sería poco menos que Jesucristo. Un solo hombre armado únicamente con una docena de huevos colonizaría el espacio en un plis plas. No sin mi huevo petaría los cines. En cualquier videoclub de barriada se encontraría alguna cinta con Fernando Esteso metiéndole la polla a una sandía "por error" sonriendo con el esplendor con el que sólo pueden hacerlo los disminuidos psíquicos mientras Pajares te señala a ti, que eres el mejor, el número uno, el que puede conseguirlo si se lo propone. Mas lo realmente grave sería nacer. Qué esfuerzo, a hostias con una cáscara de huevo. Los pobres vendrían al mundo exhaustos, los hijos de las infantas tendrían a un prestigioso médico que les echase un cable con el picolet. Cuántas ventajas nacer de un huevo, hoxtiax.

Post Especial Satanismo "06-06-06"
Certamen Mundial ¿Eres sorprendente, rompedora, multicultural, divina, natural, extravagante, impredecible, culta, pop y clitoridiana o te operaste tú mismo la fimosis con el capuchón de un boli Bic? de Me Tenéis Contento Leitmotiv: A Dos Metros Bajo Tierra En fecha tan señalada como el seis del seis del seis, Día Internacional de la Mujer y también, por lo visto, de Satán, qué mejor momento para hacer un Certamen Mundial dedicado al público exclusivamente femenino. Bueno, al público de la serie A Dos Metros Bajo Tierra, que son mujeres y maricas en su mayoría, pero que también abarca a un gran número de hombres desesperados que apaciguan su angustia con una conducta aberrante que todo lo quema. El otro día me contaba una mujer en un bar que a ella, lo que le motivaba de salir el fin de semana, era juguetear con los hombres abriendo y cerrándo la válvula de la atención que les prestaba ayudada, faltaría más, por la ausencia de sostén y el subrayado en forma de ropaje de la empitonación de sus mamas. En principio me rei. Qué zorrón, le dije. Pero luego pensándolo bien, dándole vueltas, me acordé de todos esos hermanos que se han pasado la vida saliendo de marcha a la deriva, guiados únicamente por la atracción que les suscitaba la visualización de media teta, como mariposas nocturnas que van una y otra vez a freírse en las farolas. Compañeros de género que aprendieron a decir "mamá", luego "pibas" y hasta que no pudieron pronunciar "droga" no rozaron con los dedos, cuando menos, una simulación del equilibrio zen del universo. Me acordé de todos ellos y me empezó a crecer el entrecejo atropelladamente: estaba

delante de una mismísima sacerdotisa del Poder del Chocho. El cuerpo me pedía estamparle mi copa en la cara para ver qué tal jugaba con la estupidez masculina la única que es infinita y a Dios gracias, porque sin ella seríamos nihilistas más a la deriva aún- con el jeto lleno de cicatrices como Cara de Cuero. Pero no, su cara no sangró ni me deleité observando como se abrían las brechas progresivamente conforme estiraba el rostro para gritar por el inmisericorde dolor. Me najé. Como una nena. Tíos, troncos... ¿Qué nos está pasando? En primero de BUP mi compañero era brasileño y se le conocía por Dusantus, debido a que, entre otras cosas, se apellidaba más o menos así. Al Dusantus y a mí nos sentaron delante a la tía con las tetas más grandes del mundo libre. ¿Galanteamos como palomos por su presencia? ¿Nos peleamos? ¿Demostraciones de poder? ¿Mediciones de polla? No hijo no -pronunciado a la Ozores- dejando de lado que ya conocíamos nuestras pollas, pues una de las cosas con las que más nos reíamos en clase era con asistir a la misma con la minga fuera pero manteniendo una total seriedad y recta compostura, situación absurda de la que brotaba la risa histérica a borbotones como la mierda en el Río Manzanares, Dusantus y yo no nos dejamos dominar por el poder del Chocho poniendo fin a nuestra efímera amistad de compañeros de clase. Por el contrario, Dusantus y yo la acechábamos, agazapados, en los minutos de espalda del profesor, y de un movimiento rápido, sagaz y certero, le enganchábamos cada uno una bufa tensando las falanges dactilares como si fuesen mandíbulas de cobras venenosas de la muerte negra, para a los tres segundos soltar a la presa, que se convulsionaba colorada, jadeante y sudorosa, y reir con la bocaza abierta como los naturales de Muchich en la terraza de un bar abrazados a una jarra de cerveza. Éramos la hostia, sí, pero yo creo que a la muy guarra le gustaba.

De no ser así, no me explico por qué no se chivaba y se lo tomaba a chufla. La chica se reía tanto como nosotros cuando le hacíamos lluvias negras de vello público -y es que nunca debieron obligarnos a llevar tijeras a Dibujo- y se limitaba a pegarnos cuando le acercábamos los dedos debajo de la tocha para preguntarle qué le parecía el aroma de nuestra nueva colonia, cuando nos los habíamos refrotado concienzudamente en el glande. Éramos un trío feliz. Aunque soy consciente de que ahora en tiempos DJ (Después de Jokin) suena como suena. Sin embargo, un día, no sé a quién se le ocurrió, nos dio por fingir que Dusantus estaba enamorado de ella. En la gran estafa implicamos a terceros. Fue por lo menos un mes de cartas de amor, secretitos, la hostia... Hasta que se descubrió el pastel: Nos lo habíamos inventado. Entonces, un día normal y corriente, soleado, ligera brisa y marejadilla a cuarenta grados norte de Estaca de Vares, nos llamaron al despacho del director, donde se nos enumeraron una por otra todas las perrerías que le habíamos perpetrado y nos hicimos caquita, literalmente. No le importó que casi le reventáramos las glándulas mamarias. Lo único que le jodió es que le rompiéramos el corazón. Se comportó como un puto ser humano la muy zorra. Me hizo sentir algo turbio, extraño... muy poco español: arrepentimiento. Un engendro de sensaciones emocionales que sólo conducen a la melancolía y que por tal razón los ibéricos eliminamos de nuestras vidas, porque somos inteligentes, al tiempo que quemábamos iglesias y conventos en la alegre década de los treinta. Pero, claro, el progreso también trajo los derecho del niño. Razón por la cual, cuando yo de pequeño veía en la tele Candy Candy, mi padre no me pegaba con una barra de hierro en la planta de los pies, como debería haber hecho. Y ahí estaba yo entonces, arrepintiéndome. Todo por culpa de la contaminación moral de unos dibujos animados orientales. No se lo que tardé desde ese día en claudicar y vivir a merced de las corrientes torrenciales vaginosas, supongo que pocas horas. El caso es que a

día de hoy, al final del camino, anciano y postrado viendo como se va acercando la treintena, tras haber alcanzado la lucidez por medio de la droga dura, he constatado, recordando y comparando, como nos estamos yendo todos por el puto váter. Esa dosis de asquerosa humanidad adherida a mi cabeza cual bomba lapa por Candy Candy no es nada comparado con la artillería pesada que les han enchufado a los que han venido después. Ahora tenemos metrosexuales ¡naderías! dentro de mucho menos de lo que esperamos, para ver un partido del mundial, los hombres nos reuniremos ataviados como peponas con vestiditos decimonónicos de puñetas, combinación de encaje, siete moños y agarrando una tacita diminuta con las putas uñas para darle sorbitos con cara de ojete y decir "pero qué mono es Tamudo por favor". Quién sabe si terminaremos adoptando el francés como lengua madre y todo. Somos una puta hez, cada día somos más nenas, más maricas, más lloronas, más vanidosas... la hembra nos ha desprovisto de lo bueno y nos ha insuflado todo lo malo propio de ella. ¿La etapa irlandesa de John Ford? ¿Para qué? ¿La Gran Ilusión? ¿Doce Hombres sin Piedad? ¿Robert Ryan? Todo nuestro espectro espiritual ha sido analizado, explicado y llevado al papel con la intención de que nos limpiemos el culo con él. El hombre de hoy es una nena ¿y sabéis qué? me gusta. Sin esta mariconeidad relativa del aire que nos abruma como la puta mierda de incienso que gustan los desgraciados e hijos de puta en general de poner en sus casas no sé si para alejar a los mamíferos y demás especies provistas de sentido del olfato, cómo íbamos a disfrutar de A Dos Metros Bajo Tierra. Aquí un servidor ha tenido que explicarle, incluso a mujeres, que esa serie, al loro "no se basa en acontecimientos de facto, sino que los hechos por los que transcurre la trama, tienen lugar en el interior de cada personaje" ¡Ole mis pelotas! Lo peor es que lo pienso de veras y me retuerzo de placer cada vez que oigo la cabecera de la serie. He desarrollado un amor

sincero por los protagonistas, y lo que es más nena, me gustaría estar ahí con ellos para abrazarles cuando sufren, porque me da mucha pena (llore Vd. aquí, sin complejos, y cuente con mi abrazo baboso). He visto hasta la cuarta temporada inclusive. Me falta la quinta. Por eso no voy a diseccionar la serie. Lo haré el día en que la vea completa y tenga una visión global de todo ese caracolillo de angustias, sufrimientos, miserias, debilidades, mezquindades y porquerías emocionales a grandes rasgos que tanto nos entusiasman a nosotras, las nenas. Lo cual no quita que no esté ya preparado para soltar la pregunta del millón. Sobre la que no daré pistas, porque una cosa es ser nena y otra muy distinta ser madraza. El pedazo de premio de esta Segunda Edición de mi Certamen Mundial se lo voy a entregar a alguien tan putamente nena como para seguir A Dos Metros arrastras, pero conservar en su sitio los puntos cardinales ¿y cuál es el centro del universo? Pues España. Así que la pregunta es: ¿Dónde está la Casa de España? Sí señores sí, sale, sale. Ya lo creo que sale, y bien grande. Tomen como pista que mientras tres cuartos de pantalla se llenan con el cartel "Casa de España" los menos nena le estarían mirando las tetas a Brenda. Y ya no hay más que hablar. La Patria no entiende de géneros. Es la Patria de las nenas, de los machos, de los gitanos, de los maricones y actualmente hasta de los moriscos, albaneses, polacos y rumanos. Así que, sin excusas, contestad, no por nada, sino por este maravilloso premio: ¡Un Óscar-petaca de He-Man!

He-Man representa como nada en este mundo todas las teorías catatónicas que he esgrimido hace un par de párrafos. Recuerdo perfectamente el día en que ocurrió la catástrofe. Yo jugaba con mi He-Man, tranquilamente, digiriendo unas galletas Tostarrica -que nunca estuvieron ricas pese a tener fascinantes dibujos- cuando mi viejo reparó en mi juego. Apartó la vista del periódico y puso cara de ano con epicentro en el ceño y la boca como para silbar propia de quien está a punto de descubrir la pólvora. Yo pensaba, será el mágico influjo de He-Man ¡el mejor! ¡la hostia! ¡el Poder!. Mi viejo aproximose, cogió el HeMan, se lo acercó a la vista, reparó en sus detalles, lo miró de una vez más de lejos estirando el brazo y dijo: Joder, coño, esto más que un bárbaro... parece un maricón. Sí hijos sí. El último cuarto de hora de El Coloso de Rodas de Sergio Leone pasó ante mis ojos en un solo segundo que la rodaron en Laredo por lo que leo. Se me esfumó el concepto de lo inamovible, la confianza en el Poder de Greyskull, todo en lo que yo creía. Quién sabe si, tal vez, a raíz de eso, me senté delante de la tele a ver a la puta Candy Candy. El caso es que, dejando de repetir más lo mismo, que pocas veces habrá asistido usted en su vida a una castración descrita desde todos los ángulos como hoy, si es que ha llegado hasta aquí, que esa es otra, lo

que quiero decir es que la figura de He-Man, que tanto significó para nosotros, representa en si misma un poder que se desmorona, que se hunde, que está hueco -si al menos hubiese dicho mi vielo que parecía el bajista de Sweet, que es lo que barajo decirle yo a mi hijo- es el triunfo del poder del Chocho, y qué menos, en este concurso para putillas, que obsequiaros con este premio: el Óscar al triunfo vaginal sobre la pureza de espíritu masculina. Además, el presente tiene múltiples y simpáticas utilidades. La pérdida de la fe siempre viene acompañada acto seguido de la ganancia en transaminasas. Y para ello, nuestro Óscar de He-Man alberga una segunda función de petaca. Así zorrillas del mundo entero, antes de ir a la disco, podéis rellenar el Óscar de alguna bebida espirituosa con glamour y exquisito caché...

Si algún día me veis por la calle ya os saludo yo Y luego, en mitad de la pista, hipnotizando peloceniceros con vuestros canalillos como serpientes de cascabel, os sacáis el He-Man del bolso y os servís una copa de puta madre sin pasar por caja.

De gancho por detrás ¡arriba los corazones! Y en el caso de que el experto en A Dos Metros Bajo Tierra que acierte el emplazamiento de la Casa de España en la serie sea varón, homosexual o nihilista, me es igual, encontrará en el Óscar-petaca una herramienta que cumple su función metafórica universal como, digamos, una jeringuilla con el jeto de Iggy Pop. Con las infraglándulas subnormales de mi hipotálamo completamente secas de segregar gilipolleces equis equis ele, me despido con la esperanza de que participéis y la seguridad de que no amáis a la Patria lo suficiente como para conocer la respuesta. Besitos a tod@s y un fuerte abrazo mesetario a Raúl Tamudo Montero.

Nacido en los Setenta White Pride
Fui a una entrega de premios. Me presentaron a las personalidades. Una de ellas una señora madura muy sonriente. Me di la vuelta y la escuché decir "joder qué bueno está". Subí a una nube de vanidad. Me emborraché. Volví a la oficina. Las dos de la mañana, encorbatado, chaqueteado y tajado. No podía abrir el portal. Llegaron dos lolitas de veintiuno. Abrieron. Las miré como el "joder qué tio bueno" que era. Entré. Subí por la escalera. En el primer descansillo las oí decir: "joder qué putero". (Basado en hechos reales) 88 palabras

Nio-solio-mosico en Madrit, cosmopiolota urbe de artastas urbianos (I y II)
Cuando lea a Kay Rush, lea este texto como si tuviera unas salpicaduras de simiente humana en la zona media de la lengua y, al pronunciar, trata tanto de no tragarlas como de no escupirlas -y con DJ de fondo, por supuesto) Tautológicos Exaltados: Estos jóvenes creadores encuentran en todos los estímulos que les rodean y especialmente en los que componen el grueso de la comunicación social, un mensaje orweliano que empuja a la alegría del sujeto, mas como la crisis de nuestro tiempo supone que a pesar de ello surge el desencanto, los tautológicos exaltados rechazan la osadía de no confluir todos en una misma alegría desenfadada y superficial con esta obra urbana -en la que tal vez también hubo una gran inspiración procedente de un pedazo de lonchamen de fatucheli, pues en estos bancos hay ambientillo de madrugada.

De Alta y Rústica Montaña Jurídicos de la Baja Edad Media: Estos jóvenes artistas multiculturales del foro hacen evolucionar el hip hop y sus rimas hasta un nuevo género cosmopolita que más bien se basa en establecer coletillas justicieras. De todas las tentencias que hay en Madrid, ellos han optado por la más rural del siglo diez, por la que ante este anuncio no sé sabe muy bien de qué de la Comunidad de Madrid en el que aparecen disminuidos, discapacitados, inválidos y ancianos, ellos reaccionan como establece su arcaico credo clamando al Altísimo para que el ideal de justicia galaico-portugués de los tiempos gloriosos del arte prerrománico caiga sobre ellos inmisericordemente:

DE LAS SAGAS VIKINGAS DE MTC: "Portero de finca urbana goes to Treblinka"

Los antecedentes históricos más profundos del portero de finca urbana los desconozco por completo. Supongo que tal vez este honorable oficio provenga de lo que en su día fue el mozo de cuadras, encargado de limpiar la mierda de los caballos y en la obligación de reverenciar al señoritingo correspondiente cada vez que éste quisiera darse un garbeo en su corcel. Sin embargo, lo que sí sé es que en la Historia contemporánea de España, léase Madrid, durante la Guerra Civil, estos profesionales tuvieron un papel muy destacado en territorio republicano denunciando a todos los vecinos que escondían algún religioso, falangista o destacado hombre de negocios en la alcoba. Funcionalidad esta que a todas luces es de esperar que supusiese un futuro negro en el gremio durante los cuarenta años de dictadura africana, pero no. En el periodo franquista, los porteros de finca urbana se adaptaron perfectamente al nuevo orden social y económico denunciando a todos los vecinos que se reunían en grupos de más de tres, recibían correspondencia del extranjero o escondían fugitivos en el váter. Como se aprecia, unos brillantes antecedentes que les hace merecedores de bordarse con letras de oro alguna leyenda en la gorra, algo así como "Asqueroso", "Hijo de puta", qué sé yo... Pero evolucionamos, llegó el Monarca, que loado sea, y

con la democracia, las libertades, la concordia, el diálogo y la armonía, los porteros de finca urbana dejaron de ser el perro carcelero para ser el perro guardian, el Cancerbero de tu queo. Particularmente, diría así con alegría que todos los porteros de finca urbana son unos tíos chungos, aculturales y mezquinos. Pero claro, siempre hay excepciones, siempre está el menda cuyo portero jugó un importantísimo papel complementario en su educación y formación humana. Siempre te puede salir por ahí el comeflores cuyo portero de finca urbana, en plan La Lengua de las Mariposas, le explicaba los secretos de la física depositando grácil y cuidadosamente el envoltorio de un Sugus revenido en el torrente, casi cáscada, de la meada de un perro sobre una pendiente. Si hasta habrá individuos cuyo portero de finca urbana grabaría con el tomavistas una bolsa de basura flotar a merced del viento en un sutil vaivén de profundas connotaciones emocionales como en la película esa "rompedora, que dice verdades como puños, de las que hacen falta" de cuyo nombre no me acuerdo ahora mismo, pero en la que sonaban los Guess Who a toda polla mientras uno iba en un coche a no sé dónde. Habrá habido muchos tipos de porteros de finca urbana, sí, y no voy a someter a normas universales e inamovibles a personas que como tú y como yo tienen sus sentimientos y el más irrenunciable e íntimo derecho a ser diferentes y no estar doblegados bajo la losa de un prejuicio que me saque yo de la chistera con la que cubro mis pelotas. Por lo tanto, lo que voy a hacer es glosar la vida y milagros de los porteros de finca urbana con los que yo me he tropezado así, de aquella manera, como si se tratase de los Reyes Godos. 1979-1985 Abelardo I "El Emboinado": De gafas de pasta marrón y cristal ocre, Abelardo lucía una boina de corte castellanomanchego, pequeñita y apretada, típica de individuos rústicos y feroces, en contraposición a la vizcaína, amplia y elegante, más propia de caballeros recios pero con intensa vida interior. El reinado de Abelardo coincidió con el asentamiento en las fronteras

del reino de toxicómanos, gitanos y gentes de mal vivir. En aquella época existía el reino de El Poblao, cuyas cuantiosas exportaciones de heroína atraían a las inmediaciones de mi queo a truhanes que daban tirones a las señoras que iban a la compra, si ésta la hacían en el Día, o les ponían la navaja en el cuello, si ésta se efectuaban en el mercado. Asimismo, cientos de miles de drogadictos de carácter más pacífico, entraban en nuestro bloque a pedir una monedita puerta por puerta, sumado ello a vendedores de enciclopedias, el Círculo de Lectores y toda suerte de sectas. En este ambientillo tan de puta madre, vuestro humilde escribano, tomó contacto con la política básica y fundamental de todo portero de finca urbana: el ¿ande va usted?. ¡Ay! qué momentos aquellos en los que Abelardo salía con la frente roja, roja, roja con una estaca en la mano detrás de un yoni. Cómo olvidar a esos familiares de algún vecino, con la bandejita de pasteles de Mallorca en la mano, clamando piedad y comprensión desesperados ante Abelardo, que por sus cojones no los dejaba pasar. Lamentablemente, este tipo de estrategia, llevaba otra asociada, un efecto secundario: no se podía jugar a la pelota. ¿Por qué? No se sabe. No se podía jugar y punto. Pero claro, nosotros, pequeños querubines inquietos y traviesos, jugábamos, y ahí estaba Abelardo, ni corto ni perezoso, para emplear la violencia física contra niños de siete años que osaban violar la Ley del portero de finca urbana. Muy severos no debían ser los castigos, que yo casi ni me acuerdo, si nuestros padres no se quejaron, pero yo tengo grabado a fuego en la memoria la sensación de estar pasándoselo uno pipa, cual mariposilla, en plena pachanga y que de repente irrumpiera virulentamente Abelardo pegando alaridos con el gesto desencajado y la mano en alto lista para zumbar hostias del copón. Poco más vivimos con él. Era un hombre mayor y se jubiló. De él nunca olvidaré sus grandes facultades: enconada irracionalidad obtusa para la resolución de conflictos, violencia extrema como moneda de cambio y pigmentación de advertencia en la tez oscilando el rojo de la frente a los carrillos para

señalar el peligro (hacia tu persona) y marcar el territorio. 1985-1994 Celestino I de la Finca y V del Cuarto de las Basuras: Los clásicos y añejos tonos grises y los jerseys y chalecos de rombos de Aberlardo dieron paso al mono azul de Celestino. Llegó el progreso, el resurgir de la nación y con ambos todos sus síntomas, la economía se disparaba, la especulación se escopeteaba, el dinero negro se convulsionaba: la polla que trepana. Y Celestino adoptó un uniforme, sí, pero acorde a las circunstancias sociopolíticas del gobierno socialista: un mono azul. A mí, saludar todas las mañanas a este caballero enfundado en su mono azul tanto me daba que me daba lo mismo. Pero había un detalle de muchos cojones en esa indumentaria y no era el mono. Celestino llevaba en los pies unas zapatillas de deporte amarillas. Al joven lector este detalle probablemente le parezca absolutamente intrascendente, pero ha de tener en cuenta que en el noventa, cuando más o menos empezaron a penetrar en el mercado las zapatillas de deporte negras, asistimos al fenómeno como si hubiesen llegado platillos volantes a la Tierra. Excuso decir lo que suponían, antes de la apertura cromática en el calzado, unos "tenis" amarillos. El caso es que esas zapatillas eran muy viejas, de haría veinte años, y los pijillos de nosotros nos partíamos el culo de lo cutre que resultaba la composición. Obsérvese que para nosotros, aún sin estar obsesionados, la ropa relativa al deporte era un motivo de distinción social, que si bien podrías ignorar más o menos, le prestabas atención. Al menos la suficiente como para que la visión del portero con sus zapatillas amarillas del siglo pasado nos pareciese algo irrisorio. Pero ahí no queda la cosa, porque resulta que entrados en los noventa llegó a manos de la pandilla la película Mal Gusto de Peter Jackson y en ella, uno de los zombies (no sé si Derek), ni más ni menos, llevaba las mismas putas zapatillas que el portero. Y nos parecía el sumum del descojono. Y tal y cual y pascual, hasta que en menos que de nada, tras la explosión del grunge, postgrunge y demás cambios severos de la estética global

que se dieron en la pasada década, resulta que la marca cualquiera que fuese reeditó esas mismas zapatillas que fueron a parar a los pies de la peña más tope y enrollada a más de algún mozalbete le habrá pasado algo parecido con las Converse, me juego las uñas- con lo que sufrimos un grave desengaño con el mundo de la moda bastante antes de llegar a los cuarenta. En cualquier caso, vestuario aparte, Celestino destacó por una capacidad para controlar la entrada y salida del bloque bastante más razonable que su antecesor, pero, paradojas de la vida, un despliegue para prohibir el uso de esféricos bastante más intenso, tanto que parecía aquello el Ghetto de Varsovia. Tampoco se sabe el porqué. Simplemente estaba prohibido y ¡a la mierda!. Celestino en todo caso también empleó tácticas menos rupestres que las de Abelardo; cogía y nos robaba la pelota secuestrándola a veces durante días. Pero como teníamos ya diez años e insistíamos con lo del fútbol al grito de a ver qué cojones te pasa portero de finca urbana cabrón, logramos sacar a Celestino de sus casillas recreando una hermosa postal navideña digna de enmarcar. Cogió el hombre, irrumpió en el terreno de juego imaginario, abrazó la pelota y con los ojos inyectados en sangre y todas las bolsas de su cara temblando cada una a un ritmo diferente, se sacó una navaja trapera del mono con la que amenazó a la pelota y, a gritos histéricos profiriendo gallos cada dos sílabas, hacerse la pregunta de "a ver qué pasa si la pincho, eh, a ver qué pasa ¡a ver qué pasa!". Aquella imagen de un hombre de unos cincuenta y ocho años con su mono azul adherido a su tripón como un panty más las putas zapatillas y a punto de clavarle una navaja a una miserable y ridícula pelota, fue una de las cosas más espantosas que jamás haya presenciado. Me extraña que a partir de ese día no nos diese por vestirnos de mujer o cualquier otro trauma. Bueno, nos hicimos jevis, que es tres cuartos de lo mismo. Y alguno ahí presente ahora es gay, habrá que comentarle a su madre que, gracias a esta regresión al pasado, he creído dar con el momento concreto de la "inversión". Por otra parte, Celestino

destacó muchísimo más en otras dos facetas: el Síndrome de Diógenes y los negocios. En lo de la hurgar en la mierda, este portero, cuando sacaba la basura, tenía la costumbre muy como de la postguerra, de mirar bolsa por bolsa a ver si había algo aprovechable. Nuestro amigo, en el cuarto de las calderas de la calefacción, guardaba un sin fin de objetos absurdos y/o de mierda. Típico pájaro potoso de cristal que le regalan a un matrimonio por sus bodas de oro unos parientes lejanos, que se ha caído y roto en mil pedazos, pero que Celestino ha recopilado de entre las cáscaras de naranja, bricks de leche y expectoraciones del marido para reconstruirlo, pegarlo y observar durante años su obra, junto a toda la colección de enseres similares, una media horita todos los días antes de irse a casa, menos los lunes que daban El Precio Justo. Conforme pasaban los años no éramos conscientes los vecinos de la que había ahí montada, pero se empezaba a rumorear por lo bajini que la colección, en su conjunto, era cosa espeluznante de contemplar. Aunque tenía su lado bueno, yo por ejemplo aprendí gracias a él que no se pueden echar botellas rotas en la bolsa de basura así a la torera. Un día Celes, que estaría buscando algo con ahínco en la basura, como a quien enmonado se le ha caído la papela de caballo, topó con una bolsa en cuyo interior había botellas rotas y se destrozó las manos. Se las rajó bastante, bastante bien ¡Con qué fogosidad andaría enredando en la mierda como para hacerse tanto tajo!. Por cierto, que mi Amstrad 6128 llegó un día en que, oye, le dio por ahí y no le salió de los cojones leer más los diskettes. No entraré en detalle, mientras él llegó a ese punto, yo también alcancé una cota, la de la paciencia, y sosteniéndolo por un extremo, lo golpeé contra la mesa haciéndolo saltar en mil pedazos que poco me faltó para devorar, preso de mi ira musulmana. Pues bien, las porciones de este teclado, una especie de circuitos verdes, y las teclas todas ellas bien colocaditas, aparecieron en el jodido cuarto de las calderas. De no haber ordenado el presidente de la comunidad de vecinos, al jubilarse Celestino, coger todo eso y arrojarlo a

la escombrera más cercana, seguro que más de uno hubiese encontrado ahí emotivos vestigios de su infancia... ese muñeco de trapo, ese dibujo del Día de la Madre por el que te pusieron un Notable bajo, etc... Pero claro, hay que comprender que al encontrarse con todas esas reliquias puestas en fila, al presidente o al administrador el primer impulso que les vino fue prenderles fuego y tapiar todas los accesos a la estancia para que ese lugar de infamia y miseria humana inexistiese para siempre. Y llegados a este punto, ustedes dirán gimiendo "pero, pero, pero, pobrecito, cómo te ríes así de él". Claro, el pobre, como de niño no tuvo a nadie afín a la LOGSE que le diese cariñito y comprensión ya que todos necesitamos que nos acaricien con mimo el cabezón, pedazo de cabezón en el caso de Celes, es injusto menospreciarle ahora. Como el pobrecito era tontolhabín. Total, sólo controlaba las finanzas de medio barrio dejando a Tony Soprano a la altura intimidatoria de Jordi Hurtado en pelotas y con peluca azul cyan. Analicemos las finanzas de este prohombre portero de finca urbana. La leyenda "Se vende piso, razón en portería" a muchos les será familiar. Yo no digo nada de cómo funcionará la razón en portería en otras fincas urbanas allende mi barrio, pero con Celestino, la cosa consistía en que el hijoputa cobraba comisión por todos los pisos que se vendían en el bloque. Y ¡ay de ti para conseguir venderlo como pasases de él!. Y no era sólo eso, también se hacía con comisiones mucho más lucrativas como las que pillaba de las mensualidades de los alquileres que había conseguido apalabrar él. Y la cosa sigue, en las reformas, todos los electricistas, pintores, fontaneros, persianeros... su puta madre... todos, absolutamente todos pasaban por caja en portería para depositar la comisión por la obra ejecutada. Celestino, digámoslo con claridad, al mes levantaba más pasta que cualquier vecino. Y a partir de aquí surgen dos anécdotas que mola mucho contar porque reparten mierda de forma simétrica a los estereotipos de enajenados obsesionados con la política tanto de izquierdas como de derechas. En

una junta de vecinos, estaba en el orden del día subirle el sueldo al portero. La gente, más o menos consciente de cómo trincaba el amigo, pasó olímpicamente del tema. Y entonces se alzó indignadísima una señorita de gauche divina que soltó un discurso de lo más emocionante sobre los parias de la tierra para que se le subiera el sueldo. Así que se abrieron las carpetas, se sacaron los papeles y la vecina roja pudo comprobar con estupefacción que el portero cobraba más que ella ya sólo con el sueldo base. ¡Pero si yo soy licenciada! -gritaba- y cambió de idea tal cual como a quien se le cae del coco un parecer por la oreja y le entra en el acto uno nuevo por el culo. Yo me he quedado con la frase y cuando algún colega juguetea con la tarjeta de crédito y un cedé, le digo "a mí házmela más gorda que soy licenciado" y causa mucha risión y si no pillan por dónde va la gracia da igual, total, sólo quedas como la persona más imbécil y costrosa del mundo libre. Pero no sólo el islamoprogretarra cae en esta trampa. En mi queo, el único militante del PP que hay, o el único que se jacta de ello, estaba un día conversando animadamente con el portero, y éste le hizo saber que barajaba la posibilidad de comprarse un coche, un BMW ni más ni menos, a lo que el pepero reaccionó echando espuma por la boca e inició tal campaña de descrédito e injurias contra el "pobre" Celestino que el hombre abandonó la idea. Yo sólo recuerdo con nitidez la explicación de por qué eso no podía ser, era un argumento claro y meridiano, decía: "¡Solo faltaba ya!". ¡Ay! Cómo le da por pensar a la gente, con el caché que tendría decir "vivo en una casa cuyo portero de finca urbana tiene un BMW", en lugar de quedarse con que la botella está medio vacía: "tengo un Panda, estoy calvo, y el portero de mi casa cuatriplica mi patrimonio" ¡Cuán insondables como venenosas son las miserias humanas! 1994-1998 Damián "Botella": Del Macizo Galaico nos llegó Damián. No sé por qué lo cambió por La Meseta. Seguramente habría asesinado a toda su familia como suele ser habitual por esos pagos. El caso es que era un

individuo simpático y de fácil conversación. Saludaba a todo el mundo con alegría, como si esto fuese California a principios de los sesenta. Por lo que en la primera Navidad que pasó aquí se le cayeron los cojones al suelo espolvoreados cuando vio los frutos de su amabilidad en forma de aguinaldos. "Casi trescientas mil pesetas", le confesó a mi madre medio asustado. Y se acabó. Ese fue el fin. A continuación, Damián de ser humano pasó a ser comisionista. Se metió en negocietes. Le iba el rollo de las reformas, trincar de aquí, de allá. La sonrisa de ese portero de finca que alegraba a toda la familia, pasó a simplemente ocultar tejemanejes y negocios proyectados a las dos de la mañana en la barra de un bar. No tengo más información sobre ellos que la aparente a simple vista: que no iban bien. De modo que cuando se vio que Damián estaba soplando cosa mala, al menos tuve a qué asociarlo. Se le veía dentro de la portería, un cubículo lúgubre y angosto, arrugadito, en un rincón, antes de ir a recoger las basuras a cuatro patas. Por las mañanas estaba más hablador, pero con la labia del que tiene la cara muy roja y los niños preguntan, con el tonillo de Marcelino Pan y Vino: ¿Mamá, por qué Damián huele como a jarabe?. Al final la cosa empezó a ser un cante jondo, y en las juntas de vecinos volvieron las discusiones surreales con más fuerza que nunca. Unos lo querían echar de forma fulminante, no aguantaban eso de tener en la puerta de casa a un caballero sentado en la portería con la misma postura que la difunta madre del Rey, doña María de las Mercedes de Borbón y Orleans. En cambio, otros -probablemente los que alternaban con él- esgrimían que "nunca le harían eso a Damián". Pero apelando a la ética colectiva los muy cabrones, no al colegueo. De forma que tenían coartada por si les echaban en cara a gritos, con toda la razón del mundo y a punto de llegar a las manos, que le pagasen la nómina entre ellos. Pero estos concilios vaticanos no duraron mucho, la Madre Naturaleza actuó y un día a Damián se le reventó una vena del esófago, en el que por lo visto tenía bastantes varices. Sobrevivió, pero de paso le diagnosticaron

cirrosis y lo tuvo que dejar por fuerza mayor. Así concluye el reinado del único portero al que respeté mínimamente como ser humano mientras lo fue. 1998 hasta nuestros días Francisco I "El Cruel": Enano y gordo, con cara de ratón, Francisco es probablemente la persona más deleznable, mezquina, corta, pacata y rastrera que habré conocido en toda mi vida. Su primera medida en cuanto dejó de ser portero suplente fue buscarse una mascota, ni más ni menos que una paloma, y encerrarla en una jaula más pequeña que una caja de zapatos fuera de la portería, en lo alto, a la vista de todos. En la parte de abajo de la misma, la de plástico, escribió con caligrafía cursi "LOLA". El animal, repulsivo per se, daba una mezcla de entre asco y pena. Aunque no tanta como verle a él hablar con ella todas las mañanas. Con el tiempo, Lola empezó a enajenarse y se movía de un lado para otro desquiciada. Una noche de las que llega uno ciego como una mona, entraban ganas de liberarla, pero de hacerlo, si no se la comían los gatos, la matarían las demás palomas, que son así de simpáticas, y además el bicho era imposible que volase si lo único que podía hacer era dar un paso para atrás, agachar la cabeza e irse para adelante otra vez unas sesenta veces por minuto. Uno salía feliz todas las mañanas de casa y se encontraba ese espectáculo, una paloma pútrida que parecía decir: por favor mátame. Si le hubiera introducido una pequeña bandurria entre los barrotes lo mismo el bicho se hubiese compuesto el Blank Generation de las tórtolas. Pero esta faceta de Francisco como torturador, ensombrece al lado de la de violador. La menda que cuidaba al hermano pequeño de un colega mío, portugués él, parece ser que subiendo en el ascensor con el portero, éste rompió a meterle mano. Debo reconocer que la inquina que le tengo a Francisco proviene de ese episodio. De verle como un tío repelente que tiene el valor de sobar a una chica joven en un ascensor. Sin embargo, hace poco, volviendo de currar en el metro a las diez y media u once, que vas más amargado que Dios, que no

puedes ni leer ni oir música ni mirarle a la cara al de enfrente, tan sólo te limitas a bucear en las fosas abisales de la memoria a ver si te encuentras un calamar gigante, pues le di vueltas a este suceso y me acordé de que mi tronco el portugués se terminó tirando a la chica esta. Y lo recordé porque, en cuanto nos lo contó todo flipado, comenzamos a presionarle para que la próxima vez ¡lo grabara en video! Y andaba flipando con nuestra reacción de pajeros perturbados, cuando até cabos y me pregunté si eso de que la chica le dijera a mi colega que le había metido mano el portero no sería una patraña para hacerle ver que ella era un objeto de deseo hasta tal punto que en un espacio cerrado los hombres no se podían resistir a sobarla. No lo sé, es que se lo he visto hacer a otras titis. He visto a tías fingir -igual no tan a lo bestia, cierto essituaciones de esa ralea como tratando de activar el Mínimo Común Simio que hay en todo varón y que así, por empatía, tribu o imbecilidad pura y congénita, ella nos atrajera también a nosotros porque a otro le había atraído. Yo qué cojones sé. Me da igual. Aunque ese episodio no hubiera tenido lugar y yo ahora le perdonase al portero simbólicamente, magnánimo, mirándome al espejo con la sábana a modo de toga en el váter de mi casa, cualquier recuerdo de Francisco me hunde en una fosa séptica de dolor. Sigamos: Verano de no sé qué año. Un menda, que no era de mi queo, coge y entra en el garaje al modo vasconavarro. Esto es, sin abrir la puerta, destrozando el coche, para luego, además, darse la vuelta y no volver jamás. Fue un hecho sin precedentes y escandaloso, a imagen y semejanza de la mierda que debía llevar el tío. Las calles por la zona son tortuosas, iría follado, tomó la bifurcación equivocada y se encontró con la puerta del garaje cuando estaba a escasos cinco metros. Y aunque tal vez lo que pretendía era atravesar la puerta con el buga por los espacios libres que dejan los átomos entre si, en lo que sería un golpe de suerte merecedor cuando menos un fuerte aplauso, el caso es que no lo logró y la montó parda, como no era para menos. El suceso quedó registrado con la cámara que hay en la entrada. Y por

aquel entonces, mi viejo tenía un video con un mando de esos que para pasar a cámara lenta tenía una ruleta, como si fueses a lograr pasar la cinta a cámara superlenta, como en el fútbol, pero que la pasabas frame a frame como toda la vida de Dios. Sin embargo, los machotes de la junta de vecinos se fliparon con el asunto y vinieron a mi casa con un madero a ver la cinta de la cámara de seguridad del garaje a ver si daban con la matrícula o el jeto del interfecto. Les recuerdo yo a todos en mi salón con gesto castrense como si fueran el FBI -aunque en chandal, por su puesto- bastante excitadillos con la presencia del madero. Pues bien, se puso la cinta. Todos serios como putas. Ambiente tenso. Concentración. Y lo primero que sale en la pantalla, pues nada, el portero Francisco con toda su familia bailando a propósito delante de la cámara una performance mezcla de Fama y Había una vez un circo. El hombre entraba a su casa por el garaje y pasaba por fuerza delante de esta cámara de seguridad, y por lo visto le molaba eso de marcarse una perfo. Pasaban los segundos y seguían dale que te pego con el baile, repito, la familia al completo. Cada vez la coreografía era más intensa, con aspavientos de toda índole, coordinación soviética y una gran sonrisa siempre mirando al objetivo. El bochorno fue terrible. Qué vergüenza ajena. Qué dolor intenso, ellos que querían hacer investigación policial de alto secreto van y le ponen ese video al madero. Mas cuando el espectáculo ya daba punzadas angustiosas en el estómago, el poli, sabiéndose faro de la masculinidad ahí reunida, desahogó la situación con un alivio cómico, y dijo entre dientes, con voz suave pero firme: esto no hace falta que lo pase Usted a cámara lenta. Y ahí rompieron todos a reír. Qué listo el madero. De no haber dado ese volantazo humorístico, la situación era tan desasosegante que yo mismo estuve a punto de hincar la rodilla delante de la tele y cantarles a los presentes una saeta inspirada en el momento: ¿A qué suenas tú, España, cuando no suenas a muerte? Las imágenes sólo hubiesen sido más sobrecogedoras si el que hubiese salido fuera José Luís Moreno puesto de

Helio cortándole las manos a un niño de seis años con un machete africano. Aún con todo, la situación fue denigrante. Cómo volverle a mirar a la cara al portero sin querer darle con un cenicero de mármol en la cara con todas tus fuerzas hasta matarlo o dejarlo vegetal. Y en fin, podría seguir, sí. Pero me duele hasta la glotis de teclear. A día de hoy, he conocido muchos más porteros. El actual, con una pegatina que dice "un poquito de por favor" en ventana de la garita, junto a un escudo del Atleti, yo hago como que el sujeto ni existe. E incluso, sé de alguno por a ´hí, qu es militante del grupo de infrarock Motociclón. Me lo puedo imaginar este verano saludando a los vecinos con ejemplar educación para tener entusiasmadas a las viejas de visón perenne, y luego irse a tocar al Festival Grande Rock de Jaraiz de la Vera y soltarle al respetable tras comprobar el tamaño del escenario: ¡qué guay, nosotros que estamos acostumbrados a tocar sólo en sitios que huelen a lefa!. Qué le vas a hacer... son porteros de finca urbana. Yo lo que espero es que, por lo menos, dicho esto, nadie se escandalice y que haya quedado claro que cuando digo que a los porteros de finca urbana habría que quemarlos vivos y aventar sus cenizas tengo un porqué. Un porqué irrenunciable. Y aunque no se comprenda, que al menos pase como con la Inquisición, que se la tenía más miedo a ella que al pecado, pues que se tenga más pánico a que cuente el porqué en toda su extensión, como ahora mismo, a tener que escuchar de mi boquita cómo habría que atarles a todos un enorme bozal con una rata hambrienta dentro para que les comiese la puta cara, al método 1984.

Manifiesto por una violencia mejor

Jamás se borró de la memoria de Ignacio el día en que tomado un horno de Begoña lo llenaron de hierba seca, a la que dieron fuego para contemplar el humo de la gloria. Los señores se quejaban porque los chicuelos con sus pedreas les interrumpían el paseo, los periódicos llamaban la atención de las autoridades hacia aquellos mozalbetes; todo lo cual hacía que redoblaran el ardor de sus luchas al verse objeto de la atención de los mayores, que eran su público. Y cuando algún caballero, levantando el bastón, los amenazaba con llamar al alguacil, redoblaban la pelea para que admirara su valor y su destreza, y los sacara en los papeles llamándolos mozalbetes." "Paz en la Guerra". Unamúnez He visto una serie de sombras provenientes del exterior aquí, en mi caverna. Se dice que los púberes actuales están desbocados a la par que enajenados y se dedican a grabar con el móvil los actos violentos que perpetran. Sus fechorías incluyen clásicos de toda la vida como pegar al tonto, al débil o al tullido, fenómenos más viejos que la tos, y una novedad importante: zumbarle al profesor. En el púlpito que es el sillón de mi queo desde el que lanzo sentencias sobre lo humano y lo divino con un ducados y

un jotabécola en una mano y la otra metida bajo el pantalón para acariciarme las partes como si fueran un lomo gatuno y extraer vello púbico que arrojo a izquierda y derecha con ademán de menear un incensario, yo superopino de que, o sea ¿sabes?: A mí me da que todo esto de pegarle al profesor ocurre porque los profesores son una cosa muy concreta cuya interpretación no admite lugar a dudas ni dobles sentidos: maricones. No homosexuales, maricones, que es distinto. Y creo que lo son porque seguramente, tal y como a mí me apetece inventar, estos pertenecen a las últimas camadas del baby boom, los que tenían en Milikito un referente pedagógico, de entretenimiento y de pederastia Friedmans Family style "percutiendo párvulos con voz aflautada y una gran sonrisa". Porque he hablado mucho sobre esto con mis colegas y puedo asegurar y aseguro que con mis gentes esto no va a suceder. Yo tengo dos amigos que han empezado hace poco a dar clase. Uno, Claudio, con servicio militar cumplido en aviación y hasta la polla de haber chupado guardias cuidando aviones en mitad de la pista a las cuatro de la mañana en Torrejón con menos siete grados y un perro a sus pies, temblando con decoro pero aullando suavecito y sin pausa por el extremo y creciente dolor que supone la progresiva congelación total de los testículos -pero es que el Ejército Español, si bien muy concienciado del problema, no puede permitirse el lujo de desplegar perros asesinos ataviados con braguitas- y el otro es Jesús, natural del norte de Andalucía, en concreto de Fuenlabrada, que habla perfectamente el suajili y podría echar patas ahora mismo hasta las praderas que rodean el Kilimanjaro y sólo llamaría la atención porque va en dirección contrarai a los cayucos y es, entre otras cosas, de color blanco. Pues bien, a estos dos colegas míos, les vienen unos mocos a pegar en clase y, máxime si esta acción se produce bajo la atenta mirada de la cámara de un móvil, les cogen uno por uno de la cabeza, asiéndola con las manos abiertas presionando en cada oreja, levantan la misma hasta

estirar los brazos y que cada codo suene "cloc", para estamparles contra el suelo con todas sus fuerzas de modo que ya pueden llevar lo que les queda de vida unos hábitos formales, ordenados y saludables porque cualquier cosa, el humo de un porro de otro o una sola gota de un chupito de cerveza con limón, podría resultar fatal dado que tal habría sido la pérdida de masa craneoencefálica en el pedazo de hostión sufrido a manos del profe, que la muerte de una sola neurona significaría que, automáticamente, así como se convierten las ranas en príncipe y los príncipes en rana, se transformarían en downs. Y si a mis troncos esto les costase el puesto de trabajo, pues no quedaría otra que, tras vagabundear harapientos y desorientados por las calles preguntando a los transeúntes si han visto a su bebé, enrolarse en las Fuerzas Armadas e ir a pacificar el Oriente Medio haciendo derrapes al volante de un BMR en carreteras mitad arenisca, mitad miembros amputados, a noventa por hora, con Rose Tattoo a tope en los bafles y aplastándose latas de cerveza en la frente, así que eso que ganarían.

¡Arriba los corazones! Dejando de lado este hipotético futuro, a día de hoy nuestros pequeños y adorables hijosputa están que lo tiran. A este fenómeno parece ser que los medios de comunicación y los actores sociales involucrados han

decidido llamarlo "bullyng". Puestos a ponerle un nombre absurdo y gilipollesco, yo lo voy a denominar "aerosmith". Es difícil encontrar a alguien en cuyo colegio no hubiera motes por doquier, no sólo para los mataos, sino para todo Dios -Gayofa y Poti eran los más empleados-, un grupo de macarras que hubiese aterrorizado a los más débiles y donde las primeras mamas que brotasen del torso de una fémina hubieran sido objeto de chufla, lírica, cante jondo y, en casos extremos, incontenibles pellizcos con torsión. Todos hemos vivido el "aerosmith" y sólo nos diferencia de lo que ocurre ahora que las gestas de la guerrilla se grababan en la memoria en lugar de con tecnología punta. Y como esto no lo digo yo, que lo dice todo Dios en tertulias radiofónicas y en periódicos, si hasta el extremeño Ibarra se cagó en los lloriqueos que genera el "aerosmith", pues paso olímpicamente de entrar a valorar y analizar la situación y su gravedad repitiendo las mismas tonterías. Lo cual no quita que los actos de "aerosmith" que acontecen cada día empiecen a engordar la estadística y a superar con mucho a la auténtica violencia, la buena, la que necesitan los niños para hacerse Ombres, sin hache, sin mariconadas. Con lo que el día menos pensado nos vamos a encontrar con que toda la violencia juvenil se reduce a patear al débil, tímido y enfermito y grabarlo en el móvil, extinguiéndose las buenas costumbres violentas para siempre. Cosa que, dada la vocación ecologista, ante todo, de MTC, no queremos. Por eso voy a reivindicar, glosando su historia, naturaleza y objetivo, la violencia que necesita la sociedad.

Necesario Queridos mozos, leed atentamente la siguiente lección porque es muy importante, en tanto en cuanto carece de todo rigor y sólo se sostiene porque mi rabo es un titán y sobre él podría construir la teoría de que los objetos se caen en realidad hacia arriba si me saliese de las pelotas, que no es el caso. Antiguamente la violencia no era mala. Era buena. Era saludable. La gente de antes no iba tanto al gimnasio. Siempre importó la "bola", siempre se decía "saca molla", pero no se pasó de ahí, no por nada, sino porque no tenían tiempo, tenía obligaciones tribales de las que hacerse cargo. No estaban preparados para repartir hostias y enviar al enemigo al hospital listo para una traqueotomía gracias al Ninyitsu y demás patochadas del ramo. Aquellos mozos precursores tenían una ocupación que se llamaba "pibitas". Las nenas pertenecían, como toda la vida de dios, al macho o grupo de machos; eran propiedad de la manada. Y como tal, objeto de conquista por otras manadas o machos heroicos en solitario. Así pues, a las tías las sentaban en un banco de la rue y los machos, alrededor, las contemplaban, vigilaban y cortejaban. Posteriormente, las hordas feministas lo intentaron todo para liberar a estas chatis, como la implantación de máquinas de comecocos en los bares e

incluso, a la desesperada, incrustar salones recreativos en la calle para desviar la atención del tigre, aturdirlo, marearlo o anularlo, tal cual hizo la CIA en los sesenta con los jipis introduciendo heroína blanca y pura en el mercado. Pero todo fue baldío, las nenas fueron cogidas del brazo e introducidas por los machos en los recres, sentadas en una esquina, y controladas con reojo avizor ( ?de reojo? o ?ojo avizor?) mientras dos toretes medían sus nabos jugando al Pong, que no Pang!. Pero como la sociedad moderna es compleja, nunca se podía evitar que una de las titis tuviera una prima, una amiga, una compañera de curro de su madre, cualquier cosa que la hiciera moverse a otro barrio un fin de semana y conocer a otro macarra asqueroso que por allí morase. Al regresar, se lo comentaba a su mejor amiga. Ésta otra lo comentaba en su casa durante la cena y llegaba a oídos de su hermano, que ponía rápidamente al tanto a todos sus colegas para planear una incursión violenta en el terreno del otro rapaz. Nadie hacía Shinobi ni Yie Ar Kung-Fu, se limitaban a ir para allá y quitarse el cinto y estampárselo en el rostro al rival por el lado de la hebilla tras un somero interrogatorio que garantizase sus derechos democráticos: ?¿Eres tú fulanito??. En casos extremos, al que había pasado la poleo se le permitía una mariposa para que hiciese monerías con ella mientras los demás se astillaban las cornamentas y que nadie se le acercase, pues era manifiesta su indefensión. Pero por lo general, nadie salía malherido ni, por consiguiente, en los periódicos. Fue ésta una violencia ecopacifista motivada por el Poder del Coño, como el petróleo y las fuentes de energía actualmente a escala mundial. Ahora, pregúntate, generación del siglo XXI ¿por qué luchas cuando grabas al tullido recibir puntapiés en los costillares? No me seas, por favor, un esteta nihilista posmoderno. Sí, ya sé que te aburres. Toda violencia juvenil precisa de aburrimiento en primer grado, pero también de un Leitmotiv por el que, cual corona romana de laurel, luchéis tú y tu plebe. Sin esencia, sin objetivo, sin espíritu, serás violento, pero un violento incompleto.

Ésta para que juegues al rol, esta para que vayas al gimnasio, ésta para que entres en la tuna, ésta para que te molen los Dream Theater y ésta, que te va a dejar la nariz como una puta chancleta para el resto de tu puta vida, para que te des de alta en el meetic El florecer de los motivos para triturar tabiques nasales Con la Transición y la llegada del Monarca, Su Majestad el Rey Juan Carlos I de Borbón, que loado sea por el pueblo y agraciado se encuentre con dulces niñas de catorce años de piel aterciopelada y senos turgentes que encariñadas no se separen de él, en España penetraron de golpe las nuevas corrientes que emanaban de Londres y se llegó a la cúspide de la violencia cosmopolita y civilizada. Los adolescentes de finales de los setenta y principios de los ochenta no eran ?ombres?, eran ? megaombres? Actualmente, la población menor de veinticinco años está nutrida de cobardes miserables y cochinos. Hoy día asistimos al lamentable espectáculo de ver cómo el futuro de la civilización, los que han de honrar a la patria, ingresan como mariconas locas en las Fuerzas Armadas, en lugar de ir a morir a las obras. Esos andamios mortales plagados de trampas del vietcong,

bombardeos de bloques de ladrillo embalados, corrimientos de tierra en las trincheras de las obras del metro... peligro donde dar el callo, pero no, los mocitos prefieren irse a la tropa profesional a barrer cantinas y hacer turismo. En aquellos tiempos remotos en los que Michael Jackson daba sus últimos pasos de baile junto sus hermanos antes de coronarse rey del pop, los jóvenes españoles iban tanto a la obra como a la mili, y encima les quedaba tiempo para ejercer con elegancia y garbo la violencia adolescente. Eran tiempos de los mods, los rockers y los punks. Era tan sencillo como, de la noche a la mañana, escribir en tu carpeta The Yam, The Straicats o The Clas (sin hache, como el insigne combinado velocípedo que unido a Cajastur terminó siendo Mapei) y quedar para siempre inscrito en la filas de una nueva religión, como una oscura secta oriental, pero más parecido a una logia masónica: su tribu urbana. Estos tres pilares de la urbe, mods, rockers y punks, eran como Inglaterra, Francia y Alemania. Todo el día declarándose la guerra de forma continua en permutaciones de tres elementos tomados de dos en dos. ¿Cuál era su motivo para saltarse las retinas a palazos? "Los otros", el enemigo era el "diferente", era "aquel", no "éste", eran "ellos", no "nosotros". Qué belleza arquetípica la de la naturaleza humana en su versión más chispeante y juvenil. Al poco de desatarse este fenómeno que sembró el asfalto de incisivos, surgieron otras dos subramas muy simpáticas: una, la de los gótico-siniestros, llegada Londres; y otra, la de los Aironmaiden que, joder, también venían de Londres. Los primeros tendrían plena vigencia hoy día, a mi juicio, porque a la hora de exhumar cadáveres nada como sacarse fotos con el móvil junto al fiambre en diferentes posturas a cada cual más risible, pero por lo visto su evolución les ha terminado situando en el cuarto oscuro de discotecas turbias. Y los segundos pues son dignos de un capítulo aparte, puesto que fueron adalides de la violencia más exquisita y su evolución les ha terminado situando en el cuarto oscuro de bibliotecas públicas jugando al rol. Pero los yevis, como Lentini,

aquel futbolista del Torino que le costó al Milán tres mil millones y pico de pesetas de 1993 y al tercer día como rojinero se partió la pierna en doce trozos, por un momento, lo tuvieron. La gloria fue a verles, trató de abrazarles, pero rehusaron. El antiguo yevi no tenía absolutamente nada que ver con el actual. Hasta Cayetano Martínez de Irujo sería capaz de darse cuenta pues, gran aficionado a la equitación como es, sólo tendría que tirar del labio superior de ambos e identificar al nene de los ocres dientes de caprichosos contornos que brotan hasta del paladar, como el jevi de los ochenta. Tiempo ha, antes de un concierto, cuando se formaba mucha cola, los yevis se situaban en posiciones estratégicas como los húsares de Federico El Grande y arremetían ahí con todo contra la fila, generalmente a litronazos y pedradas, para generar pánico y caótica desbandada a fin de poder entrar los primeros y ocupar las primeras filas. ¿Cómo es posible que esta tribu de elite haya terminado formada por sinsangres que juegan al rol y leen las Sagas vikingas? Ni lo sé ni me importa, pero cuando me topo ahora con un yevi de los de ahora que me comenta que sus coetáneos no tienen interés ni inquietud por nada, le contesto que cuando las dos opciones de vida que se le plantean al treceañero son o ir a una discoteca puesto hasta el tuétano a bailar alrededor de unos pibones del cuarenta y ocho mil, que están ahí con la única intención y objetivo vital de elegir al propietario del coche mejor tuneado para ser folladas a cuatro patas en el interior hasta que les sangre la nariz, o elegir pasar el fin de semana revisitando por quinta vez en un mes la trilogía de "La diadema mágica perdida de la princesa Evelyn", independientemente de las inquietudes de la juventud, lo inquietante es que alguien tenga cojones de plantear la disyuntiva.

Queridos niños, aquí tenéis que sacaros el bate y castigarle bien el útero Estas pandillas, aprended cretinillos de hoy, no pegaban a los enclenques. Al contrario, los acogían en su seno, les ponían una chapita y los soltaban por ahí como cebo, a ver si alguien les decía algo por el significado del emblema para tener un casus belli por el que partir un par de cejas y quebrar alguna que otra costilla. Pero como todo en esta vida, aquel crisol de culturas, mosaico sin igual, se fue a tomar por culo porque la gente empezó a ir a la universidad. El porqué, se desconoce. ¿Acaso iban a ganar más dinero que en la obra? La respuesta es no, pero oye, les dio por ahí y cayeron en las garras de la mayor plaga bíblica que jamás haya sufrido país alguno. Yo creo que fue por el Saco de Roma de 1527. Eso de tener al Papa prisionero y arrasar el Vaticano violando y matando todo a nuestro paso -en lo que constituye la hazaña histórica por la que más orgulloso me siento de ser español- Dios nuestro señor que desde lo alto nos contempla nos lo ha perdonado, sí, pero con su penitencia correspondiente enviándonos la lacra, la peste, el sarcoma: la puta tuna. Es posible que la tuna en sí misma no fuese la maldición, puesto que parece que es anterior

al Renacimiento, pero si no es ello, lo que es seguro es que el hecho de que perdure hasta nuestros días es o castigo de Dios o consecuencia de un hechizo africano. A mi hacía años que la tuna no se me pasaba ni por la cabeza hasta que en la puta Noruega, repanchingado en una terraza tomando una birrilla mirando al mar, surgió una de la nada, rodeóme y tocóme un "Clavelitos" letal pensando que me trataba de un lugareño. No sé si fue por eso o por qué, pero ese mismo verano, en la Calle San Bernardo, por motivos que no vienen al caso y si te interesan no te los digo y si preguntas te mando a cagar y si te molesta te jodes, estuve a punto de pegarme yo con siete u ocho tunos. Y digo a punto porque si no me llega a pegar mi santa esposa a mí, me doy con ellos con épica y valor lo que me hubiera supuesto una paliza del quince, porque serán tunos, pero no mancos. De modo que al final sólo tuve que soportar el escarnio de un cardenal porque me había pegado mi chica por irracional. No creo que yo sea un tipo muy valiente capaz de pegarse con ocho tíos. Digamos que iba como una puta mona para que se comprenda todo mejor. No es algo muy mío, como una puta mona a todo el mundo le entran ganas de protagonizar heroicas gestas. Yo he visto con estos ojitos cómo un mozo jovencísimo que es uno de los mejores periodistas musicales que hay, si no el único de España con verdadero talento, tras salir de un concierto de Burning en el que mi coleguilla se había derramado lo que quedaba de una botella de whisky por los pezones invitando al resto del público a beber sorbiendo por sus mamas, gritarle a unos Redskins o sucedáneo, completamente ronco: ¡Viva España! ¡Que Viva España! tornándonos sus dos acompañantes más pálidos que Tom Verlaine y eso que mucho color no debíamos tener, que hacía un rato que habíamos dejado de ser bípedos. En fin, lo de que te pegue una mujer, un mal menor. Si me llegan a dar una paliza los otros, en el hospital, llegaría mi madre gimiendo preguntando qué desalmado me había hecho eso y al contestarle yo "Mamá, me ha dado una paliza la tuna", mi progenitora, con un pequeño diástole, hubiera

cambiado radicalmente los lloros por un rictus serio y con recia mímica castellana, es decir, cara de sota, hubiera ido desconectando una por una todas las máquinas y artilugios que mantuvieran mis constantes vitales en orden para cogerme la mano, con fuerza, apoyarse sobre mi pecho para que no se notasen mis brutales espasmos y, en el momento de expirar en los albores de la muerte sintiendo como se escapa la vida entre los dedos, se entumecen las piernas y un frío atroz sube por el pecho, susurrarme al oído, vocalizando bastante bien: "Y no vuelvas". Así que es con estos infraseres y no con otra cosa con lo que se encuentran nuestros jóvenes rockers, mods y punks en la universidad, con los tunos. El enemigo de pronto se convierte en algo tan clamoroso e inconfundible que desaparecen las movidas entre ellos para dedicarse a fabricar preciosos monederos de colores chispeantes y juveniles con piel testicular de puto tuno hijo de puta de mierda que te pego leche. Tanto va el cántaro a la fuente que se acomodan, se hacen amigos, todo el día fumando porros, que si "no están, al fin y al cabo, tan mal los Whu, que si yo diría que son algo punks", que si "lo mismo me pasa a mi con los Yams, que los veo también muy punks" y patatín y patatán, cuando nos queremos dar cuenta, de la inacción, el reposo y el abrazar lo acomodaticio, todo ese chorro de energía juvenil se convierte en pocos años en legiones de tíos con rastas, bolsito y sandalias, quedando desarticulado el Poder de Greyskull de la forma más patética imaginable.

Alí Bombaye, que traducido del catalán quiere decir: ETA mátalos "Vino la guerra de África; España entera se estremeció al grito tradicional de "¡al moro!, ¡al moro!" Unamúnez otra vez. De Paz en la Guerra también. Y para más cojones, se trata del párrafo que va justo después del que abre esta entrada. La pérdida de motivos de peso para hacerle tragar a uno sus propios premolares adheridos a un trocillo de encía, tales como que lleve tupé o no, supone el fin de la época dorada. Habéis, tontolhabines, de fijaros en que todo esto se hacía por principios. Hacer lo que te salga de la polla con el único fin de divertirse no es un principio, es una mierda arrabalera. Se nota todo esto hasta en los juegos de ordenador, en los nuestros, cuando los dos players del Double Dragon le metían hostias hasta en el carné de identidad a un desmembradillo, no era por abusar ni por joder, era porque pertenecía a una panda de andrajosos que habían secuestrado a tu novia. Hasta en el Street Fighter cuidaron de que cada personaje tuviese su rollito al final para explicar por qué había recorrido el mundo metiendo yoyas con el mismo gesto con el que Stoichkov celebraba los goles, el Oryuken de las pelotas. Actualmente, tan sólo bajan dos dibujos orientales de los cielos y, hale, a darse, porque sí, sin ton ni son. Es vital

tener un motivo de peso para rasgarle la carne de la cara a otra persona. Y no lo digo yo, lo dicen los juristas. En el antiguo código penal existía la figura del parricidio, que era más que un asesinato, pero se dieron cuenta más adelante de que si un menda mataba a su propio padre, al que conocía de toda la vida, es que algo habría hecho el cabrón. Así que dejaron una coletilla legal llamada "parentesco", más pensada para que a la gente le salga mejor violar al hijo de otro en lugar de al suyo, fomentando así las relaciones e integración social y los intercambios culturales, que para penalizar los homicidios y la violencia. Recordad: siempre con un motivo. Motivos cuidados, trabajados... en los que pueda uno recrearse. Algo como lo que ocurrió en la siguiente fase de este hermoso viaje a través de historia urbana, cuando los motivos eran elevados y filosóficos a más no poder: tras la caída de la URSS, la defensa del IV Reich o una dictadura del proletariado multikultural y solidaria; los skinheads contra el mundo.

- ¿Qué pó? - Richi que son cinco - ¡QUE PÓ! - ¡Que son cinco Richi por el amor de dios!

Sale uno de casa. Me da igual su signo. Esto es como los libros de ?Elige tu propia aventura?: si quieres ser un pijito nacional, pon cara de estirado con mirada bovina que segrega serotonina al ritmo que el Real Madrid encadena victorias; si quieres ser multikultural y solidario, pon cara que alterne preocupación y desasosiego con ceños fruncidos revolucionarios por un mañana en el que se cumplirá el sueño utópico ¡tienes al sistema cogido por los huevos!; si quieres ser el brazo armado de los primeros, skinhead nazi, pon cara de comer tuercas, sin más; si quieres ser el brazo armado de los segundos, Sharp o Redskin, pon cara de paleta que lleva toda la mañana poniendo ladrillos soñando con echarle el diente al bocadillo kilométrico que le ha preparado su camarero favorito por la mañana. Estás en la calle. Giras una esquina. Has quedado con los amigos. De pronto, ves que te han visto. Son el enemigo. Se toquetean entre ellos preguntándose si van, vienen o qué. Vienen. Vienen corriendo a triturarte. Echas a correr. Saltas por encima de coches aparcados. Doblas esquinas agarrándote a las farolas. Crees que ya, pero de un vistazo rápido, compruebas que los tienes ahí. Podrías meterte a un bar, pero no lo haces. Tienes la experiencia, como yo, de que eso no vale de nada. En mi caso, una vez perseguía a un mozo, no recuerdo por qué, hace muchísimos años, y se metió en una zona de poblado que había cerca de mi casa. Tal era esa zona, que los niños bien íbamos ahí a hacer fogatas con maderos y cartones que hubiera por ahí tirados y siempre salía algún aborigen de su casa dando voces de espanto señalando los escombros que prendíamos, pues por lo visto eran sus enseres personales. Según se metió ahí el joven, como el Coyote del Correcaminos, giré 180º porque se vinieron como cuatro o cinco a por mí. Me introduje en la Galería de alimentación. Mi esperanza era el frutosequero. Colega mío. Era alcohólico y dormía en la tienda la mitad de los días, pero era buena gente. Me regaló cintas de Triana y de Camarón. Al gitano nunca le he pillado el punto, pero

de Triana compré de mayor religiosamente los vinilajes. Llegué hasta su puesto. Le miré a los ojos. Pronuncié su nombre. Ahí me alcanzaron. Fui al suelo. Y puños y pies empezaron a castigarme los costillares. Estirando una mano hacia él, pretendía pedirle auxilio cuando, estupefacto, vi que se estaba partiendo la polla a mandíbula batiente. Por lo visto era más amigo de ellos que mío. Esa lección, que nunca olvidé, explica que si te persiguen para descalabrarte y te metes en un bar o lugar público para protegerte con el entorno, lo único que consigues es que te linchen en el interior, delante de todo el mundo. Y como todos sabemos, si te dan una paliza en un descampado alejado del mundanal ruido, bueno, te jodes, pelillos a la mar, pero si te la dan delante de la gente, al dolor físico has de añadir la vergüenza y la humillación. Tú lo sabes, por eso te dedicas a correr. Llegas a una avenida enorme. Todo recto. Al final, tu parque, con tus amigos. Sólo te queda una salida, correr, correr y correr, para o huir, o que si te atrapan, te golpeen babeando en el inconfundible azul marino del que está vomitando los pulmones. Corres, corres, corres y... lo lograste. Han parado y han dado media vuelta. Cómo corre el cabrón, dice uno de ellos. Cortes de manga y ahí se quedan. Te has salvado. En el parque, a salvo, echas la tarde. Bebes algo. Por alguna razón, decidís ir a casa de no sé quién a no sé qué. Vais tres. Tu colega Equis y el gordo. Equis es un tipo guay y el gordo el típico gordo campechano, siempre feliz, en su papel de gordo alegre. Andáis. Dobláis la esquina. Y, de cara, viene uno de los tres enemigos de antes solo. Le señalas, un grito. Salís a por él disparados. Le agarráis Equis y tú. Hostias en la cara. El costillar también. Se reboza por la pared y da media vuelta, cree que va a huir por el punto de fuga, pero de repente lo eclipsa el gordo, que venía rezagado. El gordo habla mucho de política, pero en realidad lo que nunca ha dejado de molarle son las películas de Bud Spencer, que sigue viendo y viendo en la intimidad. El gordo, por puro instinto poético, junta los dos puños y le enchufa un revés al enemigo que casualmente impacta en

su cara de lleno. Sale volando hasta la pared, donde rebota, y cae al suelo con una brecha de siete puntos en la frente y la sensación estremecedora de que peligra realmente su vida. ?¡Qué cojones ha hecho el gordo!?, dice Equis. Tú también estás flipando, ha sido precioso. El gordo directamente ha eyaculado, ni se lo cree. La víctima, como un gamo, gritando muy agudo, cruza la calle corriendo, pero como tumbado, una forma muy rara de correr. Hay una pollería en la acera de enfrente. La casualidad quiere que de ella salga una vieja con toda la compra y éste se choque con ella. La vieja cae al suelo, toda la compra desparramada. Al susto, tiene que añadir el amago de infarto de ver que al chico con el que se ha chocado, le están dando patadas en la cabeza. Con las rodillas ensangrentadas, la vieja grita. El pollero, desde dentro, sabe que si no interviene será cuestionado por todo el barrio, pues piensa que están atracando a la vieja, no pegando al chaval. Con los ojos llorosos, temblándole la comisura de los labios, coge un cuchillo jamonero y sale pegando un grito que, muy lejos de la masculinidad, es entrecortado y lleno de gallos. Vosotros, ante semejante postal navideña, salís volando de allí para no volver a pasar por esa calle en la puta vida. El gordo, aún en la otra acera, también corre, pero desde su atalaya se ha fijado en el detalle más importante, en lo que vale la Laureada de San Fernando: el enemigo, en el suelo, envuelto en sangre, estaba llorando. Qué gol por la escuadra. Qué tarde inolvidable. Y vosotros, mocosos de mierda actuales ¿me vais a comparar esto con hacerle "aerosmith" a un pobre desgraciado? No tenéis ni mierda en las tripas. Habría que coger a vuestros padres y darles repetidas veces con un ladrillo, con el vértice de las aristas, en el pómulo. En los dos pómulos alternativamente.

- ¿Cómo te llamas, chaval? - Richi - Richi, te vamos a dar ocho puntos en la cara - ... jopetas Finalmente, llega un momento en el que la gente, cansada, no sin cierto hastío, con fatiga crónica, intereses más mundanos, empieza a apreciar la belleza de un atardecer, la sonrisa de un niño... poco le queda por vivir, da incluso gracias por haber llegado a la vejez, añora a los que se quedaron en el camino, a veces se siente culpable por no haber hecho más por ellos y, ese día, el primer día de su vejez, cuando cumple dieciocho años, se jubila. Llegados a este punto, no es extraño encontrarse con parejas de jóvenes marujas -si quieres ser una pareja de jóvenes marujas multikultural y solidaria, que te huelan las ingles a jamón de york; si quieres ser una pareja de jóvenes marujas Dior, ponte una camisa España del Renacimiento de doscientos metros cuadrados y encima un jersey microcentésimoirrisorio todo prietecito- que en un paseo chorra matutino haciendo eso tan propio de las mentes desocupadas, hablar de las vidas ajenas, mantengan la siguiente conversación: Ricarda: ¿Quién ese señor que jersey azul celeste con pelusos en hombros junto a sus dos hijos de dos años rubitos y preciosos y su perro labrador adorable y tierno

compra el diario de Pedro Jota Ramírez y el de Polanco para contrastar más la vigésimo cuarta entrega de los fascículos coleccionables para construir una casa de muñecas gigante en tu propio hogar pieza por pieza y el Lib para su suegra que ha enviudado recientemente? Rodriga: Pues hija, si es el Richi ¿no te acuerdas cuando estaba viendo al Atleti con los camaradas de Orden Blanco 88 en el bar y entró un moro de estos que había antiguamente que vendían alfombras por la calle y empezaron todos a escupirle y darle collejas y el moro tuvo la osadía de pegar una voz más alta que otra para mostrar su disconformidad con la denigración hacia su persona y Richi cogió y le metió una patada en la espalda con las botas militares de punta de acero y le partió una vértebra y cuando vinieron los municipales y los ambulancieros porque el moro se quedó en el suelo que no se podía mover y uno de los maderos era una tía y se puso a llorar porque los gritos de dolor insoportable que daba el moro mientras le ponían el collarín eran espantosos y terroríficos? pues ese es el Richi, mujer. Ricarda: Acabáramos, el Richi de toda la vida. Lo estaba confundiendo con el Richi el que de pequeño nunca jugaba con los demás niños y estaba todo el día con el portero y un día fue su padre a buscarlo para no sé qué leches y salió el Richi de la portería con un goterón de lefa colgando de la ceja. Rodriga: No, ese ahora es profesor de secundaria. O bien, siguiendo un principio de equidad Ricarda: ¿Te acuerdas del Franki, Rodriga, sí mujer aquel que una vez que jugaron el Madrid y el Español fueron a la estación de autobuses sabiendo que había tíos de las Brigadas Blanquiazules que volvían en buses de línea ellos solos y cogieron a dos les dieron una paliza de cojones y Franki llevaba la idea de meterle un navajazo

en la pierna a uno pero el Choto como todos los jevis bonachones de mierda le dio un ataque de cristianismo y se puso en medio a parar la paliza porque decía que ya era bastante y el Franki se quedó con las ganas de apuñalarlo y le dio tanta tanta rabia que se le fue la olla y se fue luego a por el Choto gritándole que ahora al que iba a rajar iba a ser a él y navaja en mano fue a pincharle en la pierna y el jevi acojonado se cubrió como pudo y en esto que se encogió y en lugar de en el muslo debajo de la cadera le clavó el cuchillo en el costado que se llevó por delante un pulmón y le tocó el corazón y lo envió a la UVI que no daban un duro por su vida y sobrevivió de milagro? Rodriga: Sí me acuerdo, sí. Ricarda: Pues le han hecho consejero delegado de Arthur Andersen. Fin. Y, troncos, me cago en vuestro corazón. Vais por la vida a pecho lampiño descubierto cortando gatos por la mitad y no tenéis ni mierda en las tripas. Hijos de puta. Estáis todos muertos de risa. Payasos. Mierdas. PD1: ¿Sigue existiendo Arthur Andersen? PD2: Todas las escenas de violencia de este texto han sido representadas por especialistas y actores y figurantes del Canal Historia. Y las fotos guapas me las ha pasado mi tronco Xabi.

Navidades Europeas

Hace unos días estuve dando un paseo por El Retiro con un pariente de unos sesenta años de edad. Un manto de hojas caídas del otoño cubría el suelo como un vasto tapete sobre el que los niños, alegres y dichosos, corrían y reían jugando. Otros, sin embargo, hormigueaban alrededor de lindos puestecillos de títeres en los que vivarachos artistas perseguían sus pequeñas sonrisillas desplegando sus ocurrencias y cuentos de fantasía que alimentaban sus sueños e inundaban de ilusión sus corazoncitos. En el estanque, como en un cuadro animado, parejas de enamorados flotaban despacio en las viejas barcas sobre las que todo madrileño guarda el recuerdo de al menos un apasionante romance. El frío viento lograba que nos acurrucásemos dentro de nuestros abrigos, pero no terminaba de ganarle su batalla al sol mesetario, que de una forma u otra, siempre se las arregla para terminar calentando un poco. Íbamos así, en estas circunstancias, conversando un poco de todo, cuando llegamos a la Fuente de la Alcachofa, donde, de pronto, algo llamó la atención de mi acompañante, de provincias él, que con un gesto de sorpresa señaló al frente y dijo: "¡hostia! unos baños públicos, qué castizo". Acerquéme a los urinarios y expliquéle, no sin cierta arrogancia, que dada la ubicación de los servicios -como los buenos gatos sabrán, la Fuente de la Alcachofa está situada en una esquina del estanque y si trazamos una línea entre ella y la estatua al Ángel Caído, que está más adelante, y otras dos desde ambas hasta la verja que delimita el parque, tendremos el rectángulo de la zona gay donde varones de vida alegre ven como sus pollas son comidas por otros

varones más maduritos aún que tienen a sus hijos jugando en los columpios a la manera descrita al principio de este texto- me sorprendía bastante que estuviesen abiertos al público, que yo siempre los había conocido cerrados y que ello se debía a que eran un lugar muy frecuentado no sólo por los moradores de la zona gay, sino por yonkis y demás fauna de toda índole que no iba a mear precisamente. Seguimos entonces nuestro agradable paseo, pero el hombre se tornó pensativo y meditabundo, se veía que aquellos váteres le habían recordado algo y rompió a hablar: "pues yo, cuando estuve en París en el 68, en agosto, que me perdí lo de mayo (obsérvese la honradez del caballero, pocos de su quinta serían capaces de resistirse al relato ficticio de un polvo total con Simone de Beauvoir y todas sus amigas trisexuales entre cargas policiales, banderas negras y emocionantes consignas gritadas al viento) y resulta que todos los días iba a mear por las mañanas al mismo baño público. Allí me llamaron la atención unos tipos raros, oscuros, muy callados, que todos los días, todas las mañanas, estaban ahí troceando barras de pan y echando los pedazos al suelo. Nunca pude explicarme qué hacían estos tipos puntuales como un reloj echando pan por todos los rincones de forma minuciosa y, sobre todo, paciente. A las dos semanas de estar allí, y tras una serie de altercados con la policía, que andaba identificando a todo lo que era "joven", y si ya de paso era español, pues riéndose un rato a su costa acojonándolo bien, no podía soportar la curiosidad y decidí preguntarle a un amigo aborigen de las Galias: Oye ¿qué hace esta gente echando pan por el suelo todas las mañanas? - ¡Ils sont les coprophages! -me contestó soprendido - ¿Mande? - respondí en perfecto aragonés oscense. Y entonces me explicó con calma y no sin condescendencia, como con pena, asumiendo que yo era de fuera, que esa gente echaba mendrugos de pan en el

suelo todas las mañanas, para ir luego por la noche a recogerlos bien impregnados en orines al cabo de todo un día de meadas y comérselos a párpado caído y tiritante ahí mismo, en el parque que había ahí fuera". Siguió nuestro paseo y la verdad es que yo me quedé sin palabras. España... ¿Cuánto le queda a España para estar al nivel real de la media europea? ¡Me duele España! -dijo Unamuno. Digolo yo hoy también.

Además de los paseos, otra cosa bonita de la Navidad son las bacanales que nos dan a los periodistas. Yo en esta ocasión he llegado a salir a aperitivo-cóctel, comida y cena por día un par de veces. En cierta ocasión, en el colofón del pasado año, no conocía a nadie en el convite. Ni siquiera a la empresa que me estaba dando de comer, pero el carpaccio de salmón estaba de putifa, eso que conste. Como no sabía quién era ni su puta madre, pues busqué a alguien que estuviese solo como yo y me puse a su lado. Se trataba de una señora algo mayor. Sesenta y tantos, calculé. Hablamos de lo humano y lo divino mientras íbamos tragando todo lo que nos echaban en el plato. Mientras nos narrábamos las vidas, me comentó que había estado muchos años dedicándose a los fascículos coleccionables. Según decía, en los que más le gustaba trabajar era en los de plantas, su hobby. Tampoco le disgustaban los de salud, belleza y demás variantes. El caso es que ese tipo de curro se hacía en verano casi siempre, pues en septiembre se lanzan todas las colecciones y sus campañas publicitarias. Por lo visto, el mundillo tiene que ser apasionante como la Guerra Fría,

porque todo lo que va a aparecer en otoño es siempre alto secreto ya que, en cuanto hay alguna fuga de información, la competencia saca a marchas forzadas algo igual tirando de su stock sólo con la intención de joderle la vida a la empresa rival. En este mundo cruel, guerra sucia o lucha por la supervivencia, ocurren muchas desgracias monetarias, según dijo, pero añadió que existe una especie de colchón, un cinturón de seguridad para cuando andas puteado en el mundo de los fascículos coleccionables: sacar algo sobre la Segunda Guerra Mundial. Da igual lo que sea, armamento, grandes batallas, vehículos, maquetas de aviones, cualquier cosa... y apostilló, literalmente: "por alguna extraña razón que no sé cuál es, existe todo un universo de desgraciados que no deja pasar una". Entonces, resoplando, continuó con que no existía en este mundo mayor tortura para ella que trabajar en ese tema. "¡Qué coñazo!" -me susurraba al oído. "Pero, oye, hay que comer" -decía masticando. No vi oportuno hacérselo saber, pero me quedé con las ganas de decirle que conocía a más de un flipado, entre los que me incluyo aunque yo tire de Cuesta Moyano para estas cosas- que forman parte de ese peculiar estrato de población fascinado por esa guerra. Es más, me imaginé a ese pequeño héroe urbano partidario de una Europa Blanca que le notifica a su compinche la aparición de "una colección de todos los cañones de punta perforante de la hostia de la Wehrmacht con réplicas de plastilina para hacer en casa a tamaño real" mientras el otro, en pleno ataque de palpitaciones por la emoción, sueña con que los fascículos se hayan elaborado con los archivos desclasificados de Leon Degrelle, cuando en realidad toda la obra está dirigida y supervisada por una viejecita ecopacifista experta en plantas que, con una mantita de cuadros en las piernas y bajo la luz de una lamparita con mampara de bordados sobre motivos navideños, corrige uno por uno todos los fascículos. Para más cojones, cuando giré el cuello para conversar con otra persona que tenía al lado, que también era de Dios, me enteré -era la

encargada del convite- de que hay toda una caterva de especialistas en colarse en este tipo de actos a cochear canapés y hasta para sentarse a la mesa como uno más y debatir entre colegas con los expertos en cualquier cosa, por ejemplo, bioquímica y biología. Lo que sea con tal de cenar gratis. Pero que el otro día fliparon en colores, porque lo que se coló fue una anciana en silla de ruedas con la dominicana incluida y que, como no sabían si reír o llorar, la dejaron ahí sin decirle nada que se pusiera ciega. Dos semanas después, lo cierto es que no entiendo muy bien por qué estas chorradas me hicieron tanta gracia, pero es importante que el pueblo lo conozca, clame venganza y mate algún transeúnte a palazos.

A pesar de que la gastronomía está entre lo más elevado de mis preferencias, lo mejor de la Navidad ha sido "Me Llamo Earl". Es una serie que creo que echan la Sexta y la Fox. A mí me han pasado la primera temporada íntegra en un dvd. El caso es que tras el final de la última temporada de los Soprano y a la espera de que en ese apéndice que está por venir Tony reviente vísceras a dentelladas o sea lentamente abrasado con un lanzallamas por parte de cualquier rival mafioso -no me dejó del todo satisfecho la sexta temporada con tanto mimo, tíos- en Me llamo Earl he encontrado una pedazo de serie de toma pan y moja. Se dan en ella no sólo todos los iconos de la cultura basura americana que como un perfecto subnormal he adorado durante mi pre y post adolescencia, sino que además hace gala de un leitmotiv amoroso y buenrollista, que tampoco dista, por otra parte, del cristianismo rancio que a mí como avasallado en este

valle de leolos me pirra, me pierde... me entusiasma. Hasta tal punto que un día en el metro, por un momento, me pregunté si no merecería la pena que yo hiciera algo parecido a la lista de Earl -una enumeración de todo lo malo que has hecho en esta vida y te propones, punto por punto, ir enmendándolo. Fue empezar a darle vueltas y que me viniera a la cabeza el recuerdo de un agravio cualquiera que había perpetrado hace muchos, muchos años. La cosa era que estaba en el portal de mi casa, dentro del ascensor, esperando a que alguien entrara para gastarle una broma infantil inocente y sin importancia. Una persona se acercó, vi que era una mujer y, cuando iba a abrir la puerta del elevador, yo abrí y cerré de un portazo dándole al botón y gritándole en la cara: ¡¡adiós hija de puta!!. Bien, esa mujer, víctima de mis heces mentales, era esposa de un vecino y madre de dos hijas, vecinas también ellas. La vida quiso que muriera a los pocos años, sin yo haber vuelto a intercambiar palabra con ella, de un derrame cerebral. Una cosa espantosa, era jovencísima. Pensé entonces, el otro día, si, al modo de Earl, llamar a la puerta de la casa del marido y explicarle al señor viudo que lo ha intentado después con otras señoras, sin éxito debido al recuerdo de su mujer- que poco antes de que su esposa muriera de un derrame cerebral, yo la llamé hija de puta en la cara a voz en grito. Que a ver si podía hacer algo por él para reparar el daño con una enorme sonrisa. Lo pensé, sí, y deduje que mejor estarme quieto. Calladito. Tal vez sea esta reacción el pronto hierático que tenemos los europeos que no nos deja ser tan impetuosos y deliciosamente inocentes como Earl.

Finalmente, anduve por mi pueblo. Allí tiene la familia una casa. Es tocha, de cuatro plantas. Todas ellas, excepto la primera, están alquiladas a rumanos. Cuando tuvo lugar este sucedido aún no eran europeos, faltaban seis días. Vaya por delante que todos ellos son excelentes vecinos, gente agradable ¡y muy trabajadora! -que enfatizaría un octogenario. ¿Todos? No. Hay uno, un pequeño cabrón, que se hizo europeo bastante antes que los demás. Se trata de un camionero que cuando libra le da por beber y se gasta la nómina en las tragaperras. Uno, el típico, que es más despierto que los demás, se fija mucho y decide hacerse español antes de tiempo. Un precursor. Por otra parte, resulta que mi pueblo es cristiano viejo: español español español. Y la gente, borracha por las noches como suele ser habitual, cuando va por la rue y quiere mear no se conforma con una pared, ni con una esquina. Tiende a meterse en un portal y mear dentro, a resguardo de los elementos. Se ve que el programa aquel de Dragó con Arrabal danzando como una prea entre los invitados, en el que André Malby comentó que cuando era niño su padre le dijo que el Apocalipsis consistía en "mear contra el viento", causó hondo impacto entre los lugareños. Pero una cosa no quita la otra y el familiar mío residente todo el año en ese lugar está hasta la punta de la polla de que le meen en el portal. Está tan harto que ha llegado a pasar las noches al lado de la ventana, con la oreja puesta, agazapado, para cuando oye que alguien entra a orinar, rociarle desde arriba con aguarrás según sale al exterior subiéndose la bragueta. Aconsejado por toda la familia, desistió en su actitud guerrera y optó por dejar el portal cerrado a cal y canto con un pestillo que se compró de importación norteamericano de puta madre que se caga la perra. De esta manera todo fue maravilloso. Mi familiar dormía apaciblemente, el tiempo pasaba inexorable y la muerte se podía apreciar, a lo lejos, cada vez más cerca el estado vital en el que más a gusto estamos nosotros, los castellanos. Pero resulta que con las fiestas, la regularización de inmigrantes, que si la abuela fuma, el vecino rumano antes mentado había cobrado la extra

como todos los curritos del país. Ocasión que aprovechó raudo para dejarse hipnotizar por las lucecitas y soniquetes de la máquina recreativa y depositar en su interior, previo cambio en barra en moneda más pequeña, toda la extra, la nómina y, por qué no, los ahorros desde que llegó a España. A las dos horas y tres cuartos de botella de wisconsin, al ver que no obtenía nada a cambio, ni siquiera un llaverito con el rostro de Massiel y la leyenda "peor me fue a mí", el ciudadano salió a la calle en dirección al hogar profiriendo juramentos que combinaban al Altísimo con generosas defecaciones y Ceaucescu. Hasta aquí, mi familia y yo podemos firmar ante notario que nos suda la polla todo. Mas cuando el tronco llegó al portal de su vivienda, que es la nuestra, y comprobó que estaba cerrada con llave, podríamos atribuirlo a causas de carácter psicopatológico por una acumulación oclusiva de emociones adversas, podríamos decir que en estado de embriaguez se pierde el civismo, podríamos decir que el tipo estaba pidiendo que, atenazado con firmeza por cuatro recios brazos jóvenes y peludos, se le descubriera el cuello para que un tercer caballero le castigase la nuez con una barra de acero. Podríamos decir muchas cosas. El caso es que el señor, en lugar de abrir con su llave, rompió a patear la puerta con todo su corazón transilvano. A las patadas les siguieron gritos, sapos y culebras, escabechinas verbales y algarada en general. Mi familiar, medio en pijama, semidesnudo, pero con la botella de aguarrás con el pitorro recortado a punto para disparar, flipó cuando vio que el intruso era el puto inquilino, el vecino, nuestro amigo ¡nuestro hermano! Y preguntóle qué cojones pasaba. A lo que el otro contestó que si pagaba un piso, tenía derecho a que le abriesen las puertas cuando le saliese de la polla si éstas estuvieren cerradas. Conversaciones de borrachos aparte, el incidente tuvo que ser tratado en una reunión familiar de primer nivel. En ella, yo me callé y me limité a escuchar. La resolución final abogaba por agotar las vías legales. Y ahora no sabría decir cuál es, pero la que sí describiría con todo lujo de

detalles es la opción que propuso otro familiar, de ochenta y dos años y que, ojo, aún sigue trabajando y de chófer además, basada en la experiencia de un lugareño que, ante la entrada furtiva de unos desconocidos en el portal de su casa, sacó la escopeta de repetición y disparó por el hueco de la escalera con terrible estruendo "para acojonarlos", objetivo que alcanzó fácil, aunque nunca se supo si el rapaz era el puto cartero. Todos estos trámites me resultaron muy europeos, se me ha salido Europa por las orejas en estas fechas. Aunque, con todo, degusté feliz el curso de los acontecimientos y la evolución de los míos en relación con el entorno. Hace poco más de un lustro los protagonistas de una historia similar fueron los gitanos, el patriarca, la Guardia Civil y las armas de mi casa, confiscadas ellas, las pobres. 2007 tiene pinta de buen año. El último siete, 1997, estuvo magnífico e inenarrable. Que Dios reparta suerte. Si he de pedir un deseo, me conformo con soportar no más de dos averías de metro por semana. Se me centrifuga el estómago cada vez que una me arranca tres cuartos de hora de mi vida, Esperanza. Ten un poco de consideración.

Juegos de acción en 8 bits
Los padres de mi generación trabajaron duro durante el desarrollismo de los años sesenta, muchos de ellos fueron autodidactas y algunos incluso sufrieron la cárcel por su militancia política. Con mucho esfuerzo y sacrificio, lograron salir adelante al tiempo que nuestro país se adentraba por fin en el siglo XX. Lucharon con una voluntad de hierro y lo pasaron fatal. Por eso, quisieron lo mejor para sus hijos. Conforme se consolidaba la democracia, se establecía una clase media y la enseñanza se universalizaba, muchos de ellos tuvieron a bien hacer un esfuerzo y comprarnos un ordenador de 8 bits. Pensaban nuestros padres en darnos la mejor educación posible, que nos formásemos bien para no tener que pasar tantas penalidades como ellos. Esos ordenadores de 8 bits venían rodeados de sueños, a saber: quizá alguno de nosotros descubriría la vacuna contra el cáncer, o lo mismo inventaba el aerodeslizador, puede tal vez que ideara un programa de ordenador para multiplicar las cosechas y acabar con el hambre en el mundo… Sin embargo, toda mi generación empleó los ordenadores de 8 bits en la misma empresa: matar comunistas escuchando jevimetal. No es que fuésemos los perros de presa de Jiménez Losantos, que por aquel entonces hacía poco que había dejado de ser comunista. En realidad a nosotros nos la sudaba el comunismo. Es que no sabíamos ni lo que era. Lo que pasa es que la mayoría de los videojuegos que consumíamos venían del mercado anglosajón, y ahí las virtudes del mundo libre se predicaban con un M-16 en una mano, una granada en la otra y un machete entre los dientes. Perfectamente podíamos haber jugado a videojuegos soviéticos, pero los ordenadores made in URSS de veinticuatro toneladas con sistema de poleas tirado por dos prisioneros del gulag, pues tenían alguna que otra dificultad para pasar las aduanas y, por tanto,

carecíamos de plataforma para viciarnos a Proletario & Parásito. Nuestros progenitores empezaron a advertir que no estábamos precisamente diseñando un sofisticado módulo lunar, cuando veían que de nuestra habitación salían gritos como “¡me cago en dios! ¡me cago en dios! ¡la puta mina!”. Otras veces, cuando estabas tecleando frenético, con los ojos inyectados en sangre, echando espumarajos por las fosas, con la mandíbula desbocada y dándole patadas a la mesita de noche, podía llegar tu madre a decirte: Te he traído estos jerseys para que te los pruebes para la boda del tío, que ahora están de rebajas y… -¡déjame en paz ahora hostia puta ya!- te veías obligado a interrumpirla con todo el cariño y respeto que sólo se le puede ofrecer a una madre si no querías que te jodiera el helicóptero de la fase 3. Se podría decir que nuestros padres, viéndonos ahí, convulsionándonos, con espasmos y ataques de histeria, pensarían que en lugar de un nobel iban a criar un deficiente mental, pero, desde un punto de vista artístico, hay que señalar que de los teclados de los CPC salieron gran parte de los mejores bailarines de break-dance de la historia. Una cuestión importante en esto de los 8 bits era el tema del joystick. Hay cosas que un hombre natural de la meseta nunca debe tocar. Un mango largo y negro con una cosa colorada en la punta es una de ellas. No por nada en especial, básicamente porque eran una puta mierda. Quizá tu hermana si podía hacer sus puzzles o mariconadas de similar ralea con un joystick normal, pero un macho ibérico que ponía películas de Bud Specer & Terence Hill en todos sus cumpleaños si utilizaba esa mierda a los dos días estaba rota. Los descendientes del Cid jugaban con teclas. Aunque, para no faltar a la verdad, hay que reconocer que años más tarde apareció el joystick Telemach, pensado para este selecto público, que más bien se asemejaba a un clítoris gigante. Era ideal, con su base le podías hacer una brecha de siete puntos a

tu primo, y se dejaba maltratar salvajemente en las batallas más duras porque nunca se rompía. Con todo, una cosa está clara, hoy en día, en pleno siglo XXI, hay una casta de hombres que saben lo que significa “o-pe-cua-espacio”; de ellos será el reino de los cielos, y de la óptica, sus ahorros. Quemamos las pestañas con muchos juegos, pero, en concreto, mis arcades mata-mata en 8 bits favoritos fueron, por este orden: Operation Wolf, Ikari Warriors y Commando. OPERATION WOLF: El protagonista de este videojuego, no se sabe por qué, quizá a causa de una apoplejía, sólo sabía andar de lado. Apopléjico, sí, pero de manco nada, que iba bien armado con ametralladora y granadas. La acción yo creo que se sitúa en Angola y hay que meterle caña a las tropas de Fidel ahí concentradas. Atravesamos campamentos, jungla, hangares, polvorines y aeropuertos con los huevos por montera rescatando, supuestamente, a prisioneros. Supuestamente porque, no sé en las localidades periféricas del Estado, pero al menos en la meseta era una cuestión de honor matar a los civiles primero según salían por la pantalla, ya fueran enfermeras, chandalistas o los cautivos a los que íbamos a rescatar. Operation Wolf era muy famoso porque la máquina de los bares venía con una ametralladora incorporada con la que no era nada fácil apuntar. Del mismo modo, con las teclas, pese a tener punto de mira, uno también las pasaba putas. Lo más bonito de este juego es que tenía un contador a la derecha que te indicaba cuántos enemigos te quedaban por matar, de forma que podías contabilizarlos. También estaba muy bien que apareciesen animales corriendo o volando por ahí. En la jungla salía un cerdo. Si nuestra legión se identifica con una cabra, no sé por qué no iban a poder identificarse los comunistas con un cerdo. Reventarlo en mil pedazos proporcionaba un placer próximo a la lujuria.

Operación Wolf, visión apopléjica en combate (Al fondo, el Capitán Benjamin William en busca del Coronel Kurtz) IKARI WARRIORS: “The country of Ikari has seen better days. Enslaved by a foreign power, Ikari needs help if it is to ever see freedom again. It’s up to a couple of American soldiers, Paul and Vince, to liberate them” ¿Les suena esta frase? No, no es Donald Rumsfeld, es la historia del juego. Dos soldados americanos impartiendo la justicia en el mundo a sangre y fuego. Aquí llamaba mucho la atención que el enemigo era como Ralph, el personaje de los Simpson. Moraba por ahí, se quedaba quieto, se iba a otro lado, tiraba un tiro, miraba a un lado, giraba sobre si mismo, se quedaba quieto… todo delante de tus narices, como si no estuvieras. Lo cierto es que no tenía mucha dificultad exterminar a ese ejército de soldados con un par de decimitas menos de coeficiente. Otra cosa fuera de lo normal es que, al contrario que en la mayoría de los juegos, en el Ikari podías llevar encima hasta 99 granadas no sé sabe donde, quizá, a juzgar por la obesidad del protagonista, las 99 fueran metidas en el culo. Lo más interesante, de todas formas, era que, cuando jugabas a dobles, las balas no, pero las granadas de tu compañero te podían matar, con lo que de pequeñas rencillas surgidas por malentendidos se pasaba a luchas cainitas. Tanto fue el cántaro a la fuente, que nosotros llegamos a

usar el juego única y exclusivamente para batirnos en luchas fraticidas a granadazo limpio -mientras tanto, los borderlines dominaban el mundo, qué rabiosamente español.

Ikari Warriors, el Piraña goes to Vietnam COMMANDO: En Commando nos situábamos en la II Guerra Mundial contra los nazis. No es que fuesen comunistas propiamente dicho, pero sí comunistas en potencia al menos la mitad de ellos. Éste es sin duda uno de los mejores juegos de la historia. Difícil como enhebrar una aguja después de estar dos horas mirando al sol, yo nunca he conocido a bestia humana capaz de pasarse esta maravilla. Todo era bueno en él, empezando por la música. A día de hoy, en la moda del electroclash no ha surgido ni un solo subhumano con la mitad de talento de los que componían música para los juegos de 8-bits a base de pitidos. Como el juego tampoco ofrecía espectaculares giros en el guión precisamente, sólo había que ir en una dirección matando, a ser posible, todo lo que se moviera, nosotros inventamos el “método pacifista” en el que había que pasar las fases matando sólo lo indispensable. Huir de las balas sí que era divertido. Si

hubieran hecho un juego sobre los Sanfermines no sería tan perfecto como el Commando en método pacifista.

Commando, ni por excedente de cupo ni por escoliosis severa Si te pones a pensar que en estos juegos, hoy en día, para realizar una misión de exterminio de infrahombres, primero tendrías que reclutar los soldados, entrenarles, comprar las armas estableciendo rutas de comercio con los filisteos, llevarlos en avión al punto señalado si la climatología lo permite, entablar contacto con los nativos en su propia lengua, construir una base con sistema de cañerías y ventilación e irrigar los terrenos cercanos para poder alimentarse en la jungla, todo ello previa lectura de un tocho de manual de mil doscientas veinticuatro páginas, pues no se puede sino llorar recordando los tiempos en los que te sentabas tú y tu monitor verde monocromo, cara a cara, hombre a hombre, sin artificios, dispuesto a desratizar este mundo de comunistas. ¡Ah! Qué tiempos.

El Diván
Apoyo psicológico de cara a la fase final del Mundial de fútbol La Página Definitiva conoce tan bien como Usted la idiosincrasia ibérica. El español, por lo general, es un individuo andrajoso de motivaciones ingenuas e infantiles, una casta inferior que precisa de un monarca que rija sus destinos porque él sería incapaz de no equivocarse por exceso y por defecto de forma simultánea, y un llorón indocumentado que cual patán se arrastra de desgracia en desgracia a la deriva sin el más mínimo control sobre su vida. Su voluntad puede ser de hierro, llegó en su día a protagonizar heroicas empresas, pero su fortaleza mental es la de un perro callejero homosexual al que los niños del pueblo acostumbran a apagar los cigarrillos que fuman a escondidas en las bolsas escrotales. Esta página, entre sus muchas virtudes -a saber, indocumentación reincidente, garantizada mofa del débil, desglose de complejas problemáticas científicas con altanería propia de la hostelería mostoleña- sostiene el estandarte de la socialdemocracia con más orgullo que nadie. Somos plenamente conscientes de la indefensión de nuestros semejantes ante problemas insalvables como, qué sé yo, enseñar a un hijo a leer, y creemos firmemente en que “otro” haga todo por nosotros. Exigimos que “otro” asuma nuestras responsabilidades, que “otro” gestione nuestras emociones. En este sentido, y como se notan en la humedad relativa del aire los tembleques generalizados ante los octavos de final, fundamentalmente por el aroma a heces tiernas, LPD presenta su guía psicológica para enfrentarse a este lance. Y lo hace a la manera socialdemócrata, protege al débil, guía al fuerte y precisa del sabio todo en favor de la colectividad. ¡Viva Suecia!

TRAMO A: Débiles mentales, cagones, nenazas, personas apaleadas en su niñez y víctimas de abusos sexuales. Ciudadano A, Usted lo primero que tiene que hacer es no ver fútbol. No está capacitado. No sabe. No entiende de qué va esto. Se pierde la mayor parte de las veces y raro es ganar algo en alguna ocasión. Si Usted no soporta la frustración, no vea fútbol porque la energía negativa del día a día le producirá tumores negros en el bulbo raquideo y terminará marcando como un poseso el tono politono que elimina de Gran Hermano, o la cochambre catódica al uso, al concursante más sano y más normal, porque terminará Usted odiando la virtud. Ahora bien, si no puede evitar tragarse los octavos de final, protéjase adecuadamente: 1- Póngase cajco: El cajco futbolístico se llama “yalodijeyo”. Estudie con detenimiento qué es lo que más gracia le va a hacer a los nacionalistas periféricos en caso de estrellarse la Selección. Por ejemplo: “cuando mejor estás jugando, llega Francia y te manda a casa a las primeras de cambio”; Esto tiene que vocearlo, todos los días, mostrando su profunda convicción de que va a suceder. “Jugamos como nunca, nos empatan como siempre, y en la tanda de penaltis fallamos los cinco lanzamientos”; Aquí arquee las cejas y golpee fuerte con el dedo índice en la mesa. Salvaguárdese de las hipotéticas desgracias más rotundas para que no le pillen desprevenido. 2- Engánchese el arnés: Durante el encuentro, puede que se contagie de la emoción de sus semejantes. Puede que crea como un niño inocente en la victoria y luego, a la vuelta de la esquina, le espere el dolor malévolo, listo para penetrar todo su cuerpo y revivir aquellos recuerdos que le persiguen de cuando fue un niño de la guerra en Sarajevo. No asuma riesgos. Lleve cuidado. Durante todo

el partido, cada vez que España toque la pelota, que no le falte un “la caga” en la punta de la lengua para todas y cada una de las intervenciones de nuestros jugadores. Al tiempo que no escatime en “ya la hemos jodido” cada vez que suceda lo contrario. Y aplíquese, porque sólo dando mal con cinismo podrá protegerse del dolor de un tiro al palo de Torres en el minuto 97, un penalti marrado por Raúl o un autogol de Casillas con el pompis. 3. Disfrute los réditos: Si se consuma la derrota. Usted ya lo sabía, claro ¡porque usted es más listo que los demás! Míreles con condescendencia. Deles palmaditas en la espalda. Sin embargo, si España gana ¡alegría! Alegría gratis, sin ningún esfuerzo, sin poner nada de su parte ¡menudo chollo! ¡pero qué listo es Usted! ¡Es el mejor! TRAMO B: Populacho, masas anónimas, honrados dependientes, obreros de cuello blanco y obreros de cuello azul Usted, paisaje de España, sangre de ésta, nuestra tierra, disfrute. Sea entusiasta, desconfíe levemente si el asunto va mal, anímese si la cosa chuta. Ahora bien, si palmamos, no se amargue. Usted sirve a España fielmente y no tiene por qué envenenarse de frustración. No se lo merece, ciudadano. El bajo clero puede optar, si lo desea, por hacer como en Italia 90, desearle la muerte a todos los yugoslavos y que el deseo se cumpla más o menos. Pero Usted, ciudadano de a pie, lo que tiene que hacer es, según los bleus se abrazan tras el pitido final, salga a la calle a apedrear todos los Citroëns, tomen al asalto el Carrefour, orine sobre sus quesos y termine la noche sitiando la embajada gabacha agitando antorchas y herramientas de labranza para prenderle fuego con todo el personal diplomático dentro. Destruya, señor, destruya, pero no se quede ni un gramo de frustración. A ver si va a bajar su rendimiento laboral por esta causa, desequilibra el sistema, estalla la burbuja inmobiliaria y se rompe del todo España, que es lo que les gustaría a los

francmasones, que hablan como si tuviesen un pollo permanente en la laringe, que no es otra cosa que simiente masculina, que por eso roncan tanto por las noches, porque no se lo tragan para saborearlo más, que les gusta levantarse con sabor a semen en la boca, eso es para ellos empezar bien el día, que si no, no fabricarían esos quesuchos casi insípidos que no hacen más que recordarles el tacto y la finura de un buen semenazo inyectado en las fosas con sifón. Y en el caso de ganar, oye, chico, haz lo mismo. Muchos camioneros y productores hortofrutícolas te lo agradecerán. TRAMO C: Intelectuales, filósofos, científicos, obispos, cuerpo diplomático, aristocracia y personal de la Zarzuela. Sus excelencias, observen el partido con paz interior y emociones zen. A Ustedes el fútbol les da igual, es cosa de la plebe, pero bueno, no se van a perder una cita tan importante. Véanlo mesandose la barba con una mano y fumando en pipa con la otra. Haga como que no entiende. Sea ingenuo: “caramba, qué gran disparo”. Y siga vagamente el desenlace final, con el morro torcido y cierto desinterés. Si palmamos, ría con sus hijos. Explíqueles que se trata sólo de un juego y que no pasa nada, que la lucha por los recursos naturales en el mundo sí que es una desgracia, etc… A continuación, vuelva a su despacho y con total tranquilidad, vuelva a su quehacer, su trabajo como, por ejemplo, crítico literario del periódico más importante del mundo en lengua hispana. Abra el sobre que le ha enviado una editorial, extraiga la obra, lea la contraportada del libro, piense que no tiene pinta de tratarse de un mal trabajo y ¡oh! advierta un pequeño detalle, el autor es natural de Lyon y catedrático de la Universidad de Versalles, comience entonces, en total paz interior y tranquilidad absoluta, dando un suspirito previo, su crítica o reseña de esta manera: “Este libro es una puta mierda como no se ha visto puta mierda igual en la que ya

bastante puta mierda de basura es la puta mierda de literatura actual…”.

Spanien Über Alles
Los cruzados se dejan la piel por su Nación, cualquiera que ésta sea 28/06/06: ESPAÑA DESDE EL BÚNKER IV: Les inmigrants de la patrie nos mean No ha sido tan grave. Ribery, el de la cicatriz, llevaba caballo. Ramos, Reyes y Lucho le han pillado. Cañizares, por su parte, le ha cogido ocho mitsubishis a Barthez. Los jugadores españoles que no han aprovechado para pillarle droga a los franceses, se han comprado algún reloj de oro, tarjetas piratas para ver el Digital Plus y Casillas por lo visto ha dejado apalabrado un Audi robado en Dinamarca. Todos han trapicheado salvo Albelda, que se ha agachado todo contento a recoger una pastilla de jabón que le ha lanzado graciosamente Makelele en la ducha y de ahí se ha ido directo al hotel con los ojos vidriosos. Es lo que tiene jugar contra un grupo de exconvictos, que te chulean, pero te ponen en contacto con el mercado negro y ciertas prácticas sexuales patibularias, que pese a todo, como lo importante es ser felices, que somos españoles, no Austriahungría, pues nos hemos llevado lo comido por lo servido. Desde un primer momento la cosa pintó mal. Los franceses son extremadamente centralistas, huraños y mononeuronales. Cuando sonó la Marsellesa, los aficionados españoles, identificados plenamente con sus valores revolucionarios y de libertad, homenajearon el legendario himno cantándolo a pleno pulmón en una de las lenguas minoritarias de nuestro plural y multicultural estado de las autonomías, el silbo canario de la Gomera. Pero como los chauvinistas galos intolerantes y enemigos de la diferencia sólo aceptan que el himno se entone en francés –una lengua, una nación- al contrario que nosotros, que permitimos que la letra de nuestra Marcha

Real se cante en lo que a cada uno Dios le dé a entender –una nación, diecisiete lenguas o más- el enfrentamiento tomó tintes de pelea a cara de perro, algo que no nos beneficiaba en absoluto, puesto que nuestro fútbol pretendía ser expresionismo novecentista y el suyo arte rupestre con inscripciones eusquéricas. Cuando dejaron de sonar las tonadillas, la tele nos puso un primer plano del seleccionador francés, que además de catalán es gafaspasta, y el muy cabrón nos obsequió con una sonrisa que ni el Doctor Octopus. Acababan de quitarle las exposas a sus jugadores y les debía estar viendo con ganas. Raimundo Domenech se reía mirando a las cámaras de los medios españoles, parecía decir: os vamos a ganar sin bajarnos del furgón policial. La estrategia de Francia fue muy sencilla. Veníamos dando la brasa con que si nuestro centro del campo era el mejor del mundo y que la tocábamos divinamente, y Raimundo, sucio fenicio como es, pues nos puso ahí ni más ni menos que al mediocentro defensivo de la Juventus y al mediocentro defensivo del Chelsea, campeones de Italia e Inglaterra respectivamente. Unas trincheras que ni en Verdún, ni la Línea Maginot. Para más Ifni, apretaron filas y se dedicaron a esperar nuestras embestidas de juego preciosista, danzante y saltarín para que en cuanto diéramos el típico pase mal a la española, robar y soltarle un balón largo al tutsi cabrón hijoputa del Henry. Francia no hizo más. Y se ve que no está para muchos trotes, porque en una internada por la derecha con centro raso al área, logró que su delantera alcanzase un patetismo idéntico al de la defensa española. El balón se paseó por delante de propios y extraños mientras bleus y colorados daban patadas al aire. El recogepelotas que devolvió la pelota en la banda asegura que el propio balón, indignado, le pidió que no le echase otra vez al campo, que no quería formar parte de esa tragicomedia,

que el fútbol no es para reír. Éramos la misma mierda atrás que ellos delante; Gran equilibrio de fuerzas, lástima que por lo bajo. Parece mentira que estando en Alemania, con la cantidad de estatuas de Hitler que debe haber, Luis no supiera que la única forma de sortear la Línea Maginot es rodearla sutilmente por un lado. Nuestras bandas, a tal fin, estaban cubiertas por Sergio Ramos y Pernía, ambos muy desacertados, por decirlo con un eufemismo poco estridente. Sin embargo, fíjate lo que son las cosas, logramos adelantarnos en el marcador con un penalti que, riguroso o no, lo cierto es que se pita cuando España ya había echado por tierra una ocasión de gol y Pablo estaba cagándose en diez por el hecho de que la bola estuviese en su pies. Estaba a punto de romper a llorar por no saber qué hacer, cuando le dan un pisotón y, tal y como vemos jornada tras jornada en nuestra liga, se desploma como si le hubiera dado un derrame cerebral. Villa tiró el penalti de forma ejemplar y uno cero. La cosa se ponía de cara con bastante suerte. Pero si algo se le puede echar en cara a España, no es que no crease ocasiones, ni trenzase jugadas, ni jugase con fuego al defender con el fuera de juego: con el gol a favor teníamos que haberles dado la pelota y adoptado un dibujo sobre el campo de 10-1, con Casillas como hombre más adelantado. No lo hicimos, seguimos necesitando muchos hombres para que alguna pelota le llegase a Torres, que las desperdiciaba regateando como un pollo sin cabeza. Como Ramos, con muchas cualidades el jovenzuelo, sí, pero poca perspicacia. Como estaba cantado, perdemos una pelota y le cae a Ribéry, un menda que si ha burlado a la DEA, pues como para no mearse a Casillas, Puyol y Pernía. Aparte, que con esa cicatriz que le hizo su proxeneta cuando era niño por quedarse algunos francos de lo que ganaba

vendiendo felaciones a turistas en un descampado marsellés, agresión que le sirvió a Ribéry como excusa para hacerle una corbata colombiana en venganza y ocupar su puesto controlando todos los chaperos y traficantes de heroína de su barrio, pues los defensores nacionales no tuvieron ni la más mínima intención de meter el pie por lo que pudiera pasarles. A partir de aquí perdimos todas las opciones de ganar el partido. No hicimos ni una sola ocasión. Entre Makelele y Vieria no pasaba, empleando la terminología de Luís Aragonés, ni el bigote de una gamba. Entre individuos de esa extracción social con varios años de presidio a las espaldas como no sacásemos a Steve McQueen “Papillón”, chungo, y no teníamos ni a Dustin Hoffman “Luís Dega”. En la segunda parte, en un partido caracterizado por la tranquilidad en las filas francesas y la impotencia en las españolas, acontece una agresión salvaje de Puyol al tutsi cabrón, le golpea con la hernia de disco en toda la rodilla y no contento con ello, el defensa catalán se tira al suelo para arrastrar tras de sí algunas moléculas de oxígeno de modo que el tutsi, desorientado y dolorido por el vértebrazo en su pierna, perdiera la verticalidad y cayera aparatosamente en lo que pudo ser una tarjeta roja como una casa, pero finalmente, con mucha, mucha misericordia, el colegiado sacó sólo la amarilla. El lanzamiento de falta, desde unos cuarenta metros, nos regala un prodigio de marcaje de Ramos a Vieira: separarse del jugador unos metros, y según le cae la pelota y va a rematar, efectuar un salto lateral en dirección a tu portería hasta introducirte casi dentro de ella. Autogolazo del sevillano y hasta luego Lucas la ilusión, los toritos bravos y el olé, olé. Los estertores del partido sólo dieron para más de lo mismo en el caso de España y que Zidane le metiese un gol al Marca. Después de eso, a lloriquear por las

esquinas. Doménech y sus chicos, los Doce del Patíbulo, nos dieron para el pelo y encima se jactaron de que silbásemos su himno y menospreciáramos a Zidane porque eso les dio una motivación extraordinaria. Y como seguramente tengan razón, pues achantamos el miro, ahuecamos el ala, metemos nuestros testículos de nuevo en el calzoncillo y punto final. Entonces llega el momento de criticar a España. De su divino juego de toque ahora se pasa a decir pestes. LPD, fiel a los designios espirituales de la raza, no va a ser menos: El problema de España estaba en el centro del campo: Los Xawis y Cesc. ¿Qué es eso? Son nombres con fonemas alveolares y bilabiales. España en el centro del campo lo que necesita son fonemas guturales, oclusivos y dentales. Xabi Alonso, Xavi Hernández y Cesc suena como Kiwi, Macedonio y Cacas. Un mediocentro tiene que ser duro, “Javier Cromañones”, por ejemplo. Y Alonso, pues “Lope de Toloso, alias, Granito polla de”. Otra zona desordenada y caótica es la segunda línea de ataque, los mediapuntas: Rulo y Torres. No por dios, los finos estilistas tienen que llevar fonemas fricativos o nasales, nunca oclusivos y vibrantes. Nuestro segundo delantero se tendría que llamar algo así como “Ausonia”. Y el punta qué Villa ni que aldea ni que hostias. Los puntas se llaman “Pichichi”, que no fue bautizado así por una apuesta que perdió su padre, sino porque ese hombre quería criar un delantero goleador, no un sinsangre. Más problemas, los defensas tienen que ser gente turbia y despiadada, adónde vamos con Puyol y Pablo, por dios. La pareja de centrales se tendría que llamar “Marichalar” y “Mononucleosis”, que se les tenga pánico, que al respirar en la nuca ajena produzcan escalofríos. Igual pasa con el lateral derecho ¿Ramos? Sí, y de claveles por lo visto. No, un lateral tiene que ser mala persona pero de verdad. “Heces” sería un nombre adecuado, y exigible que fuese siempre mal afeitado, con ojeras y tatuajes talegueros

entre el pulgar y el índice. Alguien que al mirar al contrario desde quince metros, haga que le estalle un globo ocular porque de puro hijoputa supera las leyes físicas de la naturaleza. Y si el otro lateral queremos que sea un nacionalizado, pues nacionalicemos a Jake “The Snake” Roberts, pero no a Pernía, ni a Senna, que suenan a “Pennita y Penna”. De igual modo, el regateador, el jugador que encara, el extremo, es insultante que se llame Joaquín. Tal y como explicaba Valdano en Telemadrid antes de que le diesen el carné de entrenador y fuese al Tenerife, los regates constan de tres partes: sona de inisiasion, sona de ejecusión y sona de finalisasión. Son tres cosas, tres. Un regateador necesita tener una palabra esdrújula por nombre. Cualquier palabra aguda o llana, sobre un campo de fútbol pasa a ser “jarl” y “ung”, no así las esdrújulas, que se respetan, por algún misterioso designio, pero es así. ¿De dónde va a sacar la confianza en si mismo para el regate un tío al que la gente llama “unga”? Cómo va a seguir las recomendaciones de El Área de Valdano de hacer algo en tres pasos si no se le adiestra para que sepa contar hasta tres, necesita una preparación intelectual superior al futbolista medio, y se empieza con un nombre que suponga tres golpes de voz. Amen del portero, Casillas, que hasta Fanny McNamara le puede decir ¿por qué casilla quieres que te la meta?, el portero que se llame “Palas”, como el citröen de ocho metros de eslora aquél. Un desastre todo, y así nos va, claro, qué vergüenza, siempre igual, perdemos como siempre, no damos una, qué tiempos ¡cuánta corrupción! Etc… Álvaro (LPD) 24/06/06: ESPAÑA DESDE EL BÚNKER III: La última cruzada Que nos digan lo que quieran. Hemos hecho nuestro Mundial. Nos han pedido darle con la fusta a secesionistas, el bereber y el mismísimo corazón del

Islam. Para eso estábamos aquí. Ahora, arrancarle los ojos a los gabachos, metérselos en la boca y darles una patada en la nuca mientras muerden un bordillo, ya formará parte del bonus, del tesoro. Sin embargo, no adelantemos acontecimientos, vayamos a la glosa del florido día en gloria del Dios Cristiano en que fuimos superiores a la todopoderosa selección nacional de Arabia Saudí. País que probablemente contará con más campos de fútbol de hierba que España, pese a encontrarse un pelín más en el centro del desierto que nosotros. Luís Aragonés venía crecido al partido. Por una vez, las lecciones que la vida le había dado en el amplio mundo de la ludopatía habían dado resultado. La selección se atascó contra Túnez, y el Sabio de Hortaleza, como cuando la tragaperras parece que no suelta un duro ni para Dios, hizo lo mismo, apretar todos los botones a la vez a puñetazos, esto es, sacar todo lo que tenía en el banquillo de golpe y a lo loco. El gen jugador de Luís se encendió de nuevo. Tras muchos años de desgracias y echándole un ojo al calendario, pensó que hace falta ser gilipollas para quedar primero de este grupo y enfrentarse luego a Francia y Brasil. Perfectamente consciente de ello, sacó un equipo compuesto por la siguiente columna vertebral: Cañete en la portería, Salgado en el lateral sacando la bola, Albelda administrando, Joaquín desequilibrando y Raúl González Blanco Matamoros de rematari. Es decir, un engendro nauseabundo diseñado específicamente para perder contra Arabia, el Barakaldo o la selección femenina de waterpolo de Bután. La cosa iba sobre ruedas. La selección enfangada, jugando lenta y mal como en las grandes tardes de miseria y desolación, se veía lastrada además por unas temperaturas de 35 grados que, sobre el campo, aún serían más altas. Los árabes no es que opusieran mucha

resistencia. Son un pueblo rico, pero vago. No obstante, lo único que hicieron en su día fue escarbar en la arena del desierto, probablemente en búsqueda del cadáver de algún difunto que llevarse a la boca, salió petróleo y hasta hoy. Nosotros como Imperio, tuvimos un percance parecido con el oro y la plata, pero antes nos vimos obligados a estafar, someter o exterminar -por ese orden según la resistencia encontrada- a unos cuantos millones de indios. Por esta razón, nosotros teníamos la posesión de la pelota. Pero como en el caso de España, que no llegaba con claridad ni por casualidad y que empezaba a apreciar ese olorcillo a gol árabe en un contraataque. Con Luís cruzando los dedos para que así fuera y quedásemos segunda de grupo, con toda España con una ilusión, un sólo sueño, en concreto, una misma ensoñación producida por la siesta inducida por el sopor y las temperaturas que tenemos, que válgame, surgió lo inesperado. La chispa de improvisación española. En semejante mar de zánganos, maleantes y personas de mal vivir, tan sólo se encontraban como pez en el agua los jugadores de una subétnia concreta, como no podría ser de otra forma, los andaluces. Así fue como se fraguó una Guadalquivir Conection entre Reyes, gitano sevillano escolarizado hasta los ocho años, y Juanito, gaditano sin más aditivos ni falta que hace. Sólo dos jugadores de esta naturaleza podían “sacar petróleo” (ría, ría, nosotros como ve también sabemos narrar al nivel de Andrés Montes) en un ambiente general de desidia, pasotismo, ineficacia, desvinculación y desorden total. Pero por una razón, porque gracias a su idiosincrasia podían leer el partido mejor que nadie, y gracias a que el uno trabaja en Inglaterra bajo el látigo de Wenger y el otro se ha pasado el año cobrando por partido jugado. De no ser por esto último, como sus compañeros, habrían estado buscando una sombra en el terreno de juego en la que descansar un poquito -ozú, madre

Sí, gol. Gol de Juanito a pase de Reyes. España primera de grupo. Maldita sea la gracia. Todo lo que pasó después fue algo así como un “Mágico Futebol da Ipurua (Eibar)” sobre el que no gastaremos adjetivos porque puede que haya críos delante y fue porno, porno duro del que da escalofríos. Por no hablar de ese portero en pantalón largo que, ahora más que nunca, que estamos en Alemania, el árbitro del partido le debería haber obligado a arrodillarse para ajusticiarle con la Luger en el momento y en el sitio En fin, tomamos el camino más tortuoso y empinado hacia la cima del Everest. LPD confía ciegamente en la selección. Nos sabemos mejores y Dios nos preferirá a nosotros, digo yo, que todavía le tenemos metido en la cocina en más de la mitad de los hogares españoles: ¡Vivan las Comunidades Autónomas federadas para destruir España! ¡Viva la raza! Álvaro (LPD) 19/06/06: ESPAÑA DESDE EL BUNKER II: El santo advenimiento Los servicios de Inteligencia Militar de la Comunidad Autónoma de Murcia, finalmente designados en una tómbola del consejo Interregional de Defensa para asesorar y proteger a la expedición española en Alemania, bajo la dirección de Pío Moa, proporcionaron a Luís el informe con los datos necesarios a la hora de establecer una estrategia infalible contra Túnez. “González, hijo de Gonzalo -decía- Rodríguez, hijo de Rodrigo, luego Túnez, hijo del tuno” -concluía. Al oír esto, Luís Aragonés levantó un extremo de su labio superior como si estuvieran tirando de él por un hilito, dejando ver en todo su esplendor un hermoso colmillo por el que dijo, parece que por medio de un altavocillo interno: “¿Ein? ¿Un país de tunantes? A estos hay que extraerles la médula espinal de una dentellada accediendo por mitad de la espalda, para luego dejarla secar un par de horas y escribir en gualda “Recuerdito de los toritos bravos, olé,

olé” y mandárselas una por una en correo certificado a sus respectivas mamás”. Ya teníamos eso cuya ausencia nos echan en cara los puristas del fútbol: estilo definido. Por lo visto -seguía explicando el agente secreto hortofrutícola- cuando los Reyes Católicos arrasaron con toda la riqueza y mano de obra de España expulsando a judios y moriscos, para evitar una rebelión popular en nombre del sentido común, se vieron obligados a introducir en el Decreto Real un articulado de corte populista que la pleyade no pudiese rechazar: la expulsión de los tunos. Así pues, tras una diáspora, finalmente fueron a instalarse a su Israel, el único sitio donde, como a los judíos, se les aceptase tal y como eran: en mitad de la puta nada. Mas en este caso, a tenor de las connotaciones tan graves de la idiosincrasia tunera, estos fueron a un país mitad desierto, mitad montañas inaccesibles. Y años después, se convirtieron al Islam, seguramente por consejo del PSOE, que estudiaba su regreso como un arma más para destruir España. Pero Raúl, que por algo es más listo que el hambre, sabía que en ese informe había datos inexactos y la estrategia de Luís no era la buena. Sentía que la selección estaba muy crecida, así que se puso a malmeter durante toda la semana junto a sus coleguitas Salgado y Cañizares, generando ese ambientillo tan agradable de agria polémica y mal rollo, para que todos los aficionados españoles pudieran disfrutar de la inigualable sensación de ser del Real Madrid al menos por un día. Así se llegó al partido. Mismo once, mismos pares de huevos y, como es costumbre en esta casa, golazo en contra. Un sin dios defensivo que el morisco acierta a rematar por dos veces entre un mar de rojas chocándose entre sí. Pero no pasa nada, seguimos a lo nuestro, y como hoy no generamos muchas ocasiones, no nos queda otra que recurrir al viejo abrelatas que ya empleamos contra Ucrania, nuestra arma mortífera de

necesidad: el basko. Sacamos un córner sobre Xabi Alonso, éste inclina su cuerpo hacia delante hasta ponerlo en ángulo recto y remata con la parte superior del cráneo, la zona más dura del cuerpo. El balón sale como un cohete y el defensa tunecino bajo palos, como queriendo retar a Alonso, adopta una postura simétrica y también rechaza el remate con la parte superior de su cráneo. Se hace el silencio, no es que la gente crea que podría haber sido gol o no, es que es extraño que el tunecino siga de pie en el campo tan ancho. ¡Ah, no! –comprueba el respetable- a los dos segundos se desploma y lo sacan en camilla. El partido transcurre sin pena ni gloria para los nuestros. Sólo Puyol es capaz de recordar por dónde se viste un hombre al situar magistralmente su cuerpo en paralelo a la línea de tierra totalmente rígido y firme en la trayectoria que seguían la tibia y el peroné de un tunecino. Amarilla para él, gritos propios de mamíferos marinos en nuestros hogares. Empieza a llover a cántaros y el chubasco nos deja otra imagen eterna para la historia de los Mundiales. Si en la Eurocopa de Bélgica fue Camacho luciendo una profusa sudoración axilar, la otra cara de la moneda nos la ha dado Luís Aragonés. Todo el mundo con chubasqueros, protegiéndose de la lluvia y él, en manga corta, calado por completo, en plan “la neumonía me la suda”, con su característico gesto, como si le hubieran obligado a contemplar al estilo de la Naranja Mecánica un banquete de exquisitos y refinados coprófagos. Apartándonos cuidadosamente de la España laica de progreso, cambiamos de canal “a ver si da más suerte”. Es la Sexta. El narrador principal es Pedro Reyes, seguro, aunque le llaman Montes o no sé qué en alguna gracia que se traerán entre ellos. A su lado Julio Salinas hace la ola en un bucle infinito voceando “oooh, oooh” y distinguimos también a un joven eunuco. La retransmisión

recuerda a un viejo programa de Antena 3, “Furor”, pero presumiblemente sin cocaína de por medio, lo que hace que la cosa sea aún más grave. Pero es una voz femenina que complementa a esta panda, la que nos golpea con el vértice de un ladrillo en la parte frontal de la encía: España tiene a Túnez “entre” las cuerdas –dice. Sí, “entre” las cuerdas del tendedero roñoso de barriada en cuyo contenedor de basura te acunaron por primera vez tus padres antes de darse a la fuga. Cambiamos de canal y pasamos de las supersticiones, que pierda España, pero que no nos insulten. Y llega el momento, la estrategia de Raúl. A los jugadores españoles ya se les han bajado los humos. Tienen el ego por los suelos. Van a perder como siempre. Juegan con los ojos vitriólicos pensando en la prensa del día siguiente. Pero… llega Raúl. LPD, que vio el partido en La Zarzuela, como es costumbre de toda la vida, tras dos días de seguidos de convite, en un momento en que Su Majestad se encontraba un poco mareadito, tuvimos que ponernos a los mandos de la Nación durante unas horas en las que Él conducía el “bus de porcelana” –la taza del váter, como es sabido popularmente- porque algo le había sentado mal. De modo que tuvimos acceso a los informes privados de la Corona sobre el Mundial, del que citamos aquí un extracto puesto que la ocasión lo requiere: el referente a la salida al campo de Raúl González Blanco: Relazión de los fechos y fazañas de los Cavalleros de Cristo en la muy famosa y grande batalla de Estugarda Por la presente misiva téngome el privilegio de relatar a Su Magestad Imperial don Juan Carlos I de las Comvnidades Avtonomas de España, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Nápoles y las Dos Sicilias, la muy grata notizia de la gran victoria de las armas cristianas y los verdaderos fechos que acontecieron en tan valeroso lance, a mayor gloria del Altísimo e de los

reynos de Su Magestad por los siglos de los siglos. Sorprendida la Armada de Su Magestad Imperial en traición mahometana, hallábase el campo español en apurado trance desde el inicio, pues los piratas agarenos de Tunicia, merced a deshonrosas artimañas propias de los infieles fijos de Mahoma, así arda por muxos años en el infierno, cobraran ventaja tal que por más esfuerços e travajos de los arrojados soldados de Cristo, comandados por el Sargento Mayor Francisco de Fábregas, todos tornábanse infructuosos y baldíos, cundiendo el desánimo en las filas cristianas. Pues a cada disparo que fazía aqueste Sargento contra el real moro, contestavan aquellos repeliendólo, merced a los ofizios de su capitán, un gigantesco moro que portava una chilaba verde de brillantes colores y que profería el hideputa terribles gritos en su bárbara lengua, el diavlo lo lleve al Tártaro, que gran espanto causavan en las tropas cristianas. Mas en estas cuitas andava el exército español, en trance de perderse, quando merced a nuestras oraziones, el Altísimo apiadóse de los buenos cristianos, e al punto cubrióse el campo de batalla de gruesas y negras nubes de tormenta. Tremendos rayos y centellas azotaron presto las naos de los suzios corsarios del emir de Tunicia, zozobrando al momento, e abriéndose un claro entre destas, aparecióse ante el capitán mahometano la vera faz del Nuestro Señor Jesucristo, a lo que éste, cayendo de hinojos, comenzare a llorar cual mujerzuela de arrabal, suplicando merced e abjurando de la falsa fe de los ismaelitas. Mas es sabido que el moro es de natural traidor y tornadizo, e que piedad dellos non ha de tenerse, e ya envió el Altísimo desde el Cielo al campeón de los cavalleros cristianos, don Raúl González Matamoros, que reluzía en las alturas cavalgando gallardo un Blanco corcel. E deszendió espada flamígera en mano, dando tan duramente contra los moros, que emprendieron penosa fuga entre aullidos de terror. El capitán tunecino viéndolo, arrojó el cuero lo más lejos que sus braços pudieren, e

ansí redoblara sus lágrimas y súplicas ante tan Sagrada visión, pues en su miseria supo al instante del resplandeziente poder del Verbo Verdadero. E acontezió que en llegándose donde aqueste covarde se hallava, el bizarro capitán González, Hércules de las Españas, girare su tobillo como cantavan las crónicas que fazían los héroes de la Antigüedad, e presto descargó su famosa estocada que dízese del Aguanís, mientras zafábase del abraço de la aguerrida defensa tunecina, quevrando las piernas de aquesta en el trance, al tiempo que fazía el disparo que llaman los getafenses de las Mesetas “a la palanca”. E con tan grande y esforçada fazaña en un instante, alojó el cuero en lo más profundo de la red del Real moro, que non tuvieren aquestos tiempo ni de verlo, derrotando al capitán de la verde chilaba y su apestosa hueste. Pues al punto nuestras tropas se arrojaron con nuevos bríos a la persecuzión de tan covardes filibusteros, desfaziendo su flota e capturando todas sus presas, para gran gloria e infinita dixa de los buenos cristianos de los reynos de las Españas. Ansí e non de otra manera, fue como las tropas del Maestre de Campo Don Aragonés, Marqués de Zapatones, cobraron dezisiva victoria la jornada de Estugarda, la qual se recordará sin duda en los venideros siglos. Su Ilustrísima, el Obispo de Talavera, a Diez y Nueve de Junio de Dos Mil y Sei. Sólo un detalle olvida Su Ilustrísima. Raúl, cuando el portero rompe a llorar y grita ¡soy una mierda! ¡soy una mierda! ¡toma rechace para el centro! y el ariete madrileño ejecuta el aguanís, la palanca y la folha seca al tiempo que le pisa la pierna con los tacos al defensor, estaba siendo marcado por un tunecino de nombre “Travesti”. Que nosotros no decimos nada, pero que son cosas que se tienen que saber.

Raúl lo ha conseguido, ha templado el ego de toda la plantilla y por el camino nos da la victoria. Es el más listo de la clase. Lo que viene después es una orgía con Torres marcando un gran gol, siendo trabado de nuevo, como en Ucrania, por sus propias piernas tras una dilatación súbita del recto cuando un tunecino remolón le acaricia suavemente con el dedo el lóbulo de la oreja, convirtiendo el penalty posterior, y añadiendo, por último, un par de fallos clamorosos para ir ensayando ese disparo que está a puntito a puntito de entrar en el minuto 93 de los cuartos de final. Ya tenemos dos muescas en nuestra pica. El secesionista eslavo y ahora el pirata bereber, proximamente, en La Última Cruzada, a por Arabia. Álvaro (LPD) & la colaboración especial de Álex 15/06/06: ESPAÑA DESDE EL BUNKER I: ¡Que nos den la copa ya! Mientras la ETA aguarda a conocer los resultados de las elecciones a la presidencia del Real Madrid a fin de establecer otra mesa más de negociación, los organismos internacionales al uso han tenido a bien establecer una serie de fechas estratégicas de partidos de La Furia para contener el gasto español durante determinadas horas puntuales y que la burbuja inmobiliaria no arrastre a todas las bolsas occidentales desencadenando las mayor crisis mundial desde el Crack del 29. Los jugadores españoles, ante tamaña responsabilidad, se jugaban algo más que un hipotético contrato blindado y archimillonario: estaban en juego desde las inversiones de la industria norteamericana hasta las hipotecas del pueblo lapón. Ucrania es una nación joven, por lo tanto turbia a nuestros ojos, puesto que el mínimo perímetro español ya fue delimitado por el pueblo vasco antes de que los subpeces,

orillados y marginados por escualos centralistas, se dotasen de patas para caminar por la superficie que iban abandonado los glaciares. Además, España tiene su enseña espiritual, rojigualda, contraste del color rojo de la sangre frente a gualda de la crisis hepática a la que estamos abocados por nuestra constante ingesta de espirituosos de la misa al carnaval, de la soledad a la empatía. Y ellos, sin embargo, sólo pueden lucir como trapo una humilde foto paisajística: hectáreas de cereal con el cielo despejado. Nosotros somos cáncer, ellos un prurito en la piel. Para más insulto, los ucranios conforman una especie de Cataluña. Una horda separatista de esa grande y gloriosa nación que les ha exterminado, explotado y matado de hambre: Rusia. No obstante, basta comprobar el trato que recibió Jruschev, líder monigote de transición en la URSS, por sus correligionarios rusos de pura cepa, que le tenían por menos que todo un Carrero Blanco a un Paco Martínez Soria. De tal modo que el único vigor ucranio que ha trascendido en el mundo entero fue la célebre frase de Jruschev al ser purgado de mala manera: “la mierda flota” –¿cómo va a competir esta porquería de frase con todo un “programa, programa, programa”, que viene a ser lo mismo pero en psicópata?. Ante esta ralea de desarrapados, España sólo podía castigar. Romperles las piernas, escupirles en las heridas y mearse en las gangrenas subsiguientes. A Dios gracias, cumplimos. Luis Aragonés pisa suelo alemán, una bella tirolesa le ofrece un ramo de flores, él rehusa, y por el colmillo, dice ladrando: no me des esta mierda que a mí no me cabe por el culo ni el bigote de una gamba. España está presente. Al menos, Kupra, Elektra y Al Qaeda así lo sienten y, en acción coordinada, nos ponen enfrente a una selección vestida de amarillo. Luis se hunde, pero está Polancone, que tiene a Dios –Diego Armando Maradona Franco- comentando el encuentro del lado de La Roja. Gott mit uns, que ponía en los cinturones de la

Wehrmacht; con eso basta para ganar en los Lander aunque haya sido previo pago de unas cifras, pero todos los semitas sabemos que nuestros demiurgos no hacen nada gratis. En ese ambiente de nacionalsocialismo latente, sólo un jugador de la selección podría abrir el marcador: el vasco, a su rollo, con la nuca. Pero no queriendo ser menos, Villa, adiestrado en campos de tierra, lanza una falta que, con los balones “Mikasa” propios de ese tipo de terreno, hubiera ocasionado una lesión cervical crónica al jugador ucranio en cuya jeta fue a impactar el balón, mas como en este Mundial se juega con un esférico metrosexual concebido por diseñadores posmodernos en technoantros del Berlín Occidental, la bola rebota en la cabeza del rival y se cuela dentro de forma contundente. España dos; Ucrania cero. La televisión enfoca a los principitos. España protesta ¿Dónde está Juancar? Nuestro monarca, pese a no tener en la mano una copa con brandy de Jeréz del torito bravo, siempre mantiene cierto ademán como si la tuviera. Nos gusta, nos alegra. El príncipe lo que tiene es cara de sota. No nos vale. Si el heredero quiere alcanzar las cotas campechanas de su padre, que al menos lo saquen mientras la asturiana le fela en el palco parapetándose en su españolísimo abanico. Si no, preferimos ver a Beckenbauer y la escoba de esparto que lo acompaña. De pronto, cual Moisés, Luis abre los mares y mete en el terreno de juego a Raúl y a Albelda. El uno monopoliza por completo la figura del que está a puntito a puntito de tocarla decentemente cada vez que se le acerca la pelota, y el otro se erige como el único y todopoderoso mechitas en todo el terreno de juego: Torres queda libre de ambas pesadas cargas. Pero le da tiempo a dejar un último destello en estas labores. Se queda solo. El defensa ucranio le toca el pompis, el atlético se pone contento y se le traban las piernas a consecuencia de una dilatación

súbita del recto. El árbitro entiende que eso, con efecto en cadena o sin él, no es otra cosa que un derribo. Villa la enchufa, el portero se lanza de maravilla, pero en ese golpeo, como un solo pico, estaban todos los mineros de España: para dentro, por pelotas. España tres; Ucrania cero. En semejante clima de victoria, España se gusta. Tanto que pierde las formas y vuelve a sus esencias naturales. Un pony vuela por los aires con las herraduras por delante, el defensa ucranio, acongojado, no acierta a despejar y un negro enchufa un gol de toma pan y moja. El colegiado lo anula. Pita pu-pú, el central se había hecho pu-pú. Por lo visto, una de las novedades de este Mundial, dentro de la idiosincrasia alemana, es que los goles han de estar ejecutados por lo que en tierras de Parsifal entienden por “raza humana”. No pasa nada. Como decíamos, Torres está mucho más suelto desprovisto de la responsabilidad de joderlo todo como un puto maricón. El chico se siente a gusto y da la casualidad de que entra en juego Puyol. El defensa catalán acepta la Unión de Armas del Conde-duque de Olivares y quiere participar en la victoria, pero con su hecho diferencial, faltaría más, de forma revoltosa, extravagante y retorcida. Así consigue ponerle el balón a Torres privándole además del monopolio de los movimientos más antiestéticos y descoordinados de la Iberia conocida. Todos juegan para Torres, es clamoroso. Y el Niño no defrauda, sin ataduras, remata como el tornero fresador que lleva dentro y por fin ha salido a flote. Ya era hora. España cuatro; Ucrania cero. El Reino de España ha demostrado con creces ser la mejor selección del torneo. De no haber una conspiración internacional judeomasónica, todas las naciones decidirían por decreto otorgar ya mismo el trofeo a España y cancelar el resto de encuentros, accesorios de todo punto. Pero no pasa nada, tenemos al Amadís de Gaula,

tenemos a Luis Aragonés, esto es un clamor: ¡España! ¡España! ¡RA, RA, RA! Álvaro (LPD)

EPISODIOS NACIONALES – 1. TRAFALGAR
Zidanes y Pavones
Hoy en día ya sabemos en qué concluye la política de “Zidanes y Pavones” para conseguir el triplete y reinar en Europa: en cerete. Algo parecido le ocurrió a España en 1805 cuando, de la mano del galáctico Napoleón, se enfrentó a Inglaterra y no sólo palmamos, sino que fuimos puta y pagamos la cama. Esto es, Zidane no sólo no nos dio la gloria que costó su fichaje, sino que en un hábil golpe de mano digno de un trilero experimentado, se terminó quedando con el Bernabeu para montar pues lo único que puede montar un francés allende de sus fronteras: una casa de putas. Pero no adelantemos acontecimientos, que esto ya es meterse en otros Episodios. El que nos ocupa es Trafalgar, el primero de la colección. En él se nos presenta a Gabriel, personaje inspirado en el testimonio sobre la batalla que le dio a Galdós un superviviente de la misma durante el tiempo que éste vivió en Santander. Gabrielito pasa su infancia en el prototipo de familia española de todos los tiempos: una mujer catolicísima que recibe palizas con resignación, aunque en este caso se las da su hermano alcohólico –qué casualidad- que también zumba de vez en cuando al chaval. Cuando la madre muere, el chico se escapa del domésticamente violento tío y es adoptado por un matrimonio en el que el cabeza de familia es un veterano militar. El inicio de la historia transcurre en lo que fueron los preparativos de la batalla. Los hombres envalentonados presumen de hazañas pasadas y se calientan la cabeza con la paliza que le van a dar a los ingleses, mientras las

mujeres, más realistas y pragmáticas, señalan la intrascendencia del conflicto para lo que es su vida real. Nada que no suceda en cualquier hogar español un miércoles de Champions League. El tema es que aquí los hombres en lugar de ver el espectáculo desde su salón, participan en él poniendo su vida en juego. Vemos aquí la prueba de que España en estos tiempos era un lugar de progreso e ideas avanzadas como ya señalábamos en la biografía del autor. Si actualmente miles de insumisos y objetores de conciencia han logrado acabar con el servicio militar obligatorio de forma que hoy nuestro ejército profesional resultante está formado en su mayoría por gallegos, andaluces y extremeños, es decir, las regiones más pobres de España, ya en 1805 teníamos un pensamiento igual de vanguardista y al ejército también iban los más desfavorecidos que no tenían dónde caerse muertos. Cosa que no hacían los carcas ingleses, que obligaban a que cada región de su país aportara un número determinado de soldados para defender los intereses del conjunto de la nación. Galdós presenta una España agotada. A la guerra van oficiales mutilados por tres partes henchidos de orgullo y paja mental. Una situación de riqueza intelectual en el mundo de la política que, de nuevo, no se ha vuelto a ver en este sabio país hasta que José María Aznar empezó a mandar barcos de guerra a Guinea para apoyar golpes de Estado con la intención de afanar petróleo a los ricos que subyugan al mundo, o como cuando se unió al Trío de las Azores con los mismo fines: petróleo para los pobres. Los españoles por aquel entonces teníamos la flota un tanto perjudicada, pero se había recuperado de los últimos vaivenes que nos habían dado los nuevos ricos del momento en diversas batallas alrededor del mundo. No obstante, teníamos a cracks mediáticos como Churruca, cuyos mapas navales se vendían como churros en el resto

de Europa. Pero su sabiduría no fue tenida en cuenta. El Florentino del momento, Godoy, puso todos los recursos en manos de los franceses y de ellos fue la idea de afrontar la batalla saliendo al ataque, en lugar de montar un catenaccio en la Bahía de Cádiz contra el que se hubiera estrellado Nelson, el delantero centro de Inglaterra, logrando al menos un empate en casa por nuestra parte que, cuando menos, no hubiera sido tan chungo como lo que nos deparó el destino. Según cuenta Don Benito, la escuadra franco-española estaba bajo las órdenes del Almirante Pier Charles Villneuve, que frente a los ingleses sólo había cosechado un 0-0 en las Antillas y un 0-2 en Finisterre. Ésta era su baza. Preparó una alineación ofensiva con la que los españoles nos arrojamos a muerte a por la victoria hasta que él mismo mando a freír gárgaras la estrategia con un viraje amarrategui a las primeras de cambio que rompió nuestras líneas y propició la goleada inglesa. Estos datos –suponemos- deben tener la misma veracidad que las culpas que los españoles le echamos de todos nuestros males a las conspiraciones judeomasónicas y similares. El caso es que, por una razón o por otra, palmamos como Dios está mandado. Nuestros cracks mediáticos se lesionaron de muerte y nuestro equipo no dio pie con bolo hasta que se consumó la desgracia y bajamos a tercera regional en la tristemente célebre promoción de 1898. Gabriel asiste a este desastre en primera persona haciéndonos partícipes de la tragedia a través de su visión inocente e infantil del conflicto. Sin embargo, el chico razona y evoluciona, como hizo nuestro país tras este desastre y los que vinieron inmediatamente después. Y en su testimonio destaca el arrebato de lucidez con el que simbólicamente España trató de zafarse de su pasado y mirar un poco hacia delante. Reacción que es patente en estas brillantes líneas:

Por primera vez entonces percibí con completa claridad la idea de la patria, y mi corazón respondió a ella con espontáneos sentimientos, nuevos hasta aquel momento en mi alma. Hasta entonces la patria se me representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el Rey y su célebre Ministro, a quienes no consideraba con igual respeto. Como yo no sabía más historia que la que aprendí en la Caleta, para mí era de ley que debía uno entusiasmarse al oír que los españoles habían matado muchos moros primero, y gran pacotilla de ingleses y franceses después. Me representaba, pues, a mi país como muy valiente; pero el valor que yo concebía era tan parecido a la barbarie como un huevo a otro huevo. Con tales pensamientos, el patriotismo no era para mí más que el orgullo de pertenecer a aquella casta de matadores de moros. Pero en el momento que precedió al combate, comprendí todo lo que aquella divina palabra significaba, y la idea de nacionalidad se abrió paso en mi espíritu, iluminándolo y descubriendo infinitas maravillas, como el sol que disipa la noche, y saca de la obscuridad un hermoso paisaje. Me representé a mi país como una inmensa tierra poblada de gentes, todos fraternalmente unidos; me representé la sociedad dividida en familias, en las cuales había esposas que mantener, hijos que educar, hacienda que conservar, honra que defender; me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera, y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos barcos para defender la patria, es decir, el terreno en que ponían sus plantas, el surco regado con su sudor, la casa donde vivían sus ancianos padres, el huerto donde jugaban sus hijos, la colonia descubierta y conquistada por sus ascendientes, el puerto donde amarraban su embarcación fatigada del largo viaje; el almacén donde depositaban sus riquezas; la iglesia, sarcófago de sus mayores, habitáculo de sus santos y arca de sus creencias; la plaza, recinto de sus alegres pasatiempos; el hogar doméstico, cuyos antiguos

muebles, transmitidos de generación en generación, parecen el símbolo de la perpetuidad de las naciones; la cocina, en cuyas paredes ahumadas parece que no se extingue nunca el eco de los cuentos con que las abuelas amansan la travesura e inquietud de los nietos; la calle, donde se ven desfilar caras amigas; el campo, el mar, el cielo; todo cuanto desde el nacer se asocia a nuestra existencia, desde el pesebre de un animal querido hasta el trono de reyes patriarcales; todos los objetos en que vive prolongándose nuestra alma, como si el propio cuerpo no le bastara. Hoy en día que la patria se reduce a “hacer país con el FC Barcelona” como señala Laporta, o a contemplar el exagerado ademán del que tira del carro ante los símbolos nacionales, no está demás reflexionar un poco sobre la conclusión que extrae el autor de esta terrible tragedia.

EPISODIOS NACIONALES – 2. LA CORTE DE CARLOS IV
El poder del chocho
El segundo Episodio Nacional no es moco de pavo. Transcurre a un ritmo tan frenético y presenta unas situaciones tan disparatadas que, inequívocamente, sólo puede acontecer en un marco concreto: el de la farándula. Gabriel abandona Cádiz para venir a Madrid y se une a una cuadrilla de actores de teatro como mozo de los recados. Entre que lleva mensajes, hace de confidente o escucha detrás de las esquinas por casualidad, el chico se ve envuelto en una espiral de puñaladas traperas, infidelidades y bajas pasiones que terminan con él en el centro neurálgico de toda degradación humana en España: La Corte. Las sensaciones que transmite la obra se podrían sintetizar de la siguiente manera. Digamos que está usted jugando al pinball en un Salón Recreativo, pero por el rabillo del ojo ve que fuera hay un grupo de gitanos esperándole entre los que se encuentra José el Francés, que siempre le anda buscando para quitarle los veinte duros que su madre le da para un bocadillo y usted se gasta en el pinball, los billares y cigarrillos sueltos. Intuye que le espera un mal trago, pero tampoco va a abandonar la partida de pinball, con sus luces, sus emociones y la fascinación que ejerce sobre el ser humano tamaño artilugio lúdico. En la novela, Gabriel sería la bola, que va de flipper a flipper encendiendo todas las luces rebotando frenéticamente contra lo que sería el influjo vaginal de las cortesanas. Así que está usted a cien, la adrenalina a

tope, sus dedos no paran de golpear los botones cuando le queda poco para el millón y, de pronto, ¡glubs! Se le cuela la bola. Se apagan las luces, se bajan los flippers y ahí se queda usted: con cinco duros menos, de bajón por la derrota y con un grupo matones de la etnia calé esperándole fuera golpeando al unísono la palma de la mano con sus puños castigadores La historia es fiel reflejo de cómo es el mundillo del famoseo. Burbujeante como el champagne, pero que rápidamente se queda en nada. Esto es, fastuosas damas deslumbrantes y elegantes ministros poderosos, que al final no son más que alcahuetas de tres al cuarto y mataos con incontinencia sexual, que por descuidar sus labores dejan que el país caiga fácilmente en manos de un invasor extranjero. El tema que destaca enseguida es algo que la Literatura española ha tratado cientos de miles de veces: la apariencia, la presunción, el querer ser más que los demás, el estar por encima de tus posibilidades. De estar el tema tan machacado lo mismo Usted se cree que lo de la apariencia en España es cosa del pasado, pero pregúntese por qué cuando Usted hace turismo no sale de la provincia con sandalias y calcetines beige como los despreocupados turistas anglos y sajones, también conocidos en otra era como bárbaros, que visitan nuestra costa. La apariencia en tierras íberas sigue siendo una cuestión de caché. El fragmento que vamos a destacar se encuentra al final del libro. Un actor se da cuenta en escena de que su amante, la actriz que tiene enfrente, se la está pegando. El hombre deja de actuar para intentar matarla, pero el público no se da cuenta y cree que está asistiendo a la mejor representación teatral de la historia de la dramaturgia. Vamos, exactamente lo mismo que ha sido el programa de televisión líder de audiencia durante el último lustro: Crónicas Marcianas. No haremos aquí leña del árbol caído, pero sí vamos a citar las palabras que Galdós pone en boca de Leandro Fernández de Moratín cuando

trata de desengañar al público presente que estaba completamente fascinado por lo que acababa de ver: “Pues lejos de ser el camino de la perfección artística -dijo Moratín-, lleva derecho a la corrupción del gusto, y extinguirá en las ficciones el decoro y la gracia, para confundirlas con la repugnante realidad.” Chúpate ésa, Sardá.

EPISODIOS NACIONALES
El autor: “Ven y toca”
Benito Pérez Galdós nació en Gran Canaria. Hijo de militar, era un chico reservado y tímido que pasaba las horas dibujando y leyendo hasta que un día “la llegada de una prima a Las Palmas le trastornó emocionalmente”. Es decir, que de pronto se debieron dar cuenta sus padres de que no le conocían muy bien porque cogió a la prima y le empujó salvajemente la caca hasta la vesícula con su apéndice fálico, de modo que lo tuvieron que enviar a Madrid para sortear tamaño escándalo y seguir siendo gente “decente”. Como todos los paletos que llegan a Madrid, se tiñó el pelo y se puso unos piercing -y demás parafernalia que en su pueblo equivalía a una buena ración de pedradas por parte de los paletos con aún más raigambre- adoptando la tendencia del momento en la capital, que por ley natural siempre ha sido, es y será la que lleva unos cuantos años pasada de moda en Londres; en este caso, se trataba del krausismo. En la que le introdujo su koleg@ Giner de los Ríos. Del mismo modo que en la Barcelona de los ochenta, ciudad portuaria con importantes barrios obreros desarraigados azotados por la droga, fue arrojado Diego Armando Maradona como una bomba de neutrones, Galdós cae en el Madrid de su “Fortunata y Jacinta” y se convierte en un putero de padre y muy señor mío. En esos primeros años ya se descubre como una persona inteligente con una visión muy aguda de lo que le rodea, pues en poco tiempo pasa de pagar dinero por servicios sexuales a premiar con máquinas de coser a sus queridas para que puedan ganarse la vida y no darle la chapa. Con esta mentalidad tan aviesa se pregunta: ¿a qué me podría dedicar yo profesionalmente? Y sin dudarlo ni un instante

se hace periodista. Como al hombre se le da bien juntar letras, pasa al siguiente escalón profesional y se convierte en escritor de éxito. Logra amasar una gran fortuna que tira por el WC, pues nunca fue mirado con el dinero y lo iba regalando por los bares. Sin embargo, como literato, abraza el naturalismo con maestría absoluta describiendo los problemas y la realidad de su época como pocos contemporáneos lograron hacerlo. Talento que, sumado a lo prolífico de su persona, lo aúpan hasta unos niveles literarios que, de haber sido tan sólo un poquito más ingenioso y perspicaz, se le podría llegar a comparar hasta con un César Vidal. Uno de los amores más importantes de su vida fue Emilia Pardo Bazán. Mujer de enormes dotes literarias, muy adelantada a su tiempo y con una visión revolucionaria del devenir humano y las costumbres de la época, o sea que, en definitiva, era ninfómana. Doña Emilia le hizo mucha gracia a Don Benito, pero tenía un serio problema: era más fea que la gangrena. Por lo que ella se enamora perdidamente de él, pero como suele pasar, él no de ella. A Galdós la que le ponía es una tal Teodosia Gandarias con la que se escribe más de doscientas cartas y que, conociéndole, tenía que estar como un queso. Cuando ya está perfectamente consolidado, a Don Benito no paran de darle disgustos. Primero tiene que ver cómo le dan el Nobel a Echegaray, una especie de Antonio Gala que… bueno, también el Atlético de Madrid tiene una Copa Intercontinental; luego Leopoldo Alas “Clarín” le pone a vivir día sí día también con sus reseñas en El Imparcial, que sería del Grupo Prisa y Galdós no publicaba en Alfaguara; y finalmente la pujante generación del 98 ni le reivindica ni le toma como referente ni nada, más bien, todo lo contrario, se dedican a hacer escarnio de su figura para quitarle de en medio. Aunque, claro, hay que entender que a un tipo como

Unamuno, que escribe una obra como San Manuel Bueno Mártir con un lenguaje ágil e incisivo mas un ritmo tan trepidante que te la lees en un trayecto de metro, los cuarenta y seis tomos de los Episodios Nacionales le debían parecer lo mismo que un óctuple directo de Pink Floyd y Yes con la filarmónica de Praga a Joe Strummer, el difunto cantante de los Clash. Para más inri, Valle Inclán, en sus Luces de Bohemia, pone en boca de su protagonista, Max Estrella, una hiriente burla a Galdós, al que denomina “Benito el Garbancero”. Y claro, en un país como éste se queda con el mote. Suponemos que ante tal adversidad, el odio, la inquina y el resentimiento hicieron mella en su persona y sin plena posesión de sus facultades mentales abraza el socialismo. Cómo se iba a entender si no que un hombre que si de algo hizo gala en su vida y obra es de un profundo conocimiento de la realidad española, comulgue con el socialismo y la república siendo la España del XIX un país paradigma del progreso en todos los campos donde florecían ideologías vanguardistas, como el carlismo, que Occidente ha tardado más de cien años en desarrollar bajo la denominación de “Antiglobalización”. Metido a rojo, Don Benito comienza a preparar junto a Pablo Iglesias la Guerra Civil para destruir España en acciones coordinadas de la Kale Borroka quemando iglesias y células comunistas dirigidas por asturianos locos desencandenando genocidios por doquier. Pero esta conspiración no pasa en balde ante los ojos de Dios Nuestro Señor, que en cuanto se entera, le castiga dejándole ciego. En los últimos años de su vida, el pueblo de Madrid le rinde homenaje erigiendo una estatua por suscripción pública en el Parque del Retiro. Las crónicas de la época señalan que Galdós, anciano y completamente invidente, se aupó tembloroso hasta el plinto para poder palpar con las manos su rostro egregio y romper a llorar, momento de

gran emoción para los presentes, pero seguro que extremamente aciago para el escritor. Porque que a un hombre tan narcisista y mujeriego le inmortalicen todo viejecito sentado con una mantita en las piernas no le tuvo que hacer ninguna gracia. Cuando muere en 1920, tiene un entierro a la española. Todo el pueblo de Madrid, en especial los más humildes, salen a la calle en señal de duelo. Se va el escritor más importante de nuestra Historia junto a Cervantes y, por eso, por su importancia, se le entierra en una tumba miserable y escondida. De hecho, aún hoy, si alguien quiere visitarla en el Cementerio de la Almudena, que lleve víveres y un par de arqueólogos de las pirámides egipcias porque no hay dios que la encuentre. Sin embargo, en la era contemporánea se le rinde el más grande de los homenajes, se plasma su cara en los billetes de mil pelas. Los papeles verdes, esa unidad de cambio equivalente a tres gramos de hachís, con lo que pasa a ser conocido por toda ciudadanía como “el tío bigotes del talego”, en lo que ha sido una de las campañas de divulgación literaria más eficientes de nuestros gobernantes.

Guía de la Liga 06/07: Todo lo que hay que saber para berrear bien desde la grada
“La de Berlín ha sido una victoria de nuestra identidad, donde un equipo que ha alineado lombardos, calabreses, napolitanos y vénetos, ha vencido a una formación que ha perdido, sacrificando por el resultado, su propia identidad, al alinear negros, musulmanes y comunistas”. Roberto Calderoli, vicepresidente del Senado de Italia. La Liga llega, o ha llegado mejor dicho, después de uno de los mundiales más roñosos que se recuerdan. Lo único que quedará en nuestra memoria será un penalti lanzado a lo Panenka por un mocoso ucraniano, que si lo llega a tirar vestido de rojo con la hoz y el martillo en la pechera en lugar de ataviado como el fruiti bananero, se pone el Atlántico Norte en Def Con Cuatro. Y, por supuesto, el cabezazo de Zidane a Materazzi. Mucho se ha hablado de qué le dijo el italiano al astro francés. Unos especulan con que si llamó guarra, perra y putón a su hermana. Mentira. Sólo LPD sabe lo que le dijo. Nuestro contacto en las altas esferas futbolísticas (la hermana de Zidane) nos ha contado en exclusiva que lo que le llamó fue “francés”. A lo que Zidane respondió ¿qué me estás llamando? Y Materazzi insistió: que eres un francés. Con el desenlace final por todos conocido. Y bastante poco que le hizo dada la gravedad del improperio. España mientras tanto paseó su particular esquizofrenia como es costumbre en esta casa. Los más viejos del lugar ya ni se ilusionan ni se apenan. Simplemente acuden, como los yonkis veteranos, a meterse su dosis con desgana. Más enganchados al pinchazo que a la heroína, para ver quién es el que se mete el autogol o le da el pase al delantero contrario y que se acabe ya la angustia cuanto antes mejor. Pero lo importante ahora es la Liga, que es el único ámbito donde el país de las diecisiete tribus es capaz de

asombrar al mundo entero en cuestiones balompédicas. Nuestro campeonato sólo adolece de prensa. Ahora con la llegada de Reyes al Madrid faltó menos de nada para que su primer gol fuese titulado como “Regalo de Reyes”. Ha habido suicidios por pura y dura pena que da leer eso. Deberían prohibir los nombres de los futbolistas para impedir que se hagan rimas de destrucción masiva. Que se les llame por el número de licencia. Aunque claro, tampoco tardaría la prensa en titular “cerocuatro hizo el cero cuatro”. Que hagan algo, por Dios. Son muchos los aficionados dispuestos a aprender el lenguaje de los sordosmudos ciegos con tal de no tener que pasar por estos tragos para informarse. Y sin más dilación, pasamos a analishar los ilushionantes proshestos de los veinte clubes que competirán por el sacrosanto Campeonato Nacional de Liga de Primera División. ASPIRANTES A TÓ

REAL MADRID: El equipo blanco tras lograr por primera vez en su historia la consecución de tres ceretes consecutivos, daba la impresión de llegar a esta temporada en plan nihilista, desganado, desmotivado, sin ilusión por repetir viejas gestas. Ya lo ha conseguido todo, hasta lo putico peor. Sin embargo, en un proceso electoral que avergonzaría hasta al cacique de Eritrea más tiznado, sin saber muy bien cómo, el Madrid se ha visto presidido por Ramón Calderón y Pedja Mijatovic, dos revolucionarios balompédicos.

Ramón Calderón, 56 años, licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra, dirige el bufete Calderón Abogados SA, aunque es más conocido por estar implicado en el caso de especulación urbanística

“Poltergeist 2″, por el que tuvo que escapar de Estados Unidos para eludir las leyes federales. En la campaña a la presidencia del Real Madrid, prometió traer a Cesc, Robben y Kaká, pero finalmente, tras alcanzar el cargo, no pudo abducirlos mientras veían la tele puesto que ninguno de los tres tenía su casa construida encima de un cementerio, tal y como le habían informado algunos intermediarios y comisionistas con la intención de intoxicar el entorno del club blanco. En esta situación, el Real Madrid tiene que partir con lo que hay, abandona su abulia, y se entrega a la mayor gesta de la historia del fútbol, ganar liga, copa y champiñons jugando con nueve, que pueden llegar a ser ocho, si finalmente Michel Salgado es titular en lugar de Cicinho. Aunque este reto, por muy épico que sea, aún queda lejos del que se propuso la gloriosa selección española, plantarse en cuatro mundiales, 86, 90, 94 y 98, sin portero. Eso es mucho hasta para el Madrid. Mas dado lo complejo de la faena, en los mentideros de la capital se rumorea que Ramón Calderón pretende desprenderse de Raúl González, imprescindible para jugar con diez, y sustituirlo por la estatua ecuestre de Francisco Franco, que ha quedado libre tras rescindir su contrato con el Academia Militar de Zaragoza. Se comenta que la estatua, si bien significa jugar con diez, puede que devuelva las paredes mejor que Raúl y, aunque esté en fuera de juego la mayor parte del partido, seguramente estorbe más que el capitán madridista, aunque no corra como él. Además, de cara a la promoción y derechos de imagen, la sección de marketing espera sacar mucho más beneficio del eslogan “para tirar del carro, mejor un burro y un caballo”. David Beckham, insustituible para jugar con nueve, seguirá fascinando con sus pases de cincuenta metros que dispara con el pie pero controla con telequinesis, que en el noventa por ciento de las ocasiones están a puntito a puntito de ser atrapados por el delantero, si éste no corriera de espaldas, acongojado, presa del pánico sin saber en qué momento el defensor de Osasuna le clavará la rodilla en las vértebras. Interesan para el mercado de invierno: Bertín Osborne, Count Lequio y el fantastico guardameta Paco Clavel.

FC BARCELONA: La quintaesencia del fútbol mundial, la depuración estilística, la belleza armónica que se hace uno con la improvisación y el talento innato, lo más tope de lo tope, el Barça, comienza el año con numerosos problemas. Atrás quedaron los tiempos en que Laporta quería fichar a Beckham, se lo birló Florentino Pérez y se tuvo que conformar con Ronaldiño, que no tenía sitio en el Madrid. El presidente barcelonista se desnudó en un aeropuerto ante la mirada de la Guardia Civil, entre la pena y la compasión cristiana, para dar gracias a la Virgen de Monserrat por la inabarcable suerte con la que le había agraciado. Pero ahora todo son problemas para el Barça, y gordos. En primer lugar, al igual que le ocurrió a Elvira Lindo en Barcelona, grupos de falangistas están acosando al ariete del Barcelona, Samuel Etoo, para que hable en cristiano. Pero eso no es nada que una sociedad abierta y cosmopolita como la catalana pueda extinguir, el problemón viene por otro lado. Como se ha sabido este verano, los partidos nacionalistas catalanes no quieren que los extranjeros no comunitarios, también conocidos como negros de mierda, puedan votar en las elecciones municipales pese a tributar como todo hijo de vecino y pagar con ello la pensión del avi y la àvia. Sin embargo, tras recibir la felicitación de Jean-Marie Le Pen y Gianfranco Fini, les dio un poco como de cosilla y cedieron para sugerir un examen de catalanidad. Samuel Etoo puede que tenga que estudiar y examinarse de cara a favorecer su integración. A mitad de temporada, tendría que sumergirse en los libros y pasar el difícil examen consistente en plantarse en el colegio electoral el día de las elecciones e introducir en la urna un voto a un partido nacionalista, entonces en ese momento, automáticamente, se le reconocería el derecho al sufragio. Y aunque tal vez Etoo pregunte para qué quiere derecho al voto después de haber votado y le contesten que no ha entendido nada, que no tiene ni idea de lo que significa ser catalán y que en las próximas elecciones tendrá que repetir el curso y volver a examinarse por el mismo procedimiento. Y aunque le digan adiós al grito de que se vaya a llamar cabrones a los madrileños que le trajeron de África, que les hace mucha gracia desde el punto de vista solidario y multicultural. Con todo, a pesar de todo ello, la realidad es

que entre pitos y flautas Etoo se perderá por lo menos diez partidos con toda la comedia. Entonces jugará su sustituto natural fichado este año, el islandés Gudjohnsen, lo que supondría la destrucción de Cataluña y, por extensión, de España porque sin Cataluña quién iba a trabajar por todos. Que sea titular Gudjohnsen es un peligro, puesto que es más que posible que su compatriota la cantante Björk venga a verle. Con ella en el palco, durante el descanso del partido, todos los presentes, absolutamente todos, hasta las mujeres, hasta las mascotas, todos, toda la plana mayor de la Generalitat y cuadros directivos del FC Barcelona contraerían la gonorrea. Cataluña descabezada. El rey sin espada, la tierra sin rey. Nadie defendería lo más importante y sagrado, la identidad, y se produciría la hecatombe apocalíptica del nacionalismo: que desaparezca la identidad, las tradiciones y el hecho diferencial milenario ¡y no pase nada!. El fin del siglo XIX, ahí es nada. Interesan para el mercado de invierno: Mahatma Ghandi, Martin Luther Kinh y el fantástico guardameta Rigoberta Menchú.

VALENCIA: El equipo entrenado por varias personas que se llaman Quique Sánchez Flores parece empeñado en descubrir nuevos valores, jugadores en clara proyección ascendente, como demuestran los fichajes de Morientes, Del Horno y Joaquín, tras probablemente no poderse haber hecho con Woodgate, Denilson y Craioveanu. La sociedad goleadora VillaMorientes promete mucho. El asturiano corre, regatea y sabe colocar el balón. El cacereño remata a puerta vacía que es un primor. El tándem, si a Villa no se le hinchan los cojones y un día de repente aparece Morientes con las piernas rotas tirado en un callejón, tiene buena pinta. Aunque la afición che debería saber una cosa: la leyenda. Hubo un tiempo muy lejano, cuando los mamuts campaban por La Meseta, que la tribu de los Morientes fue atacada por unos neardenthales enemigos. Al parecer, la agresión se llevó acabo empleando como cuchillos esternones humanos. Los neardenthales asesinaron a toda la tribu usando esas armas, menos a un pequeño troiglodita que se ocultó tras unos matorrales. Ese

muchacho, creció, se reprodujo y transmitió un odio africano genético a todos sus descendientes. Un resentimiento siberiano por los esternones. Por eso, actualmente, la afición valencianista está muy contenta con los goles de Morientes a puerta vacía, pero cuando empiece, jornada tras jornada, una y otra vez, a chutar con toda su alma contra los esternones de los porteros, por puro instinto heredado, el pobre, con lo que es Mestalla, esperemos que no le abran la cabeza a ladrillazos. Interesan para el mercado de invierno: Chendo, Alexanco y el fantástico guardameta Ricardo Zamora

SEVILLA FC: El supercampeón de Europa también afronta la temporada con muchos problemas. El primero y más importante, el contencioso que mantiene con la Junta de Andalucía. La gestión del club con las cuentas en orden, fichajes racionales apostando por los ojeadores en lugar de por los nombres, fe en la cantera y equilibrio salarial, en definitiva, excelencia en la gestión, es incompatible por lo visto con la realidad histórica que promueve Manuel Chaves, que le exige al club un descenso federativo por impago de deudas o algo que promocione la idiosincrasia tan característica del legado andalusí y atraiga el turismo, que como esto se extienda, los ciudadanos de Oslo no querrán venir a otro Oslo. Pero las intenciones del Sevilla van por otro lado. El año pasado el Madrid aflojó cincuenta millones de euros por un tío que ahora está en el Arsenal y un central que hasta ahora no ha podido más que cumplir, si bien es cierto que no es poco cuando se defiende junto a una línea de cabareteras. Este año, el club blanco pretendía intercambiar al que hasta hace unos meses era considerado como el mejor lateral derecho del mundo, Cipotinho, por Daniel Alves y pagar ocho millones de euros. Parece que el madridista abortó la operación no queriendo recalar en el Sevilla, pero la estrategia está clara, el Real Madrid quiere fichar al Sevilla como institución. Eso si Calderón no termina comiéndole el corazón a Del Nido en Nueva Orleans para apoderarse de su alma. Succionarle la esencia vital, que decían en Cristal Oscuro.

Aunque lo más espectacular del Sevilla es el lateral David Castedo. Hace años, cuando jugaba en Mallorca, una noche de viento le cayó una grúa encima del coche, aplastándolo por el lado que no estaba él. Salió ileso. Eso qué es ¿Buena o mala suerte? Pues así es David Castedo, no es bueno, es más, es malo, pero juega muy bien y ya lleva seis temporadas de titular en el Sevilla. Interesan para el mercado de invierno: Sólo se sabe que los fichará el Madrid dentro de un año. ÁMBITO DESPÓTICORURAL DE DECISIÓN

ETHNIC DE BILBAO: Como todo el mundo sabe, el Bilbao es un club de profunda tradición racista. A la masa social no le basta con la camiseta para identificarse, ni siquiera con que el club prime la cantera sobre los extranjeros, la masa social del Athletic lo que necesita es que los que jueguen sean vascos. O al menos, que les digan que son vascos, porque este año se nos presentan con un caballero de México y un portero natural de Logroño. Eso, y el supuesto interés por Blanco González, marbellí, residente en Sevilla, pero de nombre Kepa, no hace sino demostrar que la filosofía étnica del club lleva una evolución inspirada por la vagina de Bernarda. Usted mismo puede ser un candidato a fichar por el Athletic si alguna vez ha sido sorprendido saboreando el Bacalao al pil-pil. El problema es que en la España de ZP el racismo y el ultraderechismo están muy mal vistos. Ni que decir tiene ya en la Cataluña multicultural y solidaria. Recientemente, una asociación catalana antirracista ha grabado un spot que se emitirá en todas las cadenas de televisión, en el que un niño catalán se acerca a otros que están jugando con la camiseta del Athletic, pregunta que si puede jugar con ellos, y le contestan que no, que ahí sólo juegan vascos. Veremos cómo se defiende de estos ataques el club vizcaíno. Y para más inri, lo que está claro es que este año al Bilbao no lo libra de bajar a Segunda ni Javi Clemente, que despechado por Lamikiz, se ha ido a entrenar a la Gran Serbia. Buena trayectoria la del de Baracaldo, ha entrenado a Bilbao, Español, Atlético de Madrid, España,

Betis y ahora Serbia. Sólo le faltan Sudáfrica y el Lazio para que le otorguen la Cruz de Hierro. El caso es que el Athletic se nos va a segunda para mayor gloria del Cristo de los Gitanitos Buenos. Y conscientes de ello, los muy ultramontanos han colocado a toda leche a una mujer en la presidencia. Para que cuando palmen, que la caída no sea debida a la degeneración progresiva propia de la endogamia como la de los Austrias, o a que haya por ahí un médico que casualmente venga del ciclismo al que el organismo de algún jugador le rompe misteriosamente a generar nandrolona, como le pasaba al Maradona, que se alteraba, le preguntaban qué rayos le pasaba que no se estaba quieto y contestaba que nada, que le debía estar generando cocaína el páncreas otra vez, que vaya cruz. Lo importante para los directivos del Bilbao, es que el club baje a segunda dirigido por una mujer. Para que quede claro que la culpa es de las ideas avanzadas. Interesan para el mercado de invierno: Zalacaín el aventurero, Karlos Arguiñano y el fantástico guardameta Anthony Quinn.

REAL SOCIEDAD: En San Sebatían, haciendo perrerías como quemar autobuses y demás brutalidades, los donostiarras pretenden hacernos creer que son españoles, como disimulando. Pero no, no cuela, una ciudad donde se pagan precios exorbitantes por los pinchos y los naturales hacen gala de un chovinismo por un paseo marítimo de cartón piedra hasta el punto de ponerse colgantes con la barandilla de La Concha y, para rematar la faena, dar al mundo un grupo de pop como La Oreja de Van Goch, se pongan como se pongan, no son españoles: son gabachos y lo saben. Deportivamente el representante francés en la Liga lo lleva aún peor, como dependa de los goles de esa joven promesa que está empezando, Kovacevic, y el peor delantero de la liga el año pasado, Uranga (cero goles en 33 partidos, 1.503 minutos sin olerla) lo lleva claro. Sobre todo porque su entrenador, Jose Mari Bakero, ya se gastó toda la suerte de su vida en Kaiserlautern metiendo un gol de cabeza, vaselina, por la escuadra y desde la línea de fondo en el minuto noventa mil que valió el pase a una final de la Copa de Europa, nada menos. En lo que le

queda de vida, Bakero sólo puede esperar que, yendo por la calle, le caigan, no uno, sino dos rayos y a la vez. Interesan para el mercado de invierno: Mikel Erentxun, Txetxu Dalma y el fantástico guardamenta Antonio Gala.

ATLÉTICO OSASUNA: Los navarros afrontan su primera temporada sin Javier Aguirre. Los logros del mexicano nunca se olvidarán: un decimo primero, un decimo tercero, un decimo quinto y un cuarto puesto. De no ser por el año pasado, se diría que se trataba de la mediocridad con patas. De todas formas, marcó una época porque rara vez el Osasuna no ha hecho tamaño honor a su nombre, “Salud”, de “curarse en salud”, porque pisar el Reyno de Navarra, antiguo Sadar, ha supuesto durante las tres últimas campañas recibir hostias hasta en el carné de identidad, táctica muy propia de la capital mundial del Opus Dei. La incorporación más sonada del equipo foral es la de Roberto Soldado, delantero peleón de escasa técnica del Castilla. Lo habitual en estos casos es que le haga un par de hat tricks al Madrid este año y que en tres temporadas encabece un proshesto ilushionante del Sestao para regresar a la Segunda División. Pero a los rojillos se la suda. Mientras ganen al Madrid, salvan la temporada. No se sabe muy bien cómo ha empezado esta rivalidad con el club merengue, pero en Chamartín hoy día se odia al Osasuna casi tanto como al Barcelona. Es algo extraño, la amistad navarro-madrileña siempre ha sido legendaria. Qué tiempos aquellos en que en Madrid se sugirió la posibilidad de establecer una monarquía liberal en España y en Navarra se abogaba por el absolutismo, tan chic por aquellas fechas, y todo se resolvió con un fuerte abrazo y la invención de la tortilla de patata por parte del cocinero de Zumalacarregui. O, por ejemplo, tampoco se puede olvidar cuando los navarros se alzaron por Dios y por España contra la II República guiados por el General Mola, gran humanista donde los haya, y el pueblo de Madrid tuvo que ir a Somosierra a recibir las columnas de requetés para echarse unas ginkanas donde reinó el cariño y la fraternidad. Ahora resulta que estos dos equipos se llevan mal. Qué pena, qué pena…

Interesan para el mercado de invierno: Richard Ramírez, Antonio Anglés y el fantástico guardameta Charles Manson. LA VERGÜENZA DEL PAÍS

ATLÉTICO DE MADRID: No sé si recordará el lector cómo emprendió la temporada pasada el Atlético de Madrid, fichando un entrenador sudamericano y dos fichajes ilushionantes de primera línea. Bien, pues este año ha hecho tres cuartos de lo mismo. Maniche y el Kun Agüero han sido los cracks elegidos. El primero viene como repartidor de yoyah con carácter y liderazgo y el segundo es toda una apuesta por una joven promesa. Cosa que, como todo el mundo sabe, será la risión. De triunfar Agüero, será fichado por el Madrid. De fracasar, por el Valencia. Pero alcanzar la delicada y sutil línea que supone estar a puntito a puntito de ser la hostia, pero al tiempo no valer ni para tomar por culo, sólo está al alcance de Torres, paradigma de lo que es este equipo, que sufre una maldición indochina desde que dejó de llamarse Atlético de Aviación. No se sabe qué pasa, pero los jugadores llegan al Manzanares con la vitola de supercraks rompedores y es ponerse la zamarra rojiblanca y convertirse automáticamente en las protagonistas de Sexo en Nueva York, frágiles, insutanciales y lloricas. Interesan para el mercado de invierno: Beckham, Raúl y el fantástico guardameta Liz Taylor.

DEPORTIVO DE LA CORUÑA: El Deportivo de la Coruña buscará carbonizar a sus rivales con un ataque pirómano y una presión incendiaria en todo el campo. Para ello Lendoiro ha entregado el club a Joaquín Caparrós, singular entrenador que se afeita con las uñas. El sevillano quería que Riazor fuese un infierno y no ha podido empezar mejor, tras la pretemporada veraniega ya lo son tres cuartas partes de la Comunidad Autónoma. Por su parte, el presidente deportivista es un tipo extraño.

Ahora funciona al dictado de Caparrós, su Dios en la tierra, pero tiempo ha, cuando Djalminha le dio un cabezazo a Irureta, de largo mejor entrenador de la Historia del Deportivo, se calló como una puta dejando al Jabo desvalido cual Zerolo rematando un córner en Ipurua. Sin embargo, ahora, al no aceptar Tristán una oferta para perderle de vista, estuvo a punto de llegar a las manos con él, combate que hubiera sido como ver a Cristina Almeida darse de leches con el replicante Rutger Hauer. La esquizofrenia hay que tratarla, hombre, que da mucho mal. La intención del Deportivo es no gastarse un duro y vender a críos por veinticinco millones de euros como hace el Sevilla. Para ello ha pescado en el Castilla y el Barcelona B, por fuerza, alguno tendrá que ser bueno porque, que se sepa, todos los jugadores consagrados de 26 años en algún momento de su vida han tenido 19, es una ley física contrastada por las mentes más preclaras de la NASA. Otra cosa es que, mientras se arman como equipo, en Riazor el juego que se trague el respetable no sea más vistoso que una tribu comanche atacando el ferrocarril. Interesan para el mercado de invierno: La Antorcha humana, el Coloso en Llamas y el fantástico guardameta Vulcano.

REAL CLUB CELTA DE VIGO: El Celta buscará intoxicar al rival marcando al contrario de forma pegajosa cual chapapote y provocarle pánico en el ataque como si lo que se les viniera encima fuese un vertido químico a presión. Al timón de la nave estará Fernando Vázquez, entrenador que cuando celebra un gol parece como si estuviera drogado, bastante drogado, por lo que suponemos que se encontrará muy bien en Vigo. Otra cosa singular de los celtiñas, es la información que dan en la Guía del As sobre el joven fichaje brasileño Lucas, un análisis de altura sólo al alcance de expertos balompédicos con más de cincuenta años en la profesión, atención: “Nació al año siguiente del estreno del Retorno del Jedi”. Luego los profesionales se extrañan de que el populacho se informe por blogs y páginas como LPD en lugar de pagar tres euros por que le insulten en la jeta.

Interesan para el mercado de invierno: El Vengador Tóxico, Alí “el Químico” y el fantástico guardameta Álvarez Cascos.

REAL ZARAGOZA: Sería interesante entrar a analizar la guerra declarada que mantiene el Real Zaragoza con su cantera, no obstante este año ha vendido a Cani, cedido a Generelo y por poquito, por poquito, no se ha desprendido de Zapater, el mejor de todos con diferencia. Sin embargo, hay una fuerza centrípeta que nos lo impide, se trata de una fuerza que todo lo atrae, que todo lo absorbe, se trata ni más ni menos que de Braulio. Víctor Fernández Braulio, llamado por su segundo apellido por todos los periodistas de Vigo, debe este trato cariñoso y entrañable a que, según estos, cuando el entrenador aragonés explicaba una victoria, decía “he planteado el partido muy bien y el equipo me ha hecho caso”; para un empate explicaba “he planteado el partido muy bien y el equipo no me ha hecho caso”; y en las derrotas, “el equipo lo ha hecho muy mal”. De modo que en plan justicia poética, los plumillas vigueses bautizaron al maño como sólo alguien tan humilde se merece. Por lo tanto, este año, para la afición mañica sólo hay una previsión posible: Braulio, Braulio y Braulio. Interesan para el mercado de invierno: Braulio, Braulio y el fantástico guardamenta Braulio.

VILLAREAL: Todo el odio negro maligno y estomacal que Castellón, Alicante y Valencia le han dedicado al Villareal por su gesta de llegar a semifinales de la champiñons, algo así como si la Pantoja plasma las huellas de sus manos y firma en Sunset Boulevard, ha dado resultado y al “submarino amarillo” se le ha lesionado media plantilla esta pretemporada. Pero no pasa nada porque en este equipo juega sólo Riquelme y diez más que con que sepan correr para atrás para recibir los pases del astro argentino, basta. En punta,

Diego Forlán sufre un síntoma parecido al de Fernando Morientes, pero a él lo que le van son los costillares. Interesan para el mercado de invierno: Los Tres Sudamericanos. NO TIENEN NI MIERDA EN LAS TRIPAS

REAL BETIS BALOMPIÉ: Los sevillanos tratarán este año de no dar una imagen lamentable y miserable como el curso pasado, sobre todo para no tener que celebrar su presunto centenario en segunda división. Quizá por ello se hayan desprendido de la perla de la cantera, Joaquín, gran compañero que siempre se ofrece para tomar unas copitas, siempre está ahí cuando le necesitas si quieres echar la penúltima y te ayudará con lo que sea si no tienes dinero para seguir pimplando y le vas a dejar solo. Interesan para el mercado de invierno: Marqués de Cáceres, Faustino V y el fantástico guardameta Cardhu.

GETAFE: Getafe es una localidad que domina La Meseta desde el Cerro de Los Ángeles, centro geográfico de España. Entre otros, los naturales destacan por encontrarse a la vanguardia de la más puntera evolución del idioma castellano. Si bien durante el Renacimiento toda “x” fue sustituida por el sonido “jota”, los getafenses junto a sus hermanos de Móstoles, Fuenlabrada y otros agujeros de mal vivir, se entregan con devoción a pillar todo lo que se parezca a la desaparecida “x”, en este caso la “s” y sustituirla como Dios manda por una “jota”, manteniendo viva la lengua, siempre en marcha, siempre hacia delante, conformando un idioma que se va a hacer duro de pronunciar con bronquitis, pero que si Bono puede hacerlo, por qué los demás no. En este sentido, Getafe, como escaparate del habla del futuro, futbolísticamente también hace de escenario en el que se muestra el juego del futuro campeón de Europa, que no va a ser el equipo azulón precisamente, pero sí cualquier club al que entrene Bernardo Schuster, el mejor entrenador de España y parte del extranjero que, ya como

jugador, de no ser por la mala hostia que tenía, podría haber sido elevado a los altares junto a otros genios como Cruyff y Maradona. Todo apuntaba a que este año el alemán entrenaría al Madrid, pero no pudo ser, y fue muy raro. Ángel Acebes nos comenta en declaraciones exclusivas a LPD, que hay abiertas dos líneas de investigación. Una sigue la pista raulista, puesto que Schuster, cuando fue señalado por Calderón para ser su entrenador antes de las elecciones, dijo que en tal caso prescindiría del capitán, de modo que, a juicio de muchos, fue descartado automáticamente, por lo que el Madrid sería entonces una entidad patética dominada por Raúl. Y la otra, sigue la pista de Capello, que traicionó al Madrid en su día, en marzo de este año le negó tres veces, pero como la Juventus se fue a segunda por corruptelas, ahuecó el ala y vino al único tonto útil que le podía contratar después de tanto desaire, una entidad tan patética como el Madrid. No se sabe cuál de las dos líneas de investigación dará con la verdad. Dejemos pues que Pedro Jota nos vaya oliendo los pies a todos hasta que dé con el culpable. Interesan para el mercado de invierno: El Torete, el Vaquilla y el fantástico guardameta Dioni.

ESPAÑOL DE BARCELONA: El flamante campeón de Copa, es el equipo con más catalanes en sus filas, hasta diez, por lo que es justo considerarlo como el máximo representante del fútbol catalán y, por extensión, de Cataluña. Entre otros, de esta plantilla cabe destacar a Ivan de la Peña que, con cero goles, completó otra extraordinaria temporada en su ya dilatada carrera. Qué tiempos aquellos en los que a Javier Clemente se le llamaba de todo menos nenúfar por no llevarle a la selección. Interesan para el mercado de invierno: Carod Rovira, Pascual Maragall y el fantástico guardameta Marta Ferrusola.

RACING DE SANTANDER: Munitis plantea poner fin a su meteórica carrera en el equipo que este año

plantea poner fin a su existencia en primera. Como Nando Yosu vuelva a salvarlo de bajar va a haber que quitarle la licencia por el bien del fútbol.

REAL MALLORCA: El equipo alemán lleva tres años deambulando por la primera división como un alma en pena. El único chico que ha apuntado maneras durante este tiempo ha sido el venezolano Arango y, por listo, casi lo mata Javi Navarro de un codazo en la cara. Así de tétrica está la situación. Además, mientras el campeonato de liga no se traslade al verano, Son Moix seguirá sin meter los miserables veinte mil espectadores que tiene de aforo. En lo deportivo, hay que permanecer atentos al regreso de Tristán, en su enésima recuperación humana y deportiva. Y destacar, como nota exótica, que han fichado a uno de los doscientos mil montenegrinos que quedan en el planeta. OTROS EL VETE TU A SABER: Son de Huelva. Están patrocinados por el único bar con máquina que hay en la ciudad, un puto Pang! con el mando del player dos que no va bien para la derecha. Van de azul, como el mar, azul. EL DE MÁS ALLÁ: Van vestidos igual que el Barça. Qué cosas. EL DIOS SABRÁ QUÉ ES ESTO: Parecen catalanes, porque están todo el rato sacando banderas de España con diseño modernista catalá, esto es, muchas rojigualdas una encima de otra. Qué raritos son, hay que ver. Tienen a Portillo, muy majo él, que en dos años encabezará el correspondiente proshesto ilushionante del Toledo para volver a la Segunda División. Y el congoleño Aritza Makukula, que goles meterá pocos, pero como te meta una hostia te deja la cara lista para que trabajes de ventosa el resto de tu puta vida.

Periodistas
La serie
La profesión de periodista no es una ocupación normal. Es como el Ejército o el clero, tiene unas normas internas complejas y prácticamente medievales que alejan a sus miembros de la sociedad en la que habitan. Sin embargo, en lo referente a la admisión, la profesión se rige como cualquier otro empleo español, donde o bien se entra por oposición, o bien se entra por enchufe. Aquí se entra por enchufe, con especial mención para los homosexuales y su graciosamente llamada “mafia rosa” en el terreno audiovisual. Una vez dentro, la pirámide jerárquica se divide básicamente en tres partes: becarios, redactores y periodistas veteranos. ¿Cuál es el problema? Pues que la pirámide es pirámide, pero está boca abajo. Esto significa que por cada becario o redactor hay cuatrocientos periodistas veteranos, pero cada becario o redactor trabaja cuatrocientas veces más que cada periodista veterano. Este singular reparto del trabajo tiene su origen en una lesión muy común en el gremio, el “codo de periodista”. Se trata de una dolencia muy grave en dicha articulación que se adquiere con los años a base de ejercer. Para que este problema no genere dolores intensos tipo migraña, malestar generalizado o temblor y sudores fríos, los periodistas veteranos se ven obligados a colocarse en el codo, al menos entre diez y dieciocho horas al día, una aparatosa prótesis: la barra del bar. Complemento ideal para poder soportar todos los banquetes, desayunos, “lunch”, degustaciones y piscolabis de las presentaciones, galas, estrenos e inauguraciones en las que se ven obligados a engullir y trasegar como posesos cuando les toca trabajar. Tal concentración de alcohol alcanza su sangre, que por lo menos los baños de la redacción, tras sus deposiciones, quedan como los chorros del oro, pues

sus heces desinfectan y dejan un agradable aroma a malta añejo. De hecho, no sería la primera vez que entra en la oficina un padre con su hijo del brazo gritando desesperado si hay por ahí algún periodista veterano que defeque en la cabeza de su chico, que se ha hecho una brecha de siete puntos jugando a vasconavarros con un muro de granito que hay enfrente del periódico. La serie Periodistas, por tanto, se ocupa de los periodistas que sí trabajan -redactores, medios mandos y becariosocultando al espectador la existencia de los periodistas veteranos y su vida de jarana y desenfreno. No obstante, si la serie versara sobre ellos entraría en el género de la tragicomedia y haría la competencia a Búscate la Vida, los Monthy Python o La Víbora Negra. Pero lo que se buscaba era una serie “de calidad”. De lo que se ha venido a considerar calidad últimamente en España: un surrealismo tal que no se puede alcanzar ni tomando las citadas series como modelo. La acción se sitúa en la redacción de local del diario “Crónica”. Hoy en día la sección de local es el único reducto en el que se hace periodismo como antaño. Yendo al lugar de la noticia, investigando, enredando, etc… Es muy bonito, sobre todo en las capitales de provincia, y por eso fue tomado como referente para narrar las aventuras de estos profesionales de la información. El problema es que nuestros protagonistas persiguen cada noticia durante unos periodos de tiempo que no se los puede permitir ni un anuario. Pero lo importante no es lo que dure la caza de la noticia, sino cómo se caza, porque todo en esta serie gira alrededor de un leit motiv: la negligencia profesional Vamos a ver ¿Usted se imagina a un periodista que cada vez que sale a cubrir una noticia termina secuestrado, atracado, despeñado por un barranco, encabezando una revuelta, a tiros con unos traficantes de órganos, prendiendo fuego a un hospital o sorprendido por los

fotógrafos de la competencia manteniendo relaciones sexuales con una llama boliviana en un safari? Pues en Periodistas todos funcionan así y son ni más ni menos que diez en la redacción. Los jefes: “En el Crónica somos duros” José Coronado como: “Hola, me llamo Luís y éste es mi hermano pequeño, el calvo, se llama Mirra: mi-ra-bo”. Luis Sanz es el director de local del periódico, por tanto, no da un palo al agua. Sus labores se reducen a agenciar temas a sus redactores y hacer aspavientos cuando un reportaje o algo puede ser lo que él llama “una bomba” diciendo: ¡quiero fotos! ¡consigue declaraciones! ¡habla con no sé quién! Etc… Todo un poco de fachada, porque en realidad Luís está en la serie para tener relaciones sentimentales. Función que contrasta con su faceta oculta, es un motero “Ángel del Infierno” llamado “El Víbora” cuando sale de la oficina y se quita el traje, algo que a priori le abocaría a chimparse a todas las hembras que le rodean, exceptuando su hija, que ya se la tira un antiguo amigo de la facultad. En cualquier caso, guarda buenos trofeos: Laura, Ana y, en el último capítulo de la sexta temporada, casi cae Clara. Amparo Larrañaga como: “Quiero a mi hijo, pero me importa más la edición de mañana”. Laura es una mujer superprofesional, dinámica, proactiva, innovadora y eficiente. Es la hostia bendita, vaya. Por eso pisa fuerte con sus tacones de aguja imponiendo la ley, y si pisa en el ojo de su mejor amigo, que se joda, que por menos lo despide. Mientras Luís hace aspavientos emocionado por un reportaje, la función de Laura es echar broncas, menospreciar el trabajo ajeno y quitar contenidos de la edición en el último momento tirando a la basura el trabajo de días que han hecho sus compañeros. Se lía con Luís pero le dice que pasa de casarse con él cuando éste pide su mano, sin embargo, cuando luego Luís está con Ana, a Laura no le mola un pelo y hasta contrata un gigoló, el

inolvidable Charly, para que no parezca que está sola y amargada. En fin, así es ella, qué le vas a hacer. Gabriel Ignacio como “¡Este reportaje sobre vagabundos lo que necesita es más mujeres en cueros!”: Lo de este personaje es descomunal. Se trata de un francés que se llama García (¡!) habla como Pedja Mijatovic (¡¡!!) y sólo sale para exigir más tetas, sangre y parasicología –por ese orden- en el periódico. Enrique Arredondo como “Sí, sí, duermo siempre aquí en el despacho, debajo de ese cartón”. Pablo Serrano es el Director del periódico y es el único de Europa Occidental que tiene su despacho en la redacción de local. Este personaje aporta a la serie los momentos más disparatados y humorísticos, ya que no está encarnado por un actor humano, es un teleñeco. A simple vista no se nota, cuando se le ve deambular de un lado a otro, pero cuando entra en acción, que es siempre para lo mismo, para enfadarse, le empieza a temblar la cara como a Blas de Barrio Sésamo cuando los niños tiran a matar con perdigones a sus palomas. La expresividad que alcanza su temblor de tez ante cada negligencia da buena cuenta de la gravedad de éstas. Es una catarsis sobrehumana, sólo una marioneta podría interpretarlo, así como las bellas tonalidades bermellón que brillan en sus mofletes en la culminación de cada tembleque y las dos corrientes de aire que expulsan cual miura sus fosas nasales anunciando el final del rebote. Un hito de marioneta a la altura de Espinete, Don Pimpón o Monchito. Los curritos: “Oye ¿por qué no nos llevamos el cadáver a la redacción para sacarle las fotos”. Esther Arroyo como “¿Y qué si no me gusta llevar bragas?”. Del temblor de rostro, al temblor silicoide mamario de esta ex Miss España. Alicia es una mujer alegre y desinhibida que comienza su andadura en la serie fornicando por doquier por simple y pura afición, lo que obligó a los guionistas a situar al personaje lo más

alejado posible del prototipo de mujer del norte de la Península Ibérica y añadir a la serie ya de paso ese condimento andalusí indispensable para triunfar en los hogares españoles. Pero como este es un país de mayoría católica, aparte de los “ozú quillo” de rigor, también son indispensables las Leyes de Dios. Por eso Ali, cuando más ninfómana y despreocupada está, es violada en los vestuarios de una piscina. Eso por ir provocando; y lo de casarse luego con Álvaro, el ex de Clara, y que éste pase mucho de ella, por no arrepentirse de haber sido violada. Esher Arroyo, como actriz, si tomamos como baremo el trabajo de Helen Lindes, otra ex miss España, en Al Salir de Clase, lo cierto es que hay que decir que lo hace muy bien, pero que muy bien. Y si tomamos la dicción del conjunto de actores de este país como baremo, pues también es muy notable. Por tanto, qué mejor destino para una profesional con estas cualidades que dar con sus huesos en el programa cultural de vanguardia intelectual y filosofías avanzadas -aunque planteado de forma deconstructivista- Gente de Primera. Belén Rueda como: “Desengáñate, si no te pega no te quiere”. Clara es probablemente una de las redactoras menos negligentes, pero su problema es que arrastra una colección de acosadores, ex maridos, chulos de putas y demás que, como es normal en el Crónica, le impiden trabajar como dios manda. Clara es una de esas personas que se duchan, hacen de vientre, se lavan los dientes y sufren entre una y dos horas todos los días del año. A ella le gusta sufrir, especialmente en el amor, así que durante seis temporadas vamos viendo como fracasa una y otra vez sentimentalmente. En el último capítulo casi se lía con Luís en lo que parecía un excelente colofón para la serie y para ella, la sufridora, pero no. Cuatro coincidencias imposibles hacen que no se puedan encontrar cuando se buscaban el uno al otro para fundirse en un abrazo con beso y poner fin a la serie. A seguir sufriendo. Álex Angulo como: “Doctor, todos los días a las siete de la

tarde me encuentro con esta pasta lechosa en la comisura de los labios ¿es grave?”: Blas Castellote es un espécimen muy común en el mundo de los redactores jefes. Se trata del típico desgraciado, porque no tiene otro nombre más que el de desgraciado, que para irse de su casa entra y sale doce veces pensando que se ha dejado el gas abierto, el agua corriendo o la tapa del váter levantada. Es un agonías, un pesado, un histérico, un metomentodo… en resumen, alguien con todas esas virtudes que se admiran en un compañero de trabajo. El problema es que si ves a una persona autodestruirse psicológicamente con neuras de este tipo, pues oye, qué le vas a hacer, pero este tipo de gente, que ya está completamente autodestruida desde los ocho años cuando les empezó a asomar el cartón para quedarse calvos a los doce, a lo que se dedica es a triturar la paciencia ajena. Te llama por la noche, te agarra por las solapas cuando llegas por la mañana para decirte que un concejal da una rueda de prensa para anunciar las bases de un concurso de pintura para preescolares, te llora para que comas sobre el ordenador porque te quiere ahí, a su lado, por si llega un teletipo de importancia capital, todo el mundo le quiere por su carisma y piensa en él en los mismos términos: “muérete ya cabrón”. En todo caso, más allá de estas cualidades típicas de ciertos redactores-jefe, lo bonito de Blas es que va bastante bien cargadito de desgracias y que, en lugar de gemir como hace Clara, él se calza buenos ciegos de tintorro, lo que nos ha dejado escenas memorables. Le amenazan de muerte, le echa del trabajo su mejor amiga (Laura), le deniegan la adopción de un niño, le deja la mujer… todo ello bien regado en vinagre… y en mugre, porque como bien señala Luís cuando va a verle porque le ha dejado Mamen: “cuántas más desgracias te pasan, Blas, menos te lavas”. La pena es que Blas pudo haber llegado a ser un excelente delantero centro, no hay más que ver cómo remata de cabeza virilmente en tres o cuatro ocasiones cada vez que va a decir algo. En las últimas temporadas, cuando se incorpora Jesús Bonilla a Periodistas como

“Zamora”, los guionistas perdieron la oportunidad de explotar al dúo en plan Pajares y Esteso y narrar sus aventuras y desventuras en los castizos burdeles de la capital, algo nada ajeno a la vida cotidiana del plumilla más atrapado por la profesión. Alicia Borrachero como: “¿A que te doy una hostia gilipollas?”: Ana es una mujer superprofesional, dinámica, proactiva, innovadora y eficiente. Lo mismo que Laura, vaya. Y por eso, se enamora del mismo gañán, Luís. Raro sería que mujeres tan supeprofesionales no sintieran la necesidad de competir por el mismo hombre a ver cuál de las dos tiene los ovarios más grandes. Como mujer superindependiente, inteligente y supercompetente que es, todos sus planteamientos vitales dan un giro inesperado cuando no encuentra mejor forma de seducir a Luís que hacer de chochito en el escenario de un karaoke. Gran hito en la vida de una feminista, que se completa con su supercarrera superprofesional frustrada porque Luís, su jefe, no la quiere ascender para que no haya dudas sobre su imparcialidad –qué es eso de ascender a la querida, por Dios- aunque ella merezca el puesto, así que Ana se ve relegada por amor a la vida aciaga del redactor ramplón. La situación que siempre soñó cuando veía los Ángeles de Charlie de cría y soñaba con ser tan superindependiente como esos chochitos superprofesionales. Para rematar la faena, Luís se quiere casar con ella para, en sus propias palabras “que le haga la cena y eso”. Así que, llegados a este punto, pues te ríes, y mucho. Los parias: “¿Podemos tomarnos el café a vuestro lado? Pepón Nieto como: “Yo lo que necesito es mucho, mucho amor”: Si Emilio Aragón quiso dar un aire paralímpico a su Médico de Familia incluyendo a un chaval con síndrome de down en el reparto, en Periodistas está Pepón Nieto. La diferencia estriba en que si los down parecen idiotas si

sus familiares los aíslan, esconden o abandonan en escalofriantes tugurios estatales, José Antonio parece idiota de nacimiento y sin posibilidad alguna de mejora ya sea aislado, integrado o metiéndole un electrodo de 200.000 vatios por el culo a ver si espabila el jodido patán de una puta vez. Con mucho, este es el personaje más negligente. De todas sus cagadas, sin duda la más sonada fue hacerle creer a Chuski la noticia de que iban a comprar a un juez para “gastarle una broma”, en la cuál la gracia estaba en publicar un reportaje que era mentira ¡Qué profesional! Y qué periódico el que no le pone de patitas en la calle y contrata dos matones para que después le trituren las rótulas con un martillo neumático tras hacerle semejante púa. Por lo demás, en general, José Antonio sólo aporta a la serie miseria humana. Y Pepón Nieto debería hacérselo mirar, porque no hay película en la que no salga representando papeles en la misma línea: papeles de tontolhaba. Un anciano senil como: “¡Afufu! ¡Afufu!”: Qué se puede decir de Herminio, el conserje… pues que no se ha visto semejante insulto a los conserjes de España en toda la Historia. Sus apariciones se reducen a balbuceos en los que insinúa estar sobrepasado por un hecho tan extraordinario como que ha llegado una carta al periódico y él la porta en sus manos asumiendo demasiada responsabilidad para su reducido intelecto. Si tienes un padre conserje, lector, manda una carta bomba a Globomedia. Sería la primera bomba que estalla en este país con un motivo de fondo no grotesco hasta la enajenación mental. Claudia Moreno y Elena Ballesteros como: “Estoy desubicada ¡uh! ¡ah! Pero mis objetivos están clarísimos“. Las becarias de esta serie tienen su aquél. Isabel es la hija de Luís. Antes de irse a Londres, con dieciocho años, mantiene una relación con un sujeto de cuarenta y pico ex compañero de facultad de su viejo. Lo que le sienta fatal a éste, que le parece pornográfico que un adulto se líe con

otro adulto. Pero cuando la nena se va a Londres a experimentar, típico rollito de frustrada en España que huye de si misma a un país donde todo el mundo está de paso, según ella: “madura”. Así que de vuelta hace un anuncio de vaqueros en el que se toquetea con otra moza, lo que saca de quicio de nuevo a su superprogresista y superprofesional padre, que se lleva un disgusto de aúpa. Mientras tanto, Claudia, la otra becaria, se lía con Chuski, el matao que siempre ha estado enamorado de Isabel. Acontecimiento que no puede sino desencadenar un ataque de celos del copón en la hijísima. Tanto chupar polos de carne en Babilonia para arrastrar luego en España las mismas taras de nena caprichosa que tenía antes de irse al mundo guay. Aunque, claro, si la opción es ser tan mimosa y pegajosa en un sentido viscoso y empalagoso como Claudia, mil veces mejor haberse ido a zorrear para sentirse más mujer, qué menos. Es una pena, de corazón lo digo, que ninguna de las dos muera. Sobre todo cuando son tres, y esa tercera es la hija de Emilio Aragón en Médico de Familia, que pasea sus dos metros diez haciéndose la punk. ¿Dónde estabas Jeffrey Dahmer? Paco Martín como “¿Dronga? ¿Alguien ha dicho dronga?”. Chuski es un individuo que ha dejado su profesión de machaca en La Celsa para ser el confidente de esta panda, panda del moco, de redactores. Lo típico, lo que pasa en cualquier medio de comunicación, que a falta de licenciados en Periodismo, cogen al primer ex politoxicómano que vende Kleenex en la boca de metro más cercana a la oficina. Un surrealismo tal que, paradójicamente, alimenta una realidad tan real como que los espectadores españoles necesitan a un sujeto diciendo “koleg@, tronk@” y tal para que el material que presencian tenga una conexión con la irrealidad que yace en sus mentes bajo una pesada losa de prejuicios bajo el nombre de “realidad”. Y poco más hay que contar sobre Periodistas. Sí, que los

fotógrafos son también superprofesionales, no obstante se les denomina como fotoperiodistas en el mundo real-real. Con lo que mejor no hablar de la panda de ojerosos que dan papel al gremio más sobre explotado del periodismo y que, por tanto, encarna las cualidades de la profesión como el que más: mucho ciego, tremendo déficit higiénico y gran egolatría. Este producto televisivo, Periodistas, fue emitido durante seis años en los cuales la carrera de Periodismo alcanzó las mayores cuotas de matriculación en toda la Historia de España. Es un dato que contrasta, sospechosamente, con esa gran cantidad de becarios analfabetos obligados a verbalizar cuando su objetivo vital es lucir palmito delante de una cámara de televisión y esa otra gran masa informe de espectadores que consume vorazmente ¿información? a base de impactos instantáneos de valor nulo. Esto -hoyes, lectores, el futuro.

Ley sálica o guerra incruenta
España, como todo el mundo sabe, y si no lo sabe aquí se lo comenta LPD, es una monarquía. Este sistema de gobierno se basa en la figura de un Rey o de una Reina, o de ambos a la vez. De toda la vida de Dios, el Rey básicamente era el propietario de tu persona. Sin embargo, con el paso de los años, los avances del pensamiento y la llegada de la música pop, se asientan las llamadas monarquías parlamentarias, en las que el Rey es sólo dueño exclusivo de la representación del país en cenas y ágapes de diversa naturaleza, aunque conserva algunos resortes para poner a prueba la paciencia de su súbditos, como es el hecho de tener que firmar o no las leyes con las que se dota el populacho. De todas formas, dentro de esta función, también existe la posibilidad de que el monarca llame directamente imbéciles a los ciudadanos. Tal es el caso de Balduino de Bélgica, que le dio por no firmar la despenalización del aborto en 1990, dimitió y entonces el Consejo de Ministros asumió la Regencia y firmó la dichosa ley, para que al día siguiente se reuniera el Parlamento y proclamase de nuevo Rey a Balduino sin ningún voto en contra, quedando patente la utilidad y necesidad de un monarca en Bélgica y la paciencia o, para no andarse con rodeos, tragaderas de su pueblo. En el caso de España, Su Majestad el Rey, Juan Carlos I de Borbón, nunca ha sido muy amigo de dar el cante jondo al estilo belga. A él le ponen el pergamino delante, firma y a correr… o navegar, o montar en moto, o esquiar, o jugar a los médicos. Hay tres características fundamentales que definen la monarquía: Es vitalicia, es hereditaria y existe por la gracia de Dios. Si bien esta última, tal y como decíamos antes, con la modernización del paisanaje, ha ido derivando hasta un concepto mucho más avanzado como

es el hecho de que exista, no por la providencia, sino por cojones. Ya que los reyes pueden llegar al trono de forma muy democrática, tras un plebiscito, pero el hecho de que sea él precisamente al que hay que elegir o no, efectivamente, es por cojones. La monarquía también es una institución residual, algo del pasado que persiste por razones peregrinas. Por mucho que se empeñe la prensa de altura en decir que una monarquía es moderna porque sus miembros hacen surf, la realidad es que cuando hay una erupción de hechos diferenciales en alguna parte del mundo y se forman siete países nuevos de doscientos habitantes cada uno, a ninguno de ellos les da por constituirse en monarquía, lo normal es que sean repúblicas o dictaduras sin complejos. Por ejemplo, cuando se rompa España y Cataluña sea independiente, no se convertirá en reino y ofrecerá la corona a Ronaldinho, del mismo modo que los vascos no van a proclamar Rey a un piedro mogollón de gordo que domina un valle desde una colina por la que sale el sol. Aunque no hay que descartarlo, puesto que estamos hablando de españoles, no, definitivamente no, hoy en día no se puede decir que haya una fiebre monárquica. Se trata de un sistema injusto en su más pura esencia y, a día de hoy, en estos tiempos, las naciones albergan injusticias mucho más complejas. ¿Y qué pintamos los españoles con un sistema injusto en su más pura esencia? Pues es lo de menos. Se podría decir que sucede porque somos infrahombres andrajosos incapaces de salir de las tinieblas, por lo que es preciso que nos guíe la voluntad de un ser superior o caudillo. Tuvimos uno que quiso que meásemos sobre pilas y, a continuación, llegó el actual, que es muy bueno, muy bueno, muy bueno y muy moderno, muy moderno, muy moderno, y expresó su voluntad de que viviésemos en libertad dueños de nuestro propio destino etcétera. Así que vivimos en democracia, no porque nos guste -que no nos gusta- sino sólo porque lo dice Él. Y obedecemos. Por

lo tanto, en el caso de que a Usted no le guste obedecer en estas circunstancias, tiene un nombre: republicano. Pero acongójese y sude atemorizado en un rincón húmedo y oscuro, porque tal y como demuestra el hecho de que estos temas ni se planteen en las Cortes, son ustedes cuatro gatos mal contados. Qué le vamos a hacer, reprodúzcanse más, como los del Opus, pero a LPD no la miren. Dicho esto, pasamos página y abordamos la actualidad de España. La princesa Letizia Ortiz Rocasolano ha sido bendecida por la gloria y esplendor de una pulsión seminal y ha quedado encinta. Aún no se conoce el sexo del mocito, pero de ser varón, según la Constitución española, éste precedería a su hermana mayor en la línea sucesoria, tal y como hizo con las dos infantas el Príncipe de Asturias y futuro padre de la criatura, siempre y cuando, eso sí, no le maten en su casa con un revolver, que siempre puede suceder entre hermanos de esta ralea. Este hecho ha provocado, desde hace ya un tiempo, tremenda indignación entre los ciudadanos de progreso de este país. Encuentran injusto que se discrimine a la mujer a la hora de heredar cargos que emanan de Dios, por lo que exigen un cambio en el articulado de la Constitución referente a ese particular. Se ignora si la existencia en funciones de la Corona les ofusca. Por de pronto, en España no ha habido hasta ahora ningún debate en los medios sobre la conveniencia o no de una república que haya alcanzado tres cuartas partes del eco que ha tenido la posible abolición de la Ley Sálica. La razón que se arguye es irrebatible: Es injusto que el varón herede el cargo antes que la mujer por el mero hecho de ser varón. Ser injusto, por supuesto que lo es. Lo que pasa es que, en este marco, cuando se incide en ese detalle de discriminación sexual, parece que se obvia el de la discriminación por edad o mayorazgo. Es más, lo más discriminatorio de todo, el hecho de que se herede el

cargo, se asume con toda naturalidad. Lo que no está claro es si también sería considerado como algo tan normal y descontextualizable una iniciativa que promoviera el uso de líquidos inflamables no abrasivos con el cutis para cuando el hombre actual, camisa de Dior, decide coger a la mujer de hoy, bolso de Armani, y prenderle fuego en su domicilio. ¿Se consideraría un avance hacía una violencia de género más moderna y humana?. Otra pregunta es si esta iniciativa por la equidad sexual se hará en los mismos términos que aquella campaña del Ministerio de Sanidad que inundó los poblados chabolistas de la heroína con unos trípticos en los que ponía: “Si te pinchas, no te pinches en la arteria”; ¿se reivindicará este asunto en plan “Si eres un sátrapa, tírate el pisto tron y sé progre, multikultural y solidario”?. ¿Cómo afrontar esta situación? ¿Cómo aguantar que nadie se queje de que el Rey tenga la osadía de dejarse ver por ahí en pantalones cortos, habrase visto tamaño insulto al pueblo español, y que ahora se monte un revuelo por esta sandez? Dios escribe con renglones torcidos, los caminos del Señor son inescrutables y la única forma de hacer oposición a este sin dios infantil de “Monarquía, vale, pero que sea chanchi” es enroscarse la boina roja, echarse al monte, atacar al hombre y quemar los pueblos al grito de ¡O así, o asá, pero nada de mondongos! ¡Viva la Ley Sálica!

El ejercicio de la Medicina y la pornografía mundial
“a medida que el Universo Expansivo Pensante se expande, el divino Padre adquiere a la vez, infinitas nuevas formas; él está antes que el estar se haga presente; conoce los mundos y soles, antes de que éstos nazcan; conoce sus historias planetarias; antes de que éstas se desarrollen; y él sabía la existencia del actual universo, antes de que éste se materializara; como sabía de los que ya estuvieron en el espacio; cuyo número jamás será conocido por criatura alguna; si los mundos son por su cantidad como los granos de arena de un desierto, los universos lo son igualmente; porque ninguna cantidad es menos ante el Padre; ni lo finito, ni lo infinito…”

El Divino Alfa y Omega (pasajes extraídos de 300 rollos telepáticos, de los 4000 que existen en Lince – Lima – Perú, y de los 10000 a nivel planetario) Me va a perdonar el lector porque esta cita será lo único que encuentre en este artículo relativo a la unidad de España y las elecciones catalanas. Mi intención es tratar un tema mucho menos importante pues sólo afecta a toda la humanidad, pero es que LPD es así de exótica y extravagante; nos va lo rarito. La semana pasada se celebró en Pilanesberg, Sudáfrica, el congreso de la Asociación Médica Mundial (AMM). En él los médicos se lo pasarían pipa como es habitual en este tipo de simposios profesionales. Alternarían por la noche, papearían cual tinaja de Danaides por el día y, entre otras aficiones como la caza y la pesca, analizarían temas de actualidad, firmarían manifiestos y discutirían

qué añadir o sacar de su código ético. El caso es que la delegación española allí presente tuvo especial protagonismo en dos mociones: una contra China, pidiendo su expulsión de la AMM, y otra contra Cuba. Puede resultar un tanto extraño así dicho ¿Los españoles? ¿Pero no eran una República Islámica gobernada por la ETA? ¿Cómo es que van de azote de la Revolución… si parecen la Contra? Pero no. La cosa tiene su miga. En el caso de China, los colegiados españoles consideran intolerable que hagan transplantes de órganos con los presos condenados a muerte. Los chinos sostienen que esto se hace con el consentimiento de los reclusos. Y es cierto el reo no da el visto bueno bajo coacción, que de muerte no le pueden amenazar precisamente. Pero éticamente, el asunto no hay por donde cogerlo y como es habitual en China se trata de un trámite tan transparente como la cabeza del Lehendakari. Sin embargo, el tema cubano es más complejo. Como todo el mundo sabe que Fidel Castro cada vez que puede suelta que Cuba es una “potencia médica mundial”. Esto quiere decir que exporta médicos. Es difícil encontrar cifras razonables de cuántos tiene en África. En las páginas de castristas y anticastristas –vaya dos patas pa ´un banco- las cifras bailan que ni en medio de la pista del Poseidon. Emplearemos, pues, la lengua que nunca yerra, el español, para solventar el trámite: en África hay la hostia de médicos cubanos. En Venezuela, por lo menos, hay más de diez mil. Y a Bolivia, con exactitud podemos afirmar que se han enviado recientemente 4.000. Cuba paga los sueldos de sus galenos desplazados y a cambio recibe hidrocarburos o cualquiera que sea lo estipulado en el acuerdo de rigor firmado con el país receptor. Ésta práctica, que suele estar muy bien vista porque es percibida como una dignificación de la relación de Cuba con el resto del mundo pese al embargo

comercial estadounidense sobre la isla, es, en realidad, un intercambio cuyas consecuencias pueden ser mucho peores que los males que pretende solucionar. De entrada, la cualificación de estos médicos es bastante dudosa. No hay ningún tipo de homologación de su titulación allí donde acuden, pero al margen de eso, Bolivia, Venezuela, Guatemala, Angola… son países con un importante paro médico. Cuando se produce la inyección de doctores cubanos el mercado laboral sufre un auténtico seísmo. Si ya era difícil salir adelante para los médicos locales en su país en circunstancias normales, con la llegada de los caribeños se convierte en algo completamente imposible. En esta situación, la consecuencia es siempre la misma: los médicos emigran. Lo que temen los colegios médicos de los países receptores es que cuando venzan este tipo de acuerdos con Cuba, puesto que todo pacto político es siempre temporal, si por cualquier cosa los médicos cubanos han de volverse a su isla, el país quede completamente desprovisto de asistencia sanitaria, pues el grueso de sus médicos está viviendo el sueño americano a tope rockin in the USA. Todo esto obviando que los cubanos han de estar en libertad vigilada allá donde se hallen puesto que muchos de ellos aprovechan para largarse de la dominación castrista, o que cuando se cometen negligencias o casos de mala praxis médica se producen apagones informativos y demás truculencias propias de la dictadura del proletariado. Las migraciones médicas son uno de los problemas más graves que sufren los países subdesarrollados. No es que la AMM sea un organismo ideado estratégicamente por Henry Kissinger para dar por saco a los países comunistas. El anterior toque de atención se lo llevaron precisamente los Estados Unidos de América y Sudáfrica. Ambos son dos países receptores de médicos emigrantes de países pobres. Sobre todo en África, en todos los

países subsaharianos, es dotarse de un solo médico con esfuerzos inenarrables para que automáticamente éste, haciendo uso de su libertad individual, haga las maletas y se vaya a Sudáfrica. A ambos se les dijo que hicieran el favor de formar y proveerse del número de médicos que necesitase su cobertura sanitaria, puesto que literalmente absorben y destruyen la frágil estructura asistencial de los países desfavorecidos. La AMM sostiene que las migraciones médicas empobrecen más al pobre. España, como es habitual en esta casa, dentro de este problema juega un papel de lo más original y pintoresco e incluso por momentos hasta vergonzante. En nuestro país un número no alarmante pero sí muy importante de médicos migran a Suecia e Inglaterra como destinos favoritos. En su lugar vienen médicos extracomunitarios reproduciéndose el fenómeno. No vamos a entrar en las condiciones laborales en las que se ejerce la medicina en España que motivan la migración de nuestros médicos, pero son ampliamente mejorables, o si no, hable con un MIR a ver qué le cuenta, ya verá cuanta alegría y satisfacción se puede leer en las lágrimas que broten de sus cansados ojos. Sin embargo, lo más rabiosamente español de las migraciones médicas, es como siempre, nuestro fenómeno característico: el temita. En España somos nosotros mismos quienes nos peleamos por nuestros propios médicos. El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, descentralizado por CC.AA, se rige por el principio de equidad, norma cuya principal función es, como toda ley ibérica, pasársela por el forro. En cualquier caso, el quid de la cuestión es el tema de las migraciones médicas internacionales. Está comprobado que el sistema liberal a saco Paco genera un panorama desolador y las populachadas de los soviet supremos pueden suponer tres cuartos de lo mismo. Para garantizar la asistencia sanitaria, en el caso de que pensemos que

es un derecho universal -ya sabe Usted, esa idea tan díscola y desfasada totalmente pasada de moda, que las personas somos personas ¡válgame! Qué rancio suena- la AMM aboga por que cada país tenga capacidad para hacer permanecer a sus médicos en su territorio. Por tanto, la pregunta es si entre ambos modelos, el liberal y comunistobolivariano, cabe algo racional; aunque el interrogante más enigmático es si realmente esto le importa a alguien.

Intimidades del Real Madrid – FC Barcelona
“Ser delantero se ha convertido en un oficio difícil. Pero siempre es mejor que trabajar” Salvatore “Totó” Schillacci, delantero italiano, máximo goleador de Italia´90. Vestuario del Real Madrid. Hace dos semanas. Roberto Carlos llama a Van Nystelrooy. Le pregunta si se ha rasurado bien la calva con su nueva máquina de afeitar. El holandés se agacha para verlo. El brasileño le castiga el hígado de un puñetazo. Emerson irrumpe desde una cortina de ducha en la que estaba escondido, agazapado, aguardando el momento, e inmoviliza los brazos de Van Nystelrooy, que grita acongojado. Se lo huele. Y efectivamente, el sonido de unos pasos firmes, lentos pero seguros, se lo confirman. Diarrá sale de la oscuridad y le va a violar por segunda vez en lo que va de semana. Todos los jugadores blancos gritan y jalean al de Mali. Más contentos por no ser ellos la víctima que por presenciar en primera fila el espectáculo. ¿Todos? no, un jugador blanco permanece en un rincón cabizbajo. De sus ojos brotan lágrimas, tuerce el morro. Es Raúl. Se pregunta: Jo, snif ¿y a mi por qué no me violan nunca?. El más listo de la clase lleva gastados cuatro millones cincuenta y siete mil setencientos euros en psicólogos. Hasta ahora ninguno le ha dado la respuesta. En la selección ha pasado de ser el favorito del entrenador para este tipo de bromas a no ir ni convocado. Ese mismo día, al llegar a casa, no tiene ganas de comer nada. Sale a pasear. Vagando por las calles. Contemplando el ocaso del sol que tuesta el cielo, se topa con una gitana. Le dice: Ay payo cógeme esta ramita de romero. Raúl afloja veinte euros por la ramita. A ver si le da buena suerte. Está desesperado. La gitana lo nota: ¿qué te pasa que tienes

esa carita triste?. Raúl le explica los motivos de su depresión: Ejque mis compañeros no me violan ya nunca en el vestuario. La gitana le mira fijamente, de arriba abajo, y emite un veredicto: Mira, yo no sé si soy la persona indicada, pero lo único que te puedo aconsejar es que… no sé ¿has probado a lavarte?. El delantero madridista hace caso. Total, no tiene nada que perder. Emplea lo que queda de día y parte de la noche en tamaña hazaña épica. Al día siguiente llega al vestuario. Todos le miran. Están muy sorprendidos. Emerson y Diarrá, los gallitos, se ponen delante de él. Emerson no puede contenerse, Diarrá dice lo mismo al unísono: Tío, tío, tío ¿Qué pedazo de orificios nasales tienes?. Raúl se explica: no, sí, bueno, siempre han sido muy grandes, lo que pasa es que antes con las melenas no se apreciaban en todo su esplendor, sin embargo, ayer, cogí una tijeras de podar y… Para cuando Rulo quiere terminar la frase, Emerson y Diarrá han alojado sus nacles en los respectivos agujeros de la nariz del Capitán. El resto de la plantilla, como siempre, profiere aullidos, monta bulla y algún grito sobresale ¡dale más fuerte! ¡ahí, ahí!. Los compañeros hacen cola, pero ninguno puede comsumar. Robinho luego se lo explica al míster: no sentía nada, Fabio, no había contacto alguno. A Raúl le da igual no ser repasado por toda la plantilla por la tocha. Por fin vuelve a estar de moda. Se siente fuerte. Duro de pelar. Va a ir a por todas en el derbi. Barcelona. Hace dos meses. Eidur Gudjohnsen recibe una llamada de su compatriota Björk. ¿Qué tal en el Barcelona, tu flamante nuevo club?. Pues muy bien contesta el ariete- esto es otra galaxia balompédica, Björk, tendrías que verlo, aquí en España, cuando el delantero del Barça toca la pelota, cien mil personas, cien mil gargantas todas a la vez, se ponen a jalearle “uh, uh, uh”. Qué subidón de adrelanilina ¿no? -replica la cantante. Pues ya te digo, tía, tiene que ser la bomba despertar tanta espectación entre los aficionados, estoy deseando

debutar. Jo, pues yo -sigue Björk- sólo he logrado que el público me jalee así el día aquel, ya sabes… sobre el escenario lo del mojón de carretera comarcal, el que, bueno, que me lo extrajeron en el hospital ¿recuerdas? no sabes lo afortunado que eres siendo futbolista, te deseo mucha suerte. Barcelona. Hace un mes. Eto´o se lesiona. Gudjohnsen será titular. Está deseando tocar la pelota para ver qué se siente como delantero del Barcelona. Tiene los nervios a flor de piel. De pronto recibe, la tiene, la maneja, la suelta. La jugada es buena, pero Guddy comprueba sorprendido que el público no ha gritado nada. Otra vez. Nada. Se acerca un poco a la grada. Mira cara a cara a los aficionados. Estos le devuelven una mirada bobalicona sin hacer nada. Ni siquiera un leve ¡uh!. Un joven hace un exótico saludo levantando un brazo con la mano abierta. Guddy se pone triste ¿por qué a él no? ¿Por qué no le jalean los aficionados como a Eto´o?. La situación se repite cada semana. El delantero comienza a padecer los síntomas de una depresión galopante. Va al psicólogo. Éste le pregunta: ¿ete… pero a vos no le violán sus compañeros?. Sí, sí -contesta Guddy- si es entrar en el vestuario y tomar de Thuram hasta que me sangran los oídos, es el público el que no me quiere. El psicólogo le recomienda la lectura todas las mañanas de un ilushionante cuento de Borges sheno de esperansha. A Guddjohnsen Borges le suda las pelotas. Madrid. 22 de Octubre. Derbi. El Santiago Bernabeu a reventar. Como es habitual, quién gane el partido será la institución más poderosa de la Tierra. Moncloa llama al árbitro. Interesa a la nación que PSC pierda las elecciones para situar en la Generalitat a un partido españolista, CiU. El colegiado accede a pitar, ante la duda, en favor del Madrid. Los equipos salen al campo. Raúl tiene la primera ocasión. El pase es de Sergio Ramos haciendo de Cicinho, Beckham y Figo en tres tiempos. Raúl se interna en el área bajo la atenta mirada

desde la lejanía de Thuram. Salta. Manda un beso a la cámara. Se acaricia un pezón con la yema del dedo ensalivada. Espera a que llegue la bola suspendido en el aire de brazos cruzados. Y, sí, remata para dentro un golazo de órdago. Confirmado, el que tiraba del asco vuelve a tirar del carro. De hecho, estrella en el larguero otro remate escasos segundos después. El Barça se puede ir calentito. Pero su abulia es un espejismo. Cuando se ponen a jugar el Madrid ni la huele. Y si la coge, es para defenestrarla o pasársela al rival suavemente. El balón aterriza en Messi. Se mea a cuarenta personas, entre ellas, “el mejor jugador del Mundial”, al que ejecuta un caño sonrojante y asiste a Gudjohnsen para que la empuje como más le guste tomándose el tiempo que quiera. Es gol cantado. El joven argentino mira con ojos ilushionantes lo que entiende que será la consecución del empate. Pero se percata rápidamente de que Guddy está desvaído, tiene ojeras, está llorando ¡gimiendo!. Antes de recibir la pelota, el argentino entiende como su compañero islandés le dice claramente “¿Para qué me la pasas a mi? si no soy nadie, el infierno son los otros, el hombre está condenado a ser libre, cuanto más pienso menos me parece ser, la esencia de la relación entre las conciencias es el conflicto, lo veo todo negro” y miserablemente golpea el balón con penoso estilo para que salga por línea de fondo. Mientras tanto, Emerson ha tomado buena nota de la jugada. Es un jugador que sabe leer muy bien los partidos. Planifica una estrategia. En primer lugar, dejar libre de marca a Gudjhonsen lo que queda de partido. En segundo lugar, parar a Messi. El brasileño hace una señal al banquillo. Lo va a hacer -dice Fabio. Italo Galbiati, segundo de Capello, saca corriendo el móvil y marca el 112. Emerson anda, trota, corre, muge e intercepta. ¡He cogido chicha! -se congratula- y mira a Salgado, que está en la grada, que le enseñó esa bella patada de Artes Marciales norvietnamitas de la que el Juninho del Atlético

de Madrid podría escribir unas cuantas Coplas a la Muerte de su Padre (el de Michel). ¡Mira a ver si hay escorzo entre tibia y peroné! -grita el gallego. Y Emerson descrubre apesadumbrado que no le ha roto nada. Calamidad. Desastre. Capello rabia en el banquillo. Pero eso no es nada comparado con el cabreo que tiene el padre de Messi, que golpea los muebles, grita, se saca el cinto y le pega espantosos latigazos a su perro, que queda inválido. El padre del joven astro argentino es perfectamente consciente del camino que tiene que seguir su hijo para llegar a ser el mejor del mundo y ese camino pasa por que le metan tal pedazo de hostia que le partan vivo hasta el alma. Maradona, el mejor de la historia, gracias al ámbito vasco de decisión que le explicó Goicoechea, fue adiestrado para regatear al hombre, cosa que Messi hace muy bien, y a la hostia que automáticamente te suelta conforme se le sobrepasa, cosa que el barcelonista aún no domina bien, como confirmó que, además, se llevó un segundo intento de Emerson por matarle que si no le astilló el hueso en mil pedazos con fractura abierta de cráneo, tibia, cadera y costillar, fue porque ayer el Barça tuvo muy mala suerte. El segundo tiempo comienza igual. El Madrid cede terreno. El Barça se estrella una y otra vez contra si mismo en el remate. Y encima pierde un balón comprometido. Éste lo recoge Guti. Inicia la contra. Se topa con tres centrocampistas del barcelona sudorosos y jadeantes. María Gutierrez dice “ay qué agobio quita por favor o sea”. Se da la vuelta con mueca de asquito y de casualidad ve a Robinho. Piensa en darle dos besos y preguntar “cómo tú poráqui”, pero le entrega el balón, que a su vez es enviado a Van Nystelrooy y gol. Valdés completa una noche de ensueño. No sale en el primero que debería haber salido y sale en el segundo que se tendría que haber quedado bajo palos. Rijkaard en el banquillo piensa y piensa. Se dice, o me han dado keta en lugar de cristal o esta panda de maulas nos está defecando en el rostro. Se mete un poco más sea lo que sea y se recuesta, no quiere

verlo. El Madrid se lleva el partido. Montilla acepta resignado su destino en el hemiciclo: los bancos de la oposición.

Una Historia de Violencia
Y además, mala
“Una obra maestra de emociones puras y viscerales” (Manohla Dargis: The New York Times) “Un prodigio de película” (Salvador Llopart: Diario La Vanguardia) En la tan celebrada y revisitada década de los años ochenta, a los que no teníamos edad para vivir la Movida Madrileña a tope con la heroína o para celebrar la llegada de la libertad con una promiscua conducta sexual animada por ese morboso aliciente que es el Sida, no nos quedaba otro remedio que gastar las horas tirando piedras a los trenes. Día sí, día también. Pero de vez en cuando, para no saturar el hipotálamo obligándole a segregar serotonina siempre con el mismo estímulo y terminar aborreciéndolo, pues reuníamos unos duros y nos acercábamos al templo del saber, al ágora de la cultura: el videoclub. Este fascinante negocio se nutría, como es normal, de la industria habitual de Hollywood, pero por lo menos un 50% de su material acostumbraba a ser lo que se conocía como serie b, es decir: mierda. Mierda americana, sí, y en especial, mierda italiana. Cine post apocalíptico, películas “S”, terror charcutero… había un maremagnum de porquería filmada de toda clase y estilos, pero en todas ellas subyacía una misma serie de ideas: el mundo está podrido, tu chica o tu familia es casi tan importante como tu coche y la única forma de resolver los problemas es empleando la violencia por tu cuenta al margen de la ley. En resumen, un neofascismo soterrado, aunque muchas veces en absoluto oculto, bastante simpático, del que surgieron rentables carreras como la de Charles Bronson, Chuck Norris o Steven Seagal, el karateka ecologista.

Pues Cronenberg, cuyas películas siempre habían estado en la estantería de enfrente al género “Yoyah”, en “Terror y Casquería”, con una Historia de Violencia, por fin se ha atrevido a dar el salto al género hermano. El más elevado de los valores, la familia, defendido a base mamporros. Poco más hay. Lo que ignoramos es si, una vez rodada la película, ahora que ya sabemos que Clint Eastwood trabaja con un guionista navarroaragonés, Crobenberg se habrá acercado a uno de esos pequeños y polvorientos pueblos manchegos de tres habitanes, le habrá puesto la película al octogenario que mira pasar los coches por la general sentado en la puerta de su casa y le habrá preguntado: ¿qué le sugiere la reflexión que plantea el film, qué título le pondría usted? con lo que el anciano señalaría sabiamente: “¡Quía! esto más que una historia de violencia no es ¿yo qué nombre le pondría? pues nada: Una Historia de Violencia, pa´qué vas a darle más vueltas, zagal.” Lo curioso es que no hay que engañarse, Cronenberg nunca ha sido un director de apetitosa basura propiamente dicho. Todas sus películas han hurgado en personalidades turbias con bastante originalidad. Siempre le han ido los excesos fílmicos y el tío tenía su marca de calidad celosamente distinguida. Por eso llama la atención que ahora aparezca con una película tan zafia que ni “Destroyer, Brazo de Acero”. La cinta está bien filmada. Atrapa al espectador y posee cierto suspense. El problema es que los dos o tres giros del guión más importantes se resuelven siempre de la misma manera: a base de hostias. Pero, además, qué clase de hostias, la envidia de Van Damme. Es una pena que un director tan gratamente retorcido habitualmente, ofrezca una historia tan pobre donde algo de lo que se puede sacar tanto jugo como es la violencia, aparece tratado en clave de Tortuga Ninja. Por no hablar del “aserejé” que el protagonista se marca en los minutos finales para esquivar una ráfaga de balas. Pero todo este

despropósito tiene una razón. De entrada, que el guión no es suyo. Desgraciadamente, es la adaptación de un cómic. Y es que hay tebeos que nunca deberían abandonar el papel. Ejemplos, y recientes, no faltan. Mas sorpresas te da la vida, resulta que Una Historia de Violencia, según la crítica, es un peliculón. Steven Seagal, que propone argumentos de la misma ralea desde hace muchísimos años, con unos efectos sonoros cuando se machacan cráneos igual de logrados –pisando con saña Rufles, Doritos e incluso cacahuetes-, tiene que estar que trina, porque si esta película la protagoniza él, le cae media estrella de calificación, o ni eso, con mayestático desprecio por parte del crítico, al que le jode, además, perder el tiempo en ver chorradas. Por lo menos, cuando la historia falla y la interpretación del protagonista es tan hierática (Viggo Mortensen “Aragorn” en el Señor de los Anillos –maño tenía que ser el animalico) como la de un actor de telefilms de sobremesa de Antena 3, lo menos que puede pedir uno para aprovechar los seis euros de vellón es el último refugio del cinéfilo: mujeres en cueros. Cronenberg, seguramente consciente del truñete que estaba perpetrando, nos muestra a la grácil María Bello (“Anna Del Amico” en Urgencias) de los pies a la cabeza pasando por el felpudo –y es una espátula, por cierto. En resumen, la película no es más que un tipo al que le persigue su pasado y se lo quita de encima a base de kung-fu y metralleta. La lectura que se extrae ¡oh, qué mensaje de altura! Es que la violencia engendra violencia, porque el hijo de Aragorn, al ver a su padre tan animoso, se pone a masacrar compañeros de clase en lo que es ya toda una orgía de aplastamiento de frutos secos como SFX. Fíjese Usted qué cosas más profundas se aprenden en el cine. El consejo que daríamos en esta Santa y Definitiva Casa, es que, David, si te tienes que marcar una historia absurda

que sólo puede ofrecer morbo barato y descastado, haz como otros genios contemporáneos cuando se enfrentan a tan duro reto: tira el guión al aire y graba la película en el orden en el que has recogido las hojas del suelo, que sin despeinarte, seguro te sale una obra aún más “maestra”, como un 21 Gramos de nada, sin ir más lejos.

Detectan una verdad en los Estados Unidos de Norteamérica
Jennifer Francisca González aún está bajo tratamiento médico por la crisis nerviosa que sufrió ayer mientras, como todos los días, limpiaba las escaleras del Centro de Observación Alienígena de la NASA en Houston (Tejas). “Oye chamo, le dije a mi compañero Walter Rigodón, dejaste el piso cuarto sin barrer, ahorita vienes y lo terminas” -así recuerda cómo se encontraba esta dominicana de cincuenta y seis años residente en EE.UU. ayer por la mañana, un día rutinario como cualquier otro. “De pronto, oigo gritos, patadas a muebles… veo al Doctor Wynono que sale de su despacho, me coge de las solapas, me mira con los ojos inyectados en sangre y grita en mi cara: oh my god, Jenny, oh my god”. La mujer, zarandeada por el director del Observatorio cayó al suelo desde donde vio como el Doctor Wynono abrió la ventana del descansillo, la miró de nuevo, llorando, y dijo: this is the end; para lanzarse al vacío con la fortuna de enganchársele la bata en el picaporte de la ventana, lo que frenó su caída, y sobrevivir a una muerte segura quedando únicamente cuadripléjico de por vida. Cuando saltaron las alarmas eran las once de la mañana. Hasta ese momento, en la oficina sólo se escuchaban los habituales y monótonos “bip-bip” de las señales que envían las sondas espaciales que surcan el cosmos en busca de otras civilizaciones inteligentes. Esta oficina de la NASA tiene ese cometido, averiguar si estamos solos en el universo e investigar todos los fenómenos extraños, también conocidos popularmente como Expedientes X gracias a la exitosa serie televisiva, que acontecen en el planeta. Suson Rogers, secretario general del Observatorio y mano derecha del defenestrado Wynono

Cliford, se lo explicó a los periodistas recortando el lenguaje, casi sin emplear palabras: “Mírenlo, ahí está” manifestaba señalando la pantalla del Detector Iribarnextron 4000 beta, un ordenador capaz de procesar cuarenta mil millones de datos por nanosegundo. Los periodistas, cariacontecidos, tampoco preguntaban, se limitaban a mirar fijamente con desprecio la imagen que proyectaba la computadora. La imagen de John Kerry. “Hacía más de cuarenta años que no detectábamos una verdad en Estados Unidos” -recuerda Margaretho Williams, de ochenta y cinco años, el científico más veterano del Observatorio, ya jubilado, al que en reconocimiento por su labor dejan deambular por las instalaciones como un trabajador cualquiera, pese a que más de una vez ha sido sorprendido mostrándole los genitales a estudiantes de primaria que visitan la NASA de excursión. “Lo recuerdo perfectamente, fue cuando Marilyn Monroe le deseó feliz cumpleaños al presidente. Se lo deseó sinceramente, esa mujer estaba diciendo con total honestidad y franqueza: presidente quiero que estés feliz en tu cumple. Las alarmas del Iribarnextron 200 plus saltaron al instante. Luego la CIA hizo su cometido. Nosotros con eso ya no tuvimos nada que ver”. Para Hillaryo Antúnez, un joven ingeniero termonuclear del espacio de veintiocho años, encargado de las poleas del Iribarnextron desde hace un año, no hay duda alguna de que se trata de una verdad con todas las de la ley. “Lo mires por donde lo mires es verdad. Kerry dice que si no estudias, te mandan a Irak. Lo podría haber dicho de otra manera, dándole otro sentido, no sé, por ejemplo: el ejército de este país, tal y como ocurre con los ejércitos profesionales, es el refugio de los parados y los que no les quedan más cojones, es decir, los desfavorecidos. Y sí, son los que luego van a volar en trocitos por la patria y por Texaco. Aquí los pobres dan la vida por los ricos por un sueldo y una beca, a lo sumo. Es una verdad. Creo que Kerry no tiene excusa posible. Esto es verdad. Y lo ha

dicho en público. Está grabado. Se le ha debido ir la cabeza, pero está en un buen lío”. Por los pasillos de la NASA todo el mundo camina nervioso y angustiado. Se preguntan qué hacer para que no vuelva a asomar así en público una obscena y pornográfica verdad. Se invertirán años de estudio e investigaciones para tratar de entender el fenómeno, totalmente paranormal, por el que ha ocurrido. En la calle, un anciano se manifiesta en solitario. Da vueltas con un cartel en el que pone “Kerry, ésta es tu caja”. Se llama Melindo Smith. Ha venido desde Colorado hasta las oficinas de la NASA sobre su máquina de cortar el césped. Dice: “hey amigou, váyase al infiernou ¡qué demonious! amigou, en mis tiempos si alguien decía una verdad no investigábamos ni rayos, amigou, ¡bang bang! y a otros asuntous. En la NASA deben haberse vuelto locous. Por eso protestou, sí señor, ya lo creou, así es”. Hoy América está desolada. ¿Podrá sobrevivir este país a una verdad? Una verdad soltada a traición, sin avisar, sin precaución, de golpe y porrazo. Las mujeres lloran por la calle. Los niños no juegan. Una joven de Manhattan se ha disfrazado de estatua de la libertad, subida en un buzón, con un habilidoso movimiento de mano, deja sus senos al descubierto “Amigous, lo importante es la libertad” -rompe a llorar- “América y la libertad me dan así como mucha gustera ¿no sabes?” -grita, desquiciada- “¡Es que acaso no es la libertad de América la libertad de América!” -cae al suelo- “¡y los niños inocentes de América, all right!” parece desmayada, pero de sus labios se puede intuir un susurro, es el Barras y Estrellas, el himno nacional. En días como hoy, todos somos americanos.

“Infiltrados” de Martin Scorsese
“Cuando esto no funcione, quiero que rompas tú la relación. Yo no podría. Soy irlandés, puedo conformarme toda la vida con algo que está mal” Colin Sullivan (Matt Damon) El guionista vasconavarro aragonés que hizo el guión de Million Dollar Baby para Clint Eastwood, por lo visto se está forrando en Hollywood porque ahora ha contratado sus servicios el mismísimo Martin Scorsese. Como todo el mundo sabe, italianos e irlandeses se llevan a matar. Por lo visto, Scorsese, célebre cronista de la mafia italiana, ha tenido que devolver el favor por las historias que los macarronis le prestaron para sus geniales Uno de los nuestros y Casino atendiendo una sencilla petición: haz una película sobre irlandeses en la que sean todos tontos, pero tontos de cojones, para que nos riamos un poco a su costa ¿capisci?. El autor de aquella obra maestra sobre la vida de un lector del blog de Luís del Pino, Taxi Driver, que perdió el óscar ante la Million Dollar Baby de su tiempo, Rocky, aceptó encantado el encargo -por la cuenta que le traía entre otros motivos- y se puso manos a la obra. La primera medida fue contratar al guionista vaconavarro aragonés. La película hace especial hincapié en la descoordinación entre los diferentes cuerpos de la policía, por lo que sólo un español puede explicar lo que significa que su seguridad esté en manos de municipales, autonómicos, nacionales, y coronando el sin dios con impagable indumentaria, la Guardia Civil. Los personajes, una puta mierda A partir de ahí, coser y cansar. De todo el plantel, sólo hay

un personaje que se ajuste mínimamente a un perfil creible: Jack Nicholson como Frank Costello. Se trata de un dibujante frustrado mezquino, cruel y traicionero que sólo sabe hablar de pollas, de lo grande que la tiene él y de lo que hacen los demás con la suya. Quien haya tratado con dibujantes en esta vida sabrá que, si bien en la realidad son incluso más asquerosos, el retrato no ha quedado del todo mal. Como contrapeso al comedido y templado papel que desempeña Jack Nicholson como mafioso, parece ser que el vasconavarro aragonés recomendó a Agustín González para hacer de comisario, pero su triste fallecimiento dio al traste con los planes y el mundo se ha perdido este hierático duelo interpretativo de sutil y prácticamente inapreciable mímica. El resto tienen el inconfundible sabor del escritor boronobaturro: Matt Damon como un pijo trepa que entra en la mafia por un puñado de golosinas, Michael J. Fox, que ahora le llaman Leonardo no sé qué, como noblote tipo duro de la calle, Mark Wahlberg como José Amedo, Alec Baldwin como madurito cabeza de familia cantamañanas y Martin Sheen de madurito cabeza de familia ejemplar, casi Papá Noel. Y hasta poco más de aquí llega la mano de Scorsese porque esta película es un remake de Infernal affaires (Juego sucio), una peli china (de la realidad nacional hongkongniana) que según cuentan los que entienden está de putifa. La historia, una puta mierda Pero el colega Scorsese tuvo a bien cambiar el final. Oye, no sólo iba a limitarse a ponerle caras a la idea de otro. Lo cierto es que la película transcurre bastante entretenida hasta cierta movida entre Jack Nicholson y Matt Damon. Scorsese es un tipo al que le gusta la buena música. Como además dota sus películas de un ritmo bastante trepidante, pues ahí, escuchando clásicos de toda la vida y viendo hostias como panes yendo y viniendo, uno se traga tres cuartos de película más a gusto que en brazos.

Sobre todo, porque hasta la movida anteriormente señalada, el suspense está tan logrado que el espectador si tiene sangre en las venas, ama a su país y cumple con la parienta en la cama, se angustia bastante. Lo que no quita que las personas más de bien aún, las que amamos al grupo galés Badfinger, nos sintamos un poco turbados cuando suena el Baby Blue del Straight Up mientras le meten un tiro en la rodilla a un toxicómano. No puede ser. Badfinger fue un grupo precursor del power pop, un grupo de canciones delicadas y aterciopeladas en el que dos de sus miembros se ahorcaron por la fata de éxito. Hubiera sido más apropiado ponerlos con el primer plano de los intestinos del personaje que se cae desde una azotea. Dónde va a parar. Pero lo último es letal. Scorsese le pidió al guionista vasconavarro aragonés un final contundente, en su estilo. Y el español tuvo la ocurrencia de escribir un desenlace para Infiltrados basado en la popular obra de Muñoz Seca, que en Paracuellos descanse, La Venganza de Don Mendo. Sin embargo, esta adaptación del clásico del teatro patrio, viene introducida por un giro del guión más inspirado en la literatura británica, en concreto, en la obra de Benny Hill: (cuidado con lo que lee que destripo parte de la película) Leonardo di Caprio tiene que joder a Matt Damon, para ello goza de todo tipo de posibilidades, cintas, testigos, un sobre con pruebas comprometedoras, y coge y en lugar de llevarlas a la comisaría más cercana, se las guarda “por si le pasa algo” y queda con Matt Damon para detenerlo y llevarlo al talego en el lugar más alejado y recóndito posible, cuando es él y no Matt el que vive de incógnito por las calles. En fin, una cosa surrealista que golpea a la inteligencia del espectador con un calcetín sudado. Total, una puta mierda El resultado es que algo bastante bien llevado se nos va todo en su conjunto a tomar por culo por el tan habitual

rice de rizo final, que ya tenía su tirabuzón cuando Di Caprio, casualidades de la vida, va a la consulta de la psiquiatra a la que se tira Matt Damon, aunque se perdona porque la trama precisa de ese resorte para mantener el paralelismo argumental entre ambos personajes. Por otra parte, por el amor de Dios, que alguien haga algo: no más orientales cabreados en el cine. Los chinos -que son los que salen en la película pegando voces y haciendo aspavientos cual Caparrós desde la banda- son gente de lo más tranquila, normal y pacífica. Tanto o más que los occidentales. Ya está bien de sacar orientales o con cara de ojete todo serios fríos y calculadores o histriónicos desquiciados perdidos. Al final, los mafiosos italianos que encargaron la película han debido quedar la mar contentos. Estamos hartos de ver en los Soprano cómo hay que llevar los negocios de la familia: no meterse en drogas, no contar con cualquier tolai y no dar el cante jondo cada vez que operas, que esta historia nos resulta un manual del mafioso patoso o, como dirían los italianos mordiendo el palillo sujetándose el canoli con la mano: paleto borracho irlandés En ese sentido, Scorsese, no sufras, que lo has conseguido. Cuando Jack Nicholson dice “si digo que eches el cadáver al pantano, es porque quiero que lo eches al pantano” con una mezcla entre Faemino & Cansado y Pepe Gotera y Otilio, más de uno tuvo que esnifarse accidentalmente los raviolli. Tal vez el director no consiga su anhelado Óscar, pero en el Festival de Venecia le hubieran sacado en calesa de oro bajo una lluvia de pétalos de rosa. Mira que no presentarla ahí. Qué mala suerte.

Discursos ibéricos de Navidad, Equinoccio y Año Nuevo.
“Difícil es nacer como hombre, difícil es nacer como un mortal, difícil es escuchar la verdad sublime”. Buda. Españolas, Como corresponsal de LPD en el Norte de la Submeseta Sur, cuando miro los horizontes amplios y abiertos que dominan estas tierras poco dadas a pueriles detalles como colinas, bosques o mares, me pregunto qué sistema de gobierno me pide el cuerpo bajo la lucidez inigualable que otorga el sol de las cuatro de la tarde incidiendo directamente sobre la cabeza, y no me puedo engañar a mí mismo: España Imperio puño de hierro capital Lisboa. Es cierto. Me ponen los cetros, los uniformes, la guerra, la muerte, la desolación y, por consiguiente, la Patria. En palabras de Manu Chao: me gusta Kim Il Sung, me gustas tú, qué voy a hacer je ne se pa. Sin embargo, en nuestro país, que ha sido gobernado con los sistemas políticos más andrajosos imaginables ¿qué nos queda? En las fotos de los consejos de ministros no es que ya no se vean media docena de uniformes militares como antaño, es que ni siquiera aparece un miserable alzacuellos. Tampoco hay chicha en los virreinatos, donde los líderes de provincias se niegan a adoptar la indumentaria regional al uso y se mimetizan con el resto de burócratas a base de trajes grises y corbatas. Qué decir de la oratoria. Vivimos en una época en que la capacidad del habla se ve cada vez más mermada. No existe la fluidez. Confunden las clásicas técnicas

corporales y el gesto solemne de los parlamentarios de la I República con no estarse quietos con la puta mano. Mientras tanto, en este plan, a uno, con el síndrome de abstinencia, buscando erótica del poder en las profundidades abisales del vertedero, no le ha quedado más remedio que tragarse los discursos que, por estas fechas, tanto el Monarca como los presidentes del Gobierno y de las CC.AA ofrecen al pueblo por sus respectivos canales, para meterme por la vena algo de perversa elegancia o despótico estilazo marimandón. Sin más dilación, comienza el análisis “Estructura y estilo del discurso navideño, Equinoccial o de Año Nuevo de los gobernantes del reino de la Unión de Repúblicas Bananeras Ibéricas”. ¡Cómo están ustedes! Lo primero que se ha de hacer en un discurso es saludar al respetable. ¿Sí? No. Pocos son los mandos españoles que se toman la molestia. No es que el pueblo ibérico merezca una reverencia cortesana tras el Mundial de fútbol que hemos perpetrado, pero entrar en nuestros hogares sin decir ni hola, ni buenas noches, ni qué pasa tío, como hizo el Monarca, es una falta de respeto que no se merece nadie. A no ser que esta generosa parrafada con la que Juan Carlos arrancó su discurso fuese un saludo: “En estas fechas navideñas quiero haceros llegar, junto a la Reina y toda mi Familia, nuestro mayor afecto y mejores deseos para estas Fiestas y para el Año Nuevo 2007 que esperamos, de corazón, lleno de paz, de alegría y de bienestar, para todos y cada uno de vosotros” Dicho lo cual, si esta culebra es lo que entiende el Rey por decir “hola”, por lo menos que hubiera salido con peluca, puñetas y, sobre el pecho, roja cruz de caballero de la Orden de Santiago que, si se quiere, en pos de mostrar la modernidad de nuestra ejemplar monarquía, Juan Carlos también podría llevarla en oro clavada en la tocha a modo de piercing.

Es normal, en cualquier caso, que el Rey haga lo que le salga del nacle. Bastante felices tendríamos que estar ya por el hecho de que se digne a hablarnos directamente una vez al año deseándonos lo mejor y dándonos ánimos para seguir engordando el PIB descuajeringándonos en el curro. Para chulo él. Lo que no es normal es que el presidente murciano, Ramón Luís Valcarcel, ejerza de paladín de los naturales de Torreciudad y abra con un engolado, cursi, baboso y, en definitiva, propio del clero secular: “¡Tiempo precioso, días de gozo!”. Más lógico, por el contrario, es que el andaluz, Manuel Chaves, encabece el discurso como un pedigüeño pordiosero, casi pidiendo perdón, sin personalidad alguna: “agradezco que me permitan entrar tan sólo unos minutos en sus hogares”. Finalmente, una entrada surrealista a cargo del prohombre de España más talentoso para dicha disciplina: el Lehendakari: “Para el pueblo vasco las navidades son época para la reunión familiar” ¿Y para los demás pueblos que celebran la Navidad qué será? ¿Querrá decir que, sin embargo, para el pueblo español es época de sexo oral incestuoso con sacrificio posterior del menor de la familia y tres vacas en honor a Huitzilopochtli? No espere nadie que Ibarretxe conteste a esta pregunta simplemente con un sí o un no.

“Creanme, la auténtica Masaje-lámpara-gallina no admite imitaciones. No puede faltar en su casa. A qué espera para comprarla. Solicítela ya al 906 bla, bla…” Mal rollo Nosotros, los súbditos de estos caudillos, que interrumpirnos la masticación para que el ronchar no nos impida percibir las oscilaciones más broncíneas y diamantinas de sus voces, que tenemos que aguantar que irrumpan en nuestras cenas familiares sin decir ni hola, también, por lo visto, tenemos que soportar que nos den una buena dosis de mal rollo. La escucha del discurso de Manuel Chaves desaconsejaba la cena simultanea. Cualquier bolo alimenticio de paso por el intestino cuando el presidente repartió mal rollo con especial meticulosidad y detallismo, podría haber sido causa directa de cólico miserere súbito, atención: “aquellos hogares, que por cualquier avatar de la vida, en estos momentos no hay ganas suficientes para compartir la alegría de estas fechas. La ausencia de quienes ya no están entre nosotros, aunque para siempre permanecerán en nuestro afecto y en nuestro pensamiento, la enfermedad o cualquier otra de las adversidades que la vida nos termina deparando tal vez haga que muchas familias no sientan deseo de celebraciones” Luego normal que los abuelos rompan a llorar diciendo que el año que viene ya no estarán. Por su parte, el Rey, desde el Palacio de la Zarzuela, junto a la servidumbre y frente a un menú de valor exorbitante, dijo que quería expresar su “cercanía y comprensión hacia quienes padecen dolor, sufrimiento o soledad”. Comprensión, bueno, quién sino el para comprender el quebranto emocional de la carencia ¿pero cercanía? Chungo. A no ser que un desgarrado pesar nihilista se haya apoderado de él y, atenazado y abrumado por el angustioso absurdo de la existencia, el buen hombre lo esté pasando fatal. Pero no tenía mucha

pinta, la verdad sea dicha. Saben de aquél que “diu” Llegados a este punto, si uno no puede parar de llorar, qué mejor forma de consolarse que tornar el llanto en lagrimones de risión, porque tras las formalidades, comenzó el festival de chistes. Jaume Matas el Corto: “Antes de cualquier referencia, es preciso reiterar la condena más absoluta por los hechos ocurridos recientemente en Andratx (risas) Frente a esta situación, que se cumpla la ley, y tolerancia cero contra la corrupción (carcajadas) Quiero transmitir un mensaje de tranquilidad porque nunca consentiré ninguna duda razonable sobre cualquier caso de corrupción (vítores) Esta tierra no se merece que el caso de una persona, que ya es ex alcalde, y no de todo un ayuntamiento, se utilice para suscitar una sospecha generalizada sobre sus instituciones (descoyunte) Adán Martín Menis de la Calzada, presidente canario: “De ser el Sur más alejado de Europa, Canarias pasa a ser el centro del Atlántico”. Y al más puro estilo Martes y Trece, de nuevo el Lehendakari: “Está claro que ETA es la única responsable de lo que ha sucedido ayer, ¿pero qué hemos hecho los demás? Quizá tendremos que hacer nuestra propia reflexión sobre cómo hemos gestionado el proceso de paz” La culpa es totalmente de ETA pero no lo es totalmente de ETA. Qué genial. Recuerdan las palabras de Juan José Ibarretxe a un fragmento de las memorias de Julián Zugazagoitia cuando, tras una sesión parlamentaria, el portavoz del Partido Comunista da su apoyo sin condiciones al Gobierno de Negrín “a condición de…”. Jamás he visto un apoyo sin condiciones más condicionado, subrayaba. Y por qué no, antes de que acabe el espectáculo, una tonadilla ¿Son Aviador Dro? No, es el presidente del Gobierno, autor del chiste del lustro “Respecto al terrorismo, dentro de un año estaremos mejor”, José Luís

Rodríguez Zapatero: “Permítanme que haga, desde esta perspectiva, una consideración de carácter general: España está hoy en el liderazgo del crecimiento económico, España está hoy en el liderazgo del crecimiento de empleo, España está hoy en el liderazgo del Estado del Bienestar” Todo un enamorado de la anáfora Sin embargo, en los premios Amigo, el que va a arrasar este año va a ser Montilla con su nueva letra. Ideal para que la interprete Amaral ¡vámonos!: “Quiero una Cataluña confiada y un Gobierno que dé confianza. Quiero una Cataluña con empleo de calidad y un Gobierno que trabaje para todos. Quiero una Cataluña creativa y un Gobierno que facilite el talento. Quiero una Cataluña abierta y un Gobierno que se abra a la sociedad, a sus peticiones y sus preocupaciones. Quiero una Cataluña generosa y un Gobierno austero. Quiero una Cataluña optimista y un gobierno serio. Queremos [¡todos juntos!] en definitiva, una Cataluña libre, justa y equilibrada y un Gobierno al servicio de estos ideales” Y aquí vendría el solo megalómano de guitarra del novio de la maña, con el gorro calado hasta el entrecejo, que ejercería de velcro, por si se levanta viento. Pináculo del éxtasis bananero Con todo, el momento más lamentable de este mar sin orillas de la medianía, tenebroso averno insondable de la cutrez, lo protagonizó uno que lo deja, que se jubila, el presidente extremeño, Rodríguez Ibarra. El que otrora fuera el mejor y más avezado combatiente contra el nacionalismo periférico, tantas veces retratado vestido de folklórica por algún que otro fanzine vasco, tantas veces rescatada la palabrota de su discurso para alimentar el personaje soez, Ibarra, en esta ocasión, por fin ha sido él y sólo él su mayor enemigo. El hombre comienza directamente su discurso –sin saludar- arremetiendo contra los nacionalistas. La excusa es que el año 2006 ha estado plagado de “ruido” y “jaleo” sobre la “identidad de ciertos territorios españoles”. Como felicitación de año

nuevo, desconsiderada; como verdad, un puño. El problema viene cuando aquí, el presidente de la Junta de Extremadura, dedica ni más ni menos que trece párrafos a divagar sobre la identidad extremeña y ¡a qué nivel!: “La primera mentira que debemos desterrar es el origen de nuestro nombre. Extremadura ni es el extremo del Duero, ni mucho menos, la unión de dos adjetivos: extrema y dura, que da lugar al sustantivo. Tan absurdo como si alguien dijera que Andalucía es la unión de un verbo, anda, y de un nombre, Lucía”. Para luego lloriquear por “las ofensas que de tanto en tanto, se nos hacían como cuando por ejemplo se pretendió identificar a todo un pueblo con un desgraciado crimen que surgió en un punto de nuestra región”. A este paso, el PNV va a poder reeditar orgulloso sin miedo alguno al ridículo las obras completas de Sabino Arana. Autobombo talla trillizos Es realmente sorprendente, pero todo indica que, en Galicia, hay una grave carencia de abuelas. Resulta difícil de creer, pero ojo con lo que dice Emilio Pérez Touriño: “Desde que asumin esa responsabilidade, a economia e a creación de emprego cobraron un dinamismo sen precedentes los últimos anos”. Tampoco está mal el asturiano, Vicente Álvarez Areces: “nuestras costas son las mejor conservadas de España”. Pero nadie como Miguel Ángel Revilla, de Cantabria, “comunidad a tener en cuenta, que tiene mucho que aportar y está preparada para asumir los desafíos de la modernidad” y por esa razón “se está situando entre las más avanzadas de España y de toda la Unión Europea” no hay nada como tener “una Comunidad pequeña, pero sólo físicamente, porque [sus] valores y atractivos son infinitos” que permita prometer al presidente “colocar a Cantabria muy pronto a la cabeza de España” ¡El IV Reich tendrá mil años! más o menos como Nando Yosu. Por su parte, el mensaje del Rey siempre está sujeto a la

cabalística para entender algo de lo que quiere decir. Al margen de su habitual mediación entre los principales partidos, un guiño a la Iglesia para que no se sienta defenestrada, la pobre, y achacar todos los maravillosos fenómenos que ocurren en este país, que surca el firmamento imparable hacia la Gloria eterna, a la Constitución del 78 -cosa muy normal ¿Qué haría usted con Una Carta Magna en cuyo artículo primero pone que es el monarca, sin más responsabilidad en esta vida que la de ir de ágape en ágape representando al país cuyo principal motor económico se llama “fiesta”?- el mensaje cifrado de este año del Monarca viene en clave de autobombo y se antoja complicado, dice: “España es una gran nación de la que todos podemos sentirnos orgullosos (…) Un país con rico y variado patrimonio histórico, artístico y lingüistico, orgulloso de la fuerza de su creatividad” Yo apostaría por que este tirón de orejas es para los Dover: Que muy bien la canción, pero que en español ya estaría de putifa. No como otros No falta tampoco en todo discurso una alusión velada del orador, cual portera arrabalera, al vecino nacionalista. Miguel Ángel Revilla sabe perfectamente porque Euskaldín deja mancha después de varios lavados: “Los cántabros sabemos muy bien quiénes somos y tener las ideas tan claras es una ventaja evidente, porque nuestros objetivos huyen del antagonismo y el enfrentamiento para centrarse en lo que de verdad importa: la solución de los problemas reales.” Y, como no, por qué Cántabro Expres elimina las manchas, casi sin frotar: “Formamos una sociedad de gentes trabajadoras y solidarias que, por encima de todo, aspiran a vivir en paz y libertad” Es toda una incógnita saber qué sutil giro tomará este discurso institucional cuando la marabunta de vascos que se van a vivir a Cantabria empiece a rebosar. Por otro lado, tirando de pronombres indefinidos, Ibarra explica por qué Extremón es el único que elimina la cal sin rayar el

esmalte: “Todos los que han estado en esa tarea [recuperar la identidad] se han dedicado a mirar su pasado. Han pretendido decirnos que ellos son hijos de un pasado, hijos de algo, hijos de algo anterior a ellos, de lo que se sienten herederos. No les importa tanto lo que son ahora sino lo que fueron en el pasado. Nosotros, los extremeños, ante esa búsqueda de identidad de otros territorios hemos estado relativamente callados (…) somos conscientes de que nuestra personalidad, nuestra identidad como extremeños no reside en nuestro pasado sino en el futuro que estamos construyendo entre todos”. Arenga paralímpica Concluir el repaso a los discursos de las autoridades de este país no va a ser fácil. Quedan los latiguillos ostentosos y almibarados con los que se azuza al populacho para que no caiga en brazos de la depresión. Alharacas de Corín Tellado hasta las trancas de moscatel, una lectura tan agradable como hacer vahos en una fosa séptica. Aprieten los dientes y también, por su seguridad, el culo, llega el lehendakari: “Hablar de esperanza es hablar de vosotros y vosotras. Vuestro empuje, vuestro coraje, vuestra decisión es hoy la única garantía de seguir avanzando. No dejéis de soñar, no dejéis que nadie os arrebate vuestros sueños”. Leproso tiñoso costroso número dos, Luís Valcarcel, presidente de la comunidad murciana: “Tiempo, también, de amor. Amor con mayúscula, entendido como solidaridad (…) sin ese amor no hay verdadero progreso”. Le sigue Miss Araño la Pizarra frotándome los labios menores con la mano toa, Valcarcel otra vez: “Con ser una fiesta cristiana, el mensaje de Navidad trasciende las barreras ideológicas y confesionales y alcanza una dimensión universal: la de la paz y el amor” Y para terminar ¡Abran paso al HombreBaba!, Touriño: “O territorio non é só unha fermosa paisaxe que contemplamos con admiración (…) Entre todos lograremos preservar esa Galicia que naceu abrazada ao mar de Manuel Antonio. A Galicia dos mil

ríos que amaba Cunqueiro. A Galicia das chairas e dos tesos cumes que cantaron Manuel María e Novoneyra”. No sin mi ombligo Pero para que esto no sea sólo de que criticar y de que criticar, LPD ofrecerá también su propio discurso de Año Nuevo. Con diecisiete días de retraso, como mandan las más ancestrales señas identitarias de esta casa, yo, anteriormente conocido en círculos femeninos como La Colonoscopia Dulce, ahora proclamado Príncipe de las Mesetas con la misma legitimidad que el Monarca actual, la que emana del interior de los testículos, me dirigiré al aborigen de interior con un mensaje de paz, concordia, convivencia y solidaridad, respetando las normas discursivas anteriormente desglosadas. Mesetarios y Mesetarias: Buenos días. Penetro por vuestras retinas en estas fechas de paz y amistad para traeros la Buena Nueva: ha nacido Cristo, hace como unas tres semanas. Dicho esto, no puedo sino invitaros a hacer una reflexión sobre nuestra identidad. Partamos de la Historia. Como Príncipe vuestro que soy, habéis de saber que comparto la visión de España del inglés Brenan. Aquella de su Laberinto Español, donde se mostraba al aborigen de interior, recio y viril, tieso como un poste, mirando al cielo, pues sus cultivos son de secano y de que llueva cinco y no tres, cinco y no diez veces al año, depende endeudarse para tres generaciones. Hombre adusto en el que no penetraban las nuevas ideas, pues bastante tenía con interpretar las nubes que a duras penas tapaban el sol las veinticuatro horas del día. Era éste un homínido singular que limitaba al sur con unas criaturas que habitaban en cuevas contemplando como cuatro familias disfrutaban de toda la riqueza de su región, y a Norte y Este con los llamados periféricos, extraña etnia rural que observaba con odio y rencor africano una protuberancia que había surgido de la nada en mitad de su sacrosanto agro, las

ciudades. Siempre preparados y dispuestos para atacar al hombre, a poco que el cura se echara al monte con eso que ahora se conocen como buenos abertzales. Eso de enriquecerse si no era clavando la azada sobre un terreno con diez dedos de hielo sólo podía ser cosa de Satán. La lepra, el comercio y la peste –por este orden- era lo que más temían. Y bien, por diversos avatares que no vienen al caso, de estas gentes se nutrió la Meseta, hasta dar lugar en nuestros días a una raza de superhombres conocida popularmente como señores calvos con bigote franquista que van, de un lado a otro, en busca de un cafelito. Juntos, con nuestro trabajo y tesón, hemos alcanzado las más altas metas. Muchas mujeres que han cruzado un charco pisando sobre una gabardina ajena pueden atestiguarlo. Así como infinidad de ancianitas a las que les cedieron el turno en la cola del panadería. Ésta es nuestra identidad. Y como todos sabemos, ha de asumir grandes retos de cara al futuro. Se aproxima el cambio climático y conforme bullan los océanos, tendremos que darle el derecho de autodeterminación a las provincias rebeldes. Eso sí, a la manera castellana. Independencia sí o sí. Para garantizarles su derecho, sobre todo en los momentos difíciles, cuando su voluntad y hecho diferencial dude al ver que el nivel del mar sube siete metros hirviendo, nos veremos obligados a sembrar Somosierra de nidos de ametralladoras. Será el origen de La Meseta, isla tropical. No nos costará nada, con nuestro trabajo solidario de mesetarios y mesetarias, trucar los organillos para decir adiós al chotis y hola al calypso. Tampoco será difícil crear la compañía cocotera más pujante del mundo, ni reventar los precios del dátil con nuestras vasta producción impulsada por las más modernas técnicas de I+D+i. Todo esto está muy bien, sí. Pero hay un problema. La semana pasada, los de siempre, los no demócratas, algo

debieron hacer porque pasé por donde estaba un salón de banquetes cerca de mi palacio y había sido traspasado. Ahora es un gimnasio de siete plantas. Aquel local reunía, no sólo las bodas y bautizos del barrio, sino todas y cada una de las cenas que grupos de amigos llevaban a cabo para celebrar lo más hermoso de la vida: la amistad. Aún puedo verlos saliendo abrazados, riendo… chispa, castaña. Actualmente, sin embargo, ahí la gente entra y sale sola, con sus mochilas. Y si van en grupo, es para pegarse patadas en los costillares a la manera del Vale tudo. Por el amor de Dios, en este año 2007, u os ponéis las pilas, súbditos míos, y recuperáis las ágoras y lugares de encuentro, bares si se quiere, que esculpieron nuestra civilización como lo que es, un pueblo alegre y dichoso, sociable, que gusta de conversar con desconocidos, o a una raza de peponas y musculocas la guía hasta la Gloria vuestra puta madre. Mis mejores deseos.

Jesus Camp: “Ni todos los conventos de Colorado valen la vida de un republicano”
“¡Yo me cago en Dios!” Tony Soprano, al enterarse de que el entrenador del equipo de fútbol de su hija se estaba beneficiando a la volante interior diestra. El mundo aguarda paciente el documental de Kusturica sobre Maradona, cuya banda sonora será obra del lamentable Manu Chao y, para colmo de las desgracias, dará una visión “idealista” sobre Dios, es decir, lo mostrará como una víctima al pobrecito. Ya lo decían en Chinatown, las putas y los edificios viejos se convierten en honorables si duran lo suficiente. Hemos pasado de hacer mofa y vejar la vida de este hombre para ahora hacer acto de contrición y echar la culpa a la sociedad, a nosotros, de sus males. Cuando estaba en el Boca con el pelo teñido es cuando hacían falta los aduladores, no ahora que la memoria balompédica colectiva, que es inteligente, mucho más por lo menos que la memoria histórica colectiva, empieza a recordarle únicamente por su genialidad. Mientras tanto, a la espera de ver esta obra teológica, es ya un hecho que los documentales y las series de televisión están desplazando al cine de los hitos audiovisuales de cada año. A los, independientemente de su contenido, retorcidos documentales de carácter político que pretenden ser mu serios y mu rigurosos de investigaciones mu profundas, pero los muy cabrones no prescinden de escenas lacrimógenas y chantajes emocionales -sí, Michael, te estoy hablando a ti- o al El Show de Al Gore, donde el caballero, haciéndose el chistoso, explica a los estadounidenses qué les va a

pasar por no haberle votado -el fin de la vida en la Tierra ni más ni menos-, hay que añadir otros tantos con una vocación periodística más auténtica. Títulos como “La Pesadilla de Darwin” nos han mostrado la mierda pura de una forma tan aséptica que tragarse el documental, que tampoco era breve el cabrón, suponía una experiencia atroz. Hay quien dice que se trata de autoflagelación occidental, será porque se sienten culpables. En cambio, en contraposición, “Super Size Me”, mostró esmegma a tope con un sentido del humor negro como el tizón, aunque haya a quien le parece refrescante y juvenil. Otros, sin embargo, como “Murderball”, son profundamente humanos y atrevidos, pues muestra tal cual a un equipo de rugby paralímpico de parapléjicos, con sus virtudes y sus miserias. Habría que ver si nosotros, que somos mu listos, mucho más que los yankis, seríamos capaces de albergar un proyecto así sin ponerlo a parir con profusión por nuestra rancia moral: Axioma, el parapléjico tiene que dar pena, punto pelota. En España, la Guerra Civil, como dice Arcadi, supone el principal motor de nuestra industria cinematográfica. También lo es de la producción de documentales. “Rejas en la memoria”, por ejemplo, es otra obra a tener en cuenta, aunque desgraciadamente es inocua. Y más ahora, que España se entrega de cabeza al “nosotros y ellos”-”los unos y los otros”, etcétera. Pero el nuestro no es un caso extraordinario, los norteamericanos, precisamente, hacen lo mismo: tirar de sus miserias como país para vender reportajes por un tubo. La lista es infinita. El más impactante que ha visto este redactor en su vida quizá sea “Capturing the Friedmans”. Se puede degustar una y otra vez deteniéndose en cada detalle o encontrando otros nuevos. Si hubiese sido ficción, sería una película perruna, tipo “Happiness”; al ser realidad, pura y dura, sin la mano del periodista -son videos caseros tomados por la familia- el resultado es el despelote total. Cuando al final vemos al hijo trabajar de

payaso, se nota, se siente, el Niño Jesús está llorando a moco tendido. Aunque para videos caseros, los del documental “Grizzly Man”, donde un pobre desgraciado tiene la suerte, oportunismo de Pulintzer, de filmar cómo se le come un oso. Parecía difícil superar a los Friedmans, pero si no se ha conseguido, al menos se le ha acercado bastante “Jesus Camp”, otra miseria social americana envasada al vacío para nuestros sutiles paladares. Esta vez se trata de los cristianos evangélicos. A través de de tres niños conocemos lo que se cuece en una congregación dirigida por la pastora Becky Fischer, una damisela bastante chunga e inquietante. Más malos que la A.B.U.E.L.A. Independientemente de las torturas a las que someten los pastores a su rebaño, en las que entraremos después, resulta llamativa cierta intención del documental de meternos canguelo por intravenosa. No sólo se nos muestra a estos niños obligados a postrarse ante un Bush Jr. de cartón, sino que se insiste en que el presidente de la Asociación Nacional Evangélica, Ted Haggard, un faccioso del copón, habla todos los lunes con el presidente y sus asesores. A ello hay que sumarle las escenas en las que estos seres rezan y colaboran en lo posible para que el juez Samuel Alito, que entonces optaba a un puesto como magistrado de la Corte Suprema, alcance el cargo. De forma un tanto velada, el documental pretende transmitir que toda esta panda del moco, además de estar enajenados y trastornar a sus hijos, por lo que aboga, lo que persigue y para lo que trabaja, es para alcanzar el poder total y desde ahí trastornar a los tuyos también. De modo que el espectador europeo se caga con todo su intestino una vez más en el puñetero pueblo de Francia, que por un quítame allá esas pajas, no votó la Constitución Europea, retrasando así la formación de un Ejército Europeo que, en defensa del

laicismo, deje los EE.UU. como la palma de la mano, acción bélica contra unas poderosas fuerzas armadas tales que, como no pongamos de comandante en jefe a Dienteputo, se me antoja complicado aniquilar a tanto sudamericano hambriento. Pero por el momento que no cunda el pánico. El tal Ted Haggard ha sido condenado recientemente por estar metido en una red de prostitución homosexual ¡Malditos clichés! ¿no podría ser una de tráfico de uranio? Efectivamente, como suele suceder, lo mismo que abría la boca para criticar a los homosexuales, la abría también para tragarse, si eso, un poquillo de lefa. Por su parte, el juez Samuel Alito a lo que se dedica es a fallar en contra de los inmigrantes y perseguir el aborto como buenamente puede. Por lo que si finalmente las elecciones las gana Hillary o el candidato de Barbate, Barak Obama, habrá que esperar para desencadenar una acción humanitaria sobre Norteamérica. En cualquier caso y aunque podamos respirar un poco tranquilos, el documental hiela la sangre. Jesus Camp es una especie de centro educativo al que los críos acuden tres o cuatro veces al año. Allí se les inculca que hay una guerra y que ellos han de tomar parte en el bando de Dios. No obstante, es la propia pastora Fischer la que manifiesta envidiar a todos esos críos musulmanes que empuñarían alegremente un AK-47 para morir por Dios: “Quiero ver que entreguen sus vidas al evangelio de forma tan radical como sucede en Palestina, Pakistán y todos esos lugares”. En varias coreografías, los mozos aparecen vestidos de militar con todos los complementos, hasta la cara pintada en plan coronel Walter E. Kurtz. Sinceramente, la parte más animal del cerebro de este narrador, esa fuente de pensamientos contraindicada, pero imprescindible, al presenciar todo esto en su conjunto, empezó a realizar los cálculos mentales de cuántos trenes, alambre de espino y Zyklon-B se necesitaría para poner fin a este problema con un método

cuya eficacia avalaría el Tribunal Supremo de España con un fuerte aplauso. Pero como no se puede aplicar una Solución Final, habrá que pensar cómo ayudar a todos esos nenes, porque, de verdad, la sensación que produce ver esto es desasosegante. De entrada, se trata de familias que no llevan a sus hijos a colegios de ningún tipo. Les enseñan ellos en casa a base de deuvedés de chufla donde se ridiculiza el Big Bang y la Teoría de la Evolución de Darwin en defensa del Creacionismo. El adoctrinamiento político es intenso también. Y llama la atención su sinrazón. Precisamente, en un perfil de esquizofrénico que si por la calle intuye que una paloma costrosa le está mirando es porque el Espíritu Santo está en ella haciéndole carantoñas, resulta difícil de creer que del calentamiento global constatado ya por todos los científicos de todas partes estos fanáticos no extraigan ninguna lectura de carácter religioso. Pues nada. Y es más, vemos cómo la madre adiestra al niño con severo ademán para que le quede claro que no pasa nada, que el calentamiento es irrelevante. Otro que sale mal parado es el bueno de Harry Potter, al que se tilda de hechicero narcosatánico y ya casi poco menos que catalán. Ahí, cuando ves a la vacaburra de la Fisher congestionada con algo que parece el miembro enhiesto de Claudio Makelele palpitándole en el cuello y que luego se ve, ya más claramente, que es la yugular, echando sapos y culebras contra el joven mago británico, te ríes. Porque es esperpéntico. Pero el siguiente bandazo que da la cámara es a los críos. Y no te ríes. Te cagas. Te espantas. Ojos como platos, boquitas cerradas. Y se trata solamente del inicio de la liturgia. Mediante éste y otro tipo de sugestiones, como romper a martillazos unas cerámicas en las que graciosamente se puede leer “Enemigos del Gobierno”, se llega al éxtasis total cuando, a esas pobres criaturas, defenestradas, hundidas en lo más profundo de su autoestima, a las que les han hecho

ver que son el lumpen, que podrían querer mucho más a Cristo, se les enchufa en el tocata la sintonía de “Al primer toque”, el programa de Iñaki Cano en Onda Cero, y se les anuncia que, arrepentidos, Dios al final ha decidido salvarles, Jesús está con ellos aunque no está seguro en el fondo de si se lo merecen o no. Entonces la mocería rompe a llorar desencajada, se caen al suelo, tiemblan… la hostia. Una auténtica tortura del doctor Mengele. Las astracanadas que luego van soltando progresivamente los tres niños protagonistas es mejor descubrirlas por uno mismo. Una, por ejemplo, está preocupada porque le gusta mucho bailar, pero a veces duda de si baila para Cristo o porque le gusta a ella, crisis existencial a lo Bergman. Luego hay otro que, mullet al viento -y mullet, mullet: mullet de Carolina del Sur- hace sus pinitos como predicador de doce años. Por cierto, la ilusión de su vida era conocer en persona a Ted Haggard, al cual saluda en la última parte del documental; u omite el autor las escenas en las que el joven es invitado, de postre, a chupar polos de carne, o tuvo suerte y se salvó de “la mala educación”. Por ahora no lo sabemos. Finalmente, tenemos a una pobre criatura cuya cara de pánfila hace exclamar a los espectadores al unísono: ¡está ida! Y efectivamente, lo está. Sus gestos, sus movimientos, su forma de vocalizar. Vaya, que tiene visos de coger a su bebé dentro de unos años, cuando se case y tal, e impregnarlo en gasolina, prenderle fuego y arrojarlo flamígero por la ventana “porque se lo han dicho las voces”. Y es que es así como se desenvuelve la pobre. Dios le habla y ella actúa. Por lo menos, en una de estas, Dios le manda molestar a una Barbie de generosas mamas en una bolera y, aunque sólo sea por ese choque de titanes entre una niñita cristianodemente y la más pura expresión del hedonismo americano, que vaya cara pone la pobre, oiga, no hay excusa para perderse Jesus Camp, un hermoso retrato de un trocillo más de la inabarcable trastienda sociocultural estadounidense (trocillo de sesenta millones de personas). No se dejen engañar:

Estado Uno y Escuela Obligatoria Universal Pública y Gratuita. O, en su defecto, mili de los ocho a los dieciocho. Lo que sea con tal de salvar a muchos críos de ciertos padres. Y esta es la visión que tiene de todo esto un borracho de vida ociosa e ideas peligrosas. Si precisa Usted el punto de vista contrario, que todo es maravilloso y da gloria ver a esos niños, que no están como putas maracas, que eso se llama Virtud, pues aquí lo tiene.

Justicia alcorconera
“Socialmente hay que tener en cuenta una cosa y es que las masas no se pueden cambiar. Ahora son las mismas que en tiempos de los romanos. Alguien puede salir de la masa, pero esto no cambia nada: las masas son siempre masas”. D. H. Lawrence En las zonas de España recónditas y miserables, páramos sedientos y agujerillos entre roquedales enhiestos, es decir, todas las que no son Madrid, la existencia de la villa carpetana del valle de Butarque conocida como Alcorcón, es célebre gracias a la publicidad que supuso para la localidad el llamado “Crimen de Costa Polvoranca”, una pelea tabernaria que concluyó con el asesinato a puñaladas de un chaval angoleño de dieciséis años. Pocos años después, de nuevo Alcorcón irrumpe en noticiarios nacionales para helarle el corazón a los españolitos que vienen al mundo. Quinientos jóvenes, algunos ataviados con pasamontañas, se concentraron frente al Centro Joven de Alcorcón para, lanzándole ladrillos y mecheros a la policía, protestar por la violencia gratuita que asola el municipio. La violencia de los sudamericanos del averno, los malos del Double Dragon: las bandas de Ñetas y Latin Kings. Nuestra Patria, como siempre, era Una. Idílica, modélica, ejemplar, aquí sólo había una banda. Algo parecido a los Ñetas: Los Giñetas. La juventud giñeta, como un sólo hígado, armada con pastillas, calimocho, speed y cocaína los pudientes, mantenía y aseguraba la paz. Si los Veinticinco Años de Paz de Franco fueron denominados “La Paz de los muertos”, ahora estaríamos hablando de “La Paz de los castaña”. Un mar de calma, sosiego y bienestar. Pero claro, vinieron otros, los de fuera, y se estropeó todo.

Según un informe encargado por el Ayuntamiento de Alcorcón en diciembre de 2005 a la empresa Investigación y Desarrollo Sociocomunitario, “Estudio de la violencia en la calle asociada a la actividad de bandas juveniles”, sólo en esta localidad se constataba la presencia de las siguientes bandas violentas: “Ñetas”, “Latin Kings”, Skinheads de un lado, Skinheads del otro, una cosa presuntamente rapera -me imagino-, “LMC”, los consabidos “bakalas”, otros que son todos iguales y no merece la pena ni buscar un calificativo, los “marroquíes” y un engendro muy simpático que denomina “La banda del chupete”. Además, enumera otros grupos que si bien aún no percuten maxilares con profusión, están trabajandou en ellou para emular a los anteriores, se trata de, al loro: “Dominican Don’t Play (DDP)”, que querrá decir que los dominicanos no se andan con hostias, los “Blancos y Negros del Nrox (toles)” que suena como Los Nihilistas de El Gran Lebowski, los “Black and White”, quizá asiduos a la popular discoteca de Chueca -violencia gay, doblemente cruel- y los “Africorcón”, redactores del Marca muy probablemente. En Valencia la cosa también se torna peliculera, allí, además de los típicos y ya nombrados, cuentan con: los “Bola 8”, los “Panteras Negras” y los “Danger Boys”. Todo esto según la prensa. Aunque no sería de extrañar que fuese una información de chufla, puesto que si el segundo periódico de España tiene por fuentes de Nacional, Opinión y Editorial a traficantes de jamaro, que estos datos se los haya facilitado a Las Provincias Ángel Cristo en pleno ataque de esquizofrenia paranoide tras ingerir un bote de colonia, estaría dentro de las fronteras que marca el código deontológico periodístico de este país. El tema de la violencia adolescente ya fue tratado en esta página, a todo color, en un ladrillo que ponte tú a copiarlo a mano majo, aquí. El tema de los inmigrantes, el racismo y la conveniencia o no de otros partidos de extrema derecha en hemiciclo, por el contrario, no.

Apadrina un sociólogo Hay cosas en este mundo que están ahí y no podemos hacer como que no las vemos. Ignorar los problemas por abulia o desinterés no hace sino enquistarlos y desestructurar la sociedad. Se trata de los sociólogos. Por el amor de Dios, que alguien haga algo. Los que no están en Recursos Humanos mirándole los dientes a tíos con tres carreras, cuatro idiomas y el carné de conducir XY, de motocarros a F-18, nos los encontramos en los medios de comunicación y asociaciones de pajeros divagando y pontificando, que no opinando, sobre lo humano y lo divino. De todas las perlas que han ido apareciendo estos días, la más sonada es ésta: “Creemos que tanto la inmigración como los incidentes entre jóvenes de la clase obrera son producto de un sistema económico y político basado en la explotación y en la competencia individualista, en vez de la solidaridad y el apoyo mutuo”. Firmado: Asamblea de Alcorcón por la Convivencia Pacífica y Contra el Racismo. Resulta hasta entrañable. Algunos “expertos” sugerían que la inmigración en España, al no haber sido gradual durante décadas, sino un fenómeno de lustro y medio, había impedido que los recién llegados se integrasen. Lo gracioso es que eso mismo hasta ahora había servido a otros “expertos” para argumentar por qué en España no sucedía lo de la quema de coches de Francia. También se hacía referencia a la cultura sudamericana como prima hermana de la española y que por eso nuestro país es un crisol de idiosincrasias pacífico y sin igual. El caso es que unos chandalistas tiran cuatro piedras y ahora hemos de asistir atónitos a que los sociólogos nos digan que en realidad aquí no se integra nadie, que la cosa está fatal. Yo no soy racista, pero me dan asco los moros No hay más que ver quién es el patrón de este país para

deducir rápidamente que los nobles ciudadanos del norte de África dan repelús e inquietud a partes iguales por estos pagos. En personas de avanzada edad puede resultar chocante un matrimonio mixto de la hijísima con un negro, chino, sudamericano o ruso, pero con “un moro”… mal asunto. Hay un menosprecio hacia esta gente que data de generaciones ¿es racismo? Sí, pero en un país donde la tonalidad de los naturales de Barbate es más oscura que la de muchos marroquíes, no es una cuestión de color más que de choque de culturas. Del mismo modo, hemos convivido desde tiempos inmemoriales con la etnia calé: los gitanos. Y generalmente ha sido en armonía, ellos en su casa, los payos en la suya, Dios en la de todos y la Guardia Civil, eso sí, merodeando por donde los gitanos. Tampoco se puede llegar y decir que los españoles étnicos que viven pared con pared con tres familias de panchitos embutidos en un apartamento de veinticinco metros cuadrados violándose y asesinándose en permutaciones de treinta y cuatro elementos tomados de dos en dos, no sean racistas. Lo son, pero lo mismo que lo sería Ghandi en su misma situación. Por lo que se puede afirmar que en España, salvo casos puntuales, por lo general los inmigrantes se tienen que enfrentar a problemas de acceso a la vivienda en alquiler y similares, más fruto de la desconfianza de un fenómeno novedoso que de la superioridad de la Raza Ibérica y su Führer, José Luís Rodríguez Zapatero (no se ría). Los españoles somos o mu listos mu listos o muy llorones. El listo es aquél que va por la cuneta a ciento veinte en un atasco porque los demás parecen gilipollas ahí como borreguitos en el embotellamiento. El llorón, por el contrario, sufre una existencia miserable por culpa de la pesada losa que suponen los malos tratos a los que le someten o los vascos, o los catalanes, o Madrit. De este modo, la inmigración como fenómeno, al listo le sirve para explotar y aprovecharse de la situación precaria de estas

gentes y al llorón, pues para mantener un poco de conversación intrascendente con un vecino en el ascensor: hace más calor que el año pasado, pero la semana que viene refrescará, el otro día un inmigrante le comió el corazón a una ancianita en mitad de la Gran Vía, y nadie hizo nada, adónde vamos a ir a parar, cómo son, además el inmigrante tenía el número del Carod Rovira en la agenda del móvil, ahora me lo explico todo, ya lo decía yo, yo ya lo decía eso, no si… eso ya lo decía yo. Y no hay más cera que la que arde. ¡Han sido los Warriors! Sin embargo, todos estos penosos acontecimientos han llamado la atención de los medios de comunicación y de grandes personalidades de nuestro tiempo. Uno de los máximos referentes del pensamiento occidental, diástole de la razón, sístole de la literatura, pulso de la Cultura Universal en definitiva, Lucía Etxebarría, mujer que entre dos globos feroces cobija su cabeza dando voces, se ha hecho eco en su blog del particular, y está indignada por lo racistas que nos hemos vuelto todos, lo que hace que el asunto sea aún más inquietante. La semana pasada aparecía en Telemadrid la teniente de alcalde de Alcorcón diciendo: esto es pan, esto es vino, y la culpa de todo este follón la tiene la prensa, no el racismo. A lo que, acto seguido, tras el corte, una de las figuras más doctas e ilustradas de nuestra era, Curry Valenzuela, replicaba gruñendo que si había noticia, la prensa tenía que ir, y si podía haberla, también. Por otra parte, un diario de altura, donde cada línea redactada es objeto de reflexión durante meses por los cerebros de la Nasa y el Pentágono, una publicación que cada día cambia el destino de millones de seres humanos, que influye en las decisiones de Putin, Bush, Chirac y hasta Kim Jong-il, el diario gratuito ¡Qué!, tituló en portada a cinco columnas, textualmente: “En Alcorcón sí hay bandas ¡y la van a armar!”. Todos estos factores confluyeron y los

reporteros se personaron en las canchas deportivas alcorconeras para grabar qué hacían los jóvenes, que como todos los días, estaban ahí sentados, fumándose sus porritos. En esta tesitura, al ver que les grababan en condición de “pandilleros peligrosos”, pues como es lógico, rompieron a gritar, destrozando el mobiliario: “¡Han matado a Cyrus! ¡Han sido los Warriors! ¡Te voy a meter el bate por el culo para que parezcas un helado!”. Una paranoia tan tamaño guateque como surrealista fue el motivo original de estas algaradas: una reyerta entre sudamericanos que tuvo como daño colateral cinco navajazos a un pobre hombre que estaba ahí sentado tranquilamente ¿Fueron los Latin Kings? Demasiado tentador para que, entre banco y banco de parque público, entre corrillo y corrillo, entre porrillo y litrillo, la historia original no se deformara lo suficiente como para dar lugar a la revuelta de risueños chandalistas. Básicamente por una razón, a los Latin Kings también se les ha paseado a base de bien por los medios, derecho que se han ganado dándose puñaladas en el corazón entre ellos, todo hay que decirlo. El sueño de la razón produce monstruos, decía Goya –interpretado el célebre grabado como que si no riges, te imaginas y crees chorradas, al contrario de lo que se lee por ahí- y los medios de comunicación actuales, en éste y un sinfín de aspectos más, lo que producen son cíclopes de siete cabezas con tres pollas detrás de cada oreja de las que emana una babilla para poderse desplazar por medio de las ventosas que salen de sus cuatro culos, defecando, si es preciso, por los pezones. Mas en esta vida no todo son desgracias y el final de esta hermosa historia es un happy end a la americana. Las cámaras grababan a los jóvenes alcorconeros. A priori, solamente mocedad a un chándal pegada, que no es ágrafa por cuatro letras, los dos pares que pintan por todo el mobiliario público despreciando el refranero cuando coinciden “tonto” y “tiza”. Aunque, por obra de la prensa,

pandilleros peligrosos, racistas armados hasta los dientes, perros de presa sedientos de sangre. Pero a la que iba a ser la madre de todas las batallas le faltó un pequeño ingrediente imprescindible: la realidad. Ahí no había Latin Kings. ¿Existían en ese barrio? De haberlos, lo cierto es que no comparecieron. De modo que al final, en el ring, sólo estaban la bestia abominable, a la derecha con calzón rojo de algodon con bordados en fieltro, doscientas toneladas de peso, y en la siniestra, el padre de la criatura, la prensa, con calzón negro Stradivarius corte reportero Telecinco. La juventud arremetió a palos contra los periodistas. Qué hermosa justicia poética. El culpable de todo salió esquilmado. Convendría, incluso, la creación de una metaprensa que arengue a los jóvenes para que, en lugar de generar por la tele un macarra racista, se obtenga una juventud conjurada contra la prensa de mierda allá donde se halle. Se ganó una batalla pero no la guerra. Aún queda que asociaciones de la prensa y demás clubes de vividores denuncien este tipo de prácticas amarillistas contundentemente, porque no ha pasado nada pero esto ha sido pa´bernos matao. Aunque no por ello deja de ser hermoso cómo se hizo justicia, justicia poética: Justicia alcorconera.

El corazón de Chirac, más negro que la noche, menos negro que su alma
El presidente de la República francesa, Jacques Chirac, acaba de pinchar el hermoso globo del orgullo español con un machete dentado propio del Vietcong y las mesitas de noche de cientos de miles de ciudadanos norteamericanos. Este caballero galo de expresión bobalicona y que, junto a Gerhard Schröder daba una imagen de putrefacción y decadencia europeas que ni los gerontócratas soviéticos metiéndole la lengua hasta la garganta a Honecker, este sujeto ha dicho lo siguiente: “No tengo ninguna admiración por esas hordas que llegaron a América para destruirla, además, no fue Colón quien descubrió América, sino los vikingos ¡y cinco siglos antes!” Y sí, efectivamente, se está refiriendo a nosotros. Vamos a ver, no es que el descubrimiento de América lo tengamos a gala en este país como si fuera la quintaesencia del ingenio. Tampoco lo desconsideramos, en un gesto de modestia y generosidad sin límites, como otros inventos españoles de gran relevancia: el helicóptero, el submarino, la fregona o el chupachups. Honra que fueran pendones castellanos los que constatasen la buena nueva al mundo entero: la Tierra es redonda. Pero tampoco es para tanto. La realidad es que los españoles no éramos más listos que los demás. No mirábamos de soslayo al horizonte y, rascándonos la tripa, murmurábamos entre dientes: joder, hostia, para mi que esto es redondo. Tuvo que ser un genovés el que estuviera convencido de ello, lo necesario como para querer montar una expedición y comprobarlo. El tío, Cristobal Colón es su nombre, dijo allí en Italia que

si le seguía alguien a buscar una nueva ruta para las Indias y le contestaron: ma io no tengo auto, señorinna, ma puedo beberme el capuchinno derramándolo en su chocho. A lo que Colón replicó que no, que él iba con esos pelos y esas pintas, pero que se trataba de un varón. Y se vino a España. Aquí la cosa le resultó mucho más fácil. Entró en un bar, invitó a una ronda y dijo: A que no hay cojones de ir en barco a los confines del Universo donde un abismo aloja a criaturas y alimañas abominables. ¿Que no hay cojones? -contestó un tal Pinzón dándose puñetazos en el pecho desnudo. ¡Me cago en tol´copetín! -irrumpió también su hermano manotazo en barra. Y ya está, así se fraguó el Descubrimiento. No es algo de lo que se pueda presumir mucho en este país. Chirac, aquí ocurre todos los días y genera miles de muertos. Pero aunque no sea nuestro máximo orgullo, tampoco nos toques la pirola. A continuación, no contento con ello, el presidente francés, que concluye su mandato, sigue con sus memorias acuñando la siguiente joya digna de un orfebre maestro: “los vikingos, a diferencia de las expediciones europeas posteriores, no montaron tanto lío y tuvieron la elegancia de destruirse ellos mismos”. Con lo que se colige que al mandatario gabacho le corre el coñac por las venas como en las mejores galas. A continuación, confiesa que eliminó París de los festejos de 1992 cuando era alcalde de ese poblacho y Nuestro Amado Líder, Juan Carlos I de Borbón, Rey de las Comunidades Autónomas Subpirenáicas Soviéticas, le mandó una carta: “Me he quedado estupefacto al saber que has decidido que París se abstenga de participar en los festejos”. Que en jerga diplomática quiere decir: “Eres tonto del haba”. ¿Y qué le va a decir? ¿Se puede ser más francés? Después de darnos por saco a nosotros, arremete con los americanos, que son los siguientes en la cola dignos de su más profundo desprecio, no obstante, con la muerte de millones de jóvenes ganaron por ellos dos guerras contra

el pueblo alemán para que ahora, simplemente, existan. “Me cuesta soportar la hegemonía de firmas como CocaCola y tengo sin cesar un problema cultural con los americanos, siempre proclives a imponer sus puntos de vista”. Finalmente, se confiesa coleccionista de cestitas y demás porquerías que venden los pueblos indígenas en las tiendas caras de París, para soltar, sobre su propio país en referencia a África: “luego de haber robado su cultura, hemos robado sus recursos y sus materias primas valiéndonos de la mano de obra local”. Mira, qué cosas, hasta un francés es incapaz de mentir tres veces seguidas. Esto es verdad. Puede que no tenga el corazón tan negro, al menos no tan negro como su hígado, que con estos niveles de alcoholemia, debe ser hincha del Sporting de Gijón.

El último Rey de Escocia (Kevin McDonald, 2007)
El Último Rey de Escocia es una película en cuyo cartel aparece Forest Whitaker caracterizado como el ex dictador ugandés Idi Amin. Está dirigida por un caballero que responde al nombre de Kevin Macdonald, dato que nos la sopla de no ser porque el tipo es británico, gente que sabe hacer muy buen cine. Así que uno dice: coño, coño, coño ¿es esto lo que parece, es esto una película sobre Idi Amin? Idi Amin fue máximo mandatario de Uganda durante ocho años. En ese tiempo se cargó entre trescientas y quinientas mil personas. Como el dictador al que derrocó era socialista, Milton Obote, y lo hizo amparado por Estados Unidos, Inglaterra e Israel, según la lógica de los ciudadanos de bien españoles, Idi Amin libró a Uganda del comunismo y puso en marcha un proceso por el cual se fue implantado una democracia próspera y sin igual. Apodado “El Carnicero”, Amin se tomaba una media de cuarenta naranjas al día. Pesaba 110 kilos y medía 1,95, gracias a lo cual fue campeón de los pesos pesados en Uganda de 1951 a 1959. Cuando era afín a Obote, era conocido por tirarse con el uniforme a la piscina en todas las recepciones oficiales. Y por hacer trompos y derrapes con su deportivo por las calles de Kampala. Por lo visto, sucedieron dos cosas que forzaron a Amin a traicionar a Obote. La primera, que asesinó a Pierino Okoya, mano derecha del presidente, por llamarle “cobarde” y la segunda que se le estaba investigando por agenciarse fondos del ejército. Dio entonces el perfil de buen aliado de Occidente y entre británicos e israelitas lo colocan en el poder. Una vez en el trono, tuvo la feliz idea de formar un cuerpo militar, tipo SS, de unos 15.000 hombres que iba de pueblo en pueblo, de aldea en aldea, robando,

matando, violando y ese tipo de actividades africanas, dirgidas en este caso contra las étnias lango y acholis, ésta última, la que forma actualmente el Ejército de Resistencia del Señor y comete tales crímenes que le daría una lipotimia a Heinrich Himmler de conocerlos. Como siempre en estos casos, los aliados occidentales recomiendan que si haces algo de esto, pues que no se note. Pero en Uganda se encontraban cuerpos mutilados (sin genitales, nariz u ojos) tirados por las cunetas. Entonces, que si la prensa que si tal, el caso es que los que le pusieron en el machito le tuvieron que cerrar el grifo. Amin se enrabietó de tal manera que convirtió el país, con un 6% de población musulmana, en República Islámica. Expulsó a los asiáticos y tomó medidas que gustarían a los cristianos liberales y democráticos de España, como cortar las manos a los ladrones, lichamientos públicos y decapitaciones retransmitidas por televisión. Dio apoyo a los países árabes en contra de Israel y elogió públicamente a Hitler aunque le reprochó “no haber matado a todos los judíos”. Se mofó de Nixon, vía epistolar, por el caso Watergate y, en lo que a nosotros respecta, tras recibir un pergamino y una espada toledana de un equipo de Televisión Española que, en su afán de personarse en cualquier ágape allá donde se halle, cobraba dietas en Uganda, agradeció el obsequio escribiendo una serie de recomendaciones para nuestro Caudillo, Francisco Franco, artífice de la democracia de la que gozamos dichosos rockin in the free world, sobre el tema del Sahara. Y todo esto, por si fuera poco, lo hizo papeándose en banquetes las vísceras de los presos políticos. Cosa que el hombre negaba, pero, tras su caída, no sólo fueron encontrados frigoríficos repletos de carne humana en todos sus palacetes, sino que sus más íntimos colaboradores lo reconocieron abiértamente: “claro, es que si tu enemigo es De Juana, normal que te eche para atrás, pero es muy de aquí hacer eso” -se dice en esta

casa que manifestaron. Al final, el hombre murió hace pocos años en uno de los mejores aliados de Estados Unidos y el mundo libre, Arabia, rodeado de lujos, banquetes y chochitos para sus cuarenta y cinco hijos. Con toda esta información, uno coge, persuade a sus amigos, y se persona en el cine. Les promete el oro y el moro y al penetrar en el local se le pone la piel de gallina. Se piensa: a ver si El Último Rey de Escocia pone en su sitio a la metrosexual Los Gritos del Silencio. La expectación es indescriptible. Pues bien ¿la realidad? Una puta mierda. Se trata de la historia de un adolescente británico con picores. Aparecen muertos, sí, en unas fotos al final de la cinta. La historia viene de una novela inspirada, parece ser, en una disparatada anécdota que vivió un médico en Uganda. Amin se rebotó por algo con una de sus mujeres y, oye, pues la cortó en trocitos. Las porciones de santa varona fueron metidas en un maletero y el coche en el garaje del pobre médico para que se comiera el marrón. Éste, ante el equívoco, pues mató a sus propios hijos y se suicidó para librar a su familia de la tortura. Obsérvese el ambientillo II República Española Democracia No Verdadera que se vivía en el país. Pero de esto, ni flores. Aquí se habla de un escocés que en su patria debía follar menos que un vasco y de almuerzo de trabajo en cena de negocios cual miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, pues desahoga su anhelo sexual hasta quedar ahíto. Lo dicho: una puta mierda

El buen alemán, Steven Soderbergh 2007
El buen alemán pretende dejar ese saborcillo añejo e inconfundible de películas como Casablanca y El Tercer Hombre. De hecho, al igual que éstas, se ha filmado en riguroso blanco y negro y, por si alguien no pillara el conceto del todo, hasta se ha incluido alguna que otra escena más que evocadora de esos dos clásicos de todos los tiempos. Decimos blanco y negro riguroso porque Steven Soderbergh para esta película ha utilizado únicamente aparatos de los años cuarenta y ni un solo efecto digital propio de las computadoras y el progreso que, como buenos cinéfilos sabrán, terminarán destruyendo a la humanidad el día que las máquinas cobren vida y habrá que plantarles batalla en bucles espacio temporales y toda la pesca que si bien es muy épico, resulta un engorro considerable. Hasta aquí, los logros del director son notables. Se trata de un ejercicio revivalístico de primer orden. Que le den un premio. Una pastilla de naftalina de oro o algo. Y que se conforme, porque más allá de esta consideración, señoras y señores, El Buen Alemán es una puta mierda. La mitad de la película está elaborada con planos grabados en la época, por lo que al guapo Clooney con la frente arrugada mirando al horizonte hay que superponerlo. De esto, que a veces está muy bien, es preciso que subrayar que más de la mitad no. Que parece una atracción de feria comarcal. Nosotros no somos quiénes para celebrar que Soderbergh no utilice ordenadores y luego quejarnos de que se le nota el truco a la legua, tanto que da cosa hasta mirar. Pero tampoco nos lo vamos a callar: esto con Franco no pasaba.

En segundo lugar, tal y como hemos leído en la red a gente que se leyó la novela en la que la película está basada, parece que la adaptación se ha llevado a cabo con la intención de matar al autor de la misma de un disgusto y heredar sus bienes o alguna otra oscura intriga palaciega. Pues, por lo visto, los personajes que mueren en el libro, viven en la película, y los que están de paso por la novela, no se callan en el filme. Un sin Dios que lo mismo que desnaturaliza la trama podría engrandecerla, pero oye, qué le vas a hacer, aquí da como resultado un argumento un tanto difuso. Porque, y tres, la historia no va a ninguna parte. Si nosotros supiéramos a ciencia cierta qué hay que hacer exactamente para que una película entusiasme como los clásicos anteriormente citados, obviamente, estaríamos haciendo cine y no farfullando desde el sofá sobre el que hacen los demás. Pero esto no es óbice para que, conforme la película se va rematando con los desenlaces, a uno no le quede otra que decir: po vale. Y mira que el autor de Traffic hace buen acopio de elementos interesantes. Toma como marco la Conferencia de Postdam, donde los aliados se repartieron Alemania (el mundo ya lo apalabraron en Yalta); habla de la caza del hombre, tanto el criminal como cerebros tipo Von Braun, que como premio por la fabricación de la bomba V2 luego desarrolló la carrera espacial americana; inyecta conspiranoia para sugerir lo malo maloso malévolo sin escrúpulos que fue en determinados temas el Gobierno americano y surte generosamente de lo típico en estos casos, pasados oscuros, sentimientos de culpa, “lo hice por sobrevivir”: el eterno deja vu en todo lo relacionado con lo nazi. Pero es curioso, con tantos ingredientes el pastel sólo sabe a maizena y alguna nota floral en el retrogusto sólo al alcance de los grandes gourmets pederastas del Rosellon. Se trata de un desglose argumental que no

perturba, que no sorprende ni a un enfermo cardiaco hipertenso puesto de speed en pelotas solo y abandonado en mitad de la selva amazónica a las cuatro de la mañana. Ni que el montaje lo hubieran hecho funcionarios a punto de prejubilar del Ministerio de Vivienda. Todo resulta gris, insulso y soso. Tal vez si se hubiera mostrado algún aspecto personal de los protagonistas habría más ganchos con los que zambullirse en una embriagante ficción. Si nos sacasen, qué sé yo, a Clooney leyendo el Marca en el váter todo feliz señalándose a si mismo en el espejo porque ha empatado el Palamós a domicilio. Pero nada, llegan, hablan, van y vienen a lo sumo con dos o tres muecas faciales. Más o menos lo mismo que con Buenas noches y buena suerte, que no estaba mal, peeeeeero era como hacer el amor con la oveja de otro, que sí, que te gusta, pero que no bala como a ti te pone.

Venta de humo. Razón aquí
El Día de la Patria Vasca, el Aberri Eguna, o el Domingo de Resurrección (para los que profesen otros cultos más modernos y sofisticados), si se vislumbra desde la distancia con cierto desinterés y hasta ánimo de chufla, se comprobará fácilmente que nos ha dejado una síntesis del problema, el asunto, el rollito, o la movida vasca de lo más elocuente: El Gobierno dice que Batasuna no se podrá presentar a las elecciones mientras no renuncie a la violencia de ETA; ETA dice que no renunciará a la violencia mientras Batasuna no se pueda presentar a las elecciones. Fastuoso. Se diría que se trata éste de un país hilarante y, efectivamente, así es. Y no sólo en esa región de verdes valles por los que la Ilustración se abrió paso con tres cuartos de siglo de retraso a base trabucazos isabelinos sobre pechos carlistas previa perforación del detente bala zurcido entre sollozos y oración por la amachu correspondiente, también en el resto cuecen habas. El día antes de tan singular efeméride es el Sábado Santo, en el cual los católicos expresan su duelo por el pesar de la Virgen. Y también es Sábado Santo Rojo, aniversario de la legalización del Partido Comunista de España en 1977, para los que profesen otros cultos del ramo de la Cristiandad, pero más avanzados y viriles. Este lustroso acontecimiento de nuestra Historia reciente que cada año es explicado por Manuel Fraga Iribarne de una manera distinta -empezó con “ha sido un golpe de estado” para pasar al “me opuse porque no era el momento” y concluir hace unos días con “lo teníamos todo planificado”- posee algunos aspectos tangenciales que, a mi juicio, son tan risibles como el cruce de declaraciones del konflikto antes mentado.

Para ser legalizado, como todo el mundo sabe, el PCE se comprometió a retirar la bandera republicana y aceptar la rojigualda. Y también, en un sentido más profundo, tuvieron que retirar de sus cerebros la idea de promover un referéndum sobre la monarquía y aceptarla en su forma parlamentaria. Ramón Tamames, célebre converso y miembro de la cúpula del PCE por aquel entonces, ha manifestado en una reciente entrevista a EFE sobre este particular que el referéndum de la Constitución “sirvió de paliativo”. Y que lo de la bandera les dio a todos más o menos igual porque, entre otras cosas, no era la bandera de Franco, sino, de pertenecer a alguien en persona, la de Carlos III. A partir de ahora, comienza el humo. Es decir, el análisis de un problema desde un punto de vista pop, que es al terreno al que pertenecen los símbolos y la iconografía en la era contemporánea. Y es que, efectivamente, la rojigualda no es la bandera de Franco por mucho que éste la utilizara a partir de la Guerra Civil, pues antes reverenciaba la tricolor, suponemos que actuando, para después faltar a su juramento o promesa -eso que aducen los defensores a ultranza de la unidad de España: “es que los militares la han jurao“, ya no hay marcha atrás jamás ni de coña pase lo que pase. Las fuerzas represoras de la dictadura puede que se plegasen en demasía ante este trapo, el rojigualdo, de un coloreado con tres siglos de antigüedad, pero eso no quiere decir que éste las represente. También Franco llevaba calcetines y no por ello cuando estás en el aeropuerto en la cola con un alemán delante que tarda veinte minutos en facturar Dios sabe qué y encima lleva calcetines en tono ocre como el Caudillo, ataviado para la pesca deportiva en agua dulce, lo consideras una agresión fascista de primer orden y además neonazi. Existe un grupo de españoles, los que se enmarcarían dentro de republicanismo, federalismo, progresismo, etcétera, al que los colorines nacionales que le excitan

son los de la bandera tricolor, que presenta como diferencias respecto a la actual franjas del mismo tamaño y que la inferior es de color morado. En su momento, el morado fue el color de muchas de las sociedades secretas, germen de los partidos políticos, más avanzadas del siglo XIX. Lo tomaron, se lee por ahí, en honor a los Comuneros, por los que tifaban dado que, con más o menos razón, se opusieron a la peor maldición bíblica que jamás haya caído sobre este país: Carlos I de España y V de Alemania. Ese mismo morado, a su vez, también se decía que era el color del pendón de Castilla, tal y como extraigo miserablemente de la Wilkipedia: “Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad”. Personalmente, cuál es el verdadero color de Castilla me da exactamente igual. La confusión, explicada en numerosas páginas web a disposición del consumidor, viene dada por un montón de factores históricos. Eso sí, de 1991 hacia delante, no saber que el color castellano por antonomasia es el rojo carmesí dice mucho de los niveles paupérrimos a los que ha llegado la cultura y el sistema educativo español, que se permite el lujo de no inculcar a los jóvenes cuál era el color de la camiseta del Real Burgos Club de Fútbol, que se mantuvo tercero en la clasificación de la Primera División Española durante toda la primera vuelta por detrás de Atlético y Real Madrid con Ayucar, Loren, Juric y Gavril Balint asombrando a la ibericidad y acongojando a los mediocentros defensivos en unos tiempos además en los que llevaban bigote en lugar de mechitas. El caso es que, en resumen, la bandera tricolor lo es porque a un sujeto le dio por ahí y luego Azaña mostró entusiasmo por la idea, a lo que hay que sumarle un encanto previo por ese halo de clandestinidad y esperanza popular que significaba una futura República, espíritu que no envolvió, me imagino, la gestación de la rojigualda, que fue una cosa más científica para un fin

puramente empírico: no hundir la propia flota por confundir los pañitos. Dicho esto, yo me niego a creer que tanto la animadversión como la pasión por la rojigualda o la tricolor no respondan a las consignas más bien baratas que a causa de la Guerra Civil del 36 y la dictadura posterior aún perviven entre nosotros. Y es una pena, porque si nos remontamos a la guerra civil anterior, la alternativa a la rojigualda era la Cruz de Borgoña sobre fondo blanco, que esa sí que es verdaderamente bonita, que parece de los AC/DC, conjunto musical que también puede valer como símbolo de España, pues no hay país en el mundo entero donde gusten más que aquí. Ni en su Australia natal. Dado que la rojigualda es aceptada por los buenos españoles -la ultraderecha-, los Zarzalejos de la españolidad y una parte importante de progres de mierda asesinos del once eme -derecha e izquierda más o menos tibia-, pero no por los españoles de una izquierda más exquisita, distinguida y refinada, hemos tratado de buscar un símbolo que cumpla uno por uno los requisitos de su delicado paladar. En una primera fase de este experimento se reunió a un grupo de abertzales lo más ágrafos posible y se les preguntó qué tenemos en común los oprimidos y los no oprimidos por el Estado represor Español dentro de sus fronteras ilegítimas, pero actuales. La respuesta fue unánime: somos todos alcohólicos. Efectivamente, en Iberia todo gira en torno al alcohol, luego sería representativo de los españoles algo relacionado con una bebida espirituosa. También sería lo suyo que ese símbolo no lo hubiera diseñado cualquiera. Por lo que pasamos a buscar un símbolo relacionado con el alcohol diseñado por un comunista de los de la Guerra Civil, de los que deshuesaban niños en Paracuellos para comerse el tuétano. Apuntado esto, también tendría que ser un

símbolo reivindicado por el pueblo, es decir, no impuesto por una monarquía o dictador de voz aflautada. Se introdujeron todos los datos en las computadoras de la NASA y por la impresora apareció una referencia. Se trataba de un dibujo del comunista español Manolo Prieto (1912-1991) relativo a una bebida alcohólica elaborada en España: el torito bravo del Brandy de Jerez “Veterano” de Bodegas Osborne. Y olé. La historia de este toro es conocida por todos: un anuncio que por el Reglamento General de Carreteras hubo que quitarlo y a la gente le dio pena, de modo que surgió la campaña “Salvemos al toro” y éste pasó a ser considerado un bien cultural. Es en ese momento cuando se otorga un premio de relieve a un tipo que se había recorrido el país de motu propio para fotografíarlos todos. Y son tiempos en los que más de un español que triunfaba aquí y allá posó con el toro tatuado en el País Semanal, revista y periódico donde una década más tarde se publicó más de una, de dos y de tres cartas al director que arremetían contra el símbolo al considerarlo faccioso, así, porque sí. Hasta 2007, cuando el toro de Manolo Prieto cumple cincuenta años y es innegable y está asumido por todos que se trata de un símbolo que representa estas tierras, para bien o para mal. Ahí está. Quizá el primer símbolo de esta nación que nace de un amplio consenso espontáneo de los ciudadanos. A no ser, claro está, que los gitanos que lo venden en los tenderetes por la calle tengan un departamento de marketing de agárrate los machos y la cosa haya llegado impuesta por el vil metal del capital. Como si el Grupo Mercadillo de los Martes de la Carretera de Canillas Madrid-Este S.A. fuera a lanzar una OPA contra General Motors con la aquiescencia de George Bush gracias a oscuras intrigas palaciegas de este poder fáctico maligno, el de la venta itinerante. Pues nada señores. El proceso de creación de un nuevo símbolo popular que represente a nuestro país ha

resultado infructuoso: diez de cada diez pulcros intelectuales de izquierda consideran el torito chabacano y fascista, por lo que lo desaprueban y afean incluso con altanería. Habrá que esperar otros cincuenta años a ver qué nos depara el destino y la frágil sensibilidad pop del pensamiento de vanguardia que impregna de hedor axilar las butacas de las filmotecas.

El buen pastor, Robert De Niro 2006
Normalmente, cuando te bajas un DVD Screener cuentas con que se han colado por el audio las risas de los espectadores, si tuvieren lugar, y a lo peor sus toses, mugidos, berridos, gruñidos, segregación de espectoraciones, aullidos, hondos suspiros al expirar y demás banda sonora propia del ser humano que va hoy día a una sala de cine: el enfermo crónico terminal por antonomasia. Pero a lo gratis no se le mira el diente. Sin embargo, cuando en un DVD Screener a los tres cuartos de hora escuchas cómo la cabeza del senegalés que ha metido la cámara en el cine golpea contra el micrófono y rompe el hombre a roncar como un bendito, tal cual me ha ocurrido a mi con El Buen Pastor, te dices: Vaya, inequívoca señal, a esta película la van a calificar de lenta, tediosa y, por supuesto, pretenciosa. Así es. El aspecto primordial por el que destaca esta película es por su ritmo, unánimemente calificado por quienes no les ha gustado el film como angustiosamente lento y, de propina, como una narración liosa por los flashbacks, recurso cinematográfico propio de progres, gafaspastas y demás gente que van de listos “porque no follan”. Todas las personas que sostienen este tipo de argumentos sobre El Buen Pastor merecen ser deportadas a Treblinka. La película es larga como una semana sin fútbol, pero en ningún momento aburre a las oropéndolas porque constantemente y de forma muy directa va soltando información. Los personajes son abundantes y desfilan por cuatro líneas de investigación del 11-M distintas: la infancia y juventud del protagonista, la II Guerra Mundial y meses posteriores, la preparación de Bahía de Cochinos y la consumación de la cagada de invasión y búsqueda de los chivatos que la malograron. En este sentido, parece mentira que la gente se queje de

los saltos de una época a otra y al mismo tiempo de que la película es lenta. Digo yo que el problema sería si fuese rápida, que no te enterarías de nada. Pero no, el pueblo lo quiere todo, que como ovejas se les lleve por la cañada real, que no es tortuosa, y a buen ritmo, que no les gusta estar parados porque se aburren. Lo cierto es que es imposible aburrirse si uno tranquilamente va a atando los cabos que se le están planteando. No es un enredo indescifrable. Todo va cayendo por su propio peso. No hay que haber leído a Cortazar, ni escuchar a Prokofiev, ni recitar a Góngora. Pero qué se le va a hacer. En cualquier caso, si por algo renquea la película, que a todas luces se ha filmado con intención de marcar un hito cinematográfico, es por no lograrlo. Puesto que determinadas situaciones o relaciones entre personajes no poseen la suficiente intensidad como para entusiasmar al espectador como en todo buen peliculón de treinta mil pares de cojones que se precie. Aunque en su descargo hay que señalar que Matt Daemon, el protagonista, está interpretando a una especie de autista que no dice palabra ni aunque le pillen los huevos con dos motorolos de 1991, cosa que extralimita las posibilidades de la obra, claro está. El Buen Pastor es también una película de espías altamente novedosa. En primer lugar porque en ella no aparece Michael Caine. “Y ahora sale Michael Caine” lo adelantará en vano su cerebro cada cuarto de hora. Pero no, no sale el cabrón. A esta gran pérdida hay que añadirle el cambio de formato: la película no va de espías, sino más bien de funcionarios. No aparece aquí el típico espía que escapa por el alcantarillado de Barcelona de un Cobi que regala globos a los niños pero que resulta que es un agente del KGB al que el protagonista da muerte con un chicle-bomba que le dio un talibán en Yemen a cambio de una funda de cuero y terciopelo para llevar los dátiles de la merienda con un poco de estilo y caché. Encontraremos, por el contrario, a tipos grises, sin gracia,

mileuristas y, en el caso del protagonista, hosco, adusto y vinagre a más no poder. Resulta soprendente que Robert de Niro toda la pasta que ha ganado últimamente con sus películas alimenticias se la haya gastado en comprar en una subasta las gafas glam setenteras de Elton John, ponérselas a Matt Daemon y rodar una especie de historia de la CIA. Sobre todo porque la cosa al final le ha salido por 85 millones de dólares -aproximadamente la mitad de lo que ha costado el Hospital San Pedro de Logroño, que será uno de los más modernos de España, y unas siete toneladas de zapatos para Elton- que tal vez sea demasiado para un film sin naves, explosiones o mujeres en cueros. En todo caso, el resultado final puede que no sea el esperado por los que han aforado, pero qué duda cabe de que se trata de una buena película en la que se muestra lo perra e inquietante que es la vida en los servicios secretos. Tiene su rollito de trascendencia existencial en la relación paterno filial de Matt con su padre, con su justicia poética a gusto de la interpretación del consumidor, una intriga bien lograda y lo más bonito, a mi juicio, que es el heroísmo kantiano del protagonista, que llegado el momento hace lo que tiene que hacer diga lo que diga la socialdemocracia o su portera. La elección de Matt Daemon como protagonista es uno de los puntos más conflictivos de la cinta ¿Lo hace bien? ¿mal? ¿regular? Cuesta creerse a un jefazo de la CIA con esa sonrisa Melrose Place, pero como no sonríe nada más que al principio, cuando sale vestido de mujer, tampoco da a lugar poner el grito en el cielo por el chico. Y de ser mala designación la suya, no sería el único punto débil, tanto personaje al final sí puede hacer que se te olvide alguno y no lo reubiques al final, cuando se forjan los destinos, por no hablar de lo contrario, es decir, otros, como Joe Pesci, haciendo de mafioso en un paso atrevidísimo en su carrera, sólo están para tomarse un té con Matt cuando se supone, o lo pide la lógica del

espectador, que deberían entrar más en litigio ¿o si no para qué salen? ¿Para pellizcar el presupuesto? A ver si va a resultar De Niro un buen político pepero para Baleares. Otros, por su parte, como Fernando Torres, están que ni pintados en el papel de niño triste e inseguro que no trae más que desgracias. El acierto ahí es de Oscar. Una mano limpia a la otra, pensará Robert. Chuflas en el guión a mi me salen tres o cuatro. Pero no son de alcance y una, por lo menos, se debe a que pasan de entrar en el asunto, aunque se hubiera agradecido. No abundaremos sobre ello para no desvelar media película. Así que, en resumen, señores, que no, que El Buen Pastor no es una puta mierda.

Norte y Sur
¡Todo el mundo al suelo!

El siglo diecinueve hablaba navarroaragonés. Fue una época en la que todo era lo que parecía y todo era a lo bestia. Los imperios eran imperios, las revoluciones eran revoluciones y los filósofos no tenían nada mejor que elucubrar que poner al mismísimo Dios mordiendo un bordillo para patearle con botas de punta de acero en la nuca y matarlo descalabrado penosamente. Además, las disputas personales se resolvían con duelos al amanecer. Decir “progre de mierda”, tan habitual hoy en los foros de Internet, suponía automáticamente ir eligiendo padrinos para batirse en un descampado sin desayunar. Discrepar no estaba al alcance de cualquiera ni se podía hacer de cualquier manera. Qué decir de los inventos. Nada de ataviar un walkman como un microondas y llamarlo iPod. Se inventaban cosas maravillosas nunca vistas. La luz eléctrica, por ejemplo, casi nada. Y los novelistas no se andaban con chiquitas. Honorato Balzac se dijo que iba a

glosar todas las conductas humanas en todas las situaciones posibles y ahí está la Comedia Humana: diez mil páginas. También fue el siglo que vio nacer a Lenin, que tuvo a bien repartir todo lo existente entre toda la humanidad, aunque se la tuviera que llevar por delante en el intento. O de otros, como Wagner, probablemente el primer compositor musical en toda la Historia plenamente heterosexual. Era gente, digamos, de una pieza. Tal vez de una personalidad moldeada por oposición al siglo anterior, tan sutil y refinado con Barry Lydon y todo el copetín de pelucas, rapé y cosméticos masculinos. En un contexto como éste se desarrolló la Guerra de Secesión o Guerra Civil americana. Un conflicto de marcado carácter español: todo él por una cuestión de orgullo, de cojones. La cosa, a grandes rasgos, fue tal que así: en el Sur los charnegos y los maquetos tenían un elemento común que les distinguía de los oriundos: eran de color negro. En el Norte, como no había negros, la juventud estaba indignadísima con eso de la esclavitud, de modo que se les fue calentando la cabeza hasta que las nuevas generaciones se fueron al Sur a montarla parda protestanto, lo que supuso que a algunos se les aplicara la Ley local para el discrepante: poner la nuca en la soga. En esto que llegó un presidente decidido a acabar con todo el asunto de una vez, Abraham Lincoln. Y se le advirtió desde la sureña Konfederatitzia de que si ganaba se pondría en marcha sin remisión el secesionista Plan Jefferson. De modo que ocurrieron ambas cosas, ganó Lincoln y se independizaron las Siete Provincias, Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas, que reivindicando como propios todos los territorios adyacentes deudores de su kultura -que oliera a mierda de vaca- se agenciaron Virginia, Arkansas, Tennessee y Carolina del Norte y declararon la guerra al Norte. Todo ello a lo loco y a lo bestia a más no poder, pegando tiros al aire y gritando yuhuuu, yuhuuu. La guerra fue cruenta, pero cruenta de cojones, como buena catástrofe decimonónica que se precie. A priori, el Norte era muy superior en todo y además dispuso un bloqueo por mar al enemigo que les dejó sin provisiones ni armas en poco tiempo. Pero el Sur tenía a Diego Armando, el general Lee, que hizo cada picia y cada escabechina sin más ayuda que sus huevos que se ganó el respeto de todos, hasta de los caballeros que tendrían que seguir con su vida sin brazos y sin piernas que iba

dejando tras de sus ejércitos. Y así, erre que erre y dale que te pego, entre batalla espantosa y batalla escalofriante se llega al final de la guerra, que pierde el Sur. Y los esclavos negros de las plantaciones pasan a ser obreros manuales en oscuras fábricas abomimables o desempleados alcohólicos o delincuentes con una esperanza de vida de veinte años en el gueto: se fundan pues los Estados Unidos de América. Al final, como de toda derrota que se precie, surge un icono pop: la bandera confederada que lucirán tanto los rockabillies como esos chicos con siete hijos a los dieciséis años que guarnecidos tras una melena y una barba ermitañas ejecutan solos de guitarra de veinte minutos en honor del parte meteorológico local, normalmente anticiclónico. Del mismo modo que la bandera del Sol Naciente fue abrazada por los heavies de todo el globo, incluidos los españoles como los Banzai de Salvador Domínguez. Y la esvástica ornamentó lustrosa las solapas de los punks británicos de 1977. La derrota luce, la derrota enrolla. Ganar guerras no sirve más que para inflar egos y estúpidos orgullos patrióticos. Perderlas espabila. Ahí están nuestros noventayochistas, el ecopacifismo alemán, los dibujos animados japoneses, la pornografía rusa: Pierda Usted una guerra y aporte algo a la humanidad, señora. De todo esto, más o menos, versa Norte y Sur, emitida a finales de los ochenta por Televisión Española con dos rombos –ojito con los socialistas. Era una superproducción televisiva que salió por 25 millones de dólares, lo que ha costado la transferencia para uso público del Hospital Militar de Sevilla. La serie pretendía ser didáctica y servir para explicar cómo fue el conflicto a los americanitos que haciendo uso de su santa libertad son educados en casa por sus padres en lugar de ir a la escuela, o como apoyo extraescolar a los que en el colegio no se enteran de nada. La versión de los hechos no da ningún problema, pues allí está ampliamente consensuada por todas las autoridades en el campo de la Historia. De modo que guionizar la trifulca no generó resquemores ni viejos odios. Caso contrario de lo que hubiera ocurrido aquí si a alguien se le ocurre hacer una serie sobre la Guerra Civil española, que ni encargándosela a David Lynch a fin de que no se entendiera nada ni por los cojones, se hubiera podido evitar la proliferación de libracos todos llenos de letras

tomando partido a la contra de cualquier cosa que fuese lo que dijera la serie. Por otra parte, la historia es una adaptación de la obra de un tal John Jakes, que plenamente consciente de lo que se traía entre manos estableció el asunto como mandan los cánones estéticos y la estructura narrativa de las grandes historias de amor y lujo, esto es, disponer los personajes siguiendo este patrón: Un rico feliz buena persona Un rico feliz mala persona Un rico infeliz buena persona Un rico infeliz mala persona Una rica guapa buena persona Una rica guapa mala persona Una rica fea buena persona Una rica fea mala persona Un pobre o negro feliz buena persona Un pobre o negro feliz mala persona Un pobre o negro infeliz buena persona Un pobre o negro infeliz mala persona Una pobre o negra feliz buena persona Una pobre o negra feliz mala persona Una pobre o negra infeliz buena persona Una pobre o negra infeliz mala persona Aderezados con: Un hijo bastardo resentido Un joven solitario nihilista y jugador El cura Un vagabundo borracho Y una joven viuda (por si alguien queda desparejado) Estando muy claro para todos los lectores de Occidente qué es un rico en una historia de amor y lujo, hay que explicar qué es ser feliz o infeliz. La felicidad en este contexto se alcanza, básicamente, con el amor. Cuando hablamos de un personaje rico buena persona, por amor sería capaz de dejarlo todo, como Superman II. Él sería feliz. Sin embargo, si el personaje es rico y mala persona, el amor ya le da más igual, él quiere tierras, posesiones, o valerse del matrimonio con una dama para heredar o

hacer algún negociete al estilo de Aristoteles Onassis. Luego estarían las guerras, a todo rico le gusta ganar su batalla. También entrarían los hijos, que siempre te puede salir uno tonto y quedarte muy preocupado. Pero mayormente los principales resortes que inclinan la balanza a un lado o a otro son el amor y los negocios. Es entonces, si el rico es feliz y buena persona, cuando aparece en pantalla siempre sonriendo con las cejas apuntando para abajo derrochando ingenuidad, estúpida alegría y chistes malos y engolados, sobre todo al final de cada capítulo cogiendo a un niño en brazos, para deleite de toda la familia unida. Mientras tanto, eso sí, un rico infeliz mala persona agitaría el puño en lo alto maldiciendo lo más sagrado jurando venganza mezquina o, por el contrario, más tranquilo, riendo maléficamente explicaría cómo va a deshuesar al rico feliz buena persona que le quita el sueño, metatarso por metatarso. Porque en este tipo de series todo funciona dentro de un esquema de simetría moral. Y más en Norte & Sur, donde toda la estructura de buenos y malos tiene su par correspondiente en el otro lado.

Obsérvese el rictus del maromo: estos dos ricos no son felices Hasta tal extremo se sigue este tipo de doble narración, con tal empeño, que las batallas se convierten en una especie de encuentros cara a cara entre clones. A veces parecen una kdd cuando sale uno del metro, abriéndose paso a empujones entre la muchedumbre, y mira fijamente

y sorprendido a ese ciberamor que a la luz del día tiene quince años y kilos más que en la foto. Lo que ocurre es que ellos se encuentran famélicos, barbudos y desnutridos y, cuernos, hijos ilegítimos y herencias mediante, por no hablar de la guerra, no han quedado para tocarse el pito y decirse cositas. Por otra parte, desde un punto de vista estrictamente bélico, hay que señalar que las guerras decimonónicas son las madres de todas las guerras. Porque antiguamente uno iba con su escudo, en el siglo XX se estudiaba más el parapeto y camuflaje que otra cosa y, a día de hoy, son niños de catorce años todos llenos de granos, pajeros a más no poder con su déficit de atención y bordeando el agrafismo los que en los cuarteles de la OTAN hacen la guerra desde play stations ad hoc. Pero en aquellos tiempos ni parapetos ni hostias. Todos cara a cara, frente a frente, a pegarse tiros y el bando del que más queden ha ganado. Como una trifulca a pedradas en el Bajo Aragón. Personajes

Orry Main: “Southern man” Interpretado por Patrick Swayze (Dirty Dancing, Ghost…), es la flor y nata de la serie. Se trata del típico personaje que en el fragor de la batalla parece un yonki en la Rosilla mirando al sol de las tres de la tarde; y si en plan cortesano besa a las damiselas, el típico actor porno gay al que cuando está comiendo pollas se le ponen los ojos en blanco. Si estos epítetos no le parecen bastante elocuentes, péguele a la coronilla un mullet de dos mil pares de cojones y la descripción se completa en clave de realismo soviético. Es Orry, así es él. Nuestro Orry. El Orry de Carolina del Sur. Recomendable para reunirse etílicamente con los amigos cuando hay largos periodos sin fútbol y agredirle verbalmente como si fuera el mismísimo Cañizares. La vida de Orry es apasionante. Oficial recién salido de la academia, se queda cojo en la batalla de Churubusco contra los mexicanos. Pero él sólo, por sus pelotas, toma un puente a cuatro o cinco enemigos que dan dos pasos, saltan y caen muertos gritando guacamole-guacamole.

Orry es buena gente, lo que ocurre es que se empeña en ir al Norte de vinos y allí se meten con él por negrero. Él no lo entiende, ya que siempre ha tratado bien a sus esclavos y encima se quedó cojo en Churubuco por su país. Por todo ello el transcurrir preguerra de Orry es un continuo hacer pucheros cargado de orgullo: ¡posmevoy! (y cada ida y venida son varios días en tren). Afortunadamente, es llamado a filas como general confederado. Y digo afortunadamente porque antes de eso se pasa unos cuantos capítulos sumido en el desamor pillándose unas borracheras espantosas, que interpretadas por Patrik, más que un cojo en pedo, lo que parece es Forest Gump con los aspavientos de una súbita parada cardiorespiratoria.

George Hazard: “Northern man” Interpretado por James Read (miseria y miseria televisiva) es el equivalente a Orry en el norte. Natural de Pensilvania, mientras que se escandaliza, como buen liberal, por la esclavitud en la que su amigo mantiene a sus sirvientes, en su fundición explotan las calderas en la cara de los operarios, pero no se hace prevención de riesgos laborales por un 0,00001 % de beneficio irrenunciable. En la batalla de Churubuco, el joven Orry, al que había conocido en la academia militar, le salva la vida. Lo que le da cierto plácet cuando potean en el Norte y la gente le pregunta qué coño hace con un negrero, a lo que George contesta indignado: ¡me salvó la vida! A lo largo de la serie George no tiene mucho atractivo. Es tonto y bonachón. Un rico buena persona feliz al uso. Lo que pasa es que durante la guerra es hecho prisionero y a su costa le irrumpen a uno por la garganta las risas más grandes de toda la serie. Porque resulta que ahí, confinado entre hombres, es acusado de haber intentado sodomizar a otro prisionero, sí, como suena. Desnutrido y agonizante, el rostro de George es un poema cuando, además de la vida, cree encima perder la honra viril. Por suerte, Orry, que es general en el Sur, acude a la prisión a salvarle de los castigos extraordinarios a los que se le iba

a someter por sodomita traicionero. Y ahí la cosa no es menos hilarante. Llegados a ese punto de la serie, entre Orry y George se han salvado ya la vida unas cuarenta veces. Por eso, George, tras llegar a tiempo a su casa para celebrar la Navidad ¡toma liberación! medita sobre la amistad. Piensa en voz alta no estar seguro de si Orry le ha salvado por que le aprecia o porque él le había salvado la vida días antes en un pantano. Es una cosa este George… entre la insatisfacción nihilista patológica y ser un exquisito morroputa de la amistad que madre del amor.

“Al mismísimo Dios pongo por testigo de que jamás, nunca, en la vida se me ocurriría bajo ningún concepto, ni aun en casos de extremísima necesidad acuciante, meterle la polla por el culo a otro hombre o varón, ni aunque de Guti o Fernando Torres se tratare”

Madeline LaMotte: “Negra e hija de puta” por Lesley Anne-Down (Dallas, Dinastía y Cuentos de la Cripta) Que nadie se asuste, Madeline, el pibón de la

serie, es negra e hija de puta. Según sabemos en un momento dado, su abuela era negra y su madre puta. Ser mujer por estas latitudes era muy, muy duro. Y ser hija de puta un espanto, pero lo de la prostitución no es nada comparado con ser una cuarterona. Obsérvese si no de qué manera la ningunea su marido, al que Madeleine sorprende follándose una negra, le dice “me das asco” y el hombre la contesta con total tranquilidad “por mi puedes pudrirte zorra asquerosa” (sic) Esta pobre despechada sólo puede ser, efectivamente, el amor secreto de Orry, al que muchas veces veremos borracho como una mona por esta razón. Aparte de ser negra e hija de puta, antes de consumar su amor con Orry, a Madeleine le da tiempo a desarrollar una adicción al láudano y presentarse en las fiestas de sociedad con unas castañas impresentables. En su descargo hay que decir que funda un hogar para niños huérfanos de la guerra, pero con el dinero de otro, que curiosamente muere apuñalado, y es que, no es por prejuicios, pero hacer negocios con negras hijas de puta drogadictas es lo que tiene. El origen de este singular amor nace en un sendero. Ella se cae del carro y Orry, que pasaba por ahí camino de West Point, la ayuda a subir de nuevo. Saltan chispas en este momento de erotismo duro decimonónico. Deciden escribirse cartas. Entonces, cuando piensas que las palizas que le dan los demás reclutas a Orry en West Point te van a matar de risa, te cagas cuando resulta que Madeleine deja de contestarle las cartas y nuestro héroe hace otro amargo pucherito. Vuelve a las plantaciones y, toma, Madeline se está casando con otro. Cuando has ayudado a una mujer a subir a un carro, que luego te haga esta jugarreta estigmatiza de por vida. Pero volvemos a lo de siempre, no ayudes a una negra hija de puta drogadicta a subir a un carro y no te pasarán estas cosas ¿A quién no le ha dicho esto su madre una y mil veces?

Elkanah Bent: “Más malo que el sebo” por Philip Casnoff (Walter Texas Ranger, OZ, Ley y

Orden). Bent es el típico bastardo cabrón que por no difundir quién es su padre, obtiene de éste, un congresista, favorcillos y tretas por los que progresa rápidamente en la academia militar y se sitúa al mando de Orry y George a los que, al verles la cara de pánfilos, envía a una muerte segura en Churubusco. Como no le sale la jugarreta, lleno de rencor y con el corazón negro, consagra su vida al mal. Y aquí hay que hacer un aparte porque el mal en estas historias de amor y lujo no es tener mala hostia, ni un pronto que paqué, no, el mal es llevar a De Juana al Bulli a que se ponga a reventar y pagar con la Visa Oro de Alcaraz. Bah, qué digo, el mal en estos novelones sería que un colegiado observase perfectamente como Puyol le da un codazo en la cara a Raúl González Blanco dentro del área hasta el punto de decir ¡joder qué hostia! pero no pitase nada. No, me equivoco, el mal en Norte & Sur está cortado por el mismo patrón que ese periodista con huevos de encararse a su Majestad el Rey de España, Juan Carlos I de Borbón, y preguntarle ¿Dónde ha estado Usted de viaje privado durante el parto de la Prinzesa? Aquí los malos hacen llorar a Millán Astray. Y Bent, como tal, se dedica a esquilmar maduritas con las que se casa por interés, establecer redes de contrabando de alimentos básicos, incluso de armas, tan necesarias para el Sur, y rizando el rizo es golpista independentista dentro de los secesionistas. Para entendernos, un abertzale vizcaíno prearanismo. Zalacaín interpretado por Arzallus abuelo.

Virgilia Hazard: “Pasionaria” por Kirstie Alley (Mira quién habla, Cheers) Hermana de George. Inspirada tal vez en Ulrike Meinhof, Virgilia es progre. Pero progre, progre. Al principio cuando chafa por temas políticos todas las cenas, ágapes y efemérides cualesquiera que celebra su familia, habitualmente insultando al invitado Orry, pensaron que no era muy grave, que con un polvo se le quitaría. Pero resulta que el

polvo se lo echa un negro, escapado de la plantación de Orry, y se fuga con él a practicar por el sur el deporte del terrorismo. Los vecinos de un pueblo, acongojados ante esta banda de cuatreros, en un tiroteo matan al negro, por lo que ella se ve sumida en una profunda depresión vagar sin rumbo por las calles con cara de ida, etcétera. Después, tras robar a su familia, se mete a enfermera para, en el hospital, curar a los soldados del norte y torturar a escondidas a los del sur en su lecho de muerte. Y en esto que se encuentra con que un moribundo es Orry, general del Sur ni más ni menos, pero entonces ella, con tal de joder y llevar la contraria al mismísimo cosmos, le cura, le ayuda a escapar y, por si acaso se quedaba corta, asesina a la jefa de enfermeras y se mete a puta. Como no podría ser de otra forma en una serie norteamericana que pretende ser didáctica, al final muere en la horca, como Sadam. Con cara de gatito bueno, claro, arrepentida. A buenas horas. Constance Flynn: Sólo merece la pena hablar de ella porque su padre y mamporrero, Robert Mitchum, en Churubusco poco menos que le ordena a George que se la folle ahí delante de él. Al final se casan. Es rica feliz y buena persona, es decir, una mosquita muerta y un coñazo. Y da más la nota fuera de la serie que dentro, pues es la mujer en la vida real de James Read, el sujeto que interpreta a George. Y llevan veinte años casados. Lo que suman dos millones cuarenta mil sobremesas tomando café y hablando del tiempo y enfermedades varias con brunette & blonde bondage matures a costa del bueno de James.

Ashton Main: “Satanás metido a obispo en España” por Terri Garber (Dinastía y Santa Bárbara) Decíamos antes que la maldad en una historia de amor y lujo es mucha maldad. Pues bien, Ashton es más mala que la quina. Mala, mala, mala. Si decíamos que Bent hacía el mal al prójimo, Ashton comienza desde que era pequeñita puteando a más no poder a su propia familia. Su afición personal es tirarse a los prometidos de su

hermana. Hasta que aparece Billy, al que parece que sí va a introducir dentro del perímetro del territorio marcado con su coño, pero que al final pasa el hombre. Entonces Ashton, dolida en su orgullo, se dirige rauda a la fiesta de graduación de los oficiales de West Point y se los tira prácticamente a todos en tandas de a diez, sin coñas. Y ya por fin satisfecha la calentura inicial, sigue follando y follando aquí y allá para persuadir a diferentes elementos sureños para que asesinen a Billy. Y mientras esto se desarrolla, se casa con un pobre cabrón y hace bueno su lema “Me siento incapaz de amar a un solo hombre. Si amas sólo a uno todos los demás se sentirán desilusionados y tristes (sic)”, es decir, su marido se convierte en el único ciudadano confederado que no consuma con ella. Como es costumbre en esta serie, al final se mete también a puta. En su caso para obtener fondos para la recontra causa, la de Bent, cosa que le da muy mal rollo porque ella está acostumbrada a hacerlo sólo cuando le apetece, que aunque sea mucho, no es siempre, por lo visto. Sumada esta circunstancia a que Orry, como cabeza de los Main, la repudia por ir difundiendo por el mercado y en la pelu que Madeleine es una negra e hija de puta, nada importa que no incida en del asunto con el láudano, Ashton termina sus días en el infierno sartriano, estar siempre con los tuyos, en su caso, atada a la pata de la cama en casa de su marido.

Billy Hazard: “Norteño casado con sureña” por John Stockwell (Santa Bárbara, Dinastía) y Parker Stevenson (Vigilantes de la playa, Melrose Place, Falcon Crest y Hotel) ¿Dos actores? Sí, el papel de Billy está cortado por ese patrón televisivo tan ochenteno de cambiar a un actor en mitad de la serie para interpretar el mismo papel. Billy es hermano de George, y un mojigato norteño soso, ñoño, típico de las regiones burguesas muy industrializadas… digámoslo claro: un catalán. La movida es que en uno de estos viajes de intercambio de fiestas echadas a perder por la política, George se lo lleva y el mozo se enamora de la hermana de Orry, montándose todo lo anteriormente citado por parte de Ashton. Cuando estalla la guerra, todas las escenas de Billy vienen a ser lo

mismo: ejque mi mujer es del sur y no todos los del sur son unos charnegos de mierda, que pego leche, que te reto a un duelo al alba, etcétera. Conforme avanza la contienda, llegan noticias de la gloriosa liberación de los esclavos negros en el sur (fincas quemadas, mujeres violadas, plantaciones saqueadas, hambre, crimen, muerte… y casi, casi, bodas de homosexuales) el tipo coge, deserta, recorre no sé cuántos mil kilómetros, cena con la familia, hace uso de su esposa, ayuda a unos negritos buenos a construir una acequia o no sé qué paleolítico modo de ganarse la vida y vuelve, con dos cojones, a purgar su falta poniéndose en primera línea de batalla, algo que, como he dicho, supone encontrarse cara a cara con medio plantel de la serie. Mirarse fijamente ¡oh, ah! Violines, redoble de tambor, que explote algo al lado y, hale, a seguir matando güeros cada uno por su lado. Una cosa un tanto forzada, pero la única al parecer para lograr inculcar al pueblo americano el concepto de “guerra entre hermanos”. Brett Main-Hazard: “Aquí están mis ovarios” por Genie Francis (Hotel, Lois & Clark) es la mujer de Billy. Durante la serie experimenta, como su marido, otra formidable mutación, aunque su apariencia física no cambia, de pimpollo puteado por su hermana Ashton, pasa a casarse con Billy, quedarse en la plantación durante la guerra y, cuando se quedan sin negros, con dos ovarios se pone ella a trabajar la tierra. Lo que por poco mata a su madre del sofoco.

Charles Main: “El llanero solterón” por Lewis Smith aka Alfredo Martín-Górriz (Melrose Place, Diagnóstico: asesinato) Otra mutación, de Charles Main a Charles Manson. Carlangas era un mozo del campo, alegre y jovial, pero huerfanito y pobre, como salido de la pluma de Mark Twain. Lo acoge la familia Main, que le cae mal porque en su bendita paranoia piensa que le tratan con condescendencia ¡a él! Que un día en el pantano se comió un sapo vivo delante de todos los niños del condado. Su rencor finalmente se disipa cuando, bajo la tutela de Orry, entra en West Point donde casualmente

conoce a Billy, hermano de George y tal y cual. Destacar que durante la guerra se va envileciendo hasta convertirse en un asesino en serie. Incluso sus propios compañeros de armas confederados le llaman al orden más de una vez por si no se está pasando un poco. En el fondo, total, tampoco es para tanto, se limita a coger a los correos de la Unión meterles cuatro tiros y luego preguntarles cuál es su mensaje. O al revés. O a la vez. O sin preguntar. Charles también queda desparejado, y como en la década de los ochenta, pese a existir sexo entre familiares en muchas zonas de EE.UU, así como del agro español, los productores de la serie recelaron a la hora de liarlo con su tía, la madre de Orry, que es lo que sería más creible y realista, nos adoban una viuda en edad de merecer con la que consuma. Pero como la alegría dura poco en la casa del confederado, entre saqueos e historias, la viuda da a luz un precioso crío y muere. El niño se lo llevan unos familiares lejanos, lo que obliga a un Charles barbudo, anémico y de muy, muy mala hostia, a recorrer no sé cuántas millas a caballo para hacerse con él. Por sorpresa, la familia no pone objeciones en entregarle al crío según se topan con él por la calle. Pero la escena resulta chocante al espectador porque tal luce el aspecto de George tras la guerra que es como entregarle un recién nacido al Ángel Cristo de nuestros días para que lo cuide, alimente siguiendo la estrategia NAOS y dé una buena educación. Grady: “Españolito medio” por Georg Stanford Brown (SWAT, Raíces) Se trata simplemente de un moreno que construye, por sus propios medios, una acequia. Lo cual enamora a otra negra, más sensible a quién sepa pescar que a quien venga con muchos peces, y una vez libertos la familia Main les endosa un rollo de multipropiedad a falta de sellos, por la guerra, para venderles un fondo de inversión.

Justin LaMotta: “Zaplana” por David Carradine (Kung Fu, Kung Fu: the movie, Kung Fu: La leyenda continua) Justino es uno de los mejores malos

que jamás haya dado la televisión. Un hijo de puta con pintas. Y un hijo de puta con unos huevos como cocos de negros y peludos. Desgraciadamente, por culpa del Barcelona – Real Madrid me perdí su muerte. Y para más pesar tampoco pude ver al principio cómo lía a Madeleine para que se case con él. El tema es que este hombre se folla a todas las negras de su plantación. Y resultaría obvio describir cuál es el trato que le da a los negros varones. Valga, eso sí, como ejemplo en general, que se le escapa un esclavo y dice ¡que traigan a su madre! y a latigazos con ella, le arranca las palabras a los demás negros: “pero, pero, pero ¡en la cara no! por el amor de Dios”. Bajo el mismo techo, la vida con Justin no es más agradable. A partir de un día en que Madeleine tiene la feliz idea ¡de hablar en público! la trata de dos formas, o bien la coge por la cabeza con todas sus fuerzas y la arroja a las escaleras como si fuese una pelota a un cuerpo adherida, o bien se quita el cinto, la pone fina y encierra en su habitación tres o cuatro días. En estas circunstancias, normal que Madeleine sólo encuentre socorro y comprensión en el pringadete de Orry, que entre lo cojo y lo borderline se había quedado para vestir santos. Pero Justino lo descubre y se hace con la droga más dura del lugar, láudano, para tenerla en casa quieta ¡coño! de una puta vez. Madeleine llora mucho y las negritas que la visten todas las mañanas durante tres o cuatro horas la miran con ojos vitriólicos. Un imberbe Sean Penn embetunado hubiera dado muy bien el pego en ese papel. Pero por si acaso, Justino asesina a la ayuda de cámara, algo tan doloroso a día de hoy, chicas, como si os tiran por la ventana epilady y se rompe en mil pedazos. Al final Orry decide salirse con la suya y esconde a Madeleine en su mansión, pero estalla la guerra y con mucho dolor, Orry ha de partir. Y en esto que no ha cabalgado medio condado y a Justino le ha faltado tiempo para quemar toda la plantación de algodón de los Main, madre de Orry incluida, y llevarse a Madeleine para su casa cogida de los pelos. Luego parece que Orry da media vuelta y ajusticia al pequeño saltamontes, pero como digo, no lo vi, el fútbol llenó mi vacío existencial esa tarde noche de sábado.

“Me cago en dios te voy a dar yo a ti tanto de que pamela y de que pamela” Pupurrí: El resto de personajes bien merecen un repasito por encima. En primer lugar, la madre de Orry. No sólo prende fuego Justin a su plantación con ella dentro, las tropas confederados le roban toda la comida y tiene que ver cómo su hija faena el campo. El horror. En el momento más bajo, dice una frase que se presta a meditar sobre la miseria: “podrán habérmelo quitado todo, pero hay algo nunca me podrán arrebatar: mis recuerdos”. Te tienen que quedar muy pocas cosas para conformarte con tus recuerdos. Y su suerte no mejora en toda la serie. Resulta que con la liberación de los esclavos aumenta el paro considerablemente por la pérdida de sus empleos de los esclavos y los capataces de los mismos. En Norte & Sur, por medio de una pirueta histórica como de broma, ambos gremios se hacen amigos y van por los caminos dando mal, es decir, como he dicho mil veces, prendiéndole fuego a las cosas. La banda de Forest Whitaker es la que va a saquear la mansión de los Main –en pie porque los soldados del Norte no se atreven a quemarla ya que la madre de Orry se planta en la puerta y dice que antes la queman a ella (como ya tenía la costumbre por lo de Justin…), y como venían cansados del frente, ponerse a quemar viejas no era plan para los burguesitos de Bostonpero sí para los parados del sur que la cosen a tiros. Caballeros de extrema derecha con los que he

tenido el gusto de conversar, dicen con el ceño fruncido que el Kuk Kux Klan tiene su origen en partidas que organizaban los campesinos del Sur, que se encontraron desbordados por esta delincuencia de tanto negro suelto por ahí. Algo que por lo visto dignifica o explica eso de coger a un ciudadano de color en 1943, crucificarle boca abajo y prenderle fuego delante de sus hijos, como todo el mundo podrá deducir a la primera. Y por ahí también tenemos a Lincoln, caracterizado por los maquilladores de la Hora Chanante, que sólo sale para impartir doctrina capelliana: estamos en la guerra para ganar, nadie dijo que fuera a ser bonito, etcétera.

“Hijo de puta, hay que decirlo más” Por otro lado, tampoco se puede dejar de nombrar a los familiares de George. Su hermano y santa esposa, que mientras el otro está en la guerra, prisionero, pasándolas putas, ellos se ponen a producir con la Fundición Hazzard cañones empleando metales de baja calidad, por lo que explotan en la cara del artillero. Cuando a George se le había pasado el disgusto de la acusación de sodomía ¡zas! se encuentra con ésta. Y también hay una negra, Semiramis, que es violada por un blanco y al final se casa

con Grady por una mezcla de pena y escasez. Por último, darle las gracias al Canal Cosmopolitan por esta feliz reposición. Pedir que por favor pongan la tercera la parte, sobre la posguerra. Y ya sólo quedaría subrayar que Norte & Sur fue una serie revolucionaria en todos los aspectos, no sólo por aspirar a tanto como superproducción, sino por recrear hermosas batallas de la Guerra de Secesión americana en la que cuatro de cada cinco extras llevan mullet y ojeras jamarosas. Optimización de recursos en tiempos pretéritos que podrán emularse, pero nunca volver tal y como fueron.

De Madrid al váter
Si se pudiera poner un ejemplo claro y conciso sobre en qué consiste que un político trate a los ciudadanos como si fueran completamente subnormales, ese ejemplo es la Comunidad de Madrid. Como yo voy por la calle y no veo que mis conciudadanos sean subnormales, pues hablas con ellos y contestan con agrado, suelen ser serviciales y es normal entablar una conversación con un desconocido en un bar con niveles de cortesía y buen humor bastante elevados (omito hablar del asfalto y lo que acontece verbalmente entre los enemigos del pueblo que pasean su tonelada y media de hierro per capita a causa de su independencia e imaginería de su prosperidad económica). Así que si los madrileños no son subnormales, aquí pasa algo raro. Esperanza Aguirre hizo del eje de su campaña en las elecciones anteriores el tema de las listas de espera quirúrgicas, las cuales, prometió, reduciría a treinta días y si no lo lograba, dimitiría, porque ella era mujer de palabra, cumplidora, etcétera. Por si alguien estaba despistado o no se había percatado de lo maravillosa que era Esperanza, ya en el Gobierno, con el dinero de los madrileños se pagó unas campañas publicitarias para subrayar su proyecto: profusión soviética de carteles con el epígrafe “soy yo la de las listas de espera que voy a reducir” en todos los centros de salud. Al final de la legislatura, hemos sabido todos, rojomasones y fascistas meapilas, porque es indefendible sostener lo contrario, que lo de las listas era una filfa. No sólo no se han reducido, sino que han aumentado. Y encima, lo que se hizo, la tan cacareada medida maravillosa, no era otra que cambiar el sistema de contabilización de las listas pasándose por el forro el Real Decreto que lo regula en el resto de las CC.AA. y pagándole con el dinero de los madrileños a una empresa

para que los cuente con un sistema asombroso que sí, en efecto, dice que las listas se han reducido a lo prometido. Qué suerte. Igual que un cuento de princesas. Como el consejero de Sanidad se pavonea de estos datos y la oposición dice que son una burda manipulación, lo suyo es buscar un juez imparcial, y nos encontramos que en el Sistema Nacional de Salud los únicos datos que faltan, es decir, en donde están los datos de todas las Comunidades, ya sean rojomasonas, fascistas meapilas y rompedoras de España, sólo faltan única y exclusivamente los de Madrid por no acogerse al método que emplean todas por Real Orden para calcular las dimensiones de las listas de espera. La policía, cuando ve una colilla dice: aquí han fumado. Y lo dice porque la policía no es tonta. Es por eso que a los madrileños se nos toma por subnormales. Porque no decimos nada. Pero, como decía, yo no veo que lo seamos. Luego lo que se deduce es que pasamos de todo. De lo referente a la política por lo menos. Nos agobiará, qué sé yo, es un coñazo pensar en estas cuestiones: déjame, no me marees, estoy aquí a gusto leyendo a Schopenhauer y ahora ponen en la tele el resumen del Concilio Vaticano II, no me vengas con listas de espera pinchauvas, pesado, tíobrasas. Los políticos tienen gabinetes para percatarse de este tipo de emociones. Y así habrá obrado el gabinete de Sebastían, el tipo que se presenta a alcalde de Madrid para, según dicen los que entienden, cobrarse el ridículo con un ministerio en la próxima legislatura socialista en el Gobierno de España. Al candidato del PSOE le habrá pasado su gabinete un informe en el que se explicaba que si al pueblo de Madrid le han llamado subnormal en la puta cara y no hay montado un escándalo de dos mil pares de cojones en toda la Comunidad, reducidos al ámbito municipal mejor no esforzarse mucho en la campaña contra Gallardón porque, como se ve, nadie está

por la labor de pensar mucho. Así pues, la campaña de este hombre se centra en faraonadas, hacer peatonal la Gran Vía; proyectos no tan viables como parecen a simple vista, Wifi pal pueblo; promesas estratégicas para el dos más dos son cuatro de los votos, quitar los parquímetros de Fuencarral, Hortaleza, Carabanchel y parte de los de Tetuán y Arganzuela; basura y mentiras, vivienda para jóvenes, más transporte público; y la emoción y alegría de los mejores goles de los Mundiales: Gallardón tiene una putita. Gracias al debate del otro día los madrileños nos dimos cuenta de que, además de elecciones próximamente, parece ser que antes tiene lugar algo que se conoce como campaña electoral. En la televisión, Sebastián alzó una revista con la fotografía de una mujer. Dijo que esa señora estaba imputada en el caso Malaya y le preguntó a su oponente si había tenido alguna relación con ella añadiendo al final de las subordinadas “en lo referente a adjudicaciones y todo el copetín”. En esos escasos segundos, yo, que soy un auténtico pornógrafo voraz, bulímico, pensé que le habían jodido a Gallardón porque habría hecho alguna adjudicación, recalificación, subvención o vete tú a saber qué tejemaneje o apaño con esa señora. Pero Gallardón me sacó rápido de dudas, dijo: “no voy a hablar de mi vida personal”. Es decir, traduzco: “Me la estoy follando”. Hasta que Alberto no abrió la boca a mi ni se me había pasado por la cabeza que se tratase de un tema relativo al ufano pene casquivano del alcalde. Pero helo ahí. Después ya nos hemos enterado muchos de que esta relación había sido destapada por un par de revistas hace meses y tal y cuál. Así como también hemos leído que supuestamente esto es una especie de venganza rastrera de Sebastián por las basurillas que se cuentan de él en relación al BBVA, el tal Conthe y San Dios, acusaciones

elaboradas con cero coma cero pruebas. Asimismo, parece que lo relativo a Gallardón y esta mujer aparecido en el sumario del Caso Malaya no tenía nada que ver con delitos y, de hecho, al hacerse éste público se omitieron sus conversaciones telefónicas por no tener relación con el caso. Y aunque así fuera, la forma de preguntar revista en mano del candidato socialista distaba mucho de lo que se entiende por un debate político para zambullirse de cabeza en los usos y costumbres de las tertulias televisivas del corazón, fascinantes hará diez años por la novedad y su violación de todos los límites cada semana en progresión geométrica, y también un rollo a día de hoy porque de todo se cansa uno en esta vida, hasta de que le chupen la polla. Estos días de campaña y precampaña en Madrid han sido y son para venir y contarlo, como el País Vasco. Redadas en los bares, estos con la música al uno mandando callar a los clientes para que por favor no alcen la voz, indentificación de viandantes de color de tostado a negro tizón en todas las esquinas -una de éstas abofeteando públicamente al moreno la vi yo con estos ojos en la estación de Avenida de América- cuatro mil quinientas inauguraciones -en las pasadas elecciones fueron bibliotecas sin libros, este año parece que se han decantado por hospitales con incubadoras de atrezzo y enfermeras de profesión real figurante y modelo- y encima, rematando la infamia, especificando que no se trata de inauguraciones, sino de visitas oficiales de “obras culminadas”. Un desparrame es lo que es esto. Y en todo este remolino de falsedad ha brotado como flor de mayo una bola de mierda y se ha ido a estampar en la cara del único político que si por algo se ha destacado en su carrera es por su educación y buenas maneras hasta la nausea. El mierdoso acontecimiento, como era de esperar, ha generado una reacción en cadena muy esclarecedora del nivel moral colectivo. Por ejemplo,

Joaquín Leguina en el ABC titula una espectacular e histórica columna “Un debate convertido en telebasura” y nos informe de “una norma no escrita proscribe hablar en público acerca del gusto, de las desmesuras eróticas y, en general, de las prácticas sexuales de los adversarios” todo esto afilando la pluma y cargando las tintas, todo esto, señoras y señores, a cargo del autor de generoso en epítetos editorial de El País sobre el video de Pedro J. Ramírez. Y tampoco estuvo mal ayer Hora 25 -reciba Carlos Llamas un abrazo de mi parte por su pronta recuperación- donde se dijo que las principales víctimas de esto eran los familiares de Gallardón. Pues no. Tampoco. La víctima principal y más importante es Gallardón. Punto. En fin, que visto lo visto, hasta donde hemos llegado y lo que tenemos que tragar, sólo una petición: queremos más.

Mi familia es la Legión
Se irritan los conservadores españoles por la publicación del libro “Retratos de familia: miradas a las familias españolas del siglo XXI” por parte del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Se trata de de ciento treinta fotografías acompañadas por breves textos de varios autores entre los que destaca el célebre cronista y crítico de pornografía tan querido por esta página, Joaquín Leguina. La obra le ha costado 45.000 euros al Estado español, el que a todos nos quiere, el que a todos nos cuida. Y fue presentada antes de ayer en la Biblioteca Nacional, una pequeña formación arquitectónica que al modo de los moluscos en el pilar de un puente, rodea la por todos conocida Bandera de Colón. La directora de dicho mejilloncito cultural, Rosa Regás, explicó junto a la secretaria de Estado de Servicios Sociales, Familias y Discapacidad, Amparo Valcácel, de que iba la movida: una iniciativa consistente en mostrar cuál es la realidad familiar actual, una institución esta que partiendo de un modelo “tradicional, rígido y basado en la obediencia” es ahora “polimórfico”. Estas familias “polimórficas” son las familias de hoy, “estructuras emergentes” o “situaciones de convivencia”. Tal y como dicen que muestra la obra (que no la he visto): parejas de homosexuales, parejas con hijos adoptados, familias de acogida, hogares monoparentales, familias unipersonales (!) y sujeto con perros, gatos y demás animales domésticos o domésticos porque a ti te apetece decir que una pitón es doméstica. A esta propuesta, postura o forma de ver qué es una familia hoy día, el diario ABC dedica su editorial de hoy “Familias sin adjetivos”. En él se dice que calificar como familia a un grupo de seres humanos que deciden vivir juntos es un “dislate”, que seguramente proferirá la directora de la Biblioteca Nacional porque le da gustera

eso de “desbancar” a la familia de padres e hijos. También cuenta que Rosa Regás se puede ir jodiendo porque según los datos oficiales la familia de padres e hijos es la mayoritaria en nuestro país. Y deduce que, por lo tanto, la inversión en esta publicación sólo sirve para “acelerar la imaginaria crisis de una institución que, hasta ahora, se ha llamado siempre familia, sin adjetivos”. Para después enumerar las virtudes de la familia de siempre: “Es una institución capital para transmitir valores cívicos y morales, reforzar la estabilidad emocional y cuidar a los enfermos y ancianos. Permite también a los jóvenes, muchas veces con gran sacrificio económico de los mayores, vivir en el hogar paterno ante las dificultades para acceder a una vivienda propia. Cuando fracasa la vida familiar, el individuo pierde una referencia vital y un espacio donde priman el cariño y la comprensión como formas básicas de convivencia”. Y, finalmente, concluir, que “no es por tanto, una más entre otras fórmulas voluntarias para organizar la vida de cada cual”, sino que es, digo yo que querrán decir, La Verdad, el Fútbol Club Barcelona… algo más, algo por encima de. Por otra parte, Josep Ramoneda, comentando en El País, también hoy, el significado de las revoluciones de 1968, hace una referencia a este asunto de la familia, pues según dice, sin 68, un detractor del 68 como Sarkozy, sería impensable que se pudiera presentar hoy a unas elecciones a juzgar por el número de divorcios que ostenta en las vitrinas de su sala de trofeos. Hechas las presentaciones, con la autoridad que me otorga haber arbitrado un partido de fútbol sala en julio de 1996, yo, como corresponsal de LPD en la Meseta, digo: 1- De nuevo nos encontramos con que ni la ETA, ni Al Qaeda, ni el mismísimo Satanás, los mayores problemas políticos de España vienen de la mano de los filólogos. Que si la unión entre dos hombres no es un “matrimonio”

etimológicamente hablando por mucho que uno sea pasivo y otro activo así que te saco no sé cuántos mil tíos a la calle, o en un sentido contrario, que yo, aquí, ahora, tumbado en el sofá, con este tercio de Mahou y estas olivas en manzanilla formamos una familia, sí, qué pasa. 2- La familia no es ninguna tontería. En los primeros pasos de la Unión Soviética se trató de establecer un modelo de sociedad urbana formado por individuos, no por familias, a fin de hacer al ciudadano más permeable a la propaganda y que la comunicación e información (las consignas, vaya) fuesen del estado al sujeto sin pasar por ese filtromampara tan engorroso que es la familia. El resultado de esta política fue un aumento descomunal del número de abortos y un desparrame en los índices de criminalidad causada por bandas juveniles de desarraigados a un estilo Dickens Soviet Hard Line. Gracias a este gran éxito, se tuvo que dar un giro radical a esta política con la correspondiente mega campaña de apoyo a la familia y sacralización del cabeza de la misma con tal de poner orden y asentar un sistema que hacía aguas sobre algo estable de una vez por todas. El resultado fue que Stalin se conformó finalmente con edificar hogares en el que cada cuatro familias compartían la cocina para eliminar la intimidad familiar, sembrar inquietud y desconfianza y poder así mantener un control efectivo sobre la población. Los comunistas rusos podrían ser malísimas personas, pero si veían grandes extensiones del terreno completamente mojadas decían rápidamente que ahí había llovido. No eran tontos. Y si arremetieron contra la familia en un principio es que, tal y como dice el ABC, ésta puede ser un garante de la transmisión de ciertos valores, un abrigo moral, anímico y la de Dios es Cristo para el individuo y una defensa de la sociedad contra los totalitarismos. Claro que sí, pero del mismo modo que, cuando vieron que no chutó el invento abordaron el asunto en sentido inverso, es decir, encumbrando la familia, también se podría afirmar que ésta también puede servir como vehículo para extender la primera porquería

que el Caudillo de turno encuentra tirada en el estercolero que es su mente, siempre que la tenga en cuenta. Así que menos valores Caperucita. 3- Javier Aizpiri, psiquiatra vasco, experto de la Organización Médica Colegial en adicciones, dice que la incomunicación y por tanto ruputura de los vínculos que unen una familia, además del techo bajo el que viven, es una de las principales causas de la creciente tendencia a la adicción en el consumo de drogas que se observa en la juventud actual. En este sentido, explicó hace unos meses en un congreso en Madrid que, entre otros muchos problemas, las familias que ven la tele en las comidas, o a lo sumo, las que comen cada uno en su habitación con su tele personal, son ETA, la incomunicación, la primera piedra de un nuevo mundo acultural por el que se cuelan las adicciones como si de un arco defendido por el guardameta Pichu del Atlético de Aviación se tratara. 4- Cabe deducir a la vista de estos hechos, que más allá del debate sobre las virtudes de la familia tradicional de toda la vida de Dios y las de la interpretación semántica más amplia, o laxa si se quiere, que hacen del término las baronas socialistas, lo que de verdad prima a la hora de transmitir valores que hagan de la convivencia un espacio en el quepan cuantos más mejor lo más cómodo posible no es otra cosa que la educación y crecimiento interior y cariño que pueda adquirir y recibir el sujeto en su etapa de formación. Que luego éste llegará mejor por medio de la pulverización de los capilares faciales a causa de los pellizcos de la abuela o se alcanzará antes durmiendo desde edades tempranas con una iguana enroscada en el ciruelo, que lo digan los sociólogos y psicólogos, a poder ser, en inglés, para que les hagan más caso. 5- Dado que el mundo tiene la fea costumbre de avanzar en todos los aspectos y que todos están interrelacionados, la pinta que tiene esto (guerras de

religión y apocalipsis venideros al margen) es que, para disgusto del ABC y afines, esta cosmología que describe el dichoso libro cada vez será más común y estará más extendida, no más que la familia de siempre, que no tiene por qué diluirse en las aguas de una sociedad sodomita y batasuna, ni dejar de ser la vía mayoritaría. Porque hay algo que deberían entender los conservadores y es que lo mismo que la familia está muy bien, también puede ser un entorno no escogido del que el individuo no desee más que huir lo más lejos posible. Que hay casos. Yo sé de unos pocos millones. Enumerado este pentágolo, sólo quedaría remitirse a los inventores de la civilización, los primeros españoles, allá, en la Grecia Clásica. Los griegos dieron las primeras trazas que estructuraron el funcionamiento de la sociedad que conocemos. Ya, incluso hace tantos años, tuvieron que enfrentarse al problema de la viabilidad de la familia de toda la vida de Dios antes de Cristo. No en vano, la que tenían allí montada con las “estructuras emergentes” de convivencia era de traca: más de la mitad maricones, un cuarto tullidos de guerra y el resto filósofos (del pregriego clásico: dícese del que no folla). Es por ello que con ese gran talento para la improvisación de los pueblos mediterráneos, inventaron el ágora, sobre la que se asentó y articuló su sociedad, que es la nuestra, pues hasta en la morfología urbana de nuestras ciudades se observa una estructura radial en torno a la plaza (ágora) o punto de reunión, de encuentro, del populacho, al contrario que las anglosajonas, rigurosas cuadrículas, o las musulmanas, donde la calle es el espacio que a la buena de Dios queda entre las casas. Los latinos somos así, somos seres unos, pero uno con un ágora. Así pues, no hay más que hablar, si el ABC quiere defender estructuras sólidas que sirvan para la transmisión y perpetuación de los valores eternos e incontestables que dan lustre, esplendor y superioridad en lo emocional a nuestra civilización cristiana, mediterránea y latina por encima de todas las demás, crear nucleos de calor

humano, bunkers anímicos que además sirvan para depositar cuidadosamente a los ancianos más contentos que la chorra y crear una alternativa a la vivienda, que haga frente común patriótico con una sola reivindicación, que unan sus gargantas a un solo grito: ¡más bares!

La alegre fiesta de la gerontocracia en la España española
“No sabría escribir sobre Gallardón si no es alumbrando el mayor descomunal ladrillo inabarcable faraónico abominable que jamás se haya publicado en esta página” El autor Tras varios días lloviendo a cántaros, la jornada electoral en la capital del Reino amaneció soleada con suave brisa primaveral. Un tipo de clima que invita a sentarse en una terraza, ponerse unas gafas de sol y permanecer en la misma postura profiriendo lentamente algún que otro monosílabo a la parienta hasta las ocho de la tarde, cuando refresca. Los domingos en los barrios residenciales de esta ciudad tienen un ambiente Mad Max. No hay ni un alma por la calle. Los bares con fútbol podrían ser cupulillas del trueno, pero por lo general reina la paz y el paso motorizado de algún mascachapas se convierte en un pequeño acontecimiento a causa del desgraciado déficit de francotiradores serbios para abatirlos, a ellos y a los basureros que para menear cuatro hojillas necesitan una especie de escafandra que emite un ruido brutal. Somos felices en la desolación dominical de nuestros barrios, que parecen el medio oeste americano, excepto la semana pasada, día de comicios, que esto parecía Nueva Delhi. Dicho día, por respeto a mis conciudadanos y a la Patria, decidí ponerme medianamente arreglado para ir a votar. Sin embargo, desentoné de todo punto… ¡yo no llevaba un anciano cogido del brazo! Había gente que incluso llevaba varios como racimos colgando. Pura ostentación. Aunque lo bueno era que siguiendo la hilera de ancianos se podía llegar fácil hasta el colegio electoral. Daba un

poco de inquietud pensar que lo mismo entraba uno por su propio pie a votar y salía luego por una cadena de montaje convertido en Soylent Green, pero nadie dijo que cumplir con las obligaciones ciudadanas estuviera exento de riesgos. Traspasada la valla, el hedor a ETA ya era insoportable. En primer lugar, había una escalera de granito bastante empinada sin ningún tipo de rampa adyacente. Así pues, en los primeros peldaños los ancianos se apelotonan como si fueran Lemmings. Luego, arriba, estaban los delegados de los partidos, que buena parte de ellos eran ETA. Vi como uno del PP le daba fuego a uno de ETA, quizá porque sería de los de Gallardón, que son bastante ETA también, según dicen en la COPE. Las paredes del colegio, de monjas, estaban repletas de murales relativos al “esfuerzo”. Como escuché a la periodista de ABC, María Solano, comentar en televisión que si se impartía la asignatura de Educación para la Ciudadanía no quedaría tiempo para inculcar a los alumnos el valor del esfuerzo personal (sic) y dado que yo hice muchos murales pero nunca ninguno de estas características, supuse que eso sería una moda actual de la Reacción. Bien, no todo iba a ser ETA. Por otra parte, en mi barrio la jornada venía marcada por una noticia aparecida en el periódico gratuito Gente Madrid que en el número 22 del 18 al 24 de mayo de su edición “Puente de Vallecas, Villa de Vallecas, Moratalaz, Vicálvaro, San Blas, Ciudad Lineal” traía en la columna “Madrid Confidencial” una información sobrecogedora. Decía que la Unión AznarBotella estaba en crisis. Que había un distanciamiento. Y daba como motivo que con su nueva ocupación en la Concejalía de Asuntos Sociales, Ana, a causa del contacto diario con los más desfavorecidos, había evolucionado hacia posiciones ideológicas más x [no reproduciré el adjetivo por impúdico y pornográfico] lo que la había alejado de su marido, megalómano y con una conducta últimamente de lo más

provocadora, cosa que disgustaba a la Sra. Botella en grado sumo. Esta noticia ¿en qué lugar dejaba a ETA? En consecuencia, los pocos ancianos que habían logrado superar la criba de las escaleras deambulaban por el colegio desorientados sin saber, en este juego de espejos, dónde se ocultaba ahora la ETA. Para más inri, cuando yo ya me iba, volví a mirar una curiosidad que venía en el libro que me había leído esa semana, El Doctor Fischer de Graham Greene: los números siete sólo están cruzados por una virgulilla en Europa continental. Entré en un aula de preescolar y había unos sietes enormes de cartulina sin rabito ninguno. Qué vergüenza. Todo pringando de ETA, hilillos de plastilina de ETA. Después, pasados los recuentos, el embotellamiento de carreras –encima con tongo- la payasada vasca televisada y demás, ganó, como todo el mundo sabe, el PP de calle. Arrasando como nunca en Ayuntamiento y Comunidad. Los expertos aducen que no hay un trasvase de votos, sino que el electorado de la izquierda está desmovilizado, que pasa de todo. En el caso de Simancas seguramente se deba a que el Tamayazo le afeó para el resto de su carrera política. La caída de este ex campeón de breakdance en discotecas arrabaleras –si se hubiera marcado un baile en campaña lo mismo hubiera subido un par de escaños- vuelve a poner en la picota a la FSM, que es muy divertida. De hecho, la principal cualidad que se advertía en Simancas cuando alcanzó la presidencia fue el unánime reconocimiento de que si había pacificado la FSM, podría con todo… pero dos de sus diputados le miccionaron en la tez. A él y al pueblo de Madrid. Aparte de los goles y la emoción que pueda tener el próximo congreso, sin duda, si hay un matiz apasionante en todo esto es la posible reaparición de Antonio Carmona en la política regional. Le recordarán por su dimisión cuando en una reunión con pequeños comerciantes, a los cuales defendía frente a la Consejería de Economía, le grabaron un chiste relativo al Prestige: “Vamos sobrados de votos, y si no, hundimos otro barco”. Carmona ha sido hasta ahora

el líder de la oposición a Simancas en el actualmente llamado PSM. Se trata de un economista que formaría parte, por descontado, de una nueva generación o una nueva forma de hacer política. Por ejemplo, será difícil verle hacer el ridículo vestido de chulapo en la campaña, pues en la facultad donde daba clase, en cierta fecha los alumnos decidieron celebrar la Feria de Abril ataviados ad hoc y él los expulsó a todos del campus con inusitada violencia verbal por profanar los valores y el significado de la Universidad vestidos de esa guisa. También es célebre su pasmo cuando en el noventa y dos comprobó in situ que la EXPO en lugar de un punto de negocio e intercambio de conocimiento no era sino un cashondeito. Habida cuenta de su fulminante dimisión tras meter la pata -con lo dados que son a dimitir los políticos de este país-, de lo iracundo del sujeto y de que, como buen madrileño, es nacido en Bilbao, pudiera ser que la política madrileña diera un saltito cualitativo hacia algo nuevo, cuando menos, desconocido. Que no es poco, a la vista del origen y desarrollo de la última legislatura. El fascinante misterio oculto de la maldición de los alcaldes de Madrid Como digo, el desastre de Simancas tiene una explicación plausible y un desenlace lógico: materia prima, nuevo envite. Democracia. Pero, por mucho que se diga, lea u oiga, lo de Sebastián, independientemente del arreglo que pueda tener, que ni lo sé ni me importa, carece de toda lógica. Hay en su derrota un vacío de sentido mucho mayor del que rodeó su elección como candidato, que ya era. Se trata del Misterio del Consistorio, un oscuro hechizo imposible de interpretar hasta por los templarios más avezados. Siempre se ha dicho que insultar al regidor es algo muy habitual en esta ciudad. Se dice incluso que en el franquismo los alcaldes eran tipos que, desprovistos de la presión y el altavoz mediático, resultaban un tanto

distantes al ciudadano, que no los olía por cada esquina, pero, sin embargo, se cagaba en ellos con profusión por motivos más relacionados con la situación del momento y el psicoanálisis que con su gestión. Madrid tuvo alcaldes muy dados a que se metieran con ellos, como aquel sorbido de mocos con bigote llamado Arias Navarro, aunque sin lugar a dudas el más odiado y del que todavía quedan muchos que no han olvidado su obra es José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, que en pleno desarrollismo tuvo a bien quitar las medianas de los bulevares, con sus árboles incluídos, por supuesto, para ganar dos carriles más, convirtiéndose en el pionero de la polémica “ciudadanos o centauros” en torno a la que gira la política municipal de esta ciudad desde hace años. En cualquier caso, la memoria es difusa y caprichosa, porque pese a este destrozo irreparable, la wikipedia sólo reseña de su persona que era homosexual ¡y reprimido! que es más que homosexual, como los argentinos en el noventa eran subcampeones, mucho más que campeones. Otro gol al progresismo, que ya no podrá situar en el consistorio al primer alcalde gay. Pero no nos desviemos del asunto, que si empezamos hablando de dictadura y homosexualidad nos estaríamos horas con la cultura gay organizada de la época: la sección femenina y El Icono, Josean. La Alcaldía de Madrid es un Triángulo de las Bermudas donde nada es lo que parece. Hagamos memoria. El primer recuerdo que tengo de un alcalde es el de Tierno Galván, pero son detalles muy vagos. Sobre todo me llamaba la atención el nombre, que nuestro líder tuviese como apelativo “tierno” era entrañable. Más que un Alcalde tenía reminiscencias de Papa. También recuerdo que puso patos en el río y “se los comieron los gitanos”, que dicho así, que es como se dijo, daba un poco de impresión a los niños, que imaginábamos una suerte de Saturnos devorando a sus hijos Goya’s style. Y por último, que se publicó una foto del hombre junto a una mujer en tetas que no superaba la prueba del boli Bic, una cosa chocante. Luego, de adulto,

supe que “tierno” se llamaba Enrique y que, según la COPE, nos echaba droga en el colacao a los niños. Además, que instituyó las fiestas populares de los barrios, un aquelarre con el que se evitan programas como “Quién sabe donde” gracias a que uno siempre se encuentra en ellas con todos los conocidos de la infancia, y que también son un sistema de explotación infantil delante de las narices de la policía, más preocupada por la hora de cierre de las barracas que por el hecho de que en ellas trabajen niños, y el sustento económico de cientos de músicos acabados que piden palmas para corear durante veinte minutos el estribillo del único éxito de su carrera… mas, por qué no decirlo, un sistema ideal por si se diera el caso de que conoces a una persona ligada al crimen organizado que anda mal para pagar una fianza, pues le programas dos conciertos en las fiestas, uno a cuenta del Ayuntamiento y otro a cuenta de la Comunidad de, por ejemplo… 72.000 euros cada uno. En fin, el caso es que, a pesar de todo, se cuenta que Tierno era muy respetado y mucha gente que no era de izquierdas le votaba, no en vano, el suyo era una especie de partido socialista, pero para gente bien. Murió. Le sucedió su segundo, Barranco. Con este hombre tomé conciencia por primera vez en mi vida del problema del carisma. “Podría ser la mejor mano derecha del alcalde, pero nunca el alcalde”. Barranco es un tío cuyo hijo quería dejar los estudios y sin temblarle la mano le dijo que vale, que muy bien, y le puso a currar en una obra. El mozo volvió a los libros. Pobrecillo, si logró licenciarse, que no lo sé, ahora cobrará menos que el obrero que podría haber sido. Barranco no murió, pero una moción de censura entre el CDS (ocho concejales) y PP (veinte) le apartó del machito. Aun siendo un crío, sí tengo recuerdos de este lance político: de “guarrada” a “fascistas”, todos los adjetivos que quepan, fue lo que salió por las gargantas más recatadas de los votantes de izquierda. Y es algo que

agradezco recordar por dos razones: una, que Álvarez del Manzano, que llegó al poder gracias a ese pacto, ahora defiende e implora que “por ley” sólo pueda gobernar la lista más votada por entender como antidemocrático lo contrario (¡!); dos, que el PSOE tiene hoy completamente asumido que sólo puede alcanzar la alcaldía pactando con IU, el tercer partido. Es un curioso cambio de roles y de forma de entender las cosas. El que vino detrás, Rodríguez Sahagún, que vendió cara la moción de censura, la alcaldía nada menos pidió, murió al poco tiempo. Entonces llegó él. Mi primer alcalde en plena posesión de mis facultades mentales. Álvarez del Manzano, natural de Sevilla. Llegó a Madrid con tres meses. A este alcalde la gente le quería poco. Era menospreciado y cuando alguien se atrevía a defender algo de él hacía referencia al tráfico y a la circulación, que fue el gran caballo de batalla de su gestión. A mí los recuerdos de este hombre me rebosan en el coco. Por ejemplo, en cierta ocasión la policía entró en una sauna gay poco menos que a hostias y tomó nota de quién estaba dentro. En realidad se trataba de policías corruptos que cobraban sobornos por las licencias, pero todo el mundo vio, se imaginó, se inventó la mano negra del alcalde, que quería mandar a los homosexuales a Treblinka –o mejor dicho, al campo de Miranda de Ebro, si nuestro país tuvo más campos de concentración que el resto de Europa junta habrá que empezar a decantarse por ellos en las coletillas antes que por los nazis, eternamente de moda. El proyecto de los arqueólogos es el proyecto de ETA En lo que ya tuvo más responsabilidad fue en la historieta de los restos arqueológicos de la Plaza de Oriente y Bailén, donde se hizo un aparcamiento y un paso subterráneo respectivamente. Resulta que debajo de la plaza estaba ni más ni menos que Al Qaeda, restos del Madrid de Bin Laden. Unos decían que se estaba

pasando por el forro la Ley de Patrimonio Histórico, otros que obras anteriores ya habrían destruido lo que pudiera haber. Al final, sólo ha quedado una excavación, para mi que simbólica para callar bocas, abierta en la Plaza de la Villa, gracias a la cual se ha retirado la estatua de Felipe II y obstaculizado uno de los rincones más bonitos de la ciudad, por las vistas de la Casa Campo digo, no por la Almudena, que contemplarla de cerca agosta y marchita testículos y clítoris por igual, aunque es de justicia reconocer que desde un kilómetro y medio, desde la Avenida de Valladolid, hace menos daño a la vista; deberían haberla levantado quince kilómetos más abajo, entre Campamento y Alkörkón, para que en mitad de la puta nada luciera en todo su esplendor su singular belleza CEAC, a distancia. Supongo que no se haría porque como el muy hábil de Manzano la arregló con el presupuesto de Vivienda, será preciso esté aquí para que haya gente dentro. El caso es que, a lo que nos interesa, la población percibió este asunto de los restos arqueológicos como que el alcalde era un animal de bellota sin escrúpulos. Por otra parte, por si alguien no lo sabe, en Madrid, en la ribera del Manzanares desde el Puente de los Franceses hasta su desembocadura en el Jarama, está el yacimiento paleolítico más grande mundo. Un honor muy típico de Castilla, tener el cielo y el subsuelo más bonitos, ahora bien, lo de en medio, donde habitan los humanos, páramo, miseria y desolación. Aunque, en el fondo, el tema es que, gracias al progreso, hasta hace escasos quince años todas las graveras que hay por la zona han operado a la buena de Dios sacando los propios obreros con sus grúas colmillos de elefante, entre otros, acontecimiento celebrado con unos grititos, colocación del vestigio en un alto para jugar a ver quién le acierta de una pedrada y luego echarlo por ahí a tomar por el culo. Es por ello que, en caso de haber obrado mal Manzano en este asunto, que no se preocupen mis conciudadanos, que los restos del chupacabras lombriz-araña ibérico de la submeseta sur, de existir, lo más seguro es que a día de hoy sus restos se hallen a buen recaudo de las ratas en una

escombrera. Detrás de los ancianos sin recursos y de los vagabundos está ETA Fue también muy divertida la exclusión de los ancianos con rentas de menos de sesenta y cinco mil pesetas de la residencia municipal de Santa Engracia. La reducción del número de barrenderos dio risa tonta, aunque a juzgar por el ruido que meten ahora con sus herramientas infernales, bien estuvo reducir las plantillas y mal no deportarlos a Siberia. Y coronó la hermosa composición navideña la aparición del nuevo mobiliario anti-vagabundos, un catálogo que iba desde reposabrazos que partían los bancos del centro por la mitad para que no cupieran tumbados, a pinchos en unos montículos de Sol para que no se sentasen los chaperos marroquíes, gremio que hace circulitos con la lengua sobre los glandes de sexagenarios, sí, pero que te puede dar una somanta de hostias que si no mueres es por casualidad, de lo que pudo dar fe el periodista que quiso grabarles con cámara oculta hace unos años. Todo esto por no hablar de las plazas de corte escandinavo, lisas y sin árboles para que dé bien el sol todo el año, que como hay tan poco aquí en mitad del desierto, pues aprovecharlo. Y ya, lo más de lo más, los bancos individuales, silloncitos, que impiden algo tan normal como sentarte con tu pareja. En otro orden de cosas, se supo y no por los medios de comunicación manipuladores, progres, ETA, Al Qaeda, sodomía y educación para la ciudadanía, se supo por una sentencia del Tribunal de Cuentas que el alcalde se había gastado diecisiete millones de pesetas del presupuesto municipal destinados a gastos de representación, en comprarle joyas a su mujer ¡y hacer donativos a las monjas! Asunto que no deja de ser un detalle bananero tan propio de esta tierra de alcaldes con ética y moral magnitud Tony´s. (de Tony Soprano y Tony Montana “Scarface”) que ensombrece al lado de la privatización de

los servicios funerarios, empresa municipal aparentemente hundida, vendida por cien pesetas, cien – una de las monedas aquellas amarillas- que rápidamente dio pingües beneficios al listo que se la llevó. Un procedimiento bastante habitual en estos tiempos que corren, degradar lo público para privatizarlo, que cuesta diferenciarlo de cuando verdaderamente se hace por criterios de eficacia y no por negociete, entre otras cosas, porque lo que verdaderamente nos importa a los españoles es ETA ¿Y que pensará la ETA de esto? -se dicen muchos cuando se dan de bruces con una lista de espera en Atención Primaria. Todos estos acontecimientos hicieron bastante impopular al alcalde de Madrid. Y con las ridículas estatuas a la Violetera y a la Virgen, el patético monumento al oso ChuLin, los llamados “chirimbolos” que proliferaron por toda la ciudad, las escasas dotes para el canto que no se molestaba en disimular y que ante un incendio de chabolas de inmigrantes su reacción fuera declarar que “nadie les pidió que vinieran”, no logró más que empeorar las cosas. A las salas de pequeño aforo no van más que etarras En cuanto a la juventud, lo más sonado fue que Manzano fuese considerado el enterrador de la llamada Movida madrileña. Una cosa es que la gente ignore que hay ciudadanos que a las cuatro de la mañana les da por ahí a los jodidos y se ponen a dormir, y otra muy distinta que el concejal, carnicero de profesión, Matanzo, fuese cerrando personalmente los locales con la policía insultando a los presentes amparándose en una ley de diseño específico, la de la música en directo, para cargarse la mitad de los bares del centro. Pero esta política fue sota, caballo y rey. Venía de serie en la misma declaración de intenciones de la investidura, donde Manzano dijo: “eso de la Movida es una cosa de paletos, debemos volver en Madrid a lo nuestro, que son los toros y la zarzuela”, frase que muy

bien pudiera haber servido de eslogan para el programa del aniversario de la dichosa Movida que tanto Aguirre como Gallardón desarrollaron muy orgullosos ellos de esta urbe tan plural y cosmopolita que copia tan bien las modas foráneas -sin contar que los dos estaban en nómina de ese alcalde en aquel momento. Y a mí que no me jodan, además, porque la primera frase del discurso del alcalde está cargada de verdad. Que aquí cuando ves a alguien con treinta y dos aritos por la cara, tatuajes y demás guarrerías portuarias, te pueden decir que, vaya, qué moderna está Madrid, cómo va la gente, parece Londres. Pero no, los más pintas son todos de comarcas como la Guadalajara profunda, que cuando pisan el foro por alguna extraña razón experimentan la necesidad acuciante de ataviarse como falleras adictas al pegamento. Y que no se me enfade nadie de esa gran región asombro del mundo entero que es Guadalajara, que no me refiero a todos los naturales, sólo a ese 1% al que soléis, en vuestro legítimo derecho a la crítica, torturar y apedrear desde edades tempranas, cuando empiezan a dar muestras de que son “raros”, esto es, leen tebeos, se interesan por la música, etcétera. El asunto: los jóvenes pensaban que el alcalde era un carca. Y el añorado Ángel Matanzo, autor de un crimen mucho peor que el de cerrar bares, joder el Rastro para toda la vida –que vale que se vendían cosas robadas, pero levantarte un domingo para dar un paseo, tomar el vermú y comprarse dos docenas de bragas carece de todo glamour- a causa de una purga en un célebre Viaje al Centro tuvo que dejar el partido para presentarse en las listas del de otro prohombre más en línea con su mentalidad: Ruíz Mateos. Sólo, única y exclusivamente, había un tipo de aparición en las noticias de Álvarez del Manzano que no suscitaba odio, vergüenza ajena y ardor estomacal, las relativas a los pasos subterráneos. Apodado “El Topo”, el alcalde excavó pasos por doquier. Por supuesto, fueron muy criticados, pero mucha gente sostenía que eran verdaderamente útiles. Se dijo, desde la crítica, que

Madrid perdía su vocación de ciudad europea para pasear a pie y eso. Luego París tiene túneles de estos para aburrir, pero bueno. “Resultan angustiosos” comentan de los parisinos mis fuentes, pero ahí están. Y eso de los “modelos europeos” ha perdido caché; un poco más al norte, en Holanda, están rifando riñones entre moribundos por televisión, que puede que sea el país donde todo el mundo es dueño de su cuerpo y hace con él lo que le da la gana, hasta ponerlo en un escaparate de un negocio de chupado de pollas, y que el célebre genio Van Gogh ya se extirpó una oreja para donársela a una prostituta por si por alguna razón quería tener tres, pero a mí ya me empieza a sonar tan bien “modelo mexicano” como “modelo europeo”. Y si el programa era en realidad una farsa para reivindicar la necesidad de trasplantes, vaya campaña, vaya… y si encima ha funcinado, qué sociedad enferma. El caso es que los túneles ahí están. Gracias al de Avenida de América, por ejemplo, yo gano trece minutos para llegar a casa en coche desde el centro. En trece minutos se pueden hacer muchas cosas, tocarse, por ejemplo, con el tiempo por delante necesario para que el concepto imaginario goce de presentación, nudo y desenlace. Por el mismo precio, por las mañanas, estos túneles descongestionan en parte la brutal invasión de vehículos que sufre la ciudad. Eso sí, a los vecinos a los que les ha tocado un paso debajo de la ventana no les queda otra que joderse. Finalmente, en una rueda de prensa de tintes surrealistas, Manzano presentó un proyecto de redes de autopistas subterráneas del que se hizo mofa hasta en las columnas del ABC. Sin decir nada y disimulando, hizo mutis por el foro y el asunto se olvidó para siempre. Algunos lo recordamos como si fuera ayer. Y este fue, a grandes y sesgados rasgos, el legado de Álvarez del Manzano. Un alcalde que daba la impresión, por la actitud hacia él de los ciudadanos, de que un día le iban a arrojar fruta podrida a la cara a poco que pisase la calle, pero que, para sorpresa de todo el mundo, en una ciudad esta en que, según estudios un tanto absurdos de

los que habló El País esta semana, la mayoría se declara “de izquierdas”, salió reelegido una legislatura tras otra como un reloj ¿Cómo es posible que un tipo al que se vilipendia constantemente, todos los días de tu vida, uno al que nadie se atreve a defender en público o lo hace tímidamente gane y gane cada vez de forma más holgada? Se desconoce, de eso trata el fascinante misterio del alcalde de Madrid, el cual se ha manifestado en estas pasadas elecciones en la mayor intensidad nunca vista. Porque toda la lista de hitos polémicos de Álvarez del Manzano que acabo de enumerar que le valieron el odio constante de los madrileños, es una minucia pordiosera al lado de lo que se ha puesto a parir a Ruíz Gallardón, cuyo escarnio no es que haya sido salvaje y despiadado, es que hasta los de su propio partido le han menospreciado en público. Veamos. En la Comunidad no le fue muy mal a Alberto. Ahí se labró esa imagen de tipo educado y comedido, centro liberal, arreglado pero informal. Del mismo modo que empezó a llamársele el Faraón por su tendencia a hacer obras de importancia. Por ejemplo, en la Comunidad, el Metrosur. “La obra civil más grande de Europa” dicen los acólitos. Del proyecto, que dejó a la Comunidad con una mano delante y otra detrás, se criticaron los plazos de construcción y nada más, porque al que critique que se aumente la red de metro habría que golpearle la planta de los pies con una barra de hierro cilíndrica, mucho mejor que con aristas, pues así el hueso se astilla más, lo machaca, lo tritura. Un amigo es aquél que conoce todos tus defectos y a pesar de ello te quiere Gallardón fue candidato a la alcaldía por mandato divino del pelanas. Él mismo se encargó de explicar que su nombramiento se debía a que iba a obtener unos resultados brillantes. Así que, por lo visto, le tuvieron que adherir a la Botella para disimularlos o algo. Sin embargo,

cosas que pasan, quién lo iba a decir, cuatro años más tarde llega Esperanza Aguirre y en su biografía dice que en realidad a Gallardón le apartaron de la Comunidad porque las encuestas decían que la iba a perder, como así ocurrió, que Simancas e IU obtuvieron la mayoría de los escaños, aunque frente a Esperanza, que fue la encargada de cumplir el expediente. Eran los peores tiempos del Aznarato, a Simancas no le conocía nadie – cómo gusta lo nuevo en España- y la llamada “abstención de izquierdas” se animó a votar. La mierda se la hubiera comido tanto el uno como la otra, y como Alberto ha tenido el decoro de callarse la boca con los intentos de Esperanza durante esta campaña de restarle votos y no ha entrado al trapo de comentar el asunto, nos quedaremos con esa duda, bastante razonable a mi parecer, de si pusieron a Esperanza de candidata para ganar o para perder. Porque como ya se ha dicho en el especial elecciones de esta página, la führer de la Meseta por aquel entonces era un cadáver político con su fuego fatuo y todos los complementos. Luego ocurrió lo que ocurrió. Traición de dos diputados y la vuelta a la tortilla en otras elecciones en las que la “izquierda desmovilizada” ya no se dignó a votar. Todo lo que rodeó el asunto fue bastante turbio, con los contactos desde hacía mucho entre los prófugos y empresarios de la construcción vinculados al PP. La ahora presidenta así lo debió entender también, porque hizo con las dos manos una buena pelota de heces y se la lanzó directa al alcalde, publicando en dicha biografía que el bueno de Alberto conocía de primera mano la traición de Tamayo y Sáez desde el primer momento ¡mucho antes que ella! Con todo esto, como se puede observar, Gallardón, antes de ser investido alcalde, ya venía calentito. Parquímetros por castigo y parquímetros a traición La instalación de parquímetros dentro de todo el perímetro de la M-30 fue una promesa que traía el programa

electoral de Gallardón. Si el tío salió con mayoría absoluta, que los pongan te podrá parecer muy bien o muy mal, pero si crees que es injusto eres ETA. Es bastante probable que gravar el aparcamiento sirva para que se inyecten menos coches en la ciudad, se pueden hacer estudios. Lo que no es probable, es seguro, es que gracias a éstos el precio del alquiler de una plaza de garaje se ha disparado de entre sesenta y setenta euros que costaba hasta los ciento diez. Y esto es muy gracioso, porque mientras el asunto estaba dentro del perímetro de la M-30, la polémica sólo se reducía al tamaño de las zonas verdes, en las que sólo se puede estar una hora, aunque si uno es residente en el barrio, pagando treinta euros al año puede estar lo que quiera. No se sabe si el alcalde echó estos cálculos, pero los vecinos sí, en zonas donde hay oficinas sobre todo, una vez lograron los residentes que se aumentaran las zonas verdes porque no cabían, sacaron raudos sus vehículos de los garajes para aparcarlos en la recién comprada plaza de zona verde (30€/año y alquilarle a otro la de su garaje, la de ciento y pico euros al mes. Un negocio redondo y para ponerle un marco. Pero este sin dios no fue nada comparado con lo que vino después. Gallardón, que nadie creía en un principio que fuera a ser capaz (por tiempo) de cubrir todo el perímetro de la M-30, no sólo lo hizo, sino que, ya puestos, se saltó la autopista y empezó a plantar parquímetros en Hortaleza, Carabanchel y demás. Nadie sabe el porqué. Bueno, sí, por la pasta gansa, pero quería decir que Gallardón no ha dado ninguna explicación, pues esto no figuraba en su programa electoral y resulta que son lugares donde hay unos cascos urbanos bastante antiguos sin un solo aparcamiento subterráneo. La Batalla de Kursk quedó a la altura de una película de Parchís. Los vecinos de dichas zonas procedieron a arrancar los parquímetros. Y conforme se volvían a poner, se volvían a destruir. Así, en un sabotaje en desarrollo sostenible que al poco tiempo terminó con las empresas proveedoras que

ya no daban abasto para reponerlos, aunque por mucho agobio que supusiera la situación, ver las cifras del negocio aumentar ceros y ceros en crecimiento geométrico les haría trabajar a la Stajanov silbando dichosos todo el repertorio de Zarzuelas. Madrid año cero Todo este asunto, casi nada, sirvió para ver al alcalde insultado y vituperado cada vez que aparecía en público inaugurando algo, como el carril bici de Madrid, que sale de Hortaleza para bordear toda la ciudad hasta la Casa de Campo. Muy útil como alternativa al coche, lo mismo que la Ría de Bilbao para atajar entre Soria y Salamanca. Aquel día casi se lo comen, aunque él, con muy buenos modos, se comprometió a dialogar, o escucharles o ya no me acuerdo. Entonces comenzó el desastre. En Sol Fomento retoma la ampliación del Túnel de la Risa, bautizado así por la prensa de derechas en su día puesto que lo había proyectado Indalecio Prieto, el de la estatua de un gordo que aparece cada día de un color en Nuevos Ministerios, ese. Las obras son descomunales y aparecen unos restos arqueológicos, el Ministerio acepta lo que le dicta Patrimonio y las obras se paralizan. Aparte de todas las peleas y acusaciones mutuas con la Comunidad que demoran el final de la obra, este hecho no es aislado, porque Gallardón hace peatonal la calla Arenal, una de las que sale de Sol. De modo que en pleno corazón de Madrid se monta un infiernillo que se retoma un poco más abajo con el célebre soterramiento de la M-30, el túnel más largo de Europa, y que limita al norte con la ampliación del túnel de Moncloa. De la peatonalización de Arenal se quejaron algunos comerciantes y los hoteleros. Muerte para todos ellos. Pero lo de la M-30 fue otra historia. Ahí se estaba haciendo una obra descomunal, que unida a la del “Proyecto Río” (donde pone Proyecto quiere decir tala

salvaje, pero se debieron equivocar y por ahorrar… ) transforma un tercio de ciudad en un atasco continuo y la vida de sus vecinos en el mismísimo infierno. Miren esta foto. Cuando uno se encuentra con un residente de este barrio, alguien que durante meses ha tenido que estar escuchando martillos neumáticos todo el santo día, que lo mismo está jubilado, que lo mismo está enfermo y no puede casi salir de casa, no habla como se hacía antaño de Manzano, con sorna y cachondeo, sino que clavándote los ojos y afilándosele el rostro a cada palabra que pronuncia escupe su opinión sobre el Regidor: Mira, chaval, Gallardón se haría un ajedrez con los huesos de su padre. A mi, personalmente, que los conductores vayan a estar ahora atascados en el túnel más largo de Europa me parece fabuloso. Y si encima arriba hay zonas verdes donde las gracias de Rubens corren de puntillas de flor en flor senos en libertad, mejor que mejor. Ahora bien, han pasado muchas cosas para poder realizar esta obra en los plazos precisos que necesitaba el señor alcalde para arrasar en estas elecciones y levantando urnas llenas a rebosar como la Masa exigirle al Partido puestos más viriles y estatales desde los que poder acabar con el terrorismo de ETA, el de Al Quaeda y unir todos los ríos de Europa para hacerlos navegables y que se pueda llegar hasta Moscú desde Cáceres en pedaleta playera. No sólo en las subcontratas había irregularidades sin importancia como trabajadores ilegales currando jornadas de dieciséis horas, sino que se han producido 1.068 accidentes laborales con nueve muertos según la Comisión Consultiva de Salud Laboral -UGT y CC.OO dan índices más elevados- ha sido un auténtico desbarajuste. Y el tráfico en la zona… el tráfico en la zona. El verdadero amigo es como la sangre, que acude a la herida sin ser llamado Con toda esta locura montada que generó no pocas

antipatías hacia Ruíz Gallardón y sobre todo de una intensidad, con un odio y una rabia nunca vistas, al alcalde se le ocurrió decir que el PP debería moderarse un poco más cuando la ejemplar oposición a ZP dio sus primeros pasitos. La primera en salir al paso fue Esperanza, que dijo que el PP ya era moderado. Luego Losantos, que dijo tanto que no lo voy a reproducir, resumiendo, le tildó de traidor a la izquierda, y luego Zaplana que al él nadie le mandaba callar. Es éste un caso muy divertido y que explica parte de las relaciones turbulentas de Gallardón con el núcleo duro del PP. Alberto, cuando tenía un cargo en el comité ético del PP, recomendó la expulsión de Zaplana por el caso Naseiro. El romance que han mantenido hasta hoy, sobre todo entre bastidores, ni Syd & Nancy pueden reproducirlo con la misma garra y dramatismo. Y ni le perdonaron ni se hizo perdonar. Gallardón disimuló cargando las tintas contra Zapatero, al que menosprecia airadamente, pero con el del Copetín por un lado y Esperanza por otro, nuestro alcalde empezó a mantener trifulcas a cada cuál más ridícula, por citar dos: el color de las alcantarillas de Madrid, en la que el alcalde amenazó con llevar a los Tribunales a la Comunidad si no quitaba el asqueroso color azul del que las había pintado, o una mucho más sonada que vuelve ahora a nuestras pantallas, esa en la que el alcalde quiere llamar consejeros, como en las comunidades, a sus concejales, a lo que se niega Esperanza, que lo compara con llamar ministros a los consejeros –no sin razón. Y así diariamente, de verdad, todos los días alguna, sobre todo con las aspiraciones de Gallardón en el PP y el “por encima de mi cadáver” de la presidenta, añadamos, al dichoso libro, estas declaraciones: “La ambición de Gallardón es legítima, pero los personalismos me asquean” y “Gallardón sólo habla de su equipo y nunca de su partido, aunque ya estaba en AP (…) Las alusiones al centro por parte de personas que han pertenecido a la derecha o que han estado, incluso, muy a la derecha,

refleja un complejo”. Toma tomate tómalo. En estas circunstancias, con Gallardón tildado de “traidor a España” en las manifestaciones contra ETA, tenemos a un candidato a la alcaldía que, con las cifras en la mano, ha endeudado al ayuntamiento para treinta años, mil y pico euros per capita calculan algunos, ha levantado la ciudad en varios puntos simultáneamente a ritmo salvaje para que le cuadrase con las elecciones, atascando el tráfico en medio Madrid y torturando a los vecinos de algunos barrios con un auténtico martirio, un tío con amplios sectores de su partido en contra y que ve todos los días como desde la emisora de los obispos, que se escucha en el noventa por cien de los taxis de la ciudad, le ponen a bajar de un burro, pero que a la vez ve como la Cadena Ser todos los días a las siete de la tarde programa la tertulia municipal más dura y despiadada que jamás se haya escuchado nunca en un medio de Prisa, un político del que circulan diariamente rumores de todo tipo sobre su actividad sexual que se ven culminados cuando la revista de derecha, si no extrema, sí ala pívot, Época, le saca una amante, material que utiliza ¡el candidato socialista! para echarle a la cara en el debate televisado y que, ya cuesta abajo y sin frenos, resulta que es una pibita vinculada con la mafia más obscena que ha sido desmantelada recientemente en España, ese hombre, ese y no otro, ese, al que hasta se le ha opuesto encadenándose a los árboles una sexygenaria viuda de un extranjero de sangre azul, ese, nuestro Alberto, se convierte en el alcalde más votado de la historia de la Villa de Madrid. Y este ha sido, ahí donde lo leéis, el fascinante misterio oculto de la maldición de los alcaldes de Madrid. Cuanto más le odian más le quieren, más le quieren cuanto más le odian. Quince años de paradoja llevamos e in crescendo. Humilde estimación Se están diciendo muchas cositas y algunas muy serias

sobre el porqué de estos resultados. Por un lado está la famosa izquierda desmovilizada abstencionista, por otro que es con lo que yo estoy más de acuerdo- la teoría de Andrés Boix de que la gente de derechas cree y respeta más las instituciones democráticas que los de izquierdas (y no se ponga así señor de izquierdas que no vota, que no tengo la culpa de que el movimiento se demuestre andando) y la que más se está barajando, expresada por Julio Llamazares en El País hace unos días de que la capitalidad ha otorgado un nivel de desarrollo, prosperidad y poder a este municipio del que sus ciudadanos no quieren desprenderse, por lo que han interpretado todo el rollo del Estatuto de Cataluña, entre otros, como un ataque directo a “lo suyo”. De ser cierto esto, lo lógico es que dentro de no mucho tiempo la alternativa posible a una mala gestión de cualquier tipo del gobernante de turno en Madrid, supongamos, la gestión de la Atención Primaria por ser la más básica y cercana, estará estrechamente ligada a los delirios anacrónicos del imperialismo vasco. Así como, en el mismo sentido, la alternativa a un gobierno foral en Navarra en forma de pacto tendrá más relación con el nivel de españolidad en sangre de los madrileños en ese periodo que con la afinidad ideológica en el servicio al ciudadano entre los dos partidos de la oposición. Por esta razón, nuestra política nacional tan viciada en la que dar protagonismo constante a esperpentos como Otegi o a la misma ETA se emplea como herramienta en la lucha entre los dos partidos más importantes, se extenderá a la regional, en la que se gestionan las necesidades más cercanas a los ciudadanos. Al final, para ser socialista habrá un adjetivo especificativo -que no epíteto como hasta ahora- vasco, madrileño o catalán. De modo que las fronteras de las ideologías coincidirán con las fronteras entre regiones. Un buen destrozo en un país en el que gobiernan presidentes naturales de capitales de provincia poco beligerantes en la merienda de negros (Sevilla, León, Valladolid). Mal asunto, y feo, pero que resulta

hasta simpático si lo ponemos en comparación con todo lo que se ha vivido estos meses, con ese chorro de noticias que llegaba cada día de todos los puntos de España sin excepción narrando acontecimientos relacionados con las elecciones municipales a cada cual más bananero, tercermundista, ridículo y cutre, como el alcalde que si ganaba repartiría en metálico todas las subvenciones entre los vecinos de los barrios donde más le hubieran votado, por citar sólo una minucia. Por eso, lo que se me antoja más razonable a la vista de los acontecimientos pasados, presentes y futuros, sería prohibir las alcaldías, unas deportaciones, unos campos de concentración, y que los municipios los termine llevando todos una gestora alemana cuanto más al Este mejor.

Storm
Storm es un medio Matrix rodado en Suecia. Es decir, Storm es una puta mierda. Y además es una puta mierda que no merece la pena verla ni para echarse unas risas, pese a que, en un principio, la cosa no empieza mal. Se trata de un periodista de juegos de ordenador que deambula por la bohemia de Estocolmo sin más objetivo en la vida que pelársela a diario impenitentemente. Se diría, con estos datos, que el espectador está ante un filme de crudo realismo soviético, pero ciertos aires de nihilismo melancólico, eso que tanto atrae y embriaga a la actual población adolescente –todos los ciudadanos entre los doce y los cuarenta y cinco años de edad- desprenden un tufillo a inminente paja mental que, efectivamente, se constata a continuación. Los hechos que se muestran son ya un clásico de la ficción de nuestro tiempo: un tipo va por la calle con sus pensamientos livianos y se encuentra de repente a alguien que es perseguido por unos oscuros individuos sin rostro. Esa persona, que lo sabe todo sobre él, le hace entrega de un objeto misterioso. En este caso, es un cubo metálico en cuyo interior se encuentran los recuerdos perdidos del ingenuo transeúnte. Toma tomate. A partir de ese instante da comienzo un periplo por la memoria del protagonista en un miserable pueblo perdido del que es natural. Son lo menos cuarenta minutos de aburrimiento kamikaze que el espectador puede tomar o como un reto, aquí están mis pelotas a ver quien tiene más cojones si la película o yo, o en plan era Breznev, ella hace como que es una película y yo como que me interesa. En cualquier caso, a pesar de todo, las escenas más destacables tienen lugar durante este rato. El personaje principal, con mucha tranquilidad y control de sus nervios, conversa con una amiga siniestra que le regala una poesía que ha escrito, presa del amor, a él

dedicada. Un obsequio al que el protagonista corresponde metiéndole por el culo una pipa de fumar marihuana en contra de los deseos de la damisela que, en no pocas ocasiones, le ruega que, por favor, desista. Hermosísima puesta en escena que, en definitiva, viene a demostrar que del Círculo Polar Ártico a la insondable Extremadura, todo sucedido en el ámbito rural entre presuntos seres humanos merece la pena filmarlo, musicarlo o pintarlo en un gran lienzo para colgar en el pórtico de la Catedral de Burgos. Pero lo que sigue, el resto, es heces pútridas. Abreviando: resulta que lo que se le había aparecido al joven es el personaje de un tebeo que leía en su infancia. Es una tipa, XXXXX, cuyo objetivo es que el protagonista recupere sus recuerdos, fin al que se opone el supervillano de dicho comic, que se sirve de un ejército de hombres sin rostro para impedirlo. Personalmente, ignoro el porqué de esa actitud, pero como es costumbre, los malos pierden y la heroína cumple su misión, con lo que se abre la caja y el recuerdo sale de su interior. Un recuerdo inenarrable: el protagonista, de niño, bajo coacciones españolas –“si no lo haces eres maricón”- le rompe las gafas a una amiga gorda y fea que no ve tres en un burro y por esta causa, volviendo ella a casa como buenamente puede a cuatro patas, es embestida por un camión cisterna, expirando en el lance la infeliz preadolescente. Frente a este insólito detalle biográfico, nuestro hombre rompe a llorar, pero la tipa del tebeo le consuela toqueteándole la coronilla y susurrando como quien está a punto de alojar bajo la lengua simiente masculina: no es culpa tuya. De esta forma, se entiende, el periodista logra perdonarse a si mismo o algo así y endereza su vida, pues el malo viene a sugerir en sus monólogos que mejor es no acordarse de la desgracia y seguir siendo un borracho sin rumbo de fiesta en fiesta. Es entonces cuando la heroína le regala a su protegido un caballito de cristal que porta en un bolsillo –viva la Pepa-, desaparece para siempre y, a

Dios gracias, se acaba la película. Es una pena que una producción sueca naufrague de esta manera tan patética. Si la hubieran rodado en blanco y negro, cámara al hombro y con una banda sonora ejecutada íntegramente al melotrón, sólo con haber prescindido de cualquier tipo de decorado y con este mismo guión al final hubiera resultado un fascinante recorrido a través del subconsciente y las emociones humanas en su faceta más cruda y estremecedora mediante el único medio capaz de maridar una amalgama tan compleja, el surrealismo. Es importante en el séptimo arte que si uno quiere transmitir profundas sensaciones lo haga de tal manera que no se entienda una puta mierda, el tedio sea insoportable y el populacho huya despavorido para gritar revolcándose por el suelo haciendo la señal de la cruz si alguien le vuelve a nombrar a la bicha en los próximos seis decenios. Si no, desgraciadamente, lo que se ofrece es una modernez lenta y sin sentido que no hará disfrutar ni a un periodista de juegos de ordenador onanista compulsivo deseoso de identificarse en la pantalla con alguien de su misma condición al que un día, de repente, sin avisar, coge, va y le ocurre algo. Porque el cine está para soñar. Y si no, si quieres dártelas de Lynch, haz como él y da a luz algo indescifrable, pero entretenido. Porque, excepto la última, el maestro nunca ha filmado nada tedioso, aunque algunas de sus pelis hayan envejecido un poco mal, como Carretera Perdida, con esos multimillonarios viciosos que se ponen Marilyn Manson para ver snuff movies en el salón ¡de pie detrás del sillón! En fin, que Storm es una puta mierda. Y además, entre las características del protagonista -ojos azules, moreno, chupa de cuero- figura el carecer de sentido del tacto, el cual perdió súbitamente de niño. Y por eso, si le cae un café encima no le duele, o si palpa heces frescas con las manos desnudas no se entera como no mire. Mas eso no es todo, esa circunstancia no entra en litigio en la trama

para nada.

A fumar todos a vuestra puta casa
El flamante nuevo ministo de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, en contra de lo que se esperaba, se está destacando como un auténtico político pata negra. No sólo a los catorce segundos de ser nombrado ministro loó superlativamente la figura del Amado Líder, sino que, a las pocas semanas, ya era capaz de lanzar globos sonda, desmentirse a si mismo y, cosa que veremos en otro artículo, contradecir el criterio de su antecesora en el cargo en temas que le supusieron a la pobre mujer un carromato de yoyas tan indocumentadas como inmerecidas. Concretamente, lo del desmentido viene a santo de la Ley Antitabaco, que en un principio el ministro se mostró partidario de endurecer hasta las últimas consecuencias, o eso manifestó Marina Geli, la consejera de Sanidad catalana. Dadas las fechas en las que nos encontramos y tras la segura aplicación de la Ecuación Pepiño para el cálculo de réditos electorales, Bernat Soria después tuvo que negar la mayor y exigir una rectificación a la nación vecina, la cual, hasta ahora, que yo sepa, no se ha producido. Indagar en lo que dijera al principio o no el ministro es una gilipollez. Todo el mundo sabe que de aquí a unos años se va a prohibir fumar impenitentemente en todo lo que no sea la calle o tu casa. Son las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que no provienen de una jubilada tocacojones con perrito, sino de foros y organismos científicos. Y que por mucho que nos parezcan un incordio las medidas que toma, pretender que los responsables de nuestra Salud Pública no se adhieran a ellas es como pedirle al portero de tu equipo que cada vez que tiren a puerta se haga un ovillito

acojonado en el suelo. Y si en nuestro derecho legítimo, soberano y en libertad no queremos Salud Pública, pues o se cambia el Ministerio por otro, el del Amor por ejemplo, o directamente se suprime. Seguro que en el siglo XIX y principios del XX cuando se hicieron las primeras campañas por la higiene personal también hubo quien lo consideró un atropello “y si los demás no quieren coger las enfermedades que transmito con estas roñas perennes que porto como si fueran un mantón de manila, pues que no se me acerquen ¡es mi libertad y su elección!”. El problema es que, aunque sabemos hacia donde nos dirigimos, como es costumbre en estas latitudes, lo hacemos despacio y mal. Qué pinta ahora el problema del endurecimiento de la Ley Antitabaco en la actualidad política. Que aparezca ahora, que de nuevo se pueda hacer uso político del tema irresponsablemente sólo significa que se legisló mal. La Ley Antitabaco tendría que haber prohibido desde el principio el fumar todas partes. Bajo el pretexto de que un bar es un lugar de trabajo, por ejemplo. Ahora lo que hay es una norma con demasiados puntos intermedios, obras ejecutadas y por ejecutar, subvenciones aprobadas y total, todo para terminar prohibiéndolo definitivamente en pocos años. Consecuencias de esa mentalidad del Ejecutivo de llevarse bien con todo el mundo, que en este caso se trata de peña sin educación, encima chulos arrogantes, el listo de mierda español (*), hablando claro, que gracias a esos fenómenos inexplicables que no dejan de suceder en la fauna ibérica se vale de que aquí en España se habla de derechos del fumador y no del no fumador, así como mucha gente rehusa pronunciarse de si le molesta o no para no quedar como un vinagre. Si se hubiera prohibido todo desde el primer día no habría problema de competencia entre los hosteleros, ni inversiones para habilitar los locales ni consejeros valencianos reescribiendo las leyes de la física. Más poner el ejemplo de que aquí no, ejque no se puede porque nosotros los españoles estamos todo el día en los bares y tendremos

que buscar consensos de este tipo para convivir, es todo un casus belli para que nos declare la guerra Irlanda por haber mancillado su honor, que allí lo tienen prohibido en todas partes y de vez en cuando se da el caso de que algún irlandés sale del pub para subir un ratito a casa por dar una vuelta y estirar las piernas. Lo gracioso del tema es que lo que le molesta a los fumadores es tener que salir fuera del local a echarse el cigarro ¡Pero si todo son ventajas! Personalmente lo comprobé yo en Noruega, donde también está prohibido, y con la comedia de entrar, salir, entrar y estar ahí orientando el rostro hacia la brisilla lo que termina pasando es que se liga la de Dios. A mi, en concreto, me atacó un chileno de veinte añitos, que normal que estuviera en Escandinavia si en Chile me consta que se enorgullecen de que en sus campos de fútbol no haya servicios, como en los españoles, donde otro varón le puede ver la cola a uno ¡anatema! Por no hablar de todo un nuevo abanico de posibilidades que se abre para cuchichear y poner a parir al que no está delante que se suma al tan manido por las féminas y clásico de toda la vida irse al váter por parejas. La única pena es que ya no se puede fumar mientras bebes. Ya no se puede poner cara de Bogart, pero no hay que preocuparse porque seguro que un tío muy dado a expresar sus más hondas emociones con posturas inverosímiles y miradas intensas como es Sean Penn ya será filmado saliendo y entrando del bar abnegado por la drogadicción tabaquil con un meneito de caderas de lo más bohemio y nihilista que en poco tiempo todos podremos imitar. Y no, no se podrá beber fumando porque lo de salir fuera a echarse el piti con un vaso de plástico se antoja complicado a no ser que se dé también un bozal con sordina incorporada a cada cliente, ya que en el sur de Europa tenemos por costumbre pegar buenas voces para narrar nuestras vivencias si nos encontramos en la rue. Prueba de ello es que yo sé cada cosa de alguno de mi

pueblo que podría cambiar el curso natural de las herencias y lo único que he hecho para enterarme es dormir en la ventana bajo la que dos borrachos se sinceran a setenta decibelios. Ejemplo éste, el de que ahora por prohibir fumar lo que se consiga sea perturbar el descanso de los vecinos, que podría valer para disculpar esta actitud tan cagueta del Gobierno con el tema. Valga mi ejemplo personal: en mi pueblo de nuevo, debido al helado viento de la estepa castellana, los borrachos suelen meterse a mear en los portales para ahorrarse ver con sus propios ojos como el pene se les cae al suelo y se hace añicos. Mi portal se usa para ello. Y no creo que sea necesario explicar la gracia que hace que se meen dentro de tu casa y tener que limpiarlo. Es por ello que un familiar decidió echarles aguarrás por la ventana si les sorprendía, pero persuadido de ello con el razonamiento de que es un castigo desproporcionado abrasar el rostro a una persona deformando sus rasgos para siempre por una micción irresponsable, se decidió tomar la muy católica solución de, simple y llanamente, ponerle llave al portal. Entonces lo que ocurrió es que el inquilino que tenemos arriba, que pasea por el mundo con orgullo la nacionalidad rumana, un día que se había pulido en las tragaperras todo el sueldo que cobra por conducir un camión, llegó borracho a casa y al encontrarse con una cerradura en el portal intentó echar la puerta abajo a patadas porque “a él nadie le obliga a usar una llave para abrir el portal cuando está pagando religiosamente el alquiler” -véase qué primorosamente se adaptan a España y su cultura los inmigrantes, para que luego digan, si son ya más españoles que nosotros- generándose una situación de extrema tensión y violencia latente que terminó bien, pero se sudó mucho, mucho. El caso es que, en resumen, nos dio por mover un dedo por un problema de civismo echándole llave al portal y terminamos deseando haber puesto en su lugar un rollo

de papel de váter e hilo musical para que nos meen, caguen, vomiten y echen animales muertos si es lo que quieren. Así que no será de extrañar que tema el Gobierno de España que pierda fuerza su postura en las negociaciones del Sahara porque ha prohibido fumar en los aeropuertos, toda vez que no nos lance un misil Corea del Norte por quitar las vallas de Ducados de una curva del Jarama. (*) Mire, mire aquí puede leer a uno de esos -Se trata de la nueva herramienta de LPD para esta temporada, el Invertidor del Sentido de los Textos, para que nadie se sienta excluido si el artículo no coincide con su pensamiento. Anda que… ¡Vaya madres estamos hechos!

Peligro: España en manos de los españoles
Se nos ha ido Josujón. Me lo anunció antes de ayer mi esposa. Me llevé las manos a la cabeza. No daba crédito. Le habíamos descubierto juntos. Fue, casualmente, viendo un Caiga Quien Caiga antes de salir un viernes. Se celebraba el Aberri Eguna o Día de la Madre Patria Castellana Vieja. Imaz fue entrevistado en un ligero estado de embriaguez contando chistes muy malos, como sobreexcitado, pero bastante divertido. Tuve que decir, del que para mí no era más que otro hijo de puta metido en Lizarra: es majo este hombre. No es que me las dé de haber descubierto a los Beatles en Hamburgo, pero Josujón me llegaba hondo, porque le seguía. Me gustaba cómo hablaba. Era claro, elocuente y le brillaban los ojillos. Un hijo de puta, pero coño, Montgomery también admiraba a Rommel. Después llegaron los discursos buenos. Bastante después. Y ahí la cosa ya fue seria. Su postura frente a ETA y al papel que debe jugar su partido mientras ésta exista no eran “moderación”, ni “tibieza”, ni “españolismo”. Estaba al margen de todo eso, muy por encima de la política rastrera que se hace en este país hasta en las comarcas más recónditas. Su gran desgracia es que nunca supo hacer entender esto en su tierra. Ni siquiera entre los suyos. Pero que no se preocupe, en el resto de España, esa postura acoplada a otros ámbitos también sería insólita. En cambio, su gran mérito es que nunca ha engañado a nadie. Josujón es un hijo de puta racista que cree en la restauración edénica de una patria vasca cuyo origen está en novelas folletinescas decimonónicas inspiradas todas ellas aunque parezca una broma en la fantasía y

publicidad de escritos turísticos franceses del País Vasco difundidos unas decenas de años antes, más el acicate del revoltijo de resentimiento carlista derrotado tres veces tres por tropas con alto índice de seseo, todo ello con epicentro en los estragos de la brutal crisis del Antiguo Régimen en dicha zona. Pero qué le vamos a hacer, nadie es perfecto. Sin embargo, él insistía a su camaradas: que sí, que me gustan Funkadelic, Parliament y Sly and the Family Stone, pero que eso no me obliga a vestirme de esa guisa. Que ha pasado el tiempo, el mundo es otro, que todo cambia, que nos hemos enganchado a las hormonas que liberamos en situaciones de tensión y enfrentamiento pero que se puede alcanzar lo mismo por otros caminos y sobre todo en otras formas. Dio igual. Imaz se estaba dirigiendo a españoles. Una prueba es la falta de calado de su mensaje, esa mariconada de tender la mano y buscar fórmulas en las que quepan todos huyendo del blanco y negro; en una política como la vasca, cuyo contenido es siempre discutir y polemizar sobre las bases en las que se tiene que desarrollar una futura política normal. No estaba de más, en ese panorama, un planteamento de esta naturaleza. Pero no: prima el egoismo. Orgullosos e irracionales: somos españoles. Otra prueba es que había españoles puros que no odiaban a Imaz ¡Alerta! el político bueno vasco es el odiado por los españoles. No sé qué desglosar en este punto. Habría que remontarse a las pequeñas comunidades neandertales nómadas para entenderlo y supondría desviarse un poco del asunto. Traicionado por ZP en el tema navarro, acosado por Arzallus y su mini-yo Egibar. Josujón nos deja. Ahora será mucho más difícil encontrar en todo el Estado a políticos que, como Josujón, no parecieran españoles. Queda todo en manos de españoles en su más profunda españolidad: obtusos, irracionales y que, de entrada para negociar lo que sea, su anacronismo personal e intrasferible. Ni metas ni fines en común: “mi objetivo es mi recto, pero cedo

hasta el ombligo”. En cualquier caso, como todo el mundo sabe, hablar de política en España tiene en el País Vasco unos matices diferentes. No me refiero a la ETA y la situación (y pido perdón porque igual es pecado), sino a que en Madrid, por ejemplo, se habla de política nombrando a alguien y a continuación llamándole hijo de puta. Sin más. Arriba no, allí todo el mundo tiene una fuente que le ha dicho que le han contado que tal político nacionalista dice cuál porque la ETA está comprando bisagras albanesas para zulos tope I+D cuyos cierres los vende uno del PP, ojito. Con esta noticia, pasa lo mismo, se dice: Imaz se va para dejar paso a Urkullu, que derrotará a sus enemigos con el Séptimo Anillo y hará entonces regresar triunfal a Josujón montado en un blanco y alado corcel bajo una lluvia de pétalos de lirio que dichosos le arrojarán hobbits sebosos. Dios dirá.

Sé lo que hicisteis el último verano
(Este artículo debería haberse publicado hace un mes. Pido disculpas a los lectores. Entre todos podremos superarlo) La semana pasada, de regreso a los quehaceres laborales o eteeee… laburo, todos los españoles de bien nos sorbíamos la espumilla del café de nuestros bigotes franquistas leyendo el ABC guarecidos tras las solapas de una gabardina beige reciamente almidonada. En esa particular fotosíntesis mañanera algo llamó nuestra atención: el diario étnico festivo titulaba una cosa de la que no me acuerdo literalmente que venía a decir que el Gobierno iba a dar un “giro españolista” hasta las elecciones. Vaya por delante todo el dolor de mi corazón al comprobar cómo hasta un medio que aparentemente siempre se ponía al servicio de la patria sin esperar nada a cambio escupe en la rojigualda al tildar de “españolista” una visión determinada de la organización interna del país y su administración. Estaría por ver que las tensiones entre regiones chinas oscilaran entre el chinismo y el guandongismo. Aquí no se puede ser federalista o centralista sin dejar de ser español por lo visto. Y ya lo asume hasta la derecha de saludar con subordinada yuxtapuesta al portero de finca urbana y ayudar a las viejecitas a cruzar la calle. Es una pena porque yo estoy seguro de que los “catalanistas” hubieran alcanzado ya la ecuación del beneficio máximo y constante tan anhelada sólo con exigir sus reivindicaciones desde la más chusca, ridícula, exagerada e inquebrantable adhesión al Cetro Imperial de Su Majestad el Rey Juan Carlos I y España. Es más, de esa guisa, seguramente habría aprecio y confianza como para que la Generalitat tuviera también su

maletín para apretar el botón y lanzar los misiles a nuestro odioso y rastrero peor enemigo (en este momento: Dinamarca). Pero no, no hay encuentro: somos los unos y los otros y viceversa. Después de comprobar que en el tema de los Estatutos el PSOE no ha tenido ningún criterio uniforme ni una línea clara de todo el partido, y de haberla, al margen de la conveniencia puntual del “no nos quedan más cojones”, no se ha sabido transmitir a la sociedad. Y en sentido contrario, después de haberse comido estoicamente toda la mierda pura de unos y otros en el tema del Proceso de Paz, bautizado por ETA despectivamente como “Proceso de Rendición”, después de estar a punto de pasarte el Abu Simbel Profanation con los tendones extenuados y los ojos inyectados en sangre, después de la proeza ¿lo mandas todo a tomar por el saco con un “giro españolista”? Muy mal tiene que pintar lo hecho hasta ahora en las encuestas. Pero, se preguntará Usted señora ¿Qué es un giro españolista? Un giro españolista es lo que ha ocurrido este verano en La Comunidad Foral de Navarra. Promulgar “el cambio” para terminar garantizando “lo inmutable”. Hay varias explicaciones: Pepiño dice que sería un gobierno frágil, El País que vale pero que debería haberse dejado claro desde el principio y Felipe González, en el mismo medio, que el PSOE defiende un modelo de sociedad de encuentro, amor, respeto por la diferencia y pluralidad que entran ganas de untarse aceites por el torso desnudo, y que con esta actuación era la única forma de garantizar la prevalencia de esa idea y su defensa -buen chut, Felipe, bella parábola que sortea la barrera pero se estrella en el larguero. La verdad, no hace falta que gasten saliva en explicarse. Madrid es un Vietnam para Navarra desde hace muchos años. El conflicto empezó hace casi dos siglos. El Estado del Vaticano le declaró la guerra a España. Su objetivo

era arrebatar a cada español, uno por uno, la soberanía nacional y todo lo que ésta lleva asociado. Hay quien llama a esta agresión “Guerra Carlista”; unos creen en los Reyes, otros en la pantomima sucesoria. Madrid resistió y el Papado sólo se apoderó de una parte del país. Años más tarde, en la Guerra Civil, toman el norte de España con sus requetés y aíslan Madrid. Al dictador que apoyaron, Francisco Franco, le empiezan a aportar ministros. Es entonces cuando se descubre el meollo y resulta que la Organización Hydra tiene una base en la región, en Torreciudad. A partir de ahí, la huida hacia delante en porretas; destino: la última espiral del ombliguismo ¿Es Navarra, Navarra? Y todo esto con Madrid resistiendo heroicamente, hasta las pelotas de que el futuro de Madrid se decida en Pamplona. Ya está bien de este centralismo represor. Atrás quedó la época de los Reyes Católicos y la foralidad ¡Indepencia! ¡Libertad! En resumen: Los españoles comprendemos muy bien que el PSOE sólo quiera gobernar Navarra en coalición con el Partido Andalucista. O se comprendería de ser ese el mensaje inicial de los socialistas: Somos la quinta columna, la flor de estercolero si se quiere, pero no “el cambio”. En los cíber cafés más concurridos de España -una franquicia que se llama Facultades de Periodismo- se enseña lo que es la Espiral del Silencio. Se trata de una teoría de comunicación social según la cual las ideas minoritarias no se difunden por miedo a la reacción que suscita expresarlas: desprecio, rechazo, doncellas que escupen en la cara del Padre Carrager… El Partido Popular ha agitado ese monigote: si me quitas el gobierno de Navarra no eres España. Esa ha sido la consigna. Y ha cuajado porque al final, efectivamente, el PSOE no se ha atrevido a quitarle el gobierno a UPN y de muy mala manera ha desautorizado a su federación aborigen para que se estuviera quieta: quieto parao, hay que parecer España.

Luego Pepinho puede decir misa y recurrir a sacar a Felipe del armario para que escriba una tribuna en El País explicando que como los unos son fachas y los otros fascistas, no queda otra que hacer de avestruz para no corromper la única representación inmaculada de ciudadanos civilizados. Y si cuela, cuela. Como dijo Andrés Boix en alguno de los corrales de esta página, lo sorprendente no es el cambio de discurso, sino que se haga sin disimulo alguno. Pero no acaba aquí el verano. No sólo ha acontecido el “giro españolista”, también el “social”. Como todo el mundo sabe, ahora el Gobierno promete tratamiento bucodental a críos, lo amplía a los ancianos cuando el PP sugiere su contramedida, ayuda al alquiler, cheque bebé con guarderías y el copón bendito. Sin tener ni idea de Economía, recursos financieros de España y bla, bla, bla como es mi caso, ante esto no se puede más que poner cara de sota y observar escrupulosamente los acontecimientos para ver cómo resultan. Sin embargo, no siempre se puede mantener una actitud tan aséptica, este verano, el Gobierno se ha metamorfoseado pero bien con otro tema: las vacunas del papiloma. Todo comenzó en el primer semestre del año. Aprobado el Gardasil por la Agencia del Medicamento en 2006, las comunidades del PP pidieron la comercialización de este tratamiento en España y su inclusión en el calendario vacunal. Después se sumó el Grupo Parlamentario Catalán, semanas antes de aprobar por unanimidad, con comunistas y todo, la Ley del Instituto Catalán de la Salud, considerada por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública como un primer paso para una thatcheriana privatización de la Atención Primaria. Y justo en verano, la Comunidad de Madrid empezó a dar la lata más de la cuenta haciéndose los agraviados. La entonces ministra de Sanidad, Elena Salgado, manifestó que no era esta vacuna “un medicamento

precisamente barato” y explicó que “es una decisión que debemos examinar porque estamos hablando de recursos públicos”. Además, añadió que en España por los programas de cribado es un cáncer que se detecta pronto y la mortalidad es de las más bajas de toda la Unión Europea (23º), ya que, además, el papiloma se localiza en poblaciones muy marginales donde hay conductas de promiscuidad elevada y nula anticoncepción. Con lo que, tal vez, por medio de campañas de prevención la cobertura salga más barata y prácticamente igual de eficaz. En resumen: que la vacuna aún no contaba aún con estudios concluyentes sobre su eficacia y que suponía una pasta gansa para lo que se supone que debía reparar. Que no entendía la histeria generada y la ofensiva pidiendo su inclusión, que ni en nómina del laboratorio se daba tanto la brasa. Una postura firme, coherente, contracorriente e impopular. Pasa el verano. Pasa de manos la cartera. Y pasa lo siguiente: Bernat Soria aprueba la financiación pública de la vacuna (el calendario vacunal lo decide el Gobierno y se ha de aplicar en todas las Comunidades, sólo una, Madrid, va por libre, quita y pone a su gusto echándole pulsos al Ministerio por eso de la Unidad de España y bla, bla, bla). Ahora resulta que no es tan cara. Va a conseguir un precio más barato y, además, con unos cálculos muy sencillos reducir la población a vacunar estrechando el margen de edad- salía muy rentable. A este nuevo “giro”, sólo le han encontrado peros las comunidades, graciosamente, gobernadas por el PSOE. Incluso, desde Aragón y Asturias (que son, curiosamente, dos de los Sistemas de Salud de mayor calidad del país (3º y 4º) han propuesto que, ya que la cacicada parece imparable, al menos se establezca con una financiación mixta. Si me vas a follar sí o sí, paga al menos la cama.

Cómo se lleve a cabo es lo de menos. Lo que queda patente es la ausencia de un criterio y lo que es peor, falta de fe en el propio. Estos son, el navarro y el de la vacuna del papiloma, tan sólo dos casos concretos en los que uno se queda con cara de gilipollas. Un electoralismo a niveles nunca conocidos.

El Rey de los niños
Chen Kaige es el autor de la famosa “Adios a mi concubina”, cinta que perdió el Oscar, como si fuere danesa, contra Belle Époque de Trueba, peli que no está mal, pero que como muestra a los carlistas como energúmenos no gusta a la crítica plenamente democrática, centrista y liberal de toda la vida de Dios. Pero dejémonos de españolidades, que hoy, por un día, hablaremos de China, país que, como todo el mundo sabe, lo más probable es que domine La Tierra dentro de unas decenas de años. Quién lo iba a decir, con el siglo XX tan animado que tuvimos, que ni Hitler, ni Breznev, ni Gandhi, ni José María Aznar, ni JFK, ni Reagan, ni Gorbachoiv iban a ser las personas más determinantes de la centuria y que el hombre que le dio un golpe de mano a la Historia con hache mayúscula de contar los siglos de diez en diez iba a ser otro sujeto de pequeña estatura y sonrisilla perenne y enigmática: Den Xiaoping. El asunto es que Chen Kaige no es un chino de bien y se las ha visto y deseado con las autoridades de su país, Den Xiaoping incluído, que dio orden personal de que censurasen la celebérrima Concubina. Como todas las personas que no son hijos de su país “de bien”, Chen Kaige es un resentido. Resulta que de pequeño quería ser Guardia Rojo, eran los tiempos de la Revolución Cultural, y no se le ocurrió otra cosa que empezar haciendo méritos denunciando a su padre, el cual tuvo que ser reeducado, con las consecuencias que esto supone para la salud. Como es normal, esta vivencia Kaige no se la perdona ni a si mismo ni al comunismo. Por esta razón, con sus películas pincha un poco a la ideología de la que a nosotros nos salvó el Centinela de Occidente, Invicto Caudillo F.F. Bahamonde. En este contexto hay que enmarcar su obra. Y muy

concretamente, El Rey de los Niños, que se desarrolla en plena Revolución Cultural. Si mola o no mola, la verdad, es difícil de sentenciar. La película, de 1987, recibió un premio en Cannes a la Más Aburrida*. Y no fue seulement par emmerder, es lenta. Pero lenta. Muy lenta. Francamente va despacio. Se supone que en los planos eternos de “silencios elocuentes” debemos meditar y eso. Como la fotografía es bastante bonita, transcurre en una montaña, pues disfrutando del paisaje se echa uno distraido los ciento seis minutos, que tampoco son tantos, al estilo senderista Labordeta pero en cinematográfico. La historia va de un ganadero al que las autoridades convierten en profesor y le endosan una clase por el artículo catorce. Él llega y como es lógico no tiene ni puta idea de enseñar. A partir de ahí, entre anécdotas escolares y el copetín, el hombre se enfrenta a la tarea con más buena voluntad que otra cosa y lo que consigue es ser el típico profesor enrollado y, claro, heterodoxo, pues pasa olímpicamente del manual y enseña a los niños a pensar por si mismos. En este plan, no tarda en aparecer un caballero hierático vestido de negro que viene a darle el toque y mandarle, a continuación, a su puta casa. Entre tanto, hay montones de metáforas sobre un diccionario de garabatos esos que hacen los chinos, ideogramas, y un alumno más pobre que las ratas pero con muchos huevos que se decide a copiarlo para aprendérselo bien, además de una cosa mu bonita y enternecedora, pues el chico también enseña a su maestro a enseñarle bien. El final es apocalíptico y estremecedor y por él sabemos, o debemos saber, que la Revolución Cultural fue una cosa horrorosa. Pero ¿qué es eso de la Revolución Cultural? ¿Empezó en el 36 o en el 34? La Revolución Cultural no fue otra cosa que una lucha de poder en la que un anciano decrépito da un puñetazo encima de la mesa y pone a todo el mundo firme porque

una cosa es libertad y otra libertinaje. Se trata de una campaña para imponer el pensamiento único en la que se arrasó con las obras de arte y se exterminó a tres cuartas partes de la sociedad urbana, profesionales, artistas, etcétera. Y por qué estaba este pobre hombre, afable y bondadoso, tan cabreado, se preguntará Usted. Pues porque le habían corrido a gorrazos del poder ejecutivo por el fracaso de otros festejos muy divertidos también: “El Gran Salto Adelante”. Veinte o treinta millones de chinos se dejaron la vida en El Gran Salto adelante. Ocurrió lo típico del comunismo, que los informes de resultados estaban inflados para quedar bien delante del funcionario superior y lo que supuso dicha picia fue una demanda alimentos al campo en base a unos datos ficticios, lo que arruinó el agro a lo bestia con unas hambrunas nunca vistas. Encima se asesinó a los pájaros para que no se comieran su 5% del grano y los insectos, que quedaron sin depredador en la cadena alimenticia, se cepillaron lo menos el 20. En fin, el pueblo chino pasó más hambre que el perro de un ciego. Y con todo este engendro delante de las fosas, no fueron pocos los dirigentes chinos que le rogaron a Mao que se quitase del timón un poco que iban a probar ellos a ver qué tal. Pero, y por qué este Salto Adelante, estará usted dándole vueltas ¿Acaso había masones por ahí? ¿Solchaga tal vez? Resulta que los chinos montaron su economía al estilo soviético. Los rusos mandaron asesores, simpáticos técnicos y una cosa más, en la que reside el meollo de todo este asunto: préstamos para ponerlo todo en marcha. Los chinos arrancan entonces con sus planes quinquenales todo ilusionados y rápidamente ven que se están comiendo la mierda. Pero es que, encima, le tienen que devolver la pasta a la URSS ¡y con intereses! Los rusos les estaban sangrando vivos y no les quedó otra que pegar un arreón como fuera, el llamado Salto. Es decir, en suma, el origen de toda esta cadena de

desgracias masivas y pequeños holocaustos nace en el instrumento más representativo de la esencia del capitalismo: el crédito. Por todos estos motivos, esta autocrítica a Chen Kaige concluye que debería recapacitar y reorientar su obra al ataque despiadado al capitalismo, ensalzando los valores revolucionarios del proletariado. * El Mundo dixit Sábado, 5 de marzo de 1994

Abrevie, Lorenzo
Llamó la atención que Lorenzo Milá en “Tengo una pregunta para usted” sacase el genoma fraterno, esa vehemencia satisfecha que raya la pura y llana idiotez, para pedirle al único espectador que estaba tratando de plantear una cuestión mínimamente compleja que abreviase su pregunta a Carod Rovira, todo un animal político, por si no lo conocen, creado por el Doctor José María Aznar. Por abreviar, la verdad, podría haber abreviado el propio Lorenzo. Para lo que ofreció en su programa, para las preguntas que se seleccionaron y los sujetos que las hicieron, hubiera bastado con un video clip elaborado por el excelente equipo de producción de TVE en el que se encadenasen flashes como: la putrefacción al sol de un burro muerto, un adolescente mirando a los lados para ver si viene alguien mientras toquetea afanoso la vulva de una oveja y se baja la bragueta, un vagabundo desorientado gritándole a las palomas girando sobre si mismo amarrado a un brick de vino y, a modo de conclusión, el plano contrapicado de un anciano abandonado por todos sus familiares en una gasolinera que se adentra en el páramo resignado para morir de inanición. Todo ello con los tradicionales acordes de Ry Cooder de Documentos TV que fueron BSO de una película muy recomendable para ahondar en estas sensaciones estomacales: Paris, Texas. En un mundo idílico e inalcanzable, soltar a un político en un ruedo para que le pregunten por su rechazo al Estado español en términos balompédicos, como a modo de amenaza para ponerle en un brete por si acaso el hombre tiene un nivel y contesta métase el fútbol por el culo por dios, y tras preguntar ese ciudadano de a pie que sea jaleado y aplaudido por la plebe allí congregada, eso hubiera sido un reallity show y se hubiera llamado Circo

Romano. Es un fracaso del periodismo entendido a la manera idílica e inalcanzable que este hombre no pueda ser entrevistado por profesionales de la información preparados para separar el grano de la paja, pincharle donde hay que pincharle y dejarle que se guste cuando se merece metros. Pero, claro, eso sería un coñazo. Lo suyo es el acuñado en los noventa modelo Pilar Rahola discutiendo con Skin Heads, un cura y Rappel en un “debate”. En cualquier caso, yo poco puedo decir, que llegué a casa soñando con ver un par de capítulos de Sekachu, un culebrón adolescente japonés, y me atrapó traicioneramente el bigote de Rovírez. Por lo que tampoco tengo ni idea de si esto es norma o excepción. El caso es que este hijo del Cuerpo, por momentos, o por lo que yo vi, no le andaba a la zaga a algunos espectadores. Se equivocó en la cuestión gibraltareña. Sí estrechamos lazos con ellos. Son miles las empresas españolas que sitúan allí su sede social para robarnos a los españoles en general y a los andaluces en particular. Si eso no es fraternidad que venga Dios y lo vea. Luego pronunció País Valenziá, con una zeta castellanoaragonesa que algunos vimos taxis negros con raya roja cruzando el aura a toda velocidad en el metaespacio cosmológico. Y después se resarció con lo del nombre. Gracias al celebérrimo pueblo castellano leonés, que por algún casual, cosas que pasan, sus representantes pensaron que estaban agarrando al sistema por los huevos dirigiéndose a Carod por su nombre traducido al español. El aroma de los mejores cafés Pero que los burros rebuznen no es noticia. Lo interesante fueron las afirmaciones de Carod en las que subrayó que él no es nacionalista. Y que el problema del que vive es todo ello culpa del nacionalismo español. Recuerda, por citar un ejemplo cercano en nuestros días, a cuando la

Iglesia se opone a la Educación para la Ciudadanía porque es adoctrinadora y enarbola banderas de libertad. Carod, segundos después, con total indulgencia, habló de cultura e historia común con Baleares y Valencia, pero no con los demás. Hay que tragarse que Carod Rovira diga por dos veces que él no es nacionalista. Se le escapó la risa al hacerlo, eso sí, como no podría ser de otra forma. Tampoco está tan loco. Lo que más se echó de menos en una oportunidad como ésta es que alguno de los titanes congregados Dios sabrá con qué criterio le preguntara al esquerrero por sus declaraciones en La Croqueta de Fran en las que equiparaba el español en Cataluña al turco en Alemania. No hay nada que añadir al respecto desde que el mejor columnista de El Mundo, maestro de periodistas, dictase sentencia. Del mismo modo, nadie le preguntó a Carod cuándo empieza la Historia. Citó 1713. ¿Por qué? ¿Por qué no antes? ¿Por qué no 1978? ¿Los inmigrantes que fueron a Cataluña no forman ya parte de su historia? ¿Esto no es excluyente? Puigcercós ha dicho hoy que Zapatero dice no al trágala de Ibarretxe por su “nacionalismo español excluyente”. Esto es un desparrame. Pero hay que afrontarlo. La derecha es liberal y todo lo hace por la libertad. Bien. Los nacionalistas periféricos son cosmopolitas agraviados por quienes imponen señas de identidad. Pues nada. Los españoles de izquierda pongámonos la boina roja, el detente bala y levantando una cruz y una Tizona -o botas militares, esvásticas y la cabeza rapada los más jóvenes- expliquémosle al ínclito que salió antes, Duran i Lleida, que las hijas españolas de una mujer marroquí para integrarse en el nacionalismo excluyente español no tienen por qué quitarse el velo si profesan la religión islámica o simplemente les sale de las pelotas llevarlo. Eso sí, haremos lo posible para que en la escuela se las aborregue y someta totalitariamente en los derechos humanos, valores democráticos y ciudadanos

en lugar de en plural y moderna doctrina religiosa. Estaría bien que la gente dejase de discutir estúpidamente las reivindicaciones de los cosmopolitas periféricos y se centrase un poco en tratar de averiguar por qué las hacen. Dónde hunden sus razones las raíces profundas. Será difícil que huyan del término racista o clasista si se pincha en el hueso. Otra cosa es que esas posturas no estén justificadas mínimamente. A mi los vallisoletanos del programa me dieron auténtico y verdadero asco. No es de extrañar que personas que viven en círculos cerrados, ante eso, se abran de patas para albergar secesionismos cosmopolitas y demás comedias anacrónicas ataviadas, esta temporada, en plan drag queen. Tal vez, alguno debería preguntarse por su responsabilidad al no abrir los telediarios o sus medios de comunicación señalando a los paletos del “José Luís” si algún día quiere llamarle paleto alcarodrovira. Esperemos que no prevalezca aquello que traía El Mundo el día posterior al Desfile de las Fuerzas Armadas, eso de que Rajoy con su video se había identificado con unos símbolos y que, después, al no hacer el Gobierno lo mismo, ya se sabía de qué ralea eran y con qué no se identificaban. En definitiva, peña que un día le da por ducharse cada hora y media y entonces deduce que por esa regla de tres, tú que lo haces sólo por las mañanas una vez al día, te conviertes automáticamente en un cerdo asqueroso antihigiénico. Afíliate a lo que quieras, pero no me describas a mi con tu autoafirmación, si no es molestia. En otro orden de cosas También llama la atención que en los reportajes sobre las inundaciones de Calpe, en Alicante, no paren de salir señoras que han perdido su casa y no tienen qué comer, y al ser entrevistadas declaren que van a ver si pueden, de la manera que sea, donde sea posible, conseguir unas bragas.

Recuerden, señoras, mantengan siempre unas bragas limpias al alcance de la mano por si las pilla un coche o cae una maceta en la cabeza. Conserven bolsones con bragas en diferentres puntos de su hogar bien distribuidos por si hay un incendio. En el bolso, en el tacón de la bota, todo lugar es bueno para ocultar unas bragas limpias por si tienes un accidente y, atrapada en el amasijo de hierros del coche con la columna vertebral seccionada, no te queda otra que ponerte las límpias con los dientes antes de que lleguen los bomberos a sacarte y puedan toparse con, oh, aflige sólo escribirlo, una muda un tanto yerta.

Runaway, Brigada Especial
Michael Crichton, guionista de Parque Jurásico, es el director de “Runaway, Brigada Espacial”, un clásico mohoso de videoclub de barrio que, como muchos otros truños, un par de generaciones llevamos grabados en el cortex como coágulos de infartos cerebrales. Si Crichton se hizo rico ideando un parque de atracciones con dinosaurios de verdad, no es de extrañar que cuando estaba empezando concibiera una fantasía futurista en la que las batidoras y las vaporetas del mundo se rebelan contra los humanos por orden del bajista de los Kiss ¿por qué no? De esta amenaza fatal que se cierne sobre la humanidad nos salvará Tom Selleck, un policía que dejó narcóticos para entrar en robóticos, brigada en la que triunfa como la Coca-Cola. Selleck lo cierto es que, hay que gritarlo alto, es más grande que la vida. Es un hombre con bigote, pero bigote de hombre, bigote de hombre con bigote de hombre con bigote de hombre con bigote. Un macho. Y punto. Valga como dato para contextualizar definitivamente a qué niveles de olor a feromonas me refiero, que Selleck tiene un papel en la serie actual A dos metros bajo tierra donde, con exactamente el mismo look y bigote, interpreta a una locaza que confecciona ramos de flores en una floristería de gasolinera. También sale Kirstie Alley, la de Mira quién habla, en el papel de mujer fatal. Y el mencionado Gene Simmons, el bajista de los Kiss, un tipo que, como todo el mundo sabrá, se pasó los setenta disfrazado de Diego “el Cigala” pálido y con los colores propios de severos síndromes de abstinencia superpuestos, y los ochenta ejerciendo de

fotologer, esto es, fotografiado hasta la saciedad o bien en actitudes amenazantes o bien rodeado de chatis que por alguna razón o porque están muy buenas él piensa que tú te las quieres follar y entonces tienes envidia rastrera, momento ese el más elevado de su existencia. Aquí, al igual que Mick Jagger en Sin Identidad o Bowie en El Laberinto, cumple con la obligación de toda estrella de rock que se precie de sobreactuar en una película futurista o fantástica. En su descargo hay que decir que por lo menos en Runaway no saca la lengua esa asquerosa que tiene. ¿Y a qué se dedica la policía robótica? Buena pregunta. Resulta que en el mundo del futuro que nos pinta Crichton un kilo de maiz cuesta lo mismo que un kilo de heroína, puesto que los agricultores se pueden permitir el lujo de invertir en tecnología y la energía que ésta chupa como para tener robots por ahí atrapando a los gusanos que se comen el grano. El riesgo es que a veces los robots se vuelven locos, comienzan a destruir toda la plantación fuera de sus bits, y ahí tiene que aparecer nuestro Tom Selleck a poner orden. Por cierto, Tom en la película se llama Tom Ramsey y se dirigen a él como “Ramsi” -nótese que igual había ahí una broma privada con Ted Kotcheff, el buen hombre que dirigió el primer “Rambo”. Pero decíamos que en este detalle de los robots, la verdad, la película hace aguas. La cosa viene a ser como si se te rebela el barco pirata de playmobil y pone en jaque a toda la policía de Los Ángeles. Son muy pequeños, muy torpes y muy ridículos. Sin embargo, Crichton acierta de lleno en que las máquinas no funcionarían en el futuro. Hay un diálogo muy elocuente al respecto: todo sudado, Tom, tras doblegar a un fax esquizofrénico y muy peligroso, intercambia pareceres con su compañera -a la que le une una tensión sexual de las buenas: Él: Los hombres son imperfectos, las parejas son

imperfectas, se rompen ¿por qué iban a ser perfectas las máquinas? Ella: ¿Porque son máquinas? Él: Pues no es así. Y que razón llevaba. Y era el año 84 cuando se anticipó esto. Hoy día ¿quién es capaz de instalar un programa a la primera? ¿a quién no se le bloquea el ordenador a las cuatro de la mañana justo antes de salvar treinta folios de word vitales para que Navarra siga siendo Navarra? Se puede probar el experimento: si Usted instala un programa y funciona, se baja una película y no está en hebreo antiguo ni se corta o directamente es un video nipón de coprofagia (reciba un cordial saludo desde aquí quien introdujera en el emule una película de esa guisa con el nombre del documental argentino sobre el corralito La Dignidad de los Nadies, yo me lo bajé y aquí estoy, todo lleno de canas antes de cumplir los treinta) y por último dele a imprimir algo y que salga con sus márgenes a la católica manera y sin que se acabe el papel. Si todos estos acontecimientos se encadenan, lo normal es que al usuario le caiga justo después no uno, sino dos rayos y a la vez. La tecnología es mucho lirili, pero luego no es más que un tormento por no llamarla puta mierda. Nunca chuta. Lo bueno es que no hemos llegado todavía al extremo de tener que llamar a la policía cuando se nos jode el computador. Nos queda ese amigo disminuido psíquico o ese familiar un poco “lento”, ese tipo de persona, en definitiva, que controla de ordenadores y nos lo arregla gratis. El caso es que a los robots se les va la olla porque los manipula Gene Simmons. Les mete un chip maligno. El porqué, no lo sé. El tipo le quiere vender chips jode robots a la industria tecnológica, ergo, yo deduzco que será como la comedia de los virus y los antivirus. Pero leo por ahí a quien habla de que se trata de un terrorista a escala mundial. La verdad, en el fondo, tanto da. Es un malo, un

hortera, y te mira como Ortega Cano a los paparazzi más obstinados. Hasta el final, la cosa transcurre con un corre que te pillo con hallazgos como los robotillos-mina-anticarro en la carretera que luego aparecieron en juegos míticos como el Death Track, para que algunos los contempláramos con la lagrimilla colgando dando gracias a Dios por dejarnos vivir tantos años (14) para poder asistir al mayor adelanto de la informática recreativa en toda la Historia. Pero eso no es nada, el final tiene mucha más miga. Selleck es padre soltero. Y es el padre que todos hubiéramos querido tener. Policía, con bigote, que te llama “tigre” y te compra un robot que se llama Luisa para que te bañe y haga la cena… lo más tope. Pues Gene Simmons rapta a su hijo y lo lleva a lo alto de un edifico en obras. ¿Por qué? pues porque Selleck es muy macho, pero tiene un talón de Alquiles: miedo a las alturas. El vértigo es una cosa horrorosa, un espanto. Para entendernos, es una sensación parecida a pensar que se rompe España. Los músculos se agarrotan, las articulaciones no responden, mareos, hiperventilación, taquicardia. Pues así, viendo provincias a su bola cada una por su lado, Simmons mete a Selleck en un ascensor hacia lo más alto de la obra todo lleno de un arma mortífera de última generación: arañas robóticas asesinas. Una ratonera sin salida. Nada podrá salvar a nuestro héroe. Pero reacciona. Sí, cuando ya ve a las cuatro arañas rodeándole con sus aguijones apuntando al pelo del pecho que le asoma simpático por el cuello del jersey, coge, se pone de pie, lucha contra su propio pánico, vence al miedo y -atención- se quita la chupa y se pone a darle muletazos a las arañas robóticas. Verónica que te va, giraldilla que te viene, Selleck se desembaraza de esos engendros abominables gracias a la tauromaquia y derrota al estupefacto villano, recuperando así la custodia

de su hijo, que le abraza y grita ¡papi! Es un momento tan emocionante que parece mentira que pueda ser superado, pero lo es. Al acabar, tras la exhibición, obviamente, la poli compañera del protagonista está goteando como un grifo portugués y le besa. Pero él no se deja. Está un poco reacio. Ella casi que le fuerza, pero no. Entonces él pregunta: ¿Sabes cocinar?. Ella asiente y, ahora sí, le mete la lengua hasta los alveolos. Que vivan todos los videoclubs de barrio de España

La Madre Patria
Hemos celebrado la salida de madre del Rey como el duodécimo gol a Malta y ahora tenemos que estar alrededor de cuatro meses comentando la jugada. Es ley de vida. Y yo no quiero interrumpir tan atractivo debate infinito, pero sí me voy a permitir el lujo, voy a tener la osadía, de darle al lector un codazo flojito, cogerle con los dedos suavemente del brazo y susurrarle al oído: tron, mira ¿tú has visto cómo está Italia? Italia es el país que inventó España. Es nuestra Madre Patria. Es posible que España existiera ya de antes, de antes del Big Bang incluso. Quién tiene datos para asegurar que la pelota esa de materia no era España. Nadie. Luego si puede ser que fuera y puede que no fuera: la materia del Big Bang era España con un 50% de probabilidades. Puede que España ya estuviera ahí, pero como la electricidad, que tuvo que llegar Benjamín Franko a registrarla en la SGAE. Los italianos llegaron a la península, la pusieron nombre, la rompieron en unos cuantos trozos para que albergara la esencia de su ser, la ruptura inconclusa, y la soltaron para que tirase metros hacia su Destino Universal -¿romperse definitivamente? No sin antes comprobar que la fuerza con la que los aborígenes se resistieron a la invasión era igual a la que que posteriormente tuvieron que emplear ellos para quitárselos de encima a los muy fanáticos imperialistas salidos de aquí una vez romanizado el patio. Pero, oiga, ¿qué es eso de ser italiano? Porque ser español ya sabemos lo que es. Ser bajito, con bigote, que te provoca y tiende la mano a la vez como si fueras gilipollas, que te chulea, que se llama José Luis… ¿pero italiano? ¿Qué clase de gente tuvo arrestos para inventarnos a nosotros? ¿un científico chiflado? ¿un artista de vanguardia que hace esculturas de heces humanas con las manos desnudas?

Son preguntas muy difíciles de contestar. Cada uno debe llegar a sus propias conclusiones. Para ello lo mejor es que LPD narre con escrupulosa objetividad la esencia de un pueblo: su actualidad. Pasemos, pues, a enumerar los acontecimientos más importantes ocurridos en Italia, por ejemplo, los últimos diez días, para no irse muy lejos, con el rigor científico como único guía. 2 de Noviembre: Nicolae Romulus Mailat, de 24 años, gitano rumano, roba, viola y mata a golpes a Giovanna Reggiani, de 47, mujer de un oficial de la Marina. Antes de fallecer, la mujer está en coma unos días. El tiempo suficiente para que se genere un pelotazo mediático. Al final muere. Italia se escandaliza. Al Gobierno, de centroizquierda, con el periódico en la mano, se le ocurre hacer un decreto ley por el cual los extranjeros “peligrosos para la sociedad” serán expulsados del país. En esta categoría jurídica se encuentran todos los nacidos fuera de Italia, aunque sean de la UE, con antecedentes penales y los que carezcan de medios de subsistencia. Quién juzgará los medios de cada uno: la policía. In situ. Se empiezan a derribar poblados chabolistas. Berlusconi critica el decreto: debería prohibírseles la entrada en el país a los rumanos. Gianfranco Fini se conforma con echar sólo a 250.000. Según el texto, a los que se largue y vuelvan les esperan tres años de cárcel. Cabe la posibilidad de que se enchirone a gente cuyo delito sea no tener recursos. En Rumanía no reciben las noticias con enojo. El violador era un gitano. Es como si Farruquito hubiera ejecutado su danza en Noruega. Qué explicación les daríamos desde aquí: pues algo parecido a lo que dijo el ministro de Exteriores rumano en la televisión de su país, “Dadme un trozo de desierto en alguna parte para deportarlos”. La UE advierte a Italia de que no puede llevar a cabo expulsiones masivas. Prodi se reúne con su homólogo rumano, Tariceanu. Pactan un aquí paz y después gloria, más policías rumanos en Italia y borradores para las repatriaciones. De forma conjunta, escriben una carta a Durao Barroso para trasladarle la responsabilidad de la

populachada que Prodi ha protagonizado esos días. Que se espabile, que la UE no da respuesta “a los problemas reales”, que “no está a la altura”. El pobre Barroso, portugués temeroso de Dios que ve una hoja moverse por el viento en el campo y corre aterrorizado pensando que viene Satanás a por él, rompe a llorar, se encierra y no quiere salir del váter. Ayer la cosa se culmina cuando los fascistas rumanos abandonan el grupo parlamentario de extrema derecha en el Parlamento Europeo y dejan tirada a Alexandra Mussolini, nieta del co-democratizador de España y modelo erótica. 6 de Noviembre. Oliviero Diliberto, líder del Partido de los Comunistas Italianos, dice (de coña) que si los rusos no quieren la momia de Lenin, que se la trae él para Roma sin problemas. Estaba en Rusia, en el 90 Aniversario de la Revolución de Octubre. Cuando se enteran en casa, el jefe del grupo de los democristianos de la UDC en la Cámara de Diputados, Luca Volonté, sugiere que, en todo caso, se lleve la momia a “su casa o a la sede de su partido” y apunta que la idea del líder comunista podía ser “sólo una broma, quizás debido al frío polar y corroborada con algún vasito de vodka local”. Diliberto contesta desde Moscú: “sólo un juerguista como Volonté podía imaginar que hubiera sido una propuesta seria”. Aparece entonces Maurizio Gasparri, de la derechista Alianza Nacional. Comenta que la posibilidad del traslado podría hacerse “sólo con la condición de que Rusia se quede a cambio con Diliberto. No estamos abiertos a otras hipótesis” apostilla. Culmina el intercambio de declaraciones el senador de la federalista Liga Norte, Ettore Pirovano, que considera que en el Senado -donde hay un grupo de senadores vitalicios que superan los 80 años- la momia de Lenin “estaría en óptima compañía”. 7 de Noviembre. La policía detiene a Salvatore Lo Piccolo. Veinticinco años prófugo de la justicia llevaba el hombre. Es el heredero de Bernardo Provenzano, jefe de jefes de la Cosa Nostra. La prensa habla de “el último padrino”. En

su maletín, el “decálogo del perfecto mafioso” (!), los derechos y deberes para formar parte de la Cosa Nostra. Unos diez mandamientos que “siempre llevaba consigo” (!!) Ni Moisés. Escrito a máquina y en mayúsculas, con el escueto y preciso título de “Derechos y deberes”, el código de honor famoso: El primer mandamiento prohíbe “prestar dinero directamente a un amigo” y aconseja, si es necesario, hacerlo a través de un tercero; el segundo coincide con los mandamientos para los católicos, “no se miran a las mujeres de nuestros amigos”;el tercero prohíbe cualquier tipo de relación con la Policía; cuarto, el verdadero “hombre de honor” tampoco se deja ver por tabernas; quinto, tiene que estar disponible en cualquier momento, incluso, “si su mujer está a punto de parir” (!!!); sexto, “puntualidad”; séptimo, “el respeto a la esposa”; octavo, “decir la verdad” a cualquier pregunta y en cualquier situación (?); noveno, se puede matar, extorsionar, traficar, pero nunca “robar el dinero de otras personas o de otros clanes mafiosos”; décimo, no pueden entrar en la Cosa Nostra “familiares de policías” o quien ha “traicionado sentimentalmente” a la mujer (!!!!). 8 de Noviembre. El obispo de Locri, Giancarlo María Bregantini, es el único obispo que ha plantado cara a la Ndrangueta, la mafia calabresa. Los anteriores confraternizaban cordialmente como sólo la Iglesia sabe. Siendo “imparcial”, como en el País Vasco. El Vaticano le nombra arzobispo de Campobasso. Se tiene que ir. Los últimos trece años, todos los días, el prelado, de 59 años, pidió a los capos y clanes mafiosos que abandonaran la criminalidad organizada y “regresaran a Dios de manera valerosa y pidiendo perdón”. Los intelectuales calabreses Domenico Cersosimo, Piero Fantozzi y Vito Teti, califican la decisión de “sobrecogedora”. Recogida de firmas. Protestas de los feligreses. La decisión es irrevocable. La mafia calabresa controla la importación de cocaína hacia Europa y factura al año un mínimo de 400 millones de euros. El papa Benedicto XVI declara días después que en Italia, aunque el bienestar económico ha crecido, aún

no han desaparecido “las bolsas de pobreza” y que en la actualidad como en el pasado “hay aún mucho que hacer en el campo de la solidaridad”. El Papa dice a los fieles: “En la estación de grandes cambios que estamos atravesando, la Iglesia en Italia os necesita también a vosotros, queridos amigos, para hacer llegar el anuncio del Evangelio de la caridad a todos, recorriendo caminos antiguos y nuevos”. 9 de Noviembre. El Senado italiano (donde iban a alojar la momia de Lenin) aprueba la reducción del número de ministros, de los 24 actuales a 12. La medida, aprobada por 160 votos a favor y 155 en contra, prevé también que el Gobierno no pueda estar compuesto por más de 60 personas, incluidos viceministros y secretarios de Estado. Los elevados costes de la política en Italia han sido tema de debate y polémica en el país, sobre todo tras la publicación de un libro “La Casta”, en el que se ilustran muchos despilfarros. El Consejo de Ministros se ha mostrado además a favor de una reducción del número de parlamentarios y en septiembre aprobó una declaración en ese sentido. El número de diputados pasaría de 630 a 450 y el de senadores de 315 a 200, a partir igualmente de la próxima legislatura. 9 de Noviembre. Un urólogo defiende a su hijo ante los periodistas. Es el padre de Rafaele Sollecito, novio de la estudiante estadounidense, Amanda Knox, que según la versión policial podrían haberse cargado a su compañera de piso, una Erasmus británica, Meredith Kercher, degollándola con un cortaplumas, por no querer participar en una orgía con ellos. Las pistas las dan las entradas de los blogs que ambos tenían en myspace. Sollecito había escrito recientemente que quería probar “emociones fuertes”. Su novia fantaseaba con relatos sobre ser stalker de violaciones múltiples. 11 de Noviembre. Tras el derby entre Napoles y Palermo, clásico del Sur, Camorra frente a Cosa Nostra, que

transcurre como la seda, un remanso de paz, un policía mata “accidentalmente” a un hincha del Lazio en la Italia civilizada cuando iba camino de Milan. En Italia, según cuenta Enric González en El País, los tifosi odian más a la policía que a los grupos rivales. Los “ultras” del Atalanta, con lanzamientos de bengalas y roturas de una zona de las vallas de protección que separa las gradas del terreno de juego, obligan a parar, en el intento de una definitiva suspensión, el partido liguero que su equipo está disputando en casa ante el Milán. Un millar de seguidores del Inter de Milán y del Lazio se manifiestan por las calles de Milán y apedrean una comisaría. Doscientos seguidores de la Roma asaltan uno de los cuarteles que alberga al sector móvil de la policía en la capital italiana. También asaltan la sede del Comité Nacional Olímpico Italiano (CONI). 12 de Noviembre. En Caronia, un pueblo siciliano, hace dos años hubo una serie de incendios espontáneos que nadie sabía por qué se producían. Se barajaron todo tipo de hipótesis y no pocos curas señalaron que se trataba de Satán. Mientras, el pueblo exigía que les enviasen un exorcista y algunos se quejaban de lo injusto de haber pagado entre todos los vecinos las obras de la ermita y que ahora Dios les enviase fuego. Los doscientos habitantes del pueblo fueron evacuados. Un grupo de expertos trató de averiguar qué había pasado. Hasta había un técnico de la NASA. Las conclusiones del estudio se han filtrado a la prensa. La causa fueron… los ovnis. Francesco Mantegna, director de Protección Civil de Sicilia y coordinador del informe, ha tenido que explicar que eso no quiere decir que “hombrecillos verdes llegaran de Marte a prenderle fuego al pueblo”, sino que podría tratarse de “un arma secreta en pruebas”. Da igual. Ya es el hazmerreír de la Bota. Y esto es todo. Diez días en la actualidad de nuestra Madre Patria. Cómo competir con ellos. Es imposible. Sólo tenemos un factor a nuestro favor, un arma secreta:

Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, “Juancar”, nació en Roma.

Leones por corderos
Yo lo siento mucho, pero Leones por Corderos es una puta mierda. Bien es cierto que no es mierdosa. Si acaso, mierdecilla. Pero es que es muy puta. Reputa. Más puta que las gallinas. Veamos el porqué. Hay un tema que en Estados Unidos es muy recurrente a la hora de hacer cine. El contar lo muy hueca y desgraciada que es la existencia de los norteamericanos. Hay desde auténticos tratados como pueden ser Vidas Cruzadas o Magnolia, a puro y duro género de explotación, como Hapiness, American Beauty, Ken Park, Juegos Secretos o Pequeña Miss Sunshine. Y en plan súper desparrame, o “los pobres también lloran”, mi favorita: Gummo. Por haber, ya hay hasta serie, Weeds. Dos temporadas, la primera adorable. Se trata de mostrar una sociedad que cuando no se echa en brazos de la estupidez y lo banal por abulia intelectual, es egoísta e hipócrita ya que por dentro está llena de mierda tipo complejos, complejazos y expectativas frustradas. Nosotros, los europeos, que somos seres superiores, vemos estas películas y nos reafirmamos: Los yanquis están locos, grotescamente locos, nos dan puta pena a nosotros, que somos una civilización que va sobrada en todos los ámbitos civiles y culturales, no hay más que ver una gala de Eurovisión. Hombre, a mi, personalmente, me ocurre lo contrario. Veo ese modus vivendi californiano, con temperaturas agradables todo el año, sin nada que hacer y follándose a la madre de un amigo cuando no le llega a uno para esnifar Pegamin, y coño, me gustaría estar allí. Pero yo estoy equivocado. Lo asumo. Porque Estados Unidos no me parece una total casa de putas en manos de reverendos y Damians de la Profecía 3, ni Rusia un vertedero en manos de la mafia, ni China una dictadura comunista y capitalista abominable que aúna lo peor de ambos sistemas.

Sin embargo, estos tópicos son necesarios para que la gente vaya al cine. Antes se iba a ver un dramón, una de vaqueros o una de guerra, y ahora una de pero qué patanes son los gringos, o mira qué profundos e insondables dilemas morales se le ocurren a Clint Eastwood, o vaya con las multinacionales farmacéuticas que mataron al Ché reventándole los tímpanos con un picahielos para que no pudiera oir cómo se enganchaba con sus huesos y cartílagos la sierra eléctrica con la que se le estaba triturando para servirle con huevo y tomillo en steak tartar a la mesa de un obeso cerdo capitalista cabrón e hijo de puta. Y en esta línea se encuadra Leones por Corderos. Es una película de que la sociedad americana es muy hipócrita y se va por el sumidero moviendo las caderas junto a Britney Spears, pero llevándose por delante pueblos inocentes que hacen mierdas de cerámica, cestitas y esas cosas. Su director, Robert Reford, la presentó así en Roma: “es un gesto de perdón por lo que nuestro país ha hecho los últimos seis años”. El gesto consiste en tres situaciones simultáneas que pretenden retratar los distintos elementos de la infamia: la “Guerra contra el terror”. En una historia están los periodistas. Son pasotas que hacen de portavoces de la propaganda del gobierno sin reparar en ello porque lo que les importa es ponerle un logotipo guapo y una música impactante a la información sobre Irak para ganar audiencia. En otra, los estudiantes. Patanes que, valgan o no, se inclinan por la espiral individualista de ganar pasta, meter la polla y pasarlo bien. Y a mi déjame en paz que todos los políticos son unos hijos de puta no quieras que me preocupen una mierda sus asuntos. Del otro lado, en el eje narrativo, están los desfavorecidos americanos. Lumpen del que brotan flores de estercolero que son crucificadas por el sistema. El clavo de la mano

derecha es el Gobierno (Tom Cruise), el de la izquierda, los medios (Meryl Streep) y el de ambos pies, los que “podrían hacer algo” pero están más ocupados mirándose el ombligo (un fulano). La historia transcurre mediante conversaciones puras y duras. No hay más. Por eso a quien les preste atención le parecerá una película muy breve, y quien esté más acostumbrado a la acción saldrá del cine con las manos vacías. No son malos diálogos, en cualquier caso. Tienen sus hallazgos. Y en ciertos puntos incomodan. Sobre todo en el referente a los buenos de la película. Se trata de un negro y un mexicano que presentan un trabajo en el Master en el cual defienden, toma tomate ¡la mili obligatoria! Y qué mejor forma de dotarse de autoridad moral para enarbolar semejante idea que irse voluntarios a Afganistán. El problema es que un principio de la izquierda de toda la vida -excepto de la catalana, la vasca y la acomodaticia en general- aquí se diluye en un mejunje de voluntarismo y legitimidad moral. Resulta que los mozos pobres que quieren ser veteranos del ejército ingresan en él para no tener deudas con la sociedad -la beca para estudiar es un crédito que tienen que devolver después- y así poder predicar sus ideas maravillosas que todo lo cambiarán “sin deberle nada a nadie” -el Ejército americano te paga la carrera universitaria, no como aquí, por cierto. Pero no aparece por ningún lado el hecho que muy bien mostró el sensacionalista Michael Moore, el de los parados de Louisiana enrolados en el ejército para poder ir a una gran superficie a consumir como el resto de sus compatriotas cuando no están volando en trocitos en algún lugar del mundo que ni conocen. Este aspecto se obvia, creo yo, porque Robértez lo que quiere es lanzar un mensaje a su país, a la manera que se hace en su país: mesianismo, heroísmo, mártires… para pedir el compromiso. No se invita a razonar, sino a compungirse.

Y ya está. No hay más. De repente, se acaba. La cosa se queda en parábola bíblica, un sermón. El final es abrupto. Se diría que abierto. Más abierto que Jenna Jameson. Demasiado abierto para lo que se ha puesto en el asador. Es muy triste que por el desinterés de la peña y por que la profesión periodística carezca de mecanismos efectivos de autocontrol unos pocos puedan respaldarse en una gran nación para defender sus intereses privados. Lo es, sí, pero de esta idea, a estas alturas, deberíamos partir, no llegar a ella. Que ya ha llovido. La infamia es, por tanto, pagar casi siete euros por ver esto.

Madrid existe
No sé cómo abordar este asunto. Es demasiado. Vale que en la Comunidad de Madrid sólo se habla una lengua y mal. El cambio de las eses por jotas como hecho diferencial no enorgullece ni en la más alta montaña. La arquitectura neoclásica predominante en la ciudad no es nada del otro jueves. El río da risa. El trazado de las calles es un sin Dios. No en vano, la vía principal, la Castellana, sigue el cauce de un arroyo con sus curvas incluidas. Así como los nombres, por ejemplo, la calle Cervantes es en la que vivió Lope de Vega, la calle Lope de Vega es en la que fue enterrado Cervantes y en la de Quevedo vivió Góngora. Es todo un desparrame, sí. Pero ¿insignificante? ¿Somos un poblacho insignificante? ¿Lo que pasa aquí no importa? ¿no tiene relevancia? Esa es la sensación que se me queda a mí al toparme con esta joya del periodismo patrio. Diario ABC, martes 27 de noviembre:

Resumen de 2007: pero qué cosa más fea
“De cara.. psh; soy insignificante; de cuerpo no digamos; y aunque algo valiera, ¿cómo había de lucir mal vestida, con pingos aprovechados, compuestos y vueltos del revés? Luego soy ignorantísima; no sé nada, no hablo más que tonterías y vaciedades, no tengo salero ninguno. Soy una calabaza con boca, ojos y manos ¡Qué pánfila soy, Dios mío, y qué sosaina! ¿Para qué nací así?” Abelarda piensa para sí en “Miau”, de Benito Pérez Galdós. Dejamos atrás un año bastante parecido al anterior sólo que más tonto. Ambos han terminado de forma muy similar. Sobre 2006, el diario El Correo tenía su anuario preparado. En la portada: “Una esperanza para la paz, a pesar de las dificultades”. El día 30 ¡pum! ETA se carga la terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Toda la tirada a tomar por saco. Se imprime otra nueva. “ETA trunca los sueños de paz”. Por el camino, un buen puñado de euros. Este año es similar, aunque no tan fuerte. Pero puede apostar por que no pocos almanaques llevaban hace escasas horas un par de páginas con: “Benazir Bhuto, una superviviente”. En el fondo, la coincidencia es una buena noticia. Quiere decir que los terroristas y los medios no están compenetrados por mucho que lo intenten. El perfecto acoplamiento quizá lo vivamos a lo largo de este siglo. Pero ahora no es el momento. No en vano, repasando este año, para empezar, lo primero es retrotraerse al siglo XIX. Sucedidos propios del siglo XIX; primera mitad del XX en el Tercer Mundo Hay goles tontos en el minuto 90 que meten a un equipo

en el partido alrededor de la jornada veintitantos y al final se termina ganando la liga. Es el caso de la ETA y el Gobierno. Con el regreso de los primeros a la vía política puramente patriótica, la sociedad española ha vuelto al revelado en blanco y negro con filtro de contraste en la ampliadora: el negro es negro y el blanco es blanco. Se disipan las dudas. El Gobierno persigue a los terroristas con el Estado de Derecho, Ibarretxe se sitúa en su limbo particular y en fuera de juego, si acaso, queda comparar las manifestaciones en Cataluña por el asesinato de Ernest Lluch con las que tuvieron lugar reivindicando la construcción de ferrocarriles a la católica manera pocas horas después del atentado contra dos guardias civiles, también sentados en su coche, también desarmados. Clavado en el cortex, por otro lado, queda también, con mayor intensidad incluso, la lidia de miuras catalanes en una corrida televisada para todo el país. Diestros vallisoletanos sorprenden a la nación con un nuevo pase, mitad vanguardia, mitad pura y oscura tradición. Se denomina la joseluisa. Una suerte en exceso primaria y brutal que devuelve al animal su condición de bestia con la mayor intensidad imaginable. Falta el grabado de Goya acompañado de un lúcido pie de menos de cinco palabras. Pero ya no quedan muchos genios. Sin embargo, unánimemente, se proclama este año como el annus horribilis de la Monarquía. No es para menos. Un juez, por lo visto, debió comprar acciones del semanario de humor en capa caída “El Jueves” para a continuación condenar unas caricaturas sobre los Príncipes aparecidas en su portada. Nuestras leyes momificadas, pero no muertas, escupen en la cara de la libertad de expresión y el PSOE decide no opinar, mientras que la oposición, autobautizada como liberal, se adhiere a la infamia aprovechando, de paso, la coyuntura en la que rebeldes forjados frente al espejo del váter queman fotos del Rey en plena rúe, lo que les supone, para mayor gloria de la nación, ser también perseguidos y condenados con todo

el peso de la ley propia del ordenamiento jurídico de países tipo Letonia. En este contexto, se descubre de pronto, súbitamente, como en una película de Hitchcock, que en España, agárrate, hay ayuntamientos que no cuelgan la bandera de España en el balcón. De nuevo se resucita cierto espíritu, pero sin momia, por suerte. En nuestra ley no figuran sanciones específicas para tamaña osadía, que no data, precisamente, sólo de esta legislatura, y que logra señalar, por oposición y/o en paralelo, muy mucho al que en su casa mata las moscas haciendo uso de la luger reglamentaria. Para rematar, el Rey se sale del guión en la cumbre Iberoamericana como un adorable septuagenario palillo en boca abroncando a un colchonero mientras el Madrid es vapuleado en la televisión. La España pura, casi toda ella, lo adora. Jalea el incidente. Total, sólo ha reventado por completo la cuidada campaña propagandística del gobierno español sobre una serie de partidas solidarias para que miles de personas puedan disponer de agua potable. Era más importante, parece ser, era un interés prioritario de la nación, demostrar que tenemos huevos mecagoendioshostia, j-o-d-e-r, no te sobres ni un pelo con mi colega. En lo referente a lo que por desgracia es una anécdota y no la más pura y cruda primera plana: Andalucía – Zambia; Galicia – Camerún; Canarias – Angola; Extremadura – Guinea; (Euskadi – Cataluña) Poco más que añadir. Sucedidos propios del siglo XX Nace un nuevo periódico de papel de los que se obtienen entregando al quiosquero una moneda. Se llama “Público”. Destaca la juventud de su director e inquieta su condición de ex teclista de Meteosat. En el producto, nubes y claros; mientras que las portadas se dedican a lo

más patético de lo más lamentable de la más ridícula pugna entre los dos principales partidos, en el interior sopla aire fresco en la elección de los contenidos y una muy decente síntesis periodística en el trato de los mismos. El diario apuesta por los columnistas. Están bien Iñigo Sáenz de Uriarte y el Wyoming, entre otros, y sorprende para muy bien Roberto Enríquez. Muy lejos aún de Aguilar, Espada o Víctor de la Serna, por citar unos pocos, y no tan lejos de Boyero, el resultado aprueba. Qué menos. Un tipo atraca bancos. Se proclama anarquista. Se llama “El solitario”. No es la Bader Meinhof ni el Ejército Simbiótico de Salvación, pero al igual que ocurre con los primeros pasos del nuevo periódico, a todos nos gustaría tirarnos a las perras tabernarias malolientes con nuestro micropene, pero al llegar a casa nos encontramos con nuestra preciosa, adorable y siempre sorprendente mujer pidiendo su dosis de veinte centímetros de sable-láser con venas. Sucedidos propios del siglo XXI En una agradable y estival noche lusitana, desaparece Madeleine. Todo el mundo ya conoce los detalles del asunto hasta la saciedad. El caso podría ser típico de tiempos pretéritos si sólo se tratara de unos padres que pierden a su hija por culpa de una borrachera. Es algo muy español. Seguro que sigue ocurriendo una y mil veces en nuestras playas madrileñas. Hasta se podría decir que gracias al alcoholismo paterno, los niños en España adquieren astucia y conocimientos mucho antes que sus iguales europeos. Ese padre borracho en el bar las veinticuatro horas, ese hijo que él solo en la calle, desorientado, por sus propios y limitadísimos medios, va descubriendo el mundo a base de novedosas experiencias… así se han forjado tantos y tantos súbditos del Rey. Así se han adquirido aficiones y habilidades como la toxicomanía con opiáceos por vía intravenosa

financiada mediante el robo con violencia a jubilados en cajeros automáticos los primeros días de cada mes. Así se ha construido España. Pero el caso, volviendo atrás, es que aquí han confluido la borrachera de los padres, que drogaban ellos mismos a sus hijos (por si acaso no tenían manitas), con detectives de diversas agencias, el cuerpo de policía portugués con sus bigotes y entrecejos en línea, la prensa británica, supuestas redes de pederastia pseudo terroristas, las exclusivas concedidas a cambio de vil metal y los Beckham con cara de “el sexo tántrico no es para reír”. Tal acumulación de factores sólo es comprensible en la sociedad del conocimiento, ora siglo XXI. En un fenómeno que sólo recuerda a la consecución del oro olímpico por parte de Paquito Fernández Ochoa inolvidables jornadas en las que los madrileños pintaron la ciudad con el lema “Huracán Paquito”, que aún puede leerse en las tapias de los pocos descampados que quedan alrededor de la M-30- un descendiente de polacos húngaros, Sarkozy, llega al poder en Francia y, sorprendentemente, nuestros patriotas lo celebran como una finta al mismísimo cáncer de glande. El hombre es enérgico, de discurso encendido, dinámico… dinamita. Tiene soluciones para todo y las tiene ahora. El 26 de diciembre tres cabeceras nacionales de la unidad indivisible de destino universal salen en primera plana con él en un viaje de placer con su nuevo culito respingón. En la ONU preocupan Iran, Palestina, el cambio climático e Irak, pero los europeos se preguntan: ¿y qué dirá de esto Sarkozy? El paso del tiempo, juez inexorable, fumando espera. La gran derrotada, Segolene Royal. No dista mucho de las características definitorias del titán. Aunque mi vecino de abajo, francés, dice que si tan maja es la socialista, que trabaje en Loreal. También cantó por la ventana los goles de Francia a España en el Mundial con inolvidable vehemencia, también muchos se preguntan por qué yo iba con Italia en la final de esa forma tan furibunda y también él se preguntará dentro de unos

años, no importa cuántos, por qué le han quemado el coche. Para la revista Time, el hombre del año, en cambio, se llama Putin. Es un perro, viene a decir el largo reportaje, pero los sueldos de los rusos se han duplicado en apenas un lustro. El malévolo viejo espía del KGB reconoce que no hubiera tenido los huevos de Gorbachov y Yeltsin para destruir la Unión Soviética, pero que ese engendro no lo quería nadie. Nunca ha mandado un e-mail en su vida, aunque tecnológicamente progresa en dvd, formato en el cual difunde sus clases de artes marciales. Todas las ideologías de la piel de toro están desubicadas frente a este hombre. No se le puede pintar de rojo, no baila al son de EEUU pero es liberal, corta el suministro de sus recursos naturales a los países que no se lo pagan y encima le salen cadáveres tanto emparedados como calientes bajo la alfombra. Tal vez podamos entenderle de aquí a un tiempo gracias a su nacionalismo radical. Cataluña da pasos hacia la privatización de la Atención Primaria votando a la búlgara peperos españolistas, nacionalistas traidores y nacionalistas puros, comunistas y el siempre afable y conciliador partido socialista. Madrid, cuyo consejero de Sanidad dijo tiempo ha que había que “seguir la senda catalana”, adelanta a la región periférica con los hospitales de Esperanza Aguirre. Se trata de una promesa imposible de cumplir, la construcción de ocho hospitales en tres años, parecida a la de la reducción de listas de espera del periodo anterior ya tratada en esta página. La presidenta promete nuevos hospitales sin especificar con qué fondos extraordinarios los construirá en el plazo de tiempo que se marca. Para ello, tiene una herramienta maravillosa, el truco de los trucos, algo rollo Sarkozy. Es la construcción de estos a manos privadas y una especie de gestión mixta. El resultado final, vaya por Dios, es que diez meses después de la fecha prevista para la entrada en funcionamiento de los nuevos centros, no hay ninguno terminado. La Comunidad no ha podido

equipar y poner en marcha los hospitales. No tiene dinero. La culpa, ahora, es del Estado central ¿les suena? No, no les suena, todavía no han pedido la autodeterminación. El dinero, ni lo tiene ni lo tendrá, dice ahora el consejero de Sanidad, hasta la segunda mitad de 2008. No obstante, a las empresas privadas que han edificado las instalaciones hay que pagarles un canon. Durante treinta años. Éste, el primero, cercano a quince millones de euros por hospital, que son siete (el de Valdemoro no es mixto, sino una concesión enteramente privada), por unos servicios que no se prestan, ya está abonado. El ciudadano da por nada. David Gistau, desde su columna en El Mundo, se refiere a esta Comunidad como el éxito del modelo de una España sin Zapatero. En este aspecto, nos encontramos frente al modelo sanitario español del siglo XXI: derroche inútil de fondos públicos acorde a campañas publicitarias electorales de ciencia ficción para implantar un sistema ya fracasado en Reino Unido –reconocido por sus propios promotores. La consecuencia será, casualmente, el auge de la sanidad privada, en la que las clases medias ven menguar la calidad-precio de la asistencia, ya que pruebas diagnósticas y servicio –el producto que se vende- no sólo es inversamente proporcional a la rentabilidad que obtiene la empresa cuyo fin es lucrarse, sino que es un bien por el que se paga cuya calidad elige el vendedor en un contexto en el que si el comprador estuviera capacitado para determinarla, sería médico siete años de carrera y no sé cuántos de Mir. Futuro, bendito futuro. El derecho a la Salud, según la cuenta corriente. Es decir, el derecho a que ondee la bandera de España en el ayuntamiento, bajo un impuesto extraordinario. Es un ejemplo puntual… una sugerencia, sin más, visto lo visto ¡pero crearía más ampollas! La milagrosa economía española, por otro lado, se hunde. Poco a poco. Nos pule la inflación. El ministro de Economía, Pedro Solbes, sabe dónde está la causa: resulta que los españoles son gilipollas. Ya sabíamos que no votan bien, del todo bien en su caso, pero ahora resulta

que tampoco gastan bien. En un encuentro de estudiada informalidad, el también vicepresidente del Gobierno explica que no sabemos lo que vale un euro. Otro dato económico relevante es que en 1981, la parte correspondiente a los salarios de los trabajadores del PIB mundial era del 80%. Hoy, del 60. La explicación a todos estos fenómenos, muy pronto en sus libros de texto como causa de lo que vino después. Arte y espectáculos mundanos. Todos los años vienen los nuevos Led Zeppelín o los nuevos Héroes del Silencio. En éste, tanto ha ido el cántaro a la fuente, que los verdaderos originales han salido de la tumba. Para más inri, los únicos nuevos algo, los nuevos Mocedades –La Oreja de Van Gogh- se han separado. En el cine, de nuevo Clint triunfa con una puta mierda. La Batalla de Iwo Jima, un largometraje bélico en el que en ningún momento el espectador tiene ni la más mínima referencia de dónde están unos y otros conforme se desarrolla el meollo -sí, lo de más cerca más lejos de la colina se da por hecho. Su film podría narrar igualmente una guerra o un día más en los camerinos de Salsa Rosa. En otras latitudes, Alemania sorprende con la Vida de los otros y la plena asimilación de su propia Historia. Un rasgo ya patente en la escalofriante sobriedad de El Hundimiento –películas las dos que, a día de hoy, si fueran sobre la dictadura española y aquí desencadenarían el más atroz de los desencuentros y ese ridículo llamamiento a no remover lo pasado. Son lo poco destacable en el celuloide junto a una recopilación de romances parisinos, Paris je t´aime, con hermosas flores en campo de estercoleros. Nada. Gotas de agua en el mar en comparación con el final de dos de los acontecimientos audiovisuales más importantes de la historia del ser humano, los cuadrúpedos y las amebas: las series Los Soprano y Wire. La sensación de querer estar allí, con ellos, todos sus personajes; la sensación que da la ficción más brillante en todo su esplendor. Tenemos aún Deadwood y Shield. A la raza humana, al menos en esta faceta, no le ha dado por

repetirse, por parodiarse. Y por último, lo más importante, el fútbol, nada que no se haya dicho ya: Pasada la tempestad, vuelve la calma. Pasado el Barça campeón de Europa y su juego sin igual, vuelve el Madrid a campear por España. El dicho se hizo efectivo con crudeza, sin vaselina, con unas remontadas madridistas inverosímiles y una bajada de brazos por parte de los azulgrana imperdonable. Pero ahí está, lo vigente es el refrán. Por otro lado, la muerte de José Antonio Puerta y la huída de Juande Ramos a la Premier explican el porqué de la arraigada superstición en Andalucía. Santíguate si todo va bien. Teme, llora, si te pasa algo bueno. Un ejemplo ad hoc es San Sebastián. Dieron con sus huesos en segunda, pero son felices: parece que no bajan a segunda b. Prieto es lo más grande que tienen, te dicen, entre risa floja y saber estar. Los vascos saben estar. En segunda. Sin más, deseamos a nuestros lectores un próximo año pleno de iPods, implantes de silicona, botox, descargas a no sé cuántos megas por segundo, líderes carismáticos tridimensionales y mucho sexo por webcam. Aquí nos Venom, que diría la voz del Motociclón.

Él
Tengo un amigo que abandonó los informativos de una cadena de televisión para pasarse a la sección de ‘entretenimiento’. Lo hizo por un quítame allá esos euros, pero en su despedida, una directiva de informativos le afeó su conducta. Le entristecía que no le tirase la vocación periodística ‘auténtica’. Le apenaba que dejase la información ‘buena’ para recalar en ‘eso’, el entretenimiento. Lo mundano. Sin embargo, lo que yo me pregunto es si no serán más honestos los realitys y los sujetos que los integran que la información ’seria’ y los individuos que la protagonizan. Al menos no tratan de engañar a nadie. El primo segundo de Cecilia María Sara Isabel Ciganer Albéniz -mujer que, como su ex, está en los medios últimamente por motivos de peso-, Él, ha sido apartado a la virulé de las listas de su partido para las elecciones generales. Por lo leído en El País, el alcalde de Madrid no se explica cómo pueden dejarle fuera (¡a Él!) después de los resultados cosechados en la capital. Es decir, Gallardón no interpreta el voto masivo de los ciudadanos como un compromiso, sino como un ‘comodín del público’. No obstante, resulta que la concursante rival, Esperanza podemos denominarla sin miedo a confundir a nadie ‘Ella’- tenía el comodín de la llamada, y ya lo había usado en Navidades contactando con Acebes, quien puso encima de la mesa el órdago, para que Rajoy, ante la indecisión, empleara su comodín del 50% y asunto terminado. Como todo el mundo que vea la tele sabe, el comodín del público es una mierda porque, generalmente, esa gente, que está ahí porque le han dado un bocadillo y un llavero, no tiene ni puta idea de nada y, al final, en la decisión que tome el que está en la palestra, ni pincha ni corta. Pues como los votantes. Pero una cosa es una y otra cosa es otra. Cuando

Gallardón ganó las elecciones municipales batiendo todos los records, a los dos días, cuarenta y ocho horas, se ofreció para las generales. Lejos de entender el apoyo masivo como un vínculo aún mayor con el municipio, Él interpretó lo contrario: que le habían dado carta blanca. Lo bonito es que nadie lo cuestiona. No hay mención a este pequeño y sutil detalle. A los popes del periodismo español no se les pasó por la cabeza ayer en 59 segundos. Es como en La Hija de Ryan de David Lean. Robert Mitchum se casa con su alumna a sabiendas de que, a las primeras de cambio, se irá con el primer hombre joven que pase por el pueblo miserable en el que viven. Lo acepta manso y… enamorado. Aunque también es como el marido que sorprende a su esposa en un gang bang con el servicio en el banquete de su boda y no se mete para no molestar, son sus cosas, ella es así. Un marido un poco infeliz ¿no? Por otro lado, la opinión de Fraga de que se perderán votos es la que más ha calado en los medios que no aplauden con las orejas la línea oficial del PP con mayor o menor disimulo. El Periódico, por ejemplo, confiesa no entender a fondo estas intrigas palaciegas, pero se hace eco de las declaraciones del fundador del PP en sus conclusiones. Resulta que Él es un baluarte centrista imprescindible para arrebatarle a Zapatero el voto de esas personas que no son ni de izquierdas ni de derechas, antes llamadas adictos al régimen, ahora centristas. Puede ser verdad. Quizá represente al centro, pero que lo sea es otra historia. Contra esta concepción hay que rebelarse. Puede que Él sea un chico muy modosito y educado. Un político sin arranques de ira, que despersonaliza sus ataques -aunque quizá sea más correcto señalar que como sólo habla de sí mismo, le queda poco tiempo para mentar a los demás bien o mal, con elegancia británica o malas artes ibéricas-, pero ahí se queda la cosa. Porque gobernando es un auténtico macarra. Por no dejar las

comparaciones laborales, es como un tipo con el que coincidí en la redacción de una empresa bastante perra, que era tan vago, tan vago, que se decía de él que era el único que, en lugar de ser explotado, explotaba él a la casa. Gallardón es parecido. Nos explota. No es cuestión de volver al debate urbanísitico, pero si por algo se recordarán los grandes proyectos que Él puso en marcha en la ciudad es porque tal vez, puede, quizá, sólo hayan sido rentables para sí mismo. El dineral ingente que se ha gastado exigía, cuando menos, un mínimo de consenso tanto en su planificación como en su ejecución. No lo ha habido ni por asomo. Dios lo quiere y Gallardón lo manda. El MetroSur es muy bonito. Comunica los grandes criaderos de ‘Juanis’ de la región. Perfecto. Aunque habría que ver si con la décima parte de lo que se gastó no se habrían solucionado el noventa por ciento de las necesidades de transporte de los mentados aborígenes con otros proyectos menos ‘vistosos’. Pero Él sacó adelante su proyecto. Porque era el Suyo. Así como, desde el Ayuntamiento, por no tocar el tema de la M30, tan manido, ha organizado campañas sanitarias al margen del Sistema Madrileño de Salud alcanzado altas cotas de falsos diagnósticos. Pero Él tenía que hacer sus campañas. Las Suyas -y las empresas privadas adjudicatarias su caja. En resumen, que se trata de un tipo que ha hecho siempre lo que le ha dado la gana en beneficio propio. Pasándose por el forro a los ciudadanos, al resto de los partidos e incluso al suyo. Todo con una gran sonrisa, eso sí, y si te vas de borrachera con él no te mete en un lío ni se da de hostias con nadie porque le han mirado mal. Es mu majo. Los medios lo agradecen y la gente lo valora. En su propio partido lo saben. Igual que Cabanellas dijo que si le daban España a Franco en Burgos ya no la iba a soltar nunca, en el PP son conscientes de tres cuartos de lo mismo con Gallardón. Y se maquina y obra a martillazos porque con un tipo así de nada sirven medias

tintas. Es su propia medicina.

No country for old man
‘No es país para viejos’ es una película estupenda. Dicho lo cual, con el poder que me da esta página y a modo de Juan Carlos I que lo recibió todo concentrado en uno solo y lo repartió en migajas entre el populacho, convido al lector a que, cuando alguien le comente que no parece una película propia de los Coen o que se trata de un film aburrido, le diga a la cara sin miedo ninguno a equivocarse: tú lo que eres es un hijo de la grandísima puta. Los Coen dan asco. Hay que empezar por ahí. Una cosa no quita la otra. Sus películas suelen molar tanto que casi todo Dios se gusta diciendo: soy fan de los Coen. Si fuesen naturales de Tayikistán y su cine sólo pudiera verse entre las brumas de intenso hedor a sobaco de una filmoteca, uno disfrutaría de buen cine y encima se sentiría especial. Pero aquí la popularidad de un buen producto nos exime de la posibilidad de ser la polla al consumirlo. Un putadón que no se compensa ni aprendiéndose las canciones de ‘El sabor de la sandía’. El caso es que ‘No es país para viejos’ está de putifa. Y como tal, hay que analizarla con el patrón con el que se define lo más sagrado: el tintorro. Fase visual: Capa baja, ribete atejado Se trata de una película de suspense con la apariencia de las mejores historias del oeste. Unos caballeros se persiguen para ajustar cuentas. De hecho, podrían ser el bueno, el feo y el malo; son el buen hombre con bigote veterano de guerra que habla poco pero cuando lo hace es con sarcasmo, el anciano desorientado y confundido desde que no se le levanta, y el cabrón con pintas, al cual, por cierto, interpreta con gran éxito Javier Bardem. Seguramente gane el Oscar si aún persiste la

costumbre de dárselo a quienes hacen papeles de enfermos o disfuncionales. En este caso, nuestro hijo pródigo sólo abre la boca en dos ocasiones y es para soltar monosílabos con voz gutural y cazallosa. A mi me fascinó mucho más la interpretación de Brolin –si bien en la delantera del Parma con Asprilla ya me tenía cautivadopero es mi visión personal. En cualquier caso, si hay un lugar en el mundo donde no se valora en absoluto a los inútiles ese es Estados Unidos. El éxito de Bardem no puede ser casual. Por lo demás, a la meticulosa, detallista y gratamente caprichosa fotografía, hay que añadir un ritmo lento e inquietante sobrecogedor y una banda sonora excepcional: la letra oficial del himno de España cantada a capella por Los tres tenores. Tres ingredientes fascinantes. El primero, la fotografía, porque merece la pena ver la película un par de veces para que nuestro cerebro la succione en su totalidad; el segundo, la narración suave, despacito, con buena letra, pero sin pausa y, el tercero, el silencio. Debe ser duro, en este sentido, verla en el cine con todos los ruidos que hay en este tipo de locales, a saber, móviles, carraspeos, Juanis –sí, por supuesto, naturales de las localidades que une el Metrosur de la CAM- haciendo comentarios en voz alta y ronche continuo de frutos secos y guarrerías varias. Yo, en mi casa, en dvd a las cuatro de la mañana disfruté del silencio que atesora la película como cuando de preadolescente vi Alien por primera vez, aunque sí tenga BSO. El rollo maligno de Bardem es parecido al del terrorífico extraterrestre: omnipotente y blanquecino, a la par que poco dado a las chirigotas gaditanas. Fase olfativa: Mucha madera, tabaco y balsámicos El aroma de ‘No es país para viejos’ no nos es extraño. Hiede a España. Carretera comarcal castellano manchega veinte de julio a las quince catorce horas. Ese es el rollo. La acción transcurre en El Paso (Texas) y en otras zonas

del sur de EEUU. Es curioso cómo se presenta siempre en el cine este lugar. Me vienen a la mente películas dispares, pero todas transmitiendo la misma sensación de asco, hastío, aburrimiento y mierda seca de vaca muerta. La Frontera (1982), con Jack Nicholson, fue un fracaso pero hay escenas de soledad y cansancio vital muy logradas. Todo ello con excepcional banda sonora de Ry Cooder y su temazo ‘Skin game’ sonando en los putiferios clandestinos mexicanos. También recuerdo ‘Paris, Texas’ (1984), de nuevo con Ry Cooder dando mal, esta vez con la que luego fue sintonía de Documentos TV. Qué decir de esta obra de Wim Wenders con guión de Sam Shepard. Es la mortificación en vida sureña por excelencia. Así como la obra de Sheppard, donde sus ‘Cuentos de motel’ nos pintan un panorama del sur que ríete tú de atravesar Despeñaperros en alpargatas y sin botijo. Del mismo modo que ‘Don´t come knockin’ o la muy reciente ‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’ que al verla tiene uno la sensación en el paladar de que está tragando arenilla. Así que ya tenemos una película que transcurre despacio en un lugar donde no pasa el tiempo. Buena mezcla. Pero hay una vuelta de tuerca más. Fase gustativa: Café, cueros, carnes animales, ligera nota de fresa y licores Porque resulta que ‘No country for old man’ trata de un tipo al que los tiempos le han dado una patada en el culo y le han sacado de la circulación. Los monólogos que se marca Tommy Lee Jones, el sheriff, en este sentido, son un tanto difusos y no invitan ni a tratar de averiguar qué está filosofando exactamente, pero hay diálogos morrocotudos, como el que tiene con un compañero que se pregunta: “Tanta libertad… adónde nos ha llevado”. Y el sheriff contesta: “Todo se acaba cuando se deja de decir señor y señora a los demás (aprox.)”. Al final, queda bastante claro que esta entrega de los Coen añade a su colección de personajes un tipo a medio

camino entre la policía de ‘Fargo’ –patidifusa ante los acontecimientos, frente a la codicia, egoísmo- y ‘El hombre que nunca estuvo allí’ dado que este sheriff tiende a dar con la clave del meollo dos décimas más tarde de lo necesario para llegar a tiempo. Es ‘El sheriff que nunca apareció a la hora’. La pena es que la escena clave de todo el asunto queda un tanto deshilachada. Caben demasiadas interpretaciones. Hay una moneda en el suelo (que algunos de los que se han aburrido ni han visto) de la que se pueden deducir bastantes cosas. Igual se trata de arte puro, del puro, puro. En cualquier caso, merece mucho la pierna. Aunque, a partir de ahora, toda película fronteriza que no trate sobre lo alegres y dichosas que son las gentes de la zona así como de lo preciosa y bucólica que es la vida en un lugar tan hermoso, será tachada de hez por mi persona. A recordar: la persecución con perro por el río.

Rajoy, arrodíllate ante el altar sagrado de la Patria
¿Que el desfile de los Ejércitos sudamericanos, extremeños, andaluces y gallegos de España es un coñazo? ¿Y lo dice un tío al que le encanta el ciclismo? No puede ser verdad, pero lo es. Se trata de la cagada del siglo. El año pasado te montas un vídeo con rojigualda como si fueras el Monarca, quizá cogiendo del suelo el papel de Padre de los españoles de bien, para vender que el Día de la Hispanidad el aire es más limpio, el sol más brillante y las erecciones duras como el granito, y ahora te cazan mofándote del asunto en perfecto castellano. Pobre hombre. Hasta aquí bien. Esto hay que decirlo. Ahora vamos a apuntar el Kalashnikov hacia el resto de hipócritas e hijos de puta que pueblan generosamente nuestro país, que hoy celebra su onomástica y todos sin excepción sentimos un orgullo inabarcable. Para no dar bandazos con el arma. Los del propio PP. Si esta pillada sorprende a un líder de la presunta izquierda, valga como ejemplo el presidente del Gobierno, hoy antes de izar de la bandera se empala a Zapatero en el mástil. Claro que ¿quién es el PP, qué ideas tiene esta gente? Nos llevamos las manos a la cabeza por el ‘coñazo’, pero luego estamos titulando entre risillas que UPN va a votar los presupuestos ‘de la crisis’. La crisis, por cierto, es algo que no existía, en palabras del presidente del Gobierno y su ministro de Economía, pero en el contexto internacional es ni más ni menos que ¡la mayor de toda la historia! y en el particular de nuestro país aunque sólo sea el número de parados diario pone en evidencia que nos estaban llamado tontolhabines.

Y no será por falta de mierda. También este fin de semana Gallardón ha prohibido los hombres anuncio en Madrid. Al regidor le hace daño a la vista la situación miserable de estas personas (600 pavos al mes, las hay más miserables y pagadas por la Administración y todo) y como una especie de emperador romano tumbado en el diván dice vagamente entre uva y uva: ag, que los quiten de ahí. Ya se lo comentaba Susanita a Mafalda hablando sobre la horrible visión de un mendigo: alguien debería hacer algo, bastaría con que los escondieran. Como a los sindicalistas. Al consejero de Sanidad de Madrid le parece que protestan por dinero. Aquí no hay hipocresía. Es sinceridad brutal. Es ni más ni menos que el concepto que tiene este tipo del Estado y la democracia. Ellos protestan por pasta, igual que tú estás ahí por pasta. Expresarse, se expresa como una inocente criatura. Es un antisistema. Habría que ilegalizarle como a Batasuna e invitarle a cenar con Savater y Rosa Díez. En fin, que si esta tontería de Rajoy fuese la cosa más hipócrita del mundo ¡qué mundo más bonito! Anda y que no habremos dicho cualquiera de nosotros una y mil veces ‘qué coñazo, tengo que hacer no sé qué con mi vieja’ y si nos viera la buena mujer por un agujerito se pondría a llorar, pero nosotros sabemos que estamos hablando al pedo. Que son formas de expresarse en la lengua que, dicen, tiene más tacos del mundo. Es lírica, nada más. Los Chunguitos también habrán dicho alguna vez que su padre es un ‘coñazo’, pero luego compusieron ‘la medalla de mi papa’ que quien no llore con eso no es hombre y si es hombre no es español. Quién en su sano juicio va a pensar que Rajoy le va a decir a Arenas ‘estoy muy emocionado, deseando de ver el desfile mañana porque me llega muy jondo todo este numerito’. Son personas adultas y con cultura que respetan a la Patria y su cumpleaños, pero que si tienen que estar todo el día haciendo el paripé, pues se cansan.

Es muy injusto que se vilipendie a Rajoy por esta gilipollez. Mariano, si necesitas que alguien te abrace esta noche y te dé besitos en el cuello, aquí tienes mi e-mail. Lo haremos ¡por España!

El puto negro
Estados Unidos, en su afán por seguir los dictados del cine, ya tiene un presidente negro. En su día se empeñó en tener una catástrofe espectacular y tuvo el 11-S (por cierto, que ha muerto recientemente el pionero de la idea, Nikola Kavaja, serbio, que en 1979 quiso estampar un Boeing 707 en los cuarteles generales del Partido Comunista de Yugoslavia y desistió porque se dio cuenta en pleno vuelo de que no sabía dónde estaban) ahora, tras cientos de miles de jueces negros en la tele, como el de ‘El Príncipe de Bel Air’, y algún que otro presidente en el cine -siempre en contextos muy particulares ya sea por el propio título ‘De incompetente a presidente’ o ‘Idiocracia’, o por la temática, ‘Deep Impact’, el fin del mundo ni más ni menos-, el caso es que de una vez por todas los estadounidenses tienen como presidente a un moreno. La euforia con la que el planeta ha recibido su victoria puede que ponga de moda postular candidatos de minorías con orígenes exóticos a las elecciones. Quién no vota ya por un transexual brasileño como Mister PESC. Además, países como el nuestro cuyas gentes miran a EE.UU. con condescendencia porque a estas alturas de la vida no se puede ser tan racista como los yanquis, podrían quedar retratados. Presenta un candidato gitano a la presidencia del Gobierno de España, ya verás qué bien le va. Todavía hay que esperar, eso sí, a que no le maten. Haciendo uso del célebre libro ‘No pienses en un elefante’, parece que la prensa estadounidense ha hecho cuentas y ha calculado los ingresos que le supondrían las tiradas del día posterior al asesinato del presidente, a la vista de los ríos de tinta que ha gastado en darle vueltas a un hipotético magnicidio.

A la espera de que esto suceda, por ahora lo que hay que reconocer es que Obama viene pisando fuerte. De entrada, ha conseguido que la prensa mundial, El País en España por ejemplo, rescate del olvido un estilo periodístico en desuso, el de la Europa de Entreguerras y fascismos, donde inolvidables próceres de la política llegaron al poder gracias a artículos de pseudo información en los que se destacaba su “magnetismo personal”, “enérgico y convincente discurso” y demás formas de adjetivar muy lejanas de lo que tiene que ser un periodismo pretendidamente veraz. Porque Obama todo lo puede. Ha logrado también que Esperanza Aguirre cambie su opinión sobre él en cuestión de quince días, como percibió la Cadena Ser y su hemeroteca, o que sujetos como Gustavo de Arístegui se laven la cara en público impunemente disfrazándose de persona al decir cosas como que le daba miedo que una mujer como Sarah Palin llegara al poder por haber manifestado que la guerra de Iraq es una “guerra de Dios”. Gustavo de Arístegui, el hombre que paseó el PP por todas las televisiones de España a vender las ‘verdades como puños’ que justificaban la guerra pornográfica que nuestro Gobierno quería alentar y con la que cooperó. Sin embargo, no todo el mundo ha recibido al nuevo presidente estadounidense con los labios menores abiertos de par en par. Otro hombre del que su prensa afín también subraya su gran “magnetismo personal” y “enérgico y convincente discurso”, el Comandante Fidel Castro, ha advertido de que el negro será igual de perro que el resto de presidentes del Imperio. No se pueden adelantar acontecimientos, pero para que Fidel no lleve razón, Obama tendrá que jugar todo un papel. Un papelón, porque tiene el Imperio hecho un bardal. Para empezar, su propio país, que este fin de semana, en elocuente alegoría, ardía por un costado. Obama tendrá que hacer frente a las consecuencias de la eclosión

simultánea de unas cuantas decenas de Rumasas. La célebre crisis de las subprimes y los miles desahucios, paro y caída en cadena del entramado financiero del país. No tendrá muchos problemas porque cuenta con el dinero de todos los contribuyentes y el consejo de José Luis Rodríguez Zapatero, quien invitado por el ex ultra capitalista, de los ya extintos desde hace sólo meses de llamar pan al pan y al vino, vino, Sarkozy, ha acudido a la cumbre del G-20 ha explicarle al mundo las ideas del delfín de Mariano Rubio. Otro que ha acudido a salvarle los muebles al Imperio ha sido Bernat Soria. El tema de la Sanidad en Estados Unidos ha sido un asunto de gran protagonismo en los programas de ambos candidatos. Y lo hubiera sido quince años atrás de no haberle callado la boca Clinton a su mujer en su día, que ya advirtió que el sistema que tenían era muy problemático y su transformación quiso que fuera el eje de su primeradamismo. Lo que se desconoce es de qué sistema sanitario de los diecisiete que hay en España les habló el ministro cuando acudió a dar su famosa conferencia el 17 de octubre. Tal vez del de Madrid, vendido en el Rastro por cuatro pesetas, tal vez del gallego, volviéndolo a comprar por un pastizal después de que fuera parcialmente privatizado. Pero lo cierto es que no importa cuál eligiera, porque Estados Unidos ya cuenta con el mejor del mundo. De hecho, no hacía falta que Michael Moore en su documental ‘Sicko’ se fuera a Cuba a sacar un hospital para dirigentes del partido y el Ejército, detalle que omitió –a los que va el pueblo que es gobernado por sí mismo en la dictadura del proletariado carecen en muchos casos de lo más elemental, como que tienen las agujas romas, y no es una hipérbole-. Estados Unidos cuenta con un modelo sanitario ejemplar, la red de hospitales de veteranos. Es un sistema que se basa en el principio de equidad con una financiación pública y centralizada cuya relación coste / eficacia es tan favorable al paciente que

perfectamente se podría aplicar a escala estatal –en un cuento de hadas, claro, no con el negocio asistencial como sexta parte de la economía del país-. No difiere mucho de lo que quiso implantar en España Ernst Lluch con la Ley General de Sanidad del 86, un modelo que nunca se ha llegado a desarrollar del todo y al que la ley del PP del 97 ha dejado a merced del negociete, por muchos tocamientos que se quiera hacer Bernat Soria al explicar nuestro sistema como cuando defienden los franquistas la Seguridad Social o taller de reparación de obreros de José Antonio Girón de Velasco como si fuese la panacea de la filantropía. No obstante, que nos perdonen los estadounidenses si decimos que sus problemas internos nos importan una mierda. La trascendencia de la llegada de un abogaducho negro a la Casa Blanca depende sobre todo de la línea que lleve su política exterior. Teniendo en cuenta que la consigna que ha imperado hasta hoy ha sido la de ir por ahí prendiendo fuegos, de nuevo nos encontramos con otro papelón. El incendio más reciente, relacionado con la propia campaña electoral por Putin, el de Georgia. Todavía nadie ha aclarado cuánta información tenían los rusos sobre el ataque que desencadenó Georgia contra Osetia del Sur. Pero lo que está claro es que el aliado de EE.UU. era Saakashvili, que atacó él y que el número de víctimas civiles que ocasionó en una mañana no anda lejos del que se imputa al súper villano Karadzic. Por mucho que los georgianos lograran situar su problema con nuevos países de nombre extravagante en todos los informativos occidentales, el resultado a quien ha terminado favoreciendo es a Putin. Si no, la prensa afín no se hubiera apresurado a decir, después, que resulta que en Abjasia y Osetia está el dinero de todas las mafias del mundo. Si quieren, miramos de quién es el que hay en Suiza y las Seychelles.

Además, si se tratase sólo de eso, difícilmente Estados Unidos apoyaría al mayor gobierno de terroristas que hay en el mundo, que es el de Kosovo. Financiado gracias a, entre otras actividades, el robo en España, y temas como el que levantó Carla del Ponte en su obra de corte garzoniano, ‘La Caza, yo y los criminales de guerra’, sobre el tráfico de órganos con prisioneros serbios –con desaparición física de los testigos, según Der Spiegel hace unas semanas-. Pequeños detalles que dan una idea de lo que hay ahí montado con la anuencia del Imperio y sólo tres españoles: Ibarretxe, Carod Rovira y Javier Solana. Lo gracioso del asunto es que todos estos son problemas menores. Así como es una minucia que Rwanda, aliado de Estados Unidos e Inglaterra, esté armando y financiando a un tío encargado de que vuelva a bajar el precio de los móviles y la Play Station, es decir, invadiendo El Congo. Del mismo modo que provocar una guerra civil en Bolivia es un asunto secundario. Además aburrido ¡se ha miccionado tanto sobre Sudamérica de esta forma! O el muy mediático –con Miguel Bosé muy concienciado- del Tibet, donde por muchas arbitrariedades que hayan podido cometer los chinos, el conflicto a sangre y fuego hunde sus raíces en el día en el que, vaya, los estadounidenses armaron a un cacique local con ínfulas. Y no es una frivolidad situar en segundo plano todas estas disputas que llevan la firma de la Casa Blanca en letras de oro. Es inquietante, porque el problema de verdad al que tendrá que enfrentarse el Amo del Mundo está en Pakistán. Se vende Irán como amenaza espantosa de nuestro tiempo, pero no lo es. A este país se le está vejando con el tema nuclear como excusa. Todos los países tienen derecho a emplear la energía nuclear con fines civiles. Si se quiere evitar que termine fabricando armas nucleares, se le ayuda y se le supervisa, no se le acosa. Y además, no se venden motos. La imagen de Irán como un conjunto

de barbudos muy peligrosos y muy cabreados no es sino un producto de la conciencia de Estados Unidos. Hay que pensar que si te cargas una democracia con su presidente electo incluido para colocar en el poder a un genocida, y el pueblo consigue derribarlo con los cojones necesarios como para secuestrar una embajada, un casus belli, para exigirte que les devuelvas al genocida, al cual tu dispensas una lujosa jubilación, que lo quieren juzgar por, tal y como relató a LPD el enviado de Televisión Española a la Revolución iraní, detalles como llenar camiones de gente, adultos y niños, para volcarlos y ametrallarlos en cantidades industriales, para después apoyar a Iraq quien tuvo la feliz idea de invadirlos en una guerra de ocho años, pues es normal que pienses que pueda que estén cabreados. Sin embargo, así las cosas, no consta que ataquen a nadie estas buenas gentes, los persas. Otro doble rasero. Porque a Pakistán, que sí que tiene armas nucleares, y también son barbudos, se le apoya y se le mima. No obstante, no debe haber en el mundo ahora mismo un país donde mayoritariamente la población odie más a Estados Unidos que en Pakistán. Un estado con unos desequilibrios internos impresionantes, regiones enteras sin control del Gobierno, y lo más grave de todo, una pirámide de población amplia en su base como pocas. Esto es, un paro a la vuelta de la esquina tremebundo. De que Obama no se comporte como un pirómano en este polvorín por vaya Usted a saber los intereses de qué colega del colegio ahora en no sé qué consejo de administración, dependerá en buena cuenta que las esperanzas creadas en torno a la figura de este presidente salvador del mundo no se queden en lo mismo que se ha escrito sobre él hasta encumbrarle: humo.

Clever & Smart
En La Vanguardia de ayer, Rafael Poch, ex corresponsal en la RDA, en Moscú y en Pekín, ahora de vuelta en Alemania, escribía sobre la detención de tres espías alemanes en Kosovo. Al parecer, habrían colocado una carga de 300 gramos de TNT en una sede europea. En el momento de su detención cinco días más tarde, uno de ellos estaba sacando fotos de los destrozos. El muy GAL acontecimiento tiene lugar en el momento en el que las autoridades de Pristina ven que, por culpa del veto que ejerce Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que se les viene encima es una misión, la EULEX, que no tendrá por qué funcionar de acuerdo a la Constitución y leyes kosovares, o al menos no lo hará ni de coña en los territorios de mayoría serbia. Es decir, que la comedia del nacimiento de un nuevo país de la pasada primavera se empieza a dejar ver, junto al Plan Ibarretxe, en las casetas de libros de segunda mano de la Cuesta Moyano. Un lugar donde no figura, por antiguo que sea, ‘El amigo americano’ de Graham Greene, obra de gran actualidad pues, según sugiere Poch con una inocente pregunta al final de la noticia, cabe preguntarse quién ha puesto tras la pista de los agentes alemanes a las autoridades kosovares. Mientras pensamos sobre el particular todo intrigados, la región no dejará de ser noticia, porque ahora resulta que los serbios tienen un gobierno que no es nada malonchi, es plenamente colaborador con la UE y aspira a formar parte de ella, y este verano ha quedado acreditado que Rusia no se deja tocar las pelotas, así como que la presidencia de la UE, en aquel momento de Sarkozy, con el tema de Abjasia y Osetia sólo pudo hacer como que se ofendía mucho y rogar disimulo a Putin y compañía,

quienes, por otro lado, vuelven a jugar estos días con la llave del gas, un producto que por lo que sea, en cualquier época, siempre terminamos asociando al interés alemán, como las salchichas y el techno pop. De modo que todo esto del falso atentado contra intereses europeos en Kosovo descubre una incógnita aún mayor: si lo de la bomba es una oportuna pero casual chapuza de tantas que se dan en todos los servicios secretos del mundo, o si la UE o su cabeza, Alemania, tiene una legitimidad tan mierdera que no puede ni imponerle una mierda a una puta mierda de pseudo país y se ve obligada a mierdearle con una mierda de este calibre.

Me llamo Harvey Milk
Una trampa de lo más mezquina con la que se presentan los llamados biopics es hacer de la película una bandera hasta el punto de lograr que una crítica a la misma se convierta en un reproche al personaje. Es decir, que si no te gusta ‘Milk’, eres un fatxa. Esto no puede ser. Es una puerta abierta al todo vale. Por eso vamos a demostrar que ‘Milk’ es una puta mierda como el sombrero de un picador sin injuriar ni faltar al respeto al colectivo de invertidos que con sus abyectas prácticas sodomitas contrarias al derecho divino y la natura acentúan el calentamiento global y desequilibran la gobernabilidad en Gaza y el País Vasco. El título En primer lugar, y como es costumbre en nuestro estadio cultural, las primeras palabras de la reseña son para el censor que ha traducido el título al español. La cinta en inglés se llama ‘Milk’, apellido del protagonista y que tal vez, a mí no me consta, tenga algún doble sentido en la jerga gay incluso al margen de lo primero que se nos viene a la cabeza cuando en el campo semántico del sexo masculino leemos ‘leche’. El censor ha optado por ‘Mi nombre es Harvey Milk’. Probablemente sea una forma de decir a los incultos y temerosos de Dios españoles de a pie que ese ‘Milk’ a secas no se refiere a una película sobre la leche, sino que es el nombre de un sujeto extranjero con sus aventuras y desventuras al margen de las directrices de la comisaria de Agricultura de la UE. De lo contrario, si en la cornisa cantábrica el título original atrajera a las salas a los recios varones del Norte que trabajan en el sector de los productos lácteos y a los tres minutos lo único que se hubiera visto fueran caballeros besándose con lengua, las consecuencias podrían ser irreparables. Bien travestido el

título pues, en este caso. El protagonista Hace unos meses una noticia ridícula se coló en la actualidad. Madonna había recibido un sms de un ex que le contaba que por fin había besado a un hombre. Eran Sean Penn en el rodaje de ‘Milk’. El actor decía que no sabía el porqué, pero que en su primer beso con un tío se había acordado de ella. Es bien sabido que la ‘Ambición Rubia’ tiene bigote, pero lo más seguro es que ésta le viniera a la mente a Penn por otros motivos. Si bien Madonna no es un icono gay propiamente dicho, sí revistió sus obras en los noventa de una ambigüedad sexual tanto masculina como femenina dando a entender algo del tipo de que, si eso era el videoclip para Los 40, en su vida privada participaba en orgías donde lo más soft era sorber células madre de la cabeza de embriones como si fueran gambas al estilo de cierto cuadripléjico en South Park, primero para andar y luego para colocarse. Sean presumía: yo ya soy un poco más como tú. Sofisticado y señorial… No obstante, lo que hay que subrayar en el sucedido no es que Sean Penn sea gilipollas, sino que nunca había besado antes a un hombre con la edad que tiene. Una situación que sólo puede explicar el hecho de que en Estados Unidos nunca han celebrado la victoria de su país en una Eurocopa. Y en lo que al marketing de la película concierne: él por fin ha besado a un varón, por medio de una mujer que es todo un reclamo mediático mundial nos hemos enterado meses antes del estreno y la expectación no ha podido ser mayor… en su casa, vaya por Dios. Película tan fallida como su campaña viral Si la cinta ha llegado con una polémica que permanece apilada en una montaña de papelajos y revistas en la

Oficina de Crispación del Vaticano, el contenido, como es de prever, sigue esa línea anodina. Y eso que el problema no está ni en su protagonista ni en su director, Gus Van Sant, que llevaba unos años ‘experimentando’ en su obra; el problema es que esto no es una biografía. La historia sólo cubre los años que el personaje pasó en San Francisco, que fueron los de su actividad política: la película es más bien un telefilm. Tal vez sea por la fuga de talentos del cine a la televisión, o por las huelgas de guionistas, el caso es que para rodar ‘Milk’ lo que parece que se ha hecho ha sido imprimir la entrada correspondiente de la Wikipedia y entregársela al director: aquí tienes el guión. El dossier promocional habla de un trabajo exhaustivo de documentación y entrevistas con los conocidos del difunto protagonista. Lo cierto es que es difícil apreciarlo. La faceta íntima no pasa de un segundo plano. Y en cuanto a la época, la sociedad del momento y el lugar, no era necesario retratar el San Francisco hippy y contestatario de los sesenta y setenta, ni sumergirse en las profundidades de su mundo gay como en ‘A la Caza’ de Al Pacino para hablar de la cultura homosexual, pero no hubiera estado de más un poco de contexto del dónde y el porqué. Cuando menos, algo. Esa ciudad en esa época era un pastel muy grande como para que te den sólo la guinda -o te metan la puntita, más propiamente dicho. Porque si se renuncia a la vida personal del protagonista abordándola sólo tangencialmente e inventándose por qué terminó en esta ciudad (llegó con el musical ‘Hair’, dice la Wikipedia, donde trabajaba su novio quien le abandonó para irse a Nueva York con otra gira obra cumbre de la civilización, ‘Jesucristo Superstar’), si también se pasa del ambiente, si lo único que queda en la cinta son los tira y afloja de su vida política, si para más inri las imágenes reales se toman prestadas de un

documental sobre el pensamiento y el tiempo de este político, si ese documental encima recibió un Oscar en 1984, la pregunta es: ¿para qué cojones haces una película y por qué no te limitas a reeditar el documental con subtítulos en español, por ejemplo- y te guardas la pasta para algo más interesante y/o novedoso? Como respuesta, podría pensarse que este proyecto estaba relacionado con la legalización del matrimonio gay en California y su marcha atrás en un referéndum celebrado el mismo día de las elecciones. Un derecho que Terminator concedió por decreto a principios del año pasado a la vista de los pingües beneficios del turismo que generaría convertirse en el único territorio donde podían casarse los homosexuales de Estados Unidos, según expresó el propio gobernador republicano. Algo como Las Vegas para los rockeros. Una decisión que condiciona los derechos de las personas a su cotización en el mercado, ya ves, mientras nosotros que somos mucho más listos discutimos si debe haber crucifijos en las aulas. Sin embargo, el proyecto es anterior. Es una iniciativa del guionista, sus cojones y su tarjeta de crédito. Un, digamos, capricho. Bien por él, pero Usted repase con detalle la cartelera antes de tragarse lo que bien podría emitir Antena 3 a las cuatro de la tarde, o el Digital + ahora que ya se le caen hasta las películas que lleva repitiendo inmisericordemente desde que dio sus primeros pasos. La autocrítica checoslovaca Por lo demás, al margen de la lucha de este héroe americano, esas imágenes rescatadas del documental en las que aparecen sujetos defendiendo el despido de los maestros homosexuales de las escuelas porque en su opinión pretendían reclutar a los críos para su tendencia sexual, imágenes cuyo impacto actualmente no será distinto del que sientan los que vean dentro de unos años a quienes hoy creen que un matrimonio entre personas del mismo sexo atenta gravemente contra su familia por

motivos etimológicos; al margen de todo esto, hay que afirmar sin vergüenza que a Harvey Milk había que pegarle un tiro. Porque a este hombre no le mataron por homosexual, lo eliminaron por enemigo de la clase obrera. La dialéctica marxista-leninista no ha resuelto aún si la homosexualidad es una frivolidad burguesa, pero sí que ha dejado claro que los padres tienen que dar de comer a sus hijos y que si para hacerlo tienen que emplear la huelga revolucionaria, están en su legítimo derecho. En el Ayuntamiento de San Francisco habían recortado los sueldos. Por esta causa, Harvey Milk tuvo que cerrar su tienda de revelado fotográfico, un negocio capitalista y pequeñoburgués (los retratos familiares son contingentes, pero también una necesidad resuelta gracias al duro trabajo de los camaradas ilustradores del realismo soviético, mientras que el resto de imágenes indispensables para la colectividad ya las difunde el partido, vamos, que eso de ir por ahí cada uno sacando las fotos que le da la gana es un libertinaje intolerable), pero otros empleados del consistorio, como Dan White, interpretado en la película por el bigote de Josh Brolin, no tenían tejemanejes con plusvalías, y con la medida directamente se quedaron sin poder alimentar a su familia. Como protesta, el camarada Dan -mal apellido White para un comunista- inició una huelga revolucionaria. Al término de ésta, al querer volver a su puesto, resulta que Milk había malmetido para que el alcalde lo impidiera y nombrara, en su lugar, a alguien sin bigote. El camarada White, conforme se enteró, pasó a la lucha armada y perpetró el magnicidio llevándose por delante al alcalde Moscone y al supervisor Milk, protagonista del drama, a balazos. Acción directa, se llama. Dicho lo cual, desde estas páginas no podemos sino comprender, que no, nunca, compartir, la conveniencia de la eliminación física de un objetivo militar de la lucha

armada revolucionaria del proletariado internacional.

Gran Torino
En España ocurre continuamente. Matrimonios que parecían ejemplares, que ya iban para las bodas de oro, de repente se rompen. Él ha conocido a una rumana de veinte añitos. Sabe que no le queda mucho tiempo en este mundo en plena posesión de sus facultades sexuales y prefiere tirar toda su vida a la basura por volver a sentirse pecho palomo. Lo que pasa es que la rumana no es tonta, sabe cuidar de lo suyo y el día en que el hombre muere trágicamente de un infarto mientras hacía footing con sesenta y seis años, los hijos de este buen señor se enteran de que la amante hereda el piso en la Castellana y la casa en Mallorca. Así es la vida. Y de esto va, más o menos, la última película de Clint Eastwood, la cual, por cierto, es una puta mierda de solemnidad. Lo mismo que Victoria Abril hacía siempre papeles de putita, Sean Penn de llorón y Juan Diego Botto de robot de teleserie de los años sesenta, hay que irse acostumbrando a que, hasta que se muera, Clint Eastwood represente papeles de tipo duro, solitario y cascarrabias que en el fondo tiene un corazón de oro. En este caso se trata de un hombre blanco occidental de religión cristiana. Esto es, un señor que, al cumplir cierta edad, al contrario de lo que hacen otras razas más evolucionadas como los gitanos, es abandonado por sus hijos o directamente escondido en una residencia para mayores. El personaje de Clint soporta esta dicha con estoicismo aunque la mala leche acumulada hace que a veces lo pague con los demás. Si los demás pertenecen a otra etnia, pues mucho más fácil. Porque Clint nunca negociaría con ETA. Está enamorado de su coche, le gusta ver deportes por la televisión pillándose un cieguete así suave para irse a la cama y sobarse conforme toca la almohada con la nuca, defendió

a su nación en una guerra y escupe sobre el pavimento porque vive en país libre. No obstante, hay que subrayar que, aunque nunca se siente a hablar con terroristas, no es un ciudadano de bien completo. Tras la muerte su esposa, insulta reiteradamente a un sacerdote católico que se ha propuesto conseguir que se confiese. Incluso, en una ocasión llega amenazarle de muerte si vuelve a presentarse en su casa a molestarle y hacer juicios morales sobre su vida. Una actitud la de Clint en este punto sumamente totalitaria y que atenta contra la libertad religiosa de ese cura a acosarle día y noche. Al margen de esto, otro problema que tiene Clint es que sus vecinos son coreanos y montan fiestas en las que se reúnen treinta y tantos a beber y cantar. Él los conoce muy bien. Luchó en la guerra de Corea y tuvo que matar a unos pobres soldados desarmados. Por lo menos eran soldados, que en el puente de No Gun Ri el ejército americano lo que se cargó fueron civiles y a conciencia. El caso es que esta visión le acompañará toda su vida y la culpabilidad bla, bla, bla… Así que está hasta la polla, pero todo cambia cuando conoce a un coreanito guapetón de dieciocho añitos. Al chico resulta que le persiguen unos pandilleros. Clint sabe muy bien por lo que está pasando el chaval porque a él le ocurre lo propio con el sacerdote católico. Se solidariza y aleja a esos indeseables de su retoño por la vía rápida. Primero aplica los nudillos en lo que viene siendo las fosas nasales y después, como se le ponen kie, les amenaza con armas de fuego en plena rue a lo demócrata de toda la vida. El chico se enamora y al día siguiente se presenta en su casa y le dice que si puede hacérselo gratis. “¿El qué?” -pregunta Clint- “Lo que quieras, cualquier cosa” -replica el chapero. Luego, para narrarnos el romance, el célebre director estadounidense abandona el tono trágico presente hasta ese momento en la cinta y entra de lleno en su género

favorito: la comedia disparatada. Diferentes gags se sucederán hasta el final de la película, cuando se lee su testamento y le ha dejado todo lo bueno a su amante oriental ante la sorpresa de sus hijos y nietos, que son los típicos que en los entierros están de risas mandado sms a sus colegas, les cuesta soportar la frustración y se quedan superplof. Una basura infecta de película que deja a ‘Karate Kid’, por poner un ejemplo, a la altura de ‘A años luz’ de Alain Tanner en lo que a películas de viejos con jóvenes díscolos se refiere. Sólo uno de los gags tiene cierta gracia. Cuando le deja el perro a los coreanos para que se lo cuiden y no sabemos nada hasta que, justo antes de salir los créditos, nos lo vuelve a enseñar en un plano para que veamos que no se lo han comido. Todo un carrusel de emociones ese cuarto de hora sin saber qué habrá sido del can.

Michael Jackson, juguete roto y destartalado
Para no perder las costumbres de esta casa, cuando se trate el tema de Michael Jackson, lo haremos a la par. Como aquellos debates del Informativo de Telecinco con Losantos y Carnicero. Manolo, te voy a hacer una autocrítica. The Sun publicó ayer que el cuerpo del cantante pesaba 50 kilos, estaba calvo y su cara era una especie de plástico derretido lleno de cicatrices. Cualquiera diría que el cadáver era el de Darth Vadder fuera de su traje. Pero no, era el de Michael Jackson. Un hombre que fue alternando raza y sexualidad a su antojo y golpe de bisturí. Caprichos muy contemporáneos de los que muy pocos se libran en una comunidad donde la gente se presenta en sociedad con una tableta de abdominales, un tatuaje en el cuello o dos tetas firmes, pero de piedra. Población poligonera sí se quiere, pero que levante la mano el intelectual de izquierdas librepensador que no se inquieta en abril cuando ve que llega al verano con un michelín más que el año pasado. En éste como en tantos otros aspectos, Michael Jackson fue el futuro. Fue el ahora. Veámoslo bajo el prisma de la Historia: República Federal Alemana, leo en la hemeroteca de El Pais: “Erich Honecker parece tener a sus principales enemigos en casa. Solo así se explica la violenta intervención de la policía contra periodistas occidentales en la víspera de la Conferencia Internacional sobre Zonas Desnuclearizadas que el líder alemán oriental ha auspiciado y organizado para mayor prestigio internacional propio y del régimen

que dirige desde 1971.Honecker invita a más de mil personalidades políticas a Berlín Este para dialogar sobre desarme y distensión. Las autoridades conceden todas las facilidades para asistir a la misma a la prensa occidental. Horas antes de comenzar la reunión, periodistas occidentales son apaleados por asistir a una concentración de jóvenes que intentaban escuchar un concierto de Michael Jackson que se celebraba junto al Reichstag, el antiguo Parlamento alemán, al otro lado del muro”. El incorrupto líder de la RDA debió pensar para sus adentros: “Esto es lo que quiere la juventud; no quiere lucha de clases, no quiere materialismo dialéctico: quiere pop ecléctico y bailongo”. A ver quién, a la vista de lo que nos rodea, tiene cojones de rebatir este argumento. Y lo que vino después también lo explica su propia vida. Michael Jackson viajó a Hungría a grabar un vídeo donde liberaba a la infancia del Ejército Rojo. Acudió con su esposa Lisa Presley. A la que presumiblemente ni tocó (Se casaron en Guatemala en una ceremonia de quince minutos) pero con la que reunió la suma de derechos de autor más importante de la historia: el catálogo de Elvis y el de los Beatles. Pregúntenselo a Sir Paul, que tuvo que pagar en una gira americana por tocar las canciones que él mismo había compuesto. En Budapest conoció a un niño al que le hacía falta un hígado. Le gustó mucho su mirada. Más que la de otros niños que también necesitaban atención médica, que igual tenían mirada esquiva, torva o desconfiada. Este chico, en cambio, no. En los videos caseros de Michael Jackson que él mismo publicó para que se conociera mejor su faceta personal, se ve que el crío tiene unos ojos negros profundos, melancólicos y enormes. La fundación de Michael movió cielo y tierra para encontrarle un hígado. No se sabe ni dónde ni cómo, pero lo consiguió y el chico

sobrevivió. En los citados videos caseros se le ve años después en una fiesta con la mirada ahora desorientada y temerosa de Dios, pero vivo. Gracias a este tipo de actuaciones de corte liberal, centrista y democrático, consiguió gran celebridad en los países ex comunistas. Cuando viajó a Rumanía se hospedó en la residencia de verano de Ceaucescu y durmió en su misma cama. El problema es con quién. Evangelio según El Mundo, 1994: “La investigación de la policía rumana para estudiar la relación entre el cantante estadounidense Michael Jackson y un niño vagabundo durante su estancia en Bucarest fue declarada cerrada para evitar comprometer la imagen del presidente rumano, Ion Iliescu. El diario Romania Libera, de la oposición, indicó ayer que «altas personalidades solicitaron el cierre de la investigación para evitar así comprometer al presidente Iliescu», quien en 1993 anunció que apoyaría la candidatura de Jackson al premio Nobel de la Paz”. ¿No es todo rabiosamente contemporáneo? Luego están los fans. Gente que se ha comprado un billete para ir a Estados Unidos a deambular por ahí alrededor de su entierro y demás historietas. A mí me recuerdan a la película y obra de teatro de los setenta ‘Equus’. Un padre sustituye el retrato de Cristo que había en la habitación de su hijo por el ordinario cuadro de un caballo -como los que adornan el recibidor de múltiples portales tó de marmol levantados en Madrid durante el tardofranquismo- tras una discusión con su mujer, fanática religiosa. El chaval entonces pasa de adorar al malogrado hijo de Dios a creer en los caballos como figura religiosa. Un absurdo, pero al psiquiatra que lo trata le da pena devolverle a la realidad. Le da envidia ese chico que cuando monta a caballo desnudo por las noches tiene la certeza en sus adentros de que se está acostando con su Dios. ¿Qué puede igualar sentir algo

así? A mí también me dan envidia los fans de Michael Jackson. Igual que a cualquier ateo, supongo, la tranquilidad con la que mueren los verdaderos creyentes que entienden que irán a un reino infinito y maravilloso donde un ser todopoderoso les acogerá en su seno como hijos suyos que son. Qué pasote. También está el legado. Los hijos y padres de Michael heredan una deuda millonaria y unos derechos de autor de aúpa. Están prácticamente obligados a vender. Algo que ya ha tenido que desencadenar guerras secretas. Estará Lobezno y Daredevil por ahí dándose de hostias en la Antártida con el Doctor Octopus y Magneto por este motivo. Apasionante. Y todo esto por qué. Es acaso el mundo gilipollas. No, todo esto, sencillamente, llega a mi entender por un detalle ‘tan nimio’ como los arreglos que hizo Quincy Jones en ‘Off the wall’ y ‘Thriller’. Un escenario único e inigualable para que un bailarín genial y excéntrico se convirtiera en Dios. Así son las cosas en el planeta Tierra. Cuando uno escucha el perfecto y sintético maridaje de ritmo y melodía de ‘Don´t stop until you get enough’, los primeros compases de ‘Thriller’, ‘Beat it’ o ‘Billy Jean’ se encuentra ante algo tan rabiosamente estimulante e inmortal como las cuatro notas de los estribillos de los Beatles, los riffs de Chuck Berry o la energía de Little Richard. La conclusión es que cuando el hombre alcanza tales cotas de genialidad, desencadena la locura. La civilización se derrite abrasada por el talento. Por eso, después de dos décadas en las que se han vertido toneladas de mierda sobre la figura de Michael Jackson, lo menos que se puede hacer cuando el personaje que nunca llegó a ser persona se va a la tumba hecho un guiñapo como un juguete roto, es guardar un mínimo de respeto y consideración por su obra y sensibilidad musical. A no ser que con bailar sobre su tumba se pretenda darle un expresionista homenaje tipo Fura, que

no es el caso, mucho me temo.

Goma-2
La mejor y más importante película de la historia del cine español

En el mundo hay personas muy cabales cuyos sentimientos son ni más ni menos que lo que sienten y cuyas ideas son ni más ni menos que lo que piensan. Están en su elemento. Son tenaces, nunca actúan, son ganadores en potencia de todos los Gran Hermano. Son la hostia y son… tres. No nos engañemos, los nacidos bajo la pesada losa del judeocristianismo tachamos tres veces tres treinta y tres nuestro nombre y apellidos al rubricar. Si nos miramos fijamente a los ojos en el espejo sentimos hormigueos en el estómago. Te acuestas pensando en Scarlett Johansson y sueñas que te la está chupando Gregorio Peces Barba. Es la vida. Es así. Y por supuesto, el cine sigue su estela. Repasemos la obra de uno de los directores más queridos

y respetados por el público. Un maestro a la hora del retratar los recovecos de la mente, ese amigo que tiende la mano a tus emociones reprimidas: Clint Eastwood. Nadie ha canalizado como él hizo en ‘Million Dollar Baby’ el sugerente deseo que albergan en su interior las clases medias acomodadas de asesinar a los inválidos. Por qué no podemos matar a los sospechosos de un crimen y tirar su cadáver a un río como solución paliativa y luego ya veremos quién ha sido, vino a decir en ‘Mistic River’ a los espectadores habituales de las cadenas de televisión privadas. O acaso no sería un soberano placer acribillar a balazos a los jóvenes que van con unas pintas que te suben al 20% de share el Diario de Patricia, sugería al profesorado de secundaria en su última genialidad, ‘Gran Casino’, donde de paso también se invitaba a desheredar a nuestros hijos de la generación del iPod porque son idiotas y dárselo todo al primer chino que te cruzas por la calle. Y por qué no matar también a todos los chinos trajo, y trajo bien, en ‘Iwo Jima’; y por qué no matar y matar y matar más, más y más, poéticamente expresará en su próxima obra que ya aclamamos y aplaudimos como un próximo golito de Raúl o un sin par gesto fuera de protocolo de S.M a un inferior que está por llegar a la apertura de todos los informativos del país. ¿Quiero decir con esto que todos los asistentes con broche de oro y sangre en pecho palomo al desfile de las Fuerzas Armadas en el día de la Hispanidad que silbaron al presidente Zapatero lo que secretamente gritaron, lo que profundamente sienten y sólo apenas entienden, lo que les pasa, lo que habita en su corazón es que no pueden soportar la desgracia de no ser miembros de la banda terrorista ETA? Sí, eso es exactamente lo que estamos tratando de explicar. Y es éste y no otro el contexto en el que se debe enmarcar y entender la película más importante de la historia del cine español. Esa obra cuyo título hace referencia a un punto de encuentro muy mediterráneo que no es, precisamente, ‘Ágora’, sino: ‘Goma 2′. Es el esperado año por la imaginería popular del siglo XX, 1984, y José Antonio de la Loma, autor de Perros Callejeros (1977) y no contento con ello, también de Perros Callejeros II (1979), Perros Callejeros III (1980) y Perras Callejeras (1985), decide reinventarse y se marca el filme que todo el país, y por ende, la civilización Occidental, alberga en su yo profundo: ‘Goma-2′, la historia de un miembro de la banda terrorista ETA que

preguntado por un grupo de franceses de quién rayos se trata, contesta: “soy el español”.

Qué podría completar a un ser tan perfecto como un etarra orgulloso de ser español: pues un camión, naturalmente. Un camión enorme, un trailer con un superamigo de copiloto que vive en unos coches de choque. Un colega feriante. Al cuadro sólo le falta una mascota animal que hable, tipo un perro inteligente que resuelve misterios e investiga crímenes, pero la primera norma de la perfección es que sea imperfecta y el destino vino a situar en tamaño edén a ni más ni menos que a una mujer. A Ana Obregón, para ser exactos. Anita venía de rodar ese mismo año otra de las joyas inmortales del cine patrio, ‘Bolero’. Impagable drama rural español de factura estadounidense en el que aparece Bo Dereck rejoneando en pelotas. Terribles imágenes donde encima lo más llamativo es que el animal es de dimensiones muy cercanas a las de los astados que lidia José Tomás en Barcelona: las dimensiones del galgo. Un salto en pocos meses, el de Anita, del cine erótico taurino al quinqui etarra que habla por sí solo de la envergadura de la carrera de esta artista. El caso es que, volviendo al asunto de los anhelos del subconsciente, resulta sumamente estimulante el papel

que representa Ana Obregón. Protagoniza una escena sexual en la que anuncia a su pareja, el protagonista, que está embarazada. Todo ello junto al fuego de la chimenea de un adosado. Y a las pocas horas la matan quemándola viva. Profundamente hispano devenir de no ser por que los que la prenden fuego son franceses.

Ahí está el argumento de la película. El etarra, que ha abandonado la folclórica organización acogiéndose a una amnistía, está amenazado por sus viejos camaradas, que llegan incluso a intentar atentar contra su vida. De modo que, dado el feliz estado de su novia, decide a continuación abandonar el país rumbo a Alemania Occidental para vivir en paz. El problema es que para llegar a tierras germanas hay que pasar por Francia y sólo a él que fue de la ETA y tiene los cojones dodecaédricos se le ocurre hacerlo en un camión cargado de fruta. No recorre ni diez kilómetros y los agricultores franceses le prenden fuego al camión con Ana Obregón dentro mientras el autor del film exprime la denuncia hasta la última gota situando a dos gendarmes en la escena diciendo adiós al piquete con el saludo reglamentario. Es entonces cuando el protagonista decide tomarse la justicia por su mano y vengarse de los agricultores con las armas que mejor conoce, reza literalmente la sinopsis, la goma-2. Y ya está. Bombazo a bombazo el etarra orgulloso de ser español revienta a los agricultores franceses que tiran al asfalto la penosamente

subvencionada fruta española. Qué decir en un coloquio cinéfilo, librepensador y de izquierdas tras la proyección de esta cinta, se preguntará el lector ¿Qué es una solución al terrorismo integrar a la ETA en el Estado asignándole tareas específicas tales como buscar una salida al simpático hecho acaecido en la capital en el que un Ayuntamiento, que para subir los impuestos disimuló incluyendo el de la recogida de basuras en el IBI por ocurrencia de Álvarez del Manzano, dice años después por boca de Ruiz Gallardón que las basuras se recogen gratis y que no queda más remedio que gravarlo en estos tiempos que corren con 130 euros a vuelavista? Pues muy buen ejemplo, sí señor.

Txema, que así se llama el protagonista, es un etarra que va de cara porque, al contrario que sus compañeros, él sí está orgulloso de ser español. Se puede divagar hasta la extenuación sobre esta película tan necesaria en un país en el que la izquierda abertzale estuvo dirigida durante años por un banderillero, aquel país de los años ochenta, el de los llamados Años de Hierro. Hay que tener en cuenta, además, que uno de los personajes, una chica de la ETA, hace aerobic de riguroso fosforito. Qué spin-off ahí latente, para quien quiera

cogerlo -ese Saura de ‘Yo soy la Juani’ por ejemplo- y titularlo ‘Kalentadores, otra way de entender la acción directa’. Por lo demás, aunque sólo sirva para el recuerdo, merece la pena revivir la mejor escena de la obra a modo de mensaje para las nuevas generaciones: Cuando el protagonista quiere proveerse de explosivo para llevar a cabo su venganza se persona en un zulo de ETA que está abierto en mitad del monte como si fuese un bar. Allí le explica la situación a un viejo camarada que está ahí a modo de conserje del zulo. La tensión se palpa en el ambiente pues nuestro hombre es un proscrito de la organización. Está en la lista negra. Pero le dice al etarra que se lo debe, que en el pasado le salvó la vida dos veces mientras que él solamente una. Ya se sabe lo mirados que son los pueblos oprimidos como los gitanos, los osetios del sur o los vascos con las deudas de honor y sangre. La historia es que el etarra accede, le acompaña al depósito de goma-2 y, cuando el protagonista se agacha para mirar, como en la fábula del escorpión y la rana que le ayuda a cruzar el río, en cuanto descubre la nuca el impulso en el etarra es superior a sus fuerzas y no puede evitar dispararle en dicho punto. Mas como los españoles son ágiles como gamos a la hora de escalar terraplenes con las manos desnudas así como igualmente duchos a la hora de abandonar desperdicios en cualquier tipo de terreno aunque se trate de su propio dormitorio, el etarra orgulloso de ser español se revuelve ágilmente y disparándole con el revólver bien metido dentro de la boca le revienta la cabeza. Cine con mensaje.

Un muro para el muro

ABC 1989 Al lado de mi casa hay tres trozos del muro antifascista de Berlín. Son de la última adecuación de la barrera en los años ochenta. Los que tienen forma de ele. Costaron tres millones de pesetas, creo recordar. Están en el parque dedicado a esta ciudad donde también hay un busto de Beethoven al que iba yo siempre de pequeño a meterle el dedo en la nariz y partirme el alma de risa. Arriba, en una explanada, se ponen los chiringuitos de los partidos políticos en las fiestas. En las de este veranillo del membrillo, en el del PSOE se encontraba tomándose unas cocacolas Virginia Maestro, ganadora de Operación Triunfo 2008 y cantante de Labuat, grupo cuyas letras escribe Risto Mejide. Al lado está el Colegio Santa Marca. Un edificio neogótico monumental con una amplia huerta alrededor. Está gestionado por la Iglesia y el Ayuntamiento, que con la excusa de rehabilitar el edificio han destinado parte de la huerta a levantar un geriátrico privado de lujo que impedirá a los transeúntes contemplar el Santa Marca. Como cuando se roturaba esta huerta todo el barrio olía a campo, tal vez también esté previsto

que Gallardón levante una nariz gigante que absorba todo el aroma, cuando no soterrar las aceras, y permita a los ciudadanos seguir oliendo a tráfico fluido, a libertad. A un extremo de la calle se encuentra, al fondo, el Estadio Santiago Bernabéu. Lo conocerán porque el Gobierno de la nación ha enviado recientemente un grupo de mensajeros a uña de caballo que, obsequiando al Señor de la plaza con numerosas vírgenes, piedras preciosas y abalorios de Oriente, le han entregado el papiro donde se hace saber de una reforma fiscal de carácter no retroactivo, al revés que a los siervos de la gleba. Todo para que pueda medirse en condiciones de igualdad a equipos como el Alkörkón, de localidades implacables con la inmigración tanto en las calles como sobre el césped de su campo de fútbol. Y al otro extremo, al lado de la M-30, no hay clubes de fútbol sino de alterne, junto a dos iglesias, una tienda de barcos y un concesionario de coches. Uno de los templos lo llevan o llevaban unos sacerdotes mexicanos que recomendaron a la madre de un amigo mío que podía tomar anticonceptivos si lo deseaba, que no pasaba nada dijera lo que dijera el Papa. Tal vez un mandato divino para que esa familia no fuese numerosa, pues iba a ser abandonada en el siglo XXI por el padre tras descubrir que si en meetic pones en tu perfil que ganas un millón al mes puedes conocer en persona a montones de jóvenes de países exóticos residentes en Madrid y con una relación con el Estado también bastante exótica. Los pobres trozos de muro, a los que peregrino con frecuencia, se tapan los ojos avergonzados por lo que tienen alrededor. Y yo también. Porque la sensación de colocarse en el lado oriental de la barrera e imaginar por un momento que uno contempla lo que un día veían los felices ciudadanos de la RDA también es imposible. Los grafiteros han perpetuado en el lado Este sus problemas de autoexpresión de las emociones, de modo que ya sólo queda pedir humildemente a algún Mesías que levante un muro para el muro. Algo que impida que, tras acumular más mierda que el palo de un gallinero, le pasen por encima las excavadoras y dejen como resultado un bonito Starbucks. Ah, las excavadoras, los tanques de Tiananmen del capitalismo. Que se lo digan si no a los vecinos de Lavapiés que convirtieron en un huerto y un

campo de futbito un solar municipal abandonado desde hacía 30 años y a los pocos meses vieron cómo las excavadoras del Ayuntamiento lo dejaban como la palma de la mano sin alegar ni cuándo ni qué pensaban construir. Sin embargo, nadie puede negar que la vida es muy distinta a antes de la caída del muro. Algunas personas disfrutamos de incontables bienes de consumo y entretenimientos comparado con cuando había comunistas y por la tele sólo se veía la primera cadena con la dos en blanco y negro y media temporada de toros en directo. También, en muchas zonas rurales a sólo veinte kilómetros del centro urbano la vida que albergaban no parecía originada en el Sistema Solar y ahora tienen váteres con las paredes de caoba. Y tampoco se puede elogiar a unos regímenes políticos que murieron de risa tonta. A mí un ciudadano polaco me contó que, si bien nunca pasaron hambre, las tiendas hacían verdaderos prodigios de decoración minimalista en los escaparates y estantes. Y que para emborracharse, había que enterarse primero de a qué bar de la ciudad había llegado el vino elaborado con polvos que se hacía en el país, para situarse en la pertinente cola. Era un hombre muy sincero, porque después de entrevistarle en un bar, me quedé hablando con una amiga suya que horas más tarde desapareció. En las llamadas que recibí al día siguiente noté que el polaco no mentía, era un tipo franco. Luego la tipa resultó que había decidido seguir de fiesta un par de días más sin coger el móvil. Arrastro problemas cardiacos desde esas horas en las que no se conocía su paradero y yo era el último con el que la habían visto. También entrevisté a unos españoles que visitaron la extinta RDA pocos años después de caer el muro. Eran de Valverde del Camino, Huelva. Fueron a currar de albañiles a Sajonia y les quemaron las casas. Al día siguiente, pretendían que siguieran currando rodeados de policías armados hasta los dientes y con perros, así que se volvieron a España y, como yo, arrastran problemas cardiacos desde esa noche. Se puede discutir por qué los alemanes del Este abrazan cada vez más ideologías extremistas. Las empresas del oeste tuvieron que comprar, con una ley, y un proceso de corrupción sin precedentes en Alemania, según dijo días atrás El País,

esas empresas. Y lo primero que hicieron fue rentabilizarlas a la manera capitalista, es decir, a golpe de despido. Pero también no hay que olvidar que en esos centros de producción había un señor que te abría la puerta, otro que la cerraba, uno que te acompañaba al mostrador y otro que aplaudía cuando el conserje te indicaba dónde estaba el señor que abría la puerta del ascensor para ir a la segunda planta. No obstante, la pescadilla se muerde la cola cuando esos alemanes ven que los puestos de trabajo que sí podrían ocupar ahora se los llevan los turcos, que disfrutan de penes diez centímetros más grandes, y que se tiran a las pocas alemanas del Este que quedan, pues la emigración femenina al oeste es un fenómeno creciente dado que hay más trabajo para ellas “de cara al público”. Incorrectamente: De chochitos. Luego esta gente quema cosas ¿y de quién es la culpa? Qué más da. Da igual analizar si las democracias sociales europeas tomaron prestadas estructuras del lado comunista, como sostiene Rafael Poch en La Vanguardia, o si ese misterioso y voluble señor apellidado Lasencuestas dice que en el Este echan de menos a Honecker. En lo que a nosotros, españoles, concierne, lo importante es que vivimos en un mundo libre y capitalista donde se pueden llevar a cabo las reformas que hagan falta para mejorar la vida, sólo que con mucho cuidado y especial atención. La Historia de la ETA de Victoria Prego que ha publicado por entregas en DVD el Diario El Mundo es muy interesante porque también toca, de forma tangencial, la Historia de España. Por ejemplo, cuando Ernst Lluch es asesinado en 2000, la cronista añade al lamentable suceso que él fue el artífice de la Ley General de Sanidad de 1986 que supuso un hito en España y otros países de su entorno a la hora de universalizar el derecho a la salud. Un sistema levantado sobre las bases de la Seguridad Social de Franco, efectivamente, y no la de Mobutu en Zaire porque entre otros motivos los rigores del espacio tiempo a veces son ineludibles. Además, no fue de Franco sino de Girón de Velasco. Un hombre tan varonil que tuvo como rival en el régimen a otro machote como Muñoz Grandes, condecorado con la Cruz de Hierro en el campo de batalla, al que venció y que, pese a un accidente que le dejó inválido, consiguió acongojar a media España en la

Transición con su oratoria al frente de la Asociación de Excombatientes y sus tres, llamados cariñosamente trescientos mil, afiliados activos. Volviendo al asunto, también, por un documental de Michael Moore, y la reforma sanitaria felizmente aprobada en primera estancia por Obama en Estados Unidos, muchos se creen que en España hay una asistencia pública gratuita. Cosa que es mentira. Cuesta mucho dinero y sale de nuestros bolsillos. El desinterés por lo común, pensar que es gratis y la creencia instalada de que en manos privadas todo funcionará mejor es una consecuencia de la caída del muro. Y es importante que los ciudadanos se preocupen de vigilar qué servicios se les prestan con el dinero que sale de su esfuerzo diario y que se pregunten si son tan ‘eficientes’ los gobiernos que se declaran impotentes, cogen ese capital y se lo dan a una empresa para que preste esos servicios con el correspondiente beneficio. Pagas el servicio, la mano de obra y a otro señor que se lucra cuando con las dos primeras partes, en teoría, tendría que bastar. O cuando el Estado se declara impotente para hacer coincidir oferta y demanda de trabajo bajo un mismo techo y legaliza las ETT. Vamos, que lo mismo no son necesarios más intermediarios que los justos para determinadas transacciones. Sin embargo, la esperanza no está perdida en absoluto porque la gente no es tonta. En Alkörkón, cuando van a jugar al baloncesto a las canchas que ha construido el Ayuntamiento con sus impuestos y ven que un señor les quiere cobrar una ‘mordida’ in situ por hacer uso de las instalaciones para que puedan disfrutarlas de un modo más seguro y ‘eficiente’, cogen, se asocian entre varios, apañan bates de béisbol con clavos de veinte centímetros y les revientan la cabeza. Esto en pleno apogeo de la era capitalista, señores. Sólo hace falta un poco de esfuerzo individual por percatarse de la problemática y colectivo para resolverlo. Es el mensaje de los nuevos tiempos: nada tiene por qué hacer nada por ti. De modo que si se ajusta un poco el espacio tiempo, nadie tiene por qué añorar la RDA si no es por los apolíneos transexuales que salieron de sus piscinas olímpicas. Y sonreiremos en la economía de mercado como en la obra que difundía anualmente en castellano el Gobierno alemán oriental: ‘Ésta es la RDA’.

Así

También así

E incluso así.

La cinta blanca, de Michael Haneke
La última edición del Festival de Cannes sirvió para enfrentar a los dos enfants terribles del cine europeo. El danés Lars Von Trier y el austriaco Michael Haneke. El combate transcurrió bajo las normas más estrictas del cine de nivel del continente. Von Trier se mostró muy ducho con el primer plano de la ablación de un clítoris en ‘Anticristo’, pero Haneke, un tipo muy versado en estas lides, contraatacó arrancándole los ojos a un subnormal. Palma de Oro para ‘La cinta blanca’, Austria. A ver cómo se toma la revancha el danés en años venideros. Tras haber ahorcado a una ciega (’Bailar en la oscuridad’) y desangrado a puñaladas a la esposa de un cuadripléjico mientras la violan dos marinos mercantes (’Rompiendo las olas’), cuesta mantener el nivel. ‘La cinta blanca’ es una reflexión sobre el origen de los totalitarismos y particularmente trata de explicar la especial crudeza y perversión del nacionalsocialismo. A principios del siglo XX, la educación severa a base de violencia física, la represión sexual y la imposición de los abyectos postulados de la moral cristiana en todo su esplendor serían el germen de la enajenación mental que llevó al intercambio de fosas comunes posterior. Y el vaivén de las guerras mundiales, deja entrever el final de la cinta, un caldo de cultivo inmejorable. Todo ello narrado a través de la conducta de los niños de un pueblo. Unos críos sádicos que están como una maraca, pero que sus actos no son sino el claro reflejo de la mentalidad de sus padres.

Gut! Con una puesta en escena impecable y una intriga cocinada a fuego lento, ‘La cinta blanca’ tiene vocación de clásico. Y la elocuencia de un mensaje que por desgracia uno ya conoce al sentarse en la butaca, de clásico de prestigio. No obstante, el dolor mental que infringe habitualmente Haneke en los espectadores queda diluido al transcurrir la historia hace cien años. No se experimentan sensaciones habituales en este director como las que produce el escupitajo de un autodenominado “morito” en la cara de Juliette Binoche en el metro de París (’Código desconocido’), algo que podríamos y no querríamos encontrarnos mañana mismo. Pero la obra no es un cambio de dirección consciente en el legado del austriaco puesto que ésta es una de sus primeras ideas que ahora por fin ve la luz. Originalmente iba a ser una mini-serie que no hubo dinero para rodar y, años más tarde, para convertirla en película, se ha cortado considerablemente el guión. Ardua tarea obra de JeanClaude Carrière, guionista habitual del célebre director mexicano de origen francés, Luis Buñuel. Ría aquí. Con todo, insiste Michael Haneke en que éste, su proyecto de toda la vida, es una metáfora aplicable al origen de todos los totalitarismos o terrorismos en

cualquier parte y en cualquier época. La extrapolación a otros espacio-tiempos arroja muchas dudas, pero también un debate que hará las delicias de historiadores, filósofos, marxista-leninistas, cinéfilos de enfisema pulmonar y demás gente de mal vivir. Quizá la discusión sea más estimulante que la película. Lean ‘Paz en la guerra’ de Unamuno y encuentren en la educación y empanada mental del hijo del chocolatero dónde echó raíces la redención y purificación de la tierra vasca del nacionalismo posterior. Tras las matanzas de presos republicanos en la Plaza de Toros de Badajoz, se preguntaba Julian Zugazagoitia en ‘Guerras y vicisitudes de los españoles’ si el hecho de que en las gradas hubiera mujeres jaleando al caballero de la ametralladora se debía a la enfermiza represión sexual del más rancio catolicismo que sufrían. O un reflejo aún mucho más exacto y reciente de la película, el debate en la España de hace muy pocos años sobre si las parejas de personas del mismo sexo tenían derecho o no a adoptar niños, en el que no era extraño encontrar a quien justificaba su prohibición por el hecho de que luego en el colegio los demás niños atacarían a los adoptados por venir de familias diferentes. Y con una temperatura ambiente en el Cine Verdi de Bravo Murillo, Madrid, de 15 grados (con más calor un Alien en avanzado estado de gestación alojado tras su esternón podría salir al exterior interrumpiendo la proyección como los engorrosos teléfonos móviles) el erial emocional que propone Haneke cobra una dimensión que ya alcanza lo sublime e inolvidable ¡por muchos años!

Gran Hermano 11 en cinco minutos
Después de haber pasado años pagando por seguir de pie o sentado en frío cemento, bajo la lluvia, viento polar, o sol abrasador, el divertimento dominguero de unos millonarios en calzoncillos; después de catear todas en septiembre por haberme pasado el verano siguiendo las evoluciones de un grupo de -espiritualmente hablandoalbanokosovares en bicicleta; después de encontrar en Melrose Place a razón de dos episodios diarios por la mañana y el Cate D´Or de ron con pasas un motivo para pasarme tres meses sin hablar con otros seres humanos, después de todo esto, que por motivos laborales haya tenido que seguir Gran Hermano 11 con la misma atención al canal 24 horas que tenía en el espacio aéreo la oficina de respuesta nuclear del Ministerio de Defensa de la URSS, pues ha sido como pasear por una regia alameda de almendros en flor entonando la Salve Rociera. El modelo productivo español estará estancado, la crisis lleva camino de perpetuarse, pero ahora bien, en Gran Hermano, somos líderes mundiales. Sólo Inglaterra nos sigue de cerca con una edición menos (empieza este año la once, mientras Telecinco anuncia hoy la doce). Y todo esto sin visos de flaquear, batiendo récords de audiencia. Un negocio con penetración en internet y telefonía móvil, que llena páginas de revistas y da trabajo a periodistas y fotógrafos, colma de clientes las discotecas en las giras que realizan los ex concursantes dinamizando el sector hostelero -motor de nuestra economía- cuando no las abren ellos directamente creando empleo con sus propias manos. Quizá el ejemplo de economía sostenible más sólido con el que nuestro país asombra al mundo al abrigo de sucesivos gobiernos centrales tanto del PP como del PSOE. Y dicho lo cual, ofrecemos a continuación un

resumen de la úndecima edición a través de las correrías de los concursantes que entronca románticamente con aquel legendario seguimiento del primer Gran Hermano de la LPD Vintage. Un manual básico para no quedarse fuera de ninguna conversación de chiringuito playero este verano. INDHIRA Natural del Málaga. Hija de un indio. Dijo en el casting que entraba en Gran Hermano para que ser famosa le abriera puertas. Ha sido la revolución del concurso: Nunca a nadie se le habían corrido en la cara. Y fue tan sólo uno de los múltiples episodios sexuales que tuvo con el concursante Arturo, su quebradero de cabeza. Tras tener encuentros sexuales con él en todos los rincones de la casa, incluido un ataúd el día de Halloween, el chico mostró interés por una concursante de Santander, Carol, e Indhira directamente enloqueció. Migrañas, lloros constantes, desvanecimientos y ataques de ansiedad fueron la tónica desde ese momento. Más aún cuando Arturo la llamó “peluda” y se quejó de que “lleva dos kilos de maquillaje” y de que “tiene las carnes blandas porque no hace ejercicio”. El melodrama culminó cuando, presa de la ira y de los celos, la despechada arrojó un vaso de agua a Carol por lo que fue expulsada disciplinariamente (lo que se tradujo en un treinta y tantos de share y ochocientos mil visitantes únicos en la web en veinticuatro horas). Graciosamente, un día antes había tirado un trozo de lasaña a la cara de Arturo sin que a la audiencia ese instante le pareciera tan estimulante. ARTURO Vasco con el servicio militar cumplido de voluntario en las COES. Entra en el concurso porque tiene tres hijos con tres mujeres diferentes y necesita dinero para sentar cabeza. Nada más empezar todo, se lía con Indhira y se acuesta con ella varias veces al día. Gracias a estos momentos también sabemos de él por sus propias

palabras que se empalma con mayor dureza y esplendor si folla de pie, que siempre le han llamado “Arturo, pito duro” y que es capaz de disparar una eyaculación realmente lejos. Un día en el jacuzzi mostró una erección haciendo ‘el mástil’ flotando en el agua, lo que le valió el sobrenombre televisivo de “El delfín”. El resto del concurso lo pasa bebiendo calimocho desde las diez de la mañana. Cuando se aburre de Indhira, se interesa por la cántabra Carol. Aguanta estoicamente los chispazos del triángulo amoroso y, cuando la primera es expulsada y por fin tiene vía libre para hacer lo que quiera con la otra, se da de bruces con tajantes negativas. El muy incauto había pensado que las insinuaciones y miradas de fóllame en ojos de una chica bien de Santander con residencia en Donosti significaban literalmente: “fóllame”. Contrariado, aguanta sin pena ni gloria hasta el día de Año Nuevo, madrugada en la que saluda a 2010 acostándose salvajemente con la concursante rusoalmeriense, Tatiana, quien, mientras es penetrada con furia bajo las sábanas, jadea al grito de “¡qué hijo de puta, qué hijo de puta!”, y el otro “no te enamores de mí, eh, no te enamores”. Semejante muestra de gozo sin freno es castigada por la audiencia con la inmisericorde expulsión de ambos uno detrás del otro. CAROL Chica bien de Santander residente en San Sebastian. Irrumpe en el romance de Arturo e Indhira comentando sin atisbo de vergüenza ante ambos que ha soñado que se enrolla con Arturo, logrando que él se dedique plenamente a trabajársela y ella la odie a muerte. Sufre la pesada carga de la ojeriza de Indhira hasta el citado conato de agresión para luego, cuando ya no había obstáculos para que se liase con él, plantar al ex militar e irse en topless al jacuzzi con un empresario madrileño, Gerardo, al que tampoco permite que la toque un pelo. La audiencia la larga sin contemplaciones.

TATIANA 19 años. Mitad rusa, mitad almeriense. Todo lo que dice lo dice a gritos y todo lo que dice tiene que ver con su coño. Su lema diario es: “¡Me lo paso por la rajeta del coño!” pronunciado en una exótica pero misteriosamente atrayente mezcla de acento ruso y andaluz. Si bien su frase más excelsa es otra que sólo dice en una ocasión: “Tengo pus en el ojete”. Llama la atención que su primer romance dentro de la casa de Gran Hermano sea el concursante murciano lesionado medular (parapléjico), Toscano. Con quien mantiene un sí pero no, del que sólo sabemos qué ocurrió realmente cuando él lo larga todo bebiendo con los amigotes en el bar que tenía la casa incorporado: “le hice un dedo, estaba todo mojada, pero no sé si se corrió o qué”. Con quien no cabe duda de que sí gozó es con Arturo porque inmediatamente le bautizó como su “follamigo”. Para el recuerdo, las imágenes en las que lame la mano con la que el vasco la ha masturbado. TOSCANO Jugador de baloncesto en silla de ruedas de la selección española. Murciano. Su lesión no le impide atacar sin piedad a todas las mujeres a ver qué cae. Tatiana se deja llevar en un principio, pero no se atreve a culminar del todo (a cuatro patas astillando el cabecero de la cama con el cráneo, según los cánones que ha marcado este año el programa) y sólo accede a dormir con él y acariciarse. Esta situación perturba al joven Toscano que cae en las redes del concursante transexual Hans, quien lo manipula para que traicione a sus amigos, Tatiana incluida, lo que lleva al murciano a una espiral de mentiras y traiciones hasta dar con sus huesos en la expulsión el día en que sale nominado. El resto de concursantes se resistía a nominarlo por su condición de minusválido y la audiencia le cogió gato porque, al margen de no ir de cara (muy valorado en este reality) las cámaras le captan reconociendo que si le favorece ir en silla de ruedas

porque da pena, se aprovechará. HANS Madrileño en paro. Entrar en Gran Hermano es el sueño de su vida. A las pocas semanas del concurso, su madre reconoce en el plató que nació mujer y que se operó para ser hombre. Eso sí, sin genitales masculinos. Su paso por el concurso, sin embargo, resulta muy poco cargado de testosterona pues va de oreja en oreja poniendo en contra a quienes le interesa siempre bien parapetado tras la silla de ruedas de Toscano, al que considera su mejor amigo. Confiesa en cierta ocasión que nunca ha mantenido relaciones sexuales con nadie. Una vez expulsado, le espeta a Indhira en directo: “Yo trabajo en el mundo de la moda en Madrid, o sea, en el centro, y aquí cuando algo se pasa de moda llega a Málaga, a provincias ¿me entiendes? y dentro del concurso te ayudaba a vestirte porque me has dado pena, porque me dabas pena, que llevabas hasta el precio pegado en los zapatos”. NAGORE De Bilbao. Expulsada con el mayor porcentaje de la historia de Gran Hermano en todo el mundo. Si se es de Bilbao, se es de Bilbao. Sus maneras autoritarias, carácter agrio, broncas indecentes como una al paralítico Toscano por meter las rebanadas de pan Bimbo en el tostador con mantequilla untada (que ya le vale), le generan una antipatía del público como nunca se ha visto y sale con un 95% de los votos. MELANIE Chica rubia con el pecho operado natural de Canarias. GONZALO Concursante argentino. Cautivador y ocurrente, camela a las dos anteriores para que hagan lo que él quiera. Un día,

por motivos desconocidos, no tiene tabaco. Monta en cólera y lo paga con la mujer más mayor dentro de la casa, la ferrolana Pilarita, a quien grita injuria y vitupera por la posición de una silla frente a una mesa como si se tratase de lo que más repugna a un argentino, un colegiado. A las pocas horas de vejar a la anciana (incidente que explicó así: “¡casi le arranco la cabeza, te lo juro, le dije que se callase y ella siguió ‘ñiñiñiñiñi”!), está a punto de llegar a las manos con el concursante de L ´Hospitalet, Siscu, por lo que sufre una expulsión disciplinaria y el escarnio público de Mercedes Milá. Él se defiende: “tengo un monstruo dentro”. PILAR Señora esposa de Luis Ferreira, ex jugador del Racing de Ferrol, del que desde hace muchos años corren curiosísimas historias de boca en boca en dicha localidad. La mujer se pasa el día fumando y tomando no sé el qué, pero que genera suculentas bromas por parte de los demás concursantes que consideran que siempre está “pedo de barbitúricos”. Su momento estelar fue en la primera semana de concurso, cuando cerró las persianas, se subió la falda y mostró unas bragas verdes para anunciar a voz en grito “¡son de los chinos!” SARAY Hija de Pilar. El atractivo de su personaje reside en que por internet circularon unas fotografías donde se podía ver su figura de modelo antes de entrar en Gran Hermano, que lo hizo un pelín más rellenita, pero que fue engordando mientras transcurría el programa a base de tomarse la mayonesa a cucharadas a las dos de la mañana por la ansiedad que le producía la estancia en la casa. Bastante más gruesa, a mediados de concurso, enumeró a bombo y platillo los efectos en su cuerpo de una mestruación. Tales como el endurecimiento de los pechos, que dejó que todos la tocasen para comprobarlo. En los últimos compases, inició un romance con el

empresario Gerardo, que fue duramente criticado bajo la acusación de montaje y de “darse los besos sin lengua”. Desgraciadamente, no pudieron despejar las dudas porque dos veces que estuvieron a punto de acostarse, en una ella tenía la regla y en la otra apartó a su amado clamando por galletas ¡galletas por caridad! Su madre, Pilar, aprueba la unión porque cree que él es muy atento. GERARDO 36 años. Madrileño. Auténtico y genuino viva la Virgen. Autor del libro ‘Ligar, torear ¡qué arte! ¿y tú qué sentiste?’, donde la Historia de la Literatura Universal goza de pasajes como éste: “Estando en varias ocasiones desnudos y muy calientes, algo me decía que tenía que esperar… La primera vez no duré ni dos minutos. A los tres minutos, me puse otro preservativo (yo controlaba el tiempo de duración por las canciones de Julio Iglesias), esta vez fue poco más de una canción. La tercera vez llegué a cuatro canciones. Estuve un fin de semana con ella sin salir del apartamento, jugando al parchís, y el que ganaba elegía postura” o éste “Entonces tomé la iniciativa, le di la vuelta y la penetré con una fuerza inmensa, le agarré las nalgas y le hice el amor con una fuerza espectacular” o éste (las mayúsculas son del original) “¡TENÍA QUE CONSEGUIR QUE POR FIN ALGUIEN ME HICIESE EL AMOR CON LA BOCA! El adjetivo para definirlo es DELICIOSO, es una de las sensaciones más agradables que existen”. Empresario taurino, era el apoderado de Pablo Lechuga hasta que éste se enteró de que había entrado en Gran Hermano y rompió relaciones. Ha dicho que el paso por el concurso ha sido una experiencia inolvidable porque ha aprendido cosas que ignoraba a sus 36 años tales como barrer, fregar e incluso hervir unos macarrones, echarles tomate después y llamarlo “cocinar”. Odiado por todos por no dar ni chapa, ha sido el concursante que más veces ha estado nominado para salir, pero la audiencia, por lo que fuera, siempre tenía un odio más urgente que resolver. No ha

cesado hasta conseguir enrollarse con alguien y la afortunada fue Saray. Quien, curiosamente, decía al principio que Gerardo le daba asco porque se creía que todas “eran sus pornochachas”. SISCU Natural del mismo poblacho que Pau Gasol, como habrá repetido diez millones de veces, no ha sido sino eso, un chico de barrio, pues todo era “para los del barrio” y “¡ese barrio!” y que si “te saco de marcha por mi barrio y flipas”. Tuvo el valor de encararse al argentino cuando atacó a la vieja, pero la sanción disciplinaria que le impuso el concurso dio con sus huesos en la calle. Nadie cuenta con ello, pero en la disputa entre el argentino y la vieja me juego unos euros a que la audiencia iba con el de la Pampa. Por lo demás, Siscu también quería ligar con alguien a toda costa, pero no tuvo suerte, sólo logró unas cosquillitas de Melanie, pero como tuvo la mala fortuna de nominarla mientras la otra estaba escuchando desde la pared contigua, la del váter, la cosa no fue a mayores precisamente. La abstinencia sexual la llevó mal y trató de forzar a Saray metiéndola mano por sorpresa y estrujándole las tetas a traición. Gestos que nadie ha censurado mientras que a Arturo, por acostarse con dos chicas y lamentarse por que no fuesen más, se le ha llamado de todo. ÁNGELA Lesbiana natural de México. Conoció a la que es su mujer por Internet, pero como su familia no aceptaba la unión por entenderla contra natura (y lo decía su padre que es médico), entró con ella en Gran Hermano. Su periplo fue corto, pues salió a las primeras de cambio al no poder cumplir la misión que el programa les había encomendado -que nadie descubriera que son un matrimonio-. No obstante, cumplió su objetivo pues su familia, por vía telefónica en riguroso directo, aceptó a Laura como esposa.

LAURA Lesbiana de Elche. Mujer de la anterior. Su paso por el programa, al margen de lo descrito en Ángela, ha sido una auténtica y constante serenata de pedos. Sonoras ventosidades malolientes por las que algún concursante ha estado a punto de vomitar. Y si no podía tirarse pedos, eructaba. A veces las dos cosas a la vez. Y poco más. Que mientras Indhira estaba a punto de agredir a Carol, en la tensión de la pelea, en lugar de separar fue captada riéndose y disfrutando del momento. En fin, que duele caer en el tópico pero más en la mentira, por lo que hay que decirlo claro: una camionera. CAROLINA Natural de Alcobendas. Negra, hija de guineanos. Mujer de mucha conversación, refrescantes ocurrencias y léxico propio. Dijo que siempre había sido heterosexual “hasta que probó lo otro” y ahora, suponemos, le da a todo. Pero no hizo nada en Guadalix. Un día, tras ducharse, se desnudó por sorpresa quitándose la toalla de un movimiento ante el concursante madrileño monitor de pilates, Ángel, pero éste huyó con la excusa de ¡ay qué risa! Y otro día estuvo a punto de pegar al empresario madrileño Gerardo porque por las noches, para no tener que hacer su cama, se metía en la de ella que sí que estaba hecha. Lo vuelvo a repetir: es un empresario y es español. ÁNGEL Madrileño, de vocación militar adolescente entra en la escuela de oficiales pero sale contrariado para cumplir su sueño verdadero: ser profesor de pilates. Entra en Gran Hermano no se sabe muy para qué porque la tele se la suda, en sus propias palabras, esto “es un circo”, “la gente actúa”, todos le han decepcionado y donará parte de lo que gane a una ONG, “algo contra el cáncer, o algo de

lesionados medulares, no lo sé todavía”. Sordo de un oído por su estancia en una base de helicópteros, tiene más atractivo comprobar si cumplirá su demagógica promesa que lo que ha hecho en la casa: mantenerse siempre al margen de todas las disputas, dar un poco de la razón a unos y otro poco a los otros contendientes y, tal vez, sólo ha sido humano cuando se enfadó y rabió ostensiblemente al comprobar que Arturo se estaba acostando con Tatiana “después de lo que le había hecho a Indhira”. Tampoco ha dejado de cantar en todo el concurso como pidiendo vez para Operación Triunfo por lo que no veo el momento de que vuelva a encerrarse en el gimnasio a predicar pilates. REBECA De Barcelona. Extraña mujer que habla largo y tendido con una muñeca de trapo a la que llama ‘Rosita’. Ante esto, los concursantes reaccionaron como buenos españoles frente a la diferencia, cogieron a Rosita, la violaron con un cepillo de dientes y colocaron la composición entre las cosas personales de Rebeca en un lugar bien visible. Una vez expulsada por más que ñoña, Mercedes Milá le mostró las imágenes de la violación en una especie de tortura homenaje a la segunda mitad de la Naranja Mecánica muy bien lograda. JUAN Maño con esclerosis múltiple. Frío y calculador, pero que muy calculador, se pasó el concurso planeando combinaciones de formas de nominar para quedar finalistas él y su camarilla. En un programa en el que la gente paga por un canal 24 horas para ver, en primer lugar, disputas, y después, si se puede, sexo indecoroso, pues ver a un tío haciendo permutaciones con cerillas durante horas y largas horas le costó una expulsión como que hay Dios. LIS

Curiosa mujer que descubrió que Laura y Ángela eran pareja y, al confesarlo, sufrió la animadversión de todos los concursantes por chivata. Entonces, en lugar de hacerles frente, se fue del concurso muy enfadada con la organización que si quería decirle algo que fuese “¡con abogado delante!”. Y efectivamente, con su abogado sentado en una mesa con humeante taza de café en mano, le pasaron el contrato que había firmado al entrar por el que si decidía abandonar el concurso unilateralmente tenía que indemnizar al programa. Parece que ha tenido que vender uno de sus negocios e iniciar un lamentable periplo de plató en plató soltando abracadabras de muchos kilates para reunir dicha cifra. Ahora reniega de la magia y le emoshión de Gran Hermano. Caramba.

Enano Rojo
Existen múltiples motivos para odiar al pueblo catalán. Por su culpa se asentó el centralismo en España cuando se rebelaron contra Felipe V porque les dio demasiadas cosas buenas en las Cortes catalanas de 1701 y les pareció raro, obligando a los pobres castellanos a apoyar, puag, a un extranjero, y al primo tonto valenciano a partirse la cara con los anteriores hasta las últimas consecuencias con el disgusto que tuvo que suponer para el pueblo más onerosamente hortera sobre la faz de la tierra verse frente a una hilera de miles soldados conquenses unidos por una sola ceja cuyo pelaje oscila acompasado al flamear de las banderas al viento. Las leyes proteccionistas de la Restauración que otorgaban el monopolio a las industrias catalanas asolaron el resto del país y a buen seguro son la causa de que los andaluces cuenten tantos odiosos chistes pues la hilaridad que hubo de provocarles no poder montar un telar porque era derecho exclusivo catalino tuvo que ser sonada. Junto con el honorable pueblo vasco tienen el honor único y majestuoso de haber perdido una batalla contra un ejército italiano, seguidos de lejos por los etíopes que casi perdieron la suya. Hablan un dialecto del castellano que es deleznable. Y sí, es un dialecto del español. Esto es tan verdad como que todos los calvos son pederastas. Y por su culpa, un deporte tan ameno como el fútbol donde el gilipollas de turno ejercía como chupón, se regateaba a sí mismo, perdía la pelota y todos a seguir jugando tan contentos, ha sido sustituido ahora por un imbécil que estira los brazos hacia abajo para señalar indignado con las palmas de las manos dónde quería el señorito que le devolvieras de tacón la pared y hay que decirle déjeme en paz señor que no le conozco de nada y yo he venido aquí a divertirme jugando a la pelota no a expresar mi sensibilidad. En fin, que son la peste, pero hay que vivir con ellos. Valga el ejemplo de la ancestral nación absaja, que tuvo la desgracia de ver florecer a su lado a los

pesados de los georgianos que quisieron prohibirles por ley que tuvieran más de un hijo -cosa que a Solana no pareció importarle cuando fue a sacarse fotitos a Tblisi en la crisis olímpica- y lo han llevado como mejor han podido. Es inútil resistirse ante lo inevitable. Porque de los catalanes no te libras. A la hora de la verdad, cuando se plantea en serio que se larguen siempre te vienen con mierdas, que si confederalismos, que si sólo hablamos de nuestra situación lo más cómoda posible dentro de España y demás subterfugios y excusas de baratillo. Sin embargo, yo no puedo más. Personalmente, no les quiero ni ver. Hubo un detalle que colmó mi paciencia. Reventé. En los tiempos en que yo me las veía y deseaba para dar con capítulos de Enano Rojo aunque fueran en inglés, ellos tenían las ocho temporadas dobladas al catalán. Hijos de puta. Pero qué hijos de puta. ¿Es tan buena esta serie como para hacer que un señor católico no quiera pasarse la vida odiando a los catalanes con su corazón negro y se decida firmemente por perderles de vista para siempre? ¿A esos niveles llega? Pues sí. Al igual que otras muchas, Enano Rojo es la mejor serie de todos los tiempos. Sería una putada para el lector que no haya visto tamaño alarde creativo de la BBC pasar a analizar y clasificar la serie como si fuera un insecto clavado con alfileres en el corcho de un biólogo. Digamos que son las aventuras y desventuras del último ser humano vivo a bordo de una nave espacial, el Enano Rojo. Los primeros capítulos comienzan así: “Ésta es una angustiosa llamada de socorro desde la nave espacial Enano Rojo. La tripulación murió a consecuencia de una fuga radioactiva. Los únicos supervivientes fueron David Lister, que estaba en animación suspendida cuando se produjo la catástrofe y su gata preñada, que quedó encerrada y a salvo, en la bodega. Revivido 3 millones de años más tarde, los únicos compañeros de Lister son un ser que evolucionó a partir de la gata y Arnold Rimmer, el holograma de uno de

los componentes muertos de la tripulación. Mi nombre es Holly y soy la computadora de a bordo. Mi coeficiente intelectual es de 6.000, equivalente al de 6.000 monitores de gimnasia. Fin del mensaje”. Resulta que Lister, un empleado de mantenimiento de la nave minera Enano Rojo, despechado por su novia, quiso meter en la nave una gata para que le hiciera compañía. Un delito por el que le condenaron a seis meses de ‘animación suspendida’ -un aislamiento en el que le apartan a uno hasta del paso del tiempo. Con Lister castigado, hay un escape en la nave y muere toda la tripulación. Entonces, el ordenador decide conservar a Lister aislado hasta que desaparezca la radiación. Es decir, tres millones de años. Para cuando sale del módulo, lo único que se encuentra es un ser que ha evolucionado a partir de su gata, que estaba preñada. Un gato hombre que profesa una religión en la que Lister es su Dios con un evangelio que cuenta cómo metió a la gata original, una suerte de Virgen María, en la nave. Y también hay un holograma que genera el ordenador central para que no esté solo. Se trata de la persona con la que más interactuó en su día: su jefe. Un pijo obsesionado con ser oficial. Lister es un macarra, un vago, un mujeriego y un adicto al curry. Y no tiene nada que hacer. Su tedio marca los primeros compases de la serie. Inventa el batido de cerveza y se dedica a comer hasta reventar. Rimmer, el holograma, le da el contrapunto tratando de que haga flexiones y lleve una vida ordenada de acuerdo al código de buena conducta. Pero la serie no se limita a meras escenas de desencuentro entre personajes opuestos. La gracia de Enano Rojo es la empanada de filosofía y ciencia ficción que parodia los clásicos del género y algunas películas no tan clásicas y da lugar a tramas inolvidables. Ahí van algunos ejemplos: En un choque con el universo paralelo, los tripulantes del Enano Rojo se encuentran consigo mismos pero en

mujeres. Lister no lo duda y se acuesta con su alter ego femenino y como la deja preñada, al volver a su universo él también está embarazado. De modo que tiene que dar a luz de mala manera a un par de gemelos que, como han sido engendrados en un universo distinto con leyes distintas, tienen dieciocho años a las tres horas de nacer. Lister sólo se acuesta con alguien tres veces, que yo recuerde, en las nueve temporadas que dura la serie. Con su alter ego femenino, con el cadáver putrefacto de una mujer mantenido vivo por el virus que la mató sólo para poder contagiarse y con la madre de Rimmer, que es en realidad un alienígena llamado ‘El Polimorfo’, que toma la forma de los recuerdos de la tripulación, como en Solaris, pero para coger desprevenida a su víctima y alimentarse de sus emociones. En el caso de Rimmer, se come toda su vanidad, ira y sentimiento de culpa y el personaje se convierte en una suerte de filósofo con pipa, perilla y gafas de pasta que trata de montar una tertulia para tener en cuenta todas las opiniones y llegar a un consenso sobre cómo eliminar al alienígena. Un capítulo parecido a uno en el que Lister coge una gripe espacial que materializa primero sus pensamientos y después su yo profundo. Es decir, aparecen dos señores. Uno es su Paranoia, un tipo sombrío que le recuerda lo desgraciado e inútil que es, y el otro Confianza, una especie de presentador de circo que le adula y anima a salir de la nave sin traje espacial. Aunque para cita filosófica, el día en el que Rimmer tiene que pasar solo tres millones de años porque van a viajar a la velocidad de la luz y Lister tiene que aislarse y para convencerle, le dice que no se preocupe, que no es para tanto, que en realidad, como decía Sartre, el infierno son tus amigos. Y Rimmer replica quejándose: ¡los amigos de Sartre eran franceses! Entrañable resulta Kryten, un robot programado para obedecer que no puede decir ‘no’. La única vez que lo hace tiene que llevar a punta de pistola a los demás y les obliga a cagar para, dada su situación ridícula, reunir el valor suficiente para expresar una negativa. A Kryten se lo

encuentran en una nave abandonada, todo el día limpiando y viendo telenovelas. Y lo que no sabe y descubre en un episodio de la penúltima temporada en el que les detienen y él va al módulo de mujeres de la cárcel, es que le fabricaron sin pene. Aunque más desternillante es el caso de Holly, el ordenador central de la nave cuya imagen en los monitores es la de un cuarentón, que se opera de sexo en la segunda temporada y se transforma en Hilly, una hermosa rubia. Y como capítulo sublime, el único que yo he visto en mi vida en el que el tiempo va hacia atrás. El universo, que como todo el mundo sabe se expande, llega al punto máximo de su extensión y comienza a contraerse. Entonces el tiempo va hacia atrás. El Enano Rojo viaja a Londres y los personajes van a un bar donde vomitan unas pintas de cerveza en la jarra y el camarero les da una libra, leen en el periódico las noticias del día siguiente “Tres detenidos en atraco a un banco. Un enmascarado con una escopeta de cañones recortados atracó un banco… mañana. El atracador obligó al personal a aceptar 10.000 libras y meterlas en la cámara acorazada del banco. El hombre salió hace dos años de la cárcel después de haber cumplido una sentencia de quince”. Y un anuncio de un desodorante que te mantiene seco y hediondo durante veinticuatro horas. O una oferta de trabajo de un restaurante que busca ensuciador de platos. Más un final para enmarcar, cuando el Gato decide cagar y se le mete un montón de mierda por el culo. Tampoco está mal el precioso capítulo que presenta una ucronía en la que, de nuevo en contacto con el universo paralelo, Lister se encuentra con una realidad alternativa en la que su ex novia es la única superviviente humana en el universo y él, sin embargo, es el holograma que la acompaña. En el contacto en un túnel interdimensional ella le pide que insemine un tubo para tener un hijo con su holograma, mucho más aseado e inteligente que él, y de ahí nace ni más ni menos que él mismo, pues el bebé es

enviado al pasado donde él creía que le habían abandonado sus padres, de modo que genera un anillo de existencia circular en el tiempo que perpetúa a la raza humana en la eternidad. El caso, en esencia, es que así se convierte en su propio padre cuando ya era la madre de sus hijos. En el último capítulo, parodia de Blade Runner, los personajes viajan a la tierra a buscar a su creador, pues se dan cuenta de que son sólo eso, los personajes de ficción de una serie y, como es el último capítulo, les quedan pocos minutos de vida. Al final se dan cuenta de que es al revés, la ficción son los telespectadores. Lister se pregunta cómo reaccionará el público si se da cuenta de que no es real, que su vida es una ficción, y Rimmer contesta: Seguramente se reirá. Ahí concluye, bien en alto, una de las series más graciosas y adictivas que yo jamás haya visto. Parodia de todo lo escrito en ciencia ficción y modelo del que presumiblemente se han copiado películas como Cazafantasmas 2 o la celebérrima Futurama, que tiene unos cuantos calcos. Y también, algo muy difícil de repetir porque surgió de una radionovela de humor y no de un departamento de marketing rapiñador de vaguedades como le gusta al exigente paladar que te da el 20% de share. ¡Gracias BBC!

I Love Escassi
El éxito de un reality-show es el éxito de las oraciones coordinadas adversativas. Un crimen, violación, atraco… solicitar una ayuda pública, llevar un velo o, qué caray, mera presencia en la calle de musulmanes también puede generar hoy en día muchas coordinadas adversativas (“Yo no soy racista, pero…”) pero nunca tantas como un buen reality (“A mí también me parece una porquería, pero…”, “Yo no veo nunca está clase de programas, pero…”, “Yo estaba viendo la BBC en checo, pero hice zapping…”). ‘I love Escassi’ estaba llamado a engrandecer esta forma de articular nuestra lengua, pero su paso por la parrilla ha sido más que discreto en cuanto a audiencia y la polémica que ha generado, gotas de agua en el mar. Bien es cierto que una queja oficial del Instituto de la Mujer es un formidable galardón que te debería aupar hasta un mínimo de trece o catorce puntos de share, pero la competencia es feroz. La ‘Generación Ni-Ni’ de La Sexta o los toxicómanos de ‘El Refugio’ en Cuatro han puesto el listón del atrevimiento de los programadores muy alto. Además, ‘Granjero busca esposa’ ya había explorado esta fórmula con la exitosa variante de emplear seres humanos autóctonos del campo para que los espectadores se rían de su bestialidad y se enternezcan con su sencillez en lugar de molestarse con la arrogancia y el presunto nivel del jinete Álvaro Muñoz Escassi. Porque uno de los principales motivos del fracaso de este concurso ha sido, a mi entender, su protagonista. El jinete sevillano no es un tipo genuino. Catálogo con patas de frases hechas expresadas despacito, casi entrecortadas, para que parezcan más veraces, Escassi encarna las cualidades menos simpáticas de la imagen que tiene nuestro país del pueblo sevillano. Un nivel intermedio entre él y Jesulín de Ubrique, Rafi Camino, por ejemplo, seguro que hubiera dado mucho más de sí y el espacio

hubiese sido mucho más versátil, menos ceremonioso y más propenso a la sorpresa. Pero no. El estilo y la elegancia de Escassi se ha reducido a sus ojos claros, espaldas anchas, tableta abdominal y que se movía con mucho cuidado para no tirar nada. Pese a todo, el concurso no ha estado exento de momentos estimulantes para los paladares más exigentes y desacomplejados con la televisión. El formato era sencillo. Quince mujeres tenían que competir por el jinete, que se quedaría con sólo una de ellas al término del reality. La cosa empezó bien desde el primer día, pues las concursantes estaban divididas en dos grupos: maduras y jovencitas. Las primeras se pensaban que eran las únicas que estaban concursando, pero al final del primer capítulo aparecían por sorpresa las siete veinteañeras. Las caras del encuentro, un momento estimulante. En esto consiste actualmente la televisión. Dos chicas concentraron todas las miradas. Kelly, brasileña, “me considero muy liberal y no me importa quitarme la ropa” y Lucía, “terapeuta energética” (sic) y profesora de “esencias florales y body-chi”. La brasileña, por motivos obvios. En el momento de conocer a Escassi, mientras todas las chicas compartían un ágape con él, se retiró un poco, se quitó la ropa, volvió y se lo llevó para darle un masaje en pelotas. No se habían dado ni dos besos en la presentación. El resto de chicas crucificó con la mirada a su rival y, a la hora de cenar, -porque para echar una peta la mujer española sabe contemporizar y reservarse para el momento más oportuno- le dijeron a Kelly que era un tío, que tenía pene. La brasileña, encolerizada -también entre acusaciones de embriaguez- se desnudó completamente y apretándose los pechos reivindicó su condición de fémina. Una de las jovencitas, ajena a la disputa, ante tamaña escena rompió a llorar y sufrió un ataque de ansiedad. Herida en su orgullo, Kelly abandonó el concurso por su propio pie.

El caso de la terapeuta energética, Lucía, fue el contrario. No se hablaba con nadie. Iba de un lado a otro entre meditación y meditación y Escassi fue claro ante las cámaras con respecto a ella: “No sé por dónde cogerla”. El jinete la despachó en el segundo programa y, tras su expulsión, Lucía, que se había sometido a unas cuantas operaciones faciales, tuvo que ver cómo la mismísima Belén Esteban criticaba y hacía mofa de lo mal que le había quedado la nariz. Lo más cercano al acabose que mis ojos hayan presenciado en este mundo cruel. La siguiente concursante en generar polémica era de nacionalidad rumana. Mikaela, dependienta en una tienda de móviles en Castellón, seis años en España. En una fiesta de disfraces bien regada de alcohol, con las chicas semidesnudas a lo ‘Eyes Wide Shut’, Mikaela se puso a llorar porque Escassi le había dicho que quería salir con ella y a los pocos segundos fijó su atención en otra parte. Las chicas montaron el pollo porque consideraron que eso eran “lágrimas de cocodrilo”. La rumana se hundió, pero el desencuentro sirvió para que de los labios del jinete brotara una de sus frases memorables: “Yo nunca miento, lo que digo puede tener un sentido, dos o tres, pero nunca miento”. Mikaela, tras ser expulsada, fue directa a la portada de Interviu con el título “No fui mercancía sexual”. Una que sabía bien cuánto miente Escassi es Lara Dibildos, su ex. Fue entrevistada por el programa y sentenció sobre las concursantes: “Me dan pena”. Un testimonio que se equilibró con las palabras de Rafa Mora, vigilante jurado valenciano, concursante de ‘Mujeres hombres y viceversa’, actualmente en ‘Supervivientes’ y asistente a cenas y eventos de la plataforma ‘España 2000′ tal y como se puede ver en la web de la organización, que dijo que Escassi le parecía “un pelele” dominado por tanta fémina. No obstante, una amiga de Lara consultada por quien esto escribe confirmó lo a todas luces evidente: estaba en su salsa. Se trata de un hombre que cuando sale de marcha sale a culminar y

punto. Para muestra un botón, a tres días del estreno del reality (que era grabado) las cámaras de ‘Fresa Ácida’ le captaron en una discoteca buscando la culminación de la jugada con una receptiva Arantxa de Benito, ex de José María Gutierrez, ‘Guti’. Un palo para el concurso pues la audiencia supo que a la semana de haber elegido a su princesa ya la estaba presuntamente corneando. En el ecuador del programa irrumpió con fuerza Sandra. Una chica de dieciocho años que bailó ante el jinete en su habitación con el culo al aire. Yuna, una joven de ascendencia mongola cuyo nombre completo es Oyontchinmeng Dulamsurel, y que vive a caballo entre las eternamente católicas Portugal y Pamplona, se encontraba en la habitación en ese momento y dijo que ella no era así, que eso de bailar a un desconocido aunque le atraiga que no, que eso no le parecía bien. En esa misma gala el sevillano la expulsó ipso facto, por supuesto. Y no era fea. También por estas fechas, Ainhoa, profesora de preescolar, la chica del ataque de ansiedad con el arrebato de Kelly, seguía llorando tres semanas después. El jinete, haciendo un gran esfuerzo, se vio obligado a darle mimos en privado para que se viniera arriba. Un engorro que quizá tuvo que asumir por mandato de la productora para evitar más abandonos a juzgar por la cara de no me apetece una mierda que tenía. Y así, más o menos, todo transcurrió con la misma dinámica hasta la final. Escassi se acostó con al menos tres chicas y mostró clara preferencia por la citada Sandra, que le encandiló agitando su culo perfecto en la cara, lo que hacía rabiar a las demás, lo que le obligaba a repetir “Yo siempre digo la verdad” y vuelta a empezar ad nauseam. Aunque el problema fuese que estuvieran todas cenando y él dejara que Sandra le llevara la mano al paquete bajo la mesa, no dejaba de decir su frase y si acaso, que ese tipo de situaciones no es lo que parecían,

que se debían a que Sandra, literalmente, al ser la más joven, era la más frágil y sensible y necesitaba un trato especial. En cualquier caso, salvo algunos momentos de relumbrón, las ocho entregas de ‘I Love Escassi’ fueron un tanto prescindibles hasta la final, que fue droga dura de la buena. El jinete tenía que cenar con los padres de las tres finalistas. La primera parada fue en Ferrol del Caudillo. Cristina, una rubia del equipo de las maduritas con un carácter de impresión, había logrado sobrevivir tras instigar prácticamente ella sola todas las peleas. Algo que debía excitarla enormemente como para justificar su continuidad en el reality porque se acostó con Escassi y dijo que no le parecía “nada del otro mundo”. La cena en el domicilio de sus padres transcurrió sin sobresaltos hasta que aparecieron las otras dos finalistas, Sandra e Isabel Ibáñez, especialista en el electrónica en paro que había estado años saliendo con un cirujano plástico que le hizo todas las operaciones gratis. Ambas se pusieron a despotricar insultándose en la mesa y Escassi miró al padre de familia que, reuniendo para sí todos los tópicos negros del pueblo gallego, arrugó el rostro y dijo muy bajito casi a punto de llorar: Esto no lo puedo permitir yo. Pero sí que lo permitió, sí, y la tangana que se formó podría haber desencadenado una subida de las pensiones en toda la zona euro de no ser porque Escassi, que es muy cuco, huyó despavorido del lugar. A continuación le tocó el turno a la familia de Isabel. En Valencia. Isabel estaba preocupadísima. Creía que su familia no tenía el nivel necesario como para acoger a Álvaro en el salón de su casa sin violentarle. Una ansiedad que se traducía en lágrimas. Entretanto, Cristina y Sandra se paseaban por el barrio cogidas del brazo. Dijeron que eso era un “barrio marginal”, que si lo hubieran sabido antes hubieran “venido en chandal”, que

ahora entendían por qué Isabel iba siempre en zapatillas. Sin embargo, la visita no fue mal en el hogar de los Ibáñez. El jinete dio un recital de sus mejores frases hechas sobre la humildad, los pobres y los ricos y quién lo es de cuenta corriente y quién de corazón, para con una media verónica tirar por el pasillo, meter a Isabel en su habitación y tirarse en la cama a enrollarse con ella tal y como han hecho toda la vida de Dios los Señores en casa de los siervos con las hijas en edad de merecer. Pero lo mejor fue la casa de Sandra. En algún punto de Cataluña, Escassi se encontró en una comida con su madre y su abuela. Fue muy agradecido, dijo que el ambiente era frío y que la comida la habían comprado, no cocinado ellas, y que hasta eso era falso (aunque sobre la mesa expresó: ¡Qué rico todo!) pero eso eran tonterías. Lo bueno vino después. A la madre de Sandra le vino al pelo el dicho de por la boca muere el pez. Comentó sin complejos que llevaba años “promocionando a su hija”. Las otras dos finalista sacaron conclusiones mucho mejores. Isabel dijo: “La madre de Sandra está vendiendo a su hija a cualquier precio, le da igual”; Cristina: “Ahora entiendo y puedo decir: pobre niña” Y Escassi reconoció que se había quedado con la sensación de que si él tuviese veinte años más y llegaba con el dinero, se la compraba. Claro que la madre no sabía que su hija también se había promocionado sola y cuando las otras dos finalistas dijeron que se había tirado cuatro veces a Escassi, se le quedó una cara de sota con inmejorable acabado. Resultado: La abuela llorando y la madre arrepentida de haber metido a su hija en el concurso. Aunque le quedaron fuerzas para marcarse un puñetazo en la mesa y dejar caer ante las rivales de su retoño que tenía un Cadillac y que lo mejor es que Sandra y Escassi se dieran una vuelta con él para acabar con el mal rato. (La señora tenía un negocio de alquiler de coches antiguos -tal vez para turistas-, pero bien que se le llenó la boca diciendo

Cadillac en catalán) En la final, en Roma, Álvaro finiquitó a Isabel en un santiamén porque le llamó hipócrita mientras él desplegaba sus encantos (no se molestó ni en repetir que él siempre dice la verdad) y terminó eligiendo a Cristina como mujer de sus sueños tras haberse magreado con Sandra en un bar la víspera como si partiera para Verdún a la mañana siguiente. El delicioso caos argumental del concurso no se quedó ahí. Cristina, justo antes de saber que había vencido, decía en privado a la cámara llorando que no sabía qué carajo hacía concursando ahí. Ahora la prensa gallega se esfuerza por mostrar que siguen juntos, que en realidad se quieren. Pero los espectadores sabemos la verdad, no somos tontos: el único amor posible y verdadero que pudo surgir en el concurso fue entre una mujer cerca de los cuarenta, desencantada con la vida y con cierta desapetencia creciente hacia los hombres, y una chica muy joven, juguetito roto en manos de sus ambiciosos padres, que está harta de que le digan lo mona que es y sólo desea cortarse mal el pelo y no volverse a maquillar jamás, el precioso amor, juliomedemadas aparte, entre Cristina y Sandra.

The thick of it – In the Loop
La política británica contemporánea no ha tenido una extraordinaria influencia en España, pero está más presente en mi vida que la de cualquier otro país europeo. Los franceses nos han tirado la fruta, disparado contra nuestros barcos y detenido o no a los terroristas. De Alemania ha llegado múltiple inversión industrial, cierto dinero negro que no era “ni de Flick ni de Flock” y la manija del grifo de los fondos de cohesión siempre ha estado en su mano que yo recuerde. En las islas, al margen de los portazos de Gibraltar, hasta la foto de las Azores, la política británica, en la praxis, me la traía al pairo. Sin embargo, la segunda mitad de la carrera de grupos como The Clash o los Jam, hasta enlazar con la generación del ’sonido Manchester’ (recogida en la película 24 Hour Party People), venía con la vitola de ser un producto inevitable en la “Inglaterra thatcheriana”. Películas muy buenas, o que a mí al menos me han gustado mucho, como ‘Mi hermosa lavandería’ de Stephen Frears, o la que firmó años después su guionista, Hanif Kureishi, ‘London Kills Me’, trataban específicamente de la sociedad británica bajo el mandato de Margaret Thatcher. Y la cosa fue a más cuando fueron cayendo como fruta madura escándalos sexuales en el Gobierno Británico. Cecil Parkinson, el adúltero; Harvey Proctor y sus orgías sadomasoquistas homosexuales con jóvenes chaperos; o Stephen Milligan, del que quizá no se recuerde el nombre pero sí que fue el famoso diputado conservador británico aparecido muerto en la cocina de su casa con ligueros, una naranja en la boca, una bolsa de plástico en la cabeza y un cable alrededor del cuello, la manera de la que se masturbaba los fines de semana. En muchos aspectos, la política británica me ha

interesado más sin importarme que incluso la española. Por eso, la aparición de una serie como ‘The Thick of It’, descrita como un viaje por los entresijos de la política británica con el estilo de ‘The Office’, se me antojaba irresistible. Pero aún hay más, ‘The Thick of it’ trata sobre el Ministerio de Asuntos Sociales, el epicentro de las políticas que han caracterizado el legado de nuestro actual presidente. Por lo tanto, el atractivo y actualidad de la serie no podía ser mayor y, gracias a la excelente traducción del hematocritico, he disfrutado ¡y cuánto! de la primera temporada. Una breve reseña del primer capítulo. Por lo que sea, la prensa publica que el ministro de Asuntos Sociales está en la cuerda floja. Malcolm Tucker, el representante del primer ministro y alma de la serie, va a visitarle y le dice: “Al primer ministro le gustas personalmente, a mí me gustas personalmente, no tenemos ninguna gana de librarnos de ti, quiero que sepas que nada de esto ha salido de nosotros”. El ministro se lleva una alegría y un alivio enormes. Y entonces Malcolm pasa a explicarle: “Es un titular día tras otro, día tras otro… ¿Sabes lo que pasa? es que estamos empezando a parecer débiles… la gente se pregunta ¿cuándo se va a ir? y… ¿tú no quieres que parezcamos débiles verdad?… Pues eso, por eso tienes que irte”. Sorprendido y desesperado, el ministro busca otra salida todo nervioso: “Te diré lo que vamos a hacer, todos sabemos que Tom la está cagando con Transporte”. Y Malcom: “¡No podemos despedir a nadie de Transporte ¡esos son importantes!” Éste es el punto de partida de la primera temporada y ésta es la importancia y el respeto que se tiene por dicho Ministerio. A continuación, con el nuevo ministro se barajarán medidas de impacto, algo contundente, “¿Obligar a todo el mundo a llevar una bolsa de plástico por la calle?”, sugiere un avispado asesor. La retahíla de situaciones hilarantes no tiene desperdicio. Su conexión con ministerios de nuevo cuño como el de Igualdad o

Vivienda españoles es inevitable. Todo con un humor corrosivo, que tiene como eje la vergüenza ajena, mostrada pornográficamente con ese estilo de tratar la ficción como si fuera un documental que rompió moldes con las teleseires ‘The Office’ y ‘Extras’ de Ricky Gervais.

Y tanto va el cántaro a la fuente, que figúrense, el propio actor que hace de ministro de Asuntos Sociales toda la temporada, Chris Langham, tuvo en la vida real sus problemas con la ley por temas de pornografía infantil. Tras ser encontrado culpable, declaró: “Después de esto mi vida ha quedado arruinada” ¿Seguía actuando? ¿Le pasó como a Johnny Weissmuller, que creyó toda su vida ser Tarzan? Con todo, Armando Iannucci, guionista y director de la serie, no quiso quedarse en el patetismo de este ministerio y, mediante un spin-off, la película ‘In the loop’, se adentró en terrenos no menos animados de la política moderna como fueron ni más ni menos que los pasos previos a la declaración de guerra a Irak. La cinta, también en clave hiperrrealista y exactamente en los mismos términos humorísticos -tal vergüenza ajena que cuesta hasta reírse y no taparse la cara- lleva a Malcom Tucker a Estados Unidos a tratar de erradicar cualquier tipo de argumento en contra de una hipotética guerra en Oriente Medio. Pero sus planes se chafan

cuando el secretario de Estado para desarrollo internacional (cargo al que se le da la misma importancia que al anterior Ministerio) en una entrevista sobre la diarrea en África, se le va la lengua a “guerra contra la diarrea”, le preguntan por la guerra y suelta “la guerra es imprevisible”. Entonces todos los focos se centran en él y, abordado en la calle por los periodistas, intenta huir de toda responsabilidad con un “es que para llegar a la paz hay que escalar las montañas del conflicto” que en contra de su intención es aún mejor recibido por la prensa internacional y se le da todavía más importancia. Lo que sigue no es menos hilarante. Tiene que viajar con Malcom a Washington sin pintar absolutamente nada. Allí destaca la interpretación del célebre James Gandolfini en un papel de militar pacifista que se rige por los mismos patrones que su otro gran personaje, Tony Soprano: gritar, romper, insultar… con especial mención a que no sabe dividir. Al final, informe va, informe viene, se consigue dar luz verde a la invasión para mayor gloria de un Halcón sureño que exige respeto a la religión allá donde se halle porque, según reconoce, “se crea o no en ella, es una hipocresía muy útil”. Todo para morir a carcajadas, a veces hasta para darle al ‘pause’, pero no estamos hablando de un trabajo cinematográfico baladí. Que yo recuerde, en el momento álgido previo a la invasión de Irak se habló de camioneslaboratorio siempre en marcha donde se producían las armas de destrucción masiva que iban a acabar con todos nosotros y el que pensase lo contrario era, literalmente, un miserable. A toro pasado, cualquier persona que recuerde aquellos capítulos se preguntará cómo fueron los momentos en los que se inventaron tal cosa, quién tragó primero con la bola, cómo se lo dijeron a Aznar, cómo se lo dijo Aznar a los suyos, cómo calló sus más que razonables dudas… A todo esto da respuesta ‘In the loop’ usando la imaginación, sí, pero me temo que dejándola volar muy raso desgraciadamente. Es por ello, a mi entender, un acto cinematográfico revolucionario, la réplica popular a

aquellos autos de fe en los que se exigía al ciudadano honrado que no dudase, que confiase ciegamente pues en caso contrario hacía el juego a los enemigos de la civilización. Donde ellos dijeron laboratorios andantes, el pueblo responde ¿así llegasteis a esa conclusión? Los cáusticos trabajos de Iannucci son tan necesarios para que nuestro mundo llegue a algo que no dé risa tonta como una prensa seria e independiente, la llamada no sé si con sorna ‘refundación del capitalismo’ y demás sueños que a veces se nos van como arena entre los dedos.

Garth Marenghi’s Darkplace
Apartado de confesiones. Yo de pequeño jugaba a ser Ray Seventon. Pronunciado como se lee. Un policía secreto enfrentado a mafias y conspiraciones muy peligrosas. Un buen día me cansé y decidí matarlo. Entonces jugué a ser Eddy Mac, su hijo, conjurado para vengar la muerte de su padre -No entro a discutir por qué no se apellidaban igual. Fueron tiempos donde alternábamos jugar al ‘Rescate’ y ‘Polis y cacos’ con fantasías en las que “unos hombres de negocios” daban con “un tipo que no busca problemas” y peleaban por un maletín de madera (lleno de acuarelas) que se conseguía levantando el índice por sorpresa y gritando ‘Ta, ta, ta’. -Unas normas que dejan la interpretación de la regla del fuera de juego en el arbitraje en campos de tierra sin linieres a unos niveles de exactitud como los de la Física que se enseñaba en tercero de BUP. Nuestra imaginación estaba atacada por los cuatro puntos cardinales: las series de televisión, las películas del videoclub, los comics de gangsters que se colaban en los tebeos de historietas variadas y el AOR, (Arena oriented rock, o Adult oriented rock, según se quiera denigrar de una forma u otra). Una concepción ética y estética de la existencia en la era donde la comercialidad de todo estaba completamente desatada sin disimulo posible, los ochenta. Hay productos que disfrutamos en esta época que son naturales. Sobre todo los españoles (aunque tengo pediente tragarme Turno de Oficio y Brigada Central) Nadie se echa las manos a la cabeza al volver a ver Barrio Sésamo. Puede extrañar, pero por su originalidad y atrevimiento, El Planeta Imaginario, antesala de la drogadicción para toda una generación de pastilleros. Pero una de las primera reposiciones de Miami Vice en

Televisión Española, que fue alrededor de 1995-96, ya entonces clamaba al cielo: ¡Cómo nos podía parecer esto la panacea! El Trueno Azul, el Halcón Callejero (vean con qué naturalidad y desparpajo actúa George Clooney en este episodio) y tantas otras tan recordadas sobre todo en Internet mostraban no ya unos argumentos completamente surrealistas, sino, y aquí está lo más importante, un elenco de secundarios que algún día, si un paro prolongado permitiera tirar a la basura aún más horas de mi existencia, merecería la pena categorizar enciclopédicamente: el buen trabajador americano que acaba su bistec en la barra de un bar de carretera antes de volver a su camión, los sicarios trajeados y malencarados sin sentido del humor y gafas de sol que a la mínima desenfundan de la sobaquera, las jovencitas casquivanas, los profesores chiflados (o todo aquél con estudios universitarios), los policías uniformados abúlicos que les tiembla la pistola en la mano cuando se enfrentan a delincuentes duros de verdad, el chulo de playa que triunfa en la vida que entra en un motel con dos jovencitas de las de antes que no cesan de reír y se mofa de uno que presenta una diferencia de algún tipo y luego resulta que es un alienígena que le arranca los brazos… qué sé yo, sería eterno. De todo esto hace mofa ‘Garth Marenghi’s Darkplace’. Serie británica de seis breves capítulos cancelada tras su primera temporada. Quizá por ser demasiado cara, quizá por no ser lo suficientemente promocionada, según la British Comedy Guide, que en el fondo es la acusación mutua que se lanzan creadores y empresarios siempre que algo fracasa.

Con los que luego han sido protagonistas de ‘It Crowd’, Richard Ayoade (Moss) y Matt Berry (Douglas), la serie emplea el falso documental para presentar otra serie creada en 1981 que no fue emitida, cuenta su autor, por ser demasiado revolucionaria para la época. Se trata de una mezcla de ingredientes propios de la infausta década en la que los médicos de un hospital, que van armados y son unos justicieros, se enfrentan a sucesos sobrenaturales como los de Historias de la Cripta. Con sus homenajes, como el del segundo capítulo inspirado en ‘Carrie’ donde tienen que luchar contra la telequinesis de una rubia-tonta-ninguneada, y un tratamiento de la violencia desternillante con abuso de gritos desaforados y cámara lenta (este caso explicado en el falso documental con el argumento de que por un error los episodios duraban ocho minutos menos de lo debido y decidieron meter cámara lenta en todas las acciones sin diálogo para estirarlos). Todo ello, además, no exento de la procacidaz marca de la casa, por ejemplo, cuando un ojo gigante da por el culo a un paciente del hospital. Un canto excelso a la cutrez de la época que significará mucho para los que no se perdían ninguna entrega de la cultura popular de aquellos tiempos. Y también, un anhelo irresistible de que los totems de la actualidad, como Lost, House o 24, tengan su justo castigo a manos de la próxima generación de cómicos ingleses.

En fin, otra delicia británica que, en palabras de su propio autor, Garth Marengui, “pretende hacerte reír, llorar y cagar al mismo tiempo“.

El parto de los montes
Cuando era pequeño, mi abuelo me regaló un libro para que me lo pasase bien en vacaciones, el ladrillo ‘Crónica del siglo XX’. Un libro que repasaba la Historia como si fuese un periódico. Al margen de la dura pugna de nuestro país con Portugal por presumir del régimen fascista más longevo de la Historia, según pasaba las páginas del tomo, ante mis ojos iban sucediéndose olimpiadas, mundiales y demás eventos deportivos con sus correspondientes: España, trigésimo cuarta en el medallero; no se clasificó; cero points; penúltima, etcétera… En setenta y cinco años, que lo menos eran doscientas páginas, España había ganado diez medallas en disciplinas como la pelota vasca, el tiro con pistola y el boxeo, aficiones muy de aquina. Aquellos veranos sumido en la lectura una y otra vez de ese libro coincidieron, además, con que mi ciclista favorito de todos los tiempos, Pedro Delgado, abandonó cuando iba a ganar una Vuelta a España por una gripe, un Tour por la muerte de su madre y tras alzarse con la ronda gala dando positivo de una sustancia que sería ilegal al año siguiente, en su Tour de campeón tomó la salida tarde en la primera etapa y lo tiró a la basura pese a realizar el mejor tiempo si se descontaban los minutos de retraso de ese día. En fin, comprendí a temprana edad que ser español era lo más tope, por supuesto, pero muy descorazonador y sobre todo cansino. Tampoco ayudó que la primera vez que fui a Francia, mientras que en la panadería de mi barrio se ofertaban cinco modelos de chocolatina, ‘Toke’, ‘Mars’, ‘Raider’, ‘Huesitos’ y ‘Toblerone’, en Burdeos había una gama tal de productos para elegir que te hacía sentir como Yeltsin en su primer viaje a Estados Unidos, que paró la comitiva para entrar en el supermercado de una gasolinera con la mirada vitriólica y pasar un rato meditabundo entre los estantes, seguramente ideando la posterior ‘terapia de

choque’ en lo que quedaba de la URSS. Hasta los grupos españoles de música enrollada empezaron, por esas fechas, a cantar todos en inglés. España era una porquería, en resumen. Los Mundiales de Fútbol, el acontecimiento deportivo más importante de la Humanidad, más importante para la moral de un país que la propia guerra, no eran una excepción. Y como todos mis compatriotas empecé a experimentar las famosas catarsis del combinado nacional de fútbol profesional. Un fenómeno como la tauromaquia, pero al revés. Asistir a la continua e impenitente humillación de nuestro equipo una y otra vez. Siempre fieles, siempre jurando no volver a hacerlo jamás y regresando una y otra vez como mandriles a por nuestra ración de palos en la boca. De México 86 no tengo recuerdos más allá de mi VHS de Historia de los Mundiales. Tampoco de la Eurocopa de la Alemania Federal más allá de una página entera del Don Balón dedicada a Vialli, nuestro verdugo en la primera fase, y ríos de tinta abundando sobre la impotencia, la angustia, el cansancio y la desesperación como si se tratase de un ensayo filosófico existencialista. Lo que sí que recuerdo bien, esto es, con el álbum de cromos completo una semana antes del Mundial, fue Italia 90. A la cita en el país que nos civilizó, España acudió como un negativo de la selección actual. Entrenador barcelonista y equipo cimentado en el Real Madrid. La Quinta del Buitre, quintaesencia del combinado, era una generación fracasada. Por muchas ligas que ganase en casa, en Europa sufrió unos correctivos indecentes. Parte de la propia directiva del Madrid filtró a la prensa el desastre que significaba haber apostado por jugadores de la casa incapaces de competir fuera de España. ITALIA 90

El consuelo es que contábamos con el que, probablemente, había sido el mejor jugador de Europa esa temporada, Rafael Martín Vázquez, como prueba inequívocamente el hecho de que fuese vendido inmediatamente por el Real Madrid. Pero el que destacó en este Mundial no fue él, sino José Miguel González Martín del Campo ‘Michel’. Gracias al cuál aprendí que España es un país plural y diverso cuando mis vecinos de arriba, del Atlético de Madrid, celebraron los goles contra Corea al grito de “payaso” y “subnormal”. El futbolista, sin embargo, exclamaba “Me lo merezco”, pues en el Bernabeu, por lo que fuese, la afición no le quería y le tildaba de homosexual cada domingo, frustración que el futbolista mitigaba yéndose a buscar a Pizo Gómez hasta su lugar de entrenamiento para insultarle y reírse de lo malo que era (suceso que con la psicología moderna en la mano demuestra que, efectivamente, como había detectado la grada del Bernabéu, se lo quería follar). También aprendí ese año, al mismo tiempo que Michel, que el destino es un cabrón muy voluble, como dicen en Lost, cuando ‘Me lo merezco’ fue retratado perfectamente por la televisión introduciendo la cabeza entre los hombros, de espaldas, con las manos en los testículos y levantando sutilmente una pierna, la misma estampa que hubiera lucido cualquiera de nosotros si te sorprende desnudo la Guardia Civil en mitad del campo a las cuatro de la mañana y te enchufa con el foco del Land Rover. Una postura que no tiene nada de malo si no fuera porque ‘Me lo merezco’ se encontraba en la barrera justo en el lugar por el que pasó un zurriagazo de Stoijkovic que nos echó del Mundial “cuando mejor estábamos jugando”. En realidad, lo que ocurrió es que los yugoslavos plantaron un autobús que sólo fue capaz de atravesar Martín Vázquez en jugadas desde la banda él contra el mundo en las que se meaba a dos o tres jugadores y después chutaba muy fuerte fuera para poner luego cara de anuncio de desodorantes masculinos de la época. La

selección tuvo la posesión, eso que gusta tanto, e hizo todo lo que acostumbra, reclamó ‘penaltis clamorosos’, tiró al palo y el portero yugoslavo llegó a parar un cabezazo de Górriz con la cara. Todo, tanto, para que nos metiesen un gol en su única llegada y otro a balón parado. Aprendí también, en aquellas fechas, que había ciertos jugadores calificados como indiscutibles que a mí, desde la inocencia de un niño, me parecían, con todo respeto, una puta mierda. El protagonista en este caso era Emilio Butragueño Santos, que contra Yugoslavia falló un par a bocajarro. Una gran decepción, pues el madrileño se había consagrado marcando a puerta vacía hasta en tres dificilísimas ocasiones contra Dinamarca en el 86. Pero él no era el único. Zubizarreta, el portero, ya daba muestras de irse al suelo con el flamear de la manga de la camiseta del rival al iniciar la carrera desde su campo, y Julio Salinas, ‘Julito’, tenía gol, vale, pero sólo si la jugada adquiría tintes humorísticos, cosa que no ocurría a menudo precisamente. EUROCOPA DE SUECIA Y LA QUINTA DEL COBI Para la Eurocopa de Suecia, Panini sacó su colección de cromos sin la presencia de España. No llegamos a clasificarnos. Nos adelantaron Checoslovaquia y Francia. Al vecino le pusimos contra las cuerdas con gol de Bakero en el minuto 10 en el Parque de los Príncipes y respondió como es su costumbre: metiéndonos tres. Y por medio del luego entrenador del Athletic de Bilbao, Luis Fernández, y Papin, con un cero a dos en Sevilla nos dejó sin opciones. Esa era la España de Michel y Butragueño y era lo que había. Pero cuando parecía que estaba todo perdido, una generación de jugadores sub-21 consiguió el oro en la Olimpiada de Barcelona. Por supuesto, el entrenador, Vicente Miera, fue inmediatamente destituido. Llegó Javier Clemente. El entrenador vasco se había quedado con cierto detalle de la selección olímpica: sólo había un jugador del Real Madrid, Alfonso. De modo que

tomó ejemplo y desterró de por vida a la Quinta del Buitre de la selección y llamó a tres cuartas partes de la plantilla del Barcelona, que asombraba al mundo con su juego ‘de toque’, y que entre otros detalles menores, había configurado él haciendo gala de su mayor dote como entrenador: rodearse de sus amigos. ESTADOS UNIDOS 94, EUROCOPA 96, FRANCIA 98 La Eurocopa de Suecia fue ganada por Dinamarca, la selección invitada en lugar de Yugoslavia, entonces sumida en su particular negociación de los estatutos de autonomía. Los nórdicos, expulsados del Mundial de México goleados por España cuando habían realizado un gran partido, aprovecharon que no estaba España en esa Eurocopa para ganar el título y esconderlo rápidamente fuera del alcance de los nuestros. Como un hurto con nocturnidad. A los pocos meses, España volvió a cruzarse en su camino y los apeó del mundial de Estados Unidos con gol de cabeza de Hierro sosteniéndose en el aire doblando las orejas. A este Mundial todos los jugadores fueron con perilla. Gran ambiente en el vestuario sólo emborronado por la campaña de la prensa contra Clemente por, entre otros motivos menores, no llevar a José Miguel González Martín del Campo al Mundial. Más grave fue que no llevara al máximo goleador nacional, Carlos Antonio Muñoz Cobo, natural de Jaen, en las filas del Oviedo, y sí a Julio Salinas. El técnico vasco, acusado de resultadista, mostró en esta decisión su faceta más romántica y apasionada al ignorar los números de ese año: Carlos, 20 goles; Salinas, 2. En esta ocasión, los aficionados vimos de madrugada cómo los coreanos nos remontaban dos goles. Luego enderezamos el rumbo con un gol estilo guipuzcoano a Alemania y nos clasificamos para octavos dando un puñetazo en la mesa, como debe ser, con autoridad, metiéndole un 3-1 a Bolivia con disparo al larguero de

ellos nada más empezar y el primer gol nuestro de penalti de risa, que no era ni de broma, y lanzado raso por el centro a los pies del portero, tirando a dar, por Guardiola. Nos salvó una gran actuación de Caminero. Contra Suiza en octavos resolvimos con facilidad. Anunciaba el Don Balón la temida presencia de Chapuisat en el once helvético y su presencia se quedó en eso, en un anuncio. Igual que nosotros, que les metimos tres y nos anunciaron como candidatos al título. Entonces llegó Italia. Nuestro equipo titular era para ponerle un marco. Ferrer, Alkorta, Nadal, Abelardo, Otero y Sergi en el mismo once. Y para irnos al ataque a la desesperada, metió en el campo a Hierro por Bakero. El partido fue sencillo. Italia nos dio el balón y dejó que todo transcurriera con naturalidad: España reclamaba un penalti a Luis Enrique por una patada dentro del área de Conte, ellos marcaban desde fuera del área. Fácil, a gusto. No obstante, España logró empatar por mediación de Caminero con un gol en el que el central cambió la trayectoria del balón y vendió a Plagiuca. Clemente sacó entonces a su amigo Salinas por Sergi y el cambio le salió bien. Hicimos una jugada brillante. Uno de nuestros centrales, desde su casa, envió un patadón impresentable hacia el que sólo corrió Salinas. El vasco se quedó sólo ante Pagliuca, con los defensas a tres metros y antes de intentar la locura de regatear al portero, se curó de espanto disparando al muñeco. Todo dentro del guión. Como que luego Caminero no controlara bien el rechace, que le venía despacito y suave, y tuviera que optar por un piscinazo lamentable. En la siguiente jugada los dieciséis centrales españoles, por lo que fuera, decidieron no moverse, y Baggio recibió solo para sortear a Zubizarreta, a media salida y con los pies, y enchufarla. Para casa y con propina en el codazo de Tassotti, una bellísima persona, a Luis Enrique.

Yo no me acaloré protestando ese penalti. Para mí la pena fue la de Salinas. Y como lo había llevado enchufado, pensé que la culpa era del entrenador. Es decir, pensé que la cosa tenía arreglo. Iluso de mí. En la Eurocopa de Inglaterra, dos años después, nos enfrentamos en la primera fase con una Francia bastante seria que ya tenía a Zidane, Karembeu, Lizarazu, Djorkaeff, Angloma y Desailly. Y lo hicimos a lo grande, con cuatro centrales: Hierro, Lopez, Alkorta y Abelardo, y dos laterales, Sergi y Otero. Y en punta, la dupla de la Quinta del Cobi, Alfonso y Amavisca. Se adelantaron ellos con gol de Djorkaeff a pase de Karembeu en plan Laudrup y empatamos nosotros por mediación de Manjarín cuando ya estaba sobre el campo toda la artillería pesada, esto es, Julito Salinas (18 goles con el Sporting ese año). Los rumanos también se lucieron con nuestra defensa, meándosela en plan Laudrup para que marcara Raduciou. Aunque ganamos merced a un gol de Amor en último minuto en una jugada tan bonita como la del gol de Mijatovic en la Séptima o el de Zidane en la Novena. Con eso bastó para pasar. Nos plantamos en Wembley como gallitos de la competición a por el anfitrión. Y, de entrada, nos anularon dos goles legales. Uno a Kiko y otro a Julito Salinas que mereció la pena porque venía precedido de una patada al aire de Hierro que se cayó de culo (seguro que luego torturó a un gatito para resarcirse del ridículo) Aguantamos bien a los británicos, sin embargo, hasta que llegó la jugada en la que sí que sí. Pase medido de alguien -largo, por supuesto- y Manjarín solo, con el balón en los pies, con el portero fuera del área, debió ver al guardameta tan desesperado que le entregó el balón de un toquecito. En torno a la compasión gira todo el cristianismo. Después de eso, que fue bastante más chungo que lo del pobre Cardeñosa, Kiko y Caminero también fallaron prácticamente solos. El madrileño, con su tradicional piscinazo incluido. Así nadie daba un duro por la tanda de penaltis. Sobre todo porque

el primero que tiramos, Fernando Ruiz Hierro, se fue al larguero. Para casa. De vuelta y con la sensación, tras lo de Manjarín, de que nos habían echado un mal de ojo. En el Mundial de Francia, debut de Raúl González Blanco, jugamos el primer partido contra Nigeria, tras un presumible pacto de caballeros, sin porteros, a juzgar por el gol de falta que metió Hierro y la escalofriante actuación de Andoni Zubizarreta Urreta. El once, de ensueño, con Hierro, Alkorta, Iván Campo, Ferrer, Sergi y Nadal. Perdimos tres a dos. Tras la humillación, teníamos que ganar sí o sí, así que Clemente decidió jugársela contra la Paraguay de Chilavert y salimos solo con tres centrales, Hierro, Abelardo y Alkorta, y dos laterales, Sergi y Carlos Aguilera Martín, ‘el Gatu’. Nos comimos la mierda y, para el recuerdo, porque no sabíamos irnos de un evento deportivo sin dar la nota, le metimos no sé cuántos a Bulgaria, tal vez la mayor goleada en nuestro palmarés mundialista, para nada. Kiko celebró un gol llorando de pena. Basta recordar esa imagen para darse cuenta de la ilusión y el coraje que la selección despertaba en la afición. EUROCOPA 2000 , MUNDIAL DE COREA Y JAPÓN 2002 Y EURO PORTUGAL 2004 Mientras en España se barajaba el atentado personal para sacar a Clemente del banquillo, Chipre nos derrotó ante 5.000 espectadores con Hierro, Salgado, Raúl y Morientes sobre el césped y forzó la salida del técnico vasco un 10 de septiembre, San Clemente Mártir, para mayor escarnio. Recogió el testigo, tirado en el suelo, José Antonio Camacho. La sensación de que se podía mejorar fácilmente lo de Clemente (conformándose con alinear cinco jugadores defensivos como mucho, por ejemplo) el retiro de Zubizarreta y la eclosión del fenómeno Raúl González Blanco, devolvió a los aficionados ciertas expectativas.

No obstante, apareció un problema nuevo. Si a la selección se la acusaba de apurar el último pase de gol hasta el área pequeña y querer meterse en la portería con el balón, ahora había que añadir otro tópico, el ‘estado de forma’. Se decía que los jugadores llegaban agotados de la abultada agenda con sus clubes, mientras que los países tercermundistas estaban frescos como lechugas. De esta manera, la primera fase de la Eurocopa de Bélgica y la Comunidad Autónoma de Holanda, fue el espectáculo más bochornoso y lamentable que yo jamás haya visto ofrecer a nuestra selección: Derrota contra Noruega casi sin tirar a puerta con cagada demencial del nuevo y deseado portero, Molina. Victoria contra Eslovenia empleándonos con una agonía y desesperación propia de una final de la copa del Mundo y donde nos metió Zahovic un gol infame que no tocó ni la red. Por si fuera poco, todavía nos quedaba épica para el último partido contra la República Federal de Yugoslavia de Mijatovic. Lo que quedaba del ‘café para todos’ yugoslavo mostró tanta facilidad para meternos goles como para encajarlos. Lo que pasa es que los partidos duran noventa minutos y España, que no iba tan sobrada arriba, necesitó de algo más que un milagro para remontar los tres balcánicos, un milagro en forma de tres horas y media de descuento. Con el gol de Alfonso, de alguna manera, sentimos que había cambiado la suerte de España. Podían suceder milagros a nuestro favor, no siempre necesariamente en contra. Aupa ahí, nos dijimos. Entonces llegó Francia en cuartos, disparó dos veces a puerta desde la posición desde donde mejor se divisaba en la lejanía la portería española defendida por Santiago Cañizares, y para casa. La propina, la puntilla, el toque español, nuestra firma de calidad, Raúl González Blanco fallando un penalti en el último minuto. Lo lanzó alto, buscando la escuadra, el crack.

Con todo, Raúl atravesaba esos años el mejor estado de forma de su carrera y llegó la hora de demostrarlo por fin en un Mundial. Sobre todo porque hicimos, en el Campeonato del Mundo de Corea y Japón, una primera fase Imperial. Tres goles por partido. Dos de Raúl en sendos rechaces y rebotes espectaculares por lo ignominioso (esencialmente el de Sudáfrica, donde el ex 7 de España le quitó al portero un balón que tenía entre las manos y en el suelo) Los rivales, eso sí, no eran precisamente la panacea: Eslovenia, Sudáfrica y Paraguay. Llegamos a octavos sobrados. Tanto, que este encuentro, frente a Irlanda, quizá haya sido en el que más ocasiones tiramos a la basura de los últimos años descontando la final de la Eurocopa 2008 contra Alemania. Y como íbamos tan sobrados, Hierro le quitó literalmente la camiseta a un delantero irlandés y se sorprendió de que le pitaran penalti. Eso pasa cien veces al día en el área, vinimos a decir -en el área para follar de una sauna, replicaría el colegiado. Pero se hizo un milagro. Iker Casillas, héroe de Glasgow, decidió dar un giro de 180º a su carrera, esa mañana se miró al espejo y se dijo: voy a parar un penalti. El cambio no pudo ser mejor, paró dos. Ellos colaboraron tirando uno al larguero y pasamos. Ver a España superar una tanda de penaltis era poco menos que sospechoso. De hecho, hicimos lo que estaba en nuestra mano por cagarla, fallamos dos, pero no pudo ser. Irlanda y España, ‘los negros de Europa’, hacían honor a su fama de países de borrachos y resolvían el empate con un “gana tú”, “no, gana tú”, “que no, de verdad, gana tú”. Y muy mal teníamos que andar por aquel entonces porque después de tamaño espectáculo estábamos plenamente convencidos de que íbamos a ganar el Mundial. Por lo pronto, para pasar de cuartos, porque nos había tocado Corea. Poco hay que contar de este partido que se saben de memoria hasta los querubines de la familia. Metimos dos goles legales anulados, el que tenía que entrar, un

globo de Morientes, dio en el palo, Raúl lesionado no pudo hacer el ‘aguanís’ en ningún rechace con rebote a tres bandas, Corea hizo la mejor tanda de penaltis de la historia de este deporte y Joaquín falló. Qué le vamos a hacer. Meter cuatro ya era un logro para nosotros. Lo peor es que el partido fue a las ocho de la mañana, cuando acabó me acosté completamente ebrio y, al despertarme, no me acordaba de que ya habíamos jugado. Me levanté, puse la tele, me rasqué una nalga y caí en la cuenta: ya hemos jugado y encima hemos palmado. Qué más le podíamos pedir a nuestra existencia como aficionados a la selección que un detallito de esa clase, que Dios te ponga un dejavu post amnesia. Cómo explicarle a las nuevas generaciones por lo que hemos pasado. Porque quedaba cuerda para rato. En la Eurocopa de Portugal, a la que todos los jugadores fueron con mechitas, el equipo salió al campo con lipotimia por subir las escaleras del vestuario. Sólo ante Grecia dio cierta sensación de control, pero ellos, que no sacaban a las estrellitas por decreto, metieron un ratito de nada a Tsartas a dar un pase de cincuenta metros y, de tener la clasificación a tiro, nos fuimos a casa con un tiro lejano de Nuno Gomes en el tercer partido. Imagen patética que como colofón tuvo al Niño Torres enviando al palo la ocasión más clara del partido. Claro que mejor irse pronto que palmar contra Grecia en la final como anfitrión. Pero si Portugal nos ganó en longevidad fascista, como para toserles en ridículos deportivos internacionales. MUNDIAL DE ALEMANIA Cuando llegamos a esta cita mundialista ya llevábamos bastantes años sentándonos a ver los partidos de la selección con todo un repertorio preparado de chistes, maldiciones y juramentos. Desde Villarroya hasta Vicente habíamos visto a sin fin de jugadores de banda ‘revolucionar’ los partidos, desde Salinas a Torres nuestros delanteros habían fallado en el último minuto

puntuales como relojes. Con Zubizarreta apreciamos el sabor de la aventura jugando cinco mundiales sin portero. Ahora tocaba una sensación nueva: jugar con un cadáver. Su nombre era Raúl. El Mito. En 2006, ex jugador de fútbol desde hacía tres años. La Leyenda le metió un gol ¿de rebote? sí, de rebote a Túnez que certificó nuestro pase (bien logrado en el primer partido contra Ucrania por un once sin él, con doble pivote, Alonso y Senna, y tres delanteros con Xavi por detrás) Con ese gol de ‘Rulo’ que fue tan estético como lanzar arena de playa mojada con el empeine, a nadie le cabía la menor duda de que íbamos a ganar el Mundial de calle. Delante se puso Francia y aquí no hubo por donde lamentarse. Fue una derrota sin paliativos y nuestro gol, de penalti muy dudoso. Las portadas del Marca tipo ‘Vamos a jubilar a Zidane’, y al día siguiente ‘Zidane ¿nos perdonas?’ y las explicaciones de Luis Aragonés de que no tenía seña para echarse todos atrás con el marcador a favor, confirieron a esa derrota un sabor amargo como pocos. Daba asco, pena y vergüenza animar a la selección española, que de rebote, como un gol de Raúl, entró en la mayor crisis institucional de su historia, con todo el país pidiendo la destitución del entrenador. Y ocurrió lo inimaginable: Luis Aragonés mandó a Raúl a hacer gárgaras. La historia es bien conocida: El Sabio de Hortaleza logró ganar la Eurocopa de 2008 con un fútbol espectáculo de impresión. E, inmediatamente, cómo no, fue destituido. EPÍLOGO Todo puede cambiar en esta vida. A peor, a mejor. En los ochenta, había gente que encontraba muy cool tatuarse un escudo de Batman en el brazo. Llegó la película de Batman de Tim Burton a la cartelera y de ser lo más tope pasaron a pobre gente. Alguno había también que encontró gracioso, bizarro y salvaje tatuarse un toro de

Osborne. El singular dibujo, obra del diseñador militante del Partido Comunista, Manolo Prieto, pasó a ser en menos un lustro la seña de identidad de la España de las ciudades dormitorio. Menudo disgusto. Yo tengo un amigo, JM, que en 2002 se tatuó un hermoso pulpo entre el pezón y la ingle. Le mando un afectuoso saludo… Todo puede cambiar. Ese es el mensaje. Los dibujos de Oliver & Benji que tanta risa nos daban, resulta que se han hecho realidad. España ha jugado la final de un campeonato del Mundo con un balón de playa, una final que ha durado una eternidad, donde los malos se han empleado de forma sucia y rastrera, y donde hemos marcado en el último minuto con un chico que está enfermo y puede morir en cualquier momento. Oliver & Benji eran realismo soviético y nosotros nos reíamos. Otros se reían de la selección. En cuatro años España se ha plantado con mejor palmarés que Francia e Inglaterra. A Platiní le dio un amago de infarto el otro día cuando cayó en la cuenta. Cuando a España le han marcado el centro del campo con seis tíos, en lugar de acumular más hombres y ser sorprendidos a la contra, hemos reaccionando mandando unos pelotazos que casi le destrozan las cervicales a Xavi. Hemos superado seis catenaccios seguidos sin que nos hayan dado el inevitable disgusto que se suelen llevar los equipos que ‘juegan bien’. Vamos a ver, para que nos demos cuenta de la dimensión de esto: un señor de Albacete desmembradillo ha marcado le gol decisivo de una final de la Copa del Mundo de voleón. En estos momentos, en los que seguramente se esté terminando de redactar en la sede de la RFEF la destitución de Vicente del Bosque, es cuando por fin podemos afirmar: a mí el fútbol me la suda.

Supervivientes 2010: Perdidos en Nicaragua
Moisés Naím publicó un artículo en El País el domingo quejándose de que los medios prestaban más atención a Lady Gaga que a avances de la civilización como el gel vaginal microbicida que amenaza a la industria farmacéutica con detener la epidemia del Sida en África. Lo escribía en una columna, el tío, aparecida el mismo día en el que se iba a celebrar la última gala de ‘Supervivientes’ y en la que no hacía ni la más mínima mención al reality, una de las expresiones culturales europeas más importantes y mejor asentadas en la televisión. En casa del herrero, cuchillo de palo, dice el siempre marcado por la mezquindad y el egoísmo refranero español, buen reflejo de nuestras esencias. Resumamos aquí entonces lo que ha dado de sí en lo social y lo cultural este espacio televisivo en torno al 16, 17% de share, que no está mal. Es ‘Supervivientes’ un programa muy avanzado y rompedor. Atrás quedaron los concursos de póngase en la frente esta tarántula por la primera letra de un apartamento en Benalmádena. El formato de este concurso consiste en sobrevivir a la intemperie, expuesto al frío y los mosquitos, alimentándose de lo que uno pueda procurarse. Disfruta la audiencia de las riñas y las tensiones propias de los realities, pero en este caso concreto: de la malnutrición, la agonía, la desesperación, las heridas, las enfermedades y, en definitiva, de la lucha por la vida en su concepción más elemental. Es innegable que el argumento de ‘Supervivientes’, coger a un grupo de personas y dejarlas morir de hambre a ver qué hacen, bien podría ser el argumento de una película como ‘Perseguido’, o la original francesa que yo no he visto ‘El precio del peligro’, sobre los excesos y carencia

de escrúpulos de la televisión moderna. En este concurso, en su edición nigeriana, Anthony Ogadje murió ahogado en la final de 2007; Moncho Vodnicharov, de ‘Supervivientes’ búlgaro, murió de un ataque al corazón durante una prueba; Saad Khan, del paquistaní, fue noticia en la prensa española con estos subtítulos en el 20 Minutos: “Debía cruzar a nado un lago mientras portaba una mochila. Durante la prueba le fallaron las fuerzas. El equipo del programa no pudo salvarle”, falleció a los 32 años. Miriam Sánchez, ex actriz porno con el nombre de Lucía Lapiedra y en la actualidad comentarista de la tertulia de Ana Rosa Quintana, regresó del concurso con secuelas en el estómago para toda la vida. El jinete Álvaro Muñoz Escassi se cayó por un barranco y tuvo que ser rescatado en helicóptero y forzado a abandonar. Santiago Urrialde, ligeramente ebrio tras una prueba consistente en beber y comer hasta reventar, perdió y huyó enrabietado del plató a través de la selva con toda la organización del programa detrás siguiéndole desesperada con el temor de que algún nativo abriese fuego contra él, pues en aquella isla iba todo el mundo armado. ¿Que en el Tour un ciclista ataca a otro cuando se le sale la cadena? Al lado de esto, niñerías, como muy bien ha denunciado Sastre, tal vez reivindicando espacio al lado del bidón para un machete con el que cortar una escapada. En resumen, un programa apasionante y de machotes. Cosa bárbara en el país que gusta de mirar a la eternidad en los ojos del toro, según palabras del argentino Andrés Calamaro. Algo rabiosamente español que, aun con todo, no gusta en España. ‘Supervivientes’, ni en su segunda edición, presentada por Juanma Iturriaga ¡y Paco Lobatón!, donde un señor de Almería desesperado mató un pájaro a pedradas y se lo zampó, se alcanzó la audiencia esperada.

Fue entonces cuando Antena 3 recogió el testigo e inundó el formato de ‘lo que le gusta a la gente’: Tetas y famosos. Paula Vázquez presentaba en biquini desde la playa y Alonso Caparrós, con su sonrisa ‘aparcamiento del Radical son las once de la mañana del lunes cómo se nos va la olla nanos’, amenizaba desde Madrid. Los concursantes dejaron de ser anónimos para dar paso a Daniela Cardone, María Pineda, Leticia Sabater, Elsa Anka o Asdrúbal. Algo a mi gusto más aburrido, porque los famosos no pelean por la millonada con la misma agresividad que concursantes anónimos, pero con excepciones: Es difícil borrar de la memoria las imágenes de Marc Ostarcevic luchando contra las olas, escalando todas las rocas por muy elevadas y churriguerescas que fueran si en lo alto podía coger una caracola para cedérsela al más débil del grupo. Marc, croata, aparte de marido de Norma Dubal había sido saltador de longitud, jugador de balonmano, voleibol, fútbol, waterpolo y baloncesto. En esta modalidad, fue entrenado cuando era niño en Yugoslavia durante nueve horas diarias y él, por la noche, se colaba en el pabellón para seguir jugando sin luz. Así adquirió su dominio de balón, jugando a oscuras. Como profesional en París sólo se perdió un partido en dos décadas y se enfrentó a los Harlem Globetrotters a los que, según cuenta en acb.com, se las hizo “pasar canutas”. Con este pasado, a nadie extrañó que se plantara en la final de ‘La isla de los famosos’ dando espectáculo a pesar de sus sesenta años. Ahora, a los setenta, apareció recientemente en ‘Sálvame Deluxe’ para desmentir que los 150 euros diarios que gana por estar en una discoteca hablando con la gente se los gaste en prostitutas en lugar de pasarle la pensión a sus hijos, cosa que ya hará, en sus palabras: “cuando me recupere”. El caso es que, tras el hito del croata y varias ediciones, una en África, los derechos volvieron a Telecinco que siguió con la misma línea que había marcado la

competencia. Esto es, llevando a señoritas como Carmen Russo, Miriam Sánchez o Marlene Mourreau flanqueadas por ex deportistas igualmente viriles que Ostarcevic: Patxi Salinas, Juanito Oiarzabal o Maite Zúñiga, esposa del popular comentarista futbolero, Julio Maldonado ‘Maldini’. Con la salvedad de que este año ha introducido también a personajes anónimos. Famosos y desconocidos pujan por el premio de 200.000 euros, aunque la diferencia entre lo que cobran unos y otros por cada semana en el concurso es de un cero como mínimo. El formato es sencillo. Usted enciende la televisión después de comer, con la misma aspiración que con el Tour, sestear, y para eso elige un canal con poco ruido, sin sobresaltos o los bramidos de Jordi Hurtado. En ‘Supervivientes’ le enseñan unas chicas monas tiradas por la arena semidesnudas, gente que pasa hambre porque quiere, de modo que ello no agrede a su conciencia, comentando con monosílabos no sé qué de un cangrejo, las olas del mar, las olas del mar y… y ya se ha dormido. La cosa no da para más. Y es por ello tal vez que la audiencia no se entregue masivamente a este reality como lo hace a Operación Triunfo o Gran Hermano. Porque es un soberano coñazo. Así son los telespectadores españoles, tan singulares, tan distintos. Tras esta brevísima introducción, pasemos a ver lo que ha dado de sí la edición 2010. Y hagámoslo empezando por lo único importante que hay en esta vida: los vascos. Román Irigoyen, un bombero vizcaíno, fue la sorpresa los primeros días y causó sensación por su juventud, porte atlético y bello rostro. En el vídeo de presentación aseguraba que era una persona divertida, con sentido del humor, competitivo pero con buen perder, y que por tanto la audiencia se lo iba a pasar bien con él. Además, añadía que estaba acostumbrado a “vivir con gente” -no como los que están encerrados en el caserío con su hermano muerto hace dos años escondido en el orrio, querría decir

tal vez. El caso es que su primer enfrentamiento fue con Bea, la ex concursante de Gran Hermano que durante tres años estuvo enrolada en el tercio de La Legión. Román la acusó de querer tener privilegios por ser famosa. Ella dijo que estaba “hasta los cojones” de que le dijeran eso. Pero Román velaba por la igualdad en el grupo con valor. Porque lo que quedó claro es que Román era todo un luchador contra las injusticias y que además cuidaba con celo de la prole. Por eso subía a las palmeras a por cocos, pescaba en mitad del mar durante horas aunque lloviera o tronase y prefería quedarse sin dormir para vigilar que no se apagara el fuego. Todo lo que hiciera falta siempre por el grupo, hasta que le dijo el médico del programa que se iba a morir si continuaba haciendo semejantes esfuerzos sin comer. Él, sin embargo, haciendo gala de ciertas cualidades humanas internacionales, propias tanto de las txapelas como de las redonditas boinas castellanas, siguió erre que erre hasta que, claro, hubo que evacuarlo y enviarlo a España para ingresarlo en un hospital. Lo bonito es que su madre, en el plató, protestó cuando le comunicaron la noticia y quiso saber de viva voz de su hijo que no le estaban haciendo el lío, que abandonaba realmente porque se encontraba en los umbrales de la muerte, no porque no pudiese exhibir todas sus dotes competitivas. Él replicó en la conexión en directo “que no amá, no, que es el hígado”. También vasca era María José Fernandez, tasadora de joyas, que había venido a concursar por, en sus palabras, “el éxito, el éxito y el éxito”, trayéndole al pairo las compensaciones económicas. Esta señora, entrada en años y con los hijos frisando la treintena, que se expresaba como un estibador, fue la ganadora del concurso. La táctica que empleó María José había fracasado ya en

otros realities. Mirentxu, la anciana donostiarra de Gran Hermano 10 que rompió lazos con el programa cuando Mercedes Milá le restó importancia al hecho de que Iván Madrazo, el ganador de la edición, le gastara la broma de despertarla a las cinco de la mañana con un aerosol y un mechero al grito de te vamos a prender fuego, y Pilar, la mujer gallega, esposa de la leyenda del Racing de Ferrol Luis Ferreira, de Gran Hermano 11, que a las pocas horas de presentarse al resto de invitados ya les había enseñado las bragas y explicado que eran de los chinos, ambas habían tratado de hacerse con el grupo erigiéndose en calidad de madres de todos, monopolizando la cocina para hacerse indispensables y siendo las que más limpiaban para hacerse las víctimas. En el caso de María José, en mitad de la selva, lo que hizo para erigirse en madre, a parte de repartir ella el contenido de las caracolas así como de un tipo desconocido de heces con las que se han alimentado y por las que se han llegado a pelear, fue lavar ella a los demás concursantes en la ducha, frotándoles bien los sobacos y los huevos. Todo para poder entonar en algún momento el qué haríais sin mí. Y la operación le salió bien de no ser por el tercer hecho diferencial vasco en liza, la camarera divorciada donostiarra Nerea, que se negó a pasar por el aro y fue expulsada del grupo en un hecho insólito pues era generosa en mamas y ningún varón salió en su ayuda. Muy al contrario, cerraron todos filas en torno a María José. Una victoria de mmamma frente a nuera que causó sensación en la envejecida audiencia porque ipso facto expulsó definitivamente a Nerea. Aunque, pese a ser la mami, su camino a la victoria transcurrió por una abultada agenda de broncas con todos y cada uno de los concursantes. En una ocasión, cuando Rafa Mora, el ex concursante de ‘Mujeres y Hombres y viversa’ y vigilante jurado valenciano unido por lazos amistosos al presidente de Levantina de Seguridad y España 2000, intercambió gritos e insultos con ella, el

programa permitió por primera vez en su historia una injerencia desde Madrid y el hijo de María José, Arkaitz, intervino en directo para decirle a Rafa Mora que no le decía nada, pero que le diría cuatro cositas si le tuviera delante. Ésta no fue la única excepción que hubo que hacer con María José para satisfacer su condición de súbdita del Fuero Vasco, si bien hay que decir que en la segunda ocasión fue para que viera la final de la copa del Mundo en directo envuelta en una bandera española. Este privilegio lo gozó junto a Parri, al final su único amigo en la isla. Este chico, matemático descendiente de ceutíes y gallegos, tal vez la única persona en el mundo que pueda reunir estas tres cualidades en su tarjeta de presentación, vino a ser, tal y como la naturaleza proveía, el pseudohijo de María José. De hecho, el resto de concursantes se afanó en recordarle su condición de poco hombre por vivir bajo la protección de la vasca. Una de las faltas de respeto más grandes que jamás se hayan visto en un reality y que sorpresivamente aquí ha pasado desapercibida, se la comió él. Cuando Malena Gracia se encontró en el mar un trozo de madera con evidente forma fálica, dijo: “Se lo podemos dar a Parri para que se lo lleve a su madre”. El joven matemático gallego ceutí se mantuvo siempre firme cuando le ponían vídeos de largos minutos con este tipo de cometarios pronunciados siempre a sus espaldas para, el último día, desquitarse mu serio mu serio diciendo: “Este concurso se basa en sobrevivir, no en hacerse las cejas”. Humor de matemáticos. También como novedad, este año la organización permitió la entrada de famosos cuando ya se llevaban varias semanas de concurso. Por ejemplo, para subir un par de puntos la audiencia entraron a la vez Malena Gracia, cantante, modelo, ex prostituta y ex pareja del malogrado por su adicción a la pasta base de cocaína, Ángel Cristo, y la ex concursante de Gran Hermano 4, Sonia Arenas, recordada por hacerle una paja a Gus, el concursante de

Gran Hermano que falleció posteriormente en Venta de Baños arrollado por un tren al cruzar las vías como no debía. No obstante, la aparición que verdaderamente revolucionó el concurso fue la de José Manuel Parada, ex presentador de Cine de Barrio. Al periodista le dijeron que animase el cotarro. Y el hombre, sin atisbo de vergüenza, lo que hizo en la isla fue inventarse cosas completamente fuera de lugar como que iban a cancelar el concurso y que todo era un montaje para que ganaran los famosos. Nadie le creyó, a excepción hecha del concursante canario Miguel Macías, que no es que le creyera, es que actuó en consecuencia y abandonó el concurso. Días más tarde, este técnico deportivo, que había venido a demostrar que “homosexualidad y debilidad no tienen por qué estar unidas”, se enfrentó cara a cara con Parada en el plató de Madrid porque el periodista, poniendo sobre la mesa sus “más de veinte años de profesión”, negaba haberle dicho tal cosa. Para cuando el resto de supervivientes desde la isla reconoció que, efectivamente, Parada iba diciendo eso por ahí, el presentador de Cine de Barrio estaba tan nervioso y descolocado que implorando ayuda desesperado le sacó a Jesús Vázquez el caso Arny para recordarle que a él también le habían acusado falsamente de algo. Jesús Vázquez, con la tez blanquivioleta y los ojos como platos, le echó del plató en el acto en un suceso sin precedentes en su carrera como presentador y luego Parada se justificó en el programa de María Teresa Campos, ‘Que tiempo tan feliz’, con la excusa de que no sabía bien lo que decía porque en ese momento llevaba muchas horas sin mear por un problema de salud. Con el ex pianista de Cine de Barrio, además, sacando porquerías de Parada veinticuatro horas antes en ‘Sálvame Deluxe’, fue tal la que le cayó encima al popular presentador en tan sólo tres días que todo el mundo obvió el detalle de que, en la isla, el concursante Miguel Ángel Perdiguero, ex ciclista del equipo Kelme y concejal del

Partido Popular en San Sebastíán de los Reyes, le dijo a Parada en la cara en un momento de sosiego y esparcimiento que tenía veintiocho centímetros de polla y que si quería comprobarlo: “tú abre la boca”. Más lo doblemente sorprendente fue que el periodista dijo que no. Misma suerte corrió otra periodista y presentadora, Consuelo Berlanga, que al ser tirada al mar desde un helicóptero en el show del primer día, se rompió una costilla, tuvo que abandonar y fue criticada porque “ya sabía a lo que iba y lo que se iba a encontrar”. Por lo demás, aunque hubiera veinte concursantes, el perfil bajo del asunto sólo dio de sí para que en estas líneas sea de interés comentar la suerte de Beatriz Trapote, sustento de la audiencia del programa. Reportera de televisión nacida en Leganés, Beatriz entró en el concurso como novia del torero Víctor Janeiro, hermano del también torero Jesulín de Ubrique. Las semanas previas a ‘Supervivientes’ se dedicó a buscar enfrentamientos deliberadamente con Belén Esteban para que su celebridad creciera exponencialmente. Lo consiguió. En el concurso, tanto la gente que la apoyaba como la que la odiaba la votó siempre para que permaneciera. Unos para ver lo mal que lo pasaba (pedía llorando que la expulsaran porque no aguantaba más) los fans para que llegase a la final, que estuvo a punto de alcanzar. Lo ameno es que mientras ella estaba aislada en Nicaragua hablando de planes de boda con su novio, en los platós de Madrid se hablaba de la relación que Víctor Janeiro habría comenzado con una bailarina de ‘MQB’ cuando no, Carolina Sobe, la oronda concursante negra de Gran Hermano 11, contaba en ‘Sálvame Deluxe’ cómo el torero la había hecho subir a la habitación de su hotel, abierto la puerta en calzoncillos y pronunciado comentarios alusivos a sus pechos, que el diestro gustaba

de denominar jocosamente como “las gemelas”. Y es aquí, en este drama rural, donde han estado, sin más historia, los dos o tres puntos de share que ‘Supervivientes’ ha hecho más que el año pasado. Al final, María José venció a Déborah, la catalana, segunda clasificada, una concursante con una infancia difícil que quería el premio, según ha reconocido en el Programa de Ana Rosa, para una operación que necesitaba su madre. Una cifra, cualquiera que sea, que tampoco tendrá fácil alcanzar con el correspondiente posado para Interviu, pues ya circulan por internet múltiples fotos suyas desnuda desde que entró en el concurso. Y en fin, tres meses más de un reality, tres meses menos para el fin del mundo.

Camisetas de ETA
Sabía que ETA Inc era una ingeniería estadounidense y que su página web era eta.com. Una amena coincidencia por eso de ‘Contact ETA’ o ‘Become an ETA distributor’. Lo ves, te ríes y te quedas con ganas de que entren a concurso en la obra de algún ayuntamiento a ver quién tiene huevos de adjudicarles el contrato. Pero lo que no sabía es que también había un grupo musical. Los ETA, de Dallas. Su myspace es ‘etaband’ y suenan un poco a Suicidal Tendencies, como no podría ser de otra forma. El caso es que he llegado a su merchandise y con la bula propia del mes de agosto me he dicho: esto hay que exhibirlo en LPD. Miren qué camisetas, miren:

Para chicas y para chicos:

LPD nunca había hablado de moda y tendencias. Quede para la historia que el primer y último día en que se le sugirió al lector ropa para la próxima temporada con su tienda para comprarla, se le garantizó que no iba a pasar inadvertido con estos diseños rompedores de importación, que es de lo que trata el prêt-à-porter ¿no? Feliz verano.