P. 1
La Psicoloca y Yo XI- Vacaciones P4 Fin - Luisppk

La Psicoloca y Yo XI- Vacaciones P4 Fin - Luisppk

|Views: 35|Likes:
Publicado porLuis Perez
Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

Preludio
Me llamo Juan José Arizmendi pero me dicen JJ o ‘Juanjo’. Tengo 17 años, cumpliré 18 justo el día posterior a la graduación y por circunstancias difíciles de explicar… TENÍA a mi profesora de psicología, la Srta. María del Pilar Guerra (Mari Pili), viviendo conmigo en mi departamento. Hoy, cuando por fin me creí libre de semejante tiranía al mudarme… ¡Ella compró la casa vecina de mi nuevo hogar! Y además… ¡Trajo a su hermana, quien es increíblemente
Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

Preludio
Me llamo Juan José Arizmendi pero me dicen JJ o ‘Juanjo’. Tengo 17 años, cumpliré 18 justo el día posterior a la graduación y por circunstancias difíciles de explicar… TENÍA a mi profesora de psicología, la Srta. María del Pilar Guerra (Mari Pili), viviendo conmigo en mi departamento. Hoy, cuando por fin me creí libre de semejante tiranía al mudarme… ¡Ella compró la casa vecina de mi nuevo hogar! Y además… ¡Trajo a su hermana, quien es increíblemente

More info:

Published by: Luis Perez on May 15, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

05/15/2012

pdf

text

original

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

Preludio
Me llamo Juan José Arizmendi pero me dicen JJ o ‘Juanjo’. Tengo 17 años, cumpliré 18 justo el día posterior a la graduación y por circunstancias difíciles de explicar… TENÍA a mi profesora de psicología, la Srta. María del Pilar Guerra (Mari Pili), viviendo conmigo en mi departamento. Hoy, cuando por fin me creí libre de semejante tiranía al mudarme… ¡Ella compró la casa vecina de mi nuevo hogar! Y además… ¡Trajo a su hermana, quien es increíblemente aun peor que ella! Revelaciones… Por favor querido amigo lector. Lo siguiente, les agradecería no vayan a tomarlo como signo de debilidad: ¡¡SOCORRO!! Como muy probablemente lo escucharon de algún viejo sabio… en aquellas películas, en las cuales el malo domina por siempre… hasta que el bueno llega y lo derrota: ‘Nada hay por hacer… se lo merecía’ Yo… ¿me lo merecía? ¡¡¿Como que si?!! ¡¿PERO SI SIEMPRE HE SIDO MUY BUENO?! ¡El momento del enfrentamiento entre la fuerza súper poderosa e invencible… contra el inexpugnable muro inamovible, ha llegado! ¿Quién vencerá? ¿Será cierto que la pelea no tendrá fin? ¿Es verdad que E=mc²? ¡¡La rubia vs la morocha!! …y yo, atrapado en el medio. ¿Sobreviviré? ¿Diosito, por qué yo? ¿Por qué me odias tanto, si siempre he sido muy bueno? Increíblemente en medio de aquella justificada queja, una luz desciende del cielo y flotando tranquilamente, se detiene a la altura de mis ojos. Baja suavemente su brillo y entonces descubro un mensaje escrito en él, que asombrosamente parece ser la respuesta que buscaba desde siempre a mis continuos reclamos al creador… ser divino y celestial.

!!

!

Lo siento, pero es muy divertido. Suerte.

Dios
¡Tsch! Entonces, reclamo con mi puño hacia arriba: – ¡Pero que desgra…!

¡¡Boom!!

(un trueno)

Miro el cielo despejado y bajo mi puño. Sigo renegando, pero decido mejor retirarme. Tres pasos más allá, ya no me aguanto: – ¡Abusivo! ¡Te metes con los chiquitos! – Requinto rápido y parto la carrera.

¡¡BOOM!! ¡¡BOOM!!

1

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

CAPITULO Xi
PARTE IV (Fin)
La explosión llegó en medio de la pelea, cuando Ana Patricia le resaltó a Mari Pili que yo ‘ya no era su novio’. Esa afirmación, ‘paró orejas’ dentro del auto. A mí, me provocó una tembladera. Busqué veloz una forma de salir vivo de aquel lio, cuando Mari Pili añadió leña al fuego y plantó la bandera de guerra: – ¡Calla gorda! ¡Él y yo aun somos novios! ¡Solo está molesto y se ha ido un rato con la rubia, pero nosotros aún no hemos terminado! … ¡Dios santo! –pensé aterrado– ¡No! … – Ju-an-ji-toooooo…. –masticando Debbie cada silaba e intentando serenidad– ¿Qué tontería está diciendo la loca pechugona? Yo miro a una… Miro a la otra… ¡sálvame dios! (o mátame) Sammy detiene a un lado el auto al instante y voltea interesada. ¡No quiere perdérselo! Todos están igual. – ¡Dile la verdad Juanjo! –presiona Mari Pili, completamente decidida al todo o nada– ¡Dile que planeábamos casarnos apenas terminaras el colegio! ¡Un ‘pequeño problemita’ no nos va a separar! … -pausa– (Todas intercambiaron miradas) … Recién entonces, las bocas explotaron al mismo tiempo:

¡¡¿EEEEH?!!
¡Quedaron tiesas! ¡Aquella noticia, fue como si un rayo cayera a sus pies! ¡Dios mío… ahora sí! ¡Sálvame! ¡¿Ahora… que puedo hacer?! ¡¡WAR!!... ¿Un ‘pequeño problemita’? Fue lo primero que retumbó en mi cerebro. Estoy en pleno campo de guerra. Me encuentro rodeado y los cañones me tienen bien medido. Como buen comandante de mi propio ejército, evalúo los riesgos y mi estrategia de combate. Yo, en el centro. Mari Pili a mi derecha y Debbie a la izquierda. Todos en el asiento trasero de la SUV. ¿Cuál es más peligrosa o letal? …¡AMBAS! ¿Tengo salida? …¡NO! ¿Posibilidades de fuga? …¡CERO! ¿Probabilidades de salir vivo de esta, escoja a quien escoja? …¡NINGUNA! ¿Alternativas? …¡Huir es imposible y abrirse paso a la fuerza, sería suicidio! Por lo tanto, solo me queda una opción: – ¡Ay… me siento malito! – Con un extraordinariamente convincente tono de víctima. – Ju-an-ji-toooooo… – Repitió Debbie estrangulándome y pegando cariñosamente su frente a la mía. ¡Mari Pili la imita de inmediato e intenta jalarme con más fuerza! ¡Debbie se encoleriza y responde con un fuerte tirón! ¡¡Mira muy enojada a Mari Pili e intenta con aquel jalón, hacer valer su condición de novia oficial!! Pero… pareciera que no la conoce... ¡¡A Mari Pili eso le importa un rábano!! ¡¡Tira de nuevo aun más fuerte!! ¡También tiene sus derechos! (Eso cree) – ¡Suéltalo, es mi novio! – Reclama Debbie con el último gramo de paciencia que le queda en su cuerpo. – ¡Calla tonta, es mío! – Reafirma 100% terca Mari Pili, jalando fuerte2. Se aprovecha del impulso para abrazar mi cabeza y meterla entre sus… ¡Ejem! …’almohadones’. Tan escondida tengo mi cara entre aquella ‘masa montañosa’, que al vernos Debbie, comienza a salirle humo de su cabeza por la cólera e indignación. Su cara está rojísima y al parecer, experimentará por primera vez en su vida la conversión en súper saiyayin… aunque imposible de identificar en cual grado. 2

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

Las tres chicas adelante, observan aterradas como Mari Pili lo ha notado y para poder equiparar el poder de aquella terrible enemiga, también comienza su ya conocida transformación, elevando su temperatura. La única que parece disfrutarlo, es Carmen. La psico-loca compañera de Mari Pili. ¡Toma fotos con su cámara como si fuese periodista profesional! Susurrando rápidos comentarios al oído de su ‘colega’ (en locura). Yo, ya no puedo respirar, me ahogo. Entonces, buscando como hacerlo (y no morir), apoyo mi mano en un intento de separar mi cara; pero con tan mala suerte, que aprieto con fuerza el seno derecho de Mari Pili. – ¡AAAAAAAH…! ¡Aquí no, Juanjito!– Exclama ella en frenesí y se deshace al instante su transformación. Instantáneamente… ¡el carro se estremeció! …¿terremoto?

Escuché aterrado a mis espaldas (al menos eso creo), acompañado del cataclismo que sacudía el auto. Con medio ojo libre, alcanzo ver a Debbie… ¡Se había transformado por completo! ¡¡Saltó por encima de mí, aplastándome, para atrapar del cuello a Mari Pili con ambas manos!! ¡¡¡EMPEZÓ LA GUERRA!!! Dios… ¡bah! …quienquiera que sea… ¡sálvenme! Ahí me encontraba yo. Debajo de ambas, mientras intentaban estrangularse entre ellas. Entre los gritos de… – ‘¡maldita! ¡$#€@! ¡Hija de…!’ – …y otras aún más fuertes (PG +21 +31)... se olvidaron de mí por completo. (¡uff!) En medio del alboroto, sentí una rodilla en mi espina que me hizo caer de dolor al piso del vehículo, y fue ahí cuando ambas me pisotearon, mientras se acomodaban para pelear bien (yo estorbaba). Las chicas del asiento delantero intentaron apaciguarles los ánimos, pero un golpe (casual o no) premió el accionar de Ana Patricia y luego, también el de Sandra. Este último… definitivamente fue un error. ¿Por qué? Pues… La presidenta, ahora con los pelos en llamas y su roja cara hinchándose por el golpetón recibido, exclamó: ¡¡SON UNAS MALDITAS!! ¡¿ASÍ QUE QUIEREN PELEA…?! ¡¡AHORA SABRÁN LO QUE ES PELEA!! – ¡¡Aaay!! – Gritó Sammy asustada y escondiéndose para no correr la misma suerte (o mancharse con sangre). Atrapó a Neto y lo abrazó protegiéndolo a pedido de su madre, pues ella tenía las manos ocupadas, cogiendo de los pelos a las dos fieras del asiento trasero. ¿Acaso ya dije que se olvidaron de mí? Llovían insultos (¡groseras!1), jaloneos, sacudones, pisotones (a mí), puñetes, patadas, balazos, cuchilladas y otros similares. Al interior del SUV, el calor comenzó a volverse insoportable. Intenté quitar el pie que pisaba mi cara y busqué avanzar hacia la puerta frente a mí para abrirla (y huir), cuando escucho: – ¡No…! ¡¡Tú no te vas!! Mari Pili cogió mi brazo derecho, Debbie el izquierdo y Ana Patricia mi cabeza. Todas me jaloneaban con la súper fuerzan, mientras Sandra… ¡me pegaba muy duro, gritando a todo pulmón que era mi culpa! De pronto… ¡CraCk! Mis ‘novias’… ¡¡Me arrancaron ambos brazos al mismo tiempo!! ¡¡AAAAAaaah!! Ana Patricia al verme, proclamó caprichosa: – ¡¡Yo también quiero algo!! – ¡Y jaló con súper fuerzaNN! ¡¡¡noooooOOOOOOOO…!!!

¡¡C r a C k!!
… (pausa) …. – ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!... – Jadeo asustado por aquella visión… ¿del futuro?... ¿De MI futuro? Reviso a ambas, pues solo han pasado 2 segundos desde la fatídica pregunta de Debbie. Entonces, para no ‘repetir’ aquel presagio de futuro enviado en aquel ‘sueño’, tomo una decisión y la ejecuto al instante.
1

El 99% fueron de MP. Increíblemente, a Debbie le oí uno. ¡VERDADERAMENTE INCREIBLE! (no pregunten cual)

3

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

¡¡PEACE!!... (por favor)… Respiro profundo y decido ser completamente honesto. Al final de cuentas, en los diez mandamientos dice: ‘no mentirás’. Así que teóricamente tendré a Dios de aliado (algo así como un copiloto). Entonces, calmo primero a Debbie acariciando su mano y giro tranquilo para hablarle a la pechugona busca pleito: – Mari Pili… -último suspiro–…eres una mujer complicada, aprovechada, malagradecida, convenida, mentirosa, irresponsable, gritona, abusiva, descarada, pleitista, lisurienta, atrevida… – ¡¡BUAAAH!! – Chilla ella interrumpiéndome, cuando yo apenas comenzaba con el listado de su carácter. Gira llorosa y abraza a su camarada psico-loca buscando consuelo. – ¡ÉL ME ODIA! ¡¡BUAAAH!! – Proclama en alta voz y hunde su carita en el pecho que la acoge. Miro alrededor y solo consigo miradas de reproche, excepto de Debbie y Sandra. Cada una por sus motivos. Intentando calmar aquel escándalo, apoyo una mano en su hombro, anunciándole honesto y sereno: – Mari Pili… yo, no te odio. ¡Ella volteó de inmediato! – ¡¿EN SERIO?! – Preguntó y paró las lágrimas de cocodrilo, cuya efectividad ya tenía yo 100% experimentada. Carmen, la psico-loca que la acogía, también se sorprendió al oír mi afirmación. El resto de chicas, miraron atónitas a esa pechugona manipuladora; aunque lejos de molestarse, parecían envidiarlo o querer aprenderlo. Viendo que ahora me presta atención, continúo con mi discurso (hoy me arrepiento no habérmelo callado): – No sé por qué… e inexplicablemente yo mismo no lo comprendo… -suspiro– pero… no te odio. Tú, eres así. – ¿De verdad? – Pregunta incrédula, parpadeando mucho y examinándome por completo. – ¡Felicidades Mari Pili…! – Interviene inesperadamente Carmen y la abraza por detrás muy animosa. Todos nosotros: – ¡¿Eh?! – Nadie la entiende. Mari Pili gira también asombrada, y es cuando Carmen aprovecha para lanzarle fuego al barril de pólvora: – ¡Te felicito amiga…! ¡¡Juanjito te ama!! … (pausa) … ¡¡¡¿EEEHHH?!!! Exclamamos todos. Yo, aterrado. Mientras, Debbie me hace girar, reclamándome no haberla ‘liquidado’ al tener la oportunidad. – ¡Pero si no he dicho que la amo! –protesté– Únicamente que no la odio. – Intentando defenderme. Carmen me escuchó y buscando demostrar su lado profesional de inmediato, analizó mi declaración de tal manera que todos podamos entenderla. – ¿Mari Pili ha abusado de ti desde el principio, no es así? – Pregunta en tono de acusación fiscal. – Si, así es. – Afirmo plenamente luego de calmarme, sin dudar y al instante. Mari Pili, según escucha avanzar la lista, esconde cada vez más su cabeza entre los hombros. – Ella te ha maltratado… – Sí. – Pegado… – Mucho… ¡y muy fuerte! – Estafado… – Cantidad de veces. (me debe los alquileres… y las comidas… y las ropas… y las cervezas… y las…) – Se ha aprovechado de ti descaradamente de mil maneras… – ¡De un millón! – Reafirmándolo a todas y acalorándome por el recuerdo. – Además, a pesar que se lo advertiste… traicionó tu confianza con el asunto del… – ¡¡¡ALTO!!! – Interrumpió la loca pechugona, saltando a taparle la boca. – ¡¡Eso no!! – Suplicó. – Ok, está bien… está bien… -acepta Carmen y continúa– bueno… ¿En ‘eso’… también te traicionó, no es así? – Si… completamente. – Afirmo convencido, mientras Mari Pili esconde la cara muy apenada. – Además… – ¿Cómo? ¡¿Todavía hay más?! – Interrumpe atónita Sandra, pues nunca esperó aquella increíble lista. – Una última cosa más… -responde Carmen y gira hacia mi– …¿también te pasó un auto por encima, no? Al oír aquello último, miro mis vendas. Mis desgracias (y dolores). Afilo un ojo y la acuso viéndola en silencio. Carmen me apunta con su dedo en actitud triunfante y se nota como espera impaciente mi respuesta para dar por terminado ese ‘juicio’. Un ojito le tiembla de emoción. 4

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

Mari Pili busca ahora quien la apoye, pero solo ve ojos y caras acusadoras. Incluso la de su hermana, a pesar de notársele un aire melancólico. Yo supuse que aquella lista de desgracias, le recuerda mucho la suya propia con Ernesto. Bueno… excepto la del atropello con el auto. – Si… todo es cierto. – Confirmo finalmente muy tranquilo a todas y sin mirar más a Mari Pili. Carmen se regodea. Frota ambas manos y tiene la apariencia del detective que descubrió el crimen que nadie más pudo. Aunque si sacamos cuentas, únicamente enlistó hechos que la mayoría conocía. Sin embargo… feliz por su triunfo, nos soltó de repente su conclusión profesional: – ¡¿No lo ves Juanjo?! ¡¡Tú la amas!! ¡Solo que no quieres reconocerlo! – Terminó satisfecha consigo misma y felicitando con un abrazo a Mari Pili, que tan igual como nosotros, la creía indiscutiblemente loca (mas que ella), por llegar a esa inesperada conclusión sin entenderle cómo. ¡¡¡¿Eeeeeh?!!! Protesté a medio milímetro de la más completa indignación. No fui el único, pero sí el más escandaloso. ¡¡¿Pero Acaso estás demente?!! ¡¡¿De dónde diablos sacaste esa idea?!! Carmen recién entendió las caras de asombro e incertidumbre. Pidió calma a todo el mundo y explicó: – Juanjo… -apuntándome nuevamente y tomando aire serio– Dime… ¿Quien en su sano juicio soportaría todo eso sin odiar a quien se lo causó? ¡Dios santo! – ¡Pero eso no significa que él la ame! – Objetó Debbie muy seria y aprovechando para jalarme hacia ella. Sammy, que mantuvo su cabeza baja, recién se atrevió a asomarse lo suficiente para examinarme los ojos. ¡Me atravesó como con un relámpago! y… suspiró claramente resignada, descendiendo lentamente hasta volver a desaparecer en el asiento delantero. Ese detalle, y el posterior… ¡sniff, sniff! …Que le oímos, llamaron la especial atención de Debbie. ¡Me hizo girar la cabeza para verme directa a los ojos! Sentí como invadía todo mi ser, avanzando y quemando lo que encontraba al paso. Sentí miedo y algo de desesperación… temblé. Ella alejó su cara y luego de un momento, me soltó. Se acomodó bien en su lugar, mientras todas la observaron en silencio y sin moverse de las diferentes posiciones en las que estaban. Finalmente, ella levantó su cara y se le notaba llena de determinación. Me miró molesta, afilando ambos ojos y giró para abrir la puerta del auto. Salió y desde fuera, me ordenó apuntando al piso: – ¡Ven aquí! Mari Pili intentó agarrarme para evitarlo, pero Carmen lo impidió diciéndole: – Déjalo ir… No hay nada en este mundo que ella puede hacer para cambiar lo que Juanjo siente por ti. – Ratificándolo con una seguridad tal, que incluso a mí me hizo dudar. Debbie no se inmutó. Seguía apuntado al piso con su dedo, solo que ahora movía impaciente su pie. Salí, me paré a su lado y fue entonces cuando ella suavizándose me preguntó en voz baja: – ¿Recuerdas lo que hablamos durante la cena de navidad en mi casa? Repasé mi memoria buscándolo y entre otras cosas, resaltaron dos: El asunto de mi profesión al terminar el colegio y… ¡No! ¡¿Será ‘eso’?! …pensé y sentí un estremecimiento total. Abrí mis ojos y estiré un poco el cuello. Debbie al verme, supo al instante que yo recordé lo que ella deseaba. ¡El asunto de nuestro matrimonio! – No fue broma… -aseguró– …yo hablaba muy en serio. Se ruborizó completamente al confesarlo y casi echa humo de su cabeza al ver como yo la miraba. Honestamente no sabía qué hacer o como responder. Si mi cuerpo no doliera tanto por el atropello que fui víctima, me gustaría cargarla y abrazarla hasta convencerla que ella es importante para mí. Sin embargo… una duda apareció: Mari Pili… ¿También es importante para mí? ¿Más…? ¿Menos…? ¿Igual? ¿Para qué metieron eso a mi cabeza? ¡Ahora ya no lo sé! Debbie caminó hacia mí. Tomó mi cabeza con cariño y me besó en la frente. Entonces, giró hacia la parte delantera del auto donde Sammy se asomaba bastante deprimida y… – ¿Samantha…? – Preguntó en su impecable tono de reina. – ¿Si? – respondió ella de inmediato, sorprendida y levantándose ligeramente. – ¿Cuánto nos falta para llegar a la playa a la cual nos dirigimos? – Pues… -dudando un instante– …cerca de unos 10 o 15 minut… 5

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

– No, no… -interrumpe– hablo en distancia, no en tiempo. – ¿En distancia…? Mmm… -dudando más y mirando alrededor– Creo que nos faltan unos… -sigue buscando alrededor y a lo lejos ve un hito, con el número del kilómetro en el cual estamos– …nos faltan casi 10 km. – Muy agradecida Samantha, es todo. Entonces, me dirige una última sonrisa y camina alrededor de mí. Entra en el auto ante la sorpresa general y cuando está por cerrar la puerta (dejándome afuera), me dice en tono de mandato real: – ¡Caminarás lo que falta hasta la playa! – ¡¡¡¿queeeeee?!!! – Gritamos todos. Dentro de la SUV ya se oían las protestas de Mari Pili y como era contenida por las otras. – ¡Aprovecharás y meditarás profundamente nuestra relación, pues la has tenido demasiado fácil conmigo y siempre fui yo quien trabajó para acercarse a ti! Ahora… ¡Es tu turno! No me gusta la idea y menos quiero, pero la entiendo perfectamente. Dentro de la SUV parecen pensar igual pues el movimiento se calmó. Debbie aprovechó para cerrar la puerta y desde la ventana, terminó: – De momento, hemos terminado… -se enjugó una lagrimita que cayó apenas decirlo, e intentó sonreír, pero no pudo– …cuando llegues allá, me solicitarás de la mejor manera que puedas imaginar, si aun deseas que seamos novios. –pausa–Yo… lo pensaré, y dependiendo de lo que digas, decidiré. Se acomodó en el asiento soportando el silencio y las incrédulas miradas femeninas, pero antes de esconder su carita llorosa, dio un último mandato: – ¿Samantha…? – ¿Si? – Preguntó ella tímida. – A la playa, por favor. Camino al cielo… Tengo 15 minutos caminando y ya me pasaron varias cosas: Estoy sudando por el infernal calor del verano, la pista caliente, la dificultad de mi andar y de tanto echarme aire con la mano. ¡Uff… que calor!! He tenido varias ofertas de almas caritativas que se compadecieron de mi penoso cojear. Sin embargo, la última recomendación de Debbie al partir, fue: ‘Si haces trampa, sabré lo que significo para ti.’ ¡Uff! ¡Qué desgraciada! ¡Me fregó! ¡Condenadas mujeres! ¡Ya quisiera ver a una sola que hiciera lo que yo estoy haciendo ahora! – ¿A ver amorcito…? ¿Si me amas… saltarás del puente, no? – ¡Claro! – Responde el imbécil enamorado, va y salta del puente. ¿Resultado? Pues se muere… ¿Y ella? Pues llora… y luego, le cuenta al siguiente novio como un ‘pobre tontito’ saltó del puente por su amada, como si a ella alguien se lo hubiera contado. – ¿Qué romántico, no? – Pregunta la terrible bandida sopesando la respuesta del ‘cliente’ en turno y futuro candidato al salto bungee2, pero sin la soga.

¡¡Huye por tu vida, tarado!!
Meditándolo, una idea llega y me detengo para evaluarla… ¿De pedírselo a Mari Pili… mmm…? ¿Lo haría? Lo desecho rápidamente, pues ella al oírme, me arrojaría a mi por delante… y sin soga. Sigo caminando… ¿Qué hora es? ¿Cuánto me falta?... veo que es aun temprano y recién he caminado 300 o 400 metros. Suspiro y mirando lo que falta… (un montooooooón) …sigo avanzando. Unos 10 minutos después, veo por la carretera de retorno, a Claudio en su moto y trayendo con él a Marco. Dan la vuelta hacia mí por un espacio entre la separación de ambos carriles y se acercan con cara preocupada. – ¿Acaso estas demente? – Me saluda realmente molesto mi mejor amigo al llegar a mi lado. – ¿Apenas hace una semana que estás recuperándote y así de fácil aceptas caminar tanto? – Hola Marco… hola Claudio… ¿Cómo supieron donde encontrarme? – Saludo yo bastante irónico. – Déjate de idioteces Jota… –reclama amargo– ¡Vamos! Ahorrémonos las discusiones… cierra bien la boca para dormirte y llevarte en la moto. – Dispuesto a noquearme para salvar mi pellejo. – Marco… -replico levantando las manos para evitar su puño– …Debbie jamás aceptará verme de otra manera
Salto desde gran altura hacia el vacio, pero con una cuerda mayormente amarrada a los pies, ligeramente más corta que la distancia hacia el piso.
2

6

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

que no sea llegar por mi propio pie. –Marco baja la mano mostrando preocupación– Déjame caminar…. Esto también es una prueba para ella, pues sabe que estoy mal y sabremos como lo soporta al no verme llegar. Ellos intercambiaron miradas y lo reflexionaron, pero Marco insistió que ya encontraríamos la manera de solucionar. Yo repliqué que no habría marcha atrás en caso de aceptar su ayuda, pero él porfió un poco más. Luego de batallar 20 minutos, supo que yo no cambiaría mi decisión. Claudio, también lo intentó tímidamente: – Capitán… no sea terco… si cambiáramos lugares, seguro que me acusa de chiflado. Nada. Ninguno pudo convencerme. Al final, Marco me detalló como Úrsula quiso venir a buscarme, pero se detuvo al Debbie acercársele y susurrarle algo al oído. Mari Pili si tuvo que ser detenida por sus colegas y luego también por Jenny, que la volteó en el aire e hizo besar la arena para calmarla y así evitarle el intentar asesinar a su alteza. En cuanto a ellos, sin que las chicas supieran, vinieron por su cuenta. – Vamos Jota… por favor, -en última súplica– …cualquier cosa puede pasarte caminando al lado de la carretera. Súbete a la moto y que Claudio te lleve, yo de aquí buscaré como llegar. Argumentamos un poco más… pero nada. Entonces, él exclamó resuelto: – ¡Bueno pues! ¿No quieres subir a la moto? ¡¿Sabes que también puedo obligarte, no?! – Si… pero no lo harás. – Sonriéndole tranquilo. – Entonces… ¡Caminaremos juntos! – Dio la vuelta para agradecer a Claudio el aventón y lo invitó a regresarse solo para avisarle a las chicas. Pasamos otro buen rato discutiendo el nuevo tema. Mientras, seguíamos caminando, pues yo no quería perder el tiempo hablando parado en el mismo lugar. Media hora después… Marco se rindió. Hizo una seña a Claudio, que claramente no comprendía cómo se dejó vencer. – ¡Eres un completo idiota, Jota! – Requintó bastante fastidiado y semi desesperado, pero resignado. – Si… ya lo sé. Qué le vamos a hacer. – Acepto encogiéndome de hombros. Marco camina hacia la moto de Claudio, pero recuerda algo y regresa. Saca de su billetera dos billetes de 50 dólares y su teléfono celular. Me lo entrega todo, me aplica un buen coscorrón por terco y se aleja sin quererme oír nada acerca de devoluciones. Sube a la moto y pide a Claudio regresar con las chicas. A pesar del dolor en mi cabeza por el coscorrón, pude sentir que quizás a él le dolió aun más el dejarme ahí por mi cuenta. Sin embargo, ayudó con lo que pudo. Él sabía que no tenía nada, pues dejé mis cosas en la SUV. ¡Qué gran amigo! ¡Tengo mucha suerte! Mientras eso pensaba, lo vi alejarse… él instintivamente volteó, y yo aproveché para hacerle una señal de que confíe en mi… ¡YO PLANEABA LLEGAR! Él, como siempre, me entendió. Cambió su cara de resignación y pena, y apretó de pronto su puño en alto: ¡Dales duro amigo! Fue el mensaje que me envió de esa manera. Con ello calentó mi pecho, borró mi cansancio, recargó mis energías y… ¡Empecé a trotar! – ¡¡Allá voy!! – Grité sin saber si me escucharía. Él se despidió agitando la mano y lo último que vi, fue su orgullosa sonrisa por mi esfuerzo. Pero… 15 metros más allá… volví a caminar. Él tiene razón, soy un completo idiota. Acepté cansado, sudado y adolorido. Una par de kilómetros adelante y sentado de agotado en una estación de servicio, tomo un refresco gracias al dinero de Marco para luego continuar mi camino. Mientras, aprovecho en pensar lo discutido dentro de la SUV. También lo que pudieron sentir Debbie y Mari Pili por ello. Recordé incluso la cara de Ana Patricia, cuando me listaron los agravios sufridos por esa pechugona descarada, malagradecida y aprovechadora de su hermana menor. Repasándolo, me doy cuenta de algo: Si Ana Patricia es hasta peor que Mari Pili… ¿Cómo diablos consiguió casarse con Ernesto? Sé que le mintió con lo del bebé. Pero Ernesto se casó enamorado y con completa conciencia de lo que hacía. El asunto del bebé, únicamente aceleró las cosas. Además, de haber sido solo un matrimonio por cumplir, a él no le hubiera afectado mucho su divorcio. Hoy, 2 años después (y algo más), él aun lo sufre. Mmm… ¿Como pudo llegar a amar a esa mujer tan…? Esteeee… mmm… eeeeh… ¿’complicada’? Por más que lo examino, no lo comprendo. Además, con el examen que seguramente ya hizo al ADN de Neto, ¿Qué decisión tomará al saber que es su hijo? Mientras bebo mi refresco, reviso el teléfono de Marco. Veo el número de Ernesto… ¿Le pregunto? Comencé a meditarlo. Quizás él, como persona adulta, pueda guiarme y permitirme descubrir si realmente 7

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

tengo sentimientos (o futuro) con Mari Pili. Al final de cuentas… es parecidísima a Ana Patricia. Además, él también es el único en este mundo en saber cómo lidiar con ella, en caso de surgir alguna relación. Cosa que definitivamente me asusta. Guardo el teléfono aun dudando en usarlo para eso. Sin embargo, Marco llama para conversar conmigo cada media hora (o menos) y Claudio, haciendo honor a su forma de ser, me envía mensajes a escondidas de todos, detallándome los sucesos que ocurren allá mientras yo llego. Es su manera de ayudarme. Sin embargo, su primer mensaje, fue el texto más largo que jamás recibí. Aquí lo transcribo: “Marco bajó de la moto y caminó directo hacia su alteza. Saludó como siempre, pero muy enérgico dijo: – Ese idiota insolente y cabeza dura que se empeña en venir caminando hacia aquí, a pesar que yo le propuse mil maneras de traerlo… ¡es mi mejor amigo! – Levantando cara y voz con gran orgullo. Su alteza comprendió, pero no respondió. Solo tenía una expresión de tristeza muda. Marco continuó: – En caso algo llegue a sucederle mientras viene hacia acá… -elevando a un tono de amenaza que asombró a todos, especialmente a su alteza, Sammy y su misma hermana– …a mis ojos… únicamente habría una culpable. La miró firmemente y al notar como ella no ayudaría en nada a suavizar la pena impuesta, él se retiró. – Con permiso… -masticando al pronunciarlo– ‘al-te-za’. Debbie notó la desesperación de Marco, pero no dio su brazo a torcer. Sin embargo, alargó su mano y lo detuvo por el hombro para decirle: – Caballero… -suspirando– yo, amo a ese idiota insolente y cabeza dura, pero… -calló un instante y luego sugirió– ¡Es usted libre de velar por su amigo… ‘caballero’! –sonrió– Pero no me lo diga, ¿sí? Marco giró, sonrió, hizo la reverencia que acostumbra y se retiró para llamar a escondidas por teléfono. Su alteza, teniendo cerca a la presidenta, le dijo sin perder de vista a Marco, mientras se retiraba para llamarlo a usted: – Eres una chica muy afortunada… – y nuevamente se puso melancólica. – Si… lo sé. Gracias… ‘alteza’. – Quizá deberíamos volver a amarrarlos. – Me sugirió Jenny en voz baja, buscando animar a su alteza.” Han pasado más de dos horas desde que comenzó este vía crucis3. Estoy agotado por caminar (y trotar) los 3 o 4 kilómetros hasta aquí. Decido continuar descansando unos 10 minutos más, mientras compro un sándwich, pues está bien surtido y hasta tienen mesitas para aquellos que desean olvidar el asiento de sus automóviles. Venden refrescos, jugos y hasta cerveza; todo bien frío para combatir el calor. Muchos paran por combustible y aprovechan de tomar algo y refrescarse. Sigo caminando. Ya me informé que 3 km. mas allá hay otra estación de servicio. No será de la misma compañía, pero igual brinda buen servicio. El sándwich que compré, ya lo devoré y estoy a la mitad de la segunda botella que traje para el camino. Me sobran us$98 dólares y aun sigo dudando en llamar a Ernesto. También estoy planeando como pedirle a Debbie volver a ser mi novia… con respuesta positiva. ¡¿Cómo?! ¿Qué aproveche y me vaya con Mari Pili?

¡¿Acaso están locos?!
¿Se imaginan vivir con esa pechugona en la misma casa? ¡¡Ella es capaz de vender mi riñón para comprarse una tv LED de 52!! ¿Cómo que eso no es verdad y solo fue un sueño4? Piénsenlo bien… medítenlo… colóquense la mano al pecho y sean honestos… muy honestos. Ahora… ¿Creen realmente que de ser su novia, ella no vendería vuestros riñones por algo que no le pueden comprar y ella lo quiere de todas maneras…? ¿Eeeh? Aaah… ¿ven?

¡¡Entonces no propongan idioteces!!
El largo camino me permite meditar muchas cosas. Algunas me parecen hoy increíbles, pues si me las hubiesen pronosticado como mi futuro, yo les habría llamado coj… ¡Ejem! …locos. La principal… mi relación con Debbie. Recuerdo como nos conocimos. Marco y yo entramos en el mismo salón luego de cambiar de colegio, y obviamente no conocíamos a nadie. Nos sentamos uno al lado del otro y acordamos almorzar juntos en la
3

El Vía Crucis o Camino de la Cruz, es la representación de Cristo cargando su propia cruz, camino a ser ejecutado. Se usa de referencia, cuando algo es penoso, largo y bastante sufrido. 4 Leer capitulo X – parte 1 – ‘Festividades’.

8

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

cafetería, pues a ninguno le gustaba llevar lonchera. Aquel primer día, descubrimos a Debbie. Realmente hermosa y rodeada de seguidores que no paraban de adularla. La gran mayoría, de años superiores. Jenny también estaba ahí. Algo más pequeña y delgada, pero muy peligrosa. Vimos una rápida demostración, cuando uno de esos chicos intentó abrazar a Debbie y ella no lo autorizó. ¡Pobrecito! Vimos al ‘loco ufo’ y sus dos compinches, rondándola e intentando hacer cualquier gracia que le provoque una sonrisa. Cosa peligrosa, que también ocasionó la intervención de Jenny. ¡Pobrecitos! Sin embargo, nosotros dos no conocíamos a ninguno de ellos y el espectáculo solo nos pareció muy curioso. Llegada la hora del almuerzo Marco se retrasó, pero me pidió separar una mesa y esperarlo, pues no tardaría. Yo acepté y eso hice. Separé una mesita cerca de la ventana que daba al jardín. Era fresco, bien iluminado y con gran vista. Me pareció raro que nadie la escogiera, pero no sospeché nada en ese momento. Al poco rato, apareció ‘la comitiva real’. Es decir, la bellísima reina de casi 15 años y su sequito, listas a sentarse en su lugar acostumbrado… ¡mi mesa! – Jenny… -mirándome de lado– ¿quién es este humilde plebeyo? Su cara no me parece familiar. –esperando que ella me inspeccionara. Pero, al ver mi expresión de… ¿Qué diablos les pasa a estas locas? …se incomodó mucho pues pareció entenderlo. Adoptó una posición de soberbia sin límites y desdeñosamente me preguntó: – Muchachito… ¿tu nombre? – ¿Jah? – ¡¿JAH?! –Atónita e indignada– ¿Cómo ‘JAH’? ¡Qué respuesta más típica para un plebeyo de tan bajo nivel! – ¿Eh? – ¡¿Eh?! –mas sorprendida y enfadada– Deberías estar agradecido y además, considerarte honrado de tener el privilegio de conversar conmigo. –ella hablaba en serio, pero yo dudé en ese momento– Mira ‘muchachito’… si deseas compensar tu mala educación, yo perdonaré tu salvaje actitud, permitiéndote ir en este momento. Agradece mi regia y bondadosa generosidad. – Despidiéndome con un único gesto de su mano. Luego, le hace una seña a Jenny, dispuesta a ‘ayudarme’ a partir. Sin embargo, ellas notan algo raro. No me muevo y las examino mudo, completamente convencido que todas ellas están recontra locas. Especialmente la rubia. Tan expresivo es mi rostro, que ‘su alteza’ es la primera en incomodarse. – Si estás de acuerdo… di sí. –indicó mandona– Y si no estás de acuerdo… ¡Igual debes decir si! –ordenó muy caprichosa– ¡Shu, shu! – Pretendiendo alejarme moviendo su mano, como si yo fuese una paloma o algún gato. Bueno… ¿Alguien se imagina que sucedió? Mmm… pues sí, así fue. Yo hice una observación y ahí comenzó todo. – Oye… ¿Quién eres? – ¡¿Comooooo…?! –escandalizada e incrédula– ¡¡¡Jeeeennyyyyyyy…!!! ¡Aquí tienes un ‘cliente’! ¡¿EEEH?!... ¡¡AAuch!! ¿Se imaginan si alguien hubiese aparecido ahí, profetizando que años después seriamos novios y con posibilidades de matrimonio? ¡Yo lo habría matado! Debbie… pues… le habría pedido a Jenny ir por su cabeza… pero luego de cortarle los otros miembros y… seguramente después de darle una paliza. Recordarlo me distrajo tanto, que olvidé estar caminando. Lo comenté con Marco, cuando me llamó para saber cómo me iba. Él aceptó como buen signo mi humor y yo le pedí no preocuparse tanto. Avisé estar cerca de la siguiente estación de servicio y descansaría ahí unos 10 minutos. Me dio un par de consejos, aseguró ser aún temprano (1:40pm) y no haber mayor apuro. Agradecí y me despedí. Por décima vez veo el número de Ernesto. Si no lo hago ahora, quizás nunca lo haga. Pienso, decido y marco. – ¿Aló Marco…? –responde Ernesto adelantándome, sin saber que soy yo- Habla, te escucho. – Esteee… Ernesto… hola, soy yo. – ¿Ah?... ¿Juanjo? –pregunta dudando, pero de pronto se alarma y suelta preocupado– ¡Juanjo…! ¡¿Ha pasado algo?! ¡¿Por qué llamas nervioso y desde el teléfono de Marco, eh?! Lo tranquilizo y pido perdón por asustarlo. Al regresar la calma, explico por qué llamo usando el teléfono de su hermano menor. Él escucha atento y poco a poco, la risa le va ganando. Llega un momento tal, que ya no lo aguanta y se carcajea con toda el alma, asegurando que soy el rey de los idiotas. 9

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

Lamentablemente como tiene razón, no tengo ánimo de discutírselo. Entonces, ya enterado de los pormenores, primero le pido no molestarse y asegurándole tener una legitima razón para preguntárselo, le pido explicarme por qué se casó con Ana Patricia, quien a mi modo de ver es incluso más ‘salvaje e indomable’ que Mari Pili. – No deberías buscar razones para amar a alguien. –respondió sencillo– El amor no solo es ciego, sino además loco e ingrato. Amar a alguien no significa estar en lo correcto; así como tampoco el no amarla, pueda ser un error. – Al terminar, calló y así quedó un rato. Yo esperaba algo distinto y me incomodó no entender completamente lo que me quiso decir. Sin embargo, con lo poco que capté, decidí hacerle la pregunta que tenía guardada: – E-Ernesto… – ¿Si? – Preguntó en tono ocioso. – ¿A-aún amas a…? – y no terminé. Suspiró un largo rato. Escuché hielos chocar en un vaso y adiviné que estaba sirviéndose un trago. Esperé paciente, pues supe que iba a responderme, aunque al final cambió de tema: – ¿Neto es mi hijo, no es así? – Preguntó deprimido. – Si… así es. – Respondí en igual tono. – Aunque ella aseguró no querer compartirlo contigo. Él suspira y guarda silencio. Claramente lo escucho beber. Yo aprovecho y pregunto: – ¿Ya salió el resultado del ADN que Carolina obtuvo de Neto en mi casa? – Mmm… si… – Entonces… no hay duda. – No. – Suspirando y volviendo a tomar. Ya no sé que más decir y lamento haberlo llamado. Se nota que sigue sufriendo. Hay una última cosa que deseo saber, pero tengo miedo de preguntar. Sin embargo, él increíblemente lo adivina: – Carolina ofreció alejarse para permitirme explorar bien mis sentimientos. No desea quedarse en el medio. Prefiere hacerlo así, antes que nos involucremos más. – ¡Diablos Ernesto…! –Exclamo asombrado– ¡Casi lo mismo me acaba de suceder con Debbie! – ¿Eh? ¿En serio? – ¡Claro! ¿Pero no acabo de contártelo? – Ah… perdón, perdón… con tantas cosas, ya hasta tengo la cabeza volada. –Respira y pregunta– ¿Dónde dices que estás? – Estoy llegando a una estación de servicio, faltando 2km para la playa a la cual íbamos. – Desconfiado por la pregunta, indago. – ¿Por qué, ah? – ¿La sanguijuela está allá con ustedes y Neto, no es así? – Preguntó distraído. – Sí, así es… -ahora si tengo un mal presentimiento– ¿Oye, acaso estas pensando alguna ton…? – ¡¡Espérame en la estación, que voy para allá Juanjo!! – Y colgó.

¡¡¡¿EEEEH?!!!
– ¡Detente Ernesto, Ernesto…!

¡¡Maldición!!
¡Respóndeme idiota, ¿para qué cuelgas?! ¡¡No vengas Ernesto!! ¿¿Re-maldición, por qué diablos desconectas el teléfono? – Reniego desesperado e intento ver si aunque sea telepáticamente, consigo comunicarme con él para disuadirlo. Al no poder… me entra un ligero ataque de pánico. ¿Será mi culpa? ¿Qué hago? Buscando solución, solo se me ocurre una idea… ¡Marco! ¡Vivan los hombres!... Marco llegó volando. Según dice, asustó a todo el mundo al atrapar a Claudio y correr con él bajo el brazo. Subieron a la moto y partieron como disparo de cañón. Las chicas, quedaron muy… PERO MUY preocupadas. Especialmente Debbie, Mari Pili, Úrsula y Sammy. Todas ellas pensaron que algo grave me sucedió, por la forma como Marco reaccionó. – ¡¿Qué cuernos hiciste Jota?! – Reclamó preocupado hasta las pestañas al enterarse. Yo intenté aclarar el asunto, pero él cogía su cabeza sin saber cómo solucionar. Ernesto no prendía su teléfono y los de nosotros comenzaron a sonar con el llamado de las chicas. Marco no tenía cabeza para pensar en cómo responder (mintiendo, obvio), pues no podía decir a ninguna que

10

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

Ernesto venía en camino para seguramente encontrarse con la sanguijuela y el pequeño demonio de Tasmania5. Lo único que se le ocurrió, fue enviar de regreso a Claudio… solo… y que él aguante el vendaval. Claudio muy inteligente, afirmó que la moto se había recalentado y necesitaba una hora para enfriar. Después de lo cual, cambiaría el aceite y le haría un afinamiento para poder usarla. Ninguno le creyó. Tampoco lo culpamos. Así pues, se quedó y nos acompañó en la preocupación. ¡Ah! Casi lo olvido… nosotros también apagamos nuestros teléfonos. Son 2:45pm, han pasado 15 minutos desde que llegaron Marco y Claudio, cuando vemos estacionar el auto de Ernesto, frente al shop de víveres y bebidas. Salimos a recibirlo y lo vemos caminar con el vaso de whisky en una mano y la botella semi llena en la otra. De nada sirvió que Marco primero y yo después, intentáramos convencerlo. Él se sentó en las mesitas y como era necesario consumir algo para no ser molestados, pidió refrescos, comida, bocaditos dulces, salados, hielo y 3 vasos. Acomodó todo (Claudio ayudó) mientras Marco y yo le discutíamos. Nos sirvió whisky con soda para nosotros y con solo hielo para él. – ¡Por ellas aunque mal paguen! – Soltó su acostumbrado brindis desde hace años. Brindó con el vaso en alto, llamando la atención de algunos clientes. Afortunadamente eran todos hombres y correspondieron destapando las botellitas de cerveza que compraron, para también brindar: ¡¡POR ELLAS!! Quien atendía, (hombre) se preocupó al pensar que podría tener algún lio. Sin embargo, fue todo lo contrario. Al cabo de 10 minutos, éramos 11 hombres narrando y carcajeándonos de nuestras miserias con las mujeres, asegurando que todos éramos unos tremendos imbéciles. Eso incluyó a Gustavo, el encargado del local. Cinco minutos después, vino la familia de uno de ellos, que se había cansado de esperarlo fuera. Querían irse. Ernesto para solucionar y evitar perder ‘el grato ambiente’, les compró golosinas a los chicos. ¡Santo remedio! Veinte minutos después, ya éramos veintitantos hombres, varios chicos y 2 perros. Habíamos consumido una buena cantidad de aperitivos y Gustavo, -el encargado– se repartía entre atender nuestro propio consumo y a los ‘impertinentes de fuera’. – ¡Vaya al diablo con todos ellos! – Brindaba y corría cada vez que alguien nuevo venía a interrumpir. Afuera, era una revolución. ¡No había donde más estacionar! A falta de espacio adentro… muchos prendieron la música de sus autos y celebraban fuera. Ernesto entonces preguntó si alguien tenía una parrilla, pues el trago le dio hambre. Uno respondió que sí y fue suficiente. ¡A preparar chorizos para todos en su camioneta! ¡¡Parecía un aniversario!! ¡El encargado de la tienda deliraba feliz! También de borracho. Sin embargo, vendía como si el mundo se fuese a terminar y Ernesto lo pagaba todo con la tarjeta de crédito ‘que nunca usaba’. – ¡No te preocupes (hic)… no te preocupes (hic)… -se excusó– us$300 dólares no es nada para mí, pero a él (Gustavo)… míralo que feliz se ve. A todo esto… yo ya estaba tan mareado, que mi cansancio se esfumó; Marco olvidó la razón de estar ahí; y Claudio… pues… ¡estaba parado sobre su silla, con vaso en mano y era el narrador principal de malas anécdotas con mujeres! ¡¡Era un éxito!! ¡No había quien no riera a mandíbula abierta de sus relatos y las muecas de dolor por cada experiencia vivida! Así… de esa manera, pasamos 2 horas. ¡Vivan las mujeres!... De todos quienes quedaron en la playa… Las 3 psico-locas del auto de Úrsula, el chino y cabeza de papaya… ¡ni siquiera notaron que faltábamos nosotros! Ni les pareció importar. Disfrutaban muy divertidos del paseo. Mari Pili, Debbie y Úrsula, ni siquiera usaron sus ropas de baño. Jenny se encargó de desaparecer a todos quienes las importunaban. Aunque a algunos los enviaba al grupito de las 3 psico locas. Ana Patricia llevó a Neto al borde de la playa y Sammy la acompañó para distraerse. Ahora, sin noticias de ningún tipo, el grupito vinculado a nosotros quedó muy preocupado. Mari Pili miraba realmente molesta a Debbie, y no podía acercársele debido a Jenny, pues ya le había perdido cualquier noción de respeto como profesora y la trataba como a una chica más. Sin embargo, Úrsula era otra cosa. Ella es claramente una dulce y linda chica, pero el hecho de que no se meta en pleitos, de ninguna manera significa que no pueda enfrentarlos. Todo lo contrario. Así, con mal humor, se le acercó a Debbie. – Si algo malo le sucedió a JJ por tu culpa… ¡te partiré la nariz y además, te dejaré calva! – Dio media vuelta y
5

Marco dijo sus nombres, pero para mí, sus alias suenan más natural.

11

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

se encontró con Jenny que oyó todo y no tenía pensado permitir esa falta de respeto. Pero como ella estaba también enojada… ¡tomó a Jenny del brazo que alargó para agarrarla, le dio un giro veloz en el aire y la dejó caer sentada detrás suyo! ¡Debbie se acercó preocupada! Las demás se admiraron, especialmente quienes tenían a Jenny experimentada. Úrsula la miró desdeñosa y amenazó: – Eso solo fue una advertencia… vuelves a intentarlo y preferirás que te atropellen con el auto. ¿Entendiste? Se alejó sin esperar respuesta y reintentó llamar nuevamente por teléfono. Un temeroso murmullo circuló entre ellas. Aunque más fuerte fue entre los admiradores que las rodeaban. Varios de ellos, conocedores de la fuerza de Jenny. Una hora después (3:00pm), seguían sin conseguir noticias. Úrsula ya estaba jalándose los pelos. Sammy era la única que permitía cerca, pues cuando Mari Pili lo intentó… – Das un paso más y… – En amenazante y terriblemente tétrico tono. Era bastante obvio cuánto la odiaba. Ana Patricia avanzó hacia ella, a pesar de las señales (incluso de Sammy) para evitarlo. Un sordo gruñido, advirtió que quizás era bueno ir pensando en llamar a los paramédicos. Y cuando por fin quedaron cerca… Úrsula la miró amenazante con un ojo y parecía buscar donde golpear primero. Ana Patricia intentó calmarla: – Entiendo tu enojo y desesperación, pero… ¡Úrsula se levantó de golpe, interrumpiéndola! Voló ágil hacia ella, con mirada feroz y amenazadora. Inspiró miedo a todas y Ana Patricia no fue la excepción. Temblaba y parecía que sus rodillas no la sostendrían. No atinó a nada y ahí quedó, sin moverse. Parecía hipnotizada o congelada por el miedo. ¡Úrsula la atrapó del cuello con un veloz movimiento, mientras su bella cara mostraba signos de desprecio! – ¡Suéltala Úrsula, por favor! – Pedía Sammy preocupada, intentando inútilmente liberar a Ana Patricia. Entonces… ¡Apareció el salvador! – ¡Biuja maya6! – Protestó Neto y ¡Pum! Le pateó la canilla. Luego, arrojó un puñado de arena a Úrsula para defender a su mamá. Aunque en realidad, la arena en el aire les entró a todos. Incluyendo a él mismo. El agua fría del mar, en la cual todas se bañaron para quitarse la arena, calmó los ánimos. Úrsula recuperó la sensatez, pero daba vueltas como si se encontrara enjaulada, intentando comunicarse por teléfono. Varias veces fue hacia su auto y otras tantas regresó. No sabía por dónde empezar y temía que de alejarse, quizás se perdería de verlos regresar. Finalmente una hora después, a las 4pm, no lo soportó más. Tomó sus cosas decidida, y emprendió camino a su auto sin mirar atrás. Las chicas se aliviaron… ¡hasta recordar que debían volver con ella! ¡Cogieron todo como sea y Ana Patricia metió a Neto en una bolsa, para correr más rápido echándoselo al hombro! ¡El grupo completo corría hacia el estacionamiento, aunque cada uno por distintos motivos! Las psico-locas, pues no tenían quien las lleve. El chino y cabeza de papaya, con ellas se irían o igual quedarían. Debbie, Mari Pili, Sandra, Jenny y Ana Patricia, preocupadas por nosotros tres (Marco, Claudio y yo). Sammy… más preocupada por Úrsula (por mi también). Difícilmente acordaron, pues Úrsula aun tenía un aura nada pacifica. Debido a que ella planeaba encontrarnos así sea en el fin del mundo, las chicas preocupadas por nosotros, decidieron acompañarla sin hacer problemas. Increíblemente calladitas… subieron. Sammy y Úrsula coordinaron por teléfono. Se repartieron tareas y las pasajeras tenían la responsabilidad de examinar bien los lugares por donde pasaban. De esa manera y con alguna pequeña discusión acerca de la mejor forma de hacer las cosas, emprendieron la búsqueda. La interacción dentro del auto bajó los humos de todas. Olvidaron las reyertas y conversaban acerca de cómo tal o cual se parecía, pero no era. Bajaron en un par de sitios para averiguar, pero regresaron sin novedad. Todas aventuraban posibilidades y proponían alternativas intentando explicarse lo sucedido. ¡Comenzaron a trabajar en equipo! (Que lindas) – Si yo fuera Juanjo… ¿Dónde estaría? – Se preguntaba Úrsula en voz baja. – ¡Quizás vendiendo su casa para alejarse de todas nosotras! – Replicó veloz Ana Patricia en tono cómico, recordando cuando casi se quedan sin condominio. – ¡Mmpf! – Se oyó a Debbie, pero tapó su boca para evitar reírse.
6

Biuja maya = Bruja mala.

12

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

– ¡Mari Pili tiene la culpa por perseguirlo hasta en la sopa! – Acusó Úrsula sin dejar de manejar, pero también en tono medianamente divertido. – ¡Mmpf! – Repitió Debbie, volviendo a taparse la boca, para no enojar a la aludida sentada a su lado. – ¡Pues yo no entiendo qué diablos le ven todas ustedes a ese idiota! – Reclamó indignada Jenny, siendo lo primero que dijo desde su caída a manos de Úrsula en la playa. – ¿Acaso quieres que comparemos novios idiotas? – Respondió Mari Pili con un ojito acusador, dándole a entender que Claudio me superaba por mucho a mí. – ¡¡Cállense taradas!! –irrumpió Ana Patricia– ¡El más imbécil del mundo es Ernesto y no se hable más! – Notificó convencida y remató– ¡Peléense si quieren el segundo puesto! – Cruzándose de brazos convencida. – ¡Mmpf! – Hizo Debbie, pero no pudo soportarlo más. ¡Explotó! : – ¡Ja, ja, ja... ja, ja, ja...! – Reía aumentando el volumen e incluso golpeaba el espaldar del asiento de Úrsula con su mano. Aquello contagió a todas y… ¡Ja, ja, ja... Ja, ja, ja... Ja, ja, ja...! Casi todas muy divertidas, acusaban a sus respectivos ‘seres amados’ de ser unos absolutos y completos idiotas. La única en ver el asunto como gracia ajena, era Sandra. Se sentía excluida, pues Marco de ninguna manera era candidato para esa lista. ¿Cómo…? ¡No señor! ¡¿Marquito un idiota?! ¡¡Jamás!! Las otras chicas fueron notándolo de una en una y… Ana Patricia (para variar), fue quien lanzó la estocada. – Ernesto era igualito a Marco cuando iba al colegio… ¡Mucho cuidado! ¡Con los años, él también puede volverse un idiota de talla mundial!
¡Ja, ja, ja... Ja, ja, ja...! ¡Más aún con amigos como Juanjo y Claudio…! ¡Ja, ja, ja... Ja, ja, ja...!

– ¡No se rían…! ¡Marquito no es, ni será nunca un idiota, ¿ya?! – Intentando Sandra inútilmente defenderlo ante las carcajadas generales, pero con tan malos resultados, que únicamente consiguió incrementarlos. Mas fuerte reían… más frustrada se sentía la presidenta. Ni siquiera Úrsula, como hermana, lo defendía. – ¡Tranquila cuñadita! – Soltó ella viéndola semi indignada y pidiéndole a las otras ya no molestarla. De esa manera, animadas y felizmente relajadas, continuaron la búsqueda.

¡Ups!...
– Oigan, de tanto reírme me ha dado sed, ¿a ustedes no? – Indagó Ana Patricia. – Pues a mí, la risa me ha provocado ganas de ir al… ¡¡NO LO DIGAS!! Interrumpieron todas al mismo tiempo. Ya era tarde. No la oyeron, pero lo imaginaron. Ya no había solución. – ¿Y? ¿Dónde paramos entonces? – Preguntó Debbie al notar que ya ninguna se escapaba de esa necesidad. Paseando la vista, ven a la distancia una estación de servicio y hacia allá se dirigen. Todas bajaron y mientras entraban por turnos, las demás caminaron hacia el área de tiendas para comprar algo con que refrescarse. Entonces, al abrir la puerta, escucharon: – ¡Regresemos rápido, que la fiesta se nos pasa! Varios muchachos cargaban botellas de cerveza, embutidos, pan y bocaditos salados en gran cantidad. Lo pusieron todo detrás de su camioneta pick up 4x4 y subieron escandalosamente alegres. – ¡¿Oigan preciosas, no quieren venir con nosotros a una parranda?! ¡Aprovechen que todo es gratis! Debbie giró ignorándolos y Jenny se paró en su línea visual, protegiéndola. Mari Pili simplemente no les hizo caso y entró sin responder, pero Úrsula… afiló un ojo al escuchar que ‘todo era gratis’. Mientras, Gustavo compartía muy feliz la mesa con nosotros. Estaba borracho tanto de felicidad, como de licor, pues vendió todo lo que tenía para proveer nuestra ‘fiesta’. Se le terminaron la cerveza, los refrescos, el pan, los embutidos, los bocaditos salados y demás artículos similares. Afuera, se repartían lo último. Había muchísima gente y al ver a la multitud, llegaban más. Preguntaban por curiosidad y luego, como sea buscaban algún lugar libre para estacionar. El personal de la gasolinera empezó algo fastidiada, pero al ver como el público se agrupaba y consumían a manos llenas, les dieron su bendición. Los clientes correspondieron invitándoles los chorizos, el pan y por supuesto… la cerveza. 13

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

En resumen… No había quien no estuviese feliz de borracho en esa estación de servicio y apenas era 5:10pm. Ernesto seguía renegando, hablando pestes de las mujeres sanguijuelas y encima pechugonas. Marco sonreía, intentando calmarlo como de costumbre. Yo trataba de chocarle mi vaso a uno de los 3 reflejos delante de mí. Claudio… seguía bailando, ahora encima de la mesa. Se había quitado la playera por el calor y ya tenía muchos amigos y admiradores, por todas las historias graciosas que contaba. Pero de pronto, paró. Miró bien su vaso y luego la botella al lado. – ¿She a-acabú il triagu? – Preguntó medio zombie y moviendo su cabeza, como intentando enfocar la mirada. – ¡No te preocupes, no te preocupes! –apaciguó Ernesto borrachísimo– Las provisiones ya vienen en camino. – Si, po-porque a-aquí, no queda ni… ni… – ¡Pum! Clavó Gustavo su cabeza en la mesa y comenzó a roncar. – Oye Jota… – Pregunta Marco visiblemente zombie. – ¿Ah? – ¿Qué tan mal estás? – Pues… -girando la cabeza a todos lados– …de momento veo todo multiplicado por tres… -pauso un momento, mientras Ernesto ríe– …a partir de los cinco, si ya estoy grave. – ¿Así que te faltan dos, eh? ¡¡Salud!! –brindó Ernesto parándose y con el vaso en alto hacia todos los circundantes– ¡¡POR ELLAS AUNQUE MAL PAGUEN!! ¡¡POR ELLAS!! Bebimos hasta el fondo y yo… empecé a ver cuatro. Claudio se bajó de la mesa tambaleando, y avisó a su público que necesitaba ir al baño, pero volvería para la continuación. Nosotros lo vimos caminar de tumbo en tumbo, hasta salir por la puerta. Fue en ese momento que oímos un griterío desde fuera: ¡¡Bravo!! ¡¡Llegaron las provisiones!! ¡Todo el mundo se animó! ¡Hicieron un escándalo y aumentaron el volumen de sus radios! Comenzaron a repartir todo y la fiesta que tuvo una pequeña pausa de dos minutos, reanudó. Ernesto sacudió a Gustavo para que siga tomando. Marco le aconsejó dejarlo descansar, pero Gustavo, aún con la cabeza en la mesa, presentó su vaso vacío para seguir tomando. ¡Estaba muy feliz y quería seguir! Ernesto reanudó sus quejas contra las sanguijuelas pechugonas. Gustavo, a mitad del viaje al paraíso, preguntó en medio de su inconsciencia: – Psch… ¿tan mala puede ser? – ¡Claro! Si no lo crees, pregúntale al idiota del frente (yo) que caminó la maratón porque una chica se lo pidió. – ¿Eh? – Opinó él, sin levantar la cara de la mesa. Estaba a punto de responderle, cuando Marco interrumpió: – ¡Déjalo Ernesto, Jota tiene sus razones! – ¿Razones? ¿Qué razones Marco? –protestó– ¿Acaso arrastrarse con el cuerpo medio muerto es broma? Al oírlo, recapacito sus palabras. – ¡Quédate mejor soltero Juanjo! ¡Más tranquilo y menos peligroso! ¡¡Vivirás más!! – Levantó su vaso y brindó. Nuevamente brindamos y ahora yo veía cuatro reflejos y medio. – Tú tienes suerte Marco... –acusó Ernesto– …la ‘cuñadita’ es tranquila y bastante centrada. – Ernesto, no la llames ‘cuñadita’. Ella se incomoda mucho. – ¿Pero es ’cuñadita’ o no es ‘cuñadita’? – Preguntó muerto de borracho. – Bueno, aun no lo sé. Recién nos estamos conociendo verdaderamente y… – Pues si no la quieres, te la cambio por la sanguijuela pechugona. – Propuso entre serio y divertido. – ¡¿Estás loco?! – Protestó Marco parándose de golpe, pero sentándose de inmediato pues le vino un mareo. – Oye Juanjo… ¿Qué opinas de la ‘cuñadita’? – ¿Ah? ¿La ‘cuñadita’? ¿Cuñadita de quien? – Bastante mareado y sin coordinar bien. – Esteee… ¿Sandra se llama, no? –pregunta, pero sin esperar respuesta, sigue– Aquí mi hermanito no sabe lo que tiene… una chica tranquila, con cerebro y que no te pide hacer estupideces…
¡Crash! ¡Pum! ¡Bang!

¡Todos volteamos! – ¿Qué pasó? – Preguntamos por aquel escándalo. Pareció ser de cosas golpear, caerse y no queríamos líos. – ¡Nada, no pasó nada! ¡Sigan hablando, sigan hablando…! – Nos indicó una aguda voz que sonada constipada. Nosotros le hicimos caso y continuamos. – ¿Qué dices Juanjo? ¿Qué opinas de la ‘cuñadita’? – No le digas ‘cuñadita’. – Vuelve a reclamar Marco. 14

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

– Creo que es buena chica… para Marco está bien. – Concluí sin más y tomé medio vaso. – ¿Nada más? ¿Es todo? – ¡Sip! – ¿No crees que le faltan pechos?
¡Crash! ¡Pum! ¡Bang!

Volteamos otra vez. – ¡Nada pasó! ¡Sigan, sigan! – Nos indicó la misma voz anterior. Nosotros le hicimos caso sin averiguar más. – Ni idea… -respondí– A mí los pechos grandes solo me causan problemas. Eso mejor pregúntaselo a Marco…
¡Crash! ¡Pum! ¡Bang!

-¡Sigan, sigan! ¡Nada pasó! – Nuevamente la misma voz, aunque ahora algo apurada. A nosotros, realmente ya no nos importó. Ernesto examinó a Marco muy divertido. Quería hacerlo sudar antes de preguntarle. Marco giró hacia mí y con un gesto me pidió noquearlo. ¡Ayuda! Suplicó. De pronto, comenzó a sonar la señal de un mensaje en mi teléfono. Lo saqué y revisé rápido, a pesar que ya veía cinco reflejos y era sumamente difícil. Sin embargo, lo que leí… ¡Me despertó! Parpadeé buscando enfocar mejor y releí el mensaje. Sin mover la cabeza, paseé los ojos alrededor y me acerqué a la silla de Ernesto. Él sonrió y me abrazó. Yo le susurré aprovechando la cercanía… ¡Y tuve que atraparlo para evitar que se levante y grite! – ¿Dónde? – Preguntó preocupado en voz baja. – No sé. – Respondí sin hacer movimientos bruscos. – ¿Qué hacemos? – ¡Volar! – Respondió él.
¿Qué había pasado?

Las chicas habían llegado. Aquella escandalosa bulla de cosas cayendo y la voz aguda calmándonos… ¡Eran ellas! Capturaron a Claudio cuando salió al baño y justo entraban para reclamarnos por hacerlas preocupar, cuando escucharon nuestra conversación. Acordaron esperar y espiarnos; pero Claudio, que en verdad no podía aguantarse de ir al baño, consiguió permiso de Jenny. Lo aprovechó y a pesar de tenerla pegado (pero de espaldas), pudo mandarme un mensaje advirtiéndome.

– Estamos muertos. – Aseguré a Ernesto en voz baja y resignado. – ¿Cuántas salidas hay? – Pregunta y al darse cuenta, remueve fuerte a Gustavo, aún inconsciente. Al recibir respuesta de que solo existe una, repite: – Estamos muertos. Las chicas que no son tontas, ya nos descubrieron. Entraron a paso marcial y con caras muy enojadas. Tanto, que los circundantes olieron el peligro y arrimándose hacia la pared, huyeron en fila india por la única puerta. En un minuto, estábamos solos. Excepto por Gustavo, que yacía knock-out sobre la mesa. – Marquito… ven aquí amor. – Indicó Sandra, procurando salvarlo del ataque general. Mari Pili, Debbie y Úrsula avanzaron frente a mí y quedaron mirándome acusatoriamente. Una mezcla de cólera, preocupación, alivio y decepción, se mezclaron en sus miradas. Excepto, cuando luego se dirigieron a Ernesto. En ese momento, todas mostraron claramente una amenaza a su salud. – ¡Cooon permisoooo! – Vino una voz detrás de ellas. Avanzó, se plantó de brazos cruzados y habló con una cara tan terriblemente enojada, que fue obvio que quizás Ernesto no sobreviviría.

¡¿ Todo esto es tú culpa, no ?!
Eso calmó a las otras chicas con respecto de él y entonces, ya solo se ocuparon de mí. ¡Adiós a todos… fue un gusto conocerlos! El final del verano… Ernesto desapareció junto con Ana Patricia y Neto, por espacio de casi una semana. Arregló algunas cosas, recogió ropa, dejó instrucciones y volvió a partir. No dijo nada y tampoco nadie le preguntó. Claudio apareció con muletas, abolladísimo y apestando a crema analgésica por debajo de los vendajes que cubrían casi todo su cuerpo. Según aseguró, no fue solo Jenny; también su madre, al enterarse de la borrachera. Le prohibieron todo lo que pudieron prohibirle (moto incluida), pero avisó que su madre comenzó a simpatizar con Jenny, con quien desde un inicio no quería involucrarse (por Li). El chino y cabeza de papaya, no volvieron a ser los mismos después de aquel viaje a la playa. Las tres psicolocas que viajaron con ellos y los estudiaron, llegaron al acuerdo que eran ‘especímenes demasiado valiosos’. Debido a ello, se veían continuamente. Ellas, para examinarlos; ellos, para cobrar. ¿Acaso pensaron en dinero? 15

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

¡No, nada de eso! ¡Como se nota que no conocen aun a esos dos (o a las otras tres)! ¡¡Cobraban en besos!! Una semana después… Katty, la más borracha entre ellas, se tomó una botella de sake7 que el chino había robado de su restaurante y le regaló. Entonces, al día siguiente… ¡YA ERAN NOVIOS! Nadie supo cómo o por qué. Creo excepto Claudio, pero nunca lo dijo. El chino a partir de aquel día, se dedicó por completo a aprender a cocinar. También lavar, planchar y un largo etc. Porque si no… Katty lo dejaría. Supongo está demás decir que también a mí me pidió (suplicó) ayuda. Yo… sí lo ayudé. ¡Lo llamé estúpido, noqueé y mandé de regreso a su casa! Marco… recibió una cátedra de varias horas por parte de Sandra. Por fin enterada del dinero y la falta de fe en ella. Además, le prohibió terminantemente y bajo cualquier pretexto conversar de sus pechos (talla médium), no importando la situación. Le pidió olvidarse del trago y suplicó alejarse de la influencia de Ernesto (y si podía de mi, también). Para terminar, le reclamó: – ¡No me hagas creer que deberé aceptar que eres un idiota! Yo… sobreviví. Increíblemente, me trataron con cariño. ¡Las tres! Debbie me perdonó al saber que caminé hasta donde nos encontraron, y no fue mi culpa el no concluir. Sin embargo, Úrsula comenzó a distanciarse. Dejó de competir con Debbie y comenzó a tratarla como una hermanita. A Mari Pili… cada vez que podía, la atrapaba y sacaba fuera. Me hacía recordar cuando Pedro Picapiedra arrojaba al gato de su casa. Aunque inevitablemente, al igual que él… regresaba. Mari Pili se enfadaba mucho, pero por lo visto a Jenny en la playa, sabía que no podía hacer nada contra ella. Resignada esperó su partida, pues debía continuar sus estudios universitarios en el extranjero. Además, ella encontró la llave duplicada de Ana Patricia y se colaba a mi casa en las noches. A veces se despertaba encima de mí o al lado. Eso me ocasionó múltiples ataques cardíacos y de nada valía trancar, reclamar o molestarse. Ella, tentadora como siempre, hallaba alguna manera de chantajearme o convencerme. Al final de enero, se llevó a cabo el último concierto de Eclaire, antes de su gira musical por medio año en el extranjero, junto con Sammy. Todos acudimos a despedirlas muy emocionados. Yo, con un ‘vuelve pronto’ para Sammy y un… ‘vete a $%@#’ para Eclaire. Sin embargo, aquel día, ocurrió una serie de eventos que pusieron en peligro al público asistente del concierto e incluso amenazaron la vida de Eclaire8. Afortunadamente la policía pudo solucionarlo, aunque salvar a Eclaire fue una aventura cercana al milagro, pues fue un cadete de policía con un nombre realmente raro (Plutarco… creo), quien arriesgó su vida para conseguirlo. Nosotros tuvimos suerte y no sufrimos ningún percance, a pesar de las explosiones cercanas al concierto y la retirada casi en estampida del público asistente. Eclaire guardó cama unos días en la clínica y cuando fuimos a visitarla (yo obligado), nos presentó a su salvador en un cuarto cercano al suyo. Aunque era obvio que él prefería estar en otra parte, fue muy gentil con nosotros. Al retirarnos, me causó gran pena ver que él parecía haber sido elegido por Eclaire para ser dueño de su corazón (¿Tenía uno?). Le di mi pésame y rápidamente le sugerí un par de estrategias al oído. Él se emocionó. Se levantó al tiro, a pesar de tener costillas rotas y corrió a apuntar mi teléfono para futuras referencias. Yo se la di gustoso. Él me abrazó a pesar que le dolía muchísimo y me nombró su salvador. – ¡Cualquier cosa que necesites, solo llama! – Afirmó agradecido. Luego… por lo bajo me preguntó por Sammy. Sentí algo de pena, pero se la recomendé. Mis clases siguieron normales en la Casa de la Cultura. La directora llamó a Eclaire y la obligó a compensarme por el éxito de las canciones creadas por mí. También la ‘invitó’ a ejercitar la entonación, pues la oyó ‘algo floja’. Ella practicó todos los días hasta el momento de partir. Yo disfruté mucho todo aquello. Eclaire lo notó. ¡Adiós… y no vuelvas! (Sammy, regresa pronto) Úrsula también partió. Al despedirse de mi, miró tímida en dirección de Debbie. Ella… dudó. Pero finalmente
7 8

Licor asiático de arroz, muy fuerte. Crossover. Leer ‘El capitán Pluto’.

16

Autor: Luisppk

‘La Psicoloca y yo’

sin decir nada, nos dio la espalda. Úrsula sonrió triste, se acercó y me besó. – Que seas muy feliz JJ… – Me dijo con la voz quebrada por esa separación y huyó. En el camino, sobre frenó al lado de Debbie y agradeció muy acongojada. – ¡Cuídalo mucho! – Fue lo último que dijo al partir. – Así será… – Respondió ella y levantó la mano despidiéndola. Luego viene hacia mí, me acaricia y muy seria declara: – Ese fue el último… no creas que volveré a ser tan bondadosa. La entendí y acepté. Aunque sabíamos que aun le faltaba lidiar con la más peligrosa, terca e indomable. ¡La psico-loca pechugona! De vuelta al colegio… Es el segundo fin de semana de Febrero, anterior al inicio de clases. No extraño para nada a Ana Patricia, ni al pequeño Damián. Parece que de alguna manera arreglaron su situación con Ernesto y les va bien. Marco se mudó por completo a mi antiguo departamento para dejarles la casa libre. No se quejó para nada y hasta parece aliviado por su hermano mayor. Con todo lo que vivimos, descubrimos que Ana Patricia no es tan mala como pensábamos. Claro que es aprovechadora, convenida, mentirosa, abusiva y… etc, etc y etc… pero no de mala fe. Ella es así y nada se puede hacer. Mientras nosotros en casa, ya retornamos a la normalidad. – ¡Oye! ¡¿Por qué diablos le pusiste tomate a mi sándwich?! – Reclama Mari Pili. – Si no te gusta, déjalo. – Respondo como siempre. Ella abre el pan y se dispone a agarrarlo para seguramente tirármelo. Entonces, yo la manipulo (ya aprendí). – Yo que con tanto amor lo hice, para que tú lo desprecies… – Y giro haciéndome el ofendido. ¿Funcionó? Volteo lentamente y veo su duda. Mira el tomate… a mí… al tomate… a mí… – ¡Bah! – Exclama agarrándolo y arrojándomelo a la cara con fuerza. – ¡Yo soy así! ¡Muy tarde para cambiar! ¡Yo saco el de mi sándwich y me levanto vengativamente! ¡Ella grita y se prepara a huir, pues sabe que se lo haré tragar atrapándola y apretándole la nariz para que abra la boca! – ¡Maldito desgraciado, cocinero de novena! – Patalea ya atrapada. – ¿De novena? ¿Qué pasó con la octava? – Preguntó intrigado, pues nunca lo usó para insultarme. – Eres demasiado tarado para la octava… – Respondió comenzando a reír. – ¡Ahora vas a ver! – Y empiezo a hacerle cosquillas. – ¡Ja, ja, ja... no, no, Ja, ja, ja...! –ríe escandalosa– ¡Juanjo tarado, cocinero de decimo séptima! Ja, ja, ja.... Reímos mucho. La hice tragar el tomate de mi sándwich y a pesar que peleamos revolcados en el piso, ninguno de los dos parecía querer levantarse. Finalmente, me abrazó acercándome y cuando estábamos a distancia de nuestro aliento, me preguntó con su extremadamente seductora voz: – ¿Pasarás conmigo el día de san Valentín, no? – Pero, Debbie… No me dejó terminar y me besó. Sentí un movimiento desde la puerta y de pronto, oímos una voz femenina con mezcla de sorpresa y escándalo: – ¿Maricucha...? – ¡¿Eh?! ¿Ma-ri-cu-cha? – Repito impactado, parpadeando atónito y con una semi sonrisa. Mari Pili desde el piso, levanta curiosa su mentón, para ver al revés a quien así la llama: – ¿Mamá?...– Parpadea incrédula, pero gira y al comprobarlo… grita: – ¡¡NoOOOOOO!! – Sí, soy yo.

17

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->