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Marco Teorico

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LAS REDES SOCIALES Y LOS ADOLESCENTES: GENERACIÓN DIGITAL Introducción El consumo que las y los jóvenes hacen de las

redes sociales se está transformando. Los individuos más jóvenes son los que toman la iniciativa, se trata de pautas de consumo que no son arbitrarias sino que responde a unas pautas de elección consciente, a través de la cual adolescentes y jóvenes asumen y llegan a jactarse de la libertad de autorregulación frente al mundo adulto (Callejo, 2001; Rubio, 2009). Generación Digital es un término con el que se ha querido designar a los jóvenes y adolescentes que han nacido y crecido rodeado de estos medios tecnológicos y que los utilizan para comunicarse, formarse y entretenerse. Este concepto parte de pensadores como Karl Mannheim (1928) o Wilhelm Dilthey (1865) quienes lo consideran fundamental para la comprensión de la historia. La generación digital está siendo la primera en experimentar una serie de cambios drásticos en el procesamiento de la información y el acceso a la misma. Esto genera la necesidad de un aprendizaje interactivo, antes que lineal. Lo que ha llevado a Frank Schirrmacher (2009) a describirlos en el entorno de la relación docente como “infornívoros” (organismos que consumen información para existir). Son un grupo generacional condicionado por unos métodos de distribución de la información, las tareas, el juego y el aprendizaje de corte conductistas, como los videojuegos y en autoinstrucción on-line, estimulan el afán de logro tanto como de consecución y recompensa significativas, concreta pero, inmediata. Según Daniel Dennetr (2009) este exceso de información puede llegar a provocar el síndrome de déficit de atención con hiperactividad (ADHD). Los nuevos medios se han convertido en unos de los agentes de socialización secundaria para los adolescentes quienes se caracterizan por el desarrollo de las redes sociales y los medios técnicos. Además a través de su adentramiento en el hogar favorecen formas intensivas y racionalizadas de relacionarse, con conexiones distendidas que no limitan la libertad de elección, pero si propician la extensión de las relaciones personales y una mayor fragilidad de los vínculos humanos, disminución de obligaciones y las salvaguardias. Las redes digitales que racionalizan y automatizan la vida cotidiana, incorporan factores de cambio, como pueden ser mayor economía del tiempo y el esfuerzo, actividad multimedia, audiovisual, interactiva para el ocio y el trabajo con mayor número de estímulos, influencias y capacidad de respuesta que otros medios más pasivos como la televisión, estandarización del tiempo y las actividades de ocio, así como, las pautas de interacción, acceso a un mayor número de personas, redes e información globalizada, confluencia de las actividades de ocio y el trabajo, lo público, lo privado y lo íntimo, formación autodidacta, que confiere facilidades, para el acceso al mundo adulto, trabajo

académico más cooperativo con los pares y mayor autonomía de la juventud en ambos ámbitos. Según Claus Tully (2007) crecer en la sociedad moderna ha sufrido tres cambios fundamentales, la modificación de las redes familiares, la reestructuración de las fases de la niñez y la juventud y el crecimiento continuos de los aparatos técnicos día a día. Esta socialización que influye la comprensión de la ética, y la formación de los valores, razón por la que la integración del conjunto de agentes de socialización, progenitores, educares y administraciones competentes, en el mundo virtual y de este en la educación, suponen la garantía, para que la educación formal desde el sistema educativo y en concreto la educación para los medios, no queden al margen de la realidad virtual de la juventud. La Red ha supuesto una revolución cultural y estructural, un reducto de independencia en el seno del hogar familiar. Por la carestía de la vivienda, la precariedad del empleo o la mayor tendencia que otras generaciones a permanecer e unos hogares familiares más dotados, protectores y permisivos, aspectos todos ellos que han contribuido a la adopción de internet de forma generalizada, como también ocurre con los móviles, por el hecho de propiciar un especio propio e independiente y en el propio seno familiar. La gestación y desarrollo de movimientos sociales y culturales juveniles a través de internet, no hace otra cosa que confirmar esta como un hecho social total, que no puede ser tratado como medio de comunicación únicamente, sino que consiste y se manifiesta como una relación social plena, internacional, supraindividual y suprafuncional, con reciprocidad entre los sexos, generaciones y culturas, en la que se mezcla todo lo que constituye la vida social, a través del que se expresan las instituciones adoptando formas de interacción, prestación y distribución, a lo que se añaden a sus vez, fenómenos estéticos. Definición: Las redes sociales son una nueva forma de interacción y uno de los servicios más demandados por los internautas actualmente. Constituyen una herramienta de comunicación sin fronteras que nos permite mantener la proximidad poniendo en contacto a amigos y a personas que se identifican con las mismas necesidades, aficiones o inquietudes. Hoy en día, las redes sociales, constituyen uno de los ejemplos de las aplicaciones más utilizadas en la denominada Web 2.0 y que está incrementando su uso día a día de forma vertiginosa. Las herramientas que proporcionan en general las redes sociales en Internet son: • Actualización automática de la libreta de direcciones. • Perfiles visibles • Capacidad de crear nuevos enlaces mediante servicios de presentación y otras maneras de conexión social en línea.

Estadísticas: El atractivo que despiertan en los adolescentes es impresionante ya que en ellas se sienten protagonistas de una comunicación experimental nueva. Cada semana comprobamos que casi 8.000 personas se registran en estas redes, y Facebook, con 175 millones de usuarios está a punto de alcanzar a MySpace que ya cuenta con 200 millones. Un estudio sociológico concluye que más de una tercera parte de los jóvenes internautas españoles menores de edad ha publicado y administra un perfil en una red social (Tuenti es la preferida), y un 35% tiene más de uno, lo que les convierte en usuarios avanzados de esta herramienta de comunicación. Una herramienta que ese 70% de internautas que no han cumplido los dieciocho años y que son usuarios habituales de redes sociales emplean para “afianzar sus relaciones sociales reales”, si bien les resta tiempo para emplearlo en actividades de ocio tradicional, destaca el estudio, del que son autores Xavier Bringué y Charo Sádaba, de la Universidad de Navarra. Importancia de la formación. Responsabilidad de los adultos Pero para educar es necesario educarse y comprender perfectamente el funcionamiento y la filosofía de las redes. Luego, el sentido común y la confianza con nuestros hijos harán gran parte del trabajo. Las redes sociales son auténticas ventanas a la intimidad de nuestros hijos y a la nuestra propia. Los adultos tenemos más criterio y experiencia para saber qué podemos y qué no debemos poner en nuestros perfiles. Sin embargo nuestros hijos pueden desvelar datos, imágenes, sentimientos,… a los que pueden acceder terceras personas, incluidos los medios de comunicación. También pueden vulnerar la intimidad de amigos y compañeros. Por eso es importante que nos impliquemos, sobre todo con los adolescentes. Que hablemos con ellos, que nos enseñen sus perfiles y sus amigos «virtuales», que naveguemos a su lado. La patria potestad debemos ejercerla con el mismo cariño en el mundo virtual. Ventajas y Riesgos de las redes sociales Un estudio del Foro de Generaciones Interactivas concluye que las redes sociales no sólo no aíslan a los jóvenes, sino que sirven de factor socializador. Eso sí, a costa de evidentes riesgos y un exceso de tiempo empleado para ello. Lejos de condenarlos al aislamiento, las redes sociales contribuyen a la socialización de los menores de edad, a que se relacionen más con su entorno cercano, sus conocidos y amigos. Y aunque su uso conlleva riesgos, y ellos lo saben, los asumen, ya que son también muchas las ventajas y oportunidades que ofrecen. Los jóvenes españoles que se mueven como pez en el agua por la red son conscientes de las oportunidades que les ofrecen las redes sociales, pero también de los riesgos que conlleva abusar de ellas.

Así, frente al 65% de no usuarios que no encuentra peligros en internet, sólo el 40% de los usuarios avanzados cree que “está exenta de riesgos”. El 22% de estos últimos tiene hábitos más expuestos, como colgar cualquier foto o vídeo. Los autores del estudio aprecian más riesgos en Messenger, que aunque “ha quedado desplazado por la llegada de las redes sociales, todavía es una herramienta con cierta popularidad” entre los menores de edad. Este instrumento de comunicación instantánea en la red permite “conductas de riesgo”, como agregar a desconocidos a la lista de contactos, y todo contacto “implica una posible relación”, advierten. Éstas son algunas de las conclusiones del estudio Menores y redes sociales, presentado en Madrid y elaborado a partir de una muestra representativa de casi trece mil chicos y chicas de entre seis y dieciocho años, de setenta y ocho centros educativos de toda España. La principal ventaja de estas redes es la posibilidad de mantener el contacto con personas, que bien por barreras físicas, geográficas, sociales..., no podríamos relacionarnos. Se crean lazos más débiles que en el mundo real, ya que la conexión emocional entre individuos no es tan fuerte. Mediante las redes puedes comunicarte de manera rápida y en el momento con la persona. No obstante también existe otro tipo de comunicación por privados, en la que la información queda archivada para leerla cuando se quiera. Sin duda la mayor aportación es la rapidez a la hora de transmitir información y movilizar a la gente. Un claro ejemplo de esto lo tenemos en los movimientos de La Primavera Árabe que se organizó mediante Facebook. En este aspecto, pueden llegar a ser un sustituto de los medios de comunicación tradicionales, un sustituto más personal que permite al usuario comentar y aportar información acerca de cualquier noticia en el momento. A pesar de la buena acogida y el gran auge que están teniendo las redes sociales, todavía son muchos los defensores de los medios de comunicación tradicionales que reciben con cautela y escepticismo redes como Tuenti o Facebook. Quizás esta postura se deba a los aspectos negativos, como la privacidad. En las redes sociales se aporta información personal muchas veces sin tener en cuenta este aspecto. Consiguen conectar individuos a cambio de recibir mucha información valiosa de estos, y al mismo tiempo animan a mostrar la mayor cantidad posible de información. Por los tanto es necesario ser crítico y aprender a filtrar la información que se nos da, teniendo en cuenta de que puede ser modificada y se nos puede mostrar aquello que queremos ver. La construcción social de la(s) identidad(es) de los adolescentes contemporáneos Los individuos, independientemente de sus características personales o sociales, necesitan construirse una identidad, para diferenciarse de los demás y tomar conciencia de sí mismo. Tal identidad se moldea teniendo en cuenta los efectos de sus interacciones sociales. Se trata de interiorizar indiscutibles obligaciones, requerimientos y directrices que son impuestas por el grupo social. Tales aspectos están basados en ciertas reglas, implícitas o no, que tienen como objetivo conseguir metas grupales.

La identidad, no surge independientemente del mundo social, como hemos visto, sino que surge a raíz de la realidad. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que la realidad cambia según la interpretación que hace cada individuo de las opiniones, procesos atributivos y vinculaciones sociales, que conforman entre sí la base de la realidad para cada uno. El joven, una vez ha construido su conocimiento social de la realidad en la infancia a través de la familia fundamentalmente, lo sigue haciendo mediante las relaciones, experiencia y dinámicas interaccionales que se expanden a otros niveles y con personas y grupos distintos. El grupo, estimula y dinamiza a los miembros que forman parte de éste y que por lo tanto son aceptados, lo cual provoca un sentimiento emocional de pertenencia (véase Canto, 1998,2000). De este modo, los adolescentes reciben las influencias del consenso al que se ha llegado en el grupo de iguales, hasta el punto de formar su identidad para lograr su aprobación social. Este rol, y relacionado con lo que hemos comentado anteriormente, también depende de la interpretación subjetiva y de las opiniones de los otros. Los jóvenes, como individuos cuya vida se desarrolla en una sociedad concreta, interactúan en ambientes que se caracterizan por unos roles sociales y culturales, según el contexto, y por ende encuentra una diversidad de valores y normas que pueden ser explícitos o implícitos y que modifican su forma de actuar. Esto se produce por el juicio que hace el grupo de coetáneos y otros grupos socializadores del individuo, en función de la opinión positiva o negativa hacia tales criterios. La respuesta del grupo hacia el joven tiene tanta importancia para él, que modulará sus sucesivas interacciones y aceptará como parte de él los criterios propios del grupo al que desea pertenecer.

Grupo de iguales, redes sociales de amigos e interacción social Indudablemente, la conducta social de los jóvenes durante este período está definida mayoritariamente por su relación con otros jóvenes, aunque no exclusivamente. Existe el riesgo de llegar a la neurosis de popularidad, es decir, el adolescente se preocupa únicamente en que su comportamiento agrade a los demás (Stone y Church, 1980). Este tipo de conducta pone de manifiesto que la dependencia de la aprobación del grupo puede llegar a extremos que no son considerados normales. Diferencias de sexo y edad Los chicos arriesgan más que las chicas al usar las redes sociales, “arrojan los resultados más elevados en todas las conductas que suponen aventurarse a veces en exceso”, y disfrutan más haciendo amigos desconocidos, relacionándose con ellos y, lo más preocupante, “dando información sobre sí mismo a través de sus perfiles”. “Los usuarios (destaca el estudio en sus conclusiones) habitan un escenario que presenta oportunidades y peligros a partes iguales y asumen algunos riesgos, en parte debido también a que son adolescentes”. En cualquier caso, “la edad actúa como elemento moderador de las

actitudes y los comportamientos más radicales”. Se ha estudiado también cómo influye en el rendimiento escolar el uso abusivo de las redes sociales, poniéndose de manifiesto, “una vez más”, la paradoja oportunidad-riesgo. El factor tiempo Así, un 70% de los usuarios avanzados utiliza la tecnología como apoyo para el estudio o las tareas escolares, si bien un 40% reconoce que entrar en Tuenti, Facebook u otra red social “afecta al tiempo dedicado a estudiar”. El uso intensivo, además, disminuye el tiempo que podría dedicarse a otras actividades de ocio más tradicionales. Un ejemplo: mientras que el 21% de las chicas no usuarias confiesan que sólo leen los textos obligatorios de clase, la cifra se incrementa hasta el 31% entre las usuarias avanzadas. Los menores más entusiastas con las redes sociales viven en hogares bien equipados tecnológicamente, muestran una mayor tendencia a visitar y compartir contenidos a través de la red y presentan una mayor faceta creadora en ella, bien sea compartiendo fotos o vídeos; bien, en un nivel más elevado, teniendo una web o un blog propio. El 80% de los usuarios de redes sociales menores de edad consideran que internet “es útil, ahorra tiempo y facilita la comunicación”, y superan en un 20% a los no usuarios en cuanto a posesión de teléfono móvil propio. El uso de las redes sociales por menores “es cierto” que intensifica los conflictos familiares (casi siempre por el tiempo empleado, que los padres suelen encontrar excesivo), pero también, recalca el informe, ha traído consigo “una mayor sensibilización de padres y madres hacia el uso correcto de las pantallas o un mayor grado de conocimiento de su potencial o de sus riesgos”. Justificación de la necesidad educativa: Estas redes no son malas en sí mismas, lo que puede llegar a ser potencialmente peligrosa es su incorrecta utilización. El mal uso de Internet, entendiendo éste como un uso excesivo e incontrolado, puede afectar más a determinados sujetos que por sus características psicológicas o su forma de interpretación/relación con el entorno, sean más vulnerables y se apoyen en este tipo de medios, ya que con una pantalla de por medio, se sienten más seguros de sí mismos. Esto supone un problema que cada vez cobra más importancia, debido al número de jóvenes que utilizan este tipo de tecnologías, como podemos observar en las cifras mencionadas anteriormente. La limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia y adolescencia (no más de 1,5-2 horas diarias, con la excepción de los fines de semana), así como la ubicación de los ordenadores en lugares comunes (el salón, por ejemplo) y el control de los contenidos, constituyen estrategias adicionales de interés (Mayorgas, 2009). Según el estudio realizado por la Fundación Pfizer (2009), el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet. De ese porcentaje, siete de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de, al menos, 1,5 horas, pero sólo una minoría (en torno al 3% o al 6%) hace un uso abusivo de Internet. Es, por tanto, una

realidad obvia el alto grado de uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes (Johansson y Götestam, 2004; Muñoz- Rivas, Navarro y Ortega, 2003). Las TIC simplifican considerablemente nuestros quehaceres cotidianos, ofreciendo múltiples ventajas con diferentes actividades. Es difícil que un adicto se considere como tal. Por lo general, es un suceso muy negativo -fracaso escolar, trastornos de conducta, mentiras reiteradas, aislamiento social, problemas económicos, presión familiar- el que le hace tomar conciencia de su problema. De ahí que sea muy frecuente que sean los padres u otros familiares, más que el paciente mismo, quienes consulten por el problema (Echeburúa, 2001; Echeburúa, Amor y Cenea, 1998). Como hemos expuesto anteriormente, el abuso de las redes sociales puede desembocar en el aislamiento, el bajo rendimiento, el desinterés por otros temas, los trastornos de conducta, así como en el sedentarismo y la obesidad. Además, supone una focalización atencional, reduce la actividad física, impide diversificar el tiempo, así mismo, puede provocar una pérdida de habilidades en el intercambio personal y desembocar en una especie de analfabetismo relacional, al facilitar la construcción de relaciones sociales ficticias (Enrique Echeburúa; Paz de Corral, 2010). Los adolescentes tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que más se conectan a Internet, además de estar más familiarizados con las nuevas tecnologías (SánchezCarbonell, Beranuy, Castellana, Chamorro y Oberst, 2008). A esto podemos añadir, que en este colectivo se incrementan algunos factores de riesgo como son la timidez excesiva, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal. Las redes sociales pueden atrapar en algunos casos a un adolescente porque el mundo virtual contribuye a crear en él una falsa identidad y a distanciarle o a distorsionar el mundo real (Enrique Echeburúa; Paz de Corral, 2010). Las redes sociales alejan el retraimiento: se vuelcan las emociones con la protección que ofrece la pantalla y se comparte el tiempo libre. Uno puede sentirse popular porque tiene una enorme lista de amigos en las redes sociales. Pero esto se convierte en un problema cuando el/la joven depende de esa pantalla para establecer relaciones y sentirse seguro ante ellas. Los riesgos más importantes del abuso de las TIC son, además de la adicción, el acceso a contenidos inapropiados, el acoso o la pérdida de intimidad. Así, en las redes se puede acceder a contenidos pornográficos o violentos o transmitir mensajes racistas, proclives a la anorexia, incitadores al suicidio o a la comisión de delitos (Enrique Echeburúa; Paz de Corral 2010). Como hemos visto, estamos asistiendo al auge de una nueva sociedad de la información, con la aparición de internet y las web 2.0. Pero sin duda, son las redes sociales, la principal fuente de información y comunicación para los jóvenes hoy en día. Ha adquirido tal importancia, que pasa a ser una necesidad para muchos de ellos, un requisito para

formar parte de una sociedad que ha dejado de desarrollarse tan solo en el mundo físico, para tener lugar en un entorno digital. Podemos hablar de conexión entre el mundo real y el virtual, ya que lo que pasa en este último repercute en el espacio físico de la persona. En este aspecto hay que tener cuidado, y educar a los jóvenes, ya que son los principales consumidores de estas redes, en un uso crítico de las TIC y en concreto de redes sociales. Deben de aprender a diferenciar el mundo virtual frente al real, y sobre todo a que el primero no reemplaza al físico. Para prevenir la adicción, los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone (Ramón-Cortés, 2010): a. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador. b. Fomentar la relación con otras personas. c. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales. d. Estimular el deporte y las actividades en equipo. e. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado. f. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia. Por tanto, no debemos prohibir su uso, lo verdaderamente importante es educar en su uso adecuado. El problema no está en las redes sino en los padres y los maestros que están, literalmente, fuera de juego. Se está percibiendo la necesidad de elaborar programas de prevención del abuso de Internet tanto desde el seno familiar, como desde el contexto escolar. Estos programas deben tener como objetivo principal, que el sujeto realice un uso controlado de las tecnologías, y las vuelva a percibir como un medio que proporciona múltiples ventajas, pero no como una necesidad.

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