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Mega Ciudades, Ambiente y Desarrollo Sostenible

Mega Ciudades, Ambiente y Desarrollo Sostenible

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Mega ciudades, ambiente y desarrollo sostenible Ing.

Isaac Zilberman DICSA / AIDIS
1. Introducción La mayor parte de la historia mundial tiene vinculación con poblaciones rurales que sacaban del suelo su forma de vida, pero en tiempos más modernos se convivió, tranquilamente, con la existencia de grandes ciudades. La rápida urbanización del mundo ocurre en el período después de la II Guerra Mundial y no está todavía claro si nuestro planeta tiene recursos para suportar esa tendencia implacable. Como consecuencia de eso y desdichadamente, la mayor parte del crecimiento ocurre en centros urbanos mal equipados para este cambio. Así, el desarrollo de mega ciudades es un fenómeno relativamente reciente. El paisaje de los países de las Américas se ha transformado durante la segunda mitad del Siglo XX por el éxodo hacia las grandes ciudades, desde las poblaciones rurales. En la realidad subdesarrollada y no industrializada, el crecimiento de grandes ciudades con la concentración de esas poblaciones, presenta un conjunto de características nuevas que es importante resaltar. La más notable es la característica de centralismo. Hasta entonces, la urbanización en los países desarrollados se caracterizó por el surgimiento de una cantidad de ciudades de tamaño mediano. Las primeras ciudades del mundo surgieron en donde es hoy el Irak, en las planicies Mesopotámicas cerca de las márgenes de los ríos Tigre y Eufrates. La primera ciudad en llegar al millón de habitantes fue Roma en el año 5 de nuestra era y la población total del planeta era de 170 millones. Solo 17 siglos después otra región metropolitana llego a este número. Nueva York ha sido la primera mega ciudad en las Américas con más de 10 millones de personas. Las capitales de los países desarrollados han funcionado como imanes para la emigración y para las oportunidades de empleo. Pero, después de la II Guerra, en USA se ha desarrollado el fenómeno de “suburbanización” que llevó a las grandes ciudades a disminuir su población, pero a asumir su condición de centros regionales. En los países subdesarrollados en general, y en algunas situaciones en América Latina, el crecimiento urbano se concentró en una o en pocas ciudades grandes, inicialmente nombradas “megalópolis”, hoy “mega ciudades” – fenómeno que no está todavía claro hasta que punto estas pueden ser ambientalmente sustentables. 2. Crecimiento de una mega ciudad En esas “mega ciudades”, es posible detectar que existe una relación inversa significativa entre el producto neto per cápita – PNP y la tasa de crecimiento poblacional. Las ciudades grandes de los países más pobres crecen mucho más rápido que sus similares del mundo industrializado. Fuera de América, llama la atención los casos de India (que es superado por China como el país más poblado del Planeta), Pakistán que llegaría a 350 millones en 2050, así como Nepal, Nigeria y Indonesia. En Latinoamérica este aumento desbocado genera serias amenazas económicas sobre los conglomerados urbanos. Hoy en el continente tenemos Sao Paulo y Ciudad de México con más de 18 millones de personas y Nueva York con más de 16,8 millones. Por otra parte,

Buenos Aires, Caracas, Bogotá, Lima, Los Ángeles, Houston, entre otras están por llegar a cifras como esas. Es importante llamar la atención que en el año 1950, 30% de la población mundial vivía en áreas urbanas. La población urbana llegó a 2,9 mil millones en el año 2000, representando 47% de la población mundial. Con los números conocidos, las habitaciones urbanas van a igualar a las habitaciones rurales en el año de 2007. Se estima que en 2015 el planeta tendrá 7,8 mil millones, con 60% de la población mundial urbana, concentrándose en 33 mega ciudades de las cuales 27 estarán situadas en países subdesarrollados. En América Latina y Caribe tendremos, como urbana, 84% de su población, en un nivel comparable a de los USA. Como consecuencia, en similar proporción disminuirá la población rural. En ese espacio de tiempo hasta 2030 todo crecimiento de población se va a concentrar en áreas urbanas, la población urbana va a crecer para 2,1 mil millones de personas casi el valor del crecimiento de la población mundial que se estima, 2,2 mil millones. O sea, casi todo aumento poblacional en el período hasta 2030 va ocurrir en las áreas urbanas de las regiones subdesarrolladas que deben tener variación de lo que tenían en el inicio del Siglo XXI, 2 mil millones, para algo como 4 mil millones. En ese mismo período, la población urbana de los países industrializados cambia de 0,9 para 1 mil millones. Como, para muchos inmigrantes, las ciudades ofrecen más esperanza de un trabajo y mejores condiciones de cuidados en salud y en oportunidades de educación, el crecimiento de la población va a ser particularmente muy rápido en áreas urbanas de las regiones menos desarrolladas, con media de 2,4% al año, lo que representa el doble de la población en 29 años. Como contraste, la población rural de esas áreas va a crecer muy lentamente, solo 0,2% al año. Es importante agregar que en el inicio del Siglo XXI el nivel de urbanización mundial en las áreas subdesarrollada era bajo – 40% – pero, todavía, más alto que en 1950 – 18% y se estima que llegará a 56% en el año 2030. Lo anterior significa que se llegarán a valores de niveles de urbanización muy cerca de aquellos que tenían los países desarrollados en 1950. El panorama anterior es distinto, por ejemplo, en América Latina y Caribe. La región en general, es altamente urbanizada, con 75% de la población viviendo en áreas urbanas en el año 2000. Esta es una proporción más alta que la de Europa, pero todavía menor que en América del Norte (77%). En 2030 se estima que la población urbana de América Latina y Caribe será del 84%, similar a de América del Norte (85%), la más urbanizada del mundo. De otra parte, es importante fijarse que igualmente con el crecimiento de las áreas urbanas llegando a increíbles proporciones en la población mundial, todavía se puede considerar como pequeña la proporción de personas en “mega ciudades”. En el inicio del Siglo XXI, 3,7% de la población mundial vivían en ciudades con más de 10 millones de habitantes. Se estima que esta proporción llegue a 4,7% en el año 2015. Los datos son inseguros pero se sabe que en el inicio del Siglo XXI, Tokio era la aglomeración urbana con más habitantes en el mundo (26,4 millones) y a seguir Mexico D.F. (18,1), Mumbai (18,1), Sao Paulo (17.0) y Nueva York (16,6) En el año 2015 se cree que tendremos Tokio, Dhaka, Mumbai, Sao Paulo, Nueva Delhi, Shangai, y Ciudad de México, todas con más de 20 millones. La conocida escasez de recursos se ve exacerbada por la demanda constantemente creciente de servicios que se deben suministrar a una tasa que, en ocasiones, supera el crecimiento económico. La calidad del aire y del agua, problemas de salud relacionados con el ambiente, agua, alimentos, y suministro de energía así como el riesgo de contaminación a gran escala

por medio de desechos sólidos y líquidos, son todos problemas críticos que desafían las “mega ciudades” y deben ser enfrentados y resueltos de forma sostenible. En general, el proceso de aumento de esas concentraciones poblacionales ha pasado por cuatro etapas durante el presente siglo que se podría definir como las etapas de crecimiento de una mega ciudad: 1. Durante la primera, el centro crece, aumentando tanto en población como en actividades económicas. 2. Durante la segunda etapa, ocurre una expansión de las periferias y la ciudad tiene que crecer para cubrir con las actividades en áreas que rodean a la zona central. 3. El crecimiento acelerado tiene lugar durante el tercer periodo, cuando la ciudad se expande por razones vinculadas a los deseos crecientes de la población de contar con acceso a tierra barata, comunicaciones nuevas y servicios básicos. Eso genera una disminución en la densidad 4. El cuarto periodo, la fase más actual, abarca la conurbación de varias áreas metropolitanas y complejos urbanos conformándose por la suma de pequeñas áreas metropolitanas. La ciudad se vuelve mega ciudad a través de la unión de varias ciudades que se han unido y, el todo, se les sobrepone en un conglomerado urbano. En general, en la medida que la ciudad se expande y no reproduce los viejos modelos de urbanización; los nuevos desarrollos se presentan más densos, menos planeados, muchos empiezan a construir en las laderas o áreas que sufren inundaciones, generando una considerable cantidad de erosión y un aumento significativo de los escurrimientos y “flash flood” o de deposición en los cursos de agua después de las tormentas. Incluso, el área urbana en general incluye una gran proporción de terrenos agro pastorales junto con terrenos baldíos, parques y espacios públicos que se reducen considerablemente con el nuevo estilo “industrial” de urbanización. Estos espacios desaparecen rápidamente, pero a tasas diferenciales. 3. Aspectos ambientales en una mega ciudad De otra parte, con relación a la atmósfera, por ejemplo, el nivel máximo recomendado por la OMS de SO2 – dióxido de azufre es de 40 microgramos por m3; sin embargo, ciudades chinas como Beijing, Shenyang y Xian registran 90, 131 y 550 microgramos por m3 respectivamente, mientras en Bangkok pueden encontrarse niveles hasta de ¡1.224 microgramos por m3! Lejos de resolver tan anómalo proceder, el nuevo milenio debutó con sustanciales incrementos de población en las ya de por sí súper habitadas mega ciudades del planeta. Por ejemplo, estudios recientes señalan que en Ciudad de México fallecen cada año más de 15 mil personas por enfermedades respiratorias atribuidas a las partículas en suspensión, o bien que en las citadas urbes los pobladores tienen entre cuatro y seis veces más posibilidades de morir de cáncer del pulmón que la población rural… Hasta el más lerdo comprenderá que la única opción válida es la de hacer más "respirable" nuestro entorno. Veamos otro ejemplo alucinante. En la actualidad somos algo como seis mil y medio millones de personas sobre esta maltratada esfera; de esa cifra, el 10% de norteamericanos, europeos y japoneses tienen un consumo de energía y de recursos naturales equivalentes a la pérdida de mil toneladas de tierra cultivable y 3.000 m2 de bosques… ¡cada día! Alarmante, ¿verdad?

Como si no fuese suficiente, a diario se expulsan al aire que respiramos 86 millones de toneladas de gases — dióxido de carbono, óxido de nitrógeno, metano, clorofluorocarbonos (CFC), etcétera— responsables del 55% del calentamiento atmosférico o efecto invernadero. Los países latinoamericanos buscan tener más conciencia que solo el crecimiento y el desarrollo, también aportan una carga muy grande en la sustentabilidad actual y en un futuro próximo. En la última década, significativos progresos han sido obtenidos en desarrollar las estructuras de la política y regulación ambiental. La degradación del ambiente, todavía, continua con una tasa que afecta los seres vivos y su salud así como amplia la vulnerabilidad de los pobres para desastres y conflictos relacionados al ambiente. Todavía, es importante ver los lugares en donde vive la mayoría de nosotros: las modernas “mega ciudades” desde una perspectiva revolucionaria. La clave de la supervivencia de una ciudad son sus órganos vitales: la red de electricidad, los sistemas de transporte, el suministro de agua, la recolección y el tratamiento de los residuos líquidos y sólidos, el control de tráfico aéreo y muchos más. Detrás de cada sistema – que damos por sentado – yace la gigantesca infraestructura de toda “mega ciudad” El actual costo de la degradación ambiental es considerablemente alto. Una evaluación del Banco Mundial en 2004 en la publicación Environment Matters, publicó que la degradación ambiental representa un pasivo anual que oscila entre 10% y 11% del producto interno bruto – PIB. Contaminación del aire y agua, cambios climáticos, disminución de la capa de ozono, deforestación, desertificación y desaparición de biodiversidad, degradación del suelo, ausencia de control de las descargas, de planificación y ordenamiento del territorio para el uso del suelo urbano han resultado en desequilibrio ecológico, amenaza a la vida y a la civilización. Ese desequilibrio creado por los humanos a lo largo del tiempo, debe ser inmediatamente solucionado. Por ejemplo, en el transcurso de un día, cuatro millones y medio de personas viajan en subte en Nueva York y seis millones de pasajeros viajan en tren en Mumbai, India. De hecho, el 75% de los neoyorquinos ni siquiera tiene auto. Sin transporte público, estas ciudades se detendrían por completo: el transporte público es el sistema circulatorio de las mega ciudades. Por lo tanto, el ambiente tiene que ser integrado en la totalidad de los esfuerzos de desarrollo y en la formulación de las políticas. El ambiente no existe de manera insular y, existen muchos otros sectores cuyo desarrollo causan impactos en el ambiente. Tal sectores son responsabilidad de los distintos Ministerios. En algunos países latinoamericanos esta integración es difícil ya que los costos socioeconómicos de la satisfacción posible de las necesidades a partir de la contribución de la ecología todavía no son apreciados en su totalidad. Todavía, iniciativas innovadoras son un imperativo y no significan nada en comparación con las perdidas socioeconómicas a lo largo de los años y generaciones, si no son correctamente atendidas. La escasez de recursos se ve exacerbada por la demanda constantemente creciente de servicios que se deben suministrar a una tasa que en ocasiones supera el crecimiento económico. La calidad del aire y del agua, problemas de salud relacionados con el ambiente, agua, alimentos, y suministro de energía así como el riesgo de contaminación a gran escala sólidos y desechos líquidos regionales, son todos problemas importantes que enfrentan las megalópolis y aún pueden ser enfrentados y resueltos de forma sostenible.

La integración de consideraciones económicas y ambientales en los procesos de desarrollo de sectores transversales de la economía, en una forma holística, es esencial para obtener resultados ambientales positivos. Una valoración estratégica de las variables ambientales en el proceso de planeamiento del desarrollo en megaciudades es, por lo tanto, un pre-requisito para la integración de la variable ambiental en los niveles de las políticas, planeamiento y programación de distintos sectores. De otra parte, la evolución urbana y demográfica de una “megalópolis” “mega-ciudad” constituye una de las principales preocupaciones de los ambientalistas. Parte de esta preocupación se explica por las posibles consecuencias de la concentración de población y sus relaciones asimétricas con el resto de la nación. Las consecuencias ecológicas de una concentración de personas en un mismo espacio son otro factor. Lo que presagia esto para el uso de los recursos naturales es terrorifico. Para muchos, el gigantismo de este crecimiento presagia una gran catástrofe ecológica que conduciria a una descentralización forzosa de la megaciudad. Otros ven a esta concentración como el resultado lógico del desarrollo industrial y del progreso tecnológico del siglo XX y no ven a la megaciudad como un problema en sí mismo. Desde su perspectiva, el desarrollo tecnológico proporcionará las soluciones para los problemas ambientales y de salud creados por tal crecimiento urbano desmesurado. Una situación de crisis ambiental podrá resultar del agotamiento del suministro de agua, de la contaminación del aire, de la sedimentación del sistema de drenaje o/y de la inundación general resultante de la deforestación. Así, esa situación de la contaminación está poniendo en serio peligro a la salud humana. A ello se suma el originado por los ruidos que producen el raudal de vehículos en los que nos desplazamos a diario. Aseguran los entendidos que el oído humano, en condiciones normales, acepta hasta 30 decibeles: hoy el tráfico rodado en las megaciudades anda por los 70-80 decibeles, lo cual puede acarrear no sólo sordera, sino también efectos dañinos en el sistema nervioso, el riñón y el corazón. Ante tan desconsoladora realidad, por fortuna en algunos sitios se adoptan medidas, llamémoslas atenuantes, aunque cada vez resulte más evidente la necesidad de hallar soluciones realmente imperecederas. En la ciudad de Los Ángeles, por ejemplo, el 90 por ciento de la población urbana se mueve en auto. Pues bien: desde el año 2000, la mitad de los vehículos emplea obligatoriamente metanol como combustible o debe sustituir el motor de combustión interna por uno eléctrico. Por su parte, desde mucho antes en Ciudad México y en París los automóviles sólo pueden circular determinados días a la semana, según el número de la matrícula (un día los pares y otros los nones). Lo mismo se pasa en Santiago de Chile, Bogota, en ciertas ocasiones específicas. En muchas ciudades, el tranvía y el trolebús eléctricos sustituyen progresivamente a los equipos de gasolina o diésel, a la vez que se estimula su circulación en carriles exclusivos. Se ha incrementado la utilización de vehículos movidos por electricidad y biocombustibles. El reciclaje de los residuos domésticos es otra de las necesidades en el mundo de hoy. En muchas ciudades se implantó, a partir del 2000, la separación de la basura en dos grupos: orgánicos, y de envases y embalajes. Un otro tipo de constatación ocurre en nuestros dias. Se cuesta creer que metrópolis, con millones de habitantes y calles congestionadas por los vehículos, como citado, tengan una

declinante densidad de población, que agrava sus problemas y dificulta las soluciones. Pero eso es lo que aseguran urbanistas preocupados en invertir una tendencia poblacional centrífuga que acumula desequilibrios, contaminación, violencia e irracionalidades en las grandes ciudades. Por ejemplo, una megaciudad latinoamericana presenta un caso grave de pérdida de densidad de población desde 1960, lo que amenaza la sustentabilidad urbana. Eso ocurre por el deterioro de los servicios y la calidad de vida, por haber impulsado los asentamientos precarios. En el ultimo periodo de 75 años, la ciudad expandió su área urbana seis veces, pero sus habitantes se multiplicaron por diez. Desde los años 60, sin embargo, la mancha ocupada por la ciudad creció más del triple, pero la población no alcanzó a duplicarse. El esvaciamiento de la ciudad – que ahora tiene más de seis millones de habitantes – se debió a un conjunto de factores, empezando por los vehículos sobre ruedas y una ley de 1942 que fomentó la construcción de casas familiares. Sin crédito para construir en áreas urbanizadas y caras, la población se fue alejando del centro. Las familias, cada día menos numerosas pero ocupando la misma residencia – antígua y ahora enorme – y la doctrina de la ciudad extendida también contribuyeron a reducir la densidad. La expansión hacia lejos del territorio donde se había estructurado la ciudad y la región metropolitana, encareció la infraestructura y los servicios públicos (pavimentación, transporte, agua y saneamiento, electricidad y redes telefónicas), justamente cuando la ciudad perdía su pujanza económica. En esas condiciones, se volvió imposible mantener la oferta de equipamiento y servicios urbanos para todos. Es necesario enfatizar que el desplazamiento de una parte de la clase media en ascenso hacia nuevas áreas, además de vaciar la ciudad, forma parte de un movimiento para descalificar el núcleo histórico y sus símbolos, amenazando la identidad urbana, con la pretensión de constituir un nuevo centro. Esas nuevas áreas se construyerón en las últimas décadas siguiendo la doctrina urbanística del modernismo, de rechazo a las viejas ciudades, en favor de nuevas con edificios altos y aislados que preservan el paisaje del "aire agreste". El "mito a destruir” es que el nuevo barrio sea "el futuro de la ciudad" porque se trata de un movimiento "perverso", que favorece a una minoría que atrae el grueso de las inversiones públicas y privadas en detrimento de zonas, donde vive la mayoría de la población pobre. Para salvarse, la ciudad debe recuperar calidad de vida y "democratizarse", ampliando la infraestructura y el crédito habitacional. En otro ejemplo, una ciudad tuvo una mayor densidad poblacional en la década de 1930, cuando contaba con un centro bien definido y estructurado, alrededor del cual se concentraba la población. En las dos décadas siguientes ocurrió una fuerte dispersión, ante la transición del transporte por trenes y tranvías a los automóviles y autobuses. La posibilidad de desplazarse "a cualquier lugar lejano" en vehículos sobre neumáticos hizo viable la marcha hacia la periferia, en busca de tierras más baratas para construir. Esa "opción por el modelo de ciudad pavimentada" y el empobrecimiento de la población han sido los dos principales factores de la dispersión urbana. En el início del siglo XXI, la megaciudad se extendía por 873 kilómetros cuadrados, 57 por ciento de los cuales (exactamente 500 kilómetros), fueron ocupados entre 1930 y 1962, según datos disponibles. Los pobres, sin condiciones de disputar áreas urbanizadas y más caras, tuvieron que construir sus casas en barrios populares lejanos, "más densos, con menos infraestructura, más violencia y menos escuelas".

El resultado es una ciudad de 10,8 millones de habitantes "desequilibrada", con mayor concentración humana donde hay menos empleo y menos escuelas, hospitales y centros de salud, lo que amplía la desigualdad social y la necesidad de transporte de larga distancia. El consecuente congestionamiento de tránsito y la contaminación atmosférica son agravados por el predominio de los vehículos automotores. Ahora, la solución es impulsar el transporte colectivo, por tren subterráneo y autobuses en calles exclusivas y un reglamento rígido urbanístico. El reglamento debe estimular la planificación con participación popular y, basicamente, la recuperación de la densidad urbana a través de medidas que gravan los terrenos ociosos, impiden la expansión sin infraestructura y permiten imponer la edificación en terrenos baldíos. Para finalizar, tenemos que considerar que hoy casi ochenta por ciento de la humanidad vive en núcleos urbanos y para el 2035 ascenderá al noventa. Predominarán los ejes entre grandes ciudades, como es el caso de Tokio-Yokohama, Houston, Boston – New York – Washington, Ciudad de México, São Paulo que hoy caracterizan la definición de megaciudad. Las nuevas tecnologías apuntan a mejorar el nivel de vida en las ciudades, integrándolas en el ciclo ecológico, pues hoy día el principal problema es que se generan más residuos de los que la naturaleza puede asimilar. Con ello se deben amortiguar los problemas que actualmente favorecen las ciudades de alto impacto ambiental: enfermedades derivadas de la contaminación, cansancio prematuro, estrés y malestar general. Que los científicos den la alarma sobre problemas como el cambio climático o la deforestación ayuda a ir ganando en conciencia, pero esta no es una tarea exclusiva de los gobiernos, sino también de todos los ciudadanos. Esa será la única forma de reducir el actual impacto medioambiental en megaciudades.

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