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ojos

de
lluvia

Un texto para niñas y niños a partir de diez


años.
A todas las niñas y niños que no
saben que sus abuelos fueron unos
“sinpapeles”.

Y para ELSA, que emigró, de repente, para


siempre.

*************************************************************************
**

“Galicia está probe


i à Habana me vou.
Adiós, adiós prendas
do meu corazón.”

Rosalía de Castro.

“¿Cómo es posible que una niña sonriente


pueda ser capaz de expresar el infortunio
más profundo.”

Sebastiao Salgado, fotógrafo.


Retrato de los niños del éxodo.

“Decir que los niños son el futuro es una aberración.


Los niños son el presente, deben serlo.”

J.J. Ortiz, en el debate sobre los niños del exilio.


Círculo de Bellas Artes, Madrid.

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*** Los personajes:
JAIRO, también PADRE de espaldas.
NIBAL, también sombra chinesca de DOCTOR.
ELSA, también MADRE de espaldas y enfermera.
MAR, sólo ella.
LLUVIA, gatita callejera.

*** El espacio: Un ciclorama, al fondo, sobre el que se pueda jugar con


la luz y diferentes efectos, tan sencillos como mágicos.(*)
En un lateral, grandes cubos de basura, algún grafiti y una farola rota
que nos sitúan en la boca de un callejón urbano.
Para las diferentes escenas pueden sacarse, aprovechando los rápidos
oscuros de transición, los elementos escenográficos necesarios, tales
como la cuna y los pupitres.

*** La acción: hoy. Las dos primeras escenas en casa y el resto muy
lejos, en Asac, es decir, en Pereira o Bahía o Quito o Rosario o
Cochabamba o Tijuana o Camagüey.
O, posiblemente, en todos estas ciudades a la vez.

*** El habla de los personajes mezcla deliberadamente cadencias y

dialectalismos de diversos países de América Latina. Algunos términos

son compartidos, otros pertenecen a peculiaridades autóctonas. En

todos los casos su significado se puede deducir del contexto en que

aparecen.

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(*) Existe un tipo de proyector/foco que, aplicado sobre cualquier

superficie o al mismo suelo, reproduce de forma muy sugerente la

cortina de lluvia.

Primera gota.

CALABOBOS.

Palmadas en el culo.

(Unas sombras chinescas recrean el preciso y precioso instante en que

un bebé es sacado del vientre de su madre.

Las grandes manos de un doctor lo sujetan por los pies.

Inmediatamente su trasero recibe un par de palmadas que suenan con

fuerza.

Eco.

Después, un silencio. Una espera.

El doctor vuelve a atizarle, más fuerte.

Aquel bebé debería llorar, como todos, pero no lo hace.

La espera, de unos segundos, parece hacerse eterna.

El bebé mueve al fin sus mínimas manos y, en vez del primer llanto

que suena a despertador rabioso, emite un sonido tímido y tierno a la

vez, el “gu” universal, un monosílabo que nos descubre que todos los

bebés del mundo hablan igual.

Es, sin duda, su primera palabra para decir vale, aquí estoy... no hace

falta que me pegues más...)

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VOZ EN OFF QUE TRADUCE LOS MONOSÍLABOS GUTURALES DEL

BEBÉ QUE MUEVE SUS MANECITAS COLGANDO DE LAS MANOS

DEL DOCTOR:

Se estaba tan calentito dentro de mi mami...

De repente, zas, me sacan, me cogen de los pies, me cuelgan como si

fuera un jamón y no paran de darme azotes en el culo...

(El doctor vuelve a atizarle.)

Y dale que te pego. ¿Pero qué he hecho yo para que me peguen así...?

Bien empezamos...

(Se oye una voz de adulto que dice:

“¿se puede saber por qué no llora la niña ésta?”)

La primera pregunta tonta que me hacen en mi vida...

¿Por qué no lloro?

Y yo qué sé...

(Más palmadas.)

Con un minuto de vida qué voy a saber...

Bueno, sólo sé que me llamo Mar, así me llamaban ya cuando nadaba

en la barriga de mi mami.

Que soy una niña sana y de lo más normal: eso decía el médico siempre

que me hacía fotografías antes de que naciera...

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Que, como todos los bebés, nos preparan la mochila antes de salir y nos

mandan fuera de casa, ¡ala!, fuera de mamá, a eso que los mayores

llaman mundo, es decir, al extranjero... ¡Todos nacemos en el

extranjero!

Ah, y una cosa más:

que, por lo visto... no sé llorar.

No sé si aprenderé. Todo el mundo sabe.

Y eso que, según dicen, es muy fácil; más fácil, por ejemplo, que reírse.

Bueno. Pues yo no sé...

Qué cosas pasan,¿eh?

Todos nacemos con algo que nos diferencia: el color de la piel,

Los rizos en el pelo, el color de los ojos...

Yo he nacido sin saber llorar, algo que por lo visto hacen todos los bebés

del mundo.

O casi todos.

Pues yo, nanai. Y ya pueden darme en el culo.

(Insiste el doctor. Una palmada más. Luego, la enfermera, a ver si...)

Pero, a cambio, sé...

(Se escucha el sonido suave de un goteo constante. El doctor que

sujeta a Mar comprueba con la palma de la mano libre que algo extraño

está pasando en el paritorio. Sobre las sombras chinescas se empieza a

dibujar una cortinilla de lluvia. Una enfermera entra con un paraguas y

lo abre para guarecer a la criatura y al doctor.)

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Llover...

(El doctor y la enfermera se miran perplejos. Mar sigue con sus “gus”.

Y la lluvia extiende suavemente su cortina y su susurro mientras se va

haciendo oscuro y suena una cajita de música.)

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Segunda gota.

CHUBASCO.

Nada.

(La cajita de música sigue sonando. La lluvia ha parado.

El padre y la madre, de espaldas al público, cada uno en una esquina de

la cuna, miran a su pequeña.)

PADRE: Nada.

MADRE: Nada.

PADRE: Es que nada de nada, ¿eh?

MADRE: Nada.

PADRE: Pero no pasa nada porque no pase nada, ya lo ha dicho el

doctor.

MADRE: Nada. Sólo que me gustaría que...

PADRE: Ya.

MADRE: Aunque fuera una lagrimita...

PADRE: Ya.

MADRE: Una lagrimita así de pequeña sería suficiente...

PADRE: Qué le vamos a hacer...

MADRE: Paciencia...

PADRE: Los bebés lloran para decir tengo hambre me duele la tripa

tengo los pañales llenos de caca y esas cosas...

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MADRE: Ya, pero por lo visto nuestra Mar nos ha salido algo

especial...

PADRE: Rara...

MADRE: No, rara no. Diferente.

PADRE: Por lo visto... muy especial.

(Pausa.)

¿Y cómo sabremos cuando nos quiera decir...?

MADRE: Qué.

PADRE: No sé, lo que sea.

MADRE: Pues no sé, algo pasará.

(Un pequeño resplandor anuncia la lluvia. Los padres se

miran, extrañados. Después, con toda la naturalidad del

mundo, abren el paraguas y miran a la pequeña.

La madre tose. Empieza a llover.)

MADRE: Tiene hambre.

PADRE: ¿Y tú cómo lo sabes?

MADRE: (Mirando al cielo.) Lo sé.

(Sonríe.)

PADRE: ¿Cómo te encuentras?

MADRE: Mejor...

PADRE: ¿Seguro?

MADRE: Seguro...

PADRE: ¿Y ese dolor...?

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MADRE: No será nada, ya verás... (La madre se toca debajo del

pecho.)

Nada...

(La niña en ese momento emite un “gu”con algo más de

intensidad. Después, otro. La lluvia se vuelve más intensa.

los padres se miran.

La madre deja de toser.)

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Tercera gota.

NUBES DE ALGODÓN.

Cuatro chavos y una gatita.

(Un callejón muy lejos de casa.)

MAR: (Al público.) Ya tengo diez años y desde entonces me han

pasado bastantes cosas pero sólo os contaré unas cuantas.

Por ejemplo: como veis, ya no digo sólo “gu”. Mi padre dice

que hablo por los codos aunque eso no es verdad, (se mira

los codos...) hablo por la boca. La gente grande tiene esa

forma de decir las cosas, no hay quien les entienda. Más: mi

mami se fue para siempre. Tenía un dolor muy fuerte, aquí,

y por más que decían que no era nada, sí que fue. Mi padre

se puso muy triste y yo también, aunque era muy

pequeñina y dicen que no me enteraba de nada. ¡No me iba

a enterar...!

Ese día hubo una tormenta con granizo en mi pueblo.

Y otra más: ya no vivo en España. Desde hace unos meses

vivo aquí. Esto se llama Asac, como “casa”, pero al revés, y

es una ciudad de un país con un nombre muy raro que

todavía no me he aprendido.

Yo le llamo, simplemente, “ Lejos”.

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Y sólo sé que Lejos está muy lejos de mi antigua casa. Ahora

ésta es mi casa, dicen, mi casa grande. La pequeña, en la

que vivo con mi papi, es –de verdad- muy pequeña. Una

salita y se acabó.

Allí vemos la tele y dormimos y comemos y todo lo demás.

Pero no hay “plata” para más.

Mi casa de España tenía un patio muy grande y muchas

macetas.

Mi bohío –como llaman aquí a las casas- está detrás del

callejón.

Aquí hablan igual, pero no hablan igual. Por ejemplo, no

dicen aquí, dicen “acá”, y hablan con otra música. Muy

dulce. Así: (imitando un acento que bien podía ser

argentino, mexicano o cubano... o todo a la vez...) “¡Ché!

¿oíste, ñaño?”

Todavía no me he acostumbrado del todo...

Para venir aquí me subieron a un avión y dormí toda la

noche.

(Pausa.)

Mi papi se ha venido a buscar trabajo...

Ya sé que no es lo normal. Ya sé que lo normal es que de

América vengan a España. Pero a mí me ha pasado.

(Pausa.)

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Y a vosotros os puede pasar.

JAIRO: (Levantando la tapadera de un gran cubo de basura y

asomando la cabeza. No puede estarse quieto, es un rabo

de lagartija que lleva el ritmo siempre a flor de piel. ) ¡Aloha,

pibita!

MAR: (Al público). Se llama Jairo. Siempre anda metido en líos, en

quilombos, que dicen aquí, pero tiene muy buen corazón. Y,

como veis, no para de moverse.

(A JAIRO:)

Hola.

JAIRO: ¿Qué haces?

MAR: Hablar con mis amigos. ¿Y tú?

JAIRO: Me escondo.

MAR: De quién.

JAIRO: De mi viejita.

MAR: ¿Por?

JAIRO: Llamaron de la Escuela. El pinche de D. Matías le chivó que

me hice la rata ayer...

MAR: (Al público.) No es que Jairo se haya vuelto un ratón. Aquí

cuando se te pegan las sábanas y no vas al cole se dice así...

JAIRO: ¿Encontró tu viejo laburo?

MAR: ¿Laburo?

JAIRO: Trabajo.

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MAR: Sí. El lunes empieza. En la plantación.

JAIRO: Cuando se entere mi cocho se fregará...

MAR: ¿Qué?

JAIRO: ¡Púchica! Quiero decir que mi viejo, mi papi, se enojará...

MAR: ¿Por?

JAIRO: Dice que los boludos como tu papi vienen de fuera a

quitarnos a los de acá el poco laburo que hay... Los mayores

siempre andan con esas pavadas...

MAR: Mi papi no le quitó nada a nadie. Le ofrecieron un trabajo

que los de aquí no querían.

JAIRO: Che, sin enojarse, que yo no so mi viejo... ¿okei?

MAR: Okei. (Pausa.)

¿Y hasta cuándo te vas a quedar ahí metido?

JAIRO: Hasta que vengan Níbal y Elsa. Quedamos para jugar al

trancho.

MAR: ¿Al trancho?

JAIRO: ¿Vos tampoco sabés lo que es el trancho?

(Mira al público, se ríe.)

¡No sabe lo que es el trancho!

MAR: Ni yo ni mis amigos...

JAIRO: ¿No?

(Vuelve a mirar hacia el espectador.)

JAIRO: ¿ A poco en tu país no jugás al trancho?

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(Mar mira al público esperando una respuesta.)

MAR: ¿No ves que no? Jugamos a otras cosas: a las cuatro

esquinas, al píllala, al pañuelo, a... y... a la pleiesteison..

JAIRO: Qué raros sos. Nomás me enteré de la pleiesteison.

MAR: Raros no. Somos diferentes.

JAIRO: Sí.

(Pausa.)

Y raros.

(Pausa.)

El trancho se juega con unos bolitinches del tamaño de

unos aretes y no más tienes que...

MAR: ¿Bolitinches? ¿Aretes? No entiendo nada.

JAIRO: ¿Y vos seguís diciendo que hablamos el mismo idioma?

MAR: Sí.

JAIRO: Y entonces por qué vos no me entendés...

MAR: Sí que te entiendo; si no, no te entendería cuando me

preguntas si lo entiendo, ¿entiendes?

JAIRO: Como dice mi buelito: a las chibolas como tú no hay

compadre que les entienda. Y si además sos gallega...

MAR: ¿Gallega?

JAIRO: ¡De la madre patria...!

MAR: ¿De dónde?

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JAIRO: De España. Aquí a España se le llama la madre patria... Y a

todos los de la madre patria se les llama gallegos...

MAR: ¿Y el padre patrio?

JAIRO: Qué.

MAR: ¿Quién es vuestro padre patrio?

JAIRO: Buena pregunta, chava... creo que somos huérfanos. Como

tú, pero al vesre...

MAR: ¿Al vesre?

JAIRO: Al revés. Somos de madre española y a lo mejor de padre...

desconocido... ¿Entendés?

MAR: Eso sí que lo entiendo, güey...

JAIRO: Empezás a hablar como nosotros, chavita...

MAR: Poco a poco, “chavito”. (Ríen.)

JAIRO: ¡Ah! ¡Tengo un regalo para vos...!

MAR: ¿Un regalo?

JAIRO: Cerrá los ojos y poné las manos así. (Saca las manos y las

extiende.

MAR lo imita. Cierra los ojos, espera. JAIRO se zambulle en el

cubo y saca un gatito, lo coloca en la palma de sus manos.)

¡Ya podés abrir los ojos!

(MAR los abre.) ¡Es chévere!

MAR: ¿Se llama Chévere?

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JAIRO: (Ríe.) No, sonsa. ¡ Que es chévere! Si todavía no tiene

nombre.

MAR: Pues además de chévere es precioso...

JAIRO: “Preciosa”. Es para ti. La encontré perdida en el callejón.

Mirá sus ojitos. Son como los tuyos.

MAR: Qué va. Los tiene más bonitos.

JAIRO: No. Son ojos de lluvia...

MAR: ¿Ojos de lluvia?

JAIRO: Sí. Tiene los ojos como tú, ojitos de lluvia. Acá cuando una

chamita tiene ojos traviesos y soñadores como los tuyos la

llamamos así: ojos de lluvia.

MAR: ¿Tengo yo ojos de lluvia?

JAIRO: Sisas. Ajá.

MAR: (Por la gatita.) ¿Cómo se llama?

JAIRO: Como vos querás.

MAR: Te dejo que le pongas el nombre, por habérmelo regalado...

JAIRO: Okei. (Se lo piensa.)

MAR: ¿Okei? Bueno, pues que se llame Okey.

JAIRO: No. Okei es vale. Recién me puse a pensar.

MAR: Ah, vale, digo, okei.

JAIRO: Ya lo tengo. Se llamará... Lluvia.

MAR: ¿Lluvia?

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JAIRO: Lluvia. Sí, el apellido de su mami, que eres tú. Además, no

sé qué pasa últimamente que hace tiempo que no llueve por

acá. ¿Sabés que las cosechas de mandioca se perdieron?

MAR: ¡Lluvia! Me gusta, aunque no sea nombre de gato...

JAIRO: Y que conste que acá a los mininos les ponemos un nombre

que tenga que ver con el sitio donde los encontramos...

Níbal tiene un chucho callejero que se llama “safacón”

porque lo encontró en un cubo de desperdicios, así que si

querés nomás le cambiás el nombre y le ponés “basura” o

“callejón” o “caca de perro”... ¡guau, qué nombre más

pelotudo: caca de perro!

MAR: Déjalo, prefiero Lluvia.

JAIRO: (Riendo, y sin parar de percutir con sus dedos sobre el latón

del cubo.) ¿Sabés que aquí a la ducha le llamamos también

lluvia?

MAR: ¿De veras?

JAIRO: Cuando huelo a catinga mi vieja me dice ¡a la lluvia, Jairo!

¡Huate, si antes la mento! (Se esconde. Saca la cabeza lo

suficiente para susurrar a Mar...)

¡Mi tecla! Haceme un volado, no le digás nada...

MAR: ¿Cómo?

JAIRO: ¡Mi mami! ¡Si me agarra me suena!

MAR: ¿Cómo?

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JAIRO: ¡Que me dará una buena golpiza! (Vuelve al escondrijo.)

MAR: (Disimulando.) ¡Buenos días, señora Berta! ¿le gusta mi

gatita? (MAR sale hablando hacia donde se presume que

está la madre de JAIRO, entre bastidores y se aleja sin dejar

de hablar...) Se llama Lluvia. Es chévere, ¿no es cierto? Me la

acabo de encontrar. Estaba al fondo del callejón , se ha

quedado dormida, debe de estar hambrienta la pobrecita...

( JAIRO asoma la cabeza. Ha pasado el peligro. Sonríe. Mira

al cielo. Un par de nubes se besan.

Sonríe. Ve llegar a Elsa y a Níbal. Sale del cubo de un salto)

JAIRO: ¡Che, loco! ¿ Y Los bolitinches?

NÍBAL: Aquí. (Señalando el bolsillo. Parece molesto.) Me pareció

verte con la galleguita.

JAIRO: Ahoritita vuelve.

ELSA: ¡Chai...! ¡Hueles a chancho...!

JAIRO: (Se huele, después vuelve a mirar hacia el público.) ¡Hijole,

tiene razón Elsita, huelo peor que un cerdo...! ¡Necesito una

lluvia!

ELSA: Con quién hablás...

JAIRO: Con los amigos de Mar... No entienden algunas de nuestras

palabras.

NÍBAL: ¿También son gallegos?

JAIRO: Casi todos.

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NÍBAL: ¿Inmigrantes, entonces?.

JAIRO: No sé. Sólo sé que nos miran.

NÍBAL: Como sigan llegando más gallegos emigrantes nos vamos a

tener que ir nosotros.

JAIRO: Hablás ya como mi viejo.

NÍBAL: Es que están por todas partes, ¿no es cierto?

ELSA: Si allá se les acabó el laburo, qué querés que hagan.

NÍBAL: ¿A poco no sabés cómo les llaman? Los “sinpa”. ¿Sabés por

qué? Porque no tienen papeles ni visa, loco. ¡Y roban!

¿oíste? A mi vieja el otro día le bolsearon en el mercado: ni

un chin de plata le dejaron. Seguro que fue un gallego.

JAIRO: ¿Seguro?

NIBAL: Casi seguro.

JAIRO: Ésa es una babosada. No sé que pasa que últimamente de

todas las pavadas que suceden tienen la culpa los

galleguitos, ¿oíste?...

NÍBAL: Nomás sé que nos están invadiendo.

ELSA: Dejen el agarrón. Mar se acerca.

(MAR vuelve.)

MAR: Hola, Níbal; hola, Elsa...

ELSA: ¡Qué onda!

JAIRO: ¿Cómo os fue con mi teclita?

(Pausa.) ¡Mi vieja!

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MAR: Ah, bien. Le dio un poco de leche a Lluvia.

NÍBAL: ¿Lluvia?

MAR: (Mostrando la gatita.) Me la regaló Jairo.

ELSA: Es linda. (Se lo coloca en la palma de la mano.)

MAR: Es chévere, ¿no les parece?

ELSA: ¡Púchica, hablás ya como nosotros...!

JAIRO: Aprende rápido, la ñata...

NÍBAL: Demasiado...

JAIRO: ¿Qué, nos hacemos una tranchada en el parque o no...? Así

de paso le enseñamos a jugar a la galleguita...

ELSA: Okei. Níbal y yo contra ustedes. Prepárense para una buena

tunda.

NÍBAL: ( Sin quitar la vista de MAR.) Búsquense a otro, recién se me

quitaron las ganas de jugar... Mejor me quito y no les

molesto. (Sale.)

JAIRO: ¡Níbal! (Sale tras él.)

MAR: Parece que no le caigo bien.

ELSA: No es eso.

MAR: Entonces...

ELSA: Anda salado últimamente. A su papi lo botaron del laburo.

Cerró la fábrica.

(Pausa.)

Además, Níbal siempre tuvo pájaritos en la cabeza. ¿Sabés?

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Dicen que guarda un secreto, desde que era un chichí, así...

(Más pequeño todavía.)

MAR: ¿Qué secreto?

ELSA: Un secreto. Nunca nos lo ha querido decir...

(Pausa.)

MAR: Yo también tengo un secreto.

ELSA: ¿Cuál?

MAR: Si te lo digo ya no es un secreto. Además, me da mucha

vergüenza.

(Pausa.)

Creo que Níbal te llama.

ELSA: ¡Chau, nos vidrios! (Le devuelve la gatita. Sale tras ellos.)

MAR: Chao. (Mira la gata, la acaricia, se siente sola. Suspira. Las

nubes, arriba, van cambiando el color hasta convertirse en

unos amenazantes nimbos. Empieza a chispear.)

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Cuarta gota.

VIENTO DEL OESTE.

Volando papalotes.

(NÍBAL vuela una cometa en el parque.

JAIRO y ELSA le ayudan.

En un rincón, MAR los observa sin ser observada. )

NÍBAL: Que no.

JAIRO: ¿No?

NÍBAL: No.

ELSA: Ella no tiene ninguna culpa. Soltá más hilo, ándale.

NÍBAL: Mi viejo me dijo que cuanto más lejos de ellos, mejor.

¡Arriba! ¿Qué les pareció eso, so un artista o no?

ELSA: ¡De más!

JAIRO: ¿Imaginás que vos fueras el que tiene que largarse del

país...? ¡Estirá!

ELSA: Si no hay chamba, no hay chamba... ¡Huate!

(Pausa. JAIRO vuelve a dirigirse a los espectadores...)

JAIRO: Chamba, laburo, pincha... trabajo... ¡Se puede decir de

tantas maneras! Pero siempre significa lo mismo: si lo hay,

todo bien; si no: hay que buscarlo... ¡donde sea!

(Vuelve a sus amigos.)

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NÍBAL: Papi se quedó sin chamba... Ésa es la vaina. ¿Qué no vieron

ese volteo?

¡Bárbaro! ¿No es cierto, loco?

ELSA: Encontrará otro. Tu viejo encontrará pronto otro laburo,

creeme. ¡Che, avivate! ¡Ese papalote, más alto, más!

JAIRO: Pues claro, Níbal... ¡ Eso es, que bese el cielo...! Acá hay

laburo para todos, allá para ninguno. Cambiaron las cosas

de repente. Nadie se lo explica pero las cosas son así: por lo

visto en Europa se agotó la lana y ahorita todos empezarán

a venir para acá...

(Vuelve a su labor de “intérprete” con el público.)

lana, guita, plata, muna, pasta, pisto, bisnis, dinero... La

misma cantinela que antes...

Como dice mi nona, (al público) mi buelita: ché, la vida es

como el viento, nunca sabés hacia dónde va a soplar...

¡Este sopla del oeste, por ahora...! ¡ fijate más, parecés que

lo llevás a la zumba marumba!

(NÍBAL deja de mirar hacia arriba un momento.)

NÍBAL: ¿Y por eso tienen que venir a molestar?

JAIRO: ¡Si no querés perder el papalote no dejés de mirar al cielo,

compay...! ¡Pilas!

(NÍBAL clava la mirada en la cometa) Más... más... soltá un

tin nomás... Tensá, tensá...

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¿Quién friega, eh, loco? ¿A poco, Elsita, a vos os molestan

los gallegos?

ELSA: (Negando con la cabeza.) Nocas.

(La cometa vuela en lo más alto. En algún lugar del

escenario se insinúa su reflejo. Los tres miran hacia arriba.)

NÍBAL: ¡Chévere, lo conseguí!

JAIRO: Mirá qué alto. Parece imposible.

ELSA: ¿Sabés vos? Me gustaría ser papalote y poder viajar de una

nube a otra.

JAIRO: ¿Vos pensás, Níbal, que el cielo también tiene su mapita con

sus fronteras y todas esas vainas que nos enseñan en la

escuela?

NÍBAL: ¿Qué decis?

JAIRO: Pues nomás que si arriba hay un cachito de cielo que

pertenece a un país y otro a otro... ¿entendés?

NÍBAL: No manches, che. Ésa no es una pregunta, es una boludez.

El cielo es de todos.

JAIRO: ¿Quiere decir eso que en el cielo entonces no hay “sinpas”?

¿Que todito el azul y toditas las nubes son de todos?

NÍBAL: En el cielo nomás hay pájaros. Y los pájaros vuelan donde

quieren.

JAIRO: Entonces... ¿si “ojos de lluvia” fuera un pájaro...?

NÍBAL: ¿Qué?

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(NÍBAL descuida el manejo de la cometa un momento para

mirar a JAIRO.)

JAIRO: Nada, compadre. Sólo era una pregunta. ¡Apúrese!

(Una ráfaga de viento acaba de dar un tirón sobre la cometa

y parece que se le va a escapar de las manos. JAIRO y ELSA

sujetan a Níbal, para hacer contrapeso, pero no es

suficiente.

Hay, posiblemente, un cambio de luces. Algo extraño pasa.

JAIRO le hace un gesto a MAR para que se sume a ellos. MAR

se une a los tres. Todos miran hacia el cielo, boquiabiertos,

peleando contra la fuerza del viento. Sonríen.

A los pocos segundos, la luz cambia de nuevo, como estaba

anteriormente. MAR vuelve a su rincón.

NÍBAL, ELSA Y JAIRO siguen sujetando con dificultad la

cometa.)

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Quinta gota.

AGUANTANDO EL CHAPARRÓN.

Palabras para Lluvia.

MAR: (Los tres siguen forcejeando. MAR, desde la esquina, tiene

ahora a la gatita entre sus manos.

Le habla.)

¿Sabes, Lluvia? No pasó eso. Ojalá hubiera pasado. Aunque

Jairo y Elsa me hacían gestos para que les ayudase, Níbal no

quería, me lo decían sus ojitos, así que me quedé mirando y

viendo cómo al final una ráfaga de viento les robaba para

siempre la cometa, el papalote, como le llaman ellos...

( En efecto: el hilo de la cometa se rompe y ésta desaparece

ante la vista y la decepción de los tres, que salen de

escena, desconsolados.

Desde su rincón, MAR sigue hablando a LLUVIA.)

Ellos se pusieron muy tristes y yo también.

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Hasta llegó a chispear. Aquí le llaman garúa.

A lo mejor, aunque no tengo mucha fuerza, no sé, a lo mejor

entre los cuatro, juntos, hubiéramos podido con el viento. No

sé. ..

Antes de irse, miré a Níbal, para consolarlo. Estaba muy

enfadado, a punto de llorar, eso me pareció a mí. Pero como

que le daba vergüenza y no lo hacía.

Se fueron los tres y me quedé solita, contigo. Otra vez.

(Suspira con cierta resignación.)

He estado pensando en todo lo que echo de menos:

(Mira hacia el público.)

En Rosana, Loli, Manu, y Juanvi, Lucas, Marisol... y los

demás amigos del cole que dejé en España.

Y en la paella de mi abuela. Se me hace la boca agua.

Y en la playa. Y en mis primos.

Y en la bici que me regaló mi padrino por mi cumple y que

se quedó allá, no cabía en la maleta...

Y Los jazmines y los geranios que plantaba mi madre en el

balcón.

Y la sonrisa de mi papi. Desde que llegó ya no sonríe igual.

(Vuelve a hablarle a LLUVIA.)

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Puede ser que ahora que ha encontrado trabajo vuelva a

gastarme bromas y a contarme esas historias de duendes

de mazapán que tanto me gustan.

Dicen que cuando te vas a vivir a un país que no es el tuyo

te vas acostumbrando poco a poco a sus cosas, a su gente:

... a tu nueva casa, a tu nuevo cole.

A la comida. Aquí le ponen a todo muchos picante, aunque

la fruta está muy rica...

Al clima. A la forma de hablar.

A los nuevos amigos...

Eso es lo que más necesito, amigos.

Los amigos ¿sabes? es lo único que te hacer sentir como si

estuvieras en tu propia casa.

Ya tengo dos: Jairo y Elsa.

No, Níbal no quiere ser mi amigo.

Níbal no quiere ser amigo de ningún gallego.

Bueno, perdona, también te tengo a ti, Lluvia.

A ti, como eres una gata, no te importa de donde venga...

¿No te importa, verdad?

(LLUVIA la mira, MAR le besa el hocico.

El cielo, arriba, está rabiosamente azul.)

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Sexta gota.

CAPEANDO EL TEMPORAL

Una clase de geografía.

( En la corbata, JAIRO, NÍBAL, MAR y ELSA, frente al público, cada uno

sentado en su respectivo pupitre. La profesora, al otro lado de la cuarta

pared, termina de explicar la lección...)

OFF: ... Y por eso no olviden que, como les he explicado, desde

que el mundo es mundo, los movimientos migratorios, o

sea, los desplazamientos de las personas de un país a otro,

han sido constantes...

(NÍBAL mira de reojo a MAR. JAIRO no para de tamborilear

con sus dedos sobre el pupitre)

¿Podés dejar la cumbancha para el patio, Sr. Parra...!

JAIRO: Disculpas, señorita...

OFF: Para terminar, quédense con esto: si hace años fuimos

nosotros los que emigrábamos, por ejemplo, a España,

buscando la plata que no había acá, ahora son los españoles

los que vienen acá por la misma razón. Esto es como un

viaje de ida y vuelta, ¿no es cierto?

(ELSA se aburre, da una cabezada. )

¿Y quién nos dice que mañana no nos tocará a nosotros?

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¿Eh, Srta. Ferreira? Vamos, Elsita, hágame el cruce de dejar

el pestañazo para después de comer y prestá atención!

ELSA: Disculpas, señorita...

OFF: Está bien. Y ahora, antes de salir al patio quiero que cada

uno me escriba un cuarenta sobre el tema.

TODOS: ¿Un cuarenta?

OFF: Eso oyeron, jovencitos,

(Van sacando la libreta y el bolígrafo.)

Ya saben, en cuarenta palabras nomás deberán escribir en

su libreta una historia o la vaina que gusten sobre algo

relacionado con lo que les he estado platicando

anteriormente; vamos, apúrense, cuiden la caligrafía y que

les vaya bonito...

(Los cuatro piensan, se miran entre ellos. Empiezan a

escribir.

A NÍBAL no se le ocurre nada. A MAR sí. )

ELSA: (Se levanta y habla al público.)

Cuando sea mayor quiero viajar mucho. Iré de acá para allá.

De Europa a Japón y de allá ... al Polo Norte. Mi nono ahora

está muy viejito pero de gurí dio la vuelta al mundo y me

cuenta historias padrísimas.

¡Cuarenta, seño!

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(Vuelve al pupitre. Ahora es JAIRO el que sale y nos cuenta

su historia.)

JAIRO: Me gusta bailar y tamborilear porque me siento bien y a mis

cuates les gusta y tocando los timbales nos entendemos

aunque hablen chino, inglés o árabe. Si los mayores bailaran

más se entenderían mejor y no habría más guerras.

¡Cuarenta!

OFF: ¡Su turno, Morales! ¡Pulle el burro, que no tenemos todos el

día!

NÍBAL: Dispense, señorita, es que... (Da a entender que no había

escrito nada.)

OFF: Leé lo que tengás, Níbal... Si no querés que os castigue sin

recreo...

(MAR, disimuladamente, le pasa la hoja que ella había

escrito. NÍBAL lo toma y sale a leerlo.)

NÍBAL: (Leyendo con cierta dificultad.)

El mundo es una casa muy grande que nos pertenece a

todos, ya seas amarillo, negro, blanco, chico, chica,

argentino o gallego, una casa llenas de habitaciones. El sol y

las estrellas, en el cielo, brillan para todos por igual. (Se

queda pensativo, como pensando las palabras que acaba de

pronunciar.)

OFF: ¿Cuarenta?

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NÍBAL: Creo que sí, seño. Cuarenta.

OFF: ¡Chévere, Níbal! Su turno, Mar... ¡Órale!

MAR: Perdone, no... no la hice, señorita. No me dio tiempo ni se

me ocurrió nada.

OFF: Está bien. Entonces la señorita Mar se quedará castigada.

Puede ser que así se le ocurra algo ¿no es cierto? ¡Los

demás, salgan al patio, vamos, soque! (Salen todos menos

MAR. NIBAL pasa a su lado, intentando no mirarla.)

Séptima gota.

A MAL TIEMPO BUENA CARA

El hip hop del callejón.

(Suena un golpe, seco.

El callejón de antes.

JAIRO juega con restos de basura: lleva en la mano una escoba jubilada

que golpea contra la llanta de un neumático, después contra una

tapadera de latón. Poco a poco, va descubriendo que aquel callejón es

un regalo rítmico, una divertida batería, una caja de ritmos que va

componiendo con los restos de los restos: del desecho más

insospechado se puede sacar auténtica música.

El ritmo lo va invadiendo todo. Jairo se lo está pasando en grande.

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Hay una secuencia rítmica, base, sobre la que va añadiendo los demás

sonidos.

Llega MAR. Aquello le resulta muy atractivo y le encantaría participar,

pero no se atreve. JAIRO se da cuenta, le cede la batuta/ palo de la

escoba, sin dejar de percutir con todo lo que encuentra. Al mismo

tiempo añade golpes de voz con la dinámica del hip hop, un tipo de

música que utiliza siempre el mismo idioma, universal.

MAR está encantada. Parece olvidarse de todo. Se le ve feliz, jugando a

inventar ritmos que complementan los sonidos de JAIRO.

ELSA se acerca. El ritmo posee para ella una atracción imparable. Lo

marca con palmadas. Su pequeño cuerpo no puede dejar de moverse.

En un hueco del callejón empieza a bailar. Brinca, salta, hace cabriolas

sobre el suelo. Se mueve, simplemente, a ritmo de Hip hop.

Irrumpe, de repente, NÍBAL.

La música, la fiesta, se detiene. Todo parece congelarse durante unos

segundos.

JAIRO no se resigna a renunciar a todo aquello. Le cuesta quedarse

quieto. Se le sale el movimiento por todos lados. Y vuelve a marcar el

ritmo ante la mirada expectante de NÍBAL.

ELSA se suma al desafío. MAR hace lo mismo, primero con cierta

timidez, después dejándose llevar.

NÍBAL da un patadón sobre el suelo. La música vuelve a detenerse.

A MAR, entonces, se le ocurre cederle el palo de la escoba a NÍBAL.

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Como una invitación.

NÍBAL se lo piensa sólo unos segundos. Después, inesperadamente,

esboza una ligera sonrisa y empieza a marcar el ritmo. Trepidante.

JAIRO le apoya con nuevos sonidos. MAR y ELSA hacen lo mismo. El hip

hop se vuelve cada vez más contagioso.Como las risas y los gritos que

les salen de muy dentro.

Posiblemente del alma.

Un golpe, al unísono, como el último redoble de batería de un concierto

de rock, escribe el punto y final a aquella partitura improvisada.

Se produce un silencio muy agradable. Los cuatro se miran. Sonríen. Se

dan cuenta de que algo, por fin, ha sucedido. El sonido de la lluvia, al

fondo, se va sumando lentamente al oscuro gradual. Y es la primera

vez que Níbal le entrega su mirada a MAR.)

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Octava gota.

LAS COMETAS TAMBIÉN LLUEVEN

Volando sueños.

(MAR vuela una cometa. NÍBAL acaba de llegar. Primero

observa a MAR, quien hace como que no le ve, después

mira al cielo en busca de la cabeza de la cometa, cuya

sombra se refleja sobre el ciclorama....)

NÍBAL: ¡Es como mi papalote!

MAR: ¡No es como tu papalote!

NÍBAL: ¿No?

MAR: No.

¡A lo mejor es tu papalote!

NÍBAL: (Fijándose.) ¡Estás de la nuca, chavita! ¡Mi papalote voló

para siempre. Se le rompió el hilo. ¿A poco vos no lo viste?

MAR: (Preocupándose por enderezar el hilo.

Jugando a imitar su acento) ¡A poco lo vi, chamaco!

NÍBAL: (Sonriendo.) Os aplatanáis muy rápido ¿eh, loca?

MAR: Sí, me encantan los plátanos.

NÍBAL: (Riendo.) Digo que parecés ya una pibita de acá.

MAR: Es muy difícil ser de acá y de allá a la vez, pero lo intento.

¿Quieres llevarla tú?

NÍBAL: (Entusiasmado.) ¡Añoñi! (Toma las riendas de la cometa...)

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MAR: ¡Es tu papalote, Níbal!

NÍBAL: Eso es un bolazo. No puede ser.

MAR: En vez de irme a llorar como vosotros...

NÍBAL: No fui a llorar, nomás andaba con trompa... últimamente

todo me sale torcido...

MAR: Pues mientras “vos andabas con trompa”, yo me puse a

perseguir por todo el parque el cachirulo, como también le

llamamos en mi tierra. Cuatro horas tardé en dar con él,

pero mereció la pena. Mi papi siempre dice que hay que

pelear por lo que quieres hasta el final. Y al final el viento

dejó de soplar fuerte y la cometa, zas, cayó. Y aquí está. ¡Es

tuya...!

NÍBAL: ¡Es cierto! ¡Sos increíble, galleguita, gracias!

MAR: De nada, huate...

NÍBAL: ¿Es linda la cola, no? ¿ Ves cómo juega con el viento?

MAR: Chévere.¡Cuidado no se te vuele otra vez y tengamos que ir

a buscarla los dos...!

NÍBAL: ( Tensando con maestría.) Elsa y Jairo dicen que sos

macanuda...

MAR: Lo dicen porque son mis amigos...

NÍBAL: También son mis panas del alma.

MAR: ¿Tus panas...?

NÍBAL: Así llamamos acá a nuestros mejores amigos...

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MAR: ¿Y entre panas hay secretos?

NÍBAL: Nocas.

MAR: Pues Elsa me dijo que tenías uno.

NÍBAL: También me dijo que lo tenés Vos.

MAR: Sisas.

NÍBAL: ¿Me lo contás?

MAR: No sos mi “pana”.

NÍBAL: Tampoco lo sos vos.

Además. Yo no se lo conté a nadie nunca. Me da mucho

roche...

(MAR no entiende.) ¡Vergüenza!.

MAR: ¡Cuidado con el hilo, se te va a enredar en el mando!

A mí también me da... roche... ¡ Si además de ser una rara

que viene de fuera también tengo otras... rarezas, ya... lo

que faltaba!

(Pausa.)

MAR: ¿Y tu viejo?

NÍBAL: Bárbaro. Encontró un camello.

MAR: ¿Y para qué quiere un camello?

NÍBAL: Un camello. ¡Un trabajo! ¡Aquí al trabajo también se le llama

camello!

MAR. ¡Ah! Qué bien.

NÍBAL: ¿Y el tuyo?

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MAR: ¿Mi camello?

NÍBAL: Tu viejo.

MAR: Bárbaro también. El otro día casi vuelve a sonreír.

NÍBAL: Hay que educar a los viejos, che. Siempre andan a mil, los

pelotudos.

MAR: Eso les pasa porque no saben volar cometas...

NÍBAL: Cierto, chavita.

(Pausa. A NIBAL se le ve contento.)

¿Y Lluvia?

MAR: Por ahí anda, bien gordota.

NÍBAL: Jairo dice que tenés unos ojos extraños, como ella. Ojos de

lluvia.

MAR: Jairo tiene mucha imaginación.

NIBAL: El caso es que lleva razón. Tenés ojos de lluvia.

MAR: Tú también.

NÍBAL: Soñás mucho ¿no es cierto?

MAR: Como tú.

NIBAL: ¿Y cómo son mis ojos?

MAR: Raros.

NÍBAL: No. Diferentes. (Pausa. Sonríen.)

¿Sabés que al papalote se le puede pedir un deseo?

MAR: ¿Un deseo?

NÍBAL: Sí. Y siempre se cumple.

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MAR: ¿Cómo?

NÍBAL: Se engancha al hilo, acá abajo ¿viste? un trozo de tela, la

que sea sirve... y el viento la hace subir hasta el diamante,

hasta lo más alto... ¿Querés probar?

MAR: (Dándole un pequeño pañuelo.) ¿Servirá esto?

NÍBAL: ¡Más que bárbaro! (Le hace un nudo y lo sitúa en la base del

hilo.)

Ahorita nomás tenés que pedir el deseo.

MAR: ( Lo tiene más que pensado. ) Ya.

(El pañuelo sube a golpe de viento a través del hilo hasta

desaparecer de la vista de los dos...)

NÍBAL: Purita magia...

MAR: Níbal...

NÍBAL: ¿Qué, galleguita?

MAR: ¿Eres mi amigo?

NÍBAL: Pues claro, chava. Somos amigos.

(Pausa.)

Cuando se cumpla el deseo me lo decís, ¿eh, loca? Hasta

entonces no hay que abrir la boca; si no, no se cumple...

MAR: ¿Sabés, loco?

NÍBAL: Qué.

MAR: Ya se cumplió.

(Los dos sonríen, sin quitar la vista de la cometa.)

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Mañana, a la salida del cole, en el callejón.

NÍBAL: Qué.

MAR: Te contaré mi secreto.

NÍBAL: Okei.

(Pausa.)

También yo te contaré el mío.

MAR: Okei.

(La cometa vuela más alto que nunca.)

... Y última gota.

VIENTO DEL ESTE.

Lágrimas de lluvia.

( Empieza a atardecer sobre el callejón.

ELSA, sentada sobre uno de los cubos, con ganas de ponerse a llorar.

JAIRO, junto a ella, se golpea rítmicamente las rodillas.)

JAIRO: Llorá, llorá, Elsita, os sentará bien.

ELSA: Es que... (Gimotea, no termina de arrancar...)

JAIRO: Mi vieja dice que llorar es sano: las lágrimas son la única

forma de vaciar la tristeza...

ELSA: ¿No os importa? Es que...

JAIRO: Dale, dale, si querés os ayudo... ¿Sabés que el llanto a veces

es purita música? Cuento tres y empezamos al mismo

tiempo ¿okei?

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ELSA: Okei.

JAIRO: (Como si fuera a dar el pie de entrada a una canción...)

A la guan, a la tu, a la zrí...

(Y los dos se ponen a llorar a dúo. Resulta, en el fondo,

divertido.

Sólo en el fondo. Jairo llora con ritmo.

Se vacían juntos.

Al fin se paran, casi al mismo tiempo.

JAIRO le ofrece un pañuelo de papel a ELSA. Se suena.)

¿Mejor?

ELSA: Mucho mejor, Jairo. Eres un chavo macanudo.

JAIRO: Lo que no sé es por qué la gente no llora más.

¡Guau! Sienta tan bien, ¿no es cierto, loca?

ELSA: Me quedé de miedo.

JAIRO: A mí me gusta llorar sobre todo cuando estoy feliz. Llorar de

alegría.

ELSA: A mí también. Como en las pelis.

JAIRO: A mí cuando bailo. ¡Me entran unas ganas...!

ELSA: Oye, pibito

JAIRO: Qué.

ELSA: ¿Vos creés que en España se llorará igual?

JAIRO: Pues claro. Las lágrimas son iguales en todos los países.

ELSA: Entonces, ¿por qué a la galleguita nunca la vi llorar?

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JAIRO: También yo me hice esa pregunta. No sé.

ELSA: La vi a puntito, pero nunca derramó una lágrima...

JAIRO: Será de puro orgullo... Digo, no sé...

ELSA: ¡Te voy a echar tanto de menos...!

JAIRO: No seas boluda, Elsita, el tiempo vuela...Cuando te des

cuenta ya estás de vuelta...

(Llega MAR.)

MAR: ¿Es cierto lo que oí?

ELSA: Sí, gallega, ahorita me tocó a mí. A papi le salió un laburo

con el que va a ganar mucha plata, dice, y nos vamos para

allá. La semana que viene.

MAR: Ojalá encuentres tan buenos amigos como los que yo he

encontrado aquí.

ELSA: A pesar de Níbal.

JAIRO: Níbal es un chavo mamay, nomás que...

MAR: En mi país también hay muchos como él.

Yo misma creo que no me porté a veces con los de fuera

como debía. Además... ¿os puedo contar algo?

JAIRO: Dale.

MAR: Níbal ya es mi pana. Quedamos aquí para que me contara

su secreto...

JAIRO: ¿Que Níbal os va a contar su secreto antes que a nosotros?

¡Será pelotudo!

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(Llega NÍBAL.)

NÍBAL: ¿Qué les parece si se lo cuento a todos juntos y así no se me

enoja nadie?

MAR: Y yo os contaré el mío.

ELSA: Al menos me voy con un secreto menos.

MAR: Con dos.

NÍBAL: Lo siento, Elsa, me enteré de lo de tu viejo en el Colmado.

Sólo espero que no te encuentres con boletas como yo allá y

enseguidita te llenes de cuates que merezcan la pena de

verdad...

ELSA: Será difícil encontrar cuates como vosotros...

JAIRO: Los encontrarás, güey. Y ahorita, dale, antes de que la noche

se nos caiga encima, ¡el secreto! ¿Quién de los dos

empieza?

NÍBAL: Primero la señoritas, es lo que nos enseñan en el cole...

ELSA: Esa es una pavada que se inventan los chavos que no se

atreven a dar el primer paso...

MAR: Está bien, está bien... Empiezo yo, no por ser chica, sino por

ser la última en llegar...

Será mejor que os sentéis... Por si acaso.

(Menos MAR, se sientan sobre los cubos.)

Veréis yo... yo...

LOS TRES: ¿Qué?

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MAR: ...no sé...

LOS TRES: ¿Quéeee?

MAR: no sé... llorar.

ELSA: ( A JAIRO.) ¡Oíste, algo raro le pasaba!

JAIRO: Pero... ¿Qué boludez es ésa de que vos no sabés llorar? Eso

es imposible...

NÍBAL: (Levantándose.) No es imposible.

JAIRO: ¿Cómo que no?

NÍBAL: Yo tampoco sé.(Vuelve a sentarse.)

JAIRO: ¡Chuleta! ¿Y entonces cómo hacen cuando están muy

tristes...

ELSA: O felices...

JAIRO: ...y necesitan ...”descargar”...?

MAR: Cuando estoy muy triste, o feliz, como ahora, y necesito

llorar, entonces... entonces... en vez de lágrimas... yo...

(Mira hacia el cielo. El atardecer se va salpicando de

nubes... NÍBAL tiene un presentimiento. Se levanta. También

mira hacia el cielo. El ciclorama se llena de nubes...)

JAIRO: ¡Apúrese, antes de que nos caiga un chaparrón y conteste,

que después nos tiene que contar el cuate cómo hace para

llorar sin llorar!

ELSA: ¿A poco no ven que no trajimos paraguas...?

MAR: Yo sí. (Saca uno y lo abre.)

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NÍBAL: Yo también. (Hace lo mismo.)

(MAR cierra los ojos. Empieza a llover.

NÍBAL la mira, sonríe. Cierra los ojos. Llueve un poquito más.

Suavemente.

MAR abre los ojos y descubre el secreto de NÍBAL.)

Así que vos... ¿también...?

MAR: También...

(Llueven de alegría. Llueven juntos.)

NÍBAL: Cuando nací y el doctor me dio las primeras palmadas en las

nalgas, en vez de llorar, yo...

MAR: ¡Lo mismo me pasó a mí!

ELSA: Y a mí me está calando la garúa...

MAR: En España a esta lluvia dulce le llamamos calabobos...

NÍBAL: Acá ¿sabés lo que es el bobo?

MAR: No.

NÍBAL: El corazón. Así que esta garúa nos está calando el bobo, ¿no

es cierto, loco?

JAIRO: ¿Pero quieren decirnos de una vez el secreto? ¡No entiendo

nada!

MAR: Que no podemos llorar...

JAIRO: Eso ya lo sabemos...

NÍBAL: Pero podemos...

(Llueve con más fuerza.)

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LOS DOS: ¡Llover!

(Arrecia. Los cuatro se cobijan bajo los paraguas.)

NÍBAL: (A ELSA.) ¿Ves los mismo que yo o estoy del tomate?

Un momento. A ver... ¡Paren!

(MAR y NÍBAL dejan de llover. ELSA no da crédito, saca la

mano del paraguas. Nada. Ni una gota. JAIRO hace lo

mismo.)

Y ahora... ¡Lloren, digo, lluevan, digo, hagan lo que

quieran...!

( Vuelve a arreciar.)

ELSA: ¡Es bárbaro! ¡En vez de llorar, llueven!

JAIRO: ¡Podían llover más a menudo, con la falta que le hace al

campo!

ELSA: ¡Es chévere! ¿Y por qué les da roche?

NÍBAL: Porque todo el mundo puede llorar y nadie puede llover...

JAIRO. Menos tú y Mar...

MAR: Y a nadie le gusta ser raro...

JAIRO: Como vos decís: no sos raros. Sos diferentes.

NÍBAL: Todos somos iguales porque somos diferentes.

JAIRO: ¡La vida es un bochinche maravilloso! ¿eh, locos?

ELSA: La vida es un bochinche maravilloso cuando tienes cuates

que, vayas donde vayas, te quieran como sos...

NÍBAL: ¡Allá te esperan muchos cuates, Elsita!

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ELSA: ¿Seguro?

MAR: (Se lo piensa. Mira hacia el patio de butacas.)

¡Seguro!

(La lluvia cae rítmicamente. Como si cada gota dialogara

con la otra.)

JAIRO: ( A MAR.) ¿Entendés ahora?

MAR: ¿ Qué?

JAIRO: Por qué os dije que vos tenías...

NÍBAL, ELSA Y JAIRO: ¡Ojos de lluvia!

(JAIRO da un patadón al suelo, como marcando el inicio de

un rito musical que resulta familiar, indicando el compás.

NÍBAL, ELSA y MAR se suman al coro de percusión.

Y la lluvia gotea haciendo hip- hop- hip –hop.

Sobre el ciclorama, mientras los cuatro jalean y disfrutan

con la percusión de cada gota, se pueden proyectar

fotografías de niñas y niños de diferentes países, niñas y

niños que sonríen, como los de S. Salgado en su libro

Retratos de los niños del Éxodo. Fundación Aúna, a

pesar de que -posiblemente- todas esas niñas y niños sólo

escondan tras su sonrisa unas enormes ganas de llover. )

F i n

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Enero- julio 2005

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