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Jácara

presenta:

Baobab

De Carmen Baides, José A. García, Miguel Esteve


y Juanluis Mira
Primera rama.
Silvia y Baobab

Una madre, de espaldas, mece a una niña...

OFF:
Hola, me llamo Silvia y acabo de nacer. Mi madre me acurruca entre sus brazos. Está
contenta. Mi padre también lo está, por eso ha salido al jardín.

Sobre el ciclorama. Un padre se agacha y planta un árbol. La niña asoma la cabecita y


mira al público.

Está plantando un árbol.

Voz del padre: Mientras termina de allanar la tierra y la riega.


Es un árbol tropical, se llama Baobab y viene de muy lejos.
Voz de Silvia: Me gusta ese nombre... Ba- o- bab... ba-o-bab...
Padre: Como ha nacido el mismo día que tú crecerá contigo, será tu mejor
amigo..., podrás jugar con él, y crecerá muy rápido, ya verás...

Termina de plantar el árbol. El pequeño baobab asoma tímidamente el tronco.

Silvia: Madre mía... es precioso...


Es mi amigo. Mi amigo baobab...
Y como dice mi papá... crece muy rápido.

Silvia mira hacia el árbol, que mágicamente va extendiendo poco a poco sus ramas como
si estuviera desperezándose.
Va desapareciendo la imagen de la madre y la pequeña, aunque continúa la voz en off...
Crecía tan rápido como el tiempo.
Y pasaron una a una las estaciones:
El verano...
Brilla el sol sobre el ciclorama ámbar.
El otoño...
Hace viento y caen algunas hojas sobre tonos ocres...
El invierno...
Nieva sobre blanco......
Y luego la primavera...
Asoma el sol entre las flores...
Y así, mientras yo cumplía años, mi Baobab cumplía estaciones...
Y cumplió muchos veranos...
Y otoños...
... inviernos... y primaveras...
Las estaciones pasan rápidamente.
Un día, cuando cumplí cinco años, tuve una gran fiesta...
Segunda rama.
Cumple-estaciones feliiiz!

En una esquina del escenario se ilumina una gran tarta con cinco velas encendidas, el
papá y la mamá de Silvia cantan cumpleaños feliz. La niña, embobada, sopla y apaga
las velas.

MAMÁ: Ahora tienes que pedir un deseo...


Silvia cierra los ojos.
SILVIA: Ya.
MAMA: ¿Qué has pedido?
SILVIA: Poder entender la lengua de los árboles...
MAMÁ: Pero, Silvia, los árboles no hablan...
SILVIA: Sí que hablan, ¿verdad, papi?
PAPA: Supongo que sí... no sé... bueno, realmente, yo creo que...
SILVIA: Baobab me habla con sus ramas y sus hojas. Y cuando llueve se ríe contento
Y cuando después sale el sol... hace así...
Mueve sus brazos suavemente.
PAPÁ: Esta hija nuestra tiene demasiada imaginación...
MAMÁ: Un poco de tila le vendría bien, para tranquilizarla... ¿no crees?
Silvia pone más velas a la tarta.
MAMÁ: ¿Por qué pones más velas?.
SILVIA: Es para Baobab. Es que él cumple...
Cuenta con los dedos.
PAPÁ: Ya no nos acordábamos.
SILVIA: Éstos.
Enseña dos veces todos sus dedos estirados.
PAPÁ: ¡Veinte!
MAMÁ: ¿Veinte?
SILVIA: Veinte estaciones... ¿No, papi?
PAPA: Sí, claro, veinte.
Dirigiéndose a la madre. Prepárale una tila.
SILVIA: Pero antes tenéis que acompañarme...
Toma entre sus pequeños brazos, como puede, la tarta. Canta ella primero
mientras va avanzando hacia el árbol, que se va iluminando poco a poco. Los padres se
suman a la canción.
SILVIA: ¡Cumpleestaciooooones feliz... te desea Silvia... Cumpleeestacioooones
feliiiiz, te deseamos todos...!
Los padres aprovechan que Silvia está embelesada, ofreciendo la tarta
repleta de velas al árbol, para dejarla sola.
Felicidades, Baobab, tú también cumples... estaciones. Mira, es un trozo de
tarta. No sé si a vosotros los árboles os gusta la tarta, pero es igual. Es de
caramelo. Está muy rica. Ya verás.
La deja sobre el suelo. Unta un dedo en la tarta y se lo pasa por la
corteza...
¿A que está buena?. A mí me han regalado... pufff... un montón de regalos...
a ti... no te han regalado nada...! Bueno, mi papá ha cavado unas zanjas para
que respiraras mejor, pero eso lo hace todos los días...
Yo sí que me he acordado de ti. Cuántas ramas tienes ya. Y hojas. Qué gordo
te estás poniendo... ¡Te quiero tanto... grandullón...!
Abraza al baobab. Unas estrellas empiezan a parpadear a lo lejos.
Voz mamá: ¡Silvia! vuelve a casa, que es muy tarde...
Silvia: Ya voy, mamá...
Qué fastidio. Siempre es tarde cuando una se lo está pasando bien. Y yo lo
que quiero es jugar contigo...
Voz papá: ¡Silvia! ¡A la cama...!
Silvia: Está bien... !!!
Los días de los cumples deberían durar más...
De repente, un gato asoma por el otro lado del tronco, coge la tarta y
desaparece...
Silvia: Anda, creo que te has quedado sin tarta...
Voz de papá y mamá: Silviaaaa!
Silvia: Qué pesados son los mayores ¡ya voy!
Que tengas dulces sueños...
Silvia se va y el Baobab sonríe con sus ramas, ligeramente, a sus
espaldas... Silvia se vuelve, como presintiendo algo. El baobab entonces
deja de moverse. Repiten el juego. Al final Silvia sonríe y sale mientras va
cayendo la noche.
Silvia: Algún día te pillaré Baobab...
A ver si me pillas tú... Corre alrededor de Baobab.
Siempre te gano, nunca me ganarás a pillar ¿eh? Grandullón.
Buenas noches Baobab
Llega hasta una pequeña cama que le espera en un extremo del escenario,
se quita el batín, bosteza...
Envía un beso...
Silvia: Éste para mamá...
Envía otro beso...
Éste otro para papá...
Un último beso con las dos manos...
... y éste para Baobab... ¡como se está poniendo tan grande... !
Apaga la lamparita... Va a dormir cuando, de repente, una rama golpea la
ventana...
En un principio SILVIA tiene miedo, después...
Silvia: ¿Quién es?
La rama insiste.
Adelante.
Silvia se levanta. Algo está golpeando la ventana de su habitación. La
abre. Una rama asoma.
Silvia: ¡Atiza!, ¡Es una rama de Baobab... !
Silvia se pone el batín rápidamente. La rama le invita a seguirla.
Entonces, con mucho sigilo para no despertar a sus padres, se dirige
hacia el árbol siguiendo las indicaciones de la rama, como hipnotizada. La
rama le indica un punto, en la copa del baobab, después se coloca a sus
pies, como si fuera una escalera, para ayudarle a subir. Silvia asciende sin
dificultad y se cuela por uno de sus huecos.

Tercera rama.
La fiesta del baobab.

EL BAOBAB SE ABRE LENTAMENTE, DE PAR EN PAR. Es algo


mágico. Un montón de ojos, de todos los tamaños y formas posibles, le
observan desde la penumbra. Silvia ve cómo el gato de antes le acerca la
tarta que antes le había quitado. Se la ofrece. Lleva todas las velas
encendidas, le dice:
SOPLA!
Silvia lo hace. Vemos que los ojos de antes corresponden a multitud de
personajes animados. El interior del árbol se ilumina con un estallido de
luz, guirnaldas, diminutos globos y bombillas de colores. Llueve confeti y
purpurina. Suena al mismo tiempo el CUMPLEESTACIONES FELIZ!
cantado primero por los ROEDORES BLUES BAND, una banda de
ratones que se lo montan de lo más divertido. Una lechuza canta el solo en
plan soprano y el resto de los animales y seres se suman con sus voces.
Terminada la canción continúan la gran fiesta que están celebrando.
Silvia no quiere perderse detalle: Unas lombrices están bailando un tango,
un ciempiés baila claqué por libre. En cada rincón hay una sorpresa: un
duende glotón come avellanas junto a una ardilla al tiempo que hablan de
sus cosas. Un conejo hace un juego de manos y se saca un nomo de la
chistera mientras un pequeña “topa” le aplaude entusiasmada: Silvia
aplaude junto a la espectadora. El duende glotón se le acerca y le invita a
una bandeja de piñones:
Duende: Son de la última cosecha, piñones de la mejor calidad.
Silvia: Gracias. Los prueba. Están riquísimos.
Duende: De nada, Silvia. Mi nombre es Rufo.
Una duenda que vierte en unos cuencos una bebida, manipulando una
espita adherida al tronco, como si fuera cerveza de barril, llega hasta ella
con un cuenco.
Duenda: Y el mío es Rufa, Silvia, ¿Te apetece un zumo de resina?
Silvia: Gracias. Bebe. Ummm... ¿Cómo sabéis mi nombre?
Rufa: Siempre estamos cerca de ti. Los amigos de baobab...
Rufo: Son nuestros amigos.
Rufo: A mí lo que más me gusta es coleccionar amigos
Rufa: A mí también. Y mariposas.
Silvia: ¿Mariposas? ¿ Las matas?
Rufa: Qué va. Las miro un buen rato y cuando puedo recordar con los ojos
cerrados sus colores, las suelto.
Rufo: Tiene ya éstas. Con los dedos le indica que son muchas.
Rufa: Un montón.
Silvia: Qué suerte. ¿Me enseñarás?
Rufa: Pues claro.
Rufo: Pero lo primero que tienes que hacer es abrir tu regalo de cumpleaños.
Le da un paquete.
Silvia: ¡Una bufanda!. Es preciosa, gracias.
Rufa: Es mágica. La han tejido las hadas del bosque.
Silvia: ¡Mágica! ¿Y que hace?
Rufo: Solo se la pueden poner las personas que tengan el corazón limpio de
mentiras. Si se la pusiera un mentiroso, inmediatamente se volvería de color
verde y comenzaría a decir la verdad
La lechuza soprano tiene sed.
Lechuza: Cantando: ¡Otro zumo de resiiiiina!
Rufa: ¡Marchando!
Rufo: Te ayudo, Rufa.
Rufo: Gracias, Rufo.
Se van los dos a servir.
Ya creíamos que no ibas a venir a la fiesta de Baobab.
Silvia: No pienso faltar nunca. Por cierto ¿Dónde está baobab?
Rufo: Baobab es todo esto. Y te quiere mucho.
Silvia: Yo también le quiero mucho.
Rufo: Ya lo sabe.
Silvia: Me gustaría que me dijera algo.
Rufo: Es que él no suele hablar como los humanos, aunque quién sabe, a lo mejor
algún día...
Silvia: ¿Y qué es aquella puerta?
Se refiere a una pequeña puerta que hay en la base del tronco.
Se suma a la conversación Rufa, mientras sigue llenando cuencos con el
zumo de resina.
Rufa: Es la puerta que conduce al corazón de Baobab.
Silvia: ¿Baobab tiene corazón?
Rufa y Rufo ríen.
Rufa: Pues claro. Como el tuyo.
Rufo: Y como el nuestro.
Rufa: Sólo que él no lo tiene en el mismo sitio que tú.
Silvia: Yo lo tengo aquí. Sintiendo sus latidos.
Rufo: Él lo tiene aquí. Y se señala los pies.
Silvia: ¿En los pies?
Rufa: Sí, en sus raíces. ¿Quieres oírlo?
Rufa abre la pequeña puerta y retumban los latidos del corazón de
baobab.
Vuelve a cerrar.
Silvia: Qué fuerte suena.
Rufo: Es que tienen un corazón tan grande...
De repente empiezan a colarse haces de luz rosada muy lentamente.
Silvia: ¿Qué pasa?
Rufa: El amanecer. Ya viene el amanecer.
Silvia: ¡Entonces será ya muy tarde!
Rufo: No, muy pronto.
Silvia: ¿Qué hora será?
Rufa: Aquí sólo hay dos horas. El amanecer y el atardecer.
Rufo. Y ahora es el amanecer.
Rufa: Casi el momento cuando tu mamá te despierta cada mañana...
Silvia: ¡Y cuando llegue mi mamá se va a asustar porque no me verá en la cama!
Rufo: Tienes que irte corriendo.
Silvia: Con lo bien que me lo estoy pasando.
Rufa: Volveremos a vernos en la próxima fiesta de cumpleaños.
Rufo: Dentro de cuatro cumpleestaciones...
Silvia: ¿Os acordaréis?
Rufo: Pues claro.
Rufa: La memoria de los árboles no es como la de los humanos. Ellos siempre se
acuerdan de la gente que quieren.
Rufo: Además, tú eres su mejor amiga, la que más lo cuida...
Rufa: ¡Cómo se va a olvidar!
Rufo: Una de sus ramas te volverá a llamar.
Rufo: Sólo tienes que esperar.
Silvia: Esperaré. Hasta el año que viene...
Rufo: Hasta dentro de cuatro estaciones.
Silvia: Antes de irse. Y decidle a Baobab que lo quiero un montón.
Rufa: No hace falta que se lo digamos.
Rufo: ... Ya lo sabe.
Y cada vez la luz ámbar del amanecer es más intensa, hasta que se va
haciendo oscuro lentamente al mismo tiempo que el tic tac de un reloj
suena cada vez más fuerte mientras Silvia se dirige hacia su cama. El tic
tac se corta con el estruendoso timbre del despertador, Silvia –con la
bufanda y el batín puestos- se mete en la cama. Se oye la voz de su madre
acompañada del sonido de sus pasos “SILVIA!, arriba, ¿se te han pegado
las sábanas? ¡Vamos, que se te va a hacer tarde...”
Cuarta rama.
El despertar.

Silvia se hace la dormida. Llega su madre. Primero descorre la cortina de


la ventana por donde entra la luz del día. Después se sienta junto a la
cama y le da un beso.
Mamá: Vamos, vamos, dormilona...
Al descorrer también la colcha descubre que Silvia se ha acostado con el
batín Y con bufanda.
¿Has dormido toda la noche así?
Silvia: Sí, bueno, no...
Mamá: ¿En qué quedamos?
Silvia: ¿Quieres que te diga la verdad o una mentirijilla?
Mamá: Siempre hay que decir la verdad, Silvia. Siempre.
Silvia: Acabo de llegar de la fiesta de Baobab.
Mamá: Como dice tu padre: tienes demasiada imaginación.
Silvía: Y llegaron duendes y gnomos y lechuzas y ...
Su madre se queda pensativa unos segundos.
Mamá: Creo que hoy desayunarás una tila.
Y sale desconcertada.
Silvia: Sentada, todavía sin salir de la cama.
Estos mayores, no hay quien los entienda. Sólo quieren que le contemos la
verdad y, cuando se la contamos, nunca nos creen.
Silvia ríe. Acaricia su bufanda.
Ojalá mañana fuera ya mi cumpleaños.
Se escuchan en la lejanía los latidos del corazón de Baobab.
Y se hace oscuro mientras crecen los latidos del árbol que poco a poco se
va iluminando envuelto por una música llena de ternura y magia.

Quinta rama.
Un año pasa volando.

VOZ DE SILVIA: Al mismo tiempo que el árbol va haciéndose- a la vista de


todos- un poco más grande, estirando sus ramas.
Mi papá siempre dice
VOZ DE PAPÁ: “El tiempo pasa volando...”
VOZ: Así que me pasé todo el año mirando el cielo, a ver si
lo veía pasar, como si el tiempo fuera un pájaro hecho de
nubes.
Y claro que lo vi cruzar el cielo...
Volvió a pasar la primavera.
El cielo del ciclorama se llena de nubes algodonosas.
Y el verano.
Desaparecen las nubes y el azul se hace más intenso.
El otoño.
Nubes grises que dejan caer la lluvia.
Y, por último, otra vez el invierno...
Nubes de nieve...
Mañana, Baobab cumplirá cuatro estaciones más, se está
haciendo un grandón. Y mañana, también, será –por fin- mi
cumpleaños...
Por fin....

Sexta rama.
...Y Llegó el gran día
Pasamos al espacio de Silvia. Vuelve a sonar el despertador. Silvia
se levanta de un brinco.
Silvia: Hoy es el único día del año que no me cuesta levantarme. Bueno, hoy y el
día de Reyes. Tengo que ir a la escuela, pero esta tarde tendré una gran fiesta
en casa y después... después me espera la mejor fiesta del mundo.
Saca de debajo del almohadón un paquete. Abre el paquete, saca
un cuaderno y mira un dibujo.
Es mi regalo para Baobab.
Sobre el ciclorama se ve el dibujo: es Silvia junto al Baobab.
Lo he pintado yo.
Espero que le guste. He pintado un montón.
VOZ DE MAMÁ: Silvia, el desayuno se te enfría...
Silvia: Ya voy, mamá, bajo enseguida.
Se va terminando de vestir sin dejar de ver sus pinturas, al mismo
tiempo que sobre el ciclorama sale cada uno de los dibujos que Silvia ha
pintado y comenta :
Baobab en la playa
Se le ve con bañador, junto a una sombrilla.
Baobab jugando al escondite...
Se esconde detrás de una piedra mucho más pequeña que él.
Baobab tocando la guitarra...
Se le ve dentro de una televisión como si fuera una estrella del rock...
Baobab se hace famoso...
Silvia sale de su habitación y sobre el ciclorama vemos otros
dibujos de Baobab: en el patio jugando, comiendo una hamburguesa,
disfrazado de Charlot, esquiando...
La última imagen es una gran sonrisa de Baobab que va fundiéndose con
la realidad.

Séptima rama
Hay quien piensa que los árboles
molestan...

Fuera de la casa, cerca de Baobab vemos a dos personajes estrafalarios:


Ella es Lorelai Martínez, vestida ostentosamente pero con una falta de
clase increíble; es la jefa, una nueva rica probablemente, rolliza y gritona;
a su lado, López, chupatintas de tres al cuart, un hombrecillo muy gris,
toma medidas a no se sabe bien qué...

Lorelai: Y aquí iría la pista de tenis, junto a la sauna y la piscina cubierta, ¿López
está usted tomando notas de todo esto?
López: Por supuesto señorita Lorelai, siempre a sus ordenes señorita Lorelai, como
usted guste, señorita Lorelai...
Lorelai: Mira que eres pelota López... No te aguanto.
López: Por supuesto señorita Lorelai, lo que usted mande señorita Lorelai...
Lorelai: Qué asco de hombre
Entran Silvia, su padre y su madre.
Papa: Buenos días. ¿Puedo ayudarles en algo?
Lorelai: Depende, ¿es usted el dueño de estas tierras?
Papa: Pues la verdad es que sí. ¿Sería tan amable de decirme que hace usted aquí,
por favor?
Lorelai: Por supuesto, permítame que me presente, mi nombre es Lorelai Martínez
López les acerca una tarjeta.
Lorelai: ... promotora urbanística y diseñadora de “Espacios ideales para ti que tienes
pasta” SA y estoy aquí para comprarle este pequeño trozo de tierra por la
cantidad que usted pida...
López: Si me indica usted cuánto quiere, mañana mismo pasarán las máquinas a
llevarse de aquí todo lo que molesta, las hierbas, las madrigueras de los
conejos, ese árbol por ejemplo...
Silvia: ¿Que? De eso nada, papá díselo tu, diles que no pueden llevarse a Baobab, ¡y
menos hoy!
Papa: Un momento, un momento, miren: de vender nada de nada y ni se les ocurra
tocar una rama de ese árbol, es de la familia.
López: ¿De la familia? Vamos, señor mío, le estoy ofreciendo todo el dinero que
quiera solo por un trozo de tierra. Con el dinero que mi jefa les ofrece
podrán ustedes comprarse 1400 árboles como ese.
Silvia: Pero no serían Baobab, él es mi mejor amigo, nacimos el mismo día ¿sabe
usted?
Mama: Mire, este árbol es muy querido por toda nuestra familia, no lo cambiamos
por nada, le tenemos mucho cariño.
Baobab sonríe como sonríen los árboles, ayudado por el viento...
Silvia: ¿Ve? Lo sentimos, pero Baobab se queda
Papa: Mi hija ya lo ha dicho todo, lo siento señor mío, el árbol se queda
En ese momento Lorelai, que se había mantenido un tanto al margen de
la conversación, ya que estaba muy ocupada en imaginar el sitio del
campo de golf, estalla...
Lorelai: ¡¡¿¿QUEEEE??!!! ¿Que por culpa de un árbol mugriento mis clientes se van
a quedar sin piscina climatizada? Ni soñarlo, señor mío, usted no sabe con
quién se las esta jugando.Cuando Lorelai Martínez se propone algo lo
consigue y nadie se va a oponer, y mucho menos un limonero de tres al
cuarto...
Silvia: No es un limonero señora, es un baobab, es un árbol tropical...
Mama: Esta usted muy alterada, ¿quiere que le prepare una tila?
Silvia y su padre se ríen cómplices
Lorelai: No, muchas gracias, señora. Tendrán noticias mías. Cuando Lorelai Martínez
se propone algo, lo consigue. Sale.
López: Sí, señorita Lorelai, a sus ordenes señorita Lorelai, lo que usted mande...
Sale.
Mama: No entiendo por qué no me ha aceptado la tila. Le habría venido muy bien
¿no creéis?
Todos ríen
Silvia: Papa, tu no permitirías que nadie le hiciera daño a Baobab ¿verdad?
Papa: No, hija, por nada del mundo. Vamos a casa, hay que preparar todavía la
fiesta de cumpleaños.
Mama: Sí, vamos.
Silvia: Le susurra a Baobab Hasta la noche...

Octava rama.
...y los malos, que malos son
Entran Lorelai y López
Lorelai: No puedo comprender, ni siquiera imaginar que la gente le tenga cariño a un
trozo de madera ...
Entran los padres de Silvia.
Lorelai: un trozo de madera que si sirve para algo es para hacer leña...
López: Señorita Lorelai...
Lorelai: en mi chimenea de mi chalet de la sierra...
López: Señorita Lorelai...
Lorelai: ¡¡¡Te he dicho mil veces que no me interrumpas mientras pienso en voz
alta!!! Ve a los padres de Silvia Hola... mmm... ¿se lo han pensado mejor,
verdad? Ya decía yo que ustedes tenían cara de inteligentes. Si me firman
este contrato mañana por la mañana nuestras máquinas quitarán este
“matojo” de aquí. ¿Hemos quedado en alguna cantidad... ?
Padre: Señora...
Lorelai: Señorita.
Padre: Señorita Lorelai... Queremos que abandonen nuestras tierras, por favor.
López: Creemos, la Srta. Lorelai y yo, que todo ha sido un malentendido, verá usted
no comprendemos muy bien cómo unos padres ejemplares, como ustedes,
permiten que una niña meta sus narices en un asunto como éste. Hoy es el
árbol, mañana que va a ser ¿una montaña? Entendemos que no quieran
ustedes que la niña se enfade, pero ¿qué es un árbol para nosotros? Un
fastidio, hay que regarlo, cuidarlo. ¡Ni que fuera una persona!
Madre: López, le recuerda que los árboles están vivos y en esta familia Baobab es
uno más.
Lorelai y López se miran con complicidad...
Lorelai: Exacto. Están vivos pero... qué ocurriría si el árbol cae enfermo...
López: Habrían perdido la oportunidad de ganar una buena cantidad de dinero a
causa de...
Lorelai: ...el capricho de una niña, y hoy por hoy los árboles tropicales están
expuestos? a...
López: ... una terrible epidemia que los hace enfermar...
Lorelai: ... rápidamente...
López: ... se les caen las hojas...
Lorelai: ... se les cae la corteza...
López: ...contaminan la tierra...
Lorelai: ... y son peligrosos sobre todo...
López: ... para...
Lorelai y López: ... los niños...
Padre: Vaya, no conocía esta enfermedad. ¿Y dice usted que ataca solo a los árboles
tropicales?
Madre: ¿Y a los niños?
Lorelai: Sí, y es muy frecuente por esta zona. Se llama...
López: ...enfermedad de los árboles tropicales.
Lorelai: Hagamos una cosa. Sólo nos llevaremos el árbol de aquí si cae enfermo, así
matamos dos pájaros de un tiro. Si el árbol está sano su hija seguirá
disfrutando del limonero...
Madre: Baobab, es un baobab...
López: ...y si el árbol cae enfermo, nosotros nos lo llevamos y así le ahorramos el
disgusto a su hija de verlo morir, y ustedes ganan un buen dinerito...
Padre: Visto así, parece otra cosa.
Lorelai: No hay nada más importante para nosotros que la felicidad...
López: ... y la salud...
Lorelai: De un niño...
Madre: Estamos de acuerdo con ustedes. Firmaremos.
Padre: Pero recuerden, sólo si el árbol cae enfermo.
Lorelai: Claro, claro Mientras los padres firman, aparte a López.. No quedes con
los amigotes esta noche. Tenemos trabajo.
López: Sí, creo que este árbol se va a poner muy malito está noche...
Lorelai y López ríen como se ríen los malos de las películas.
Octava rama.
... Cumplestaciones ¿feliz?
Lo que ocurriría esa noche es que cuando los malos (que van disfrazados) vuelven
para enfermar a Baobab (con un spray o algo parecido) no lo consiguen ya que Baobab es
un árbol bastante fuerte. Pero mientras discuten sobre otras manera de cargárselo ven
entrar a la niña en el árbol. Y se cuelan en la fiesta.(esta escena sería la más comica) Allí
descubren el corazón del árbol, y sobre este el spray sí hace efecto.
Al día siguiente el árbol esta terriblemente jodido y los malos aparecen para hacer
cumplir su contrato. La niña, que es más lista que el hambre, intuye que algo va mal, ya que
uno de los malos se ha dejado puesto algún elemento del disfraz de la noche anterior. Y
pide a sus padres que la dejen a solas con el árbol para poder despedirse de él, lo hacen pero
antes de irse la madre le da a la niña una tetera de tila para que se la tome ya que la ve muy
alterada. Entra y ve un panorama bastante chungo, los duendes le informan de la gravedad
de Baobab y el medico-mago arbóreo que ya esta allí sentencia que el árbol lo que necesita
es un poco de “infusiorum tililae” ante lo cual todos se ponen tristes ya que no saben lo
que es. Mientras el médico recoge sus bártulos Silvia y los duendes se lamentan de lo
ocurrido, y la niña lamenta no poder comentarlo con sus padres, ya que lo único que harían
estos sería darle una tila para tranquilizarla. Cuando el medico-mago arbóreo escucha la
palabra tila la reconoce y admite que así es como llaman los humanos a la “infusiorum
tililae”. Ante lo cual ellos se ponen contentos (un poquito de fiesta) y vierten la tila sobre
Baobab. La niña sale fuera y ve que ya han vuelto los padres con los malos y que además
ha venido un policía para asegurarse del cumplimiento del contrato, para desenmascararlos
le coloca encima la bufanda mágica a López que confiesa lo ocurrido.

AQUÍ TIENES ABUELO. DISCULPA QUE TARDE TANTO EN ENVIARTE


LAS COSAS PERO HASTA QUE NO ESTOY CONVENCIDO DE LO QUE HE HECHO
PREFIERO NO MANDÁRTELO. DIME LO QUE CREES DE ESTO Y LE DAMOS EL
ULTIMO EMPUJÓN. UN ABRAZO. MIGUELÓN.

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