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LA POLICIA QUE SUPIMOS CONSEGUIR @Planeta : Ami abuelo Manuel, que er las siestas del caserén de Alsina, mientras manad daba clases, me sentaba en su falda y me contaba historias, alimentando mi imaginacion y [a necesidad de encontrar respuestas a todas las preguntas. Ata memoria, abuelo, cori amor Alejandra A tantas victimas de la irresponsabilidad politica, Ja mala memoria y las justificaciones faciles Alejandra DESDE EL PLAN CONINTES. HASTA LA DICTADURA MILITAR DE 1976 la destrucei6n de la organizacién politico-ag- ‘ministrativa revolucionaria corresponde a la po- licfa, pero el ejército debe apoyar esa acelin cada vee que los métodos de la policfa resultan insufi- clentes, situaeién que se produce a menudo cuan- do la subversion se generaliza.” “GUERRA SUBVERSIUA’, Revista de la Escuela Superior de Guerra’ Tan desconcertado esté don Horacii jar la bolsa, Corre, hace girar ta tas tes que termine de sacar Ia cadena, la puerta es con violencia desile afwuera, salta el cerrojo y él se ve impe- lido, rodeado, desbordado por el tropel de policias y parti- culares provistos de arnas largas y cortas, que en pocos se- gundos inundan todas las dependencias y cuyas voces no tardardn en otrse en el patio y en el pasil que no atina a de- eal pulento, moreno, de bigotes, ef que manda el grupo. En ta mano derecha en pistola 45. Habla a gritos, con voz ronca y pastosa, que por momentos parece de borracho. Viste pantalones claros y chaquetilla coria, color verde oliva: es el uniforme del Ejér- ino. Don Horacio ha retrocedido, espantado. Sé- fo atina a levantar los brazos, sin soltar todavia la bolsa de agua caliente que ya le quema los dedos. El jefe del grupo *