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Chile minero. Enami en la historia de la pequeña y mediana minería chilena. (2009)

Chile minero. Enami en la historia de la pequeña y mediana minería chilena. (2009)

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Ch ile minero

Enami
en la historia de la pequeña y mediana minería Chilena

enami en la historia de la pequeña y mediana minería en Chile

3

ChilE MiNEro Enami en la historia de la pequeña y mediana minería chilena Comité editorial Jaime Pérez de Arce, Vice presidente Ejecutivo de Enami Claudia Núñez, Subgerente de Relaciones Institucionales de Enami Hernán Danús, Ingeniero en Minas, historiador de la minería nacional Gonzalo Badal, Director Ejecutivo de Ocho Libros Editores © ENAMI Inscripción Registro de Propiedad Intelectual: Nº 185.359 ISBN 978-956-8018-96-2 Edición y producción general Ocho Libros Editores Providencia 2608 of. 63, Santiago, Chile Fonos-fax (56-2) 335 1767 / 335 1768 contacto@ocholibros.cl / www.ocholibros.cl Dirección editorial: Gonzalo Badal Edición de contenidos: Cristóbal Santa Cruz Editores: Rodrigo Banda y Javier Badal Investigadora asistente: María José Thomas Director de arte: Carlos Altamirano Diseño: Sandra Gaete Foto portada: Luis Ladrón de Guevara Foto sobrecubierta: Nicolás Piwonka Corrección de textos: Edison Pérez Digitalización y postproducción digital: Gustavo Navarrete Autores de ensayos Baros, María Celia Bravo, Carmen Gloria Cancino, Juan Carlos Canut de Bon, Claudio Castillo, Julio Danús, Hernán Fernández, Gastón Galaz, Juanita Garcés, Eugenio Greim, Wolfgang Lagos, Ricardo Muñoz, Liliana O’Brien, Juan Ovalle, Alfredo Pérez de Arce, Jaime Salas, Alberto Fotógrafos Ceitelis, Jack Gómez, Rodrigo Greim, Wolfgang Ladrón de Guevara, Luis Maldonado, Fernando Pérez, Claudio Piwonka, Nicolás Archivos fotográficos Archivos Enami y Sonami Museo Histórico Nacional Unidad de Fotografía, Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile Archivo Dibam Archivo Ocho Libros Editores Archivos personales de Ricardo Silva, Liliana Muñoz, Hernán Danús, Gastón Fernández y Olga Callejas Piezas de arte y extractos de obras literarias incluidas Piezas de arte Vitral de la minería (sede banco BBVA, Santiago) Mural de la Historia de la minería (Alexander Sutulov, Universidad de Concepción) Grabados mineros (Claudio Sanz Chávez) Rostros de la pequeña minería (fotos de Nicolás Piwonka) Extractos de obras literarias Los descubridores del mineral de Chañarcillo (José Joaquín Vallejo) El Chiflón del Diablo (Baldomero Lillo) Llampo de Sangre (Oscar Castro) Quebrada, las cordilleras en andas (Guadalupe Santa Cruz)

Primera edición en español de 11.000 ejemplares. 10.000 para distribución institucional por Enami y 1.000 para venta autorizada en librerías por Ocho Libros Editores. Este libro se terminó de imprimir en noviembre de 2009 en los talleres de World Color Chile S.A. ubicados en la avenida Gladys Marín 6920, Santiago, Chile. Hecho en Chile / Printed in Chile. Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo por escrito de ENAMI.

Foto: Nicolás Piwonka

CRóNICAS y DOCUMENTOS HISTóRICOS
el minero más antiguo de Chile vestigios de la minería ataCameña los desCubridores del mineral de ChañarCillo ChuquiCamata antes de los guggenheim tres pioneros de la minería naCional

índiCe

PArTE ii: FoMENTo MiNEro

Periodo: De 1925 a 1960 / La primera mitad del siglo XX / Plantas de beneficio y agencias compradoras de minerales / La Empresa nacional de Fundiciones / La Caja de Crédito minero

Fomento minero desde la CaCremi hasta la enami. historia Hernán Danús Vásquez, Ingeniero de Minas introduCCión Los editores
11

y reFlexiones

101

PArTE i: MiNErÍA DESDE El oriGEN

La pequeña minería en el decenio de 1920 Los inicios de la Cacremi El ciclo del oro Los difíciles años cuarenta La Empresa nacional de Paipote y la Sociedad Explotadora de minas El último decenio. La Empresa nacional de Fundiciones
en

Periodo: Breves referencias a la minería prehispánica y la Colonia / Los pioneros y el desarrollo del territorio minero durante el siglo XiX / Principios del siglo XX y los inicios de la minería industrial en Chile.

desarrollo históriCo de la enseñanza minera Claudio Canut de Bon Urrutia, Historiador

Chile

123

la minería en las Culturas prehispániCas Julio Castillo Narváez, Antropólogo

19 La expresión metalúrgica prehispánica en Chile

Recuadro: El Tío, por Rodrigo Banda

ignacio Domeyko en La Serena. Los inicios Universidad de Chile en Santiago Colegio de minería en Copiapó Escuela Práctica de minería de La Serena Escuela industrial del Salitre Enseñanza minera en el siglo XX

el desComedido desierto de ataCama Juan O’Brien Boggio, Sociólogo

y su gente visto por viajeros del siglo

xix

29

Recuadro: El ejemplo pionero de la Universidad de Chile, por Hernán Danús

el Fuego y la materia. el arte de Juan O’Brien Boggio, Sociólogo
el siglo

Fundir

137

la minería Como eje dinamizador de Chile en Carmen Gloria Bravo Quezada, Historiadora

xix

45

La minería en el imaginario colectivo La actividad minera como transición a la proletarización La minería cuprífera y sus años dorados para la economía chilena nuevas tecnologías de fundición, nuevos mercados Declive de la industria cuprífera chilena y ampliación del territorio nacional

potrerillos, paipote y el s alvador: Eugenio Garcés Feliú, Arquitecto

Ciudades del Cobre en

ataCama

143

Recuadro: El peonaje minero, por Gabriel Salazar (extracto)

Potrerillos, modelo de poblado industrial. andes Copper mining Corporation, 1919 Fundición nacional Paipote, company town a la chilena Estado de Chile, 1952 El Salvador, new company town. andes mining Copper Company, 1959

u na transiCión en manos de grandes pioneros los iniCios de la gran minería del Cobre entre Fines María Celia Baros Mansilla, Historiadora

del siglo

xix

y Comienzos del siglo

xx

63

El horno de reverbero Rasgos biográficos de Lambert y Domeyko Frustrados intentos europeos Protagonismo estadounidense minería del cobre del siglo XX Dos forjadores de la gran minería El despegue de la gran minería El “cerebro” del horno Peirce Smith Primeras exposiciones mineras Un nuevo minero múltiples contribuciones

ExTRACTOS LITERARIOS y GLOSARIO DE LA PEQUEñA MINERíA
el ChiFlón del diablo llampo de sangre quebrada, las Cordilleras en glosario minero
andas

PArTE iii: lA CrEACióN DE ENAMi

Periodo: De 1960 a 1989. Desde alessandri hasta el régimen militar.

minería y medio ambiente Juana Galaz Palma, Ingeniero civil de Minas
177

251 minerales, minería y recursos naturales institucionalidad ambiental de la minería en Chile Planes de descontaminación actualmente vigentes Principales impactos generados por las actividades mineras 273 Personas que laboran en la minería antecedentes en la literatura y la historia Origen y trayectoria de los mineros administración extranjera de las empresas mineras aislamiento geográfico y relación entre pares El minero y el riesgo Vida en un campamento minero Sewell mujeres en la minería niños bajo la sombra mineros de ayer y hoy

la enami Como FaCtor de desarrollo minero (1960-1989) Hernán Danús Vásquez, Ingeniero de Minas

Los albores de la Enami Los estudios regionales y las nuevas plantas de beneficio de minerales El plan de expansión de la Enami Hacia un fomento integral atacando los ciclos perversos Sociedades mixtas Las jornadas de fomento: la minería es audacia La Enami durante la Unidad Popular La Enami en el desarrollo minero Hacia una empresa maquiladora La gran privatización: vuelta a fojas cero. Pérdidas y ganancias

mineros de ayer y hoy Liliana Muñoz Rioseco, Psicóloga

Recuadro: Cuatro casos exitosos de impulso minero

198 203

evoluCión de la legislaCión minera Fundamental Gastón Fernández Montero, Abogado

de

Chile

Derecho minero hispánico o colonial Derecho minero chileno 215 Orígenes y aporte histórico Evolución y crecimiento actual mediana minería por región impacto de la mediana minería en la economía Crecimiento de la mediana minería Viabilidad económica Futuro y desafíos estratégicos

PIEzAS DE ARTE y RETRATOS DE MINEROS
vitral de la minería mural historia de la minería Chilena grabados a buril y aguatinta rostros de la pequeña minería

la mediana minería en Chile Alberto Salas Muñoz, Presidente de Sonami

PArTE V: DESAFÍoS ACTuAlES y FuTuroS

Periodo: 2006 en adelante / Los actores / La minería y Enami / Hoy y mañana.

HITOS, TESTIMONIOS y PERSONAJES DE LA MINERíA NACIONAL
la
minería en el origen del movimiento obrero

legado, realidad aCtual y desaFíos del empresariado minero Alfredo Ovalle Rodríguez, Ex presidente de Sonami y de la CPC

305

naCionalizaCión ingenieros mujeres

del Cobre

Forjadores de la minería naCional en la minería

La minería moderna El empresario minero Compromiso real Chile y la minería hoy
de

una empresa que mira al Futuro. lineamientos estratégiCos Jaime Pérez de Arce Araya, Vicepresidente ejecutivo de Enami

enami

313

PArTE iV: MiNErÍA SuSTENTAblE
la enami en la última déCada del siglo xx Hernán Danús Vásquez, Ingeniero de Minas

Periodo: De 1989 a 2005. Enami en democracia / Fomento y producción / Lo sustentable / alianzas estratégicas / Fin de siglo. 241

años de historia Una década de contrastes Objetivos del plan estratégico El balance de los años

Recuadro: Enami en la obtención de cobre metálico, por Rodrigo Banda

Tratando de revivir Las inquietudes del ministro Hales Las plantas de beneficio y los poderes de compra. abastecimiento de minerales Fundiciones y refinería Los últimos años del siglo. Una alianza estratégica y algo más En los albores del nuevo siglo

polítiCa minera para Chile: avanCes y desaFíos Ricardo Lagos Escobar, ex Presidente de la República

327

Principales iniciativas mineras del periodo 2000-2006 La política minera de 2005 336 341

autores de ensayos FotógraFos

8 CHiLE minERO

9

presentaCión
Michelle Bachelet Jeria Presidenta de la República

hile ha sido y seguirá siendo una nación con una profunda vocación minera, desde que el descubrimiento de grandes yacimientos en la zona norte del país, hace más de trescientos años, selló su destino, convirtiéndolo a partir del siglo xIx en una potencia mundial en este rubro. En los albores del tercer milenio, cuando Chile se acerca a la cita con su Bicentenario, la minería sigue siendo un sólido pilar de nuestra economía. No ha sido un camino fácil. Tras cada uno de los grandes hitos de la historia minera nacional hay personas que, con su visión y emprendimiento, fueron capaces de levantar una industria de enormes dimensiones. También está el esfuerzo cotidiano de miles de compatriotas que han dedicado su vida a un trabajo conocido por su dureza y excepcionales condiciones de desempeño. Todos los relatos que forman parte de la memoria que Chile tiene de su minería, no han sido adecuadamente recogidos y puestos en conocimiento de nuestros ciudadanos. De ahí la relevancia de un libro como éste que arroja luces sobre un patrimonio histórico que nos pertenece a todos. Como lo muestran las páginas de esta publicación, en la epopeya minera la pequeña y mediana minería han jugado un papel muy destacado, no solo por la riqueza aportada al país, sino también por lo gravitante que ellas resultan para las miles de familias que viven en torno a esta actividad, especialmente en las ciudades y pueblos del norte de Chile. Ese papel merece un especial reconocimiento, pues el aporte de los medianos y pequeños productores mineros se ha producido a pesar de su mayor vulnerabilidad frente a las contin-

C

gencias de la economía y a la volatilidad de los mercados. Sin duda, ha contribuido a ello el respaldo permanente del Estado que, inicialmente a través de la Caja de Crédito Minero y luego de la Empresa Nacional de Minería, ha venido desarrollando una labor de fomento durante los últimos 80 años, lo que ha permitido a esta industria expandirse y alcanzar notables niveles de producción. Ha sido preocupación central de mi Gobierno, mediante la acción de los ministros Karen Poniachick y Santiago González, fortalecer el trabajo de la Empresa Nacional de Minería en favor de la consolidación y del crecimiento de este importante sector. La celebración de nuestro Bicentenario coincidirá con los 50 años de existencia de la compañía por lo que este libro constituye también un merecido homenaje a esta institución, cuya historia se funde con la de un área clave de la economía chilena. Sabemos que los recursos mineros por sí solos no aseguran el desarrollo, pero ellos son una base de enorme significación para conseguir ese propósito. Por lo mismo, debemos seguir potenciando esta industria, para lo cual se requiere de estrategias audaces y acciones innovadoras que estén a la altura de la visión pionera de los fundadores de la industria y de los desafíos del mundo global. Pero, por sobre todo, se requiere del esfuerzo colaborativo de todos los actores, públicos y privados. Con ello la minería, al mismo tiempo que forma parte viva de nuestra cultura, puede consolidarse como lo que es: un rubro industrial de excelencia mundial.

Foto: luis ladrón de Guevara

11

introduCCión
Santiago González Larraín Ministro de Minería

l

os aniversarios generalmente nos impelen a celebrar y, más aún, cuando los años vividos representan esas cifras redondas, con mayor carga simbólica. También nos invitan a reflexionar, como un ejercicio de memoria y arqueo, acerca del sentido que han tenido y tienen los años transcurridos para quien cumple una etapa significativa de su vida. Toda celebración requiere, a su vez, de un acto creativo. Me refiero a la construcción de un relato que discurre en la historia del sujeto. Una narración que por cierto no es el discurso institucional –ese pesado ladrillo de hechos y actas– sino la que descubre en la reflexión del sujeto a un nuevo sujeto y lo lleva a hablar y dialogar fuera de sus propias fronteras, en el arte o la literatura, por ejemplo. Un caso emblemático es el Bicentenario de nuestra nación y todo el conjunto de iniciativas artísticas e intelectuales destinadas a cristalizar, desde distintos ámbitos de acción y perspectivas, una imagen del país. En estas iniciativas se conjugan los doscientos años de historia de vida independiente en una suerte de relatos parciales y específicos,

cruces y rupturas, que proceden de la misma historia, de la arquitectura, de las artes visuales, la ciencia, etc.; todas las disciplinas al encuentro del hecho simbólico, recreándolo desde sus propios saberes. Curiosamente, la Empresa Nacional de Minería cumple para esa misma ocasión cincuenta años de existencia, otro de esos números que ameritan detenerse y reflexionar. En este caso sobre una de las entidades clave en el fomento y desarrollo de la pequeña y mediana minería en Chile. Hoy en día se conoce latamente la trascendencia de la industria minera en el desarrollo del país. El impacto que tuvo el salitre es de conocimiento masivo; Chile se transformó en el mayor productor de nitrato del mundo y entre 1880 y 1930 las exportaciones salitreras constituyeron el área más importante de su economía. Mucho también se ha escrito sobre la gran minería del cobre del país, y sus hitos fundacionales como la creación y explotación de los yacimientos de cobre de Chuquicamata, El Teniente y Potrerillos, en las dos primeras déca-

Foto: Claudio Pérez

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enami en la historia de la pequeña y mediana minería en Chile

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das del siglo pasado. La explotación cuprífera a gran escala fundada en el capital extranjero significó para el país un salto exponencial que le ha permitido hasta hoy constituirse en el principal factor de desarrollo económico del país. Desde 1990 Chile ha triplicado su producción de cobre, llegando a aproximadamente 5,35 millones de toneladas métricas anuales. Esto ha significado que en estos últimos 19 años el país aumente desde un 16 por ciento de su participación mundial de cobre a un 36 por ciento el año 2008. Junto al boom que estos hitos marcaron en la historia económica y social del país –por cierto, política también– existe lo que se ha llamado pequeña y mediana minería, cuyo aporte no deja de ser importante tanto en el plano económico –genera encadenamientos productivos por 60 millones de dólares anuales– como social, en la incorporación de una cantidad significativa de personas que viven en localidades apartadas y rústicas y cuya única fuente de ingreso la constituye esta industria. Pero más allá de estos antecedentes, la pequeña y mediana minería representa un invaluable patrimonio histórico, cultural y social de Chile. Hay que recordar que el principal proyecto económico en el periodo de la Conquista se constituyó a partir de los lavaderos de oro ubicados al sur del Biobío. Esta explotación aurífera generó el capital original que otorgó los excedentes que hicieron posible la instalación de otras actividades económicas. La pérdida de estas provincias tras la victoria araucana en Curalaba (1598), determinó finalmente redefinir el eje económico del Reino de Chile hacia la producción agrícola, localizada principalmente en el valle central. Durante los dos siglos siguientes la explotación minera fue escasa y de poca importancia, aun cuando se realizó en casi todos los recursos: cobre, oro, plata, salitre y carbón. Esta situación cambia ostensiblemente a principios del siglo xIx, principalmente en la explotación de cobre y plata en el Norte Chico y ya en 1830, se podía avizorar que el futuro de la República se construiría desde la minería. Un

camino largo, con fisuras y contradicciones, de esperanzas y frustraciones, construido sobre la base de tenacidad y esfuerzo, en un territorio inhóspito y a veces brutal. En el famoso “descampado” nortino –de cuya aridez y rigor fueron testigos los hidalgos de la Corona y cuya imagen territorial no estaba en la conciencia nacional– se comienza a perfilar la historia de la actividad productiva más importante del país. La gran minería se erigirá desde esta plataforma, sobre los cimientos construidos por los pequeños y medianos mineros y, sin duda, por el inmenso aporte de sus forjadores. Se asentará a partir del descubrimiento de yacimientos hecho por espíritus aventureros, visionarios y esforzados y por un notable cúmulo de conocimientos entregados por estudiosos de la minería y geología. Un sector olvidado a principios del siglo pasado, entrampado, por largo tiempo, en permanentes contradicciones, con un sistema precario de producción, sin capital suficiente de trabajo y absolutamente vulnerable a las fluctuaciones del mercado. Estas condiciones desventajosas se hicieron aún más patentes al no existir un Estado que procurara asumir un rol activo en torno a la actividad. La creación en 1927 de la Caja de Crédito Minero, Cacremi, y posteriormente de la Enami –dos instancias decisivas en la generación de un sistema integral de fomento de la pequeña y mediana minería– saldaría una cuenta pendiente del Estado chileno con este importante y tradicional sector de la economía nacional. La celebración de un aniversario requiere de una reflexión –como decía al principio– y de un gesto creativo que quede en la memoria. Creo que este hermoso libro representa precisamente esto: un homenaje efectivo a Enami y también a todos los pequeños y medianos mineros, sector fundacional de la minería chilena.

En la actualidad un promedio de 1.300 productores de pequeña minería y 15 de mediana minería hacen sus entregas de minerales y productos mineros a Enami. la actividad que realizan genera encadenamientos productivos por 59 millones de dólares al año en promedio. Foto: luis ladrón de Guevara.

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Enami fue creada el 5 de abril de 1960 mediante la fusión de la Caja de Crédito y Fomento Minero, Cacremi, con su filial, la Empresa Nacional de Fundiciones, Enaf, alcanzando vida legal a través del DFl 153 del mismo año. A grandes rasgos sus actividades se consagran en el fomento de la pequeña y mediana minería, en la producción –procesamiento de los minerales en sus plantas de beneficio, fundición y refinación– y en la actividad comercial que permite colocar los productos en los mercados globalizados en condiciones favorables para los proveedores de la empresa. En la foto, un encargado de cancha, en los años 60, recibe los minerales de un productor minero. Foto: Archivo Enami.

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17

parte i minería
desde el origen

Foto: Museo histórico Nacional

18 julio Castillo narváez

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minería en las Culturas prehispániCas
Julio Castillo Narváez

la

e

n la historia de la humanidad, la metalurgia representa una auténtica revolución que implicó, entre otros, un proceso de control y transformación de la materia mediante el uso del fuego. Este proceso de “domesticación” de los minerales dio paso a distintas eras o edades, en las que el ser humano fue descubriendo las características y bondades que le brindaban los distintos elementos de la tierra. La mezcla de estos dio origen a nuevos minerales, como el bronce, que es una aleación originada por la mezcla del cobre con otro metal, como por ejemplo, el estaño o el arsénico, lo que aumenta su dureza a costa de su maleabilidad.
Centro metalúrgico de Viña del Cerro, en pleno valle de Copiapó. De este asentamiento construido por los inca se obtuvo por mucho tiempo parte importante de la producción minera de cobre de la zona central y norte del territorio chileno. En la imagen, sector destinado a 26 hornos de fundición tipo huayra. Estos hornos, generalmente de barro o de piedra, estaban provistos de agujeros a través de los cuales circulaba libremente el aire. las huayra se emplazaban en sectores de gran exposición al viento, que actuaba como tiraje natural, permitiendo que el combustible dispuesto en su cámara central llegara a las temperaturas requeridas para la fusión del mineral.
Foto: Fernando Maldonado. Museo de Arte Precolombino.

Este proceso de desarrollo de una cultura metalúrgica representó una innovación técnica de primer orden que le permitió al ser humano crear nuevas manufacturas más duraderas y eficaces. La creación de esta cultura se puede visualizar como un camino cada vez más profundo de observación, experimentación y aprendizaje del ser humano con su entorno, que dio paso a nuevos cambios tecnológicos y nuevas formas de explotación de diversos minerales así como al desarrollo de diferentes técnicas de fundición y aleación de dos o más metales y a la experimentación de nuevos diseños. En otras palabras, la construcción de una cultura metalúrgica significó un juego activo de desarrollo de manufacturas e “ideofacturas”, que fue evolucionando hasta llegar a un dominio refinado de los minerales arrancados a la tierra. La metalurgia ha tenido tres momentos claves en la historia de la humanidad. Según Dorothy Hosler,1 profesora de arqueología del MIT, la región de Turquía presenta los testimonios más
1 Hosler, Dorothy. “Los orígenes andinos de la metalurgia del occidente de México”. Edición en la biblioteca virtual Luis Ángel Arango: 2005-05-25.

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la minería en las Culturas prehispániCas

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bajo la dirección de representantes de los inca, en los principales centros minero-metalúrgicos se realizaban frecuentes ritos propiciatorios y pagos, gracias a los cuales los cerros, complacidos, entregaban sus riquezas. la actividad ritual en algunos sitios fue notable. En la mina de Cerro Verde –foto– y en el centro metalúrgico de Viña del Cerro, las autoridades mandaron a construir un ushnu o plataforma ceremonial.
Foto: Fernando Maldonado. Museo de Arte Precolombino.

antiguos del trabajo en metales. “Son fragmentos de cobre nativo martillados que datan de alrededor de 7.000 años antes de nuestra era. La espectacular metalurgia de la China surgió alrededor del 5000 a.C”. En el caso de América –señala la autora–, “La metalurgia comenzó a desarrollarse más de mil años antes de nuestra era, en Sudamérica, más exactamente en los Andes centrales. Allí culminó en una tecnología multifacética basada en los dos bronces, de cobre - arsénico y cobre estaño, en aleaciones de cobre - arsénico - níquel, de cobre - plata, cobre - plata - oro, y de cobre oro y en la elaboración de técnicas sofisticadas de tratamiento de las superficies mediante el enriquecimiento y el laminado”. La metalurgia mesoamericana representa un caso de especial interés. Apareció repentinamente en el occidente mesoamericano entre los años 600 y 800 de nuestra era. Esto se produjo después del auge de las grandes civilizaciones del periodo clásico mesoamericano; por ejemplo, de la cultura maya, en el sudeste, y de la teotihuacana, en la cuenca del valle de México. Existen testimonios de conquistadores como observadores de este nuevo mundo. Fernández de Oviedo, que viajó a las Indias en 1513 como parte de la expedición de Pedrarias Dávila a Panamá, ostentó dos cargos, “la escribanía de minas e del crimen” y el “oficio del hierro de los esclavos e indios” que le permitieron decir en 1526:2 “Los indios saben muy bien dorar las piezas e cosas que ellos labran de cobre e oro muy baxo. Y tienen en esto tanto primor y excelencia y dan tan subido lustre a lo que doran, que paresce e que es tan buen oro, como si fuese de veynte e tres quilates o mas…” Acercándonos hacia el sur del continente, el poblador andino logró, en dos mil años de experimentación, el dominio de las más sofisticadas técnicas para fundir, alear, amalgamar, laminar, unir y soldar los metales. La técnica de la soldadura ya era conocida por las denominadas culturas regionales (200-800 d.C.), de las cuales sobresalen los estudios de la cultura moche por
2 Citado por el arqueólogo Pedro Ibérico. En: http://arqueologia. deperu.com/metales.html

Walter Alva3 en el sitio de Sipán, reportándose contextos funerarios de élite, en diversos metales (oro, plata, cobre, dorado, entre otros) y evidenciándose un trato naturista, exquisito y a la vez complejo en cada una de las piezas trabajadas. Además, se describe un amplio dominio de la técnica de soldadura al frío para unir los metales, a través de engrapes, traslapes, remaches y lengüetas. Las grandes culturas precolombinas del Perú, –los moches o mochicas, los chimúes y los incas– fueron ejemplo de admirables trabajos metalúrgicos, en oro, plata, cobre y sus aleaciones. La cultura inca se desarrolló entre los siglos xII y xIV de nuestra era y tuvo su apogeo en el siglo xV. A su llegada al Perú, los españoles encontraron una industria minera muy activa y diversificada, que trabajaba el oro (cori), la plata (collqui), el cobre (anta) en gran escala, el mercurio y variadas aleaciones: bronce (cobre y estaño), champi (oro, plata y cobre) y tumbaga (cobre, oro y estaño). También trabajaban –y de manera magistral– la piedra, sin más recursos que el ingenio y herramientas elementales, movilizando bloques de piedra que pesaban hasta cien toneladas, logrando uniones y acabados notables. Llevaron expertos metalúrgicos chimúes al Cusco, capital del Imperio inca.

la

expresión metalúrgiCa

prehispániCa en

Chile

Gerónimo de Bibar, cronista que narró la llegada de Pedro de Valdivia a Chile, describía a los habitantes del valle de Coquimbo como una cultura familiarizada con la metalurgia: “Son del traje de los del Guasco, y de sus ritos y ceremonias y costumbres que los del Guasco. Es lengua por si. En este valle hay muy grandes minas de oro; son trabajosas de sacar por faltar el agua y estar lejos el rio. En algunas partes de este valle hay algarrobos, y en algunas partes hay chañares. Hay calces y hay mucho arrayán. Hay por fuera del valle en lo alto y lomas unos árboles a
3 Walter Alva Alva es un arqueólogo peruano. Fue director del Museo Brünning de Lambayeque.

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la minería en las Culturas prehispániCas

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En algunas regiones del Tawantinsuyu, la calificación que implicaba el trabajo con los minerales y metales llevó a que los trabajadores se convirtieran en artesanos expertos en la aplicación de técnicas para el tratamiento de las materias primas en cada una de sus etapas. Mientras unos cumplían funciones generales, estos se ocupaban exclusivamente de la producción metalúrgica para el inca. En la foto, una placa de cobre –seguramente usada como pectoral– y una cabeza de maza estrellada, del mismo metal, el cual fue utilizado ampliamente en la fabricación de herramientas y armas. Fotos: Fernando Maldonado. Museo de Arte Precolombino.

manera de madroños. Es muy buena leña para el fuego. Hay muchas hierbas de nuestra España. Tiene metales, cobre y de otras suertes”.4 El arqueólogo Lautaro Núñez –del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo (IIAM) de la Universidad Católica del Norte–, y su equipo, han realizado una exhaustiva investigación del campamento minero Chuquicamata-2 y de la explotación cuprífera prehispánica en el desierto de Atacama, sustentando la idea de que en el pasado existió un intenso tráfico de metales. Según Núñez, el campamento Chuquicamata-2 (Chu-2), datado por C14 en 780-1020 d.C., representaría “un régimen laboral local instalado en una de las áreas más altamente mineralizadas del norte de Chile durante los últimos eventos del flujo Tiwanaku”.5 El río Loa fue testigo de una actividad metalúrgica importante en 1390 d.C., cuyos vestigios descansan en enterramientos situados en el cementerio Chunchurí o DuPont. En el año 1968, Núñez detectó varias campanitas plegadas, placas de cobre y pequeñas láminas de oro. Anteriormente, en 1913, Max Uhle “habría recuperado cerca de 204 cuerpos agrupados en un número desconocido de tumbas colectivas e individuales. De este contexto provienen campanitas de cobre y oro, una plancheta de oro con cabeza de felino, placas rectangulares, discos, tubos, hojas de hachas, una placa de cobre en forma de ‘T’ y fragmentos de óxido de fundición”.6 Las labores de fundición se realizaban en un tipo de horno, la guaira, abreviación del quechua wairacína, voz presente ya en la obra de Cieza de León, y definida en el DRAE (2001) como “horno pequeño de barro en que los indios del Perú fundían los minerales de plata aprovechando la fuerza del viento”.
4 De Bibar, Gerónimo: Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile. Edición facsimilar y a plana del Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, Santiago de Chile, MCMLxVI. 5 Núñez A., Lautaro; Carolina Agüero P.; Bárbara Cases C. y Patricio De Souza H. El campamento minero Chuquicamata-2 y la explotación cuprífera prehispánica en el Desierto de Atacama. Estudios atacameños [online]. 2003, núm. 25, pp. 7-34. ISSN 0718-1043. 6 Op. cit. p. 8.

En pleno desierto de Atacama, al noreste de Calama, entre los cerros cercanos a Chuquicamata y San José del Abra, este asentamiento de mineros atacameños explotaba para el inca óxidos de cobre y una mina de turquesa, bajo un régimen de trabajo al servicio del Estado, conocido como mi’ta. Este antiguo complejo minero fue explotado desde épocas anteriores al Tawantinsuyu, pero solo bajo el dominio inca se lograría congregar una verdadera población de especialistas dedicados exclusivamente a la minería. Foto: Fernando Maldonado. Museo de Arte Precolombino.

En la localidad de Quillagua, Latcham (1938) también señaló una alta presencia de objetos metálicos en ofrendas funerarias. Este hallazgo fue ratificado por otros objetos similares que se remontan al año 600 a.C., en el caso de las formaciones tumulares de Quillagua-89, con evidencias de placas y cuentas tubulares de cobre martillado, y al año 1000 d.C., en el caso del cementerio Oriente (Qui-01), con registros de brazalete y placas de metal (Agüero y otros, 1997, 1999 y 2001). El estudio de los arqueólogos citados anteriormente nos indica que los habitantes del río Loa, de los oasis atacameños y aquellos de la costa del desierto de Atacama organizaban

grupos mineros en los distritos con mayores recursos desde antes de los incas. Sin lugar a duda, el aporte de las culturas prehispánicas no se expresó solamente en las manufacturas de objetos de diversos metales, sino que también en el lenguaje, a través de distintos americanismos ligados a las actividades metalúrgicas. María Teresa Cantillo, de la Universidad de Salamanca, realizó una investigación de la terminología minera de origen prehispánico a partir de un análisis de la obra Arte de los metales, del Padre Álvaro Alonso Barba, texto publicado en 1640 “que describe, además de aspectos concernientes a las características y

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Crisoles de cerámica y piedra se han encontrado en diversos áreas mineras de Chile. En ellos se depositaba el metal fundido para ser moldeado. la mayoría de las instalaciones mineras se ubicaban en la precordillera. Especialmente frecuentes fueron los laboreos de cobre en el norte árido y semiárido. Desde los valles ariqueños hasta la zona central, martillos, cinceles y cuñas de piedra se batían contra las vetas de crisocola, malaquita o atacamita de las montañas andinas. También hubo operaciones mineras y evidencias de fundición –aunque mucho más ocasional– en la costa, como es el caso de la célebre mina de plata de huantajaya, cerca de iquique.
Fotos: Fernando Maldonado. Museo de Arte Precolombino.

El tumi, un cuchillo que servía para diferentes propósitos utilitarios y rituales, solía llevarse colgando del cuello, como pectoral. Foto: Fernando Maldonado. Museo de Arte Precolombino.

propiedades de metales y minerales, distintos métodos de beneficio en uso en la América colonial, y que ha sido considerado la única obra metalúrgica original escrita en cualquier idioma en el siglo XVII”.7 En su investigación, Cantillo registró distintos nombres de aparatos ligados a la actividad minera, que tienen su origen en las lenguas indígenas, tales como el maray, del quechua maran ‘piedra de moler’, poruña de puruña, o callana de kallana ‘tostadora’, término todavía usado en el campo chileno para referirse a un receptáculo metálico que se pone sobre el fuego para tostar el trigo, y algunos artefactos para lavar los metales como la batea, el vilque o virque y la cocha, que son estanques de distinto tamaño para recoger el agua en que se lavan los metales.8 La cultura diaguita chilena, procedente del noroeste de Argentina, se desarrolló desde el
7 Cantillo Nieves, María Teresa. Terminología minera de origen americano en el arte de los metales (1640), de Álvaro Alonso Barba. Proyecto HUM2004-0402/FILO, financiado por la DGCyT. Universidad de Salamanca. 8 Op. cit. p. 631.

río Choapa, en el centro del país, hasta la frontera con Perú. En el tercer periodo (siglos xIVxVI) de esta cultura, que corresponde al dominio incaico, se sitúan los restos de metalurgia y cestería, así como los petroglifos. A su llegada, los incas encontraron establecida en el valle de Copayapu –más tarde de Copiapó–, así como en el resto de los valles transversales del norte semiárido, una cultura muy desarrollada conocida como cultura diaguita chilena, con agricultura basada en el riego artificial y artesanías de alto valor artístico. El encuentro de ambas civilizaciones de alto nivel dio origen a una nueva fase de la cultura diaguita, que consistió en una amalgama de ambas, con nuevos cánones estilísticos en las artesanías, especialmente en cerámica y, sobre todo, renovación de las técnicas de extracción de minerales y su metalurgia. Hans Niemeyer señala que el valle del río Copiapó muestra la más acabada expresión de la tecnología metalúrgica incaica. A su llegada, Pedro de Valdivia supo de tales adelantos hace

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el tío, por Rodrigo Banda
El “Tío” es una deidad andina que vive en el mankapacha (subsuelo aymara), sitio donde se hallan sus riquezas minerales. Los dioses andinos tienen la capacidad dual de ser buenos y malos a la vez. No se sabe con exactitud cuándo apareció el Tío; sin embargo, es en la época colonial cuando las primeras figuras de esta deidad asomaron por los socavones de La Paz, Oruro y Potosí. Fue en el momento en que se instauró la mita y los mineros ingresaban a los socavones para quedarse en varios casos hasta por siete días. Vivían dentro de la mina y allí necesitaban la protección del Tío, no solo para generar riqueza sino también para sobrevivir, porque muchos de ellos ya no volvían a salir. Al llegar a este territorio, los españoles hallaron a este ser del mankapacha y lo relacionaron con el diablo y el averno. En la Colonia, los españoles hacían campañas para catequizar a los indios que eran forzados a trabajar en las minas, espacio donde nació un sentimiento de rebeldía ante una religión que no consideraban como suya. Por eso, la figura del Tío se planteó como antítesis de Dios para la Iglesia y llevó los cuernos del demonio. La deidad es fabricada por los mismos mineros. Se utiliza como elemento de base un trozo de mineral explotado en la mina. Luego se recurre al barro y al yeso para formar su extraño cuerpo y darle un aspecto de diablo. La cabeza lleva dos astas grandes que le sirven de radar para detectar los metales preciosos. Generalmente lleva guantes y botas de minero y está sentado mostrando, al aire libre, un enorme falo que representa su capacidad de fertilizar a la tierra con los minerales que él desea. El Tío se encuentra sentado en los lugares más recónditos de la mina. Su presencia inspira respeto y mantiene un equilibrio de reciprocidad entre sus “sobrinos” mineros y su persona. Esta reciprocidad consiste en que quienes lo tratan bien serán protegidos de accidentes en el interior

Foto: Claudio Pérez

Izquierda: brazalete de plata, ornamento usado solo por la nobleza inca. Derecha: algunos objetos utilizados en rituales de sacrificio. la ritualidad buscaba asegurar que las divinidades propiciaran la fertilidad de la tierra, los hombres y los animales. Para este objetivo los inca estaban dispuestos a imponer cualquier clase de sacrificios, que redituarían no solo en la anhelada fertilidad, sino que en beneficios políticos para los dirigentes y el Estado.
Foto: Fernando Maldonado. Museo de Arte Precolombino.

de la mina y, además, con su poder mágico, les mostrará la veta tan buscada con sacrificio. Si alguien lo trata mal, le falta al respeto o no le rinde pleitesía, el Tío descarga sobre él o ella toda su ira. y como consecuencia de ello, se desprenden enormes piedras de las rocas, los callapos caen como granizo de la parte superior de los socavones. De pronto surgen gases venenosos, aguas malolientes, cambios bruscos de temperatura y corrientes de vientos helados. Es el Tío que pone trancas diabólicas hasta ocasionar la muerte. Para evitar todas esas desgracias, los trabajadores veneran al Tío cada vez que entran y salen de la mina. Todos los días, pijchan (mastican) coca en el paraje del Tío, le ofrendan la hoja sagrada, alcohol y cigarrillo. Antes de los carnavales se le rinde culto a esta deidad adornándola con mixturas, confites y serpentinas. Además se le prepara un convite, una suerte de banquete en el que abunda la comida, la bebida y el baile. Los mineros y sus familias sacrifican en su honor un gallo blanco, una llama o un cordero, con cuya sangre riegan las rocas en agradecimiento al Tío y a la Pachamama. Este rito se denomina wilancha.

las figurillas de camélidos fueron confeccionadas en plata y oro aunque principalmente en mullu, que era una concha rojiza provenientes de Ecuador. la mayoría de las veces representan llamas, aunque en ciertos lugares se han identificado algunas que asemejan alpacas, que se reconocen por el largo de su lana que casi llega al suelo. Estas representaciones de camélidos, al igual que las figurillas humanas, tuvieron un diseño bastante estandarizado a partir de modelos muy rígidos. Foto: Fernando Maldonado. Museo de Arte Precolombino.

más de cinco siglos, cuando los indios de Copayapu le regalaron piezas de cobre labradas por ellos en los hornos de Viña del Cerro.9 Niemeyer indica que “El valle de Copiapó posee –sin embargo– una exclusividad, algo no igualado en otro valle chileno y que no es fácil de hallar en el resto del mundo surandino. Nos referimos al establecimiento metalurgista Viña del Cerro, donde se manifiestan con toda su potencialidad la presencia y genio del Inca, que construyó un centro metalurgista compuesto de cuatro unidades que cumplen distintas funciones. La atinada elección del sitio, apto para un establecimiento de fundición de minerales de cobre, pone de manifiesto una gran dosis de perspicacia y conocimiento profundo de la to9 Hans Niemeyer F.; Miguel Cervellino G.; Eduardo Muñoz. Viña del cerro, expresión metalúrgica inca en el valle de Copiapó. Revista Creces, abril de 1983.

pografía del valle. Seguramente los incas fueron guiados en ello por los pobladores locales”. Este breve recorrido por nuestra América muestra que la actividad minera y la producción metalúrgica jugaron un rol crucial a lo largo del devenir histórico de las poblaciones prehispánicas. Este quehacer humano estaba íntimamente ligado a un corpus de conocimiento y a técnicas que permitieron un manejo exquisito y de maestría de los metales sacados de la madre tierra. Pero ésta no era una mera actividad productiva, sino una práctica ligada a universos simbólicos, en los cuales los objetos metálicos producidos estaban conectados a sus cosmovisiones y a sus dioses. Finalmente, el flujo de metales preciosos hacia Europa significó sangre nueva que activó y transformó la vida económica y social del Viejo Mundo.

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“Un obstáculo mucho peor que el más turbulento de los océanos” Charles Darwin

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l desierto de Atacama adquiere relevancia en la conciencia nacional solo después de los grandes hallazgos mineros en el siglo xIx. Hasta ese entonces, las referencias de conquistadores, en primer lugar, y posteriormente de exploradores y viajantes hablaban de Atacama como una tierra de nadie y hostil, despoblado de fin de mundo, zona fronteriza sin catalogar, espacio de extensos arenales, territorio marginal y yermo, sin otra función más que servir de tránsito para quien se desplaza hacia o desde el Perú y la América septentrional.

El desierto de Atacama se extiende en el norte de Chile sobre el Trópico de Capricornio, entre las ciudades de iquique y Arica, por el norte, hasta la ciudad de Copiapó, por el sur. Tiene una superficie aproximada de 364.000 km2. la cordillera de los Andes, frontera con Argentina y bolivia, cadena montañosa de 5.300 m de altitud promedio, incrementa la aridez del sector al actuar como barrera natural que frena el paso de la humedad proveniente del océano Atlántico. En este desierto, llamado por los españoles el “despoblado de Atacama” y quizá el más inhóspito del planeta, se escribe gran parte de la historia de la minería en Chile. Foto: luis ladrón de Guevara.

Otra visión de Atacama y su desierto es la de un espacio de contención al norte. Esta mirada fue central en la definición del territorio chileno después de la Independencia, según se establece en diversas constituciones que no hicieron más que refrendar la legitimidad de las fronteras existentes antes de 1810 (utis possedetis). Es así que las constituciones de 1823, 1826, 1828 y 1833 hablan del desierto de Atacama como límite norte del país. En ese entonces el desierto se entendía por el territorio comprendido, a grandes líneas, entre el valle de Copiapó y el río Salado, espacio que, a partir de la minería, fue desplegando su extensión nortina hacia nuevos y ricos veneros. La región atacameña fue minera desde tiempos inmemoriales, según testimonian hallazgos de minerales de cobre, ruinas de hornos y escoria metalúrgica en sitios diversos como, por ejemplo, Viña del Cerro, una fundición de la cultura diaguita-incaica del siglo xV muy cerca de Copiapó. Pero hubo intermitencias donde poco ocurría, especialmente durante la Colonia. Solo a fines de ese periodo y a principios de la

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República comienzan a escucharse recurrentes voces anunciando aquí y allá encuentros portentosos, que movilizan a grupos de aventureros, empresarios y trabajadores en pos de una soñada opulencia en el blanco recién descubierto. Fue el caso de los reventones de plata Agua Amarga, en 1811, y de Arqueros, una década más tarde. Estos dos hitos fijan en los mapas del mundo la existencia de una región ignota, pero palpitante de riquezas inusuales. No fue por azar entonces que tres de los más mencionados viajeros de la temprana república sean atraídos a Chile por el fulgor de los metales. John Meiers viene de Inglaterra a instalar –sin éxito– una refinería de cobre cerca de Viña del Mar, experiencia que narra en Travels in Chile and La Plata, publicado en 1826. Su compatriota Alexander Cladcleugh es con-

tratado en Londres para recolectar información in situ sobre diversas empresas mineras que operan en Chile, cuyos detalles los narra en su libro Travels in South America during 1819, 20, 21, publicado en 1825. Por su parte, Francis Bond Head, también británico, pasa por Chile en su camino hacia Argentina, donde es contratado para supervisar la puesta en marcha de una mina de plata, plasmando su visión en Rough Notes, libro que vio la luz en Londres en 1826. Estos y otros viajeros embarcados desde Europa, soportando extenuantes viajes de tres meses, proveen una mirada externa que, además de ilustrada, revela matices diferentes de la gente y el paisaje nacional, sacando a luz detalles que son difíciles de captar desde la visión propia del criollo educado. Son evocaciones

A contar de la década de 1870, el despoblado parece tener otra apariencia. Para muchos chilenos de ese entonces, su aspecto ya no es el de antes. Aun cuando más desértico que durante la Colonia, les resultaba cada vez menos inhóspito. Después de todo estaban logrando habitarlo y, también con esfuerzo, habían empezado a explotarlo… Al darle forma al desierto se apropiaban de sus secretos. De esta manera lo volvían más familiar. Más accesible como imagen, pero también como realidad. En definitiva, lo convirtieron en el referente de un proyecto de corte desarrollista y, por esa vía, hicieron del desierto un horizonte histórico. Manuel Vicuña, La imagen del desierto de Atacama (XVI – XIX). Foto: Museo histórico Nacional.

Pirquineros nortinos, en 1920. “los que suponen que el minero sudamericano es ignorante de su arte, están equivocados. Sus métodos podrán ser rudos, pero procedimientos más refinados y caros, o no se encuentran o no son financiables. la verdad es que la minería en Chile es un mal negocio, que solamente puede ser arrostrado con el concurso de la fuerza laboral más barata imaginable”, señalaba C.F.b. head en Rough Notes taken during some Rapad Journeys across the Pampas and among the Andes, publicado en londres en 1826. Foto: Museo histórico Nacional.

valiosas, en primer lugar, de las costumbres y la idiosincrasia nacional, que incluyen información sobre las instituciones, la economía y el nivel de desarrollo del país. En segundo lugar, son miradas especializadas desde la vanguardia de las ciencias naturales de Europa, focalizadas en el ordenamiento y la catalogación del mundo. En efecto, tanto Charles Darwin como Claudio Gay, Ignacio Domeyko y Rodulfo Philippi –los más connotados naturalistas europeos que conocieron y escribieron sobre la geología, fauna, flora, minería, historia y costumbres de Chile y Atacama a partir de 1830 aproximadamente–, forman parte de esta vertiente académica inaugurada a fines del siglo xVII por el sueco Carlos Lineo. La búsqueda de un sistema de clasificación de todo lo viviente para reflejar el orden de la naturaleza misma era la difícil tarea a la que se abocaron estos taxonomistas que analizaban, identificaban y clasificaban organismos hasta entonces desconocidos e innombrados. Para ello recurrían muchas veces a derivaciones de sus propios apellidos o aprovechaban de rendir homenaje a figuras admiradas o seres queridos. Gracias al apoyo de financistas, go-

biernos y sociedades científicas, los naturalistas decimonónicos organizaron viajes en los cuales ejercían tanto como hombres de ciencia como de exploradores y aventureros, escudriñando a través del siglo todos los rincones del planeta, trayendo a la palestra miles y miles de nuevas plantas y animales. Debido a la diferencia de cultura y educación, los aportes y las visiones de los viajeros que nos visitaron no solo complementaron aquello ofrecido por el reducido establishment intelectual y universitario de la localidad sino que, gracias a su nivel desarrollado de conocimiento, sentaron las bases de la educación y del estudio de la ciencia en Chile y plasmaron contribuciones de fuste a la ciencia universal. En 1835, Charles Darwin (1809-1882) hizo el trayecto a caballo entre Valparaíso y Copiapó, en donde lo esperaba el Beagle para retornar a Inglaterra vía el Callao y las Islas Galápagos. Sabemos que a raíz de este viaje y de su experiencia posterior con la riquísima variedad de especies animales en las islas ecuatorianas, Darwin echó las bases de un pensamiento que refundaría la ciencia universal con los postulados de las leyes

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de la evolución. Antes de ese viaje esplendente, en los preámbulos del surgimiento de un nuevo paradigma que modificaría el conocimiento del mundo y desplazaría a Dios como artífice de la Creación, Darwin mira, descansa y escribe sobre la vida social de Copiapó:
Un valle que contiene 12.000 almas pero que produce solamente para tres meses del año, debiendo traerse el resto del abastecimiento desde Valparaíso y el sur.

Darwin llegó a Copiapó en pleno auge de la plata, tres años después del descubrimiento de Chañarcillo. En su derrotero había visitado otros campamentos y sitios mineros, como la mina de Arqueros cerca de Coquimbo, cuyo propietario era José Edwards, proveniente de un familia minera que, al igual que muchas de igual origen –los Walker, Ossa, Carvallo, Subercaseaux, Cousiño, Chadwick, entre otras– se constituyeron desde entonces y hasta hoy como referentes obligados de las familias oligárquicas y aristocráticas de Chile, tanto por su méritos empresariales como por el ostentoso despliegue de sus riquezas en modos de vida y palacios desconocidos en el país hasta entonces que levantaron, salvo contadas excepciones, no en ciudades de Atacama, sino en Santiago. Pero en su descripción de los atacameños, Darwin prefiere detenerse sobre representantes populares chilenos y no sobre quienes adoptan estilos de vida europeos. Habiendo leído en el texto de Head sobre Chile acerca de la gran fortaleza del apir y de su febril actividad, decide comprobar en forma directa el peso de la carga que los trabajadores transportan desde la profundidad de los socavones. Darwin mismo evalúa el peso de un capacho de mineral que resulta contener “solo” 197 libras cuando lo normal eran 200 libras que el apir cargaba desde una profundidad de aproximadamente 73 metros. Comenta que las “regulaciones” prohibían al apir detenerse a tomar aire excepto cuando el socavón excedía los 200 metros. Narrado entre signos de admiración, el texto concluye informando que este trayecto lo realizaba doce veces al día, lo que significaba el acarreo de al-

rededor de 1.200 kilos durante la jornada. El apir utilizaba su tiempo libre quebrando el mineral a golpes de combo. Se queja el inglés de lo “maravillosamente exorbitante” caro para Sudamérica que es todo. La razón es el costo del transporte entre Copiapó y el puerto que resulta en precios más elevados que en Inglaterra para la carne, las aves y el combustible, que son “palos de leña traídos en mula desde una distancia de tres días en la Cordillera”. No fue una impresión muy benévola la que Darwin se llevó de Copiapó y de Atacama. Escribe incluso: “Estoy cansado de repetir los epítetos ‘desolado y estéril’” para referirse al lugar que, por lo demás, generaba una población cuyo “único tópico de conversación son las minas y los minerales” y cuyo única “inclinación es hacer dinero y después emigrar tan rápido como sea posible”. No se equivocaba Darwin. La población de Atacama entre 1835 y 1865 había crecido rápidamente de unas 21 mil personas a cerca de 80 mil, pero era una población basada en la inmigración y atenta a los descubrimientos y a los

Para el vocablo “apa” recogido bajo la expresión al apa, lenz piensa en una etimología quechua apay llevar, cargar, documentada por Middendorf, aunque señala que bertonio le asigna un origen aymara: apa la carga, de apatha llevar, o mejor, llevar a cuestas. Según rodolfo lenz, el vocablo puede haberse incorporado al español de Chile como término minero, ya que documenta también “apir” o “apire”, relacionado con “apa” en cuanto se refiere al minero que transporta a cuestas los minerales en capachos –sistema que aún hoy se mantiene–, y estas voces provienen del aymara apiri el que lleva, portador. “llevar a cuestas en el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Chile (Alech)”, Claudio Wagner, Estudios Filológicos, núm. 34, 1999, pp. 193-200. Esta imagen de 1960 muestra a un pirquinero con su apir.
Foto: Museo histórico Nacional. Foto: Fernando Maldonado. Archivo Museo de Arte Precolombino.

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ciclos de alzas y bajas de los precios mineros. Cuando la cotización de los metales caía o se agotaba algún mineral la población rápidamente buscaba otros derroteros y era preciso atraer mano de obra extranjera o de otras regiones de Chile mediante incentivos de distinta índole para mantener la actividad. El intendente de Atacama dice en su Memoria de 1850:
Concentrándome en el Departamento de Copiapó, haré algunas observaciones: Suponiendo que la población suba de 25.000 almas, cálculo tal vez exagerado, sólo la tercera parte tiene residencia fija i arraigada en este suelo: las demás son personas solteras, argentinas, europeas de diferentes países, o chilenos cuyas familias están ausentes.

En carta escrita a Ignacio Domeyko a bordo del vapor Perú que lo llevaba a Copiapó en la primavera de 1841 para conocer el fenómeno del desierto florido, Gay le comenta:
…Después de haber renunciado cuatro o cinco veces de hacer el viaje a Copiapó me he decidido, al fin, a realizarlo para no dejar ningún punto de Chile sin visitar. Sin duda, la vegetación de la costa habrá desaparecido en parte, pero me queda la cordillera y me agrada creer que en ella podría hacer algunas buenas colecciones.

La mención de “personas argentinas” no es gratuita, pues ellos formaban parte fundamental de la mano de obra minera, hasta constituir un cuarto de los habitantes de Copiapó en los años de auge de Chañarcillo. Aunque no existe un estudio profundo para analizar su relación, la inmigración coincidió con la tiranía de Manuel de Rosas en las tierras del Plata y el exilio a nuestro país de muchos de sus intelectuales, incluido el futuro presidente de la República Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, quien vivió y trabajó como minero en Copiapó. El caso de Claudio Gay (1800-1873) fue diferente, aunque no estuvo exento de críticas su forma de hacer las cosas en Chile. El naturalista francés llegó al país el 8 de diciembre de 1828 como profesor de ciencias físicas y químicas en el recién fundado Colegio de Santiago. En 1830 firmó un contrato con el ministro Diego Portales para recopilar antecedentes sobre la historia natural, la geología y la zoología de Chile, además de elaborar cartas geográficas y planos. Estuvo más de diez años recorriendo el país, con algunos viajes a Perú y Francia para investigar material adicional que lo llevarían a completar su Historia Física y Política de Chile, obra monumental de 26 tomos. Conjuntamente publica su Atlas en dos volúmenes que devela en ilustraciones especializadas los exponentes endógenos de la flora y fauna nacionales, además de presentar un estudio sobre los aspectos sociales y costumbristas de la joven república.

El interés anticipatorio de Gay por el tema ambiental y ecológico es tal vez el primer vislumbre en Chile de una cuestión que iría a probarse central en la agenda ciudadana y gubernamental muchas décadas más tarde. En efecto, a los ojos de Gay, que estaba fuertemente influido por los agricultores de su tiempo, el uso de la madera local en las fundiciones debido a los descubrimientos de minerales de plata ya mencionados, explicaría el agotamiento de matorrales y arbustos y la cuasi desaparición de la jarilla, la algarrobilla, el algarrobo y el espino. La introducción de los hornos de reverbero del minero alsaciano radicado en Chile, Carlos Lambert, en ese mismo periodo, también aumentó la presión sobre los bosques, puesto que facilitó la entrada en producción de muchos otros yacimientos de cobre abandonados por falta de tecnología para procesar minerales de baja ley. Así, la acción de los mineros habría significado el empobrecimiento progresivo de la vegetación de las provincias del norte, especialmente a partir del siglo xVIII y hasta mediados del siglo xIx cuando se comenzó a utilizar el carbón proveniente de Arauco. En 1839, Gay escribe:
Esta provincia –se refiere a la Provincia de Coquimbo, a la cual perteneció Copiapó hasta 1843– se presenta ante el observador menos atento bajo un aspecto totalmente desfavorable. Los montes casi del todo han desaparecido; los árboles son débiles, pequeños y desmembrados, y las rocas descubriendo ya sus flancos en la más espantosa desnudez, parecen presagiar a esta hermosa provincia un lamentable porvenir.

El desierto de Atacama estuvo mucho tiempo como un espacio al margen de cualquier representación mental y física para los chilenos. Solo a mediados del siglo XiX el desierto deja de ser esa inasible figura de espejismos y descampados y se apropia de la conciencia de algunos, especialmente de aquellos aventurados en descubrir sus riquezas. Foto: luis ladrón de Guevara.

Asimismo asegura que la naturaleza produce vegetación y esta sería abundante en lugares no habitados:
Empero, el clima no es del todo contrario a una vegetación grande y robusta; en varios lugares aislados y sobre todo distantes de las poblaciones se encuentran árboles de gran tamaño, allí se ven algarrobos, espinos, talhuenes, litres, etc., de una belleza y altura notables y si en adelante la vegetación varía y estos desaparecen, son reemplazados por sauces, lormatas, chañares y otros muchos árboles y arbustos que convienen a la fuerza de aquel terreno o a la fuerza de su clima.

Para Gay la responsabilidad de esta crisis es clara:
La localidad no debe, pues, ser acusada de ingrata, sino el hombre y en el hombre solo es donde se ha de buscar la causa de la aridez de esta provincia: existe en la penuria de nuestras leyes de bosques y plantíos, y en el vicio de las ordenanzas de minería, que autorizan a los mineros para arrancar y destruirlo todo.

Investigadores modernos han planteado, sin embargo, una tesis opuesta y sugieren que el paisaje de Atacama era semiárido antes de

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la expansión de la minería. La discusión sobre los bosques fue un conflicto entre mineros y agricultores por definir la propiedad de la madera en las tierras del Valle Central y solo por extensión afectó el territorio atacameño. Pero la acusación está ahí y las interrogantes de Gay siguen produciendo entusiastas que defienden o atacan el impacto ambiental de la minería. Ignacio Domeyko (1802-1889) vino desde Lituania hasta Chile en 1838. En los primeros años realizó clases en La Serena y luego en Santiago, donde llegó a ser rector de la Universidad de Chile. Domeyko fue el primero en Chile en abordar en forma científica la mineralogía, aplicando sus estudios universitarios realizados en París. Sus trabajos fueron publicados en los Annales de Mines, revista técnica parisina que dio a conocer de su pluma la geología de los yacimientos chilenos en Europa. Enamorado de la ciencia y, no obstante su posición conservadora y ultra religiosa, supo criticar las injusticias sufridas por los mineros al escribir:
Estos dueños [de las minas de Chañarcillo] juegan durante todo el día a las cartas o duermen, comen y beben exquisitas bebidas, sin preocuparse de los destinos ni del bienestar de los mineros que trabajan en provecho de ellos.

No existe chileno, por poco que conozca de minería, que no tenga en su memoria esta historia de Godoy, del guanaco y de la plata de Chañarcillo. Por alguna razón de psicología profunda, la imagen del guanaco –animal virtualmente inexistente en esos parajes hoy en día–, quedó para siempre vinculada al descubrimiento. Asimismo, el evento hizo luz sobre la estructura del negocio minero, establecido en la relación entre el financista, o “habilitador” como era popularmente conocido, y el minero propiamente tal:
Ofreció la mitad de su mina a don Miguel Gallo, uno de los mineros más viejos de la provincia y para cuya juventud jamás había sido próspera la suerte. Según el arreglo que tuvo lugar, Gallo debía proporcionar el dinero necesario para la explotación y el producto debía distribuirse entre él y Godoy… y desde los primeros días de la explotación se comenzó a extraer cantidades considerables.

y Domeyko termina el pasaje con un juicio de valor sobre el comportamiento del minero:
Pero Godoy, como todos los descubridores de minas, no tuvo paciencia para esperar; seducido por la esperanza de descubrir otras mejores, vendió la mitad de la mina que le pertenecía en 14.000 pesos, disipó su dinero y murió en la miseria.

Diferenció tres épocas distintas en la historia de la minería: minería de oro durante la conquista; minería de cobre alrededor de 1800; y predominancia de la plata a partir de Chañarcillo. Debido a la agudeza y el colorido de su relato sobre el hallazgo de este depósito argentífero y su descubridor, cuyos términos fijan en la conciencia chilena ciertos atributos que acompañan a la minería hasta nuestros días, lo presento in toto a continuación:
Un pobre montañés llamado Godoy habiendo salido a cazar guanacos, se sentó a descansar a la sombra de un gran peñasco que surgía del afloramiento de la veta de la ‘Descubridora’. Intrigado por el color y un cierto aspecto metálico de la parte saliente de la roca, comenzó a rasparla con su navaja, y viendo que se dejaba cortar como si fuera queso (según su modo de expresarse), se llevó un trozo de esa roca a Copiapó, en donde fue reconocida por plata plomo, es decir, por plata córnea.

Domeyko coloca en relieve las grandezas y miserias de la personalidad de Godoy y en ese acto cristaliza la imagen e idiosincrasia del personaje más colorido del norte, el apir, cateador o pirquinero, el trabajador sin descanso que, con sólido espíritu de cuerpo, manirroto y juerguero, es el sustrato esencial de la minería nortina. Domingo Faustino Sarmiento añade lo siguiente sobre este personaje que conoció cuando trabajaba en los socavones de Atacama:
…el minero es un ser indomable, corrompido por principios y por hábito, no conociendo de la sociedad sino lo que tiene de más degradante e innoble. Disimulado, por la necesidad de encubrir sus diarias rapiñas, vengativo por la dureza de su carácter, no reconoce freno que contenga sus pasiones, una vez que las contradicciones del juego, la borrachera o la necesidad las irritan; y a cada momento está

la lectura del dibujo –cuyo autor se desconoce– señala lo siguiente: 1. horno usado en la fundición de cobre. 2. Cancha de beneficio o módulo de fusión de oro y plata. 3. Trapiche o molino usado en lavaderos de oro.
Foto: Museo histórico Nacional.

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dispuesto a sublevarse contra todo obstáculo, seguro de encontrar solícito y cordial apoyo en sus compañeros. Tal es el minero en Chile; pero especialmente en Copiapó, donde la riqueza pasmosa de los minerales ha reunido millares de estos seres desgraciados y temibles a un mismo tiempo.

La visión del alemán Paul Treutler es más amable, pero también apunta a la informalidad y al amor por la fiesta del atacameño, describiendo de este modo las molestias por el ruido generado después del trabajo en Copiapó:
Pero apenas nos habíamos dormido, las piezas del hotel comenzaron a llenarse con empleados de las minas, acompañados por muchachas con arpas y guitarras; se dieron a jugar, cantar y bailar, y a beber champaña en verdaderos raudales. Por desagradable que fuera para nosotros, no podíamos rechazar las insistentes invitaciones, y nos vimos obligados a participar en la remolienda.

¿Pero era el chileno juerguero, cangallero y violento a la vez que solidario y trabajador, como lo postula una gran mayoría de visitantes extranjeros a Atacama? Es necesaria esta advertencia por cuanto otras voces hablan del chileno como un individuo prudente, tranquilo, que solo es violento cuando ha tomado mucho licor. Así lo caracteriza el alemán Edward Poeppig: “En las fiestas públicas el bullicio nunca está en relación con la masa reunida, y se comprobarán manifestaciones violentas solo en estado de ebriedad...”. Esta violencia no parece escandalizar ni siquiera a las mujeres, como la inglesa María Graham, que se sorprende con la tranquilidad del hombre de pueblo mientras se divierte en las chinganas:
Todos parecen sentirse igualmente contentos, en medio de una tranquila y disciplinada alegría. Estoy segura de que en Inglaterra entre tanta concurrencia no dejaría de haber desórdenes y riñas; pero nada de eso sucedió aquí a pesar de que se jugó mucho y se bebió no poco.

A juzgar por estas apreciaciones que versan sobre el trabajador del Valle Central, el contraste con el nortino es evidente y nos devela dos

tipos de personajes populares en Chile, dos formas de ser que marcarían de alguna manera el modo en que los mineros y la minería fueron percibidos por la sociedad chilena en su conjunto, transmitiéndose esa impresión hasta nuestros días. En efecto, en contraste con el sumiso peón y el apacible jornalero de la zona central descritos por los viajantes extranjeros, el minero, juerguero, botarate y violento, marcaría un estilo de ser de la minería. Teniendo como base ese sustrato humano, la minería sería parte de una actividad de por sí riesgosa y poco confiable, a la cual se le niega credibilidad, teniendo como impacto negativo una mala imagen y un desmedrado posicionamiento social, generando en el terreno de los negocios mismos una marcada desconfianza que limita su acceso a la banca y al crédito y que la remite por esa vía al mundo de los negocios informales. Independientemente de su validez como descripción de un atributo real de la actividad minera, esta visión atávica y descarnada persiste en la actualidad, sobre todo en lo que respecta a los sectores pequeños y medianos de la minería. Paul Treutler creció en una familia de ricos mineros alemanes. Estudió ingeniería en minas y dirigió la explotación de los yacimientos de su familia. En 1851 visitó Londres, donde tuvo la oportunidad de apreciar muestras de la plata de Chañarcillo. Decidido a tentar suerte en Chile, arribó ese mismo año a Valparaíso. Luego viajó por la zona minera de Atacama dando como resultado un jugoso y entretenido libro de viajeros, Andanzas de un Alemán en Atacama, 1852-1858, que es una mirada fresca sobre el periodo. Entre muchas entretenidas descripciones del norte, narra un viaje en ferrocarril entre Copiapó y Caldera en 1852, cuyo trayecto de un poco más de 81 kilómetros requería alrededor de tres horas. Es también testigo de los comienzos de las luchas regionalistas atacameñas que anticipan la revolución de 1859 de Pedro León Gallo y más tarde, el nacimiento del partido radical y del sentir laico de las fuerzas más progresistas con un fuerte contenido anticlerical. Es el caso de los eventos de 1853 que generan conmoción

Paul Treutler, un viajero proveniente de Silesia, hijo de una familia minera, llegó en 1852 a Copiapó. Ahí se desempeñó en análisis “geoquímicos” de minerales de las minas cercanas. Más adelante compró algunas minas de plata en el sector Tres Puntas. Pero ninguna trabajó con éxito, Treutler perdió sus derechos y su negocio terminó en quiebra. Después trató de trabajar como “científico” o explorador en el sur de Chile. Ese proyecto casi culminó en un desastre. Su libro 15 años en América de Sur salió en el año 1882 al público. lamentablemente sus ilustraciones no siempre son auténticas, muchas son plagiadas y las descripciones que hace de los eventos –como en este caso, una chingana minera– adolecen de objetividad.
Fotos: Archivo Dibam.

y marchas de multitudes en Copiapó al conocerse un edicto del Arzobispo de Santiago, Rafael Valentín Valdivieso, que pedía desde el púlpito y en volantes distribuidos por miles denunciar a los “sospechosos de herejía, excomulgados o que de otra manera perviertan las costumbres”. El alemán pensó que era un llamado manifiesto a “expulsar o asesinar a los extranjeros”, el primero de los cuales sería él mismo. Pero se dio cuenta pronto que el llamado de la Iglesia no concitaba voluntades y que la mayoría estaba en contra del edicto. Más aún, cuando el periódico El Copiapino editorializó con la idea según la cual “Copiapó no consiente ni consentirá jamás que en su seno se abran las hogueras del Santo Oficio” comprendió que Valdivieso estaba en franca minoría. En ese mismo periodo otro alemán, Rodulfo Amando Philippi (1808-1904), realizó tres viajes de exploración a la región de Atacama, del primero de los cuales resultó la conocida obra En Viaje al Desierto de Atacama, 1853-1854, publicada en 1860. Había llegado desde Alemania en

1851 a la edad de 43 años, pero rápidamente se incorporó a la escena académica y científica de Chile y, junto a su hijo Federico, desarrolló una carrera universitaria de relevancia. Publicó cerca de cuatrocientos artículos científicos en disciplinas tan disímiles como botánica, zoología, entomología, paleontología, geología, arqueología, climatología, biogeografía y educación. Entre sus publicaciones se hallan los primeros textos de estudio de ciencias naturales publicados en Chile, dirigidos a estudiantes de la enseñanza secundaria y superior. Las actividades científicas que desempeñó en el país y en Atacama pusieron de relieve un trabajo taxonómico y sistemático de proporciones, que lo llevó a describir numerosas especies de plantas, animales y hongos. De las especies descritas por él, 1.670 son consideradas válidas en la actualidad. Esta cifra equivale al 5,8% de la diversidad biológica reconocida para Chile. De hecho, incluso hasta nuestros días, Philippi es el autor del mayor número de descripciones de

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especies válidas de la biota chilena. Su libro sobre la región de Atacama parte con esta curiosa advertencia:
El que quiere leer las impresiones que el viaje ha hecho en mí, el que busca descripciones poéticas, aventuras picantes, hará mejor no abrir este libro; no contiene más que hechos desnudos, pero confío que estos serán de algún interés para el geógrafo y el naturalista a lo menos.

Pero rápidamente el material escrito iría a probarse más descriptivo de las costumbres de lo que él hubiese querido. En efecto, después de su retorno a Copiapó, habiendo pasado por Chañaral donde, según dice, se plantaban fréjoles, zapallos, melones, sandías, higos y uvas, se encontró en el camino entre Paipote y Tierra Amarilla con “niñas que celebraban el Día de la Chaya”, cuya diversión principal consistía en “bañar de agua a los paseantes aunque sean de mucha consideración”. Philippi terminó bien mojado para el regocijo de los circundantes. Philippi también describe Tres Puntas, centro minero de la plata de algunos miles de personas, cerca de Inca de Oro, cuyas riquezas habían sido descubiertas en 1848 y que se mantuvo vigente hasta cerca de 1920. Como muchos otros hallazgos, Tres Puntas está cargado de engaños y disputas, esta vez resultante de una jarana de Fiestas Patrias en donde el arriero y descubridor de nombre Osorio se fue de lengua para revelar a los oyentes el lugar de la mina, según relata Philippi. Por cierto que no fue él sino otros quienes acabaron siendo los propietarios, una tendencia muchas veces repetida que los testigos extranjeros nunca dejaron de consignar. La vida en Tres Puntas la narra también Paul Treulter, quien se detiene en la alimentación recibida por los mineros. Por la mañana era un medio kilo de pan y dieciséis higos secos, a mediodía un plato de porotos con grasa y pimientos y en la noche un “puré de trigo”. Los domingos recibían el premio con 250 gramos de carne seca. Los altos costos de los alimentos hacían imposible acceder a ellos a menos que se quisiera acudir a la pulpería de la empresa que cobraba un 50% más caro de los ya elevados precios del mercado local. Esto daba

paso a un endeudamiento que se resolvía con la obligación del minero a trabajar hasta saldar la deuda o, lo más usual, con su fuga a otras labores y parajes. Como era costumbre en las placillas mineras, las distracciones y alegrías de los habitantes de Tres Puntas giraban en torno al licor, las prostitutas y el juego, aunque hubo momentos para otras entretenciones como la “pelea de gallos y las corridas de toros”. Estos dos eventos son mencionados en la carta enviada a su padre por un minero inglés de Cornwall que trabajaba allí en junio de 1852 y que firma con las iniciales J.G. “Estamos cómodos acá y en buena salud y con fuerza y me gusta mucho el lugar aunque es muy yermo –afirma J.G.– La primera vez que hice la ruta (a Tres Puntas desde Copiapó) vi hombres muertos tendidos a la vera del camino. Eran chilenos que habían cruzado los Andes y que habían muerto en el trayecto”. J.G. también se queja de la poca religiosidad de la gente puesto que “no hay cánticos ni rezos los domingos”, lo que le lleva a decir: “Querido padre, aquí son todos católicos romanos pero gracias a Dios que yo no soy uno de ellos”. Un siglo y medio más tarde, la mirada de los visitantes extranjeros a Atacama, su desierto y su gente sería sin duda diferente. Si el paisaje se mantiene similar con las modificaciones propias de la nueva infraestructura y tecnologías mineras y agrícolas, la gente y su nivel económico y social han definitivamente cambiado. En efecto, gracias a la minería y a las actividades agropecuarias, los niveles de educación, salud, previsión, seguridad y vivienda en Atacama no exhiben las diferencias que escandalizaron a los visitantes decimonónicos. No podrá decirse que persisten las llagas sociales que hubo entonces, como puede ocurrir en otros espacios del continente americano. La minería hoy se hace eco de una profunda preocupación ambiental, lo que hubiese llamado la atención de Gay. La condición social y el bienestar de los trabajadores exhiben mejorías notables en cuanto a ingreso y acceso a los servicios sociales, lo que hubiese contado con el beneplácito de Domeyko. Tanto éste como

Tres Puntas –ubicado a 80 kilómetros de Copiapó– es probablemente el segundo distrito minero histórico más conocido después de Chañarcillo. Todavía se puede observar una gran cantidad de minas abandonadas con restos de plantas y edificios. Del mítico pueblo solo quedaron algunos muros y cimientos. Entre 1848 y 1922 la producción alcanzó entre 20 y 70 toneladas de plata fina al año. lamentablemente los yacimientos vetiformes no continuaron hacia profundidades muy altas, las leyes se bajaron y la mineralización se cambió. Pero la época de bonanza de este distrito no fue tan corta como generalmente se ha pensado: 30 años después del descubrimiento la producción de plata fina alcanzó cerca de 27 toneladas. Foto: Wolfgang A. Griem.
Grabado correspondiente al sector realizado por rodulfo Philippi en 1860.

Philippi se habrían sorprendido positivamente de los cánones altamente transparentes y controlados que rigen la apropiación de los recursos mineros. La existencia de una universidad de prestigio y tradición y de múltiples manifestaciones en las artes, las ciencias y la literatura hubiesen suavizado las reticencias respecto del nivel cultural de los copiapinos expresadas por Darwin. Incluso Treutler, que fue testigo de la revolución de 1859 y de otras

conmociones sociales, se hubiese maravillado de la normalización institucional y de la fortaleza del Estado de derecho en Chile. Por supuesto que en los albores del siglo xxI Atacama y su desierto no son El Dorado ni Jauja, pero se mantienen como una tierra de múltiples promesas que son mejor percibidas a la luz de las carencias y potencialidades que muchos visitantes conocieron e intuyeron cuando su vocación y destino mineros se estaban recién forjando.

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Situada en la comuna de Vallenar, en la provincia de huasco y con aproximadamente 1.200 habitantes, la localidad de Domeyko debe su nombre al destacado ingeniero y académico lituano, pionero de la enseñanza superior de la minería en Chile, autor de cerca de 600 publicaciones y 400 manuscritos; y quien fuera por tres periodos rector de la universidad de Chile. Foto: luis ladrón de Guevara.

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minería Como eje dinamizador de C hile en el siGlo XiX
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la

a

firmar que la minería fue el eje del desarrollo del Chile decimonónico implica constatar, en primer lugar, que en el ámbito económico el sector exportador chileno estuvo dominado por la actividad minera. Entre 1840 y 1879, los productos minerales constituyeron entre la mitad y las dos terceras partes del valor total de las exportaciones del país y la más importante exportación en dicho sector correspondió al metal rojo, especialmente la de cobre fundido o refinado (barras y lingotes), que aumentó más de diez veces entre 1844 y 1878. Pero y tan trascendental como estas cifras, la minería y su relación con la prosperidad o decadencia económica generó un polo dinamizador

que imprimió a la realidad chilena del siglo XIX un sello innovador que estuvo marcado por los cambios en la estructura y relaciones del mundo laboral y por el impacto en el ámbito demográfico nacional.

la

minería en el imaGinario ColeCtivo

El auge que experimentó la industria del cobre en la región minera entre 1841 y 1884, significó el fortalecimiento de los múltiples eslabones que eran necesarios para alimentarla. Desarrollo portuario y naviero, un incremento y especialización en la mano de obra y un mejoramiento de las fórmulas para captarla, además de la complejización de las estrategias de financiamiento de las empresas, fueron signos visibles de esta modernización.
Foto: Luis Ladrón de Guevara.

Inmediatamente iniciado el siglo XIX una sucesión de grandes hallazgos argentíferos –Agua Amarga (1812), Arqueros (1825), Chañarcillo (1832) y Tres Puntas (1848) – hizo de Chile uno de los principales productores de plata a nivel mundial. Estos portentosos yacimientos incubaron en el imaginario popular la idea del enriquecimiento inmediato a través de la actividad minera y vívidos relatos sobre los senderos y sus hitos, tema preferido en la charla de los cateadores, terminaron por generar una corriente de entusiasmo y movilización demográfica de magnitud hacia el norte chileno. Carlos María Sagayo, en su Historia de Copiapó, señala que “se refieren derroteros con tanto tinte de certidumbre, con tanta exactitud se cuentan las jornadas de viaje, se demarcan con tanta

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precisión los cerros, las quebradas, los árboles y demás contornos del punto de la riqueza, que al escucharlos se siente uno arder de entusiasmo por ponerse en marcha”. Así, se generó una fascinante epopeya de cateadores, mineros, aventureros de toda laya que dejaron sus tierras de origen en busca de un futuro improbable. Ni el rudo trabajo minero, ni el inhóspito paraje, con la consecuente escasez de elementos básicos para la subsistencia –agua, víveres, vivienda y transporte– fueron óbice para el asentamiento en el Norte Chico de un número considerable de trabajadores chilenos que insuflaron vida a la región y con ello convirtieron a la minería del cobre y de la plata en los ejes dinamizadores de la economía del país en el siglo XIX.

la

aCtividad minera Como transiCión

a la proletarizaCión

Si bien es cierto –especialmente en el caso de los distritos argentíferos de Chañarcillo y Tres Puntas–, que el norte de Chile fue la base de las más importantes fortunas particulares del siglo, tales como las de Agustín Edwards Ossandón, Gregorio Ossa Cerda y Matías Cousiño, la realidad es que miles de trabajadores que se desplazaron incesantemente por la zona buscando cumplir el sueño minero del hallazgo de un gran derrotero, terminaron siendo un grupo humano que debió enfrentar los desafíos de una proletarización incipiente. La explotación minera, específicamente la argentífera y en menor medida la cuprífera, estuvo signada por escasos progresos tecnológi-

cos; de esta manera, la demanda y la movilización de mano de obra se constituyeron en uno de los pilares cardinales del trabajo minero. Se calcula que entre 1835 y 1865 la población en la región de Atacama casi se duplicó. En esta colosal concentración de población, las personas provenientes de otras provincias del país constituyeron el aporte poblacional más considerable. Cada nuevo descubrimiento minero generaba un movimiento migracional, especialmente provenientes del centro del país, desde donde cientos de peones se desplazaban con la esperanza de conseguir mejores condiciones de vida. Este notable movimiento migratorio conllevó constantes intentos de proletarización del trabajador minero que iban aparejados con el emergente proceso de consolidación del capi-

talismo en el país. Para ello, como señala María Angélica Illanes, la ley, las armas y toda la institucionalidad republicana se jugaron decididamente por allanar los obstáculos que impedían el disciplinamiento de la mano de obra minera. El “robo” de minerales y el pago adelantado, además del alcohol, la prostitución y el crimen, eran armas cotidianas de resistencia a la proletarización, que se agudizaban por la situación de frontera al estilo far west. Esto generaba una constante paralización de faenas que desesperaba a los empresarios mineros. Estos señalaban en 1846, en el diario El Copiapino, que el problema más serio que los ocupaba permanentemente era “el modo de crear en el mineral [de Chañarcillo] un sistema estable de policía y orden”, especialmente en la Placilla del mineral, descrita por el mismo periódico como un “haci-

Hacia finales del siglo XIX, los rasgos clásicos del trabajo minero experimentaban un notorio debilitamiento. El número de apires había descendido, los cateadores perdían su importancia como la tuvieron en los inicios del siglo y otros que desempeñaban los trabajos más arduos simplemente habían desaparecido. El desarrollo de la minería configuró una nueva estratificación laboral acorde a la modernización y tecnificación de la industria y en este sentido, ingenieros, mecánicos, ensayistas, entre otros, representarían el escalafón más alto de empleados, mientras que los barreteros, chancadores, apires y demás trabajadores se mantendrán en la base de ésta. Foto de 1890: Archivo Dibam.

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namiento confuso de tolderías apiñadas en que se anidan y multiplican todos los vicios (…) una ratonera donde se abrigan los ebrios, los vagos, las prostitutas y los cangalleros (…) donde se cohecha y corrompe al jornalero…”. Frente a esta situación crítica de desorden y de aguda necesidad de mano de obra, existió un denodado esfuerzo por construir un nuevo orden social que tuviese como condición el disciplinamiento laboral. El restablecimiento de la pena de azotes, la prohibición de reunión en las chinganas y, por último, la dictación de reglamentos de minería, fueron instrumentos

no siempre exitosos en el proceso de proletarización pues, como la minería fue una actividad que se caracterizó por el continuo descubrimiento de nuevos yacimientos, se facilitaba el fenómeno de la movilidad y desproletarización cíclica de la mano de obra. Evidentemente, las duras condiciones en las que se desarrollaba el trabajo de los mineros agudizaba esta resistencia a la proletarización. Paul Treutler, químico alemán que vivió en Copiapó entre 1852 y 1858 y fue dueño de minas en Tres Puntas, señalaba que este centro minero estaba conformado, en su gran mayoría, por

Mina Don Eduardo, yacimiento de cobre en la zona de Collahuasi (1901).

Foto: Museo Histórico Nacional.

A pesar de la simplicidad en la construcción del trapiche, los costos implicados en ello resultaban onerosos y significaba que solo algunos pudieran acceder a su habilitación. Ahora bien, la escasez de ellos aseguraba una demanda constante de particulares a quienes se les cobraba un porcentaje de metal por cada molienda.
Foto: Museo Histórico Nacional.

edificios que eran tiendas en donde se vendían ropa, víveres, herramientas para la minería y bares, salones de baile y garitos. Agregaba que la mayoría de los mineros vivía en las minas y solamente bajaban a la placilla los sábados, hasta el domingo en la noche, para gastar su dinero duramente ganado en la semana. Destacaba la ruda labor que desempeñaban los barreteros que “golpeaban la roca sin cesar 25 a 30 veces con un martillo de 12,5 kgs.” y los apires que subían el mineral a la superficie, a más de 200 metros, con capachos de cuero que soportaban 75 kilogramos. Gilliss, en 1851, destacaba lo impactante que era ver emerger a los apires con sus pesadas cargas, medio desnudos y “con el cuerpo deformado y sudoroso y con los ojos inmóviles” saliendo a tropezones de las minas en busca del aire fresco y que el “horrible sonido de la respiración, profunda y aguda”, hablaba claramente del hercúleo esfuerzo que realizaban. Así, la actividad física de apires y barreteros conformó la fuerza motriz de casi todos los yacimientos argentíferos atacameños hasta muy avanzada la primera mitad del siglo XIX.

la

minería Cuprífera y sus años

dorados para la eConomía Chilena

A diferencia de la minería de la plata que generó grandes fortunas, pero cuya producción fue más arcaica, la minería del cobre fue más cercana a las normas de planificación y organización propias de la industria moderna y finalmente tuvo un impacto mucho más determinante en el desarrollo general del país. El cobre, junto con constituir el principal producto de exportación, fue la principal fuente de divisas para Chile en la segunda mitad del siglo XIX. En esos años, el 42,3% del total de las exportaciones chilenas correspondió a la industria cuprífera y casi el 10% de las entradas fiscales ordinarias provinieron del derecho de exportación de dicho mineral. A partir de 1860 y durante dos décadas, Chile fue el principal productor de cobre de mina del mundo, concentrando más de un tercio de la producción mundial. El mineral salía del país en forma de lingotes, con una ley superior a 99%; como barras de cobre de ley aproximada de 96%; o en forma de ejes

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(cobre sometido solo a una primera fundición), con una ley promedio cercana al 50%. Pero así como la minería cuprífera fue el sostén de la economía chilena, le confirió a ésta tanto su particular modo de crecimiento como sus cardinales limitaciones. Las finanzas, el comercio exterior y el gasto fiscal tuvieron una relación de estrecha dependencia con los altibajos de la minería del metal rojo. Como señalan Pinto y Ortega, esta actividad generó una “industrialización periférica” que, por sus características, como la dependencia de tecnologías foráneas y la falta de integración y autonomía, llevaron al país por la senda de una feble modernización. A pesar de haber alcanzado logros productivos, adelantos tecnológicos e importantes niveles de competitividad, la industria cuprífera no logró convertirse cabalmente en un “polo de desarrollo”. Sin embargo, es indudable que generó en Chile una incipiente y temprana industrialización, tanto por la exigencia de bienes de capital derivada de sus actividades productivas, como por la imperiosa necesidad de medios de transporte y por la dinámica que generó una creciente población asalariada que demandó bienes de consumo, los que, a su vez, estimularon el mercado interno al crear un significativo requerimiento de productos, es especial de los agrícolas. La minería del cobre fue asimismo una de las principales generadoras de utilidades y divisas a lo largo del siglo XIX, con las que se financiaron las primeras unidades industriales del país relacionadas con las labores de refinado de minerales. Efectivamente, la dinamización del sector minero cuprífero logró un desarrollo temprano de la moderna industria de fundición de cobre en Chile, hecho que favoreció la expansión de la extracción de carbón de piedra y se constituyó en un factor relevante en el desarrollo de la economía chilena en su conjunto, al percibir el Estado una mayor renta que la que se habría generado si únicamente se hubiesen exportado minerales en bruto. Para indagar sobre el efecto estimulante de la minería del cobre en la economía chilena, debemos remontarnos a las décadas de 1840 y de

1850 y analizarlo conjuntamente con la coyuntura del comercio del cobre en Gran Bretaña en dicho periodo. Las características y el desarrollo del mercado cuprífero inglés fueron decisivos para el progreso de la minería chilena del cobre. Asimismo, generaron una creciente dependencia de los fundidores y fabricantes de cobre británicos del abastecimiento de minerales y ejes chilenos, para proveer de materias primas a sus industrias. Hasta comienzos de 1830, Chile exportaba gran parte de su producción en forma de mineral y solo una mínima parte como cobre fundido pues los métodos de fundición eran primitivos y antieconómicos. Por la competencia que existía entre las fundiciones británicas y dado que la producción de mineral se concentraba en pocos países, los precios se mantuvieron

comparativamente altos y favorables a los productores que, como Chile, escogieron exportar en forma de minerales de cobre, cuya ley variaba entre 5 y 50%, o como ejes de cobre, de una ley de alrededor de 50%, como se dijo. Esto comenzó a cambiar cuando las empresas británicas de fundición cuprífera, establecidas en el sur de Gales, conformaron un monopolio regulador de los precios de los minerales de cobre y del cobre refinado. A partir de 1844 –año en el que se fundó la Asociación Británica de Fundidores–, los dueños de minas y fundidores de cobre chilenos debieron lidiar contra los precios monopólicos de dicho mercado; contra sus elevados derechos de importación –en el mismo lapso Gran Bretaña introdujo aranceles que encarecieron la importación de minerales extranjeros y que se mantuvieron hasta fines

de 1850– y, finalmente, contra el aumento de los fletes marítimos. Todas estas situaciones adversas generaron, entre 1845 y 1850, un vigoroso proceso de industrialización en la minería del cobre chileno que apuntó fundamentalmente a la industria de la fundición y que se tradujo en nuevos establecimientos y en la adopción de nuevas técnicas de producción, además de la inversión de grandes sumas de capital. Por su parte el Estado chileno apoyó este proceso promoviendo un conjunto de medidas que lo estimularon. Sin embargo, esta industrialización no fue continua ni ascendente, pues dependía de las fluctuaciones del mercado mundial. Así, a partir de 1850 se puede apreciar en Chile un aumento de la exportación de cobre en bruto y una relativa mengua de la exportación de co-

La Amarilla fue la mina más importante del sector Cerro Blanco y produjo cantidades enormes en cobre. Los inicios industriales de esta mina datan del año 1867. En 1903 trabajaron 130 personas en la faena y la ley de cobre fue de 14% y la producción anual (1903) casi llegó a 8 mil toneladas. La profundidad en el mismo año alcanzó 400 metros, mientras que el año 1909 superó los 500 metros. Fotos: 2007, Wolfgang A. Griem.

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bre elaborado, lo que se tradujo en pérdidas tanto para los dueños de minas como para el Estado, que dejó de percibir importantes ingresos generados por la industria de la fundición. Se constata, entonces, que la composición de las exportaciones chilenas del metal rojo, entre 1840 y 1878, acusó un predominio ora de minerales, ora de cobre refinado, en consonancia con los cambios que experimentaba el mercado internacional. A fines de la década de 1850, y producto de los vaivenes del mercado, especialmente porque el consumo del metal crecía en Estados Unidos, China, India y Francia, aumentaron de manera importante las exportaciones de barras y lingotes de cobre, componiendo en las décadas siguientes la casi totalidad de las exportaciones de nuestro país. Tan relevante alcanzó a ser la producción cuprífera nacional que, a partir de 1860, llegó a regular el precio del mineral en los principales mercados del orbe.

La refinación del cobre chileno permitió a los productores nacionales desplegarse en una gama más amplia de mercados, facilitó la introducción o el desarrollo de nuevos procesos técnicos, y permitió combatir los bajos precios a los minerales impuestos por los monopsonios y exportar un producto con mayor valor agregado.

nuevas

teCnoloGías de fundiCión ,

nuevos merCados

De esta forma, si bien la industria de fundición de cobre en Chile tuvo periodos de expansión y recesión entre 1834 y 1858, en suma generó los cambios que permitieron que hacia 1860 el país llegara a ser el primer productor de cobre de mina en el mundo y, en términos de producción de cobre fundido, el segundo mayor productor, después de Gran Bretaña. Pero

Foto: Archivo de Liliana Muñoz

Labrar era un complejo industrial de alta importancia. En 1830 Charles Lambert construyó en este lugar una fundición de cobre con hornos de reverbero (otras fuentes mencionan 1846). Todavía se puede observar tres chimeneas de esta vieja fundición que fueron construidas con ladrillos refractarios provenientes de Inglaterra. Alcanzan una altura cercana a los 18 metros. Foto: 2006, Wolfgang A. Griem.

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es relevante señalar que este espectacular progreso, que logró tales niveles de producción y que abarcó desde técnicas primitivas que databan de la Colonia hasta las más modernas, comparables a las tecnologías de punta de Europa y Estados Unidos, se circunscribió a un limitado número de minas; el resto de ellas siguió valiéndose por un buen tiempo de técnicas arcaicas. En un análisis más acabado de la minería de fundición del cobre, en esta historia de esperanza y decepción, como señala el historiador Julio Pinto, hasta 1830 los métodos de fundición eran vetustos y poco económicos. Se utilizaban los hornos de manga, que eran fabricados con barro y requerían continuas reparaciones; además no había maquinaria para moler el mineral convenientemente. La primicia introducida por Charles Lambert –los hornos de reverbero– que permitió fundir minerales sulfurados (bronces) que anteriormente eran desechados por su baja ley, fue el inicio de una innovación tecnológica de grandes proporciones. Coquimbo, Huasco y Copiapó, expandieron su producción cuprífera pues pudieron ser extraídos los bronces, pero fue un desarrollo que conllevó la deforestación en las señaladas regiones nortinas, pues el nuevo método necesitaba mayor cantidad de combustible. Luis Sepúlveda manifiesta que en 1845 el precio de la leña en Valparaíso era de 6,25 centavos por quintal pero en Copiapó su precio llegaba a los 25 centavos por quintal. Así, el despegue de la industria de la fundición no se inició sino hasta cuando el carbón de piedra inglés comenzó a importarse en cantidades significativas, especialmente cuando en septiembre de 1845 el gobierno eliminó totalmente el impuesto sobre su importación en la región comprendida entre Papudo y el límite norte del país, y permitió su desembarco en cualquier caleta o puerto de la nación. Esto produjo igualmente un auge en gran escala de la producción de carbón chileno a partir de 1842. A mediados de la década de 1850 su uso superaba al carbón de piedra extranjero y hacia 1860 era la principal fuente de combustible en las fundiciones de las provincias del norte. Sin embargo, la adopción del carbón de piedra na-

establecimientos, los de Joaquín Edwards, en Lirquén, y los de Charles Lambert, en La Compañía, próximo a La Serena. A estos dos eficaces fundidores se sumó la Compañía de Méjico y Sudamérica, firma británica que estableció su fundición en La Herradura, en las cercanías de Coquimbo. Posteriormente, en 1860, José Tomás Urmeneta y Maximiano Errázuriz fundan la Compañía de fundiciones de cobre Urmeneta y Errázuriz. Hasta mediados de la década de 1870, Guayacán, el establecimiento de fundición de dicha compañía constituyó, según Pinto y Ortega, la “vanguardia” de la industria chilena. Una serie de modernas tecnologías se implementaron en este periodo, tales como el “Napier’s improved method”, que permitía fundir metales de cobre y que era usado en las fundiciones más modernas, en Swansea. El visionario Charles Lambert, quien había introducido el método galés de fundición que permitía obtener un cobre casi totalmente puro, listo para ser manufacturado, obtuvo, en 1848, el privilegio exclusivo para usar el horno de soplete
Foto: Archivo Liliana Muñoz

en Chile, que fue posteriormente utilizado con gran éxito por su hijo, Carlos Segundo Lambert, en los hornos de la Compañía de Cobres de Panulcillo, hacia 1870. Hasta 1856, la producción de cobre refinado chileno creció considerablemente en cantidad y calidad y se llegó a exportar lingotes de cobre con una ley de 99,9%. El historiador Valenzuela señala que Charles Lambert exportaba cobre refinado a Swansea análogo al cobre “best selected” producido en las fundiciones inglesas. Luego de este periodo de gran despegue en la fundición del cobre, entre 1851 y 1857 se inició una etapa de recesión en el proceso de industrialización de la producción del cobre, que se manifestó en un crecimiento de la exportación de minerales y en el decaimiento de las exportaciones de barras de cobre. Diversos factores confluyeron para detonar esta situación, entre otros, la construcción del ferrocarril de Copiapó al puerto de Caldera, inaugurado en 1851, que permitió abaratar significativamente el precio del transporte de carga y, a conse-

El ferrocarril traslada a los trabajadores a la fundición Caletones (1915). Ciertamente, el desarrollo de la minería nacional va aparejado con la instalación a mediados del siglo XIX del ferrocarril en Chile, que permitió lo que el transporte por medio de mulas jamás hubiese logrado. Foto: Museo Histórico Nacional.

cional trajo consigo muchos inconvenientes, en gran medida por su bajo poder calórico; estos terminaron, en parte, cuando se mezcló el carbón de piedra chileno con el galés. Pero la condición para expandir las fundiciones de cobre en Chile estaba dada principalmente por el estímulo que representaba la diferencia entre el precio de los ejes y minerales y el precio de las barras de cobre y además, por el crecimiento de los mercados. Ya hacia 1845, Gran Bretaña había dejado de ser el único comprador de minerales chilenos y se había generado una gran demanda desde los mercados chino y norteamericano. Esta suma de factores propicios hizo que aumentara sustancialmente el número de hornos de fundición, fenómeno que fue aparejado con la introducción de mejoras técnicas y una mayor calidad del producto final. En una primera época se destacaban dos

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cuencia de ello, la exportación masiva de ejes y minerales de minas que tenían una ley relativamente baja. Este tipo de exportación fue estimulado además, por el precio de los fletes marítimos al Atlántico Norte que descendió considerablemente. Factor determinante fue el alto precio del carbón de piedra británico que ya, a comienzos de 1853, había alcanzado un valor casi equivalente al doble del promedio de los años 1847-1849. Y aunque el mercado del carbón de piedra nacional se activó, esto no fue suficiente para obtener un precio económico, principalmente por el escaso poder calórico de dicho carbón y por el gran impacto de su precio sobre los costos de fundición. Se calcula que el carbón de piedra constituía el 75% del costo de transformación del mineral de cobre a un producto más elaborado. Así y especialmente entre 1850 y 1857 se vislumbra una clara tendencia a exportar cobre con menor elaboración. La Guerra de Crimea incentivó a los fundidores británicos a pagar más por los ejes y minerales; debido a ello, estos precios fueron sustancialmente altos entre 1853 y 1857 y aunque el precio del cobre refinado también lo era, los precios del carbón de piedra, mucho más elevados en Chile, sumado a otros costos, desincentivaron a los fundidores chilenos que optaron por enviar minerales a Gran Bretaña para su fundición. Uno de los destacados fundidores que redujo en Chile su producción de cobre elaborado fue Charles Lambert, quien optó por enviar minerales y ejes a su fundición en Swansea. Un factor externo fundamental que establecía las formas en las que se exportaba el mineral nacional era la demanda de los principales importadores de cobre chileno, Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia. En este periodo, Estados Unidos desarrolló su propia industria fundidora de cobre y además se descubrieron en su territorio importantes yacimientos cupríferos. Tanto es así que para 1860 ese país era uno de los principales exportadores del mineral en el mundo. Esto hizo que un país tan proteccionista como Estados Unidos rápidamente introdujera barreras aduaneras que hicieron prohibiti-

va la importación de barras de cobre y de ejes y minerales chilenos. Pese a los altibajos, entre 1830 y 1870, la industria de fundición del cobre en Chile creció enormemente, lo que ocasionó efectos retrospectivos y prospectivos en la economía. Estímulo la minería del cobre, pues se logró transformar minerales de baja ley en productos exportables. Impulsó el desarrollo de la minería del carbón al crear una importante demanda para el carbón de piedra nacional. Incentivó el desarrollo de la manufactura de sulfato de cobre y de ácido sulfúrico. Las fundiciones establecidas en el país propiciaron la creación de múltiples fábricas de ladrillos a fuego. Indirectamente estimuló el transporte y generó riquezas particulares cuyas rentas derivadas de la minería fueron invertidas, la mayoría de las veces, en la agricultura. Generó polos de gran dinamismo en las regiones del norte del país, como en el antiguo departamento de Ovalle, que, durante la década de 1870, llegó a producir la cuarta parte de la producción nacional de cobre y 9% de la producción de cobre de mina en el mundo entero. Finalmente, el Estado se benefició con los ingresos provenientes del derecho de exportación del cobre.

y capitales chilenos que avanzaron hacia el norte. De esta forma, en Antofagasta, en vísperas de la guerra del Pacífico, el 77% de la población estaba conformada por connacionales que fortalecieron el dominio económico sobre Atacama. Como toda historia de los pueblos mineros, Copiapó y sus alrededores, que en su tiempo atrajo a miles de trabajadores, se encontraba en completa decadencia y aquellos llegados del sur del país, que habían quedado amarrados al norte por la lejanía de sus tierras de origen, solamente tenían el vasto desierto como horizonte de posibilidades y esperanzas. Y nuevamente, los mismos sueños que los habían estimulado en 1830 los hacían marchar en busca de fortuna. La prensa de la época avivaba este desplazamiento al señalar que “…a la hora presente,

esos peones que marchan [hacia el mineral de Caracoles] serán dueños de ricas vetas de plata y dentro de poco tiempo quizá, estén en la capital ocupando algún asiento en el Senado o en la Cámara de Diputados, como la han ocupado muchos de nuestros mineros de Atacama (…) El desierto de Atacama, terror de los viajeros (…) está hoy rendido… Se abre para Chile una nueva era de riqueza minera…”. La situación de decadencia en la minería cuprífera se agudizó en Chile después de 1878, debido a la fuerte competencia de España y Estados Unidos, donde surgió una industria cuprífera altamente capitalizada. Chile perdió su liderazgo en la producción de cobre de mina y dicha industria entró en un largo periodo de declive a pesar de una creciente demanda mundial de ese metal.

deClive

de la industria Cuprífera

Chilena y ampliaCión del territorio naCional

Copiapó y sus alrededores fue la primera zona que, a inicios de 1870, comenzó a sufrir los efectos del agotamiento de sus minas de cobre. Esto dio nuevamente impulso a un gran desplazamiento humano. En 1871, el Boletín de la Sociedad Nacional de Agricultura señalaba que “…cualquiera que estudie nuestras costumbres tendrá conocimiento de esa masa ambulante de trabajadores que, sin residencia fija, vive hoy en un punto para aparecer mañana en otro…”. Esta migración fue relevante porque forjó finalmente una ampliación del territorio nacional y la ocupación efectiva de zonas contendidas con Bolivia. La fuerte emigración chilena condujo a un alud de personas

En 1858 José Antonio Moreno descubre cobre en Cachiyuyal e instala una planta beneficiadora de minerales en el faldeo sur de Taltal. Con esto comenzó a arribar una cantidad creciente de barcos a la localidad que llegaban a cargar el mineral, pero no poseían una autorización oficial, ya que debían pedir un permiso a la Intendencia de Atacama en Copiapó y esperar el envío de personal desde Caldera para efectuar la carga y descarga. Este problema llevó a Moreno a solicitar al gobierno de la época la habilitación oficial del puerto de Taltal, lo que fue concedido por decreto el 12 de julio de 1858. La imagen, de 1909, muestra la celebración del 18 de Septiembre en el teatro de la ciudad, recientemente remodelado y declarado monumento histórico nacional. Foto: Museo Histórico Nacional.

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o el oriGen del Campamento minero ( Company - town )

del pirQuinaje liBre al aCuartelamiento laBoral ;

el

peonaje minero :

(extracto)
Gabriel Salazar* Durante un siglo y medio (1720-1872, aproximadamente), los peones itinerantes desempeñaron un rol primordial en la constitución y desarrollo del viejo sector minero-exportador. Por un lado, descubrieron la mayoría de las minas. Por otro, normalmente, iniciaron su explotación. Durante el siglo XVIII, casi la totalidad del “gremio minero” estaba formado por “buscones o pirquineros”, esto es, por peones itinerantes probando suerte en actividades mineras. Y esto fue así porque los acaudalados mercaderes-hacendados consideraban la minería como un oficio vil, o como una inversión demasiado azarosa como para acentar sobre ella la acumulación de riqueza patrimonial. Prefirieron atenerse a su oficio mayorista: el de mercader. Y optaron por vender a los mineros –usurera pero legalmente– los insumos que necesitaban, y exportar –por lo común ilegalmente– los minerales de oro y plata que producían. Algunos de esos mercaderes erigieron establecimientos metalúrgicos (trapiches, buitrones, hornos de fundición), manifiestamente para “beneficiar” metales, pero en realidad para capturar comercialmente el producto de los “buscones o pirquineros” de toda una región. En su origen, el ‘capital minero’ no fue sino una sección del capital mercantil que se descolgó sobre las actividades mineras del peonaje itinerante. Dentro de esta particular división del trabajo, muchos “buscones o pirquineros” adquirieron conocimientos prácticos de minería suficientemente utilizables como para decidir a los mercaderes-mineros a buscar su asociación empresarial. Esa calidad de socio gestor se desplegó a varios niveles: como “mayordomo de mina”, como “minero habilitado” o como “cateador a trato”. Pero fue una calidad que tendió a deteriorarse, debido a la creciente presión por parte del socio mercantil. El proceso de acumulación y desarrollo del ‘capital minero’ impuso, gradualmente, la peonización del pirquinaje libre. De allí surgiría el pirquinaje asalariado. Después de 1820, a impulsos del ejemplo dado por los comerciantes extranjeros, los mercaderes-mineros criollos se aventuraron más decididamente en la minería. Sin embargo, aún por varias décadas, sus operaciones permanecieron circunscritas a la fase metalúrgicocomercial, como antes de 1820. La fase propiamente productiva, de extracción, continuó siendo una actividad popular más bien que patriarcal, y colonial más bien que capitalista. La expansión de la cúpula mercantil impidió todo posible desarrollo independiente de los productores de base, mientras generaba condiciones opresivas para el naciente peonaje asalariado. Cuando, después de 1840, los mercaderes-mineros iniciaron la mecanización de las faenas metalúrgicas, y –parcialmente– de las extractivas, las relaciones mineras de producción no cambiaron en lo fundamental. Solo se observó un decrecimiento de la importancia de cateadores y pirquineros y un aumento de la tendencia escapista y rebelde del peonaje asalariado. El capital minero, posado todavía sobre una base insuficiente de reproducción autónoma, compensó ese déficit intensificando en varios grados su comprensión sobre el peonaje asalariado. El efecto de eso fue el surgimiento de una disciplina laboral de cuartel. O de campo de concentración convictual. Es decir, la formación de los “campamentos mineros”, o company-towns.
* Gabriel Salazar, Labradores, Peones y Proletarios. LOM Ediciones, 2000, p. 177 y s.

superficie, a la mayoría de las minas de cobre chilenas únicamente les quedaba como opción aumentar la inversión para poder explotar los sulfuros de más baja ley o terminar declarándose en broceo, es decir, agotadas, pues era ya imposible seguir los pasos de sus competidores, España y Estados Unidos. Este último país había incorporado, a comienzos de la década de 1870, grandes maquinarias, ferrocarriles, nuevas técnicas de perforación, excavación e iluminación financiadas gracias a enormes sumas de capital aportado por grandes corporaciones. En España, la Tharsis Sun and Copper Mines Limited y la Rio Tinto Company hicieron lo suyo para explotar las minas de Río Tinto, al interior de Huelva. Pero esa magnitud de capitales era desconocida en Chile. Los productores cupríferos establecidos en Chile debían absorber por sus propios medios los frecuentes y profundos altibajos del mer-

cado internacional. En tales circunstancias, la diversificación horizontal de sus inversiones o la búsqueda de destinos menos inciertos para su capital, obedecía a la más estricta lógica empresarial, como lo revela la evidencia en el caso de José Tomás Urmeneta. Pero en términos económicamente realistas, el más exitoso de los industriales chilenos no estaba en condiciones de igualar lo que harían las trasnacionales estadounidenses 30 o 40 años después, en una época en la que, por lo demás, ya habían despejado el mercado de sus principales competidores. Finalmente, la Guerra del Pacífico que implicó una disminución de la fuerza de trabajo y la alteración de la comercialización, así como el surgimiento de la industria salitrera que absorbió ingentes recursos y mano de obra, fueron factores internos que condujeron a un rápido declive de la industria cuprífera chilena.

La producción de cobre chileno que había llegado a representar en promedio el 36% de la oferta en el mercado internacional, ya en 1880 había descendido al 17,6% y en 1890 las exportaciones chilenas equivalían solo al 6,5% de la oferta mundial. Finalmente, la respuesta a la creciente demanda internacional de este mineral no se tradujo en un proceso amplio de modernización productiva en Chile, salvo en

el ámbito de la fundición y de la comercialización, y determinó que el uso de tecnologías tradicionales y la provisión de fuerza de trabajo fueran concluyentes en el destino de la producción cuprífera, especialmente en el plano extractivo, que conservó el atraso tecnológico y organizacional. A mediados de la década de 1870, a medida que se agotaban los óxidos cercanos a la

Reunión de trabajadores del sector minero en una sede emplazada en Iquique, en 1900, en pleno auge del movimiento obrero. Foto: Museo Histórico Nacional.

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Ferrocarril Antofagasta-Bolivia recorriendo la Quebrada de la Negra (1890). El origen de esta línea reside en una concesión, fechada el 5 de septiembre de 1868, del gobierno de Bolivia a la Compañía Exploradora del Desierto de Atacama para explotar el salitre y bórax del territorio de Antofagasta. En 1888, The Antofagasta and Bolivia Railway Company Ltd., inicia la transformación de las líneas locales del salitre en un ferrocarril internacional, al extenderse los rieles sobre la frontera con Bolivia, completándose en 1916 la línea hasta el alto de La Paz. Foto: Museo Histórico Nacional.

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u na
los

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C

hile, por su variada configuración física y geográfica, constituye una nación generosa en recursos naturales, con una abundante concentración de minerales en el subsuelo. De acuerdo al hallazgo de restos arqueológicos, se sabe que desde nuestra prehistoria hubo yacimientos y metales procesados por aborígenes de diversas culturas. Posteriormente, atraídos por el afán de riqueza y fama, conquistadores hispanos llegaron a América tras las huellas de Cristóbal Colón, en busca de oro, que solo algunos encontraron durante sus expediciones. De hecho, la explotación de lavaderos auríferos
La pequeña y mediana minería fue beneficiada con la creación, el año 1927, de la Caja de Crédito Minero, cuyo objetivo principal fue el de fomentar la minería del oro y del cobre, por medio de la instalación de agencias compradoras de mineral y la construcción de plantas de beneficio, tanto de flotación como de lixiviación. En esta foto de época, minero con una lámpara de carburo, las que se usaron masivamente a partir de 1900 y en algunos pequeños yacimientos apenas hasta hace algunas décadas atrás.
Foto: Museo Histórico Nacional.

fue la actividad más importante del siglo XVI, llegando a sustentar económicamente a la Corona española. Después se sumaron la plata y el cobre, cuya extracción fue limitada y gravada con impuestos por el Virreinato del Perú hasta el siglo XVIII. A lo largo del siglo XIX, y una vez organizada la República, nuevos minerales entraron en escena, con la extracción de la plata en Caracoles y Chañarcillo, la actividad carbonífera en Lota, y el salitre, que llegó a ser el principal producto de toda una época, marcando nuevas etapas de auge o crisis económica. Incluso así, paulatinamente, el cobre se fue perfilando como motor de la economía nacional. De hecho, entre 1860 y 1870, Chile fue por primera vez el principal productor mundial de dicho mineral, por lo que la segunda mitad del siglo XIX se convirtió en el primer periodo de gloria para la economía nacional. Si bien la minería chilena era diversa, por años mantuvo prácticamente la misma estructura arcaica de la Colonia, de mínima producción y carente de método científico. Solo durante el

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siglo XIX la situación cambiaría gracias a una serie de condiciones internas como el hallazgo de nuevas vetas, su bajo costo de extracción, una buena demanda que elevaba el valor del producto y sobre todo la implementación del horno reverbero por Charles Lambert. Y como si fuera poco, él también instalaría en La Serena el primer laminador de cobre y latón en Chile.

el horno de reverBero
En realidad, Lambert debe ser considerado padre de la metalurgia nacional debido al aporte que significó introducir el horno de reverbero en Chile, el cual produjo un cambio tecnológico en la minería cuprífera del siglo XIX. Tras observar la forma tradicional de fundir los minerales de cobre, en la mayoría de las faenas mineras él pudo advertir que solo eran fundidos los llamados “cobres de color”, compuestos fundamentalmente por carbonatos,

La vinculación de Ignacio Domeyko con la industria minera no solo se refiere a los estudios geológicos que gracias a él adquirieron auge en el país. Además fue

muy importante su contribución en la renovación de las técnicas de extracción y beneficio de mineral, y su asesoría al gobierno en materia de legislación y estímulo de la minería; sin embargo su mayor aporte fue en la enseñanza superior de la minería. La foto muestra el estudio donde trabajó el científico en la ciudad de Santiago. Fotos: Luis Ladrón de Guevara.

Charles Lambert es considerado un personaje clave de la minería chilena, al instalar el primer horno tipo reverbero, en 1831. Ello permitió el tratamiento de los minerales sulfurados de alta ley, menospreciados durante la Colonia.

sulfatos y silicatos de cobre, correspondientes a la “zona oxidada” de los yacimientos, a menudo ubicados en su parte superficial. Cuando las minas llegaban a los llamados “bronces amarillos, morados o negros”, que correspondían a sulfuros de ese metal, las minas se consideraban “broceadas” o “bronceadas” y perdían todo valor económico. Lo que sucedía era que los primitivos hornos a leña utilizados para fundir los minerales cupríferos no alcanzaban la temperatura suficiente para fundir los sulfuros, arrojando un producto frágil e inutilizable llamado “broza”, razón de que estos metales no tuvieran valor. Al observar tan precarios procesos metalúrgicos, Lambert se preguntó por qué había que desechar las brozas, mientras los óxidos, que contenían el mismo cobre que los sulfuros, eran altamente apreciados. Como químico y metalurgista experto, bien sabía que los hornos usados en Swansea, Gales, convertían los sulfuros de cobre en cobre metálico. Entonces, construyó un horno semejante a los usados en aquellas tierras y compró a Bernardo del Solar, dueño de la mina Tamaya, cuanto sulfuro

de cobre fuera capaz de tratar mediante este innovador proceso. Éste consistía en convertir las brozas o ejes de cobre en cobre metálico, función que hoy cumplen los hornos convertidores, pero que en aquella época no existían. Así, la introducción del horno reverbero dio un vuelco espectacular a la metalurgia del cobre y los “yacimientos broceados” adquirieron valor comercial, transformando a Chile en el primer productor y exportador del mundo a mediados del siglo XIX. En un cometido visionario, y por encargo del gobierno chileno, buscó al mejor alumno egresado de la Escuela de Minas de París, contratando al ingeniero polaco Ignacio Domeyko para desarrollar la enseñanza de la minería en el Liceo de Coquimbo. Así, a la contribución de Lambert se sumaría la de su brillante discípulo. Ignacio Domeyko hizo estudios sistemáticos sobre la geología y la mineralogía nacional, y propuso renovar las técnicas de extracción y beneficio de minerales e impulsar el desarrollo industrial de fundiciones. En el plano educacional y por su experiencia como docente, propició la enseñanza y formación metódica de quími-

cos, ensayadores y técnicos en minería, además de inspirar la carrera de Ingeniería de Minas en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

rasGos BioGráfiCos de lamBert y domeyko
Charles Lambert (1793-1876), nació en Estrasburgo, Alsacia, educándose en la Escuela Politécnica de París, en plena etapa napoleónica, como ingeniero de minas, donde llegó a adquirir profundos y acabados conocimientos de minería, metalurgia y geología. En el plano personal, profesó la religión protestante y obtuvo ciudadanía británica. Estuvo casado y fue padre de un hijo, cuya descendencia siguió ligada a la actividad minera. Además de hablar francés, debió aprender español para relacionarse en Chile, y latín, el lenguaje científico imperante. Lambert llegó por primera vez a Chile en 1817 y recorrió faenas mineras del Norte Chico. A instancias del Real Tribunal de Minería, redactó el informe titulado “Noticias generales

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Uno de los mayores adelantos en la explotación de cobre lo constituyó la introducción del horno de reverbero, que permitió utilizar minerales de más baja ley y aprovechar también las escorias que dejaban las explotaciones superficiales. Foto: Museo Histórico Nacional.

de los minerales de las provincias de Chile”, que publicó en el periódico El Telégrafo (1819). En él hizo un diagnóstico de la actividad minera posterior a nuestra independencia, criticando sus deficiencias y proponiendo algunos cambios para mejorar su productividad. Poco después, en 1823, escribió un interesante diario personal donde relató otros antecedentes de relevancia. En 1825, Lambert regresó a Chile como gerente de Chilean Mining Association, una compañía creada en Inglaterra para operar en la minería chilena. Posteriormente, por discrepancias con comisionados de dicha sociedad en Santiago, siguió trabajando en forma independiente hasta alcanzar fortuna como dueño de la mina Brillador de Coquimbo, de una hacienda y dos vapores. Además de empresario e industrial, Lambert fue corresponsal de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y ocupó el cargo de juez de Policía en La Serena. También firmó un acuerdo con el gobierno provincial de Coquimbo para hacer un préstamo de 20 mil libras esterlinas al Estado chileno, que financió la segunda expedición libertadora a Chiloé, coronada con éxito. Por último, colaboró con la colonia inglesa residente y con la formación de un banco que dio crédito a mineros y habilitadores. Tras 26 años de permanencia, en 1851 abandona Chile. Fallece en Inglaterra en 1876, pasados los 80 años de edad.

Por su parte, Ignacio Domeyko Ancuta (18021889) nació en Niedzwiadka, Lituania, pero desde muy joven huyó de su patria, invadida por Rusia, permaneciendo exiliado en Alemania y Francia. Se educó en la Universidad de Vilna, Prusia, donde obtuvo el grado de bachiller en matemáticas y humanidades, y luego recibió el título de ingeniero de minas de la Escuela de Minas de París. Fue contratado en 1837 por Lambert y arribó a Chile al año siguiente como profesor de química, mineralogía y física. En 1840 abrió un curso de geología y luego introdujo cursos de geometría aplicada (geomensura de minas), con demostraciones prácticas en distintas minas, aprovechando la zona donde la minería buscaba vetas y hallaba riqueza fácil. Dos años después, el Liceo de Coquimbo amplió los programas de física y geomensura de minas, cuyos tres primeros alumnos fueron enviados a estudiar a Saint-Etienne, en Francia. Durante esta etapa de docencia teórica y práctica, Domeyko adaptó la enseñanza de la mineralogía a las necesidades del país, y cuando se aprestaba para retornar a su patria, en 1843, fue nombrado profesor de física del Instituto Nacional, y a partir de 1846 ocupó la cátedra de química general de la Universidad de Chile, que impartió con la de mineralogía hasta 1883, cuando jubiló como rector, cargo que ocupó desde 1867. Ese mismo año, supervisó prácticas de alumnos en minas, fundición de minerales y amalgamación en plantas metalúrgicas. Fruto de sus viajes veraniegos por provincias del norte y sur de Chile, Domeyko se familiarizó con la minería local. Pudo percibir su riqueza y constatar cierto desorden en las faenas a causa de la indisciplina de mineros y mayordomos. Domeyko se declaró partidario de organizar este tipo de trabajo y sus relaciones laborales. Asimismo hizo estudios de legislación minera, proponiendo leyes llamadas a formar parte de un código de minería, y planteó la creación de un Cuerpo de ingenieros o Colegio de minas. Paralelamente recibió la misión de reorganizar la educación superior en Chile. Por eso en

1852 fue nombrado delegado universitario, y su reforma de separar la investigación de la enseñanza de las ciencias naturales, fue aprobada por el Consejo de la Universidad de Chile. Así fue puesto en práctica el nuevo plan de estudios universitarios, por el cual el Instituto Nacional pasaba a ser responsable de la instrucción y docencia primaria y secundaria o preuniversitaria, dirigido por un rector, y la enseñanza profesional y científica o universitaria, sería dirigida por un delegado universitario. Este último cargo recayó en el propio Domeyko, quien tuvo que organizar facultades o escuelas superiores para profesiones científicas, que en la práctica serían tres nuevas facultades: Derecho, Medicina, y Ciencias. En esta última estuvo la escuela politécnica que formaría ingenieros civiles y de minas. Al mismo tiempo inició la enseñanza de la astronomía y organizó la primera biblioteca científica de Chile. Se casó con Enriqueta Sotomayor, joven chilena quien murió después de darle tres hijos, uno de ellos consagrado al sacerdocio. Tras quince años como delegado universitario, en 1867 Domeyko fue designado rector de la Universidad de Chile, cargo que ocupó por tres periodos. También era miembro de la Comisión de Colonización y del Consejo de Educación Pública; además de ser autor de 560 publicaciones y 400 manuscritos. En 1887 fue nombrado doctor honoris causa en medicina de la Universidad Jaguelónica de Cracovia. Dos años más tarde fallece en Santiago de Chile. En suma, los aportes de Lambert y Domeyko en materia de tecnología y enseñanza fueron complementarios, contribuyendo de manera conjunta al avance de la metalurgia y al conocimiento científico de nuestra minería, lo que sentaría las bases para que Chile pudiera transformarse en una potencia años más tarde. Sin embargo, el salto cualitativo no resultó fácil. La lentitud de los cambios, la falta de medios que requerían inversión, y en particular, la coyuntura internacional marcada por la Revolución Industrial hizo difícil que Chile compitiera con minas de otros países, perdiendo su primer liderazgo frente a la incursión de naciones más adelantadas.

Restos de la famosa mina Caracoles. En su libro La flor del desierto: el mineral de Caracoles y su impacto en la economía chilena, la historiadora Carmen Gloria Bravo señala respecto a la efervescencia que produjo su descubrimiento: “… acicateada por los relatos de su gran riqueza, una multitud de mineros, cateadores y aspirantes a descubridores, en su inmensa mayoría chilenos, se apiñó en los cerros o se desparramó por sus contornos en busca de vetas de plata. En Chile se organizaron numerosas sociedades de cateo, principalmente en las ciudades del norte: Copiapó, Caldera y Chañaral, aunque también en Valparaíso y Santiago. Diversos capitalistas invirtieron dinero para enviar a Caracoles una o más personas, por un tiempo limitado, con la tarea de descubrir y denunciar minas. También se formaron compañías de cateo entre mineros pobres quienes, reuniendo sus escasas pertenencias –animales de carga o herramientas–, emprendieron viaje rumbo al mineral. De esa forma, numerosos chilenos avanzaron hacia Bolivia”.
Fotos: Ricardo Silva.

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frustrados

intentos europeos

Previo a la ofensiva estadounidense, hubo dos proyectos extranjeros interesados en la explotación de cobre. Pese a que la producción estaba en manos de chilenos, ésta dependía de Inglaterra, que poseía el monopolio comprador de mineral para abastecer sus fundiciones. Aunque varias empresas británicas se esforzaron por instalar plantas beneficiadoras, sus planes no prosperaron, y aun más, trataron que Chile se mantuviera como exportador de cobre en bruto, impidiendo el progreso de las escasas fundiciones chilenas existentes. La intención de los capitalistas ingleses de seguir adquiriendo solamente mineral se tradujo en la facilitación de créditos a chilenos, lo que provocó la dependencia económica de quienes se vieron forzados a seguir vendiendo cobre en bruto. Así, solo una parte reducida de la producción era fundida en el país, perjudicando la generación de mayores ingresos para la hacienda pública. En pugna con Gran Bretaña, Alemania también desplegó una expansión imperialista para penetrar en Chile. Aprovechando la posición antibritánica del presidente José Manuel Balmaceda, la colonia germana colocó capitales en el salitre, hizo algunas inversiones en yacimientos de cobre del norte, y grandes consorcios operaron talleres mecánicos, compañías navieras, empresas mercantiles y bancos. Pero la arremetida estadounidense pudo más que la europea, favorecida por el crecimiento mundial, la necesidad de la electrificación que iba a estimular la demanda de cobre en el mundo, y los preparativos bélicos que desatarían la Primera Guerra Mundial.

en el país del norte, ellas decidieron anticiparse a cierta necesidad de materias primas en el futuro e iniciaron la búsqueda de yacimientos de reposición en ultramar donde invertir capital. Esta estrategia fue encabezada por la familia Guggenheim, que se caracterizó por la concentración de fundiciones, refinerías y manufactureras en varios Estados de la Unión, traspasando las fronteras de Estados Unidos. Al respecto cabe mencionar antecedentes clave que explican la conducta empresarial estadounidense en el contexto de su realidad minera, como la política proteccionista de los recursos naturales que impulsó el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909), gran defensor de la vida silvestre. Durante su gobierno, promovió la protección de millones de hectáreas de bosques y ríos en amplias zonas de Estados Unidos, lo que redujo la superficie potencial para la minería. Otro caso fue el inadecuado marco jurídico del único Código minero dictado en 1872, casi sin jurisprudencia, que dificultaba el libre acceso de pertenencias y provocaba rencillas entre propietarios al tratarse de una legislación hecha para la “fiebre del oro”. Comparativamente, Chile tenía más experiencia en la materia. Si bien el Código de Minería de 1874 era imperfecto, en cambio el de 1888 fue más preciso al otorgar amparo al dueño de pertenencias con el pago anual de patentes y la ampliación de libre denunciabilidad, entre otros, lo que generó confianza en los interesados.

da en 1894 por la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) en Santiago, donde conoció personalidades del ámbito, como su colega italiano Marco Chiapponi, y recogió información sobre la situación de nuestra minería. Pasados unos años, en 1903, Braden intercambió correspondencia con Chiapponi, pidiéndole datos sobre algún negocio atractivo para un cliente suyo, y éste le recomendó la mina El Teniente, que fue comprada al año siguiente. El contacto profesional y epistolar entre am-

bos propició la reapertura del yacimiento y la gestación del primer negocio minero de magnitud industrial, cuando nadie apostaba por la explotación masiva de pórfidos de baja ley pero de gran abundancia, lo que implicó un cambio fundamental en las tecnologías mineras y metalúrgicas en Chile. Gracias a su visión comenzó a escribirse una etapa de esplendor para esta actividad, con singulares yacimientos de cobre que forjaron la gran minería, contribuyendo al desarrollo económico del país.

minería

del CoBre del siGlo

XX

protaGonismo

estadounidense

La posición de liderazgo perdida por Chile fue ganada por Estados Unidos a través de poderosas compañías que pasaron a dominar el mercado del metal. Pero en su rol de nuevo productor mundial de cobre y viendo el inminente agotamiento de las minas que operaban

Con la idea de superar la merma de producción cuprífera y advirtiendo una tendencia favorable en los precios, el consorcio estadounidense American Smelting and Refining Company encargó a su consultor e ingeniero de minas William Braden indagar un buen prospecto en Latinoamérica. Braden había visitado Chile como representante de Heminway & Brown y como jefe de la delegación estadounidense a la Exposición de Minería y Metalurgia organiza-

Ingeniero estadounidense al interior de planta electrolítica de El Teniente, 1914.

Foto: Archivo Codelco / El Teniente.

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dos

forjadores de la Gran minería

Marco Chiapponi era ingeniero de minas italiano, casado y avecindado en Chile desde 1890, dedicado al cateo de minerales y denuncia de pertenencias mineras –lo que demuestra su dominio del Código minero de 1888– fruto de recorridos en terreno por el norte y centro del país. Conocía las minas de Las Condes, Lomas Bayas y El Teniente. También estaba familiarizado con el uso de ladrillos refractarios y hornos de fundición, y redactaba informes y documentos en inglés, idioma que le fue útil para entablar amistad con Braden en la Exposición de Minería y Metalurgia de 1894.

Entre 1892 y 1910 integró el Directorio de la Sonami y publicó artículos técnicos en su Boletín Minero. Dada su experiencia, en 1906 fue comisionado ad honorem por el gobierno chileno para adquirir maquinarias de sondajes en Estados Unidos y Europa. Al año siguiente fue entrevistado por El Mercurio como autoridad en la materia, y en 1910 colocaba avisos de consultor en la prensa santiaguina. También viajó por Latinoamérica, permaneciendo cierto tiempo en Cerro Pasco. Una última referencia señala que regresó a Italia, su país natal, donde habría fallecido en 1929. El estadounidense William Braden también fue ingeniero de minas. Era casado y tenía un

Además de algunos campamentos pequeños creados cerca de las primitivas vetas a explotar, entre 1905 y 1906, en la ladera de la montaña próxima a El Teniente, fue construido un establecimiento beneficiador de minerales, integrado por una planta de concentración o molino, con capacidad para tratar 250 toneladas diarias de mineral que eran acarreadas por un “tranvía aéreo” desde el yacimiento, y un “dínamo” que suministraba la energía eléctrica. Foto, 1914, molino. Foto: Archivo Codelco / El Teniente.

hijo; se educó en la Universidad de Boston, Massachusetts. En su calidad de consultor, American Smelting & Refining Company le encargó buscar potenciales yacimientos fuera de Norteamérica. Tras tomar contacto epistolar con Chiapponi visitó Chile en varias oportunidades. Como fundador de Braden Copper, fue su primer gerente general y representante legal en Chile. Realizó los trámites de instalación para abrir la explotación industrial de El Teniente; siguió pasos similares al formar la empresa Andes Copper Mining para la mina Potrerillos, secundado por su hijo Sprouille, también ingeniero de minas, y un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Cabe destacar que Braden dio forma a la explotación de El Teniente y de Potrerillos, entre la crisis económica de 1907 y la Primera Guerra Mundial, situaciones que paradójicamente incentivaban el consumo de cobre. Asimismo, organizó la compañía Santiago Mining para explotar las minas Lo Aguirre y La Africana en 1914. Por todo ello el gobierno chileno lo condecoró con la Orden al Mérito en el grado de Comendador. Pese a haber perdido buena parte de su fortuna en la Gran Depresión de 1929, siguió explorando minerales en Centroamérica, hasta fallecer en Nevada en 1942. Si bien la casualidad reunió a Chiapponi y Braden en distintas etapas de la vida, esa diferencia entre madurez y juventud fructificó por la creatividad del primero, quizás a causa de su origen latino, y el carácter metódico del otro, como anglosajón. En un ámbito minero crecientemente profesionalizado donde ya no bastaban los conocimientos prácticos, sus bagajes de hombres de terreno y mundo, con visión de futuro, que hablaban idiomas –el inglés es el idioma mundial de la minería hasta hoy– formados para determinar costos y necesidades de inversión, miembros de sociedades ingenieriles y viajeros entre los dos hemisferios, los hizo ser percibidos como personas activas, optimistas y emprendedoras. Solo así ganaron la confianza de grandes capitalistas, como Guggenheim Brothers, que al prever el advenimiento del salitre sintético, decidieron invertir en el cobre, y de paso en Chile.

La gestación del primer gran negocio minero para explotar un pórfido de cobre en Chile se encuentra en una carta enviada el 3 de noviembre de 1903 por el ingeniero de minas italiano Marco Chiapponi (arriba) a su colega estadounidense William Braden (abajo). En ella, Chiapponi exponía los argumentos para interesar a Braden en el mineral El Teniente.
Retratos del pintor Patricio Tupper.

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Situada a 240 kilómetros al noroeste de Antofagasta, Chuquicamata es la mina a rajo abierto más grande del mundo. Tiene las mayores reservas de cobre del mundo. Su explotación fue iniciada –a nivel de gran minería– por la empresa norteamericana Chile Exploration Company en 1915. Las minas en el sector de Chuquicamata ya eran trabajadas por mineros individuales a fines del siglo XIX, con el apoyo de pequeños empresarios, que intentaron una explotación más intensiva de éstas, objetivo que solo se materializó por quienes sí podían llevarla adelante, los inversionistas norteamericanos. Chuquicamata es un mineral del tipo pórfido cuprífero; constituye el núcleo y principal yacimiento de una concentración regional anómala y excepcional de cobre, molibdeno y otros elementos de interés económico, que ha sido denominada la “Anomalía Planetaria”, dado su contenido original de cobre fino del orden de 125 Mt.
Foto: Museo Histórico Nacional.

el

despeGue de la Gran minería

Durante las dos primeras décadas del siglo XX, y de la mano de Braden y Chiapponi, tres empresas estadounidenses se entusiasmaron por comprar títulos de antiguas minas de cobre que estaban abandonadas, en quiebra o eran casi desconocidas, a raíz de problemas que tenían en común: su extracción manual y la escasez de recursos. Al amparo del Código de Minería de 1888 imperante, el gobierno autorizó el funcionamiento de dichas empresas en Chile, las cuales trajeron consigo grandes sumas de dinero. Fue el caso de Braden Copper que puso en marcha El Teniente en 1905 con un capital inicial de 625 mil dólares; Chile Exploration en Chuquicamata, en 1913, con 1 millón de dólares; y Andes Copper Mining Company, en Potrerillos, en 1920, con 50 millones de dólares. Algunas de ellas eran subsidiarias de los consorcios men-

cionados. El flujo nunca antes visto de capitales externos permitiría que ellas operaran más de medio siglo en nuestro territorio. Pasarían otros años para que estudios geológicos determinaran, además, que todos eran yacimientos cupríferos de tipo pórfido, es decir de gran volumen e inmensas reservas diseminadas de cobre de baja ley, susceptibles de ser explotados mediante el método de block caving, y que dos de ellos eran las mayores minas subterráneas y a rajo abierto del mundo, conocidas hasta ahora. Fue así como la instalación de tales compañías hizo rentable viejas minas de bajo costo y con buen margen de ganancias. Ello se logró aprovechando cambios técnicos derivados de la revolución europea, como el montaje de plantas de beneficio diseñadas para procesos industriales a gran escala. Específicamente, la remoción de mineral pasó de la pólvora a la dinamita, implantándose un nuevo tipo de extracción con

perforadoras neumáticas. El uso de la electricidad y del vapor posibilitó la introducción de palas a vapor, bombas, chancadores y máquinas para el movimiento de tierra; apareció el proceso de concentración por vía húmeda a molienda rotatoria; se introdujo el empleo de reactivos químicos para recuperar metal fino de los minerales; y se produjeron adelantos inéditos como la flotación (1912), seguida por la lixiviación y plantas para producir molibdeno, subproducto del cobre, a partir de 1940. Todos estos modernos avances fueron adoptados por El Teniente, Chuquicamata y Potrerillos a su debido turno, haciendo crecer la industria minera. En materia de transporte, caminos y carretas fueron reemplazados por ferrocarriles y camiones, con una actividad que obligaría a construir desde andariveles aéreos, correas transportadoras hasta infraestructura portuaria, así como pasar de motores a vapor a motores diesel y eléctricos.

De esta manera, a partir de 1903 una serie de factores fueron transformando la minería tradicional del siglo XIX en la minería industrial del siglo XX, convirtiendo a Chile en pionero en la explotación de pórfidos de cobre en Latinoamérica. Ello se hace evidente en el paralelo de elementos del cuadro de la página siguiente. Es decir, atrás quedaba una vieja minería que no tenía alternativas de valor agregado y con elevado pago de fletes, y se aproximaba, por fin, el esperado salto metalúrgico a la concentración y fundición de minerales de nivel mundial en Chile, obteniéndose un producto de mayor precio local. No resulta entonces exagerado decir que la naciente gran minería permitió prolongar y afianzar la tradición minera chilena. Fue la respuesta oportuna a un clamor por frenar su declive, haciendo posible que Chile volviera a ser el principal productor de cobre del mundo.

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el “CereBro”

del horno

peirCe smith

Poco después que las empresas estadounidenses se instalaran en la minería del cobre, el ámbito de la fundición siguió cambiando en Chile, mediante la introducción del horno convertidor Peirce Smith y las primeras plantas de lixiviación. En 1910 el noruego Elías Anton Cappelen Smith ocupaba el puesto de ingeniero metalúrgico consultor de American Smelting & Refining Company. Había llegado como químico ayudante a empresas metalúrgicas de Estados Unidos, alcanzando el cargo de superintendente de la refinería electrolítica de cobre de Anaconda Copper Mining, en Montana. Residente en Baltimore, solicitó y obtuvo la patente de invención que modernizaba el convertidor de cobre mate en boga. Con ella implantó nuevos métodos para la refinación mediante la inyección de aire bajo la superficie de cobre fundido, lo que posibilitó el uso de grandes hornos en la fundición de este metal y para el tratamiento del limo obtenido de metales nobles por proceso electrolítico. También se preocupó de la recuperación comercial de selenio, telurio y paladio del mismo limo, e introdujo la producción de sales de níquel como producto derivado

Minería tradicional Salitre Vetas Insegura y miserable De huinches y malacates Improvisada Pallaqueo Pirquinero De esfuerzo físico Trabajo manual Pequeño capital de riesgo Transporte en burro, mula y caballo Quintales

Minería industrial Cobre Pórfidos Con nociones de seguridad y tecnificada con dinámica propia De grandes labores y hundimiento de bloques Planificada y con evaluación de reservas Chancado, molienda y flotación Minero Manejo y mantención de maquinarias minero-metalúrgicas Con apoyo de electricidad y fuerza motriz Grandes capitales asociados a consorcios Transporte en carretas y ferrocarril Toneladas

de la refinación cuprífera. En virtud de lo anterior, W. H. Peirce lo nombró vicepresidente de Peirce-Smith Converter Company, propietaria de los derechos del método básico para la conversión de cobre. Mientras trabajaba para los hermanos Guggenheim, Cappelen Smith intercambió correspondencia con profesionales de Braden Copper y Chile Exploration que operaban en nuestro país. A través de ellos, recogió detalles sobre cómo funcionaba el convertidor Peirce Smith instalado en la primera fundición de El Teniente en Sewell y la planta de lixiviación que allí existió por corto tiempo, recibiendo opiniones e informes técnicos. Toda esa información resultó útil para preparar el establecimiento de la futura planta de fundición y lixiviación en Chuquicamata. Basado en el conocimiento reunido y con la idea de poner en funcionamiento una explotación que permitiera tratar cobre de baja ley a gran escala y en forma rentable, Cappelen Smith diseñó e implementó el método que permitió poner en marcha la planta de lixiviación de Chuquicamata, permaneciendo en la mina y en Antofagasta durante los meses previos y posteriores a su inauguración oficial. Posteriormente, en su rol de metalurgista consultor, viajó a la fundición de El Teniente, para estudiar e inspeccionar sus instalaciones. Con ese bagaje de datos, Cappelen Smith elaboró el proyecto y la construcción de la fundición Caletones que inició sus operaciones en 1922. Dada la buena experiencia que habían tenido con la explotación cuprífera y en vista de la caída que registraba la industria salitrera, los Guggenheim decidieron incursionar en este rubro ya que el oro blanco comenzaba a rivalizar con su homónimo sintético. Fruto de nuevas investigaciones y del aprendizaje con la lixiviación usada en la producción del metal rojo, Cappelen Smith inventó un nuevo sistema de beneficio llamado Guggenheim, que aplicó experimentalmente en la oficina salitrera Cecilia, en reemplazo del sistema Shanks, de origen británico, para la extracción del nitrato de caliche.

A comienzos del siglo XX, muchos de los adelantos iniciados en Estados Unidos y Europa fueron introducidos paulatinamente en la explotación minera en Chile, pero sus características físicas no eran del todo conocidas y requerían sucesivos ajustes mecánicos hasta lograr la puesta en régimen. Sin duda, la labor de investigación y en terreno de Cappelen Smith hizo posible la implementación de la minería industrial alcanzada con éxito en los primeros pasos de los principales yacimientos cupríferos. De hecho, al cabo de unos años, el mineral de Chuquicamata fue el primero de los cobres porfíricos en ser lixiviado. Los procedimientos que este yacimiento empleaba revolucionaron los métodos de fundición, asegurando el funcionamiento de complejas plantas que operarían por más de medio siglo. La posterior introducción del sistema Guggenheim innovó el procedimiento de elabora-

ción de salitre justo cuando la actividad se encontraba en dificultades, sistema adoptado por las oficinas de María Elena y Pedro de Valdivia, que llegaron a producir buena parte de las ventas de Chile en el extranjero. El trabajo científico y la reputación profesional de Elías Anton Cappelen Smith fueron reconocidos tempranamente en Estados Unidos y en su país natal. Más tarde Chile hizo lo propio. Tomando en cuenta lo mucho que la industria minera y la economía nacional le debían, el gobierno le otorgó el título de Comendador de la Orden al Mérito por sus servicios distinguidos al país. El “cerebro” del horno convertidor Peirce Smith vivió en Chile como un chileno más. Su capacidad y creatividad hicieron posible que un país tan lejano como el nuestro fuera escenario del gran “laboratorio de pruebas” de la minería mundial.

La fundición Caletones se ubica en una explanada a 1.500 metros de altura y a seis kilómetros abajo de Sewell. Considerando el campamento –que lleva el mismo nombre– llegó a tener en la década del cincuenta 3 mil habitantes. La fundición inició su construcción en 1917, bajo la dirección del ingeniero Cappelen Smith y se inauguró en 1922, manteniéndose en operaciones hasta hoy. Como núcleo del proceso fundidor, ésta comenzó formada por varios edificios que albergaban hornos reverberos y convertidores Peirce Smith con sus respectivas áreas de mantención, produciendo cobre blíster y cobre refinado a fuego. Foto: Museo Histórico Nacional.

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primeras

eXposiCiones mineras

Mucho del giro que iba experimentando la explotación industrial cuprífera y sus transformaciones se pudo apreciar en la celebración de dos magnos acontecimientos, separados apenas por 20 años. Como ya se dijo, en 1894 la Sociedad Nacional de Minería convocó en Santiago a la primera Exposición de Minería y Metalurgia. El evento se desarrolló en un amplio espacio ubicado en el antiguo recinto de la Quinta Normal de Agricultura. Allí concurrieron 123 expositores que exhibieron modernos equipos, provenientes de Estados Unidos, Alemania, Bélgica, Inglaterra, Francia, Suiza, Suecia y Chile. Entre otras novedades, se mostraron chancadores y molinos que eran parte del primer desembarco de tecnología estadounidense en Chile, convirtiéndose en un hito para nuestra historia técnico-comercial. La segunda exposición minera internacional, junto con un Congreso chileno de minería

y metalurgia, se realizaron en 1916, en el salón de honor de la Sonami. A la cita asistieron el presidente Juan Luis Sanfuentes, ministros de Estado, además de parlamentarios, propietarios mineros y profesionales. Como en la oportunidad anterior, el público pudo visitar una exhibición de muestrarios de oro, plata, fierro, carbón, azufre, borato y mármol; y productos minero-metalúrgicos pertenecientes a las minas de Collahuasi, Catemu y Naltagua. Pero la prensa puso especial atención en la exhibición de El Teniente, Chuquicamata y Potrerillos –novatos por su reciente puesta en funcionamiento– que montaron experiencias prácticas y modelos a escala de sus plantas, con apoyo de fotografías y planos. Sin duda, quedó en evidencia cómo entre ambas exposiciones la minería del cobre había entrado en un proceso de maduración, revirtiendo su anterior declive e iniciando un nuevo rumbo hacia la tecnificación de faenas.

Exposición de Minería y Metalurgia realizada en la Quinta Normal de Agricultura de Santiago en 1894. En la imagen se aprecia el interior de la octava sección de la muestra. Foto: Achivo Gastón Fernández.

El 28 de octubre de 1887 el gobierno chileno aceptó la invitación del gobierno francés para concurrir a la Exposición Universal de París de 1889, efectuada para conmemorar el Centenario de la Revolución Francesa. El Presidente de la República, José Manuel Balmaceda, dispuso que se celebrara previamente una exposición nacional que sirviera de preparativo. Esta exposición se realizó en Santiago, el 25 de noviembre de 1888 y concurrieron 708 exponentes. La muestra se dividió en cinco secciones, una de las cuales fue la minería. El compromiso de concurrir a la exposición de París obligó a la construcción de un pabellón que se encomendó a la firma francesa de Moisant, Laurent, Savey y Cia., que fabricó un pabellón desarmable de fierro por la suma alzada de 145.900 francos. Una vez terminada la exposición en Francia, este pabellón de hierro –denominado desde entonces como “Pabellón París”– se desarmó y se trasladó a Chile, instalándose en la Quinta Normal, donde se mantiene hasta hoy día. Durante 22 años y hasta 1992 fue refugio del Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio. Actualmente cobija al Museo “Artequín”. Anteriormente y hasta 1960 estuvo en este edificio el Laboratorio Metalúgico de Cacremi, de gran prestigio. Foto: Archivo Gastón Fernández.

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un

nuevo minero

Frente a tanta innovación, los antiguos pirquineros tuvieron que adaptarse para poder participar en labores que requerían un perfil profesional distinto al tradicional. La captación de mano de obra incluyó individuos de orígenes muy diversos, desde nortinos hasta campesinos sureños, dando fisonomía a un nuevo tipo de minero del cobre empeñado en mejorar sus condiciones de vida y en organizarse gremialmente en sindicatos y mutuales. Muchos trabajadores arriesgaban o perdieron la vida en accidentes graves y fatales, lo que motivó la promoción de derechos y deberes que significaron promover la seguridad e higiene industrial en Chile y reformar disposiciones como la Ley de Accidentes del Trabajo. Así, la minería del cobre suscitó dos grandes transformaciones. Por una parte, acontecimientos y problemas prácticos obligaron a buscar soluciones mediante la elaboración de nuevos códigos (de Aguas y del Trabajo); leyes de ferrocarriles particulares y de sociedades anónimas; y una legislación específica que cimentó un sistema de asistencia social dirigido a esta fuerza laboral. Por otra parte, la actividad minera dio lugar a una disciplina de trabajo y una forma de vida en alejados campamentos densamente poblados, bullentes de actividades sociales y deportivas destinadas a sus trabajadores, familias y habitantes, que han sido retratados en poemas y otras obras literarias. Si bien parte de ello fue evolucionando, todavía es objeto de recuerdos y añoranzas de una época dorada por las generaciones mineras posteriores.

múltiples

ContriBuCiones

La contribución de la gran minería del cobre al desarrollo de Chile ha sido considerable y sobrepasa los aspectos minero, geológico, técnico, productivo, económico, social y laboral antes mencionados. Por ejemplo, posteriormente favoreció la evaluación de otros minerales hoy privados y en explotación como Collahuasi y Los Pelambres, y recorridos exploratorios por minas de países vecinos (Perú, Bolivia y Argentina).

También significó el aporte de capital fresco para establecer empresas dedicadas al suministro de energía eléctrica y fuerza motriz, y de paso, cambiar su forma de financiamiento que giró de fortunas personales a sociedades anónimas. Lo realizado permitió la masiva llegada de ingenieros de muchas nacionalidades que formaron a discípulos chilenos; la importación de equipos y procesos de punta por proveedores que eran tradicionales en el mercado mundial; el fortalecimiento de los vínculos comerciales entre Chile y Estados Unidos; la cooperación económica para abrir cátedras y estudios relacionados con la enseñanza de la minería en las Escuelas de Minas de Copiapó y La Serena; y el desarrollo de la aviación chilena al acortar la ruta aérea al norte, con compañías que operaban vuelos en –para su tiempo– flamantes aviones, entre otros progresos. Situados en los albores del siglo XXI, es innegable el protagonismo que el cobre mantiene en Chile. Tras más de 150 años de producción casi ininterrumpida, éste se ha convertido en conocimientos, investigación y prestigio para nuestro país, y por eso es costumbre que concurra a cada nueva cita mundial del rubro. Pero el verdadero logro ha sido la suma de esfuerzos humanos donde intervinieron gran cantidad de profesionales, muchos de ellos desconocidos para el común de los chilenos, que idearon soluciones técnicas para sortear momentos difíciles, sin detenerse ante la falta de medios modernos u otros recursos. Más pudo su empuje anónimo, su amor por la ingeniería y la ciencia que, junto con la labor de incontables trabajadores chilenos, hicieron posible la sucesiva introducción de procesos que perfeccionaron la actividad metalúrgica e industrial minera que distingue a nuestro país en el mundo. Al igual que en el pasado, la actividad minera hace posible que Chile hoy prosiga su inserción en el mundo, situándonos a la vanguardia de la innovación tecnológica y de la producción mundial en este rubro. En nuestra minería confluyen tradición, identidad y cultura, elementos que potencian el desarrollo de Chile en la senda hacia el Bicentenario.

Trabajadores del molino en los primeros tiempos de El Teniente. Se estima que en la fecha de la foto –1914– trabajaban allí 60 operarios divididos en tres turnos. Foto: Archivo Codelco / El Teniente.

crónicas

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el
c rónicas
y

minero

más antiguo de

chile

documentos históricos
de una de las faenas más importantes de la zona, fue quien reportó el hallazgo. Luego de limpiar los escombros diseminados sobre el primitivo hombre, lo vendió al administrador de minas Edward Jackson, según consta en una publicación firmada 20 años después por José Toribio Medina, conocido cronista de la época. El estado de conservación del longevo cuerpo y sus rudimentarias herramientas, casi intactas, despertó el interés de los pobladores y mineros de entonces, ya que su estado de preservación poco usual se presentaba ante los atónitos ojos de los curiosos sin encogimiento de brazos, piernas y manos. El antropólogo norteamericano Junius Bird constató en 1956 que el proceso de momificación del Hombre de Cobre fue natural, y que se trataba de un minero que murió aplastado por un derrumbe en el socavón donde extraía cobre. Según narró Bird, su cuerpo, músculos y tejidos pudieron disecarse y conservarse gracias a la acción de las sales de atacamita, un hidrocloruro de cobre, lo que explica el tono verdoso de su piel y que dio pie a su bautizo como el Hombre de Cobre. Por variables de orden climático y escasa humedad, nunca se descompuso. Un año después del descubrimiento, el empresario minero José Toyo adquirió el cuerpo momificado en mil pesos en sociedad con Edward Jackson, con la idea de dividir las ganancias que obtuvieran de su exhibición tras una gira por el país. Tiempo después, Jackson lo vendió en 15 mil pesos chilenos a la sociedad Torres y Tornero. En ese lapso, Torres y Tornero llevaron la momia a Estados Unidos y la presentaron en la Exposición de Buffalo. Su frustrado intento por vender la reliquia los obligó a tener una permanencia muy larga en ese país, lo que los hizo endeudarse en exceso con la casa Hemenway de Nueva York, que embargó el Hombre de Cobre. Sin haber recibido ni un peso de parte de Torres y Tornero, Jackson encargó al ciudadano antofagastino Raimundo Docekal, quien viajaba a Estados Unidos, que pagase la deuda y trajese de regreso al Hombre de Cobre, para lo cual le dio un poder y 500 dólares en oro. Tras un acci-

En una estrecha grieta colapsada del distrito minero denominado La Descubridora, que en la actualidad forma parte del mineral de Chuquicamata, fue encontrado en 1899 el cuerpo momificado de un ancestral minero preincaico. Correspondiente a un hombre aymara, el cuerpo reposó en el desierto desde cerca del año 300 D.C. hasta ser hallado casualmente al ceder la reblandecida tierra de un pequeño cerro. Su historia posterior es la de un largo peregrinaje comercial.

Mauricio Pilot, un ingeniero francés, dueño

El minero más antiguo de Chile Vestigios de la minería de Atacama Los descubridores del mineral de Chañarcillo Chuquicamata antes de los Guggenheim Tres pioneros de la minería nacional

dentado viaje, Docekal pudo llegar a Nueva York, pagó la deuda de 10 mil pesos chilenos y luego vendió la momia sin darle un centavo a su dueño. Finalmente, en 1905, la momia del minero fue donada por J.P. Morgan al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. Desde entonces, el Hombre de Cobre se exhibe en el salón dedicado a las culturas de América del Sur, lejos de las tierras que lo vieron nacer. Desde 1990 se han realizado gestiones para la recuperación de este patrimonio cultural chileno. Ese año el arqueólogo Lautaro Núñez intentó sin éxito su retorno a Chile. Diez años después, el mismo arqueólogo retomó su misión, con la ayuda del Museo Padre Gustavo Le Paige y el Museo de Arte Precolombino, tarea en la que colaboraron el Ministerio de Minería y el Consejo de Monumentos Nacionales, aunque todo se dilató nuevamente. En representación del Museo Padre Gustavo Le Paige, Núñez viajó a Nueva York en compañía de Carlos Aldunate, director del Museo de Arte Precolombino, para proponer el retorno del Hombre del Cobre, junto con la colección de utensilios, a nuestro país, encontrando buena recepción en la contraparte estadounidense. Sin embargo, los expertos en conservación del museo neoyorkino cuestionaron la elección del Museo Padre Le Paige como lugar para la exhibición de la momia en Chile, por carecer de equipos para preservarla en óptimas condiciones. Una serie de negociaciones encabezadas por Codelco, la Sociedad Nacional de Minería, el Consejo Minero, el Ministerio de Educación, la Universidad Católica del Norte, representantes étnicos de San Pedro de Atacama y de la propia cancillería chilena, permitieron que la directiva del museo estadounidense autorizara la realización de un escáner completo al cuerpo del Hombre de Cobre, para tridimensionalizarlo, a fin de realizar una réplica y exhibirla el año 2005 en Chile. No descartándose aún la posibilidad de conseguir el retorno de la momia original, los chilenos han debido conformarse sin embargo hasta ahora con apreciar solo su réplica. Extraído de La Nación, Sábado 20 de agosto de 2005.

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Fot ografía: Museo de Hi stori a Na tura l de Nueva York F i n i n /e l l i s o n © a m e r i c a n m u s e u m
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natural history

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CróniCas

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Ve s t i g i o s
Fotos y textos:

de la minería ataCameña
Dr. Wolfgang A. Griem

Director Departamento de Geología, Facultad de Ingeniería, Universidad de Atacama Copiapó, Chile

En la región de Atacama se puede observar hoy las ruinas de los centros mineros que tuvieron fuerte relevancia durante los siglos XVIII y XIX. Lugares –áridos e inhóspitos– donde se instaló una población numerosa que ejerció una gran actividad de extracción y procesamiento de las riquezas que ofrecían sus cerros y quebradas. Las imágenes de este documento parecen descartar las diferencias que hubo entre uno y otro emplazamiento minero. Prima la uniformidad, en el silencio del entorno, en la sequedad de la tierra y en la extensión del horizonte. El cielo no se inmuta: límpido, deja que el sol lo atraviese a su antojo y caiga sin contratiempos sobre las piedras, el adobe y una rústica maquinaria dispersa; en fin, sobre los restos de la vieja minería atacameña.

Las ruinas de Puquios se ubican en la precordillera, en la Quebrada Paipote, aproximadamente a 60 kilómetros al este de Copiapó. Puquios fue un pueblo minero con más de 5 mil habitantes y contó, entre otros equipamientos, con una estación de ferrocarril. A partir de los años treinta los mineros abandonaron este sitio. Su ubicación cerca de sectores mineros como Dulcinea y Tres Puntas le permitieron un cierto desarrollo. Se puede observar los restos de las casas construidas en adobe, las plantas industriales y el cementerio (Fotos, 2005). El distrito Lomas Bayas fue uno de los sectores de la minería de plata más relevantes del siglo XIX. En 1869 las minas generaron el 11,6% de la plata de la Región de Atacama, constituyéndose en el tercer sector más importante de la minería de plata después de Chimberos (mina Buena Esperanza) y Chañarcillo. El pueblo se ubicaba a una altitud de aproximadamente 2 mil metros. El camino principal conducía directamente a Los Loros, lugar donde el mineral era transportado a través de carros. De ahí era enviado vía ferrocarril a Caldera o Copiapó. La mina más productiva fue la Carmen que aportó el 5,4% de la producción de plata en el Departamento de Copiapó en el año mencionado. Las mejores minas llegaron a una cifra de 550 kilogramos de rocas movidos por persona durante un mes (Fotos, 2007).

Carrizal Alto era uno de los sectores mineros más importantes de la Región de Atacama. Ubicado entre Copiapó y Vallenar, a unos 30 kilómetros hacia el este de Carrizal Bajo. Hoy solo quedan restos de este pueblo, que tuvo un índice de mortalidad bastante expresivo dadas las malas condiciones sanitarias del lugar. El gran cementerio resiste –a duras penas– el paso del tiempo (Foto, 2006).

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En Cerro Blanco, al oeste de Los Loros –poblado ubicado a 70 kilómetros al sudeste de Copiapó– se observan restos de muros y cimientos, además de una casa habitacional (ex correos) y una iglesia. En 1869 se contabilizaron 45 minas en el sector –solo 23 tenían una producción continua– y 501 personas trabajando en ellas. La mayoría eran barreteros, pirquineros y apires. El sector contó con dos máquinas de vapor y 16 piquetornos. Hasta la actualidad sorprenden sus construcciones, cimientos y ruinas. La mina más importante, Agua Amarilla, produjo alrededor de la mitad del cobre fino del distrito. Las leyes de las vetas de cobre estaban generalmente entre 15 y 27%. En el año 1909 se cuentan alrededor de 300 personas trabajando, específicamente en las minas Agua Amarilla y Coquimbana (Yunge, 1910).

Mina San Jorge, ubicada en el distrito Checo de Cobre, a 30 kilómetros al sureste de Copiapó. Este sector fue explotado desde la segunda mitad del siglo XVIII, pero la intensificación de la explotación cuprífera se dio aproximadamente desde la tercera década del siguiente siglo, cuando la minería del cobre marca un repunte considerable (Foto, 2002).

La foto –captada en 1989– muestra restos de las instalaciones de la mina San Juan, ubicada solo a 30 kilómetros al este del emblemático emplazamiento minero prehispánico, Inca de Oro.

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El Bronce fue la mina más importante del sector de la Quebrada de Algarrobal. Tenía ricas vetas de cobre hasta una profundidad que podía competir con la mina Dulcinea, en el distrito Carrera Pinto. La construcción de un andarivel fue clave para eliminar el principal problema de este rico yacimiento: la distancia a la próxima quebrada transitable. Un tramo de más de cinco kilómetros conectó la mina con la Quebrada Algarrobal para bajar el mineral en una forma más eficiente. Su ubicación es realmente especial: encima de un lomo bastante desprotegido, pero con una amplia vista del área. Desde Merceditas –fotos inferiores– se siguen varias quebradas a minas pequeñas, con leyes bastante interesantes. Todavía el medio de transporte principal es el caballo.

La mina Buena Esperanza se ubica en el sur del sector Tres Puntas, cerca de la antigua estación de ferrocarril de Chimbero. Fue la mina más grande del sector. Las cifras de plata extraídas son impresionantes. En los años sesenta y setenta del siglo XIX produjo más del 80% de la plata fina del sector Tres Puntas / Chimbero y entre 1869 y 1876 la mina explotó más plata fina que Chañarcillo. Las estadísticas oficiales del Departamento de Copiapó de esos años hablan de una gran eficiencia: en promedio cada operario movió 1.269 kilogramos de rocas durante un mes (normal en esta época eran valores de 400 hasta 500 kilogramos de rocas explotadas por persona y mes). Esta cifra apunta a una alta tecnificación y un sistema de explotación muy eficiente en relación a la época. El año 1848 figura como fecha oficial del descubrimiento de Tres Puntas. Dos años después se contabilizan 53 minas, 36 de ellas productivas y 17 no productivas, con un total de 629 personas trabajando. En 1869 la producción total en plata fina alcanza 67,7 toneladas métricas en Tres Puntas / Chimbero. Pero solamente la mina Buena Esperanza produjo más de 56 toneladas. En promedio trabajan en ese año alrededor de 2 mil personas en el sector.

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los

desCubridores del

mineral de

ChañarCillo

(extraCtos)

José Joaquín Vallejo

José Joaquín Vallejo Borkoski, más conocido por su pseudónimo Jotabeche, fue un escritor, periodista y político chileno de la primera mitad del siglo XIX, y un exponente destacado del costumbrismo local. Sus artículos y cuadros de costumbres publicados por la prensa se hicieron muy populares entre los lectores chilenos, siendo ampliamente celebrado por su humor escéptico y la capacidad de penetración en los temas sociales y situaciones cotidianas de su tiempo. Los extractos que siguen dan cuenta del frenesí minero de Copiapó tras el descubrimiento del gran yacimiento de plata de Chañarcillo.

Chañarcillo.

Foto: Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile.

asunto para un sermon de cuaresma en que el orador se propusiese pintar lo perecedero de los bienes terrestres, i traer a colacion, sin necesidad de recurrir a parábolas, no sólo uno sino muchos hijos pródigos. Yo que no soi orador, ni tengo en la tierra el dificil encargo de encaminar las triscadoras ovejas, a las cuales me honro de pertenecer, i en cuyos descarrios me suelo a veces encontrar, he elejido esta materia para escribir un articulo.

Excelente

No es fácil decidir si la fortuna quiso favorecer o burlarse de los que descubrieron las primeras vetas i mantos de este mineral famoso. Dueños de la noche a la mañana de capitales injentes, de la mañana a la noche se vieron aun en mayor pobreza que aquella en que vivian ántes que la diosa ciega les guiase a las cerranías de Chañarcillo.

Chañarcillo. Foto: Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile.

Ellos poseyeron valiosos fundos; su crédito llegó a no tener rivales; hicieron ricos a muchos; contaron con la hacienda, con los servicios, con las consideraciones i obsequios de cuantos le rodeaban. Poco despues no tenían en que vivir; se les ejecutó con crueldad; nadie quiso prestarles un cuartillo, i al fin llegaron hasta retirarles el don que ántes les prodigaban con humillacion, como si dejándoles este miserable titulo se reconocieran en la obligacion de conservar con ellos relaciones, que ya no podian aprovechar. ¡Especie humana! ¿En qué te diferencias de una prostituta, si no es en que tú nunca llegarás a vieja para enmendarte? El burrero Juan Godoi se hallaba el 18 de mayo de 1832 dando caza a un huanaco, i fatigado de la tenaz persecucion que le habia hecho, de la cual se burlaba el ájil habitante del desierto, sentóse a descansar sobre una piedra, esperando que sus perros volviesen con la boca ensangrentada a anunciarle que habian atrapado la presa, i le guiaran despues al lugar de la victoria. No tardó en reconocer que tenia por asiento un crestón de metal de plata riquísimo, i este fue el instante en que Chañarcillo vino al mundo, el instante en que el cielo hizo tan magnifico presente a esta feliz República. Godoi, vuelto de su sorpresa, ya no se acordó del huanaco, i hubiera olvidado tambien sus borricos que andaban por allí cerca, a no formar el plan de cargarlos de piedras ricas en lugar de leña, para dirijirse a Copiapó, donde pensaba aconsejarse sobre lo que haria, como si se encontrase en grandes apuros.

El primero a quien confió su secreto, para obtener una regla de conducta, fue Juan Jose Callejas, minero viejo i cateador de profesion, que sin embargo de haber reconocido por mas de cuarenta años las vetas i panizos de cuantos cerros tiene este departamento, sólo habia logrado reunir un caudal fortisimo de esperiencia. A este regaló Godoi una tercera parte de la riqueza hallada, la cual endosó el viejo a un antiguo patron suyo, vecino de Copiapó, por gratitud a los muchos servicios que le debia. Don Juan Godoi resultó hallarse mui emparentado, mui relacionado con innumerables individuos que ántes no conocia, sino como caseros que le compraban su leña. Sin embargo, era preciso obsequiar tantas i tan finas demostraciones de afecto, manifestarse sensible a la estremosa ansiedad que desplegaban por agradarle. A una comida le seguia un baile, al baile las muchachas, a las muchachas el almuerzo, al almuerzo la timbirimba, hasta que al fin i al cabo el aceite faltó a lámpara, que por cierto no era la maravillosa de las mil i una noches. La concurrencia empezó entonces a despedirse a la francesa; cada cual tomó su raya, i despertara un dia Juan Godoi, como solia despertar algunos meses ántes, sintiendo amargamente que no fuesen una realidad las bellas cosas que habia soñado. ¡Desgraciado! ¡Ni aun borricos tenia! El jeneroso patron de Callejas, sabiendo la miseria en que de nuevo se encontraba aquel hombre, le dió una dobla en la mina Descubridora, que le produjo l4,000 pesos. Con esta suma su reconocido bienhechor le hizo comprar en Coquimbo una chacra, donde no siendo seguido de sus amigos, fué a morir en paz, dejando a su familia una mediocre subsistencia. El Viejo Callejas ha escapado perfectamente de esta catástrofe. Contento con haber hecho rico a su bondadoso patron, goza en medio de una sobriedad ejemplar, de las dádivas con que a su vez ha sido recompensado. Su residencia predilecta es en la Descudridora, a quien ama como a la niña de sus ojos; sus paseos favoritos son en las labores Pique del agua, Fronton de castillo, en el Fenómeno, en la Paloma, i en todo aquel embrollo de abismos, cuya productiva fabricacion ha dirijido en su mayor parte. No lejos de esta mina está lo que antes fue el Monte de los bolados. Sólo se ve en el dia de este poderoso depósito de bolas de plata, un gran hoyo redondo, que a los que conocen su historia i la de sus descubridores, no puede inspirar otras ideas que la contemplacion de un osario, el contraste de lo que fue i de lo que llega a ser el hombre. Cuatro mineros encontraron aquel encanto. Sin avaluar los llampos i metales que cada uno dió a los infinitos camaradas que forman el voluble séquito de la voluble fortuna,

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está bien averiguado que produjo a sus dueños mas de 80,000 marcos, 700,000 pesos por lo menos. ¿Qué se hizo este capital? Tan rápido fué su aparicion en la escena que nadie contestará satisfactoriamente a la pregunta, ni aun a los mismos que, al parecer, sólo representaron el papel de capitalistas. Estos mismos descubrieron tambien la mina rica llamada el Boluco, que hoi pertenece a otros dueños. La Colorada, celebre por su feraz produccion en marcos para sus dueños, en robos para los cangalleros i en pleitos para medio mundo, tuvo por descubridor a Manuel Peralta, que ya no existe. La jenerosidad domina como una pasion a este minero, que llegó a dar a diferentes individuos mas de doce cuartas partes de su hallazgo; i hubiera seguido distribuyéndola por esta medida, si su completo broceo no hubiese terminado las demandas. Los que en el día poseen esta mina, la obtuvieron por un formal denuncio; le pusieron trabajo, al fin alcanzaron, i aqui empezó la pelotera. Cada uno de los doce accionistas entabló un pleito, por lo menos; cada pleito era por una cuarta parte; cada cuarta parte tenia doce interesados, i cada interesado deducia sus acciones i oponia sus escepciones ante V. S. como mas haya lugar en derecho, jurando no proceder de malicia. El uno pedia embargo, el otro transaccion; éste comparendo, aquel restitucion in integrum, mensura, juicio práctico, compromiso o reconocimiento; i todos costas, daños i perjuicios: item mas, su derecho a salvo. ¡Qué barahunda! He dicho que Manuel Peralta se murió, en lo cual el pobre hizo mui bien, porque le habrian llevado como le traian, sin saber ni lo que han hecho, ni lo que querian que hiciese. El infeliz murió cansado de oirse tratar por sus mismos donatarios de ¡animal! La Guia, este alimácigo opulento de vetas, guias, mantos i reventones, que hasta la fecha se le cree virjen, porque cada dia ofrece nuevos primores su laborío, fué hallada por el barretero Juancho, que la vendió antes que ella desplegase tan brillante riqueza. Con el dinero que le produjo el negocio, quiso tambien darse buenos ratos; se metió a francachelas; en una de éstas, un amigo le dió una puñalada, i de sus resultas hubo que cortarle un brazo. El último real se lo llevó el boticario, i estuvo en un tris que se lo disputaran el sacristan i el panteonero. Los descubridores del Reventon colorado no han sacado de esta mina sino varios cajones de enredos de tan dificil solucion, que no parecen sino de metal frio, cuyo beneficio, hasta ahora, es impracticable. ¡Bravo pelear! ¡Ni unitarios ni federales que fueran!... Mui largo se haria este articulito si quisiese añadir todas las historietas que faltan, las cuales por otra

ChuquiCamata antes de los guggenheim
Mucho antes de que comenzara sus labores la Chile Exploration Company, primera compañía extranjera que incursionó en Chuquicamata y propiedad de la familia Guggenheim de Nueva York, ese mineral era objeto de pequeñas faenas extractivas.

Chañarcillo. Foto: Archivo Central Andrés Bello, Universidad de Chile.

parte son idénticas particularmente en su desenlace: la miseria o los pleitos, como las sublevaciones i las batallas cuando los peruanos creen descubrir un medio de constituirse. Siempre que escribo algo, que no sea una carta, toco la dificultad de no saber qué decir luego que veo la necesidad de acabar; mas por ahora tengo que cumplir un propósito que me hice al bosquejar lijeramente estos tristes episodios de la historia de Chañarcillo. Quiero llamar la atencion de los afortunados en este mineral hacia las familias de sus descubridores. Nadie tiene más derecho que ellas, que esa multitud de chiquillos desnudos, a esperar una jenerosa proteccion de los mineros ricos de este pueblo. Para sostenerlas i educar a algunos de sus niños, creo que no se necesitaria sino de un pequeño fondo; de lo que, por ejemplo, en un dia puede producir el mineral que descubrieron sus padres. Cuando vayan a Copiapó a visitar sus faenas, como cuatro cuadras antes de llegar a la capilla de Tierra Amarilla, entren en una pobre choza que está a la izquierda, en la orilla del camino real. Una madre con siete hijos pequeños, no diré viven, yacen en ella. Es la familia de un descubridor. Sólo pido que entren a aquel ranchito, que es toda una dolorosa leccion de esperiencia, i estoi seguro que no saldran sin convenir que alli, por mui poca cosa se compra la insatisfaccion del corazon. 4 de abril de 1842

el ingeniero Samuel Valdés Vicuña, comisionado por el presidente Domingo Santa María en 1883 para estudiar las riquezas mineras de la región comprendida entre los paralelos 23 y 20 grados latitud sur, informó que Chuquicamata debía considerarse el yacimiento de cobre más importante de cuantos existían en la región. En esa época ya habían sido denunciadas cincuenta pertenencias en Chuquicamata. El terreno mineral, según el mismo ingeniero, ocupaba un espacio de 4.200 metros de norte a sur y de 1.400 metros de este a oeste. En años posteriores se produjeron hechos importantes como un repunte en el precio del cobre, la llegada del ferrocarril a Calama, y el nuevo código de minería de 1888, que facilitaron la futura explotación del mineral y provocaron una estampida de denuncios sobre el mineral de Chuquicamata. A partir de 1900 se constituyeron diversas sociedades mineras para explotar grupos de pertenencias en Chuquicamata, pertenecientes a la mediana minería extractiva. La minería extractiva del cobre en el norte chico hasta entonces era artesanal. El sector moderno, con uso intensivo de capitales y tecnología, estaba presente en el beneficio y la exportación del mineral. En agosto de 1900 se constituyó la Sociedad Explotadora de Chuquicamata, perteneciente a la casa alemana Weber de Valparaíso. En octubre del mismo año se creó la Compañía de Cobre de Antofagasta de propiedad del escocés Norman Walker y la casa inglesa Duncan Fox y Compañía. En julio de 1901 se constituyó la compañía minera La Teodora de Chuquicamata y en abril del año siguiente la Sociedad Beneficiadora de Chuquicamata. Luego vendrían la Compañía de Minas y Fundición de Calama, que construyó en esa ciudad la fundición de Chorrillos, cuarta fundición de cobre del país en 1908, en términos del fino entregado. Otra sociedad fue la Compañía Minera La Poderosa de Chuquicamata, del chileno Enrique Villegas Encalada y de Walter G. Andrews. En la primera década del siglo XX, estas nuevas mineras de Chuquicamata contribuyeron decisivamente al repunte

Tras la Guerra del Pacífico,

de la producción del metal rojo en Chile. Tras haber sido nuestro país el primer productor de cobre en el mundo entre 1850 y 1880, se había producido una decadencia explicada en parte por el desarrollo en Estados Unidos de una minería de alta tecnología. En 1902 laboraban en Chuquicamata 900 operarios –más que la población de Calama–, que producían para veinte compañías mineras 2.700 toneladas de fino. Chuquicamata llegó a ser en esos años el principal distrito minero de Chile, superando en producción a La Higuera, de Coquimbo, que la seguía con 1.000 toneladas de cobre fino, pero con 3.000 trabajadores que laboraban más de cien explotaciones. Al igual que en el siglo XIX la minería extractiva chilena era de muy baja tecnología y productividad por operario. Llamaba la atención la alta ley del mineral extraído entre 1900 y 1910, lo que se debía a que en Chuquicamata se explotaban fundamentalmente las llamadas llamperas, que eran una costra de mineral, de hasta veinte metros de profundidad, con óxidos de cobre de fácil extracción y leyes que fluctuaban entre el 15 y el 18%. Hacia 1908, el autor Domingo Silva Narro, en su folleto La Minería en Antofagasta, afirmaba que Chuquicamata “era un gigantesco depósito de minerales en que la naturaleza y sus fenómenos geológicos se han mostrado excesivamente pródigos”. Asimismo escribió que el mineral de Chuquicamata tenía un enorme valor comercial y era una lástima que no fuera suficientemente conocida en el extranjero, “para que afluyan capitales y lo conviertan por obra de la iniciativa y del esfuerzo en el Rio Tinto de Chile”. Años más tarde Rio Tinto quedaría empequeñecido al lado de Chuquicamata Pero Chuquicamata no era tan desconocida. Poderosas firmas estaban obteniendo información acerca del mineral y los favoreció el hecho de que el precio del cobre bajó en el periodo entre la crisis económica de 1907 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial, así como la frágil situación financiera de las compañías que disminuyeron sus labores o cerraron, dispuestas a vender sus pertenencias. Era el comienzo de una nueva y promisoria etapa.

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tr e s

pioneros de la minería naCional

El desarrollo de la minería en Chile está ligado a personas que en diferentes momentos de nuestra historia tuvieron la visión y la capacidad de emprendimiento para levantar una industria que sigue siendo hoy el pilar de nuestra economía.

José Tomás Urmeneta García-Abello

Archivo Dibam.

El más importante empresario minero cuprífero chileno del siglo XIX nació en Santiago en octubre de 1808; primogénito del matrimonio conformado por Tomás Ignacio Urmeneta Guerra y Manuela García-Abello Pizarro. Fue célebre por la explotación de las minas de Tamaya y el levantamiento de modernas fundiciones de cobre.
Al terminar sus estudios básicos, fue enviado a Rhode Island, Estados Unidos, graduándose en leyes y artes en la Universidad de Brown. Regresó a Chile con 19 años y se unió a la sociedad comercial de Francisco Javier Urmeneta García; Manuel Hipólito Riesco y José María Sánchez, pero la empresa no prosperó. Se trasladó entonces a Londres, de donde volvió en 1831.

Cuando tenía 23 años, administró dos haciendas de su cuñado Mariano Ariztía, casado con su hermana Josefa y propietario de las minas Arqueros y Tamaya en la provincia de Coquimbo. Junto a su familia –se casó con Carmen Quiroga y Darrigrande con la cual tuvo tres hijas–, se estableció en esa región y se dedicó a la minería. En octubre de 1833, a los 25 años, denunció la mina Las Mollacas, veta secundaria del mineral de Tamaya, donde encontró un rico filón de cobre de alta ley, la que continuó trabajando por ocho años. Denunció nuevas minas abandonadas, como El Durazno o El Pique, a la cual incorporó tecnologías modernas. Por problemas financieros provocados en sus minas por dos inviernos lluviosos terminó la década de los cuarenta casi en bancarrota. Un préstamo de Mariano Ariztía le permitió iniciar una nueva etapa que rindió sus frutos en octubre de 1852, cuando encontró una rica veta de cobre en el frontón Campino, uno de los piques de Tamaya. En 1853 comenzó a diversificar sus inversiones y en 1860 se había expandido a la minería de la plata, del oro y del carbón. Asimismo, estableció sus propias empresas –Sociedad Chilena de Fundiciones y Sociedad de Gas de Santiago–, e invirtió en numerosas empresas. Urmeneta se instaló en Santiago a fines de 1855. Su éxito lo relacionó con empresarios como Matías Cousiño y Domingo Matte, y también se vinculó en la política. Fue elegido consejero de Estado en 1853 y senador para el periodo 1855-1864, integrándose a la Comisión de Hacienda del Congreso y al consejo administrativo de la Caja de Crédito Hipotecario. Su sólida posición le permitió hacer frente al descenso del precio internacional del cobre, y en 1860 inició la compra de las principales minas de Tamaya y sus alrededores, asociadas a las fundiciones de Guayacán. Contribuyó así a que Chile llegara a ser el primer productor de cobre del mundo entre 1861 y 1870. Este último año Tamaya llegó a contar con 39 minas, empleando un total de 7.150 trabajadores, cifra que aumentaba con los que vivían en las dos placillas de Tamaya. A finales de la década de 1850, la Sociedad Chilena de Fundiciones quebró por deuda con la casa comercial Gibbs. Nueve años después, Urmeneta se reorganizó para liquidar la empresa de fundiciones, pactando la deuda con Gibbs. Pero pese a haber pagado sus compromisos inmediatos, no pudo independizarse de la firma inglesa. En la década de 1860, siguió modernizando Tamaya para aumentar la producción, pudiendo salvar los costos y obtener utilidades en años de buenos precios. Construyó un ferrocarril entre Tamaya y la fundición de Tongoy. En la década de 1870, el empresario invirtió con éxito en la hacienda Limache y en 1872 creó, junto a la Municipalidad de Santiago, la Compañía de Construcciones de Santiago. En el ámbito político, llegó a ser proclamado candidato presidencial en enero 1871, pero fue derrotado por el candidato oficial Federico Errázuriz Zañartu. Sus últimos años los vivió en la hacienda de Limache, donde siguió atendiendo sus negocios hasta su muerte, en 1878.

José Santos Ossa
Minero, explorador y exitoso empresario de la explotación de salitre, nacido en Huasco, en 1827, José Santos Ossa se caracterizó por su permanente espíritu aventurero y emprendedor, que lo llevó a buscar todas las posibilidades de negocios. Huérfano a temprana edad, vivió con la familia Walker, que le dio una completa educación, la que complementó trabajando en una sociedad de compra y fundición de metales que esta familia poseía en Vallenar.
Ejerció todo tipo de trabajos y se sabe que ya a los 15 años recorría la región del Huasco en busca de minas. Cuando se iniciaba como cateador recibió la ayuda de Agustín Edwards Ossandón, comerciante de metales de sólida situación económica que le proveyó de recursos y con quien mantuvo relaciones comerciales por largo tiempo. A fines de 1845 llegó al puerto boliviano de Cobija, donde organizó sus empresas e instaló su hogar. Se casó con Melchora Ruiz, hija del español José Manuel Ruiz, socio comercial de Ossa, matrimonio del cual nacieron cuatro hijos. En el año 1855 su esposa falleció víctima del cólera. Luego, al llegar los efectos de la inestabilidad política boliviana a Cobija, decidió trasladarse a Chile. De regreso en el país se dedicó a la entonces lucrativa explotación del guano, formando en 1858 una sociedad que le dio buenas utilidades. Años más tarde, la quiebra de un banco en el sur lo obligó a liquidar ese negocio y comenzar nuevamente como cateador del desierto. En una de sus tantas expediciones, a mediados de 1860, José Santos Ossa descubrió salitre casualmente mientras el resto del grupo descargaba y daba de beber a los animales. Decidió no hablar sobre su hallazgo y conversar antes con el presidente boliviano. Debió esperar varios años para obtener una concesión para explotar salitre. La situación en Bolivia no mejoraba y Chile vivía entonces una crisis económica, por lo que Ossa decidió probar suerte en otro rubro y formó un negocio de frutos del país, con bodega central en Chillán. En esa época contrajo un segundo matrimonio, con Delia Borne, pero en 1963, en vista de que los negocios no respondieron a sus expectativas, dejó a su familia en San Fernando y regresó a Cobija, donde fue nombrado cónsul ad honorem. De regreso en el puerto boliviano, intentó encontrar en el desierto unos yacimientos de plata que se decía existían al sur de Mejillones. Pero al hacer excavaciones encontró nuevamente salitre. Dos años después se radicó con su familia en Cobija. Vivió una etapa de prosperidad, pero en diciembre de 1865 un

Foto: Archivo Dibam.

incendio destruyó su casa y las instalaciones que poseía. Con todo, logró reconstruir su casa y sus negocios, así como su fortuna. En 1866 Ossa organizó una numerosa expedición a la zona donde hoy se encuentra Antofagasta. Tras días de camino y sufriendo la falta de agua, la expedición encontró salitre en el Salar del Carmen. Encargó a un abogado de Cobija para que consiguiera en La Paz el pedimento del nuevo yacimiento, con el privilegio de explotar el salitre que se hallara en el litoral boliviano, quedando oficializado su descubrimiento. Junto con Agustín Edwards y otros inversionistas fundó la Compañía del Salitre en Antofagasta. Antofagasta fue el nombre que él dio a la entonces casi desconocida caleta La Chimba, uno de los puntos donde el gobierno boliviano le otorgó concesión. Invirtió su riqueza en el Banco Ossa, localizado en Valparaíso, y que lo convirtió en el banquero más rico de Hispanoamérica. De vida intensa y muy activa, José Santos Ossa encargó a José María Pérez de Arce la redacción de un folleto titulado “El desierto de Atacama”, una especie de legado de toda su experiencia. Murió en pleno trabajo, durante una expedición a las islas de San Félix y San Ambrosio, en agosto de 1878 cuando tenía solo 50 años de edad.

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ENAMI EN lA hIstorIA dE lA pEquEñA y MEdIANA MINEríA EN ChIlE

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Alberto Callejas Zamora
Algunos de los grandes y reconocidos hombres que cosecharon los minerales de nuestra tierra transitaron un camino bien pavimentado desde sus inicios. Pero otros estuvieron muy lejos de haber tenido una “cuna de oro” y deben a su esfuerzo el éxito que hoy se les conoce.
Uno de estos, Alberto Callejas Zamora, trabajó desde los siete años cosiendo sacos en la pampa salitrera, acompañando a su padre, Paulino, legendario obrero del salitre que llegaría a convertirse en empresario al hacerse con el tiempo del Capote Aurífero de Freirina. La mujer de éste, Margarita Zamora, fue la matriarca del clan y gran responsable de la gestación de la Minera El Bronce de Petorca, que con el tiempo llegaría a ser la segunda productora de oro de Chile, con las plantas más modernas de Sudamérica en los años cincuenta, laborando allí unos 700 trabajadores. Uno entre 11 hermanos, Alberto realizó diferentes tareas, entre ellas capitán de buque, cargador de salitre, oficial de mecánico, albañil, tornero, constructor contratista, además de futbolista y decatleta. Sus esfuerzos se vieron coronados en 1934, por el inicio de operaciones de la antigua mina del Capote Aurífero, abriéndose entonces otras vetas que aumentarían el capital de la familia, hasta convertirla en parte de las ligas mayores de la minería chilena. En 1978, a sus 74 años Alberto Callejas decidió reabrir la mina El Bronce de Petorca, propiedad de los descendientes de don Paulino y doña Margarita, que por diversas circunstancias se encontraba cerrada desde 1955. Lo hizo con muy pocos recursos, pero con la ayuda de su hijo Maximiliano y su sobrino Reginaldo Callejas, además de un grupo de amigos mineros, quienes se valieron de barreta y poruña para hallar en ella el clavo Rosario 3. Actualmente esta mina, que fue una de las primeras adquisiciones del grupo, cuenta con una importante producción de oro y abarca también plata y cobre. Alberto Callejas recibió la medalla al mérito del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile; en su discurso de agradecimiento señaló: “He desempeñado el cargo de gerente desde que nació la firma y, para hacerlo, abandoné el capacho, el huinche, la poruna, el yunque y el martillo, aunque muchas veces hago lo de antes (…) Tengo en mi mente a seres inolvidables que ya no viven en la tierra sino en la eternidad: mi madre que fue mi lumbre y mi hermana Filomena. Están todos los que a diario comparten mis labores, familiares, obreros, empleados sin los cuales esto no sería posible”. Tras una vida dedicada al trabajo, Alberto Callejas murió en 1987, a los 84 años. Hijos, sobrinos y nietos han extrapolado los alcances del hoy llamado “Grupo Callejas”. La Villa Alberto Callejas, de Petorca, debe su nombre y existencia a la perseverancia de esta familia de mineros que extrajeron oro, cobre, plata.

Alberto Callejas. Archivo fotográfico familia Callejas.

Margarita Zamora y Paulino Callejas. Archivo fotográfico familia Callejas.

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ENAMI EN lA hIstorIA dE lA pEquEñA y MEdIANA MINEríA EN ChIlE

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pArtE II FoMENto MINEro
1925-1960

Foto: Nicolás Piwonka

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FoMENto MINEro dEsdE lA CACrEMI hAstA lA ENAMI
hIstorIA y rEFlExIoNEs
Hernán Danús Vásquez

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a historia del sistema de fomento a la pequeña y mediana minería de nuestro país es sumamente interesante, no solo por el éxito logrado en una perspectiva de largo plazo, sino por las características que lo hacen único a nivel mundial. A través de sus diferentes procesos, desde sus inicios con la formación de la Caja de Crédito Minero (Cacremi) en 1927, luego su transformación en Empresa Nacional de Minería (Enami) hasta llegar a nuestros días, podemos también observar parte de la historia social, económica y política de nuestro país.
La situación del cobre chileno para la década de 1920 reflejaba un papel protagónico de las empresas norteamericanas en la gran minería, en desmedro de la mediana y pequeña industria nacional. En vista de la verdadera desnacionalización que sufría el sector cuprífero, diversos sectores parlamentarios y gremiales, como la Sociedad Nacional de Minería, abogaron por una política que fortaleciera la pequeña y mediana minería local, que comenzaba a desaparecer debido a los bajos precios que recibían de las casas compradoras que exportaban minerales en bruto, y los altos costos de transporte y materias primas.
Foto: Museo Histórico Nacional.

Varios son los periodos que atravesó la Cacremi tras su creación en la segunda mitad de la década de los años veinte, su desarrollo durante tres décadas de existencia y su posterior transformación en Enami, en 1960. Construyó agencias de compra, planteles de beneficio de minerales y levantó la fundición de Paipote, hito importantísimo dentro del desarrollo de la minería de nuestro país, entre otros. Esto es lo que describiremos en este ensayo para concluir con una reflexión sobre lo que se ha denominado el fomento integral, clave del éxito del sistema.

lA

pEquEñA MINEríA

EN El dECENIo dE

1920

Antes de la creación de la Cacremi en 1927, la pequeña minería estaba constituida fundamentalmente por minerales de cobre, oro y muy pocos de plata. Eran exclusivamente minerales de exportación que se vendían a las ocho casas compradoras existentes, todas ellas extranjeras. Las numerosas fundiciones de cobre que en el siglo XIX y comienzos del XX tenía nuestro país

102 hErNáN dANús VásquEz

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Izquierda: Hacia finales de la primera década del siglo XX funcionaba en la zona central del país la Societé des Mines de Cuivre de Naltahua, fundición de capitales franceses. El mineral, proveniente de sus propias minas aledañas, era procesado en la fundición y de allí despachado a la estación de trenes de El Monte, gracias a otra fantástica obra de adelanto para la época, un andarivel de más de cinco kilómetros que permitía sortear los ríos Maipo y Mapocho.
Foto: Museo Histórico Nacional.

A principios de la década del treinta aportes fiscales permitieron a Cacremi instalar sus tres primeras plantas de concentración por flotación. Una de ellas fue El Salado –en la foto, el laboratorio de la planta–, ubicada entre Chañaral y Pueblo Hundido. Foto: Archivo Enami.

se paralizaron por los estragos causados por la Primera Guerra Mundial, quedando solo las fundiciones de Naltahua y Chagres, en la zona central del país, ambas de compañías francesas, bastante obsoletas. Eran abastecidas prioritariamente por minerales provenientes de sus propias minas, cercanas a las fundiciones, puesto que tampoco podían llegar los minerales de la pequeña minería, concentrada en Atacama y Coquimbo, lo que hubiera significado un flete terrestre sumamente caro. Las casas compradoras ejercían una especie de monopolio, ya que entre ellas había un pacto no escrito mediante el cual se repartían prácticamente sus respectivos territorios de dominio, por lo que el pequeño minero no tenía opción de elegir. Agreguemos a ello que las tarifas de compra eran leoninas, ya que además de las desmedidas utilidades de las casas compradoras descontaban el flete, que era principalmente a Estados Unidos, a la fundición de Tacora, donde llevaban generalmente los minerales. Esto hacía que el minero tuviera que llegar con un mineral mínimo de 6% de cobre o sobre 20 gramos de oro por tonelada. Minerales de concentración de más baja ley, destinados a abastecer plantas de beneficio, sencillamente no se explotaban pues nadie los compraba, al no existir planteles de beneficio en la zona. De no existir vetas sobre 6% de cobre o 20 gramos de oro, era necesaria una selección o “pallaqueo” en la cancha de la mina, escogido a combo y mano, para alcanzar un mineral con una ley comercialmente factible de ser vendida a las casas compradoras. Estos minerales de baja ley tipo concentración (2 a 3% de cobre) eran literalmente arrojados a los desmontes o bien dejados como disfrute al interior de las minas. Las faenas consistían en pequeños piques de no más de 30 metros de profundidad, o “churuleras” de formas caprichosas siguiendo la veta de mejor ley, igual que un ratón o “churil”. La extracción se realizaba mediante “apires” y solo en contados casos, con un winche motorizado. La perforación se hacía manualmente. El pequeño minero, solo bajo circunstancias muy favorables, puede producir, sin mecani-

zación y a una escala modesta, minerales de concentración, siempre que estén ubicados de manera favorable para su beneficio. Sin embargo, al incrementarse la profundidad o la distancia a la planta, debe disminuir sus costos adoptando perforadoras neumáticas y winches, que puede considerarse la primera fase de su mecanización. Ello le puede permitir u obligar a producir un mayor volumen que puede incluso llegar a justificar su propia planta. Pero una completa mecanización no siempre es factible para este tipo de minas, aunque el barretero con su combo y barreno no pueda competir con el pequeño martillo neumático, ni el apir y su capacho con el winche motorizado. Los pequeños mineros sustituyen el capital por la energía humana, y usan hombres en vez de máquinas, lo que conduce a que la productividad hombre/hora sea baja. Los caminos para transportar el mineral, angostos y de difícil trazado, permitían solamente camiones de hasta cuatro toneladas. La pequeña minería era, por lo tanto, extremadamente vulnerable a las fluctuaciones del mercado, fundamentalmente al precio del cobre y el oro, lo que llevaba al pequeño minero, en muchos casos a abandonar la mina a medida que ésta se profundizaba, bajaba la ley del mineral o se veía afectado por cualquier otra circunstancia que aumentara los costos y afectara la rentabilidad de su trabajo. Pero el minero que lleva la minería en su sangre no la abandona. Itinerando infinitamente, añora y busca nuevas minas, vetas más ricas y en condiciones favorables: “Désele al minero la mejor veta del mundo y siempre seguirá en pos de otras, porque el verdadero mineral que busca no está en los montes, ni en la tierra, ni en el agua: está en su propia sangre, eludirá todo cateo. Muestras, filones, colpas, llampos de sangre. Es una riqueza que ningún ser humano podrá medir jamás”.1 Nos encontramos entonces, a fines de la década de los veinte, con una pequeña minería de cobre y oro concentrada fundamentalmente en Atacama y Coquimbo, con una fuerte pre1 Oscar Castro. Llampo de sangre. Editorial Andrés Bello, 3ª edición, 1999, 250 pp.

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FoMENto MINEro dEsdE lA CACrEMI hAstA lA ENAMI. hIstorIA y rEFlExIoNEs

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En las primeras décadas del siglo XX la pequeña minería se encontraba en una situación diezmada. La explotación de los yacimientos era prácticamente artesanal y la vulnerabilidad respecto a las fluctuaciones del mercado representó para los pequeños mineros un problema insoluble. La foto –no identificada– muestra una mina en las cercanías de Juan Godoy, Copiapó. Foto: Museo Histórico Nacional.

dano llamaba a gritos una mayor participación del Estado. El malestar se incrementó a causa de la Primera Guerra Mundial por sus consecuencias en el comercio exterior. Por otra parte, la revolución bolchevique consolidó la idea de un Estado más fuerte. Coincidió favorablemente que en 1920 un grupo importante de ingenieros comenzara a influir profesionalmente, participando de forma directa en la administración pública y potenciando los planes del gobierno. El descontento general fue canalizado por Carlos Ibáñez del Campo, quien tuvo una relevante participación –no exenta de detractores– a partir de 1924 en los gobiernos de Alessandri Palma y de Emiliano Figueroa y en la junta militar de 1925– en una época en que se postulaba un cambio fundamental en el modelo económico orientado hacia un Estado activo en el sector económico. En ese periodo se crearon organismos estatales para el fomento directo de la actividad económica, como la Caja de Crédito Agrario y otras. Aprovechando esta circunstan-

cia, la Sonami envió al gobierno el proyecto de Osvaldo Martínez. Pero nada se hizo en el gobierno de Emiliano Figueroa. Sin embargo, en el posterior y primer gobierno de Carlos Ibáñez, luego de los breves y confusos movimientos militares entre los años 1924 y 1925, y gracias a su eficiente ministro de Hacienda Pablo Ramírez –proclive a ideologías corporativistas o socialistas–, el 12 de enero de 1927 se promulgó la Ley Orgánica 4112 de la Caja de Crédito Minero. Nacía así la Cacremi dentro del contexto de una nueva forma de gobierno, denominado “el Estado moderno”, que tenía cuatro pilares fundamentales: el nacionalismo, una mayor ingerencia del Estado en la política económica, una mayor protección social a los más débiles y una tecnificación del Estado. Todos estos aspectos, como veremos, se muestran nítidamente en la primera orientación de la Cacremi. La Caja nació entonces como una propuesta de la Sonami, por lo que entre ambas instituciones se estableció un lazo indisoluble que se

sencia en la primera provincia, constituida por producciones de minerales de cobre y oro de exportación provenientes de numerosas minas con una explotación prácticamente artesanal, sin mecanización, con escogido manual de los minerales para obtener sobre 6% de cobre o bien de 20 gramos por tonelada de oro, con la única alternativa de vender a las casas exportadoras en precarias condiciones de precio. Los mineros no tenían tampoco ninguna posibilidad de crédito, asesoría técnica para la explotación, ni acceso a la compra de los equipos mínimos para mecanizar sus minas. No tenemos cifras con respecto a la producción total de la pequeña minería antes de Cacremi, en comparación con la mediana minería de aquellas décadas que contaba con pocas faenas, no más de siete empresas productoras de concentrados de cobre y un número similar de entidades destinadas al oro. La producción total de cobre de la mediana minería era de unas 24 mil toneladas de cobre fino al año y 2 toneladas de oro. Ésta, al igual que la pequeña minería, exportaba sus minerales o concentrados a través de las casas compradoras extranjeras.

los

INICIos dE lA

CACrEMI

En 1916 el secretario general de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), Osvaldo Martínez, organiza el primer Congreso de Minas y Metalurgia. En esta instancia, los mineros reunidos en Copiapó plantearon los numerosos problemas que los aquejaban. El más apremiante era la angustiosa falta de crédito y muy en especial la necesidad de construir plantas de beneficio cercanas a sus minas. Hábil y visionario, Osvaldo Martínez recogió el guante y lo convirtió en su proyecto, el cual solo se hizo público en 1923 mediante una publicación en el Boletín de la Sonami, sin lograr apoyo alguno.2 El siglo XX amaneció en Chile con un régimen político heredado del siglo anterior, con un parlamentarismo inoperante y un Estado reducido solo a “velar por el orden público y cautelar los derechos individuales”.3 El sentimiento ciuda2 Augusto Millán. La minería metálica en Chile en el siglo XX. Editorial Universitaria, 2006, p. 56. 3 Adolfo Ibáñez Santa María. “Paipote. Donde se fundieron la minería y el Estado moderno. Fundición y territorio. Reflexiones sobre los orígenes de la fundición Paipote”. En Juan O’Brian (ed.). ENAMI, 1992, pp. 99-135.

Planta de poder de Barquito (1927), puerto emplazado en la bahía de Chañaral y embarque del mineral de cobre proveniente de Potrerillos. Foto: Museo Histórico Nacional.

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ha mantenido por más de 75 años, sumando los periodos de la Cacremi y de su sucesora, la Enami. El fomento a la pequeña y mediana minería consistía en el año inicial de la Caja principalmente en la entrega de créditos. Ello a causa de la ausencia de instituciones privadas dispuestas a otorgar asistencia monetaria o de otro tipo a este sector de la economía, puesto que se estimaba que era altamente riesgoso. Como en toda institución que está comenzando, ya desde el primer año de funcionamiento se visualizaron diversas dificultades en la ley original que creó a la Cacremi, para otorgar dinero a los pequeños mineros. Éste estaba destinado exclusivamente a la construcción de planteles de beneficio cerca de sus minas para poder así tratar minerales de más baja ley, producto del proceso de selección manual y que se dejaban como disfrutes o desmontes. Sin embargo, en 1927 no se otorgó ningún crédito debido a las condiciones que fijaba la propia ley: la mina que abastecería la planta debía tener mineral cubicado por lo menos para diez años de operación de la planta, lo que prácticamente no se consigue en la pequeña minería, ni en esa época ni ahora. Además debían contar con pruebas metalúrgicas que aseguraran el éxito del proceso de beneficio. Para este último requisito la Caja creó, tiempo después, el Laboratorio Metalúrgico de la Quinta Normal. La Caja nació sin financiamiento, y aunque en su ley orgánica se le fijaba un capital de 40 millones de pesos, el gobierno no disponía de estos recursos. Se la facultó entonces para emitir bonos con garantía estatal, que no se pudieron vender. El Presidente de la República había nombra a Osvaldo Martínez, ideólogo de la formación de la Cacremi, como su primer vicepresidente. Nombró además a cinco de los nueve consejeros dentro de una terna presentada por Sonami. Los otros cuatro eran parlamentarios, dos por cada Cámara. Cuentan los historiadores4 que durante el primer mes de funcionamiento de la Caja el propio Osvaldo Martínez tuvo que conseguirse
4 Augusto Millán. La minería metálica en Chile en el siglo XX. Editorial Universitaria, 2006, p. 58.

créditos personales para pagar los sueldos. Más tarde se autorizó a la Caja a contratar un préstamo por apenas 300 mil pesos. Los créditos de la Cacremi debían otorgarse solo a personas chilenas o empresas definidas por la ley como nacionales, siguiendo el principio nacionalista del denominado “Estado moderno”. En 1928 se le dio a la Caja mayor flexibilidad y más facultades para otorgar créditos de capital de explotación de minas, ampliando las garantías y el límite máximo de los préstamos. Fue autorizada, además, para comprar y vender minerales. Lo anterior significó que, en la práctica, la Cacremi se transformara en un poder comprador para los pequeños mineros y además, pasara a tomar un rol de negociador frente a los exportadores privados. Esta función, pionera en el mundo, y la más importante de las herramientas de fomento minero, fue perfeccionándose con el tiempo, siendo heredada por la Enami hasta el día de hoy. A las funciones antes mencionadas se agregó luego que la Caja tuviera la atribución para construir planteles de beneficio de su propiedad en los cuales realizar el procesamiento de minerales de baja ley, lo que significó que ésta realizara las labores típicas de una empresa industrial y productora. Esta trilogía –fomento, procesamiento y compra con comercialización de los productos minerales– constituye el esquema básico definido para la Cacremi y, posteriormente por la Enami, actualmente llamado “fomento integral”.5 Con nuevos aportes fiscales entregados en 1929 (24 millones de pesos) se inició la entrega de créditos y se empezó a comprar minerales en abril de 1930 en los tres primeros poderes de compra instalados: las Agencias de Salado, Punta del Cobre y Tambillos. En estos mismos lugares se construyeron las primeras plantas de beneficio por flotación de 100 toneladas por día de capacidad, las que empezaron a operar a fines de ese año, aunque subabastecidas con minerales del orden de 4% de cobre, conteniendo además oro y plata.6 Hay que resaltar
5 Hernán Danús. Crónicas mineras de medio siglo. RIL Editores, 2007, p. 58. 6 Augusto Millán. La minería metálica en Chile en el siglo XX. Editorial Universitaria, 2006, p. 58.

La labor de fomento de la Cacremi debe entenderse en toda su amplitud, es decir, además del otorgamiento de préstamos, en la generación de poderes de compra, plantas de beneficio, fundición, asistencia técnica, venta y el arriendo de equipos, entre otros. En la foto un grupo de trabajadores de la mina Los Quilos. Foto: Museo Histórico Nacional.

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Arriba: En la década de los treinta, Cacremi instala sus tres primeras plantas de concentración por flotación. Entre estas plantas, destinadas a procesar cobre, se encontraba Punta del Cobre, ubicada en Tierra Amarilla, valle de Copiapó. Fue proyectada y construida por ingenieros de minas chilenos, y tenía una capacidad de tratamiento del orden de 100 tdp de mineral. Derecha: En 1933, a un año de su inauguración, en la planta Domeyko se suprimieron los procesos de concentración gravitacional y de amalgamación y se dejó exclusivamente la flotación. Se agregó, luego, un circuito de cianuración para tratar minerales de oro que no contuvieran cobre. Fotos: Archivo Hernán Danús.

La mina Teresita, de propiedad de la Caja de Crédito Minero, se hallaba a nueve kilómetros de Paipote. Se trabajaba a rajo abierto y con costos muy reducidos. Al asegurarle el abastecimiento de calizas que requería Paipote, la mina constituyó un ejemplo del éxito que puede esperarse de un estudio geofísico sistemático del subsuelo de Chile, ya que este yacimiento fue puesto en evidencia por medio de estos sondeos. La imagen fue tomada a mediados de los años cincuenta. Foto: Museo Histórico Nacional.

dos hechos: primero, la velocidad en proyectar y construir estas plantas, situación que no se da actualmente. En segundo lugar todas ellas fueron diseñadas y construidas por ingenieros de minas chilenos de la propia Cacremi: Ernesto Kausel, El Salado; Carlos Neuenschander, Punta del Cobre; y Laín Diez, Tambillo. Ello se inscribe en los aspectos de nacionalización y tecnificación considerados como eje de las estrategias del gobierno. En esta misma línea, la Caja creó el Laboratorio Metalúrgico de Quinta Normal, manejado por excelentes ingenieros de minas chilenos, el que funcionó como un sólido pilar para el diseño de las plantas y como asesoría técnica a los mineros. Este laboratorio –de gran prestigio– acompañó y asesoró a la Cacremi hasta la formación

de la Enami en 1960, cuando fue dado de baja. La Cacremi tuvo la fortuna en aquellos años de disponer de un contingente importante y de gran calidad de ingenieros de minas egresados de la Universidad de Chile. La situación de la minería en Chile anterior a la Cacremi no ofrecía en esa época mercado laboral para estos profesionales, muchos de los cuales emigraban a las labores del estaño en Bolivia. La formación de la Caja les brindó un atractivo y motivante trabajo dentro del concepto del Estado moderno, donde podían participar activamente. Algunos de ellos, como Gustavo Reyes, Fernando Salas, Danilo Rojic, Alfredo Sundt, Carlos Neuesnchwander, Ernesto Kausel, Laín Diez, Ricardo Fritis y Juan Schawrze, entre otros, constituyen parte esencial de la historia de nuestra minería.

Después de los tres primeros planteles de beneficio se agregaron las plantas de Elisa de Bordos, en 1934, y las de Domeyko y Punitaqui. Con ellas se abordó también el tratamiento de minerales de oro. Así, Domeyko, cuyo proyecto fue diseñado por el ingeniero de minas Ricardo Fritis, inició su producción en 1932. Paralelamente, y al disponer de sus propias plantas, la Cacremi intensificó la compra de minerales de baja ley, anticipando hasta un 50% de su valor. Esto ayudaba a los mineros a preparar y explotar sus minas, incrementando el abastecimiento de las plantas en construcción o recién instaladas, subabastecidas en sus inicios. La gran depresión de los años treinta produjo una caída abrupta del precio del cobre. Los pequeños y medianos productores de este metal se vieron en serias dificultades y comenzaron a cerrar sus minas. La Cacremi, por su parte, no tuvo otra alternativa que paralizar sus plantas de beneficio. Sin embargo, y como consecuencia de la misma crisis, el precio del oro subió en más de un 30%. El Estado, asesorado por los ingenieros de la Cacremi, impulsó en forma vigorosa la explotación del oro –lo que veremos a continuación–, en el denominado “ciclo del oro”.

El

CIClo dEl oro

El Estado creó el estanco al oro, con el fin de paliar la gran cesantía y la desvalorización de la moneda. Se le otorgó a la Caja la exclusividad para comprar y vender el mineral de oro de vetas cuyas minas estuvieran en el norte de nuestro país. Al mismo tiempo el gobierno inauguró el servicio de lavaderos de oro, abriéndose muchos de ellos en el sur del país con gran contratación de gente, también con el fin de reducir en parte la gran cesantía. Recordemos la situación de las salitreras paralizadas y las verdaderas caravanas de obreros cesantes que viajaban hacia el sur y se agolpaban en ollas comunes abiertas para ellos por el Estado. La ley que creó el estanco al oro autorizó también a la Cacremi para usar los retornos de sus exportaciones de oro en importaciones, facultad que podía transferirse además a comerciantes, los que pagaban un sobreprecio. Esto permitió disponer de una mejor tarifa de compra del metal a los mineros. El desarrollo de la explotación aurífera fue clave para superar la cesantía en el sector, ya que tuvo gran importancia como fuente de empleo de mano de

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obra, lo que se manifiesta con más fuerza entre 1933 y 1934. Para cumplir con este proyecto, la Cacremi estableció cuarenta agencias compradoras entre Iquique y el Maule y mejoró las tarifas de compra de los minerales de oro. Además, los minerales de baja ley se beneficiaron en las plantas de concentración por flotación que poseía en Coquimbo y Atacama. Estas plantas fueron modificadas para el tratamiento de minerales auríferos mediante el sistema combinado de amalgamación-flotación. Para realizar esta labor, se necesitó de la ayuda técnica de los profesionales que trabajaban en el Laboratorio Metalúrgico de Quinta Normal, recientemente creado. Se trataba de una brillante innovación tecnológica pues la flotación de minerales de oro en nuestro país fue un procedimiento pionero a nivel mundial. Hasta 1936, la Caja había adquirido madurez y una mayor amplitud de los servicios ofrecidos, y además disponía de un mayor financiamiento. La Cacremi llegó a contribuir al 30% de las divisas del país. Se hacía sentir su presencia en Atacama y Coquimbo a través de las agencias de compra, plantas de beneficio, oficinas provinciales de fomento, laboratorios químicos (nueve en total), el laboratorio metalúrgico, abastecimiento de insumos mineros, explosivos y otros, a través de la Sociedad Abastecedora de la Minería (Sademi), formada en 1939, y que nace como sociedad privada entre la Cacremi y la Sonami (con un 98 y un 2% de participación, respectivamente). La Sademi debía abastecer de insumos mineros y explosivos a la pequeña minería en los más apartados distritos mineros y agencias de compra. Dicha sociedad realizaba una labor muy meritoria pues contribuyó a la sustentación de este sector. Cacremi importó también equipos mineros como compresoras y perforadoras, los que se podían arrendar o vender a los mineros. Se subieron a la vez las tarifas de compra de minerales, con lo cual el precio del oro se mantenía medianamente alto. Se incrementó el abastecimiento de las plantas El Salado y Punta del Cobre. Domeyko se amplió y se levantó además

una pequeña planta en Punitaqui. Hacia 1937 obtuvo un nuevo aporte de capital, que contribuyó a consolidar el crecimiento de esta institución. A pesar de las progresivas actividades de la Cacremi, los mineros agrupados en Sonami se mostraban disconformes, puesto que estimaban que estas acciones eran lentas e insuficientes. Con la intención de dar a conocer su molestia, se realizaron varios congresos mineros en la ciudad de Copiapó, oportunidades en que se recaía constantemente en los mismo tópicos: mejores tarifas, nuevas plantas de beneficio, más créditos, una fundición nacional… El tema de fondo, sin embargo, se refería a la construcción de una fundición nacional de oro-cobre. El presidente de la Asociación Minera de Copiapó, Luis Cereceda, pronunció un encendido discurso, el cual repetirían con distintas palabras, otros dirigentes mineros en innumerables ocasiones y escenarios.

los

dIFíCIlEs Años CuArENtA

A partir de 1939, el precio del oro presentó un fuerte descenso, provocando la disminución de la actividad aurífera. La Cacremi, entonces, comenzó a desplazar sus movimientos hacia el cobre, que ya para ese tiempo había empezado una lenta pero creciente recuperación de precio. Con ese propósito, la Caja suscribió contratos con productores particulares de cobre, para abastecer sus plantas de beneficio. Sin embargo, seguía manteniendo la actividad de compra, el fomento y el tratamiento de oro en los planteles que disponían de circuitos de cianuración, como lo era Domeyko. La Caja disponía en aquella época de tres plantas regionales: El Salado, Punta del Cobre y Domeyko, las que contaban con una capacidad de 100 toneladas por día (ton/d) de mineral cada una. Además, se hizo cargo de otras tres plantas más pequeñas: Elisa de Bordos (50 ton/d), Punitaqui (30 ton/d) y Carrizalillo (20 ton/d), las cuales operaban a plena capacidad. Esta mayor actividad de la Caja condujo a la Cacremi a un endeudamiento con las entidades

La tronadura, como primera etapa del proceso de conminución de la roca, tiene como misión el preacondicionamiento o preparación de ésta para su posterior procesamiento, a fin de obtener un producto comercializable en la forma más económica. El desafío, entonces, es transferir la energía del explosivo en la forma más eficiente para iniciar este proceso, propendió a favorecer las etapas siguientes. Foto: Jack Ceitelis.

bancarias, ya que no se le concedieron mayores aportes fiscales. Si bien el Banco Central ayudó a la Cacremi autorizándole a liquidar sus dólares a un cambio preferencial, muy superior al de la gran minería, los años siguientes y, por lo menos durante todo el decenio de 1940, la Caja cayó en ciclos de nuevos desfinanciamientos, alternando periodos de subabastecimiento de sus plantas con otros de formación de importantes stocks de minerales. Esta situación cíclica se debía principalmente a las variaciones del precio de los metales y a la lentitud en las

acciones que tomaba la Cacremi y el gobierno vigente, síntoma que acompañaría a la Caja durante toda su existencia, así como también a su sucesora, la Enami, constituyendo el principal dolor de cabeza de ambas entidades, en lo que se ha llamado el “ciclo perverso”. A contar de 1947, cuando se dio la partida al proyecto de la fundición de Paipote, y para asegurar su abastecimiento, la Cacremi inició una política de ampliación de sus plantas y la construcción de otras nuevas. Se levantó Aguirre Cerda en Copiapó y Osvaldo Martínez en

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Chañaral. Luego, se amplió la sección de percolación de la planta El Salado de 900 a 1.500 toneladas por mes y la sección de flotación de la planta Domeyko, que permitiría el beneficio de 3 mil toneladas por mes de mineral de oro y cobre. Además, se comenzó el estudio y proyecto de una nueva planta en Illapel, llamada El Arenal, proyecto a cargo del ingeniero Carlos Neuenschwander. Entre los años 1947 y 1948, la Cacremi siguió creciendo en el otorgamiento de préstamos. En esos mismos años, construyó y reparó caminos, arrendó diversos equipos y maquinarias a mineros y para 1948, casi duplicó el tonelaje de mineral beneficiado, llegando a cerca de 100 mil toneladas de mineral. Hacia esa fecha la Caja mantenía una situación de prestigio y solvencia, lo que le permitía obtener créditos bancarios con los que pudo satisfacer los pedidos de fondos más urgentes de sus agencias. Sin embargo, los recursos con que contaba la Cacremi seguían siendo insuficientes para atender el volumen creciente de compra de minerales y oro metálico, y para ampliar aún más la capacidad de tratamiento de sus plantas de beneficio. Esto le impedía absorber las existencias acumuladas que cada día aumentaban, incrementando el estancamiento de capitales. Al término de la Segunda Guerra Mundial se generó un problema planetario para vender el cobre, con lo cual se complicó todavía más el financiamiento de la Caja. Con la escasez de fletes hacia el extranjero, las firmas compradoras “gringas” rehusaban ofrecer tarifas para la adquisición de minerales y concentrados y, paralizadas las fundiciones, la Caja no tenía compradores locales. El futuro de los precios se veía incierto debido a las existencias disponibles.7 A pesar de esto, la Cacremi decidió alzar nuevamente la tarifa de compra, al mismo tiempo que aumentó el subsidio a los minerales de oro. Con las alzas se confiaba en que aumentaran las actividades mineras y obtener así una mayor cantidad de divisas. Tal vez ello obedecía a pre7 Carta de Julio Ascuí, vicepresidente de Cacremi, al ministro de Hacienda (1946).

siones del gobierno y a los parlamentarios de la zona norte, consejeros de la Cacremi. Los problemas financieros de la Caja continuaron, por lo que debió reducir parte importante de su personal. Este crítico momento se manifiesta en la carta que Julio Ascuí, vicepresidente de la Cacremi, hiciera llegar al ministro de Hacienda, Jorge Alessandri Rodríguez, el 14 de junio de 1948: “La Caja vive una difícil situación, originada por el desfinanciamiento de su presupuesto y por el incremento en las compras de minerales y oro metálico, debido al aumento en el valor de este último en el mercado interno. Parar las compras de minerales significaría el cierre de muchas faenas, por consiguiente vendría la cesantía y graves dificultades para el gobierno. La cantidad de minerales que se comprará en 1948 alcanzará a las 270 mil toneladas, superior a la de los dos años anteriores. Si se considera el mayor valor que tienen los productos, se entenderá que el capital en giro tiene que ser superior. Si se disminuyen las compras, los mineros tienden a producir más para abaratar los costos, pero si la Caja no les compra, no podrán seguir explotando sus faenas económicamente. Agotados los recursos, la Caja se vería obligada a paralizar sus actividades”, argumentaba afligido Julio Ascuí.8 Por años se pensó que la real solución a los problemas de la Cacremi y, por cierto, de la pequeña minería nacional, radicaba en la construcción de una fundición de oro y cobre. Lamentablemente, y por diversos obstáculos, este proyecto solo se logró materializar a comienzos de la década de los cincuenta.

La fundición Paipote inició sus operaciones industriales el año 1951, y su construcción resultó ser la culminación de un largo debate nacional sobre la necesidad de disponer en el país de una fundición estatal, que apoyara la actividad minera de pequeña y mediana escala. Paipote fue conocida en su tiempo como una “auténtica población modelo”. Contaba con una escuela donde se educaban alrededor de 140 niños, una pulpería, servicio de correos y telégrafos, un policlínico, un retén de Carabineros y una capilla. Se construyeron, además, residencias especiales para los obreros y empleados solteros, las que incluían biblioteca, salones de esparcimiento y de reuniones para los sindicatos y clubes deportivos. Todos estos edificios formaban la plaza principal de la villa. Fotos: Arriba, Museo Histórico Nacional. Abajo, Archivo Enami.

lA EMprEsA NACIoNAl dE pAIpotE y s oCIEdAd ExplotAdorA dE MINAs

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En 1939, a raíz del terremoto de Chillán, el Presidente Pedro Aguirre Cerda creó la Corfo. Dentro de ella se formó el Departamento de Minería y la Comisión Permanente de Minería. En esta comisión participaban Cacremi, Sonami y el Instituto de Ingenieros de Minas
8 Hernán Danús. Crónicas mineras de medio siglo. RIL Editores, 2007, p. 63.

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Para la realización de la fundición se removieron 150 mil metros cúbicos de tierra; se levantaron 9.500 metros cúbicos de hormigón; se montaron 1.500 toneladas de acero estructural; se importaron desde Estados Unidos 6.700 toneladas de maquinarias y material; se utilizaron 120 mil bolsas de cemento para las construcciones, mil toneladas de acero y 100 mil pulgadas de madera. En la foto de arriba se puede apreciar el conjunto habitacional mientras que en la de abajo se observa la campana de evaporación del laboratorio químico. Fotos: Arriba, Bob Borowikz. Abajo, Marcos Chamúdez. Archivo Enami.

El 30 de octubre de 1951 se nummodo luptat, reverbero a diam, comenzó el proceso de tionum veliquisis nim alis tat, veraessequat ad dignit encendió el horno con velit do leña y conullan ut luptationse chancado. En una sencilla ad ceremonia, endrerc illaoreet num nis dolorem dipisci duipsusto digna faci blaoreet había sido un sueño ent lam tationsecteel gerente Fernando Benítez, declararía: “Esta obra que durante 30 años irilit, veliqui esequip dorado de los mineros de esta tierra, enciende sus fuegos bajo los mejores auspicios. Nunca jamás habíasele presentado al noble metal rojo un porvenir más esplendoroso”. El 28 de diciembre de 1951, luego de superar problemas con los molinos de carboncillo, salió la primera barra de cobre blíster de la Fundición Nacional de Paipote. Fotos: Bob Borowitz, Archivo Enami.

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de Chile, ocupando un importante papel los ingenieros de minas Laín Diez y Pedro Álvarez. La Corfo asignó un rol determinante a la idea de crear la fundición nacional, la cual ya había sido aceptada por la Cacremi en 1938. Corfo acordó su construcción en octubre de 1939. La ubicación obvia sería en la región de Atacama, lo que desató diversas polémicas. Se consideraban principalmente las localidades de Chañaral y Paipote; finalmente, se llegó a un consenso. Entonces, se convino formar una sociedad independiente entre la Cacremi y la Corfo (Funapai), para construir la fundición en Paipote. El conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial paralizó el proyecto por algunos años. Pero en 1947, una vez terminada la guerra, el presidente Gabriel González Videla lo retomó, asignándole su manejo a la Caja a través de Funapai, con un financiamiento proveniente de aportes fiscales. Desde 1947, cuando se dio inicio al proyecto de Paipote, la labor principal de la Cacremi fue apoyar la construcción de la fundición asegurando su abastecimiento. La Caja, al momento de comenzar la instalación de Paipote, necesitó de un yacimiento propio de fundentes, para lo cual organizó la Sociedad Explotadora de Minas, que actuó como empresa prospectora. Se encontró la mina Teresita (de fundentes calizos con cobre), ubicada en las cercanías de la fundición. Asimismo, esta sociedad asumió el importante papel de abrir nuevas minas en acuerdo con la Cacremi. Fue ésta la primera acción de las instituciones de fomento en el desarrollo directo de yacimientos. Aprobada la construcción de la fundición nacional de Paipote, el Departamento de Minería de la Corfo, dirigido por Laín Diez, realizó los cálculos metalúrgicos y los estudios de terreno para establecer el mejor sitio para su instalación. El lugar escogido fue un paraje desértico, cuatro kilómetros al sureste de la estación de ferrocarril de Paipote. Como prioridad se estableció la Agencia de Compra, para ir formando reservas de minerales. En sus canchas empezaron a juntarse los distintos minerales de cobre, oro y plata. La compra de minerales para Pai-

pote desató gran actividad económica en toda la región de Atacama y, en menor medida, en Coquimbo y Antofagasta. La idea original que se tenía para Paipote era la de una fundición de minerales y concentrados de oro, pero hacia 1951, la producción de la pequeña y mediana minería había virado al cobre. Afortunadamente, el proceso metalúrgico escogido operaba indistintamente con productos de la minería del oro o de cobre. Finalmente, tras todos los avatares, se concretó el sueño de la Cacremi y de muchos pequeños y medianos mineros chilenos. El 26 de enero de 1952 se inauguró la ansiada fundición de Paipote. La apertura fue realizada por el presidente Gabriel González Videla. Esto significó una transformación de la exportación de minerales y concentrados, ya que a partir de ese momento, se enviaría al extranjero el cobre en barras, lo que auguraba un gran progreso para la minería chilena.

El últIMo dECENIo . lA EMprEsA NACIoNAl dE F uNdICIoNEs
Desde 1950, y durante todo el decenio, el precio del oro descendió bruscamente y en forma continua. El cobre también sufrió bajas por la Guerra de Corea y luego, al finalizar la década, por la crisis mundial que se inició en 1957. Los continuos reajustes del valor del dólar fueron insuficientes para paliar las bajas del precio de los metales y los aumentos de los costos de producción de la pequeña y la mediana minería en años de alta inflación, y se vivieron momentos difíciles en el sector. La Cacremi tuvo que aumentar sus tarifas subsidiando a la minería debido a las quejas de la Sonami, apoyadas por los parlamentarios de las regiones mineras, situación que generó un severo desfinanciamiento en la Cacremi. Las plantas no daban abasto para procesar los excedentes de minerales ya comprados y no vendidos, produciéndose una pérdida por lucro cesante, un nuevo ciclo perverso. Estos problemas se agravaron a causa de la presión de cuatro parlamentarios que forma-

Los trabajos en Paipote comenzaron bajo la presidencia de Gabriel González Videla –en la foto, durante la inauguración de ésta– quien pudo exhibir al término de su gobierno una obra que inició y entró en actividad durante su administración. En el discurso que ofreció –1947–, el Mandatario manifestó que la planta estaba llamada a producir la más profunda y útil revolución en el proceso económico chileno. Por su parte, Hernán Videla Lira, enfatizó la necesidad histórica de la fundición: “… fue en aquellos días cuando la Sociedad, buscando una nueva fuente de recursos para ir en ayuda de la minería, reparó en que los manufactureros de cobre tenían una situación privilegiada, ya que recibían el metal al precio de costo de las compañías norteamericanas…” Fotos: Archivo Enami.

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En la foto aparecen, entre otros, el gerente general de la fundición, Fernando Benítez –con suspensores– y Andrés Zauschkevich –el más alto–, administrador de ésta y hombre clave en la creación de la fundición y posteriormente de Enami. Foto: Archivo Enami.

Esta imagen de 1950 muestra el inicio de la construcción del sector norte del campamento de Paipote. Las viviendas destinadas para los empleados y obreros fueron construidas durante los tres años siguientes. Foto: Museo Histórico Nacional.

ban parte del Consejo de la Cacremi y que solicitaban con frecuencia subsidios a las tarifas, contrataciones de personal innecesario y la demanda de préstamos sin justificación técnica, los que estaban destinados a satisfacer a su clientela política en Atacama y Coquimbo. Este grave inconveniente se originaba a partir de la ley que creó la Caja, que estipuló que en su Consejo debían participar cuatro parlamentarios de las provincias mineras. Este escenario motivó al presidente Jorge Alessandri a cambiar, en 1960, la estructura de la Cacremi por la Enami, en cuyo Directorio no se incluyeron parlamentarios.

A mediados de la década de los cincuenta, la Cacremi elaboró un plan destinado al mejoramiento y ampliación de sus plantas de flotación y la construcción de nuevas plantas de lixiviación de cobre. El objetivo era disminuir las existencias de minerales en sus agencias de compra. El plan contempló la ampliación de la planta de Aguirre Cerda y elevar la capacidad de ella en 1.000 toneladas mensuales. Instaló además, plantas de lixiviación de cobre en Osvaldo Martínez y Domeyko y construyó una nueva planta de lixiviación anexa a la fundición de Paipote. En 1952, se había instalado la planta Illapel que tuvo una capacidad de 150

toneladas por día de minerales de concentración, la que por más de 20 años fue una gran ayuda para los pequeños mineros del sur de la provincia de Coquimbo. A pesar de sus problemas de financiamiento, la Cacremi continuaba atendiendo a los mineros en 34 agencias de compras, doce oficinas de ventas de insumos de su filial Sademi, doce laboratorios químicos, el Laboratorio Metalúrgico de Quinta Normal y en sus tres oficinas regionales de fomento. La fundición de Paipote, luego de algunos obstáculos en sus años iniciales, funcionó exitosamente, alcanzando una producción récord de aproximadamente 20 mil toneladas de cobre blíster en 1958. Tres años antes, se había cambiado el nombre de la empresa Funapai por el de Empresa Nacional de Fundiciones (Enaf), con el fin de abarcar también las instalaciones de nuevas fundiciones. Sus éxitos comerciales y financieros permitieron que colaborara con la endeudada Caja en la compra de minerales y el otorgamiento de

créditos. Se inicia, además, el proyecto de una nueva fundición para la zona central, propósito que daría origen a lo que posteriormente sería la fundición y refinería de Ventanas, ubicada cerca de Quintero e inaugurada por los presidentes Jorge Alessandri en 1964 (la fundición) y por Eduardo Frei Montalva en 1966 (la refinería), ambos hechos, ya como Empresa Nacional de Minería. Así termina la controvertida, destacada y pujante historia de la Caja de Crédito Minero, que resistió más de tres décadas de peripecias, experimentando derrotas y victorias, con grandes y significativas obras en la minería chilena; Paipote, una de las muestras más representativas de ello. La Cacremi siempre permanecerá en la memoria de todos los que la vieron crecer y desarrollarse, puesto que fue una gran institución de fomento que, sin duda, contribuyó al progreso económico y social del país y que en 1960 desapareció para dar paso a la Enami.

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FoMENto MINEro dEsdE lA CACrEMI hAstA lA ENAMI. hIstorIA y rEFlExIoNEs

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Foto: Luis Ladrón de Guevara

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dEsArrollo

hIstórICo dE lA ENsEñANzA MINErA EN C hIlE
Claudio Canut de Bon Urrutia

l

a geología mineralizada influyó en el destino de Chile y en el rumbo económico de la zona norte del país. El descubrimiento, hace más de 300 años, de yacimientos de oro, plata y cobre, tuvo un poderoso efecto dinamizador sobre la actividad productiva de la fuerza laboral que vio en la minería una posible fuente de ingreso y de desarrollo, aparte del comercio o la agricultura. Esto trajo como consecuencia la necesidad de conocer y desarrollar técnicas para su explotación. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII los conocimientos prácticos demostraron, por sus resultados, ser ineficientes. Se hizo entonIgnacio Domeyko fue pionero en la enseñanza de Ciencias Naturales –término que en la época incluía la Biología, Química, Física, Geología, Geografía, Cosmografía y otras disciplinas–, procurando el rigor científico en sus alumnos. Valoró y practicó con los estudiantes las excursiones de estudio, enseñó a llevar notas de terreno, a mantener un libro con resultados de experimentos realizados en sus clases. Como no existían en el país textos de estudios, escribió algunos como el “Tratado de Ensayes”, publicado en la imprenta del Colegio (Liceo actual) en 1844.

ces patente la necesidad de una educación minera sistemática a inicios del siglo XIX, cuando el país consolidaba su vida política republicana. Chile se abrió al comercio libre, como también a la posibilidad de que empresarios ingleses desarrollaran proyectos en la zona de Atacama. El informe que hace Carlos Lambert en 1817, dirigido a las máximas autoridades del país, es bastante claro al señalar que las minas nacionales estaban rezagadas en cuanto a sus procedimientos de trabajo y no seguían técnicas que eran enseñadas en escuelas de minería europeas desde mediados del siglo anterior y difundidas en libros técnicos, los que eran escasamente conocidos en Chile. Y si bien hubo algunos intentos por mejorar los procesos metalúrgicos –por ejemplo, por orden del Rey de España, se enviaron algunos expertos alemanes a introducir mejoras en los trabajos de obtención de metales preciosos–, Chile muchas veces quedó al margen de estas iniciativas. La educación formal se inicia en nuestro país durante el proceso de independencia, a través de la fundación del Instituto Nacional en 1813,

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Izquierda: Buenaventura Osorio fue el primer director de la Escuela de Minas de La Serena, fundada el 26 de agosto de 1887, año en que se creó además el Museo Mineralógico. Esta escuela práctica de minería, funcionó en principio con profesores de enseñanza minera del liceo, siendo Buenaventura Osorio el decano de ellos. En esta posición, adquirió

una nueva sede, organizó los primeros cursos en forma independiente al liceo y reestructuró la escuela. Por lo anterior es considerado el gran artífice en la formación de la Escuela de Minas. Al centro: Demetrio Rojas, director de la escuela en 1918, posa junto a un teodolito. Arriba: Patio interior de la escuela, 12 de octubre de 1918. Fotos: Archivo Claudio Canut de Bon.

en Santiago. Allí se impartían las asignaturas de matemáticas y ciencias naturales, pero con dificultades debido a la escasez de educadores. A partir de 1826, el ingeniero español Andrés Antonio Gorbea introduce la enseñanza de las matemáticas y la geometría práctica. Se comienzan a formar agrimensores y en 1831 la carrera se organiza con título legal. También se introduce la enseñanza de la mineralogía. Estos conocimientos estaban presentes al momento de fundarse la Universidad de Chile en 1842.

IgNACIo doMEyko los INICIos

EN

lA sErENA.

Paralelamente, la educación se extiende a La Serena, donde se funda, en 1821, como liceo, el segundo establecimiento del país, el Instituto Nacional Departamental de Coquimbo. Lo notable es que en este plantel también se estableciera la cátedra de química y mineralogía, reconociéndose así la necesidad de seguir enseñando las ciencias naturales, básicas en la futura instrucción minera.

En 1827, el ingeniero e industrial Carlos Lambert se instala en La Serena, adquiere la mina Brillador, cercana a la ciudad, y levanta la primera fundición de minerales sulfurados de cobre que utiliza el método inglés basado en el uso de hornos reverberos. Es la primera innovación en la minería chilena. La mecanización de la mina se puede considerar como el inicio de la revolución industrial en Chile, específicamente en la minería de cobre. La necesidad de traer personal práctico inglés para realizar trabajos calificados evidenció la carencia de conocimientos técnicos mineros en Chile. Aprovechando un viaje de Lambert a Francia, el intendente de la provincia le encargó contratar y traer un profesor para la cátedra vacante de química y mineralogía del liceo serenense, financiando el viaje y la compra de libros y de aparatos de laboratorio. La Escuela de Minas de París contactó a Ignacio Domeyko, joven polaco nacido en Lituania y exiliado en Francia, ingeniero de minas recién egresado. Éste aceptó ser contratado por cinco años como profesor en Coquimbo, como también se le decía a La

Serena. Se quedaría el resto de su vida en Chile. Llegó directo a esa ciudad en 1838, sin pasar por Santiago. Según relata Domeyko en sus Memorias, lo que le solicitaron a su llegada fue que realizara una instrucción completa, que era equivalente a un curso básico de técnicas mineras, a jóvenes alumnos que no tenían siquiera nociones de física ni química. En el liceo la autoridad educacional entendía que decir mineralogía era decir minería. Domeyko se adaptó a la situación y preparó sus cursos desde las ciencias básicas hasta ramos de topografía, explotación, fundición, entre otros. Así, se inauguró la enseñanza de la minería en Chile, en La Serena. Después de tres años obtuvo becas de perfeccionamiento en Francia para tres de sus mejores alumnos, que fueron los primeros becarios chilenos. A su regreso, en 1844, Domeyko les hizo entrega de sus cátedras y preparó su regreso a Europa. Sin embargo, la Universidad de Chile ya había logrado interesarlo para que se integrara a ella como docente en química, lo que se hizo efectivo en 1846.

Cabe destacar que en La Serena se imprimieron, por primera vez en Chile, dos libros que Domeyko escribió para sus alumnos y para profesionales. Fueron su Tratado de Ensayes (análisis químico de minerales), en 1843, y su famosa Mineralogía, al año siguiente, en la imprenta del Colegio de Coquimbo (el Liceo de La Serena). El curso de matemáticas e ingeniería se mantuvo en forma continua, durante 50 años, hasta 1887. Pero la creación de la Escuela Práctica de Minería en La Serena en ese mismo año inicia otra etapa.

uNIVErsIdAd

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ChIlE

EN

sANtIAgo

Dado que la Universidad de Chile no estaba completamente organizada y funcionaba en combinación con el Instituto Nacional, se vio necesaria una reforma que fue encargada a Ignacio Domeyko. El proyecto fue presentado en 1852. Un año más tarde se creaba la carrera de ingeniería, en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, y en ella estaba incluida la ingeniería de minas.

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Desde 1838 se otorgó el título de agrimensor, lo que ocurrió exclusivamente hasta 1855. El primer ingeniero de minas fue Vicente Abasolo, en 1856, junto a Paulino del Barrio y Anselmo Herreros; estos dos últimos serían parte de la historia del Colegio de Minería de Copiapó, fundado en 1857. Sería la tercera institución de enseñanza minera en Chile. Según relata Domeyko en sus informes como rector de la Universidad de Chile, en la segunda mitad del siglo XIX, había años en que no se presentaban alumnos de la capital para seguir estudios de minería. Los únicos eran de provincia, de La Serena y Copiapó, que de los cursos de matemáticas superiores e ingeniería de sus liceos, se recibían de ingenieros de minas dando su examen en la Universidad de Chile en Santiago. Desde inicios del siglo XX hasta 1930 se registra un enorme descenso en los titulados de ingenieros de minas, a pesar del aumento de profesionales de otras ingenierías. Con respecto a libros técnicos de la especialidad, es interesante señalar que en 1847 se imprimió en Santiago (en la imprenta de los Tribunales) una copia fiel de la edición príncipe de los Elementos de Laboreo de Minas (1838) de Joaquín Ezquerra del Bayo. Es el primer libro de técnicas mineras y maquinarias de explotación usado en Chile. Este libro, que ya circulaba en España, contenía muchas referencias a procedimientos empleados en yacimientos mineros alemanes.

Dibujo realizado por Ada Richard de la fundición de Guayacán. La Compañía Chilena de Fundiciones se alzó en el mismo lugar donde los ingleses dieron partida regional a las técnicas de fundido del cobre en las que Lambert fue maestro (1903). Abajo: Antiguo edificio de la Escuela de Minas de La Serena ubicado en la intersección de las calles Anfión Muñoz y Benavente. Fotos: Archivo Claudio Canut de Bon.

Alumnos de la Escuela de Minas de La Serena visitan la sección flotación de El Teniente (1917). La escuela sería continuadora del legado de enseñanza de la minería que Domeyko había comenzado hacía años, caracterizándose por una fuerte formación básica en ciencias y en disciplinas de la ingeniería, mucho trabajo de laboratorio y experiencia práctica. Foto: Archivo Claudio Canut de Bon.

ColEgIo

dE

MINEríA

EN

CopIApó

Si en la provincia de Coquimbo la minería estaba centrada en minas de cobre (Brillador en La Serena, Tamaya en Ovalle) con sus fundiciones, en la provincia de Atacama el centro económico eran las minas de plata de Chañarcillo y Tres Puntas. Los vecinos de Copiapó, a través de la Junta de Minería, la Municipalidad y contando con financiamiento estatal, fundaron en 1857 el denominado Colegio de Minería. Su primer director fue el ingeniero de minas Paulino del Barrio, nacido en Valparaíso, y que promocionó

su creación. Falleció en el cargo apenas ocho meses después de asumirlo. El segundo director, también ingeniero de minas, fue Anselmo Herreros, y ocupó el cargo entre 1858 a 1861. Le sucedió José Antonio Carvajal, serenense, ingeniero de minas egresado en 1860, alumno de Domeyko. En 1864 el colegio comenzó a funcionar dentro del Liceo designado como de primera clase. Carvajal fue nombrado rector y ejerció como tal hasta 1891. Fueron 30 años de enseñanza minera, con creación de biblioteca, museo mineralógico, laboratorios, en plena zona minera atacameña. Los títulos otorgados eran los de administrador y mayordomo de minas. Como se aprecia, los primeros tres directores del Colegio de Minería fueron formados bajo la influencia directa de Domeyko. Recién en 1885 se crea la Escuela Práctica de Minería de Copiapó. Por orden del gobierno central en 1896 se suprimieron los cursos de in-

genieros en los liceos de Copiapó y La Serena, que ese año tuvo apenas seis inscritos. En 1898 se nombró como director y profesor en Copiapó al ingeniero de minas Casimiro Domeyko, que, al igual que su padre, se había titulado en la Escuela de Minas de París. Éste debió separar el Liceo de la Escuela, para su funcionamiento independiente.

EsCuElA práCtICA dE l A s ErENA

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MINEríA

Cabe señalar que las Escuelas Prácticas de Minería nacieron producto de una ley, promulgada en 1881, sobre beneficios a los inválidos y familiares de los miembros de las fuerzas del Ejército y la Marina que habían participado en la Guerra del Pacífico. Se indicaba que “el Estado fundará y sostendrá una Escuela Práctica de Minería en la provincia de Atacama, y otra en la de

Coquimbo, destinadas a dar asilo e instrucción gratuita a todos los hijos de los individuos del Ejército y la Armada que hayan fallecido durante la campaña”. Esta ley tardó en aplicarse. Solo gracias a los esfuerzos de la Sociedad Nacional de Minería, recién fundada en 1883, se logró, como un objetivo gremial de los industriales mineros, que se aplicara en Copiapó y La Serena, permitiéndose así la creación de las Escuelas Prácticas en 1885 y 1887 respectivamente. En Santiago se inauguró otra que tuvo corta vida y fue cerrada a principios del siglo XX. En La Serena, la Escuela se separó, casi de inmediato, del Liceo de Hombres de esta ciudad, trasladándose a un local propio. Contaba ya con 50 años de experiencia en docencia minera, que se iniciara –decíamos– en 1838. Su primer director fue Buenaventura Osorio, también discípulo de Domeyko. Éste recibió su título de agrimensor en 1855 en la Universi-

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dad de Chile, en Santiago, lo que lo facultaba también con conocimientos de química y minería. Desempeñó el cargo de director hasta su fallecimiento en 1907.

EsCuElA INdustrIAl

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sAlItrE

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la actividad de la minería se desarrollaba principalmente en la producción y exportación de cobre en minas que hoy consideramos de tamaño mediano a pequeño. La plata estaba localizada en dos o tres centros mineros y a fin de siglo su minería decayó rápidamente. Después de la Guerra del Pacífico, el interés minero se centró además en yacimientos de nitratos. En las dos primeras décadas del siglo XX, Chile vio nacer la gran minería con los yacimientos de El Teniente y Chuquicamata, que contaban con nueva tecnología estadounidense. El interés minero se trasladó más al norte del país. En 1918 se funda en Antofagasta la Escuela Industrial del Salitre, que se transformaría posteriormente en la Escuela del Salitre y Minas y finalmente en la Escuela de Minas de Antofagasta.

des relacionadas con la investigación científica, lo que influyó en el aumento y calidad del cuerpo académico. En 1959 se dictaron los primeros estudios de posgrado en ingeniería, lo que permitió crear una especialización, además de actualizar conocimientos. Siguiendo estos aires, la Universidad de Concepción creó, en 1950, la especialidad en ingeniería metalúrgica. En la enseñanza técnica, por su parte, los egresados hacían notar la necesidad de escalar en conocimientos y preparación. Así se llegó en 1940 a la creación de la Escuela de Ingenieros Industriales, y en 1944 a la del Instituto Pedagógico Técnico. Pero la aspiración era dar a estos estudios una categoría universitaria. En 1947, por decreto, se crea la Universidad Técnica del

En 1913, Braden compró la llamada Compañía Minera de Potrerillos y todos los terrenos vecinos, los cuales comprendían un total de 376 hectáreas. Tres años más tarde el empresario norteamericano vendió todas sus pertenencias a la recientemente creada Andes Copper Company, compañía norteamericana subsidiaria de la Anaconda Copper Mining Company. Entre 1917 y 1927, la Andes Copper realizó trabajos de prospección y construcción en las diferentes áreas de producción. Es en esta década cuando se construyeron las plantas industriales, el ferrocarril entre Pueblo Hundido y Potrerillos, las instalaciones portuarias, el tranque, la planta eléctrica y los campamentos. Los trabajos fueron lentos, costosos y presentaron enormes desafíos técnicos; solo en diciembre de 1926 se logró enviar el primer cargamento de mineral a la chancadora y finalmente en enero de 1927 salió la primera producción de cobre blíster. En la foto, se aprecia una de las primeras producciones de cobre en barra en Potrerillos. Foto: Archivo Dibam.

ENsEñANzA

MINErA EN El sIglo

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Estado, UTE, cuyo estatuto tardó cinco años en ver la luz a través de la promulgación de la Ley 10.259. Se fusionaron así bajo este alero universitario todas las escuelas técnicas industriales, lo que incluía a las escuelas de minas del norte de Chile y a la escuela de ingeniería industrial con su carrera de minas. Fue la cuarta universidad creada en el país y la primera descentralizada, aparte de la Universidad de Concepción. Durante 30 años funcionó la UTE impartiendo títulos de ingeniero de ejecución de minas desde 1960. Solo en 1981 con la modificación decretada e impuesta a la enseñanza universitaria, se separaron las sedes provinciales de la UTE y de la Universidad de Chile. Esta independencia fue tomada como oportunidad y se fundaron la Universidad de La Serena (ULS), la Universidad de Atacama (UDA) y la Universidad de Antofagasta (UA). Con la base de ingeniería de ejecución de minas y la fusión con sedes de la Universidad de Chile, se pudo iniciar la docencia en ingeniería civil de minas en cada una de ellas. En la capital la Universidad de Santiago de Chile heredó, como Departamento de Ingeniería de Minas, la antigua Escuela de Ingenieros Industriales (1940) donde se impartía ingeniería industrial de minas. Desde el centro de Chile surgieron voces que señalaban que más universidades con carreras de ingeniería civil de minas en regiones era un exceso que la industria minera no podría absorber. El norte chileno daría una sorpresa brindando las mayores reservas de cobre y molibdeno, más oro y plata, cuya producción sobrepasaría las estadísticas mineras tradicionales. Las nuevas universidades del norte de Chile dieron el paso de iniciar investigación científica y aplicada, y establecieron contactos con universidades extranjeras, de Estados Unidos y Europa, para perfeccionar docentes en posgra-

A inicios del siglo XX, la enseñanza minera en La Serena cumplía 62 años de docencia continua; en Santiago, en la Universidad de Chile, 49 años; y en Copiapó, 43 años. Durante este tiempo se desarrolló en la Universidad de Chile el criterio de tener una enseñanza de ingeniería con base científica y promover la formación de técnicos prácticos. Se empezó a recibir influencia del sistema de enseñanza estadounidense, con aumento de cátedras provistas de laboratorios. A partir de 1922 se amplió el conocimiento y visión del ingeniero universitario, con una base en lo económico, contable, legal y de gestión, con vista a su función empresarial. El Instituto de Ingenieros de Chile, fundado en 1888, tuvo un papel destacado en estas modificaciones. En la década de los cincuenta en la Universidad de Chile se desarrollaron nuevas activida-

El Museo Mineralógico de La Serena cumple labores de docencia, investigación y extensión. En este último aspecto, está abierto a la comunidad. Recibe numerosas delegaciones de estudiantes de los niveles básico, medio y superior, contribuyendo así a la educación y a la difusión de las profesiones relacionadas con la minería, la metalurgia y la geología. Actualmente, el Museo cuenta con 6.200 muestras en exhibición y otras 2 mil que se conservan en el Laboratorio de Mineralogía. Fotos: Luis Ladrón de Guevara.

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dos y brindar nuevas oportunidades para sus estudiantes egresados. Es un nuevo avance en la historia educacional minera, que consolida la descentralización. Por otra parte, desde 1975 se observa en Chile una nueva apertura económica en materia de inversiones extranjeras en exploración minera, motivadas por descubrimientos mineros auríferos (mina El Indio) y por el alza internacional del precio del oro. En la minería del cobre, el conocimiento geológico desarrollado en la década de los años sesenta por organismos estatales (Enami, Instituto de Investigaciones Geológicas) permitió comprobar que aún había extensas zonas, entre los grandes yacimientos cupríferos conocidos, susceptibles de buenos resultados. Los hallazgos de la mina La Escondida y otros así lo confirmaron. Esta gran inversión minera, con capital externo, generó puestos de trabajo para las nuevas carreras de ingeniería civil de minas, las que registraron un incremento en todas las universidades con tradición minera. En 1994, motivada por el gran auge de esta importante actividad productiva del país, la Pontificia Universidad Católica de Chile crea el Centro de Minería en su Escuela de Ingeniería, con énfasis en la gestión minera y la economía de minerales. Se suma también a esta tendencia, la Universidad Arturo Prat, en Iquique, continuadora del Instituto Profesional de Iquique, derivado a su vez de una pequeña sede de la Universidad de Chile creada en 1967. Esta casa de estudios ofrece las carreras de ingeniería civil en metalurgia y ambiental, así como la de ingeniería de ejecución en metalurgia extractiva. La tendencia observada a fines de siglo XX e inicios de la nueva centuria es que la ingeniería minera debe complementarse, necesariamente, con conocimientos de preservación del medio ambiente y manejo de la responsabilidad social. En esta línea se crean cátedras nuevas en estos temas o carreras de ingeniería ambiental asociadas a las de ingeniería de minas, como es el caso de la Universidad de La Serena. Ésta, además, cuenta con la mina escuela Brillador, la única en Chile en una mina histórica del siglo XIX.

Al año 2008, la raíz histórica patrimonial de la Universidad de La Serena es de 170 años de enseñanza minera; la Universidad de Chile suma 158 años; la Universidad de Atacama, 141 años; la Universidad de Antofagasta, 90 años de docencia minera. La Universidad de Santiago de Chile, a su vez, tiene 68 años en el mismo registro de antigüedad y la Pontificia Universidad Católica de Chile, 14 años, todas con académicos posgraduados. Desde distintas especializaciones, ellos contribuyen a que Chile prolongue su antigua tradición de enseñanza minera y con sus capacidades ayudan a manejar la principal industria exportadora de Chile o desarrollan destacadas carreras en el extranjero. En la actualidad es sin embargo el Departamento de Ingeniería de Minas de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, la institución formadora de profesionales que más ha contribuido en el desarrollo de la minería nacional, llevándola a su actual nivel, que es reconocido en todo el mundo.

Bibliografía
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La incorporación de sistemas mecanizados en la excavación al interior de las minas contribuye a un trabajo seguro para el personal. La productividad que se puede lograr con estos métodos es significativamente alta, y en absoluto comparable con los métodos tradicionales. Foto: Jack Ceitelis.

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El

EjEMplo pIoNEro dE lA

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ChIlE

Hernán Danús

Si bien la carrera de ingeniería de minas en la Universidad de Chile fue creada en 1853 bajo la inspiración de Ignacio Domeyko, es en el siglo XX cuando se consolida realmente, confiriéndosele una base académica sólida y de gran prestigio profesional. A sus egresados les correspondió liderar el desarrollo minero del país. Aunque debe reconocerse que Domeyko fue el padre de la ingeniería de minas en Chile, desde su llegada al país hasta su posterior desempeño como rector de la Universidad de Chile, hay que señalar que los primeros egresados de la carrera eran más bien peritos topógrafos y analistas químicos que ingenieros de minas. Ello se debió a la carencia de profesores, los que había que traer del extranjero y que duraban poco en el país por sus bajas remuneraciones y porque solían recibir ofrecimientos de trabajo más tentadores fuera de la docencia. A fines del siglo XIX, el país avanzaba hacia una minería vigorosa, entre otras cosas, con el descubrimiento y explotación del salitre en el norte. También empresas con tecnología y capitales extranjeros desarrollaron yacimientos y faenas mineras en el país. La creación de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), en 1883, significó un gran apoyo al desarrollo minero y desde luego a la formación de ingenieros de minas. Con la publicación de Boletines Mineros, ésta abogaba por mayores profesionales, exaltando la profesión y su importante labor en la sociedad. Los primeros ingenieros de minas egresados en estos años sobrepasaban ligeramente la decena y empezaban a prestigiar la profesión. La carrera de ingeniería de minas comenzó en el Instituto Nacional y de ahí pasó a la Casa Central de la Universidad de Chile, construida entre 1863 y 1866, donde permanecería hasta 1874. Fue una de las últimas en retirarse hacia su propia sede. Su edificio definitivo y actual, de estilo neoclásico francés, fue construido entre 1911 y 1912 en la calle Beaucheff e inaugurado en 1922. Los primeros años del siglo XX fueron azarosos, fundamentalmente por la comentada carencia de docentes y por tratarse de una carrera onerosa, que requiere laboratorios y talleres, frecuentes salidas a terreno, mucha diversidad de cátedras, etc. El problema de los profesores se fue solucionando paulatinamente con la importación de excelentes maestros, especialmente de Alemania, los que, a su vez, fueron formando un buen contingente de ingenieros de minas que los reemplazarían más adelante en la

docencia. De estos maestros de comienzos de siglo debemos destacar a Juan Brüggen, formador de la geología en la universidad, a Bert Koerting, profesor de explotación de minas y metalurgia, a Teodoro Kausel, que además de su excelente cátedra dejó un legado en sus hijos y nietos que abrazaron con éxito la carrera de ingeniería de minas. Las primeras generaciones de profesionales fueron exiguas en número; pese a que periódicamente se hacían folletos para divulgar la carrera y entusiasmar a los egresados de los liceos, no llegaban muchos. En los años 19001915 salieron 23 egresados y entre 1916 y 1930 fueron 70. En 1933, la universidad solo entregó cinco títulos de ingeniero de minas. Sin embargo, al llegar la carrera a sus 150 años de vida, en 2003 se habían formado más de 1.200 ingenieros de minas en la Universidad de Chile.1 Pese a su escaso número, los alumnos de esta carrera destacaban ya en 1912, por su asistencia a eventos como el Congreso de Minería y Metalurgia, organizado por la Sociedad Nacional de Minería. En los inicios del siglo XX, la carrera tenía un perfil diferente al del siglo anterior. Los cambios en la enseñanza iban mostrando su mayor fortaleza ya que la sociedad iba requiriendo mayores y mejores profesionales, debido al crecimiento de la administración de un Estado más profesionalizado y tecnificado. Cabe también señalar varias iniciativas de instituciones gubernamentales, como la de Corfo (creada en 1939), que impulsó la industria del acero y el petróleo lideradas por ingenieros de minas de la Universidad de Chile, el Servicio de Minas del Estado (hoy Sernageomin), con sus programas de estudios geológicos, y la Caja de Crédito Minero (antecedente de Enami), con su fundición de Paipote e innumerables plantas de beneficio de minerales diseñadas y construidas por ingenieros de minas chilenos egresados de la universidad. La llegada de inversionistas norteamericanos que emprenden el desarrollo de la gran minería del cobre (El Teniente, Chuquicamata y Potrerillos), aunque en sus comienzos no empleó ingenieros chilenos, otorgó un dinamismo a la economía del país. Un acontecimiento que impulsó el desarrollo de los estudios de la carrera de ingeniería de minas en la Universidad de Chile fue la creación del Instituto de Ingenieros
1 María Celia Baros (2003). 150 años de la enseñanza de Ingeniería de Minas en la Universidad de Chile. GraficAndes, Santiago.

El ingeniero en minas y maestro Juan Brüggen en terreno con alumnos.

de Minas de Chile en 1930. Este aglutinó a estos profesionales, impulsó convenciones técnicas, programas de difusión de la carrera, becas de estudio, publicación de revistas especializadas (Minerales) y fundamentalmente brindó un fuerte apoyo hacia la carrera, monitoreando su desarrollo. La Escuela de Ingeniería, por su parte, mejoró sustancialmente sus cátedras de metalurgia y geología. De ella saldrían los ingenieros que crearon el Laboratorio Metalúrgico de Quinta Normal (de Cacremi), que desarrolló nuevas tecnologías, diseñaron los planes de fomento y las plantas de la Caja, y realizaron el levantamiento geológico del país. Los ingenieros de minas de la primera mitad del siglo XX eran los únicos geólogos que tenía Chile (además de unos cuantos extranjeros). La carrera de geología en la Universidad de Chile, pionera en la formación de estos profesionales, fue creada en los inicios de la década de los cincuenta, por los ingenieros de minas de la misma universidad. La enseñanza de la ingeniería de minas de la primera mitad del siglo XX no disponía de los departamentos por disciplinas en que actualmente se apoya. Tampoco contaba con profesores e investigadores a jornada completa, salvo un pequeño grupo en el Instituto de Geología. Las clases eran dictadas por los ingenieros de minas que la misma universidad había formado en años anteriores. Estos profesionales eran también los principales ejecutivos de las empresas y organismos gubernamentales de la mi-

nería existentes, lo que favorecía el contacto con la realidad minera. Asimismo, eran los directivos del Instituto de Ingenieros de Minas, lo que permitía un diálogo muy beneficioso para la industria y la docencia. Era la época de los profesores de tiza y pizarrón y de los alumnos con regla de cálculo, martillo y brújula. Pero a fines de los años cincuenta, vientos renovadores llegaron a la facultad de calle Beaucheff al asumir como rector de la Universidad de Chile el filósofo e historiador Juan Gómez Millas, quien tenía muy clara la necesidad de impulsar el cultivo de las tecnologías en el ámbito académico orientadas al desarrollo industrial y socioeconómico de Chile. Durante su gestión comenzó la formación de grupos académicos de gran nivel con el envío de jóvenes profesionales a perfeccionarse al extranjero en centros de alto prestigio mundial. La meta del esfuerzo modernizador en los años sesenta era constituir en la universidad un centro académico en ingeniería de minas de excelencia a nivel internacional. Esta revolución llevó a la constitución de grupos académicos dedicados exclusivamente a la docencia e investigación y con ello se llegó a la creación de departamentos disciplinarios como el Departamento de Ingeniería de Minas.2 Simultáneamente, empezaron a forjarse alianzas con universidades extranjeras en aquellas disciplinas en las
2 Hernán Danús (2008). Pasiones mineras. Testimonios de vida. RIL Editores, Santiago.

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que se concentró inicialmente el esfuerzo de desarrollo académico. Al interior de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, este movimiento fue liderado por Enrique d’Etigny, primero como director de su Escuela de Ingeniería y luego como decano; d’Etigny participó activamente en la renovación de la enseñanza de ingeniería de minas. Entre las iniciativas llevadas a la práctica cabe citar el desarrollo de las ciencias modernas de la ingeniería de minas como la geoestadística y de la mecánica de rocas. Al mismo tiempo se suscribieron convenios con la Universidad de Columbia, el Imperial College de la Universidad de Londres y la Escuela de Minas de París. La primera universidad daría apoyo en economía minera, mecánica de rocas, procesamiento de minerales y metalurgia extractiva; el Imperial College, en procesamiento de minerales y metalurgia extractiva, y la escuela de París, en explotación de minas y geoestadística. También se renovaron los laboratorios existentes y se crearon otros para darle importancia a la enseñanza experimental. La renovación de la enseñanza de ingeniería de minas en la Universidad de Chile en los sesenta tenía como meta darle al futuro profesional una sólida comprensión del mundo material en el que iba a trabajar, basada en el estudio teórico y experimental de las ciencias naturales y de las ciencias de la ingeniería; dominio del lenguaje matemático en el análisis del comportamiento de sistemas físico-químicos; capacidad para integrar conocimientos de distintas disciplinas por medio de la resolución de problemas y desarrollo de proyectos de creciente complejidad; espíritu crítico e innovador, que le permitiera desafiar prácticas y paradigmas establecidos en forma constructiva.3 Creada en 1960, la Empresa Nacional de Minería inicia un proceso continuo de contratación de ingenieros de minas, que formándose en las faenas de la empresa y de la mediana minería nacional, llevan a cabo luego el exitoso plan de fomento y desarrollo de la pequeña y mediana minería nacional. Este numeroso contingente de profesionales es el que posteriormente se hace cargo de los enormes desafíos de la chilenización y la nacionalización de la gran minería del cobre. Aquellos ingenieros de minas de la Universidad de Chile fueron pioneros en innovación tecnológica. Entre sus logros es importante destacar la invención y comercialización del Convertidor Teniente (Hermann Schwarze); el desarrollo de la tecnología de lixiviación en pila de minerales oxidados de cobre (Esteban Domic); el inicio de la aplicación de la geoestadística a la evaluación de yacimientos (Marco Antonio Alfaro y Edmundo Tulcanaza) y de la mecánica de rocas (Marcos Didyk) a la planificación de la explotación de minas. Los acontecimientos políticos de 1973 sacudieron al mundo académico y la Universidad de Chile se vio dura3 Hernán Danús (2008), íbídem.

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Edmundo Tulcanaza.

Enrique d’Etigny, decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, sentado tercero de izquierda a derecha. 1961. drometalurgia y electrometalurgia), Collahuasi (geomecánica y geotecnia), Sonami (gestión y economía minera) y Barrick-Placer (medio ambiente en minería). Minera Homestake también colaboró con el Plan. Aspecto singularmente importante del Plan fue la consolidación de los programas de postítulo y postgrado. El número de cursos cortos aumentó a 9 en 1996, 12 en 1997 y 20 en 1998. Algunos de los instructores, nacionales y extranjeros, tenían prestigio mundial en sus respectivos campos. El alto interés de la industria por esta actividad académica dio origen a programas estructurados conducentes a un diplomado en un área específica de ingeniería de minas. La enseñanza de postítulo se convirtió en una actividad permanente del DIM y en un mecanismo importante de transferencia de tecnología a la industria. En corto tiempo, el DIM logró revertir el fenómeno de decrecimiento del interés de los estudiantes del ciclo común por la especialidad de minas. La matrícula aumentó rápidamente en calidad y en cantidad, cumpliéndose así el principal objetivo del Plan. De esta manera, el Departamento de Ingeniería de Minas de la Universidad de Chile ha contribuido al desarrollo de la minería nacional, hasta llevarla al actual nivel de minería de clase mundial.

mente afectada, debiendo muchos académicos salir del país. El proceso modernizador tuvo que esperar hasta las última década del siglo XX. El Departamento de Ingeniería de Minas (DIM) había perdido un número importante de académicos en los años precedentes y la matrícula de estudiantes del ciclo común de ingeniería en la especialidad de minas había disminuido. A mediados de 1995 se puso en marcha una ambiciosa iniciativa reactivadora denominada “Plan de Modernización de la Enseñanza de Ingeniería de Minas”, que se propuso establecer en la Universidad de Chile un centro de formación de profesionales para la minería de nivel internacional. El sello distintivo de los futuros egresados sería su capacidad para liderar el cambio tecnológico necesario para mantener a la minería chilena en el más alto nivel de competitividad. La docencia sería impartida por académicos con reconocida trayectoria de aportes creativos al conocimiento básico o al desarrollo tecnológico de sus respectivas disciplinas. Para alcanzar estas metas, el DIM empezó a reforzar sus cuadros académicos, reincorporando a profesionales altamente calificados en jornadas parciales sustantivas e iniciando un programa de formación de nuevos académicos de jornada completa. La estabilidad del cuadro académico necesaria para un proyecto de largo plazo, se esperaba lograr compensando el aporte de

sus integrantes con sueldos que reflejaran la realidad del mercado ocupacional. También la enseñanza experimental y la investigación fueron consideradas como actividades esenciales en la formación de los nuevos ingenieros. Se pensó que una actividad de investigación de alto nivel, con activa participación de los mismos estudiantes de la especialidad, que ejemplificara el enorme potencial que la industria minera tiene para un trabajo de creación intelectual relevante en el contexto chileno y, por lo tanto, muy gratificante, debería ser uno de los factores poderosos que hiciera de la especialidad de minas un foco de atracción para los buenos estudiantes del ciclo común de ingeniería. A este plan se invitó a la industria minera, creándose una instancia de diálogo para mantener una comunicación fructífera entre las partes. Nacieron así dos mecanismos fundamentales para el desarrollo del plan: la cátedra con patrocinio financiero de empresa y el Consejo Consultivo Universidad-Industria. La respuesta de la industria fue positiva. Con Codelco, se suscribió un convenio de cooperación que le dio vida a las dos cátedras iniciales con patrocinio empresarial del Plan, una en tecnología minera y otra en evaluación de yacimientos. El ejemplo de Codelco fue posteriormente seguido por Enami (pirometalurgia), Phelps Dodge (procesamiento de minerales), El Abra (hi-

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El

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El ArtE dE FuNdIr
Juan O’Brien Boggio

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oda civilización ha sido precedida por el agrupamiento de gente en centros urbanos, el desarrollo de la escritura y la maestría en la fundición de metales. Y la saga es milenaria. La fusión siempre ha sido reclamada como propia de su cultura por los pueblos antiguos: persas, coreanos, chinos, incas, celtas y tantos otros. En el Corán se asegura que fue Dios mismo quien instruyó a David sobre la forma de fundir metales para fabricar su armadura, mientras que los fundidores ingleses aseguraban que ese arte fue conocido en su isla gracias a los meteoritos que caían del cielo cargados de hierro fundido. Desde la primera maestría sobre el fuego en los albores de la humanidad hasta los modernos hornos del siglo XXI, el arte de
Pirometalurgia es el nombre que se da a aquella rama de la metalurgia en que la obtención y refinación de los metales se procede utilizando calor, como en el caso de la fundición. Metales como el hierro, el níquel y el estaño, y la mayor parte del cobre, oro y plata, son obtenidos por métodos pirometalúrgicos, los más importantes y más antiguos de los utilizados por el hombre. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

fundir ha ejercido siempre el mismo y rotundo embeleso: la transmutación de la materia por la alquimia del fuego. Para fundir metales, los españoles usaban en Chile el “horno de manga” o blowing house, como se le conocía en Inglaterra, su país de origen. Este horno tenía forma de cúpula y disponía de una ventana en la parte superior para introducir el mineral y la leña. La operación requería del “caldeo”, que consistía en calentar la olla durante varios días hasta alcanzar la temperatura necesaria para la fusión. Grandes fuelles accionados a mano y conectados al horno a través de una manga servían para avivar el fuego. Esta tecnología solo permitía obtener óxidos de cobre, desperdiciando grandes cantidades de material al descartar mucho cobre contenido en las escorias y no poder tratar sulfuros, abundantes y de buena ley. Fue un químico francés de Alsacia, Carlos Lambert, quien adaptó en Chile una nueva generación de hornos existentes en Inglaterra desde los inicios del siglo XVIII y que él conocía de cerca por haber trabajado en

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las fundiciones de la ciudad industrial de Swansea. Estos habían rápidamente desplazado los hornos de manga y se conocían como hornos de reverbero. En sus comienzos, la innovación respecto del horno de manga consistió en la existencia de dos bóvedas conectadas, una para el mineral y otra para el combustible, cuyo calor fundía el mineral por reverberación. Fue una feliz iniciativa, que no solo hizo rico a Lambert al comprar a precio de subasta grandes cantidades de escoria (esencialmente del escorial de la fundición de Guamalata, en La Serena), desdeñada por los incrédulos e ingenuos mineros chilenos, sino que permitió el despegue de la industria nacional del cobre que, con alrededor de cien fundiciones entre Copiapó y Aconcagua, haría de Chile el productor más grande del mundo a partir del beneficio de sulfuros, entre 1830 y 1880 aproximadamente. Hubo muchas tentativas para reemplazar al reverbero debido a su limitada eficiencia energética, pero los intentos no fructificaron sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial con el advenimiento del horno Flash, desarrollado en las frías tierras de Finlandia por la empresa Outokumpu. Este país había perdido sus depósitos carboníferos de Carelia a manos de la entonces Unión Soviética y optó por desarrollar una tecnología propia menos intensiva en el uso del carbón para explotar sus depósitos de cobre. El resultado en 1952 fue el mundialmente conocido Flash Outokumpu, orgullo de la tecnología finlandesa y ejemplo de innovación para países en todo el mundo. En esencia, del reverbero –cuyo corazón genera temperaturas cercanas a los 1.600 grados Celsius–, se obtiene un producto llamado eje, con contenidos de sulfuros de cobre y de fierro. Los finlandeses se remitieron a aprovechar la energía contenida en el azufre para suplir las deficiencias del reverbero, que pierde un 70% de la energía a través de los gases y por radiación a través de sus muros, generando además un gas muy diluido y difícil de utilizar para la producción de ácido sulfúrico. Otra importante innovación en pirometalurgia fue la creación en Chile del Convertidor Teniente (CT) que lleva ese nombre por haber sido desa-

rrollado en la fundición Caletones del complejo cuprífero El Teniente por un grupo de ingenieros dirigidos por el metalurgista Hermann Schwarze, quien estuvo vinculado, antes y después de su invención, a la fundición Paipote y a Enami. El CT es, junto al horno Flash Outokumpu, al convertidor Noranda, al horno Isasmelt y al proceso Mitsubishi, una de las más exitosas alternativas surgidas para eliminar los reverberos con su gran emisión de azufre y para aumentar la captación de gases para la fabricación de ácido sulfúrico. De hecho, Schwarze comenzó a experimentar con el CT siendo empleado de la Braden Copper Company antes de la nacionalización. Cuando Chile recuperó la propiedad de ese yacimiento, muchos ingenieros de Braden se fueron de Chile, pero otros, con Hermann Schwarze a la cabeza, optaron por quedarse y continuar desarrollando sus ideas innovadoras. Estas fueron definitivamente plasmadas con la puesta en marcha del primer CT en 1976 y aplicadas actualmente en las fundiciones chilenas de Caletones, Chuquicamata, Potrerillos, Paipote y Ventanas, además de las fundiciones Caridad en México, Ilo en Perú, Nkana en Zambia y Rayong en Tailandia. Sin embargo, la fusión no se agota en el reverbero. Para purificar el eje hasta niveles comerciales, éste pasa a través de un proceso batch a los convertidores Pierce-Smith cuya tarea es doble. Por un lado eliminan el fierro que lo convierten

La industria minera debe enfrentar importantes desafíos, uno de ellos es el manejo adecuado de los residuos mineros. En forma continua se ha incrementado en volumen de material extraído durante la explotación de minerales, las leyes de los minerales han disminuido y ha crecido la cantidad de desechos que deben ser dispuestos, ya sea como material estéril o en la forma de pulpa de relaves. En la imagen se muestra el vaciamiento de desechos en fundición Ventanas. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

El horno de copelación es uno de los grabados impresos en el catálogo de la primera Exposición Internacional de Minería y Metalúrgica realizada el 28 de octubre de 1894. Foto: Archivo Gastón Fernández.

en escoria y, por otro, “soplan” fuera del proceso los contenidos de azufre. El resultado es el cobre blíster que, como su nombre inglés lo indica, está tapizado de burbujas que semejan ampollas. El blíster necesita un proceso adicional, que se conoce como refinación a fuego, donde el material se oxida, descartando así el restante azufre y otras impurezas. Inmediatamente después se elimina el exceso de oxígeno mediante la introducción de troncos de eucalipto u otro reductor. Este cobre se moldea en unas planchas conocidas como ánodos y pasa a la etapa final, que es la refinación electrolítica para su venta como cátodo. La fundición Paipote inició sus actividades en 1951 como parte de una estrategia nacional para fomentar la industrialización chilena. Era, junto a la Compañía de Acero del Pacífico (CAP), otra industria “con chimenea”, una de las expresiones más prístina del “desarrollo hacia adentro”, la estrategia nacional promovida por los gobiernos desde Ibáñez del Campo hasta González Videla para paliar las consecuencias de la gran crisis económica de los años treinta que dejó la economía del país por los suelos. En su relación publicada en el libro Fundición y Territorio, el ingeniero a cargo de su construc-

ción, Andrés Zauschkevich, cuenta que la gran pregunta que siempre se hacían los técnicos de entonces era si los chilenos éramos capaces de construir la obra, si teníamos la inteligencia y el conocimiento para concretarla y si nos “daría el ancho” para operarla sin contratiempos. Y Zauschkevich tenía razón en sus dudas. No obstante la larga tradición de fundiciones operando en Chile, los ingenieros nacionales no tenían acceso a ellas a pesar de que eran aceptados en otras actividades productivas de las empresas extranjeras. En las fundiciones, los propietarios estadounidenses preferían a sus coterráneos. Los viejos ingenieros chilenos de hoy aseguran que se trataba de guardar el secreto del arte de fundir, dándole al proceso la connotación de un rito para iniciados, donde la llama cuece, disgrega, separa, conjunta, sublima y purifica la materia de la piedra para el uso de los hombres y su civilización. Solo a principios de los sesenta se abrieron las compuertas para el ingreso de ingenieros chilenos a las fundiciones estadounidenses, aunque ya se había ganado mucha experiencia en Paipote que, por ese acto, se convirtió en la escuela nacional básica del arte de fundir del Chile moderno.

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CIudAdEs dEl CoBrE EN

AtACAMA

Eugenio Garcés Feliú Colaborador: Juan Carlos Cancino Pizarro

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os Andes no se llamaban Andes y América no se llamaba América, cuando los incas construyeron un imperio que dominó buena parte de este macizo cordillerano suramericano, sustentado por una infraestructura vial como el Camino del Inca,1 que comprendió desde el Guayas hasta el Maule, pasando entre Potrerillos y El Salvador para continuar hacia Copayapu y seguir hacia el sur. Según Humboldt,2 la palabra “andes” podría derivar del término anta, que significa cobre en lengua quechua, lo que reconoce en estas montañas la presencia de este mineral y su utilización por los incas, quienes lo combinaron con estaño para obtener bronce y manufacturar armas, herramientas y utensilios. Así, la vertiente occidental de
1 Los incas integraron su Imperio mediante la creación de cuatro caminos principales, que convergían en Cusco. El camino a Arica y Atacama tuvo ramales hasta el río Maule en Chile. En 2001, el gobierno peruano promovió la iniciativa de postular ante la Unesco el Camino del Inca como Patrimonio de la Humanidad, en las categorías de Itinerario Cultural y Paisaje Cultural, para 2010. Chile se sumó a la iniciativa junto con Colombia, Ecuador, Bolivia y Argentina. 2 Alexander von Humboldt: Mi viaje por el Camino del Inca (18011802), p. 55.

la cordillera de los Andes, llamada de Domeyko en el área sur del Despoblado,3 ha sido un lugar rico en yacimientos de cobre, ya descritos por Rodulfo Amando Philippi en su viaje al desierto de Atacama, realizado en el verano de 18531854.4 En esta región se fundaron Potrerillos (1919) y El Salvador (1959),5 complejos mineros que forman parte de la gran minería del cobre y que fueron integrados durante la década de los ochenta en la empresa Codelco, así como la Fundición Nacional Paipote (1952),6 construida por el Estado de Chile para el beneficio del mineral de cobre aportado por la pequeña y mediana minería. Los tres asentamientos industriales son representativos del poblado in3 De este modo lo menciona Charles Darwin en su libro Darwin en Chile, p. 65. 4 Rodulfo Amando Philippi: Viaje al Desierto de Atacama. Halle, Librería de Eduardo Antón, 1860, p. 119. 5 En relación con Potrerillos y El Salvador, véase Eugenio Garcés Feliú y otros, Las ciudades del cobre. 6 En relación con Paipote, véase Juan O’Brien (ed.), Fundición y territorio y Juan Carlos Cancino, Tesis de magíster Fundición Paipote 1952, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile (2008).

Foto: Claudio Pérez.

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dustrial (company town),7 un modelo alternativo a la ciudad tradicional, construidos ex novo con el propósito de conseguir máxima concentración de capital y trabajo mediante la articulación armónica de viviendas, equipamientos y edificios industriales. Para ello, el poblado industrial recurrió al montaje de una sociedad perfecta al servicio de la producción, buscando alcanzar un equilibrio social a partir de los beneficios de la industrialización, mediante una propuesta en la cual perduran algunos aspectos parciales de las ideas que inspiraron a la Revolución Industrial.8 Los fundadores de Potrerillos, Paipote y El Salvador aspiraron en su medida a ese grado de utopía que representa el estado último de la locura humana y de la esperanza humana,9 más explícito en Paipote, con la industrialización nacional como fuente de progreso social; más formal en El Salvador, con el proyecto urbano y arquitectónico como promotor de buena vida, salud y recreación; más pragmático en Potrerillos, con edificios de equipamiento como aporte sustantivo al bienestar de sus trabajadores en una escala no conocida en Chile. Otro aspecto de gran interés en estos asentamientos mineros es el relacionado con el desarrollo de la técnica. Estos se constituyeron en valiosos laboratorios para la investigación de morfologías urbanas y tipologías edilicias, el ensayo de materiales y sistemas constructivos y el desarrollo de procedimientos metalúrgicos, en el marco de ese campo de exploración siempre dinámico y en constante transformación que ha sido la industria de la minería del cobre. Es destacable también la extensión espacial que abarcaron nuestros poblados industriales. Estos lograron la ocupación industrial de la región de Atacama mediante una organización productiva del territorio sostenida por las redes y los puntos específicos de las operaciones de la
7 Una traducción para company town sería “poblado industrial”, como se los denominó en España. En Francia se les llamó cité ouvrière, en Alemania Arbeitersiedlungen, en Inglaterra industrial village. En relación con los company towns, véase revista Rassegna, 70, 1997/II. 8 Véase Giorgio Ciucci, La Ciudad Americana de la Guerra Civil al New Deal, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1975. 9 Véase Lewis Mumford: The story of utopias (1922).

Potrerillos fue fundada por la Andes Copper Mining Corporation, en 1919, durante la presidencia de Juan Luis Sanfuentes (1915-1920). Está localizado a 1.130 kilómetros al norte de Santiago, en la Región de Antofagasta, entre los paralelos 26º y 27º, a 150 kilómetros del puerto de Chañaral y a 1.800 msnm en la zona sur del desierto de Atacama. Forma actualmente parte de la División El Salvador de Codelco. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

minería, desarrollando vínculos de interdependencia y proximidad respecto de la posición de los recursos mineros, situados en lugares apartados de centros poblados y ciudades existentes entre las que se destacan Chañaral y Copiapó, respecto de las cuales se constituyeron en asentamientos alternativos y complementarios.

potrErIllos, INdustrIAl .

ModElo dE poBlAdo

ANdEs CoppEr M ININg CorporAtIoN, 1919 Potrerillos constituyó un importante asentamiento industrial diseñado en la línea de algunas de los mejores company towns de Estados Unidos, como Pullman (1880) o Gary (1907).10
10 En relación con Pullman y Gary, ver: John W. Reps, The making of urban America. A history of city planning in the United States.

El ingeniero estadounidense Wilbur Jurden fue el superintendente de construcción y jefe de proyecto y adaptó los principios urbanos del company town para levantar un asentamiento modelo con una superficie total edificada de 42.000 m2 que ocupó 18 hectáreas de terreno y demandó una inversión total que superó los 45 millones de dólares. La empresa Andes Copper Mining abordó la colonización industrial de un territorio como el piedemonte de la cordillera de Domeyko, en la zona sur del desierto de Atacama, desprovisto de toda urbanización. Esta situación obligó a la empresa a edificar importantes instalaciones de agua industrial y doméstica, un puerto industrial y un ferrocarril (1919) para conectar Potrerillos con Pueblo Hundido (hoy Diego de Almagro), con un trazado de 90 kilómetros. Las

vías férreas empalmaron con la red norte de Ferrocarriles del Estado para llegar hasta Chañaral, donde un ramal de cinco kilómetros accede al puerto de Barquito, construido para el embarque de la producción cuprífera. En la misma localidad se levantó una central termoeléctrica, a fines de los años veinte, utilizada para abastecer las necesidades de la industria y la población de Potrerillos, ampliada en 1925 y 1926. Todas estas importantes construcciones de infraestructura industrial hicieron posible que en 1927 se exportara la primera partida de 24 mil toneladas de cobre blíster. Sin embargo, los relaves producidos por las operaciones mineras fueron depositados en quebradas aledañas al campamento hasta que en 1938 se empezaron a verter en el río Salado, que desemboca en la bahía de Chañaral, con un impacto ambiental

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considerable. Este hecho obligó finalmente a la construcción de un tranque de relave en el sector de Pampa Austral, cercano a Diego de Almagro, en la década de los noventa. El primer proyecto urbano para Potrerillos (1919) se basa en un trazado composicional que está centrado en la plaza principal, situada en el cabezal jerárquico del proyecto. Desde allí se abre en forma de tridente mediante un eje central y dos grandes ejes diagonales. Al interior de estos ejes, el trazado es ortogonal, conformando manzanas de forma rectangular, con su lado mayor en contra de la pendiente, cada una de ellas subdividida en doce lotes destinados a la construcción de las viviendas para los trabajadores. El Barrio Americano,11 proyectado en el extremo del eje diagonal norte, remata con un trazado sinuoso que aprovecha las cotas del terreno, donde se emplazarían las grandes viviendas para los ejecutivos y técnicos de la empresa Andes Copper. Este proyecto fue modificado por el asentamiento industrial construido entre 1920 y 1927, compuesto por un entramado de viviendas y edificios de equipamiento, mucho mejor adaptado a la topografía que el proyecto de 1919, llegando a albergar cerca de 10 mil habitantes, incluidos los trabajadores y sus familiares. Comprendía un importante sector industrial (1926-1927), no considerado en el plano anterior, edificado al oriente de las vías férreas y la estación del ferrocarril, desde donde domina el paraje con sus dos grandes chimeneas de la fundición situadas en el punto más alto del asentamiento. En el entorno de la plaza fueron construidos la escuela y la iglesia (1926), el hospital (1926), el cuartel de Carabineros (1944), el General Office (1926) y el General Store (1932), que fueron complementados por el hotel, el edificio de sindicatos, el jardín infantil, el club Caupolicán, el teatro Andes y el estadio, entre otros. Las viviendas fueron integradas en conjuntos
11 El Barrio Americano es un conjunto de viviendas y equipamientos diseñados especialmente para los técnicos y ejecutivos de origen estadounidense que trabajaron en la minería del cobre (y también en oficinas salitreras como María Elena y Pedro de Valdivia). Se trata normalmente de barrios segregados, con estándares muy superiores al resto del conjunto edificado.

Vista del hospital, 1928.

Proyecto, 1919.

Planta, 1998.

relativamente autónomos de “campamentos”,12 cada uno compuesto por bloques de viviendas en hilera, dispuestos en forma paralela a las cotas, de orientación oriente-poniente, más adecuados al soleamiento y la topografía que las pequeñas manzanas de viviendas previstas por el proyecto original. Es posible distinguir tres tipos edificatorios en los distintos campamentos. Un buen ejemplo del primer tipo son las viviendas en hilera, agrupadas en bloques lineales, organizados a partir de tres habitaciones articuladas en pareos de forma engranada, a las cuales se les agregaron patios traseros y porches en las fachadas a la calle. Un segundo tipo lo conforman las casas pareadas, compuestas por dos dormitorios, estar-comedor con chimenea, baño, cocina y porche de acceso, con incorporación de un zócalo cuando lo hizo posible la pendiente del terreno. Un tercer tipo –en el Barrio Americano– es la casa aislada de tres dormitorios, estar-comedor con chimenea, baño, cocina y porche de acceso, en “estilo californiano”, con baño y “moderno sistema de cañerías”. Los materiales utilizados en la construcción de las viviendas fueron muy variados. La solución más empleada fue la estructura de madera revestida en plancha metálica ondulada, la conocida “calamina”. Para los muros también se emplearon el adobe, el concreto y el ladrillo, combinando con distintos tipos de cubierta, entre ellos el paper roof y la plancha metálica.
12 Se diferenciaron hasta diez “campamentos”, denominados con letras (A, B, C, etc.).

Casas aisladas, 1999.

Bloques de viviendas de fachada continua, 1999.

El agotamiento de la mina de Potrerillos se produjo en la década de los sesenta. Sin embargo, el campamento fue mantenido en uso ya que la planta industrial continuó beneficiando mineral del nuevo yacimiento de Indio Muerto –que dio origen a la fundación de El Salvador– hasta abril de 1997 cuando fue declarado como zona saturada de contaminación por Conama.13 Al finalizar el año 1999, cientos de familias empacaron sus pertenencias para mudarse a lugares como El Salvador, Diego de Almagro, Llanta y Copiapó, donde un programa conjunto del Ministerio de la Vivienda, Codelco y diversos municipios hizo posible la construcción de nuevas viviendas para los mineros y sus familias. En la actualidad, las instalaciones industriales continúan operando, luego de ser transformadas y remodeladas para adaptarlas a las nuevas tecnologías y requerimientos ambientales, que in13 Conama (Corporación Nacional del Medio Ambiente) es la institución del Estado que tiene como misión velar por el derecho de la ciudadanía a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, la protección del medio ambiente, la preservación de la naturaleza y la conservación del patrimonio ambiental.

Vista de la escuela y la iglesia, 1999.

cluyen la construcción de una planta de ácidos para reducir la contaminación. El campamento Potrerillos se encuentra cerrado, deshabitado y parcialmente demolido. Ha sido beneficiado por un Plan de Conservación14 que está por implementarse.

14 La Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica realizó un completo estudio para Potrerillos. Al respecto, véase Valorización y conservación del patrimonio histórico de Potrerillos, DPI, 1998.

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Foto: Claudio Pérez.

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FuNdICIóN N ACIoNAl pAIpotE, CoMpANy towN A lA ChIlENA .
EstAdo
dE

ChIlE, 1952

La Fundición Nacional Paipote, construida entre 1949 y 1953, fue una obra proyectada por el arquitecto chileno Svetozar Goic.1 Se trata de un asentamiento industrial, pionero en la gestión del Estado en Chile,2 que está ubicado en la Región de Atacama, a nueve kilómetros al este de la ciudad de Copiapó. Está integrado por una gran zona industrial de casi 10.000 m2 que alojó el proceso de fundición del cobre y por un campamento de cerca de 15.000 m2 que llegó a albergar 700 habitantes, cifras que dan cuenta de la escala relativamente pequeña de este asentamiento en relación con Potrerillos. Para la localización de Paipote, la Caja de Crédito Minero, Cacremi,3 tomó en cuenta la posición equidistante de la fundición con los yacimientos de la pequeña y mediana minería, que se encontraban entre Antofagasta y Coquimbo, cuya materia prima era negociada por las agencias de compra de minerales administradas por Cacremi. De esta manera, mediante la construcción de Paipote, el gobierno de González Videla consiguió que la minería del cobre pasara a ser la principal actividad productiva de la región de Atacama, mejorando las condiciones económicas y sociales de la pequeña y mediana minería del cobre en Chile.

La Fundición Nacional Paipote fue fundada por el Estado de Chile en 1952, durante la presidencia de Gabriel González Videla (1946-1952) en una compleja operación que incluyó a Corfo, Cacremi y Sonami. Está localizado a 800 kilómetros al norte de Santiago, en la Región de Atacama, entre los paralelos 27 y 28º, a 74 kilómetros del puerto de Caldera y a 400 msnm, en el límite sur del desierto de Atacama. Forma actualmente parte de la Enami, Empresa Nacional de Minería.

Exposición de la maqueta al presidente González Videla, c. 1950.
1 Svetozar Goic fue alumno de los precursores del urbanismo moderno, entre otros Oyarzún Philippi, Roberto Dávila, Aracena, Ulriksen, Muñoz Maluschka, Gebhard, que ingresaron como profesores a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile después de la Reforma de 1946. 2 González Videla formuló un plan de industrialización nacional basado en cuatro emprendimientos industriales básicos que fueron la generación de energía (Endesa, 1944), la producción del acero (CAP, 1946), los combustibles (Enap, 1950) y la fundición Paipote (1952), a partir de los cuales se zonificó el país de acuerdo a sus recursos naturales y energéticos. 3 En estas agencias se recibía y almacenaba el mineral antes de ser trasladado por ferrocarril hasta la fundición de Paipote, para obtener como producto final el cobre blíster en lingotes (99,3% de cobre). La producción era transportada hasta el puerto de Caldera, ubicado a 70 kilómetros al oeste de Copiapó, donde se exportaba a los mercados internacionales.

Abajo: Planta industrial en construcción, 1952.

La chimenea de la fundición Paipote es una imponente obra que enorgulleció a la ingeniería chilena. Su construcción es de concreto armado y su base tiene un diámetro de 22,3 metros. Fue en su momento, con sus 76 metros de altura, la más alta de Sudamérica, claro está que con efectos ambientales importantes como la contaminación del aire de gran parte del valle del río Copiapó. Sin embargo, en la última década se han reducido las emisiones gaseosas y de material particulado gracias a medidas como la modificación del proceso productivo a través de la incorporación de tecnología moderna y otros sistemas de control contemplados en el Plan de Descontaminación presentado a la Conama en 1995. Foto: Jack Ceitelis.

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Vista de la chimenea desde el campamento. Casa tipo B, del arquitecto Goic, con bow-window.

El papel modernizador propuesto por el Estado,4 vinculó el company town con los postulados sociales promovidos por los gobiernos radicales, sintetizados en los lemas “Gobernar es educar” y “Pan, techo y abrigo”. En este sentido, Paipote contribuyó con los procesos de industrialización nacional y desarrollo social mediante una propuesta urbana, residencial y de equipamiento a la manera de un company town a la chilena, en el cual el Estado reunió las anteriores experiencias en la fundación de asentamientos para la minería del salitre5 y el cobre6 con su aporte al urbanismo y arquitectura en Chile, durante el periodo de industrialización nacional de los años cincuenta. El company town a la chilena consiguió establecer un núcleo de progreso social por medio de un diseño urbano y arquitectónico que resulta de la integración de las funciones urbanas con el ambiente natural y los tipos estructurales. El trazado urbano fue inscrito en un polígono que no sobrepasa los 600 metros de distancia entre un punto y otro, para potenciar una circulación preferentemente peatonal. Se adaptó a la topografía del árido paisaje mediante la extensión de avenidas que delimitaron al campamento y se proyectaron hasta la chimenea de la fundición, el cerro de arena, la agencia de compra de minerales y la zona industrial. El conjunto fue plantado con numerosas especies
4 El papel modernizador del Estado queda en evidencia con la creación de la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales (1937) y la Sociedad Constructora de Establecimientos Hospitalarios (1945), a la que se suma el plan regulador de Concepción y Huachipato (1946) y el Plan Serena (1947). 5 Véase Eugenio Garcés Feliú, Las ciudades del salitre. 6 Al respecto véase Las ciudades del cobre.

Fachada de la escuela.

Posta de primeros auxilios.

Desde sus inicios la fundición contó con un desvío ferroviario, que con sus diversos ramales alcanzaba un desarrollo de 6.700 metros, que empalmaban la red de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado con las distintas dependencias de la fundición. Fotos: Archivo Enami.

Arboleda de la calle principal.

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arbóreas que demarcaban los recorridos e incorporaban vegetación al entorno desértico. Goic situó la zona industrial al noreste del campamento, para evitar el paso de los gases provenientes de la chimenea por sobre la zona residencial. En 1950 se inició el montaje de las estructuras metálicas para las naves industriales, ubicadas en dirección sur a norte e interconectadas mediante correas mecanizadas para el transporte del mineral. Fueron prefabricadas en Estados Unidos por la compañía Allis Chalmers, ensambladas sobre plataformas de hormigón armado7 y revestidas en plancha galvesto, consiguiendo unas instalaciones de última tecnología, a cuyo éxito concurrieron tanto el diseño de los ingenieros estadounidenses como los ajustes y rectificaciones que incorporó la ingeniería chilena.8 La electricidad fue provista por Endesa hasta la construcción de una planta propia. Actualmente Paipote posee una capacidad instalada de 300 mil toneladas métricas finas por año. El residuo ácido de la fundición es expulsado por la chimenea de concreto de 70 metros de altura, como testimonio del proceso de industrialización nacional “con chimenea”. El precio, sin embargo, ha sido alto, ya que por años se contaminó el aire de gran parte del valle del río Copiapó, situación que fue mitigada con la construcción de una planta de ácidos el año 1971 que recibió sucesivas ampliaciones en las décadas siguientes, así como con la aplicación del Plan de Descontaminación del año 1995. El trazado originó la formación de paños urbanizados irregulares, que dejó espacios residuales hacia el centro del terreno, configurando lugares muy apreciados por los niños que jugaban al fútbol en el tierral durante el día. En cada lote de terreno se edificaron los diferentes tipos de vivienda así como los edificios de equipamiento. Para los efectos del diseño arquitectónico, Goic recurrió como imagen de progreso a elementos formales modernos, incluidos un variado repertorio de volúmenes simples con techos aparentemente planos, pilares cilíndricos exentos, ventanas corridas originadas en7 Se utilizó cemento producido en la cementera Juan Soldado de La Serena y acero de la Siderúrgica de Huachipato. 8 Al respecto, véase Juan O’Brien, op. cit. cap. VII.

tre las texturas horizontales de los muros, ventanas ojo de buey, formas curvas y aplicación de murales, de acuerdo con un lenguaje arquitectónico que se había materializado anteriormente en distintos puntos del país.9 Las viviendas para empleados y obreros fueron construidas entre 1950 y 1953. Todas ellas están zonificadas en área de estar y comedor, cocina, baño y dormitorios. De especial interés son los ventanales en esquina de las áreas de estar, tipo bow-window, en las casas de mayor tamaño. Frente a la plaza fueron ubicados edificios de equipamiento tales como la escuela, la iglesia, la pulpería, el correo y el policlínico; en la Av. González Videla, el casino hogar de obreros y el de empleados. La escuela está zonificada simétricamente a partir de un cuerpo central desplazado hacia la plaza, a partir del cual se adicionaron las salas de clase, protegidas del sol de la mañana por una gran parrilla de madera. La iglesia fue ubicada frente a la plaza, donde se destaca el campanario en forma de cruz y la nave construida con marcos de hormigón armado de una altura de siete metros, con techo a dos aguas. El casino hogar de obreros es notable por la forma del acceso al edificio, en parábola de cinco metros de altura, construida en hormigón armado. El casino hogar de empleados está ubicado en la misma avenida que el casino hogar de obreros, con un programa destinado a los empleados solteros. En la fachada del acceso se ejecutó un gran mural que promueve la industrialización tomando como motivo a la propia fundición, con la chimenea y el humo sobre los cerros. La pulpería marca el punto de acceso al centro de Paipote. Su arquitectura se destaca por el elemento semicircular, con ventana corrida, enfrentando la plaza. Todos los elementos del programa así como las formas arquitectónicas y las estructuras resistentes reflejan en plenitud la búsqueda de ese espíritu de la época que caracterizó al ideario de la arquitectura de los años cincuenta en Chile.
9 El estilo moderno había sido utilizado frecuentemente en obras públicas, conjuntos de viviendas y casas construidas en los barrios de Providencia y Ñuñoa de la ciudad de Santiago.

La integración de servicios y equipamientos contempla la satisfacción de las diversas necesidades del poblado industrial, tanto de carácter funcional, cultural, como asimismo las relacionadas con las de naturaleza espiritual de sus habitantes. Foto: Archivo Enami.

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El sAlVAdor,

NEw CoMpANy towN .

ANdEs MININg CoppEr CoMpANy, 1959 El Salvador fue fundado como una nueva ciudad industrial para cumplir funciones residenciales y laborales en complemento con la planta industrial de Potrerillos. El arquitecto estadounidense Raymond Olson, de la empresa Anaconda-Jurden Associates, Inc., responsable del proyecto El Salvador,1 diseñó un conjunto de 1.200 viviendas y equipamientos, para alojar a 6.500 personas en ocho hectáreas de terreno, con una superficie edificada sobre los 40.000 m2. El beneficio del mineral de cobre se efectúa en Potrerillos y su traslado se realiza mediante el ferrocarril que la une con el puerto de Barquito. El transporte del personal se resuelve mediante una red de carreteras que comunica con la mina y sus instalaciones, incluyendo Potrerillos, además de una carretera de 120 kilómetros que conecta con la carretera 5 Norte (Panamericana), Chañaral y Barquito. Además se dotó a la ciudad con un aeropuerto, situado a 30 kilómetros de distancia, y con el estadio de fútbol El Cobre (1979-1980), proyectado por los arquitectos chilenos Recordón y Sartoris. Olson propuso un campamento modelo que incorporó conceptos de good living, health and recreation (bienestar, salud y recreación) según la memoria del proyecto,2 de acuerdo con algunos de los temas planteados por el Team 10 y las primeras New Towns.3 Olson reconoce, en primer lugar, la forma del anfiteatro geográfico en que se situó el asentamiento, con el cerro de la Cruz como resguardo frente a la vastedad geográfica, integrándolo como elemento de referencia desde el campamento, contenido en unos límites urbanos muy definidos, que queda
1 El proyecto se le ha adjudicado erróneamente al conocido arquitecto brasileño Oscar Niemayer. 2 La memoria del proyecto El Salvador fue publicada en la revista Engineering and Mining Association Journal (1958). 3 El Team X nace como respuesta a los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM), con el propósito de recuperar los valores propios de la modernidad a partir de una concepción más integradora de los lugares y los modos en los que las relaciones sociales se producen. Desde 1950 la expansión urbana en Inglaterra y otros países europeos recibió un nuevo impulso con la construcción de las new towns, para la reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial.

El Salvador fue fundada por la Andes Mining Copper Company, en 1959, durante la presidencia de Jorge Alessandri (1958-1964). Está localizado a unos 1.100 kilómetros al norte de Santiago, en la Región de Atacama, a 32 kilómetros al norte de Potrerillos y a 2.300 msnm en la zona sur del desierto de Atacama. Forma actualmente parte de la división Salvador de Codelco. Vista aérea y planta del campamento (1959).
Foto: Luis Ladrón de Guevara.

adecuadamente encajado en el impresionante escenario natural. A partir de ello, el arquitecto planteó un diseño semicircular, recordando la forma de un casco minero, conformado por anillos concéntricos a la plaza como foco de la composición, de manera que el paisaje urbano de El Salvador fuese controlado en su interioridad por calles semicirculares, de perspectivas cortas, hacia las cuales se van presentando las fachadas de las viviendas, para evitar la unifor-

midad del conjunto y la fuga de la visión hacia el despoblado desierto, tal y como se presenta en otros campamentos organizados por el trazado en damero, en los cuales las perspectivas de las calles rectas se pierden en lontananza. Por otra parte, Olson propuso que El Salvador debía ser una comunidad peatonal, con los equipamientos situados a una distancia fácil de caminar desde todas las viviendas, con espacios de recreación localizados en áreas próximas a

los vecindarios y distribuidas de manera uniforme en el área urbana. Proyectó las escuelas lejos de las áreas de mayor tráfico, para seguridad de los niños que se desplazan a pie desde y hacia ellas, como es el caso de la escuela La Mina (1959), proyectada en el encuentro del semicírculo externo con el eje principal, complementada por otro establecimiento educacional en el barrio americano. A su vez, situó al hospital próximo de las áreas residenciales, entre el

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Paisaje urbano, tradición y modernidad, 1960.
Foto: Archivo Enami.

semicírculo del campamento obrero y la extensión del barrio americano. El núcleo principal de equipamientos fue construido en torno de la plaza central, que incluía la iglesia católica, el club social de empleados, el cine Inca, oficinas públicas, bancos, restaurantes y áreas comerciales. Los numerosos espacios públicos y edificios de equipamiento materializaron un programa de ingeniería social,4 que incluyó beneficios de atención médica y hospitalaria, la educación, la recreación, las prácticas deportivas y, en general, diversos estímulos para el desarrollo armónico de la vida social y familiar. El cuidado que puso Olson en el diseño de El Salvador queda en evidencia por el hecho que seleccionó hasta diez diferentes colores pastel, armónicos entre sí, para la pintura del conjunto urbano, evitando la monotonía y cuidando de pintar los techos de un blanco brillante para reflejar el calor En relación con las viviendas, Olson diseñó casas unifamiliares pareadas, de dos pisos, incluidos diferentes modelos de tres y cuatro habitaciones, con estructuras en hormigón armado y cerramientos en bloques de hormigón estucados y pintados. Al plan inicial de 1958
4 Concepto planteado por Margaret Crawford en “The ‘new’ company town”, Perspecta, 30, 1999.

corresponden 280 viviendas de 100 m2, con un programa que incluyó estar-comedor, cocina y dormitorio principal, en el primer piso, y dos o tres dormitorios y baño, en el segundo. El plan de 1970 agregó un segundo grupo, de 144 viviendas unifamiliares pareadas, de un piso, con tres dormitorios, estar-comedor, baño, cocina y lavadero. Entre 1975 y 1976 se llevó adelante un tercer plan de desarrollo, con 180 viviendas de 90 m2, doblemente pareadas en agrupaciones de cuatro unidades, con estar-comedor, cocina, tres dormitorios y baño, ordenados en torno a dos patios. En 1988 se construyeron nuevas viviendas, aisladas, de un piso, con estar-comedor, dos dormitorios, cocina y baño. A su vez, el barrio americano contó con tres distintos tipos de bungalows, todos ellos con un amplio programa de recintos, que incluían cuatro dormitorios, estar, comedor y servicios. Con el paso del tiempo, la vitalidad de los usos urbanos ha ido demandando nuevos terrenos en el área central. A su vez, ha sido necesario incorporar un mayor número de trabajadores, lo que ha elevado los habitantes del asentamiento a cerca de 15 mil personas, con el consiguiente aumento de equipamientos y viviendas. A medio siglo de su construcción, El Salvador es un asentamiento complejo, con número de habitantes, viviendas, equipamientos e infraestructura como para ser considerada una ciudad en pleno derecho, edificada según un proyecto que como hemos visto, aseguró los mejores estándares funcionales y constructivos. Sin embargo, su cierre ha sido programado por Codelco para el año 2011. Esta situación resalta una vez más la condición puramente funcional de estos asentamientos, cuya vida útil está vinculada estrechamente con el horizonte de explotación de los recursos mineros. Ahora bien y considerando la gran calidad que posee el asentamiento y el importante rol que ha jugado y juega actualmente en la ocupación del territorio en la región de Atacama, es indispensable analizar, proyectar y generar una variada gama de estrategias para la reutilización de El Salvador según nuevos usos y actividades, complementarios y alternativos con los de la minería del cobre.

Bibliografía
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Bienestar, salud y recreación fueron conceptos clave en la planificación de El Salvador, ciudad minera asentada en forma de anfiteatro en la inerte vastedad del desierto. Foto: Jack Ceitelis.

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el

Chiflón del diablo

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e xtraCtos
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Baldomero Lillo
Antes que el cine o que la televisión, la novela social chilena reveló a través de la pluma de sus grandes autores, la realidad oculta del Chile de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. El Chiflón del Diablo, que integra el volumen de cuentos SubSole, está ambientado en las minas de carbón, probablemente en la región de Lota, Coronel o Lebu. La tragedia que narra el autor transcurre entre los años 1890-1900 y durante un crudo invierno, justo cuando las lluvias eran más intensas y “las puertas y ventanas se abrían y cerraban con estrépito, impulsadas por el viento”.

Foto: Museo Histórico Nacional.

El chiflón del diablo Llampo de sangre Quebrada, las cordilleras en andas Glosario minero

el capataz de turno, sentado en su mesa de trabajo y teniendo delante de sí un gran registro abierto, vigilaba la bajada de los obreros en aquella fría mañana de invierno. Por el hueco de la puerta se veía el ascensor aguardando su carga humana que, una vez completa, desaparecía con él, callada y rápida, por la húmeda abertura del pique. Los mineros llegaban en pequeños grupos, y mientras descolgaban de los ganchos adheridos a las paredes sus lámparas, ya encendidas, el escribiente fijaba en ellos una ojeada penetrante, trazando con el lápiz una corta raya al margen de cada nombre. De pronto, dirigiéndose a dos trabajadores que iban presurosos hacia la puerta de salida los detuvo con un ademán, diciéndoles: –Quédense ustedes. Los obreros se volvieron sorprendidos y una vaga inquietud se puntó en sus pálidos rostros. El más joven, muchacho de veinte años escasos, pecoso, con una abundante cabellera rojiza, a la que debía el apodo de Cabeza de Cobre, con que todo el mundo lo designaba, era de baja estatura, fuerte y robusto. El otro más alto, un tanto flaco y huesudo, era ya viejo de aspecto endeble y achacoso.

En una sala baja y estrecha,

Ambos con la mano derecha sostenían la lámpara y con la izquierda su manojo de pequeños trozos de cordel en cuyas extremidades había atados un botón o una cuenta de vidrio de distintas formas y colores; eran los tantos o señales que los barreteros sujetan dentro de las carretillas de carbón para indicar arriba su procedencia.

[...]

El obrero insistió:

–Aceptamos el trabajo que se nos dé, seremos torneros, apuntaladores, lo que usted quiera. El capataz movía la cabeza negativamente. –Ya lo he dicho, hay gente de sobra y si los pedidos de carbón no aumentan, habrá que disminuir también la explotación en algunas otras vetas. Una amarga e irónica sonrisa contrajo los labios del minero, y exclamó: –Sea usted franco, don Pedro, y díganos de una vez que quiere obligarnos a que vayamos a trabajar al Chiflón del Diablo.

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El empleado se irguió en la silla y protestó indignado: –Aquí no se obliga a nadie. Así como ustedes son libres de rechazar el trabajo que no les agrade, la Compañía, por su parte, está en su derecho para tomar las medidas que más convengan a sus intereses. Durante aquella filípica, los obreros con los ojos bajos escuchaban en silencio y al ver su humilde continente la voz del capataz se dulcificó. –Pero, aunque las órdenes que tengo son terminantes –agregó–, quiero ayudarles a salir del paso. Hay en el Chiflón Nuevo o del Diablo, como ustedes lo llaman, dos vacantes de barreteros, pueden ocuparlas ahora mismo, pues mañana sería tarde. Una mirada de inteligencia se cruzó entre los obreros. Conocían la táctica y sabían de antemano el resultado de aquella escaramuza: Por lo demás estaban ya resueltos a seguir su destino. No había medio de evadirse. Entre morir de hambre o morir aplastado por un derrumbe, era preferible lo último: tenía la ventaja de la rapidez. ¿Y dónde ir? El invierno, el implacable enemigo de los desamparados, como un acreedor que cae sobre los haberes del insolvente sin darle tregua ni esperas, había despojado a la naturaleza de todas sus galas. El rayo tibio del sol, el esmaltado verdor de los campos, las alboradas de rosa y oro, el manto azul de los cielos, todo había sido arrebatado por aquel Shylock inexorable que, llevando en la diestra su inmensa talega, iba recogiendo en ella los tesoros de color y luz que encontraba al paso sobre la faz de la tierra. Las tormentas de viento y lluvia que convertían en torrentes los lánguidos arroyuelos, dejaban los campos desolados y yermos. Las tierras bajas eran inmensos pantanos de aguas cenagosas, y en las colinas y en las laderas de los montes, los árboles sin hojas ostentaban bajo el cielo eternamente opaco la desnudez de sus ramas y de sus troncos. En las chozas de los campesinos el hambre asomaba su pálida faz a través de los rostros de sus habitantes, quienes se veían obligados a llamar a las puertas de los talleres y de las fábricas en busca del pedazo de pan que les negaba el mustio suelo de las campiñas exhaustas. Había, pues, que someterse a llenar los huecos que el fatídico corredor abría constantemente en sus filas de inermes desamparados, en perpetua lucha contra las adversidades de la suerte, abandonados de todos, y contra quienes toda injusticia e iniquidad estaba permitida. El trato quedó hecho. Los obreros aceptaron sin poner objeciones el nuevo trabajo, y un momento

después estaban en la jaula, cayendo a plomo en las profundidades de la mina. La galería del Chiflón del Diablo tenía una siniestra fama. Abierta para dar salida al mineral de un filón recién descubierto, se habían en un principio ejecutado los trabajos con el esmero requerido. Pero a medida que se ahondaba en la roca, ésta se tornaba porosa e inconsistente. Las filtraciones un tanto escasas al empezar habían ido en aumento, haciendo muy precaria la estabilidad de la techumbre que sólo se sostenía mediante sólidos revestimientos. Una vez terminada la obra, como la inmensa cantidad de maderas que había que emplear en los apuntalamientos aumentaba el costo del mineral de un modo considerable, se fue descuidando poco a poco esta parte esencialísima del trabajo. Se revestía siempre, sí, pero con flojedad, economizando todo lo que se podía. Los resultados de este sistema no se dejaron esperar. Continuamente había que extraer de allí a un contuso, un herido y también a veces algún muerto aplastado por un brusco desprendimiento de aquel techo falto de apoyo, y que, minado traidoramente por el agua, era una amenaza constante para las vidas de los obreros, quienes atemorizados por la frecuencia de los hundimientos empezaron a rehuir las tareas en el mortífero corredor. Pero la Compañía venció muy luego su repugnancia con el cebo de unos cuantos centavos más en los salarios y la explotación de la nueva veta continuó. Muy luego, sin embargo, el alza de los jornales fue suprimida sin que por esto se paralizasen las faenas, bastando para obtener este resultado el método puesto en práctica por el capataz aquella mañana. Muchas veces, a pesar de los capitales invertidos en esa sección de la mina, se había pensado en abandonarla, pues el agua estropeaba en breve los revestimientos que había que reforzar continuamente, y aunque esto se hacía en las partes sólo indispensables, el consumo de maderos resultaba siempre excesivo. Pero para desgracia de los mineros, la hulla extraída de allí era superior a la de los otros filones, y la carne del dócil y manso rebaño puesta en el platillo más leve, equilibraba la balanza, permitiéndole a la Compañía explotar sin interrupción el riquísimo venero, cuyos negros cristales guardaban a través de los siglos la irradiación de aquellos millones de soles que trazaron su ruta celeste, desde el oriente al ocaso, allá en la infancia del planeta.

De improviso el llanto de las mujeres cesó: un campanazo seguido de otros tres resonaron lentos y vibrantes: era la señal de izar. Un estremecimiento agitó la muchedumbre, que siguió con avidez las oscilaciones del cable que subía, en cuya extremidad estaba la terrible incógnita que todos ansiaban y temían descifrar. Un silencio lúgubre interrumpido apenas por uno que otro sollozo reinaba en la plataforma, y el aullido lejano se esparcía en la llanura y volaba por los aires, hiriendo los corazones como un presagio de muerte.

Algunos instantes pasaron, y de pron-

to la gran argolla de hierro que corona la jaula asomó por sobre el brocal. El ascensor se balanceó un momento y luego se detuvo por los ganchos del reborde superior. Dentro de él algunos obreros con las cabezas descubiertas rodeaban una carretilla negra de barro y polvo de carbón. Un clamoreo inmenso saludó la aparición del fúnebre carro, la multitud se arremolinó y su loca desesperación dificultaba enormemente la extracción de los cadáveres. El primero que se presentó a las ávidas miradas de la turba estaba forrado en mantas y sólo dejaba ver los pies descalzos, rígidos y manchados de lodo. El segundo que siguió inmediatamente al anterior tenía la cabeza desnuda: era un viejo de barba y cabellos grises. El tercero y último apareció a su vez. Por entre los pliegues de la tela que lo envolvía asomaban algunos mechones de pelos rojos que lanzaban a la luz del sol un reflejo de cobre recién fundido. Varias voces profirieron con espanto: –¡El Cabeza de Cobre!
Escenas de la película Sub Terra del director Marcelo Ferrari, estrenada en 2003, inspirada en el libro Sub Terra de Baldomero Lillo, publicado en 1904.
Fotos del libro Sub Terra, Guiones Cinematográficos Chilenos, Universidad Mayor / Ocho Libros, 2008.

[...]

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llampo
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de sangre

“Désele al minero la mejor yeta del mundo y siempre seguirá en pos de otras, porque el verdadero mineral que busca eludirá todo cateo”

Oscar Castro

Pero ya en Edward Russell había prendido

Como si no aguardara más que esto, la yeta principal comenzó a estrecharse y las leyes de rendimiento bajaron de golpe a la mitad. Se desflocaba el metal en ramajes, perdía consistencia, tomaba otros rumbos. Hubo que trabajar en piques y en estocadas de reconocimiento. La situación se mantuvo por unos cinco meses. Edward pensaba en un error que lo había desviado del rumbo principal de la yeta. Pero las exploraciones no revelaron nada. Entonces, de labios de algún viejo, cayó la conocida sentencia, hecha de previsión y de fatalismo: –El oro es veleidoso, patrón.

quejido para levantar el combo y otro para dejarlo caer: –¡Eeeepa!... ¡Qué fue!...

[...]
pulía las piedras con el roce amoroso de sus dedos, las sopesaba con deleite, las ponía a vivir en su anhelo de siglos. Muchas generaciones de mineros venían a disfrutar del roce ardiente del metal a través de esas manos sarmentosas. Y él alargaba la caricia, dándole nuevas formas, cual si el lenguaje de la piedra se le revelara en una clave de durezas, estrías y hendiduras. Los cuarzos, las piritas y espatos, las micas y los jaspes, las ágatas de tonos violentos, formaban un muestrario sobre sus piernas inútiles, y allí seguía apilando, ya no con afán de análisis, sino más bien por un deseo sensual de ahogarse en colores y formas minerales. Al fin su busto era una estatua emergiendo de un áspero pedestal, y el fulgor del carburo tornaba más patente la semejanza, petrificando sus manos y su rostro en el cual solamente los ojos, solamente los ojos eran dos gotas puras de sentir humano. –¿Vamos, padre? Mas, él estaba en su reino. Exigía, mandaba, rogaba. Sumido en una especie de ebriedad, y ante una nueva piedra de color diferente o de peso mayor, reía con pequeños chillidos de niño, palpándola un momento para dejarla después encima de las otras. Llamó a todos los hombres que estaban trabajando y los hizo desfilar ante él, mirándoles el rostro, formulando alguna pregunta que su hijo repetía para que le entendieran y luego se quedaba serio en espera de la respuesta. Los barreteros le miraban la esfera de oro que resplandecía en su oreja, y entonces él contaba la historia una y otra vez, agitando sus manos cuando no podía encontrar la palabra justa. –Esto, una he-rencia... Mi padre... mis a-buelos... Todos... Es oro de... Aus-tralia... Richard lo trajo... Richard... el bis-a-buelo... de mi abuelo. Siempre de los Russell... Es o-ro de Aus-tra-lia... –¿Vamos, padre? Ya es hora de almorzar. Tuvieron que conducirlo con todo su muestrario, pues deseaba ver bien cada bloque con una lupa y hacer que le sacaran “cola de oro”, como había visto hacer a su hijo. Mientras el carro se alejaba, sentíase detrás el lamento de los hombres que habían reanudado la faena. La cantinela los seguía, pegada a los oídos, y aún afuera continuaba escuchándola. ¿Era el lamento de la piedra, el gemido del oro, la queja de la humanidad?

Míster Dick

la fiebre del oro. Su temperamento positivo y directo rechazaba la superstición; mas, algo, allá en su fondo ignorado de sí mismo, quería darle cabida. La llegada providencial del minero Espinosa a Bolivia; la compañía del arriero Florindo Bustamante; el hecho de que El Encanto hubiera sido descubierto justamente en el sitio que señalaban sus referencias... El ingeniero no podía apartar de su mente estas intervenciones ubicadas en un plano donde los cálculos no valían. Comenzaba recién a conocer mineros de verdad, regidos sólo por el signo de lo invisible. La silueta del Compadre Pelao estaba fija en su corazón y su ausencia le dolía como la de un hermano querido. Luego, ese viejo cascarrabias de don Bautista, que a raíz del fracaso había jurado morirse sembrando papas. Y tantos otros que recién le mostraban su verdadero perfil y sus legítimas dimensiones. El oro, la riqueza en sí, no eran suficientes para mover tantas voluntades y tantos esfuerzos. Algo más había, que superaba toda previsión. Désele al minero la mejor yeta del mundo y siempre seguirá en pos de otras, porque el verdadero mineral que busca eludirá todo cateo. No está en los montes, ni en la tierra, ni en el agua: está en su propia sangre. Muestras, filones, colpas, llampos de sangre. Es una riqueza que ningún ser humano podrá medir jamás.

minero que todo el montón de fanáticos que lo habían precedido. ¿No sabía, acaso, mejor que nadie cómo crecía y se desarrollaba el metal? ¿No había desmenuzado el proceso milenario de la tierra y le eran familiares todas las capas geológicas determinadas por la ciencia? Su sabiduría no era de presentimientos, sino de exactas e inmutables comprobaciones. Sin embargo, todo esto tambaleaba porque un arriero viejo lo había acompañado una noche, allá en unos montes casi desconocidos...

[...]
la entrada de La Hilacha y allí se tendió míster Dick, sobre unas mantas que acolchaban la dureza del vehículo. Empezó el ruido sordo de las ruedas por el socavón estrecho y húmedo. Adelante marchaba Don Pascua con una lámpara de carburo y bailaban las sombras alargando sus negros elásticos en las paredes relucientes. Gotas de filtración caían desde lo alto, en lento y pausado lloro. Y había olor de cosa enmohecida, de ácidos diluidos, de pólvora tal vez en el aire tenso como la piel de un tambor. Más adelante, la galería se bifurcaba en estocadas laterales con aspecto de nichos, y la luz se perdía en la negrura, como si aquellos huecos carecieran de fondo. Arriba estaban las maderas de luma, gelatinosas de humedad, algunas ya curvadas por el esfuerzo de sostener el techo de piedra. Los hombres caminaban seguros, sorteando por instinto las salientes de las paredes y un clup-clup de bototos fangosos, quebrado, a veces, por algún tropezón, acompasaba el rodar del carro. Ninguno hablaba, y el trayecto se hacía monótono. Pero, al fin, un lamento musical, lastimero, parejo, vino a poblar el desierto ambiente. Era una cantinela rítmica, con algo de plegaria, de rito, de súplica, semejante a la queja que arrancaría un tormento gozoso. La galería se ensanchó, dejando ver diversos huecos parecidos a caries monstruosas. Y en el fondo de estos huecos había hombres de torso desnudo, golpeando como máquinas con sus combos de doce libras. –¡Eee-pa...! ¡Qué fue! ¡Eeeepa!... ¡Qué fue! El mazo caía sobre la broca que otro minero sujetaba de rodillas o tendido de bruces, según en donde fuera la perforación. El fulgor del carburo ponía tintes rojos en la piel de los hombres. Brillaban los cuerpos y el sudor se estiraba por las espaldas en grandes ramajes sucios. Un

Empujaron un carro metalero hasta

[...]
catorce meses de explotación, con medios rudimentarios, sin maquinaria casi, venciendo mil obstáculos, sobre todo en lo referente al acarreo del metal en bruto, la mina El Encanto produjo setecientos mil pesos de utilidad, descontando el valor de las herramientas y el pago de trabajadores. Una tras otra, se descubrieron dos vetas más: “El Fulminante” y “El Tonto”, cuyos nombres obedecían al hecho de haberse encontrado la primera por la explosión fortuita de un fulminante, y a haber sido hallada la segunda por un minero apavado y silencioso que le cedió el apelativo con que lo conocían. El mineral, después de aquello, ganó en importancia y aumentó fabulosamente las esperanzas de los tres asociados. Se contrataron ciento veinte hombres, entre apires, barreteros, muestreros, enmaderadores y personal secundario. Construcciones de tabla con techos de calamina comenzaron a levantarse para servir de camarotes. Se procedió a ensanchar el camino de mulas que bajaba hasta el valle y en la mitad del trayecto a Chancón alzáronse galpones para almacenar el metal. Todo fue previsto y resuelto por la mente precisa de Edward Russell, que concebía y ejecutaba sin dilaciones. A los dos años de trabajo, estaban casi dominados los cerros y ya no quedaba sino entregarse de lleno a la producción.

En los primeros

[...]
de aventureros y fantaseadores que habían sido sus antepasados? Una esferilla de oro, ese era el símbolo de la locura. La lucía su padre en la oreja. Una esferilla hecha con oro de Australia. El primero en llevarla, había sido Richard, una especie de bucanero borracho y maldiciente. Ahora resplandecía en el lóbulo de la oreja paterna, muy cerca de él, como la única cosa viviente, en ese rostro seco y ajado. “Será tuya cuando yo muera”, solía decirle el anciano. “Pero antes deberás convertirte en un legítimo minero”. Él, Edgard Russell, era, sin duda, más

¿Qué tenía que ver él con el desfile

166

extraCtos

literarios y glosario de la pequeña minería

extraCtos

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167 167

LOS NOMBRES

PASAJERA V El desierto está lleno de ojos. Son ellos la memoria de un lugar, agazapada en las distintas perspectivas. Cada mirada buscaba algo. Ese algo es el forado que veo en el paisaje, es lo que en él me vence.

quebrada
las Cordilleras en andas
(extraCtos)

Guadalupe Santa Cruz

Quebrada, las cordilleras en andas, de Guadalupe Santa Cruz (Orange, Estados Unidos, 1952), nos confronta a un relato situado y sitiado en las quebradas del norte chico y del norte grande, a una nueva manera de narrar el paisaje. Tránsito de una pasajera –diseminada en muchas– que escribe y graba en una matriz un viaje que descubre y redescubre los trazos de las hendiduras nortinas.

En el cementerio antiguo de Los Choros están enterrados los nombres Zoila, Araceli, Clarisa. Las fechas inscritas en las tumbas hablan de la juventud sorprendida en las mujeres. Dicen que muchas morían antes en parto. En el cementerio nuevo está la Señora Vergara. Changa, dice el pueblo, se sabe que Vergara es apellido chango. Ernestina Campusano asistió a su madre en el parto de un hermano, pero según la fecha de inscripción en el Registro Civil, Ernestina solo hubiera tenido entonces tres años. Se nacía en las casas y se inscribía el nombre y las fechas a destiempo, del modo en que se escucharan. Los hombres y los tinterillos de las municipalidades se concentraban más bien en inscribir las minas de oro, propiedades de minas recién descubiertas. Al azar eran descubiertas las minas, defecando en un cerro o probando una y otra vez, haciendo resbalar la tierra en una poruña, dice Isolina Ossandón.

168

extraCtos

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extraCtos

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169 169

PASAJERA VI En el Salar de Pedernales los lugares se mueven. Dormí en la sensación de encontrarse nuestro campamento fuera del recinto de Bórax, en los extramuros, y él sintió que dormía con la puerta de la carpa contra el paño de las ruinas. El recinto donde nos guarecimos es en piedras de tiza rosada interrumpidas a ratos por bloques de roca negra. Custodia huesos de guanaco que aún llevan pelo en los extremos, clavos de la fábrica inglesa, pedernales que sacan chispa al entrechocarlos en la oscuridad de la noche y nombres grabados en el adobe de la franja superior de los muros. Nuestro piso es arena, no se encuentra pavimentado con piedras oscuras como la terraza más alta. En esta lontananza han llorado los niños, por ella, no por la riña. Soñé los flamencos que no hemos visto. El primer plano que abarcaba el cuadro de mi sueño eran las patas,

patas de flamenco rosadas y vivas. El zoom se centraba en la articulación de los huesos de sus patas en movimiento, distantes de los huesos de guanacos muertos esparcidos por la arena. Juvenal Santibáñez le tenía nombre, en Canto del Agua, a la calavera del burro que había sido suyo y la consignaba entre las piezas de museo que amontonaba en su predio. La calavera del guanaco es anónima aquí, contra el muro del recinto principal de Bórax en Pedernales. Salí de la carpa en plena noche, había olor a orina y escuchaba pasos de animales a lo lejos. El cielo no estaba hondo, las estrellas brillaban con dificultad en aquella bóveda de negro pálido como una acuatinta que no fue mordida suficiente tiempo por el ácido. En ese cielo bajo e irregular vi, vi las zonas oscuras que envolvían algunas estrellas, vi que formaban formas en el revés de las estrellas, formas a las que no di formas. No quise buscar a la llama amamantando a sus crías, ni su leche, ni la vía láctea. Desdeñé la palabra “yakana”, me asustó hallarme tan lejos con un cielo poco ancho.

LOS DESLINDES En terreno yermo salta a la vista un límite. Los cercos parecen irrisorios y, por ello, inquietan. Se turba la vista y se aloja de inmediato allí, en el espacio delimitado. En lo que contiene un cerco de cactos, en lo que encierra una pirca, en la zona que guarece una línea de piedras blancas, un suelo barrido, los churques que despuntan del muro –hirsutas ramas incrustadas en el adobe y clavándose en el cielo–, las calaminas de zinc, las hileras de chañar. Un vagón de tren como muro, una escultura en troncos de copao como gallinero. El ojo se vuelve turbio porque nada se enmaleza, la nitidez rasguña, pregunta. Una imagen golpea y persiste en su inmovilidad como pueden insistir las imágenes en algún soliloquio del paisaje. Corral para atajar los animales. Pirca para ahuyentar a los animales. Piedras arrejuntadas, acurrucadas contra la vastedad. Tambo, cementerio, plaza, arena para espantar la confusión de las piedras y sus signos encontrados. Predios verdes dibujados por el riego, por el líquido en los pozos, por el afloramiento de aguas en los oasis. Manchón de los humedales, manantiales que oscurecen el verde de las verdes vegas, el amarillento verde de los bofedales, manchas de moho. Fronteras apenas que hacen de su recinto un espacio plumeado por la historia, una y otra vez, ahí, donde el ojo se clava. Atalayas levantadas a poca altura desde donde se hablan los confines que surgen y mueren en esa palabra, miradores tal vez, muros divisorios que se cifran en lenguaje. La saliva deslinda y es enorme su orilla. Las letras retienen.

LOS ARNEROS Los arneros son una herramienta del ojo rastreador, contraria al embudo que solo mira y trabaja de modo vertical, de una vez. El Norte ha vivido de los arneros tamizando el paisaje, agitando, acariciando voraz y desesperado la textura de las tierras. El arnero es un foco. Cada mirada le concede los ojos que precisa, el colador de su suerte. Harina, áridos, oro. Cobre, carbón. Cedazos para el maíz, mallas y enjuncados contra el sol. Mapas que ciernen lo infranqueable de una zona, cartas que hacen de los senderos una trama. En el Norte el deseo de los arneros es sacarle el jugo a la aparente secura de las cosas.

Foto: Museo Histórico Nacional.

170

extraCtos

literarios y glosario de la pequeña minería

extraCtos

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glosario
minero

Accesos: Labores de importancia que se usan generalmente para el transporte/ movimiento de personal, equipos. Los accesos generalmente están constituidos por labores como rampas, chiflones y chimeneas (inclinadas o verticales).
labor el material de la misma que se encuentre suelto o en peligro de caer.

Balde: Elemento de levante del
sistema de extracción vertical, capaz de contener materiales, sean estos minerales; roca; herramientas, etc.

Acuñar: Desprender de una

Barrenado: Es la acción que ejecuta el perforista para preparar los tiros (hoyos). Barretero: Trabajador de las
minas que con un barreno y un combo abría orificios que se llenaban de pólvora, que al estallar soltaba los minerales de la roca.

Cachorro: Tiro de pequeña longitud que se perfora en roca de tamaño mayor que el deseado y que mediante la introducción del explosivo se quiebran, disminuyendo su tamaño. Cachucho: Estanque
disolvedor, cuadrangular, para lixiviar el caliche por medio del vapor.

Desmonte: Acopio de minerales de baja ley o roca, en superficie. Despinte: Mineral sulfurado de ley intermedia, sobre el cual se decide si es de concentración o fusión directa. Disfrute: Acopios de mineral de baja ley, que se deja al interior de las minas, normalmente como relleno de caserones. Estéril: Roca, material sin ley. Estocada: Labor horizontal que
generalmente se construye para guardar equipos/ maquinarias; o para una bodega de materiales; o para un refugio de incendios; o para un polvorín diario; o cuando se ha producido una discontinuidad en la mineralización y se continúa en otro frente. barretero explotando una veta.

Cangallo: Elemento que

Alistador: Empleado

Las singulares y duras condiciones laborales de los mineros, su aislamiento y contacto periódico con la vida y la muerte han sido, en todas las épocas, el caldo de cultivo para el desarrollo de un prodigioso léxico que ha llegado a impregnar nuestro propio idioma.

encargado de llevar los libros en que se anotan los salarios ganados por los operarios de las minas.

se introduce en el ano del chucuyero que le permite robar mineral. y entrega la alimentación a los mineros.

Batería: Serie de cachuchos,

Anta: Nombre que los quechuas daban al cobre.
el mineral en su espalda.

Apir: Trabajador que transporta Aprovechamiento:

calderos, acumuladores, etc., que forman un ciclo completo de trabajo y constituyen la dotación de una oficina.

Cantina: Persona que prepara Capacho: Elemento que lleva el mineral en la espalda del apir. Caserón: Excavación en roca que queda una vez finalizada la explotación de un sector de la mina.
el precio del mineral por el alto contenido de impurezas.

Bronces: Mineral con contenido de calcopirita. Broza: Desecho después de
chancar el mineral.

Concesión de una mina por una cantidad determinada de días. inhabilita la mina para todo trabajo posterior.

Frente: Lugar donde trabaja el Frontón: Galería que parte desde el depósito de metales en distintas direcciones. A veces uno corre sobre otro a distancias proporcionales. Galería: Túnel horizontal al Gancho: Compañero de Ganga: Material inútil, estéril,
que acompaña a los minerales. liviana de accionamiento neumático (aire comprimido).
Foto: Museo Histórico Nacional.

Atierro: Derrumbe que

para vaciar el mineral de un nivel a otro.

Buitra: Hoyo abierto en el piso Buzón: Construcción/

Castigo: Variación negativa en

Azogue: Mercurio para obtener
la pella.

instalación de una estructura (cajón de compuerta) debajo de la buitra que permite controlar el flujo (cantidad) de mineral en el carguío de carros.

Cigüeña: Sistema de levante manual, con un mecanismo de engranajes que permite realizar la operación de levante de una mayor cantidad de carga con un menor esfuerzo físico. Culo: Cavidad que queda al
final de un tiro explosado.

interior de una mina subterránea.

Loro: Persona (loro vivo) o

Foto: Caja de Crédito Minero, 1938. Archivo Enami.

trabajo.

letrero dispuesto para impedir acceso al sector donde se cargan tiros.

Panteón: Producto vendido que no cumple con la calidad exigida por el poder de compra. Pato: Pequeño tanque
almacenador del lubricante de las máquinas perforadoras.

Cuqui: Persona que prepara la
alimentación a los mineros.

Chicago: Sistema de acoplamiento de mangueras de perforación. Chimenea: Excavación en
roca cercana a la vertical con una geometría tal que sirve de apoyo para diferentes usos (ventilación, accesos, traspasos, etc.).

Guagua: Máquina perforadora Guarén: Persona nueva en la
mina.

de barrenas en desuso que sirve para acuñar. acumulado y consolidado por la acción del tiempo. y horizontal.

Llauca: Herramienta hechiza Llampo: Material fino

Perforista: Persona que trabaja realizando los tiros y que realiza las tronaduras. Pella: Amalgama producto de moler minerales de oro en conjunto con trazas de mercurio. Pinta: Mineral sulfurado de alta ley para fusión directa. Pique: Agujero vertical que Pirquén: Punto o lugar de trabajo de los pirquineros. Pirquinero: Industrial minero o minero que trabaja en forma independiente y a baja escala en la explotación de minas. Polvorazo: Actividad del
explosivo que se ha introducido en los tiros o taladros después del barrenado. conduce al centro de una mina.

Hoja madre: Término que

Manto: Veta de mineral delgada Marina: Material (mineral o

Chucuya: Mineral de alta ley
que es hurtado.

designa a los ánodos de cobre obtenidos tras la refinación a fuego, que luego son sometidos a refinación electrolítica.

roca) resultante de una tronadura.

hurta minerales.

Chucuyero: Se dice del que

para subir o bajar a la mina subterránea.

Jaula: Ascensor que se usa

Mena: Mineral metalífero tal

como se extrae del yacimiento. que está definida por fórmula química.

Mineral: Masa sólida natural Oficial: Ayudante. Paisa: Compañero de trabajo. Pallar: Selección de mineral a mano, con la cual se obtienen productos como la pinta, el despinte y el cola de mono.

Chute: Elemento que dirige la descarga de materiales (mineral o roca) a algún sistema de transporte o de traspaso. Derrotero: Nombre que se da
a la noticia sobre una mina que solamente se conoce por leyenda y se trata de descubrir.

Labor: Nombre general para todos los trabajos mineros, tales como socavón, túnel, pique, chimenea, banco, subnivel, estocada, buitra. Lentes: Cuerpo con forma
de lentejas que tiene gran profundidad.

172

extraCtos

literarios y glosario de la pequeña minería

ENAMI EN lA hIstorIA dE lA pEquEñA y MEdIANA MINEríA EN ChIlE

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Reventón: Puntos

sobresalientes o afloramientos más elevados de yacimientos de minerales encapados o aterrados por los vientos, sismos o arrastres fluviales. puede definir mediante fórmula química.

Roca: Masa sólida natural que se Saca: Material estéril o mineralizado que se produce después de un polvorazo. Socavón: Excavación en roca
con una sola entrada desde superficie, de una baja pendiente y una geometría tal que permite el libre tránsito de personal y/o maquinaria.

Subnivel: Labor que permite accesar a otros lugares mineralizados y que puede quedar sobre o debajo de la labor principal. Tarifa: Precio de venta del
mineral.

Testigo: Muestra. Tiros/taladros: Orificios que Tocho: Lingote de cobre. Torno: Sistema de levante
manual, de poca carga y alto esfuerzo físico. se hacen en frente de trabajo con brocas y máquinas perforadoras.

Trapiche: Molino chileno para pulverizar minerales. Tronadura: Explosión del
explosivo contenido en uno o más tiros, para quebrar mineral o roca o realizar una excavación en roca o mineral. dos entradas desde superficie y una geometría y pendiente tal que permite el libre tránsito de personal y/o maquinaria.

Foto: Museo Histórico Nacional.

Túnel: Excavación en roca con Poruña: Aparato de forma cóncava usado por los mineros para reconocer el oro en agua. También usado para botar el sudor.
la venta de mineral por el bajo contenido de impurezas.

Quemada: Explosión del explosivo contenido en uno o más tiros, para quebrar mineral o roca o realizar una excavación en roca o mineral.
desprender la veta del cerro.

Veta: Faja de minerales en la
mina.

Premio: Variación positiva de Pulpería: Comercio donde

Quiebra: Operación de

Yacimiento: Lugar donde en forma natural se ha concentrado una gran cantidad mineral. Yaco: Herramienta que contiene el inserto para barrenar un tiro. Yunta: Compañero de trabajo más cercano.

Rainura: Primeros tiros que

los mineros compraban diversos productos, como alimentos o materiales.

conforman una excavación en roca o mineral, de la cual se requiere una cierta geometría final.

Foto: Nicolás Piwonka

174 Chile Minero

ENAMI EN lA hIstorIA dE lA pEquEñA y MEdIANA MINEríA EN ChIlE

175

pArtE III lA CrEACIóN dE ENAMI
1960-1989

Foto: Nicolás Piwonka.

176 hErNáN dANús VásquEz

177

lA ENAMI

CoMo fACtor dE dEsArrollo MINEro
(1960-1989)
Hernán Danús Vásquez

los

AlborEs dE lA

ENAMI

E

n 1959, la Caja de Crédito Minero (Cacremi) se veía muy amenazada por los vicios que se habían instalado en su funcionamiento. Esto se debía principalmente a que su Consejo estaba constituido por parlamentarios que finalmente utilizaban esta institución para poder mantener satisfechos a sus adherentes vinculados con la minería. Era esto tan evidente que el presidente Jorge Alessandri decidió reestructurar este organismo, que venía funcionando desde 1927, y la fusionó con la Empresa Nacional de Fundiciones, recientemente creada
La creación en las décadas del cincuenta y del sesenta de la fundición de Paipote y las plantas de Cabildo y Taltal, obedeció a un plan de expansión orientado a aumentar la producción de cobre, subir el empleo en el área, acrecentar el aporte de divisas y exportar una mayor cantidad de cobre en forma de cobre electrolítico. Para la concreción de éste la institución debió intensificar su tarea de fomento aplicando nuevos programas y reforzando los existentes, mejorando la asesoría técnica, construyendo y ampliando planteles de beneficios, entre otras actividades. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

para agrupar la fundición de Paipote con el proyecto de la nueva fundición de la zona central. De esta unión nació, en 1960, la Empresa Nacional de Minería (Enami). Se tomó como ejemplo la Empresa Nacional del Petróleo (Enap) con su estructura empresarial. La nueva entidad no contaría en su Directorio con representantes del Congreso, sino que lo constituirían funcionarios nombrados por el propio Presidente de la República, además de representantes de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) y del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile. Su primer gerente general fue el ingeniero civil Enrique Valenzuela Blanquier, elegido por el Directorio y que contaba con la confianza del presidente Jorge Alessandri, pues había trabajado en su campaña presidencial. La unión de fomento y producción, incluyendo fundición y refinación, en una sola entidad, había constituido la base del éxito de Cacremi en sus mejores tiempos, ya que el concepto de fomento integral creaba una sinergia en la que los pequeños productores mineros podían llegar a los exigentes mercados internacionales, con el cobre en

178 hErNáN dANús VásquEz

lA ENAMI CoMo fACtor dE dEsArrollo MINEro (1960-1989)

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barras y luego refinado en alta calidad, todo ello en condiciones muy competitivas. Siguiendo ese modelo, la Enami se estructuró en dos departamentos básicos: Fomento y Operaciones. Como gerente del Departamento de Operaciones se nombró al ingeniero de minas Andrés Zauschquevich, quien había administrado por muchos años la fundición Paipote. Este departamento manejaba las plantas de beneficio y la fundición Paipote y se le agregaría el proyecto de la fundición de la zona central: fundición y refinería de Ventanas. El contrato de ingeniería, suministro y construcción de la fundición de Ventanas estuvo a cargo del consorcio Kloeckner-Humboldt-Deutz y su financiamiento se obtuvo de la venta de bonos emitidos por la Enami con el Banco del Estado como aval, los cuales fueron vendidos en su totalidad en Alemania. El consorcio dirigió la edificación que entregó en contrato a diversas firmas nacionales. El Departamento de Fomento estuvo en sus inicios bajo el alero del ingeniero de minas Augusto Millán Urzúa, facultado por el directorio de la Enami para contratar ingenieros y técnicos con remuneraciones similares a las del sector privado. Así, Millán pudo incorporar desde el comienzo a un equipo de ingenieros de minas con experiencia, especialmente en faenas de mediana minería. Cabe señalar que ninguno de estos ingenieros tenía conocimiento sobre la pequeña minería, ya que esta experiencia solo había sido adquirida por ingenieros que habían trabajado en la Cacremi, la mayoría de ellos en edad de jubilar. La Enami, desde sus inicios, se destacó por contar con excelentes profesionales, contratando a los mejores egresados de la carrera de ingeniería de minas de la Universidad de Chile y la Universidad Técnica del Estado. Esta hábil estrategia de recursos humanos fue indispensable en el éxito alcanzado por la Enami en el decenio y lo que permitió posteriormente a Chile en 1971 afrontar de manera digna la nacionalización de la gran minería del cobre. La primera entre muchas medidas tomadas por el Departamento de Fomento fue reanudar la entrega de créditos mediante mutuos. Los préstamos otorgados por la Enami en sus primeros cuatro años de vida fueron importantes

y aumentaron en forma creciente. Se abrieron, además, nuevas líneas de crédito, tales como los préstamos de emergencia y los avales ante la Sociedad Abastecedora de la Minería (Sademi), destinados a la compra de insumos, explosivos y equipos menores. También se implementaron en esa época los avíos mineros, procedimiento jurídico que permite otorgar recursos para reconocimiento, con la sola hipoteca de la pertenencia minera. A diferencia de lo que pasó con la Cacremi durante la presidencia de Jorge Alessandri, el Ministerio de Hacienda financió oportunamente todos los aportes que requería la Enami, tanto para sus inversiones como para su labor de fomento a la minería.

los

EstudIos rEgIoNAlEs y lAs NuEVAs

plANtAs dE bENEfICIo dE MINErAlEs

Arica y Taltal fueron dos de las ciudades que dieron hogar a las numerosas nuevas oficinas creadas para reforzar las oficinas provinciales de Antofagasta, Copiapó y La Serena existentes desde la época de la Cacremi. Otro de los grandes logros que tuviera la Enami en sus primeros tiempos fue la realización de los dos estudios distritales de Cabildo y Taltal, que tuvieron un fuerte impacto en sus áreas de influencia. Ambos recomendaron la instalación de plantas de beneficio con sus correspondientes planes de fomento distritales. El estudio distrital de Cabildo abarcó toda la zona de atracción de una planta ubicada en el pueblo de Cabildo. El notable éxito de dicho estudio se debió a que ubicó y posteriormente desarrolló un número importante de minas, cercanas a Cabildo, que podían producir minerales de cobre de concentración que abastecerían un poder comprador de estos minerales, el cual se instaló antes de construir la planta al lado de la estación de ferrocarril del pueblo. En Cabildo, la planta de concentración por flotación de capacidad inicial de 150 toneladas por día, puesta en marcha en 1965, fue ampliada posteriormente en varias oportunidades, dada la cantidad de pequeñas minas que se abrieron en la zona, entre ellas la mina Sauce, que se transformó luego en

Las plantas de beneficio de Cabildo (arriba) y Taltal (abajo) son consideradas como los mayores logros de Enami en sus primeros tiempos. La creación de ambas se debió a estudios distritales que recomendaban su instalación con los correspondientes planes de fomento para la zona. Tanto Cabildo como Taltal comenzaron sus operaciones a mediados de la década del sesenta. Fotos: Museo Histórico Nacional.

180 hErNáN dANús VásquEz

lA ENAMI CoMo fACtor dE dEsArrollo MINEro (1960-1989)

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la más importante de la región. La planta Cabildo fue un aporte de concentrados a la fundición Ventanas, en construcción. El estudio regional de Taltal demostró en un año que en ese distrito minero había un potencial productivo para abastecer una planta de por lo menos 150 toneladas por día de tratamiento de minerales mixtos de súlfuros y óxidos de cobre. La Enami aprobó en 1962 la construcción de la planta Taltal –actualmente conocida como José Antonio Moreno– y contrató para el proyecto al consultor e ingeniero Juan Schwarze. Este distinguido metalurgista diseñó hábilmente circuitos para la recuperación de los minerales sulfurados y oxidados. La planta se puso en funcionamiento en 1965 con gran éxito, alcanzando en el año 1973, después de varias ampliaciones, un ritmo de operación de 350 toneladas por día. Concluye este periodo del Departamento de Fomento con la construcción de la planta de flotación Paipote, hoy llamada Manuel Antonio Matta.

El

plAN dE ExpANsIóN dE lA

ENAMI

Antes de 1960, la producción de cobre fino de la pequeña minería era de unas 13.550 toneladas al año y en 1965 alcanzó las 30 mil toneladas por año gracias a la exitosa actividad de fomento de la Enami, y esto previo al gran aumento del precio del cobre en el segundo quinquenio de la década. En 1964, asume la Presidencia de la República Eduardo Frei Montalva con su consigna de “Revolución en Libertad” y nombra como ministro de Minería al ingeniero de minas Eduardo Simián, quien renuncia luego de una ardua participación en la chilenización de la gran minería del cobre, siendo reemplazado por el abogado Alejandro Hales. Renuncian también los dos primeros gerentes de fomento debido, en gran parte, a la permanente crítica injustificada de los gremios mineros hacia el manejo técnico de la Enami. A pesar de esto, el equipo técnico de excelencia que había comenzado a formarse permanece en
El presidente Eduardo Frei Montalva junto a al ministro de Minería Alejandro Hales Jamarne inaugurando Ventanas.
Foto: Archivo Segundo Gallardo.

Ubicada a dos kilómetros del puerto de la ciudad, la planta de beneficio de Taltal (o José Antonio Moreno) funciona desde 1966. Actualmente cuenta con dos líneas de producción: la primera para procesar minerales sulfurados mediante flotación y la segunda, para minerales oxidados, por medio de lixiviación (LIX), extracción por solvente (SX) y electroobtención (EW). Foto: Luis Ladrón de Guevara.

la empresa y se va reforzando hasta los primeros años de la década de los setenta. El año 1966 llega con una alza sostenida en el precio del cobre, alcanzando este metal en 1969 una de las cotizaciones reales más altas hasta la fecha. La chilenización del cobre, base de la nueva política nacional y efecto directo de la favorable situación en el precio del cobre, comprendía, además de la participación del gobierno en las empresas de la gran minería del cobre, un plan de expansión de la minería cuprífera, que incluía a la pequeña y mediana minería. Esta expansión se denominó Plan Quinquenal para el Desarrollo de la Pequeña y Mediana Minería y fue ejecutado entre 1966 y 1970. Contaba con una meta básica respecto al aumento de la producción, definida en 120 mil toneladas métricas de cobre al año, empleo para más de 8 mil personas, un mayor aporte de divisas (sobre 100 mil millones de dólares) y una mayor exportación de cobre en forma de cobre electrolítico.1
1 Mensaje del Presidente Eduardo Frei Montalva al Congreso. 21 de mayo de 1966.

La ejecución del Plan Quinquenal fue asignado a la Enami, por lo que la empresa debió, al mismo tiempo, generar su propio proyecto de desarrollo para poder cumplir con las demandas. Fue el denominado Plan Enami, más adelante conocido como Plan de Expansión de la Enami. En sus comienzos tuvo dificultades financieras, pero finalmente se logró cumplir la meta con un año de anticipación, principalmente gracias al alto precio del cobre en ese tiempo. A partir de 1967, la Enami comenzó a buscar una solución de largo plazo al financiamiento requerido para la expansión más allá de los recursos fiscales, para lo cual se realizaron contactos con diversas instituciones financieras y bancarias en Europa. En agosto del año 1968, la empresa llamó a propuesta a un grupo de diez firmas de diversos países, entre las cuales, curiosamente, no estaban las que finalmente ganaron. Luego de un largo proceso de evaluación y negociaciones se adjudicó el contrato al denominado Consorcio Unido, que quedó integrado por la firma Head Wrightson, del Reino Unido, y

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lA ENAMI CoMo fACtor dE dEsArrollo MINEro (1960-1989)

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Sybetra, de Bélgica, en marzo de 1969. El financiamiento no era otorgado por el consorcio, sino solamente conseguido por éste y conferido por instituciones bancarias de Inglaterra y Bélgica. Posteriormente, se sumó una ayuda menor de origen alemán. Las bases fundamentales de la propuesta indicaban un financiamiento del orden de 30 millones de dólares destinado a las adquisiciones de bienes, servicios y prestaciones que la empresa debía hacer en Europa, más una ayuda adicional para gastos en el país y otro de libre disposición de la Enami, de alrededor de 4 millones de dólares. Se exigía, también, constituir una oficina de ingeniería para colaborar con la empresa en la ejecución de los proyectos que sobrevendrían. Para la materialización del plan, la Enami debió intensificar su labor de fomento diseñando nuevos programas y reforzando los existentes, fortaleciendo la asesoría técnica, mecanización de las minas, prestación de servicios, sociedades

mixtas, y construcción y ampliación de planteles de beneficio. Los proyectos de las nuevas plantas regionales de Tambillos, Vallenar y Tocopilla (definidos dentro del Plan de Expansión) solo requirieron de los equipos del consorcio, pues ya estaban sumamente avanzadas. Pero los proyectos de Combarbalá, El Salado, Baquedano y Calama fueron apoyados por el consorcio en materia de desarrollo minero, evaluación de los anteproyectos y suministro de equipos. Cada diseño de planta llevaba asociado un programa orientado a su abastecimiento, por lo que se contempló importar también equipos de mina, que se entregaron a los pequeños productores mineros. De estos proyectos solo se construyó el primero: la planta de Combarbalá, iniciada en el gobierno de Salvador Allende. Los demás fueron abortados tras el golpe militar de 1973. Para activar la minería en otras zonas, y luego de construidas las plantas de Cabildo, Taltal y Paipote, se empezaron a analizar otras zonas
Desde la creación de Enami es una escena frecuente en la pequeña y mediana minería chilena el encuentro entre los propietarios de la mina y los ingenieros de la empresa encargados de asesorar y asistir a estos en el logro de sus objetivos. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

Proyecto Lobo-Marte, yacimiento de oro situado a más de 4.000 msnm, a medio camino entre las minas Maricunga y La Coipa (Mantos de Oro) en el norte de Chile. A nivel mundial, Chile es el decimoquinto productor aurífero, por debajo de Perú y Brasil. Su producción se encuentra distribuida en seis regiones. Atacama es la más importante en magnitud, con una participación del 45% en la producción aurífera nacional, seguida por las regiones V, II y IV.
Foto: Jack Ceitelis

donde fuera posible instalar nuevos planteles regionales. Con este fin, se iniciaron estudios para la ubicación de potenciales minas en cada área de atracción, los que estuvieron a cargo de grupos especializados de las oficinas provinciales de fomento. Una vez recopilada la información, ésta era procesada a nivel central por la oficina de evaluación de proyectos, que realizaba una evaluación técnico-económica del plan de instalación, la que abarcaba, entre otros, los siguientes elementos: abastecimiento probable de minerales, tipo de mineral, tipo de proceso, tamaño de la planta, ubicación, inversión requerida para el suministro de agua. Los proyectos analizados (de norte a sur) fueron la planta regional Tocopilla (a partir de la planta de Mantos de la Luna), la planta Calama, la planta Baquedano, la planta regional Chañaral, la planta regional Vallenar, la planta regional Tambillos, la planta regional Combarbalá y la planta regional Catemu. De ellas, entre los años 1968 y 1973, se construyeron solo las últimas cuatro.

Como señalamos, la Enami superó de manera anticipada las metas propuestas en el Plan Quinquenal, de tal forma que la producción de la pequeña y mediana minería alcanzó en 1968 las 140 mil toneladas métricas de un total de 658 mil toneladas a nivel nacional. Su producción la obtuvo de sus siete plantas de beneficio de minerales, sus dos fundiciones de cobre (Paipote y Ventanas) y la refinería de Ventanas. Este notable incremento de la producción se sustentó por una creciente compra de minerales entre 1960 y 1973 sumado al buen precio del cobre, que alcanzó, en 1969, los 65,28 centavos de dólar la libra contra los 49,29 centavos de dólar la libra de 1967. La construcción de la refinería de Ventanas, que entró en funcionamiento en el año 1966, fue parte del Programa de Gobierno que pretendía triplicar la capacidad de refinación en el país. Ese mismo año, la Enami produjo cerca de 87.075 toneladas de cobre electrolítico en forma de wire-bars y cátodos en la refinería de Ventanas, mejorando la calidad del producto a exportar. Esta

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producción provenía de sus propias plantas de beneficio, más una cantidad tratada a maquila de concentrado de otras fundiciones (El Teniente, Andina y Chagres).

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uN foMENto INtEgrAl

Todos estos beneficiosos resultados se debieron fundamentalmente a un ambicioso programa de fomento minero, así como también al aumento de las capacidades de plantas y fundiciones. La consolidación del Departamento de Fomento en la primera etapa, y muy en especial de su equipo de profesionales, que se incrementó significativamente en cantidad y calidad con las nuevas contrataciones en los años del segundo quinquenio de 1960, fue esencial en el positivo desempeño de la Enami. Los diferentes programas de fomento y otras acciones emprendidas por el Departamento de

Fomento, entre 1965 y 1969, fueron decisivos para el crecimiento de Enami y el cumplimiento del Plan Quinquenal. Los programas de asesoría técnica y de mecanización, considerados por las autoridades, tanto gubernamentales como mineras, como los programas estrellas del fomento de la Enami en la segunda mitad de la década de los sesenta, incentivaron un mejor desempeño de la pequeña y mediana minería nacional. Solamente hacia fines del decenio, se inician en la empresa los programas de exploración y desarrollo minero. Para 1964, los créditos entregados con cifras cercanas a los 800 mil dólares se aumentan de manera espectacular hasta alcanzar a 5,8 millones de dólares en el año 1967. Luego comenzaron a declinar a aproximadamente 3,8 millones de dólares y 2,1 millones de dólares para los últimos dos años del quinquenio. Las líneas de crédito usadas en este tiempo son las mismas

implementadas en los primeros años de la Enami. Es posible sostener que como consecuencia de los programas de asesoría técnica y de mecanización, impulsados con más fuerza, los préstamos para compra de maquinaria fueron creciendo en monto y porcentaje, lo que se aprecia en los años 1967 y 1968, cuando estos créditos constituyeron el 22 y el 45% respectivamente, del total otorgado. La Enami importó hasta 1969 un total superior a 6,5 millones de dólares en maquinaria y equipos para venta y arriendo a los productores mineros. La declinación de los montos de créditos otorgados en los últimos dos años de la década se explican por diversos factores, como, por ejemplo, que con las grandes cantidades de créditos cursados en los años 1966 y 1967 se cubrieron las necesidades de los mineros en condiciones de recibirlos. La asesoría técnica directa a los pequeños y medianos mineros abarcó principalmente aspectos relacionados con la explotación de minas y plantas de beneficio. Se publicaron folletos explicativos para difundir y enseñar nuevas tecnologías y los ingenieros de fomento de la Enami recorrieron el país promoviendo su empleo mediante demostraciones educativas. Se puso en marcha un programa de mecanización de la minería, que estuvo fuertemente impulsado por el eficiente plan de asistencia técnica, que inducía y recomendaba al minero mecanizar su faena; además le indicaba el equipo que debía emplear. De estos, los disponibles y más utilizados fueron compresoras, perforadoras, ventiladores, huinches y camiones. De esta época es también la introducción, en minas pequeñas o medianas, de palas cargadoras de aire comprimido.

La mina Kuroki, ubicada en el sector El Salado y Manto Verde es un buen ejemplo de la pequeña y mediana minería. En la mayoría se explotan yacimientos vetiformes con una ley bastante elevada. El tamaño del yacimiento no permite desarrollar una faena de mayores dimensiones. Foto: Wolfgang A. Griem.

AtACANdo

los CIClos pErVErsos

Un factor importante en el desarrollo de la minería fue el plan de mecanización impulsado por Enami. Particularmente las que se generaron en torno a la hidrometalurgia extractiva del cobre. En esta área, una empresa vinculada a la mediana minería, la Sociedad Minera Pudahuel, inició a fines de los años setenta un desarrollo tecnológico que iba a tener gran trascendencia en la forma de producir cobre a partir de mineral. Este consistió en el perfeccionamiento del concepto y en la aplicación industrial de dos tecnologías de lixiviación: una denominada “lixiviación en pilas por capas delgadas” y la otra, complementaria a la anterior, conocida como “lixiviación bacteriana”. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

Las plantas pasaban de periodos de sobreabastecimiento a otros de subabastecimiento, sobre los cuales, en el corto plazo, la Enami no podía hacer casi nada. Por esto, intentar regular el abastecimiento era una preocupación de orden primario. A fines de la década de los sesenta, se gestó en el Departamento de Fomento el concepto de mina base de propiedad de la Enami o bien

arrendada, pero sujeta a condiciones especiales. Cada planta de beneficio debía tener una mina base que aportara un porcentaje significativo del abastecimiento y sobre la cual se pudiera actuar incentivando su producción o bien regulándola. Esta idea se hizo más nítida y exitosa con la mina Sauce y la planta Cabildo, pues la Enami actuaba sobre la mina mediante programas de asesoría técnica, definiendo y planificando su producción. Es interesante también cómo en el segundo quinquenio de los años sesenta la Enami comienza a desarrollar sus propias faenas mineras, emprendiendo primero la creación de sociedades mixtas y se intensifica también la ejecución de diversos estudios geológicos. La llegada de geólogos a la Enami tuvo una importancia enorme, no solo por los trabajos distritales ejecuta-

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sistía básicamente en una sociedad en la que el minero aportaba el yacimiento que fuera de interés para la Enami, la cual, mediante créditos, financiaba el proyecto. Se constituía un directorio con mayoría de la Enami y representantes de los dueños de la mina y la gerencia de esta unión quedaba a cargo de un ingeniero de la Enami. En la etapa de prospección y desarrollo de un yacimiento nuevo, el riesgo es muy elevado y por esto no resulta atractivo para el escaso capital privado nacional que se pudiera interesar

en el negocio minero. La Enami debía desarrollar una acción directa de fomento a través de estas sociedades con participación de los particulares y del Estado, lo que se podía traducir en un incremento notable de la producción si se contaba con los capitales necesarios. Desgraciadamente, dos de las primeras de estas sociedades –Cutter-Cove, en Magallanes, y Pangal, en Rancagua– no tuvieron el éxito esperado, principalmente, por la mala interpretación geológica de los yacimientos, no encontrando en estos los

Hacia 1970, la Enami alcanzó mayor especialización profesional al contratar geólogos que hicieron diversos estudios con gran nivel de calidad. En este propósito contó con el apoyo de las Naciones Unidas. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

dos, sino también por la calidad de los informes de minas, los que antes eran realizados por los ingenieros informantes que no contaban con mayor respaldo geológico. Para llevar a cabo estas funciones de exploración la Enami formó un Departamento de Geología, contratando a geólogos recién egresados. Este departamento se consolidó posteriormente con el Convenio Enami-Naciones Unidas, lo que significó que varios geólogos que se ocupaban en este proyecto ingresaran a Enami. Este grupo luego pasó a denominarse Departamento de Geología y Sondajes, al traspasarse también las sondas de las Naciones Unidas a la Enami. Llegó a estar constituido a comienzos de 1970 por diecisiete geólogos, ubicados entre Santiago y las provincias de Copiapó, La Serena y Antofagasta.

soCIEdAdEs

MIxtAs

A mediados de 1960, se inicia el más controvertido programa de la Enami: el programa de sociedades mixtas. Éste nació como una alternativa a la falta de empresarios de la minería capacitados técnicamente para llevar adelante un proyecto minero de gran envergadura y que requería una alta dosis de conocimiento, capacidad gerencial para reconocer, desarrollar los yacimientos y construir los planteles de beneficio, con la sola garantía hipotecaria de las pertenencias mineras. Esta iniciativa fue uno de los pilares del programa minero de Frei2 y con2 Segundo Mensaje a la Nación del Presidente Eduardo Frei Montalva al inaugurar el periodo de Sesiones Ordinarias del Congreso Nacional; 21 de mayo de 1966.

Enami es el pilar de numerosas localidades del norte de Chile, principalmente por la dinámica que sus plantas generan y el continuo plan de inversiones a que están sujetas. En la foto, antiguas instalaciones de la planta Manuel Antonio Matta (Copiapó) que actualmente asegura la fuente laboral a 235 trabajadores directos e indirectos. En 2009 se inauguraron nuevas instalaciones que incorpora tecnología de extracción por solvente y electro depositación.
Foto: Rodrigo Gómez.

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recursos mineros estimados inicialmente para justificar la formación de la sociedad. Tambillo, por el contrario, tuvo un éxito notable. Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, y en forma paralela a los estudios geológicos y distritales y a los proyectos de sociedades mixtas, la Enami suscribió convenios para exploración minera con las Naciones Unidas, con países de Europa Central como Yugoslavia y Rumania, y con la empresa británica Charter Consolidated. La sociedad mixta formada entre la Enami y Yugoslavia, en 1968, denominada Sociedad Chilena Yugoslava Exploradora Explotadora, no alcanzó a terminar su cometido y fue disuelta en el gobierno de Allende. Con Rumania se exploraron exitosamente al interior de Copiapó minerales complejos de cobre, plata, oro y zinc y se construyó una planta que luego, en el gobierno militar, se privatizó, constituyendo la base para el desarrollo de la hoy importante empresa de la mediana minería, Carola. Con la Charter del Reino Unido se hicieron prospecciones al interior de Arica, determinándose áreas de interés geológico. El programa Enami-Naciones Unidas se denominó “Investigación detallada de áreas seleccionadas” y significó inversiones de las Naciones Unidas por sobre el millón de dólares, y del gobierno de Chile, a través de la Enami, por más de 800 mil dólares. Se efectuaron estudios y sondajes en varios yacimientos del norte del país. Pero, sin lugar a duda, las más exitosas fueron las exploraciones realizadas en el yacimiento Los Pelambres. El programa de exploración en este yacimiento porfírico se inició en 1969, lográndose establecer la existencia de importantes reservas de cobre y molibdeno en las categorías probables y posibles, determinándose también la enorme potencialidad de este yacimiento. Posteriormente, ya dentro del programa de desarrollo minero, abordado directamente por la Enami durante el gobierno del doctor Allende, se construyó un camino a Los Pelambres y se continuó con los estudios. Con ello, se confirmó que se trataba de un importante yacimiento, actualmente en explotación como una faena de la gran minería.

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jorNAdAs dE foMENto : lA MINEríA

Es AudACIA

La Gerencia de Fomento fue durante la segunda década de los sesenta la impulsora del desarrollo de la Enami. El grupo de profesionales que constituía este departamento lideraba los planes futuros de la empresa e inició en esa época jornadas anuales que fueron transformándose en grandes convenciones con la participación de todo el personal ejecutivo y profesional de la Enami. En ella se discutían problemas y planificaciones futuras y se informaba de los avances en las diferentes áreas. Tal vez fue primordialmente en estas reuniones que los profesionales de la Enami impulsaron a la empresa a una acción más audaz en sus planes de exploración directa y desarrollo minero propio. Se esbozaron entonces las exploraciones en Andacollo, Punta del Cobre, Los Pelambres, Mantos Verdes de Chañaral, los Pingos y otros prospectos de interés, los que fueron desarrollados con más vigor durante el gobierno de la Unidad Popular. La vicepresidencia de la Enami no solo apoyó estos programas sino que los impulsó y los oficializó al incluirlos en los programas de la empresa y el gobierno.

El presidente Salvador Allende reunido con mineros de Chuquicamata. Durante su régimen se produce la nacionalización del cobre, hito histórico en la minería chilena. Foto: Museo Histórico Nacional.

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durANtE lA

uNIdAd populAr

Durante su presidencia, Salvador Allende mantuvo un pacto de lealtad con los partidos de la Unidad Popular, constituyendo en todos los niveles de gobierno comités con integrantes de dicha coalición que definían las acciones en las áreas respectivas. De acuerdo con esta política, en la Enami se nombró como vicepresidente al dirigente radical y empresario minero de Copiapó, Eduardo Matta, quien junto al dirigente comunista e ingeniero, David Silbermann, como gerente general, y al abogado socialista, Jorge Ocampo, en el puesto de fiscal, constituyeron el primer trío gobernante de la Enami. Más tarde, cuando Silbermann fue nombrado subsecretario de Minería, en su reemplazo, ocupó el cargo de gerente general, el presidente del Sindicato de Pirquineros de Tierra Amarilla, Pablo Gómez,

quien realizó esa función con gran criterio y ecuanimidad. Su gran lealtad al gobierno y a la Enami, así como su conocimiento de los problemas de los pequeños mineros, le permitieron solucionar muchos conflictos por tomas y acciones indebidas de grupos indisciplinados. En la pequeña y mediana minería se iniciaron las llamadas “tomas de minas” y faenas mineras por grupos de mineros y agitadores políticos que, en muchos casos, llevaron al nombramiento de interventores gubernamentales, lo que no era del agrado ni del gobierno ni de Enami. Las demandas, imposibles de cumplir por parte de la empresa, referente a la entrega de minas, equipos y otros recursos, sirvieron para avivar a los descontentos. Sin embargo, a pesar de este ambiente de incertidumbre general, en la Enami se mantuvieron, en gran medida, los profesionales y técnicos como consecuencia del prestigio ganado por ellos en la década anterior. Desde otra perspectiva, se veía venir la nacionalización de la gran minería del cobre y el

gobierno, al igual que las autoridades del sector minero, tenían muy claro que era en la Enami donde se encontraba el grupo más importante de profesionales y técnicos chilenos que podrían manejar los complejos problemas que la nacionalización les plantearía. A poco tiempo de constituirse el gobierno, se planteó la idea de regionalizar este sector y se crearon las gerencias regionales en Antofagasta, Copiapó y La Serena, que gozaban de atribuciones absolutas sobre todas las actividades de cada zona: fomento, operaciones, compras, plantas de beneficio y fundiciones, entre otras. Las gerencias tradicionales, como Fomento, Operaciones y Compras, tuvieron más bien un papel normativo o funcional, ya que las decisiones eran tomadas por las gerencias regionales que se entendían directamente con el vicepresidente. Solo la Gerencia de Ingeniería y Desarrollo, creada bajo ese mandato, estuvo ajena al proceso y mantuvo su línea centralizada en Santiago.

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Esta gerencia acogió en su seno a la mayor parte de los profesionales de alto nivel de la Enami y puede decirse que se mantuvo incólume hasta el fin del gobierno. De ella salieron los primeros profesionales hacia las faenas nacionalizadas de la gran minería y de algunas de la mediana minería, como Disputada de Las Condes y La Africana. Este equipo también abordó los exitosos proyectos de desarrollo minero que se venían esbozando desde fines de la administración Frei Montalva: Andacollo, Los Pelambres, Punta del Cobre,

El Indio, Mantoverde de Chañaral, Los Pingos y otros. En estos proyectos se realizó la primera y más riesgosa etapa del negocio minero: estudios geológicos, sondajes, labores mineras, proyectos de explotación, caminos de acceso y obras de infraestructura. El programa fue muy exitoso y es pertinente resaltar que todos estos proyectos mineros fueron, más tarde, el origen de faenas importantes de la minería privada, ya sea de la mediana o gran minería. Constituyen una etapa crucial en la historia minera de Chile, y fueron

ganando fuerza en el gobierno de Eduardo Frei y más todavía en el de Salvador Allende.

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EN El dEsArrollo MINEro

Podría pensarse que el desarrollo directo por la Enami de faenas mineras propias obedecía a directrices políticas del nuevo gobierno, pero ello no fue así. La idea y el programa, como hemos visto, nació del mismo Departamento de Fomento, incluso antes del gobierno del Presi-

dente Allende, aunque indudablemente, la idea recibió un fuerte apoyo de su parte. Las principales y más emblemáticas exploraciones ejecutadas por la Enami, tanto por su magnitud como por su posterior desarrollo, por lo interesante de su historia y su significado en la producción minera de Chile a fines del siglo XX, fueron Punta del Cobre, Andacollo y Los Pelambres. Sin embargo, estos yacimientos se encontraban identificados mucho antes de que la empresa realizara exploraciones en ellos.

La mina La Africana se ubica aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de Santiago, en el flanco oriental del cordón Lo Aguirre y en el borde occidental de la Cuenca de Santiago. El yacimiento corresponde a un depósito vetiforme de rumbo 70º N, con una inclinación de 70º W. La veta contiene un clavo de aproximadamente 3 millones de toneladas de minerales sulfurados de 2,5% Cu. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

Exploración en mineral Las Cuñas.

Foto: Luis Ladrón de Guevara.

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No obstante, no fueron los únicos proyectos de exploración realizados en esa época por la empresa. El distrito minero de Cabildo y en especial la mina Sauce fue el primer desarrollo minero directo de la Enami, iniciado a fines de los años sesenta. La planta de Cabildo, abastecida por El Sauce, debió ser ampliada varias veces durante el periodo que perteneció a la Enami. Ambas fueron vendidas durante el régimen militar a la Compañía Minera Las Cenizas, la que, complementando los sondajes hechos por la Enami, logró cubicar en la mina Sauce una reserva de cerca de 15 millones de toneladas de mineral. Por otra parte, en el yacimiento Manto Verde en Chañaral, la Enami, con la estructura de una sociedad filial, realizó en los inicios de los años setenta, estudios geológicos y sondajes, valorizando el yacimiento. Durante el gobierno militar este mineral fue licitado, siendo posteriormente adquirido por la empresa minera Mantos Blancos –hoy Anglo American–, que, con una inversión de 180 millones de dólares, ejecutó un interesante proyecto, actualmente en funcionamiento.

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uNA EMprEsA MAquIlAdorA

El abrupto término del gobierno de Salvador Allende en septiembre de 1973 significó, además de la salida de los principales ejecutivos de la Enami, un cambio radical en las políticas y programas. A los pocos días del golpe militar, tomó el control de la empresa el comandante de Carabineros Rodolfo Stange, como delegado de la junta de gobierno, aunque había un vicepresidente civil. Este esquema se mantuvo hasta la llegada a la vicepresidencia de altos oficiales del Ejército. La organización de la empresa volvió a la que existía antes de la regionalización, con lo que la Gerencia de Fomento recuperó su importancia y pasó a denominarse Gerencia de Minería, la

Desde su construcción y hasta el año 2006, la planta Taltal procesaba los minerales oxidados a través de lixiviación y precipitación usando chatarra. Actualmente este proceso se realiza con tecnología SX EW limpia y con cátodos como producto final. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

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que a su vez tenía varias subgerencias que abarcaban las diferentes funciones de fomento. De esta gerencia volvieron a depender las oficinas provinciales. Se reformuló también la Gerencia de Operaciones y la Gerencia de Ingeniería. Una vez superado el periodo de ajuste, se visualizaron algunas directrices como las de devolver a sus dueños las faenas mineras que habían sido “tomadas” por sus trabajadores y grupos de pirquineros, o bien estaban en manos de Enami. En una primera fase, que duró hasta 1976 aproximadamente, y que podríamos llamar de “normalización”, la actividad de la Enami se desenvolvió en el marco de sus objetivos tradicionales, aunque orientando sus esfuerzos a reducir o eliminar todas aquellas funciones ligadas directamente a la producción minera. Acorde con el rol subsidiario que el nuevo esquema asignaba al Estado, se licitaron plantas de beneficio, pertenencias mineras y otros activos que estaban en poder de la empresa. Por otro lado la función de fomento fue disminuyendo hasta reducirse al mínimo y muchísimos profesionales y técnicos, con experiencia en esta labor, fueron despedidos. Con el tiempo se confirmó que mucha de la información técnica que se perdió de la Enami (la Biblioteca, por ejemplo, que era el mejor y más completo centro de documentación minera) pasó a manos privadas, lo que permitió a determinado grupo de personas obtener información privilegiada y a través de la cual se adueñaron de activos de la empresa, dentro de los cuales se contaban sus plantas de beneficio y faenas mineras. Al vender varias de sus plantas de beneficio, la Enami disminuyó drásticamente el abastecimiento propio a sus fundiciones, llegando a transformarse prácticamente en una empresa maquiladora de concentrados de cobre al término del gobierno militar. Los programas ministeriales de 1977 planteaban en forma precisa que, al 31 de diciembre de ese año, la Enami debía completar la venta de sus activos, presentando como único patrimonio las instalaciones más importantes: fundición Paipote y fundición y refinería de Ventanas.3 El gobierno militar continuó por un tiempo solo
3 Ibídem.

con dos proyectos en etapa avanzada de desarrollo: Punta del Cobre y Andacollo, los que pasarían finalmente a manos privadas. Solo a raíz de la crisis de 1982, la Enami reasume tímidamente su rol de fomento, pero esta vez orientado a los lavaderos de oro, para paliar la fuerte cesantía. Así, llegó un momento en que hubo 5 mil “cesantes” –adscritos a planes de absorción de mano de obra desempleada– trabajando en el plan aurífero. La Enami entonces tuvo que constituir propiedad minera para proteger los trabajos, sobre todo, en ríos y afluentes donde laboraban los mineros. En 1990, la Enami tenía 1.000 hectáreas de propiedad minera inservible. 4

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Las numerosas plantas de beneficio construidas con gran esfuerzo por la Cacremi y la Enami durante más de cuatro décadas fueron, en su mayoría, vendidas. El proceso de privatización de activos llevado a cabo por el gobierno militar se realizó en dos fases. La primera en el año 1974, y la segunda entre los años 1985 y 1986. Antes se había procedido al desmantelamiento del área de propiedad social, constituida durante el mandato del doctor Allende. En la primera fase la venta de empresas se efectuó en medio de una grave recesión interna (el PGB de 1975 cayó a -12,9% y el desempleo aumentó de un dígito, a casi 18%), con un mercado de crédito muy estrecho. Así, estas ventas se realizaron con un fuerte subsidio del Estado, con pagos iniciales de solo un 10 o un 20% del monto total, proporcionando la Corfo el crédito necesario para el resto. Se estimuló la concentración de la propiedad en unos pocos grupos, mediante la venta de grandes paquetes de acciones. Muchas de estas empresas, como los bancos reprivatizados, prácticamente quebraron durante la crisis de 1982 y 1983, los que fueron invertidos y rescatados por el Estado, constituyendo lo que se llamó “el área rara de la economía”.
4 Ibídem.

El curioso nombre de “disputada” de la actual Compañía Minera Disputada de Las Condes no es antojadizo y responde a una historia de litigios, pleitos y discusiones por la propiedad de las minas en explotación. Fue descubierta en 1867 por un grupo de hombres que divisaron en el cajón Los Bronces una concentración de mineral que resplandecía en medio de la nieve. Foto: Jack Ceitelis.

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La mina Mantoverde se encuentra ubicada en la III Región, a 56 kilómetros de la ciudad de Chañaral y a 900 msnm. El yacimiento comenzó a ser explotado en 1906, por la Societé des Mines et Usines de Cuivre. En 1972 Enami ejerció la opción de compra de la mina. Cuatro años más tarde la Compañía Minera Mantoverde S. A. compra el yacimiento e implementa un programa de explotación, que incluyó pruebas metalúrgicas para evaluar la factibilidad de explotar el yacimiento a gran escala. Entre 1988 y 1992 Anglo American ejerce la opción de compra y el yacimiento pasa a formar parte de su filial Minera de Mantos Blancos S.A. Foto: Jack Ceitelis.

Entre 1985 y 1986 se realizó la segunda fase de privatizaciones, llevadas a cabo por el ministro de Hacienda Hernán Büchi. Éstas no se hicieron como las anteriores, que se basaron en el endeudamiento; tampoco se favoreció la concentración, y se intentó diversificar la propiedad. Estaban en vigencia las reformas previsionales y tributarias y se usaron mecanismos como conversión de la deuda externa, licitaciones nacio-

nales e internacionales, capitalismo popular y conversiones de compromisos monetarios. A pesar de las franquicias otorgadas, ellas tuvieron un mayor riesgo que las anteriores privatizaciones, por lo que no participaron en estas licitaciones las AFP, ya en funcionamiento. Para privatizar sus activos, la Enami constituyó, entre 1975 y 1976, la comisión Venta de activos, dependiente de la vicepresidencia.

Entre 1976 y 1981, la Enami vendió nueve plantas de beneficio, incluidas tres filiales, disminuyendo en aproximadamente 110 mil toneladas por mes su capacidad de tratamiento de minerales, lo que significó perder cerca de la mitad de su volumen total de beneficio. Por las licitaciones o ventas directas, recibió en principio unos 80 millones de dólares, aunque la cifra exacta es difícil de estimar, primero porque no todos los compradores iniciales cancelaron el valor de venta fijado, renegociando después en otros términos. En segundo lugar, varias de las operaciones de venta incluían un valor fijo y uno variable según la producción y el precio del cobre. Las plantas vendidas se ubicaban de norte a sur y correspondieron a Tocopilla (Mantos de la Luna), Pedro Aguirre Cerda, Domeyko, Tambillos, Panulcillo, El Parral (Combarbalá), El Arenal (Illapel), Cabildo y Catemu. En esta época también se intentaron vender otras plantas de beneficio como la planta Matta, Vallenar y Osvaldo Martínez, pero esto nunca se materializó. De haberse concretado estas últimas ventas, la capacidad de tratamiento de la empresa habría llegado a valor cero. La venta de la Sademi fue otra de las acciones devastadoras para el fomento a la pequeña minería, puesto que se comercializó, en 1979, a un empresario minero de Illapel, en aproximadamente 1 millón y medio de dólares. Pero peor que la baja cifra fue que al desprenderse de Sademi, los pequeños mineros perdieron la posibilidad de comprar equipos, insumos y explosivos, entre otras cosas. No olvidemos que la Enami entregaba, además, su aval para realizar las compras en la Sademi, siendo esta línea de crédito altamente solicitada en las épocas de la Cacremi y la Enami. Asimismo, la empresa se desprendió, por licitación o negociación directa, de importantísimos yacimientos o activos mineros que constituían –y lo siguen haciendo hasta hoy–, faenas de la gran o mediana minería del cobre y oro como Disputada de Las Condes, El Indio, Punta del Cobre, Cerro Negro de Cabildo, Manto Verde en Chañaral, Santo Domingo en Taltal, Coemin en Copiapó (el 51%), Distrito de Guanacos, Santa

Catalina de Sierra Gorda, Cachinal de la Sierra en Taltal, Inca de Oro, mina Teresita, Los Pingos y varios más. De los activos licitados, la compañía Minera Disputada de Las Condes es la venta más importante, pues fue la principal empresa que había pasado a manos de la Enami. Ésta incluía la mina Los Bronces y su planta al interior de Santiago, además de la mina y la planta de El Soldado y fundición de Chagres. La venta fue negociada en forma directa por el ministro de Minería de esos años, Enrique Valenzuela Blanquier, a Exxon Mineral International. Las acciones transadas correspondían al 86,58% del total, en algo más de 97 millones de dólares, muy por debajo del valor estimado. La negociación estableció la opción para Enami de recomprar para sí, u otra empresa del Estado, hasta el 49% de la compañía, la que fue traspasada a Codelco el año 2008 por 175 millones de dólares. En cuanto a El Indio, también fue vendido a un precio flagrantemente inferior al indicado por los propios técnicos de la Enami. Una situación distinta sucedió con Punta del Cobre, yacimiento en el cual se aplicó lo que se llamó “capitalismo popular”, y que consistió en que la Enami vendió las acciones a sus trabajadores, quienes posteriormente las fueron vendiendo a un inversionista privado, que actualmente es dueño del yacimiento. Los Pelambres, Mantoverde y Quebrada Blanca fueron también licitados por la Enami y constituyen hoy en día significativas faenas mineras de la mediana y gran minería privada. Quebrada Blanca fue vendida en 1988. La Enami se quedó con solo un 10% de la sociedad que la explota, situación que se mantiene hasta la fecha. Gracias a los buenos precios del cobre de los últimos años, ello le reporta significativos ingresos a Enami. En distintas etapas y durante el régimen militar, los más grandes activos con que contara Enami fueron, como se ha descrito, adquiridos por privados a precios inferiores a su valor. Todos ellos habían sido desarrollados por Enami durante decenios con mucho esfuerzo y el compromiso de chilenos de todas las tendencias durante generaciones.

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CuAtro
los pElAMbrEs:

CAsos ExItosos dE IMpulso MINEro gENErAdo por E NAMI
un completo estudio de factibilidad, en el que invirtió 66 millones de dólares, descartando la posibilidad de llevar a cabo la explotación del yacimiento, fundamentalmente porque sus inversiones en el área del petróleo –el fuerte de la compañía en esa época–, eran mucho más rentables que la explotación de esta mina. El empresario chileno Andrónico Luksic, que había ido adquiriendo acciones de Anaconda Chile, recibió dentro de sus pertenencias la rica mina de Los Pelambres. Tiempo después se asoció con capitales japoneses e inició el desarrollo y la explotación de este yacimiento. Tras una explotación de mediano tamaño, Luksic formó la minera Los Pelambres, de propiedad mixta: un 60% perteneciente a Antofagasta Minerals (Grupo Luksic) y un 40% a un grupo japonés integrado por varias compañías. Los Pelambres realizó una importante ampliación de la explotación del yacimiento, mediante un nuevo proyecto que consideró expandir el complejo a una capacidad de 700 mil toneladas de concentrados, con un contenido cuprífero de 230 mil toneladas. El proyecto se construyó entre 1997 y 1999 con una inversión de alrededor de 1.300 millones de dólares. La minera Los Pelambres produjo un total cercano a las 300 mil toneladas de cobre fino en concentrados y casi 6 mil toneladas de molibdeno fino en 2000, su primer año de operación. En el año 2005, Los Pelambres requirió de la construcción de un nuevo y extenso depósito de relaves, denominado El Mauro.

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ACCIóN tIENE su prEMIo
Posteriormente, los geólogos de la Enami, ya instalados en Copiapó, continuaron los estudios. Mediante un ingenioso contrato, la Sociedad Minera Punta del Cobre fue tomada en arriendo por una filial de Enami, a cargo de la recién constituida Gerencia de Ingeniería y Desarrollo, creada con ese propósito en 1971. Entre ese año y 1973, se hicieron en Punta del Cobre 10 mil metros de sondajes. El estudio geológico basado en estos sondajes confirmó reservas importantes de mineral de una ley media de 1,8% de cobre, con contenidos adicionales de plata. Más adelante, la Enami descubrió problemas en la propiedad minera y mensuró, apropiándose del yacimiento que luego fuera privatizado por el gobierno militar. La importancia de este yacimiento es tal, que en el periodo 2002-2003, su producción alcanzó sobre los 3 millones de toneladas de cobre fino al año, lo que la convierte en una de las empresas más destacadas de la mediana minería nacional.

VAIVENEs dE uN grAN proyECto

Aunque el yacimiento de Los Pelambres, ubicado en la alta cordillera al interior de Salamanca, era conocido antes del siglo XX, solo en 1965 se iniciaron trabajos exploratorios propiamente tales. Así, la Enami llevó a cabo un programa de reconocimiento denominado Proyecto Enami-Naciones Unidas, que contó con fondos de dicho organismo internacional, y que junto con otros yacimientos, ejecutaría estudios y reconocimientos en Los Pelambres. Luego, en una extensión de este programa, entre 1969 y 1971 se realizaron exploraciones, por un total de 1,5 millones de dólares, que incluyeron caminos de acceso, un campamento, levantamientos geológicos, geoquímicos y geofísicos y 32 sondajes en el fondo del valle, por sobre los 4.000 msnm. Este programa estableció la existencia de grandes reservas de cobre y molibdeno en todas las categorías probables y posibles. Además, indicó el enorme potencial de este yacimiento, puesto que las reservas exploradas abarcaron una superficie de apenas un 15% del área de anomalías geoquímicas y de alteraciones, las que eran más favorables para la mineralización cuprífera. En 1979, la Enami autorizó a la sociedad minera Los Pelambres para llamar a una licitación internacional a la cual solo se presentó Anaconda Copper Co., que ofreció 20 millones de dólares al contado. Anaconda hizo varias mejoras en el camino, creó un campamento, estudios de topografía y geología, más 16 mil metros de sondajes, entre 1980 y 1983. Con estos trabajos, Anaconda pudo confeccionar

Un importante estudio geológico –seguido de exploraciones que tuvo, posteriormente, gran trascendencia, no solo a nivel regional, sino también nacional–, fue el de Punta del Cobre. Este mineral, situado en el valle de Copiapó en Tierra Amarilla, era conocido como un importante yacimiento de cobre durante la Colonia, época en que sus minerales oxidados de alta ley eran fundidos en el mismo lugar. Tanto su excelente ubicación como sus altas leyes lo hacían un interesante foco de prospección. Su producción básicamente en pirquenes era en los años sesenta de 120 toneladas al día de mineral oxidado de alta ley, que se vendía a la Enami en Paipote. En esa década, gracias a un convenio entre la Enami y el desaparecido Instituto de Investigaciones Geológicas (IIG) se realizaron tres sondajes, los cuales, interpretados por el geólogo del IIG Francisco Ortiz, permitieron definir un interesante yacimiento de más de 4 millones de toneladas de mineral de buena ley.

ANdACollo: problEMAs

y soluCIoNEs dE uN “ río dE oro ”

Andacollo fue famoso desde la época incaica –y probablemente antes– por su riqueza en oro, la cual durante la Conquista atrajo la ambición de los españoles. En 1600, Pedro de Valdivia escribía al monarca español: “El cerro de Andacollo es uno de los ríos que hay en el mundo de oro”. Sin embargo, Andacollo es fundamentalmente un mineral de cobre que en su larga historia fue constituyéndose en propiedades mineras de diferentes dueños, muchas veces superpuestos entre sí, lo que significó que sucesivas exploraciones de empresas extranjeras fracasaran en lograr un acuerdo de venta. En 1964, a raíz de un grave accidente que dejó varios mineros atrapados en el subsuelo por largos días, el Instituto de Ingenieros de Minas realizó, el 17 de marzo de ese mismo año un estudio sobre la minería de Andacollo y sus problemas, que abarcó el estado de las faenas, la seguridad minera, la operación misma del rescate y –sin duda, lo que es más importante– los problemas básicos de la minería de Andacollo: micro propiedad minera, incierta disponibilidad de agua y energía, mala técnica de explotación y problemas financieros y económicos. Andacollo era trabajado por un gran número de pequeños empresarios independientes, que en su mayoría pagaban derechos o regalías a los propietarios de las pertenencias en explotación. En la década de los sesenta, la ocupación en las rudimentarias minas y las pequeñas plantas de Andacollo, se estimaba en 1.500 hombres con una producción total de 1.000 toneladas mensuales de concentrados y precipitados de 30% de cobre con 4 gramos de oro por tonelada, en base al mineral extraído de más de 50 piques. A pesar del aparente auge de la minería andacollina, las explotaciones que allí se hacían presentaban una inestabilidad permanente. Por una parte, los continuos derrumbes de labores y hundimientos de bloques completos amenazaban las tareas de extracción, y por otra, las grandes fluctuaciones en la disponibilidad de agua limitaban la capacidad de beneficio de los trapiches. A esto se le debía agregar que se perdía más de la mitad de la reserva por falta de una explotación racional. La Gerencia de Fomento de la Enami, a partir del año 1965, decidió tomar medidas para que el yacimiento de cobre de Andacollo fuese estudiado y, eventualmente, explotado a rajo abierto a gran

Foto: Luis Ladrón de Guevara.

escala y dotado de una planta de flotación que beneficiaría toda su producción, en vez de que fuera destruida por pirquenes artesanales. La oposición de los trapicheros y parlamentarios de Coquimbo dado los elevados precios del cobre en aquellos años, que proporcionaban a los propietarios cuantiosas regalías, frustró estos planes, y no se llegó a acuerdo sobre la venta de las pertenencias, a pesar de las conversaciones que la Gerencia de Fomento de la Enami sostuvo con sus (siete) dueños principales. La única medida aplicada fue cortar los préstamos a Andacollo. El proyecto Andacollo fue iniciado formalmente por la Enami en 1971, gracias a la autorización conferida a la Enami por el gobierno de Allende de hacer sondajes en propiedades que no eran de la empresa. Entre 1971 y 1973, se hicieron distintos estudios geológicos de tipo distrital y de detalle y se perforaron sobre 8 mil metros de sondaje con recuperación de testigos. Entre los meses de marzo y abril del año 1975, la Enami pudo por fin firmar con nueve propietarios de pertenencias opciones de compra, lo que se tradujo en un pago de 13 millones 120 mil dólares. Éste fue el primer proyecto presentado al Comité de Inversiones Extranjeras en 1975 por el DFL 600. Posteriormente fue adquirido por empresas transnacionales que operan hasta la fecha produciendo 20 mil toneladas por año de cátodos y se encuentra en proceso de ampliación.

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El INdIo

y El dEsArrollo AurífEro dE

ChIlE
rals decidió invertir en el país en exploración por recursos minerales. En 1975 leyeron el informe de Llaumet, se interesaron y estudiaron el prospecto de El Indio. A principios de 1976, suscribieron para Saint Joe una opción de compra por el precio de 8 millones de dólares, lo que significó el 80% de las acciones de la sociedad legal minera El Indio. Saint Joe inició trabajos en el área.1 La Empresa Nacional de Minería, por su parte, hizo estudios geológicos y geoquímicos en la alta cordillera de la región de Coquimbo, identificando una larga faja de alteración hidrotermal en la que se encontraron mineralizaciones de oro-plata y cobre-arsénico. La Enami mensuró lo que vendría a ser el núcleo de El Indio y otras pertenencias vecinas (Libra, entre otras). La mineralización del yacimiento continuaba en algunas de estas pertenencias y Saint Joe se interesó en comprar las que colindaban con las suyas. Durante el gobierno militar, la Enami vendió sus pertenencias centrales en 250 mil dólares, desconociendo informes técnicos de la misma empresa que recomendaban su venta a un precio de 6 millones de dólares. Afortunadamente la Enami pudo resarcirse de este mal negocio y de lo gastado en la exploración al venderle a Chevron las pertenencias vecinas de Libra en 16 millones de dólares. Chevron realizó en ella intensos trabajos exploratorios sin resultados positivos. Una vez que Saint Joe firmó el contrato de opción en el segundo semestre de 1976 realizó sondajes y labores
1 Augusto Millán. Historia de la minería del oro en Chile. Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2001.

El yacimiento de oro de El Indio se sitúa en la alta cordillera, al interior de La Serena, en el nacimiento de los afluentes del río Elqui. Por su ubicación, esta zona era poco conocida y no se disponía de información geológica sobre ella. Pequeños mineros trabajaban vetas angostas de oro o plata con altas leyes en arsénico, como por ejemplo la conocida por el apelativo de Las Hediondas, por el mal olor que desprende el arsénico. Estos minerales de alta ley eran vendidos en la agencia de Guayacán, de La Serena, y se castigaban fuertemente por su contenido de arsénico, considerado impureza en las fundiciones de cobre y oro. En la década de los sesenta y comienzos de los setenta, Enami realizó con sus ingenieros algunas visitas técnicas destinadas a conocer estas vetas de oro y, al mismo tiempo, evaluar sus altos contenidos de arsénico. La idea era encontrar una solución para evitar el castigo al que estaban sometidas las remesas de mineral y que hacía poco sustentables estas explotaciones artesanales de oro y plata. A comienzos de 1973 la Enami envió a su geólogo Carlos Llaumet a efectuar un estudio sobre el yacimiento El Indio. En su sorprendente informe concluye que lo observado en El Indio tenía bastante similitud con los yacimientos epitermales de oro-plata existentes en otros países. El auspicioso informe justificó la realización de un segundo estudio que fue entregado, sin costo, al administrador de la sociedad minera El Indio, que comenzó de inmediato gestiones para vender sus pertenencias a una empresa extranjera. Al publicarse, en 1974, el Estatuto de Inversión Extranjera (DFL 600), la empresa estadounidense Saint Joe Mine-

de exploración y para mayo de ese año, se totalizaban cerca de 2 mil metros de sondajes y sobre 4 mil metros de labores subterráneas. Cuando la inversión llegaba a los 5 millones de dólares, esta empresa suscribió con el Estado un contrato de inversión extranjera, dentro de los términos del DFL 600. Ejecutadas las evaluaciones y el estudio de factibilidad, Saint Joe decidió desarrollar la explotación del yacimiento, con un proyecto que consideraba la extracción de 1.250 toneladas por día de mineral. Durante el invierno de 1979, antes de contar con la planta, se iniciaron las exportaciones de minerales de alta ley (250 gramos de oro por tonelada) extraídos de las labores de exploración y desarrollo. Las utilidades de estos embarques fueron tan significativas que, al parecer, lograron financiar de manera completa las construcciones del proyecto. La inversión final de El Indio llegó a 200 millones de dólares, el doble de la proyectada inicialmente. La planta empezó a producir concentrados de flotación en julio de 1981, pero los otros circuitos solo empezaron a operar en febrero de 1982 y a fines de ese año se alcanzó la capacidad proyectada de tratamiento: 1.250 toneladas por día. La producción anual récord de El Indio se logró en 1986 con 9.100 kilos de oro. En 1994 fue de 7 mil kilos de oro, 43 mil kilos de plata, 30 mil toneladas de cobre y 6.400 toneladas de trióxido de arsénico. Cuando corría 1999, Barrick, su actual propietario, paralizó El Indio definitivamente. El motivo esgrimido fue el agotamiento de las reservas explotables comercialmente. Este yacimiento había operado con grandes beneficios para el país y, sobre todo, para la región de Coquimbo, du-

rante 20 años, venciendo las dificultades de explotar sus innumerables y ricas vetas con la complejidad de los minerales con alto contenido de arsénico. Los geólogos Carlos Llaumet y Fernando Henríquez publicaron un interesante trabajo en el Primer Congreso de Geología de 1976, donde resumen el resultado de las exploraciones de la Enami en el área de El Indio. Motivados por las conclusiones de este informe y el descubrimiento de El Indio, se consumaron numerosas exploraciones por oro en la denominada Faja del Indio, que se extiende con características geológicas semejantes en las regiones de Atacama y Coquimbo. Tras el descubrimiento de El Indio se realizaron favorables proyecciones y finalmente se encontraron otros yacimientos similares, como La Coipa, El Peñón, Agua de la Falda y Pascua Lama, lo que motivó a que, entre los años 1976 y 2000, las empresas realizaran en Chile un intenso programa de exploración por oro, con lo que se descubrió y definió unos treinta yacimientos. Al iniciarse la explotación, estos elevaron espectacularmente la producción de este metal en el país, aumentando ocho veces en los últimos 20 años del siglo recién pasado. La identificación de El Indio no solo permitió poner en producción este yacimiento sino –y lo que es mucho más importante para el país– agregar a su potencial minero una extensa zona con yacimientos de oro.2

2 Hernán Danús. Crónicas mineras de medio siglo. Santiago de Chile: RIL Editores, 2007, p. 199.

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Gastón Fernández Montero

EVoluCIóN

s

e sabe que la actividad minera se ha realizado en nuestro territorio desde tiempos inmemoriales. Está suficientemente comprobado que geológicamente las entrañas de nuestro subsuelo son pródigas en toda clase de recursos metálicos y no metálicos. El origen volcánico de nuestras cordilleras se complementa armónicamente con los diferentes valles y extensos desiertos en cuanto a la profusión de sustancias minerales. También está registrado en los anales de la historia que el hombre de estas tierras estuvo ligado a la actividad minera desde épocas remotas, más que por razones económicas o utilitarias, por razones religiosas ligadas fundamentalmente al culto tributado a sus divinidades. Sin embargo, no hay constancia de

La explotación minera en nuestro país ha estado acompañada desde la Colonia por diversos marcos jurídicos que han regulado la actividad. En este contexto destacan las Ordenanzas de Minería de Nueva España o México (1783), que, no obstante haber sido dictadas por la Corona, rigieron en el país como Ley de la República por más de sesenta años en el Chile ya independiente, hasta la promulgación del primer Código de Minería, en el año 1874. En la foto mineros de El Salvador. Foto: Jack Ceitelis.

la existencia de normativas jurídicas escritas que regularan esta actividad antes de la llegada de las huestes españolas de don Diego de Almagro en el año 1536. Es bien sabido que nada logra un país con tener abundancia de recursos naturales si no cuenta al mismo tiempo con un ordenamiento jurídico que regule adecuadamente su aprovechamiento. Afortunadamente nuestro país ha contado desde su origen, primero como colonia de España y posteriormente hasta el presente, con un marco jurídico coherente y adecuado que ha permitido en las distintas épocas de la historia el desarrollo de esta actividad económica a lo largo de toda su geografía, con preferencia en la zona septentrional del territorio nacional. En una apretada síntesis haremos un recuento de la evolución de la principal normativa jurídico-minera que rigió en nuestro país desde la época colonial hasta el presente, señalando básicamente cómo al comienzo la Corona y, posteriormente, el Estado, otorgaron a los particulares la exploración o explotación de las minas, así cómo operaron las diferentes instituciones o figuras jurídicas relacionadas con esta actividad económica.

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dErECho

MINEro hIspáNICo

o ColoNIAl

Dentro de este acápite señalaremos brevemente los principales cuerpos jurídicos que regularon esta materia. Algunos de ellos fueron dictados específicamente en el país y otros también rigieron en otras colonias americanas sometidas a la Corona española. Entre los primeros podemos señalar las curiosas Ordenanzas dictadas por el Cabildo de Santiago. Desgraciadamente, el único ejemplar de las normas vigentes resultó consumido por las llamas en el incendio de Santiago del Nuevo Extremo provocado por las huestes del cacique Michimalongo, el 11 de septiembre de 1541. La falta de normativa obligó a don Pedro de Valdivia a solicitar a un “hombre prático” la redacción de un cuerpo jurídico de emergencia, el que fue aprobado por el Cabildo el 9 de enero de 1546, con carácter de transitorio y

mientras llegaban de Lima nuevos ejemplares de las Ordenanzas oficiales. Los 36 artículos de estas criollas Ordenanzas establecían un procedimiento concesional para el otorgamiento del derecho de explotación y las obligaciones de los mineros una vez concedido el derecho (“la cédula”, en su terminología), dejando a albedrío de buen juez los numerosos vacíos que contenía, pero sirviendo más que todo como cuerpo regulador de las relaciones entre los mineros. Lo que ningún cuerpo legal relacionado con la minería puso en duda fue el principio regalista según el cual todas las minas, se encontrasen donde fuese, eran del Rey, quien las concedía a sus vasallos para que las exploraran y explotaran, sujeto al pago de una regalía. Mientras fuimos colonias de España rigió en materia minera toda la legislación española antigua, tales como el Código de las Siete Partidas (1213), las Ordenanzas de Birbiesca (1387)

“El proyecto de reforma de la Constitución Política del Estado que tenemos la honra de someter a la consideración del Congreso Nacional, significa la definitiva consagración jurídica de un pensamiento político que estamos seguros es compartido por una abrumadora mayoría nacional: que impone la subordinación del derecho y el interés privado, chileno y extranjero, a los derechos y a los intereses generales de la colectividad nacional”. Primer párrafo del Mensaje del Ejecutivo, de diciembre de 1970, con el que inicia el proyecto de reforma constitucional que modifica el artículo 10 Nº 10 de la Constitución Política de 1925, referente al Derecho de Propiedad. Este proceso culminaría el 11 de julio de 1971, cuando el Congreso Nacional aprobó, con muy pocas modificaciones y por votación unánime, la enmienda constitucional que hizo posible la nacionalización total del cobre, caratulada como Ley 17.450. En la foto mineros en 1971. Foto: Museo Histórico Nacional.

Trabajadores de Paipote frente a la cámara que los retrata en el descanso dominical de la provincia.

Foto: Archivo Enami.

dictadas por D. Juan I, que reafirmó el dominio real sobre las minas metálicas; las “Ordenanzas de Valladolid”, también conocidas como la “Ley de Minas de 1559”, dictadas por el rey Felipe II, considerado como el padre de la minería española y que, a través de la referida Ordenanza, reincorporó a la Corona todas las minas, dejando sin valor y efecto las mercedes otorgadas por sus antecesores. Sin embargo, en el siglo XVI, cuando se inicia la actividad minera en estas tierras, se dictaron en 1574 las llamadas “Ordenanzas de Toledo”, uno de los cuerpos jurídicos más completos y de mayor repercusión en su época en materia minera. Estableció el “registro” de todo descubrimiento… “porque ninguno tiene derecho a labrar, ni a disponer de los dichos minerales, sin la licencia que por registrarlos se le concede”. Pero no hay duda que la obra fundamental del derecho indiano colonial fueron las Ordenanzas de Minería de Nueva España o de México (1783), que, no obstante haber sido dictadas por la Corona, rigieron en el país

como Ley de la República por más de sesenta años en el Chile ya independiente, hasta la promulgación de nuestro primer Código de Minería. Estas Ordenanzas son consideradas como el cuerpo de doctrina jurídica y técnico más acertado de todo el periodo colonial y en ellas se observa la suma de todo el desarrollo anterior, acrisolado con las opiniones de los más eminentes juristas de la época. En 1785, dos años después de su promulgación, fueron aplicadas en Chile con cincuenta “declaraciones” para acomodarlas a nuestra realidad nacional y a nuestro territorio. Se puede afirmar con certeza que prácticamente no hay instituciones legales mineras en nuestro país que no reconozcan su origen en las sabias disposiciones de estas Ordenanzas, por lo que centraremos en cuatro aspectos fundamentales su profunda influencia en nuestro ordenamiento jurídico minero: regalismo, registro y descubrimiento de minas, sistema de amparo y autoridad minera.

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En primer lugar, el principio regalista que las inspira queda precisado en el Título V, titulado: “Del dominio radical de las minas; de su concesión a los particulares y del derecho que por esto deben pagar”. En el artículo 1° se señala: “Las minas son propias de mi real corona, así por su naturaleza y origen, como por su reunión dispuesta en la ley…”. En el artículo 2° se dispone: “Sin separarlas de mi real patrimonio, las concedo a mis vasallos en propiedad i posesión, de tal manera que puedan venderlas, permutarlas, arrendarlas, donarlas, dejarlas en testamento por herencia o manda, o de cualquier otra manera enajenar el derecho que en ellas le pertenezca en los mis-

mos términos que lo posean, i en personas que puedan adquirirlo”. El artículo 3° por su parte señala: “Esta concesión se entiende bajo dos condiciones: la primera, que hayan de contribuir a mi real hacienda la parte de metales señalada; i la segunda, que hayan de labrar i disfrutar las minas cumpliendo lo prevenido en estas Ordenanzas, de tal suerte que se entiendan perdidas siempre que se falte al cumplimiento de aquellas en que así se previniere, i puedan concedérsele a otro cualquiera que por este título las denunciare”. En cuanto al descubrimiento de minas, las Ordenanzas establecieron una amplia libertad

de catar y cavar en tierras de cualquier dominio, como asimismo la libre denunciabilidad. A fin de lograr que ninguna mina se mantuviese inactiva, las Ordenanzas exigían el trabajo efectivo de las mismas, el amparo por medio del “pueble” o trabajo continuado con un número mínimo de operarios y el “despueble” cuando no lo hace, dejándola desamparada, despoblada o desierta. Las Ordenanzas de Minería de Nueva España establecieron una completa institucionalidad pública encabezada por el Real Tribunal de Minería, que era la máxima autoridad en “lo gubernativo, directivo y económico”, quedando subordinados a él los llamados “Diputados

de Minas”. La preocupación de la Corona por los mineros y por su gremio se explica lógicamente pues estos pasan a ser verdaderos “socios” del Rey a través del quinto real (20% de los productos extraídos), razón por la cual los trataba con toda consideración, dándoles algunos privilegios como el de la nobleza y la inembargabilidad de las minas. La Corona, en consonancia con la política reformista de Carlos III, propició la formación de un gremio minero fuerte y declaró en las Ordenanzas, a favor de la “profesión científica” de la minería, el referido privilegio de la nobleza, exigiendo que los mineros “sean mirados y atendidos con toda distinción”.

Un “marai” usado desde antes de la llegada españoles para moler los minerales, fundamentalmente de oro.
Foto: Luis Ladrón de Guevara.

Un malacate mediante el cual se extraía mineral de un pique utilizando solamente la fuerza de los brazos. En la actualidad accionados con motor eléctrico o diesel. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

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Curiosamente, no obstante haberse producido en 1818 la independencia definitiva de España, en materia minera nuestro país continuó rigiéndose por las Ordenanzas de Minería de Nueva España, brevemente reseñadas anteriormente. Una explicación para ello se encuentra en la gran calidad de este cuerpo jurídico dictado en la época borbónica y aplicado en todos los países hispánicos americanos, con ligeros matices, pudiendo ser considerado como una especie de “código de minería internacional”. El 11 de junio de 1833, mediante un decreto dictado por el Presidente de la República don

Joaquín Prieto, habiéndose presentado dudas acerca de su vigencia, se declaró que estas Ordenanzas eran ley de la República. Se mantuvieron en vigor por más de sesenta años hasta la promulgación del primer Código de Minería nacional, en el año 1874. Vale la pena recordar que bajo esta normativa se produjo el enorme desarrollo minero de etapa republicana del siglo XIX. Al desarrollo de la minería aurífera se unió el ciclo de la plata y el potente surgimiento de la minería del cobre que llevó a Chile al primer lugar entre los países productores y exportadores de este metal. A medida que se consolidaba jurídicamente la República de Chile, mediante, entre otras, la dictación de la Constitución Política de 1833

Trabajadores en el casino de la fundición y refinería Ventanas. El 3 de mayo del año 2005, la Corporación Nacional del Cobre asumió el control de la fundición que hasta el 30 de abril de ese año pertenecía a la Empresa Nacional de Minería. Foto: Luis Ladrón de Guevara.

y del Código Civil en 1857, en materia minera, fue este último que en su artículo 591, se preocupó de esta materia. Por su importancia transcribimos su texto: “El Estado es el dueño de todas las minas de oro, plata, cobre, azogue, estaño, piedras preciosas, y demás sustancias fósiles, no obstante el dominio de las corporaciones o de los particulares sobre la superficie de la tierra en cuyas entrañas estuvieren situadas. Pero se concede a los particulares la facultad de catar y cavar en tierras de cualquier dominio para buscar las minas a que se refiere el precedente inciso, la de labrar y beneficiar dichas minas, y la de disponer de ellas como dueños, con los requisitos y bajos las reglas que prescribe el Código de Minería”. Como puede apreciarse, don Andrés Bello se adaptó a las circunstancias y atribuyó el dominio de las minas al Estado, entendiendo en esta forma que éste sucedía a la Corona en este rol. Tal como ya lo anunciaba el referido artículo del Código Civil, el año 1874, se dictó nuestro primer Código de Minería. Este nuevo cuerpo jurídico significó un notable retroceso para la actividad minera nacional. No solo debemos culpar a la deficiencia de sus disposiciones el entrabamiento que originó su puesta en vigencia, sino también en el cambio institucional producido en la nueva era republicana donde se suprimieron las diputaciones de minas, los tribunales especiales mineros y se debilitó el gremio minero tan activo en la época colonial. Se dice que este primer Código de Minería fue elaborado favoreciendo a la agricultura y al propietario del predio superficial en desmedro del minero. Prueba de ello fue la restricción de la denunciabilidad solo a unas pocas sustancias minerales, quedando el resto de ellas en el dominio del dueño del suelo. Se complicó la tramitación de la constitución del título, introduciendo a las etapas tradicionales de la manifestación y de la mensura, una nueva del “título provisorio”, dejando a su vez la mensura de ser obligatoria. Sin las instituciones coloniales ya señaladas, se mantuvo el sistema de amparo por el trabajo, lo que originó numerosos juicios de despue-

ble que entrabaron el desarrollo de la actividad y crearon inestabilidad en el sector. No bien fue dictado el Código de Minería de 1874, comenzaron las críticas y los intentos por reformarlo. A partir de 1870 se había iniciado un largo periodo depresivo de la economía internacional que se reflejó en una baja general de los precios, afectando en forma directa a los principales productos de exportación como ya lo era el cobre. Esta crisis se agudizó a partir de 1878, lo que se unió al agotamiento de las partes mineralizadas de alta ley de los yacimientos de cobre y de plata, ligado a la entrada al mercado internacional del cobre estadounidense producido en forma abundante y a menor costo por la incorporación de nuevos procesos y tecnologías. Por todo lo anterior, los mineros tradicionales se encontraban en una muy difícil situación, empobrecidos, desunidos y entrabados por una normativa jurídica que dificultaba el desarrollo normal de esta actividad. Salvo los mineros de Copiapó, organizados en una Junta de Minería, donde desarrollaban una fructífera labor en beneficio del gremio, el resto de los mineros se había dejado arrastrar por el individualismo que los hizo vulnerables ante la autoridad que había incluso establecido un impuesto retrógrado a las exportaciones de cobre. Fue así como el propio gobierno advirtió la necesidad de estudiar la situación del sector para cuyo objeto designó una comisión que se abocó a la elaboración de un diagnóstico y propuso las medidas de fomento y desarrollo que era procedente adoptar. Esta comisión estableció la conveniencia de crear una entidad que agrupara a los mineros y promoviera el progreso de esa actividad. Fue así como por decreto supremo de fecha 26 de septiembre de 1883, firmado por el Presidente de la República don Domingo Santa María, se constituyó la Sociedad Nacional de Minería y se aprobaron sus estatutos. La primera labor de Sonami, además de organizar el gremio, fue estudiar el reemplazo del Código de Minería de 1874 por uno nuevo que reflejara las exigencias de la desafiante etapa que estaba viviendo esta actividad, sobre todo

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con la incorporación del salitre y de las grandes extensiones territoriales nortinas plenas de posibilidades mineras. El Código de Minería de 1888, comenzó a regir el 1° de enero de 1889 y estuvo vigente por más de medio siglo, dando respuesta a los requerimientos del sector y dejando atrás las restricciones impuestas en la legislación anterior. Entre sus principales innovaciones está la de ampliar el número de sustancias concesibles y sustituir el sistema de amparo del pueble por el del pago de una patente anual, dando estabilidad a la propiedad minera a través de un sistema objetivo, dejando atrás la etapa de denuncio de despueble que originaba numerosos juicios que, en definitiva, dejaban entregada su resolución al más endeble de los medios probatorios: la prueba testimonial. No obstante el progreso que significó su promulgación, mantuvo el título provisional y dio poca protección al verdadero descubridor de un yacimiento, lo que le acarreó numerosas críticas. Sin embargo, también permitió que se pusieran en funcionamiento los principales yacimientos que constituyeron lo que se ha llamado “la gran minería del cobre”. En 1930, se dictó el tercer Código de Minería nacional mediante la Ley 4796 promulgada el 25 de enero de 1930. Este Código introdujo importantes innovaciones tales como establecer como regla general la libre denunciabilidad de prácticamente todas las sustancias mineras conocidas. Suprimió el llamado “título provisional”, establecido en las Ordenanzas, con lo que se dio certeza a los títulos y terminó con la práctica viciosa de los “pedimentos giratorios” Perfeccionó el sistema de amparo y estableció la caducidad automática por el no pago de dos patentes consecutivas. En 1932 se aprobó por Decreto Ley 448 el cuarto Código de Minería Nacional. Este Código es en esencia muy similar al anterior, salvo en algunos aspectos relativos a las sustancias de libre denunciabilidad, a la mensura y a la extensión de la pertenencia. Este Código rigió hasta 1983 y durante su prolongada vigencia la minería nacional se desarrolló y en algunos aspectos sustanciales su normativa se elevó a rango

constitucional a raíz de la nacionalización de las empresas de la gran minería del cobre y de la Compañía Minera Andina. En efecto, el año 1971, a través de la Ley 17.450, de 16 de julio de ese año, se modificó el artículo 10 N° 10 de la Constitución Política de 1925, y se introdujo un cambio sustancial en el régimen jurídico minero, consagrando rotundamente el dominio del Estado sobre las minas con el carácter de absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible. Con esto se puso fin a toda expectativa de propiedad privada sobre las minas. En el año 1976, se dictó el Acta Constitucional N° 3 (D.L. 1522, del 13 de septiembre de 1976) que mantuvo el esquema establecido en 1971, mientras no se estableciera el nuevo estatuto especial que regularía esta materia. Fue así como la Constitución Política de 1980, en su artículo 19 N° 24, en los incisos 6° al 10, estableció el marco legal relativos al derecho minero con normas trascendentales y que rigen plenamente hasta la actualidad. Esta norma estableció el dominio del Estado sobre las minas, despejando cualquier duda sobre el dominio eminente que algunos había propuesto. La Constitución dispuso la promulgación de una Ley Orgánica Constitucional para regular determinados aspectos de su normativa, la que fue promulgada en 1982, con el N° 18.097, y que entró a regir conjuntamente con el nuevo Código de Minería. El Código de Minería de 1983, fue promulgado el 26 de septiembre del referido año, y empezó a regir sesenta días después de su publicación. Para completar esta normativa se dictó un Reglamento del Código que fue publicado en el Diario Oficial el 27 de febrero de 1987. Es preciso tener presente que hasta ahora este Código, con ligeras modificaciones, ha estado rigiendo eficientemente la actividad minera del último cuarto de siglo, en el que nuestro país –como nunca antes en su historia– ha tenido tan espectacular desarrollo económico. Algunas de las características principales de esta normativa son la constitución de derechos mineros mediante resolución judicial, siguiendo una tradición de nuestro ordenamien-

La división Andina opera el yacimiento Río Blanco, cuya riqueza era conocida desde 1920. Pero los intentos por iniciar su explotación no se concretaron hasta medio siglo después, en 1970. Está ubicada a 80 kilómetros al noreste de Santiago, entre 3.700 y 4.200 msnm. En la actualidad esta división de Codelco realiza la explotación de minerales en la mina a rajo abierto Sur –foto– y en la mina subterránea de Río Blanco. Foto: Jack Ceitelis.

to jurídico nacional; la denunciabilidad amplia extensiva al mayor número de sustancias minerales, constituyéndose esta característica en la regla general; modernización de la concesión para explorar a través de normativa sencilla y eficiente; determinación del objeto de la concesión, haciéndola comprensiva de todas las substancias denunciables; precisión geodésica del terreno solicitado en concesión mediante el empleo del sistema de coordenadas U.T.M. en la mediciones de la cara superior de la concesión en trámite o constituida; amplia publicidad de las actuaciones o trámites en beneficio de la

transparencia del procedimiento de constitución del título. En lo que va corrido de la aplicación del nuevo marco jurídico minero, se puede decir que disminuyeron notablemente los juicios que originaba la legislación anterior, se logró dar seguridad jurídica a los títulos mediante el otorgamiento de las garantías constitucionales del derecho de propiedad al derecho real de concesión minera. Finalmente, la certeza del sistema de ubicación y el catastro desterraron las superposiciones u otras anomalías que entrababan el desarrollo de esta actividad.

212 gAstóN fErNáNdEz MoNtEro

EVoluCIóN dE lA lEgIslACIóN MINErA fuNdAMENtAl dE ChIlE

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Foto: Claudio Pérez

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lA

MEdIANA MINEríA EN
Alberto Salas Muñoz Presidente de la Sociedad Nacional de Minería

ChIlE

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a mediana minería es definida en nuestro país de distintas formas. Según el Servicio de Impuestos Internos, en relación al capital y la producción; según la Enami, en función de los tipos y cantidades de producción; según Sernageomin, por los niveles de producción, entre otros criterios. No obstante lo anterior, a nuestro entender la mejor definición de este sector productivo es aquella establecida por el Instituto de Ingenieros de Minas de Chile en 1990. Según ésta, los medianos productores corresponden a empresas que explotan entre 100 mil y 3 millones de toneladas de mineral al año, equivalentes a una

Los desafíos estratégicos de la mediana minería debiera contemplar una mayor innovación –lo que redunda en una mayor productividad y competitividad–, una política energética de largo plazo, una información geológica básica más exhaustiva del país, una promoción de la industria a amplios sectores de la población para que se valore su contribución al crecimiento nacional y un acceso al sistema financiero, entre otros aspectos. En la foto, fundición Paipote. Foto: Claudio Pérez.

producción anual aproximada de 1.500 a 50 mil toneladas de cobre fino anual (o equivalente). Es importante destacar que este sector productivo corresponde de manera prioritaria a iniciativas de grupos empresariales chilenos, en general empresas familiares, con creciente profesionalización en recursos humanos. Asimismo, es relevante señalar que las faenas de esta minería tienen –por su origen– una alta identificación con las comunidades locales donde están insertas. Ello contribuye también a que esta actividad tenga un efecto positivo en el empleo y bienestar de los habitantes de aquellas zonas, generando encadenamientos productivos que multiplican los beneficios de su operación. Adicionalmente, la mediana minería complementa el rol que ejerce la Empresa Nacional de Minería de comprador-maquilador de productos de la pequeña minería, con lo que estimula el desarrollo de esta última. Los productos de la mediana minería son principalmente concentrados de cobre y oro, precipitados de cobre o cátodos de cobre. La

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El 75% de la producción de Cerro Bayo –productora de concentrado de oro– proviene de la minería subterránea y el 25% restante de la minería de explotación de superficie que se lleva a cabo por método de slot cut (zanjas o rajos), cuya profundidad máxima de explotación generalmente no supera los 60 metros.
Fotos: Jack Ceitelis.

comercialización de sus productos se realiza principalmente a través de la Enami y, subsidiariamente, exportando en forma directa al mercado mundial.

orígENEs

y AportE hIstórICo

La mediana minería representa la tradición más antigua de esta actividad a nivel industrial. Se inicia en la década de 1830, con la inserción de Chile en la economía mundial. La gran demanda de minerales de los países de Europa, unida a los ricos yacimientos de nuestro país, potencian el desarrollo de la minería del cobre y de la plata. A mediados del siglo

XIX, la minería era la actividad económica más relevante de la economía nacional y representaba el 80% de las exportaciones del país. Al igual que hoy, Chile era el primer productor de cobre del mundo. La mediana minería fue impulsada por esforzados y visionarios empresarios, entre los que destacan Bernardo del Solar, Pedro León Gallo, Matías Cousiño, Francisco Ossa, Juan José Echeverría, Agustín Edwards Ossandón, José Antonio Moreno, Ramón Ovalle y muy especialmente José Tomás Urmeneta, uno de los forjadores de la minería nacional, que con esfuerzo y perseverancia logró desarrollar a mediados del siglo XIX las faenas del mineral de Tamaya al

noroeste de la ciudad de Ovalle, convirtiéndolo en un gran complejo industrial minero. Posteriormente, se desarrollan en el Norte Grande el salitre, la plata y el guano, surgiendo una nueva generación de empresarios mineros, entre los que sobresalen José Santos Ossa, José Díaz Gana, Manuel Barreau, José María Artola, Ángel Custodio Gallo, Otto Harnecker y Pedro Lucio Cuadra, entre otros. La labor de todos estos empresarios permitió el desarrollo y la consolidación de una activad empresarial de gran importancia social y económica en la zona norte de nuestro país, generando además, un efecto multiplicador en las empresas encadenadas a este sector productivo.

EVoluCIóN

y CrECIMIENto ACtuAl

En los últimos 30 años, este sector ha tenido una evolución importante y significativa, particularmente desde el punto de vista de la producción y de su incorporación de tecnología. Es así como a mediados de la década de los setenta, su producción total no superaba las 30 mil toneladas de cobre fino al año, mientras que en la actualidad sobrepasa las 300 mil toneladas. Hoy, Chile cuenta con una mediana minería de gran relevancia económica y social, con un sostenido crecimiento y con eficientes parámetros de gestión, particularmente en los

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ámbitos operacionales, medioambientales y comerciales. En la actualidad, este sector está representado en todas las regiones de norte a sur del país hasta la del Libertador General Bernardo O’Higgins, y la de Aisén. Dos grandes factores han contribuido al desarrollo de todas estas empresas. Primero, sin duda, la gran capacidad de gestión y emprendimiento de los medianos empresarios nacionales; y, segundo, las políticas de fomento de la Enami, a partir de 1960, y de su antecesora, la Cacremi, a partir de 1929. La labor de fomento productivo desarrollada por la Enami está exenta de subsidio alguno y se realiza dentro de una sana política de economía social de mercado. Entre sus funciones,

destacan la política de compra, que asegura un poder comprador al productor; la política tarifaria, que asegura precios de mercado; la política de servicios de mercado de futuros y derivados, que asegura estabilidad a las empresas, y finalmente una política muy exitosa de sustentación de precios en los ciclos bajos, que se devuelve, con intereses, en los ciclos altos. A la fecha, el sector de la mediana y pequeña minería no tiene deudas con la Enami por este concepto. Cabe tener presente que la Enami, como se dijo, es la continuadora de la Cacremi, y de la Fundición Nacional Paipote. Ambas empresas fueron creadas por el Estado a partir de proposiciones concretas hechas por la Sociedad Nacional de Minería (Sonami).
por

MEdIANA MINEríA
Región de Tarapacá: • Haldeman Mining Company S.A., productora de cátodos de cobre. Región de Antofagasta: • Lipesed S.A., productora de cátodos de cobre. • Minera Mantos de la Luna S.A., productora de cátodos de cobre. • Minera Michilla S.A., productora de cátodos de cobre. • Minera Cerro Dominador S.A., productora de concentrados y cátodos de cobre. • Sierra Miranda S.C.M., productora de soluciones y cátodos de cobre. • Minera Rayrock Ltda., productora de cátodos de cobre. • Yamana Gold, productora de metal doré. • Compañía Minera Nova Ventura, productora de concentrados de cobre. • Minera Las Cenizas S.A., productora de concentrados de cobre. Región de Atacama: • SCM Atacama Kozan, productora de concentrados de cobre. • Sociedad Contractual Minera Carola, productora de minerales de cobre. • Coemin S.A., productora de concentrados de cobre. • Compañía Contractual Minera Ojos del Salado, productora de concentrados de cobre. • Sociedad Punta del Cobre S.A., productora de concentrados y cátodos de cobre. • Compañía Explotadora de Minas San Andrés, productora de concentrados de cobre. • Compañía Minera San Esteban Primera, productora de concentrados de cobre. • Sociedad Contractual Minera Coyancura, productora de minerales de cobre. • Compañía Minera Las Pintadas, productora de minerales de cobre. • Cía. Explotadora de Minas S.C.M., productora de cátodos de cobre. Región de Coquimbo: • Compañía Minera San Gerónimo, productora de concentrados y sulfato de cobre.

rEgIóN

• Minera Talcuna Ltda., productora de concentrados de cobre. • Compañía Minera Linderos, productora de minerales de cobre. • Compañía Minera Carmen de Andacollo, productora de cátodos de cobre. • Compañía Minera Dayton, productora de metal doré. • Manganesos Atacama S.A., productora de minerales de manganeso. • Compañía Minera Punitaqui S.C.M., productora de concentrado de cobre. • Compañía Explotadora de Minas S.C.M., productora de concentrado de cobre. • Sociedad Minera Don Alberto, productora de concentrado de cobre. Región de Valparaíso: • Compañía Minera El Bronce de Petorca, productora de concentrado de oro. • Compañía Minera Pullalli Ltda., productora de minerales de oro. • Minera Las Cenizas S.A., productora de concentrados de cobre. • Compañía Minera La Patagua, productora de concentrados de cobre. • Compañía Minera Amalia Ltda., productora de cátodos de cobre. • Compañía Minera Cerro Negro S.A., productora de concentrados, sulfatos y cátodos de cobre. Región Metropolitana: • Compañía Explotadora de Minas S.C.M., productora de metal doré. • Yamana Gold, Inc., productora de metal doré. Región de O’Higgins: • Minera Valle Central S.A., productora de concentrados de cobre y molibdeno. Región de Aisén: • S.C.M. Minera El Toqui, productora de concentrados de cinc, oro y plata. • Compañía Minera Cerro Bayo Ltda., productora de concentrado de oro.

En 1990 Dayton Andacollo-oro compra la totalidad de los derechos mineros de la Chevron Minera Corporation of Chile, empresa que había adquirido en la zona minera de Andacollo una importante cantidad de instalaciones mineras pertenecientes a empresarios de la localidad. Las operaciones mineras extractivas comenzaron el año 1995 extendiéndose hasta el mes de septiembre del año 2000, cuando se paralizó la extracción minera debido a la sostenida baja del precio del oro. Desde ese año, solo operó el proceso de lixiviación y la planta de recuperación.
Foto: Jack Ceitelis.

IMpACto

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CrECIMIENto

dE lA MEdIANA MINEríA

EN lA ECoNoMíA

Los medianos mineros tienen una alta relevancia en la economía del país. Si lo comparamos con importantes actividades de la economía nacional, este sector aparece dentro de los más significativos. Así lo demuestra el siguiente gráfico comparativo de exportaciones en 2008.

La mediana minería nacional ha tenido un notable crecimiento en los últimos años. Entre 2001 y 2008, su tasa promedio de crecimiento real anual ha sido de 8,4%, lo que equivale al doble del crecimiento de la economía nacional en el mismo periodo. El siguiente gráfico muestra la producción de cobre fino en miles de toneladas del sector, en el periodo 2001-2008.

3.500 3.000 2.500 2.000 1.500 1.000 500 0

3.300 400 2.300 2.500 350 300 1.400 1.250 250 200 500 150
Mediana minería

338 284 240 201 220 311 333

353

Celulosa y papel

Salmón y truchas

Vino

Uva

Harina de pescado

100

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V IAbIlIdAd

ECoNóMICA

Uno de los mitos más extendidos e infundados en la opinión pública es que los medianos mineros son subsidiados por la Enami. Esto no corresponde a la realidad, ya que este sector comercializa sus productos con referentes de mercado. La tarifa de la Enami se construye básicamente pagando el precio de los finos recuperados menos los cargos de tratamiento que implica transformar dichos productos en cátodos. A su vez, es importante tener claro que el precio considerado tiene como referente la Bolsa de Metales de Londres (LME). En tanto, los cargos de fusión y refinación se determinan a partir de las transacciones efectuadas por las grandes compañías con las fundiciones y refinerías japonesas, que están disponibles para los agentes del sector y publicadas en revistas especializadas. Otra consideración relevante de los medianos mineros es que explotan yacimientos que por su tamaño y forma solo son rentables a esta escala productiva, transformando en riqueza recursos que de otra manera jamás llegarían a aprovecharse. Con esta explotación, este sector crea empleos calificados en zonas donde prácticamente no hay otras alternativas laborales. Actualmente, el número de empleos estimados directos e indirectos supera los 25 mil.

2.

3.

4.

5.

f uturo

y dEsAfíos EstrAtégICos

Chile tiene un gran potencial de yacimientos de mediana minería que deben ser desarrollados. Para eso, es necesario avanzar en diferentes ámbitos, ya que este sector enfrenta un escenario de gran complejidad en todos los planos: social, medioambiental y técnico. En este sentido, es gravitante tener a la vista las siguientes consideraciones:
1.

6.

Mayor valoración de la mediana minería: se debe trabajar por promover la identificación con este sector, lo que implica inicialmente

un esfuerzo del mismo sector por continuar abriendo la minería a muchos chilenos que aún desconocen su enorme contribución al crecimiento del país. Esto implica además una creciente sustentabilidad ambiental e integración a la comunidad. La innovación como eje estratégico entre ciclos de altos precios y costos crecientes y ciclos de menores precios y costos más acotados. La forma más efectiva de disminuir costos es con mayor innovación, lo que redunda en mayor productividad y competitividad. Disponibilidad energética: la minería, así como el país en general, requiere una política energética de largo plazo, que acelere la diversificación de la matriz para asegurar el suministro de energía eléctrica a costos competitivos internacionalmente. Recursos hídricos: se trata de un recurso escaso, especialmente en la zona norte del país, que se debe cuantificar, tanto en términos de oferta como de demanda, para establecer políticas públicas de aprovechamiento que incentiven el uso eficiente del agua. La profundización del mercado de la propiedad minera: es necesario mejorar la información geológica básica del país con el objetivo de potenciar las exploraciones. Por otra parte, es importante que los grandes actores mineros hagan esfuerzos por transferir al mercado aquella propiedad minera que, por su forma o menor tamaño, no sea atractiva a esa escala productiva. Esto puede considerar todas las formas de negocios disponibles, como son el arriendo, la venta o la asociación. Acceso al sistema financiero: en Chile existe un divorcio entre el sistema financiero y la mediana minería, debido principalmente a un desconocimiento por parte del sector financiero acerca de las características propias de este negocio. Un paso importante que se ha dado en tal sentido es la ley de persona competente, que permitirá informar con certeza sobre la calidad y cantidad de los recursos mineros en un lenguaje estandarizado. Esto facilitará, sin duda, una mejor evaluación de

Construcción de la planta de relaves, minera Los Pelambres, Salamanca, IV Región.

Foto: Claudio Pérez.

los proyectos mineros. Cabe mencionar que en la actualidad existe una sola empresa de la mediana minería que está listada en la Bolsa de Comercio de Santiago, por lo que hay un amplio espacio de oportunidades de financiamiento por esta vía. 7. Recursos humanos: la minería chilena se ha caracterizado a nivel mundial por la excelencia de sus recursos humanos, tanto a nivel profesional como técnico, y de sus operarios. No obstante lo anterior, el gran desarrollo minero de Chile ha producido una movilidad de sus propios recursos humanos, al punto que los profesionales de la minería de nuestro país son contratados por las grandes compañías mineras internacionales. Por lo tanto, para asegurar su desarrollo es necesario contar con nuevas generaciones de profesionales, técnicos y operarios. Eso implica un mayor compromiso de la propia

industria con las universidades que imparten carreras relacionadas con nuestra actividad. 8. Modernización del Estado: en un mundo altamente globalizado y competitivo, la minería requiere de una contraparte pública cuyas instituciones regulatorias se caractericen por ser modernas, profesionales, eficientes y no discrecionales. Los recursos mineros por sí solos no aseguran el desarrollo. Son una condición necesaria pero no suficiente para el crecimiento de la minería y del país. Se requiere un conjunto de factores y condiciones para generar un entorno favorable, que permita alcanzar ese desarrollo. Ello supone una actitud proactiva de todos los actores –públicos y privados– involucrados. A buenas políticas públicas, la minería responderá siempre de manera consecuente.

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Foto: Nicolás Piwonka

Hitos,

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La

H itos ,
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minería en eL origen deL movimiento obrero
Muchos estudios históricos relacionan los orígenes del movimiento obrero chileno con las actividades mineras en nuestro país. Mientras algunos autores observan este fenómeno durante el siglo XIX otros se remontan hasta el periodo colonial.
Un hito crucial en la historia de los trabajadores y de su formación como clase es, sin duda, el surgimiento de la industria nacional del salitre, entre 1880 y 1930. A grandes líneas, se puede señalar que los trabajadores del salitre constituían una red de vinculaciones sociales, culturales y políticas propias de un grupo humano alejado de las tradiciones del Chile central. Su dependencia absoluta de salarios y la nacionalidad foránea de sus empleadores determinaron la forma en que se percibieron como una clase separada.

Las condiciones de vida y trabajo, la hostilidad del desierto, el impacto del salitre en la economía, entre otros elementos, conformaron un cuadro de conflictos laborales que devino, a nivel nacional, en un poderoso e institucionalizado movimiento sindical. Antes de llegar a las pampas nortinas, la mayoría de estos trabajadores se trasladaron desde el campo hacia áreas urbanas, donde experimentaron una primera transformación social. Luego prosiguieron su marcha hacia el Norte Grande, donde completarían su proletarización. El descubrimiento y la explotación de nuevas minas de plata y el nacimiento de la industria fundidora del cobre en la década de 1850-1860 acrecentó el proletariado minero. Así, durante la segunda mitad del siglo XIX el número de obreros existentes en el país se calculaba en más de 100 mil, entre ellos más de 30 mil obreros de las minas de plata y cobre. El proletariado salitrero llegaba en 1890 a cerca de 13 mil trabajadores. A la vanguardia del movimiento obrero durante las décadas de 1860 y 1870 estuvieron los trabajadores del cobre y, posteriormente, los del salitre. Tras la Guerra del Pacífico, el Norte Grande, con su producción salitrera, se convirtió en el principal sector de la economía. Con el tiempo, la pampa se transformó en el escenario de un conflicto estructural que terminaría por favorecer el desarrollo de la conciencia de clase, consistente en la división tajante entre obreros y patrones, división con localización geográfica precisa y con ras-

La minería en el origen del movimiento obrero Nacionalización del cobre Ingenieros forjadores de la minería nacional Mujeres en la minería

Foto: Museo Histórico Nacional.

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Huelga de obreros del salitre, Iquique, 1907. Operarios en la calle Vivar abren el paso para recibir a los obreros en huelga. Al fondo la estación de trenes.
Foto: Museo Histórico Nacional.

gos de nacionalismo representados por un capital extranjero contrapuesto a un trabajo nacional. Las huelgas y rebeliones mineras se multiplicaron, motivadas principalmente por incumplimiento o postergación de la fecha de pago, mal trato, falta de viviendas y de seguridad. Obreros y empleadores fueron preparando un enfrentamiento que culminó con la huelga de 1907 y el trágico episodio de la Escuela Santa María de Iquique, del 21 de diciembre de ese año. Si bien la masacre y la represión que le siguió vir-

tualmente destruyó la organización sindical del norte y terminó con la era de las mancomunales salitreras, instituciones similares reaparecieron luego en los puertos del salitre y en la pampa, con una intensidad mayor a la alcanzada por las primeras mancomunales. Durante las primeras décadas del siglo XX, se configuró definitivamente el proletariado nacional, creciendo no solamente en número sino también en capacidad para organizarse. Las primeras organizaciones sindicales, las mancomunales, fueron generando una conciencia de clase que se consolidó
Pulpería, 1915. Señoras adquiriendo productos en una pulpería, norte salitrero. Foto: Museo Histórico Nacional.

Trabajadores del salitre. Retrato de un grupo de hombres del salitre, 1918. Foto: Museo Histórico Nacional.

con la formación del Partido Obrero Socialista (POS), liderado por Luis Emilio Recabarren, considerado el fundador del movimiento obrero chileno organizado. Oriundo de Valparaíso, Recabarren comenzó a trabajar en Santiago a los 14 años como aprendiz de tipógrafo. Tras ingresar al Partido Demócrata, único partido popular en aquel tiempo, fue uno de los fundadores y redactores del periódico La Democracia, cuya primera edición apareció en enero de 1899. En él se difundían las actividades de las nacientes organizaciones obreras, como la Mancomunal Obrera de Chile, creada en enero de 1900 por los lancheros de Iquique. Tres años después, la Mancomunal de Tocopilla propuso a Recabarren trasladarse a ese puerto para fundar, dirigir y escribir un periódico de su entidad, a raíz de lo cual tomó contacto con la pampa salitrera y toda su problemática social. Comenzó así una labor considerada decisiva en la transformación de la forma de organización del proletariado chileno y que se traduciría a lo largo del siglo XX en un nuevo movimiento basado en una historia social de partidos, federaciones, uniones, sindicatos y también de fracciones.

Luis Emilio Recabarren. Foto: Archivo Dibam.

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nacionaLización
El cobre, principal riqueza y recurso de exportación

deL cobre

chileno, ha sido la “viga maestra” de nuestra economía en el siglo XX. Los antecedentes señalan que desde 1905, los principales yacimientos cupríferos eran explotados por capitales norteamericanos, constituyendo verdaderos enclaves dentro del territorio nacional. La relación entre estas empresas y el Estado chileno estuvo marcada desde la segunda mitad del siglo por sucesivas controversias relacionadas con aumentos de impuestos, el precio del cobre y las inversiones. Al comenzar la década de 1960, el surgimiento de ideas reformistas y revolucionarias en América Latina instalaron en la opinión pública nacional el tema de la recuperación de las riquezas básicas, cobrando fuerza los postulados de la nacionalización. Un primer paso en este proceso lo constituyó la llegada al gobierno de Eduardo Frei Montalva y su programa reformista de la “Revolución en Libertad”, cuya línea económica proponía un conjunto de reformas estructurales, destacando una nueva política cuprífera conocida como la chilenización del cobre (1964). Esta acción permitió la intervención chilena en la propiedad y dirección de la gran minería del cobre mediante la asociación con el capital extranjero; asimismo, proponía un aumento sustancial de la producción mediante fuertes inversiones y la refinación completa del cobre en nuestro territorio

(1966). En plena marcha de este proceso, el alza del precio del cobre y las altas utilidades de las corporaciones norteamericanas reavivaron en la opinión pública el debate sobre una nacionalización total, obligando al gobierno a poner en marcha la llamada nacionalización pactada. De esta manera, al finalizar el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el camino a la nacionalización integral de la gran minería del cobre quedó abierto, y fue recogido por las candidaturas presidenciales de Radomiro Tomic y de Salvador Allende. El triunfo del candidato de la Unidad Popular puso en marcha un inmediato proceso hacia la nacionalización y estatización de la gran minería del cobre. Este proceso culminó el 11 de julio de 1971, cuando el Congreso Nacional aprobó, con muy pocas modificaciones y por votación unánime, la enmienda constitucional que hizo posible la nacionalización total del cobre, caratulada como Ley 17.450. El mismo día, por la tarde, en una multitudinaria concentración en Rancagua, el presidente Salvador Allende se dirigió al país señalando que “Chile va a nacionalizar el cobre en virtud de un acto soberano. Acto soberano que incluso está consagrado en las resoluciones de las Naciones Unidas, que establecen que los países tienen derecho a nacionalizar sus riquezas básicas”.
(Fuente: “Memoria de Chile” - Portal de la Cultura de Chile)

Presidente Eduardo Frei Montalva, firmando documentos sobre la chilenización del cobre. Aparecen junto a él sus ministros Alejandro Hales de Minería y Juan Hamilton, quien fuera ministro de la Vivienda y luego subsecretario del Interior, 1967.
Fotografía de autor desconocido. Museo Histórico Nacional.

El presidente Salvador Allende Gossens entrega el documento de nacionalización del Cobre, 1971.
Fotografía de Togo Blaise. Museo Histórico Nacional.

Arriba: Portada El Mercurio. Archivo Dibam. Abajo: Letrero ubicado en un sitio eriazo cercano al centro de la ciudad. Foto: Alejandro Stuart.

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Arriba: Cartel diseñado por Hernán Vidal (Hervi), e impreso en los talleres de la Editora Nacional Qumantú, 1971. Foto: Leonore Mau. Derecha: Cartel conmemorativo del primer aniversario de la Nacionalización del cobre, diseñado por los hermanos Larrea y Luis Albornoz, 1972.
Archivo Larrea Impresores.

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ingenieros

Eduardo Simián Gallet
Único ingeniero de minas que ocupó alguna vez el cargo de ministro de Minería, fue públicamente conocido en su juventud por ser el arquero del equipo de fútbol de la Universidad de Chile y del seleccionado nacional, rol en que recibió el apodo de “El Pulpo Simián”, a fines de los años treinta. Nacido en 1915 en Santiago, a los 15 años ingresó a estudiar ingeniería civil de minas en la Universidad de Chile, donde se destacó como uno de los mejores estudiantes. Se recibió en una época de gran convulsión política, a raíz de los hechos que antecedieron al triunfo electoral de Pedro Aguirre Cerda en septiembre de 1938 al finalizar la presidencia de Arturo Alessandri Palma, incluida la llamada matanza del Seguro Obrero. Contrajo matrimonio e ingresó a trabajar en el departamento de minas y petróleo del Ministerio de Fomento. En el año 1941 fue enviado a Estados Unidos para trabajar en una empresa petrolera de Lousianna. Con Estados Unidos entrando en la Segunda Guerra Mundial, Eduardo Simián regresó a Chile y con un grupo de geólogos y físicos se trasladó a Magallanes en la búsqueda de petróleo. Simián alcanzaría una nueva notoriedad, distinta a la del fútbol, al formar parte del equipo que el 29 de diciembre de

forjadores de La minería nacionaL

Alexander Sutulov Popov
En Chuquicamata fueron de vital importancia, en los albores de la chilenización del cobre, a fines de los años sesenta, los primeros egresados de Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Concepción. Esta escuela fue ideada por el cultísimo visionario Alexander Sutulov. Nacido en Croacia, en 1925, se formó primordialmente en Rusia, ya que sus padres tenían ese origen. Su progenitor había sido general del ejército ruso y le inculcó con severidad una educación excepcional. Estudió ingeniería tecnológica en la Universidad de Belgrado, de la que egresó con distinciones. Luego de algunos viajes por el mundo, aterrizó en nuestro país en el año 1955 para trabajar en el laboratorio tecnológico de la Braden en El Teniente, donde fue con el tiempo ascendido a jefe de investigaciones metalúrgicas. Fue en el pueblo de Sewell donde conoció a la que sería su mujer, Consuelo Baeza, con quien tuvo dos hijos. La prolijidad de sus investigaciones y la lucidez de sus trabajos, impregnados de un implacable carácter ruso, se transformaron en un incentivo incalculable al desarrollo académico y técnico de nuestro país, principalmente en el área de la metalúrgica. Solo entre los años 1960 y 1970 realizó a lo menos 60 investigaciones, hizo 15 publicaciones en revistas técnicas y científicas, y escribió 10 libros de su especialidad.

Su hijo, también llamado Alexander Sutulov, artista digital, señala que su padre “tenía esa capacidad, incluso una vez escribió un libro en tres semanas, y le era muy fácil escribir directamente de la cabeza. En una oportunidad recuerdo que redactó sesenta páginas en un día”. En su honor, el Ministerio de Minería instauró el Premio “Alexander Sutulov”, que entrega anualmente a quienes realicen y desarrollen en Chile investigación científica y/o tecnológica en materias geológicas, mineras o metalúrgicas.

1942 hizo brotar el codiciado oro negro en tierras magallánicas. Un acontecimiento histórico. Entonces jefe de Corfo en Magallanes, Eduardo Simián asumiría luego cargos –primero técnicos y posteriormente ejecutivos– en la Empresa Nacional del Petróleo (Enap), creada poco tiempo después del hallazgo. Peses a haberse retirado de la empresa en 1954, viajó cuatro años después a Nueva York para hacerse cargo de la oficina de Enap en esa ciudad. Al salir electo presidente, en 1964, Eduardo Frei Montalvo, lo nombró ministro de Minería, cargo en el cual debió liderar el proceso de chilenización del cobre, que formaba parte del programa de gobierno de Frei Montalva y que tenía una fuerte oposición en el Congreso. Tras duros 22 meses, renunció, pero a cambio le fueron encomendadas misiones en Petroquímica Chilena y la minera El Teniente. El triunfo de la Unidad Popular dejó a Simián cesante por primera vez en su vida, pero no tardaron en llegarle ofertas de otros países. Decidió ir en 1971 a Ecuador, donde se había descubierto petróleo en la selva amazónica. Sin embargo, el golpe militar que se produjo en 1972 en ese país determinó que dejara de trabajar para el gobierno. En septiembre de 1973 fue llamado desde Chile, pues la junta militar lo necesitaba para encargarse de Enap, por lo que regresó al país y permaneció en la empresa petrolera hasta 1975, cuando renunció. Durante su trayectoria, fue parte activa del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile, del que llegó a ser presidente, y recibió numerosas distinciones por su destacada labor como ingeniero de la especialidad. Una de ellas fue el Premio Nacional del Colegio de Ingenieros de Chile, en 1995, mismo año en que dejó de existir.

Esteban Domic Mihovilovic
Grandes aportes hizo este metalurgista al desarrollo de la minería en Chile. Sus abuelos croatas arribaron a principios del siglo XX a nuestro país, poco antes de la Primera Guerra Mundial, y se establecieron en Punta Arenas, donde se sintieron muy cómodos puesto que aquella ciudad era muy similar al territorio europeo. Al producirse el hallazgo de petróleo en Magallanes, se presentaron en esa ciudad importantes ingenieros de minas como Eduardo Simián, quienes se relacionaron con la familia Domic y representaron en su juventud una poderosa influencia para Esteban. Según él mismo señala, le quedó muy grabada la imagen de la ingeniería de Enap, sintiendo especial cercanía con per-

sonajes que circulaban en el medio puntarenense, como el mismo Simián y Juan Pedrals, a quienes admiraba profundamente. Cuando estudiaba ingeniería en Santiago, decidió tomar la especialización de minas, rubro dentro del cual optó luego por la metalurgia, que entre otras ventajes le permitía quedarse en Santiago, lo que era de importancia para el recién casado Esteban Domic. Ingresó a trabajar a la empresa Intec, donde realizó su memoria y se instruyó sobre solventes, obteniendo el apoyo de Helmut Tribuch, quien integró un equipo que ganó el Premio Nobel y que por entonces recorría Latinoamérica para conocer y contribuir a su desarrollo. En el año 1975 se ocupó en minera Pudahuel, específicamente en los estudios metalúrgicos para la planta de La Afri-

cana, donde introdujo con gran éxito la lixiviación bacteriana, proceso que había aprendido con Tribuch. Gran impacto en la industria del cobre tuvo también un proceso de hidrometalurgia que él mismo inventó llamado, Thin Leaching (TL), que combinado con extracción de solventes elimina el proceso de la fundición, llegando a productos terminados exportables de alta pureza. Este método es utilizado hoy por el 80% de la industria, pues aparte de económico es ambientalmente más limpio. En Minera Pudahuel tomó contacto con profesionales vinculados al Instituto de Ingenieros de Minas, por lo que se fue conectando tanto con este grupo hasta introducirse en él, llegando a convertirse con el tiempo en director y luego en presidente. Las últimas dos décadas las ha dedicado a tareas independientes como consultor.

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Hitos,

testimonios y personajes de La minería nacionaL

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Andrés Zauschkevich Kuscheleff
Nacido en Rusia en 1918, Andrés Zauschkevich Kuscheleff llegó a Valparaíso a los seis años de edad, junto a su madre y su abuela, educándose en el Liceo Eduardo de la Barra, de ese puerto. Incentivado por personas ligadas a la minería, que de niño lo llevaban a los cerros de Valparaíso y sectores aledaños a conocer el granito y el cuarzo, estudió ingeniería de minas en la Universidad de Chile, donde por su buen rendimiento fue ayudante en algunas cátedras. Al egresar comenzó su carrera en las faenas de la sociedad aurífera Alhué, con minas vecinas al pueblo del mismo nombre y al que alude la obra del escritor José Santos González Vera. Luego de la quiebra de esa sociedad, se trasladó a la mina de oro de Sierra Overa, al interior de Taltal, y posteriormente ocupó el cargo de ingeniero informante en Domeyko, planta que lleva el nombre del investigador polaco naturalizado chileno. Contrajo matrimonio precisamente con una de las bisnietas del sabio, Carmen Domeyko Bulnes. Después de Domeyko, donde adquirió un gran conocimiento de la minería de Atacama, Zauschkevich se trasladó a Copiapó para trabajar en la construcción de la fundición de Paipote, inaugurada en 1952. Más adelante administró la fundición durante nueve años, periodo en que se ganó el afecto de los copiapinos y durante el cual fue profesor de la Escuela de Minas de la ciudad. En forma paralela, en esos años, inició su actividad empresarial al mensurar con otros colegas el mineral de hierro Cerro Imán, de gran importancia comercial en la década siguiente, durante la cual comenzó a recibir las regalías provenientes de su explotación. Fue vicepresidente ejecutivo de la Corporación del Cobre durante tres años, hasta 1976, cuando se formó Codelco Chile. Realizó una gran labor en un periodo difícil, tras el golpe militar. A la falta de planificación respaldada por profesionales se sumaban tensiones entre estos y los militares. Se volcó luego a la minería privada, en el lejano Aisén, donde llevó adelante el proyecto El Toqui. Dos años después adquirió las antiguas pertenencias de la sociedad Alhué. Durante los años ochenta buscó financiamiento para su explotación hasta que, luego de las dificultades de la crisis del 83, lo consiguió de parte de la Sociedad Minera Las Cenizas. Este apoyo permitió una explotación durante 20 años hasta que la mina fue vendida a una firma internacional.

Hermann Schwarze Dintrans
Pirometalurgista de renombre, Hermann Schwarze Dintrans siguió los pasos de su padre, Juan Schwarze Tellería, apasionado de la minería y acreditado metalurgista quien fuera administrador de la planta Domeyko, de la Caja de Crédito Minero, Cacremi. Hermann Schwarze estudió en la Escuela de Ingeniería de Minas de la Universidad de Chile, la misma en la que su padre fue destacado profesor, egresando en el año 1962. A él se debe el invento del Convertidor Teniente (CT), de gran impacto en el proceso de fundición de cobre. Junto con su padre, marcaron su vida laboral su profesor Carlos Díaz, especializado en pirometalurgia y promotor de esta especialidad en la Escuela, y Samuel Riveros, administrador de la fundición Hernán Videla Lira, quienes le inculcaron la inquietud por desarrollar mejoras en las plantas. Esto se tradujo, por ejemplo, en un estudio en Paipote acerca del uso del oxígeno y la posibilidad de ir a procesos continuos. Trasladado a la fundición Caletones, aprovechando la planta de oxígeno instalada y los numerosos convertidores Peirce Smith, decidió probar allí el uso del oxígeno para fundir concentrado en un convertidor alargado junto con la conversión del eje a metal blanco. El proceso, que pasó a llamarse Convertidor Teniente (CT), tuvo tal éxito que fue aplicado en todas las fundiciones de Codelco y posteriormente en Enami, dado que aprovechaba equipo existente con pocas modificaciones y reducida inversión. En la medida que las virtudes del Convertidor Teniente fueron reconocidas, se fue expandiendo como tecnología alternativa válida en la industria pirometalúrgica del cobre. Luego de estar durante varios años en la actividad privada, con su propia empresa de ingeniería, se integró al staff técnico superior de Codelco, encargándose principalmente de las fundiciones de esa corporación. Más tarde, en 1993 retornó a Enami como gerente de operaciones, calidad en la que modificó el sistema de fundición en Ventanas y Paipote, trabajando con el Convertidor Teniente como horno principal, sin reverbero, y usando un horno eléctrico para la limpieza de la escoria del convertidor. Junto con la medalla al mérito del IIMCH, que le fue concedida en 1983, fue galardonado con el Premio Alexander Sutulov (1996), además de recibir el Diploma de Honor Presidencia de la República en 1975.

mujeres
(testimonios)

en La minería

ancestral superstición de que a la mina no pueden entrar mujeres, pues su presencia provoca muertes y derrumbes. Antiguas leyendas decían que ellas debían vestirse lo más parecido a los hombres cuando trabajaban en terreno para no atraer los males. Sin embargo, desde el siglo XIX las mujeres han tenido un importante protagonismo en la minería chilena, desempeñando varios oficios y trabajos domésticos. También colaboraron activamente en la realización de huelgas. En el siglo XX, paralelo a la incorporación de la mujer en forma activa en la sociedad chilena, fueron

Existe una

ganando espacios, logrando mayor participación y poder. En el sector minero se han hecho cada vez más presentes, tanto en labores operativas como en cargos ejecutivos. Lejos ha quedado el tiempo en que solo se podía ver a una mujer “pallaqueando” los desmontes de Punta del Cobre, con su nieta que le llevaba la “choca” a mediodía. Pero las vivencias presentes y pasadas en el entorno de la mina siguen incrustadas en la memoria de muchas mujeres como un metal insondable y fantasmático. Sus testimonios nos revelan el rostro duro y cautivante de la metalurgia.

harneando metal, carretillando, cargando los camiones,
eso hacía yo en la mina. (Margarita) Yo trabajaba que permitía el acceso llevaba la administración y compraba los víveres. (Rita)

En la mina

Mantoverde yo trabajaba con mi marido

haciendo la huella,

a la mina,

Desde el principio obtuve la y como no estaba de más ganar unas monedas extras, y mientras mis hijo aún no iban al colegio, yo trabajaba en la (Pabla)

de los mineros

simpatía

cantina.

Yo y mis hermanos prácticamente nacimos y nos criamos en las minas. Mi
padre nos enseñó el oficio, así que me siento minera por tradición. Junto a él trabajé hasta que murió, después nos trasladamos a Antofagasta con mi madre y mis hermanos, ahí conocí a Manuel, mi marido y con el volví a la (Blanca Ester)

ruta de las minas.

Archivo fotográfico Liliana Muñoz

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Hitos,

testimonios y personajes de La minería nacionaL

ENAMI EN lA hIstorIA dE lA pEquEñA y MEdIANA MINEríA EN ChIlE

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no son manos de mujer… aunque ahora las tengo con menos callos usted cuando estoy en el cerro, parezco carbón de negra.
Estas porque hace días que bajé. Me viera (María) La primera remesa que junté fue una en la mina Bronce Jarilla, de Uldarino Reygada, que era tío mío. (Ubilda)

tonelada de metal de cobre

A veces salgo pa’ fuera y siento que Me asomo y nada… pero me da miedo. Es más, yo siento que la mina me tira, porque a veces uno se chorea, pero hay algo dentro de mí que me llama y no sé si habrá algo bueno, no sé, pero eso yo lo siento aquí. (María)

no

mi viejo viene subiendo.

quiero es volver a la mina…

lo único que

chanco, carretilleo y venimos a moler al trapiche como hoy día, por ejemplo… (Ubilda) y hay trabajos que uno hace mucho

Yo hago lo mismo que hace un hombre, porque yo barreno, apireo,
mejor que un hombre.

El minero es tanto o más que el pescador, pues se imagina cosas que internaliza en tal grado que termina por creerlas como reales. Ellos tienen la que produce pepas de oro de diez o quince gramos, la que tiene el mejor filón y la veta más ancha, con la mejor ley. (Doris)

fantasioso

mina,

la mejor

Fotografía Marcos Chamudes / Paipote. Archivo fotográfico Enami.

Foto: Claudio Pérez

238 Chile Minero

ENAMI EN lA hIstorIA dE lA pEquEñA y MEdIANA MINEríA EN ChIlE

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pArtE IV MINEríA sustENtAblE

Foto: Claudio Pérez

240 hErNáN dANús VásquEz

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lA ENAMI

EN lA últIMA déCAdA dEl sIglo xx
Hernán Danús Vásquez

trAtANdo

dE rEVIVIr

E

n 1990, asumió el primer gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia, con Patricio Aylwin como Presidente de la República. La situación de la Enami era caótica: solo cuatro plantas de beneficio (Taltal, El Salado, Matta, Vallenar) subabastecidas, en precarias condiciones tecnológicas, con muy poca o nula labor de fomento, y los cuadros profesionales disminuidos al mínimo. Solo se salvaban las dos fundiciones (Paipote y Ventanas) y la refinería en las cuales el gobierno militar había efectuado mejoras y que se mantenían en buen pie operativo y tecnológico. Según Luis Carrasco, gerente general de la Enami al comienzo del gobierno de Aylwin, “en marzo

El concepto de fomento minero se entiende hoy en día como el financiamiento del reconocimiento de reservas, la asesoría en la preparación y evaluación de proyectos, la capacitación y la asignación de recursos crediticios para apoyar la puesta en operación de proyectos viables, incluyendo apoyo al equipamiento, desarrollo de las faenas, capital de trabajo y emergencias. Foto: Claudio Pérez.

de 1990, la Enami era más una empresa nacional de fundiciones y refinería de cobre, plata y oro que una Empresa Nacional de Minería”.1 El presidente Aylwin nombró como vicepresidente ejecutivo de la Enami a Roberto Souper, ingeniero comercial y experto en comercialización de cobre. En la Gerencia de Fomento se designó a un ingeniero de minas de la vieja guardia, que había estado en el mismo departamento durante los años sesenta, Rafael Sepúlveda, quien indudablemente conocía los problemas de la pequeña y mediana minería. Éste incorporó algunos ingenieros de minas que habían trabajado con él en aquel entonces, tratando de volver con ello a la época de gloria de la Enami. En el poco tiempo que Sepúlveda se mantuvo en el cargo, trató de recomponer la Enami que él había conocido, pero no fue posible. Los pocos ingenieros de minas que lo acompañaron no resultaron suficientes para obtener la masa crítica requerida para revivir a una empresa en estado tan precario. La mística, que había sido uno de los valores sustentadores de la Enami desde sus primeros años, se había perdido.
1 Luis Carrasco Santander. “Enami y su rol de fomento”. Documento interno.

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Laboratorio de la fundición Paipote.

Foto: Claudio Pérez

durante los cuatro años de la administración Aylwin se invirtieron 15 millones de dólares, dirigidos principalmente a la planta Matta. En el decenio 1983-1993 la inversión acumulada total en diversas mejoras en las cuatro plantas alcanzó a aproximadamente 21 millones de dólares, cifra suficiente para construir y poner en operación tres plantas de tratamiento de minerales oxidados de cobre de unas 500 toneladas por día de capacidad.3 En los cuatro años del gobierno de Aylwin, la producción de la Enami, en toneladas métricas de cobre fino, se mantuvo constante, con un promedio anual de 213 mil toneladas. Ello, sin embargo, durante un periodo de bajo valor del cobre, por lo que la Enami tuvo que pagar un precio promedio de 97 centavos por libra, incluido el crédito, en la tarifa de minerales para la pequeña minería, cuando el precio del mercado estaba en 87 centavos por libra promedio.4 La Enami usualmente otorga un crédito de sustentación a la tarifa, el que es devuelto por los mineros en los periodos de alza. La compra de minerales fluctuó entre 1,2 millones de toneladas en 1992 y 1,4 millones en 1993.

cobre –E. Domic y H. Schwarze–, por otro ingeniero de minas que ocupó altos cargos como ejecutivo de grandes empresas mineras –J. von Loebenstein–, y por el rector de la Universidad de Atacama –M. Maturana–, abogado. Ellos, a pesar de sus amplios conocimientos técnicos, no contaban con experiencia en la pequeña minería. Después de cuatro meses de trabajo, en noviembre de 1993 la comisión entregó al ministro un completo informe que incluía una serie de conclusiones y recomendaciones. Entre ellas destacaban las siguientes: • A la Enami debe quitársele su rol social. Ello debe traspasarse a los gobiernos regionales. • Debe fomentarse la instalación de nuevos poderes de compra y planteles de beneficio privados, paralelos a los de la Enami. • Sin que esto signifique su privatización, la Enami debe adoptar la forma de gestión de una sociedad anónima. • Enami debe separar definitivamente su presupuesto de fomento de aquel correspondiente a las actividades productivas. Si bien la comisión describió acertadamente las características y problemas de la pequeña minería y de la Enami con un fuerte sesgo del “Estado subsidario” que se implementó en la década de los ochenta, sus recomendaciones no deben haber dejado muy contento al ministro Hales, experto en la pequeña minería y proclive a su desarrollo. Considerar que la pequeña minería es solo un problema social y que puede abordarse a través de gobiernos regionales o comunales definitivamente no puede ser efectivo. El concepto de fomento integral que requiere de equipos profesionales importantes para dar asesoría técnica, mantener poderes de compra, plantas de beneficio, fundiciones, entre otros, difícilmente puede ser abordado por provincias o comunas, y si así se hiciera tendría un costo enorme. Tampoco cabe, bajo el concepto de fomento integral, la separación entre las funciones de fomento y de producción. Nada pudo hacer el ministro, pues, por un lado no estaba muy convencido de las reco-

No existía de parte del gobierno una clara intención por hacer resurgir las viejas políticas de fomento, pues éstas ya no comulgaban con las nuevas doctrinas económicas. Recordemos que en los últimos años de la década de los setenta y en la década de los ochenta, la Enami solo se había preocupado de mejorar la competitividad de las fundiciones y de la refinería. Sin embargo, se descuidó el aspecto ambiental y sus externalidades negativas representadas por los gases de las fundiciones. Este problema se comenzó a abordar solamente a partir de los años noventa. El total de inversiones destinado a estos fines, alcanzó a 155 millones de dólares, siendo sus principales destinatarios los planes de modernización y descontaminación de las fundiciones de Ventanas y Paipote.2 En cuanto a las cuatro plantas de beneficio que aún permanecían en manos de la Enami,
2 Cuenta de la labor efectuada por el Ministerio de Minería durante el gobierno del presidente Patricio Aylwin Azócar (19901994). Documento interno del Ministerio de Minería.

lAs

INquIEtudEs dEl MINIstro

hAlEs

En 1990, el presidente Aylwin designó a Alejandro Hales Jamame para su tercer periodo como ministro de Minería de nuestro país (lo había sido durante las administraciones de Carlos Ibáñez del Campo y Eduardo Frei Montalva). El abogado Hales, uno de los principales artífices intelectuales de la chilenización del cobre y pleno conocedor de la labor de la Enami en el periodo 1965-1970, estaba preocupado por la difícil situación de la pequeña minería ante los bajos precios del cobre y la gestión de la Enami en cuanto a su eficiencia para enfrentar estos problemas. Para contar con una opinión externa al respecto, formó una comisión asesora, constituida por dos distinguidos ingenieros de minas, tal vez los más capacitados en los procesos de hidrometalurgia y pirometalurgia de
3 Íbídem. 4 Íbídem.

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riormente en los primeros años del siglo que se inicia han sido ampliadas, agregando, además, nuevas tecnologías. La situación de abastecimiento de minerales de las plantas en los primeros años de la década de los noventa era deficitaria. En el mismo informe de la comisión asesora se presentó un análisis de la situación de abastecimiento de los cuatro planteles de beneficio, que indicaba que en los siete años considerados (1987-1993) ellas tuvieron un porcentaje bajo de utilización. En los minerales oxidados para lixiviación, las cifras variaron entre 57 y 93%, de acuerdo a cada planta. En flotación las cifras son aún peores, variando de 44 a 74%. Aunque en este subabastecimiento hay una fuerte influencia del bajo precio del cobre en el periodo considerado, es indudable que la falta de labor de fomento es responsable en alto grado. Aunque la Enami invirtió en sus cuatros plantas un total de 20 millones de dólares durante

el decenio 1983-1993, la inversión efectiva no mejoró sustancialmente el atraso tecnológico y el mal estado mecánico de sus instalaciones, ya que no fue dirigida centralmente a aspectos productivos o mejoras tecnológicas. Solo a partir de 1990 se percibe un aumento de inversión en mejoras necesarias para optimizar los procesos.

fuNdICIoNEs

y rEfINEríA

En el primer quinquenio de los años noventa, la Enami operaba las fundiciones de Paipote, en la región de Atacama, y de Ventanas, en la de Valparaíso. Además, anexa a la fundición de Ventanas está la refinería del mismo nombre. Ambas fundiciones ya empleaban el llamado proceso Teniente, pero con una diferencia fundamental: Ventanas usaba oxígeno para intensificar los procesos, y Paipote no. Desde el punto de vista operacional, el sistema Teniente, sin uso de oxígeno, mejora en algo la situación

El inicio del programa de modernización y descontaminación de fundición Paipote, a mediados de los noventa, permitió resolver los grandes problemas que el anterior proceso generaba en el medio ambiente. Este Plan de Modernización y Descontaminación, contempló básicamente la eliminación de la fusión en horno reverbero, principal generador de gases contaminantes, para realizarla totalmente en el ConvertidorTeniente (CT), operando con inyección de concentrado seco y aire enriquecido con oxígeno; y procesando los gases generados en la operación de fusión/conversión en plantas de ácido, para lo cual se consideraron nuevos sistemas de enfriamiento y limpieza de los gases, así como una segunda planta de ácido con lo cual se hizo posible procesar la totalidad de los gases sulfurosos captados en la campana del CT y convertidores tradicionales (CPS). Foto: Nicolás Piwonka.

mendaciones que, además, eran difíciles de llevar a cabo, y por el otro, se hallaba en la fase final del gobierno de Aylwin. Lo esencial de las recomendaciones estaba referido al aspecto social de la pequeña minería que, sin duda, es importante para las provincias del norte. El problema fue que la comisión no consideró los aspectos técnico-productivos, ambientales, de seguridad minera y su indiscutible función en la búsqueda y cateo de minas, especialmente en zonas alejadas. No hay prácticamente ningún yacimiento importante de la mediana o gran minería que no haya sido descubierto y trabajado en sus inicios por pequeños mineros; ellos son los que hacen en el Chile actual la labor que realizaban los cateadores del siglo XIX. Para que

esto pueda llevarse a cabo es indispensable la labor de fomento integral que la Enami puede realizar. No obstante lo antes mencionado, la comisión realizó un análisis muy certero de las plantas de beneficio, fundiciones y refinería.

lAs

dE CoMprA . MINErAlEs

plANtAs dE bENEfICIo y los podErEs

AbAstECIMIENto

dE

A la fecha del informe de la comisión asesora, la Enami disponía de cuatro plantas de beneficio y 14 poderes de compra de minerales. El informe contiene una excelente descripción de los planteles de beneficio en 1993. Poste-

La fundición constituye el mayor poder comprador de concentrados para los pequeños y medianos productores de la Región de Atacama. Esta faena funde concentrados provenientes de plantas propias de la empresa o comprados a terceros y tiene una capacidad de 340 toneladas de concentrado por año, produciendo cobre refinado a fuego, que es moldeado como ánodos para ser refinado electrolíticamente en la refinería de Ventanas. Foto: Nicolás Piwonka.

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respecto al sistema tradicional, por lo que, tecnológicamente, la fundición de Ventanas estaba más avanzada. Ambas fundiciones contaban ya con plantas de ácido para recuperar los gases sulfurosos generados en el proceso y transformarlos en ácido sulfúrico. Ello, fuera de ser requerido por las condiciones ambientales, permite generar ácido sulfúrico, insumo de alta importancia en el tratamiento de los minerales oxidados. La refinería electrolítica de Ventanas es una planta tradicional construida en la década de los sesenta, sometida posteriormente a ampliaciones y modificaciones que la llevaron a ser en los años noventa la refinería más desarrollada del país. El mayor problema que presentaban ambas fundiciones era de carácter ambiental, especialmente la de Paipote, debido a su ubicación y situación climatológica. La concienciación sobre temas ambientales de la comunidad y de las autoridades, a partir de los años noventa, obligó a la Enami a tomar acciones que significaron fuertes inversiones, no necesariamente rentables.

pectos más importantes considerados en este documento fueron:5 primero, que el rol de fomento y desarrollo de la actividad minera que le ha sido asignado por ley a Enami no puede ser evadido, y segundo, que para ello sea efectivo debe permanecer como una empresa del Estado, sin separar las funciones de fomento del resto de sus operaciones. Estos planteamientos, entre otros, fueron pavimentando el camino hacia el retorno de un fomento integral, con el decidido apoyo de los trabajadores de la empresa. Pero éste nunca fue ratificado como una política de Estado y tropezaría, en los años siguientes, con la falta de financiamiento. Esta situación se agudizó por un periodo de bajos precios del cobre y la necesidad de efectuar grandes inversiones para solucionar problemas ambientales en las fundiciones. Todo lo anterior significó que Enami se endeudara, y de manera importante.

EN

los AlborEs dEl NuEVo sIglo

los

últIMos Años dEl sIglo .

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AlIANzA EstrAtégICA y Algo Más

Por más de medio siglo la fundición Paipote ha sido el principal referente productivo, económico y social de la ciudad de Copiapó y se ha constituido en un factor relevante en el desarrollo de la pequeña y mediana minería nacional.
Foto: Nicolás Piwonka.

Durante la presidencia de Eduardo Frei RuizTagle y la gestión de sus ministros de Minería, pareciera que la Enami y el gobierno solo meditaban sobre el rol de la Enami, sin pronunciarse. Seguía pensándose en la alternativa de separar la empresa en dos entidades: una productiva y otra de fomento, tal como lo establecían las recomendaciones del informe de la comisión asesora, pero sin que se tomara ninguna decisión definitiva al respecto. Sin embargo, entre los años 1997 y 1998, se realizaron algunos procesos denominados de modernización, que apuntaron más bien a mejorar la rentabilidad y productividad que a una definición del rol de fomento de la Enami. Cabe eso sí destacar la alianza estratégica firmada el 6 de octubre 1998 entre los trabajadores, la Enami y el Ministerio de Minería. Tal vez los as-

El año 2002, la Dirección de Presupuestos encargó a un grupo consultor externo realizar una evaluación en profundidad del programa de fomento a la pequeña y mediana minería desarrollado por la Enami en el periodo 19962001. Dicho estudio tuvo por objeto cumplir con el Protocolo de Acuerdo al aprobarse la Ley de Presupuesto del año 2002. El objetivo de la evaluación era analizar los beneficios que el programa otorga a sus beneficiarios (eficacia) y los recursos empleados en su operación (eficiencia). El resultado de dicho estudio fue un extenso documento con varios anexos.6 En él se considera como objetivo del programa “fomentar la actividad minera de pequeña y mediana escala, mejorando su competitividad a través de la prestación de servicios en todas las etapas de la cadena del valor del negocio minero, focalizando los esfuerzos principalmente en el seg5 Alianza estratégica de la Enami. Documento interno la Enami. Octubre de 1998. 6 Evaluación en profundidad del programa de fomento de la Enami a la pequeña y mediana minería. Dirección de Presupuestos, 2002.

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mento de empresarios mineros que tengan una probabilidad objetiva de viabilidad, con tal de crear las condiciones estructurales para su desarrollo sustentable”. El estudio aborda los cuatro componentes del programa de fomento a la fecha del informe (2002): reconocimiento de reservas, asistencia crediticia, asistencia técnica y transferencia tecnológica, y compra de minerales. Describe estos proyectos, formula críticas y recomendaciones para mejorarlo, pero son, en la mayoría de los casos, difíciles de aplicar. Posteriormente, hace una evaluación global del programa de fomento entre 1998 y 2001, incluyéndose evaluación privada y social, tanto para la mediana como pequeña minería. Se evalúa el costo de cierre del programa 1997, el que se estima en 16,1 millones de dólares en la evaluación privada y 1,5 millones de dólares en la evaluación social. El ahorro que hubiera originado un eventual cierre no justificaba tal medida. Finalmente, en las recomendaciones generales, el informe señala: “En la medida que los objetivos de política del gobierno para el sector se mantengan: promover el desarrollo de una pequeña minería competitiva y sustentable, suponer de opciones laborales para los desplazados, brindar oportunidades de nuevas fuentes de ingresos para comunidades dependientes de la minería, introducir reformas viables en términos económicos, políticos y sociales, y hacer un uso eficiente de los recursos públicos, a juicio de estos consultores se justifica mantener el Programa, con las modificaciones que se sugieren a continuación, para mejorar su funcionamiento”. No contenía nada concreto respecto a una política minera de Estado, que se suponía se iba a recomendar. El informe, aparentemente, solo sirvió para aprobar el presupuesto 2002 de la Enami. En el intertanto, la Enami seguía endeudándose por los proyectos de mejoramiento ambiental de sus fundiciones, la pérdida operacional de sus plantas subabastecidas y los intereses de los créditos que se vio obligada a contraer. Tanto el Ministerio de Minería, Co-

chilco, como la misma Enami, empezaron a solicitar recomendaciones externas, entre ellas la del Instituto de Ingenieros de Minas, el cual, en mayo del año 2002, emitió un documento sobre la Enami que fue entregado al gobierno y a la propia Enami.7 El debate y la indecisión se mantuvieron. Se enfrentaban dos posiciones: por un lado, la Enami jugando los roles de producción y de fomento de manera inseparable, como condición indispensable para aprovechar las sinergias que entrega la cadena productiva del negocio minero y de este modo, cumplir eficientemente el objetivo para la que fue creada (el fomento integrado). Esta posición era la sustentada por la administración, el sector minero y sindicatos de la Enami (alianza estratégica). Por el otro lado, estaba la posición que planteaba la conveniencia de separar el rol productivo del de fomento. Esta posición era sustentada por ciertos sectores de gobierno y grupos privados y fue expuesta a las autoridades por un grupo técnico interministerial, en 1996. No se hizo pública debido a la oposición que generaba. Esta situación siguió pendiente hasta que en 2003 el Presidente Lagos dictara el Decreto 76, que definió las políticas y estrategias referentes a la pequeña minería y el rol de la Enami. Se trataba de una verdadera política de Estado en materia de minería. Ello, junto con el traspaso de la fundición y refinería Ventanas a Codelco, que permitió cancelar las deudas de la Enami, llevó al resurgimiento de la “nueva Enami”, según las palabras de su vicepresidente ejecutivo, Jaime Pérez de Arce.8

7 Documento sobre la Enami. Instituto de Ingenieros de Minas de Chile, mayo de 2002. 8 Danús, Hernán. Crónicas Mineras de Medio Siglo. Santiago de Chile: RIL Editores, 2007.

La adecuada manipulación de explosivos y la correspondiente carga de estos en las perforaciones para efectuar la tronadura benefician en gran medida al ciclo productivo, debido a que esta operación influirá directamente en los resultados de carga, transporte y chancado de los materiales producidos en la mina. Foto: Claudio Pérez.

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y MEdIo AMbIENtE
Juana Galaz Palma

MINErAlEs,
NAturAlEs

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os recursos naturales presentes en la naturaleza son tomados por el hombre, transformados y puestos a disposición de la sociedad, y convertidos en bienes y servicios, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las sociedades humanas. En el caso de los minerales, corresponden a recursos considerados como “no renovables”. Desde el inicio de los tiempos, la actividad minera ha consistido en extraer minerales desde la tierra para transformarlos y obtener como
Una minería eficiente y sustentable no se concibe hoy sin una estricta preocupación por su entorno. El medio ambiente es un tema especialmente sensible para el país, y en este sentido la industria minera debe asumir su responsabilidad en la conservación de los recursos naturales, en la optimización de los procesos industriales y de reciclaje, en la creación de tecnologías alternativas para reducir la generación de residuos, en la optimización del uso del agua y la energía y en la minimización de la intervención de los suelos. Foto: Claudio Pérez.

producto final los metales, para su posterior utilización por el hombre. En los últimos años, se han publicado numerosos estudios cuyo objetivo es demostrar la importancia que tienen los metales en el desarrollo de algunas especies. De ellos se desprende que son indispensables para la vida humana y los ecosistemas en general. Al observar la cadena de transformación desde la forma mineral hasta obtener el metal, vemos que es necesario el consumo de otros recursos naturales, tales como agua y energía, y otros insumos: aceros, explosivos, reactivos. Asimismo, a través de la cadena productiva, se generan desechos y residuos. Cabe destacar que los metales se encuentran en la naturaleza en una concentración promedio del orden de 1% para el caso del cobre; en el caso del oro, las concentraciones son en gramos por tonelada, es decir en partes por millón. En otras palabras, por cada 100 toneladas de mineral de cobre que se extrae en una mina –dependiendo de la forma en que se presente el mineral, y luego de un largo proceso de extracción– podría recuperarse casi una tonelada

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En el año 1988, en Chuquicamata, la fase de concentración requería de 1,1 metros cúbicos de agua; en cambio, en 2007 se utilizó solo 0,5 metros cúbicos del recurso hídrico, gracias además a la recuperación de agua en los relaves, el mejoramiento de los espesadores –foto– y a la eficiencia en la gestión del consumo. Foto: Claudio Pérez.

algunos casos puede significar la ocupación de otro recurso natural, el suelo, que es inundado mediante la construcción de grandes represas para la acumulación de los recursos hídricos que posteriormente permitirán la generación de energía eléctrica. Por su parte, el agua es extraída desde los acuíferos que almacenan este recurso en forma subterránea o desde cursos superficiales ubicados en el entorno. Desde la etapa de exploración hasta la producción de cátodos, se generan residuos que pueden estar en fase sólida, líquida, o gaseosa. Si los residuos son manejados en forma descuidada, esto puede tener importantes efectos sobre la calidad del aire, el agua y el suelo. El manejo inadecuado de estos residuos es la causa principal de la oposición de algunas organizaciones ecologistas a las actividades de la minería. Por eso, antes de emitir un juicio, debemos revisar las causas que originaron este mal manejo en el pasado. Lo más probable es que se haya debido a la ignorancia, puesto que nuestros antepasados no tuvieron en cuenta los efectos de sus actividades sobre los recursos naturales.

Hoy tenemos un mejor conocimiento al respecto y es nuestra responsabilidad tomar las decisiones correctas sabiendo cuál será el efecto de nuestras acciones. Así podremos evitar o minimizar el deterioro de nuestros recursos naturales. Con mayores elementos de juicio, se habría evitado la quema de bosques de San Francisco de la Selva en Copiapó o el embancamiento de la Bahía de Chañaral. El Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), instituido en Chile con la Ley 19.300 sobre Bases del Medio Ambiente, ha permitido que en una etapa preliminar de cada proyecto sea posible prever los efectos adversos de las actividades mineras, alcanzar un mejor desarrollo tecnológico e implementar sistemas de gestión que permitan mejorar la eficiencia en el uso del agua y la energía, así como el manejo de los residuos. Con el desarrollo tecnológico se ha alcanzado un mayor conocimiento sobre los efectos de la actividad minera. Por eso desde hace algunos años existen leyes que prohíben la descarga de contaminantes al medio ambiente, así como

de cobre. En el caso del oro, se trata de extraer una tonelada (o un millón de gramos) para intentar recuperar tan solo 8 o 9 gramos de oro. ¿Qué sucede entonces con la diferencia? La respuesta es simple: se convierte en desecho. Y esos desechos pueden corresponder a relaves de flotación o ripios de lixiviación, escoria, gases de fundición, entre otros. Para disponer los desechos, se requiere de otro recurso natural, el suelo. Chile cuenta con importantes reservas minerales a nivel mundial y por lo tanto podremos abastecernos de dichos recursos por un largo periodo. ¿Pero por cuánto tiempo? Lo desconocemos, ya que aunque los minerales corresponden a recursos no renovables, continúan las actividades orientadas a la búsqueda de nuevos yacimientos, lo que hace posible el desarrollo de nuevos proyectos mineros o alargar la vida de aquellos actualmente en operación. La minería corresponde al conjunto de actividades que tienen por objetivo la búsqueda de nuevos recursos, la extracción de los minerales

y su transformación en productos de utilidad para el hombre. Estas actividades se inician con las tareas de exploración, hasta descubrir sitios donde un cierto elemento se encuentra más concentrado y que luego conoceremos como yacimientos. Posteriormente, son necesarias las etapas extractivas o de explotación de minerales, que pueden ser por métodos subterráneos o a rajo abierto, para continuar con una etapa de preparación física del mineral con el fin de lograr su transformación mediante diferentes procesos que pueden ser la concentración de minerales seguido de una etapa pirometalúrgica o mediante técnicas hidrometalúrgicas, hasta la obtención de los metales y sus subproductos. Como hemos señalado, a través de cada una de las etapas se consume una cantidad importante de agua y energía. La energía es obtenida mediante la combustión de otros recursos naturales como leña, carbón y derivados del petróleo, o se genera utilizando el potencial hidroeléctrico de grandes cuencas hidrográficas. Esta última forma de generar energía en

Tortas de relave, Chuquicamata. En el caso concreto de la minería del cobre en Chile, se requiere mover más de 100 millones de toneladas de mineral, generalmente minerales sulfurados de cobre, para obtener solo un par de millones de toneladas de cobre fino por año. Como consecuencia de este proceso extractivo se genera un relave o material de descarte, que corresponde aproximadamente al 97% en peso del mineral sometido a proceso, más agua de transporte. El relave está constituido fundamentalmente por sólidos que no presentan mayor interés económico, tales como arenas de sílice, micas, feldespatos y algunas variedades de origen rocoso, óxidos y sulfuros de fierro, y otros. Foto: Claudio Pérez.

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normas para el manejo y la disposición de residuos nocivos, lo cual se ha reflejado en la incorporación de sistemas de gestión y también en los costos, particularmente en los países desarrollados. La industria minera está asumiendo su responsabilidad en la conservación de los recursos naturales y la energía. La optimización de los procesos industriales y del reciclaje han conseguido disminuir los residuos generados. Además, se fomenta la creación de tecnologías industriales alternativas para reducir la generación de residuos en la fuente y se invierten recursos significativos para optimizar el uso de agua y energía, y para minimizar la intervención de suelos. En otras palabras, la industria minera se está haciendo responsable de las actividades “desde la cuna hasta la tumba”. Nuestro desafío es ahora la optimización de los procesos mineros para evitar nuevos efectos negativos sobre los recursos naturales. Recordemos que aún están por descubrirse nuevos yacimientos en zonas o áreas que no han sido exploradas, como los Parques Nacionales y otras áreas destinadas a proteger la calidad de los ecosistemas. Nuestras actuales regulaciones permiten el desarrollo de actividades mineras en esas áreas, pero deberemos ganarnos la

confianza de quienes tienen la responsabilidad de aprobar los proyectos, mediante el fiel cumplimiento de las normas y las mejores prácticas de manejo ambiental en nuestras actividades mineras.

INstItuCIoNAlIdAd AMbIENtAl dE lA MINEríA EN C hIlE
En la década de los ochenta, la consideración de prácticas ambientales en empresas mineras en Chile estaba circunscrita a compañías extranjeras que seguían las directrices de sus casas matrices. En la década de los noventa, de manera coincidente con el auge minero, paulatinamente se fue extendiendo la adopción de prácticas y políticas ambientales a todas las empresas instaladas en Chile, tanto nacionales como extranjeras. Para enfrentar la necesidad de regulación en materia ambiental, en 1994 se promulgó la Ley 19.300 de Bases del Medio Ambiente. Esta ley creó la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama), como institución coordinadora, y, entre otras materias, instauró instrumentos de gestión como la Educación e Investigación Ambiental (EIA), el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), la participación ciudadana,

plANEs

dE dEsCoNtAMINACIóN ACtuAlMENtE VIgENtEs
• D.S. 164 de 1999 Ministerio Secretaría General de la Presidencia. Plan de descontaminación para María Elena y Pedro de Valdivia (1999). El documento establece el plan de descontaminación para las localidades ya mencionadas con el objetivo de reducir las emisiones atmosféricas, luego de ser declaradas zonas saturadas. • D.S. 81 de 1998 Ministerio Secretaría General de la Presidencia. Plan de descontaminación Fundición Caletones (1998). Para el área circundante a la Fundición Caletones, de la División El Teniente de Codelco Chile, ubicada en la Región del Libertador General Bernardo O’Higgins. • D.S. 180 de 1995 Ministerio Secretaría General de la Presidencia. Plan de descontaminación de Fundición Hernán Videla Lira-Paipote (1995). El Plan de descontaminación consiste en la modificación del proceso productivo que se desarrollaba, a través de la incorporación de tecnología moderna, con el propósito de reducir las emisiones gaseosas y de material particulado a la atmósfera. • D.S. 252 de 1992 Ministerio de Minería. Plan de descontaminación Complejo Industrial Las Ventanas (1992). El Decreto Supremo declara, entre otros, que la fundición y refinería Las Ventanas de Enami y la planta termoeléctrica de Chilgener deberán cumplir, conjuntamente, las normas de calidad de aire de anhídrido sulfuroso, a más tardar el 30 de junio de 1999. El cuidado y preservación de la biodiversidad es un tema de suma relevancia en la gestión ambiental de la minería. Por ejemplo, la creación de viveros con semillas de plantas nativas en las localidades donde ésta opera, es parte de su responsabilidad social empresarial. Foto: Claudio Pérez.

• D.S. 206 de 2001 Ministerio Secretaría General de la Presidencia. Plan de prevención y descontaminación Chuquicamata (2001). Establece plan de descontaminación para el área circundante a la Fundición Chuquicamata de la División de Chuquicamata de Codelco Chile. • D.S. 179 de 1999 Ministerio Secretaría General de la Presidencia. Plan de descontaminación Fundición Potrerillos (1999). Debido a la declaración de zona saturada por anhídrido sulfuroso y material particulado respirable, el área circundante a la fundición de Potrerillos de la División Salvador de Codelco Chile, ubicada en la Región de Atacama, la ley establece la elaboración de un plan de prevención y descontaminación para la zona.

• D.S. 90. Norma de emisión para la regulación de contaminantes asociados a las descargas de residuos líquidos a aguas marinas y continentales superficiales (2000), Ministerio Secretaría General de la Presidencia. En el caso que se requiera algún tratamiento de las aguas con contenido de metales y/o acidez y se requiera el descarte de residuos líquidos (riles) al ambiente, deberá tenerse en cuenta esta norma de emisión. Esta norma establece que no se comprenden en la definición los cuerpos de

agua artificiales que contengan, almacenen o traten relaves y/o aguas lluvia o desechos líquidos provenientes de un proceso industrial o minero. Esta exclusión tenía como objetivo, que en el futuro se desarrollara una norma exclusiva para las descargas provenientes de un depósito de relaves. • D.S. 46 de 2002 Ministerio Secretaría General de la Presidencia. Norma de emisión de residuos líquidos a aguas subterráneas (2002). Esta norma de emisión tiene como ob-

jetivo prevenir la contaminación de las aguas subterráneas mediante el control de la disposición de los residuos líquidos que se infiltran a través del subsuelo al acuífero, lo cual contribuye a mantener la calidad ambiental de las aguas subterráneas. Esta norma señala explícitamente que no será aplicable a los depósitos de relaves. La idea en el tiempo en que se dictó esta norma era que se desarrollaría una reglamentación específica para este tipo de instalación minera.

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las normas de calidad ambiental, de preservación de la naturaleza y conservación del patrimonio ambiental, normas de emisión, y planes de manejo, prevención o descontaminación. Complementando la Ley 19.300, en 1997 se promulgó el D.S. 30, reglamento del SEIA, que ha sido modificado para mejorar la interpretación de su contenido. La normativa indicada estableció que los nuevos proyectos y las modificaciones de proyectos antiguos debían ser aprobados ambientalmente antes de su ejecución, para lo cual debían ingresar al SEIA a través de un estudio de impacto ambiental (EIA) o una Declaración de Impacto Ambiental (DIA). Hasta la entrada en vigencia del reglamento del SEIA la presentación de las empresas fue normalmente un EIA, situación que posteriormente se ha revertido. Existen diversos aspectos y actividades de la minería que se relacionan con una eventual generación de impactos ambientales, por lo cual se encuentran regulados mediante normas específicas. Las principales normas aplicables a la industria minera que se han desarrollado con fines de controlar los efectos ambientales, se relacionan con los componentes ambientales siguientes. Aire Una de las primeras normas dictadas para regular la emisión de contaminantes a la atmósfera fue el D.S. 185/91, del Ministerio de Minería. Como se puede observar, es anterior a la promulgación de la Ley 19.300. Su aplicación permitió determinar que la calidad del aire no cumplía con las normas establecidas en el entorno de las fundiciones de Codelco y Enami, lo que llevó a implementar planes de descontaminación para las diferentes operaciones con el objetivo de disminuir las emisiones. El plan de descontaminación es un instrumento de gestión ambiental, establecido por la Ley 19.300, que tiene por finalidad recuperar los niveles señalados en las normas primarias y/o secundarias de calidad ambiental de una zona saturada. Por su parte, también se han formulado los planes de prevención, que correspon-

den a un instrumento de gestión ambiental cuya finalidad es evitar que se vulnere una o más normas de calidad ambiental primaria o secundaria, en una zona latente. Las metas de emisión y calidad fueron cumplidas en el tiempo establecido en Ventanas y Hernán Videla Lira (6 a 7 años). En el caso de Chuquicamata, el plazo se extendió de 7 a 10 años. Cabe señalar que debido a la imposibilidad de cumplir con las normas de calidad, a pesar de los esfuerzos realizados por la División Codelco Norte, debió trasladar el campamento donde habitaba la mayor parte de sus empleados. El traslado consistió en la construcción de viviendas en la ciudad de Calama, donde en la actualidad residen los habitantes que debieron emigrar desde Chuquicamata. Las fundiciones de Caletones y Potrerillos deberían terminar sus planes en la primera mitad de la presente década. Es necesario destacar que las fundiciones de propiedad de empresas privadas, como Altonorte y Chagres, cumplen con las regulaciones vigentes de emisión y calidad. Agua Los problemas específicos asociados a la actividad minera en relación a los recursos hídricos se originan en la descarga directa al ambiente de aguas de relaves y aguas de mina o depósitos de residuos mineros, para lo cual se ha incrementado el control sobre la operación de depósitos de relaves y el manejo general de aguas. Para evitar la contaminación de recursos hídricos con residuos industriales se han dictado normas que regulan la calidad de las aguas, las que se suman a las normas existentes en otros cuerpos legales. Cabe destacar que la Ley 19.300 estableció que la protección del medio ambiente, la preservación de la naturaleza y la conservación del patrimonio ambiental se regularán por las disposiciones de esa ley, sin perjuicio de lo que otras normas legales se pronuncien sobre la materia. Esto significó que toda la normativa preexistente era aplicable. Con el tiempo, se han ido derogando algunos y modificando otros cuerpos legales.

El complejo minero de Mantoverde, propiedad de Anglo American Norte S.A., se encuentra en operaciones desde 1995, el cual incluye la explotación a rajo abierto de los yacimientos de cobre denominados Mantoverde (Norte y Sur) y Manto Ruso, y el procesamiento del mineral mediante lixiviación en pilas, extracción por solventes y electro obtención, para obtener cátodos de cobre como producto final. Se ubica en la III Región, a 38 kilómetros de la localidad de Chañaral y a 100 kilómetros de Copiapó, a una altitud aproximada de 750 msnm. Foto: Jack Ceitelis.

En la actualidad es necesario considerar la aplicación de las normas del cuadro de la página 259 y ss., aun cuando a nuestro juicio, no son del todo concernientes al sector minero. Manejo de residuos peligrosos Esta fue una de las regulaciones que requirió de mayor tiempo desde que se propuso una primera versión hasta su publicación en 2004. El cuerpo legal que regula estas actividades corresponde al D.S. 148/2003, Reglamento Sanitario sobre Manejo de Residuos Peligrosos, del Ministerio de Salud. Este reglamento establece las condiciones sanitarias y de seguridad mínimas

a que deberá someterse la generación, tenencia, almacenamiento, transporte, tratamiento, reúso, reciclaje, disposición final y otras formas de eliminación de los residuos peligrosos. Al igual que las normas relacionadas con descargas de riles, este reglamento excluyó los residuos mineros masivos provenientes de las operaciones de extracción, beneficio o procesamiento de minerales y estableció que no serían considerados peligrosos los estériles, los minerales de baja ley, los residuos de minerales tratados por lixiviación, los relaves y las escorias. Pese a lo anterior, dejó abierta la posibilidad a que la autoridad sanitaria, en casos calificados,

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solicite la caracterización de los residuos mineros masivos, para establecer si corresponden a residuos peligrosos. Otras normas aplicables A las principales regulaciones descritas se suman aquellas que estaban vigentes previo a la promulgación de la Ley de Medio Ambiente y otras promulgadas con posterioridad, como por ejemplo, el D.S. 686 de 1998 del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción, que regula la contaminación lumínica (1998) y que es aplicable a los cielos de las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, teniendo

en consideración que nuestro país constituye un valioso patrimonio ambiental y cultural para desarrollar la actividad de observación astronómica, publicada en el Diario Oficial del 2 de agosto de 1999. Esta norma obligó a las empresas ubicadas en las regiones señaladas a modificar sus sistemas de iluminación. También se suma a las normas señaladas, las modificaciones aplicadas al reglamento sobre condiciones sanitarias y ambientales básicas en los lugares de trabajo y el reglamento de seguridad minera, que consideran el recinto industrial y su entorno.

prINCIpAlEs

IMpACtos gENErAdos por

lAs ACtIVIdAdEs MINErAs

Potenciales impactos por la exploración e investigación geológica La exploración e investigación geológica tiene por objetivo estudiar áreas identificadas con cierto potencial geológico para establecer la probabilidad de ubicar reservas mineras suficientes que justifiquen el desarrollo y explotación de yacimientos mineros. Las primeras fases de exploración, en general, son bastante superficiales y los impactos son moderados. Esta etapa concluye con una evaluación técnica económica que establece si se justifica continuar realizando estudios. Si
Operaciones o actividades

los resultados son positivos, se inicia una nueva fase de trabajo que podría conducir incluso a ejecutar algunas labores subterráneas. Las operaciones o actividades típicas asociadas a las primeras fases de las actividades de exploración comprenden caminos de acceso, instalación de campamentos, excavaciones para reconocimientos iniciales y campañas de sondajes. Cabe recordar que siempre deberá tenerse presente las condiciones y características “sitio-específicas” del lugar de emplazamiento. En los cuadros siguientes se identifica, en forma resumida, los principales impactos y las acciones comúnmente utilizadas para mitigarlos.

Impacto potencial

Acciones de mitigación o recuperación

• Intervención de terrenos con valor am• Minimizar la intervención de terrenos con valor ambiental. Probiental en suelos, flora y fauna. teger y avisar a las autoridades competentes sobre hallazgos • Destrucción de sitios con valor histórico históricos o arqueológicos. o arqueológico. Construcción de • Utilizar al máximo caminos y cruces de ríos existentes. caminos de acceso al • Intervención de cursos de agua superfi• Diseñar trazados y habilitar drenajes para preservar patrones área de exploración ciales, afectando la calidad de las aguas y de escurrimientos y evitar procesos de erosión. el hábitat de vida acuática. • Evitar trazados que puedan perjudicar a alguna comunidad es• Impacto en el medio humano por habilitablecida. tación de nuevas rutas. • Almacenamiento de combustible, aceites y lubricantes en contenedores apropiados y en área con contención secundaria.

Instalación y mantención de campamento

• Contaminación de suelos y aguas con in• Manejo ordenado de residuos domésticos sólidos. Disposición sumos para la operación. final en vertederos regulados. • Contaminación de suelos y aguas con re• Manejo de aguas servidas en instalaciones sanitarias regulasiduos domésticos. das. • Atracción o alejamiento de especies de • Minimizar la alteración del hábitat de la fauna del área. fauna. • Limpiar y restituir el área de campamento a la condición inicial al finalizar la exploración. • Intervención de terrenos con valor ambiental en suelos, flora y fauna. • Minimizar la intervención de terrenos con valor ambiental. Proteger y avisar a las autoridades competentes sobre hallazgos históricos o arqueológicos.

Excavaciones para efectuar reconocimientos preliminares (pozos, calicatas, galerías)

• Destrucción de sitios con valor histórico • Apilar en sector protegido capa vegetal sujeta a intervención. o arqueológico. • Estabilizar los terrenos intervenidos al finalizar el reconocimiento. Realizar cierre de las labores subterráneas. • Generación de sitios con condiciones propicias para la erosión. • Disponer residuos sólidos y líquidos en vertederos regulados o a través de terceros autorizados. • Contaminación de suelos y aguas con residuos industriales sólidos y líquidos. • Limpiar y restituir las áreas de excavaciones al finalizar la etapa de reconocimiento. • Emisión de material particulado en per- • foraciones con aire. • • Uso de agua y contaminación con aditivos en perforaciones húmedas. • • Emisión de ruido y gases. • Generación de plataformas para sonda- • jes en sitios con condiciones propicias • para la erosión. Encapsular puntos de emisión de polvo. Recuperar el agua de lodos de perforación y utilizar aditivos biodegradables. Mantener condición mecánica de equipos y vehículos para minimizar emisión de ruidos y gases. Estabilizar los terrenos intervenidos al finalizar la campaña. Disponer residuos sólidos y líquidos en vertederos regulados o a través de terceros autorizados.

La minera Meridian, propiedad de la estadounidense Meridian Gold, contempla una inversión de 35 millones de dólares en un proyecto de ampliación y optimización de la mina El Peñón, ubicada en la II Región. Esta inversión responde al descubrimiento de dos nuevas áreas de explotación de la mina, y al aumento de la vida útil del yacimiento hasta 2014. Foto: Jack Ceitelis.

Campañas de sondajes

• Contaminación de suelos y aguas con re- • Limpiar y restituir los sectores de sondajes a la condición inicial siduos industriales sólidos y líquidos. al finalizar la campaña.

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Explotación a rajo abierto Para los yacimientos más cercanos a la superficie terrestre, la extracción del mineral se realiza con una explotación a rajo abierto. Las operaciones básicas incluyen perforación, tronadura, carguío, transporte y desarrollo. En

faenas actuales de la gran minería, la extracción de mineral alcanza niveles del orden de 100 a 150 mil toneladas por día, lo que requiere la extracción y disposición de material estéril del orden de 200 a 300 mil toneladas por día.

Operaciones o actividades

Impacto potencial

Acciones de mitigación o recuperación
• Minimizar intervención y planificar obras de acuerdo con información de línea de base sobre recursos y riesgos naturales.

Construcción de • Acopiar suelos cultivables de terrenos que se intervendrán, • Intervención de terrenos con valor amobras generales para uso futuro en trabajos de recuperación. biental en suelos, medio biótico y/o pade infraestructura • Ejecutar medidas de compensación del medio biótico que cotrimonio cultural. (caminos, suministro rrespondan. de energía eléctrica y • Contingencias ambientales por mal em• Informar hallazgos históricos o arqueológicos, y ejecutar acagua, instalaciones de plazamiento de obras. ciones de protección hasta definición de la autoridad compeapoyo a la operación) tente. • Captar polvo o encapsular puntos de emisión en operaciones de perforación. • Mantener en buen estado mecánico los equipos de perforación. • Humectar el material en frentes de trabajo. Carguío y transporte de mineral y estéril • Emisión de material particulado y gases. • Generación de ruido. • Estabilizar y regar caminos de transporte. • Mantener en buen estado mecánico los equipos de carguío y transporte, y limitar velocidades de circulación. • Sustituir camiones por cintas transportadoras. • Intervención de terrenos con valor am- • Extender las medidas adoptadas durante la construcción de la infraestructura inicial. biental en suelos, medio biótico y/o patrimonio cultural. • Construir obras de canalización para desviar y restituir escurriCrecimiento del rajo • Modificación del patrón de escurrimienmientos a cauces naturales. y construcción de to de aguas superficiales. • Construir y manejar botaderos minimizando el potencial de botaderos de estéril y generación de aguas ácidas. • Generación de aguas ácidas en botamineral de baja ley deros. • Compactar áreas de botaderos para minimizar emisión de polvo por la acción eólica. • Emisión de material particulado en botaderos. Abastecimiento de agua • Disminución del recurso para el hábitat del medio biótico o para el sustento de • Planificar abastecimiento de acuerdo con estudio hidrogeolócomunidades o actividades establecidas gico y evaluación ambiental del entorno. en el área de influencia.

Perforación y tronaduras

• Emisión de material particulado y gases. • Generación de ruido.

• Canalización de aguas naturales para evitar el contacto con Manejo de aguas en el áreas de operación. área de operaciones • Contaminación de recursos hídricos en (cursos permanentes, • Manejo de aguas en el rajo y efluentes de botaderos según cael área. precipitaciones, lidad y condiciones locales (regadío, uso en procesos planta o alumbramientos) tratamiento antes de descargar al ambiente). • Disponer espacios, instalaciones y procedimientos para la segregación y manejo ordenado de rises y riles. • Contaminación de suelos y/o aguas con • Reciclaje de productos usados a través de terceros y/o de los Operación de talleres mismos proveedores, y disposición final en vertederos autoresiduos industriales y domésticos sólide mantención, rizados. dos y/o líquidos. bodegas y otras • Instalar plantas para el tratamiento de riles de talleres. • Contaminación de suelos y/o aguas con instalaciones derrames de productos líquidos conta- • Disponer basura doméstica en vertederos autorizados y operar generales. minantes. plantas de tratamiento para el manejo de aguas servidas. • Construir áreas con contención secundaria para el almacenamiento y manejo de productos líquidos contaminantes. • • Contaminación de suelos, aguas y aire Actividades generales por imprevistos con consecuencias ambientales. • Disponer planes de emergencia, infraestructura y equipamiento para el manejo de derrames de productos peligrosos, incendios, etc. Adecuar plan de monitoreo de acuerdo con el tipo de imprevisto ambiental.
Foto: Claudio Pérez

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Explotación subterránea Para los yacimientos que se encuentran a mayor profundidad, la extracción del mineral se realiza con una explotación subterránea. Las operaciones básicas incluyen perforación, tronadura, carguío, transporte y desarrollo de labores. Por tratarse de una explotación más selectiva que la realizada a rajo abierto, el mo-

vimiento de materiales está centrado en la extracción de mineral, con una proporción menor de extracción de material estéril (marina). En este caso, como las operaciones se realizan en labores subterráneas, los impactos ambientales se reflejan principalmente en las condiciones de higiene y seguridad laboral.

Operaciones o actividades

Impacto potencial

Acciones de mitigación o recuperación
• Planificar intervención y obras de superficie minimizando el impacto en componentes ambientales.

• Acopiar suelos cultivables de terrenos que se intervendrá en Habilitación de áreas superficie, para uso futuro en trabajos de recuperación. para botaderos • Intervención de terrenos con valor amde marina y otras biental en suelos, medio biótico y/o pa- • Ejecutar en superficie medidas de protección y/o compensaobras de superficie trimonio cultural. ción del medio biótico que corresponda. (caminos, suministro de energía eléctrica y • Contaminación y alteración del patrón • Informar hallazgos históricos o arqueológicos, y ejecutar acde escurrimiento de aguas superficiales. agua, instalaciones de ciones de protección hasta definición de la autoridad compeapoyo) tente. • Canalizar escurrimientos y retornarlos a su cauce natural aguas abajo de las obras e instalaciones superficiales. • Humectar material, regar galerías de transporte y mantener ventilación según estándares. • Mantener en buen estado mecánico los equipos de perforaPerforación, ción, carguío y transporte. tronaduras, carguío, • Emisión de material particulado y gases. transporte de mineral • Generación de ruido y vibraciones. • Incorporar chancado interior mina para uso de cintas transpory marina tadoras en movimiento de materiales. • Monitorear niveles de material particulado, gases y ruido en zonas de operación e instalaciones interior mina. Explotación de la • Subsidencia del terreno, con alteración • Canalizar escurrimientos y retornarlos a su cauce natural aguas mina con métodos de geomorfológica y contaminación de abajo del área de subsidencia. hundimiento aguas superficiales. Desarrollo general de la explotación • Monitorear calidad del agua de drenaje, y aprovechar en uso • Contaminación física y/o química de reoperacional compatible con su calidad. cursos hídricos con el drenaje de aguas • Descargar al ambiente agua de drenaje con calidad determinaácidas. da por normas, incorporando tratamiento físico y/o químico. • Disponer espacios, instalaciones y procedimientos para la segregación y manejo ordenado de residuos industriales y domésticos. • Operación de talleres • Generación de residuos sólidos y líquide mantención, dos, industriales y domésticos. bodegas y otras • Contaminación de aguas de drenaje con • instalaciones residuos industriales líquidos. generales • Procurar el reciclaje de productos usados a través de terceros y/o de los mismos proveedores, o ejecutar disposición final en vertederos autorizados. Instalar plantas para el tratamiento de riles de talleres. Disponer basura doméstica en vertederos autorizados y operar plantas de tratamiento para el manejo de aguas servidas.

• Construir áreas con contención secundaria para el almacenamiento y manejo de productos líquidos contaminantes. • Disponer planes de emergencia, infraestructura y equipamiento para el manejo de derrames de productos peligrosos, incen• Contaminación de suelos, aguas y aire dios, etc. Actividades generales por imprevistos o accidentes con conse• Adecuar plan de monitoreo de acuerdo con el tipo de improvicuencias ambientales. so ambiental, y ejecutar las acciones para recuperar la calidad del recurso natural que corresponda.
Foto: Nicolás Piwonka

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Plantas de concentración Los minerales que se extraen de los yacimientos tienen normalmente un bajo contenido de los elementos que interesa recuperar, de tal manera que no es viable la alimentación a procesos finales de obtención de estos elementos, tal como se requieren para su uso industrial. En estos casos, los minerales pasan por etapas intermedias de procesamiento para concentrar las especies mineralógicas que contienen los

elementos de interés, incluyendo operaciones de conminución (chancado, molienda) y operaciones de concentración propiamente tal (por ejemplo, flotación, concentración gravitacional, concentración magnética). Los productos de estas operaciones son concentrados, constituidos principalmente por las especies mineralógicas valiosas, y relaves que contienen mayoritariamente las especies de la ganga.

Operaciones o actividades
Construcción de obras e instalaciones generales de infraestructura

Impacto potencial

Acciones de mitigación o recuperación

• Intervención de terrenos con valor • Minimizar la intervención de terrenos, acopiar suelos cultivables para uso futuro y ejecutar medidas de protección y/o compensaambiental en suelos y medio bióción del medio biótico que corresponda. tico. • Destrucción de sitios con valor his- • Informar hallazgos históricos o arqueológicos, y ejecutar acciones de protección hasta definición de la autoridad competente. tórico o arqueológico. • Encapsular puntos de emisión de material particulado en chancadores, harneros, correas transportadoras y transferencias de mine• Contaminación del aire por emisión ral, conectándolos a sistemas colectores de polvo. de material particulado en las ope• Minimizar las alturas de descarga y humectar el mineral en puntos raciones de chancado. de transferencia. • Consumo significativo de agua fres• Considerar acopios de mineral fino en recintos cerrados. ca en operaciones de molienda. • Contaminación de suelos y/o aguas • Minimizar el consumo de agua fresca, recirculando a la molienda agua recuperada en las operaciones de espesamiento, filtrado y dissuperficiales por derrames de pulpa posición de relaves. en operaciones de molienda. • Contaminación acústica por la ope- • Contar con instalaciones y procedimientos para contener y recircular derrames de pulpa en molienda. ración de los equipos de chancado y molienda. • Considerar barreras sónicas para los equipos que generan ruido y/o en los lugares que requieren protección acústica. • Minimizar el consumo de agua fresca, recirculando a la etapa de • Consumo significativo de agua fresconcentración agua recuperada en las operaciones de espesamienca en operaciones de concentrato, filtrado y disposición de relaves. ción. • Contar con instalaciones y procedimientos para contener y recircu• Contaminación de suelos y/o aguas lar derrames de pulpa. superficiales por derrames de pulpa. • Implementar normas estrictas de control y seguridad en instalacio• Contaminación de suelos y/o aguas nes y equipos para el almacenamiento, preparación y dosificación por derrame de reactivos. de reactivos, incluyendo sistemas de contención secundaria y recuperación de productos. • Contaminación acústica por la operación de los equipos de concentra• Considerar barreras sónicas para los equipos que generan ruido y/o ción. en los lugares que requieren protección acústica. • Contar con instalaciones y procedimientos para detener o conte• Contaminación de suelos y/o aguas ner y recircular derrames de pulpa en instalaciones de espesamiensuperficiales por fugas o derrames to, transporte y filtrado. de pulpa. • Maximizar la recirculación de agua desde las instalaciones de espe• Pérdida de agua por manejo inadesamiento y filtrado. cuado y/o descarga de efluentes al • Acopiar y manejar concentrados filtrados en recintos cerrados, con ambiente. transporte posterior en correas encapsuladas o contenedores ce• Contaminación del aire, aguas surrados. perficiales y suelos por emisión de • Considerar el lavado de equipos móviles cuando se retiran de las material particulado. instalaciones de manejo de concentrados. • Contar con instalaciones y procedimientos para detener o conte• Contaminación de suelos y/o aguas ner y recircular derrames en instalaciones de espesamiento y transsuperficiales por derrames de pulpa. porte. • Contaminación de aguas subterrá• Diseñar y construir tranques de relaves según las características de neas por infiltración desde el tranpermeabilidad del suelo. que. • Minimizar la posibilidad de oxidación de minerales sulfuros en el • Contaminación de aguas superficiarelave y posterior transporte de aguas ácidas. les y subterráneas por generación • Construir pozos de monitoreo aguas abajo del tranque de relaves. de aguas ácidas. • Pérdidas de agua por manejo inade- • Maximizar la recirculación de agua desde las instalaciones de espesamiento y disposición de relaves. cuado y/o descarga de efluentes al ambiente. • Considerar usos alternativos compatibles y/o el tratamiento de efluentes de tranques que no se recirculan al proceso para cumplir • Contaminación del aire, aguas y las normas de emisión vigentes. suelos por emisión de material particulado. • Diseñar y operar tranques asegurando la estabilidad física y minimizando la acción de la erosión eólica. • Contaminación de aguas superficiales por erosión y transporte de • Canalizar escurrimientos desde el tranque de relaves hacia obras sedimentos. construidas para decantar y contener sedimentos. • Contar con instalaciones y procedimientos para el manejo y reciclaje o disposición final de residuos sólidos.

Operaciones de conminución

Operaciones de concentración

Manejo de concentrados

Manejo de relaves

• Contaminación de suelos y/o aguas • Contar con plantas para el tratamiento de riles generados en talleres, y plantas para el tratamiento de aguas servidas. con residuos industriales y/o domésticos sólidos y/o líquidos. • Construir sistemas de drenaje para evitar inundación de instalacioOperaciones y nes con aguas superficiales. actividades generales • Contaminación de suelos y/o aguas por accidentes y/o imprevistos de la • Mantener planes de monitoreo de calidad del aire y aguas de acuernaturaleza. do con las características del proyecto. • Disponer planes de emergencia para contingencias ambientales de diferente origen.
Foto: Luis Ladrón de Guevara

266 juANA gAlAz pAlMA

MINEríA y MEdIo AMbIENtE

267

Fundiciones y refinerías Los productos de plantas de concentración, al menos en el ámbito de los elementos metálicos más comunes, constituyen la materia prima principal que alimenta las fundiciones. En estas instalaciones, mediante operaciones pirometalúrgicas, los elementos de interés se separan del resto de los componentes que pasan a constituir la escoria. En Chile, por su cantidad y magnitud, las fundiciones de cobre son las instalaciones más importantes y generan también la mayor atención desde el punto de

vista ambiental, principalmente por el impacto potencial de las emisiones a la atmósfera. Las fundiciones incluyen operaciones de manejo de materias primas e insumos (concentrados, precipitados, productos reciclados, fundentes, petróleo u otra fuente de energía), secado y/o tostación, fusión, conversión (cobre blíster). En algunas fundiciones el cobre blíster se refina a fuego y se moldea en ánodos para alimentar una refinería electrolítica, donde se obtiene cátodos de cobre como producto final.

Operaciones o actividades
Construcción de obras e instalaciones generales de infraestructura

Impacto potencial

Acciones de mitigación o recuperación

• Intervención de terrenos con • Minimizar la intervención de terrenos, acopiar suelos cultivables para uso fuvalor ambiental en suelos y turo y ejecutar medidas de protección y/o compensación del medio biótico medio biótico. que corresponda. • Destrucción de sitios con va- • Informar hallazgos históricos o arqueológicos, y ejecutar acciones de proteclor histórico o arqueológico. ción hasta definición de la autoridad competente.

• Contaminación del aire por • Considerar recinto cerrado para el manejo de materiales con granulometría fina. emisión de material particulado en operaciones de • Confinar correas de transporte y puntos de carga y descarga, minimizar alturas recepción, manejo y mezcla de transferencia e instalar sistemas de supresión y/o captación de polvo. de materias primas. Manejo de • Implementar el lavado de equipos móviles que se retiran del área de manejo materias primas e • Contaminación del suelo por de materias primas. insumos derrame de concentrados o • Mantener programa de regadío en caminos internos no pavimentados. petróleo. • Contaminación acústica por • Considerar el reemplazo de petróleo por gas natural. la operación de equipos mó- • Considerar barreras sónicas en el entorno de equipos que generan ruido y/o en viles y estacionarios. lugares que requieren protección acústica. • Operar en condiciones estables, con leyes en alimentación fresca dentro del rango definido en el diseño. • Considerar el reemplazo de petróleo por gas natural. • Minimizar emisiones fugitivas con sistemas adecuados de captación de gases • Contaminación del aire, suey polvo. lo y hábitat de flora y fauna, • Incorporar ciclones, precipitadores electrostáticos y/o filtros de manga para Secado, por emisión de gases (SO2, recuperar y recircular polvo al proceso. tostación, fusión, CO, etc.) y polvo. • Incorporar instalaciones de lavado de gases y planta de ácido para el manejo conversión, • Contaminación de suelos y del SO2. refinación a aguas con efluentes de opefuego, moldeo raciones como enfriamiento, • Implementar balance de materiales para asegurar cumplimiento de normas de y manejo de emisión. lavado de gases y planta de emisiones y ácido. • Implementar monitoreo ambiental para asegurar buena calidad del aire en zoefluentes nas sensibles del entorno. • Contaminación acústica por operación de equipos. • Tratar efluentes para recirculación, precipitando elementos contaminantes como residuos estables para disponer en sitios autorizados o eventual comercialización. • Considerar barreras sónicas en el entorno de equipos que generan ruido y/o en lugares que requieren protección acústica. • Cubrimiento de terrenos con botadero de escorias (y tranque de relaves si se tie- • Tratar escoria en planta de concentración (si procede) con acciones de mitigación y control equivalentes a planta que se alimenta con mineral. ne planta de concentración de escorias de alta ley), con • Derivar relaves a tranque de planta de concentración asociada a la fundición impacto en el medio biótico, (si procede). impacto hidrológico y/o im• Diseñar botadero de escoria (y tranque de relaves, si procede), de acuerdo con pacto visual. estándares aceptados de ingeniería y antecedentes de la línea de base am• Contaminación de suelos y/o biental. aguas por manejo de relaves (si procede).

Disposición y/o tratamiento de escoria

• Contaminación de suelos y • Descobrizar barro anódico para alimentar planta propia de metales nobles (oro, aguas con residuos y efluenplata) o comercializar con terceros. tes del proceso. • Recuperar restos y rechazos de cobre como materia prima para reincorporar Refinación • Contaminación del aire con a la fundición. electrolítica y vapores y/o neblina ácida • Tratar efluentes para recirculación, precipitando elementos contaminantes manejo de barros (tratamiento de barros, descomo residuos estables para disponer en sitios autorizados o eventual comeranódicos cobrización de electrolito, cialización. recuperación de cobre en • Incorporar métodos estándares para prevenir neblina ácida, e incorporar sisteefluentes con electro obtenmas de ventilación, captación y lavado de gases. ción). • Construir sistema de drenaje general y específicos para evitar inundación de instalaciones y arrastre de contaminantes. • Contaminación de suelos y/o • Contar con instalaciones y procedimientos para el manejo y reciclaje o dispoaguas por accidentes y/o imsición final de residuos sólidos. previstos de la naturaleza. • Contar con plantas para el tratamiento de riles generados en talleres, y plantas • Contaminación de suelos y/o para el tratamiento de aguas servidas. aguas con residuos indus• Mantener planes de monitoreo de calidad del medio físico de acuerdo con las triales y/o domésticos sólicaracterísticas del proyecto. dos y/o líquidos. • Disponer planes de emergencia para contingencias ambientales de diferente origen.
Foto: Nicolás Piwonka

Operaciones y actividades generales

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MINEríA y MEdIo AMbIENtE

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Cierre de faenas mineras Existen diferentes razones por las cuales se puede producir el cierre temporal o definitivo de faenas mineras. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se agota el yacimiento, cuando baja el precio de los metales, cuando se decide la explotación de un nuevo yacimiento o explotar otra pasta, o simplemente porque la faena minera ya no cumple con las expectativas económicas de sus dueños. En cualquier caso, el cierre de una faena minera se materializa en un momento en que ésta ya no genera ingresos. Una faena minera está constituida por un conjunto de instalaciones que tienen una vida útil variable, dependiendo de la naturaleza y características de los procesos productivos, por lo que la etapa de cierre puede iniciarse parcialmente, con anterioridad al cierre definitivo del proyecto. Es así, por ejemplo, que ciertas instalaciones cerrarán porque agotan su capacidad,

otras lo harán por un cambio tecnológico o de procesos, etc.; es normal que antes del cierre definitivo se tenga instalaciones en construcción, otras en operación y otras estén ya cerradas. Por lo tanto, las medidas de cierre para las distintas instalaciones deben planificarse y ejecutarse en forma gradual a través de toda la vida útil del proyecto. A nivel mundial, esta materia se reconoce como un compromiso que debe estar presente en la actividad minera, específicamente en los países donde el Estado ha asumido un rol activo en la preservación y conservación del medio ambiente. Es el caso de Chile, donde la importancia que tiene la minería en la economía exige que deba asegurarse la competitividad de este sector productivo. Dependiendo de las características del lugar y los potenciales impactos, las medidas o acciones de cierre más comunes son las siguientes.

Foto: Nicolás Piwonka

Depósitos de relaves

• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

Construcción de bermas de refuerzo. Cubrimiento de taludes. Colocación de una cubierta de material. Construcción de obras colectoras de infiltraciones. Obras para el manejo de agua frente a crecidas y lluvias torrenciales. Lavado de las pilas remanentes. Colocación de una cubierta sellante para evitar la infiltración de aguas lluvia. Construcción de obras de drenaje, canales de desvío. Cubrimiento con tierra vegetal y suavizar taludes para favorecer la vegetación. Construir barreras para evitar el acceso de terceros. Desmantelamiento de equipos e instalaciones. Demolición de fundaciones planta SX y EW. Retiro de estanques de soluciones y reactivos. Disposición de suelos con ácido, orgánico y petróleo. Cubrimiento y nivelación del terreno. Desenergización de la red de energía eléctrica. Desmantelamiento y retiro de las instalaciones. Cierre perimetral. Señalización de los riesgos. Vigilancia post-cierre. Enajenación de la red eléctrica y de otras instalaciones para uso alternativo. Impermeabilización de la cubeta de los vertederos. Recubrimiento con material aislante. Relocalización de los desechos peligrosos fuera del sitio. Medidas de reparación (forestación y estabilización con vegetación local). Desmantelamiento de edificios e instalaciones. Traspaso de edificios y construcciones a uso público o a nuevo uso privado. Cierre de los accesos. Señalización. Vigilancia. Medidas de reparación (forestación y estabilización). Secado y limpieza de los estanques. Sellado de tapas y vías de acceso a estanques. Señalización y vigilancia. Monitoreo de aguas subterráneas. Desmantelamiento de los estanques visibles. Medidas de reparación (nivelación, forestación y estabilización). Desmantelamiento de líneas férreas e instalaciones. Cierre de los accesos a caminos sin mantenimiento. Señalización y vigilancia. Entrega de caminos y líneas férreas a uso público o a nuevo uso privado. Medidas de reparación (forestación y estabilización).

Instalación
• • • • • • • •

Acciones de cierre
Clausura y sellado de los accesos a labores subterráneas. Controlar los riesgos de subsidencias mediante rellenos o tronadura controlada. Construcción de obras de drenaje para manejo controlado del agua. Inundación de labores para evitar formación de aguas ácidas. Señalización de áreas de riesgo. Cercar áreas con riesgo de subsidencia. Estabilización de taludes en plataformas de portales de mina. Readecuación de la topografía en los portales de minas para favorecer la revegetación natural de los taludes.

Plantas de lixiviación

Túneles, chimeneas y piques

Tendido eléctrico

Rajos y botaderos

• Desmovilización de equipos mineros. • Construcción de pretiles en los caminos para evitar el acceso de intrusos. • Señalización de la exposición al riesgo en aquellos caminos que queden accesibles, indicando los peligros de paso. • Clausurar los accesos a labores de exploración subterráneas antiguas. • Acciones para el control de fallas. • Acciones para el manejo de agua superficial. Canales de desvío, manejo de laguna, etc. • Desmantelamiento de las instalaciones asociadas a la explotación de minerales (polvorines, cables y otras). • Estabilizar áreas con riesgos de subsidencias debido a explotaciones antiguas. • Construcción de miradores hacia el rajo. • Señalización de advertencia de peligro de derrumbes. • Construcción de bermas al pie de botaderos con riesgos de asentamientos o derrames. • Tratamiento de los taludes de botaderos para garantizar su estabilidad e implantación de la vegetación natural. • Construcción de obras de drenaje: zanjas, canales y recolección de percolados. • Uso de pantallas visuales para la ocultación de los frentes. • Desmantelamiento de equipos e instalaciones. • Demolición y enterramiento in situ de fundaciones y estructuras de hormigón, incluidas las bases de chancadores, molinos, celdas de flotación y espesadores. • Limpieza de suelos contaminados. • Perfilamiento y nivelación del terreno para uso alternativo. • Enajenación de equipos principales.

Vertederos

Campamento

Estanque de almacenamiento combustibles, reactivos, etc.

Plantas de chancado, molienda y flotación

Caminos y vías férreas

270 Juana Galaz Palma

minería y medio ambiente

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Foto: Claudio Pérez

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273

mineros

de ayer y hoy
Liliana Muñoz Rioseco

El sol, el sol, que tiene gozo desmenuzado en su polvareda viva, y el aire, que lleva aroma de rosas en las alas quedan arriba. Yo bajo a escarbar las rocas, perdido en una noche sin constelaciones. Vosotros que quedáis aquí, tened para el que desciende un pensamiento de amor. “Ruego del minero” (fragmento), Gabriela Mistral

a

lo largo de su historia, Chile ha sido destacado como un país esencialmente minero, por la extensión de sus recursos minerales metálicos y no metálicos generosamente distribuidos en todo su angosto territorio. La explotación de la minería ha sido considerada determinante en su historia social y política, y gravitante en la economía del país. Existen antecedentes que demuestran que estos recursos naturales han sido explotados desde el periodo preincaico. Se han hecho hallazgos de herramientas indígenas en sitios donde hoy están enclavados Chuquicamata, El Abra y Radomiro Tomic. Estas documentan la existencia de minerales situados en espacios
“Meterse en una mina es estar dentro de la naturaleza, volver al útero de la madre... Era estar todo el día en un lugar oscuro, silencioso, como estar en el lugar donde todos vamos a ir a parar. Entonces, cuando la gente salía de ahí quería vivir, era un alumbramiento. El pasarlo bien era un poco dejar atrás la vida de la mina”. Relato de un antiguo minero de la compañía minera Merceditas, El Volcán, San José de Maipo, Región Metropolitana. Foto: Claudio Pérez.

de alto rendimiento metalúrgico. En Collahuasi, 150 kilómetros al norte de Chuquicamata, también se han encontrado herramientas que prueban que hubo explotaciones mineras en las vetas de cobre que afloran en los faldeos. Charles Darwin, en su viaje por Chile entre 1832 y 1835, lo describe con las siguientes palabras: “A cualquier parte que se mire, se ven las bocas de las minas; la fiebre del oro es tal que han sido explotadas todas las partes del país (…) El cobre de las minas de Jahuel es enviado a Swansea, Gran Bretaña, para fundirlo. (…) La antigua ley española, aún en vigor, impulsa en todas formas, la búsqueda de minas”.1 El sabio naturalista contrasta la situación de los mineros con la de los campesinos, manifestando que estos últimos sufren una pobreza extrema. No obstante, al describir a los mineros en las faenas, relata cómo deben soportar una carga de trabajo extraordinariamente dura: “Cada hombre sube 135 metros desde el fondo
1 Charles Darwin. Darwin en Chile (1832-1835). Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Edición preparada por David Yudilevich y Eduardo Castro. Ed. Universitaria, 1995, pp. 130 y 132.

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mineros de ayer y hoy

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Personas

que laboran en la minería

Es interesante reflexionar sobre quiénes son las personas que laboran en las faenas de exploración, extracción y procesamiento de los minerales. Este ensayo está centrado en ellos. Para visualizarlos con más precisión los definiremos de acuerdo a los tres sectores económicos de la minería. Pequeña minería: En este subsector, el minero desarrolla su labor con una estructura artesanal en empresas constituidas generalmente por su grupo familiar. La actividad se orienta exclusivamente a la minería extractiva, casi siempre con escasos grados de mecanización. Se los conoce como los “empresarios de los sueños”. Mediana minería: En este subsector se advierte el uso combinado de maquinarias y ocupación importante de mano de obra. Gran minería: En este subsector convergen
Faenas en instalación minera ubicada a 100 kilómetros de Chañaral.
Foto: Claudio Pérez.

capitales nacionales y extranjeros para el desarrollo de proyectos de gran envergadura, con tecnología avanzada. Los mineros cuentan con asesoría técnica profesional y elaboran productos finales. Los mineros han constituido, desde los inicios de esta actividad productiva, un sector especial entre los trabajadores. Están envueltos en una mitología; sus historias de vida, desde las primeras explotaciones, impresionan como leyendas, particularmente en la pequeña minería y minería artesanal. Se visualizan como personas expuestas al riesgo, más que otros trabajadores, viviendo en el aislamiento de los campamentos mineros, en regiones desérticas, en zonas de altura, alejados de los centros urbanos. En las últimas décadas, han habido cambios importantes en sus formas de trabajo, un mayor grado de mecanización, lo que ha traído consigo importantes mudanzas en sus formas de vida.

de la mina a la superficie cargando 90 kilos de piedras, trepando por entalladuras hechas de troncos de árboles”.2 Al narrar sobre el distrito minero de Los Hornos, a 50 kilómetros de Illapel, lo describe como “una colina perforada con tantos agujeros como un nido de hormigas”.3 Relata que los mineros tienen el hábito de vivir durante semanas en lugares solitarios, descienden a las aldeas gastando todo el dinero obtenido con la venta de los minerales extraídos, y regresan a sus míseras chozas a seguir trabajando rudamente. Es interesante destacar que poco después, en 1838, cuando Ignacio Domeyko llega a La Serena a hacerse cargo de la formación en diversas especialidades relacionadas con la mineralogía, las autoridades no manifestaron mayor interés por la enseñanza que él debía impartir. Se 0pinaba que el chileno desde el día que nace es guerrero y minero, sin necesidad de lecciones. Sin embargo, Ignacio Domeyko inició sus
2 Ibídem, pp. 143-144. 3 Ibídem, p. 242.

clases de física y química, y posteriormente ensayo de minerales y productos metalúrgicos, análisis químico y mineralogía. En el siglo XX continúa la intensa actividad minera. En su segunda mitad, se intensifica la prospección y explotación de yacimientos. Se observa un protagonismo de este rubro productivo en la economía, la sociedad y la vida política, situación semejante a la del Perú y Bolivia. Así, por ejemplo, en el caso de Chile, las ventas de productos mineros en el exterior entre 1985 y 2006 representan en promedio un 47% del total de las exportaciones del país.4 En cuanto a la generación de empleo, el número de personas que trabajan en forma directa en el sector, en minería metálica, industrial y combustibles, equivale a 51.430 trabajadores, lo que representa 0,82% de la fuerza laboral.5

4 Comisión Chilena del Cobre. Bonanza minera: oportunidades y riesgos. Cochilco, 2007. 5 Servicio Nacional de Geología y Minería, Sernageomin. Sernageomin, 2006.

La pequeña y mediana minería genera empleo directo e indirecto (15 mil trabajadores) en zonas geográficas con escasas alternativas laborales; asimismo, la producción del sector crece alrededor de un 8% anual, a pesar de las características cíclicas del mercado del cobre y exhibe paulatinamente costos más competitivos. Foto: Claudio Pérez.

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mineros de ayer y hoy

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antecedentes en
la literatura y la historia

En los siglos XIX y XX, las historias de vida de los mineros, sus formas de trabajo y la geografía en la que se desenvuelven sus existencias han sido fuente de inspiración para novelistas y poetas. Asimismo, han constituido una poderosa veta de estudio para los historiadores, quienes han arrojado luces sobre su cultura y sobre la forma en que se ha desenvuelto su vida, tanto la íntima y familiar como la social y laboral. El interés de los historiadores contemporáneos es coincidente con aquel observado en la Antigüedad. Las riquezas metalíferas y exploraciones mineras ya habían sido inspiración de los historiadores griegos y romanos, especialmente Plinius, Poseidonios y Strabon. Aristóteles ensalza: “Iberia pudo abrir las inmensas entrañas de sus metales a la luz de la faz de su tierra”. Por otra parte, se estima que el uso del cobre se remonta a alrededor de 10 mil años atrás. El objeto más antiguo fue encontrado en

el norte del territorio que constituye actualmente Iraq. En la historia de la civilización es conocido desde que el ser humano abandona la Edad de Piedra. Se supone que fue explotado antes que el hierro. En nuestro país, especialmente en el Norte Grande, se han localizado numerosos objetos de cobre que revelan su uso muy temprano por los pueblos originarios. Su ubicación corresponde a los principales yacimientos que se explotan hoy. Este mineral ha sido gravitante en la economía de nuestro país, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX, siendo una importante fuente de recursos fiscales, generación de empleo directo e indirecto, y captación de inversión.

oriGen

y trayectoria de los mineros

Si investigamos acerca del origen de los mineros, constatamos que su historia está en parte ligada con el mundo campesino. Muchas veces alternan periodos de trabajo en la minería y en la agricultura. Ser campesino-minero

El trabajo en la minería tiende a la generación de un sentido de pertenencia muy fuerte, ligado al interior, al grupo de trabajo, a la faena, a la minera. Esto se trasunta en el desarrollo de una cultura de equipo, que si bien es muy positiva, genera cierta descompensación en cuanto a la afirmación de la individualidad del sujeto. Foto: Rodrigo Gómez.

Retratos de un minero, recuerdos familiares –en orden y equilibrio– sobre la mesa de un trabajador del campamento de Chuquicamata. Foto: Claudio Pérez.

conservando lazos con la comunidad de origen es una constante que se observa no solamente en Chile, sino también en las minas de carbón en Francia, en las minas de oro en Bolivia, en las minas de cobre en Perú. Los mineros a veces renuncian a trabajar en la minería y retornan a la vida agrícola. Cuando se estudia el origen de poblaciones agro-ganaderas provenientes de las inmediaciones del río Loa, San Pedro de Atacama, criadores de cabras en el valle del Choapa, se advierte que ellos han constituido la fuerza laboral de los grandes yacimientos del Norte Grande. Actualmente, se registra una emigración importante desde la zona del Biobío hacia el Norte Grande. De las provincias de la Sexta Región han emigrado al mineral El Teniente; y no se excluye que también haya habido traslados desde regiones más lejanas del sur del país a este mineral. Las distintas procedencias de los emigrantes generan en ellos una consolidación y un sentido de pertenencia a la comunidad

minera. También las políticas de las empresas mineras están orientadas hacia la familia como modo de estabilizar la fuerza laboral. No obstante, se advierte una rotación de la mano de obra, lo que genera una vida migrante, con todas las concomitantes que ello implica: enfrentar puntos de crisis con resultados positivos o experiencias de no adaptación.

administración

extranJera de las

emPresas mineras

El hecho de que las empresas de la gran minería fueran extranjeras agrega otros rasgos de personalidad que distingue a los mineros del resto de los trabajadores. Las políticas de las empresas estadounidenses son vividas por los mineros como paternalistas, reaccionando con un sentimiento ambivalente de satisfacción y tranquilidad al sentirse, por una parte, plenamente protegidos y, por otra, privados de libertad, como vivían otros miembros de su familia y

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mineros de ayer y hoy

279

conocidos en las ciudades. “Si se quemaba una ampolleta en mi casa, venían de Mantención a cambiarla”, señala un relato oral. Valoraban que en las comunidades mineras hubiera seguridad para el crecimiento de sus hijos. La escolaridad, salud y vivienda estaban garantizadas. Al mismo tiempo, mirando en perspectiva, rechazan la estratificación social en que vivieron. “Hoy pienso, qué injusto fue, porque éramos una familia chilena, no podíamos ser amigos de los norteamericanos, por una parte, ni podíamos ser amigos de los mineros rol C, porque nuestro padre pertenecía al rol oro” (recuerdo de infancia de mujer que vivió en Caletones). Las políticas de las empresas se centraban en el fortalecimiento de la familia como modo de proteger su estabilidad y de esta forma, la del minero, asegurando así una fuerza laboral estable. Frecuentemente el oficio del padre se transmitía a los hijos y por generaciones eran mineros.

aislamiento
entre Pares

GeoGráfico y relación

Un factor determinante en el modo de ser y hacer del minero es la situación geográfica de su vivienda y faena laboral. Se traduce en el tiempo en un cierto desapego de su mundo familiar, social y de su comunidad, que si bien construye un entorno de contención afectiva y social, las redes familiares extendidas y de amistad se debilitan. Cuando se trata de retomar los lazos afectivos, si hay una instancia de acercamiento, estos deben reconstruirse con la dificultad de transar convicciones, prácticas sociales, formas de convivencia e incluso la identidad adquirida. La fuerte interacción social entre los mineros, tanto en el mundo laboral como privado, puede generar una acentuada solidaridad a la vez que relaciones altamente conflictivas. Existen muchos espacios de convivencia, clubes sociales, coros, clubes deportivos, asociaciones de mujeres en torno a diversos intereses. Este sentido de pertenencia trasciende en el tiempo, se activa periódicamente en reuniones de los mineros y sus familias que pertenecieron a los mismos centros laborales. Por ejem-

plo, personas que crecieron y trabajaron en la fundición Caletones se reúnen anualmente en una gran fiesta. Asimismo, antiguos mineros de las salitreras recorren la Pampa en un tren que parte de Iquique, deteniéndose en cada antigua oficina salitrera, llevan su “choca” y se entregan a revivir sus vidas y detener el tiempo por un día cada año. La presencia del sentimiento de solidaridad e intensa interacción también puede explicar la gestación y fuerza de los sindicatos de la minería. Ello de alguna manera justifica cierta propensión a un grado de conflictividad laboral de mayor dimensión e impacto que en otros sectores económicos. Las vivencias tan intensas, que no solamente se refieren al frente de trabajo sino a la vida privada del minero en el campamento, hacen que se le confiera propiedades humanas a la mina; los mineros se refieren a ella personalizándola. A la mina se le han atribuido propiedades identificadas con lo femenino: “la mujer y la mina se deben conquistar, son hermosas, guardan un tesoro, riquezas, metales de difícil acceso… la mujer y la mina son veleidosas, inconstantes, le abren su tesoro a quien ellas deciden, no quieren competir con otra figura femenina; el minero frente a la mina debe ser fuerte, aguerrido, conquistador”. Así explican la superstición de fatalidad al entrar una mujer en la mina. Los mineros deben entrar solos, sin mujeres. Ellos son marianos, devotos de la Virgen; relatan que los pirquineros le quemaban dinero a la Virgen como ofrenda. Las patronas de los mineros son la Virgen de la Tirana de Tarapacá, la Virgen de la Candelaria de Atacama, la Virgen del Rosario de Andacollo.

el

minero y el riesGo

Los riesgos del trabajo en las minas subterráneas, faenas a rajo abierto, plantas y fundiciones que los exponen a accidentes graves son aspectos intrínsecos del trabajo minero, a la vez que van modelando la identidad del minero e involucran también a su familia. Desde las primeras etapas de la actividad minera esta labor ha sido sinónimo de esfuerzo

La pequeña minería está formada por productores que explotan principalmente minas de cobre y oro, aunque también hay faenas menores relacionadas con la minería no metálica. Algunos productores de la pequeña minería metálica tienen plantas para obtener concentrados y cementos de cobre, así como oro metálico y concentrados de oro. Foto: Nicolás Piwonka.

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mineros de ayer y hoy

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extremo y muerte. Así, va surgiendo la imagen del minero que enfrenta el trabajo subterráneo, sus peligros, en una violencia cotidiana, forjándose la representación viril y legendaria del minero. Es interesante destacar que, desde la Antigüedad, es precisamente en la minería donde se perciben por primera vez las manifestaciones de daños severos de la salud en el mundo del trabajo. En Egipto y Grecia, se explotaban yacimientos de oro, plata, plomo, sin medidas de seguridad o higiene. Los trabajadores fallecían o se incapacitaban a consecuencia de accidentes y enfermedades del trabajo. Se describen

desde el siglo XVI, silicosis, tuberculosis, cáncer pulmonar producido por el mineral radioactivo incorporado a la roca silícea. Georgius Agricola en su magna obra póstuma De Re Metallica (1556) relata: “en las minas de los montes Cárpatos se encontraban mujeres que habían llegado a tener siete maridos, a todos los cuales una terrible consunción los había conducido a una muerte prematura”. Puntualiza la necesidad de utilizar en las faenas mineras ventilación adecuada y máscaras. Once años después de esta publicación, Aureolus Theophrastus Bombastu Von Hohenheim, Paracelso, edita la primera monografía relativa a enfermedades profesionales

En este pequeño rancho, donde vive una familia extensa, trabajadores de una pequeña mina nortina concurren a diario a almorzar y platicar. Foto: Claudio Pérez.

de los mineros en canteras y fundiciones. Sus primeras inquietudes médicas tuvieron lugar en el ámbito de la minería. Paracelso es considerado el padre de la salud ocupacional. En cualquier caso, la del minero constituye un modo de ser sin importar las condiciones en que se deba ejercer el oficio. Más que un trabajo, es una forma de vida.

mientras la mujer debía ocuparse de la familia, abastecimiento, trámites, y otros menesteres. La vida en un campamento minero es una variable determinante en la definición de los rasgos psicológicos, de socialización e identidad de los mineros y sus familias. Históricamente, pueden distinguirse al menos tres tipos de campamento minero: Campamento minero antiguo Son asentamientos humanos con características determinadas por la cercanía de la fuente laboral, en este caso, los yacimientos. Históricamente, en Chile, desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siguiente, son las salitreras del Norte Grande. En ellos estaba la Oficina, que proporcionaba servicios y ejercía la administración. Estos asentamientos responden a la necesidad de un ordenamiento territorial, concentran a los trabajadores cercanos a los yacimientos, distantes de los centros poblados. Es interesante observar cómo estas condiciones

Vida

en un camPamento minero

La vida en los campamentos mineros modifica sustancialmente el proceso de socialización adquirido por la persona. En el mundo externo, la persona fija sus límites y grados de libertad. Los campamentos se han asimilado a la nomenclatura de instituciones cerradas.6 Se ha mencionado que en los campamentos predominaba el matriarcado, en el sentido que el minero permanecía los días completos en las faenas,
En el cordón montañoso de la cordillera de los Andes se instalaron hombres que no trepidaron en excavar sus entrañas en la búsqueda silenciosa del mineral que les permitiera alcanzar un sueño de grandeza. Foto: Luis Ladrón de Guevara.
6 Erving Goffman. Asylums. Penguin Books, 1976.

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de vida generan relaciones sociales solidarias, redes de apoyo, un sentimiento de compartir la precariedad de esa vida. Allí los mineros aprendieron a convivir con las etnias de los márgenes fronterizos, a compartir los riesgos del trabajo minero, identificándose con las desventuras provenientes del riesgo de los demás. Campamento minero medio Corresponde a la pequeña y mediana minería del cobre y salitre, entre 1960 y 1980. Son poblaciones de entre 100 y 500 trabajadores. El dueño del asentamiento concentra a los trabajadores en la ciudad o en pueblos cercanos y deben viajar diariamente a la faena. En la pequeña minería, se trataba mayoritariamente de operaciones temporales determinadas por el laboreo de desechos de la mediana minería.

Nuevo campamento minero Este tipo de campamento emerge en la década de los noventa, con la puesta en marcha de tres proyectos de cobre de la gran minería: Cerro Colorado, Doña Inés de Collahuasi y Quebrada Blanca, en la provincia de Iquique. La dotación de personal es aumentada con la existencia de subcontratistas. La modalidad de trabajo en turnos siete por siete –siete días de trabajo y siete de descanso en la ciudad–, genera una dinámica de relaciones interpersonales entre los mineros completamente distinta de los antiguos sistemas. La interacción con la familia también experimenta cambios. Es frecuente observar que el alejamiento del minero lo hace sentirse extraño en el núcleo de la familia, ya que aquella ha adquirido una rutina de la cual él no participa.

Sewell es una ciudad minera enclavada en pleno desnivel de la cordillera de los Andes, a 2.140 msnm. La ciudad alcanzó su máximo esplendor en 1960, cuando la población llegó a 15 mil habitantes. Actualmente se encuentra deshabitada, pues sus residentes fueron trasladados a Rancagua a principios de los ochenta. Foto: Jack Ceitelis.

sewell
Uno de los campamentos mineros más emblemáticos del país es el de Sewell, ubicado a 85 kilómetros al sur de Santiago. Desde su creación en 1905 y durante casi un siglo, fue el principal centro habitacional de El Teniente. Su denominación como campamento fue evolucionado gradualmente desde El Establecimiento, en 1905-1906, hasta su designación definitiva, Sewell, en 1915. En julio de 1997, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.7 Los fundamentos de esta designación fueron su valor patrimonial en el plano minero-industrial, su particular arquitectura, los aspectos culturales relacionados con la
7 El Correo de la Unesco, Septiembre de 1997.

En las anchas avenidas del campamento un perro callejea sin rumbo, una mujer da la espalda a los cerros y observa un letrero; otra, con andar recto sigue su camino: es domingo. Chuquicamata tuvo una población que en su momento superó los 20 mil habitantes y consiguió gran complejidad y fuerte identidad urbana; albergó, en niveles competentes de habitabilidad, funciones residenciales complementarias de las actividades productivas, con relaciones de interdependencia y proximidad respecto de la posición de los recursos mineros. Fue construida con tecnologías de avanzada, dotada de buenas viviendas, equipamientos y servicios. Foto: Claudio Pérez.

subcultura minera, y la prolongada convivencia de chilenos y norteamericanos. También fue considerado “ejemplo excepcional de las ciudades implantadas” por empresas industriales del siglo XX. A Sewell se le ha llamado “ciudad de las escaleras”. Su estructura urbana está definida básicamente por la gran Escalera Central, columna vertebral que cruza todo el campamento y el espacio público en el cual pequeñas plazuelas se abren a su paso. Desde la escalera, nacen numerosas vías peatonales, que permiten el acceso y la circulación entre las viviendas y edificios donde están las oficinas. Tiene la gran particularidad de haber sido una de las pocas ciudades exclusivamente peatonales en el mundo.

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Urbanísticamente, el primer periodo es denominado “ciudad dispersa”, hasta consolidarse como “ciudad madura” en la década de los sesenta. Entre 1960 y 1980, comienzan a apagarse paulatinamente sus luces, dando lugar a la Operación Valle. Las familias “tenientinas” son trasladas de Sewell a Rancagua. Es el comienzo de un periodo de vida para los “tenientinos” substancialmente diverso, al integrarse a la vida urbana en la capital regional.8

muJeres

en la minería

Las mujeres han tenido un importante protagonismo en la minería chilena desde el siglo XIX. En las oficinas salitreras de la pampa, ellas tenían los oficios de modistas, listeras, cantineras, desempeñaban trabajos domésticos, en pulperías y chinganas o ejercían la prostitución. Desde las sombras, participaban en la esfera sindical, aunque sin aparecer en primer plano, sino asesorando a sus maridos. También colaboraban activamente en la realización de huelgas. Famosas son al respecto las “cocinas apagadas”: las mujeres no permitían que funcionaran las cocinas en los días de huelga, si veían una cocina encendida la apagaban con agua a través de la chimenea, por lo tanto los mineros no podían trabajar (referencia oral de mujer pampina). En el cierre del mineral de Lota, 1996-1997, las mujeres realizaron una marcha de Lota a Concepción y posteriormente una huelga de hambre. En el Mineral de El Teniente, a comienzos de 1900, las mujeres subían solas al yacimiento o como parte de la familia, en carretas, para trabajar en labores domésticas, atender mesas como cantineras o dar pensión a mineros en los campamentos de Sewell. En la Braden Cooper, se permitió la incorporación de las mujeres a cargos administrativos en caso de fallecer el marido en accidente. Posteriormente se amplió a servicios a la producción.9 En el siglo XX, paralelo a la incorporación de la mujer en forma activa en la sociedad chilena, van ganando espacios, logrando mayor presen8 Revista Arquitectura Panamericana, 1, 1992. 9 María Celia Baros. El Teniente. Los hombres del mineral. Tomo I: 1905-1945 y Tomo II: 1945-1995. Codelco, 2000.

cia y poder. En el sector minero, han aumentado paulatinamente su participación tanto en labores operativas como en cargos ejecutivos. En un comienzo únicamente trabajaban en cargos administrativos, como educadoras, telefonistas, escribientes, enfermeras. Es importante destacar que hasta hace algunos años la minería había sido una labor predominantemente masculina, en gran parte, por su esencia. Además, se ha catalogado la administración de las empresas mineras como “machista”. Es interesante recordar la ancestral superstición de que a la mina no pueden entrar mujeres; hay una yeta, porque ésta se pone celosa, se desquita echándose a perder, aguándose o provocando muertes y derrumbes. En los relatos se recuerdan recurrentemente estos episodios. También se dice que ellas debían vestirse lo más parecido a los hombres cuando trabajaban en terreno. En la segunda mitad del siglo XX, comienzan a incorporarse mujeres a los niveles operacionales; participan en los planes de descontaminación, en las finanzas; conducen LHD;10 algunas se desempeñan como geólogas e ingenieras de minas. Así, por ejemplo, en la mina Gabriela Mistral, trabajan directamente en operaciones ligadas a la producción un 24% de mujeres. Lejos ha quedado el tiempo en que solo podíamos ver a una mujer “pallaqueando” los desmontes de Punta del Cobre, con su nieta que le llevaba la “choca” a mediodía. En el mundo sindical, también la mujer ha ganado mayor participación. A inicios de los años noventa, se elige la primera presidenta de un sindicato minero de Chuquicamata.11 En las relaciones con las comunidades, juegan un rol protagónico en la defensa del medio ambiente. Finalmente, en materia de responsabilidad social empresarial, las mujeres articulan proyectos relativos al cuidado del medio ambiente, de las personas, al desarrollo comunitario, al manejo de riesgos profesionales, entre otros.
10 LHD, del inglés Load Haul-Dump, que corresponde a los cargadores frontales de alto tonelaje utilizados en la minería. 11 “Sindicalismo femenino, mujeres en la minería”. Revista Área Minera. Mayo de 2008.

Niños llevando la merienda a sus padres, tradicional escena minera que, con menos frecuencia, aún se mantiene.
Foto: Luis Ladrón de Guevara.

niños

baJo la sombra

Quinientos mil niños y adolescentes trabajan en la Minería Artesanal en América Latina, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).12 La OIT define esta actividad como un trabajo pesado, carente de normas de sanidad y seguridad, causante de ausentismo escolar, desnutrición, intoxicación crónica. Los
12 Organización Internacional del Trabajo. Trabajo infantil y pueblos originarios en Chile. Regiones Tarapacá y Araucanía. OIT y Colegio de Profesores de Chile A.G., 2006.

niños juegan roles de adultos sin la posibilidad de avanzar hacia la madurez en forma normal. En Perú ayudan a sus madres en la selección de desmontes. Luego comienzan a apoyar en la extracción del mineral de túneles, transporte a superficie. En Chile, los niños han trabajado en el sector informal en las minas de carbón como chinchorreros; recuperan carbón con un palo y una red que flota en el mar. En contraste con este panorama, son estimulantes las iniciativas destinadas a entregar conocimiento a los niños chilenos respecto al

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país minero al que pertenecen. Con este propósito, en 2008 se suscribió un convenio entre la compañía minera Xstrata y la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji) para que los niños y niñas se familiaricen con la actividad minera actual y descubran su relevancia en la economía, historia y cultura del país.

mineros

de ayer y hoy

Ayer, el minero artesanal, el pirquinero, seguía la veta; su trabajo, el “pirquén”, era artesanal; la explotación era realizada con elementos primarios, palas, martillos, picota, obteniendo pequeñas producciones, extrayendo las partes más ricas de la veta. Hoy, el minero que trabaja en la mediana y gran minería enfrenta su labor con un creciente grado de mecanización y sofisticación tecnológica. En realidad, los mineros artesanales presentan rasgos, que en otro contexto serían identificados como fenómenos alucinatorios. Sus relatos orales están plagados de poderosas imágenes: “Anoche no dejaron dormir en toda la noche, vaciaban las carretillas en los buzones”, “iluminaban el socavón, el cerro retumbaba” (recuerdo de un antiguo minero de Tierra Amarilla). En ellos se describen las exploraciones en terreno de ingenieros de minas y mineros como viajes fantasmagóricos en los que se transportaban carpas en mulas o caballos, con gallinas vivas para tener huevos frescos. Los mulares cruzaban el desierto, trasladando “sopletes a la piedra”, para detectar el mineral según su color. Las apreciaciones eran sorprendentemente exactas. Se trataba de pequeños laboratorios transportables; trabajaban con un fuerte potencial creativo. Cabe preguntarse cómo será el minero del mañana. Sin duda su perfil estará definido por la evolución de la sociedad industrial chilena, los avances de la tecnología del sector, las leyes del mercado, las leyes de tributación sobre la renta, las ventajas comparativas con países vecinos de semejante potencial minero para atraer al inversionista extranjero. Asimismo, una parte significativa de la minería chilena estará predo-

minantemente a cargo de empresas extranjeras, que explotarán mega yacimientos. Nuevos minerales y subproductos se suman a los que han predominado hasta hoy en nuestra minería. En otras latitudes, se descubren nuevas vetas en el océano, se hace la descripción de nuevos ductos en zonas de elevada actividad sísmica por fallas que recorren la mitad del Océano Atlántico. En Chile, las prospecciones en el fondo oceánico detectan depósitos de oro, plata, cobre, zinc, plomo y manganeso.13 Las prospecciones mineras en el país vaticinan buenas perspectivas. Todos estos factores y aquellos por venir configuran un perfil del minero que se aleja del que transitó en los últimos dos siglos en el país. No obstante, los mineros de hoy sostienen que esa mirada a las riquezas minerales de la superficie y profundidades terrestre y marina perdurará en su atracción por el diálogo con las ciencias de la Tierra.

Bibliografía
Baros, María Celia (2000). El Teniente. Los hombres del mineral. Tomo I: 1905-1945 y Tomo II: 1945-1995. Codelco. Colectivo Oficios Varios (2004). Arriba quemando el sol. Estudios de Historia Social Chilena: Experiencias populares de trabajo, revuelta y autonomía (1830-1940). LOM Ediciones. Comisión Chilena del Cobre (2007). Bonanza minera: oportunidades y riesgos. Recuperación de estudios. Cochilco. Danús, Hernán (2007). Crónicas mineras de medio siglo, 19502000. RIL Editores. Darwin, Charles. Darwin en Chile (1832-1835). Viaje de un naturalista alrededor del mundo (1995). Edición preparada por David Yudilevich y Eduardo Castro. Editorial Universitaria. Goffman, Erving (1976). Asylums. Penguin Books. Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional, NIOSH, 1996. Millán, Augusto (2006). La minería metálica en Chile en el siglo XX. Editorial Universitaria. Muñoz, Liliana (1971). Estudio ocupacional de la minería del cobre. 2 volúmenes. Servicio Nacional del Empleo. O’Brien, Juan (1992). Fundición y territorio. Reflexiones históricas sobre los orígenes de la fundición Paipote. Enami. Organización Internacional del Trabajo (2006). Trabajo infantil y pueblos originarios en Chile. Regiones Tarapacá y Araucanía. OIT y Colegio de Profesores de Chile A.G. Servicio Nacional de Geología y Minería, Sernageomin. Sernageomin, 2006.

13 “La tecnología permite la minería submarina”. Revista Área Minera. Abril de 2009.

La dieta del minero lotino partía con un caldillo, pan amasado con chicharrones, te o café; dentro de la mina llevaba el manche, normalmente una charra (cantimplora de latón) con agua de machitunes (agua de hierbas) y un sándwich de carne, chicharrones, pescado o mortadela. Al salir, un poco de vino con harina para aclarar la garganta, una carbonada, cazuela o pescado frito y pan. Foto: Nicolás Piwonka.

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P iezas

de arte

En la antigua sede de la Caja de Crédito Hipotecario, construida en 1912, y actual edificio corporativo del banco BBVA, ubicado en la calle Huérfanos, entre Teatinos y Morandé, se encuentra uno de los más glamorosos conjuntos de vitrales conservados en Chile y, a la vez, uno de los mejores ejemplos del art nouveau. Las vidrieras son obra del taller de Charles Champigneulle, prestigiosa firma francesa de aquella época, especialmente dedicada a la creación de vitrales y a la decoración en este estilo.
En el edificio existen dos series figurativas. La primera de ellas –correspondiente a ocho vidrieras instaladas en la cúpula– muestra de manera simbólica y en un mismo esquema compositivo, diversos motivos concernientes al trabajo y la producción: ciencia, minería, arte, transporte, comercio, ahorro, industria y agricultura. Para representar la actividad minera aparece, en genuflexión, la figura de un varón que empuña con fuerza en su mano derecha una herramienta metálica, al tiempo que con la izquierda afirma un bloque de roca negra como de carbón. El diseño de su rústica vestimenta tiene un tono pardo rojizo. De aspecto juvenil y manso, el rostro del trabajador posee finas facciones y barbilla. Junto al trabajador se muestran diversas herramientas propias de la faena extractiva como palas y picotas. Tras la figura se levanta en forma ondulante un paño de la vestimenta, esquema que se repite en todas las obras. La figura y sus elementos distintivos se representan en el marco de una hornacina clasicista recurrente en los vitrales; lo mismo ocurre con el tono amarillo de fondo y la inscripción al pie de ésta, que en este caso destaca la actividad de la minería.

Vi t r a l d e la minería
Sede banco BBVA

y retratos de mineros

Vitral de la minería Mural Historia de la Minería Chilena Grabados a buril y aguatinta Rostros de la pequeña minería

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de

mural Historia la minería CHilena
Alexander Sutulov

Emplazado en el nuevo edificio de Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Concepción y levantado en agosto de 2005, este mural fue realizado por Alexander Sutulov, artista nacional especializado en medios digitales. La obra se concibe a partir de una cosmovisión que comprende más de 4.000 años de historia minera en la que el cobre es el protagonista principal, y que abarca desde las culturas prehispánicas hasta la revolución industrial, como preámbulo de la gran minería. En sus más de 13 metros de altura se proyecta también, de manera vertical, una visión orgánica de El Teniente, la mina subterránea más grande del mundo. En su conjunto, todas las partes del mural ilustran una visión de futuro donde destaca particularmente el desarrollo de la investigación científica. La iniciativa del mural nació en 1997, en el marco del programa “Ciencia y Tecnología” del Ministerio de Minería. Esto coincidió con una solicitud que la Escuela de Ingeniería Metalúrgica de la Universidad de Concepción hizo a Alexander Sutulov para el diseño de un mural que ilustrara la historia de la minería, destinado al nuevo edificio en construcción. El proyecto original contempló un primer mural itinerante que se exhibiría en 12 países relevantes para la minería chilena y un segundo mural, que es el exhibido en la Universidad de Concepción. Poco más de un año después de inaugurado el nuevo edificio, se materializó la obra. Aspecto inédito del mural es su carácter iconográfico a partir de un soporte digital. Todos los elementos fotográficos, collages, dibujos, aguadas, diseños vectoriales y otros fueron integrados y coloreados de manera digital. Con una impresión hecha con tecnología de tintas Ultra Chrome sobre un sustrato de algodón, representa una obra gráfica a gran escala sin precedentes.

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Grabados

a buril y aGuatinta

Es el mundo de la búsqueda y del hallazgo, es la actividad esforzada que atrae en su intensidad de vivir y trabajar los escenarios de dura geología. Imagino mundos posibles al construir una memoria que funde en el arte una identidad donde el minero sea parte esencial de nuestra nación. Claudio Sanz Chávez

Colpero Las colpas (grandes piedras mineralizadas) que el colpero selecciona y carga.

El hombre y su escenario Lugar minero de mitos y quimeras en la búsqueda de su propia riqueza.

Chiflón. La bajada a pie por un chiflón en 45 grados de pendiente.

Alegoría de la caverna Mirada desde el interior de un nivel cuyo motivo es la percepción del espectador desde dentro de un caserón minero.

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rostros de la Pequeña minería
Fotografías: Nicolás Piwonka Z.

En todos estos rostros captados por el ojo agudo del fotógrafo está la marca del trabajo, la vivencia cotidiana de la mina. Como señala Liliana Muñoz Rioseco en su ensayo sobre los mineros de ayer y hoy, incluido en este libro, “Los mineros han constituido, desde los inicios de esta actividad productiva, un sector especial entre los trabajadores. Están envueltos en una mitología; sus historias de vida, desde las primeras explotaciones, impresionan como leyendas, particularmente en la pequeña minería y minería artesanal. Se visualizan como personas expuestas al riesgo, más que otros trabajadores, viviendo en el aislamiento de los campamentos mineros, en regiones desérticas, en zonas de altura, alejados de los centros urbanos”. Afortunadamente, en las últimas décadas, los avances tecnológicos y el consiguiente mayor grado de mecanización, así como la creciente conectividad del país, han contribuido notablemente a mejorar sus formas de vida.

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enami en la historia de la Pequeña y mediana minería en chile

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Foto: Claudio Pérez

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enami en la historia de la Pequeña y mediana minería en chile

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Parte V desafíos actuales
y futuros

Foto: Claudio Pérez

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realidad actual y desafíos
del emPresariado minero
Alfredo Ovalle Rodríguez

leGado,

c

hile es un país minero. Esta industria es tan representativa del país como lo son el mar, el desierto y la cordillera de los Andes. Variadas son las razones por las que la minería ha logrado consolidarse como la actividad industrial más importante de nuestro territorio y, al mismo tiempo liderar esta actividad a nivel internacional. Entre los fundamentos para tal afirmación, cabe destacar los recursos que aporta la minería y la cantidad de empleos que genera al país. Para 2009, incluso en el contexto de la crisis económica que afecta al mundo, la Sonami estima que la industria exportará 20 mil millones de dólares estadounidenses, un 50% menos que los envíos concretados en 2008, cuando la minería aportó el 59% de las exportaciones

Si bien Chile cuenta con una creciente infraestructura portuaria que ha mejorado en los últimos años, algunas de las mineras más importantes que operan en el país han optado por construir sus propios puertos para embarcar sus productos. Es el caso de Collahuasi, que envía su concentrado de cobre y molibdeno al puerto de Patache, ubicado en la costa de la Región de Tarapacá. Foto: Jack Ceitelis.

del país. Igualmente, en 2008 representó el 17,6 por ciento del PIB chileno, equivalente a 30 mil millones de dólares, de un total de 170 mil millones de dólares. Ahora bien, estas cifras y los logros económicos y sociales que ellas representan son posibles gracias al esfuerzo, compromiso, profesionalismo y planificación de pequeños, medianos y grandes empresarios y trabajadores mineros, que dan vida a nuestra industria. Es así como durante las últimas dos décadas se ha materializado una inversión cercana a los 40 mil millones de dólares en proyectos de exploración y explotación. Estos recursos han provenido tanto de grandes empresas con relevancia mundial, como de mineras emergentes de tamaño mediano y también de pequeños pirquineros que subsisten en las comunas más alejadas de Chile. Estos últimos representan nuestra más preciada tradición minera y mantienen con orgullo muchos de los valores que caracterizan nuestro trabajo. Los frutos de este esfuerzo saltan a la vista. Chile ocupa el primer lugar en la producción de cobre, con cerca del 36% de la producción

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mundial de nitratos naturales, de yodo y de litio. Además, ocupa el tercer lugar en producción de molibdeno y el cuarto en plata del orbe. En 2009, la tendencia se mantendrá, con una producción proyectada de 5,4 millones de toneladas de cobre, de las cuales más de un 70% provendrá de la minería privada. El desarrollo minero ha permitido atraer empresas, capitales y tecnologías para materializar proyectos de gran escala. Estos, a su vez, han tenido importantes efectos que permiten multiplicar la inversión, la producción y el empleo, así como un favorable efecto multiplicador para la infraestructura minera. La minería ha ido transformando el norte del país, dejando atrás campamentos aislados y contribuyendo a la calidad de vida de los mineros y sus familias, a través de mejoras en los ámbitos de la vivienda y los servicios médicos y educacionales de que disponen. Todos estos elementos dan cuenta de nuestro liderazgo y de la relevancia del sector para Chile. La minería es, ha sido y seguirá siendo la gran palanca de desarrollo de nuestro país.

la

minería moderna

Desde nuestra perspectiva, una de las tareas principales, tanto a nivel público como privado, es resguardar y fortalecer la actividad minera, considerando que es uno de los sectores productivos con mayor potencialidad. No basta con disponer de recursos naturales y capacidad profesional y técnica. Es necesario mantener y potenciar la actitud, el profesionalismo, la capacidad y el compromiso que caracterizan a nuestra industria, así como también generar las condiciones y cooperación entre las autoridades y el sector, de manera de continuar en esa senda. Esto resulta de vital importancia, ya que el éxito de la minería no está asegurado. En la actualidad muchos países compiten por atraer la inversión de las grandes compañías mundiales, tal como nuestra minera estatal Codelco lo hace en Brasil y África, y la principal empresa privada de capitales nacionales –Antofagasta Minerals– lo ha hecho recientemente en Pakistán, por dar solo un par de ejemplos.

Aprovechar la experiencia en capacitación de las grandes compañías mineras para apoyar a los pequeños productores de la región donde estos operan, principalmente en la formación de asistencia técnica es un tema que, sin duda, beneficia a ambos sectores productivos. Foto: Claudio Pérez.

Por eso, el llamado es a maximizar las potencialidades con que contamos y a no bajar la guardia ni ceder posiciones competitivas. De esta manera, se podrá garantizar el desarrollo continuo de la minería, así como el de todos quienes estamos ligados a ella. Para alcanzar este objetivo se requiere un esfuerzo conjunto, que sea guiado por una visión de largo plazo por parte de las autoridades nacionales. Ésta debe contar también con el aporte de los expertos que trabajan en las instituciones y servicios estatales relacionados, de las universidades y centros de investigación, pero principalmente de los propios profesionales, trabajadores y empresarios, tanto privados como estatales, que dan vida a la minería.

el
El yacimiento Radomiro Tomic, situado en la provincia de El Loa, en la II Región, 45 kilómetros al noreste de Calama, es uno de las mineras más avanzadas del país. Permanentemente incorpora tecnología de punta, como el sistema apilador de minerales, con pluma retráctil y abatible; la rotopala –en la foto– para la remoción de ripios; una planta de extracción por solventes, compuesta por tres trenes, entre otras inversiones tecnológicas. Foto: Claudio Pérez.

emPresario minero

En este contexto, cobra vital importancia la figura del empresario minero. Junto con el esfuerzo y compromiso de los cerca de 1.500

pequeños productores y de la casi treintena de medianas empresas mineras, que sumados representan casi 2.500 millones de dólares en exportaciones y un 8% de la producción de cobre del país, los empresarios tienen un rol fundamental en el desarrollo de la industria. Esta contribución puede graficarse en al menos dos áreas: por un lado, la inversión económica necesaria para el desarrollo de la minería y, por otro, los beneficios asociados principalmente a mejoras en la calidad de vida de los trabajadores mineros y su entorno. En lo netamente económico, la explotación de cada yacimiento requiere de cuantiosas inversiones que, en muchos casos, pueden alcanzar miles de millones de dólares, considerando las distintas etapas, desde la exploración de la veta hasta la comercialización de los minerales. Cabe tener presente que en más de una ocasión el dinero invertido en la exploración de la mina no se recupera, cuando no se obtienen los resultados esperados.

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Ahora bien, si el resultado de la exploración cubre las expectativas, comienza la etapa de la explotación del yacimiento de la cantera, que, finalmente, terminará con la comercialización de los minerales. Se trata de un proceso que también requiere gran cantidad de recursos, muchas veces superiores a los invertidos en la fase previa. Dicho esfuerzo no tendría sentido si no se sumara el compromiso, no solo del empresariado, sino también de los trabajadores que se encargan de materializar estas iniciativas, generando una relación sólida y productiva entre ambos.

Asimismo, es uno de los sectores con menor porcentaje de accidentabilidad del país, con una tasa de 2,49%, superado solo por el sector electricidad. Los niveles de seguridad de la minería incluso superan al del sector de servicios que se sitúa cerca de un 4%. Es más; de acuerdo a las estadísticas, la accidentabilidad de los trabajadores en el sistema financiero es superior al de la gran minería. Tasa de accidentabilidad por actividad económica (2007)
10 % 8% 8,54 8,20 7,90

7,87 5,81 4,03 2,49 2,21

comPromiso

real

6% 4% 2% 0%

El desarrollo y crecimiento de todos los actores ligados a la minería, incluye, por cierto, a familias y ciudades enteras. Por ejemplo, en cuanto a remuneraciones, es la industria que mejores índices presenta, con un promedio mensual (2008) de 979 mil pesos chilenos, superior en un 128% a los 429 mil pesos mensuales que constituyen la renta promedio del país. Y se trata de una cifra en constante crecimiento. Desde 2005, el sueldo promedio de la minería ha crecido un 36%, pasando de 720 mil pesos a 979 mil pesos, mientras que el promedio del país lo ha hecho solo en un 23%, subiendo de 348 mil pesos a los mencionados 429 mil pesos. La minería tiene el más alto nivel de remuneraciones (M$/mes)
1.000 800 600 400 200 0
País Minería Finanzas Electricidad Industria Comercio Construcción Agricultura-

Construcción

Transportes

Agricultura

Industria

Comercio

Minería

Fuente: Superintendencia de Seguridad Social

979 748 719

429

518

408

401 289

Fuente: Superintendencia de AFP

Estos niveles de seguridad responden a la preocupación de empresarios y trabajadores que a diario dan vida a esta industria en todo el territorio nacional. Igualmente, en los últimos años, la minería chilena ha demostrado un indiscutido liderazgo en materia medioambiental, lo que le ha permitido evolucionar en múltiples ámbitos de su quehacer productivo y en su relación con el entorno social. Consciente del impacto de este quehacer, la minería fue la primera actividad en autoimponerse estudios de impacto ambiental, más de una década antes de que existiera una normativa nacional al respecto, emanada de la autoridad. Adicionalmente, gran parte de las empresas mineras presentes en Chile han incorporado en sus operaciones productivas las ISO 14000, conjunto de normas que establecen herramientas y sistemas para la administración de numerosas obligaciones ambientales.

Electricidad

Servicios

Según definición del Instituto de Ingenieros de Minas en Chile (Política Minera, 1990), la mediana minería es el sector que explota entre 300 y 8.000 toneladas de mineral al día (entre 100 mil y 3 millones toneladas al año). Aplicado a una faena representativa de la minería del cobre, una empresa de mediana minería produce hasta 50.000 TMF/año de cobre fino. Foto: Claudio Pérez.

Lo anterior, sumado al considerable desarrollo de las ciudades, y de esta manera de sus habitantes, en torno a yacimientos o campamentos mineros, da cuenta de la cultura minera que caracteriza a los empresarios nacionales, marcada por la preocupación, no solo por la explotación de una veta, sino también por la persona que ejecuta esa tarea: el hombre detrás del minero. Incluso si dejamos por un momento de lado los indicadores mundiales, las utilidades y el desarrollo tecnológico y económico, esta cultura es el principal legado que los empresarios –ya sean pequeños, medianos o grandes–, aportan a la industria minera y al país en general.

chile

y la minería hoy

Vistas las características y cifras previas, queda de manifiesto que el legado del empresariado minero representa mucho más que el desarrollo económico y comercial de los recursos naturales con que cuenta el país. Supone un compromiso y trabajo conjunto de todos quienes conformamos esta industria, tal como lo hemos hecho hasta ahora. Sin embargo, es necesario reconocer que resta mucho por hacer para perfeccionar la relación dentro del propio entorno minero, incluyendo todos los actores que le dan vida, para mantener la senda de crecimiento.

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Entre estos desafíos y metas a trabajar hacia el futuro destacan fortalecer la competitividad internacional y la integración en la economía global. Aunque Chile ha logrado un posicionamiento incipiente como plataforma de inversiones y base de operaciones para diversas empresas multinacionales presentes en diversos países de la región, es necesario profundizar esta posición para avanzar hacia un nivel superior de nuestro desarrollo. Se requiere para ello utilizar más conocimiento y nuestro propio capital humano, potenciando de paso todas las actividades complementarias que entregan competitividad a la minería chilena. En ese sentido es clave la estabilidad de las reglas que rigen a la inversión extranjera, profundizar la integración financiera mediante los diversos acuerdos de comercio y asociación firmados con las principales economías del planeta y una mayor difusión de las ventajas y oportunidades que ofrece Chile. Igualmente, resulta fundamental posicionar internamente la identidad de país minero, mejorando el conocimiento y valoración social de la minería en general y de la minería privada en particular. La minería privada consolidó el desarrollo minero: KTM Cu fino
6.000 5.000 4.000 3.000 2.000 1.000 0
1980 1984 1988 2992 2996 2000 2004 2008 Estatal Privado

Es responsabilidad de las empresas mineras integrarse más al medio, escuchar, conocer y acoger la realidad de las comunidades en que se inserta la minería y los actores que colaboran con ella. Pero también es responsabilidad

del Estado fortalecer nuestra identidad como país minero y reconocer y difundir el aporte del sector minero privado. Para alcanzar esta meta, ambos actores deben actuar de manera coordinada hacia ese objetivo, como se ha hecho en ocasiones anteriores en distintas cumbres y seminarios en que han participado el Consejo Minero, Codelco, la Empresa Nacional de Minería (Enami) y la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), como actores relevantes. La población debe tener claridad y certeza de las oportunidades que representa la minería, con empleos de calidad que permiten el desarrollo personal, familiar y profesional. Otra tarea primordial para el continuo potenciamiento de la industria minera es la promoción de regulaciones que favorezcan el desarrollo del sector. Hoy, no solo interesa el producto final, el mineral, sino que la forma en que se obtuvo. Para ello resultan primordiales los procedimientos –desde el punto de vista ambiental–, del trato de las personas y de las comunidades que rodean a las faenas. Para dotar a Chile de buenas prácticas al respecto son necesarias regulaciones acertadas que demuestren un compromiso de país y que tengan un efecto orientador para la comunidad y los propios empresarios. Finalmente, es imperativo fomentar el desarrollo de la pequeña y mediana minería, dada su relevancia económica, pero principalmente, social. Ello implica generar los espacios para garantizar su crecimiento, de modo que continúe aportando al país. Son tareas amplias, que no se resolverán de un día para otro, sino que requieren de un esfuerzo de largo aliento que permitirá que la minería nacional se mantenga en la exitosa senda que ha seguido hasta ahora. Para alcanzar esta meta es necesario que los empresarios mineros mantengan su profesionalismo y dedicación, pero sobre todo, su tradición y cultura minera, que son un capital social inestimable para todos quienes vivimos de esta actividad.

El año 2007 quedó marcado como un periodo de cifras históricas, como el ingreso de nuevos pequeños productores al sector y el notable incremento de compra de minerales. Además el año representó un gran desafío que se enfrentó con aumentos en las capacidades de recepción, acopio y procesamiento de minerales. Foto: Claudio Pérez.

312 Jaime Pérez de arce araya

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lineamientos

emPresa que mira al futuro
estratéGicos de
Jaime Pérez de Arce Araya Vicepresidente ejecutivo de Enami

u na

enami

e

ste libro es un aporte de Enami a la cultura minera y a la historia de Chile, en el marco del Bicentenario de nuestro país. Se origina en las conversaciones y reuniones que por años hemos tenido con el sector minero y las personas que en él se desenvuelven, sobre la necesidad de contar la historia de esta Empresa, que es también la de la pequeña y mediana minería nacional. Los distintos autores convocados, lo han sido en función de su conocimiento particular del tema que abordan y sus diversos ensayos nos ilustran la historia minera nacional, entrelazada con la de la propia ENAMI, protagonista de ésta, desde sus orígenes en la Caja de Crédito Minero.
Dentro de los desafíos del sector está la incorporación de la investigación y desarrollo, la transferencia tecnológica, la innovación y la asociatividad para hacer más eficiente el negocio minero de menor escala. Por otra parte es importante afrontar nuevas exigencias respecto a la calidad total, el desarrollo sustentable, la seguridad laboral, el respeto al medio ambiente y la producción limpia, la integración de las comunidades locales, entre otros aspectos.
Foto: Rodrigo Gómez.

años

de historia

La Caja de Crédito Minero fue creada en 1927, dado que para los años veinte la producción de los pequeños y medianos productores mineros era adquirida y exportada por casas compradoras privadas, con un sistema arbitrario de fijación de precios, que tenía al sector al borde del colapso. De ahí que se optara por la creación de un organismo estatal que comprara los minerales y además apoyara financieramente al sector. No obstante la necesidad evidente de un organismo de este tipo, los primeros años de labor no fueron fáciles para la Caja, que trataba de legitimar su labor y definir sus ámbitos de acción. Su director, Osvaldo Martínez, comentaba en su cuenta del año 1930 que un diario de Ovalle llegó a pedir “que se relegara a la isla Más Afuera al Director y a todo el Consejo”. Ese mismo año en una sesión especial del Senado, el senador Aquiles Concha declaraba: “Yo me pregunto, ¿habrá un hombre cuerdo en Chile que diga que esta proposición de la Caja de Crédito Minero, de construir plantas de procesa-

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una mirada distinta

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miento, es propia de una persona que tenga sus cinco sentidos?” Estos ejemplos son el reflejo de lo que han sido estos 82 años de labor, desde la creación de la Caja. Por un lado, la necesidad de apoyar al sector en momentos de crisis y los límites de ese apoyo, el alto grado de exposición pública de la labor que se desarrolla y, finalmente, el cuestionamiento a los ámbitos de acción que debe abarcar esta institución. Si a inicios de los años treinta algunos consideraban un sinsentido que la empresa construyera plantas de beneficio; en la siguiente década, en cambio, con un número importante de plantas, se juzgaba indispensable construir una fundición y en los años cincuenta, una nueva fundición y refinería. Es así como, en la década del sesenta, con la inauguración de Ventanas y el Plan Quinquenal del Presidente Eduardo Frei Montalva, la actividad se vio fuertemente potenciada. Entre los años setenta y ochenta, en cambio, la empresa sufrió la venta de buena parte de sus plantas y se vio enfrentada a no pocas iniciativas que buscaban la privatización de sus principales activos, las fundiciones Paipote y Ventanas. En ese entonces se vendieron también los importantes yacimientos mineros de Disputada Las Condes y Punta del Cobre. Iniciados los años noventa, el regreso de la democracia trajo consigo la dictación de las normativas medioambientales y el alto endeudamiento en que derivaron los planes de descontaminación de las fundiciones de ENAMI. Con más de 400 millones de dólares de deuda, la Empresa se transformó, por qué no decirlo, en un verdadero dolor de cabeza para el Estado, siendo muchas y muy diversas las voces que hablaron de la necesidad de vender los activos y crear una agencia de fomento.

una

década de contrastes

Al inicio de esta década, en que me corresponde asumir por primera vez la vicepresidencia ejecutiva de Enami, el escenario era muy poco alentador; al alto endeudamiento de la

empresa que le generaba significativas pérdidas anuales, se sumaba el bajo precio del metal que mantenía activos a no más de cuatrocientos productores pequeños a lo largo del país. En este contexto predominaban, más bien, las visiones terminales de la empresa y de reconversión de los disminuidos productores mineros, generándose una relación con el sector y los propios trabajadores, marcada por el conflicto frente a una empresa en crisis, no solo financiera, sino también de legitimidad como instrumento del Estado para el fomento de la pequeña y mediana minería. Tras meses de conflictos, pero también de trabajo y genuina búsqueda de soluciones por parte de los distintos actores involucrados –esto es, la propia Enami, el Directorio, administración y trabajadores–, el sector minero –representado por la Sonami– y todos los parlamentarios de las regiones mineras sumados constructivamente, fue posible encontrar un camino que –con el decidido respaldo del gobierno del Presidente Lagos–, se tradujo en la suscripción, el 6 de enero de 2003, de un “Protocolo de Acuerdo” suscrito por el Gobierno y el Parlamento, representados por los ministros de Hacienda y Minería y por los presidentes de ambas Comisiones del Senado y de la Cámara de Diputados. Este poco conocido pero clave documento, junto con hacer un justo balance, compromete dos herramientas fundamentales del devenir del sector y de la propia Empresa Nacional de Minería. Por una parte, la dictación del D.S. 76 que recogió el viejo anhelo del sector de contar con una política de Estado para el fomento, con reglas claras y estables, no sometidas al arbitrio de las distintas administraciones de la empresa; y por otra, la ley que permitió –en condiciones transparentes y legítimas– la venta de la fundición y refinería Las Ventanas a Codelco que le aseguraron a Enami su saneamiento financiero y la posibilidad de invertir en la renovación de sus planteles de beneficio, así como disponer de la capacidad de tratamiento que requerían esas instalaciones para atender a la pequeña y mediana minería nacional.

Proceso de sangría de escoria en al fundición de Paipote.

Foto: Rodrigo Gómez.

Un gran problema derivó en una gran solución, cuando fuimos capaces de construir acuerdos inclusivos de los distintos intereses en juego, tras soluciones eficientes técnicamente, pero también justas y legítimas. Cuando pudimos demostrar que, más allá de la crisis financiera, había una empresa en excelente pie productivo que obtenía sistemáticamente resultados operacionales positivos y un sector minero de pequeña y mediana escala que, al igual que la gran minería, debía ser evaluado económicamente en un plazo más largo y no en medio de una profunda crisis de precio del cobre. Porque al mismo tiempo era demostrable, a partir de uno de los propios instrumentos de fomento que aplica la Enami, que existe en el país un gran potencial de riqueza minera extraíble solo a pequeña y mediana escala que, precisamente por limitaciones derivadas de su tamaño, requiere el apoyo de políticas públicas y de un instrumento como la Enami para rea-

lizar su producción de manera sustentable y acceder competitivamente a los mercados internacionales. Hacia el fin de la presente década, en que hemos sido testigos de drásticos cambios en la industria del cobre, originados por los vaivenes del precio del metal, la situación ha cambiado notablemente. Gracias al D.S. 76 y al respaldo que éste le dio a la Enami y su labor de fomento, la pequeña y mediana minería pudo contar con un instrumento clave, como es el fondo de sustentación de precios. Este mecanismo crediticio permite entregar recursos en tiempos de crisis, suplementando el valor del mineral a un nivel que haga sustentable el negocio minero, recuperando estos recursos con intereses, una vez que el precio supera ciertos valores. Asimismo, se establecieron programas de fomento productivo que consideran el apoyo técnico y crediticio necesario para que los productores desarrollen su actividad de manera

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una mirada distinta

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más eficiente. Destaca entre ellos el apoyo al reconocimiento de reservas que permite, a través de un concurso público, obtener recursos para la etapa más delicada del negocio minero, como es reconocer las reservas necesarias para decidir explotar un yacimiento. Con la venta de la fundición y refinería Las Ventanas, posterior a la aprobación de la ley respectiva por amplia mayoría, la Enami pagó la totalidad de su deuda e inició un ambicioso plan de modernización y construcción de nuevas plantas de beneficio, que contarían con tecnologías de extracción por solvente y electrodepositación, productoras de cátodos de cobre exportables a los mercados internacionales. Estas nuevas instalaciones en El Salado, Taltal, Vallenar y Copiapó –en Planta Matta–, junto con modernizar las operaciones de la empresa, permitieron traspasar costos más favorables al sector minero por su mayor eficiencia y además terminaron con el proceso de precipitación, dañino para el medio ambiente. Este plan de inversiones, impulsado con decisión por la administración de la empresa el año 2006, coincidió con la recuperación del precio del metal, que trajo consigo un explosivo crecimiento de la actividad. Prueba de ello es que entre 2003 y 2008 el número de pequeños mineros se sextuplicó, las entregas de minerales pasaron de 790 mil toneladas anuales a más de 5 millones y el valor pagado al sector, por esta producción, se incrementó de 33 a 300 millones de dólares. Para cumplir a cabalidad su misión –establecida en el actual Plan Estratégico de la compañía– y con el propósito de hacer extensivos los beneficios de un mejor precio a la mayor cantidad de productores mineros, facilitando la explotación de una riqueza a precios de mercado quizás irrepetibles, Enami no estableció límites a la compra en sus planteles propios, bajó las leyes mínimas del mineral recibido, amplió su capacidad de recepción, chancado y muestreo, redobló sus turnos de trabajo y aumentó los anticipos en la compra de mineral, además de la mencionada mejora en sus operaciones con las nuevas plantas de cátodos.

El resultado de esta bonanza, enfrentada adecuadamente por la Enami, fue impactante en las regiones mineras. Atacama redujo en un 33% su nivel de desempleo y su índice de actividad económica creció en un 46%, en tanto que las principales comunas mineras, según consta en la encuesta Casen, redujeron drásticamente sus niveles de pobreza entre los años 2000 y 2006. Como contraparte de este crecimiento, la Enami vio copadas sus canchas con más de 3 millones de tonelada de mineral, y así como en tiempos de bajos precios focalizó sus esfuerzos para superar el desabastecimiento de sus planteles, para la bonanza el desafío fue administrar los problemas de sobreexistencia. Para esta tarea, al igual que a lo largo de la última década, la empresa pudo contar con la colaboración del sector minero y de la Sonami, que resolvió aceptar importantes incrementos en los valores de sus tarifas para colaborar en amortizar los costos que este enorme volumen de mineral inmovilizado traía consigo. Junto con ello, y como la mejor demostración de ser un instrumento exitoso, el crédito de sustentación de precios entregado a comienzos de la década y que bordeó los 40 millones de dólares, fue devuelto íntegramente por el sector en capital e intereses. En dicho escenario, sobreviene una nueva crisis mundial y el sector minero se ve sorprendido por una abrupta caída del precio del cobre en el mes de noviembre de 2008, que hizo tambalear al total de la industria y provocó la cancelación de proyectos, la reducción de dotaciones y un gran problema de flujos al sector, debido a los descalces entre el valor de los anticipos pagados a los productores mineros, y la liquidación final por esa producción, puesto que entre una operación y otra el precio había caído considerablemente. En el caso de la pequeña minería, los más de 2 mil productores regulares con que Enami contaba en octubre de 2008, se redujeron a 1.400 en diciembre de ese año, mientras que la mediana minería, por la situación de los descalces, llegó a tener una deuda con la empresa de unos 30 millones de dólares.

Entre los tópicos importantes de la mediana minería está el mejorar la calidad de la información geocientífica disponible, optimizar el financiamiento de capitales de riesgo para proyectos de exploración e incorporar iniciativas de innovación y adopción tecnológica. En la foto, muestra de mineral. Foto: Claudio Pérez.

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Frente a esta situación la empresa reaccionó prontamente, estableciendo un crédito especial que cubría los descalces financieros, tanto de la pequeña como de la mediana minería; reestableciendo el fondo de sustentación con nuevos valores para el mismo y simultáneamente adelantando, a partir del mes de noviembre, la modificación de tarifas anuales que se realiza habitualmente en enero de cada año, debido al drástico cambio en las condiciones de mercado. Con estas medidas y la mejoría que ha registrado el precio del cobre, el sector de pequeña escala cuenta con más de 1.300 productores que superaron la reciente crisis, y que de hecho se encuentran actualmente pagando el crédito de sustentación que recibieron a partir de noviembre del año pasado. Recordemos que en la crisis de precio pasada llegamos a contar con alrededor de 400 pequeños mineros. La mediana minería por su parte, gracias a la pronta asistencia financiera dispuesta, logró renegociar su deuda con la Enami a un plazo de dos años y está comenzando a servirla, lo que les ha permitido ajustar sus costos y continuar sus procesos productivos sin interrupciones. En suma, a lo largo de una década de gran volatilidad en el precio del metal, Enami ha venido desarrollando una labor de fomento con distintos énfasis, pero igualmente trascendentes para el desarrollo de la actividad de pequeña y mediana minería y para el sustento económico de las regiones mineras del país. Así lo demuestran las evaluaciones sociales de la labor de fomento realizada para el periodo 2000-2007. Estas nos indican que los impactos que generaron los encadenamientos de la producción de pequeña escala, sobre los componentes del valor agregado e IVA fueron de 56,6 millones de dólares en promedio en este periodo. Cifra que en los ciclos de bajo precio, como el 2001, mostró valores de 18,3 millones de dólares, llegando a elevarse a 170,9 millones de dólares en años como 2007. La Empresa Nacional de Minería es hoy una compañía con una sólida posición financiera. Cuenta con un patrimonio de 800 millones de dólares conformado por su fundición, plantas

de flotación, de cátodos y propiedades mineras. Sus resultados económicos en los últimos cinco años suman 308 millones de dólares y en el mismo periodo se han hecho inversiones por 94 millones de dólares, principalmente en la modernización de sus plantas de beneficio.

obJetiVos

del Plan estratéGico

Las condiciones cambiantes del mercado internacional y la creciente competencia a nivel mundial que experimenta el sector han obligado a la pequeña y mediana minería a redefinir sus estrategias productivas para el futuro. La Enami no es ajena a este fenómeno y ya ha tomado medidas. Como una forma de planificar en el largo plazo su labor, entre los años 2007 y 2008 la empresa desarrollo un Plan Estratégico con la participación del sector minero, los dirigentes sindicales de la empresa y el Instituto de Ingenieros de Minas, que fue aprobado por el Directorio a mediados de 2008. Este plan se divide en ocho lineamientos estratégicos, con hitos de cumplimiento entre los años 2008 y 2011, cuyos objetivos centrales se detallan a continuación. • Generación de polos y negocios mineros y metalúrgicos: Esta estrategia tiene como objetivo que la Enami sea articuladora del desarrollo de negocios mineros de mediana escala, con propiedad minera propia o de terceros, estableciendo para ello alianzas con el sector privado. El desarrollo de estos negocios favorecerá la actividad del conjunto del sector en torno al mismo, bajo la modalidad de polos mineros. Un ejemplo de ello es el trabajo realizado en torno al proyecto Delta, donde gracias a la asociación con una empresa privada, explotaremos una mina propiedad de la Enami y construiremos las plantas necesarias para el procesamiento de estos minerales y de los que se adquieran al sector de la zona de Ovalle, con una mejor tecnología y condiciones laborales que las que existían en la planta Panulcillo.

• Adecuación de la política tarifaria en función del ciclo del negocio: En este lineamiento buscamos establecer parámetros consensuados, que nos permitan contar con tarifas para el beneficio de minerales –allí donde no existe mercado de referencia– que se adapten a los vaivenes del mercado. En este sentido, trabajamos con el sector minero la fijación de un polinomio, que recoja las distintas variables del beneficio de minerales y permita adecuar su valor a los diferentes escenarios del mercado. • Adecuación de los instrumentos de fomento: Siendo el fomento minero el principal objetivo de la Enami, es prioritario también trabajar continuamente en mejorar y renovar los instrumentos que se utilizan para su realización. Por ello este lineamiento tiene

como objetivo diversificar la oferta actual de instrumentos de fomento minero, haciendo una revisión crítica y reformulando o incorporando programas. • Desarrollo organizacional y de las personas: Años de compleja situación financiera llevaron a que el tema de la gestión de recursos humanos fuera constantemente desplazado a un segundo lugar, en la agenda de la Enami. Ahora en cambio, nuestro objetivo es elaborar un plan integral de recursos humanos basado en un sistema de gestión por competencias. Este sistema, que cuenta con el total apoyo de trabajadores y dirigentes de la empresa, permitirá contar con una fuerza de trabajo con desempeños de excelencia y promoverá además el desarrollo profesional y personal.

Los medianos mineros explotan yacimientos que, por su tamaño y forma, solo son rentables a esta escala, transformando en riqueza recursos que de otra manera jamás se aprovecharían. Foto: Claudio Pérez.

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Los pequeños mineros, con poca capacidad de gestión y escaso grado de mecanización, pueden lograr la competitividad requerida para acceder a los mercados internacionales con el apoyo de Enami. Foto: Nicolás Piwonka.

Si queremos alcanzar las metas propuestas, debemos lograr el compromiso de toda la organización, posicionar a Enami como empresa de gestión moderna, mejorar las competencias de trabajadores y trabajadoras, así como su calidad de vida y su ambiente laboral. • Sustentabilidad y responsabilidad social: El primer paso en este lineamiento se dio en 2008 con la creación de la Gerencia de Sustentabilidad, cuya función es diseñar, apoyar y controlar la implementación de las estrategias de la empresa en materias de seguridad, salud ocupacional, medio ambiente, calidad, sistemas de gestión y responsabilidad social. Actualmente los yacimientos cercanos a las plantas de beneficio se encuentran agotados o descartados por no ser rentables y las nuevas minas están distantes, lo que aumenta sus costos de explotación. Se requiere por lo tanto incrementar la productividad, fortaleciendo las capacidades de gestión, incorporando tecnología y cambiando la cultura en las pequeñas faenas, con el propósito de generar condiciones que permitan la sustentabilidad de la pequeña minería. En esta materia los lineamientos desarrollados por la empresa en los últimos años deben ser profundizados. Para ello es preciso agregar iniciativas complementarias relacionadas con los derechos humanos, la ética en el desempeño empresarial, las relaciones con el entorno y la comunidad. • Gestión de la innovación: La innovación es uno de nuestros grandes objetivos; en esa línea hemos desarrollado varias iniciativas, entre otras crear un grupo de trabajo permanente al interior de la empresa que se aboque a estudiar formas de incorporar permanentemente la innovación y el desarrollo, traspasar proyectos de innovación a la pequeña y mediana minería y adaptar e implementar mejoras en los procesos productivos propios. Un punto particular de este lineamiento es la modernización de los poderes de compra de la empresa, un ambicioso proyecto

que tiene como objetivo mejorar integralmente las políticas y procesos de compra, preparándose para su certificación. Este Plan Estratégico busca ser un aporte significativo a la labor de Enami, perfeccionando sus instrumentos de fomento, potenciando la generación de negocios con la mediana minería, modernizando el sistema de compra de minerales, estableciendo parámetros consensuados para la fijación de tarifas, reforzando la labor en materia de sustentabilidad y de recursos humanos e incorporando de manera creciente la innovación en el quehacer de la empresa.

el

balance de los años

En más de ocho décadas de historia, esta empresa y sus antecesoras, se han abocado a generar la posibilidad que productores mineros que no poseen la escala suficiente para competir en el gran mercado mundial alcancen la competitividad necesaria, aportando de paso, a la generación de empleo y recursos en las comunidades donde se insertan, las que normalmente carecen de alternativas laborales bien remuneradas que les permitan desarrollarse. Este modelo elaborado por Enami y los productores mineros, ha demostrado ser un instrumento eficiente, con probados resultados en impulsar una actividad económica que es un verdadero aporte al país, aun cuando ésta enfrente impedimentos de escala o imperfecciones de mercado para su desarrollo. Como alguna vez lo dijimos, hacer un buen fomento y ser una gran empresa es posible. Finalmente, gracias al respaldo y disposición expresada por la Presidenta Michelle Bachelet, nos encontramos trabajando en la actualización y reformulación del D.S. 76 en conjunto con el sector minero, de modo que siga siendo un instrumento impulsor de la actividad, adecuando su funcionamiento a las realidades cambiantes del mercado y estableciendo nuevos desafíos, tanto para la empresa como para el sector minero.

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enami

en la obtención de cobre metálico
y molienda

chancado

f lotación
Cuando el material original está compuesto por minerales sulfurados de cobre, el proceso físico-químico que permite separar esos minerales de otros elementos y del resto de los minerales que componen la roca original es la flotación. Para realizar este proceso, al material mineralizado proveniente de la molienda se le agrega agua y reactivos. Los reactivos tienen diversas naturalezas y funciones. Los espumantes producen burbujas resistentes; los colectores impregnan las partículas de sulfuros de cobre y de molibdeno para que se separen del agua y se peguen en las burbujas, y los depresantes provocan el efecto inverso al de los reactivos colectores para evitar la recolección de otros minerales. Con ello se forma un fluido lechoso que se introduce en receptáculos llamados celdas de flotación. Desde el fondo de las celdas, se hace burbujear aire y se mantiene la mezcla en constante agitación para que el proceso sea intensivo. Las burbujas arrastran consigo los minerales sulfurados hacia la superficie, donde rebasan por el borde de la celda hacia canaletas que las conducen hacia estanques especiales, desde donde esta pulpa es enviada a la siguiente etapa. El proceso es reiterado en varios ciclos, produciendo un producto cada vez más concentrado. Luego de varios ciclos se obtiene el concentrado, en el cual el contenido de cobre ha sido aumentado hasta 31%. El concentrado final es secado mediante filtros y llevado al proceso de fundición. Enami posee varias plantas para desarrollar la flotación, destacando Manuel Antonio Matta y Vallenar, en la Región de Atacama, y Ovalle, en la Región de Coquimbo.

Enami cumple un rol fundamental en la obtención de cobre metálico, principal producto de exportación de la economía chilena, a partir del material que se extrae de las minas. Este suele estar constituido por compuestos químicos de cobre (sulfurados) y por minerales con contenido de oxígeno (oxidados), junto con unos pocos metales preciosos, siendo escaso el porcentaje de cobre presente. Los procesos desarrollados para la obtención del metal rojo difieren según si se trate de minerales sulfurados u oxidados, todos los cuales se realizan a partir del conjunto de material original, al que se le llama mena. Independiente del proceso empleado, es necesario reducir previamente la mena a trozos de tamaño pequeño o pulverizarla. A la primera reducción se le denomina chancado, la que en ocasiones requiere una segunda fase llamada molienda. En el chancado, máquinas chancadoras golpean los trozos de mena, normalmente en varias etapas, hasta romperlos, entregando un producto con un tamaño desde un tercio hasta un quinto del que reciben. Cuando es necesario aumentar la fineza de la mena, se realiza una molienda, utilizando grandes equipos giratorios o molinos de forma cilíndrica. Estas dos tareas son realizadas en plantas de beneficio propias de Enami, como la planta José Antonio Moreno de Taltal, o de terceros, hasta donde llega el material que se compra a los productores de cobre.

Fotos: Nicolás Piwonka

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fundición

lixiViación

Proceso en el cual el concentrado de cobre sulfurado seco, obtenido de la etapa de flotación, es sometido a altas temperaturas (pirometalurgia) en hornos especialmente diseñados para tal propósito, logrando de esta forma la separación de los distintos compuestos metálicos y obteniendo como producto final cobre metálico de alta pureza. Las principales etapas de la fundición son la fusión, conversión y refinación. La fusión permite aprovechar la capacidad energética que posee el concentrado de cobre sulfurado y así llevarlo desde su estado sólido a líquido. En esta transformación que se desarrolla a temperaturas que bordean los 1.230 ºC, los diferentes compuestos mineralógicos que se forman se separan aprovechando la propiedad física; densidad, característica a cada compuesto o mineral, permitiendo que se logre selectivamente una separación de los minerales que son beneficiosos desde el punto de vista comercial. La fusión puede desarrollarse inyectando el concentrado directamente en un baño fundido de cobre y ponerlo en contacto con un ambiente rico en oxígeno, como es el caso que emplean las tecnologías Teniente y Noranda, dentro de las más conocidas, o se pueden utilizar las tecnología Flash o Isamelt, en donde se pone en contacto el concentrado en una fase gas-sólido con un ambiente altamente oxidante. En ambos casos se logra la fusión y posterior separación de compuestos mineralógicos que son de interés para este proceso. Para el caso de las tecnologías Teniente y Noranda, el concentrado se funde inyectándolo a un baño fundido y poniéndolo en contacto con una fase gaseosa rica en oxígeno. De este proceso se obtiene una fase escoria; compuesto rico en fierro, un compuesto gaseoso; Dióxido de Azufre

Tratándose de minerales oxidados, el cobre se obtiene a través del proceso de lixiviación, que se realiza en tres etapas que constituyen una cadena productiva sincronizada: lixiviación en pilas, extracción por solventes y electroobtención. La lixiviación en pilas permite obtener el cobre aplicando a los minerales oxidados que lo contienen una disolución de ácido sulfúrico y agua. El material proveniente de la molienda es depositado en un terraplén continuo, que es la pila de lixiviación, sobre la que se instala un sistema de riego por goteo y aspersores que cubren el área. La solución de agua y ácido sulfúrico disuelve el cobre contenido en los minerales oxidados, formando una solución de sulfato de cobre, que es

drenada y llevada en canaletas fuera del sector de las pilas. De la lixiviación, que se mantiene por 45 a 60 días, se obtienen soluciones de sulfato de cobre con concentraciones de hasta 9 gramos por litro denominadas PLS, que son llevadas a diversos estanques donde se limpian y pasan luego a una planta de extracción por solvente. La solución que resulta de la lixiviación se libera de impurezas y su contenido de cobre se concentra mediante extracción iónica. La solución PLS se mezcla con una solución de parafina y resina orgánica, que captura los iones de cobre. De esta reacción se obtiene un complejo resina-cobre que luego es tratado con una solución electrolítica

Fotos: Nicolás Piwonka

y una fase metal; Metal Blanco, compuesto de interés para este proceso (72 - 75% Cu). En la fusión Flash, el concentrado se pone en contacto en una corriente gaseosa con un gas altamente oxidante, lo que genera la fusión del concentrado. Al igual que en la tecnología señalada anteriormente, los productos que se obtienen son muy similares, solo varían en los porcentajes de cada compuesto que se forma. Para el caso de la conversión, el producto de la fusión; Metal Blanco (72 - 75% Cu), es transformado a un producto de cobre de alta pureza denominado “cobre blíster” (96% Cu). En la mayoría de los casos, para esta etapa se utilizan hornos convertidores convencionales que consisten en un reactor cilíndrico. Para alcanzar mayores grados de pureza, el cobre blíster es llevado y

procesado en hornos de refinación, en donde se alcanzan grados de pureza del orden del 99,6% Cu, a este producto se le denomina “cobre anódico”. En el caso particular de la fundición Hernán Videla Lira, FHVL, propiedad de Enami, ubicada en la Región de Atacama, también conocida como fundición Paipote, se utiliza para su proceso de fusión la tecnología Teniente y para la conversión emplea convertidores convencionales Peirce Smith. En la cadena productiva del cobre, la etapa posterior a la fundición es la etapa de electro-refinación o refinería electrolítica, en donde el cobre anódico es llevado a grados de pureza del orden del 99,99% Cu. Para el caso de la FHVL, el cobre anódico es enviado a la refinería de Ventanas, V Región, perteneciente a la Corporación Nacional de Cobre, Codelco.

rica en ácido, que provoca la descarga del cobre desde la resina hacia el electrolito (solución), mejorando la concentración del cobre hasta llegar a 45 gpl. Esta es la solución que se lleva a la planta de electroobtención. El proceso de electroobtención recupera el cobre disuelto en una solución concentrada de cobre para producir cátodos de alta pureza (99,99%). La solución electrolítica del cobre en forma de sulfato de cobre (Cu SO4) es llevada a celdas de electroobtención, que son estanques rectangulares que tienen en su interior –y sumergidas en solución– placas de plomo y acero inoxidable, de aproximadamente un metro cuadrado cada una, que corresponden alternadamente a un ánodo y un cátodo. Las placas conforman un circuito por el que circula corriente eléctrica continua de muy baja intensidad, que entra por los ánodos y sale por los cátodos. El cobre en solución es atraído por el polo negativo representado por los cátodos, migrando hacia estos pegándose partícula por partícula en su superficie en forma metálica. Tras seis a siete días, se produce la cosecha de cátodos. En este tiempo se ha depositado cobre con una pureza de 99,99% en ambas caras del cátodo con un espesor de 3 a 4 cm. Los cátodos son lavados con agua caliente para remover impurezas y luego se despegan las hojas de ambos lados, obteniéndose cátodos de cobre que son apilados y embalados para su transporte final al puerto de embarque. Para la lixiviación, Enami cuenta con plantas como José Antonio Moreno, en Taltal, y Osvaldo Martínez, en la Región de Atacama, pero pronto podrá realizar este proceso en las plantas Manuel Antonio Matta y Vallenar, en la misma región, y en la nueva planta Delta, en la Región de Coquimbo.

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Política

aVances

minera Para
y desafíos
Ricardo Lagos Escobar*

chile

l

a minería ha estado vinculada históricamente al desarrollo económico, político, social y cultural de nuestro país. El dinamismo alcanzado en las últimas décadas por este sector, compuesto principalmente por la gran, mediana y pequeña minería del cobre, ha posicionado a Chile como un importante productor y exportador a nivel mundial y realizado una contribución determinante al desarrollo de la nación. La historia de la gran minería comenzó hace más de 100 años en Sewell. A más de 2 mil metros de altitud, generaciones de compatriotas vivieron y trabajaron duramente para arrancar el mineral a la mina subterránea de cobre más grande del mundo. No en vano Neruda, al evocar estas faenas y a sus protagonistas, señaló en su Canto General: Sánchez, Reyes, Ramírez, Núñez, Álvarez. Estos nombres son como los cimientos de Chile.

Las vidas que el poeta quería rescatar del olvido llamándolas por su nombre pertenecen a hombres que cambiaron su cultura y tradiciones campesinas por la faena minera, que en buena parte nos definió como país y en el último siglo ha constituido de algún modo los cimientos de la patria. Varios elementos han sido clave en el desarrollo vertiginoso de este sector productivo en Chile: la calidad y diversidad de los recursos naturales mineros, la magnitud de las reservas y la ubicación de sus yacimientos, un marco legal estable, su institucionalidad minera, un bajo riesgo país, a lo que se debe sumar la tradición minera que formó a generaciones de trabajadores y técnicos especializados. Espe* En la redacción de este artículo me he beneficiado del aporte hecho por Alfonso Dulanto y extraído párrafos de mi intervención como Presidente de Chile al celebrar los 100 años del inicio de la Gran Minería en Chile (Discurso en Sewell, Machalí, 29 de abril de 2005). Mi gratitud con el ministro Dulanto es grande pues en la elaboración de la Política Minera su aporte ha sido sustancial.

Foto: Rodrigo Gómez

328 ricardo laGos escobar

Politica minera Para chile. aVances y desafios

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cial mención merece el rol jugado por la Enami desde sus orígenes hace casi 80 años, empresa única a nivel mundial, que posibilitó no solo el desarrollo de la pequeña y mediana minería, sino también, con sus trabajos de exploración y preparación de capital humano, el de la gran minería. En los últimos años la industria minera nacional y mundial, así como el entorno en el cual se desenvuelve, han registrado profundos cambios que obligan a una reflexión permanente sobre sus caminos futuros y a la respuesta de interrogantes tales como, ¿hacia qué prioridades debería orientarse el desarrollo de la minería nacional, tanto privada como estatal? ¿cómo asegurar su competitividad y liderazgo a nivel mundial?, ¿cómo garantizar un equilibrio entre el desarrollo económico, social y ambiental del país? A través de nuestra historia republicana, los distintos gobiernos han reconocido la importan-

cia decisiva de este sector e implementado medidas para dinamizarlo. El periodo 2000-2006 fue especialmente activo gracias a la implementación de diversas e importantes resoluciones, algunas de las cuales hicieron necesario aprobar leyes, dictar decretos y recurrir a disposiciones especiales. Todas estas determinaciones buscaban solucionar problemas de arrastre y aquellos surgidos a partir de las nuevas condiciones en el sector, producto de los cambios en la industria y su entorno. La experiencia lograda en ese periodo permitió proponer al país una política minera que fue discutida en diversas regiones del país y que, en líneas generales, sigue vigente. El trabajo realizado en esta materia merece consignarse como punto de partida para la puesta en marcha de nuevas medidas y la actualización de una política minera para el Chile del futuro que permita enfrentar los nuevos desafíos del milenio que se inicia.

PrinciPales iniciatiVas Periodo 2000-2006

mineras del

La minería chilena requiere fortalecer ciertos aspectos clave para su desarrollo. Entre ellos el incremento del conocimiento minero, una mayor inversión en investigación y tecnología y un compromiso con el desarrollo sustentable. Foto: Claudio Pérez.

• Elaboración y promulgación de la Ley 19.719 sobre patentes mineras especiales para los pequeños mineros, evitando que estos pierdan su propiedad minera y, como consecuencia, sus fuentes de trabajo. • Decreto Supremo 76 en el cual se estableció, quizás por primera vez, una política de fomento para el sector de la pequeña y mediana minería. Esta política incluyó, entre otros aspectos, mecanismos de precios de sustentación, financiamiento para ellos y también para programas de fomento productivo del sector. • Elaboración y promulgación de la Ley 19.993 mediante la cual la Enami transfirió la propiedad de la fundición y refinería de Ventanas a Codelco, lo cual aseguró el saneamiento financiero de la empresa. Además, la Enami mantuvo el acceso a dicha instalación para las producciones de la pequeña y mediana minería. La nueva y mejorada situación financiera permitió a la Enami el desarrollo de un plan para modernizar y ampliar sus instalaciones productivas y su poder de compra. También hizo posible que la empresa tuviera los recursos financieros para realizar las compras de minerales cuando la oferta de estos aumentó drásticamente con la subida de precios del cobre a partir del año 2006. A su vez, esta adquisición le permitió a Codelco iniciar un plan de modernización de las instalaciones y aumento de capacidades para procesar, además de los minerales de la pequeña y mediana minería, sus propios concentrados. Con mucha razón se ha dicho que el D.S. 76 y la Ley 19.995 dieron origen a la “nueva Enami”, con mayores y mejores capacidades para realizar la labor de fomento que le encomienda la ley. • Negociación y rescate de la opción de la Enami de comprar hasta el 49 por ciento de Disputada de Las Condes. Esta opción, vendida recientemente por parte de la Enami a Codelco, no solo le agregó recursos financieros a la empresa, sino que además le permitirá a Codelco, en caso de ejercerla, mejoras en la operación de Andina.

• Elaboración y envío al Parlamento para su discusión del proyecto que dio origen a la Ley 20.235 sobre personas competentes y certificación de recursos mineros. Esta ley ha hecho posible que en la actualidad ya esté acreditado un contingente de profesionales que serán de gran ayuda en la obtención de financiamiento para el desarrollo de proyectos mineros, especialmente en el sector de la pequeña y mediana minería. • Elaboración y promulgación de la Ley 20.026 sobre un impuesto específico a la minería que puso fin a una larga discusión sobre la aplicación de un royalty minero en Chile. En medio de la discusión señalamos: “Porque vivimos en un país maduro, responsable y serio, respetado por la comunidad internacional en el ámbito político y económico, estamos conscientes de los desafíos y oportunidades que ofrece el mundo actual. Por eso estoy convencido de que es indispensable un royalty que, aplicado a las riquezas mineras, nos permita generar ingresos hoy, que vayan a ser el ahorro indispensable, transformado en ciencia y tecnología, para las generaciones de mañana, cuando nosotros no estemos. Estos recursos del royalty no son, entonces, para gasto corriente; son para generar riquezas permanentes, para cuando no podamos disponer de la abundancia de nuestros recursos naturales. No puede hoy volver a ocurrirnos lo que sucedió con nuestra riqueza salitrera, de la cual solo queda el recuerdo de algunas hermosas oficinas que buscamos mantener todavía y restaurar. Tenemos que aprender de la experiencia de países mucho más desarrollados que nosotros, que gozaron alguna vez de una situación similar a la nuestra. Esos países invirtieron o están invirtiendo en capital humano especializado, en innovación y en desarrollo tecnológico”. La decisión de elaborar y enviar un proyecto de ley al Parlamento y obtener su aprobación despejaron el camino para nuevas inversiones mineras dentro del país. • Fortalecimiento institucional y financiero de Codelco, la Enap y la Enami con importantes ordenamientos internos, proyectos de

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modernización, de ampliación de capacidades, mejoramiento de gestión y solución de aspectos ambientales. Los proyectos e inversiones dentro de estas empresas fueron muchos y de diversa índole, y permitieron en el periodo de expansión de precios, especialmente a Codelco, hacer un aporte millonario al fisco en beneficio de todos los chilenos. A lo anterior habría que agregar otras iniciativas como los acuerdos de producción limpia, la instalación de la estrategia del cluster minero, tanto en las regiones mineras como a nivel nacional, los programas de asistencia y modernización para la pequeña minería artesanal (Pamma), el programa de asistencia y modernización de la minería del carbón, entre otros.

económica social y ambientalmente responsable, que promueva la sustentabilidad de las regiones mineras. • Potenciar el rol, eficiencia y aporte de las empresas del Estado en minería e hidrocarburos al desarrollo económico y social del país. • Fortalecer el sistema institucional minero para generar un desarrollo integral de la industria minera y nacional. De esta manera, se pretende consolidar el desarrollo de la industria minera dentro y fuera de nuestras fronteras y maximizar nuestra riqueza minera en beneficio del país y sus futuras generaciones, cimentando las bases de un mayor crecimiento económico y social. El impulso de una institucionalidad moderna y eficiente, que integre de mejor manera las áreas de minería, energía e hidrocarburos y que asuma los desafíos del mundo globalizado, conducirá a la industria por la senda de un crecimiento sustentable en el tiempo. La política minera antes aludida fue llevada a varias regiones del país y su discusión logró, en la gran mayoría de sus proposiciones, un consenso que ha servido de ayuda para orientar las iniciativas que desde entonces se han adoptado en el sector minero. Sin perjuicio de lo anterior, como toda política, esta requiere de una permanente revisión y actualización para hacerse cargo de los cambios que ocurren en la industria y su entorno. Quisiera solamente reiterar cuatro aspectos: En primer lugar, la minería chilena enfrenta una competencia cada vez más fuerte por parte de otras empresas mineras del mundo. En ese escenario, innovación y nuevas tecnologías constituyen tanto una amenaza como una oportunidad; amenaza si la hacen otros, oportunidad si la hacemos nosotros. En consecuencia, es vital analizar cómo aprovechamos estas oportunidades y cómo conjuramos las amenazas. Por otra parte, tenemos que superar nuestro atraso en investigación y desarrollo que se refleja en bajos niveles de inversión pública y privada. Para eso debemos aumentar los niveles de financiamiento de programas de investigación y las becas de posgrado en el ámbito educativo,

la

Política minera de

2005

La experiencia adquirida con la implementación de las medidas anteriores, planteó, hacia fines del periodo, el desafío de proponer al país una política minera cuya misión fuera “promover una industria minera competitiva y comprometida con el desarrollo sustentable, capaz de insertarse con éxito en los mercados mundiales, a través de alianzas estratégicas orientadas a promocionar nuevos usos y productos con mayor valor agregado, y que garantice una mayor contribución al desarrollo económico y social del país”. Los ejes centrales de dicha política fueron: • Consolidar el desarrollo de la industria minera, potenciando su competitividad y promoviendo su inserción y liderazgo internacional, para convertir al país en plataforma de negocios mineros. • Construir capacidades de educación, ciencia, innovación y desarrollo tecnológico para incrementar el conocimiento minero, convirtiendo a la industria minera nacional en un referente científico-tecnológico a nivel internacional. • Comprometer a la industria minera con el desarrollo sustentable, aumentando su contribución al desarrollo económico y social del país, incentivándola a realizar una gestión

Compañía Minera San Esteban Primera, con operaciones ubicadas en la III Región, es una productora de concentrados de cobre y oro. Posee entre otras, dos plantas de beneficio de minerales sulfurados denominadas Planta 1 y Planta 2, ubicadas respectivamente en las comunas de Copiapó y Tierra Amarilla. La capacidad de tratamiento nominal de mineral para ambas plantas es de 80 mil toneladas mes.

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integrando los temas emergentes de la industria a las carreras asociadas a la minería. En tercer lugar, junto al desafío educacional, en el ámbito minero necesitamos abordar los desafíos en materia ambiental que exigen un compromiso mucho mayor de los procesos productivos. El modo en que hacemos las cosas es un factor clave a la hora de competir. No nos engañemos en esto. Los mercados van a ser cada vez más complejos; progresivamente el tema medioambiental va a adquirir mayor relevancia en este siglo XXI. Por eso hemos sido tan estrictos en materias medioambientales en otras actividades e industrias de exportación. Si desde el exterior observan nuestros productos y comprueban que fueron elaborados sin respeto al medio ambiente, con seguridad levantarán barreras verdes que nos van a impedir exportar nuestra celulosa o papel, nuestro cobre, nuestro vino o cualquier producto en el mundo. En esto Codelco ha sido ejemplar. En general, la

actividad minera en Chile ha sido modelo de un compromiso ambiental de carácter voluntario, que se manifiesta en las certificaciones de gestión ambiental y en diversos acuerdos que han suscrito el sector minero y el gobierno. Pero tenemos que avanzar para establecer una legislación permanente en este ámbito, de manera que ante el mundo quede claro que Chile tiene una institucionalidad que respeta y que, por esa institucionalidad, exigimos que se nos respete en el mundo. Por último, nuestra política minera debe buscar potenciar el rol de las empresas estatales en el ámbito del cobre, como es el caso de Codelco; y el rol de las empresas estatales en el ámbito de los hidrocarburos y la generación de energía, como es el caso de la Enap. Esas son las palancas que tiene el Estado de Chile para hacer frente a emergencias. Sin la Enap no habríamos sido capaces de enfrentar la emergencia del gas y emprender la construcción –como

la haremos– de una planta de licuefacción. Sin la Enap no seríamos capaces de introducir elementos para una estabilidad de aquellos productos que son indispensables en la actividad energética en Chile. En consecuencia, no se trata de temas ideológicos sino de temas de sentido común: si tenemos esas herramientas, que fueron útiles ayer, que son útiles hoy, van a seguir siéndolo mañana. Y mientras sean convenientes, no creo que ningún chileno ni chilena piense que esas herramientas deben estar en el sector privado. Un Presidente de Chile no podría decirle a una Enap privatizada que construya una planta de licuefacción, porque se nos respondería que depende de cuál sea la rentabilidad. Pero cuando está de por medio el interés superior del país y se trata de tener autonomía en materia energética, podemos utilizar la herramienta del control estatal sobre esa empresa que es eficiente y que genera utilidades.

Todo lo anterior apunta a promover en las compañías mineras una gestión responsable del medio ambiente, y promover en las empresas que hoy día son propiedad del Estado un elemento indispensable para que se coloquen en la punta de las tecnologías, del avance científico y de la sustentabilidad ambiental. Chile ha sido, es y seguirá siendo un país minero. Será obligación de todas sus generaciones cautelar porque esta riqueza que se nos ha dado, crezca y siga beneficiando a todos los chilenos. Creo, entonces, que tenemos un tremendo desafío: consolidar a Chile como un país atractivo, donde se invierte en minería, con altos estándares ambientales, con una industria que genera riquezas de forma sustentable y que también ayuda al desarrollo de la región donde la industria está enclavada, una industria competitiva y comprometida con el medio ambiente y capaz de favorecer el desarrollo económico y social del país.

Planta Manuel Antonio Matta. A menos de mil metros de la fundición Hernán Videla Lira ( Paipote ) se levanta esta planta de procesamiento, cuyo nombre recuerda a un connotado hombre del sector minero. Esta faena entró en actividades el año 1965 y es la más grande de las plantas de beneficio de Enami, con una capacidad

para tratar 104 mil toneladas por mes de mineral sulfurado. Actualmente, la empresa se encuentra desarrollando un proyecto para la construcción de una línea para el procesamiento de minerales oxidados, mediante LIX-SX-EW, con una capacidad de producción de 400 toneladas mensuales de cátodos de cobre. Fotos: Rodrigo Gómez.

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leGado, realidad actual y desafíos del emPresariado minero

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Foto: Claudio Pérez

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autores
MARíA CELIA BARoS MANSILLA es licenciada en Historia con postítulo en Historia de Chile Siglo XX de la Universidad de Chile, especializada en historia social de la Gran Minería. Entre otros, ha publicado las monografías “El Teniente Los Hombres del Mineral” 1905 – 1945 (tomo I) y 1945 – 1995 (tomo II); “Potrerillos y Salvador, una historia de pioneros” con el auspicio de las divisiones El Teniente y Salvador de Codelco, respectivamente. También realizó proyectos como coinvestigador Fondecyt y coejecutor Fondart. Es socia de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, miembro asociado del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile, y colabora con artículos de historia minera para la revista Minería Chilena. CARMEN GLoRIA BRAVo QuEzADA es licenciada en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, master en Historia Latinoamericana de la Universidad Internacional de Andalucía y doctora en Historia de la PUC. Es autora de las publicaciones: “La flor del desierto. El mineral de Caracoles y su impacto en la economía chilena”, “Las inversiones chilenas en Bolivia en el siglo XIX” y “Mercados y consignatarios: la comercialización del cobre de la Compañía Corocoro de Bolivia, 1873-1878”. Investigadora del Fondecyt 1999-2000 “Las inversiones chilenas en la minería boliviana, 1905-1930”. JuAN CARLoS CANCINo PIzARRo es arquitecto de la Universidad Católica del Norte y magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica. Es autor del estudio “Fundición Paipote 1952. Territorio, asentamiento y arquitectura en el periodo de la industrialización nacional”, trabajo que lo conduce al grado de magíster. En el año 2002 obtuvo mención honrosa en el concurso de proyectos de título del Colegio de Arquitectos de Chile de la XIII Bienal de Arquitectura de Santiago. CLAuDIo CANuT DE BoN uRRuTIA es ingeniero de minas de la Universidad de Santiago de Chile y académico del Departamento de Minas de la Universidad de La Serena. Entre otros, es autor de los siguientes artículos: “Las avalanchas de nieve y su incidencia en la seguridad de la minería de alta cordillera: predicción de años de mayores riesgos en relación con la corriente de El Niño” (1986) y “El impacto de la pequeña y mediana minería en la IV Región” (2001). Ha trabajado como coinvestigador e investigador responsable de los proyectos Fondecyt: “Estudio in situ de la distribución y fragmentación del meteorito Vaca Muerta, región de Antofagasta” (1988) y “Geología y alteración hidrotermal de yacimientos cretácicos de oro y plata de la IV Región” (1985).

de ensayos

JuLIo CASTILLo NARVáEz es antropólogo de la Universidad de Chile, doctor en Educación de la Universidad de Gales, Cardiff, Inglaterra y M.A. en Educación Universidad de Chicago. Se ha desempeñado como consultor en gestión escolar de la Fundación Chile y relator certificado en Modelo MITA Inteligencias Múltiples, Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile – MITA Center USA. Autor, junto a Andrés Recasens Salvo, de la publicación “Educación Rural y Medioambiente”, en Actas del Primer Congreso Chileno de Antropología. 1986. HERNáN DANúS VáSQuEz es Ingeniero Civil de Minas, egresado en 1952 de la Universidad de Chile. A comienzos de 1960 ingresó en la recién formada Enami, donde ocupó los cargos de gerente de Fomento y gerente de Ingeniería y Desarrollo, y participó activamente en los proyectos de la pequeña y mediana minería hasta 1973. En los años 1974 y 1975 se desempeñó como gerente técnico en El Salvador. Luego creó y dirigió hasta 1990, Mindes, empresa de ingeniería y servicios mineros. En 1990 fue nombrado director nacional del Sernageomin, cargo que ocupó hasta 1995. Pronto viajó a Ecuador, contratado por el Banco Mundial en un proyecto de asesoría al gobierno de ese país. Al regresar a Chile actuó como consultor de diversas empresas mineras. Ha sido presidente del Instituto de Ingenieros de Minas en cuatro periodos y ostenta la medalla al mérito de dicho instituto. GASTóN FERNáNDEz MoNTERo es abogado, consejero del Consejo de Monumentos Nacionales y académico de la Universidad de Chile. Se ha desempeñado como asesor y abogado de Sonami. Es miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía. Editor del volumen Minería y metalurgia colonial en el reino de Chile (2000). JuANA GALAz PALMA es ingeniero civil de Minas de la Universidad de Chile. Es profesora a tiempo parcial del Departamento de Ingeniería de Minas de dicha casa de estudios desde 1988. Fue asesora en los asuntos técnicos en el desarrollo del anteproyecto de ley que regula el cierre de faenas mineras. Ha sido asesora de la Comisión Nacional del Medio Ambiente desde 1999, en materias relacionadas con minería y medio ambiente. En la actualidad es asesora técnica de la revista Minería Chilena y gerente general de Minería y Medio Ambiente Ltda.

EuGENIo GARCéS FELIú es arquitecto de la Universidad de Chile y doctor en arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña. Actualmente se desempeña como profesor titular en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica. Ha publicado diversos ensayos y artículos en revistas nacionales e internacionales. Es autor de los libros Las Ciudades del Salitre, Orígenes (1999) y Las Ciudades del cobre (2007). WoLFGANG GREIM es geólogo de la Universidad de Hamburgo y doctor en Ciencias Naturales (Geología) de la Universidad de Münster. Director del Departamento de Geología de la Universidad de Atacama. Ha escrito diversos artículos y dirigido investigaciones sobre los siguientes temas: Geología Estructural, Geoquímica y Petrografía de los Diques y Desarrollo Tectónico de la Región de Atacama. Es responsable de la creación y de la totalidad de los contenidos del Museo Virtual de la Región de Atacama, “Geovirtual”. RICARDo LAGoS ESCoBAR es abogado de la Universidad de Chile y doctor en Economía de la Universidad de Duke (Carolina del Norte). Presidente de Chile entre el 11 de marzo de 2000 y el 11 de marzo de 2006. En marzo de 1990 es nombrado ministro de Educación por el ex presidente Patricio Aylwin. En el segundo gobierno de la Concertación Eduardo Frei Ruiz-Tagle lo nombra ministro de Obras Públicas, cargo que desempeña entre 1994 y 1998. En 1962 publica “La concentración del poder económico; su teoría: realidad chilena”, trabajo que lo conduce al título profesional de abogado. Entre sus artículos más difundidos se encuentra “The Pinochet dilemma”, escrito junto a Heraldo Muñoz (Foreign Policy, 1999). LILIANA Muñoz RIoSECo es psicóloga e investigadora de temas mineros. Es autora de los trabajos “Estudio ocupacional de la minería del cobre Santiago” (Servicio Nacional del Empleo, 1971) y “Sernageomin: una reflexión sobre recursos humanos y clima laboral” (1993).

JuAN o’BRIEN BoGGIo es sociólogo, dramaturgo y músico. Es autor de varios libros, además de columnista sobre temas científicos. Es editor del volumen Fundición y territorio: reflexiones históricas sobre los orígenes de la Fundición Paipote (Enami, 1992). ALFREDo oVALLE RoDRíGuEz es abogado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Sonami, entre los años 2004 y 2009. Entre 1976 y 1979 se desempeñó como vicepresidente de la Cámara Chilena de la Construcción. Desde 1982 a la fecha, ha sido director de la Compañía Minera Minas Carrizal Alto y de Empresa Minera Las Cenizas, cargo que ejerce desde 1978. Fue presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio entre diciembre de 2006 y diciembre de 2008. JAIME PéREz DE ARCE ARAYA es ingeniero comercial con mención en Economía de la Universidad de Chile. Vicepresidente ejecutivo de Enami desde el año 2000. Desde principios de los noventa y hasta 1994 es asesor del PNUD, desempeñándose al mismo tiempo como miembro del Directorio de la Empresa de Correos de Chile. A fines de ese mismo año asume como jefe de la División de Coordinación Ministerial de la Secretaría General de la Presidencia. Entre 1994 y marzo del año 2000 se desempeña como subsecretario de Educación. ALBERTo SALAS Muñoz es ingeniero civil de minas de la Universidad de Chile y diplomado en finanzas corporativas de la Universidad Adolfo Ibáñez. Actualmente es presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Sonami. Es socio honorario de la Asociación Minera de Copiapó. Fue gerente general de la Sonami entre los años 1998 y 2003 y volvió a ocupar dicho cargo entre abril de 2006 y abril de 2008.

Foto: Rodrigo Gómez

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fotóGrafos
JACK CEITELIS, fotógrafo. Su labor se ha orientado hacia los temas industriales y paisajísticos donde ha incursionado en la búsqueda de la plasticidad presente en el metal, el cemento, el vidrio y sus personajes. El paisaje ha sido una constante en todo su trabajo, plasmado en exposiciones y libros: Paisajes de Chile; Caminos y senderos de Chile; Rostro de Chile; Imagen del cobre; Imagen de Chile; Antártica y Patagonia, con textos de Francisco Coloane. RoDRIGo GóMEz. Fotógrafo chileno. Estudió en Francia y se inició en la fotografía de forma autodidacta. Volvió a Chile en 1996 y ha trabajado para diversos medios nacionales e internacionales. Creó junto a Claudio Pérez en el año 2000 la agencia de fotógrafos IMA (Imagen Memoria y Autor) y ha publicado varios libros. Colabora para la agencia de fotógrafos VU, Francia. LuIS LADRóN DE GuEVARA, fotógrafo. Participó en la fundación de la Asociación de Fotógrafos Profesionales en los años sesenta y es socio fundador de Fotobanco. Ha sido jurado en concursos de fotografía en numerosas oportunidades. Trabaja desde 1959 en fotografía industrial, realizando trabajos a lo largo de todo el país para diferentes tipos de empresas y para Corfo. También realiza fotografía publicitaria. En la actualidad continúa desarrollando esta misma actividad. Cuenta con varios premios tanto en gráfica como en fotografía, entre ellos el Primer Premio Internacional 1998, otorgado por la Industria Sueca de Cámaras Hasselblad. FERNANDo MALDoNADo es arquitecto de la Universidad de Chile. Actualmente trabaja como arquitecto y fotógrafo, desempeñándose además como investigador del Museo Chileno de Arte Precolombino. Fotógrafo responsable del Volumen Humano, que cataloga las obras de la exhibición del mismo nombre del artista chileno Mario Irarrázabal. CLAuDIo PéREz es fotógrafo, documentalista y diseñador gráfico. Ha ganado la beca Fondart con los proyectos: Muro de la Memoria I y II y Despedidas. El amor ante el olvido. Es autor del libro de fotografía Paisaje Minero (2004), editado por Codelco Chuquicamata. El año 2005 publica el diccionario ilustrado Kunza, lengua del pueblo Lickan Antai (Codelco Chile). Ha publicado sus fotografías en revistas internacionales como Gatopardo, Newsweek, L’Express, Der Spiegel y Stern. NICoLáS PIWoNKA zAñARTu, fotógrafo y licenciado en Ciencias con mención en Biología, Universidad de Chile. Ha dedicado su vida a captar imágenes de la naturaleza a lo largo de todo el país y alrededor del mundo. Fotógrafo y jefe de fotografía de la revista Expedición a Chile entre 1977 y 1978. Fotógrafo y asesor científico del programa de televisión La Tierra en que Vivimos (TVN) entre 1984 y 1985. Es autor, entre otras, de las siguientes publicaciones: Chile Pumalín Corcovado, Chile RGB y la colección Chile Natural y Humano (4 tomos). Ha participado como director de fotografía de los volúmenes Chile País Oceánico y Biodiversidad de Chile, entre otros.

342 Jaime Pérez de arce araya

una mirada distinta

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