Mariño, Ricardo

OJOS AMARILLOS

Ahora que sí me decidí a escribir esta historia quiero comenzar por la noche en que el chico se despertó con la sensación de que unos extraños ojos lo miraban mientras él dormía . . . Luchando contra su propio miedo alargó la mano y buscó a tientas el interruptor del velador. La luz lo obligó a mantener los ojos semicerrados hasta acostumbrarse a la claridad. De pronto le pareció que algo se desplazaba en la ventana. Esa impresión le arrancó un grito y lo hizo sentarse en la cama. En situaciones así no le salían gritos potentes, el miedo parecía obturarle la garganta y sólo emitía una especie de aullido angustioso. Por lo demás, su madre estaba en una habitación suficientemente apartada como para no escucharlo. Se quedó parado sin saber qué hacer. Las dos opciones lo atemorizaban por igual: quedarse allí o caminar hasta el cuarto de su madre, atravesando el largo pasillo que unía las dos habitaciones. Era una sensación desagradable porque todavía no había salido completamente el sueño. Entre ese estado de confusión, las piernas que

Ricardo Mariño

Ojos amarillos

no le respondían del todo y el terror que sentía, no podía pensar. En su mente se mezclaba la sensación de la pesadilla con lo que creía haber visto en la ventana. Era bastante común que tuviera miedo de noche, y cuando estaba tan asustado sólo lograba calmarse yendo al lado de su madre (su padre estaba de viaje desde hacía diez días). Hacer el trayecto hasta la habitación de sus padres le daba miedo, pero no hacerlo era peor: no lograba dormir en toda la noche y pasaba esas interminables horas mirando de reojo hacia la puerta, la ventana o el ropero y ni siquiera se animaba a mirar debajo de la cama, que era otro sitio que le resultaba amenazante. Como en otras oportunidades, salió de su habitación caminando lentamente, esta vez casi retrocediendo, sin quitar los ojos de la ventana, porque la pesadilla de esta noche se relacionaba con una mirada. Una mirada de ojos extraños. Salió del cuarto con la sensación de que lo estaban mirando. Caminó en puntas de pie por el pasillo, en busca de la llave de luz que estaba en el otro extremo. Para empeorar las cosas. La puerta de su cuarto emitió un débil chirrido y se cerró, dejando el pasillo completamente oscuro. El chico permaneció contra la pared y en esa posición resolvió que debía caminar rápido hacia la habitación de su madre, pero luego de contar hasta diez. Para contar cerró los ojos y, antes de llegar a ocho, no aguantó más y salió apresurado. De pronto fue tomado por los hombros. Los gritos, ahora sí, parecieron sacudir la casa.

2

Ricardo Mariño

Ojos amarillos

Sentados en la cocina, medio abrazados y temblando de frío o de miedo, la madre y el chico parecían criaturas desamparadas. —Iba para tu habitación a ver si estabas bien. Tuve una pesadilla horrible —le dijo la madre. —¿Qué pesadilla? —quiso saber el chico. —No, no quiero ni acordarme. ¿Y vos qué hacías ahí, Joaquín? —Es que… iba al baño. —¿Con la luz apagada? —Se me cerró la puerta. A Joaquín le costaba reconocer que durante las noches tenía miedo y no estaba dispuesto a admitir ante su madre las frecuentes pesadillas que convertían sus noches en una tortura. Muchas veces resolvía la situación fingiendo que estaba enfermo. Llamaba a la madre y le decía que le dolía la garganta o la cabeza y así lograba pasar un rato con ella. Durante ese tiempo, mientras la madre le preparaba un té y luego se quedaba con él sentada en su cama, el chico era feliz y se sentía seguro. Ése era uno de sus recursos contra el miedo, y el otro consistía en mantener el televisor encendido. Unas cuantas veces Pablo, su papá, lo había retado al advertir que tenía el televisor encendido hasta la madrugada y por eso Joaquín se cuidaba: se dormía con el televisor funcionando pero ponía un despertador para apagarlo en la madrugada, cuando ya había sol y su padre todavía no se había levantado. —Vamos, te acompaño hasta la cama —le dijo la madre. —Pero quedate conmigo hasta que me duerma.
3

Soñé con unos ojos que me miraban… Cuando Joaquín entró en la panadería. querido?— preguntó la mujer acercando su cara a la del chico. —¿Por qué?— se atrevió a preguntar Joaquín. no me acuerdo bien. Y más todavía si lo hacían dos personas simultáneamente. la chica que atendía y una clienta —la esposa del odontólogo— se miraron con una extraña expresión. ya había abierto la puerta para irse. La esposa del odontólogo. Si que soñé. —Es que… tuve una pesadilla. pero se detuvo y reingresó. —Es que la señora Carola y yo soñamos lo mismo. mientras le extendía el vuelto a la mujer—. Y. —Menos mal— dijo la chica. No respondieron el saludo y permanecieron quietas y calladas el tiempo suficiente como para llamar la atención del chico. las dos se volvieron hacia él y preguntaron: —¿Qué soñaste anoche? Era una pregunta inesperada. bueno. —¿Qué soñaste. Joaquín se sonrojó y dijo: —Nada. Me había olvidado— agregó después de un breve intervalo.Ricardo Mariño Ojos amarillos —No. que tenía una figura graciosa por su cuerpo voluminoso y su pequeña cara aniñada. —¿Cómo que no te acordás? 4 . —No sé. Joaquín? —Medio kilo de flautas. nos asustamos— rió. estoy cansada. Después como si lo hubieran ensayado. ¿Qué vas a llevar.

—Pobrecito— dijo la mujer. Parece una película . —¡No!— exclamó la mujer del odontólogo. mientras la panadera automáticamente metía una pinza en la bandeja y extraía una medialuna. Soy Fernanda. En lugar de entrar en el negocio. —Es increíble— agregó el hombre. —¿Qué es increíble?— le preguntó la panadera—Que anoche soñé con este chico. . al entrar. pero no me acuerdo qué. Carla. no exageremos!— dijo la panadera. —¡Bueno. como desinflándose.Ricardo Mariño Ojos amarillos —Me acuerdo que soñé. . —Es que . —¿Con un ¿gato?— preguntó la panadera—. —Soñé algo . esto me da miedo— dijo la mujer del odontólogo frotándose los brazos como si tuvieran frío—. En la puerta de la panadería un hombre —un empleado municipal que limpiaba las calles y todos los días recibía una factura como regalo — se apartó para dejar salir a Joaquín. La panadera le alcanzó la bolsita y el vuelto a Joaquín y el chico salió apurado. . es raro todo esto. feo. 5 . —Hola. . . el hombre se quedó detenido en la puerta mirando al chico mientras se alejaba. —Ah— suspiró la mujer. ¿Un gato y este chico? —Sí— se extrañó el hombre— ¿Cómo lo sabe? —No. —Buen día— dijo después. no.

o sí. ¿con un gato? —Sí. ¡yo también soñé que a Joaquín le pasaba algo malo! Lo que soñaron ustedes es . .Ricardo Mariño Ojos amarillos —¡Fernanda! Mandé a Joaquín a la panadería y en cinco minutos salgo. —Es que tengo que comentarte algo. Los dos tuvimos el mismo sueño. su socio y yo soñamos lo mismo. . —Es que . Joaquín está entrando . tuve un sueño anoche y. —dijo Carla en un hilo de voz. bueno. Eso es lo increíble. . . —Es que . Qué raro que llames a esta hora. ¿Qué te preocupa? —Es que por favor no quiero alarmarte. . —Contame. Ay. Y no quiero hacerlo delante de los demás. dale. bueno. Pero ahora me acaba de llamar desde su oficina. mi marido tuvo el mismo sueño. los tres: mi marido. —¿Y? No entiendo. —¡Dios! Bueno. . . . el socio de mi marido tuvo el mismo sueño . no debí contártelo. Soñamos que a Joaquín le pasaba algo. —Me asustas. no debería contarte esto pero no sé. —Es una tontería en realidad. . —¿Cómo? —Sí. . soy una idiota. después hablamos en el trabajo. —¿Qué pasó? —Nada especial . . . me doy cuenta. —¡Me asustas! —Sí. 6 . No sé como decirlo. Joaquín. los tres soñamos con . . .

Los grupos de vecinos repasaron decenas de 7 . Los vecinos. luego a la cocina y finalmente a otra habitación en la que sí entraba. Una vez adentro saltaba a una cama donde había un chico durmiendo: Joaquín. al gato de profundos ojos amarillos caminar por una sala o un living a oscuras. Pero el cura tenía muy poco para decir. La gente buscaba explicaciones a ese extraño fenómeno y había quienes. Pese a que la casa estaba completamente a oscuras. La coincidencia era siniestra porque. además.Ricardo Mariño Ojos amarillos Hacia el mediodía los habitantes de Mosquehuá no hablaban de otra cosa: todos habían soñado lo mismo. en medio de la noche. Para la mayoría el gato primero pasaba por entre las piernas de un hombre. claro. en el sueño se podía ver al gato asomarse sigilosamente a una habitación. y menos en nombre de la iglesia. La mayoría había “visto”. con cierto grado de seguridad. Para no alarmarlos más. que habían armado un círculo a su alrededor. el sacerdote omitió decir que él también había soñado con ese gato negro y que se había despertado sudando. asustado. en el sueño sucedían cosas horribles. en el sueño. se metía a una casa a oscuras y después caminaba por un pasillo como buscando una habitación en especial. Algunos no recordaban si directamente el gato aparecía caminando por el interior de una casa o si antes iba por una vereda. se sintieron defraudados cuando el padre se limitó a pedir calma y a repetir que consultaría por teléfono con el obispo. aventuraban respuestas de lo más diversas. El único cura del pueblo tardó dos horas en hacer tres cuadras hasta la farmacia porque en el camino fue detenido por muchas personas que querían oír que opinaba la Iglesia sobre algo así.

En realidad “sabían” porque en el sueño “se sabía” que el gato mataba al chico. La obsesión de la señora Carola era adelgazar. y luego se marchaba con pasos livianos y lentos. En una parte del monte. Allí se detenía unos segundos para mirar disimuladamente hacia todos lados y. Sobre esa parte del sueño sólo decían que el gato mataba al chico y continuaban el relato deteniéndose nuevamente en cada detalle pero a partir del instante en que el gato miraba hacia el frente.Ricardo Mariño Ojos amarillos veces el sueño. iba hasta la cocina y salía por una ventana. El pueblo donde vivían era muy chico. de modo que ella llevaba una férrea disciplina de ejercicios y caminatas fuera del alcance de su mirada y de la mirada de los vecinos. comenzaba sus ejercicios copiados de un programa de cable que transmitía desde Miami. pero no contaba con un gimnasio. para obtener detalles de cómo el gato lograba eso. 8 . como cuando en las películas un personaje mira al espectador (recién entonces se veían clarísimos sus terribles ojos amarillos). solía burlarse de sus esfuerzos. siempre la misma. si comprobaba que nadie la observaba entraba al monte internándose unos cien metros. perfecto para el deseo de tranquilidad de la señora Carola. la señora Carola salía a media mañana y caminaba bordeando los galpones del ferrocarril —hacía años que no había servicios de trenes— hasta llegar a un monte de eucaliptos. el odontólogo. Su esposo. pero ninguno parecía querer ahondar en esas visiones. tratando de encontrar coincidencias una y otra vez. pero cuando llegaban a la parte en que el gato saltaba sobre el chico ninguno se atrevía a detallar como el gato lo mataba. Para salvar ese déficit y no exponerse a la burla de gente.

Ricardo Mariño Ojos amarillos Viéndola transpirar hasta empapar su remera. antes de irse al trabajo —era arquitecta y trabajaba en la Municipalidad— le pidió que se quedara en la casa. sentir como la respiración poco a poco se iba haciendo calma. subiendo y bajando con movimientos leves y caprichosos. De pronto gritó espantada . atenta a su respiración agitada que se fue calmando lentamente. Su madre. Se sentó de golpe y miró atemorizada hacia todos lados. delgada y perfecta. Era ella misma. alarmada con la sensación de una presencia. y que volaba. Se despertó de repente. “Catalina” —los compañeros del colegio le habían puesto ese 9 . Se imaginaba volando no como un pájaro sino como una hoja. observándola. después de los cuarenta minutos de ejercicios que controlaba con dos relojes. y soñar. que la compensaba de las dos medialunas que se había permitido un rato antes. y ella misma llamó a Catalina. mecida suavemente por el viento. que su cabeza tan pequeña guardaba perfecta proporción con su cuerpo. tirarse al piso. Soñaba que era delgada. Aún medio dormida tuvo la clara percepción de que un peligro la acechaba. nadie hubiera dicho que para ella eso era un placer. que pasaba por encima de las copas de los árboles y de todo el pueblo. pero lo era. El único que no estaba al tanto sobre la coincidencia de que todos en el pueblo hubieran soñado lo mismo era el propio Joaquín. cerrar los ojos. linda. Poco a poco se fue adormeciendo. Enseguida se acostó sobre las hojas y así se quedó. . . También le resultaba muy grato. Estaba segura de que había “algo” muy cerca. Cuando la señora Carola terminó la tanda de ejercicios que tenía programados hizo una repetición más de todos: un pequeño exceso que subrayaba el triunfo de su voluntad.

Aunque fuera algo inexplicable. aprisionándolo con sus manos. Con los ojos desorbitados se incorporó y. . ahí estaba ese animal. Cuando tuvo claro que en el peor de los casos podía salir corriendo. y comenzó a caminar en dirección al animal. . y se trataba del mismo porque esos extraños ojos amarillos eran inconfundibles. sin perder de vista al gato. Por suerte se sentía suficientemente ágil como para hacerlo. . el único en realidad. En los dos meses que Joaquín había concurrido a la escuela del pueblo —después vinieron las vacaciones—. No pasaba delante de casas donde hubiera perros. —dijo la señora Carola—. Aunque sólo vivía a seis cuadras de la casa de Joaquín. La primera reacción de la señora Carola fue de espanto. observó de reojo hacia donde podía escapar. con sus brazos extendidos dispuesta a tomarlo por el cuerpo manteniendo lejos sus uñas.Ricardo Mariño Ojos amarillos sobrenombre porque se apellidaba Catalini— era el mejor. lo mismo que las esquinas donde podía haber barras de 10 . —Vamos. gatito . que esas cuadras se convertían en muchas más. Al mismo tiempo se decía que ese gato sin ninguna duda era el del sueño. . Catalina tomaba tantas precauciones y hacía tantos rodeos. evitaba la vereda de los dos galpones por donde podían salir camiones. . El gato hizo un intento por alejarse pero la señora Carola se arrojó sobre él. Todos van a querer verte de cerca . sólo se había sentido en confianza con ese chico que casi no hablaba. Carola te va a colocar adentro de una jaulita y se podrá saber qué es todo ese extraño asunto . . amigo de Joaquín. la señora respiró hondo y se dijo: “Después de todo es sólo un gato”.

demencia y demonología. porque pensaba que sólo él 11 . Como fuera. “alguien capaz de interceptar y entender las corrientes de energía invisibles que impregnan el mundo”. Nadie que pasara caminando por la vereda hubiera podido verlo. a principios de cada año. era impensable que Catalina no se sacara la mejor nota. de camino a la casa de Joaquín. pero él sí .Ricardo Mariño Ojos amarillos chicos y las veredas donde vivían conocidos que podían saludarlo y obligarlo a hablar. Dejó el negocio cerrado por unos minutos y corrió una cuadra hacia lo de Angelito. advirtió algo raro en el interior de un galpón abandonado. la madre tenía una entrevista con la nueva maestra para pedirle que no obligara al chico a dar lecciones en el frente o a que hablara. Catalina era muy callado y tímido y siempre. como solía aclarar él. La primera persona que lo interrogó sobre el tema de los sueños fue la chica de la panadería. transmigración de las almas. una de las más curiosas era la de un hombre que estudiaba fenómenos paranormales. de reojo. Salvo Joaquín. con movimientos rápidos que le daban cierta apariencia de roedor o de animalito que se sabe en peligro. en cambio. que vivía de una pensión por invalidez y periódicamente publicaba sus trabajos en revistas especializadas de Buenos Aires y de México. ningún chico se relacionaba con él. En todo caso. . Catalina solía mirar continuamente hacia todos lados. Acaso por esa característica fue que. . porque sencillamente no podía. Angelito era un hombre delgado y sombrío. Por escrito. De todas las versiones con que la gente intentaba explicar el extraño fenómeno de los sueños coincidentes. El hombre era llamado “Angelito” y de él se sabía que era un experto en levitación.

como si estuviera hablando de algo perfectamente natural: —El diablo está entre nosotros . Angelito dio media vuelta en su silla de ruedas sacó un cuaderno de un cajón. generalmente sólo entre dos. Hay dos . . porque casos de “conductividad mental” suelen darse a menudo entre pocas personas. acerca de todas las personas que en la panadería le habían corroborado que se trataba del mismo sueño. ¿Se entiende? —Más o menos. pero dejó que la chica contara. . . fenómenos. ¿Y el otro? —El otro fenómeno es lo importante. el funcionamiento coincidente de las mentes de todos los individuos de este pueblo en una misma noche. La naturaleza de la nube no. . Cuando la chica al fin dejó de hablar y por cuarta o quinta vez pidió una explicación. hizo varias anotaciones con una birome. no diga eso!— exclamó la chica abrazándose a sí misma y frotándose los brazos. . —¡Angelito. . Tal vez pueda desentrañar las características magnéticas de esa nube poniendo sensores en varios lugares. . . y al fin la enfrentó para decirle con voz monótona.— dijo Angelito—. pero .Ricardo Mariño Ojos amarillos podía aportar alguna claridad al caso. . . Uno. —Para eso tengo una explicación posible: quizá se deba al asentamiento en esta zona de una nube energética. —Sí . Angelito ya estaba enterado del asunto. hablando a borbotones. —Si . 12 . . . —Vamos por partes . Es extraordinario y nunca he sabido que le ocurra a un pueblo entero.

con un campo magnético tan poderoso para que nuestras mentes funcionen en sincronía con ella. Quiso que lo supiéramos de antemano. No puede ser. . —Es algo espantoso. una mente maligna y superior. . . . puesto que el Rey de las Tinieblas no actúa sino a través de sus esclavos.— dijo Angelito. —¿Me está diciendo en serio todo esto? —Por supuesto. Para cuando la chica salió a la vereda empujando la silla de Angelito. —¿Anticipatorio? —Sí. Jugó con todos nosotros. es que tiene que haber “algo” que emita las imágenes de ese sueño anticipatorio. ese chico flaquito y casi enfermizo. Yo digo que “algo”. —Es una teoría provisoria. Es la forma animal que toma uno de sus servidores. está ahí! La chica de la panadería se asomó por la ventana y vio que el hijo de los Catalina. “pensó” eso que soñamos. no tengo la menor duda de que esto que “vimos” en el sueño va a ocurrir en la realidad. Sólo trato de razonar para entender esto tan extraño que nos está pasando . Un avatar es un descendiente o enviado del Demonio o del Mal o como prefieras llamarlo. lo importante. 13 . —¡Dios! —Ese gato no puede ser sino un avatar. varias personas rodeaban al chico. —¡Está ahí. señalaba hacia un galpón que había servido como depósito de materiales de construcción y con expresión de desesperado emitía gritos agudos.Ricardo Mariño Ojos amarillos — . lo alarmante en verdad.

con cierta alegría infantil. La gente se olvidó del animal. Del galpón pasaron a un terreno que había detrás y fue allí donde uno de los jóvenes gritó señalando al gato. El gato caminó unos pasos por arriba de un tapial y luego se lanzó hacia el otro lado. El dentista levantó la barra de hierro y la dejó caer sobre el felino. Pasaron todos a la carrera y del otro lado se encontraron al gato sobre un tronco. el dentista tomó un fierro muy grande que encontró en el piso y con él pegó varias veces sobre el candado. un jubilado y dos jóvenes— seguidos a unos metros por la chica.Ricardo Mariño Ojos amarillos —Dice que vio al gato del sueño— explicó alguien. Antes de que el animal se diera vuelta. Así se formó un grupo que encabezaban los vecinos de la cuadra —el dentista. y viendo al hombre completamente fuera de sí se lanzó sobre él para 14 . El grupo caminó por el interior del depósito mirando a un lado y a otro. que finalmente se abrió. El segundo impacto tuvo peor destino: la cabeza de uno de los jóvenes. uno de los jóvenes le lanzó un golpe con un palo. La furia del dentista lo hacía golpear una y otra vez con la barra de hierro pero sin acertar su objetivo. donde había un baldío. La chica de la panadería miró asustada. No alcanzó a impactarlo de lleno pero igualmente lo hizo rodar. Un vecino entró en su casa y regresó con un palo. Exaltado. Angelito y Catalina. quién se había arrojado al suelo para tomar con sus manos al gato. El depósito de materiales estaba comunicado con el baldío aledaño por una puertita de chapa con un candado. Milagrosamente el golpe se produjo sobre una piedra que estaba a milímetros del animal. Los más jóvenes se pusieron a buscar de inmediato. ya no por el gato sino por la violencia con que el hombre descargaba toda su fuerza sobre la puerta.

. cuando se había levantado el servicio de trenes. pero algo los sacó de su mutismo. tapándose la boca para reprimir los gritos. —Sí. el grupo rodeó al herido. el único encargado de cuidar la estación desde hacía unos años. yo también la he visto algunas veces— dijo el comisario—. mirando a lo alto del árbol para constatar que había más ramas secas en ese gigantesco eucalipto—. . —El empleado era un hombre mayor. Tuvo la mala suerte de que justo le cayera encima esta enorme rama— agregó. La mujer se arrojó en brazos del dentista y lloró a gritos sin responder a los que le preguntaban que había ocurrido. en el cuerpo caído del joven que había recibido el golpe. se limitó a señalar hacia el monte. espantados. El dentista no salía de su asombro.— dijo el ferroviario. Quien había gritado era su propia secretaria. Silenciosamente. Había entendido perfectamente sus palabras pero no podía asimilar algo así. Sólo pudo hacerlo unos minutos después. Está clarísimo— repitió una vez más el comisario ante el empleado del ferroviario—. Una mujer llegó corriendo y avisó: —¡Encontraron muerta a la señora Carola! El dentista se volvió hacia la mujer que había dicho eso y la miró como si hablara en otro idioma.Ricardo Mariño Ojos amarillos detenerlo. Yo no me acercaba porque me parecía que ella no quería que la viesen. —Es un accidente. —Están pasando cosas muy raras . Tiene la cara arañada por las ramas y un golpe muy fuerte en la cabeza. cuando lograron reducir al enloquecido odontólogo. Más que explicar. Entre dos hombres lo recogieron y lo trasladaron hasta la vereda. Podría haber sido una escena grotesca si no hubieran reparado. 15 .

—¿Qué estás haciendo? —Nada.Ricardo Mariño Ojos amarillos —Bah. leyendo una historieta. ¿Qué fue ese grito? —¿Grito? ¿Qué grito? —Como un . —No. ¿Hay un gato ahí? —¿Cómo va a haber un gato? Si me dijiste que no puedo tener animales. —Son casi las cuatro. —Estaba. —¿Y qué tiene si hay un gato? 16 . . . eso es todo. un maullido. Ahora tenemos que ir a decírselo al pobre marido. . —Qué raro. mamá. . —Hola. . Está clarísimo: le cayó una rama en la cabeza. Cada tanto se cae una rama pero jamás hay alguien debajo y menos haciendo gimnasia ¿no? Esta mujer tuvo esta desgracia.. ese asunto del sueño no tiene nada que ver— lo cortó el comisario—. ahí viene. soy yo. ¿hay un gato? Fijate si no anda un gato por el patio. —No hace falta. —Pero no te fijaste. —¿Catalina no llegó todavía? —No. ¿no dijo que iba a estar a las tres? —Sí. Joaquín. —Hola. no. —No importa. —¿Nada? ¿Cómo nada? Tardaste mucho en atender.

porque los grandes nunca quieren tener animales. dale. Salgo a las seis y llego a la casa a las siete. ¿es justo no? —No. seguramente de dolor. —¿Por qué llamás tantas veces hoy? Esta es la cuarta.Ricardo Mariño Ojos amarillos —Qué se yo. Ojalá Catalina llegara pronto para 17 . Era un gato raro. ¿Por qué no puedo tener un gato o un perro? —Porque no. —Bueno. andá a fijarte. Joaquín colgó el receptor y corrió al patio. chau. —Ya me fijé. —Chau. aunque mucho no sabía sobre gatos. chau. que se yo. —Y yo no. Después vuelvo a llamarte. Ya te dije: no quiero animales en casa. —Pero yo sí. —Un besito … ¡Escucho como un maullido …! —¡Basta! Debe ser en la calle. Sólo podríamos tener un animal si los tres estuviéramos de acuerdo. —¿Y qué tiene de malo? Hoy te voy a hacer milanesas. ¿Cuándo voy a tener un animal? ¿Cuando sea grande? Cuando sea grande no voy a querer tener un gato. estoy nerviosa. Y papá tampoco. Él nunca había visto uno así. Sólo te digo que hoy voy a cocinar milanesas. —¡No me hables de gatos! —¿Por qué? —Ay. El gato parecía reponerse. —¿Qué tiene que ver? —Nada. No hay. Se estaba lamiendo la herida del lomo donde él le había puesto desinfectante y maullaba. Pero era una increíble casualidad que apareciera en un tapial un gato herido y que él pudiera curarlo. no sé.

Y parece que el chico no soñó lo mismo que todos nosotros. —Mi amiga con la compañera de trabajo de la madre del chico.Ricardo Mariño Ojos amarillos mostrárselo. Los otros vecinos— una cuñada de la señora Carola. Se que esto es sólo el principio. Después iba a tener que pensar algo para convencer a su mamá. y a él habían acudido espontáneamente en busca de explicaciones. por ejemplo. Una amiga mía. su opinión respecto de Angelito era que era la única persona del pueblo que entendía lo que estaba ocurriendo. No quiere que el chico sepa todo esto que pasa. No me siento capaz de interpretar los alcances del sueño que tuvimos todos pero algo oscuro y terrible ha comenzado. Por ahora podía mantenerlo escondido en algún lugar de la casa. 18 . Por eso la madre lo tiene encerrado en la casa y no quiere que hable con nadie. que es amiga de una compañera de trabajo de la madre del chico. —No— dijo la chica de la panadería—. En su habitación. —Así que todos soñamos eso pero él no … Tendríamos que hacer algo…-reflexionó Angelito—. un policía jubilado y un hombre llamado Justo— eran seguidores y admiradores de Angelito. —Esto empezó con este sueño siniestro que todos tuvimos. Al enterarse de la suerte corrida por la señora Carola. —Ya hubo una muerte y también tenemos un moribundo— decía Angelito a los cuatro vecinos que lo rodeaban—. —¿Y qué podemos hacer?— preguntó la chica de la panadería. Me pregunto si el chico también lo habrá tenido. habló con ella por teléfono y ella le dijo … —¿Quién habló con quién?— preguntó Angelito fastidiado.

si no fuera absurdo concebirlo así. donde guardaba unas extrañas figuras que él mismo tallaba copiándolas de un antiguo libro con letras góticas y grabados. Le iba a decir a su mamá. Ya caminaba por el patio y seguía a Joaquín a todos lados. Joaquín no quería dejarse arrastrar por las fantasías de las películas y libros de terror y suspenso que a veces leía. El gato tenía una mirada increíblemente profunda. —Son las seis de la tarde.Ricardo Mariño Ojos amarillos —¿Qué cosa?— preguntó Justo. Empieza a anochecer— dijo Angelito demorando la respuesta—. Cada tanto el chico se sentía mirado por el animal y al darse vuelta veía esos extraños ojos amarillos que delataban. dirigiéndose a la habitación del fondo. Igual se sentía muy satisfecho de haberlo curado y estaba totalmente decidido a ser su dueño. sin importar lo que dijera su madre. porque vería el entendimiento entre uno y otro. era un gato decididamente raro pero Joaquín nunca había tenido una mascota. Justo. un “pensamiento”. Tienen que ser velas negras. Vos. El gato parecía totalmente recuperado. seguime …-Agregó Angelito misteriosamente. pero tenía la sensación de que el gato “pensaba”. ¿Ven aquellas cajas allá arriba? … Saquen de allí todas las velas negras que encuentren. Por esa noche escondería al gato en su habitación y al día siguiente se plantaría frente a su mamá y lloraría y gritaría todo lo que fuera necesario para convencerla. El gato ya empezaba a seguirlo a todas partes y eso ablandaría un poco a su madre. por ejemplo que el gato sería la compañía ideal para 19 . Le daba un poco de temor tocarlo pero pensaba que se debía a la falta de familiaridad con los animales.

como si rezaran pero no es un rezo. Tienen velas encendidas y gritaban cosas raras. Me da miedo … —¡No puede ser! ¿Cómo que dicen tu nombre? ¿Quiénes son? —No sé. Dicen cosas raras.Ricardo Mariño Ojos amarillos no tener miedo durante las noches. —¡El chico y el gato están juntos! — se volvió a escuchar. incomprensibles. —¡Salgo para allá! 20 . Hay uno en una silla de ruedas. Y está la de la panadería. En esos pensamientos estaba cuando escuchó un grito: —¡Están juntos! Sobresaltado. esta vez te llamo … —¡Mamá…! —¿Qué pasó? —Vení pronto … estoy asustado. Joaquín tomó al gato y se metió en la cocina. —¿Cómo? ¿Quiénes son? —Repiten mi nombre y hablan. Joaquín. —Hola. No sé por qué hacen eso. — ¿Qué pasó? —No sé …afuera hay gente … Primero se asomó un tipo por el tapial del frente y ahora hay un grupo en la vereda. Joaquín miró hacia el tapial que daba al frente y alcanzó a ver la cabeza de un hombre que al instante desapareció.

Estaba tan nerviosa que demoró una eternidad en poder colocar la llave en el auto y salir del estacionamiento de la Municipalidad. cierren los ojos. pero para ella y su hijo era horrible. como una bruja o un hechicero. Son casos extraordinarios. Su marido se había empecinado en vivir allí sólo porque las casas eran más baratas y podían disponer de un gran patio. o bien puede ser él mismo bajo la apariencia de un animal. nervioso —. resístanse al terror y no dejen de repetir mis palabras. Puede sufrir convulsiones. Tenía sesenta kilómetros hasta su casa. tómense de las manos. y leí de casos en que. que viajaba muy seguido. la víctima comienza a cambiar la voz o su apariencia. Las víctimas elegidas suelen ser personas débiles y extrañas. Cuando la posesión ya fue hecha. pero sucede. Para poseer una víctima Satán se vale de un intermediario. aún si se oyen horribles voces que jamás escucharon. Había estado todo el día pensando en el sueño del gato y el llamado de su hijo terminó por alterarla. Empecemos ya. Ese maldito pueblo. Joaquín no había hecho más que un amigo en todo ese tiempo y ella no tenía trato con nadie. o si ese mismo chico se nos aparece acá en la vereda … Carla tomó la cartera y salió a la carrera de su despacho sin siquiera avisar a su jefe o a Fernanda. lagartijas y todo tipo de criaturas repulsivas. pero desde el principio casi todas le habían caído mal. el lugar era un paraíso y un descanso. Hacía cuatro meses que vivía allí y conocía a muy pocas personas. el poseído expulsa por su boca objetos y hasta culebras. en medio de la crisis.Ricardo Mariño Ojos amarillos —El chico debe estar poseído— dijo Angelito. y ese chico sin duda lo es. y habitualmente recorría ese trayecto en cuarenta minutos. Formen un círculo. La gente la miraba al 21 . Para él.

de que le pasara algo a ella y que su hijo quedara solo a merced de los locos esos reunidos alrededor de su casa. De pronto tuvo miedo de chocar. pero sí escuchó perfectamente lo que esas personas se proponían hacer con su gato. Agazapado detrás de la ventana. solo. Joaquín no entendía nada de lo que ocurría. Al chico seguramente convendría tenerlo en observación. dificultando mucho más la visión. pero nadie le mostraba la menor simpatía. 22 . que parecía dirigir una ceremonia. cuando parecía que la ceremonia había terminado. uno de ellos dijo: —¡Hay que entrar a matar al gato! —¿Y qué hacemos con el chico?— preguntó otra voz. El tipo hacía gestos como de arrancarse algo del cuerpo y los demás lo imitaban. ¿Qué estarían haciendo esos desequilibrados? Joaquín había dicho que decían cosas raras e incomprensibles … El coche iba a más de ciento treinta kilómetros y empezaba a caer la tarde. Había un grupo de unas veinte personas rodeando al de la silla de ruedas.Ricardo Mariño Ojos amarillos pasar con demasiada curiosidad. repitiendo sus palabras. En cierto momento. Eran raros … Y ella dejaba a su hijo allí. Tomó al gato en sus brazos y caminó por el patio pegado a una pared. El sol se estaba metiendo a ras de la ruta. para que no lo vieran si alguien se asomaba. Se le ocurrió entonces escapar por la terraza. Pero es cierto que hay que matar a ese gato antes de que pase algo inevitable. —Ya veremos. Casi todos sostenían velas y eso les daba una apariencia fantasmal que terminó por aterrorizar al chico. Joaquín espiaba hacia la calle.

En segundos varias linternas lo alumbraron y el hombre que había gritado trepó al techo ágilmente. Durante un larguísimo momento las miradas de Joaquín y de Catalina se cruzaron. tomando a Joaquín por el hombro y empujándolo hacia el centro de la terraza. donde había un techo más bajo que resultaba inaccesible para el hombre de la pistola. En la cara de Catalina se dibujó una expresión de incomprensión y en la de Joaquín un desesperado pedido de no ser delatado. Joaquín pasó al techo de la casa vecina y de ésta a la siguiente. pero cuando estaba por apoyarlo. Sacó un pequeño revólver del bolsillo trasero del pantalón y señaló al gato.Ricardo Mariño Ojos amarillos Subió la escalera de cemento sin hacer ruido. en la posición en la que se encontraba. Vio entonces que alguien lo estaba mirando: Catalina. Se paró sobre la pared medianera y mostró una desagradable sonrisa. Más allá de la pared empezaba el techo de la casa vecina. Joaquín se quedó paralizado. El chico fue al extremo opuesto de la terraza y allí se subió a una pequeña pared. Enseguida se le sumaron otros dos. hasta que un perro comenzó a aullar y a ladrar frenéticamente. Cuando llegó a la terraza. —¡Estúpido!— gritó el hombre. 23 . arrojó al animal hacia el costado. vio que un hombre saltaba al patio de su casa. El chico hizo el ademán de dejar al gato en el suelo. —¡Allá está!— gritó un hombre desde un patio. nene— ordenó. —Soltalo. El gato cayó sobre ese techo y en segundos desapareció. Pasó una pierna y estaba por pasar la otra cuando se le ocurrió mirar hacia la calle.

A Joaquín le dio miedo que su madre hablara así. lejos de todos esos locos— le explicó a su hijo—. Puso en marcha el coche. La mujer se abrió paso a empujones y se abrazó a su hijo. La chica de la panadería trató de decirle algo. No puede ser todo una conjura. y a su alrededor un grupo de personas repetía oraciones incomprensibles cuya letra aportaba el hombre de la silla de ruedas. andá a vernos allá. Le dejé una notita sobre la mesa. Luego lo ayudó a ponerse de pie y juntos entraron en la casa. 24 .Ricardo Mariño Ojos amarillos Cuando Carla frenó y bajó del coche se encontró con un espectáculo absurdo y penoso: su pobre hijo estaba sentado en el suelo. —Vamos a Alberti. Carla y Joaquín”. Un beso. pero había encontrado la casa vacía y esa nota. Afuera todavía estaban los vecinos reunidos. a casa de tu abuela a pasar la noche ahí. pero Carla no estaba como para escucharla. —Tengo que tranquilizarme— dijo Carla en voz alta. Pablo se había apurado para regresar un día antes y sorprender a su esposa y a su hijo. —La vi. “Nos fuimos a pasar la noche a lo de tus padres. Tengo que tranquilizarme. Mañana llega tu papá y ya veremos que hacemos. en medio de la calle. Joaquín se sentó a su lado y avanzó a toda velocidad en dirección a la salida del pueblo. Si por casualidad llegás antes. llenó un bolso con ropas y regresó con Joaquín al auto. decía el papel que estaba sobre la mesa. Uno de ellos intentó detenerla. hablándole a nadie. Como hipnotizada. o en todo caso a ella misma—. Si voy tranquila vamos a llegar sanos y salvos a Alberti.

e hizo varios viajes hasta la casa descargando bolsos y cajas. el primer susto fue para él: cuando abrió la puerta del coche una cosa oscura salió del interior y saltó a la vereda. Antes de salir abrió las puertas y el baúl del coche. se dijo. Pero sólo era un gato.Ricardo Mariño Ojos amarillos Como tenía muchas ganas de verlos no lo pensó demasiado. En el umbral de la puerta Pablo se quitó los zapatos. pensó. —Tuve un problema en casa con una pérdida de gas y no quise que pasáramos la noche allá— fue lo que se le ocurrió decir a Carla. Colocó la llave en la cerradura con la mayor suavidad y pasó al interior como 25 . En menos de una hora podía llegar hasta la casa de sus padres. Sin embargo. A la una. “Un gato de Moqueguá que decidió mudarse a Alberti”. Era ya la medianoche cuando salió hacia Alberti. Seguro que el animal se había subido mientras él descargaba los bolsos. La abuela de Joaquín estaba a punto de irse a dormir cuando Carla golpeó la puerta. y lo mejor era usar la llave que tenía y entrar sin hacer ruido. El hombre casi se desmaya del susto. ya estaba ahí. Las dos mujeres charlaron unos minutos en la cocina —el abuelo dormía— mientras Joaquín miraba televisión. todos se fueron a dormir: Carla en un sofá del living y Joaquín en el cuarto que usaba su papá cuando era soltero. A la una y media Pablo llegó a la casa de sus padres. “Espero que no me oigan entrar porque si no se van asustar”. —Hicieron muy bien en venir querida. La mujer se sorprendió al ver a esa hora a su nieto y a su nuera. Pero bueno. ¿Cómo se había metido ese gato en el auto? Cuando se lo contara a Carla se iba a reír.

pensó mientras trataba de incorporarse. pero dormía tan profundamente que era una pena interrumpirla. Ahora. Sin despertarse. a Carla durmiendo sobre el sofá. Al día siguiente Carla le reprocharía no haberla despertado. Pablo pensó que lo mejor sería dormir en la habitación que había sido suya. A los diez minutos de estar en esa posición tan incómoda. De pronto algo lo hizo estremecerse: Carla emitió un horrible aullido. cayendo suavemente al suelo. gracias a una franja de luz proyectada de la calle. sonrió. A la mañana buscaría a ese gato confianzudo y lo sacaría a escobazos. Un segundo después se escucharon gritos parecidos provenientes de la habitación de sus padres. lo mejor era dejarlo. Eran aullidos terribles pero aún más espantosa era la coincidencia: ¡los tres al mismo tiempo! ¡Como si estuvieran envueltos en la misma pesadilla en el mismo momento! 26 . “Hoy es mi noche ridícula”. una queja honda y terrible que en medio de la oscuridad resultaba escalofriante. la mujer giró hacia él y lo abrazó. Con movimientos lentos salió del abrazo de Carla y se apartó del sofá. Sólo tenía que confiar en la habilidad del animal para no chocar contra ningún mueble y hacer un ruido. Dejó los zapatos a un lado y se acostó junto a ella. Antes de cerrar la puerta vio. ¡cómo había extrañado a su mujer y a su hijo! Ahora que volvía a estar con ellos lamentaba que fuera tan tarde. Pero Pablo no podía gritar ni ponerse a perseguirlo.Ricardo Mariño Ojos amarillos caminando sobre el aire … ¡El maldito gato! En ese momento el gato se escurrió entre sus piernas y pasó junto con él al interior de la casa. donde debía de estar durmiendo Joaquín. Pablo. Ahí había una sola cama pero el piso estaba alfombrado y podía poner una manta en el suelo.

Pero de inmediato la figura del animal desapareció. y al rato de charlar ya me estaba narrando su extraña historia y pidiéndome que la escribiera. encendió la luz: su hijo dormía en el suelo. y otro poco porque al final de esta historia me provoca un profundo rechazo. Pese a la luz. junto a su hijo. no iba poder explicarlo jamás en su vida. después de 27 . Vio a Carla con una expresión desfigurada por una mueca de angustia y de espanto. donde actualmente vive. —¿Qué hacés acá? De repente se frotó la frente y se incorporó de un salto: —¡El gato! —dijo con voz ahogada—. años después. Tuvo que despertarla con sacudones bastante fuertes. Cuando Pablo entró en la habitación del chico. la mujer no terminaba de salir de la pesadilla. Lo que el hombre vio porque fue quien entró primero. en una extraña posición.Ricardo Mariño Ojos amarillos El hombre no soportó una nueva repetición de los gritos y encendió las luces. no sé si para cumplir con su pedido o para buscarle un final más tolerable. acá estoy. ¡El gato está con Joaquín! Carla y Pablo llegaron corriendo a la habitación donde dormía Joaquín. miró la habitación y a él. hecho un ovillo. A Pablo. Su esposa no vio nada de eso. lo conocí por casualidad en una plaza de Alemania. terminándola. un poco porque siempre digo que no a este tipo de cosas. Ella entró detrás y. Al fin Carla entreabrió los ojos. Le dije que no. como si no entendiera dónde se encontraba. como si se fundiera en la del chico. pese a que estaba tan interesado en que yo escribiera esta historia respetando cada detalle de lo ocurrido. y tampoco me lo explicó bien a mí. Sin embargo. el padre de Joaquín. Por un instante el hombre creyó ver que el gato estaba allí.

se puso a buscar al gato por toda la casa. Los intentos por ingresarlo en escuelas. Todos pasaron aquella noche sin dormir y por más que trataron de interpretar lo ocurrido barajando las ideas más inverosímiles. En poco tiempo el chico cambió. Pero no encontró al animal. sobre todo al saber por su marido que efectivamente había entrado un gato en la casa. Me equivocaba. porque los padres jamás aceptaron los alarmantes informes de los maestros y psicopedagogos. sus hábitos. Aquella tarde en la plaza de Hamburgo. sus miradas —sobre todo sus miradas— y ya nunca más fue normal. Había otros chicos trepados al árbol pero no necesité que me señalara bien cuál de todos era Joaquín. no lograron aclarar nada. que pasaba de una rama a otra como deslizándose. Claro que todavía no habían asistido a lo peor. A la mañana cuando el chico se despertó ya no era el mismo. Pablo (en la vida real. y de hacerlo regresar a la cama. con una soltura por lo menos llamativa. por supuesto tiene otro nombre) me refirió la historia de su hijo y yo la escuché con un interés limitado. centímetro por centímetro. —Allá está mi hijo— me indicó él en cierto momento. propio de quien supone que no verá pruebas del hecho extraordinario que le están contando. Vi a un chico delgadísimo. por más que sus padres probaron todas las formas posibles de terapias y consultaron a los médicos más prestigiosos. su físico. explicó Pablo). sus gestos. terminaron en duras polémicas. revisó todo. No habló en ese momento ni nunca más lo hizo.Ricardo Mariño Ojos amarillos comprobar que Joaquín estaba bien. vestido enteramente de negro (“se enfurece si tratamos de que vista otro color de ropa”. Descontrolada. aún las más especializadas. En cierto 28 .

del alma de un gato.Ricardo Mariño Ojos amarillos momento el chico volvió su cara hacia nosotros y fue entonces cuando vi esos ojos amarillos que me causaron una irreprimible repulsión y. Supongo que es una especie de prisionero … —¿Prisionero de qué? —De un gato. temor. —No … ¿cómo me dice eso?— contesté—. no creo que me interese escribir este tipo de historias. 29 . —¿Y? ¿Se anima a escribir esta historia?— me preguntó finalmente. Si es … un chico. —No. como si adivinara mi pensamiento. Permanecimos en silencio largos minutos. —No lo odie— me dijo Pablo. — Es mi hijo. debo confesarlo. qué sé yo.

el premio Konex a la trayectoria. Entre otras distinciones ha merecido el Premio Casa de las Américas.Ricardo Mariño Ojos amarillos RICARDO MARIÑO ____________________________________________ Es escritor. periodista. La noche de los muertos. 30 . Entre sus títulos figuran Botella al mar. El insoportable. Cuentos ridículos. Roco y sus hermanas y Perdido en la selva. y también autor de numerosos libros para niños y adolescentes. La casa maldita. en dos oportunidades (1994 y 2004). La expedición. Lo único del mundo. varias recomendaciones de IBBY (Internacional Borrad of Books for Young People) y. Colabora con distintos medios periodísticos. El hijo del superhéroe.