Ahora lo entiendo todo, ahora….

Ya se el porqué de tu insípida cara, el porqué de tus cavernosos ojos, de tu diablesca sonrisa de tus primitivas risotadas, de aspecto simiesco y primitivo, como pueriles imitaciones de las risas nacidas, de los bastos conocimientos de nuestros ancestros. Tu piel pálida, es el reflejo de un cadáver pudriéndose dentro de un cuerpo, esa escasa falta de emociones en las estériles facciones de tu cara, en tu demacrado recipiente físico que agonizaba de muerte, automutilándose continuamente por el olvido del mismo. Tu silueta se asemejaba más a una gárgola que antaño decoraban las viejas catedrales, que a un simple humano. Tu perfume de alcohol destilado creaba una barrera invisible, que delimitaba tu territorio, e informaba de tu estatus poco evolucionado. Reafirmaba la imagen que nos querías ocultar. No se puede esconder, lo que es evidente. Sólo sabias dar órdenes, y sólo recibirlas. No nos hablabas, gruñías como un cerdo hambriento delante de la comida, y aún más con los licores espirituales. Tus argumentos y reflexiones son dignas de los besugos más ilustres, ah! Pero no a todos les gritabas sabias como modular tu voz, se oía tan suave. La graduabas para complacer a todos aquellos altos mandos, aquellos, que te sobrepasaban en la jerarquía. Esos que obtienen su poder aprovechando las flaquezas de los humildes. Sus preguntas eran respondidas, una tras otra, con la misma delicadeza, que un buen hijo a su madre adoptiva. Como un devoto acólito acatabas mandatos imposibles de realizar, sin su pertinente y reiterada tortura a terceros. Nosotros. Sí, nosotros, la base de todo sustento, las semillas de todo producto, los pilares de todo hogar, la materia prima, el combustible, el motor con que se mueve la revolución humana. Los héroes sumisos y anónimos con la que se escribe nuestra olvidada historia. Estaba claro que no buscabas nuestro respeto, y no lo tuviste. Intentabas sacar los miedos siempre latentes en nosotros, de ti dependía nuestra permanencia en tu equipo. Aquel, que no te rendía pleitesía y no reunía tus tiránicos requisitos, era obligado a explorar otros mercados de carne humana, donde tendría que volver a exponer su fidelidad y subordinación. Tu autoridad prestada, te era reconfortante, reías los errores de tus compañeros y a veces te dabas el gusto de hacer burlas hacía los intocables, siempre a sus espaldas. No eras honrado, ni con ellos. No eras consciente de tus equívocos y descuidos. Si pudieras… aunque una sola vez fuera, hacer funcionar tu aletargado órgano, al que tú, erróneamente llamas cerebro, entenderías que no debes morder la mano que te da de comer. Sí, son de la misma raza pero no son iguales a ti. No te das cuenta ingenuo verdugo. Sólo obedeces ordenes, las ejecutas al instante, ni las Compruebas. Para qué?, si hay que sudar más… no vas a ser tú. El silencio de los conformistas te da poder. Pero es una concesión vacía. Para ellos, eres otro tonto con delirios de grandeza, agudizados por las drogas con las que amenizabas tus ocupados tiempos muertos. Son pobres diablos, perjudicados, perdidos en una guerra en la que les obligaron entrar. Su máxima ambición: conseguir el mejor trozo, de un pastel caduco, las delicatessen están vetadas. Sus actos son muy reprochables y acomodados, el número de estos soldados es abrumador. Pero aún así, su situación jamás supera un fino hilo de estabilidad y por eso merecen clemencia. Lo reconozco, los entiendo. El caos confunde, y sin una buena dirección y formación, son, somos, indefensas presas de lo carroñeros.

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Valiéndome, de las preciadas estadísticas, con las que la élite nos tiene por costumbre ilustrar, los degenerados sólo representa 20% del problema, nada más. Tu soberbia y tu orgullo te dejaron sordo, nunca escuchaste. Quizás, te juzgué mal. Te tomaba en serio, lo hacías muy bien con engañosas alabanzas que te lamían el ego, baba venenosa cuyo hogar reside en la gente que ha degenerado, que se dejan manipular. Se dejan. Son como tú, prescindibles, pues llevan el germen latente de la mentira, representándola en el gran teatro de esta diseñada, fabricada, y comercializada vida, todos vosotros actuáis igual, ciñéndoos a un repetitivo guión. Guión estático monótono, no hay rutina agradable o sorprendente que sirva de relleno en sus indiferentes páginas. Sí, te juzgue mal, nunca fuiste superior a mí. Acaso, pensaste que el precario dominio sobre mi ser, que te otorgaron equivocados dioses, cuyas secretas cuentas bancarias definen y dirigen nuestro día a día, era bastante crédito. Que me podías humillar, avasallar, como lo hacen los niños entupidos con aquellos más débiles que no se pueden defender. Me infravaloraste, como un errado profesor de no se qué universidad del conocimiento existente. Al no poder oír, ni ver, ni comprender, ni sentir, ni experimentar, no descifraste el mensaje oculto. Sin él, somos como animales caníbales engullendo nuestro potencial: El poderoso ha de proteger, no abusar. El sabio ha de enseñar, no ignorar. Abusaste siempre que pudiste, sin tener ninguna clase de merecido poder. Ignoraste consejos, que en forma de llave abrían tu sabiduría enjaulada. Yo fui uno, que en su día tú elegiste para alimentarle con tormentos. Por tu cobardía y miedo no supiste amar, ignoraste la posibilidades del mero hecho de existir. Le tenías fobia a vivir. Pero… yo…hoy te escojo a ti, al igual que hiciste conmigo. Te observé, te escuché, te estudié, te entendí. Se las reglas de tu juego y las hago mías. Sólo yo importo, pensabas, todos mis intereses, mis necesidades, mis emociones, mis sentimientos mi supervivencia, solamente esto es importante. Hoy, dentro de unos instantes nos veremos las caras de nuevo. Hoy, que por motivos ajenos a ti, dejaras de estar en su nomina, al servicio de los poderosos los mismos en los que no apreciaras solidaridad alguna igual que en los ojos de tus subalternos, tampoco encontraras comprensión en la indignada complicidad de tus semejantes. Hoy, saborearas las amargas mieles de la indiferencia, proveniente de los pedestales vivientes que adorabas. Abrazo tu religión condenada y apuesto mis cartas contra las tuyas, de que tu calvario termino. Purgaras tus pecados y soportaras por fin, la pesada losa que únicamente los no vivos pueden. Vas a ser mártir de tu causa. En esta lluviosa noche, arropada de tristeza dura, que sólo los inviernos dan. Será el atrezzo perfecto, la escena catártica de un destino pactado. De color gris, a juego contigo. Donde las atrevidas luces de los automóviles alzan descaradamente las faldas de los rincones oscuros. Hoy, donde las calles sangran un silencio que los aburridos murmullos de las casas, son incapaces de cicatrizar. Ahora, donde la opacidad del cielo, da más protagonismo al concierto de luz de unos viejos Faroles, en el que asisten hipnotizadas las sombras a su alrededor. En este instante, soy como tú. Pero soy yo.

2

Diriges tus pasos hacia el coche. Yo, te veo. Con la desgana innata de un confiado. Tus años de sumisión de perro de presa te hacen vulnerable. Te cubres el cuello con la gabardina, el viento se siente frío. La lluvia arrecia con más violencia, lo suficiente como para usar el paraguas que llevas en el antebrazo. Es mi invitación a tu adiós. Es el momento. Me muevo… directo al objetivo. Uno de tus brazos esconde la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón y el otro ocupado, sujetando el paraguas de tu condena. Sigo avanzando… veinte metros nos separan. Decidido a perforar el infame corazón que bombea sangre oxidada, sin gota del elemento primordial. Quince metros…. Sigo con el plan mortal. Te suministraré el oxigeno del que careces con un pinchazo, simple, limpio, exacto. La primera sensación no sobrepasara el umbral del dolor, que el simple aguijón de una abeja pueda infligir, lo mejor para el final… . Diez metros…. Tu sentencia: Suicidio involuntario. Muerte por embolismo gaseoso, demasiado científico para un inculto. Victima de un orgullo ignorante. Cinco metros…. Bastará con una inyección intravenosa. Cuatro metros…. Los destellos de la aguja hipodérmica, son señales de lo inevitable. No hay escapatoria. Tres metros…. Sacas las llaves del todoterreno negro. Mi aparición en el escenario, mi presencia, no es ni remotamente captada por tus ojos muertos, soy como un fantasma y el copioso chaparrón, favorece mi trabajo. Es tan cómodamente macabro.... Dos metros…. Empuño con determinación la jeringa y preparo los dedos en la posición adecuada para presionar el embolo. Te ves tan indefenso…. Un metro… Grito tu nombre. Tu giro inconsciente, deja tu pecho sin barrera alguna, al descubierto listo para ser desgarrado, para perforar tu piel y penetrar tu cuerpo. No hay lucha. Me miras, intentas reconocerme, pero ya es muy tarde. Cuando lo hagas, no lo harás vivo. Les dedico a todos los afectados por el mero hecho de convivir contigo un pequeño homenaje cuando disfruto con tu ejecución y como despedida: Sonrío…. Sufres posesas convulsiones y sacudidas como un pez fuera del agua, el suplicio es agotador pero breve. Es penoso verte. Y sonrío…

3

Observo a mi alrededor, mi sueño se ha hecho realidad. El combate a muerte con mis demonios interiores, mi esperada fantasía, mi victoria, mi venganza ha llegado y llena por entero mi limitado universo. Una negrura ligera y lo impregnaba todo por completo. Los deseos no tienen un color propio y el mío era la ausencia de ellos, era negro. Mientras me sumerjo en un mar de oscuro infinito, un sosegado silencio me regala canciones de cuna, inundando mis sentidos con armonías que recorren mi lecho ficticio. Sus dulces notas mullen las almohadas y me acarician. La paz es extrema. El equilibrio entre las fuerzas ha sido restaurado Mis ojos no ven, mi oído no escucha. Saturado de este exquisito sabor, ya no pruebo. Absorbido su perfume, ya no huelo. Sin ya tacto, no puedo tocar. Sin sentir, ya no pienso. Sólo sombras puras… Sólo un cosmos de oscuro brillo… Sólo negro… Sólo… … ….. Una voz artificial de mujer con tono de contestador y luego otra más grave pero Humanamente más cálida, pero molesta, me despiertan de sueño un atemporal. Un señor, con rápida amabilidad me señala con el dedo el panel artificial, mi turno ha llegado. Bostezo y me estiro con obligada educación. Mi mostrador es el 021. La chica que me atiende es muy agradable, tengo suerte. Su ayuda es valiosa pero no productiva, no tengo tanta suerte. Salgo de la oficina de empleo con intención de tomarme algo caliente, en el bar de al lado. Siempre hay un bar. Los funcionarios saben donde trabajar. Pido un café con leche con dos cucharadas de cola-cao. Doy el primer sorbo y compruebo la temperatura del café. Demasiado caliente para mi gusto. Necesito reírme un poco del circo mundial que es este mundo, cojo un periódico que reposa en la barra, cerca de mí. Repaso la portada, habla de lo mismo, no cambia casi nada, diferentes personas, diferentes sitios iguales problemas. Crisis económica, financiera, más pobreza, más corruptos, crisis cultural, de enseñanza, racismo autodestructivo, que puede ser racial, religioso, ideológico, bla, bla, bla… . En sucesos leo: …Encontrado muerto en extrañas circunstancias cerca de su lugar de trabajo un operario. Horas antes había sido Despedido. Se desconocen las causas exactas. Todo apunta a un ataque de infarto. Se sabe que tenia problemas con la bebidas y las drogas. Separado desde año y medio, sin hijos. El sujeto E. F. vivía en la localidad… Dejo el diario y me centro en la taza, la cojo, la huelo, miro su color, escucho el rumor cercano, saboreo su calor y… . Sonrío. ATTICUS.

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