CAPÍTULO IV ESCUELA DE RECLUTAS Dr.

Jorge Hernández Ibarra Después de la fundación de la Institución, todos aquellos que deseaban ser cadetes del Pentathlón Universitario, ingresaban al Grupo de Reclutas; pero al poco tiempo los altos mandos de la Institución, consideraron que era de gran importancia impartir mejor preparación física y militar, por lo que se estructuró el Grupo, labor que desarrolló MARCELO MENDOZA PARADA, y ya para 1940 se le menciona en el Código Fundamental del Pentathlón, como Escuela de Reclutas. En marzo de 1943 ingresé a la Escuela de Reclutas. El Cuadro Orgánico lo constituían un director y unos cuatro instructores. La instrucción fundamentalmente consistía en prepararnos lo mejor posible en lo militar, así como mejorar nuestra condición y resistencia física. El Sargento Primero FEDERICO BRACAMONTES GÁLVEZ nos preparó militarmente en las calles de Sadi Carnot, iniciando las actividades diariamente a las 5.45 de la mañana, salvo los domingos que era a las 8 hrs. La instrucción física la recibíamos dos días a la semana, a la misma hora, en el fresco bosque de Chapultepec, con el instructor BARRUETA, quien se limitaba a que corriéramos al “paso veloz”, en lo que llamábamos “La carrera de la milla”, en la fuente de las Ranas, bella fuente construida en 1921, en el cruce de el Chivatito y la Milla, que fue demolida para construir en esa área, el monumento a los Niños Héroes. En el orden militar, realizamos tres prácticas de campo: Una al cerro San Miguel en donde se hizo juego de guerra, otra a Los Dinamos de Contreras y la tercera al Desierto de los Leones donde pernoctamos en el vetusto convento, casi en ruinas en aquel entonces. Los reclutamientos no tenían límite de tiempo, nosotros juramos bandera a los ocho meses, tiempo que la dirección de la escuela, consideró el adecuado. El oficial de cadetes de Inf. SALVADOR AGUILAR JOFFRE, director de la escuela, no gozaba mucho de nuestra estima como jefe. Era muy estricto, duro y serio; de baja estatura y rubio. Entre los reclutas se comentaba que cuando nos hablaba casi nunca sonreía, porque corría el riesgo de no vernos, pues sus pequeñas hendiduras palpebrales, que le daban el aspecto de ojos rasgados, al sonreír mucho se cerraban. Juramos bandera en diciembre de 1943, en hermosa ceremonia que se efectuó en la Plaza de la República, en el costado poniente del severo e imponente monumento a la Revolución, monumento construido por el Arq. Carlos Obregón Santacilia, utilizando la cúpula de estructura de hierro, que pretendió ser durante el porfiriato, para el edificio del magno Palacio Legislativo, obra que fue suspendida por el movimiento revolucionario de 1910. En las cuatro columnas del monumento, están los restos de Venustiano Carranza, Francisco Villa, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas. En 1943 el Instructor AGUSTÍN ARRIAGA RIVERA es nombrado director de la Escuela de Reclutas y procede de inmediato a una reestructuración de la misma. Se constituye la Subdirección que ocupa el ya Oficial FEDERICO BRACAMONTES GÁLVEZ. Se crea el Cuerpo de Instructores con un periodo de preparación, grupo al que se le llamó Cuerpo de Aspirantes a Instructor, y posteriormente, formaron además de ser instructores, el grupo que se denominó Grupo de Comandos.

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En esta nueva etapa de la Escuela de Reclutas, el Pentathlón adquiere mucho prestigio, y en base a este hecho, la Comandancia y el Estado Mayor deciden crear la Escuela de Cadetes, la Escuela de Clases y la Escuela de Oficiales, con la finalidad de que los miembros de ellas tengan mejor capacitación.

Cuerpo de Instructores de la Escuela de Reclutas: Sentados, de izq. a der., 1er. Oficial Agustín Arriaga Rivera, Director de la Esc. de Reclutas. 1er. Comte. M. C. Jorge Jiménez Cantú, Jefe del Pentathlón. Suboficial de Inf. Inst. Jorge Gilling Cabrera.- Primera línea: Instructores Jorge Hernández Ibarra, Gonzalo Parra, Jorge Espinosa Ulloa, Jesús Escalante Dvoracsek, Felipe Fernández (güero fibra), Arturo Vázquez Soto, Sierra Andino, Francisco Salazar. Segunda línea: Javier Arrieta Mondragón (el diablo), Basilio Pérez Velasco, Oscar Cota, Trinidad Juárez Villagómez, Carlos y Flores Melchor (chori).

LO QUE APRENDEMOS EN LA ESCUELA DE RECLUTAS Dr. Jorge Jiménez Cantú Nuestra iniciación en las disciplinas del Pentathlón Universitario, es distinguida y esforzada en la Escuela de Reclutas. Aquí aprendemos a valorar claramente y a diferenciar dos conceptos: MANDO y ORDEN es uno, y el otro AUTORIDAD y EFICACIA. Militamos con entusiasmo y sabemos que nuestras aptitudes físicas adquieren acelerado desarrollo y nuestras coordinaciones neuromusculares van siendo más rápidas, enérgicas y precisas. En suma, pronto seremos dueños y directores de un cuerpo poderoso, sano, ágil y resistente. La Escuela de Reclutas ayuda a normar nuestra vida, bajo el control de una voluntad que insospechadamente, descubrimos que existe con plenitud y que actúa

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pronta y potente. Nuestro CARÁCTER, en tres meses de entrenamiento diario, lo percibimos más definido y más valioso. Cada día nos enteramos mejor de lo que es el verdadero COMPAÑERISMO, y cómo el trabajo en conjunto organizado, nos estimula y produce grandes rendimientos. Aprendemos a estimarnos y a distinguir nuestras cualidades; pero también a CONOCER MEJOR nuestras deficiencias y la manera de superarlas. Desde nuestro ingreso a la Escuela de Reclutas, sabemos que los días son más largos cuando empleamos digna y provechosamente las horas tempraneras. El EJERCICIO DIARIO, el cumplimiento cotidiano de RESPONSABILIDADES que LIBREMENTE hemos aceptado, van engendrando un hábito que al incorporarse a nuestra personalidad, nos ilustra y nos define el CUMPLIMIENTO DE LOS DEBERES no sólo como teoría inútil, sino como pródiga realidad, que también nos da noción clara de los derechos que nos pertenecen. En la Escuela de Reclutas aprendemos las nociones básicas de la ÉTICA MILITAR y de la instrucción del soldado en todo lo que tiene de dinámica viril, de pericia, de nobleza y de estética. La CONFIANZA RECÍPROCA y el espíritu de Cuerpo al sentirnos compañeros todos y responsables todos, nos da la medida de la grandeza en la acción que logran los grandes conjuntos organizados, cuando los grandes IDEALES los inspiran. Y sabemos que los más puros ideales son el fuego vivo que anima a nuestro grupo cuya vocación es el SERVICIO DE LA PATRIA. Y aprendemos, que SERVIR es tan honroso como MANDAR, y más meritorio que ser servido… Nuestro tema permanente en la Escuela de Reclutas es el SERVICIO EFICIENTE, impregnado de CONFIANZA y de ALEGRÍA. Nuestra vida dentro del Pentathlón es sólo una norma que deberá ser aplicada en el medio en el que vivimos: en la escuela, en el hogar, en el trabajo, en el club. Siempre tendremos un sello distintivo de nuestra identidad: la decencia, la caballerosidad, la camaradería, el valor, la disposición del ánimo para el trabajo y para derrotar cualquier pesimismo y cualquier obstáculo. Orientamos nuestra agresividad hacia el bien y hacia las obras permanentes. La murmuración y los escepticismos son enemigos miserables que fácilmente los aplastamos con nuestra labor positiva. La Escuela de Reclutas del Pentathlón de tradición distinguida, nos abre y nos enseña los primeros preceptos de nuestro IDEARIO y las primeras conquistas de nuestro programa. Y así, una NUEVA JUVENTUD va forjándose cada día al encenderse las primeras luces de la mañana.

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AGUSTÍN ARRIAGA RIVERA

Dr. Jorge Hernández Ibarra El gran impulsor de la Escuela de Reclutas nació en la ciudad de Morelia, Michoacán, el 20 de agosto de 1925. Político por inclinación natural ya que era descendiente por la rama paterna de importantes republicanos, además del ilustre masón Arriaga Iturbe. Su madre doña Mercedes Rivera Hinojosa, quien enviudó cuando Agustín contaba cuatro años de edad, dirigió en Morelia movimientos feministas de corte político. En 1936 fue Presidente de la Sociedad de Alumnos de su escuela y en 1940 ocupa la Presidencia del Consejo Estudiantil Nicolaita. A edad de 15 años, por motivos económicos de la familia, se trasladan a la Ciudad de México. Trabaja como obrero en la fábrica de jabón La Luz, toma cortos cursos de taquimecanografía y logra ser aceptado como secretario del propietario de la fábrica, don Manuel Muñoz Castillo. Estudia en el turno nocturno de la Escuela Nacional Preparatoria y a la edad de 18 años se encuentra ante un problema: cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, que se realizaba en cuarteles y por un año, y la necesidad de trabajar para sostener a su familia. El Pentathlón Universitario le brinda la oportunidad de dar cumplimiento a sus obligaciones militares sin tener que dejar de trabajar y estudiar. En 1942 ingresa a la Escuela de Reclutas en calidad de instructor y rápidamente sus cualidades de buen dirigente le llevan a ser nombrado director de la misma, quien con la ayuda del subdirector Federico Bracamontes forman un grupo de jóvenes sanos, vigorosos que se nutren en la admirable autodisciplina de la Institución. En 1946 conoce al político y Gral. RODOLFO SÁNCHEZ TABOADA, quien le invita a participar en las actividades políticas del candidato a la Presidencia de la República Lic. Miguel Alemán Valdés. Colabora como mensajero del Partido Revolucionario Institucional, al mismo tiempo que ingresa a la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, en cursos nocturnos.

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Se le emplea en el fideicomiso para el Fomento de la Industria Azucarera Nacional bajo las órdenes de su maestro el Lic. Jesús Silva Herzog. En 1947, el Gral. Sánchez Taboada le notifica que él y Federico Bracamontes, han sido comisionados para representar a México en el Festival Mundial de la Juventud, en la ciudad de Praga, Checoslovaquia (actual República Checa). Motivo que les lleva a la renuncia de sus cargos en la Escuela de Reclutas del Pentathlón Universitario. A su regreso de Europa en diciembre de 1947, se encontró con la novedad de que estaba cesado en su trabajo del fideicomiso; por lo que se vio obligado para sostenerse, a trabajar como taxista y en 1948 es designado subdirector de Acción Social de la Secretaría de Educación Pública. Es presidente de la sociedad de alumnos de la Escuela Nacional de Economía y después, presidente de la Federación Estudiantil. En 1949 es director de Acción Juvenil del PRI y en 1952, obtiene el título de Licenciado en Economía con mención honorífica, por el alto promedio de calificaciones en toda su carrera, así cómo por la tesis doctoral realizada, sin descartar el brillante examen profesional sustentado. Es diputado por el Tercer Distrito de Pátzcuaro, Michoacán y en 1955 el Sr. Presidente de la República Adolfo Ruiz Cortines le nombra presidente de la Junta Federal de Mejoras Materiales de Nuevo Laredo. En 1959 el Presidente de la República Lic. Adolfo López Mateos, le nombra director del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana, cargo en el que se distinguió por su dinamismo pentathlónico al impulsar la cultura, el deporte y actividades cívicas como la fundación de las importantes Casas de la Juventud en toda la República. Al lado de Agustín, colaboraron distinguidos pentathletas; me recuerdo de: MARIO RUIZ ABURTO y del Lic. JOSÉ LONGINOS FLORES, por mencionar algunos de ellos. Fue Gobernador Constitucional de su Estado en 1962, cargo que aprovecha para concederle a la UNIVERSIDAD MICHOACANA DE SAN NICOLÁS DE HIDALGO, su plena autonomía, además de otorgarle por decreto, el aumento sucesivo del subsidio universitario. Ya desde 1953, había ingresado a la masonería en la Logia Crisol de Morelia y posteriormente en la Ciudad de México en la Logia Constitución 1917, para después ser No. 1 de la Gran Logia Valle de México. En 1985 recibe la Gran Comendaduría. Alejado de la política, Agustín Arriaga es dinámico y próspero empresario, fundamentalmente en el campo automotriz. En 1988 acepta la invitación para ser director de la Marina Mercante y más adelante es director del Fondo Nacional de Desarrollo Portuarios. Por último, recalco que en todos los cargos, Agustín actuó con claridad y sumó todos los factores positivos posibles, para alcanzar los máximos beneficios del pueblo y del país. Reproduzco las palabras del “Capi” Arriaga, como así le llamábamos:

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LOS AÑOS DECISIVOS DE MI FORMACIÓN EL PENTATHLÓN Lic. Agustín Arriaga Rivera Ex director de la Escuela de Reclutas Debo subrayar la particular aportación y significación del Pentathlón en mi vida, ya que a él me inscribí al ingresar a la Preparatoria y desde el punto de vista de mi formación mental, física, cívica y hasta política, ocupa un lugar de primordial importancia, como lo fue para muchos jóvenes mexicanos, no tan sólo por su actividad asistencial, sino también por la deportiva y militar; sobre todo en los años de la guerra, ya que permitía a los jóvenes, no abandonar sus estudios para ir a los cuarteles y en cambio pagar allí los deberes que establecía el Servicio Militar Nacional, lo cual permitía concurrir a la Universidad, al Politécnico o a la Normal para estudiar y graduarse. El Pentathlón nació y creció gracias a los doctores Gustavo Baz, Jorge Jiménez Cantú, Armando L. Bejarano, Clemente Herrera Monroy, Marcelo Mendoza Parada, Rafael del Paso Reinert, Marcos Ruseck, Rafael Izquierdo, Jorge García Domínguez, Luis Sáenz Arroyo y Julián Gascón Mercado, entre otros jóvenes que con idealismo extraordinario y gran disciplina, establecieron después los internados del Pentathlón en el Distrito Federal en Sadi Carnot y en Alzate, que fueron en sí, ayuda extraordinaria al dar un fuerte apoyo, a los jóvenes que venían de todo el país a la capital de la República y que no tenían recursos para costear sus carreras en la Ciudad de México. Estos internados fueron extendiéndose a los estados a medida que iban surgiendo instituciones de enseñanza superior en ellos. Pero en su momento los dos citados cumplieron una misión importante, pues en esos años, en que a mi me tocó estudiar y trabajar, y con solo ocho universidades en todo el país, obligaba a muchos jóvenes a venir a la capital para poder seguir una carrera universitaria. En ese entonces, además de la Universidad Nacional Autónoma de México-que surge autónoma después de la lucha de 1929-, solo estaban la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, que nació varios siglos atrás y fue constituida como universidad por ley expedida en 1917 al llegar al gobierno del Estado, el Ing. Pascual Ortiz Rubio; y las Universidades Benito Juárez de Oaxaca, la de Veracruz, la de Puebla, la de Guadalajara, la de Monterrey y la de Sonora. Obviamente, no puede pasarse por alto en este lapso, la aportación a la educación en general, particularmente la de carácter técnico y especializado, que hizo y sigue haciendo el Instituto Politécnico Nacional, que en el año de 1936 toma características de Institución Nacional y da a la educación técnica, el carácter que ha transmitido a numerosas generaciones de México. Por su parte, al Pentathlón debe reconocérsele su aportación a nivel internacional, pues también favoreció a jóvenes centroamericanos, que entonces llegaban a México a realizar estudios profesionales. En el transcurso de treinta años pasamos por el Pentathlón, como externos o en los internados, cerca de trescientos mil jóvenes y puede señalarse con toda verdad, que nunca fuimos acusados de tener vicios, de fumar hierbas o del uso de enervantes. Los pentathletas somos una juventud limpia, sana y vigorosa, formada en el concepto de la autodisciplina, verdaderamente admirable; manifestada en el lema que a mí y a muchos nos marcó:”PATRIA, HONOR Y FUERZA”.

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Guardo de ella los mejores recuerdos y no solo por lo que ya he expuesto, sino porque además me tocó desarrollar una labor particularmente importante, junto con mi amigo y compañero el licenciado Federico Bracamontes Gálvez. Desde que llegamos al Pentathlón a finales de 1942, existía ya la dirección de la Escuela de Reclutas, que era el módulo donde se formaban los futuros cadetes del Pentathlón, con muchachos de 15 a 22 años. Fue Salvador Aguilar Joffre, de invaluable calidad moral, quien nos dejó a Federico como subdirector y a mí como director de esa escuela. Otro valioso colaborador de Salvador, que no quiero dejar de mencionar, fue Ernesto Aguilar Coronado. Así pues, cuando nos hicimos cargo de la escuela, existía mística pero no normas, ni programas, ni tiempos para el aprendizaje de las disciplinas deportivas y militares en la formación de los reclutas, luego cadetes. Por lo cual nuestra labor fue precisamente, darle esa estructura de la que carecía y que logramos Federico y yo con éxito. A partir de entonces se tuvieron grupos de cadetes, verdaderos oficiales, que causaban admiración inclusive a los profesionales del Ejército. El grupo de nuestros colaboradores cercanos, fueron los instructores Jorge Gilling, Luis Schwartz, Arturo Vázquez Soto, Orbelín Soberanis, Jorge Hernández Ibarra, Manuel Mendoza Chávez, Gonzalo Parra Martínez, Federico Rodríguez Moncada, Felipe Fernández, Armando León Franyutti, José de Jesús Suárez Soto, Sergio Luis Cano, Manuel Santaella, Enrique Ávila Macías, Alfonso García Caraveo, Reynaldo Mondragón, José Longinos Flores, Benito Pérez Martínez, Jorge Rodríguez Kaire, Armando Govea, Armando Rodríguez Morado y Rafael Elizarrarás. Quiero señalar que la Secretaría de la Defensa Nacional, particularmente durante los sexenios de don Manuel Ávila Camacho, de don Miguel Alemán y de don Adolfo Ruiz Cortines, prestó todo su apoyo al Pentathlón. Le proporcionó instructores del Ejército como el capitán Andrés Negrete Muñoz y el general Enrique Osorio, así como armamento de siete milímetros para la instrucción. En los desfiles del 16 de septiembre y 20 de noviembre se logró tener siempre una brillante participación. Las prácticas de equitación en sus magníficas instalaciones eran ejemplares, no sólo por su valor deportivo, sino como verdaderos ejercicios formativos del carácter y de la disciplina militar. Un elemento de gran valor para formar ese Cuerpo de Caballería, lo fue el capitán pentathleta Guillermo Lacy López. De la ciudad nos trasladábamos a las montañas vecinas, inclusive a los volcanes Popocatépetl, Iztaccíhuatl y al Ajusco, y en ellos realizábamos prácticas de extraordinaria disciplina formativa, adquiriendo entrenamiento de montañismo, rapel y astronomía. Otras actividades fueron: atletismo, fútbol americano, básquetbol, natación y otros deportes más. Las prácticas de campo las hacíamos aprovechando los grandes conventos vecinos a la ciudad como el de Tepotzotlán. Durante la Semana Santa solíamos visitar algunas ciudades: Orizaba, Monterrey, Oaxaca y Córdoba entre otras, en las que hacíamos prácticas de infantería y caballería. Cuando ocupé la Jefatura de Hacienda del Estado Mayor General del Pentathlón, una de mis importantes funciones, además de recaudar los fondos, era recoger y distribuir los uniformes de campaña y sobre todo los de gala que mucho interesaban a los jóvenes de la época, porque hacían las funciones de “smoking” en las fiestas, pues eran elegantes y bien cortados, semejantes a los del Colegio Militar. Un dato curioso: El Comandante de la Zona de Toluca, solicitó la dotación de diecisiete uniformes de gala. El Jefe del Estado Mayor General, Jorge García Domínguez aprobó la petición, por lo que mandé a la Cooperativa Obrera de Vestuario y Equipo (COVE), las medidas correspondientes. Don Panchito, el amable encargado de surtir nuestros pedidos me indicó que había una equivocación, pues una de las medidas

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seguramente no estaba bien, pues las piernas eran sumamente largas. De Toluca nos ratificaron que las medidas eran las correctas, lo que pasaba era que el compañero estaba un poco largo. Se trataba de un joven llamado Carlos Hank González. Agustín falleció el 18 de junio del 2006, a la edad de 80 años.

Cuerpo de instructores de la Escuela de Reclutas en el año de 1944

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FEDERICO BRACAMONTES GÁLVEZ

Dr. Jorge Hernández Ibarra De instructor de la Escuela de Reclutas en 1944, pasó a ser subdirector de la misma. Estudió la licenciatura en Derecho, profesión que no ejerció por dedicarse al periodismo. Se inicia en el diario deportivo “Esto”, en donde escribe una columna muy leída: “La Pregunta del día”; en ella cuestiona fundamentalmente a funcionarios públicos sobre el ejercicio de sus obligaciones para el pueblo y el país. Más tarde, forma su propio diario: “Aquí”, la expresión de la juventud, diario con bastante información deportiva, en especial la del fútbol americano. Desgraciadamente se vio obligado a cerrarlo, porque se le suspendió la materia prima, es decir no le entregó papel la PIPSA (paraestatal que controlaba el suministro de papel a periódicos y revistas en el país). El motivo fue un error tipográfico en la publicación en la misma plana de dos fotografías; una era de una reunión de políticos y la otra correspondía a un grupo de simios que el zoológico de la ciudad había adquirido para la distracción de los capitalinos. El error fue el cambio de los pies explicativos de las fotografías. Al siguiente periodo gubernamental publicó otro diario “El Diario de México”, luego uno más, “Diario de Morelos”, y “La Comadre” en Cuautla, Morelos. Dentro de las inquietudes de Federico, esta la creación del “Día del Abogado”, fecha propicia en cada año, para manifestar el reconocimiento a los buenos abogados, así como premiar a los destacados. También promovió el reconocimiento y premiación a los mejores estudiantes del país. Otorgó muchas becas a estudiantes merecedores. Federico Bracamontes después de su renuncia como subdirector de la Escuela de Reclutas, acudió junto con Agustín Arriaga Rivera, a la ciudad de Praga, con la representación de México, al Festival Mundial de la Juventud. Federico causó baja del activo del Pentathlón, y transcurre por el espacio del silencio haciendo grandes beneficios para la Institución. Federico es sin duda alguna, el más grande PROPAGANDISTA del Pentathlón Universitario. Han sido miles y miles de folletos y propaganda escrita, que salieron de sus talleres gráficos y bien cuidó de su adecuada distribución para el conocimiento de nuestra Institución.

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Fue también nuestro añorado pentathleta, el magnífico puente entre la ideología y las actividades del Pentathlón, con todos los medios informativos del país. Siempre se publicaban en todos los diarios y revistas las juras de bandera, desfiles y competencias. Federico fue uno de los creadores del equipo de fútbol americano del Pentathlón, fue su administrador y a mi me comisiono abastecedor del equipo, ya que se le tenía que dar a los jugadores una alimentación especial. En la Ciudad de México se realizaba cada año un concurso femenino para elegir a la reina de la primavera. El Pentathlón propuso a su candidata la Srita. Carolina Campos H., la que triunfó después de excelente campaña manejada por Federico Bracamontes, además, este hecho dio inicio a las actividades del PENTATHLÓN FEMENINO, ya que su existencia únicamente estaba referida en el Código Fundamental, pero sin actividad alguna. Carolina, auxiliada por dos hermanas de origen japonés, Fumiko y Tsihzuko y un par de señoritas más, iniciaron las actividades del Pentathlón Femenino, que continúan hasta la fecha. Federico fue nombrado representante del Estado Mayor General ante el grupo. Federico Bracamontes Gálvez contrajo matrimonio con Ana Elena Baz Díaz Lombardo y tuvieron dos hijos, Federico y Miguel Ángel. El ejemplar pentathleta nos abandonó a los 81 años de edad, el 9 de junio del 2008.

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DISCIPLINA Y LEALTAD PENTATHLÓNICA Crónica narrada por un suboficial de Inf. Instructor de la Escuela de Reclutas. Les comentaré el paso por el Pentathlón de un joven veracruzano, que nació un 11 de junio de 1929 en el bello puerto jarocho. En 1947 ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria para cursar el bachillerato de Ciencias Sociales y coincide también, por tener 18 años, el participar en el sorteo para el cumplimiento del Servicio Militar Nacional. Un amigo le había informado de la existencia de una institución llamada Pentathlón Deportivo Militar Universitario, en donde podía adquirir conocimientos militares y así estar mejor preparado por si era sorteado con bola blanca, y tener en el Servicio Militar Nacional mejores oportunidades. Ingresó a la Escuela de Reclutas en el Reclutamiento Nº 29, número que se le quedó grabado por coincidir con los últimos números del año de su nacimiento. El reclutamiento tuvo duración de tres meses, con intensiva instrucción militar que se iniciaba a las 5.50 hrs. de la madrugada y con el mismo horario tres días de instrucción deportiva a la semana. Los domingos después de la instrucción militar de conjunto de toda la Escuela de Reclutas, se les impartían academias sobre reglamentos militares e historia del Pentathlón. Nuestro amigo por tener buena estatura y prestancia, fue sargento de la primera sección de la primera compañía de reclutas. Durante el reclutamiento se programaron tres prácticas de campo; la primera se desarrolló en el Desierto de los Leones, de la segunda no me recuerdo y la tercera fue por tres días a la ciudad de Orizaba, Ver. En esta última práctica, se les alojó en el cuartel de bomberos de esa ciudad y en la primera noche, hubo fuerte incendio en la iglesia principal. De inmediato y en coordinación con los bomberos, el Pentathlón acordonó la zona, impidiendo el estorbo de los curiosos y los bomberos pudieron realizar con éxito su labor. Al día siguiente realizaron en la ciudad, actividades deportivas junto con los jóvenes de la localidad y los 600 componentes del Pentathlón desfilaron por las principales calles de Orizaba, con su Bandera Nacional al frente y al toque de la banda de guerra que le seguía. Fue un desfile muy emocionante; fueron calurosamente aplaudidos por el público, que festejo también la marcha “Adelante Pentathlón” que cantaron junto con la canción de moda “El Cantar de Regimiento”. Al otro día se trasladaron a la ciudad de Córdoba y los reclutas dieron una demostración de sus habilidades deportivas, frente a un parque. Les observaban el Comandante General de la Institución Dr. Jorge Jiménez Cantú con algunos miembros del Estado Mayor y el Director de la Escuela de Reclutas. Todos ellos se encontraban parados sobre el césped de un arriate. Nuestro amigo de marras, formaba parte del cuerpo de policía militar que se constituía en ese tipo de prácticas. Su jefe inmediato superior, el Oficial MANUEL RAMÍREZ PALACIOS, conocido como “El Cananeo”, por ser originario de Cananea, Sonora, le dio la orden de que acudiera antes los jefes y les indicaran que estaban parados en lugar prohibido por la existencia de césped. Tremendo compromiso para nuestro recluta, quien valoró que era una orden, y una orden lógica, correcta, necesaria y que había que cumplirla; eso se llama DISCIPLINA. Se dirigió ante el Comandante General, saludó militarmente y con todo el respeto, le hizo saber que había que dejar de pisar el césped. La respuesta de sus jefes no se hizo esperar, se retiraron satisfechos por la disciplina del recluta.

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La Jura de Bandera se realizó en el Campo Marte. Brillante ceremonia en donde todo el reclutamiento con su uniforme de campaña, juró fidelidad a nuestra patria. El que narra ésta crónica, fue ese feliz recluta y mi nombre es JORGE PIÑA VALDIVIESO, y también con orgullo comento, que después de la jura fui invitado a pertenecer a la Escuela de Reclutas, por lo que ingresé al Cuerpo de Aspirantes a Instructor. Para el siguiente reclutamiento, el Nº 30, fui instructor de la primera sección de la primera compañía de reclutas, además de formar parte en los servicios y prácticas de campo, en el grupo de policía militar que ahora comandaba el Oficial ARMANDO RODRÍGUEZ MORADO. Ya como instructor, acudimos a otro servicio a la ciudad de Monterrey, N. L., fueron cinco días de mucha actividad y de muchas penalidades. Dentro de la primera, fue la valla que le hicimos al Sr. Gobernador del Estado, la noche del 15 de septiembre para la tradicional ceremonia del “Grito”. El desfile por las principales calles al día siguiente y otras actividades menos importantes. Las penalidades: Se nos alojó en la Ciudad Militar de Monterrey, cuya tropa que la ocupaba vino a la Ciudad de México, precisamente a desfilar. Las chinches neoleonesas nos desconocieron, por lo que nos vimos obligados a dormir en los bellos jardines del cuartel. Otra severa penalidad lo fue la epidemia del cuadro diarreico llamado en aquel entonces “Colorín”, que se trasmitía entre otras formas, por los alimentos y que enfermó a muchos compañeros. Obviamente todos nos negamos a tomar los alimentos del cuartel. El Sr. Gobernador del Estado ofrecido mandar dinero, que nunca llegó, para que tomáramos los alimentos, fuera del cuartel. Gracias a la colaboración de la Cervecería Cuauhtémoc, que nos ofrecía en sus jardines cerveza gratuita, tuvimos buen aporte de calorías. Como final de toda esta gama de vicisitudes, al regreso a la Ciudad de México, la locomotora del ferrocarril tuvo a bien que se le rompiera un eje y su reparación nos costó 48 horas de espera. Gracias a la convivencia con los pasajeros de los otros vagones, pudimos subsistir, al ofrecernos los sagrados alimentos. Por último, la razón por la que hablo de LEALTAD PENTATHLÓNICA: Era estudiante en la Facultad de Leyes y mi director de la Escuela de Reclutas, el Oficial Agustín Arriaga Rivera, era estudiante en la Facultad de Economía, ambas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Arriaga Rivera era además, el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. Me enteré de que un nefasto grupo de oposición a él, tenía bien estructurado un movimiento para derrocarlo, por lo que rápidamente me trasladé a la Facultad de Economía para ponerle al tanto del movimiento planeado en su contra. Se tomaron las medidas prudentes y el plan fracasó. En 1949, a la muerte de mi padre, tuve que retirarme de la Universidad y del Pentathlón para trasladarme al puerto de Veracruz. Tengo 81 años de edad y a la manera de colofón de la presente crónica, les he de manifestar que el Pentathlón me ayudo en mucho a vivir, y a vivir bien y eso es la que quiero para todos ustedes.

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SEMBLANZA DE UN BUEN PENTATHLETA JORGE PIÑA VALDIVIESO Dr. Jorge Hernández Ibarra. Hombre conciente de lo positivo, de vida vertical y de mucha fibra. Su estancia en el activo, fue corta; pero de gran calidad. En Veracruz se ocupó como gerente de una agencia aduanal hasta el año de 1963. Después fue Secretario de la Junta Federal de Mejoras Materiales de Veracruz; más tarde Jefe de Relaciones Públicas del Instituto Tecnológico de Veracruz. En 1968 regresa a la Ciudad de México comisionado a la Subsecretaría de Educación Técnica dependiente de la Secretaría de Educación Pública. Finalmente labora en la iniciativa privada en un puesto en el INTEK, empresa dedicada a la venta de maquinaria para laboratorios y talleres escolares. Los que militamos con él, le guardamos admiración, cariño y respeto, por ser como es, amén de un brillante pentathleta.

En Oaxaca: Comandante de la escolta José Concepción Carrillo Carrillo, abanderado Luis Schwartz Klein, a su izquierda Federico Rodríguez Moncada e Isauro Martínez Gálvez.

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EL PENTATHLÓN EN EL AUTOMOVILISMO

Dr. Jorge Hernández Ibarra EMILIO PORTES MEDINA, instructor de la Escuela de Reclutas y mejor conocido como “El Crushito” (ignoro el motivo del mote y la única relación con él, lo era el nombre de una gaseosa llamada Orange Crush). La presencia de Emilio enterraba a la tristeza, el hombre siempre estaba de buen humor y de sus labios ligeramente apretados, brotaba el alegre y elegante chascarrillo. Emilio nació en la Ciudad de México el 1º de marzo de 1929 y se vio obligado a solicitar su baja de la Escuela de Reclutas por tener que trabajar en diferentes ciudades de la República. Lamentablemente Emilio falleció el 13 de marzo de 1994. Emilio Portes Medina, junto con otro instructor de la Escuela de Reclutas, ARMANDO RODRÍGUEZ MORADO, dieron renombre a la Institución al participar en la Primera Carrera Panamericana que se efectúo en 1950. Su automóvil con placa del evento Nº 119 llevaba como emblema el escudo y nombre del Pentathlón. Este evento de carácter internacional, carrera abierta de velocidad, se inició el día 5 de mayo en Ciudad Juárez, Chihuahua, y finalizó en El Ocotal, Chiapas. El automóvil insignia del Pentathlón Universitario hizo un recorrido de más de 3000 kilómetros.

Emilio Portes y Armando Rodríguez Morado

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DIRECTORES DE LA ESCUELA DE RECLUTAS Director: SALVADOR AGUILAR JOFFRE, primer director. Director: AGUSTÍN ARRIAGA RIVERA, externo y estudiante de economía. Subdirector: FEDERICO BRACAMONTES GÁLVEZ, primer subdirector, externo y estudiante de leyes. Director: JORGE GILLING CABRERA, originario de Tampico, Tamps. Fue interno de la Sección “A” y era estudiante de ingeniería química. Subdirector ORBELIN SOBERANIS NUÑEZ, originario de Tecpan de Galeana, Gro., interno de la Sección “A”. Se dedicó a la política de su Estado. Director: ARMANDO LEÓN FRANYUTTI, originario de Villahermosa, Tabasco. Fue interno de la Sección “A”, estudió medicina y ejerció en su ciudad natal. Subdirector: BASILIO PÉREZ VELASCO, originario del Distrito Federal, externo y estudia la licenciatura en derecho. Director: JORGE HERNÁNDEZ IBARRA, originario del Distrito Federal, pentathlónico del externado y estudié medicina. Subdirector: JUAN MANUEL MENDOZA CHÁVEZ, originario de Puebla, Pue., interno de la Sección “A”, estudió derecho y trabajó como funcionario público. Director: JUAN MANUEL MENDOZA CHÁVEZ. Director: JESÚS IBARRA GARCÍA, externo del Pentathlón. Subdirector: HÉCTOR ARIAS FUENTES, del externado del Pentathlón.

Abanderado, Arturo Vázquez Soto, a su der. Jorge Piña y su izq. Emilio Portes

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LA ESCUELA DE CADETES Dr. Jorge Hernández Ibarra CADETE, palabra que deriva del francés “cadet” y que se empleaba originalmente, para designar al segundo hijo de una familia noble, que era orientado para que se iniciara en la carrera militar. Con el tiempo se ha usado, como sucede hasta la fecha, para designar al alumno de una institución militar. La Escuela de Cadetes del Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario, es el grupo esencial de la Institución. Sus miembros los cadetes, ya juraron fidelidad a la Patria, al Pentálogo y cumplen con el Código Fundamental. Físicamente han preparado su cuerpo, lo han hecho resistente y fuerte, y en su mente hay conceptos de enorme mérito, hay principios que aprendieron o reafirmaron en la Escuela de Reclutas. Los cadetes están capacitados para reconocer los principios positivos de la vida, además de poder seleccionar las herramientas que les serán útiles, para superar los obstáculos que se les presenten, al saber manejarlos con destreza. En la Escuela de Cadetes van a continuar, ya en forma más profunda, su preparación y en cuatro meses más, estarán aptos para poder ingresar al grupo que deseen pertenecer. En la Escuela de Cadetes observé la destreza de su personal en la práctica de la esgrima a bayoneta calada, en la defensa personal y en el tumbling. De la Escuela de Cadetes surgieron los grupos de montañismo, como el de Infantería de Montaña, cuyos miembros se adiestraban en prácticas de escalamiento en rocas, ascensión a altas montañas y volcanes, basándose en un programa militar. Por la Escuela de Cadetes desfilaron pentathlónicos muy positivos, imposible mencionarlos a todos, por lo que me concretaré a señalar a unos cuantos: Recién constituida la Escuela de Cadetes, destacaron los hermanos GRAUE quienes además, fueron los que hicieron la primera impresión del Código Fundamental, en la Imprenta y Litografía Graue, taller que tenían en la calle de Revillagigedo. GILBERTO YAMAMOTO HERNÁNDEZ, fue un buen director de la escuela. Estudió la carrera de Ingeniería y fue pionero en la idea de que los del Pentathlón deben además conocerse a sí mismos. Creó el Colegio Nacional de Pentathletas A.C., centro donde se impartían cursos diversos, predominando los de superación personal, oratoria, etc. En 1971 integró el primer directorio del Pentathlón Universitario, con nombres de compañeros del Activo y de las Reservas. ENRIQUE MORFÍN ESCOBAR, también director de la Escuela de Cadetes, al que le reconozco entre otras capacidades, su altruismo. Era optometrista de profesión y en su óptica de la calle del Carmen, obsequiaba armazones y cristales graduados a pentathletas carentes de recursos para obtenerlos. JORGE ALARDIN, otro buen director que se caracterizó por imprimirle al grupo fibra y pujanza, tanto en el orden militar como en el deportivo. El Dr. JAVIER CASTILLO NAVA, que aparte de ser ejemplar pentathlónico, destacó en el arte de la medicina. JAVIER OCHOA VALLE, que sembró cuando tuvo a la Escuela de Cadetes bajo su mando, buenas enseñanzas que en mucho fortalecieron al grupo. Hombre inteligente, auténtico, lúcido, frecuentemente callado que nos mostró la virtud de la honestidad y de la disciplina. En la Escuela de Cadetes se han realizado con mucho éxito concursos de oratoria, de composición poética, concursos que se han caracterizado además de su calidad, por lo reñido dada la enjundia de los participantes. Desde hace mucho tiempo en la Escuela de Cadetes se implantaron los siguientes compromisos:

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COMPROMISOS DEL CADETE Me comprometo a fomentar en todo momento el amor y respeto a la Patria. Me comprometo a no tolerar insultos hacia la Patria, la Bandera o el Pentathlón. Me comprometo a defender a la Patria, con la fuerza de la razón, y con la razón de la fuerza. Me comprometo a ser constante y fiel propagandista del ideal del Pentathlón. Me comprometo a cumplir con entusiasmo mis deberes para con la Institución. Me comprometo a no murmurar de mis superiores ni de mis obligaciones. Me comprometo a ser subordinado para con mis superiores, respetuoso y cortés para mis iguales y considerado y justo para mis subordinados, no abusando de la autoridad que sobre ellos tenga. Me comprometo a cumplir siempre con las leyes del Pentathlón, sin apartarme de sus normas, ni permitir ser una excepción a sus postulados. Me comprometo a fomentar y acrecentar el sentimiento de fraternidad dentro y fuera del grupo. Me comprometo a normar mi vida dentro de las reglas de caballerosidad, de la honradez y del trabajo. Me comprometo a esforzarme cada día más, en el cumplimiento de mis deberes. Me comprometo a no escandalizar, ni alterar el orden en ninguna forma. Me comprometo a no abusar de quien no pueda defenderse. Me comprometo a dignificar y a respetar a la mujer y a la familia. Me comprometo a proteger al débil y al desvalido dentro de mis posibilidades. Me comprometo a mejorar siempre, mediante el trabajo, estudio y esfuerzo mis condiciones económicas y mi estado intelectual y moral. Me comprometo a mejorar mis condiciones físicas, cuidando de mi salud y cultivando mi fuerza, agilidad y resistencia. Me comprometo hacer del honor un culto, de la disciplina un hábito, y del valor una costumbre. Me comprometo a que mi palabra, mi firma y mis compromisos, tengan siempre el mismo valor que los hechos. Me comprometo a impedir que cualquier vicio me domine. Me comprometo a no odiar jamás, ni guardar rencor para nadie.

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ESCUELA DE CLASES Dr. Jorge Hernández Ibarra. La Escuela de Clases no fue muy divulgada en la Institución, en virtud de que la mayoría de sus miembros estaban comisionados en otros grupos, principalmente en la Escuela de Reclutas y en la de Cadetes, en calidad de instructores. Por lo que en estas crónicas, en atención a la Escuela de Clases, muy bien podríamos tener una conversación en silencio; pues ¿Qué podemos decir del grupo, cuando no sabemos que hizo como grupo?, pues… nada y sanseacabó.

ESCUELA DE OFICIALES Dr. Jorge Hernández Ibarra La Escuela de Oficiales fue muy significativa en el área militar, por la excelente colaboración de muchos de sus miembros, como instructores en el Servicio Militar Nacional. En 1951 estaba al frente de la escuela y con la nueva designación de los grados militares, el Coronel de Infantería de Complemento, Instructor y encargado del Servicio Militar Nacional ERNESTO AGUILAR CORONADO. La impresión que yo tuve de él, fue la de enigmático personaje, de palabra convincente y armoniosa charla. Se trataba de un hombre de baja estatura, corte de pelo al casquete corto, peinado de raya a un lado, bigote corto no muy poblado. Frecuentemente muy bien uniformado, portando las insignias correspondientes a su grado y cargo del Pentathlón y del Servicio Militar Nacional. En la Escuela de Oficiales surgieron muchos aciertos; pero también algunos errores. De los primeros, puedo señalar las buenas corrientes de amistad con jefes del Ejército Mexicano, y la colaboración del Pentathlón en el entrenamiento masivo militar en la población civil, a jóvenes de 18 años de edad. En 1940, el Presidente de la República Gral. Lázaro Cárdenas había publicado en el Diario Oficial de la Federación del 11 de septiembre, la Ley del Servicio Militar, en la que se declaraba obligatorio y de orden público, el servicio de las armas para todos los mexicanos por nacimiento o naturalización, en la edad de 18 años. Pero en uno de los artículos transitorios se establecía que la ley empezaría a surtir sus efectos, con la oportunidad que el Ejecutivo lo estimara conveniente. En la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el Gobierno del Gral. Cárdenas se había mantenido neutral, aunque inconforme con la invasión alemana a Checoslovaquia, motivo que le obliga a la requisa o control gubernamental de propiedades privadas y de compañías alemanas e italianas. En puertos mexicanos se encontraban barcos mercantes de esos países, en especial dos buques petroleros italianos, los que al incautarse, fueron puestos al servicio del gobierno, en abril de 1941. A uno se le puso el nombre de “Potrero del Llano” y al otro el “Faja de Oro”. El 13 de mayo de 1942 fue torpedeado el Potrero del Llano, y el 22 del mismo mes, el Faja de Oro. El Presidente de la República Gral. Manuel Ávila Camacho, el 28 de mayo les declara la guerra a los países del Eje: Alemania, Italia y Japón. En el Diario Oficial de la Federación del 31 de agosto de 1942, se publica el decreto que pone en vigor la Ley del Servicio Militar, y así el 1º de enero de 1943, todos

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jóvenes nacidos en 1924 que salieron sorteados con bola blanca, fueron encuadrados en las instalaciones militares del país, principalmente en los cuarteles, para el cumplimiento del servicio por un periodo de un año. Años después, se acordó que para dar cumplimiento a la ley, los jóvenes sorteados acudirían a centros de adiestramiento, en cuarteles, plazas, parques, etc., de preferencia, los días domingo y durante todo un año. Algunos de esos centros de adiestramiento le fueron conferidos al Pentathlón Universitario, a través de la Escuela de Oficiales. El de mayor afluencia fue el de “Río Blanco”, instrucción que se ejercía en calles aledañas al Monumento a la Madre, cercano a nuestro cuartel general. Mencionaré unos cuantos de los muchos distinguidos oficiales del Pentathlón que colaboraron en el Servicio Militar Nacional. ANDRÉS ESTEBAN CAMPILLO, que ingresa al Pentathlón poco tiempo después de su fundación, es quizá el “Pie veterano” de la Escuela de Oficiales. Él era empleado administrativo de la Universidad, excelente mecanógrafo, que llamaba la atención por la rapidez con que escribía y con impecable ortografía. Si no todos, sí la gran mayoría de los trabajos, discursos, oficios, etc., del Dr. Jorge Jiménez Cantú, fueron transcritos a la máquina por Andrés Esteban. Hombre muy disciplinado, de mirada penetrante que lo signaba de estricto; pero había en él mucha nobleza. RODOLFO VERA MEJÍA.- Otro brillante oficial que fue uno de nuestros mejores fotógrafos; era muy común verle siempre armado de su cámara fotográfica. Muchas de las ceremonias del Pentathlón fueron fotografiadas por Rodolfo. Amaba su profesión: La fotografía. LORENZO LÓPEZ ZEPEDA.- Conocido entre nosotros como “La pulga”, por la rapidez insospechada con que se trasladaba de un sitio a otro. Fue químico bacteriólogo y en el Hospital General de la Secretaría de Salubridad donde trabajaba, se le conocía como “La bicicleta” por los mismos motivos. Ejemplo de mando y subordinación en sus actividades como oficial. Ha muchos de nosotros, nos obsequió una pequeña plaquita metálica con el escudo del Pentathlón grabado, con nuestro nombre, grupo sanguíneo y Rh., muy útil en caso de un accidente. Lic. ALBERTO RAMOS GARCÍA, Comandante que fue Jefe de la Sección Militar del EMG., muy disciplinado y estricto, buen amigo. Se retiró del Activo para ocupar importante puesto en la Universidad Nacional Autónoma de México.

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LOS ERRORES DEL PENTATHLÓN ¿Que hubo fallas y errores…? ¿Quién no las ha cometido? ¡Sólo el necio y engreído… arguye no hacer errores! (Oficial Edgardo Blanchet C.) Dr. Jorge Hernández Ibarra. “ERRARE HUMANUM EST”, reza la expresión latina, “Es de humanos el errar”, lo diríamos en castellano y el Pentathlón no es la excepción. Me atrevo a comentar en estas crónicas históricas, los hechos y mis razonamientos a una serie de problemas que afrontó la Institución. De antemano, aclaro que estoy conciente de que en ellos no hubo premeditación perversa o hechos para un beneficio personal; fueron eso, errores. Creo que se actuó de buena fe, quizá pensando que le eran benéficos al Pentathlón, pero que en el trasfondo hubo repercusiones molestas a nuestro prestigio Institucional. En 1951 yo era Director de la Escuela de Reclutas y el Comandante Ernesto Aguilar Coronado nos trasmitió la orden de que los grupos del Pentathlón, los sábados por las noches, visitaríamos centros nocturnos y bares, para que los parroquianos sospechosos de tener 18 años de edad, nos mostraran la cartilla de identidad del Servicio Militar Nacional. Si no la tenían, o bien eran remisos, los transportábamos en camiones a la Primera Zona Militar en Palacio Nacional. Esta actividad, que en otras palabras eran verdaderas redadas, y no obstante, que se realizaron con todo respeto a los involucrados y al público en general; pronto le pasaron la factura al Pentathlón. Actitudes molestas y desagradables de parte de la sociedad para con la Institución, incluyendo insultos y otras manifestaciones de reproche; que afortunadamente pronto cesaron, por haberse suspendido la práctica de las redadas, ineficaces además de molestas. No hubo tiempo para repartir culpas, cuando se presentó otro problema. El artículo 30 de la Ley del Servicio Militar, establecía que los conscriptos al cumplir el año de servicio en el activo y que estuvieren capacitados para el comando de una sección orgánica y que se hubieren distinguido por su disciplina, por su cultura y el buen desempeño de sus deberes militares, serían nominados SUBTENIENTES DE COMPLEMENTO, previo examen que sustentarían en los términos que se establecía en el reglamento de esa ley. No encontré oficio, reglamento o disposición que autorizara al Pentathlón,-quizá fue un acuerdo verbal-, para la homologación de la jerarquía del Ejército con la del Pentathlón y así desde el grado de suboficial hasta el de primer comandante, usamos la nomenclatura militar con el agregado “de complemento”. En la práctica fue muy común que se omitiera el agregado “de complemento” y ante los ojos de un lego castrense, le eran iguales uno del Pentathlón que un militar de carrera. Es obvio que esta situación molestó a los miembros del Ejército. Afortunadamente también, en corto tiempo se volvió a usar la terminología que conocemos hasta la fecha y ya no hubo problema alguno. No hay lugar a dudas de que el ser humano es muy especial y muy dado a repetir los mismos errores. Cuenta el anecdotario de que en una ocasión estaba Diógenes, el

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filósofo griego que vivió en el siglo IV a.C., máximo exponente de la escuela filosófica llamada “cínica”, en la esquina de una calle, riéndose con locura. Un amigo que le observó se acercó a él y le preguntó el motivo de su delirante risa, a lo que Diógenes le contestó: “Pues me río porque desde que llegué esta mañana a éste lugar, han sido varias las personas que se han tropezado con la piedra que ves ahí, la han maldecido, pero ninguno, ninguno se ha tomado la molestia de quitarla del camino para que otros ya no se tropiecen”. Yo creo que ahí nació el aforismo de que el hombre es el único animal que se tropieza con la misma piedra, dos veces. UN GRAVE ACCIDENTE Dr. Jorge Hernández Ibarra El Pentathlón Universitario en 1943 realizaría maniobras militares en las montañas aledañas al poblado de Villa del Carbón, del municipio Nicolás Romero, Estado de México. Las compañías de infantería, la brigada médica y la caballada iban en camino o ya estaban allá y únicamente nos quedamos en México la Escuela de Reclutas para cubrir las guardias del cuartel. El último contingente que salió de la Cuidad de México fue el de clases y oficiales de caballería, los que viajaron en un camión de redilas, hecho muy común en aquel entonces. Para llegar a Villa del Carbón no había carretera alguna; había que tomar pésimo camino de terracería, que en época de lluvias formaba un barro pegajoso, chicloso, lo que ocasionaba el atasco del vehículo. El camión de redilas tras remontar una terregosa cuesta, volcó en un recodo. Murieron dos buenos pentathletas y varios más resultaron heridos. Fueron velados en el cuartel general del Pentathlón, a uno se le sepultó aquí en la ciudad y a otro con honores militares lo trasladamos a la estación del ferrocarril, para que su cuerpo fuera llevado a su natal Chihuahua. De los heridos, el más grave fue SERGIO MUÑOZ LEDO, quien durante varios días permaneció inconsciente y a partir de ahí se le desencadenó severa diabetes. En el primer aniversario del lamentable accidente, se realizó una ceremonia luctuosa en el sitio del hecho, en donde el Maestro. y gran orador, Lic. y doctor en Derecho ANDRÉS SERRA ROJAS, simpatizador del Pentathlón, hizo uso de la palabra con encomiables señalamientos a las víctimas y a la Institución.

Licenciado Andrés Serra Rojas

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PRESENCIA DEL PENTATHLÓN EN LA VIDA NACIONAL DOS GRANDES INAUGURACIONES. Dr. Jorge Hernández Ibarra HEMEROTECA NACIONAL.- El 28 de marzo de 1944, el Sr. Presidente de la República General Manuel Ávila Camacho, acompañado por el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, inaugura la Hemeroteca Nacional. El Pentathlón Universitario en tan solemne acto, escoltó las banderas de nuestra Institución y la de la Universidad. Formó la valla para el paso de las personalidades que asistieron, amén de rendir los honores de ordenanza al Sr. Presidente. Fue para nosotros un orgullo actuar en esa noche inolvidable, en emotiva ceremonia por su contenido. La Hemeroteca Nacional ocupó el edificio de lo que fuera el templo de San Pedro y San Pablo, situado en la esquina de las calles de El Carmen y San Ildefonso, casi contra esquina con el edificio de la Escuela Nacional Preparatoria, en el centro de la ciudad. La construcción de la iglesia se terminó en 1603 y se le entregó a la Compañía de Jesús. En 1824, en su interior se reunió el Primer Congreso Constituyente y ahí juro Agustín de Iturbide, quien fuera en 1825 el primer emperador de México. En ese lugar, también se firmó la Primera Constitución. En 1832, la iglesia fue nuevamente abierta al culto religioso. El inmueble fue utilizado como cuartel, biblioteca, bodega de la aduana, como escuela correccional de los mamelucos, como casa de dementes, caballerizas de un regimiento y es hasta en 1922 cuando el ministro de Educación Pública, lo destina para sala de discusiones libres de la Universidad de México. La Hemeroteca Nacional antes de ocupar ese inmueble, se encontraba a un costado de la Biblioteca Nacional en el hermoso ex templo de San Agustín, que en aquel entonces tenía el vitral más grande de la República y en el amplio jardín de su exterior esta colocada la majestuosa escultura en mármol y granito en homenaje al erudito naturista alemán Alejandro de Humboldt, que precisamente admiramos en la esquina de las calles de República de Uruguay e Isabel La Católica, en el centro de nuestra ciudad. El edificio que ocupó la nueva Hemeroteca Nacional es patrimonio de la Universidad y funcionó como tal hasta 1979 en que se convirtió en el Museo de la Luz. INSTITUTO NACIONAL DE CARDIOLOGÍA.- La inauguración de este importante instituto para la medicina moderna del país, marcó el inicio de una serie de avances médicos mucho muy importantes, concebidos por el Dr Gustavo Baz Prada, con la colaboración de varias eminencias médicas del momento. El Sr. Presidente de la República General Manuel Ávila Camacho, acompañado por el ministro de Salubridad y Asistencia Dr. Gustavo Baz, el 18 de abril de 1944, inaugura el Instituto en un edificio construido ex profeso, en la esquina de la Calzada de la Piedad, hoy Av. Cuauhtémoc, con la calle de Márquez, de la colonia de los Doctores. La columna del Pentathlón formó la valla a lo largo y ancho de la calle Dr. Márquez; el Dr. Jorge Jiménez Cantú comandaba al Pentathlón y se encontraba en la esquina con la Piedad, donde se iniciaba la columna. En mi calidad de mal corneta, el comandante de la banda de guerra me había enviado con el sargento primero que estaba al final de la columna. Se esperaba el arribo de la comitiva presidencial por la calzada de la Piedad, pero para nuestra sorpresa el automóvil arribó por una calle que desembocaba a Dr. Márquez. El Sargento Primero y yo vimos que el Dr. Baz volteó hacia nosotros llevándose la mano empuñada hacia la boca, lo que interpretamos como

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poner en firmes a los cadetes. Un ruido estridente salió de mi corneta, que el Pentathlón interpretó bien y se puso en firmes. Puedo jactarme que yo ordené el principio de la trascendental ceremonia de inauguración del Instituto, orgullo de la medicina mexicana.

Directores y Jefes del Pentathlón Universitario

Sentados: Comte. Gral. Dr. Jorge Hernández Ibarra, Jefe del EMG Ing. Jorge Gilling Cabrera, de pie, de izq. a der. Director Esc. Cadetes, Javier Ochoa Valle, Director Esc. de Reclutas, Jesús Ibarra García, Jefe Cuerpo Ingenieros Rosalio Ramírez, Jefe Policía Militar, José González Vallejo, Jefe Esc. Oficiales, Jefe Sección Técnica, Lic. Sergio Álvarez Castro, Jefe Zona Tamaulipas, Federico Dingler, Ay. Del EMG., José Manuel Gómez Tagle y Jefe Depto. Hacienda EMG., Gustavo Zalazar Caramón. Al fondo: Cuadro de Morelos pintado por Manuel S. Bibriesca.

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