José Luis Rosasco Francisca yo te amo

Biografía de José Luis Rosasco
1 El umbral II La primera visión: en la lancha III La segunda visión: en el casino IV La tercera visión y el conocimiento: en la caleta. V En la casa de Francisca VI El amor de Francisca VII En la fogata VIII La noche veneciana IX La gran velada, los juegos X La decisión y la amenaza XI Hacia Francisca en el circo XII En el circo XIII Cae el telón Epílogo

ÍNDICE

sugeridos más que agotados en descripciones que fastidiarían como una crueldad del detalle (. y que perdurará en el tiempo como sólo lo consiguen los personajes de los cuentos escritos hoy día. Años más tarde. un optimismo a toda prueba. Constanza. sin mayores complejidades narrativas. se la mira actuar. algo muy necesario en esta época: mucha ternura". Premio Andrés Bello y Municipal de Santiago). mucha diversión. amores. Durante algunos años. El Metrogoldin.JOSÉ LUIS ROSASCO José Luis Rosasco nació en Santiago de Chile en 1935. Por su parte. Premio Municipal de Santiago). el escritor Carlos Ruiz Tagle comentó otro de los libros de cuentos de Rosasco. también respecto a dicha obra: "La novela de Rosasco reconstituye una época: muchachos que admiran a una Ingrid Bergman. con todos sus recovecos. llena de recuerdos y evocaciones. a través de unas páginas amenísimas. es su obra más reciente. una corriente sentimental. Tiempo para crecer (1982). Historias de amor y adolescencia (1990). el eje de su fuerza (. la nítida creación de determinados tipos convierten a este joven escritor en un nuevo valor de nuestras letras".. "una novela de gran fantasía. Dos jóvenes amigos buscan amigas.se ve arrastrado por el torbellino casi mitológico de Constanza. Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y en el Management Institute de la Universidad de Nueva York. Hoy día es mañana (1980. cuando en 1972 publicó un volumen de cuentos titulado Mirar también a los ojos. lo tierno y lo humorístico. Y continuaba: "Un lenguaje fluido. Para Alex y para el lector. las novelas: Dónde estás. en sólo sexo. "Una novela breve -señala Eduardo Guerrero-. fue destacada por Manuel Peña como una obra que "cumple con los requisitos que debe tener una buena novela para jóvenes: entretener a la juventud y también a los adultos. La vuelta al mundo (1987) y Pascua. Y en 1982. de pura fantasía". Obras de Rosasco figuran en diversas antologías nacionales y extranjeras y han sido traducidas al inglés. escribe Hugo Montes. La fotógrafa. Pero no sólo estos elementos exteriores importan en esta breve obra. confiere al libro un aire que bordea sutilmente lo mágico". Y el crítico Luis Vargas Saavedra celebró este regreso: Rosasco. También. en el Liceo Miguel Luis Amunátegui. Y esto ocurre -continuaba Peñaporque Rosasco sabe entregar. lo trágico y lo cómico. sobre todo. Floridor Pérez escribía sobre una nueva novela de José Luis Rosasco: "Tiempo para crecer –decía constituye una culminación previsible en la evolución de este autor.. Y el comentarista finalizaba su análisis resumiendo: "Novela del humor y la ternura. Premio Municipal de Santiago). comentarista y crítico literario en diversos medios de prensa y televisión. sólo que más maduro.. que pica la curiosidad. y adolescente hasta un grado arquetípico. La trama es llevada con hábil conducción hasta el desenlace que combina. lo patético y lo trivial". (1980. y de manera principal. NYU. Jaime Quezada opinaba. yo te amo (1988). Nada de recurrir al fetichismo de los símbolos como garantía de excelencia. de la amistad y el riesgo. Así. Y ese algo. satanizado en mero sexo. el dominio de la técnica del cuento. para concluir que con este libro "José Luis Rosasco se ha empinado sobre sí mismo (. conformando una visión generacional del "advenimiento del despertar" en personajes llenos de vitalidad. Tiempo para crecer extiende certificado de madurez a uno de nuestros más interesantes narradores actuales". en palabras e imágenes (1987). dice.. la isla más isla del mundo (1988). donde sueños.). Hoy día es mañana.. un humor cómplice y. También el crítico Ignacio Valente comentó esta novela: "Alex -escribe. Muchachos que se peinan con gomina Vanka para lucir mejor en sus fiestas de fin de semana. Chile. con una mezcla de buena ley.. La novela de la vida estudiantil. un "adolescente sensible que ha inventado Rosasco. no menos entretenido. pero algo queda en la penumbra. conflictos. Después se la oye hablar.. la narración El intercesor (1976).. sus personajes no han perdido la atmósfera transparente del amor como entrega de un ser a otro". de verdad humana".. Lo portentoso es que Rosasco no haya caído en la distorsión del amor. del sueño y la pesadilla. Francisca. Virginia Vidal se refirió a este conjunto de relatos destacando las "inagotables reservas de ternura y humor" que poseía el autor "para crear sus cuentos". aparecida en 1984. Reaparece el autor de Dónde estás. Muy concreto lo suyo: Quintero. a una Jane Russell. más severo. Estudió en el Saint George's College. y en su protagonista. Es decir. y destaca su buen estilo. proyectos individuales se funden en las aulas de un colegio tradicional santiaguino. las situaciones de relaciones familiares y de cómo el amor hace crecer interiormente a los adolescentes personajes".. que se nos confiesa en primera persona.). A través de algunos de los comentarios sobre las novelas y cuentos que ha publicado.. peor que eso. con innumerables ediciones. yo te amo. con un . Ese verano y otros ayeres (1974). Y con la hondura exigible a cualquier escritor de verdad". Muchachos que fuman los desagradables cigarrillos jockey Club en las horas de las clases de gimnasia. deteniéndose especialmente en uno de ellos. Ha publicado los libros de cuentos: Mirar también a los ojos (1972. en una aventura tan libresca como verosímil. Constanza.). a una Maureen O'Hara.. Guillermo Blanco escribió: "De principio a fin. para mañana y para siempre". publicada a fines de 1993.. El Metrogoldin (1984).. Parece ser su mejor veta. Narra adecuándose a la edad y a la madurez del muchacho. José Luis Rosasco se dedicó a las crónicas hasta que en 1988 publicó una nueva novela: Francisca. un toque de misterio rodea a Constanza. "ha vuelto a escribir una historia de amor. Sandra y la que vino del mar. podemos conocer algo más las obras de José Luis Rosasco. Paralelamente a su trabajo creativo se desempeña como columnista. Se la descubre como desde lejos en sus primeras apariciones. Sandra y la que vino del mar (1993) y las crónicas: Travesuras antifeministas y otras pilatunadas (1983). En 1980 José Luis Rosasco obtuvo el Premio de Novela Andrés Bello con su obra Donde estás. Refiriéndose a esta novela. animalizado o. Constanza.

hicimos trasbordo en el ramal de San Pedro. Tan distinto. Era hermosa nuestra casa. La tía Olga. también las bujías multicolores de los juegos irradian su luminosidad. En sus obras utiliza -como dice Manuel Peña. sólo dura tres días. Ojalá hayamos llegado en su última jornada y no en la primera. pero ése es otro cuento. Como siempre." Más allá de los temas que aborda José Luis Rosasco. no hay mucho ganado femenino en los alrededores. Teníamos que cuidarla. Los pasajeros que iban a Quintero excedían sobradamente la capacidad del par de carros. al frente. aquellos sacos de lona que durante la víspera habíamos ayudado a Coser con esas agujas largas y gruesas. agitándoles las copas con enviones vigorosas. quizá mañana mismo. Se los divisa embozados en sus toallas. I EL UMBRAL No podía haberme imaginado jamás que ese verano iba a ser distinto. El carro es invadido por esa inquietud alerta que precede a las llegadas. en la costa de finis terrae. son relatos alegres y melancólicos. además. las mujeres se empachan si uno se pone hostigoso. a Monte Patria. que aprovechar el mes de enero. y éstos eran abordados por un gentío que luchaba frenético por conseguir un asiento. que hacerlo ante las llamas que bailaban en sus juegos de luz y movimiento. hacerla durar. con sus coloridas ventanucas de vitreaux. las ojo de buey. se distinguen varios bañistas rezagados regresando a las casas o residenciales. Ese año llegamos a la estación de Quintero al atardecer. La casa estaría allí mirando. tapados y a oscuras. Si no me encuentro con ella en la Playa del Papagayo. El trasbordo era cosa harto turbulenta. Ahí la cosa es distinta. pues. llenos a reventar. el tiraje era excesivo. Es la voz de mi tía Olga que nos empuja. niños. me puedo ir otra vez en banda."sus preferidos motivos recurrentes: la nostalgia de una época juvenil desaparecida. -Cierren las ventanas. se encargaba de racionar los troncos y enviamos a la cama si después de comida nos hacíamos los demorosos frente a la chimenea. evocador y poético. de ese fogón no podía esperarse una temperatura satisfactoria. la obsesión por recuperar ese tiempo perdido. íbamos ya por la trocha angosta hacia Quintero. donde de vez en cuando hasta podíamos tomarnos el corcho de alguna botella de pisco reservada a mi padre. sobre todo cuando la neblina desmadejaba sobre Quintero un manto denso y abrazador. nos estamos llenando de hollín -es mi madre quien habla mientras se cubre la cabeza con un pañuelo. pero ya conversé sobre esto con Jaime y su consejo me pareció. la aparente fragilidad de los altos de tablas de pino y su techumbre de tejuelas de alerce oscuras y levantiscas. La locomotora entra bufando al tramo que antecede a la estación. hacia abajo. después de tres horas de viaje desde Santiago. y de azul las ventanas y los postigos.sutil juego entre lo real y lo fantástico. a acostarse". no siempre era posible estirar el presupuesto para disponer generosamente de leña. La vía férrea presenta tramos cubiertos de arena. muy sabio: -No conviene demostrar demasiado interés. oscuras estelas en el viento. Al rato. como de costumbre. la quieta bahía azul. y entonces sí acaso me atreveré. Sin embargo. como el verano pasado. y por cierto durante las noches. antiquísimos. las dunas posan sobre los rieles el ribete de su falda y es necesario remover el obstáculo a fuerza de lentas paladas. en lo cual Rosasco utiliza un sencillo pero a la vez lírico lenguaje. según una arraigada convicción muy contradicha por la realidad. la Playa de las Conchitas y. -¡Niño. su penacho negro dibujando volutas en el aire. hombre. para el bailoteo. Llevábamos varias maletas y. estás durmiendo despierto! Empieza a bajar algunos bultos. "Si quieren calentarse. Con mi amigo Jaime Pino usaríamos ahora esos bultos como corazas y armas abrecamino. venidos algún día directamente de la belle époque a traquetear aquí. También podría ir hasta su casa. cada vez más lento. La veré otra vez este año. sus farolitos acampanados y el cielo de semibóveda ribeteado de una reiterada flor de lis. desvencijados. y en la fugitiva delantera se nos aparecía. Ahí estaban a la espera la pequeña y negra locomotora a carbón y sus dos o tres carros azules. las que siempre están colocadas cuando llegamos. Claro que si me ando con mucho tiento. todas sus narraciones tienen un carácter nostálgico. Corre un viento que levanta polvaredas del camino y mece los árboles. de seguro estará en la tarde en la terraza del Hotel Yachting. Claro está que no era lo mismo ponerse a conversar arriba. atravesando el sector de las primeras urbanizaciones. traspasados de frío. son cuentos para jóvenes y también para adultos. La sala de estar y el comedor conformaban un solo gran ámbito presidido por una chimenea que iba de muro a muro. Por la derecha las luces de la calle del comercio empiezan a encenderse. Era muy fría. Pintadas de blanco las maderas tingladas y las franjas de cemento que unían las piedras con un brochazo errático. sólo algunas poquitas champions de los fundos cercanos. A pesar de que el crepúsculo está encima. De pronto el tren disminuye la velocidad hasta detenerse. con su primer piso de piedra canteada. que vamos llegando. El tren avanza en línea recta. Es la ventolera quinterana que. No hay dónde elegir a gusto. Los primeros apostadores de lotería se arriman al mesón y en el tiro al blanco ya son . menos friolenta que mi madre. El cansancio nos invade. en los recodos. salvo que se pegue uno el viaje hasta Tongoy. porque en la primera semana de febrero nos vamos con mí amigo al campo de sus padres en el Norte Chico. Jaime dormita y yo recuerdo a Marion Cordingley. entre eucaliptos y sicomoros. se llevaba consigo buena parte de la calidez y. ¡Bien lucido estaría! Tengo. la locomotora: briosa. nos decía.

. de súbito ante mi vista y como una aparición entre el mar y el cielo. que con la ayuda del viento se la ha ganado a su picaporte. Porfía un tanto con la cerradura. desde la Playa del Durazno hacia la Roca de las Gaviotas. mi madre saca el llaverón. -¿Cómo lo ha tratado el año. una tras otra. porque al centro. experimentando una sensación inaugural. es el cuidador que vive en un sitio a la media cuadra y se encarga de vigilar fuera de temporada las casas de las manzanas circundantes. azotándose intermitentemente. verde esmeralda. Sobre la incisiva proa de la embarcación se destacó. de espaldas. y el pasado en esos tramos se ilumina como si una luz poderosa lo enfocara desde cerca. la voz de Danny Kaye: C'est si bon. entrando en la cocina con un par de paquetes. Nosotras les preparamos un caldo y una sartén de huevos revueltos. corazón que no siente. conversar con Jaime sobre el asunto. las inflexiones de la voz. en sus ojos de avellana. aunque ya estaba presintiendo la aspereza de comunicación que iba a suministrarme casi todo lo que se relacionara con ella. ¡Ah. La máquina libera su final estertor. un haz que continuaba hasta la cintura por un solo lado. ella iba en una lancha de pescadores. podríamos darnos una vueltecita. ojalá sea más que un poco y funcione por ahí la cosa: la unión hace la fuerza. muellemente protegidos. -Oye -me dice Jaime-. Una hora más tarde al silencio de la casa sólo lo interrumpen el viento en los follajes y el rumor del mar y sus rompientes en la Playa de las Conchitas. será todo por hoy y dense con una piedra en el pecho. abundante. transparente. aunque asciende progresivamente. en consecuencia. el muy perla. el cielo le pertenecía enteramente. los lugares y las palabras de la boca. por cierto. Así nos dice la tía mientras se afana abriendo los sacos de lona. Probablemente fue un minuto o un poco más. el viento había emigrado la noche anterior y. Alguien golpea la puerta. un candor delicado y complaciente que no había visto yo jamás antes y un imán. La primera vez que la vi. apenas impulsándome con el aleteo de los pies mientras el escaso movimiento de las manos lo destinaba a mantener mi cabeza y torso sin sumergirse. Pero mi memoria registra muchos momentos con precisión y claridad diáfanas. un extraño imán. de los que va extrayendo la ropa de cama con mucho cuidado. Su mirada y su sonrisa tenían un vínculo de belleza inocente. Viví esos momentos en una especie de umbral de encantamiento que no dejaba lugar a la razón. se bate arriba.. que quería darse una vueltecita. su pelo cobrizo. pero ojos que no ven. -¡Están locos! ¡Habráse visto. se duerme de un zuácate tan pronto apoya la cabeza en su almohada.. en los silencios. don Pedro? ¿Alguna novedad? -Todo tranquilo. hay que ver cómo está punteada de pecas la Marion. El tiempo se torna. donde me esperaban Marion. Ella tenía el cabello castaño miel. un niño tira las argollas. y hasta quedarme dormido. El caso es que esa mañana la lancha se alejó tan lentamente como había aparecido. Estaba viéndola nítidamente. Cuando desapareció.requeridos los rifles a plumilla. su hermana Patricia y Jaime. vienen los frascos de mermeladas de mora y damasco. La puerta se abre. No alcanzamos a hacer planes para mañana. Lo último que me llamó la atención de la muchacha fueron su vestimenta y su cuerpo. -Ya. Una humedad añeja y helada nos recibe en el interior. No me refiero sólo a los rostros. señora. cierra ese postigo. las situaciones. Enseguida. II LA PRIMERA VISIÓN: EN LA LANCHA Han transcurrido años desde entonces y las imágenes no son todas tan claras como desearía.. sin embocar ni una en el gollete. me puse a pensar en Marion. Desde los parlantes. Yo nadaba muy lentamente. niños: lo primero. Un postigo. no deja de ser muy cansador después de más de cinco horas en tren. Y por un lapso también fue como si la siguiera viendo. Sus ojos eran grandes. caía nada más. era calma la respiración del mar. Sé que a él le gusta su poco la hermana de Marion. Llevaba una . Alex.. cuando la vi por segunda vez. que mi mente especuló sobre esos ojos y esa sonrisa. También procuré. Mi amigo Jaime. Fue más tarde. ese verano! Cuán lejos estaba aquella noche de intuir siquiera un asomo de lo que iba a tocarme vivir. para esas evocaciones. acunada por las ondulaciones leves de la bahía. No me formulé estas reflexiones durante el paso de la desconocida en la barca. más adelante. Una vez que el mozo de equipaje descarga de su carro la totalidad de los bultos y maletas. Claro que él tiene su polola firme en Santiago. Esa mañana tenía un sol jubiloso. aunque esos murmullos y esas olas son. a su modo. parte del mismo silencio. Sostenía inmutable la sonrisa en sus labios y me miraba. con todo el verano por delante! -alega mi madre. las miradas y. me quedé flotando sin hacer esfuerzo alguno por avanzar. que por mí me iría de sopetón a las sábanas. ¿Será posible que esté entera jaspeadita? Bueno. no. Sí. hacer sus camas. los talantes.. Recuerdo que por el escote se le ven avanzar hacia abajo. sino también a aquellos otros lenguajes que el alma descifra en los gestos. la estampa de esa muchacha que me sonreía. No sé cuánto duró el paso de la lancha al directo alcance de mi vista. Yo iba más bien flotando que nadando. no lo prendía con horquillas ni lo sujetaba ninguna cinta. El trayecto hasta nuestra casa es largo y. este verano será para nosotros dos. indudablemente chuecones de caño. apegándose entre el cuello y el hombro con la más natural sinuosidad. antes de que nos eche la casa abajo –me indica mi madre. su figura tan llenita y sus pecas. sube. -Anda. La embarcación surcaba las aguas con parsimonia. los muros de piedra parecen rezumarla.

lo cual indica que tú le importas un reverendo cuete. -Pero es que es muy difícil de explicar. En el cuerpo de la muchacha había una consistencia vigorosa. La lancha se distanciaba. Esa noche. siempre agarra a la pareja. acaso inconscientemente. -Pero está un pocón lejos.. cuando Jaime estaba a punto de quedarse dormido. Al atardecer estuvimos los primeros en la terraza del Yachting. No vi al día siguiente a mi desconocida. Jaime. Pero no en este caso. dale. estaba nada más soñando.. no! Ya no pienso eso. Desde el Papagayo hasta más allá de la Puntilla de Sanfuentes. -No puedes imaginarte cómo es la niña que vi en la mañana. -Sí. Mira que nadie puede atracar el bote con tanto movimiento. Marion. suéltame. -Sí. el amor a primera vista es recíproco. -Horcones. encendió la lámpara del velador y me miró atentamente. quiero hablarte de ésta que te digo. -Ya. de tono anaranjado. ¡La intocable! -Cuando estabas flotando por ahí a medio camino casi me pareció que te habías quedado dormido -me dijo Marion. una prenda similar a las que yo había visto en muchos pescadores de la zona. a los dos por igual.. por algo me parezco a Tirone Power y. Y nada. Hasta ahí no más llegué con la frase. -Nadie se hace humo aquí. ahí hay puros pescadores. bueno. lo cual jugó en mi contra porque mi amigo quiso ya jornadas más quietas. y no parecía muy ducho con ellos. Estás más flaco que el año pasado -me miró con cariño y agregó-: y más crecido. hombre. vaya. hombre. Jaime. porque. -¡Ah. hombre. cortémosla con tu pesquisa andariega. dale. vieja y notoriamente desteñida. -Oh. Ni al subsiguiente. Sentí frío. en sus pechos que insinuaban en la camiseta dos anchas combas levantiscas. y nosotros. sí. -Pero sigue igualito de ganso -acotó Jaime. quería entrar en calor y. Mañana la verás otra vez y le hablaremos. -¡Córtala! -Uno solo. en todo su talante. todo el mundo anda por las mismas partes. hombre. -Bueno. Patiperreamos por todas las playas desde la costanera que nace en el Durazno. gruesa y ordinaria.. te tocó de veras. -Dijiste que podría ser amor a primera vista. pero ya entraré en calor -le contesté. fuertes y bronceados. por las rocas y los cerros. Patricia estaba algo más permisiva con Jaime. ¡Era tan bonita! -Siempre hay muchas requete buenas en el Durazno. Mi desconocida parecía haberse esfumado de Quintero. a la espera de alguna marea alta y suave que lo condujese a uno sin violencia. que advertí no sólo en sus brazos y piernas sino. procurando así que se produjese mi ansiado reencuentro. -Sólo nos queda un sitio donde no hemos ido argumenté. ¿ah? -hablaba en voz baja y con repentina seriedad.. y también recorrimos los juegos frente a la estación. pongámonos sedentarios. -No se te quita lo friolento. Sus brazos eran largos. iba un hombre mayor. al otro extremo de la bahía. nutriendo mis deseos de volver a verla. a la vez. no hace nada por dejarse ver otra vez. -Supónte que no la encontremos. nada. -Es que ésta.. -¡Ay. pero no ponían objeciones. Ya. Me puse a nadar de pecho hacía la Roca de las Gaviotas y gané los treinta metros que me separaban de ella con apuro. eran atléticas las Cordingley. Jaime tenía razón. mucho más crecido. Cuando tal oleaje se produjo. con cualquier pretexto. apoyaba uno sobre el borde de la embarcación y el otro sobre sus rodillas. A ver. -Jaime. -Vaya. crecía allí. par de tarados. por el contrario. cosa que agradecí para mis adentros. quedé a salvo con medio cuerpo arriba. -¡Horcones! Estás loco. en su postura. Yo había conseguido con mi amigo que anduviéramos esos días de un lado para otro.. Parece que algo en el tono de mi voz hizo reaccionar a mi amigo: se incorporó en la cama. -Ya. Marion me ofreció su mano y al punto estuve sentado junto a mis amigos. -A las Cordingley les encantaría el paseo. -Pajarón. ¿No será tu chiquilla hija de . -Basta -me miró fijamente-. y esta chiquilla. -Eso es lo que es. Un oleaje peligroso embestía la roca con ímpetu irregular. ay! -exclamó Jaime. Alex. sí. -¿Sabes? -le dije-. A los remos. mira. cuando no en la nueva boite El Caleuche. tú sabes. ya que tenía además una escollera con salientes filudos. una obsesión paranoica. tiritaba y quería tomar sol un rato antes de volver al agua. en la mañana vi a una chiquilla en la Playa del Durazno. sólo la vi. en el asentamiento de la cabeza. -No seas tontita. Mi amigo empezó a fatigarse con lo que llamaba mi obsesión.. ¿no vez que es un gesto protector? Ella se liberó del abrazo con un rápido y esquivo ademán.camiseta de algodón. no podrías tener la menor idea. perdiendo el tiempo con las hermanitas Cordingley. regresar a ese aquí y ahora del que me había enajenado la desconocida. según recuerdo me defendí. hombre. enlazando a Patricia por los hombros. -Y tú. A casi todos los paseos íbamos con las hermanas Cordingley. Era necesario allegarse con cautela. -Podríamos estar ante un caso flagrante de amor a primera vista -continuó-. si es que existe y no es una alucinación tuya. ay. todos se encuentran y reencuentran. sin mangas. pero antes dime: ¿qué se cree Patricia? ¿Que tengo lepra? No le voy a dar muchas más oportunidades. no le pone ni pizca de empeño. y caminamos entero el arco que va desde la Base Aérea hasta el balneario de Ventanas. ya. Como iba en esa suerte de banquillo alto y triangular que remata en la proa. Tienes los labios morados -me dijo Marion. a ver. Ellas no se explicaban esta desatada compulsión turística nuestra. de pelo corto. hombre. decidí contarle sobre mi visión. no sería posible comunicarle a Jaime lo que me había sucedido si ni yo mismo era capaz de comprenderlo. de otro modo nos habrían parado el carro qué rato. parejo y gris. -¿Qué dices? -Nada. igual de fresco intervino ella-. ¿Sabes por qué? Escucha. y tendríamos que arrendar caballos para llegar allí. fuimos a las dunas y a los bosques de Loncura. no sin cierta exasperación-. he cambiado el diagnóstico. pude también distinguir el corto pantalón de mezclilla del que nacían sus muslos firmes y torneados. ¿Le hablaste? -No. una fijación muy enfermiza. Es una caleta. -¡Una! Había cientos. -Las tenemos a punto a estas hermanitas. sobre la roca. no tienes remedio. Asentí en silencio. y es porque eres flaco. -No. Y su imagen arraigada en mi mente no abandonaba su lugar. -Escúchame. haciendo difícil abordarla.

sabes. los parroquianos situados entre ella y nosotros no se interponían y los cilindros de neón apegados al cielo del casino alumbraban todo el ámbito.. Mi madre había preparado una paella a la chilena que estaba de desollarse los dedos. Durante el día funcionaba como restaurante. hasta te declaraste por carta -¡el muy quedado!. Jaime asintió. y todo lo demás. me di cuenta de que sería posible -dado el caso. grave. además. y esa sonrisa fija y sólidamente ingenua que le imprimía a la boca una . insistió: -Sí o no. -De lo que quiero hablarte es de Patricia. Entre resignado y comprensivo. Alrededor de las diez de la noche el lugar experimentaba una transfiguración: adquiría aires de ordinaria quinta de recreo. porque ésa era una pura especulación. -Lo que ocurre. sí. Se reunían allí a beber. lo cual suscitó en nosotros la generosidad de cederle la compañía de sus hijas. Tres mesas más allá. y como estas señoras están un poco intrusas y uno tiene que ser respetuoso. la vi. pienso en el casino del Papagayo. vendiendo al mesón bebidas. y si de vez en cuando te pegas el viaje al puerto. nadie te sapeará. -Mira -continué-. y si bien yo no tenía polola fija. y al frente..y ahora te las quieres dar de sietemachos. empecé a distraerme observando a mi alrededor sin que él advirtiera mi desinterés. Las Cordingley viven en Valparaíso. Cuando regresó el mozo con los vasos rebasando espuma. Una buena ocurrencia. -Es que estamos dedicados a pescas mayores -saltó Jaime. de pronto. -No tenía la menor sospecha -le contesté-. Somos cautivados por una fuerza que nos lleva en una sola dirección y hacia una sola persona. claro. Era una construcción de traza frágil y ligera que. Qué te pasa. reclutas de la Base Aérea y de la Gobernación del puerto. adoptando un tono reflexivo. estaba ella. extendía una superficie de tablones asentados en pilares de concreto. hombre. así que puedes escribirte con Patricia y nadie va a soltar el soplo.. que al principio lo escuché con atención.Como no le respondiera. ya me lo había imaginado yo -intercaló la tía-. helados y empanadas de mariscos para la muchachada mientras los mayores se sentaban a jugar a los dados o a las cartas. Guardé silencio. empleadas domésticas. siente en serio. Jaime me llamó a un lado y me dijo en voz baja: -Tenemos que conversar. contrafuerte de la playa. -Vamos a un lugar diferente. -Podría ser -le dije-. Después del postre. Y yo. no nos han traído siquiera un par de locos o machas. hombre. trabajadores. Marion ni siquiera te contestó. Nos ubicamos en la más alejada de los parlantes. Y también gente de trigos no muy limpios. Alex. de modo que durante las mareas altas se estaba ahí como sobre una balsa estática. las arenas y el mar. es una voz muy requete jodida y. lo cual significa que en el fondo somos monógamos. Ese casino era un establecimiento que tenía su especie de doble vida. -No me cabe duda -opinó mi madre-.. acuérdate de tu parecido a Tyrone Power. todas las demás pierden su sentido. quedaban varias mesas libres. II LA SEGUNDA VISIÓN: EN EL CASINO Esa noche cenamos más temprano que de costumbre en casa. -En fin -continuó él-... -No te diste cuenta de nada. allegándose a las aguas. donde no nos topemos con gente conocida. tenía por fondo un tramo del cerro rocoso. Su interior. Mi amigo tenía a veces la mala costumbre de ponerse a dictar cátedra como el viejo más experimentado. Podía contemplarla claramente. es que cuando uno siente de veras. Jaime y yo estábamos gareteados para esa noche porque el papá de las Cordingley había llegado de Santiago ese mismo día en la tarde. Se acercó un mozo y ordenamos un par de potrillos. mozas de comercio. Pero no iba a ser necesario. Jaime reanudó la conversación. Jaime movía la cabeza de un lado al otro. tú sabes que yo en Santiago tengo mi. Jaime y yo escuchamos la música rítmica y estridente del casino tan pronto empezamos a bajar por las gradas de la Playa del Papagayo. Según me acuerdo. y parece que es en familia la cosa. -Está bien -dijo-. era un sitio donde concurrían tanto sencillas familias en plan de alegre celebración como torvos contrabandistas y una que otra prostituta. Jaime -lo interrumpí-. claro. como aún no era muy tarde. ya me explicaré ante un par de cervezas. comer y bailar grupos diversos integrados por pescadores. Hemos tenido que comprar todos los ingredientes de la paella. Era ella otra vez.. conformado por una sola gran galería vidriada. Estuve de acuerdo. no se puede jugar. Entramos por la terraza hacia el interior del casino. más vale que nos vayamos a otra parte. hacia la salida. no me vas a decir que tú sufres de monogamia aguda. -El problema es que. -No hay problema alguno -me envalentoné-. Es simplemente así. -Las intercambiamos para no aburrimos -saltó Jaime con una carcajada contagiosa. -Ah. Cerca de la medianoche el casino del Papagayo despedía olores de fritanga y vinos ácidos.tener de a dos. el año pasado yo le escribí a Marion desde Santiago. Jaime todavía seguía con su discurso. con sus largos cabellos castaño miel y sus grandes ojos esmeralda. no se puede estar con dos a la vez.pescadores?. sin asomo de problemas. Alex. -Por lo mismo. como supondrás -me decía Jaime. podría ser. pero digan quién es de quién. Bendito guiso que tiene en común con todas las paellas el no esperar: hay que comerlo a punto y el punto lo pone él. iremos. -Pero. se ven ustedes de lo más bien. tomando pisco sour o vainas ajerezadas. La conciencia. hombres que llegaban sin pareja y muchachas con las que era posible poner fin a esa situación. Han estado ustedes muy flojones este año para la pesca y el marisqueo –hizo notar la tía Olga-. que atronaban un mambo. Entonces..

Jaime me dijo: -Tengo sueño. porque estalló en una carcajada larga y cantarina. A ver. y la norma era no hacer referencias molestas sobre la muchacha a quien uno quiere bien. ¡Ay. sin duda. oye. -¡Hey. pero fíjate. -Es tan bonita -dije. -No. amigo -oí decir a Jaime-. ya estuviera -como aquí. -Te has vuelto loco tú. es mejor. mi amigo seguía sin explicarse que yo no aprovechara la ocasión para realizar una aproximación a la muchacha. ese tipo tenía que ser su padre: más que la doblaba en edad. nada más alzándola un poco. hay algo en su manera de reír que no sé. quien tampoco le quitaba la vista de encima. Todo eso me inhibió y dentro de mí sentí. Asentí y pedimos la cuenta. ¡Salud! Es tu oportunidad. En esos momentos ella y el mismo hombre de pelo gris corto con quien iba aquella mañana en la embarcación se habían puesto de pie y avanzaban hacia la pista de baile. no quiero hacer nada.. acercándose desde cierta distancia para volver a alejarse al compás de la pieza. cuando él le decía algo.. La sonrisa. Ella lo invadía todo de una suave complacencia con ese gesto que era una sola y misma cosa con su tierna manera de mirar.. como una leve compensación. ¡Un bombonazo! La posesividad implícita en ese tu chiquilla me inundó de júbilo. pero algunas cosas me paralizaron el ánimo: la presencia de ese mocetón que la acompañaba en su mesa junto al hombre de pelo gris y la mujer madura. Y. Oye. -Te lo digo en serio. hombre. -¿Ah. -Estás malo de la cabeza. ella retomaba a su sonrisa y yo sentí que eso me encantaba. única y fugazmente. Nos pusimos de pie y avanzamos hacia la salida. el que seguía existiendo todo el año después de que los veraneantes lo abandonaban para regresar a sus ciudades. nuevamente. ¿qué te pasa? ¿Comprendes ahora lo que te digo? -Ella está aquí -musité. parece que está siempre con esa sonrisa. Ella venía abrazada por el hombre de una manera que me pareció paternal. Y habría de recordarlas al día siguiente. cómo decirte. ya fuese ella sobre una barca.al centro de la pista jugando con ese ritmo. sí? ¿Qué sería? Bueno. Cuando pasamos junto a su mesa hubiera querido mirarle la cara de . la traía de un modo protector. Era muy frecuente ahí que los hombres tomaran esa iniciativa. muy cantarina. ahora sí que estamos listos -dijo Jaime. No sé cómo explicártelo. A pesar del tácito acuerdo. En esos momentos el hombre le dijo algo a ella que debió resultarle muy divertido. Y una timidez inusitada que provenía de lo diferente que era ella y de la desmesurada forma en que continuaba impresionándome. sí. -Tal vez estoy equivocado. -¿Te parece? -Por supuesto -le confirmé con un tono muy serio. hombre. no sé. -Bueno. ese dulce y amoroso gesto suyo en el que también participaba la pureza de su mirada verde. la seguridad de que volvería a rencontrarme con ella. está aquí -le respondí ahora con claridad.. -Francamente. echando la cabeza ligeramente hacia atrás. Seguramente. pero hay algo. De pronto Jaime. ¿Ves? ¿Te das cuenta? Tenía razón. No lo tengo claro. hemos trotado durante tres días de un lado para otro buscando a esta chiquilla y sales con que vas a desaprovechar la ocasión. era muy posible y a nadie le habría extrañado que yo me acercara a ella y la sacara a bailar. y hacer algo por conocerla. ay. Contoneándose al vaivén. sí. -Y perdóname. Yo percibía que él la miraba con cariño y que. de veras. pero me da la impresión de que esta chiquilla. En su mesa quedó una pareja formada por una mujer mayor y un muchacho adolescente. algo raro en tu chiquilla. perdona.tenue pero notoria curvatura hacia arriba. -Pues. sí. o es sólo una impresión equivocada. en una pura gracia. es de lo más lindo que ella tiene. pero la tiene como pegada. ay! ¡Mírala cómo baila! En la pista la muchacha se había separado de su maduro acompañante para iniciar el baile. Era ésta una convicción que tenía sus bases: si la muchacha estaba allí esa noche. dijo: -Oye. por esa pareja. era esa sonrisa suya la que permeaba de inocencia todos sus actos. Así. Imperaba entre nosotros el implícito código de hombres. Desde luego. tu chiquilla es un bombón. Aproveché de hacerle notar a Jaime esa variación. las palabras que le hablaba eran gratas. la pieza la convertían ellos en una mera travesura. Alex! -Jaime me desconectó bruscamente de mi estado de absoluta contemplación-. sí. su cabeza pelo por medio era cana y. pero mírala: otra vez quedó igual que antes. levantaba a media altura los brazos. Alex. Y bien. esa conversación nos empañó la noche. Jaime. ¿qué te pasa? -Es ella. podríamos irnos. De los parlantes brotó una cumbia y otros parroquianos se animaron al baile. no sé. -Ah. -No seas tonto -reaccioné-. y créeme que sólo por respeto a nuestra antigua amistad no me le echo encima. Y esto se hacía aún más manifiesto por la naturaleza de la música afrolatinoamericana que estaban bailando. quedándose prendida en las comisuras. la sensualidad que le es tan propia y la cumbia parecía haber sido mutada. sí. era porque pertenecía a una familia del lugar. -¿Qué dices? Habla como hombre. le queda requetebién. Olvídalo. Los parroquianos nocturnos del casino del Papagayo eran casi todos de ahí: sencillos habitantes del Quintero permanente. Si no piensas sacarla a bailar.. el temor de ser rechazado y quedar en ridículo ante Jaime después de habérmelo pasado días transmitiendo sobre la muchacha desconocida. se mantenía inalterable en su cara para acentuarse. pero ahora me explico que te haya rayado el coco. ¿sabes una cosa? -¿Sí? -Eh. Al término de una segunda cerveza que bebimos más bien en silencio. eso es. sí. ya le hablaremos o la sacas a bailar. la actitud de ese hombre con ella era amable. ése era mi último comentario sobre la materia y él lo entendió de inmediato así. -¿En qué quieres que me fije? -Bueno. no se desprendía de ahí nada que se aproximara siquiera al más leve entendimiento adulto entre un hombre y una mujer. pero hay algo. Para Jaime. pero lo suficiente para que su rostro quedara expuesto a la luz. desprovista de su voluptuosidad. Pero sus palabras sobre la sonrisa de ella iban a quedar vivas dentro de mí. ahora no. fantástico. ¿dónde está? ¿Cuál es? Se la señalé.. Tuve que apretar con firmeza la oreja de mi jarra para que el temblor de mis manos no se hiciera ostensible. bueno.

Los nombres de Hawkins. una entre dos playas de la costanera frente a la bahía y a la que es fácil llegar. y las superficies cubiertas de algas no podían ser más jabonosas. presumiendo que el paseo iba a ser largo. La única ventaja a nuestro favor consistía en que. exagerando ante sus padres. dando gritos de júbilo y categóricas órdenes a barbudos malandrines con parche en el ojo y gancho en el muñón. Le hicimos un vendaje lo mejor que pudimos. La noche anterior su padre le había llenado la cabeza de corsarios. El Colorín se allegó a la carrera a ese portal. Y ella se daba cuenta de que algo me acontecía. Sangraba abundantemente. que ella intuía y yo sabía afectado. quedamos abocados a ir tanteando por las altas y filudas rocas. las películas que habíamos visto. y ella y yo continuamos un buen tanto rezagados. los cantantes populares del momento. rogándonos luego. claro. es una proeza imposible cuando se ha dejado de ser niño. siempre tan linda. Las Cordingley habían traído un canastillo con sandwiches. Y el tesoro tenía que estar enterrado en algún punto del túnel de la Cueva del Pirata para que él. La Cueva del Pirata tiene dos entradas. el Colorín. no. el Colorín Cordingley. las apariciones de mi desconocida habían erosionado mi interés por Marion. porque el enano era acusete: cualquier aproximación a sus hermanas teníamos que ejecutarla con un pretexto para que más tarde no las estigmatizara él. La imagen de mi descono cida lo alteraba todo. pero sí harto ancha. a su modo. protegida por roqueríos disparejos y resbaladizos que reciben el permanente embate de la mar abierta y tempestuosa. por cierto. Las rompientes las bañaban aquí y allá. entonces. la situación política del país. cualquier cosa que no aterrizara en el vínculo entre ambos. Nuestras conversaciones. repetía sin tregua el saqueo de Valparaíso perpetrado por Drake. y nadie más sobre el planeta. Marion y Patricia nos pasaron a buscar. Algunos muchachos. hasta rematar en la absoluta oscuridad. Me resultaba lisonjero ver a Marion. Nos habíamos detenido para tomar aliento y continuar por el sendero. filibusteros y bucaneros. sí. tuvimos que seguirlo en busca de la boca peligrosa. a Jaime y a mí. Cavendish había fondeado justamente en Quintero. no sabía. Las Cordingley se dejaban tiranizar por el chicuelo hasta extremos irritantes. Hablábamos de nuestros proyectos de estudio. los más temerarios. podríamos tomar de la mano a las Cordingley. salvo Marion. los libros que nos habían impresionado. el Colorín dispuso una excursión a la Cueva del Pirata sin consultar a nadie. posesionándose de mi intimidad. a duras penas. tornándose cada vez más penumbrosa. deslizándose como orugas por el angosto túnel que las une. cuyas zapatillas de goma le hacían el avance aún más difícil. -No sueñes -me contestó-. una vez que el sendero desapareció. qué era aquello. -A lo mejor se queda atascado el enano ahí adentro -le dije. que le preguntara por aquella carta que le había enviado desde Santiago y que. Esa mañana al Colorín ni se le pasó por la mente llegar hasta la entrada fácil de la cueva. Era la entrada de la Cueva del Pirata: umbral adentro se iba angostando. consumida por la oscuridad del túnel. sin miramos siquiera la cara. que lo fuéramos a buscar. Por lo menos. Por lo que a mí toca. -Ya debemos estar cerca -dijo Jaime. ya casi inexistente. El Colorín. -Duro precio aguantar a este enano maldito -me decía Jaime. Quizá demasiado monocorde. dispuesta a aceptarme si yo me lo proponía. Pero nada de eso. Y así. Entró en la cueva y pronto su figura desapareció. logran atravesar la cueva de una entrada a la otra. Esa mañana. un verdadero azote al que no siempre era posible hacerle el quite. una formal petición de pololeo. Pero el que más lo obsesionaba era Cavendish. de la postulación a la universidad (a ambos nos quedaba sólo el último año de colegio). y le daba mucha risa que el pirata incluyera en su botín hasta las copas sagradas de la capilla. se desviaban hacia temas en cuyo fondo palpitaba un propósito elusivo. Escuché. y tampoco se animaba a preguntarme nada. y agregaba-: deberíamos ahogarlo. constituía una verdadera declaración. dando lugar a una suerte de playa chica enmarcada por un portal de piedra. y a nosotros nos sometiera a la descomunal lata de acompañarlo en su aventura.cerca. Sí. las diferencias entre Santiago y Valparaíso. entre la ladera del cerro costero y las rocas. III LA TERCERA VISIÓN Y EL CONOCIMIENTO: EN LA CALETA Al otro día. pero estaba sentada de espaldas al pasillo. la manera de ser de nuestros padres. Sus hermanas se inquietaron y lo llamaron en voz alta. la otra. dejando tras de sí la leyenda del tesoro. Todos calzábamos alpargatas con suelas de cáñamo. a partir del tramo en que la senda opone serios obstáculos. Hasta bailamos mejilla con mejilla la otra noche en el Yatching y ella estuvo seguramente a la espera de que le dijera algo. veníamos con Marion. De súbito se producía una interrupción en la cadena rocosa por donde. casi inaccesible. la serpentina un poco monocorde de su risa. Se hizo una herida no profunda. nuestra marcha se hizo muy lenta. por ejemplo. lo buscara y lo encontrara. fue el primero en avistar la entrada de la cueva. que encabezaba el desfile a gran distancia. Nos turnábamos en el acarreo del canasto y. de las cosas que nos gustaban. Venían con su hermano de siete años. Morgan y Sharp lo alucinaban. un termo de café y bebidas. los protege a estos enanos malditos un diablo de la guarda del mismo . De pronto perdió el equilibrio y una de su rodillas dio contra una piedra encarrujada de choritos. Obedecimos.

-Pero tiene que haber.. De pronto ella rompió la quietud: tomó un puñado de arena y. como de guagüita. me esperó. y después de habernos bañado varias veces en la resaca. más que embarazosa. provenía del mismísimo deleite de admirarla y tenerla allí.infierno. Sonreía. Se estaba arreglando la venda y. -Sí. Corría una helada brisa matinal. como suele decirse. Jaime y Patricia se tendieron uno muy junto al otro y. sentándose con las rodillas abrazadas. Estaba tan hermosa que experimenté una especie de angustia. algo como un dolor adentro. Marion. En un juego retozón se zambullía y se ponía de pie. Promételo. La ensenada de la Cueva del Pirata limitaba al norte con un disparejo muro pétreo hacia el cual dirigí mis pasos. le dimos el bajo al cocaví. Me alejé un poco porque me pareció que se aprestaba a dar otro salto. Jaime y Patricia vivían su mundo aparte. Antes de que llegáramos a la entrada. en un moño apenas sujeto por gruesas horquillas de carey. dándome la espalda y. aprovecharon para hacerse arrumacos y hablarse en voz baja. al entero recreamiento de la vista. me hundió totalmente en las aguas. no lo resistirías. La tenía. ya. tenía clara conciencia de que la situación era para ella. el chico reapareció con todos sus piratas y se alejó hacia un roquerío. ese gesto adquirió un mayor poder de expresión. Su traje de baño. enternecedora. sin pensarlo. y el cerro siempre cortado a pique. Y tú. Continué avanzando con las esperanzas a medio naufragar. a la espera de no sabía qué. aunque . pero no del cuerpo: una desconocida sensación que. ¿qué haces? -Vivo ahí arriba. que no podría meterse al agua. ven. y Marion apenas disimulaba su desánimo. los demás estuvimos muy pronto en traje de baño. -Claro que no -contesté-. Aprecié su cuerpo con más libertad ahora. sujetas sus manos por las mías. y. Al salir a la superficie escuché sus carcajadas alegres. Una era bastante más grande. -Sí. Cerca del lugar donde estaban estacionados algunos botes y tendidas las redes. No quiero matarles la onda. Aleteó con los brazos batiendo el agua que le llegaba a la cintura y me llamó: -¡Ven. Estudio. -Un poco hacia el poniente ya empieza la zona de las caletas con accesos al camino -agregó Jaime. gravitando a presión mis piernas sobre las suyas. tú. Salvo Marion. un desarraigo que aumentó aún más su belleza. la mantuvo en la suya y me palpaba los dedos y la palma con su índice y pulgar. yo iré a explorar el terreno. sí se le adhería al variable arbitrio de sus movimientos y del oleaje. Ella me cogió la mano. al verme. Entonces. suéltame. todos pudimos comprobarlo. al alcance de la mano. La ensenada ofrecía un espacio muy reducido de arena seca. sin embargo. estaba ella bañándose. La dejé en libertad. en ese ejercicio espontáneo. me lo arrojó a la cara. hiriente. al lado de Marion. Se la esponjé hacia arriba. que se mantuvo en el área de luz y sombras del boquerón del túnel. Ella dijo de nuevo: -Ven. Ahí. Y esa expresión. antes de que yo pudiera hacerle el quite.. por arriba. sin deshacerse del todo. En menos de un avemaría. al sesgo. Se volvió lentamente y quedó tendida de espaldas al sol. Cuando terminamos de comer. ella levantó la cabeza y me miró fija y dulcemente. a retornarla a la madeja. salvo mantenerme a una prudente distancia. en cuanto tomé la curva dejando atrás la dilatada cintura de arena. a veces. tendría que dar por frustrada mi misión. sus formas llenas. -Ojalá dijo Marion. sinuosas y firmes. de modo que nos dispusimos a tomar el sol de inmediato. su contextura era atlética. nos toparemos con un camino como Dios manda. suéltame. pero ahora que los ojos no hacían juego con ella. en realidad. Ante mis ojos se abría una vasta caleta. -¿A veces? Miré hacia la cima de la cadena costera y distinguí tres construcciones de madera. y más de uno -estimó Jaime con mucha seguridad. La sonrisa no desapareció del todo. que le brillaban chinchosos. una onda de su cabellera estaba por deslizarse y me incitó. Y en la zona donde las olas espumaban mansamente sus segundos y terceros lomos. algo me seguía doliendo. tú. porque el mar era bravío allí. -¿Y qué haces tú en un circo? No me contestó. dijo: -Me sigue doliendo la rodilla. retornar por el cerro. Tenía su larga cabellera enmadejada sobre la nuca. El más contento era el Colorín. Le repetí la pregunta y tampoco me respondió. además de darme vaya qué sorpresa. Me ubiqué frente a ella y en su misma postura. festivas. con mi papá. Al poco rato noté que era posible sortear ese macizo por una estrechura apta. pero me gustaría regresar luego. Su conducta. -No debemos volver por las rocas -opinó Jaime-. el perfil. Fue como una caricia. -Nunca más -dijo con una vocecita delgada. se extendía al pie del cerro. -¿En el circo? -Sí. se acentuó la leve sonrisa que traía en los labios. Al mediodía. De súbito giró entero su cuerpo y. de tela ordinaria y suelta que no se apegaba a su cuerpo. Como consecuencia del forcejeo se le había desmoronado el moño. ven! Fui hacia ella y cuando estuve a un metro se me vino encima de un brinco. ya. Luego. me sentí un poco molesto. -Jaime tiene razón -dije-. curiosamente. ¿Qué habría más allá de esa esquina? Si sólo iba a encontrar más rocas y precarias playas pedregosas. Y era una caricia. -Eso no se hace -la reconvine. -Di que lo prometes. -¿No qué?. -Es suavecita -dijo-. alternativamente. Me soltó la mano y era como si mirara una nada que le infundía un reposo. tenía la rodilla desollada. así. como el Colorín merodeaba por el roquerío. un largo ribete de arena. aplicando sus manos sobre mi cabeza. humedecido por las estelas finales de la marea. Y agregó: -Tú no trabajas. características de las casas de los pescadores de la zona. la vi. Yo. ven. -Desde aquí no se divisa ningún sendero ladera arri ba -dijo Marion con desaliento. perdiéndose en un recodo. -Lo prometo. Hay que buscar un atajo por la ladera y. Pero sí alcancé a cerrar reflejamente los ojos: cuando ella se aprestó a repetir la agresión. yo me dejé caer con todo mi cuerpo sobre el suyo. Me senté a su lado. se detuvo y. sin duda. planchada. y a veces estoy en el circo. me había desconcertado sobremanera y no atiné a hacer nada. Me acerqué al borde de las aguas y me quedé mirándola. Sin esperar respuesta se echó a correr hacia las arenas de la caleta. y me quedé unos segundos prendido de sus ojos esmeralda. Vi también un sendero. estaba ausente. ven. de veras irreflexivamente. ¿qué haces? -Yo no -dijo.

Durante su eclipse no había oído las voces de mis amigos. joven -me invitó.. pues ésta se abrió sin que yo alcanzara a golpear. -No será tan urgente -se metió Jaime. la imagen de ella no me abandonó ni siquiera durante el sueño. De un momento a otro aparecerían por el recodo. Jaime había alcanzado a darme a entender lo que él percibió en la sonrisa de ella. crees bien. te voy a hacer pan amasado. simplemente. -Una cita tan impostergable debe ser en la estación. . V EN LA CASA DE FRANCISCA Todo empezó a ser diferente para mí. digo. -Tengo que irme -le dije a ella. ven a la hora del té. corrí velozmente hasta encontrarme con mis amigos.. Aquí había otra cosa respecto de la cual yo no podía mentirme a mí mismo. Hasta el propósito inicial estaba cumplido: había encontrado un camino apto para Marion. Tenía un vacío en el estómago que no era de hambre. Después corrí. Estaba yo conociendo una intensidad que todo lo abarcaba. ¿Podrás soportarlo? -Haré lo posible. ella ya no estaba allí. era lo mismo que en mí había fecundado el encantamiento desde la primera vez que la viera en la lancha. un busto exuberante se escondía holgado en la camisera de popelina. supuse. mira que tengo mucho que conversar contigo. La figura de una mujer alta y gruesa se recortó en el umbral. Demoré cuanto pude el regreso. mañana en la tarde. ¡En un circo! Con todo. -Gracias. ¿A qué hora parte el tren? -A la hora señalada. Entonces oí a lo lejos las voces de Jaime y Patricia. mientras me daba un apretón de mano con la suya. creo que sé de quién se trata. Me miré al espejo y con una sonrisa de aprobación canté: I'm going back to Monterrey Looking for the girl of yesterday. Tengo una cita -le informé. Me topé en la puerta con Jaime. mi camisa más pintosa (una jaspeada a lo explorador) y un suéter de angora cuyas mangas amarré. me atrajo y me besó en la cara. Sí. a la cintura. ¿O no? Crees bien. a revivir cada instante de nuestro encuentro y me sentí inmensamente feliz porque estaría otra vez esa tarde con ella. ya. que regresaba de la playa. y me pareció que su pelo. Aquello que suscitó su observación y que. en la burla. -Ah. Después de almuerzo me tendí en la cama. Las tres casas en el cerro de la caleta debían aparecer de un momento a otro. -Buena suerte. Tuve una sensación parecida a la que precede al instante en que se es sorprendido o descubierto en algún acto vergonzoso o culpable. Era cierto que. Una cosa estaba sumamente clara: no iba a ser posible integrarla con los míos. sin deseos de darle más luz al gas. lo cual me permitía un lapso para despedirme de ella. Llegué hasta la construcción más grande que. -Oh.de matar con una siesta el tiempo que me separaba de ella. por enésima vez. Pero no pude dormir. nada de aquello era lo principal. Ahora. -Ojalá lo consigas. pase usted. al llegar a conocerla (muy probable si yo continuaba viéndola). observándome con muy aguda detención. más arriba. Jaime y Patricia no tardarían en volver a llamarme o en aparecer.estaba llena de remanso. y la idea de que llegaran a acercarse a nosotros me conmocionó. -Ven a verme -dijo ella. que ya empezaba a dejar de serlo. Pero Marion no atinaría a explicarse que yo la hubiera abandonado por una muchacha proveniente de una caleta de pescadores. pensé y soñé cómo podría ser lo que vendría. no alcanzo. Mi desconocida regresó a sí misma y a mí. volví. fue su reparo. si te mueres por que te acompañe. Busqué en el ropero mi pantalón de cotelé negro. en el mejor de los casos. llamándome. Yo. no podrían dejar de encontrarla hermosa. no quería que mis amigos me vieran junto a mi desconocida. Lo último que alcancé a oír desde el portón fue la voz de mi tía: -¿Qué les pasa a ustedes dos? ¿Acaso no funciona el intercambio de hermanitas? Crucé hacia el lado opuesto a la bahía por varios atajos entre sitios eriazos. Balbuceé un "gracias. espérame nada más un par de minutos. Cuando pasamos por la caleta. en el ostensible alejamiento de mi gente y. sin que se enterara de la causa de mi partida. -Pase. déjame hasta ahí no más. Hasta entonces las horas iban a transcurrir de modo lento. en el fondo. Pero no disponía de mucho tiempo. Les dije que estaba todo solucionado: más rato podríamos alcanzar sin problemas el alto con Marion. -Podrías esperarte un poco y tomar té antes de salir -ofreció mi madre. Alex. -Uno que llega y otro que se va -dijo. en el peor. era donde ella vivía. -Yo también. confesaba trabajar en un circo. señora" y entré. ¿Cuándo? -Mañana. tratando -si era posible. Y empecé a comprender. algo áspera. hombre. rumbo a la Puntilla de Sanfuentes. lo lucía demasiado largo y suelto para su edad. ¿Qué iba a ocurrir ahora? A las cuatro y media en punto me levanté de la cama. claro que sí. Entonces. al desgaire. al otro día. Tomé la avenida del Yachting y continué por arriba. Sin embargo. pero tendremos que aguantarnos hasta la noche. arrastrado. Esa noche. Se le notaba el vientre abultado bajo la falda de lanilla. -Sí. En las veinticuatro horas siguientes. Era de tez clara aunque muy bronceada. Jaime. Cuando desperté. Levantó un brazo. No. donde se entrespigaban algunas canas. No bajé a la playa en la mañana. y que. era un placer vívido y paralizante por igual. no poco intempestiva. qué bueno! Ven. Cualquier intento terminaría. y su cara estaba otra vez llena de esa dicha candorosa. Mis pasos debieron oírse sobre la grava y la plataforma de madera que antecedía a la puerta. por no quitarme la vida. me inquietó. en el casino del Papagayo. no había allí nada que justificara esa impresión. al paso. Jaime. además.

cuyo aroma nos llegaba afuera en tibias vaharadas. mi sobrino. Francisca. -Adelante. despejen. ya me desquitaré en la revancha. -Aquí está el amigo de Francisca -anunció la señora-. -A ver si me reconoces ahora -dijo. por mencionar un detalle. a pintura fresca. Y ustedes. señalándome una silla a su lado-. ¿Te gusta? -Sí. con soltura. me gusta. errónea. apareció ella con las manos y los antebrazos embadurnados de harina y masa. Me sorprendió no ver por lado alguno ni un solo aparejo de pesca. La señora había vuelto a la cocina donde con Francisca estaban ya sacando del horno los panes. -Lo dice porque ya tiene perdida la partida -bromeó el hombre. antes de partir. En su talante había algo de erguido. Alex. tenía allí motiflor y jazmines. Sí. -Siéntese usted por aquí. la tela cañamaza de las pantallas de un par de lámparas. En su centro había una mesa y sillas de paja. tío Juan. no me pareció apropiado llegar por primera vez a un hogar y meterme de sopetón a la cocina. ¿no es así? Estos son Juan. imprimiendo a su sonrisa y a sus ojos un viso radiante. en el comedor inmediato: se los veía en la mesa de centro. Modulaban bien. Yo iba a saludarlos sólo con una inclinación de cabeza. pasaremos por ella también mañana. no se me ocurre -le contesté. Me sentí invadido por una amarga vergüenza ajena ante la incoherencia de su humorada. Se llama Alex. colocaron potes con quesillo de cabra. en este punto me quedé imantado. La voz de la señora me interrumpió: -Después de esa presentación podríamos pasar atrás mientras la masa llega a su punto. mi marido. Estimaba que le iba bien: sus piezas se vendían a altos precios en dos o tres tiendas selectas de Santiago y tenía noticias de que los extranjeros las . despejen por favor. Noté luego que en ese hogar todo era humilde. un poco malito para el juego. creo que el circo podrá sobrevivir sin Francisca si es. y otras de lona. -Gracias. -¿Y la carpa? -Estará remendada ya. Vacilé. pero no esté tan seguro. Avancé. en la que no había sorpresa alguna. en el aparador. O quizá sí. Era muy comunicativa y al poco rato estuve al tanto de muchos aspectos sobre la familia. La madre de Francisca. pase usted no más me indicó la señora con la misma amabilidad con que me recibiera en la puerta. y así. muy derechita. y juntamente con sacar sus manos me besó en la cara: tres sonoros besos. jugadores. A modo de saludo se puso a dar unos saltitos. pero el padre de Francisca se puso de pie y me estrechó la mano con evidente cordialidad. colmillos de lobo marino. -Bota el rey. Se me vino por detrás y me cubrió los ojos con sus manos. se aproximó al lavaplatos para enjuagarse manos y antebrazos hasta los codos. a la señora desde la cocina-. muchacho -me invitó el padre. también juego al ajedrez y sé lo que significa una interrupción. por favor. pero ganó igual. Ella era artesana. como efecto de su esbeltez natural. esa era su manera de expresarme la bienvenida. ¿Cuándo será? -Mañana puede ser. pero sin menospreciarlos. para salir de la ridícula situación con algo parecido a una broma. -Dilo. -Repítelo. más bien por el hecho de que la hiciera delante de otras personas. entonces -indicó el padre de Francisca. Desde la puerta de la cocina. modesto. Esteban. El camión estará listo esta tarde. los espaldares de estas últimas casi tocaban la baranda de media altura que circunscribía el lugar. La concentración de los jugadores y la ausencia de las mujeres me dio oportunidad para observar el entorno a mi gusto. y el joven en quien reconocí al mismo mocetón de la noche en el casino. Algo más que la inexistencia de esos aprestos se sumaba al equívoco. Estoy a punto de darle el mate al sobrino. el primo se limitó a un seco "buenas tardes". tú ¿cómo te llamas? Alex. -¡Qué bueno que llegaste! -dijo-. -A ver si tú me ayudas a poner la mesa -oí decir. di Francisca. llenos de una dignidad a flor de piel. parece. los cojines de lona de los sillones y del sofá de mimbre. la alfombra de vellón. -Oye -me dijo-. -Francisca. Atrás era una terraza a continuación de la cocina.. que ya había dejado de saltar. Junto al cestillo de pan amasado y debidamente envuelto en su paño. -No le daré esa satisfacción. -¿Y tú? -Francisca. mucho. -No todavía. En la terraza. Ven a la cocina. Francisca.. De pronto alcancé a ver que Francisca salió casi corriendo de la cocina. y Esteban. mantequilla. -Por mí no se preocupe espetó el primo. Madre e hija ya habían puesto la mesa. había una fila de maceteros entre las balaustradas de la baranda. mi conjetura inicial en cuanto a que Francisca pertenecía a una familia de pescadores había sido. señora. como el resto de la casa. Apenas estén listos tomamos té. con plantas y enredaderas que ponían de manifiesto. Fuera de esto. Durante el té la señora mantuvo la iniciativa en la conversación. -No sé. que venía siguiendo el diálogo. No se distraigan por mí -dije-. pues. con una especie de confianza distintiva que les otorgaba seguridad. abierta al comedor. una verdadera profusión de ellos continuaba más allá.La sala era pequeña y olía. ya que no podía acercárseme como hubiera querido. Ella. -¿Vendrá Francisca con nosotros? Yo. abarcando el pulido y tallado de cachos de buey. La tela tenuemente transparente de su delgada camisera de algodón conducía a la preponderancia de sus pechos. -Alex. huesos. Enseguida se volvió hacia mí y se quedó observándome con mucha complacencia. se expresaban apropiadamente. por muy poco tiempo. en la vitrina y ordenadamente arrimados contra algún rincón. pero limpio y bien mantenido: los visillos a crochet. El hombre de pelo corto y gris. la niña acaba de poner al horno los últimos panecillos. como será. Su mamá quiere tenerla con ella todavía unos días más. lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de cachos de buey que había en todas partes. Alex repitió-. ya. Algo más y de mayor gravitación iba quedando al descubierto: los miembros de esa familia procedían con una entereza sólida. debe faltarle muy poco. -Todo puede ser -estimó el joven sin alterar su seriedad-. -Creo que no vale la pena seguir -dijo el joven. lejos de atenerse a los geranios y las hiedras. -Pase pues. miel de abeja y varios tipos de mermeladas. aunque fueran de su propia familia. -Adivina quién soy -me preguntó. tío. más que un mero buen gusto. estaban jugando al ajedrez. ven. algunas conchas y espadas de albacora. Estaba ahí. con alivio. el principio de un refinamiento.

en una suerte de juego que me ponía contento. -Bien. A medida que descendíamos advertí que el taller quedaba debajo de aquella. ni tampoco en los días siguientes.. La artesanía. era una gran alambrista: me explicó que así llamaban los del oficio a los equilibristas. de escucharla más bien dicho. me fueron expuestas con adecuada graduación e intercaladas en otros temas. lindo. lindo. sí. era una manera de vivir. Estas materias. Su hija también tallaba. Alex -era la señora que me arrancaba de mis reflexiones. -Eso ya es algo -estimó el padre. sin soltarme de la mano. -Sí. -Piedra esmeril. tal vez no conoce el lugar de trabajo de una artesana. Alex. ¿quieres que te lo diga otra vez? -Sí. me hablaba así: -Esta es la piedra esmeril. con la parte del león. y ésta es la pasta de pulir.preferían. amorosito. yo te quiero mucho. -Bien. -Que se llama también albacora. percibí que ciertas interrogantes se abrían paso a mi interior.. -Pero repite conmigo p-i-e-d-r-a e-s-m-e-r-i-l. Ponían un interés más que convencional. Francisca. Les hablé luego de mis padres y de mi vida en Santiago. sí. como era aquí el caso. sí. -Estaba frente a mí con su carita muy cerca de la mía-. -Ojalá lo supiera. -Sí. ¿Por qué me habían recibido los padres de Francisca con tanta naturalidad? ¿Qué esperaban de mi amistad con ella? No parecían dispuestos a mover un solo dedo entonces. cuenta. Francisca. me queda un año todavía antes de entrar a la universidad. mostrándome los instrumentos y las herramientas. di. Alex. -¿Y qué quieres seguir estudiando? -preguntó la señora. Francisca. bien. En qué medida estaba ella desprovista. espada de pez espada. el último año.. -Oh. Ella y su marido se conocieron en las tiendas. Francisca. y mira: cacho de buey. al ir constatan do en qué medida estaba ella desprovista? Con esa última pregunta me inferí una verdadera cuchillada. garaje o. bajaba la vista para alzarla nuevamente como una confirmación de complicidad. dejando en claro -y sin decirlo textualmente. -Fresa del tallado. muchacho. pero qué hacerle. sobre la futura partida de Francisca al circo. qué bien. y ése era un hecho próximo. Alex.. Es cierto que yo acababa de recibir información. pero rechacé el dolor porque sentí con él la naturaleza de la lástima. mis ojos buscaban una y otra vez el encuentro con la mirada de Francisca. la niña aprendió de a poco y sus piezas eran bonitas. no soy lo que se dice un buen alumno. -Creo que sólo puedo afirmar que algunos me gustan menos que otros. aunque hubiesen cesado de ser pareja. me invadió una corriente de agrado con su contacto. pasta de pulir. di. pero la mayor parte del tiempo iba con su padre viajando en el circo. como si tú no tuvieras también mucho que contarnos. Yo no quería acoger nada que me sacara de mi encantamiento. He hablado hasta por los codos de nosotros. Alex. Sí. fue necesario abrocharlas después para tener el real cuadro de la situación y entender el propósito de la confidencia. -Sí. pero de repente se nos puso usted como ido. riéndose. ésa es la verdad. tenía independencia y amaba lo que hacía. también por el lado materno: su abuelo había sido un famoso malabarista. apenas se afianzó en su artesanía. dejando un gran ángulo inferior apto para bodega. no. para desalentar la continuidad de nuestra relación. colmillo de lobo. Francisca se levantó y me tomó de la mano. -Sí. Yo no quería sentir conmiseración. cuenta -dijo Francisca. -Perdone usted.que su relación conyugal se proyectaba sólo en base a la niña. Pasta de pulir. sí. Era una mujer que disfrutaba de su autonomía. . que es muy difícil según dicen. La sangre circense corría por las venas de la niña desde las dos fuentes. -Te quiero mucho. Ella y su marido. pero ella siempre quiso emigrar de ese mundo y lo hizo tan pronto pudo. y queriendo enseñarme. de cuando en cuando. tan íntimas. Bajamos por unos escalones que nacían de la terraza. Los intermediarios se quedaban. A pesar de seguir muy atento a la señora y de estar pendiente de cualquier gesto de Francisca. ¿Cuántos días me quedarían para estar con ella? ¿Pensaban ellos que yo resolvería no tratarla más en cualquier momento. La casa estaba construida en un espacio horizontal excavado al cerro. recibía generosamente la luz solar. y ésta es la fresa del tallado. Si bien yo era todo oídos para las palabras de la señora. me empezaban a parecer personas sinceras. bien. la señora se dirigió a su hija: -Invita a tu amigo a ver el taller. El recinto. -Bueno. hueso. por lo demás. Y a ella debía pasarle algo similar porque. -Pero algunos ramos te gustarán más que otros -insistió ella. paso raspando. me conducía de un lado a otro. taller. eran entrañables amigos y jamás dejarían de compartir la responsabilidad que los unía. claro. Francisca. Al cabo de un rato de sobremesa. ahora o muy pronto. creo que he sido muy acaparadora con la conversación. pero la terraza sobresalía montada en la ladera. -Perdone. de lo que quieras -se sumó el padre. piedra esmeril. -De tus estudios. señora. repite conmigo. con tres amplios ventanales.

-Ah. pero es bonito. me producía temor. Francisca. -Yo te querré siempre -decía-. si sienten hambre. Ahora éramos felices. no coincidimos nunca en la Puntilla. No la descubrí nunca vigilándonos. Afortunadamente. Francisca se sentaba con los brazos sobre las rodillas y la barbilla apoyada en una muñeca. hasta el cuello. suban a buscar una fruta que sea. -Siempre te amaré. ¿verdad? -Sí. -Qué bueno. menos aún de proponerse la faena de cambiarlas. o cualquier otro de mi antiguo grupo. Jugábamos y nos hacíamos cariño. Francisca. de la conciencia del tiempo que transcurría y del vacío más allá del presente. o cuando estaban por quedarse dormidas. Y ese beso era la entera dicha para ella. y como no deja de sonreír jamás. Reaparecía para que hiciéramos cerros de arena a los que socavábamos para preparar la chimenea del horno. Lo primero que me llega de ella es su cabellera sobre mi cara. Alex. ni siquiera inexorable. Quizá nos observaba con disimulo por los visillos. no porque anidara la más mínima duda. uno de los lugares de Quintero preferidos por los veraneantes para ir en pareja a ver la puesta de sol. dime que siempre me amarás. ni el sitio. Ahora estoy con un antebrazo tapándome los ojos. Pero aquello era posible. -Dímelo. Era como si le hubiera dicho "vendré siempre". donde la dejo descansar. sin reparar en lo inadecuadas que podían ser respecto de nuestra situación. ¿Y tú? Yo asentía en silencio. VII EN LA FOGATA La madre de Francisca nos había dejado muy en claro su prohibición respecto de las salidas nocturnas. A veces llegábamos hasta la Puntilla de Sanfuentes. ¡Cómo amo su sonrisa! Fue lo que me encantó al principio y es lo que me sigue seduciendo. claro. pero estaba ahí. protegiéndome de la rudeza del sol de mediodía. Alex. lo cual proporcionaba cierta tranquilidad a la madre de Francisca. La caleta nos pertenecía. y su voz: -Te quiero. Me haces tan feliz.. nadie el momento. como parecía acogerlo todo: con el consentimiento llano de quien percibe la existencia regida por un determinismo natural. estaban así. Y en cuanto a las tardes. a veces. entre otras inquietudes. -Bésame. Su sonrisa se acentúa. Con palitos de fósforos trazábamos la cruz del juego del gato y después. Nunca lo supe. Para Francisca las cosas eran. Quizá no. hincada. con trampita. íbamos al roquerío del recodo a contemplar la puesta de sol. señora. En la mañana bajábamos a la playa. a pesar de que en varias oportunidades miré de improviso hacia los ventanales de la casa. si pudiéramos quedarnos así toda la vida! Me viene a la memoria un poema aprendido en el colegio. Yo te quiero. es muy bonito. que también es lo más dulce del mundo. nos escribíamos breves frases de amor. mis labios se encuentran con los suyos en un contacto tibio y frío. Francisca. -Sí. Cuando ello ocurría. El que pudiéramos topamos allí con Jaime y las Cordingley. Entrábamos al mar y como ella ya estaba al tanto de mi ineptitud para soportar la inmersión total. qué bueno. antes de acostarse. -Me gustas. Ella se escondía detrás de las rocas y los botes.VI EL AMOR DE FRANCISCA De esa tarde en adelante no dejé de ver a Francisca ni un solo día. Para ella el único mañana que valía era el del día siguiente. pero alcanzo a ver que Francisca se incorpora un tanto. aplanando la arena. Muy de vez en cuando llegaban veraneantes a esa caleta. -¿Te gusta. sí. jamás se corta el hilo del que pende el hechizo. Francisca? -Sí. siempre. La sola idea de que le conversaran a Francisca y la hicieran hablar me angustiaba. Alex. Su voz me viene con una cadencia de murmullo. Yo no podía librarme. no sé. -¿Vendrás mañana? -Sí. y salado a la vez. apegándoseme sin alterar mi flotación. salvo para los pocos habitantes que vivían en los alrededores. Íbamos siempre a la playa de la caleta. Gracias. te quiero. me gustas. y el vislumbre de éste sólo surgía al momento de despedirnos. Alex.. Yo no conocía la fecha en que ella tendría que irse. al acecho.. ni la persona. pero sí habríamos de encontramos en otros sitios. y aproximo luego la mía a su cabellera y hundo la cara en ella. Francisca aceptaba su partida. se abstenía de hacerme pasar un mal rato y nadaba junto a mí. Entre todas las celebraciones había tres que le llenaban la . Después entramos al mar y nos besamos. qué bueno.. señora. -¿Por qué? -No sé. El acceso por la costanera oponía muchos obstáculos y el sendero escalonado del cerro. Acerco su cabeza a mi pecho. se nos permitían muy restringidas. Estarán por aquí cerca. ni la edad. pues ello habría implicado reconocerse vencida por un destino indolente. por donde Francisca y yo bajábamos cada mañana. ¡ah. era sólo de paso. se vivía de este modo y no cabía en su ánimo ni en su mente el propósito de escrutar las cosas. era desconocido. y hoyos profundos donde Francisca se enterraba hasta la cintura y. Después sus labios. sino sólo para escuchar mi confirmación. -Somos felices. La semana quinterana se encontraba en su apogeo y las festividades iban a ablandar el rigor de la madre de Francisca. ¿verdad? -me preguntaba. Francisca usaba algunas palabras sin atender a su sentido. Tal vez interrogaría a Francisca por la noche. sin relacionarla todavía con separación alguna. le recito una estrofa: Nadie escoge su amor. no lo entiendo.

podríamos ir juntos.. -Pero. Pórtese nada más bien con ella y regresen antes de la medianoche. Entonces yo los vi a ellos y ellos nos vieron. y se componía de livianas cabinas de madera. a la muchedumbre del anfiteatro y. y Jaime se quedó callado al punto. Sólo un corazón de piedra hubiese podido mantenerse inconmovible. -Sí. -Seguiré confiando en usted. con casaca de cuero. interpretó el bolero Nosotros.. en el medio de la cintura de la bahía. hábitos comunitarios. qué buena! -¡Ya. La gran fogata se realizaba en el campamento de Vida Sana. y a una prudente distancia se levantaban las aposentadurías con modestos tablones. y de la barraquita emergían fugaces chispas como de un arbitrario surtidor. llevaba un suéter rojo y su figura alta se distinguía entre los que nos encontrábamos en el bajo de las graderías. entre Quintero y Ventanas. De vez en cuando nos llegaba un envión de humo de la hoguera. -Me imagino que vas a ir a la Gran Fogata -dijo Jaime. ejercicios. -Mamá. te juro que te adoro y en nombre de este amor. En un principio creyeron que nos habíamos disgustado con mi amigo.. me da tanta pena. acompañándose de su guitarra. -Nunca faltan señoronas frescolinas en las playas -le dijo mi madre. no las preocupaba. No era el caso. para cumplir con la palabra dada y poder así salir del lugar mucho antes del término de la función.. el follaje del bosque de Loncura. mi amigo me contó que creían que yo estaba en amoríos con una mujer mayor. no es falta de cariño. di que sí. -Es tan triste -dijo-. Jaime. -Creo que sí -le contesté. Su voz. Noté la profunda tristeza de su voz. y por tu bien. muchas gracias. En el último verso a Francisca se le ahogó la voz. la Noche Veneciana y el Baile de Gala. pero ahora con ella. aquí y allá requería el voceo de los estribillos y las palmas de la concurrencia. Nosotros. pasto tierno. situado en un vasto claro de bosque frente al mar. todas se realizaban en la noche. encendiendo y graduando el verde de los ojos de Francisca. un buen gesto suyo. Se sentó. -¿Jaime? -Sí. . Patricia me espera y Marion ya encontró otro gancho. promoviendo esas veladas de diversión hasta en los más lejanos caseríos de la comuna. de veras no tiene importancia. junto a la pira. Ellas se habían dado cuenta ya de mi notoria separación. no seas mala. Las personas que veraneaban allí se sometían a ciertas disciplinas: levantadas temprano. muy pronto sentimos el calor de la pira que ahora iluminaba todo el entorno. -¿Jaime? -Sí. empezó a ser cantada también por todo el público. y así. Patricia. te quiero con el alma. Sí. Jaime. no me preguntes más. muy cerca de la vía de ingreso. que del amor hicimos un sol maravilloso. Por las arenas de la playa avanzaban festivos los grupos. Esa noche pedí la comida temprano para pasar a buscar a Francisca con la debida anticipación. y al comprobar que no era así. -¿Quiénes son? -me preguntó Francisca. de investigar con Jaime. Era.. El lugar se fue llenando hasta quedar repleto de gente. jerarquías. Y Francisca sabía exactamente cuándo. Cuando entramos al recinto. para no enterarlas aún más de mi desvinculación del grupo. a su vez. y agregó-: quiero irme. que nos queremos tanto. te digo adiós. yo no le había comunicado siquiera su nombre. En ese momento entraron mi madre y mi tía al comedor. Pero de vez en cuando insinuaba que saliéramos juntos los cuatro. Como Francisca y yo estábamos en la primera fila. que me sofocas. Me saludaron agitando los brazos. ella se sabía al dedillo la programación. Sentíamos también el calor de nuestros cuerpos muy juntos y la calidez de nuestras manos entrelazadas en puñito bajo la manta. pues.carita de alegría a Francisca: la fogata de Vida Sana. mamá. señora. -¿Sabes?.. arriba. había llegado a la conclusión de que era mejor no hacerme preguntas sobre mi chiquilla. Las lenguas de fuego flameaban con variable plenitud. -Si importa -dijo. mamá. Pero iban a mantener la prudencia de no arremeter con intromisiones obvias. nosotros.. señora. que nos hacía lagrimear.. mi amigo que está en mi casa. en su gran mayoría jóvenes. estaban Jaime. Francisca venía muy abrigada con gorro de lana y manta de Castilla.. al fondo. más atrás y hacia arriba. -No me dé las gracias. -No se trata de misterios. déjanos ir a la fogata. pero las caminatas de ida y vuelta eran parte del atractivo de la Gran Fogata. entonces. ligeramente ronquita. donde iba a desarrollarse el espectáculo en el que actuaban veraneantes con aptitudes musicales. y yo. Al centro de un área lisa se acondicionarían los troncos de la enorme hoguera. ya les dije que. di que sí. del que te he hablado más de alguna vez. no te insistiré y callado el loro. será cuando tú quieras. romance tan divino. Allá. Francisca dejó de mecerse al ritmo de la música. un muchacho y el Colorín. le infundía una contagiosa emotividad a la letra que. niña! Aléjate. En todo caso. Trataron. tú me entiendes. abrazadas las parejas. Alex. -Es Jaime con unas amigas. te cuento esto por si. lógicamente les entró curiosidad por saber qué me estaba ocurriendo. El campamento Vida Sana quedaba lejos. debemos separarnos. qué buena eres. sí. al compás de esa música briosa. la inquietud venía de no saber nada. Era ahí.. ¿Entiende? -Sí. -Se me olvidó. -No tienes que ponerte tan misterioso conmigo. con quién me juntaba a diario y por qué no se me veía en parte alguna. Francisca se sacó la manta y la gorra. Algunos jóvenes estaban incitándole con chamizos el fuego a los troncos. si ésa era la cosa. al que la luna llena proporcionaba una piel metálica. hombre. algunas dietas. El primer número le correspondió a una muchacha que. y no convenía darles más luz sobre el asunto. en el sector de Loncura. -No importa. Luego la muchacha cantó una alegre canción napolitana que. interpretativas y teatrales. Y mi tía: -A vacas viejas. La abracé. por favor. porque la camioneta municipal con un gran megáfono recorría a diario la ciudad. nos ubicamos en la gradería más baja. al ver que yo miraba la hora a cada rato. una función de aficionados. Y se me acurrucó. Francisca. -Ya llegará el momento en que me la presentarás -me dijo una tarde-. su cabellera se derramó hacia un lado y el otro. -Niña. -¡Ay. mirando hacia el mar.

¿y a ti? -A mí también. ¿Y después? Ése era el vacío. La Noche Veneciana fue amorosamente plácida para nosotros. -Tenemos que irnos -me dijo Francisca. cuando yo hago mi entrada en la función soy igual a una reina.? ¿Estaba dispuesto a ir de pueblo en pueblo. miré a Francisca. ¿Cuántos días nos quedaban? Tres. es de disfraces.. No dependía de mi voluntad. -¿Sí? -Sí. -¿Sabes. también. algunas los llevaban en hilera desde el mástil hasta proa y popa. largo: fue el más duradero que nos dimos nunca. sentía ese porvenir como un encierro y me sofocaba íntimamente la sola idea de despertar una mañana y saber que ella ya no estaría esperándome en la playa de la caleta.? -Dime. de quedarse ahí las parejas cantando y acaramelándose. la Noche Veneciana en la Playa del Durazno. Francisca. cuatro. Ese fin de semana tenían lugar las dos últimas festividades que eran. Asentí. su padre la vendría a buscar cualquiera de los próximos días. Nos interrumpió una voz que desde los parlantes invitaba a presenciar el arribo de los españoles a la costa americana. porque ¿qué sentido tendría desesperarse ante lo inevitable? Pero la inquietud minaba igual. grandes espadas que resplandecían y una cruz. porque ellos sabían el exacto advenimiento del plazo. El viernes. una docena de jóvenes con las caras pintadas y el torso desnudo. -Yo tengo vestidos muy bonitos. tiritando de frío. con ella se cerraba la semana quinterana. Francisca quería asistir a ambas y su madre no iba a oponerse. mientras desde la playa los acechaba. Sí. Francisca. El simulacro que se estaba representando la llenó de júbilo y desasosiego. -¿Qué dices. -Yo conozco el cuento de Cenicienta. con puertas ventanas que lo unían a la vez que lo separaban de la famosa terraza donde por las tardes se juntaba la juventud a bailar. del circo. Alex. que en el fondo la toleraron controladamente también. Al ver el asombro de sus ojos maravillados y el invariable candor de su sonrisa. eso era lo peor. ambos amurallados. sus farolitos. Cuando la cadena de múltiples fuegos artificiales centelleó allá en el muelle y salieron disparados al cielo los cometas y estrellas fulgurantes y fugaces. ¿te acuerdas? -Sí. las más esperadas por los veraneantes. de manera de no pensar. un bar de barra larga y disposición de mesas. para nosotros. De la más garbosa de todas las embarcaciones transbordaron a un bote a tres conquistadores con sus armaduras de papel plateado. de no afrontar reflexivamente lo que se venía encima. sí. un patio de gravilla y un jardín. salvo que me fuera tras de ella.VIII LA NOCHE VENECIANA Las celebraciones quinteranas llegaban a su término. El Hotel Yachting disponía de varias condiciones que lo convertían en el más apropiado para efectuar la gran velada: un vasto salón techado. proyectando sobre las aguas inquietas. pero lo principal lo sabía: Francisca iba a partir de un momento a otro. -Ah. ¿sería eso posible? Estaba a la vista que los padres de Francisca habían permitido la existencia de nuestra relación. Francisca? -Que el baile de mañana. que incluía la coronación de la reina. Yo no quería ver lo que se pronunciaba para el inmediato porvenir. tras la caravana de un circo pobre. Las embarcaciones adornadas con guirnaldas encendieron. Divisé a Jaime y Patricia en el gentío. sentí que me inundaba de ternura. nos convenía no demoramos y así asegurar el permiso para la noche siguiente. la gran velada en el Yachting Hotel. reverberaciones. Volví a la realidad al oír su voz. -Yo iré únicamente con antifaz. de villorrio en villorrio. Terminada la función. claro. -Yo también llevaré antifaz.. como Cenicienta. mira! -exclamó Francisca. ¡Ay.. aunque no tan insospechado en realidad. La construcción de piedra del Yachting.. -¡Mira. el de la gran velada. convocados por el calor y la luz del fuego. me gusta mucho. por eso tengo trajes muy lindos. ¿Y si la seguía? ¿En qué iba a convertirme. La abracé por la cintura y nos encaminamos hacia la salida de la Playa del Durazno. dibujando así un velamen luminoso que se recortaba en la oscuridad.. Alex. yo tengo que llegar siempre a casa antes de medianoche.. un tiempo distinto.. salvo que yo la siguiera. Alex. apreté mi cuerpo al suyo y nos dimos un beso largo. y por el deseo de continuar juntos. parecía creer en él como algo verdadero. -Yo. A lo más una semana. montada a pique cortado sobre el cerro costanero bajo el cual se extendía la Playa del . Pero no es obligatoria la cosa. Pero. Pronto nada obedecería a mis deseos. uno puede ir como quiera.. y el sábado. de la romántica. algunos muchachos encendieron fogatas en la playa y los espectadores se acercaban a una u otra para sentarse en círculo. impreciso. Mañana iríamos a la gran velada. El plazo. Después de esa celebración se abría para mí. salvo que. puesto que las piezas agitadas habrían roto el hechizo del festejo. Llevamos un grueso chalón y nos sentamos en la explanada que hace de contrafuerte de la playa. de asirme a la cotidianeidad. te gustarían tanto mis trajes! Mañana me pondré uno. como un obseso? -Es de disfraces. ése era el vidrio empañado que me dejaba frente a mi propia soledad. Por los parlantes se emitía música de moda. Pero yo trataba de echarme tierra a los ojos. de pronto y muy concertadamente.

Alex. ¿verdad? Le expliqué que era por la escasez de mesas. ¿Qué diablos pasa con tu chiquilla?. la gran velada. aunque sea por un rato. Al cuerpo y desde el cuello lo ceñía una malla brillante de lentejuelas amarillas. en que el valor de las entradas infundía en muchos jóvenes el irrefrenable ánimo de colarse. -Y puede ser harto contagiosa. se desarrollara hasta convertirse en la única decisión consecuente con mis deseos. Se lo agradecí y al punto me lo encajé. había allí un ser prodigiosamente desnudo. -Te estoy muy agradecida. -¿Eligen a la reina esta noche?-Sí. qué. te viene bien con la pinta formal que llevas. Alex. de hueso o una espada de albacora? -La espada.-Muchas gracias señora. -Pareces un profesor Corales de circo pobre –estimó Jaime. nada. de colmillo de lobo. es un regalo muy bonito. -Sale harto más caro -opinó sin despegar la vista de su faena. no pensé en el asunto. y a todos se les acaba la semana quinterana. vi que me . mira que podemos evanescemos toditos de un viaje. Sabiendo por experiencia de años anteriores que el número de mesas no iba a alcanzar para todos. por favor. la pasé a buscar con anticipación. -¡Qué elegante! -exclamó la madre de Francisca. -Me miró nuevamente con afecto-. ¿s? Mejor todavía. Tragué saliva. es decir. Lo hacíamos así todos los años tan pronto llegaba febrero.. -No me gusta ninguna. Oye. no estaba en mi arbitrio hacer algo contra eso. dejando de manifiesto su discrepancia. -Ya. -Así es. su partida era inevitable. Puedes venir a buscarla cuando quieras. Los de mi casa se extrañarían harto más que bastante. -¡Cómo que está bien! -Bueno. Mientras me dirigía a la casa de Francisca. Alex. Entonces hizo su aparición Francisca. Cuando me aprestaba a salir. claro que sí. -Me queda plata y es la última fiesta -le contesté. señora. una apretada.Papagayo. señora. -¿Y cuál es tu candidata? -Ninguna. -Ah. ándate no más. Se me acaba de ocurrir que a lo mejor te gustaría tener una de mis piezas de artesanía. No iría. Tanto en el salón como en el bar. Estimaría que estaba en absoluta concordancia con mi conducta durante la mayor parte del mes de enero. déjate de tonterías. haciéndome pasar a la salita. que cubría su rostro hasta la barbilla. me quedab un poco grande. virtual funda de escamas doradas que a la altura de los tobillos insinuaba con un falso la forma de aleta de una sirena. nos esperan en el campo el primero de febrero. -Es que como te veo tan embalado con tu chiquilla. -Hay algo que me gustaría decirte. Fue de veras una aparición. un espacio para que la idea larvaria que me estaba bullendo adentro tomara cuerpo. ¿qué ganaba yo con quedarme en Quintero? Un Quintero para mí desolado si Francisca se iba antes de fines de mes. plegándose como al desgaire sobre un hombro. enviándoselo por un solo lado hacia adelante para derramarlo sobre el pecho y hasta la cintura. -Sí. Alex? -Quiero agarrar mesa. Me lo imagino. apenas algo más que una esclavina de terciopelo azul marino con forro celeste. grande y curva. Alex.. como todos los años. Recordé su imagen sobre la lancha. era un recinto convenientemente aislado. Se echó hacia atrás y apoyó la cabeza en el respaldo del sillón. Una horquilla de hueso. y tomando en cuenta que Francisca debería llegar temprano a su casa. sobre la mesa esperaban el pañuelo y el parche de ojo. -Oye. Descontando la capa. señora. -Pero entre las que sí conoces habrá más de alguna nadita de fea. pero te pasas de esquivo. Tenía puesta una capa corta. fuera de eso. Vienes bien adelantado. señora. Nadie iba a obligarme. Se inclinó hacia adelante. debería irme con él a Monte Patria. y le hablé por primera vez y la conocí. ¿verdad? -Claro que no. hombre. sí. trayéndome un sombrero de tongo. -¿Qué? -Nada. has sido muy bueno con ella y. sólo la terraza quedaría despejada y en reserva para el baile. En ese momento entró al comedor mi madre. la niña ya estará lista. lo que resultaba del todo necesario en circunstancias como aquella. -Entonces no te acerques esta noche a nosotros. La incorporación de Francisca al circo de su padre la arrebataría de mi lado. -Toma me dijo-. tiñéndose la cara con un corcho quemado. La interrumpí: -No tiene usted nada que agradecer. hombre. Después de un lapso volvió a hablar: -Una última cosa. recordé las palabras de Jaime al inicio del diálogo y tomé conciencia de que en una semana más. Yo lo intuía. Toma asiento -agregó-. Mi madre sonrió y subió al segundo piso. -Esta es la última noche que saldrás con mi hija. -Bien. pero. de pronto ya no estás. un lleno total. desde el paseo a la Cueva del Pirata en que encontré a Francisca en la playa de la caleta. pues. Pero muy otra cosa era acompañar a Jaime al campo nortino. se ubicaban las mesas. recibí carta de mis viejos. -Por ahí anda la cosa -no me aguanté. de acuerdo a nuestra costumbre. le prendía al paso el torrente de la cabellera. como si nunca dejara de controlar sus expresiones. muy concentrado frente al espejo del comedor. te digo no más. -Y ¿qué prefieres? ¿Una figura de cacho de buey. -Eso es cierto. se veía este reverso porque por un lado se apegaba la capa. nos juntaremos en el Yachting. Alex. Pero. una creatura de ensueño. No se te ve en todo el día y cuando apareces por ahí. hasta parecerás disfrazado de dandy si vas con antifaz. una vez que se haya ido la niña. ¿verdad? -Sí. Por las ojaladuras de su antifaz de oro. hijo. hombre. ya. -Y sabrás que a mediados de la próxima semana vendrá su padre a buscarla. simplemente. La señora se había sentado en un sillón frente a mí y me miraba con un dejo de simpatía. ¿no es cierto? -Está bien. Ya tenía la barba espesamente negra y las emprendía con las patillas. me detuve al ver a Jaime. -No espero que saltes de contento. qué quieres que te diga. elástica. pero en esa ocasión me había olvidado de ello. No te has olvidado. pero no lo sabía tan exactamente. no las conozco a todas. patio y jardín. ¿no es así? Bueno. A Jaime mi deserción de seguro no le asombraría. de tal modo que sus zapatillas se escondían en el embozo de ese artificio. Reparé en ello por que su actitud hacia mí había sido invariablemente neutra. -¿Ya te vas. ¿es un ectoplasma? -Puede ser. Ahora un sentimiento de rebeldía empezó a crecer dentro de mí. ya casi lo sabía: ganaba un tiempo. y lo haré ahora porque no sé si tendremos otra oportunidad de estar un rato a solas. pues. de evitar que afloraran con libertad.

La inmensa mayoría iba con disfraz. atenta a mi reacción. También los semimuros de la terraza se vieron abarcados. Podrían sacarse los antifaces -opinó el vaquero-. los mozos se hacían pocos trotando de un lugar a otro. mientras en la barra del bar se apiñó un tumulto tan crecido que había que hacer allí los pedidos a grito pelado. Tuvimos que esperar un buen rato porque. Esto se me hizo del todo evidente cuando entramos a paso rápido. hawaianas. sin brisa siquiera. La orquesta cesó y subió al estrado el maestro de ceremonias para dar lugar de inmediato al cómputo de los votos. con la que tuvimos que compartirla. de entre los cuales saldría el rey feo. coludos y descapotados. -Y a nosotros qué nos importa. doscientos por nuquita. ¿está bien. yo quiero cuba libre -corrigió ella. a menos que sobre ésta hubiera vasos. ubicándose en los bancos del patio y del jardín. Se formaban tumultos contra la reja y algunos muchachos se empujaban unos a otros con el evidente propósito de pasar colados. Francisca se embozó en su capa. como su chiquilla. allí en el bar divisé una. estaba tocando un rock'n roll y la terraza empezó a verse invadida. -Su disfraz es maravilloso -dijo la vaquera. quien. . Llamemos al mozo y pidamos algo. Se acercó a su madre y le estampó un par de sonoros besos en la cara. A las dos cuadras de distancia coincidimos con otras parejas y grupos. No importa lo que tome. a quien la soberana del verano anterior acababa de encajarle en la cabeza la corona de fantasía. a reservar nuestra mesa. conminándoles a integrarse a la fila. vamos. yo me metí el tongo hasta las orejas. Nuestros compañeros de mesa nos pidieron que les cuidáramos su sitio mientras iban a bailar. Todavía se corría el riesgo de que los frescolines que nunca faltan le usurparan a uno la mesa. que estás linda. y al acercamos al hotel vimos una creciente cola de veraneantes a la espera de pagar las entradas. Yo me despedí con una inclinación de cabeza. Alex. de las más vistosas y originales indumentarias. pero trató de hilar algunas palabras de agradecimiento. y de la belleza insinuante y ambigua de tanta fruta pintona jugando a mujer. El maestro de ceremonias la rescató de la situación anunciando que se reanudaba el baile y que la nueva reina. rodeadas de sus padrinos. Estaba muy nerviosa. también se distinguían algunas muchachas ricamente vestidas de dama belle époque o doncella medieval. -Algo sin alcohol. -No es disfraz -contestó Francisca. se estacionaron frente a la reja. se van a acalorar demasiado. Así se lo hice notar a la pareja. Un Buick y un Oldsmobile. -Eligen una reina. jeques y odaliscas. estaba disfrazado muy malamente de vaquero-. despreciamos las del patio engravillado porque la malla de Francisca no iba a protegerla del sereno de la noche y. La pareja optó en adelante por hablarnos el mínimo. -Dos gin con gin -dijo el vaquero. pero un par de carabineros muy alertos intervenía. pero hacía frío. sí. atendiendo los pedidos que se les acumulaban en esos momentos iniciales de mayor requerimiento. Francisca era la que más atraía las miradas. Francisca? -Sí. casi a la carrera. Cuando finalmente se dio el nombre de la ganadora. si no.informó el mozo-. -Las gaseosas y los jugos valen igual que los tragos combinados. LOS JUEGOS La noche estaba sin viento. Apenas les distinguí las cabezas y pronto se me perdieron en la masa. -Tráiganos una primavera y una piscola. y otras de femme fatale ostentosamente enjoyadas y con larga boquilla entre los labios de frambuesas. al fondo del salón. Hacían su entrada las cinco finalistas. tú sabes. Me puse de pie y la tomé de las manos: -¡Dios mío. No le hicimos caso. IX LA GRAN VELADA. Entre aplausos y vítores los presentes abrieron paso a las finalistas. Sólo entonces divisé a Jaime y a las hermanas Cordingley. -Tiene razón -asintió el muchacho. Por fin uno se acercó. graciosas. Vamos. las campesinas a la tirolesa. Abundaban los piratas. Se dirigieron hacia el salón donde les estaba reservada una larga mesa adornada con muchos ramos de flores. la elegida reina era una muchacha con ojos de uva negra y cuerpo ligeramente entradito en carnes. la algarabía se acrecentó. -Si te sacas el antifaz vas a matar de envidia a la reina -opiné. niña -le informó su madre. Ahora las mesas estaban todas ocupadas y seguía llegando gente. No. tenía una cara de facciones menudas. Sin embargo. De pronto una agitación contagiosa recorrió a la multitud. Robin Hood. La orquesta. Le pregunté a Francisca lo que deseaba. Las del interior del salón estaban ya ocupadas. Francisca! -¿Verdad que no habrá ninguna más bonita que ella esta noche? -dijo la señora. además. me puse el antifaz y abrazados nos encaminamos hacia el Yachting. si bien el Yachting había duplicado el servicio. Sin ser bonita. igual está pagando el cubierto. a la que alcanzaramos a llegar junto a otra pareja. -¿Cuál reina? -preguntó ella. se hallaban al centro de un grupo que se había acercado a la plataforma para observar el recuento. señorita . -Algo sin alcohol -repitió ella.estaba mirando fijamente.

a la espera de mi reacción. rebeldías que se expresaban dando tumbos en el interior de la mente. además. anticipándose al sentido de mis pasos. Después de una pausa. -Sí. A pesar de la amenaza y del fulgor de los ojos de Francisca. haznos un huequito -se sumó Patricia. se dejaba llevar verdaderamente. El sentimiento que empezara a insinuarse la primera vez que la viera en la lancha era ahora tiránico. y yo deseaba la continuidad de ese sometimiento. del amor. hace tantos días que no te veo ni la punta de la nariz. pero a la vez tan categóricamente sólida. -Alex. y en dos caballos. -En la cuerda y también sobre el caballo. no quiero que te vayas. Entonces. en voz baja.lo tocan cuando yo voy por la cuerda.podemos hacer grupo antes de que este par de tontos se vaya para el norte. transcurrió. La allegué más a mi cuerpo.. donde. -¿Qué pasa? -preguntó Marion. Le agradecí con un gesto cordial. -Oye. sonreía bailando con Patricia. -Sí. llegaba a su término.. los párpados. su mejilla se apegó a la mía. sentí la complicidad de su abrazo. que es lo que deberían hacer si no fueran tan lesos los pobres. no regresamos a la mesa sino que iniciamos el baile casi inmóviles. o mejor invítanos a tu mesa. y un poco más atrás Marion y su pareja se nos acercaban al lento paso de la música. Escondió la cara bajando la cabeza y yo intuí que podía estar llorando. la orquesta continuó con Night and day. y sus labios ahí entreabiertos por su sonrisa mansa iban a estar un largo. las delgadas huellas húmedas no alcanzaron a llegarle a los labios. La tibieza de su piel me colmó de un bienestar intenso. No era fácil. A mí y a Francisca la interrupción de Jaime nos sacudió por igual de nuestro ensimismamiento. sigamos bailando -opinó Jaime. con franca amistad. el lugar estaba de bote a bote. simplemente. Se lo dije. Dejé de bailar y Francisca se mantuvo muy apegada a mí. -Tranquila -le dije. La reina y el rey. quiero bailar. lento. las mejillas. -Francisca. Como la orquesta carecía de piano y de violines. Alex? -me dijo-. -Francisca. -¿Sí? -Yo te quiero. Había alcanzado a oír algo.inauguraría la fiesta con El Danubio azul en brazos de su rey feo. Hice las presentaciones. Las hermanas se echaron a reír. sentí que me hincaba las uñas. Las dos parejas habían dejado de bailar y estaban inmóviles junto a nosotros. no quiero dejar de verte. Francisca los saludó en silencio. Francisca era de una liviandad extraordinaria. Terminado el vals la orquesta volvió por sus fueros y. yo la araño. y habría perpetrado un desastre de Danubio aguitarrado y a la batería. -Sí. Alex. dímelo. quiero bailar. -Ahora que te conocemos -dijo Marion. me saqué el mío y lo guardé en un bolsillo mientras ella se subía el suyo dejándolo como un sombrerito plano sobre la cabeza. tranquila. Yo era responsable de ese algo y en él se concentraba una plenitud que me cogía del alma y del cuerpo. -Dímelo otra vez. Francisca me murmuró casi al oído: -La araño. sin duda muy intrigada por la frase. quizá sin darse cuenta. tenía todo el poder sobre mí. tú eres mío. -¿Cuál cuerda? -quiso saber la vaquera. y contigo a lo mejor hasta conseguimos que posterguen el viaje o. -La muerdo. obviamente para impulsarme a ir a sentarnos. La tomé suavemente del mentón y le alcé el rostro. -Francisca. Te felicito. creyendo que se trataba de una broma. Marion se me aproximó y me dijo: "Es muy bonita. luego atrajo hasta su boca la mano mía que enlazaba la suya contra mi pecho y la besó. -Bueno. también hago equilibrio a caballo. -¡Pero qué par de tortolitos tan acaramelados! Era la voz de Jaime. el desplazamiento de su cuerpo era un deslizarse suave y alerto. pero de veras que es muy bonita. pero no estaba muy segura de haber entendido bien. Le besé la frente. en un acuerdo tácito. se puso el disco. Alex. -Dime que no me vas a dejar. Estábamos tan juntos que los antifaces de cartón piedra se nos convirtieron en un estorbo. largo rato. Ahí. al lado nuestro. Marion y Patricia se veían bellísimas con sus vestidos y sombreros sin duda sacados del baúl de su abuela inglesa. Sentí la fuerza invisible. Percibí que la tranquila placidez de mi condición de muchacho veraneante. Se me hizo claro que ante mí emergía algo que me resultaba ineludible. apenas meciéndonos. -¿Qué pasa? repitió. ideas ariscas cuando más. Pero Marion tomó la cosa de manera muy textual. La frase esa era muy larga y Francisca miró a Marion. sí. ¿De dónde sacaste algo tan original y llamativo? -Del circo -contestó ella. Francisca. Y supe que tenía que hacer algo para convertir esa promesa en una realidad. casi. Simplemente. -¿Estará tomando puro jugo esta cabrita? -le preguntó ahora a su compañero la vaquera. hombre. se queden con noso tras. para quien todo se había venido dando hasta entonces de modo previsible y seguro. especulaciones. confundida. Francisca y yo. para no contrastar abruptamente.. -El Danubio Azul -dijo Francisca. ahora me explico tu desaparición". que habían iniciado el baile en el salón. -Preséntanos a tu chiquilla. empezó su actuación con piezas románticas. Hasta hacía poco las inquietudes que desasosegaban mi espíritu eran de índole reflexivo. -Es Bluemoon -le dije. sin separarse de los míos. ahora sí. -Es linda -murmuró ella. -Te araño -le espetó Francisca en voz alta. preséntala -pidió también Patricia.. -¿Sabes. Nos levantamos y nos hicimos un espacio en la terraza. salían girando a la terraza. y era ese soporte que siempre había estado ahí y que parecía inamovible el que ahora acusaba una erosión tan desconocida. al oído. vamos a tomar un trago al bar. -No. suscitando algunas lecturas. Francisca apoyó su cabecita en mi hombro y me miró a los ojos. advertí el asombroso imán del vínculo y la servidumbre de mi voluntad me estremeció. donde otras parejas les siguieron el ejemplo. Alex. Deseé que ese bendito Bluemoon no acabara jamás. -Fantástica tu tenida -le dijo Patricia a Francisca-. sí. alimentando algunas discusiones. Alex. ¿por qué no bailamos un solo baile que sea? Al escuchar la invitación. Alex. las hermanas . -No quiero irme. Pero su tiempo. no entendía palabra de lo que esa linda muchacha decía y resolvió no hacerle más preguntas. Marion me hablaba así. porque se las enjugué. ciñéndome con fuerza por la cintura. Éramos de un mismo alto. para mí tan perceptible como gotas de agua. yo te amo. si no vamos a ir a tu mesa. Pero una paz y una armonía ciertas funcionaban como un cimiento. puesto que era un precario conjunto rock.

-Compra las argollas. Francisca avanzó decidida hasta llegar a un local en cuyo centro se levantaba una especie de pirámide de botellas. Imaginé la cara que iban a poner los vaqueros cuando el mozo les cargara nuestra cuenta. también. el incidente me ayudaría muy pronto a abrirme ante Jaime. reconocimos a Lucho Gatica. me rendía aún más a ella. -Tome -me dijo-. pero no te preocupes.? -Voy a irme contigo. aquí se acabó el jueguito. ya se llevan harto dinero y es suficiente.. a buscar plata. y se miraron confundidas. -¿En el circo? -0 detrás de ti. Jaime se dio cuenta de que la cosa estaba por ponerse color de hormiga. para lo cual tuvo que esperar a que se repusiera sobre la pirámide una botella premiada. Francisca. para volver al poco acompañada de un hombre bigotudo. fue fugazmente poseída por un rictus que le infundió una expresión salvaje. Sus palabras habían sido clarísimas. Del parlante del lugar. El hombre se dirigió a mí: -No habrá más argollas para la señorita. que aplaudía con entusiasmo la insólita puntería de Francisca. extendido y derecho el brazo frente a los ojos. La muchacha flaca y hosca que atendía el local recibió mis monedas y me pasó a cambio cuatro argollas. inclusive. Usted sabe. bajó la mano para levantarla al punto. muy difícil. chiquillas dijo Jaime-. y escucharle decirme: -Cómprame más argollas. Nunca la había visto así. saltarle encima y darle un tarascón. por lo general. casi animal. tenía un billete azul de cien pesos sujeto al gollete con un elástico. en cualquier instante Francisca podía alzar la mano y marcarle la cara a Marion e. la flaca salió apresuradamente del lugar. que chirriaba como si los discos fueran tocados con clavos en vez de agujas. -No la toqué. La flaca se hizo a un lado y el bigotudo se me acercó con la botella y el billete. La flaca del lugar se hizo la impertérrita. mientras por otra me apenó porque el manto de misterio con que yo había mantenido velada a Francisca del conocimiento de mis amigos se había rasgado de un modo que. embocarle allí una argolla. -Podrás. ahorra esa plata. pero a mí y a Francisca nos importó un cuete el ritmo. ¿adónde vas? Espera. -Lo conseguiremos al tiro -dijo y. Ésta desprendió el billete y me lo echó en un bolsillo.. pues me liberaba circunstancialmente. Mis amigos estaban ahora enterados de que algo raro acontecía con Francisca y no iban a insistir esa noche en alternar con nosotros. del circo... A pesar del número de veraneantes que a esas horas se hallaba en el Yachting. si bien no era el peor. junto a la cual se encontraban los juegos. Alex -me pidió Francisca. las mismas que le fui entregando a Francisca. ahora la curiosidad sobre ella aumentó al comprobar que se acababa de ganar el imposible billete. -¡Ah. dejó libre la argolla. seguimos bailando como si estuvieran tocando el más meloso de los blues. estaba lejos de ser el mejor. esta vez la flaca no disimuló su malestar. Francisca. Le di alcance y la tomé de un brazo. Se aprestó a lanzar la segunda argolla. Si la belleza de Francisca y su extravagante vestimenta ya habían llamado la atención de no poco público. Me asusté un tanto. Bueno. Alex. -Y bien. sino que optaba por calzar en cualquiera de las otras botellas y ganar así un buen vino y hasta una champaña. -¿Cómo? Como sea. a pedirle ayuda. bueno. había aquí mucha gente. la que después de describir un preciso arco. necesitaré algún dinero. aprovechemos de bailar este rock. pero logré convencerla de que yo no necesitaba más dinero: ahora las cosas iban a resultamos como nosotros queríamos. Después de colocar la cuarta botella. que ella es hija de don Juan. ¿verdad? -Sí. Tomó ella la primera y. el del circo. Llegaron justo para presenciar la perfección del cuarto tiro de Francisca. señor. como si esa hazaña fuese cosa de cada rato. sólo que esta vez. El segundo tiro fue igual que el primero. por una parte. ¡Ahora sí que la música se pone buena! Las hermanas Cordingley acogieron su iniciativa con gran alivio. tenemos que pagar. su sonrisa.. Francisca? -A los juegos. ¿qué vamos a hacer. pero ¿sería posible? Yo mismo estaba sorprendido. -Bueno. finalmente.. ni siquiera perdía un solo tiro en esa ilusión.. -Alex. Si la dejamos seguir nos quiebra el negocio. la botella de más arriba. Esto.. un segundo antes de llegar a la misma altura.no atinaron a dilucidar si mi acompañante payaseaba o no. Francisca estaba empecinada en continuar. simplemente. -Quiero más argollas -insistió Francisca. La orquesta interpretaba Rock around the clock. por cierto. -Un momento. No pude detenerla. me alegró. y esto no lo aprecié de inmediato. En verdad. sobre lo embarazoso de la situación. sin desaparecer. a plantearle lo que yo venía viviendo y. embocó limpiamente en el gollete de la botella premiada. colocándola entre su pulgar y su índice.? -Sí. lo pediré. lo conseguiré. -¿Plata en los juegos.. Se había formado un corro ante el local. Era. -No -dijo-. en el emboque. de manera que el público. se encaminó muy ligerita hacia la salida. Sin embargo. Bajamos por la avenida rumbo a la estación. Ella es una profesional. repitió el movimiento. Marion alcanzó a dedicarme una mirada de estupor. pero a la vez sentí que de sus labios entreabiertos emanaba una sensualidad primitiva que. sin esperar. X LA DECISIÓN Y LA AMENAZA . y tomando la botella premiada se la pasó a Francisca. casi imposible. coronando el conjunto. Y el tercero la argolla calzó impecablemente de nuevo. usted comprende. ¿adónde vamos. Contigo en la distancia.. sí! Eso estuvo muy bien. -Te portaste un poquito mal -le dije con suavidad. ahí vamos a ganar. Entonces Francisca se desprendió de mi como impulsada por un envión.

Pájaro de mal agüero. pero mira. La estampa de la casa y su silenciosa paz me representaron el mundo invulnerable del hogar. eso fue bueno. Al día siguiente se desató el cauce de una manera. Así lo hice. La casa estaba a oscuras pero el farol sobre la puerta le iluminaba el frontis. algo me anticipó el inicio de la situación.. -Paso. lo sé. cuando estaba a punto de quedarme dormido. -No sé de qué está hablando.. en los juegos. es lógico que te quedes donde ella esté. La inminencia del tiempo venidero me tenía íntimamente muy nervioso. -Eso no me sorprende. saludándome apenas con un movimiento de cabeza. Se dirigió de nuevo a mí: -Le has dicho a la niña que no dejarás de verla.. como que se aireó la cosa. Jaime. tú sabías que ella partiría con su padre de un momento a otro. -¿Con ella? -0 tras ella. pero supe disimular mi estado y Francisca pudo demostrarse cariñosa y juguetona. ¿comprendes? -Ya. pero me gusta. como todos los años. ¡Ah. Sentí un escalofrío que no provenía sólo de la intemperie. no es cosa fácil.. Después se decidió: -Oye. y el hecho de ignorar dónde me encontraría me inquietó por primera vez de modo agudo... En la comba frontal de la cabina leí: Circo Metrogoldin. -No seas imbécil. hombre. ¿verdad? Perdóname. Escúchame. -No la comprendo. -El caso. Sin comentarios. eh. señora. no voy a decirte que estás loco ni nada por el estilo. todito muy normal. Jaime. me miró fijamente. aunque no esté de acuerdo. Es tan desgarrador cuando alguien habla llorando. y tratándose de ella. me dije para mis adentros. -Siéntese usted. -Sí. todo muy normal. soy todo oídos. -Está bien. Buena suerte. propia de un altercado. Desde el interior de uno de los dormitorios de la casa me llegó la marea abrupta de voces altisonantes. Hasta lo esperaba porque. tú sabes. pero. claro. son pocazos.. después de suspirar muy hondo. como de costumbre. tú entiendes. Jaime. supongo. Me quedé unos instantes contemplándola antes de entrar. al verme. sí. Pasó al baño y al poco entró en la pieza. En dos días más yo no iba a estar allí. pero tenían la puerta cerrada y no me era posible entender nada.. -Bueno. -Gracias. cómo tratarme. -¿Seguro. gané una buena suma esta noche. -Ah. te la pediré. me puse a recordar las secuencias de ese mes de enero que se iba. -Y para lo que sea y en lo que pueda. se sentó en la cama. el muchacho me hizo pasar. -Dime. fue ella. fuimos. ya. te digo no más. Alex. Las voces habían bajado el tono. harto imprevista. dale.. -Eh. señora. Se echó a reír y me contagió un tanto. -No. -Ya. -Por favor. -Pero. hasta la última brizna de vacilación y acoquinamiento desapareció para dar lugar a un ensueño airoso. vamos. -Es que no había que haberlos dejado. irrenunciable. -Porque es una aventura. -Venga la primera. En la tarde. -Oye. Abrió la puerta el primo. -Oye. Yo apagué la luz. córtala. tú sabes cómo es la niña. Bueno. De pronto se abrió la puerta y salió la señora.. entonces. hombre. visiblemente intrigado. antes de llegar a su casa. pero no es tan simple. ¿Sabes por qué? -No. y sufre. necesito tu ayuda.? -Casi seguro. se quedó unos momentos dudando sobre cómo recibirme. Jaime. -Escucha: necesito que mi madre aquí y mi padre en Santiago crean que yo me he ido contigo al norte. que tu chiquilla es bien rarita. -¡Y cómo quieres que no me preocupe con lo que me dices! No soy tu tía abuela. pero no te preocupes. -Mira. que no me recorría únicamente el cuerpo. Al rato. pero no llegó a desalentarme. te lo digo. ¿es que no te das cuenta? ¿Adónde vas a ir a parar? -No lo sé. -¿Y por qué le diste una promesa que no vas a cumplir. Y eso no es todo. desde un principio lo dije -intervino el primo.. con Francisca a la caleta. al emboque de la botella con billete. -Bueno. cuando necesite tu opinión. Alex.? -Que gané. hombre. Sus gemidos balbuceantes continuaron por espacio de algunos segundos que me pesaron como horas. la transfiguraba Francisca y. que no puedes cumplir? Le haces daño. Quería decirme algo que no le resultaba fácil. Jaime. no sé qué diablos vas a hacer. Su rostro tenso aflojó al poco su rigidez. -¿Y le apuntaste? -Cuatro veces seguidas. si le dijeras que vas a traerle la luna. -Cállate tú -lo paró la señora-. porque arrugó el ceño e hizo tabletear los dedos. al cabo. una vez entre las sábanas. tú sabes.Jaime me miró en forma inexpresiva. -¿Sí? -Quiero que sepas que la encuentro muy. -Me gusta lo que vas a hacer. nadita. te creería. -Bueno la ha hecho usted me dijo el primo. es que no me voy a quedar en Quintero. Todavía estaba disfrutando el vuelo de muchas conjeturas felices. ya! Lo sabrá pronto. aunque está clarito que te rayaste el coco. no fui yo.Aquella noche de la gran velada en el Yachting regresé a casa antes de las once. -¿Y cuándo partimos? -me preguntó. -Sabes que la tendrás. junto a la verja había un viejo vehículo totalmente pintarrajeado a brochazos de múltiples colores. ¿es así? -Sí. estaba llorando y hablaba a la vez. se soltó el nudo para mí.. -¿Sí? -Me quedan algunos pesos. Alex. estás despierto. pero voy a irme con ella. Encendí la lámpara del velador. pero muy linda. -¡Dale el tonto con las gracias otra vez! Las cosas iban a precipitarse ahora. -Algo sobre tu chiquilla. Alex. -¿Cómo? ¿Te vas a Santiago? -No sé adónde iré. y me dijo: -Podrías haber hecho las cosas más fáciles para ella y para nosotros también. Se metió en la cama. no se apure. -Necesitaba hablar contigo. -Gracias. y a los árboles cercanos parecía aumentarles la estatura al destacar los follajes contra un cielo sin luna ni estrellas. no sé a qué se refiere usted. porque la imagen de Francisca se interpuso con su candor y su brío. no voy a irme contigo a Monte Patria. -Pasado mañana. La de Francisca era audible ahora. Subí a mi pieza y. claro. cuando escuché subir a Jaime. ¿entiendes? -La promesa que le hice yo la voy a . No me había sentido llegar y entonces. oí que Jaime me hablaba: Alex. ¡por la cresta que es rarita! -Sí. cuenta conmigo.. La mañana fue calma al menos en apariencia. mira. Se sentó al lado mío y. por si los necesitas. a la entera realidad de ese verano. sin antipatía. la cosa era para mí una tortura. la has llenado de esperanza. pero. que se había sentado frente a mí y me miraba con abierta animadversión. Era el indicio de un miedo que nacía de la incertidumbre ante el cambio radical que se aproximaba. hay varias cosas. A toda. que ya se había puesto el pijama. -¿Cómo dices. si estás tan requete enamorado.

-No te preocupes -le dije-. Jaime? -Di no más. muchacho! -No había un ápice de recelo en la expresión de su rostro. No te diré nada más porque vi en rostro una extraña sonrisa reflexiva. Decidimos con Jaime que lo más apropiado era que él desconectara su teléfono tan pronto llegase a su casa. ¿no? -Mi padre es muy comprensivo y. Lo habían levantado muy cerca de la ribera. para entonces algo se me tiene que ocurrir. ¿para qué pierde el tiempo con él? -intercaló el primo. pero esto no era muy probable. escuchamos sus voces. -Puedes irte tranquilo. no. -Se va a desesperar -me dijo Jaime. La señora le clavó una mirada adusta: -No será todo lo que se te ocurre decir. -Oh. cuanto menos. Sin duda quería el encuentro. Alex. Tenía los ojos hinchados y me miraba con súplica. -Si no puedes quedarte callado. Son malos. -Despáchelo mejor. Alex. escúchame. Alex. mira que no . Jaime se dio cuenta y me prestó ánimo con su sentido del humor. porfiadamente empedernido -le informó la señora. -Te llegó la hora. Dio un gritito de alegría y vino a acurrucarse a mi lado. Mi amigo me aseguró que en Santiago actuaría con la mayor cautela.y yo voy a recibir el bolo de nieve en Monte Patria. señor. como máximo. mi padre se pondría en contacto para tener noticias y ahí mi ausencia iba a quedar al descubierto. como el primer día de colegio. -Son malos -me dijo con la voz quebrada-. por favor.. Con un gesto invitó a su mujer al dormitorio. Francisca me dio un beso y me acompañó hasta la puerta. Yo me bajaría en Concón mientras él continuaba a Santiago para pasar allí la noche y viajar al día siguiente al norte. -Pues la verdad es que sí se me ocurre algo. En ese momento salió Francisca del dormitorio.. y hasta mañana -me invitaba el padre a dejarlos solos en familia. -¡Ah. ándate -le contestó la señora. él me habló: -Y bien. pero sepa que yo desde el principio le dije al tío que no era cosa de permitir este jueguito así no más. Suspiró otra vez muy hondo y me dijo muy suavemente: -He tenido tanta confianza en ti. más vale que guardemos esas diferencias. cómo va a necesitar serlo ahora! ¡Ya te quiero ver! A medida que nos aproximábamos al balneario de Concón empecé a sentir un desasosiego creciente. me voy al camión. y vio que le hablaba en serio. sí. el riesgo se presentaba en aquella única noche. mijito. Su padre apareció. mantengamos la conversación en un plano de sensatez. pues. con que ésa es la solución que le dieron al asunto. muchacho? -Sí. Cerraron la puerta. en fin. Te esperamos allí mañana por la tarde. La señora se puso de pie con notorio malestar y lo siguió. no me defraudes ahora. -No puedo. podría querer. y quién sabe hasta cuándo. Por último. al ver que yo no llegaba a mi casa. la señora volvió al punto: -¿Cómo es esto de que vas a cumplir? ¿Cumplir qué? -Voy a ir siguiendo al circo. En la verja me topé con el primo. mas no tardaron en irse aquietando hasta tomarse inaudibles. Asentí -Todavía te puedes arrepentir. ya! Con eso me quedo muy tranquilo. de paso. jamás -me dijo. ¿entiendes?. -¿De veras. Perdóneme.cumplir. Cuando el primo cerró la puerta tras de sí. señora. -¿Sabes una cosa. -No. vaya. escrutándome. algún dinero. te atreverías a confiarles semejante proyecto? -No es el punto. señora. XI HACIA FRANCISCA EN EL CIRCO Al otro día. destempladas primero. No pareció sorprenderse demasiado. yo sé hasta cuándo vas a estar tú en el circo. pero no encontramos ninguna. muchacho. Alex. el equivocado eres tú. -Me siento como la primera vez que fui a clases. -Sí -afirmó el primo-. -¿Y se lo dirías. -Sí. Pero vamos por parte: ¿están tus padres al tanto de lo que se te ha metido en la cabeza? -No. Tú sabes que esto no puede ni debe continuar. O disimulaba. Francisca y yo. porque él ignoraba la fecha exacta en que yo pasaría por Santiago. partimos con Jaime en el bus. Juan. he decidido integrarte en nuestra gira. sí. guardando las diferencias. escúchame bien. Intercambiamos algunas ideas para dar con una solución. -No sé -le contesté. En el hecho. -Espero no verte ni en misa. mi padre. -Podemos impedirte eso. -Está resuelto. Cuando el bus entró en la balsa que nos trasladaba al otro lado del río Aconcagua. más culpa que este pije la tienen ustedes. señora. Jaime me miró sonriendo: -Como diría mi abuelita: no lo veo muy alentadito. que ya me voy. -Vaya. antes de un par de semanas. Cuando regresaron a la sala. cabrito. qué le vamos a hacer. -¡Vaya. sagaz sutileza en su voz. no puedo. Se equivoca. Su odio me provocó: -Me verás mañana y todos los días en el circo. Aun así existía la posibilidad de que mi padre resolviera hacerse presente. me quedo aquí. ni una leve. -También lo es.. ven. ¿Qué te parece si le digo que su hijo anda por los pueblos trabajando de tony? Qué cómico lo hallaría. -No pensarás lo mismo después de algunos días. hablar conmigo por teléfono para tener noticias de mi madre y también para entregarme. que las cosas serían tal cual él las presumía. quien se había bajado del camión al verme salir. señora. tenemos el circo en la playa de Concón. el ataque. después de almuerzo. Lo que sí tenía yo por seguro era que. tú lo sabes perfectamente. hasta que le venga el ataque. -Conque esas tenemos. -¡Qué tal. tomados de la mano.. sabiendo que sí. en un sector popular que venía a continuación de las residencias del balneario. te lo aseguro. -Tal vez sea mejor así -dijo. -Vamos. no se trata de decir cualquier cosa. divisamos el circo. Se inclinó hacia mí.

en un kinder. sí. Se vino corriendo hacia mí y se detuvo a un paso de distancia. Eso es. cruzaba . radiante con su sonrisa que me calmó. de manera que los utilizaban también como habitaciones. ¿Qué te va pareciendo? -Está bien. sacudiéndome un tanto el nerviosismo. El padre de Francisca. camisa de seda y pantalón de fantasía. te voy a presentar a la familia. con o sin permiso municipal. Jaime soltó la carcajada y me contagió. Muy probablemente. ahí estará tu tarea. del que me había hablado al paso en más de una oportunidad. Buena suerte. -¿El quiosco? -Sí. mejor dicho. a quien todos trataban con respeto de "don Juan". capa y chaquetilla cortas. algo más allá. por una Francisca de guaripola. barquillos. que admiraba su belleza ahora majestuosa. había algo de primitivo en su forma de trabajar. -Que tu chiquilla te haya puesto el mundo tan pero tan patas p'arriba. salvo. el otro se le asemejaba por lo viejo e igualmente pintarrajeado. por el contrario. Entre las tiendas y en tomo a una mesa rectangular muy larga se notaba el ajetreo de varias personas. En sus bandejones de carga habían acondicionado lonas a modo de techo. tenemos uno adentro de la carpa y a ti te va a tocar atenderlo. quienes al escuchar sus motes brincaban haciendo piruetas. su rostro quedaba generosamente expuesto al público. me inundó y me dispuso. hombre. esa gente estaba unida por un vínculo en que se combinaban el afecto y el oficio de una manera sólidamente armoniosa. el más chico. En efecto. era el de equilibrista o alambrista. el primo. La fila se bifurcaba al llegar a la pista y los circenses seguían marchando alternativamente. escamada o no. malla esplendorosa. por cierto. ese papel estaba muy lejos de agotar su importancia. Como habría de constatarlo en los días por venir. Sin embargo. marcando el paso al borde de la pista y sin acceder a ella. XII EN EL CIRCO Yo no había ni siquiera sospechado la importancia de Francisca en el Circo Metrogoldin. sí. eran Francisca y su padre. muchacho. volvieron a abordarlo. y botas de media caña. Por la reiteración de los apellidos me di cuenta de que ésa era realmente una familia. En aquellos años los circos se conectaban. -Sí. al poco rato era saludado con cordial naturalidad por hombres y mujeres. Al término de sus palabras se ponía otra vez la música y Francisca. muchacho. Cercanas a la carpa había dos tiendas y. es abrigado. La balsa atracó y. Con su cabellera recogida sobre la nuca. dices. que para disfrutar del paisaje se habían bajado. Francisca bajaba de la tienda armada en uno de los camiones y venía hacia mí. a ver cómo te las arreglas en el quiosco. Tú eres el amigo de la Chisca. vender durante la función y los intermedios bebidas. harto aserrín en el piso. que impedía la consolidación de desavenencias serias o duraderas. -Qué tal. helados. Esa gente convivía. pasito a paso. un rubio pajizo. Alex! Era ella. no estaban de acuerdo con la forma en que los padres de Francisca habían encarado la entera situación. el público no podía menos que fijarse en ella. un grupo familiar con dos entronques: uno integrado por parientes de la madre de Francisca y otro al que pertenecían personas ligadas consanguineamente a su padre. encabezados por Francisca. algunos de ellos. dime. Las diferencias que emergían entre ellos eran resueltas por un imperio de jerarquía implícito. una vez que el bus estuvo en tierra firme. los menos. y la mayoría de los más modestos ya había reemplazado la costosa orquesta por el tocadiscos. falda. café. Así era tan pronto se escuchaban los compases de la marcha Doble águila. Jaime me dijo: Te voy a decir qué es lo que más me gusta de tu aventura. ¿no? Esa espontaneidad del niño me puso al tanto de que para nadie allí sería una sorpresa mi aparición. Los únicos que permanecían parados. muchacho. Cuando los artistas se topaban al otro extremo de la pista. a paso lento con mi pesada maleta.me imagino respondiéndole a tu padre: ¿Sabe. a veces de librea con alamares y chistera de altísima copa. -¡Alex. la música enmudecía y el padre de Francisca saludaba al público dándole la bienvenida y nombrando a los payasos. de tal manera que disponían de buena iluminación. A ver. Las edades oscilaban de los veinte a los cuarenta y algo más. Los fue nombrando uno por uno y cada cual me dedicaba una inclinación de cabeza. con la sola excepción del primo. los pasajeros. No obstante el preciosismo de sus disciplinas. Vi un par de niños. pero no me lo enrostraron ni con un matiz. que se limitó a alzar una ceja. un par de camiones. Antes de subir. para empezar. Supieron siempre que yo no iba a ser uno de ellos. Su número oficial. como decían allí. Los artistas entraban en una fila. -Y por la noche vas a dormir en el mismo quiosco. -Sí. lo primero es lo primero. en particular mujeres. don Pablo? Fíjese que Alex se quedó por ahí. a los cables eléctricos urbanos. fue el primero en advertir mi presencia. A partir del inicio. señor. de iridiscente casaca de terciopelo. éste. era el mayor. otras de estricta etiqueta con absoluto predominio del negro o. divertirse y amar. pero aparentaron el ensamble y me hicieron más llevadera mi extraña circunstancia. unos por la derecha y otros por la izquierda. Y ahí iba yo. a uno lo reconocí como aquel en que su padre fue a buscar a Francisca a Quintero. -Sí. -Aquí todos tienen que pagar su porotada. El padre de Francisca salió de una de las tiendas y se allegó a la mesa con esa parsimonia que no parecía abandonarlo nunca. -¡Hola! -dijo-. así es la cosa porque en el circo la olla la paramos entre todos.

El público rompía en aplausos y ella. Francisca. se despedía enfrentando en giro a todo el público. -comenzaba a objetarle yo. Por ese alambre en tan pronunciado ángulo iba a deslizarse Francisca desde la altura. dejaba esta última abajo y ascendía nuevamente por la escalerilla. muchacho. Y. dedicándonos miradas y gestos que eran el lenguaje del que nos alimentábamos. Recosiendo las relingas y retenidas a la tela. conociendo el rigor de las lluvias australes. junto con situar el balancín horizontal respecto de su cuerpo.. Ese era el bendito despertar mío. Era breve y muy riesgoso. y así. al final. Fuera de su garbosa aparición inaugural. pero no puedo dejar de mencionar el rudo trabajo que significaba levantar la carpa y los traslados del circo. Su figura se veía arriba. en ese gesto de ofrenda y llamando la atención con las palmas abiertas al cielo. subía por una estrecha escalerilla hasta una de las dos más altas plataformas que también ocupaban en sus números los trapecistas y que ahora se hallarían unidas por el delgado puente de alambre. Tuve que estar. Primeramente. ya. los acróbatas. por el roce de sus labios. de un santiamén se allegaba a la plataforma desde la que volvía a saludar. que en el transcurso del día teníamos ciertos momentos en que nos arrinconábamos por ahí y por allá para hacernos cariño y. enterrando los parales para el dintomo de los ruedos. ahí el balancín daba en cruz contra la cuerda y de ese encuentro nacía un impulso que propulsaba a Francisca aladamente hacia arriba. éste venía mucho después. como todos. ya que esos remiendos no eran cosa sólo de mujeres. abajo. estando siempre dispuestos a colaborar en las múltiples cosas que había que hacer y que nunca dejaban de aparecer de la mañana a la noche. En ese momento se soltaría el moño. hasta tiempo suficiente para dar una vuelta por el pueblo próximo al circo. no. de pronto. y así vendría escalerilla abajo con la cabellera derramada y su carita llena de júbilo hasta el centro de la pista donde. dejando a medio mundo con el corazón en la boca. sobre su cabeza se mecían la tela y sus relingas. Pero ahora la cuerda. alrededor de veinte artistas y para un público no mayor de ochocientas personas. se oía el redoble de un tambor. Pero era en la madrugada cuando yo tenía a Francisca. arriba. Y eso que el Metrogoldin era un circo pequeño. no se le despegaban. de un par de mástiles. Escuchaba luego su voz murmurosa hablándome en chiquitito. ni siquiera a su portal del río Biobío. Después de abandonar en el preciso segundo el riel por donde venía a gran velocidad y en creciente aceleración. acometía el paso que la dejaría del todo sobre la cuerda. Cuando estaba a punto de iniciar el descenso.. Entonces podíamos pertenecernos uno al otro. Acogiendo la cadencia del vals. y con él se cerraba el espectáculo. los payasos. y que también servía en los momentos cruciales de los saltos mortales de los trapecistas. me refiero al trabajo y a la convivencia solidaria. abajo. a otro balneario. obligaba a que todos se prodigaran. a continuación. nos devolvían el alma al cuerpo. cabeza alzada. justo en la mitad de su precaria senda. El trepe. no hay temporal que asuste a un circo. Nuestra posibilidad de compartir algún tiempo a solas se presentaba a altas horas de la noche y también al amanecer. En cuanto a mis tareas en el circo. No dejaría de oírse hasta que ella aterrizara sobre el apisonado de aserrín. La naturaleza de la vida circense. a veces. principalmente al amanecer. En . Y también es verdad que durante las funciones estábamos pendientes uno del otro. porque yo dormía y salía del sueño por el contacto de la mano de Francisca. en efecto. y esas susurrantes frases suyas eran el amor. hasta que sus pies. ¡ah!. y ya estaba con un pie sobre el alambre y. asombradas del aplomo que ella iba adquiriendo hasta que. Francisca se detenía y empezaba a columpiarse. de hecho al alcance de su brazo estirado. Pero ése no era su número culminante.airosa la pista hasta enfrentar a los artistas en el otro extremo. ahí se daba la media vuelta y encabezaba la marcha de salida. sí. Ahí volvía a saludar y se disponía al regreso. y cargando los camiones para el traslado a otro pueblo. cuando yo la esperaba. ahora sí. pero no es propiamente así. único instrumento que quedaba de la orquesta de otrora. muchísimo menos de lo que hubiéramos deseado. Francisca avanzaba. los dandies acrobáticos. el mago. -Pero en invierno. Pero yo no iba a llegar muy al sur. nosotros somos perros de aguas. y entonces. Esa existencia circense en la que me había metido me suministraba un cansancio tal que. Francisca actuaba en dos ocasiones. Debo admitir. los de fuerza capilar y dental. discurría desde una de éstas en tenso trazo diagonal hasta anudarse en un gancho enterrado a un metro del borde de la pista. también un tanto en todo. con un brazo y luego el otro. Francisca simulaba perder pie y. de un saltito estaba ahora sobre la otra plataforma. hasta el punto en que el alambre parecía adquirir una elástica consistencia que hacía posible esa oscilación.. de manera que su actuación se realizaba en el espacio cónico de la carpa más arriba del ruedo. Las miradas del público. apenas me podía los párpados y mi mente era presa de una fatiga que no perdonaba espacio. recogía su capa y se retiraba haciendo venias hasta desaparecer tras el cortinaje de la entrada. Se sucedían después los varios números.. que antes cruzaba de plataforma a plataforma..las ciudades se distancian más y hay menos habitantes. -Porque al norte -me decía don Juan. ligerita. ante un público de pie que celebraba a gritos su proeza. Francisca hacía desde allí el tradicional saludo de artista circense. caía! Pero ¡ah!. parchando. los aéreos de trapecio sencillo y doble. caía. Un paso. Tomaba enseguida la vara metálica que le servía de balancín y sólo entonces se oía El Danubio azul. ya verás. de veras. no se limitaron a la atención de quioscos. de nuevo posados sobre el alambre. -Ah.. anudando cuerdas a lo marino. Sería tedioso que diera cuenta detallada de esta materia y claro está que no lo haré. Dije que la esperaba. ¡qué resbalón! ¡Oh. Francisca aparecía con su malla y su capa. En menos de un día levantábamos la carpa y antes de tres ya la estábamos desarmando. asentando las graderías en las escuadras. Íbamos hacia el sur. terminada la función de la noche. En esos días Francisca y yo estábamos juntos mucho.

Llegamos allí cerca de las dos de la tarde. algunos nombres pueden removerle vagamente la memoria. de pronto. Sólo a veces. reforzando así la resolución del padre de Francisca. señor. mirándome significativamente. por supuesto que no. la abracé por la cintura tratando de alzarla y volverla a su postura original. pues una onda de calor se desató abarcando la zona como un manto sofocante. A esto se sumó un viaje que. -Pero.. ¿Por qué no me lo dijo en Quintero. -No. escucha: ella no te reconocerá cuando vuelva en sí. que nos dio directo a la cara. Se la estreché. Si te encontrara al despertar. Pero pierde esa esperanza. Francisca estaba sentada a mi lado. Los ojos de Francisca miraban sin ver y se pronunciaban desde su órbita. todos pueden confirmártelo. Me volví a ella y la vi inclinarse sobre la mesa y a la vez noté que se había puesto a temblar entera.. su padre le introdujo un pañuelo en la boca. Nadie hablaba mucho. no le creo. ya te explicaré. -¡Déjala tal cual. ahora ayúdame a llevarla a la tienda. tú y yo tenemos que conversar. Esto se acabó. Entonces ocurrió.. tan copioso que se le veía empapada hasta la blusa y húmeda la piel de los brazos y el rostro. si por una sola vez no fuera así. ella olvida. De pronto sentí que me tomaba fuertemente de un brazo. se sentó en la única silleta. muchacho. es absolutamente vana. Alex. -¿Cómo dice.las sonrisas que nos intercambiábamos durante el día y a la distancia. desmesuradamente. Alex. Me miraba con una seriedad llena. habitándolos. -Haré mi maleta -le dije. Otros dos circenses se nos unieron para trasladarla hasta su cama. dispuesta a quedarse ahí para cuidarla. De aquellos pocos días que. Con mi pañuelo le limpié una salivación de los labios. -Te olvidará. puedes contar con mi promesa de que te lo haré saber. Yo también me quedaré -dije. Entonces.. escúchame y no me interrumpas: todos sabemos aquí que después de un ataque pierde la memoria. Me paré frente a él..? -Que debes irte. con un cansancio enorme porque habíamos desmantelado el circo esa misma madrugada antes de que aclarara. -No. Una parienta de su madre. -Tienes que apurarte. nos agobió sobremanera. menos que nunca me iría ahora. XIII CAE EL TELÓN El tercer sábado de ese mes de febrero acabábamos de levantar la carpa en un sitio aledaño al balneario de Iloca. persistía. ven conmigo. que era artista en malabares y que se demostraba siempre particularmente cariñosa con ella. crispado el puño. quiero pasar la noche aquí. sus uñas se hincaron en mi carne. aunque breve. quiero decir de los últimos meses. recibiendo una tenue brisa crepuscular. después del ataque. Pero ella no escuchará más tu nombre. muchacho. si era cierto.. -No -dijo el padre. Me esperaba sentado en la gradería. si se equivocara usted. -No hay apuro. -Tienes que irte. Salí detrás suyo. Oscurecía ya. llegaron a su fin. Miré al padre de Francisca y él percibió mi interrogante.. su cuerpo era sacudido por convulsiones violentas. Alcanzó a pronunciar mi nombre dos veces. ¿eh.¡no me interrumpas! Si te dejé venir con nosotros fue porque sabía que esto no tardaría en ocurrirle. señor -objeté. y agregué-: .? Porque no me lo habrías creído. -¡Traigan un chal. Su frente había dado contra la mesa. Me ofreció su mano abierta.? Mucho me gustaría escuchar que has comprendido.. De súbito dejó de tiritar y se apoderó de ella una laxitud total. La parienta aquella movió la cabeza en gesto de afirmación. -Mira. al paso había encendido un foco del mástil.. y la dañan.. el recuerdo del amanecer de cada uno de esos días. y esto es impredecible. terminábamos una merienda para luego irnos a dormir.. la recuperó ahora. Alex. -Es el ataque que le ha venido -dijo-.. al tomarle una mano para guiársela bajo la manta. claramente. Ahora estábamos a la mesa en campo abierto. su cuerpo se mantenía encogido y le castañeteaban los dientes. ubicándome a los pies de la cama.. a las personas y los hechos recientes. -Preparen un par de bolsas de agua caliente pidió don Juan mientras recibía una manta y cubría con ella a Francisca-. muchacho. Sí. -Sí -le repliqué-. muchacho. Debes entender que no permitiré que la veas cuando despierte. no la toques! ¡Sólo evita que se caiga al suelo! Don Juan venía hacia nosotros desde la cabecera y ya estaba junto a su hija. su rostro. pero su padre me lo impidió... Entonces dijo: Ahora. -A mí no me olvidará. No cesaba de temblar. Caminó hacia la carpa y entró enella. Mira. rápido! Alex. es simplemente así y no hay nada que podamos hacer. luego su voz se convirtió en un sonido ronco que se extinguió. como si nunca te hubiera conocido.. le va a bajar un frío intenso -me informó. -Sí lo hay. haz el favor de seguirme. y en todos los otros gestos de complicidad. no te reconocería. ayúdame a recostarla sobre la mesa. que sólo durante esos minutos había perdido su sonrisa. Transpiraba de modo copioso. porque tú no estarás aquí cuando despierte. Será como si no hubieses existido. Yo le ayudé a abrigarla y. debes irte. Entre los dos la levantamos. la noté tan helada que me recorrió un escalofrío. ¿Entiendes? No entiendo.

. de la noche a la mañana. para responder mecánicamente a mis hijos que. en un estado de ausencia y remembranza que en el fondo me dolía como una respiración que lastima. me resultaría del todo imposible. cómprame una nariz -me pidió Luz.. por favor. Habían transcurrido años. Entró encabezando la fila de artistas. sin embargo. bellamente labrada.. perdone. Después las exigencias tan severas del primer año de universidad lograron concentrarme en el estudio que.. Debo también confesar ahora que el sentimiento que Francisca fecundó en mí ese verano subsistió por un largo. estaba Francisca. que se dirigía preferentemente a los padres de familia para que les compraran a los niños unas narizotas de payaso. EPÍLOGO Pero volví a verla una vez más. Todos esos años no la habían tocado con marca alguna. Ellos lo vieron al regresar del colegio y yo lo divisé desde mi automóvil. No iba a verla nunca más. del verano nuestro. para los regalones. Cuando los niños estaban poniéndose las narices. Cuando llegó otra vez el verano me negué a ir a Quintero. Estaba ahí en un sitio vasto. Francisca estaba entre ellos. quizá tan sólo porque el estudio. Quise tomarle una mano. No habría podido eludirla aunque lo hubiese deseado. Pero. de manera que tenía su propia orquesta. Inmediatamente después de éste y antes que los grupos se dispersaran. yo no estaba entero en nada ni con nadie. pero no estaba yo allí. a la vez no. Eso fue todo.. a veces. sin embargo. a mí también. un momento. Francisca se me había acercado aun más y me tomaba de un brazo. me ayudó. al volver del consultorio. me proporcionó un alto grado de enajenación. Nada había cambiado en ella. -Sí. A fines de marzo llegó a mi casa y a mi nombre una encomienda. papá. señor. sí.. -Sí. Acaso la mejor manera de decirlo es que pude evitarlo. Ahí. era una espada de albacora con empuñadura de cacho de buey.. pero. largo tiempo con la misma tenacidad de su singular naturaleza. ésa es la verdad. vamos. nuevamente. Luz. No puedo describir lo que sentí al verla. la misma de antes. Me acerqué a ella y me hinqué para no alterar la inmovilidad de su cama. señora.. Ese circo. ella me miró. ¿de qué modo? La veía. Yo no había querido nunca más acercarme a circo alguno. -Ya. no habían dejado una huella siquiera en su rostro. a peso no más. o en su talante el mero peso de un dejo. ajustándose los elásticos. me hacían preguntas o buscaban la empatía de mi reacción. -Usted.entrar a un circo. Ya no era yo un adolescente. la miraba. se parecía a una sonrisa. así pueden ser de portentosamente pobres las palabras ante los sentimientos. sólo entonces. transcurrió para mí el espectáculo. la contemplaba. algunas veces en la vida. abierto y plano del área precordillerana recién urbanizada donde vivíamos. Saqué adelante ése mi último año de colegio. la aglomeración nos condujo muy cerca de ella. Sí. al borde de los veinte. -Por favor. A usted le digo.. bajando la vista porque no me atrevía a sostener su mirada. No habría podido soportarlo. Iba a costarme mucho reintegrarme a la normalidad. mi Francisca de aquel verano ya tan distante. la que de pronto irrumpió con los sones de la marcha Bandera estriada. así de estériles para reproducir. aquí. señor. de ese año. Allí iba con su pasito marcial y pimpante. Fueron muchísimas las ocasiones en que quise -¡y cómo lo quise!. señor. Me sentí prendido de sus ojos y me quedé inmóvil. y desde éstas mi memoria se desataba convocando la evocación de aquel tiempo.. la gente se apiñaba porque el espacio abierto en el ruedo era demasiado angosto. Ahora nos íbamos retirando. Todo aquel año lo viví a medias. al paso. Cuando entré a la tienda. ¿cómo se llama usted? Había una tensión tan contenida en su voz que me cortó el aliento. Pero volvamos al reencuentro. Francisca seguía durmiendo apaciblemente. -Un momento. casi al borde mismo de la pista. a pesito! Estaba frente a mí. pero me arrepentí antes de tocarla. de cuando en cuando. Habían transcurrido doce meses desde que yo dejara a Francisca dormida en su tienda del circo aquella noche. que se había tomado inquisitiva.. se topaba uno con varios circenses que. El espectáculo acaeció para mí de un modo. señor? -insistió . guaripola al aire. Una tarde mis hijos Luz y Pablo me pidieron que los llevara a un circo que apareció como sólo lo hacen los circos. sí. papá. Pero ahí seguía estando yo. o en su sonrisa la más tenue acentuación de una comisura. ya. yo también -se le unió Pablo. Fuera de un número ecuestre en que Francisca cabalgaba haciendo acrobacias en dos caballos veloces en torno a la pista. ofrecían a la venta objetos recordatorios. que fui capaz de vencer el poderoso impulso.. Aproximé mi cara a la suya hasta percibir el calor de su respiración. Nos fuimos con Jaime durante enero y febrero a su tierra nortina de Monte Patria. aumentado por la preparación del bachillerato. ¿cómo se llama usted...-Lléveles a los niños. de carey rojo. o apenas. era de los grandes. sujetándome. a diferencia del Metrogoldin. ¡Mire qué divertidas son. el lenguaje del corazón.¿Puedo verla antes de partir? Asintió con un gesto triste que. se atenía a las actuaciones que yo recordaba de ella en el Metrogoldin. Así. aunque debo admitir que en un sentido esto no es cierto. -¿Sí? -le dije. y me temblaron las manos cuando coloqué la espada en un alto anaquel de mi estante. Pablo. Al regresar entré a la universidad. Nos sentamos con mis hijos en platea.. -Sí. Era ella. vistosa. aún tan profundamente alterado. ya vamos.

ella.. vámonos! -Sí. señor. Pero cada vez menos. ya vamos.. como una evocación amorosa y tierna que me hace bien. a su modo.. Qué más puedo agregar ahora. -¡Ya pues.. señorita. y que viene y se va. El recuerdo de Francisca. y viene y se va y se va y viene... se lo ruego. La añoranza que siento por ella se me transfigura y renace del recinto suyo de mi memoria. Como un alumbramiento recordé las palabras que su padre me dijera aquella lejana noche. sólo sabe escribir sobre las líneas anteriores otras y otras palabras de la misma biografía. . y viene y se va.". igual que mi hijo. me pone triste a veces. continuando así su única faena. y se va y viene.. después del ataque de Francisca: "Sólo a veces algunos nombres pueden removerle la memoria. y la dañan. -Por favor. papá. -Pablo -le contesté. que llevo entretejido como parte de mi alma.. Pablo.. dígame su nombre. cada vez más. -¿Cómo dice? -Que me llamo Pablo. sí. Sé que el tiempo nunca borra nada. pasando..

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