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El Modelo Escandinavo de Bienestar

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Este texto habla del modelo nórdico de Estado de bienestar, que es el que presenta el nivel más alto de protección social y su característica principal es la provisión universal basada en el principio de ciudadanía, es decir, que existe un acceso más generalizado, con menos condiciones, a las prestaciones sociales.

En lo que se refiere al mercado de trabajo, estos países se caracterizan por importantes gastos (relativos) en políticas activas con el objetivo de la reinserción rápida en el mercado de trabajo de los desempleados. Se caracterizan también por un elevado número de empleos públicos. Los sindicatos tienen una elevada afiliación y un importante poder de decisión lo que provoca una baja dispersión de los salarios (una distribución más equitativa de la renta).

El modelo nórdico se caracteriza también por un elevado tax wedge (el tax wedge corresponde a los impuestos y contribuciones sociales del empleado y el empleador).
Características del modelo nórdico: Los países nórdicos son estados pequeños, relativamente homogéneos en términos de etnicidad y religión, de larga tradición democrática, de respeto por los derechos humanos, de amplias libertades individuales y de estado de derecho. Entre 1870 y 1918 tuvo lugar la abolición del trabajo de menores, pensiones para personas adultas pobres, seguros de riesgos profesionales, fondos para seguro de enfermedad. Entre 1919 y 1950 se produjo una importante extensión de los derechos sociales, el movimiento obrero tuvo un papel fundamental consiguiendo la extensión de relaciones laborales autónomas, por medio de acuerdos entre patrones y sindicatos, una tasa alta de organización de todos los asalariados, incluyendo mujeres. Una colaboración efectiva entre los líderes de clases sociales y el nuevo grupo de “ingenieros sociales” que se unieron a los partidos socialdemócratas. El universalismo, es una de las características principales del modelo nórdico, junto con la financiación por impuestos, la provisión publica de transferencias y servicios, énfasis en los servicios sociales personales, provisiones de alta calidad y tasas de compensaciones altas e igualitarias.
Este texto habla del modelo nórdico de Estado de bienestar, que es el que presenta el nivel más alto de protección social y su característica principal es la provisión universal basada en el principio de ciudadanía, es decir, que existe un acceso más generalizado, con menos condiciones, a las prestaciones sociales.

En lo que se refiere al mercado de trabajo, estos países se caracterizan por importantes gastos (relativos) en políticas activas con el objetivo de la reinserción rápida en el mercado de trabajo de los desempleados. Se caracterizan también por un elevado número de empleos públicos. Los sindicatos tienen una elevada afiliación y un importante poder de decisión lo que provoca una baja dispersión de los salarios (una distribución más equitativa de la renta).

El modelo nórdico se caracteriza también por un elevado tax wedge (el tax wedge corresponde a los impuestos y contribuciones sociales del empleado y el empleador).
Características del modelo nórdico: Los países nórdicos son estados pequeños, relativamente homogéneos en términos de etnicidad y religión, de larga tradición democrática, de respeto por los derechos humanos, de amplias libertades individuales y de estado de derecho. Entre 1870 y 1918 tuvo lugar la abolición del trabajo de menores, pensiones para personas adultas pobres, seguros de riesgos profesionales, fondos para seguro de enfermedad. Entre 1919 y 1950 se produjo una importante extensión de los derechos sociales, el movimiento obrero tuvo un papel fundamental consiguiendo la extensión de relaciones laborales autónomas, por medio de acuerdos entre patrones y sindicatos, una tasa alta de organización de todos los asalariados, incluyendo mujeres. Una colaboración efectiva entre los líderes de clases sociales y el nuevo grupo de “ingenieros sociales” que se unieron a los partidos socialdemócratas. El universalismo, es una de las características principales del modelo nórdico, junto con la financiación por impuestos, la provisión publica de transferencias y servicios, énfasis en los servicios sociales personales, provisiones de alta calidad y tasas de compensaciones altas e igualitarias.

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EL MODELO ESCANDINAVO DE BIENESTAR

Por jpgfonseca

Ingeniero informático. Avilés, Asturias, España.
¿Puede un sistema capitalista hacer gala de un sistema de prestaciones sociales generoso? ¿Puede una sociedad rica aplicar el principio de igualdad? ¿Puede prosperar el colectivismo donde rige el individualismo? Pues sí. Un buen ejemplo de ello se encuentra en los países nórdicos, donde han encontrado la manera de que se cumpla todo lo anterior. ¿Qué hacen los países nórdicos para ir (casi) siempre por delante? Parece que van siempre al frente del desarrollo, pero ¿cómo lo hacen? Estos modelos no son sólo los más avanzados socialmente en la actualidad, sino que lo han sido en la historia reciente de la economía mundial. Se trata de países ricos y eficientes, con altos grados de igualdad en renta, riqueza, derechos y oportunidades, con bajo nivel de paro, alto nivel de instrucción y educación, y con casi inexistentes índices de corrupción, criminalidad y marginalidad.

El modelo escandinavo de bienestar es un término utilizado para describir la forma que Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia han escogido para financiar y organizar sus sistemas de seguridad social, servicios de salud y educación. Existen muchas razones, pero básicamente estas naciones y sus 25 millones de habitantes ocupan los primeros puestos en materia de innovación y competitividad y esto es consecuencia de un fuerte desarrollo institucional con gobiernos transparentes, bajísima corrupción, fuerte inversión en investigación y altos impuestos que se devuelven a toda la población con educación, protección a la familia, salud gratuita de alta calidad y subsidios a la vivienda para los ciudadanos de menores ingresos. Diez investigadores nórdicos han analizado la cuestión en un estudio reciente, financiado por el Consejo de Investigación de Noruega. En él, se aclara cómo un sistema capitalista puede mantener un sistema de prestaciones sociales generoso, cómo una sociedad rica puede aplicar el principio de igualdad, y cómo puede prosperar el colectivismo donde rige el individualismo.

Los investigadores analizaron la riqueza y la igualdad características de los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia e Islandia). Constataron así que el modelo social de estos países incluye aspectos que pueden parecer paradójicos: por una parte, están entre los primeros del mundo en niveles de riqueza, pero también lo están en los niveles de igualdad social.

¿Qué caracteriza al modelo social nórdico? «En un país como Noruega», explica Carlos Joly, profesor visitante de la ESC (Escuela Superior de Comercio) de Toulouse (Francia) y antiguo director de una gran empresa financiera noruega, «hay un sentir general de que la sociedad debe basarse en un reparto equitativo. Este es el modo en el que Noruega y otros países nórdicos resolvieron el conflicto sustantivo que surgió entre capital y mano de obra al principio del siglo pasado. Hoy en día esta equidad está edificada sobre fundamentos tales como los convenios colectivos para los trabajadores y las instituciones estatales de arbitraje.» Per Ingvar Olsen, profesor asociado de la Escuela de Gestión de Noruega BI, en Oslo, corrobora la importante función de la negociación colectiva, para lo cual alude en concreto a la baja tasa nacional de desempleo. «Si hay más población empleada», indicó, «el gobierno recibe más ingresos fiscales. Las clases medias están sujetas a elevados tipos impositivos, por lo que adquieren interés en el estado. De este modo se sienta la base de un nivel elevado de bienestar.». Llama la atención que el grupo de países Escandinavos han sorteado la crisis sin afectar los altos estándares en calidad de vida de sus ciudadanos. Los países nórdicos mantienen un equilibrio entre el colectivismo generalizado y un alto grado de libertad individual. De este modo, en países como Noruega o Suecia, los ciudadanos confían en que sus Estados les ayudarán cuando lo necesiten y se sienten seguros en sus trabajos, algo que no sucede en otros países. La política desempeña un papel fundamental en este ‘bienestar escandinavo’. Se ha instaurado una confianza entre el pueblo y los dirigentes del país. Esta confianza se refleja en la total transparencia de los gastos públicos de los ministros y las autoridades locales. Cuando estallan escándalos políticos, los responsables dimiten inmediatamente. Este fue el caso en el ‘asunto Toblerone‘ en Suecia, cuando una ministra tuvo la mala idea de comprar chocolate Toblerone con una tarjeta de crédito del gobierno.

Escandinavia es también la región mundial en la que se observa menor "distancia al poder", esto es, el grado en el que miembros 'menos poderosos' de una sociedad esperan la existencia de diferencias en los niveles de poder. En ningún otro lugar del planeta hay menor distancia entre “jefe” y subordinado. Los escandinavos han logrado poner en marcha un círculo virtuoso: el trabajo produce riqueza; la riqueza se invierte en formación y da trabajo. El economista Pierre Reman de la Universidad Católica de Lovaina señala como posibles causas el elevado índice de sindicalización, la política salarial —definida por la concertación entre patronales y sindicatos— y, sobre todo, el estado del bienestar activo, en el que el parado se moviliza cada vez que es necesario. La clave es la adaptación. Un aspecto señalado por los investigadores como clave para el funcionamiento del modelo nórdico es la cultura y su engranaje social. Según ellos, el éxito del modelo nórdico no puede ser explicado únicamente en términos de política económica, fórmulas institucionales o buena fortuna. Este modelo tiene unas raíces culturales muy profundas. Además del firme compromiso con la igualdad, los investigadores hacen hincapié en el fuerte sentido de la solidaridad, el cual se ve reforzado (y no mermado) por una acusada tendencia hacia el individualismo. «En los países nórdicos», apunta Lars Trägårdh, profesor de la Escuela Universitaria Ersta Sköndal de Estocolmo (Suecia), «casi todo el mundo tiene la posibilidad de

independizarse de sus familiares y de su entorno social. Nos hemos convertido en unos individualistas. Esto ha ejercido una influencia muy grande, entre otras cosas para la emancipación de la mujer. Gracias a la existencia de estructuras patriarcales débiles y a una dependencia escasa de los demás, en los países nórdicos hay una proporción grande de personas que siente que maneja las riendas de su vida.» Para los nórdicos la vida personal es lo primero, apoyan a su «estado del bienestar» masivamente y tienen claro que las instituciones tienen que tener como criterio el deber de ser accesibles a todos. Las instituciones públicas deben cumplir este criterio, y al mismo tiempo deben funcionar en interés de todos, deben funcionar por criterios de no-rentabilidad y deben estar aseguradas por el Estado. La igualdad de oportunidades y la accesibilidad son dos aspectos que valoran mucho. Estos valores son el centro de su sociedad. Existen numerosas ayudas oficiales para las familias con hijos, y son especialmente importantes las ayudas a las mujeres. Dichas ayudas sociales aseguran que los hijos nunca sufran dificultades económicas que no aseguren una igualdad de oportunidades entre todos los niños y niñas. Las ayudas a la infancia y a la familia permiten, según la UNICEF que sólo el 2% de los niños escandinavos vivan en situación de pobreza. Esta situación permite tener una gran seguridad económica en beneficio de los hijos e hijas y permite una gran estabilidad especialmente a las madres, ya que les permite tener tiempo para dedicarse a ellos. El informe sobre maternidad “Estado Mundial de las Madres” de Save the Children sitúa a Noruega en la cabeza como mejor país para ser padres. Le siguen Australia, Islandia, Suecia, Dinamarca, Nueva Zelanda y Finlandia. El sistema de permisos de maternidad y paternidad ha contribuido a que Noruega se sitúe a la vanguardia europea en los índices de natalidad y participación femenina en la actividad económica. Si uno prueba hacer la pregunta al azar en cualquier parque, cafetería u hospital a una madre primeriza, la respuesta sonará en Noruega casi como un eco: "Es muy fácil". Lo confirma la directora general de Igualdad, Arnie Hole: "La igualdad tiene un componente moral, pero el principal motivo es económico. Una economía moderna y competitiva necesita las mejores cabezas y manos sin mirar de qué raza o sexo son. No podemos permitirnos el lujo de perder los mejores talentos. Los niños deben nacer porque son una inversión de futuro. Ninguna mujer en Noruega debe ser forzada a elegir entre su familia y su carrera. Ese es aquí un valor básico. Hemos conseguido que el 80% de las mujeres trabajen y, al mismo tiempo, que el 82% tengan hijos menores de 10 años. Ese es nuestro futuro". Una noruega puede elegir tomarse 46 semanas de baja con el ciento por ciento del sueldo o 56 con el 80%; el hombre puede disfrutar de otras diez con el salario íntegro (en España se conceden 16 semanas a la madre y 15 días al padre, ambos con sueldo). La lactancia es una obsesión noruega. Algo que las madres han de hacer. Maternidad e igualdad se funden y retroalimentan. Y cuentan con un estudio para casi todo; analizan sus carencias, corroboran sus hipótesis. Para que nada les coja fuera de juego. "Es muy difícil establecer qué políticas tienen qué consecuencias", explica la demógrafa Marit Rønsen, del Instituto de Estadística. "Pero, en general, se admite que las medidas que fomentan la incorporación de la mujer al trabajo, el permiso para el padre y la igualdad de género, facilitan la maternidad". Y menciona los resultados de uno de esos estudios: en familias en las que el padre disfrutó del permiso con el primogénito, la probabilidad de tener un segundo hijo fue mayor. En 2009, tres de cada cinco padres (varones) tomaron seis o más semanas de baja. Ese año nacieron 61.000 niños, la cifra más alta desde 1972. En Noruega las mujeres suponen casi la mitad de los trabajadores (47%), tienen menos paro y hay más universitarias que universitarios desde 1993. En general, los empresarios aceptan que los padres deben salir a su hora, explica Anne Lise Ellingsaeter, socióloga de la Universidad de Oslo. La semana estándar es de 37,5 horas. Las vacaciones, cinco semanas al año. Tienen 20 días de baja sin justificar por enfermedad de los hijos y su ratio de productividad pulveriza las estadísticas. "No tener largas horas de comida es fundamental", dice. "Si la ambición es que ambos padres compartan trabajo y tareas de casa, es necesaria la regulación de la jornada laboral". En los países escandinavos los jóvenes se incorporan al mercado laboral a edades más tempranas que en el resto de países de Europa, y además suelen estudiar en la universidad cada vez más tarde. Una vez adquieren poder adquisitivo, los escandinavos tienen dos opciones: o bien deciden seguir trabajando, ya que el sueldo que perciben mensualmente es más que suficiente para vivir cómodamente, o bien deciden continuar sus estudios y formarse en universidades para acceder a puestos de trabajo mejor remunerados, que les otorguen un mayor status. Cultura y educación como pilares Si nos centramos en el ámbito educativo tendremos que únicamente los países asiáticos parecen hacerle sombra a los países escandinavos (con Finlandia y su conocido éxito educativo como ejemplo más visible), aunque con un matiz importante, lo que desde el norte de Europa se logra desde el equilibrio, en Asia se está logrando a base de estresar y sobrecargar a los más jóvenes (doce horas en promedio de clases, estudio y deberes) con cargas de trabajo quizás mayores de las que deberían estar sujetos. El modelo educativo nórdico y más en concreto el finlandés es por tanto y actualmente un ejemplo de obligado estudio para cualquier país que pretenda tener un sistema educativo fuerte. Con anterioridad ya hemos dedicado en este blog una entrada para explicar los motivos que pueden explicar el éxito educativo finlandés y en qué se sustenta. Recomendamos su lectura para todo aquel interesado en ampliar información sobre el tema (Finlandia, así es el mejor sistema educativo del mundo). Sistemáticamente Finlandia se ha situado en los primeros puestos del ranking por excelencia de la educación, el informe PISA que elabora la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). El sistema educativo finlandés es público y gratuito desde que un niño nace hasta que hace el doctorado en la universidad. La enseñanza obligatoria es gratuita en todos sus conceptos (incluso en centros privados), desde el material hasta los gastos de comedor, e incluso el colegio ha de garantizar el transporte en el caso de que los niños deban desplazarse al centro desde una distancia superior a los 5 km. También los estudios universitarios son gratuitos, incluidos aquellos destinados a los adultos que, contando con un trabajo, quieren reciclarse o simplemente mejorar su formación. Aprender no es un problema de dinero. Un dato sorprendente es que el número total de horas de instrucción entre los 7 y los 14 años de Finlandia es el más bajo de todos los países de la OCDE. Proporcionalmente, en Finlandia se hacen menos horas que en el Estado español

Aun cuando sigan las clases junto con los demás, los chicos que van más atrasados tienen un tutor personal y clases de apoyo según los diferentes niveles de necesidad. En las clases finlandesas, hay una generalizada ausencia de competitividad. Los alumnos practican la solidaridad con sus compañeros más retrasados en los estudios con absoluta normalidad y los profesores se aseguran de que ningún alumno se quede atrás. Apenas existen repetidores. Sin duda, el aspecto más relevante es la gran valoración que recibe la figura del profesor, el prestigio que posee en la sociedad finlandesa hace que dicha profesión sea una de las más solicitadas por los estudiantes. Son admitidos en las facultades menos del 10% de los aspirantes. El profesor es la piedra angular del éxito finlandés en materia educativa. La buena formación técnica y humana de los profesores garantiza unos excelentes resultados. Para dar clases se les exige una titulación universitaria de carácter superior. Ser maestro de Primaria requiere 6 años de carrera universitaria. Además, el hecho diferencial básico con respecto a otros países es que un profesor finlandés debe tener una formación dirigida, no sólo a poseer unos perfectos conocimientos de la materia que imparten, sino también a ser unos expertos en Pedagogía. De hecho, en Finlandia los profesores son considerados como los profesionales más importantes de la sociedad. Tres de cada cuatro niños finlandeses de 15 años afirman leer todos los días por el mero placer de hacerlo. Y es que cuando las cosas se hacen bien desde la base tienen su proyección en la edad adulta, por eso Finlandia presume del mayor índice de lectura de libros y prensa de Europa, y no sólo Finlandia; Suecia, Dinamarca y Noruega son junto a Holanda los cinco países con mayor número de lectores habituales de toda Europa y de igual forma son los países con mayor tasa de universitarios del viejo continente. No podemos olvidar que la competencia lectora es una de las competencias básicas en el aprendizaje educativo, y se relaciona esta variable con el éxito escolar y económico futuro. En la sociedad del conocimiento es imprescindible aprender a lo largo de toda la vida, por lo que se requiere un dominio eficaz de la lectura.

Por otra parte sería imposible desligar la implicación de los padres y la familia en el éxito educativo, en los hogares finlandeses, los hijos e hijas observan como sus padres son ávidos lectores de periódicos y libros y frecuentemente van con ellos a las accesibles bibliotecas en sus horarios libres. Las familias finlandesas tienen unas actitudes hacia el subsistema escolar y el aprendizaje que condicionan su funcionamiento. Los padres finlandeses creen que la familia es más responsable que la escuela de la educación de los hijos. La disciplina es alta, hay deberes para hacer en casa y se potencia el esfuerzo. En Finlandia se da un reconocimiento de la excelencia y de los buenos resultados de los alumnos. El verdadero sueño americano es en realidad escandinavo Cuando en 1931 James Truslow Adams habló por primera vez del sueño americano (american dream) y de sus promesas de prosperidad para todos los miembros de la sociedad, seguramente no tenía ni idea de que en realidad no estaba describiendo el futuro de su propio país sino el de la lejana Escandinavia, región que como hemos visto hoy goza de los mayores niveles de bienestar e igualdad social del mundo (de hecho hasta la fecha ninguna sociedad ha sido capaz de generar tanta calidad de vida para todos sus ciudadanos). Han tenido que sucederse muchos decenios y numerosas guerras y revoluciones para que los americanos se dieran cuenta de que su ideal de distribución de la riqueza no coincide en absoluto con el que verdaderamente tienen. El modelo anglo-sajón ha demostrado ser eficiente pero no equitativo. Actualmente, Estados Unidos tiene el 84% de su riqueza en manos de un reducido y privilegiado 20% de habitantes. En el otro lado de la balanza se encuentra el 60% de la población, que concentra únicamente el 5% de la riqueza nacional. En Suecia, en cambio, el 60% de los ciudadanos con menores ingresos per cápita posee el 47% de la riqueza del país, por lo que no es extraño que la mayor parte de los estadounidenses aplauda ahora el modelo escandinavo. Recientemente el New York Times ha publicado una tabla comparativa con datos económicos y sociales (Desigualdad de ingresos, Tasa de desempleo, Nivel democrático, Bienestar general, Esperanza de vida al nacer, Población penitenciaria, Rendimiento académico) en los que compara a EEUU con el resto de países industrializados y en los que no sale muy bien parado, dejando de manifiesto que pese a la prosperidad del país norteamericano, su modelo social dista mucho de ser óptimo.

Como hemos visto Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia son países que se caracterizan por el civismo, un elevado nivel de protección social, un gran número de empleos públicos, distribución equitativa de la renta, una alta conciencia ecológica y una transparencia de los gastos públicos de los ministros y de las autoridades locales. La pregunta que surge de todos estos aspectos es la siguiente: ¿se sustenta el modelo nórdico en valores culturales profundos y característicos de estos países, que no podrían ser exportados a otras partes del mundo? ¿O este modelo podría ser adoptado por otras naciones para su propio beneficio? Se tiende a creer que hay un tipo de valores éticos protestantes subyacentes al modelo nórdico, en realidad, dicho modelo se sustenta en la idea de que la sociedad debe estar basada en una distribución equitativa. Según Felix Roth, investigador del CEPS, un comité de expertos con sede en Bruselas, trasplantar el modelo escandinavo a las políticas sociales de los Estados miembros es, lisa y llanamente, imposible. En su opinión, esto es debido a que “el sistema escandinavo tiene un gasto social enorme, algo que muchos países asocian a un menor rendimiento económico”. Para estos países, el dinero que se invierte en el ámbito social privaría al sector educativo de los medios necesarios para formar trabajadores cualificados, el tipo de trabajador que no engrosa las listas del paro. La “flexiseguridad”, que suele relacionarse con Dinamarca, tiene un precio: la elevada carga fiscal. Los márgenes presupuestarios son ajustados, instaurar un modelo con estas características en otras regiones parece muy complicado y en muchos casos inviable... En los países escandinavos, el estado está envuelto en la organización y financiamiento del bienestar social disponible para los ciudadanos en mayor medida que otros países europeos. Por esta razón el modelo de bienestar es acompañado por un sistema de impuestos que tiene tanto una amplia base tributaria como un sistema de impuestos progresivo dirigido por una redistribución de los ingresos desde los miembros de la sociedad más ricos hasta los más pobres.

Y es que como hemos podido observar el modelo social y económico escandinavo se ha convertido en un ejemplo para todos los países del planeta, y aunque sea complejo de imitar sería realmente importante que tratasen de mirarse en su espejo ya que ha demostrado ser el mejor sistema capitalista conocido, y con sus carencias es capaz de funcionar y generar riqueza y calidad de vida... para todos.

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