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71981399 Friedrich Hayek Camino de Servidumbre

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cosa o con otra. Pero ésta no es la cuestión. Lo importante es
si el individuo puede prever la acción del Estado y utilizar
este conocimiento como un dato al establecer sus propios
planes, lo que supone que el Estado no puede controlar el
uso que se hace de sus instrumentos y que el individuo sabe
con exactitud hasta dónde estará protegido contra la inter-
ferencia de los demás, o si el Estado está en situación de frus-
trar los esfuerzos individuales. El contraste oficial de pesas y
medidas (o la prevención del fraude y el engaño por cual-
quier otra vía) supone, sin duda, una actuación, mientras
que permanece inactivo el Estado que permite el uso de la
violencia, por ejemplo, en las coacciones de los huelguistas.
Y sin embargo, es en el primer caso cuando el Estado obser-
va los principios liberales, y no en el segundo. Lo mismo
ocurre con la mayoría de las normas generales y permanen-
tes que el Estado puede establecer respecto a la producción,
tales como las ordenanzas sobre construcción o sobre las in-
dustrias: pueden ser acertadas o desacertadas en cada caso
particular, pero no se oponen a los principios liberales en
tanto se proyecten como permanentes y no se utilicen en fa-
vor o perjuicio de personas determinadas. Cierto que en es-
tos ejemplos, aparte de los efectos a la larga, que no pueden
predecirse, habrá también efectos a corto plazo sobre deter-
minadas personas, que pueden claramente conocerse. Pero
en esta clase de leyes los efectos a corto plazo no son (o por
lo menos no deben ser), en general, la consideración orien-
tadora. Cuando estos efectos inmediatos y previsibles ganan
importancia en comparación con los efectos a largo plazo,
nos aproximamos a la frontera donde la distinción, clara en
principio, se hace borrosa en la práctica.

El Estado de Derecho sólo se desenvolvió conscientemente
durante la era liberal, y es uno de sus mayores frutos, no sólo
como salvaguardia, sino como encarnación legal de la liber-
tad. Como Immanuel Kant lo dijo (y Voltaire lo había expre-

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sado antes que él en términos casi idénticos), «el hombre es
libre si sólo tiene que obedecer a las leyes y no a las perso-
nas». Pero como un vago ideal, ha existido por lo menos des-
de el tiempo de los romanos, y durante los siglos más próxi-
mos a nosotros jamás ha sido tan seriamente amenazado
como lo es hoy. La idea de que no existe límite para el poder
del legislador es, en parte, un resultado de la soberanía po-
pular y el gobierno democrático. Se ha reforzado con la creen-
cia en que el Estado de Derecho quedará salvaguardado si
todos los actos del Estado están debidamente autorizados
por la legislación. Pero esto es confundir completamente lo
que el Estado de Derecho significa. Éste tiene poco que ver
con la cuestión de si los actos del Estado son legales en senti-
do jurídico. Pueden serlo y, sin embargo, no sujetarse al Es-
tado de Derecho. La circunstancia de tener alguien plena au-
toridad legal para actuar de la manera que actúa no da
respuesta a la cuestión de si la ley le ha otorgado poder para
actuar arbitrariamente o si la ley le prescribe inequívo-
camente lo que tiene que hacer. Puede ser muy cierto que
Hitler obtuviera de una manera estrictamente constitucio-
nal sus ilimitados poderes y que todo lo que hace es, por
consiguiente, legal en el sentido jurídico. Pero ¿quién con-
cluiría de ello que todavía subsiste en Alemania un Estado
de Derecho?

Decir que en una sociedad planificada no puede mante-
nerse el Estado de Derecho no equivale, pues, a decir que los
actos del Estado sean ilegales o que aquélla sea necesaria-
mente una sociedad sin ley. Significa tan sólo que el uso de
los poderes coercitivos del Estado no estará ya limitado y de-
terminado por normas preestablecidas. La ley puede y, para
permitir una dirección central de la actividad económica,
tiene que legalizar lo que de hecho sigue siendo una acción
arbitraria. Si la ley dice que una cierta comisión u organismo
puede hacer lo que guste, todo lo que aquella comisión u or-
ganismo haga es legal; pero no hay duda que sus actos no es-

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