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“Previamente en el Capítulo Anterior”

- Catalina se siente libre, por la ausencia de su pololo.


- Vicente y Catalina deciden ir a la única disco gay de Punta Arenas.
- Gabriel se prepara para hacer un show en la disco gay.
- Christian y Vicente, al verse en la disco, no paran de mirarse.

Villa Friburgo. Casa de Vicente.


01:31 AM

En la cocina, la madre del muchacho se prepara un café. La señora ya de edad, tenía el


pensamiento en otros lados, se notaba que una pequeña nostalgia visitaba su corazón. En
la pequeña mesa de la cocina, se encontraba el padre de Vicente, un señor corpulento, de
pelo blanco y de una mirada muy firme, al parecer había algo que esa noche, no los dejaba
dormir tranquilos.

_ ¿Cómo le vamos a decir? – pregunta la suave voz de doña Marta, mientras lleva su café
a la mesa y se ubica frente a su marido.
_ No sé Marta. Es algo muy difícil. No quiero romperle los sueños a Vicente – contesta don
Gastón.
_ Está muy entusiasmado con su carrera – dice la señora con una mirada triste - ¿Estás
seguro que no hay más plata?
_ Marta, yo mismo revisé miles de veces la cuenta que tenemos. Solo tenemos para
sobrevivir como familia, no para estar gastando en el instituto de Vicente.
_ Podemos vender algunas cosas – dice doña Marta tratando de buscar alguna solución.
_ No se va a poder Marta. Tenemos que decirle a Vicente que no podrá terminar su carrera
– dice don Gastón con los ojos tristes.
_ Tanto que nos costó salir de donde estábamos, ¿para volver a lo mismo?, lo encuentro
injusto – dice la señora con la mirada perdida.
_ A veces, así es la vida. Pero no te preocupes Marta, volveré a buscar trabajo para poder
pagar la carrera de mi hijo – dice don Gastón tomando la mano de su esposa.
_ Pero, ¿tú estás quedando loco? Ya estás jubilado. No estás en condiciones como seguir
trabajando.
_ Por mi hijo, soy capaz de cualquier cosa – contesta convencido, con lo que doña Marta
sonríe.

CAP. 01 X 02
Larga Noche
Disco Maganuna. Lado Sur de Punta Arenas.
01:58 AM

Mientras tanto, el lugar se llenaba con el estilo de la música de In-Grid – Tu es Foutu.


Catalina estaba ubicada en una especie de balcón, cerca de la barra; desde ese lugar
observaba las parejas que comenzaban a bailar en la pista. Con una sonrisa en su rostro,
seguía el ritmo con los pliegues de su pequeña falda escocesa.

_ ¿Ella es lesbiana? – pregunta Christian a Vicente, mientras observa a Catalina.


_ No. Jajja, para nada. Ella sólo me acompañó – dice el muchacho sonriente.
_ ¿Estudias? – pregunta Christian, mientras toma un sorbo de su trago.
_ Diseño Gráfico en Inacap. ¿Y tú?
_ Lenguaje y Comunicación o mmm Pedagogía en Castellano en la Umag – cuenta el rubio
muchacho que no quita los ojos de Vicente - ¿Oye? ¿Te tinca ir a bailar?
_ ¿¡Ir a bailar!? – se exalta – Es que va a sonar extraño, pero nunca he bailado con un
hombre.
_ ¿O sea que seré el primero? – consulta Christian saliendo de la silla para tomarle la
mano – ¡Vamos!
_ ¿Puede ser más rato? – dice sin despegarse de la silla.
_ ¡Pero qué te cuesta!
_ Es que te juro que me da placha. ¿Bailemos con la Cata? – dice poniendo un rostro
especial, con lo que Christian hace un gesto de aburrimiento.
_ Ok.
Ambos muchachos van donde Catalina y se la llevan a la pista. Los tres comienzan a bailar,
la joven parece ser la más contenta. Vicente, lleno de escalofríos en su cuerpo, trata de
seguir el ágil paso de Christian, este último baila sin preocupaciones y ,obviamente, con
los brazos arriba. (¿Qué gay no baila con los brazos arriba?).

En la pieza, detrás de la barra.


Gabriel se maquilla frente al espejo, en ese instante, sin que él se de cuenta, entra Omar,
el cantinero. Lo observa, por detrás, unos segundos y se acerca a él.

_ ¿Vas a estar mañana en la Colón? – pregunta Omar al oído del muchacho.


_ Acuérdate que tú me debes, maricón. La última vez no me pagaste – dice Gabriel
mirándolo por el espejo.
_ Pero. ¿No lo puedes anotar en mi cuenta? – dice Omar tomándolo por la cintura.
_ Suéltame weón – dice sacando las manos del cantinero – Tienes que pagarme y punto.
Además este show tampoco es gratis, así es anda a buscar tu calculadora y empieza a
sumar lo que me tienes que pagar.
_ Que andas agresiva – dice tratando de tomarlo por la cintura nuevamente.
_ Omar. Córtala. Voy a gritar como una yegua si sigues así – dice Gabriel sacándole las
manos nuevamente, para comenzar a arreglarse el pelo.
_ Pero hazme el favor mañana pues. Te juro que te pago todo, incluso demás que te doy
un poco más – dice Omar tratando de convencer.
_ No sé. Tú ya no estás dentro de mis clientes. Ahora por favor, déjame tranquilo, porque
tengo que meditar para entregarle un buen show a mi público – dice Gabriel muy serio,
con lo que Omar lo mira por un rato y vuelve a la barra – Este weón cree que una es
gratuita.

El muchacho termina de arreglar su peluca rubia y cierra los ojos. Respira profundo y
comienza a mover su cabeza de un lado hacia otro. Mueve sus hombros hacia atrás y hacia
delante, sin dejar de respirar profundo.

Aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo. Punta Arenas.


02:38 AM

En el Aeropuerto, prácticamente vacío, se encontraba un joven en una de las bancas del


primer piso. De pronto un guardia, en uno de sus paseos, lo ve y se acerca a él.

_ Disculpe – dice el guardia moviéndole el hombro, para despertarlo.


_ Ah? – es lo único que dice el joven, con sus ojos a medio abrir.
_ Disculpe. Usted no puede estar aquí.
_ Pero si todavía no me vienen a buscar – contesta el muchacho aún con sueño – Yo llegué
hace un rato, vine con el avión que tuvo falla de motores en Pto. Montt. Por eso aún estoy
esperando – dice el joven un poco más compuesto.
_ Pero ese avión llegó a la 01:45 am – dice el guardia.
_ Si sé, pero no me han venido a buscar.
_ ¿Y no los puede llamar para que vengan a buscarlo? – consulta.
_ No tengo na’ de plata. Si no, ya los hubiese llamado. ¿Usted no tiene $200 pesos que me
preste? – consulta el joven normalmente.
El guardia lo mira extraño, y comienza a buscar en uno de sus bolsillos, logrando encontrar
$200.
_ ¿Va a llamar a un celular? – consulta el hombre, viendo una respuesta afirmativa de
parte del muchacho - Tome. Ahí tiene.
_ ¡Uh! Gracias caballero, se pasó – dice con una sonrisa. Se levanta del asiento y va a los
teléfonos públicos. Deposita los $200 y marca el número. Espera unos cuantos tonos hasta
que le contestan.
_ ¿Aló? ¿Tía? Habla Joaquín. Sí, ya llegué. Todavía estoy en el aeropuerto. Yo pensé que le
habían dicho que el vuelo se había retrasado. No. No tía, na’ que ver, si no lo cancelaron.
Ya Ok. Yo los espero. Chau – dice el muchacho terminando de hablar.
_ ¿Lo vendrán a buscar? – consulta el guardia.
_ Sí, así es que no se preocupe. Mis tíos pensaron que el vuelo se había cancelado, por eso
no vinieron. ¡Ah! Gracias de nuevo por los $200 pesos – dice Joaquín con una sonrisa y
con una palmada en la espalda del guardia, este se mantiene serio.
Disco Maganuna. Lado Sur de Punta Arenas.
03:10 AM

La pista está vacía. Todas las personas están ubicadas en las mesas de alrededor,
esperando ansiosas que comience el show. De pronto las luces giratorias se calman, y un
pequeño haz de luz, queda en el centro de la pista. Por la parte de abajo, de la escalera,
comienza a salir humo, el cual se sumerge en el suelo. Luego de un minuto de suspenso,
la música empieza. Se siente, en los parlantes, el comienzo de Dirrty, de Christina
Aguilera.

En la parte de arriba de la escalera, se ve una silueta. Con movimientos sensuales,


empieza a bajar para posicionarse en el centro de la pista.

Catalina y Vicente, lo observan con una sonrisa en sus rostros y con las manos a punto de
aplaudir. Ellos, jamás habían visto ésta clase de shows, y realmente lo disfrutaban.

Gabriel, se sentía una Christina Aguilera, y sus gesticulaciones y movimientos, eran


perfectos. Sosteniendo un micrófono, en su mano derecha, se esforzaba por dar la mejor
imitación de todas. Era su primera vez en la pista de Maganuna, pero sus nervios era lo
que menos se veía.

_ Tú amigo lo hace bastante bien – dice Vicente mirando a Christian.


_ Sí, yo me siento más nervioso que él – dice Christian, demostrando su nerviosismo con
el inquietante movimiento de sus piernas.

Finalmente, poniendo el clímax en la parte final de la canción, Gabriel termina su show,


sintiéndose una diva por todos los aplausos, y gritos, recibidos. Al segundo, le habilitan el
micrófono y se dirige a su público.

_ ¡Hola Chiquillos! Bienvenidos a su “Disco Amiga”. Espero que les haya gustado el show –
dice Gabriel “Aguilera”, con una respiración agitada, tras todo el baile que había hecho.
Recibe más aplausos, él sonríe y se hace aire con una de sus manos – Ya basta. ¿Puedo
hablar ahora? – Todos se ríen, y comienzan a guardar silencio – Bueno chicos, los dejo
para que sigan disfrutando de la buena música y los buenos tragos. Espero que vengan a
verme la otra semana. Estaré cada semana mas hot.

Gabriel apaga el micrófono, y se retira de la pista, dejando una estela de aplausos. La


música, nuevamente, empieza a sonar, esta vez es Cinque Milla de la Dana International.
Las parejas de a poco se van integrando a la pista, llenándola cada vez más.

Mientras tanto, Vicente, aún sentado, trata de ocultar su nerviosismo.

_ Te juro que me siento muy observado – cuenta el muchacho a Catalina.


_ Bueno Bicho. ¡Mejor! Eso significa que estay rico – dice ella sonriéndole a su amigo –
Además eres carne nueva, obviamente te van a mirar.
_ ¿Vamos a la barra mejor? – dice Vicente, incómodo, a Catalina y a Christian.
_ Yo voy a bailar – dice Christian dejando a los muchachos, para irse a la pista.
_ Bah. Yo pensé que iba a ir con nosotros – dice Catalina mientras sube la escalera, en
compañía de su amigo.

En la Barra, la cual tenía todos los asientos ocupados y con harta gente alrededor, se
encontraba Gabriel en un costado, cerca del balcón. Catalina cuando lo ve, contenta, se
acerca hacia él.

_ ¡Te Felicito! – dice Catalina con una sonrisa.


_ Gracias linda – dice Gabriel sin tomarle mucha importancia.
_ Christian me dijo que era primera vez que hacías un show de este tipo – cuenta ella.
_ Sí, es mi primera vez – cuenta con una sonrisa pícara, con lo que Catalina ríe un poco -
¿Y tú eres lesbiana?
_ Noo – ríe – Solamente acompañé a mi amigo a la disco.
_ ¿Y él no pudo venir solo?
_ También es su primera vez. ¿No cierto Vicente? – pregunta ella mirándolo para que se
integre a la conversación, este se acerca hacia ellos.
_ ¿De qué? – consulta sin entender.
_ Que es tu primera vez en una disco gay – interviene Gabriel, mientras sostiene su pisco
sour.
_ ¡Ah! Sí, es mi primera vez en una disco así.
_ ¿Ya te comió el Christian? – consulta Gabriel directamente, lo que deja sin reacción a
Vicente.
_ No.
_ ¡Qué extraño! – dice dudoso Gabriel, tomando un sorbo de su trago.
_ ¿Es de esa onda tu amigo? – pregunta Catalina.
_ ¿Esa de andar pinchando con todos?
_ ¿Sí?
_ Sí, es de esa onda. Pero es buena gente. Es mi mejor amigo – cuenta el muchacho fino.
Vicente sube una ceja y dirige su mirada a la pista, en la cual ve a Christian bailando
provocativamente con un muchacho. Gabriel observa a Vicente y se acerca para susurrarle
al oído.
_ Nunca te enamores de alguien así – dice en voz baja, para luego mirarlo – Es un consejo
que siempre le doy a los nuevos – le guiña un ojo y se va a bailar a la pista.
_ ¿Qué te dijo? – pregunta ansiosa Catalina.
_ Que no me enamore de alguien así – dice Vicente mirando a Christian.
_ ¡Son todos tan raros aquí! – dice Catalina en voz alta.
_ ¡Así es guachita! – contesta un joven desde lejos, lo que provoca risas entre Vicente y
Catalina.

Las horas comienzan a pasar, los amigos habían optado por quedarse conversando en la
barra. A Catalina se le cerraban los ojos, ya que se había excedido de copas.

_ ¡Cata! Son las 5, tenemos que irnos, ya van a cerrar – dice Vicente moviendo a su
amiga.
_ Pero si es temprano todavía – dice una ebria Catalina.
_ Cata, vamos.
_ No. Quiero bailar – dice ella levantándose de la silla.
_ Pero si ya cortaron la música – dice Vicente deteniéndola.
_ ¡Que la pongan de nuevo! – grita Catalina mientras protesta con uno de sus brazos.

Mientras tanto Gabriel y Christian observan la situación entre risas, al igual que unos
cuantos que esperaban la llegada de sus taxis.

_ ¿Tú conoces a Pablo? – dice Catalina a Omar, el cantinero.


_ No – contesta con una sonrisa.
_ El... es mi pololo... Pero... Ya estoy tan chata de estar con él – cuenta la muchacha
riéndose.
_ Cata. Vamos – insiste Vicente.
_ ¡Bicho! ¡Ubícate! Le estoy contando mi vida a él – dice ella, para luego reintegrarse a la
conversación – Así pues... Estoy chata de ese pegote. Es que me corta las alas. Yo soy una
chica... libre poh. Pero bueno... cuando venga de Santiago le diré algunas cosas. Sí, eso
voy a hacer. ¿Tú que crees?
_ Está bien que le digas – dice el cantinero, mientras se pone su chaqueta – Ya, vamos a
cerrar. El otro sábado seguimos conversando ¿Ok?
_ ¡Ohh! Pucha. Ya me estaba inspirando – cuenta Catalina haciendo pucheros.
_ Ya Cata. Ahora sí – Vicente la toma del brazo y se la lleva.
_ Chao Vicente – dice Christian cuando lo ve salir.
_ Chao
_ Oye. Espera – dice Christian avanzando hacia él - ¿Tienes celular?
_ Después te lo doy – dice Vicente sin tomarlo en cuenta. Se retira de la disco con su
amiga, casi dormida, y se suben al auto.

_ Ni me pescó – dice Christian, sin entender.


_ Le dije como eras guachita – cuenta Gabriel.
_ ¿Cómo era? ¿Qué le dijiste maldita? – dice Christian un poco enojado.
_ Que pinchabas con uno y otro.
_ ¡Aaah! Eres una arpía. ¿Por qué le dijiste eso?
_ Porque esa niñita es nueva, na’ que ver que ande llorando la primera semana – explica
Gabriel.
_ Me carga cuando haces eso. Me espantas a mis pretendientes.
_ Pero es que si no fueras tan puta, yo de más que les cuento cosas buenas de ti – dice
Gabriel recibiendo un empujón – ¡Ay! ¡Wevona, mi brazo! No ves que soy delicada como
una flor.
_ Ahora quizás ni venga el próximo sábado – dice Christian fingiendo una voz triste.
_ Su amiga es regia – dice Gabriel – Me recuerda cuando yo era una muchachita inocente.
_ No te creas. Yo no le vi mucha pinta de inocente. Esa chica se las trae – dice Christian.
_ ¡Ay! Bueno no es inocente. Pero es regia.
_ Menos mal que no te curaste, si no ya te veo tratando de atinar con ella – dice Christian
riéndose.
_ ¡Ay sí! Siempre me pasa eso cuando me curo. Me carga perder el control... y más
encima con una mujer – hace un gesto de asco – ¡Por Dios por qué me hiciste tan rebelde!
No podía ser entero gay, tenía que gustarme el otro weveo también. Pero no importa, soy
diversa y punto.
_ Pucha.
_ ¡¿Qué cosa te pasa?!
_ Vicente. No me quiso dar su número – dice Christian poniendo una cara triste, para
luego cambiarla abruptamente - ¡Por tu culpa! – empuja a su amigo, de nuevo.
_ ¡Wevona mi brazo! ¡Te dije! – contesta el muchacho, enojado.

En la entrada de la Casa de Catalina. Pta. Arenas.


6:01 AM

El Jeep se estaciona en frente de la casa. De el se baja Vicente, y se dirige a abrirle la


puerta a su amiga, la cual estaba dormida. El trata de tomarla en brazos, cuando ella
comienza a despertarse.

_ ¿Dónde estamos? – consulta con sus ojos pequeños.


_ Llegamos a tu casa. Y ahora te vas a bajar para ir a dormir a tu cama ¿Ok? – dice
Vicente, mientras observa con una sonrisa a la mareada Catalina.
_ ¿Y la disco?
_ Cata. Estamos frente a tu casa. La disco ya terminó.
_ Quiero vomitar – dice Catalina llevándose la mano a la boca.
_ Trata de vomitar afuera por fa’ – dice Vicente preocupado. La muchacha encuentra un
poco de fuerzas y se baja del jeep, se apoya en el y comienza a vomitar, manchándolo un
poco – Me carga vomitar. Odio vo... – nuevamente vomita – vomitar. ¡Ay Estoy tan mal!
Siento como si una yegua me hubiese aplastado la cabeza.

En ese momento, un muchacho pasa al lado de ellos, observando la situación. Catalina


trata de darle la espalda para que no le vea la cara, pero ya es tarde. El joven se detiene,
y se vuelve hacia ellos.

_ ¿Necesitan ayuda? – consulta el joven.


_ No quiero tu ayuda. Eres un extraño – dice Catalina, la cual nuevamente vomita.
_ Soy Joaquín ¿y tu?
_ No hablo con extraños – dice Catalina cada vez peor.
_ Pero ahora sabes mi nombre... ¿Cuál es el tu...
_ Déjala tranquila por favor. Se siente mal. Acaso no ves – defiende Vicente, mientras lo
mira.
_ ¡Amigo! – Catalina le toma la chaqueta a Vicente - ¡No pelees por mi! Estoy bien – se
trata de reponer, se acomoda el pelo y se arregla su mini falda escocesa - ¿Y tú quién
eres? – se refiere al “extraño”.
_ Joaquín – dice el muchacho insistente y sin quitar la mirada de la joven.
_ Yo soy Catalina. El es Vicente. Estamos muy contentos por haberte conocido. Ahora, te
puedes ir – dice Catalina muy irónica.
_ ¡Qué directa! – exclama Joaquín riéndose un poco.
_ ¿Y que cresta andai haciendo a esta hora en la calle? – pregunta Catalina asimilando lo
tarde que es.
_ Necesito cigarros, eso es todo.
_ Vicente, dale un cigarro a este individuo. No pensé que el vicio llegara tan lejos – dice
Catalina, manteniendo su postura de chica ruda.
_ No. No te preocupes – dice Joaquín a Vicente, el cual ya había sacado un cigarro – De
verdad yo voy a comprar. Además ya no hay tanto viento.
_ Yo te he visto en algún lado – dice Catalina achicando sus ojos.
_ ¿A mi? Imposible. Soy de Santiago – contesta Joaquín.
_ ¿Y nunca haz venido a Punta Arenas? – pregunta ella.
_ Sí, siempre vengo.
_ ¿Y dónde te quedas? – dice Catalina, mientras Vicente comienza a aburrirse.
_ Ahí, en la casa de mis tíos – dice señalando una casa, ubicada en la misma cuadra.
_ ¿O sea que somos vecinos? – sonríe Catalina.
_ Así parece. Oye compadre. Ahora sí, te acepto el cigarro. Ta buena la conversa – dice
Joaquín sonriendo. El muchacho le entrega el cigarro y le pasa un encendedor.
_ Gracias – dice encendiendo el cigarro.
_ Ya. Es muy tarde, hay que irse – dice Catalina tambaleando – Ahora ya me siento un
poco mejor.
_ Pero... ¿No vamos a seguir conversando? – pregunta Joaquín.
_ Tengo que dormir. Una señorita no puede andar en este estado, en las calles. Así es que
me voy a dormir – dice Catalina.
_ ¿Cuál es tu casa? – pregunta Joaquín.
_ La de ahí – señala Catalina una gran casa esquina.
_ ¡Wow! Pequeña casita – dice Joaquín sorprendido. Nuevamente mira a Catalina, como si
ya la conociera de mucho antes.
_ Ya, mucho gusto. Nos vemos – dice Catalina, se despide de su amigo – Gracias Bichito
por soportarme. Mañana nos vemos.
_ Chau Cata. Acuéstate al tiro.
_ Chao extraño. No recuerdo tu nombre – dice Catalina despidiéndose.
_ Joaquín – le recuerda el muchacho, mientras observa como la joven sube unas pequeñas
escaleras, no muy coordinada, para llegar a abrir la puerta principal y entrar.

_ Un gusto. Nos vemos – dice Vicente, dándole un apretón de manos a Joaquín.


_ Igual.

Vicente se sube al jeep, y se va del lugar, dejando solamente al muchacho en la vereda, el


cual observa la casa de Catalina.

_ Así es que tú eres la famosa Catalina Letelier. Punta Arenas la cagó pa’ ser chico.