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Warisata mia - parte 4 - Elizardo Perez

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Testimonio que cuenta de forma elocuente una de las experiencias más importantes en educación del Continente, que ha tenido repercusiones importantes. Escuela productiva, es solo uno de los términos que fueron creados en esta experiencia de Elizardo Perez, Avelinno Siñani y los indios de Warisata. Simplemente imperdible.
CAPITULO I
IRRADIACIÓN

CONTINENTAL DE WARISATA

1. El Primer Congreso Indigenista Interamericano
Sin embargo, nos quedaba un área de lucha donde podíamos defender nuestra obra y señalarla ante la conciencia de los pueblos de América con caracteres definitivos, aunque sucumbiese en Bolivia. Ese campo era el mismo continente americano, y especialmente aquellos países que tuviesen similar problema indígena. Tal objetivo ya lo habíamos planteado en 1937, al escribir al profesor Graciano Sánchez,
Testimonio que cuenta de forma elocuente una de las experiencias más importantes en educación del Continente, que ha tenido repercusiones importantes. Escuela productiva, es solo uno de los términos que fueron creados en esta experiencia de Elizardo Perez, Avelinno Siñani y los indios de Warisata. Simplemente imperdible.
CAPITULO I
IRRADIACIÓN

CONTINENTAL DE WARISATA

1. El Primer Congreso Indigenista Interamericano
Sin embargo, nos quedaba un área de lucha donde podíamos defender nuestra obra y señalarla ante la conciencia de los pueblos de América con caracteres definitivos, aunque sucumbiese en Bolivia. Ese campo era el mismo continente americano, y especialmente aquellos países que tuviesen similar problema indígena. Tal objetivo ya lo habíamos planteado en 1937, al escribir al profesor Graciano Sánchez,

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Así, con ferocidad, se destrozaba la obra de la educación del indio. La
única escuela que se salvó del desastre, fue Llica, más allá del gran salar
de Uyuni, barrera insalvable para los bandoleros; aunque, no obstante, su
proceso constructivo quedó detenido algunos años. Los demás núcleos fue-
ron destruidos sin piedad. Caiza, Alkatuyo, San Antonio del Parapetí,

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Chapare, Jesús de Machaca, Mojocoya... todos sucumbieron en manos de
los corrompidos jerarcas de la educación boliviana. Veamos algunas prue-
bas de la debacle:

El vecindario de Caiza, en carta enviada al diputado Max Calderón,
pide "la reapertura de la Normal Rural" suprimida por el nuevo régimen
educacional. "En cuanto al hermoso edificio capaz de albergar unos cuatro-
cientos alumnos, está próximo a convertirse en escombros... perdiéndose
con ello más de dos y medio millones de bolivianos en que está avaluado...
lo que nos permitimos condenar... por todos los desaciertos cometidos, a
pesar de que destinan (ahora) sumas fabulosas para engañar al país...".
(Carta de 8 de agosto de 1947).
Los indios de Alkatuyo me enviaron una carta el 21 de abril de 1947,

diciéndome que

después de muchos años de lucha y sacrificio, que nos ha costado primera-
mente la edificación de nuestro local escolar... sensiblemente este año por
cuestiones políticas nos han enviado como director a un maestro incapacita-
do... sin ningún mérito, sin años de servicio ni moralidad... nuestro Núcleo se
halla totalmente abandonado... desmoronando la benéfica labor de anteriores
directores....
Yo vi con mis propios ojos la ruina de Alkatuyo y Caiza, y la negativa
labor realizada en otro núclqp llamado San Pedro de Quemes, cerca de la
frontera con Chile. De Alkatuyo, el inspector Roberto Leycón decía en un
informe de 1947 que "se vuelve a recalcar que la zona carece de agua, falta
de terrenos para las prácticas y la pésima ubicación de la escuela, son fac-
tores determinantes para el fracaso de la labor de los maestros", lo que
causaba una asistencia de apenas 31 alumnos, para los cuales había nueve
maestros. En San Pedro de Quemes la cosa era peor todavía: habían nueve
profesores para... diez alumnos.
En otro informe, de lo. de octubre de 1947, el Inspector Leytón dice que
ha constatado que el maestro en esas regiones (Norte de Potosí) es el primer
explotador del indio... Debe cambiarse la política educacional en toda esa
zona... obligando a éstos (a los maestros) mayor trabajo y honestidad en sus
funciones. La implantación de núcleos con todos los adelantos... urge, pero en
zona eminentemente campesina, no como favoritismo político, como pasa en
las provincias mencionadas....
En el informe producido con ocasión de la visita del ministro Alba a
Warisata, se menciona también a la Escuela Normal Rural de Santiago de
Huata, la cual, "no obstante poseer... pequeños campos para experimenta-
ción agrícola, éstos permanecen hechos un erial; no hay indicio alguno de
haberse propuesto trabajarlos... campos de deporte no existen... tampoco
animales domésticos que sirvan para la enseñanza práctica... ni material
escolar, careciéndose de lo más indispensable". El informe pide que se
envíen "26 catres para la sección de señoritas", lo que era lógico pues que
las muchachas dormían en el suelo-Aisladas noticias de otras escuelas me
informan de hechos similares que sería largo relatar. Y es que el proceso
iniciado en 1940 continuó durante muchos años, sin que se hubiera
realizado nunca un real intento de restauración.

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En 1945 inició sus labores el Servicio Cooperativo Interamericano de
Educación, que fracasó totalmente pues en lugar de la función integral de
la escuela, le asignó como objetivos, únicamente prácticas de higiene y
agropecuarias, meramente teóricas, aunque a costa de enormes eroga-
ciones. El aspecto principalmente negativo del SCIDE fue ignorar, negar
en absoluto, la capacidad de autogobierno que caracteriza al indio, y
además considerar en grado completamente secundario el desarrollo de las
industrias domésticas.
En 1947 intenté una vez más frenar este proceso de destrucción
general. Los indios de Llica y de la provincia Ñor Lípez me llevaron a la
diputación, en una lista de candidatos presentada por la Unión Socialista
Republicana. Quiero manifestar que, al aceptar la inclusión de mi nombre,
no renunciaba de ninguna manera a mis principios. Yo no vendí mi
conciencia a nadie y ese eventual compromiso político, liquidado al poco
tiempo, en nada modificó mi plena independencia en la acción y en el
pensamiento. Pero, de acuerdo a mis propósitos, sirvió en alguna forma
para trabajar por el indio, entonces perseguido furiosamente por todos los
poderes.

Durante mi pasajera gestión, se creó la Provincia Daniel Campos, cuya
capital fue Llica; la experiencia más novedosa fue que sus autoridades,
tanto políticas como administrativas, judiciales y educacionales, perte-
necían todas, absolutamente todas, a la raza aymara, según hemos podido
ver en las listas de 1950. Con mis ex-alumnos, encabezados por Celestino
Saavedra, Máximo Miguillanes y Casimiro Flores, realizamos una labor
realmente interesante, continuando en otro plano las antiguas actividades
de la escuela y dando por fin término a la construcción de sus edificios. En-
tre las cosas realizadas, puedo citar la instalación de molinos de viento,
bombas y motores para la dotación de agua potable a la capital y a sus 21
seccionales; instalación de luz eléctrica en Llica; iniciación de los estudios
de captación de las aguas del río de Sacaya, mediante cinco comisiones de
ingenieros, para lograr el riego de una superficie no inferior a un mil
hectáreas de magníficas tierras; dotación de grandes cantidades de mate-
rial deportivo, inclusive trofeos. En este período, solamente para Llica se
logró conseguir no menos de quince mil dólares para una diversidad de
usos.

En Colcha "K" creamos un Núcleo en San Pedro de Quemes, al que ya
me he referido; otra comisión de ingenieros estudió una represa que re-
garía una extensión de 500 hectáreas.
Para Warisata conseguí tres millones para la terminación del Pabellón
México, fuera de otros quinientos mil concedidos mediante Resolución Su-
prema. Estos fondos fueron manejados por el SCIDE, lo mismo que otros
cuarenta mil dólares obtenidos del Plinto IV para aquel mismo objeto.
Pero, finalmente, ni estas fuertes inyecciones de dinero, ni otras con que
ayudó el SCIDE, sirvieron para nada.
Como diputado, me cupo interpelar al Ministro Alba pidiéndole que
modificara la conducción de la política educacional. Historiando una
vez más nuestras luchas, demostré en las Cámaras el desastre en que
estábamos, solidarizándose los diputados con la interpelación; pero ya
puede suponerse que el Ministro Alba hizo oídos de mercader, a pe-

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sar de que él mismo había visto, sobre el terreno, la ruina de la educación
del indio.

También por esa época hice entregar los núcleos de Caiza, Alkatuyo y
San Pedro de Quemes a la organización fundada por el padre José
Zampa con el nombre de "Escuelas de Cristo". Esta actitud fue muy criti-
cada, pero yo carecía y carezco de prejuicios al respecto, y recordando las
grandes obras realizadas en el oriente de Bolivia por las misiones religio-
sas, pensaba que, aplicando las técnicas de Warisata, quizá podía salvarse
algo del desastre; en cualquier caso, nunca los resultados serían tan malos
como los que producían bajo la tuición del normalismo boliviano. No tuve
que arrepentirme de esta resolución. El Padre Gabriel Landini, nombrado
director de los tres núcleos, realizó un trabajo de gran categoría, siendo su
obra el único intento serio de restaurar las doctrinas de Warisata. Al poco
tiempo la asistencia de alumnos en Alkatuyo llegó hasta ciento cincuen-
ta, de los 31 que había encontrado Leytón. Y en cuanto a la cuestión del
agua, la resolvió llevándose dos motores e instalando sendos pozos que,
mediante bombas, dan abundante agua, uno a Alkatuyo y otro a Caiza. Ni
a los anteriores directores ni al inspector Leytón se les había ocurrido solu-
ción tal; y es que el Padre Landini aplicó la pedagogía del esfuerzo y del
trabajo, cosa ya olvidada en educación indigenal. Instaló también talleres,
construyéndose puertas, ventanas y mobiliario no sólo para Alkatuyo, sino
para sus escuelas seccionales y aún para los otros núcleos. Esta labor,
desgraciadamente, sólo duró dos años: las presiones del ambiente obliga-
ron al Padre Landini a retirarse.
En el mes de junio de 1948 fui nombrado Ministro de Educación, cargo
que acepté aunque convencido de la inestabilidad de esos cargos políticos,
como que dos meses y medio más tarde tuve que renunciar, en una crisis
total de gabinete. En esa gestión pude palpar a lo vivo la tremenda corrup-
ción reinante en las esferas educacionales. Me retiré asqueado de tanta
vergüenza y podredumbre. Nada se podía hacer. Sólo una transformación
fundamental en la estructura económica y social del país podía salvar a la
escuela6
.

Así era el panorama de la educación indigenal. No exageraba ni lo más
mínimo cuando, en mi discurso en el Parlamento, decía que "la obra origi-
nal de Educación Indigenal, para quien la ve en su conjunto deja la impre-
sión de una ruina ocasionada por el alud de la guerra. Todo está destruido.
Una saña diabólica y un refinamiento incalificable tumbaron cuanto
hallaron digno de conservación; y si una pared fue el testimonio de un
esquema de labor sobre la cual se edificaría algo, esa pared fue derribada.
Lo importante era acabar con todo. Qué no quedara seña de que por allí
había pasado el hombre. Este odio ciego a la obra de los hombres no parece
humano. Hasta los grupos primitivos conservan los edificios de los
enemigos a quienes uncieron bajo sus armas. Pero los normalistas bolivia-
nos cobraron tal odio por todo lo que fue nuestro, que Ver su obra destruc-
tora, repito, es como ver un campo asolado por las balas mortíferas de un
ejército implacable".

6. Elizardo Pérez dispuso que, para una segunda edición de su libro, se suprimieran algunos
episodios que relataba, referentes al caso (N. del E.).

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