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Puntos Sobresalientes de Biblia - Abdias 1 a Jonas 4

Puntos Sobresalientes de Biblia - Abdias 1 a Jonas 4

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Abdias
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Nadie escapa del juicio de Jehová. La profecía de Abdías, pronunciada alrededor de 607 a.E.C., predijo que los edomitas serían expulsados de su tierra a pesar de su posición aparentemente segura arriba “entre las estrellas”. Y aunque la vida personal de este escritor bíblico no se revela, él vive a la altura del significado de su nombre: “Siervo de Jehová”. ¿Cómo? Al proclamar un juicio devastador. Cuando Edom caiga, será completamente saqueada por sus amigos que están en pacto con ella. Ni siquiera sus sabios y poderosos sobrevivirán. ( Abdías 1-9.)

-----------------------------------------------------------------------------------------------Abd. 1. El nombre “Abdías” significa “siervo de Jah [Jehová]”; y eso es todo lo que sabemos acerca del escritor de
este libro profético. Sin embargo, el libro de Abdías es ciertamente provechoso para los adoradores de Dios hoy día. Los tratos de Jehová con Edom, según los representa Abdías, suministran una advertencia ejemplar de cómo un día el Creador quitará de la Tierra a toda la gente que odia tanto a Dios como a su pueblo. En cambio, Abdías anima a los adoradores de Dios no solo mediante la promesa de que serán librados de la opresión, sino también con la promesa de que tendrán prosperidad sin fin.

-----------------------------------------------------------------------------------------------Apropiadamente el mensaje de Abdías se llama una “visión.” (Abd. 1) A menudo las Escrituras se refieren a los profetas como ‘videntes.’ (1 Sam. 9:9; 2 Sam. 15:27; 1 Cró. 9:22) Aunque el profeta no viera nada en forma visible, a menudo las comunicaciones proféticas se llamaban visiones.

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¿Se efectuó alguna devastación de Edom? Sí, y en cumplimiento de la declaración que Dios hizo mediante Abdías, tanto los gentiles (Abd. 1) como los israelitas (Abd. 18) desempeñaron un papel en esta devastación.

-----------------------------------------------------------------------------------------------Para fines del siglo séptimo a. de la E.C. la intensidad del odio de Edom por Israel sobresalió especialmente. En aquel tiempo los babilonios conquistaron el reino de Judá. Los edomitas se regocijaron por el desastre de su nación hermana, participaron en tomar despojo y hasta entregaron a los babilonios los escapados de Judá. ( Abd. 1, 1214) Codiciosamente trataron de ensanchar su territorio apoderándose de la tierra que anteriormente estaba bajo el control de los reinos de Israel y Judá.

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Se profetizó que a pesar de su posición ensalzada hasta los cielos, Edom no se salvaría de la destrucción, y que la espada de juicio de Jehová se empaparía en las alturas o “cielos” de Edom sin que esta nación pudiera recibir ayuda alguna de ninguna fuente celestial o ensalzada. ( Abd 1-4, 8.) Los que hacen grandes alardes, hablando inicuamente en un estilo elevado como si “[pusieran] su boca en los mismísimos cielos”, ciertamente serán arruinados.

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Durante ese período de angustia y tribulación que le sobrevino a Judá y Jerusalén, Edom y otras naciones vecinas exteriorizaron su odio a Jehová y su pueblo de tal modo que hicieron que el profeta Abdías profetizara contra ellas: “Porque el día de Jehová contra todas las naciones está cerca. Del modo como has hecho, se te hará”. ( Abd 1, 15.) Asimismo, “el día de Jehová” y toda su ardiente destrucción cayó sobre Babilonia y Egipto tal como se había predicho.

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En contraste con este matrimonio, los escritores de la Biblia fueron francos y honrados. De igual modo, Jonás no trató de tapar los errores que había cometido tanto antes como después de predicar en Nínive. Al contrario, los puso por escrito (Jon. 1:1-3).

-----------------------------------------------------------------------------------------------“Ve a Nínive la gran ciudad —le dijo Jehová—, y proclama contra ella que la maldad de ellos ha subido delante de mí.” (Jonás 1:2.) ¿Qué tenía de difícil esta nueva comisión? Nínive —la capital de Asiria— estaba a unos 800 kilómetros (500 millas) en dirección este, y llegar allí a pie podría tomarle un mes. Pero eso no era lo peor. Una vez en la ciudad, tendría que proclamar la sentencia de Jehová contra los asirios, un pueblo muy conocido por su extremada violencia y crueldad. Si la predicación de Jonás había tenido poco éxito en el pueblo de Jehová, ¿qué podía esperarse de los paganos de la populosa Nínive? ¿Cómo le iría a un solitario siervo de Jehová en este peligroso lugar, al que posteriormente se llamó “la ciudad de derramamiento de sangre”?

-----------------------------------------------------------------------------------------------A bordo de la nave —probablemente un barco de carga fenicio, de repente, fuertes vientos comienzan a agitar el mar con rabia desmedida, levantando olas grandes, ¿Sabe ya Jonás que es “Jehová mismo” quien está provocando “un gran viento en el mar”? Es difícil precisarlo. Lo que sí sabe es que de nada servirán las invocaciones de los marineros a sus dioses. Como él mismo indica, la nave está “a punto de ser destrozada” (Jonás 1:4; Levítico 19:4). El único Dios que puede ayudarlos es Jehová.

-----------------------------------------------------------------------------------------------Este episodio de Jonás, nos enseñó una importante lección: Jehová puede salvar a cualquier siervo suyo, sin importar el lugar y el momento. Nada pudo impedir que salvara a Jonás, ni siquiera el hecho de que se encontrara “en las entrañas del pez” (Jonás 1:17).

-----------------------------------------------------------------------------------------------En el caso de Jonás, ¿vio él recompensada su obediencia? Claro que sí. Para empezar, parece que tiempo después se enteró de que los marineros habían sobrevivido. Como la tormenta había amainado justo después de que lanzaran a Jonás por la borda, habían “empeza[do] a temer en gran manera a Jehová” y, llenos de gratitud, habían hecho un sacrificio a Jehová, y no a sus dioses falsos (Jonás 1:15, 16).

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Nínive “la gran ciudad” (Jonás 1:2; 3:2; 4:11). ¿Por qué la consideraba Dios tan importante? Nínive era una ciudad muy antigua, pues fue una de las primeras que Nemrod fundó tras el Diluvio. Aquella metrópoli, que probablemente englobaba a otras ciudades, era tan grande que atravesarla a pie tomaba unos tres días (Génesis 10:11; Jonás 3:3). Sus majestuosos templos, imponentes muros y demás edificios debían de conferirle un aspecto impresionante. Con todo, no era por eso que Dios la consideraba importante. Lo que a él le interesaba era toda la gente que vivía allí. ¿Por qué? Porque Dios valora la vida de todos y cada uno de los seres humanos, y por ello desea que se arrepientan y dejen el mal camino.

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jonás 1:1-3. Si organizáramos nuestras ocupaciones para no participar plenamente en la predicación del Reino y
la obra de hacer discípulos, estaríamos actuando como Jonás: estaríamos huyendo, por así decirlo, de una misión divina.

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Jonás 1:1, 2Jehová no trata con misericordia solamente a una nación, raza o grupo. Más bien, “Jehová es bueno
para con todos, y sus misericordias están sobre todas sus obras” (Salmo 145:9).

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jonás 1:17. Los tres días y tres noches que pasó Jonás dentro del gran pez prefiguraron la muerte y la
resurrección de Jesús (Mateo 12:39, 40; 16:21).

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jonás 1:17Jehová rescató a Jonás del mar embravecido. Posteriormente “asignó una calabaza vinatera, para que
subiera sobre Jonás, de modo que llegara a ser sombra sobre su cabeza, para librarlo de su estado calamitoso”. Los siervos de Jehová de la actualidad podemos confiar en que el Dios de bondad inmerecida también nos protegerá y nos salvará (Salmo 13:5; 40:11).

-----------------------------------------------------------------------------------------------El profeta Jonás fue liberado del vientre de un gran pez tras orar: “Desde mi angustia clamé a Jehová, y él procedió a responderme. Desde el vientre del Seol grité por ayuda. Oíste mi voz” (Jon. 2:1, 2, 10). Resulta muy consolador saber que por difíciles que sean nuestras circunstancias, siempre podemos acercarnos a Jehová con una “petición de favor”

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jonás dijo: “Lo que he prometido en voto, ciertamente pagaré” (Jon. 2:9). Cuando pedimos a Dios que nos libre de una situación compleja, es bueno analizar nuestros motivos. ¿Nos preocupa únicamente resolver el problema, o tenemos presente a Jehová y su propósito? Los sufrimientos pueden hacer que estemos tan atrapados en nuestras circunstancias que el interés por los asuntos espirituales pase a un segundo plano. Al pedirle a Dios que nos ayude, nunca perdamos de vista a Jehová, la santificación de su nombre y la vindicación de su soberanía. Todo esto nos ayudará a mantener una actitud positiva aunque no se materialice la solución que esperábamos. A veces Jehová responde a nuestras oraciones dándonos fortaleza para aguantar la situación

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Jonás le dice a Jehová: “En cuanto a mí, con la voz de acción de gracias ciertamente te haré sacrificio. Lo que he prometido en voto, ciertamente pagaré. La salvación pertenece a Jehová” (Jonás 2:9). Este episodio le enseñó a Jonás una importante lección: Jehová puede salvar a cualquier siervo suyo, sin importar el lugar y el momento. Nada pudo impedir que salvara a Jonás, ni siquiera el hecho de que se encontrara “en las entrañas del pez”

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Jonás 2:1, 2, 9, 10. Jehová escucha las oraciones de sus siervos y presta atención a sus ruegos (Salmo 120:1;
130:1, 2).

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Jonás huyó para no cumplir su asignación. Pero ‘desde su angustia clamó a Jehová, y él procedió a responderle. Desde el vientre del Seol gritó por ayuda, y Jehová oyó su voz’ (Jonás 2:2). Jonás hizo un ruego, Jehová se lo contestó, y el profeta se recuperó en sentido espiritual.

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jonás 2:1, 2.—Ciertamente Jonás no estaba en condiciones ideales para componer un poema mientras estaba en
“las entrañas del pez”. Pero después puso por escrito su experiencia. De la profundidad de su corazón surgieron palabras semejantes a las de los Salmos, las cuales expresaron sus sentimientos. (Compárese 2:2 con Salmo 120:1 y 130:1; 2:5 con Salmo 69:1.)

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jonás después de salir del pez, sin dudarlo un instante, “se levantó y fue a Nínive según la palabra de Jehová” (Jonás 3:3). Es obvio que aprendió de sus errores, pues obedeció de inmediato. He aquí algo más que podemos imitar del fiel Jonás. Está claro que todos pecamos y cometemos errores (Romanos 3:23). Pero ¿cómo reaccionamos? ¿Nos damos por vencidos? ¿O aprendemos de nuestros errores y regresamos al buen camino?

-----------------------------------------------------------------------------------------------No sabemos exactamente de qué forma Jonás comunicó las palabras de Jehova. Puede que supiera hablar el idioma o que Jehová le concediera dicha habilidad de forma milagrosa. También es posible que Jonás se valiera de un intérprete para traducir el hebreo a los ninivitas. Sea como fuere, su mensaje era claro y no precisamente agradable: “Solo cuarenta días más, y Nínive será derribada” (Jonás 3:4). Habló con determinación y repitió el mensaje varias veces, y así demostró que tenía gran fe y valor. ¿No es cierto que los cristianos necesitamos hoy más que nunca esas cualidades?

-----------------------------------------------------------------------------------------------“El Dios verdadero llegó a ver las obras de ellos, que se habían vuelto de su mal camino; y por eso el Dios verdadero sintió pesar en cuanto a la calamidad de que había hablado que les causaría; y no la causó.” (Jonás 3:10.) ¿Por qué no castigó Jehová a los ninivitas? ¿Concluyó que los había juzgado mal? No. Su juicio no podía estar equivocado, pues la Biblia dice: “Perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia” (Deuteronomio 32:4). Lo que ocurrió fue sencillamente que su justa ira se aplacó. Vio que aquellas personas habían cambiado y decidió que ya no era necesario castigarlas, sino mostrarles misericordia y compasión.

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La Biblia indica que, en tiempos de Jonás, los habitantes de la ciudad asiria de Nínive desconocían “la diferencia entre su mano derecha y su izquierda”. En otras palabras, carecían de un buen criterio para juzgar lo que estaba bien o mal a los ojos de Dios. ¡Cuánto debía de afectar este ambiente a la conciencia de los ninivitas desde su más tierna infancia! (Jonás 3:4, 5) Hoy, igualmente, la actitud de quienes nos rodean tal vez influya en nuestra conciencia.

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Jonás 3:3. ¿Por qué se dice que el tamaño de Nínive equivalía a una “distancia de tres días de camino”? La
antigua ciudad de Nínive era tan grande que tomaba tres días rodearla a pie. Probablemente abarcaba otros asentamientos situados entre Jorsabad, al norte, y Nimrud, al sur. Todos ellos formaban una especie de cuadrado con un perímetro de 100 kilómetros (60 millas).

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Jonás 3:4. ¿Tuvo que aprender Jonás el idioma asirio para predicar a los ninivitas? Puede que Jonás ya supiera
dicho idioma o fuera facultado milagrosamente para hablarlo. O tal vez pronunció su breve mensaje en hebreo, y alguien hizo de intérprete. En este caso, es posible que las palabras de Jonás hayan despertado aún más curiosidad.

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Jonás no se alegró ni por el arrepentimiento de los ninivitas ni por la misericordia que les mostró Jehová. Más bien, se sintió herido en su orgullo y se dejó llevar por el resentimiento y la autocompasión. Pero a pesar del caprichoso enojo de Jonás, Dios seguía viendo algo bueno en él. Así que, en lugar de castigarlo por su falta de respeto, le formuló con paciencia una pregunta para hacerlo razonar: “¿Es con razón que te has enardecido de cólera?” (Jonás 4:4).

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Jonás también “siguió pidiendo que su alma muriera” cuando estaba sufriendo (Jonás 4:8). Efectivamente, el alma muere cuando la persona muere: no es inmortal. Visto, pues, que la persona y el alma son lo mismo, decir que alguien ha muerto equivale a decir que su alma ha muerto.

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Al ver que los habitantes hicieron caso a su advertencia, Jehová decidió perdonarlos y preservar la ciudad. ¿Cómo se sintió el profeta? “A Jonás, [...] esto le desagradó sumamente, y llegó a estar enardecido de cólera.” (Jonás 4:1.) Pensó que Jehová estaba cometiendo una gran injusticia. Es obvio que Jehová, quien puede leer el corazón y “es amador de justicia y derecho”, no estaba equivocado (Salmo 33:5). Jonás no tuvo otra alternativa que admitir que la decisión de Jehová estaba en armonía con su justicia perfecta. Cuando creamos que se ha cometido una injusticia con nosotros, preguntémonos: “¿Verá Jehová la situación de un modo diferente?”.

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Jonás 4:1-4. Ningún ser humano puede poner límites a la misericordia de Dios. Debemos tener cuidado para
nunca criticar los actos de misericordia de Jehová.

Jonás 4:11. Jehová es paciente y permite que el mensaje del Reino se predique por toda la Tierra porque siente
lástima por quienes no saben la diferencia “entre su mano derecha y su izquierda”, como los 120.000 ninivitas. Nosotros también deberíamos sentir compasión por la gente y participar con entusiasmo en la predicación del Reino y en la obra de hacer discípulos (2 Pedro 3:9).

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“Oró a Jehová y dijo: ‘Ah, pues, oh Jehová, ¿no era este un asunto mío, mientras yo estaba en mi propio suelo? Por eso proseguí y huí a Tarsis; porque sabía que tú eres un Dios benévolo y misericordioso, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa, y que sientes pesar en cuanto a la calamidad’” (Jonás 4:1, 2). Pese a conocer las cualidades de Jehová, en aquel momento fue presa del resentimiento y no compartió el punto de vista divino en cuanto a los arrepentidos habitantes de Nínive.

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Jonás se molestó cuando estos se arrepintieron gracias a su predicación. Le preocupaba tanto su propia reputación de profeta que no le interesaba nada, o prácticamente nada, la vida de miles de ninivitas (Jonás 4:1-3). Si somos presuntuosos y nos damos excesiva importancia, puede que se nos haga difícil mantener un enfoque imparcial y certero de la gente y de lo que ocurre a nuestro alrededor.

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A Jehová le pareció que esa actitud de los ninivitas de arrepentirse y poner Fe en el Dios verdadero, merecía que lo perdonara, y así lo hizo. “A Jonás, sin embargo, esto le desagradó sumamente, y llegó a estar enardecido de cólera.” (Jonás 4:1.) La reacción de Jonás a la misericordia de Dios fue sorprendente. ¿Por qué se encolerizaría con Jehová? Parece ser que estaba preocupado por sus propios sentimientos y pensaba que iba a perder el respeto de la comunidad. No comprendió la misericordia divina. Jehová bondadosamente hizo que Jonás pasara por una experiencia que le ayudó a cambiar de actitud y a ver el sobresaliente valor de la misericordia de Dios (Jonás 4:711). Es patente que era Jonás, no Jehová, quien tenía que modificar su punto de vista.

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Con el tiempo, Jonás concordó en llevar a cabo su misión, pero se encolerizó cuando la gente de Nínive se arrepintió. De modo que Jehová le enseñó una buena lección sobre la compasión haciendo que se secara y muriera la calabaza vinatera en cuya sombra se había refugiado (Jonás 4:1-8). Hubiera sido más apropiado que Jonás sintiera lástima por los 120.000 hombres de Nínive que no sabían “la diferencia entre su mano derecha y su izquierda” que por la muerte de la planta (Jonás 4:11).

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¿Tenía Jonás alguna razón válida para quejarse? ¿Era injusto que Jehová tuviera misericordia a pecadores arrepentidos? En realidad, Jonás debería haberse alegrado; decenas de miles de personas iban a salvarse de la destrucción (Jonás 4:11). Pero su actitud irrespetuosa y quejumbrosa mostraba que no confiaba plenamente en la justicia de Jehová. Pensaba demasiado en sí mismo y muy poco en los demás. Aprendamos de Jonás y mantengámonos a nosotros mismos, y también nuestros sentimientos, en un segundo plano. Debemos tener la convicción de que obedecer a Jehová, seguir las directrices de su organización y aceptar Sus decisiones es lo propio. Estamos convencidos de que “les resultará bien a los que temen al Dios verdadero” (Eclesiastés 8:12).

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