P. 1
el cartero

el cartero

|Views: 31|Likes:

More info:

Published by: Alanko Soluciones Familiares on Apr 19, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOC, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

11/13/2012

pdf

text

original

ÑOLOS EL CARTERO ENAMORADO

Desde muy temprano, Ñolos, el cartero de Alandrin, sale a repartir las cartas y los paquetes por todo el pueblo. En un morral grande y resistente Ñolos lleva los mensajes y regalos que amigos y familiares de otros pueblos envían a los alandrineses. A las siete de la mañana Ñolos da unos golpecitos en la primera casa de su recorrido que suele ser la de Suelo, el zapatero. – Toc-toc-toc... – ¿Quién es? –dice el zapatero. – Soy yo, Ñolos. Te traigo una carta de tu hija Tris. Viene desde Achix. – La estaba esperando desde hace varios días. Gracias, Ñolos –dice Suelo, abriendo la puerta–. Oye, ¿me acompañas a desayunar? Tengo pan recién salido del horno. – Gracias, amigo, pero voy de paso. El recorrido continúa por la casa de Rojo, el pintor. De allí, Ñolos pasa a la casa de Alba, que tiene un gallinero. Luego siguen Fruti, que prepara los jugos de frutas más deliciosos de la región, Santi, el entrenador de fútbol; Sebastián, el carpintero, y Plumber, el plomero. Así, de casa en casa, Ñolos va entregando el correo que tanto esperan sus paisanos. ¡Qué felicidad sienten ellos al recibir las cartas que Ñolos les entrega! y siempre, cuando el cartero toca a la puerta, es bienvenido y todos en Alandrin tienen gran amistad con él. A Ñolos le gusta mucho ser cartero. Además de poder visitar todos los días a sus amigos, le encanta examinar cada sobre con atención. Le divierte ver los dibujos y los colores de las estampillas y sobre todo tratar de leer en voz alta los nombres de los pueblos lejanos como Yibuti, de donde le envían recetas de helados a Freeze; Chicotilan, donde Cloca tiene una prima; Uropin, donde viven los tíos de Madeja la tejedora, o Isla de O, la isla donde vive Gafitas, un antiguo profesor de Alandrin. Pero Ñolos no fue siempre un cartero feliz. Hubo una época en la cual a pesar de lo mucho que le gustaba repartir cartas, no podía evitar sentirse cada día más triste. La causa de tanto pesar era que él, el propio cartero de Alandrin, no tenía nadie que le escribiera una carta y no tenía tampoco a quién escribirle. Ñolos no podía evitar un hondo suspiro cada vez que entregaba una carta y, a pesar de ser amigo de todos en el pueblo, se sentía des-cartado. En todo su recorrido por las casas de Alandrin sólo había un momento en que Ñolos se sentía verdaderamente feliz. Era cuando llegaba el turno de entregarle las cartas a Dedal, la costurera. – “¡Qué linda es la costurera! –pensaba el cartero y se peinaba y se arreglaba antes de tocar a su puerta. Toc-toc-toc... – ¿Quién es? –preguntaba Dedal. – Soy yo, Ñolos, y te traigo una carta de Nina la costurera de Ravapindi –respondía el

cartero, con las mejillas todas rojas y el corazón que se le explotaba. La costurera, que era muy trabajadora, nunca tenía tiempo para charlas con Ñolos y apenas si se despedía. El cartero, por su parte, era tan tímido que no se atrevía a decirle que estaba enamorado de ella. Una noche, mientras ordenaba las cartas que debía repartir al día siguiente, Ñolos tuvo una idea que le iluminó el rostro con una gran sonrisa: “Voy a escribirle una carta a Dedal. Le diré lo que siento por ella sin que sepa que soy yo”. Y así fue como por primera vez en su vida, el cartero de Alandrin escribió una carta. «Hola , Dedal: Espero que cuando abras este sobre estés contenta y no te hayas pinchado ningún dedo con la aguja de coser. Tú no me conoces, pero yo sí a tí. Tú me encantas, Dedal. Tus ojos son como dos aceitunas y tus mejillas como dos bellas naranjas. Tu nariz es muy graciosa y tus labios parecen dos pétalos de rosa. Dedal, eres una niña muy bella, yo te quiero mucho.» Ñolos dobló el papel y lo metió en el sobre junto con una florecita silvestre. Al día siguiente Ñolos salió a repartir sus cartas silbando de alegría pero al llegar frente a la puerta de Dedal se puso muy nervioso. Toc-toc-toc... – ¿Quién es? –preguntó Dedal. – So-soy yo, Ñolos. Te tra-traigo u-una carta. – ¿De dónde viene? ¿De quién es? –dijo Dedal emocionada al abrir la puerta. – No, no sé –dijo Ñolos con las mejillas todas rojas y el corazón que se le explotaba. – Bueno, hasta luego Ñolos –respondió la costurera sin siquiera mirar al cartero. Al día siguiente, cuando Ñolos volvió a la casa de Dedal para llevarle una revista, ella ya estaba esperándolo en la puerta desde mucho antes. – Buenas, Ñolos, ¿qué cartas me traes hoy? –preguntó impaciente la costurera. – Buenas, Dedal –dijo Ñolos con emoción–. Te traigo una revista que viene de Ivigtut. – Y... ¿nada más? – No. Nada más –dijo Ñolos. – ¿No me traes otra carta como la de ayer? –preguntó Dedal muy curiosa. – No, Dedal, nada más –dijo el cartero ordenando su morral con aire despreocupado. – Bueno, hasta luego, Ñolos –dijo Dedal decepcionada. Ñolos se dio cuenta de que su carta había tocado el corazón de la costurera y como no quería que ella estuviera triste repartió rápido las cartas que le quedaban y se fue a su casa a escribir otra carta para Dedal. «Hola, Dedal: Ojalá te haya gustado mi primera carta. Te escribo nuevamente porque siento deseos de hablar contigo. Cómo me gustaría charlar contigo una eternidad. A mí me encanta pasear por el bosque, pero solo no me gusta ir, si tú me acompañas, ¡qué feliz sería yo! Me gusta mucho leer, pero me da pereza hacerlo para mí solo si tú quisieras escuchar conmigo ¡que feliz sería yo!

Me gusta cocinar pero no para mi, mi plato favorito es carne a la jardinera, que feliz seria si pudiera compartirlo contigo. Me gusta jugar al escondite, pero no tengo con quién jugar, si tú quisieras jugar conmigo, qué feliz sería yo.» Ñolos dobló el papel y lo metió el sobre junto con una florecita silvestre, como la primera vez. Al día siguiente Dedal estaba en el balcón de su casa esperando a Ñolos desde muy temprano. – ¡Hola, Ñolos! ¿Qué carta me traes hoy? –preguntó la costurera apenas vio aparecer a Ñolos en su calle. – ¡Hola, Dedal! –dijo el cartero, un poco más tranquilo que los otros días–. Te traigo estas revistas y... una carta. – ¿Una carta? ¿De quién? –dijo Dedal, quitándole el sobre de las manos al cartero. – No lo sé –dijo Ñolos risueño. – ¡Oh! ¡Qué bueno! ¡Hasta luego, querido Ñolos –dijo Dedal casi cantando. Ñolos también quedó muy contento por el resto del día. Desde entonces el cartero empezó a escribir una hermosa carta de amor a Dedal todas las noches. La costurera recibía el correo feliz y Ñolos, al ver que sus cartas eran tan bien acogidas, escribía y escribía y escribía cada vez cartas más bellas. Los días fueron pasando y Ñolos quería confesarle su amor a Dedal. Quería pasear y conversar con ella. Cada vez que le entregaba una carta y Dedal preguntaba: “¿de quién es?”, él siempre estaba a punto de contestar: “mía”. Pero Ñolos era tímido y pensaba que la costurera nunca lo iba a querer como quería a sus cartas. Dedal cada día se conformaba menos con sus cartas y deseaba conocer la persona que escribía aquellas frases tan hermosas. Su curiosidad empezó a crecer y a crecer... Un día Ñolos dejó la casa de Dedal para el final de su recorrido, pues había decidido hablarle a la costurera. Pensó pedirle a Dedal que le hiciera una nueva chaqueta de cartero, así tendría la oportunidad de estar más tiempo con ella. Al llegar a la casa de Dedal, Ñolos se peinó, estiró sus medias y tomó aire queriendo darse fuerzas. Después de entregar la carta a la costurera, le dijo: – Dedal, quisiera que tú me hacieras una nueva chaqueta de cartero. – ¡Claro, Ñolos! Te la haré con mucho gusto. Sigue y te tomo las medidas –respondió Dedal muy atenta. En el taller Ñolos se quitó su vieja chaqueta de cartero y Dedal empezó a tomarle las medidas. – Manga: 63 cm, talle 55 cm, cintura 87 cm –iba diciendo y anotando la costurera. – Oye, Ñolos, ¿por casualidad tú no sabes quién me envía esas cartas que me traes todos los días? –preguntó de repente Dedal. – Pues, es que... no, la verdad... yo no sé –respondió Ñolos, tan nervioso que hasta le

temblaban las piernas. – Está bien ¡Qué pesar! –dijo Dedal y siguió tomando las medidas a Ñolos. Cuando terminó, la costurera pensó: “¡qué cartero tan guapo!” Ñolos se despidió rápidamente de Dedal y se fue a su casa corriendo a escribirle otra carta de amor. Dedal seguía esperando las cartas que Ñolos le traía y como pasaba horas leyéndolas y releyéndolas, no avanzaba mucho en su trabajo y cometía errores al coser la tela. A Ñolos no le importaba nada su nueva chaqueta de cartero. Para él era un placer pasar horas probándose y conversando con ella. Una tarde cuando la chaqueta por fin estaba casi terminada, Dedal le preguntó a Ñolos si quería quedarse a comer con ella. – ¡Claro, Dedal! –contestó Ñolos–. Pero yo cocino. Te preparé carne a la jardinera, que es mi especialidad. – ¡Delicioso! –respondió Dedal y quedó pensativa– “¿carne a la jardinera? Eso me recuerda algo...”. Ñolos había empezado a cocinar y ella tenía que poner los platos en la mesa y las flores, que, como todos los días, le trajo el cartero en un florero. Cuando las estaba arreglando cayó en la cuenta de que eran las mismas que el escritor misterioso ponía siempre entre sus cartas. “Florecitas silvestres, qué casualidad...” –pensó Dedal–. La carne que preparó Ñolos estaba sabrosísima; y cuando terminaron de comer, Dedal le propuso al cartero que jugaran un partida de ajedrez – No, Dedal, mejor juguemos al escondite, es más divertido –dijo el cartero espontáneamente. Dedal aceptó y se fue a esconder de primera. Cuando estaba entre el baúl en que guardaba los retazos, pensó nuevamente en las cartas y el cartero: “...escondite...”. Jugaron un buen rato hasta cuando la costurera se sintió ya muy cansada. Ñolos, que estaba feliz y lleno de ánimos, al despedirse le dijo desprevenidamente a Dedal: – ¿Te gustaría ir a pasear conmigo al bosque mañana domingo? ¡Qué feliz sería yo! – Está bien, Ñolos –le contestó María. Esta vez la costurera confirmó sus presentimientos y pensando y pensando se quedó dormida en un asiento junto a la ventana. Al día siguiente Ñolos fue a buscar a Dedal para ir al bosque. La costurera le entregó la nueva chaqueta de cartero y él se la puso para estrenarla durante el paseo. Cuando ya estaban en el bosque, dedal le preguntó a Ñolos mirándolo fijamente: – ¿De qué color crees tú que son mis ojos? – Son color aceituna –contestó Ñolos inmediatamente. – ¿Y mis mejillas, Ñolos? –siguió preguntando la costurerita. – Son como dos naranjas –contestó Ñolos sin mirarla. –¿Y mi nariz? ¿No es cierto que es grandísima? – ¡Dedal! ¡Estás bromeando. Tú tienes una nariz maravillosa –dijo Ñolos mientras recogía unas flores silvestres. – Ñolos, la última pregunta: ¿te gusta leer?

– Me encanta leer–contestó el cartero, entregándole a Dedal un ramito de flores silvestres. Sin saberlo, ¡Ñolos se había delatado! Al regresar a casa la costurera se despidió rápidamente del cartero y se sentó inmediatamente a escribir esta carta: «Martes 18 de mayo Querido Ñolos: Espero que cuando abras este sobre estés contento y no te duelan los pies de tanto caminar. Yo te conozco muy bien y te quiero mucho. Tú, me encantas, Ñolos. Si tú quisieras prepararme ese deliciosa carne a la jardinera otra vez, ¡qué feliz sería yo! Si tú quisieras jugar conmigo al escondite otra vez, ¡qué feliz sería yo! Si fuéramos a pasear por el bosque otra vez, ¡qué feliz sería yo! Además las flores que tu me regalas son las más lindas del campo; y tus cartas, mi lectura preferida. Me gustaría mucho hacerte otra chaqueta para estar contigo otra vez. Me gustaría hacerte muchas chaquetas más! Dedal.» María dobló el papel y lo metió en el sobre con una florecita silvestre. Al día siguiente, cuando Ñolos terminó de hacer el reparto, encontró una última carta entre su morral. “Para Ñolos el cartero de Alandrin”, decía el sobre... Ñolos no lo podía creer. Finalmente, el cartero de Alandrin, por primera vez recibió una carta.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->