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24.06.2007 | Clarin.com | Sociedad ANIVERSARIO

Ronda de reconocimiento

Les Luthiers, la banda de músicos actores más graciosa de todos los tiempos, cumple cuarenta años. En una charla –mitad seria, mitad desopilante–, los cinco grandes del buen humor confiesan cómo es la verdadera relación entre ellos y lo que sufren cada vez que montan un nuevo espectáculo.

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texto Daniel dos Santos / fotos Enrique Rosito

Se ve al público desde el escenario? "Sí, sobre todo ellos dos que están sentaditos y que tienen largas parrafadas frente

a los espectadores", dice López Puccio mirando a Mundstock y a

Rabinovich. "Cuando estamos en penumbras ahí atrás, nosotros nos aburrimos y miramos", hace yunta Núñez Cortés. En silencio, pero con intuido beneplácito, a Maronna se le alegran los ojos. Rabinovich:

Hay otros que no tenemos tiempos para mirar al público. Estamos al mango trabajando.

Bueno

supongo que cobrarán más.

Rabinovich: Por supuesto

que no.

Son las primeras risas de este reportaje a Les Luthiers. López Puccio, que es Carlos; Mundstock que es Marcos; Rabinovich, que es Daniel; Núñez Cortés, que es también Carlos y Maronna, que es Jorge, corporizan las piezas de rompecabezas de este grupo tan notorio como indefinible, que hechiza a seguidores diversos con la misma efectividad, aquí y en otras partes. Pero el todo es más que las partes, aunque no pueda explicarse más que por las partes. O algo así. Veremos.

Yo preparé unas preguntas, una especie de libreto.

Núñez: O sea, vos no improvisas.

Mundstock (contesta por el periodista): Sí, pero cuando escribe la nota.

Y después andá a reclamarle ya sabés a quién.

Ya empezamos entonces. Mundstock:Hablamos de lo que vos quieras

Sin los escenográficos esmóquines, de un sport elegante, sentados alrededor de una mesa ratona cuadrada en una sala generosa del Grand Rex, un observador objetivamente desinteresado vería con respecto a una fotografía tomada al comienzo del grupo que: Rabinovich perdió hace mucho su barba, López Puccio no se tiñe su holgada cabellera,

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Núñez Cortés conserva, pero en tono gris, su barba y melena tipo caudillo, Maronna extravió su abigarrado bigote y Mundstock continúa sin pelo. Están más viejos, se diría. Pero el periodista no es desinteresadamente objetivo y, en cambio, ensaya un "¿Cómo? ¿Ya pasaron 40 años?". No importa demasiado. Aquellos de la foto y estos de aquí siguen pensando.

Dicen que con el sufrimiento se crece.

¿Con el humor pasa algo parecido?

Rabinovich: Lo que seguro no se puede es hacer humor con el sufrimiento. El humor es un alivio para las tensiones. A la gente le hace bien y a nosotros también.

Maronna: En épocas de preestreno sufrimos bastante con el humor porque es duro encontrar las ideas, las obras que funcionen.

Mundstock:Es cierto que con el dolor se crece. Los procesos de crisis sirven para hacer los cambios. Con el humor no se crece, pero se me ocurrió que es la flor que le sale al árbol, para lo cual tuvo que curarse. Lo que pasa es que aun en los procesos dolorosos hay humor.

López Puccio: No sé si crecer es la palabra, pero el humor te alerta, te despierta, te conecta con ideas, con posibilidades. Es como jugar a un juego lindo que de pronto parece inútil. Por ejemplo, jugar al ajedrez. Se crece con el ajedrez. Yo creo que sí, te conecta neuronas.

Mundstock (otra vez): Se sabe que para prevenir la decrepitud mental inevitable es bueno hacer ejercicios de ingenio. Con el humor sería hacer eso, pero más a nivel de los sentimientos. Debe ser bueno ejercitar la capacidad de divertirse con las cosas para que el Alzheimer espiritual te agarre más tarde.

Núñez:Se crece con el buen humor, porque yo sé que hay programas de tevé que son justo para atrás. No sólo no se crece sino que se anastomosa (se aplasta) el espíritu.

Somoza(risas).Yo dentro de mi humilde experiencia que se refiere a mi persona, tengo extremos. Me río con cosas dentro de mi repertorio más refinadas y me río con otras que son más burdas. Me puedo llegar a

matar de risa

poco más de vino. Y ni siquiera (por lo del vino).

incluso con ustedes en un asado cuando tomamos un

López Puccio:¿En qué categoría está ese humor?

Núñez: Bajísimo.

Mundstock: Ese es el otro extremo (risas). Está hecho de cosas muy

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elementales y también me hace bien al alma. Para que no se sientan implicados, puedo matarme de risa con mis amigos del fútbol: llegamos

a

reírnos a los gritos de cosas elementales.

Y

creo que ahí se crece.

Rabinovich: Lo que es seguro es que alivia. Se crece cuando se trabaja con la imaginación un poco más.

¿Hay un humor inteligente y otro que no lo sea?

Mundstock:Está toda la gama, desde el elemental al más pensado.

Cuándo están preparando un espectáculo, ¿piensan en el público que los va a escuchar? Es decir, ¿se privan de decir algo que puede ser rebuscado?

López Puccio: ¿Una cierta censura?

Mundstock: No es que nos privemos a esta altura. Diseñamos cosas para que se entiendan en la franja donde tenemos un maravilloso diálogo. Pensamos a quién le estamos hablando. Cómo son esas multitudes que van a venir a vernos.

Ustedes son una marca registrada. ¿El público quiere ver lo que sabe que hacen o busca sorpresas?

Mundstock: Sé que es una mezcla de ambas cosas, lo que no sé es la proporción. En qué momento van a decir "huy, otra vez lo mismo"o en que momento sentenciarán "ah no, me gustaba más antes" (risas). López

Puccio: A mí me da la sensación de que un 60 por ciento quiere lo nuevo

y un 40 busca lo clásico. Rabinovich: Pero hay un aplauso y una risa

(porque el público llora de risa) y unos gritos que me conmueven: es cuando se enciende la luz y salimos los cinco. Y ahí todavía no hicimos

ningún chiste.

Mundstock: Eso debe ser por lo de antes, no por lo nuevo (risas).

¿El humor tiene ideología? Rabinovich: Les Luthiers tiene una estética y una ética para el humor. Lo que te decía antes, no hacer bromas con las grandes tragedias, con el genocidio, o hacer chistes soeces. Ahí hay ideología.

Maronna: Hay opinión en el humor.

Rabinovich: En cuanto a la cosa política debe colarse por algún lado que somos tipos pensantes. Que ninguno de nosotros es un facho.

Mundstock: Hablá por vos (risas).

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Rabinovich: Ninguno de ellos es un facho.

López Puccio: Que la mayoría no son fachos.

Rabinovich:Hay algunos que no son fachos (risas).

Mundstock:Pasa que el humor, por su naturaleza de tomarse más relativamente las cosas, se parecería a ideologías más liberales.

¿Y cómo se metieron en esto de ser músicos actores? Una actriz española dijo: "Cuando yo era una chica me dijeron que era autista, pero yo entendí artista, y por eso estoy acá".

Núñez:Yo llegue acá porque me gustaban la música y el humor. Me gustaba la música y me anoté en el coro de Ingeniería y allí conocí a mis compañeros. Y me gustaba el humor porque cuando Gerardo Masana (fundador del grupo) dijo que quería hacer una ópera en joda, Il figlio del pirata, me anoté.

Mundstock: Intenté cosas parecidas hasta que ocurrió este milagro que es Les Luthiers, esa mezcla mágica de distintos elementos que dio algo totalmente nuevo. Uno por distintas razones estuvo aquí cuando Les Luthiers tuvieron vida propia y cada uno siguió cultivando lo necesario para que siga existiendo. En mi caso, tengo una historia de niño de contar chistes a los grandes. También tenía una predisposición a la actuación. Y tuve la gran suerte de integrar Les Luthiers pese a los intentos de mi parte malvada de estudiar Ingeniería.

¿El único que siguió una carrera sistemática en la música fue López Puccio?

López Puccio: Sí, yo terminé una carrera. Y sigo haciendo música. Mundstock:Músicos formados hay varios, pero el que llevó la cosa académica hasta sus últimas consecuencias fue Carlos. L. Puccio: Hasta la licenciatura. Rabinovich: Le falta el doctorado risas).

Usted es abogado.

Rabinovich: Sí, estudié Derecho. Pero empece con el violín a los 7; a los 13 me metí con la guitarra y después canté en coros, tuve grupos de

canto y de folclore

Les Luthiers, y no de entrada sino mucho después.

Pero de actuación, cero. La actuación me vino con

¿Y hubo dudas alguna vez?

Rabinovich: No. Yo sabía que tenía que estudiar Derecho por razones familiares. Me gusta el derecho pero no el ejercicio y tuve la suerte de

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prácticamente no hacerlo. Puccio: El profesor de violín le decía mientras lo escuchaba: "Abogacía, abogacía" (risas).

Rabinovich: Mi segundo profesor de violín estudiaba Derecho y tocaba en la orquesta juvenil de radio Nacional que se presentaba en Derecho. El director era Teodoro Fuchs. Por eso yo conocí la facultad a los diez años. Me gustaba muchísimo la música clásica. Después el folclore y muchísimo después la música popular y el jazz.

Mundstock:Entró en Derecho porque creía que era entrar a la orquesta (risas).

Maronna:Yo estudiaba guitarra en Bahía Blanca. Después seguí aquí y me dediqué largamente a la composición con profesores particulares. En la UCA hice el ingreso y un año de composición. Eso coincidió con los comienzos de Les Luthiers. ¿Son divertidos en la vida? Porque uno tiene una idea, errónea seguramente, de que alguien que viene del humorismo no se enoja, no sufre.

Rabinovich:Yo, por ejemplo, soy un tipo bastante mufado. Es una profesión; cuando ejerzo sí puedo ser muy divertido. Es como un cirujano, uno no piensa que está en su casa operando todo el tiempo.

Mundstock:Ahí la profesión va por dentro. Yo tengo altibajos.

Rabinovich: A veces está mufado y a veces muy mufado (risas).

Mundstock: A veces estoy de buen humor y en mi casa hago chistes y

festejan

o fingen festejar (risas).

Rabinovich: Pero acá, dentro del grupo, nos pasa a los cinco: hay días en que estamos enchufados o mufados. Eso va y viene, la vida suele ser tan dura a veces

Maronna: Yo soy muy serio. Muy parco además.

López Puccio: Y no digo más (risas).

Maronna: No puedo decir más.

Núñez:Yo suelo ser chacota. Tengo un enfoque bastante optimista y humorista de la vida, de las relaciones y con la gente que uno frecuenta un poquito eso se va gastando.

López Puccio:Todas las parejas sufren ese declive. Sobre todo cuando le

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empiezo a contar el mismo chiste por tercera vez (risas).

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Rabinovich:Yo les reconozco a ellos sus aspectos divertidos a más no poder. Me puedo morir de risa con sus actuaciones, pero tienen unas mufas que son insoportables a veces; peleas, durezas y rigideces que me digo "cómo puede ser". Y conmigo pasa lo mismo. Eso va y viene en el ser humano, además de la profesión. Núñez (señalando a López Puccio):

El no dijo nada, señor (risas). López Puccio: Creo que soy bastante divertido. Por ejemplo mis lecciones de coro son muy divertidas.

¿Y cómo se llevan entre ustedes? ¿Son sólo compañeros de trabajo, son amigos, lo fueron y ahora ya no?

Rabinovich:La respuesta es sí y mucho más. Es un grupo elegido en el cual elegimos seguir estando. Es una bendición pertenecer a él. Somos una mezcla rara de amigos, de hermanos sin padres en común pero con muchos hijos en común. Es rarísimo. Y va y viene con los humores, con

las épocas difíciles de cada uno. Se dan parejas, tríos

papas queman estamos los cinco juntos y haciendo fuerza. En los

estrenos, en el laburo.

Pero cuando las

Alguna vez consultaron a un psicoanalista (Fernando Ulloa). ¿Siguen con él?

Mundstock:Tuvimos unos años de hacer terapia de grupo con él.

López Puccio: Unos

quince.

Rabinovich: Unos 20. Del '73, cuando se murió el flaco (por Masana) hasta el '92.

Si lo siguieron tanto tiempo es porque le encontraban alguna utilidad.

López Puccio: Nos vino muy bien.

Núñez:Hubo muchas crisis a lo largo de esos años.

Rabinovich: Con él trabajábamos los cinco meses que estábamos en la Argentina. Una vez por semana, una hora y media. Y el trabajo era muy intenso a veces. En otras épocas, n cambio, los grandes conflictos o tensiones se ocultaban. Pero en general ayudó muchísimo a resolver problemas muy gordos, situaciones cerradas.

López Puccio: Y a poder discutir, intercambiar y hablar cosas del trabajo y de la convivencia que no nos animábamos de otra manera. Nos sirvió mucho como aprendizaje individual y grupal.

Ya no lo hacen, ¿están decantados?

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Rabinovich: No, desde el '92. Por ahí, la comunicación se resintió un poco frente a ese estadio que señalaba

Puccio. En estos veinte años también aprendimos mucho a convivir, a respetarnos, a bancarnos.

López Puccio: El hecho de tener esa sesión semanal obligaba a un intercambio, lo jerarquizaba. Era buenísimo. Y si alguien no hace ahora un esfuerzo para tenerlo, no existe.

Núñez (mirando al periodista): Si no era por vos, no estábamos acá.

¿Y se alaban o se critican en cuanto a la actuación? ¿Uno le puede decir al otro 'Che estuviste bárbaro' o 'Tecleaste'?

López Puccio: Más la primera parte (risas).

Mundstock: Pero hay una capacidad de corrección, de opinión

López Puccio: Con mucha cautela, amabilidad. Bah, para el halago hay menos cautela.

¿Cuál fue el mayor papelón del grupo?

Maronna:Papelones hay pocos por que cuando hay algún error en escena, la gente no se entera o supone que es parte del show.

Núñez: Una vez nos perdimos tocando y estuvimos cinco minutos para poder enganchar de nuevo.

Rabinovich:Me acuerdo de uno mío. Estaba cantando un bolero y me quedé con un blanco total. No me acordaba cómo seguía y estaba aterrado. Estaba recién infartado. Pero el grupo lo resolvió con mucho humor. Me acuerdo de Marcos haciendo payasadas. Tomé un calmante y me pusieron la letra para que la leyera. Yo lo viví como un gran papelón. Encima tengo buena memoria y me acuerdo.

Mundstock:Hicimos lo usual en estos casos. Pasar haciendo mímicas e 'ay qué desastre'. Hay papelones más temáticos, que por ahí vos inventás un chiste, lo largás y es un fracaso estruendoso y además uno se avergüenza porque encima calculó mal.

Rabinovich: En las partes de actuación que compartimos con Marcos siempre estamos prendidos en improvisar, aunque sean pequeñas cosas, silencios, miradas, una palabra, pero no hay muchas posibilidades de

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papelones porque uno está sosteniendo al otro. Las partes en que estás solo es otra cosa.

Mundstock:A veces el otro está saboteando lo que hacés (risas). Hablándote de otra cosa por lo bajo. No es que yo lo haga, eh (risas).

Rabinovich: No siempre lo hago.

Mundstock:Cuando lo miro con cara de por favor hoy no, afloja. Hay días en que uno no tiene la concentración necesaria para cambiar cosas. Otras veces sí y es gracioso.

¿La mayor alegría en el escenario?

Rabinovich: Para mí es actuar más que tocar y cantar.

Maronna: Para nosotros es muy conmovedor terminar un estreno con éxito. Es como el colofón de un esfuerzo que nos angustia.

Mundstock: Pasar la prueba.

López Puccio: Es muy hermoso. Y eso nos ocurre cada tres años con suerte.

Rabinovich: La etapa de preparación es de un sufrimiento enorme, nos enfermamos, nos morimos de miedo. Es un desastre.

¿Cómo se vive esa sensación de ser un clásico con esa necesidad de innovar?

López Puccio:Es que nosotros nunca nos propusimos renovar nada. Era un humorismo de calidad y punto. Después creemos que nos consolamos, y no es una palabra justa con nosotros, con que cada espectáculo que hacemos la gente se sigue riendo. Volverse un innovador cada tres años sería demasiado pretencioso. No me siento mal con la idea de ser un clásico. Me pone más contento que triste.

Rabinovich: A mí también. Lo que por ahí me pone más triste es el hecho de que al ser un clásico nos vayamos acercando al bronce.

¿Cómo se va a llamar el nuevo espectáculo que están ensayando?

López Puccio: Se hace una especie de concurso. El nombre surge al final. Se vota o se mejora alguno.

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¿Y cómo va a ser?

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Mundstock:Algo se puede decir: va a ser un espectáculo sobre las Cruzadas.

¿Se vestirán de época?

Rabinovich: A lo mejor alguno llega a ponerse un gorro.

Mundstock: Estamos viendo de cambiar de vestuario y archivar el esmoquin. Por otro lado habrá una cumbia del alienado en la ciudad.

López Puccio: Además, hay otro temain péctore.

Mundstock: Sí, en do de péctore.

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