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Vivienda Social, Una Mirada Desde El hábitat.

Vivienda Social, Una Mirada Desde El hábitat.

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Estudio sobre vivienda popular en Bogotá, Colombia
Estudio sobre vivienda popular en Bogotá, Colombia

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vivienda social

una mirada desde el hábitat y la arquitectura

Fernando Ospina Varón - Ramón Bermúdez Obregón
Fernando Ospina Varón - Ramón Bermúdez Obregón

vivienda social

una mirada desde el hábitat y la arquitectura

vivienda social

una mirada desde el hábitat y la arquitectura

Fernando Ospina Varón - Ramón Bermúdez Obregónz

Ilustración de la cubierta, Camila Barreto, 2008.
Diagramación Ramón Bermúdez, Juan Pablo Jojoa,
hecho en Gill Sans 8 pt.

Agradecimientos especiales a los que colaboraron
con nosotros en este proyecto: Luís Fernando Fique,
Helga María Rivas, Roberto Angulo, César Henao.

Corrección de estilo, María Claudia Orduz

la noción holística de Hábitat, adoptada en la Política
Integral del Hábitat, que se concibe como “…el terri-
torio cualificado por un conjunto de atributos donde
se localiza y mora el ser humano. Este ser humano lo
construye y lo transforma todo el tiempo” 2

.

No otra propuesta ética justificaría este empeño, de
que, parafraseando libremente a Le Corbusier en el
libro “La casa para el hombre”, la ciudad será para la
liberación y la realización del hombre o no será.

Fernando Ospina Varón, 2008

2

Angulo Roberto, Artículo “Hábitat y Bienestar” , Revista
Cuadernos de Hábitat, No. 1, enero – junio de 2007

A partir de una investigación que realizamos en
la Secretaría Distrital del Hábitat en el año 2007 1
,
identificamos cinco escenarios prospectivos para la
ciudad de Bogotá respecto al crecimiento urbano, a la
gestión del suelo y la provisión de vivienda social.

En este prólogo los resumimos en dos: el escenario
trágico y el escenario posible.

En el primero, la ciudad se sigue rigiendo por la ló-
gica de las rentas urbanas, profundizando la segrega-
ción socio-espacial, el agotamiento del suelo urbano,
el predominio del ámbito económico y el deterioro
de las calidades habitacionales de las soluciones de
vivienda.

1

“Estudio de caracterización y análisis de alternativas para
la actuación en la gestión del suelo urbano en el marco de la política del
Hábitat en Bogotá D.C.” Universidad Nacional de Colombia, Maestría de
Hábitat, 2007

El sector privado realiza prioritariamente sus inte-
reses. En esta perspectiva, se agota el suelo urbano
para la generación de soluciones de vivienda social,
obligando la ampliación del perímetro urbano y afec-
tando las zonas de alta fragilidad ecológica.

La ciudad crece “infinitamente”.

En el escenario posible, la ciudad trasciende la
perspectiva del ordenamiento del suelo dirigida
exclusivamente por la esfera económica, dando paso
a propuestas de intervención del territorio que
involucra además, las dimensiones sociales, culturales,
políticas, territoriales y ambientales. Se propician
políticas de descentralización y desconcentración
de las actividades urbanas en la región, conservando
un centro multifuncional articulado con la región
mediante la construcción de un sistema masivo de
movilidad, como de tecnologías de la información y
de la comunicación. Existe suelo urbanizado y vacante
en la ciudad y la administración distrital dispone
de voluntad política para intervenir el proceso de
ordenamiento, dando especial prioridad a la gestión
del suelo para la Vivienda Social.

Esperamos que la ciudad futura se planifique y se
construya con la lógica del escenario posible, el cual
será el paisaje propicio para desarrollar los proyectos
experimentales de vivienda social digna que la ciudad
demanda de manera urgente y que este estudio
propone.

De otra parte, nos interesa volver a retomar con
fuerza la capacidad que las disciplinas de la arqui-
tectura y el urbanismo tiene de diseñar y construir
ámbitos para la vida urbana y ciudadana digna, que
conformen la ciudad amable como calles, parques,
plazas y lugares de encuentro. También retomaremos

pórtico

Este documento es producto de una serie de
reflexiones y propuestas realizadas desde la Secre-
taría Distrital de Hábitat de Bogotá encaminadas a
establecer una discusión sobre la forma como se
está realizando la vivienda social en la ciudad. Al
abordar este problema, es necesario aclarar que
la oferta disponible (formal e informal) no logra
abastecer la demanda actual y en la mayoría de los
casos, no responde a las necesidades de la población
de menores ingresos. La intención es acercarse al
problema haciendo énfasis en la comprensión del tipo
de vivienda que se requiere y en el grupo poblacional
al que se debe dirigir. En otras palabras, es necesario
entender cuál es la demanda habitacional real en la
ciudad y comprender qué dificultad tiene el mercado
para encontrar la oferta suficiente para solucionar el
déficit estructural de la vivienda social.

Haremos primero una relectura del contexto en
el cual se produce la vivienda social en la ciudad,
en busca de establecer una definición del proble-
ma que permita desvelar las fallas que deberán ser
subsanadas. Tendremos en cuenta los dos aspectos
que se estudian de manera frecuente como el déficit
habitacional en la ciudad, el déficit cuantitativo y el
cualitativo, enfatizando la ruptura existente entre la
vivienda ofrecida y la vivienda requerida, tanto en
calidad, como en cantidad y asequibilidad.

La revisión del modelo de producción de vivienda
social actual y la identificación de algunas de sus
características, son la base para el planteamiento de
estrategias alternativas que permitan ofrecer una
vivienda ajustada a las necesidades reales de la po-
blación. Estas estrategias están acompañadas de una
visión sobre el desarrollo urbano, que se basa en la
importancia del tejido residencial como conformador
de ciudad.

Se definen modelos que además de ofrecer vivienda
para la población de menores recursos, tienen la
posibilidad de estructurar el entorno generando
dinámicas positivas para la ciudad.

De manera paralela, y como comprobación de lo
que se formula, se desarrolla una propuesta de for-
malización de las estrategias escogidas en un proyec-
to urbano y arquitectónico, el proyecto experimental
de Hábitat Adaptativo.

introducción

índice

12 vivienda social en Bogotá
34 definición del problema
42 estrategias
62 escenarios
74 conclusiones
76 bibliografía
78 créditos de las ilustraciones

12

13

Arriba, barrio La Perseverancia, Bogotá 1912.
Primer barrio obrero de la ciudad, desarrollado por
Leo Kopp, propietario de la Cervecería Bavaria.

Ala derecha, los barrios Acevedo Tejada, 1930
(Instituto de Acción Social) y Primero de Mayo,
1940 (Caja de Vivienda Popular) otros ejemplos de
vivienda económica en la ciudad.

vivienda social en
Bogotá.

El déficit habitacional expresa la diferencia entre
la situación actual y la meta requerida en términos
de cantidad de viviendas y es uno de los problemas
que aqueja a la ciudad actualmente. Este ha sido un
fenómeno constante en el desarrollo de la Bogotá
moderna.

La producción de vivienda social en Bogotá,
preocupación nacida en la primera mitad del siglo
XX con los primeros indicios de modernidad en la
ciudad, se caracteriza a lo largo de este período por
la intervención directa del estado y se transforma
hacia la década de los 90, al sistema de subsidios a la
demanda y entrega la producción de vivienda social
al mercado.

Saldarriaga y Carrascal (2006) proponen una crono-
logía dividida en 5 fases que evidencian los principales
cambios en la gestión y producción de vivienda social.

Para el caso, nos referiremos solamente a 4 fases a
saber: 1. la fase higienista; 2. la fase institucional; 3. la
fase UPAC y, 4. la fase de subsidios a la demanda.

Es interesante evidenciar cómo la producción de
vivienda social de cada período responde a las con-
diciones impuestas en el modelo vigente y se reflejan
en tipologías habitacionales particulares.

La primera legislación referente a la vivienda social
en Colombia, data de comienzos de los años 20 con
la ley 46 de 1918 de manera simultánea con muchos
países de América Latina y coincidiendo con el inicio
del “desarrollo industrial” de las principales ciudades
de la región. Las iniciativas anteriores se debían ya
fuera a empresas altruistas de origen privado, como
lo fue la Cervecería Bavaria en el barrio La Perseve-
rancia1

, o ya fuera a iniciativas de orígen religioso y
también a algunas propuestas estatales aisladas. Esta
primera etapa, se funda sobre los paradigmas higie-
nistas europeos de mitad del siglo XIX y responden
a la necesidad de proveer un ambiente saludable
en las nacientes periferias pobres de la ciudad. Este
período se caracteriza por la construcción de barrios
de vivienda unifamiliar en los bordes de la ciudad,
conformados por lotes contiguos agrupados en man-
zanas alargadas, pensadas para albergar las familias
pertenecientes a las incipientes clases obreras.

Al mismo tiempo, comienzan a surgir las diferentes
instituciones estatales que serán responsables de
generar oferta de vivienda social en los años 50.

1

El barrio La Perseverancia fue fundado en 1912, para al-
bergar a las familias de los trabajadores de la Cervecería Bavaria gracias
a una donación de su fundador Leo Kopp. “Todos los obreros pioneros de
Bavaria recuerdan a Leo Kopp con gratitud y cariño; él, para estimular a
sus obreros y por supuesto a la empresa, les ayudaba en la compra de
los lotes y en la construcción de las casas.” (Torres 1992), en http://www.
lablaa.org/blaavirtual/sociologia/pca/indice.htm.

14

15

Barrio Veraguas, Bogotá 1953.
Se desarrollaron varios tipos de vivienda diseñados
por diferentes grupos de arquitectos, entre ellos
Guillermo Bermúdez, Fernando Martínez y Jaime
Ponce. Las fotos y planos corresponden al modelo
de Bermúdez y Murtra, del cual se construyeron 32
unidades.

cortetransversal

El BCH (Banco Central Hipotecario) y el ICT (Ins-
tituto de Crédito Territorial), inicialmente fundados
para promover la vivienda rural, son las dos institu-
ciones estatales más importantes.

El fortalecimiento de estas instituciones y en
particular la inserción del ICT en la producción de
vivienda urbana desde 1942, marca el comienzo de
la segunda fase denominada institucional (Saldarriaga
y Carrascal, 2005). La necesidad de responder a un
déficit cada vez más amplio, requiere de medidas más
estructuradas en la producción de vivienda social.
Para ello, fue preciso aumentar la densidad y la
importación de modelos de vivienda foráneos que
propiciaran el surgimiento de proyectos multifami-
liares en altura, sin desplazar la tipología de vivienda
unifamiliar, que predominó a lo largo del siglo XX.

En este período la relación entre la vivienda estatal
y el oficio de la arquitectura se acercan para conso-
lidar los más importantes proyectos de vivienda del
país. Desde la segunda mitad de los años 40 muchos
de los proyectos de vivienda estatal, fueron diseñados
por varios de los arquitectos que conformaron “la
época de oro” de la arquitectura moderna colom-
biana2
.

Tanto el BCH como el ICT, las dos instituciones
de vivienda más importantes del país, produjeron
proyectos de vivienda económica de gran calidad
arquitectónica y urbana, tanto unifamiliar (Muzú-1949,
Quiroga-1951, Veraguas-1953) como multifamiliares
(CUAN- Centro Antonio Nariño-1958, Timiza-1966,
Fundación San Pablo-1967, Pablo VI primera etapa-
1967, Kennedy y Tunal Experimental-1971 y 1972

2

Nombre acuñado por Eduardo Samper en el libro “Arqui-
tectura Moderna en Colombia: Época de Oro”, Diego Samper Ediciones,
2000, Bogotá.

respectivamente).

Además de la sana relación de las instituciones con
el gremio de la arquitectura y la construcción, existió
un estrecho contacto con la academia y los centros
de pensamiento en temas urbanos. La más represen-
tativo de éstas instituciones fue sin duda el Centro
Interamericano de Vivienda y Planeamiento, CINVA,
financiado por la OEA e instalado en la Universidad
Nacional en Bogotá entre 1951 y 1974 (Saldarriaga y
Carrascal, 2005).

El CINVA permitió crear un puente directo entre
las instituciones, las teorías urbanas y las propuestas
habitacionales que se formularon en los diferentes
centros de vivienda en el primer mundo (el DPU
de Londres, el MIT de Boston y el Bouwcentrum de
Rótterdam).

La innovación tecnológica, la estandarización de
los procesos constructivos, los modelos de gestión

16

17

Página anterior, Ciudad Bachué, Bogotá 1978,
desarrollado por el departamento técnico del ICT y
los arquitectos Patricio Samper, Luis Tapias, Cesar
Moreno y Gregorio Martín. Se trata de un proyecto
de crecimiento progresivo en altura.

Sobre estas líneas, el barrio La Fragua, “casas por
ayuda mutua y esfuerzo propio”, ejemplo de auto-
construcción en la ciudad del año 1958, diseñado
por el arquitecto Germán Samper

cortetransversal

apropiados para las condiciones regionales y las
nuevas estrategias habitacionales fueron rápidamente
asimiladas por esas instituciones. Es así, como la au-
toconstrucción y el estudio de alternativas de creci-
miento de las periferias de los países en desarrollo se
convirtieron en propuestas regionales para solucio-
nar los problemas habitacionales. Estos casos fueron
expuestos por el arquitecto inglés John Turner en el
año de 1972, como una solución al déficit de vivienda
en América Latina materializado en proyectos como
Ciudad Bachué , construido por el ICT en Bogotá en
1978. Es preciso aclarar que ya existían ejemplos de
autoconstrucción organizada en Colombia, como el
barrio La Fragua , desarrollado por Germán Samper
dos décadas antes, al margen de la influencia de las
instituciones estatales.

primerpiso

segundopiso

tercerpiso

cortetransversal

18

19

Página anterior, barrio Los Alcázares, Bogotá 1949,
desarrollado por el ICT y diseñado por el arquitecto
Jorge Gaitán Cortés, utilizando sistemas estandari-
zados de construcción.

Sobre estas líneas, el barrio Quiroga, construido
con bóvedas prefabricadas de concreto al vacío
o “vacuum concrete” en 1951, diseñado por los
arquitectos Ortega y Solano y el departamento
técnico del ICT.

A través del CINVA, una generación de funciona-
rios estatales de varios países latinoamericanos fue
formada en temas de vivienda y ciudad, dando orígen
a un grupo de gestores públicos altamente capacita-
dos para producir soluciones habitacionales de gran
calidad.

Iniciativas públicas como el barrio Quiroga en
Bogotá, proyecto de 1951, que propuso una de
las tipologías de vivienda unifamiliar diseñadas por
el arquitecto Álvaro Ortega, se destacó por la
utilización de tecnologías innovadoras en vivienda
económica convirtiendose en un importante ejemplo
de las estrechas relaciones que tejieron el oficio
de la arquitectura, las instituciones y los centros de
pensamiento.

En este caso, las cubiertas abovedadas fueron
construidas con el sistema “vacuum concrete”, que
permitió hacer cáscaras muy ligeras, con poco consu-
mo de material y de rápido fraguado. Como el barrio
Quiroga, el barrio Los Alcázares de 1949, a cargo
del arquitecto Jorge Gaitán Cortés, fue uno de los
primeros ejemplos de estandarización de procesos
constructivos para reducir los costos de la vivienda3
.

En relación con los proyectos de vivienda multifa-
miliar de bajo costo construidos al final de los años
50, se ejecutaron algunos ejemplos de gran calidad: en
primer término, el Centro Urbano Antonio Nariño
(CUAN) de 1958, de clara inspiración racionalista, es
el primer multifamiliar en altura construido por el
ICT en Bogotá. En segundo término, los proyectos de
vivienda social desarrollados por el arquitecto Roge-
lio Salmona para el ICT durante los años 60, merecen
especial mención por su calidad y vigencia, sin olvidar

3

En revista Proa No. 44 de febrero de 1951.

primerpiso

segundopisoA

segundopisoB

20

21

Página anterior, el Centro Urbano Antonio Nariño
CUAN, Bogotá 1958, primer proyecto multifami-
liar desarrollado por el ICT. Arquitectos Néstor
Rodríguez, y la firma Esguerra, Sáenz, Urdaneta,
Suárez y Cia.

Sobre estas líneas, la urbanización Timiza, pro-
yectado por los arquitectos Emecé Ijjász Rogelio Sal-
mona, Hernán Vieco, Pedro Mejía y Goméz Londoño
para el ICT en 1966.

muchos conjuntos residenciales también de gran cali-
dad, como las Torres del Parque (1971), obra maestra
de Salmona, fueron patrocinados por las instituciones
de vivienda del estado.

Los arquitectos Rogelio Salmona y Hernán Viecco
desarrollaron de manera conjunta con el equipo
profesiomal del ICT, dos agrupaciones de gran valor
urbano y arquitectónico: Timiza (1966) y la Fundación
San Pablo (1967). El espacio urbano del barrio Timiza
localizado al sur occidente de la ciudad, establece
una relación paisajística con el entorno a través de
los diferentes volúmenes de vivienda unifamiliar y
multifamiliar radiados en torno a un humedal, hoy
parque Timiza. A las viviendas unifamiliares de dos
niveles, se acceden por un patio, convirtiéndose en el
recinto principal de la vivienda. Los multifamiliares de
5 niveles, albergan diferentes tipos de apartamentos,
entre ellos, dos viviendas macladas por una escalera
de medio piso, interesante solución que le da mayor
jerarquía al área social sobre los espacios íntimos.
Con el paso del tiempo, el proyecto sufrió nume-
rosas modificaciones, en especial en las viviendas
unifamiliares mediante procesos de autoconstrucción
progresiva, acciones que desvirtuaron la intención
original del proyecto.

Así mismo, la Fundación San Pablo, localizada al
sur oriente de la ciudad, se conformó por seis torres
escalonadas con cinco niveles y altillo. Cada nivel
recibe la circulación vertical del edificio en un lugar
diferente de la planta del apartamento, de manera
que estos cambiando de disposición. Ahora bien, la
implantación urbana se despliega a partir de un punto
en la plaza del acceso principal al conjunto. A pesar
de los embates del tiempo, el proyecto conserva
bastante bien sus características originales.

22

23

Sobre estas líneas, la fundación San Pablo, de 1967.
este proyectos fue desarrollado por el ICT en con-
junto con los arquitectos Rogelio Salmona, Eduardo
Zárate y Hernán Vieco. Apesar de las múltiples
modificaciones que ha sufrido el edificio, se conserva
en buen estado.

pisos5y6

pisos1y2

pisos3y4

24

25

Tanto el ICT como el BCH, contaban en sus estruc-
turas administrativas con oficinas técnicas conforma-
das por profesionales idóneos quienes desarrollaron
la mayoría de los proyectos de vivienda social en el
país y en algunos pocos casos ejecutaron proyectos
en colaboración con profesionales externos. Fue así
como hacia el final de los años 60, la subgerencia
técnica del ICT se dividió en tres talleres autónomos,
de los cuales el taller de diseño 2, al que haremos
referencia, realizó importantes proyectos experimen-
tales de vivienda, logrando soluciones económicas,
estandarizadas y repetibles para diferentes contextos
urbanos.

En razón de la magnitud de la demanda de vivienda
social en todo el país, se ejecutaron proyectos con
soluciones que respondieron a las exigencias cul-
turales, económicas y climáticas de acuerdo con su
localización.

De esta indagación surgieron dos proyectos que se
construyeron en Bogotá: el proyecto Kennedy expe-
rimental y el proyecto Tunal experimental , de 1971 y
1972 respectivamente. El carácter innovador de estos
proyectos los convirtieron en casos sin precedentes
en la ciudad. El elemento ordenador del diseño fue
una malla de 3.20 por 3.20 metros, que definió tanto
el espacio público como el espacio privado de las
viviendas. Este módulo agrupó los diferentes recintos
de la vivienda y definió los perfiles de las vías y las
proporciones de los diferentes espacios públicos. A
pesar de ser edificios multifamiliares de cuatro pisos,
todas las viviendas tenían acceso desde el espacio ex-
terior por medio de escaleras en fachadas, evitando
la necesidad de porterías y áreas comunales como
recibidores y corredores internos.

26

27

manzana

tercerpiso

segundopiso

Sobre estas líneas, el proyecto Tunal Experimental,
de 1972 y el proyecto Kennedy Experimental, de
1971, diseñados por el Taller 2 del ICT.
bajo la dirección de la arquitecta Emesé de Murcia

28

29

Estas tipologías de vivienda, a las cuales se accede
por un patio exterior privado, presentan caracterís-
ticas de alta flexibilidad que permitieron modificacio-
nes al interior de las viviendas, sin alterar negativa-
mente el diseño original.

La implantación urbana, estructurada alrededor
de patios comunales y callejuelas peatonales, creó
espacios de escala pequeña, apropiados por los
residentes, que no necesitaron definir el límite entre
lo comunal y lo público mediante cerramientos con
rejas metálicas, común denominador de los proyectos
residenciales de la ciudad.

Posteriormente, la iniciativa de éstos proyectos
experimentales se vió truncada a causa de varios
factores estructurales que hicieron inviable continuar
con estas premisas de diseño. Una de ellas fue el he-
cho de no lograr densidades mayores a 120 viviendas
por hectárea, mientras que los proyectos tradicio-
nales (multifamiliares compactos con circulaciones
verticales centralizadas) duplicaron esta densidad y
al agrupar las circulaciones comunales, disminuye-
ron sensiblemente el número de metros cuadrados
construidos.

Por otro lado, en el año de 1972 se produjeron en
el país profundos cambios administrativos, entre ellos
el surgimiento del UPAC, dando inicio a la tercera
fase.

El nacimiento de la unidad de poder adquisiti-
vo constante (UPAC) adoptado en septiembre de
1972, instrumento que se desarrolló siguiendo los
preceptos del economista Lauchlin Currie, promo-
vió la producción de vivienda no solamente desde
las instituciones estatales, sino desde las recién
creadas corporaciones de ahorro y vivienda (CAV)

planta

Proyecto La Esmeralda, de 1975, multifamiliar
diseñado por los arquitectos Álvaro Botero y Luis
Enrique Reyes García

30

31

Los conjuntos cerrados, normativa que data de la mi-
tad de los años 60, se puso en práctica en la década
del 70 sustentado por el sistema UPAC. En la página
opuesta arriba, dibujo del arquitecto Germán Samper
sobre el concepto de conjunto cerrado.

El proyecto Santa Teresa en el barrio Usaquén es un
ejemplo sobresaliente de la vivienda en conjunto
cerrado. Proyecto diseñado por la firma Rueda,
Gómez y Morales en 1978.

de carácter privado. De esta manera y siguiendo
los lineamientos del Plan de Desarrollo “Las cuatro
estrategias” de Currie, la vivienda en Colombia, se
gestionó y financió con la capacidad de ahorro de los
colombianos mediante el sistema UPAC a través de
las CAV. Esta medida fue desplazando poco a poco en
importancia a las instituciones oficiales, en el diseño y
construcción de la vivienda, permitiendo la conviven-
cia del sistema público con el sistema privado por
casi 20 años.

Este viraje de la política de producción de vivienda,
presenció el inicio de la reducción de la intervención
del estado y el crecimiento de la ingerencia directa
del mercado. El sistema UPAC, creado para incentivar
la financiación de la vivienda en todos los contex-
tos socioeconómicos se convirtió rápidamente en
una herramienta muy útil para producir y adquirir
vivienda en los estratos medio y alto, abandonando fi-
nalmente la producción de vivienda para los estratos
bajos. Los proyectos desarrollados en este período,
se caracterizaron por la estandarización de tipolo-
gías unifamiliares (casas en hilera) y multifamiliares
(torres con circulación vertical central) buscando
principalmente densidades más altas y un mejor
aprovechamiento de los terrenos urbanizables. Por
otro lado, la legislación que permitió el desarrollo de
conjuntos habitacionales cerrados que data de 1965,
fue puesta en marcha durante ésta época dando naci-
miento a múltiples desarrollos residenciales, algunos
de muy buena calidad, principalmente para las clases
media y alta.

En la década del 90 se modificó una vez más el
sistema de gestión de la vivienda económica, dando
inicio a la cuarta fase denominada de subsidios a la
demanda. Este modelo cedió la producción y comer-

32

33

Urbanización Alandra, de 2005, multifamiliar diseña-
do por MGP Arquitectos.

cialización de viviendas económicas al libre mercado,
convirtiendo las instituciones del estado en entes de
financiación y regulación. Para tal efecto, el estado
definió un sistema de subsidio a la demanda vigente
hasta hoy, dirigido a la población más vulnerable que
asegura de ésta manera, la existencia de una demanda
efectiva habilitada para adquirir este tipo de vivienda.

La vivienda social dejó de ser organizada, pensada
y diseñada por arquitectos, para convertirse en un
problema de cifras, de déficit cuantitativo y cualita-
tivo propio de los economistas y los planificadores
urbanos.

La necesidad de ofrecer vivienda económica para
luchar contra el creciente déficit habitacional, pro-
pició una irracional utilización del suelo disponible y
disminuyó el tamaño y la calidad de las viviendas.

En estas condiciones el estado no contó con he-
rramientas para regular la calidad de la vivienda, que
aún hoy, está escudada en la norma urbana general
y sujeta a múltiples interpretaciones. Es así como el
mercado termina ofreciendo propuestas habitaciona-
les deficientes, que solo obedecen a la búsqueda de la
rentabilidad y las soluciones mínimas, sin respetar los
estándares de dignidad socialmente aceptables para
las familias.

El problema actual de la oferta de la vivienda social
radica en la incorrecta materialización del produc-
to habitacional demandado por las familias, que se
encuentra definido por disfunciones estructurales
inherentes al modelo económico vigente, que dis-
minuye sustancialmente la calidad de los proyectos
arquitectónicos.

En efecto, la producción de vivienda social (VIP-VIS)
desde el sector formal de la economía, no logra
cumplir con las necesidades reales demandadas por
la población a la cual pretende satisfacer. Por un lado,
la vivienda propuesta no es fácilmente asequible y
por el otro, la vivienda ofrecida no cumple con las
necesidades inherentes al grupo poblacional.

A partir de la revisión de los dos tipos de déficit
habitacional actual pretendemos encontrar una serie
de conclusiones sobre el problema de la vivienda
económica en la ciudad.

34

35

Patio Bonito, Bosa.
““Bogotá desde el aire”
Villegas Editores, 1994.

cit cuantitativo

“El déficit cuantitativo consiste en la diferencia entre el
número de hogares y el número de viviendas perma-
nentes, asumiendo que cada hogar debería habitar una
vivienda independiente” (Saldarriaga y Carrascal, 2006,
p. 7).

Tradicionalmente, el déficit cuantitativo se ha cen-
trado en establecer la cantidad de viviendas que fal-
tan para suplir la demanda habitacional existente. Sin
embargo, es necesario comprender que muchas veces
esta oferta efectiva de vivienda no puede ser adqui-
rida por ciertos sectores de la demanda, quedando
excluidos de la política habitacional. Así mismo, la
baja asequibilidad de la vivienda es diferente al déficit
cuantitativo de la misma.

Uno de los problemas del déficit cuantitativo radica
en que la oferta no puede ser adquirida por un
sector de la población; y, el otro se refiere exclusiva-

mente en la escacez de oferta.

Enseguida veremos cómo estos dos aspectos influ-
yen en la comprensión del problema cuantitativo de
la vivienda.

a. Décit habitacional

El mercado de vivienda no produce la cantidad de
soluciones habitacionales requeridas. Entonces, los
hogares deben buscar alternativas en la ciudad infor-
mal o vivir en arriendo mientras consiguen la manera
de acceder a una vivienda propia. De esto se derivan
dos temas de discusión: la definición tradicional de
hogar como unidad independiente y la idea de la
propiedad como condición indispensable de vivienda
digna. En efecto, la costumbre de asociar un hogar-
familia a una vivienda independiente deja por fuera
otras posibilidades que deben ser tenidas en cuenta.
Los hogares pueden estar compuestos además del
núcleo familiar tradicional padres-hijos, por agentes
externos1

. Por consiguiente, la vivienda deberá poder
albergar la diversidad social y la multiplicidad de la

1

“El ‘núcleo familiar primario’se define como la familia cons-
tituida exclusivamente en alguna de las siguientes formas: i) la pareja sin
hijos, ii) la pareja con uno o más hijos que viven en el mismo hogar, iii)
el padre o la madre con uno o más hijos solteros que viven en el mismo
hogar. Se denomina primario porque incluye al jefe del hogar. Según el
parentesco de sus integrantes, los hogares pueden ser ‘no familiares’y
‘familiares’. Los hogares no familiares son aquellos con una o más per-
sonas, en los que no existe un núcleo familiar primario. Es decir, son ho-
gares donde vive un jefe sin cónyuge ni hijos, pero con otros parientes
(por ejemplo, un hermano) y no parientes (por ejemplo, un amigo). Los
hogares no familiares, a su vez, pueden ser unipersonales o múltiples
(cuadro 1). En Colombia el principal hogar no familiar es el unipersonal.
Los hogares familiares son aquellos integrados por personas relaciona-
das entre sí en un primer o segundo grado de consanguinidad, adopción
o matrimonio, incluyendo las uniones consensuales cuando son estables.
En estos hogares se asume que existe un núcleo familiar primario. Los
hogares familiares, a su vez, pueden clasificarse en función de la confor-
mación del núcleo familiar primario, y según las relaciones de consangui-
nidad de los miembros del hogar con el jefe (DNP, 2002, p. 37).

denición del
problema

36

37

demanda habitacional2
.

Por otro lado, a menudo se cree que la propiedad
es una condición necesaria para habitar una vivienda
digna. Sin embargo, la vivienda en arriendo puede
ser una opción temporal al permitir el acceso a un
núcleo habitacional que se ajusta a ciertos tipos de
conformación familiar con opción de movilidad3

. La
vivienda en arriendo permite el movimiento de las
personas dentro de la ciudad en busca de una loca-
lización más propicia para desarrollar las actividades
diarias con mayor facilidad (cercanía a los lugares de
trabajo y de socialización). En efecto, la vivienda en
arriendo puede ser una alternativa válida de solución
habitacional para ciertos sectores de la población, y
es de hecho una forma de acceder a vivienda digna
en ciertos contextos (Gilbert, 1999, p. 27).

b. Asequibilidad

Ciertos grupos de la sociedad no pueden adquirir
una vivienda digna al no estar en capacidad de hacer
frente a las diferentes cargas económicas que surgen
en el momento de conseguir un lugar de habitación

2

La clasificación de Giraldo, citada por Saldarriaga, propo-
ne que esta no se haga por hogares sino por familias puesto que tal defini-
ción puede ser más precisa para entender la complejidad del fenómeno.
3

“Ciertamente, cuando a un grupo de propietarios en los
asentamientos de autoconstrucción consolidados alrededor de Bogotá,
se les preguntó por qué ellos valoraban ser dueños, dos respuestas do-
minaron: el ser dueño les permite dejar una pequeña herencia a los hijos
y les provee cierta seguridad a ellos mismos para cuando sean viejos.
Dejar alguna propiedad a los hijos es claramente algo que los jefes de las
familias sentían como fuerte obligación de padres. Aunque pocos habían
escriturado sus testamentos y conocían las posibles complicaciones al
tratar de traspasar la propiedad por medio de la herencia, no cabía ningu-
na duda en la sinceridad con que expresaban sus sentimientos. En forma
similar, el rol que la propiedad tenía en resguardar los riesgos de la vejez
era vitalmente importante. Como lo puso uno de los dueños: ‘para aqué-
llos que no poseen nada, el sólo lograr un techo seguro para uno y sus
hijos es una buena inversión’. Un poco rezagada pero con un porcentaje
del 19 por ciento de las respuestas, tuvo la ventaja de no tener que pagar
renta.” (Gilbert, 1999, p. 33).

formal. Por ejemplo, para acceder a un subsidio de
vivienda, además de cumplir con varios requisitos, se
debe contar con un ahorro programado (capital aho-
rrado) equivalente al 10% del valor de la vivienda (el
tope del valor de la vivienda es de 50 SMLV4

para las

más baratas del mercado, VIP tipo 1). Este requisito
es una barrera que excluye a las familias que no están
en capacidad de ahorrar esa suma de dinero. Por
otro lado, el crédito inmobiliario (equivalente al 50%
del costo de la vivienda) se convierte en una pesada
carga que mina la capacidad de desarrollo de los
propietarios a lo largo de los años. Además, el pago
mensual de los servicios públicos, sumado al pago del
crédito y de los impuestos, puede volver insostenible
el acceso a la vivienda para ciertos hogares de la
ciudad. Es importante entender cuál es la solución
adecuada para el grupo poblacional escogido5

, te-
niendo en cuenta el espacio físico entregado (tamaño

4

Salario mínimo legal vigente.

5

“Los cálculos del déficit habitacional tienden a olvidar si la
población, e incluso el gobierno, pueden pagar por las soluciones que
ostensiblemente son mejores. Cualquier respuesta a largo plazo requiere
que se demuestre una conjunción entre la oferta y la demanda. No tiene
sentido aumentar la oferta si hay muy poca demanda efectiva. En Colom-
bia, un vasto número de casas que fueron construidas durante la mitad de
la década de 1990 permanecen vacías por falta de demanda. El inventario
de viviendas creció pero la población local no puede vivir en ellas por falta
de recursos para pagar” (Gilbert, 1999, p. 27).

La vivienda económica actual no está respondiendo
a las necesidades básicas de la población a la cual
pretende satisfacer. La vivienda no logra albergar
adecuadamente a las familias propietarias.
Habitación principal de una vivienda de Ciudadela El
Recreo, Metrovivienda, Bosa, 2007.

38

39

La vivienda económica sigue reduciéndose en área a pesar de
la existencia de normas que fijan mínimos habitables. Através
de interpretaciones de la norma, se ha logrado hacer viviendas
considerablemente más pequeñas que los límites establecidos.
Además, la comparación de estos mínimos y el estándar de
vivienda realizado por el arquitecto mexicano Carlos González
Lobo revelan una brecha aún con la norma.

y distribución), el desarrollo en el tiempo (vivienda
adaptativa y flexibilidad), y el modelo de gestión en el
cual está inscrito el proyecto.

cit cualitativo

“El déficit cualitativo está dado por las condiciones de
la vivienda, lo cual se determina mediante el cruce de
variables que indican las disponibilidad de servicios (agua,
luz, alcantarillado), la calidad y el estado de la vivienda
en cuanto a materiales y estado de conservación y, por
último, la existencia o no de hacinamiento entendido
como el número de personas por cuarto” (Saldarriaga y
Carrascal, 2006, p. 7).

El déficit cualitativo se centra usualmente en las
condiciones de habitabilidad básicas requeridas para
poder desarrollar una vida digna. Este punto de vista
conduce a fijarse en los requisitos físicos que definen
una vivienda como “habitable”. No obstante, primero
es necesario precisar cómo es una vivienda adecua-
da a las necesidades de la población. Puede que una
vivienda sea habitable en el sentido de estar bien
abastecida por los servicios domiciliarios y ser segura
estructuralmente y, sin embargo, puede no responder
a las necesidades del núcleo familiar. La adecuación
de la vivienda a las necesidades particulares de la
población, buscando asimilar sus procesos sociales
particulares, hace parte también del problema cualita-
tivo en la ciudad actual.

a. Condiciones de habitabilidad
básica

La vivienda disponible para los sectores más vul-
nerables de la ciudad, en general , no cumple con las
condiciones de habitabilidad básicas (servicios públi-
cos, seguridad estructural, iluminación, ventilación e

higiene). En Bogotá, el 6,5% de los hogares (123.028)
están clasificados en déficit cualitativo según la
Encuesta de Calidad de Vida del DANE (2003). Es
necesario aclarar que las condiciones de habitabilidad
básicas no se cumplen principalmente en la ciudad
informal (en razón de la naturaleza temporal, progre-
siva y auto gestionada del modo de producción), pero
tampoco en casos de la ciudad formal.

En la ciudad informal las familias deben corregir
los defectos y las carencias generados en el proceso
de la construcción realizada sin respetar las normas
técnicas y sin control profesional6

. Por ejemplo, el
acceso a los servicios públicos se logra generalmente
en una etapa posterior del proceso de consolidación
de la vivienda y el barrio. Así mismo, es insegura
estructuralmente, y tiene problemas de habitabilidad
tales como la falta de ventilación e iluminación de los
espacios, o el hacinamiento.

En la ciudad formal, los problemas de habitabili-
dad están más relacionados con la calidad espacial
de las soluciones que con problemas estructurales
o de servicios públicos. La oferta formal, al fijar el
precio máximo, condiciona el estándar de calidad al
presupuesto disponible propiciando así viviendas apa-
rentemente completas en áreas demasiado pequeñas,
deteriorando la calidad y el buen uso de los espacios.
Las habitaciones albergan difícilmente una cama de

6

“El proceso de autoproducción de viviendas es altamente
defectuoso y no puede ser recomendado tanto por su eficiencia como por
su justicia (…). Esto condena a millones de años de vida en alojamien-
tos inferiores y se requiere mucha energía, sufrimientos y gastos para
producir una casa de dos o tres pisos. La vivienda autoproducida puede
proveer bienes de capital al pobre, pero esos bienes son verdaderamente
unas ‘acciones de sudor’. Además la vivienda autoproducida contribuye
a patrones ineficientes de uso de la tierra, estimulando la ocupación de
terrenos costosos para servicios, y produciendo frecuentemente asenta-
mientos que viven bajo constante amenaza de riesgos naturales, tales
como terremotos e inundaciones” (Gilbert, 2001).

40

41

talla convencional, el espacio social no puede tener
un juego completo de muebles, el comedor debe pe-
garse a una pared sacrificando puestos, etc. De igual
forma, en estas viviendas se pueden presentar casos
de hacinamiento debido a la rigidez de los espacios
con respecto a la variedad de las estructuras familia-
res . Las diferentes actividades domésticas (cocinar,
comer, dormir, estar) necesitan un espacio físico
(área) para funcionar correctamente. El arquitecto
mexicano Carlos González Lobo hace un estudio de
cada uno de los espacios de la vivienda y sus reque-
rimientos de área para poder desarrollar de manera
adecuada las actividades para las que están destina-
das. El resultado de esta investigación habla de un
estándar vital de vivienda, que enfoca su atención en
brindar espacios habitables. El modelo actual produ-
ce espacios de menor área, que no tienen en cuenta
las condiciones de habitabilidad que allí se generan. El
problema cualitativo en la vivienda social necesita una
comprensión del tipo de demanda habitacional para
proponer alternativas que se ajusten a las necesida-
des de la población.

b. Vivienda adecuada a las nece-
sidades de cada familia

El estereotipo de casa independiente para un “hogar
genérico” en la vivienda social desemboca en solucio-
nes que generalmente no responden a la multiplici-
dad de conformaciones familiares pertenecientes a
este grupo poblacional. La vivienda autoproducida
es un reflejo de cómo las funciones y necesidades
particulares de cada familia se formalizan en la casa
con múltiples soluciones. La observación de estas
características permite acercarse a la formulación de
tipos habitacionales acordes con las necesidades de
la población.

Una primera característica de los asentamientos
informales es el crecimiento de la vivienda en el
tiempo; su desarrollo progresivo. A medida que los
recursos aparecen la edificación se va consolidando
y adaptando a las exigencias surgidas7

. La casa se
convierte en la representación de la historia familiar,
y se hace a la medida de cada propietario. La produc-
ción social de la vivienda se caracteriza por la mezcla
de usos. Se prevén espacios destinados a generar
ingresos tales como locales, talleres o arrendamiento.
Estos usos se complementan con las funciones tradi-
cionales y generan recursos suplementarios para el
propietario de la vivienda.

Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente,
intentaremos establecer una serie de estrategias que,
al emprender su aplicación conjunta, logren respon-
der con alternativas concretas al problema enunciado.
Es necesario comprender el problema de la vivienda
social en la ciudad de hoy y desde esta comprensión,
desarrollar una serie de estrategias de proyección
disponibles para la adecuación de la vivienda a las
necesidades de la población. La pregunta central
por resolver es: ¿cuáles son las medidas que deben

7

“Con el crecimiento mediante el desarrollo progresivo, el
autoconstructor va fabricando el refugio inicialmente para resguardar lo
fundamental o primario, posteriormente para albergar lo complementa-
rio o secundario, hasta consolidar una peculiar solución habitacional que
resguardará un hogar. En cada etapa se irán reflejando las nuevas in-
quietudes y necesidades que vayan naciendo del seno familiar o de sus
expectativas de sobrevivencia” (Avendaño y Carvajalino, 2000).

Vivienda autoconstruida de desarrollo progresivo en
el barrio Las Orquídeas, Suba, 2007.
Esta vivienda esquinera de cuatro niveles alberga
cuatro núcleos familiares: el dueño de la vivienda
con su esposa, y sus tres hijos con sus respectivas
familias. Existen dos accesos independientes y un
local en la esquina.

42

43

tomarse para establecer un modelo de actuación
pública asequible y adecuado a partir del modelo
existente?

La formulación de una oferta integral de vivienda
para la ciudad debe comenzar por entender los
mecanismos, tanto arquitectónicos como de gestión,
que en otros casos han permitido producir una
oferta más completa y adecuada para la población
de menores ingresos. Las estrategias escogidas se
repiten en varios contextos, y han sido probadas con
éxito en proyectos reales. Algunas de éstas son: la
flexibilidad y el crecimiento adaptativo como estra-
tegia para entregar una fase inicial básica asequible,
que con el tiempo se transformará en una vivienda
completa. Los espacios productivos en la vivienda,
presentes en gran parte del parque inmobiliario de la
ciudad , permiten generar ingresos suplementarios. El
proyecto, a través de los diferentes espacios exterio-

estrategias

44

45

res que conforma, define una forma de hacer ciudad,
de armar tejido social y generar espacios públicos
activos y apropiables.

Flexibilidad y desarrollo
adaptativo

El crecimiento informal de la ciudad ha dominado
su expansión, y es el que suple en un gran medida la
demanda de vivienda de los sectores con menores
ingresos. En este tipo de asentamientos las familias
autogestionan su espacio habitable. En un lote sin
servicios públicos se construye un rancho provi-
sional (“paroi”)8

que alberga rudimentariamente al
núcleo familiar mientras se consiguen recursos para
aprovisionarse de un espacio más grande, acondicio-
nado a las necesidades de cada familia. Este proceso
toma tiempo, recursos y energía de sus habitantes, y
representa la historia familiar a través de su desarro-
llo social.

El desarrollo progresivo es una de las estrategias de
la ciudad informal, también realizado por la produc-
ción formal en diversos contextos y épocas. En nues-
tro caso, tal desarrollo, interpretado a las necesidades
de la vivienda propuesta, permite resolver de manera
simultánea, a través de soluciones arquitectónicas
principalmente, los dos problemas enunciados.

El desarrollo progresivo hace posible entregar una
unidad básica que por su tamaño se vuelve asequible
en el mercado VIP actual. Este es un espacio incom-
pleto que no pretende, dentro del área entregada,
ofrecer una vivienda terminada. La expansión es
necesaria y, al cabo de un tiempo, permite que cada

8

La palabra “paroi” viene de “para hoy”, y sintetiza la idea
de aprovisionarse de un refugio temporal con los recursos al alcance (ma-
teriales reciclados como plásticos, láminas de zinc, madera del lugar y lo
que pueda servir para construir un pequeño rancho…).

El proyecto experimental de Hábitat Adaptativo
desarrollado por la Secretaría Distrital de Hábitat
propone una vivienda que tenga la posibilidad de
cambiar en el tiempo. El espacio interior debe adap-
tarse a las impredecibles necesidades del usuario.
Todos los tipos de vivienda pueden variar libremente
de distribución y dividirse para tener dos espacios
independientes, que pueden llegar ser productivos.

46

47

La propuesta del desierto, en Iquique, Chile, de Fer-
nando Aravena es un buen ejemplo de una oferta
integral de vivienda. Enmarcado dentro del Concur-
so Elemental Chile, el proyecto logra ofrecer una
unidad básica habitable que con el tiempo se puede
convertir en una vivienda completa.

“Lo primero que hicimos fue cambiar la manera de pensar
el problema: en vez de diseñar la mejor unidad posible
de US$ 7500 y multiplicarla 100 veces, nos preguntamos
cuál es el mejor edificio de US$ 750.000 capaz de alber-
gar 100 familias y sus respectivos crecimientos.”

Propuesta del Desierto, Iquique, Chile

tercerpiso

segundopiso

primerpiso

familia tenga una vivienda completa, digna y ajustada
a sus necesidades particulares. Es necesario también
que la vivienda progresiva sea flexible y pueda, de
la misma manera que se expande, encogerse para
acondicionar espacios independientes productivos o
para arrendar. La flexibilidad, vista de esta manera,
también hace parte del desarrollo adaptativo.

1. Unidad básica, vivienda com-
pleta, y oferta integral

Para poder formular una estrategia adaptativa, es
necesario definir qué se entiende por unidad básica,
vivienda completa y oferta integral de vivienda. Estas
nociones varían según la época y el contexto en que
se formulan. Las propuestas deben ser observadas te-
niendo en cuenta estas variables para así comprender
las razones de los planteamientos desarrollados.

Unidad básica. Puede definirse como el recinto
habitable que contiene los componentes mínimos
para cobijar a un núcleo familiar. Esta unidad básica,
en un proceso adaptativo como el que se trata de
comprender aquí, es una fase inicial entendida como
una estructura que se entrega inacabada, y que, con
el paso del tiempo, se consolida en una vivienda com-
pleta. Esta fase inicial corresponde a la unidad básica
con espacio máximo y costo mínimo.

Vivienda completa. Debe albergar las actividades
humanas de manera adecuada. Para esto debe cumplir
con unas características básicas traducidas tanto en
espacios como en servicios. La vivienda debe ser
estable (segura) y debe contar con los servicios
domiciliarios básicos. Además, debe diferenciar espa-
cios para albergar en forma apropiada las diferentes
actividades que se desarrollan dentro de ella, “las
cuatro actividades vitales: descanso, preparación de

48

49

alimentos, actividades sanitarias, y encuentro familiar
y de desarrollo cultural” (Moncaleano y Morales,
2006).

Oferta integral. Una oferta integral de vivienda debe
tener en cuenta la complejidad de la demanda. No
solo cada núcleo familiar tiene necesidades diferen-
tes, sino que hay que tener en cuenta las etapas del
desarrollo de una familia en el tiempo.

Las etapas de desarrollo de los hogares deben ser
atendidas simultáneamente. Un hogar consolidado
con hijos necesita una vivienda completa o en proce-
so de serlo; en cambio, una pareja recién configurada
puede necesitar solamente un espacio en renta para
las primeras etapas de consolidación de la familia.
Una oferta integral debe considerar el factor evoluti-
vo en la organización de los diversos tipos de oferta.

2. Crecimiento en el tiempo

El desarrollo de la vivienda en el tiempo –desde
la formalidad– se puede sistematizar, y existen
diferentes tipologías que clasifican las formas de
crecimiento. En nuestro caso las dividimos en tres
clases principales.

a. Crecimiento expansivo (tradicional)

Vivienda en semilla, estructura abierta: Esta es la
forma cómo crecen las viviendas de la ciudad infor-
mal. Como se describió, la habitación pasa de ser un
simple rancho a una vivienda completa con espacios
de renta y productivos a través de muchos esfuerzos
durante periodos de tiempo considerables9

. En el
sector formal, esta forma de acceder a la vivienda

9

Según Jan Bazant S. (2003), el proceso de consolidación
de una vivienda puede tardar entre 20 y 30 años de esfuerzos constan-
tes por parte de la población.

La ciudadela Aranya, en Indore, India, es una
porpuesta de construcción progresiva desde el
sector formal.
El proyecto, del arquitecto B.V. Doshi, propone 80
elementos diferentes para construir las viviendas. De
esta manera, los usuarios escogen como y cuando
construir o ampliar sus viviendas.

(losusuariosescogenquetantoconstruir)

(losusuariosescogencomoconstruir)

(losusuarioscombinanlosdiferentes
elementos)

50

51

en busca de aprovechar los beneficios de ambas. Al
utilizarlas simultáneamente se puede aprovechar por
un lado la estabilidad del crecimiento implosivo con
los bajos costos del crecimiento expansivo.

3. Flexibilidad

Una condición necesaria de las viviendas progresi-
vas debe ser la flexibilidad para subdividir de diversas
maneras pensando en las necesidades cambiantes de
las familias en el tiempo.

a. Accesos

Del análisis de las viviendas progresivas de la
ciudad informal sale a relucir la necesidad de ofre-
cer múltiples accesos a las mismas para así poder
dividirlas con facilidad. Una de las formas de lograr
otros accesos que sobresalen es la instalación de una
escalera en la fachada para acceder desde el espacio
público a los segundos pisos. Esta estrategia se repite
en esquemas de vivienda formal, y es interesante ver
unos cuantos ejemplos

b. División

La flexibilidad radica también en la fácil subdivisión
de la vivienda para acondicionar espacios alternos al

Ala izquierda, la mesa habitable, sistema de cons-
trucción progresiva mixta, Carlos González Lobo,
México.
Ala derecha, un ejemplo interesante de múltiples
accesos para una misma vivienda. Viviendas eco-
nómicas de Bouca, proyecto de Álvaro Siza para la
SAAL, Portugal 1978.

ha sido utilizada en varios contextos. Desde los
lotes con servicios hasta las unidades de dos pisos,
ampliables a tres, han sido soluciones ampliamente
utilizadas.

b. Crecimiento implosivo

Cascarón-galpón-mesa habitable : Se entrega un
cascarón vacío donde el habitante acondiciona el
interior (placa, espacios servidores, muros divisorios
y acabados) a medida que tiene recursos y aten-
diendo a sus necesidades. A diferencia del expansivo,
aquí es más fácil controlar el crecimiento y, al tener
construido el borde del espacio habitable (estructura,
cubierta), se puede prever la estabilidad estructural
de la edificación

c. Crecimiento mixto

Las dos formas de crecimiento en el tiempo
enunciadas pueden mezclarse en un mismo proyecto

52

53

núcleo base. Esta división debe ser temporal a fin de
permitir la máxima flexibilidad en el uso de la vivien-
da, pudiendo reacomodar los espacios de la casa a las
necesidades cambiantes de los propietarios.

Diversidad

Los proyectos de vivienda deben ofrecer múltiples
tipos de vivienda, de diferentes tamaños y para
conformaciones familiares diversas, que generen
alternativas para atenuar las lógicas de la segrega-
ción y la exclusión en la ciudad. El proyecto debe
permitir el desarrollo económico de sus habitantes y
la mezcla social de los diferentes grupos de población
subsidiada por el Distrito. La vivienda no puede
seguir siendo construida con base en la definición
tradicional de hogar, estática y homogenizada. Los
tipos de hogares son cada vez más diversos y varían
en el tiempo, requiriendo transformaciones en el
espacio habitado. La oferta de vivienda debe ser
a la vez diversa y adaptable, para contemplar los
diferentes tipos de hogares que existen y permitirles
transformar el espacio habitable según sus necesi-

El proyecto experimental de Hábitat Adaptativo
provee una multiplicidad de tipos de vivienda para
fomentar la diversidad social en el proyecto. Los
diferentes apartamentos responden a diferentes
necesidades de usuarios en el tiempo

54

55

Al proponer diferentes tipos de vivienda se entiende
la diversidad de hogares de la sociedad actual.
Cada usuario requiere de un espacio particular y
unas condiciones precisas.

56

57

La propuesta de Tanner y Holl para el concurso
de asentamientos humanos de Manila, en 1976,
propone definir el espacio público a través de una
arcada en concreto.
Las viviendas se desarrollan progresivamente y la
arcada se convierte en el espacio comercial de la
propuesta.
El proyecto conforma primero el espacio público,
el espacio comercial y el espacio productivo de las
viviendas.

dades. El proyecto experimental busca romper con
la segregación socio espacial de la ciudad incitando
a la convivencia de múltiples tipos de hogares en una
misma edificación.

Espacios productivos

La vivienda productiva es aquella que, además de
albergar las actividades básicas del hogar y el creci-
miento progresivo de la misma, deja abierta la posibi-
lidad de generar recursos económicos para contri-
buir al sostenimiento de la familia propietaria. En este
tipo de vivienda se generan ámbitos donde pueden
existir actividades económicas, es decir, espacios
productivos. El espacio productivo “aparece general-
mente como alternativa a la que acude la familia ante
apremiantes necesidades económicas” (Avendaño y
Carvajalino, 2000, p. 38), es decir, es la alternativa que
las familias propietarias encuentran para “cuadrar” las
cuentas. En efecto, para muchas familias la vivienda
es el bien más valioso que poseen, y un espacio
potencial para generar ingresos a través de algunas
actividades económicas, “La vivienda se asume con ra-
zón, para la mayoría de la población, como un activo
o como una inversión pues representa la riqueza más
importante que logra acumular a lo largo de su vida”
(Arango, 2006, p. 33). Por otro lado, la productividad
en la vivienda formal puede organizarse de manera
colectiva, en busca de promover mejores espacios
para las actividades desarrolladas, y como una forma
más efectiva de organizar el espacio urbano.

1. Espacios productivos en la
vivienda

La productividad en la vivienda no es solo una, hay
muchos tipos y escalas que responden a las múltiples
formas de generar ingresos a las que las familias

pueden acceder. De manera general se clasifican en
tres tipos: los espacios suplementarios a la vivien-
da que tienen la función de albergar algún tipo de
actividad económica, los espacios suplementarios que
se destinan para el alquiler de vivienda, y los espacios
propios de esta donde además de cumplir sus funcio-
nes normales acogen, de manera mixta, actividades
productivas (cotidianas).

Espacios de actividad económica: son lugares más o
menos independientes de la vivienda que se rela-
cionan con la calle para ofrecer diferentes tipos de
productos y servicios. Pueden ser manejados por los
miembros de la familia, o arrendarse para que alguna
persona externa se encargue del local. Estos pueden
ser tienda, panadería, cafetería, mini mercado, talleres,
restaurante, miscelánea, guardería, alquiler de vídeo,
maquinitas, venta de muebles, garaje.

Alquiler de vivienda: pueden ser desde una pequeña
habitación, con servicios compartidos o independien-
tes, hasta un apartamento completo separado de la
vivienda. Desde el inquilinato hasta el multifamiliar.

Actividades económicas en la vivienda: los espacios
tradicionales de la vivienda pueden, durante unas
horas al día, adecuarse para el desarrollo de activida-
des productivas. Es el caso de las mujeres que hacen
parte de una cadena de producción de una empresa
y desde sus casas realizan el trabajo (coser, cocinar).
O en la vivienda se improvisa durante el día una
guardería comunitaria, un hogar comunitario, centro
de capacitación, lavandería, entre otras.

Mezclas: es frecuente que diferentes tipos de espa-
cios productivos convivan en una misma vivienda. Por
ejemplo, un núcleo habitacional puede ofrecer una
pieza o un apartamento en arriendo, y además tener

58

59

un local comercial10
.

2. Urbanización productiva

La oferta formal de vivienda ha tratado, en algunos
casos, de conformar espacios comunitarios para la
creación de actividades laborales que beneficien
sobre todo a los habitantes de los proyectos. De esta
manera se proponen lugares de trabajo dentro de la
urbanización que produzcan ingresos para los habi-
tantes. El caso del proyecto ganador del Concurso
Internacional de Asentamientos Humanos para Manila
(1976) demuestra cómo se puede hacer una “urba-
nización productiva” a través del diseño de espacios

10

Esta clasificación proviene del trabajo de Avendaño y

Carvajalino (2000).

Ian Athfield, Concurso de asentamientos humanos
de Manila, 1976.
El proyecto le apuesta a la creación de un hábitat
productivo a través de la transformación y comercia-
lización de los residuos generados en el proyecto.

60

61

productivos comunitarios enfocados a procesos
sostenibles como el reciclaje de materiales, granjas
urbanas y sistemas “limpios” de creación de energía.

Hábitat adaptativo

De la unidad básica accesible a la vivienda digna y
apropiada

El hábitat adaptativo propone crear un entorno
sostenible que propicie el desarrollo en el tiempo
de los núcleos habitacionales respondiendo a las
necesidades de los propietarios. El hábitat adaptativo
es un concepto que permite reunir los tres objetivos
en un solo proyecto piloto. Por un lado, la sustenta-
bilidad urbana comienza desde la unidad de vivienda
entendiendo a partir allí el ecosistema, el tejido social
y el contexto urbano. A su vez, la vivienda adaptativa
permite responder a las expectativas de los propie-
tarios a través del crecimiento o decrecimiento en
el tiempo. Este proceso debe estar apoyado también
por un medio productivo que genere ingresos suple-
mentarios. De esta manera, las viviendas básicas ac-

62

63

centraciones humanas, en particular las del mundo
en desarrollo que no tienen a su alcance suficientes
recursos para suplir la demanda de vida urbana, aloja-
miento, servicios y oportunidades. Este fenómeno es
irreversible pues la urbanización de lo rural condena
al territorio a una vocación precisa, la de ser ciudad y
no campo. Es una fuerza incontrolable que arrasa sin
vuelta atrás. Lo urbanizado, urbanizado queda.

Este es precisamente el caso de Bogotá, una ciudad
en desarrollo que a principios de siglo no pasaba
de 100.000 habitantes y que hoy en día se aproxima
a los 7 millones11

. La mayoría de su tejido residen-
cial proviene de asentamientos informales que no
respetan los lineamientos de la planeación estatal. La
ciudad se desborda constantemente de los límites
demarcados desde la administración, expandiéndose
sobre los terrenos previamente rurales y anexando
paulatinamente los centros urbanos que se encuen-
tran a su alrededor.

La historia de la expansión de Bogotá muestra
cómo el centro urbano principal va asimilando en su
trama a otros núcleos urbanos periféricos. Durante la
década de los cincuenta se anexan al que se bautizó
el Distrito Especial de Bogotá, los municipios de
Usme, Bosa, Fontibón, Engativá, Suba y Usaquén. La
expansión de la ciudad durante los años ochenta y
noventa, aunque el límite urbano de Bogotá no se ha
movido, se unió con los municipios de Soacha al sur y
el de Chía hacia el norte creando una mancha urbana
continua compuesta por tres municipios diferentes.
Hoy en día, Funza, Mosquera, Madrid, Facatativa, Ca-
jicá, Cota y La Calera, están cerca de ser absorbidos
por Bogotá.

11

Cifras tomadas del Censo 2005 del DANE. http://www.

dane.gov.co/censo/

Es en este contexto, la Bogotá actual, donde los
proyectos de vivienda social deben insertarse pensan-
do magnificar su radio de influencia. El proyecto
de vivienda puede apuntar solamente a resolver un
problema habitacional de la ciudad. Pero no debemos
olvidar que los proyectos residenciales pueden cola-
borar en la construcción de una ciudad más ordenada
cosiendo, delimitando, conformando o consolidando
su entorno inmediato. En este caso nos interesa de-
sarrollar tres escenarios en los que la vivienda puede
jugar un papel central: Manzana Urbanizada, Borde
Urbano y Entorno Construido.

cesibles en un principio se transforman en viviendas
completas, dignas, flexibles y adaptadas a cada familia
que las habita.

El proyecto de vivienda, además de proporcionar
un lugar digno para vivir, puede ser una oportunidad
para estructurar la vida urbana, para coser la ciudad y
para construir un entorno propicio para el desarrollo
de las actividades humanas. En efecto el tejido resi-
dencial, principal componente de la ciudad contem-
poránea es el encargado de estructurar el espacio
urbano, jerarquizando, rellenando los espacios que
no están ocupados por edificios más representativos
como los monumentos, los equipamientos o las infra-
estructuras comerciales. La vivienda es la gran masa
que conforma lo urbano, que le da peso y sentido.
La vivienda es una oportunidad única para comenzar
a construir, a urdir y a estructurar una ciudad más
digna y apropiable.

escenarios

Las urbes en desarrollo están atravesando por un
proceso de crecimiento urbano sin precedentes. Las
ciudades han fracasado en la tarea de albergar y satis-
facer las necesidades de una población cada vez más
numerosa. Al no poder responder a un crecimiento
descomunal de los centros urbanos, las poblacio-
nes se han ido asentando en su periferia sin ningún
esquema de planificación urbana. Como consecuencia
estos asentamientos que en muchos casos se crean
de manera ilegal deben ser luego legalizados, con la
onerosa inversión en infraestructura y abastecimien-
to de servicios públicos. Este proceso de mejora-
miento de barrios anteriormente ilegales le cuesta a
la ciudad mucho más de lo que le hubiera costado si
hubiese construido, desde su inicio, una urbanización
planificada en las periferias de la ciudad.

Así mismo, esta creciente expansión urbana con-
lleva una situación crítica en términos sociales que,
además, se manifiesta físicamente en la colonización
del territorio natural, inevitablemente propiciando el
deterioro del sistema ambiental. Estos asentamientos
ilegales se dan en muchos casos en zonas de conser-
vación que en su mayoría no son aptas para la cons-
trucción ya que presentan amenazas de remoción en
masa, erosión o inundación, poniendo en peligro la
situación de las personas que se asientan en el lugar.

Además de estar ante una población vulnerable que
vive en condiciones infrahumanas, presenciamos la
amenaza al sistema ecológico y a los modos de vida
rurales que las grandes extensiones urbanas absor-
ben descontroladamente. El problema que esto trae
consigo es que la ciudad planeada y ordenada nunca
puede ser compatible con soluciones “improvisadas”
que se dan en las periferias. Es necesario darse cuen-
ta del reto que esto significa para las grandes con-

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