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"En la Cuauhtémoc se baila así...".

Por Leyva Gómez Z. Esther.

Todos los fines de semana, la Plaza de la Ciudadela se convierte en una


academia de baile. Hay mucha elegancia: las mujeres con vestidos que marcan
la época del buen danzón, sus rostros llevan un poco de color rojo en las
mejillas y en los labios. Los hombres son un poco más desalineados, pero aún
así sin perder esa mima elegancia que les caracteriza y que da a entender que
van a bailar danzón.

Son miles de personas que se reúnen en la calle para aprender a mover


la cadera. Sin inscripciones, ni requisitos. El ritmo es contagioso e invita a
intentarlo. El danzón es, por su historia, uno de los bailes de preferencia de los
citadinos. Es por eso que hace once años surge la Plaza del Danzón (ubicada
a un lado de la Ciudadela, en el centro del DF) como parte de un proyecto para
darle una verdadera utilidad a ese lugar, que estaba ocupado por indigentes.

“En realidad, no se aprovechaba de ninguna manera”, comenta


Rosalinda Aceituno Ríos, encargada de la conducción del evento y de la
organización de los demás eventos de la delegación. Rosalinda, además de
conducir el evento, vive también junto con las personas el ritmo y las historias
que se dan en la Plaza.
Comenta, “Para mí, el danzón significa vida, es terapia, es salud, es
convivencia, es alegría…”. Ha trabajado en la delegación Cuauhtémoc desde
hace once años. “Las historias son muy ricas; hay niños que han sido
campeones y han salido de aquí, también tenemos el primer sacerdote que
viene cada sábado a bailar, también vienen personas invidentes: es muy
interesante mi trabajo”.

En esta Plaza, además de el baile y de las personas que van a aprender


y otras a practicarlo, se han dado “historias de amor”. Es Rosalinda la que nos
comenta que a ella le ha tocado ver y compartir esas historias desde hace ya
once años, “hemos tenido de todo: parejas que se reúnen, que se encuentran,
se juntan, se casan y siendo ya personas de la tercera edad; porque yo creo
que sí sirve que bailen y se distraigan y no estén en su casa esperando la
muerte que así llega más rápido”.

Es un espacio de
convivencia “de los que ya
no hay, porque aquí vienen
familias enteras a pasar un
momento agradable, los
padres y abuelos enseñan a
los chicos y se hace un
convivio, sin estar pensando
en los problemas que se
viven a diario”.

Aunque Históricamente, el danzón llegó de Cuba, es sensual, seductor


por naturaleza. “Pero a mí me gusta cómo lo bailan las mexicanas, con esa
coquetería, el movimiento de las manos y de las caderas, por eso me gusta
enseñarlo a muchachas”, comenta Salvador Salgado, maestro de baile en la
Plaza.
Salvador tiene dos años enseñando salsa, merengue, cha cha chá y
danzón. Son bailes que también se practican en la Plaza, pero el que
predomina los sábados y por lo que se conoce más y por el danzón.

Debemos terminar con la mentalidad de que el danzón es exclusivo de


las personas mayores, no es así. Ir a bailar a la Plaza es un buen ejercicio
físico y de convivencia. La Plaza del Danzón, está ubicada en la Plaza de la
Ciudadela, en las calles de Enrico Martínez y Emilio Dondé, en la colonia.
Centro, para pasar un rato ameno junto a personas con gustos similares.

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