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Dossier El Sol Como Disfraz

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PEDRO SORELA El sol como disfraz

308 Páginas / 18,50 Euros
«Sorela novela con crueldad y ternura la vida de un periódico de éxito, tan real que puede ser cualquiera. Su prosa brillante y personal entra como un bisturí en el periodismo de hoy y saluda al de mañana.» ÁLEX GRIJELMO

El autor
Pedro Sorela, doctor en Periodismo, ejerció como periodista durante más de veinte años, sobre todo en el periódico El País como entrevistador y reportero en la sección de Cultura y como comentarista de libros. Además, en este diario publicó durante cuatro años una columna semanal,+ en la que se procuraba investigar en nuevas formas de articulismo. Una antología recogió algunos de esos experimentos en el volumen 57 pasos por la acera de sombra. Antes de eso trabajó para la agencia Europa Press durante ocho años, en Madrid, y en El Correo Español-El pueblo vasco, en Bilbao. Es asimismo colaborador y miembro del Consejo Editorial de la revista mexicano-española Letras Libres y colaborador regular de la "Revista de Libros". Escribió y dirigió Lost Paradise: a journey through imaginary England para la serie A vision from abroad de la BBC. Es profesor de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Proveniente de una familia de tradición diplomática y viajera, hijo de un español y una

colombiana, y ha residido en varios países, lo que se refleja en los múltiples escenarios de sus novelas. Es novelista (Aire de Mar en Gádor, Huellas del actor en peligro, Fin del viento, Viajes de Niebla, Trampas para estrellas, Ya verás), autor de libros de cuentos (Ladrón de árboles, Cuentos invisibles, Historia de las despedidas), ensayista (El otro García Márquez: los años difíciles y Dibujando la tormenta: Faulkner, Borges, Stendhal, Shakespeare, Saint-Exupéry, fundadores de la escritura moderna), escritor y director de obras de teatro, y también escritor de libros para chicos (Yo soy mayor que mi padre, Cuéntamelo de nuevo, Cambio de amigos). Entre sus aficiones se incluyen el dibujo y la jardinería.

La obra

Pedro Sorela retrata las interioridades de un gran periódico, “La Crónica del Siglo”. *** Es una radiografía de la profesión que Sorela tan bien conoce puesto que es Doctor en Periodismo y ha ejercido de periodista más de 20 años *** Es un relato lúcido y a menudo descreído de los entresijos que explican el funcionamiento de un periódico de referencia
El sol como disfraz es el retrato del interior de un gran periódico y, por extensión, de una profesión que Pedro Sorela conoce muy bien, no en vano es doctor en Periodismo, profesor en la Universidad Complutense de Madrid y ha ejercido de periodista durante más de 20 años. Es una mirada crítica, a menudo descreída y siempre lúcida e implacable sobre un sector que se ha ido transformando a lo largo de los años. Su relato se construye a través de varias miradas: la del nuevo director que ha aportado aire nuevo a la redacción y que debe resistir no pocas presiones por ello, la de los redactores jefe que espían en qué momento quedará libre el despacho del director, la del redactor joven para quien el periodismo más que un trabajo es una devoción, la de la secretaria que esconde más de un secreto, la del corresponsal de guerra que regresa a Madrid cuando cubre su cupo de brazos cortados y niños sin lágrimas y se encuentra con que no es fácil asimilar una vida cotidiana…

El libro arranca con la llegada de Daniel a “La Crónica del Siglo”, un reportero sin prejuicios que será testigo de la transformación del diario y de la suya propia. Un joven periodista que introduce pequeñas pistas en sus artículos como mensajes a Génova, la jefa de prensa de una editorial mientras esta acompaña a los autores en las giras promocionales de sus libros. A través de “La Crónica del Siglo”, el escritor y periodista describe un oficio rodeado de una cierta mística y sometido, como todas las profesiones, a determinadas servidumbres. Su desmantelamiento del mito empieza con el propio origen del diario: Su lema al nacer fue el de “Informar para ser libres”, cuando en realidad “fue creado para proporcionarle un picadero en Madrid a don Ireneo Gómez, boticario catalán enamorado de una vicetiple de Albacete”. “La Crónica del Siglo” crece, se convierte en una referencia para el periodismo nacional hasta que en la Transición se ve desbordado por la aparición de nuevos diarios. Años después toma las riendas un nuevo director conocido por todos como “Picasso”, un antiguo profesor de arte expulsado de la universidad por haber viajado hasta Biarritz con una alumna, y que llega a su nuevo despacho porque es el yerno de Don Atilano, el propietario. Él trae aire nuevo, aporta una mirada novedosa (“conseguía que la gente fuese mejor, más inteligente”) y logra darle la vuelta a un diario apolilllado (“en los quioscos no encabezaba las ventas pero ya nadie ponía en duda que estaba ensanchando el periodismo escrito”). Su peripecia se extiende a lo largo de los siete años que van armando la novela.

Extractos de El sol como disfraz
“Las primeras páginas no son decisivas par vender periódicos en España, donde los diarios se compran por adicción, militancia, apostalado, ausencia de imaginación o prejuicios contra los de la competencia. Casi nunca por una primera página atractiva”. “En otras profesiones la mentira es legal. El médico le miente a su enfermo, menos por compasión que por cobardía. El escritor lo hace para contar la verdad, el político para repetir, y el actor y la puta por oficio, para consolar al público de lo que hay que ver. Pero en periodismo las mentiras son el comienzo del fin.» “A los periodistas se les van gastando los ojos. Tienen que conservar la mirada joven, igual que el cocinero el gusto y el asesino la crueldad. Un asesino sin crueldad está muerto”. “Los periódicos son lugares donde la vanidad es frágil y asoma con un leve soplo y a nadie choca que un columnista se tome por un filósofo y el crítico de cine crea que él es el verdadero protagonista de la película”. “Pensaba en una vieja ley que debieran enseñar en las escuelas: en periodismo se asciende por la escalera pero se baja por el hueco del ascensor”. “Las entrevistas se parecen un poco al sexo de tren o de avión: muy intenso durante un rato y luego puede que tu entrevistado no te reconozca en la puerta de un cine”. “Ella es columnista, un grado superior y en todo caso más descansado del periodismo, un grado de escritora, o eso cree ella, y cuando la llaman periodista se siente como un café italiano al que tratasen como un descafeinado de sobre”. “Al reconocer el tono íntimo de la conversación, Daniel ha dejado de escuchar. Por ese tipo de cosas el Pez, director de Rápido, le dijo un día meneando la cabeza que él jamás será un buen periodista. ‘Te falta el colmillo retorcido y sin él no se puede hacer periodismo’”. “Picasso apaga el televisor sin volumen. Eso también es nuevo, se sorprende Daniel. Por lo general, una vez enchufados los periodistas no parecen capaces de desconectarse de la televisión infinita, y muchas veces hasta duermen con el destello porque terminan confundiendo la televisión con la vida y el silencio con la muerte”. “Algunas agencias de noticias ya cubren algunas guerras con formularios en los que sólo hace falta rellenar casillas con la hora y el lugar de los golpes de estado, las tomas de ciudades que apenas figuran en los atlas y rara vez en los GPS, los incendios, los accidentes de tráfico con muchos muertos…”. “Si el día no ofrece nada mejor, esa foto que nos recuerda que vivimos sobre un rayo será de premio, de enmarcar la portada y colgarla en la pared de alguna escuela de periodismo. Daniel se pregunta si eso es lo que quiere: llegar a proponer para primera página una foto de hombres muriendo como se propone un olor de lavanda para un desodorante”. “Lo del ‘nadiemásquetú’ es el más viejo truco de los directores cuando quieren sobornar a alguien sin gastarse dinero: le hacen mimitos en la vanidad. Y en prensa, algo muy emparentado con el teatro pues los periodistas tienden a sentirse actores cuando no dramaturgos, es difícil que no funcione”.

“Se incorporó un poco más. Se quitó las gafas: ‘En los periódicos no podemos permitirnos la claridad que prometemos porque duele y nadie compra periódicos para que le duela. Por eso la disfrazamos’”. “Una entrevista es una seducción que ha de consumarse en muy poco tiempo”. “Daniel no usa grabadora y toma notas en una libreta, en la idea de que una entrevista a un escritor es un dibujo, una seducción con palabras. No es una foto, en ningún caso, y tampoco una charla por televisión. Aunque no sabe explicarlo bien, sabe que la televisión es lo contrario de la escritura”. “Fundar un nuevo periódico de papel se considera un razonable indicio de locura. Otros, sin complejos, se han convertido a sectas varias para tener al menos garantizado el público de sus respectivas iglesias. Todas ellas regurgitan consignas y repiten sus credos una y otra vez, y eso, hasta cierto punto, asegura las ventas. La conquista de lectores se ha convertido en una de las épicas desesperadas de estos tiempos, de nuevo más confiados en la fe que en el periodismo”. “Confiando en que, si se movía, el corazón le volvería a funcionar, Sofía le llevó la foto a su jefe. Aunque tenía la sensación casi física de llevar sangre caliente con las manos, le compensaba pensar que esa sangre iba a ser primera página, o sea que se sentía como Miguel Strogoff galopando a través de Rusia con la carta que cambiará la Historia. Su jefe la miró y, sin decir nada, la puso a un lado, en la bandeja de los descartes”. “Pero lo impresionante era el silencio: ni voces ni teléfonos, que son los cantos de rana con que las redacciones proclaman su disposición a ser fecundadas. Tan sólo se escuchaba el tactac de los teletipos de las agencias escribiendo a galope corto lo que tenía el aspecto de una novela sin fin”. “Esteban no podía tragarse ese montaje, por perfecto que fuese. Eso es lo que distingue a los que nacen periodistas y poseen el instinto: huelen lo falso, todo aquello que no encaja en la religión del realismo”. “Los periodistas están adiestrados para que al leer su firma en portada les parezca que sí merece la pena haber nacido pues han entrado en la Historia”. “A partir de las seis de la mañana, el tiempo se levanta y comienza una jornada frenética, y muchos días los periódicos llegan viejos, ya casi parecen los apuntes amarillentos de una clase de Historia en la que la historia es siempre la misma”.

La crítica ha dicho sobre... Pedro Sorela
«No le gustan los espacios estancos, ni los corsés, especialmente los que ciñen el espíritu. Pedro Sorela está convencido de que hay palabras demasiado estrechas para enfundarnos en ellas, conceptos como patria o nación que encasillan y que “responden al lenguaje políticamente correcto”.» —Cristina Guerrero, El Mundo «El tratamiento literario del viaje que casi siempre viene a ser una narración de aventuras y desventuras, además de una manera de observar e interpretar el mundo ajeno y el propio. Eso ha fascinado siempre a un novelista como Pedro Sorela, tal vez por el mestizaje familiar que le facilitó sentirse entre España y Colombia y de paso por otros lugares, debido a la tradición diplomática de su familia.» — Guillermo Busutil, La Opinión de Málaga «Los relatos de Sorela prueban que ha viajado lo bastante para, como hubiera dicho ValleInclán, no ser arrogante cuando bien podría serlo y, lo más importante, cuando cualquiera en su lugar aprovecharía la tesitura para consolidar su propio arquetipo de héroe. La prosa de Sorela se apoya en reflexiones que son producto de la lucidez y cierto descreimiento.» —Víctor Andresco, El País

La crítica ha dicho sobre... la obra de Pedro Sorela
Ya verás (Alfaguara, 2006)
«Espléndida, magnífica, hermosa y poética novela»

Javier Goñi, El País
«“Hace ya algún tiempo que vengo destacando el singular espacio que ocupa la obra narrativa de Pedro Sorela en el actual panorama peninsular […] Un canto al arte de viajar, tan vinculado en Pedro Sorela a la propia escritura. […] Una novela que en nada se parece a lo que más abunda en las librerías”.

Ana Rodríguez Fischer, Letras Libres
«Pedro Sorela es uno de los autores más originales de la hora actual, tan huérfana de escritores a los que no se les vean los trucos y falsillas. En esta novela vuelve a demostrar su talento narrativo. También la elegancia de sus maneras de contar»

Leer

Cuentos invisibles (2003)
“Los relatos de Sorela prueban que ha viajado lo bastante para, como hubiera dicho Valle-Inclán, no ser arrogante cuando bien podría serlo”. Victor Andresco, El País

«Voluntad creativa que escapa de la rutinaria copia realista. Además, una meticulosa
disposición forma, resuelta en buenos finales, tiene la compañía de una constante vigilancia del estilo, esmerado y versátil.»

Santos Sanz Villanueva, El Mundo « Deleitarse en lo que en demasiadas ocasiones se nos antoja nimio cuando estamos lejos de
casa, de la habilidad de roer un instante como si fuera un hueso y de llegar hasta el tuétano, desnudar el relato del viajero de las experiencias sublimes y apasionantes y revestirlo con sensaciones llenas de sustancia…»

Isabel Gutiérrez, ABC Trampas para estrellas (2001)
«Una novela divertida, muy divertida y, al tiempo, enormemente crítica, con una ironía magníficamente usada y una estructura eficaz, directa y rica en matices. Una interesante novela que invita a reflexionar sobre nuestro entorno, sobre nuestro mundo»

Luis de la Peña, El País

«Capacidad del autor para asombrar al lector y convertir la lectura de la novela en una feliz/dichosa aventura. Bellísimo tratamiento, deliciosa… Aventúrese y déjese atrapar por Trampas para estrellas».

Ana Rodríguez Fischer, ABC Viajes de Niebla (1997)

«Sólo quien es capaz de poseer un don para la consecución de un espacio imaginario como el que Sorela nos presenta es capaz, asimismo, de dotar de verosimilitud y, por tanto, de coherencia narrativa todo un mundo. Viajes de Niebla es el resultado, a veces espléndido, de ese logro. Por eso la importancia de la novela en el panorama literario español de hoy».

Juan Ángel Juristo, El Mundo

«Lo que de verdad me ha interesado es la forma en que Sorela ha construido esta espléndida novela, apostando por un modo que tiene sus riesgos si pensamos en la orientación que al parecer domina la novela española de hoy. Y es ese componente formal o constructivo el que transforma Viajes de Niebla en una obra muy original (...) Por la amplitud del mundo abarcado, por la hondura con que se penetra en estas vidas fingidas y por la riqueza literaria aquí desplegada, Viajes de Niebla es una novela altamente recomendable. Y además de gratísima lectura”. .

Ana Rodríguez Fischer, Quimera
«El trabajo narrativo de Sorela está marcado por una cuidada y detenida elaboración del texto, que ofrecen diversos modos de escritura. Así el uso de la ironía como la clave de la mirada crítica y distanciadora sobre el mundo americano. Pero cuando el texto se detiene en los años de la guerra española, la ironía desaparece y el texto se vuelve hondo para observar a los seres en su debilidad, en el drama humano.»

Luis de la Peña, El País
«De las cuatro novelas del autor, es ésta la más ambiciosa y compleja por su extensión y por la heterogeneidad de sus materiales, con sus implicaciones individuales y colectivas, y por la diversidad formal de géneros, procedimientos técnicos y registros estilísticos empleados en un texto muy proteico en todos su planos».

Ángel Basanta, ABC Cultural
«En esta novela Sorela deja manifiesta su capacidad técnica y fabuladora, además de dar otra vuelta de tuerca a un espacio peculiar y propio, cuyas atmósferas están batidas por el viento, habituadas al mar y transitadas por personajes redondos que transmiten verdad».

Ramón Acín, Heraldo de Aragón

Fin del viento:
“La vitalidad metafórica, los resortes expositivos, la mecánica creadora, en definitiva, el impulso estilístico es el que, junto a la determinación inapelable del narrador, unifica literalmente el relato”. Antonio Ortega, El Urogallo

Huellas del actor en peligro:
Sorela se erige en un peculiar creador de atmósfras”. Miguel Dalmau, La Vanguardia

Aire de Mar en Gádor
“Una primera novela de asombrosa brillantez” Stephen Vizinczey, The Observer “La sabiduría literaria de Sorela es manifiesta, así como su respeto absoluto de lo literario” Rafael Conte, El País “Inteligente, literaria, amanerada, nos parece, entonces, una entre muchas opciones posibles de libertad, una forma de lucha, de romper, de abrirse camino.” José Donoso, ABC “Una obra de una factura narrativa espléndida, que, aparte de utilizar un lenguaje sumamente depurado y muy rico en imágenes, revela un inteligente y sólido dominio del oficio, de las empresas bien maduradas”. Mercedes Monmany, Diario 16“Gádor es una isla de sensualidad sin erotismo barato, es un grito de protesta social en el que no aparece nunca el panfleto gratuito, y es también un ensayo estético sin pedantería esteticista”. Eduardo Sotillos, Televisión Española

Pedro Sorela habla sobre su obra
«Yo no escribí esta novela: la dibujé muy lentamente con una pluma Parker 51 (la que había usado siempre hasta la fecha), y volviendo a empezar una y otra vez con cualquier tachadura. Y no tanto en busca de la pulcritud o la perfección sino para mantener la concentración mientras me llegaban las imágenes, la música, las palabras precisas o incluso la propia historia del libro, pues este, el primero después de un par de novelas de aprendizaje (inéditas, y que sigan así), fue el más inconsciente de mis libros: sólo tenía en la cabeza la curva, no los detalles». (sobre Aire de mar en Gádor) «Yo suelo escribir en un estado no del todo consciente, y sólo después, con el libro impreso, comprendí que Camila Mallarino, Diego y Niebla, el poeta Íñigo Gayán de Gádor, contaban básicamente la historia de mis padres. Lo que no dejó de perturbarme. Cómo era posible que yo dibujara a mi madre oscilando entre dos hombres. Podría no haberlo sido, pero era una mujer de un solo hombre. Hasta que comprendí que Diego y Niebla, de título revelador, eran las dos facetas de mi padre, las que yo recordaba sobre todas y que habían fascinado, y cómo no, a mi madre» (sobre Viajes de Niebla) «Esta tercera novela, en cuya divulgación mis editores se esforzaron bastante al consolidarme como autor, fue seguramente la que secó en torno a mí el cemento de una reputación de escritor difícil que no se corresponde con la realidad. Es una novela que sin embargo gusta a los exigentes. "Puro lenguaje y ¿acaso no se trata de eso?", dice de ella un traductor francés amigo empeñado en encontrarle editor en Francia» (sobre Fin del viento) «No son tres historias distintas, como llegó a decir algún crítico, sino, con el casi olvidado deseo de construir novelas con grandes ventanales, tres momentos en la vida de una sola mujer, incluidos sus orígenes, que además es azafata y cuya vida transcurre en el aire. En este libro tuve por primera vez la sensación de que había comenzado a terminar de pagar mis deudas, y esta vez era más mío que nunca» (sobre Ya verás) «Este es el único de mis títulos que me dictó un sueño, que yo sepa, aunque lo que me dictó era rastros, Rastros del actor en peligro. Y le obedecí pese a que ya había leído el consejo de Graham Greene (que escribió un libro con ellos) de no recurrir a los sueños jamás, para hacer literatura, pues nadie los entiende y sólo interesan a los psicoanalistas. Al periodista real que inspiró al del la novela no le gustaron nada éste y su peripecia -algo por lo demás comprensible-, y así me lo hizo saber una madrugada en Madrid» (sobre Huellas del actor en peligro). «A partir de un incidente real -cómo cuatro amigos y yo estuvimos a punto de ahogarnos en un río de los Llanos, en Colombia, cuando teníamos unos trece años-, esta novela trata de la boqueante situación de la universidad española, en la que decenas de miles de estudiantes viven una situación límite... sin que nadie se dé cuenta o al menos lo diga.» (sobre Trampas para estrellas)

«Cuentos invisibles porque aspiran a la literatura, que no se puede filmar. Porque tratan de viajes y el viaje es lo que sucede detrás de los ojos, no delante y, al igual que la literatura, hace posible que de nuestro mundo hagamos una creación» (sobre Cuentos invisibles ) "Historia, en singular, porque todo conjunto de viajes conforma un viaje, un paisaje. Es también una novela. Y al revés". (Sobre Historia de las despedidas).

Madrid, xx de abril de 2012 Estimado/a amigo/a: Alfaguara tiene el placer de enviarte El sol como disfraz, del escritor Pedro Sorela. El sol como disfraz es un retrato lúcido y a menudo descreido sobre las interioridades de un gran periódico de tirada nacional, “La Crónica del Siglo”, y por extensión de una profesión que esconde tantos secretos y miserias como cualquier otra. El autor relata el día a día de sus profesionales, las ambiciones y los desengaños de todos ellos. Se centra en la etapa en la que el director, conocido como “Picasso”, aporta una mirada nueva y aire fresco a la redacción pero se topa con tno pocas antas suspicacias y barreras. Pedro Sorela nació en 1951 en Bogotá, Colombia, y es hijo de un español y una colombiana. Es doctor en Periodismo y ha ejercido la profesión periodística durante más de veinte años, colaborando principalmente con el periódico El País como entrevistador y reportero en la sección de cultura y como columnista. Es profesor de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Proveniente de una familia de tradición diplomática y viajera, ha residido en varios países y viajado lo suyo, lo que se refleja en los múltiples escenarios de sus novelas. Es novelista (Aire de Mar en Gádor, Viajes de Niebla, Huellas del actor en peligro, Fin del viento, Trampas para estrellas, Ya verás), autor de libros de cuentos (Ladrón de árboles, Cuentos invisibles, Historia de las despedidas), ensayista (El otro García Márquez: los años difíciles, Dibujando la torment:. Faulkner, Borges, Stendhal, Shakespeare, Saint-Exupéry, fundadores de la escritura moderna), escritor y director de obras de teatro, y también escritor de libros para chicos (Yo soy mayor que mi padre, Cuéntamelo de nuevo, Cambio de amigos). El departamento de prensa está a tu disposición para ampliar esta información. Atentamente, Prensa Alfaguara Yolanda Cortés 91 744 92 21 cortesyo@santillana.es Lucía Cobos 91 744 91 66 coboslu@santillana.es

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