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Y La Biblia Tenía Razón

Y La Biblia Tenía Razón

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Y la Bíblia tenía razón es un libro que nos muestra la verdad histórica de las escrituras comprobada por las investigaciones arqueológicas.

La arqueología bíblica hace pocos años era un campo casi inexplorado pero que a día de hoy nos ha ofrecido conocimientos tan revolucionarios (sobre todo en los últimos años) que hoy es posible responder satisfactoriamente a muchas de las preguntas que muchos oponían al contenido histórico de los libros sagrados.

Las excavaciones realizadas han sacado de entre los escombros una Importante cantidad de testigos mudos de los hechos que explica la Biblia.

Autor: Werner Keller
Para Usos Internos y Didácticos Solamente
Y la Bíblia tenía razón es un libro que nos muestra la verdad histórica de las escrituras comprobada por las investigaciones arqueológicas.

La arqueología bíblica hace pocos años era un campo casi inexplorado pero que a día de hoy nos ha ofrecido conocimientos tan revolucionarios (sobre todo en los últimos años) que hoy es posible responder satisfactoriamente a muchas de las preguntas que muchos oponían al contenido histórico de los libros sagrados.

Las excavaciones realizadas han sacado de entre los escombros una Importante cantidad de testigos mudos de los hechos que explica la Biblia.

Autor: Werner Keller
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04/14/2013

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El mundo hacia el año 1200 antes de J.C. — El débil Canaán. — Los primeros
traficantes de hierro. — El paso del Jordán. — La fortaleza de Jericó, la ciudad
más antigua del mundo. — Discusión entre sabios sobre las murallas
destruidas. — Estratos calcinados. — El Faraón menciona por primera vez a
Israel. — Tumbas junto a la aldea de Josué.

Y DESPUÉS DE LA MUERTE DE MOISÉS. SIERVO DE YAHVÉ,
SUCEDIÓ QUE YAHVÉ HABLÓ A JOSUÉ. HIJO DE NUN,
MINISTRO DE MOISÉS. DICIENDO: "MOISÉS MI SIERVO HA
MUERTO. AHORA, PUES, VE Y PASA ESE JORDÁN. TÚ Y TODO
ESTE PUEBLO, HACIA LA TIERRA QUE YO LES DOY A LOS
HIJOS DE ISRAEL" (Jos. 1:1-2)

En aquel tiempo en que Israel está junto al Jordán, dispuesto a penetrar en la Tierra
Prometida, en el Mediterráneo se va a decidir la suerte de Troya, y los días de la altiva
fortaleza del rey Príamo están contados. Pronto se prepararán en Grecia para la lucha los
héroes de Hornero: Aquiles, Agamenón y Ulises. Las agujas del reloj universal se
acercan al año 1200 antes de J.C. Israel no pudo elegir mejor tiempo para su marcha.
Desde Egipto no amenaza peligro alguno. La tierra del Nilo se ha debilitado, la época de
su grandioso esplendor ha pasado. Dos milenios han consumido sus fuerzas. Después
del rey Sol Eknatón, políticamente débil, el poder de Egipto decayó visiblemente. La
supremacía de Egipto sobre Canaán se desmorona por momentos.

Dividida por las querellas internas de los numerosos pequeños reinos y principados de
las ciudades estatales, explotada por una corrompida política de ocupación por parte de
Egipto, Canaán también se encuentra agotada.

Desde la expulsión de los hyksos hacia 1550 antes de J.C., Palestina fue
ininterrumpidamente una provincia egipcia. Un sistema feudal bajo el dominio de los
hyksos había destruido la sencilla ordenación patriarcal que privaba en las ciudades en
tiempos de Abraham. Bajo una estirpe señorial aristocrática que regía el país según su
capricho y en forma despótica, cayó el pueblo en una sumisión injusta hasta convertirse
en verdaderos parias.

Egipto deja subsistir este sistema feudal en Palestina. Los príncipes indígenas podían
gobernar a su antojo; ejercen autoridad y disponen de fuerzas propias de combate: los
carros de guerra para los patricios, y la plebe en la infantería. Las sangrientas luchas que
las ciudades sostienen entre sí no interesan para nada a Egipto; para este país sólo son
de importancia los tributos, vigilados estrechamente por los inspectores egipcios. Sus
puntos fortificados y sus guarniciones les proporcionan el respeto necesario. Gaza y
Jope constituyen los centros administrativos más importantes de Egipto. Los
contingentes de trabajadores forzados tienen que señalarlos los señores feudales. De esta
forma se construyen y conservan caminos; se cultivan las propiedades reales de la
corona en la fértil llanura de Yezreel, al sur de Nazaret, y se talan los magníficos
bosques de cedros del Líbano. Los comisarios de los faraones están corrompidos. A
menudo se malversan los fondos destinados a la paga y a la manutención de los
soldados. Y los soldados egipcios, los cretenses, los beduinos y los nubios, proceden al
pillaje de los indefensos campos.

Bajo la autoridad de Egipto la tierra de Canaán se desangró. La población fue
disminuyendo. Las casas patriarcales son, en el siglo XIII antes de J.C., más humildes
que en los tiempos primitivos, según han demostrado palpablemente las excavaciones.
El lujo y el valioso adorno es raro y míseras son las dádivas en las tumbas. Las murallas
han perdido su solidez.

Sólo en la costa de Siria sigue casi inconmovible el ritmo de las repúblicas marítimas,
resguardadas por tierra por la cordillera del Líbano y menos conmovidas por las
disensiones de los príncipes de las ciudades. Los puertos continúan siendo plazas de
intercambio para todo cuanto el mundo puede apetecer. Hacia el año 1200 antes de J.C.
aparece en la lista de los productos apreciados un nuevo metal, tan valioso al principio
como el oro y la plata: es el hierro. Procede de la tierra de los hititas, y son los fenicios
los primeros en comerciar con un metal que tiene que dar el nombre a una edad de la
historia del Mundo. El hierro lo conocían ya los egipcios desde hacía casi dos milenios
y lo consideraban como cosa sumamente rara. Aquel hierro no procedía de nuestro
planeta sino que se obtenía de los meteoritos. Y las pocas y valiosas armas que con él
se fabricaban eran llamadas por ellos, con mucha razón, "puñales del cielo."

Con el nuevo metal empieza una nueva época: la edad del hierro. La edad del bronce,
con su peculiar civilización, se extingue: una gran época de la Antigüedad toca a su fin.

A fines del siglo XIII antes de J.C. avanza, desde el norte del Egeo, una nueva oleada de
pueblos poderosos y extraños. Por mar y por tierra invaden las ciudades "marítimas" del
Asia Menor. Son los emisarios de un gran movimiento de pueblos a los cuales

pertenecen también los que forman la llamada "emigración dórica" hacia Grecia. La
dirección que sigue el empuje de los extranjeros — son indogermanos — tiene por
objetivos Canaán y Egipto, Israel, junto al Jordán, no tienen aún nada que temer de
ellos. Pero los cananeos están debilitados debido a sus disensiones. La hora de Israel ha
sonado. ¡Las bíblicas trompetas de Jericó dan la señal!

Y PARTIERON DE SITTIM Y LLEGARON HASTA EL JORDÁN... Y
TODO ISRAEL LO PASABA A PIE ENJUTO, HASTA QUE EL
PUEBLO ENTERO ACABÓ DE ATRAVESAR EL JORDÁN... Y
ACAMPARON EN GUILGAL, EN LA FRONTERA ORIENTAL DE
JERICÓ (Jos. 3:1, 17; 4:19).

Hoy día existe un puente para atravesar el río. Es el único que existe por la parte Sur;
sólo río arriba, a la salida del lago de Genesaret, ha sido construido otro puente
moderno. El río Jordán es estrecho, muy estrecho, y desde antiguo hay en él varios
sitios por donde puede vadearse con facilidad. La población indígena los conoce muy
bien. Junto a Jericó, las aguas, de un sucio color amarillento, apenas si alcanzan, en la
estación seca, unos 10 metros de anchura.

Cuando los israelitas llegaron a orillas del Jordán, este río llevaba un gran caudal. "Las
aguas del Jordán se desbordaban por todas sus orillas al tiempo de la siega" (Jos. 3:15).
Como cada año, ha empezado ya el deshielo en el Hermón. "Las aguas que bajaban de
arriba se detuvieron y se alzaron, formando un montón
(es decir, se estancaron) muy
lejos, por Adam... y el pueblo pudo pasar por junto a Jericó... y todo Israel pasaba a pie
enjuto hasta que el pueblo entero acabo de pasar el Jordán
" (Jos. 3:16-17). En esta
ciudad de Adam recuerda el-Damiyek un vado muy utilizado del curso medio. Si se da
una crecida repentina del río, en poco tiempo se puede formar en aquel lugar un
embalse, quedando el curso inferior casi seco 1

.

En el Jordán se han formado a menudo embalses a causa de movimientos sísmicos. En
1924 y 1927, un fuerte terremoto transformó las márgenes del río y grandes masas de
tierra se desprendieron de las colinas situadas junto a su curso, cayendo en su lecho.
Durante veintiuna horas, el agua quedó estancada. En 1906 hubo un terremoto junto al
Jordán, y el lecho del río, cerca de Jericó, permaneció completamente seco durante un
día. Unas inscripciones árabes citan un hecho igual en 1267 d. J.C.

Si desde un avión se contempla esta parte del valle del Jordán, se comprende cómo
pudo ser que miles de años atrás tuviese tanta importancia. Al Este se extiende, ante los
desiertos arábigos, la accidentada altiplanicie de Jordania, desde muy antiguo la patria
de numerosas tribus nómadas, desde donde podían contemplar los fructíferos campos y
pastos de Canaán. Aquí hay una puerta de entrada natural; es el vado principal del
Jordán, fácilmente franqueable, hasta por los rebaños. Pero quienes proceden de Oriente
tropiezan, no lejos del Jordán, con el primer obstáculo serio, Jericó, situada en posición
estratégica y ciudad clave para la conquista de Canaán.

Y CUANDO LA GENTE OYÓ EL SONIDO DE LA TROMPA
ALZARON GRAN ALARIDO Y SE VINO ABAJO LA MURALLA Y
EL PUEBLO ESCALÓ LA CIUDAD CADA UNO POR LA PARTE
QUE TENÍA ENFRENTE Y SE APODERARON DE ELLA... LUEGO

PRENDIERON FUEGO A LA CIUDAD CON CUANTO
ENCERRABA (Jos. 6:20, 24).

La lucha de Josué por esta ciudad la hizo célebre. En la actualidad, los hombres de
ciencia batallan a su alrededor con palas, picos y tablas cronológicas. Josué conquistó a
Jericó en siete días, según la Biblia. La lucha de los arqueólogos para conquistar lo que
de ella quedó, perdura desde hace casi cincuenta años y aún no está completamente
decidida. Se trata sólo de determinar, en forma que no haya lugar a dudas, la época de
su destrucción.

Las apasionantes y dramáticas excavaciones de Jericó están sembradas de hallazgos
sensacionales y de descubrimientos jamás oídos, con sorpresas y con desengaños, con
comprobaciones y refutaciones, con controversias sobre la importancia y fechas.

La depresión del Jordán disfruta de un clima tropical. Cual un oasis aparece la aldea
Eriha, el moderno Jericó, en el linde del desierto cretáceo y privada de vegetación.
Aquí crecen hasta las palmeras, que apenas se ven en Palestina, excepto al sur de Gaza.
Hasta la Biblia designa a Jericó con el nombre de "Ciudad de las Palmeras" (Juec. 3:13).
Unas veces dorados, otras rojos, los racimos de dátiles destacan entre las verdes hojas.
Desde muy antiguo una frondosa vegetación constituye el encanto de la fuente Ain es-
Sultan. Al norte de la actual Jericó y precisamente por estos lugares, hay una colina
formada por escombros y designada con el nombre de Tell es-Sultan. Esta colina es el
campo de batalla de los arqueólogos. Aquel que quiere penetrar en él tiene que pagar la
entrada. Las excavaciones se hallan situadas detrás de un vallado de alambre.

FIG. 23. — La antigua muralla cananea de Jericó.

Los restos de Jericó hallados en Tell es-Sultan constituyen uno de los yacimientos más
importantes que han sido hallados, porque desde hace tiempo ya no se trata solamente
de la fortaleza bíblica. En la colina dormitan, debajo de las capas pertenecientes a la
edad del bronce, los testimonios de la edad de piedra. Hacen que nuestras miradas se
desvíen hacia las épocas más antiguas y a los primeros seres humanos que allí se
establecieron en forma sedentaria. Las casas más antiguas de Jericó tienen 7.000 años y
con sus muros circulares se parecen a tiendas de nómadas. Pero sus moradores no
conocían aún la cerámica. En 1953 las excavó una expedición británica. La directora de
la empresa, la doctora Kenyon, declaró: "Jericó puede vanagloriarse de ser la ciudad
más antigua del mundo."

Poco después de terminado el siglo XIX, los arqueólogos dedicaron su atención al
solitario Tell es-Sultan. Desde 1907 hasta 1909 las palas y los picos se ejercitaron con
mucho cuidado a través de los diversos estratos de aquella magnífica colina formada por
restos del pasado. Cuando los dos directores de la expedición germanoaustríaca, el
profesor Ernesto Sellin y el profesor Carlos Watzinger, dieron a conocer sus
descubrimientos, causaron una gran sorpresa. Fueron sacados a la luz dos círculos
amurallados concéntricos. El interior, alrededor de la cumbre de la colina, es una obra
maestra de fortificación construida con ladrillos secados al sol compuesta de dos muros
paralelos distantes entre sí 3 y 4 metros. La muralla interna, que es especialmente
maciza, tiene tres metros y medio de espesor. El cinturón exterior corre al pie de la
colina y consiste en un muro de 2 metros de espesor que, en su época, tenía una altura
de 8 a 10 metros, con sólidos fundamentos.

¡Tales son las célebres muí alias de Jericó! Los dos cinturones fortificados, su exacta
ordenación en el tiempo, las fechas de su construcción y de su destrucción han sido
motivo de vehementes polémicas entre los arqueólogos con opiniones en pro y en
contra, y variadas suposiciones y argumentos Esto empezó ya con las declaraciones de
Sellin y Watzinger y ha durado varios lustros.

Ambos descubridores llegaron a una "importante rectificación" (según ellos mismos la
designaban) de su primer juicio. En una declaración conjunta afirman que la línea
exterior de murallas debió caer "hacia el 1200 antes de J.C., correspondiendo, por tanto,
a las murallas que fueron objeto del asalto por parte de Josué." Para arrojar nueva luz
sobre estos hechos sale, en 1930, una nueva expedición inglesa en dirección a Tell es-
Sultan. Después de seis años de excavaciones aparecen a la vista nuevas partes de las
fortificaciones. El profesor John Garstang, como arqueólogo que dirige los trabajos,
registra con gran cuidado todos los detalles. En forma gráfica describe la intensidad de
la destrucción de las fortificaciones que forman el cinturón interior: "El espacio
comprendido entre las dos murallas está rellenado con derribos y cascotes. Se perciben
huellas evidentes de un grandioso incendio; masas compactas de ladrillos ennegrecidos,
piedras rotas, maderamen carbonizado y cenizas. Las casas, a lo largo de la muralla, han
sido incendiadas hasta los fundamentos y los techos se han hundido sobre los enseres
domésticos."

Garstang, después de haber llamado previamente a consejo a personas técnicas, publica
el resultado de la segunda batalla arqueológica. La muralla interior sería, según él, la
más reciente, es decir, la que fue destruida por Israel. Así prosigue la polémica sobre las
murallas de Jericó. Garstang deduce que la destrucción del cinturón interior de murallas
debió de ocurrir hacia el año 1400 antes de J.C.

El padre Hugues Vincent, notable arqueólogo y uno de los excavadores de Jerusalén que
más éxitos han obtenido, estudia los datos de los hallazgos y señala como fecha de
destrucción del recinto amurallado la de los años 1250 a 1200 antes de J.C. A pesar de
cuantos argumentos se han esgrimido en contra, ésta es hoy día la fecha generalmente
admitida.

Jericó resulta para los arqueólogos un hueso duro de roer. Débese ello a la falta de los
indicios más importantes: los fragmentos de cerámica. Las casas destruidas están vacías.
Hemos de dejar a la intuición de los expertos el problema de la aclaración de la época.
En todo caso resulta evidente que las murallas de Jericó han existido y que en ellas
pueden percibirse perfectamente las huellas de un incendio. "Pues a la ciudad la
quemaron con fuego con todo cuanto en ella había."

Pero, ¿qué fue en realidad lo que produjo la ruina de las murallas? "Y tocaron las
trompetas
— se dice en el célebre versículo frecuentemente citado—. Y cayeron las
murallas."
Después de un examen minucioso de los restos de sus ruinas, Garstang
observó algo sumamente curioso. Las piedras del cinturón exterior se habían deslizado
por la pendiente, es decir, hacia la parte exterior, y, en cambio, la muralla interna, esto
es, la que rodea la cumbre del montículo, se había desplomado exactamente en sentido
contrario, o sea hacia el interior de la ciudad. Al caer había sepultado los edificios
levantados junto a ella. Los muros presentaban, además, muchas grietas y
resquebrajaduras.

Todos estos indicios, según el criterio de Garstang, llevan a la conclusión de que
seguramente un terremoto asoló la ciudad. Según indican las cartas geofísicas, la
comarca de Jericó está situada en una zona de alta sismicidad de la Tierra, zona que
atraviesa el Asia pasando por el Himalaya y el Tibet 2
.

Jericó era la primera plaza fuerte de la Tierra de Promisión. El subsiguiente camino
seguido por los hijos de Israel a través de Canaán lo han podido descubrir exactamente
los arqueólogos en los demás emplazamientos en que se han realizado excavaciones.

FIG. 24

Aproximadamente a 20 kilómetros al sudoeste de Hebrón estaba situada la bíblica
Dabau. Protegida por un fuerte recinto amurallado dominaba el Negueb. Las
excavaciones realizadas, desde 1926, por los americanos, bajo la dirección de W. F.
Albright y de M. G. Kyle, encontraron allí, en el Tell Beit Mirsim, una capa de cenizas
y grandes destrucciones. La capa de cenizas contiene fragmentos de cerámica que,
evidentemente, proceden de finales del siglo XIII antes de J.C. Directamente encima de
la capa de cenizas existen huellas de un nuevo poblado de Israel. "Josué, y todo Israel
con él, se volvió contra Debir y la atacó..."
(Jos. 10:38).

A la distancia de 45 km. en dirección sudoeste de Jerusalén, es identificado el bíblico
Lakís, que, para Canaán, debió de ser una ciudad extraordinariamente grande. Después,
en Tell ed-Duweir, una expedición inglesa, bajo la dirección de James Lesley Starkey,
encuentra, en los años próximos al 1930, unas 24 fanegas de superficie edificada que en
tiempos antiguos, estuvo protegida por fuertes bastiones. También esta ciudad cayó
víctima de un incendio destructor. Una ánfora, hallada entre las ruinas, lleva una
inscripción que menciona el "año 4°" del faraón Merenptah; ¡lo cual corresponde al año
1230 antes de J.C.! "Y el Señor entregó a Lakís en las manos de Israel" (Jos. 10:32).

En el Museo de El Cairo existe una lápida procedente de un templo funerario de Tebas.
en la cual se canta y celebra la victoria del faraón Merenptah sobre los libios. Para
aumentar su gloria se citan otras hazañas que el soberano ha realizado. Así se dice, al
final del canto: "Canaán ha sido capturado con todos los malos. Ha sido apresado
Asquelón, ocupado Guezer, destruido Jenoam. El pueblo de Israel está desconsolado,
pues no tiene descendientes;
Palestina fue como viuda para Egipto."

Este poema triunfal, escrito en el año 1229 antes de J.C., es un documento muy valioso
bajo muchos conceptos y también pone en claro muchas cosas. En él vemos, por
primera vez en la historia de la Humanidad, citado como "pueblo" a Israel y, además,
relacionado con nombres de ciudades de Palestina, prueba cierta ante la cual no puede
dudar el más empedernido escéptico de que Israel, alrededor del año 1229 antes de J.C.,
ya estaba establecido en Canaán y no era desconocido.

Israel, poco antes del año 1200 antes de J.C., había alcanzado la tan suspirada meta, es
decir, Canaán, pero no dominaba el país, Los restos de los incendios señalan la ruta
seguida y dan a conocer una estrategia muy hábil. Las más formidables fortalezas de
Guezer y de Jerusalén fueron esquivadas por Josué. Evidentemente desarrollaba un plan
según el principio de la menor resistencia. También las fructíferas llanuras y los valles
de los ríos están en manos de los cananeos y permanecen en ellas durante muchas
generaciones. A Israel le faltan armas para oponerse a los temibles carros de

combate; le falta la técnica y la experiencia en la lucha contra ciudades fuertemente
defendidas. Pero ha tomado pie en las regiones menos pobladas, es decir, en el quebrado
país a ambos lados del Jordán que está en su poder.

La misión de Josué ha quedado cumplida: anciano ya, expira y es sepultado "en el
término de su heredad en Timnat-Seraj, situada en la montaña de Efraim, al norte de la
montaña de Gaas"
(Jos. 24:30). El texto griego (lxx 24:30 b) contiene sobre esto una
observación muy importante:

"Junto a su cuerpo fueron colocados, en la tumba que para él se labró, los cuchillos de
piedra con los cuales había circuncidado a los israelitas en Guilgal." En Guilgal, en el
camino entre el Jordán y Jericó, según la tradición, se practicaba el rito de la
circuncisión haciendo uso de "cuchillos de piedra."
"Ahora bien, todo el pueblo que
salió estaba circuncidado, mientras que el nacido en el desierto en el viaje, tras su
salida de Egipto, no había sido circuncidado"
(Jos. 5:5). A 15 kilómetros de distancia al
noroeste de Betel está situada Kefr Ishu’a, "da aldea de Josué." En las rocas de los
alrededores pueden verse tumbas. En el año 1870, en una de estas tumbas, fueron
hallados numerosos cuchillos de piedra...

** ** **

1. Es evidente que no se puede prescindir del aspecto preternatural que aparece en el
Texto Sagrado cuando describe este hecho, que nos le presenta como manifestación
extraordinaria de la Providencia divina que dispone todos los elementos y fuerzas de la
naturaleza que él ha creado para realizar sus planes. Cfr. B. Orchard..., o. c., pág. 691
(N. del T.).

2. Véase la nota 1. "Aunque se admita la influencia de esas causas (aquí el terremoto)
no es menos evidente la intervención de Dios." B. Orchard..., o. c., pág. 295.

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