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EL CUERPO COMO ORIGEN DE LOS CAMBIOS: reapropiación de los sistemas de representación.

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Actas del VIII Congreso Internacional de Fenomenología: Cuerpo y Alteridad
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Eurídice Cabañes Martínez (Universidad de Valencia, euridicecm@yahoo.es). Olaya Álvarez Valcárcel (UNED, oalval@alumni.uv.es).

EL CUERPO COMO ORIGEN DE LOS CAMBIOS:
reapropiación de los sistemas de representación. 1. Formas de represión sobre el cuerpo: acentuar y prohibir. Metafísica Psicología Historia Nietzsche Freud Foucault pulsión tabú disciplina metáfora sublimación Saber/poder

La representación es la estrategia de nuestra cultura para pensar una fementida separación entre la mente y el cuerpo cuyo origen son ciertas concepciones teológicas, que abrigan la justificación de determinados sistemas políticos bajo cierto sistema de conocimiento, el científico. Su medio es la negación de la historia de la metáfora, es decir, dar por cerrado y ahistórico el vínculo entre el signo y el significado:
«…los circuitos de la comunicación son los soportes de una acumulación y de una centralización del saber; el juego de los signos define los anclajes del poder; la hermosa totalidad del individuo no está amputada, reprimida, alterada por nuestro orden social, sino que el individuo se halla en él cuidadosamente fabricado, de acuerdo con toda una táctica de las fuerzas y de los cuerpos»1.

La rehabilitación de la filosofía clásica tras el medievo tenía una voluntad holística que fue barrida por la necesidad de especificación y acumulación del método científico. En concreto, la separación cuerpo-mente tiene por fin servir de base metafísica a los objetivos del capitalismo clásico:
«La disciplina es el procedimiento técnico unitario por el cual la fuerza del cuerpo está con el menor gasto reducida como fuerza “política”,
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Foucault, M: Vigilar y castigar, Argentina, Siglo XXI, 2000, p220

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y maximizada como fuerza útil. El crecimiento de una economía capitalista ha exigido la modalidad específica del poder disciplinario, cuyas formulas generales, los procedimientos de sumisión de las fuerzas y de los cuerpos, la “anatomía política” en una palabra, pueden ser puestos en acción a través de los regímenes políticos, de los aparatos o de las instituciones muy diversas»2

En el Discurso del Método, Descartes enuncia la necesidad de una base metafísica para justificar la nueva ciencia, que tiene por fin el mejoramiento de las condiciones materiales de la sociedad, las cuales deberían ser condición para el progreso moral. En su desarrollo, esto supone una separación jerárquica que desarrollará, desde la separación cuerpo mente (referida al yo), la de naturaleza cultura (referida a la sociedad en la época de la ciencia social), cuya misión es traducir el dominio de la concupiscencia (corporeidad) del deseo en la moral religiosa al dominio de la razón sobre la sensibilidad. La crítica a la Ilustración desenmascara la metafísica de la represión, mostrando que el cuerpo no es carente de significado; la física encubre los sistemas de dominación sobre el cuerpo:
«Gracias a las técnicas de vigilancia, la “física” del poder, el dominio sobre el cuerpo se efectúa de acuerdo con las leyes de la óptica y de la mecánica, de acuerdo con todo un juego de espacios, de líneas, de pantallas, de haces, de grados, y sin recurrir en principio al menos, al exceso, a la fuerza, a la violencia. Poder que es en apariencia tanto menos “corporal” cuanto que es más sabiamente “físico”» 3.

La objetivación del sujeto en los discursos científicos impone una identidad social. La locura es objetivada con la psiquiatría, el loco se convierte en un ejemplar de una especie, un caso de estudio, pierde su

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Foucault, M: Vigilar y castigar, Argentina, Siglo XXI, 2000 , p224 Foucault, M: Vigilar y castigar, Argentina, Siglo XXI, 2000 , p182

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particularidad y, como ya hemos visto, la objetivación es el paso definitivo hacia el silencio. El trabajo del historiador crítico propuesto por Foucault implica una radical crítica a la teoría del sujeto propia de la filosofía occidental, pues la historia continua, lineal, progresiva, no es sino el correlato necesario de la función constituyente del sujeto; es la historia dialéctica en la que la razón artística, de talante holista, es el polo subversivo y reprimido. La razón científica tiene rentabilidad socio-política y se presenta como normalidad. La obra de Foucault muestra que desde las leyes lógicas de regulación del discurso se genera un paradigma de comportamiento humano, que cobra su realidad en instituciones cotidianas como la escuela, la locura, la familia, mediante técnicas disciplinarias. El discurso normativo apaga la diversidad, se descompromete de la idea humanista originaria del desarrollo de todas las potencialidades del ser humano y lo descompone: la razón ordenadora se pretende capaz de reestructurar los fragmentos del sujeto, para lo que algunos de ellos, aquellos que ponen mayor fuerza en el individuo que en la utilidad social, como el sentimiento, el deseo, la creatividad, la invención, son intencionalmente olvidados. La ida de Foucault de la coacción parte del psicoanálisis, no como terapia clínica, pero sí como cosmovisión del sujeto escindido en que se realizan y contraponen las fuerzas del individuo y la sociedad, el yo y los objetos. Todo sujeto está socialmente constituido. La filosofía freudiana nace en el entorno de la razón especulativa científica, pero termina por comprender que el yo es una economía del deseo, no una moral verdadera, pues en el conflicto intrínseco en la relación individuo-sociedad trata de negarse la animalidad e individualidad en pos de la conciliación social. La promesa de felicidad se supedita a los deberes hacia el grupo. Lo sagrado y lo prohibido son los nódulos desde los que se genera la totalidad

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organizativa, la comunidad y el método. Domeñando la pulsión o instinto del deseo y de la muerte se posibilita el pacto social hobbesiano, acentuando el miedo a recaer en un estado caótico de naturaleza, la especie, y el miedo a perderse en la nada para siempre, postulando la inmaterialidad de la humanidad. Así Freud refuerza la oposición naturaleza/cultura, pero mostrando que su origen no es la verdad revelada, sino los sentimientos a los que trata de responder: no encuentra otra estrategia que ocultarlos u olvidarlos; por ejemplo, la religión es una ilusión que trata de paliar la muerte y la duda sobre la utopía. El matrimonio y la familia convierten el deseo en una vinculación económica, estructurando sexualmente la sociedad. El inconsciente retiene la especie y lo prohibido frente a los que el yo civilizado trata de imponerse. El psicoanálisis reconoce a su vez la historia discontinua del deseo, identificándola con la historia de la urbanidad:
«El desarrollo humano hasta el presente me parece no necesitar explicación distinta del de los animales, y lo que de impulso incansable a una mayor perfección se observa en una minoría de individuos humanos puede comprenderse sin dificultad como consecuencia de la represión de los instintos, proceso al que se debe lo más valioso de la civilización humana»4

La libido deberá seguir siendo desplazada en redes sociales, distribuida en formas de organización que implican jerarquías y poderes. La constitución de la personalidad individual conlleva el conflicto, la represión. La existencia de una cultura humana implica la sublimación de los placeres en instituciones (familia, arte, política). Abandonar al individuo a su propio placer no es adaptativo. Pocos sobrevivirían. El pacto social comienza en el cuerpo, después en la familia, más tarde continúa en la estratificación social, va más allá hacia el universo religioso-simbólico y tiene su límite en la
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Freud, S: Más allá del Principio del Placer, Madrid, Alianza, 1992, p78.

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especie y el eterno retorno de lo pasado que de nuevo se inserta en el cuerpo. Las esperanzas holísticas del humanismo deben contar con una filosofía deconstructiva.
«Aún hay tabúes entre nosotros. Aunque expresados en forma negativa y dirigidos hacia otra materia, en su naturaleza psicológica no difieren del `imperativo categórico' de Kant, que trabaja de manera compulsiva rechazando toda motivación consciente»5

Freud trata de paliar el logocentrismo de la razón desidentificándola de la totalidad, rechazando la posibilidad de que la teología pueda ser introyectada en la psique. Su discurso es entonces antirreligioso porque procede de modo negativo, no mostrando cuál es la praxis correcta sino las muchas dificultades por las que el cuerpo ha de pasar hasta ser convertido en cuerpo dócil, fagocitable por la sociedad, y así, de cómo la subjetividad es un constructo y nunca una tabula rasa. En definitiva el interés de la vida humana y el objeto de la ciencia es la irresolubilidad del conflicto individuo/sociedad, Humanidad/Naturaleza, pero no existen garantías. Es decir, la corporización del individuo impide dar cuenta de idea alguna de perfectibilidad6. La muerte y la sexualidad son los polos de creación y destrucción que configuran el adiestramiento humano: si aceptas la coerción sobre tu sexualidad romperás el círculo de la muerte. Precisamente, la religión cristiana es el aparato simbólico que ha sustentado las prácticas civilizatorias de nuestra cultura. Sin embargo la vida intelectual es de los pocos y el uso de la razón implica una situación de privilegio. Para el ateísmo, sólo las élites están preparadas. Aquí se abre un abismo político: mantener el orden del privilegio conservando una razón de élite, o en otras palabras,
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un analfabetismo

generalizado

y una clase trabajadora

Freud, S: Tótem y tabú, edición en red. Ver Mas allá del principio del placer, Ed. Alianza, cáp.6

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empobrecida, o proceder a poner en práctica sus designios emancipatorios, aceptando la justicia social distributiva (empezando por la educación laica). De lo contrario, las masas agrestes retornarán de inmediato al estado de naturaleza hobbesiano, al haber descubierto que no hay más justificación de la moral que mantener su opresión ni mayor autoridad en la tierra que su propio juicio.
«“La conclusión de que las doctrinas religiosas no son sino ilusiones, nos lleva en el acto a preguntarnos si acaso no lo serán también otros factores de nuestro patrimonio cultural, a los que concedemos muy alto valor y dejamos regir nuestra vida; si las premisas en las que se fundan nuestras instituciones estatales no habrán de ser calificadas igualmente de ilusiones, y si las relaciones entre los sexos, dentro de nuestra civilización, no parecen también perturbadas por toda una serie de ilusiones eróticas. Una vez despierta nuestra desconfianza, no retrocederemos siquiera ante la sospecha de que tampoco posea fundamentos más sólidos nuestra convicción de que la observación y el pensamiento, nos permiten alzar un tanto el velo que encubre la realidad exterior. No tenemos por qué rehusar que la observación recaiga sobre nuestro propio ser ni que el pensamiento sea utilizado para su propia crítica, iniciándose así una serie de investigaciones cuyo resultado habría de ser decisivo para la formación de una “concepción del universo”. Sospechamos que semejante labor no resultaría infructuosa»7.

El reconocimiento del pecado no como hecho, sino como estructura organizativa del deseo (las formas de vinculación social), hace de la sexualidad no más una patología sino una condición humana que alinea al individuo con la animalidad y la libertad. Un auténtico humanismo debe contar con los intereses egoístas del individuo:

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S. Freud, El Porvenir de una Ilusión, cap.7, Ed. Alianza.

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«La moral sexual cultural conduce al menoscabo de la salud y la capacidad vital de las personas y, finalmente, este daño ocasionado a los individuos por los sacrificios que se les imponen puede alcanzar un grado tan elevado que llegue a poner en peligro también los intereses culturales»8.

Ésta crítica a la represión moral del deseo se encuentra ya en Nietzsche, quien afirma que en el tiempo de la historicidad el cristianismo ha ejecutado una transvaloración de los valores. Es decir, la moral cristiana ha tachado de pecado los instintos de vida más básicos, exaltando por otro lado valores divinos, ajenos a lo humano. Al priorizar sentimientos como la compasión, ha vuelto contagioso el padecer. La compasión es la praxis del nihilismo. De este modo, reprimiendo los instintos hacia la vida y acentuando sentimientos inútiles como la compasión, crea una sociedad enferma a la que pretende sanar, convirtiéndola, de este modo, en eternamente dependiente. La moral de la represión de las inclinaciones naturales (o instintivas) a favor de la postulación de valores morales divinos y en todo caso contranatura es una moral trascendente que no gira en torno al hombre, sino en torno a Dios y que impone al hombre un rechazo de su naturaleza, una lucha constante contra sus impulsos vitales, por lo que significa un rechazo general de la vida. La moral occidental bebe no sólo de fuentes religiosas, sino que la doxa cristiana relanza y reinterpreta la tradición grecolatina y judeobabilónica. El movimiento ilustrado parte de la intención renacentista de reinterpretar esta tradición prescindiendo de su interpretación cristiana. Sin embargo en esta reinterpretación caen en la misma falta que el cristianismo, al aceptar la expulsión de los poetas de la República, asimilando la problematicidad de las pasiones y la eficacia del líder.
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S. Tubert, ¿Psicoanálisis y género?, en Del Sexo al Género, S. Tubert (ed.), Ed. Cátedra.

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«¡Ah, la razón, la seriedad, el dominio sobre los afectos, toda esa cosa siniestra que se llama recapacitar, todos estos privilegios y suntuosos ornatos del hombre: qué caros se han hecho pagar, cuánta sangre y crueldad hay a la base de todas las <cosas buenas>» (Nietzsche, La genealogía de la moral, p. 103)

Al negarse a renunciar a los instintos, Nietzsche manifiesta un individualismo más radical que el de Freud, iniciando la destrucción de la metafísica que ha de llevar a la comprensión del cuerpo como origen de los cambios. Además «la fuente original del lenguaje no es la lógica sino la imaginación (…) El edificio de la ciencia se alza sobre las arenas movedizas de ese origen» 9 El olvido del origen mimético, animista y creativo del lenguaje inventa la existencia de lo abstracto en el mundo de las ideas, con el que nos vinculamos por anámnesis. Es decir, el edificio del conocimiento está previamente construido y el ser humano es su interlocutor privilegiado. Esta idea será también central en el cristianismo, haciendo una realidad teórica del principio creativo divino. El trabajo de Nietzsche consiste en desmentir esta patraña:
«La verdad es una mentira colectiva y el impulso de verdad un olvido y represión inconsciente de esa mentira» 10

Lo que reprimimos es el origen artificial del conocimiento:
«¿qué es entonces la verdad? Un hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que ha sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las
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Nietzsche, F. Sobre verdad y mentira, Madrid,, Tecnos, 1996, p10 Nietzsche, F. Sobre verdad y mentira, Madrid,, Tecnos, 1996, p10

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que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora consideradas como monedas sino como metal»11

1.1. Conclusión: La construcción de los cuerpos mediante sistemas de representación:
· Lógica dual, dialéctica, separación cuerpo-mente, culturanaturaleza, patriarcado: cualquier dicotomía con pretensiones de objetividad conlleva una valoración desigual de las partes que predica una relación de dominación. La Ilustración y el movimiento científico al que da base fundamentan el engaño en la enunciación de los dos términos como equivalencia e inconmensurabilidad. El juego emprendido en tal espacio no deja de ser en todo momento el mismo, el perpetrado por dominadores y dominados:
«Unos hombres dominan a otros, y así nace la diferenciación de los valores; unas clases dominan a otras, y así nace la idea de libertad; unos hombres se apoderan de las cosas que necesitan para vivir, les imponen una duración que no tienen, o las asimilan a la fuerza -y nace la lógica- . La relación de dominación ya no es una “relación”, como tampoco es un lugar el lugar en el que se ejerce…, un “no-lugar”, una pura distancia, el hecho de que los adversarios no pertenezcan al mismo espacio»12..

Por ejemplo, mediante los principios que rigen la lógica dual (no contradicción, tercio excluso y ley de identidad), se transmite la idea de un yo lineal, absoluto y mental. La naturaleza se comprende como fuente inagotable de recursos frente al dinamismo de la cultura, si bien el patriarcado se presenta como la estructura esencial de toda sociedad posible; todo ello trata de tender un velo sobre la facticidad de el sistema socioeconómico capitalista, que divide el territorio del mismo modo que la
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Nietzsche, F. Sobre verdad y mentira, Madrid,, Tecnos, 1996, p25 Foucault, M: Nietzsche, la genealogía, la historia. Valencia, Pretextos, 1992, p37-38

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conciencia, en compartimentos estancos (naciones, culturas, etnias) cuya posibilidad de comunicación está sometida a pactos de ininteligibilidad. Cuando revertimos la mirada para originarla desde el cuerpo, descubrimos que lo artificial no es lo opuesto a lo natural, sino la forma de vida propiamente humana. Ello supone el reconocimiento del mundo social como un espacio de poder en lo que se juega es la sublimación de la violencia. Los espacios artificiales se articulan en torno a dos dicotomías fundamentales, que en el fondo son la misma: cuerpo/mente, naturaleza/cultura. Así la transformación de la biosfera no es una acción de la cultura sobre la naturaleza, sino una forma de definir la naturaleza acorde a los intereses del capital, del mismo modo que la disciplinación y medicalización del cuerpo. A su vez, el sistema político-económico-familiar no es la expresión de las divisiones políticas y los sistemas de leyes, sino una estrategia para generarlos, mediante técnicas de separación de espacios, personas y tiempos. Así, cuerpo y naturaleza no están más allá del lenguaje, sino que son estructuras para la creación de la relación social bajo supuestos de trascendentalidad. Cuando la creatividad es reducida a humanidad bajo el prisma del cuerpo se muestra la posibilidad de contar una historia diferente.

2. Posibilidades de la diferencia:
La multiplicidad de los sistemas de representación: La crítica a la Ilustración contiene una llamada a la diversidad que parte ontológicamente de la negación del reino de las esencias (las identidades cerradas como la del yo, el hombre, la cultura, la religión) En el mismo movimiento en que la lógica dual es puesta en duda se generan nuevas lógicas (difusa, cuántica…), y todos los pares dialécticos sobre los que se construía, por ejemplo, el paradigma de la diferencia natural entre

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varones y mujeres que fue moda en el siglo de las luces, la separación privado-público, la naturaleza como lo opuesto a la cultura…se desvanecen en un espacio artificial de gradualidad, multiplicidad y plasticidad. Así, hay continuidad entre sistemas de parentesco, economía y política. Continuidad implica relativismo, pero no un relativismo absoluto, que sólo puede ser posible para quienes no se abandonan al relativismo: por ello es necesario el marco de los derechos humanos para la deflagración del patriarcado y el capitalismo, lo que requiere una crítica al menú de relaciones paternalistas que ofrecen el multiculturalismo, la “guerra de los sexos”, y la idea de sostenibilidad ecológica. Una auténtica política relativista debe tener por fin la supervivencia de la especie, que pende de la armonía con la biosfera, y ésta de la redistribución de la riqueza. Y para ello debe llevarse a cabo una efectiva globalización de los valores a través del respeto por los derechos humanos.

3. Métodos de reapropiación:
Pero ¿Cómo rebelarse a la institucionalización del cuerpo? ¿Cómo integrar el cuerpo en la personalidad en lugar de vivirlo como falta, pecado o límite? Aceptar el carácter originario del cuerpo supone una nueva forma de subjetividad, no basada en los hechos sino en las prácticas, que contempla al humano en una doble dimensión: como ser afectado por las prácticas de poder de sus grupos, pero también como ser capaz de generar prácticas de poder que desarman las anteriores. Al primar la creatividad sobre la descripción el cuerpo deja de tener que aceptarse tal como es (es decir, como se nos enseña que debe ser) y pasa a ser el origen de la política de lo privado. Un auténtico individualismo no retrocede ante la renuncia a la identidad como base de la lógica, la personalidad y la cultura. Así, para hacer política con el cuerpo es más necesario verse inmerso en un juego de

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relaciones de poder y lidiar con ellas que sostenerse sobre un listado de características identitarias frente al cambio. La vida inmanente y limitada del cuerpo humano cobra dignidad cuando no se avergüenza de sus máscaras. Para desmantelar el lenguaje de la lógica es necesario reivindicar el lenguaje como metáfora, mostrando la historicidad del nombre. El signo deja de ser un referente y pasa a abrir un proceso arqueológico (filología) y genealógico: ¿qué buscamos hacer con el nombre? ¿Vamos a usarlo para dominar o para emancipar? Así, desde la razón artística podemos generar discursos discordantes de talante holístico, pues el lenguaje inmanente no dicta la universalidad sino que acepta la vivencia del lenguaje como materia de la historia sin capacidades predictivas. De ahí que la percepción actual del progresismo político haya renunciado a los grandes relatos y se presente en gran medida escéptica. No obstante, el reconocimiento de la imposibilidad de imponer la libertad supone un compromiso y una responsabilidad mayores para el cuerpo que recibe y emite los flujos de poder:
«La desaparición del muro de Berlín, no sólo trae consigo el colapso de los regímenes del socialismo real (…), sino también la quiebra del paradigma emancipador (de corte occidental) que había impregnado a la mayor parte de la izquierda a lo largo del siglo XX (…), lo que permite, no sin fuertes traumas, el paulatino afloramiento de nuevos discursos críticos, nuevos actores sociales de resistencia y transformación y nuevas estructuras organizativas» 13

Al aparecer la globalidad como trasunto posmoderno de la universalidad, la localización de los poderes desplaza a la particularidad inaprehensible, aquella que por ejemplo declara que lo femenino es eterno porque no puede aislarse. En afirmaciones de este tipo ya no se distinguirá
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Fernández, R: Globalización capitalista, Barcelona, Virus, 2001, p84

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la indescirnibilidad de los opuestos, sino las intenciones políticas de quienes sostienen tal discurso. Para la articulación de acciones no dirigidas es necesario un marco de acción que se sustraiga a los flujos oficiales del poder mediante la autogestión, el feminismo, la ecología. Se trata de mostrar formas alternativas de relación con la naturaleza/cuerpo que puedan desintegrar y reorganizar las estructuras económico-políticas que se consideran injustas. El equilibrio local-global opta por el primer polo porque hasta ahora la globalización ha puesto nombre a formas transnacionales salvajes de explotación, las que siguen al desencanto emancipatorio del fin de la separación en bloques ideológicos, que no es más que la amplificación de la conciencia de la necesidad de empobrecer para enriquecerse. La nación sirve en este nivel como mediación entre los flujos anónimos de capital y como puerta a la institucionalización del dominio de un grupo de naciones sobre una mayoría de ellas.
«el concepto de imperio no se presenta como un régimen histórico que se origina mediante la conquista, sino mas bien como un orden que suspende la historia y, en consecuencia fija el estado existente de cosas para la eternidad. Desde la perspectiva el imperio así serán siempre las cosas y así están destinadas a ser14».

4. Conclusión:
¿La performatividad/identidades flexibles pueden realmente escapar a las fuerzas de reciclaje y concentración del sistema capitalizador y objetivador? O en otros términos ¿Son posibles sistemas de mediación entre lo local y lo universal que se comprometan con los intereses privados del individuo y renuncien a los intereses globales del capital? Por ejemplo, el movimiento queer ¿puede llegar a ser algo más que la subversión marginal de un grupo de outsiders primermundistas? A su vez, el movimiento
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Hardt, M., Negri, A.: Imperio, Paidós, Barcelona, 2002, p16

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antiglobalización ¿puede llegar a generar auténticos compromisos transnacionales, puede escapar a la connivencia con los poderes capitalistas de mediación que los financian e invitan a participar en sus reuniones? Dado que existe el peligro de fagocitación y que estas teorías fragmentadas del sujeto creadas en los años ochenta y noventa reconocen la necesidad del revisionismo y no temen al cambio, puede esperarse el cuestionamiento de tales teorías hacia nuevas cotas de globalidad:
«tal como las metáforas pierden su carácter metafórico a medida que, con el paso del tiempo, cuajan como conceptos, así las prácticas subversivas corren siempre el riesgo de convertirse en clichés adormecedores a base de repetirlas y, sobre todo, al repetirlas en un cultura en la que todo se considera mercancía, y en la que la subversión porta un valor de mercado»15.

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Judith Butler, El género en disputa, Paidós, 1990, pág. 21.

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