LA

DINÁMICA
Y EL
INTERIOR
TERRESTRE
LOS PROCESOS
GEODINÁMICOS
GLOBALES

Francisco Javier Barba Regidor
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

1. INTRODUCCIÓN
La Tierra es un planeta dinámico. Esta circunstancia, relativamente extraña en el contexto del
Sistema Solar, ha hecho de la Tierra un planeta diferente incluso entre los más parecidos a él,
los denominados planetas terrestres o interiores.
Fruto de esa dinámica, las cordilleras y los continentes que las soportan, los océanos y los
volcanes que los estiran, en su conjunto, han configurado, junto con los procesos
meteorológicos, todo un complejo de formas superficiales que son como un libro abierto de la
propia historia que lo ha construido.
Sin embargo, nuestro conocimiento de toda esa dinámica y de la historia acaecida ha sufrido
profundos cambios en el breve plazo de los últimos 250 años, y, especialmente, en los últimos
cinco decenios. Desde Hutton a la actualidad, la ciencia geológica ha ido construyendo un
cuerpo de doctrina cada vez más complejo -lo mismo o más que la misma historia del planeta-,
que, con toda seguridad, será tanto o más complejo en las futuras próximas décadas. La
tecnología de apoyo en el estudio de la estructura y de la dinámica terrestre ha proporcionado
novedosos e importantes datos, con imágenes notablemente inquietantes sobre el estado
profundo de nuestro planeta y de las implicaciones que éste, y su evolución en el tiempo,
pueden llegar a tener en los procesos superficiales. En definitiva, una imagen cambiante de la
Tierra.
En la actualidad, algunas ideas tradicionales precisan de una reformulación, de una
simplificación acaso; a veces, de una ampliación o, por qué no, de una extirpación de los
manuales al uso, en donde sólo deben quedar como conceptos de uso ya obsoleto. La dificultad
de acercarnos a la actualidad de lo que hoy entendemos por estructura y dinámica terrestre
sugiere la necesidad de llevar a cabo una actualización en ese sentido. Esta es la tarea que se va
a iniciar a continuación.

2. ESTRUCTURA TERRESTRE: NUEVOS MODELOS
2.1. Las referencias
Existen numerosas referencias que nos acercan en los últimos veinte años a los cambios en la
concepción de la estructura interna de la Tierra. No es fácilmente olvidable la recopilación
titulada "Deriva Continental y Tectónica de Placas", llevada a cabo por H.Blume edic. en
1974, que, bajo la colección "Selecciones de Scientific Amerícan", tuvo sucesivas reediciones
en castellano hasta principios de los ochenta. Otra monografía de cierto interés lo fue en su
momento el número 86 de la revista Investigación y Ciencia, titulado Dinamismo terrestre
(noviembre de 1983). Posteriormente, este texto fue sucesivamente reeditado, recogiéndose
otros artículos que habían ido saliendo con posterioridad a aquél y que se referían a los

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aspectos dinámicos del planeta. El documento a que nos referimos, con el título genérico "La
Tierra: estructura y dinámica", fue editado bajo la selección de A. Udías en 1988 por Prensa
Científica, bajo la colección Libros de Investigación y Ciencia.
Estas tres obras, recopilaciones a su vez de diversos artículos aparecidos en Investigación y
Ciencia hasta entonces, supusieron una pequeña revolución en el conjunto de los
conocimientos que una buena parte de los profesores de Enseñanza Secundaria, que, habiendo
iniciado su carrera docente antes de empezar a divulgarse la nueva teoría, tuvieron la
oportunidad de conocer para empezar a tratar de ponerse al día en la nueva visión del planeta.
En este tiempo, además, se han venido editando en español por la Editorial Rueda una serie de
manuales de uso bien conocido escritos por F. Anguita y algunos otros autores. Hasta aquí, ese
viene a ser todo el bagaje de la información asequible y disponible en las librerías españolas.
Cualquier intento para ponernos al día al respecto pasa irrevocablemente por la consulta de
textos publicados especialmente en inglés y, ocasionalmente, en francés y sus filiales españolas
(Boillot, 1984; etc.). Una relación de algunas de estas referencias se incluye al final en el
capítulo de la Bibliografía.
Algunas referencias más modernas acerca del tema hay que buscarlas en diferentes revistas
científicas. Unas, más generalistas (Science, Nature); otras, menos (Geology, TerraNova, etc.),
pero todas ellas más elitistas que la ya mencionada y tradicional revista de divulgación
Investigación y Ciencia ("Scientific American") o su sucedánea francófona –y ya,
desgraciadamente, desaparecida- Mundo Científico ("La Recherche").
2.2. La estructura terrestre y la tecnología
Se ha dicho que no hay ciencia sin tecnología; pero también que no puede haber revolución
tecnológica si la ciencia no contribuye a su desarrollo. Estamos, en consecuencia, ante un
dilema serio que conecta tan íntimamente la ciencia con la tecnología y ésta con la anterior que
prácticamente se nos muestran como un algo indisoluble. Si la gran revolución galileana de la
Astronomía, por ejemplo, vino dada por el descubrimiento del telescopio como herramienta de
observación más precisa, la correspondiente al concepto que hoy tenemos de la Tierra y su
interior -y su dinámica- ha venido dada por la creciente capacidad del ser humano de
encontrar hasta en los sucesos catastróficos -los terremotos- la clave para desentrañar los
misterios del interior perturbado de ese mismo planeta. La sismología se nos ha convertido en
una de las más eficaces herramientas en este afán, y, junto con el estudio del paleomagnetismo
de las rocas, han sido las claves para explicarnos ciertas circunstancias de por qué los
materiales geológicos están donde están y como están.
2.2.1. Las primeras aproximaciones al conocimiento de la estructura interna de la Tierra
2.2.1.1. El momento de inercia y la densidad terrestre.
La primera referencia acerca de cómo pueden variar las características físicas en el interior de
la Tierra las encontramos en el momento de inercia, I, de la Tierra.
En un cuerpo esférico, este parámetro viene dado por la expresión matemática I = ZMR2, en
donde M es la masa de ese cuerpo, R su radio y Z una constante cuyo valor es 2/3 si, en el caso
de un casquete esférico, toda su masa está concentrada en su superficie. Si, en cambio, la masa
se concentra en el centro, Z vale cero (Z = 0). Si la densidad de la esfera es constante en todos
sus puntos, Z = 2/5.
Por ello, I nos da, por medio de Z, una idea de la concentración de masa respecto al centro del

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cuerpo. Si Z>2/5, la parte central será menos densa, por término medio, que la superficial, e,
inversamente, en el caso de que Z<2/5, la parte central sería más densa en su conjunto que la
superficial.
Como en la Tierra Z=0'3306, esto es menor de 2/5, la densidad será, por término medio, mayor
conforme nos acerquemos al centro.
2.2.1.2. La variación de la densidad y de la presión en el interior terrestre
Continuando con la metodología aportada por el método anterior, Bullen calculó las
densidades en profundidad desde la parte superior del manto -donde supuso un valor de 3'32
g/cm3, valor aproximadamente igual a la del olivino, mineral que creía constituyente de esta
zona-. A partir de estos datos, calculó la masa y el momento de inercia del manto. Luego,
supuso que la densidad de la corteza era constante, deduciendo que su masa y su momento de
inercia eran tan pequeños que los efectos sobre los cálculos siguientes resultarían mínimos.
Restando las masas y los momentos de inercia de la corteza y el manto de las cantidades
correspondientes a la totalidad de la Tierra, dedujo la masa y el momento de inercia del núcleo.
Asombrosamente, el valor de Znucleo obtenido era de 0'57, esto es, más propio de un cuerpo con
densidad decreciente con la profundidad.
El propio Bullen reconocía que estos resultados no eran posibles; como veremos, las pruebas
sísmicas demuestran que el núcleo externo debe ser líquido, con lo que, gravitacionalmente, se
puede comprender la inestabilidad de un líquido denso "flotando" sobre otro más ligero (!).
Después de diversos análisis, se concluyó que casi con toda seguridad el valor de Z en el núcleo
debía ser de 0'385 a 0'390, que implica, en primer lugar que la densidad crecía con la
profundidad, y, en segundo lugar, que había algún error en la consideración de la densidad del
manto.
La aceptación de un valor de Z para el núcleo menor de 0'4 implicaría una densidad para el
manto de hasta casi 37. Si el análisis de probabilidades de los tipos de rocas que pudieran ser
compatibles con estos valores fue difícilmente concluyente en aquellos momentos, en la
actualidad un incremento de este tipo puede ser entendido como debido a cambios en las
coordinaciones químicas de las fases minerales a medida que aumenta la profundidad y, por
tanto, la presión de carga.
Un esquema que
actualmente se acepta
de la distribución de las
densidades en el
interior terrestre
(figura 1) nos indica
que hay un importante
salto en la distribución
de las densidades de los
materiales terrestres a
los 2990 km de
profundidad, límite que
veremos marcado más
Figura 1. Distribución de las densidades (banda de puntos) de los materiales adelante por medio de
geológicos en el interior de la Tierra y de las variaciones en la presión (línea
quebrada).
otros métodos de
análisis.

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Extrapolando estos valores a las variaciones de la presión con la profundidad, la gráfica de
Bullen muestra la existencia de saltos equivalentes a los mostrados por las variaciones en la
densidad, lo que insiste en la heterogeneidad profunda del planeta, esto es, en su fuerte
estructuración en capas separadas por superficies más o menos netas.
2.2.2. La sismología y la tomografía sísmica
El fundamento del método sísmico es bien conocido: los terremotos liberan energía partícula a
partícula en forma de vibraciones profundas -las ondas profundas, P y S- que, al llegar a la
superficie pueden, a la vez de descomponerse en ondas superficiales -y catastróficas-, llegar a
ser capturadas por sismógrafos más o menos eficaces que rápidamente pueden
proporcionarnos datos de llegada de los trenes de onda que, una vez analizados y comparados
con los registros de otras estaciones, nos suministrarán interesantes datos del retardo sufrido
por las ondas sísmicas de profundidad, bien por haber recorrido caminos más largos, bien por
haber atravesado rocas menos dispuestas a dejar pasar esos trenes de onda, o todo lo
contrario.
En efecto, la observación precisa del comportamiento de estas ondas aporta interesantes
deducciones de las variaciones de rigidez de las capas rocosas del interior terrestre. Ello viene
dado por el hecho de que tanto la velocidad de propagación de las ondas P como la de las ondas
S viene controlada directamente por el módulo de cizalla o "rigidez", , de modo que la
expresión de ambas velocidades es la siguiente (véase desarrollo en Udías y Mezcua, 1997, p.
142 a145):

en donde Vp y Vs representan las velocidades respectivas de las ondas P y S, siendo K el
coeficiente volumétrico o de compresibilidad de las rocas, y p es la densidad de los materiales
atravesados. Se deduce de aquí que la velocidad de ambas ondas depende directamente de la
rigidez, no de la densidad, de los materiales atravesados.
De aquí, se puede deducir fácilmente que, sea cual sea el valor de K, de  y de , Vp>Vs. Es
decir, nos proporciona el fundamento de por qué las ondas P son más rápidas que las ondas S.
Igualmente, se justifica que, en aquellos medios en que u sea nulo, las ondas S no se desplacen,
pues su velocidad se anula.
Además, como cualquier onda -de sonido, luminosa, etc.- que trate de pasar de un medio de
rigidez "x" a otro de rigidez "z", ésta tratará de hacerlo en función del ángulo de incidencia
desde el medio de entrada, en función de la energía disponible y, especialmente, en función de
las diferencias en la rigidez entre ambos medios. Se podrá, así, bien refractar, bien reflejar a
medida que el ángulo de incidencia aumente.
En el caso de la refracción, se sabe que se puede expresar matemáticamente por medio de la
ley de Snell, en donde las relaciones trigonométricas se refieren a los senos de los ángulos en el
medio de incidencia (i) y refractado (r), en tanto que i y r son los valores de la rigidez en
ambos medios respectivamente:

(2)
La importancia de esta expresión está en que nos brinda la posibilidad de establecer cuál va a
ser la trayectoria de la onda sísmica en función de la variación de la rigidez del medio incidente

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al medio refractado. Así, se puede demostrar que, si aumenta la rigidez, la trayectoria se aleja
de la normal, con lo cual geométricamente adquirirá un trazado cóncavo, tendiendo la onda a
salir a la superficie; al contrario, si el medio incidente es más rígido que el medio refractado, la
trayectoria será convexa, en que la onda buscará el interior terrestre con preferencia a la
superficie. Las figuras 2a y 2b resumen, respectivamente ambos casos. El Anexo I representa el
fundamento de esto.

Figura 2. Trayectorias seguidas por las ondas sísmicas en dos planetas diferentes; H: hipocentros. En (a), la rigidez es
mayor con la profundidad; en (b), la rigidez es mayor cerca de la superficie que en profundidad. El Anexo I explica
este fenómeno.
Estos datos, además, nos introducen en la posibilidad de usar de manera combinada todos
ellos, contribuyendo a desentrañar poco a poco la naturaleza y el estado de los materiales
profundos, así como las variaciones de ambos aspectos, la geometría y las dimensiones de las
capas en que ese planeta esté estructurado.
Precisamente, cada capa se encuentra separada de la siguiente por superficies más o menos
nítidas, a veces, verdaderas zonas de transición de algunos kilómetros de espesor; son las
discontinuidades sísmicas, así denominadas porque en estas zonas o superficies las ondas
sísmicas cambian bruscamente de comportamiento (velocidad, trayectoria).
Por otro lado, parece elemental pensar que, cuanto más tupida sea la red de sismógrafos
extendida por toda la Tierra, mayor será la cantidad de datos disponibles de la mayor cantidad
posible de interior terrestre, que se podrán cruzar unos con otros para mostrarnos una imagen
tridimensional del estado térmico -y de rigidez- de las rocas más profundas-; algo así como lo
que normalmente ocurre con las ecografías que se les hacen a las embarazadas, aunque con
ultrasonidos, no con terremotos. La imagen conseguida puede darnos una idea fidedigna de lo
que un útero puede albergar en ese instante; en nuestro caso, lo que se recogerá será la
geometría de las masas frías y calientes, más rígidas y menos rígidas, respectivamente. En
definitiva, se tratará de una representación certera de la circulación energética -y material- en
esas capas profundas: la circulación convectiva, tan importante para desentrañar las causas
de los movimientos superficiales de esos fragmentos terrestres denominados placas
litosféricas por su composición silicatada. Una referencia asequible y obligada acerca de esta
técnica se puede encontrar en el artículo de Anderson y Dziewonski que, publicado en

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Diciembre de 1984 en Investigación y Ciencia se recoge de nuevo en la recopilación de 1988
("La Tierra: estructura y dinámica").
El estudio del comportamiento elástico de los materiales rocosos profundos al paso de las
ondas sísmicas nos suministra, por lo tanto, un amplio abanico de informaciones. De un lado,
que nuestro planeta está estructurado en capas más o menos concéntricas; que estas capas
están separadas por superficies más o menos nítidas llamadas discontinuidades; que el
estado de rigidez de dichas capas se puede poner de manifiesto por medio de las variaciones de
las velocidades de las citadas ondas. El método para determinar éstas se recoge en el Anexo II.

Figura 3. a) Distribución de las velocidades de
propagación de las ondas P y S en el interior de
la Tierra, según Jeffreys (1939) y Gutenberg
(1959). b) Esquema de la estructura sísmica de
la Tierra deducida a partir de la gráfica de la
figura 2.a; según Bullen (1963) Abreviaturas: L,
Litosfera A, Astenosfera. M, Mesosfera. E,
Endosfera. C, Corteza. MS, Manto superior. MI,
Manto inferior. NE, Núcleo externo. NI, Núcleo
interno.

Es bien conocido el diagrama de las velocidades de propagación de las ondas P y S hasta el
centro de la Tierra (figura 3a). Este diagrama, elaborado por Jeffreys en 1939 para el caso de
las ondas primarias, coincide bastante bien con el posteriormente obtenido por Gutenberg en
1959. En ambos casos se detectan tres saltos significativos para las velocidades; uno cerca de la
superficie, marcado por la posteriormente denominada discontinuidad de Mohorovicic -o
simplemente Moho-, que separa la corteza del manto; otro a los 2990 km de profundidad, o
discontinuidad de Gutenberg, entre el manto y el núcleo. Por último, una tercera, a unos
5000 km de profundidad, dentro del núcleo, la discontinuidad de Lehman, que diferencia dos
niveles, el externo y el interno, cuyas diferencias mutuas de rigidez quedan marcadas por la
gráfica de velocidad de las ondas S según Gutenberg.
La discontinuidad de los 2990 km, se pone de manifiesto por una bajada brusca de las
velocidades de propagación de ambos tipos de ondas, P y S; pero en el caso de las ondas S
pierden absolutamente su energía cinética -velocidad cero- al llegar a la superficie del núcleo
externo. Esto implica que a esa profundidad tenga lugar al menos un cambio de estado físico
entre el manto inferior y el núcleo externo; el primero, sólido, el segundo fluido.
Más recientemente, en las inmediaciones de la propia superficie de discontinuidad de
Gutenberg, se cita la existencia de una zona de transición desde un lado a otro, con posible

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intercambio de materiales; esta región, conocida como nivel D es, a su vez, la fuente de
importantes "corrientes en chorro" de materia y calor que, después de atravesar el manto y
llegar a la superficie terrestre, en donde forman puntos calientes, con vulcanismo asociado (p.
ej. Hawaii), se denominan plumas térmicas. La existencia de este nivel permite, una vez más,
ponernos ante la eventualidad de que, al menos desde el punto de vista estructural, las
transiciones bruscas no lo son tanto como pudiera parecerlo.
En efecto, bajo esta misma configuración, la transición del núcleo externo al interno, o
discontinuidad de Lehman, no es ni mucho menos un corte o salto tan brusco, como tampoco lo
es la en otro tiempo conocida discontinuidad de Repetti o de los 650-670 km de profundidad,
dentro del manto terrestre, en donde se separaban el manto superior y el inferior.
2.2.3. El geomagnetismo y la naturaleza y la dinámica profundas.
Otro método para el conocimiento del interior de la Tierra es el que nos brinda el magnetismo
terrestre que ha quedado grabado en las rocas de la Tierra. Este método parte de la idea
fundada de que el campo magnético de la Tierra, que se comporta como un dipolo, es el
responsable del magnetismo de algunos materiales geológicos en la superficie terrestre. Este
magnetismo de la Tierra se interpreta que es debido a causas profundas que tienen que ver con
la estructura y con la dinámica del núcleo. Los modelos modernos lo atribuyen a que éste, el
núcleo terrestre, actúa como una dinamo autoexcitable. Para ello se requiere una naturaleza
metálica por parte de él, a la vez que un estado líquido del mismo para que, al moverse
continuamente por corrientes helicoidales -corrientes ciclónicas- polarice los electrones del
núcleo generando el campo magnético del planeta. El fundamento de ello parece encontrarse
en el hecho de que, según el principio de la dinamo, un conductor que se mueve dentro de un
campo magnético produce comentes eléctricas, pero éstas, al circular por el núcleo,
producirían también un campo magnético. Por eso se denomina "autoexcitable", porque las
corrientes producidas por el campo magnético existente contribuyen a su vez a crearlo o
mantenerlo. El campo magnético original, necesario para "poner en marcha" la dinamo, puede
ser debido a corrientes eléctricas muy débiles creadas por termoelectricidad: corrientes
producidas por dos conductores que están en contacto y a diferente temperatura, lo que puede
ser el caso del núcleo externo e interno.
La existencia, pues, de este magnetismo, nos obliga a pensar en principio en tres ideas básicas
en cuanto a la naturaleza y a la dinámica de las capas más profundas que forman el núcleo de la
Tierra: una naturaleza metálica, un estado fluido y un flujo constante de materia y energía.
Pero, ¿de qué tipo de elementos químicos estarán constituidas esas capas tan inaccesibles que
forman no ya sólo el núcleo, sino también el mismo manto?
2.2.4. Los meteoritos y su valor como indicadores de la composición de las capas
profundas de la Tierra.
La idea de que los planetas y el Sol se formaron a la vez a partir de una nebulosa en contracción
y en rotación da pie a posibilitar un estudio comparado de los meteoritos con respecto a las
diferentes capas terrestres. Clásicamente, los meteoritos se pueden entender no precisamente
como rocas procedentes de ningún planeta destruido por catastróficas colisiones en el espacio
del Sistema Solar. Más bien, al contrario; se trata de cuerpos que no llegaron a tener la
oportunidad de colisionar con la suficiente capacidad de liberación de calor como para
coalescer con otros para formar primeramente un planetésimo, luego un protoplaneta, después
un planeta en toda regla. Anguita (1988) señala que el origen de estos cuerpos hay que
buscarlos probablemente no fuera del cinturón de asteroides. Las colisiones allí existentes

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podrían contribuir a la "colocación" en órbitas inestables de los fragmentos resultantes, de
modo que la resonancia con Júpiter los envía a órbitas que crucen con la de los planetas
interiores, entre otras, la de la Tierra, convirtiéndolos propiamente en meteoritos.
Precisamente, estos cuerpos, minúsculos en comparación con los planetas y satélites del propio
sistema, tras rozar y destruirse parcialmente en las atmósferas de aquellos cuerpos que las
tuvieran, caerían sobre su superficie generando impactos generalmente violentos, uno de
cuyos vestigios es la existencia da cráteres de impacto, más frecuentes en aquéllos que carecen
de atmósfera (Luna, Mercurio, etc.). Cabe suponer, por tanto, que los meteoritos,
estadísticamente, pueden presentar una composición en poco o en nada diferente a la de las
diferentes capas de los planetas interiores, los terrestres, y, por lo tanto, de la Tierra.

Figura 4. Clasificación de los meteoritos y proporción relativa cuya caída está documentada.

Anguita (1988, Tabla 2.6) incorpora un modelo de clasificación de estos cuerpos, señalando
que hay tres tipos básicos: sideritos, litometeoritos -equivalentes a los aerolitos de Martínez
Frías et al., 1989- y siderolitos (Figura 4). Los primeros, compuestos por una aleación de Fe y
de Ni, sugieren una constitución comparable a la del núcleo terrestre; los litometeoritos vienen
a ser una mezcla de diversos silicatos (sobre todo con piroxeno y olivino), distinguiéndose
entre condritos y acondritos, según tengan o no cóndrulos en su interior, estructuras
esferoidales interpretadas comúnmente como pequeñas gotas de material fundido producidas
durante las primeras colisiones ocurridas en la nebulosa que dio lugar al Sistema Solar; por su
composición, se distingue entre las condritas las carbonáceas de las ordinarias. En cuanto a los
siderolitos, vendrían a ser una mezcla de los otros dos.
Una referencia interesante para profundizar en la naturaleza y el significado de estos cuerpos
puede encontrarse en el trabajo ya citado de Martínez Frías et al.
2.2.5. Otros métodos.
Otros métodos utilizados para conocer la naturaleza, el estado y la disposición de las rocas del
interior terrestre son, aunque de diferente utilidad, el gravimétrico, el geoeléctrico, el flujo
térmico o los métodos directos, que, implicando el estudio directo de las rocas presentes,
comprende los sondeos y la geología minera. Aquí abordaremos, finalmente, sólo de los tres
primeros.
2.2.5.1. El método gravimétrico

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Se basa este método en las relaciones entre la aceleración de la gravedad (g) y la densidad ()
de los materiales geológicos (figura 5). Según estas relaciones, cualquier variación de este
último parámetro determinará una variación en el mismo sentido del primero.
Evidentemente, estas relaciones parten de unas expresiones matemáticas que son sólo una
aproximación a la resolución del problema. En efecto, la igualdad entre distancia y radio
terrestre (d = R) para todo cuerpo situado en la superficie de la Tierra sería sólo válida en el
caso de que la Tierra fuera una esfera perfecta. Sin embargo, no lo es, sino que se trata de una
figura más próxima a un elipsoide de revolución, con dos radios extremos, uno ecuatorial y
otro polar, más pequeño éste que el primero. Este elipsoide se dibuja sobre la superficie de los
océanos y su prolongación ideal bajo los continentes.

Figura 5.- Relaciones entre la
aceleración de la gravedad y la
densidad de los materiales terrestres,
en donde se deduce que aquélla es
función directa de ésta.
Frente a esta figura, se habla también de geoide para referirnos a una figura virtual producida
por una superficie terrestre equipotencial a la gravedad. Esta figura se elevaría por encima del
elipsoide debajo de los continentes, y se hundiría por debajo de los océanos.
Bajo estas premisas, parece lógico pensar que, en principio, la aceleración de la gravedad ("g")
sería diferente en el polo que en el ecuador. Para resolver este problema, se ha desarrollado la
denominada Fórmula Internacional de la Gravedad, que determina el valor teórico de "g"
para cada punto de la superficie terrestre en función de la latitud (9). Esta fórmula es la
representada a continuación:
gt = 978049 (1+0'0052884 sen2 - 0;0000059sen22)
De acuerdo con Udías y Mezcua (1997, p. 54 y sigs.), la aproximación de primer orden de la
forma de la Tierra a un elipsoide de revolución es de gran importancia en Geodesia. Esta figura
viene definida por su semieje mayor o radio mayor (a) y el aplanamiento (), en donde éste
viene dado por la siguiente expresión:  = (a-c)/a, siendo c el semieje menor. En 1983, la
Asociación Internacional de Geodesia (IAG) -en la XVIII Asamblea General de la Unión
Internacional de Geodesia y Geofísica (IUGG) celebrada en Hamburgo- estableció el Sistema
Geodésico de Referencia 1980 con los valores siguientes:
GM 3,986005 · 1014 m3s-2, para M = 5'976 · 1024 kg (IUA, 1964)
A 6.378.137 m
 7,292115 · 10-15 s-1 (= velocidad angular)
 1/298257
J2 1,08263 · 10-3 (coeficiente denominado "factor de forma dinámica", que depende de la
diferencia entre los momentos de inercia en una dirección horizontal y la otra vertical, frente
al radio máximo y a la masa terrestre).
En relación con los valores de los elipsoides de referencia, se han deducido fórmulas estándar

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de la gravedad normal a nivel del mar en función de la latitud. La expresión que corresponde al
Elipsoide de Referencia 1967, y que fue adoptada en la misma Asamblea de la IAG, conocida
como Fórmula de la Gravedad 1967, es, para  = colatitud:
 = 9,78032 (1 +0'0053025 sen2 - 0,0000058sen22) ms-2
Esta fórmula está basada en el valor de g = 9,812603 ms-2 para Postdam. Este dato es un valor
de referencia para todas las medidas de la gravedad y se refiere al valor absoluto de la
gravedad en esta ciudad de Alemania. El término en sen22 corresponde a una corrección al
elipsoide.
La fórmula de la gravedad correspondiente al Sistema Geodésico de Referencia 1980, con una
exactitud de 1 ms-2, para  = latitud, es
 = 9,780327 (1+0,0053024 sen2 - 0,0000058sen22 ) ms-2
Sin embargo, este valor de la aceleración de la gravedad no es definitivo para cada punto.
Cuando se determina el valor real de "g" con un gravímetro, el nuevo valor es claramente
diferente del teóricamente obtenido por medio de la fórmula. Se producen así las anomalías
gravimétricas, que pueden ser de dos tipos, positivas (el valor real de "g" es mayor que el
teórico) y negativas (el valor real es menor que el teórico). Tanto unas como otras tienen una
interpretación diferente: las anomalías positivas implican, en aplicación de las relaciones
constatadas entre "g" y "", un exceso de masa, en tanto que las negativas se interpretan como
debidas a un déficit de masa.

Figura 6. Correcciones gravimétricas y su aplicación.
Para valorar la influencia de diferentes factores en la génesis de estas anomalías gravimétricas,
se llevan a cabo distintas correcciones (figura 6). Una vez determinadas y calculadas todas, se
relacionan algebraicamente con el signo sumativo (+) o restante (-) en función de su carácter.
Así, la corrección latitudinal -que sólo se calculará si el "g" teórico no ha considerado el valor
de la latitud- se sumará siempre y cuando hayamos tenido en cuenta el valor de "g" en el

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Ecuador (latitud cero). En cambio, la de aire libre restará si la estación está elevada sobre el
nivel del mar. Por ello, la atracción de las masas contenidas en esa altura incrementará la
atracción gravitatoria, por lo que la corrección de Bouguer será sumativa. La topografía se
sumará también si hay grandes relieves positivos alrededor de la estación; se restarán si hay
grandes depresiones en el entorno.
Un ejemplo de aplicación de esta técnica la tenemos en la figura 7. En ella se constata la
existencia de una anomalía residual o total negativa para una región elevada a casi dos mil
quinientos metros sobre el nivel del mar. Esto no sólo no es una casualidad sino que es lo usual
en las áreas continentales, en tanto que en las áreas oceánicas la anomalía suele ser positiva.
¿Cómo puede interpretarse una circunstancia de este tipo, cuando, al contrario de lo que es,
parece que en los océanos, más bajos que los continentes, están cubiertos de agua, frente a las
rocas de los propios continentes, más de dos veces y media más densas que aquél.
2.2.5.2. La isostasia y el juego de los equilibrios de los bloques corticales.
Observaciones de esta índole son antiguas. Es conocida la controversia planteada por el hecho
de que las grandes cordilleras presentan menos atracción gravitatoria de la que les
correspondía. La primera solución que se dio para explicar este hecho era invocar a la
existencia de las rocas sedimentarias y otras rocas ligeras y de composición granítica (SIAL)
para explicar esta anomalía. De hecho, se suponía que todos los defectos y excesos de masas
por encima o por debajo del nivel del geoide habrían de estar compensados, de modo que, a
cierta profundidad, el material pudiera encontrarse en equilibrio hidrostático; de acuerdo con
esto, la masa adicional en las montañas y su ausencia en las regiones oceánicas habrían de
estar compensadas con un defecto o con un exceso de masa, respectivamente, para lograr la
condición de equilibrio. El problema se planteaba ahora al buscar hasta qué profundidad se
producía esta compensación. Esto es, dónde se encontraba la superficie a partir de la cual
dejaría de existir tal anomalía. A esta superficie se la denominó en consecuencia superficie de
compensación gravimétrica.

Figura 7. Ejemplo para el estudio de las anomalías gravimétricas a partir de las correcciones a realizar en una
estación en los Estados Unidos de Norteamérica.
Las primeras propuestas datan del siglo XIX. De un lado Pratt proponía que esta superficie
debía ser paralela de alguna manera a la superficie del geoide a una determinada profundidad.
Ello implicaría que para que los bloques continentales pudieran explicar de este modo las
irregularidades topográficas debían representar bloques de igual masa, pero de diferente
volumen y densidad. Las figuras 8a recoge esta propuesta.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

La alternativa se debe a Airy. Este autor suponía que la superficie de compensación isostática
debería ser simétrica a la topografía, de modo que los bloques corticales resultantes, de
diferente volumen y de masa distinta, debían tener todos inexcusablemente una densidad
comparable. La figura 8b recoge la visión gráfica de esta hipótesis.

Figura 8. Hipótesis de la localización de la superficie de compensación isostática: (a) y (c) según Pratt; (b) y (d)
según Airy. En (e), modelo actual, en que juegan las dos variables. Figuras tomadas: (a) y (b), de Águeda y otros
(1983); (c), (d) y (e), de Anguita y Moreno (1991).
Ambas visiones isostáticas reciben los nombres respectivos de sus autores y de los discípulos
que las divulgaron (y defendieron públicamente una frente a otra); son las hipótesis de Pratt y
Hayford y de Airy y Heiskanen, respectivamente.
¿Cuál de las dos hipótesis es la correcta?
Indudablemente, debemos acudir de nuevo a las anomalías gravimétricas residuales
comentadas anteriormente. Una anomalía negativa en los continentes debe suponer una

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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pérdida de masa en los continentes, más allá de lo que debiera ser la profundidad a la cual la
corteza se separa del manto paralelamente al geoide. Si esto es así, esta superficie estaría
hundida en el manto. Y al contrario, una anomalía positiva en los océanos implicaría que el
manto se "inyecta" hacia la corteza, empujando a ésta por encima de la que debiera ser esa
superficie paralela al geoide. En definitiva, estaríamos justificando la hipótesis de Airy y
Heiskanen, frente a la de Pratt y Hayford. No obstante, habida cuenta el papel que juega la
Astenosfera (ver más adelante) en el "equilibrio dinámico" de las placas litosféricas, permite
considerar que el modelo actual es una combinación de ambos modelos, en el que las dos
variables expuestas deben tenerse en cuenta (figura 8e).

Figura 9. (a) Anomalías isostáticas de la Tierra,
en miligales (equidistancia entre curvas, diez
miligales). Los puntos contenidos en la línea
roja (cero miligales)son los únicos de la Tierra
en equilibrio isostático. (b) Procesos geológicos
que pueden causar desequilibrios isostáticos
resueltos con hundimiento de la corteza (en
azul: crecimiento de un casquete glaciar,
sedimentación, enfriamiento) o con su
levantamiento (en rojo: fusión del casquete,
engrosamiento de la corteza, erosión,
calentamiento y vulcanismo). (c) Un ejemplo
real de desequilibrio isostático: el
engrosamiento de la corteza bajo los Montes
Zagros (Irán) provoca un mínimo de gravedad
que causa su elevación. Las cifras en el esquema
son densidades. Imagen y texto procedentes de
la figura 1.31 de Anguita (1988).
Un modelo de sustentación de las masas continentales como el apuntado no es, en absoluto, un
modelo estático. Muy al contrario, representa un modelo de equilibrio dinámico vertical entre la
litosfera (que comprende a la corteza también) y la astenosfera subyacente, un nivel
relativamente plástico sobre el cual se desplazan las placas litosféricas. Este equilibrio vertical
se llama isostasia (Dutton, 1889): si este equilibrio se altera, tiende a recuperarse con
movimientos ascendentes o descendentes, de modo que una pérdida de carga implicará un
ascenso de las masas continentales, en tanto que una sobrecarga del mismo dará lugar a un
hundimiento. Es fácil comprender qué procesos geológicos son capaces de cargar la litosfera, y
qué otros son capaces de descargarla; en el texto de la figura 9 se enumeran algunos de ellos.
De este modo, la superficie de compensación anteriormente señalada será de compensación
isostática, que en el modelo actual, se situaría en el interior de la propia astenosfera (figura
8e).
2.2.5.3. El método geoeléctrico.
Se basa en el hecho comprobado de la existencia de que en el subsuelo terrestre existen
materiales que poseen alta capacidad de conducción de la corriente eléctrica, frente a otros

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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altamente resistentes. De entre ellos, cabe destacar fundamentalmente los minerales metálicos
así como la humedad de ese subsuelo, bien considerada como agua freática, bien como simple
humedad de los suelos capaces de conducir la electricidad como electrolitos.
TABLA I. Resistividades eléctricas (en m) según Parasnis (1970)
Mármol >1022 Calcopirita 10-4 a 10-1
Cuarzo >1010 Pizarras grafitosas 10-3 a 101
Halita 106 a 107 Pirrotita 10-5 a 10-3
Granito 5000 a 106 Pirita 10-4 a 101
Areniscas 35 a 4000 Magnetita 10-2 a 101
Morrena 8 a 400 Hematites 10-1 a 102
Calizas 120 a 400 Galena 10-2 a 300
Arcillas 1 a 120 Blenda >104

Para que esto sea posible es preciso que previamente exista un potencial eléctrico suficiente
como para permitir el flujo de los electrones. Esta diferencia de potencial puede ser debida a
corrientes naturales, que crean potenciales espontáneos. En el primer caso se trata de lo que se
conoce como corrientes telúricas, que son explicadas por medio de fenómenos tales como
capas iónicas, electro filtración,
diferencias de pH y electro-ósmosis.
Normalmente presentan valores que
van desde una fracción a centenares
de milivoltios, revelando, entonces, la
existencia en el subsuelo de una
"pila" relativamente potente de
metalizaciones de sulfures y/o zonas
grafitosas. En función del tipo de
potencial, se puede llegar a
discriminar la naturaleza de las rocas
del subsuelo. Así, los sulfures
metálicos dan potenciales negativos,
al igual que las mineralizaciones de
grafito, que, no obstante, son más
variables.
En otras ocasiones se analiza bien la
Figura 10. Ejemplo de corte geoeléctrico. Según Orellana (en
Parasnis, 1970). conductividad eléctrica, , bien la
resistividad, ; ambas propiedades
son antagónicas. Estas magnitudes intervienen en la ley de Ohm, que relaciona la densidad de
corriente eléctrica, J, con el campo eléctrico, E, por medio de la expresión J¡= ij E j, en donde los
subíndices representarían la variabilidad de estos parámetros en medios anisótropos; en el
caso de cuerpos isótropos, o es un escalar, que sólo para el caso de los materiales homogéneos
será constante.
Lo que se determina sobre un terreno heterogéneo depende del contraste de resistividad entre
las diferentes rocas en el subsuelo frente al paso de una corriente eléctrica producida desde un
generador de corriente alterna. La Tabla I recoge la resistividad de algunos materiales
geológicos. Los fundamentos y utilidades de los métodos geoeléctricos pueden encontrarse

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tanto en el texto de Udías y Mezcua (1997, cap. 19) como en los más antiguos y tradicionales de
Parasnis (1970), Griffiths y King (1972), Orellana (1974, 1982), etc.
El estudio de las variaciones de este parámetro en la vertical del terreno bajo un punto
considerado plantea un método particularmente útil en la exploración de aguas subterráneas.
Son los Sondeos Eléctricos Verticales (SEV), que permiten constatar la existencia en el
subsuelo de diferentes "capas geoeléctricas", que representan otros tantos estratos o
formaciones geológicas cuya naturaleza puede deducirse de la resistividad de cada una,
siempre que se disponga de la información geológica previa suficiente.
Si un SEV aislado no supone ninguna información significativa, la integración de éste con otros
perfiles alineados permite obtener resultados interesantes de la estructura geológica del
subsuelo. La figura 10 recoge un ejemplo de corte geoeléctrico tomado de E. Orellana (en
Parasnis, 1970); el Anexo III propone, en dos conjuntos de gráficas diferentes, sendos ejemplos
para resolver la estructura geológica profunda escondida en cada una de ellas.
La utilidad de este método queda limitada -lo que no deja de ser interesante- al conocimiento
de estructuras de la corteza superior, de gran utilidad en el campo de la Geología Aplicada a la
exploración y explotación de determinados recursos minerales (metales, grafito, agua, etc.).
2.2.5.4. El flujo térmico terrestre.
Una consecuencia del pasado remoto de la Tierra es la intensa energía calorífica que alberga
aún en la actualidad después de los cerca de 4.600 m.a. de vida que tiene. Esta energía sigue
disipándose hacia la superficie y, desde ésta, al espacio. La pérdida de calor a través de las
rocas se lleva a cabo bien lentamente, bien de forma rápida. En el primer caso, se efectúa a
través de los mismos cuerpos rocosos, que, al disponer de un calor específico elevado,
transmiten muy lentamente el calor. Por eso, cada capa terrestre actúa más, en ese sentido,
como escudo térmico que como medio de "evacuación". Las pérdidas más rápidas tienen lugar
aprovechando las grietas, fracturas,
etc. corticales, que, más o menos
profundas, se traslucen en la
superficie en forma de procesos
volcánicos. El vulcanismo es, por lo
tanto, un elemento de constatación
de esa energía térmica del planeta.
¿De dónde procede ese calor?
Clásicamente se han invocado tres
causas mayores: el calor residual de
la etapa planetesimal de la Tierra, la Figura 11. Variación del gradiente geotérmico con la profundidad
presencia de elementos radiactivos (según Ernst, 1969); 150 kilobares equivalen a unos 450 km de
en las diferentes capas (es sabido profundidad.
que la radiactividad produce calor) y
los procesos tectónicos, que, como manifestación de energía mecánica que se libera por los
reajustes de los grandes bloques litosféricos, puede -y, de hecho, así lo hace- liberar calor.
Todos estos factores tienen una muy diferente influencia en el estado energético interior de la
Tierra.
Históricamente se viene hablando de gradiente geotérmico para referirse a las variaciones de
la temperatura -como medida de esa energía calorífica- con la profundidad. Y clásicamente
también, a este gradiente se le ha asignado el valor de 3oC por cada 100 m de profundidad.

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Unos sencillos cálculos numéricos nos deben hacer reflexionar acerca de la viabilidad de esta
posibilidad. Con este valor, para los 6.371 km de radio terrestre, la temperatura en el centro de
la Tierra sería de 191.130°C por encima de la media superficial. La gráfica de las variaciones de
la temperatura interna terrestre no es lineal (figura 11), sino más bien exponencial, de modo
que aumenta mucho cerca de la superficie y luego deja de hacerlo en esa proporción.

Figura 12. a) Flujo calorífico procedente de las
dorsales y de las fosas oceánicas. Las gráficas muestran
los valores medios del flujo calorífico; las observaciones
indican que tiene lugar una gran dispersión sobre el eje
de la dorsal. Algunos valores alcanzan diez o veinte
veces cifras más altas que el promedio mundial, pero el
flujo calórico es uniforme sobre la mayor parte del piso
oceánico. Imagen retrabajada de Tarling y Tarling
(1986). b) Flujo térmico medido en las inmediaciones
de tres dorsales distintas: las del Pacífico, Atlántico e
Índico, comparados con la temperatura que tendría
una placa que se enfriase por conducción (curva).
Figura de Parsons y Sclater (1977) tomada de Anguita
y Moreno (1991).

Las causas de este comportamiento térmico son aparentemente sencillas. En las proximidades
de la superficie, al calor residual terrestre se le ha de sumar el procedente de las
deformaciones litosféricas y el de la radiactividad natural, que se sabe que es mayor en las
áreas de litosfera granítica que en las rocas ferromagnesianas (litosfera oceánica y manto). En
superficie, este aporte de calor es diferente de unas zonas geodinámicas a otras. La figura 12 y
la Tabla II recogen la distribución del mismo.
TABLA II Variación del flujo térmico en diferentes provincias geotectónicas

ÁMBITOS GEOTECTÓNICOS N Q 
Escudos Precámbricos 214 0'98 0'24
Áreas no orogénicas Post-Precámbricas 96 1'49 0'41
Áreas orogénicas Paleozoicas 88 1'43 0'40
Áreas orogénicas Mesozoicas y Cenozoicas 159 176,00 0'58
Cuencas Oceánicas 683 1'27 0'53
Dorsales Oceánicas 1065 1'90 1'48
Fosas Oceánicas 78 1'16 0'70
Márgenes Continentales 642 1'80 0'93
N = Número de determinaciones; Q = Media aritmética en H.F.U.;  = Desviación estándar de Q.
El término con que normalmente se conoce al calor desprendido hacia la superficie desde las
profundidades del planeta recibe el nombre de flujo térmico (Q), que se expresa como

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directamente proporcional al gradiente geotérmico (T/z) en función de la conductividad
térmica (K) de los materiales que están transmitiendo el calor; la fórmula es: Q = K(T/z) en
donde T representa la variación de la temperatura y z la de la profundidad. Tal como se
representa en la citada figura 10 y Tabla III, las zonas de dorsal y los arcos volcánicos son áreas
con flujo térmico positivo, en tanto que las áreas aledañas a las fosas oceánicas, donde tiene
lugar el comienzo de la subducción, el flujo térmico es negativo. El valor de este parámetro en
el interior de las grandes placas suele ser neutro. Ello es consecuencia de la propia estructura y
de la correspondiente dinámica de cada una de las capas implicadas en el modelo de la
tectónica de placas de nuestro planeta Tierra, que se aborda más adelante.
2.3. Estructura terrestre: la naturaleza profunda de la Tierra
Los datos proporcionados por los métodos expuestos muestran que nuestro planeta es
heterogéneo. Esto es, está constituido por materiales diversos en diferente estado de
agregación. La distribución en dos unidades mayores separadas a los 2.990 km de profundidad,
tal y como nos sugieren los cálculos de la distribución tanto de las densidades como de la
presión litostática (figura 1), es corroborada y matizada por la velocidad de las ondas sísmicas
(figura 3a), apuntando a una tercera capa, más delgada y superficial, la corteza, bajo la cual, a
su vez, correlativamente, se encontrarán el manto y el núcleo terrestres. Esta distribución,
comúnmente conocida como estructura sísmica, debe ser convenientemente analizada tanto
desde la perspectiva de la distribución más precisa de las velocidades de las ondas sísmicas en
los 300 km más superficiales (figura 25b), como desde la detección de las zonas de sombra
sísmica (figura 24a) o, incluso, desde las trayectorias seguidas por dichas ondas en ese nivel
estructural (figura 24b). Se permite, así, identificar dos nuevas unidades estructurales de
arriba abajo. En la parte más alta, la corteza y la parte del manto superior más alto y rígido
forman la litosfera, que "flotaría" sobre una unidad sólida, aunque de baja rigidez relativa, ya
propiamente dentro del manto superior, llamada astenosfera (ver figura 3b). El manto
restante (superior más bajo e inferior) constituyen la mesosfera. El núcleo, habida cuenta su
composición (a base de Fe como elemento químico dominante, como luego veremos) se pasaría
a denominar siderosfera, si bien también se suelen utilizar el nombre original, así como el de
endosfera para referirnos a la capa más interna de todas cuantas forman nuestro planeta.
Seguidamente abordamos el estudio de cada una de estas unidades.
2.3.1. Las unidades sísmicas y geoquímicas
2.3.1.1. La corteza terrestre
De espesores notablemente variables de las áreas continentales (de 25 a 70 km) a las oceánicas
(de 6 a 12 km), cada una de ellas presenta características tan diferentes de la otra que en
realidad vienen a ser dos unidades muy distintas. Así, en tanto en los continentes presenta
densidades de 2'7, en los océanos su densidad es de 3'0; además, la primera es abundante en
rocas sedimentarias y metamórficas, en tanto que la segunda se caracteriza por la existencia
dominante de rocas basálticas, lo que incide en aspectos de naturaleza diferente: la corteza
continental contiene alrededor de un 60 % de sílice, en tanto que la oceánica tiene menos del
50 %.
a) La corteza oceánica
La corteza oceánica presenta una estratificación típica en tres niveles (figura 12): un nivel 1,
superficial, con sedimentos; un nivel 2, basáltico, y un nivel 3, gabroico, de igual composición
normativa que el nivel anterior, pero formado a partir de la solidificación profunda del magma

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basáltico que, al salir a la superficie, generaría, en cambio el basalto de dicho nivel intermedio.
El sondeo perforado en la corteza oceánica situada en el valle de fractura de Costa Rica (pozo
504-B), entre las islas Galápagos y Sudamérica, muestra (ver artículo de Francheteau, en
Dinamismo terrestre, 1983, pp. 58-74, o en Udías: La Tierra, 1988, pp. 88-102) que el nivel 1
está representado por una capa de 275 m de sedimento constituido mayoritariamente por
restos de plantas y de animales microscópicos marinos; bajo esta capa, el nivel 2 representa el
zócalo oceánico, con lavas almohadilladas y coladas laminares alternantes.

Figura 12.a) Modelo teórico de la corteza oceánica comparado con un b) complejo ofiolítico (una posible corteza
oceánica levantada en el proceso de creación de una cadena de montañas. Tomado de Anguita y Moreno (1991, fig.
1.3) a partir de Juteau y otros (1973).
Según Boillot (1984), el nivel 1 es prácticamente inexistente cerca de las dorsales, aumentando
su potencia progresivamente hacia el interior de las cuencas oceánicas, donde puede alcanzar
espesores de dos o tres km localmente, con una media de 500 m.
Todos estos sedimentos han conservado la misma posición que tenían cuando se depositaron:
salvo en zonas de fractura y en los márgenes continentales no han sufrido deformación alguna.
Su edad es relativamente reciente, no conociéndose sedimentos anteriores al Jurásico -
sedimentos triásicos sólo se conocen en ciertos márgenes continentales-.
La naturaleza basáltica del nivel 2 o zócalo oceánico sugiere que se ha originado por medio de
erupciones volcánicas submarinas.
En cuanto al nivel 3, la "capa oceánica", menos conocida, su verdadera naturaleza es objeto de
discusiones y controversias. La diferenciación de basaltos a partir de un magma del manto
implica la formación simultánea de rocas mucho más básicas -ricas en divinos y plagioclasas-
que podrían formar esta capa subyacente; se trataría de una asociación de gabros y
metagabros asociados a peridotitas.
La corteza oceánica ocupa el 60 % de la superficie del globo, estando restringida naturalmente
a los fondos oceánicos. Pero estas regiones sufren esfuerzos tectónicos en las zonas de
convergencia de las placas, que pueden arrastrar porciones de corteza oceánica hacia la
superficie de los continentes, incorporándolas a éstos. Se forman así los denominados
complejos o mantos ofiolíticos de las cadenas plegadas, que serían los testigos de antiguos
océanos desaparecidos por subducción.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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Frente a los dos modelos referidos de corteza oceánica -la existente en las inmediaciones de las
dorsales y la propia del interior de los océanos, lejos de las dorsales-, se apunta un tercer tipo:
la litosfera de naturaleza peridotítica; son los denominados fondos oceánicos de tercer tipo
(Boillot, 1988). Esta referencia de orden se explica por cuanto hasta entonces los dos únicos
tipos de fondos oceánicos eran, bien los correspondientes a los continentes sumergidos, con
corteza continental (áreas de plataforma continental) afinada durante el comienzo del rift, bien
los constituidos por corteza oceánica, que son los que acabamos de estudiar arriba.
Este esquema simple se ha visto modificado por el descubrimiento en el océano Atlántico, a la
altura de la costa de Galicia, de fondos submarinos formados por rocas peridotíticas, que no
pertenecen ni a la corteza oceánica tradicionalmente contemplada, ni a la continental, que se
estudia más adelante, sino que se trata de rocas salidas directamente del manto terrestre, a
decenas de kilómetros de profundidad bajo la corteza de la Tierra en esos entornos. Diversas
son las referencias que confirman este hallazgo, que el propio Boillot describe en su artículo
arriba citado. En ellas, el contacto con el agua -tanto el propio de los fondos marinos, como el
existente en el interior de las grietas que atraviesan las rocas de estos ámbitos geológicos, dan
lugar a una serpentinización (alteración hidrotermal que da lugar a la formación de
serpentinas) más o menos acusada de la roca. El resultado es la transformación de una roca de
densidad 3'3 a otra de densidad 2'9.
Según este autor, tradicionalmente se pensaba que estas peridotitas de los fondos oceánicos
constituirían "una especie de virutas arrancadas al manto profundo y subidas de nuevo hasta el
fondo submarino por la acción de las fuerzas mecánicas que actúan en el instante del
corrimiento" de las placas convergentes.
No obstante, los datos de la observación petrográfica de la roca allí existente muestran que ésta
presenta estiramientos del orden del 300 % respecto a su disposición original, y, además, el
estiramiento de la peridotita es perpendicular a la dirección del rift aparecido en el Mesozoico
entre Iberia y América del Norte; es decir, es paralelo al movimiento de separación de las
placas. La ascensión de la peridotita se revela, pues, asociado al proceso de divergencia
litosférica, no al de deslizamiento de dos placas como suponía el esquema clásico. Y mientras el
estiramiento se iba produciendo, sobre la roca se irían abriendo transversalmente grietas por
las cuales percolaría el agua del mar, cargada de iones que, de un lado contribuiría a alterar la
peridotita, y de otro a precipitar calcita blanca en las fisuras creadas.
Además del interior del océano Atlántico, en la isla de Zabargad, en la orilla occidental del mar
Rojo, así como en la margen pasiva de Cerdeña, en el mar Tirreno, existen fondos de este tipo.
b) La corteza continental
De espesor variable, su base se sitúa sobre un Moho que se hunde en el manto tanto más
cuanto mayores son las alturas que hay por encima de él, en donde la corteza continental
puede alcanzar, entonces, los 70-80 km de espesor; se habla entonces de las raíces de la
cadena (Boillot, op. cit.). Por el contrario, la corteza tiende a adelgazarse bajo los rifts
continentales y, sobre todo, en los márgenes de los continentes, en donde tiene lugar la
transición de la corteza continental a la oceánica, que es mucho más delgada, como ya queda
señalado.
La estructura tradicional de la corteza continental habla de una estricta estratificación de la
misma, con conceptos tales como SIAL y SIMA que se refieren, respectivamente a la corteza
superior e inferior de los continentes. La primera presentaría un nivel alto con sedimentos y
rocas sedimentarias sobre otras de naturaleza granítica; la segunda, materiales de naturaleza

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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basáltica, aunque, posiblemente de origen no precisamente magmático en el sentido estricto
del término, con eclogitas como rocas más características.
Frente a estas ideas, la figura 13, que recoge la estructura más compleja de la corteza en cinco
regiones continentales diferentes de la Tierra, se nos plantea una pregunta: ¿dónde se
encuentran tanto el SIAL como el SIMA? La imagen muestra formas irregulares de naturaleza
tanto félsica -con minerales silicatados pobres en Fe y Mg- como máfica -con minerales
silicatados ricos en Fe y Mg- atravesando otras manchas que representan conjuntos rocosos de
naturaleza diversa. Las líneas que unen las sucesivas secciones representan niveles de igual
grado metamórfico, por lo que, estrictamente, o bien los conceptos buscados han de ser
reformulados, o bien eliminados como de generalización estructural de los continentes.
Esta mayor complejidad de lo que se creía para la corteza continental no permite sostener la
idea de la existencia de la discontinuidad de Conrad, que tradicionalmente dividiría esta
corteza en un nivel granítico superior y otro basáltico inferior, esto es, el SIAL del SIMA
respectivamente. Las secciones de la figura 13, entre otras, permite constatar (Anguita, 1988)
la existencia dentro de la corteza continental de tres niveles: uno inferior de rocas de
quimismo muy variable -tanto acidas como básicas-, que pueden ser ultrametamórficas
(granulitas), plutónicas (anortositas, gabros) o incluso metasedimentarias (arcillas o calizas
metamorfizadas); un nivel intermedio de quimismo ácido a intermedio, con rocas
intensamente metamorfizadas (neises y migmatitas) y plutónicas (granitos a tonalitas); por
último, un nivel superior, con intrusiones graníticas y rocas sedimentarias y volcánicas
ligeramente metamorfizadas o sin metamorfizar en absoluto.

Figura 13. (a). Esquema de la corteza continental como se imaginaba en los años 70. (b) ¿Dónde se encuentra el
SIAL en cada una de las cinco secciones verticales de la corteza continental representada (1, Italia; 2 y 3, Australia; 4,
Canadá; 5, Sierra Leona)? Aunque en algunos cortes parecen distinguirse sólo dos niveles, en realidad las líneas
horizontales que unen las secciones, correlacionan sólo intervalos de igual grado de metamorfismo; de los cinco
ejemplos, en tan sólo los casos 2 y 5 hay diferencias químicas globales entre el nivel intermedio y el inferior. Tomado
de Fountain y Salisbury (1981) en Anguita (1988).
Así pues, y aunque las rocas básicas son más frecuentes en los niveles inferiores, y las acidas en

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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los intermedios y superiores, la zonación vertical más significativa (a veces, la única) de la
corteza se debe al aumento del gradiente metamórfico con la profundidad. Cuando el nivel
inferior es claramente básico, se puede detectar un cambio en las velocidades de los trenes de
ondas sísmicas respecto a los niveles superiores, poniéndose de manifiesto entonces, y sólo
entonces, la discontinuidad de Conrad y, en consecuencia, algo comparable a lo que desde
antiguo se conoce como un SIMA abajo y un SIAL encima. Lo normal, en cambio, es que
abunden los cambios de velocidad, que son lógicos dada la gran heterogeneidad general de la
corteza de los continentes.
c) La corteza intermedia
Los márgenes continentales son regiones donde se pasa alternativamente de áreas con corteza
continental a áreas con corteza oceánica. En estas regiones de transición entre unos dominios
geográficos y estructurales, la corteza adquiere características intermedias entre ambos tipos
de corteza; es la corteza intermedia o transicional de Anguita (op. cit.). La transición, en
realidad, se efectúa según parámetros geológicos y geofísicos desconocidos en la actualidad,
cuya resolución, en palabras de Boillot (1984) sería esencial para la comprensión de los
márgenes continentales estables, y, especialmente, de su enorme subsidencia.
Precisamente es este autor (Boillot, 1988) quien en su artículo sobre los fondos oceánicos de
tercer tipo nos muestra un esquema de esta transición debida a un adelgazamiento de la
corteza continental a medida que avanza el estiramiento horizontal que fragmenta los
continentes en una fase de rift para abrir en medio un océano. La figura 14 resume
gráficamente este esquema.

Figura 14. Esquema de la corteza de transición. Según Boillot et al (1980), tomado de Anguita (1991, fig. 1.5).
Un esquema diferente de la corteza intermedia lo podemos encontrar en los sistemas de arcos
de islas. En estas regiones, donde la litosfera oceánica subduce para levantar islas de origen
volcánico, se entremezcla junto con los materiales ígneos otros de naturaleza sedimentaria
originados a partir de los anteriores al ser transformados por los agentes atmosféricos y
erosionados por el agua y el viento en superficie para formar materiales sedimentarios que,
depositados y consolidados, formarían estas nuevas rocas.
2.3.1.2. El manto
Una consideración previa a la descripción de las características del manto terrestre, al margen
de las que se puedan hacer a la vista de su comportamiento sísmico, nos la ofrece McKenzie
(1983) en su artículo monográfico sobre esta capa profunda de la Tierra: "sea cual sea la
composición del manto, su fusión total o parcial debe ser capaz de producir basaltos, roca
volcánica común" característica de la corteza oceánica suprayacente. "Enormes volúmenes de

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basalto salen expulsados por la erupción de volcanes, lejos de las dorsales". Y como este autor
sugiere, para producir un basalto basta con seleccionar una roca sólida de su misma
composición y fundirla por completo. Uno de los resultados posibles es la eclogita, formada por
granates y piroxenos, minerales densos que son estables a altas presiones.
Sin embargo, hay una alternativa a esta
roca como "madre" de los basaltos
corticales. Es la peridotita, de la que se
ha hablado al estudiar los fondos
oceánicos de tercer tipo. Esta roca
permite interpretar la gran cantidad de
magnesio presente al menos en los
basaltos más antiguos; la eclogita no
parece albergar la cantidad suficiente
como para permitirlo (figura 15). Al
contrario ocurre con la peridotita,
cuyos divinos (forsterita) presentan
grandes cantidades de este metal.
Fragmentos de peridotita son
arrastrados desde grandes
profundidades hasta la superficie por
Figura 15.- Rocas que forman el manto. Tomado del artículo de magmas basálticos y predominan
D.P. McKenzie: El manto terrestre, publicado en el número 86 de también en las rocas encontradas en las
Investigación y Ciencia (1983); figura 8. chimeneas de kimberlitas -que
contienen diamantes-. Además, la
composición de las condrilas carbonáceas es similar a la composición de la peridotita, pero no a
la de la eclogita. Además, en los sondeos marinos realizados sobre bloques oceánicos
levantados y erosionados se han encontrado peridotitas bajo los materiales de la corteza
oceánica (ver atrás: fondos oceánicos de tercer tipo).
Esta hipótesis de la peridotita dominante
parece sostenerse con las temperaturas
reinantes en el manto; las peridotitas se
fundirían parcialmente dando magmas
basálticos. Para estos materiales, el estado
físico sólido que se supone (figura 16) es
compatible con el estado térmico del interior
de la Tierra para los materiales que se
estima que debe haber en esa capa.
Pero, ¿cuáles son las causas actualmente
aceptadas del comportamiento sísmico del
manto terrestre? La figura 16, tomada del
artículo de McKenzie (op. cit.), muestra la
Figura 16. Distribución de temperaturas en el interior de
existencia de zonas de velocidad la Tierra y curva aproximada del punto de fusión del
relativamente constante que alternan con material del manto. El modelo es coherente con un manto
otras de velocidad creciente con la y un núcleo interno sólidos y un núcleo externo líquido.
profundidad. La reproducción de estas
situaciones en el laboratorio, se deduce que las zonas obedecen a cambios de fase sólida
(reordenación de átomos que forman la estructura cristalina de los sólidos), y no a cambios de

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

composición. El material entre la base de la corteza y una profundidad de alrededor de 390 km
es peridotita, cuyo mineral más abundante es el olivino; cada átomo de Si de la estructura del
olivino está rodeado por cuatro átomos de oxígeno. Por debajo de los 390 km hay una zona de
transición, donde los átomos de olivino recristalizan en una estructura más compacta del tipo
del mineral espinela (MgAl2O4); en esta estructura, el Si estaría rodeado por cuatro átomos de
oxígeno también, pero a menor distancia que en el caso de la estructura del olivino. No
obstante, el mayor y principal cambio de fase tiene lugar a una profundidad de 700 km; la
estructura tipo espinela se desdobla en una mezcla de una estructura aún más densa que se
parece a la del mineral perovskita (CaTiO3) y de óxido de Mg: cada átomo de Si en esta nueva
estructura estaría rodeado por seis de oxígeno.

Figura 17.- Perfil sísmico del manto superior, con delimitación de zonas de diferente comportamiento sísmico y las
transformaciones de las estructuras minerales deducidas a partir de los datos experimentales. Tomado de McKenzie
(1983, fig. 9).

En definitiva, estos datos nos muestran la existencia de un manto heterogéneo en cuanto a la
densidad con la profundidad. Esto es, a las presiones confinantes crecientes con la
profundidad, los silicatos existentes estarán tanto más comprimidos, con lo que se explica la

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

densidad mayor del manto inferior respecto a la del manto superior.
Por otro lado, el manto es anisótropo. Las ondas sísmicas no se propagan con igual velocidad
en todas las direcciones, probablemente debido a la existencia de corrientes que orientan los
minerales alargados de las rocas. La velocidad de propagación será, entonces, mayor en la
dirección del alargamiento. La anisotropía
medida en el manto (de un 3 a un 9 % de
diferencia entre las velocidades máxima y
mínima) es casi igual a la medida
experimentalmente en las peridotitas (de un
3 a un 10 %).
2.3.1.3. El núcleo
La primera evidencia de la existencia del
núcleo data de OIdham (1906), al examinar
sismogramas en los que observaba que las
ondas S experimentaban un retraso de una
decena de minutos para distancias angulares
al foco superiores a 120-130° (figura 17). Su
deducción era que tenían que propagarse a Figura 18. Deducción de la existencia del núcleo.
Comportamiento de las ondas P y S en profundidad y
través de una estructura interna, un núcleo, deducción de la discontinuidad de Gutenberg
en que la velocidad de las ondas era menor a (manto/núcleo).
causa de un cambio de propiedades. El
primero en determinar su posición respecto a la superficie terrestre -2990 km de profundidad-
fue Gutenberg (1914). En 1936, Lehman, al observar el comportamiento de las ondas P en el
interior de esta zona, dedujo la existencia de un "grano" central. Jeffreys (1926) fue el primero
en proponer una naturaleza fluida para el núcleo, mientras que el carácter sólido del grano fue
propuesto por Bullen en 1946. La fluidez del núcleo externo es compatible con la amplitud
observada de las deformaciones
Figura 19. periódicas de la Tierra -de algunas
Correlación entre decenas de centímetros- debidas a la
volumen atómico y
número atómico para atracción de la Luna y el Sol.
mostrar que dos de Los datos referidos al núcleo terrestre
los elementos
químicos más aptos
proceden exclusivamente, bien de
para soportar las pruebas indirectas, bien de la geofísica,
grandes presiones del bien de la experimentación e, incluso, de
núcleo terrestre son el la comparación con datos de la
Fe y el Ni. composición de cuerpos cósmicos y de
otros datos de naturaleza fisicoquímica.
Algunos de estos primeros datos son las densidades, que oscilan entre 10 y 13 gcc-1.
Otro dato es la existencia de un importante campo magnético, del que el núcleo es el
responsable; este campo energético es originado por la naturaleza metálica de estas capas
profundas unido al hecho -ya constatado por las pruebas sísmicas- de su estado físico
fuertemente contrastado -líquido en el externo, sólido en el interno- y a la rotación del
conjunto planeta diferente de la del núcleo sólido más profundo. La geoterma en el núcleo
interno -al igual que para el manto inferior- está por debajo del punto de fusión de los materiales
estimados para esta capa, en tanto que está por encima del punto de fusión del núcleo externo
(figura 16).

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Un dato que es sostenible también con esta idea
de la presencia del Fe en el interior de la Tierra es
que los elementos químicos allí existentes deben
tener un radio (volumen) iónico compatible con la
enormes presiones reinantes en esa capa. Ello exige
un elemento de número atómico suficientemente
alto como para aportar una densidad compatible con
la del núcleo. Correlacionando número atómico y
volumen atómico (figura 19) se muestra cómo
además del Fe, el Ni es otro elemento metálico que
puede estar presente.
Sobre la naturaleza del núcleo, Birch (1952), al poner
de manifiesto una relación empírica lineal entre la
velocidad de las ondas P y la densidad del material
que atraviesan, pudo estimar la composición química
de esta capa. De este modo, utilizando la curva
velocidad-densidad medida por sismología en el caso
del núcleo, propuso la naturaleza férrica del mismo.
Este resultado, que concuerda muy bien con el hecho
de que el núcleo, de ese modo podía ser "sede de la
geodinamo", es compatible con la idea de que ningún
Figura 20. La densidad como función de
otro elemento que posea las propiedades del
la presión, representada en una comparación núcleo es suficientemente abundante en el cosmos
de los valores observados en el manto y en el para poder ser posible candidato. Todo hace pensar
núcleo con datos experimentales de Fe y que, aparte de los elementos volátiles, la abundancia
aleaciones de este metal que podrían existir de los diferentes elementos en la Tierra es similar a la
en el núcleo. La comparación está corregida
por la adecuación de los datos
abundancia cósmica. Por lo tanto, en la Tierra se tiene
experimentales a las temperaturas del que encontrar globalmente la composición del Sol y de
interior terrestre y al estado líquido del los meteoritos condríticos. Más concretamente, el
núcleo externo, como se expresa para el cociente entre el número de átomos de Fe y el número
Fe con la zona punteada. Según el Instituto de átomos de Si tiene que ser 0'9. Y, tal como nos indica
de Tecnología de California y el
Laboratorio Nacional de Los Álamos, en
la observación, las rocas del manto son excesivamente
Jeanloz (1983, fig. 6). pobres en Fe, por lo cual debe encontrarse en
proporciones mayores en estas profundidades del
planeta.
Para encontrar una relación Fe/Si correcta, se necesita, según Hinderer et al. (1991), un núcleo
constituido casi exclusivamente por Fe, al que se le añade una pequeña proporción de Ni (no
mayor del 4% en masa). Pero esta composición no es totalmente satisfactoria, pues da una
densidad demasiado elevada y unas velocidades sísmicas demasiado pequeñas respecto a las
observaciones. Por lo tanto, se ha de admitir la presencia en disolución de una pequeña
cantidad de elementos ligeros en la composición del núcleo externo. La naturaleza de estos
elementos está todavía en debate, pero los mejores candidatos son el oxígeno y el azufre. En
las condiciones de temperatura y de presión que reinan en el núcleo, estos dos elementos dan
compuestos solubles en el Fe (óxidos y sulfures de Fe). Una proporción del 6 al 12 % de azufre
y del 7 al 8 % de oxígeno basta para obtener las propiedades del núcleo líquido. Jeanloz

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

(1983, figura 6) analiza la posible presencia de cada uno de estos candidatos en una gráfica que
correlaciona la densidad resultante con la presión/profundidad (figura 20) y lo compara con
datos referidos al manto terrestre. Posteriormente, Wanke y Dreibus (1997), según expone
Jacobs (1997), presentan nuevas evidencias de que el silíceo es el componente ligero más
abundante en el núcleo externo, en tanto que Kilburn y Wood, al mismo tiempo describen
modelos geoquímicos que indican que el Si y el S son incompatibles mutuamente durante la fase
de separación del núcleo y que no pueden estar juntos como elementos ligeros en el núcleo
externo. Sin embargo, no existe ninguna razón de hecho, como reconoce el propio Jacobs (op.
cit.) para creer que exista un sólo tipo de elemento ligero.
Respecto al núcleo interno, existe el consenso reconocido en Hinderer et al. (op. cit.) de que el
"grano" crece lentamente por cristalización del núcleo líquido a medida que la Tierra se
enfría. Sin embargo, la naturaleza del cuerpo que cristaliza es sujeto de controversias; se trata
bien de hierro casi puro, bien de una aleación de este metal con elementos ligeros, que se
encuentran en una proporción netamente inferior a la del núcleo líquido.
En cualquiera de ambos casos, a causa de esta cristalización, el líquido inmediatamente en el
exterior del grano está enriquecido en los elementos ligeros rechazados/repelidos por el
sólido cristalizado. Estos elementos ascenderían a través del núcleo externo hasta la
discontinuidad núcleo-manto, bajo la que podrían quedar de nuevo capturados. La zona
anómala revelada en las propiedades acústicas de la interfase entre ambos núcleos podría
constituir la zona de no asimilación por parte de la fase cristalina de Fe metálico de esos
elementos ligeros (figura 21).
En cualquier caso, la determinación de la naturaleza química del núcleo interno resulta mucho
más difícil por la imposibilidad de reproducir en el laboratorio de forma duradera las
condiciones de presión y de temperatura que reinan en la superficie del grano, allí donde se
reproduce la cristalización.

Figura 21. Propiedades acústicas del núcleo,
según se manifiestan por los cambios de velocidad de
las ondas sísmicas. Se expresan como función de la
profundidad desde la superficie de la Tierra y de la
presión a cada profundidad (la presión en la
superficie de la Tierra es de una atmósfera). La
velocidad de las ondas acústicas, medida
experimentalmente en Fe fundido a las condiciones
de presión y temperatura del núcleo es muy similar a
la velocidad observada. Los datos sísmicos indican
la presencia de una zona anómala (trazo vertical
punteado) en el techo del núcleo externo. Esta zona
se caracteriza por una atenuación fuerte de las
ondas. Se supone que esta zona está parcialmente
fundida. Tomado de Jeanloz (1983, fig. 4).

Una revisión reciente sobre el estado del conocimiento sobre esta parte del interior de la Tierra
se debe a Jacobs (1997). En él se analizan tanto aspectos recopilatorios sobre el tema, como

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

algunos aspectos relevantes de su comportamiento (papel en la geodinamo, conductividad,
anisotropía o rotación). En este sentido, la única referencia a la naturaleza química que se hace
del núcleo interno señala a Poirier (1994), afirmando que el Fe, posiblemente con algo de Ni,
sea el elemento básico de este nivel; el límite con el núcleo externo es, igualmente,
composicional, señalando que se trataría, realmente, de un límite de fase.
2.3.2. Las unidades dinámicas
Se estudian a continuación las unidades estructurales dinámicas de la Tierra que permiten
definir e interpretar los procesos globales de fragmentación de los continentes, de
formación de océanos, de levantamientos orogénicos, de desarrollos magmáticos y sísmicos, o,
entre otros de naturaleza no precisamente geológica, los de distribución de especies
biológicas o del comportamiento aprehendido por parte de los individuos de las diversas
especies afectadas tras millones de años de evolución biológica paralela a la transformación de
la superficie del planeta.
a) La Litosfera
Comprende, como ya se ha comentado, la totalidad de la corteza más la porción del manto
superior que llega hasta el canal de baja velocidad. Al igual que ocurre con la corteza, hay que
hablar de una litosfera continental y de una litosfera oceánica; la primera parece más potente y
más plástica que la segunda. Su potencia se sitúa entre los 200 km bajo los continentes y unos 40
de km bajo los océanos; las medidas del flujo térmico sobre la superficie terrestre aportan
valores mayores, de espesor máximo de hasta 300 km en el interior de algunos continentes
(figura 22).

Figura 22. Variación global en el espesor de la litosfera a partir de las medidas del flujo térmico terrestre. Tomado
de Chapman y Pollack (1977) en Summerfield (1991).

Por su peculiar constitución, se puede hablar de dos partes diferentes dentro de la litosfera
(figura 23), una superior, con características geoquímicas propias de la corteza constituyente, y
una inferior, con características geoquímicas propias del manto. Estas diferencias
geoquímicas implican además diferencias de comportamiento; así, el manto litosférico es más

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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rígido que la base de la corteza, pues la composición de ésta, con minerales cercanos a su
punto de fusión, hace de ella poco resistente mecánicamente, actuando el sistema corteza
continental somera-corteza continental inferior-manto superior rígido como un bocadillo de
dos niveles rígidos con otro dúctil intermedio (figura 24).

b) La Astenosfera
Constituye la denominada capa de baja
velocidad de las ondas sísmicas en el
manto superior; también se le conoce
como “canal de baja velocidad” (figura
25b). Su descubrimiento fue debido
esencialmente no sólo a esa circunstancia,
que suponía un retraso en la llegada de
determinados trenes de ondas, sino
también al deducido cambio de
trayectorias (figura 25a), así como a la
marcha que las ondas sísmicas mostraban
en su interior (figura 25b). Se sitúa bajo la
base de la litosfera hasta una profundidad
Figura 24. La litosfera continental como un emparedado de
media de unos 250 km (figura 26a). dos niveles rígidos (comportamiento frágil a dúctil-frágil: en
El origen sugerido para esta capa se blanco) y plástico (comportamiento dúctil en punteado), en
contraste con la oceánica, de rigidez homogénea. Modificado
encontraría en la intersección del de Molnar (1988) en Anguita y Moreno (1991).
gradiente térmico de la Tierra con la curva
del punto de fusión (húmedo) de la peridotita (figura 27), roca que, como ya se ha discutido, se
estima que es la típica de estas profundidades.
Esta idea de la existencia de una capa plástica por debajo de la litosfera, la astenosfera, es
compatible con la de cambios importantes en la velocidad de propagación de las ondas
sísmicas. Así, las ondas S, según modelos basados en investigación con la ayuda de potentes
ordenadores llevados a cabo por F. Press, saltan de 3'6 a 4'6 km/sg a la altura de la
discontinuidad de Mohorovicic; la velocidad sigue aumentando hasta aproximadamente los 70
km, en que pasa a 4'2 km/sg. A mayor profundidad en el manto, la velocidad vuelve a aumentar
gradualmente. En condiciones normales, la velocidad de las ondas debería aumentar con la
profundidad; por lo tanto, algo extraño debe ocurrir a unos 70 km de profundidad. Anderson y
otros proponen una explicación convincente de la causa de esta disminución: la fusión parcial
del manto debiera ser la responsable.
El material del manto es un conjunto de silicatos cuyas propiedades de fusión son sumamente
complejas. Con todo, se sabe que el manto no se funde completamente a una temperatura
única, como lo hace el hielo, por ejemplo. Su fusión, por el contrario, tiene lugar dentro de un
rango de temperaturas. Al principio del proceso de fusión sólo se funde una pequeña parte del
material. Este fenómeno de fusión parcial provoca una disminución de la velocidad de las
ondas sísmicas, en especial de la velocidad de las ondas de cizalla. A partir de los datos
sísmicos, se puede llegar a deducir que la fusión parcial (de un 1 a un 10 %) ha reblandecido el
manto a una profundidad entre 70 y 250 km de profundidad; esta capa sería precisamente la
astenosfera. Su importancia, como más adelante se verá, se encuentra en la posibilidad que
ofrece de poder entender cómo y por qué puede llegar a deslizarse sobre ella, al comportarse
ésta como una superficie viscosa, la litosfera y, más concretamente, cada uno de los fragmentos

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

en que ésta está dividida, las placas litosféricas, en cuya dinámica se sustenta el desarrollo de
la teoría de la tectónica de placas, que en su momento se estudiará.

Figura 25. Identificación de la existencia de la astenosfera. (a) A
través de la localización de las zonas de sombra sísmica y de las
trayectorias seguidas en consecuencia por dichas ondas, según
Anderson (1981): La capa plástica del manto terrestre. En Deriva
Continental y Tectónica de Placas. Ed. Blume. (b) Por medio del
seguimiento de las ondas sísmicas por el interior de la capa de baja
velocidad.

Figura 26. (a) Estructura dinámica de la Tierra y posición relativa de la litosfera y de la astenosfera. (b) Gráfica que
muestra las velocidades de propagación de las ondas sísmicas P y S en los niveles superficiales de la Tierra (corteza y
manto); imagen tomada de
http://iespoetaclaudio.centros.educa.jcyl.es/sitio/index.cgi?wid_item=1721&wid_seccion=19

Figura 27. Origen sugerido para la capa de baja
velocidad (astenosfera) debido a la intersección del
gradiente geotérmico de la Tierra con la curva del punto
de fusión (húmedo) de la peridotita.

Sin embargo, como recogen Anguita y Moreno (1991, p. 11), existen ciertas dudas de la

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

existencia de una astenosfera como capa continua por debajo de la litosfera; esto es, se duda
acerca de la universalidad de esta capa plástica. La mayoría de los autores responde
afirmativamente, pero en algunas zonas antiguas bajo los continentes, este nivel no se detecta
con claridad, pasándose directamente de la litosfera a la mesosfera.
En http://www.aepect.org/astenosfera/astenosfera/intro.htm puede seguirse el debate acerca
de la existencia o no de esta unidad bajo el conjunto de la litosfera.
2.3.3. Otras unidades estructurales: las zonas de transición
La idea tradicional de que los cambios de una capa a otra eran rápidos venía a dar satisfacción
a un modelo de estructura en capas superpuestas e independientes. Estos modelos eran
alimentados en parte por las gráficas de velocidad de propagación de las ondas sísmicas con la
profundidad, que implican saltos bruscos de unos niveles a otros en diagramas cuya resolución
es tan limitada como una tecnología que no permitía detectar cambios graduales antes de las
grandes caídas o los grandes ascensos en las velocidades. La tecnología de los
superordenadores y la posibilidad de reproducir en laboratorios las condiciones de presión y
temperatura lo más próximas posibles a las de las diferentes profundidades terrestres ha
suministrado nuevas posibilidades en la concepción estructural del planeta.
Esta circunstancia ha dado lugar a una imagen un tanto diferente de esas transiciones capa a
capa. El concepto de discontinuidad sísmica en buena medida debe ser entendido como una
zona de transición que, en ocasiones, es sólo de centenares de metros -algo aparentemente
irrelevante en relación con un radio terrestre de millares de kilómetros- pero que es
importante a la hora de dilucidar la naturaleza y la causa de determinados comportamientos
de los materiales geológicos ante los esfuerzos generados desde los horizontes más internos.

Figura 28. Formas que adquiere la capa D" como resultado de las reacciones químicas entre manto y núcleo, en
esencia, la roca del manto se disuelve parcialmente en el Fe líquido del núcleo externo, produciéndose unos "posos"
ricos en metales que se depositan en el límite entre manto y núcleo. La convección del manto tiende a dispersar los
productos bajo las regiones de flujo descendente y a acumularlos en las regiones de flujo ascendente. Puede que haya
una fina capa enriquecida en oxígeno y, quizás, en Si y Mg en la parte interior de la interfase núcleo-manto. Tomado
de Jeanloz y Lay (1993, fig. 5).
Si la mayoría de estas discontinuidades no son tan netas como pareciera antaño, otras
(Conrad) han pasado a los libros de Geología como conceptos históricos, sin valor conceptual
hoy. En cambio, el resto (Repetti, Gutenberg, Lehman) representan ahora zonas de transición
en el sentido anteriormente apuntado. Y genéricamente se viene hablando de ellas como capas

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

D, numerándose a cada una de ellas correlativamente de arriba hacia abajo con los
correspondientes subíndices o, incluso con símbolos prima: Repetti sería la capa D1 o D';
Gutenberg, la D2 o D", y Lehman, la D3 o D’’’, cuando, en buena lógica, la letra D sólo debería
corresponder a D".
No obstante, desde un punto de vista histórico, esta denominación no parece la apropiada. En
efecto, los primeros geólogos etiquetaron las partes internas del planeta con letras del
abecedario, en vez de llamarlas corteza continental, corteza oceánica, manto superior, manto
inferior y núcleo externo y núcleo interno. Las "capas" intermedias que se fueron descubriendo
-esas zonas de transición- se distinguirían añadiendo símbolos prima a las letras. Algunas de
ellas cambiaron su nombre; la transición manto-núcleo, en cambio, conservó el suyo, D" (figura
28; Jeanloz y Lay, 1993).
En esencia, estas zonas de transición, se las llame como se las llame, son zonas de acomodación
de los (diferentes) materiales en contacto a un lado y a otro de la correspondiente
"discontinuidad" para adaptarse y reaccionar química y estructuralmente ante las condiciones
fisicoquímicas cambiantes en ese lugar.
En la actualidad la capa D -de manera genérica- viene
a ser precisamente a la transición manto-núcleo. Una
lectura imprescindible al respecto es el artículo de
Jeanloz y Lay (op. cit.), en donde se abordan aspectos
referentes a esta transición tan importante, cuya
dinámica (figura 28), en palabras de los autores,
influye en el ligero balanceo del eje de rotación
terrestre y en el campo geomagnético, a la vez que las
variaciones que acontecen en esta región profunda
modulan, además, los movimientos de convección del
manto, causantes de la deriva continental y de la
tectónica de placas.
Algunos de los procesos invocados que tienen lugar
Figura 29. Formación y ascenso de las plumas en este nivel es la formación de penachos térmicos
térmicas del manto desde la capa D". Según (plumas térmicas, figura 29) que tras un ascenso
Strobach (1985) en Anguita y Moreno (1991, fig. lento y largo pueden llegar a perforar la litosfera
1.36). desarrollando en su superficie los denominados
puntos calientes capaces de desencadenar y
contribuir a la fragmentación de los continentes. Sin embargo, como luego veremos, es
conocido que no siempre estas plumas térmicas alimentan los bordes constructivos de las
placas salvo en el caso concreto, por ejemplo, de Islandia.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

3. DINÁMICA LITOSFÉRICA: LA TECTÓNICA DE PLACAS
3.1. Antecedentes.
La Ciencia moderna es consecuencia de una larga (o corta) historia de investigaciones y de las
correspondientes aportaciones de quienes se han dedicado al estudio de las grandes
cuestiones y a la búsqueda, en consecuencia, de una respuesta racional, basada en
observaciones, mediciones, experimentaciones, comparaciones, etc. La Ciencia actual es
consecuencia de su propia historia. Parece, en consecuencia, necesario, iniciar el estudio de
este nuevo paradigma que es la tectónica de placas a través de su historia y de la historia de
las concepciones que se han venido teniendo de alguna de sus consecuencias, como la deriva
continental, entre otras.
3.1.1. Los desplazamientos continentales antes del siglo XX
La revisión que se aborda a continuación no pretende hacer alarde de erudición sobre el tema,
como tampoco quiere ser exhaustiva, recogiendo todas las aportaciones que se han venido
haciendo al respecto a lo largo de los años. Muy al contrario, se trata de una pequeña
introducción que incluye sólo algunos de los personajes y de las propuestas hechas por ellos
sobre el tema que nos ocupa.
Es particularmente Francis Bacon (1620) el primer autor a quien se le puede atribuir la idea
de los desplazamientos continentales. Sus observaciones estaban basadas en la disponibilidad
de una cartografía ya suficientemente fiable de la distribución de continentes y océanos
alrededor de 1620, en que escribió su obra Novum Organum. No obstante, en sus textos, lejos
de sugerir un alejamiento progresivo de África y América del Sur, se limitaba a señalar ciertas
similaridades entre las costas pacífica de América del Sur y atlántica de África.
En 1666, F. Placet, moralista francés, señala en su obra La corruption du gran et petit Monde,
entre diversas ideas fantásticas, que antes del Diluvio las tierras no debían encontrarse
divididas. La separación de América no se produjo por la deriva, sino más bien por el
hundimiento de la Atlántida y la elevación concomitante de un continente occidental, que
también podría haberse originado por una aglomeración de islas. Estas ideas, de alguna
manera, se mantienen aún en las conjeturas posteriores del Conde de Buffon (1707-88) y de
Alexander von Humboldt (1769-1859), explorador alemán que, asombrado por la
congruencia de las costas oriental suramericana y occidental africana, interpretando el Océano
Atlántico como un vasto valle invadido por el mar.
Élie de Beaumont fue el primero en proponer (1829) que la Tierra se encuentra en estado de
contracción térmica. En su magna obra, Notice sur les systémes de montagnes (1852),
argumenta que el enfriamiento gradual del globo terrestre da lugar a compresión lateral y
forma montañas. Creía este autor que la orogénesis era un acontecimiento a escala terrestre y
la utilizó por primera vez para dividir la historia de la Tierra, interpretando las discordancias
angulares y creando así la base de las teorías orogénicas posteriores de Stille y otros. Estas
"revoluciones" orogénicas estaban de acuerdo con las observaciones de Cuvier, padre del
Catastrofismo Biológico, sobre los drásticos cambios en el mundo biológico.
Tras ellos, Antonio Snider-Pellegrini (1858), geógrafo francés, nacido en Trieste (Italia) en
1802 y muerto en Nueva York (Estados Unidos) en 1885, es el primer autor que señala
claramente una ruptura y el alejamiento a la deriva de los continentes atlánticos. En su obra
La création et ses mystéres dévoilés, este anticuado -por el "ambiente geológico" en que le tocó
vivir- catastrofista norteamericano, de acuerdo con sus especulaciones aboga en favor de que

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

cuando la masa en fusión de la Tierra se enfrió y cristalizó, los continentes quedaron de un
solo lado creándose una inestabilidad que sólo se resolvió después del Diluvio: en ese
momento, extensas catástrofes fracturaron y separaron las Américas del Viejo Mundo. La
complementariedad de las costas de América del Sur y de África es citada como una prueba
explícita (figura 30). La perspectiva catastrofista aún recurrente en la obra de este autor
entra pronto en desprestigio ante el auge de la perspectiva actualista y gradualista de la obra
de Charles Lyell, Principies of Geology, aparecida en 1830.
Un nuevo punto de vista surge para interpretar los espacios oceánicos desde una perspectiva
cósmica. George Darwin (1879) propone que la Luna habría nacido de la Tierra en una etapa
inicial de la historia de esta última dejando una gigantesca cicatriz en el Pacífico, caracteriza a
este nuevo acontecimiento catastrófico como núcleo desde el cual desarrollar la idea de los
desplazamientos continentales. Este planteamiento es recogido por Osmond Fisher (1882),
que indica que una consecuencia probable de ello habría sido el desplazamiento lateral y la
fragmentación de la corteza granítica enfriada. Es particularmente interesante su hipótesis,
recogida en su obra Physics of the Earth's crust, de que el interior de la Tierra, relativamente
fluido, debía estar sometido a corrientes de convección que se alzaban debajo de los océanos y
caían debajo de los continentes, constituyendo una notable anticipación de ideas posteriores.

Figura 30. Reconstrucción, según Snider-Pellegrini (1858) de la posición de Norteamérica, África y Europa durante
el Carbonífero (A). Tomado de http://www.mhsg.de/fileadmin/Demo/Demo_Die_Erde/Data/Plattentektonik.
F.B. Taylor (1910) es propiamente ya el autor de la primera hipótesis lógicamente elaborada y
coherente sobre lo que hoy denominamos los desplazamientos continentales. El punto de
partida de su hipótesis, expuesta en su obra Bearíng of the Tertiary mountain belt on the origin
of the Earth's plan no es la coincidencia del contorno de los continentes que bordean el
Atlántico, sino la disposición de las cadenas montañosas del Terciario en Eurasia. En las
fronteras sur y este de Eurasia (figura 31), y también en la región mediterránea, se encuentran
series de arcos montañosos, cuya cara convexa mira hacia el océano, que muestran señales de
compresión lateral en la forma de estratos plegados y yuxtapuestos. Siguiendo a Suess (The
face of the Earth), autor de la descripción de estas cadenas, las interpreta como resultado de
hundimientos oceánicos y de presiones tangenciales dirigidas hacia el océano y procedentes de
ciertos vértices septentrionales llamados "horsts", después de la contracción producida por el
enfriamiento de la Tierra. Taylor encontró que la hipótesis convencional de la contracción no
explicaba satisfactoriamente la distribución ni la juventud de las cadenas montañosas del

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Terciario. Pensó, en cambio, en un "gran desplazamiento" de la corteza terrestre desde el norte
hacia la periferia de Asia. La península Indostaní, un antiguo escudo, obstaculizó este avance
provocando el inmenso amontonamiento del Himalaya y la meseta del Pamir, situados al norte,
mientras más al este los plegamientos podían girar con mayor libertad hacia Malasia e
Indonesia.
En el sur de Europa, en cambio, sería más complicado establecer las direcciones de estas líneas,
lo que Taylor atribuía a la relativa pequeñez del sector europeo de la corteza y, por lo tanto, a
la relativa debilidad de las berzas impulsoras, así como al empuje tangencial del este y la
resistencia del bloque africano, entre otras razones. Apoyaba la existencia de un
desplazamiento de la corteza desde altas a bajas latitudes, citando el ejemplo de Groenlandia, a
la que consideraba un resto del antiguo bloque de donde se habrían desgajado Canadá y el
norte de Europa siguiendo la línea de las zonas de torsión o "rifts". Ello representa un
sustancial cambio respecto a su referente Suess, que atribuía la estrecha semejanza de las
rocas y estructuras paleozoicas a ambos lados del Atlántico al hundimiento de la Atlántida y no
a desplazamiento alguno de los bloques continentales implicados. Respecto al Hemisferio Sur,
sus referencias son más escasas, considerando para Australia un desplazamiento hacia el
nordeste en base a la presencia de cinturones orogénicos terciarios en Nueva Guinea y zonas
aledañas.

Figura 31. Dirección de las derivas continentales según F.B. Taylor (1910). Sugirió Taylor que los continentes
tendrían que haberse desplazado en las direcciones que se indican para que se lograse el arrugamiento de las rocas
que ahora constituyen nuestras montañas modernas (líneas gruesas) y las cadenas de islas (líneas de trazos).
Tomado de Hallam (1976, fig. 2).
La Cordillera Central del Atlántico, ya por entonces conocida como una importante cadena
montañosa submarina paralela a las costas, era para este autor la línea de la zona de "rift"
entre África y América del Sur. Pero en tanto que este último continente se habría desplazado
hacia el oeste -como lo demuestra la existencia de la Cordillera de los Andes-, la ausencia de
jóvenes cadenas montañosas similares del lado africano indicaba que no había habido
movimientos posteriores al Carbonífero en este continente.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Por último, Taylor no atendió demasiado al mecanismo del desplazamiento continental en su
monografía de 1910, pero en trabajos posteriores sugirió la acción de las mareas cuando la
Luna fue capturada, que no perdida, durante el período Cretácico.
Posteriormente, H.B. Baker (1911, 1928) mantiene aún la idea de que había alguna relación
entre el nacimiento de la Luna en el Pacífico y el desplazamiento lateral de las masas
continentales, llegando incluso a sugerir que dicho acontecimiento podría haber ocurrido en
una época tan relativamente joven como el Terciario. Asimismo, utilizó la ensambladura de las
montañas a ambos lados del Atlántico para justificar los desplazamientos de las masas
continentales implicadas, resultando un modelo de reconstrucción no muy diferente del
aportado por Snider-Pellegrini.
3.1.2. Alfred Wegener y la teoría de los desplazamientos continentales
3.1.2.1. La Ciencia Geológica en los albores del Siglo XX.
Frente a los planteamientos metodológicos de la tradición geológica y geofísica
angloamericana de finales del siglo XIX y principios del XX, que ponía el acento en las
propiedades de una Tierra sólida y parecía negar, p. ej., la posibilidad de la migración de los
polos, la escuela alemana contemporánea, no bien conocida en el mundo científico de habla
inglesa por causas idiomáticas, entre otras razones, habían incluso introducido en la geofísica
datos provenientes de la meteorología y la climatología -cosa que no hacían sus colegas
ingleses y norteamericanos- y habían adoptado una idea movilista según la cual segmentos de
la corteza terrestre flotaban sobre un interior líquido, todo lo cual podía explicar -sin grandes
ideas más o menos fantásticas- la posibilidad de un desplazamiento de los polos magnéticos del
planeta.
En estos comienzos del siglo XX se suponía que la Tierra era en su origen una masa en fusión
que se hallaba en un proceso de solidificación y, consiguientemente, contracción. Los
materiales más ligeros habrían ascendido a la superficie originando las rocas ígneas y
metamórficas de tipo granítico y otros sedimentos asociados. Todo este conjunto recibía el
nombre de SAL (más tarde redenominado como SIAL) por ser relativamente rico en silicatos de
Al, Na y K. Debajo de éste habría rocas más densas llamadas SIMA, parecidas, si no iguales al
basalto, al gabro o a la peridotita, ricas en silicatos de Mg, Fe y Ca.
Las montañas, a su vez, debían su origen a la contracción terrestre. Una presión en forma de
arco hacía que ciertos sectores de la superficie terrestre se hundieran originando océanos, en
tanto que los continentes permanecerían firmes sobre las aguas constituyendo bloques no
fracturados o "horsts". Con el transcurso del tiempo, ciertas zonas continentales se hundieron
a su vez y más rápidamente que las zonas adyacentes, de modo que fueron anegadas por el
mar, mientras que el temporalmente estabilizado suelo oceánico de otrora volvía a emerger
como tierra seca.
En este contexto, la identidad total o casi total de muchas plantas y animales fósiles
encontrados en distintos continentes se asumía como una prueba de la existencia de antiguas
conexiones terrestres a través de lo que ahora eran profundos océanos. La aceptación de estos
puentes intercontinentales, a la luz de la distribución actual de continentes y océanos, debía
plantear movimientos mundiales verticales de ascenso y descenso del nivel del mar
(eustatismo, de acuerdo con Suess), que, incluso, podían inferirse del estudio del registro
estratigráfico de las sucesivas transgresiones y regresiones marinas sobre los continentes.
Según el propio Suess, las regresiones serían debidas al hundimiento de las cuencas oceánicas
y las transgresiones al llenado parcial de estas cuencas con sedimentos procedentes de la

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

denudación de las áreas continentales. Por lo tanto, el agua descendía de los continentes
cuando los océanos se hacían más profundos, o los recubría a consecuencia de la
sedimentación sobre el suelo oceánico.
3.1.2.2 Wegener y "Die Entstehung der kontinente und Ozeane"
a) Introducción: los antecedentes
Según el propio Wegener, la sospecha de que los continentes podían haberse movido
lateralmente le había surgido de la observación de la coincidencia de los contornos a ambos
lados del Atlántico. La lectura al año siguiente (1911) de un artículo paleontológico que
probaba la existencia de un puente terrestre remoto entre África y Brasil reavivó su interés por
el tema iniciándole en la búsqueda de nuevas evidencias de este fenómeno que le permitieran
desarrollar su hipótesis primitiva, que expuso por primera vez en una conferencia en Frankfurt
en enero de 1912. Más tarde, en ese mismo año, publica dos breves comunicaciones con el
mismo título -"Die Entstehung der kontinente" (El origen de los continentes)- en el
"Pettermans Mitteilungen" y en la "Geologische Rundschau".
La primera versión en forma de libro, y por
consiguiente más extensa y desarrollada,
data de 1915 -"Die Entstehung der kontinente
und ozeane" {El origen de los continentes y de
los océanos)-, publicándose sucesivas
ediciones revisadas en 1920, 1922 y 1929.
La edición de 1922, la tercera, más
difundida, fue publicada en 1924 al inglés,
francés, ruso y español. En la edición inglesa
-"The origins of continents and oceansu-, la
expresión "die verschiebung der
kontinente" original de Wegener era
traducida -correctamente- como
"continental displacement"
(desplazamiento continental). Pero la
expresión creada posteriormente -
"continental driff (deriva continental)-
pasó a sustituir a la primera, sin duda más
correcta en su significado.
Ya en el artículo de "Petermans
Mitteilungen" no sólo adelanta la hipótesis,
sino que pone de manifiesto sus previsiones
de modificaciones posteriores; de igual
modo, inicia sus argumentaciones geofísicas
y, más adelante, expone pruebas geológicas
Figura 32. Reconstrucción de Wegener de las diferentes
en defensa de su idea de que los continentes,
posiciones de los continentes desde el Carbonífero, hace
300 millones de años, (a) hasta el Cuaternario, hace un anteriormente unidos, se han separado y,
millón de años (c); en b, hace 80 millones de años. Tomado todavía hoy, se siguen alejando. Incluso,
de Hallam (1976, fig. 3). tenía la esperanza de que futuras
observaciones geodésicas demostraran que
el movimiento continuaba todavía y deducía el movimiento de los polos a partir del
desplazamiento de las antiguas líneas climáticas. No obstante, quedaba por resolverse el

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

mecanismo causante de los desplazamientos continentales, proponiendo como posibilidades
las fuerzas de las mareas y la fuga desde los polos o "pohlflucht.
La edición de 1929, más elaborada, presenta una mayor cantidad de evidencias,
particularmente interesantes desde un punto de vista paleoclimático (Wegener era un afamado
climatólogo, autor en 1924 en colaboración con su suegro, W. Köppen, de un libro sobre los
climas antiguos). Es esta la edición más leída en la actualidad y la que sirve de base para
ediciones en otros idiomas. En ella, Wegener observa que la hipótesis de una Tierra que se
contrae por enfriamiento es muy vulnerable desde muchos puntos de vista:
1. los acortamientos Terciarios, tan importantes que obligaban a recalcular la contracción
terrestre durante ese período;
2. la distribución localizada, nunca al azar, y en estrechos cinturones alargados, de las
cadenas montañosas;
3. la radiactividad natural de las rocas, fuente importante de calor, que obligaba a
replantear el enfriamiento de la Tierra, y
4. los datos sobre la gravedad, la isostasia y la subsidencia, que determinaban la
imposibilidad de pensar en hundimientos de los puentes terrestres.
En base a estas premisas, la idea de los desplazamientos horizontales de los continentes
permitía postular la existencia de un proceso iniciado ya en el Mesozoico y que continúa en
nuestros días, con un supercontinente, el PANGEA, que, al quebrarse, daría lugar a los
diferentes fragmentos cuyo alejamiento en el tiempo habría determinado la distribución actual
de los continentes y de los océanos (figura 32), aportando para ello numerosos datos
geofísicos, geológicos y biológicos. América del Sur y África habrían empezado a separarse en
el Cretácico, al igual que América del Norte y Europa, si bien, éstos, habrían conservado un
contacto por el norte hasta el mismo Cuaternario. Durante el
desplazamiento de las américas hacia el oeste, por compresión, se
habían levantado en sus bordes frontales o cerca de ellos las
cordilleras occidentales, aunque las Antillas y el Arco de Scottia se
habían quedado rezagados en el Atlántico. El Océano Índico empezó
a abrirse en el Jurásico, pero el movimiento principal tuvo lugar en
el Cretácico y Terciario. Una gran extensión de tierra al norte de la
India se había amontonado por delante en el trayecto de ésta hacia
Eurasia, formándose así el Himalaya. Australia-Nueva Guinea habían
cortado su conexión con la Antártida en el Eoceno y se trasladaron
hacia el norte hasta llegar al Archipiélago indonesio, en el Terciario
Superior. Figura 33. Máximos de la
distribución de frecuencias de
Una reciente edición en español a cargo de la Editorial Metáfora ha las elevaciones en la
sido publicada en 2011, con un muy interesante estudio superficie de la Tierra según
introductorio de Francisco Anguita Virella, que se ha encargado, Wegener en 1929. Tomado de
junto con Juan C. Herguera García de la traducción de la versión Hallam (1976, fig. 4).
original.
b) Argumentos de Wegener a favor de los desplazamientos continentales
Los argumentos que aporta Wegener a favor de los desplazamientos continentales son de
cuatro tipos:
1. Geofísicos.
1.1. La distribución estadística de la topografía de las áreas continentales y oceánicas,

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

incompatible con la idea de hundimientos y elevaciones al azar a partir de un nivel
original uniforme, que daría lugar a una distribución normal o gaussiana (figura 33).
Además, esta idea es compatible con la existencia de dos capas corticales separadas, una
superior y siálica, menos densa que la inferior, simática, constituyente del suelo oceánico.
1.2. Asimismo, cualquier variación en la cantidad de masa en la capa superior, que, por
isostasia, podría dar lugar a hundimientos o ascensos relativos, permitía aseverar que del
mismo modo que los bloques continentales podían moverse verticalmente sobre este
substrato, no había ninguna razón que les impidiera moverse también horizontalmente
siempre que existieran fuerzas suficientemente
capaces para impulsarlas.
1.3. Los datos petrológicos y gravimétricos,
combinados y complementados por la información
sísmica, sugerían que los océanos se apoyaban
sobre un material más denso que el de los
continentes y que parecía estar formado por
peridotitas (olivino y piroxeno), dunita (olivino) o
quizás eclogita (granate y piroxeno), con una capa
superior basáltica (olivino, piroxeno, plagioclasa
cálcica y magnetita).
2. Geológicos.
2.1. Las similitudes de las costas a ambos lados del
Atlántico.
2.2. Los cinturones de plegamiento de Sudáfrica y
Buenos Aires, que parecen continuarse de un
continente a otro (figura 34).
2.3. Las antiguas mesetas gneísicas africana y Figura 34. Antiguas posiciones relativas de
brasileña, ambas kimberlíticas y con diversos Sudamérica y África, según du Toit en
tipos de rocas ígneas, Wegener (2011), que permiten establecer
2.4. Las series marinas del final del Paleozoico en correlaciones a ambos lados del océano
Sudáfrica (Serie de Karroo) y de Brasil (Serie de Atlántico.
Santa Catarina), similares y con intercalaciones en los mismos niveles estratigráficos de
tillitas.
2.5. Cadena Caledoniana de Europa occidental, que se continúa en Terranova y Escocia, al
igual que ocurre con la Cadena Hercínica europea.
3. Paleontológicos y biológicos.
3.1. La necesidad de considerar conexiones terrestres (o, en el caso de organismos neríticos,
alguna clase de vínculo entre las plataformas continentales submarinas) para interpretar
las identidades o semejanzas de flora o fauna entre los distintos continentes (Mesozoico
de Brasil,y África, Australia y África-India, Sudáfrica-Madagascar e India). Los ejemplos
citados por Wegener eran, entre otros, el reptil Mesosaurus (del Pérmico de Sudáfrica y
Brasil) y la Pteridofita Glossopteris, del Paleozoico de Gondwana).
3.2. La compartición por parte de los marsupiales australianos y sudamericanos de parásitos
idénticos o muy similares.
3.3. Las afinidades entre las familias de lumbrícidos y megascolécidos de Europa y
Norteamérica, de América del Sur y África, de Australia, India, Sudáfrica y Patagonia, cuya

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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distribución implica la necesidad de una “deriva continental”.
A B

Figura 35. A. Distribución actual de algunos géneros de lombrices de la familia de los Megascolécidos, sobreimpuesta
a una reconstrucción pre-Jurásica, basada en la teoría de la deriva, según Michaelsen en Wegener, 2011, figura 6.4. B.
Distribución actual de la familia de las lombrices Lumbricina, sobreimpuesta a un mapa de reconstrucción para el
Eoceno, de acuerdo con la teoría de la deriva, según Michaelsen en Wegener, 2011, figura 6.4.
4. Paleoclimáticos.
Los criterios de esta índole que presenta son:
4.1. presencia de tillitas sobre pavimentos estriados de rocas resistentes: huellas de
glaciarismo;
4.2. gruesas capas de carbón: climas húmedos (y probablemente muy cálidos);
4.3. depósitos de yeso y de sal gema: climas cálidos, con mayor evaporación que
precipitación;
4.4. depósitos calcáreos: condiciones tropicales
a subtropicales (relaciones entre
solubilidad del carbonato y temperatura);
4.5. ausencia de anillos de crecimiento anual en
los troncos de los árboles: ausencia de
estacionalidad, condiciones tropicales.
4.6. reptiles de gran tamaño: climas cálidos.
Las implicaciones geográficas y climáticas que
estos argumentos suponen son, esencialmente,
las siguientes:
1. Glaciaciones Permocarboníferas en
América del Sur, Sudáfrica, India y
Australia. La extensión de las tillitas y su
posición secuencial indican una ubicación
del centro de los hielos al sur (10° S)
Figura 36. La glaciación Permo-Carbonífera. Las
(figura 36), que, de no haber ocurrido los zonas en negro representan el supuesto casquete
invocados desplazamientos continentales, polar y la línea más gruesa el posible ecuador
darían lugar a una extensión del contemporáneo, según Wegener en 1929. Tomado de
glaciarismo hasta el Ecuador, en tanto que Hallam (1976, fig. 7).
en el Hemisferio Norte el clima habría
permanecido tropical a subtropical.
2. Características de los carbones de los Estados Unidos de Norteamérica, Europa y China,

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

que dibujan un cinturón tropical a 90° del centro de una gran región de hielo continental
(figura 37).
3. Carbones Pérmicos de África del Sur, con floras diferentes y con anillos estacionales,
implicando una migración hacia el Sur de los cinturones climáticos, y, por tanto, de los
polos climáticos ("pohlflucht")
.4. Según Wegener, la migración polar ¿se debía al movimiento de toda la corteza sobre el
substrato o a una modificación interna del eje de rotación? Sobre esta última posibilidad,
invocaba un "ciclo de transgresión" de los mares: el ensanchamiento ecuatorial a 90° de
los polos daría lugar a que durante el desplazamiento de los polos, el ensanchamiento en
las áreas continentales se habría retardado más que el de las áreas marinas, que habrían
respondido inmediatamente; en las zonas continentales por delante del polo que se
desplaza deberían existir huellas de una regresión creciente.

Figura 37. Los cinturones climáticos del Carbonífero y el
Pérmico; las zonas sombreadas son áridas. C, carbón; I,
hielo; D, arenisca desértica; S, sal; G, yeso. Según Wegener
(1929), modificado en parte. Tomado de Hallam (1976, fig.
8).

c) El mecanismo de los desplazamientos continentales según Wegener.
Ante la dificultad de encontrar un mecanismo válido, Wegener invocaba la posibilidad de la
influencia de la fuerza del "pohlflucht (migración de los polos) en la explicación del
movimiento de los continentes hacia el Ecuador. Ésta es una fuerza diferencial gravitatoria
motivada por el hecho de que la Tierra es un esferoide achatado en los polos.
Para explicar la presunta deriva hacia el oeste de los continentes, pensaba en alguna fuerza
determinada por la acción de las mareas, sosteniendo que el frenado de la Tierra por la acción
mareal debía afectar especialmente a las capas exteriores y producir por lo tanto su despla-
zamiento sobre las capas internas, bien en conjunto, bien de fragmentos continentales
desgajados.
3.1.2.3. Los primeros detractores y abanderados de Wegener.
Entre los primeros, destacaríamos a en primer lugar a Philip Lake, que, en 1922, publica un
comentario tan bien intencionado como escéptico de la segunda edición del libro de Wegener,
en el cual trata de destruir la teoría de éste. Ese mismo año, en la reunión anual en Hall de la
British Association se discute la hipótesis en un debate "vivaz pero no concluyente".
En 1923, en una reunión de la Royal Geographical Society, el propio Lake insiste en sus
planteamientos contra los desplazamientos continentales, siendo respaldado en su
intervención por las de Lamplaugh, que se muestra escéptico, aunque comprensivo; OIdham,
que incluso se preocupa en demostrar que las ideas de Wegener no eran en modo alguno
originales, reclamando la originalidad de ellas para un autor inglés del siglo pasado (Osmond
Fisher, 1882; ver atrás). También, a H. Jeffreys, pionero en Geofísica matemática, que se
constituyó en el crítico más vehemente e influyente de todos en contra de la teoría de los
desplazamientos de los continentes. Estas críticas las publica más tarde en un gran tratado de
Geofísica (The Earth, 1924) dando paso a la serie de críticas más dura por parte de autores que

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

constituían lo que se podría denominar la "escuela geofísica de la Tierra ultrasólida", que
consideraba que se podía demostrar de manera definitiva que la Tierra poseía una rigidez
demasiado grande para permitir que los continentes se trasladen por su superficie.
En el Simposio de la Asociación Americana de Geólogos del Petróleo (A.A.P.G.) en Nueva York,
en 1926, con opiniones en general adversas, además del propio Wegener, defienden la
hipótesis Taylor y van Waterschoot. En contra se manifiestan, particularmente, R. T.
Chamberlin, geólogo americano, que muestra algo más que una oposición a esas ideas,
elaborando incluso una lista de no menos de 18 puntos que, según él, destruían la teoría;
Bailey Willis, geólogo estructural, y William Bowie -ambos norteamericanos- que inciden en
sus críticas a un SIMA más blando que la corteza. También Washington, petrólogo
norteamericano, que discute la afirmación de Wegener acerca de la similitud de las rocas
ígneas citadas en su obra. Berry, paleontólogo, incluso llega a poner en duda la categoría
investigadora de Wegener, en tanto que Longwell, que se muestra al menos interesado, no
queda convencido.
Schuchert, paleogeógrafo de Yaie, que explicaba las similitudes de flora y fauna entre
continentes, si se aceptaba algún puente terrestre, como, p.ej., en el Ártico, discutía la precisión
de los encajes continentales, que implicaban serias distorsiones cartográficas.
En 1931, el propio Jeffreys, en una discusión de la Sección de Geografía de la British
Association, contesta muy críticamente la hipótesis de Holmes sobre la convección térmica de
las capas profundas de la Tierra. A su vez, G.G. Simpson, paleontólogo norteamericano, en
nombre de la casi total unanimidad de los paleontólogos, se manifiesta en 1943 en contra de
las ideas de Wegener en un artículo enérgico y convincente que adquirió una gran influencia en
América, y en el cual destruía la alternativa del puente intercontinental de la deriva,
manifestándose además a favor de la idea de que los animales cruzaran el océano por azar,
mediante lo que él denominaba "sweepstakes routes". Años más tarde, no obstante, este autor
acabó "convirtiéndose" finalmente a la deriva continental ante las numerosas evidencias de la
Geofísica oceánica.

Figura 38. Interpretación de Holmes de la deriva continental. Adaptado de Hallam (1976, fig. 10).
B. Willis, en 1949, en el Simposio celebrado en Nueva York organizado por la "Society for the
study of the Evolution" -cuyas actas fueron publicadas en 1952 en el "Bulletin of the American

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Museum of Natural History"- para debatir el problema de la conexión por tierra a través del
Atlántico sur, acaba tildando a la "deriva continental" como un "cuento de hadas", "una fantasía
fascinante que ha capturado la imaginación de muchos".
En 1950, finalmente, Gevers, en su elogio fúnebre de Du Toit, no puede por menos que volver
a la carga denotando el desinterés y la falta de atención recibida por la "deriva continental"
dentro de la comunidad científica en los últimos años.
A su vez, de entre tos defensores de las ideas de Wegener, destacan, entre los más
significativos, Albrecht, que manifiesta a Köppen, durante las sesiones de la Reunión
Geodésica Internacional de 1922, lo interesante que resultaría la puesta a prueba de la idea de
su yerno. Así mismo, Argand, geólogo suizo, uno de los fundadores y desarrolladores de la
teoría de los mantos de corrimiento en los Alpes, en 1922, en el XIII Congreso Internacional de
Geología en Bruselas, que expone sus ideas movilistas, aceptando la de Wegener de continentes
flotantes y de la plasticidad de los materiales rocosos sometidos a un esfuerzo mecánico muy
continuado, añadiendo incluso muchos detalles aportados por sus investigaciones sobre las
cordilleras.
DaIy, geólogo americano, expone sus ideas
movilistas en su libro "Our mobile Earth"
(1926), aceptando la realidad de la deriva,
pero manteniendo reservas respecto al
mecanismo propuesto y sugería una
alternativa: los continentes se deslizaban
lateralmente bajo la influencia de la
gravedad debido a un ensanchamiento de las
regiones polares y ecuatoriales, con una
depresión entre ellas (hipótesis de
deslizamiento hacia abajo -"downsliding” o
del corrimiento de tierras -"landsliding”-.
Incluso llegó a plantear la formación actual
de los continentes por fragmentación de un
único supercontinente, el PANGEA, a su vez
Figura 39. Migración polar desde el Precámbrico hasta el formado por coalescencia de todas las masas
presente en Europa (línea continua) y en Norteamérica
(línea discontinua). Simplificado del diagrama de Runcorn
de tierra preexistentes. Posteriormente se
(1962, fig. 19, en Hallam (1976, fig. 14). retractó de sus ideas, extremadamente
movilistas, pero continuó creyendo que el
deslizamiento gravitatorio era la causa principal de la formación de las montañas.
Bailey, geólogo estructural norteamericano, era favorable a la hipótesis de la deriva
continental porque permitía explicar con exactitud las similitudes e intersección de los
plegamientos caledoniano y hercínico a ambos lados del Atlántico norte.
Holmes, por su parte, no sólo apoyó la teoría, sino que la difundió y la reforzó notablemente
proponiendo un mecanismo del movimiento continental mucho más plausible (1928, 1931).
Para ello abogaba por una corteza apoyada sobre un sustrato cuya rigidez disminuiría
rápidamente con la temperatura, lo que podía permitir la existencia de una circulación
convectiva profunda tal que la rotación terrestre desviaría las corrientes ascendentes hacia el
oeste, en tanto que las descendentes lo harían hacia el este. Debido a la mayor concentración
de U y Th, elementos radiactivos causantes del calor interno terrestre, en las rocas graníticas,
las corrientes debían surgir debajo de los continentes y extenderse en todas las direcciones

[42]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

hacia las regiones periféricas. Por encima de los lugares en que nacían y se separaban las
corrientes, aparecería una región estirada de la corteza continental y finalmente se dividiría en
fragmentos, dejando sitio a una cuenca disruptiva subsidente que se convertiría en un nuevo
océano, en el cual se descargaría el exceso de calor. La capa superior granítica de la corteza
aumentaría de potencia debido a la fluencia diferencial de sus niveles hacia el fondo oceánico
que les obstruía. Este engrosamiento de la potencia de la corteza en el borde frontal de los
continentes en movimiento sería la causa de la formación de las montañas. Otras
consecuencias geológicas eran deducidas por Holmes a partir de estos planteamientos. La
figura 38 recoge la interpretación de Holmes de la deriva continental.
A. Du Toit, geólogo estructural sudafricano, autor
en 1937 de Our wandering continents (Nuestros
continentes vagabundos), no sólo aportó (1927)
datos utilizados por Wegener en la cuarta edición
de su libro, sino que presentó nuevas y abundantes
pruebas, en particular de tipo geológico, a favor de
la deriva. Intenta este autor establecer una mayor
precisión en los encajes de los bordes continentales
en sus plataformas. Asimismo, trata de explicar la
formación de los cinturones orogénicos pre-
Terciarios; además, en vez de aceptar un único
supercontinente, PANGEA, prefería creer en uno
septentrional, LAURASIA, y en otro meridional,
GONDWANALAND, separados desde el Paleozoico
superior por el mar de TETHYS. Incluso retoma la
idea de Argand de una rotación levógira de la Figura 40. Reconstrucción. de Gondwana a
partir de datos paleomagnéticos. África se
Península Ibérica durante el Eoceno, abriendo el
encuentra sobre sus coordenadas actuales, el
Golfo de Vizcaya y causando movimientos desplazamiento polar está representado por la
compresivos en los Pirineos. línea gruesa. Simplificado de McEIninny y Luck
(1979, fig. 1) por Hallam (1976, fig. 16).
Por último, Seward, paleobotánico británico, que
en 1929 reafirma su simpatía por la solución de la deriva y que más tarde perfeccionó (Plant
life through the ages, 1931).
3.1.3. La década de los cincuenta: exploración de los fondos oceánicos
Al final de la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo y aplicación de nuevas técnicas de
exploración, tiene lugar un espectacular cambio en la mentalidad científica: las ideas
estabilistas van cediendo paulatinamente paso a una concepción movilista. Algunos de los
aspectos cuyo estudio y conocimiento participan de este cambio son los que tienen relación
con el magnetismo de las rocas.
El magnetismo de las rocas, fenómeno conocido ya desde la antigüedad y desarrollado desde
comienzos de siglo por Brunhes, aunque ignorado durante muchos años hasta la aparición de
los primeros magnetómetros de gran sensibilidad (Blackett), que permitieron hacer estudios
de una mayor gama de muestras de rocas es el resultado de un magnetismo fósil permanente
que se puede utilizar a modo de brújula fósil para determinar la dirección del campo magnético
antiguo o paleomagnético.
Los trabajos del grupo de Cambridge (S.K. Runcorn, K.M. Creer y E. Irving) a mediados de los
cincuenta en rocas de Europa de edades muy diferentes pudieron demostrar un cambio

[43]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

uniforme con el tiempo, anterior al Terciario superior, de la posición del Polo Norte a partir de
una posición cercana a Hawaii en el Precámbrico superior, que parecían confirmar los
postulados de Wegener sobre la deriva polar. En un primer momento no se vio claramente si el
polo se movía igualmente en relación a cada uno de los continentes (deriva polar) o si se
obtenían rutas distintas de continentes distintos (deriva continental). Los primeros resultados
que apuntaban a esta segunda posibilidad se debían a Runcorn en lo que respecta a Europa y
América del Norte. Los caminos de la deriva polar se determinaron para ambos continentes,
pero se discernía una diferencia sistemática, pues el camino del Precámbrico y del Paleozoico
americano se desplazaba 30° de longitud hacia el oeste. Después del Triásico desaparecía la
diferencia (figura 39).
Runcorn consideraba que la anomalía podría desaparecer si se cerraba el Atlántico norte,
trasladando América del Norte junto a Europa, tal y como había propuesto Wegener. Ello
implicaba que los continentes se habían separado en un determinado momento entre el
Triásico y el presente, algo que estaba en contra de las ideas vigentes entonces, y algo en contra
de lo que el propio Runcorn había sido "educado". Resultados en la misma dirección aunque
aplicados a otros continentes fueron aportados simultáneamente por el grupo del Imperial
College, dirigido por el propio Blackett, que permitió reafirmar las ideas de Runcorn al aportar
datos de todo el mundo y presentarlos de modo que la deriva continental aparecía ya como una
realidad evidente. Desde ese
momento (1956) en adelante,
Runcorn pasó a ser un
defensor de primera línea de la
migración lateral de los
continentes.
Aplicado el mismo método de
trabajo a los continentes del
Hemisferio Sur (y a "alguno"
del Hemisferio Norte), el
resultado era comparable: las
diferencias del camino polar en
distintos continentes
quedaban eliminadas si se
admitía que alguna vez habían
estado reunidos en
Figura 41. Reconstrucción de Pangea en el Período Triásico basada en la Gondwanalandia. Un extenso
reconstrucción de Smith y Briden (1970?). Las zonas sombreadas fueron análisis de datos
afectadas por deformaciones en el Terciario y sus posiciones son en paleomagnéticos de todos los
consecuencia inciertas, tomado de Hallam (1976, fig. 34). continentes del sur, realizado
por M.W. McElhinny y G.R.
Luck lleva a una reconstrucción de Gondwanalandia sorprendentemente parecida a la
propuesta originariamente por du Toit (figura 40).
Otro de los resultados sorprendentes de la época venía dado por el hecho de que Laurasia y
Gondwana, aunque antiguos supercontinentes en la línea predicha por du Toit, presentaban
datos paleomagnéticos que indicaban que habían ocupado situaciones levemente yuxtapuestas
(McElhinny y Briden). La primera interpretación dibujó una "megacizalla" o torsión de Tethys.
Un nuevo análisis del problema por Briden y sus colaboradores excluyó esta posibilidad,

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

favoreciendo una reconstrucción que implicaba la existencia de un único supercontinente, el
PANGEA (figura 41).
Otro aspecto intrigante y no menos interesante de investigación en relación con el
paleomagnetismo se refería a las inversiones del la polaridad por plazos breves, que se
observaron por primera vez cuando en elementos sucesivos de secuencias de lava de finales
del Terciario y del Cuaternario de Islandia se comprobaron direcciones de polarización
alternativamente virando de norte a sur y viceversa, esto es con diferencias sucesivas de 180°.

Figura 42. (a) Una de las primeras representaciones del sistema montañoso del centro del océano, basada en la
figura 19 de Heezen, en Runcorn (1962). La línea gruesa es el valle axial (rift oceánico) de ese sistema montañoso (la
dorsal) las líneas de trazo discontinuo, las profundas fosas oceánicas, (b) Perfiles topográficos transversales que
muestran el gran parecido entre la Cordillera Atlántica y el Valle del Rift africano. Adaptado de la figura 20 de
Heezen, en Runcorn, 1962. Ambas figuras han sido sacadas de Hallam (1976, figs. 17y18).
En un principio, y durante mucho tiempo, se discutió si estos cambios reflejaban inversiones
del campo magnético de la Tierra o si estaban inducidos en las rocas debido a algún agente
relacionado con la mineralogía. La prueba más concluyente de la primera de las dos hipótesis
fue aportada a comienzos de los sesenta por los resultados obtenidos a partir de la datación de
las lavas por la medida de la desintegración del K-40 en Ar-40: si rocas de la misma edad en
distintas partes del mundo, enormemente separadas, están magnetizadas en la misma
dirección, entonces se hace muy difícil desechar los datos o atribuirlos a efectos químicos o
mineralógicos locales casuales. Quedó así probado que la última inversión del campo
geomagnético había ocurrido hace un millón de años y que la inversión inmediatamente
anterior, un millón y medio de años antes (Cox y colaboradores, Tarling, etc.).

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

3.1.3.1 El desarrollo de la investigación oceanográfica geológica y geofísica
A partir de la década de los cincuenta tiene lugar un gran afán investigador de la topografía y
de la geología submarina que culmina con la declaración del Año Geofísico Internacional de
1957-58. Los mapas obtenidos, más perfectos que nunca gracias a las nuevas tecnologías
desarrolladas en los años precedentes, permiten subdividir topográficamente los océanos en
tres provincias principales:
I. los márgenes continentales: plataforma continental, pendiente continental y fosas;
II. el suelo de la cuenca oceánica: fondos abisales, montes submarinos;
III. las cadenas montañosas o dorsales centro-oceánicas.
Las muestras geológicas se obtienen mediante dragados y por medio de perforaciones
superficiales que penetran unos metros en los sedimentos blandos.
La nueva visión que se va alcanzando permite constatar la juventud de las rocas de los fondos
marinos (post-Cretácico), así como la configuración de los sistemas de cordilleras o dorsales
centro-oceánicas, tanto topográfica como estructural o dinámicamente. Así, en 1962, Heezen
publica un mapa de la distribución de las dorsales por todos los océanos (figura 42.a)
elaborado a partir de los estudios realizados en la década precedente. Precisamente, en 1953, J.
C. Swallos descubre el valle central o "rift" de dichas dorsales, e, incluso, su descubrimiento
por Heezen y Ewing en el sistema del océano Índico permitió a éstos postular acerca de la
base de la amplia similaridad de topografía y sismicidad, así como de la evidente continuidad
geográfica que el valle axial presentaba en la falla de África oriental a través del Golfo de Aden
(figura 42.b). La consideración de la topografía transversal de estos sistemas como resultantes
de una tensión en la corteza estaba llamada a tener gran significación para la comprensión del
suelo oceánico.
Además, la constatación de que en ninguna parte de los océanos, a excepción de algunas de las
islas en las Seychelles, aparecen rocas ígneas de tipo granítico y que en ningún caso se
descubrieron rocas sedimentarias de edad anterior al Cretácico Medio, permitió romper con la
idea de que los océanos no serían sino rasgos primordiales.
El desarrollo de las técnicas de medición de la gravedad, gracias a la construcción de
gravímetros que podían operar desde barcos en movimiento para obtener perfiles continuos,
así como el de las técnicas sísmicas, tanto de reflexión como de refracción, que permitieron
descubrir la existencia, primeramente, de la discontinuidad de Mohorovicic en la base de la
corteza, así como que, en general, los océanos carecían de rocas siálicas, de baja densidad,
corroboraban la no existencia de vestigio alguno de continentes sumergidos.
El gradiente del flujo térmico a través del suelo oceánico. Su determinación mostró que apenas
es diferente del que se pudo encontrar en los continentes -en éstos se encontraron valores
mucho menores de los que se esperaban para ellos a causa de la radiactividad de las rocas-. Del
mismo modo, se constató que el flujo de calor debajo del sistema central oceánico era
significativamente mayor que en cualquier otro lugar del océano.
Es a partir de la década de los 50 cuando también se desarrollan técnicas de investigación
magnetométrica utilizando ya magnetómetros -remolcados por aviones y/o barcos-
convenientemente construidos, capaces de proporcionar medidas progresivamente más
fiables. En particular se registra gráficamente de una manera continua toda una serie de
anomalías magnéticas (véase atrás y más adelante) que, en ocasiones, llegan a representar sólo
pequeñas diferencias, del orden de miligauss, de los valores medios de la intensidad magnética
total en la dirección del campo geomagnético.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Estas anomalías, descubiertas en principio a finales de los cincuenta en el este del océano
Pacífico, fueron asignadas en principio a alineaciones norte-sur de fragmentos alargados de
alguna roca portadora de magnetita (el basalto) y magnetizados en forma contrastante con las
rocas vecinas hacia el este y el oeste. Este descubrimiento fue complicado con el de la
existencia de zonas de fracturas oceánicas que no sólo desplazaban las cordilleras axiales, sino
también los peculiares registros oscilatorios de las anomalías. Ello permitió constatar que la
corteza oceánica se comportaba con una rigidez comparable a la de los continentes, y que
bloques de corteza podían desplazarse a grandes distancias.
A estos datos habría que unir los correspondientes al análisis del geólogo estructural
australiano Carey (1958), en el que tras un minucioso estudio de las cadenas de plegamientos
y otros fenómenos tectónicos obtiene una Tierra donde los continentes estaban unidos a
finales del Paleozoico en la forma prevista por Wegener, pero con un diámetro equivalente a
las tres cuartas partes de las dimensiones actuales; según este autor, los continentes no sólo no
habían derivado, sino que se dispersaron mientras la Tierra se expandía rápidamente. A pesar
de lo asombroso de estas ideas, algunas de ellas quedarían demostradas posteriormente
(origen del golfo de Vizcaya, apertura de los mares Tirreno y de Liguria, etc.).
3.1.4. La nueva situación.
A finales de la década de 1950 se hacía precisa una nueva idea que sirviera de base desde la
que construir un nuevo modelo dinámico de la Tierra. Esta nueva idea fue la que R.S. Dietz
denominó "expansión de los fondos oceánicos', que fue presentada en 1960 por H. Hess en
forma de "preprint” a partir de multicopista y publicada en 1962. Su intento fue integrar
hechos aparentemente inconexos, como:
1. la evidente juventud de los fondos oceánicos;
2. el sistema circumpacífico de arcos insulares y fosas oceánicas adyacentes, con volcanes y
poderosos sismos que sugieren profundas fallas que se hunden desde la periferia del
océano;
3. el extenso sistema de crestas oceánicas con su peculiar sismicidad, su flujo térmico
elevado, vulcanismo y fosas axiales que traducían tensiones en la corteza.
La propuesta era que el fondo oceánico se creaba en las crestas oceánicas, se extendía hacia las
fosas oceánicas y luego se introducía bajo éstas en el manto. Entonces, relacionó sus modelos de
fondo oceánico en expansión con la deriva continental, planteando que los continentes eran
transportados en el mismo proceso, el cual estaba dirigido por corrientes de convección del
manto -idea ésta que ya había sido anticipada anteriormente por Holmes y Fisher-. No
obstante, la falta aún de datos que permitieran sostener esta hipótesis de trabajo le hizo
rebautizarla con el término significativo de "geopoesía".
A pesar de todo ello, en 1963, F. Vine, geofísico británico de Cambridge, retoma la hipótesis de
Hess para explicar las enigmáticas bandas de anomalías magnéticas que se encuentran
paralelamente a la cresta de Carlsberg en el océano Índico. En un principio, la idea de los
diferentes autores interesados en el tema (Raff, Masón, Vacquier, Girdier -que interpretó
años antes el mar Rojo como un nuevo océano incipiente que se está abriendo y que estaría
ligado de alguna manera al sistema de crestas oceánicas de África oriental-golfo de Aden,
océano Índico-) apuntaba a que estas bandas eran debidas a roca imantada y no imantada o a
la magnetización inversa y a la remanente; en todo caso, siempre lejos de relacionar la
existencia de inversiones globales con la expansión del fondo oceánico. La relación fue
establecida precisamente por el propio Vine en colaboración con D. Matthews (Vine y
Matthews, 1963: Magnetic anomalies over oceanic ridges. Nature. 199) y por L. Horley (éste en

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

cartas presentadas en 1963 a Nature y al Journal of Geophysical Research, en ambos casos con
el mismo resultado negativo, y artículo publicado en 1964 en colaboración con Larochelle en
la Roy. Soc. Canadá Spec. PubI-, 8). Al propio Vine, sin embargo, se deben la práctica totalidad
de las pruebas presentadas por aquella época para confirmar la hipótesis. Faltaba por
demostrar entonces que las anomalías fueran simétricas a cada lado de las crestas oceánicas.
La exploración activa del fondo oceánico en esos años en el Observatorio geológico Lamont de
la Universidad de Columbia, en Nueva York, era llevada a cabo tanto por investigadores
partidarios del estabilismo tradicional (M. Ewing, director) como partidarios de una Tierra
movilista (B. Heezen y N. Opdyke). Así mismo, se debe a Talwani, Le Pichón y Heirtzier una
investigación (1965) de las anomalías magnéticas sobre las crestas de Reykjanes, al sur de
Islandia, en la que acababan rechazando la hipótesis de Vine y Matthews.
En ese mismo año, Tuzo Wiison y Vine colaboran
en un estudio sobre la cresta de Juan de Fuca -mar
adentro frente a la isla de Vancouver (figura 43)-,
observando que la distribución de anomalías
magnéticas se adaptaba allí a la hipótesis de Vine y
Matthews, y calculando, mediante la utilización de
la nueva escala de tiempo de inversión
geomagnética de Cox, Doell y Dalrymple para los
últimos 3 m.a., la velocidad de expansión del fondo
oceánico. A pesar de las irregularidades de los
resultados y de las dudas planteadas en principio
en el propio Vine sobre su hipótesis, ésta fue
refrendada a finales de ese mismo años gracias a
los nuevos datos aportados por Dalrymple en una
reunión de la Geological Society of América en
Kansas City.
El espaldarazo definitivo hubo de esperar a los
trabajos del grupo de Lamont en la cresta Pacífico-
Antártica, en 1966 (perfil Eltanin-19).
La primera vez que aparece en la literatura el
término "tectónica de placas" tiene lugar en
Figura 43. Registros de anomalías magnéticas en
el noroeste del Pacífico, cerca de las costas de 1965 en un artículo en Nature de J. Tuzo Wilson.
Canadá y Estados Unidos. Las líneas rectas indican La sismicidad, el vulcanismo y las cordilleras y
la posición de las fallas que desplazan los registros arcos insulares, las crestas oceánicas y las grandes
de anomalías. Según Vine (1966, fig. 1; en fallas de movimiento horizontal le permitieron
http://geophysics.eas.gatech.edu/classes/Geophysi
establecer la existencia de cinturones móviles
cs/misc/Intro_Plate_tectonics.html).
unidos de manera continua aunque irregular, los
cuales dividían la superficie de la Tierra en varias placas anchas y rígidas. Define las fallas
transformantes (figura 44) y presenta un modelo simplificado de la apertura del océano
Atlántico que muestra de qué manera se desarrollan estas fallas. A su vez, el desarrollo teórico
completo se debe a J. Morgan (1968), que extiende el concepto de fallas transformantes a una
superficie esférica y divide la superficie terrestre en 20 bloques rígidos, unos grandes y otros
pequeños, separados por límites de tres tipos:
1) dorsales oceánicas, donde se crea la corteza oceánica;
2) fosas oceánicas, donde la corteza se destruye, y

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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3) fallas transformantes, donde la corteza ni se crea ni se destruye.
Ya que la corteza es demasiado delgada como para presentar la resistencia requerida, creía que
estas placas se habrían de extender unos 100 km. hasta la llamada capa de pequeña velocidad
del manto -la astenosfera-, más débil. La zona relativamente rígida de los 100 km. superiores,
que Morgan denominó tectosfera, se conoce ahora más generalmente como litosfera. Aplicó
también el teorema de Euler (figura 44 b) para explicar el movimiento de las placas sobre una
superficie -la terrestre-esférica y pudo incluso calcular el valor del cambio de velocidad de
expansión del fondo oceánico en distintos lugares basándose para ello en datos del Atlántico.

Figura 44. (a) Representación esquemática de la apertura del Atlántico en los términos del concepto de fallas de
transformación, según Wilson (1965, fig. 6). (b) Diagrama que ilustra la aplicación del teorema de Euler a las placas
litosféricas, según Morgan (1968, fig. 4). (c) La geometría esférica de la tectónica de placas: polo de rotación y líneas
de latitud, según Oxburg (1972). Las figuras (a) y (b), tomadas de Hallam (1976, figs. 23 y 30). La figura (c), de
Águeda et al. (1983, fig. 8.15).
En este mismo año Heirtzler y sus colaboradores (1968) elaboran una escala cronológica para
acontecimientos magnéticos que llegaba hasta el Terciario, suponiendo velocidades de
expansión constantes. Simultáneamente, se inicia el programa JOIDES ("Joint Oceanographic
Institutes Deep Earth Sampling" Programme) con ayuda del barco Glomar Challenger y equipos
multinacionales de científicos, pudiéndose obtener testigos de más de 1000 m de longitud bajo
6000 m de agua. Se encontró que la edad de los sedimentos existentes directamente sobre la
capa basáltica aumentaba al alejarse de la dorsal Atlántica, implicando una velocidad de
separación de 2 cm/año, lo que venía a confirmar la escala cronológica de Heirtzler. El grupo
del Glomar Challenger pudo determinar que los sedimentos más antiguos del Pacífico eran del
Jurásico Medio a Superior y se encontraban en el NW del océano; en el caso del Atlántico,
situados al W, eran, igualmente del Jurásico Medio a Superior.
El número de placas mayores (seis) es determinado posteriormente por Le Pichón (1968) y se
definen nuevas placas menores. A partir de ese momento, la expresión "deriva de los

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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continentes" deja de ser adecuada, a pesar de que los continentes se mueven: forman parte de
una placa dada y desde luego "no derivan" a través de los océanos.
Un principio básico de la tectónica de placas es que la cantidad de corteza (mejor, litosfera)
creada en los bordes divergentes de las placas debe ser igual a la destruida en los
convergentes, bajo las fosas, por "subducción". La sismología confirmaba por esta época que
bajo las islas del océano Pacífico se producía la destrucción de la litosfera por subducción, tal y
como Hess -y antes Benioff- había previsto. Esto dio lugar al reconocido artículo de Isacks,
Oliver y Sykes1, entre cuyas aportaciones cabe destacar la reconocida "figura 1", que ilustra
esquemáticamente los conceptos fundamentales en la emergente teoría de la tectónica de
placas (figura 45).

Figura 45. Diagrama explicativo de la
tectónica de placas. Según Isacks, Oliver y
Sykes (1968), en Hallam (1976, fig. 33).
Las pruebas a que a partir de entonces se sometió la nueva teoría no hicieron sino reforzarla y,
en todo caso, enriquecerla, modificándola allí donde era preciso para hacer de ella un nuevo
paradigma en el sentido de Kuhn. Implicó ello la explicación de numerosas consecuencias de
naturaleza diversa (magmáticas, orogénicas, paleobiogeográficas, evolutivas, etc.) que
revitalizaron el panorama de las Ciencias de la Tierra.
Pero la historia no acaba aquí. Continúa con las aportaciones de diverso signo, tanto
partidarias como encarnizadamente adversarias, en un debate cada vez más favorable a las
primeras, en particular merced a datos tan significativos como los aportados por proyectos de
investigación como el franco-americano proyecto FAMOUS de investigación de los fondos
submarinos, o las determinaciones de la velocidad de los movimientos relativos de los
continentes obtenidas por el satélite LAGEOS.
3.2. La tectónica de placas: fundamentos y argumentos.
A lo largo de las páginas anteriores hemos podido comprobar que la tectónica de placas es una
teoría fundamental en la manera de expresar la evolución geodinámica del globo terrestre.
Varios son los puntos en los que se apoya esta teoría:
 La existencia de un canal de baja velocidad en el manto superior. Este canal es una capa
de baja rigidez (viscosidad de 1020 poises), la astenosfera, que se comportará
plásticamente, en contraste con la litosfera, que es un millón de veces más rígida (10 26
poises).

1 Isacks,B.; Oliver,J. y Sykes,L.R. (1968); Seismology and the new global tectonics. J. geophys. Res., 73:585-599.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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 La litosfera está dividida en fragmentos (placas litosféricas) separados por cinturones
lineales tanto sísmicos (figura 46) como volcánicos (figura 47).
 En términos de tiempo
geológico, la litosfera
oceánica es un sistema
que se recicla a gran
velocidad, ya que está
siendo continuamente
producida y destruida.
Tras su creación, que
tiene lugar en las
dorsales oceánicas
(bordes constructivos de
placa), la litosfera
oceánica se separa de
éstas (extensión o
expansión del fondo
oceánico) hasta llegar a Figura 46. Sismicidad global: epicentros de 15.966 terremotos de
los bordes destructivos magnitud 4'5 a 5'5 ocurridos desde 1965 a 1975 a profundidades menores
de placa (zonas de de 700 km. Datos del NOAA recopilados por Hutchinson y Lowman y
subducción) marcadas recogidos por Lowman (1981).
por una trinchera
oceánica donde es destruida mediante subducción (introducción por debajo) u
obducción (cabalgamiento) respecto a otra placa.
 En este transporte, los continentes son pasajeros de las placas litosféricas, y pueden
colisionar entre sí cuando llegan a reunirse en las zonas de subducción. Las interacciones
continuas de las placas (que explican que sus bordes sean sísmicos) incluyen una tercera
modalidad: el deslizamiento lateral de una placa respecto a otra en los bordes pasivos
de placas; son las fallas transformantes.
 Esta dinámica implica conceptos sencillos de geometría esférica (ver figura 41). Los
movimientos de las placas litosféricas están, así, interrelacionados en todo el planeta, lo
que ha permitido la acuñación del término tectónica global para referirnos a la
interpretación en el globo terrestre de la totalidad de los procesos geológicos en el marco
de la tectónica de placas.
 Aunque casi toda la actividad geológica interna se produce en los bordes de placa, esta
regla tiene dos excepciones: cuando una colisión es muy importante, la deformación
puede afectar más allá del propio borde destructivo de la placa, abarcando a la totalidad
de las placas. Además, la existencia de volcanes activos lejos de los bordes de las placas ha
forzado al reconocimiento de la existencia de focos térmicos independientes de aquéllos
(puntos calientes), que son provocados por el ascenso de un penacho de material
caliente (plumas térmicas) desde la base del manto terrestre y que, en superficie
terminan desarrollando un volcán activo (Hawaii, p. ej.). Sin embargo, los puntos
calientes no son exclusivos del interior de las placas, pudiendo estar situados también en
un borde de placa, si se trata de un borde constructivo, la extensión del fondo oceánico
transportará el material volcánico depositado en las dos placas formando un reguero
doble, con una cresta volcánica a cada lado del borde de placas, como ocurre con las
dorsales asísmicas de Río Grande y de Walvis, al oeste y al este, respectivamente de la

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

dorsal atlántica meridional, si el punto caliente está situado lejos del borde de una placa
móvil, dejará una sola cresta (sistema Hawaii-Emperador, p. ej.).
 En una zona de subducción, el calor surgido hacia la superficie (debido a fricción, a
compresión de placa, a densificación de sus minerales,...) puede hacer que la litosfera se
torne dúctil, llegando incluso a fundirla parcialmente; se crearía así un borde
constructivo satélite, cuya actividad podría llegar a separar del continente su borde. Esta
extensión tras arco (figura 48), documentada en varios mares interiores de Asia, como
el mar de la China o el del Japón, ha sido definida como el cuarto proceso básico en
tectónica de placas, tras los de construcción, destrucción y deslizamiento.

Figura 47. Tectónica global y actividad volcánica en el último millón de años. Recopilado por Lowman (1997).
Imagen procedente de http://denali.gsfc.nasa.gov/research/lowman/Lowman_map1_lg.jpg.

Figura 48. El proceso de extensión tras-arco. Figuras de http://en.wikipedia.org/wiki/Back-arc_basin.
Los principios anteriormente enunciados, tomados y adaptados de Anguita y Moreno (op. cit.}

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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son el resultado de un conjunto de argumentaciones diversas que tienen su punto de partida
en las aportadas por Wegener en el primer tercio de este siglo y que ya se han comentado
anteriormente (apartado 3.1.2.2.; págs. 34 y sigs.).
Si los mayores detractores en su momento de las ideas movilistas que este autor auspiciaba
fueron entonces los geofísicos, las primeras y más concluyentes pruebas aportadas para
apoyar la nueva concepción global del planeta eran las que los geofísicos traían. Una revisión
interesante de algunas de estas pruebas -referidas a los bordes de las placas litosféricas, a la
orogénesis y al vulcanismo o a la deriva continental es aportada por Udías y Mezcua (1997,
págs. 421-441). Indudablemente, es el estudio del magnetismo remanente en las rocas la
prueba más sostenible al respecto.
Más atrás (apartado 2.2.3.) se ha abordado el estudio del campo magnético terrestre como
introducción para aportar ideas acerca de la naturaleza profunda de los materiales terrestres y
su dinámica. A continuación, se extiende este estudio para establecer las pruebas de la
tectónica de placas.
Algunas substancias sufren una imantación cuando son sometidas a un campo magnético; es
decir, desarrollan su propio campo magnético. Se llaman substancias ferromagnéticas a
aquéllas que se imantan de modo que su extremo próximo al polo N del campo externo se
convierte en polo S del imán que se forma en ellas, y viceversa. Son ejemplos de este
comportamiento metales tales como el Fe, el Ni, el Ti y el Co y minerales como la magnetita, la
hematites, la ilmenita o la titanita. Substancias paramagnéticas son las que se imantan como
las anteriores, pero muy débilmente. Las substancias diamagnéticas, en cambio, serían las que
se imantan en sentido contrario a las ferromagnéticas: el extremo próximo al polo N se imanta
como polo N, por lo que serán repelidas por el campo magnético externo. Ejemplos de estas
últimas son metales como el Cu, el Pb, la Ag, el Au y fluidos como el agua y el CO 2. La
imantación diamagnética suele ser de muy débil intensidad.
Las rocas contienen a menudo minerales ferromagnéticos; los principales de ellos suelen ser la
magnetita, la titanomagnetita, la hematites y la titanohematites. Estos minerales pueden
imantarse debido al campo magnético terrestre existente en un momento dado. El magnetismo
que adquieren se denomina magnetismo natural remanente (NRM) y puede permanecer
siempre que la roca no sufra otro campo magnético de igual o mayor intensidad y sentido
contrario o que se caliente.
Las substancias imanadas pierden su imantación por encima de una temperatura determinada
(punto de Curie), que es de alrededor de 500°C para las rocas. Una roca que esté a mayor
temperatura y se enfríe, al pasar justo por debajo del punto de Curie adquiere una
magnetización que es mucho más intensa que el NRM; se produce así el magnetismo
termorremanente (TRM). Éste se adquiere a partir del campo magnético terrestre y la
intensidad con que se imanan las rocas es menor que la del propio campo. No obstante, es muy
superior en intensidad al NRM y no se borra con un campo igual y de sentido contrario a no ser
que las rocas estén de nuevo cerca de su punto de Curie; esto es, a menos que se calienten y se
encuentre camino de una nueva fusión.
En consecuencia, las rocas volcánicas, que salen a la superficie a temperaturas muy superiores
al punto de Curie y se enfrían rápidamente, adquieren una magnetización intensa que depende
del campo magnético terrestre en ese punto en el momento de su efusión, con la ayuda de
aparatos sensibles (magnetómetros), se puede medir la magnetización de las rocas y deducir
como era el campo magnético en el momento de su efusión. Como, además, se pueden datar las

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

rocas radiométricamente, podemos llegar a conocer el tipo de campo magnético en la
antigüedad. El estudio del campo magnético terrestre en el pasado se denomina
paleomagnetismo y su utilidad -excepcionalmente en el desarrollo de la tectónica de placas-
es extraordinaria.
La determinación del campo magnético en una roca de determinada edad nos dice en qué
dirección se encontraba el polo N magnético y, gracias a su inclinación magnética, a qué
distancia aproximada. Varias determinaciones en rocas de igual edad en puntos separados de
un continente nos dan varias direcciones que convergen en un punto, lo que ayuda a precisar
mucho la posición de los polos en ese tiempo, para esa edad. Cuando se estudian rocas de
distintas edades se van obteniendo una serie de posiciones de los polos que, una vez unidas,
dan una curva que se conoce como deriva polar aparente. La figura 39 muestra un ejemplo de
este tipo de curvas, utilizadas en su momento como prueba para argumentar la deriva de los
continentes.
Podría pensarse que esa curva representa la posición absoluta del polo, que ha cambiado a lo
largo de la historia, mientras que el continente se mantenía fijo. No obstante, cuando se trazan
las curvas de deriva polar para varios continentes se ve que no coinciden en absoluto (figura
39). Como no puede pensarse que cada continente tenía sus propios polos magnéticos, hay que
admitir que lo que se ha movido no son los polos, sino los continentes respecto a éstos. Por eso
las curvas de deriva se llaman "aparentes" y por eso es tan importante el paleomagnetismo:
suministra una prueba absolutamente objetiva de la deriva continental, ayudando a
reconstruir la posición de los continentes en el pasado.
Otra utilidad del estudio del paleomagnetismo en las rocas
viene dado porque las inclinaciones magnéticas registradas
en éstas se mantienen siempre que esas rocas no hayan sido
deformadas ni se calienten por encima del punto de Curie;
ello permitirá calcular sus paleolatitudes aun en el caso de
que los continentes hayan girado. Las orientaciones de un
continente en la antigüedad se calculan a partir de la
dirección de los paleopolos. No pueden calcularse
paleolongitudes porque lo que se obtiene es la orientación y
la latitud, pero el continente en cuestión pudo estar, en
principio, en cualquier longitud dentro de esa latitud. Para
calcular paleolongitudes se utilizan criterios adicionales
como conocimientos sobre las posiciones relativas de los
continentes entre sí y con respecto a los océanos.
Además de indicar en qué dirección se encontraban los polos
Figura 49. Magnetismo remanente y, aproximadamente, a qué distancia, las determinaciones
de una serie vulcano-sedimentaria del
paleomagnéticas permiten determinar dónde estaban el N y
Terciario de Japón mostrando una
el S magnéticos. Se observó enseguida que algunas
inversión del campo magnético en las
capas inferiores. determinaciones indicaban que los polos magnéticos no
siempre se encontraban en la misma posición, sino que se
habían producido inversiones. La figura 49 es un croquis de una serie vulcano-sedimentaria
del Terciario en el Japón con la orientación de las líneas de flujo marcada por flechas, cuya
longitud es proporcional al magnetismo remanente. Las flechas apuntan al polo N magnético.
El campo magnético actual está representado por las flechas superiores y puede observarse
que las capas inferiores muestran la misma inclinación magnética pero con la polaridad

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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invertida. Como en el corto intervalo de tiempo transcurrido entre la formación del muro y del
techo de la serie no puede aceptarse la idea de que Japón girase 180°, hay que admitir que se
produjo la inversión de la polaridad del campo magnético terrestre.

Figura 50. A) Historia del campo magnético terrestre desde el Cretácico Superior. En negro, períodos de polaridad
normal; en blanco: períodos de polaridad invertida. Tomado y resumido de Uyeda (1980, fig. 4.14). B) El perfil
magnético que convenció a los escépticos. Fue obtenido a través de la dorsal del Pacífico oriental a los 51º S por W.
Pitman en diciembre de 1965, y proyectado (a)en enero de 1066, junto con su imagen especular (b). Esto permitió
comparar mejor los máximos y mínimos, y comprobar que la simetría del bandeado es casi perfecta (c). Este perfil
“mágico” hizo que el laboratorio Lamont se convirtiera en masa al movilismo. De Le Pichon (1984) en Anguita y
Moreno (1991).

Se observa en este caso y en muchos otros que la inversión se realiza de modo que el campo
magnético terrestre disminuye su intensidad y, al mismo tiempo, cambia la posición de los
polos y, después, aumenta de nuevo a la vez que la posición de los polos vuelve a ser
aproximadamente la misma. La inversión se realiza de forma relativamente rápida, en unos
pocos miles de años y, una vez efectuada, el campo permanece con su polaridad estable
durante varios centenares de miles de años. La media de los períodos normales, es decir, con la
polaridad actual, es de unos 420.000 años, y la de los periodos inversos de 480.000. Sin
embargo, el actual período normal dura ya 700.000 años, lo que puede indicar que un cambio
esté próximo. Dentro de los períodos también se registran algunas inversiones cortas, de unos
10.000 años de duración.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

La figura 50 muestra la historia del campo magnético
desde el Cretácico Superior hasta nuestros días, con las
franjas en negro representando la polaridad actual y la
blancas la inversa. El cambio de polaridad debe tener
que ver con cambios en las corrientes dentro del núcleo
externo. El hecho de que la situación de los polos se
mantenga aproximadamente igual aunque se invierta su
polaridad se debe a que las corrientes están en gran
parte condicionadas por el movimiento del núcleo
interno, sólido, con respecto al manto inferior, que se
comporta como un fluido de enorme viscosidad, casi un
sólido. El movimiento está relacionado con la rotación
diurna de la Tierra y probablemente se debe a un cierto
retraso en la rotación del núcleo interno con respecto al
manto, que es favorecido por la baja viscosidad relativa
Figura 51. Fragmento de las anomalías de
del núcleo externo. La causa del retraso, o precesión,
la dorsal de Juan de Fuca y perfil. Tomado de parece encontrarse en que la elipticidad del núcleo
Martínez Catalán (2001-02): Apuntes de interno es diferente de la de la Tierra en su conjunto. La
Geología Estructural y Dinámica Global. atracción solar y lunar produce entonces una especie de
Univ. de Salamanca. frenado en el núcleo, que no es ni una esfera ni un
elipsoide aplastado perfecto, y que puede moverse
bastante libremente en el interior. Esto genera corrientes toroidales o ciclónicas en el núcleo
externo, con el eje de las espirales orientado aproximadamente en una dirección N-S. El retraso
en el giro del núcleo es responsable además de la variación secular del campo magnético,
con su giro de unos 0'18° por año. Aparentemente,
el ecuador del núcleo interno gira hacia el oeste
varios metros al día con respecto a la superficie de
la Tierra.
Las corrientes ciclónicas, a su vez, no son estables,
sino que cambian lentamente pero de forma
continua, por lo que el campo magnético se
modifica: a veces se mueven de forma que el campo
magnético que crea se suma al existente y a veces
de forma que se restan. En este último caso, el
campo magnético va disminuyendo en intensidad
hasta desaparecer. A partir de ese momento, el
campo magnético que se crea es de polaridad
opuesta y va aumentando en intensidad por el
mecanismo de la dinamo autoexcitable, hasta que
alcanza un valor más o menos estable durante un
cierto intervalo de tiempo.
Las inversiones en el campo magnético fueron
descubiertas hacia 1950 y, en 1958, Masón y Raff
comprobaron la existencia de anomalías Figura 52. Interpretación de Hess (1962) de la
magnéticas en bandas paralelas en el fondo de los expansión del fondo marino desde la cordillera
océanos. No sólo las bandas eran aproximadamente central de los océanos. Tomado de Martínez
Catalán (op. cit.).
paralelas entre sí, sino que se distribuían

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

simétricamente a ambos lados de unas curiosas
cordilleras submarinas que se acaban de descubrir
recientemente y se denominan dorsales oceánicas
("ocean rídges"). La figura 50 muestra las anomalías
positivas (en negro) y negativas (en blanco) alrededor
de las dorsales de Juan de Fuca (línea B-C) y Cordillera
Gorda (línea D-E), que son segmentos de la gran dorsal
del Pacífico y se encuentran en la costa del Pacífico,
entre Canadá y los EE.UU. La figura 51 representa en el
centro un fragmento de las anomalías magnéticas en la
dorsal de Juan de Fuca. Debajo se muestra un perfil del
campo magnético en una transversal donde se aprecia
una serie de máximos (anomalías positivas) y de
mínimos (anomalías negativas). Dado que el fondo de
los océanos está constituido por rocas volcánicas
basálticas debajo de una delgada capa de sedimentos,
las anomalías deben estar relacionadas con la
magnetización remanente de las rocas volcánicas. Allí
donde la magnetización se produjo en un campo
Figura 53. Creación de la corteza oceánica
en las dorsales y adquisición de un magnético como el actual, ambos se suman, dando una
magnetismo termorremanente, anomalía positiva, mientras que donde la magnetización
representado por medio de bandas, que se produjo en un campo magnético invertido, el campo
produce las anomalías simétricas con magnético remanente se resta del actual produciendo
respecto a la dorsal. Tomado de Uyeda
una anomalía negativa.
(1980; fig. 3.3).
Hemos visto ya que en 1962, R.S. Dietz introdujo el
concepto de la expansión del fondo oceánico basándose en una idea original de H.H. Hess.
Dado que las anomalías se distribuían simétricamente en bandas paralelas y de la misma
anchura a ambos lados de las dorsales y que se sabía que cada varios cientos de miles de años
se producían inversiones en la polaridad magnética, Hess intuyó que la corteza de los océanos
se formaba de manera continua en las dorsales. El proceso se debería a que en las dorsales, el
manto peridotítico salía a la superficie y se hidrataría serpentinizándose, lo que no es correcto,
como se verá más adelante. Pero lo más importante es que, una vez formada, la corteza se irá
separan-do progresivamente de la dorsal, a medida que se forma nueva corteza oceánica en
ella y, en cada momento, se imantaría según la polaridad del campo magnético. La figura 52
representa el modelo de Hess, en tanto que la 53 muestra gráficamente cómo se produciría la
formación de corteza en la dorsal a partir del material del manto, así como el alejamiento
progresivo que sufre la corteza recién creada hacia los lados de la dorsal. También se ilustra
con bandas negras y blancas las anomalías magnéticas producidas por las inversiones
periódicas del campo terrestre. Aunque Hess llegó a su conclusión de una forma perfectamente
científica, las consecuencias de la misma le asustaban un poco, por lo que él mismo se defendía
cuando explicaba su modelo diciendo que era "geopoesía".
Según el modelo, la corteza oceánica debía ser muy joven cerca de las dorsales y más vieja lejos
de ellas, lo que enseguida se pudo comprobar. El conjunto de imágenes de la figura 54 muestra
la comprobación de esta hipótesis en las rocas más antiguas de las islas del océano atlántico
(fig. 54a) y en los resultados del Proyecto de dragado de los fondos marinos (DSDP: "Deep See
Drílling Project”) en un conjunto de estaciones -marcadas con números- situadas en un corte
transversal de la dorsal atlántica a una latitud aproximada de 30° Sur.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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Figura 54. La edad de las rocas basálticas de los fondos oceánicos; (a) en las rocas más antiguas de las islas
atlánticas; (b) los resultados del DSDP; (c) la corteza oceánica más joven de 65 Ma (en gris) en los océanos de la
Tierra; isócronas cada 10 Ma. Los esquemas (a) y (b), tomados de Uyeda (1980, figs. 3.2 y 3.13).

Igualmente, la imagen (c) permite comprobar que la corteza oceánica formada durante el
Terciario y el Cuaternario (más joven de 65 Ma; en gris) se sitúa inmediatamente a cada lado
de las principales dorsales; las líneas negras paralelas a la dorsal son isócronas, es decir, líneas
que unen puntos de la corteza oceánica de igual edad, dibujadas a intervalos de 10 Ma. Puede
apreciarse que en el Atlántico están más próximas entre sí que en el Pacífico, lo que implica

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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que la litosfera de aquel océano se crea más lentamente que la de éste. La expansión del suelo
oceánico ("ocean floor spreading") explicaba por primera vez de una manera comprensible la
deriva continental, de modo que los continentes se comportaban como meros pasajeros sobre
una litosfera que los iba desplazando desde unos bordes -los de expansión- hasta otros -los de
destrucción-.
Incluso, una vez demostrada la expansión del fondo oceánico y el subsiguiente desplazamiento
continental, se comprenden algunos de los más intrincados misterios del Reino Animal que, a
su vez, pueden ser utilizados como argumentos en favor de la nueva teoría. Se entiende ahora
la extraña migración que anualmente efectúa el frailecillo oceánico desde el Polo Sur al Polo
Norte, pues va saltando (figura 55a) desde la Antártida a la Patagonia; atraviesa luego el
Atlántico hasta llegar a Sudáfrica y vuelve de nuevo a atravesarlo varias veces en un sentido y
otro para ir recalando sucesivamente en Brasil, África Ecuatorial y Norteamérica. Sus paradas
de descanso fueron heredadas de sus antepasados, que realizaban una migración por el camino
más corto (figura 55b) y fueron mantenidas generación tras generación pese a la disgregación
del Pangea. Y como éstas, existen otras pruebas del mismo tipo que son las unas argumento de
la tectónica de placas y de la deriva continental y éstas consecuencia de las otras.

Figura 55. Migración anual del frailecillo oceánico (a) y su causa (b). Tomado de Martínez Catalán (op. cit.).
Otras pruebas de naturaleza diferente a las ya reseñadas a lo largo de este documento pueden
ser consultadas en el texto de Anguita y Moreno (1991, apartado 1.5, págs. 23 a 33), a las cuales
nos remitimos.
3.3. La tectónica de placas: placa litosférica y bordes de placa litosférica.
Una vez establecido el mecanismo por el que los continentes se separan, surge inmediatamente
el problema del mantenimiento del perímetro de la Tierra: si se crea litosfera de manera
continua, la corteza debe ser destruida en algún sitio para mantener el perímetro constante.
Los geofísicos Wadati y Benioff habían descubierto en los años cincuenta que los focos de los
terremotos producidos en las profundas fosas oceánicas ("trenches") que bordean el Pacífico
se distribuían en profundidad en una banda cuya inclinación era de unos 45° y que alcanzaba

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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una profundidad de 700 km (figura 56). Poco antes, Gutenberg y Richter habían sugerido que
las fosas se debían a cabalgamientos, pero ahora quedaba claro que no eran cabalgamientos
normales, sino las zonas donde la corteza se destruía introduciéndose en el manto. En realidad,
el buzamiento (inclinación) de la zona en la que se localizan los focos varía de unos 20°, como
es el caso de la fosa de Perú-Chile, hasta los 90° de las islas Marianas. Se denominan zonas de
Benioff o de Wadati-Benioff a estas zonas donde se consume la litosfera oceánica creada en
las dorsales.
También se conocen como zonas de subducción, en donde este último término viene a
significar que algo es conducido hacia abajo.

Figura 56. Localización de los focos de los terremotos bajo arcos de islas activos y márgenes continentales de tipo
pacífico; su disposición define la inclinación de la zona de Wadati-Benioff, también llamada zona de subducción. Ver
explicación en el texto. Tomado de Martínez Catalán (op. cit.).
La deriva de los continentes, pues, se explica a partir de dos mecanismos combinados: se crea
litosfera oceánica en las dorsales y se destruye en las zonas de subducción. Y comoquiera que
lo que se mueve no son sólo los continentes, sino toda la litosfera en su conjunto, que no se
comporta además como un "todo-uno", sino como un conjunto de piezas de puzle encajadas
unas entre otras, en las que los contactos vienen dados por dorsales y zonas de subducción,
entre otros tipos de bordes -ver más adelante-, piezas a las que denominamos por su
naturaleza placas litosféricas, la teoría que permite explicar las relaciones dinámicas entre

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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todas ellas recibe el nombre de tectónica de placas.
En esta teoría, el movimiento se explica que se produce sobre la astenosfera, que comienza
donde lo hace el canal de baja velocidad del manto superior, en una zona donde las rocas se
encuentran en un estado comparable a un líquido muy viscoso-un sólido con capacidad de fluir.
Las placas, en este modelo, vienen a ser estrictamente fragmentos de litosfera terrestre cuya
forma es la de un casquete esférico de forma irregular, que se mueven sobre la astenosfera. Su
espesor es el de la litosfera y varía, como es lógico, según se trate de litosfera continental o de
litosfera oceánica, entre los 200 y los 40 km.
La figura 57 muestra un mapa conceptual del marco teórico de la tectónica de placas, con
indicación de sus causas en origen, como de los elementos propios de dicha teoría. Igualmente,
a la derecha, se representan algunas de las consecuencias de la tectónica de placas, de las que
nos ocuparemos más adelante.

Figura 57. Mapa conceptual de la tectónica de placas. Elaboración propia.
El movimiento de las placas, su creación y destrucción o el deslizamiento de unas junto a otras,
configuran, junto con las consecuencias de todo ello lo que se conoce como nueva tectónica
global. En la actualidad se reconoce la existencia de 7 grandes placas (figura 58: Pacífica,
Antártica, Sudamericana, Norteamericana, Euroasiática, Africana, Indoaustraliana) y varias
placas menores (Nazca, Cocos, Arábiga, Filipina, Caribeña, de Juan de Fuca o Farallón, Scottia,
Turca, Iraní, etc.); sus límites son las zonas de mayor actividad sísmica del planeta por lo
general. La mayor parte de ellas incluyen litosfera tanto oceánica como continental. Sólo la
Pacífica carece de litosfera continental.
Las zonas donde se ponen en contacto dos placas se denominan bordes o límites de placa.
Éstos pueden ser de dos tipos: activos y pasivos. Según el concepto original, los bordes activos
representaban aquéllos en los que se generaba estrictamente el movimiento de las placas, bien
creación (bordes divergentes), bien destrucción (bordes convergentes); los bordes pasivos,
las fallas transformantes, como su nombre señalaba, pretendía recoger la idea de que en ellos
las placas se deslizaban una sobre otra como respuesta al movimiento combinado de los
activos. Los bordes divergentes estaban representados en los océanos por las dorsales

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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oceánicas y en los continentes por los rift continentales. Los bordes convergentes, a su vez,
estarían representados por las zonas de subducción, cuando una litosfera se consume por
debajo de otra, y por las zonas de colisión, cuando los fragmentos litosféricos enfrentados, al
ser de igual densidad, no puede subducir uno debajo de otro y, entonces, chocan, colisionan
simplemente. La figura de Isacks y colaboradores (figura 45) recoge gráficamente estos bordes:
donde las flechas en la superficie se separan generan los bordes divergentes; donde las flechas
coinciden, los bordes divergentes. Donde dos flechas paralelas muestran sentido distinto al
lado de una fractura representan las fallas transformantes.

Figura 58. Mapa de las placas litosféricas y sus bordes respectivos. Figura tomada de
https://es.pinterest.com/pin/498210777517438495/.

3.3.1. Los bordes divergentes
Como ya se ha señalado, están representados por las dorsales y por los rift continentales.
Las primeras son unas alineaciones montañosas alargadas en cuyo centro se produce la
creación de litosfera oceánica y la consiguiente expansión del suelo marino. Forman una red de
unos 60.000 km de longitud y su presencia ocupa la tercera parte de la superficie del fondo de
los océanos, dando lugar a abombamientos que elevan aquél desde los 5.500 m de profundidad
media de las llanuras abisales colindantes a los 2.500-3.500 de la crestería de la dorsal
medioatlántica. La anchura promedio de su área de influencia topográfica es de 1.000 a 3.000
km.
En el centro del abombamiento existe una especie de valle alargado y profundo (rift valley)
que no es otra cosa que una fosa tectónica limitada por una serie de fallas directas o normales
(figura 59). su anchura es de unos 20 a 30 km y su profundidad con respecto a los bordes es de
varios cientos de metros. La exploración mediante minisubmarinos de estas morfoestructuras
ha permitido constatar que las dorsales lentas, como la del Atlántico, que crean litosfera

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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oceánica a un ritmo de 1-2 cm/año, tienen valle de rift, pero que las rápidas como la del
Pacífico oriental, con velocidades de expansión de hasta 18 cm/año, carecen de él.
En el rift de las dorsales lentas e intermedias se encuentran volcanes, lavas basálticas recientes,
y fallas y grietas igualmente recientes. Entre los basaltos, son típicas las denominadas lavas
almohadilladas, masas esferoidales más o menos aplastadas que se forman al salir la lava por
una grieta en forma de grandes gotas aisladas que se van superponiendo unas a otras. Otra
forma típica de las lavas es en "dedos de guante", especie de tubos curvos que se forman al
desparramarse la lava desde los puntos de emisión. La lava debe salir al exterior a unos
1200°C.
En las dorsales rápidas, las lavas almohadilladas son más escasas, siendo frecuentes las lavas
muy fluidas (lavas pahoehoe), que cubren grandes extensiones y rellenan irregularidades en
la topografía submarina. Eso indica que su emisión se produjo a mayor temperatura. Muy
típicas de estas dorsales son las surgencias hidrotermales, emanaciones de agua caliente
(entre 60 y 400°C), alrededor de las cuales se concentra una intensa vida animal que incluye
unos característicos gusanos tubícolas alargados, crustáceos y moluscos bivalvos. Las
surgencias más calientes llevan en disolución gran cantidad de sulfuros, lo que les da el aspecto
de fumarolas de humo negro.

Figura 59. Formación de corteza oceánica en una dorsal. Obsérvese la geometría de fosa del rift y los diferentes
lechos o capas de la corteza. De Francheteau (1983, fig. 4).
Algunos rasgos geofísicos propios de estos ambientes (figura 60) son recogidos por Udías y
Mezcua (1997); incluyen elevado flujo térmico y anomalías gravimétricas (anomalías de
Bouguer) negativas en la zona del rift, en tanto que en los márgenes del mismo la tendencia es
a la recuperación de las condiciones propias de anomalía positiva típica de las áreas oceánicas.
El flujo térmico, medido en unidades de flujo térmico (HFU), que en los continentes y en los
océanos oscila entre 1 '4 y 1 '5 HFU, en las dorsales es de 3 a 10 veces mayor; lo mismo ocurre
con el gradiente geotérmico, que es de unos 300°C/km.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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La anomalía de Bouguer se interpreta como debida
fundamentalmente al estado en que el manto subyacente,
afectado por la descompresión debida a las grietas
existentes y a la inyección de agua marina, tiene rebajado
el punto de fusión de las rocas, lo que se traduce por un
aumento creciente de volumen y, por lo tanto, por una
disminución del mismo rango en la densidad; como la
aceleración de la gravedad depende directamente de este
parámetro, la pérdida de densidad debe ser lo
suficientemente eficiente como para afectar de ese modo a
la aceleración gravitatoria.
Otra observación al respecto viene dada de la forma suave
de la curva, que indica la deficiencia de masa que se
extiende a bastante profundidad, aumentando el grosor de
Figura 60. Esquema de una dorsal la astenosfera bajo el eje de la dorsal, sin que exista una
oceánica y curvas de anomalías verdadera raíz cortical que corresponda a la altura entre
gravimétrica y magnética y de flujo 3.000 y 4.000 m de la cresta oceánica sobre los fondos
térmico. Según Udías y Mezcua (1997, abisales. En cuanto a las anomalías de aire libre, son
fig. 22.5).
suaves, positivas o prácticamente nulas, indicando que, en
efecto, la elevación de la dorsal está compensada
isostáticamente.
Estas observaciones gravimétricas muestran que el mecanismo responsable de estas cadenas
submarinas es de distinto carácter del de las cordilleras en los continentes, cuyas alturas están
compensadas isostáticamente con mayores grosores corticales. La compensación de las
dorsales oceánicas es más profunda, afectando a toda la astenosfera con contrastes muy
pequeños de densidad. Debajo de ellas, la litosfera es delgada (menos de 50 km) y va
engrosando a medida que se separa de su eje.
En cuanto a los datos sísmicos, éstos muestran una distribución de los epicentros a lo largo de
una franja estrecha que sigue el eje de la dorsal, con sismos de magnitud moderada (menos de
6'5) y una profundidad superficial (menos de 30 km). Estas alineaciones marcan, con
asombrosa exactitud, la situación de las zonas de expansión a lo largo de la superficie de los
océanos. El mecanismo de los terremotos es predominantemente de fallas directas,
correspondiente a esfuerzos tensionales horizontales y perpendiculares al eje de las dorsales.
Las superficies de falla buzan hacia el valle central y se distribuyen a ambos lados del mismo y
constituyen las estructuras tectónicas propias de ambientes sometidos a esfuerzos distensivos
como los que contribuyen a la fragmentación de los continentes y a desarrollar en el margen
continental originado, como se verá más adelante al hablar del ciclo de Wilson, bloques de
falla que se hunden progresivamente tanto más cuanto más se adentran en el océano que se
abre entonces allí.
El conjunto de procesos que contribuyen a la formación de la litosfera oceánica en las dorsales
combina la fusión parcial del manto en la zona central de la dorsal y el ascenso de los magmas
basálticos producidos con el hecho de que la propia litosfera ya creada se va separando
progresivamente. Por debajo del rift existe una o varias cámaras magmáticas (figura 56). Parte
del magma sale al exterior al separarse la litosfera formando las lavas, si bien una parte rellena
fisuras formando los diques y otra se solidifica en la misma cámara magmática, formando los
gabros del nivel 3 (véase figura 11a) de la corteza oceánica. La separación abre continuamente

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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las grietas, de modo que los diques son abiertos después de solidificarse para dar cabida a
otros nuevos. Debido a las altas temperaturas y a la presencia de agua, que se filtra por las
fracturas, la litosfera oceánica recién formada puede sufrir transformaciones metamórficas.
Este metamorfismo, de fondo oceánico, es típicamente de grados muy bajo y bajo, aunque en el
nivel 3 y en el subyacente (nivel 4, ya por debajo del Moho, con velocidades para las ondas P de
8'1 km/s) se puede alcanzar el grado medio. Es siempre de baja presión, debido al elevado
gradiente geotérmico, y, a menudo, se describe como hidrotermal debido a la influencia que
en él ejerce la circulación de agua muy caliente.
La litosfera mantélica por debajo del rift es muy delgada y consiste en unos pocos kilómetros
de rocas harzburgíticas (rocas compuestas por divinos magnesianos y un ortopiroxeno
también rico en este metal). Ello se debe a que esta zona tiene un gradiente geotérmico elevado
y, por lo tanto, una temperatura elevada a poca profundidad. Lo que diferencia esta parte de la
litosfera de la astenosfera no es la composición química o mineralógica, sino su diferente
comportamiento ante los esfuerzos, causado por la diferencia de la temperatura. Se suele
admitir que el límite entre la litosfera y la astenosfera se sitúa en la isoterma de los 1.200°C.
Por debajo de ésta, es decir, a más temperatura, las rocas se comportan como un líquido
viscoso a largo plazo, aunque para las ondas sísmicas son un sólido en el que su velocidad es 1
km/s menor que en las inmediatamente superiores. A medida que las rocas se alejan del rift, se
van enfriando, lo que hace que la isoterma de 1.200°C esté cada vez a mayor profundidad. Lo
que sucede en realidad es que rocas astenosféricas se van incorporando a la litosfera y ésta es
cada vez más gruesa.
Como la litosfera mantélica está más fría que la astenosfera, pesa más. Ello explica que el fondo
oceánico descienda unos 3.000 m desde el rift hacia las llanuras abisales. La ecuación que
relaciona la profundidad del fondo oceánico en metros con la edad de la corteza en millones de
años, válida para cortezas de hasta 70 Ma es:

A partir de esta edad, la litosfera aumenta de grosos mucho más lentamente. El descenso del
fondo oceánico con la edad de la corteza explica la existencia de unos curiosos edificios
volcánicos troncocónicos denominados guyots, que son acumulaciones de material basáltico
culminados en una meseta plana que a menudo tiene restos de antiguos arrecifes coralinos. De
hecho son volcanes que se formaron cerca de una dorsal debido a un gran aporte de magma
basáltico localizado en agunos puntos del rift o en sus proximidades. Se elevaban
originalmente más de 2.500 m sobre el fondo oceánico en el centro de la dorsal, por lo que su
parte superior quedó expuesta a la erosión marina -lo que explica su superficie plana-. A
medida que se creaba nueva corteza, los volcanes se iban alejando al tiempo que se sumergían.
Al principio, desarrollaron arrecifes, hasta que la profundidad de su meseta superior era
excesiva para el progreso de la vida de los corales. Los guyots más antiguos pueden
encontrarse hoy con su meseta a más de 2.500 m de profundidad, emergiendo de las llanuras
abisales.
En cuanto a los rift continentales, existe un interesante artículo de Courtillot y Vink (1988)2
que nos introduce en el concepto desde los modelos de fracturación de los continentes por
medio de la existencia de valles de fractura en el interior de esos continentes en donde tendrá

2 V. Courtillot y G.E. Vink (1988): Así se parten los continentes. En A. Udías (ed.): La Tierra: estructura y
dinámica. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica: 179-187.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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lugar la formación de corteza oceánica. Para ello, en primer lugar se desarrolla un sistema de
fracturas dentro de la placa -posiblemente aprovechando zonas de debilidad mecánica
preexistentes, como puede ser una zona de sutura antigua, donde pudo haber tenido lugar una
primitiva colisión continental-, o bien, como propuso Morgan, según un modelo actualmente
aceptado, por la acción de ascenso de una pluma térmica, capaz de originar abombamientos o
domos en la corteza con apertura de sistemas de fisuras repartidas radialmente cada 120°.
Conforme se desarrollan las fracturas, la corteza continental se estira y se adelgaza. Más
adelante, el proceso se podrá continuar en dos de las grietas, en función del posible
alineamiento de dos o más domos por la existencia de tantos otros puntos calientes, quedando
el tercer brazo abandonado de cada abombamiento formando áreas de sedimentación
generalmente estables (aulacógenos).

Figura 61. A. Estructura de una dorsal oceánica típica. 1, Zona neovolcánica (alrededor de 1 km de anchura); 2, zona
de grietas paralelas (de 0'5 a 2 km de anchura); 3, graderíos tectónicos (de alrededor de 10 km de anchura. B.
Proceso de formación de esta estructura (“rifting”); figura procedente de
http://blue.utb.edu/paullgj/physci1417/Lectures/Plate_Tectonics.html
Bajo esta perspectiva, los brazos activos poco a poco propenden a la oceanización progresiva a
medida que el estiramiento y adelgazamiento cortical avanzan. El estiramiento, por un lado,
generará fallas directas que se inclinan hacia el interior del valle formado, de manera
comparable a lo que hemos comentado respecto a la estructura del rift oceánico. Por lo que
respecta al adelgazamiento, será lo que favorezca, tras el hundimiento por densificación de la
litosfera, la entrada de las aguas marinas para abrir el primer esbozo de lo que más adelante
pueda ser propiamente un nuevo océano.
Topográficamente, la imagen que ofrece una morfoestructura como ésta muestra unos rasgos
no muy diferentes de los ofrecidos por la estructura de una dorsal (figura 61). La figura 5 del
artículo de Courtillot y Vink (op. cít.) nos muestra una panorámica desde el eje del valle de
fractura del Golfo de Aden, que abre por el N el valle de rift africano.
Igualmente, nos introduce en lo que se ha dado en llamar zonas trabadas, entornos donde las
dos placas permanecen todavía unidas a pesar del estiramiento allí existente. Estas zonas
trabadas no pueden impedir la fracturación de la corteza que se encuentra entre ellas, por lo
que empieza a intruir corteza (litosfera) oceánica basáltica. Se crean entonces valles de
fractura que se extienden rápidamente a través de una litosfera que se está adelgazando
progresivamente. Los vértices de los valles penetran en las zonas trabadas y empiezan a
romperlas y a separarlas quedando algunos brazos abortados a lo largo de los cuales la
extensión deja de producirse.

[66]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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El vulcanismo en estas áreas es bimodal, es decir, se compone de dos tipos de rocas: acidas y
básicas, son muy típicas las rocas alcalinas y peralcalinas, muy ricas en Na, aunque entre las
rocas básicas también son frecuentes las toleíticas (con cierto porcentaje elevado en sílice).
Más recientemente, el artículo de Manighetti (1997) nos sitúa en el rift africano para
relacionarlo con la fragmentación continental y con la apertura del mar Rojo, desarrollando el
modelo anterior.
A medida que la extensión avanza, los márgenes donde el estiramiento origina los bloques de
falla que se van hundiendo progresivamente cuando más cerca están del eje del valle se
constituyen en márgenes continentales de tipo pasivo, que no son estrictamente bordes de
placa por cuanto éste se va quedando cada vez más lejos en el mismo eje del valle. Allí,
precisamente, se formará con el tiempo la dorsal oceánica desde la cual se continuará el
proceso de extensión del suelo oceánico.
3.3.2. Los bordes convergentes
Como ya hemos señalado, corresponden bien a las zonas de subducción, bien a las zonas de
colisión en función del tipo de litosfera que en cada caso se ponga frente a frente. Así, las
primeras se formarán cuando litosfera oceánica se enfrente bien a otra litosfera oceánica, bien
a litosfera continental; las segundas, cuando se converjan litosferas continentales, si la
subducción implica consumición y destrucción de litosfera oceánica, la colisión continental da
lugar a un apilamiento de litosfera continental con posible arrastre de litosfera oceánica
pinzada como consecuencia de la compresión, en definitiva, con la subducción y la colisión se
muestra cómo en estos procesos, la litosfera oceánica siempre es destruida -obligándola a que
se regenere continuamente merced a la acción de las dorsales-, en tanto que la continental se
tiende a conservar en el tiempo, si no a crecer a expensas de la anterior.
Geográficamente, las zonas de subducción se ubican básicamente en una orla que dibuja con
cierto paralelismo dentro del océano las costas del océano Pacífico. En estas zonas, la mayoría
de la actividad sísmica como la volcánica del planeta se concentra en estas áreas; además, son
las únicas donde se registran los sismos profundos que alcanzan los 700 km. estos terremotos
son debidos al propio avance de la litosfera oceánica subducente bajo la litosfera subducida,
así como a la deformación que aquella litosfera sufre para acomodarse progresivamente a la
subducción desde los instantes previos al inicio del arrastre hacia el interior del manto.
Como la subducción está ligada a la creación de litosfera en las dorsales, entre otras razones
por simple geometría, existirán tanto zonas de subducción rápidas como lentas. Por otra parte,
la convergencia de las placas no es siempre perpendicular a la fosa. Por el contrario, es
frecuente que el movimiento relativo sea oblicuo, actuando la zona de subducción como una
gran falla inversa con una componente de desgarre.
La figura 62 muestra las características principales de una zona de subducción. el primer
elemento que resalta es el prisma de acreción tectónico, llamado así para diferenciarlo del
sedimentario que caracteriza los márgenes continentales pasivos; también se le conoce como
complejo de subducción o cuña de acreción. Es un conjunto de sedimentos cabalgados
sobre sí mismos y que, a menudo, incluyen láminas o fragmentos de litosfera oceánica (en
negro). La fosa submarina ("oceanic trench") es una depresión estrecha (de unos 100 km) y
profunda (8 a 9 km como media, aunque al pie de las Marianas alcanza los 11 km), que se
localiza en el frente del más exterior de los cabalgamientos, es decir, en el límite entre la
corteza oceánica indeformada y el complejo de subducción. Los cabalgamientos son más
jóvenes hacia la litosfera oceánica que subduce y se van formando a medida que nueva

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

litosfera -con su correspondiente lecho 1 sedimentario- va llegando a la zona de subducción.
Los cabalgamientos más jóvenes son, por tanto, los inferiores. Los más viejos ocupan la parte
superior de la pila y a menudo forman una especie de cresta llamada umbral externo de arco
("outer arc ridge").

Figura 62. Bloque diagrama esquemático de una zona de subducción y sus principales partes; tomado de Burchfield
(1988, fig. 6).
Cuando el complejo está bien desarrollado, el umbral externo puede llegar a emerger, dando
lugar a una alineación de islas. Algunas zonas del complejo de subducción están formadas por
una mezcla caótica de sedimentos y rocas volcánicas, que en parte es de origen sedimentario
por deslizamientos de pendientes, desmembración de capas y mezcla de fragmentos y, en
parte, también, pueden ser de origen tectónico, debida a múltiples cizallas anastomosadas y
superpuestas. Estas unidades se denominan mélanges y son muy características de los
complejos de subducción.
Aunque los cabalgamientos son la estructura más característica del complejo de subducción,
en sus partes profundas se produce también deformación dúctil con desarrollo de
esquistosidad ("cleavage"). Las rocas sedimentarias y la propia corteza oceánica, cuando
alcanzan una profundidad de unos 25 a 40 km, sufren un metamorfismo de bajo grado y alta
presión que los transforma en los denominados esquistos azules, así llamados por el
desarrollo de glaucofana, un anfíbol azul, en las rocas de composición básica. Más abajo aún, la
corteza oceánica se transforma en eclogita.
Por detrás del complejo de subducción suele existir una cuenca sedimentaria que se denomina
cuenca externa ("fore arc basin"), que se nutre tanto del umbral externo, si está emergido,
como, sobre todo, del siguiente elemento, el arco volcánico. Una vez dentro del manto, la
corteza oceánica subducida funde parcialmente debido al calor, pero también a que contiene
bastante agua, lo que rebaja el punto de fusión favoreciendo el desencadenamiento de ésta. Los
magmas producidos atraviesan el manto y acaban llegando a la corteza, donde extruyen
formando un cinturón de volcanes muy activo. Los magmas del arco volcánico son básicos,
intermedios y ácidos, formándose estos últimos en la corteza continental por fusión inducida
por el calor que aportan los magmas básicos. El magmatismo es típicamente calcoalcalino, es

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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decir, rico en Ca, y las rocas más características, si bien no las más abundantes, son las
andesitas, algo más ricas en Si que los basaltos. Éstos son, a su vez, no obstante, las rocas
volcánicas más abundantes de muchos arcos.
El arco volcánico se forma aproximadamente en la vertical de la línea, donde la litosfera
oceánica subducida se encuentra a una profundidad de unos 100 km, es decir, a unos 100 km
de la fosa en zonas de Benioff que buzan 45° y más lejos las que buzan menos. La parte de la
corteza oceánica que no funde junto a la litosfera mantélica se incorpora al manto
astenosférico a unos 800 km de profundidad, donde las temperaturas de la lámina
descendente, que hasta esa profundidad eran más bajas, se homogeneízan con las del manto en
unos 2.200°C.
La zona del arco volcánico no sólo se caracteriza por el vulcanismo. Gran cantidad de los
magmas producidos no llegan a hacer efusión, cristalizando como rocas intrusivas. El calor que
aportan induce en las rocas adyacentes un metamorfismo de alta temperatura y baja presión,
debido a que el gradiente geotérmico es muy alto. Por eso, la signatura metamórfica de las
zonas de subducción y sus arcos volcánicos asociados consiste en dos cinturones
metamórficos emparejados y paralelos: el de alta presión en la zona de subducción y el de
baja presión en el arco volcánico.
Ya se ha comentado que la litosfera oceánica es cada vez más gruesa y pesada cuanto mayor es
su edad. Este engrosamiento la vuelve inestable y provoca el inicio de la subducción. De hecho,
no existe ninguna corteza oceánica más antigua de 180 Ma, salvo los fragmentos que fueron
emplazados sobre los continentes y que denominamos ofiolitas. Estos fragmentos representan
sólo la cien milésima parte de la corteza oceánica creada a lo largo del Fanerozoico, por lo que
prácticamente toda la corteza oceánica creada hace 540 Ma hasta hace 180 Ma ha sido
consumida. La densidad de la litosfera oceánica fría es de 0'06 g/cm3 mayor que la
astenosfera., por lo que siempre tiene tendencia a hundirse. No obstante, para hacerlo necesita
romperse y los esfuerzos necesarios para ello sólo se alcanzan cuando la litosfera es ya muy
gruesa. El lugar idóneo para la rotura es el límite entre la litosfera continental y la
correspondiente oceánica, que es donde está la más vieja litosfera oceánica. Y, además, es una
zona de debilidad, donde la acumulación de sedimentos procedentes de la denudación de los
continentes genera esfuerzos añadidos obligando a que esta zona sufra hundimientos
subsidentes que ayudan al estiramiento y al adelgazamiento de la litosfera antes de provocar,
definitivamente, la rotura.
Al parecer, esa es la causa de la inversión que se produce en la mitad del ciclo de Wilson. La
inestabilidad de la litosfera en un océano ya viejo transforma sus márgenes pasivos en activos.
Los márgenes continentales activos convergentes son , por lo tanto, márgenes pasivos
reactivados. Los sedimentos de talud y glacis del prisma de acreción sedimentario se deforman
dando lugar al complejo de subducción. Los sedimentos de la plataforma se deforman también,
a menudo por una reactivación de las fallas normales lístricas, como cabalgamientos. Además,
son intruidos por los magmas del arco volcánico y metamorfizados en los cinturones
metamórficos de alta y baja presión.
Sin embargo, no todas las zonas de subducción se localizan en márgenes continentales. En el
Pacífico occidental existe una serie de archipiélagos arqueados que se conocen con el nombre
de arcos de islas. Éstos están formados por una gran acumulación de material volcánico y
plutónico, así como por sedimentos que provienen de la erosión del edificio volcánico, pero
tienen en general una raíz de corteza continental, Están separados del continente por unas
cuencas oceánicas denominadas cuencas marginales o traseras de arco ("back-arc basins"),

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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de hasta 2.000 km de anchura, compuestas de litosfera oceánica joven creada en su propia
dorsal (ver figura 48: el proceso de extensión tras-arco). Fuera de la existencia de estas
cuencas, los arcos de islas tienen esencialmente las mismas características descritas más atrás
comunes para todas las zonas de subducción.
Para entender la formación de los arcos de islas, hemos de mencionar cuáles son los
mecanismos que mueven las placas. Éstos se estudian más adelante. En la actualidad, la
hipótesis más aceptada es que se forman a partir de márgenes continentales activos que se
separan del continente por creación de una cuenca oceánica estrecha por detrás. La separación
se produce por la migración de la fosa hacia el mar abierto, lo que se debe al peso de la litosfera
oceánica. Entonces, la subducción se inicia cuando la litosfera oceánica es suficientemente
gruesa como para poder romper su unión con la litosfera continental. Esta última no se hunde
porque pesa menos que la astenosfera pues la corteza continental es más gruesa y más ligera.
Una vez producida la rotura e iniciada la subducción, la tendencia al hundimiento es muy
grande al no haber ligaduras que la retengan, y además porque la parte ya subducida es un
peso que tira del resto de la placa hacia abajo. Las partes subducida y no subducida emigran
hacia el mar abierto y, con ella, la fosa. Por procesos que no se comprenden aún bien, esta
migración arrastra parte del margen activo desarrollando la cuenca marginal por detrás de él.

Figura 63. A. Diferencias geométricas entre las zonas de subducción de tipo andino y Marianas. B. Diferencias
de proceso entre ambos tipos de bordes de placa.
La razón de que en el Pacífico occidental haya un gran número de arcos de islas y que, en
cambio falten en el oriental debe estar relacionada con la apertura del océano Atlántico. Así, el
avance hacia el oeste de la placa americana (en su conjunto) ha provocado la subducción de
gran parte de la litosfera oceánica del Pacífico, por lo que la dorsal de este océano no está en
una posición centrada (figura 58), sino muy al este y parcialmente subducida ella misma. La
litosfera oceánica del Pacífico oriental es, por tanto, joven, con lo que no resulta probable su
desplome, con la consiguiente separación del arco volcánico y formación de una cuenca
marginal.
La forma curvada de los arcos de islas parece deberse al comportamiento rígido, aunque
elástico, de la litosfera y puede entenderse con el símil de la pelota de ping-pong: la litosfera es
un casquete esférico, y, si una parte de ella subduce, tiende a mantenerse sin excesivas

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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deformaciones internas; ello implica que las distancias entre todos sus puntos tienden a
conservarse y ello se puede lograr adquiriendo una forma esférica pero invertida, es decir,
cóncava hacia arriba, como sucede cuando se abolla una pelota de ping-pong. La intersección
entre la superficie esférica original y la nueva es la zona de flexión de la placa y su forma es la
de una circunferencia. El hecho de que la forma de la traza de las fosas en los arcos de islas se
aproxime a la de una circunferencia indica que la explicación es razonable.
La subducción continuada de una litosfera oceánica puede llevar a dos fragmentos
continentales inicialmente separados a chocar. Este sería el estadio final del ciclo de Wilson -
del que nos ocuparemos más adelante- y el mecanismo que contribuye más eficazmente a la
construcción de los grandes continentes. Cuando un continente viaja solidariamente con una
litosfera oceánica en subducción y llega a la fosa, puede subducir él mismo una cierta distancia
Debido a la flotabilidad de los continentes, la subducción de los mismos es no obstante limitada
y, además, sus partes más ligeras nunca son incorporadas al manto. La corteza continental
acida e intermedia se crea en los arcos volcánicos,
aunque ese crecimiento parece haber sido más rápido
en la primera mitad de la historia de la Tierra, en tanto
que en la actualidad este crecimiento es menor. A
diferencia de la corteza oceánica, la "siálica", una vez
formada, puede transformarse, pero no destruirse,
simplemente porque flota, por lo que puede afirmarse
que los continentes no son geodegradables.
Mientras la subducción puede consumir miles de
kilómetros de corteza oceánica, la corteza continental
no puede subducir más allá de unos pocos cientos de
kilómetros, y eso sin llegar a introducirse en la
astenosfera, sino manteniéndose pegada a la base de la
corteza continental subducida. No obstante, es una
subducción en el sentido más literal de la palabra, que
deriva a su vez del término subfluencia empleado por
Ampferer ya en 1909 para referirse a la estructura de
los Alpes, en los que se observaba que parte de la
corteza continental se había metido por debajo de sí Figura 64. Esquema que muestra el
misma. En consecuencia, se ha propuesto distinguir dos segmento activo en una falla transformante
tipos de subducción: 1, subducción A (por Ampferer) y entre los fragmentos de dorsal separados
por la propia falla.
2, subducción B (por Benioff), según que la corteza
subducida sea de tipo continental u oceánica
respectivamente.
Finalmente, Anguita y Moreno (1988, fig 6.9 y tabla 6.2) muestran gráficamente un esquema de
las diferencias tanto geométricas como de procesos y estructuras resultantes en las zonas de
subducción (figura 63) ligadas a un margen continental activo (tipo andino) o a arcos de islas
(tipo Marianas).
3.3.3. Los bordes pasivos: las fallas transformantes
Estas estructuras se definen como desgarres que conectan dos tipos de fallas o asociaciones de
fallas y cuya actividad se limita a la zona comprendida entre ellas. Es fácil demostrar esta
restricción desde un punto de vista geométrico y dinámico (figura 64). En realidad fueron
definidas para explicar la cinemática de las placas y su significado se entiende mejor en el

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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contexto de la tectónica de placas. De hecho, las fallas transformantes son desgarres
aproximadamente verticales que representan límites de placa transcurrentes y que conectan
con bordes de placa convergentes o divergentes. La figura 65 representa una serie de casos
posibles.

Figura 65. Ejemplos de fallas transformantes. Las líneas dobles representan las dorsales y las líneas con púas las
zonas de subducción, con las púas indicando la posición de la litosfera subducida.

Las fallas transformantes más frecuentes se encuentran transversalmente a las dorsales. En la
figura 58 se puede apreciar cómo cualquiera de las dorsales está en realidad formada por una
serie de segmentos en los cuales se crea corteza, separados por fallas transformantes paralelas
a ella. En realidad existen muchas más, una cada 50 ó 100 km aproximadamente. La mayoría de
estas fallas son cortas, dislocando la dorsal unas pocas decenas de kilómetros. Sin embargo,
hay algunas, como las de la zona ecuatorial del Atlántico que muestran dislocaciones de varios
cientos de kilómetros a casi mil. El movimiento de estas fallas puede apreciarse en la figura 64,
donde las dorsales están representadas por líneas dobles. Si se tratase de una falla de desgarre
convencional, posterior a la dorsal, la zona de fractura 1 sería sinistral, pues en el bloque norte,
por ejemplo, la dorsal aparece a la izquierda de donde lo hace en el bloque sur. Sin embargo,
este movimiento es aparente; la falla actúa a la vez que la corteza oceánica es creada y, al
expandirse el fondo oceánico, la corteza del bloque norte a la derecha de la dorsal se mueve
hacia la derecha, y, la del bloque sur a la izquierda de la dorsal, se mueve a la izquierda, con lo
que el movimiento de desgarre es dextral.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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Figura 66. Evolución de una transformante dorsal-dorsal con el tiempo. La trama en (d) representa la zona
deformada por cizalla simple, en la cual pueden encontrarse anfibolitas.
Este tipo de fallas tiene movimiento esencialmente entre los dos fragmentos de la dorsal y, en
el caso general, entre los límites de placa que conecta, mientras que si se tratase de un desgarre
común, debería extenderse a ambos lados a una distancia considerable para amortiguar el
desplazamiento. La figura 64 muestra con mayor detalle el funcionamiento de una
transformante dorsal-dorsal. Su explicación es obvia.
Las fallas transformantes tienen actividad sísmica poco profunda y suele estar marcada por
surcos (figura 67) en el fondo del océano, sobre todo las mayores, y a lo largo de ellas se han
dragado anfibolitas y serpentinitas. Los surcos no se forman evidentemente por erosión, dado
que esta es casi inexistente en el fondo oceánico. La hipótesis más aceptada es que cuando un
segmento de dorsal se acaba contra una falla transformante, entra en contacto con litosfera
oceánica más vieja y, por tanto, más fría. Entonces, el gradiente geotérmico en esa zona es
menor que en el resto de la dorsal y el material fundido se enfría a más profundidad, con lo que
el propio fondo oceánico se genera a mayor profundidad.
Debido a la dislocación de las dorsales, la profundidad del fondo oceánico cambia de un lado a
otro de las fallas transformantes. A medida que la litosfera oceánica se aleja de la dorsal en la
que se formó, va hundiéndose. Este hundimiento diferencial a un lado y otro de la
transformante producirá componentes de falla normal en ella. Fuera de la zona comprendida
entre los dos segmentos de dorsal, estos movimientos normales debidos al enfriamiento de la
litosfera son los únicos que se producen de manera regular en las fallas que, por lo demás, ya
son inactivas en esa región.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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Figura 67. (a) Distintos tipos de perfiles topográficos transversales a las fallas transformantes, que ponen de
manifiesto la existencia de un surco en la traza que marca la posición de la falla, con umbrales laterales. (b)
Esquema de una transformante dorsal-dorsal que muestra la diferente profundidad del océano a ambos lados de
la transformante y su progresivo hundimiento debido al enfriamiento, pudiendo entonces producir componentes
normales en la fallas, incluso fuera del tramo comprendido entre las dorsales; figura procedente de
http://www.britannica.com/EBchecked/topic/602598/transform-fault

Las transformantes dorsal-dorsal tienden a ser paralelas al movimiento de las placas, si bien,
ocasionalmente, este movimiento puede ser algo oblicuo, produciendo una cierta convergencia
o una cierta divergencia, estos fenómenos se deben a la interacción de todas las grandes placas
entre sí, que configuran un patrón de movimiento
que es inestable y evoluciona continuamente, pero
que suelen ser de duración relativamente corta,
reorientándose rápidamente las fallas para
adaptarse a las nuevas condiciones. Por lo tanto,
los segmentos de dorsal suelen ser
perpendiculares al movimiento de las placas y las
transformantes dorsal-dorsal paralelas, aunque el
límite de placas considerado en su conjunto sea
oblicuo. Así, por ejemplo, la dorsal atlántica en la
zona ecuatorial (figura 58) tiene una dirección NO-
SE, mientras que el movimiento relativo entre
África y Sudamérica es E-0. Sin embargo, en
detalle, los segmentos de la dorsal son N-S y las
transformantes E-0 (figura 68).
Otros tipos de fallas transformantes unen dos
fosas o una dorsal y una fosa. Distintos casos
transformantes fosa-fosa pueden verse en la
figura 65 (b, c, d), donde las líneas con púas
representan las zonas de subducción en el sentido
Figura 68. Forma aproximada de los márgenes de ya apuntado con anterioridad. Un esquema en
Sudamérica y África, y de la forma que tendría la
perspectiva de una transformante de este tipo
dorsal atlántica si la expansión pudiera efectuarse
de manera oblicua a la dorsal (a). Abajo, (b), puede verse en la figura 45, a la izquierda, y un
desarrollo de varios segmentos de dorsal separados caso real se da en el este de Australia (figura 58),
por transformantes, lo que permite la expansión donde existe una falla transformante que conecta
oblicua respecto al trazado medio de la dorsal, las fosas de Nuevas Hébridas, al norte, con la de
pero normal siempre a los segmentos de la misma.
Kermadec-Tonga, al sur, y que llega hasta Nueva

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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Zelanda.
Tabla III. Hipótesis que tratan de explicar el origen de las fallas transformantes

Principal impulsor Hipótesis Confirmaciones/objeciones
Son arcos de círculo centrados en el polo No siempre concuerda la
J.T. Wilson
de rotación de la placa (figura 69) geometría
La distribución y el desarrollo
D. Turcotte Son estructuras de contracción térmica
no son regulares
E. Bonatti Son estructuras continentales heredadas Concuerda sólo en el Atlántico

Ejemplos de transformantes dorsal-fosa se muestran en la citada figura 65 (e, f) así como
otros casos más complejos que se proponen para discusión y análisis.
Casos más complejos son los que
muestran una relación transformante
fosa-unión triple, como el que recorre
la costa occidental de Canadá para unir
la fosa de Aleutianas y el sur de Alaska
con la dorsal de Juan de Fuca y la fosa
occidental de la placa norteamericana,
en casos como éste, el margen
continental es tectónicamente activo
pero no se caracteriza por un proceso
subductivo, sino por movimientos
transcurrentes. Este tipo de márgenes,
que no suelen ser muy estables en el
tiempo, se denominan márgenes
transformantes o transcurrentes.
Por último, un tema objeto de debate es
el que conduce a la determinación de
cómo se originan este tipo de
estructuras. Desde las ideas Figura 69. Las fallas transformantes como arcos de círculo
tradicionales de Wilson (figura 44a) a centrados en el polo de rotación de la placa. Figura procedente
las más recientes del grupo de Bonatti de la Enciclopedia Británica
(http://www.britannica.com/EBchecked/media/49484/Theo
y otros, la Tabla III recoge algunas de retical-depiction-of-the-movement-of-tectonic-plates-across-
ellas. Earths).

3.4. Causas y consecuencias del movimiento de las placas litosféricas.
3.4.1. Las posibles causas del movimiento de las placas
Existen numerosas discusiones sobre el mecanismo de la tectónica de placas, habiéndose
descartado las teorías antiguas sobre contracción y expansión terrestres. El mecanismo más
probable de transferencia de energía calorífica desde el interior terrestre parece ser la
convección térmica, aunque es objeto de discusión la forma en que ocurre la convección y
cómo se utiliza esa energía para mover las placas, si la convección es exclusiva de la
astenosfera o si el resto de las capas (mesosfera y núcleo) están también sometidas a este

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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proceso.
La convección en el manto depende de
su propia constitución. Se han detectado
dos discontinuidades importantes en el
mismo, a 400 y 650 km, discutiéndose si
se deben a cambios en la estructura de
los componentes o a diferencias en la
composición química. En el primer caso
sería posible una celdilla única (figura
70b, a la izquierda), siempre que tos
cambios de fase tuvieran lugar
rápidamente, mientras que si existe
cambio de composición, tendría que
haber dos celdillas diferentes acopladas,
con transferencia de calor entre las
mismas por conducción (figura 70b a la
derecha).
El peso atómico no cambia a través de la
zona de transición, según los datos de las
densidades y velocidades sísmicas, por
lo que las corrientes de convección
Figura 70. La convección térmica: (a) células convectivas podrían cruzarla en el caso de que los
convencionales; (b) las dos soluciones clásicas a la convección cambios de fase tuvieran lugar
en el manto. Explicación en el texto. Tomado de Anguita y rápidamente. Estos cambios de fase
Moreno (1991). tendrían un efecto positivo sobre la
convección, ya que al ser dependientes
de la temperatura, como la del divino a espinela, las transformaciones de presión baja a alta
tendrían lugar a menor profundidad que la media en las columnas descendentes, y la de alta a
baja a mayor que la media en las columnas ascendentes, con efectos gravitatorios que
ayudarían al sistema convectivo (figura 70). Según diversos investigadores (Ringwood e
Irifune, 1988), cuando las placas oceánicas viejas descienden y llegan a profundidades de 650
km, se doblan y engrosan plásticamente hasta formar un megalito (figura 71) que se
encuentra en equilibrio a esta profundidad y que, si se encuentra en la región descendente de
una celdilla de convección del manto, puede ser incorporada al manto inferior.
Gran número de autores son partidarios de extender la convección a la escala de todo el manto,
incluso conservándose sectores del mismo que no han sufrido mezcla durante gran parte de la
historia de la Tierra. La presencia de terremotos a 650 km de profundidad indica que la
litosfera circula hasta la base de la zona de transición y ello es una prueba de la convección
profunda. Estos terremotos pueden ser debidos a la elasticidad de la litosfera incluso a estas
profundidades, aunque el cese de los mismos indica que se alcanza un calentamiento de la
misma en el manto.
El movimiento de las placas debe ser compensado con un flujo de retorno en las profundidades
del manto, de tal manera que el material desplazado por las placas descendentes sea
compensado con material que fluye hacia los centros de expansión. Diversos autores han
sugerido que el material que está siendo desplazado por las zonas de subducción del Pacífico
debe dirigirse a otros océanos que aumentan de tamaño, y la configuración de este flujo de

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

retorno debe cambiar considerablemente con el tiempo al cambiar la configuración de las
placas.
El problema que se plantea a
continuación es el de la distribución
de las células convectivas. Se cree
que éstas se encuentran bajo las
áreas oceánicas, donde se precisa su
presencia para explicar el flujo
calorífico que no se puede originar en
la corteza oceánica, existiendo sólo
una forma secundaria de convección
bajo los continentes, que se
manifiesta por la presencia de
actividad volcánica espasmódica de
tipo termopluma que libera de vez en
cuando el calor acumulado bajo las
regiones continentales.
Según modelos relativamente
Figura 71. Formación de un megalito como consecuencia de la
recientes, como el de impulso lateral
subducción y de una capa de harzburgita y basalto (otrora,
del movimiento de las placas, la litosfera oceánica) entre los 600 y los 700 km de profundidad.
litosfera oceánica representa el papel
de la parte superior fría de las células convectivas, por lo que sería de esperar que la
distribución de estas células se adapte a la configuración de las placas oceánicas, de modo que
las zonas ascendentes calientes estén situadas bajo las dorsales y las frías descendentes bajo
las zonas de convección.
Una solución buscada para determinar la distribución areal de las células de convección se
basa en las anomalías gravitatorias generadas, de modo que las grandes estructuras profundas
habrán de tener un efecto sobre el nivel del mar o geoide. Éste estará abombado sobre un
exceso de masa y deprimido sobre el defecto correspondiente. Tales anomalías de masa se
deberán reflejar en la batimetría
de los océanos, corregida para la
subsidencia de la litosfera
oceánica con la edad. Las
termoplumas (plumas térmicas
calientes ascendentes) se asocian
a anomalías positivas en el
geoide, en tanto que las
frigoplumas (plumas térmicas
frías descendentes) So hacen con
anomalías negativas. Sin
embargo, no existe
Figura 72. Ilustración esquemática del flujo a gran escala en las correspondencia entre anomalías
proximidades de una dorsal y las celdillas longitudinales de pequeña positivas en el geoide y dorsales
escala superpuestas. oceánicas, e incluso algunas
dorsales están asociadas a
anomalías negativas. Además, los márgenes constructivos de las placas no se encuentran
necesariamente asociados con las partes ascendentes de celdillas de convección, por lo que la

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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expansión oceánica en algunas ocasiones se muestra como un fenómeno pasivo en que llega
material del manto a una zona de fusión.
Las anomalías del geoide indican que la convección en el manto tiene tugar a escala horizontal
menor que la de las placas. El alargamiento paralelo a la dirección de expansión parece sugerir,
al menos para el caso de las placas rápidas, la presencia de una circulación convectiva a dos
escalas. La escala menor, con dimensión horizontal perpendicular a la dirección de expansión
de unos 500 km, tiene forma de rollos alargados que se extienden desde la base de la litosfera
hasta unos 650 km de profundidad, con ejes paralelos a la dirección de expansión (figura 72).
Estas celdillas son necesarias para explicar el flujo calorífico observado en la litosfera oceánica
más antigua según McKenzie y colaboradores. Las células pequeñas secundarias no parecen
causar ningún arrastre efectivo neto en la base de la litosfera, por lo que no afectarán al
movimiento de las placas. La circulación a gran escala, con dimensiones horizontales de unos
5.000 km, está formada por las propias placas y el flujo de retorno complementario en
profundidad. No se conoce la profundidad de la base de las células de convección, pero la
geometría de las anomalías se explica mejor por la inestabilidad de una capa límite caliente
relativamente somera.
La tomografía sísmica ha proporcionado mucha información importante sobre la estructura
tridimensional del manto. Ya que la convección es impulsada por las diferencias laterales en
temperatura y densidad, dichas variables afectan a la velocidad sísmica, que disminuye con el
descenso de la densidad y el aumento de la temperatura (Anderson y Dziewonski, 1984). Si se
determinan las velocidades en el manto, se pueden deducir las diferencias de temperatura y
densidad que son consecuencia de la convección.
También, cartografiando la anisotropía sísmica verticalmente y lateralmente, es posible
determinar aproximadamente la dirección del flujo del manto. Los autores anteriores han
calculado un modelo tridimensional de velocidades en el manto superior por la inversión de
numerosos datos de llegadas de ondas S. Las dorsales oceánicas están sobre manto de baja
velocidad, los escudos sobre regiones de velocidades muy rápidas y los océanos antiguos sobre
un manto con velocidades elevadas. Las velocidades altas probablemente reflejan la presencia
de material de manto maduro que son más fríos y densos que la media, entre 200 y 400 km de
profundidad quedan algunos restos de los caracteres superficiales. La mayoría de las áreas
cratónicas están aún sobre anomalías positivas de velocidad, pero los contrastes de las
velocidades son menores que cerca de la superficie. El origen de este materia! de alta velocidad
bajo los cratones no se conoce, aunque podría reflejar material que se traslada junto con ellos,
implicando que mantienen una continuidad en profundidad, o también representar materia!
frío subducido que ha sido cabalgado por el continente.
Se observa también que sólo una pequeña proporción del sistema de dorsales oceánicas
retiene velocidades anómalas en este intervalo de profundidades. La dorsal rápida del Pacífico
oriental está sobre materia! del manto casi normal bajo los 200 km. Sin embargo, hay regiones
aisladas bajo las dorsales sobre velocidades bajas que se extienden hasta los 400 km y existen
pruebas de que algunos segmentos de dorsal se alimentan por transporte lateral de material a
profundidades someras. Por debajo de unos 300 km, su distribución es completamente
diferente de la de la superficie. Por ejemplo, existen dos amplias zonas de alta velocidad, una
desde el Pacífico occidental, bajo el sur de Australia a la costa antártica, y otra bajo América de!
Sur, el Atlántico meridional y parte de África. A esta profundidad, las zonas de baja velocidad
asociadas con termoplumas cerca de la superficie cambian a altas velocidades en la zona de
transición. Esto parece indicar que las termoplumas se originan a profundidades someras,

[78]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

aunque también podrían ser alimentadas desde profundidades mayores por conductos
demasiado estrechos como para ser detectados por e! modelo.
Se sugiere la lectura del artículo de Anderson y Dziewonski (1984) y consultar las figuras que
se adjuntan en él, en particular las figs. 3, 4 y 5. En dicho artículo se repasan igualmente las
direcciones en que tiene lugar el flujo en el manto que se pueden deducir mediante análisis
tomográficos.
Bajo estas perspectivas, las placas litosféricas parecen ser movidas por dos procesos físicos
que se superponen: de un lado por el efecto del tirón ejercido por la propia placa subducida a
medida que ésta va penetrando en el manto y va densificando, y por otro por deslizamiento
gravitacional desde las elevadas dorsales hasta las fosas cuando éstas existen. En este
esquema, como señalan Anguila y Moreno (1991), la fusión que se produce en las dorsales es
pasiva, es una consecuencia esencialmente del descenso de la presión que las fracturas
originadas por la tensión provocan en la astenosfera inmediatamente subyacente. Como ya se
ha puesto de manifiesto anteriormente, existen unas placas más rápidas (las que poseen
bordes destructivos) que otras (las que carecen de ellos); y éste parece ser un argumento que
confirma el modelo expuesto.
3.4.2. Las consecuencias del movimiento de las placas
El gran atractivo de la tectónica de placas desde sus primeras aportaciones fue la posibilidad
de integrar en un modelo Global los procesos geológicos a diferente escala, además de, como
hemos comprobado más atrás, ciertos comportamientos animales o la distribución de los seres
vivos y de sus restos fósiles. El primer autor que trató de sintetizar estas ideas fue Tuzo Wilson,
que propuso un modelo de transformación de un continente que ocupaba una sola placa en dos
continentes soportados por sendas placas diferentes separadas por bordes de placa que se
podían modificar con el devenir del tiempo (Ciclo de Wilson; figura 73).
Un esquema clásico de este modelo, tomado de Tarling y Tarling (1986, fig. 43), muestra
(figura 74) paso a paso algunas de estas transformaciones. Otras visiones más precisas merced
a las nuevas perspectivas de las sucesivas investigaciones (figura 75) se detienen en la
formación de un margen continental pasivo, sin avanzar a la formación del margen activo con
zubducción asociada.
El magmatismo (figura 76), al igual que el metamorfismo, la sismicidad o la misma orogénesis
(figura 77), son otros de los procesos ligados a la tectónica de placas. Del mismo modo, se
explican mecanismos que en otro tiempo tenían interpretaciones diferentes; es el caso de las
transgresiones y de las regresiones, de las cuales Anguila y Moreno (1991) dan un esquema
ilustrativo por medio de la "deriva continental" y del paso de los continentes sobre topografías
creadas por el ascenso de materiales calientes desde las profundidades del manto.
Por último, no podíamos olvidamos de procesos perseguidos por Wegener: los
desplazamientos continentales. Los nuevos conjuntos de datos, unido a la ayuda de
superordenadores ha permitido llevar a cabo reconstrucciones más precisas (figura 78), en las
que los encajes de algunos continentes no se producen necesariamente en las líneas de costa
actualmente reconocidas, sino en el borde de las plataformas continentales. Aun con todo,
incluso se producen solapamientos y vacíos que hoy son fácilmente interpretados desde la
dinámica relacionada con los ciclos erosivos o desde procesos ígneos o tectónicos.

[79]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Figura 73. El ciclo de Wilson en nueve etapas: (1). Un cratón continental (supercontinente) es estable hasta que un
cambio en el manto subyacente una pluma térmica (2) provoque un abombamiento en la superficie del cratón y la
formación de un sistema de fallas directas con formación de un rift continental. En este segundo estadio, los bloques a
un lado y otro del rift comienzan a desplazarse mutuamente en sentidos inversos; esta situación es la que a día de hoy
podemos encontrar en el Valle del Rift africano.
En la fase siguiente, (3), podemos reconocer que en el eje del rift que se ha formado ha comenzado a producirse
material volcánico que se extiende a ambos lados, que forma una corteza oceánica primitiva y que contribuye a
incrementar la distancia entre los dos bloques del cratón original. De este modo el espacio producido entre ambos
puede ser recubierto de agua de mar, formándose un proto-océano o mar en ciernes, como el Mar Rojo en la
actualidad. Al tiempo que
todo ello va ocurriendo, en
los márgenes de ese mar se
acumulan sedimentos
procedentes de la erosión de
los fragmentos
continentales (4); esta
situación es la que
actualmente se corresponde
con los márgenes del
Atlántico.
Si por un excesivo
adelgazamiento de la
corteza oceánica en el borde
con el continente se produce
una ruptura, esa corteza
oceánica continuará su
movimiento frente a un gran
bloque continental que
realizará un movimiento
antagónico frente a aquél;
ese movimiento (5) iniciará
una subducción y la
creación de un orógeno en
un borde anteriormente de
tipo atlántico, que ahora
pasará a ser de tipo pacífico,
con vulcanismo y sismicidad
asociadas. Si el consumo de
litosfera en la zona de
subducción es más rápida
que la creación de litosfera
en la dorsal, llegará un
momento que será también
consumida en aquélla, por lo
que volverán a reunirse (6)
los fragmentos
anteriormente unidos que
habían iniciado su
separación en la fase 2 de este esquema; es el caso del Himalaya actual.
Las fases (7), (8) y (9) son representaciones de la posibilidad de colisiones con otras masas continentales para volver
a producir un nuevo supercontinente, un nuevo Pangea, que, al tiempo que inicie su fase erosiva, inicie también, en
función de la dinámica del manto, unas nuevas fases de fragmentación continental. Figura tomada de:
http://www.ugr.es/~agcasco/msecgeol/secciones/petro/pet_intro.htm.
Una versión cíclica del mismo puede encontrarse en:
http://csmres.jmu.edu/geollab/fichter/Wilson/wilsoncircl.html

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Figura 74. La evolución de los continentes y de los océanos: una representación del Ciclo de Wilson según Tarling y
Tarling, 1971.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Figura 75. La separación
continental según Dickinson
(1976) e Ingersoll (1988) en
Ingersoll y Busby (1995). Se
representan diversos diagramas
esquemáticos (con exageración
vertical) que ilustran:
(A) la separación continental
(que puede “fallar” en algún
momento) en relación con la
evolución de una corteza
continental “normal”;
(B) hacia una fase de rift valley;
(C) a fase proto-oceánica,
mostrando depósitos de rift-
valley terrestres en el techo de
una corteza continental
atenuada (cuasicontinental),
adyacente a una corteza
oceánica engrosada
(cuasioceánica);
(D) hacia el final de la fase proto-
oceánica, cuando la subsidencia
térmica está al borsde de ser
completada; las cortezas
cuasicontinental y cuasioceánica
se combinan en la “corteza de
transición”, que yace sobre el
margen continental subsidente.
(E) A continuación, sobre la
configuración de terraza-talud-
glacis continental (“continental
terrace-slope-rise
configuration”), con fase de
“océano abierto”, dominan los
mecanismos subsidentes por
carga de sedimentos;
(F) fase de estancamiento
continental (“continental
embankement”), que sólo se
alcanza cuando la entrada de
sedimentos es lo suficientemente
voluminosa como para causar la
progradación de la línea de costa
sobre la corteza continental (en
áreas de grandes deltas,
generalmente en finales abiertos
de rifts fósiles.
Sólo se muestra la parte
izquierda del océano desde D
hasta F.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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Figura 76. Magmatismo y tectónica de placas.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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Figura 77. Orógenos perioceánico (tipo Andes) e intercontinental (tipo Himalaya), de acuerdo con la tectónica de
placas. Figuras de orógeno intercontinental, autor: NASA; bajo licencia de Creative Commons, orógeno perioceánico,
autor: Christopher Walker. Imágenes tomadas de http://www.iesabdera.com/bg/bgb1/web-6/32_orgenos.html

[84]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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Figura 78. Imágenes de la deriva continental, según Ziegler y Scotesse, tomado de Siever (1983).

[85]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Figura 79. Los bordes de placa en el modelo de la tectónica de placas. Imagen, modificada, procedente de
http://isbelciencia.wordpress.com/2011/10/04/¿existe-la-astenosfera/

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXOS

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO I

Una aplicación más desarrollada de este fenómeno la encontramos en la figura 1.1. de Anguita
y Moreno (1991), y que se reproduce a continuación:

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ANEXO II

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO III
Diagrafías eléctricas para la resolución de estructuras profundas.

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO IV

[93]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO V

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO VI

[95]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO VII

[96]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO VIII
PERSONAJES QUE CONTRIBUYERON AL CONOCIMIENTO DE LA ESTRUCTURA INTERNA DE LA
TIERRA Y DE LA DINÁMICA GLOBAL DEL PLANETA

Antonio Snider-Pellegrini Francis Bacon
(Francia, 1802–1885) (Inglaterra, 1561-1626)

Andrija Mohorovičić Emil Wiechert
(Volosko, Croacia, 23 de enero de 1857 – Zagreb, (Tilsit, Prusia, 26 de diciembre de 1861–19 de marzo
Croacia, 18 de diciembre de 1936) de 1928)

Alexander Logie du Toit Alfred Wegener
(Sudáfrica, 14 de marzo de 1878–25 de febrero de (Berlín, 1 de noviembre de 1880-Clarinetania,
1948) Groenlandia, 2 de noviembre de 1930)

[97]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Inge Lehmann Beno Gutenberg
(Østerbro, Dinamarca, 13 de mayo de 1888-21 de (Darmstadt, Alemania, 4 de junio de 1889-California,
febrero de 1993) 25 de enero de 1960)

Arthur Holmes Sir Harold Jeffreys
(Gran Bretaña, 14 de enero de 1890–20 de (County Durham, Inglaterra, 22 de abril de 1891–18
septiembre de 1965) de marzo de 1989.

Stanley Keith Runcorn Allan Cox
(Southport, Inglaterra, 19 de noviembre de 1922– (Santa Ana, California, 17 de diciembre de 1926— 27
San diego, California, 5 de diciembre de 1995) de enero de 1987)

[98]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Drummond Hoyle Matthews
Brent Dalrymple
(Porlock, Inglaterra, 5 de febrero de 1931- Taunton,
(Alhambra, California, 9 de mayo de 1937)
Inglaterra, 20 de julio de 1997)

John Tuzo Wilson
Frederick Vine
(Ottawa, 24 de octubre 1908-Toronto, 15 de abril de
(Londres, 17 de junio de 1939)
1993)

Harry Hess Edward Bullard
(Nueva York, 24 de mayo de 1906– Woods Hole, (Norwich, Inglaterra, 21 de septiembre de 1907-
Massachusetts, 25 de agosto de 1969) California, 3 de abril de 1980)

[99]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

William Jason Morgan Xavier Le Pichon
(Savannah, Georgia, 10 de octubre de 1935) (Quinhon, Vietnam, June 18, 1937)

AntonioSnider-Pellegrini
https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Snider-Pellegrini

Francis Bacon
http://www.taringa.net/posts/humor/6057044/Las-muertes-mas-Fails.html

Andrija Mohorovičić
http://www.seismosoc.org/publications/SRL/SRL_78/srl_78-6_hs.html

Emil Johann Wiechert
http://en.wikipedia.org/wiki/Emil_Wiechert

Alexander du Toit
http://www.insugeo.org.ar/libros/cg_24/20.htm

Alfred Wegener.
http://www.environmentandsociety.org/upcoming-exhibitions

Inge Lehmann
http://morato1a.blogspot.com/2010/09/inge-lehmann.html

Arthur Holmes
http://secre.ssn.unam.mx/SSN/Doc/Caridad/Placas/placas.html

Sir Harold Jeffreys
http://www.gap-system.org/~history/PictDisplay/Jeffreys.html

Beno Gutenberg
http://academic.emporia.edu/aberjame/student/mcpherson1/index.htm

Frederick Vine.
http://www.uea.ac.uk/env/people/facstaff/vinef

Stanley Keith Runcorn
http://www.librosmaravillosos.com/laformaciondelatierra/index.html

[100]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

Allan Cox
http://www.nap.edu/readingroom.php?book=biomems&page=acox.html

Drummond Mathews
https://www.e-education.psu.edu/earth520/content/l2_p11.html

Brent Dalrymple
http://www.geotimes.org/apr05/profiles.html

John Tuzo Wilson
http://www.futura-sciences.com/fr/news/t/geologie-1/d/on-a-simule-la-formation-dun-
supercontinent_16000/

Harry Hess
http://www.mnh.si.edu/earth/text/4_1_2_2.html

Edward Bullard
http://www.sciencephoto.com/media/223303/enlarge

William Jason Morgan
http://actualite.portail.free.fr/tech-sciences/sciences/06-06-2011/il-n-y-a-peut-etre-pas-vraiment-de-point-
chaud-sous-hawai/

Xavier Le Pichon.
http://www.balzan.org/en/prizewinners/xavier-le-pichon/research-project_123_792.html

[101]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

ANEXO IX

Modelos estructurales estático y dinámico de la Tierra. Modelo tomado de
https://es.pinterest.com/pin/313140980316711572/

[102]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO X

Arriba, modelo del manto terrestre basado en los datos de la tomografía sísmica; en esta figura se puede ver la
superficie del núcleo. Abajo, mapa tomográfico del núcleo terrestre que muestra la topografía de la supreficie de esta
capa del planeta. Ambas figuras proceden de Anguita y Moreno (1991).

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
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ANEXO XI

Mapa detallado de las placas tectónicas. Tomado de http://www.wikiwand.com/es/Tect%C3%B3nica_de_placas

ANEXO XII

Mapa mundial de la edad de las rocas del substrato en continentes y océanos (Commission for the Geological Map of
the World and UNESCO, 1991; en:
http://www.jamesmaxlow.com/main/index.php?module=pagemaster&PAGE_user_op=view_page&PAGE_id=5).

[104]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

El movimiento de las placas y el papel de las fallas transformantes. Figura de Anguita y Moreno (1991)

[105]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

[106]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

BIBLIOGRAFÍA
TEXTOS:
La siguiente relación de textos no se ciñe exclusivamente a los citados en el documento escrito que se adjunta. Más
bien constituye un conjunto de referencias ineludibles en español (alguna -escasa-, ineludiblemente, en inglés o en
francés) a la hora de ponerse al día en los temas referidos. Además de los aspectos generalmente incluidos en las
relaciones bibliográficas, se añade, cuando se dispone de él, el correspondiente ISBN o el ISSN, por cuanto se considera
que son parámetros numéricos importantes en toda búsqueda en las librerías de manuales de cualquier índole; en su
caso, la abreviatura n/d significa no disponible.
Águeda,J.A.; Anguita,F.; Araña,V.; López,J. y Sánchez de la Torre,L. (1983): Geología. Ed. Rueda, 448 p. ISBN: 84-7207-
009-3
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[107]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

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551064-4.

ARTÍCULOS DE REVISTAS DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA:
(IMPORTANTE: Se incluyen sólo aquellos artículos no recogidos en los manuales recopilatorios de INVESTIGACIÓN Y
CIENCIA -IC- y/o, en su caso, de MUNDO CIENTÍFICO -MC- y del BOLETÍN GEOLÓGICO Y MINERO -BGM-, o de TÉRRA
NOVA -TN-, así como algún documento referido al tema presente en textos de ámbito geológico)
Anguita,F. (1989). Aclaramos: ¿SIAL, SIMA... todavía? Enseñanza de las Ciencias de la Tierra. 1 (2): 69-70.
Anguita.F. (1696). El continente perdido. Enseñanza de las Ciencias de la Tierra. 4 (1): 67-70.
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Tierra, 3(3): 69-70.
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Biéber.M.Th. (1992): Un escánner médico...en Geología. MC, 122 (12): 270-271.
Bloxham,J. y Gubbins,D. (1990): La evolución del campo magnético terrestre. IC, 166 (febrero): 18-25.
Boillot,G. (1988): Los fondos oceánicos de tercer tipo. MC, 76 (8):8-17.
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Brendan Murphy,J. y Damián Nance,R. (1992): Las cordillera de plegamiento y el ciclo supercontinental. IC, 192 (junio):
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Caballer,Mª J., Giménez,I, y Madrid.A. (1893): Utilización de problemas en la enseñanza de la Geología. Dinámica
litosférica: primer nivel de acercamiento. Enseñanza de las Ciencias de la Tierra. 1 (1): 33-36.
Cazenave,A. y Balmino,G. (1986): La Gravedad de la Tierra. MC, 59 (6).

[108]
LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN 1
2. ESTRUCTURA TERRESTRE: NUEVOS MODELOS 1
2.1. Las referencias 1
2.2. La estructura terrestre y la tecnología 2
2.2.1. Las primeras aproximaciones al conocimiento de la estructura interna de la Tierra 2
2.2.1.1. El momento de inercia y la densidad terrestre. 2
2.2.1.2. La variación de la densidad y de la presión en el interior terrestre 3
2.2.2. La sismología y la tomografía sísmica 4
2.2.3. El geomagnetismo y la naturaleza y la dinámica profundas. 7
2.2.4. Los meteoritos y su valor como indicadores de la composición de las capas profundas de la 7
Tierra.
2.2.5. Otros métodos. 8
2.2.5.1. El método gravimétrico 8
2.2.5.2. La isostasia y el juego de los equilibrios de los bloques corticales. 11
2.2.5.3. El método geoeléctrico. 13
2.2.5.4. El flujo térmico terrestre. 15
2.3. Estructura terrestre: la naturaleza profunda de la Tierra 17
2.3.1. Las unidades sísmicas y geoquímicas 17
2.3.1.1. La corteza terrestre 17
2.3.1.2. El manto 21
2.3.1.2. El núcleo 24
2.3.2. Las unidades dinámicas 27
2.3.3. Otras unidades estructurales: las zonas de transición 30
3. DINÁMICA LITOSFÉRICA: LA TECTÓNICA DE PLACAS 32
3.1. Antecedentes. 32
3.1.1. Los desplazamientos continentales antes del siglo XX 32
3.1.2. Alfred Wegener y la teoría de los desplazamientos continentales 35
3.1.2.1. La Ciencia Geológica en los albores del Siglo XX. 35
3.1.2.2 Wegener y "Die Entstehung der kontinente und Ozeane" 36
3.1.2.3. Los primeros detractores y abanderados de Wegener. 40
3.1.3. La década de los cincuenta: exploración de los fondos oceánicos 43
3.1.3.1 El desarrollo de la investigación oceanográfica geológica y geofísica 46
3.1.4. La nueva situación. 47
3.2. La tectónica de placas: fundamentos y argumentos. 50
3.3. La tectónica de placas: placa litosférica y bordes de placa litosférica. 59
3.3.1. Los bordes divergentes 62
3.3.2. Los bordes convergentes 67
3.3.3. Los bordes pasivos: las fallas transformantes 71
3.4. Causas y consecuencias del movimiento de las placas litosféricas. 75
3.4.1. Las posibles causas del movimiento de las placas 75
3.4.2. Las consecuencias del movimiento de las placas 79

ANEXOS 87
BIBLIOGRAFÍA 105

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LA DINÁMICA Y EL INTERIOR TERRESTRE
Francisco Javier Barba Regidor

NOTA DEL AUTOR
El presente documento recoge las anotaciones de un curso de Geología para
profesores de Enseñanza Secundaria impartido en el CPR de Santander durante el
curso 1997/98 por el autor del mismo y recoge modificaciones introducidas
durante la revisión realizada durante el mes de julio de 2017.

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