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Fascículo No.

8: Isaías - Daniel

Capítulo 1 Perfil de un profeta

Los libros proféticos son considerados la esencia del Antiguo Testamento, especialmente desde la perspectiva del Nuevo. En el Nuevo Testamento, Jesús se refiere al Antiguo Testamento como “la ley y los profetas” (Mateo 7:12; 22:40). La Ley son los primeros cinco libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Los profetas, es decir, los libros que vamos a estudiar INSTITUTO BÍBLICO DEL AIRE ahora, comienzan con Isaías y abarcan hasta Malaquías. El apóstol Pablo dio una perspectiva sobre los profetas cuando estaba en audiencia con un rey. El apóstol estaba encadenado y proclamaba el evangelio con tanto ahínco que el rey comentó que Pablo casi lo había persuadido para que se hiciera cristiano. La parte Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel más dramática del testimonio del apóstol fue cuando le preguntó al rey: “Rey Agripa, ¿crees a los profetas? Yo sé que tú crees”. La pregunta que hizo Pablo sobre los profetas era muy común. Su predicación y sus escritos eran tan ungidos y sobrenaturales, que una FASCÍCULO INTERNACIONAL NÚMERO 8 manera de descubrir si una persona era una mujer o un hombre de fe era preguntarle: “¿Crees a los profetas?”. Cuando el Nuevo Testamento menciona a los profetas, generalmente se refiere a los profetas que escribieron libros, es decir, a la literatura profética. Hay diecisiete libros proféticos escritos por dieciséis profetas. (Jeremías escribió dos libros proféticos: Jeremías y Lamentaciones). 1

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Antes de comenzar nuestro estudio de los libros proféticos, quisiera responder a una pregunta: ¿quiénes eran, exactamente, los profetas? Comenzaré mi respuesta haciendo una comparación entre el profeta y el sacerdote. Cuando se escribieron los libros de la Ley, el líder espiritual más importante era el sacerdote. Los sacerdotes tenían un rol muy importante porque intercedían por las personas cuando estas habían pecado. También les explicaban las Escrituras al pueblo de Dios. Eran los maestros del pueblo de Dios. Respondían preguntas sobre las Escrituras, sobre los sacrificios y sacramentos en el tabernáculo del desierto, primero, y después, en el templo de Salomón. El oficio de sacerdote era hereditario, ya que lo ejercían todos los descendientes de Aarón o Leví. Lamentablemente, con frecuencia los sacerdotes eran hombres muy corruptos y pecaminosos. Oseas acuñó la expresión “¡De tal pueblo, tal sacerdote!” (Oseas 4:9, NVI). Muchas veces, cuando el pueblo se volvía apóstata y pecador, los sacerdotes eran los primeros en practicar el pecado. Cuando los sacerdotes se volvieron corruptos y pecadores, Dios envió a los profetas. Estos hombres no nacían siendo profetas, sino que eran llamados de todas las profesiones y clases sociales. Dos o tres de ellos eran sacerdotes cuando fueron llamados a ser profetas, pero son excepciones. Algunos eran nobles judíos. Otros tenían ocupaciones comunes, como Amós, que cosechaba higos y era pastor. Básicamente, el sacerdote era el hombre que se presentaba delante de 2

Dios para interceder ante Él por el pueblo. Los profetas eran hombres que venían de la presencia de Dios al pueblo, con un mensaje de Dios para ellos. Todos los profetas que escribieron libros vivieron en un período de unos cuatrocientos años, desde aproximadamente el año 800 hasta el 400 antes de Cristo. Durante este tiempo, el pueblo era muy pecador; especialmente, culpable de idolatría. Dado que adoraban otros dioses, el juicio de Dios iba a caer sobre ellos en forma de invasión y cautividad del reino del norte por parte de los asirios. Esto fue seguido, aproximadamente cien años después, por la invasión de los babilonios al reino del sur, que fue llevado cautivo. Los profetas que escribieron libros vivieron antes de estas cautividades, ministraron durante la cautividad, o predicaron después de estos trágicos hechos, durante la restauración. De los dieciséis profetas escritores, tres ministraron y predicaron después de esas cautividades, y sus predicaciones hablaban de la restauración y la reconstrucción que siguieron al regreso del pueblo de Dios de la cautividad en Babilonia. Pero la mayoría escribieron antes de las conquistas y cautividades o durante su transcurso. Los profetas que precedieron a la cautividad del reino del norte en Asiria y la cautividad en Babilonia del reino del sur predicaban, básicamente, este mensaje: “Si ustedes viven un renacimiento espiritual, si se arrepienten sinceramente de su pecado de idolatría, esta invasión y el cautiverio en manos de los asirios (o

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de los babilonios) no se producirá”. Estos profetas pedían arrepentimiento y un renacer espiritual. Pero, en su mayor parte, su mensaje fue ignorado. Los profetas fueron ridiculizados, burlados y, con frecuencia, perseguidos y martirizados. Muchos de ellos murieron por haber predicado un mensaje que nadie deseaba escuchar. Cuando los profetas se dieron cuenta de que el pueblo no respondía a su mensaje, predicaron: “Llegará la cautividad, y cuando llegue, será el juicio del Dios todopoderoso sobre ustedes, porque no quieren arrepentirse de su idolatría”. Y tenían razón. Cuando los asirios conquistaron el reino del norte, este reino fue llevado a la cautividad y nunca volvió a oírse hablar de él. Cien años después, los babilonios invadieron el reino del sur. Los profetas predicaron un mensaje de fe con respecto a la invasión de los babilonios y la cautividad. Recibieron una revelación profética y predicaron: “De aquí a setenta años, ustedes volverán de esta cautividad”. Ellos consideraban ese retorno de la cautividad en Babilonia como una expresión de la misericordia y la gracia de Dios. La mayoría de estos profetas no vivieron lo suficiente como para ver la concreción de ese milagro.

predecir también el regreso. Cuando predicaban el regreso de la cautividad en Babilonia, también mezclaban profecías mesiánicas entre las profecías del regreso de Babilonia. Los profetas presentaron la llegada de Cristo en dos advenimientos, dos venidas. La primera vez, Él vendría como el Salvador sufriente, para morir por los pecados del mundo; pero cuando regrese —lo que nosotros llamamos la segunda venida de Cristo—, vendrá como Rey de reyes y Señor de señores, para vencer definitivamente a todos los poderes del mal y establecer un nuevo cielo y una nueva tierra en los que reinará la justicia. Muchas veces, es difícil separar las profecías mesiánicas de las profecías del regreso literal de la cautividad en Babilonia. También es difícil separar sus profecías sobre la primera venida de Cristo de las que llegan más allá de nuestros días, a la segunda venida de Cristo. Las profecías mesiánicas sobre los dos advenimientos son las más emocionantes de estos libros proféticos.

Voceros de Dios Cuando escuchamos la palabra “profeta”, pensamos en el rol del profeta como el de alguien que es una especie de “pronosticador del tiempo espiritual”, que nos dice cómo estará el clima mañana. La

Profecías mesiánicas Otro tema interesante en el mensaje de los profetas es que predicaron sobre el esparcimiento del pueblo de Dios hasta los confines de la tierra. Cuando predicaban sobre esa dispersión, solían 3

palabra “profeta”, en realidad, significa ‘el que habla de parte de Dios’. Por lo tanto, un profeta era un ser humano a través del cual Dios hablaba. Estos profetas hablaban por Dios en dos sentidos. Primero, “proclamaban” la palabra de Dios, lo cual significa que

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fueron los grandes predicadores de la Biblia. Segundo, también “predecían” hechos que aún no habían ocurrido. Algunos de esos hechos que ellos predijeron aún no se han cumplido. Nos intriga mucho la dimensión predictiva del ministerio del profeta. Era una parte muy dinámica de su ministerio, pero también era relativamente reducida. Los profetas, fundamentalmente, eran predicadores. Exhortaban al pueblo a obedecer la Palabra de Dios y aplicarla a sus vidas. Los profetas recibían, con frecuencia, revelaciones proféticas de nuevas verdades, pero en la mayoría de los casos, desde el tiempo de Josué, predicaban la Palabra de Dios que ya había sido dada a través de Moisés. Por eso digo que Moisés es el gigante de los profetas, porque él recibió la Palabra de Dios que después predicaron los profetas. La palabra “profeta” está compuesta por dos términos que significan ‘pararse delante de’ e ‘iluminar’. El profeta se paraba delante de la Palabra escrita de Dios y la iluminaba, es decir, la hacía brillar. También exhortaba al pueblo de Dios a obedecer y aplicar la Palabra de Dios a sus vidas. Cuando recibía revelaciones de hechos futuros, el profeta siempre exhortaba al pueblo de Dios a vivir vidas santas a la luz de la revelación que Dios le había dado para el pueblo sobre los hechos futuros.

la vida y el mensaje de cada profeta, debemos preguntarnos: “¿Qué problema estaba obstaculizando la obra de Dios cuando esta persona, en particular, fue llamada como profeta?”, y “¿cómo logró su ministerio que ese obstáculo para la obra de Dios en esa época fuera removido?”. Por ejemplo, en la época del profeta Hageo, que fue durante el retorno de la cautividad en Babilonia, la obra de Dios era la reconstrucción del templo de Jerusalén. Cuando el pueblo de Dios comenzó a reconstruir el templo, tuvo que soportar una dura persecución. Aunque un rey persa les había dado permiso para regresar del cautiverio, y materiales para reconstruir el templo, sufrieron oposición cuando comenzaron la tarea. Cuando comenzó la persecución, ellos dejaron de trabajar en el templo. Se distrajeron y se preocuparon por construir sus propias casas. Esto continuó durante quince años, hasta que Dios llamó al profeta Hageo. Hageo, literalmente, levantó ese templo con su predicación. Le dijo al pueblo: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?” (Hageo 1:4). Hageo los exhortó a volver al trabajo para reconstruir el templo de Dios. Gracias a la predicación de Hageo, el pueblo de Dios dejó de construir sus casas y organizó sus prioridades: puso a Dios y su casa

Si no hay problema, no hay profeta Los profetas aparecían en escena porque había problemas. En cierto sentido, “si no había problema, no había profeta”. Al estudiar 4

primero, y las casas de ellos después. Entonces, la obra de Dios volvió a avanzar, y Hageo salió de la escena.

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Las epístolas del Nuevo Testamento, es decir, las cartas de los apóstoles (y otros), siguen un patrón similar. En el Nuevo Testamento, la obra de Dios era construir la iglesia de Cristo. Cuando surgían problemas que bloqueaban la obra de Dios, Él levantaba un apóstol que escribía una epístola. ¿Cuál era el propósito de la epístola de ese apóstol? Clamar contra los obstáculos que bloqueaban la edificación de la iglesia del Cristo resucitado hasta que esos problemas fueran quitados, y la obra del Señor pudiera continuar. Los problemas-obstáculos que tratan los profetas no son los mismos que tratan las epístolas del Nuevo Testamento. Cuando combinamos los mensajes de los profetas y los libros del Nuevo Testamento, tenemos aproximadamente cuarenta libros de la Biblia con indicaciones para quitar esos problemas-obstáculos que bloquean la obra de Dios en la actualidad. Dios quiere hacer su obra a través de su pueblo. Eso es tan cierto hoy como lo era en la época de los profetas y los apóstoles. Cuando usted vea que la obra de Dios en la parte del mundo donde Él lo ha ubicado estratégicamente no funciona como Él lo desea, ore hasta descubrir el obstáculo que la bloquea. Cuando sepa cuál es el obstáculo, vaya a los escritos de los profetas o apóstoles y pida a Dios la gracia, la sabiduría y la valentía para aplicar sus mensajes a los problemas que enfrenta la obra de Dios en el lugar donde usted está. A través de los profetas y apóstoles, Dios le mostrará cómo quitar los obstáculos que bloquean su obra. Si los profetas y 5

apóstoles no hablan sobre los obstáculos que bloquean la obra de Dios en donde usted vive, puede ser que Dios desee que, tal como hicieron los profetas y apóstoles, usted clame por esos problemas hasta que sean quitados, y la obra de Dios pueda continuar.

Capítulo 2 El ir y venir de Isaías

Los profetas se dividen en dos grupos: profetas mayores y profetas menores. Esto no implica que los profetas mayores sean superiores a los menores. La distinción se basa en la extensión de los libros que escribieron. Cuando pensamos en profetas “mayores” y “menores”, el profeta “mayor” es Isaías, ya que su libro es el más extenso de todos los proféticos. Isaías era de la nobleza judía. La tradición rabínica nos dice que estaba emparentado con el rey Uzías y el rey Joás a través de su padre. Dado que Isaías ministró a varios reyes, su linaje real fue una buena preparación para el ministerio al que Dios lo había llamado.

Perspectiva histórica de vital importancia Aunque este estudio de la Biblia es devocional y práctico, debemos tener cierta perspectiva histórica para comprender los mensajes de los profetas. Durante el período histórico en el que ellos vivieron, predicaron, escribieron y ministraron (desde

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aproximadamente 800 a 400 A. DE J.C.), hubo tres grandes potencias mundiales: el gran imperio asirio, que conquistó al reino del norte de Israel; el imperio babilónico, que conquistó y envió al exilio al reino del sur de Israel después de conquistar al imperio asirio, y los medos y persas que conquistaron Babilonia. Isaías vivió durante el tiempo en que Asiria era la potencia que gobernaba el mundo, antes que invadiera el reino del norte y conquistara su capital, Samaria. Las diez tribus del norte, llamadas “Israel”, fueron llevadas a la cautividad y nunca se volvió a tener noticias de ellas. Gran parte de la predicación de Isaías fue una advertencia para el reino del norte, de que la invasión de los asirios llegaría como juicio de Dios por su pecado de idolatría. Después de invadir el reino del norte, y conquistar y enviar al exilio a esas diez tribus, los asirios fueron hacia el sur e invadieron el reino del sur. Conquistaron cuarenta y seis ciudades amuralladas en Judá y llegaron hasta las puertas de Jerusalén. Llevaron 200 000 personas cautivas a Asiria. Pero cuando el ejército asirio llegó a las puertas de Jerusalén, Isaías tuvo su momento de gloria como profeta. El rey del reino del sur, Judá, en ese tiempo, era Ezequías, un hombre espiritual y gran guerrero de oración, que escribió diez de los Salmos. Cuando los asirios llegaron a las puertas de Jerusalén, su general gritó insultos a los hombres que guardaban la ciudad, desafiando al pueblo de Judá a rendirse. Mientras el rey Ezequías estaba en el templo, rogando a Dios por las vidas de su pueblo, Isaías tuvo una revelación. Así que el 6

profeta fue al templo y le dijo a Ezequías que llegaría la liberación, porque Dios había oído su oración. Le dijo que el ejército asirio iba a recibir un mensaje diciendo que los necesitaban de regreso en su país. Cuando llegaran a Asiria, el general de ese ejército sería asesinado. Esa noche, 185 000 soldados asirios murieron de una plaga en su campamento. A la mañana siguiente, cuando descubrieron los cadáveres, el ejército regresó a su país. Al llegar a Asiria, la profecía de Isaías se cumplió: los dos hijos varones del general lo asesinaron. Humanamente hablando, podríamos decir que si no hubiera sido por la influencia y el ministerio de Isaías, los asirios hubieran exiliado tanto al reino del norte como el del sur y hubieran hecho desaparecer a ambos. Isaías es uno de los más grandes ejemplos bíblicos del ministerio predictivo de un profeta. Él predijo que Persia conquistaría Babilonia, y que Ciro el Grande daría permiso a los cautivos para que regresaran a reconstruir el templo. Isaías nombra dos veces a Ciro y predice este gran suceso de la historia hebrea. La tradición dice que los ancianos de los cautivos judíos le mostraron este pasaje de Isaías a Ciro, y la milagrosa profecía de Isaías motivó a ese rey para que emitiera su extraordinario decreto. Él no solo les dio permiso para regresar, sino que contribuyó con materiales para la reconstrucción del templo. En un cumplimiento preciso de la profecía predictiva de Isaías, cuando Persia conquistó Babilonia, lo primero que hizo Ciro el Grande fue emitir su decreto

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de que los judíos cautivos podían regresar a Jerusalén y reconstruir su templo (Isaías 44:28-45:7; Esdras 1:2-4).

Dividir el libro Hay una forma correcta de dividir el Libro de Isaías. Los primeros treinta y nueve capítulos son el mensaje de advertencia del

Un gran predicador Isaías debe de haber sido un magnífico predicador. Según Jesús, Juan el Bautista fue el más grande profeta nacido de mujer (Lucas 7:28). Pero se nos dice que, cuando Juan salió a predicar al desierto, predicó los sermones de Isaías (Lucas 3:4). Dado que “el más grande profeta nacido de mujer” predicaba los sermones de Isaías, este debe de haber sido el “profeta de profetas”. Isaías predicó durante, al menos, cincuenta años,

profeta al pueblo de Dios acerca de la invasión de los asirios y la consiguiente cautividad. Los últimos veintisiete capítulos son un mensaje de sanidad y consuelo. Es como si los primeros treinta y nueve capítulos fueran una “cirugía espiritual” y los últimos veintisiete, la sanidad que sigue a esa cirugía. La forma en que se dividen estos sesenta y seis capítulos del Libro de Isaías ha convencido a algunas personas de que se puede encontrar un paralelismo entre este libro de la Biblia y la Biblia misma. Piense en estas curiosas similitudes: El Libro de Isaías tiene sesenta y seis capítulos; la Biblia tiene sesenta y seis libros. Isaías se divide en dos secciones, la primera de treinta y nueve capítulos y la segunda, de veintisiete. La Biblia se divide en dos secciones: el Antiguo Testamento, que tiene treinta y nueve libros, y el Nuevo Testamento, que tiene veintisiete. La primera parte de Isaías parece el Antiguo Testamento, con muchas advertencias solemnes y un mensaje de reprensión, y revela la verdadera condición del hombre y la solución que puede encontrar en Dios. La segunda sección de Isaías es como un “Nuevo Testamento”, que ofrece consuelo y esperanza a las personas que, al leer la primera parte —el “Antiguo Testamento” de Isaías, que apunta al Salvador— han tomado conciencia de que necesitan un Salvador. El Antiguo Testamento comienza con la pregunta: 7

posiblemente sesenta. Durante su ministerio pasaron cinco reyes por Judá y seis reyes por Israel. Aunque tenía mucho para decir sobre lo que estaba por venir sobre el reino del norte a causa de Asiria, su ministerio y su preocupación principal era el reino del sur, Judá. Si desea tener una perspectiva histórica de Isaías, lea con atención los primeros versículos de su profecía. Los libros proféticos, a menudo, ubican en el tiempo al profeta diciéndonos que vivió y ministró durante los reinados de ciertos reyes. Algunos de los reyes que reinaron durante la vida de Isaías fueron buenos; otros fueron malos. Uno de los reyes malos fue Manasés, quien, según dice la tradición, hizo matar a Isaías aserrándolo en dos partes. Muchos eruditos creen que el capítulo de la fe de la Biblia habla del martirio de Isaías cuando dice que algunos héroes de la fe del Antiguo Testamento fueron “aserrados” (Hebreos 11:37).

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“¿Dónde estás?” (Génesis 3:9). El Nuevo Testamento comienza con la pregunta: “¿Dónde está [Él]?” (Mateo 2:2). Las dos secciones de Isaías nos hacen tomar conciencia de que necesitamos un Salvador y luego nos presentan al Siervo Sufriente en el capítulo 53.

de por sí, ser un predicador. ¡Imagine lo que sería predicar durante cincuenta o sesenta años y que nadie responda a su predicación! El compromiso de Isaías en el cumplimiento de su comisión es sorprendente. Simplemente preguntó: “¿Cuánto tardará para que estén listos para escuchar?”. Y Dios, básicamente, respondió: “Hasta

El llamado de Isaías Dos pasajes de Isaías nos ayudan a conocer mejor al hombre mismo, así como su ministerio y su mensaje. Uno de ellos es el capítulo 6, que es el relato del llamado o la comisión que recibió Isaías. Podría, aun, ser el relato de la conversión de Isaías. En la Biblia, todo el pueblo de Dios tiene un “venir” hasta Dios que es significativo, de manera de poder tener un “ir” desde Dios que sea significativo. El capítulo 6 de Isaías contiene el relato de la experiencia de Isaías y su venida a Dios, así como de su comisión de ir para Dios. Cuando Isaías vive su venida a Dios, escucha decir al Señor: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (v. 8). Isaías responde expresando su compromiso: “Heme aquí, envíame a mí”. Este patrón se repite vez tras vez en la Biblia. Todas las personas de Dios vienen a Dios y reciben una comisión de ir para Él. Dios le explicó: “Isaías, el pueblo no te escuchará. Tu propósito, cuando vayas, no es que la gente se convierta. Ellos han decidido apartarse de mí. Pero quiero que vayas, de todos modos, porque quiero que ellos escuchen mi mensaje”. Ya es bastante duro,

que estén todos muertos o sean llevados como esclavos, y su país esté totalmente devastado y desierto” (ver 6:11, 12). El compromiso de Isaías debe ser un modelo para todos nosotros. De hecho, el compromiso de todos estos profetas es el más grande sermón que predicaron. Ellos hicieron un contrato con Dios. Dios les dijo que fueran, y fueron. Cuando iban, lo importante era que fueran fieles a Dios e hicieran lo que Él les había encomendado hacer. Nuestra responsabilidad es hacer lo que Dios nos llama a hacer, cumplir nuestra comisión. El resultado de nuestra obediencia es asunto de Dios. Solo Dios, el Espíritu Santo, puede producir resultados. Nuestra responsabilidad es ser fieles. Dar fruto es responsabilidad de Dios. Nuestra responsabilidad es hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer.

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Capítulo 3 Mensajes mesiánicos

inteligencia, el Espíritu de consejo, el Espíritu de poder, el Espíritu de conocimiento y de temor de Jehová, el Espíritu de Dios. Cuando usted lee los cuatro evangelios, ¿qué clase de retrato

Hay más mensajes proféticos mesiánicos en Isaías que en cualquier otro libro de profecía. Isaías es más citado en el Nuevo Testamento que cualquier otro profeta del Antiguo. Cuando lea el Libro de Isaías, busque las profecías mesiánicas en él. En Isaías, usted encontrará esta profecía relativa a los nombres con que se llamaría al Mesías cuando llegara: “Se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Isaías dejó en claro que el Mesías sería Dios en carne humana, Emanuel, que significa ‘Dios con nosotros’ (Mateo 1:23). Isaías también nos habla de la esencia del Espíritu Santo que se expresará por medio del Mesías cuando venga: “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová” (Isaías 11:1–3). El Libro del Apocalipsis se refiere a esto como “los siete espíritus de Dios” (Apocalipsis 3:1; 4:5; 5:6). Dado que el número siete representa la perfección en la Biblia, cuando Isaías nos habla del Mesías, lo que está diciendo, en realidad, es: “El Mesías será la expresión perfecta del Espíritu de Dios”. El Mesías expresará la esencia espiritual de Dios de esas siete formas. De su vida vendrá el Espíritu de sabiduría, el Espíritu de 9

de Jesús se forma en su mente? Según Isaías, así iba a ser (así fue) el Mesías: Su vida expresaría el Espíritu de sabiduría y de inteligencia. Conocería y comprendería la Palabra de Dios perfectamente. El Espíritu de sabiduría significa la aplicación del conocimiento, por lo que Jesús también demostraría Espíritu de sabiduría al aplicar la Palabra de Dios a su propia vida y las vidas de los demás. Esto quiere decir que iba a demostrar Espíritu de consejo. Al hacerlo, habría una dinámica en su vida y su ministerio que iba a cambiar las vidas, demostrando así el Espíritu de poder. Finalmente, Isaías profetiza que el Mesías iba a expresar y demostrar el Espíritu de temor de Dios. Y agrega el comentario de que se deleitará en esta última expresión del Espíritu. Cuando usted lee los evangelios, puede ver que, cuando Jesús no está ministrando a las personas, está orando y adorando en soledad. Lea los cuatro evangelios buscando esta séptuple, perfecta expresión del Espíritu de Dios cumplida en la vida de Jesús. En la última mitad del siglo veinte hubo un renacer del interés en el Espíritu Santo. Al interpretar nuestras experiencias del Espíritu Santo, creamos muchas divisiones y confusión porque cometemos errores en la forma de catalogar nuestras experiencias con Él. Por ejemplo, ¿alguna vez escuchó hablar de un creyente lleno del Espíritu, o un pastor lleno del Espíritu, o una iglesia llena del

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Espíritu? La implicación es que hay dos clases de creyentes, pastores o iglesias. Hay pastores, creyentes o iglesias llenos del Espíritu Santo, y están los otros creyentes, pastores e iglesias que nunca son llenos del Espíritu. ¿Es eso lo que quiere decir la Biblia cuando habla de que los creyentes sean llenos del Espíritu? Es algo que se ordena a todos los creyentes: “Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). En el griego original, el mandato es, literalmente: “Sed (Vivid) siendo llenos del Espíritu”. Esta instrucción está estructurada de forma tal que es, claramente, un mandato y no una opción para el auténtico discípulo de Jesucristo. ¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo? En el Libro de los Hechos se nos dice que Pedro, “lleno del Espíritu”, predicó su gran sermón en el día de Pentecostés. Más adelante, leemos: “Pedro, lleno del Espíritu” predicó otra vez, y miles de personas fueron salvas. Más adelante aun, leemos: “Pedro, lleno del Espíritu” hizo esto o aquello. Ahora, en los momentos intermedios entre aquellos en que se nos dice que Pedro estaba lleno del Espíritu, ¿estaba o no lleno del Espíritu, Pedro? El Espíritu Santo no es un líquido. El Espíritu Santo es una Persona. O tenemos la Persona del Espíritu Santo en nuestra vida, o no. La pregunta, en realidad, no es cuánto tenemos nosotros del Espíritu, sino cuánto tiene Él de nosotros. Cuando Él tiene todo de nosotros, entonces estamos llenos del Espíritu.

Un creyente lleno del Espíritu es un creyente controlado por el Espíritu. Antes de ordenarnos vivir siendo llenados del Espíritu Santo, Pablo escribió: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed [vivid] llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). Así como una persona que está ebria está bajo la influencia o el control del alcohol, nosotros debemos estar bajo la influencia o el control del Espíritu Santo. Esta hermosa profecía de Isaías debería enseñarnos que ninguno de nosotros debe tener temor de ser lleno del Espíritu Santo. Porque, si estamos llenos del Espíritu Santo, si estamos absolutamente controlados por el Espíritu de Dios, si expresamos la esencia de lo que Dios es en su Espíritu, seremos como Jesucristo cuando Él expresó y exhibió estas siete dimensiones del Espíritu de Dios. Isaías nos dice aquí que Jesucristo fue la expresión perfecta del Espíritu de Dios. Jesucristo estaba controlado por el Espíritu un ciento por ciento todo el tiempo, es decir, vivía lleno del Espíritu Santo todo el tiempo. El Espíritu de Dios se expresaba perfectamente en la vida de Jesucristo. ¿Y cómo era Él? Lea los cuatro evangelios y lo verá. ¿Puede alguien leer los evangelios y no querer ser como Jesús? Obviamente, su vida es el modelo que deberíamos seguir todos para vivir nuestra vida expresando la esencia espiritual de nuestro Dios... que es Espíritu.

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La carretera de Dios En Isaías 40 encontramos otra hermosa profecía mesiánica: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado” (vv. 3–5). Cuando Juan el Bautista llegó predicando los sermones de Isaías, predicó este sermón (Lucas 3:4–6). Este es uno de los mayores sermones de Isaías. Predica que Dios vendrá a este mundo en la Persona de su Hijo, el Mesías. Isaías compara esto con un rey que sale de viaje. Si un rey salía de viaje a un pueblo lejano, sus súbditos le construían una carretera sobre la cual andar, y la llamaban “la carretera del rey”. Cuando se construye una carretera, se hacen cuatro cosas: se allanan las montañas, se rellenan los valles, se enderezan los lugares torcidos y se alisan los lugares ásperos. Isaías usa esta ilustración cotidiana para decir, básicamente: “Dios quiere viajar a este mundo, pero necesita una carretera para viajar. La carretera en la cual Dios vendrá a este mundo será la vida de su Hijo. La vida del Hijo de Dios será una de la cual podrá decirse que las montañas de orgullo serán aplanadas, los valles o lugares vacíos serán llenados, los lugares torcidos de pecado serán enderezados y la respuesta del Hijo de Dios a los lugares ásperos será tal, que esos lugares ásperos se alisarán. Entonces habrá una

Carretera en la cual Dios podrá viajar a este mundo, y toda carne verá la salvación y la gloria de Dios a través de ella”. Dado que Jesús nos estaba mostrando cómo debemos vivir, esto significa que nuestras vidas deben ser carreteras para Dios. Permítame que lo desafíe a hacer esta oración: “Dios, haz de mi vida una carretera en la cual puedas viajar a este mundo”. Una vez que haya hecho esta oración, no se sorprenda si las “topadoras de Dios” comienzan a aplastar sus montañas de orgullo, a llenar sus valles y lugares vacíos, a enderezar sus caminos torcidos de pecado y a alisar sus lugares ásperos. Cuando usted y yo hacemos esa oración, Dios cuelga un cartel en nuestras vidas: “Cuidado. ¡Dios trabajando!”.

El Manifiesto de Nazaret Otro hermoso sermón de Isaías se encuentra en el capítulo 61. Es una profecía mesiánica del ministerio público de Jesús. Cuando Jesús comenzó sus tres años de ministerio público, lo hizo con un manifiesto que los eruditos llaman “el Manifiesto de Nazaret”. Jesús fue a su ciudad natal, a la sinagoga, y pidió el rollo de Isaías, el profeta. Abrió el rollo casi hasta el final y leyó las siguientes palabras: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová” (Isaías 61:1, 2; Lucas 4:18). Después,

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anunció que las palabras que había leído estaban siendo cumplidas ese mismo día. Si comparamos la profecía de Isaías en el capítulo 61 con la cita que de ella hace el Señor en Lucas, capítulo 4, veremos que Jesús terminó la cita en mitad de una frase. Isaías continúa: “...y el día de venganza del Dios nuestro”. Jesús no leyó esa parte del versículo, porque ella se refiere a su Segunda Venida. El Mesías volverá y se vengará de todos los enemigos de Dios. Jesús se detuvo en mitad de la frase y entregó el rollo nuevamente al rabí porque estaba anunciando su manifiesto para los tres años de su ministerio que comenzaban ese día. Después dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:18-21). Jesús estaba diciendo: “El Espíritu de Dios está sobre mí. Me ha ungido para predicar un mensaje a los pobres”. Esos pobres eran pobres porque eran ciegos. Su ceguera significaba que no sabían distinguir su mano izquierda de su mano derecha. También eran pobres porque estaban cautivos, es decir, no eran libres. Y eran pobres porque estaban quebrantados y abatidos. Ese día, en la sinagoga de su ciudad natal, Jesús, básicamente, anunció: “Mi ministerio está dirigido a las personas ciegas, cautivas, quebrantadas y abatidas. Cuando les proclame mi evangelio a esos pobres, los ciegos verán, los cautivos serán liberados, los quebrantados y abatidos serán sanados”. Después de declarar este gran Manifiesto de Nazaret, Jesús comenzó sus tres años de ministerio público. 12

El Manifiesto de Nazaret es un hermoso marco a través del cual se puede ver el ministerio de Jesucristo en cualquiera de los cuatro evangelios, pero especialmente en el de Lucas. Cuando Jesús, que era Dios con nosotros, quiso proclamar un manifiesto que explicara Quién era Él, Qué era Él, y qué estaba haciendo aquí, Él, como Juan el Bautista, predicó uno de los sermones de Isaías. Cuando lea los cuatro evangelios, observe lo que hizo Jesús durante los tres años posteriores a la lectura de su manifiesto. Les dio vista a los ciegos. Además de sanar, literalmente, a los ciegos, también, por medio de su ministerio de enseñanza, dio vista espiritual a los que eran ciegos en espíritu. Tuvo gran compasión por las multitudes, porque eran como ovejas que no sabían distinguir la derecha de la izquierda. Dar vista a los ciegos espirituales era, obviamente, una metáfora referida a su ministerio de enseñanza. En su ministerio de aconsejamiento, dio libertad a los cautivos. Les prometió que los guiaría a la Verdad que los iba a hacer libres si lo seguían a Él (Juan 8:30-35). Si usted es ciego espiritualmente, si está confundido, si no distingue la derecha de la izquierda, el ministerio del Mesías es para usted. Su misión es satisfacer la necesidad que usted tiene, ocuparse de que usted reciba la vista. Si usted no es libre, si es adicto, si es controlado por hábitos y apetitos y deseos, el ministerio del Mesías es para usted. Él vino para las personas como usted. Él quiere liberarlo. Si usted está quebrantado y abatido porque su vida es difícil, recuerde que Jesús vino para las personas como usted. Él

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quiere sanarlo. Si usted ya ha experimentado la milagrosa salvación que Jesús e Isaías presentan en el Manifiesto del Mesías, cuando salga al mundo para interactuar con otras personas, recuerde que el ministerio de Jesús también es para ellas. Pregúntese: “¿Son ciegos? ¿Están cautivos? ¿Están quebrantados?”. El Cristo que está en usted quiere ministrar en sus vidas, como ha ministrado en la suya. Ahora, Él quiere ministrarles a través de usted. En sus últimas horas con los apóstoles antes de morir en la cruz, Jesús les dijo que les enviaría al Consolador, el Espíritu Santo, que estaría en ellos. Eso es lo que el Nuevo Testamento quiere decir cuando afirma que nosotros, los seguidores de Jesucristo, su iglesia, somos “el cuerpo de Cristo”. Él vive en nosotros. Somos sus manos, sus pies, el cuerpo mismo por medio del cual Él se expresa hoy, dando vista a los ciegos, libertad a los cautivos y sanidad a los quebrantados y abatidos de este mundo.

Palabra de Dios es predicada, si el Espíritu Santo no revela el significado de esa Palabra a la gente, no la comprenderán ni la creerán. Lo que Isaías estaba preguntando, en realidad, era: “¿Quién comprende verdaderamente el significado de la muerte de Jesús?” El centro de la enseñanza de Isaías en este capítulo se encuentra en el versículo 6: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. ¿Cómo cargó Dios nuestro pecado sobre el Mesías? “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (v. 5). El versículo 6 comienza con la palabra “todos”. La primera vez que Isaías utiliza esta palabra, “todos”, dice que somos todos como ovejas. ¿Lo incluye esto a usted? Recuerde que en el Salmo 23 dice: “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará”

El Salvador sufriente Otra dimensión de la profecía mesiánica de Isaías se refiere a la muerte de Jesucristo. El capítulo 53 de Isaías es el más grande de la Biblia sobre el significado de la muerte de Jesucristo. En este bello capítulo, Isaías comienza con la pregunta: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?”. Recuerde, Isaías había sido enviado a predicar a personas que no le iban a creer. Él tenía plena conciencia de que, cuando la 13

(vv. 1, 2). Cuando confesamos que el Señor es nuestro Pastor, también estamos confesando que somos ovejas. Ahora, en este profundo versículo de Isaías encontramos otro lugar donde la Biblia nos exhorta a confesar que somos ovejas. Todos somos ovejas que se han apartado. En otras palabras, todos somos pecadores; todos seguimos nuestros propios caminos. La segunda vez que Isaías usa la palabra “todos” es para darnos la buena noticia. “Jehová cargó en él el pecado de todos

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nosotros”. ¿Cree usted que está incluido en este último “todos” de Isaías? Si confiesa que el primer “todos” lo incluye, entonces está confesando lo que necesita para aplicar el significado de la muerte de Jesucristo en la cruz a su vida. Podrá, entonces, experimentar la salvación que se reveló cuando Dios utilizó la vida de su Hijo como carretera para viajar a este mundo.

debemos comprender el contexto histórico en el cual vivió este profeta, y en el cual predicó y escribió esta profecía que llamamos “el Libro de Jeremías”. En los primeros versículos, leemos que este profeta comenzó su ministerio en el décimotercer año del rey Josías y ministró durante el reinado de Sedequías, es decir, aproximadamente cuarenta y un años. Comenzó su ministerio cuando un rey bueno, Josías, estaba gobernando en Judá. Durante el reinado de Josías, algunos obreros

Capítulo 4 La profecía de Jeremías Una serie de sollozos

que estaban reconstruyendo el templo descubrieron varios rollos de la Palabra de Dios. El pueblo de Dios estaba tan lejos del Señor, espiritualmente, que había olvidado que existían las Escrituras, la Palabra de Dios. Los otros reyes que se mencionan en los primeros

El siguiente profeta mayor del Antiguo Testamento es el profeta Jeremías. Se lo llama “el profeta llorón”, porque lloraba la mayor parte del tiempo. De hecho, la profecía de Jeremías es, en realidad, “una serie de sollozos”. Es casi imposible hacer un bosquejo de su libro, porque la gente no llora siguiendo un bosquejo. Después de llorar durante cincuenta y dos capítulos, Jeremías escribe un extraordinario poema que es un apéndice de su profecía, llamado “Lamentaciones”, es decir, “llantos”. En esta bella elegía, que es una obra maestra literaria, Jeremías continúa llorando.

versículos de Jeremías son los que reinaron después de él y están relacionados con la caída de Jerusalén y la cautividad en Babilonia. La caída de Jerusalén fue una catástrofe que se extendió a lo largo de casi veinte años. La primera vez que cayó Jerusalén, el rey era Joacim, quien se rindió ante el ejército de Nabucodonosor y lo sirvió en Jerusalén durante tres años. Cuando Nabucodonosor conquistó Jerusalén, el ejército babilónico entró en la ciudad, y los judíos se vieron obligados a servir a los babilonios y pagarles tributo. Pero, después de tres años, Joacim se rebeló, así que el ejército de Nabucodonosor conquistó Jerusalén por segunda vez. Entonces,

Un poco de perspectiva histórica ¿Por qué lloraba Jeremías? ¿Qué lo angustiaba tanto? ¿Cuál era la agonía de su corazón? Para responder estas preguntas, 14

Joaquín, hijo de Joacim, que era solo un niño, entregó formalmente la ciudad una vez más. Esta vez, los babilonios llevaron a mucha gente de Judá a Babilonia como cautivos.

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Cuando Joaquín entregó la ciudad por segunda vez, su tío Sedequías fue nombrado “rey títere” —ya que solo gobernaba en teoría— sobre Jerusalén. Gobernó durante once años, al cabo de los cuales, también él se rebeló contra los babilonios. Esta vez, el ejército babilónico destruyó por completo la ciudad de Jerusalén. No quedó piedra sobre piedra. Cuando los babilonios conquistaron Jerusalén por tercera vez, se llevaron a todo el pueblo a Babilonia, excepto por los muy ancianos, los enfermos, los débiles y el profeta llorón, Jeremías. Durante el reinado de Josías, Dios le dio a Jeremías la revelación profética de una catástrofe inminente. Jeremías comenzó a predicar que se acercaba la invasión de los babilonios, y que la conquista y la cautividad que le seguirían eran resultado del pecado del pueblo. Esto era, principalmente, debido a su idolatría, pero también por todos los demás pecados que derivaban de la apostasía y la falta de respeto por la Palabra de Dios. Al principio, el mensaje de Jeremías y los demás profetas era, básicamente, este: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14). Pero el pueblo no prestó atención a la predicación, y el mensaje profético cambió. Los profetas como Jeremías comenzaron a predicar: “Se acerca el juicio de Dios. ¡No hay forma de que puedan escapar de él!”.

Un hombre odiado Cuando comenzó el sitio de Jerusalén, Jeremías predicó un mensaje tan impopular que se convirtió en el más odiado de todos los profetas. Tenía un mensaje doble. La primera parte del mensaje era que la conquista y la cautividad, ahora, eran inevitables. Pero la otra parte del mensaje de Jeremías era de esperanza. A diferencia de la cautividad del reino del norte, los profetas que profetizaron la cautividad en Babilonia del reino del sur tenían un mensaje de esperanza para predicar: “Setenta años después de ir como cautivos a Babilonia, ustedes regresarán”. Jeremías creyó y predicó este mensaje de esperanza tan enfáticamente, que cuando el ejército babilónico comenzó el sitio de Jerusalén, predicó: “Este es el plan de Dios, y es irrevocable. Les conviene ir y rendirse ante Nabucodonosor. Vayan a Babilonia, porque cuanto antes vayan, antes volverán”. Dado que Jeremías predicaba que el pueblo de Judá debía rendirse, lo odiaron. Decían que el mensaje de Jeremías era una traición, y en cierto modo lo era. Lo arrojaron en una cárcel, y lo metieron en una cisterna llena de lodo. Allí lo dejaron con las ratas, para que muriera de hambre.

El alfarero y la arcilla Jeremías y otros profetas hacían cualquier cosa para que lo que predicaban quedara en claro. Describían muy vívidamente lo que estaban tratando de comunicar, algunas veces, por medio de lo que se 15

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llaman “actos simbólicos”. Por ejemplo, Jeremías hizo un gran predicación con un acto simbólico en el capítulo 18, llamada “La Vasija Reciclada”. Jeremías predicó que Dios le había dicho que fuera a la casa del alfarero. Mientras estaba allí, vio cómo el alfarero hacía una vasija. Estaba tratando de hacer una vasija hermosa, pero no le salía como él quería. Disgustado, el alfarero la arrojó al suelo y la rompió. Después, recicló la arcilla y la convirtió en otra vasija. Cuando predicó este sermón, Jeremías le estaba diciendo al pueblo: “Ustedes eran como una vasija que el Divino Alfarero, Dios, estaba formando. Pero no salieron como Dios quería, así que los está castigando. Dios los llevará a Babilonia, los reciclará, y los traerá de regreso de Babilonia como una vasija totalmente nueva”. La aplicación personal para usted y para mí es obvia. Algunas veces, nuestras vidas no salen según los planes de Dios. Así que Dios tiene que reciclarnos. ¿Se ha sentido así alguna vez? De repente, toda su vida se desmorona. Usted siente como si hubiera sido arrojado a un montón de arcilla y como si lo estuvieran transformando en una nueva vasija. La transición de la vasija vieja a la nueva puede ser una agonía, pero después que esa nueva vasija ha tomado forma, ¡es gloriosa! Como escribió el apóstol Pablo, “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17). A lo largo de todo el Libro de Jeremías, debemos buscar las aplicaciones personales de los profundos sermones de este gran profeta. Hay momentos en que Dios debe castigarnos y reciclarnos para hacer nuevas vasijas de nosotros. Cuando las consecuencias de 16

nuestros pecados son irrevocables y las cicatrices son irreversibles, debemos ser transformados en nuevas vasijas como en este gran sermón del alfarero que predicó Jeremías. Lamentablemente, la mayoría de nosotros no buscamos ni le pedimos a Dios que transforme nuestras vidas, como los que rechazaron la predicación de Jeremías.

La vasija destrozada Un día, Dios le dijo a Jeremías que fuera y comprara una vasija grande y muy costosa, llevara consigo a algunos de los ancianos y sacerdotes, y fuera cerca de la puerta oriental de la ciudad. Cuando logró que la gente le prestara atención, Jeremías tomó la vasija y la hizo pedazos contra el suelo. Después, predicó, básicamente: “Ustedes, que luchan contra Nabucodonosor, se rebelan contra los babilonios y se niegan a entregarse a ellos, van a ser destrozados como esta vasija. No habrá reciclado, no habrá retorno. ¡Serán terminados! ¡Serán aniquilados!” (ver Jeremías 19:10, 11).

Profecías mesiánicas Cuando Jeremías pronunciaba sus mensajes de cautividad y de esperanza, después, mezclaba sus profecías sobre el retorno de la cautividad con profecías sobre la venida del Mesías. La venida del Mesías era la máxima esperanza, no solo para Judá, sino para todo el mundo. Uno de estos mensajes está en el capítulo 29. El pueblo estaba

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a punto de comenzar su cautividad en Babilonia. Por medio de una carta de Jeremías, Dios les dijo: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces [en vuestra cautividad] me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar” (vv. 11–14). Este es un resumen y una paráfrasis del magnífico sermón que Jeremías pronunció para el pueblo de Judá cuando este comenzaba la cautividad y el trabajo forzado en Babilonia: “El Padre amoroso los está castigando, pero es para su bien, no para su mal. Dios quiere darles un futuro y una esperanza. Mientras estén en Babilonia, clamen a Dios. Si buscan a Dios con todo su corazón, Él los escuchará. Serán hallados por Dios, y Él los traerá de regreso de la cautividad”. Cuando profetizó la cautividad, Jeremías estuvo dispuesto a sufrir toda clase de dificultades y persecuciones por su mensaje. Pero creía en su mensaje, porque sabía que Dios se lo había dado y que era la verdad. ¡Y lo era! Una observación importante con respecto de las profecías de Jeremías es que todas ellas se cumplieron. Cuando lea la profecía de Jeremías, busque el mensaje sobre el castigo y el juicio de Dios para el pueblo de Judá. Pero no pase por 17

alto el mensaje de esperanza. Aplique ambos mensajes a su vida, y recuerde esto: Cuando Dios lo castiga, Él sabe los planes que tiene para su vida: planes para prosperarlo espiritualmente, planes para darle esperanza y futuro. Lo importante es que usted responda al castigo de Dios de manera correcta, para que, finalmente, Dios pueda hacerlo regresar de su experiencia personal de cautividad como el pródigo, hecho una nueva vasija.

Capítulo 5 El cantor de la cautividad

Justo cuando el pueblo estaba por salir, encadenado, hacia Babilonia, Jeremías les dio algunas palabras de esperanza para que pudieran soportar la cautividad. Quienes habían sobrevivido a la masacre cuando cayó Jerusalén estaban atónitos, llenos de dolor y terror. Estas ungidas palabras de Jeremías los ayudarían a sobrevivir setenta años de cautividad: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová” (Jeremías 9:23, 24). Algunas traducciones traducen “alabarse” como ‘gloriarse’. Jeremías estaba diciendo, básicamente: “Si ustedes son ricos, no se

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gloríen en sus riquezas. Si son fuertes, no se gloríen en su fuerza. Si son sabios o tienen una buena educación, no se gloríen en su sabiduría ni en su educación”. La palabra “gloriarse” significa ‘sacar todo el potencial que tiene una situación en particular para expresar la esencia plena de Quién es Dios y Qué es Dios en nuestra vida’. Pero, en esta situación, Jeremías no aplica la palabra tanto a Dios como a estos cautivos. Por ejemplo, Jeremías le está diciendo al hombre que es rico: “Ya no puedes confiar en que las riquezas expresen el pleno potencial de tu vida. No encontrarás tu plenitud en las riquezas”. Los ricos que iban cautivos habían sido despojados de sus riquezas. Podrían haberse gloriado en sus riquezas antes que cayera Jerusalén, pero no ahora. De la misma forma, Jeremías les decía a los sabios y fuertes: “Sabio, no te sientes demasiado inteligente ahora que te llevan encadenado, ¿verdad? Fuerte, ya no puedes gloriarte en tu fuerza. Vas a comer raciones miserables en Babilonia, y llegarás a sentirte muy débil físicamente”. Hasta ahora, esto suena solo como un mensaje negativo. Pero hay una parte positiva del mensaje de Jeremías. Dios dice a los cautivos, a través de Jeremías: “Si ustedes realmente quieren comprender el significado y el propósito de la vida, y desarrollar todo su potencial, vengan a mí relacionándose con la esencia de Quien soy y lo que soy”. Jeremías está predicando: “Descubrirán su pleno potencial cuando conozcan la esencia, en la tierra, de lo que Dios es en el cielo. Podrán comprender la esencia del ser de Dios, y por consiguiente su propia esencia, si comprenden que Dios se revela en 18

la tierra por medio de sus atributos”. Los atributos de Dios son lo que forma su personalidad. En este magnífico sermón, Jeremías predica que: “Así podrán conocer a Dios: Dios puede ser conocido por medio de lo que Él es. Por medio de su misericordia eterna, por medio de su rectitud, y por medio de su justicia absoluta”. Ahora bien, ¡esto seguramente les dio algo que pensar a esas personas mientras hacían trabajos forzados en Babilonia! Sabían que no iban a encontrar su pleno significado y realización en la riqueza, ni en la educación, ni en sus fuerzas físicas. Tenían que buscar significado y realización en otro lugar. Según el profeta, este era un buen momento para encontrar su significado y su realización plena en conocer a Dios. Y eso era algo que sus capataces no podrían quitarles jamás.

Prueba del regreso En Jeremías 32 y 33, leemos sobre una de las mejores cosas que hizo Jeremías. Sucede en el punto más álgido del sitio, hacia el final del reinado del rey Sedequías. La ciudad estaba cayendo. Mientras estaba en prisión por lo que había predicado, Jeremías recibió una revelación de Dios. Dios le reveló que su primo Hanameel iría a verlo para pedirle que comprara una granja que estaba en Anatot. ¡Con Jerusalén bajo sitio, no era el mejor momento para comprar una propiedad cerca de la ciudad! Pero Dios le dijo a Jeremías que comprara la propiedad. Efectivamente, vino Hanameel

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y le dijo a Jeremías: “Tengo esta granja en Anatot. Dios me ha puesto en el corazón que venga a ofrecértela”. Jeremías accedió a comprar la propiedad y transformó la compra en una superproducción. Trajo testigos, abogados y escribas, e hizo que la compra fuera oficial y bien publicitada. Firmó la escritura, la selló y la colocó en una vasija. Después, predicó otro gran sermón por medio de ese acto simbólico. De hecho, predicó así: “Les he estado diciendo que ustedes van a volver de la cautividad en Babilonia. Pues bien, déjenme demostrarles que realmente lo creo. Acabo de comprar una propiedad a unos cinco kilómetros de Jerusalén. ¿Creen que haría esto si no creyera que ustedes van a volver? Dios restaurará las fortunas de Israel”. No deje de leer el elocuente y poderoso sermón que Jeremías predicó para ampliar y explicar este magnífico acto de fe (capítulo 32). Este hermoso sermón de esperanza que Jeremías comienza en el capítulo 32 fue el contexto histórico en que predicó las conocidas palabras: “Así ha dicho Jehová, [...]: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3). ¿Alguna vez clamó usted a Dios? Dios desea que todos clamemos a Él, porque desea mostrarnos cosas grandes y tremendas que nunca hemos visto antes. ¿Lo ve? No toda la predicación de Jeremías era de condenación y tristeza. Había mucha esperanza para el pueblo de Dios en sus sermones. Fue la única esperanza que el pueblo de Judá tuvo cuando Jerusalén cayó y fueron como cautivos a Babilonia. 19

Asuntos del corazón A medida que estudiamos brevemente algunos otros sermones de Jeremías, recuerde que no lo hacemos en orden cronológico. Él y su escriba, Baruc, no registraron los sermones a medida que Jeremías los predicaba, sino los recordaron años después, cuando él estaba en la cárcel. Otro gran sermón resumido de Jeremías se encuentra al principio del libro. El Señor dijo por medio de Jeremías: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13). El pueblo se había apartado de Dios y de la sabiduría que hay en su Palabra. Creían en los escribas, que habían convertido la Ley de Dios en una mentira, según Jeremías. El gran profeta escribió: “¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas” (8:8). Ahora bien, cuando alguien nos convence de que la Palabra de Dios no es confiable, ¿qué podemos creer? Lo único que nos queda es sabiduría y filosofía humanas. Y Jeremías preguntó qué sabiduría hay en ellas, comparada con la sabiduría que se encuentra en la Palabra de Dios.

¿Pueden cambiar las personas? ¿Tiene usted conciencia del hecho de que la Biblia nunca le dice que cambie ni que se esfuerce por hacer mejor las cosas? Me

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sorprende la cantidad de personas que creen que la Biblia solo se ocupa de eso: haz las cosas lo mejor posible y esfuérzate por ser mejor. La Biblia no nos dice que hagamos eso. En realidad, Jeremías se burla de nosotros por tratar de cambiarnos a nosotros mismos. Predica: “¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” (Jeremías 13:23). No podemos cambiarnos a nosotros mismos. Se nos exhorta a ser “transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento” (ver Romanos 12:2). Jesús nos dice que debemos nacer de nuevo. Cuando somos transformados, o nacemos de nuevo, para nosotros es una experiencia pasiva. No es lo mismo que nos digan que cambiemos o que nos esforcemos por hacer mejor las cosas.

sabio rey David: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23, 24). A lo largo de todo el Libro de Jeremías, debemos buscar las aplicaciones personales de los profundos sermones de este gran profeta. Hay momentos en que Dios debe castigarnos y reciclarnos para hacernos vasijas nuevas. Cuando las consecuencias de nuestros pecados son irrevocables y las cicatrices son irreversibles, debemos ser convertidos en vasijas nuevas como en el sermón que predicó Jeremías cuando Dios lo envió a casa del alfarero.

Capítulo 6 Noticias tristes de parte de Dios

¿Quién conoce nuestro corazón? Jeremías también dijo esto sobre el corazón humano: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). La respuesta, por supuesto, es que solo Dios conoce nuestros corazones. “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (v. 10). Dios conoce su corazón. Quizá usted haya engañado a sus familiares, a sus amigos, aun a usted mismo, pero no puede engañar a Dios. Él conoce su corazón y quiere hacerlo nuevo. Ore como oró el 20

Jeremías tuvo una visión de dos canastas de higos (capítulo 24). Algunos estaban frescos y maduros, otros podridos y enmohecidos, tanto que no se podían comer. El Señor le dijo a Jeremías: “Los higos sanos representan a los exiliados que fueron a Babilonia. Yo los he exiliado por su propio bien. Me ocuparé de que sean bien tratados y los traeré de regreso aquí. Los ayudaré y no les haré mal. Los plantaré y no los arrancaré. Ellos serán mi pueblo, y Yo seré su Dios, porque regresarán a mí con gran gozo. “Pero los higos podridos representan a Sedequías, rey de Judá, sus oficiales y todos los de Jerusalén que quedan en esta tierra.

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También a los que viven en Egipto. Los trataré como a higos podridos, demasiado malos como para usarlos. Enviaré masacre, hambruna y enfermedades entre ellos hasta que sean destruidos”. Jeremías predicó este mensaje continuamente. Había dos clases de personas en Jerusalén cuando la ciudad caía ante el imperio babilónico: quienes se dieron cuenta de que el cautiverio en Babilonia era un castigo de Dios, aceptaron la disciplina divina y se arrepintieron. Y quienes, como Sedequías, se negaron a reconocer que esto era voluntad de Dios, rechazaron la predicación de Jeremías y se rebelaron contra los babilonios. Ellos se convirtieron en los higos podridos o la vasija rota del sermón anterior de Jeremías.

¿Necesitamos a Dios? Jeremías argumenta en contra del pensamiento humanista cuando predica sermones como este del capítulo 10: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (10:23). Vea este: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová” (17:5). Después, Jeremías nos da el resultado positivo de esa verdad: “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová” (17:7). Muchas personas creen que no necesitan un Pastor. Jamás han tenido un problema que no pudieran solucionar. Creen que el ingenio del hombre, su intelecto y su talento es lo único que necesitan. Pero

Argumentos en contra del humanismo Algunos de los sermones de Jeremías se oponen a lo que hoy llamamos “humanismo”. Algunas ideologías surgen y se hacen populares en nuestra época, y pensamos que son actuales y contemporáneas; pero, en realidad, no son nada nuevo. Son, simplemente, viejas herejías que resurgen. Como el humanismo, estas ideologías, que enseñan que lo único que el hombre necesita es al hombre, se remontan a la historia antigua. “Yo soy el amo de mi destino y el capitán de mi alma”, es el mantra del humanista. Pero, cuando estudiamos la vida de hombres como Moisés, encontramos la ideología opuesta. Encontramos absolutos espirituales que surgen de sus vidas, como “Yo no soy, pero Dios es, y Dios está conmigo. Yo no puedo, pero Él puede, y Él está conmigo”. 21

la Biblia dice, vez tras vez: “No, no es eso lo único que necesitas. Necesitas un Pastor. Necesitas sabiduría de Dios, y necesitas un poder dinámico (gracia) de Dios para aplicar la sabiduría que recibes de Él” (Santiago 1:5; 2 Corintios 9:8). Esa es la filosofía y la enseñanza continua de todos los profetas, y del Antiguo y el Nuevo Testamento.

Listo para la Palabra La cura de Jeremías para la apostasía de Judá, el pecado que produjo la cautividad en Babilonia, está expresada en otro gran sermón que se encuentra en el capítulo 4: “Porque así dice Jehová a todo varón de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos. Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio

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de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras” (vv. 3, 4). Este hermoso sermón de Jeremías es similar a un sermón del Señor que se encuentra en los evangelios, que se llama “La Parábola del Sembrador”. Jesús dijo que, cuando la Palabra de Dios es predicada, es como si un agricultor plantara semillas. Cuando siembra las semillas, estas caen en cuatro clases distintas de suelo. Los cuatro suelos representan cuatro respuestas diferentes a la Palabra de Dios predicada o enseñada. Algunas veces, la Palabra no penetra en la mente del que la escucha; algunas veces, no penetra en su voluntad; algunas veces, penetra en la mente y la voluntad, pero cuando crece, es ahogada por los espinos que son las preocupaciones de este mundo, las riquezas y otras distracciones. Otras veces, crece y produce diversas cantidades de fruto. En su maravillosa parábola, Jesús quizá tomó como base este sermón de Jeremías. El profeta dijo al pueblo: “Sus vidas son como una tierra sin trabajar. No se ha sembrado ninguna semilla en ella desde hace mucho tiempo”. Ellos habían olvidado la Palabra de Dios. Todos los problemas de la gente y las circunstancias estaban preparando el suelo de sus vidas para que recibieran la Palabra de Dios nuevamente. Dios estaba preparando el suelo de sus vidas para que escucharan su Palabra. Jeremías habló de circuncidar el corazón. El apóstol Pablo, quien también utilizó esa expresión, quizá la haya aprendido de 22

Jeremías. Pablo escribió que la circuncisión era para el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento lo que el bautismo es para el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento y en la actualidad. La circuncisión era la ordenanza, el sacramento, por medio del cual el pueblo judío expresaba su fe. El bautismo es la forma en que Jesús nos enseñó a expresar nuestra fe en Él hoy. Cualquier ordenanza puede convertirse en un formulismo vacío. Cualquier ceremonia, sin la realidad que representa, llega a ser vacía y totalmente sin significado. Jesús, los apóstoles y los profetas hicieron énfasis en la diferencia entre profesar y hacer. Lo que hacemos, la forma en que vivimos, es siempre más importante que lo que profesamos, lo que decimos. Vivir en la vida diaria lo que representa la ordenanza es lo que Jeremías y Pablo llamaron “circuncidar el corazón”. ¿Dice usted que cree? Si es así, no se limite a profesarlo; viva en su vida lo que profesa creer.

La noticia triste de Dios En el capítulo 23, Jeremías puso tanto humor como sátira en su predicación, como lo demuestra esta paráfrasis de ese pasaje: “Cuando uno de su pueblo, o uno de sus profetas o sacerdotes les pregunte: ‘¿Qué noticia triste trae Jeremías del Señor hoy?’, le contestarán: ‘¿Qué noticia triste? ¡Ustedes son la noticia triste, porque el Señor los ha desechado!’. En cuanto a los falsos profetas y

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sacerdotes, y las personas que se ríen de ‘la noticia triste de Dios para hoy’, yo los castigaré a ellos y a sus familias por decir eso”. La gente se burlaba de Jeremías porque él nunca tenía nada bueno para decir. Su mensaje, como hemos visto, era negativo, porque la calamidad era inminente. Y todo lo que él dijo se cumplió, la condenación y la tristeza, pero también la esperanza. La predicación de Jeremías era la única esperanza para los judíos que escuchaban sus sermones, y las profecías mesiánicas mezcladas con su promesa de que regresarían de la cautividad representan nuestra final, bendita esperanza hoy.

generación. Somos expertos en construir armas de destrucción masiva, pero ¿sabemos siquiera lo que es bueno? La violencia y el delito son epidemia en nuestro mundo. Tenemos un talento absoluto para inventar armas termonucleares, químicas y biológicas de destrucción masiva, pero parece que no tenemos gran talento para hacer lo bueno. Ni siquiera sabemos qué es lo bueno.

La perseverancia de Jeremías Jeremías dictó su versión original de este libro a su fiel escriba Baruc desde un calabozo. Después de terminar el rollo con sus sermones según recordaba haberlos predicado, pidió que fuera

La carga de Jeremías Su mensaje era muy emotivo: “¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las fibras de mi corazón; mi corazón se agita dentro de mí; [...]. Quebrantamiento sobre quebrantamiento es anunciado; porque toda la tierra es destruida” (Jeremías 4:19, 20). En sus revelaciones proféticas sobre la conquista de Babilonia, Jeremías podía, verdaderamente, escuchar los sonidos del ejército babilónico y los gritos del pueblo de Judá. Dado que experimentaba continuamente el horror de estos hechos, se preguntaba: “¿Hasta cuándo he de ver bandera, he de oír sonido de trompeta?” (v. 21). Y el Señor respondió: “Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron” (v. 22). Este sermón de Jeremías podría estar dirigido a nuestra 23

leído al pueblo en el día santo de ayuno. Esto causó un tremendo impacto en el pueblo, y finalmente, todo el rollo le fue leído también al rey. Mientras le leían el rollo al rey, había un gran fuego en la chimenea. A medida que iban leyendo cada segmento, el rey, con un cuchillo afilado, cortaba esa sección del rollo y la echaba al fuego, hasta que todo el rollo fue destruido. Cuando le contaron esto a Jeremías, él mandó a buscar a Baruc y le dijo a su fiel escriba que consiguiera un rollo más largo, porque iba a escribir su libro otra vez, y había recordado muchos otros sermones que no estaban en el primer rollo. Entonces dictó los cincuenta y dos capítulos del libro que hemos estudiado. No tendríamos el Libro de Jeremías si no hubiera sido por la perseverancia de este gran profeta (capítulo 36).

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Capítulo 7 El Libro de Lamentaciones A pesar de todo, Dios te ama

Jerusalén cuando oraba. ¿Dónde estaba Dios ahora, para su pueblo que estaba viviendo en Babilonia? Jerusalén era, literalmente, la ciudad de Dios para ellos, y se sentían separados de su ciudad santa y de su Santo Dios.

El Libro de Lamentaciones es la continuación del Libro de Jeremías. Durante cincuenta y dos capítulos, Jeremías llora por las revelaciones proféticas que Dios le da sobre la inminente conquista de los babilonios. El libro de Jeremías termina con el profeta aún en Judá, después que la mayoría del pueblo había sido llevado cautivo. Aparentemente, después, él emigró a Egipto y, según la tradición, fue martirizado allí. Otros eruditos nos dicen que Jeremías, finalmente, fue a Babilonia a predicarle al pueblo de Judá que tanto amaba; otros creen que pasó sus últimos días en la tierra de Judá. El Libro de Lamentaciones tiene un nombre muy adecuado. El “profeta llorón” sigue llorando porque la tierra ha sido conquistada y las personas que tanto ama y que no fueron masacradas han sido llevadas cautivas como esclavas a una tierra distante. Uno de los problemas que trata en Lamentaciones, que también fue tratado por otros profetas, como Ezequiel y Daniel, es el hecho de no poder estar cerca del templo. Los judíos creían que el templo de Dios era el lugar donde habitaba la presencia de Dios. Su divina presencia vivía, de hecho, en el Lugar Santísimo del templo en Jerusalén. En cierto sentido, el templo era el “domicilio” de Dios para estos devotos profetas. Por eso, el profeta Daniel miraba a 24 La forma literaria de Lamentaciones Como pieza literaria, Lamentaciones es una obra maestra de la poesía que contiene cinco poemas o elegías en sus cinco capítulos. Cada capítulo es un poema diferente, y cuatro de ellos son acrósticos. En un poema acróstico, la primera estrofa comienza con la primera letra del alfabeto; la segunda, con la segunda letra del alfabeto, y así sucesivamente. Pero, aunque la forma literaria de este libro es muy bella, es su mensaje inspirado lo que le ha ganado su lugar dentro de la Palabra de Dios. La gruta de Jeremías Jeremías escribió el Libro de Lamentaciones mientras estaba en una gruta ubicada en una colina. Hay un lugar allí que en la actualidad es llamado “la gruta de Jeremías”, situada en una colina llamada “Gólgota”. Por la divina providencia de Dios, la gruta o cueva de Jeremías estaba en la colina del Calvario, donde Jesucristo murió por los pecados del mundo. Veremos la significación de ese detalle providencial cuando nos adentremos en el mensaje de Lamentaciones.

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Ese mensaje inspirado se centra en la tragedia de la conquista y la cautividad en Babilonia. El mensaje es reflejado gráficamente y con gran emoción: “¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, hija de Jerusalén? ¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sion? Porque grande como el mar es tu quebrantamiento; ¿quién te sanará?” (Lamentaciones 2:13). La vívida descripción que hace Jeremías de Jerusalén después de la conquista presenta gráficamente el horror de lo que sucedía cuando una ciudad era conquistada por un imperio como el babilónico. Casi cuando ya pensamos que este libro es solo tristeza y desesperación, como lo hizo en su profecía, Jeremías nos sorprende con una bella profecía mesiánica de esperanza. Seguramente, usted recordará que Job hizo lo mismo en el momento de su mayor sufrimiento (Job 19:25, 26). En el tercer capítulo de sus Lamentaciones, cuando su desesperación es más profunda, Jeremías recibe una maravillosa revelación profética: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová” (vv. 22–26). El mensaje de esperanza que fue revelado a Jeremías era: “¡Dios nunca deja de amarnos! Aunque pequemos, a pesar de todo, Él nos ama. Nuestra esperanza está en el amor de Dios”. Jeremías les dijo a los cautivos que eran llevados a Babilonia: “No se gloríen en 25

sus riquezas, ni en sus fuerzas, ni en su sabiduría ni en su educación. Gloríense en Dios. Ustedes deben llegar a conocer a Dios y encontrar su realización plena en Él. Pueden conocerlo confiando en su amor y su misericordia, incondicionales y eternos”. Ahora, Dios le hace saber a Jeremías que no podemos ganar su amor por nuestro buen comportamiento ni lo perderemos por portarnos mal. Dios nunca, nunca, nunca deja de amarnos.

Prueba del amor de Dios En el tercer capítulo de Lamentaciones, leemos también: “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado. Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y

volvámonos a Jehová” (vv. 37–40). Cuando Jeremías expresa esta gran esperanza, comparte una verdad que descubrimos ya en el Libro de Job: que tanto los buenos tiempos como los tiempos difíciles provienen de Dios (Job 2:10). Esta verdad también es enseñada por Salomón, que predicó que debemos alegrarnos cuando vivimos en un tiempo de prosperidad, pero, en el día de adversidad, debemos reconocer que Dios hizo tanto el uno como el otro. Antes de presentar esta enseñanza, nos dice que es mejor ir a un funeral que a una fiesta, porque en un funeral reflexionamos sobre los valores eternos. Pensamos en el hecho de

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que vamos a morir. Pensamos acerca de Dios, de la vida, de los propósitos y el significado de la vida (Eclesiastés 7:2,14). Recordemos que el pueblo de Dios era incurablemente idólatra. Su pecado de idolatría no tenía límites, y esto incluía a los sacerdotes corruptos y los falsos profetas. Pero el mensaje de Jeremías y de los profetas de la cautividad también expresaba esta esperanza: Dios los ama demasiado para verlos desperdiciar sus vidas, día tras día, viviendo en pecado. Dios no permitirá que esto les suceda, porque ustedes son su pueblo. La aplicación devocional para nosotros es que, cuando Dios nos castiga por nuestros pecados, ese castigo es una confirmación de nuestra identidad como hijos de Dios. Como padres, disciplinábamos a nuestros hijos si los veíamos hacer algo malo, precisamente porque eran nuestros hijos. No disciplinábamos a otros niños del vecindario, porque no eran nuestros hijos. El autor del Libro de Hebreos dice que esta clase de castigo es una prueba de que el Señor es nuestro Padre celestial y nos ama (Hebreos 12).

les gusta cantar. ¡Bueno, hágannos escuchar algunas de sus canciones ahora!”. Pero el salmista dice: “¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?” (Salmos 137:4). Ese fue el contexto histórico en que los profetas Ezequiel y Daniel vivieron sus extraordinarias vidas y ministerios como profetas. Ezequiel y Daniel tenían aproximadamente la misma edad. Daniel fue llevado a Babilonia como cautivo cuando tenía más o menos catorce años. Ezequiel fue llevado aproximadamente nueve años después, cuando tenía veinticinco. Predicó en los campos de trabajos forzados; fue el único profeta que ministró directamente a los cautivos. Dios no quiso que su pueblo estuviera sin profeta, ni siquiera en la cautividad. Por lo tanto, comisionó al joven Ezequiel para que fuera a la cautividad y ministrara a los exiliados. Un versículo clave de este libro es: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé” (Ezequiel 22:30). Dios deseaba que hubiera un hombre entre los cautivos que se pusiera en la brecha entre Él y su pueblo. Y comisionó a Ezequiel para que

Capítulo 8 La profecía de Ezequiel Cosas extrañas y maravillosas

fuera ese hombre.

Literatura apocalíptica “Cosas extrañas y maravillosas” es un buen título para el

Mientras el pueblo de Dios era llevado a pie a Babilonia, el salmista dice que sus atormentadores se burlaban de ellos: “A ustedes 26

Libro de Ezequiel, porque está lleno de profecías extrañas y maravillosas. En cierto sentido, Ezequiel mismo fue un profeta

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extraño y maravilloso. Cuando comparamos a los profetas, vemos que Daniel, Ezequiel y el apóstol Juan eran exiliados cuando escribieron los libros de Daniel, Ezequiel y Apocalipsis,

Jeremías menciona a un falso profeta llamado Ananías, que contradijo a Jeremías y dijo que la cautividad no iba a durar setenta años, sino solo dos. Jeremías lo confrontó y predijo que ese profeta moriría antes del fin de ese año, profecía que se cumplió literalmente (Jeremías 28:11-17). Aparentemente, había muchos profetas falsos que predicaban ese mensaje. En los primeros veinticuatro capítulos de su libro, Ezequiel refuta esta falsa profecía y enfatiza el hecho de que Jerusalén sería destruida. Como Jeremías, Ezequiel predicó que no había forma de

respectivamente. Daniel y Ezequiel eran exiliados en Babilonia, y Juan había sido exiliado por los romanos en la isla de Patmos. Los tres escribieron lo que los eruditos llaman “literatura apocalíptica”, que viene de “apocalipsis”, palabra que significa ‘descorrer el velo’ para que las personas puedan ver cosas que de otra forma no podrían ver. Esta literatura apocalíptica, también llamada escatológica, no solo nos lleva detrás del velo, sino que nos lleva al futuro. Escatología (eschat significa ‘las últimas cosas’) significa ‘el estudio de las últimas cosas’. Un profeta escatológico nos muestra lo que sucederá cuando Dios haga llegar a su fin la historia humana según su plan. Los eruditos hablan del plan de Dios para finalizar la historia humana como “la doctrina de las últimas cosas” o “escatología”.

evitar la conquista por parte de Babilonia y la destrucción de Jerusalén. En los capítulos 25 al 32, Ezequiel profetizó contra Babilonia, la nación que iba a destruir Jerusalén. A esto le sigue una profecía llena de esperanza, de que Jerusalén se levantaría nuevamente (capítulos 33 – 40). Los últimos ocho capítulos de Ezequiel contienen una profecía escatológica. Profetizó que en el mismo lugar donde estaba ubicado el templo de Salomón, se levantaría otro

Bosquejo del libro de Ezequiel El libro de Ezequiel, que está muy bien organizado, puede ser resumido así: Ezequiel profetiza la destrucción de Jerusalén. Como profeta de la cautividad, parte del objetivo de su misión era contrarrestar el mensaje de muchos de los falsos profetas, que proclamaban que habría un regreso anticipado de la cautividad porque eso era lo que los cautivos deseaban escuchar.

templo, que es llamado el templo del milenio.

La comisión de Ezequiel La mayoría de los sermones de Ezequiel le llegaron en forma de visiones, muchas de las cuales también pueden encontrarse en el Libro del Apocalipsis. La primera revelación de Ezequiel comienza así: “Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor, 27

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y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente, y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes. Y esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre. Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. […]. Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila. […]. Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro lados. […]...el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas” (Ezequiel 1:4–6, 10, 15, 21). Los cuatro seres vivientes son la parte importante de la visión. El apóstol Juan también menciona a estos seres en el Apocalipsis, cuando se abre una puerta en los cielos, en su visión. Alrededor de un trono que vio en el cielo, estaban estos mismos cuatro seres vivientes. El primero era como un león, el segundo como un buey, el tercero como un hombre y el cuarto como un águila (Apocalipsis 4:6, 7). Algunos eruditos creen que esta visión que comparten Ezequiel y Juan es un resumen de la forma en que Dios se revela en las Escrituras. Cuando Dios se reveló por primera vez al hombre en el Monte Sinaí, rugió como un león. La segunda forma en que Dios se reveló al hombre fue por medio del gran sistema de sacrificios de Éxodo y Levítico. El buey representa los animales que eran sacrificados por los pecados del pueblo. El hombre, en estos cuatro seres vivientes, nos remite a los 28

evangelios, donde Dios se convierte en hombre. Dios vivió entre nosotros durante treinta y tres años. Algunos dicen que el águila representa la deidad. Este Hombre que vivió entre nosotros era “Dios verdadero de Dios verdadero”, como dicen los credos, y “hombre verdadero de hombre verdadero”. La encarnación de Jesucristo fue el punto máximo de la revelación que Dios hace de sí mismo a este mundo. Las ruedas podrían representar la revelación continua, constante, de Dios, que quizá incluye también a los profetas que proclamaron esa revelación, dado que el espíritu de los seres vivos estaba en las ruedas. Estas son algunas posibles interpretaciones de la primera visión de Ezequiel. Ezequiel recibió su comisión de parte de Dios (capítulo 2) después de haber visto esta visión. Esta sería la experiencia de “venir” de Ezequiel a Dios. ¿Recuerda usted la experiencia de “venir a Dios” de Isaías? Todos los grandes profetas y hombres de Dios en el Antiguo Testamento tuvieron experiencias de venir y de ir. Algunas experiencias los hacían acercarse a Dios, y luego tenían experiencias en que “salían para” Dios. Los profetas y hombres de Dios en el Antiguo Testamento tenían una experiencia de “venir” que algunas veces duraba muchos años, como es el caso de Moisés. Él tuvo ochenta años de experiencias de “venir” y cuarenta años de “ir”. Por eso es que los cuarenta años en que “fue” resultaron tan dinámicos; habían sido precedidos por ochenta años de venir.

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En el capítulo 1, la gran visión de los cuatro seres vivientes y las ruedas fue la experiencia de venir de Ezequiel. Cuando Ezequiel recibió su comisión, el pueblo de Judá había perdido su visión de Dios. No tenían a Jerusalén, no tenían el templo, no tenían la Palabra de Dios ni ninguna ayuda para adorar. Así que el líder espiritual de ese período, Ezequiel, tenía que tener una visión sobrenatural de Dios. Dios le dio a Ezequiel una visión de Él mismo de diversas maneras. Primero, Ezequiel dice vez tras vez: “Vino a mí palabra de Jehová”. Esto sucede con todos los profetas. También dice: “La mano de Jehová estaba sobre mí”. Ezequiel es conocido como “el profeta del Espíritu Santo”, porque hace más referencia al Espíritu Santo que cualquier otro profeta. Pero lo que hace único a Ezequiel entre los profetas es que los cielos se abrieron para él y vio, realmente, la gloria de Dios. Dios dio esta visión de sí mismo para evitar que su pueblo pereciera. También es la visión que Dios le dio a Ezequiel para que pudiera ministrar al pueblo como profeta en esos tiempos tan difíciles y en ese difícil lugar: los campos de trabajos forzados de Babilonia.

escribe que, si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia (Salmos 127:1). Siempre había atalayas por las noches, escuchando y observando sonidos y señales del enemigo. La metáfora de Ezequiel también parte de la solemne responsabilidad del atalaya, de advertir a los ciudadanos cuando aparecía un enemigo. El sermón del atalaya, de Ezequiel, comienza así: “Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. […]. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma” (vv. 16, 17, 19). Jeremías reprendió a los falsos profetas de su época diciéndoles, básicamente: “Ustedes nunca advirtieron al pueblo sobre sus pecados ni trataron de librarlos de toda esta calamidad”. Pero fue más allá: “Como profeta, si adviertes al pueblo y este persiste en su maldad, morirá en su maldad, pero tú te salvarás. Pero si tú no lo adviertes, Dios te hará responsable”. El apóstol Pablo creía esto en su época. Escribió: “Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los

Atalaya espiritual En el capítulo 3 se registra un gran sermón de Ezequiel, llamado “El atalaya de Israel”. La metáfora está basada en la cultura de las ciudades amuralladas que con frecuencia eran sitiadas por crueles conquistadores. Salomón usa esta misma metáfora cuando 29

que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Corintios 2:15, 16). La aplicación devocional para nosotros es: si le hablamos del evangelio a alguien, y esa persona cree, hemos sido fragancia de vida

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para esa persona. Pero si le hablamos del evangelio a alguien, y esa persona lo rechaza, somos olor de muerte para ella, porque le hemos hecho imposible decir: “Yo no sabía. Nadie me lo dijo”. Si creemos que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, debemos sumarnos a Ezequiel y creer que somos “atalayas” de las almas de quienes se cruzan en nuestra vida. Por eso, Ezequiel hizo énfasis en el Espíritu Santo en su predicación. Ezequiel, como Pablo, encontraba su capacidad para esta tremenda tarea en el Espíritu Santo. Pablo escribió: “Nuestra competencia proviene de Dios” (2 Corintios 3:5). Pablo creía que, cuando hablaba del evangelio a personas como los corintios, nada provenía de él, sino que todo provenía del Espíritu. Solo Dios puede darnos la capacidad para ser atalayas espirituales.

En sentido figurado, este es el desafío que suele enfrentar un pastor cuando se presenta frente a su congregación un domingo. Un pastor dijo que, cuando Jesucristo regrese, su congregación será la primera en resucitar, porque dice el apóstol Pablo que “los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16). Algunas veces, el pastor se pregunta: “¿Podrán vivir estos huesos secos? ¿Podré predicar de tal manera que yo y mi mensaje tengamos la energía del Espíritu Santo, y que las vidas de estas personas reciban una transfusión de vida espiritual?”. Ezequiel obedece la orden de su Señor, de predicar a esos huesos secos: “Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis” (37:3–5).

Capítulo 9 Huesos secos

El pueblo de Judá era como huesos secos. El desafío que Dios planteó al profeta Ezequiel fue: “¿Crees que vivirán estos huesos secos?”. En la Biblia, vez tras vez, Dios desafió a los profetas con

Muchos pastores que han predicado la Palabra de Dios durante toda la vida, aman un sermón que Ezequiel predicó en un cementerio, que podría haber sido un campo de exterminio donde muchas personas fueron masacradas. Leemos que Ezequiel fue llevado a un valle cubierto de huesos secos (capítulo 37). La tarea que Dios le encomendó fue predicarles a esos huesos.

relación a sus visiones. Observe que Ezequiel no dijo: “Sí, tengo fe para creer que pueden vivir”. En cambio, dijo: “Señor, solo Tú lo sabes”. El profeta no se comprometió realmente con Dios, porque, en realidad, no creía que esos huesos pudieran vivir. Entonces, Dios le dijo: “Predica a estos huesos”. Así que Ezequiel comenzó a predicarles a los huesos. Después de predicar un poco, dice Ezequiel, hubo un ruido, como un 30

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traqueteo, y los huesos comenzaron a unirse. Cuando los huesos terminaron de unirse, Ezequiel tuvo una congregación de esqueletos sin tendones ni carne en ellos. Ezequiel recibió nuevamente la orden: “¡Predica!”. Cuando predicó, los huesos se cubrieron de carne y tendones. Cuando Ezequiel tuvo ese ejército de esqueletos con carne y músculos, todavía no había respondido la pregunta de Dios: “¿Podrán vivir nuevamente estos huesos?”. Esos cuerpos aún no tenían vida. No había aliento en ellos. Así que le llegó la orden de Dios: “¡Predica al Aliento!”. En la Biblia, se utiliza la misma palabra para referirse a aliento, viento y espíritu. El Aliento, aquí, es el Espíritu Santo. Es un gran principio que encontramos en toda la Biblia: sin el Espíritu Santo, la tarea del predicador es imposible. Cualquier verdadero profeta sabe que, si el Espíritu Santo no viene y pone su mano de unción energizante sobre él, lo que está tratando de hacer es imposible. Cuando Ezequiel predicó al Espíritu, el Aliento vino y entró en esos cuerpos, que se convirtieron en un poderoso ejército. La primera aplicación para los judíos de lo que Ezequiel había sido enviado a predicar era, básicamente: “Yo puedo restaurarlos de su experiencia de cautividad, y lo haré. Puedo traerlos de regreso de Babilonia a su tierra natal, y lo haré. Yo restauraré las fortunas de Israel”. La segunda aplicación de este gran mensaje nos da una imagen de lo que implica el gran ministerio de edificar la iglesia hoy. 31

La predicación del evangelio edifica la iglesia. Los huesos secos representan a los perdidos. De los más de seis mil millones de personas que viven actualmente en la tierra, ¿cuántas conocen a Jesucristo? ¿Cuántas viven en Jesucristo? ¿Cuántas saben lo que es que el Espíritu Santo habite en ellas, y ser convertidas por el Espíritu Santo? Muy pocas. Este es el desafío que enfrenta la iglesia hoy. La aplicación devocional del sermón de los huesos secos, de Ezequiel, es esta: ¿Puede la iglesia de Jesucristo recibir la energía del Espíritu Santo para poner en práctica la Gran Comisión y llevar el evangelio de Jesucristo a los perdidos de este mundo? ¿Es usted uno de los huesos secos? ¿Está perdido porque nunca conoció o creyó el evangelio de la salvación? ¿Se aplica a usted este mensaje, porque solo parece vivo, pero le falta la verdadera vida? ¿Tiene usted el Aliento del Espíritu de Dios en su vida y su ministerio? Sean cuales fueren sus circunstancias, probablemente no sean tan difíciles como las que Ezequiel enfrentaba cada mañana al levantarse. Si Dios pudo dar vida a los huesos secos para Ezequiel, puede hacerlo para usted y para mí. Si el Espíritu Santo vive en usted, ¿qué está haciendo usted para edificar la iglesia? No es necesario ser predicador para hablarles del evangelio a otros. Usted debe creer que el Espíritu de Dios ungirá la Palabra de Dios cuando usted la proclame a otra persona. Se dice que un evangelista es un mendigo que le dice a otro mendigo dónde puede encontrar pan. Si usted es uno de esos mendigos que les dicen a otros mendigos dónde pueden encontrar pan, espiritualmente

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hablando, debe comprender cuán poderosa es la combinación de la oración y la transmisión de la Palabra. En el capítulo 2 del Libro de los Hechos, leemos que los discípulos vivían juntos, en una gran comunidad espiritual. Compartían sus posesiones y su comida: practicaban un socialismo puro. Los apóstoles servían las mesas, o administraban el sistema de provisión de comida, lo cual les quitaba tiempo para dedicar a su ministerio pastoral. Leemos que, entonces, tomaron una decisión muy importante. Eligieron a los primeros diáconos y les dijeron: “Ustedes ocúpense de este asunto, y nosotros nos dedicaremos a la oración y a ministrar la Palabra”. Dios bendijo con poder esta decisión, y los apóstoles oraron y predicaron la Palabra. Esta es la misma y poderosa combinación que Ezequiel usó en su ministerio. Alguien ha dicho que, cuando nos reunimos como iglesia, si nada cambia, nada ha sucedido. Cuando predicamos la Palabra, si simplemente transmitimos información, no les sucederá nada a los que nos escuchan. Pero, si seguimos el ejemplo de Ezequiel y de los apóstoles, descubriremos que, cuando oramos antes de predicar, algo sucede. Las vidas de las personas que escuchan la Palabra cambian para siempre. Cuando usted proclame la Buena Noticia que Dios le da para proclamar, cuando “predique a los huesos”, también predíquele al Aliento, al Espíritu Santo. Debemos mirar a Dios todo el tiempo, mientras predicamos o le hablamos del evangelio a otra persona, para que la unción energizante del Espíritu dé poder a cada palabra que 32

digamos. Cuando su poder da energía a nosotros y a nuestras palabras, los “huesos” cobran vida.

Capítulo 10 La profecía de Daniel Creyentes vs. babilonios

Daniel es el cuarto de los llamados “profetas mayores” y el tercero de los “profetas de la cautividad”. Conocemos a Daniel cuando él tiene aproximadamente catorce años, y Jerusalén cae por primera vez. No hubo una gran deportación de personas a Babilonia en esa ocasión; solo unos pocos selectos, incluyendo a Daniel y sus tres amigos adolescentes, fueron llevados juntos a la cautividad. Nabucodonosor, rey de Babilonia, aparentemente, había ordenado: “Quiero que los nobles, los príncipes y los jóvenes realmente inteligentes sean educados en mis universidades”. Dios estaba usando el decreto de un gobernante mundial pagano para colocar estratégicamente en Babilonia un ministerio para el bien de su pueblo, para que, cuando llegara la mayoría de los cautivos, tuvieran cierta influencia en el palacio de Nabucodonosor.

Ejemplos y advertencias Los doce capítulos del Libro de Daniel se dividen en dos partes iguales. Los primeros seis capítulos son una narración

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histórica. Los capítulos 7 al 12 son revelaciones proféticas. El versículo clave para todas las narraciones históricas de la Biblia —y la que se encuentra en los capítulos 1 al 6 de Daniel— es un versículo del Nuevo Testamento que dice: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11). En el Antiguo Testamento, vemos que la vida espiritual de la mayoría de los hijos de Dios tuvo altos y bajos. Pero no es el caso de José y Daniel. Ambos vivieron toda su vida adulta en la cultura hostil de los escenarios políticos de imperios mundiales. Estos dos hombres son dos de las personas más puras que se pueden encontrar en la Palabra de Dios. José vivió a la diestra de un faraón egipcio, y Daniel vivió toda su vida de adulto en la cultura hostil de la política babilónica y persa. Vivió más que Nabucodonosor y su hijo Belsasar. Vivió para ver la caída del imperio babilónico frente al persa. Sobrevivió y sirvió como profeta durante los setenta años de la cautividad en Babilonia. Era demasiado anciano y débil como para regresar con los cautivos, pero los vio salir de la cautividad. El rol de Daniel fue mostrar al pueblo de Judá cómo soportar la cautividad, una tarea que comenzó a cumplir cuando solo tenía catorce años. Daniel soportó la cautividad de forma magnífica, y fue, así, un ejemplo excelente para el pueblo de Judá... y para nosotros hoy. 33

La resolución de Daniel El apóstol Pablo escribió: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”(Romanos 12:2). Este versículo ha sido parafraseado de la siguiente forma: “No permitan que el mundo los obligue a tomar su forma, sino permitan que Dios vuelva a moldear sus mentes desde adentro”. Esta era una exhortación para los creyentes del Nuevo Testamento, pero la misma verdad se aplicó a Daniel cuando él llegó a Babilonia. Daniel no tardó en darse cuenta de que estaban presionándolo para que se acomodara a la forma de la cultura babilónica. Fue elegido y obligado a asistir a la universidad en Babilonia, y capacitado por los sabios de Nabucodonosor para llegar a ser, algún día, un buen líder babilónico para ellos. El primer problema que tuvo que enfrentar Daniel fue la comida babilónica, rica en grasas. Esa comida probablemente incluyera cerdo y toda clase de cosas que eran impuras para un joven judío. Leemos que “Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía” (Daniel 1:8). El nombre de Daniel significa ‘Dios es mi juez’. Daniel andaba delante de Dios, pidiéndole que juzgara cada uno de sus movimientos. Sus tres amigos también tenían nombres con significados muy importantes espiritualmente. Misael significa ‘¿Quién como Dios?’; Ananías, ‘Jehová fue favorecido’, y Azarías, ‘ayudado por Jehová’.

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Lo primero que hicieron los babilonios fue cambiar los nombres de estos adolescentes hebreos. El nombre de Daniel fue cambiado por Beltsasar, que significaba ‘Bel proteja su vida’. Bel era un dios babilónico. Los babilonios estaban tratando de hacer creer a Daniel que estaría bajo la protección de un dios pagano. El nombre de Misael fue cambiado por Mesac, que es Mardock en Babilonia, también el nombre de un dios. Y Azarías fue cambiado por Abednego, que significaba ‘siervo del dios babilónico de la sabiduría’ (Daniel 1:7). Nabucodonosor les estaba diciendo a estos cuatro jóvenes: “Los vamos a convertir en babilonios”. Pero Daniel y sus tres amigos adolescentes se enfrentaron a él y a todo el imperio babilónico diciéndoles, básicamente: “Ustedes no nos van a convertir en babilonios a nosotros. ¡Nosotros los vamos a convertir en creyentes a ustedes!”. El cuarto capítulo de Daniel nos dice que Nabucodonosor, el genio que armó el gran imperio babilónico, profesó fe en Dios. Este es uno de los capítulos más magníficos de la Biblia. ¿Qué fue lo que llevó a Nabucodonosor a hacer esa profesión de fe? Todo comenzó cuando Daniel rehusó contaminarse con las impuras y grasosas comidas de Babilonia.

perturbó mucho. Entonces, llamó a sus sabios y les dijo: “Díganme qué soñé, y después interpreten el significado de mi sueño”. Como es de imaginar, este fue un problema tremendo para los sabios babilónicos. No es demasiado difícil interpretar sueños, pero ¿cómo saber si la interpretación es correcta? Eso estaba pensando Nabucodonosor. Cuando el rey planteó ese desafío a sus sabios, estos se perturbaron y entraron en pánico. Cuando un gobernante como Nabucodonosor pedía que se hiciera algo y no lo hacían, estaban en terribles problemas. Así que le dijeron al rey: “No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey; [...] no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne” (Daniel 2:10, 11). Esta respuesta hizo enfurecer de tal modo a Nabucodonosor que ordenó que todos los sabios fueran ejecutados. Lo cual incluía a Daniel y sus amigos, porque eran alumnos de esos sabios. Cuando llegó el verdugo para matarlos, Daniel habló con gran sabiduría y tacto. Preguntó: “¿Por qué es tan severo el decreto del rey?”. El verdugo respondió: “El rey y sus sabios tuvieron un desacuerdo. Los sabios le dijeron que los dioses no viven en los hombres y, por lo tanto, ellos no pueden decirle al rey qué fue lo que él soñó”. Una paráfrasis resumida de la respuesta de Daniel sería: “Ah,

Interpretación de sueños Al comienzo mismo de la cautividad, Daniel y sus amigos tuvieron otra confrontación. Nabucodonosor tuvo un sueño que lo 34

pero allí es donde se equivocan, porque Dios sí vive en los hombres”. Daniel fue a ver al rey y le pidió que le diera un tiempo para poder decirle qué había soñado e interpretar su sueño. Después, Daniel les

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dijo a sus tres amigos lo que había hecho, y ellos se pusieron a orar. Esa noche, en un sueño, Dios le reveló sobrenaturalmente a Daniel lo que Nabucodonosor había soñado, y su interpretación. Daniel tuvo su audiencia con el rey Nabucodonosor y, básicamente, la conversación fue así: “Joven, entiendo que puedes decirme lo que soñé y lo que eso significa”. Daniel respondió: “Solo Dios puede hacer lo que has pedido a tus sabios que hicieran, oh rey. Tus sabios están equivocados. Dios sí habita con los hombres, y me ha dicho cuál fue tu sueño y cuál es su interpretación”. Cuando Daniel le dijo a Nabucodonosor cuál había sido su sueño y cuál era su interpretación, el rey cayó de bruces, y desde ese día siempre se refirió a Daniel como “el hombre en quien vive el Espíritu de Dios” (ver capítulo 2). La interpretación del sueño del rey que hizo Daniel es solo uno de los cinco milagros que registra el Libro de Daniel y que demuestran que lo sobrenatural existe. Los otros cuatro milagros son: el rescate de los tres amigos de Daniel del horno de fuego (capítulo 3), la profesión de fe de Nabucodonosor (capítulo 4), la escritura en la pared (capítulo 5) y el rescate de Daniel del foso de los leones (capítulo 6). Por medio de estos milagros, Daniel y sus amigos demostraron la clase de fe que puede hacernos atravesar los peores momentos. Ellos tenían una fe que creía en el poder sobrenatural de Dios, absolutamente. Creían en el poder de la oración,

¿Alguna vez ha vivido usted crisis en su vida que eran inevitables, intolerables, y lo enfrentaban con algo imposible? Las crisis que Daniel y sus amigos enfrentaron en Babilonia eran inevitables, intolerables, y los hicieron enfrentar algo imposible. Ellos nos muestran cómo podemos vivir con ese tipo de crisis, por la forma en que vivieron sus propias crisis en Babilonia. Cuando piense en estos milagros del Libro de Daniel, pregúntese: ¿Cree usted en el poder sobrenatural de Dios? ¿Cree en el poder sobrenatural de la oración? ¿Cree en la providencia y los propósitos de Dios para colocarlo donde usted está, para la gloria de Él? ¿Cree en estas cosas absolutamente?

Capítulo 11 La gloria que era Babilonia

Aunque no estamos haciendo un estudio académico, sino un repaso devocional de toda la Biblia, hay cierta perspectiva histórica que debemos tener para apreciar y comprender el mensaje del Libro de Daniel. La Biblia utiliza con frecuencia los reinados de reyes o césares para dar un marco histórico a los hechos bíblicos, como en los primeros versículos de la historia de la Navidad que cuenta el segundo capítulo del Evangelio de Lucas. Durante los hechos que registran los primeros cuatro capítulos del Libro de Daniel, Nabucodonosor era el rey del Imperio 35

absolutamente, y creían absolutamente en la providencia de Dios que los había ubicado en Babilonia.

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Mundial Babilónico. En el quinto capítulo de Daniel se nos dice que el rey es el hijo de Nabucodonosor, Belsasar. En los últimos versículos del capítulo 5 y los primeros del sexto capítulo de Daniel, leemos que los persas han conquistado Babilonia, y Darío de Media es el rey. De esta forma, sabemos que los primeros seis capítulos de Daniel cubren setenta años de historia de Babilonia. El contexto histórico de los hechos que cubre la Biblia abarca imperios mundiales como Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma. Dos imperios mundiales se superponen en el Libro de Daniel: el imperio babilónico, que duró setenta años, y el imperio persa, con sus 127 provincias de Media-Persia, que es también el contexto histórico del Libro de Ester. En una de las profecías de Daniel, se hace referencia a cuatro de estas potencias mundiales: Babilonia, Persia, Grecia y Roma. Para comprender mejor el contexto histórico del Libro de Daniel, y para apreciar la pompa y la gloria del rey Nabucodonosor, nos ayudará mucho aprender algo sobre la ciudad de Babilonia. Lea esta descripción de la ciudad escrita por un erudito en historia del Antiguo Testamento: “En ella vivían más de dos millones de personas, y sus jardines colgantes eran una de las siete maravillas del mundo antiguo. Los historiadores nos dicen que los muros que rodeaban esta ciudad tenían casi 100 kilómetros de largo, aproximadamente 25 kilómetros por lado. El muro tenía 110 metros de altura y aproximadamente 30 metros de ancho. Se extendía 13 metros por debajo de la tierra, para que los enemigos no pudieran 36

hacer túneles para entrar. Había 400 metros de espacio vacío entre la ciudad y el muro, en toda su extensión. El muro estaba protegido, por fuera, por fosos anchos y profundos llenos de agua. Había 250 guardias en las torres del muro. “La ciudad estaba dividida por el río Éufrates en dos partes casi iguales. Ambas orillas estaban resguardadas por el muro de ladrillos, que tenía 25 puertas que conectaban calles y las barcazas que cruzaban el río. Había un puente sobre pilotes de piedra, que tenía casi un kilómetro de largo y 11 metros de ancho, con puentes levadizos que se quitaban de noche. Había un túnel debajo del río, de 7 metros de ancho y casi 4 metros de altura. Según el concepto de lo que era la guerra en esa época, esta ciudad era inexpugnable”. En la época de Daniel, Babilonia no solo era la ciudad más importante del mundo, sino que gobernaba al imperio más poderoso que había existido hasta ese momento. Pero ese imperio duró solo setenta años. Daniel estuvo allí desde su surgimiento hasta su caída. Fue amigo y consejero del rey. Nabucodonosor fue un genio y un poderoso gobernante que construyó el imperio babilónico y lo dirigió durante cuarenta y cinco de los setenta años que permaneció. El poder y la autoridad de Nabucodonosor eran absolutos. En el capítulo 5 de Daniel leemos: “A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba” (v. 19). En la actualidad, para muchos, es difícil apreciar la autoridad absoluta de un dictador como Nabucodonosor. Pero cuando poseemos cierta perspectiva histórica sobre este hombre, nos

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damos cuenta de que, cuando él hace su profesión de fe en el Dios de Daniel, está ocurriendo un gran milagro. La milagrosa forma en que Daniel supo qué había soñado Nabucodonosor y lo interpretó (capítulo 2) hizo un profundo impacto en este emperador. En ese sueño, Nabucodonosor había visto una estatua de un hombre. La cabeza era de oro; el pecho era de plata; el vientre y los muslos, de bronce; las piernas de hierro, y los pies, de hierro y barro. La interpretación fue que esos eran cuatro grandes reinos mundiales. Al interpretar el sueño de Nabucodonosor, Daniel dijo, básicamente: “Tú eres la cabeza de oro, porque ahora eres la potencia mundial, pero tu poder no permanecerá. Tu reino caerá y será sucedido por otro reino. Esa es la parte de plata de la estatua. Este reino, Persia, no será tan grande como el tuyo. El reino de bronce, que es Grecia, le seguirá. Finalmente, las piernas de bronce corresponden al Imperio Romano”. Los diez dedos podrían representar las diez dimensiones del Imperio Romano. Aparentemente, Nabucodonosor se llenó de orgullo cuando se enteró de que él era la “cabeza de oro”. Así que hizo una estatua de oro y ordenó que todos se postraran para adorarla. ¡En ese momento, estaba lejos de haberse convertido! Pero, como veremos, el testimonio de Daniel y sus tres amigos tuvo un profundo impacto sobre él, que le cambió la vida y lo llevó a hacer una profesión de fe en el Dios vivo y verdadero.

Nabucodonosor se arrepiente En el sueño de Nabucodonosor, una piedra era cortada de la ladera de una montaña, pero no por manos humanas. Esta piedra sobrenatural caía sobre los pies de la gran estatua de Nabucodonosor, los pies que eran de hierro y barro. Esto hacía que toda la estatua cayera, se desintegrara y desapareciera como paja en la era. La interpretación que Daniel dio a Nabucodonosor era que todos estos reinos, los representados por el oro, la plata, el bronce y el hierro, serían vencidos, un día, por un reino sobrenatural: el reino de Dios. No sabemos exactamente cómo Dios utilizó la vida y las palabras de Daniel para alcanzar a Nabucodonosor, pero, milagrosamente, en el capítulo 4 de Daniel dice: “Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo. ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío de generación en generación” (vv. 2, 3). En este extraordinario capítulo de la Biblia, Nabucodonosor relata otro sueño que tuvo. En este sueño, veía un árbol muy alto, tan alto que podía ser visto por todo el mundo. Sus ramas estaban llenas de frutos, con suficiente fruto para que todo el mundo comiera. Entonces, un ángel de Dios descendía del cielo y gritaba: “Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle el follaje, y dispersad su fruto; [...]. Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo” (4:14, 15).

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El ángel continuó: “Sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias sea su parte entre la hierba de la tierra. Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos” (vv. 15, 16). El ángel dijo que el propósito de este decreto era que el mundo pudiera entender que “el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres”. El rey nos dice que también le contó este sueño a Daniel y, cuando el profeta lo escuchó, quedó en silencio durante una hora, anonadado por el significado de este sueño. Finalmente dijo: “Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su interpretación para los que mal te quieren” (v. 19). Después que el rey instó solemnemente a Daniel para que le dijera la interpretación de este sueño, él le dijo: “Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos [años] pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere” (v. 25). Pero Daniel continuó diciendo que Dios restauraría el reino a Nabucodonosor cuando este reconociera la soberanía de Dios. Entonces, Daniel imploró: “Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad” (v. 27). 38

Aparentemente, Daniel escribe entonces algunos versículos que relatan el cumplimiento de esta interpretación profética de su sueño. Después de terminado su terrible sufrimiento, Nabucodonosor retoma su profesión de fe y alabanza al Dios vivo y verdadero de Daniel. ¡Levanta sus ojos al cielo y alaba, honra y glorifica al Altísimo! Observe que Dios tuvo un propósito para hacer pasar a Nabucodonosor por esa horrible experiencia: que aprendiera que el Altísimo gobierna sobre los reinos humanos. Nabucodonosor tuvo que vivir como un animal durante siete años hasta que, finalmente, aprendió lo que Dios quería que aprendiera. ¡Qué ego enorme debe de haber tenido, ya que le llevó a Dios siete años hacer que este gobernante inclinara su cabeza! ¿Es posible que haya momentos en que pasemos por experiencias terribles porque Dios está tratando de demostrarnos que Él tiene todo el derecho de gobernar no solo este mundo, sino también nuestras vidas? Cuando eso sucede, ¿cuánto tiempo debe pasar antes que le digamos a Dios: “¡Señor mío y Dios mío! Tú eres quien tiene el poder. Eres soberano, y tienes absoluta autoridad sobre mi vida”?

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Capítulo 12 Visiones y revelaciones de Daniel

Segundo, observe la acción e interacción entre los símbolos. Considere la interpretación dada en el texto, que es la interpretación inspirada del pasaje. Después de hacerlo, pídale en oración al

Los primeros seis capítulos de Daniel son de historia, por lo cual son fáciles de comprender. Los últimos seis capítulos, como el Libro del Apocalipsis y las profecías de Ezequiel y Zacarías, son muy difíciles de comprender. La interpretación que hizo el profeta del primer sueño de Nabucodonosor, en Daniel 2, nos da un modelo para guiarnos cuando intentamos interpretar las difíciles revelaciones y visiones del Libro de Daniel. Solo gracias al ministerio de enseñanza del Espíritu Santo podemos comprender estas visiones que son una revelación profética de la gran obra de Dios en nuestro mundo. A continuación, veremos algunos pasos que debemos dar para tratar de comprender las visiones y revelaciones de Daniel. Primero, observe los símbolos de la visión. Por ejemplo, en la primera de estas difíciles visiones de Daniel, que está registrada en el capítulo 7, los símbolos de la visión son similares a los del primer sueño de Nabucodonosor. Cuatro grandes vientos comenzaron a soplar y levantaron un gran mar, y entonces aparecieron cuatro grandes bestias. La cuarta bestia era terrible y espantosa, y destruyó a las otras, pero antes de destruirlas, le salieron diez cuernos. Entonces, entre los diez cuernos salió uno pequeño que tenía ojos y una boca grande, y hablaba de cosas grandes. 39

Espíritu Santo que le muestre qué significa todo esto. Pregúntese: “¿Qué dice? ¿Qué significa? ¿Qué significaba para ellos? ¿Qué significa para mí?”. La revelación inspirada del sueño de Daniel en el capítulo 7 nos dice que, una vez más, estamos viendo cuatro grandes reinos. “Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre” (vv. 17, 18). Un cuarto reino aparecerá en la tierra y lo devorará. Los diez cuernos son diez reyes que vendrán de ese reino. “Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo” (vv. 24, 25). Toda vez que se mencionan cuernos en la Biblia, son una representación del poder, como el cuerno de un animal que destroza a otros animales. Estos diez cuernos y el cuerno pequeño también representan poderes o reinos. Muchas personas interpretan que este cuarto reino es un Imperio Romano reestablecido. En la visión de Nabucodonosor, las piernas de hierro (el cuarto reino) representaban

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al Imperio Romano. Algunos creen que esta visión también representa a un renacido Imperio Romano, pero en el futuro. Otros dicen que no, que este cuarto reino es más terrible que todos los demás. Es una figura del reino de Dios y presenta proféticamente a Dios expresando su ira. Personalmente, creo que no se puede ser dogmático en la interpretación de estas profecías de Daniel. Sea que estemos en lo cierto o no en cuanto a todos los detalles, debemos recordar esta gran verdad de esta profecía en el séptimo capítulo de Daniel: Si somos parte del pueblo de Dios, somos parte del reino que tendrá la victoria. Todas estas visiones terminan con una nota de optimismo. Presentan al reino de Dios venciendo a todos los demás reinos y estableciéndose para la eternidad.

Mientras hacía su magnífica oración del capítulo 9, Daniel estaba, obviamente, abrumado por el hecho de que los setenta años se habían cumplido. Mientras oraba, Daniel confesó sus pecados y los del pueblo. Daniel fue uno de los personajes más puros de la Biblia, pero se identificó con los pecados del pueblo diciendo cosas como “nuestro pecado” y “hemos pecado” treinta y dos veces en esta oración. Daniel rogó el perdón de Dios. Dijo, de hecho: “Dios, Tú no solo estás dispuesto a perdonarnos, sino que casi has terminado de castigarnos”. En su oración, obviamente, estaba entusiasmado por el hecho de que Dios iba a perdonar a su pueblo y lo iba a restaurar. Mientras Daniel oraba, el ángel Gabriel se le apareció y le dijo: “Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela” (Daniel 9:23). Esta fue la respuesta de Dios a la

La visión de las setenta semanas La visión o revelación profética más famosa de Daniel es “la visión de las setenta semanas”. Daniel nos dice que, cuando estaba leyendo las profecías de Jeremías, se dio cuenta de que era tiempo de que el pueblo de Dios retornara de la cautividad en Babilonia. Isaías y Jeremías habían predicho que, después de estar cautivo en Babilonia durante setenta años, el pueblo de Judá regresaría a su propia tierra. Cuando Daniel nos dice, al final del capítulo 5 y el comienzo del 6, que ahora está bajo el gobierno de Darío el medo, está fechando el final de los setenta años de cautividad.

oración de Daniel, una de las profecías mesiánicas más precisas que podemos encontrar en toda la Biblia. La visión es, básicamente, esta: “Setenta semanas de años son decretadas en cuanto a tu pueblo y tu ciudad santa. Estos son los propósitos de las setenta semanas decretadas: terminar con la trasgresión, expiar la iniquidad, traer justicia eterna, sellar la visión y el profeta y ungir al Santo de los santos”. Mezclado con la buena noticia de que estaba próximo a producirse el retorno, encontramos un mensaje sobre el primer advenimiento o venida del Mesías, Jesucristo. La interpretación de esta extraordinaria profecía requiere que practiquemos cierta 40

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aritmética sencilla. Dios le dice a Daniel que, así como la cautividad duró setenta años, entre la cautividad y la venida del Mesías iban a transcurrir setenta veces siete años, es decir, 490 años. Estos años estarían divididos en semanas de años (siete períodos de años) y, a su vez, estas semanas de años estarían divididas de esta forma: siete semanas, sesenta y dos semanas y una semana. En medio de esa semana, el Ungido sería “cortado”, es decir, enviado a la muerte. Esta profecía data del tiempo en que Ciro emitió el decreto de que el pueblo podía regresar para reconstruir Jerusalén. Hubo tres regresos, pero el principal fue en el año 457 A. de J.C. Si tomamos las sesenta y dos semanas más siete, y multiplicamos eso por siete, tenemos 483 años. Si avanzamos en la historia ese número de años a partir del 457 A. de J.C., llegamos al año 26 D. de J.C., que, según dicen los historiadores, es el año en que el Mesías comenzó su ministerio público. Debía haber una semana de años (siete años) después de eso, y en mitad de esa semana de años, el Santo sería cortado. Los eruditos creen que Jesús fue crucificado exactamente tres años y medio después del 26 D. de J.C. Aunque los eruditos no concuerdan en los detalles, lo que es claro en esta profecía es que es una extraordinaria predicción del tiempo exacto de la llegada y la crucifixión del Mesías y el comienzo de su reino, que no tendrá fin. Este es el reino que es presentado proféticamente en el segundo sueño o visión de Nabucodonosor, que Daniel le interpretó (2:34, 35, 44, 45). Ese reino era descrito como

una enorme piedra que caía sobre los pies de la estatua que representaba a los cuatro reinos, y los hacía volar como paja. La parte de la estatua sobre la que caía esta piedra era la que representaba al Imperio Romano. Esto predice, de forma precisa y elocuente, que Jesús comenzó su reinado durante el transcurso del Imperio Romano, y que el reino de Dios que Jesús inició, y que ya ha superado al Imperio Romano en más de dos mil años, no tendrá fin.

Aplicación personal de esta profecía Una interpretación y aplicación obvia de esta milagrosa visión profética es que quienes son parte de este reino eterno tendrán vida eterna porque son parte de un reino sin fin. Para cambiar la metáfora, si usted es creyente, si es parte del pueblo de Dios, entonces, es un soldado del ejército que ganará la batalla entre el bien y el mal. La guerra entre el bien y el mal se viene luchando desde hace miles de años y es librada en muchas partes del mundo en la actualidad. El lugar cambia constantemente; el bien y el mal tienen diferentes rostros, pero es una guerra que se ha venido librando desde que Caín mató a su hermano Abel.

Ciudadanos del cielo El apóstol Pablo escribe que somos ciudadanos del cielo, y la Biblia nos dice que las personas de fe somos peregrinos que estamos de paso por este mundo mientras buscamos una ciudad con fundamento cuyo Hacedor y Constructor es Dios. Dice que el pueblo de Dios es 41

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como un río que fluye por este mundo hacia esa ciudad de Dios donde habrá gran gozo cuando el río llegue (Hebreos 11:13-16; Salmos 46:4, 5). ¿Es usted súbdito del reino eterno, y comparte la victoria que Cristo y su Padre Dios van a ganar sin lugar a dudas? Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores, el líder que, finalmente, vencerá a las fuerzas del mal en este mundo. Si somos verdaderos discípulos suyos, somos soldados de su ejército espiritual. Quizá perdamos algunas batallas por el camino, pero vamos a ganar la guerra. Por toda la eternidad, viviremos esta realidad: La calidad de nuestra eternidad estará determinada por la medida en que participamos de su victoria.

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