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La Psicoloca y Yo IV - Problemas - Por Luisppk

La Psicoloca y Yo IV - Problemas - Por Luisppk

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Preludio
Me llamo Juan José Arizmendi pero me dicen JJ o ‘Juanjo’. Tengo 17 años, cumpliré 18 justo el día posterior a la graduación y por circunstancias algo largas de explicar, tengo a mi profesora de psicología, la Srta. María del Pilar Guerra (Mari Pili), viviendo conmigo en mi departamento. En realidad no estaría nada mal y de hecho me sentiría muy feliz de tener tan linda y pechugona mujer, pero… ¡¡Es una loca manipuladora, absolutamente descarada y abusiva!!

A 10 días del cumpleaños de M
Preludio
Me llamo Juan José Arizmendi pero me dicen JJ o ‘Juanjo’. Tengo 17 años, cumpliré 18 justo el día posterior a la graduación y por circunstancias algo largas de explicar, tengo a mi profesora de psicología, la Srta. María del Pilar Guerra (Mari Pili), viviendo conmigo en mi departamento. En realidad no estaría nada mal y de hecho me sentiría muy feliz de tener tan linda y pechugona mujer, pero… ¡¡Es una loca manipuladora, absolutamente descarada y abusiva!!

A 10 días del cumpleaños de M

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04/28/2012

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Preludio

Me llamo Juan José Arizmendi pero me dicen JJ o ‘Juanjo’. Tengo 17 años, cumpliré 18 justo el día posterior a la graduación y por circunstancias algo largas de explicar, tengo a mi profesora de psicología, la Srta. María del Pilar Guerra (Mari Pili), viviendo conmigo en mi departamento. En realidad no estaría nada mal y de hecho me sentiría muy feliz de tener tan linda y pechugona mujer, pero… ¡¡Es una loca manipuladora, absolutamente descarada y abusiva!!

A 10 días del cumpleaños de Mari Pili… El día anterior gracias a la inventiva y también porque no decirlo, el valor, del ser humano más raro que he conocido, el ‘loco ufo’… Marco y yo nos enteramos, junto con otros 5 compañeros del colegio, lo que las chicas conversaron del equipo de fútbol en la reunión que organizó el director y encabezó la psicóloga. A pesar que varias chicas escaparon, la reunión en el salón de música contaba con muy buena asistencia de las alumnas de los dos últimos años superiores. Sin saberlo nosotros, por encontrarnos en el salón vecino oyendo todo por un trasmisor, el ‘loco ufo’ (disfrazado de chica) presenció todo y fue quien durante los siguientes días nos detalló lo ahí sucedido. Entre otras cosas: Quienes estuvieron, lo que dijeron, sus reacciones y demás interesantes comentarios suyos acerca de ‘vivir para ver el momento’. Entre lo que más nos sorprendió, fue que la enfermera Carolina estuviese ahí apoyando a la psicóloga. Aunque por lo dicho nunca participó y asistió de mala gana. Solo se animó cuando escuchó a las chicas acusar de ‘robacunas’ a Mari Pili1 por supuestamente tener sentimientos hacia mí. Cuando terminó la reunión, ve a ambas hablar solas fuera del salón. Pero al estar ya por salir del pasillo, vio a los profesores correr para separarlas pues comenzaron a pelear. Aunque no supimos por qué. También fue una tremenda sorpresa enterarnos acerca de los sentimientos de la presidenta, Sandra Vernín, por mi amigo Marco. Especialmente debido a su carácter serio e inquebrantable. Realmente es muy difícil el imaginarla como una chica enamorada. Marco, quien tiene sus temores por problemas muy serios con su novia anterior2, fue por obvias razones quien más se impresionó, pues viéndolo objetivamente, ella es la candidata ideal y a quien él necesita para superar esos antiguos recelos. Todos los presentes, acordamos guardar el secreto solo entre los asistentes y nos retiramos de aquella increíble misión espía. Sin saberlo, ello nos llevaría a vivir hechos que seguramente nunca hubiésemos imaginado. Además, a partir de la fecha, la pandilla formada por el ‘loco ufo’, el chino Lee y ‘cabeza de papaya’, comenzó a contarnos a nosotros entre sus filas. Es decir, ¡nos convertimos en sus amigos! ¡Ay dios…! ¡¡qué precio tan caro!!

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Leer ‘La psicoloca y yo III – Faldas’. Leer ‘La psicoloca y yo II – Conociéndonos’.

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Capitulo IV
¡Problemas!
Al día siguiente… Yo aproveché y atormenté en casa a Mari Pili. No mucho, pues podía sospechar. Aunque si lo suficiente para que se vaya a dormir temprano muy colorada, vistiendo un buzo deportivo (mío) y bien tapada de pies a cabeza. No sin antes advertirme las consecuencias dolorosas que podrían ocurrirme, en caso se me ocurra alguna idea loca durante su sueño. Yo la observé y me pregunté cuánto tiempo duraría tapada así, pues estamos a mitad de primavera y comienza a hacer algo de calor por encontrarnos en zona ecuatorial y a dos meses del inicio del verano. Sonreí malvado instantes antes de apagar la luz, para decirle con dulce tono: – ¿Sabes…? Estuve pensando acerca de tu oferta del besito de las buenas noches… – ¡¡Iiiiiii…!! – Exclamó ella alarmada bajo las mantas imitando a un ratón. – Mmm… lo voy a seguir pensando. Buenas noches… (Je, je, je…) ¡La tortura… que felicidad ! Por la mañana, se levantó tempranísimo. Se duchó y vistió en el baño, cosa que nunca hace. Cogió una fruta, tomo una vaso de leche fría y partió veloz, dejándome atrás. ¡Hasta olvidó su almuerzo! Yo desayuné muy tranquilo y alisté mis implementos deportivos antes de salir, pues hoy teníamos un partido de fútbol muy importante en la tarde. Iniciamos el campeonato de fútbol–sala, y nos toca de rival uno de los más fuertes candidatos a llevarse el primer lugar. También son grandes rivales del director y el profesor de educación física, aunque ninguno reveló los motivos. En el camino, pienso acerca de la presidenta y mi amigo Marco. Ya lo medité bien y creo que sería bueno darles una ayuda, pues ninguno de ellos tiene el ánimo de ‘avanzar’. Tengo un plan, pero involucraría al ‘loco ufo’. Eso quiere decir… que a su pandilla también. Me rasco fuerte la cabeza, pero no encontré otra opción. – ¡Al mal paso darle prisa! – Me animo a mí mismo, ya por entrar al salón. ¡Las chicas son un coro de grillos! Todos los hombres (menos nosotros) están preguntándoles que pasó el día anterior en su reunión, o intentan prestar atención a lo que ellas hablan en grupos cerrados, con las compañeras que fugaron y no asistieron. Al verme entrar a mí, ellas se pasan la voz a manera de telégrafo (uno atrás de otra) y claramente se les escucha murmurar ‘el secreto’ de Mari Pili conmigo. Aunque lo bueno, es que todas ellas están conscientes de que no es reciproco. Sin embargo y a pesar de todo, es un chisme y además… ‘secreto’. Teóricamente, yo soy ‘el elegido’ de la psicóloga. ¿Por qué? Eso las hace chismorrear acerca de triángulos, pensando en Susie… o quizás ‘¿cuadrados?’, también pensando en Pili. A pesar, que ella declaró tener novio, pero las chicas que ya lo conocen a él, saben muy bien que no van a durar y aquello, es también motivo de más chismorreo. Yo las veo y me hago como quien no entiende nada. Saludo como siempre y voy hacia mi lugar. Estamos de lo más tranquilos (mentira), cuando en la puerta trasera aparece la ganadora de los últimos 3 grandes concursos de belleza de primavera del colegio y futura candidata a miss universo… Deborah Holsen. Mejor conocida como ‘Debbie’ o ‘alteza’. Una rubia de hermoso cabello ondulado con rizos y bellísimos ojos color miel. Todo en ella está en su justo lugar y algunas de sus medidas corporales exceden lo preciso exactamente en los puntos adecuados. Definitivamente cuando en verdad quiere, Dios se inspira en su trabajo. Con todo y a pesar de todo… le tiene envidia a la psicóloga. Ya imaginaran las razones (2 MUY PODEROSAS). Ahora, la pregunta del millón… ¿Qué hace ella en nuestro salón? Especialmente, cuando (según ella) todos los hombres del colegio… (Alumnos, profesores, trabajadores e incluso el director) …son unos tarados. Aprovecharé para comentarlo por si no se han dado cuenta. Ella… también es el diablo. Es una Mari Pili en versión escolar. Aunque extra–reforzada, por estar en su formato adolescente. 2

Ella no necesita estudiar mucho. Excepto cuando el curso lo dicta una profesora. Con los profesores, se acerca muy bien engalanada, con suave maquillaje, aretes finos, collar de perlas, sonríe seductora y se hace la víctima: – ¡Ay profesor… no sea malito! Asunto concluido: ¡¡APROBADA!! En cuanto al director... – ¡Ay señor director! ¡Usted es un tontito! – y se chupa el dedo, mirándolo divertida y parpadeando mucho. Tiene a todo el mundo masculino a sus pies. A los pocos que se resisten por algún motivo, los odia. Yo, por si no lo adivinaron, estoy en ese último grupo. Exactamente por las mismas razones por las que soy famoso con la psicóloga. Marco es un caballero, pero tiene el corazón endurecido por su problema. Creo es el único en todo el colegio, en ser reconocido por ella como alguien fuera de sus límites. Algo realmente sorprendente. Él, apenas enterarse que ella lo odiaba por no hacerle caso, se levantó y tomándole su mano delante del resto de sus amigas, la besó delicadamente diciendo: – Por favor su alteza, no me odie… ¿sí? – Sonrió gentil y muy caballeroso se retiró, luego de provocar un aullido de exaltación en todas las chicas presentes. Debbie, de inmediato tapó el tremendo rubor facial con su bella melena rubia y entonces, la ‘reina’ cumplió el pedido de su ‘caballero’. Ahora, son ‘amigos’. Aunque ella, aún no puede perdonarle el tenerme también a mí como tal. Créanme, ya lo intentó3… y aún hoy lo sigue intentando. Si no me creen, miren lo último que le dijo al encontrarnos almorzando juntos: – ¡Ay Marquito…! Ese amigo no te conviene. Hasta puede pegarte su insolencia. –En tono preocupado. – Gracias su alteza, pero justamente mi presencia hace que esa ‘insolencia’ se mantenga en tonos moderados. Muchas gracias por su preocupación. – Afirma él y saluda con una serena sonrisa. Intentando calmarme con una mano, para que yo no le responda como se merece. Ella me mira luego de despedirse agradablemente de Marco y despectivamente me voltea la cara. ¡Es una desgraciada! Por lo tanto… ¿Qué hace ella aquí en mi salón? Fácil. Es una de las que escaparon el día anterior y no asistió a la reunión. Se acaba de enterar y… ¡viene para verme! ¡Está muy exaltada! – ¡Tú! – y me apuntó amenazadora. Todos los chicos la miraban de pies a cabeza con la boca abierta. En el caso del ‘loco ufo’, incluso ya estaba babeando. Realmente le gusta a morir. Aunque si ella se entera, ese será justamente su fin. Él lo sabe. La práctica que tengo ahora con la psicóloga, no es en vano. Como muestra de ello, me levanto de inmediato, extiendo ambos brazos hacia ella y le suelto: – ¡Está bien, tú ganas…! ¡¡Ven acá para besarte, rubia!! – Estirando con un gesto mis labios hacia ella. …. (Pausa) …. (Todo el salón… comenzando por ella) ¡¡¡¿EEeeEEH?!!! Al ver su cara, con boca abierta al máximo en clara reacción de espanto, no dejo tiempo para reaccionar y veloz corro hacia ella semi–cantando y con brazos abiertos. – ♥ ¡Ven aquí amorcito… ♥♥ ven por tu besito…! ♥ Ella se toma la cabeza con ambas manos y luego de gritar espantada: – ¡¡¡Está loco!!! – Parte la carrera, primero en dirección de su salón y luego mejor corrige hacia el baño de chicas, al notar que yo puedo fácilmente seguirla. El ‘loco ufo’ es el único que quedó indignado y a punto del desmayo. Los hombres, luego de la impresión, se carcajean. Ya nos conocen. Las chicas… algunas sonríen, otras ríen y las demás, no paran el chismorreo. Yo, veo a Debbie entrar al baño y entonces regreso a mi lugar. –‘Debí perseguirla’– Pienso. Me encojo de
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Van 2 años.

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hombros y sonriendo satisfecho, miro el reloj. Faltan 3 minutos para comenzar las clases. El ‘loco ufo’ se acerca preocupado. Frotándose las manos, no sabe como cuestionarme, hasta que al fin toma valor y tartamudeando, tímidamente desea saber si realmente planeo besar a ‘su’ Debbie. Yo le pido no preocuparse y le aseguro que solo es una táctica para sacármela de encima. Él se intriga por aquella noticia, pues lo considera un disparate. Sin embargo, se tranquiliza y anima. Antes de irse, lo invito a tomar asiento en la carpeta vecina y le cuento discretamente acerca de mi plan para unir a la presidenta con Marco. Él nuevamente se sorprende y abre tremendos ojos. Honestamente y con mano en el pecho, me reprocha que le esté haciendo un daño a mi mejor amigo. Yo me rio y lo detengo antes que se vaya. En secreto le suelto dos noticias para animarlo a apoyarme. 1. Si Marco tiene novia, Debbie se queda sin ‘caballero’. 2. Si la presidenta Sandra Vernín tiene novio, va a estar mucho más ocupada y... con poco tiempo libre. Él se alegra mucho al escuchar la primera y casi salta de contento al comprender la segunda. Si la presidenta se encuentra ocupada… significa que ellos (él y su pandilla) ya no serán pisoteados. ¡Libertad! Me pide rápido algunos detalles y se va cuando el profesor de ingles entra al salón. Promete pensar varias alternativas y conversarlos conmigo durante el día. Yo solo le pedí guardar bien el secreto. Incluso de Marco. Él aceptó muy serio. – ¡Esta será nuestra primera conspiración juntos Capitán! – Saludó y partió. Me dejó perplejo y mirándolo con un ojo. ¿Habré cometido un error? …mmm… ¿Conspiración?... ¿eh?... ¡¿Capitán?! ¡¡Dios mío!! Durante el día… Los muchachos del equipo de fútbol no dejábamos de conversar acerca del encuentro de esa tarde. Incluso las chicas se nos acercan con el pretexto de asistir y hacernos porras. Eso incluyó a la reina Debbie, que muy animosa pidió a Marco mínimo un gol a su nombre. Él como siempre, correspondió muy gentil: – A sus órdenes, alteza. – ¡Yaaayyyy…! – Gritaron las locas de sus amigas acompañantes. Ella como siempre, se ruborizó. – Entonces… yo haré autogoles. – Le susurré a él cuando se acercó. Marco rió mucho de la ocurrencia, palmeó mi espalda y seguimos con nuestros asuntos. Ella al vernos juntos cambió la cara. Yo aproveché y girando hacia ella, le guiñé pícaramente un ojo. ¡Se espantó! Miró alrededor para saber si alguien más lo notó y apuró a su entorno para salir de ahí. Partió muy escandalizada y con temor de mirar atrás. ¡Aaah… la venganza! ¡Qué felicidad! Gracias a Mari Pili, creo estar mejorando. Mmm… ¿será posible que también por ella lo esté disfrutando? Mmm… ¡Naaa…! No lo creo. Durante el almuerzo, Susie se acercó realmente avergonzada ante la atenta mirada de todas las chicas de ambos salones. Al parecer, no le gusta para nada la fama. Yo avance hacia ella y cariñoso tomé su mano. Eso la sonrojó más, pero también la animó. – Aquí hay demasiado escándalo, vámonos a un lugar más tranquilo para almorzar ¿sí? – Le pedí y junto con Marco, enrumbamos hacia fuera del comedor. Siguiendo un plan, le preguntamos acerca de la reunión del día anterior. Ella se incomodó, pero afirmó que lo mejor era olvidarlo y vivir tranquilos. Después de decirlo, ella misma fue quien titubeando tomó mi mano. Me sorprendí, pero al mismo tiempo alegré. Al parecer, vamos por buen camino. No alcancé a darme cuenta que desde el comedor, Mari Pili nos espía por la ventana. Tampoco presté atención cuando el capitán de nuestro equipo y actual novio de Pili, pasaba muy divertido conversando con tres chicas del equipo de porristas. Únicamente a Marco no se le escapó nada. En pleno almuerzo se acerca el ‘loco ufo’ y me hace una señal en secreto. Yo pido permiso y ante la extrañeza 4

de mis acompañantes, me acercó a él. Me da un par de datos, ideas y quedamos para después del partido. Recién ahí, veo por la ventana como la psicóloga está almorzando en el comedor junto a nuestro entrenador. El mismo que se declaró su confeso enamorado. ‘Seguro lo engañó para que la invite.’ Pienso convencido, a pesar de notárseles muy animados. Regresando, me pregunto si acaso no será consecuencia de las acusaciones por las que pasó el día anterior. Al parecer, y al menos por hoy, ella intentará alejárseme. Decido mejor continuar como si nada, a pesar que a Susie y Marco se les ve muy extrañados por verme hablar con el ‘loco ufo’. Honestamente, no los culpo. Intentamos hablar del partido y le pido a Susie gritar lo más fuerte posible cuando hagamos goles. Ella se intimida, pero bajito acepta hacer el intento. En recompensa, acaricio su mano acercándola a mi mejilla. Se sonroja al extremo y su cabeza parece echar humo. Siente vergüenza y me acusa de loco. Yo lo disfruto y Marco también, pero ese momento parece recordarle algo y deja caer la cabeza como culpándose. Al terminar de almorzar, muy satisfechos nos regresamos a nuestros salones. Problema ‘real’… Ya en mi aula, decido aprovechar los 5 minutos faltantes para ir al baño. Salgo al pasillo casi vacío y camino tranquilo hacia allá. Estoy por pasar delante del baño de mujeres, en camino al de hombres ubicado al lado, cuando se abre la puerta y aparece… ¡Debbie! Sale despreocupada, conversando y sin notarme. Freno al instante y sonriendo, espero se me acerque. Cuando gira y se da cuenta, ya está alejada del baño. Semi–frena muy preocupada, pero intenta reponerse al instante. Muy altiva, camina orgullosa e intenta ignorarme, pero se le nota muy nerviosa. Eso me causa gracia y por primera vez desde que la conozco, creo tenerla dominada. Es una situación que no puedo dejar escapar y siento esa misma sensación de placer pensando en torturarla, que cuando lo hago con la psicóloga. Por lo tanto… estiro los brazos hacia ella y repito en el mismo tono, lo que le dije temprano en el salón: – ♥ ¡Ven aquí amorcito… ♥♥ ven por tu besito…! ♥ ¡Al instante ella retrocede espantada dos pasos y se prepara para huir en dirección del baño! Pero al girar, es víctima de sus propios zapatos4. Muy elegantes pero no son buenos para correr, y aún menos para acciones deportivas, pues teniendo la suela lisa ‘patinan’ muy fácil. Eso la hace perder equilibrio y al querer recuperarlo, pisa mal y se dobla el pie. Cae sentada luego de un grito. La veo adolorida y además, aún muy preocupada por mi broma. Yo me acerco también intranquilo, pues la vi mal. Es cierto que quería torturarla, pero nunca pensé en hacerle daño. Doblarse un pie, por experiencia sé que duele muchísimo apenas ‘se enfríe’ la torcedura. Me acerqué ante sus protestas y algunos golpes. Tomé su pie y estiré su pierna para ver que tan mal la tenía. Eso la hizo llorar. Aunque no estaba muy seguro si era por tocarla yo, o solo porque le dolía. – ¡Vamos a la enfermería! – Anuncié delante de sus amigas, que acababan de salir del baño y me atraparon en pleno examen de su lindísimo miembro inferior. Ya se preparaban ellas a saltar para desintegrarme, cuando levanto a Debbie en brazos y parto la carrera hacia la enfermería. Ellas quedan completamente frías y atónitas, viendo como Debbie reniega, patalea, me pega y aúlla mil insultos, mientras la llevo cargada. – ¡Suéltame, estúpido salvaje! – pegándome con ambas manos. – ¡Tranquila, te estoy llevando a la enfermería! – ¡No quiero que me lleves a ninguna parte! ¡He dicho que me bajes, no me duele! – ¡Ya se está hinchando, míralo! –Ella se calma un instante y lo hace– Nosotros que jugamos fútbol pasamos por estas cosas. Apenas se hinche, de verdad te va a doler. Estamos corriendo para aplicarte un calmante antes que eso pase. ¿Entiendes ahora? Ella luego de ver su pie hinchado, se resigna y para de pegarme, pero en el instante que entramos al pasillo de la enfermería, tuvimos un encuentro con quienes menos esperábamos. El entrenador y… ¡la psicóloga! Tanto nosotros como ellos, quedamos plantados frente a frente. Ellos con ojos y boca bien abiertos, aunque por diferentes motivos. Él, por ver a la reina Debbie en mis brazos… y ella, por verme ‘a mí’ teniendo en brazos a la 3 veces reina Debbie. Ese instante de silencio incómodo, lo rompo yo al ocurrírseme una idea con sabor a venganza: – ¡Con su permiso profesores…! ¡¡Pero nos amamos y estamos fugándonos!! – Confieso apurado y... ¡Fugo!
Ella había conseguido permiso del director para acudir al colegio con zapatos de taco, con el cuento de que ‘la reina del colegio debe estar siempre presentable’.
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¡¡¡Las caras que pusieron!! Todos ellos gritaron aterrados (Debbie incluida): – ¡¡¡¿Aaaahh…?!!! Para ser honesto, recordar esas tres caras, aun hoy me anima en algunos malos momentos. ¿Me arrepiento? …¡¡JAMÁS!!... Las reacciones: El entrenador: Parpadeó dos veces y su cerebro dejó de funcionar. Quedó tieso. Debbie: ¡Me miró aterrada! ¡No sabía que creer! Pero al verme sonreír malvado… ¡se desmayó! Mari Pili: Primero parpadeó mucho. Luego trastabilló y se llevó una mano al pecho. Mientras, intenta procesar semejante bomba y cerrar de paso su boca, pero nosotros… ya no estábamos. La enfermería está a mitad del pasillo. Abrí la puerta de un tirón y apenas la enfermera verme con Debbie desmayada en brazos, se asustó muchísimo. De inmediato indicó colocarla en la cama, mientras me preguntaba los detalles de lo sucedido. Yo le relaté absolutamente todo, de pies a cabeza. Ella rió mucho al saber la reacción que tuvo a mi mentira en su declarada enemiga, la psicóloga. – ¡Bien hecho! – Me felicitó muy animada y con ambos pulgares arriba. Ayudé en lo que me pidió y también en quitarle los zapatos a Debbie, mientras le atendían su pie hinchado. Luego, limpié su cara del sudor frío que yo mismo le provoqué. Sin embargo, en esos momentos de paz… confieso que en verdad la vi realmente muy bella. ¡¡Pero también es el diablo!! Poco tiempo después, al despertar, miró preocupada hacia todos lados. - Buenas tardes… amorcito. – susurré yo. - ¡¿Eeeh??! – asustada. – Tranquila, -intenta calmarla la enfermera Carolina- estas en la enfermería, ya te hemos atendido. – Así es, no te preocupes. Ella fue quien te desvistió… – Añadí yo guiñando un ojo. – ¡¡¡¿AAAAHHH…?!!! – Gritó ella aterrada, sentándose al tiro y revisándose por completo. – ¡Eres un malvado! Ja, ja, ja…– Afirmó Carolina riéndose y me premió con un suave palmazo en el hombro. Yo igual sonreí divertido y nuestra actitud tranquilizó a Debbie. Recién ahí observó su pierna herida. – Ya estas curada. Evita apoyarte en ese pie unos días y regresa aquí para atenderte y cambiarte el vendaje. Si deseas, puedes regresar a tu salón en la silla de ruedas. – Termina la enfermera muy amable. Debbie aun con muchas cosas por procesar, da las gracias. A mí, me mira entre enojada e intrigada. Yo acerco la silla de ruedas y gentilmente se la ofrezco. – ¿Te duele? – le pregunto más serio al llegar, con tono sincero y tranquilo. Ella la mueve un poquito e intenta apoyar el dedo gordo. El hincón la hace retroceder el pie. Baja la cabeza y se notan sus ganas de culparme, pero se guarda la lengua y solo se lamenta renegando en voz baja. – Si buscas culpables… aquí están. – Le indico, entregándole sus propios zapatos. Debbie está a punto de explotar… cuando la enfermera habla en voz alta, mientras guarda los medicamentos a espalda de nosotros: – ¡Eso es 100% cierto…! Esos zapatos de taco serán muy bonitos, pero en verdad son un peligro. Debbie la escuchó en silencio y nuevamente con eso se calmó. – Juanjo, por favor lleva a la Srta. Holsen a su salón. Pueden usar la silla de ruedas. No se preocupen, yo me encargo de llamar a su casa para avisarles y la recojan a la hora de salida. Ambos agradecemos, pero Debbie luego protesta. Aun muy terca insiste en pedirme el alejarme. Aunque al menos ahora, sorprendentemente lo hace de una manera más considerada. – Si te dejo… ¿Cómo planeas subir sola al segundo piso, eh? –Pregunté de manera que comprenda– Vamos ‘alteza’… arriba, su carruaje espera. Apenas oírme llamarla así, se ruborizó. No tanto como con Marco, pero al menos ya era avanzar algo. Nos despedimos y apenas entrar en el pasillo, nos encontramos con el entrenador, que había regresado de avisar muy preocupado lo sucedido al director. Conversamos del tema, mientras entre ambos la subíamos al segundo piso. Él obviamente se molestó por la broma y me ‘recomendó’ portarme bien. Cuando menos, por el siguiente mes. – Sin embargo, deberás ir con el director y curarle el ataque al corazón que casi le da. Eso ya es tu problema, yo ahí si no me pienso meter. – Terminó él alejándose y secándose el sudor de la frente. 6

A pesar de todo. No soltó ni palabra acerca de Mari Pili. Por algún motivo, sospeché que ella se lo encargó así. Mmmm… ¿cómo habrá reaccionado a ‘la bomba’? ¡Caray! ¡Me hubiese quedado un rato para verla! Empujada por mí, Debbie entró callada y muy tímida a su salón. Antes de separarnos, me acerqué a su oído y susurrando, le pedí perdón. – Nunca pensé que algo así pudiera suceder. En verdad lo siento… ‘alteza’. Ella me miró realmente incrédula. Al parecer, mi disculpa era algo que nunca jamás imaginó. – Sin embargo…–añadí– aun creo que esos lindos zapatos tuyos lo ocasionaron. – Ella los examinó, pues los tenía en la mano– Créeme, no los necesitas… eres muy bonita aun sin ellos. – La despedí empujándola suavemente en dirección del salón, haciéndole adiós desde fuera muy simpático moviendo la mano. Ella entró con el cuello torcido, aun incrédula y mirando hacia atrás. Eso me causó gracia. Saludé a Susie que me vio a través de la puerta abierta y partí en el momento que Debbie giraba para saber a quién saludaba yo. Verdades y secretos… Hablé con la profesora de turno y presenté excusas por llegar casi media hora tarde. La clase pasó sin contratiempos, se acercaba el fin del estudio y el inicio del encuentro por el campeonato inter escolar. Una copa deseada por el entrenador y muy especialmente por el director. Al terminar, todos nos preparamos alegres para ir al escenario de nuestro primer triunfo. Al menos, eso esperamos. Los rivales son de cuello duro y firmes candidatos a llevarse la copa. De ganarles, tendremos prácticamente el camino libre. Ellos por su parte, tienen exactamente las mismas expectativas. Camino en dirección de la puerta, cuando aparece Jenny. Una de las mejores amigas de Debbie. Me mira con un ojo y me entrega un pequeño papel. Inmediatamente después, se retira. Siento la presencia de una mala noticia. Finalmente decido leerlo y veo un mensaje de su alteza Debbie: ‘Acércate, debemos conversar.’ Lo pienso detenidamente y luego me resigno. Necesitaré su apoyo para que el director me perdone. Rasco mi cabeza y de mala gana me dirijo al otro salón. Marco ya salió, pero Susie aún se encuentra ahí, conversando con sus amigas para asistir. Al verme, se alegra mucho y me saluda. Yo correspondo, pero Jenny al vernos se le acerca, dice algo y señala hacia Debbie, que confirma con un movimiento de cabeza. Susie sonríe incómoda, duda… pero claramente acepta. Me hace adiós y parte con sus amigas diciéndome: - Nos vemos en el auditorio. Yo volteo hacia Debbie. No sé honestamente que cara poner, así que la observo como un detective que quiere descubrir al culpable. Ella sonríe serena, me llama a su lugar y despide a su séquito de amigas. Aunque hay algunas disconformes, (especialmente Jenny) se les ve no querer obedecer pero igual se van. - Gracias por venir, hablaremos camino al evento. - ¿Cómo? ¿Planeas asistir así en silla de ruedas? –le pregunto extrañado- ¿No vienen a recogerte? - Hablé a casa y les informé que no es nada para preocuparse. Me recogerán cuando el partido termine o quizás, si tenemos la fuerza de nuestra parte, después de la celebración. Sonríe muy amena y serena vuelve a pedirme empujarla hacia allá. No entiendo muy bien que desea, ni el porqué se deshizo de Susie o su propia escolta. Sin embargo, parece que en verdad desea hablarme y por lo visto, quiere hacerlo en privado. Sin respeto por su realeza, coloco mi maletín sobre sus piernas (cosa que la sorprende e indigna) y me ubico detrás para empujarla. Ella está renegando por mi ‘insolencia’ y se remuerde los dientes, pero finalmente logra calmarse y comenzamos a hablar, siempre revisando los alrededores por si alguien nos puede oír. - ¿Sabías que en la reunión femenina de ayer, aparte se habló de un tema especial? - ¿Ah sí…? –repliqué- Pero esa información solo la saben las mujeres. Ninguna ha querido hablarnos de ello. – Respondí haciéndome el ignorante. - Sí, bueno… lo que hablaremos es secreto, así que confiaré en que no lo divulgarás. Es la razón por la que me acerqué para conversar contigo hoy temprano. - ¡Aaah…! ¿Te refieres a aparecer en la puerta de mi salón, apuntarme y gritar amenazante… ¡¡Tuuú…!!? - Sí, bueno… -se incomodó, pero luego de un momento reaccionó- ¡Es que no sabía cómo tratar el tema contigo! ¡Siempre has sido muy malcriado e insolente conmigo! ¿Qué querías que hiciera? Yo lo pienso bien y la veo retorcerse en su silla. Está diciendo la verdad y lo más sorprendente… su actitud me recuerda completamente a Mari Pili. 7

- Es cierto… - Acepté muy sencillo. Ella volteó atónita. Realmente estaba muy sorprendida. Me examinó bien y luego volvió a su posición inicial. - ¿P-por qué lo hacías? – Preguntó dudando. Respiro profundo y respondo honesto. – Cuando me tratan mal, yo los trato peor. Eso es todo. Lo lamento, yo soy así. Ella hace una pausa y suspirando pregunta: - ¿Es por eso que te muestras insolente conmigo y también con la profesora Mari Pili? ¿Porque ambas te tratamos mal? - Mmm… si. Supongo que así es. Recién hace muy poco he descubierto lo mucho que se parecen ambas. - ¿Eso crees? - ¿Tú no? - Pues… si. Lo supe desde el primer día que la conocí y me enteré el porqué te persiguió dos veces. - Mmm… déjame adivinar. ¿Te pusiste en su lugar y reconociste que quizás tú habrías hecho lo mismo? Ella giró de un golpe. Nuevamente me examinó. Se remordió los dientes con fuerza, pero no dijo nada y volteó a su posición original. Solo apretujó mi maleta con mucha fuerza. - ¿Cómo puedes pensar o imaginar, que yo haría algo así? ¿Acaso buscas provocarme? - No, absolutamente no. Simplemente imagino que al tener el carácter tan parecido, reaccionarias igual en caso de sentirte insultada por un grupo de alumnos y no tener a nadie en quien apoyarte para que te defienda. – Detengo la silla e intento verla a los ojos. - ¿Me equivoco? ¿Qué pasaría si te dijeran ‘fea’? Ella desvía su mirada luego de pensarlo un instante. Aprieta ambos puños muy fuerte. Satisfecho, yo regreso a seguir empujando. Hay menos gente en los pasillos y nosotros avanzamos despacio. - Entonces… ¿estás convencido que la psicóloga y yo somos parecidas? - Oh sí, muy parecidas. Lo que funciona con una, También con la otra. – Confirmo completamente. Ella respira. Parece que toma valor. Eso me intriga y presiento que recién me dirá lo que realmente buscaba. - ¿Sabias…? –aclara la garganta- ¿Sabías que todas las chicas del colegio, piensan que tú le gustas a la psicóloga? – Y semi voltea para ver mi expresión. Yo, no tengo que actuar nada. ¡En realidad me agarró desprevenido! Paré de empujarla e intenté absorber esas confidencias como si fuesen la primera vez. - ¡Naaa…! ¡No puede ser! ¡Eso es imposible! – Respondo yo, minimizando la noticia. - Si…-complementa ella- yo también tenía esa idea y fue por eso que me acerqué molesta para ‘acusarte’. Me pareció imposible que alguien como ella (o yo), pudiese tener sentimientos por quien a vista de todo el colegio son enemigos declarados y solo viven de pleito en pleito. El reconocer honestamente que tanto ella como yo seamos tan parecidas, me molestó más aún. Sentí como… como si por un momento, yo misma pudiese llegar al extremo de enamorarme de alguien como tú. – Aquí hizo un silencio que yo dejé pasar, pues en realidad estaba confesándose. Entonces volteó y desde su asiento, me reveló su verdadero sentir con ojos llameantes y tono enfadado. - ¡Yo podría enamorarme de Marco que es un caballero, pero nunca siquiera imaginaría hacerlo de alguien con una insolencia tan remarcada, sin educación ni cualidades…! ¡Además, no me sorprendió ver terminada tu relación con Pili! Más bien pensé como muy raro que desde un inicio comenzaran o que quizás ella estaba mal de la cabeza… –aquí iba a interrumpirla enojado, pero ella me detuvo con una seña. Quería terminar, pero bajó su ímpetu.- Exactamente lo mismo pensé cuando luego te vi saliendo con Susie… lo siento. Tomé aire. Me serené, avancé delante de ella y me agaché para verla cara a cara al responderle. - Yo, soy un ser humano. He pasado por mucho últimamente y no soporto ser maltratado, pues creo que mi cuota ya la sobrepasó. Me defiendo de aquellos que me buscan, y nunca doy el primer golpe. Las razones que tuvo Pili para separarse de mí al parecer, son exactamente contrarias a las que podría tener la psicóloga, en caso sea cierto que siente algo por mí. En cuanto a Susie… ella es una gran chica, incapaz de maltratar a nadie y de momento, ese es el futuro que yo deseo. No quiero arriesgarme a una aventura loca, con mujeres cuyo carácter me lleve a portarme insolentemente. Deseo en lo posible vivir tranquilo, y puedo asegurarte no estar solo en mi ambición… exactamente lo mismo busca Marco. La razón por la cual se porta tan amable y como un gran amigo de las chicas es porque siendo así, ninguna de ellas lo buscará por más. ¿Entiendes? Debbie suspiró. Me entendió… y muy bien. Ella podría enamorarse de Marco, pero él jamás correspondería. Él, no quería ser herido otra vez y la personalidad de ella no brindaba ‘garantías’. No tenía nada que ver el ser fea o bonita. Era únicamente cuestión de confianza en la persona y su carácter. Me dio algo de pena al verla como por primera vez, ella parecía no conseguir lo que buscaba. Me levanté e intenté calmarla acariciando su cabeza. 8

- Vamos, anímate. Marco y yo tendremos nuestras preferencias bien marcadas, pero tú también tienes las tuyas. Seguramente encontrarás alguien que le guste sufrir mucho en tus manos. – Y sonreí muy simpático. Ella levantó su linda carita con unas pocas lágrimas, muy divertida por aquella nueva insolencia. Respira profundo y un renovado aire de esperanza la llena a ojos vista. - Pues vamos… ¡Vayamos a patearles el trasero a esos tarados del otro colegio! – Se animó alzando el brazo. - ¡A la carga, alteza! – Grité yo y pasé a empujarla a toda velocidad, haciendo sonido como auto fórmula uno. ¡¡Ran, ran… raaaaaaaaan!! Ella reía divertida, especialmente cuando hacíamos las curvas en una llanta y el ruido de las frenadas. Así llegamos al auditorio y entramos atravesando directo hacia la tribuna donde le guardaron su asiento. ¿Se imaginan las caras de todo el colegio al vernos en dos llantas entrar divertidísimos por el medio del campo, riendo a carcajadas, jugando a los carritos y en completa armonía? Pues la verdad… ¡No tiene precio! El director, el entrenador, su sequito de amigas, Marco, Susie, Pili, el pobre ‘loco ufo’ y… ¡la psicóloga! ¡Todo el recinto nos observó en silencio, mientras ella me pedía cargarla para ubicarla en su lugar! Yo acepté de buena gana, lo que provocó un tremendo… ¡¡¡OOOOH!!! Ella, ya bien acomodada, hizo una seña a Jenny que llamó adelante a Susie, sentándola a su lado. - Vamos a animarlo juntas, ¿sí? El pobrecito, es un tarado. – Le dijo a ella y me sonrió muy divertida. Yo levanto una ceja pero me rio de su insolencia. ¡Qué tal descarada! Susie parpadea mucho. No entiende nada de nada. No se le puede culpar, pues el resto del colegio está peor. - Bueno… ‘caballero’… -pronunció masticando- …como ya tengo quien me dedique los goles, supongo que necesitaré quien lo haga con los triunfos… - Con una desafiante sonrisa de oreja a oreja. ¡Ya me fregó! Pienso yo. Pero reconozco que al menos lo hizo hábilmente. No hay nada que hacer, estoy condenado. - Está bien… ‘alteza’ –pronunciándolo masticado- Le traeré un par de cabezas del enemigo. Muy satisfecha, ella se acomoda en su ‘trono’. - ¡No esperaba menos! ¡Vaya con dios, caballero! Yo me retiro, no sin antes guiñarle un ojo a Susie y avisarle que mínimo haré un gol por ella. Consecuencias… Esa tarde… perdimos. ¡Tsch! A mi… me expulsaron por pegarle a dos suplentes idiotas del equipo contrario. Uno por pasarse con Susie y el otro... bueno, para qué mentir… al muy animal se le pasó la mano al piropear a nuestra reina. El ‘loco ufo’ muy indignado, lo correteó hasta fuera del colegio (y aún más allá). Marco, cayó conmigo por ayudarme. A pesar de todo, nos retiramos muy divertidos, pues hasta el entrenador tuvo oportunidad de meterle un knock-out a su rival del equipo contrario (parece que miró mucho a Mari Pili) y con ello se sintió muy feliz. El director, llamó al día siguiente a todo nuestro abollado equipo de fútbol (incluido el entrenador). Nos requintó, resondró y vilipendió en voz alta y con todos los parlantes del colegio encendidos. Al apagarlo, muy bajito nos felicitó por defender a las chicas. ¡Luego nos botó! El equipo de fútbol es ahora más famoso entre las chicas, que si hubiésemos ganado 10 campeonatos. Ay… ¿Quién las entiende? Mari Pili está enojada. Algo habló con Debbie y no hay manera de saberlo. Tiene conmigo unas reacciones raras. A veces parece seductora y otras… parece asesina a sueldo. ¿Qué pasa aquí? ¿Alguien que entienda a las mujeres y me pueda explicar qué debo hacer? ¡Socorro! ¡¡Estoy viviendo con una loca!!

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