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Como Lustrar a Muneca

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CÓMO LUSTRAR A MUÑECA

Muchos son los aficionados que desean lustrar a muñeca los muebles que construyen, pero, ¿cuántos de los que han intentado la tarea han logrado un éxito completo? Muy pocos, seguramente. Ante esta respuesta, cabe preguntarse: ¿Será tan difícil el lustrar a muñeca? En realidad no lo es, si el aficionado es cuidadoso y paciente, ysigue al pie de la letra las indicaciones que daremos en este artículo. De todos modos, conviene agregar que el novicio no llegará a obtener un resultado brillante en la primera tentativa, pues la práctica -como en todas las cosas- contribuye en gran parte al éxito que pueda obtenerse en el trabajo. El lustre a muñeca constituye el mejor acabado para la madera, pues hace destacar muy bien sus vetas, y, es además impermeable al agua. Sólo lo atacan los ácidos, las bases y el alcohol. En el comercio es posible encontrar preparados listos para usar, pero muchos son los profesionales y aficionados que prefieren disolver ellos mismos la goma laca en el alcohol, y al proceder así no se equivocan, porque a menudo, el producto resultante es de mejor calidad. El líquido para lustrar a muñeca es una simple solución de goma laca en alcohol. según la cantidad de goma disuelta, el líquido se denomina de 10, 15, 25 y 45 %, proporción que corresponde a las siguientes cantidades:
A. Goma laca ........... 100 grs. / Alcohol ............. 1000 c.c. B. Goma laca ........... 150 grs. / Alcohol ............. 1000 c.c. C. Goma laca ........... 250 grs. / Alcohol ............. 1000 c.c. D. Goma laca ........... 450 grs. / Alcohol ............. 1000 c.c. Un líquido demasiado cargado de goma laca no produce buenos resultados: así, el lustre de 25 % es usado generalmente por los torneros, que buscan un acabado rápido de los objetos que fabrican, y el de 45 % , sólo se emplea para obturar los poros de las maderas de inferior calidad. En la práctica, el líquido que con más frecuencia se usa, es el de 15 a 20 %, pero esta proporción nunca es bien definida; cada profesional guarda en secreto la composición del líquido que utiliza. La goma laca empleada puede ser blanca, amarilla o marrón, y se toma uno u otro color, según se quiera obtener un producto más o menos claro. Ya veremos más adelante que existe todavía la posibilidad de teñir el líquido para hacer destacar la veta de las maderas más finas. El alcohol a emplear debe ser de 95 grados, pero el precio de este es algo elevado, puede reemplazarse por alcohol metílico o alcohol industrial de buena calidad. Para facilitar la disolución de la goma en el alcohol, puede recurrirse a uno de los procedimientos siguientes: 1. Se pulveriza la goma laca y se coloca en un saquito hecho con tela de malla floja, el cual se suspenderá dentro de un recipiente capaz. El alcohol se vierte en el interior de este, y la posición del saquito será tal que la goma laca quede casi al nivel del líquido. La disolución se verifica así mucho más rápidamente que si la goma estuviera en el fondo de la vasija y además se efectúa un primer filtrado, quedando las impurezas más 1

grandes dentro del saquito cuando se termina la operación. 2. La goma puede mezclarse, después de machacada, con pedregullo limpio o vidrio pulverizado. Estos cuerpos insolubles sirven para acelerar la acción del alcohol impidiendo que la goma se aglutine. Cualquiera que sea el procedimiento que se adopte para la preparación del líquido, es necesario agitar el alcohol de tiempo en tiempo y tapar el recipiente para impedir que este se evapore. Algunos aconsejan calentar la mezcla al baño maría para acelerar el proceso, pero esto presenta algunos peligros, pues el alcohol es muy inflamable, y por ota parte se pierde solvente aun cuando la temperatura no pase de los 70 grados, y de esto resulta una sensible pérdida en la cantidad del líquido preparado, el cual, además, tendrá aumentado su porcentaje de goma laca. Las gomas oscuras, que contienen una proporción mayor de cera vegetal dan barnices más turbios, pero tal característica no es un inconveniente grave. Una vez terminada la disolución se filtra y se decanta el producto para separar las impurezas y se lo vierte en recipientes bien cerrados que se conservarán en lugar fresco. Cuando hay que lustrar maderas raras, es preferible teñir el líquido en la forma siguiente: Para la caoba clara: Naranja II ................................................................... 10 grs. Amarillo Martius .......................................................... 6 grs. Mezcla de goma laca y alcohol .................................1000 c.c. Para la caoba oscura: Amarillo Martius ........................................................ 10 grs. Granate ....................................................................... 6 grs. Mezcla de goma laca y alcohol .................................1000 c.c. Para el palisandro: Granate ..................................................................... 11 grs. Mezcla de goma laca y alcohol .................................1000 c.c. Los colorantes empleados son colores básicos de anilina. Utensillos y material Para el lustre a muñeca es necesario disponer de los materiales siguientes: Polvo de piedra pómez, aceite de linaza, alcohol y trípoli fino. La piedra pómez en polvo sirve para suavizar la veta de la madera al comienzo del trabajo y para aumentar el pulimiento de la pieza a lustrar. El aceite de linaza se prepara para facilitar el deslizamiento de la muñeca sobre la madera, y hay algunos que lo 2

reemplazan por el de olivas o por el de vaselina. El alcohol es igual al que se ha empleado para disolver la goma laca, y se lo utiliza al final de la tarea para hacer menos espesa la solución. En cuanto al trípoli, se emplea para quitar los últimos vestigios de aceite de la madera, cuando esta se halla ya lustrada. A estos productos conviene agregar, para aquellas ocasiones en las que se debe lustrar una madera poco pulida, los ingredientes que a continuación se mencionan, los cuales sirven para aumentar el pulimiento penetrando en los poros de la madera. Dichos ingredientes son: blanco de España, esencia de trementina y resina pulverizada. Preparación de la madera. Es indispensable pulir lo mejor posible la madera que se ha de lustrar. Esto es muy importante, porque no se puede pulir bien a muñeca una madera rugosa o sucia. El pulido se efectúa con un raspador, con papel de lija cada vez más fino, y por fin con la piedra pómez en polvo, y para obtener un buen resultado es preciso seguir las indicaciones que damos a continuación. Colocar el papel de lija en un bloque de madera blanda cuya superficie sea lisa, o por uno de madera dura en una de cuyas caras se haya encolado un trozo de fieltro, el cual se cubrirá con papel de lija. También es necesario recordar que las maderas blandas se lijan en un sentido transversal al de la veta, mientras que con las duras se trabaja en la misma dirección de aquellas. Al final del pulido, y cuando se emplea el papel de lija más fino, se pueden verter sobre la madera algunas gotas de aceite; de esa manera se forma una especie de pasta que obtura los poros de la madera, pero tal procedimiento no puede emplearse cuando se trabaja con madera de color claro. Por último, no hay que olvidar que el lustre, a la inversa de la pintura, no hace desaparecer los defectos de la madera, sino que los destaca. Consejos de orden general. La temperatura del local donde se trabaja, debe ser aproximadamente de 15º C. La madera a lustrar debe colocarse horizontalmente y bien plana. Según la velocidad del operador, varía la superficie de madera que se lustra de una vez: en el caso de una superficie grande, es claro que no se podrá lustrarla de una sola vez, y se procederá por porciones sucesivas de unos 1000 centímetros cuadrados aproximadamente. Por el contrario, cuando se trata de lustrar un gran número de pequeñas piezas de madera del mismo espesor, se las agrupa una a continuación de la otra, a fin de simplificar la tarea. Preparación y manejo de la muñeca.

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La preparación de la muñeca y el modo de usarla es el secreto del éxito en el lustre, de manera que conviene seguir con cuidado las instrucciones que a continuación damos: Se toma un trozo de tejido de lana viejo, bien limpio y que no destiña, y se hace con él una pelota (ver A de la figura 1) la forma de un ratón y del tamaño de un huevo, que se humedecerá con aceite, alcohol o solución, (según la etapa del trabajo) y se colocará luego sobre un cuadrado de tela blanca y suave de unos 15 centímetros de lado. La tela se pliega como se indica en B,C,D y E de la figura 1, y luego se aplasta el todo a fin de darle una forma tal que permita sujetarlo bien en la mano, (figura 2 A). La tela debe estar bien extendida y no tener arrugas ni costuras, porque es a través de ella que debe filtrarse el líquido que se ha vertido en la lana. La muñeca se sujeta en la mano, como ya se ha dicho, y se la aplica aun ángulo sobre la plancha A (ver B). Luego, describiendo un semicírculo y con un movimiento suave y regular, y apoyando la mano izquierda sobre la derecha para tener más fuerza si fuera preciso, se desplaza la muñeca como se indica en C. La tela que cubre la pelota de lana se reemplazará por otra tan pronto como se advierten en ella signos de desgaste, y pueda aprovecharse la ocasión para humedecer de nuevo la pelota de lana. Nunca debe derramarse el líquido directamente sobre la tela, y en ningún caso la muñeca debe tener la forma ilustrada en F de la figura 1. El lustre a muñeca comprende tres fases sucesivas: la obturación de los poros de la madera, la aplicación del lustre y el pulido final. El pulido preliminar del que ya hemos hablado es por lo general insuficiente, y se debe aumentar frotando la madera con polvo de piedra pómez colocándolo en una muñeca como la que hemos descrito más arriba. Cuando se trata de una madera clara, este pulido se hace en seco, y cuando la madera es dura, se hace con la muñeca húmeda. Algunos humedecen la pelota interior de la muñeca con aceite de linaza; otros, con aceite de oliva , y otros, en fin emplean el alcohol. Todo esto es cuestión de gusto y costumbre, y lo único que no se debe hacer, después de adoptar una u otra substancia, es reemplazarla con otra. Desde hace algunos años, el pulido final, cuyo fin es el de obturar los poros de la madera, se reduce en gran proporción con el empleo de los productos especiales para ese objeto, importados de Inglaterra o Estados Unidos. Un buen preparado para obturar los poros de la madera, se obtiene con blanco de España mezclado, que se le ha 4

agregado un poco de resina de polvo. La mezcla se colorea de acuerdo al tinte de la madera con colores de los que se emplean para la pintura de cal. Se tritura la mezcla, que debe tener una consistencia cremosa, y se la aplica con la muñeca. Se deja secar durante veinticuatro horas y al cabo de ese tiempo se frota enérgicamente la madera con un trozo de tela basta, saturada de una mezcla de líquido para lustrar, aceite de linaza y piedra pómez, a fin de quitar el exeso de relleno. Una vez que los poros están bien obturados, ya sea por el pulido o por medio de un material de relleno, se comienza el lustre propiamente dicho. Tomando una muñeca limpia se vierte un poco de líquido sobre la pelota de lana y se envuelve esta en un cuadrado de tela blanca y limpia, siguiendo al pie de la letra las observaciones dadas anteriormente. El líquido debe filtrarse ligeramente a través de la tela. La muñeca se maneja como hemos indicado antes, y cuando a causa de la evaporación del alcohol, aquella se adhiere a la madera, se sumerge un dedo en un recipiente que contenga aceite de linaza y se hacen caer algunas gotas de este sobre la superficie a lustrar. El aceite le da suavidad y brillo al lustre, aunque a veces en detrimento de la solidez. En ciertas ocasiones, especialmente cuando la madera que se lustra está teñida, el aceite produce nubes blanquecinas y colores que se modifican. Es por eso que algunos profesionales utilizan en su reemplazo el aceite de vaselina, que no parece ofrecer esos inconvenientes; pero de toda manera, no conviene abusar del aceite. Cuando se pasa la muñeca por la madera, es necesario evitar el volver a pasarla por la parte demasiado fresca, y nunca hay que dejar la muñeca en reposo sobre la superficie a lustrar. Una vez que se ha pasado la muñeca regularmente por toda la superficie a lustrar, y luego que el alcohol de esta primera capa se ha evaporado, se vuelve acomenzar la tarea sin esperar a que la laca se endurezca demasiado. Para comprobar el estado de endurecimiento se toca la superficie con la yema del dedo, si ella deja una impresión, la superficie no está todavía bien seca y es preciso continuar frotando. Por regla general las maderas toman tanto mejor el lustre cuanto uniformes son, cuanto menos poros tienen y cuanto más apretada es la veta. La madera blanda requiere mayor tiempo para tomar bien el lustre porque absorbe el líquido de modo que es necesario aplicar más de este para obtener una superficie brillante. Si bien el lustre de la madera puede parecer bueno cuando se termina la operación, es conveniente dejar aquella en reposo durante unas cuarenta y ocho horas, porque durante ese período el lustre puede ser absorbido en parte. Una vez que se ha dejado secar la madera, se frota su superficie con una muñeca cuya pelota de lana habrá sido ligeramente embebida en solución de goma laca. la muñeca se pasa por toda la superficie, como anteriormente, hasta obtener el lustre deseado y luego se reemplaza por otra que se humedecerá con alcohol.

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Se frota suavemente y sin apretar mucho toda la superficie, y la operación se detiene cuando la muñeca no deja más huella de su paso. Es entonces que se vierte un poco de trípoli en un trozo de tela suave, que se ata como indica la figura 3, y que se frota (en el dsentido de la fibra) sobre toda la superficie. Esto tiene por objeto quitar las últimas trazas de aceite que pudiesen existir. A continuación se frota con un trapo de lana seco y limpio. Mientras se efectúan las primeras prácticas sobre trozos de madera sin valor, puede ocurrir que la goma laca no se extienda regularmente. Para remediar ese defecto se puede aceitar un poco más el lugar, pero ese es un mal remedio, y lo mejor es frotar la madera con un trapo basto embebido en una mezcla de aceite de linaza, solución para lustrar y piedra pómez en polvo. Después de frotar bien la madera con esto, se reanuda el trabajo de lustrado. Lustrado de las molduras Aquí no es posible utilizar una muñeca, y ella se reemplaza por una pequeña pelota de algodón que se adapta mejor al perfil de la moldura. Se impregna el algodón con solución de goma laca, alcohol y polva de esmeril y se procede a obturar los poros desplazando la pelota en el sentido de la moldura. Se deja secar, se aplica otra capa y de nuevo se deja secar. Para dar el lustre propiamente dicho, se frota la superficie con algodón, pero como el brillo obtenido no ha de ser mucho, conviene aplicar una ligera capa de barniz de copal utilizando una muñeca de algodón limpia. Es preciso proceder con rapidez, porque el copal se seca muy pronto, y evitar que el algodón pase dos veces por el mismo lugar, pues en ese caso la distribucion del barniz sería imperfecta.

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