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14 oc µoµ,o oc 2012

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Introducción

Este recital de poesía lo hemos preparado con mucho cariño pensando en
nosotras, las mujeres, las de aquí, las conocidas, las desconocidas, las de otros
países.

Lo dedicamos a todas aquellas que no pueden leer estos poemas porque
no se lo permiten, porque ellas no existen en sus comunidades, en sus países, a
aquellas que han sufrido y sufren la violencia de género. Reivindicamos con esto
el derecho a ser persona, a expresarnos libremente.

Hemos elegido para ello a dos poetas, una nicaragüense, Gioconda Belli, y
otra compatriota nuestra, murciana, Vega Cerezo, porque las dos retraran
admirablemente el alma femenina.

Acabamos con el entrañable poema que Mario Benedetti dedica a una
compañera de trabajo.

Deseamos que te guste la selección que hemos realizado y esperamos que
los disfrutes.

Recibe un cordial saludo y un fuerte abrazo de todas nosotras.




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Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 9 de diciembre de 1948) es una
popular escritora nicaragüense. Entre sus obras se destacan Línea de fuego y La
mujer habitada.
Comenzó a escribir poesía, siendo premiada por sus poemas en 1970. Se opuso
a la dictadura del general Somoza. Esto le valió verse obligada a emprender el
exilio rumbo a México y Costa Rica. Fue durante años refugiada política. Desde
1970 fue militante revolucionaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional
FSLN, organización clandestina y perseguida cuyo objetivo era la eliminación del
régimen de Somoza. Tras su final ocupó cargos en el nuevo gobierno
revolucionario. Destaca como autora de poesía y de novela. Primero con obras
poéticas como Línea de Fuego, Truenos y Arco Iris y De la costilla de Eva. Más
tarde, en 1988, publicó una exitosa novela, titulada La mujer habitada.
Su libro “Sobre la grama” le ganó en 1972, el premio de poesía más prestigioso
del país en esos años, el “Mariano Fiallos Gil” de la Universidad Nacional
Autónoma de Nicaragua.
En 1978, obtuvo el prestigioso Premio Casa de las Américas (Cuba) en el género
poesía por su libro “Línea de Fuego¨.
Belli dejó todo cargo oficial en 1986 para dedicarse a escribir su primera novela.
Entre 1982 y 1987, publicó tres libros de poesía: “Truenos y Arco Iris”, “Amor
Insurrecto” y “De la costilla de Eva”. Estos libros han sido publicados en varios
países, entre ellos, España.
En 1988, Belli publicó su primera novela “La Mujer Habitada”, que fue muy
aclamada por la crítica. Traducida a varios idiomas, obtuvo varios premios en
diferentes países.
En 1990, se publicó la segunda novela, “Sofía de los Presagios”, en 1996,
“Waslala”, ambas traducidas a varios idiomas. Gioconda publicó también un
cuento para niños: “El Taller de las Mariposas”, que se publicó también en
alemán, holandés e italiano y en 1998, otro libro de poemas, “Apogeo”.
En enero de 2001 apareció su libro “El País bajo mi piel”, un testimonio-memoria
de sus años en el sandinismo. Fue publicado, simultáneamente, en alemán,
holandés e italiano.
Se casó en 1987 con Charles Castaldi con el que tiene una hija, Adriana, nacida
en 1993. De dos matrimonios previos, tiene tres hijos: Maryam (1969), Melissa
(1973) y Camilo (1978).
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La cantante catalana Carme Canela graba un disco con algunos de sus poemas
de madurez en clave de jazz.
En febrero del 2008 publica su novela El infinito en la palma de la mano, la cual
fue merecedora del Premio Biblioteca Breve 2008 de la editorial española Seix
Barral y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria Internacional del Libro de
Guadalajara. Su último libro es El país de las Mujeres (2010) en el que habla
de un mundo gobernado por mujeres.

Vega Cerezo.

Nacida en Murcia, en noviembre del año 1970. Diplomada en
Biblioteconomía y Documentación por la Universidad de Murcia, actualmente
ultima sus estudios de Periodismo. Compagina su trabajo con dos de sus
pasiones, su familia (Juan, Rocío e Iván) y la literatura.

Ganadora de la V Edición del Certamen de Cuentos Villa Condal de
Cifuentes (Gualdalajara) en la categoría de adultos con su relato "Bienvenido a
California".

Ha escrito varios artículos para el Diario “Línea Local” de Alhama.

En febrero de 2007 participa en la creación de la “Revista Socio-cultural
Entrelíneas” de la que, además de fundadora, ha formado parte del equipo de
redacción, publicando, durante dos años, varios artículos de investigación,
entrevistas y la columna de opinión "La isla de los valientes".

Su primer libro, el poemario “La sirena dormida” fue presentado en La
Palma a todos los talleres “Bazar de letras” de la Universidad Popular de
Cartagena. De él hemos rescatado varios poemas para este certamen.

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Mario Benedetti.

Poeta y novelista uruguayo nacido en 1920.
Recibió la formación primaria y secundaria en Montevideo y a los
dieciocho años se trasladó a Buenos Aires, donde residió varios años.
En 1945 formó parte del famoso
semanario «Marcha» donde colaboró como periodista
hasta 1974.
Ocupó el cargo de director del Departamento de Literatura
Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias
de la Universidad de Montevideo.
Desde 1983 se radicó en España permaneciendo aquí la mayor parte
del año. Obtuvo el VIII Premio Reina Sofía de Poesía
y recibió el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de
Alicante.
Su vasta producción literaria abarca todos los géneros, incluyendo
famosas letras de canciones, cuentos y ensayos,
traducidos en su mayoría a varios idiomas.
De su extensa obra se encuentran entre otros, la novela «Gracias por
el fuego», «El olvido está lleno de memoria»,
y los poemarios, «Inventario Uno» e «Inventario Dos».
Falleció en Montevideo en mayo de 2009.

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De noche, la esposa aclara
No.
No tengo las piernas de la Cindy Crawford.
No me he pasado la vida en pasarelas,
desfiles de modas, tostada bajo las luces de los fotógrafos.
Mis piernas son anchas ya llegando a la cadera,
y a pesar de mis múltiples intentos
por ponerme trajes aeróbicos y tirarme en el suelo a sudar,
no logro que pierdan esa tendencia a ensancharse,
como pilares que necesitaran jugoso sustento.
No.
No tengo la cintura de la Cindy Crawford
ni ese vientre perfecto, liso y ligeramente cóncavo,
con el ombligo deslumbrante en el centro.
Alguna vez lo tuve. Alguna vez presumí de esa región de mi anatomía.
Fue antes de que naciera Camilo,
antes de que el decidiera apresurarse a nacer
y decidiera entrar al mundo de pie;
antes de que la cesárea
me dejara cicatriz.
No.
No tengo los brazos de la Cindy Crawford
tostados, torneados, cada músculo fortalecido con el ejercicio indicado,
las pesas delicadamente balanceadas.
Mis brazos delgados no han desarrollado más musculatura
que la necesaria para marcar estas teclas,
cargar a mis hijos, cepillarme el pelo,
gesticular discutiendo sobre el futuro, abrazar a los amigos.

No.
No tengo los pechos de la Cindy Crawford,
anchos, redondos, copa B o C.
Los míos nunca han sido muy lucidores en los escotes,
aún cuando mi madre me aseguraba

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-madre al fin-
que los pechos, así separados, eran los pechos griegos
de la Venus de Milo.
¡Ah! Y la cara, la cara de la Cindy Crawford, ni se diga.
Ese lunar en la comisura de la boca,
las facciones tan en orden, los ojos grandes,
el arco de las cejas, la nariz delicada.
Mi cara, por la costumbre, ha terminado por gustarme:
los ojos de elefante, la nariz con sus ventanas de par en par,
la boca respetable, después de todo sensual.
Se salva el conjunto con la ayuda del pelo.
En este departamento sí puedo aventajar a la Cindy Crawford.
No sé si esto pueda servirte de consuelo.
Por último y como la más pesada evidencia,
no tengo el trasero de la Cindy Crawford:
pequeño, redondo, cada mitad exquisitamente delineada.
El mío es tenazmente grande, ancho,
ánfora o tinaja, usted escoja.
No hay manera de ocultarlo
y lo más que puedo es no tenerle vergüenza,
sacarle provecho para leer cómodamente sentada
o ser escritora.
Pero decime:
¿Cuántas veces has tenido a la Cindy Crawford
a tus pies?
¿Cuántas veces te ha ofrecido, como yo, ternura en la mañana,
besos en la nuca mientras dormís,
cosquillas, risas, el sorbete en la cama,
un poema de pronto, la idea para una ventura,
las premoniciones?
¿Qué experiencias te podría contar la Cindy Crawford
que, remotamente, pudieran compararse con las mías,
qué revoluciones, conspiraciones, hechos históricos,
tiene ella en su haber?
Modestia aparte: ¿Será su cuerpo tan perfecto
capaz de los desaforos del mío,
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brioso, gentil, conocedor de noches sin mañana,
de mañanas sin noche,
sabio explorador de todos los rincones de tu geografía?
Pensalo bien. Evaluá lo que te ofrezco.
Cerrá esa revista
y vení a la cama.
Gioconda Belli

MENOPAUSIA
No la conozco
pero, hasta ahora,
las mujeres del mundo la han
sobrevivido.
Sería por estoicismo
o porque nadie les concediera
entonces
el derecho a quejarse
que nuestras abuelas
llegaron a la vejez
mustias de cuerpo
pero fuertes de alma.
En cambio ahora
se escriben tratados
y, desde los treinta,
empieza el sufrimiento,
el presentimiento de la catástrofe.
El cuerpo es mucho más que las
hormonas.
menopáusica o no,
una mujer sigue siendo una mujer;
mucho más que una fábrica de humores
o de óvulos.
Perder la regla no es perder la medida,
ni las facultades;
no es meterse cual caracol
en una concha y echarse a morir.
Si hay depresión,
no será nada nuevo;
cada sangre menstrual ha traído
lágrimas
y su dosis irracional de rabia.
No hay pues ninguna razón
para sentirse devaluada.
Tirá los tampones,
las toallas sanitarias.
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Hacé una hoguera con ellas en el
patio de tu casa.
Desnudate.
Bailá la danza ritual de la madurez.
Y sobreviví
como sobreviviremos todas.
Gioconda Belli




NO ME ARREPIENTO DE NADA

Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.

Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del
esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada
ropa interior.



Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los
espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de
reproche
y quiero ganarme la aceptación
universal,
ser la "niña buena",la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás
seres
que abundantes pueblan este mundo
nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que
es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí
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queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos
mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me
retuercen los
ojos
porque no quepo en el molde
perfecto
de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca,
falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en
pena
de causas justas, hombres
hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir
la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis
ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les
agradezco los dones.


No me arrepiento de nada, como
dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que
me hundo,
cuando, en las mañanas, no más
abrir los ojos,

siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres
esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi
felicidad.
Impertérritas niñas buenas me
circundan
y danzan sus canciones infantiles
contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.


Gioconda Belli

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Y DIOS ME HIZO MUJER

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller
de seres humanos.
Tejió delicadamente
mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis
hormonas.

Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.


Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas
que me hacen mujer
todos los días
por las que me levanto
orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Gioconda Belli

LOS CUARENTA
Recuerdo a mi madre despotricando contra el pie de foto de un
periódico de Managua: “Anciana de 43 años muere atropellada por un
camión”.
No les bastaba con que hubiera sufrido la muerte –decía-encima la
insultan tachándola –tan joven- de anciana.
Mi madre, por ese tiempo,
tendría la misma edad.
Y decía no sentirse vieja.
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Yo la miraba con un poco de sospecha.
A los veinte,
los cuarenta suenan remotos
y ciertamente a óxido y decrepitud;
¡cuánto engaño pueden encerrar los números!
Cuando me veo
forzada a decir mi edad,
soy la primera que duda
que el número de años
me corresponda.
Después de juventudes de angustia,
sé quién soy, lo que quiero
y el precio que estoy dispuesta a pagar
por conseguirlo.

Me pregunto si, obligadas a temer
el medio de la vida,
pasemos por alto el momento
de equilibrio de la balanza:
el instante mágico
en que los astros de la vida se alinean
y, equidistantes
el pasado y el futuro,
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nos tornamos leves, aladas
prestas a danzar
tan solo por el inefable placer de
movernos
y saber que cada movimiento
nos pertenece.
Se me ocurre
que hay que correr la voz:
¡mujeres cuarentonas, uníos!
Vámonos de nuevo al bosque
y a la luz de la luna
bailemos otra vez
las danzas paganas
de las antiguas y sabias brujas.


Gioconda Belli




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POEMA DEDICADO A UNA NIÑA
Escucha niña:
Cuando te alaben llamándote
bella,
o te humillen llamándote fea,
no escuches a nadie.
Sólo quieren encerrarte en el
espejo de una soledad
diferente.
Tú debes vivir, no debes
agradar, la belleza está dentro
de la vida.
Cuando te leen Caperucita
Roja,
te quieren mostrar el miedo de
escoger por ti misma el camino.
Estate atenta, niña,
los verdaderos lobos son todos
aquellos que matarán tu
libertad.
Cuando te leen Blanca Nieves
es para convertirte en sirvienta,
aunque sea de un hombre tonto
y enano.
Rebélate, niña.
Es humillante servir si no es un
gesto recíproco.
Cuando te lean la Bella
durmiente te están
inyectando un potente
veneno para frenar
tus ideas, así, cuando seas
mayor,

un hombre sin muchos
problemas será dueño de
tu cerebro.
No te duermas, niña
Tu inteligencia les da
miedo, por eso te llaman
tonta.
Pero, cuando te dicen que
eres inteligente,
no te fíes demasiado, niña,
quieren quizás intentar que
aceptes
sus posturas interesadas.
Cuando te dicen que eres
dulce y buena,
ponte en guardia,
quieren decir que te tienen
en el bolsillo y controlan
los latidos de tu corazón.
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¿ Eres dulce o te han
domesticado ?

Cuando te dicen que eres pulida
y ordenada,
pobre niña, estas ya
enmohecida,
han hecho de ti una estatuita
que no se ensucia porque no se
mueve.
Cuando te enseñan a vivir
triste,
prueba la locura, niña.
El dolor es una realidad que se
debe afrontar cuando se
presenta,

no un valor sobre el cual
edificar la vida.
Sobre nuestras vidas
infelices demasiados
hombres han vivido de
renta.
La felicidad es el mayor
desafío.
¿Quién cree ya que es una
utopía?

Mª Teresa d’Ameo
MUJER IRREDENTA
Hay quienes piensan
que he celebrado en exceso
los misterios del cuerpo
la piel y su aroma de fruta.
¡Calla, mujer! –me ordenan–
No nos aburras más con tu lujuria
Vete a la habitación
Desnúdate
Haz lo que quieras
Pero calla
No lo pregones a los cuatro vientos.
Una mujer es frágil, leve, maternal;
en sus ojos los velos del pudor
la erigen en eterna vestal de todas las virtudes.
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Una mujer que goza es un mar agitado
donde sólo es posible el naufragio.
Cállate. No hables más de vientres y humedades.
Era quizás aceptable que lo hicieras en la juventud.
Después de todo, en esa época, siempre hay lugar para el
desenfreno.
Pero ahora, cállate.
Ya pronto tendrás nietos. Ya no te sientan las pasiones.
No bien pierde la carne su solidez
debes doblar el alma
ir a la Iglesia
tejer escarpines
y apagar la mirada con el forzado decoro de la menopausia.

...Me instalo hoy a escribir
para los Sumos Sacerdotes de la decencia,
para los que, agotados los sucesivos argumentos,
nos recetan a las mujeres la vejez prematura
la solitaria tristeza
el espanto precoz a las arrugas.
¡Ah! Señores; no saben ustedes
cuánta delicia esconden los cuerpos otoñales
cuánta humedad, cuánto humus
cuánto fulgor de oro oculta el follaje del bosque
donde la tierra fértil
se ha nutrido de tiempo.

Gioconda Belli
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REGLAS DE JUEGO PARA LOS HOMBRES
QUE QUIERAN AMAR A MUJERES
MUJERES
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojosy conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.
II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
conque yo estaré al lado suyo.
III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.


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IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.
V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones,
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.
VI
El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

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VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.
VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.
IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.
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X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.
XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.
Gioconda Belli

MEMORIA DE SIRENA
Tu mirada y mi mirada
no son iguales.
Tú miras el futuro con memoria
de pasado
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y yo lo recibo sin saber mi pasado
de memoria.
Solo algunos gestos, algunas voces, algún paisaje…
pero no, no me sé mi pasado de memoria.
de recitarlo se me hizo aburrido y lo olvidé.
Así. Sin más.
Y a veces me lo cuentas y
celebro reencontrarme con él,
tan nuevo,
tan inesperadamente nuevo…
Vuela por la cocina
enredado en los olores de tus ollas
hasta llegar a mí.
Los que son y no fueron
y el que es y no fue,
se mezclan sin querer.
Salgo de tu cocina
con otro pasado que no es
ni el mío, ni el tuyo;
otro distinto.
Tengo por defecto el abandono
de mi memoria;
por rutina, la fantasía y por costumbre, tu cocina.
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Ya ves, _por fortuna_ a ti nunca te cambiaré.
Nadie guarda con tanta ternura mis olvidos,
la vida que arrastro,
mis ojos de ayer,
de anteayer,
del año pasado.
Nadie como tú.
Ni siquiera yo.
Vega Cerezo
ZARPAZOS
A veces los días están repletos de
esquinas y
yo me araño
con todas.
Vega Cerezo
EL MERCADO DE LOS JUEVES
No son pequeños olvidos, ni es mi mala memoria
cuando voy a la plaza y llego sin los tomates
que tanto te gustan,
ni los melocotones dulces que tomas después de cenar.
Es solo que esta semana
no deseo quererte
y que te asalte mi ausencia al abrir la nevera.
Vega Cerezo
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POLIEDROS
Cuando escribía poemas a escondidas
todo era perfecto.
Yo imaginaba y la mano esculpía palabras redondas.
Ahora que los leo buscando tu aprobación,
no sé muy bien qué son.

Vega Cerezo


HAGAMOS UN TRATO

Compañera,
usted sabe
que puede contar
conmigo,
no hasta dos
o hasta diez,
sino contar
conmigo.

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles,
ni piense ¡qué delirio!
A pesar de la veta
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.
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Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo

no piense ¡qué flojera!
Igual, puede contar
Conmigo.
Pero, hagamos un trato,
yo quisiera contar
con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo.
Y cuando digo esto,

















quiero decir contar,
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco,
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Mario Benedetti

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