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LA FILOSOFÍA COMO PENSAR PROBLEMATIZADOR

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INTRODUCCIÓN Comienzo de la filosofía Las explicaciones primitivas que el hombre da de los fenómenos naturales que lo rodean – las explicaciones

que vienen espontáneamente al pensamiento de los niños – aparecen siempre antropomórficas. Las primeras explicaciones consisten en revestir los fenómenos naturales de sentimientos humanos. El hombre proyecta espontánea e inconscientemente su psicología sobre la naturaleza y sobre esta vuelca sueños y pasiones. De allí surge, entonces, una especie de animación de los fenómenos naturales: es el momento o estadio del mito. El mito es una alegoría, un relato o representación imaginativa. La realidad, que aparece multiforme y cambiante, produce un desasosiego en el hombre y en los primeros intentos de explicación, ya sea la causa de un fenómeno natural, de una costumbre o de una institución, se elaboran mitos que narran historias acerca de dioses y fuerzas naturales que, de algún modo, hacen comprensible el mundo. De esta manera el hombre proyecta sus propias motivaciones y experiencias, atribuyendo a estos dioses los poderes que dirigen el curso y desarrollo de la naturaleza. Según lo expuesto, el pensamiento mítico se puede definir como una concepción del mundo no racional, por oposición al pensamiento racional y científico. Hacia el año 600 a.C., los historiadores ubican el tránsito del pensamiento mítico al racional. Y no es casual que la Grecia antigua fuese la cuna de ese tránsito; los centros de la actividad racional, científica o filosófica se han desplazado a través del tiempo, siguiendo en general la dirección de la migración de los centros de actividad comercial e industrial. Téngase en cuenta la referencia aludida a los efectos de ir marcando la interacción entre la actividad científica y el marco social concreto donde se desarrolla. Es justamente la ciudad de Mileto, importante centro comercial de donde nos llega, según los historiadores, la idea de la ciencia tal cual la concebimos aún hoy. Adjudicándole esta creación a Thales. Thales había recorrido el Nilo y, al observar sus crecidas y la fertilidad de sus tierras una vez que las aguas se retiraban, concluyó que el origen de todas las cosas era el agua. Sin duda se equivocaba, pero, a pesar de ello, daba un paso gigantesco en la evolución del pensamiento. La imagen que Thales ofrecía del Universo prescindía de dioses y fuerzas sobrenaturales. Sus seguidores, conocidos en la historia de la filosofía como los físicos jonios, fueron constantes en su intención de explicar el universo dejando de lado a los seres divinos. La importancia de la tradición jónica reside en el hecho de echar los cimientos de la ciencia. Hasta su época, el futuro estaba librado al capricho de los dioses y los consiguientes sacrificios y ritos para complacerlos. En la concepción de Thales no aparecen divinidades, la naturaleza obra conforme a sus propias leyes, que por otra parte, son constantes. Esta situación permite, además de una explicación racional del universo, proyectarla al futuro, previendo lo que va a acaecer. Como consecuencia, los hombres quitarían sus ojos de los dioses para volverlos a la naturaleza, pues valía la pena observarla para intentar descubrir sus leyes. Y bien, las hipótesis de Thales constituyen la idea que aún hoy tenemos de la ciencia: que el universo está sujeto a leyes y que estas leyes pueden ser entendidas por la mente humana.

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Ejemplo de una explicación mítica La manzana de la Discordia El mito comienza con las bodas de Tetis y Peleo. Eris o Eride, la diosa de la Discordia, molesta por no haber sido invitada a las bodas de Peleo, a la que habían sido convidados todos los dioses, urdió un modo de vengarse sembrando la discordia entre los invitados: se presentó en el sitio donde estaba teniendo lugar el banquete, y arrojó sobre la mesa una manzana de oro, que habría de ser para la más hermosa de las damas presentes. Tres diosas (Atenea, Afrodita y Hera) se disputaron la manzana produciéndose una gran confusión y disputa, que hubo de intervenir el padre de todos los dioses, Zeus (Júpiter en la mitología romana). Zeus decidió encomendar la elección a un joven mortal llamado Paris, que era hijo del rey de Troya. El dios mensajero, Hermes (Mercurio), fue enviado a buscarlo con el encargo del Juicio que se le pedía; localizó al príncipe-pastor y le mostró la manzana de la que tendría que hacer entrega a la diosa que considerara más hermosa. Precisamente por eso lo había elegido Zeus; por haber vivido alejado y separado del mundo y de las pasiones humanas. Así, se esperaba de él que su juicio fuera absolutamente imparcial. Cada una de las diosas pretendió convencer al improvisado juez, intentando incluso sobornarlo. La diosa Hera, esposa de Zeus, le ofreció todo el poder que pudiera desear, o, también, el título de Emperador de Asia; Atenea, diosa de la inteligencia, además de serlo de la guerra, le ofreció la sabiduría o, según otras versiones, la posibilidad de vencer todas las batallas a las que se presentase; Afrodita, le ofreció el amor de la más bella mujer del mundo. Paris se decidió finalmente por Afrodita, y su decisión hubo de traer graves consecuencias para su pueblo, ya que la hermosa mujer por la que Afrodita hizo crecer el amor en el pecho de Paris, era Helena, la esposa del rey de Esparta, Menelao; en ocasión del paso de Paris por las tierras de este rey, y después de haber estado una noche en su palacio, Paris raptó a la bella Helena y se la llevó a Troya.

Responder: ¿Por qué es un mito? ¿Qué papel cumple Paris en el mito? ¿Qué pasaje del mito le parece importante? Fundamente.

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LOS FILÓSOFOS PRE-SOCRÁTICOS Tales de Mileto (s. VI a.C.) Filósofo griego presocrático al que se considera el fundador de la escuela de Mileto de filosofía y, por tanto, el iniciador de filosofía occidental. Desde el punto de vista de la historia del pensamiento, lo más importante es que Tales planteó el primer problema de la filosofía: ¿Cuál es el primer principio (arkhé) de la naturaleza (physis)? Con ello inauguraba una nueva forma de pensamiento que ya no se basaba en la intervención de seres sobrenaturales para explicar la naturaleza. Por eso se le considera como el padre del pensamiento racional o filosófico, es decir, como el primero que efectúa la llamada transición del mito al logos. Para (Tales) el arkhé es el agua o, en general, lo húmedo. Seguramente basó esta teoría en varias razones: el agua rodea toda la Tierra y se presenta en los tres estados de agregación de la materia (sólido, líquido y gaseoso), por lo que es un elemento en continua transformación. Pero, sobre todo, interviene en todos los procesos vitales y, para él, la vida era la propiedad básica de la physis. Creía también que la Tierra era como un disco que flotaba sobre el agua. La respuesta que da Tales al interrogante por el arkhé -que él es el primero en plantear- es, evidentemente, ingenua. Pero no es el hecho de que hubiera elegido el agua como el principio explicativo de la physis lo que es importante. Lo importante es que por primera vez se plantea la posibilidad de una investigación racional de la naturaleza sin recurrir a explicaciones sobrenaturales. Además, al alejarse de las explicaciones míticas y religiosos, Tales inaugura un nuevo espíritu crítico y antidogmático que fructificará en sus seguidores. Y ello es así aunque se interprete el pensamiento de Tales bien como una radical innovación, que sería la primera anticipación del pensamiento científico, bien como una mera racionalización del pensamiento mítico. En ambos casos, pues de las dos maneras se ha interpretado el pensamiento de Tales, su obra es realmente la que funda la tradición de la filosofía occidental. Anaximandro (610-545 a.C.) Filósofo griego presocrático. Nació en Mileto. Unos catorce años más joven que Tales, fue amigo y discípulo de éste. Su tratado, Sobre la naturaleza, estaba escrito en prosa, hecho que no era corriente, y es la primera obra filosófica de occidente. Con este cambio de estilo (lo más habitual era escribir en verso), Anaximandro se aparta de los escritos de índole religiosa, marcando, así, una orientación distinta, mucho más racionalista y apartada del pensamiento mítico. Según el texto de Simplicio (Física, 24,13) que recoge el pensamiento de Anaximandro, éste llamó arkhé o principio de la naturaleza, a «lo ilimitado» (ápeiron), siendo el primero en usar el nombre de «principio». En contra de su maestro Tales, Anaximandro pensaba que el arkhé (principio) no podía ser el agua ni ningún elemento determinado, puesto que no podría dar cuenta de todos los cambios, ya que su presencia se vería aniquilada por la irrupción de su contrario.

Parménides de Elea (s. V a.C.)

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Filósofo griego presocrático. Originario de Elea, nació hacia el año 515 o 510 a.C. Parece que fue discípulo de Jenófanes de Colofón (del que amplió su panteísmo y lo convirtió en un panlogismo) y, según Teofrasto, fue discípulo de Anaxímenes. Su filosofía no podía ser ignorada y marcó decisivamente el pensamiento posterior engendrando la ontología y la metafísica. Panlogismo implica la verdad del ser como todo lo existente, es decir; todo lo que es, es ser. De allí su famosa frase sobre las dos vías, la primera que el ser es y el no ser no es, siendo esta la vía de la verdad; y la segunda vía que dice que el ser no es y el no ser es, opinión sustentada por los hombres a la que no se le debe dar ninguna credibilidad.

Heráclito de Efeso 550 - 480 a.C. Filósofo griego presocrático. Como sucede a menudo con los filósofos presocráticos, el conocimiento que se tiene de este autor es bastante pobre, pues no hay datos fiables acerca de su biografía, y los datos que hay se mezclan con la leyenda. Al parecer es seguro que descendía de una familia noble de Efeso, probablemente de la de los propios reyes. A las dificultades del conocimiento de la obra de Heráclito se añade el estilo críptico y oracular de sus sentencias, de contenido ambiguo, que le valieron el sobrenombre de Heráclito el oscuro. Al parecer, su obra, escrita en prosa, trataba fundamentalmente de ser la exposición de una doctrina novedosa, puesto que Heráclito no fue discípulo de nadie. El núcleo doctrinal de su pensamiento lo extrajo de su propio autoconocimiento, investigándose a sí mismo; siguiendo la sentencia del oráculo: «conócete a ti mismo». Y dicho núcleo es la doctrina del logos. De hecho él se consideraba poseedor de una verdad de la que sus palabras son solamente transmisión. El logos es, a la vez, discurso, razón y «razón de ser» de las cosas; una verdad única que la mente puede comprender porque también la mente humana es, en cierto modo, parte o comunión de este logos que es común a todos, pero que la mayoría no entiende. El logos es también ordenador. Pero, simultáneamente, el logos es también algo que debe ser escuchado, pero no a través de los sentidos, sino a través del alma (psyjé) que está en contacto con él. A la vez, el logos también es ley universal del devenir y es plenamente independiente de quien lo escucha, aunque es común a todos. En la medida en que es captado por la psyjé, el logos es pensamiento humano, pero en sí mismo es la ley del universo de la que derivan, o deberían derivar, todas las leyes humanas. Pitágoras de Samos (570-490 a.C.) Filósofo griego presocrático. Nació en la isla de Samos, hijo de Mnesarco, un grabador y tallador de piedras preciosas. Al llegar a Crotona se puso en contacto con sus dirigentes, a los que causó una gran impresión y, al poco tiempo, logró el poder en dicha ciudad. Al mismo tiempo, fundó una secta-escuela de índole místico-religiosa y filosófico-política que centraba sus intereses intelectuales en la música y las matemáticas puestas al servicio de la renovación de la

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vida moral. La influencia de la secta o escuela pitagórica fue cada vez más importante y varias de las ciudades de la Magna Grecia fueron gobernadas por miembros de dicha escuela hasta que se produjo un amplio movimiento popular de rechazo del elitismo antidemocrático de los pitagóricos, que acabó con la vida de varios de los miembros de esta escuela, y los otros tuvieron que exiliarse. Con relación al arkhé, sostenía que el número era lo constitutivo de todas las cosas y le atribuía a estos diversos significados, así el número 10 era la perfección. Demócrito (460- 370 a.C) Para realizar estudios viajó por Egipto, Persia y Babilonia, y quizás por Etiopía y la India. Fue discípulo de Leucipo, y desarrolló con mayor detalle su teoría atomista. Por esta razón, en la antigüedad, algunos negaron la autenticidad de la existencia de Leucipo, ya que atribuyeron el atomismo íntegramente a Demócrito.Lo más característico de su pensamiento es la concepción física atomista. Como Leucipo, Demócrito partió de los principios establecidos por Parménides. Pero para respetar los principios del eleatismo (lo que es debe ser necesariamente uno e inmóvil) y, a la vez, para salvar las apariencias, es decir, para dar cuenta de la apariencia del mundo sensorial (cambio, movimiento, multiplicidad), afirmó la existencia de los átomos (cada uno de ellos con las características atribuidas por Parménides a lo ente: cada átomo es sólido, lleno e inmutable) y la existencia del vacío, que es una especie de no-ser que explica la multiplicidad y el cambio ya que, siendo lo que separa los átomos, permite el movimiento, la generación y la corrupción, es decir, lo que permite los choques y desplazamientos de los átomos. Para explicar la percepción sensible (desechada por Parménides como vana ilusión), y partiendo de su concepción pansomática, Demócrito sostuvo que también el alma es corporal y mortal (formada, pues, por átomos). Como entidad corporal, el alma mueve el cuerpo, pero también es afectada por éste. Dicha afección del alma por el propio cuerpo y por los cuerpos exteriores es lo que explica el conocimiento sensorial.

TAREA Compara las respuestas de los filósofos y responde 1. ¿Por qué son respuestas filosóficas? 2. ¿Qué respuesta tiene el mejor fundamento? 3. ¿Encuentras alguna relación entre ellas?

UNIDAD I

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LA FILOSOFÍA COMO PENSAR PROBLEMATIZADOR Fernando Savater: Urgencia y presencia de la filosofía ¿Se saca algo en limpio de la filosofía? Pues sí, al menos algo muy importante: las preguntas mismas. Los filósofos se contradicen con las respuestas, pero se confirman unos a otros en las preguntas. En filosofía las respuestas varían y se enredan unas con otras, pero las preguntas vuelven una y otra vez, quizás planteadas de un modo algo más rico o sutil. Son las preguntas de nuestra vida, el catálogo esencial de nuestros “¿por qué?”. En el centro, las que las condensa todas, las que nadie humano –es decir, conciente y racional- puede dejar de hacerse: ¿qué significa todo esto (la vida, la muerte, lo que nos pasa, los demás, las cosas, el tiempo, el miedo, el gozo, la pena…)? Nadie se dedica full time a estos interrogantes radicales porque nadie filosofa día y noche. Pero todo el mundo, antes o después, empujado por albricias o desgracias, filosofa alguna vez en su vida, es decir, se hace a su modo las grandes preguntas. Y es que vivir resulta un tarea fundamentalmente intrigante. A las cosas de la vida nunca se acostumbra uno del todo: para bien o para mal, siempre nos resulta lo que nos pasa, lo que nos ocurre o no nos ocurre, un poco raro. Por eso Aristóteles indicó que el comienzo de la actividad filosófica –es decir de la manía interrogativa- consiste en asombrarse. Lo que vemos a nuestro alrededor, lo que sentimos en nuestro interior, lo que oímos que los demás aseguran muy serios, todo puede suscitar asombro cuando uno lo considera ingenuamente, es decir: con libertad y sin prejuicios. Pero ¿para qué hacerse unas preguntas a las que nadie por lo visto logra dar respuesta definitiva? A esta pregunta que por cierto también es filosófica, se le pueden dar como réplica nuevas preguntas: ¿por qué todo debe servir para algo? ¿Tenemos que servir para algo cada uno de nosotros, es decir, es obligatorio que seamos ciervos o criados de algo o de alguien? ¿Acaso somos empleados de nosotros mismos? A lo mejor hacerse las grandes preguntas sirve precisamente para eso: para demostrar que no siempre estamos de servicio, que también alguna vez podemos pensar como si fuésemos amos y señores. Supongo que algo así es lo que quería señalar Sócrates cuando dijo que “una vida sin indagación no merece la pena ser vivida”. Al repetir las grandes preguntas intentamos hacernos dueños de nuestra vida, tan incierta y fugitiva; preguntarse es dejar de trajinar como animales, automáticamente programados por los instintos, y erguirse, sacándose el sudor, para decir: Aquí estamos los humanos. ¿Qué hay de lo nuestro? Aunque lo verdaderamente irrenunciable sean loas preguntas, tampoco las respuestas que proponen los filósofos (o cualquiera de nosotros, cuando hacemos de filósofos) resultan desdeñables. Estas contestaciones filosóficas se distinguen porque nunca tapan del todo la pregunta que las suscita y siempre dejan algún hueco por el que se cuelan lo nuevos interrogantes, para que el juego –el humano juego de la vida- siga abierto. Las respuestas filosóficas suelen un cóctel racional de dos ingredientes básicos: escepticismo e imaginación. Lo primero, escepticismo, porque quien se lo cree todo nunca piensa nada.

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Para empezar a pensar hay que perder la fe: la fe en las apariencias, en las rutinas, en los dogmas, en los hábitos de la tribu, en la “normalidad” indiscutible de lo que nos rodea. Pensar no es verlo todo con clarísimo, sino comenzar a no ver nada claro lo que antes teníamos por evidente. El escepticismo acompaña siempre a la filosofía, la flexibiliza, le da sensatez, sólo los tontos no dudan nunca de lo que oyen y sólo los chalados no dudan nunca de lo que creen. Pero además la filosofía esta hecha de imaginación. ¡Ojo, no de fantasías o delirios! No hay nadie menos imaginativo que los que ven fantasmas, brujerías, adivinanzas, extraterrestres y milagros por todas partes. Quien carece de imaginación siempre está dispuesto a dar crédito a realidades nuevas y desconocidas, mientras que quien tiene imaginación busca lo nuevo a partir de la realidad tal como la conocemos. Con escepticismo e imaginación van tramando los filósofos sus respuestas a las grandes preguntas. Antonio Gramsci: Filosofía espontánea y crítica Conviene destruir el prejuicio muy difundido de que la filosofía es algo muy difícil por el hecho de ser la actividad intelectual propia de una determinada categoría de científicos especializados o filósofos profesionales y sistemáticos. Conviene por tanto demostrar de entrada que todos los hombres son filósofos definiendo los límites y los caracteres de esa filosofía espontánea. Esta filosofía espontánea se manifiesta o esta contenida en primer lugar en el lenguaje mismo (que es un conjunto de nociones y de conceptos determinados y no sólo de palabras gramaticalmente vacías de contenido). También la hallamos en lo que denominamos sentido común y el buen sentido, por otra parte se halla en la religión popular y por tanto en todo el sistema de creencias, supersticiones, opiniones, maneras de ver y actuar, que asoman en eso que generalmente se llama “folklore”. Una vez demostrado que todos son filósofos, aunque sea a su manera, inconscientemente, (por el hecho de que aún en la más elemental manifestación de una actividad intelectual cualquiera está contenida una determinada concepción del mundo), se pasa al segundo momento, el de la crítica y el de la conciencia, es decir, a la pregunta: ¿es preferible pensar sin tener conciencia crítica de ello de manera dispersa y ocasional (esto es, participar de una concepción del mundo “impuesta” mecánicamente por el ambiente externo, o sea por uno de los tantos grupos sociales a los que uno queda automáticamente integrado desde el momento de su entrada al mundo); o; ¿es preferible elaborar la propia concepción del mundo de manera conciente y crítica y por ende, en función de ese esfuerzo del propio cerebro, escoger la propia esfera de actividad, participando activamente en la producción de la historia del mundo, ser guía de uno mismo y no aceptar ya, pasiva e inadvertidamente el moldeamiento externo de la propia personalidad.

Kart Jaspers: Diferencia entre comienzo y origen de la filosofía El comienzo de la filosofía, como hemos visto, aparece en el año 600 a.C. es decir, que el comienzo hace referencia a la historia, al momento histórico en el cual algo se inicia; por ejemplo, nosotros comenzamos este curso en el mes de marzo.

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Pero el origen es distinto del comienzo. Karl Jaspers, filósofo alemán contemporáneo, señala que el origen es aquello de lo cuál brota o emana la filosofía; el origen no es histórico sino que simplemente no tiene tiempo. Distinguimos tres orígenes del filosofar. El primero es el asombro o la admiración. Es normal que nos asombremos de las cosas a las que no estamos acostumbrados, pero nadie se asombra de lo cotidiano; ninguno de nosotros se asombra de observar una calle con autos circulando, por ejemplo. Pero el asombro al que nos referimos es precisamente aquél que nos lleva a preguntar, a querer saber. El asombro es una sensación que nos deja por un instante paralizado y Aristóteles nos dice que el origen del filosofar aparece en el asombro, ya que esto motiva buscar el porqué de las cosas. Si no nos asombramos todo nos da igual y a nadie se le ocurrirá cuestionar lo que damos por obvio. En segundo lugar tenemos la duda. Una vez que hemos conocido y dado por cierto algo en general ya no nos preocupamos más de ello. Pero el dudar no lleva a buscar algo más que el conocimiento aparente, nos lleva a buscar la certeza (aunque tal vez nunca lo logremos completamente). Finalmente como tercer origen del filosofar tenemos las situaciones límites. Cuando pasamos por situaciones de las que no podemos escapar (¿por qué me pasa esto a mi?), como accidentes que ponen en riesgo nuestras vidas; esto puede llevarnos a cuestionarnos acerca de nuestra propia vida y el sentido que tiene y le estamos dando. Asombro – Duda – Situación límite; son los tres orígenes del filosofar y de ellos obtenemos: Conocimiento – Certeza – Comprensión del sentido de la existencia. Compilación realizada en base a textos del filósofo Karl Jaspers

TAREA 1. ¿Por qué son importantes las preguntas en filosofía? 2. ¿Qué implica tener “una concepción del mundo”? 3. Desarrolla un breve relato en relación a una persona que filosofa por primera vez llevado por alguno de los orígenes. 4. De la lectura de estos textos: ¿Cómo definirías la filosofía?

CONCEPTO Palabra cuya etimología proviene del latín conceptus, de concipere, «concebir»; en la tradición filosófica latina, “lo concebido por la mente”. En un sentido amplio, equivale a “idea general” o “idea abstracta”. Según lo entiende la filosofía tradicional, es el resultado

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del proceso de abstracción, por el que el sujeto (que conoce) logra una representación mental del objeto (conocido) de un modo general y abstracto. Un concepto se distingue de una imagen en que ésta posee características concretas comunes con algún objeto determinado, mientras que el concepto sólo contiene características generales, esenciales y definitorias, obtenidas por abstracción. La imagen mental de una montaña contiene la forma de alguna montaña, mientras que el concepto sólo posee las características definitorias que se aplican necesariamente a cualquier montaña: “cumbres elevadas”, por ejemplo. No sólo son los conceptos resultado de un proceso cognoscitivo, sino que, además, según la interpretación tradicional, como representación mental que son, son necesarios para pensar las cosas, en el sentido de que sólo el concepto posee la suficiente determinación que hace posible el reconocimiento y comprensión de lo percibido por los sentidos. Así, el concepto de “flor” se obtiene, evidentemente, por abstracción de la experiencia de muchas flores observadas; pero, una vez en la mente, es también el conjunto de características mentales con el que puede decidirse si el objeto contemplado es, pongamos por caso, una flor, un fruto o las hojas de una planta; o el criterio que utilizamos para aplicar los nombres a las cosas. Los conceptos sirven, según la larga tradición que empieza en Platón, para “reconocer” adecuadamente los objetos de la experiencia, de suerte que, su relación con las cosas va en una doble dirección; en expresión de Kant: conceptos sin experiencias son vacíos, y experiencias sin conceptos son ciegas. Se discute acerca de su grado de realidad: el realismo conceptual les da cierta entidad independiente de la mente y de los objetos individuales, mientras que el nominalismo afirma que, al existir sólo objetos individuales, la generalidad del concepto no es más que mental. Los conceptos, entendidos como significados, se refieren a un mundo exterior, del que representan objetos (conceptos de nombres) y propiedades (conceptos de predicados o atributos). Los tipos principales de los conceptos de nombres se refieren a entidades singulares (Sócrates), colectivas (Unión Europea), generales (caballo), universales (sustancia), concretas (Mona Lisa) y abstractas (belleza). Extensión e intensión Desde el punto de vista de la lógica, a los conceptos, en cuanto contenido conceptual de los términos, les competen las dos propiedades fundamentales de la extensión y comprensión. Extensión es el número de objetos, individuos o cosas, a que se aplica un término o un predicado. Intensión, también llamada comprensión, es el conjunto de sus características o rasgos definitorios. Denotación / connotación es expresión sinónima y paralela, igual como referencia y sentido (en Frege). Normalmente se entiende que las clases se definen por su extensión, mientras que las propiedades representan la intensión.

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Si decimos “auto”, nos referimos a un concepto que posee determinadas características, como ser la de un vehículo, movido generalmente por un motor de combustión interna, destinado al transporte de personas. Esta es la intensión del concepto “auto” La extensión es el conjunto de todos los objetos que cumplen con dichas características, es decir, todos los autos Relación entre extensión e intensión de un concepto Observemos el siguiente ejemplo: “auto rojo, de marca alemana y deportivo” Primero tenemos el término auto, luego rojo, etc. Es decir que tenemos una mayor intensión del concepto referido, ya no es cualquier auto sino que además tenemos mayores características definitorias. ¿Qué pasa con la extensión? Simple, decrece. Es decir que cuanto mayor intensión posee un término menor es la extensión; ya no son todos los autos sino los que son rojos de marca alemana y deportivos. El conjunto se ha reducido o ha decrecido. ¿Y a la inversa? Cuanto mayor es la extensión menor la intensión. Así si decimos planeta la extensión son todos los planetas y la intensión sólo “astro opaco que sólo brilla por la luz que refleja del Sol, alrededor del cual se mueve describiendo órbitas elípticas”, pero no nos da más características.

TAREA 1. ¿Qué es un concepto? 2. ¿En qué se distingue el concepto de la imagen? 3. ¿Cómo le explicarías a otra persona la frase de Kant? 4. Desarrolla dos ejemplos de relación entre intensión y extensión de los conceptos.

ETIMOLOGÍA Disciplina lingüística que estudia el origen de las palabras, de su significación y de su forma.

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Toda palabra posee un origen. Cada vez que utilizamos una palabra la misma puede ser rastreada a un origen determinado, por ejemplo la palabra filosofía. Filosofía tiene su origen en el griego antiguo, phylosophía, amor al saber, derivado de phylo, amar y sophía, saber, sabiduría. Se traduce entonces por, «amor a la sabiduría», donde la palabra, sophía, en lugar de ser traducida como «sabiduría», término con connotaciones grandilocuentes, debe traducirse como «saber teórico», o, en palabras de Aristóteles, como «entendimiento y ciencia»; de igual manera, philos, el “amigo” o el “amante” de este saber intelectual puede entenderse, a la manera de Platón, como aplicado a aquel que desea o está ávido de saber. Como observamos la etimología no es una disciplina simple que se remite a buscar y traducir literalmente una palabra, sino que requiere un estudio complementario de las condiciones sociales, culturales, económicas y religiosas que conformaban al grupo de personas donde ese término se utilizó. Un buen trabajo filosófico precisa de la etimología; sin ésta, los conceptos quedan vacíos y faltos de significación. Esto no significa que debamos conocer la etimología de todas las palabras que utilizamos, pero si de aquellos términos que hacen al núcleo conceptual de la disciplina; por ejemplo los conceptos de: filosofía, origen, inteligencia, conocimiento, opinión, etc. TAREA 1. Busca la etimología de tres palabras que te resulten interesantes. 2. Busca la etimología de los conceptos importantes en filosofía.

¿PREGUNTA? Expresión lingüística que incita a buscar o a ofrecer una respuesta o a emprender una investigación. Por la forma gramatical (interrogativa) en que suele expresarse y por la función del lenguaje que ejerce (expresiva), una pregunta no es un enunciado, que pueda ser verdadero o falso, pero puede decirse que una pregunta para la que no existe repuesta alguna es una pregunta «falsa», esto es, mal planteada o carente de sentido.

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Podemos clasificar las preguntas en: Empíricas - Formales – Filosóficas - Retóricas – Abiertas – Cerradas A las empíricas se responde aportando datos concretos obtenidos por observación y experiencia. Una subdivisión de éstas comprende preguntas de tipo psicológico, que se responden expresando vivencias de la experiencia interna del individuo, y de tipo científico, en las que la observación y la experiencia se sustituyen por las afirmaciones que ofrece la ciencia. Las preguntas formales (propias de la lógica y las matemáticas) inquieren por cómo se aplica una regla del pensamiento (de cálculo o de razonamiento). Las preguntas filosóficas no se responden aportando datos concretos de la propia experiencia, interna o externa, o resultados de la investigación científica, ni tampoco aplicando simplemente reglas lógicas y matemáticas. También se denominan preguntas de indagación, dado que llevan a la búsqueda del saber. La retórica es el arte de la palabra y se utiliza generalmente para convencer y persuadir a un interlocutor en un diálogo. Por ejemplo cuando un periodista le pregunta a alguien: existe la corrupción en la política ¿no es cierto que debe castigarse a los corruptos? Si el político responde que si, estaría afirmando también que existe corrupción y por tanto “sabe” que existe y no lo denuncia. Si dice que no, entonces parecería que estaría de acuerdo con los corruptos. Las preguntas abiertas son aquellas que abarcan un amplio campo y no tienden a una respuesta concreta. Por ejemplo: ¿cómo podemos entender a los profesores? La pregunta puede ser respondida de diversas formas y desde distintas perspectivas, tanto psicológicas, sociológicas, pedagógicas, etc. Las preguntas cerradas, al contrario que las abiertas, tienden a cerrar el campo de respuestas. Son excluyentes, pero también más profundas ya que aspiran a conocer con exactitud. Por ejemplo: ¿qué tema dio el profesor la clase pasada?

Características de las preguntas filosóficas Es propio de la pregunta filosófica que sea general y radical, que busque respuestas a exigencias profundas del espíritu humano y que no pretenda respuestas definitivas y concretas sobre la cuestión. Además:

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Son problematizadoras, plantean dudas donde se abre más de un camino de respuesta (genera discusión racional) Las preguntas filosóficas son el hilo conductor de la filosofía, esto significa que reaparecen con las épocas y con los filósofos pero con distintos enfoques. Surgen de la existencia humana, como seres concientes y racionales. Son consideradas como las grandes preguntas: ¿Qué soy? ¿Por qué el ser humano es como es? ¿Somos libres? ¿Qué debo hacer y qué no debo hacer? ¿Por qué pienso lo que pienso?

La división que hizo Kant de la temática filosófica es un ejemplo clásico de cuáles son las clases principales de preguntas filosóficas que pueden distinguirse: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo esperar? Esto es: existe el grupo de preguntas metafísicas y epistemológicas, y el de preguntas éticas. Si se añade la cuarta pregunta que el mismo Kant, como compendio, añade en su Lógica, a saber, ¿Qué es el hombre?, entonces se puede decir que la pregunta filosófica indaga por lo que somos y lo que hacemos (y lo que debemos ser y lo que debemos hacer), buscando más que respuestas concretas y definitivas, respuestas orientadoras y sugerentes, resultado de la reflexión y el análisis. En el origen de la filosofía, Sócrates planteó el saber como una forma de «autoconocimiento» y practicó el diálogo como una manera de lograrlo. En el supuesto de que, en la actualidad, son muchas las ciencias que pueden responder de alguna manera a la pregunta de «qué es el hombre», cada una de ellas por separado e incluso todas ellas en conjunto no se refieren más que a aspectos concretos -aunque expresados en leyes generales- de individuos o grupos: la psicología, la sociología, la antropología, la etnología, etc.; sólo la filosofía pregunta por las condiciones de posibilidad últimas de cada uno de los objetos de estudio de estas y otras ciencias, y qué se desprende de todo ello y qué implica; la pregunta filosófica se orienta, más que a saber qué datos concretos constituyen la respuesta, a comprender el problema en su conjunto y las consecuencias que se derivan para la vida humana. TAREA 1. Plantea tres preguntas filosóficas y fundamenta tu elección. 2. Intenta responder a esas preguntas planteadas utilizando conceptos y argumentos.

¿QUÉ ES UN PROBLEMA? (del griego, problema, lo puesto delante, del verbo proballo, poner delante, presentar) Dificultad, tanto teórica como práctica, que alguien se propone, o debe resolver. El sujeto que se plantea un problema puede ser también la sociedad o la humanidad entera: «el problema de los residuos nucleares» o «el problema de la capa de ozono». Cuando la dificultad es de orden práctico se denomina tarea. En la práctica de las ciencias, sean las formales o sean las de la naturaleza o las ciencias del espíritu, la resolución de problemas requiere el recurso a un procedimiento más o menos formal 13

denominado cálculo o método. La dificultad, en cambio, que no requiere un procedimiento formal de resolución se llama cuestión o pregunta. A los problemas filosóficos les incumbe una doble característica: 1) Se refieren a cuestiones «vitales», tanto prácticas como teóricas. 2) Proponen respuestas que no sólo no pueden considerarse definitivas, sino que incluso replantean, o ponen en discusión, los términos en que se ha propuesto el mismo problema. Aunque las preguntas que se plantean los problemas filosóficos sean del tipo que suele llamarse de «preguntas abiertas» no quiere decir que sean preguntas carentes de sentido. Un problema o una pregunta carece de sentido, o no es significativa, si no va orientada a obtener una respuesta, existente o meramente posible, que a su vez tenga sentido. Veamos algunos casos de la vida cotidiana: Mi gato no puede bajar del árbol. Tengo que dar un examen dentro de tres días. Los accidentes de tránsito son la principal causa de muerte entre los jóvenes. El auto se quedó sin nafta. Todos estos casos están formulados en forma de juicios, como afirmaciones acerca de un suceso. Pero para que se nos planteen como problemas debemos plantearlos en forma de pregunta. Así esto no lleva a formularlo de la siguiente forma: ¿Cómo puede bajar el gato del árbol? ¿Cómo organizo mi tiempo para poder estudiar y llegar preparado al examen? ¿Cuáles son las causas de los accidentes y cómo podemos resolverlas? ¿Dónde puedo hallar una estación de combustibles? Ahora observemos que cada uno de estos problemas requiere de un procedimiento (formal o informal) para resolverlo. Así, el ejemplo del gato y el auto parecerían tener menor complicación que el de los accidentes y el del estudio. Entonces tenemos grados de dificultad en los problemas, unos son de más fácil resolución que otros. Por otra parte, podemos observar también que existe una jerarquía entre los problemas, así parece ser más importante solucionar el problema de los accidentes de tránsito que producen tantas muertes, que el problema del combustible del auto. Sin embargo, debemos tener claro también que cada problema transcurre en un tiempo determinado, por lo que puede ser prioritario conseguir combustible “ahora” que solucionar cualquiera de los otros problemas. Distintos tipos de problemas ¿Existe Dios? ¿Qué es el conocimiento? ¿Cómo es posible el movimiento de las cosas? ¿Cuál es el principio de todo? ¿De qué esta compuesta la materia? ¿Hay otra vida después de ésta? ¿Qué es la muerte? ¿Cómo podemos ahorrar energía?

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Si bien todos los planteamos como preguntas, la respuesta a estos problemas surgirá de distintas áreas o disciplinas. Por ejemplo, al problema de la existencia de Dios podemos clasificarlo como filosófico, y al problema de cómo actúa Dios clasificarlo como religioso, al problema de cómo ahorrar energía lo podemos clasificar como científico; al que pregunta que comemos hoy como cotidiano. Tenemos entonces problemas: Religiosos Científicos Filosóficos Cotidianos TAREA 1. Plantea y clasifica tres tipos de problemas. 2. ¿Qué importancia tienen los problemas en la filosofía?

TRATAMIENTO DE UN PROBLEMA FILOSÓFICO LA LIBERTAD (del latín libertas, condición del hombre que es liber, libre, no esclavo) Término susceptible de diversos sentidos, según el ámbito a que se aplica, significa en general capacidad de actuar según la propia decisión. Según el ámbito en donde se ejerce la decisión, puede hablarse de diversas clases de libertad. La distinción hecha por el filósofo británico, Isaiah Berlin (1969), en dos conceptos de libertad: Libertad de lo que coacciona «libertad negativa» Libertad para conseguir los objetivos que se desean «libertad positiva» Los partidarios de la primera clase de libertad la conciben en términos de ausencia de coacción y es libre, en este sentido, quien actúa sin que vea obstaculizada o impedida su actuación por los demás, pero sin que esta noción de libertad imponga una manera concreta de actuar. Los partidarios de la segunda clase de libertad la conciben más bien como una autonomía del individuo, dueño de sí mismo, pero consciente también de los deberes de racionalidad y moralidad que le impone esta autonomía. Ambas concepciones se refieren al ámbito de lo político-social. Otro planteamiento del problema, clarificador y simplificador a la vez, distingue entre: • • la concepción positiva o intrapersonal del concepto de libertad. la concepción negativa o interpersonal.

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Según la primera, cuyo origen puede retrotraerse a Platón, que concibe la libertad, o la moralidad, como el sometimiento de la parte sensitiva e irascible del hombre a su parte racional, «A no es libre, si A es esclavo de sus pasiones». Entre los que sostienen esta libertad positiva pueden enumerarse Descartes, Spinoza, Rousseau, Kant y Hegel, entre otros muchos autores clásicos. Según la concepción negativa, expresión que se debe a Bentham, o según el concepto de libertad interpersonal, equivalente al de ausencia de coacción, «B coacciona a A, si B obliga a A a hacer X o impide que A haga X». Baruch Spinoza: la ilusión de la libertad Los más creen que sólo hacemos libremente aquello que apetecemos escasamente, ya que el apetito de tales cosas puede fácilmente ser dominado por la memoria de otra cosa de que nos acordamos con frecuencia, y, en cambio, no haríamos libremente aquellas cosas que apetecemos con un deseo muy fuerte, que no puede calmarse con el recuerdo de otra cosa. Si los hombres no tuviesen experiencia de que hacemos muchas cosas de que después nos arrepentimos, y de que a menudo, cuando hay en nosotros conflicto entre afectos contrarios, reconocemos lo que es mejor y hacemos lo que es peor, nada impediría que creyesen que lo hacemos todo libremente. Así, el niño cree que apetece libremente la leche, el muchacho irritado, que quiere libremente la venganza, y el tímido, la fuga. También el ebrio cree decir por libre decisión del alma lo que, ya sobrio, quisiera haber callado, y asimismo el que delira, la charlatana, el niño y otros muchos de esta laya creen hablar por libre decisión del alma, siendo así que no pueden reprimir el impulso que les hace hablar. De modo que la experiencia misma, no menos claramente que la razón, enseña que los hombres creen ser libres sólo a causa de que son conscientes de sus acciones, pero ignorantes de las causas que las determinan, porque las decisiones del alma no son otra cosa que los apetitos mismos. TAREA 1. Si alguien me impide salir de un salón ¿Qué tipo de libertad esta involucrada y por qué? 2. ¿Qué concepción antropológica se plantea en la libertad intrapersonal? 3. Según Spinoza la libertad es una ilusión ¿A qué tipo de libertad refiere? ¿En qué pasaje del texto se fundamenta mejor su idea de que la libertad es una ilusión?

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