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Violencia de género.

El término ‘violencia de género’ se define como el hecho de maltratar, ejercer violencia


sobre las mujeres, por el simple hecho de serlo.
Desde siempre ha existido un pensamiento machista y prejuicios sobre las mujeres y la
igualdad a la que siempre aspiraron.
A la mujer siempre se le consideró algo por debajo, muy debajo del Alfa, el hombre, a
quién debían la vida y todas las necesidades que colmaban un día tras otro, como el
simple hecho de tener un hogar. No podían ejercer trabajo remunerado alguno, se
encargaban únicamente al cuidado de la casa y de los hijos de la familia. El hecho de no
poder ejercer trabajo se debía a que se consideraba una especie (el hombre era ‘humano’
y la mujer ‘mujer’) y no estaba capacitada tanto mental como físicamente para poder
trabajar con un nivel mínimo en cualquier trabajo, por muy simple que fuese.
La mujer ha luchado durante toda su existencia por conseguir la igualdad, que se puede
decir que casi completa la posee hoy en día.

Hay diferentes clases de violencia hacia la mujer:

· Física. La violencia física es aquella que puede ser percibida objetivamente por
otros, que más habitualmente deja huellas externas. Se refiere a empujones, mordiscos,
patadas, puñetazos, etc, causados con las manos o algún objeto o arma. Es la más
visible, y por tanto facilita la toma de conciencia de la víctima, pero también ha
supuesto que sea la más comúnmente reconocida social y jurídicamente, en relación
fundamentalmente con la violencia psicológica.

· Psicológica. La violencia psíquica aparece inevitablemente siempre que hay otro tipo
de violencia. Supone amenazas, insultos, humillaciones, desprecio hacia la propia
mujer, desvalorizando su trabajo, sus opiniones... Implica una manipulación en la que
incluso la indiferencia o el silencio provocan en ella sentimientos de culpa e
indefensión, incrementando el control y la dominación del agresor sobre la víctima, que
es el objetivo último de la violencia de género.

· Dentro de esta categoría podrían incluirse otros tipos de violencia que llevan
aparejado sufrimiento psicológico para la víctima, y utilizan las coacciones, amenazas y
manipulaciones para lograr sus fines.

· Se trataría de la violencia “económica”, en la que el agresor hace lo posible por


controlar el acceso de la víctima al dinero, tanto por impedirla trabajar de forma
remunerada, como por obligarla a entregarle sus ingresos, haciendo él uso exclusivo de
los mismos (llegando en muchos casos a dejar el agresor su empleo y gastar el sueldo de
la víctima de forma irresponsable obligando a esta a solicitar ayuda económica a
familiares o servicios sociales).

· También es habitual la violencia “social”, en la que el agresor limita los contactos


sociales y familiares de su pareja, aislándola de su entorno y limitando así un apoyo
social importantísimo en estos casos.
· Sexual. “Se ejerce mediante presiones físicas o psíquicas que pretenden imponer
una relación sexual no deseada mediante coacción, intimidación o indefensión”. Aunque
podría incluirse dentro del término de violencia física, se distingue de aquella en que el
objeto es la libertad sexual de la mujer, no tanto su integridad física. Hasta no hace
mucho, la legislación y los jueces no consideraban este tipo de agresiones como tales, si
se producían dentro del matrimonio.

No hay una etapa fija durante la relación, durante la que el hombre comienza con las
vejaciones y sigue con el maltrato físico. Pueden empezar tras unos meses de relación,
al cabo de unos años, tras el matrimonio…
El que el hombre se comporte de una forma tan violenta, es algo psicológico, donde
influyen una gran variedad de factores, entre los que son más comunes, una infancia
marcada por la violencia de género también (por lo que lo ven como algo normal y no
como una cosa sumamente inhumana), o un ambiente similar, lleno de disputas.
Es difícil acusar a la policía que tu pareja te maltrata, te veja y te hace sentir como la
última cosa en el mundo, un simple cuerpo sin alma y sin derecho a tener sentimientos
ni opiniones. Miles de mujeres siguen con sus maridos por el simple hecho de que el
sentimiento que antaño les unió es demasiado fuerte (en el caso de la mujer) y creen que
de la noche a la mañana volverán a ser aquellos hombres de quienes se enamoraron,
otras siguen por el hecho de no querer marcar con un divorcio las vidas de sus hijos.
Pero cada vez es mayor el número de mujeres que denuncian a la policía, pues hoy en
día cuentan con más protección que la que tenían hace tan solo una década en el tiempo.
Aquellas que creen que cambiarán, aquellas que no denuncian son las mismas que tanto
vemos aparecer en televisión, cuando todo acaba. Cuando el maltratador se convierte en
asesino.
A pesar de denunciar, muchas mujeres incumplen la señal de alejamiento que no
permiten la cercanía del maltratador a la mujer. Muchas de ellas vuelven a casa con sus
maridos, aferrándose a unas palabras tan simples y tan repetidas como: ‘No lo volveré a
hacer.’
Aquellas pioneras en el movimiento de la denuncia a este maltrato, fueron las que no
creyeron lo que tan insistentemente les habían prometido. El cambio, nunca llegaba.
A día de hoy, cada año se disminuye el número de mujeres asesinadas a manos de sus
parejas sentimentales, pero aún debemos de luchar para que nunca más haya otra mujer
que perece en manos de la persona a quien un día se lo dio todo.
Aún hay una salida para aquellos hombres arrepentidos que quieren volver a ser
hombres y no animales como demuestran. Las terapias en grupo son unos de los
métodos más efectivos. Aunque no solo una terapia puede ayudar, hace más que falta
una gran fuerza de voluntad por parte del maltratador.

Los que simplemente observas, no tienen nada más que hacer que convencer a aquella
mujer que día a día sufre la pesadilla de la existencia de que hay un camino más allá de
los cardenales y las lágrimas derramadas, de convencerlas de que aún pueden encontrar
la felicidad que con la facilidad que fue robada.
A la primera señal de maltrato, deben de denunciarlo a las autoridades públicas, para
que la justicia se haga cargo.
Simplemente, abrir los ojos. Ver a nuestro alrededor. No permitir nunca más las
vejaciones.

Volver a ser libre.