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Puntos Sobresalientes - Jeremias 17 a 21

Puntos Sobresalientes - Jeremias 17 a 21

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Jeremias 17
=============================== Jeremias 17:5-8. Los seres humanos y sus instituciones son confiables solo en la medida en que obran en
armonía con los propósitos y principios divinos. En asuntos como la salvación y la verdadera paz y seguridad, hacemos bien en cifrar nuestra confianza solo en Jehová (Salmo 146:3).

-----------------------------------------------------------------------------------------------En el libro de Jeremías se hace referencia al enebro de manera muy oportuna al comparar al hombre cuyo corazón se aparta de Jehová con un “árbol solitario [‛ar·‛ár] en la llanura desértica”, y también al advertir a los moabitas que huyeran y llegasen a ser “como un enebro [ka·‛aroh·‛ér] en el desierto”. (Jer 17:5, 6 )

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jeremías 17:7, 8 Como árbol frondoso “plantado junto a las aguas” que riegan un huerto, Jeremías nunca dejó
de “producir fruto”. En vez de hacer caso de las malvadas burlas de la gente, se aferró a Jehová, la Fuente de “agua” vivificante, y tomó muy en serio todo lo que él le dijo (léase Salmo 1:1-3; Jer. 20:9). ¡Qué magnífico ejemplo para todos, y más para quienes sirven en territorios difíciles! Si ese es nuestro caso, acudamos siempre a Jehová. Él nos dará la perseverancia necesaria para seguir haciendo “declaración pública de su nombre” (Heb. 13:15).

-----------------------------------------------------------------------------------------------¿En qué sentido fue Jeremías como “un árbol plantado junto a las aguas, que envía sus raíces”? ( Jer. 17:7, 8.) Jeremías nunca dejó de producir fruto ni hizo caso de las burlas de la gente. En vez de eso, se aferró a Jehová, la Fuente de agua vivificante, y tomó muy en serio todo lo que él le dijo (15/3, página 14).

-----------------------------------------------------------------------------------------------Sin embargo, la Biblia también indica que “el corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado” (Jeremías 17:9). ¿Cómo puede el corazón ser traicionero, y representar por ello un peligro para nosotros? Pues bien, un automóvil, por ejemplo, es algo valioso, tanto que hasta puede salvarnos la vida en una emergencia. Pero si el conductor no lo domina ni controla constantemente el volante, ese mismo vehículo quizá se convierta en un arma mortal.

“El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado”, advirtió Jeremías ( Jeremías 17:9). Esta traición se manifiesta cuando tratamos de justificar nuestros errores, restamos importancia a nuestras flaquezas, excusamos los defectos graves de personalidad o exageramos los logros. Un corazón desesperado también es capaz de ser doble y hacer que la persona diga algo con labios melosos, aunque las obras lo contradigan (Salmo 12:2; Proverbios 23:7). Es trascendental, por tanto, que seamos honrados y examinemos lo que procede del corazón.

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Jeremias 18
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Jehová mandó al profeta Jeremías al taller de un alfarero, donde ilustró con fuerza la necesidad de la buena disposición y la obediencia para beneficiarnos de Su influencia modeladora. Jeremías vio como el artesano cambiaba de opinión en cuanto a lo que haría con una vasija cuando “la echó a perder la mano del alfarero”. Jehová entonces dijo: “¿No puedo yo hacer con ustedes justamente como este alfarero, oh casa de Israel? [...] ¡Miren! Como el barro en la mano del alfarero, así son ustedes en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18:16).

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Un alfarero puede comenzar a hacer un determinado modelo de vasija, y luego, „si su mano la echa a perder‟, hacer otro modelo con la misma arcilla. (Jer 18:3, 4.) Con este ejemplo, Jehová ilustra, no que sea como el alfarero cuya mano „echa a perder la vasija‟, sino que tiene autoridad sobre la humanidad para cambiar el modo de tratarla, ajustándolo a cómo esta responde o no responde, a su justa misericordia.

-----------------------------------------------------------------------------------------------La grandeza del perdón de Dios se percibe en la manera como trata a quienes han practicado el pecado pero luego cambian de actitud. Cuando ve que dan un giro a su vida y le obedecen, „siente pesar‟ (Jer. 18:8; 26:3). ¿En qué sentido? Dios es perfecto y nunca yerra en sus juicios, de modo que no siente pesar en el sentido de que se arrepiente de haber dado un fallo erróneo, como le puede suceder a un ser humano. Más bien, siente pesar en el sentido de que modifica su manera de obrar, de acuerdo con el cambio de actitud que observa.

-----------------------------------------------------------------------------------------------¡La voz del Jeremías moderno no ha sido acallada! Mientras el clero y los políticos hacen esfuerzos por amordazar la predicación de los juicios de Dios, Sus testigos fieles siguen adelante, resueltos a completar la obra de dar advertencia. (Jeremías 18:18.)

-----------------------------------------------------------------------------------------------LOS tratos de Jehová con la humanidad a todo tiempo han reflejado en qué alta estima tiene a la vida humana. No ha obrado apresuradamente para expresar juicios adversos, sino que misericordiosamente ha suministrado oportunidades para que pueblos y naciones cambien sus caminos. (Jer. 18:6-10) Especialmente puede notarse esto en su manera de tratar a la nación de Israel. Vez tras vez Jehová levantó profetas para animar a la nación infiel a abandonar su proceder malo.

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Jeremias 19
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Si la práctica de los fenicios era horrenda, entonces recuerde que “Manasés siguió seduciendo a Judá y los habitantes de Jerusalén para que hiciesen peor que las naciones que Jehová había aniquilado de delante de los hijos de Israel”. (2 Crónicas 33:9.) No fue exageración cuando Jehová dijo: “Han llenado este lugar de la sangre de los inocentes”. (Jeremías 19:4.) Apropiadamente, el artículo Review observa: “La colección creciente de pruebas arqueológicas y epigráficas, provista por los mismos cartagineses, da a entender enfáticamente que los escritores clásicos y bíblicos sabían de lo que estaban hablando”.

-----------------------------------------------------------------------------------------------Moisés advirtió —y Jeremías lo reiteró— que quienes no hicieran caso y se opusieran a Jehová llegarían al extremo de comerse “la carne de sus hijos y la carne de sus hijas” (Jer. 19:9; Lev. 26:29). “¿Será posible semejante atrocidad?”, preguntarían algunos. Bueno, eso fue lo que ocurrió cuando escasearon los alimentos durante el asedio babilonio. “Las mismísimas manos de mujeres compasivas han cocido a sus propios hijos — informó Jeremías—. Estos han llegado a ser como pan de consolación a alguien durante el quebranto de la hija de mi pueblo.” (Lam. 4:10.) ¡Qué escena más espantosa!

-----------------------------------------------------------------------------------------------Por otra parte, Jeremías puso una ilustración excelente cuando hizo añicos la vasija del alfarero, de modo que no se podía componer, es decir, no tenía la posibilidad de curación. “De la misma manera —Jehová declaró— quebraré yo a este pueblo y a esta ciudad como quiebra alguien la vasija del alfarero de modo que ya no puede componerse [una forma de ra·fá‟, cuyo significado literal es “curarse”]”. (Jer 19:11; compárese con 2Cr 36:15-17.)

-----------------------------------------------------------------------------------------------Por supuesto, el blanco principal del mensaje profético de Jeremías fue la caída de Jerusalén. Vez tras vez, el profeta advirtió que la ciudad sería demolida si los judíos no se arrepentían de su idolatría, injusticia y violencia (Jer. 19:3-5, 15). Muchos creían que Jehová jamás haría algo así. Su templo estaba allí. ¿Cómo iba a permitir que destruyeran aquel lugar sagrado? ¡Ni pensarlo! Pero Jehová no miente. Cumplió lo que tenía pensado (Jer. 52:12-14).

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A medida que nos acercamos al fin, los tiempos se hacen más difíciles. (2 Tim. 3:1) Además, en muchos países la actitud de la gente se está endureciendo. Es igual que en el día de Jeremías, cuando Jehová dijo del pueblo: “Han endurecido su cerviz para no obedecer mis palabras.” Si su congregación tiene que trabajar entre un pueblo „de dura cerviz,‟ ¡cobre ánimo! En vez de aflojar el paso en la actividad del Reino, hagamos como exhortó Jeremías: “¡Canten a Jehová! ¡Alaben a Jehová!” (Jer. 19:15; 20:13)

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Jeremias 20
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Sedequías no fue el único que trató de influir negativamente en Jeremías. Cierta vez, un sacerdote llamado Pasjur lo “golpeó”, quizás ordenando que le dieran 39 azotes (Jer. 20:2; Deu. 25:3). En otra ocasión, unos príncipes también lo azotaron y lo hicieron encarcelar en “la casa de los grilletes”, donde fue a parar a una mazmorra; allí pasó largos días en condiciones tan deplorables que temió por su vida (léase Jeremías 37:3, 15, 16). Un tiempo después de haber salido de la prisión, otros príncipes azuzaron a Sedequías para que lo matara acusándolo de desmoralizar a los soldados; como consecuencia, fue arrojado en una cisterna fangosa para que muriera (Jer. 38:1-4). Aunque sabemos que el profeta de Dios se salvó de aquella horrible muerte, estos incidentes ilustran que quienes más deberían haber creído sus palabras se volvieron escépticos y la emprendieron con él.

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jeremias 20:7. ¿Cómo „usó su fuerza‟ Jehová contra Jeremías y lo embaucó? Ante la indiferencia, el rechazo y
la persecución que le acarreó declarar los juicios de Jehová, es posible que Jeremías pensara que no podía seguir adelante. Pero Jehová empleó su fuerza contra esta inclinación natural y lo fortaleció. De modo que embaucó a Jeremías en el sentido de que lo utilizó para lograr lo que el profeta mismo creía que no sería capaz.

-----------------------------------------------------------------------------------------------En otra ocasión, después que lo golpeó el sacerdote Pasjur, hijo de Imer, Jeremías dijo que ya no volvería a hablar en el nombre de Jehová. ¿De qué manera respondió Dios a la vehemente expresión de Jeremías? (Léase Jeremías 20:8, 9.) La Biblia no nos dice que Dios habló con el profeta desde el cielo. Pero su palabra llegó a ser como un fuego encerrado en los huesos de Jeremías, y este no pudo más que proclamarla. En realidad, lo que lo impulsó a seguir con la comisión divina fue expresarse con toda sinceridad ante Dios y dejarse llevar por lo que sabía que era Su voluntad.

-----------------------------------------------------------------------------------------------El profeta Jeremías es un gran ejemplo para nosotros. Siempre agradeció el alimento espiritual que recibía de Dios, pues le daba las fuerzas necesarias para seguir predicando a un pueblo indiferente. Él mismo reconoció: “La palabra de Jehová [...] resultó ser como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos” (Jer. 20:8, 9). Las provisiones espirituales también le ayudaron a afrontar la crisis que culminó en la destrucción de Jerusalén. Hoy día tenemos completa la Palabra escrita de Dios. Si la estudiamos diligentemente y hacemos nuestros los pensamientos de Dios, seremos como Jeremías: perseveraremos con gozo en el ministerio, seguiremos fieles a pesar de las pruebas y conservaremos nuestra pureza moral y espiritual (Sant. 5:10).

-----------------------------------------------------------------------------------------------Cuando Jehová le comunicó su comisión, Jeremías trató de rechazarla con excusas, lo cual demuestra que la valentía y la determinación con que actuó más adelante no le venían de nacimiento. La extraordinaria fortaleza que demostró durante su carrera de profeta se debía a que confiaba plenamente en Dios. Así es, Jehová se mantuvo a su lado “como un terrible poderoso”, brindándole su apoyo y dándole fuerzas para efectuar su ministerio (Jer. 20:11).

En ocasiones, el estado de ánimo de Jeremías cambió, incluso de manera apreciable. ¿Experimentamos nosotros también cambios de humor parecidos, alternando entre el optimismo y el abatimiento? Con respecto al primer estado, notemos las palabras de Jeremías 20:12, 13 (léase). Después del sufrimiento que le causó Pasjur, se regocijó de ser como uno de los pobres a quienes Dios libra “de la mano de los malhechores”. Cuando se nos libra de algún mal o nos suceden cosas buenas en la vida o en el servicio cristiano, nos sentimos alborozados, deseosos de cantar a Jehová. Este es un sentimiento muy agradable (Hech. 16:25, 26).

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Jeremias 21
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El rey Sedequías consultó a Jeremías de forma reiterada antes de la destrucción de Jerusalén. ¿Con qué fin? Con la esperanza de recibir un mensaje alentador sobre el futuro de su reino. Quería oír de boca del profeta que Judá sería librada de sus enemigos por la providencia divina. Los emisarios del rey le dijeron: “Por favor inquiere de Jehová [...], porque Nabucodorosor el rey de Babilonia está haciendo guerra contra nosotros. Tal vez Jehová haga con nosotros conforme a todas sus obras maravillosas, de manera que [Nabucodorosor] se retire” (Jer. 21:2).

-----------------------------------------------------------------------------------------------Jeremias 21:8, 9 Incluso en el último momento, Jehová dio la oportunidad de salvarse a los habitantes de
Jerusalén que merecían morir por su falta de arrepentimiento. Así es, “muchas son sus misericordias” (2 Samuel 24:14; Salmo 119:156).

-----------------------------------------------------------------------------------------------Cuando le llegó el fin a Jerusalén en 607 a.E.C., la compasión de Dios por quienes le obedecían volvió a manifestarse. En pleno asedio, Jehová dijo a los judíos: “Aquí pongo delante de ustedes el camino de la vida y el camino de la muerte. El que se quede sentado en esta ciudad morirá a espada y del hambre y de la peste; pero el que esté saliendo y realmente se pase a los caldeos que los tienen sitiados seguirá viviendo, y su alma ciertamente llegará a ser suya como despojo” (Jeremías 21:8, 9). Aunque los habitantes de Jerusalén merecían la destrucción, Jehová tuvo compasión de los que le obedecieron, incluso en aquellos críticos momentos finales

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