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EL JÍCARO EN TUS MANOS
DESCRIPCIÓN HISTORICO GEOGRÁFICA Y OTROS TEMAS SOCIO CUOLTURALES DEL MUNICIPIO DE EL JICARO

Departamento de El progreso Guatemala—Centro América 2012

ABRE SUS PÁGINAS Y LÉELO DETENIDAMENTE

Carlos Egberto Casasola Saavedra
Autor del presente Libro.

NOTA: En la presente obra fuero empleadas algunas palabras consideradas como modismos de

EDITORES. Hermanos Casasola Saavedra Derechos reservados.

la región oriental del país. –N. del A.

Prohibida su reproducción parcial o total.

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DEDICATORIA: A mis queridos padres: Fidel Egberto Casasola Venegas y Felicinda Saavedra Terraza de Casasola; A mi hijo Randolfo Augusto Casasola Díaz; A mis hermanos: Oscar René, Ranulfo, Randolfo y Rolando Casasola Saavedra y sobrinos fallecidos. In memoriam, venerados recuerdos y flores sobre sus tumbas A mi familia en general: Hijos, nietos, hermanos, sobrinos, primos, y tíos, Con todo cariño y reconocimiento. A mi querido pueblo de El Jícaro, con todo respeto, cariño y el deseo de serle útil siempre, extensiva a mis amigos en general. Carlos Egberto Casasola Saavedra.

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INDICE Página Acuerdo de Creación del municipio……………………………………………………………………. OO5 Motivaciones y Presentación……………………………………………………………………………... OO6 CAPÍTULO I “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ II Situación topográfica, Demarcación Física y Extensión Territorial OO9 Demarcación Política………………………………………………………………….. O20

III Altura, Clima, Orografía e Hidrografía………………………………………… 033 IV Minerales, Flora, Fauna y algunos comentarios………………………… 036 V Población y Etnografía………………………………………………………………. 055 VI Gobierno Municipal…………………………………………………………………. 060 VII Etimología y mis pequeños comentarios…………………………………. 077 VIII Costumbres, recuerdos anécdotas y tradiciones………………………… 085 IX Fiesta Titular……………………………………………………………………………… 123 X Religión…………………………………………………………………………………… 128 XI Educación, Artes y Cultura Física……………………………………………. 133 XII Desarrollo y Productividad…………………………………………………… 150 XIII Valores Literarios ………………………………………………………………….. 164 XIV Vías de Comunicación…………………………………………………………… 167 XV Hechos Históricos………………………………………………………………….. 174 XVI Hombres Importantes, Lideres, Activistas y Dirigentes (personajes de Ayer)……………………………………………………………………….. 177 XVII Servicios Públicos……………………………………………………………………. 188 XVIII Fenómenos Naturales, Plagas, Epidemias y otros sucesos……… 191 XIX Otros Sucesos…………………………………………………………………………… 196 Mi Curriculum vitae…………………………………………………………………. 201 Punto y Final……………………………………………………………………………. 203

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Acuerdo de creación del municipio de El Jícaro, Departamento de El Progreso. N del A.

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MOTIVACIONES Y PRESENTACIÓN Hace unas décadas, el Ministerio de Educación Pública, previo dictamen favorable de su Consejo Técnico, autorizó la publicación y auspició a su vez, por medio de su editorial “José de Pineda Ibarra”, en el año 1961, la impresión de mi pequeño libro, MONOGRAFIA DEL MUNICIPIO DE EL JICARO; título tal vez un tanto inapropiado, porque su contexto se extendía más allá de un solo tema, pero al fin y al cabo un objetivo cultural logrado, con esa gama de cosas, situación de la que pasó inadvertido el ente gubernamental que la revisó, quedando en consecuencia registrada oficialmente, con la clasificación: ME 917.28153 C335, 6, “colección de monografías”. En su presentación al estimado público lector, se señalaba claramente, que salía a luz pública la pequeña obra, sin presunciones de ninguna índole, no como obra literaria en el sentido estricto de la palabra, por el contrario, como un pequeño ensayo motivado por una inspiración, quizás un sueño, convertida luego en vivo deseo acariciado por años, de dar a conocer lo nuestro, valga decir, escribir algo sobre el municipio, en los diversos aspectos que lo conforman, desde su fundación hasta nuestros días, resaltando en lo posible: lo geográfico, histórico y cultural. Y al percatarme también, de la existencia de estudios de igual naturaleza en otros municipios de la república y, por ende, era preciso realizar el nuestro, como imitación de buen ejemplo, con la inquietud que mueve a la juventud soñadora, de hacer algo positivo, cuando se siente muy dentro el orgullo por la patria chica, en donde se tuvo el privilegio de haber nacido y desarrollado felizmente la niñez y adolescencia, al lado de los seres queridos y paisanos en general, cuyas vivencias, que penetran lo más hondo de mi ser, forman parte del haber de mi existencia, que me han animado a seguir adelante, sopesando alguno que otro obstáculo de la vida cotidiana. Y ¿por qué no decirlo?, lo escrito también, como una satisfacción personal, al haber logrado las tan ansiadas aspiraciones humanas que individuos algunos, desean alcanzar en su paso por la vida, cuales son: la natural misión de procrear hijos y formarlos; plantar árboles y jamás derribarlos; escribir un libro o algo por el estilo, y practicar el bien común, como un ejemplo para la colectividad, como casi lo confirma una célebre y controvertida frase acuñada por alguien autor desconocido, probablemente de origen chino o Islámico, que menciona, precisamente, esos conceptos como anhelo o provecho de vida, ampliamente conocidos en el campo de los proverbios. Y además, para evitar y asegurar a la vez, que hechos acontecidos, al no relatarse y escribirse a su debido tiempo, desaparezcan sin dejar huellas del entorno cultural, en razón de que la acción implacable del tiempo lo extermina todo, si no se actúa, con los consiguientes lamentos después, porque: ¿cómo no quisiéramos nosotros hoy, retroceder en el tiempo, para conocer a ciencia cierta nuestra interesante historia?, con mayor interés, lo que esta vasta región fue en la época pre hispánica?, que ahora, escudriñamos a medias, dando palos de ciego como dice el dicho, sin mayores elementos de juicio, que los mínimos encontrados. Clareo está, que en esa época no existían los medios adecuados para dejar constancia de los hechos, excepto las costosas referencias rupestres, en esculturas, jeroglíficos o lienzos de papiro, de las cuales aquí no hay evidencias, solo los montículos en cantidad, y la tradición oral guardada en los archivos del tiempo, transmitida de generación en generación, que constituye buena fuente de información, pero con el riesgo de tergiversarse o alterarse los hechos reales, con el paso de los años, o en el momento mismo de su explicación a medias, o sin ninguna o poca consistencia.

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Del librito mencionado, fui objeto de algunas críticas, en su mayor parte positivas, sanas y de reconocimiento, y otras negativas, reducidas estas últimas a simples murmuraciones, que por ser feas formas de conducta humana, carentes de importancia, caen por si solas en el vacío, considerándolas, antes bien, producto de la ignorancia y, para mí en lo particular, gajes del oficio. En el pueblo ha habido otros escritores, que por humildes, tal vez de aldea, han sido igualmente criticados por los de siempre, sin percatarse de que el hecho de escribir un libro y hacerlo público, significa un esfuerzo positivo digno de encomio y hasta de imitación, aun con las imperfecciones que pueda observar, propias del quehacer humano y, por lo mismo, factibles de merecer una dispensa o simplemente pasar desapercibidos con un chitón boca, principalmente, si quienes censuran no son capaces de hacer lo mismo, situación que traigo a cuenta para que aprendamos a ser correctos. Debo de agradecer como obligado cumplido, las muestras de aliento y felicitaciones recibidas oportunamente de muchas honorables personas de adentro y fuera del solar patrio, entre quienes destacan por sus amables conceptos, las del Licenciado Carlos Jiménez Peralta, periodistas Álvaro Enrique Palma Sandoval y Carlos Toledo Viélman, profesor Alejandro Flores Carranza, poeta Gregorio Alvarado, Alberto Ramírez, Samuel Beltetón de León y Domingo Castro, entre otros, a las quienes se sumó el escritor cubano Arturo Casado San Germán, cuyo texto lo recibió de nuestra embajada en aquel país, quien aparte de felicitarme, me solicitaba datos y el mapa sobre el recorrido de su paisano, el bardo José Martí, a finales del siglo XIX, viniendo de Puerto Barrios, en donde desembarcó, procedente de Cuba, a la Capital de la República, pasando por nuestro pueblo, y de su estadía en Guatemala, gestión de la que no pude complacerlo, por temor a represalias, debido a la tensa situación política prevaleciente en ese tiempo, entre el gobiernos de aquella nación y la nuestra. A petición de numerosas personas, así como por la importancia y buena acogida que el anterior tuvo, léase la monografía, principalmente entre la juventud estudiosa de las escuelas del municipio, en sus distintos niveles, a quienes dicho sea de paso, sirve aún, de texto de consulta en lo que al conocimiento del municipio en sus variados aspectos, se refiere, con edición agotada,-- lanzo ahora a conocimiento público, para servir mejor, mi segundo libro titulado: EL JÍCARO EN TUS MANOS, el nombre por cierto más sugerente e idóneo encontrado, que vino a mi mente precisamente, por las referencias y énfasis que se hacen del terruño, con temas del anterior librito incluidos, naturalmente, es decir, de la Monografía, pero corregidos, actualizados y con mayor información sobre otros asuntos. Se incluyen algunas anécdotas, cuentos, vivencias, aventuras y algunas “babosadas” a propósito, algunas de cuyas frases van salpicadas con aliño de poesía, en prosa, incrustadas en todo el curso del libro, configuradas con los chispazos que da la testa de repente, al evocar cosas de nuestro pueblo, todo en una mezcla del ayer y del hoy, con sabor a provincia y medio ambiente, ¡que rico eh!, o sea, algo ameno por su contenido íntimo local, lo cual se traduce prácticamente en una síntesis del municipio, en sus diversos aspectos, con algo también, de lo aprendido en la universidad de la vida, y algunos episodios en el contexto de mi realización como individuo, texto que pongo a disposición de los estimados lectores, a la espera de que lo lean, saquen sus propias conclusiones y por supuesto guste su contenido. Tal compendio de cosas, me ha sido posible y resultado un tanto cómodo, (alábate patojo, que no hay quien te alabe), por el conocimiento que modestamente tengo del municipio, como jicareño de pura cepa, adquirido al haber recorrido en repetidas ocasiones los puntos de sus confines, conjuntamente con vecinos antañones, conocedores del área, autoridades locales e instituciones especializadas en la materia, oportunidad que tuve cuando por muchos añas fui secretario del Ayuntamiento y después Alcalde, y el grande deseo que me ha inspirado siempre, desde mi infancia, de querer descubrir las entrañas de lo que

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es nuestro, y cantarle de cierta manera a mi pueblo, de su grandeza. El pequeño estudio sin embargo, ha sido complementado y enriquecido en buena medida, con la oportuna y valiosa cooperación de personas bondadosas y conocedoras del medio, al relatarme hechos de antaño que he echado a mi matate, y la ayuda de gente joven, ahora, con motivo de esta nueva edición, quienes son parte también de este objetivo, cuya fuente oral, lastimosamente, desaparece con el transcurso del tiempo, y de ahí, la urgente necesidad de plasmarla en forma escrita para su preservación y conocimiento oportunos; Referencias adhoc, que agradezco profundamente, lo mismo, a mis hijos expertos en computación: Jonathan Alejandro y Carlos Randolfo Casasola Estrada, que digitaron y prepararon gustosamente este texto. Es pues, este trabajo, una segunda meta cumplida, alcanzada con paciencia, venciendo algunos contratiempos, que he realizado como una humilde contribución a la cultura del municipio y de sus futuras generaciones, como una pequeña herramienta de consulta para conocer, aunque sea en mínima parte, los aspectos histórico geográficos que lo rodean, y se tome conciencia de lo que es y representa el pueblo en su conjunto, para nosotros sus hijos. Por tanto, son mis mejores deseos de que este nuevo librito tenga buena acogida, como ocurrió enhorabuena, con mi anterior, del que tengo conocimiento, circuló en buena cantidad y llegó a las manos inclusive de personas de algunos países de habla hispana del exterior, gracias al Ministerio de Educación, que los hizo llegar a través de nuestras Embajadas, según reportes y comentarios agradables que son de mi conocimiento, por lo que el mismo forma parte modestamente del conjunto de libros de varias bibliotecas particulares y nacionales, así como del catálogo o índice de autores de obras del poder legislativo o Parlamento Norteamericano, esto último, supongo, por el carácter oficial del texto, tal consta en página de Internet, observada dicha información, al instante de marcar mis nombres y apellidos completos para ingresar en el sistema. Sin la menor pretensión de que se confiera crédito a lo escrito por mí, manifiesto mi inconformidad con otras monografías posteriores a la mía, por contener informaciones que no son propias ni originales de sus autores, sino tomadas de la que yo escribí hace años, sin citar ellos, la fuente de de información consultada, como es lo correcto, por lo que fácilmente estarían incurriendo, tal vez no por dolo, sino por ignorancia u omisión, en el ilícito de plagio o contra el derecho de autor, por una parte, y por la otra, que expertos en escribir sobre temas municipales, sin conocer el medio, sinceramente no los hay, mucho menos por personas ajenas al municipio contratadas para el efecto. Tal el caso de la que hizo Marlene Mardalety Rivera Miranda, la cual, aún reconociendo lo completo del estudio, no puede considerarse como una actualización de la mía, como ella lo indica, por no haber contado con la autorización oficial del editor, el Ministerio de Educación Pública y la mía, como autor, como es legal, con el agregado de haber sido contaminado el texto de ella, con información extra, bastante maltratada y exagerada, que no vienen al caso, por ahora, en detalle comentar, que no es propia de una monografía seria, de su clase, alterada supongo, por terceras personas irresponsables, sin su permiso, por lo menos la versión libre que aparece en Internet, que no fue protegida, como es aconsejable. En igual forma, en otra página de ese sistema, aparecen unos relatos monográficos sobre El Jícaro, redactados por Julio Francisco Ramírez López, quien copia literalmente con puntos y comas, pasajes de la que yo escribí hace años, arrogándose la investigación, sin hacer la salvedad del caso; por lo que exhorto a esos jóvenes inquietos, que cuando escriban algo derivado de consulta o réplica de otros libros, lo hagan así constar expresamente al final, con las observaciones pertinentes, por ética y buena fe, para su propia satisfacción y no engañarse a sí mismo. Dejo constancia, que el prólogo lo refrendo con mi rúbrica, movido por un profundo sentimiento de cariño que mi inspira mi bello pueblecito, más que de cualquiera ilustre tercera persona, que bien pudo

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haber sido invitado a hacerlo, valga la modestia, y porque se trata de una pequeña obra del pueblo, que en mi criterio, no necesita de alabanzas ni de recomendaciones para su adquisición y lectura, por lo que espero se publicite y penetre por sí sola, principalmente por el sello y colorido de provincia que lleva implícito y, además, porque la misma no tiene un carácter meramente lucrativo, reconociendo de antemano, que críticas al texto van a existir, por lo menos en el pensamiento y en la murmuración y, que unos pocos, lo harán a priori, sin siquiera haber leído su contenido. Creo oportuno por último, pedir las disculpa del caso, por la omisión de repente, de algún tema de importancia, que a juicio de terceras personas, pudiese haber merecido su inclusión o haya escapado a mi memoria o quedado en el tintero, como dice el refrán, así como de posibles fallas en el uso de algunas reglas gramaticales y algunos otros gazapos involuntarios, las que pido también, por si acaso, modestia aparte, se hubiese filtrado algo del ego, y por la emoción también, al escribir tan kilométrico introducción, ojalá no aburrida por eso su lectura, pero es parte de mi desahogo sentimental al exteriorizar cosas lindas del pueblo, donde dejé enterrado el ombligo y enterraran mis huesos también, lamentando que muchas personas contemporáneas o de generaciones anteriores y posteriores próximas a la mía, conocedores muchas de nuestra historia, que son ahora parte del más allá, incluidos mis seres queridos fallecidos, no hayan tenido la oportunidad de conocer esta pequeña obra, por la tardanza en hacerla realidad. EL AUTOR CAPITULO I SITUACIÓN GEOGRÁFICA, DEMARCACIÓN FÍSICA Y EXTENSIÓN TERRITORIAL SITUACIÓN GEOGRÁFICA. El Jícaro forma parte del departamento de El Progreso, República de Guatemala, situado en el nororiente del país, Latitud 14.91, Longitud 89.9, UFI: -1134405, UNI: -1674334, UTM: AB 85, JOG: ND 16-05, entre las sierras Madre, conocida aquí, como del Merendón y las Minas, de esta última, río Motagua de por medio, en cierta parte, como línea divisoria de municipios vecinos, en una zona geológica que puede considerarse como única en Centro América, por su propia naturaleza y ecosistema imperantes, a decir de su flora y fauna, léase variedad de cactus, árboles de guayacán, roble, zarza, yaje, orotohuaje, subín, carupín y el famoso Especie de cactus comúnmente llamado Tuno. pasto oveja, etc., y de extrañas especies de reptiles, verbigracia: serpientes, iguana garroba, el singular monstruo de güila o heloderma, llamado comúnmente escorpión, etc., característicos estos de regiones áridas, en donde predomina la sabana, que no fácilmente se encuentran en cualquier lugar del país. Tal situación, debido, según se desprende del estudio realizado por el experto Dr. Holdridge, a la considerable elevación de la citada montaña de las Minas ubicada a escasos 25 kilómetros de distancia, enfrente, al norte, de esta población y de la región en general, obstáculo natural que hace descargar la humedad y el agua de lluvia del lado opuesto, razón por la cual, el preciado líquido llega al área, por las montañas bajas del sur de los Vista panorámica de la sierra de Las Mina departamentos de Jalapa y Chiquimula, cuyo fenómeno natural le altera tomada de Puente que cruza el río Motagua. y mantiene su fisonomía, tal como es, de monte espinoso subtropical seco en la meseta, y más o menos húmedo fresco, en la alta, en donde viven cierta clase de pinos, variedad de encinos y otros propios del clima, cuya aridez es consecuencia también, de la considerable

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distancia que separa el terreno de los océanos, y por lo mismo, escases de humedad en el ambiente. Esta zona de vida, tal como se presenta, es compensada sin embargo, en buena parte, con sus fértiles tierras regables, gracias a la presencia del río Motagua en sus inmediaciones, y a la existencia de abundante agua a poca profundidad del subsuelo, privilegios que afortunadamente le inyectan vida y desarrollo a la región. Las cordilleras citadas, ofrecen a la vez, una excelente vista panorámica hacia el sur, con sus puntos bien definidos: “Montañas de San Pedro Pinula, Jalapa y Guastatoya”, ”El Morrón”, terreno “Las Minas”, ”Pila de Moscoso y Guayabo”, “Tobón”, “El Talquezal”, “Loma Redonda” y “Las Anonas o Sitio de Jesús”, todos enclavados en la cordillera del Merendón, con su color verde-pardusco; últimos elevamientos de donde, entre el resplandor propio del área, allá en donde pareciera juntarse el cielo y la tierra, y el sol, incendiar la pradera, en la claridad del medio día, se divisan en la lejanía los extensos llanos de la fragua que exhalan el tibio clima tropical que le es característico. Y, al norte, la impresionante de las Minas, con un bello azulado-verdoso de varios tonos, según la distancia de observación, ataviada de nubes multiformes blanquecinas, posando casi siempre en el horizonte, y más allá…, al poniente, entre las dos montañas, que forman el gran cañón del Motagua o garganta del nororiente, como le llamo yo, en los cuatro puntos cardinales, dibujados en sus variadas configuraciones caprichosas y a veces confusas, pero bellas, se aprecian en el firmamento, solitarios o en grupo, los celajes o trozos de cielo policromos, rojizos, violetas, con bordes dorados encendidos, generados por la luz radiante del sol, por la mañana, y con pinceladas ambarinas, cuales nubes misteriosas con siluetas de arrebol, alumbradas por el suave brillo del astro rey, en el ocaso, como obsequio de agradables y esplendorosos instantes vespertinos. Y como maravilloso regalo invernal de natura, con expresión sublime de ensueño, en el crepúsculo de la tarde, como un jardín florido de rosas, figuras de mariposas incrustadas libando el néctar de las flores, de espectro de gotas de lluvia y rayos de sol, entremezcladas, se exhiben imponentes de repente en las alturas, más de un arcoíris coqueteando a sus admiradores, con su ropaje matizado de sus siete lindos colores, pero a la vez, abriendo los portones del cielo, en franca invitación para entrar en el mundo de lo desconocido, deleitando con su natural belleza, a los comarcanos, de quienes más de algún simpático dicharachero, en su hábito de superstición cotidiana, en lenguaje coloquial, suele decir: ¡Oh, presencia de arcoíris en el espacio, señal de paro de lluvia!; cuyos espectaculares fenómeno, cautiva indiscutiblemente, a seres humanos que aman la naturaleza y que tienen la oportunidad de echar un vistazo al infinito, en esos precisos momentos. Su pintoresca y progresista cabecera municipal, de igual nombre, se asienta a poca distancia de las márgenes del río Motagua, propiamente en lo que es su inmenso valle, con sus calles correctamente trazadas, plantadas de una bien dispuesta arboleda, verde, casi siempre verde, como el vistoso plumaje de nuestro Símbolo Patrio, El Quetzal, como presagio de esperanza. Ocupa el municipio, una regular extensión de terreno, formando llanuras y partes quebradas. La línea del desaparecido ferrocarril Interoceánico o FEGUA, como se le llama actualmente, concesionada en mala hora y para retroceso del país por 50 años a Ferrovías de Guatemala, lo atraviesa en toda su longitud, de norte a sur y viceversa, siendo la mayor parte del área topográfica montañosa y afectada. Sus carreteras de acceso, en sus tres principales ingresos, se encuentran convenientemente asfaltadas hasta su convergencia con carreteras principales del país, que conectan con los departamentos de Zacapa, Chiquimula, Jalapa, última aún de terracería, y con el resto del país por la ruta del Atlántico. El municipio está cruzado de caminos vecinales internos que comunican con sus aldeas y caseríos, así como con los municipios vecinos de San Diego, San Pedro Pínula y Guastatoya, y vericuetos llamados regionalmente

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“extravíos” que usan algunos lugareños, para acortar distancias y llegar pronto a su destino, sorteando barrancos y maleza, casi abriéndose campo, guarisama en mano. Dada su topografía, se sospecha que la parte baja de la población, en algún tiempo de la historia, antes de la construcción del ferrocarril, a partir del paraje conocido como “Patio de Gallos”, hasta el malpaís de Chilo Morales, formando allí un recodo, fue eventual lecho del río Motagua, a juzgar por los vestigios de piedras y arena de su clase que yacen en el subsuelo, lo mismo que sus barrancos aledaños, al sur, con cicatrices de oleajes e incrustaciones fósiles de pequeños jutes, caracoles y piedrecillas descubiertos en su relieve, que no son propias del terreno, más bien, fragmentos de origen de acarreo fluvial. La borda paralela y el terraplén de la vía férrea del desaparecido ferrocarril, constantemente supervisadados por la empresa, ha sido por años, una potente defensa indirecta de la población, impidiendo que el río con los copiosos inviernos vuelva de nuevo, a su cauce caprichoso ocasional antiguo, del que se supone, pero ahora, en las condiciones de descuido y olvido en que se encuentran dicha vía por la desaparición de esa empresa, se corre el riesgo de que socave esas barreras y se produzcan inundaciones no deseadas. FORMA. La estructura física del área territorial, se compone de tres franjas paralelas, escalonadas entre sí, a lo largo y ancho del municipio: la parte baja de vegas conformada por el valle del Motagua, al norte; la altiplanicie o porción central, y la pequeña montaña y sus estribaciones, al sur, que es parte de la sierra de la sierra Madre o del Merendón, y según el mapa levantado últimamente por la Dirección General de Cartografía, que debe considerarse como oficial para todos los asuntos que se relacionen con el territorio jurisdiccional, tiene la forma de un oblongo irregular, con su parte más ancha por el oeste y más angosta por el este. DEMARCACIÓN FÍSICA. Límites anteriores. Cuando se creó el municipio, si bien se mencionan en el acuerdo respectivo, los nombres de las comunidades que debían integrarlo, no se fijó los límites que permitieran demarcar físicamente el área territorial, prevaleciendo de hecho, los que en forma convencional se venían reconociendo desde tiempos remotos, cuando el antiguo municipio de San Cristóbal Acasaguastlán, ejercía dominio sobre la otrora aldea, identificados por medio de mojones informales, de la manera siguiente: al norte, del mojón denominado La Puente, en la aldea de ese nombre, del municipio de Cabañas, en el departamento de Zacapa, al mojón denominado El Portezuelo, situado en la margen izquierda del río Motagua en el municipio de San Agustín Acasaguastlán del departamento de El Progreso, río Barrio Vista Bella, al fondo montaña del Merendón. motagua de por medio, colinda este municipio con los de San Cristóbal y San Agustín Acasaguastlán, también colindó en un una época por este rumbo con Santa María Magdalena, cuando este era municipio independiente; al sur, del mojón María Felipa, hasta el mojón La Laguneta, colinda este municipio con el de San Pedro Pínula, en el departamento de Jalapa, sirviendo de línea limítrofe varias montañas sinuosas; al este, del mojón denominado La Puente, al denominado María Felipa, colinda el municipio con el de Cabañas en el departamento de Zacapa; y al oeste, del mojón denominado El Portezuelo en línea recta, hacia el mojón El Bejucal, de norte a sur, de este mojón hasta el denominado El Aripín, de este a oeste, también en línea recta; en este mojón termina la colindancia del municipio de El Jícaro, con el de San Agustín Acasaguastlán; y del mojón denominado El Aripín hasta el denominado Laguneta, colinda el municipio siempre por el este, con el

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municipio de El Progreso, cabecera del departamento, teniendo como limites montañas y barranco escabrosos sin nombres conocidos, formando una curva y de este ultimo al de María Felipa, por el lado sur con los municipios de Jalapa y San Pedro Pinula. En esa situación permaneció el nuevo vástago, por muchos años, en un completo vacío e incertidumbre, derivado de la pifia del acuerdo de su creación, la que como era de esperarse, tuvo sus repercusiones negativas, por los serios problemas que se presentaron en el decurso del tiempo, con más de uno de los pueblos circunvecinos por cuestión de límites, cuando por ejemplo, habitantes de unos de ellos, creyendo que estaban en su derecho, dentro de su territorio, invadían terrenos del otro, para efectuar labores, bien en parcelas patrimonio de la comuna local o de particulares, pertenecientes al nuestro, provocando las consiguientes molestias, las cuales en la mayoría de los veces, eran resueltas conciliatoriamente, con la intervención de ambas Municipalidades, alegándose en muchos casos, que los promontorios de piedra, troncos de árboles, zanjones u otras señales convencionales o empíricas, que servían de límite, eran alterados a favor de determinado municipio, para agrandar su jurisdicción y restar la del otro, y esa era precisamente la causa de los pleitos, llegando algunos individuos, incluso, a la violencia, como medio de resolver sus diferencias. Según rumores que no se han podido confirmar, parte del límite Oeste con San Agustín Acasaguastlán, fue alterado antojadizamente por cuestiones de tinte político, por el Ingeniero Luis Chacón, cuando remidió los terrenos “Malpaís” y “Robles”, a solicitud de sus propietarios de la aldea El Rancho, y de Aquilina Rodríguez, a efecto de lograr el deslinde y avivamiento de mojones, operaciones que fueron aprobadas por acuerdo gubernativo de fecha 19 de marzo de 1946, tomo 65, página 3 de la recopilación de leyes, cuyos resultados, según se sabe, se oponen a las practicadas con anterioridad por el Ingeniero Héctor Montenegro Vesco, también con aprobación gubernamental y que una de las partes considera la original, por lo que hubo inconformidad de alguno de los dueños. El problema estriba en que todas esas medidas fueron aprobadas por el Organismo Ejecutivo en su oportunidad, como es reglamentario, y si hubo la alteración del límite en cuestión, no se hicieron en tiempo las impugnaciones correspondientes por las Municipalidades de esas épocas, aún cuando una cosa es el deslinde de terrenos particulares y otra muy distinta el de límites municipales. Sin embargo, el mapa antiguo de El Jícaro, inserto, podría arrojar luz al respecto, así como una certificación de acta levantada por la Municipalidad de San Agustín Acasaguastlán con fecha 19 de febrero de del año 1933, no confiable, firmada solo por el Secretario de la Municipalidad de San Agustín, sin el visto bueno del Alcalde, que se refiere a esa supuesta alteración, que mantenía bajo custodia el Tesorero Municipal Melecio Venegas, en la caja fuerte de la Tesorería Municipal, en un paquete de documentos importantes que incluía copia del expediente de los trámite de la creación del municipio y el título del sitio de Jesús, que puede ser consultado, si acaso los mantuvieron bajo esa reserva, algunas sucesivas municipalidades presididas por Alcaldes y empleados irresponsables. La alteración que se menciona principia en el mojón La casa en la hacienda La Esperanza, de los herederos de Aquilina Rodríguez, adentrándose en esta jurisdicción en línea oblicua de noreste a suroeste, hasta la altura del mojón El Bejucal, formando un ángulo agudo que resta al municipio una considerable faja de terreno sobre la cumbre del cerro denominado “El Malpaís”. Respecto de esa alteración, el Alcalde Municipal Abrahán Rodas Ruíz, atendiendo peticiones de propietarios de terrenos particulares limítrofes, vecinos de El Rancho, en oficio 480 de fecha 8 de octubre de 1957, dirigido al Director de Cartografía, reiterado varias veces, hizo la protesta del caso, adjuntando la

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certificación que se indica en el párrafo tras anterior, con motivo de la elaboración del mapa básico de la República de Guatemala, gestiones que también se formularon en los precisos momentos en que se realizaban los trámites de demarcación del municipio, sin que las mismas se hayan entrado a considerar siquiera, posiblemente porque las operaciones mencionadas, de deslinde de terrenos particulares, que originaron esos rumores, nada tenían que ver con cuestiones de límites municipales. Sin embargo, queda la duda y valdría la pena desentrañar lo relativo a esa situación, en la vía que corresponde. La hacienda y casa “La Esperanza” de los herederos de Aquilina Rodríguez, entre la línea férrea y la carretera interdepartamental, ha sido el antiguo límite de El Jícaro y San Agustín Acasaguastlán, por el oeste, aun cuando el casco de la vivienda se ubica dentro de la jurisdicción de este último, cuyos moradores, de tiempos remotos, siempre han gestionado sus asuntos con las autoridades “tinecas” y no del nuestro, siendo además confín de la citada carretera municipal, según el mapa antiguo del municipio, inserto, elaborado el 17 de agosto de 1942, por la Intendencia Municipal de esa época, que aparece publicado en este trabajo, firmado por el Secretario con el visto bueno del Intendente. En el año de 1880 se practicó la medida del ejido municipal denominado Las Anonas o Sitio de Jesús, por el Ingeniero Juan Nepomuceno Vasconcelos, que primeramente se adjudico al municipio de San Cristóbal Acasaguastlán por acuerdo gubernativo de fecha 28 de octubre de 1880, pero luego de la creación del municipio de El Jícaro por acuerdo del gobierno fechado el 31 de agosto de 1908, paso a pertenecerle, aun cuando la legalización se hizo a solicitud de la Municipalidad local unos años después, para cuyo efecto se emitió el acuerdo gubernativo Mapa antiguo del municipio de fecha uno de septiembre de 1,933, mandándose a inscribir en el Registro de la Propiedad Inmueble, bajo número 6446, folio 119 del libro 8 de Zacapa. Otro documento que respalda la propiedad del mencionado terreno a favor de la municipalidad de El Jícaro es el acuerdo de 1 de junio de 1933, tomo 52 páginas 464 de la recopilación de leyes. LÍMITES ACTUALES. Cuando El Jícaro se convirtió en municipio independiente, como se indica antes, por una omisión involuntaria y para mala suerte nuestra, no se fijaron con precisión los límites ni área territorial y, aunque de hecho, era de suponer que los primitivos linderos serían los mismos que el ente matriz (San Cristóbal Ac.) mantenía desde tiempos atrás, con sus limítrofes: San Pedro Pinula, Jalapa y Guastatoya, por el sur; Cabañas y Uzumatlán, por el oriente, San Agustín Acasaguastlán y Santa María Magdalena, por el poniente y el río Motagua lo sería por el norte, esto no era suficiente, existía un vacío legal porque se ignoraba el área de conformación y que era indispensable resolver, promoviendo las gestiones de ampliación del acuerdo de creación, que le otorgara vida jurídica total al municipio, con sus límites y extensión territorial bien definidos, a efecto de ponerle fin a los problemas existentes, incluidas las murmuraciones callejeras de que el área de asentamiento nuestro, pese al tiempo transcurrido, desde su creación, todavía pertenecía al municipio de Acasaguastlán, “porque así estaba registrado”, decían algunos mal pensados e ignorantes, situación que aprovechaban algunos ingenuos vecinos para ir a “legalizar” a posteriori, los documentos de sus terrenos, con las autoridades de aquella hermana población, sin percatarse que esos trámites serían nulos de pleno derecho, porque El Jícaro ya tenía jurisdicción propia municipal, situación que se daba con mayor

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frecuencia por los habitantes de las aldeas del oriente de la población. Que conste, que de esta clase de asuntos pasan inadvertidos lastimosamente, la mayoría de vecinos del municipio, bien por ignorancia, por falta de consciencia cívica, de voluntad o de amor al terruño. Dentro de ese estado de cosas, con el objeto de complementar el acuerdo de creación del municipio, con la fijación real de límites y comprobación del área territorial, así como para aclarar las dudas existentes sobre la supuesta alteración que se menciona, dicho de otra manera, sanear de una vez por todas el problema, fue que la Honorable Corporación Municipal, administración 1960/62, de la que me precio haber presidido como Alcalde, guiados sus integrantes por sus más grandes sentimientos de patriotismo y responsabilidad en el ejercicio de la función pública por el pueblo encomendada, y a mayor abundamiento, considerando que era el momento oportuno de hacer historia, con un proyecto de tanta envergadura, en pro del patrimonio del municipio, gestionó ante el gobierno de la república presidido por el General Miguel Ydigoras Fuentes, LA DEMARCACIÓN FÍSICA DE SU ÁREA TEERRITORIAL, la cual fue autorizada y realizada sin dilación, en tiempo record, por la Dirección General de Cartografía a cargo del Ingeniero Manuel Ángel Castillo Barajas, previos los estudios técnicos y trabajos de campo necesarios, así como la revisión y comparación de los antecedentes históricos del caso, elaboro con base en los mismos, el mapa aéreo fotogramétrico expeditivo que fija con precisión los límites jurisdiccionales que determinan el área asignada al municipio, con fundamento en todo lo cual, y llenados los demás requisitos legales, el Organismo Ejecutivo, emitió el correspondiente acuerdo, ampliando el anterior de fecha 31 de agosto de 1908, que dice: “PALACIO NACIONAL: Guatemala, 28 de Junio de 1962. Visto para resolver el expediente relacionado con los limites jurisdiccionales del Municipio de El Jícaro, Departamento de El Progreso, creado por Acuerdo Gubernativo de fecha 31 de Agosto de 1908; y, CONSIDERANDO: Que el acuerdo fechado el 31 de Agosto de 1908, si bien menciona los poblados que en esa época debían integrar el nuevo municipio que se formaba, no fijó los límites jurisdiccionales que permitieran demarcar físicamente el área asignada a municipio de El Jícaro: CONSIDERANDO: Que la Dirección General de Cartografía ha realizado el estudio y trabajos de campo necesarios y que, con en los mismos, elaborado el mapa aéreo fotogramétrtico expeditivo que fija con precisión los límites jurisdiccionales que determinan el área asignada al municipio de El Jícaro; CONSIDERANDO: Que no obstante que el Acuerdo Gubernativo del 31 de Agosto de 1908, no fijó los límites municipales correspondientes, la municipalidad de El Jícaro ha ejercido desde esa fecha su jurisdicción en el territorio que fija la presente disposición; CONSIDERANDO: Que las protestas y peticiones hechas por algunos vecinos de las aldeas Los Bordos de Barrillas, El Espíritu Santo, Lodechina, Las Anonas, Santa Rosalía, Agua Caliente, El Tambor y El Pino, no tienen ningún fundamento legal, y han quedado desvirtuadas por la Municipalidad de El Jícaro, en su sesión pública ordinaria que consta en el acta numero 21 de fecha 9 de Septiembre de 1961, así como lo dictaminado por el Ingeniero don Manuel Ángel Castillo Barajas, Jefe de Demarcaciones Internas de la Dirección

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General de Cartografía, en su dictamen de fecha 8 de Febrero del año en curso; que con respecto al terreno denominado “Sitio de Jesús” o “Las Anonas” que los vecinos de las aldeas indicadas anteriormente, manifiestan que pertenece a San Cristóbal Acasaguastlán, tampoco hay ningún problema, ya que de este terreno, existe titulo librado a favor de la Municipalidad de El Jícaro, inscrito en el Registro de la Propiedad Inmueble al número 6446, folio 119, del libro 8 de Zacapa. POR TANTO: El Presidente Constitucional de la República. ACUERDA: 1º. Ampliar el Acuerdo Gubernativo de fecha 31 de Agosto de 1908, que creó el municipio de El Jícaro, Departamento de El Progreso, asignándole una área jurisdiccional aproximada de doce mil quinientas (12,500 Hts.), equivalentes a doscientas setenta y siete caballerías (277 caballerías), comprendidas dentro de los límites municipales demarcados por la Dirección General de Cartografía, que figuran en el mapa aéreo fotogramétrico expeditivo elaborado por dicha institución para el efecto y cuya descripción es la siguiente: I) Con el municipio de San Cristóbal Acasaguastlán, Departamento de El Progreso, la actual línea media del Río Grande o Motagua, desde su intersección con la línea recta definida por los mojones: <<Línea Férrea>> y <<El Remolino>>, hasta su intersección con la línea recta definida por los mojones << La Puente>>, <<Vega de Mercedes Marroquín>> y <<Cerro de Uyús<<, siendo esta intersección mojón común entre los municipios de El Jícaro y San Cristóbal Acasaguastlán Departamento de El Progreso; Uzumatlán y Cabañas, Departamento de Zacapa. II) Con el municipio de Cabañas, por medio de líneas rectas definidas por los siguientes mojones: a) De la ultima intersección mencionada, al mojón <<Vega de Mercedes Marroquín>> ; b) <Vega de Mercedes Marroquín>---< La Puente>; c) <La Puente>----<Murciélago>; d) <Murciélago>---<La Laguneta>; e)< La Laguneta>---<El Morral>; f)<El Morral>---<El Jobo>; g) <El Jobo>---<María Felipa>; siendo el mojón <María Felipa> trifinio entre los municipios de El Jícaro, Departamento de El Progreso; Cabañas, Departamento de Zacapa; y San Pedro Pínula, Departamento de Jalapa. III) Con el municipio de San Pedro Pínula, por medio de las líneas rectas definidas por los siguientes mojones: a) <María Felipa>; ---<Primer Encino>; b) <Primer Encino>---<Segundo Encino>; c)<Segundo Encino>---< Tercer Encino>; d) <Tercer Encino>--------<Pino Mocho o Pino Gacho>; e) z Pino Mocho o Pino Gacho>---<Pila de Moscoso>; f)<Pila de Moscoso>---<Pino Ralo>; siendo el mojón <Pino Ralo> trifinio entre los municipios de El Jícaro, San Pedro Pínula y Jalapa. IV) Con el municipio de Jalapa, Departamento de Jalapa, por medio de líneas rectas definidas por los siguientes mojones: a) <Pino Ralo>---<Cuervo>; b) <Cuervo>--<Roble o Sillón>: siendo el mojón <Roble o Sillón> trifinio entre los municipios de El Jícaro, Jalapa y el Progreso. V) Con el municipio de El Progreso. Departamento de El Progreso, por medio de: a) una línea recta definida por el mojón <Roble o Sillón> y el mojón < El Amate o Piedra Rallada> localizado este último en la rivera del rio Ayanshagua, (Anshagua) b) La línea media del rio Ayanshagua, (Anshagua) desde el mojón <Amate o Piedra Rallada> hasta el mojón <Zunzapote; c) Por líneas rectas definidas por los siguientes mojones: “Zunzapote”--<Caobano>, y <Caobano>---<Calzontes<; siendo el mojón <Calzontes> trifinio entre los municipios de El Jícaro, San Agustín Acasaguastlán y El Progreso. VI) Con el municipio de San Agustín Acasaguastlán, por medio de líneas rectas definidas por los siguientes mojones: a) <Calzontes>---<Agua Shúca>; b)<Agua Shúca>---<Bejucal>(s.a.);c) <Bejucal> (s.a.)<Casa>; d)

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<Casa>---<Línea Férrea>, y del mojón línea férrea, por medio de una línea recta con dirección al mojón < El Remolino> anteriormente mencionado, hasta su intersección con la línea media del curso actual del Río Grande o Motagua, siendo esta intersección mojón trifinio entre los municipios de El Jícaro, San Agustín y San Cristóbal Acasaguastlán. 2º. El área pretendida por el municipio de El Jícaro que en el mapa aereofotogramétrico expeditivo elaborado por la Dirección General de Cartografía, aparece rotulado < Área de San Agustín Acasaguastlán pretendida por El Jícaro>, y cuyos límites son las líneas rectas definidas por los siguientes mojones: a) < Casa>---<Bejucal> (s.a.); b) <Bejucal> (s.a.) <Agua Shuca> ; c) <Agua Shuca>---<Calzontes>; d) <Calzontes>--<Callejón o Aripín>; e) <Callejón o Aripín> ---<Bejucal> (j); f) <Bejucal> (j)---<Casa>, queda confirmada como área dentro de la jurisdicción municipal de San Agustín Acasaguastlán. 3º. La Dirección General de Cartografía queda encargada de proceder oportunamente al respectivo amojonamiento. 4º. El Presente Acuerdo entrará en vigor el día siguiente de su publicación en El Diario Oficial. COMUNIQUESE, YDIGORAS FUENTES, El Ministro de Gobernación, GILDARDO MONZON PEULBE>>.” Cabe por tanto, a los habitantes de El Jícaro, el privilegio de ser uno de los pocos municipios de la República, que tienen arreglado conforme a derecho, la demarcación física de su área Mapa aéreo del municipio de El Jícaro. jurisdiccional, límites y mojones perfectamente identificados, éstos últimos construidos con basas de concreto, con los signos e identificaciones asignados por la autoridad en la materia, para su fácil localización en cualquier momento, por enterrados que pudiesen estar en el subsuelo y, consecuentemente, la línea divisoria entre uno y otros de los municipios colindantes, lamentando no obstante, que las pretensiones y alegatos de la Municipalidad nuestra, respecto de la supuesta alteración de una parte del límite oeste con San Agustín Acasaguastlán, no hayan encontraron el eco deseado, según se lee del acuerdo transcrito. Es esta pues, la mayor gestión que Municipalidad alguna haya podido realizar en el municipio, a través del tiempo, equiparada solamente con la magnitud de la obra de creación del municipio. Empero, es lamentable y triste a la vez, que la Municipalidad y Fraternidad Jicareña, hayan dejado pasar por alto de comentar, acerca de la demarcación física del municipio, o siquiera aludir del logro con ello alcanzado, cuando celebraron en el 2008 el centenario de su fundación, limitándose a hacer referencia al acuerdo de su creación, y no al de ampliación que lo complementó, de ese avance significativo en materia de territorio, tal vez por desconocimiento de los dirigentes del evento, un lapsus calami, falta de coordinación o de voluntad política de una o ambas entidades, o porque su propósito era simplemente el de celebrar por celebrar, sin objetividad, menospreciando con ello, esa importante faceta de la vida del pueblo, aprovechando la coyuntura de esa masiva concentración, para enterar con satisfacción al

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vecindario ahí reunido, de la última innovación y estado geográfico actual de nuestra jurisdicción, que dicho sea de paso, representa una obra de trascendencia, no solo para los jicareños, sino por extensión, para los habitantes de los municipios colindantes, según informaciones de vecinos de esas comunidades en aquel momento y, aún, en la actualidad, cuando se comenta al respecto, porque a decir verdad, no puede existir municipio jurídicamente hablando, faltando esos elemento esenciales, léase territorio con límites precisos amojonados legalmente, resultante de mediciones técnicas. Lo anterior también, en referencia lógica, de que si bien, en aquella época nuestros antepasados, nos obsequiaron la independencia de nuestra patria chica, quizás por premura o porque a sus precursores solo les interesaba el aspecto puramente político del momento, pasaron inadvertidos de la fijación de límites y la masa física perimetral que debía conformarlos, con su respectivo mapa, de tal manera que esa concesión o autonomía, fue a medias, paticoja como se dice, que era preciso enmendar con el paso de los años, por alguien visionario, a efecto de conformar un territorio con todos sus requisitos legales, en el presente caso, justamente, el Concejo Municipal a que presidí, para nuestra tranquilidad, a fin de no tener ya que soportar más problemas de su índole, en el futuro, como venía ocurriendo. Pienso y me congratulo de hacerlo constar sin embargo, que la ascensión a categoría superior de la aldea, fue una acto maravillo de civismo de nuestros congéneres antepasados, digna de admiración y de reconocimiento que no pretendo desdeñar, solo señalar de refilón, la omisión que en principio se cometió, situación que en hora buena, quedó arreglada en definitiva, como se explica, toda vez que el acuerdo de demarcación vino a complementar, dar forma y perfeccionar el de creación, que aún cuando este se gestó con buena y sana intención, adolecía de algo de suyo importante dentro del contexto jurídico, cuál era el deslinde y avivamiento territorial. Es posible, que por no constituir la demarcación, una obra abultada, más bien abstracta, discreta, pero no por ello interesante, que por intangible e imperceptible a simple vista, y no rebasar los límites de la superficie del suelo, como acontece con otras materiales, que se alzan a los ojos de todos, un edificio por ejemplo, pasa desapercibida y callada para muchos, aún cuando pudiera darse el caso también, de falta de conocimiento, ignorancia o egoísmo de las personas, de no querer comprender y reconocer los hechos tal cual son. Cosas de humanos, ¿verdad?. Pero ahí está la descrita, consecuentemente plasmada en documentos legítimos: un Acuerdo Gubernativo y mapa oficializados por el Estado, que la respaldan legalmente, con sus basas de concreto que identifican claramente los linderos y mojones respectivos, lo cual algún día la historia se encargará de darle su importancia y colocarla en el lugar que realmente le corresponde y, por eso mismo, los jicareños conscientes, indudablemente, se servirán reconocer, como lo han venido haciendo agradecidas, sucesivas generaciones desde un principio, con la disposición de la creación del municipio, cuyo centenario se celebró. Sin perjuicio de que el mapa oficial del municipio, es el elaborado y autorizado por la Dirección General de Cartografía, con motivo de la demarcación de que se trata, he creído conveniente para una mayor comprensión visual, referencia e identificación de datos útiles, así como la ubicación de poblados, parajes, ríos y vías de comunicación, incluir también en este texto, fotografía de un mapa provisional, pero oficial en su momento, elaborado por la municipalidad de 1942, con ocasión del levantamiento del inventario físico de caminos de tercer orden, vecinales y de herradura del municipio, conforme el acuerdo gubernativo del 5 de junio de ese mismo año, con sus respectivos signos convencionales, el cual, con muy poca diferencia, se parece con el de Cartografía, a pesar de haber sido elaborado fuera de escala, en forma empírica, pero útil e interesante, cuyo inventario se publica también en este libro, dada su importancia por los intereses patrimoniales del territorio, que representa y como parte de la historia.

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Es importante mencionar, que dentro del trámite de demarcación, fue preciso librar tenaz lucha en las dependencias gubernamentales correspondientes, que por momentos se debilitaba, ante la ilegítima intromisión y absurda oposición, a la vez, del Alcalde de turno, de San Cristóbal Acasaguastlán, por su notoria falta de personalidad y personería en el asunto, por ser este de la exclusividad interna y autónoma de nuestro municipio, así como de un reducido grupo, a lo sumo de diez personas, intrigantes, venales, de sobra conocidos y hasta cierto punto traidores, de varias aldeas del oriente del municipio, quienes tergiversando el verdadero sentido de nuestra gestión, aducían que el terreno Las Anonas o Sitio de Jesús, era propiedad de aquella Municipalidad y lo que el Alcalde de El Jícaro pretendía, era vender el bien inmueble citado, por lo que rechazaban de plano la intervención gubernamental en la demarcación solicitada, cuyas protestas y peticiones por notoriamente frívolas e impertinentes, fueron declaradas sin lugar, por ajenas al propósito que se perseguía, de suerte que dentro de las pruebas presentadas, figuró la de que el citado terreno está inscrito con todas las de ley, a favor de la Municipalidad de El Jícaro, en el Registro de la Propiedad Inmueble, como se indica anteriormente. Por supuesto que los vecinos opositores fueron manipulados y engañados por ávidas terceras personas de adentro y fuera del municipio, en el marco de los intereses políticos partidarios, que se disputaban en el momento, como a mansos e ingenuos corderitos, pero fracasaron en su vanos intentos de desestabilización, no obstante las repetitivas, oportunas y contundentes aclaraciones nuestras, al respecto. Parte de lo anterior, se confirma con el acta número 322 de fecha 20 del mes de julio de 1961, suscrita en la Gobernación Departamental, con la presencia del Gobernador, Coronel Manuel Adalberto Rivera Mérida, los Alcaldes de El Jícaro, San Cristóbal y San Agustín Acasaguastlán, Carlos Egberto Casasola Saavedra, Héctor M. Ruíz Victoria y Efraín Sánchez P., respectivamente, con la asistencia del Secretario Fernando Octavio Catalán Orellana, en cuya audiencia el segundo de los nombrados se opuso rotundamente al trámite de demarcación, respaldado por sendos memoriales firmados por vecinos de las aldeas mencionadas. Es de hacer notar, que en ningún momento se trató de un problema entre el noble pueblo de San Cristóbal Acasaguastlán, nuestra antepasada patria chica y el nuestro, sino de más de alguien líder político disociador ajeno al departamento, que pretendía llevar agua a su molino para sumar adeptos en su posición de pre candidato a diputado y por el prurito de fastidiar. Es curioso, sin embargo, que los vecinos de las referidas aldeas, quienes en buen número son usuarios del sitio Las Anonas o de Jesús, o sus descendientes, a estas alturas, demostrando sus agallas, no hayan alzado su voz de protesta, haciendo valer sus derechos conculcados, desde el preciso instante, en que cierta Municipalidad y otros involucrados, en forma ilegal y hasta cierto punto de traición, vendieron simuladamente, --porque aparentemente, no hubo dinero de por medio, por lo menos ingresado en la caja de la Tesorería Municipal--, fracciones de dicho terreno a personas particulares, desmembradas del título original, que ha quedado por tal motivo, prácticamente cercenado, para fines que no eran precisamente los de adquirir propiedad y dominio en sentido estricto, sino para utilizar esos documentos como aval para conseguir préstamos hipotecarios en algunos bancos del sistema, haciéndolos pasar para demostrar “legítima pertenencia del inmueble”, pues los supuestos compradores nunca asumieron la posesión de los terrenos, pero mientras tanto, subsiste un serio problema costoso de dilucidar, en razón de que algunos de los supuestos compradores, son fallecidos y, por ende, resulta imposible a estas alturas revertir la anómala operación, a su legítima propietaria, la Municipalidad, y lograr su recuperación, pudiéndose, eso sí, promover algunas diligencias contra quienes aún viven o sus descendientes, máxime que los contratos están plagados de vicios ocultos que los hacen nulos de pleno derecho, sobre cuyos contratos de “compra-venta”, existe responsabilidad penal también, para el o los notario que los

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autorizaron, a sabiendas que no son factibles los negocios de bienes patrimonio del Estado, así nada más de facilito, sin los trámites específicos previos que demandan estos casos, conforme a leyes de la materia. Ante tan penosa circunstancia, como ciudadano nato de esta tierra, sabedor de ese inaudito problema, como público lo es, insto por un lado, a los supuestos compradores, a que depongan su posición de falsos propietarios y devuelvan lo acotado a su legítima dueña, porque tarde o temprano el municipio reaccionará, y como consecuencia, se verán inmersos en problemas judiciales no deseados, cuyas personas, considero, no actuaron con ánimo de lucro o de dolo para delinquir por propia iniciativa, para su directa inculpación, por el contrario, pudo haber sido por mal asesoramiento o embaucados con la participación de terceros con aviesos intereses, porque en conciencia, es más responsable quien con conocimiento de causa, vende lo que no es suyo, es decir, lo que tiene en depósito por administración temporal, en este caso, la Municipalidad de la época, qué, quienes adquirieron esos bienes en tal forma. Y por aparte, a la Municipalidad local llamo la atención, para que cumpla con la función de su mandato, promoviendo inmediatamente, en defensa de los derechos e intereses del pueblo que representa, ahora detentados, la nulidad de esas transacciones ilegales, toda vez que los bienes del Estado, son inalienables por simple acuerdo interno municipal, disposición unilateral o simple alcaldada de funcionario de turno de repente, salvo trámite específico por utilidad y necesidad públicas, debidamente comprobadas, con el aval del pueblo en un cabildo abierto, lo que hace pensar que ese estado de cosas, se dio, además, como una forma irresponsable de congraciamiento con determinados sujetos, para la captación de votos o para hacer préstamos para costear elecciones municipales, de determinados candidatos. EXTENSIÓN TERRITORIAL. La extensión superficial del municipio, anteriormente era de 228 caballerías, 47 manzanas y 8 cuerdas, según datos registrados en la Dirección General de Estadística, pero, tras la última medición efectuada por la Dirección General de Cartografía, con motivo de la demarcación que se refiere, la extensión real del territorio, es ahora de: 12,500 hectáreas, equivalentes a 277 caballerías, por lo que los datos primeramente mencionados han dejado de tener vigencia, prevaleciendo estos últimos, en vista que Cartografía, ahora Instituto Geográfico Nacional, es la dependencia oficial especifica del Estado, en asunto de mediciones y mapeo. Con tales operaciones se estableció así mismo, en términos generales, un aumento de 49 caballerías, con relación al dato anterior, así como colindancia por el rumbo nororiente, con el municipio de Uzumatlán, Zacapa, ignorada antes, observándose de consiguiente, buena recuperación de área territorial con esta última medida, gracias a la avanzado de la ingeniería moderna. ALERTA. Por mera coincidencia, buscando asuntos de mi interés en Internet, encontré una investigación del Ingeniero Agrónomo Nery Augusto Paz Barrientos, relacionada con El Jícaro, en donde indica que el límite de nuestro municipio con el de Jalapa, varió en los puntos siguientes: “de la cima del cerro Almolonga, que constituye el límite departamental, en una poligonal hacia el este a la cima del cerro Montepeque, de allí al paraje El Terreno hasta el paraje Portezuelo del Incienso, al lado sur del cerro El Incienso y de este punto, a la poligonal que en dirección sureste va a la cima del cerro Alto, que ha pertenecido a Jalapa”, situación en la que estuvo involucrado el Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA) y el Congreso de la República, que emitió el decreto número 23-74 de fecha 25 de abril de 1974, publicado en el diario oficial del 6 de mayo de dicho año. Por lo anterior, sería conveniente que la Municipalidad local investigara acerca de las operaciones efectuadas por el Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA) o el Instituto Geográfico Nacional en esa época, sobre los límites mencionados, que pudieran favorecer o no a nuestro municipio, aunque a mí, en lo personal, no me suenan esas colindancias, por lo que pudiera tratarse de mediciones no territoriales intermunicipales o de expropiaciones.

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CAPITULO II DEMARCACION POLITICA CREACIÓN. El municipio de EL Jícaro, fue creado por acuerdo gubernativo de fecha 31 de agosto de 1908, cuando era aldea del municipio de San Cristóbal Acasaguastlán, situación que fue objeto de una seria controversia entre ambos poblados que perdura en los anales de nuestra historia, por cuanto se impuso el derecho, la razón y la justicia que a grado de adelanto reclamaron nuestros antepasados. Pertenecía en aquella época al departamento de EL Progreso, luego al dejar de ser departamento este último, pasó a formar Vista parcial de una de las calles del pueblo. parte del departamento de Zacapa y posteriormente fue segregado para anexarlo nuevamente al departamento de EL Progreso, de conformidad con el decreto legislativo número 1965, pero en su condición de aldea perteneció siempre a Zacapa, porque el municipio jurisdiccional, Acasaguastlán, también lo era. MERECIDO ASCENSO. Las razones lógicas que impulsaron a los vecinos de El Jícaro, a promover su ascenso a municipio, fueron varias, dentro de los que destacan las siguientes: se contaba ya con edificio propio para alojar a la nueva entidad, comandancia local, escuelas de ambos sexos, telégrafo y correo diario de la capital, teléfono, centralización de fábricas de aguardiente, zona experimental de agricultura, estación del ferrocarril recién inaugurada y cuarenta caballerías de astillero del Sitio de Jesús en su propia localidad y era la aldea más grande e importante que se encontraba en el tránsito ferroviario entre El Rancho y Cabañas. Y lo más interesante aún, amplio territorio, suficiente población en términos reglamentarios, como requisito para ese fin, comunidad organizada, capacidad económica para sufragar sus gastos y patrimonio propio, elementos significativos muy válido dentro del trámite, aparte del otro problema no menos crucial, como lo era el de estar de por medio entre Acasaguastlán y las aldeas que solicitaron la nueva entidad, el caudaloso río Motagua que en los seis meses de la estación lluviosa, imposibilitaba de manera formal la comunicación y nulificaba por consiguiente la acción rápida de la justicia, cuyos actos criminales en la aldea eran frecuentes, principalmente en los llamados estancos, (cantinas de hoy), a tal extremo que a la comunidad se le llegó a llamar no en voz queda en la región: “El Rastro”, por las muchos muertes violentas y otros ilícitos que se cometían. Por tales problemas, el gobierno de entonces, se vio precisado, aun siendo El Jícaro aldea, establecer un Juzgado de Paz con competencia para conocer asuntos penales y civiles que administrara justicia pronta y cumplida, a tenor de la ley y por las mismas circunstancias, poco tiempo después, la Comandancia Local para celar el orden, a cargo del Mayor del ejército José Domingo Aragón González, originario de Uzumatlán, a efecto de controlar en lo posible, la difícil situación que prevalecía, porque a las autoridades de aquel municipio, les era materialmente imposible hacer acto de presencia para la averiguación de los delitos, mucho menos para capturar a los malhechores, y en otros casos, para dictar las medidas de policía y buen gobierno que ameritaban, para el logro de la tan deseada paz social. Y de esa cuenta, el gobierno de aquel municipio, nunca pudo tener conciencia de los actos de sus dependencias, ni responsabilidad del desarrollo y destino de la aldea, no por falta de voluntad política ni del cumplimiento de sus deberes en sí, pues existían las mejores buenas relaciones entre ambas

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comunidades, por lazos familiares y de mutua amistad, sino por las razones naturales mencionadas y carencia de recursos económicos, lo que era un valladar comprensible. EL FERROCARRIL. El establecimiento del ferrocarril del norte, llamado después interoceánico, motivó al gobierno de la época, a la creación de varios municipios paralelos a la vía férrea, siendo así que nacieron el departamento de El Progreso, y los municipios de El Jícaro, Los Amates y Morales, los dos últimos en el departamento de Izabal, en vista que la actividad comercial de los poblados que atraviesa requerían la más próxima vigilancia de las autoridades, no solo para preservar el orden sino para encausar las diversas corrientes del desarrollo a un fin común, cuyos elementos de peso, que garantizaban el bienestar de la comunidad para levantar un centro de vida propio, mismos que nuestros antepasados tuvieron en cuenta, para gestionar la instauración de una municipalidad electa por el pueblo, capaz de promover el desarrollo social y económico, que le permitiera conocer libremente de los asuntos locales, en lo relativo a los ramos administrativo y judicial y, lo más importante, fortalecer su presupuesto para poder costear sus servicios. Tales fueron los sólidos argumentos, que la autoridad superior aceptó sin reservas, para convertir la aldea en municipio, no autónomo en ese tiempo, por supuesto, como supongo se hubiera deseado, pues gobernaba una tiranía, para cuyo efecto, la Municipalidad de la recién creada entidad, tuvo que trabajar tesoneramente para evitar una eventual posterior supresión, como ocurrió con muchos municipios del país creados por clientelismo político en esas épocas, algunos de los cuales, el gobierno del general Ubico, con drástico criterio, en vez de fortalecerlos, mandó a eliminar de un plumazo, años después, por soporte económico no generado, para poder funcionar. Sin embargo, el nuestro se mantuvo incólume, por la pericia y honradez de sus administradores, los primeros Alcaldes: Elías Castillo y Daniel Orellana, quienes le dieron forma y lo encausaron por senderos de progreso y desarrollo, para ser como lo es hoy, un municipio próspero. INAUGURACIÓN DEL FERROCARRIL. Esa obra de envergadura, que promovió por años el desarrollo de todos estos pueblos paralelos a la vía férrea y de todo el país, fue idea genial del presidente de la república, en ese entonces, General Justo Rufino Barrios, como parte de la revolución liberal de 1871, pero debido a su fallecimiento, fue concluida durante la administración también presidencial de su sobrino el General José María Reina Barrios, en cuatro etapas, con una duración mayor de diez años, así: Puerto Barrios-Zacapa, inaugurada el día 22 de noviembre de 1896; Zacapa-El Rancho y El RanchoGuatemala, inaugurado y puesto en marcha el 19 de enero 1908, bajo la dirección de su propietaria la empresa norteamericana, Ferrocarriles Internacionales de Centro América y, mientras tanto, las mercaderías que venían de puerto Barrios a la Capital, eran descargadas en Zacapa y luego en el Rancho, al concluir aquél tramo, respectivamente, transportada en mulas y carreta de bueyes a su destino, en tanto se conectaba la vía con la capital de la república y por último el ramal del sur. EL RANCHÓN. Cuando el ferrocarril avanzó en una de sus etapas de construcción, -de Zacapa a lo que actualmente es la pujante aldea El Rancho-, se instaló ahí temporalmente, una oficina del Estado denominada “Cambio de la Custodia y del Paquete”, algo así como una pequeña aduana, correo y transporte, alojada en un enorme rancho, construido específicamente para el efecto, de madera y palma, en las proximidades de la estación de esa empresa, para el control de la correspondencia y pago de impuestos de la mercadería que llegaba por ferrocarril procedente de los puertos del norte, con destino a los demás departamentos del país, como punto terminal provisional de convergencia de los caminos del Golfo, las Verapáces y Jalapa, de donde eran remitidos a la capital y otros destinos, por medio de acémilas, cuya dependencia, según se sabe, fue administrada en un tiempo, por el condueño de la hacienda El Tintero Arturo Ramírez (padre), teniendo su despacho en el propio “ranchón”, como le

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llamaban, punto clave desde aquellos tiempos, de donde deriva el nombre de El Rancho, aún cuando hay duda de que la existencia del mencionado “ranchón”, para los mismos fines, databa de la época colonial, anterior a la entrada del ferrocarril, para la distribución de la carga de los productos del golfo, al resto de la Nación. EL TRANSPORTE. Mucho antes, el transporte de carga, del Golfo a la capital, se hacía por medio del rio Motagua, en canoas, hasta el puerto fluvial de Gualán y de este lugar, en mulas a su destino. Según rumores sostenidos por la tradición oral, en tiempos pasados, en una época del año, recién pasado los inviernos, cuando el río Motagua aún estaba crecido, el transporte fluvial por canoas impulsadas a puro remo, llegaba a la altura del entonces municipio de Santa María Magdalena, hoy floreciente aldea de San Agustín Acasaguastlán, donde se descargaba la mercadería, como en Gualán, rumbo a la capital. El citado municipio fue suprimido por acuerdo gubernativo de fecha l6 de noviembre de 1908, tomo 27 página 233 de la recopilación de leyes, por su débil estructura económica, que no le permitía mantener su administración como tal, pues con la fundación de El Jícaro, un mes antes, ya no tenía razón de ser y, porque su única aldea, el Paso de los Jalapas, llamado en ese tiempo, El Paso Malena, pasó a pertenecer a El Jícaro. Parece increíble la llegada de canoas río arriba por medio de remos a estos lugares en aquella época, pero no, los hermanos Víctor y Narciso Flores, las traían por esos mismos medios, yaz en tiempos modernos, remando desde el astillero, en Izabal, para el servicio local en el Motagua, cuando no se fabricaban estos aparatos por buenos carpinteros azueleros, en casa, como ahora. COSTUMBRE ARRAIGADA. Segregado El Jícaro, de San Cristóbal Acasaguastlán, tuvo que pasar mucho tiempo, más o menos a mediados de siglo de su creación, para que una gran mayoría de residentes, se acostumbraran a la nueva entidad, suspirando siempre ellos por aquel lugar, al cual cariñosamente llamaban “El Pueblo”, su “meca querida”, a donde seguían yendo constantemente para tramitar, no legalmente, por supuesto, sus asuntos con las autoridades y, muy especialmente, para asistir a su legendaria e histórica iglesia, a cumplir sus ritos religiosos, misas y procesiones bastante concurridas de la Semana Santa, que eran muy solemnes y llenas de colorido; amén de aprovechar el tiempo en esa localidad, para el resto de actividades tradicionales, tales como comprar tayuyos, pescado seco, quesadillas y marquesotes, en la plaza, incluso, algunos disfrutar de los juegos de azar en el atrio de su majestuosa iglesia de tipo colonial y, otros destrabados, desobedeciendo las reglas de la grey, de guardar esos días grandes para el culto católica, aprovechaban, en pecado, criticaban otros, para celebrar días de campo en ambas orillas del río Motagua y darse de paso, refrescantes chapuzones en sus limpias aguas, con el riesgo de convertirse en sirenas o en pescados, según la creencia popular, así como para echarse los cutos, de repente, los adictos, con bocas de pepescas anzueleadas y mojarras cueveadas. Los lugareños, principalmente de las comunidades rurales del oriente del municipio, al referirse a ”Guaishtan”, lo hacían orgullosos, llamándole en voz alta, EL PUEBLO, naturalmente, porque esa era su clasificación administrativa dentro del Estado, pero más que todo, creo yo, por su grandeza religiosa en ese entonces y porque todavía no había iglesia en el nuestro, hasta que se construyó modestamente el oratorio de la hacienda El Tintero, en la década de los 20 del siglo anterior, a partir de cuyo acontecimiento, empezó a mermar, poco a poco, la afluencia de la gente local, hacia aquella antigua población, acostumbrándose en definitiva, los fieles, con el tiempo, a asistir al recién construido templo jicareño, pues aunque privado y sin párroco, era accesible para la colectividad y con mucha población devota, capaz de consolidar y dar la fortaleza necesaria a la religión local, ya con personas expertas para conducir el culto y catequesis a sus miembros, así como lograr y mantener la hegemonía del nuevo municipio, como en efecto aconteció. La gente cuando se les preguntaba a ¿dónde vas fulano?. AL PUEBLO, contestaba felices con toda razón.

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UN COLABORADOR NATO. Justo es reconocer post mortem, que el cerebro y motor, tanto de las gestiones de creación del municipio, como de la extensión y legalización del título del sitio las Anonas o de Jesús a favor de la municipalidad local, fue el Coronel Arturo Ramírez Sosa, condueño de la hacienda “El Tintero”, a la sazón diputado a la Asamblea Nacional Legislativa, por el departamento de Zacapa, en ese tiempo, quien condujo personalmente las gestiones a través de sendos memoriales dirigidos a su amigo y partidario, el presidente Manuel Estrada Cabrera, documentos bien redactados con argumentos sólidos sobre el tema, escritos a mano con rasgos bellos de letra script, firmados por el grueso de vecinos de la aldea, entre ellos: Elías Castillo y Daniel Orellana, cuyas copias de archivo tuve la oportunidad de tener a la vista, guardados como reliquia histórica en la caja fuerte de la Tesorería Municipal, ojalá perduren aún, porque sería una verdadera lástima su desaparición. El Jícaro está formado de la siguiente manera: POBLADO URBANO. Pueblo: EL JICARO ALDEAS: El Paso de los Jalapas/ Las Ovejas (antes era finca)/ El Espíritu Santo/ Los Bordos de Barillas/ Lo de China/ Agua Caliente/ El Pino. CASERÍOS: La Palma/ Piedra Ancha,/ Las Chachas/Las Anonas/ Ojo de Agua/ Santa Rosalía/ El Tambor/ Las Hoyas/ San Cristóbal/ El Zapote,/ El Jabillo y La Pila de Moscoso.
Una de las calles de El Jícaro, con arboleda en forma de arco.

FINCAS. El Tintero/El Zapote/El Quinto/San Francisco/El Conacaste/ El Tambor/Azuza y muchas más. PARAJES. Conacaste/El Remolino/Encuentros/El Coyol/Zorrilla.

24 OFICINAS PÚBLICAS. Luego de haberse organizado el nuevo Ayuntamiento bajo la supervisión de la Jefatura Política Departamental, empezaron a funcionar las oficinas municipales, bajo la administración del Alcalde provisorio, Elías Castillo, incluso el Registro civil, para asentar los actos concernientes al estado civil de las personas y tocó la suerte de primera inscripción de nacimiento a Mercedes Trigueros Hernández, nacida en la aldea las Chachas el día 4 de septiembre de 1908, hija de Antonio Trigueros y María Hernández. El primer deceso asentado correspondió a Nieves Ramírez Cruz, fallecida el 14 de septiembre de 1908 a consecuencia de fluxión, siendo hija de Anselmo Ramírez y de Julia Cruz. El primer matrimonio se verificó el día 19 de diciembre de 1908 y esa suerte tocó a los cónyuges Tomás Mejía Roldán y Santos Marín. Las partidas del Registro civil correspondientes a las personas antes indicadas, llevan el número 1 de libros números 1 respectivos. Los Registros Civiles de la República fueron sustituidos por el Registro Nacional de las Personas, como entidad autónoma, para asentar los actos civiles de los habitantes, lo que constituye una verdadera lástima en razón de que sus libros son patrimonio de los municipios como legado histórico y no de la Nación y corren el riesgo de desaparecer. COMUNIDAD RECIENTE. A los anteriores poblados, se agrega la creación del más reciente y floreciente caserío, denominado Nueva Santa Rosalía, trasladado de su antiguo asentamiento en el altiplano del municipio, contiguo a la del Pino, situada ahora en un pequeño valle perteneciente al sitio de Jesús en las proximidades de las aldeas Lo de China y Los Bordos, cuyo proyecto fue promovido por la iniciativa privada local, dotándola de los servicios básicos y modernas construcciones, así como la reestructuración física del también caserío Las Anonas, con la ayuda económica de una ONG., denominada “El Plan International”. Ambos proyectos, fueron llevados a la práctica, bajo la autorización y supervisión del alcalde Jesús Alberto Cardona Castillo y del vicealcalde José Gutiérrez Juárez, quienes fueron parte importante de la creación de esta comunidad. En las proximidades de ese caserío en territorio del Sitio de Jesús, existió en tiempos pasados, tal vez de la colonia, un convento de monjas, pudiéndose identificar, hoy día, restos de los cimientos de la construcción que lo albergaba, se supone, dependiente del curato de Acasaguastlán.

Barrio La Quebrada, al fondo la montaña El Merendón

Calle principal de la población.

BARRIOS DEL PUEBLO. La Cabecera municipal para su administración está dividida en los siguientes barrios: EL CENTRO. Llamado así por ser la parte céntrica de la población;

25 ESTACIÓN. Por ubicarse en sus inmediaciones la estación del ferrocarril, ahora en ruina; LA QUEBRADA. Por encontrarse próximo a una quebrada denominada de “EL Orégano”, que desagua en el rio motagua, antiguamente ocupado exclusivamente por trabajadores de El Tintero. BUENOS AIRES. Como su nombre lo indica, se llama así por los agradables vientos que en su área soplan, dada su altura, el cual le fue Frondoso árbol de tamarindo en el barrio Estación. asignada por el recordado ex secretario Municipal José María Vásquez, originario de Jocotán, Chiquimula, quien para mayor satisfacción del deber cumplido, sembró la CEIBA, nuestro portentoso octogenario Árbol Nacional, que en el mismo se ubica, precisamente el día de su inauguración, un día del árbol 22 de mayo de 1929, y que hoy, con sus 70 metros de altura, con ese follaje verdoso que le es propio, constituye una verdadera expresión de belleza, agregada su magnífica sombra, bajo la cual se cobijan y abrigan los parroquianos para descansar y meditar, dando paso a la tertulia cotidiana y, a la vez, un bonito paraje que sirve de pequeña plaza en tiempos de fiesta; testigo mudo de muchos acontecimientos del barrio, ocurridos al paso de los años, incluidos los solemnes actos de su iglesia católica y célebres competencias de basket y foot ball y del bullicio de los niños de las escuelas, ahora, y celoso guardián también, que, a pesar de la lluvia y el viento que golpean su ser y lo añoso de su existencia, se mantiene robusta, útil ahí, en el suelo barroso que le da la vida, no así su compañero el guayacancito, amigo de los mirones del foot ball, plantado en sus cercanías, que también daba sombra, mano cruel su vida cortó para siempre. En el verano, la reina petandra alegra el ambiente y despierta la curiosidad de la chiquillada, con el fenómeno natural de dispersión de sus semillas, convertido en juego de competencia, para saber quién de los del grupo, con la gritería que les anima, captura, sopla y eleva más alto, la delicada pelusa blanca de las borras de algodón que expelen sus frutos, que como nieve es transportadas por el viento a la distancia, llevando en los fragmentos desprendidos, la simiente que perpetuará su especie, Ceiba en el barrio Buenos Aires, a la izquierda al caer y germinar en tierra fértil, cuyo producto, léase Pila circular todavía por los años 50 del siglo pasado. algodón, igual al de su pequeño primo, el murrul, sirve para fabricar almohadas caseras.

26 Casi bajo su amplio ramaje, se construyó, no sé si adecuadamente o no, por el peligro que pudiera el mismo representar, un pequeño bonito edificio, especie de kiosco, que sirve de tribuna para los actos públicos. Grato de recordar es la fiesta titular de este barrio que se celebraba del 1 al 4 de mayo de cada año, con motivo del día de la Santa Cruz, la cual era muy concurrida y alegre, autorizada dicha celebración, por Acuerdo Gubernativo de fecha 30 de mayo de 1931, pero con el tiempo dicha festividad dejó de funcionar.

Pequeño y moderno kiosco, contiguo a la ceiba e iglesia Católica en el barrio Buenos Aires.

COMPRA DE TERRENO. El terreno que ocupa ese barrio, fue adquirido con fondos del Estado, durante el gobierno del general José María Orellana Pinto, por compra efectuada a los propietarios de la finca el Tintero, para cederlo enseguida a título gratuito a la Comuna local, con la finalidad de asentar en igual forma, en lotes sin costo alguno, a regular número de vecinos con familia, que carecían de vivienda, a manera de ensanchamiento de la población, según acuerdo Gubernativo de fecha 10 de noviembre de 1925, tomo 44 pagina 39, de la recopilación de leyes, magnífico gesto del paisano presidente, pero también de la Municipalidad local. En el citado barrio, existió contiguo a la ceiba y la iglesia, al poniente, un parque infantil dotado de toda clase de juegos mecánicos: columpios, resbaladero, paralelas, con sus respectivos sentaderos de concreto, etc., que alegraba y fortalecía la salud física de los niños del barrio, construido por la municipalidad de 1962, que yo presidí, derribado por disposición arbitraria del Alcalde interino Gaudencio Morales. Fue asiento también ese barrio de las canchas de foot y basket-ball, trasladadas hace algunos años a al potrero “Las burras” de la hacienda El Tintero, para dar cabida a la construcción de varias escuelas, que ahí funcionan; lo mismo que una hermosa pila circular tipo fuente, cuya fuerza del agua la hacía subir a más de dos metros de altura, de donde los vecinos se proveían de ese preciado líquido para surtir sus necesidades, usando unas cañas improvisados de bambú y chimilile que conectaban a los chorros de salida, no solo por lo distante de estos, sino para evitar mojarse los usuarios con la dispersión del agua provocada por el viento, cuya obra de la primera agua potable del pueblo, engalanaba el área, en mala hora destruida sin justificación, por funcionario edil alguno, en menosprecio del vecindario y de los monumentos históricos, y era un sitio alegre de aglomeración de gente a buena mañana, en donde se sabían los chismes del día y se observaban, de repente, riñas callejeras por la disputa del agua. En este lugar vivía una señora llamada Gabina, bastante bromista, que decía malas palabras, por ser así su manera de ser, pero no ofensivas, por el contrario, bastante simpáticas que gustaban y hacían reír a la gente. La Doña era la encargada de hacer y vender el requesón del suero que sobraba de la fabricación de lácteos de la hacienda El Tintero, en cuya casa, a partir de las cuatro de la tarde, se congregaba regular número de vecinos y deportistas a degustar este delicioso bocadillo, con tortillas calientes salidas del comal, y tanto ella, como otra señora llamada Leonor, a quien llamaban “Noy”, que moraban precisamente, atrás, pegado a los marcos del campo, quienes constantemente protestaban por los trallazos de las pelotas que caían sobre sus casas, en las prácticas o partidos de foot ball, cuya última buena dama, no me podía ver ni en pintura, y me trataba de “boca peishte”, pues cada vez que “sin querer, queriendo”, como dice el ”Chavo del ocho”, por mala suerte dentro

27 juego, dirigía un “shutazo” a la portería, que no atrapaba el portero iba a pegar directo a la casita de doña “noy”, porque enfrente estaba el marco, salía ella inmediatamente corriendo encolerizada con justa razón, para decirme cosas “bonitas” y hasta tirarme agua caliente, actitud que asumía también con otros jugadores, naturalmente. VISTA BELLA. Llamado así, por ser el lugar que ofrece la belleza panorámica de la población, de donde se divisan, además, en la distancia, en el horizonte de las montañas de Las Minas y del Merendón, lindos paisajes de colorido profundo, que reflejan la realidad del medio ambiente, surcado de nubes finas de distintos matices de color o fulgurantes celajes cobrizos, en los atardeceres. VISTA BELLA ARRIBA. Barrio nuevo en vía de formación, sin nombre conocido, que he bautizado yo como Vista Bella Arriba, situado en las lomas del terreno de Chilo Morales, rumbo al Espíritu Santo, con una hilera de bonitas casas. BARRIO AGRARIO. Nombre algo curioso, que le fue asignado por haber sido ocupado por un grupo de campesinos durante el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán, que necesitaban albergue, por el año de 1952. Este terreno era propiedad privada del Licenciado Carlos Jiménez Peralta, quien a pesar de sentirse lesionado en sus derechos e intereses, máxime tratándose de una herencia materna, desbordando su cualidad de Don de gente y su deseo de compartir con la gente pobre, porque también él creció en esa condición, no hizo ninguna reclamación legal al respeto, por el contrario, se alegró y le agradó el nombre simpático dado a esa comunidad. LA ARENERA. Establecido en las últimas décadas, llamado así, porque ahí había una arenera, que surtía de este material al vecindario para construcciones locales, fundado por iniciativa y dictamen favorable del Síndico Municipal de ese entonces, Fidel Egberto Casasola Saavedra, con aprobación del Concejo, ahora bastante poblado y con sus servicios esenciales, asentado en terreno privado que dejaron abandonado por años las hermanas Gumercindo, Silvia y Marcolfa Gutierrez. EL ZAPOTE ARRIBA. Es un caserío que se empezó a formar a inmediaciones de la carretera Interdepartamental, entre las aldeas El Zapote y El Paso de los Jalapas, en el año 1961, cuyos primeros lotes fueron cedidos por la Municipalidad de ese entonces, aún con la oposición de los dueños de los terrenos privados colindantes, el problema ahora, son la cantidad de túmulos construidos en buena parte de esa carretera que obstaculizan el tráfico normal de vehículos. En las proximidades de la carretera entre El Paso y Las Ovejas, se ubica la colonia “Mitch”, llamada así por albergar a mucha gentes que fueron afectados por la tormenta de ese nombre, ocurrida en el mes de octubre de 1998, mandada a construir por el Gobierno de la República. Respecto de los caseríos y aldeas que se han formado últimamente, conviene que la Municipalidad, legalice conforme a la ley, esos poblados, emitiendo los respectivos acuerdos, que Quiosco parque antiguo 12 de Octubre de la Localidad. deben ser publicados en el Diario Oficial para que tengan plena validez, informando de ello a las instituciones del Estado competentes, a efecto de que tales modificaciones se anoten como oficiales en los registros estadísticos, geográficos, de mapeo y otros de interés para los habitantes y del país.

28 LA CABECERA MUNICIPAL. Cuenta aun con sus siete callecitas, igual número de avenidas y varios callejones, antes ornamentados de esbeltos cocoteros, palmeras, almendros, truenos, jocotes, morros, amates y acacias, por doquier, en franca custodia de su tranquila madre tierra, que extendían su extraordinario ramaje al visitante, en cordial saludo de bienvenida y de hospitalidad, algunos regados de paso con el agua que rebalsaba de las pilas de las casas, que salía a las calles a flor del suelo y otros arbolitos especiales asistidos por sus propietarios. Esos arbusto, ya dañados por la acción inexorable del tiempo, fueron sustituidos por otros, de singular belleza, especie de ficus, también llamado naranjillo, que pasado el terremoto que asolo el país en el año 1976, planto el maestro José Gilberto Orellana Rosal, de semillas traídas de Guastatoya, perfectamente adaptadas al clima, con sus alumnos de la escuela primaria local, que igual a los anteriores, dispuestos en valla están, formando arcos con una imagen espléndida, al entrelazarse las ramas de unos y otros, a lo largo y ambos lados de sus bien trazadas callecitas, asfaltada la principal, otras adoquinadas o de pura tierra las otras aún, a manera siempre de buen recibimiento, con su bello follaje verdoso radiante y elegantes racimos colgantes, de frutillas amarillas, cuales perlas en zarcillos de oro incrustadas, para exhibir con su encanto a propios y extraños y prodigarles su exquisita sombra. Refugio además, de multitud de pajaritos de diversas clases, y geckos, que en ellos se hospedan, en continuo concierto gratis, alegrando con el bullicio de sus melodiosos cantos, los contornos de las vecindades, sin que patojo alguno, honda en mano, se atreva, como antes, a ahuyentarlos o hacerles daño, por cuyo privilegio viven allí, nutriéndose de esas llamativas pelotitas, y como graciosa recompensa, cuando algunas gentes descansan al abrigo de dichos arbustos, costumbre bastante frecuente en el pueblo, de sacar sillas a la acerca, en busca de lo fresco para capear un tanto el calor, esas avecillas traviesas, brincando de rama en rama, sin avisar que algo va, descargan de repente, una porción de aquello que no pueden ya retener en sus pequeños intestinos, o sea, una inofensiva cagadita, detectada la acción, al instante de sobarse alguien la cabellera o descubrirse el sombrero u observar con gestos de aceptación o desagrado, la vestimenta embadurnada, de la fichita blanca, dejada como recuerdo y, ellas como si nada, continúan el ritmo de su instinto. EL PARQUE CENTRAL. Con su elegante kiosco, artísticamente decorado con los signos del pentagrama, primero, y su hermosa pérgola, después, ambos, se utilizaron en su tiempo, como tribuna pública del pueblo y, además, sitio de deleite en las noches de concierto, engalanado con sus arriates de vistosas flores que exhalaban la pureza de su exquisita aroma; de su esbelta casuarina, que erguía su pelambre verdosa como pretendiendo, con el ímpetu de sus finas ramas, alcanzar el cielo. Igualmente, su ornamental y simbólico árbol de chico, que con sus hojas siempre verdes, vivito y coleando todavía esta, dando frutos maduros caídos, para quien por suerte, los recoja primero por la mañana, en época de cosecha, así como sombra para todos, inclusive, guarida que fue, del anciano de las regalías, el simpático “Santa Claus”, que por años para los niños bajo su fresco follaje posó, iluminado con foquitos de colores en la esperada noche buena, llamado por ello ,“Árbol de Navidad”. Actualmente, gracias al esfuerzo de Valeriano Pérez y su grupo, se realizan algunos conciertos de marimba, pero sinceramente, no como en épocas pasadas, que eran frecuentes y concurridos. Su elegante pila circular, especie de fuente tipo español, construida en tiempo de los Intendentes, en la administración de Jorge Ubico, derribada inútilmente, de cuya amplia copa Barroca, en flamante borbollón, brotaba el agua cantarina, acariciando con la brisa, gotas menudas esparcidas y suave murmullo, los multicolores componentes del jardín, en las auras tibias, surcado de marfileños

29 confidentes para uso de los asistentes, eran atributos que realzaban antaño, el ornato del parque local. Nuestro pequeño centro de distracción, tiene por nombre actualmente, “Parque Centenario”, en honor de los cien años cumplidos de creación del municipio, varias veces remodelado, lastimosamente, ahora, sin la exuberante vegetación de antes, elemento importante en una área recreativa, no solo por su belleza, sino por la oxigenación del medio, muy diferente de las armazones de concreto, de arquitectura foránea, con expresión insulsa que proyecta ahora, aunque moderna dicen algunos. Este recordado parquecito ha tenido tres nombres: 12 de octubre, en homenaje al día de la raza; Francisco Guerra Morales, en honor de este personaje ilustre, hijo del pueblo y, últimamente, Centenario, denominación última que no comparto, no por el nombre en sí, sino porque fue asignado antojadizamente, porque a alguien particularmente se le metió la idea, sin respaldo legal, a través de un acuerdo municipal razonado, a cambio, y porque se dio en menoscabo, sin justificación, del nombre del paisano notable que ya ostentaba. A mi criterio, para resaltar y perpetuar el homenaje efectuado, centenario de creación, lo ideal hubiera sido hacer abstracción del parque, porque este no tiene aún cien años de construido, pues mucho antes ese espacio era un simple patio de escuela, y honrar esa efemérides con algo más amplio, solido y significativo, EL JIICARO CENTENARIO, por ejemplo, utilizando ese nombre como lema en todos lo referente a El Jícaro, actos públicos, incluso, en la correspondencia oficial de la Municipalidad y de sus instituciones de apoyo. Porque si no se emitió acuerdo municipal al respecto y no se publicó en el Diario Oficial, por ser este de carácter general, ese nombre carece de validez legal, prevaleciendo el nombre anterior, pues es la Municipalidad la única facultada para el efecto. CASAS ANTIGUAS. Lo autóctono y lo moderno, estaban al unísono en sus viviendas, dada la construcción, digamos relativamente moderna, de su nuevo edificio municipal, y de sus antiguas casitas blancas, en fila, a ambos lados de las calles, con cal criolla y sabia de tuno viejo convenientemente enlechadas, con amplio corredor hacia la calle, la o las hamacas al medio, colgadas de las vigas, para el descanso cotidiano, y altos tapiales de adobe construidos a su alrededor, con su albardón de teja, tapizados de filosos chayes de diversos y vistosos colores, en la parte superior, como se acostumbraba, como medio de defensa para prevenir el ingreso de presuntos intrusos, sembrado como estaba el patio trasero, con los tradicionales árboles frutales, jardinería diversa, plantas medicinales y arbustos ornamentales de olores agradables, como el “maderas de oriente”, que abundaban e inundaban el ambiente, que en muchos casos constituían pequeñas huertas, en donde se cosechaban yerbas, legumbres y verduras para el sustento, regados con el agua de pozos artesianos en cada casa existentes, sin faltar los elevados cocoteros con sus gajos de frutos colgando, a los lados, más de un limonero y alguna que otra mata de chiltepe, todo lo cual daba prestancia a los frescos patios interiores de las casas, convertido en un verdadero vergel que aprovechaban innumerables pajaritos, abejas y mariposas para chupar la miel de las flores; lagartijas, garrobos y el loro parlanchín en su jaula, hablando bobadas, los habían para compartir el espacio y pasar el rato, alegrando con su presencia, trinos y zumbidos, el ambiente rural de las viviendas. Se recuerdan también, con cierta nostalgia, sus ranchitos de palma y de bajareque, resistentes a los terremotos, ventilados y sabrosos, aperados con sus camas de varas, especialmente de chimilile, con su cocinita, poyo, molendero y hornilla de lodo, anexos, donde moraban nuestros labriegos, que al canto del primer gallo abandonaban la placentera hamaca, para ir al potrero al ordeño cotidiano o a

30 sembrar la simiente para el mañana, como fuente de vida familiar, bañando cada surco con el sagrado sudor de su frente, como buenas maneras de la civilización e idiosincrasia de sus habitantes. Otra buena forma de edificar, nos hace recordar a antepasadas generaciones de época colonial, que poniendo de relieve su temperamento, se esforzaron para levantar un centro de vida y desarrollo colectivos en lo que hoy es nuestro pueblo, como lo hicieron también tribus primitivas relevantes que se establecieron aquí mucho antes y en todo el valle del Motagua, que más tarde nos dejarían como preciado legado, orgullo para los jicareños de hoy, inclusive, tesoros escondidos en montículos de varios asentamientos antiguos, que son objeto ahora de investigación. Este contraste, nos da la idea de la apacible vida y progreso constante de los moradores. Así se presentaba antes El Jícaro, pero tuvo repentino cambio en su estructura física, a raíz del terremoto de l976, tal vez ahora, materialmente mejor que antes, arquitectónicamente hablando, pero a costa del dolor y sacrificio causado por esa tragedia. LEER MAS ADELANTE LA OCURRENCIA DE ESTE FENOMENO. ÁRBOLES DESAPARECIDOS. Algunos árboles importantes que le daban vida y elegancia al parque, incluyendo los de pinabete o casuarina, eucaliptos y un centenario amate, así como la pila circular, especie de fuente, estilo español, muy hermosa por cierto, desaparecieron para dar paso a las remodelaciones acertadas o no, del parque actual. En esta área, al sur, mucho antes existió la Auxiliatura Municipal, cuando el Jícaro aún era aldea y después la escuela para varones e inadecuadamente pegaditas, las mal olientes a orines de los reos y los niños, cárceles Parque Central remodelado, hoy Centenario. públicas, por muchos años, porque no había otra forma de hacer pipi. El arbolito de chico que daba por talado, aun permanece en su lugar, cumpliendo su función ecológica y de ornamento, pero ojo, no faltará alguien, que pretendiendo hacer algo “bueno”, lo mande a derribar hasta con el tiro de gracia, como ocurrió con los anteriores, así como el de amate con raíces anormales aéreas o bejucos naturales colgantes, de la parasitas de mata palo, en su copa, pero que le daban vista y belleza, de donde nos prendíamos, columpiábamos, y hacíamos piruetas, los alumnos de la escuela, árbol fronkdoso que estaba protegido por un redondel de cemento de dos escalones, bien ornamentado, a manera de sentadero público para los paseantes, los que antaño existieron en dicho sitio de recreo. CAMINATAS. Antiguamente, las caminatas se hacían a pié, a lomo de mulas o en carreta de bueyes y a cada cierta distancia habían parajes, estancias o caseríos, en donde los transeúntes acampaban para pernoctar y descansar, cuyo momento aprovechaban para pastar a sus caballerías, siendo así, que muchos viajeros al pasar por esta localidad, regularmente se guarecían en bien plantados árboles de jícaro, convertida entonces, en punto adecuado para pasar el rato, de hecho, bien conocido por los caminantes por la fama de su hospitalidad, del cual se deriva precisamente el nombre del municipio o para disfrutar de la sombra de añosos y frondosos tamarindos o de amates que los habían en abundancia, especialmente cuando se dirigían a la Basílica y Santuario de Esquipulas, villa acertadamente hoy nombrada la Capital Centroamericana de la fe, en alegres romería; incluso, por aquí pasaban buscando el vado más conveniente del río Motagua para dirigirse al norte, los muleros

31 que comandaba el negro Macao en tiempos de la colonia, de la empresa de transporte de carga de esa índole, propiedad del español Juan de Palomeque, que venían de la capital hacia el golfo y viceversa, en la actividad del transporte de mercadería, que refiere en sus relatos el historiador José Milla, así como los viajeros de ultramar para dirigirse a la bahía de Amatique, que preferían esta área para atravesar el río, por los buenos vados que ofrecía, y de esa cuenta, la importancia de El Jícaro, desde tiempos remotos, antes y después del régimen colonial. ROMERIAS. Mucho tiempo después, antes de que se construyera la carretera del Atlántico, las romerías al Santuario de la Fe, muy especialmente para el 15 de enero, de cada año, se efectuaban a pié, en su mayoría, gente pobre y a quienes siendo acomodados, les gustaba el ejercicio, el ambiente campestre o la aventura, y en transporte motorizado, recientemente en boga, quien tenía posibilidades económicas o no podía hacerlo de aquella manera, utilizando en ambos casos, la carretera interdepartamental nuestra, que comunica con Zacapa; caravanas integradas por peregrinos del centro, sur, y occidente de la república, lo mismo que de las Verapaces y hasta del extranjero, pasando por aquí, no solo por ser más corta la distancia, sino por lo directo del camino, utilizando o no, el puente de El Rancho, sobre el río Motagua, situación que aunque alegre y de beneficio para el comercio local, pues aquí hacían escala los viajeros para dormir y comprar algunos alimentos, era bastante molesto para el vecindario, por el mucho polvo que se alzaba de los cientos de camionetas que pasaban y el peligro que representaba, especialmente para los escolares, el enorme movimiento vehicular. DORMITORIO IMPROVISADO. En esos tiempos, como no existían hospedajes formales establecidos, era frecuente ver las tendaleras de peregrinos durmiendo en los corredores de las escuelas y del mercado de la localidad, sin ningún temor de que se les violentaran sus derechos humanos, porque había orden y tranquilidad, de donde se abastecían de artículos de consumo diario y frutas, para luego salir contentos al día siguiente de madrugada, entonando cánticos y rezos alusivos a su religión. También se hacían romerías utilizando el ferrocarril, hasta Zacapa, y de allí, en camioneta a la Santa Catedral, por supuesto, que en esos tiempos tenía mucho mayor arraigo la religión católica y por ello las bullangueras y multitudinarias peregrinaciones. Y de regreso, lo mismo, bien adornados los vehículos con gusano de pino pintado de vistosos colores y los feligreses de a pie alegres igualmente vistiendo elegantes charras llenas de recuerdos consistentes en trenzas de tusa a manera de empaque repletas de dulcitos en su interior y cajillas de conservas, así como unas frutas amarillas llamadas “chiches” que colgaban como adorno de los sombreros, y demás regalitos que llevaban a su destino, siempre cantando alabados y plegarias de buena venturanza, llevando consigo también los cohetes que reventarían a su llegada, dando gracias a Dios por su visita al señor de Esquipulas y de la agradable peregrinación de regreso, sin novedad. Hoy se supone que es lo mismo, pero el recorrido se hace por la carretera del Atlántico, pero al darse cuenta que nuestra carretera interdepartamental está asfaltada hasta Zacapa, seguramente se recuperará ese tráfico tradicional de antaño, con economía de diez y siete kilómetros y con menos peligro. SERVICIO DE CANOA. Esta pequeña empresa funcionó, hasta inmediatamente después de la inauguración del actual puente, para el transporte de pasajeros, y poder atender el flujo de personas que venían de las comunidades situadas del otro lado, a hacer sus compras a El Jícaro, que antaño era centro comercial de importante, claro está, por la presencia del ferrocarril, y de aquí, para allá dentro de ese mismo intercambio de cosas, pero más que todo, nosotros, a tomar camioneta a la ruta del Atlántico, con destino a la capital o lugares del nororiente. Este servicio inicialmente fue propiedad de la finca La Cajeta, teniendo como remeros a los señores Andrés Páiz y Meregildo Sagastume y,

32 últimamente, propiedad de los hermanos Víctor y Narciso Flores, lo mismo que de Miguel, hijo del primero, teniéndose conocimiento de varios accidentes, al volcar las pequeñas barcas, que han costado la vida de algunas personas, por cruzarlas con el río crecido y el sobre peso, desapareciendo las canosas en la inmensidad de las aguas, pero repuestos de nuevo, para seguir prestando el servicio. El puente de referencia, desafortunadamente, fue destruido por las enormes crecientes del Motagua, derivadas de la tormenta Agatha que azotó el país en los últimos días de mayo de 2OlO y mientras tanto, la travesía se hacía por medio de un sistema, inventado de urgencia por alguien curioso vecino, consistente en un cable aéreo atado de lo que quedó del puente, a un fuerte madero del otro lado del río, un cajón de transporte y una garrucha halados de ida y regreso, pero luego vino una canoa, mandada a hacer por un buen muchacho Zamora, hijo de Vilma Orellana y, actualmente, el cruce del río se hace por una rampa provisional enganchada a la armazón que quedó en parada, de dicho puente, que atinadamente mandó construir la Municipalidad. TRANSPORTE DE CARGA: Éste se hacía en bestias y carretas de bueyes, para dentro y fuera del municipio, local digamos, cuyo trabajo era desempeñado por personas que criaban y cuidaban esos animales, pero también se hacía a puro lomo o espalda de seres humanos utilizando el mecapal, a manera de tlamene, para lo cual estaban disponibles, previo pago de sus honorarios, por supuesto, unas buenas personas de nombres Casildo Orozco y Pio, cuyo apellido no recuerdo, y Santos Pompón, quienes trasladaban a puro “tuto” los bultos Desaparecido servicio de canoa, hasta antes y encomiendas que se les confiaban por pesadas que estos de la inauguración del puente. fueran y lejano el lugar de destino. Luego vino el ferrocarril y ahora, tiempos moderno, ese sistema anticuado de carga ha desaparecido, haciéndolo por medio de picops. Un señor llamado Gabino, a quien burlescamente le decían “el correo de guaishtan”, que apedreaba a los patojos que lo jodían, llevaba diariamente de la oficina local, a puro tuto, el correo nacional destinado para San Cristóbal Ac. . MAQUINARIA ANTIGUA. A la altura del puente actual, a unos cincuenta metros, al oeste, de este lado del río, existió una estructura mecánica, ahora, presumiblemente, soterradados o arrancados de tajo, rumbo al mar, por las fuertes crecientes del Motagua, conformada por una especie de polipasto mecánico, conectado con otra maquinaria situado del otro lado del río, debajo de una enorme ceiba que había allí, cabal en el callejón que en ese tiempo conducía a la aldea La Estancia, pasando por las viejas carretera hacia el nororiente, que servía para hacer cruzar el río, por medio de cables colgantes, de ida y regreso, los camiones cargados de madera procedentes de la finca La Cajeta, propiedad del ex Presidente Lázaro Chacón, para ser descargados en el patio de la estación del ferrocarril y su consiguiente embarque por esa vía, rumbo a la capital de la república, en una época de mucho trabajo para los lugareños, aparato que era operado por un experto gringo, llamado Mr. Frank, que se encariñó con el pueblo y que vivió por mucho tiempo en unas casita de bajareque propiedad de Armando Chew, contiguo a dicha estación, cuyo actividad hizo que los herederos de don Lázaro, construyeran aquí una elegante casa tipo español, destruida por el terremoto de 1976, ubicada, en lo que ahora, es casa de mi propiedad y de mi hermano Roberto. Entre el callejón de los herederos de Carlos López, el de mi hermano Roberto y la calle principal, en donde estaba la casita de Armando Chew, en la que vivió el gringo mencionado, este construyo contiguo una bonita casa de madera, de

33 dos niveles, que la empresa de los ferrocarriles, con el respaldo de la dictadura de Ubico, mandó a derribar sin mayores trámites, alegando haberse edificado esta en terreno de su propiedad, sin embargo la casita vieja antigua se salvo, pero lo curioso del caso es que, en toda esa franja, anteriormente, ya estando el ferrocarril, habían ranchitos, incluso, la primera escuelita de la población. Allí mismo, existió por años, un frondoso árbol de tamarindo, quizás el más viejo de todos y un enorme trueno, que mando a botar precisamente Armando Chew para edificar la casa derribada mencionada. CAPITULO III ALTURA, CLIMA, OROGRAFÍA E HIDROGRAFÍA. ALTURA. La altura máxima sobre el nivel del mar, es de 3,600 pies, la mínima de 809 pies, la media de 900 pies. CLIMA: Es cálido seco, con un promedio de 30 a 40 grados centígrados durante la mayor parte del año, variable en los meses de noviembre, diciembre, enero y febrero, en los que desciende entre 20 y 30 grados, lo mismo que en la temporada de lluvias derivado de fenómenos meteorológicos del norte o sea tormentas tropicales y huracanes, soplando fuertes vientos en los meses de agosto y septiembre, que aprovechan la “patojada” para volar barriletes. En la parte más elevada como las aldeas el Pino y Pila de Moscoso el clima es más o menos templada, bastante tolerable, observándose en la presente década un cambio de clima más caluroso. Por la naturaleza de su ubicación, la parte baja de la sierra de las Minas, en el cañón entre ésta y la del Merendón, el régimen de lluvias no es tan copioso en el municipio como en otras partes, salvo cuando el invierno normal es alimentado por tormentas tropicales provenientes del norte, situación que se ha dado con frecuencia en los últimos tiempos. OROGRAFÍA. Por encontrarse el municipio enmarcado en el Valle del Motagua, carece de montañas y volcanes sobresalientes, pues solamente se observan pequeñas colinas sin nombre conocido, que se desprenden de la sierra del Merendón y sus estribaciones, que atraviesa el municipio por el cardinal sur, de oriente a occidente, así como pequeños cerros y lomas que algunos lugareños llaman inapropiadamente “malpaíses”, entendido este como mala tierra, encontrándose uno de éstos en las proximidades de la aldea El Paso de los Jalapas hacia el sur, que posee la característica de encontrarse casi siempre húmedo, situación que trae consigo beneficios a la agricultura, pues produce mucha fruta especialmente jocote marañón, jocote tronador y papaya, aparte de las buenas cosechas de maíz y frijol, que se levantan todos los años. Existen otros cerro llamado Ananopa o Malpaís de EL Zapote, situado en la aldea de igual nombre, refugio de garrobos y serpientes de varias clases, quizás por lo pedregoso de su geología; esta también cercano a la población, la loma conocida como El Malpaís de Don Chílo, hoy convertido en buena parte, en un caserío, rumbo hacía la aldea Espíritu Santo, y el Malpaís de tío Quique, en donde se levantaban buenas cosechas en favorecidos inviernos. Además los cerros El Morral, El Mulatal y El Nanzal. Estos terrenos, contrario a su despectivo nombre de “malpaís”, si bien son secanos, contienen las propiedades químicas y nutrientes que requiere la agricultura, para producir, con agua de bueno inviernos naturalmente. HIDROGRAFÍA. Cruzan el municipio los siguientes ríos:

34 MOTAGUA. El más caudaloso de Centro América, pasa por esta población, pero nace en las montañas del departamento de El Quiché, con el nombre de río Grande, de donde desciende serpenteante, con la unificación de varios riachuelos en el curso de su largo recorrido rumbo al mar, que lo hacen grande, majestuoso, formando enormes rápidos que provocan el murmullo de sus aguas, que penetran el oído con sensaciones de alegría, pero también de nostalgia, cuando se escuchan en la lejanía, al despertar, en momentos de insomnio o de Vista del río Motagua meditación en la quietud de la noche, trayendo a la mente de quienes lo hemos recorrido y escudriñado, imborrables gratos recuerdos de lo mucho disfrutado de su entorno, así como de sus profundas pozas y agradables remansos que constituyen un área de esparcimiento, que invita a los bañistas a permanecer sumergidos en sus frescas aguas cristalinas sin querer salir, o simplemente de descanso y recogimiento espiritual. Su recorrido por la jurisdicción, cuyos habitantes lo celebran por todas las bondades que les ofrece, lo hace de poniente a oriente, en una extensión de veinte kilómetros, seiscientos cuarenta metros, este opulento río, otrora navegado por primitivas razas nuestras, así como por bucaneros y aventureros de ultramar de épocas de leyenda y atrevidas hazañas. Su caudal en los últimos años ha mermado, más que todo, en verano, pero en invierno, debido a sus fuertes aluviones, se ha acercado considerablemente a la población, constituyendo un grave peligro para los moradores, obsequiándonos su fluido para usos domésticos y para el riego de sembradíos que los agricultores conducen por medio de canales por gravedad y bombas mecánicas. Sus variados multicolores paisajes son maravillosos, que invitan a disfrutar con la toma de fotografías, como recuerdo de paso o estadía por el lugar, con la presencia de aves de vistosos colores, garzas blancas y azules y el martín pescador, en pleno vuelo o caminando por la orilla en busca de pececillos, y bullangueros pajaritos, incluido el “alzaculito” con su característica forma de ser de intrépido nadador y cazador; de algunas iguanas y lagartijas de varias clases trepadas o deslizándose, jugueteando en los árboles o el suelo, así como de su extraordinaria abundante vegetación en sus alrededores, y de repente, un conejo que salta del matocho despavorido, a esconderse en cueva segura, si no es presa del perro o del patojo travieso que en honda en mano lo hace suyo para el guiso. EL TAMBOR. Nace en las montañas del departamento de Jalapa, su caudal es fuerte durante la estación lluviosa, posee hondos remansos, al igual que partes bajas y corrientosas, sus aguas son utilizadas para la agricultura y usos domésticos. A la altura de la aldea Agua Caliente y en las márgenes de este rio se encuentran varias fuentes de aguas termales y azufradas que son consideradas medicinales, a las que llega el turismo para admirar el fenómeno y otros bañarse en sus aguas para curar sus males, es tributario del Motagua. LAS OVEJAS, Tiene su origen en las estribaciones de las montañas de San Pedro Pinula, de Jalapa, siendo como el anterior, caudaloso en invierno y hace fértiles las tierras de los lugares que recorre, es criadero de tepemechines en los embalses, que forman pequeñas cascadas en la parte alta, a lo largo de su recorrido, desemboca en el Motagua en el lugar antes llamado el Remolino, en donde existió una profunda poza, con sus enorme rocas al lado, refugio de peces a cuales mejores. Al lugar situado

35 en la cuenca de este río, entre el camino antiguo que conduce a las Ovejas y El Zapote, en parte del terreno el Malpaís, se le llama “Monte del Jute”, de cuyo mirador se aprecian las vegas y regadillos del área, antes pintoresco para ir de paseo, apreciar el ambiente, subido en la cima del escarpado cerro, que lo rodea, así como para pescar y coger jutes, por lo menos así era antes. De noche también, lugar tenebroso de pasadas intrigas y cuentos de espantos para los supersticiosos. Sus aguas como las del Tambor, hace 50 años mantenían su caudal permanente durante todo el año, no mermaba, aún en verano, como acontece ahora, y al mismo, acudían muchas mujeres del pueblo, en grupo, con su tanates y bateas a memeches, a lavar ropa, cuando el Motagua o el agua entubada estaban turbias, en invierno, porque las de este riachuelo aunque lloviera luego aclaraban, para lo cual se invitaban colectivamente las féminas, lo que servía a algunas familia de distracción campestre, pues en sus riberas se reunían al medio día para acompañar a la lavandera y compartir el ambiente, unos llevando atarraya o anzuelos para coger peces para el almuerzo, complementado con el suculento caldo de jutes y cangrejos, con yerbas silvestres o algo tan especial: una iguana o garrobo al carbón aderezada con chirmol de tomate y berenjena asados, que las habían en cantidad, conseguidas de matatusa, ahí cerquita, en terrenos del “Tintero” y quienes no gustaban de esos trajines, llevaban su propio bastimento; y ya en la mera tarde, de regreso a casa, con la mente y cuerpo siempre en acción, cargando un manojo de leña, y el patojo travieso, con el matate al hombro, repleto de quilete o bledos, malacates, chununos y frutas tiernas para galguear, o de pájaros y sheras, que honda y bodoques en mano, recién acaba de casar, en las cercanías, para la cena y, los huesos, si es que sobraban, para el perro y el gato, pero no sin antes, a medio camino, si le era propicio, de escondiditas, mirando para todos lados, por si al caso habían moros en la costa, echarse a cuestas un buen racimo de mojonchos camaguas, hueviado en la huerta vecina. ¿Cuidadito con el tiro de sal?, eh. ANSHAGÜA. Este pequeño rio, procede de la jurisdicción de El Progreso, entrando al municipio por el cardinal oeste, a unirse con el rio “Las Ovejas” en el lugar denominado “Los Encuentros”, su recorrido en esta jurisdicción, es de ocho kilómetros aproximadamente, hasta su desembocadura. A lo largo de su recorrido, existen pequeñas vegas cultivadas de árboles frutales y gramíneas de primera necesidad. Existen las quebradas y riachuelos siguientes: El Aguacate, El Limón, EL Pino, El Chico, Las Anonas, El Quinto, Mal País, La Campana, Moral, La Palma, “San Francisco, La Pilita, Santa Rosalía, El Mojón, Quebrada Seca, El Orégano, Yajal, Las Trojas, El Zapotillo, El Chichicaste y Las Ánimas. En la aldea Ojo de Agua hay una vertiente del mismo nombre cuyas aguas se emplean para usos domésticos y para el riego de diferentes cultivos, siendo de lamentar que esta ultimo debido al descuido y negligencia de los vecinos haya mermado sus aguas a punto de secarse totalmente y más que todo por la deforestación. Entre la las aldeas Espíritu Santo y Los Bordos de Barillas, en terreno de los herederos de Sebastián García, existe un nacimiento de agua en el que se observan algunos pececillos, que debiera de profundizarse a efecto de lograr mayor cantidad de agua para utilizarla en riegos por gravedad, como lo era antes, sembrándole árboles a su alrededor, para convertirlo en pequeño humedal. CAPITULO IV MINERALES, FLORA, FAUNA Y ALGUNOS COMENTARIOS

36 MINERALES. Entre éstos se encuentra la cal, utilizadas por centurias para la construcción de casas, cuyo uso últimamente se ha reducido debido a la preferencia por la hidratada; azufre, hierro, asbesto, talco, yeso, arena blanca, amarilla, de río, grava, buen barro para hacer teja y adobes y otros minerales no conocidos abundan en minas no explotadas, incluso, se llego a afirmar por expertos gringos que vinieron a observar la tragedia del terremoto del 76, acerca de la existencia de uranio en las inmediaciones de la aldea Agua Caliente. Algunas de esas minas ya han sido exploradas, pero no han encontrado resultados positivos para su explotación, a Dios gracias, porque los empresarios de estos negocios solo vienen a afectar nuestros recursos naturales, a dar atole con el dedo con las llamadas “regalías”, a contaminar el medio ambiente, prácticamente a llevarse las riquezas del subsuelo, sin mayores o cero beneficio para el país o el municipio, algunos de cuyos yacimientos, especialmente de cromo, se encuentran en un terreno propiedad de los herederos de Reyes Mazariegos, vecinos de San Pedro Pinula, pero dentro de nuestra jurisdicción, de los cuales se han analizado muestras positivas, mismas que precisamente me motivaron a escribir este tema. FLORA. Es variable, nace en su mayor parte, en forma silvestre, raras veces se cultiva, y mucho menos se reforesta, de origen tropical seco, muchas de naturaleza espinosas, a la defensiva del medio que la rodea, pero algunas plantas no se escapan de las cabras ni los bovinos que no obstante el obstáculo de las púas, las engullen como alimento de primera, con voracidad. Aquí, todavía por los años 60 del siglo anterior, existían abundantes y diversas clases de árboles y plantas de magnífica calidad, para sus distintos usos, de maderas finas y resistentes, leñosos y herbáceas, ahora, desafortunadamente para desgracia de los habitantes, con mucha escasez, debido al abuso incontrolado de la mano del hombre, casi todas son silvestres, pues solo se cultivan los frutales, verduras y algunas ornamentales, pero no obstante, aún se pueden identificar los siguientes: Aripín, roble, cedro, encino, moral, nogal, lagarto, chichipate, álamo, matilisgüate, zapotón, conacaste, guachipilín y otros, algunas de las cuales, maderables, son susceptibles de llevar al aserradero, para diferentes usos y otras rústicas de las que se fabrican horcones, tablas, reglones y parales, labrados en forma empírica para la hechura de casas humildes. Hay árboles de morro o jícaro, de cuya pulpa, ya seca, se obtiene una sustancia negruzca olorosa que cocida sirve como jarabe para la tos, la confitería y de su semilla saraza molida endulzada, un magnífico refresco, pero su uso especial antiguo en el pueblo, era de utensilio, los famosos guacales, para sacar la crema de la leche y beber agua. GUAYACÁN. Merece especial mención este extraordinario arbolitos, del que existen dos clases, cuya madera fina y súper resistente, en una oportunidad en la década de los años 50 del siglo anterior, fue talada y explotada inmoderadamente para su exportación al extranjero, al parecer, para la fabricación de barcos, previa preparación en aserradero local de la época, propiedad de Basilio Monzón, que dicho sea de paso dejó familia en el pueblo, que estuvo instalado bajo el tamarindo Frondoso y viejo árbol de Guayacán. del sitio que hoy es de Meregildo Ramírez, siendo de lamentar que bosques enteros de esa especie que por su propia naturaleza tarda muchos años en crecer y engrosar, diseminados a lo largo y ancho del municipio, hayan sido convertidos en trozas y

37 casi aniquilados, vendidos por los dueños de terrenos a precios irrisorios, entre Q. 1.00 y Q.5.00 la unidad, por no decir casi regalados, sin beneficio alguno para el pueblo, de cuya lamentable situación pasó desapercibida la autoridad municipal, al no ejercer el estricto control que legalmente le correspondía, incumpliendo con su deber. Se recuerda con tristeza, que hace algunos años, casi toda el área del municipio, estaba repleta de estos añosos arbolitos, cuyas flores caídas, forman un elegante espeso manto natural, color violeta sobre el suelo circundante, en primavera, semejante a cual delicadas alfombras de Semana Santa, tendida al paso de la procesión del Santo Entierro y, en el bosque plantado, este arbolito llamado el rey de los árboles, exhibe impertérrito la fortaleza de su estirpe, en armonía con el cálido ambiente tropical que les da la vida, mismo que en sentido figurado, se extiende a sus intrépidos moradores jicareños de temperamento fuerte como el Guayacán, en los momentos álgidos de la vida. Actualmente hay de esos maderos, pero en poca cantidad, de los cuales en otras latitudes se extrae un aceite para usos industriales, así como medicinales de suma importancia, como el “guayacol”, qué sirve, entre otros usos, para detectar el cáncer del colon o de algo así por el estilo. En síntesis, es un arbolito raro y útil, que en lugar de su irresponsable exterminio, merece cuidarlo como cosa propia, para preservar su existencia a través de los años, para beneficio de nuestro eco sistema, de por sí bastante deteriorado y, si preciso, implementar su siembra como en otros países, y rendirle culto como en hora buena lo hace la Municipalidad de Huité, Zacapa, que exhibe uno de estos centenarios ejemplares plantado en la plaza pública local, con los cuidados necesarios y hasta un redondel de protección ornamentado que sirve de sentadero público. LEÑOSOS. Para la combustión: el yaje, orotogüaje, zarza, subín, brazil, barreto, chaparro, quebracho, madre flecha, frutillo, llamado también carupin, de fruta muy deliciosa y el madre cacao de flores hermosas comestibles, plumajío, sauce, jaguay y palo de pito, cuya flor comestible es deliciosa, de efectos somníferos. En las partes altas se encuentra el copal de santo, arbusto resinoso cuya sabia coagulada o granulada se emplea en la fabricación de barnices y para ahumar altares, el cual en tiempos pasados era recolectado por individuos locales y de otros puntos del país para comércialos para distintos usos, incluso, a ritos religiosos. Algunos árboles bellos como el huele de noche, palo overo, uruguay o mamón, tempisque y jocote jobo, existen dispersos, visibles por su frondosidad y sombra, como los vetustos conacaste de los Venegas, ceiba de Buenos Aires y algunos tamarindos, entre otros, que si hablaran nos dirían tantas cosas de nuestra historia. CACTUS. Esta es tierra especial para la existencia, en forma silvestre, de estas raras especies, también en camino de desaparecer, eran abundantes, de varias clases y formas, dentro de los que destacan: el tuno común o sahuaro, productor de una sabrosa fruta llamada tuna, de pulpa roja, blanca o amarillenta, bastante codiciada por los habitantes, así como por los pájaros que las picotean antes que el sujeto humano llegue por ellas, lo que las hace más sabrosas, y la sabia de su tallo o penca, utilizada antiguamente para refinar y fijar lechadas de cal para pintar casas, así como el tuno viejo, así llamado por la pelusa blanca simulando canas en su copa, nos da su madera conocida como órgano, usada antes para la construcción de chozas de bajareque y para cercar potreros; lengua de vaca, cola de gato, arpón, pitahaya, nopal, dos últimas de tunas deliciosa, casi desaparecidos, por no existir vocación de cultivo, como antes, y uno redondo llamado “chilito” que da una frutilla en forma de chile, y tantos más, con flores muy bellas, cuyas frutas constituyen alimento de los pajaritos, cuyas semillas transportan en su tracto digestivo desde lugares remotos, las cuales botan en el suelo

38 cuando defecan, para sembrar por dispersión, la especie. Algunas de esas cactáceas son típico adorno en jardinería y salas de oficina, lejos de su lugar de origen, de donde son recolectadas como especies exóticas, para su venta a buen precio en el mercado. Se encuentran en estado salvaje también: el famoso chichicaste, que aunque cruel por las laceraciones que produce al hacer contacto al menor roce con la piel humana, y por lo mismo, hace quejarse al más valiente, tiene su lado bondadoso, pues su tallo pelado es comestible, de sabor agradable y surte la necesidad de la sed en determinado momento, lo mismo que los malacates y chununos, buscados por los patojos para calmar su apetito voraz en el campo. Son prolijos igualmente, el manzanote, cuya fruta es buen abasto para los vacunos y cabros, el subín, buen pasto para los cabros, el murrul, cuya borra sirve para hacer almohadas y su raíz comestible, en caso de hambruna, como ya ocurrió en el pueblo hace más de una centuria; duruche, de cuya corteza y hojas machacadas se obtiene una sustancia venenosa, que utilizaban irresponsablemente nuestros antepasados, como barbasco para cazar peces; palo jiote, carcomo, caulote, tamarindo, último de cuya baya se hacen frescos y tizanas, izote de flores y hongos adheridos comestibles; upayes (uva de los pobres), y ceibas (nuestro Árbol Nacional), sauce, jaguay, chilca, capulín, de frutilla agradable, incluidos muchas otras de distintas clases que constituyen la espesura de nuestra zona boscosa y de maleza. El árbol de amate, bastante abundante en tiempos pasados, fue cobijo de caminantes que pasaban por este pueblo, para librarse del ardiente sol, y punto de tertulias populares por su hermosa sombra y frescura, ahora de poca existencia, pues se le atribuye por alguno supersticiosos, poderes maléficos y de mal augurio, por lo que no son bien vistos, pero la realidad de esto es que, dichos árboles son frecuentados por pájaros invisibles nocturnos: lechuzas y murciélagos, que se alimentan precisamente de su fruta, una especie de higo, que se les escapa del pico o de las garras, y cae al suelo, provocando el consiguiente ruidoso golpe, aparte del que hacen arriba en el palo, cuando están comiendo, que para algunos miedosos son “espantos”. El cultivo de las flores es escaso, se puede afirmar que sólo existen las de las plantas que viven en las praderas de manera natural, y en los jardines domésticos, de varias formas, aromas y colores, agregando las bellas de amapola, ahora prohibidas, que florecían libremente en los patios de las casas, sin que persona alguna presintiera algo siquiera de sus efectos narcóticos nocivos. De mucha admiración son las de los cactus, exclusivos de la región, consideradas por ello de exquisita belleza, así como las flores de las llamadas plantas parasitas, que se dan salvajes en partes altas del municipio. De los árboles palo de jiote y manzanote, aserrados convenientemente, se pueden fabricar cajas livianas para el envasado y transporte de verduras y artículos de poco peso, así como para fabricar papel, lo que pude observar en un recorrido por la república de Colombia. Ornamentales hay muchos en calles del pueblo como en huertos familiares, incluyendo los ficus, almendros, árbol de fuego, trueno, acacias, palmeras y cocoteros, de los cuales, especialmente, estuvieron ornamentadas las calles del pueblo, antes del terremoto del 76 y lucían extraordinariamente. En los regadillos se siembra a propósito, la palma real, para la confección de sombreros de hilama, y de manera silvestre, el tule para la fabricación de petates, el maguey para hacer lazos y pita. Tintóreas como el brazil que también sirve para la combustión, campeche o izcanal, que reproduce una parasita u hongo muy sabroso y sus semillas también comestibles y el llamado palo de tinta. Se tiene conocimiento, que antiguamente se cultivo la hierba llamada jiquilete para su exportación a

39 granel, para la elaboración de tinta, en forma comercial, cuyo agente recolector lo era la hacienda El Tintero, de donde justamente proviene su nombre, y el de un potrero llamado “jiquilete”. Medicinales como el té de limón, salviasija, rosa de Jamaica y albahaca, que se aplican como bebidas sudoríficas, para aliviar resfriados palúdicos y la anemia; la malva, la valeriana, el apazote, se utilizan como medicinas; el orégano, usado como condimento, el quilete, hierba mora o macuy, verdolaga y el bledo muy sabrosos y alimenticios, se dan en forma natural y cultivados en huertos. En un tiempo, recuerdo, se recolectó por comerciantes de la capital, una herbácea llamada “vuélvete loco”, parecida al guisquilete, y la uña de gato, abundantes en los llanos, lo cual por cierto generaron empleo para los desocupados, utilizadas posiblemente, para usos medicinales y homeopáticos; la zábila o aloe también medicinal, es frecuente por todas partes, de la cual, algunos inteligentes vecinos estuvieron extrayendo su sabia, por medio de molinos improvisados para su envío a Guatemala, se supone, para emplearla en farmacopea. Igualmente, es común una planta en forma de macolla parecida al maguey denominada piñuela o muta, cuyos cogollos y fruta son comestibles; también el higuerillo o ricino y el piñón, dos plantas importantes que no se explotan, que se cultivan solas en las praderas. Adheridas a algunos árboles, se encuentran variedad de parasitas u orquídeas de distintos nombres dentro de las cuales figuran los “gallitos” de bellísimas flores como las de los cactus y, en la montaña, cuelga de los encinos, el musgo de diversos tonos, que para Navidad se recolecta para adornar nacimientos. Algo novedoso es el pasto oveja, exclusivo del la región, un buen forraje para al ganado, cuyos componentes orgánicos indudablemente, además de ser un nutriente de primera, como el orégano, hace que la carne de las reses despidan un olor y sabor exquisitos, por lo que los vacunos de esta zona son preferidos para el destace. Nuestra flora se ha visto desmerecida por la propia ignorancia del hombre, al provocar despiadadamente la tala inmoderada de sus especies, a veces simplemente por joder, por volar machete, a tal grado de hacer desaparecer frondosos árboles visibles de la población, que servían de de sombra o sesteo, como los morros, amates, caulotes, tamarindos, conacastes, guayacanes, entre estos últimos: el guayacán gacho, el de la arenera, el de la “nia” tana, el del antiguo campo de foot ball y uno que había en el esquinero oriente de este campo en el barrio Buenos Aires. Lo anterior, a pesar de algunas reforestaciones que se han hecho en la población, incluida, la de los cerros próximos al Talquezal y el sitio de Jesús, por una organización japonesa, en época pasada, la situación sigue igual o peor.

FAUNA. En la edición anterior, refiriéndonos a recursos naturales, se habla de abundancia, pero en la actualidad, desgraciadamente no se puede decir los mismo, en lo relativo a la fauna en general, y en particular, de la piscícola, casi desaparecida, debido a factores que se verán más adelante. Sin embargo en El Jícaro y lugares cercanos, aún existen diversidad de animales de monte, pájaros, aves y peces, por ejemplo: En el orden de los vertebrados y mamíferos se encuentran: EL VENADO. Arisco animal, que se halla en los bosques espesos y riscos, su carne es muy apreciada, siendo muy perseguido por los cazadores.

40 CONEJO. Hay menos que antes, en las vegas y montes tupidos, es muy buscado por el sabor agradable de su carne. Este roedor duerme en el día y por la noche sale de su guarida en busca de monte, su principal alimento. TEPEIZCUINTE. Entre los animales de monte es el más apreciado por el rico sabor de su carne, se halla en los cerros, en escaso número. ARDILLAS. Viven en los árboles frondosos y bosques tupidos. ARMADILLO. Conocido con el nombre de armado, vive encuevado dentro de la tierra, en sitios apartados y sale únicamente a comer sus alimentos. Su carme es exquisita, se asemeja a la de gallina y su manteca la emplean para aliviar el reumatismo. COYOTE. Unas veces anda solo, y otras, en partida, vive en las cuevas de las quebradas. TACUAZIN. Es muy común en todas partes, hay de dos variedades, blanco y negro, la carne del primero es comestible, de magnifico sabor, su manteca se usa para aliviar ciertas enfermedades. Existe también el tacuazin ratón, más pequeño que el anterior, éste no se come, es un animalito astuto que persigue las aves de corral, por lo que no es bien visto por los lugareños. ZORRILLO. Existen en las partes planas y los cerros, su orina es inflamable, de hedor fuerte y penetrante, se uso como medicina para la cura de varias enfermedades, incluso, su manteca para el reumatismo. Existen además: gatos de monte, comadrejas, onzas, mapaches, pizotes, cotuzas y otros. En el orden de las aves las siguientes: AVES DE CORRAL. Gallinas, gallos, chumpipes (pavo), gallina de guinea o coquecha, patos, etc., para el consumo local y el pequeño comercio, con la sorpresa, que mucho antes, una gallina se adquiría por el simple precio de Q. O.25 y un chumpipe por solo Q. O50, y ahora, se atreven a pedir hasta Q. 50.00 y Q.300.00, por cada uno, de esos animales, respectivamente, debido a la inflación y devaluación de nuestra moneda. CLARINERO. Pájaro color azul negro que emigra una parte del año para volver en primavera, época en que la hembra llamada zanate pone sus huevos, su carne es comestible; en la época de celo y cuando levanta sus crías lo celebra con cantos bullangueros que alegran el ambiente. URRACA. Ave bullanguera de vistosos colores con penacho en la cabeza. OROPÉNDOLA. Conocida también como chorcha, hace sus nidos en forma de colgajo, existiendo la creencia de que cuando los hacen en los árboles o ramas bajas, es presagio de fuertes vientos durante el invierno. PIJUY. Hay dos variedades, el de montaña de bellísimos colores como el quetzal y el común o garrapatero, de bajo vuelo, de apariencia fea pero amigo de la ganadería, pues espulga el ganado y se come las garrapata. Una simpática anécdota de este pajarito, nos recuerda, que una vez para un mi cumpleaños, dispusimos con Chelino Salazar, jugar una broma a los invitados a la reunión, en una familiar cantina del pueblo, consistente en obsequiarlos con unas boquitas de carne de pijuyes y sanates asados, con un chirmol cargado de condimentos. Para ello, mandamos a cazar un día antes, en los breñales del río, una buena cantidad de esos pajaritos, para hacerlos pasar ya pelados, por

41 palomas de castilla, por lo menos así se les hizo creer a los majes, en cuyo grupo de invitados estaban unos maestros de la escuela local de niños y otros amigos que llegaron de Guastatoya, algunos melindres, llenos de babosadas para la comida, pero al notar la buena presencia del guiso, apetecible a simple vista, de color y olor agradables que trascendían, servido en la mesa, ni lerdos ni perezosos, con el tradicional “salucito” del primer trago, empezaron cada quien, a preparar sus bocadillos, con tortillas calientes dobladas, quienes a los primeros mordiscos y engullir los trozos de carne, sintieron como algo jamás probado, ¡está calidad!, decían, a tal punto que, al final, terminaron chupándose los dedos y hasta peleándose por repetirse el inesperado manjar, raspando la olla, sin advertir de pronto, que estaban degustando algo no acostumbrado en los menús culinarios tradicionales, según la creencia popular, pero alguien de los presentes, al notar las miradas maliciosas y risa sarcástica de Chelino, no se tragó la píldora y descubrió nuestra picardía, de haberlos hecho consumir carne de pijuyes garrapateros y sanates tiñosos, lo que obligo a la mayoría, haciendo de “tripas corazón”, a carcajease y a hacer esfuerzos por querer vomitar. Y alguien chistoso dijo: ¿puchis mucha, la próxima vez nos dan de comer bocas de sapo?”. Por supuesto que dichos animalitos, son sanos y comestibles, para quienes estamos libres de esos prejuicios. PALOMAS. Existen distintas clases de estas pájaros, muy apreciados por su canto y por su carne, entre las que se conocen: Paloma de Castilla que habita en forma doméstica; montaraces, como la torcaza, pumuya o espumuy, tortolita, torito, paloma azul y la conocida con el nombre de güira, última aunque no es originaria de esta región, visita en parvadas estos espacios en el verano. Algunas de estas últimas, han sido capturadas llevando en una de sus patas, una anillo con las siglas USA en ingles y un número de registro, que sin duda, les son colocadas en países, lejanos para controlar su emigración. Yo capture una en cierta oportunidad y el aro lo envié a la dirección indicada, Pensilvania, de USA. CHACHA. Semejante a la gallina, por su apariencia y el sabor de su carne, es una especie de gallinácea silvestre. PERICOS y QUENQUES, De plumaje verde y rojo, hacen sus nidos dentro de las llamadas porras o nidos abandonados del comején, y en las cuevas de los barrancos. Los segundos casi se parecen a los loros. Cenzontle o chancaguera, porosocos, coronaditos, pishturíos, siete colores, gorriones o colibríes, sharas, arroceros, torobojos, golondrinas, tijeretas, canarios de varias clases, chiguitas, corre o tapacaminos y codornices, todavía existen alegrando con sus trinos el entorno; la carne y huevos de ésta última son apetecidos. Garzas. De distintas clases. Pico de Navaja, Martín pescador, gallaretas, tucanes y patos silvestres, viven en los bosques del Motagua y se alimentan de peces. Algunos de los anteriores animalitos, eran perseguidos, honda en mano, por traviesos lugareños, para satisfacer sus necesidades de alimentación, o por mera picardía, pero ahora con la abundancia de carne de pollo de granjas, como bien dicen algunos vecinos, esa mala práctica ha disminuido. RAPACES. Buitre o zopilotes, gavilán, quebranta-huesos, guzma, clisclis, tecolote o búho, aurora o lechuza y cuervos, los hay en pequeño cantidad.

42 REPTILES. En la edición anterior se dice, “que en el río Motagua vive cierta clase de cocodrilo que alcanza hasta tres metros de largo, de los que se han enviado ejemplares al parque zoológico La Aurora”, información cien por ciento verídica, qué ratifico, pero aclarando, que estos reptiles y otras especies por el estilo, últimamente se han alejado, refugiándose aguas abajo, por lo menos hasta la altura del municipio de Gualán, en busca de mejor hábitat, debido a la contaminación y merma del caudal del río, los cuales antes eran capturados o vistos asoleándose a lo largo de todo el Motagua, enfrente de nuestra población; sabiéndose de la comilona constante que estos Cocodrilo del Motagua. consumaban de perros y animales domésticos, que se asomaban a la orilla. UNA AVENTURA. Sobre este tema, quiero contarles, que en ese ir y venir de la pesca, en cierta ocasión, fuimos con varios amigos a pescar a una laguna privada en la Nueva Concepción, Tiquisate, invitados por el propio dueño, un señor de apellido Castañeda, con la advertencia previa que, en la misma, habían muchos lagartos y que debíamos tener cuidado, mostrándonos con señales evidentes, desde la orilla, que los bultitos que asomaban en la superficie del agua, en torno de la laguna, eran cabezas de esos reptiles, que salían a asolearse de costumbre, en el medio día, situación de la que tomamos conocimiento los del grupo, al notar la realidad del asunto, con temor por supuesto. Guiados por un lugareño experto en la cacería de estos animales, de la cual precisamente vivía este individuo, pues era su trabajo, y llegado el momento de entrar en acción, todos los presentes se retractaron de participar en el lance, claro estaba, había un peligro de por medio, los lagartos a flor de agua, pero como el guía dijo que no hacían nada, salvo se les ajotara, solamente yo, me atreví a la aventura, y trasmallo al hombro, nos metimos en la laguna, de unos 300 metros de circunferencia, con el agua al pecho, procurando no pasar cerca de los bultos o cabezas de lagarto avistados, que por cierto eran muchos, llegamos a la orilla, del otro lado, pusimos el trasmallo alrededor de un camalotal o ramazones, bien extendido, como aconseja la estrategia en ese deporte, empezamos a puyar con palos para que salieran los peces a embolsarse en la red y sin esperarlo, de repente, el experto, gritó: ¡ahí anda un lagarto dentro del lance!, tenga cuidado, quédese quieto, yo lo voy a agarrar, como en efecto así fue, se acercó, se metió debajo de agua, revisó la plomadura de la red y nuevamente dijo: ¡Ya lo tengo!, lo sacó envuelto en el trasmallo, ayúdeme dijo, amárrele el hocico con esta tira que tengo, hágale nudo de coche y del sobrante de la pita, átele una de las manos, para inmovilizarlo, y habiendo cumplido sus instrucciones, sacamos el tremendo lagarto de metro y medio de largo, que bondadosamente me lo obsequió, el cual compartimos con mi amigo Carlos Macal, integrante del grupo, mitad del medio para el tronco, para mí, que disfruté con mi familia, calidad de carne, mi hija Marylena, me ayudó a destazarlo, todo una verdadera hazaña; sin embargo en otra vez posterior, no tuvimos la misma suerte, ya que uno de nuestros compañeros, Güicho Montenegro, fue mordido en la pierna, por uno de esos saurios, al parase sobre él, que nos obligó a llevarlo al hospital de Tiquisate.

43 IGUANAS. De varias clases: sheras o de órgano, así llamadas, abundaban y aún las hay escasas, en las cercas de los terrenos y los tunales; garrobos o jiotes o gueishpos, como algunos les dicen comúnmente, que habitan en las cuevas de los barrancos y entre las rocas, y verdes o de agua y doradillas en los bosques de los ríos, apreciadas por su carne y sus huevos deliciosos, fáciles de cazar para el sustento familiar. Las primeras llamadas así, por preferir como refugio la cavidad del corazón seco de las pencas de los cactus columnares, en los huecos de otros árboles y palos secos, las cuales, las de órgano, según investigaciones de zoólogos extranjeros y guatemaltecos, ampliamente difundidas, es un reptil en peligro de extinción que solo existe en Guatemala, y un dispersor natural, como otros animales, de la semilla que ingiere, especialmente de las tunas de los cactus, para preservar esta especie, de cuya fruta, entre otras, se alimenta, y habita en partes semiáridas próximas a los Iguana de órgano, de cola espinosa. ríos Motagua y Grande, en los departamentos de El Progreso, Zacapa y parte de Chiquimula y se caracteriza, a diferencia de las otras, por tener en la cola una hilera de escamas duras intercaladas, ensanchadas y espinosas. Es idéntica al garrobo, solo que más pequeña, y tienen la propiedad de mudar de cola, cuando por alguna razón le es cercenada. Existen también: polvorines, tilishtúmpes, moríshcas y bebe leche o cutete, crestudo animalito este, que tiene la particularidad de correr en la superficie del agua; talconetes y florecías, nombres comunes dados en la región a ciertas lagartijas, de las que se dicen, son venenosas, pero se duda, cuyas especies ya no son visibles en los lugares de costumbre, como antes, debido a la caza desmedida para su exportación para mascotas o su extinción. Una gran diferencia entre los garrobos y el resto de iguánidos, es que, el primero es violento y ataca, mordiendo severamente en su defensa y, las otras, son mansas y hasta se puede jugar con ellas. Últimamente ha aparecido y abunda, una lagartija pequeña, antes desconocida, de color blanquecino, casi transparente, que vive en los árboles y paredes de las casas, de canto muy agradable, parecido al chasquido del llamado que las gallinas hacen a sus polluelos, que según rumores, fue traída de otras latitudes y esparcidos en el ámbito regional, desde aviones, por alguna institución internacional de control de la salud, para combatir el sancudo y otros bichos, así como las enfermedades que estos produce, pues este animalito los hace sus presas para alimentarse de ellos y los diezma, es inofensivo para el hombre, y que algunos le llaman Gecko y otros salamanquesa, muy parecido a la florecía y al talconete de antes. En las rocas de los cerros, se halla, en escasa a cantidad, un reptil de muy lenta reproducción, con apariencia de iguana o garrobo, con boca como de sapo, de la familia de los lagartos, robusto, de cola corta, de regulas tamaño, muy venenoso que los lugareños llaman “escorpión”, nombre que en principio se le asignó porque se creyó que el veneno lo inyectaba por la cola, igual al arácnido, también de ese nombre, pero que no es más que el científicamente llamado Heloderma o Monstruo de Güila, del que hay de dos clases:

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Monstruo de Güila también conocido científicamente como Heloderma suspectum

Variedad de Lagarto con cuencas, también conocido científicamente como Heloderma horridum

Uno tiene la cabeza grande redondeada, el cuerpo rechoncho, cola corta y colores brillantes con dibujos amarillos, alcanzando 37-45 cm., y el otro, parecido al anterior, pero más oscuro, mas grande, cola larga, y puntos de colores en lugar de manchas, dócil, es venenoso y fácilmente se confunden con el garrobo, más el coludo, por lo qué debe tenerse cuidado al capturarlos, mucho menos comerlos, pues algunas gentes se han envenenado con la ingesta de sus huevos, creyendo que son de su émulo no dañino y apetitoso, el garrobo o jiote, y cuando se le hiere profiera gemidos como el llanto de un niño, por lo que también le dicen “niño dormido”. De acuerdo a investigaciones recientes, de su saliva se obtiene una sustancia que controla la diabetes tipo 2. Nuestro municipio, al igual que otros de la región, está reconocido a nivel mundial como hábitat de esta extraña criatura. Según cuenta mi hermano Tono, en cierta ocasión pudo observar, que uno de esos paisano que comercian con animales para mascotas, de la aldea Espíritu Santo, curiosamente, jugueteaba tranquilamente en sus manos con uno de esos saurios, al que daba de comer masa de maíz, por la boca, sin temor alguno, pero de repente al fastidiarlo, se sabe, se enoja y ataca, mordiendo, retorciendo su cuerpo sobre su presa, para machacar bien, hasta cortar el miembro mordido, pudiendo causar la muerte, no por inoculación del veneno, sino por tremenda infección. Yo asemejo a este animal, en pequeño, al dragón de Comodo. Tengo duda de haberme comido uno de esos coludos, cuyas manchas observe diferente a los demás, cuando lo tuve a la vista y que por cierto me mordió fuertemente un dedo cuando lo agarre, en mi casa en Cuilapa, derribado del caballete. Siendo esta una especie en peligro de extinción, se ha declarado a: El Jícaro, Cabañas, Zacapa y Gualán, su hábitat natural, como área protegida. También hay tortugas de tierra, comestibles para el que sabe de la riqueza de las proteínas o del que tiene hambre. Algunas lagartijas tienen la particularidad de mudar la cola, siendo así que cuando otro animal las persigue, voluntaria o forcivoluntariamente, al menor atracón, como estrategia, dejan tirada tras de sí, parte de la misma, como rico bocado, para distraer al enemigo y poder huir para defenderse. SERPIENTES. Se conocen venenosas y no venenosas, entre las primeras está la víbora cascabel, coral, tamagás, timbo o mano de piedra y el cantil y entre las segundas, la mazacuata, -familia de las boas-, muy útil a la agricultura, la zumbadora que utiliza su cuerpo en forma de látigo para defenderse, el bejuquillo y morishquera que se alimenta de lagartijas, también la víbora casera que come ratones y el tamagás de agua, cuyo veneno no tiene antídoto. Yo perseguido por esos reptiles, dicen que es buena surte, pues casi en todos mis recorridos por el campo y la playa del río, aquí en el pueblo y fuera del, me he topaba con esos animales, enroscadas o en movimiento en las cuevas y ramazones de los ríos, acosados en cierta ocasión por un enorme tamagás de agua con mi hermano Tono cuándo

45 pescábamos en el Motagua y por lo mismo tuve la oportunidad de cazar varias de ellas: una mazacuata que medía tres metros, en compañía de Mario Marín, en la vega de los Cocos, de la que aprovechamos su carne y su piel y una enorme víbora en la carretera, a la altura de Ananopa, que tenía catorce cascabeles, que los quería para guardar como reliquia, y ¿qué van a creer?, en la noche, se los llevó un gato, de lo que fueron testigos Héctor Vargas y Gonzalo Rodas. Otra vez, estaba yo sentado en una piedra ya cayendo la tarde, cuando una enorme culebra negruzca se dirigió hacia mí, buscándome, solo a entregarse para que la matara. INSECTOS. Los mismos que hay en la región, dañinos la mayoría, como la cucaracha, la mosca, el zancudo, la chinche picuda, última, cuya picadura venenosa, causa la enfermedad de Chágas, caracterizada por el agrandamiento del corazón, de la que muchos vecinos nuestros la han padecido, sin saberlo y a la postre les ha provocado la muerte. Existe diversidad de arácnidos como la tarántula, casampulga, la viuda negra, la migala o araña de caballo y un alacrán recién descubierto por el biólogo Rony Trujillo, el Diplocentrus Motagua, que se diferencia de los demás, por ser más pequeño y venenoso y se le encuentra a lo largo de la cuenca del Motagua, del cual se estudia su veneno para la cura del cáncer. Y útiles como las abejas de todas clases, cuyas picaduras, lo mismo que de las hormigas, que en definitiva, más que dañinas, son beneficiosas para la salud, según la creencia popular, y la ciencia últimamente, con la picadura a propósito recetada, de la abeja, en la parte afectada, para curar la artritis, que yo mismo he experimentado, al ser atacado por infinidad de esos bichos, cuando por ejemplo, en mi niñez, derribaba cuanto panal de abejas avistaba para libar su miel, así como en el castrado de colmenas silvestres para lo mismo y aprovechar la cera, cuyas avispas me dejaban “pumpa” la cara, no se diga de las hormigas y alacranes, y de las picaduras de estos últimos, solo me comía un pedazo de dulce panela para contrarrestar sus nocivos efectos y de la lengua dormida y asunto arreglado. BATRACIOS. Sapos y ranas, eran muy comunes en los ríos, en los desagües y en general, en los lugares húmedos; animalitos inofensivos que desempeñan un magnifico papel en materia de sanidad, devorando insectos dañinos, abundantes en las orillas de los ríos, en donde era fácil encontrar largos collares de sus huevecillos, que los patojos traviesos que se bañaban recogían para enrollárselos en el pescuezo, así como nubes de sapillos o renacuajos moviéndose agrupados dentro del agua, adornando el entorno, a la espera de su metamorfosis, para luego saltar las crías, en busca de la vida, cuyas especies por el estilo están ahora en vía de extinción. El croar de las ranas, en espectacular concierto en los atardeceres y noches de plenilunio, eran cosa común en el pueblo antes, que alegraba a los vecinos amantes de la naturaleza, que solían salir a la calle, a sentarse en las banquetas de sus casas, para mitigar un tanto el calor de temporada, chachalaquear y disfrutar del ambiente natural nocturnal.

46 PECES. Eran muchísimas las especies que poblaban los ríos, hasta de un metro de longitud, principalmente en el Motagua, enumerándose los siguientes: robalo, sábalo, cuyamel o bobo, roncador, tepemechín, machaca o macabil, lishon, mojarras, guapotes, tilapia, ésta relativamente nueva en el Motagua, guabina, negro, dorado, filin, quisque, guarito o bute, pepesca, anguila y madre pescado, todos muy apreciados por su exquisita carne, pero de primera, el tepemechín, pariente este del bobo. También hay jutes, camarones de varias clases: langostinos, chacalines, cacaricos y carriceros, así como cangrejos muy apetecidos. Lamentablemente, esa riqueza solo queda en el pasado y los deseos, ahora, de comernos más de un buen ejemplar, de los descritos, frito o en caldo. Sin embargo, aún queda algunas esperanzas de especies diezmadas, por supuesto, situación bastante triste, pues hay mucha gente ahora, que no tuvo la dicha de conocer siquiera la variedad de peces que vivían antes en nuestro río, mucho menos saborearlos, suponiendo que estos se hayan retirado aguas muy abajo próximas a la costa, en donde viven todavía. ¿O es que no hay buenos pescadores que los atrapen, cómo antes?. No. Es evidente la extinción paulatina de esas especies, como una que yo pescaba antes parecido al lenguado, solo que en pequeño y una especie de robalo en miniatura llamado “ulumina”.
Bobo o Cuyamel, abundante, antes, en el Motagua.

LA POZA MUERTA. A la altura de la aldea Los Chagüites, en un ramal del río Motagua, alimentado por un manantial, existió “la poza muerta”, formada por una porción de agua dejada por el río en sus crecientes de invierno, así llamada por el estancamiento del agua, sin salida, llena de ninfas y lana, criadero de abundantes peces, especialmente de una mojarras llamadas “palometa” y “perechecha”, de sabor exquisito, que no he vuelto a ver, en donde también vivían cocodrilos, avistado uno enorme de éstos, por el grupo de pescadores, que frecuentábamos ese lugar para pescar, como de tres metros de largo, que de viejo, tenía el cuerpo cubierto de musgo o de algo similar, y lo curioso del caso, era que, el saurio admitía nuestra presencia, sin alterarse por suerte, moviéndose tranquilo de un lado para otro, casi rozándose constantemente con nosotros, dentro de la poza, en plena faena, sin causar daño, manso e inofensivo, en cuya charca con banco de variados peces, se cogía en hora buena, pescado por quintales, si así se deseaba. LA USHA. Sobre lo mismo, en una “usha” con nacimiento de agua también, que corría paralela al río, a la altura de la vega de los cocos, hubo por años, un nutrido vivero natural de peces, especialmente de: filines, guapotes, pepesca y butes, cubierta totalmente de lana, en la cual para poder pescar con comodidad, era necesario limpiarla previamente, sacando toda la maleza, por lo menos el trecho a utilizar, y así, ya viendo el animalero, en lo limpio, libres, que no hallaban en donde esconderse, eran fácil presa de los atarrayeros. Pero en este y otros lugares, se pescaba también, por medio de un curiosa trampa que consistía en reducir el ancho de la usha en la parte de abajo por medio de dos pequeños terraplenes paralelos, a punto de juntarse en su parte inferior, a manera de embudo,

47 colocando ahí un improvisado canal de metal de medio metro de largo, quince centímetros de ancho, por veinte se alto, sobre una cama de piedras, cuyas bordas se fabricaba con ramas, palos, piedra y arena, para encausar el agua por dicho canal, por donde junto a ella debía pasar la bandada de pececillos, que aguas abajo venían ahuyentados a propósito, por uno o varios pescadores, chapoteando y haciendo ruido con ramas y palos, a caer directo en un canasto grande, tapado con ramillas de chilca, por encima, para que no pudieran saltar, situado dicho canasto, debajo del extremo final del canal en forma de desagüe. Con ese sistema, inventado a saber por quien, se cogía buena cantidad de peces y moluscos en un ratito. SECA DE BRAZOS. Otra forma de pesca en anteriores tiempos, era la de secar “brazos” o pequeñas ramificaciones de los ríos, especialmente del Motagua, para lo cual, se ponía una barrera de palos, piedra y arena, río arriba, a efecto de desviar el paso momentáneamente del agua, de dicho ramal, que se encausaba al río principal, casi secándolo, quedando los peces como consecuencia, al descubierto, brincando en los charcos que quedaban, tapando también aguas abajo, para evitar se los llevase la corriente, de tal manera que resultara fácil ser atrapados; que conste, que era una maniobra rápida, pues inmediatamente se liberaba el agua hacia su curso normal, para proteger a los pececillos pequeños que no interesaban. Otra forma era la de puyar y desarmar ramazones dentro del agua, con atarrayas tendidas a su alrededor, especialmente cuando el río estaba turbio y al botar el tendido y recoger la atarraya, ésta casi siempre, venía llena de buenos peces. Era una bendición. INFORMACION DE UN VISITANTE. Aún cuando no tiene relación directa, con el presente capítulo, la trascripción que sigue, pero tal vez en parte, sí, por referirse en parte a los recursos naturales de nuestros ríos y por haber sido el terruño en aquel tiempo, dependiente de San Cristóbal Acasaguastlán, y dar referencias positivas de la región; por la admiración que he sentido siempre por la madre naturaleza, incluyendo los ríos y nuestra fauna, así como mi afición por la pesca, mi deporte favorito, e ilustrar mejor lo escrito, es mi deseo incluir los siguientes párrafos que escribió en su libro titulado “Nueva Relación de Viajes por la Nueva España” el cura Irlandés Tomás Gage, sobre sus vivencias, a su paso por estos lugares, allá por los años 1640, que textualmente dicen: “quince leguas más allá (viniendo del Golfo para Guatemala) hay un pueblo de indios llamado Acasaguastlán que está situado a la orilla de un río que pasa por uno de los más abundantes en pescado. Aunque hay muchas clases de éstos, sobre todo hay uno llamado bobo que es redondo, muy grueso y largo como el brazo, no teniendo más que una espina en el medio; es extremado blanco, gordo y excelente para ser cocido, frito, asado y compuesto de cualquier manera. También se encuentra en los riachuelos y pequeños ríos hacia Guatemala, el mejor pescado del mundo, que los españoles dicen ser una especie de trucha llamado tepemechín cuya manteca parece más bien de becerro que de pescado”. “El corregidor de este pueblo de Acasaguastlán es un español cuyo poder no se extiende más allá del Golfo. Este Gobernador ha hecho cuanto ha podido para concluir con los negros cimarrones de la montaña, pero no ha podido conseguirlo”. “En los alrededores de Acasaguastlán se encuentran varias haciendas donde se crían gran número de bueyes y mulas, recogiendo al mismo tiempo mucho cacao, achiote, y otras varias drogas de que se sirven los boticarios como la zarzaparrilla y cañafístula, encontrándose en los jardines del pueblo gran diversidad de frutas como no se hallan en otros sitios habitados por los indios”. “Sobre todo lo más apreciable de Acasaguastlán en la ciudad de Guatemala, son sus excelentes melones, algunos tan grandes como la cabeza de un hombre…Los habitantes cargan las mulas de ellos y los mandan a vender a varios sitios”. Se refiere el transeúnte Gage a las

48 sandías y melones criollos, super olorosos y deliciosos, que se cosechaban antes y que casi ya no se ven por estos lugares. COMENTARIO. Me imagino que el viajero Gage se refiere, bien, al pueblo que hoy es San Cristóbal Acasaguastlán, que estaba a la vera del camino, en aquel tiempo llamado del Golfo, hoy buena parte de la carretera al Atlántico, o al de San Agustín Acasaguastlán, que también está situado a la orilla del río Lato, en donde residía el Corregidor. Don Mateo Morales Urrutia, autor del libro que contiene la división política y administrativa de la república de Guatemala, con datos históricos y de legislación, tomo I, dice que “San Agustín de la Real Corona era la capital del partido de Acasaguastlán y residencia de los corregidores y Cabeza de Curato”. Sin embargo, el historiador Fuentes y Guzmán, en su libro Recordación Florida dice “San Cristóbal Acasaguastlán es el asiento inmemorial y cabecera antigua de sus corregidores desde el año 1551, en que tuvieron mejor y más acertado establecimiento estos partidos, así en los términos de sus confines para obviar la competencia que podía nacer de los jueces…Es también cabecera de uno de los dos curatos que obtiene el clero en este corregimiento, y el uno se compone con otros de este pueblo de San Cristóbal Acasaguastlán”. IDEA. Mi opinión al respecto, es que, San Cristóbal Acasaguastlán, fue el primitivo asiento o cabecera del corregimiento, tal lo demuestra claramente la presencia de su majestuosa iglesia colonial, estilo barroco, en ruinas, -remozada varias veces en los últimos tiempos-, pero después, determinado corregidor por conveniencia, con autorización de la Corona, por supuesto, lo traslado muchos años después, a San Agustín Acasaguastlán, posterior al viaje por estas tierras, del cura Fuentes y Guzmán, me imagino que para evitar tener que viajar el corregidor diariamente a lomo de mula de su residencia, a la sede capital, San Cristóbal, cinco kilómetros de distancia a lo sumo, llevándose prácticamente el despacho a su propia casa, a su estancia o hacienda situadas en esa localidad, pues éstos eran los dueños y amos de lo más granado de las tierras de la región, dejando en el olvido la riqueza histórica de aquél primitivo poblado, porque de otra manera, no hubiera recibido este último, el título de San Agustín de la Real Corona, conferido por los reyes de España. Lo anterior evidencia en consecuencia, que el Corregimiento tuvo su cabecera en los dos lugares que constituían el área de Acasaguastlán, primero en San Cristóbal y luego en San Agustín, pero aquel siguió manteniendo la jerarquía católica en el territorio inicialmente asignado a su jurisdicción, por algún tiempo después, aunque el corregidor residiera en el segundo pueblo. Ideas tales, que me permito externar, por lo apasionante del tema, porque ¿quién no quisiera hoy saber la realidad acerca de esos hechos?, y porqué de alguna manera están relacionados con la historia de estos pueblos hermanos, que es también la de El Jícaro, por los lazos físicos y humanos que por naturaleza nos han unido íntimamente, porque de ellos provenimos como comunidad dependiente, en grado ascendente, desde el paraje, finca, caserío, aldea, hasta alcanzar, en hora buena, con el tiempo, el título de municipio independiente y autónomo, gracias al esfuerzo de sus habitantes y el desarrollo logrado, pertenecientes antaño al vasto e importante Corregimiento de Acasaguastlán; institución regional, vale la pena recordar, desde donde se gobernaba el enorme territorio nororiental del país, se vigilaba y protegía la soberanía de la colonia en ese entonces, ante las constantes incursiones de los piratas de ultramar, que asaltaban el transporte marítimo y no solo eso, incursionaban en tierra firme, a robarse nuestras riquezas, y era de esa autoridad, precisamente, de donde emanaban las ordenes y se apoyaba a los funcionarios del Castillo de San Felipe, que era en esa época, por así decirlo, la “Base Naval del Atlántico”, como lo fue después el corregimiento de Chiquimula de la

49 Sierra, cuando ese lugar, con el tiempo, cobró importancia política, pero inicialmente lo fue Acasaguastlán, como punto estratégico geográfico para controlar el océano atlántico. OTRA OPINIÓN. Sobre el nombre de Acasaguastlán, así como suena, tengo las dudas e impresiones siguientes: 1. Que tal designación no es la original, sino que el verdadero nombre, se deformó por errores humanos con el tiempo, como suele ocurrir comúnmente en estos casos, tal el apelativo real de nuestra República, que posiblemente de un bonito y significativo nombre aborigen, “Coactemalán” o “Guatemalan”, por ejemplo, cuya etimología se desconoce, derivó en el de Guatemala, que dicho sea de paso, sus dos últimas sílabas (mala) le afean y le dan un aspecto negativo por cierto, lo cual precisamente, por no tenerse el cuidado de pronunciar correctamente los nombres, ya sea por ligereza, por pereza y falta de cultura o por capricho de autoridades, pero en resumen: por irresponsabilidad e imposición de la costumbre, de los hispanohablantes. En el departamento de San Marcos, valga otro ejemplo, por decreto, ladinizaron los nombres y apellidos de los indígenas, se supone, por no serle cómodo a los españoles y a los criollos pronunciar las palabras aborígenes, un tanto difíciles por cierto; 2. Que el nombre primitivo del lugar, eventualmente fue “Guastlán” o “guaxtlán” convertido así de nombre simple, en compuesto, por tres elementos notorios, a saber: por la preposición “A”, el sustantivo “casa” y el nombre propio “guastlán” o “guaxtlán”, las dos primeros vocablos “A y “casa” de origen español y la última “guastlán” o “guaxtlán”, de la etnia criolla, que existió antiguamente en esta región; 3. Que tal deformación con el tiempo, haya tenido lugar así, por ejemplo: a alguien le preguntaban a dónde vas Juan y la respuesta era “A” preposición indicando dirección; “casa”, sustantivo indicando lugar y “guastlán” o “Guaxtlán”, el nombre propio del lugar, o dicho de otra forma: vamos a-CasaGuastlán, y de esa manera se integró, el nombre actual de Acasaguastlán, al unificar las tres partes de la oración mencionadas; 4. También porque Acasaguastlán, antes de ser corregimiento, pudo haber sido una de esas “Casas” que los españoles establecían en algunos lugares, en este caso, en el poblado o asentamiento Guastlán o Guaxtlán, para prestar servicios públicos o particulares, de menor categoría por supuesto, que los corregimientos, con funciones comerciales, de aduanas y algunas otras atribuciones menores, propias de gobiernos locales y, desde entonces, se le llamó “Casa-Guastlán” sin la “A”; 5. O que después de haber sido trasladado el corregimiento a Chiquimula de la Sierra, como en efecto lo fue, esa plaza se quedó simplemente como “Casa” ubicada en Guastlán, ya sin las funciones de corregimiento y se le nombraba: ”Casa Guastlán” o “Casa Guaxtlán”, y al surgir la pregunta a dónde vas, Juan, se le agregaba la A, preposición que indica lugar y se formó: A-Casa-Guastlán o Guaxtlán” . 6. En razón así mismo, de que “Casa”, en tiempos de la colonia, era una especie de institución que prestaba algún servicio, (religioso, administrativo etc.), pero en definitivo, algo representativo, tal el caso de la “Casa Guastatoya” que antes existió, de la que hay evidencia por el famoso “Vaso de Guastatoya”, en exhibición en un museo extranjero; la “Casa Santo Domingo”, de Antigua Guatemala, convertida hoy en museo-hotel, “Casa de la Moneda” y “Casa Consistorial o Ayuntamiento”. Por lo que se advierte, que “Casa” tuvo su significado en la época colonial y antes de ello, en la propia España, tal, la Casa de la Contratación de Sevilla y que tal Institución es previo al de corregimiento y de menor categoría; 7. Por lo anterior, deduzco que, primeramente el lugar se llamó “Guastán”, “Guastlán” o “guaxtlán”, simplemente, nombre asignado por los aborígenes; que con la llegada de los españoles se estableció

50 allí una Casa de servicio público, y luego unidos los dos nombres y antepuesta la preposición “A”, por el fenómeno dado, se le llamó “Acasaguastlán”, su nombre actual, reconstruido; 8. Que Incluso, el de “Guastlán”, puede no ser el verdadero y haber variado, con el de “vastran”, “Guaxtlán” o “Guaytan”, último por las ruinas de este nombre, situadas allí cerquita o a la inversa, asumiendo que en esta zona existieron los señoríos o etnias: “Vastranes”, “Guaxtlanes” o “Guaytanes”, según historiadores; y, 9. En ese mismo orden de ideas y tomando en cuenta los antecedentes históricos de nombres, bien pudo haberse llamado, ya en tiempos de la colonia: “Acasavastrán”, “Acasaguaytan” o “Acasaguaxtlán”, pero con el tiempo se cambió al de “Acasaguastlán”, por el mismo error y descuido, pero en todo caso, la alteración tuvo efecto después de la conquista. Algo de lo anterior lo confirman los mapas sobre América Central levantado por el inglés John Bily en 1837, contratado por el gobierno de Nicaragua para la posible construcción de un canal entre el pacífico y el atlántico, y el mapa oficial de Guatemala de 1826, en los cuales, las áreas o territorios que hoy conocemos como San Agustín y San Cristóbal Acasaguastlán, solo aparecen como “Casaguastlán”, sin la “A” antepuesta. No obstante, la idea anterior o comentario, queda automáticamente sin efecto, en el caso de que el nombre primitivo original del lugar haya sido: “Acatzauastlan”, con “t y z”, con sonidos de voces primitivas originales, como sostienen algunos historiadores, pues a simple vista, su escritura, denota raíces de lengua aborigen, más no, Acasaguastlán, que lo es españolizado, deformado ya. ¿No le parece lógico este rollo, estimado lector?. Pero si acaso, mi pensamiento no coincide con el suyo, por lo menos, ya entretuve mi mente tratando de comprender este controvertido pero significativo nombre. Sin embargo, el Oidor de la Real Audiencia de Guatemala, Licenciado Palacios, en su informe al monarca español de turno, de fecha 8 de marzo de 1576, anotó que en el valle de “Hacacevastlán”, voz nahual, se hablaba la lengua “Tlacacebastleca”, en cuyo caso, es posible que el nombre solo se haya deformado con el paso de los años, pues fácilmente el nombre antiguo así escrito, se asemeja al de “Acasaguastlán”, de hoy, pero sin la “H” al principio, pero de todas maneras el nombre está deformado. CONTAMINACIÓN. Siguiendo con las referencias de grandeza y admiración que hace Tomás Gage en su relato bien definido, de su paso por esta región, de la abundancia de peces y del agro, la realidad del río Motagua y sus especies, hoy día, sea otra, casi de extinción, debido para mala suerte, a la funesta contaminación de sus aguas, por las substancias químicas que empresas de toda índole que operan en la ciudad capital y lugares adyacentes, hacen llegar a su cauce, por intermedio de ríos menores que son sus afluentes, especialmente el de las vacas, que va cargado de materias toxica a lo largo de su cuenca, convirtiéndolo en una potencial cloaca de la urbe. A lo anterior, se une el problema del embalse, de una hidroeléctrica, a la altura de Chináutla, movida por las aguas del rio las vacas, que constantemente abre sus compuertas hacía el Motagua, descargando gran cantidad de desechos sólidos acumulados, convirtiéndole prácticamente en fango, contaminando inmediatamente sus agua, provocando con ello el envenenamiento y muerte de muchas especies, algunas ya extinguidas o a punto de serlo. Además los sistemas de irrigación de terrenos a lo largo de su recorrido, tanto por gravedad, como de bombas eléctricas, que han proliferado en los últimos tiempos, utilizando en forma desmedida las aguas del río, lo que ha mermado su caudal y los malos inviernos, que han contribuido a mantener latente el problema, causa de la desaparición de cocodrilos y los juguetones perros de agua, especie de nutria, que abundaban hace algún tiempo y que el autor de este libro, junto con compañeros de pesca, recuerdo a Exequiel

51 Barillas, cogió más de uno de esos vivarachos ejemplares, allí cerquita, en el remanso de los “lirios”, seguido de la corriente de los “bobos”. INCONFORMIDAD. Pregúntese el estimado lector: ¿Será justo que para provecho de unos cuantos ricos, dueños de empresas, las mayorías extranjeros, culpables directos e irresponsables de la contaminación de los ríos,- padezcamos nosotros, millones de guatemaltecos pobres, que necesitamos de esas fuentes límpidas y cristalinas que nos provean de abundantes peces para surtir nuestras necesidades?, ¡Caramba!, No. Ya es hora que los organismos competentes del Estado, pongan coto a esa ilegal e inhumana forma de actuar, creando efectivas políticas de salubridad, ordenando a los propietarios de fábricas, la inmediata construcción de sus plantas de tratamiento y de tal manera, al no haber contaminación, nuestro río vuelva a ser majestuoso, con sus aguas puras y transparentes y recuperar la crianza de peces, sus antiguos balnearios y lugares turísticos, tal vez ya no la poza del zarco ni del remolino, por ser parte del pasado, pero cualesquiera otras en sus amplias riberas. LUGARES DE PESCA. Buenos puntos de pesca a lo largo y ancho del río, eran las corrientes de los “cobanes”, llamada así por haberse ahogado allí, varios indígenas originarios de Cobán, Alta Verapaz. arrastrados por la corriente, cuando pretendían pasar al otro lado, con sus cacastes a memeches, creyendo que había vado, en fila, agarrados de la mano, como costumbre de protección y solidaridad, que venían a hacer negocios como de costumbre por esta región; la de los “bobos”, “la del rastro”, enfrente del pueblo” y la de “guisajo”, abajo, así como las pozas de El “remolino” y el “zarco”, seguidas de varios remansos, regularmente hondos, en donde merodeaban manchas de quisque, guabinas, machacas y lishones. TRISTEZA. Se añoran esos tiempos de abundancia, jolgorio y correrías por nuestro rio, que nos brindaba la oportunidad de comer pescado fresco, cuando se nos antojaba, y seco forrado, para los días de la Semana Santa, cuyas pescas colectivas se preparaban con anticipación, a fin de que llegada el momento, tener abasto para cumplir esa rica antigua costumbre. Y, ¿ahora qué?....es una verdadera lástima, pues Tapexco en medio río, Tono Casasola, recogiendo pescados. este sano deporte practicado por el vecindario, utilizando para su realización: anzuelos, atarrayas, tapesco, canasto y hasta cueveado, ha ido desapareciendo, pues antes, diariamente, se observaba a lo largo del rio o en la poza del “zarco” a buena cantidad de personas cogiendo peces en cualquiera de las formas acostumbradas, para sus apetecidas comidas y el pequeño comercio local. CHINCHORROS. Se hacían chinchorros que consistían en tender varia atarrayas, quince más o menos, una entre dos pescadores, todos de acuerdo, uno titular y el otro ayudante, extremo de la misma cada uno, formando fila de frente, hasta cubrir el ancho del rio y arrastrar aguas abajo las redes, a efecto de que los peces, que regularmente huyen río arriba, se embolsan y luego de la botada, que significa soltar las puntas y luego recogidas las atarrayas, casi segura buena cantidad de peces cogidos, de distintas clases y tamaños. En uno de esos lances, a mi hermano Beto, que era mi compañero de al lado, cuando vaciaba la atarraya que sacamos repleta de quisques, a la llegada de un tapesco alimentado por una fuerte corriente que impedía a uno mantenerse parado, por esa dificultad, una de las tremendas espinas

52 aserradas de uno de esos peces, se le incrustó profundo en una de las manos, pero no habiendo otra manera para solucionar el problema de momento, se le destrabó de un solo jalón, ante el dolor y sangrado que le provocó, aplicándole enseguida una buena capa de ceniza de cigarro sobre la herida, como curación casera, aconsejada por todos los del grupo pescador, lo cual no fue óbice para continuar el chinchorro. Lo alegre de esas pescas colectivas, eran los almuerzos a medio día, en la ribera del río, bajo la sombra de frondosos jaguayes y sauzales, convertido el momento, en un alegre día decampo, pues aunque cada quien llevaba su bastimento, era costumbre que cada uno de los pescadores, pusiera un puñado de pescados, para hacer el sustancioso caldo para todos, espesado con su propia gordura, especial de guabina, huevas y menudos, condimentado con una rama de apazote, del que se da silvestre en la playa, tomates y chiles pimientos que se pasaban jalando de los tomatales de las vegas, en olla gigante que se llevaba, el cual era preparado por los traperos, sin faltar alguien que para completar y calmar la gazuza, tiraba uno o varios pescados con todo y tripas sobre las brazas para comerlos asados y si había un aperitivo de por medio, mucho mejor La jalada como se dice en la jerga de la pesca, la iniciábamos a veces, a la altura de El Paso de los Jalapas, río abajo, hasta guisajo, bajo el ardiente sol tropical, pero con muy buenos resultados, pues casi siempre traíamos las shucutas repletas de los mejores peces, que compartíamos en partes iguales a la orilla del río, luego de darla la suya al trapero, lo suficiente para disfrutar. Algunos, como Chequel Barillas y Alfredo Vargas se cobraban la parte de su atarraya, cosa que no gustaba a muchos. Habían buenos atarrayeros solo de chamarra, de los Bordos, Espíritu Santo y de esta localidad, pero los famosos chinchorreros eran los Malena y Bordeños que sacaban el pescado de lo más profundo de las pozas y fuertes corrientes, pescadores que regularmente fabricaban sus redes para participar en esos eventos inolvidables, pero los más famosos, de años atrás, lo fueron Chindo Gutierrez e Higinio Moscoso. En los ajetreos de la pesca, no hay situación más difícil para un pescador, que se trabe el anzuelo o la atarraya en una piedra o ramazón en la profundidad de las aguas, pues es preciso hacer la de buzo para ir a destrabarla con mucho cuidado, para evitar daños en las redes o dejarlas sumergidas para siempre, si no se sabe nadar o se está familiarizado con esa actividad, como ha pasado a muchos. ANÉCDOTA. De ese quehacer se comenta algo simpático, y es que, los desagües de la población en su desembocadura en el río Motagua, formaban antes, no sé si ahora, un albañal o especie de laguna llamado El Chorrito, en donde proliferaba una abundante crianza de peces bien robustos, de varias clases, unos enormes guapotes y filines, claro, bien dados por su alimentación, rica en proteínas, lo que animó a una familia pobre, de pescadores de Espíritu Santo como trabajo de subsistencia diaria, a la idea, pero de escondiditas, para ir a cogerlos fácilmente y, luego, ofrecerlos en venta sigilosa en la población, de casa en casa, con una pisca de picardía por supuesto, a bajo costo la libra, cuya oferta aparentemente halagüeña, por el precio, la ”calidad” y apariencia fresca y llamativa de los peces que todavía movían las agallas rojas como acabados de atrapar, con el eslogan a manera de propaganda, de: “pescado fresco, vitaminado, omega 3”, que gritaban a todo pulmón, dicha oferta era siempre pan caliente, pues luego se agotaba la existencia y aún más, la gente les hacía encargos especiales a los vendedores para enviar a parientes fuera del municipio, sin percatarse los vecinos de su procedencia: peces caqueros, criados y pescados en la cloaca del pueblo, hasta que alguien de los que conocen de esos asuntos, se dio cuenta, se atrevió a dar la voz de alarma y se armó el vergoloteo, siendo por ello, que muchos de los incautos como la gran diabla, refunfuñando por la baboseada de que venían siendo objeto, con muecas de asco decían “guacatelas”, escupiendo en el suelo, dejaron

53 por ello de comprarlos, no sin antes proferir tamaña maltratada a los inteligentes vendedores, pero algunos inescrupulosos, no obstante, sabiendo de lo inocuo de los peces así alimentados, con heces fecales, los siguieron consumiendo y hasta motivados para ir a pescarlos personalmente. LOS CHAPUZONES. Agradable de recordar, eran los puntuales chapuzones en las pozas de “ El zarco” y la “cadena”, así llamadas, en el río Motagua, porque la del “remolino” quedaba bastante lejos. Todas de regular profundidad, la primera de más de cinco metros, en la cual, por la transparencia del agua, se podía observar a simple vista, los cardúmenes de peces de varias clases, moviendo agallas, cola y aletas en busca de alimento, confundidas entre los bañistas en franca camaradería. Las mansas lishas y lishones limpiadores, curiosamente mordisqueando nuestra piel, intentando quitar a manera de limpieza gratuita, las células muertas, a cambio para ellos, de esos deliciosos bocadillos que arrancaban de nuestros cuerpos, lo mismo que a las lavanderas del río, hasta el fastidio. En la del zarco, merodeó por muchos años, como cómodo escogido hábitat, un enorme sábalo que jugueteaba coleteando a la vista y distracción de todos los presentes, hasta que Chico el heladero, creo de apellido Ramírez, un hábil pescador local, con buena vara, especial anzuelo y llamativo bocado o cebo, lo atrapó; y en los talpetates de en medio de la poza y de al lado, en la orilla, los pescadores de anzuelo con sus varitas de chimilile, haciendo de las suyas cogiendo tremendas “cacanas”, así llamadas las pepescas grandes, con bocado de masa de tortilla caliente, surupes descuartizados o con larvas de panal de abejas o solo cordel en mano, con peso de plomo adherido, para sacar filines y guabinas del fondo, y más allá, en la cabecera de la corriente, unos cuantos pícaros pescando con cebo de bodoques de caca seca, para agarrar machacas y venderlas en el pueblo al mejor postor, según decían sarcásticamente, y en ciertos lugares, no tan lejos de ese sitio, los cocodrilos identificados con los bañistas, asoleándose sin recelo en la playa, en el medio día, los que al ser molestados por gente traviesa, solo daban la vuelta para introducirse de nuevo en el río. En estos balnearios naturales, nos reuníamos la muchachada después del medio día, para disfrutar de sus frescas aguas y nadar hasta más no poder, en el verano caluroso, así como apostar quien de los participantes permanecía más tiempo bajo de aguas, sin respirar, en las que no faltaban la buenas amigas nadadoras del sexo débil, chingando metidas hasta las narices entre los hombres, con todo respeto por supuesto, porque hay de aquel que se atreviera a tocarlas, que de pronto recibía su merecido; momentos agradables e imborrables, que aprovechábamos también para practicar cualquier clase de emotivos juegos acuáticos: los famosos clavados, usando como trampolín lo más alto de los barrancos y la copas de los árboles, sauces y capulines que allí existían, paradillas, la shuca, encontrar el huevo, que consistía en tirar una piedra blanca en lo más profundo de la poza, para que alguien la buscara con los ojos abiertos y la sacara, etc., incluido el palo encebado a medio río en tiempo de feria; de suerte que algunos traviesos, como actividad extra, aprovechábamos para sacar tremendos filines y mojarras, cangrejos y camarones de debajo de las piedras o talpetates, para saciar nuestro apetito voraz, de regreso a casa, tostados por el sol. DÍAS DE CAMPO. Muy alegres eran también, los días de campo familiares que se realizaban en sus riberas, bajo la tupida selva de frondosos sauzales y bellas arboledas de chilca y sombríos jaguayes, para degustar el caldo del pescado que se cogía o de gallina criolla que se llevaba, sin faltar las sabrosas hamacas, los aperitivos y de repente, la guitarra de Carlos Carcache y sus canciones, acompañando, en medio del jolgorio que animaba el momento campestre y las alegres noches de

54 tapesco en grupo que se hacían para disfrutar el pescado que en los mismos se atrapaba, complementado con las pescas nocturnas con las atarrayas, para ajustar el caldo. Se recuerdan también las apuestas de algunos atrevidos, de cruzar el río cuando más crecido estaba en invierno, simplemente por el deseo de competir, siendo campeones para ello, Luis Chacón, César Rodas, René Noguera, Alfredo Ortega y otros. Una costumbre admirada por el peligro que representaba, era la de halar con fuertes garabatos hacia la orilla, los maderos para usos domésticos, que traían las crecidas aguas del río en invierno, a lo largo y a su paso por la población, pero especialmente en el recodo que se formaba en la poza del “zarco”, dándose casos de algunos inexpertos, que en vez de halar, eran halados por los pesados trozos, hacia la turbulencia de las aguas, pero como sabían nadar, como que si nada hubiera pasado, salían aguas abajo, sanos y salvos, con más ganas de continuar la tarea de sacar leña, que conste que casi toda la gente de la vera del Motagua sabe nadar y están identificados con los peligros del río, desde muy niños. Pasados los aluviones invernales, el río queda casi siempre, tapizado de enormes árboles muertos, trabados entre las rocas, en el centro y en ambas orillas, cuyas ramazones sirven de refugio de peces y culebras, pero a la vez, son aprovechados por los vecinos, para utilizarlos como leña. ESCASES DE ESPECIES. De todas maneras, es preciso reconocer, que la precaria existencia de nuestra fauna, se debe a la cultura de exterminio que hoy día corroe a la humanidad, de matar por matar o la caza despiadada con destino al comercio ilícito, pues sabido es, que muchas especies de pájaros e iguánidos son capturados y llevados al extranjeros para venderlos como mascotas, sin cultivarlas y aplicar vedas para fomentar su crianza, a excepción de unos pocos ciudadanos que han puesto su interés por la preservación de la especie y del medio ambiente, teniendo también parte de culpa la contaminación por las fumigaciones sin control de insecticidas en los cultivos agrícolas que envenenan los alimentos de esos animales. Idéntica situación ha ocurrido con nuestra flora, pues la mano del hombre con su ignorancia la ha depredado. CAPITULO V POBLACIÓN Y ETNIAS POBLACIÓN. A efecto de poder hacer una comparación del movimiento vegetativo de la población, conviene repetir, que el número de habitantes, según el censo de población practicado en el año l95O, por la Dirección General de Estadística, fue de de 4,341: 2,O85 sexo masculinos y 2,256 femenino, pero el estudio realizado pocos añoso después por el servicio de Malaria de Sanidad Pública, con motivo de la letrinización del municipio, contabilizó 5,176 en total, según datos de la Municipalidad. Sin embargo, de acuerdo con el último Censo de Población del año 2002, del Instituto Nacional de Estadística, el total de habitantes es de 10,685: 5,237 hombres y 5,448 mujeres, observándose un crecimiento considerable, constituido por la explosión demográfica natural y de algunas migraciones que han venido a engrosar el número de pobladores. Un estudio de caracterización del departamento de El Progreso, efectuada por el gobierno, le asignó al municipio una proyección de 12,084 individuos para el 2009, pendiente de comprobar, de tal manera que el ritmo de comportamiento o densidad poblacional, se observa acelerado; con el presentimiento de que el número de pobladores pudo haberse abultado, con el avecindamiento de personas de otros municipios, para inflar el padrón electoral y votar en este municipio, a favor de determinada Municipalidad, como se ha acostumbrado últimamente en Guatemala, por políticos marrulleros.

55 RAZA. Probablemente, antes de la conquista, la región del valle del Motagua, fue ocupada por etnias pipiles de raíces amerindias mexicanas, mames y quetchíes, a juzgar por las lenguas dispersas y en decadencia que se hablan todavía en algunos lugares de Chiquimula y Jalapa, Tobón, como ejemplo, ancestrales vecinos nuestros y, extinguida, hace apenas menos de un siglo, en San Agustín Acasaguastlán de la Real Corona, de las cuales se derivó una mezcla que los estudiosos del tema han llamado Alaguilac, prístinas culturas lastimosamente desaparecidos, dejando como legado para unos y recuerdos para otros, su heroísmo, solidaridad, palabras de sus dialectos, incluidas en nuestro regionalismo y aún en el propio español, así como algunas costumbres de tipo alimentario, como los atoles, llamados “shuco” y el “chilate”, así como la embriagante “chicha”, el chocolate rústico, en bola o marqueta y los famosos: “tayuyos”, “tashcales”, “ticucos”, “pishtones”, “tamales”, ”memelas” y “totoposte” tan deliciosos, ¿verdad?; objetos de uso doméstico como el bucul, el tecomate, la tinaja, la piedra de moler, el matate o shucuta, el guacal, el tol, la siembra del cacao y el achiote y la elaboración del producto para su comercialización, etc. Algo que se ha podido observar en este tema, es que algunas palabras básicas de esos dialectos y en general de los que se hablan en Guatemala, como frijol, maíz, chile etc., se pronuncian y significan lo mismo, por lo que es de suponer que en una época de la historia era una sola lengua o dialecto dominada por esas razas, deformada con el transcurso del tiempo. Otro legado es la implementación de la siembra del palmo y el arte de fabricar sombreros, del cogollo de esa planta, secado al sol, y preparadas las hebras previamente, para el tejido, usando como modestos herramientas de trabajo: una pequeña tabla con un hoyo al centro, especie de horma para la formación del ala y la copa y una aguja de wiscoyol para el entretejido, por habilidosas manos de los artesanos, siendo hasta hoy día parte de la economía doméstica, cuyo trabajo se hace regularmente en familia, así como la fabricación de petates. Ahora, para bien o para mal, somos todos los habitantes mestizos o ladinos descendientes de aborígenes y españoles, en mayoría, ajenos, con muy raras excepciones, a la discriminación, pero al fin y al cabo, humanos todos, que amaron y amamos nuestro terruño. VESTIGIOS DE CULTURA PRIMITIVA. Según estudio realizados por el Arqueólogo Oswaldo Gómez Barillas, se han encontrado en el municipio, en la superficie y subsuelo, huellas arqueológicos de culturas prehispánicas, descendientes de los Mayas, consistentes en montículos o entierros bajo tierra, que esconden regularmente vestigios importantes para su estudio, de herramientas de labranza, de cocina y de uso personal, hechos de jade y obsidiana, en diferentes sitios, entre los ríos El Tambor y las Ovejas y en el Paso de los Jalapas, 13 en total, paralelos al río Motagua, cuyos cauces servían a sus primitivos habitantes, como vía de comunicación, transporte y abastecimiento, a saber: Ananopa, Espíritu Santo, Los Bordos y el Taladro, cada uno dotado de su respectivo campo para el “juego de la pelota”; también La vega de las Ovejas, El Jabillo, El Tintero, El Jícaro, Ojo de Agua, El Guayacán, El Pino, Lodechina y Los Jalapas, todos puntos arqueológicos del municipio, testimonio de la cultura pre hispánica, ahora, casi destruidos, debido al vandalismo en busca de “riquezas” que se ha venido dando, y siembras agrícolas en sus espacios físicos; tema verdaderamente apasionante y, triste a la vez, por la falta de educación e irresponsabilidad de la gente al borrar para siempre del mapa, con sus actitudes, nuestra historia. ORÍGEN DE EL JICARO. No cabe duda, que la existencia de El Jícaro, como asentamiento indígena primitivo y aún como aldea o importante caserío ya en la época colonial, se remonta a muchísimos años, dado el privilegio de su área geográfica, situada entre tres ríos: Motagua, Tambor y Las Ovejas, por lo que su nombre bien pudo haberse sido nada menos que Entre Ríos, según mi opinión, ligado a varias cofradías católicas existentes en la época, con sus vecinos ordenadamente asentados en

56 sociedad, descendientes de familias de Acasaguastlán, que a su vez, lo eran de etnias primitivas y criollos descendientes de españoles, que se ubicaron aquí después de la conquista, mezclándose con los nativos del lugar y más de algunos de raza negros colados, que dieron origen el mestizaje que ahora nos identifica. Pero para ello naturalmente se tenía como patrimonio el terreno Las Anonas o sitio de Jesús, para el desarrollo de las actividades agrícolas, aunque mucho antes el territorio fue asiento de pueblos o tribus indígenas perfectamente organizados, en referencia de los vestigios encontrados. TERRITORIO PRIMITIVO. Por algunos antecedentes conocidos, se supone que Inicialmente, pasada la conquista, lo que ahora es territorio de El Jícaro, estaba constituido por cuatro o cinco grandes parcelas, comprendidas desde el filo de la montaña del Merendón, en forma transversal, hasta el río Motagua, de sur a norte, otorgadas a determinadas personas, a manera de compensación por servicios prestados, posiblemente milicianos, funcionarios o simples allegados al poder público del Corregimiento jurisdiccional, por mero favoritismo, clientelismo diríamos hoy, tal se acostumbraba en tiempos de la Colonia, o sea, los famosos repartimientos y encomiendas que incluían la dotación de un número indeterminado de aborígenes para el trabajo y la explotación, como esclavos, divididas las porciones por mojones naturales: quebradas, vericuetos, callejones de acceso, árboles grandes visibles y algunas cercas, las cuales se localizaban así: 1. Terrenos bajos y altos, desde el río El Tambor, todo lo que es el sitio de Jesús, montaña y llanos, controlado inicialmente por la Iglesia, por delegada autoridad, residente en un convento que existió en la comunidad Las Anonas, utilizado para astillero, faenas agrícolas y ganaderas para poder satisfacer necesidades alimentarias de granos básicos, lechería y sus derivados, extendiéndose al arrendamiento de pequeñas extensiones a cofrades para los mismos fines, con pago de rédito de la propia cosecha, convertido el terreno después, en área comunal; 2. Lo que abarca ahora la hacienda el Tintero hasta el río Las Ovejas, explotada por particulares; 3. La finca Las Ovejas y sus alrededores, trabajadas también por concesionarios y dependientes y 4. En donde ahora se ubican los terrenos de El Paso de los Jalapas y caseríos de la serranía, y alguna otra en las inmediaciones, últimas que en un tiempo fueron del municipio de Santa María Magdalena, siempre en el ámbito de Casaguastlán como era conocido este vasto territorio en ese tiempo, cuyos nombres de primitivos terratenientes se desconocen, las que naturalmente con el tiempo se fueron cambiando de dueños por abandono, fraccionamientos entre sucesivos propietarios, por diversas causas: herencias, donaciones y compraventas, aún cuando la parte baja del Sitio de Jesús hasta el Motagua fue cedida con el tiempo a vecinos cercanos o parientes del Corregidor o en el menor de los casos por denuncia de acotamiento de tierra, para su legalización por la Corona, en pequeños solares, incluyendo la formación de algunos asentamientos humanos, dentro de los que figuran Lodechina, Los Bordos, Espíritu Santo y la aldea El Jícaro, hoy nuestra cabecera municipal, cuando el territorio pertenecía al antiguo Casaguastlán, bajo la autoridad del corregimiento, mucho antes de la titulación del Sitio de Jesús a favor de la Municipalidad local, ya en la época Republicana, en la administración del entonces presidente Manuel Estrada Cabrera. SU EVOLUCIÓN. Sin embargo, existe el presentimiento, que el lugar cobró forma, con la adquisición de la hacienda El Tintero y, con la presencia en su suelo, por la década de los años 40 del siglo 18, de sus propietarios: José María Pinto y los hermanos Arturo y Samuel Ramírez, según parece, parientes por afinidad entre sí, procedentes de Quezaltepéque, Chiquimula, de donde eran originarios, los dos primeros dueños de la misma, haciéndose acompañar de varias personas, entre parientes y trabajadores, que vinieron a inyectarle más presencia a la comunidad, prácticamente a hacerla más próspera, con la creación de un nuevo asentamiento en la parte oeste de la población, que con el

57 tiempo se convirtió en lo que actualmente son los llamados barrios Estación y la quebrada, espacio en donde ubicaron a sus acompañantes junto a otros lugareños criollos, lo cual generó indudablemente el desarrollo de nuevas varias actividades, o las tradicionales, pero en grande, que incluían la siembra de caña de azúcar, jiquilete y la ganadería. Se sabe de buenas fuentes de vecinos de antaño, valga la tradición oral y de algunos herederos, que la colindancia de dicha finca por el lado oriente, lo era desde el cerro denominado “El Talquezal”, en línea recta al río Motagua, pasando por los puntos conocidos hoy como: propiedad de de los herederos de Leopoldo Juárez, bajada de Buenos Aires, callejón de Placido Saavedra, estación del ferrocarril, a caer a la casa de los herederos de Baltasar Rivas o sea la primitiva aldea ya existente, se repite, al oriente, hoy barrio El Centro, que abarcaba también, el de vista bella, los más antiguos del pueblo; de tal manera que, el asentamiento que se menciona promovido por los dueños de El Tintero, fue un ensanchamiento de la anterior, como lo fue el barrio Buenos Aires después, para completar la actual cabecera municipal que hoy tenemos, pudiéndose decir entonces, que El Jícaro mejoró su desarrollo a partir de la llegada de aquellos personajes, a través de la hacienda El Tintero. Se sabe que don Samuel, hermano de don Arturo, con tragos entre pecho y espalda, la emprendía constantemente contra la autoridad local, por diferencias de poder, haciendo disparos de escopeta, directos a la casa de gobierno municipal, desde la casa patronal de la finca, situaciones que no trascendían por la amistad de la familia con el gobernante de turno, Manuel Estrada Cabrera. SECIÓN DE TERRENOS. Se supone, que fue Arturo Ramírez, con la venia del coheredero principal, José María Pinto, quienes cedieron a título gratuito, esa buena parte de terreno a los nuevos vecinos, hipótesis a la que se arriba, por la amistad y familiaridad que vinculó a los hermanos Ramírez, con vecinos de estos lugares, pues aún cuando don Arturo era casado con doña Dolores Sosa Barillas, quien ya tenía a su hijo Arturo de sus apellidos, cuando vinieron por estos lares, dichos señores mantuvieron nexos sentimentales con damas de la localidad, siendo así que por el lado de don Arturo nacieron: Rubén, Elvira y Victoria Marín Ramírez, procreadas con doña Domitila Marín hija de Cruz Marín, bisabuela de Mario Marin y trisabuela de Arturo Rodas Oliva y, por el de don Samuel, hermano del anterior, nacieron: Rodolfo, Manuel, Emma, Julio y Juventina Castillo Ramírez, procreados con doña Dolores Castillo Gallardo; y porque Doña Lola, tía Lolita, como cariñosamente llamaban a la primigenia mujer de don Arturo (padre), se supone pariente de los Barillas del pueblo, que vinieron de Quezaltepeque. Esta distinguida dama, que se definía con toda precisión, como dueña también de la hacienda, no se sabe por qué motivo, abandonó la finca y se refugió en casa de los honorables esposos Venegas Gutiérrez, ascendientes de familias visibles actuales del pueblo, tal vez por familiaridad o amistad, en donde convivió por muchos años, hasta su fallecimiento, tras larga enfermedad y pobreza en la década de los 20 del siglo anterior, no obstante que su hijo Fernando Arturo Ramírez Sosa, se desempeñaba en importantes puestos de la administración pública, pudiéndose decir que la abandonó a su suerte, siendo inhumados sus restos, en el cementerio local. Se intuye entonces, que la parte baja y calles principales del caserío o aldea El Jícaro en aquella época, a partir del callejón de la estación, para el poniente, hasta el casco de la finca, ahora, fue cedida y ocupada por parientes, allegados y trabajadores de confianza de la familia Pinto-Ramírez, pues buena parte de esos solares pasaron a ser propiedad de los Venegas, Barillas, Marín, Franco, Ramos y demás personas cercanas, incluidas por supuesto algunas venta de sitios para otras particulares después. LEGALIZACIÓN DE DERECHOS. Los terrenos inicialmente obtenidos, de una u otra forma, por los antiguos habitantes del municipio, especialmente los de la población, fueron legalizados por el

58 Síndico Municipal de la época, en representación del Estado, Elías Saavedra Juárez, mediante escrituras públicas autorizadas por al abogado y notario designado José María Guerra, más o menos en el año 1931, durante la administración del ex presidente Jorge Ubíco. La finca El Tintero permaneció confiscada por algún tiempo, en los inicios de la administración del General Ubíco, posiblemente por represalia contra su propietario el ex presidente José María Orellana, de quien dicho sea de paso, aquel fue miembro de su plana mayor presidencial, siendo administrada durante el corto tiempo de confiscación, por Efraín Minera, hasta que fue restituida a sus legítimos propietarios, años después, incluyendo la finca El Zope, en Sanarate. NUEVOS VECINOS. Después de los anteriores movimientos, con la entrada del ferrocarril, por los años 1896 y 1908, El Jícaro con el transcurrir del tiempo, recibió un flujo que continuó por algunos años más, de inmigrantes de distintos puntos del país, especialmente de pueblos aledaños, que buscaron radicarse en su seno, en razón del desarrollo que se vislumbraba, como en efecto lo fue, aunque varios lo hicieron tiempos atrás, siendo así que se contó con la presencia de honorables familias como los: Barillas, Venegas, Marín, Morales, Orellana, Castillo, Gallardo, Juárez, Saavedra, Guevara, Casasola, Núfio, Loreto, De León, León, Pineda, Paz, Chávez, Matías, Orellana, Sandoval, Pinto, Bracamonte, Clavería, Castañeda, Salazar, Macal, Quijano, Cordón, Fratti, Minera, Cardona, Alarcón, Espinoza, Barrientos, Páiz, Estrada, López, Terraza, Ibáñez, Gálvez, Arriaza, Guillén, Falla, Rosal, Fajardo, Sierra, Ortega, España, Chew, Ramírez, Riley, López, Pérez, Alvarado, Flores, Marroquín, Romero, Alfaro, Carcáche, Portillo, Ayala, Carranza, Revolorio. También: Rodas, Guerra, Franco, Chacón, Santos, Vásquez, Ávila, Rodríguez, Peña, Zamora, Polanco, Ruano, Ramos, Franco, Ruíz, Méndez, Roldán, Aldana, Espino, Guerra, Mejía, Crúz. Lários y otros muchos, pero las familias primitivas del municipio son: Morales, Gutiérrez, Marín, Oliva, Peralta, Venegas, Gallardo, Barillas, Ayala, y otros, que ocupaban la parte más antigua del pueblo, o sea del callejón conocido como de “don Elías”, en donde está el billar, ahora, hacia el oriente, incluyendo parte de Buenos Aires y Vista Bella, en esa línea, al límite del potrero de los herederos de Leopoldo Juárez, cuyas familias, las primitivas y las que llegaron después, se han multiplicado de generación en generación para darle al pueblo la enorme población progresista, que ahora lo constituye. El primer Casasola que vino a El Jícaro fue el Lic.- en farmacia Alberto Casasola y Casasola, procedente de Zacapa, casado con distinguida dama de la localidad, de la familia Morales Marín, dueño de la primera farmacia bien estructurada que hubo en la población, también fue diputado a la Asamblea Nacional Legislativa,, padres del doctor Carlos Alberto Casasola Morales; seguido de los padres de Rogelio y Abelardo Casasola y Casasola, últimos nacidos en esta población, en las vecindades del más grande y añoso árbol de conacaste, a la par de la propiedad, ahora, de los herederos de Melecio Venegas Morales. Los Casasola de Fidel Egberto Casasola Venegas, mi padre, procede de San Agustín Acasaguastlán, de la misma familias de los anteriores, diseminadas por la región, aún cuando el primero de este apellido, dicen unos, vino a servir en la administración pública, procedente del virreinato de México durante la época colonial, de donde regularmente venían todos los empleados y funcionarios del régimen, en ese entonces, y otros que, el primer Casasola llegó a Zacapa procedente de aquel país, como experto laborante en la construcción del ferrocarril, tramo Puerto Barrios-Zacapa más o menos por la década de los 80 o 90 del siglo 18, cuando se iniciaron esos trabajos.

59 ANTIGUOS VECINOS. Por supuesto que anterior a estos últimos, vinieron honorables personas, como los Juárez y Castillo, procedentes de Tocóy, hoy Morazán; Pinto, Ramírez, de Quezaltepeque y Saavedra, de Llanetíos, San Jorge, Zacapa, pero también aldeas como El Espíritu Santo, Los Bordos y Lodechina, bastante antiguas, fueron favorecidas con el ingreso de importantes familias de otros lugares como los Aquino, Luna, Hicho, Súchite, Ságüil, procedentes de Chiquimula; García, Juárez, Romero y Rodas, de Zacapa. Los Orellana del ex presidente José María de ese apellido, proceden de Casas Viejas, Guastatoya, El Progreso. HOMBRES DE EMPUJE. De las anteriores es preciso reconocer, que verdaderos hombres de empuje lo fueron el grupo de los Orellana Acevedo integrado por José Martín, a la cabeza, seguido de de sus hermanos: Miguel, Francisco y Alfredo, procedentes de La Estanzuela, Zacapa, agricultores de primera línea por vocación, personajes rubios de apariencia europea, cuyo peculiar sello familiar se refleja aún en sus descendientes de últimas generaciones; Manuel Ayala (padre), del valle de Ayala, de Nicaragua, república de Nicaragua, emprendedor de los buenos y Virgilio Sandoval, de San Luis Jilotepeque, juntamente con sus parientes cercanos Celia y Belarmina de los mismos apellidos, que radicaron en esta localidad, la primera de cuyas damas se hacía acompañar de su esposo Jorge Chew, padres aquí, de varios hijos que emigraron a Puerto Barrios. Y Don Gilo, como amigablemente le decían, a don Virgilio, radicó en Las Ovejas y casó con Doña Humbertina Cardona y a su lado fue incansable hombre de negocios, que vino a contribuir con su accionar en el desarrollo de la agricultura y ganadería del municipio. Gustaba montar buenos caballos, especialmente mulas que les servían de herramientas de trabajo y de paseo, manera vigorosa de ser, multiplicada con creces, a través de los años, por su prole en favor del engrandecimiento del municipio, en otra clase de actividades, por supuesto. En su trato con sus semejantes para preguntar o responder á alguien usaba mucho la palabra amiguito, en señal de amistad. También llegó Manuel Cordón y Cordón, de la región de Zacapa, con grado militar, fue ayudante de la plana mayor presidencial del ex Presidente Lázaro Chacón, quien después de su estadía en la Estancia de la Virgen, de donde con su familia se establecieron aquí, por la educación de sus hijos y el trabajo tesonero en la agricultura y la ganadería, como otros tantos bien venidos vecinos, lo hicieron para dedicarse al comercio y la industria, etc. ACTUALIDAD. Hoy, El Jícaro, gracias a todas esas incursiones, es un municipio pintoresco, lleno de vida y aspiraciones, con muchísima gente criolla y de allende sus confines, que se han establecido aquí, en busca de nuevos horizontes, encontrando sanas maneras de subsistir, gracias a la hospitalidad de sus moradores, siendo visible a estas alturas, el progreso generado por el ingreso paulatino de nuevos compatriotas, que se describe naturalmente en el curso de este libro.

60 CAPITULO VI GOBIERNO MUNICIPAL GOBIERNO MUNICIPAL. A cargo de la municipalidad está el gobierno civil del municipio, siendo el órgano deliberante, de decisión y de administración municipales. La integran el Alcalde, Síndicos y Concejales, correspondiendo al alcalde, que anteriormente se desempeñaba también como juez de paz, la representación de la Municipalidad y del municipio y jefe del órgano del Gobierno municipal. Este funcionario al igual que los demás miembros de la comuna, son
Integrantes de la Municipalidad de 1932, En su orden, atrás, de izquierda a derecha: Neftalí Guerra, Macario Jiménez, Jesús Núfio, Juan Morales, Rogelio Casasola, Javier Gutierrez, Rodolfo Gutiérrez, Alcalde, Federico Barrera, Indalecio Duarte. Adelante en el mismo orden: Antonio Cordón, Dorindo Alarcón, Tesorero y Herminio Orellana, Secretario.

electos popularmente y duran en el ejercicio de su cargo cuatro años. Se rige por el Código municipal y demás leyes de la República.

PERSONAL AUXILIAR. La municipalidad cuenta además, con un secretario, un tesorero y dos oficiales, dos policías municipales y demás personal técnico y administrativo necesario. Hay alcaldes auxiliares en las aldeas y comités auxiliares que colaboran en el desarrollo de las actividades del concejo, antes llamados pro mejoramiento y de festejos, temporales, actualmente institucionalizados, como Consejos Municipal y Comunitario de Desarrollo, respectivamente, que tienen participación en el quehacer municipal. No obstante que ya existía la autonomía municipal, pues esta es producto de la Revolución de Octubre de 1944, los Alcaldes en sus respectivos municipios en época anterior, eran representantes del Organismo Ejecutivo y, por tal razón, tenían competencia para atender los asuntos de todos los ramos de la administración pública, con algunas limitaciones, por supuesto, excepto el de la Defensa Nacional, de tal manera que podían intervenir en problemas de educación, de policía, etc. y sugerir a la superioridad soluciones acordes con el bienestar de la población. El servicio público estatal se complementa con un Juzgado de Paz, Registro Civil de Renap., Registro de Ciudadanos y el Centro de Bienestar Social.

61 Dos aspectos del presente capítulo han dejado de tener vigencia por reformas parciales del Estado, los Alcaldes ya no ejercen autoridad judicial, existiendo un juzgado de paz específico por separado, para administrar justicia, dependiente de la Corte Suprema de de ese ramo; que anteriormente el período de administración municipal era de dos años con prohibición de reelección y actualmente es de cuatro, paralelo al de presidente y diputados y se permite la reelección, cuya disposición limita la participación ciudadana a optar cargos de elección popular
Actual corporación municipal. Alcalde, Julio Cesar Barrientos Ramírez; Síndicos: Miguel Ángel Vargas y Raúl Arturo Hernández García, Suplente Rubén Cruz; Concejales: Augusto Rolando Páiz Barrios, Arnoldo Morales Venegas, José Gilberto Hernández López y Rodilio García Paz.

libremente, de otros candidatos y ha venido a generar corrupción.

El orden público es mantenido por la Policía Nacional que se compone de un Subcomisario y dos agentes, remunerados por el Estado. El ramo militar estaba a cargo del jefe de comisionados que contaba con varios ayudantes en cada una de las aldeas del municipio y dependían de la Jefatura de Reservas Militares, todo lo cual se ha modificado. Pero mucho antes ejercieron función pública en el municipio. Salón municipal de usos múltiples los comandantes locales, en los aspectos civil y militar, como delegados del Jefe Político y el Mayor de Plaza departamental, ostentaban grado militar de línea, desde coroneles hasta tenientes, quienes conjuntamente con la escolta, compuesta regularmente, por doce elementos, celaban el orden y cumplían las demás disposiciones superiores, de cuyos personajes se tiene conocimiento de los siguientes: Carlos Saavedra Trabanino, Plácido y Elías Saavedra Juárez, Efraín de León, Carlos Cardona, Max Siguí, Manuel de J. Juárez, Abelardo León Saavedra, Fidel Roldán Morales, Augusto Duarte Lima, todas magníficas personas, este último, rematado católico, muy colaborador, asiduo bebedor de café. La mayoría de estos servidores se casaron con damas del pueblo y formaron honorables familias. En la administración del general Ubíco, cuando se podía dormir con las puertas de las casas de par en par, sin riesgo alguno de la violencia callejera, los acto Edificio Municipal actual públicos, incluyendo la izada y arriada de la Bandera Nacional, eran muy solemnes y, por lo mismo, le hacían guardia el tiempo necesario, exigiéndose a los ciudadanos respetarla y que al pasar frente a ella, debían descubrirse el sombrero o hacer el saludo respectivo, ya sea

62 cuadrándose al estilo castrense o poniéndose la mano derecha en el pecho e inclinando la cabeza hacia adelante, de lo que estaba pendiente el o los soldados, que con el fusil terciado, se encontraban ahí, y cuando observaban el incumplimiento de tal reverencia, le avisaban al comandante, quien de inmediato hacía pasar al infractor a su despacho, para la reprimenda del caso, no generalizadas esas omisiones, por supuesto. En este orden de cosas, hay una anécdota del comandante Siguí, que nos dice, que a los residentes que irrespetaban esas disposiciones o costumbres de antaño, los castigaba burlescamente, haciéndolos pasar hasta cien veces frente a la Insignia Patria, haciéndole el saludo antes omitido; lo mismo que a las personas que no lo saludaban al pasar frente a él, los hacía saludar la misma cantidad de veces a uno de los cocoteros plantados en las cercanías del edificio municipal, diciendo: “buenos días don coco”, “buenos días don coco”…., lo cual, bueno o malo, era recibido con hilaridad por los pobladores, porque de alguna manera contribuía al civismo de los ciudadanos, y más claro, para aprender la lección. EDIFICIO MUNICIPAL. Las oficinas municipales se alojan en el edificio de dos niveles construido en el año 1958 durante la administración de Abraham Rodas Ruíz, un buen Alcalde, vecino de Lodechina, a un costo moderado no recuerdo si de Q, 18,000.00 o de Q. 60,OOO.oo, más o menos, a través de un préstamo concedido por el Instituto de Fomento Municipal, después de haber sido demolido mucho tiempo anterior, el antiguo edificio de madera y lámina, de dos pisos, construido durante la administración de Venancio Morales Marín, que la gente le llamaban “El altillo”, en cuya planta baja funcionaban el mercado y la comandancia local y, en la alta, el despacho municipal y sus oficinas, construido con fondos del Estado, según acuerdo gubernativo de fecha 17 de septiembre de 1925, tomo 65, página 325 de la recopilación de leyes, mientras tanto en lo que se construía el actual edificio, la municipalidad estuvo albergada en casa arrendada a Isidro Morales Marín. en donde después funcionó el correo y ahora Banrural. Derribado el citado edificio municipal, el mercado fue trasladado al lugar en donde actualmente se ubica, edificado también durante la administración del Alcalde Rodas Ruíz, en una fracción de terreno comprado a Olivia Morales Marín, ampliado por varias comunas posteriormente. En el pueblo no hay día específico de mercado, pero regularmente en las inmediaciones de la estación del ferrocarril y calles adyacentes, los días sábados, se establecen varios negocios del conocido como comercio informal o de temporada, de comerciantes foráneos que venden al público artículos de toda clase, lo que alegra la población, y el mercado tradicional que funciona todos los días. El nuevo edificio municipal, si bien, fue dirigida su construcción por el Ing. Cordón y Cordón, la mano de obra la efectuaron albañiles locales, entre otros, Carlos Ayala, Enrique Venegas, Ovidio Carranza Morales y el armador, Salvador Morales Samayoa-

63 PRIMERA CASA DE GOBIERNO. Anterior al edificio de madera de dos pisos, que se menciona, la Municipalidad recién fundado el municipio, estuvo alojada en una casa de bajareque de media agua con corredor, precisamente en donde antes funcionaron las oficinas de las autoridades de la aldea, en las proximidades del parque local contiguo al quiosco en donde también funcionaba la comandancia local Primera Casa de Gobierno del Municipio. y después la escuela de varones, remodelada. Ver fotografía inserta. EL CEPO. A un costado del primer piso del edificio o altillo de madera indicado, antes de subir las gradas, al oriente, estuvo por mucho tiempo, arrumbado por ahí, sirviendo de sentadero público, sin el uso específico para el cual fue diseñado, el famoso Cepo, identificado como un objeto de madero grueso, con patas tipo banca, de dos piezas, con moldes para piernas, brazos y pescuezo, que se cerraban entre sí, especie de prensa, que al juntarlas por medio de un sistema que poseía, oprimían esas partes del cuerpo para hacer sufrir, cuyo aparato fue utilizado en tiempo de las dictaduras, especialmente de Estrada Cabrera, para detener y castigar cruelmente a los prisioneros, en lugar de cárcel pública, no cabe duda, que como herencia de la inquisición española, fatídico instrumento desaparecido con el tiempo, que ha de haber terminado como ceniza en la hoguera o polvo en la podredumbre. “RELOJ” Y ALARMA. En ese mismo lugar, colgado de una de las vigas, se situaba un pedazo de riel de vía férrea como de tres metros de largo, que servía como instrumento sonoro de percusión, particularmente para anunciar la hora, que golpeaba un empleado del cabildo con una barra de acero, a intervalos regulares, un toque fuerte, por cada hora transcurrida, exactamente atendiendo la marca del reloj, prendas escasas y de lujo en ese tiempo. Tan…,Tan.…, tan.., se escuchaba a cada momento, con resonancia del eco en la lejanía, servicio que tenía por objeto, además, avisar al vecindario de algo anormal que estuviere ocurriendo en la población, en cuyo caso, el repique era continuo, violento, de voz de alarma, un incendio, por ejemplo, como varios ocurridos, cuyo tañido se escuchaban a larga distancia, como se escucharon también por muchos años cumpliendo una tradición añeja, las doce campanadas de la media noche anunciando la navidad y año nuevo, que obligaban a la paisanada a concentrarse en casa, para celebrar en familia, tan esperadas festividades; sistema de acción rápida que indudablemente salvó muchos daños en la localidad. LOS BANDOS. Los acuerdos y ordenanzas municipales de índole general, así como las disposiciones de la autoridad superior, eran publicados poro medio de bando, a efecto de que fueran conocidos por los habitantes de la población, para su estricto cumplimiento, pues no existían otros sistemas de comunicación, para cuyo efecto, se alistaba a la tropa o grupo de policías, quienes formando fila al compás de un tambor, recorrían unas veces marchando y otras a paso libre, las principales calles de la población, y en cada esquina, se detenían ante la multitud que se congregaba, llamados al sonar de dicho instrumento, momento en que el Secretario de la Municipalidad u otro designado, regularmente maestros de escuela, leía en voz alta el contenido de la disposición. Estos eventos eran

64 más estrictos por la disciplina imperante, en tiempos de la dictadura, al estilo castrense y una vez leída la disposición en la forma dicha, nadie podría alegar ignorancia de la misma. En el aspecto municipalista es digno de recordar la presencia en este pueblo, por varios años como Secretario del Ayuntamiento y del Juzgado de Paz, de Odilio Flores León, de Uzumatlán, una magnifica persona, amante del foot ball, muy querida por el vecindario. LAS GIRAS DEL GENERAL UBICO. Este ex presidente fallecido, acostumbraba atinadamente, efectuar cada año, una gira de trabajo a nivel nacional, para reunirse con las municipalidades, principales autoridades, magisterio y vecinos, visitando municipio por municipio, regularmente manejando por cortas distancias su propia moto harley, seguido de algunos elementos de su estado mayor, no tan aparatoso, como en los mandatarios de ahora, haciéndose acompañar de la radio nacional “TGW”, que además de transmitir el programa específico, daba cabida a los actos culturales de la localidad ofrecidos en su honor, por las escuelas. La visita tenía por objeto cerciorare personalmente, dicho funcionario, del desarrollo de la administración pública, en cada lugar, recibiendo informaciones de las autoridades, sector privado, así como denuncias del vecindario, dictando ipso facto las medidas coercitivas y de buen gobierno, que cada caso ameritaba, mandando a encarcelar o a destituir al funcionario que no estaba cumpliendo con su deber, para cuyo recibimiento se mandaba a construir por la autoridad local y vecinos varios arcos perfectamente adornados a lo largo de la calle principal, con el objeto de dar la bienvenida al mandatario. Cuando le hacían peticiones de ayuda económica para la construcción de obras, siempre reparaba diciendo: “¿cuánto tienen ustedes en caja, para ese objeto?”, y si la respuesta era positiva y si realmente ameritaba la mismas, casi siempre concedía la ayuda, pero el caso era que la interesada solicitante debía poner algo de su parte, no solo de regalado, como ocurrió hace años con el primer servicio de agua entubada del pueblo en que su gobierno colaboró. En la visita a los presidios, solía interrogar a los reos, si la prisión era injusta, previo informe oral del Juez de Primera Instancia, presente, los mandaba poner libres y, si por el contrario, era justa y por delito de impacto social, decía “y este todavía está vivo”¿. Claro que era una dictadura, pero de mucha honradez y no llegaba a los pueblos a quedar bien políticamente con nadie, sino en ejercicio de la función pública. El gobierno del general Ubico se caracterizó por la disciplina, acciones de mano dura y honradez, en el que se cumplía la ley y sus ordenes, al pie de la letra. LA RURAL o MONTADA. Así se llamaba una temida guardia especial, en la administración del general Ubico, integrada por una veintena de hombres, en cada región del país, que infundía respeto, por no decir, casi miedo, que recorría el área rural de día y de noche si era necesario, por caminos de herradura y vericuetos, montados en enormes mulas, con el objeto efectuar investigaciones políticas y judiciales, así como de mantener el orden con su presencia, y cumplir las captura giradas por los tribunales. A su ingreso en las comunidades, algunos lugareños asustados solían decír: “¡allí viene la Rura!” y corrían a esconderse sin razón aparente para ello, pues si bien cometían estos algunos abusos contra los derechos humanos, eran mínimos, más que todo contra malhechores, según lo decía la misma gente, comparado con la efectividad de su qué hacer en el combate de la relativa delincuencia que se daba en esos tiempos, regularmente ilícitos de lesiones, homicidios, robo de ganado y lo principal, el contrabando del tabaco y licor clandestinos, grupo que comandó en esta región un tal Najarro, bastante conocido por su crueldad, época en la cual se aplicaba la “ley fuga”, uno de cuyos casos ocurrió por cierto a un campesino de esta jurisdicción, en la carretera antigua, entre Lodechina y El Tambor, que fue aprehendido por haber violado a sus tres hijas y embarazado a

65 una de ellas, diciéndole el jefe: ¡Puedes irte en carrera, estás libre! y cuando este lo hizo en violenta huida, fue tiroteado o “venadeado” al unísono por la escolta, simulando una fuga. Posteriormente existieron comandos de policía regionales como la “Gualanteca” y “La Sanarateca”, muy respetadas, que acudían a vigilar el orden en los pueblos vecinos. Los paisanos Abelardo de León Saavedra, Gustavo Mansilla y Ramón León, fueron miembros de esta policía. ARMAS. La de portación de armas de fuego, no tan exagerada como ahora, consistía en pistola tipo escuadra calibre 22 ml. O revolver 38, llevada regularmente en la funda de la canana, al cinto, repleta de cartuchos, a la vista, pero casi disimulada por algún saco o chumpa que usaba el portador, así como rifles calibre 22 y la doméstica escopeta de tubo llamada también “guata”, que era la más popular, con la que también se acostumbraba disparar cartuchos con sal, a quienes se metían en terrenos o huertos ajenos a hueviar frutas, cuya licencia se concedía únicamente a personas responsables, de arraigo en el pueblo, con el visto bueno de la autoridad local. Las pistolas 45 y 9 ml. estaban reservadas para el ejército y eran prohibidas para particulares. Era permitido portar machetes corvos en despoblado, como hoy, pero en aquel tiempo, antes de entrar los portadores en el pueblo, era costumbre rigurosa, dejarlos recomendados en las primeras casas de entrada a la población, a efecto de no exhibirlos a propósito dentro de la misma, porque era prohibido, lo mismo que las navajas y cuchillos, yendo a parar a la cárcel quien violaba la norma. ALCALDES MUNICIPALES Son muchos los hombres que por sus virtudes cívicas y actitud de personas honradas, y algunos pocos que la suerte les ha socorrido, han llegado a ocupar tan honroso cargo, de quienes, algunos han sido mencionados como capaces y eficientes en el desempeño de su función y, por ende, adquirido pase libre para ingresar en las páginas de la historia, enalteciendo nuestra gloriosa tierra, por su actuación descollante en el qué hacer del municipio, a pesar las vicisitudes imperantes por la carencia de recursos económicos, pues solo se contaban con los propios derivados de exiguos planes de arbitrios; sin la crítica merecida, por supuesto, en esta oportunidad, para aquellos Alcaldes a quienes el pueblo tilda de ineficaces, suelderos, corruptos y desalmados, por innecesaria. Cito enseguida los nombre de los alcaldes habidos en El Jícaro desde su fundación hasta nuestros días, sin hacer mención de la labor u obras llevadas a cabo por cada cual, por lo largo de enumerar y porque no se cuenta con los datos precisos ni espacio. PERÍODO NOMBRE 1908 Elías Castillo (provisorio) 1908 Daniel Orellana 1908 Higinio Aquino (Alcalde Segundo) 1909 Elías Castillo 1910 Guillermo Peralta 1920 1920 1921 1921 1921 1922 1922 Guillermo Peralta Timoteo Guerra Juan José Clavería Plácido Saavedra Ignacio Cordón Elías Castillo Daniel Orellana

66 1923 1923 1924 1924 1924 1925 1927 1928 1928 1929 1930 1930 1931 1931 1932 1932 1933 1933 1933 1934 1935 1936 1937 1938 1938 1939 1939 1941 1944 1944 1944 1945 1945 1946 1947 1947 1948 1948 1948 1948 1949 1950 1952 1954 Bartolo León Venancio Morales Marín Efraín Minera Manuel Oliva ( interino) Efraín Minera Rodolfo Gutiérrez Ángel Alarcón Rodolfo Gutiérrez Enrique Pineda Luís Castillo Elías Castillo Elías Saavedra Rogelio Casasola y Casasola Rodolfo Gutiérrez Rodolfo Gutiérrez Arcadio Orellana Macario Jiménez Neftalí Guerra Elías Saavedra Emilio Carranza Juan Ramón Bracamonte Fidel Egberto Casasola Venegas Cupertino Sánchez (intendente municipal) Rosendo Paz O (intendente municipal) Romeo Sierra (intendente municipal) Rodrigo Reyes (intendente municipal) Rafael López de León (intendente municipal) Cupertino Sánchez (intendente municipal) Ramiro Argueta Flores (intendente municipal) Samuel Castillo Guevara (1er. Inten. Mupal.Rev. 1944). Humberto Morales Castillo Gaudencio Morales Barillas Juan Ramón Bracamonte Adán Isauro de León (1er. Alcalde Rev.1944) Humberto Morales Castillo (interino) Melecio Venegas Gutiérrez Rubén Casasola Roldán Alfredo Vargas Barillas (interino) Fidel Egberto Casasola Venegas Alfredo Vargas Barillas (interino) Arturo Sánchez Sagastume Abraham Rodas Ruiz Humberto Morales Castillo Fidel Roldán Morales

67 1954 Héctor Castillo Guevara (juez municipal nombrado por el gobierno) 1956 Abraham Rodas Ruiz 1958 Ricardo Romero 1959 Rodolfo Gutiérrez Juárez 1960 Carlos Egberto Casasola Saavedra. 1963 Tomás Roldán León 1964 Pedro Quijano 1964 Gonzalo Rodas Marín 1966 Leonildo Ruano 1969 Felicito Mejía 1971 Alberto Pinto 1973 Manuel Oliva 1974 Gonzalo Marín 1977 Octavio Orellana Rosal 1979 Felicito Mejía 1980 Herminio Carranza 1983 Jesús Cardona Castillo 1986 Gustavo Morales Oliva 1988 Francisco Javier Mejía 1995 Venancio Pérez 1996 Hugo Arriaza Pensamiento 2000 Francisco Javier Mejía 2004/2011 Julio César Barrientos 2011 Augusto Rolando Páiz Barrios, interino. 2012/15 José Francisco Mejía Flores DESEMPEÑO DEL CARGO. Los seres humanos tenemos en la vida, nuestra época que es de aprovechar, para actuar positiva o negativamente, según las circunstancias, respecto de lo cual, puede decirse que de los anteriores funcionarios, hubo muchos que nacieron y crecieron para trascender, pues supieron ejercer correctamente su puesto. Otros, por el contrario, lo hicieron a medias o casi nulos, debido a varios factores, entre los que resaltan: la falta de voluntad personal o política y la incapacidad y, en el aspecto puramente negativo, la corrupción, pero así es la democracia, no siempre nos da buenos representantes, pero la historia los juzgará. Es importante traer a cuenta, que antes era difícil encontrar candidatos a alcaldes y concejales, era preciso ir a sus casas o en la vía pública, para ofrecerles rogadamente su participación, como tales, porque no habían otra clase de incentivos, más que servir a la Patria y sí mucha responsabilidad, pues en muchos lugares el cargo era servido ad honoren, sacrificando algunos ciudadanos sus propios intereses, con tal de servirle a su pueblo, incluso para el desempeño del despacho los munícipes hacían turnos por temporadas, para poder atender sus asuntos particulares, pero eso sí, el despacho municipal y los funcionarios eran respetados porque no tenían la cola machucada y posiblemente por la jerarquía que le daba la adscripción del Juzgado de Paz, anexo. Pero ahora, los candidatos guiados por deliberados bastardos intereses, se pelean como buitres sobre la carroña, por los grandes beneficios económicos que el puesto les representa, máxime si la cosa pública es manejada con “mano de mono”, como se dice en vocablo popular, con las excepciones de la regla, por supuesto y, de ahí, la malévola intención de la reelección de algunos, para perpetuarse en el cargo y seguir haciendo de las suyas con dinero del pueblo, circunstancia por la cual, los otros candidatos por muy buenos e idóneos que sean, no pueden competir con el reeleccionista, por el poder económico que

68 este tiene, de los fondos municipales “pescados”, de las arcas municipales, haciendo piñata electoreara con obsequios y compra de votos dentro de su campaña, y los otros, en cambio, tienen que costearla con dinero de su propio bolsillo, situación que ha ocurrido aquí, pero con la esperanza de que algún día cambiará. Y es más, antes no solo era prohibida la reelección, sino que cualquier funcionario o empleado en activo, que ejerciera jurisdicción en el municipio, para poder participar como candidato tenía que renunciar del puesto, a partir de la convocatoria, para competir en igualdad de condiciones con los demás, sin la influencia del cargo. Durante algún corto tiempo hubo Alcalde Primero y Segundo, este último llamado “Alcalde Indígena”, no sé por qué razón, pues aquí ya en esa época, principios del siglo pasado, no existía esa raza pura, solamente ladinos o mestizos, pero la ley generalizaba para todo el país. Es de reconocer que el primer Alcalde provisorio, en tanto se designaba al titular por elección popular, lo fue interinamente don Elías Castillo, de grata recordación, quien posteriormente lo fue por otros períodos más, de quien recuerdo tenía su corral de vacunos a un costado del actual parque central, cercado con alambre espigado, como lo estaban los otros sitios o corrales en esa época, pero repletos de ganado. GESTION MUNICIPAL. Los tiempos han cambiado diametralmente, por lo que como una mera referencia, para que los lectores de las actuales y sucesivas generaciones, conozcan cómo se realizaban antes las obras del municipio, cuando un alcalde, en mi administración, por ejemplo, ganaba apenas Q 60.00 al mes, equivalentes a Q.466.80 de ahora, más o menos, sin dietas y ningún tipo de ayuda estatal,- transcribo enseguida, algunos datos de las obras y gestiones realizadas por la Municipalidad 1960-1962, que me correspondió presidir, según el resumen de labores contenido en el boletín informativo emitido al efecto, en aquélla oportunidad, así: “La Municipalidad de El Jícaro, del Departamento de El Progreso, integrada así: Alcalde, Carlos Egberto Casasola Saavedra; Sindico Primero, Tomás Roldán León; Síndico Segundo, Pedro Quijano, y Regidores del primero al Quinto, en su orden, Señores: José Luis Gutiérrez, Mario Ayala Arriaza, Felícito Mejía Enríquez, Arnulfo Castro y Manuel Cordón y Cordón,- fiel intérprete de su responsabilidad en ejercicio de la función del municipio delegada por el pueblo, cumple con el deber de informar al mismo, sobre su gestión administrativa, durante los dos años y meses que le correspondió representarlo, dando a conocer a través de este folleto, un breve resumen de las obras realizadas y gestiones formuladas ante la superioridad en beneficio del vecindario, en la siguiente forma:
Carlos Egberto Casasola Saavedra alcalde 1960-1962

OBRAS:  Pavimentación del parque Local, incluyendo reparación total y pintura de la pila o fuente pública del mismo, con la valiosa colaboración del comité Pro-mejoramiento.  Machimbrado de la escuela de la aldea Lodechina, con la ayuda del Comité de vecinos.  Machimbrado de la escuela de la aldea Espíritu Santo, con la ayuda del Comité de vecinos.  Construcción de bancas para todas las escuelas del municipio.

69             Ampliación de la red de alumbrado eléctrico en varios lugares de la población. Reparación del camino vecinal de la aldea Los Bordos de Barillas.Construcción de tramos en el mercado municipal. Tramo Carretero “El Paso-Ovejas-El Jícaro. Edificio escolar aldea Las Ovejas. Plan tripartito: Comité Nac. Pro-construcción Esc., Municipalidad y vecinos. Edificio escolar aldea El Paso de los Jalapas, plan tripartito: Comité Pro-Construcción Escuelas, Municipalidad y vecinos. Inicio Escuela Rural aldea Los Bordos, plan tripartito. Servicio telefónico aldea Las Ovejas.Servicio telefónico de la aldea Bordos de Barillas, incluyendo compra del aparato telefónico. Servicio telefónico de la alcaldía municipal, si bien no hay aparato por el momento, existe la autorización de este servicio. Remozamiento de las escuelas urbanas de la cabecera municipal –dos veces- durante los dos años. Se dio pintura en polvo para el resto de las escuelas del Municipio.Programa de leche para niños desnutridos –obsequio de la Señora de Ydígoras Fuentes. En un principio se impartió en debida forma, pero últimamente la leche se reparte a las madres, para sus hijos.Postería para el cementerio general y reforzado de alambre la cerca que da al frente de la calle pública hacia la aldea Espíritu Santo.Nuevo transformador para la luz eléctrica toda vez que el viejo de 25 kilovatios se quemó.Jardines municipales y hechura de huertos.El poblado o finca las Ovejas fue elevado a la categoría de Aldea.Se mantuvo el pago del enfermero municipal, pues si bien hay un comité encargado para éste fin, es el Alcalde el de la pena y quien patrocina la recaudación. A partir del mes de Diciembre del año pasado el enfermero es pagado por la municipalidad.Reparación jardines escuela de niñasConstrucción Edificio Policía y Cárceles Públicas, en barrio Buenos AiresPlantación arbolitos.Caseta para el transformador eléctrico.Cambio de vidrios en los ventanales de la escuela para varones.Vacunación contra la difteria, tétanos y tos-ferina.Resolviendo en pequeña escala el problema de la vivienda, se concedieron doce sitios a igual número de personas para que hicieran sus ranchos de habitación en el barrio de “Buenos Aires”, en un predio municipal contiguo al terreno de Leopoldo Juárez y otros en el mismo barrio, en las cercanías de la la propiedad que ahora es de los herederos de Jesús Polanco. Se consiguió autorización de la Dirección General Forestal para que el Alcalde extienda las licencias para la tala de montes bajos para fines agrícolas, ya que no existiendo esta facultad en la Ley Forestal, se había prohibido darlas, y el pobre Agricultor tenía que ir a sacarla a Progreso, Guastatoya, con el Inspector Forestal, causándole muchos gastos.A solicitud de la Municipalidad, se crearon las siguientes plazas para maestros: una para el primer grado de la escuela de varones; dos para la escuela de niñas –una para cuarto y otra para quinto grado; dos plazas para cada una de las escuelas de Las Ovejas y El Paso de los Jalapas.

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70        Colocación de confidentes atrás del edificio municipal.Construcción de 11 confidentes más para el campo de foot-ball.Campo Infantil de “Buenos Aires” con sus respectivos juegos Mecánicos.Colaboración al Comité Pro-mejoramiento en la construcción de varios metros de tapial en el cementerio General, habiéndose dado ayuda en efectivo y materiales.Se pintó la parte exterior del Edificio Municipal.Galería de Alcaldes Municipales que han ejercido en el Municipio. Especial mención merece el Agua Potable por haberse llegado a la primera fase de su introducción. A través de galerías filtrantes, el servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública consiguió agua pura, la que se encuentra ya en su respectivo tanque de captación. Luego, procede, la introducción a la Población, lo que se hará, según se tiene conocimiento, de acuerdo con el programa “Alianza para el Progreso” del Gobierno de la República.Se dio inicio la Letrinización de la población, encontrándose ya construidas varias letrinas con destino a vecinos del Barrio “Agrario”.Con motivo de la Navidad, tanto el año de 1960, como 1961 se repartieron juguetes y dulces a los niños de la población. Para la construcción del edificio escolar de la aldea Los Bordos de Barillas, cuya obra ya está autorizada, se remitió hace algunos días al comité Nacional Pro construcción de Escuelas la suma de Q.100.00 como aporte efectivo.Gestiones creación Instituto Pre vocacional Mixto Nocturno. A fines de Diciembre del año pasado, se reparo la bajada de “Buenos Aires”. Se trajeron 200 quintales de maíz de la república de Honduras, para expenderlos a los vecinos resolviendo la carestía de éste artículo.Se construyeron dos mesas con sus respectivas sillas las cuales se dieron para el sexto grado de la escuela de niñas de éste pueblo y la otra para la Escuela de El Paso. Se repararon las calles de la población con motivo de las inundaciones causadas por los fuertes aguaceros, en los últimos días. GESTIONES DIVERSAS AÑO 1,960.Al Jefe de la Zona Vial No. 1, se le solicitó una cuadrilla de caminos para arreglar las calles y avenida de la población, inclusive, los servicios de un patrol. Fue resuelta favorablemente y el trabajo se hizo.A la Liga Nacional contra la “Poliomielitis” se le pidió viniese a vacunar éste Municipio, pero la gestión no encontró eco.Se solicito la reparación de los caminos vecinales de: Agua Caliente, Lodechina, Los Bordos y Las Ovejas. El Ministro del ramo ordeno tal trabajo, pero aun no lo hicieron Al Señor Arturo Ramírez Pinto en aquel entonces embajador de Guatemala en Washington, se le solicitó una suma de dinero para mejorar las condiciones del agua potable, por considerarlo hijo de éste pueblo, quedando sin respuesta dicha solicitud.A la Excelentísima Señora De Ydígoras Fuentes, se le solicito un lote de juegos mecánicos para instalarlos en “Buenos Aires”. Al fin de reintegradas súplicas los concedió. Reparación del camino vecinal que da a la aldea El Paso de los Jalapas hacia el río motagua. La dirección General de caminos ordeno al maestro de caminos de El Rancho hacer este trabajo, pero éste subalterno no cumplió.

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71  Al Ministro de Comunicación y Obras Publicas, coronel José Luis Cruz Salazar, se le solicitaron 100 quintales de cemento y solamente dieron 60; los que se ocuparon para la construcción de blocks de concreto para las escuelas de las Ovejas y El Paso.  Se gestiono la construcción de los edificios escolares de las aldeas El Paso y Las Ovejas. Se accedió al fin de tanta solicitud, habiéndose construido bajo el plan tripartito “Ydígoras”: MunicipalidadGobierno de los Estados Unidos y El de Guatemala.  Al Señor Presidente de la República se le solicitó el arbitrio de un centavo de Quetzal por cada botella de cerveza que se consumiera en el municipio, para hacer un fondo acumulativo con destino a los drenajes de la población. En Igual Forma se pidió el arbitrio por cada octavo de aguardiente, pero estas solicitudes fueron denegadas.  Se gestiono al Comité Nacional Pro-introducción de aguas potables, la introducción del servicio de agua potable para el pueblo, las cuales van por muy buen camino, habida que ya se han construido galerías filtrantes con miras a purificar el líquido., en proximidades aldea Las Ovejas.  Se pidió la creación de una Plaza de Enfermero para el Dispensario Municipal. No ha sido posible conseguirla aun.  Se pidió la construcción del Edificio de Correos y Telecomunicaciones. La Comuna ante el ofrecimiento particular del señor José Salomón Morales Romero, al respecto, se consiguió el predio; pero desafortunadamente a última hora nada hubo de cierto; según comunicación de la propia Dirección del Ramo.  A la Dirección General de Socio Educativo Rural se le solicitó madera para hechura de bancos para las escuelas. Atendida ésta petición.  Se solicito ampliación de los muros o gaviones del río Motagua o dragado del rio para defender la población. Hay órdenes terminantes del señor Presidente de que se haga el dragado, pero los subalternos no han querido cumplir.  En su paso por esta localidad, al Ministro Cruz Salazar, se le pidió la reparación de las calles de la bajada de Buenos Aires. Lo ofreció. Impartió las órdenes y no obstante las reiteradas gestiones no han hecho nada.  Se solicitaron 500 arbolitos de distintas clases, los concedieron. Se repartieron y según revisión efectuada, se pegaron el 75 por ciento. Se gestiono que el poblado las “Ovejas” se elevara a la categoría de aldea. Se accedió de parte del Ejecutivo.  Se pidió el Gobierno la construcción de un edificio para policía y cárceles públicas en Buenos Aires, después de múltiples gestiones solo dieron Q.650.oo en materiales, el resto fue cubierto por la comuna. Aclaración: Es preciso dejar en claro que este pequeño edificio y terreno, patrimonio del municipio, en donde incluso, estaba el poste público, fue vendido ilegalmente sin llenar los requisitos de la Ley de Contrataciones del Estado, ni el procedimiento adecuado, a “dedo” como lo explica el refranero popular, por algún Alcalde o Municipalidad complacientes, a unas tercera persona, de tal manera que esa compra venta tiene problemas que pueden hacerse valer a favor de la Municipalidad, con deducción de responsabilidad para quien o quienes hayan autorizado esa venta.  Se solicitaron 200 sacos de cemento para el Block de las escuelas de El Paso y las Ovejas. Los concedió el Señor Presidente.  Se solicito el tramo carretero E-1 Paso, Las Ovejas, El Jícaro. Se accedió gustoso y la obra se realizó.

72  Se solicito a la señora de Ydígoras Fuentes el programa de leche para niños desnutridos, Se atendió la petición, concediendo dos cajas cada mes, repartida a las madres más pobres.  Se solicito vacuna anti-rábica y contra la fiebre Tifoidea. Se atendió el pedimento.  Al Comité Nacional Pro-introducción de aguas potables se solicito mejorar las condiciones del agua potable de la Aldea Lodechina. No han dicho nada todavía.  Se le pidió un nuevo transformador el Sr. Presidente y lo dio.  Se solicitaron pantallas para el alumbrado eléctrico y no obstante haberlos concedido el Ministro Cipriani, a última hora no las quisieron dar.  Se consiguió la autorización de Q15,000.oo para los trabajos de introducción del nuevo servicio de agua potable de galerías filtrantes que se programó en la vecindad de las Ovejas, pero a esta obra se le incluyo a última hora en el Programa “Alianza para el Progreso”, por lo que no se sabe que pasará.  Autorización del servicio telefónico para la Municipalidad. Se accedió.  Se solicitó reparación del transformador quemado de 25 kilovatios. Lo ordeno el Señor Presidente y el Subsecretario de Comunicaciones, pero desafortunadamente no tenía remedio, según los técnicos del departamento de Electrificación.  Se gestionaron dos aparatos telefónicos, uno para la Aldea Las Ovejas y otro para la Alcaldía Municipal. Solo dieron para las Ovejas.  Se pidió al Jefe de la Zona vial Número 1, un tractor para la reparación del camino vecinal de los Bordos de Barillas. Lo dieron para un día.  Se solicitó a la misma dependencia un patrol para nivelar el campo de básquetbol y foot-ball, y dieron un tractor para un rato, pero el trabajo se hizo.  Se solicitó equipo para el Centro de Salud Municipal, lo dieron.  Se pidió implementos deportivos para los equipos de foot-ball, en varias ocasiones, unas veces el Sr. Presidente y otras veces a su Señora Esposa, pero no hubo resultado favorable.  Se pidieron Q.300.00 para la fiesta titular del año 1,960 y el Señor Presidente sólo diQ.100.00..  Se hicieron gestiones personalmente al señor presidente de la República para la Demarcación del territorio Jurisdiccional del Jícaro. El asunto está en su fase final, toda vez que ya se verifico el reconocimiento por técnicos de la Dirección General de Cartografía, inclusive, se elaboró el mapa oficial del Jícaro. El expediente, según se tiene conocimiento, se encuentra debidamente finiquitado en la sección de tierras.  Se solicitó a Sanidad Pública la Letrinización de la cabecera municipal, pero hasta fines de octubre se resolvió la petición.  A Industria Nacional cafetalera se solicitaron 200 vasos para el reparto de leche. No dieron nada.  A Maestro de caminos de El Rancho, se solicitó un camión y cuadrilla para reparar bajada de Buenos Aires. Se accedió.  A través del Diputado Manuel Castillo Ramírez, se consiguió un quintal de pintura en polvo color azul turquesa para el Edificio Municipal, pero por no ser adecuada se repartió a las escuelas del Municipio.  Se solicito al Lic. Carlos Jiménez Peralta un pequeño lote de juguetes para los niños pobres con motivo de la navidad. Se accedió.  Se solicitó a don José Salomón Morales Romero la impresión de programas pequeños e invitaciones para la fiesta titular. Se accedió.  Se Pidieron juguetes para los niños con motivo de la Navidad a la Señora de Ydigoras Fuentes, pero no fue atendida la solicitud.

73  Año 1,961.  Se solicitó a los Ferrocarriles Internacionales de Centro América 50 rieles para la Luz Eléctrica. No se accedió, indicando vender cada riel a Q.14.00 c/u.  Se solicitó la creación de las plazas de 5º.y 6º. grados para la escuela de niñas, otra plaza para la escuela de varones para reforzar el primer grado, ambas de esta población y dos plazas para cada una de las escuelas de El Paso y Las Ovejas. Se accedió.  A la Dirección General de Socio Educativo Rural se pidieron dos quintales de alambre para circular el predio de la escuela de Los Bordos. Se accedió;  En telegramas 46 fecha 26 mayo/6l, 63 de 7 abril/6l y punto 6º. Acta l7 de fecha 3 junio/6l se gestiono la autorización para el funcionamiento de una Escuela Pre vocacional en la cabecera municipal. En telegrama 5042 fecha 25 mayo/6l Señor Presidente contestó Ministro ramo había dado instrucciones favorables respecto.  Se solicitó a Sanidad Pública una Brigada que viniese a combatir la plaga de chinche picuda que azotó en la aldea Las anonas, y Lodechina. No hubo resultado favorable.  Se gestiono la construcción de puentes sobre los Ríos de El Tambor y Las Ovejas. No han contestado nada.  Se solicito y se hizo realidad la Biblioteca popular de la población, que desgraciadamente no está funcionando; por acuerdo gubernativo lleva el Nombre de Samuel Gutierrez  Se solicitó la autorización del servicio telefónico de la Aldea Los Bordos. Se atendió el pedimento.  Se gestiono el servicio telefónico para las Aldeas: Agua Caliente, El Pino y Piedra Ancha, ofreciendo poner la Municipalidad, el alambre y los aparatos. No han resuelto nada.  Se solicitó una brigada al Ministerio de Agricultura para que viniese a combatir la plaga de RATAS. Se accedió y vinieron a obsequiar veneno.  Se solicitó la construcción del edificio escolar de la aldea Los Bordos bajo el Plan “Ydigoras”. Tal construcción fue autorizada y pronto será una realidad.  Se solicitó autorización para el funcionamiento del 4º. Grado de primaria en la escuela de la aldea Las Ovejas atendido por una de las Profesoras de la misma. Se accedió.  Se pidió pintura de hule para pintar el edificio Municipal. Se accedió.  Se solicitaron doscientos quetzales al Sr. Presidente de la República para la fiesta titular. Los concedió. Q100.00, se le dieron al comité para gastos de la fiesta y los otros Q100.00 se contabilizaron en la Municipalidad, de los cuales se compraron 65 libras de dulce para los niños pobres y juguetes. Sobraron Q.52.00 que están destinados para una obra Pública.  GESTIONES HASTA JUNIO DE 1,962  Se solicito autorización para el funcionamiento de un cementerio en la aldea El Pino. Pendiente de resolución;  Creación Escuela Párvulos. Pendiente resolución;  Creación escuela Rural Mixta en aldea Piedra Ancha;  Construcción Puente de HAMACA sobre el río de la Piedra Ancha;  Se gestiono pupitres para todas las escuelas del municipio. No han contestado nada;  Se solicito la irrigación de las tierras del municipio. Se dijo que se vería la manera de atender dicha solicitud, posteriormente;  Se solicito la introducción de la Luz Eléctrica de El paso de Los Jalapas. No obstante las ordenes del Sr. Presidente de la República, en el sentido de que se haga dicho trabajo, no han cumplido.

74  Se solicito al Gobierno de la República la pronta resolución de la solicitud de la municipalidad de El Progreso, en el sentido que autorice el funcionamiento de la fábrica de “Cementos Cruz” concede en el Propio departamento y por construir una fuente de trabajo para los guatemaltecos. Esta gestión, pende aun de resolución.  Las gestiones descritas anteriormente han sido reiteradas de tres a más veces a las dependencias respectivas para su pronta resolución.  Se deja constancia que, con la hechura de los tramos del mercado municipal, se logró acrecentar las rentas de la Comuna, pues producen cuarenta quetzales mensuales de alquiles.  Con el edificio de Policía y Cárceles edificado, se consiguió una buena economía para el erario Municipal toda vez que se ha dejado de pagar el alquiler oneroso de cinco quetzales mensuales por la vieja casa en que estaba instalada la misma, por una parte, y por otra, es un alivio para la Sociedad la existencia de buenas cárceles para el castigo de quienes infringen las leyes.  El asunto del TITULO JURISDICCIONAL DE EL JICARO, obra que mereció la mayor preocupación del infrascrito Alcalde, ha quedado prácticamente resuelto, habida cuenta que se han hecho ya los reconocimientos de rigor, inclusive, el MAPA OFICIAL DEL MUNICIPIO, por la dirección General de Cartografía, esperándose de un momento a oro quede resuelto en definitiva para satisfacción y gloria de quienes amamos de verdad el suelo natal.  La presente información, fue extractada rigurosamente de oficios y telegramas despachados que obran en el archivo de la Municipalidad, quedando a disposición de cualquier persona que desee verlos para mayor satisfacción de lo que en este folleto se divulga, así como para evitar malas interpretaciones, en el sentido que la Municipalidad se está tomando obras que no ha hecho o gestionado. IMPORTANTE –EL pago de deudas en la actual ADMINISTRACION. Instituto de Fomento Municipal se le amortizo en los dos años, seis meses de administración Municipal, como abono a la deuda de la construcción del edificio municipal, de capital la suma de……………………………………………………………………… Q. 473.42  Mas el 8 por ciento anual de intereses en el periodo mencionado…….…… Total… Q.2, 722.80  Sueldo de empleados que quedo debiendo la municipalidad anterior………  Deuda pendiente de las oficinas Municipales…….…………………………….  Deuda pendiente de EMPRESTITOS que se hicieron a varias personas para  La instalación del actual servicio de energía….……………………………………………  Deuda pendiente al contratista que hizo la instalación de la Luz Eléctrica..  Deuda pendiente de papelería de dos Municipalidades anteriores……………  Otras Deudas…………..………………………………………………………………………………..………….  Se pago la suma de Q.175.00 al señor Maclovio Illescas por valor de tres vacas que mato el alambre de alta tención de la Luz Eléctrica……………………………………… Total deudas Pagadas………… Q.2, 249.38 Q. 437.41 Q. 46.25 Q.270.27 Q.100.00 Q.100.00 Q 51.20 Q.175.00 Q.3, 902.71

En los términos apuntados, se concluye este boletín de información, con el objeto de que llegue a conocimiento del vecindario, haciendo constar, que la deuda que se refiere, no dejo de afectar considerablemente a la actual comuna su plan de trabajo, toda vez que más de la tercera parte de los

75 ingresos percibidos en un año, hubo que destinarlos al pago de la misma; esto es tomando en cuenta que el exiguo presupuesto municipal apenas asciende a la suma de Q.10,151.60 al año, -pero de todas maneras, se hizo lo que se pudo y las obras están a la vista de todos, y si algunas gestiones no encontraron el eco deseado en las esferas del Gobierno, no fue por negligencia del despacho, pues como se indica anteriormente, las gestiones fueron reiteradas de tres a más veces. Lo anterior es excluyente de las medidas de policía y buen gobierno emitidas sobre el manejo de la Alcaldía en los distintos ramos de la administración municipal, incluyendo el orden y la tranquilidad de los vecinos, aspectos que merecieron prioridad en la gestión, pues el Alcalde, como representante del organismo ejecutivo, dadas las buenas relaciones con la Policía Nacional, incluso, con cierta reserva, con el Comisionado Militar, impartió puntuales instrucciones al respecto. Es preciso anotar en la presente información, que fue el Gobierno del General Miguel Ydigoras Fuentes quien ayudo grandemente en la realización de las obras y que con muy raras excepciones no se puso ninguna cortapisa para dar lo que se pedía, pues si no fuera por el Estado nada se podría hacer con los exiguos recursos de las arcas municipales. El Jícaro, 25 de junio de de 1962. Carlos Egberto Casasola Saavedra. Alcalde Municipal.”” Para hacer todo lo que se hizo en mi administración sin contar con recursos propios, el individuo tiene que ser inquieto, travieso, de mentalidad abierta y apasionado por su terruño. OBRA IMPORTANTE. Es del caso referir como dato del pasado, pero de beneficio para el presente, la obra de importancia realizada en el año 1962, en las riberas del rio Motagua, en las proximidades de la población, relativa a la construcción de dos lienzos de gaviones paralelos, entre sí, que hicieron que el río corrigiera su cauce y que lo mantenga hoy día sin ninguna alteración, en cuanto a inundación de la población se refiere, cuyos trabajos fueron posible gracias al apoyo del entonces Presidente de la República, Miguel Ydigoras Fuentes al observar de cerca el problema, en una de sus visitas a esta población, girando en el momento para tal efecto, las disposiciones correspondientes. Los espigones o muros de defensa mencionados, ahora soterrados, están cumpliendo su cometido, aunque no parezca, haciendo que el río se mantenga en su cauce, dado que en aquellos tiempos en inviernos normales inundaba las vegas y el barrio La Quebrada, y recién construida la obra era un bonito paseo o sitio de distracción, teniendo una longitud de 200 y 250 metros aproximados, cada uno, respectivamente. Claro está, que con ello, la fuerza del río impactó directamente en un recodo del puente “Las Garzas”, San Cristóbal Ac., amenazando socavar la carretera del Atlántico, cuyas autoridades, al darse cuenta del problema, hicieron lo mismo, tirando el río por otro rumbo que no perjudica esta población. ACLARACIÓN. Respecto de mi gestión como Alcalde, dicho sea de paso, el más joven de todos, hasta ahora, al alcanzar tan digno cargo, tras nutrida elección popular, cuando apenas frisaba los veinticinco años, en la que se observó en todo momento el espíritu democrático, dándoles su lugar y respetando las opiniones de cada uno de los integrantes del Concejo. Quiero ser sincero al remarcar, que, si el Concejo que presidí logró hacer algunas de las obra que he mencionado, las de envergadura, por ejemplo, fue porque yo era conocido del General Ydigoras Fuentes, ante quien me llevó y presentó en cierta ocasión, siendo yo Secretario del Ayuntamiento, el entonces Alcalde Ricardo Romero Morales, hombre este astuto y “metido”, del partido “Redención”, conocido y ahijado suyo, en audiencia que nos concedió; conocimiento que se acrecentó con motivo de su visita oficial a El Jícaro, cuando siendo Alcalde Rodolfo Gutierrez Juárez y yo Secretario, me correspondió a mí el discurso oficial en nombre de la Municipalidad, oportunidad que aproveché en voz queda, para solicitarle la impresión de mi librito “Monografía de El Jícaro”, a lo que accedió gustoso,

76 expresándome algunos consejos para que la misma luciera mejor con un poco de historia y no solo datos estadísticos, los que acepté, y el librito gracias a su intervención, se imprimió, de tal manera que, cuanta gestión que la Municipalidad por mí presidida realizaba, era casi siempre resuelta favorablemente. En ese orden de cosas, se encuentran las construcciones de las escuelas de El Paso y Las Ovejas, discursos que también yo pronuncié en nombre de la Municipalidad, con motivo de su inauguración, de esta última recuerdo el 25 de mayo de 1961, con la presencia del presidente Ydigoras Fuentes, dejando encaminada la construcción de la escuela de los Bordos de Barillas y comenzada la carretera hacia la citada aldea Las Ovejas, cuya solicitud de apertura no me fue posible entregar personalmente al señor Presidente, debido a un accidente de tránsito, en el que salí mal herido rumbo al hospital San Juan de Dios, fracturado de la rotula, pelvis lado izquierdo y la nariz, lo que me impidió llegar a mi destino, que era precisamente la audiencia concedida en la Casa Crema, para ese efecto, pero en mi lugar lo hizo en nombre de la Corporación, el Síndico Primero Tomás Roldán León, que iba conmigo en ese momento, precisamente, a esa comisión en el transporte accidentado, y quien salió ileso, gracias a Dios, por lo que correspondió a él hacer entrega del petitorio respectivo, al general Ydigoras Fuentes, de suerte que dicha solicitud tuvo el éxito deseado, con algunos leves problemas previos a su construcción, tal la actitud de varios dueños de terrenos aledaños que se oponían a la botada de los cercos y ceder a título gratuito una pequeña fracción para hacerla más amplia, situación que fue superada al final y la carretera se hizo hermosa realidad, con el acompañamiento que en todo momento me brindó el síndico municipal, mi amigo Tomás Roldán, hombre honrado a carta cabal, que en paz descanse, quien me sucedió en el cargo de Alcalde, en cuyo período, dicha obra se inauguró. De otra forma, Municipalidades como la nuestra, carentes de recursos económicos en esa época, no podían solas costear el valor de sus obras, por lo que tenía que recurrirse ineludiblemente a la intervención del gobierno, que no daba el dinero contante y sonante, como ahora, sino bajo la administración del Ministerio respectivo. Durante mi ausencia del despacho, mientras me recuperaba de las lesiones sufridas por el accidente de que se habla, asumió legalmente el Concejal Segundo, un buen muchacho, quien dicho sea de paso, aprovechándose de la situación, es decir, de mi ausencia, quiso arbitrariamente darme “golpe de estado” para quedarse definitivamente en el cargo, mal asesorado por supuesto, por lo menos eso se habló informalmente en una sesión y en corrillos, según fuentes de todo crédito, pero el Concejo responsable de su actuación, rechazó rotundamente por unanimidad, tan absurda e ilegal idea. Hablando siempre de la gestión municipal, paralelamente tuvimos la valiosa colaboración de los diputados Manuel Orellana Portillo, Hugo Arriaza Pacheco y del paisano, ahora abogado, Mario Vicente Orellana Rosal, último que en todo momento y en forma desinteresada estuvo presto a ofrecer su más amplia cooperación en cuanta gestión se hacía al respecto, lo mismo que su suegro Melo Ayala. Por la intervención del ex presidente estuve a punto de ser candidato a diputado por el partido Redención, pero por mi inexperiencia política me “trocearon” como se dice en buen chapin, los diputados mencionados, quienes pretendían su reelección, como en efecto lo hicieron, de lo cual obran en mi poder los documentos correspondientes. La amistad conmigo, del general Ydigoras, se prolongó, pues cuando yo me desempeñaba como Asistente de la División de Inspección del Instituto

77 Guatemalteco de Seguridad Social, me buscaba para saludarme y lo ayudara en algún trámite que eran de su interés, íngrimo, sin guarda espaldas que lo cuidaran, ya bastante anciano y cansado. DIFERENCIA FINANCIERAS. Sobre el mismo tema cabe mencionar, que anterior al 31 de mayo de 1985, cuando se promulgó la actual Constitución Política de la República, las municipalidades no recibían ninguna clase de ayuda económica para el desarrollo de los municipios, como acontece hoy en día, que son agraciadas constantemente con el aporte económico constitucional, y un porcentaje adicional provenientes del presupuesto general de ingresos ordinarios del Estado, para hacer frente a su plan de obras y gastos de funcionamiento, incluido, el impuesto único sobre inmuebles que también les fue transferido, y en cambio antes, solo se contaba con el dinero que se recaudaba proveniente de impuestos municipales, lo que equivale a decir, que el alcalde que no hace obras ahora, es porque no quiere, pecando de malvado y traidor. Mi período como Alcalde fue de dos años y meses, por haberse anulado las elección de diputados en todo el departamento de El Progreso y tuve que seguir de frente. OBRAS PERECEDERAS. Naturalmente, ninguna obra es eterna, la acción del tiempo es inexorable, todo lo destruye, y como dice una canción, valga la redundancia, “el tiempo todo lo borra”, pues muchas de las obras enumeradas, por no decir, casi todas, han desaparecido, para dar cabida a otras de la misma o distinta clase en los mismos espacios físicos, por reposición o renovación, quedando algunas pocas visibles todavía, valga decir, las materiales como carreteras y edificios, pero queda al ex funcionario la satisfacción del deber cumplido. Yo hice y construí, jamás deshice ni destruí, como lo hicieron irresponsablemente algunos Alcaldes después, quienes mandaron a derribar un parque infantil construido en mi administración, para los niños del barrio Buenos Aires, sin motivo aparente, más creo por joder, así como quitar, por no decir desaparecer, la GALERIA DE ALCALDES que ejercieron en el municipio, desde su fundación, hasta mucho tiempo después, que yo dejé, como reconocimiento de sus servicios y como una obra simbólica para conocimiento de la historia, mandando ellos a hacinar en lugar recóndito las fotografías de los ex funcionarios que la integraban, en grosero irrespeto a su memoria y de sus familias, sin reparar en el daño al patrimonio del pueblo y de venideras generaciones con derecho a conocer nuestro pasado. CAPITULO VII ETIMOLOGÍA Y MIS MPEQUEÑOS COMENTARIOS Es muy difícil poder definir con exactitud, la toponimia de las palabras que designan los nombres de los poblados del municipio, por la escasez de datos al respecto, pero invocando a la lógica e informaciones de antiguos vecinos, venidas de generación en generaciones, encontramos las siguientes acepciones: EL PASO DE LOS JALAPAS. Lógicamente, significa lugar de paso, pero al respecto hay varias hipótesis: 1- que toma su nombre de la circunstancia, de que en tiempos pasados, habitantes del limítrofe departamento de Jalapa, utilizando un camino de herradura, casi en línea recta, que se oficializó como vecinal con el tiempo, al dirigirse a otros puntos de la república, por motivos de su interés, pasaban por esta parte del territorio nacional, a pie o montados en bestias, a recoger o depositar sus encomiendas en una institución Estatal, que en época pasada estuvo establecidas en el Rancho, denominada “El cambio de la Custodia o Paquete”, especie de aduana y correo, que daba servicio a los departamentos de la región, como punto de convergencia estratégico, hacia el resto del interior

78 del país; 2- que por la proximidad y viabilidad del terreno, dichos habitantes bajaban por ese camino para abordar el ferrocarril, y 3- que fue camino de milicianos, en una o varias acciones armadas desconocidas; tránsito que a la fecha ha desaparecido, por existir otras mejores vías de comunicación. Años después, los Jalapas se comunicaban con el resto del país por un lugar, más arriba, denominado Estación Jalapa, pero por camino carretero y en transporte de autobús. En un tiempo la estación de bandera del ferrocarril allí establecida, una galerita de madera, se llamó Paso-Malena, para cubrir e identificar a las dos aldeas cercanas, una enfrente de la otra, río Motagua de por medio, cuyos habitantes se guarecían en la misma a la espera del tren, pues no era más que una pequeña galera sin servicio de oficina alguno. Si bien, esta aldea en aquella época, era jurisdicción de Santa María Magdalena, la cabecera municipal estaba situada al otro lado del río, en donde hoy es la aldea de Malena, cuyo municipio fue suprimido, y su única aldea, El Paso, fue incorporada a El Jícaro cuando este se convirtió en municipio. Esta aldea es la más grande del municipio con 35OO habitantes. En ese lugar el tren del ferrocarril arrollo y mató a varias personas entre ellas a Emilio Terraza y Rolando Barrientos. LAS OVEJAS. Se cree que el nombre lo haya tomado el lugar, por razón de que en una hacienda allí establecida, había crianza de estos animales, la que con el tiempo desapareció. No sé por qué razón los vecinos de esa aldea encabezados por Tomás Roldán León, durante mi administración como Alcalde, solicitaron el trámite para que la citada aldea fuera elevada a la categoría de tal, cuando en el acuerdo gubernativo de creación del municipio ya se incluía a la misma y, ni yo, ni el Ministerio de Gobernación, reparamos en esa duplicidad, pues fue autorizada nuevamente, según acuerdo gubernativo de fecha 30 de noviembre de 1960. El Arzobispo Pedro Cortez y Larraz visitó en el año 1769 la parroquia de Acasaguastlán y en su informe no mencionó a El Jícaro como poblado, sino solo a la hacienda Las Ovejas, que se supone era importa. En este lugar fueron asesinados Enrique Carranza e Israel Oliva y mucho antes Adán Vargas en una trepada cerca del riachuelo. EL ESPÍRITU SANTO. Esta toma el nombre del cementerio local, y éste de la tercera persona de la Trinidad, tiene el tercer lugar en densidad de población en el municipio con 2879 habitantes. BORDOS DEBARILLAS. Se cree que el lugar haya tomado el nombre, de su caprichosa topografía, que presenta múltiples depresiones, propiedades que pertenecieron a un señor de apellido Barillas. Otra teoría puede ser que a dicha aldea se le denominó en un principio como “El Borde”, aplicándolo o nombrándolo de San Cristóbal Acasaguastlán, en donde residía la autoridad en aquel tiempo, como el extremo u otro lado del río, y con el tiempo el nombre se deformó, por qué borde significa precisamente orilla. LO DE CHINA. Nombre bastante raro, se ignora su verdadero origen, suponiéndose que lo adjudicaron los españoles residentes por estos lugares en la época de la colonia, como otros muchos nombres cuya etimología se desconoce. Una hipótesis puede ser que en aquellos tiempos, cuando repartían terrenos, a manera de identificación, le anteponían al mismo, el artículo determinante neutro “Lo” y la preposición “de”, seguido del apellido del favorecido, ejemplo: Lo de Mejía, Lo de Bran, Lo de Valdez, Lo de Coy, etc. Y que allí le hayan otorgado a una persona de apellido o sobrenombre “China”, para completar, ”Lodechina”. AGUA CALIENTE. Toma su nombre de una fuente termal azufrada, situada a un lado del riachuelo que pasa por la aldea, lugar de mucha ganadería en tiempos pasados. EL PINO. Se origina su nombre con motivo de que hace mucho tiempo, en el límite jurisdiccional sureste con el municipio de San Pedro Pínula del departamento de Jalapa, existía únicamente un árbol añoso de su clase que ha desaparecido, si bien la aldea se estableció en aquellas inmediaciones.

79 LA PALMA. Los cultivos de palma que en el municipio se utilizan para la fabricación de sombreros, dieron nombre a este poblado rural desde hace muchos años. PIEDRA ANCHA. En el rio denominado “Anshagua” que baña el límite suroeste de la jurisdicción de El Jícaro, existe en su cauce una piedra grande y ancha, y los vecinos al agruparse para formar el caserío le dieron a éste el nombre que se ha expuesto. LAS ANONAS. Se atribuye su nombre a plantaciones de esa clase de árboles que existieron antes donde ahora el poblado se ubica. EL OJO DE AGUA. Se llama así, por un nacimiento de agua ahí existente, que surte las necesidades de este preciado líquido a la comunidad, y que sirve además, para regar los cultivos de dicho caserío y los de las aldeas Los Bordos y Espíritu Santo, por medio de gravedad y turnos que disponen un juez de agua. Debido a la deforestación y descuido de los vecinos, este manantial está al borde de desaparecer. SANTA ROSALÍA. Por tratarse de un nombre de carácter religioso se supone que se le asignó el mismo, en honor a la virgen que lo lleva, por la feligresía católica, al formarse este caserío. EL ZAPOTE. Sin duda, su nombre deviene de las plantaciones de ese árbol existentes en ese lugar, asiento del clan de don Eusebio Castillo, dueño de una hacienda agropecuaria famosa, por la buena calidad de sus productos lácteos. En sus inmediaciones se ubica el cerro llamado Ananopa, muy importante por la diversidad de fauna y flora raras que posee, lugar también muy visible en la época prehispánica, asiento de algún pueblo primitivo, a decir de los vestigios en ruinas, que todavía se observan. Aunque está fuera de tema, aprovecho para insertar aquí, una anécdota de un nieto de don Chebo, así llamado el dueño de la finca, de nombre Beto Ayala, Betón, como se le conocía popularmente, quien sin ser profesional de la medicina, pero con una primaria bien ganada, y mentalidad desarrollada, se dedicó por mucho tiempo a esta actividad en forma empírica, utilizando como herramienta principal la audacia, inteligencia y un vademécum o inventario de medicamentos de farmacias que consiguió, a través del cual recetaba, atrayendo pacientes de todas partes del país y de Centro América, dado lo acertado de su trabajo, decían, pues por la fama adquirida, no habían sábados y domingos que no hubiese fila de carros de pacientes de todas partes, de adentro y hasta de fuera del país, esperando turno en la “clínica”, para poder ser atendidos por el “galeno”, quien a la vez, tenía habilitado un negocio de comidas en los alrededores, para los visitantes. EL TAMBOR. No se conoce su correcta etimología, pero se supone que se debe al instrumento autóctono de ese nombre, o porque su figura topográfica se parece a dicho instrumento, lugar de abundante ganadería en su época. Antaño, próximo a este lugar, al otro lado del río, pero en jurisdicción nuestra, en un paraje denominado El Naranjo, en las inmediaciones de la Puente, límite municipal de El Jícaro y Cabañas, se celebraba en los últimos días del mes de enero de cada año, una alegre fiesta promovida por los romeristas que iban y venían del Santuario de Esquipulas, incluso, algunas veces con participación del comité pro mejoramiento de esta población, en donde se vendía comida, golosina, frutas, se mataban gallinas, cerdos, chivos y se bailaba al compás de música de guitarras, acordeón y marimba, a la cual acudían mucha gente vecina, que aprovechaban para bañarse en las frescas aguas de los ríos El Tambor y Motagua, cercanos.

80 LAS JOYAS. Atendiendo a las depresiones del terreno en que el caserío se ubica, y al modismo guatemalteco que señala como “joya”una hondonada pequeña, se considera que esa sea la razón por la que se le dio ese nombre al lugar, o tal vez por lo bonito e importante del terreno, semejándolo a un objeto precioso. EL JICARO. Se tiene conciencia plena, de que su nombre deriva del árbol de su nombre, abundante en este lugar en tiempos pasados –víctima, como otros, de la tala inmoderada de nuestros bosque-, cuya excrecencia llamado jícara o morro, era muy codiciada por los indígenas de la región, para la fabricación de recipientes o guacales para usos domésticos y, particularmente, a la presencia en su geografía, de un frondoso árbol de su clase, que ondeaba sus ramas al viento, en expresión de confraternidad y de bienvenida, que servía de sombra a los caminantes que visitaban o atravesaban la comunidad, así como de sesteo de sus recuas; y también el punto de referencia identificado por los viajeros, para el descanso o del mejor vado, por sus playas extendidas y aguas poco profundas, para cruzar el río Motagua, hacia el norte, a la altura en aquel entonces, del respetable corregimiento de Acasaguastlán, cuyo dominio se extendía hasta el mar, en los largos recorridos que se efectuaban desde el inicio de la época hispánica, entre la Capitanía General del Reino de Guatemala y el Golfo Dulce, en la Bahía de Amatique, principalmente para el transporte de mercaderías entre ambos lugares, pues era este el camino oficial de herradura en la época, al océano Atlántico y viceversa. A partir de allí, el paraje fue visible como centro de albergue y de paso que dio origen con el Tiempo, a la formación de El Jícaro, como asentamiento humano: paraje, caserío, aldea y municipio, en orden progresivo, con sus posadas gratis en amplios corredores de las viviendas y cobijo para librarse del sol en copudos árboles, para los transeúntes. COMENTARIO. Respecto del nombre del municipio y de su cabecera, cabe mencionar, empero, que relatos grabados en videos por personas ajenas al pueblo, aparecidos en la página Web, Youtube, de Internet, con el título ”El Jícaro, Progreso, Guatemala” y divulgados en otros medios, con motivo de la celebración del centenario del municipio, refieren que, el nombre de nuestro pueblo no proviene del árbol de Jícaro, sino de una tribu primitiva llamada “Xícaros” que existió aquí en la época pre hispánica. Versión que no comparto, por falsa, tendenciosa y Árbol de Jícaro, cargado de frutos. antojadiza, carente de todo fundamento lógico e histórico, en razón de que esa tribu extinguida, efectivamente, tuvo su asiento, pero en un pueblo remoto, de lo que hoy es el municipio de El Jícaro, Nueva Segovia, República de Nicaragua, que nada tenía que ver con Guatemala, por un lado, y por el otro, qué lo mismo se dice de este último pueblo antiquísimo de Nicaragua, en un estudio del profesor Ruvirico Espinoza, difundido en una página de Internet, quien afirma también, que el nombre de El Jícaro de ellos, tampoco viene de la fruta de ese árbol, sino de los “Xicaros”, que allí existieron antes de la conquista; exposición esta cierta para ellos, pero inaudita a todas luces, respecto de nosotros, porque esa tribu nada tenía que hacer en esta lejana tierra, convirtiéndose entonces dicho nombre, en un tema polémico, sobre el cual se está especulando aquí, por alguien que tomó esos datos de internet, para sorprender y engañar, por asociación de nombres,

81 con la complicidad de jóvenes paisanos, a incautos, pretendiendo desvirtuar la verdadera etimología de nuestro municipio, harto conocida, de generación en generación, de muy antiguos tiempos y, además, porque existen infinidad de poblados en toda América, con el nombre de El Jícaro, área en donde precisamente vive silvestre y libre este arbolito, situación que hace confirmar, por ende, que sus nombres derivan del mismo y no de los “Xicaros” de que se habla erróneamente, excepto el de Nicaragua, como ya se explicó, de lo que sí existe documentación histórica fehaciente, que lo confirma, las Crónicas de Indias, por ejemplo. “Xicaros” allá y “Xicaros” aquí, no contiene, pues en nuestra región, existieron los “Vastránes”, “Guaxtlanes” y “Alaguilac”, según la historia patria. De tal manera que la nueva etimología que se pretende dar a nuestro terruño, es inventada y por ende irreal, por alguien pícaro que quiso “conquistar laureles” o por paga económica, quien sabe, con la venia de muchachos locales, a quienes quizás no les gusta o se avergüenzan del lindo nombre de un vegetal noble de nuestra pueblo, que lo identifica perfectamente, por ser parte de nuestra flora. Para corroborar lo dicho, aclarar y desvanecer ese infundio, que desafortunadamente ya es público allende las fronteras patrias, en perjuicio de nuestra historia, transcribo a continuación el siguiente párrafo de narraciones de aquél país, que aparece también en internet, de mucho tiempo atrás, que dice: ““De acuerdo con el profesor Ruvirico Espinoza, el nombre de El Jícaro, no proviene del árbol que da ese fruto, sino de la tribu de Xicaros que habitaba este lugar a la llegada de los españoles. Los Xicaros era una tribu pequeña, de ellos se conocen algunos caciques como Moyuca que aparece mencionado en crónicas de indias, con el paso del tiempo al acabar con los indígenas se nos llamó el lugar de los Xicaros y después solo Xicaros y al instituirse como distrito nos llamaron Jícaro””, así opina el profesor Espinoza. Queda claro entonces, que el relato de internet, sobre el nombre de El Jícaro nuestro, mencionado, es inverosímil y un caso típico de plagio a la información que sobre el particular escribió el profesor Espinoza, hace muchos años, y que los autores del video de marras, trasladaron casi literalmente, al caso de nuestro Jícaro, queriéndonos confundir con los “Xicaros” de Nicaragua. Además, en el diccionario de voces guatemaltecas se dice que el nombre de El Jícaro, tiene su origen en la voz azteca Xicallí, que quiere decir Jícaro, cuyos descendientes, según la historia patria, incursionaron y sentaron sus reales por esta región y en otras del territorio nacional, estableciendo asentamientos que mixtificados por la transculturización, en decadencia, subsisten aún en algunos lugares del país.
Por el atrevimiento ofensivo e irresponsable que de tu nombre se ha hecho, arbolito y pueblo míos, público allende los linderos patrios, con la negación de tu legítimo linaje, atribuyéndote por el contrario, una etimología postiza, alejada de la realidad, pretendiendo con ello, cambiar la historia de nuestra

patrimonio cultural, yo salgo en tu defensa para cantarte simbólicamente, en prosa, a mi manera, surrealista si se quiere, pero sentida, una siempreviva, no con la técnica que demanda el arte de la poesía, salvedad que antepongo, por si el caso, contrarrestar de inmediato por aclaración, las gratuitas murmuraciones de los “eruditos” que no faltan, al decir o simplemente pensar, que lo escrito son meros disparates. Con toda modestia, en verso libre o suelto, mi pensamiento, ahí va: LOA A EL JÍCARO. Por silvestre, como el hombre errante primitivo, eres libre y fecundo a la vez, expresión de fe y de esperanza, igual a tu par el Guayacán, férreos, valientes, que resisten las erosiones del suelo, en pleno verano ardiente, diferente a otros de tu reino, que sucumben a las adversidades del clima, pero igualmente, nobles y útiles, por los beneficios que brindan a la humanidad, según las propiedades de cada cual. Por tus bondades, para nuestros aborígenes, sagrado fuiste, quienes pleitesía en remoto tiempo te rendían, te cantaron en el Popol Vuh, así códices mayas lo dicen, que por tu existencia e inspiración divina, nació la liberación del pueblo, y por ello, en el patio de los ranchos pajizos, majestuoso como ícono te exhibían.

82 Pero es que aún, no como antes, sigues siendo venerado en la modernidad, en el pensamiento y el corazón, de muchos que reconocemos tu valía, y que por tu excelencia, premiado en otros países fuiste, aunque unos pocos ignorantes, aquí, pasen desapercibidos, de lo importante que en la vida has sido, por lo que prestos estarían a darte machete, de repente, todavía. Eres familia bignoniácea, orgullosamente nativo de América, desde México hasta El Brazil, incluyendo, las Antillas, en donde muchos pueblitos llevan tu nombre, en agradecimiento de los muchos beneficio que has dado, al paso de los años, a quienes lo han necesitado. Tus diversos primitivos nombres, según la región que te cobija: Xicallí, totumo, guaje cirial, táparo, higüero, güira, jícaro, morro, tu nombre científico: Crecentía Cujete o Alata, resuenan con sabor a música de tambor, flauta, tun y chirimía, con ritmo de son y samba, olor de lluvia y de hojarasca seca, despojos de tu cuerpo, que abonan la tierra, en la geografía de vuestros pueblos amerindios hermanos, con recuerdos de amor y, a veces, de melancolía, por lo que te sucede en el entorno. Molestos están los espíritus ancestrales, allá en el otro mundo, que en vida, precursores de tu nombre como lugar de asentamiento humano primitivo fueron, que te promovieron, te vieron nacer y crecer, para que hoy algunos paisanos ingratos, con mentiras, tu estirpe pretenden borrar, y oye, sugieren que no te ahueves, que la idea absurda y pueril de una minoría, contra el grueso del pueblo de pensamiento sensato, jamás va a trascender, y que eso lo dicen ellos, por joder, y es más, porque no tienen que hacer. Por tan ingrata actitud, revoloteando en la eternidad, con voz incoherente y trémula, en su jerga coloquial, clamando en el cielo, las ánimas jicareñas están, por tú nombre original, que ellos en tu imagen inspirados, asignaron en principio a su clan, para que sigas siendo sagrado, grande y te dejen en santa paz, en tu consentida tierra natal. Eres figura decorativa, paisaje de ensueño primaveral, que te alzas expresivo, con tu tronco robusto, entorchado, leñoso, de ramas alargadas retorcidas, con tus púas de defensa adheridas, como brazos extendidos, con tu frondosa copa repleta de hojas, mustias en el verano tropical, que se expanden con gracia sutil en el ambiente, en son de bienvenida al desconocido y como expresando: ¡aquí estoy presente, para brindar mi sombra al caminante, incluyendo a los chicos paisanos que me rechazan!, como guardián que cuida del entorno. En el invierno, te llenas de brillo, con tus pequeñas hojas de misterio, en forma de cruz, que tiemblan con el viento y, durante todo el año, te adornan las jícaras, producto de tus entrañas, pelotas verdes, parduscas ya secas, redondas u ovaladas, como esbeltas mamas de mujer galante, prendidas como zarcillos de oro que brillan, o esferas plateadas de navidad, simbolizando el encanto de tu ornamental figura, con acento. De tu frutos maduros, al suelo caídos, te congracias con los vacunos, dándoles de comer, que engullen con voracidad para su hambre calmar y, como compensación, por instinto, con su excremento abonan la tierra, para sembrar por dispersión, a lo natural, las semillas que preservarán tu especie, por doquier. Tu fina y dura madera, apreciada en la ebanistería, también para hacer cabos de machete, azadón y trompos, que me hacen recordar, del tiempo de mi niñez, de Tan, Nelo y Pdro Sipe, buenos fabricantes de esos artilugios, a puro machete, como uno se los pedía, no taratateros, sino zumbadores y bailadores, “dormidos” en el mismo lugar al buen ensartón, seditas de la punta, como se decía, para echarlos en la mano, y hacer piruetas con el cáñamo y, si posible, acabar a calazos al o los trompos de la competencia, al sacarlos del ring; son recuerdos imborrables también, para el hombre que te canta agradecido, arbolito, creación de Dios.

83 Afortunado por natura, a poblar este suelo bendito viniste, aunque empobrecido y despreciado por la codicia del forastero explotador, después fuiste, como lo fueron los descendientes de los mayas precolombinos, que igual a ellos, expulsado de las tierras buenas fuiste, hacia zonas marginales, para cultivos más rentables producir, pero el tiempo ha cambiado, y actualmente, surges de nuevo, como ser viviente importante, a ocupar las tierras de ayer, creador y de buena respuesta económica para los pueblos de hoy, para plantarte por doquiera y sacar siempre raja de tu ser, el extranjero mercader. Me entristece, eso sí, el interés que está despertando tu valía ahora, por tus propiedades descubiertas y el provecho que de tus productos sacará, el rico avariento, que en laboratorio te ha mandado a investigar, para de tus semillas y pulpa sacar: aceite vegetal de uso humano, etanol para
combustible, alcohol industrial, bebidas espirituosas, carbón vegetal y harina para consumo humano y concentrado animal, y de tal manera tus propiedades aprovechar.

Los mismos, de repente, su ámbito de acción extenderán, para continuar tu explotación a granel, con el licor tipo brandy, coñac y vino, que ya fabrican del fruto de tus entrañas, allá en San Patricio, lejano pueblo, territorio que fue, de la tribu de Nicarao, y que antes, como bebida natural vigorizante, con conocimiento de causa, ingerían los antepasados. ¿Ya lo veras?. Eres árbol longevo de mil cualidades, de ornamental follaje e interesante para paisajes inspirar, que llenas tu ramas por adherencia en tu vejez, de curiosas orquídeas salvajes, de maravillosos colores, que exhibes a tus admiradores como corolario de tu presencia. Tus frutos esféricos o alargados en forma de calabaza, de cáscara dura, desde tiempos remotos has dado, para la confección de guacales domésticos, ricos para agua tomar, y otras artesanías e instrumentos musicales disfrutar, como maracas o chinchines, que trascienden las fronteras patrias, a manos de turistas, que a su país de origen, como gustadas reliquias, cagando van. Tus frutos y hojas, bondadoso has brindado, en la medicina casera o popular, para curar tantos males que aquejan a la humanidad, verbigracia: diarreas, dolor de estómago, resfriados, bronquitis, tos, asma, uretritis e hipertensión; remedios por naturistas, a sus pacientes recetados, que alivio a sus dolencias han encontrado con infusiones y cataplasmas aplicadas. No obstante, repito, después de haber sido por la codicia de los usurpadores hispanos, relegado y depredado, hoy surges de nuevo virtuoso y callado, para demostrar cuanta importancia tienes, en el quehacer del mundo actual, valga decir, en el mercado, para continuar honrando a los pueblos hermanos, que legítimamente llevan tu nombre, en América, cuna de tu hábitat natural. Eres especial en el bosque regional, distinto a los demás, por tu sistema reproductivo, y de tal manera tus flores color púrpura, nacen adheridas a tu tronco, donde menos se espera, como pezones enhiestos al viento, en embrión, que al abrir sus pétalos al sol, prestas estarán para alimentar al enjambre, de miel, que ansioso lo imploran en el vergel, y tus frutos igual, prendidos de tu ser, a la espera de madurar, para algo útil poder ofrecer. Y algo más edificante aun, que con tus productos y derivados, a mucha gente pobre mantenéis, que de antaño elaboran harinas para sus tortas comer, deliciosos refrescos, y atoles aderezados con leche beber, famosos en Nicaragua y Honduras, donde te rinden merecido culto todavía, incluso, a partir de tiempos modernos, porque según la creencia popular, milagroso eres, por que tus hojas en forma de cruz, evocan la vida y muerte de Cristo, que por Judas Iscariote vendido fue por pisto. De tu pulpa seca, de trascendente olor agradable, se obtiene jarabe tónico para la tos y exquisitos caramelos de morro llamados, en lenguaje popular, también medicinales. En síntesis, eres poesía en

84 tu conjunto, que te da grandeza y puntos para sobrevivir, aunque algunos te desprecien y de hecho, tu relación con el nombre del pueblo, pretenden cambiar. Para finalizar quiero decirte, que por aclamación, en nombre de la paisanada que te quiere, a partir de hoy, aunque de hecho ya lo eras, por los atributos que posees, y como un merecido reconocimiento a tu excelencia, se te designa: SÍMBOLO DEL MUNICIPIO y más coloquial y cariñosamente, en diminutivo: ARBOLITO DEL PUEBLO, como lo son la Marimba, la Ceiba, la Monja Blanca y demás Símbolos Patrios, a nivel nacional y como consecuencia: se CONFIRMA TU ESCUDO, inserto, para mejor configurarlo después, y la promesa de propagar tu siembra estimulada por doquier y plantarte específicamente en lugar público céntrico de la población, para perpetuar tu ser y tu imagen como respetable REPRESENTACIÓN MUNICIPAL, y por tanto, de hoy en adelante se PROHÍBE TU TALA, para que sigas viviendo, enriqueciendo con tu presencia el medio ambiente, brindando oxigeno al ser humano, del que espero, que, con la consciencia despertada en el gran acontecimiento de hoy, digo de tu exaltación como mascota del terruño, se te respetará y cuidará más, como ejemplo para próximas generaciones, hasta el día en que natura disponga de tu existencia, de pié, como fiel guardián del pueblo, haciendo honor a la tierra que te vio nacer, dejando como legado la purificación del viento que prodigas a la humanidad, por los años y, tus despojos, cargados de nutrientes fortalecerán el suelo y darán vida a futuros vástagos que preservarán tu especie; de cuyo agasajo, fíjate, los espíritus de nuestros antepasados, pioneros del apelativo del territorio y conglomerado, que de buena escogencia, lleva tú nombre, allá en el cielo, regocijados están. jajajaja. Por ello tu nombre vivirá por siempre, representado en nuestro municipio, como expresión de solidaridad, de unidad, de progreso y desarrollo, grabado en nuestros corazones y de de muchas tantas comunidades de América que llevan tu excelso nombre inmortal. Loa a ti, árbol, digno patrimonio del pueblo, en nuestra floresta enclavado: fuerte, bello y generoso, como tu pariente el Guayacán, de los pocos de tu clase, que en los llanos, contaditos van quedando todavía, pues la tupida arboleda de maravilla, que antaño, de ambos, en el campo florecía, en espíritu deambulan ahora, allá en la “gloria”, porque la mano del hombre cruel, los arbolitos jóvenes, sin compasión, ha arrasado, convirtiendo las partes de tu todo, en cenizas, que a la tierra con hálito de vida, a tu costa, va abonando, por la tala inmoderada de ambas especies cometida. Y tú Jícaro, árbol del homenaje, en modesta alocución, para agradecer este tributo y no hacer mutis y te tilden de tímido, solo pide y di en voz sonora a la concurrencia: “¡no me desprecien muchachos!, no me jodan, soy un ser viviente vegetal, que no hago daño a nadie, antes bien, los productos de mis entrañas a ustedes doy, contrario al homo sapiens de hoy, animal malvado y desigual, que en su maléfico afán de querer mi reino, en corto tiempo exterminar y, como consecuencia, la tierra en desierto convertir, sin percatarse que con ello, como recompensa negativa, el “monstruo” depredador, su propia tumba, para su enterramiento masivo, lentamente, cavando está. Porque el desastre vendrá”. Y hay de aquel, que a partir de ahora en adelante, pretenda hacerte daño, porque simbólicamente castigado será, con la pena más cruel que ser humano alguno pudiese soportar, como lo es el látigo del desprecio y el ostracismo. El anterior panegírico, por ahora, no es más que un acto figurado, que puede convertirse en hermosa realidad, en el mañana que espero llegará, a través de un acuerdo gubernativo o interno de la Municipalidad local, para oficializar y perpetuar la historia del árbol de Jícaro y sus circunstancias, así como de su coterráneo el guayacán, como de hecho ya se empezó a hacer con la siembra de un arbolito de su clase, por el entusiasta paisano Eduardo Zamora Orellana, respaldado con una placa

85 por la cual se le rinde merecido culto y se le identifica, lastima grande que en terreno ajeno de la estación del ferrocarril, pero también en fila, en las cercas del chagüite honrando al pueblo están. No sean así chicos imberbes o chicas inmaduras responsables del video que en este capítulo se comenta, reflexionen y no se llamen a engaño, eliminen esa información falsa de Internet, que sólo los pone en ridículo. Gaudencio Morales Barillas, también hizo campaña para cambiar el nombre de El Jícaro, por el de Orellana, en honor del ex presidente de ese apellido, oriundo de este pueblo, en cuyo caso si hubiese sido posible, por sensible la idea, pero la misma por ignoradas razones no cuajó, prefiriendo los vecinos quedarse como estamos, con apelativo vegetariano. CAPITULO VIII COSTUMBRES, RECUERDOS, ANÉCDOTAS Y TRADICIONES

VESTIMENTA. Con pequeñas diferencias, casi son las mismas de la región nororiental del país: vestir de manera corriente, usando pantalón y camisa formales de diferentes telas y colores, menos chillantes y, algunas veces saco, a la moda, o a la antigua, aún; su ropa interior, calzoncillo y camiseta corrientes, sombreros de palma o fieltro, pero la mayoría de individuos andan con la cabeza al descubierto, casi todos los miembros de la población usan zapatos y una pequeña minoría de campesinos, a punto del desuso total, con caites de suela y de hule, hechizos o de fábrica. LA MODA. Ha dado un giro de ochenta grados en las últimas décadas, sustituyendo algunas maneras de ser y objetos tradicionales de uso personal, según el momento, por otros de mayor gusto y hasta extravagantes, dirán algunos, como la ropa, el calzado y la forma de usar el peinado con mechones de pelo parados embadurnados de una laca gruesa, emulando a un puercoespín encrespado, o simplemente el pelo largo, los hombres, imitando a las mujeres, particularmente entre la juventud; como moda rimbombante fue en su tiempo también, el peinado del “tango”, el “camino” y el corte de pelo a la “rapa”, la “broz” y a la “flautop”, y no se diga la moda en las mujeres con arreglo del cabello corto a lo “masculino”, uso de pelucas, pestañas y uñas postizas, totalmente distinto a como era antes, pero lo cierto del caso es que la moda se repite. VESTUARIO DISCRETA. En tiempos pasados, hasta la década de los años 30, del siglo anterior, las mujeres usaron ordinariamente, más que todo, para los oficios diarios, una ropa muy bonita, de tela corriente, regularmente de “yerbilla”, que consistía en vestido de vuelo de una pieza, largo, con el ruedo abajo de las rodillas, de repente, con algunos adornos en el pecho y encajes, con gabacha y atavío en la cabeza para sujetar el cabello, que en Guatemala denominaban “mengalas” y para lucir usaban las largas y holgadas faldas con blusas livianas, que a mi parecer hacía muy bonitas y discretas a las mujeres. Otra costumbre o moda desaparecida era la de almidonar la ropa exterior con una sustancia llamada Yuquía, extraída de la yuca, que hacía lucir impecable a las personas que la usaban, especialmente las camisas de los varones, tan tiesa que pareciera quebrarse. Las señoras, no cualquier mujer, para salir a la calle o en un acto público, usaban un lienzo o manto de seda fina de color negro, largo que les cubría la cabeza, y las muchachas, un lienzo que llamaba tapado, chalina o madrileña, regularmente de color blanco, que infundían respeto. RITOS. Para sus ritos religiosos o para asistir a las fiestas titulares o nacionales, no usan ningún vestido típico, pues no los hay, salvo los que se usan en algunas representaciones escolares, a manera de dignificar a la raza y el folklor nacional y en los actos luctuosos se usa el vestido corriente de color negro. Es posible que los primitivos habitantes de alguna etnia existente, hayan usado su traje

86 característico, tal vez igual al que todavía usan los indígenas de algunas regiones de Chiquimula y Jalapa: calzón y camisa blanca de manta o yerbilla color blanco, con caites y sombrero de palma, habitantes, que considero pertenecían a una misma etnia en toda la región. Cuando fallece un familiar de religión católica, lo velan con candelas y le rezan y si es de la evangélica, lo velan, le hacen culto, con oraciones y cantos; esto es cuando la muerte no ha sido producida por alguna enfermedad infecto-contagiosa, agraciando a los presentes con tamales, pan, café y cigarrillos; recordando que la gente en anteriores tiempos, amanecían en esas reuniones, patentizando su pesar y solidaridad a los deudos, con entera sinceridad, pero ahora, no es así, pues quienes asisten, lo hacen por un rato y se largan, la pureza de intención se ha esfumado; entreteniéndose algunos de los presentes para pasar el tiempo, con juegos de naipes, perinolas y dados, consternados unos por el fallecido que se vela, y a lo lejos, en la calle, los chistes a granel. FIESTAS NACIONALES. Se celebraban con toda pompa y rigor, con la participación del magisterio, autoridades locales y vecinos, rememorando cada efemérides con una reseña histórica, para conocimiento y formación de conciencia de las nuevas generaciones, por ejemplo: el día del árbol, se cantaba el himno respectivo en su honor, se hablaba de su significación en la naturaleza y se plantaban cientos de especies en lugares descampados adecuados. El 15 de septiembre, se leía el acta de Independencia y se hacía alusión a los hechos de tan magna acontecimiento. El 20 de octubre, por lo consiguiente, se traía a cuenta los motivos que inspiraron esa importante gesta, etc., como parte de nuestra cultura, de tal manera que esos acontecimientos no dejaran de tener vigencia e impacto y no pasaran al olvido, situación que a pesar de ello, ha ido desapareciendo, más que todo el aspecto sublime. Pero más importante aún, en todas las fiestas nacionales, para la izada y arriada de la Bandera Nacional, se cantaba obligatoriamente el Himno Nacional, por la concurrencia, y se entonaba por la marimba, la banda o simple disco, la Granadera, me parece de tipo militar muy solemne, en un su momento himno de las Provincias Unidas de Centro América, cuya capital fue Guatemala, todo con los honores de ordenanza y un respeto extraordinario, los hombres civiles se paraban firmes y se descubrían el sombrero y los militares se cuadraban haciendo el saludo. Algo que no faltaba, como complemento de la festividad, eran los magnos desfiles y bailes infantiles supervisados por los maestros, por las tardes, y sociales para adultos, por la noche. FIESTAS PARTICULARES. Estas consisten en bailes, reuniones de confianza y serenatas con motivos diversos, amenizadas regularmente con marimba, guitarra y últimamente, conjuntos con equipos de sonido, pero en tiempo pasado, con música gravada en discos para vitrolas y sinfonola; algunos parroquianos lo hacían en las tabernas con música de rockola y, las serenatas, con música de guitarra, especialmente para la novia, eran cosa común y corriente, antaño. LOS MOROS. En un tiempo estuvo de moda los convites, comparsas o recorridos de moros por las calles de la población, vestidos con trajes estrafalarios y mascaras, entonando canciones hechizas: de burla, protesta, satíricas, críticas, haciendo paradas de casa en casa, que tenían por objeto ejecutar algo de música, a cambio de dinero, con destino a alguna obra social, amenizadas sus danzas con acordeón, concertina y guitarras, costumbre no original por cierto de este pueblo, sino importada del departamento de Jalapa, por un ciudadano oriundo de el Chaparrón, que vino a convivir entre nosotros llamado Tránsito Cardona, algo alocado, hermano de Antonia Cardona, dueña de comedor aquí, el que tocaba el acordeón, eventos que eran acompañados por multitud de patojos aficionados a la jodarria. La patojada los llamaba “moros morongos”. BAILES SOCIALES. En el Jícaro, en épocas pasadas, todavía por la década de los 50 del siglo anterior, existía mucha sociabilidad, en la que fueron notorias algunas reglas del trato social, con signos de

87 alguna discriminación y dureza, práctica acentuada en tiempo de los Intendentes municipales, del gobierno de Ubico. Por ejemplo: en las festividades solemnes: el 15 de septiembre, toma de posesión de nuevas autoridades municipales, año nuevo, incluida, la inauguración de la feria titular y otras, se acostumbraba realizar los llamados bailes sociales, eventos para los que regularmente se seleccionaba e invitaba, a familias de la “high life”, o principales, como se decía, con la exigencia de presentarse en traje formal o de gala, negando la entrada a quien no iba vestido de ese modo, por la comisión de recepción, regularmente de un comité, que se apostaba en la entrada del salón, siendo muy alegres los juegos jocosos colectivos que se armaban en estos eventos, tal como hacerle rueda a determinadas parejas o el trencito que debía pasar por los arcos humanos o el túnel, o sea bailadores asidos de la cintura en fila india, pasando bajo la estructura, al compás de la música. Igual suerte de no ingreso, corría quien llevaba “entre pecho y espalda” algunos tragos, porque para los “bolos” y para la gente vestida con traje de paisano y quienes no habían sido invitados al baile social, se establecía las llamadas zarabandas, en las que se “podía de todo”, y hasta machete corvo al cinto, el hombre con la chenca en la bemba y, la fémina, masticando chicle hasta no más poder, con el fustán de fuera, barriéndose ambos, a brazos abiertos, de punta a punta, hasta por la madrugada, con una goma espantosa. Recuerdo que cuando los marimbistas interpretaban el famoso son anunciando el final del baile, no faltaban más de algún entusiasta bailador, incluyéndome, ofrecer paga extra a los músicos para continuar la “pachanca” por un tiempo más, pero ahora lo que prevalece son los conjuntos o la disco, así llamados, que por lo oneroso de la paga, es difícil prolongar. No obstante, lo importante es que los chavos lo disfrutan. LOS REPASOS DANZANTES. Eran frecuentes y alegres, en las casas de habitación de distinguidas damitas del pueblo, con la presencia de jóvenes de ambos sexos, no solo para compartir amistades, sino para aprender a bailar, al compás de música diversa en discos, pero especialmente de la marimba Chapinlandia, en un programa radial de TGW, que se difundía diariamente a partir de las 20 horas. Alicia Orellana y las hermanas Morales Venegas, algunas de las anfitrionas, Julio Gutierrez Juárez y Luis Leiva, no fallaban. MATRIMONIOS. Considerados solemnes por ley y la costumbre, la novia después de ser formalmente pedida por el galante prometido, regularmente con la participación de un vecino honorable, la pareja después de largo noviazgo parea conocerse, acudía ante la autoridad municipal a celebrarlo, formando con los padrinos e invitados, y los mirones a la par, un séquito selecto, en parejas, vistiendo los novios trajes especiales, el de novia y de caballero y los acompañantes vestimenta formal, para luego, después de casados, de regreso a casa, en el mismo orden, disfrutar de la alegre fiesta, con abundante bebidas y comida, convertido todo, en un jolgorio, casi siempre, amenizada con marimba pura. Los novios regularmente permanecían por corto tiempo en el purrun, pues de pronto se les veía salir de casa o de escondiditas, con destino a la luna de miel, la mayoría de veces, fuera de la sede del casorio, prosiguiendo el festín con los invitados y parientes de los novios y de algunos colados, entre tragos y fumaderas, en una época en que el matrimonio se imponía a las simples uniones de hecho, ultimas vistas con no muy buenos ojos por las familias. EXIGENCIA. Cuando alguien vecino acudía ante la autoridad, por haber solicitado audiencia, para la resolución de algún asunto, o porque hubiese sido citado para determinada diligencia, debía el sujeto presentarse bien vestido, aunque fuese con ropa corriente, pero incluido, rigurosamente, el saco, ya que si no lo llevaba, tenia obligadamente que ponerse uno usado, mugroso, descolorido que colgaba en el perchero de al lado de la entrada de la sala del funcionario. Ese tiempo se caracterizó por el uso del saco y el sombrero, siendo obligatorio descubrirse éste antes de ingresar ante el funcionario, para

88 evitar una llamada de atención, incluso, hasta de una multa. Hoy día esa cultura o simples costumbres han desaparecido. De esto hay una anécdota que refiera que cuando un vecino, después de haber sido atendido, preguntaba al secretario o al propio Intendente, cuanto tenía que pagar por el asunto o diligencia realizada, éste le respondía: “a mí, nada, el tramite es gratuito, pero si usted quiere deposítelo en una de las bolsas de la chaqueta que cuelga en la capotera de afuera”, hechos de los que yo dudo, por qué las autoridades de esos tiempos no eran corruptas, por el temor que le tenían a Ubico, Presidente de la Nación en esa época. CEMENTERIOS. La inhumación, ya sea en bóvedas o en sepultura, según las condiciones económicas de la familia, es la costumbre puntual, para depositar los restos de los seres queridos que traspasan el umbral del más allá, para cuyo efecto, existen cementerios en la mayoría de aldeas y caseríos del municipio y, por supuesto, el de la cabecera municipal, el más grande y urbanizado, situado en la aldea Espíritu Santo, en donde incluso, entierran algunos difuntos de otros lugares del área rural, según dicen, por mayor seguridad, el cual data aproximadamente del año 1875, siendo lamentable la profanación de aposentos y el pillaje que se ha desatado en los últimos años, de lapidas, imágenes religiosas y otros enseres que se guardan en las capillas de los mausoleos, por individuos inescrupulosos, en horas nocturnas, para somatarlos por migajas económicas. Antaño, hasta la década de los años 30 del siglo anterior, más o menos, que yo recuerdo, era costumbre bastante común un tanto morbosa, entre las familias proporcionadas económicamente, adquirir las cajas mortuorias de las personas ancianas o que padecían de enfermedades terminales, que colocaban regularmente sobre las vigas de las casas, arriba de la cama del enfermo, en el tapanco o en otro sitio especial, hasta que llegaba el día de la muerte, no se sabe si por previsión o alguna cuestión de índole religiosa o de superstición. Se acostumbraba también, arropar a los difuntos con su respectiva mortaja, mandada a confeccionar específicamente, colocados en su ataúd, a los adultos con los brazos sobre los costados, con los ojos cerrados, y los niños, con las manos extendidas, atadas, alzadas sobre el pecho, los ojos abiertos, lo último, decían, como signo de santidad, para luego el velatorio correspondiente, exactamente por veinticuatro horas, previo a la inhumación, no como ahora que los visten con el mejor traje usado en vida y sin tantas reverencias; los niños eran sepultados con la cara en dirección al oriente y los adultos hacia el poniente, costumbre que aún escasamente se observa. En algunos casos, como rutina ancestral, les metían en la caja, los objetos de uso personal más apreciados, para que fueran con ellos, en la creencia de la existencia de otra vida después de la muerte, en otras dimensiones del universo. AMPLIACIÓN DEL CEMENTERIO En el Camposanto mencionado, existen varios elegantes sepulcros colectivos construidos, y por insuficiente, por la saturación de sepulturas y panteones, no hace mucho tiempo, fue ampliado, sumando el terreno contiguo, propiedad de Adán Castillo Guevara, que en paz descanse, hombre honesto y altruista, quien en vida lo cedió bondadosamente a título gratuito para el efecto, teniendo como consecuencia ahora, suficiente espacio para continuar las inhumaciones por muchos años más, siendo así, que en su honroso nombre, muchos difuntos de familias de toda condición económica, son sepultados allí; gesto de buena voluntad que debería ser imitado por otros jicareños. CEMENTERIOS ANTIGUOS. Se han descubierto cementerios más antiguos, en varios lugares del municipio, pertenecientes a etnias indígenas que existieron en épocas prehispánicas, a juzgar por los indicios encontrados, objetos de cerámica, jade y obsidiana, así como por la forma de enterramiento de cadáveres, no en caja mortuoria, sino en el puro suelo, envueltos en petates, repelladas las

89 paredes interiores de algunas fosas, se supone de gente importante, con una capa fina de lodo, cubiertas con enormes lajas en la parte superior, lo mismo que en la de entrada, tipo bóveda subterránea, protegidas con promontorio de piedra en la parte de encima, que a su vez, servía de identificación, ubicados los mismos así: en el terreno denominado “El Marquesote” en las inmediaciones del paraje “Patio de Gallos”, que se extiende al lugar conocido como el Tempisque y lugares adyacentes, antes y pasado el riachuelo, al oeste de la población; otro en las cercanías de la aldea Las Ovejas, en donde antes existió la comunidad “Las Ovejitas”; en el caserío El Jabillo, muchas tumbas; en el terreno “Las Burras”, en donde están enterrados parientes de los antiguos dueños de la hacienda El Tintero, del cual decían los supersticiosos que se veían luces por las noches, y el más grande, en el terreno El Mal País de Chílo, al nororiente, sospechando que fue el primer cementerio, utilizado por los habitantes de la comunidad, tanto indígenas como españoles y criollos, de aquellos tiempos. Lamentablemente, muchas tumbas han sido profanadas y depredadas por gente malvada, en busca de reliquias, objetos de valor, piezas dentales de oro y hasta supuestos “tesoros”, para venderlos a coleccionistas o simples compradores de estos objetos, así como robar piezas de cadáveres parea ritos satánicos y el llamado “polvo de muerto” para hechicerías, pues sabido es, que, siguiendo la tradición ancestral, los muertos eran y lo son a la fecha en menor grado, enterrados juntamente con sus pertenencias mas gustadas, como una creencia de vida en el más allá, después de la muerte. Recuerdo el caso de una tumba en El Paso de loso Jalapas que guardaba los restos mortales del señor Joaquín Ayala, violentada precisamente, para robar objetos de uso personal, incluso, su dentadura con piezas de oro, hecho delictivo, del cual tuvo conocimiento la autoridad judicial. En el movimiento de tierra, previo a la construcción de casas de la colonia “La Arenera”, fue descubierto un pequeño cementerio, tal vez familiar, con cajas mortuorias rústicas, que guardaban los restos de cadáveres casi momificados, preservados así, se supone, por la arena seca propia del lugar, que los preservaba. La proliferación de cementerios antiguos en el municipio, nos da la idea de la relativa densidad poblacional desde aquellos tiempos, se sospecha, de la era prehispánica, dispersos sus habitantes, por toda el área. EL DIA DE LOS SANTOS. Por esa época, el campo se engalana de bellas flores silvestres, que se entremezclan con el verde intenso del bosque, cual manto multicolor expandido en el horizonte. Se intuyen en la distancia, las amarillas oro, con manchas púrpura aterciopeladas….flor de muerto, haciendo honor a su nombre y, trepados en los palos y los tunos por doquier, se observan de cerquita, los bejucos de tulumpas blancas y moradas; florecitas misteriosas de efímera presencia en el medio, enredadas también, en las vallas de los cementerios, en homenaje, quizás, del día de Todos los Santos, como especial adorno mandado por la naturaleza, para alegrar en esos momentos, con su esplendor, el ambiente festivo que se vive, pero también inspirar luto a los deudos que recuerdan a sus muertos en esos, días con nostalgia….todas son florecitas de muertos. Para el efecto, los lugareños en tradicional peregrinación, se dan cita desde tempranas horas, durante los días 1 y 2 de noviembre, en los distintos camposantos del municipio, vestidos de gala en esos solemnes momentos, convenientemente chapeados y reconformados los montículos de identificación de las sepulturas, arruinados por la acción del tiempo, y pintados o simplemente encalados los panteones, para rendir culto a los familiares que yacen en la morada eterna, llevándoles coronas, chales, flecos de pino y ramos florales naturales o prefabricados;

90 complementada la visita, después de efectuada la decoración de las tumbas, con algunos ritos religiosos entre familiares y amigos, que incluyen encendido de velas, rezos y oraciones, todo lo cual, como cumplidas ofrendas espirituales ancestrales; reuniones en las que, en la necrópolis de la cabecera municipal, en aldea Espíritu Santo, principalmente, se convierte en amena tertulia, mucho más visible y animada, por el reencuentro de aquellos paisanos que tienen tiempo de no verse, quienes aprovechan el momento, después de adornar las tumbas de sus recordados y queridos difuntos, para estrecharse las manos, saludarse, intercambiar impresiones y recuerdos de la infancia y de la vida en general, con la participación, de repente, de pseudo mariachis, el de los Ruano de la Tigra, no falta, que ofrecen canciones alegres y tristes a los presentes, que también son para los muertos, dicen los supersticiosos, siendo de admirar la actitud de algunos deudos, como Quila Barillas y Blanca Orellana, entre otras, al hacer presencia casi permanente en la necrópolis en altas horas, haciendo guardia y rindiendo culto a sus seres queridos fallecidos, en esos días. Otros noveleros adictos, se acercan a la feria de la aldea, en las inmediaciones, siempre alegre y concurrida, que se celebra en esa fecha, para refrescarse con agua de suculentos cocos cosechados allí mismo, tomarse unas “chelas” bien frías o traguitos al gusto y disfrutar de lo de más que ofrece la fiesta, incluyendo las deliciosas garnachas. Y de regreso a casa, lo acostumbrado en esos días: el delicioso plato de fiambre, tortas de pan, conserva de chilacayote, ayote en dulce o tierno, este último con aderezo de leche. En las cercanías de este cementerio, en la cúspide del malpaís, se ubican los panteones que se divisan del centro de la población, que guardan los restos de preclaros coterráneos, dueños en aquel tiempo de ese terreno: coronel Guillermo Peralta y los mentores Gregorio y Lucila de esos apellidos, el primero, asesinado por su propio cuñado, un personaje bastante intrigante, violento y por lo mismo temerario, llamado Guillermo Gutiérrez, más conocido como “Tío Mito”, de quien se sabe, además, que con unos cuantos tragos entre pecho y espalda, cambiaba su personalidad, montaba su corcel pura sangre a correrlo a galope abierto, por las calles de la aldea, desafiando la endeble autoridad que cuidaba el lugar en ese entonces, en peligro de la vida de los residentes, quienes temerosos de ser atropellados corrían a encerrarse en sus casas. Pareciera que el famoso jinete, “Tío Mito”, sea el personaje decidor y fanfarrón que hablaba despectivamente de los indios de San Agustín, que refiere el bardo José Martí, en su libro Guatemala, a su paso por esta comunidad, en donde tomó un desayuno, a finales del siglo XIX. En la pendiente del paraje “patio de gallos”, fue asesinado hace muchos años, el ex Alcalde Venancio Morales Marín, según se sabe por dificultades de tierras, personaje honorable, de familias primitivas de la comunidad. Tanto en este lugar como en otros del municipio, eran frecuentes las peleas de gallos con sendas apuestas en dinero y en especie, que cumplían al pie de la letra los galleros, para evitarse las consiguientes problemas, propias de esta clase de juegos. En este sitio constantemente se daban reyertas derivadas de la inconformidad con las apuestas efectuadas, incluyendo algunos fallecidos, por lo que al pueblo, dada la existencia, en mala hora, de unos cuantos tahúres pendencieros, era conocido con el calificativo despectivo, de mala fama, de ”el rastro”. LOS PALENQUES. Anteriormente las peleas de gallos eran prohibidas, por lo que se hacían en forma clandestina en lugares apartados de la población, ejemplo, el conocido históricamente hasta la fecha como “patio de gallos”, en el camino que conduce a las Ovejas, en cuyo lugar, por la falta de vigilancia de la autoridad, se registraban constantemente actos reñidos con la ley, incluidos homicidios y asesinatos, como para decir: ¿si esa tierra hablara?, nos espantaríamos ahora. Ya en tiempos un tanto modernos, hubo palenques de gallos autorizados y vigilados por la autoridad en la propia población,

91 el primero propiedad de mi padre Fidél Egberto Casasola y después el de Carlos Barrientos, principalmente para la feria, a los cuales concurría mucha gente de adentro y fuera del municipio, como simples espectadores y famosos galleros locales, como Fidel Roldán, Rogelio Casasola, Manuel Oliva y Julián Hermosilla, este último experto en el amarre de navajas, así como jugadores de otros lugares del país, a hacer fuertes apuestas y disfrutar del eufórico evento, por supuesto, ya con la cultura que reclama el juego de la apuesta; lugar en donde los gallos muertos que habían sucumbido en las peleas, se conseguían regalados o se compraban baratos, para guisar en “chicha”, en las propias cocinas o champas de la feria, la de Lipe Carioca, especialmente, actividades en las que no faltaba de metiche, pero necesario en el grupo, Nefta Guerra, para contar sus mentiras. COSTUMBRES DESAPARECIDAS. Es de lamentar, que muchas de las costumbres de antaño, mantenida por años por la feligresía católica, con ocasión de la Semana Santa, como lo eran los sanos y simpáticos juegos de azar simulados -porque no se apostaba dinero-, solo se ganaba el producto de la propia cera, que se practicaban en el atrio de la iglesia de San Cristóbal Acasaguastlán, y en la nuestra tiempo después, hayan desaparecido. Me refiero a las chapas de cera de colmenas silvestres, y las apuestas llamadas “paradas”, que se hacían con porciones o bolitas de esa sustancia, con dados improvisados, tabas de huesos de animales, especialmente de vacas y marranos, perinolas, o simples granos de maíz, señalados estos en el anverso con un puntito de cera, o sea el “gana” y “pierde”, por ambos lados, que eran los instrumentos de juego y la cera el objetivo de las apuestas, que inducían a los participantes a pronunciar las emocionantes expresiones de la jerga popular, propias del pasatiempo: “culos”, “carnes”, “pinta”, “pares”, “mete”, “saca”, “todo”, “nada”, etc., queriendo con ello, la juventud, representar simbólicamente, la venta infame que el apóstol Judas Iscariote, hizo del señor Jesucristo, según la religión católica; juegos tradicionales que venían practicándose con mucha pasión desde el inicio de la época de los corregimientos y curatos, pos conquista de Guatemala. LA CERA. Para ese efecto, con bastante anticipación, cada año, la patojada y hasta gente adulta, se aprestaba a castrar más de una colmenea silvestre de rica miel medicinal, ya fuera de las llamadas “negro”, “doncella”, “talnete”, “shuruya”, “cushushso”, “chelero”, etc., para obtener un regular “bojote” de esa materia, que también se comerciaba, que les era menester para participar en aquellos divertidos juegos, que desaparecieron pasados los años, tal vez por la falta de interés de los organizadores de esas celebraciones, pues en manera alguna esa diversión, es ahora igual que antes. MI PASIÓN. En lo que a mí respecta, valga el recuerdo, cuando íbamos a traer leña con mi querido pariente Clodomiro Gutierrez, en tanto él se dedicaba a cumplir lo que tenía que hacer, yo, lo hacía castrando cuanta colmena encontraba a mi paso o tenía vigiada, por el vicio de acumular cera, volando machete alrededor del enjambre, logrando miel y cera, dándose el caso, que cuando Clodomiro venía de regreso con su tercio de leña, aún estaba yo luchando por terminar mi travesura, y éste malhumorado por tan larga espera, muchas veces me dejaba, pero yo necio, de regreso todavía, aprovechaba el tiempo para bañarme en el río, y cuevear una que otra piedra, en busca de cualquier molusco o peces, para acompañar con el almuerzo que me esperaba, de suerte que esa travesura casi siempre era fructífera, pues en las cuevas de los talpetates casi siempre habían cangrejos, camarones o mojarras, los cuales cocinaba asados. De lo anterior tengo una anécdota, y es que, en cierta ocasión, acompañado de Chus Espinoza, en un potrero de los Ruíz, del otro lado del río, castramos fácilmente una colmena, que vivía en el hueco de la copa de un longevo guayacán, de abejas mansas, de miel gruesa, algo verdosa, parecida al aceite de carro, sabrosa, eso sí, no sé de qué clase era, pero el asunto fue que de la ingesta, resultamos mareados y con dolor de estomago. En la misma oquedad de la colmena castrada, del citado árbol,

92 tiempos después, atrape un enorme tecolote que llevé a casa, luego de haberme arañado en el forcejeo, no recuerdo si lo comimos. BARRILETES. En igual forma, desapareció la costumbre de volar barriletes gigantes, de hasta cinco metros de altura, fabricados de vara de chimilile, papel periódico y engrudo, a cuya pita de volado se le adosaba en la punta inferior un manojo de monte apelmazado que llamábamos “mamacho”, especie de agarradera, con el cual se jugaba la divertida “soltadilla”, que consistía en correr a toda velocidad jalando hacia adelante contra el viento el barrilete encumbrado, para luego soltarlo con ímpetu hacia arriba el “mamacho”, para ver quién de los participantes agrupados atrás, lo agarraba, para luego este en carrera veloz nuevamente, volver a soltarlo y así sucesivamente, se compartía el juego con la muchachada, escapando de pronto más de uno de los involucrados, de ser arrastrado por la fuerza del artificio. Lo divertido era que, de repente, cuando el barrilete estaba en su máxima altura, la pita a pesar de su grosor y resistencia, de hamaca o rede, se reventaba y el cometa, así llamado también, iba a parar a tantos kilómetros de distancia o trabado en algún árbol, pero de inmediato corriendo algunos del grupo iban a destrábalo para traerlo de nuevo a la pista de juego y si no había avería, continuar volándolo. Y así, emocionadamente, la palomilla practicaba este divertido juego, que llamábamos “soltadilla”, aparte de los telegramas que enviábamos a la cara del barrilete, en las alturas. Expertos en la fabricación de estos juguetes eran los hermanos Chew, Tavo y Augusto. ALUMBRADO. Durante los regímenes de línea dura, anteriores a la revolución de 1944, ante la carencia de energía eléctrica en la comunidad, era costumbre forcivoluntaria, el alumbrado por los vecinos del frente de sus casas de habitación, hacia la calle, con lámparas de gas con mecha, hechizas o adquiridas en el mercado y, en pocos comercios, con lámparas de gasolina a presión de aire, de la marca Coleman, un verdadero lujo de alumbrado en esa época, que los vecinos hacían colgar en la parte superior de la puerta principal de entrada de las viviendas, de siete a las nueve de la noche, bajo pena de multa para quien desobedecía esa ordenanza, aparte del alumbrado interior con candiles o quinqués, ocote o candelas, tiempo que aprovechaba la juventud en la calle para los diversos juegos de la época, como el “casco de las mulas”, “piispisigaña”, “pimpin”, “cucuco”, “arranca cebolla”, “ la tenta”, y “el adivino-adivinador”, entre otros, algunos de los cuales todavía se practican, ya que a partir de la última hora citada, al sonar del gorgorito, por la soldadesca en principio, cuando habían comandantes locales y la policía después, en tiempo de la Revolución, todo mundo a recogerse en sus casas, pues nadie podía andar en la vía pública pasada esa hora, salvo causa de fuerza mayor, una emergencia, por ejemplo, una fiesta o un velorio, en que el ir y venir de las personas era libre, ya que de lo contrario tenía que dársele cuenta a la escolta, que patrullaba por los contornos del poblado; medida drástica que los vecinos consideraban normal y que para la gente honrada no coartaba el derecho de libre locomoción, porque todo eso evitaba problemas. FOGATA. Enfrente de la guarnición, en una época, por las noches, se encendía una fogata que era mantenida y atizado constantemente por el soldado de turno, para mantener la llama viva, a efecto de alumbrar convenientemente los alrededores del edificio municipal y la comandancia, sitio al cual se acercaban algunos friolentos parroquianos para compartir la tertulia y tomar calor con la presencia de cuentistas de vocación como Nefta Guerra, algunos jodiéndose poniéndose apodos, desde luego que dicha reunión hasta las nueve de la noche, porque llegada esa hora, se cumplía lo que indica el refrán: “calabaza, calabaza, cada quien para su casa”, a dormir, pues el “toque de queda” había llegado y los agentes del orden a cumplir la ronda acostumbrada durante toda la noche, por turnos, con silbatos de gorgorito por todos lados.

93 EL BARRIDO. En tiempo de los Intendentes de Ubico, a falta del servicio público de limpieza, era obligatorio para los vecinos, el barrido de la calle, en frente de sus casas, so pena de multa en caso contrario, por lo que a buena mañana, principalmente las amas de casa, cumplían casi al unísono esa labor, con escobas especiales improvisadas llamadas de patio que no jalaban tierra, solo basura, fabricadas de palma real, “escubilla” o en último caso, de manojos de varejon de “ronrón” atados con pitas, simulando una escoba, o de cualquier otra planta silvestre, algunas echando previamente una regadita para minimizar el polvo, práctica que prevalece a la fecha, solo que ahora en forma voluntario y no a “puro tubo” como lo imponía el régimen de la época y se limita la quema de basura en la calle, como antes se hacía, por la cultura que se va adquiriendo de proteger el medio ambiente. BOTICAS. En la localidad existían varias farmacias, en las que además de la venta de medicamentos de marca y genéricos, se preparaban químicamente, algunas medicinas, esencias de valeriana, ipecacuana, esencia maravillosa y purgantes, atendidas por un boticario examinados con licencia para ejercer, sobre conocimientos y aptitudes en la materia, que recetaba, ponía inyecciones y lavativas, en la propia farmacia o a domicilio, de las cuales, una, debía permanecer estrictamente de turno por las noches. Las recetas tradicionales consistían en medicinas como la tintura de ruibarbo, píldoras de vida del Dr. Ross, píldoras Reuter, alcanfor, laxol, aceite de castor, ricino, sal inglesa, sulfato de soda, magnesia Philips, entre otras. Se recuerda a Enrique Eisin Pineda, Isauro De León, Ricardo Paz y Luis Pineda. Actualmente hay dos de esos negocios, que surten de medicinas mejoradas al vecindario, con recetas de profesionales las doctoras Elisa Carranza Casasola e Iris Flores, entre otros. LA ANÉCDOTA del párrafo precedente es que, cuando uno de patojo estaba padeciendo de alguna dolencia y observaba venir cerca de casa a cualquiera de los farmacéuticos mencionados, con la cajita de su equipo en mano, corría a esconderse, para no ser víctima de la aplicación del medicamento o tratamiento recetado, especialmente de las dolorosas inyecciones, en prevención de haber sido contactado sigilosamente por los padres. PRÁCTICAS MILITARES. En esa misma época, rigurosamente los días domingos, las reservas organizadas realizaban sus prácticas militares, para cuyo efecto, sus integrantes, ciudadanos que oscilaban entre 18 y 30 años de edad, se congregaban, no se crea que voluntariamente, frente a la plaza pública, unos 200 milites, más o menos, procedentes de todos los comunidades del municipio, para ser entrenados en diversos ejercicios de ese ramo, por oficiales de la localidad, que culminaban a veces, en severos castigos, a los reservistas, a la menor “metida de pata” o indisciplina, por los superiores jerárquicos, entre quienes se contaban a: Tránsito Ruíz, Simón Carranza, Efraín Peralta, José Ángel Falla, Esteban y Fidel Roldán, Tránsito Orellana y otros, quienes a su vez, eran entrenados por otros oficiales que venían de la Jefatura Política Departamental, entre quienes se recuerda a un oficial de escuela que llamaban Gironcito, radicalmente cruel, en función también de instructor, con los soldados que no cumplían bien sus ejercicios o castigos pateándolos o estrellándoles sin la menor compasión el fuete en cualquier parte de su cuerpo, incluidas las palabras obscenas y que posteriormente fue ascendió a coronel y con el tiempo nombrado gobernador departamental. Loso oficiales locales eran rígidos también, pero más complacientes. Claro, era una época de dictadura. Las prácticas se iniciaban en la calle principal, enfrente de la sede de la comandancia local, enfilando hacia el campo de foot ball, portando los reservistas fusiles de madera con los que hacían sus simulacros, y los oficiales descritos, de todos los grados, de línea por supuesto, menos de generales, debidamente uniformados, con su equipo completo, por lo menos su espada y charreteras, se exhibían arrogantes ante la soldadesca que entrenaban y vecinos mirones, para cuyos milites habían también prácticas de tiro al blanco en el improvisado polígono de la arenera, en el potrero Las Burras,

94 en la hacienda El Tintero. Lo cierto es que la plaza, como se le llamaba al centro cívico local, era súper alegre en ese día. ROMPAN FILAS. Esas reuniones multitudinaria, las reservas, alegraba sobre manera el vecindario, pues a su término, uno de los oficiales de la tropa emitía la siguiente voz de mando: “rompan filas” y al instante se armaba el desparpajo de voluntarios, todos alborotados de un lado para otro, en franca gritería de contento; momentos que aprovechaban comerciantes, a la espera. para la venta callejera de sus productos, especialmente manjar, arroz en leche, dulces de leche, tamalitos de chipilin y frutas, favoreciendo el comercio en general; no sin antes despertar el apetito de algunos de los reservistas, después de las prácticas, de pasar por las cantinas del pueblo, a echarse un copetín, y otros que se quedaban en plena furia, a dormir la mona. AUMENTAN LAS PRÁCTICAS. Esas prácticas fueron más intensas en todo el país, desde el momento en que el gobierno del general Jorge Ubico, creo por patriotismo, le declaró la guerra en el año 1941 a la república de Alemania, por diferencias de fincas en territorio nuestro, ocupadas por ciudadanos de aquel país especialmente en Cobán, Alta Verapaz. De esto último hay una anécdota que dice que cuando el gobierno Alemán, después de haber recibido la declaratoria respectiva, buscaba en el mapa del orbe, la pequeña república de Guatemala para contestar el requerimiento, una mosca se posó casualmente, sobre el lienzo que aguardaba el mapa, tapando el punto preciso de identificación de nuestro país, y no siendo posible por tal motivo, la localización del objetivo militar, prácticamente su inexistencia, aquella república, una potencia mundial de gran tamaño físico y militar hizo oídos sordos de tal reclamación, quedándose a la zaga de todo, evitando con ello una posible confrontación. COMIDA TPIPICA. La comida cotidiana, en tres tiempos bien definidos: desayuno, almuerzo y cena, es la misma que se degusta en las regiones del centro y nororiente del país, complementada, de vez en cuando, con un asado de cecina en brazas de carbón de encino, y pescado del Motagua y, de repente, uno que otro choricito perfectamente elaborado con receta casera. La típica, consiste en chicharrones en el desayuno y caldo o cocido de res con verduras y yerbas, en el almuerzo, regularmente el domingo, la carne guisada y las hilachas; claro está, que hay mucha gente pobre que no alcanza a comer ni siquiera algo de lo mencionado, pero ahí la van pasando con guineos mojonchos, animalitos de monte, yerbas silvestres y pescaditos del Motagua. Antes los alimentos se cocinaban con leña, en hornilla formal construida de adobe o ladrillo, el práctico trébede o simplemente tres piedras a cierta distancia para sentar las ollas. HOMBRES CÉLEBRES Y CHISTES. En este pueblo, como otros, existen personas que por su rara manera de ser, sin maldad, pero con gracia, se convierten en célebres personajes, que se hacen acreedores del cariño y admiración de sus congéneres, a quienes se les admira en vida y se les recuerda en su ausencia, a algunos por su habilidad para contar cuentos y chistes, cuando en los velorios, por ejemplo, se reunían y aún, varios grupos, uno que asistía a acompañar a los deudos en su dolor y participar en los ritos religiosos, otro a participar en los juegos de azar y el último al relato y escucha de cuentos picantes y chistes, así como a ver qué galgueaban, todo por una antigua costumbre de años, a los que no faltaban Neftalí Guerra Portillo y su hijo del mismo nombre, pero comúnmente ambos llamados “Neftas”. El primero perteneciente a los Guerra que procedentes de San Pedro Pinula, Jalapa, vinieron a radicarse a este pueblo, junto con otros de dicho lugar, de profesión carpintero. Lo divertido del caso era que estos dos buenos conciudadanos, cuando el padre, por ejemplo, estaba en el uso de la palabra contando el cuento o el chiste, de pronto irrumpía el hijo, con aire de sabelotodo y su habito característico de sacudir el suelo con su sombrero antes de sentarse,

95 en cuclillas, motejándole: “eso no es así papá, sino así”, “mira que no es así”, que sabes vos baboso, metiche, le contestaba aquel, y así se enfrascaban en estéril discusión, optando don Nefta, algunas veces, por retirarse del grupo, ante tal persistencia, dejando que Nefta hijo, continuara con el relato de las mentiras o verdades que lo animaban y disfrutaba, máxime cuando le compensaban con sonoras carcajadas de quienes lo escuchaban, que lo hacían sentirse grande en la materia; siendo de todas maneras el pupilo, muy servicial y célebre, por su manera de ser, muy dado a la compra y venta de caballos, y reparador de zapatos de profesión, pero no muy bien portado en casa y así muchos cuentistas se congregaban en las afueras, un tanto retirado de la sala de velación para no interrumpir y dar rienda suelta al propósito que los animaba, de contar chistes a granel, a cuales mejores, ante la multitud que ávidos los escuchaba con las consiguientes carcajadas hasta no más poder. Ocurrentes lo fueron también, aunque con mayor chispa: Víctor Juárez Canahuí, Pancho Orellana, Modesto Romero y su hijo Rigo, Alfredo Vargas, Gilberto Marroquín, Alberto Cermeño, como lo son actualmente: Plácido Saavedra, Víctor Hugo Orellana, y otros, quienes con su ingenio, amplio repertorio de frase y expresiones cómicas, cuentos y chistes, hacen a pasar a sus espectadores ratos de esparcimiento y reír a carcajadas. Beto Marroquín, el de las mil caras, con una serie de muecas, expresiones y sonidos parecidos a los que se atribuyen, ahora, a los extra terrestres, un cómico nato, que acaparaba la atención colectiva. Por ejemplo, no pensaba en nacer Michael Jackson, cuando este divertido paisano ya bailaba casi con el mismo estilo de este, como anunciando esa nueva y novedosa danza y queriendo abrirle anticipadamente las puertas de la fama al desconocido bailarín, en ese tiempo, después rey del Pop; secundado por Rigo Romero con esos raros movimientos, en las parrandas y hasta en rueda pública, en época aún conservadora, con el riesgo de pecar de “deshonestos”, pero lo importante era que hacían reír, hasta no más poder, al más serio y despreocupado de esas cosas. Hombre célebre por su manera de ser, fue también Carlos Barillas y Barillas, hombre bueno, solidario e incansable trabajador, se desempeñó como buzo reparando algún desperfecto a profundidad del mar, en el muelle de Puerto Barrios y fogonero de patio del ferrocarril en ese lugar. Ya estando aquí jubilado, no se perdía velorio, solo que a diferencia de los demás, no chistaba palabras y casi siempre permanecía estático el tiempo que duraba la velación, pues raras veces se sentaba, y cuando se pasaba de tragos, sin ofensas para nadie, recitaba casi de memoria los acontecimientos de la vida nacional e internacional, de los que estaba perfectamente empapado a través de la lectura de periódicos y escucha de noticias, especialmente de los acontecimientos de la segunda guerra mundial, a la que dicho sea de paso, le siguió la pista hasta el final. En una de sus simpáticas expresiones, refiriéndose a ciertas mujeres presumidas, llenas de babosadas, solía decir: “hay mujeres que andando paren y dicen que son doncellas, pásenselas a Barillas a ver que hace con ellas”, en alusión a su fama de su relación con las féminas. “EL AGUACERO”. De los anteriores, Alfredo Vargas, Víctor Juárez y Modesto Romero, tres simpáticos chingones del pueblo, que tenían a flor de labio el intercambio de las bromas y chistes, a manera de dimes y diretes, a veces burlescos, que se jugaban entre sí y con sus demás compinches, que alcanzaba también a la gente inadvertida, eran amigos inseparables en las buenas y en las malas, quienes dejaron como recuerdo un repertorio de ese entretenimiento y buenas maneras de pasar el tiempo, entre otras, la siguiente anécdota: se cuenta que en cierta ocasión, los susodichos querían curarse la “goma”, de la borrasca del día anterior, y ante la escasez de centavos para ese propósito, idearon visitar al Tesorero, su amigo “tío Lecho”, así llamado cariñosamente, para “venderle un aguacero”, ¡imagínese el estimado lector!,… un “aguacero”, cosa inaudita dentro de las cosas

96 posibles de hacer, que inventaron, pues tenía días de no llover y estaba haciendo mucho calor, y poder así solucionar el “problema” que les agobiaba, y enterado el supuesto comprador del objetivo, en principio los mandó al carajo, indicándoles: ustedes están locos “babosearme quieren”, pero reiterada la petición, con la astucia que caracterizaba al grupo, con expresiones suaves de “no sea malo tío lecho, no nos deje morir, mire que le vamos a hacer falta”, y caída en gracia la oferta a su interlocutor, y luego de disfrutar todos de la broma a carcajadas sueltas, al final, con paciencia y elucubrando sobre el insólito pedido, sacó su billetera aquel buen hombre y los favoreció con un par de “chemas” para la compra de varios “trinquis”, con valor de 0.35 el octavo en ese tiempo, suficientes para volverse a embolar, de suerte que esa tarde, coincidentemente, llovió a “cantaradas”, después de varios días de no caer ni gota. ¿coincidencia o favor de Dios?. GATO POR LIEBRE. Otra anécdota de Nefta hijo, da cuenta, que, don Ladislao Guerra, hombre respetable y tío suyo, no lo podía ver ni en “pintura”‘por las constantes babosadas e irregularidades que éste mantenía cometiendo y por “shute”, motejándole acerca de su forma de ser y haciéndole reflexiones para que enmendara su proceder, lo que naturalmente molestaba a aquél. Tan era así qué cuando Nefta llegaba al lugar que su tío solía frecuentar para conversar con sus amigos, pláticas en las que también él quería participar, por lo cual lo tildaban de entremetido, lo echaba o se iba don Lago del lugar, en señal de desprecio. Un día de tantos, cansado Nefta, de los desaires de su tío, a quien por cierto le fascinaba la carne de conejo, se dijo así mismo: “me voy a vengar de mi tío, le voy a “meter gato por liebre”, y en efecto, así fue, echó manos a la obra, se acordó que en la “usha”, en el abajadero de la Juana Ventura hacia el río, casi siempre tiraban gatos muertos; encontró uno, lo peló, lo limpió, le quitó la cabeza, y los pesuños a fin de borrar todas las formas de un animal de su clase, simulando por el contrario, un “conejo pelado”, y fue en busca de don Lago, a quien encontró en el lugar de costumbre, la rampa de la estación del ferrocarril, que servía de lugar de tertulia, juntamente con Elías Saavedra, Manuel Orellana y Manuel Mejía, y bastante sonriente, con cara de patojo travieso, alzando con la mano derecha el cuerpo del animal, le dijo: tío mire, mire,…. lo que conseguí, se lo vendo, se lo doy barato, a lo que el tío emocionado respondió ¡caramba muchacho, ve que conejaso… te rayaste!, ¿donde lo cazaste?, lo maté con la honda en el chagüite siempre pensando en usted, respondió, trato hecho te lo compro, ten dos quetzales y llévamelo al comedor de la Juana, para que me lo hagan guisado hoy mismo para la cena, correcto dijo aquel, asunto arreglado, pensó, ahora me toca a mí. A los pocos días, Nefta, se apareció de nuevo, en la rampa de la estación, en donde estaba don Lago y el mismo grupìto y tratando de complementar su venganza, tapándose la boca con una de las manos empezó a imitar los maullidos de un gato, expresando: “miau”, “miau”, “miau”, y los presentes sorprendidos y a la vez molestos, se preguntaron y “este baboso” que se propone ahora, a lo que don Lago con la autoridad que consideraba tener sobre aquél dijo: “qué pretendes, porqué ese miau, miau y miau, ¿acaso eres animal?, contestando éste, no tío, no lo soy, usted es ingenuo, “¿no me diga que no ha caído?, pues a decir verdad, es la mofa vengativa que le vengo a hacer, de mi dulce engaño, por el gato que se comió anteayer, en vez de su apetecido conejazo, de los que gusta, tal vez así deja de joderme tanto, y enfurecido don Lago le dice: ¡caramba!, perverso, ¿qué me has hecho? Y bastón en mano lo corre por los alrededores de la estación y Nefta de huida a lo lejos continuaba: “miau…miau..miau”, tío Lago… BENIGNO RUIZ. Buen hombre, polifacético, muy simpático en su manera de ser, de los meros tatascanes de los Bordos de Barillas, pariente de todos la buenas gentes que andan por allí, que hacía reír a la humanidad con su profesión de payaso, guitarrista y cantante en circos que transitaban por la

97 República, pero cuando estaba disponible fabricaba y vendía chupetes a la “patojada”, siempre dispuesto a provocar carcajadas con sus frases de hilaridad, pues era muy divertido y, de repente, se le veía remendando y soldando trastos a domicilio, como célebre fue también el mil usos Carlos Carcache, igual que el anterior guitarrista y cantante, pero también cerrajero quien de pistolas viejas fabricaba rifles y escopetas para la cacería de animales de monte. De los Bordos, también recuerdo, a dos célebres personajes, los hermanos Salomón y Manuel Falla, buenos chingones amigos, lo mismo que David García, de aquí del pueblo, a quien apodaban el “licenciado chimpa”, quien con sus jerigonzas imitando el inglés, hacía reír a la gente. En forma distinta, fueron también visibles en el pueblo: Lauro “manisiquia” o “calanguquia”, como el mismo se bautizaba, con su propia jerigonza, era divertido e inofensivo. Beltrán, quien muy joven quedó afectado de su sistema nervioso, debiendo usar muletas para poder caminar, pero así, reflejaba en su rostro la alegría y el deseo de trabajar como vendedor en el mercado y Caliche Gálvez, a pesar de su parálisis, fue un luchador por la vida, en el destace de marranos y no se diga Mario Riley, dispuesto siempre a brindar su amistad a todos, con su peculiar forma de ser. Los descritos, a pesar de su invalidez, se mostraban alegres con sus dicharachos a punta de lengua dispuestos a compartir amistades. SAMUEL VENEGAS. Célebre Jicareño, hermano de Toño y Manuel de ese apellido, para mayor referencia, dejó bien parado su nombre en su paso por la vida, con sus travesuras juveniles y aún de adulto, por lo cual ha sido recordado por varias generaciones. Se cuenta que una vez en la estación del ferrocarril, estando sentados varios “patojos” sobre un tonel sin una de las pequeñas tapaderitas de encima, aparentemente vacío, de los que llegaban como encomienda a ese servicio. Por pura picardía, Samuelito como le decían cariñosamente, dejó ir en el fondo del mismo, una colilla de cigarro, por lo cual dicho recipiente de inmediato se incendió por los gases y residuos de alguna materia inflamable que contenía, posiblemente sobrantes de aguardiente, acumulados en su interior, a consecuencia de lo cual exploto y voló por los aires juntamente con los que estaban sentados sobre el mismo, quienes entre alaridos cayeron al suelo y dicho objeto, se alzó violentamente rompiendo el techo de la estación lanzándolo varios metros, cayendo de regreso a media vía férrea, de suerte que la broma no pasó a más, solo el boquete que dejó en el techo por el impacto, el enorme susto y pequeños golpes a los traviesos. De lo anterior hay una anécdota que nos cuenta, que cuando tío Samuel, el telegrafista del pueblo, padre de Samuelito, alguien que vio lo ocurrido, le fue corriendo a avisar, diciéndole: ¡don Samuel…don Samuel!, su hijo Samuelito, sufrió un gran accidente, está tirado a media línea del tren, respecto de lo que el informado, en lugar de asustarse como era lo normal, fríamente respondió: “Anda de vuelta a ver si este chingado está muerto y me venís de nuevo a avisar”, dando la impresión con ello, que el accidente en sí no le merecía mayor preocupación, por las constantes diabluras que el “muchachito” inaguantable vivía cometiendo. Este hiperactivo personaje, deliraba por la comilona de gatos caseros, los que criaba y engordaba a propósito, para cocinarlos a la mejor receta, lo mismo que por las iguanas de agua y garrobos. Esta práctica arraigada desde su infancia de niño travieso, la llevó hasta Tiquisate, Escuintla, cuando por mucho tiempo se desempeñó como alto empleado de la compañía frutera, manteniéndolos en jaulas especiales, por lo cual también era admirado por sus compañeros de trabajo, a quienes en ocasiones, ofrecía el suculento manjar, de la vianda que llevaba de almuerzo a la oficina, que algunos no melindrosos compartían, cuyo menú con el tiempo se hizo popular en el área de trabajo y fuera de ella, por lo que muchos compañeros la solicitaban comprado, situación última que me relató con

98 detalles un ex compañero de este raro e ilustre hijo del pueblo de costumbres exóticas, que conocí por casualidad. BUENOS SOLDADOS. Hubo en el pueblo dos personajes: Humberto Arriaza Castillo y José Ovidio Casasola Venegas, quienes inmediatamente de cumplir sus 18 año de edad, reglamentarios, junto a otros muchachos, fueron reclutados para ingresar en el Ejército Nacional y en atención a su buen porte, pues eran altos y robustos, además de ser buenos caballistas, fueron escogidos para formar parte del “Escuadrón de Caballería” del cuartel Guardia de Honor, al mando del entonces Comandante, Mayor Francisco Javier Arana, ascendido este después a Coronel, elementos estos que por su buen comportamiento, llegaron a merecer confianza de su jefe, al punto que, cuando este militar integró el Triunvirato que derrocó al presidente provisorio del país, Federico Ponce Váides, para dar paso a la revolución del 20 de octubre de 1944, por propios méritos, los nombró como sus ayudantes personales, continuando como tales, cuando el citado militar, asumió la Jefatura de las Fuerzas Armadas, en el gobierno del doctor Juan José Arévalo Bermejo, en cuyos puestos estos recordados jicareños tuvieron importante participación de secreto militar, en hechos que determinaron la situación política de la época. En la escaramuza que dio como resultado la caída del régimen Poncista, falleció el joven Rodrigo Guerra Orellana, un buen muchacho inteligente, hermano del célebre Nefta, y Eleuterio García, “Micoteyo”, Nando y César Venegas se escaparon de puro milagro de sufrir algún daño dentro de la refriega, todos paisanos, de alta también, pero en otro cuartel. Una anécdota nos refiere que César Venegas, siendo agente de la Guardia Civil en la capital, con servicio de tránsito en la 18 calle y 6ª. Av.,Zona1, le impuso una sanción de tránsito al Presidente del Congreso en ese entonces, el mayor Marco Antonio Franco Chacón, de Teculután, quien a pesar de los ruegos del funcionario para que se la revocara, mantuvo aquél su criterio, lo que le valió una felicitación de sus jefes superiores y recuerdos de don Maco, cuando ya había dejado el puesto, cada vez que miraba al “colorado”, como él le decía, en sus venidas a nuestro pueblo. LA FANFARRIA. Un grupo de jóvenes inquietos, allá por los años 50 del siglo pasado, decidimos organizar una banda de música, para alegrar el ambiente del pueblo, “muy famosa por cierto”, integrada por Ricardo Paz Carranza, Guillermo Pineda, Clodomiro Gutierrez, Samuel Duarte Pineda, Placido Saavedra, Rigo Romero, Alberto Cermeño, el más viejo Gilberto Marroquín, gran imitador de sonidos de instrumentos musicales con la boca, como director, y el que esto escribe, pero ¿creerán los estimados lectores, que los artilugios eran los de una banda de verdad: Saxofón, trompeta, clarinete, etc., por ejemplo?, púes fíjese que no, eran nada más y nada menos, que cachivaches viejos de cocina: sartenes, platos, ollas y tapaderas de estas y galones, con la cual nos manteníamos jodiendo la pita, pasando el tiempo y haciendo reír a un grupito que nos seguía, casi siempre en la tienda de la gran amiga Carmen Chávez, en tanto otros vecinos nos rechazaban por la bulla, la cual se mantuvo vigente por generaciones posteriores, hasta su desaparición. RICAS FRUTAS. La infinidad de frutas de las huertas de doña Rumalda, Taco Torres; los sandiales y melonares del chagüite; los uvales del Tintero, de Silvia Gutierrez, Elías Saavedra; toronjales de Licha Barillas, jocotales de doña Olivia Morales, cocoteros a lo largo de las calles de la población, repletos de frutos, y demás sitios con diversidad de éstas, incluyendo mangales, toda esa gama de cosecha tropical, despertaban la tentación y el antojo de algunos traviesos para penetrar de escondidas a hueviar, como en efecto lo hacían, en la oscuridad de la noche, o de día, si se podía, saltando cerca, para llevar unas cuantas de esas delicias y hasta racimos de “mojonchos”, para saciar la galguería o por gana de joder, exponiéndose el sujeto de repente, al famoso ”tiro con sal”, de escopeta cuache de

99 tubo, de moda en ese tiempo. El lema era: fruta vista de día, fruta cogida de noche, y todo por la facilidad que uno tenía de entrar de día en esos lugares, como Juan por su casa, para vigilar el rollo y preparare la matatusa, dada la costumbre de confianza que prevalecía, manía que se repetía a través del tiempo de generación en generación, por travesura juvenil, según se sabe. TENTACIÓN CRUEL. Hablando de esos “quehaceres”, resulta que en la pulpería de mi abuela Elena, en aquellos tiempos, era frecuentada por ratas y ratones. Para su exterminio, o por lo menos diezmarlas, les ponían trampas prensadora o de golpe, como se les llama, con cebo de carne o queso, bocadillo apetitoso, a efecto de que el bicho al llega a comer, al mínimo contacto, destrabara el pin que la sujetaba y al instante el animal quedara atrapado, la que ponían de noche en el mostrador. Resulta que los roedores no llegaron a comer esa noche, quedando intacto el llamativo bocado, y a buena mañana llegó de compras, un patojo súper travieso, quien al ver el “pedazón” de queso atado a la trampa, se le hizo agua la boca y pensando, en su hambre se dijo: “esto no se come todos los días, lo aprovecharé, me pertenece”, y no pudo contener la tentación, mirando nervioso para todos lados, a escondiditas, evitando el menor ruidito, de modo que no lo pudieran descubrir, alargó la mano, tomó apresurado el bocado, con intención de comerlo, con tan mala suerte, que al nada más meter el anular y el índice de la mano derecha, le fue prensada por la tremenda trampa, que llevó colgando consigo, gritando por toda la calle: Ay, mi manita…Ay, mi manita, quítenme esta babosada, me muero. ¿Averigüe usted paisano, quien fue este personaje?, después viejo conocido del barrio, padre de honorable familia. EXPRESIONES DE ANTAÑO. En el trato familiar, todavía por los años 30 del siglo pasado, era frecuente en algunas personas decir “tata” al padre y “nana” a la madre, así como “tatita y nanita” a los abuelos, expresiones latinas aunque usted no lo crea, y en el trato a particulares “señor y “señora”, designaciones muy particulares para personas muy respetables, que incluso, exigían que así se les llamara, cuando alguien intentaba decirles de otro modo, costumbres ahora desaparecidas; también se usaba el “ña”, “nía”, nía Juana, por ejemplo, para referirse a una señora. También se escuchaban inapropiadamente algunas voces como: “aloiste”, por oíste, “dentre”, por entre o pase adelante, “apiése”, por apéese, ”ancina”, por así es, “vide”, por vi, “humar”, por fumar, “naide”, por nadie, “caído”, por caído, “pieces”, por pies, “mesmo”, por mismo, para llamar a la puerta a una persona se decía “maría”, concebida contestaba la requerida, “ush papo”, indicaba desacuerdo y chis, asco, puchis, a la puchica, a la puerca, denotaba admiración, etc., asumiendo que muchas palabras de antaño formaban parte del lenguaje castellano, algunas mixtificadas con lenguas aborígenes y que dejaron de tener vigencia con el aparecimiento del idioma español, convirtiéndose entonces en regionalismos, ahora casi en desuso. ENRIQUE CARRANZA y su grupo. En la aldea Las Ovejas nació un personaje llamado Enrique Carranza, hijo de buena familia del lugar, pero por un azar del destino, tuvo que emigrar con otro de sus parientes, a la república de México, en donde vivieron por muchos años, regresando con el tiempo a su aldea natal, luego del cambio de gobierne de dictadura a democracia, pero lo curioso y divertido del caso fue que ya no vinieron vestidos a lo chapin, sino a lo “charro mexicano”, como se exhibe en las películas, con su sombrero y traje característicos, pistola al cinto, con botas federicas y, montado el primero, en su cabalgadura adiestrada, a cual mejor presumido ejemplar al trotar, -costumbre y estilo que quisieron imitar otros parroquianos, sin logro posible-, solía venir al pueblo, regularmente por las noches, con uno o tres más de sus amigos, en busca de “traídas”, a echarse unos tragos, a oír

100 canciones rancheras en las rockolas o simplemente a babosear, y ahí paraba todo, era buen amigo, campechano, salvo algunas ráfagas de tiros que disparaba en la salida del pueblo rumbo ya a casa, aunque unos pocos vecinos le tenían miedo, especialmente los elementos de la Policía Nacional, sin haber razón para ello. Pasado algún tiempo, fue asesinado en su propio lugar de origen. ANÉCDOTA DEL TEMA ANTERIOR. Una anécdota refiere, que en cierta ocasión, la Policía Nacional Civil local al mando de un conocido Mayor del Ejército, paisano nuestro, recibió de la superioridad una orden de captura en contra de dicha persona, preguntándose el milite, a sí mismo: Puchis, y ahora que hago, temeroso de lo que pudiera ocurrirle si se enfrentaba al problema; de pronto recapacitó y díjose “esto es mejor arreglarlo con inteligencia y estrategia, no vaya a ser que me salga el tiro por la culata”; tomó el telegrama y se dirigió a casa de Quique, en Las Ovejas, y le manifestó “mira quiquito, entérate de este telegrama, sabes que soy de armas tomar y no te quiero hacer daño, voy a venir con la escolta a simular tu captura y vos te escondes, porque tanto mis superiores como subalternos están ojo al Cristo pendientes de lo que yo disponga sobre tu captura”, a lo que aquel ni lerdo ni perezoso aceptó. Pues bien, un día de tantos, el jefe de la subestación, dice a sus subalternos: “muchachos, ¡Atención Firmes!, manos a la obra, alístense con todos sus bártulos que vamos por la captura de Carranza”, y en efecto, se armaron hasta los dientes y enfilaron para la aldea, y al llegar. el jefe Saavedra a la cabeza de los captores se adelantó fusil y pistola en manos diciendo con voz sonora: “Enrique Carranza, la policía le habla, venimos por usted, ríndase, no me vaya a comprometer, me entendió, está sitiado, de lo contrario derribaremos la puerta para un cateo”; a cuyo requerimiento, salió una hermana de Quique y le dijo: El no está, pase adelante don “fulano”, entraron, simuló el cateo y dijo: “ya vieron muchachos que no está ese jodido, me privé del deseo de aprehender esa pesada presa”, y los policías admirados comentaban, ¡caramba!, que valiente el jefe, que arrojo, nunca había visto esto en mi larga permanencia en la institución, yo venía con algo de miedo, de plano que si logra su captura lo van a ascender, le dice el uno al otro. Y qué, Quique en el tapanco, estaba que ya soltaba risa, viendo y escuchando la pantomima que se ofrecía. CUATRO CUENTOS DE UN TIRÓN. Son de la inventiva inteligente de los paisanos Víctor Juárez Canahuí y Alfredo Vargas Barillas, sin mencionar el nombre de los protagonistas, por economía de tiempo y por razones obvias, pues bien: 1) El papá le dice al hijo mayor, hombre “patojo”, ponte pilas, ayuda con la comida, anda al monte, ahí cerca de la orilla del río, a buscar lorocos, para que tu mamá nos haga unos tayuyos para la cena, y el muchacho salió apresurado de la casa en busca de tan apetecido bocadillo. Al cabo de una horas, el enviado regresa corriendo sin nada, con las manos vacías, y al preguntarle el padre por el encargo que le dio, tartamudeando le dice: fíjate papá no encontré lorocos, por qué las matas todavía están floreando, a lo que el padre respondió: baboso, no te das cuenta que el loroco es una flor. 2) El dueño de la carnicería y cine, a la vez, le dice a dos de sus hijos, como de costumbre, que fueran a avisar al vecindario que para el momento acostumbrado, es decir, en el destace del día y exhibición de película por la noche, iba a haber carne de res gorda y cine con película chistosa o divertida, a manera de propaganda, a efecto de captar mayores ingresos. El caso es que según el autor del chiste, los patojos por andar jodiéndose uno con el otro, en la calle, jugueteando, por no estar en sus cabales, pensando en lo que tenían que hacer, en su locura y trabalenguas, invertían el aviso y decían: “avisamos a usted vecino, que hoy por la tarde vamos a tener carne de vaca chistosa, y cine gordo por la noche”. 3) La madre le dice a sus hijos: vayan al corral a traer caca seca de vaca para hacer humo y ahuyentar los sancudos en la noche. Aquellos obedeciendo la orden, se apersonaron al lugar indicado, a donde

101 avistaron unos bueyes echados, no vacas, y a su regreso dando cuenta del mandado, dijeron:”fíjese mamá que no trajimos caca de vaca, porque solo hay de bueyes”, en referencia a los bueyes que habían visto antes, a lo que la madre respondió: No se dan cuenta mocosos que el estiércol de vaca es lo mismo que el de buey, ingenuos; y, 4) Unos amigos llegaron a traer a su casa a un su cuate, de entrañable amistad, super delgado, parecido a una culebra parada, para irse a tomar unos tragos, y con el consentimiento de su mujer María, se fueron al mandado y no al retozo. El caso es que a las pocas horas regresaron, ya de noche, beodos todos, a casa de doña María y uno de los amigos tocó la puerta diciendo: doña María, doña María, aquí le tramos a su marido, como se lo prometimos, a lo que ella respondió: no quiero abrirle, por castigo que duerma en la calle ese jodido, pero ante la insistencia de aquellos. Dijo: buenos pues, métanlo por debajo del quicio de la puerta, en referencia a la complexión escuálida de aquel, a lo que uno de los amigos ripostó: puchis doña María, ¿ni que fuera corbata o correspondencia?, peor que eso es ese bolo, dijo la doña, es una píltrafa, alfeñique, desgarbado, que cabe hasta en el ojo de una aguja de costura, métanlo pues. Por supuesto que todo era una broma, de ambas partes, como si se hubieran puesto de acuerdo. BALSAS. El Motagua, tiempos atrás, tenía mucho más agua que ahora, podía decirse que era caudaloso para la pequeña navegación, habiéndose avistado como consecuencia, por de la década de los 40 del siglo anterior, en diversas ocasiones, lanchas de motor desconocidas con personas a bordo, recorriéndolo de arriba hacia abajo y viceversa, largo trayecto, pasando por El Jícaro, tal vez de turistas o investigadores extranjeros, lo que representaba una novedad para los lugareños. Por aparte, las canoas tradicionales que prestaban un servicio público, traídas de astilleros del departamento de Izabal, eso sí, a puro remo, y de las famosas balsas que grupos de muchachos traviesos armábamos con maderos secos de sauce, amarrados los largueros y travesaños con lazos y mecates, en lugar determinado, río arriba, regularmente a la altura del caserío Los Chagüites y la vega de Olivia Morales Marín, para luego dejarnos venir trayendo encima nuestra leña, subidos todos sobre la misma, guiada por el impulso de sus no muy tranquilas aguas, disfrutando del paisaje acogedor del majestuoso río y sus alrededores, cuales navegantes emulando las hazañas de valientes descubridores de tierras extrañas, por lo menos en la imaginación…, los “marineros de agua dulce”. Las “tripulaciones” regularmente la integrábamos: Clodomiro Gutierrez, Ricardo Paz, Plácido Saavedra, Guillermo Pineda, Adán de León, Oscar Espinoza, mi hermano Ranulfo, yo, y otros, que se sumaban a la aventura, cuyos eventos no siempre tenían el éxito deseado, porque muchas veces las repentinas y fuertes crecientes del río, nos sorprendían, no nos permitía desembarcar normalmente y se las arrastraban con todo lo que traíamos, incluidos chuchos y machetes, aunque los animalitos y nosotros, siempre nos salvábamos, por ser buenos nadadores, lo demás era llevado por las fuertes correntadas, con el sentimiento de algunos, de haber perdido sus pertenencias. ME ESCAPÉ. Para la combustión, en ese tiempo, solo se conocía el ocote y las candelas para alumbrar, aún cuando ya se usaba el gas metano en lámparas y candiles, en pequeña escala, así como la leña para la cocción de alimentos, la cual estaba disponible en el astillero municipal del Sitio de Jesús, a donde se iba a traer para el servicio doméstico y a veces para vender, pero algunos vecinos lo hacían clandestinamente en terrenos particulares, cuyos dueños lo permitían de hecho, sin mayores reclamos, salvo que se perjudicaran cercos o se botaran árboles importantes. La finca el Tintero o los del otro lado del río, de don Gabriel Ruíz etc., por ejemplo, eran lugares a donde acudíamos, especialmente la patojada, a traer nuestro manojo de leña, casi a diario, unos por necesidad de esa materia prima y otros por ir a joder, como en el caso mío, que más iba por botar panales, castrar

102 colmenas silvestres, o cuevear en el río, aunque a mí mamá, no le caía mal un tercio, de vez en cuando, lo mismo que Yemo Pineda. Pues bien, una vez, se fueron Yemo, Clodomiro Gutierrez, Oscar Espinoza y su hermano Chus y otros, a traer leña en terrenos de los Ruíz, con tan mala suerte que fueron aprehendidos y llevados con los manojos del producto extraído, a puro mecapal, al Juzgado de Paz de San Cristóbal Acasaguastlán, se suponía para ser castigados, pero la sorpresa fue que no, los hechos solo sirvieron de broma e hilaridad para el Alcalde Juan Gutierrez y empleados, que además de ser buena gente, era tío de Clodomiro e íntimo amigo de don Héctor, papá de Héctor Guillermo, con la advertencia, eso sí, entre risas, de no reincidir y que ahí quedaba todo. Yo me escapé esa vez porque ya sabía del problema, pues días antes me había amenazado una hija del dueño, quien quiso quitarnos la leña que traíamos, junto con Lacho Godínez y Raúl el Choquito, de quien este último, jamás supe el apellido y después, de su paradero. NUESTRA DISTRACCIÓN. El río ha sido siempre para propios y extraños, un sitio de amena distracción, con su enorme playa y sotos adyacentes, piedrecitas de distintos formas y colores, denso arenal con sus granos simulados de oro y demás componentes del reino mineral, que nos permitía ir a jugar en las noches de luna, al compás del croar de las ranas y demás ruidos exclusivos del ambiente nocturno. Durante el día a admirar su vegetación, cundida de upayes, sauces, chilcos, jaguayes, capulines y arbustos de “galero” y “panecillos”, con sus frutas amarilla y rojas, de agradable sabor, formando exuberante bosque, que invitaban en pleno sol abrazador, en el cenit, a buscar su acogedora sombra, para una siesta estimulante y reparadora, en la sabrosa hamaca, prendida del tallo de gruesos maderos, disfrutando de la brisa que ofrece el entorno, amenizada con el murmullo de las torrentosas y frescas aguas fluviales y el trino agradable de bellos pajaritos propios del lugar, todo en un ambiente acogedor de sosiego espiritual; guarida también de variedad de animalitos monteses, con su usha cercana, llena de pececillos para el sustento, que hábiles lugareños cogían en cualesquiera de las formas de pesca acostumbradas, especialmente en época de turbia, sumergiendo y sacando el canasto repleto de butes y pepescas, costumbre que aún se sigue practicando por la facilidad que representa, cuyo ambiente, excepto la usha, sigue siendo el mismo. ¡Ah!, pero de vez en cuando, se jugaba a lo de “Tarzán”, emulando a aquel personaje de las películas y su compañera “chita”, con su característico grito de “aeaeaeea...”, descolgándonos el supuesto personaje, de los gruesos bejucos que colgaban de los enormes y tupidos sauzales, cual jungla africana, con éxito unas veces, pues se alcanzaba la meta de lanzamiento deseada de enormes mecidas de árbol a árbol y, otras, con tremenda caída, al instante mismo del reventón del bejuco, pero ¿qué cree usted?, salíamos ilesos, nos recibía una alfombra de arena cargada de partículas de talco y de oro que nos servía de colchón; esto último del metal amarillo, es para adornar el párrafo, únicamente. RUMBO AL RÍO. Para llegar al río, en ese entonces de límpidas aguas cristalinas, que invitaban al fresco chapuzón, o refrescar la garganta con tremendo sorbo, se hacía por cinco amplios caminos perfectamente identificados, que permitían el paso de carretas de bueyes y en algunos de ellos, hasta de camiones, rumbo al otro lado, usando un vado que regularmente se formaba en época de verano, y que arreglaban a propósito los empleados de la finca “La Cajeta”, compartidos dichos caminos a lo largo del pueblo, conocidos como: “el motor”, “poza del zarco”, “Juana Ventura”, “el rastro” y “la quebrada”. Sin embargo, ahora, solo hay uno, el mismo que conecta con la carretera del atlántico pasando por el puente. Las mencionadas servidumbres de uso público, desafortunadamente han sido cerradas por vecinos inescrupulosos en contubernio con Alcaldes de turno, para ganar adeptos, quienes además, han autorizado construcciones en lugares prohibidos, restando espacio físico a la

103 población, como sucedió con otros caminos del pueblo que fueron tapados, para dar paso irresponsablemente a la edificación de pequeñas casas de habitación, perjudicando el libre acceso a terrenos particulares del interior, al sur de la localidad, en la colindancia de los herederos de Leopoldo Juárez, hacia el cerro, incluso, el parcelamiento que se hizo de la extensa playa del río Motagua, que nos priva hoy, de recorrerla libremente. Conceder solares para construir casas obstruyendo caminos públicos, aunque sea para gente pobre, no contiene. BUENAS GENTES. Antaño era frecuente la solidaridad humana, y se podía observar fácilmente cuan dadivosa era la gente para obsequiar algo de lo que tenía, especialmente frutas en tiempo de cosecha, de tal manera que si eran mangos, elotes, melones y sandía criollos, era casi seguro conseguir algunas unidades o manos para calmar el apetito, no había egoísmo, pero a alguien cuyo nombre no menciono por ser parte del más allá, pasó por la milpa de tío Lecho Venegas y haciendo eco de la amistad, dispuso cortar unos elotes que metió en una rede hasta el copete, enterándose el dueño inmediatamente de tan grande perjuicio, pues no solo lo vio pasar con la carga a memeches sino por el montón de matas tapiscadas encontradas. A los pocos días llegó el hurtador con el dueño, como se acostumbraba y le dice: “Tío Lecho le aviso que le pasé robando unos elotitos, por lo que le que vengo a darle cumplidas gracias”, a lo cual, aquél molesto respondió: ¡Elotitos será!, enterado estoy, que por poco te llevas toda la cosecha, se te fue la mano hijueputa; la próxima vez te “rempujo” tiro con sal, mañosazo, recabrón, pero no crea el lector que eso iba en serio, por el contrario, era una manera de reaccionar con una broma, ante lo cual, ambos soltaron tremendas carcajadas, por qué ese era el “rollo”, hacer chiste de las cosas, sin maldad. Emilio Vargas Morales, el querido “cutucho”, solía pasar por las milpas de los amigos, solo que en distinta forma, juntaban fuego con otros amigos y asaban los elotes en el propio lugar de los hechos, la diferencia era el exceso de unidades que se comían, pues según dicen se contaban hasta diez mazorcas devoradas por persona tal, los olotes encontrados, como evidencia del perjuicio. Lo mismo ocurría cuando esas plagas pasaban por los mangales, eran pepitales las que dejaban TRAVESURAS DE PATOJOS: En los pueblos, casi siempre hay grupitos de amigos que se reúnen a determinada hora, especialmente por la noche, para la tertulia, hacer planes formales y, de repente, hasta lo que se les viene en gana, pero sin maldad o sea simples diabluras. En el nuestro había uno, integrado más o menos por cinco elementos, cuyos nombres se omiten por razones obvias, ya que algunos todavía andan visibles vivitos y coleando, jodiendo por allí. Pues bien, trajeron a cuenta que en las cercanías de la estación del ferrocarril de Cabañas, había una plantación de cocoteros que siempre se mantenían repletos de cocos, pues al agente de estación, Abraham Ayala, no le interesaban, nunca los cortaba y los vecinos tampoco, por la abundancia de esta fruta en la localidad, de tal manera que terminaban secándose en el árbol. Un día de tantos, alguien del grupo, sugirió la idea de ir a “hueviarlos”, y previos los consensos del caso, decidieron viajar a aquél lugar, para hacer corte general de esta delicioso producto, proveyéndose de redes, lazos y machetes, y burlando a la tripulación del tren rápido de las ocho de la noche, para no pagar pasaje y mayor disimulo, montaron en una de las plataformas vacías anexas. Sin ahuevarse, como que era suyo aquello, cumplieron allá su cometido y de regreso, en la misma forma con tremendo cargamento, abordaron un vagón vacío del tren rápido, de la una de la madrugada, que procedía del norte, y luego de haber concluido con tan arriesgada misión, ya en casita, tranquilos, manos a la obra en la repartición del botín, tantos gajos de cocos para cada uno, de suerte que a algunos no les interesaban los cocos, pues lo hacían solo por chingar la pita. Pero lo divertido del caso era que, cuando el grupo “roba cocos” estaba desintegrado, para variar, lo hacían aquí mismo en el pueblo, uno o dos de los socios, en los cocoteros

104 de la calle propiedad de alguno de los mismos o de sus parientes, como en efecto acontecía, aprovechando la oscuridad de la noche, bajaban los gajos de tan apetecida fruta. Al descubrirse la travesura al día siguiente, no otra cosa quedaba al socio robado, que pensar en sus propios compinches, como autores del hecho, diciendo: “este no fue más que el hijo….de fulano de tal”, por la fama que tenía, o sea que no se perdonaban entre ellos mismos, pues se robaban entre sí, haciéndose patente el refrán que dice: “ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”. PENSAMIENTO LOCO. Cuando escribo estas líneas, pasa por mi mente, la idea, de que ya es tiempo de mi regreso al pueblo natal, para pasar los últimos años de vida, pero también con el ánimo de seguir luchando y disfrutando de la misma, de la naturaleza tan linda, al lado de seres queridos que aún viven y de la paisanada en general, con quienes nos identificamos sin necesidad de mayor contemporización y referencias, reconociendo, sin pecar de pesimista o de que estoy próximo a colgar los tenis, como se dice en el caló popular, que es hora ya, de ir buscando la morada eterna, tras largo bregar por tierras lejanas en busca de la santa subsistencia, pues no se crea que la vida en otros lugares es cosa fácil, hay que vencer una serie de obstáculos de acomodamiento. Pero lo cierto es que quiero regresar a mi pueblo, para volver a ser niño y adolescente, por lo menos en los recuerdos y dictados de mi pensamiento, a efecto de dar paso al sino de la naturaleza, en calma, asumiendo que la infancia es la etapa más bonita de la vida, sin problemas aunque se caiga el mundo. CARRUAJE TEMERARIO. Augusto, el hermano menor de los primeros Chew del pueblo, era bastante ingenioso, lo demostró con la hechura, de desperdicios de fierros y alambres viejos, de una especie de carruajes tripulado, con varilla de dirección, asientos, ruedas de madera gruesa; que llevábamos a jugar a las lomas del potrero de las ”Burras”, en el Tintero, el cual subíamos a lo más alto de las lomas que aun existen, para luego dejarnos venir a toda velocidad, dos o tres montados, hacia las planicie, contentos, sanos y salvos algunas veces y, otras tristes ‘por las consiguientes golpes y raspones de las tremendas somatadas recibidos. Los usuarios teníamos que contribuir para el mantenimiento, incluso grasa de motor para las ruedas. CREENCIAS Y MITOS. Como legado de culturas ancestrales, algunas personas, en minoría, como en cualquier lugar, son supersticiosos y creen en la existencia de seres extra naturales, en la hechicería y en los espíritus malignos dispuestos a causar mal, como la llorona, la siguanaba, el cadejo, el diablo, el duende o sombrerón, por lo que muchos buscan a los llamados curanderos y brujos para qué a través de la magia de sus ritos, les receten remedios y pociones de cualquier origen, que hagan ceder a sus dolencias, o brebajes para causar daño a otros y aún cuando aquí no hay brujos, por lo menos declarados, si existen algunos supersticiosos. Anécdota. Por invitación, siendo Alcalde del pueblo, tuve la oportunidad de estar en una sesión de brujería, de una curandera, que vino de la capital, por cierto paisana, hermana de Eleuterio García, en una casita en la ”trepada” de don Loncho a Buenos Aires, y cuando empezó el acto, frente a un altar con santos, velas encendidas, una cubeta de agua y manojos de ramas verdes, supongo de chilca, haciendo la hechicera, una sarta de muecas, retorciendo su cuerpo para un lado y para el otro, con oraciones y trabalenguas, sudorosa del meneo y el calor, se detuvo, indicando que no funcionaba el trabajo, porque entre el grupo presente había alguien que tenía metales ocultos y que ello no permitía la llegada de los espíritus, por lo que al hacer una requisa, me cayó a mí la chibolita, pues en efecto portaba un revólver, que creo me había visto ella antes y sin más explicaciones me invitó a abandonar la sala, pero de seguro fue por desconfianza, para que no me diera cuenta del engaño de su actuación, por mi condición de autoridad, pero desde afuera escuché los gritos y la “molotera” que ahí se armó, ignorando si alguien de los presentes obtuvo resultados positivos.

105 LOS CIRCOS. Antaño, ante la ausencia de otras diversiones, digamos jocosas, porque veladas para la presentación de pequeñas obras de teatro, siempre las habían, aunque alumbrada la sala y el escenario, antes de la llegada de la luz eléctrica, con lámparas de gas, contrario hoy día, en que hay muchas distracciones, incluida la televisión, por lo que era cosa común, la presencia casi seguido, de circos que se hacían acompañar, además de buenos artistas, de animales extraños, que gustaban mucho a la gente, especialmente a los niños. Recuerdo al elenco del negro Nelson, con su magia e ilusionismo y la bailarina exótica, su guapa y escultural esposa Paca, con sus movidos ritmos caribeños al estilo mambo y cha cha cha, en ropas menores, que dejaba con la boca abierta a la concurrencia, especialmente a los adolescentes varones; el “Circo Guatemala”, del famoso payaso Pirrin, que hacía reír al más serio; el de los “Hermanos Ponce”; el “Hermanos López”, bajo la dirección de “Tarzán López”, acróbata famoso que presentaba “El salto de la Muerte”, que provocaba momentos de suspenso en la muchedumbre, y otros, que incursionaban con el propósito de deleitar a los residentes e ir pasando la vida, de pueblo en pueblo, con su variado repertorio de humorismo por divertidos payasos, como “Pirrin”, “Tomatío”, “Cepillín”, etc. ¡Vinieron “volatines!, decía la patojada locos de contento, y en el desfile o paseo acostumbrado, previo a la función, en concurrida procesión desfilaban, detrás de la “vieja nalgona”, personaje visible en la propaganda del circo, que llevaba promontorios de trapos en el trasero, simulando enormes pompis, profiriendo alusivas coplas, que animaban el evento, y a quien se jodía por la chiquillada, tocándole las nalgas postizas a lo largo del recorrido, respondiendo ella con ademanes y palabras chistosas, corriendo a los patojos, pegándoles con una regla especial de varios pliegues, inofensiva e indolora, que llevaba en las manos, bajo la gritería de la multitud acompañante y el sonar de un estruendoso tambor. Ya en la mera función, en la pista, cada cual, presentaba los actos de su especialidad, cuyos intermedios eran amenizados por la marimba local, y muchos jóvenes galantes, pero gafos, para poder ingresar y ver el espectáculo, si no lo hacíamos de otra forma, por ejemplo. “colados”, por debajo, levantando la manta de la carpa que lo circulaba, por lugar no vigilado, sujetándose el intrépido a que lo descubrieran y lo sacaran, asariado ante la multitud, o lo que era más decente, claro está, prestando sus servicios, cargando para adentro, entre cuatro, cada una de las dos marimbas, el violón y la batería, a elección del director o cualquiera de los marimbistas, por supuesto, ya que el entremetido debía tener cuello o caerle bien, para que ello fuera posible. Por esos tiempos ingresaban de paso también, caravanas de ciudadanos gitanos o húngaros, así les decía la gente, ofreciendo sus prácticas de adivinación de la suerte y la hechicería, quienes como los anteriores, encontraban respuesta económica favorables para medio pasarla, todo lo cual era novedad para los parroquianos, y a algunos artistas, como les gustaba lo bonito y la solidaridad del pueblo, se quedaban a vivir por temporada, de donde salían a trabajar a otros lugares cercanos. ANECDOTA. De lo anterior hay un caso muy simpático, y es que en una de esas funciones, cuando la formidable Paca salió a bailar, Modesto Méndez, un conocido mozo de la hacienda El Tintero, originario de Tobón, que había ingresado al espectáculo y al pasar la artista, ese tremendo monumento, cerquita, enfrente de él, en plena acción, tirando besos al público, cantaqndo una canción con baile bien movido, que entre otras frases decía: “tápame, tápame, tápame, porque tengo frío, si tu quieres que yo te tape, ven aquí conmigo cariño mío…”, Modesto, no aguantó la tentación y al instante, tocándole su parte íntima, emocionado, más por ingenuidad que por picardía, le dijo: “a la gran, que cula vos, dámela”, lo que por cierto no alteró el ánimo de la cantante, hecha y derecha a

106 esos riesgos, pero le valió al lujurioso, que lo sacaran cargadito del circo, rumbo a la cárcel, por la policía, pero don Chepe, su patrono, que también estaba en el circo, con el lema de que lo ocurrido eran “gajes del oficio”, inmediatamente mandó a pagar la multa y lo liberó. JUEGOS DE ADOLECENTES. Algunos patojos del pueblo jugábamos de circo, como también a veces de “papá y mamá”, con los más cordiales y respetuosos tratos de pareja en la “intimidad”: “mijo quiere su cafecito”, “o hágase para acá, “ya es hora de dormir”, etc., decía regularmente la del sexo débil y el supuesto papá otra ni lerdo ni perezoso, accedía gustoso a arrejuntarse de mentiras, con los émulos hijos al lado, los más chicos del grupo, que conste que a mí nunca me gustó ser de estos último, sino de puro “tata”, y la “nana” debía ser bonita o por lo menos agradable, como muchas las habían, imitando a los verdaderos personajes y las comiditas servidas en platos de juguete, consistían en hojas tiernas de jocote, que los habían en cantidad por todos lados, incluso, en las calles del pueblo, con limón y sal. Los patojos jugábamos de payasos y trapecistas, para lo cual armábamos nuestro propia carpa, con su trapecio que llamábamos “maroma” y practicábamos algunas piruetas de lo que habíamos visto en las funciones o presentaciones, con la mayor inteligencia y osadía, con más de algún resultado negativo, de repente, derivado de una caída con golpes o lesiones inesperados de las maromas, aún cuando lo más fácil era remedar las parodias de los payasos, para cuyo efecto nos pintábamos la cara con tizne y papel de color, mojado y, las mujeres, hacían de bailarinas, luciendo cortita faldas arriba de las rodillas, su vestimenta, imitando las canciones de las bailarinas de los circo, cobrando la entrada con dinero simulado con pedacitos quebrados de trastos de china. A MIS CONTEMPORÁNEOS. ¿Se acuerdan?: Cuando nos apurábamos para hacer los deberes y así poder salir a jugar a la calle, con los amigos y amigas de: escondite, pispisigaña, la rueda de las mulas, cucuco, patache, matateroterola, tenta, tuerotuero, arrancacebollas, la ranita, al ratón y al gato, o a lo de Tarzán, esto último en los arenales y sauzales del río Motagua. • O en su defecto a echarnos una chamusca en la vía púbica, con pelota de trapo, hechas de medias ó calcetines rellenas de trapos o de vejigas secas de vaca u otro cuadrúpedo, conseguidas por encargo en los mataderos, infladas con la boca, poniendo de marco dos piedras, de lo cual se volvía uno loco. Jugar haciendo pasecitos de foot, con cáscaras de naranja o cualquier otro objeto adecuado, simulando la pelota, con los compinches de la escuela, en los recreos, tal era el vicio de la pelota. Cuando nuestras mamás salían a gritarnos reiteradamente a todo pulmón para que dejarámos los juegos necios y entráramos a comer o a estudiar, lo que hacíamos a la carrera tragando entero para continuar el pasatiempo. • Cuando para hacer algo o tomar alguna decisión, entre el grupo, se recurría el método práctico de: “tin marín de dos quien fue, cúcara mácara títere fue, o chorro modorro martín pedorro, o una dona, trena, cadena, urraca la vaca, viro virón, cuenta las bien que las doce son”, de lo cual, a quien le caía la chibolita, tenía que cumplir, porque si no, le caía camorra. Cuando se podían detener las cosas delicadas con un simple: “Así no se vale” o cuando de repente alguien gritaba ¡camorra! y tenías que salir corriendo para dar o ¡recibir o “cae la sentencia” tirando un montón de piedras para arriba, gritando allí va la sentencia le caiga a quien la debe (y uno debía quedarse estático). Cuando los errores se arreglaban diciendo simplemente, no “importa, empecemos de nuevo otra vez.

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107  De los juegos de temporada: los cincos llamados también canicas, chibolas, chiripas, coyolas, hacinadas dentro de los bolsillos del pantalón que hacían ruido al caminar, no se diga al correr o bolsita aparte, repletos de esos objetos, de todos tamaños y colores y, sobre todo, la tiradora, un cinco especial para los distintos juegos: “comix”, -no limpia ni pix-, gritaba uno, a la cuarta, cinco hoyos, tirando a la raya, pare ver quién iba primas, o a sacar las chibolas del triángulo o de la tortuga con tiro seguro si no eras tan bueno para lo otro.  • De los trompos: pusuca, mona y calabaza, esmerilados de la punta con una piedra para quitarle lo romo y dar buenos calazos, bailados con jalón, enzartones y, algo especial, tirarlo por debajo de la pierna alzada, recibiéndolo en la mano o recogerlo con la pita para echarlo sobre la misma y sentirlo sedita, o echarlo en la uña. Y qué decir de tu yoyo, tenía que ser un Duncan, para hacerlo dormir y caminar el perrito o hacer la vuelta al mundo.  • Y según la época del año, así eran los juegos: trompo, capirucho, yoyo, en noviembre la fiebre de volar barriletes, hechos por uno mismo, con papel de china ó de periódico, varitas de caña de chimilile, pegados con engrudo o upayes, con cola de pedazos de trapos y un buen hilo o pita de hamaca para volarlo, mandando telegramas hasta los frenecillos y jugar la soltadilla.  ¡Ah! y las apuestas con capirucho, incluidos los “unos” y las “cara vueltas” al derecho y al revés, con los hoyitos valorados en cien, quinientos y mil puntos, en las apuestas, fabricados por uno mismo de carrizo de hilo o canutos de tallo de higuerillo o papayo gruesos, raspado con chayes de botellas, con cinturón de cera en la parte baja para balancearlo bien y estaca de hueso, de cacho de vaca, de peine o de güiscoyol.  • Y las patojas no se quedaban atrás, jugando Yax o jax, saltando cuerda, o bien pintando en el suelo un caracol o un avión, con sus cajones, alas y cabina, saltando en un pié en los apartados del dibujo para recoger la ficha en un pie, sin poner sin poner el otro en polvorosa, porque se perdía, o jugar de “¿Qué vendés María?”. Todos te admiraban si lograbas cruzar la cuerda, mientras saltaban las patojas, ellas presumían y los patojos se creían héroes.  De los tiritos que hacíamos con el famoso hule, en las guerritas que armábamos, utilizando como parque cascaritas de naranja o pequeños papeles doblados en cuatro, de cuyo juego recuerdo una vez que por casualidad, le di un cascarazo en la cara a mi maestro Paco Tabora, Director, que pasaba en ese momento, lo que motivó que nos castigaran a todos, pero habiendo asumido mi responsabilidad y disculpado, nos levanto el castigo.  De las hondas que fabricábamos para tirotear pájaros, mejor si era de hule canche, para que no se gretara luego, decíamos, con badana de lengua de zapato y la horqueta de guayabo o amatillo para tirar con bodoques de barro secados al sol o piedras redondas de río escogidas, porque dispar de otra manera era fácil fallar, lo mismo que ir a pajarear, pero con la idea de no tirarle a zopilotes porque según nuestra ignorancia se picaba luego el hule.  Hacer chajaleles con tapitas de gaseosas aplastadas, tipaches de cera y ni que hablar cuando nos poníamos un puño de maicillo o cualquier semillas redondas en la boca y apuntábamos con la cerbatana haciendo guerritas.  • Jugar de avioncitos y barquitos hechos de papel, estos últimos dejados ir en las corrientes después de un fuerte aguacero y pescar en los charcos con pedazos de atarraya. Ah… qué tiempos aquellos, tan de a petate. Para salvar a todos los amigos bastaba con un grito de un, dos, tres por mí y por todos.

108  Para hacer reaccionar a alguien se decía: ¿A que no haces esto?, bando al que no lo haga y algunas veces caía uno de baboso.  • ¡Ah puchis!, y no había nada más peligroso que jugar con fuego, sobre todo el 7 de diciembre con la quema del diablo, después de ir al monte por días a buscar chiriviscos, paja o a un aserradero a buscar viruta, aun cuando las quemadura de las manos con los cohetes y la penetración de la pólvora en la nariz, eran las consecuencias.  • La frase ¿bando a quien se quede de último o es tonto?, nos obligaba correr como locos, para no hacernos acreedores de ese epíteto tan feo. “Ladrones y policías” era un juego para el recreo, y por supuesto era mucho más divertido ser ladrón que policía.  • Las bombas de agua hechas con vejigas eran la más modernas, poderosas y eficientes armas que jamás se habían inventado, para golpear.  • El grito “guerra” sólo significaba arrojarse yesos, almohadillas y bolas de papel durante las horas libres en clase.  • Los helados, dulces de leche y vaso de manjar de a un len en los recreos, eran parte de los alimentos básicos y esenciales en la escuela, apurados, quemándonos la boca, por el toque de entrada del timbre, pues casi siempre la bebida estaba caliente.  • Poder hacer piruetas en la cicle, soltando el timón con los brazos extendidos ante las patojas, era una proeza y te creías un traidito, o una paradilla con una cicle que no fuera “de coster”, pues yo, en una de esas, por presumir a una traidita que venía, solté el timón con los brazos abiertos, y que pasó, una piedrecita hizo virar la llanta y pun, caí, levantándome todo raspado y asariado.  Jugar a la cuarta con tapas apachadas de botellas contra la pared o un poste, era divertido, principalmente si se apostaban centavos. El mayor negocio del siglo era conseguir cambiar chibolas y estampillas repetidas por las que hacía tanto tiempo buscabas para completar la colección, así como las calcomanías de famosos o figuras importantes que salían en los paquetes de dulces y chicles, para pegarlas en las camisetas con plancha caliente, ejemplo, los boxeadores internacionales de la época: Joe Louis, Toni Far, Toni Galento, Arturo Godoy etc. O cualquier clase de compra, cambalache o chanchullos, para conseguir lo que se necesitaba, saliera uno “tirado” o con “ribete”, no importaba.  Cuando jugábamos con cachos de vaca, simulando ser ganado de verdad, apostando quien poseía más.  • Era un gran tesoro encontrar una piedra de vidrio, obsidiana, tiestos y otros minerales, mientras abrías un hoyo en la tierra o una piedra de rayo en el suelo, que guardabas como reliquia de lujo y los pedazos de china los considerabas dinero, para hacer compras de mentira.  • Cuando jugábamos “patache”, dos bandos, uno se iba a esconder lejos, hasta en la playa del río o potreros de las aledaños, diciendo: “pin pin”…. y el otro grupo corría a buscarlos en lo más recóndito de esos lugares hasta encontrarlos, bastaba con ver a uno del bando contrario, para decir, ganado el patache. Una simpática anécdota de este juego es que, Pacho Saavedra, escogía para esconder a los de su grupo, en las cochiqueras de su casa, repletas de niguas, mientras él lo hacía en otro lugar limpio, de donde la mayoría salía infestada hasta la coronilla de esos microscópicos y molestos animalillos, riéndose el mientras tanto, de los ingenuos patacheros.  • Ir al monte en grupo, era una gran aventura, ya sea a carupinear, buscar chununos y malacates, a tunear con nuestra vara de gancho trípode de plumajillo o de cualquier palo rajado de la punta a cuatro espigas, separadas con olote amarrado con pita en el medio, sorteando, descalzos, las espinas de esta sabrosa fruta, sin inmutarnos de los pinchazos cuando nos espinábamos, con el afán

109 siempre, de seguir adelante, llenando nuestro canasto o shucuta de esa delicia, porque en casa nos esperaban para comerlas a buena mañana, después de serenarlas en la noche. Aunque parezca mentira, habían unos patojos que no le hacían caso a las espinas, pues les bastaba solo restregar sus pies en el suelo para desprenderlas y seguir adelante. A mi madre le gustaban mucho las tunas y por ella íbamos con algunos hermanos y compinches a traerlas ahí cerca en el potrero de las burras o al otro lado del río, en los tunales de ahí y, si había suerte, traer un conejo o pájaros para comer, gusto exclusivo mío. • Novedoso y emocionante era cuando las casas comerciales o instituciones públicas venían a dar películas instructivas de dibujos animados o cine mudo como se les llamaba. Todas estas simples cosas nos hacían felices, no necesitábamos nada más que de una pelota, chibolas, panitas y un par de amigos con quienes pasarla bien, durante todo el día, esas eran las diversiones en aquel tiempo, no había violencia. Sin embargo, nos trompaseábamos cuando había una diferencia, si la ofensa era en clases se sentenciaba: ¡en el recreo o la salida me las pagas..! y no faltaba algún pícaro mayor, deseoso de hacer pelear llevándosela de árbitro, quién alzando su mano enfrente de los dos, decía: “el que escupa de primero aquí gana”, para luego bajarla y el escupitajo cayera al otro y se armara el vergoloteo, pero allí quedaba todo, aún cuando los padres se enteraran, sostenían el criterio de ser “cosas de patojos”, decían; Actividades lúdicas y pequeños pleitos sabrosas de evocar. ¿verdad?. Todo el laberinto del día se soñaba en la noche, a la espera que luego amaneciera para seguir de frente. No cabe duda, que los juegos de hoy, vienen siendo los mismos pero con marcadas diferencias, derivadas de la aflicción de la vida actual, por restricción de la libertad, etc. Ahora si puedes recordar entonces, tus pasados momentos de felicidad y si he logrado que evoques y sonrías, significa que has tenido una infancia feliz y que todavía te quede dentro algo del niño que antes fuiste. Así que lee este recuento de cosas y cuéntalas al que necesite un pequeño descanso en su apretada y agitada vida de adulto y nunca pierdas al niño que llevamos dentro, porque da sentido a nuestra atribulada vida actual. AVENTURAS PELIGROSAS. En la adolescencia, fácil es envolverse en hechos que pueden tener consecuencias negativas, de lo cual, este su servidor, participó en más de algunos de ellos, sinceramente no por intriga, soberbia o dolo, sino por mera picardía, refiriendo someramente a tres de las tantas peripecias acontecidas, así: 1. En cierta ocasión, mis parientes y amigos, Clodomiro Gutierrez y Plácido Saavedra, junto a otros paisanos, me invitaron a ir a la fiesta de Malena, como en efecto lo fue, previo permiso de mi querida madre, quien me encargó le trajese conservas y alboroto. De regreso, tomamos el tren pasajero, así se llamaba, de las once horas, en la estación de bandera de el Paso Malena y al poco caminar, no sé por qué razón paró el tren, momento que yo aproveché para bajarme y tomar los carros de atrás, en los que ya había cobrado el conductor el pasaje, para evadir naturalmente el pago de su valor, pero uno de los policías que cuidaban del tren, se dio cuenta y la emprendió contra mí, obligándome fusil en mano a ir a pagar el pasaje al conductor que ya iba terminando su tarea en el último vagón, recorriendo como consecuencia todos los carros intermedios, azareado, ante la mirada de multitud de pasajeros, con mi bolsa de conservas y alboroto al hombro, todo lo cual, motivó la risa interminable de mis acompañantes y hasta la fecha me lo recuerdan. ¡Qué babosada, verdad!. En otra vez, fuimos los mismos, pero incluyendo a Yemo Pineda, a lomo de semovientes alquilados, solo

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110 Clodomiro llevaba su burra, por cierto lenta para caminar, con tan mala suerte que la que transportaba a Héctor Guillermo, propiedad de Pedro Ruano, se le cayó en el camino uno de los estribos de la silla de montar, que regresamos a buscar en vano y que tuvo que pagar, o de repente todavía lo debe. 2. Otra vez, Rubén Casasola, me invitó ir a la misma fiesta, de Malena, salimos a las diez de la mañana a abordar un transporte la ruta del Atlántico, y llegamos contentos, para disfrutar del ambiente festivo que se vislumbraba, entramos en una zarabanda, repleta de gente que danzaba al compás de la marimba Niña Tineca, por un lado y la banda de San Agustín, por el otro; yo eche un vistazo a las bancas de al lado, que servían de asiento a los asistentes, divisé a una amiga de El Paso de los Jalapas, alta como yo, de tal manera que hacíamos buena pareja para la pachanga, a quien invité a bailar. En esas andábamos, barriéndonos de lado a lado, del salón, a cuales mejores, en ameno coloquio como se acostumbraba, cuando de repente, irrumpió en el local, Pablo Cienfuegos, conocido ganadero de Lo de china, que vivía en ese entonces, en El Rancho, super pasado de copas, botella de vino en mano, ofreciendo a cuanto conocidos ahí se encontraban, por no decir, casi obligándolos a tomar un trago a “boca de jarro” con él, cosa bastante molesta para muchos, y luego, el mismo pistola en mano, se proponía a hacer relajo en plena parranda, situación que motivó a Miguel Dávila Ortega, su compañero de mesa en el jolgorio, quienes momentos antes, libaban copas junto a otros parroquianos, a intervenir para calmar los ánimos de Pablo, cosa que no logró. Entonces, Dávila, se dirigió a unos guardias civiles que cuidaban de la fiesta, en las proximidades, para reclamarles del porqué no intervenían para poner orden en la fiesta, viendo ellos el relajo que estaba ocurriendo, les decía, pero a saber cuál fue la respuesta de los agentes, que también este se enfureció y, pistola también en mano, la emprendió contra uno de ellos. Se armo una trifulca, en la que estábamos metidos varios de los presentes, tratando de disuadir a Cienfuegos de su actitud y guardara la pistola, lo que al final, después de jaloneos entre el grupo, a Dávila, se le fue o disparó adrede un tiro, que traspasó una de las manos, de uno de los del grupo que lo reflexionaban, quien ya herido reaccionó colérico, sacó violentamente su escuadra del cinto, y en el acto, en su legítima defensa, porque aquel quedó todavía en actitud de seguir disparando, acabó con la vida de aquel pobre y buen hombre, embrutecido por los efectos del alcohol; que conste, que el balazo en la mano o en cualquier otro lado, hubiera sido para mí, si no es por la oportuna intervención de tía Cona Gutierrez y mi pariente Licely Morales, quienes me sacaron del tumulto a jalones a como ellas pudieron, y el otro rijoso Herminio Cienfuegos Pocasangre, quien en mala hora inició el lío, ¡qué!: ileso, parte sin novedad; momento desagradable que nos obligó a todos los jicareños, que asistíamos a la feria, para retornar presurosos a casa, bastante condolidos por lo que pasó. Nota: Los nombres de los actores que aparecen en el presente párrafo, involucrados directa e indirectamente, en el problema, son ficticios, para no herir susceptibilidades, de repente, de los verdaderos personajes o de sus parientes. 3. En cierta oportunidad, fuimos a Cabañas, creo que a una de sus fiestas, un grupo de chingones paisanos, entre quienes recuerdo a Héctor Vargas, Rigo Romero, unos amigos de Lodechina, y de regreso se nos unieron unos amigos de Lodechina, abordamos el tren rápido, de la una de la mañana, montados los chineños en las plataformas de adelante, porque no tenían dinero para el pasaje, y resulta que estos trenes, nocturnos, no siempre hacían parada en las estaciones de bandera, máxime si no venían personas para su destino, como en efecto ocurrió, siguiendo el tren su curso, circunstancia que aprovecho uno de los muchachos que venían en las afueras, cerca de los pescantes, donde hacen unión, un vagón con el otro, recuerdo que fue Héctor, para botarle el aire al tren a efecto de que pudieran bajar los “colados” de Lodechina, abriendo la llave de las mangueras, y este

111 frenando y frenando, rechinando las ruedas sobre los rieles, paró intempestivamente, adelante de la estación de la aldea, momento que aprovecharon aquellos para bajarse rapidito, y la tripulación enfurecida al darse cuenta de lo ocurrido, la emprendió contra ellos al verlos descender, queriéndoles hacer clavo, y nosotros jicareños, que habíamos pagado pasaje, bajamos de inmediato, en su apoyo, alegando que no habían sido ellos, sino un desperfecto del propio tren, y Chepe Rodas, el Conductor, conocido mío, por ser yo el Secretario de la Municipalidad, al notar mi presencia, después de una larga discusión, en la que se negaban los hechos, quien indicaba, incluso, que se había cometido un delito, dijo: Solo porque estas vos aquí, metido en el rollo, pidiendo de buena manera, no hago clavo y ordenó arrancara de nuevo el tren, pero nos dejó a nosotros allá. ¿Qué bruto, Héctor, verdad?. PERDIDOS EN EL CERRO. Mi padre Beto Casasola, como se le conocía en el pueblo, era dueño de la pequeña finca Pila de Moscoso y su anexo el Guayabo, al sur del municipio, colindante con San Pedro Pinula y la hacienda El Tintero. En cierta ocasión, nos mandó con mis hermanos mayor Randolfo y menor que yo, Ranulfo, puros chavos, al Guayabo, a recoger unos canastos y costales que habían servido para el aporreo de la cosecha de frijol, sembrado a medias con Mateo y Julio Ramírez. Salimos a buena mañana, y en el camino, desobedeciendo la orden dada, dispusimos ir primero a la Pila de Moscoso, un poco más lejos, pero por mejor camino, más que todo, con el objeto de ir a traer, por mera galguería, dada la inquietud de patojos, lo que ahí había de cosechaba: elotes, ayotes, chilacayotes, frijol camagua y algunas frutas. Adelante del Javío, se bifurcan los caminos, dejamos el de la Quebrada Seca que lleva al Guayabo y continuamos paralelamente al del río Las Ovejas, al punto del desvío al cerro, para la Pila. Después de más de una hora de caminar cuesta arriba, por curvas escabrosas en forma de caracol, asesando de cansancio y bien sudados, llegamos al rancho de Chencho Hicho, guardián de esa finquita, quien junto a su mujer y Tanish, su hijo, nos recibieron amablemente y nos dieron a tomar cafecito acompañado con ricos ticucos, casi al medio día. La voracidad nuestra, por la galguería, inquietud y hasta cierto punto picardía que envuelve a la juventud activa, nos llevó a querer traer de todo lo que había de cosecha en ese momento, siendo así que cargamos con varios ayotes de los llamados cornetas, que se pueden acoplar bien al cuello o los hombros, para cargarlos mejor, costal de elotes, costalito de frijol nuevo y hasta un chilacayotón, bien distribuidos, según la capacidad física de cada uno de nosotros, dejándole menor peso a Randolfo que no tenía mucha práctica en esos trajines, pues estaba recién venido de la capital, a donde estudiaba. Pues bien, de la Pila, enfilamos rumbo al Guayabo, destino específico de nuestro viaje, con el enorme cargamento a cuestas, compenetrados de conocer bien el camino. ¿Pero, qué pasó?: Cuando atravesábamos por un largo guatal, el camino se ocultaba a cada momento y no dábamos por donde seguir, debido a los enormes matorrales de la época, recién pasado el invierno, que lo cubrían en varios trechos y, de repente, lo perdimos totalmente y desorientados continuamos por vericuetos equivocados de esos que hace el ganado cuanto anda pastando, que nos llevó a unos zacatales y despeñaderos, perdidos a nuestra suerte en la breña de la montaña, de la cual resbalábamos, cual pista de patinaje, rodando de un lado para otro con todo y bártulos, en tan tremendos precipicios, cada vez que intentábamos accionar. Nos lográbamos parar pero lo mismo, cada vez más para abajo deslizados por la inercia, se nos caían las cosas que traíamos, incluso los sombreros, las volvíamos a recoger y, va de nuevo, somatadas tras somatadas, llegando al punto de tener frente a nosotros tupidos bosques y barrancos, sin rumbo conocido y, lo peor, sin los apetecidos comestibles que traíamos, los cual fuimos dejando tirados a medida de las dificultades que íbamos encontrando, ya con problemas de la mente y hasta mirando espejismos por el inmenso sol, pues Randolfo, el más vulnerable, empezó a reclamarme por haber sido el de la idea de ir primero a la Pila,

112 haber dicho que conocía bien el camino y la traída del jaracatal de chunches, en tanto yo les hacía reflexiones de que tuviéramos paciencia que yendo para abajo en las circunstancias que fueren, teníamos que llegar al bajío y allí sería distinto y nos orientaríamos mejor, pero haciendo caso omiso de mis palabras, mis dos consanguíneos acompañantes, empezaron a sollozar duro, casi llegando al llanto, y yo insistiendo, acongojado por supuesto, que no desmayáramos, que siguiéramos adelante, cuando de repente, oímos el silbido de un tren del ferrocarril en la lejanía, y yo advertí: ¿Ya ven?, vamos por buena dirección, al norte, y continuando, dentro de esa peripecia, de pronto, al poco caminar, escuchamos el canto de un gallo, dos veces seguidas, abajo, en una hondonada a la izquierda, que nos alentó y nos dirigimos ya por tierra firme a ese lugar, ¡oh, pero que sorpresa!, habíamos caído a la casa de Pedro Macal, en el caserío Los Potrerillos, a donde yo conocía por haber llegado varias veces anteriormente, precisamente con mi papá a comprar gallos de pelea, y al ladrido de los pereros, salió don Pedro a recibirnos, a quien contamos nuestra odisea, que lamentó. Descansamos, tomamos agua y de ahí de regreso por camino seguro y conocido, pasamos por el Javío, proseguimos hasta llegar al pueblo, siendo casi las seis de la tarde, pero sin los canastos y costales que eran nuestro primer propósito y sin lo demás que nos habían regalado, como la gran diabla, toda vez que no pudimos llegar a nuestra meta por la inexperiencia y dejar esparcido todo nuestro apetecido equipaje a lo largo de los inimaginables recovecos encontrados, dando cuenta a nuestros padres de la angustiosa situación acontecida, gracias a Dios, sin regaño alguno por lo inefectivo de nuestra misión, pero sí, con los mimos y lamentos de nuestra querida madre. DE MIS VIAJES E IMPRESIONES. Por iniciativa propia y del ejercicio de la función pública en los distintos cargos desempeñados, a lo largo de mi carrera administrativa, tuve la oportunidad de conocer la mayor parte del país y, totalmente, sus cabeceras departamentales y completos los departamentos de Santa Rosa, Jalapa y Jutiapa: sus parajes, finca, caseríos, aldeas y cabeceras municipales, en mi calidad de Delegado Regional de los mismos, que fui del IGSS., así como de viajar al extranjero y conocer todo Centro América, incluyendo Panamá y Belice, en varias ocasione, asistiendo en su mayor parte, como funcionario del Ministerio de Trabajo y como Secretario General del Sindicato de Trabajadores del IGSS., Así: Washington, D.C., Annapolis, capital del Estado de Virginia, aquí invitado por el guatemalteco Economista y Abogado litigante de USA, Hugo Pérez, en donde él residía, aprovechando mi estadía en el cercano Washington; Filadelfia, New York, Atlanta, Noshville, Nashville y Menfis, Houston, San Antonio y Austin, anterior, capital de Texas, todas de América del Norte. Lima, República de Perú y Bogotá, República de Colombia, de la América del Sur. Algo especial de esos viajes, fue mi inscripción como alumno de la universidad de York Town, en Washington D.C., ¿puchis dirán quienes me conocen, hasta donde se fue aquél?, pero no, fue por una pequeña beca temporal, para recibir un curso de inglés avanzado en la Escuela de Lenguas de esa entidad, que no terminé por lo corto de la temporada; viajes todos impresionantes, pero especialmente los de la América del Sur. De todos esos mis recorridos tengo gratos recuerdos, pero también de inesperados sucesos, verbigracia, algo que me impresionó fue un viaje que hicimos con mi papá, aún siendo muy joven todavía, trece años, acompañados de un operario de su pequeña fábrica de telas aquí en el pueblo, llamado Alfredo Reyes Guillermo, a Salamá Baja Verapaz, con el objeto de conseguir más operarios. Pues bien, emprendimos el viaje, tomamos el tren del ferrocarril rumbo al El Rancho, en donde se suponía debíamos tomar un autobús que nos llevara al lugar de destino, pero no ocurrió así, Reyes Guillermo dijo que él acostumbraba caminar a pié como tantas veces lo había hecho y habiendo consenso, nos guió por extravíos que ya conocía, dentro de la montaña. Al poco caminar dijo: en esa

113 pulpería que está ahí venden un fresco sabroso y pidió tres vasos que empinamos a tesón, tal era la sed que nos agobiaba, pero resulta que esa bebida no era otra cosa que chicha y siendo la primera vez que la probaba, me mareó y me hizo sentirme mal; más adelante nos cayó una tormenta y nos empapamos, tanto de la ropa que llevábamos puesta como la de nuestras maletas, unas se destiñeron y mancharon mi camisa por la espalda, llegamos a Morazán y en una casa de corredor, de conocidos de Reyes Guillermo, ahí cenamos tamales y medio dormimos con ropa mojada, yo y mi papá en una hamaca, lado para cada uno y Alfredo en el suelo en una sábana mojada que tendió. Al día siguiente, de madrugada, continuamos el viaje, a medio camino, en lo más espeso de la montaña, nos volvió a llover con fuerte tempestad, que sorteamos debajo de unos enormes árboles de pinos para no mojarnos mucho, cuando vimos algo que nos conmovió y es que bajo el fuerte aguacero venia unas procesión de gente, unas mujeres llorando, portando candelas apagadas, era un cortejo, que acompañaba el cadáver de un niño enrollado en un petate amarrado con lazo de ambos extremos, al hombro de uno de ellos, solo con la cara medio descubierta, que nosotros curiosos, vimos bien y nos provocó lástima, y como Reyes Guillermo entendía dialecto, les platicó y le dijeron que lo llevaban a enterrar en el cementerio cercano, que había muerto en la noche. Como a las 19 horas de ese día, llegamos a la casa de Alfredo, del clan de los Reyes Guillermo de aquel lugar, cenamos y ahí sí dormimos a nuestras anchas, pero al otro día, después de misión cumplida y de haber ido yo a ver a mi paisano Ostilio Morales, que estaba de cartero en la oficina de correos de ese lugar, emprendimos viaje de regreso, solo que en transporte motorizado. La moraleja de este viaje es: haberlo hecho a pie, el vaso de chicha, la fuerte lluvia en la montaña, haber dormido mal con ropa mojada, ver el cadáver de ese niño en las condiciones tales y la satisfacción después, de comer, dormir bien, visitar al amigo paisano y conocer aún siendo niño, parte de mi país. Otra odisea para contar, es un viaje que hice de la capital, al parcelamiento Los Ángeles, aldea Buenos Aires, Livingsnton, Izabal, juntamente con mi amigo Javier Montenegro y otro de él, cuyo nombre no recuerdo, a reconocer una parcela barata que iba a adquirir, pues ellos ya tenían las suyas, de las que estaba adjudicando el Instituto de Transformación Agraria, en el Cerro San Gil; pues bien, llegamos a los Ángeles, a la casa del Comisionado Militar, un señor muy atento, solo que armado hasta los dientes, con quien, luego de ser presentado, platicamos de mi propósito de obtener la parcela, porque él daba el visto bueno, quien accedió, tal vez le caí bien. Ahí dormimos, en el suelo, sobre unos costales que nos ofreció, con la disposición de salir de madrugada, al reconocimiento que nos llevaba, pero es el caso, que esa noche inesperadamente con todo el rigor de la naturaleza, se desató un interminable tornado o ciclón, con fuerte lluvia, no sé cómo llamarle a ese fenómeno, que nos mantuvo a la expectativa de lo malo que pudiera ocurrir, por espacio de casi de tres horas, sin poder dormir, escuchando las ráfagas de truenos y centellazos que se producían, acompañados de relámpagos que penetraban incesantes las rendijas de la débil choza y los rugidos, parecían, del resquebrajamiento de la selva, a nuestro alrededor, que provocaba el viento, al máximo de kilómetros por hora, con estruendos aterradores, nunca visto ni oído, hasta que casi aclarando, terminó el desastre y digo así, porque al emprender camino a las parcelas de nuestro destino, montados en caballos, con un guía que nos esperaba, nos encontramos frente a una selva totalmente desolada, por el derribamiento violento de cientos de frondosos árboles de caoba, marío y otros, que tapaban el camino en su recorrido, cientos de aves y pájaros muertos, colmenas silvestres diseminadas por todos lados, cuyos enjambres volaban alocadamente buscando donde prenderse, pero el guía acostumbrado a estos eventos de la naturaleza, no tan grandes como el presente, decía, nos alentó para seguir adelante, abriéndonos paso entre los escombros con su filoso machete

114 guarisama que llevaba. Ah, pero dijo: aprovechemos, llevemos algo de lo que está botado para nuestro sustento, siendo así que nos apeamos, llenamos unas bolsas nylon que llevábamos, con panales de colmenas de varias clases para libar su miel en el camino, unas cuantas palomas, unas frutillas y hongos silvestres comestibles allí encontradas, para asar y comer a nuestra llegada. Ya en el puesto, nos alojamos en casa de nuestro guía, me llevó a reconocer mi supuesta parcela, un bosque virgen tupido de belleza sin igual, con un riachuelo de aguas rumorosas frescas y cristalinas que la recorría, en donde había jutes grandes, de las ramas de los árboles colgaban micos jugueteando y a lo lejos se escuchaba los gritos de un animal, que el guía dijo ser mono aullador, con presencia de muchas aves y pájaros de diversas clases y colores que entonaban melodiosos cantos, volando de rama en rama. Terminado el reconocimiento de la parcela, de regreso, a medio camino, mató un pajuil con el rifle que portaba, diciendo que era para el caldo, así como unas palomas grandes, azules, pero ya en casa había un suculento almuerzo de un tepezcuinte que había llevado el perro, como obsequio de buen recibimiento, de tal manera que las aves quedaron para la cena, juntamente con un mico que estaba en salmuera. Y en efecto, así fue, no melindrosos, comimos de esos animales, el pajuil asado y el mico en caldo, como ellos acostumbraban. En la noche dormimos en el tapanco de la casa, dormitorio de la familia, preferencia que nos dieron, pues según dijeron, asomaban jaguares por la noche, como en efecto lo fue, pues en repetidas ocasiones oímos sus rugidos, ellos durmieron en la parte baja pero con fogón encendido para ahuyentarlos, indicaron. También se escuchaba música en la lejanía, en el silencio de la noche, que a preguntas formuladas, dijeron ser de las rockolas de Matías de Gálvez, cerca de allí, en la parte baja, en la bahía de Amatique, hacia el sur. Y al día siguiente, de madrugada, al norte, en la hondonada, se escuchaba un vocerío incoherente penetrante e interminable que parecía ronroneo, que dijeron ser de los habitantes ketchíes del parcelamiento San Marcos, tal vez celosos y a la defensiva, al percatarse de nuestra llegada. Todas las atenciones recibidas fueron compensadas con la cantidad del bastimento que llevábamos: carnes, jamones, frutas y verduras que dejamos a nuestros anfitriones locales, pues nosotros comimos solo productos de la selva. Al día siguiente regresamos a Guatemala y yo, a pesar de las bellezas naturales del lugar, por lo lejos, opté por no tomar partido, porque no era oportunidad viable, en esos momentos, para mí, dejando la parcela, pero queda el recuerdo de lo acontecido. RECUERDOS Y PENSAMIENTOS. Por ser parte de nuestras vivencias, considero interesante abrir el baúl de los recuerdos, para traer a cuenta algunos hechos y cosas, traducidos unos, en aventuras, que se graban muchas veces para siempre en la memoria, percibidos en momentos de meditación, principalmente en la infancia. Me refiero a recuerdos de voces y de acontecimientos que seguramente nos son propios, por haberlas escuchado repetidamente y compartido con la paisanada y, que ahora, escribo, consciente de que recordar, es vivir, por ejemplo:  AMANECER EN EL PUEBLO. Nace el día, la noche tibia y tranquila se esfuma, el sueño ha sido reparador, los murciélagos han dejado de chillar, los tecolotes y lechuzas han callado ya, los geckos cantores hartos de bichos, se han metido en sus cuevas a descansar, el crepúsculo invade las montañas del gran cañón, léase las Minas y El Merendón, formando celajes cobrizos a granel, se vislumbra el amanecer cotidiano, cuando el sol se acerca vigoroso alumbrando, inundando alegremente el entono con sus claros de luz que penetran las rendijas del tejado, refrescados con la suave brisa que llega del cercano río, desvaneciendo poco a poco la opacidad nocturnal imperante. Los pajarillos en los vetustos tamarindos y conacastes de al lado, todavía adormitados, entonan melodiosos cantos, unos, y otros: los clarineros y sanates, con su interminable algarabía, en ruidoso revoloteo de calentamiento, antes de alzar el vuelo que los llevará a tierras lejanas, en busca del

115 sustento que les da la vidas, sorteando el peligro que les acecha en su camino; todo lo cual, en un acontecer, que anuncia la presencia de un nuevo día, como lo presagian los gallos con su kikiriki al despuntar el alba.  El transporte de la madrugada, que va a la capital, con su constante bocinar fastidioso, pero necesario, por si acaso se pegan las chamarras, alerta a los viajeros, de su partida. Al rato el servicio local de moto-taxis empieza a funcionar, uno que otro, por allí, para convertirse más tarde en una zompopera que estorba el camino de los transeúntes. Se inicia entonces el aún moderado tráfico de la población, pero para atravesar la calle, es preciso echar un vistazo para ambos lados, evitando ser atropellado, principalmente por los vehículos que van rápido de paso, lo que obligara dentro de poco tiempo, a instalar semáforos…., ya no es el pueblo tranquilo de antes, hay bullicio por doquier.  Emerge el sol brillante, abriendo con su energía, los pétalos de las flores. Las abejas y mariposas se posan sobre ellas, para chupar su miel. Una glotona “aguja del diablo”, así llamada la libélula, y un gorrión, movidos por el instinto de sobrevivencia o la ley del más fuerte, para ser más precisos, las interrumpen y casi las derrumban, en su arrebato de comilona por la subsistencia.  Cumpliendo tradición ancestral, los vecinos se aprestan al barrido del frente de sus casas, luego de saludarse, en acto simpático, comentan de una acera a otra, o a media calle, sucesos de actualidad y alguno que otra habladuría, provistas de escobas hechizas o de fábrica, apoyadas en el suelo por momentos, a manera de descanso, para unos no importa si se hace polvo, otros riegan agua para evitarlo, y de vez en cuando, alguien prende fuego en la vía pública, al montoncito de basura de hojarasca caída de los palos, algo de escondiditas, por aquello de la moda del medio ambiente.  Quienes barren, amablemente responden, como es usual, en señal de efusivo saludo mañanero, los buenos días de los transeúntes, que van y vienen, en busca de provisiones para el desayuno, porque a buena mañana hay leche fresca, pan y chicharrones calientes, carne suave de res y pescado fresco del Motagua, en el barrio la Quebrada, trayendo a cuenta el dicho de que quien madruga no lleva sol. Las verduras y frutas procedentes de Tobón y Malena, empiezan a llegar al mercado, que ha abierto sus puertas al público, para luego degustar al rato, en casa, un suculento desayuno típico: chicharrones, carne asada, tamales, huevitos, frijolitos, cuajada o queso seco, crema o requesón frescos y plátanos cocinados de alguna forma, con tortillas calientes al canto, acompañados de chilmolito picante, y si se antoja, un buen pescado frito, según el gusto y la modesta capacidad económica de la familia.  Los labriegos, por su lado, llevando consigo sus aperos de labranza, tecomate y matate al hombro, repleto de bastimento, incluidas unas memelas y mojonchos, más de alguien silbando o tarareando a su manera la canción de su simpatía o fumando un cigarrillo, contentos, presurosos, se dirigen al campo o lugar de trabajo a cumplir las sagradas faenas diarias, algunos arreando sus vacunos para el ordeño o jalando su cabalgadura o montadados en ellas rumbo al astillero, seguido por su amigo inseparable el perro, que camina a la par y al paso ligero de su amo.  Y al rato, el bullicio de los niños en las escuelas y los gritos de los maestros, entremezclados, tal enjambre alborotado de abejas, se escuchan a lo lejos, al son del eco que resuena de los cerros aledaños, incluidos los ruidos que provoca el ir y venir de los habitantes en general, a prisa, en pos del trabajo, en un todo un quehacer por la vida.  Unos cuantos jubilados y algunos haraganes, un poco más tarde, se dan cita en lugares de tertulia, “mini peladeros”, de repente, para comentar las buenas y malas noticias locales y del país, tratando de resolver los problemas, sin lograrlo, pero más que todo, para pasar el tiempo, sin faltar uno que otro chisme simpático o chiste caliente de los que hacen reír a mandíbula batiente y sacarle los “trapos al sol” a alguien que se ha metido en cosas feas o salido de sus casillas.

116  Con ese ritmo consuetudinario de acontecimientos, bulla y comunión de espíritus, se abre brecha la actividad económica y social de mi pueblo, que constituyen hermosas tradiciones añejas y modernas formas de convivencia pacífica y casi familiar, cuyas escenas son parte de nuestra idiosincrasia. Y vienen los recuerdos:  Del mugido (me y mu) de los becerros y vacunos mayores, en los corrales vecinos, en la tranquilidad de la noche, lo cual, a pesar del sentimiento lastimero que infundían, se sentía como algo agradable, de bendición, bienestar y de alegría, para unos, y de nostalgia, para otros, como un reflejo de la apacible vida del campo;  El eco melancólico que resuena en lontananza, producido por el hachazo que parte leña, en punto desconocido, allá del otro lado de la hondonada o del río, el mismo que provoca el patojo travieso por curiosidad y diversión con su gritería, a todo pulmón, balbuceando: ah…., oh…, logrando al fin: el fenómeno acústico buscado”;  Los momentos de emoción que se sentía, de todo un triunfo, cuando se sacaba una shera (iguana) de la cueva lisa del palo o del órgano y se vigiaba la trampa, puesta al garrobo, con yagual de quesillo, en los barrancos aledaños, cogidos del cogote para someterlos primero, y después comerlos asados condimentados con orégano; castrar una colmena silvestre, derribar panales por montón, para chupar su miel y hasta comer, por hambre o simple travesura, sus capas, fabricadas por las abejas, como es sabido, de puro estiércol de vaca; atrapar cangrejos y peces en las cuevas de los talpetates del río, topándonos, de repente, con tremenda culebra enroscada…. son recuerdos imborrables de la infancia.  Los golpes compasivos del martillazo del carpintero, que cerraba la caja del difunto, rumbo al cementerio y los lamentos familiares de despedida, hasta con desmayos, en unos de cuyos cortejos, los acompañantes se disputaban y aun lo hacen, cargar en hombros el féretro, pero en otros entierros, escasean cargadores, pero así es la vida,… notoriamente desigual.  Del cincelazo monótono del albañil que lo clava en el concreto, en plena faena de construcción, con sus manos encalladas y rajadas por la cal;  Aunque parezca curioso para las actuales generaciones, el talan…. talan….de la campana de la antigua capilla evangélica, llamando a prisa a sus fieles para al culto asistir, sin embargo, el toque de ese instrumento, es ahora, exclusivo de la iglesia católica.  El pausado talan del riel del Altillo (antiguo edificio municipal), dando reglamentariamente la hora, por el ministril de turno o para hacerlo sonar impetuosamente, en caso de emergencia, de alarma, como lo fue en muchos incendios y problemas ocurridos, llamando al pueblo a acudir para colaborar o alguna medida urgente tomar.  El peculiar y melancólico “tam”…. “tam-tam”… del tambor, marcando los lento pasos de los fieles que cargan en hombros a Jesús, en la procesión del Santo Entierro, el viernes de dolores, en Semana Santa, cuya anda se hamaquea a buen ritmo, en el camino adornado de alfombras multicolores, que en simpática competencia, de cuál es la mejor, obsequian tradicionalmente los devotos feligreses vecinos, que se desvelan y no dejan dormir con su chachalaqueo, a los de adentro, en la víspera.  Tormentas crueles, a veces con lluvia, rayos, relámpagos y truenos estrepitosos de miedo a granel, con agradable olor a tierra mojada, y ya pasado el fenómeno, en la quietud de la noche, se oye el rugir del Motagua, avisando como de costumbre, su enorme crecida, que arrasa cultivos de las vegas y huertas de la playa, para luego en calma, en la madrugada sonriente de sol, multitud de lugareños, aprovechando la turbia, con canastos, atarrayas y garrotes, ponen manos a la obra, a fin, de peces para la suculenta comida atrapar;

117  Los vibrantes pitidos del gorgorito de la policía, que patrullaba de noche la población, imponiendo con ello, orden y respeto y, la partida en plena huida, de la patojada, pasada las 9 de la noche, a refugiarse en sus casas, porque la hora de vagancia había terminado;  Los tristes débiles truenos que se escuchan en el firmamento, al inicio y/o despedida del invierno, como lo eran, los silbidos a la partida del tren o ferrocarril, pero también de alegría a su llegada, especialmente los llamados rápidos y de pasajeros, que provocaban alboroto de la gente que bajaba y subía y de los mirones que se congregaban y los de carga y fruteros, verlos pasar con su ruido característico;  El murmullo del Motagua en el tibio amanecer, y del chorro de la pila o del llena cántaros público, último aquietado por el bullicio de la tertulia de la gente, que esperaba turno de llenado, denotando alegría por la abundancia del bendito y permanente líquido, en aquel entonces;  Las voces y ruidos estridentes de las vecindades, con el manipuleo de trastos, palanganas y galones, entremezclados con las palmadas tronadoras con eco, de las féminas en la cocina, elaborando las sabrosas tortilla o memelas de maíz nuevo, salidas del comal, o cogidas del bucul calientitas, para devorarlas con chicharrón o pedazo de queso en medio, o hechas mamacho para calmar el hambre del niño que llorando pedía y, para calmar la sed y bajar los bocadillos, la apetecida guacalada de agua “chigua” o “chiva”, llenada del tol de al lado, en donde moja sus manos la tortillera;  Los quedos y pausados sonidos de pulcras gotas de agua, que caen del filtro de piedra pómez, al cántaro de barro, colgado de la viga o guardado en su escaparate, en la cocina o el comedor de la casa, que por monótono se convierte en penetrante ruido que fastidia, en momentos de insomnio o de meditación, en la larga noche, y los recuerdos que quedan de beberla fresca en el guacal, de la pichinga cuando se iba a la escuela o a boca de tecomate con tapón de/y de olor a olote, compartido con los compinches, allá en el campo. Oh, que agradable.  El repentino zumbido de la flama del leño que arde en la hornilla de la cocina, presagiando según la creencia popular, visitas al hogar. Y la savia espumosa que expele el tizón sarazo en la hoguera, es buena aplicación en el ombligo del niño, que aún se orina en la cama, receta de medicina casera de la abuelita, advierte con precisión el ama de casa.  Los trascendentes y agradables olores por las mañanas, de la fritura de los chicharrones y la horneada del pan con chamiza de “ronrón”, esparcidos en el ambiente, despertando el apetito de los moradores y, para algunos adictos, las “botanas” para los trinquis del medio día disfrutar;  La pilas de nuestra casa, repleta casi siempre, de distintos peces del Motagua, por diversión y para el consumo, provocando de repente la muerte, por ahogamiento, recuerdo, de un gato que quiso de noche cazarlos y cayó al agua sin poder salir.  Los interminables sonidos musicales en competencia, de los chiquirines para atraer a las hembras, conocidas como chicharras o cigarras, en pleno sol ardiente de verano, implorando la llegada del agua de invierno, en su raro proceso de vida y efímera existencia.  Las luciérnagas o curcayes, en su ambiente invernal, alumbrando con sus ojos saltones reflectores, las calle del poblado o del mundo desolado, en la obscuridad de la noche, que agarrábamos por curiosidad para con ellos jugar, pero ¡cuidado!: deja en las manos unas partículas finas como polvillo que infectan los ojos, igual que los papalotes.  El monótono y ofensivo cri-cri de los grillos en larga noche de insomnio, en lo más recóndito del rincón y quicio de la puerta, pero de día calladitos, haciendo trizas nuestra ropa, igual que las tijerillas;

118  Las milenarias y repugnantes cucarachas, en aquellos tiempos, carcomiendo y contaminando cuando alimento encontraban a su paso, de los que, ni los que se aseguraban en el yagual colgante se salvaban.  Las pulgas abundaban en la serranía, en casas que mantenían perros, porque en el bajío, son raros estos insectos, que gustan de climas frescos, lo mismo que la mostacilla, especie de ácaro en miniatura, que se prende en la vestimenta de los caminantes y cazadores en la campiña, dejadas venir de lo alto de la maleza para caer sobre el cuerpo, como cae el polen de las flores;  Las multicolores mariposas, en grupo o solitarias, hollando las riberas de los manantiales y charcas de invierno, para saciar la sed, con sus finas antenas detectoras a la expectativa, o surcando el viento en busca del néctar de las flores en su efímera existencia, arriesgando ser perseguida por más de un patojo travieso, varejón en mano, para aplastarlas y acabar con ellas; y los papalotes negras que penetran en las casas y se posan en determinado lugar, son presagio de que alguien pariente va fallecer, según el común de la gente popular.  el “kikiriki” de los gallos en el amanecer, anunciando un nuevo día, el cacareo de las gallinas antes de poner el huevo y del pío…. pío…. de las crías porque tienen fío, hambre o pidiendo no sé qué;  El perro, celoso guardián, cuando ladra en voz triste y prolongada, como el aullido del lobo, con la mirada fija hacia la luna y las estrellas rebosantes de luz, en la noche diáfana, es porque el can está viendo cosas raras del más allá y fantasmas ocultas para el ser humano, según la superstición popular;  El maullido insistente del gato en el comedor, exigiendo comida, arañando con sus manos al comensal y, de noche, correteando por el tejado, en plena caza o en celo, coqueteando al de sexo opuesto para preservar la especie;  El relincho y rebuzno de las caballerías en el patio de las casas, prestas siempre a ser útiles, a la espera de ser ensilladas o aparejadas para partir; los burros de Andrés Lários, Plácido Hicho, Toñito Páiz, Oscar Gutierrez y las mulas de Pedro Ruano, los caballos flacos de Nefta, cargados de leña todos los días, activando la voz de contentos, de haber regresado a su caballeriza, apresuradas por deshacerse del aparejo y carga que les atormentaba, y por la comilona de tuzas y zacate fresco, que les esperaba;  El “peretete o peterete”, pariente del “pijije” de doña Lola Castillo, allá en el billar, junto otros que por temporadas merodeaban por el Motagua, alegraban con la bulla de su raros sonidos de alerta, por las noches, celoso por la presencia de algo extraño en su territorio, o de sus dueños, a manera de guardián, alejando a los intrusos en bravía acometida, picotazo tras picotazo.  El croar de las ranas, en alegre sinfonía de amor, en la penumbra de la noche, se escuchaba, allí cerquita en las riberas del río y en la desaparecida “usha” de al lado del pueblo, como algo agradable que animaba el espíritu, para pensar en la naturaleza;  El martillear estrepitoso del pájaro carpintero, comúnmente llamado cheje, horadando con su filoso pico de marfil, en el grueso árbol, el agujero que ocuparía por nido, y para sacar gusanos de sus entrañas y devorarlos como apetitoso alimento;  El alboroto interminables de los sanates y clarineros, en el anochecer, antes de dormir, celebrando locos de contento, su regreso sin novedad de tierras lejanas, posesionados en la maraña escogida como dormitorio favorito, en los árboles adyacentes y, en la madrugada, la misma gritería, listos para enfrentar nueva faena de lucha por la subsistencia, sumándose sus románticos cantos de clarín, en época de celo;

119  La “espumuy” en la lejanía, haciendo honor a su nombre, con su canto y, la “torcaza”, trepada en los tunos, comiendo la deliciosa fruta, con su trino característico de interpretación popular, casi de palabras, de: “muchachos que tienen calentura, calentura…” y, las “güiras”, en bandada, de un lado para otro en los llanos, zumbando sus alas en busca de su alimento, pero en la noche, tales pajaritos, dormiditas en los “lengua de vaca”, son fácil presa de los traviesos que honda en mano, y demás depredadores, las persiguen.  La tortolita canta su: cu…cu…cu… y luego truena sus alas al viento, al mínimo asomo del peligro que intuye, para luego volver, dejando mientras tanto, su nido y sus huevos a merced de depredadores que la acechan;  El cenzontle o “chancaguera”, alegrando el entorno con su canto y sus brincos de rama en rama devorando cuanta fruta e insectos encuentran a su paso;  La urraca bullanguera agitando de contenta su penacho de plumas, allá subida en el árbol, la que según la creencia popular, por su gritería, por la Virgen María, maldecida fue;  La alharaca del “pishturillo o “chepillo”, con sus gritos de “Cristo fue”…”Cristo fue”, anunciando buen augurio de que: “carta o buenas noticias llegaran”, pronostica el agorero;  Del cotorreo del loro, que no para de repetir las buenas y malas palabras, que de su amo aprendió; las pericas y los quenques cavando en medio del bullicio que les caracteriza, sus cuevas en los barrancos y después haciendo de las suyas con las frutas del lugar;  Igual el torobojo, con su vistoso plumaje, como el quetzal, altivo con el sube y baja de su vuelo, recorre la campiña, para luego a su regreso, guarecerse en su cueva del barranco o del tronco del madero, que a ha robado;  El gorrión, provisto de esfuerzo y energía, sostenido en el aire, en punto fijo, bate sus alas, chupando el almíbar de las flores, como lo hacen las abejas en primavera, y el ronrón upayero, zumbando por doquier, expuesto a ser capturado por algún “ishchoco” travieso, para hacerlo volar, como juguete, con hilo atado de sus patas;  Y la “shara” allá en el cerro, orgullosa de su ambiente y de su vistoso colorido, defendiendo con sus gritos su territorio, expuesta, si se descuida, a un tiro de guata de cazador furtivo;  La chorcha multicolor y bullanguera, desde su nido, colgado en las ramas más altas o más bajas del árbol, presagiando el tiempo que por instinto avizora, de fuertes o calmados vientos, da de comer a sus crías engulléndoles el pico para que succionen su alimento y, a los astutos pájaros roba nidos que asoman, con sus alaridos, previene: que en propiedad privada, es prohibido entrar;  Los “torditos”, nada es ver a estos pequeños pajaritos con su alegres silbidos y su color negro rígido, pero en su empeño de comilona, devora milperías por entero, extrayendo los granos sembrados, a tal extremo el perjuicio, que existe una ley retrógrada que ordena su exterminio, contrario a su pariente feo, el “pijuy”, qué en su afán de limpieza sanitaria, es amigo de la ganadería;  El novedoso paso de los azacuanes, dos veces al año, surcando en bandada el cielo gris, en singular espectáculo de organizado, lento vuelo, en formación paralela o en fila india, provocando de repente, alboroto en el espacio, formando círculo, revoloteando en vistoso jugueteo, para observar o husmear algo, anunciando con su hazaña y extraños graznidos, cambio de tiempo, decían los abuelos;  El guajo o guaco que aparecía de repente en nuestros bosques cercanos al río, ave grande que encaramado en los palos, daba gritos escuchados a lo lejos, que llamaban la atención de los curiosos por algún presagio, bueno o malo;

120  El gavilán en raudo vuelo de regreso, rompiendo el aire desde las alturas, caza a su presa, -la serpiente más grande y venenosa-, con sus fuertes garras afiladas de acero, elevándose de nuevo, a lugar seguro del peñasco, para devorarla tranquilamente sin piedad;  El quebrantahuesos, que lleva consigo huesos de la carroña, a considerable altura, dejándolos caer para romperlos y luego en partículas engullirlas fácilmente.  Y porqué no recordar a los repugnantes zopilotes, de negativa fama universal, que desde las alturas, confundidos entre nubes grises, con su ropaje negro azabache, alegran el firmamento en pleno vuelo, en multitudinaria reunión, avistan la carroña y al bajar a tierra en ruidosa picada, cumplen su noble misión de: “limpia mundos”;  La “chiguita”, saltando de rama en rama, haciendo gala de sus chillidos y aún de cuerpo diminuto, se la lleva de grandeza;  Las abejas de las colmenas “shurullas” y “los cushushos”, al castrar sus enjambres, se enredan en el pelo de los humanos usurpadores y las de los panales, al derribarlos, dejan “puspa” la cara a piquetazos. Las más crueles y bravías las de “culo de chucho” y las de “peruleros”, también las “chorocanas” y los “guitarron”, pero compensado todo, con la rica miel que se les roba;  La vieja “guaca” de doña Olivia, oculta siempre en el quicio de las puertas, hacia la calle, se abalanzaba en frenética arremetida sobre la gente que pasaba, amenazando con morder, infundiendo temor, que obligaba a usar la otra acera a los transeúntes; pero es que la muchachada, también la molestaba y la dueña, no digamos, por el estilo, se enojaba y maltrataba en su defensa.  Las inofensivas lagartijas: moríshcas y polvorines, porque: las -iguanas de agua, “tilishtumpes”, “talconetes”, “florecías” y garrobos-, se acabaron, correteando por las hojarascas de los llanos, queriéndose aparear, para preservar la especie, hartándose de nocivos bichos, en beneficio de la agricultura, pero a merced, de sus depredadores más atroces, el hombre en primero lugar, responsable de su exterminio, para venderlas como mascotas o matarlas honda en mano, por pura picardía o para llevarlas de comida al gato.  Los “surupes”, guarecidos bajo las cáscaras gruesas despegadas de los árboles secos o podridos, a la zaga de los insectos de su predilección, para devorarlos, igual que las arañas con sus trampas mortales y curiosas formas de vida.  Y qué decir de las termitas, llamadas también “comején”, en sus bien fabricadas “porras”, en lo alto de los palos o en los barrancos, que al ser abandonadas, después de arduo trabajo, tal vez debido a su peor enemigo, las hormigas, son usurpadas por pericas, garrobos o una colmena de cushusho.  Y, hasta percepciones de miedo, que se apoderan de la mente, cuando se escucha el canto del tecolote y de la lechuza, en las tinieblas de la noche, en señal de mal presagio, porque: ¿“alguien va morir ahora”?, comentan los supersticiosos o como alguien dijo: “cuando el tecolote canta, el indio muere”, y del “tapa caminos”, que asusta, fastidia y obstaculiza el paso; y qué decir de los murciélagos, que hacían suya las moradas de la gente, perturbando con sus incursiones, la quietud del sueño y, como represalia, los “patojos” traviesos al apresarlos, los ponían a fumar como castigo; animal invasivo este, los “chupa cabras” en ciernes, que desde su existencia, maltratan a las gallináceas, perforándoles el ano, en sanguinaria acometida, para succionar su sangre;  Los alegres chapuzones, zafados de casa, la pesca en cualquiera de sus formas y las apuestas de cruzar a nado el caudaloso río Motagua, cuan crecido pudiese estar, en atrevida hazaña, eran prácticas comunes de traviesos, sin escapar las bocanadas de agua recibidas a punto de ahogarse;  La encaramada peligrosa a los cocoteros de la vega de los “cocos”, a robar sus deliciosos frutos, al encuentro inesperado de tremenda víbora, enroscada en el cogollo, al acecho del intruso, desafiante,

121 en actitud de ataque, con la lengua viperina en rápidos movimientos de advertencia; deslizado por ello el intrépido, al instante, como un haz de luz, de regreso, con el sístole y diástole alterados, el pecho desollado, las piernas en interminable tembladera y, lo peor, sin el botín planificado.  Nuestra manera de ser de ishchoco traviesos, al limpiarnos la boca con las mangas de la camisa, cuando mangos y tunas comíamos, así como la nariz llena de mocos, desafiando los regaños de nuestras queridas mamacitas y de la gente adulta.  Las subidas y tiradas de los trenes a toda velocidad, cuando disponíamos dar un colazo, sin advertir el peligro, apostando quien se tiraba con mayor velocidad y más lejos con el riesgo de un accidente y hasta de perder la vida con las consiguientes revolcadas, de repente. En fin, concluyo todo ese laberinto interminable de pensamientos y cosas, que ocurren, y que dejo hasta aquí, porque sería la de no terminar; hechos todos, reflejados en el concierto de voces y cosas de poesía, que nos ofrece la madre naturaleza, que perduran en la mente, amenizados con la expresión canora de cuantos animalitos descritos, son parte de nuestra fauna, tradiciones, color e historia que nos pertenecen, todo lo cual agradables o tristes, es digno de evocar, con reflexión de lo bueno y malo, acontecidos. Recorridos de mi niñez de los que me siento orgulloso, principalmente por mi origen de provinciano, identificado plenamente con su entorno, al haber escudriñado en buena medida: sus vericuetos, cuevas la de las “lechuzas” de arena rojiza para lavar trastos, por ejemplo, quebradas, barrancos, lomas, cerros, bosques, potreros, riachuelos, parajes, pescar y nadar en el río Motagua, encaramarme en los árboles más grandes y a veces espinosos, víctima de peligrosos insectos como arañas, alacranes, ciempiés, hormigas, abejas y mosquitos, comejenes y perros bravíos. Comer maranshanas, pacayas de palmo, chununos, malacates, carupines, cinco negritos, panecillos, upayes, capulines, frutas de galero y de Jaguay, carne o núcleo de los coyoles y almendras, semillas y tallos de chichicaste pelado, pepitas de conacaste asadas, hojas de jocote con sal, suchillo de colmenas silvestres, beber agua de nacimientos en el campo, en canutos de tallos huecos, a veces estancada y a falta de tecomate, en la copa del sombrero, así como agua de cepas o mamón de guineos sacada con estacas y comer asada la popocha, en fin, de todo aquello que llamaba a la curiosidad del patojo inquieto, travieso, “pata de chucho” y perspicaz, para saber del porqué de las cosas, fui, como pocos jicareños lo han hecho, naturalmente, en compañía de otros traviesos de mi camada, de lo cual disfruté y algunas veces sufrí, pero me encuentro satisfecho, viviendo de esos recuerdos. CASO CURIOSO. Andrés Larios, del barrio Vista Bella, tenía una recua de burros para prestar pequeño servicio de transporte de carga, acarreo y venta de leña, pero además, prestaba el de apareo, es decir, alquilaba sus burros machos como sementales, para preñar burras o yeguas que le llevaban de todas partes, para el logro de crías de mulas o mulos o machos de burra con garañón, previo pago de honorarios, recuerdo Q.5.00 el “salto” o coito. Pero lo curioso del caso era que, cuando no estaba el jefe de casa o sus hijos varones, Maco o Nancho. para no dejar ir la paga, pues eran pobres, el servicio era supervisado por la hija del dueño, una niña, si a caso, de trece años, quien con la mayor inocencia, sin la menor malicia, ignorando el tabú de las cosas, conducían con el interesado, los animales a un lugar apartado de la población, apropiado y discreto, o sea, un pequeño barranco con hondonada abajo, para facilitar que el macho se encaramara en la pareja y luego como parte del trabajo, aprendido por supuesto, a manera de ayudita, le agarraba ella con naturalidad infantil, el pene al burro, ya dispuesto, para ponerlo en dirección de la vulva de la hembra, para facilitar la copula a perfección, quedándole como consecuencia las manos embadurnadas del sebo y semen del semental, a la intrépida muchacha, obligándose a simplemente restregarse con un trapo que llevaba, cuya faena

122 prohibida por la ley, se imponía ante la necesidad económica familiar, pues para ella, eso era un simple quehacer. Contrario a esa ingenuidad, habían un grupo de adolecentes que, enterados del asunto, se prestaban para ir detrás a observar el espectáculo, con morbo y travesura, el nene Paz, uno de ellos. ¿Increíble, verdad?. REFLEXIONES. I) No oséis jamás mofarte de la vejez de tus semejantes, ni siquiera lo intentes o pienses, porque ya fallaste. Ten presente que la vejez, consecuencia de la vida misma, como la muerte, es inevitable, rígida, nadie la escapa por mandato divino, ni los científicos, brujerías, ni zares poderosos, ni humanos algunos connotados del universo, pues tarde o temprano se tiene que llegar a ese estado de cosas y, por ende, como ser vulnerable a la naturaleza misma, tu vas por el mismo camino y, óyelo bien: tal vez más marcado por el destino o fenómeno mismo, de a quienes criticáis, y de repente, con una vejez prematura, aun siendo relativamente joven, en años todavía, y pobre de conciencia como los hay muchos. Posibilidad muy susceptible de darse, en razón de que, la humanidad cada día que pasa, se va deteriorando, por las circunstancias propias de la naturaleza y la actualidad que se vive y, principalmente, porque los viejos de ahora, jóvenes fuertes de ayer, disfrutaron de una vida mejor, cuando el medio ambiente era sano, puro y la comida “chatarra” desconocida. Dentro de ese contexto, es de reconocer, que son esos personajes los creadores de la historia y en términos generales, por la simiente que han sembrado y la experiencia adquirida, de una u otra manera, directa o indirectamente, también son forjadores del futuro de nuevas generaciones, como la tuya. Antes bien, por tales dones de la naturaleza, debéis de estarle agradecidos y honrarlos. Desechad la perversidad desde temprana edad, desde tu primer pensamiento en ella, si fuere el caso, si queréis llegar a ser adulto mayor de bien, apreciado y admirado, digno del respeto de los demás, y detente expresar, cosas que se refieran negativamente a ellos, menospreciándolos, porque ellos son los hacedores del ayer, del presente y parte del futuro, porque el resto de este último, te corresponde forjarlo a ti, máxime que tales pensamientos y expresiones, solo refleja cortedad de espíritu y del intelecto. Nunca digas ese “viejo tal por cual” o “a mí no me gusta estar entre viejos, porque es aburrido” o cualesquiera frases despectivas. Claro está, que no en todos los instantes de la vida, se puede ni se debe alternar con adultos mayores o viceversa, pero en muchos casos sí, especialmente en los familiares y sociales. Guárdate entonces, esos epítetos y, si tan fastidioso te resulta, retírate del escenario calladamente, sin alharacas, pero ten seguro, que no aprenderás nada positivo del momento que buscas con los de tu clase o generación, porque solo pasaras el rato jodiendo y perderás el tiempo sin aprender algo importante. Si sientes animadversión por los viejos, estás renegando de tus progenitores y de tu propio devenir por adelantado, pues has de entender que por el mismo sendero te conduce la naturaleza, tal vez ciego por falta de experiencia y de conciencia, al no haberte codeado con los viejos de hoy, jóvenes fuerte de ayer. Pudiese ser, que el hecho de no condescender con adultos mayores, evidencie psicológicamente rasgos personales de interiores de inferioridad, porque tú subconsciente advierte que mucho te falta de lo que a ellos sobra, quizás porque de niño te metieron animadversión contra ellos, cuando te decían: ¡cuidado, ahí viene el viejo¡, en forma despectiva para asustarte. Reflexiona patojo, ya te acordarás cuando seas viejo achacoso o como dice una canción “te acordarás de mí”. 2) No critiquéis negativamente las obras o acciones de otros, a simple vista o por conjeturas, cuyos conceptos ignoras, no entiendes o no tienes conciencia de ellas, si no eres tú, capaz de hacer positivamente lo mismo, con el consiguiente riesgo, de no ser así, de caer fácilmente en el plano del

123 egoísmo y la envidia, al criticar simplemente por criticar, subestimando injustamente al prójimo, cuando sería mejor usar la prudencia, callando…. Y es más, dejad que otros desarrollen su libre albedrío y reconoced sus méritos, aun cuando se resienta tu ego, porque como dijo Napoleón: “ la envidia es signo y una declaración de inferioridad”, que debéis corregir a tiempo, antes que te tilden de tan nefasta porquería, porque pudiera ser, que ya seáis ampliamente conocido en el medio, como tal, sin que tu lo adviertas, tal vez por tu incipiente inteligencia, pues según se nota, nada te parece de los demás, sin que tú hagas algo positivo que te haga sobresalir o desvirtuar siquiera, tu posición negativa en el tema, frente a ellos. La crítica sana y constructiva es buena, la simple murmuración es denigrante y cruel. El hecho de ser “copetón” o hijo de tal, no te da cabida para considerarte superior a los demás, máxime si no te da el ceso para equipararte culturalmente a ellos, y de ahí, tu vocinglería para negar lo bueno de tus congéneres, porque la envidia brota sobre manera como veneno, cual serpiente ponzoñosa, que antes de dañar al injustamente criticado, te daña a ti mismo y si persistes en tu empecinamiento, ya sea por egoísmo o por ingenuidad, puedes entrar en el abismo de la perversidad. No solo los de casta privilegiada pueden hacer cosas buenas, también los humildes y a veces mejor, abre tu mente y se sincero contigo mismo. CAPITULO IX FIESTAS TITULARES DE LA CABECERA MUNICIPAL. Ésta se viene celebrando oficialmente, en la cabecera municipal, desde el año 1923, cuando se comprendió la importancia que revestían los eventos sociales, económicos y culturales, la diversión y regocijo del conglomerado, así como de las ventajas de las transacciones comerciales, el acercamiento social de unos y otros pueblos circunvecinos, a fin de calmar el aburrimiento y compensar en algo las penas del diario vivir, aún cuando de hecho, esta celebridad deviene desde los inicios de El Jícaro, como caserío o aldea, bajo la influencia del curato de Acasaguastlán. Su origen es de carácter religioso, la Pascua, en honor del patrono Niño Dios. Fue solicitada su autorización, por la Municipalidad que presidía el dinámico Venancio Morales Marín, la que se concedió conforme acuerdo gubernativo de fecha 20 de diciembre del año citado, del paisano presidente José María Orellana, y comprendía los días 23, 24,25 y 26 de diciembre de cada año, pero posteriormente, la Municipalidad del año 1956, de la que era alcalde Abraham Rodas Ruiz, tomando en cuenta ciertos aspectos de interés para el pueblo, dispuso solicitar al ejecutivo la celebración de dicha festividad, dentro de los días comprendidos del 20 al 26 de diciembre, la que fue autorizada por acuerdo gubernativo de fecha 6 de junio de 1956, pero esta disposición no dio los buenos resultados esperados, pues la costumbre se impuso, volviéndose a celebrar del 23 al 26, como estaba reglamentada anteriormente, a la que asisten regular número de parroquianos y visitantes de los pueblos circunvecinos de todas las clase sociales, comerciantes, aficionados a ritualidades religiosa y a todos los gustos, lo mismo que todos los conterráneos residentes fuera del lar nativo para compartir la alegría que revisten los actos festivos, con rasgos muy peculiares y distintivos que enaltecen el terruño, que se enumeran a continuación. El campo de la feria, improvisado como de costumbre en la calle principal, en la víspera, ya luce iluminado convenientemente adornado con hojas de palma real, vejigas y flecos multicolores por doquier. Ahí se instalan ordenadamente en ambos lados, champas y pequeños restaurantes, en donde se encuentra toda clase de viandas y bebidas propias del evento, incluyendo los tradicionales tamales, garnachas, conservas y los famosos ponches, mezclado con un chorrito de ron, respecto de lo cual no faltará alguien chistoso que al comprar uno de estos últimos, le salga decir: “mejor démelo sin ponche”, en alusión al aderezo ofrecido como complemento; combinado todo, con el olor al pino

124 esparcido, de las frituras y frutas que se sienten en el ambiente. Por la madrugada, fácil es encontrar, en una de esas enramadas, más de un marrano siendo destazado, para paladear los calientitos chicharrones salidos al instante del perol o un buen trozo de carne fresca asada al gusto, con chilmolito de tomates y chiltepes, con tortillas calientes saliditas del comal, acompañado, para los adictos, de los respectivos capírulazos, si se desea, degustando otras sabrosas boquitas, las orejas del coche soasadas, si se apetece, en el propio lugar de los hechos, en el meritito matadero, como es tradicional. Al medio día, es frecuente el caldo de gallina criolla o de chumpipe, para quitar los resabios de la parranda de la noche anterior y si alguien prefiere un suculento estofado o picadillo de chivo, allí cerquita lo encontrara. Varios años la feria se celebró en el campo de Buenos Aires, pero no dio buenos resultados, pues las gentes de abajo no subían a compartir. CONCENTRACIÓN. El movimiento de la fiesta llena las calles y plaza de parroquianos y visitantes, así como las canchas de fut y básquetbol, a donde acuden los fanáticos de estas ramas del deporte, a divertirse a lo grande y a ver al equipo de su predilección, sin faltar las divertidas quinielas que son comunes entre algunos aficionados en la materia. Las demás distracciones son: loterías, palo ensebado, argollas, tiro al blanco, carreras de cintas y de encostalados, corridas de toros, jaripeos, juegos mecánicos e infantiles y otros juegos análogos, fuegos artificiales, zarabandas, etc., incluidos los conjuntos musicales de moda, ahora; en cierta época el famoso palo ensebado acuático en la poza del zarco y carrera de cintas, al compás de la música ejecutada por la banda de San Agustín Acasaguastlán, que se hacía presente al acto. Los triunfadores en los diversos juegos de competencia eran galardonados con sendos regalos por la señorita Flor de la Feria o su Majestad la Reina, según el caso, diversiones que aún se realizan. ORGANIZACIÓN. Las actividades festivas, se rigen por medio de un comité denominado “Pro-fiesta titular”, debidamente autorizado para la colecta pública, compuesto por gente honrada y dinámicos que las autoridades locales organizan con cinco y más meses de anticipación. El acto más sobresaliente de la feria, últimamente lo constituye la coronación de su majestad, la Reina, a quien con su bella corte de lindas damiselas aplauden cientos de súbditos, dando más colorido a la festividad pueblerina. Los bailes sociales que regularmente son dos, de inauguración y clausura, los amenizan marimbas de la ciudad capital, a los que no hace mucho tiempo, por costumbre, se exigía presentarse con traje formal, no como ahora que es libre el vestuario, no fachudo, por supuesto. MELODIA “NAVIDAD JICAREÑA”. Para uno de los bailes sociales de la feria de 1958, el Comité de Festejos presidido por el Alcalde Abrahán Rodas Ruíz, quien esto escribe, como Secretario, con el acompañamiento de distinguidos paisanos en la capital, como subcomité, entre quienes recuerdo a Guillermo Pineda, Chente Orellana, Adán de León, Guto Orellana y otros dinámicos paisanos que escapan a mi memoria, contrató, por sugerencia de estos últimos, a la famosa marimba “Alma de Guatemala” que nos privilegió como especial obsequio para el pueblo, una alegre melodía a ritmo de 6x8, bautizada en esos precisos momentos, entre la algarabía reinante, por aclamación, con el nombre de “Navidad Jicareña”, en homenaje a la feria que se celebraba, inspiración que fue del compositor e integrante del elenco Ranferí Estrada, la que lamentablemente no fue posible grabar para su perpetuación, quedando con el tiempo, su música, perdida en el olvido; sin embargo, el maestro Valeriano Pérez, la tiene grabada en su pensamiento y sería conveniente traerla a cuenta, dentro de su repertorio de música actual para conocimiento y deleite de la paisanada; época aquella. pletórica de sanas intenciones, en la que muchos jóvenes se involucraron activamente en la vida social del pueblo, para darle lustre y situarlo a la altura de las circunstancias culturales del momento, claro está, como los hay muchos ahora y los habrá por generaciones venideras, gracias al espíritu

125 emprendedor, por abolengo, de sus moradores. La reina de la feria ese año fue Elisa Paz Carranza y señorita deporte Marilú Casasola y sus caballeros para el baile de gala César Cordón Flores y quien esto escribe, respectivamente. Otras marimbas de la capital que veían a alegrar las fiestas eran la “Ideal”, ”Belquis”, “Gallito”, “Maderas que Cantan”, “Reina Tineca”, de San Agustín y la ”Ondina”, de Sanarate, marimba esta última de estructura de metal caracterizada por sus ritmos bastante movidos, calientes decía la gente, que daban sabor y pimienta a la movida, cuyas zarabandas se instalaban en un salón de la casona de Rogelio Casasola, con llenos casi completos durante los días de la feria, complementada con instrumentos de viento y xilófono. EXPOSICIONES. Eran otras de las actividades importantes de la feria, en las cuales se exhibían los principales productos del municipio, tanto agrícolas como artesanales, que se instalaban en la planta baja del antiguo edificio municipal, escuelas o en casas particulares grandes de la localidad y, a veces, estas se extendían a la ganadería, en la vía pública, para promover la compra y venta de esos vacunos, lo cual le daba más presencia al evento, concediéndose premios a los mejores expositores. ARCOS. También llamaba la atención de propios y extraños, los arcos coloridos que se construían con tal motivo, en varios puntos de la calle principal, a efecto de dar la bienvenida a los visitantes, convenientemente adornados con flecos, frutas y productos agrícolas propios del municipio. EL ACTO ESPECIAL. La noche del 24, buen número del pueblo se da cita en la iglesia parroquial, entre el olor a incienso, pino y manzanilla, para presenciar jubilosamente, el advenimiento del Niño Dios, patrón de la fiesta, que yace en el centro del nacimiento especialmente ornamentado, celebrándolo con el estallido cohetillos, bombas pirotécnicas, convertido todo en un show interminable de luces de colores, en el que no faltan las estrellitas encendidas y agraciados farolitos a manos de la patojada, que grita jubilosamente a los cuatro vientos; le siguen rezos, cantos, bullicio de pitos y por último, llevase a cabo imponente procesión anunciando el grandioso acontecimiento, acompasado con la agradable música del “tucuticutu”, “tucuticutu” producido por la percusión de caparazones de tortugas disecadas y el frenético meneo de las matracas, ejecutadas por diestros voluntarios. Y luego en el campo de la feria, el famoso “torito de fuego”, cargado por un intrépido vecino, de los que no faltan y se ofrecen para esos evento, correteando en zigzag, buscando cornear a los transeúntes que deambulan por la fiesta, con su descarga de cohetes y canchinflines que lo complementan, que hacen correr despavoridos con sus estrépitos a los más valientes, que intentan refugiarse en las champas de al lado, convertido el momento en un divertido alboroto de gentes. Una costumbre arraigada de muchos años lo es, que una mayoría de gente, media hora antes, abandona la fiesta para dirigirse a su casa a esperar las 24 horas de ese día para celebrar en casa, en familia, ese acontecimiento con el tradicional tamal y chocolate de “Noche Buena” y el acostumbrado abrazo de paz y tranquilidad, lo mismo para año nuevo para desearse todos la mejor de la suerte en el año que empieza. Las iglesias protestantes lo celebran conforme a sus ritos religiosos, pero en otro día, por la discrepancia que existe respecto al día de nacimiento de Jesús. LA NUEVA ONDA. A la fiestas actuales, hay que agregarles la presencia de música denominada psicodélica, de conjuntos, la disco o de la nueva onda u ola, como popularmente le llaman algunos, con bocinas y demás aparatos de alto volumen, que ya traen impreso el compás o armonía de la pieza musical, estridente, enfocada la pista de baile, con alucinantes luces multicolores, que por su monotonía y molestos destellos, ofusca y desespera a la gente de ánimo normal, la cual va sustituyendo lamentablemente, a la marimba pura, la orquesta y otra clase de música tradicional. ¿Para qué?: para bailar sueltos o despegado, mascando chicle las mujeres, a toda velocidad, haciendo muecas y ademanes ambos, a lo mudo, sin romanticismo alguno, con riesgo, de repente, de perder a

126 la pareja en tan tremendo relajo y oscuridad, mientras que otros lo hacen casi estáticos, el uno frente al otro, moviendo solo las manos y piernas, en el mismo puesto, sin cambiar de lugar y en conclusión, sin ningún sentido. Bailar de lejos no es bailar, es como bailar solo, como locos, pero es su gusto y su gana, a la moda y no viejadas, dicen los inmiscuidos del purrun. Sin embargo, las nuevas tendencias del baile, la música y la moda en general, que llegan por transculturización, son dinámicas, cíclicas, se imponen, penetran, se repiten y por lo tanto deben aceptarse y respetarse. ANÉCDOTA. En una de las tantas ferias pasadas, no recuerdo el año, ocurrió algo inesperado, un accidente involuntario, en el momento en que las Reinas de la feria y sus damas de honor, así como la del deporte, eran transportadas a los campos deportivos en Buenos Aires, a cumplir su cometido, en un carretón bien adornado halado por un tractor agrícola manejado por su propietario César Riley, en la subida a dicho barrio, ya para alcanzar el plan, en plena marcha, se zafó del perno que lo sujetaba al tractor, yéndose descontrolado, de regreso, hacia abajo, con las reinas y su séquito a bordo, el cual, a media bajada, al hacer tope con la pared de un barranco, volcó ante la mirada atónita y gritería del público que les acompañaba, incluyéndome, de suerte que no hubo mayor desgracia que lamentar, salvo la enterrada de cuerpos de las bellezas, quienes ilesas pero asustadas, se levantaban, entre sollozos, sacudiendo el polvo recogido, de sus lindas caras y delicados trajes de hadas, recordando entre ellas a Alicia Orellana y Lidia España, situación que por fortuna no entorpeció el ritmo festivo. FIESTAS RURALES. La mayoría de aldeas celebran también su fiesta tradicional, en El Paso de los jalapas tiene efecto con motivo del día de la Santa Cruz, el 3 de mayo; Espíritu Santo el día de Todos los Santos durante los días 31 de octubre l y 2 de noviembre, autorizada por acuerdo gubernativo de fecha 8 de marzo de 1947; Las Ovejas para el Sábado de Gloria; los Bordos de Barillas, celebra la Virgen María el 3l de mayo; Lodechina Virgen del Rosario l8 a 2l de octubre; Santa Rosalía el 3 de septiembre en honor de la Virgen de ese nombre y Las Anonas la Virgen de Guadalupe el l2 de diciembre y así sucesivamente, siendo muy alegres y concurridas. Tanto la fiesta de la cabecera, como de las aldeas, son amenizadas por conjuntos musicales locales y de afuera, así como por las bandas de música civil de San Agustín Acasaguastlán y El Progreso, algunas veces, cuando están disponibles. Una anécdota respecto a las bandas, cuenta que cuando los músicos estaban en plena acción interpretando su músicas, patojos traviesos llegaban a posarse enfrente de ellos chupando limón o comiendo mangos tiernos para provocarles salivación, “hacerles agua la boca” y obstaculizar su trabajo, hasta que la autoridad llegaba, a su solicitud, a retirarlos del escenario. TEXTOS SOBRE LA FIESTA. Precisamente, con ocasión de una de esas fiestas, quien escribe este libro, se permitió, si se quiere como un incentivo y homenaje a la misma, pero a la vez, como propaganda, publicar, de mis chispazos, en su oportunidad, el siguiente texto: “Cual un hilo de plata que en su recorrido por el oriente de nuestro país enlazara constelaciones de estrellas, así el rumoroso Motagua baña con sus adormecidas aguas a multitud de risueñas poblaciones bajo el sol tropical. Difícil tarea sería en realidad, la que aguardaría a un jurado encargado de dictaminar cuál de estas poblaciones es la más bella, la más comercial o la de más amable clima, ya que cada una de ellas posee sus propias virtudes. Pero, existe una –no la más grande ni la más pequeña-, que en su modestia de sencilla cabecera municipal, atesora belleza de paisaje; nobles virtudes de valor y espíritu progresista en sus hijos; lozanía física y abnegación en sus mujeres. Presumimos que al leer estas palabras, algunos de nuestros amables lectores dejarán juguetear por sus labios una sonrisa de incredulidad… Sin embargo, estamos convencidos de que quienes hayan

127 tenido la dichosa oportunidad de visitar o vivir en el pintoresco como histórico municipio de El Jícaro, departamento de El Progreso, nos darán la razón. Y al darnos la razón, también estarán de acuerdo con nosotros al afirmar que su fiesta titular a celebrarse del 23 al 26 de diciembre en curso, es una de las más alegres e imponentes de la República. En efecto: durante ese lapso armónico de fiesta, acuden al hospitalario poblado multitud de comerciantes en pos de ventajosas transacciones comerciales y especialmente de ganado y de los famosos sombreros de hilama que hábiles manos obreras tejen dedicados por ancestro a esta rama de nuestra industria. En un ambiente pletórico de música de marimbas, bandas y el estruendo de bombas y cohetillos se desarrolla la festividad, la muchachada alegre demuestra su afición deportiva haciéndose presente en las canchas de fut y basquetbol al presenciar los partidos entre equipos locales y visitantes que constituyen actos sobresalientes de la fiesta. Durante las noches, bellas mujeres que nos visitan y las nativas del lugar hacen ostentación de sus nunca bien cantados atributos físicos, asistiendo a los salones de baile, y en ese ambiente embriagador, al ritmo dulzón de la marímba, entremezclado al arrullo del Motagua, se inician amistades y se comparte todo en un ambiente embriagador. En las soleadas mañanas luminosas resulta de un atractivo sin par, máxime para el hombre hastiado de lo mecánico y el automatismo de la vida moderna, ponerse en íntimo contacto con la naturaleza, y bañarse en las aguas límpidas y frescas del majestuoso y legendario río, otrora navegado por bucaneros de épocas de leyenda y de románticas hazañas. Los actos religiosos son parte esencial de la fiesta; también las chinamas y juegos mecánicos. Con tan grato motivo, la Municipalidad y comité de festejos, tienen el honor de invitar muy atentamente a turistas, comerciantes y público en general, para que contribuyendo al progreso de Guatemala, se sirvan concurrir a dichas festividades que como ya se dijo, tendrán lugar durante los días 23 al 26 de diciembre en curso, tomando en cuenta que las fiestas constituyen factor fundamental para el engrandecimiento de los pueblos. El Jícaro, diciembre de 1963”. CAPITULO X RELIGIÓN LA RELIGION. Forma parte importante del desenvolvimiento social y cultural de los habitantes de El Jícaro, transmitida de generación en generación, desde épocas remotas, después de la conquista española, cuando el vecino e histórico municipio de San Cristóbal Acasaguastlán, del cual El Jícaro era floreciente aldea, fue asiento de un bien organizado Corregimiento y cabeza de curato, que además de las funciones políticas propias de su alto rango, ejercía influencia de la religión católica en toda la región, a través de sus clérigos, pudiéndose equiparar esa institución, a lo que hoy día es una diócesis, me refiero al curato; por lo que al hablar de nuestro terruño ineludiblemente hay que traer a cuenta hechos del primitivo pueblo de Acasagiastlán, porque también es historia nuestra, especialmente en temas como el presente. IGLESIA DE GUASHTÁN. Testimonio de su existencia, lo constituye la monumental iglesia colonial que casi en ruinas, restaurada varias veces, se levanta majestuosamente en el claro horizonte del histórico poblado, evocando el poder religioso que cobijó en su seno, en aquellos tiempos, cuyas costumbres religiosas fueron traspasadas a nuestro terruño, y que en la actualidad, se practican con devoción en todos los eventos de su clase.

128 EL ORATORIO DE EL “TINTERO”. Inicialmente, la feligresía católica local, con frecuencia, pero especialmente para los días de la Semana Santa, se hacía presente en el templo de Acasaguaastlán. para participar en los distintos actos religiosos y solemnes procesiones o rendir culto al o los santos de su devoción, pues en El Jícaro no había iglesia aun, siendo hasta la década de los años 1930, que se abrió para el terruño, una era de avance para la fe cristiana, con la construcción, en la hacienda “El Tintero”, de un Oratorio, dotado de un sencillo altar y sus principales imágenes: La Virgen María, Jesús Nazareno y el Niño Dios, no obstante mucha gente continuaba asistiendo a aquella iglesia primitiva por la costumbre arraigada de muchos años, reconociendo que la presencia de los herederos de don Chema Orellana, principalmente doña Meches esposa del General Ex presidente y su hija Leonor, le daban mayor prestancia y solemnidad a los actos que constantemente se celebraban, inclusive, misas, bautizos, procesiones y rezos, con el apoyo de distinguidas damas católicas de la localidad, actividades que declinaron tras el fallecimiento de ambas y la destrucción de la citada capilla con el desafortunado terremoto del 76. LA FAMILIA ORELLANA FLORES. Venía a estarse en su finca los últimos meses del año, cuando el clima fresco aquí les era favorable, a disfrutar de las muchas bondades de su finca y del pueblo en general, de su fiesta titular y del río Motagua, al que acudían a los baños cotidianos, las damas subidas en el transporte de la época, las tradicional carretas de bueyes, que les preparaba el administrador José Martín Orellana. Doña Leonor, era solidaria con la gente y le daba realce a las fiestas. COMPETENCIAS DE BOXEO. Su estadía era también compartida por algunos vecinos, especialmente la muchachada, que acudía a competir en las peleas de boxeo, del cual eran aficionados los hermanos Castillo y Catalán, y subir en el palo encebado que se improvisaban, amén de los alegres conciertos en el parque de la hacienda, momentos a los que no faltaba el “Coronel Galdámez”, personaje divertido que con unos cuantos tragos entre pecho y espalda, enllantado por alguno de los presentes, con su natural jerigonza, hablaba muladas, que hacían reír a carcajadas al grupo, haciéndose acompañar regularmente de su mujer, Chala, buenas personas los dos. Las instalaciones de esa finca eran muy amplias y bonitas, llenas de jardines por todos lados, dentro de la cuales se ubicaba el Oratorio. LA IGLESIA DEL PUEBLO. Pocos años después, gracias a la iniciativa y acción desplegada por un comité de vecinos que dirigía Gaudencio Morales Barillas, quien dicho sea de paso no tenía religión, quizás participaba por mero altruismo, se inicio la construcción de la actual iglesia, en el barrio de Buenos Aires, la que poco a poco fue cobrando forma con las directrices de otros distinguidos Iglesia católica remodelada de la localidad . jicareños hasta que por fin a fuerza de múltiples sacrificios, se dio término a la misma poniéndola al servicio de la feligresía católica, gracias a Dios siendo, ahora, debidamente remodelada, una verdadera joya arquitectónica, que embellece a el pueblo, y porque el oratorio de la hacienda El Tintero, con el tiempo, ya no era suficiente, aparte de que con el fallecimiento de las dueñas Doña Meches y de su hija Leonor, quienes en vida, mantuvieron vivo el fervor religioso, dando todo su apoyo para el uso del mismo, dejó de funcionar, hasta que el terremoto de 1976 lo destruyó totalmente.

129 CATÓLICAS DE VERDAD. El liderazgo o dirigencia humana, en la actividad pública o religiosa, se da por generaciones, por ello vemos en determinadas épocas la participación de destacas figuras en el desarrollo del catolicismo local, verbigracia: la señora Higinia Barillas, Clara Arrivillaga y otras, a mediados del siglo XX, casi fanáticas. Posteriormente bastante activas, surgieron, incluso, para la construcción y remodelación del Procesión del Santo Entierro en Semana Santa. templo del pueblo: Vilma Orellana Peralta, y su madre Hortensia, Blanca Orellana Escobar, Jovita oliva Ibáñez, Laura Espinosa, Alicia Orellana, Marilú Casasola, María y Licely Morales Venegas, así como Chinda Larios del Ojo de Agua, quienes no escatimaron esfuerzo alguno a efecto de mantener vivo el espíritu de devoción y religiosidad, promoviendo campañas de recaudación voluntaria y, a la vez de catequización, juntamente con el párroco de turno, o solas, todas personas altruistas, dispuestas siempre a consolar y ayudar al prójimo, integrantes del grupo de rezadoras adhonorem del pueblo por muchas décadas, ya fuera en actividades de la grey propiamente dichas o en rezos de cortejos fúnebres, nueve días o cabo de año de personas fallecidas, de las mencionadas algunas activas todavía. Enseguida, ya en tiempos modernos, correspondió el turno a líderes espirituales, de la congregación carismática “de colores” conformada por Marco Tulio Ayala, Tono Casasola Saavedra, Víctor Hugo Orellana, Efraín Juárez, Arnulfo Guerra, Chus Cardona etc., prestando su cooperación en todas las actividades de la iglesia y, actualmente, valga la multiplicidad, bastante visibles, según se observa, siempre la pareja inseparable de Maco y Marilú, Elma Oliva Cordón, Julio Gutierrez Juárez, Las España, Arnulfo Guerra y otros. Y es que de verdad sucesivamente se van integrando a esa misión con el paso del tiempo otras personas en la brega de esas actividades de fe que dan paz espiritual. Dentro de las muchas celebraciones de la iglesia católica, está la de Semana Santa, en la que además de las solemnes procesiones, reconocidas por el Arzobispado, a nivel nacional, sobresalen las que simulan el Vía Crusis, el jueves Santo y la del Santo Entierro, el viernes de dolores, en esta última, es llevado Jesús, reposado en su urna de cristal, en el anda especial ornamentada, cargada por los fieles cucuruchos, que se mece al ritmo cadencioso del sonar de un tambor, por las calles del poblado: tan.. tantan, se escuchan pausadamente los tristes toques de ese instrumento, mientras el cortejo se encamina a paso lento, compungido por el acto que se evoca, en evidente silencio sepulcral y el olor trascendente del humo de incienso y copal de santo que invade el ambiente y la flama de candelas en serie que iluminan el entorno procesional; contándose además, la competencia de bellas alfombras que habilidosas manos de hombres y mujeres elaboran con antelación en lugares estratégicos, en honor de la imagen mayor; efímero trabajo artesanal, que termina con el paso del masivo cortejo que al santo devoto acompaña, pero de mucho orgullo y satisfacción para los participantes. Por algún tiempo, el sábado de gloria, como una tradición popular, se leyó el testamento de “judas”, que alguien en particular o un grupo definido, redactaba anónimamente o a las claras, ridiculizando a muchas personas que daban motivos en la vida social, con expresiones jocosas, pero algunas veces se les iba la mano, por las referencias de la vida privada que hacían de la gente, llevando al emulo de judas en un borrico por todas las calles del pueblo, que al final, como represalia por haber vendido a su amo Jesús, era linchado y despedazado a la vista de todos o simplemente colgaban su cuerpo

130 destartalado en alguno de los palos de al lado, en señal de ahorcamiento, costumbre que a la fecha ha desaparecido. También se le veía pasar amarrado en los vagones del ferrocarril. PARRÓCOS. Sin embargo, ha sido difícil a través de los años, lograr la permanencia de un párroco para la iglesia citadina, pues a partir del primer titular, más o menos por el año 1950, el padre David Arbizú, seguido por Francisco Porras, cura éste fuera de serie, bastante joven, liberal y amigo que compartía con la muchachada actividades del pueblo y hasta comilonas de gallinas, distinto a los demás, y el que atiende actualmente, ha habido muchos interinos que solo vienen a desempeñarse por corta temporada y se largan para otra iglesia, tal vez por la dificultad que encuentran en la catequesis, dejando el ministerio a merced de algún sacerdote vecino, regularmente el de Sn Agustín o Sn Cristóbal Ac., que de vez en cuando viene a atender la iglesia, pero de todas maneras se mantienen los servicios y la fe a través de los sermones que pregonan. La gente nuestra, según lo explicaba el padre Arbizú, es muy reacia a recibir las enseñanzas de la Biblia, y tal vez tenga razón, pero la realidad para algunas personas, incluyéndome, es que, convertirse al catolicismo o al evangelio, no es cosa fácil, porque ello significa un acto de total sinceridad, de entrega, de sacrificio y de sometimiento a los designios de su máxima expresión, Dios, y de las Sagradas Escrituras que las rigen, debiendo como consecuencia, renunciar a todo lo malo, para dar paso al ejercicio del bien común, en toda su extensión, pues no es válida la persistencia del pecado, como suele ocurrir en muchos casos, de personas que se jactan de tal, portando sendas Biblias bajo el brazo y cargando imágenes de famosas iglesias, con grandes lujos y pompa, para semana Santa, por ejemplo, engañándose a sí mismas, para caer en la triste situación de traidores, como Judas Iscariote lo fue, y de repente, pregonando: “yo soy cristiano, creo en Dios, pero la respuesta es que: Él no cree en ellos”. Porque sabido es, que existen individuos ignorantes, pícaros de por sí, que abrazan o se escudan en una religión, para simplemente “esconder” sus malos pensamientos y malas acciones o por vanidad. En tal caso, sería mejor, como indica el refrán: “no meterse a camisa de once varas”, si no se puede cumplir, asumiendo, que el pecado es parte de la naturaleza misma y que el temor y obediencia al Ser Supremo, lo detiene, y concede paz, tranquilidad y gozo espiritual, pero con fidelidad. Por eso, en lo que a mí concierne, yo soy mi religión y mi propia Iglesia, por qué creo firme y vehemente en Dios y en la Madre Naturaleza. ANÉCDOTA. Un acontecimiento sobre este tema da cuenta que, cuando se realizaban actos religiosos en el Oratorio de el Tintero, por la década de los 40 del siglo pasado, un sacerdote capitalino que vino a oficiarlos, con la venia del titular, se negó a continuar con los muchos bautizos programados alegando situaciones que no venían al caso, y la feligresía presente, enfurecida, después de reclamarle su proceder y hacerlo recapacitar, con resultados infructuosos, en acciones tumultuarias, arremetió contra el cura, montándolo en el tren y sacándolo del pueblo de regreso abucheado en multitudinaria manifestación, escapándose de ser vapuleado, de no haber sido por la oportuna intervención de más de alguna persona influyente.

131 IGLESIAS EVANGÉLICAS. Por todo el municipio, en donde existe un caserío o una aldea, hay también una iglesia evangélica, de cualesquiera creencias, aunque sea sencilla, cuya misión principal como es sabido, consiste en la enseñanza de su doctrina, con énfasis en la prédica del bien común y en la moralización de sus fieles, como factores determinantes para una vida llena de armonía, paz y tranquilidad, amándonos los unos a los otros, teniendo como máxima inspiración a Dios, como ser Iglesia Evangélica Sinaí. supremo del universo, predican ellos. Por supuesto que no fue fácil su penetración en el municipio, como no lo fue, en principio, en toda la comarca, debido a la raigambre que mantenida la religión católica, por la existencia por muchos años, post conquista, del Curato adscrito al Corregimiento de Acasaguastlán, que ejercía agresiva influencia en la catequesis, atrayendo rápidamente a los habitantes, siendo por lo tanto, lento el ingreso de los protestantes, especialmente de los llamados testigos de Jehová procedentes de Chiquimula, allá por la década de los 20 del siglo anterior, con la presencia de fogosos oradores como Ladislao Ortega, Antonio Sosa, Melquiades Casasola y Oscar Barrientos, como pastores, albergados en una humilde casita, como capilla, botada con el tiempo para dar cabida a la construcción de un moderno edificio de hermosa fachada, con campanario anexo, bajo la dirección de un magnífico albañil de la capital de nombre Gregorio García, padre de Julio Chávez, en la década de los 40 del siglo citada, en el predio situado en la esquina opuesta del sitio, ahora, de los herederos de doña Lola Castillo; artesano que además, construyó varias bonitas casas en la población, lamentablemente, destruías todas, por el terremoto del 76. Han habido unos pocos falsos pastores. La campana de esa primitiva iglesia, aunque parezca raro la existencia de ese instrumento, en estos tiempos, rigurosamente, feligrés alguno, la hacía sonar alegremente, entrando la noche, llamando a los fieles a asistir al culto del momento, a oración a la hora del crepúsculo, cuyos eventos en ese tiempo eran acompañados de música selecta, suave, que transportaba el ánimo de quienes la escuchaban a dimensiones celestiales, que un diestro ejecutaba con un instrumento antiguo llamado armonio, contrario a lo que es hoy día con el súbito cambio de sus reglas, cundo la música utilizada para esos actos, en su mayor parte, es movida, al estilo ranchera o popular, “alegre”, dicen unos, de las nuevas “generaciones” dicen otros, pero de todas maneras contagiosa y provocadora, aunque con letra, eso sí, relativa a la grey, pues casi en todas sus estrofas se menciona a Dios, al Señor, al Salvador o a Jesús Cristo y Rey. Algo novedoso de esta iglesia era, que de vez en cuando, realizaba alegres congregaciones que colmaban las calles del pueblo, de feligreses de todas partes de la región, lo que ameritaba el destace de una enorme res para dar de comer a la multitud visitante. En la población existe actualmente una iglesia evangélica relativamente nueva, bastante formal, que dirige Gustavo Carranza Casasola, a la que acuden los días de servicio regular número de siervos a la práctica de sus ritos religiosos. COMPETENCIA RELIGIOSA. Predomina la religión católica, pero la evangélica, avanza a pasos agigantados, tal vez porque sus dirigentes son más penetrantes con la gente, ellos en su afán de catequizarlos llegan a las personas, en sus propias casas de habitación o donde se encuentren, y los curas los esperan en su iglesia, en horario determinado y todo servicio: bautizos, misas, matrimonios, etc., los hacen previo pago de alguna cuota y, aunque los otros también, son más condescendientes.

132 Lo único anómalo de esta ultima religión o secta como la llaman algunos, es que los pastores, con algunas raras acepciones, son personas no preparada, que apenas leen la biblia, mucho menos interpretarla, actuando algunas veces de buena fe y, otras, por congraciarse consigo mismo, haciéndose patente el refrán que dice: “yo creo en Dios, pero Dios no en ellos.”; pero como en toda religión, hay bueno y malo, pero más bueno que lo último. Fieles creyentes de los evangelios fueron en su tiempo los clanes familiares que yo recuerdo, de Ladislao Ortega, su hijo el Licenciado en Teología Augusto Ortega Alvarado, bastante destacado, seguido de Dolores Mejía, Guillermo Godínez, Zenón Morales, quien falleció a los 110 años, Arcadio Orellana, Indalecio Duarte, Antonio Grajeda y otros, todas personas de bien. EL 15 DE ENERO. En la población, durante mucho tiempo, se celebró como festividad del catolicismo, el día del Señor de Esquipulas, el 15 de enero de cada año, en casa de la señora Higinia Barrillas, así cariñosamente llamada esta devota persona, en el predio que ahora ocupa la casa de Blanca Galdámez, con cantos y oraciones relativas al evento, repartiéndose al final, a pesar de su pobreza, buenas tazas y “atoladas” de shuco (atol de maíz fermentado y después cocido), a la multitud que se hacía presente a los rezos. Dicha señora tenía su particular forma de vestir, usando faldas hasta los tobillos y zapatos altos de hombre, de los llamados “burros”. Fumaba “puros” y era muy estricta; fue por muchos años, hasta su muerte, la partera del pueblo. LA SANTA CRÚZ. Por el estilo, también se celebraba con júbilo y fervor religioso en Buenos Aires por muchos años, como festividad propia del barrio, el día de la Santa Cruz, el 3 de mayo de cada año, que se prolongaba por dos días más, estableciéndose en las cercanías de la ceiba y una fuente (pila) circular que ahí existió, champas que albergaban comedores y otros negocios e incluso se establecían loterías y juegos mecánicos, cuya muchedumbre se congregaba en casa de Clara Arrivillaga (señora Clara), así cariñosamente llamada, en donde lo mismo que la anterior se ofrecían cumplidos ritos religiosos relacionados con ese magno día, se repartía shuco a los asistentes y se daba de fumar a los adictos cigarrillos “pata de coche” y en definitiva se vivía un ambiente de verdadera fiesta, casi hasta el amanecer, resaltando en todo momento la voz ronca de doña Clara al final de cada oración, con el ”amen” y el “ora pro novis” y “maría concebida”. Por esta época también se montaba cada año un acto de cultura popular que consistía en exhibir por todo el pueblo a dos sujetos que representaban al “Invierno” y “Verano”, vestidos de hojas verdes y secas de plátano, cada uno, bañándoles los seguidores de agua por cubetadas, con alegres expresiones jocosas alusivas al evento, en todo su recorrido, que tenía como moraleja despedir el verano y reclamar el invierno inmediato, como una tradición propia de la región.

133 CAPÍTULO XI EDUCACION, ARTES Y CULTURA FÍSICA NIVELES DE EDUCACIÓN. Es notorio el desarrollo de la educación en el municipio en todos sus aspectos, como lo es actualmente en todo el país, al haberse implementado paulatinamente, otros niveles, hasta alcanzar hoy día, la universitaria, la cual se detalla así: a) Educación Primaria: Bajo los auspicios del Estado funcionan tanto en la cabecera municipal como en las aldeas y caseríos del municipio, escuelas primarias, atendidas por maestros titulados, la
Edificio docente de la localidad.

mayoría albergadas en edificios propios. b) Educación Pre vocacional: funciona un Instituto de Educación Básica en la cabecera municipal, sostenido con fondos del erario nacional, con una extensión de Instituto de educación básica enseñanza diversificada en la rama de Perito Contador, pues anteriormente lo era por el sistema de cooperativa, bajo cuya forma existen también estos establecimientos en las aldeas El Espíritu Santos y El Paso de los Jalapas, con miras a oficializarlos en el futuro;
Extensión de la Universidad Panamericana

c) Educación Privada: El colegio Jerusalén propiedad del Licenciado Efraín Juárez Vásquez, imparte los niveles de: párvulos, primaria, básicos y diversificado, incluso el de bachillerato por madurez. d) También promueve la educación, el Instituto Diversificado por Cooperativa dirigido por el Licenciado Mario Juárez Vásquez, en las ramas de magisterio y perito contador. Bajo la dirección del mismo pedagogo, Juárez Vásquez, funciona, así mismo, la extensión de la Universidad Panamericana, en el área pedagógica, por el momento, en la carreras de Profesorado de Educación Media, Trabajo Social; d) Colegio Evangélico que imparte clases de párvulos, primaria. Básicos y las carreras de Perito en Administración de Empresas y Secretariado Bilingüe; y c) Existen además, dos academias de mecanografía, dos academias de computación, cuatro estudios de internet, una escuela de marimba, la biblioteca del Banco de Guatemala y la Casa de la Cultura, siendo justo mencionar que la primera academia de mecanografía en el pueblo la instaló Trine Cordón, y el primer estudio de computación, oficial para el Instituto de Educación Básica en ese tiempo, Marco Antonio Casasola Saavedra, a la sazón profesor de ese plantel; ambas empresas desaparecidas. Existen varios cafés Internet. INICIO DE LA EDUCACIÓN. La primera escuelita mixta que impartía la instrucción elemental, así se llamaba en ese tiempo, que funcionó en El Jícaro antes de su creación como municipio, estuvo instalada en una pequeña casa de bajareque, mal construida, sin comodidades al lado de un centenario y frondoso árbol de tamarindo, propiedad de una señora llamada Lola Torres, en lo que

134 hoy es la esquina nororiente de la estación del ferrocarril, en la calle principal de la población, siendo atendida por solo dos maestro que se las arreglaban para organizar los grados y a los alumnos en grupos, según la edad y aptitudes, pasando por ella magníficos maestros como don Gregorio Peralta, su sobrina Lucila de su apellido y el maestro Canales después, siendo algunos de sus alumnos y posteriormente maestros también, Vicente y Antonio Marín, Herminio Barillas y otros, Venancio Morales, Efraín Peralta, Gaudencio Morales, Tranquilina Barillas, Elena Venegas y hermanos, y otros. Según expertos que conocieron el sistema educativo de esa época, se atrevieron a decir, que el mismo era equivalente a los que ahora es el bachillerato, en cierta manera, pues se profundizaba bastante en las matemáticas, lenguaje y las ciencias e historia cuyos cursos conocían. CONSTRUCCIÓN OTRA ESCUELA. Más adelante, por el año l92O del siglo pasado, esa escuelita fue sustituida por la de niñas y de varones que específicamente se mandaron a construir, por separado, la primera, en el predio que hoy ocupa el salón de usos múltiples y la segunda en la parte sur en donde está la pérgola o glorieta del parque central, no se sabe con exactitud, si fue durante la administración del presidente Carlos Herrera o José María Orellana; derribadas mucho tiempo después, tras su traslado al campo de foot-ball del barrio “Buenos Aires”, en los salones, que actualmente ocupan. Los instrumentos básicos de la educación primaria en ese tiempo eran: el Abaco, mapamundi, pizarrón, pizarra, pizarrín, yeso, lápiz, borrador, pluma de canutero, tinta, buenos libros de lectura y específicos de cada materia. Las tablas aritméticas debían aprenderse de memoria y se estimulaba a los alumnos con los primeros lugares de las bancas, por estricta competencia en clase. Los exámenes eran orales, frente a tres miembros del jurado examinador. El régimen y disciplina de las escuelas antes de la revolución del 44, eran rígidos, con la aquiescencia de los padres de familia, por supuesto, se castigaban las faltas cometidas en los planteles, según la gravedad de las mismas, por ejemplo: el plantón, la más simple, por no dar la lección; hincado, a veces con granos de maíz o piedrecitas bajo de las rodillas; de “culumbrón”, con las manos empuñadas sobre el piso; parado en forma de diagonal con una de las manos extendida contra la pared, jalones de oreja o del pelo de las sienes; sapillos, sentadillas, pírricos y hasta la expulsión, vigilados por el profesor con la famosa “varita de morro” y en la revisión de uñas sucias, reglazos en la parte posterior de ambas manos, uno por uña, quien llevaba piojos, era apartado para recibir el tratamiento de gas metano en la cabeza, por varios días, hasta su exterminio, cuando se perdían útiles y nadie daba razón de los mismos, el plantón era colectivo en el grado o en toda la escuela, según la falta, hasta que confesara el o los responsables, castigos duros y antipedagógicos, pero disuasivos, pues se aprendía la lección. INISTITUTO PREVOCACIONAL. Como ya se dijo, ésta importante rama del conocimiento y del desarrollo social y cultural, se ha superado en El Jícaro en los últimos tiempos, pues a partir del año 1961, la municipalidad de ese entonces presidida por quien escribe este relato de hechos, complementada por los ediles siguientes: Síndico Primero, Tomás Roldán León; Síndico Segundo, Pedro Quijano; regidores del primero al cuarto, en su orden: José Luis Gutiérrez Juárez, Mario Ayala Arriaza, Felícito Mejía Enríquez y Arnulfo Castro García, faltando Uno de los grados del Instituto Nac. De Ed. Básica con excusa el concejal quinto, Manuel José Cordón y Cordón y asistencia del Secretario Jesús Alberto Cardona Castillo,- en vista de la necesidad existente y el clamor popular, previas pláticas con los profesores Salvador Alfaro Cuellar y Artemisa Díaz, los más

135 interesados, en punto 6º.del acta No. 17 de la sesión pública ordinaria de fecha 3 de junio de l96l, acordó: “Sexto: El señor Alcalde hizo uso de la palabra para exponer: Que con fecha veinticinco de febrero del corriente año, en mensaje telegráfico número 46 fecha 26 marzo/6l, solicitó al Ministerio de Educación Pública, la autorización para el funcionamiento, por cooperativa, de una Escuela Prevocacional con sede en esta cabecera municipal, con el fin de que regular número de alumnos egresados del sexto año de primaria aprovechen la oportunidad de continuar sus estudios, todo lo cual va en beneficio de los padres de familia, de los alumnos, del municipio, y en general de la Patria que reclama hijos instruidos, siendo los catedráticos los mismos maestros titulados de las escuelas del municipio, con quienes ya se platicó, remuneradas por un comité de padres de familia; que tal solicitud fue reiterada á aquella dependencia en mensaje telegráfico número 83 /a. de fecha 7 de abril de este mismo año. Que en vista de no haberse resuelto nada, se vio compelido a dirigirse al ciudadano Presidente de la República, cuyo alto funcionario, al previa investigación del caso, contestó con el siguiente telegrama: “Palacio Nacional 25 de mayo de 1961. No.5042. Refiriéndome su mensaje 169 del 19 del corriente, me informa Ministro Educación Pública ya dio instrucciones Dirección de Educación Secundaria a efecto resuelva inmediatamente autorización funcionamiento escuela Pre-vocacional. Atentamente. (f) Presidente Ydigoras Fuentes”. Hablando claro, como debe ser, el Director de Educación Secundaria y Normal era en ese entonces, el profesor José Salomón Morales Romero, medio paisano nuestro, quien quiso entrampar la solicitud, no para omitir el dictamen favorable en el caso, sino para hacer suya la creación de dicho Instituto, cuya orden ya había dado el Presidente, según el mensaje transcrito, politizando la misma, por sus pretensiones de ser diputado que siempre mantuvo, pero de todas maneras, se logró la autorización de ese importante nivel en su primer grado, por el sistema de cooperativa, en el año 1964, gracias al chispazo de los profesores Alfaro Cuellar y Díaz Pérez mencionados y de otros maestros de la escuela de varones, cuando yo había dejado el cargo, en la administración de Tomás Roldan León, que me sucedió en el cargo, pero algunos serviles de los que no faltan en los pueblos, tienen al indicado profesor como el artífice de esa obra, pero ahí están los archivos que hablan por sí solos, en los que consta que la iniciativa fue de la Municipalidad de la que yo era Alcalde, y que don Chepe no hizo más que cumplir con su deber, de dar al fin, su opinión favorable al respecto. Posteriormente, se fueron creando otros grados hasta su complementación, con el esfuerzo de dinámicos profesores, y vecinos, dentro de quienes destacan Marco Tulio Ayala, hasta lograr su oficialización en el año 1970, ya sostenido con fondos del Estado. Lo anterior, no es por echarle laureles a mi administración, sino por la realidad y transparencia del caso. Chepe Morales fue una gran persona que ayudó a muchos paisanos, consiguiendo becas a algunos y trabajo en el magisterio a otros, pero en el caso del Instituto quiso sacar raja política, por eso se tardó la autorización del mismo. EDUCADORES. Por esos establecimientos y algunos de las aldeas, han pasado muchísimos maestros impartiendo el pan del saber a varias generaciones de educandos, muchos de los cuales lograron coronar con sus esfuerzos y los de sus padres, la educación media y superior, orgullo para el pueblo que los vio nacer. Investigaciones al respecto e invocando a la memoria sobre el tema, se establece, que han desfilado por esos centros docentes, maestros de varias generaciones, que para una mejor comprensión, dividimos en tres partes, así: LOS PRIMEROS MAESTROS: Han sido mencionados por la tradición oral: Gregorio Peralta, Lucila Peralta de Jiménez, Elena Venegas Gutiérrez, Juan Gutiérrez, Eliseo Morales, Pedro Canales, Herminio Ramírez, Celso Ramírez, Samuel Venegas, Antonio y Vicente Marín, Tranquilina Barillas, Pedro

136 Canales, Efraín Peralta, Fidel Mayorga, Juan Ramón Bracamonte, Roberto Paniagua, Fidencio y Leopoldo Pérez, Fidel Egberto Casasola Venegas, Gregorio Alvarado, José Dolores Portillo. DE ÉPOCA INTERMEDIA: Ladislao Ortega, Antonio Sosa, Exequiel Baríllas, Flora e Isolina Jiménez Peralta, Amalia Castillo Guevara (directora por muchos años), Raymundo Pérez, Edelmira y Zoila Morales Venegas, Vilma Orellana Peralta, Alicia Sam Palma, Hugo Cardona, Luis Pérez Romero, Zoila Perla Frátti, Victoria Marín Ramírez, René Morales, Carlos Raúl Cáceres, Emilio Flores, Evelio Chavarría, Francisco Enríquez, Juan de Dios Orellana, Gustavo Catalán, José Antonio Santos, Magdalena Herrarte de Santos, Rubén y Guadalupe Casasola Roldán, Randolfo Casasola Saavedra, Francisco Tabora Rivera, Gilberto Aldana, Augusto Ortega, Marina y Jovita Oliva Ibáñez, Tranquilina Barillas, Nery Ramírez Rodríguez, Salvador Alfaro Cuéllar (director por muchos años), Alberto Carranza, Julio Alberto Gutierrez, María Ruíz Pérez, Artemisa Díaz Pérez, Marco Tulio Ayala, los hermanos Santos Herrarte, Gilberto y Carlos Orellana Rosal, Carlos y Yolanda Polanco, Yolanda Peña, Malvina Ayala Méndez, Horacio Estrada, Amalia Ruano Gálvez, René y Carlos López Rodas, este último fue Director Instituto Educación Básica, Cruz Rodas Oliva, Marco Antonio Casasola Saavedra, Mario Juárez Vásquez, Orfa Beatriz Juárez, Efraín Juárez. ÉPOCA ACTUAL. Escuela “Gregorio Peralta”. Dora Evangelina Vargas Cruz, Marvin Danilo Reyes, Rosa María Venegas, Rosana Orellana, Ana Elizabeth Páiz, Belia Floresmila Romero, Verena Juárez, Nancy Mariolone Flores, Ana María Casasola, Margarita María Calderón, Xiomarea Elizabeth Castro, Aura Macal Arrivillaga, Sara González, Manuel Páiz Olan, Leonel Mendoza Aldana, Nelson Leonardo Vargas. ESCUELA OFICIAL URBANA PARA NIÑAS “LUCILA PERALTA”: Sandra Oralia Agustín Ortega, Zoila Izabel Espinoza, Antonieta Juárez, Eloidina Castro, Magda Quilo, Ruth Garmina, Rosa Barillas, Yorleni Hícho Trujillo, Silvia Carolina Flores, Silvia Alejandra Gutierrez Oliva, Mariem Vanesa de Duarte, Kerly Catú Marroquín, Keibek Nebdiza Aldana, Nelson Leonardo Vargas. ESCUELA PARA PARVULOS. Yesica Nineth Mendoza, Sonia Ipiña, Adriana Magdanety Fuentes Oliva, Ana Delia García. INSTITUTO DE EDUCACION BASICA. Mario Raúl Juárez Vásquez, Rosa Elena Ayala, Dalila Mejía Ayala, Amílcar Duarte Trujillo, Miguel Ángel Dionicio Marroquín, Walter Vásquez, Gloria Marina Pérez Romero, Berta Alicia Mata, Jorge Mario Ramírez, Magda Gabriela López Quilo, César Augusto Morales Hernández, Mildred Nineth Valdez Ramírez, José Carlos Santos Ayala, Alejandro Sánchez Matta, Rolando Orellana, Jairo Yohan Pérez Cordón. INSTITUTO DIVERSIFICADO POR COOPERATIVA: Lic. Mario Raúl Juárez Vásquez, Brayan Ramiro García Matías, Jackson Amaggi Morales Macal, Jessica Nineth Mendoza Aldana, Zoila Izabel Espinosa, Rosa Elena Ayala, Víctor Manuel Páiz Olán, Gilberto Morales Mejía, Wiliam Gutierrez Valdez, Mario Alfredo Marroquín, Rolando Orellana, Adalberto Chinchilla Jacinto. Lamentablemente no me fue posible por la premura del tiempo, conseguir la lista de los maestros de las escuelas de las aldeas y caseríos para su inclusión, como hubiera deseado. AVANCE DE LA EDUCACIÓN. Algunos de los mentores mencionados, no ostentaban título profesional, principalmente algunos de las dos primeras generaciones, pero les era permitido desempeñarse en consideración a sus aptitudes y vocación docentes, muy buenos por cierto, según se sabe, como Gregorio y su sobrina Lucila Peralta, Ladislao Ortega, Juna de Dios Orellana, Alejandro Flores Carranza, Antonio Santos, Exequiel Barillas, Edelmira Morales, Vilma Esperanza Orellana, Jovita Oliva Ibáñez, Quila Barillas, Alicia Orellana y Jovita Oliva Ruiz, entre otros. Fue en la década de los años 30

137 del siglo pasado, cuando empezaron a egresar los primeros maestros titulados: José Salomón Morales Romero, Amalia Castillo Guevara, y Edelmira Morales, última como preceptora normal, por ejemplo, fueron unos de ellos, cuando la educación aún era privilegiada, pues solo los padres de familia que tenían posibilidades económicas o “cuello”, podían disponer que sus hijos disfrutaran de ella. Pero a raíz de la revolución de octubre del 44, durante el gobierno del doctor Juan José Arévalo, como era de esperarse, el sistema educativo cambió radicalmente, se dio un irrestricto apoyo a la educación y como consecuencia se abrieron las puertas al estudiantado en general, creando en muchos departamento, centros de enseñanza media y concesión de becas, siendo por ese motivo, que proliferaron profesionales en esa rama, sin subestimar, por supuesto, a los otros, me refiero a los sin título, que continuaron hasta hace poco tiempo, enseñando el pan del saber con abnegación y vocación por naturaleza, por qué a decir verdad, existen maestros titulados y otros profesionales que carecen de esos atributos, que solo tienen el cartón pero no lo otro, tan indispensable: ¿verdadad?. COMPLEMENTO DE LA PRIMARIA. La educación se había estancado en el municipio, pues solo existía del primero al tercero grados de primaria, siendo precisamente con la asunción del doctoro Juan José Arévalo a la presidencia del país por el año 1946, que la misma se extendió al cuarto grado y así sucesivamente hasta completar el sexto de primaria, habiendo correspondido el privilegio de ser de la primera promoción de ese nuevo nivel, bajo la dirección del profesor Francisco Tabora Rivera, a los alumnos: Isaac Oliva Ruiz, Mauro Antonio Oliva, Augusta Ruíz, Luis Juárez, Jorge Guerra, Elba Casasola Roldán, Julio Gutirrez, Luis Vargas Orellana, Luis Leiva, Rubén Pérez, Tranquilina Barillas, María Ruíz, Isaél Luna, Carlos Egberto Casasola Saavedra y otros, y que juntos continuamos hasta el sexto, pues anterior a ello, acontecía que, no habiendo otro grado superior al tercero, muchos alumnos repetíamos y repetíamos el mismo para no andar vagando y a la espera de creación de grados superiores, aún sacando buenas notas. ALUMNOS DE OTROS LUGARES. La apertura progresiva de ese nivel de enseñanza, trajo consigo la presencia en esta localidad, de varios estudiantes de inmediatos poblados, especialmente de Cabañas y San Cristóbal Acasaguastlán, a los cuales todavía no había llegado esa oportunidad, siendo de esa manera que estudiaron aquí: Humberto y Augusta Ruiz, Saúl Chacón, un hermano suyo, Augusta Chacón Flores, de Uzumatlán, Osvaldo Potillo, Eliseo Achila, Clara, Rutilia y Olga Ramírez, Perla Cárcamo y una señorita llamada Lupe, cuyo apellido no recuerdo y otros tantos, hasta cerrar el sexto grado. Una de las varias historietas de la escuela primaria, cuando Don Juan Orellana era maestro, refiere que en cierta ocasión, como parte de la clase de canto y música, pasaron a un niño al escenario a cantar la canción mexicana “Tu solo Tu”, pero por los nervios a aquel se le olvidó de momento la canción y solo alcanzó a decir “tu, solo… y alzando sus ojos al cielo, característico del olvido, proseguía, tu solo…, olvidándose del otro tu, para complementar el tu solo tú, eres causa de todo mi llanto de mi desencanto… y uno de los compañeros de al lado, se atrevió a soplarle señalándolo a él con el dedo para recordarle el tu y dijera “tu solo tú” y continuara, pero el niño nuevamente nervioso, equivocado dijo “Tu solo yo” malentendiendo la señal que aquel le hacía, en vez del “tu solo tú..” que era lo correcto. El resultado de la anécdota es que el niño dijo: tu..solo yo, el vez de tu..solo tú, como decía la canción. El olvidadizo de esa canción todavía anda por allí vivito y coleando y los muchachos lo molestan, negándose y echándoles el “muerto” a otros, indicando “ese no fui yo, fuiste vos”.

138 PROFESIONALES. Alguien dijo en una ocasión, con cierto toque de vanidad o jactancia, que nuestro municipio era el que más profesionales tenía en la región, como se dijo también mucho antes, que El Jícaro tenía el segundo lugar en telegrafistas tanto del gobierno como del ferrocarril, en el país. Es cierto, pero ésas son situaciones que fuera de la satisfacción personal y de la vanagloria colectiva, no deja al terruño beneficios tangibles, otorgados por sus hijos, por lo que es necesario un poco más de entrega, dándole al pueblo algo de la profesión, que ayude a su progreso físico, sirviéndole con notoriedad, como lo hizo y hace aún, por ejemplo, el Dr. Juan José Castillo Orellana, quien sin ser propiamente de El Jícaro, le ha dado mucho de su profesión y fuera de ella, de lo cual sus habitantes están agradecidos y no solo conformarse formando parte de un grupo determinado, a la zaga, como los hay muchos. ¿No podrán los restantes paisanos, de repente, darle al pueblo por medio de la Municipalidad, algo de su profesión gratis, en recompensa del mérito de haber nacido en su suelo, una escritura los notarios, servicios médicos, o algo de su profesión los otros, por ejemplo?, y no solo jactarse: ¡yo soy de El Jícaro!, pues por un sentimiento muy nuestro, somos dados a afirmar en cualquier parte del mundo y ante quien sea, nuestras raíces familiares y de nacimiento, sin negarlas por humildes que sean, de lo cual nos sentimos orgullosos, pero es preciso sin embargo, demostrarlo con hechos a la vista y preguntarnos: ¿qué le he dado o hecho yo en favor de mi pueblo?. Continuando, efectivamente, nuestro municipio ha dado muchos profesionales a nivel universitario y prácticos también, como telegrafistas, oficinistas, maestros, enfermeros etc., particularmente en los últimos tiempos, con la proliferación de universidades con extensiones en la mayoría de departamentos y hasta en municipios de la república, incluyendo el nuestro, y la tecnología avanzada, pudiendo citar a los siguientes profesionales universitarios, de nivel medio y técnicos, clasificados en distintas ramas, así: ABOGADOS. El primero, Lic. Carlos Jiménez Peralta, fue litigante, Juez de Trabajo y Diputado, seguido por Mario Guerra Roldán quien se desempeñó como catedrático universitario, Secretario de la Municipalidad capitalina y Magistrado del Tribunal Supremo Electoral; Jesús Guerra Morales, asesor de empresas privadas; Rubén Pérez Morales, oficial de tribunales y Magistrado de Sala de Apelaciones; Luis Vargas Orellana, litigante y asesor de empresas; Mario Vicente Orellana Rosal, oficial de tribunales, litigante y asesor de dependencias del Gobierno y catedrático de varios colegios de segunda enseñanza de la capital; Carlos Duarte Pineda, oficial de tribunales, litigante y asesor de dependencias del Estado y catedrático universitario auxiliar; Adán Enrique De León Chávez, litigante y asesor de dependencias del Estado; Oscar Roldán Oliva, oficial de tribunales, litigante y asesor de dependencias del Estado; Carlos Humberto Sandoval Cardona, litigante y asesor de dependencias del Estado; Samuel Duarte Pérez, litigante y asesor; Lázaro Ruíz Orellana, litigante y asesor del Bufete Popular; Aly Arriaza Pensamiento, oficial de juzgados, litigante y asesor de empresas; Hugo Manolo Ayala Casasola, experto en derechos humanos y asesor internacional en la materia, Mario René Sandoval Cardona, litigante y asesor y David Pérez Trabanino, actualmente, fiscal auxiliar de de la sección de delitos económicos del Ministerio Público y su hermano Armando de los mismos apellidos, periodista y licenciado en ciencias políticas. También lo son los jóvenes: Carlos Humberto Sandoval Orellana, Adelfa López, Erick Espinoza, Guillermo Espinoza, Besnier Otoniel Juárez, Miguel Enrique Catalán Orellana, Carlos Rogelio Casasola Roldán, Juan Carlos Duarte Carranza, Rosa Amelia Paola Rodríguez Castillo, Luis Miguel Orellana Arriaza, Víctor Hugo Orellana Arriaza y Felicinda Maricruz Casasola Rodas, abogados litigantes y asesores en ciernes.

139 MEDICOS. El primero, Carlos Alberto Casasola Morales, seguido por: Julio y Ricardo Paz Carranza, Miriam Morales, Elisa Carranza Casasola, Martín Orellana, Raúl Juárez, Jorge Peña Hernández, Flor de María Castillo Orellana, Salvador Alfaro Cordón, Isabel Orellana Mejía, Velveth Consuelo Catalán Orellana, Paola María Casasola Méndez, Priscila De León Casasola, Arnoldo De León Casasola, Marissabel Sandoval Orellana, Velvet Casasola Méndez, Guillermo Riley Roldán, Carlos Enrique Orellana Ayala y el Dr. Gálvez, de aldea Ojo de Agua y otros, pero también la Dra. Iris Flores, quien aún cuando no es oriunda del pueblo se le reconoce y ella también, como Jicareña. Químicas Farmacéuticas: Carlota Orellana Mejía, Lucy Alfaro Cordón, Rina Orellana Ayala y Carlos Gerardo González Orellana, últimos (Ing. Químico). Arqueólogo: Oswaldo Gómez Barillas. MEDICO VETERINARIO. Víctor Orellana Escobar, desempeñó varios puestos en la administración pública, tales como el de Viceministro de Agricultura, catedrático universitario y Decano de la Facultad de Veterinaria, Felipe Orellana Mejía y Víctor Manuel Orellana, hijo. Zootecnistas: Erick Giovanni Castillo Arroyo y Giovanni Castillo Nájera. AUDITORES. Carlos Orellana Rosal, Jorge Herminio Barillas, ex trabajadores del IGSS, en donde alcanzaron los cargos de Jefe de Auditoria y Subgerente de Administración de Financiera; Sergio Ivan Casasola Díaz, auditor de compañías de auditores privadas, Subgerente de Créditos de Tecún Sociedad Anónima y Gerente General de Ingenio La Grecia, en Choluteca, Honduras; y el economista Rodolfo Gálvez, de aldea Ojo de Agua. ADMINISTRADORES DE EMPRESAS: Edgar Antonio Pineda Morales, Roberto Matías Mejía, Karlos Arturo Rodas Roldan, Karla Sandoval Orellana, Wendy Carina Rodas Roldán, Marco Antonio Casasola Rodas, Cristian Mauricio Castillo Roldán, Marco Antonio Duarte Carranza y Melva Sandoval Orellana (mercado técnica y publicidad). DOCENTES. Dr. en filosofía Rigoberto Juárez Paz, Isaac Oliva Ruíz, Marco Tulio Ayala Méndez, José Gilberto Orellana, Mario Juárez, Efraín Juárez y Hugo Casasola Ruíz. Licenciados en Historia: Ricardo Saavedra González, Samuel Castillo Orellana. INGENIEROS CIVILES. Isidro Morales Roldán, Manuel Ruano Gálvez y Sergio Vargas. INGENIEROS AGRONÓMOS. Hugo Galdámez, Julio Morales, Carlos René Casasola Díaz, Abelino Peña, Cristian Marín Cardona, Antonio José Castillo Fratti y Jorge Mario Casasola Rodas, todos laborantes de importantes empresas del país. Ingenieros Industriales: Marvin Eduardo Castillo Arriaza y Luis Rodrigo Castillo Casasola. BIBLIOTECARIA. Berta Julia Sandoval Cardona, excelente trabajadora del IGSS; MILITARES. Aparte de los mencionados en otros capítulos, la mayoría de línea, el ahora Teniente Coronel Erick Espinoza, que ha desempeñado importantes cargos en la institución castrense, hijo de una buena dama, hija de Rosa Espinoza mi amiga de infancia; TELEGRAFISTAS. El Jícaro tuvo la suerte de contar con el segundo lugar de telegrafistas del ferrocarril en la república, tal vez por la oportunidad que ofrecía la estación la empresa aquí, o porque había personas bondadosos dispuestos a enseñar, siendo así, que con el beneplácito de ilustres maestros, muchos jóvenes de antaño, inteligentes, que no tuvieron la suerte de pisar las aulas universitarias o educación superior, pues no la había como ahora, decidieron abrazar esta ocupación, para ejercitar el telégrafo “Morse” e “Internacional”, sistema de comunicación utilizado por la empresa de los ferrocarriles y el gobierno de la república, respectivamente, que fue por cierto motor de desarrollo en el país en su época, recorriendo sus empleados las distintas estaciones y oficinas en el interior del país, siendo de imaginar al respecto, la gloria de nuestro pueblo, si algunos de esos talentos

140 conocidos, hubieran tenido la oportunidad de trascender la educación media, no digamos la universitaria, pues sin duda, mucha fama hubieran conquistado en el campo de su profesión y nombre al pueblo que los vio nacer, mencionando con justo reconocimiento por su esfuerzo, a los trabajadores de esa profesión, siguientes: DEL FERROCARRIL. Plácido Archila, Randolfo Casasola León, Abrahán Ayala Barillas, Inocente y Antonio Marín Oliva, Rubén Marín Ramírez, Leopoldo, Jesús y Baldomero Juárez, Melecio Venegas Gutierrez, Tránsito Marroquín, Jesús y Juan Barillas, Rodolfo Castillo, José María Pérez, Alberto Ramírez, Isidro Morales, Miguel Castillo, Fidel Egberto Casasola, Alberto Chacón, Ramiro Juárez, Carlos Clavería, Samuel Venegas, Carlos Saavedra Portillo, Terso Vargas Estrada, Faustino Moscoso Fajardo, Leopoldo Pérez y Pérez, Alfonso Morales Betancourt, Virgilio Morales Sagastume, Emilio Vargas Morales, Rodolfo Aquino, Abrahán, Víctor, Abel y Marco Antonio Ayala Peralta, Carlos Ayala Morales, Moisés Barillas Marroquin, Carlos Carranza Páiz, Adán Castillo Guevara. También lo fueron: Fernando y Ernesto Páiz López, Lázaro Chacón Ramírez, Cesar Cordón Flores, Oscar Humberto y Adán de León Chávez, Rodolfo Gutiérrez Juárez, José Ángel Páiz, Ricardo Saavedra González, Gonzalo Rodas Marín, Ricardo Romero Morales, Marco Antonio Juárez, Fernando Juárez Paz, Arturo Morales Venegas, Arturo León Castillo, Carlos Obed López, Mario Marín, Rubén y Armando Marín (hijo), Sergio Morales, Isaac Oliva, José Rodas, Carlos Cardona, Bladimiro Cardona, Rubén y Mario Hernández. Algo importante de lo anterior es que, Alberto Ramírez, conocido amigablemente como “Quembo”, a los nueve años ya sabía transmitir, lo que fue novedad en el pueblo y en el sistema ferroviario después, y que algunos de los mencionados intercambiaron el “Morse” con el “internacional”, al haber cambiado sus empleos de una empresa a otra, según su conveniencia, pues dominaban los dos sistemas. Y otros muchos ferrocarrileros, entre maquinistas, como Gérman Morales de los Bordos, que anunciaba su llegada o paso por el pueblo con prolongados silbidos de su máquina, Juan de Dios Rosal, Tránsito Saavedra y fogoneros como Sixto Peña, conductores, brequeros como Beto Marroquín, Cristóbal y Manuel Barillas y rieleros en general, como Rogelio Arana, Chito España, Oscar Clavería, etc., quienes con su trabajo super pesado, exclusivo para hombres fuertes, cargaban y colocaban rieles y durmientes en la vía, empujando a puro golpe de pie, el carrito de línea o push car. como se le conocía, cargado hasta el copete de materiales, herramientas y el famoso barril de agua para tomar, bajo la supervisión de estricto caporales de línea de de las secciones l26 y l27 José Grajeda y Víctor Reyes, último, de Lodechina. . DEL GOBIERNO. A cargo de don Jacinto Cermeño estuvo la primera oficina telegráfica de esta población, habiéndole sucedido otros buenos maestros de este oficio entre los que se cuentan: Juan José Clavería Cardona, Randolfo Casasola León, Salomón Morales, Ladislao Guerra, Alberto Rodas, César Arriaza Barrientos, Cándido Méndez, Flavio Portillo, y César Arriaza Castillo. Lo bueno de estos servidores era que no tenían egoísmo para enseñar las líneas y puntos, signos característicos del lenguaje, por impulsos, de la inventiva de Morse. Dentro del grupo de telegrafistas que César enseñó y colocó en sus puestos, en su mayoría, se cuentan: Rodolfo Aquino, Arturo Orellana Galdámez, Amado Flores, Maco Cerna Barillas, Humberto Ruíz, Bolívar Ruíz, Joaquín y Andrés Ruíz, José Luís y Ramón Juárez, Luis Barillas, Enrique Venegas, Bladimiro Cardona, Víctor Arriaza, Pablo Hernández, Ramiro Hernández, Raúl Juárez, Humberto Cermeño, Víctor Hugo Orellana, Samuel Polanco, Luis Morales Oliva, Carlos Sánchez Arriaza, Miguel Mejía Gálvez y otros, de quienes algunos, primeramente, fueron carteros. También fueron telegrafistas Manuel y Jesús Castillo Ramírez, desempeñándose en varios lugares del país.

141 OBRAS DE TEATRO. La espaciosa escuela de niñas, situada antes, en el predio que hoy ocupa el salón de usos múltiples de la Municipalidad, estaba dotada de un escenario, en planta alta, con un pequeño sótano al centro, en el interior del piso, destinado para el guía o apuntador de espectáculos, con su respectivo elegante telón, que se abría y se cerraba cuando era el caso, en donde se presentaban, como legado de antiguas generaciones de magníficos mentores, pequeñas obras de teatro en las ramas de la comedia, diálogo y monólogos, con la participación de comediantes locales, entre los que se recuerda a improvisados directores como Gaudencio Morales Barillas y Exequiel Barillas Fratti y los participantes artistas: Vilma Esperanza Orellana Peralta, Jovita Oliva Ibáñez, Alicia Orellana Marroquín, Tranquilina Barillas, Edelmira y Zoila Morales Venegas, María Ruiz Pérez, Mercedes Gómez de Polanco, Gregorio Alvarado, Ramón Ruiz Morales, Ricardo Romero Morales y alumnos de las escuelas, quienes desempeñaban bien su papel, en cuyo lugar se realizaban también los actos públicos de las festividades del pueblo, incluidas las exhibiciones de películas recreativas; representaciones artísticas que luego de un lapso de abandono, volvieron a aparecer en la década de los años 1960, utilizando para el efecto como escenario el salón del cine “Casasola”, cuando ya no era posible el teatro municipal, de la escuela de niñas. César Juárez Paz, fue un buen comediante que narró programas de radio, en TGW y otras, novelas y cuentos de libros, en compañía de artistas nacionales de la talla y época, de María Luisa Aragón, por ejemplo, presentándose así mismo en escena, en teatros de la capital. EL CORO. Durante la gestión del profesor Salvador Alfaro Cuéllar, como Director, del Instituto de Educación Básica, se organizó un coro integrado por profesores y alumnos que le dio prestigio al establecimiento, a nivel local y fuera del municipio, resaltando las voces soprano y tenor de los profesores Artemisa Díaz y Maco Ayala, respectivamente, bajo la atinada dirección de este último, de los bajos y contraltos, no recuerdo. MORAL Y URBANIDAD. En la educación primaria del pasado, se incluía como prioridad, en el pensum de estudios, el curso de moral y urbanidad, que se impartía ordinariamente, por el maestro de cada grado a sus alumnos, y extraordinariamente, a toda la escuela en su conjunto, los días sábados, con la disertación especial de uno de los profesores, con la participación objetiva del alumnado, con temas específicos y ejemplos claros sobre la materia, a efecto de formar conciencias de los valores, principios humanos y de la ética, siendo de lamentar que esa importante materia haya desaparecido del Curriculum escolar con el paso de los años y, con ello, la oportunidad de encausar a la juventud por senderos del bien, cuya situación está impactando hoy día, con la actitud de desobediencia, resistencia y violencia observada, especialmente en los adolecentes, siendo esa precisamente una de las causas del desajuste social. PIINTORES. La pintura en sus varia clases, se ha practicado en El Jícaro desde hace mucho tiempo, más que todo por aquellos artistas de nacimiento o de los que dan silvestres en la provincia, sin ningún aprendizaje técnico sobre la materia, pudiéndose mencionar a quienes yo he conocido, de antaño: Juan José Clavería, Luis Pérez Romero, y Víctor Juárez Canahuí, último citado, que lo era también de brocha gorda, hombre polifacético, pues además, era fígaro, sastre y músico, todo un artista por vocación. También un magnífico pintor José Gallardo, de Lodechina, conocido mío, quién formó parte del grupo que diseñó y ejecutó la pintura artística de los murales del Palacio Nacional de la Cultura, pariente cercano del también paisano coronel Desiderio Gallardo Ruíz o De León, de quien tengo duda sea el mismo autor de la gustada y significativa pieza musical a ritmo de son “El Costumbro”, sin embargo, lo que sí es cierto es que Gallardo Ruíz, es el autor del himno de la escuela normal de El Petén; y más o menos contemporáneos: Nery Olmedo Oliva Cordón, que también fue sastre creativo,

142 Clodomiro Guitiérrez, Luis Vargas Orellana, los hermanos José Gilberto y Mario Vicente Orellana Rosal, Víctor Hugo Orellana y otros, quienes no solo han pintado objetos reales en figuras, dibujos y paisajes, sino imaginarios o surrealistas, que todavía se exhiben colgados en paredes de algunas casas del pueblo. FRATERNIDAD JICAREÑA. El día 31 de diciembre de 1965 cuando expiraba un año más de luchas, de sinsabores para unos y de dicha y prosperidad para otros; cuando la gente se aprestaba a recibir jubilosamente el año nuevo, un grupo de inquietos jicareños. Aprovechando una estadía de alegres vacaciones o del tradicional feriado de ese esperado día, con un solo pensamiento, cual era promover sin escatimar esfuerzo alguno el progreso integral del terruño, un grupo de paisanos integrado, por Marco Tulio Ayala, su esposa Marilú Casasola Roldán, en casa de esta pareja, Adán de León Chávez, Carlos Sandoval Cardona, Rigoberto Casasola Roldán Oliva, Mario René Sandoval Cardona, Francisco Sierra Fajardo, Arturo Rodas Oliva, Héctor y Gustavo Santos Herrarte, Berta Lidia Sosa Marroquín, Carmen Sandoval Cardona y Héctor Adán Castillo Oliva y otros, meditando sobre aspectos positivos del pueblo, tuvieron la genial idea y decidieron organizar Fraternidad Jicareña, siendo así que se alertó a los paisanos residentes en la capital para formar la junta directiva y reunidos en mi oficina del Departamento del Servicio Nacional del Empleo, del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, del cual yo era Secretario, situada en el pasaje Savoy 8ª.calle y 10ª. Av. Zona 1, con asistencia de buen número de paisanos de la vieja y nueva generaciones invitados al efecto, se procedió a la elección, saliendo nominados los siguientes: Presidente, Carlos Humberto Sandoval Cardona; vice-presidente Adán de León Chávez; secretario de actas y acuerdos, Carlos Egberto Casasola Saavedra; prosecretario, Arturo León Castillo; secretario de finanzas, Adán Castillo Guevara; secretario de asuntos sociales y culturales, Hugo Rigoberto Casasola Roldán; secretario de asuntos educativos, Rubén Pérez Morales; Secretario de Relaciones y Publicidad, Venancio Clavería Nájera; Secretario de Deportes, Sergio Vargas; Secretario de Asuntos Agropecuarios, Víctor Orellana Escobar y Secretaria de Salubridad e Higiene, Yolanda Gutierrez. La primera Subdirectiva estuvo integrada por los siguientes ciudadanos: Presidente, Salvador Alfaro Cuellar, seguido de los vocales Tomás Roldán León, Carlos Orellana Rosal, Carlos Zamora Flores y el Secretario, Antonio Santos Ávila. En los años 1957/58, jóvenes inquietos, con Héctor Guillermo Pineda, a la cabeza, Rubén Pérez Morales, Luis Orellana, Mario Vicente Orellana y el autor de este libro, tuvimos la idea de fundar la casa de la cultura, incluso, se discutieron sus estatutos, pero no recuerdo por qué razón la misma no fructificó, aún cuando se hicieron varias reuniones y actividades sociales al respecto, teniendo como meta el desarrollo integral del municipio. La actual Subdirectiva de dicha Fraternidad, con sede en esta población, la conforman, los siguientes jicareños: Rolando Orellana Juárez, Marco Antonio Casasola Saavedra, Arturo Rodas Oliva, Placido

143 Saavedra Cerna y Mario Hernández, todos tipazos, dispuestos a dar todo su esfuerzo y dedicación por su terruño. La idea en principio fue aglutinar en su seno, a la gran mayoría de paisanos presentes y ausentes, a efecto de emprender toda clase de actividades que tuvieran como objetivo el desarrollo social, cultural y físico del municipio, coadyuvando con la Municipalidad local en el desempeño de sus funciones y atribuciones, dentro y fuera del territorio jurisdiccional. En ese orden de cosas, nació el primer periódico de fraternidad con el nombre de El Jícaro, siendo responsables de las primeras ediciones el autor de este libro, Carlos Humberto Sandoval Cardona, y el relacionista público y gestor de anuncios, lo más difícil, Mario René Sandoval, pues de su accionar de dependía la publicación del rotativo. Por considerarlo de interés para los lectores inserto el primer editorial que le dio vida al pequeño periódico. Así: “”EDITORIAL. Escribe Carlos Egberto Casasola Saavedra. Este pequeño como modesto órgano de publicidad, al que se le ha asignado el nombre de EL JICARO, en honor a la provincia allá ubicada en el nororiente de la República, sobre los valles del Motagua y colinas del Merendón, será un eslabón más de la cultura nacional, que la recién fundada y pujante asociación <<Fraternidad Jicareña>>, cumpliendo con uno de sus postulados, lanzará a la luz pública cada mes, con el firme propósito de fomentar a través de sus columnas, el progreso cultural y material del municipio en todas sus manifestaciones, así como para mantener informados a todos los coterráneos y ciudadanía en general, de los acontecimientos de importancia que surjan en el ámbito nacional y primordialmente, para hacer conciencia de lo que significa la providencia como lugar de nacimiento y como parte integrante del suelo patrio; de la responsabilidad moral y material que pesa sobre sus hijos de hacerla próspera y feliz, velando por el bienestar colectivo a base de mutua comprensión y armonía, principios fundamentales en que descansa el progreso de los pueblos. Valga decir, que no debemos permanecer por ningún motivo aislado e indiferente al terruño, sino por el contrario, estar prestos en cualquier momento a corresponder a ese privilegio que nos concedió la madre naturaleza de haber nacido en su preciado como noble seno. El JICARO, al lanzarse al campo de las letras, no enfocará solamente temas de carácter local o municipal, se extenderá al panorama de la vida nacional, como un aliciente de cultura para el pueblo de Guatemala; especialmente se exaltarán a través de sus contextos los méritos de todos y cada uno de los municipios que forman el departamento de El Progreso y de sus hombres desde que sus pueblos se iniciaron como humildes caseríos y se escudriñará su historia en un afán de dar a conocer su pasado, ya que hasta hoy día muy poco es lo que se ha logrado; se harán sugerencias para que las autoridades locales encaminen sus pasos por senderos que conduzcan al progreso contagiando el espíritu dinámico que combata la estática y el conformismo que ha sido presa inmisericorde de nuestra comunidad, a la par de comentarios criticando desde luego de manera constructiva los buenos y malos actos de los gobiernos municipal y del gobierno central cuando las circunstancias lo demanden bajo el amparo de la ley de Emisión del Pensamiento y de los sagrados derechos humanos. En general, este mensuario imbuido de la mejor buena intención propenderá por la cultura del pueblo como parte de la actividad que Fraternidad Jicareña está llamada a desempeñarSiendo el periodismo una tarea no muy fácil de realizar, no por lo que constituye su escritura o redacción sino por lo caro que es en nuestro medio la impresión, se apela desde ya a la valiosa colaboración de los hijos de El Jícaro y de personas altruistas en general para que en una u otra forma pongan su granito de arena y de tal manera este periódico pueda subsistir y superarse a efecto de que nuestras históricas provincias supervivan dentro del concierto de las demás de la república”.

144 La obra de Fraternidad Jicareña, a través de su existencia y sus diversas juntas directivas, ha sido fructífera, digna de encomio, con excepción de una o dos de sus representaciones, que no demostraron mayor actividad en pro del terruño, siendo las de mayor relevancia la construcción del puente sobre el río Las Ovejas, construcción de una escuela en el barrio Buenos Aires, así como las gestiones de la creación del Centro de Salud local y, muy edificante, la institución de la orden José María Orellana, como una condecoración de honor al mérito, que se concede a personas que han destacado en el municipio, y otras obras más, siendo verdaderos pioneros de este ente los dinámicos ciudadanos Carlos Sandoval, Rigoberto Casasola y los hermanos Elías y Adán Castillo Oliva, sin cuya participación tal vez no hubiese sido posible su sobrevivencia, como tampoco la edición de los primeros número del mensuario El Jícaro, con la participación también de Mario René Sandoval Cardona, quien además fue un activista valioso de la referida entidad, como también lo fue activamente en principio, y lo seguirá haciendo, Elías Castillo Oliva, a pesar de su infortunada enfermedad.

Junta Directiva. Presidente: Licenciado Samuel Duarte; Vicepresidente:

Sub-directiva actual de Fraternidad Jicareña:

Licenciado Carlos Duarte; Segundo Vicepresidente: Licenciado Oscar Roldán; Secretario: Licenciado Alexander Sandoval; Secretario de Cultura: Licenciado Samuel Castillo; Secretario de Medio Ambiente: Licenciado Edgar Pineda; Tesorero: Héctor Adán Castillo; Vocal I: Carlos Ayala; Vocal II: Karlos Arturo Rodas; y, Vocal III: Luis Miguel Orellana .

Hoy esa agrupación sigue adelante con la participación de nuevos elementos que seguramente le darán vida como sus antecesores, con excepción de algunos integrantes que no han tenido la visión y madurez necesarias para darle a la entidad el avance requerido, a pesar de sus buenas intenciones.

145 Una de las actividades llevadas a cabo por esa agrupación, de mucho reconocimiento en nuestro ámbito social, digna de orgullo y aplausos para nuestro municipio, en su momento y para su historia, lo constituye el haber promovido en el año 1978 la participación, de mi hija Edna Marylena Casasola Díaz, a la sazón Flor de la feria del pueblo, como se ha procedido también, en otras ocasiones, con otras distinguidas damitas de la localidad, en la elección de Reina departamental de belleza, en la que salió triunfante por decisión unánime del jurado, así como en el certamen nacional de belleza en el año 1979, en representación del departamento de El Progreso, en el cual quedó en segundo lugar, por habérsele dado el triunfo a la representante de Zacapa, aun cuando el público presente, por Foto de investidura como Reina aclamación, con sus gritos y aplausos, se inclinaba masivamente a Departamental de Belleza. su favor, pero el jurado movido quien sabe por qué intereses, dijo lo contrario; actividad que se extendió a su participación en el concurso Mis Guatemala, en el que se interpusieron intereses espurios, como suele acontecer en estos eventos, para dar la victoria a la candidata que ya se tenía programada, la hija de un hotelero ricachón de la capital. En el mismo orden de cosas, participó también, en las fiestas de Independencia en Quezaltenango, representando a nuestro departamento. DEPORTES. Foot ball. La historia del El foot ball, como en otros lugares, tiempos atrás, se inició en nuestro pueblo, por patojos inquietos, por imitación, promoviendo chamuscas empíricamente en la vía pública, regularmente por las tardes, con pelotas de trapo confeccionadas por diestros o traviesos fanáticos con medias o calcetines usados rellenas con trapos, perfectamente cosidas y compactas en forma de bola. Se improvisaban “la chamusca” entre la “patojada” que se juntaba no importando el número de jugadores, mitad para cada bando, la mayoría descalzos o “chuñas” como se decía, teniendo como portería dos piedras a regular distancia, en cada uno de los extremos, sin árbitro, y dentro de una algarabía sin igual, llamándose a veces con apodos o palabras obscenas, se competía, para ver qué grupo ganaba o perdía, pero más que todo para entrenar para el futuro; partidos en los cuales más de un participante salía lesionado en más de alguno de los dedos de los pies, quedándoles cual cabeza de iguana machacada, pero nadie se desanimaba, por el contrario, se esperaba que sanara la herida, previamente curada con mercurio cromo o metafen o en último caso con cernada de maíz cocido, envuelto después con un pequeño trapo y vuelta a lo mismo, y así fue cobrando auge este deporte, de tal manera que ya para el año 1924 un grupo de jóvenes amantes del foot-ball dispusieron la fundación del club social y deportivo denominado “Ideal”, siendo sus integrantes: Venancio Morales, Efraín Peralta, Efraín Minera, Rodolfo Castillo, Isidro Morales Marín, Manuel Castillo Morales, Fidencio y José María Pérez, Neftalí Guerra Palma, Lisandro Castillo, Domingo Castro, Samuel Venegas Gutiérrez, Javier Morales, Modesto Hernández, Jesús Rodas, Tránsito Ruíz, Exequiel Flores, y otros. Sus prácticas deportivas las realizaban en el potrero “Las Burras” propiedad de la hacienda “El Tintero”, en donde tuvo lugar su primer encuentro con la oncena “tineca”, perfilándose como un equipo bien organizado que le dio nombre al pueblo por muchos años por sus múltiples triunfos a nivel departamental, presentándose a los partidos con vistosos uniformes y zapatos de la moda, pero la forma tradicional con pelotas de trapo, continuó por muchos años más, en las calles del pueblo, por principiantes “patojos”, ya de repente, con otra clase de pelotas mejoradas y hasta las de forro o cuero curtido con boca de amarre y vejiga inflable, pero se causaba molestias al vecindario a tal punto que se prohibían por la autoridad esos ejercicios, cuando por

146 fortuna ya estaba el campo de Buenos Aires. ¿Y qué coincidencia?, el primer campo de foot lo fue en el terreno “Las Burras” y después de muchos años, por las razones que ya conocemos, ha vuelto de nuevo a ese lugar, no se sabe en qué condiciones, si de hecho o por derecho. A través del tiempo, el deporte ha venido cobrando forma y por ende, desarrollado mejor, contando con la presencia de varios equipos de foot-ball: El Merendón, Municipal, Comunicaciones, no sé si también uno llamado Belejepsi, por ejemplo, que le siguieron al ideal, con muy buenos jugadores como César Arriaza Castillo, además dirigente; Emilio Vargas Morales, el célebre “cutucho”, así llamado cariosamente este buen jicareño, Alfredo Ortega, el portero Polin, Toyo Castillo, José Luis Chacón (magnífico portero),Lolo Aquino, Tancho y Armando Ruíz, Armando, Tavo y Augusto Chew, Manuel Castillo Saavedra, Julio Paz Carranza, Luis Leiva, Efraín Iriarte que vino a jugar con el Hércules de la capital y se quedó aquí viviendo y participando por muchos años, muy bueno por cierto, Tomás Roldán, Tomás, Cristóbal Mejía, Waldemar Cardona y de El Paso recuerdo a Manuel Ayala, Clodomiro Saavedra y Ramiro Terraza. Cleofas Brown, en diminutivo, llamado Clifi, destacado jugador de uno de los mejores equipos de Puerto Barrios, constantemente venía a reforzar nuestros equipos cuando había partidos de importancia, con otros de fuera. Y después El Once Águilas en el que destacaron jugadores locales reforzados por estudiantes y trabajadores jicareños residentes en otros lugares, que venían los fines de semana y para las fiestas; luego apareció el “Juca”, dirigido por mi hermano Beto, el Juventud Oriental promovido poro Rigo Romero y compinches, el Reji, dirigido por Tomás Roldán y el Huracán por don Chus Polanco, no siendo posible dar los nombres de todos los jugadores por razones obvias y actualmente el digno representativo del pueblo, Real Jicareño. Lo importante de estos equipos eran las competencias locales entre sí, a efecto de formar una buena selección para cuando les tocara reñir con los de afuera. Lamentablemente el foot-ball, tal vez por fanatismo, competencia o a saber porqué otros intereses, despertó y creo que lo sigue siendo dificultades y hasta enemistades entre los dirigentes o patrocinadores de los equipos, causando con ello erosión al deporte en su conjunto. Hubo otros magníficos jugadores y aún los hay equipos de esta rama del deporte en casi todas las aldeas del municipio. Castillo Saavedra, Maco Ayala y Leiva destacaron en equipos federados de otros lugares de la república. Dirigentes del deporte en la rama del foot ball, lo fueron, entre otros: César Arriaza, Jesús Polanco, Tomás Rolda y Francisco Mejía. BASQET BALL, Figuras prominentes, fundadoras, entrenadoras y mantenedoras del Basquetbol con su equipo Atlas femenino, lo fueron Jesús Morales, entrenador, y Jovita Oliva, dirigente, quienes a diario practicaban en las canchas del barrio “Buenos Aires”, para darle nombre a El Jícaro con sus triunfos cada vez que se enfrentaban a otros equipos, seguidos por magníficas deportistas como Olivia Reyes, Alicia Sam Palma, María Orozco, Zoila y Rosa Guerra, Carmelina y Elsa Mejía, Marta y Olga De León , Lidia España, Virginia Ayala Méndez, y otras. En la rama masculina del baloncesto, por supuesto, Jesús Morales, Marco Tulio Ayala, Carlos y Mario Vicente Orellana Rosal, con su equipo también denominado “Atlas”, famosos en su propia cancha y allende el municipio, lo fueron Chus Morales, Maco Ayala y Jovita Oliva, quienes en muchas ocasiones fueron invitados para reforzar equipos de otros municipios; lo anterior no quiere decir, que actualmente no existían equipos de basket ball masculino y femenino tan buenos como lo anteriores, claro, que los hay.

147 ARTES MUSICALES. La Marimba, el instrumento autóctono por excelencia, único en el mundo que se ejecuta en forma colectiva, es decir, por varios músicos a la vez, cuyas notas con perfecta maestría, interpretan fielmente sus nueve integrantes, a quienes la naturaleza dotó de espíritu artístico, pues a pesar de la carencia de conocimientos teóricos, pues ejecutan al puro oído, sin solfa, han hecho de nuestra música un amplio repertorio de amena distracción con sus teclas melódicas para todos los que la escuchamos. Su elenco artístico cada vez trata de superar esta rama del arte musical, aparte de un grupo que estudia con dedicación para alcanzar el orgullo de ser maestros de este instrumento, Interpretando toda clase de ritmos y melodías, excepto el de música clásica. PRIMEROS INSTRUMENTOS. La música de algunos pueblo mucho antes, se realizaba primeramente, con instrumentos, legado de generaciones pertenecientes a la colonia española: La guitarra, mandolina y acordeón, con los cuales se amenizaban las fiestas, para luego dar paso a la marimba, armada aquí (Guatemala) empíricamente en sus inicios, llamada balafón, por los esclavos africanos traídos por los españoles con motivo de la conquista, cuyas teclas improvisaban con pedazos de madera rústica de hormigo, y pitas de maguey que atravesaban las teclas por ambos extremos, las que amarraban en troncos de árboles, formando su instrumento, que hacían sonar con baquetas de palo, al ritmo de su música criolla. Con el tiempo fue reformada por los criollos o mestizos descendientes de los hispanos, que descartó casi por completo a las anteriores, obteniendo la marimba “cuache” o cromática, es decir, de doble teclados con sus respectivos bemoles y sostenidos, pero también la sencilla, mejorada por expertos músicos-carpinteros, con la participación de magníficas generaciones de músicos de los que suelen darse silvestres en la provincia, por mera vocación. Pero lo importante es que, fuere cual fuese el origen de la marimba, de este aparato noble de madera, fue en Guatemala en donde evolucionó y se configuró por vez primera, como Institución de abolengo de nuestro patrimonio nacional. El árbol de hormigo, así conocido en nuestro medio, se llama así, porque en su follaje, anidan multitud de una clase de hormigas bravías que liban su dulce savia y cuidan su hábitat, resultando difícil por ende, al intruso, enfrentarse para hacer daño, a ese palo, bello hechizo inmortal de natura, porque se lo hartan a piquetes ponzoñosos. LA PRIMERA MARIMBA. Se sabe que ese instrumento vernáculo de percusión, se usó en este pueblo, casi a finales del siglo 18 con una marimba de nombre desconocido, que interpretaban los hermanos Plácido y Elías Saavedra, Samuel Venegas Gutiérrez, Celso Franco, Juan Clavería y posteriormente Eleuterio y Tino García, se ignora si doble o sencilla. Le siguió la denominada “Columbia”, propiedad en principio, de Rogelio Casasola y Casasola, quien la trajo esprofesamente de Quezaltenango, juntamente con su hermano Abelardo, ambos patojones, quien adquirió la hermanita “Palma de Oro”, para San Cristóbal Acasaguastlán, a cuyo distante lugar fueron a comprarlas, pensando dichos personajes, en la sana distracción para los habitantes de los dos vecinos pueblos hermanos, que eran sus residencias, respectivamente, a decir verdad, amor de sus amores, en donde sentaron sus reales para forjar, en su momento, el desarrollo económico social local y también para amenizar sus propias fiestas domésticas, pues se sabe que eran asiduos bailadores, cuya última longeva marimbita, se encuentra en servicio activo todavía, convertida en patrimonio de su pueblo sonando a los cuatro vientos, pues la “Columbia”, lamentablemente, fue vendida algún tiempo después de su traída, a un grupo de marimbistas locales, encabezados por Rafael López de León, Intendente Municipal de la época y con el tiempo desapareció, no sabiéndose más de ella. Ese instrumento era ejecutado, entre otros, por su director Celso Franco, seguido de Ernesto Juárez, Víctor Juárez, Alfredo Vargas, Jesús Rodas, Eleuterio García, Eustaquio Morales, Julio Duarte Pineda, Odonél López, como baterista, que estrenó el primer “ponchin” y Antonio Mejía,

148 violoncelista, con la participación en un tiempo, del propio funcionario citado, López De León, quien además, actuaba inter melodías con su moderna concertina, para darle más expresión y calor al evento, con esa conjunción de sonidos. López de León, autor de varias composiciones musicales, entre las que se encuentra “El Chorchito del Paso”, en referencia a este precioso y bullanguero pajarito y a la aldea de ese nombre, de nuestro municipio, inspiración que tuvo lugar, cuando por cuestiones románticas con apreciable dama de la localidad, maestra de escuela, el funcionario edil y músico, visitaba aquel lugar, cuya composición es ampliamente conocida en el repertorio nacional de música de marimba. CONCIERTOS. Durante la administración de los Intendentes, era rigurosa la presentación de conciertos, especialmente los días jueves y domingos de cada semana, por las noches, a cambio de exonerar a los marimbistas del pago del boleto de vialidad dirigido a la apertura y reparación de caminos vecinales y del boleto de ornato, que todo ciudadano apto, tenía que pagar anualmente, ya que de lo contrario debía marimba actual, de izquierda a derecha: Edwin hacer la faena obligatoria personalmente, a manera Rolando Hicho, Píccolo Segundo; Ervin Obdulio Paz, de desquite, en caminos o en obras comunales como, Tiple Segundo; Cristian Antón Nájera, Bajo tenor; estaba normado, lo cual los obligaba a estar disponible Jorge Arturo Moscoso, Píccolo Primero; Luis Ernesto para la ejecución del instrumento, en cualquier momento De León, Tiple Primero; Valeriano Pérez, Centro Armónico; que se les necesitara en forma gratuita y de tal manera Leonel Carías, Bajo; Isabel Solís, Violón y Gabriel Rodríguez, Batería. esos actos sociales no fallaban y los asistentes congraciados del sistema, disfrutaban de tan cumplidos eventos, bien, deleitándose con la música, danzando en la pista del parque, al ritmo de música variada, especialmente la de moda: bluses, tangos, boleros, Chácháchá, swing, o sencillamente paseando, dando vueltas por el parque charlando, o según el deseo, sentados en las bancas públicas de concreto, estilo confidente, --recuerdo habían ocho alrededor, mandas a construir, por los vecinos más pudientes de la época, con sus respectivos nombres en los respaldos: Juan Ramón Bracamonte, Fidel Egberto Casasola Venegas, Jesús Núfio, Ricardo Paz Castañeda, entre otros--, en amena tertulia con otros parroquianos. Otros, en la refresquería del kiosco allí ubicado, degustando los famosos apretados colmados de jarabes de varios sabores y colores, refrescos, helados, chamarritas de tamarindo fermentado, enchiladas y hojuelas aderezadas con miel pura de abejas, que se ofrecían con esmerado servicio al público, atendido por la inquilina de turno, recuerdo a Albertina Ramírez, todo en un ambiente alegre de verdadero orden y tranquilidad imperantes. Y los no asistentes, a lo lejos, recluidos en sus casas de habitación, escuchaban las ondas de música que les llegaban, que también disfrutaban, todo lo cual hace pensar que la gente antes era más sociable que ahora; conciertos a los que no faltaba la incansable y espectacular bailadora Matilde Castillo Morales, hija de Tonita Morales, para dar rienda suelta a su pasatiempo favorito, los ritmos movidos. OTRAS MARIMBAS. Después de la “Columbia”, se estrenó la llamada “Alma Gitana”, propiedad de Juan Ramón Bracamonte y después de Petrona Morales Marín, cuyo nombre se le asignó en un alegre concurso público con baile promovido al efecto, ganado por Esperanza León de Cordón, por disposición del jurado, ejecutado dicho instrumento por el mismo elenco de la anterior, sumando el ingreso de un chiquimulteco, José Pisen, pero bajo la dirección del maestro Víctor Juárez Canahuí,

149 autor de varias piezas musicales inéditas, con la participación eventual de Tito de León, como músico invitado. Otros músicos invitados lo eran Julio Duarte y Maco Cerna. Luego esta generación de músicos, el conjunto fue relevada por los siguientes: Rafael Castro, maestro y director, Ovidio Carranza Morales, Héctor Vargas Barillas, siempre Alfredo Vargas, Samuel Fajardo, Isabel Solís, Eustaquio Morales, Rigoberto Romero, Ostilio Mejía, Carlos Morales, Valeriano y Víctor Pérez, Juanito Morales Venegas y Alberto Morales y músico invitado Rubén Pérez Morales, buen marimbista. Posteriormente, se estrenó la marimba “Alma Oriental”, ejecutada poro el mismo grupo, siempre bajo la dirección de Rafael Castro y enseguida la “Niña Jicareña”, que todavía está arrumada por ahí un tanto desquebrajada, de la que también fue director Ovidio Carranza Morales, músico invitado, Samuel Duarte Pineda y, actualmente, la “Murmullos Jicareños”, ejecutada bajo la batuta del maestro Valeriano Pérez, tres últimas fabricadas en San Agustín Acasaguastlán, por Lázaro Rodas y Ranferí Sánchez, siendo de resaltar, el progreso que ha alcanzado la música en el terruño, con la participación actual de este último conjunto musical, en conciertos a nivel nacional, de “Ensamble de Marimba”, llevados a cabo en la capital de la república, en diversas fechas y en concursos en otros lugares de la provincia, frente a otros famosos, como el de la marimba Chapinlandia, gracias al apoyo recibido del Ministerio de Cultura y Deportes, así como de la municipalidad local, según se sabe y la formación últimamente, de tres promociones de músicos infantiles, puros patojitos, dignos de admiración. MARIMBA SENSILLA. En la aldea Las Ovejas existió antaño, una marimbita sencilla llamada “Camey”, propiedad de Pedro de ese apellido, que con sus alegres trinos y movidos ritmos, hacía saltar locos de contento a la muchedumbre bailadora, la cual por el característico estilo de su música, era contratada para amenizar fiestas, cumpleaños y zarabandas, localmente y fuera de su sede, la que era curiosamente transportada en hombros de los propios tocadores, por lejano que fuera el lugar de destino, para su preservación y cuidado, decían ellos, al puesto de reunión, y raras veces permitía el dueño, que lo hicieran otras personas por desconfianza de que la maltrataran, pero sí, en transporte adecuado, y allí mismo iba el dueño, cuidándola. Yo tuve un tenor que me costó en San Juan Ostuncalco, en la década de los 70 del siglo anterior, la irrisoria suma de setenta y cinco quetzales, en comparación con los altos precios de hoy, que sobrepasan los setenta y cinco mil “shuros”. Una anécdota divertida en el tema de los bailes antes, era que, los varones que no sabían ese arte, se entrenaban danzando hombre con hombre, bien pegaditos, a escondidas, en el corredor de la escuela antigua de varones, porque les daba vergüenza bailar, para aprender, con el sexo opuesto, de quienes algunos aún caminan por allí vivitos y coleando. ¿Verdad chucho colocho? LAS CHAVEZ. Si alguien quería cambiar de ambiente, sin alejarse del “purrun”, escuchando siempre la música de marimba, se trasladaba a la tienda de Lucila Chávez, allí cerquita, lugar acogedor, en donde había de todo para degustar, ejemplo los tonificantes ponches con toques de licor y deliciosas enchiladas, tacos, refrescos y lo más novedoso: las famosas butifarras, incluidas, una que otra “chelas” frías, etc., en amena camaradería la muchachada, bromeando y contando chistes con la gente que allí se reunía, al aire libre, sentados en las butacas que se sacaban a la calle, atendidos por sus hijas Carmen y Blanca. Y, aprovechando la ocasión, por la aglomeración de compradores, más de un osado cleptómano, al menor descuidito, de escondiditas, se decidía para embolsarse de repente, una de las tantas frutas y chucherías que en ese concurrido negocio se vendían, pues las habían en abundancia, pero cuando el ojo clínico de alguna de las dueñas detectaba la acción, no importaba, se cobraba al sujeto con creces el valor de lo hurtado, al instante mismo o junto al pago de compras

150 posteriores, sin derecho de alegación, todo lo cual se tomaba cómo simples bromas, pero si el acto en hora buena, pasaba inadvertido, se consumaba la pícara costumbre de muchos patojos y hasta de viejos traviesos de galguear lo ajeno de pura “gorra”. CAPITULO XII DESARROLLO Y PRODUCTIVIDAD LA ECONOMÍA DOMÉSTICA y colateralmente el coste de vida en esos tiempos, a pesar de algunas crisis ocasionales, era buena, al alcance del más pobre, no solo por qué la producción estaba a nivel de las necesidades de la población, sino por el valor adquisitivo de la moneda, equiparada al dólar americano, ya que con la de menor dimensión, como lo era el medio centavos, podía una persona comprar dulce panela, café o azúcar para satisfacer la bebida del desayuno o cena, y con Q.0.75 comprar un pantalón, una camisa o una gallina, medio centavo de café y medio de dulce, pedía en las tiendas la gente pobre. Y ahora, con menos de un Q.1.00, no puede adquirirse cosa alguna, por que los centavos perdieron su valor. La pobreza, no obstante el desarrollo actual, no era tan dramática como lo es hoy. Sin embargo, tanto el comercio, industria y agricultura, principales ramas de nuestra economía, se manifiestan congruentes con las exigencias y necesidades de la población, en otras palabras, en armonía con la época que estamos viviendo, por lo menos para irla pasando, como bien decían nuestros abuelos, en tanto unos dicen que el tiempo está “jodido”, otros que la están pasando bien, acorde con las circunstancias, o sea que encuentran un balance entre el ayer y el hoy, porque si bien, antes el dinero valía más, se ganaba menos que ahora, lo que al final es cuestión de criterios. APICULTURA: Por las décadas de los 40 a 50 existió en El Jícaro, en un terreno de la finca El Tintero llamado “El Guate”, contiguo al de “Las Burras”, en un tiempo las yardas, donde ahora hay una colonia, existió un colmenar propiedad de un señor llamado Maximiliano León, de El Rancho, que tenía otros colmenares en otros lugares, con la tecnología de la época, su respectivo extractor y demás bártulos, que explotó la industria de la miel y la cera, que era exportada en regulares cantidades en toneles a la república de Alemania, hasta que por razones que se desconocen dejó de funcionar, el cual fue administrado por expertos apicultores locales dentro de quienes se cuentan Antonio Gálvez e Inés Castillo. OTROS COLMENARES. Hubo otros colmenares pequeños y supongo que los hay, de producto para el consumo familiar, que vendían su producción al propietario del primero, los cuales, también proveían para la demanda local, uno en la aldea Las Anonas de Fidel Gallardo En la actualidad existen algunos enjambres dispersos en forma doméstica de la llamada extranjera y criolla de la abeja que produce la conocida “Miel Blanca” que se cultiva en forma natural en los troncos de los árboles que son llevados a sus casas por los lugareños para su cultivo, de mucha aceptación por las propiedades medicinales que posee, aparte de infinidad de colmenas silvestres de miel muy apetecida por los pobladores, como la conocida por el nombre de “Doncella”, “negro” y “talnete” que castran para el sustento propio y aprovechar la cera para encabar machetes. Existen varias clases de panales de rica miel, colgantes de los árboles, cuyas abejas de aguijón son bravías. LA COSECHA. Cuando castraban en el aviario del “guate”, el apicultor Inés, daba permiso al parroquiano que lo deseara para chupar la miel que se deseara y de esa cuenta muchos vecinos llegaban con ese objeto, pero se les pasaba la mano a algunos tragones, quienes salían mareados e intoxicados de la mucha ingesta de ese grueso producto.

151 ANÉCDOTA. En una ocasión, uno de los tantos burros de el Tintero, que merodeaban por el espacio cerrado de ese colmenar, saltó las cercas en busca de mejor pasto, se acercó a las cajillas que aguardaban los enjambres, y a los mínimos movimientos de su cola, como es costumbre de esos animales, pegó con las mismas, alborotó a las abejas que por miles se le prendieron de inmediato en el cuerpo agrediéndolo ferozmente a piquetazos, saliendo disparado, saltando y rebuznando por todos lados, hasta que cayó desmayado y muerte enseguida. AGRICULTURA. La agricultura, pilar del desarrollo del pueblo, de época remota, en un principio se practicaba, por medio de métodos rudimentarios, usando como herramientas principales, la yunta de bueyes para arar la tierra en las partes planas y de tierra suave y no cualquier trabajador del campo podía desempeñar ese trabajo, bastante especial, por lo que era realizado por expertos, dentro de los que destacaron Modesto Romero, tío Quique Venegas y algunos hermanos Orellana Acevedo y sus descendientes, y en las lomas de tierra dura, se usaba el cubo o “güisute”, sin faltar el azadón, el “calabozo”, ”la guarisama”, y por supuesto, el tecomate lleno de agua para saciar la sed, en cuya época, todavía en la década de los años 50 del siglo XX, las siembras se hacían con semillas criollas escogidas que preservaban con antelación en las trojes y para fortalecer las plantaciones se usaban abonos orgánicos, siendo aún desconocidos los fertilizantes, pesticidas y fungicidas químicos o sea que no había venido, por lo menos, aquí, la tecnología actual, cuyas formas de trabajo todavía se practican, pero a menor escala. Las milpas había que cuidarlas de los animales perjuiciosos, como los zanates, pericos y mapaches, para lo cual era necesario ponerles trampas o “espantapájaros” e ir a “periquear” y “zanatear”, como se decía, con sendas hondas y piedras para espantarlos o matarlos para comer. CULTIVOS VARIOS. La extensión superficial del municipio, es en su mayor parte de terrenos secanos y arcillosos, los fértiles y regables, son más escasos; por otra parte, la falta de lluvias no deja de afectar los diferentes cultivos, sin embargo, los granos de primera necesidad como maíz y frijol que constituyen el alimento básico de la mayoría de habitantes, se cosecha en regular proporción, no sólo para el consumo local, sino para la venta en otros mercados. La rendición de maíz se calcula en 30,000 Frutas propias de la región. quintales anualmente, en dos cosechas, de primera y segunda, cultivándose este grano de varias clases de semillas seleccionadas y del criollo. La cosecha anual de frijol se estima entre 700 y 800 quintales, incluyendo las siembras llamadas de apante. El cultivo de maíz cosechado en elote es rentable últimamente. Son tierras propicias para la siembra de maní y sorgo, sin embargo casi no se cultivan estas. El producto de las cosechas de maíz desgranado, se metía en silos para su preservación, y el aún en mazorcas con tusa, se guardaba en trojes improvisados para el mismo fin y para obtener buena semilla. La mayoría de campesinos, que constituía casi el grueso de la población, guardaba sus alimentos para evitar la depredación por bichos que abundaban en ese entonces, en lo alto, en unos colgajos llamabas “yaguales”, instalados regularmente en la cocina, asumiendo que el humo ahuyentaba a los mismos. En un tiempo se cultivó la caña de azúcar, molida por medio del sistema de trapiche, movido por la fuerza bruta de bueyes y mulas, para la fabricación del llamado dulce de panela que se utilizaba para endulzar bebidas, por cierto de sabor muy agradable y más saludable que el azúcar por estar libre de químicos, así como para la fabricación de aguardiente, y de esa cuenta existieron en el municipio varias

152 moliendas, recuerdo el de tío Rogelio Casasola, en donde cosechaba panela en pequeña escala en su finca de aldea La Piedra Ancha, y se hacían además las sabrosas batidas, melcochas y miel de trapiche. FRUTAS, Hay variedad de frutas que se cosechan en regular cantidad, naranjas, caña de azúcar, mangos, zapotes, marañones, chicos, papayas, higos, anonas, melones, sandías, bananos de varias clases, piñas, toronjas, pomelas, tunas, guayabas, guanabas, nances, cocos, limones, uruguayes, carupines, mameyes y sunzas, chauctes, ricos por su sabor a mantequilla, así como los denominados “coyoles”, que las amas de casa preparan en miel. De los anteriores se cultivan actualmente en forma organizada y técnica, para negocio en grande: el Variedad de Berenjena mango denominado “tomy” y el melón “cantalup”, ambos de exportación. Antaño se cultivaba una variedad de melón alargado con las tajadas perfectamente marcadas de sabor agradable y olor trascendente que a delataba a distancia el cultivo de esta cucurbitácea para su compra o simplemente “matatusa”, por encubierto que estuviese el fruto, llamado “criollo” que con el tiempo ha ido desapareciendo, por la preferencia que se ha dado al conocido como “italiano” dulce este, pero sin olor. HORTALIZAS. Dentro de las hortalizas, se cosechan: tomates, pepinos, berenjenas, okra, chile dulce y picante de varias clases, de manera comercial, aunque últimamente estos cultivos han disminuido, debido a que por el mejoramiento de las semillas, se cultivan actualmente en otras zonas del país, hasta en climas fríos y antes estas eran casi tierras exclusivas; también: aguacates. Yuca, ejote y el sabroso tomatillo, en los guatales en forma silvestre, en invierno. En las casas del área rural es frecuente encontrar tapescos, levantados a cierta altura para evitar el perjuicio de los animales, sembrados de algunas verduras y yerbas culinarias para el consumo doméstico. Y aun cuando no es propicio el ambiente para el cultivo de ciertas verduras, se levantan perfectamente el repollo, rábanos, acelga y la cebolla, entre otras, siembras que bien asistidas dan frutos de óptima calidad. Respecto al cultivo de la cebolla es conveniente mencionar, que la hacienda “El Tintero”, en una exposición organizado al efecto en la capital por el Ministerio de Agricultura, obtuvo un galardón y reconocimiento, interprétese bien, por haber logrado cosechar la cebolla más grande y jugosa de la República, según información dada por en el mensuario “El Semillero”, órgano divulgativo del citado Ministerio de la época, lastima grande que ahora no se produce esa hortaliza ni siquiera para condimentar los frijolitos. Sin embargo, siempre es preciso traer verduras de la capital, que se vende en pequeños negocios, en el mercado local y a domicilio, junto con otras frutas y golosinas. Fue famosa la verdulería de “Las Gálvez”, en donde siempre, habían verduras frescas de todas clases y ahí cerquita la tienda de Marina Gálvez, respetable señora del pueblo, muy querida por cierto, en donde además, se expendía licor y cervezas frías a la gente de bien, en cuyo lugar nos reuníamos, de repente, toda la muchachada de aquel tiempo, a pasar un buen rato de esparcimiento, aprovechando para discutir naturalmente asuntos de importantes del municipio.

153 EL TABACO. En los terrenos, se hacen cultivos de tabaco, de de muy buenas clases y de semillas mejoradas, pero especialmente en las aldeas El Paso de los Jalapas, Las Ovejas y la propia población, en donde esta importante rama de la agricultura ha conquistado éxitos por lo excelente del producto dada la experiencia de quienes lo cultivan, valiéndose de sistemas mecanizados modernos y la facilidad que les Plantación de tabaco en una de las vegas del municipio. concede el sistema de irrigación por gravedad construido por el gobierno de la república, considerándose una importante fuente de la economía del municipio. LOS PRIMEROS TABAQUEROS. Para la historia del municipio vale la pena mencionar que si bien el cultivo de esta planta se viene realizando en forma doméstica desde hace muchos años, para la confección de cigarros y cigarrillos caseros con matas sembradas en los patios de las casas, ya en forma comercial, aunque en pequeña escala, se realiza desde mediados de la década de 1930, cuando un zacapaneco de nombre Gabriel Godínez lo implementó para su extracción á aquella ciudad, para surtir las pequeñas fábricas de “puros” que allí existían, recuerdo que este señor sembró varias veces a “medias” con mi papá, aunque a nivel local también se fabricaban estos para el uso de los fumadores del pueblo, particularmente, los cigarrillos de tusa y los llamados “pata de coche”, lo que interesó a muchos por este cultivo. En esos tiempos había muchas personas que fumaban y masticaban “puros” y otros que se comían las cenizas de estos productos, restregándose el cigarrillo en la lengua o simplemente en una de las manos para luego consumirla, decían que era buena para el estomago. ¿Qué costumbres, verdad? SISTEMATIZACIÓN DEL CULTIVO. No obstante, es preciso indicar, que los verdaderos pioneros de este cultivo, no solo en el municipio, sino a nivel de la región nororiental del país, para su comercialización a granel, con fábricas de la capital y del extranjero, de manera más o menos sistematizada, y ya no para la fabricación comercial local, por ser prohibido, lo fueron, primero, un señor llamado Eduardo Ramazzíni quien muy joven procedente del municipio de Amatitlán, llegó a este pueblo por el año 1940 y arrendó varias vegas al oriente de la población, dedicándose de lleno por algún tiempo a esa actividad; posteriormente lo hizo en El Paso de loso Jalapas Francisco (pancho) del mismo apellido, quien en efecto vino a revolucionar ese cultivo, valiéndose de la apertura de pozos mecánicos hasta entonces desconocidos, y técnicas modernas en la materia, enseñando a diestra y siniestra las formulas adecuadas para la obtención de tabaco de la mejor calidad, experiencia fácilmente asimilada por los agricultores locales, extendiéndose por ende este cultivo por todo el municipio y como consecuencia la existencia de expertos agricultores en esta actividad, como lo fue el gran Manuel Ayala y muchos más en la jurisdicción. CENTRO ECONÓMICO. En este tema vale la pena recordarlo y dejar constancia, que El Jícaro, fue verdadero centro económico en décadas pasadas, con la existencia de varios negocios que hicieron circular el dinero para beneficio de todo el vecindario, gracias al arrojo de unos buenos agricultores y a las facilidades de las vías de comunicación, léase el ferrocarril. La agricultura y la ganadería eran pródigas, se cosechaba maíz y frijol en abundancia, para el consumo local y para surtir otros mercados a pesar de su exiguo precio, no obstante, hoy, el cultivo del tabaco está en la peor de sus crisis por las limitaciones que le han impuesto la lay para la protección de la salud y el medio ambiente a efecto de minimizar la fabricación y el consumo de cigarrillos, por el daño que causa a los fumadores y la salud en general.

154 VIÑEDOS. En una época, por la década de los 40, se cultivó y cosechó uva en los viñedos de Rodolfo Gutierrez en la finca “El Quinto”, de su propiedad, a medias con Ladislao Guerra, y Fidel Egberto Casasola Venegas, en esta localidad, quien inquieto por el desarrollo de esas nueva plantación, fabricó vino para uso doméstico de muy buena calidad. Muchos vecinos tenían en sus sitios más de alguna mata de ese cultivo para consumo familiar y pequeño comercio pues se vendía más que todo a los pasajeros de los trenes del ferrocarril, cobrando fama esta fruta, como también hubo viñedo en la hacienda El Tintero. Los riegos en la mayoría de los casos se efectúan por medio de pozos mecanizados que regularmente existen en cada terreno y el sistema de riego por gravedad con agua del río motagua, a partir de la aldea El Rancho hasta la aldea Lodechina de nuestro municipio, el cual es supervisado por el Ministerio de Agricultura. FRACASO DE UN PROYECTO. Antes del actual sistema de irrigación, Juan Ramón Bracamonte y compañeros, intentaron poner en práctica el riego por gravedad de las vegas situadas al oriente de la población, para fortalecer el desarrollo local, utilizando las aguas del río Motagua a partir del terreno llamado “vega de los cocos”, propiedad de la finca el Tintero, pero lastimosamente el proyecto fracasó debido a que los dueños de dicha finca se opusieron para que el acueducto, que ya había comenzado a construirse, pasara por sus propiedades, aduciendo que no habían pedido previamente el permiso de servidumbr4e de paso de acueducto, lo cual generó tremendo lío. En el “Tintero”, se sembró por algún tiempo algodón, de lo cual recuerdo que se contrataba a la patojada para capturar a un insecto llamado “picudo” que le hacía daño a las plantas, resistentes a los plaguicidas, con el pago de un centavo, por cada bicho recolectado, habiendo quienes llenaban galones y costales. GANADERIA: La crianza de ganado vacuno, porcino y caballar, a mediados del siglo pasado era buena, existían hatos y corrales de ordeño por doquier a todo lo largo y ancho de las calles del pueblo y sus aldea, recordando como la más grande y mejor, la hacienda “El Tintero”, con cien o más vacas de esquilmo, no se diga de engorde; un Italiano llamado Víctor Fratti, padre de honorable familia, fue ganadero famoso en su tiempo con su enorme hato en una de las vegas de abajo del río, seguido de otros pequeños criadores como Joaquín Cordón, Paulina Gutiérrez, Elías Castillo, Fidel Roldán, Rogelio Casasola, Leopoldo Juárez, Adelfa de León, Rodolfo Gutiérrez, en su finca el “quinito”, Pedro Hernández, Olivia Morales, Arcadio Orellana, Enrique Venegas, Elías Saavedra, Exequiel Barillas; también lo fueron en regular escala: Eusebio Castillo, en el Zapote, los Ayala, Carranza y Terraza, en el Paso de los Jalapas; Venancio Rodas, Alfredo Pedroza, los Lapola y los Guillen, en Lodechina, Guillermo y César Riley, en el Tambor, Páiz y Btancourt, en Agua Caliente, los Oliva y Roldán, en las Ovejas, quienes tenían como mínimo diez ejemplares de ordeño y de engorde, cada familia y casi todos, por lo menos, una yunta de bueyes, para los menesteres de la agricultura, así como sus caballos de carga y para cabalgar y carreta de bueyes, los más adinerados. ÉPOCA DE BONANZA. En síntesis, El Jícaro, fue lugar de vaquerías por doquier y una época sino de riqueza, por lo menos de abundancia y satisfacción para sus habitantes, debido tal vez, a los ciclos de la naturaleza, toda vez que actualmente las condiciones ecológicas parecen no ser lo necesariamente apropiadas para el efecto, más que todo por los escasos inviernos y consecuentemente pasto, así como porque la mayoría de personas tiene centrado su pensamiento y sus esfuerzos en las migraciones, ya sea para el interior o exterior de la República, no estando dispuestos a sacrificarse haciendo algo edificante en su propio pueblo, a excepción de unos pocos que sentaron sus reales en su terruño, para tener por lo menos de que vivir, lo que equivale a decir, sembrar hoy, para cosechar mañana, como bien lo hicieron nuestros antepasados.

155 ABUNDANCIA DE LÁCTEOS. Dentro de ese mismo orden, vale recordar, las cantidades de leche y demás productos, que se obtenían diariamente del esquilmo de las reses, pues a partir de las seis de la mañana, había leche fresca en todos esos ordeños y a las cuatro de la tarde, estaba a la venta el queso fresco, llamado cuajada, recién amasado en batea hechiza de madera criolla; la mantequilla, que ahora le dicen crema, sacada con guacal de jícaro, con cuajo de panza de vaca, y no con químicos, como hoy, y el requesón, fabricado del momento, todo con formulas caseras de fabricación, que les daba a esos productos un sabor peculiar, a precios razonables, al alcance del bolsillo de la gente más pobre, adquiriendo buenas porciones para entremezclar con la comida tradicional, los sabrosos frijolitos o el “con que”, como se acostumbraba decir, en el caló popular, en esos tiempos; aparte de los famosos quesos secos y la mantequilla lavada o de costal, que se producían en algunos de esos lugares, especialmente en la hacienda El Tintero, en su lugar específico la “quesera”, un apartamento confortable que servía de bodega para almacenar la enorme cantidad de ese producto, atendida ‘por expertos en esos quehaceres: don Adrián, Román, Lago, José León y otros, cuyos productos de fama, se vendía dentro y fuera de la República, lo que le valió a la hacienda, en cierta ocasión, un galardón, otorgado en una exposición celebrada en la capital, a nivel nacional, por el Ministerio de Agricultura, precisamente por la calidad del producto. En tanto ahora, esa actividad ha quedado reducida a su mínima expresión, con contados hatos en el municipio y aquí en el pueblo solo Chema Vásquez posee una bonita partida de ganado, siquiera para recordar la abundancia de lo que El Jícaro fue en el pasado, pues la familia de César Gutierrez y Mario Hernández abandonaron esa actividad hace algún tiempo. ANÉCDOTA. Esa riqueza precisamente, nos trae a la mente, una anécdota de don Emilio Carranza de El Paso de los Jalapas, buen productor de leche y sus derivados, cuando en una ocasión tomaba un desayuno en un hotel de la capital de la república, al darse cuenta que dentro del menú servido, había un recipiente con escasa porción de mantequilla (crema), extrañado por la actitud del mesero, que lo atendía, le dijo: “ve indio miserable, me engañas con esa untadita de de mantequilla, llégate a mi casa, en el Paso Malena y te voy a ahogar en una pila de este alimento”: reparando el comensal, por la escasa crema servida, y la abundancia en casa. EXPORTACIÓN DE GANADO. La exportación de ganado para su sacrificio en las rastros y carnicerías de la capital, constituía otra buena fuente de negocios para los ganaderos locales, pues con frecuencia se embarcaban mensualmente, por ejemplo, de cinco a más carros del ferrocarril, llenos de reses, con destino a distintos mercados del país, incluso, como el embarcadero del pueblo no era suficiente, por pequeño, se acudía al de El Rancho, que era más amplio. Constantemente se veían grandes rebaños o partidas de ganado por las calles, para un lado y para otro, conducidas por expertos vaqueros y lazadores de a caballo, al estilo oeste americano, ya fuera para el embarque o cambiando de terreno para el repasto, pero lo cierto es que había movimiento de ganadería, incluido el fuerte comercio con la república de Honduras, pues Pedroza, Los Guillen, Riley y Lapola, los más visibles, los traían desde Choluteca; claro está, que lo que favorecía esa actividad económica, es que en esa época, no había robo de ganado, como ahora. ABASTECIMIENTO LOCAL. La carne para el consumo de los habitantes, se obtenía de las varias carnicerías de la localidad o matanzas como se les conocían: de res, marrano o de cabro, pues en esos tiempos era famoso el “picadillo de chivo”, el caldo de res y el estofado que cocinaban y vendían en los propias carnicerías, algo así como los comedores de ahora, adonde acudían muchos visitantes a degustar tan apetecidos guisos, y otros, los adquirían para llevar a casa, a precios tan módicos, que ahora, con lo caro de la canasta básica, causa extrañeza y provoca risa, pues la mayoría de gente, por

156 pobre que fuese, compraba sus dos centavos de carne, cocido o estofado con algunas verduritas, que alcanzaban perfectamente para la familia, ya que la libra de ese producto, si era fresca, costaba cinco centavos de quetzal, equivalentes a cuarenta centavos de ahora, y si era seca, la famosa cecina, era a dos centavo la cuarta de tasajo, o sea diez y seis centavos y actualmente, lo que comparado con los precios de hoy en día, resulta una exorbitante diferencia; porqué no habiendo refrigeración en aquél tiempo, la carne hecha tiras, se salaba, se secaba al sol y lista para consumir. En promedio, una vaca o torete adulto apto para el destace, costaba, entre diez y veinticinco quetzales. ANÉCDOTA. Una anécdota de un hecho novedoso, es que antes, cuando el exceso de colesterol como dolencia física era desconocido, contrario a hoy tiempos modernos, en que se prohíbe el abuso de la ingesta de grasa, nos recuerda que, en esa época, a mucha gente le gustaba y era un privilegio, la carne y los caldos gordos, y así lo pedían los parroquianos cuando iban a la carnicería: “deme de la más gordita”, decían, pero cuando el producto era de vacas flacas, no tenía tanta aceptación, como la anterior, pues esperaban ver el liquido con las perlas o trechos de gordura nadando en la superficie del plato o la olla, y de allí, que en los referente a los caldos, la vendedora para aumentar sus ingresos, se las ingeniaba aplicando una grasa postiza, simulando el suculento caldo gordo, para cuyo efecto, hacía deslizar dentro de la olla de cocción, una enorme candela de cebo, de las que sirven para alumbrar y se consiguen fácilmente en el merado, para resaltar el unto y darle al cocido la apariencia de tan gustada y llamativa exigencia, a escondidita de los comensales, por supuesto, quienes sin reparar, degustaban el banquetazo así solicitado. Una minoría, sin embargo, era lo contrario, gustaba de la carne magra, so pretexto de no “querer carne para el fuego”, decían, en referencia de que al momento de asarse la carne, la gordura se derretía y destilaba sobre las brazas, mermando el volumen del tasajo o de la cecina. Ingeniosos también, ¿verdad?. BUENOS EMBUTIDOS. Don Froilán Oliva, honorable persona, con carnicería bien acreditada junto a su esposa doña Chayo, era experto fabricante de longanizas y chorizos, de pura carne de marrano y sus aderezos especiales, de receta exclusiva, que asados o cocinados de cualquier otro modo, quedaban como para chuparse los dedos, secretos de fábrica que heredaron sus estimables hijas Marina, Clarita y Jovita. EL RASTRO, Las reses eran sacrificadas en el rastro público, constituido por una simple galera, de lámina, pero con su piso de cemento y amarraderos, para sujetar las reses, situado en las cercanías de una usha o pequeña ramificación del río motagua, con nacimiento de agua, que allí existió, abajo de la casa de Piedad Morales, actualmente, de Balta Rivas, ahí precisamente, donde merodeaban lagartos que comían perros y donde se ahogó Maco León; pero antes era preciso llevar las reses a la Municipalidad a “manifestar” la res, vocablo legal usado en ese tiempo, para demostrar su legítima propiedad, porque de lo contrario era prohibido destazar. Todo eso, lamentablemente, es parte del pasado, de lo que nuestro pueblo fue en aquellos dorados tiempos, y ahora en época moderna, no existe el tal matadero, ni la exigencia de probar la propiedad de los animales destinados al sacrificio. Que tal. LAS COSECHAS. Cuando José Martín Orellana fue Administrador de la hacienda “El Tintero”, gracias a su férrea disciplina y amplios conocimientos del campo, esa empresa floreció en todos sus aspectos, y hubo bonanza para los trabajadores, mediantes y vecinos de la población en general, por cuanto promovió en forma comercial la agricultura en diversos cultivos propios de la región, cuyos productos eran enviados a los mercados de la capital. La compra venta de las cosechas, especialmente de tomate, chile dulce y berenjena, eran una verdadera alegría, pues a temprana hora, regularmente los días jueves y domingo, las llamadas “chamorreras”, se hacían presentes en las instalaciones de la

157 finca, para acordar los precios, reuniones a la que se sumaba el grueso de mediantes con su familia y hasta el chucho, para luego proceder al corte, empaque y carga del producto de la numerosa flota de camiones que esperaban, rumbo a la capital y cuando vendían a buen precio, hacían una pequeña fiesta. LA CRIANZA DE GANADO. En igual forma fomentó la crianza de ganados vacuno, ovino, porcino, con abundante producción de leche y sus derivados, así como de aves de corral y caballos criollos y de pura raza, éstos últimos, albergados en un lugar llamado la caballeriza; allí estaban, entre otros, “vislumbres”,“juan chapin y un asno robusto, que servía de semental, apodado “arévalo” por su enorme cabeza, cuidados por expertos vaqueros, buenos jinetes y lazadores, que hacían tronar los Ganado vacuno pastando en un potrero local. “aciales” en el arreo de los semovientes. La hacienda la tenía tan bien organizada el administrador, de tal manera, que se facilitaba la localización de tal o cual cultivo, animales de ordeño y de engorde, en potreros bien seccionados, convenientemente cercados, con alambre espigado reforzados árboles de brotón y pencas de tuno, como se acostumbraba, de cercos vivos, promoviendo con ello, indirectamente, la siembra de este importante cactus, para mantener su existencia y la abundancia de su rica fruta y el hábitat de numerosos animales de monte, especialmente de iguanas y palomas; recuerdo, llamados dichos potreros: las burras, el Guate, El Jiquilete, El Patio de Gallos, El Marañonal, La Finquita, convertido éste en un precioso humedal boscoso, El Chagüite, Vega de los Cocos, Las Huertas, El Javillo, El Campón, Rosa Larga, Las Pitas, Los comunes, La Quebrada Seca, El Yajal, Puertas Cuaches, El Talquezal y El Marquesote, entre otros, con varias aguadas especialmente las de la pila, con su amplio dique, que fue vivero de peces y lagartos y quebrada seca con sus remanentes de agua para la irrigación de sembradíos. EL DIQUE. Aprovechando algunos manantiales existentes, el administrador mandó a construir un enorme dique, en las proximidades del lugar conocido como la pila, en el potrero “Las Burras”, a efecto de utilizar el agua de los nacimientos y de lluvia, para la irrigación por gravedad, de las siembras en terrenos bajos de la finca, proveyéndole además, para la crianza de peces de varias clases, así como de tortugas, moluscos y hasta lagartos, sitio que con el tiempo se convirtió en un bonito paseo y, sus alrededores, en guarida privilegiada de innumerables pajaritos de distintas clases, sobresaliendo los clarineros y palomas, en busca de dormitorio, que en coro desordenado gorjeaban, tal vez alegando territorio o indicando ”este dormitorio o rama es mío”, o simplemente contentos por haber regresado sin novedad de su largo recorrido del día, pero alegrando de todas maneras, con esa multiplicidad de voces canoras, por las mañanas y en los atardeceres, el entorno. Y otros de la fauna silvestre diurnos que merodeaban por el lugar, atraían la atención de los visitantes: lagartijas persiguiendo bichos e iguanas verdes encaramadas en los palos, sin faltar uno que otro garrobos, arrogantes, a la defensiva, asoleándose en las afueras de su cueva, en los barrancos de al lado, intuyendo por instinto la presencia de cazador furtivo alguno, que los pudiese tirotear o poner trampa para atraparlos y saciar su voraz apetito de suculenta carne. Se permitía la pesca con anzuelo, aún cuando los largos que nunca faltan, lo hacían de noche, con atarraya.

158 COLAPSO DEL DIQUE. pero el dique en mención tuvo tan mala suerte, pues al cabo de los años, un verano de 1962, quizás por su mala construcción o la enorme cantidad de agua acumulada, al no soportar el peso y fuerza de la misma, éste se derribo y las aguas derramadas a lo largo de un zanjón denominado “la quebrada”, dentro del potrero de las burras, se pasó llevándose varios ranchos y animales domésticos de laborantes de la finca, dejándolos sin sus pertenencias, de suerte que no hubo desgracia personales que lamentar, aunque algunos que desconocían el incidente, se atrevieron a decir ingenuamente, que se trataba de un fenómeno natural de aguas caídas del cielo, en pleno verano. GRANJA DE GALLINAS. En su administración, se estableció la primera granja de gallinas, de raza, para la producción de huevos y carne, para el mercado local, en el terreno el “El Marañonal” , manifestándose de manera evidente la fluidez de la economía local, pero cuando don chepe como amigablemente le llamaban, se retiró, decrecieron las actividades de la finca, pues a pesar de que asumió otro buen vecino, ya no fue lo mismo. En su gestión, el día de los Santos, era costumbre la regalía de leche al vecindario, para el tradicional dulce de ayote tierno con ese indispensable alimento. ANÉCDOTA. Una anécdota hablando de gallinas, nos dice que, en cierta ocasión un grupo de buenos jicareños, de familias honorables, muchachos y amigos todos, se fueron a babosear y bañarse en el río motagua y al pasar por la granja, por mera travesura, alguien dijo, “muchá”, hueviémonos una gallina y la vamos a comer con los tragos del medio día, de tal manera que habiendo aceptado todos la propuesta, pusieron manos al trabajo y uno de los que aún anda vivitos y bien parado por ahí aficionado a la cacería, tomó su rifle y disparó acertadamente a una regordeta pollona, seguido de otro, el más viejo e inquieto, Nefta, quién al instante vociferó, yo la saco muchá, yo la saco, espérenme, y bastante emocionado, cual venado atraído por pasto verde, saltó la cerca y extrajo el animal y cargó con él, junto con los demás, de regreso al pueblo para el festín, pero la mala suerte se interpuso en el propósito, el administrador de la finca que andaba cerca, montado en su mula y, alertado por el disparo, siguió al grupo y como Nefta llevaba colgando el ave a las claras, se dirigió solo a él increpándole del hecho con palabras bruscas pero a la vez reflexivas; por lo cual a solicitud de parte, todos fueron citados al juzgado de paz por su participación colectiva, pero al final, puestos todos de acuerdo, para minimizar el problema, pero más que todo por picardía, le echaron el “muerto” solo a Nefta a sabiendas de que tenían que ayudarlo a pagar la multa, pero aquel encolerizado por la mala jugada, protestaba airadamente acusando al grupo por igual, y así fue, ajustando de centavo en centavo reunieron la multa y Q. 3.00 valor de la gallina, aunque con rodeos algunos todavía, pero al final el gran ganador de todo lo fue el juez, a quien el dueño regaló la enorme gallina. EL MUGIDO DEL GANADO. Era tan grande la crianza de ganado, que constantemente, como un concierto de alaridos, en el silencio de las noches y al amanecer, se escuchaba el berrido de las crías pidiendo ser amamantadas y, a su vez, los mugidos de las vacas madres, reclamando la ausencia y llamando a sus terneros para darles de comer, que momentos antes habían sido apartados y encerrados en sus corrales para evitar que succionaran la leche, reservada para el ordeño del día siguiente, para la venta al público, lo mismo que los relinchos de los caballos y rebuzno de los asnos, se escuchaban constantemente en los sitios adyacentes. REGALÍA DE GANADO. Durante el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán, dentro de programas agropecuarios, establecidos, se quiso ayudar a mucha gente pobres del municipio, obsequiándoles varias reses para que hicieran crianza, actitud de buena intención que no encontró el eco deseado,

159 debido, creo yo, a que no se dio a los campesinos favorecidos la orientación del caso y la prohibición expresa de enajenamiento, pues a los pocos días de recibirlas, irresponsablemente las vendieron a otras personas y en las carnicerías, encuadrando entonces la regalía, como un acto de mera política partidista, para ganar adeptos. Se trataba de un lote de vacunos cimarrones, traídos de una de las fincas del Estado en la costa sur, que no sabían de lazo, de tal manera que cuando las sacaron del embarcadero, del ferrocarril que las trajo, para oficializar la entrega, se lanzaron esos animales, por las calles del pueblo, en inesperada estampida, metiéndose en los terrenos aledaños, hasta que las lograron capturar, a fuerza de mucho trabajo y, el proyecto, bueno, pero debido a la forma de su manejo, fue negativo. INDUSTRIA. La industria en este pueblo nació, precisamente, con la venida a mediados del siglo XIX a la hacienda El Tintero, de don Esteban Pinto y de los hermanos Arturo y Samuel Ramírez, con la siembra de grandes cañaverales, cuyo producto, lo utilizaban como materia prima, para la fabricación de aguardiente, que se depositaba en grandes depósitos, para su distribución perenne a nivel nacional en cantinas y estancos, previos los controles del caso, por el guardalmacén de licores con oficina en la propia empresa, cargo que fue desempeñado por algún tiempo, por tío Samuel Venegas, existiendo a la fecha, vestigios de los hornos utilizados en esos menesteres, en el terreno “El Jiquilete”, del Tintero. JIQUILETE. Así se llama una planta que se cultivó por algún tiempo en la fina El Tintero, de la cual ya procesada, se obtenía una sustancia pastosa de color azul, que era exportada para su empleo en la industria de la tintorería, y de ahí, que se conoce con ese nombre, hasta la presente fecha, a ese terreno. Se explotó en esa época, así mismo, el árbol de brazil, de cuyo corazón, se extraía una sustancia de color rojo, exportada para los mismos fines, de todo lo cual aun hay vestigios de los depósitos recolectores y hornos de cocción. JABÓN DE COCHE. En tiempos pasados existieron pequeñas fábricas domésticas del jabón llamado de “coche”, muy bueno por cierto, hecho de cebo de res y legía o cenizas de algunas plantas silvestres, pero especialmente de la conocida como “guisquilete” y de cigarros de los llamados de “tusa” y “pata de coche”, para el consumo local, elaborados por los vecinos en sus propias casas de habitación, con materia prima cosechada en la jurisdicción. Se lavaba la ropa también con la materia de una frutilla llamada “jaboncillo”. LA COOPERATIVA. En la década de los 50 del siglo anterior, producto de la revolución del 44, existió la “Cooperativa Productora de Sombreros de Palma “, que contaba con el equipo necesario y muchos socios quienes lo tejían en su propia casa de habitación y rústico lo entregaban en la cooperativa quien se encargaba de prepararlo, plancharlo, hormarlo a cual mejor forma y estilo, adornarlo, para ya terminado distribuirlo en tiendas del territorio nacional y fuera de él, habiendo desaparecido con la llegada del gobierno de la “Liberación”.

160 EL PRIMER Y ÚNICO GERENTE. El gerente de la Cooperativa, fue Miguel Ángel Andrino, una magnífica persona, que tomó parte activa en la sociedad local, habiéndose desempeñado como Concejal de la Municipalidad y miembro de varios comités de desarrollo local. Casó con Lidia Valdivieso y se trasladó a la capital de la república de donde era oriundo, en la cual falleció, hace algunos años. Además de los innumerables socios, fuimos trabajadores de planta de esa cooperativa: Juanito Morales, Augusto Chew, Bilo Arias y quien escribe este libro, aparte de varias laborantes de la máquina de coser, cuyos nombres no recuerdo solo a doña Sombrero de palma Lina Reyes, mamá de Guayo Páiz, abuela de Irma Páiz, que adornaban confeccionado en aldea Espíritu Santo. y daban el acabado al sombrero. Actualmente, la única industria que puede decirse sobresale en el municipio, pero especialmente en las aldeas Espíritu Santo y Los Bordos de Barillas, y que es patrimonio de buena parte de sus habitantes, es la confección de sombreros de palma, conocida con el nombre de “hilama”, cuyo producto en su mayor parte, es exportado a varios de lugares, dentro y fuera de la república, en cantidades que sobrepasan las 20,000 docenas al año, particularmente, para las naciones de Costa Rica y Panamá, a donde además, se envían enormes sumas de trenzas a colores y petates pequeños de palma para la fabricación de otros estilos de sombreros, y la llamadas charras playeras. El cogollo, producto mismo de la palma, es absorbido en buena parte, por pequeños comerciantes del departamento de El Quichè, para la manufactura de un estilo típico de sombrero muy gustado por los turistas extranjeros. El fruto de esta planta se llama “maranshana”, de sabor muy agradable, utilizada para comida de los cerdos, no se diga del retoño o pacaya, especie de dátil, muy apetecido. Bonifacio Paz y su familia, han revolucionado la fabricación y comercialización de ese producto. COMPRA LOCAL. En la compra de ese producto fueron pioneros a un señor que se llamaba Max Monterroso, Juan Ramón Bracamonte, Paco Sierra y Samuel Castillo, cuyo negocio de bastante competencia, despertó celos entre los comerciantes, a tal gado que, Lolo Aquino, un buen muchacho de El Espíritu Santo que trabajaba para el segundo de los nombrados, fue mandado a “venadear”, pero solo fue herido de bala herido de bala en el tórax, habiéndose pronto recuperado cuyo hecho se le atribuyó a Sierra. AUJE DE LA INDUSTRIA. Esta industria no ha perdido actualidad, pues a pesar de la extensión de la técnica de su elaboración para Centro América y parte de México, exportada desde aquí, por interpósitas personas que vinieron a espiar su proceso, actualmente se fabrican además del sombrero, con algunos altibajos por la competencia, mantiene su hegemonía,- variedad de tejidos típicos producto del cogollo de la palma real, tales como estuches para guardar y exhibir botellas de licor por encargo específico de Industria Licorera Zacapaneca, abanicos, portavasos, petates, escobas, respaldos para carros, canastas, moisés y otros, atendiendo pedidos especiales, todo lo cual significa buena fuente de ingresos para los artesanos. Pionero de esta artesanía con su familia es Bonifacio Paz, un magnifico vecino de Espíritu Santo que ha servido desinteresadamente a su aldea en todo lo que significa desarrollo comunitario. En la cabera municipal existe una agencia de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Integral Guayacán, R.L., cuya sede central se ubica en la cabecera departamental de Guastatoya, con agencias en los municipios del departamento y en algunos otros de la República, de mucho beneficio para los pobladores.

161 COOPERATIVA LOCAL. En la comunidad de Espíritu Santo, existe la Cooperativa de Producción Integral “Las Palmas”, desde el año l984, en apoyo a la actividad artesanal y agrícola, dedicada actualmente al cultivo, compra y deshidratación del limón, que es exportado a los países árabes para la elaboración de alimentos y medicinas. QUESOS. Se cuenta incluso, con la preparación de quesos, de mucha aceptación, dentro y fuera del país, lo mismo varias panaderías en las que se fabrican: pan tradicional, marquesote y quesadillas y las famosas tortas, empleando insumos locales, con excepción de la harina que se compran en las casas comerciales, cuya mano de obra es realizada regularmente por expertas panaderas. CARPINTERÍAS. Existe regular número de carpinterías en la propia cabecera municipal, donde trabajan los artesanos que se dedican a este oficio en las cuales se fabrican mueles finos y de todas clases, pero anteriormente lo fueron de fama don Chico Pinto y varios de sus hijos, creadores del primer torno manual que hubo en la población, laborando bajo sus instrucciones el también carpintero chiquimulteco Héctor España, padre de Lidia, Enma, Héctor y ... de ese apellido, en tiempos pasados. SASTRERÍAS. Las hay buenas en donde se confeccionan los trajes de los moradores a capricho del cliente y la moda. Los primeros sastres fueron Joaquín Barahona y Bernabé Linares y después varios paisanos, entre otros, Humberto Morales, Toyo Castillo, Herlindo Hicho, Antonio Grajeda, David Alvarado y otros. CARROCERÍA. Hubo antaño, una fabrica artesanal de carrocerías para carretas de bueyes, y yugos, de mucha demanda, de adentro y fuera del municipio, propiedad de un señor llamado Eusebio Castillo, a quien le decían don “Cheyo”, que laboraba junto con sus hijos “Chemita”, Rufino de su apellido y sus nietos Chepe y Neto. ALBAÑILES. Muy buenos, como Guillermo Coronado, no solo para construcciones pequeñas sino de edificios grandes, algunos por su experiencia llegaron a ser constructores, como Odonél López, Ovidio Carranza, Adalberto Mejía y Carlos Ayala, Javier Echeverría quienes construyeron edificios en varios lugares, dentro y fuera del municipio. ESTRUCTURAS METÁLICAS. También las hay para hacer toda clase de trabajos de hierro y aluminio. FABRICA DE CAFÉ. Fidel Egberto Casasola Venegas, mi padre, tuvo importante participación en la industria y comercio locales, hombre inquieto, que ensayó varios negocios, pero desafortunadamente, la suerte, no lo ayudó en todos sus propósitos, fracasando en la mayoría, por ejemplo, en la rama de la industria fue dueño de una fábrica de café molido, de inmejorable calidad denominada “Café Imperial” que contaba con todo su equipo, en donde se tostaba, molía, empacaba y se distribuía el producto, ya terminado y etiquetado, en tiendas de la localidad y del territorio nacional, producido con grano en oro o materia prima, que se traía especialmente de “Tobón”, Jalapa y Chiquimula, habiendo laborado en la misma, como jefes de operaciones, Odonél López y Gilberto Barrientos, ayudantes Neftalí Guerra, César Venegas, Ramiro López y otros que no recuerdo y como empacadoras Elvira y Fidelina Morales, Rosa Venegas y otros. PEQUEÑAS EXPORTACIONES. Tuvo también mi padre, el negocio de extracción de maíz, leña y carbón, con destino a la capital de la república, que se compraban a terceras personas y se producían también en su propia finca El Guayabo y Pila de Moscoso, al sur de la población, cargamentos que eran transportados en patachos de bestias alquiladas y propias, que las habían en buen número, arriadas por expertos muleros como Neftalí Guerra, César Venegas y Herminio Linares, embarcando en determinado momento hasta tres carros del ferrocarril, repletos de dichos productos, rumbo a comercios de la capital. De su propiedad funcionó así mismo, una fábrica de hacer ropa, por medio de

162 telares, (aparatos) que operaban expertos tejedores de El Quiché y Salamá, negociándose el producto a nivel local, y lugares circunvecinos, en cuyas empresas, contó con la ayuda de los primeros cuatro hijos; pero antes se dedicó a la fabricación de candelas de todos tamaños, con equipo específico, que vendía en su propia miscelánea y negocios particulares. LAS TEJERAS. En el interior de la finca el Tintero, existieron varias pequeñas fábricas de adobe, ladrillo, teja y cal, propiedad a medias, con los dueños de la finca y los hermanos Jesús, Pánfilo, Ricardo Pérez y otros, expertos en la hechura de esos productos, que servían para las construcciones locales, pues el block y el concreto eran poco conocidos y usados aún, sino hasta después del desafortunado terremoto del 76, en que dio inicio el levantamiento masivo de casas, con esta clase de materiales, duros y resistentes, incluyendo terrazas; pero mucho antes, éstas eran de bajareque y adobe, así como ranchos de madera y palma real. El ladrillo y teja, luego de ser apelmazado el barro y moldeados al tamaño deseado, eran sometidos a fuertes temperaturas en hornos improvisados que los propios artesanos construían, lo mismo que para la elaboración de la cal artesanalmente con piedra especial llamada caliza, que la hay en abundancia en el municipio, usando como combustión para ambas quemas troncos secos de árboles, pero especialmente de cactus y manzanote. El adobe para darle mayor consistencia le añadían paja. La primera y única pequeña fábrica de block en el pueblo, lo fue de los hermanos Casasola Saavedra, ubicada en un terreno nuestro del barrio Vista Bella, antes del terremoto citado. Beto Casasola Venegas, hombre de empuje COMERCIO. Como es lógico suponer, el comercio en
en el desarrollo del pueblo.

vez de disminuir aumenta; en la propia cabecera municipal existían y por supuesto, las hay hoy día, tiendas bien montadas y surtidas con mercaderías de distintas clases, elaboradas en el país y en el extranjero, proveyéndose de los almacenes fuertes de la capital y del departamento de Zacapa. Al respecto se pude mencionar un almacén bastante grande, único en su clase en ese tiempo, con la categoría de miscelánea, que existió por las décadas 30 a la 40, del siglo anterior, propiedad de mi padre Fidel Egberto Casasola, con depósitos para la venta a granel, de azúcar, sal y harina, en donde se podía comprar, desde artículos al menudeo, como café, dulce, azúcar, una aguja, un botón, hasta zapatos de todas clases, pelotas de foot ball, telas, ropa hecha, artículos de tocador, juguetería y hasta un buen vino, atendida personalmente por su dueño y su esposa Felicinda Saavedra. Esa miscelánea fue sustituido con el transcurso del tiempo, por otro, de aparatos electrodomésticos, mueblería fina y ferretería, con depósito anexo, de artículos de tipo alimentario y de aguas gaseosas, con agencias en Teculután y Guastatoya, este último destruido por el terremoto de 1976, y el otro, ahora, propiedad de mi hermana Elba, colaborando en estos quehaceres, los últimos cinco hijos. Por supuesto que de ese floreciente comercio, solo queda el recuerdo, tras la muerte de su dueño, mi padre mencionado. En términos generales puede decirse que Fidel Egberto Casasola Venegas, en la industria y comercio local, sentó sus reales aquí y fue decidido pionero de las mejores tiendas, línea de proyección que también siguieron sus hijos menores con sus negocios establecidos en el pueblo y Teculután actualmente. Pulperías y boticas las hubo y las hay, incluyendo ventas de artículos de construcción y más de veinte panaderías, tanto en la población como en las aldeas, dentro de las que resaltaban por el sabor y

163 textura del pan las de: Sarvelia Marroquín, Lola Fajardo, Licha Barillas, Silvia Gutierrez, Carlota Venegas y Belarmina Cerna, quienes fabricaban en hornos de leña o chamiza toda clase de pan, pero especialmente los famosos marquesotes, salporas y birrinques, incluyendo a doña Chayo Paz, quien más que todo lo hacía por deporte, con los famosos nuégados, espumías y turrones, aunque últimamente la más fuerte, fue una pequeña fábrica de quesadillas de prestigio, de la familia Duarte, porque su producto fue reconocido a nivel nacional, buenos inmigrantes que vinieron de la costa sur del país, a establecerse en la población, en donde aún radica algunos descendientes. Actualmente hay panaderías modernas con hornos eléctricos o de gas, pero el producto es principalmente comercial, sin el toque pueblerino de antes. BUENAS TIENDAS. Otras tiendas grandes fueron: las de Armando Chew, Jesús Loreto, Jesús Núfio, Elisa Carranza Páiz, Lola Castillo, Petrona Morales y Otilia Castillo, superiores en existencia y movimiento a las que existen actualmente, pero la primitiva, de mucha fama en su época, fue la de doña Pancha Marín, según se tuvo conocimiento. EL CINE. También fue dueño, mi citado padre, de uno de los dos cines que había en el pueblo, denominado “Cine Casasola”, el otro de muy corta duración, lo fue de Armando Chew, en donde se exhibían películas mexicanas, argentinas y de otras procedencias, a veinte centavos la entrada, pero la televisión vino a desplazar esa actividad recreativa. Anexo a ese negocio, existió una carnicería que daba servicio los días jueves y domingo de cada semana, pero como dice el refrán, todo tiene su fin en este mundo. Pero antes, el primer cine que vino al pueblo fue el llamado mudo con figuras animadas que venían a dar empresas comerciales e instituciones del Estado, después el cine sonoro de los hermanos Quiroz, de Zacapa, luego el de Julio Arriola de Guastatoya y Rolando Barrientos, por la década de los 50 del siglo anterior, que alegraban con música previa el pueblo los días jueves y domingos de cada semana, siendo las más gustadas las rancheras con llenos completos. EL PRIMER BILLAR. Lo trajo Juan Ramón Bracamonte, en donde se jugaba más que todo, por deporte, en cuyo lugar se formaron verdaderos billaristas que practicaban desde una potra, hasta carambolas, como Toyo Castillo y Lolo Aquino, siendo además, un bonito centro para la tertulia, como lo fue la banca y la rampa de la estación del ferrocarril, el chico del parque y la ceiba de buenos aires. Actualmente hay uno de esos juegos, propiedad de Carlos Duarte Pineda, muy necesario, no solo para el juego en sí, sino como punto de reunión para la tertulia y las frías y sabrosas chelas. El primer camión lo trajo la finca La Cajeta, del ex presidente Lázaro Chacón; la primera camioneta un señor que llamaban Chando Padilla, de la Estancia de la Virgen; el primer carro o camionetilla, Pancho Guerra y la primer motocicleta Víctor Fratti, la primera refrigeradora, Juan Ramón Bracamonte. PRIMER RADIORECEPTOR. Y aunque no tiene consonancia con el párrafo que precede, deseo mencionar que mi padre venido de Retalhuleu, después de su renuncia de los ferrocarriles de Guatemala, captó innovadoras ideas de lo que había visto en aquella ciudad, y fue así, como instaló un radio receptor, un marca Zenit de tubos, onda larga y corta, accionado con corriente eólica, a través de una hélice, adaptada a una torre alta, que el aire hacía girar, produciendo electricidad, que era recibida por una batería, y de ahí, salía para el radio, muy bueno por cierto, y una novedad en su momento, convirtiéndose en el primero de esos aparatos en la población, como bien lo dice en uno de sus artículos, el Dr. Rigoberto Juárez Paz. De tal manera que, por curiosidad, en las afueras de nuestra casa, se reunía regular número de vecinos, en un arriate, con sentaderos en los cuatro costados, bajo el cobijo de un emparrado de buganvilia que allí existía, en donde había instalada una bocina, a escuchar música y las noticias diarias de la segunda guerra mundial 1939-1945, quienes aparte de deleitarse, competían sobre esta última, unos a favor y otros en contra acerca de quién de

164 los contendientes la ganaría al final, la Alemania de Hitler o loso aliados; recuerdo que se escuchaban nítidamente la XEW de México y la TGW de Guatemala, aparte de otras, por supuesto, porque en esos tiempos era escasa la energía eléctrica y algunas personas usaban la aérea, hasta para sacar agua de pozos. Aunque parezca mentira, a principios de la década de los años 40 del siglo pasado, funcionó en esta población, en la casa hoy propiedad de Lily Ayala Peralta, una clínica dental bien organizada a la altura de la época, cono su sillón reclinable y escupidera, ambos de porcelana, atendida por el Odontólogo Cubano Alfonso González, en la que se hacían trabajos especiales de oro y plata, servicio que lamentablemente no existe hoy día en tiempos modernos. Mi madre, a quien yo acompañé varias veces siendo un niño, se arregló la dentadura en esa clínica, servicio que lamentablemente no existe hoy día en tiempos modernos, en la localidad. COMERCIO INFORMAL. Existió antaño, un bonito comercio informal procedente de Tobón y aldeas vecinas del departamento de Jalapa y de San Agustín Acasaguastlán, o sea un intercambio, de donde traían a vender frutas y verduras de la época: manzanas, manzanillas, duraznos, perotes, melocotones, jocotes de corona, peras, elotes cocidos, güisquiles, ayotes y chilacayotes, aguacates, mameyes, zunzas, chautes, caimitos, etc. Y, de aquí. llevar del mercado y tiendas, lo necesario para la subsistencia, esto ya no visto lastimosamente, como tampoco se observa la compra de reses en pequeño que habitantes de las verapaces llamados “cobanes”, así como de Jocotán venían a adquirir, viajando a pié desde lejos con su cacaste a memeches y, ya de regreso, jalando su gordito ternero, comprado en algún lugar de la jurisdicción, pero también a vender artículos de cerámica y jarcia. CABLE. Existe este servicio en la población, propiedad de Marco Antonio Casasola Saavedra, que cubre buena parte del área urbana y rural, el cual se reporta eficiente a satisfacción de los usuarios. CAPITULO XIII VALORES LITERARIOS Son muchos los valores literarios que ha dado a luz este cálido municipio, aunque la mayoría permanecen en el anonimato, siendo muchos los escritos que han proliferado en sus distintas formas, de diversos autores, la mayoría por pura vocación o autodidactas de los que suelen darse silvestres en la provincia o talentos dormidos, como bien puede llamárseles, pero sin hacer públicos sus trabajos, tal vez por las dificultades económicas que conlleva su impresión, muchos de quienes han traspasado ya los umbrales de la existencia, dejando para la historia con sus expresiones literarias de belleza y creación, un cúmulo de sentimientos de amor y admiración para la tierra que los vio nacer y les prodigó la vida, mereciendo especial mención los siguientes: GREGORIO ALVARADO. Hombre culto, cuentista, ensayista y poeta que imprimió en sus relatos todo el valor y grandeza de la raza indígena, pero lamentablemente sus escritos quedaron inéditos en los archivos de su biblioteca, por razón económica y falta de apoyo gubernamental. CARLOS NUFIO MADRID. Fígaro y sastre de profesión, de Zacapa, pero junto con su familia materna vivió en el pueblo, su segunda patria chica, decía, yéndose después a Puerto Barrios, en donde fincó su residencia, con nuestra paisana, su esposa Mina y su prole, buen escritor y poeta, director de un periódico local, con infinidad de poemas inéditos. HECTOR GUILLERMO PINEDA CASASOLA. Distinguido poeta y periodista, desde muy joven dio muestras de su vocación e inspiración por las ideas creadoras, tiene en su haber tres poemarios que ha hecho circular por todo el país, con los títulos de:” Canto Iluminado”, “Sueños Indefensos” y “Las

165 Horas Esparcidas”, que pueden obtenerse en librerías de la capital o con el propio autor. Fue Director de la Gaceta del Organismo Judicial y ha escrito importantes temas de actualidad en distintos medios del país. Además, fue oficial por muchos años de la Sala Primera de la Corte de Apelaciones de Trabajo y Previsión Social. MARCO ANTONIO VENEGAS MARROQUIN. Este hombre a pesar de haber sentido en carne propia el dolor constante de una grave y larga enfermedad, sacó fuerza de voluntad para mantener siempre en sus labios la sonrisa y frases de hilaridad para acallar su mal; ese azar del destino convertido en sufrimiento lo inspiraba para escribir con sencillez la belleza y el amor a su lar natal, El siguiente es uno de los versos de su inspiración: “”Siete años de mi vida yo he perdido/con este mal que Dios me ha dado/y yo mismo me encuentro re admirado/al ver la paciencia que he tenido. Por las noches es mas mi sufrimiento,/por el dolor que me hace padecer/pues casi todas yo las paso en claro/esperando un nuevo amanecer. ¿Fui valiente?, así lo creía/pero yo me había equivocado,/en el día, yo siempre me reía/pero en estas amargas noches he llorado. No es vergüenza llorar cuando se tiene/un dolor tan ingrato como el mío./que de mis ojos pues, corran las lágrimas/cual corren las aguas de los ríos. Para olvidar de mis pies la herida/he buscado en la lectura distracción/a nadie he hecho daño aquí en la vida/¿por qué sufrir?...no encuentro la razón. Dios mío, aquí pido perdón/por las faltas que en la vida he cometido,/y te digo, Señor, que estoy arrepentido/y por eso de todo corazón te pido,/que quites de mi cuerpo este castigo. 28 febrero 1956””. CARLOS HUMBERTO SANDOVAL CARDONA. Abogado y Notario, escritor y periodista, director por muchos años del mensuario “El Jícaro”, órgano divulgativo de fraternidad jicareña, resaltando en sus escritos temas de interés nacional, de la asociación y del municipio, a quien le ha dedicado parte de su preciado tiempo y dado mucho de sus conocimientos, también Gran Maestro por muchos años de la Gran Logia Masónica Central, y catedrático de varios colegios privados de segunda enseñanza de la capital. ISIDRO MORALES MARIN. Además de buen telegrafista y oficinista tenía especial vocación para la escritura con una redacción muy fluida en sus largos escritos, regularmente históricos sobre asuntos de su conocimiento, como lo hizo a través de las columnas del mensuario “El Jícaro” y su libro ”Tradición Rielera”. JOSE MARIA PÉREZ MORALES y su primo hermano LEOPOLDO PEREZ, escribieron temas y poesías sobre el terruño que no lograron imprimir para conocimiento público. FRANCISCO GUERRA MORALES. Escribió muchos artículos en la prensa escrita y algunos poemas exaltando al pueblo que lo vio nacer, como Recuerdos de mi Pueblo”, “La Venganza de los Pavos Reales” y otros. Dejó un libro inédito con el título de “El Valle de los Orotohuajes”. RIGOBERTO JUAREZ PAZ. Primeramente maestro de educación primaria, dio clases en una escuela de Livingston, Izabal, graduado de doctor en filosofía en la Universidad de Harvard, Estados Unidos de Norte América, Ex Vicerrector de la Universidad Francisco Marroquín, magnífico escritor de temas de actualidad nacional, culturales, filosóficos y anécdotas que enriquecen el folklor del terruño, divulgados a través de los más importantes periódicos del país, incluso del internet para lectura del mundo, como tuve yo la oportunidad de leer la anécdota “El Garrobo es Mío”, de buen contenido

166 humorístico. Ha escrito varios libros y el último con el nombre de “Rigoberto Juárez-Paz de Jícaro City”, conteniendo varios de sus artículos publicados. ELÍAS CASTILLO OLIVA. Poeta autor de varias composiciones inéditas, incluido un canto a la bella aldea Las Ovejas, cuya inspiración ha merecido la gratitud y reconocimiento de sus moradores que la declaman por doquier y muy especialmente con motivo de su fiesta titular. TOMAS ROLDAN LEON. Hombre enamorado de su municipio y su familia, sirvió varios cargos en la administración pública del municipio, incluso el de Alcalde y escribió dos libros con temas históricos, sus Memorias y Vivencias y Participación. En la aldea Las Ovejas, a donde vivió por muchos años, fue un activista de primera., dedicándole buena parte de su vida al foot ball. VICTORINO RUIZ. Escribió “Memorias de un Aldeano” y “El Jícaro, Estampas de Ayer”, bonitos libros que reflejan en toda su dimensión el cariño y admiración que siente por el lar que lo vio nacer y de su gente a quienes describe por su historia y por sus logros. En la poesía expresa su pensamiento y sentimientos de sus semejantes a través de esta faceta de la literatura. Además es digno reconocer el esfuerzo del autor por llevar a conocimiento público sus ideales y sus vivencias, inclusive las de honorables antepasados, con amplio espíritu y conocimiento de causa. ENRIQUE VENEGAS CATALÁN. Desde la escuela primaria dio muestras de su vocación por la poesía convirtiéndose en el recitador oficial del establecimiento, tiene en su haber varios poemas inéditos dedicados a El Jícaro y la naturaleza, por cuestiones del destino, siendo telegrafista del gobierno tuvo que salir del pueblo rumbo a otros lugares de la república a cumplir su trabajo; se identifica con el pseudónimo: “El poeta del Barrio”. VICENTE LEON BELTETON. Inquieto desde muy joven por superarse, estuvo como meritorio algún tiempo en la Alcaldía Municipal, cuando yo era Alcalde, posteriormente emigró para Puerto Barrios en donde desempeñó varios puestos en la aduana y como Secretario de la Municipalidad, Es autor de un libro que narra las vicisitudes de un paisano durante su estadía en El Petén, que contiene una enjundiosa recopilación de hechos verídicos relatados por su protagonista, el paisano Pedro Godínez, quien se perdió en las montañas de aquel departamento, durante la época de la fiebre del chicle, que por increíbles, más parecieran de un cuento ficción o de una novela, muy bonito por cierto. LANDELINO HERNÁNDEZ. Hijo de Pablo Hernández, fue un muchacho audaz, que muy joven se trasladó a la capital, en donde desarrolló actividades periodísticas en varios medios de comunicación. JOSÉ ANGEL PAIZ. Chango, como se le llamaba amigablemente, telegrafista de profesión, gustaba de hacer poesías, las que desafortunadamente dejó inéditas, era también buen declamador, ganador de primeros puestos en la escuela. MARIO JUAREZ VÁSQUEZ. Con un estilo muy particular ha escrito y hechos públicos algunos temas literarios de su inspiración que ha denominado “juarizmos”, expresando de manera ingeniosa y algunas veces en doble sentido, lo que piensa de las cosas, que resultan al final bastante divertidas y gustadas para los lectores. OLIVERIO AYALA. De El Paso de los Jalapas, poeta y escritor de varios temas y poemas cantando al municipio y la naturaleza- Y así muchos más que escapan a mi memoria o que no me fueron mencionados cuando requerí información al respecto.

167 CAPITULO IVX VIAS DE COMUNICACIÓN EL FERROCARRIL Durante muchos años funcionó el ferrocarril interoceánico que atravesaba el municipio en toda su longitud de oriente a poniente o viceversa para el servicio de pasajeros y carga con una bien montada estación en la cabecera municipal que llenaba las expectativas del servicio a cargo de un agente y un carrileño, que la mayor parte del tiempo lo fueron don Polo Juárez y Neto del mismo apellido, pero no eran parientes entre sí, con sus estaciones de bandera denominadas: Malena, los Bordos, Lo de China y El Tambor, cuyo importante servicio se puso al servicio del público el 19 de enero de 1908. . Vemos ahora sin embargo, que esta empresa que floreció por muchos años prestando un servicio eficiente tanto de pasajeros como de carga cuando era propiedad de una empresa norte americana, denominada Ferrocarriles Internacionales de Centro América, paso a pertenecerle al Estado de Guatemala, por virtud de compra venta con el nombre de Ferrocarriles de Guatemala, no la supieron administrar y quebró, tal vez por la competencia que le hacía la carretera del Atlántico o saber por qué, pero la verdad es que fracasó, estando actualmente la misma concesionada por cincuenta años a una empresa particular denominada Ferrovías de Guatemala, que no ha podido ponerla en marcha quien sabe por qué razón, posiblemente por no hacerle competencia al transporte de carga pesada o furgones propiedad de varias compañías multinacionales, llegándose al extremo del robo por particulares de los rieles, durmientes de la vía y ocupación de sus terrenos adyacentes. Ojalá que algún día se rehabilite el ferrocarril con sus servicios tradicionales de carga y pasajeros, para devolverles a todos los pueblos que atraviesa el desarrollo y la alegría de antes y por supuesto la fortaleza de su economía. EL PASO DEL TREN. La llegada de los trenes, “rápidos” y de “pasajeros”, como se les llamaba, eran alegres, mucha gente iba a verlos pasar más que todo por la costumbre de ir a “guanaquear”, como se dice en el lenguaje popular, o de repente para saludar a alguien que viajaba o a despedir a quien se iba, o para recibir sus encomiendas o a recibir a alguien que venía o simplemente para comprar el periódico del día, especialmente El Imparcial, que vendía el Chibolero, pero lo cierto y alegre del caso era que se congregaba
Edificio en ruina de lo que fue la estación del ferrocarril. (FEGUA)

alegre multitud, tronara, relampagueara o estuviera

lloviendo. Varios silbidos prolongados perdidos en la distancia, anunciaban de lontananza su alegre llegada, cuando de pronto, a su arribo, la voz de un miembro de la tripulación, se hacía escuchar: El Jí….caro…El Jícaro…, observándose en ese momento un movimiento de gente por todos lados para cumplir, cada quien, con lo que tenía que hacer, los empleados de la estación y el maestro de equipaje hacían lo suyo, chequear las mercaderías de carga y descarga, en tanto pasajeros bajan y subían de los vagones; instante de diez minutos promedio, que las vendedoras locales aprovechaban para ofrecer comida, marquesotes, quesadillas, uvas, tomate, chiles y berenjenas, diciendo: “cara

168 gallina” “cara” de esto y lo otro, en vez de decir “quiere”; mientras por otro lado los maleteros entre ellos: Carmelo Torres, Cristóbal Flores “papi” y Manuel “tetunte” y otros, hacían lo propio, peleándose como zopilotes, para casi arrebatar el equipaje a los agentes viajeros, qué venían a las tiendas del pueblo, a ofrecer sus mercancías; ocasión también, en la que al arrancar el convoy, con los acostumbrados silbidos tristes y el “vámonoooos”, como banderazo de salida, de algún miembro de la tripulación, y ya en marcha, más de alguien atrevido mirón, se aferraba de los pescantes de los vagones para “echar un colazo” y tirarse en peligrosa hazaña, con pretexto de apuesta, con sus compinches, a toda velocidad, con las consiguientes revolcadas que de repente ocurrían. Por aparte, la cantidad de trenes de carga llamados locales y fruteros, que pasaban a diario, últimos que era registrados ya de regreso de Puerto Barrios, por algunos listos gazuzas, para hacerse del remanente de racimos de bananos que traían, considerados desechos. Un dolor de cabeza para los maquinistas, se daba, cuando se encontraban a media vía con una partida de vacas o algunas personas de repente, que casi siempre era difícil salvar, por el propio riesgo que representaba para el tren, por la proximidad del avistamiento, con un posible descarrilamiento, viéndose obligados a arrollarlos, pero en el caso de los vacunos, muchos parroquianos salían beneficiados, por la comilona de “muca” que les esperaba, pues cuando el mero dueño llegaba al lugar del hecho ya las habían descuartizado y llevado la carne a sus casas para el festín, antes que los zopilotes. Los trenes del ferrocarril también eran utilizados para el traslado de turistas, de Puerto Barrios a la capital, en convoy especial y a su paso por aquí, ya fuera por cruce con otro tren o por otro motivo, muchos “patojos” se acercaban para fastidiar y pedir a los gringos “Give me one or ten cent”, deme uno o diez centavos, en español, a lo que tan dadivosas personas respondían, lanzando un puñado de monedas, “en chinche” que los hacía revolcarse en el tumulto para coger la mayor parte, en tanto los gringos, irrumpían en carcajadas. Máquina de vapor antigua del ferrocarril. A lo largo de su historia, el tren mató a un sin número de personas que se atravesaban imprudentemente la vía o se quedaban dormidos sobre la misma, raras veces hubo accidentes serios aunque sí algunos descarrilamientos sin cauda de vidas afortunadamente, como el que ocurrió a la altura de Lodechina en el año 1959. La tripulación, brequeros parados sobre los carros, los otros en el caboose y la máquina, saludaban atentamente a la gente que los salía a ver. Una anécdota en este tema refiere, que una vez Alfredo Vargas Barillas y Nayo Morales, paisanos, juntamente con otros patojos, se acercaron a uno de esos especiales y luego de haber participado del “chinche” de las monedas referido, cuando el tren arrancó se subieron por los pescantes para dar un colazo y al lanzarse con viaje, los revolcó, momentos en que los gringos asustados gritaban “mató mono tren”, “mató mono tren”…, incriminándose el uno con el otro ese epíteto, o sea, decían: Eso no lo dijeron por mí baboso, sino por vos que sos tan feo, idéntico a un mono, decían ambos. CARRETERAS. Atraviesa el territorio municipal, la ruta Proyecto 1 (carretera Interdepartamental) que sale de la ruta al Atlántico al lado noroeste, arriba de la aldea El Rancho, que conduce a la cabecera departamental de Zacapa y tiene su entronque con la expresada red vial en el paso Mármol, pero la

169 misma continúa a conectarse con la que conduce a Chiquimula y Esquipulas a la altura del puente blanco jurisdicción de Zacapa. Esta arteria en su mayor parte está asfaltada y se mantiene viable. En el mapa incluso, esta carretera está marcada con las letras “A”, “B”, “C”, “D”, “E”, F”. Su longitud en lo tocante a esta jurisdicción es de veinte kilómetros (20 km.) seiscientos cuarenta metros (640 m.). Su diámetro varía en toda su longitud desde cinco a quince metros. Actualmente gracias al desarrollo del país la carretera interdepartamental que comunica este municipio, desde la aldea El Rancho, San Agustín Acasaguastlán, hasta la cabecera departamental de Zacapa, pasando por Cabañas y Huiité, está perfectamente asfaltada, motivo por el cual mucho del tránsito de todos esos lugares incluyendo de Chiquimula y Esquipulas lo hacen pasando por el Jícaro, lo mismo que muchos conductores que vienen de la capital y se dirigen a aquellos lugares utilizan la misma vía logrando así una economía de 20 kilómetros, con menos peligros, llegándose a esta población directamente o atravesando el río motagua por medio de dos formales puentes, uno a la altura de El Rancho y otro enfrente de esta localidad, con entradas y salida que convergen con la carretera al Atlántico y la que va hacia Esquipulas, pero hay otra carretera aún en construcción que de la aldea las Anonas, en esta jurisdicción, comunica con el municipio de San Pedro Pinula. CAMINOS VECINALES. El Jícaro está cruzado por caminos vecinales, de herradura y callejones que comunican con aldeas, caseríos, terrenos y lugares de trabajo, perfectamente identificados por la autoridad y registrados en los archivos correspondientes, como de tránsito público y patrimonio del municipio, en el inventario físico practicado en el mes de julio de l942 por la Intendencia Municipal de conformidad con el Acuerdo Gubernativo de 6 de junio de l942, y aunque parezca irrelevante su descripción en el presente libro y tediosa su lectura, considero yo importante su inclusión para conocimiento público y ante el temor de que puedan ser acotados, si no lo fueron ya, por particulares inescrupulosos y poder en determinado momento, promover su recuperación o cualquier otros datos útiles, de los cuales existen 23 caminos vecinales, de herradura 6, que conectan la cabecera municipal con las aldeas y caseríos del municipio mantenidos regularmente en buenas condiciones de tránsito, siendo de lamentar que varios tramos del callejón, carretera antigua, hacia la finca El Quinto y Lodechina fueron usurpados por personas inescrupulosas ante el silencio de la autoridad municipal, siendo los siguientes: Número 1. Un camino conocido como de “El Tambor a Agua Caliente”, cuya orientación es de norte a sur, se aparta de la carretera municipal de El Jícaro, no pasa por ningún lugar poblado y llega directamente a la aldea Agua Caliente de este municipio. En el mapa adjunto, este camino está indicado por los números 1, 2, 3 y 4 y es especie de callejón. Su longitud desde el entronque con la carretera municipal de El Jícaro a la citada aldea de Agua Caliente es de 2 kilómetros 355 metros; su anchura varía de 3 a 15 metros en varios puntos. Número 2. Comino vecinal identificado como “De Lo De China a Agua Caliente”, que parte del camino de “El Tambor a Agua Caliente” descrito anteriormente y entronca con la carretera municipal de El Jícaro. En el plano que se acompaña se ve marcado con los números 5 y 6. Su orientación es de este a oeste, es un pequeño trayecto que no cruza ningún lugar poblado y es un callejón. Tiene una longitud de 1 kilómetro 250 metros. Su diámetro varía entre 4 y 6 metros. Número 3. Camino vecinal que es la carretera antigua de El Jícaro a Lodechina, su orientación es de oriente a poniente; desde su entronque con la carretera municipal, es decir, con el nuevo tramo denominado de El Ojo de Agua, al oriente del cementerio de Lodechina a su entronque con la misma

170 carretera municipal en el propio pueblo de El Jícaro en el rumbo norte, tiene una longitud de 6 kilómetros 670 metros; atraviesa la aldea Lodechina, la finca “El Quinto” de los herederos Gutierrez y en el propio pueblo de El Jícaro entronca con la carretera nueva o proyecto 1, como se deja dicho. En el mapa antiguo se marca con los números “16-15-10-11-12-13- y 14”. Número 4. Camino vecinal que es un callejón, denominado “De El Tambor” a Lodechina”, muy escabroso, cuya orientación es también de oriente a poniente; su longitud es de 2 km. Y 350 ms.; su diámetro varía de 3 a 8 ms., y no pasa por ningún lugar poblado. En el plano incluido se identifica con los números “7-8- y 9”. En la aldea El Tambor se aparta de la carretera proyecto 1 en el punto 7 del plano, para entroncar en el camino vecinal carretero de Lodechina como puede verse en el punto 9 del plano citado. Número 5. Camino vecinal que de la aldea Lodechina conduce al río motagua, su orientación es de sur a norte atravesando la línea férrea; su longitud es de 150 metros y entronca con la carretera antigua denominada “De El Jícaro a Lodechina” en el centro de esta última aldea citada, indicada en el plano con el número 17, su anchura varía entre 4 y 5 metros. Número 6. Camino denominado “De lo de china a las anonas” atraviesa la ruta proyecto 1, su orientación es de norte a sur, no pasa por ningún lugar poblado y llega directamente a la aldea última citada. En el mapa se observa con los números “18-19 y 20” su diámetro oscila entre 3 a 6 metros. Número 7. Camino vecinal de una longitud de 200 metros, más o menos, que de la mencionada aldea las anonas se dirige hacia el oeste y se une con la ruta proyecto 1. Su orientación es de este a oeste, no cruza ningún lugar poblado y en el mapa incluso se localiza con el número 21. Número 8. Camino que es un desvío que se aparta de la carretera de “el Jícaro a lo de china”, y se dirige hacia el norte al río Motagua con dirección a San Cristóbal Acasaguastlán; su orientación es de sur a norte; su longitud es de 350 metros: Se identifica en el mapa con el número 30. Número 9. Camino que aparta de la carretera denominada “De El Jícaro a lo de China” o carretera antigua, en el paraje o finca denominada “El Quinto”, en la cruzadilla y al lado sur de la vía férrea, cruza la aldea los bordos de varillas, de aquí es un callejón que atraviesa la ruta proyecto 1. Hasta el pie de los cerros para continuar al sur como camino de herradura como se detallará en su oportunidad. Su orientación es de norte a sur con una longitud hasta el pie de los cerros de 2 Kilómetros 200 metros. En el mapa inserto este camino se determina con los números “22-23-24-25 y 26” su diámetro varía de 4 a 7 metros. Número 10. Camino vecinal de calidad (callejón) que se aparta en la entrada de la aldea Los bordos de Barillas viniendo del norte, frente a la propiedad de Adelfa L. de López a encontrar con la ruta proyecto 1. Su orientación, primeramente es de oeste a este, para luego doblar a la derecha con dirección al sur. Su longitud es de 930 metros, desde el camino de Los Bordos que se detalló en el número 9, que antecede, a su entronque con la ruta proyecto 1 indicada. En el mapa se detalla con las letras mayúsculas “Y-Z”. Número 11. Camino vecinal (callejón) que de la aldea Los Bordos Barillas y del camino que de dicha aldea conduce a la aldea de El Pino, se aparta a la derecha con dirección al suroeste y luego hacia el sur, atraviesa la carretera proyecto 1, luego haciendo curva se uno con el camino vecinal número 9, es decir con el camino que de Los Bordos de Barillas conduce al pie de los cerros. Se identifica con los

171 números “28 y 29”, siendo su longitud de 2 kilómetros 200 metros y su orientación primeramente es de norte a sur y haciendo curva de oeste a oeste. Número 12. Camino vecinal identificado como “De El Espíritu Santo” que comienza en la playa de la margen derecha del río Motagua y pasando por la aldea mencionada va a encontrar con la ruta proyecto 1 a la altura del cementerio general de esta población, pero primeramente atraviesa la carretera “De El Jícaro a Lo de China” en las inmediaciones del terreno propiedad de Zoila Perla Fratti lo mismo que la línea férrea en las inmediaciones de los terrenos de los herederos Castillo Guevara e Isidro Morales Marín. Su longitud es de 1 kilómetro 302 metros. El mapa incluso se indica este camino con los Números “31-32 y 33”. Número 13. Camino vecinal denominado “Callejón del Canoadero” situado al poniente de la población de el Jícaro, sale de la ruta Proyecto 1, pasa debajo del puente del ferrocarril y continúa hasta el río Motagua llegando al canoadero y de éste a San Cristóbal Acasaguastlán y a la aldea Estancia de la Virgen. Su orientación es de sur a norte y su longitud de 316 metros, su diámetro de 6 metros y se identifica en el mapa con el número 34. Número 14. Camino vecinal nombrado “De Las Ovejas” que parte de la ruta proyecto 1 en las inmediaciones del paraje “Patio de Gallos” a una distancia de 800 metros de esta cabecera municipal, dirigiéndose al suroeste con destino a la aldea de las Ovejas atravesando el Río del mismo nombre. Su longitud es de 2 Kilómetros 552 metros y su anchura varía entre 6 a 10 metros. Se localiza n el mapa con los números “36 y 37”. Número 15. Este camino sale de la aldea Las Ovejas a unirse con el camino de herradura que conduce a la aldea Piedra Ancha del que se hará relación más adelante, es un corto trayecto de 1 kilómetro y su orientación es de norte a sur. Número l6. Camino sin nombre que comunica las aldeas El Paso de los Jalapas y Las Ovejas, se desprende de la ruta proyecto 1 en línea oblicua hasta llegar a la última aldea mencionada. Su orientación es de sur a norte en la mitad de su trayecto y luego quiebra hacia el oriente, su longitud es de 4 km. Y 234 ms. En el plano se identifica con los números “38 y 39” y su anchura oscila entre 4 y 10 ms. Número l7. Camino vecinal denominado “callejón de las Pilas”, marcado en el mapa antiguo con los números “40 y 41”, su orientación es de sur a norte, se aparta de la ruta proyecto 1, atraviesa la vía férrea y se dirige al río motagua en el lugar donde antiguamente era el canoadero que comunica con la aldea Magdalena en el municipio de San Agustín Acasaguastlán. Su longitud es de 1 km. Y 60 metros y su anchura de 6 a 16 ms. Número 18. Camino vecinal nombrado “callejón de los Chamo”, se aparta de la carretera municipal de El Jícaro, en la quebrada denominada de “las ´ánimas”, al oriente de la aldea El Paso de los Jalapas,, su orientación es de sur a norte hasta las márgenes del río motagua en el lugar que antes se le denominaba el canoadero de malena o Magdalena, su longitud es de 750 Ms. Y en el plano se identifica con los números “43 y 44”. Número 19. Camino vecinal de importancia que pone en comunicación la aldea El Paso de los Jalapas, con Magdalena, San Agustín Acasaguastlán, comienza en las márgenes del río motagua con el nombre de “ callejón de El Paso”, tanto éste como la aldea que atraviesa deben su nombre a que desde

172 tiempos antiguos los moradores del departamento de Jalapa, bajaban y pasaban por dicha aldea, con dirección a San Agustín Acasaguastlán, atravesando el río Motagua frente a la aldea “Malena” en donde siempre hubo servicio de canoa, cómo se deja dicho este camino atraviesa la aldea El Paso de los Jalapas y también la ruta proyecto 1, se dirige hacia el sur hasta el cementerio y desde las márgenes del erío motagua hasta dicho cementerio tiene una longitud de 2 km. 3OO metros, en terreno plano de terracería, que con pocas reparaciones puede llegar al pié de la serranía de donde continúa ya como camino de herradura a la aldea La Palma, que se relacionará al tratar de esta clase de caminos. Su orientación es de norte a sur, su anchura es de nueve metros. Frente al cementerio general de la aldea El Paso de los Jalapas el camino que se viene relacionando se bifurca, tomando un ramal, dirección a la aldea La Palma y otro que sigue al poniente entre los potreros de los herederos de Manuel Ayala y pasando por la finca San Francisco de los herederos de Felipe Portillo llega a la misma aldea La Palma por el lado poniente camino de herradura que se relacionará más adelante. En el mapa antiguo se indica con los números “46-47 y 49”. Número 20. Camino vecinal indicado en el plano con los números “52 y 53”, su orientación es de sur a norte, parte de la ruta Proyecto 1, atraviesa la vía férrea y llega al río motagua, se denomina “Callejón de las Leonas”, su longitud es de 654 ms.; por este callejón bajan al río motagua los habitantes del barrio llamado “De los Ayala” de la aldea El Paso de los Jalapas, tiene una anchura de de 9 a 13 ms. Hasta llegar al río motagua. Número 21. Camino denominado “Callejón del Guayacán”, se aparte, al lado norte, de la ruta Proyecto 1, su orientación es de sur a norte y su longitud de 528 ms. y se une con el callejón “Las Leonas” relacionado, no pasa por ningún lugar poblado y su anchura es de 5 a 8 ms. En el plano se determina con el número”5l”. Número 22. Camino especie de callejón, llamado “del vado del dulce” p “callejón del Mesón”, se aparte de la ruta Proyecto 1 al lado norte con dirección al río Motagua, su orientación es de sur a norte y su longitud de 912 ms., no pasa por ningún lugar poblado. En el plano se identifica con el número “55”, siendo su anchura de 5 a 8 ms. Número 23. Camino nombrado “Callejón de Constanza”, se desprende de la ruta Proyecto 1, siempre al lado norte y se dirige en ese mismo rumbo, pasa por la casa de la que fue hacienda “La Esperanza” de los herederos de Juan de Dios Constanza y de Aquilina Rodríguez, atraviesa la vía férrea y llega a la margen del río Motagua. Este callejón sirve de límite entre las jurisdicciones de El Jícaro y San Agustín Acasaguastlán. Su longitud es de 304 ms. Y su anchura oscila entre 11 y 12 ms. En el mapa se identifica con el número “56”. 11. CAMINOS DE HERRADURA. Número 1. Camino de herradura que de la aldea Agua Caliente conduce al caserío antigua Santa Rosalía y de éste a la aldea El Pino, siendo su longitud aproximada de 4 km., es escabroso y muy inclinado y su orientación de noreste a sureste; el caserío El Pino es limítrofe con el municipio de San Pedro Pinula. En el mapa inserto se identifica con las letras “a-b-c”, más bien este camino es vereda. Número 2. Camino de herradura denominado “Camino de El Pino”, que es continuación del camino vecinal de la aldea Los Bordos y comienza desde el pié de los cerros del terreno municipal “Sitio de Jesús”. En el plano de merito se observa con las letras ”c-d” desde el número 26 que es el camino vecinal de los Bordos hasta el caserío de El Pino a donde se une el camino que viene del caserío antiguo Santa Rosalía; su longitud es de 4 km. Y 500 ms., su orientación es de norte a sur y sus límites

173 en ambos lados es con el ”Sitio de Jesús”, su diámetro en partes no pasa de 1.30 mts.; es un camino escabroso e inclinado, solo para una persona de a pié y una caballería. Por este camino se comunican los caseríos de antigua Santa Rosalía y El Pino, con las aldeas Los Bordos y Espíritu Santo, hasta El Jícaro. Número 3. Camino de herradura que parte la aldea Ojo de Agua, sube por el cerro terreno “Sitio de Jesús”, oblicuamente a unirse con el relacionado camino de herradura de Los Bordos a El Pino. En el plano se observa con las letras “f-g-h-i”, su longitud es de 5 km. Y 640 ms., no pasa por ningún lugar poblado, siendo un camino escabroso e inclinado- Su Anchura en algunas partes no pasa de 1.30 ms-, en otras es muy estrecho, solo para personas de a pié y una caballería. Su orientación de norte a sur, con curva al oriente para unirse al camino que va hacia El Pino. Número 4. Camino de herradura que es la continuación del camino vecinal número 14, que comienza en la colindancia de la finca El Tintero y propiedad de los herederos de Josefa Oliva pasa por el cantón Piedra Ancha, propiedades que fueron de Rogelio Casasola, de los herederos de Buenaventura Solís herederos de Nicolás Peña y de Félix Macal hasta la denominada Peña Rayada, límite con el municipio de El Progreso aguas arriba del río Anshagua. Su longitud es de 7 km. Y 530 ms., su anchura en partes es apenas alcanza 1 metro. En los puntos en que hay que caminar por el río, el paso se hace un tanto difícil y es costoso vadearlo en tiempos de invierno; en su mayor parte es una vereda para personas de a pié y una de a caballo. Su orientación es de norte a sur, y en el lugar denominado “los Encuentros” cruza con dirección al oeste por el mencionado río hasta la propiedad de los Macal como se deja dicho. En el mapa se marca con las letras “j-k-l-m-n”. Número 5. Camino vecinal, que es la continuación del número 18 de El Paso de los Jalapas, este camino de herradura, sube por los cerros, pasa por el caserío llamado La Palma y continua hasta el Río Anshagua y de aquí hasta el caserío llamado La Laguneta, cuyo lugar, mitad es del municipio de El Jícaro y mitad del municipio de El Progreso.

Numero 6. Camino de herradura de la aldea La Palma, conduce a la finca San Francisco de José Felipe Terraza, y de esta hasta encontrar con el camino vecinal de El Paso de los Jalapas, Relacionado en el número 18; se aprecia en el plano con las letras minúsculas “s-r y los números 50 y 51”. Este camino Tiene una longitud de 12 kilometro 250 metros, a la finca San Francisco, por dos metros de diámetro, y de esta finca a el paso de los Jalapas 4 kilómetros 650 metros; de la finca San Francisco a El Paso de los Jalapas, es plano y pasa carretera. Atraviesa las propiedades de Felipe Terraza Portillo y Manuel Ayala Portillo. CAPITULO XV HECHOS HISTÓRICOS Son varios los hechos registradores en nuestro terruño a través del tiempo, pero por su relevancia vale la pena insertar para conocimiento de quienes los ignoran, los siguientes: Merece hacer mención en este contexto del tributo de gratitud que el gobierno del general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes y mediante acuerdo gubernativo de fecha diecisiete de junio de junio de 1960 , rindió a un grupo de jefes, clases y soldados del ejército de este municipio, concediéndoles la placa de “Combatiente”, en reconocimiento del heroísmo, lealtad y valor puestos

174 de manifiesto en las acciones armadas contra la Patria en los años de 1885, 1898, 1903 y 1906, ejemplo de bizarría y de sacrificio que los hicieron acreedores a tan justa recompensa, siendo ellos: Mayor de infantería, Elías Saavedra Juárez Subteniente de infantería Alejandro Morales J. Subteniente de infantería Vicente Flores Marín Subteniente de infantería Emilio Solís Chacón Subteniente de infantería Reyes Oquelí M. Sargento 1º de infantería Guillermo Godínez Sargento 1º de infantería Pedro Campos Sargento 1º de infantería Encarnación Girón R. Sargento 1º de infantería Baudilio Hernández Sargento 1º de infantería Everildo Marroquín Sargento 2º de infantería Fidel Marroquín C. Cabo de infantería, Hermenegildo Sagastume Cabo de infantería, Félix Berríos Juárez Soldado de infantería, Carmen Enrique Ramos Soldado de infantería, Julián Salazar Cabo de infantería, Arcadio Orellana Soldado de infantería, Sotero Hernández P. Soldado de infantería, José Felipe Portillo Soldado de infantería, Carlos Oliva B. Muchos de nuestros soldados formaron parte del batallón “Tineco” que, como las tropas de Chiquimula y Jalapa, tienen fama de aguerridas en la república, como puede comprobarse con los hechos registrados en contiendas pasadas con tropas enemigas. Papel importante desempeñó en las acciones armadas antes referidas, el capitán de infantería, JUAN MORALES CASTILLO, quien por razones obvias no fue condecorado con la placa de “Combatiente”, pero sus relevante méritos en la carrera militar, le brindaron una hoja de servicios digna de orgullo y admiración, puesto que, en más de una ocasión, dio a conocer su valentía en aras de la patria, unas veces, y otras ,en defensa de la institución militar a la que pertenecía, incluso tomó parte activa en las batallas de la cabecera departamental de El Progreso, cuando la UNION en el año de 1920. Militar de altura fue también, el capitán Juan Rodríguez, ya desaparecido, habiéndose destacado en forma notable dentro de las filas del ejército. Todos estos patriotas jicareños, son fallecidos, pero sus parientes más cercanos disfrutan de la satisfacción y orgullo de esa condecoración por méritos militares y el deber cumplido. HECHO HISTÓRICO. El Jícaro, pueblo que ama de verdad a su patria, siempre ha demostrado civismo, cuando las circunstancias lo han demandado, como ejemplo el caso suscitado en el año 1935, cuando no obstante encontrarnos sometidos a una férrea dictaduras, como era la del gobierno del general Jorge Ubico, el honorable Ayuntamiento integrado por los preclaros ciudadanos: Alcalde 1º, Juan Ramón Bracamonte; alcalde 2º, José Martín Orellana; síndico, Tránsito Orellana Lemus; regidores del primero al cuarto, Matías Oliva Morales, Venancio Rodas Romero, Manuel Linares burgos y Bernardo Venegas Gutiérrez, respectivamente, y secretario, Clemente Marroquín Ibarra, protestaron

175 enérgicamente por el plebiscito que tenían como propósito la reelección de Ubico en la presidencia, previa reforma del artículo 66 de la Constitución de aquel entonces; gesto que coloca a este rincón de la patria dentro del marco de un pueblo civilizado y libre, toda vez que fue la única y valiente municipalidad que con el respaldo unánime del conglomerado local procedió así, sujetándose a las represalias propias de una tiranía. Incluyo a continuación lo conducente del acta en referencia que trata sobre el particular: “Acta No 17. Sala de sesiones municipales: El Jícaro, siete de abril de mil novecientos treinta y cinco, reunida la Corporación con asistencia de sus componentes a excepción del regidor 3º Manuel Linares B., que faltó con excusa, con el objeto de celebrar sesión extraordinaria y siendo las nueve horas, se procedió como sigue: 1. Leída el acta de la sesión anterior fue aprobada sin ninguna modificación. 2. El alcalde municipal dio lectura a un mensaje recibido de la municipalidad de El Progreso, cabecera de este departamento, en que transcribe los puntos 3 y 4 del acta levantada en sesión extraordinaria que celebro ayer dicha corporación y los cuales se contraen a solicitar de la Asamblea nacional legislativa que reforme el artículo 66 de la Constitución de la república, en el sentido de lograr que el ilustre ciudadano general Jorge Ubico, continúe en el ejercicio de la presidencia del Poder ejecutivo, en el próximo período constitucional, para que pueda desarrollar en su totalidad su vasto programa de gobierno y pide que esta municipalidad, acuerpe tal moción. 3. Después de un ligero debate, se dispuso tomar el voto de cada uno de los concejales y por unanimidad, la Corporación dispuso hacer constar que, LA CONSTITUCIÓN ASÍ COMO ESTA ES MUY LINDA Y QUE POR CONSIGUIENTE OPINA QUE, ESTA DE ACUERDO EN QUE SE REFORMEN LOS VEINTICINCO ARTICULOS QUE LA ASAMBLEA NAIONAL TIENE EN PROYECTO REFORMAR, PERO NO ASÍ, EL ARTICULO 66 DE LA PROPIA CONSTITUCIÓN. 4. Que la Jefatura política departamental en telegrama de ayer nos comunicó, como respuesta a un mensaje que le dirigió esta Corporación, lo siguiente: “Alcalde 1º municipal. El Progreso, 6 de abril de 1935. Recibido en El Jícaro a las 5 y 53 p. m. En sesión de hoy la municipalidad de esta cabecera aprobó la moción presentada por el síndico 1º municipal señor Gregorio Pensamiento, la cual transcribió por esta vía el alcalde y si es del agrado de esa Corporación acuerparla. (f) Castro M.”. 5. se dispuso que la secretaría compulse copias certificadas, una para la Asamblea nacional legislativa y otra a la Jefatura política departamental para su conocimiento. 6. No habiendo más que tratar se suspende la presente, (fs.) Juan R. Bracamonte --- José Martín Orellana -- Tránsito Orellana --- Matías Oliva M. --- Venancio Rodas Romero --- Bernardo Venegas. Certifico: C. Marroquín I.” Este hecho histórico, ha sido conocido por la ciudadanía amante de la lectura y de las causas nobles, a través de la publicación de mi libro Monografía de El Jícaro, lo que le valió a nuestro pueblo, respecto a la oposición de la Municipalidad local, de reformar la constitución para la reelección de Ubico, zendo reconocimiento público, por el prestigiado periodista y escritor José Luis Cifuentes, con el pseudónimo de “J. L. LECÉ”, en el periódico Gráfico de fecha 18 de septiembre de 1964, página 16, con el título de “Holocausto de una juventud soñadora”, con el siguiente preámbulo: “Al Jícaro, municipio donde me hubiera gustado nacer y muy especialmente a los miembros de la Municipalidad de 1935”, refiriéndose en dicho artículo, además de nuestros munícipes, a otros preclaros ciudadanos guatemaltecos que ofrendaron sus vidas por la libertad y la democracia, a manos de la dictadura de Ubico, como lo fueron los licenciados Efraín Aguilar Fuentes, Juventino Sánchez, Carlos Pacheco Marroquín, José León Castillo (Cabañeco de pura cepa), Humberto Molina Santiago y otros.

176 Haciendo una crítica a la oposición municipal asumida, me atrevo a opinar con justo derecho, que la asesoría del Secretario Marroquín Ibarra, un convencido demócrata letrado, originario de Guastatoya, influyó en el ánimo de los paisanos ediles, para tomar esa decisión, pero de todas maneras los laureles son aún para nuestro terruño. Respecto de esa protesta, vale recordar, que el famoso llamado “muñequito” del desaparecido periódico El Imparcial, con el objeto de resaltar el valiente como heroico hecho, en su sección de chistes gráficos, con una caricatura adhoc, indicaba: “solo los del El Jícaro”, sacaron la jícara”, en referencia de haber sido el único municipio que protestó. OTRO HECHO HISTORICO. Cuando el ex presidente General José María Orellana, nativo de esta tierra, envió a la Asamblea Nacional Legislativa el proyecto de ley que regulaba la pena de muerte, un grupo de valientes jicareños encabezados por: Venancio Morales, Randolfo Casasola León, Juan José Clavería, Samuel Venegas, coronel Carlos Saavedra Trabaníno y los mayores Plácido y Elías Saavedra Juárez, Emilio Carranza, Macario Jiménez, Domingo Castro, Juan Morales y otros, impulsados por sus más profundos y nobles sentimientos humanitarios, por medio de sendos memoriales enviados a la propia Asamblea y al paisano Presidente, presentaron su más enérgica protesta por la promulgación de una norma que consideraban lesiva e inoperante, por no ser correctiva del crimen, por un lado, y por el otro, que al ser la justicia notoriamente desigual, es susceptible de caer en errores irreparables de los jueces. Esa posición acarreó los ya esperados problemas personales para los oponentes, quienes fueron inmediatamente citados de la Jefatura política de Zacapa, para someterlos a prisión, motivo que los hizo abandonar sus hogares para huir por espacio de algunos días, siendo por orden presidencial posteriormente que dejaron de perseguirlos. Esta protesta no encontró eco en las esferas gubernativa y legislativa, pero su actuación perdura como un recuerdo de hombres de bien que supieron comprender lo bárbaro e ineficaz de esa ley. En ese tiempo el comandante local de El Jícaro, era Plácido Saavedra, pero no le importó el puesto que desempeñaba para expresar su desacuerdo con la pena capital, lo que dio origen a que lo separaran del cargo. Muchas personas opinan contrario a la pena de muerte, pero la mayoría consideramos que, dada la situación de inseguridad que se vive actualmente en el país, sí es un disuasivo del crimen, por medio de procesos objetivos, con jueces capaces y honrados, pues los criminales tiene de rodillas a la población y a la autoridad, por lo que estando vigente en Guatemala ese castigo, es menester su aplicación, sacándola de ese vacío que se ha dado con el famoso recurso de gracia, en el sentido de que si es o no competencia del ejecutivo concederlo o denegarlo, como lo era antes, como que nos están faltando pantalones, ¿verdad? Un acto de heroísmo y de valentía, que no puede pasar desapercibido para los jicareños, del cual fue protagonista Rafael Sanabria Guarra, muchacho sencillo, como suele ser la mayoría de habitantes del área rural, según se sabe de fuentes dignas de todo crédito, apenas a los 18 años y meses de edad, fue reclutado a la fuerza como se hacía antes, como soldado raso para la zona militar de Zacapa. Al poco tiempo, por propios méritos, dada las efectivas enseñanzas de primaria que aprendió de su maestra Jovita Oliva de Gutierrez, en su aldea natal, fue favorecido con una de las tantas becas que regularmente otorga el Ministerio de la Defensa Nacional a los soldados en servicio de los diferentes cuarteles del país, para cursar estudios militares en la Escuela Politécnica, ingresando por ende, como

177 alumno cadete en el mencionado plantel, más o menos poro el año 70 del siglo anterior, impulsado naturalmente, por el más grande anhelo y el de sus padres también, a efecto de alcanzar algún día, su graduación como oficial castrense y seguir adelante hasta alcanzar el grado más alto de esa carrera. Sin embargo, la mala suerte se interpuso en su sano propósito, pues en el ejercicio de sus prácticas reglamentarias de explosivos y tiro, como cadete instructor, en el fatídico momento del lanzamiento de una granada, como parte del entrenamiento, por error humano, a uno de los alumnos que era entrenado, se le zafó de las manos con la espoleta o pin ya quitado, y al no ser posible lanzarlo en la forma prevista, cayó el artefacto al suelo, cerca del grupo de estudiantes y para evitar mayores daños colectivos, el instructor Sanabria, se abalanzó a cuerpo entero sobre la granada, cubriéndola con su pecho, la cual explotó inmediatamente, falleciendo destrozado en el acto, pero evitó que el daño se extendiera a sus demás compañeros que estaban próximos, y ese es precisamente el hecho que se admira, que pudiendo haber salido en huida para defenderse, creyó necesario salvar su honor haciendo suya la tragedia, para evitar daños mayores, actitud que justamente le valió honores póstumos de su escuela. CAPITULO XVI HOMBRES IMPORTANTES, LÍDERES COMUNITARIOS, ACTIVISTAS Y DIRIGENTES PERSONAJES DE AYER La notabilidad de las personas que refiere este capítulo, va dirigida a jicareños fallecidos que por sus méritos y acciones positivas han dejado huella como gentes de bien y, por ende, merecedores de ser incluidos sus nombres en esta pequeña obra, a fin de que puedan ser conocidos y sirvan de ejemplo a futuras generaciones en el contexto de la historia del pueblo, considerando inapropiado hacerlo con personas en vida, pues si bien, algunos pudiesen haber destacado y ser merecedores de ese privilegio, el tiempo venidero puede advertir lo contrario, con la comisión de hechos negativos posteriores, que pueden empañar la personalidad y reputación del individuo, pues los humanos por propia naturaleza, somos susceptibles de cometer errores en el curso de nuestra existencia y por lo mismo caer fácilmente, en una “metida de pata”, valga decir, que las buenas acciones de ayer, pueden quedar desvirtuadas con las negativas de hoy o del mañana, la historia registra muchos de esos casos. De tal manera que hecha la salvedad del tema, procede insertar a continuación, con el debido respeto y admiración a su memoria, los nombre de a quienes se les puede considerar preclaros ciudadanos del pasado, con las disculpas del caso, por si de repente, escapó a mi recuerdo o investigación el nombre de algunos personajes dignos: En este municipio nació un personaje que figura en la historia patria, el general e ingeniero JOSÉ MARIA ORELLANA PINTO, quién dedico buena parte de su vida, al servicio de las armas, ascendiendo por riguroso escalafón, hasta alcanzar el grado más elevado de la carrera militar, hijo de Esteban Orellana y de Leonor Pinto de Orellana, nació el 11 del de julio de 1872, en la casa patronal de la finca El Tintero, propiedad de la familia, ubicada dentro de los potreros “Las Pitas y Rosa Larga”, de la que aun hay vestigios, por lo menos los cimientos soterrados, en la cercanía de un paraje conocido como “La Pila”, en donde existe un nacimiento de agua, que posiblemente sirvió de abastecimiento a la familia, casi en la parte central, de la finca.

178 Recibió las primeras nociones del saber, en la escuela Elemental de esta localidad, cuando era aldea todavía de San Cristóbal Acasaguastlán, que entonces dirigía el maestro experimentado Gregorio Peralta, pero también en la de la cabecera municipal del entonces municipio de Santa María Magdalena, hoy aldea de San Agustín Acasaguastlán, con un maestro llamado David Palomo Keller de aquella localidad, a decir de gentes de edad avanzada de aquel lugar. Una anécdota de este tema refiere: “que en una visita que el presidente Justo Rufino Barrios hizo la escuela del municipio mencionado, después de tener una simpática discusión con el Alcalde local Manuel Miguel Vargas, ya para marcharse se fijo en dos estudiantes con el pelo cortado al rape, sentados en sus bancos en sus inmediaciones, a quienes puso suavemente la mano en la cabeza, preguntándoles por su nombre, y satisfecho el general, saco de su bolsillo unas monedas fiduciarias y les dio un real plata a cada uno de los alumnos de la escuela y al maestro Palomo Keller obsequio una moneda de plata de mayor valor, sin imaginarse el dadivoso personaje que los alumnos a quienes puso su mano sobre la cabeza, serian los futuros generales del ejército nacional, los hermanos Orellana Pinto”. A los 14 años ingresó en la Escuela Politécnica en donde se graduó de oficial el 26 de julio de 1890, pasando enseguida a servir varias cátedras en el mismo establecimiento y continuó sus estudios en la escuela de Ingeniería donde obtuvo el título de Ingeniero Topógrafo. Tomó parte en algunas acciones militares, ocupando también importantes puestos como los de: director del Instituto Normal Para Varones, director de la Academia de Maestros, ministro de Educación Pública, diputado, consejero de Estado y otros. Con motivo de un terremoto que asoló la población de Cuilapa, Santa Rosa, que diezmó y destruyó totalmente la población, a principios del siglo XX, el presidente Estrada Cabrera, designó al entonces mayor del ejército, Orellana Pinto. para coordinar la situación, habiendo dispuesto entre otras medidas el traslado temporal de la Jefatura Política Departamental a Barberena, en donde el sismo no impactó. En 1907, la Asamblea le confirió el grado de general de división. En el año 1921, en unión de los generales Lima y Larrave emprendió una acción militar que dio por tierra con el retiro de la Presidencia de Carlos Herrera y quedó él como presidente, más como el Consejo de la federación, que hacía poco se había organizado no reconoció al nuevo gobierno, nacido de la violencia, la Asamblea decreto el 14 de enero de 1922, que Guatemala dejaba de formar parte de la federación. Al practicarse las elecciones, resultó electo y tomó posesión del gobierno el 4 de marzo de 1922. Tuvo los arrestos necesarios para mejorar el valor de la moneda del país, bastante deteriorada, con el nombre de “Quetzal”, logrando la paridad del mismo, con el dólar americano. Para honrar el nombre de su creador, la gente llamó al “Quetzal” por muchos años y hasta la fecha, de repente, con el nombre hipocorístico de Chema, que en lenguaje popular corresponde al de José María. Cuánto cuesta esto, “tantos chemas, decían”. Fundó el Banco Central de Guatemala y decretó la pena de muerte. En 1925 comenzó a construir el puente que se encuentra sobre el Motagua, en la aldea El Rancho, pero desgraciadamente en ese año lo sorprendió la muerte en forma misteriosa en Antigua Guatemala a la edad de 54 años, dándole término el sucesor Lázaro Chacón quien lo inauguró con el nombre de “Puente Orellana”. Durante su gestión impulsó la creación de una república tripartita que debían integrar Guatemala, Honduras y El Salvador, y a la que posteriormente podían sumarse Nicaragua y Costa Rica. Sin embargo, la pretensión guatemalteca de ejercer la hegemonía sobre los estados de la futura unión

179 condujo al fracaso de las negociaciones, como lo fue también, mucho antes, la buscada Unión Centroamericana. Es de lamentar con profunda indignación, que una de las grandes obras realizadas por el gobierno del general Orellana, que costó al pueblo de Guatemala, enormes esfuerzos y sacrificios, que le dio prestigio y respeto allende las fronteras patrias, cual fue haber logrado la paridad del quetzal con el dólar americano, cuya atinada medida fortaleció por casi un siglo la economía nacional e hizo sentirse cómodos a los habitantes del país, se haya venido abajo vertiginosamente con la tremenda devaluación que actualmente nos castiga por la pésima administración económica de sucesivos gobiernos corruptos a partir del que gobernó en 1981, que solo han visto el interés particular importándoles poco o nada el bienestar de los guatemaltecos, con lo cual se confirma el sabio aforismo de que “el tiempo es el mejor testigo de las buenas y malas acciones”. Como recordará el lector, antes un dólar americano valía noventa centavos nuestros y tenían que rogarnos para que aceptáramos el cambio y ahora ¡qué!, son 8 quetzales y pico por cada dólar, que pena y vergüenza. Para colmo, el gobierno de Álvaro Arzú pretendió sustituir el billete de esa denominación con la efigie del creador de aquella economía, por monedas de baja aleación con el cuño de una figura que no se atina, sin sentido emblemático e histórico, pero en vista de las protestas ciudadanas, no tuvo más opción que dejar los dos que circulan normalmente. LEOPOLDO ORELLANA PINTO. Hermano mayor del anterior, se dedicó a la carrera de las armas y obtuvo el grado de General de División y el título académico de Ingeniero, ignorándose otros hechos de su vida púbica. El hermano menor de los Orellana Pinto, ESTEBAN, cadete 470, no logró graduarse de militar, pues murió en un lamentable accidentes al caer de un vagón del ferrocarril, estacionado en la estación local, mientras jugaba. GREGORIO PERALTA. Llamado cariñosamente “Maestro Goyo” por todos quienes fueron sus discípulos, compañeros y amigos, nació en esta población ignorándose la fecha, fue el primer maestro de la escuela que se fundó en aquella época caserío, bajo cuya dirección se preparó a varias generaciones que siguieron sus pasos de enseñar al que no sabía, cruelmente asesinado víctima del rencor y la brutalidad. ELIAS CASTILLO. El primer Alcalde transitorio, luego de haberse creado el municipio de El Jícaro y en tanto se convocaba a elecciones para elegir al titular, conforme a la ley. DANIEL ORELLANA. Tuvo la gloria de ser el primer alcalde del municipio popularmente elegido, habiéndole tocado llevar la batuta en la serie de dificultades de renuencia promovidas por la municipalidad de San Cristóbal Acasaguastlán, de cuyo territorio El Jícaro se segregó. FERNANDO ARTURO RAMÍREZ SOSA. Nacido en Quezaltepeque, Chiquimula, pero se consideraba más jicareño que mutero, fue uno de los dueños, por herencia, de de la finca El Tintero, en donde vivió su niñez por algún tiempo, radicándose después en la capital de la república, de donde venía constantemente para atender los asuntos de su interés. Fue diputado a la Asamblea nacional legislativa durante la administración gubernativa del licenciado Manuel Estrada Cabrera, desempeñándose además, como funcionario diplomático de alto nivel en varios naciones del mundo, en sucesivos gobiernos incluyendo el de Embajador y Ministro Plenipotenciario en Estados Unidos de Norte América, México y Francia y con sobrada voluntad y amor a este terruño asesoró al vecindario

180 en su gestiones de independencia, del municipio de San Cristóbal Acasaguastlán. Sus restos mortuorios descansan en el cementerio general de la capital, en una de las bóvedas de la familia del general Orellana, según se sabe. VENANCIO MORALES MARÍN. Digno de recordar por su meritoria labor frente a los destinos del municipio, pues siempre que el caso lo demandó estuvo presto a servir a su patria chica, poniendo de relieve se dinamismo en pro del adelanto de la misma. Durante su administración como alcalde, se construyó el antiguo y demolido edificio municipal. Fue asesinado en la conocida subida del “patio de gallos”, por pleito de tierras. EMILIO CARRANZA. El alcalde enérgico y de clara visión, no sabía leer ni escribir, solo firmaba, pero su instinto e inteligencia hacía que sus actos se ajustaran a los dictados de la razón y la justicia, habiendo dejado gratos recuerdos entre todos los que supieron apreciar su labor como gobernante municipal ELISEO MORALES. Forjador de juventudes en la esfera de su profesión educativa, supo conquistar el aprecio y admiración de quienes lo rodearon en su paso por las aulas, en donde cosechó frutos que hoy dan a luz lo mucho que aprendieron; poseía además, espíritu artístico en el instrumento de la marimba. RANDOLFO CASASOLA LEÓN. Originario de San Agustín Acasaguastlán, de donde vino como Jefe de la Oficina de Telégrafos y Correos a sentar sus reales en esta población, famoso dentro de su gremio por su solidaridad y el dominio que tenía de su profesión, en los sistemas Internacional y Morse, habiendo desempeñado puestos importantes tanto en el Estado como en los Ferrocarriles Internacionales de Centro América. Contrajo matrimonio con la maestra local Elena Venegas Gutierrez con quien procreó buen número de hijos, entre quienes se recuerdan a Fidél Egberto, Berta Elena y Ovidio de su apellido. Una anécdota refiere, que este personaje poseía la cualidad de transmitir hasta con los pies, regularmente en horas nocturnas, cuando dormía en su hamaca, con unos cuantos tragos entre pecho y espalda, momentos en que bajaba al piso el aparato transmisor, para de ahí recibir y transmitir en la forma dicha, al instante de escuchar los sonidos de los signos que identificaban las letras JR, clave o código de El Jícaro, y de retener en la memoria los telegramas que recibía, para luego copiarlos en el formato oficial para su entrega posterior al destinatario, por lo que era admirado por sus compañeros. Murió a los 50 años cuando se desempeñaba como agente de estación en Puerto Barrios, cuyo cadáver fue traído en tren especial a El Jícaro, para los actos funerarios e inhumación, por disposición de sus jefes superiores, como premio póstumo a su excelencia, sin costo alguno para su familia, incluyendo gastos médicos y de embalsamamiento, siendo el encargando del traslado del féretro, el también ferrocarrilero, alumno suyo, Isidro Morales Marín. LUCILA PERALTA DE JIMENEZ. La escuela de niñas de esta población, lleva el nombre de la ilustre educadora, en reconocimiento de su encomiable labor como apóstol de la educación a la cual se dedicó la mayor parte de su vida. ELENA VENEGAS DE CASASOLA. Vio la primera luz en aquel entonces caserío en el año 1880, vástago de distinguida familia, Melecio Venegas Morales y Paulina Gutiérrez Barillas. De muy temprana edad sintió el impulso que debía hacerla más tarde maestra de educación, habiendo iniciado sus estudios bajo la dirección del venerado “Maestro Goyo”, a la par de doña Lucila Peralta de Jiménez,

181 absorbiendo de ellos la capacidad para cumplir con el sagrado deber de enseñar, pues durante mucho tiempo fue mentora de varias generaciones de Jicareños en la escuela rural mixta de la aldea Lo de China, escuelas urbanas de esta localidad y en la población de Santa María Magdalena. Fue asidua lectora de toda clase de libros ilustrativos e instructivos que llegaban a sus manos, que devoraba con pasión para mejorar su acervo cultura y transmitirlo a sus alumnos. De delicada enfermedad falleció un 23 de diciembre de 1928. TRANQUILINA BARILLAS. Otra de nuestras insignes guías de la instrucción, sirvió cargos docentes en las escuelas de esta localidad, en las aldeas Las Ovejas y El Espíritu Santo de este municipio. Magdalena de San Agustín Acasaguastlán y Huité, Zacapa, iniciando en este último lugar sus labores a la edad de quince años, ahora fallecida. JOSE DOMINGO JUAREZ ARAGÓN. Militar de escuela, alcanzó el superior grado de General de División, desempeñó puestos de importancia en la administración pública incluyendo el de Jefe Político y Comandante de Armas en distintos departamentos de la República, oportunidad en la que ayudó a varios paisanos colocándolos como escribientes de oficina, dentro de quienes se mencionan a Samuel Castillo Guevara, Humberto Ramírez (Quembo) y Antonio Vargas. JUAN JOSÉ CLAVERÍA. Originario de Sanarate, vino a El Jícaro como telegrafista del gobierno, cargo que desempeñó por varios años en forma eficiente, se casó en el pueblo y fue padre de honorable familia, ya jubilado se distinguió por su amor a la escultura, construyendo en el interior de su casa de habitación varias figuras de animales, como tigres, leones y mujeres desnudas, configurando todo un museo de arte por vocación. No creía en Dios como lo concibe la biblia, sino que Dios era la propia naturaleza, decía. Fue Alcalde y su hijo mayor José Clavería, por Chepe se le conocía, buen muchacho, fue para mí, injustamente acusado de guerrillero comunista, lo que dio como resultado su desaparición física. RODOLFO GUTIERREZ. Experto agricultor y ganadero, primitivo dueño de la finca El Quinto, ahora de sus herederos, ‘promovió el cultivo de la uva por algún tiempo, pero cuando joven fue celador de líneas del telégrafo, fue Alcalde. Su hijo Rodolfo Gutierrez Juárez, honrado a carta cabal, destacó también en la vida social del pueblo, habiendo sido Alcalde. HERMINIO BARILLAS, Ezequiel Barillas Ayala, Pedro Canales, José María y Leopoldo Pérez, Manuel Peralta e Inocente Marín, fueron por espacio de muchos años del personal docente de las escuelas de este municipio, dejando toda una experiencia entre quienes fueron sus alumnos. JOSÉ DOMINGO CASTRO. Fue de los primeros Secretarios Municipales que tuvo el municipio, defensor de varias causas por hechos y acciones que no le parecían acertadas, como la protesta por la confirmación en el cargo, como presidente, de don Carlos Herrera, así como el establecimiento de la pena de muerte, en las que la municipalidad local nunca estuvo de acuerdo y se opuso. Por causas que se ignoran tuvo que emigrar a la república de Honduras en donde falleció, dejando hijos de madre también Jicareña, Berto Delio, Flor Esmila y Procerpino Castro, extremadamente revolucionarios. HIGINIO Y ELÍAS AQUINO, dos personajes, ambos hermanos, fueron activistas en su aldea natal El Espíritu Santo, accionando cuantas veces se presentó la oportunidad en favor del desarrollo y engrandecimiento de su comunidad, el primero, inclusive, se desempeñó como Alcalde Segundo del Ayuntamiento en determinados momentos.

182 MELECIO VENEGAS GUTIERREZ, Joaquín Cordón y Filadelfo Morales Hernández, Tesoreros Municipales por muchos años, fieles cumplidores de sus obligaciones y probos a toda prueba; el primero era muy celoso en la custodia y guarda del dinero que bajo su responsabilidad, porque era prohibido, se lo llevaba a su casa todos los días para evitar un riesgo, por lo que cariñosamente le llamaban el “hombre del maletín”. LEOPOLDO JUÁREZ ARAGÓN. Decano de los telegrafistas en la estación de El Jícaro, muy disciplinado, honorable a carta cabal, padre de honorable familia, gustaba levantarse temprano para ejercitarse caminando y cuando el riachuelo de Las Ovejas en invierno estaba limpio, solía caminar para allá, línea arriba a pasos agigantados, a echarse el chapuzón, toalla siempre al hombro, fue maestro de muchos telegrafistas paisanos. Como táctica para comprobar la honradez de los pocos aprendices de telégrafo que admitía, ponía monedas y billetes dispersos por la oficina, como trampa para ver quien los tomaba, y poder calificarlos después. SAMUEL VENEGAS GUTIERREZ, telegrafista del gobierno de profesión, fue Guardalmacén de Licores de una fábrica que existió en el pueblo y Administrador de Correos en la capital de la República, por muchos años. GERMAN MORALES. Militar descendiente de los Morales de los Bordos, hermano del famoso maquinista del ferrocarril Germán del mismo apellido, alcanzó el grado de Coronel, desempeñando varios puestos en la administración pública, incluido el de Gobernador del departamento de Jalapa. PLÁCIDO y ELÍAS SAAVEDRA JUÁREZ, ambos hermanos y mayores del ejército, desempeñaron importantes cargos en la administración pública, incluido el de comandantes locales, fueron hombres de bien bastante queridos y respetados por quienes les conocieron y trataron. MANUEL ORELLANA. Este buen hombre vino de Zacapa con su esposa Carmen Girón, a establecer negocios de talabartería el primero, pues fabricaba toda clase de objetos ese ramo, incluso galápagos y sillas de montar y la segunda su bonita tienda, pro además devota católica muy caritativa y auxiliaba en su dolor y sus penas a las gentes que lo requerían; madre de Beto chacón, padre del recordado deportista, magnifico portero, Güicho Chacón. GAUDENCIO MORALES BARILLAS. Se caracterizó por ser un defensor del pueblo, integrando varios comités de apoyo al desarrollo, incluso, el de la construcción de la Iglesia Católica; en una oportunidad quiso llevar a cabo un proyecto de cambio de nombre del municipio, pero no le surtió efectos positivos, fue administrador de un proyecto agrícola durante el gobierno de la revolución del 44 en la finca nacional “Navajoa”, Morales, Izabal. Su hijo Elixalén Morales Ruíz, ocupó importantes puestos en el ramo de caminos, siendo evidente que a él se le debe en buena medida la construcción del puente sobre el río “El Tambor”. SIMÓN CARRANZA. De El Paso de los Jalapas, destacó en las milicias nacionales en donde obtuvo el grado de Capitán de Infantería e instructor de las milicias locales y posteriormente en la agricultura, sirviendo en ambos casos a la aldea que lo vio nacer, fue asesinado por un pariente cercano suyo. EFRAÍN PERALTA. Oriundo de esta población, hijo del coronel Guillermo Peralta, destacó en el ejército nacional en donde obtuvo el grado de Teniente Coronel, sirviendo al estado en varios puestos públicos, incluso el de segundo jefe de la Guardia Civil de aquél entonces y después instructor de las milicias locales, radicándose en definitiva en El Paso de los Jalapas al lado de su estimable familia.

183 LADISLAO GUERRA. Hombre circunspecto, vino de San Pedro Pinula, Jalapa, de donde era originario como telegrafista del gobierno, se caso con estimable dama de la localidad, procreando varios hijos Francisco, Carlos y Jesús. Don Lago fue Director General de Correos, en la capital, en donde fijó definitivamente su residencia. FRANCISCO GUERRA MORALES. Maestro y político revolucionario del movimiento del 44, fue catedrático de secundaria y normal, Ministro de Agricultura, de Gobernación, Embajador y Ministro Plenipotenciario de nuestro país en las repúblicas Dominicana y Haití. Sus hermanos Carlostino y Chus de sus apellidos desempeñaron puestos de importancia tanto en el gobierno como en la iniciativa privada, el último de profesión Abogado y Notario, fue partícipe de la reestructuración de la Huelga de Dolores, de la USAC. CARLOS JIMÉNEZ PERALTA. Abogado y Notario ejerció perfectamente su profesión en la capital y Escuintla,, perfilándose como un profesional litigante de primera, fue Juez de Trabajo y Previsión Social en Puerto Barrios, Izabal, de los pocos que han aplicado el derecho tutelar de los trabajadores, lo que afirmo con toda seguridad por haber sido yo, oficial de aquel tribunal y escribir por decisión suya, como hábil mecanógrafo, así él me consideraba, muchas de las diligencias y sentencias en juicios orales aunque los procesos estuvieran a cargo de otros oficiales. Fue también Diputado al Congreso de la República por el departamento de Escuintla, postulado por el partido revolucionario; se caracterizó por su humildad y defensa de la gente pobre. Siendo juez, un día sábado, decidió venir a El Jícaro, en el pasajero del medio día, sin imaginarse que entre Zacapa y Cabañas lo iban a capturar las huestes de un comando del ejército del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) que dirigía su paisano, amigo de infancia y ex compañero de escuela, Rosendo Pérez Ventura, recluyéndolo en la cárcel pública local, de donde fue remitido a la cabecera departamental acusado de comunista, pero la realidad del caso era otra, la política del momento, de una represalia, por no plegarse a los intereses de las compañías Frutera e Írca., cuyos fallos legales en juicios en su contra les eran regularmente adversos en derecho, saliendo libre inmediatamente de la prisión pero al poco tiempo fue destituido injustamente del cargo; falleció en un accidente de tránsito en la cuesta de Villalobos. JOSÉ MARTÍN ORELLANA. Respetable señor que vino a El Jícaro en buena hora para contribuir al progreso y desarrollo del municipio en todos sus aspectos, juntamente con sus también estimables hermanos: Alfredo, Miguel y Francisco de sus apellidos, agricultores todos por vocación, quienes generaron una pléyade de descendientes, magníficos y honrados todos. MANUEL CASTILLO RAMÍREZ. Político, listo e inquieto, desde muy joven incursionó en la política partidista, lo que le valió un exilio en la república de México por algunos años. A su regreso volvió a lo mismo y un comité de vecinos lo hizo Alcalde Municipal de Puerto Barrios en donde desarrolló magnífica obra. Por su carisma y Don de gente, captó el cariño de mucha gente, siendo posteriormente diputado al Congreso de la República por el departamento de El Progreso, además era telegrafista del gobierno en donde desempeñó puestos de importancia. RICARDO PAZ CASTAÑEDA. Vino de Zacapa a radicarse aquí con su negocio de farmacia, contrajo matrimonio con Doña Elisa Carranza Páiz, con quien procreó a honorable familia, agregando al anterior una bien montada tienda estilo miscelánea atendida por la esposa. ISAURO DE LEÓN. Originario de Teculután, se estableció en la localidad con su esposa Alicia Chávez, procedentes de Zacapa dedicando su tiempo ambos para atender su farmacia y tienda anexa, padres

184 de distinguida familia, participó activamente en la vida social del municipio y fue el primer Alcalde Municipal de la Revolución del 44. Honraba los bailes sociales con la presencia de toda su familia, incluidas sus bellas tres hijas, Olga, Marta y Perla Greta. HÉCTOR PINEDA MORALES. Capitán del ejército, también de Teculután, llegó a este territorio juntamente con sus hermanos Enrique y Luis a poner su negocio de farmacia, pero habiendo contraído matrimonio con Berta Elena Casasola Venegas terminó por radicarse en la localidad, con un negocio de tienda, procreando a distinguida familia; colaboró con el gobierno de la revolución del 44 en importante cargo de la administración pública, motivo que lo hizo trasladarse con su familia a la ciudad capital, pero siempre pendiente de El Jícaro, al que adoptó como su segunda patria chica y padre de honorable familia de la localidad. JUAN RAMÓN BRACAMONTE. Vino a El Jícaro procedente de Jocotán, Chiquimula, designado como maestro de educación elemental, contrajo matrimonio con doña Lola Castillo y participó activamente en la vida social del pueblo, así como en la integración del Concejo Municipal, al igual que los tres anteriores vinieron para participar en el quehacer diario del lugar, se enamoraron de su naturaleza, de puras y guapas mujeres, para formar excelsos hogares y, a quedarse por siempre, en la morada eterna local. INDALECIO DUARTE. Experto del yunque en la forja de metales, fabricante de toda clase de instrumentos de labranza y único en su tiempo, para calzar las herraduras de las caballerías, además buen guitarrista; bastante joven llegó a esta comunidad procedente de Jocotán, Chiquimula, en donde fijó su residencia para participar en nuestra economía, contrayendo matrimonio con Doña Elena Pineda, progenitores de honorable familia, siendo participó de la vida social del pueblo, incluso, como concejal de la Municipalidad, muy campechano y amigo, tuvo varios negocios incluido el de alquiler de bicicletas, una novedad en la época. Su hijo mayor Julio Duarte Pineda, falleció trágicamente en una confusa escaramuza, cuando siendo Secretario del destacamento de la Guardia de Hacienda en Puerto Barrios, Izabal, contrabandistas dentro de los que estaban inmiscuidos autoridades principales del puerto, atacaron la sede del resguardo, para sacar un fuerte contrabando del que ya se tenía conocimiento, del muelle de ese lugar, y la presencia incorruptible de dicho funcionario, me refiero a Julio, quien no se prestó al juego y lo impedía en forma legal, repeliéndose el ataque, con el resultado mencionado, en cumplimiento de su deber. SAMUEL CASTILLO GUEVARA. Hombre honrado y trabajador, bromista y bonachón, durante su juventud ejerció función pública, desempeñándose como oficial de Jefaturas Políticas (ahora gobernaciones), en varios Departamentos de la República. A su regreso se dedicó a la agricultura, ganadería y al comercio del sombrero de hilama, quiso llevar a cabo junto a Juan Ramón Bracamonte y otros paisanos, el proyecto de irrigación por gravedad, de las tierras bajas de al lado oriente del municipio, pero lamentablemente fracasó ante la férrea oposición de los dueños de la finca el Tintero de conceder el derecho de servidumbre de acueducto en terrenos de su propiedad, pese a lo avanzado de los trabajos de excavación. Fue por corto tiempo el primer Intendente Municipal de la revolución del 44, antes que se instituyeran las Alcaldías Municipales. JUAN FRATTI JUAREZ. Buen hijo del pueblo, forjador de juventudes en distintos establecimientos educativos de la capital, amante de la pesca con anzuelo, que al igual de su hermano Víctor, le dieron nombre al terruño. HUMBERTO MORALES CASTILLO. Fue Alcalde Municipal, hombre trabajador y honrado que supo ganarse el aprecio del vecindario, además fue buen sastre que vistió a centenares de congéneres con

185 la confección de trajes y pantalones bien hechos y a la moda por más de medio siglo; fue Alcalde Municipal titular e interino algunas veces. FIDEL EGBERTO CASASOLA VENEGAS. Desde muy joven aprendió la lección del deber y la honradez, cualidades que practicó en todo momento, caracterizado como una persona buena para la industria y el comercio que no le gustaban las injusticias y los actos de corrupción; después de haber sido Jefe de Bodega en la estación del ferrocarril de Retalhuleo, se dedicó de lleno a las mencionadas actividades, en las que luego de algunos altibajos cosechó aplaudidos éxitos y la admiración de muchos, hasta el día de su muerte. JOSE SALOMÓN MORALES ROMERO. Maestro de Educación Primaria Urbana, fue catedrático de secundaria, desempeñó importantes cargos en la administración pública en el ramo educativo, incursionó en la política en partidos de la revolución de octubre y en posteriores a ella, fue candidato a diputado por nuestro departamento, con resultados infructuosos desafortunadamente y un magnífico colaborador en el desarrollo del municipio. Era oriundo de San Cristóbal Acasaguastlán, pero tenía a El Jícaro, como su segunda patria chica, a quien demostró siempre cariño. Era un hombre alegre que reía a carcajadas. LUIS PÉREZ ROMERO. Inquieto activista político revolucionario y polifacético, pintaba y dibujaba cuadros realistas y surrealistas por mero deporte, también maestro de escuela; murió por su forma de pensar, asesinado en Chiquimula por huestes del Movimiento de Liberación Nacional, después de haber sido encarcelado, aunque su cadáver nunca apareció. Su esposaTenchita Orellana y sus hijos Güicho y None, ya fallecidos, que en paz descansen. TOMÁS ROLDÁN LEÓN. Agricultor y comerciante de los productos que cosechaba, pero además un verdadero líder en su comunidad, a la cual sirvió abiertamente en cualesquier necesidad y gestión que se presentaban, habiendo realizado mucha obra positiva. De las Ovejas vino a vivir en la población, por la superación educativa de sus menores hijos, en donde también contribuyó al progreso y desarrollo del municipio, fue Alcalde Municipal, fanático dirigente deportivo, patrocinador de equipos en la rama del foot ball y buen amigo. Gilberto Orellana Galdámez, del clan de los Orellana de Estanzuela, magnífico agricultor, participó activamente en la vida social y comercial del terruño, casado con Doña Victoria Rosal, padres de honorable familia citadina. MANUEL AYALA MORALES. Melo como amigablemente se le llamaba, fue un enamorado de la agricultura, así como de su aldea natal, se congratulaba de las grandes siembras y cosechas de tabaco y otros artículos que producía, además activista en la solución de cuanto problema se presentaba a los vecinos de su comunidad, hizo mucha obra positiva en pro de su terruño. Cuando alguien le ofrecía un cigarrillo decía: “muchas gracias, yo no fumo, solo produzco su materia prima”. ROGELIO CASASOLA Y CASASOLA. Hombre apacible, agricultor de primera, excelente contratista de la United Fruit Company en la hechura de fincas, juntamente con su hermano Abelardo, en la costas norte y sur del país y buen administrador agropecuario; contribuyó al desarrollo agropecuario del municipio, formando parte del gobierno local y en el aspecto familiar fue un padre ejemplar. FIDEL ROLDAN MORALES Enérgico y honrado, fue muy buen Alcalde y en el ramo militar se desempeño como comandante local en varios municipios de la república, incluyendo este municipio, padre de muy buena familia.

186 JOSÉ ANTONIO CORDÓN JORDÁN. Hombre honrado y querido, vino de Zacapa a poner la mejor barbería que el pueblo ha tenido, incluyendo los servicios de rasurado y masajes, de tal prestigio que venían clientes de varios municipios circunvecinos y hasta de la propia cabecera a cortarse el pelo y la barba y aplicarse el sabroso masaje de esta última, contando con la ayuda, primero de su sobrino Tono Guerra y después de su pariente Arnulfo quien posteriormente puso su propia barbería; como pasatiempo ofrecía juegos de naipes, dominó, dama, así como dados en pequeñas apuestas; tomó parte activa en la vida social del municipio, se casó aquí y formó estimada familia. SALVADOR ALFARO CUELLAR. Maestro y Director de la escuela nacional urbana para varones de muchas generaciones, y primer director del instituto de educación básica, muy joven vino a esta población para quedarse definitivamente, se adaptó fácilmente a la forma de vida del pueblo al que consideraba como su lugar natal, en donde contrajo matrimonio con Trine Cordón, padres de estimable familia, ya jubilado murió después de penosa enfermedad. ABRAHAM RODAS RUÏZ. De la aldea Lodechina, fue un buen Alcalde Municipal, durante su administración se construyó el actual edificio municipal a un costo que ahora da risa, cuando no pasaba por la mente de nadie, robarle un solo centavo del erario municipal. PEDRO QUIJANO. Hombre listo y muy colaborador, muy joven salió de su aldea natral, Los Bordos de Barillas, fue agente de la Guardia Cívica aquí en el pueblo en tiempo de la revolución del 44 y Policía Nacional Civil después, en otros puntos del país y, de regreso, se dedicó junto a su mujer Adelivia, al negocio de tienda, pero también se convirtió en consejero y amigo componedor de pequeños problemas del vecindario, siendo elegido además, Concejal de la Municipalidad y Juez Municipal durante el gobierno de facto del Coronel Enrique Peralta Azurdia. CÉSAR AUGUSTO GUTIERREZ. Magnífico agricultor y creador de ganado, participó activamente en el desarrollo y vida social del pueblo, habiendo sido concejal de la Municipalidad, casado con Elsa Cordón, padre de honorable familia. CARLOS ORELLANA, patojón vino de La Estanzuela, Zacapa, en busca de sus parientes Orellana Galdámez, residentes aquí, especialmente de su padre Chico, en donde se desarrolló como extraordinario agricultor. Bastante respetuoso simpático y bromista fino en su trato con los demás. Su Don de gente lo hizo captarse el aprecio y cariño del vecindario, padre de honorable familia. CÉSAR RILEY. Dueño de la finca El Tambor, oriundo de Río Hondo, pero un enamorado de El Jícaro, en donde contrajo matrimonio con Marina Castillo, progenitores de honorable familia, fue un puntual colaborador en el ámbito progresista del pueblo, como lo fue su joven hijo Wily Riley Castillo activo directivo de Fraternidad Jicareña. CARLOS CARRANZA PÁIZ. De pocas palabras, instruido, telegrafista del ferrocarril de profesión, hombre honesto y callado, buen esposo y ejemplar padre de familia, a la cual con su esposa Lupita Casasola, heredó buenas manera de comportamiento social y de trabajo. JOSÉ AMNTONIO SANTOS ÁVILA. Llegó de Cuilapa, Santa Rosa, como maestro de la escuela de varones, una magnifica persona y amigo, por su manera de ser, cautivó el aprecio del vecindario, participando activamente en la vida social de la población, padre de buenos hijos a quienes forjó en la rama de la educación. CARLOS AYALA MORALES. Magnífico constructo, honrado y buen padre de familia, admirado por qué muy joven le extirparon un riñón y así vivió activo por muchos años trabajando afanosamente para el sostenimiento de su hogar.

187 JOSÉ EDUARDO PÁIZ. Fue dirigente sindical en varias empresas tanto de la capital como del interior del país, defendiendo los derechos e intereses de los afiliados, incluso fue miembro de la Junta Directiva del IGSS. ADAN DE LEÓN CHAVEZ, joven abogado y notario, ex trabajador de los ferrocarriles de Guatemala, se significó por su entrañable amor para el pueblo que lo vio nacer, del cual se sentía orgulloso y ponía de relieve ante sus semejantes siempre que se presentaba la oportunidad de charla; además un magnífico y solidario amigo, especialmente con la gente humilde. ERNESTO JUÁREZ GUTIERREZ. Hombre modesto, buen oficinista, fue trabajador del ferrocarril, magnífico marimbista, contribuyó en el desarrollo social del pueblo y padre de honorable familia. MARIO MARIN MAXWUEL. Telegrafista del ferrocarril, la gringa, como le decían cariñosamente, amante de la pesca y la caza, buen padre de familia, se caracterizó por ser un buen amigo de las personas. JULIO CÉSAR ARRIAZA CASTILLO. “Chorizo”, como amigablemente se le llama, telegrafista del Gobierno por muchos años, maestro de generaciones en este ramo, amante fanático del foot-ball su deporte favorito, del cual también fue dirigente, fundador y mantenedor de equipos y futbolista en la línea defensiva, también de la agricultura, la pesca y la cacería; ya jubilado, decidió participar en el campo de la política la que lo llevó a ser diputado por nuestro departamento, considerándosele buen hijo del pueblo a quien sirvió en los distintos campos de sus actividades. JULIO CÉSAR BARRIENTOS RAMIREZ. Se desempeño como Inspector de Salud, fue Alcalde del municipio y falleció en plena juventud, en el ejercicio de sus funciones, tras larga enfermedad, muy querido y reconocido por el vecindario. MARIO VICENTE ORELLANA ROSAL. Inquieto desde muy joven, se costeó su carrera de abogado y notario, con el esfuerzo personal de su trabajo, como catedrático de institutos privados en la capital, y una vez graduado, asumió como oficial de tribunales del ramo penal, después como litigante y asesor de instituciones del Estado, especialmente del Ministerio de Gobernación y de la Policía Nacional, en donde aprovechando esa coyuntura ayudó a muchos paisanos consiguiéndoles colocación como agentes de policía y en el ramo administrativo, era buen orador, servicial y muy buen amigo. Participo activamente en la vida social del pueblo. Casado con Virginia Ayala Méndez y padre de honorable familia. CAPÍTULO XVII SERVICIOS PÚBLICOS .AGUA POTABLE. Haciendo un poco de historia se sabe, que este importante servicio fue instalado en esta población por vez primera, allá por el mes de noviembre del año 1938, producto de constantes gestiones promovidas por el comité pro-agua potable integrado por los vecinos Juan Ramón Bracamonte, Fidel Egberto Casasola, Jesús Núfio, Alfonso Morales y otros. Para el efecto el comité tuvo que contribuir con una regular suma de dinero, aparte del aporte del Estado, consistente en dos mil quetzales. Cuéntase que en oportunidad de una visita del presidente de la república, general Jorge Ubico, el comité en audiencia pública, le planteó el problema del agua entubada y enterado aquel funcionario, contestó así: “Si el comité cuenta con parte de los fondos, se harán esos trabajos, mi gobierno aportará la otra parte”, y como en efecto había dinero disponible en caja, se hicieron los trabajos por el sistema de gravedad, tomando el agua del riachuelo conocido como “quebrada seca” en las proximidades del caserío “El Javillo”, en donde se construyeron la presa y los tanques de captación y de distribución, a partir de los cuales se instaló el acueducto hacia la población pasando por terrenos de la hacienda “El Tintero” en una longitud aproximada de tres kilómetros, cuyos

188 trabajos estuvieron a cargo del señor Macario Jiménez, supervisados por el propio comité de vecinos que tenía toda la colaboración de la Municipalidad. El número de pajas de agua en relación a su caudal fue de cuarenta, aparte de las diez que a título gratuito se otorgó a los dueños de la hacienda El Tintero, en compensación a la servidumbre de paso de acueducto que ellos concedieron. El servicio público de este líquido, sin pago alguno, se prestaba a través cinco llena cántaros instalados en varios puntos estratégicos de la población, una pila para lavado de ropa y dos pilas circulares en forma de fuente, una en el parque, que servía más que todo de adorno y otra en Buenos Aires de donde los vecinos cogían el agua directamente de los varios chorritos que caían, un tanto incómodo por la llovizna que provocaba el aire, por lo que inventaron hacerlo por medio de tubos improvisados de varas de chimilile, bambú o higuerillo que conectaban a las boquillas de la fuente para llenar sus cántaros. Esos instantes, de reunión masiva para llevar agua, regularmente por las madrugadas y en las tardes, eran muy alegres por el bullicio y chismorreo de la gente, para algunos vecinos desagradables por la interrupción del sueño, no faltando, de repente, uno que otro pequeño lío y hasta pencazos de verdad, por reclamaciones de turno. El caso es que, en forma inconsulta e irresponsable, en años posteriores, determinados alcaldes vendieron otras pajas, lo que originó escases para los primitivos dueños, cuyo servicio, novedoso en su tiempo, concluyó siendo deficiente y desaparecido más o menos por el año1964; lo que obligó a la comuna a tomar cartas en el asunto, con miras a lograr una ampliación de aquel caudal, de suerte que el gobierno autorizó Q.15,000.oo para esos trabajos que ya no fueron utilizados ante la perspectiva de un nuevo estudio al respecto, de galerías filtrantes. Los fontaneros de este primer servicio fueron Macario Jiménez, Juan Rojas y Andrés Marroquín, a quienes se recurría para la solución de cualquier asunto al respecto, pues el mayor problema era el azolvamiento constante del sistema de conducción por la mucha arena y lodo por las crecientes de la quebrada seca. En efecto este servicio fue sustituido pocos años después, por otro, bajo el sistema de “galerías filtrantes” que se instaló en las inmediaciones de la aldea Las Ovejas, por el año 1962, auspiciado por el Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública, bajo la supervisión del Ing. Isidro Morales Roldán, diseñado para darle agua también a aquella aldea, el cual desafortunadamente tuvo corta duración por la escasez de ese vital líquido. Para mejorar el servicio debido a su demanda, no quedó otra alternativa que la apertura de pozos accionados con bombas eléctricas, pero de todos modos, continúa deficiente debido a la sobre población existente, siendo por ende necesaria su racionalización. Antes de la introducción de este servicio, la gente se abastecía de pozos artesianos que existían en algunas casas y, la mayoría, lo hacía del río Motagua en alegres caravanas de mujeres, patojos y hasta el mejor amigo del hombre, el perro, en cántaros, galones, tecomates, etc., momentos que aprovechan más de un tenorio a unírsele a alguna “chica vista” para cantinearla y declararle el amor de sus sueños, acertada modalidad que daba buenos resultados, pues aunque parezca mentira, muchas parejas en ese ir y venir del río, con el tiempo o chispazo de amor a primera vista, sin tanta chachalaca, formalizaban sus uniones de hecho, matrimonios o simples aventuras amorosas; oportunidad propicia que se buscaba para el caso, pues en aquellos tiempos no fácilmente dejaban salir a las muchachas, y llegar a casa, a pedir y comprometerse directamente, era cosa seria. Los vecinos de las aldeas hacían lo mismo, de los manantiales y riachuelos cercanos, de aguas limpias, aceptables para el consumo, llenaban sus cántaros que cargaban sobre un yagual en la cabeza, y en la cintura, para lo cual cavaban pequeños pozos artesianos desechables en sus riberas y algunas personas, por si “las moscas”, acostumbraban el tratamiento natural del agua en filtros

189 perfectamente fabricados de piedra pómez, que estilaban gota por gota hacia un cántaro de buen barro, aguardado en su armario de madera, que la hacía sana, fresca y de sabor natural agradable. Ahora, en cambio, el agua del río es mortal por la total contaminación, al extremo de tener que comprarla envasada. ENERGIA ELÉCTRICA. Una planta diesel de 15 kilovatios de capacidad obsequiada bondadosamente por el ex presidente Juan José Arévalo, fue la que vino a iniciar este servicio y por lo tanto a resolver un ingente problema que de antaño se confrontaba. Caía la tarde del día 28 de junio del año 1947 y de pronto como luciérnagas luminosas brilló la luz en las calles del poblado, trayendo consigo la alegría de sus moradores que veían nacer una nueva era de progreso. Hubo una fiesta digna con todo el pueblo reunido y todo fue amenidad con la grata presencia del Presidente Constitucional de la República, Dr. Juan José Arévalo y su comitiva, recordando que los impulsores de tan magnánima obra fueron justamente: Francisco Guerra Morales, Juan de Dios Aguilar, Fidel Egberto Casasola Venegas, Adán Isauro de León, Melecio Venegas Gutiérrez, Javier Arriaza y otros que integraban la Municipalidad de esa época; el primero de tales personas era diputado a la Asamblea nacional constituyente, por el departamento de El Progreso; el segundo Director General de Obras públicas y los demás, en su orden, síndico municipal, alcaldes de León y Venegas en diferentes períodos y el último, secretario de la Comuna. Los operadores de la planta fueron, primero, Armando Chew y después César Arriaza Castillo. Con el transcurso del tiempo se hizo sentir entre los vecinos la necesidad de sustituir aquella planta que había llegado al final de su vida útil, por otro servicio de mayores beneficio, la planta hidráulica de “Comaja”, que Dios mediante, después de cuatro años de continuas gestiones, se logró introducir, inaugurándose el 5 de julio del año 1959, y así, se logró un paso más hacia el adelanto de El Jícaro, no sólo porque se consiguió luz, fuerza y calefacción, sino porque este servicio ofrecía más beneficios y resultaba más barato, el cual era administrada por la Municipalidad de El Progreso, ahora Guastatoya, a la que la Comuna local compraba 20 kilovatios al mes al precio de Q.5.00 cada uno, la que dicho sea de paso se resistía a vender el servicio no obstante dictamen favorable de la superioridad, lo cual indignó a la Municipalidad local de la que el autor de este libro era el Secretario, lo que me obligó a escribir un artículo en Prensa Libre que tenía por título: “Jicareños pretenden anexarse al departamento de Zacapa”, con texto enfocando el problema con énfasis en la terquedad de aquellos munícipes, que no tenía otro objeto más que el de presionar para que se accediera a lo solicitado, situación que en definitiva, creo yo, que revirtió el empecinamiento de los integrantes de aquella Municipalidad para, al fin, vendernos el servicio, aún cuando ya se nos había ofrecido el de “Pasabien”, en Zacapa. El servicio de Comaja llegó a su final, inmediatamente después, que el Instituto Nacional de Electrificación, se fue proyectando paulatinamente a nivel nacional, dando la oportunidad a El Jícaro de contar con un servicio de mejor calidad, que bien o mal, concesionado actualmente a la empresa extranjera Unión Fenosa, Deorsa, caro, pero más o menos eficiente. CORREOS Y TELEGRAFO. Existió esta población una oficina de Correos y telecomunicaciones, por casi un siglo, a cargo de varios telegrafista, pero el más visible fue Julio César Arriaza Castillo, quien por su diligencia y actividad supo conquistar el aprecio del público a quien atendía cortésmente, teniendo ya varios años de haberse retirado de ese importante cargo; contaba además, con un mensajero y un celador, que la mayor parte de tiempo lo fue Dolores Aquino. La oficina de Correos y telégrafos, se instaló en este lugar precisamente el día 16 de marzo de 1904 cuando aún no se había hecho municipio El Jícaro, pero atendiendo su importancia, se le dotó no sólo de este servicio sino de otros

190 más que se dejaron mencionados en páginas precedentes, cuyo sistema era muy eficiente, principalmente en tiempos del gobierno del general Ubico, pero la primera oficina postal de tercer orden fue autorizada por medio de Acuerdo Gubernativo de fecha 11 de noviembre de 1896, elevada a segunda categoría por acuerdo de 8 de junio de 1920. Hubo servicio telefónico de manivela o cigüeñal en las aldeas El Paso de los Jalapas, Las Ovejas y Lo de China, con sus respectivos empleados, conseguidos por la Municipalidad de 1960-62, autorizados por la Dirección General de Correos y Telégrafos. En marzo de 1974 se inauguró el pequeño edificio de correos y telégrafo, construido por la Dirección General de Obras Públicas, a un costo de Q. 5,862.38. Este servicio, como el de energía eléctrica, fueron privatizados por la administración del ex presidente Álvaro Arzú, debido, según versiones del momento, a su ineficiencia de los últimos años, porque el mismo fue muy bueno tiempos atrás, según se comenta, aunque en todo esto hay mucha tela que cortar; dándolo en concesión también a la empresa extranjera El Correo S.A., caro también pero eficiente, lo cual es considerado como un desacierto de ese régimen, por el pésimo servicio que actualmente se presta. CENTRO DE SALUD MUNICIPAL. Adscrito a la Municipalidad funcionó por mucho tiempo, años 19601962, el Centro de salud Municipal, con la colaboración de la Dirección General de Sanidad Pública, a través de un convenio bilateral, por medio del cual la primera de las dependencias mencionadas se obligaba a proporcionar las medicinas, demás materiales necesarios y a visitar por medio del médico jefe de la Unidad Sanitaria Departamental, el centro de salud, y por su parte la Municipalidad cubría el pago del enfermero respectivo, Faustino Ramírez Ruiz, a cuyo cargo estuvo el centro de salud en cuestión, por varios años, con la ayuda voluntaria del vecindario, siendo nuestra asidua colaboradora Elsa Mejía Castañeda, quien recaudaba cierta parte del sueldo de ese magnífico enfermero. Es justo reconocer la humanitaria labor que por un tiempo desempeñó el doctor Juan José Castillo Orellana, hijo de este pueblo, quien los días viernes de cada semana, venía de la capital a dar consultas gratis a los vecinos que lo requerían, en el indicado centro de salud, toda vez que el de la Unidad Sanitaria brillaba por su ausencia, pese a ser su obligación y, en cambio, el doctor Castillo, practicaba hasta pequeñas cirugías, con éxito. El anterior, fue sustituido por el Centro de Salud actual, bajo la responsabilidad directa del Estado, con muchas mejores proyecciones, dotado de algunos equipos, medicamentos, con edificio propio y dirigido técnicamente por un profesional de la medicina. De estos servicios los hay también en las aldeas El Paso de los Jalapas, El Espíritu Santo y Lodechina, atendidos por enfermeros pero supervisados por el área de salud departamental. DRENAJES: De aguas pluviales y servidas los hay, construidos con ayuda del gobierno posterior a la década de los años 60, lo malo es que los últimos desagüen en el río Motagua, por la contaminación. CENTRO DE BIENESTAR SOCIAL. Existe este, albergado en edificio propio, adscrito a la Secretaría de Asuntos Sociales de la Presidencia de la República que atiende especialmente a niños de madres de escasos recursos en forma gratuita, cuidándolos y proveyéndoles de alimentación y otros servicios durante el día. Se sabe que este servicio vino al pueblo gracias a las gestiones promovidas por la Asociación Fraternidad Jicareña, entidad que en buena hora tocó las puertas de la Secretaría de ese ramo, en ese entonces a cargo de la Primera Dama de la Nación, señora Berta Lossi de Laugerud, aunque algunas personas se atribuyen así mismo, en lo personal, tan importante gestión. Quién sabe.

191 DISPENSARIO DE LA CRUZ ROJA. En la década de los 40 del siglo pasado, cada año, se hacía presente este servicio en todos los pueblos situados a lo largo de la vía férrea, montado en un carro del ferrocarril que estacionaban en el patio en las cercanías de la estación, por una semana o más, provisto de un médico y un enfermero, a practicar exámenes y a dar medicinas a la población, incluso iban a las aldeas más remotas a lomo de caballo, pero especialmente, a dar purgante de castor, apazote y de ricino, para las lombrices, brebaje que no era nada agradable para los niños de las escuelas, pues casi forzados nos llevaban a ingerir ese grueso líquido, situación molesta para el empleado encargado de servir la dosis, pues ante la resistencia de muchos, procedía sin ninguna contemplación a meter la poción hasta el esófago, previo regaño del maestro encargado y, mientras unos lloraban, otros se lamían los labios de satisfacción, y adiós parásitos dañinos. SERVICIO TELEFÓNICO. Hay este servicio de línea, propiedad de Estado, pero concesionado temporalmente a una empresa extranjera, lo mismo que de cable, prestado por la empresa local “felivisión”, propiedad de Marco Antonio Casasola Saavedra, cuyo servicio es bastante eficiente. CAPITULOXVIII FENÓMENIS NATURALES, PLAGAS, EPIDEMIAS Y OTROS HECHOS A través de los años en el mundo y este país han ocurrido hechos y tragedias que han afectado la salud de los habitantes del municipio, con pérdidas humanas y materiales, considerando de importancia dejar constancia para conocimiento de la posteridad, de algunos de esos acontecimientos de los que se tiene conocimiento, a través de la tradición oral, los más relevantes, así: INCENDIOS: A lo largo de su historia, en El Jícaro han ocurrido muchos incendios, tanto en casas de habitación como en terrenos particulares, debido a descuidos, especialmente por las “rozas” o “quemas” que hacen los agricultores en la preparación de las tierras para la agricultura, al no hacer las “rondas” adecuadamente, hechos que aparte de la aflicción de los afectados y pérdidas materiales, no se sabe de alguna víctima mortal; pero más o menos por el año 1948, ocurrió uno de éstos de regulares proporciones, cuando un cisterna, halado por un convoy ferroviario con dirección al norte, con motobomba adherida con herbicida para matar el monte tupido de ambos lados de la vía, en el switch de entrada al patio de la estación, se incendió a causa de una enorme braza botada por la máquina al hacer contacto con el liquido inflamable de la bomba, y aún cuando lo desconectaron a tiempo del resto del tren, desenfrenado éste, pero cerradas las llaves de la bomba, por mi padre Fidel Egberto Casasola Venegas, quien dicho sea de paso se quemó las manos, ya en llamas dicho tanque, se detuvo por desgracia mero enfrente de la estación de madera, la que inmediatamente cogió en llamas destruyéndola totalmente, suceso que hubiera sido catastrófico de no haberse cerrado a tiempo las llaves de salida del combustible. EPIDEMIAS. Hasta cuando alcanza el conocimiento de anteriores generaciones, se sabe que por la década de los 20 del siglo pasado, hubo una enfermedad denominada “Cólera” que se expandió por todo el municipio matando a numerosas personas, y que ante la gravedad del problema las autoridades como medida preventiva ordenaron que los fallecidos fueran inmediatamente enterrados, en el cementerio local por cuadrillas de voluntarios (forzados y sin protección) organizadas al efecto, transportados en simples tapescos porque no había tiempo para hacerles su

192 caja mortuoria, habiéndose dado casos de que cuando los llevaban rumbo al cementerio, a medio camino, revivían los supuestos difuntos, que al ser bajados por sus cargadores, la emprendían de regreso a casa o les golpeaban las cajas pidiendo auxilio, porque aun estaban vivos. Cosa igual sucedió cuando la epidemia de la fiebre de “Tifoidea”, casi en la misma época que la anterior, en que la medicina y los controles de estas enfermedades desafortunadamente estaban en ciernes, diezmando la población y posteriormente la peste Bubónica. Esta región, aunque no en forma de epidemia, fue atacada por la enfermedad del paludismo, a causa de la cual fallecieron muchos habitantes pues en casi todos los hogares, más de un familiar fue objeto de la misma, la que actualmente está casi desaparecida. PLAGAS. Se cuenta que más o menos por la década de los 20 del siglo pasado, invadió la región, incluyendo El Jícaro, una plaga de Langosta común mente llamado chapulín que al alzarse en vuelo sobre el espacio superior opacó como una nube lo claridad del sol, y al descender a tierra arrasó en cuestión de minutos con cuanto cultivo de maíz y frijol encontró a su paso, no sin antes dejar “pelones” muchos árboles cuyas hojas les fueron apetecidas, pues no habiendo en esa época insecticidas para su combate inmediato, la autoridad local se limitó a reunir a un grueso de la población para ahuyentar a esas alimañas y hacerlas caer en varias fosas cavadas previamente para enterrarlas, práctica no muy positiva por cierto, ya que buena parte de esos insectos se levantaba nuevamente para seguir su vuelo a otros campos y continuar el perjuicio. Esa plaga ingrata dio como resultado escases de granos básicos, y la consecuente hambruna en el área, que obligó a muchos habitantes a alimentarse con guineos tiernos, “popochas” o la inflorescencia de éstos, flores de madre cacao y hasta con raíces de algunas plantas, pero especialmente de la conocida en el medio cono “murrul”, cómo abasto HAMBRUNA. Según la tradición oral, repetitiva de generación en generación, se sabe que más o menos, entre los años 1880 a 1900, del siglo XX, en toda la región oriental del país, pero bastante acentuada en la nuestra, se dio el fenómeno de una hambruna terrible, que afligió a la población, derivada de las continuas sequias cíclicas, por la falta de inviernos, y reyertas guerrilleras de individuos desafectos a los regímenes de turno, pues no había abasto, lo que obligó a las personas a comer cuantos vegetales y animales de monte estaban a su alcance, raíces de vegetales, especialmente del árbol de murrul y popochas de guineos cosidos, pájaros, conejos, tacuacines, iguanas y hasta lagartijas, pues la situación de estancamiento y pobreza eran tremendas. TERREMOTO DE 1917. No se sabe el mes ni el día, pero en ese año ocurrió un fuerte sismo recordado por los vecinos por el tremendo susto que les provocó, de suerte que no ocasionó pérdidas materiales ni humanas, tal vez porque las casas, en su mayoría, eran ranchos de palma y de bajareque, pero se comentaba, todavía pasados ochenta años, como algo horrible e inesperado como que se los quería “tragar la tierra”. TERREMOTO DE 1976. Se han dado a conocer en capítulos anteriores aspectos físicos del terruño que por muchos años lo engalanaron, sus vistosas calles adornadas con su pequeña flora, en fila, a ambos lados, de almendros, truenos, acacias, cocoteros, palma real, sin faltar dispersos árboles de frondosos amates, morros, caulotes y tamarindos, guarida de muchos pajaritos, de los cuales más de algunos por su frondosidad y agradable sombra, fueron sitio para la tertulia cotidiana o “peladero”, como lo fue el famoso árbol de chico plantado en el parque central y la propia rampa de la estación del ferrocarril, así como sus largas filas de casas bien trazadas trayendo a cuenta el espíritu de solidaridad que anima a sus moradores en franca manifestación de una sociedad bien organizada.

193 Sin embargo esos atributos físicos propios del esfuerzo de sus habitantes, desaparecieron en un santiamén, en el instante menos esperado, cuando siendo las 3.33 del día 4 de febrero de 1976, en los precisos momentos en que sus moradores se encontraban disfrutando el mejor de sus sueños, la fuerza de la naturaleza se impuso y el territorio nacional fue sacudido con inmensa furia por un terremoto que en los círculos científicos de la sismología fue conocido como el de la “falla del Motagua”, con una intensidad de 7.5 grados en la escala de mercalli y de 9 en la de Richter, con una duración de 27 segundos, dejando a su paso muerte y desolación. El sismo seguido de de otros de menor intensidad, tuvo su epicentro cruel en las costas del océano Atlántico activando la falla del Motagua, con epicentro a cinco kilómetros de profundidad, en el municipio de los Amates, Izabal, con mayor impacto en la región nororiental y central del país, hasta el departamento de Chimaltenango, siendo así que en El Jícaro derribó por completo las viviendas de sus habitantes, en su mayoría de adobe y bajareque, pues solo quedaron de pié los edificios de la Municipalidad y de la estación del ferrocarril, de concreto y madera, respectivamente, desapareciendo como consecuencia del mapa la bella estructura física del poblado que quedó reducido a escombros con lamentable cauda de 58 personas fallecidas, entre niños y adultos, mas de una veintena de heridos y pérdidas materiales incalculables, a nivel local y más de 23,000 en toda la república; inesperada catástrofe en la que lamentablemente perdieron la vida, entre o otros distinguidos conciudadanos, queridos familiares, mi cuñada Yolanda Orellana Cordón y sus hijitos, mis sobrinos, Jorge Mario e Irma Yadira Casasola Orellana, que en paz descansen todos. El fenómeno telúrico, abrió la tierra causando una grieta enorme entre 10 y 80 centímetros de diámetro, atravesando nuestro municipio paralelamente de nororiente a poniente entre el rio Motagua y la sierra del Merendón a escasos 50 metros, al sur, de los barrios Vista Bella y Buenos Aires, afectando seriamente varias aldeas en las que también hubo muertos y daños materiales cuantiosos, incluyendo una mi recién estrenada amplia y bonita casa de campo en el terreno que era mío en ese entonces, ahora de mi hermano Tono, pues a 20 escasos metros de ella pasó la grieta mortal. No se esperó que amaneciera, entre el dolor que les embargaba, los vecinos que gracias a Dios salieron ilesos, procedieron de inmediato, al unísono, sin que nadie se quedase atrás como reza el popol vuh, a remover los escombros en busca de personas soterradas que aun lesionadas estaban con vida y había que salvarlas dándoles las atenciones necesarias, así como extraer los cuerpos de las desafortunadas que perdieron la vida en el propio lugar de los hechos para su traslado al espacio del parque central que fue habilitado como centro de primeros auxilios, lugar en donde también se hizo el velatorio general, con los respectivos actos religiosos, para el enterramiento colectivo al día siguiente en el cementerio local, con la fuerza que les dio el coraje y valentía. El pueblo entero se dio cita para conducir a su última morada, en masivo sepelio, los féretros de los hermanos fallecidos en cumplida despedida con los honores religiosos acostumbrados. Los habitantes que nunca habían experimentado una catástrofe de esa índole, excepto algunos pocos de edad avanzada que vivieron y aun recuerdan con temor la presencia de un temblor igual por el año 1917, pero no de las mismas dimensiones, permanecieron al aire libre por algunos días en el gran espacio de lo que El Jícaro había dejado de ser momentos antes, sin línea divisoria que los separara de sus propiedades como antes, acampados en pequeños toldos que improvisaron, reponiéndose del tremendo susto en tanto con el devenir de los días se procedería a la limpieza de los enormes promontorios de tierra y ripio producto de las casas caídas para edificar de nuevo, cuyo proceso a base de desvelos y sacrificios no duró mucho tiempo, pues gracias al esfuerzo y valentía de sus

194 moradores, el Jícaro está de nuevo en pié, con sus nuevas casas construidas de mejor calidad, ya no con sus calles formando hileras de almendros, truenos, acacias y cocoteros, como era antes, sino con unos árboles ornamentales y bellos que en buena hora plantó el Maestro Gilberto Orellana Rosal con sus alumnos de la escuela primaria para varones de la localidad, cuya obra es digna del más grande reconocimiento por parte del vecindario. El Jícaro recibió ayuda piadosa de propios y extraños para aliviar en algo sus penas y situación de desamparo con motivo de tan inesperada tragedia, pero lamentando hasta los últimos días la pérdida irreparable de sus seres queridos víctimas de tan lamentable suceso y que para perpetuar su memoria insertamos a continuación sus honrosos y respetables nombres:

195 Manuel de Jesús Ayala Portillo Ronald Wilfredo Ayala Méndez Carlos Arturo Orellana Roldan Zulma Waleska Polanco Arriaza Irma Yolanda Orellana Cordón de Casasola Jorge Mario Casasola Orellana Irma Yadira Casasola Orellana Marvin Heriberto Morales Coronado Genaro Adolfo Matías Ramírez Elmer Dagoberto Quilo Beltetón Walter Ivan Quilo Beltetón Marvin Arturo Gómez Sánchez Enma Orellana y Orellana Rosa Fajardo Sara Tulia Gutierrez Cordón Manuel Chamul Orellana Lucrecia Rivas Cipriano Soberanis García Otilia Tabique de Enríquez Clara Luz Morales Marroquín Manuel Lisandro Figueroa Arnoldo Paz Hicho Marta Paz Hicho Marta Julia Paz Hicho Norma Patricia López Rodríguez Joaquín Bernabé Portillo Flores Efraín Lara Guerra Hugo Leonel Herrera López Rafael de León García Vilma Consuelo de León García Ana Cecilia de León García Dolores Fajardo Eulalia Arias Pedro Ortega Luna Silvia Gutierrez Delfina Páiz Constanza Josefina Salguero Olivia Ramos Catalina López Romelia Morales Guevara Rosa Barrientos Mansilla Héctor Gustavo Reyes Eladio Reyes Ramiro Reyes Dante Giovanni Caridi Barrientos Silfin Estuardo Caridi Barrientos Edwin Pereira Zoila Esperanza Orellana Cordón María Isabel Castellanos Orellana Julia María Castellanos Orellana Herminio Eribel Cordón Edgar Ovidio Carranza Páiz Kristian Gómez Sánchez Y otros cuyos nombres no fue posible verificar.

Imagen desoladora terremoto 1976

196 EL HURACAN MITCH. El siglo pasado fue ingrato con la humanidad por la incidencia de catástrofes que trajeron angustia, congojas, dolor, penas y pobreza por el estancamiento del desarrollo, y Guatemala no escapó a ello, siendo así que a partir del día 25 de octubre de 1998, se anunciaba por el Centro de Huracanes, en Miami, Estados Unidos de Norte América y el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología y Meteorología (INSIVUME) de nuestro país, por los distintos medios de comunicación, nacional e internacional, especialmente por la televisión, del aparecimiento en la costa atlántica de la república de Nicaragua, del huracán previamente bautizado con el nombre de “Mitch”, cuyo fenómeno natural por sus características venía movido con gran cantidad de kilómetros por hora cargado de los peores augurios, para toda Centro América, Belice y Yucatán, México. Vientos violentos e impetuosos acompañados de fuertes e interminables aguaceros se hicieron sentir de inmediato en toda la región por espacio de varios días, en tanto las autoridades civiles se encargaban de calmar los ánimos de de la población bastante aterrorizada por la presencia del fenómeno nunca antes observado e informaban acerca del comportamiento a seguir para prevenir, contrarrestar o por lo menos paliar cualquier desgracia. Pasaron los días y de pronto el desastre se hizo presente, los ríos se salieron de su cauce e inundaron caminos, fincas, caseríos, aldeas y poblaciones enteras arrastrando las fuertes correntadas todo lo que encontraron a su paso, con el lamentable resultado de muchos bosques, plantaciones agrícolas, casas, edificios, tramos carreteros y puentes destruidos, numerosas personas y animales domésticos fallecidos, así como cerros y barrancos derrumbados por la furia del fenómeno, provocando una catástrofe de su índole jamás vista en estos tiempo, siendo los países más afectados Honduras, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica y Guatemala, generando muerte, destrucción y pobreza. Esta desgracia ocurrió entre los días 24 y 29 de octubre del año citado, según el avance del fenómeno por los países y lugares que iba atravesando, de suerte que de pronto se hizo patente la ayuda internacional por lo menos para aliviar la situación, aunque el desastre fue tal que pasaran muchos años para que los países afectados recuperen las pérdidas sufridas por lo menos las materiales. Es de advertir que según las predicciones del Centro de Huracanes de Miami, este huracán nacido como ya se dijo en las costas de Nicaragua, iba con rumbo a las de Belice y Yucatán, de sur a norte, pero debido a un fenómeno meteorológico que le llamaron “frente frío” que se interpuso en su curso, el huracán se estacionó por cierto tiempo en la costa Atlántica de Honduras y de repente al cambiar de línea, de oriente a poniente, atravesando en ese orden la república de Honduras, rumbo a Guatemala, por el lado de Izabal y Chiquimula, seriamente afectados, vino a afectarnos directamente a nosotros, alejado del rumbo primeramente anunciado por los técnicos de Miami, que lo era Belice y Yucatán, hasta morir en el estado de Chiapas, república de México, a los cinco días de duración.. Otros días más de lluvia y hubiéramos tenido otro diluvio universal. El río motagua uno de los más caudalosos de Guatemala, que pasa por nuestro municipio, el día 27 del mes del problema, en horas de la tarde, se desbordó casi paralelamente entre la línea del ferrocarril y la carretera del Atlántico, ocasionando tremendos estragos a la agricultura, destruyendo cultivos y arruinando por completo las vegas que dejó convertidas en playas pedregosas inservibles con la consiguiente miseria y desolación. Afortunadamente aquí no hubo desgracias humanas que lamentar, solo las materiales mencionadas y algunas viviendas destruidas en el barrio La Quebrada en donde el agua alcanzó altos niveles poniendo en peligro la vida de los moradores quienes fueron evacuados a lugar seguro a su debido tiempo. Es

197 de admirar y celebrar al mismo tiempo, gracias a Dios, que al puente recién construido e inaugurado, en esa época, ni al del Rancho 15 kilómetros río arriba, le haya causado problema serio alguno, excepto al primero que le destruyó la rampa del lado norte y una parte de la baranda, y el extraño caso que le ocurrió a una persona no identificada que al instante de cruzar el puente fue embestido por la fuerte correntada arrastrándolo aguas abajo con todo y vehículo en el que se conducía, pero al lograr salir del mismo a como pudo nadó hasta no más poder y logró asirse y parapetarse en un árbol grande de “jaguay”, no precisamente en la orilla, de donde fue rescatado más tarde sano y salvo por un helicóptero que vigilaba y prestaba auxilio a las víctimas de la catástrofe, perdiendo su vehículo que fue arrastrado por las aguas del crecido Motagua, pues el nivel de la misma sobrepasó la pista del puente. Parece un caso de película, ¿verdad?. TEMPORAL DE 1949. Algo similar ocurrió a mediados de septiembre de ese año, por la madrugada, cuando, a consecuencia de las fuertes lluvias convertidas en temporal, por varios días, provocados, quizás, por tormenta tropical desconocida, el río Motagua se salió de su cauce al trasponer la borda de la línea del ferrocarril, a la altura del malpaís de Chilo Morales, después de la poza del zarco, arrasando desde allí, varios kilómetros de vía férrea y algunas estaciones ferroviarias, incluyendo la de Cabañas, arrancándolas de tajo, arrastrándolas aguas bajo, haciendo lo mismo con el ganado que pastaba en los terrenos aledaños, a ambos lados, del río, que murieron ahogados, entre vacunos, caballos, aves de corral y animales silvestres, arrasando bosques y cultivos, que quedaron reducidos en escombros y, las vegas, convertidas en playas pedregosas desérticas, lo cual provocó un desafortunado desastre en la economía a nivel nacional, no cabe duda que por motivo de algún huracán o tormenta tropical, pero como en esa época no existían medios científicos y tecnológicos para detectar, alertar y poner nombre a esos fenómenos, se creía que era consecuencia de copioso inviernos normales de la época. Menos mal, que en esa oportunidad, un telegrafista paisano, me parece que Emilio Vargas Morales, de la estación de El Fiscal, avisó de la enorme creciente que se acercaba y sabidos todos, incluso la autoridad local, se le esperó, despiertos y listos los pobladores para las precauciones del caso, viendo por la mañana pasar atónitos grandes árboles arrancados de tajo por la furia del fenómeno y animales que trataban de salir a la orilla. El barrio la Quebrada se inundó totalmente y las aguas coparon el techo de las casas, pero el vecindario, gracias al aviso previo recibido, desocupo sus viviendas a guarecerse en lugar seguro. El nivel del agua en esa vez, subió penetrando por la quebrada, hasta llegar a la carretera cerca del potrero Las Burras, en las cercanías de la casa patronal de El Tintero. TORMENTA TROPICAL ÁGATHA. Después de otros fenómenos naturales trágicos acaecidos en el país, incluyendo la tormenta Stan el 7 de octubre de 2005, que hizo estragos por todos lados, ahora, 29 de mayo de 2010, casi a los doce años del huracán Mitch, que castigó severamente a la nación, nos azota a nivel nacional con muerte y desolación, aunque en nuestro pueblo no hubo pérdidas humanas, la tormenta tropical ÁGATHA, así conocida popularmente, si con la furia de sus elementos, destruyó buena parte del puente de acceso Río Motagua desbordado por tormenta ÁGATHA. a nuestra población sobre el río Motagua, a los casi doce años de su inauguración y de prestar un servicio colectivo efectivo, igual que otros muchos más, a lo largo y ancho de los ríos del país, incluyendo el derribamiento total del casi centenario puente Orellana, en la aldea El Rancho, cuyo fenómeno fue seguido casi simultáneamente, con la erupción del volcán de Pacaya,

198 Escuintla, que también causó enormes daños en buena parte del área de su ubicación, arrojando grandes cantidades de lava y lanzando rocas, arena y cenizas que cubrieron techos, terrazas y calles del vecindario, con cauda, de 178 fallecidos, inclusive, de un periodista en el lugar de los hechos cuando observaba el volcán de cerca para informar a la población y destrucción de viviendas. Este fenómeno tiene relativa similitud con el anterior, en relación a la cantidad de lluvia caída, no así en los daños causados, que fueron mayores ahora, por la estructura destruida. CAPITULO XIX OTROS SUCESOS DURO GOLPE. La vida, con los privilegios que nos concede el Ser Supremo, nos depara a los seres humanos, sabores y sin sabores en el curso de nuestra vida, y muchas veces no se compensan los unos con los otros y, se perciben por ende, más las penas y congojas. Dentro de ese contexto, lo más duro que me ha ocurrido a mí en la vida, es la pérdida de mi querido hijo Randolfo Augusto Casasola Díaz, joven muchacho, de apenas veinte años de edad que estaba en la plenitud de su vida, a manos de un desalmado policía nacional, ebrio, en Puerto Barrios, Izabal, un día 13 de septiembre de 1992, cuando disfrutaba del feriado de las fechas de independencia Patria, no sé si por castigo de Dios para mí y nuestra familia, porque los humanos directa o indirectamente, sin meditarlo, somos susceptibles de cometer errores, aunque yo no recuerdo alguno de ellos, mucho menos haber matado o violado y, a pesar de haber logrado la condena de doce años de cárcel para el homicida, la herida queda latente para siempre, la vida ya no es la misma. La otra pena que afectó mi vida, aún siendo obra de la naturaleza, fue la muerte casi seguidas de mis padres Fidel Egberto Casasola Venegas y Felicinda Saavedra Terraza de Casasola y de mis hermanos Randolfo, Rolando y Ranulfo, este último murió primero, muchos años antes, en circunstancias misteriosas, cuando trabajaba como oficinista en la Prebostía del Cuartel General del Ejército de Guatemala, aunque la información oficial del cuartel indicaba que se trató de un suicidio. Igualmente, la de mis queridos parientes que fallecieron en el terremoto del 76, esposa e hijos de mi hermano Beto, quien también perdió a su hijo Betío tiempo después, en un fatal accidente de tránsito, pero de todos modos, así es la vida, con la idea natural adelantada, de seguirlos por el mismo trance del camino inexorable de la muerte. Que en paz descansen todos, atrás vamos. Mis demás sufrimientos, son parte de la vida, por problemas que uno mismo se ha buscado o de situaciones anormales de conveniencia, que ha aceptado, de tal manera que habiéndole hecho fijo al tormento, no hay nada de qué arrepentirnos. LOS LUCÍOS. Se conoce con el nombre de <LUCÍOS> a personajes de una banda de forajidos que delinquieron a mediados del siglo XIX en el Nororiente de la República, especialmente en los departamentos de El Progreso, Jalapa y Zacapa, cometiendo toda clase de fechorías de las que los habitantes de El Jícaro no escaparon. Según se sabe, su existencia tuvo origen en las desbandadas o licenciamientos de los ejércitos populares de Rafael Carrera quien durante el tiempo que fueron sus soldados les dio rienda suelta a la faz de lo cual cometían toda clase de tropelías contra los pacíficos moradores siendo su principal objetivo el pillaje. Aglutinados en apoyo de Carrera, en su mayor parte, procedieron de las montañas de Palencia, Jutiapa, Jalapa y Baja Verapaz y constituían varias familias a cuyos principales sujetos corrompió el momento político de Guatemala de aquellos tiempos durante el gobierno de su protector.

199 José Solís Morales en el libro <Medallones de Oro>, indica que esa banda se organizó tras la muerte de un soldado llamado José Lucio López, campesino oriundo de Palencia, Guatemala, a quien Rafael Carrera mandó decapitar por creerlo culpable del robo de un tesoro que el mismo presidente guardaba secretamente en su hacienda de aquella población, cuya trágica muerte de quien indudablemente era líder de los montañeses causó indignación y descontento, haya sido porque se consideraba injusto aquel acto o parque el occiso gozaba de cariño y simpatía entre sus a adláteres .El resultado fue que de pronto surgieron otros campesinos de la soldadesca encabezados por Mauricio Ambrosio y con los ánimos enardecidos al grito de “muera Carrera”, tomaron Palencia, se apoderaron de 800 fusiles que el gobernante guardaba en la guarnición de aquella población y se alzaron en armas, pero siendo repelidos, se hicieron a la retaguardia, hacia los pueblos mencionados y ya sin recursos, en desbandada, sin quien los dirigiera militarmente, se dedicaron al crimen. Mucho se ha oído hablar lo que nuestros antepasados sufrieron a manos de estos malhechores, transmitido el cuento de generación en generación al indicarse que esos salvajes forasteros sembraron el terror en la región por más de una década, robando y asesinando a diestra y siniestra sin la más leve piedad, ya fuera a filo de machete o de cuchillo, a impacto de bala o perdigón o a la típica usanza: La horca. Sus principales centros de fechorías fueron los pueblos de Sansare, Guastatoya, Morazán, San Agustín Acasaguastlán, El Jícaro, Cabañas, las montañas de Jalapa, Etc., donde su saña hizo correr sangre, enlutando muchísimos hogares. Víctimas de esos malvados, preferían enterrarse vivos con todo y sus pertenencias o enterraban solo éstas para evitar que pasaran al dominio de los maleantes, siendo así que con posterioridad se han encontrado entierros de restos humanos y objetos materiales. MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN. Este fue otro acontecimiento que alarmó y acongojó a la población, cuando a mediados de julio del año 1954, surgió el movimiento armado de Liberación Nacional encabezado por el coronel Carlos Castillo Armas, según se comenta con la ayuda del gobierno norte americano, que tenía como escenario el derrocamiento del entonces presidente de la república mayor Jacobo Ärbenz Guzmán cuyo ejército, en su mayoría compuesto por mercenarios, tenía su centro de operaciones en Chiquimula, pero no siendo nuestro propósito adentrarnos en este tema, me referiré únicamente al problema local. Pues bien, en esos ésos días, un avión de guerra del bando de la Liberación, bautizado con el nombre de “sulfato”, por el terror que causaba, desde muchos kilómetros atrás, en pleno vuelo, avistó a un convoy del ferrocarril que transportaba erróneamente pasajeros, y tropa de la zona militar de Zacapa, del bando del gobierno, a la vez, cuando de repente a la altura del puente de El Tambor, en la aldea de ese nombre, de este municipio, lo ametralló por ambos costados, falleciendo multitud de civiles y militares, algunos de los cuales fueron sepultados en el cementerio local, y siendo muchas las incursiones de ese aparato sobrevolando el espacio aéreo del pueblo, la gente de El Jícaro, en su mayoría, abandonó sus casas para irse a refugiar a lugares seguros, la aldea El Javillo, lugar de mayor concentración, por ejemplo, de suerte que a la población fuera del susto no le ocurrió otra cosa, salvo capturas de algunos vecinos del bando contrario. Unos cuantos vecinos de El Jícaro, se unieron a este movimiento solo para cobrar venganza contra revolucionarios indefensos, al punto de lograr su desaparición o ejecuciones, pues jamás se supo de ellos-

200 JOSE MARTI EN EL JICARIO. En El Jícaro, cuando apenas era un villorrio, hizo alto el mártir de Dos Ríos ---el cubana José Martí--viniendo de Puerto Barrios hacia la capital. En una casa de humilde aspecto, en el momento que el gran apóstol llamaba a la puerta, el dueño del pequeño lar recitaba a su manera unos versos. Al escucharlos Martí, puso más atención y quedó maravillado de la facilidad de expresión del ignorado autor de la composición, pues retrataba a lo vivo un bello cuadro de la naturaleza. Al terminar el anciano su recital, Martí le abordó y suplicó que le repitiera nuevamente los versos a lo que gustoso accedió el buen hombre. Un buen guacal de agua refrescó la reseca garganta del patriota cubano, despidiéndose del dueño, montó en su cabalgadura atada a un exuberante árbol de Jícaro que erguía su pelambre verdoso al viento cálido del trópico, en el patio de aquella humilde casa. . . Meses más tarde, en la capital de la república, Martí se hizo de un libro de Fábula intitulada “EL venado, la serpiente y la paloma” y entonces, se acordó de aquel viejecillo de El jícaro. Eran los mismos versos sabios que había escuchado embelesado de labios del anciano. El libro en cuestión, era de nuestro gran fabulista Rafael García Goyena, el La Fontaine americano. Los datos anteriores fueron tomados del libro “Guatemala” escrito por el poeta Martí durante su estadía en nuestro país por los años pasados de la revolución de 1871, en donde además, refiere, que el dueño de la casa que lo atendió en donde saboreó unos humildes blanquillos (huevos de gallina), que le recitó los versos mencionados, era un ladino decidor, fanfarrón, letrado y tuerto. ¿Quién sería aquel buen hombre que tuvo ese intercambio de palabras con el insigne poeta cubano, quizás sin saber quién era él interlocutor viajero. Sería un ascendiente de la familia Peralta, Gutiérrez, Morales, etc. Valdría la pena investigar, pero yo en lo particular, por los antecedentes que se conocen de él, creo que fue un personaje llamado Guillermo Gutierrez, entre paréntesis, Tío Mito, hermano de tías Cona y Silvia de ese apellido, primitivos vecinos del pueblo. EL PUENTE SOBRE EL RIO MOTAGUA. Para muchos era un sueño, para otros un hecho irreversible que no admitía discusión y para unos cuantos, de los retardatarios que no faltan en los pueblos, una obra innecesaria, esto último por la existencia a escasos 15 kilómetros río arriba, de otro igual o de mejor calidad, el llamado puente “José María Orellana” a la altura de la aldea El Rancho, San Agustín Acasaguastlán, que lleva más de 80 años de servicio en forma eficiente, y ante la necesidad de otra obra de importancia, se decía, como lo era el asfalto de la carretera interdepartamental “El Rancho-Zacapa; hecha realidad a estas alturas, de mucha utilidad para el desarrollo de los municipios de San Agustín Acaguastlán, El Jícaro, Cabañas, San Diego, Huité y la propia cabecera de Zacapa, en una extensión aproximada de 40 kilómetros, pero la realidad es que para nadie fue cosa fea ese proyecto, por el contrario, algo positivo, de todas maneras, su construcción, por lo menos para acortar distancia.

201 ¿Cómo y porqué se hizo el puente, de quien fue la idea original y la de última hora?, son
Vista de la pista del puente sobre el río Motagua, al fondo terrenos el Talquezal y Pila de Moscoso. Vista lateral del puente sobre el río Motagua.

algunas de las interrogantes que se hacen algunos analistas. Pues bien, la respuesta de muchos de los mismos, es que la idea original y el deseo de conectarnos frente, derechito, en la línea recta con la carretera del Atlántico, es del grueso de los vecinos de El Jícaro desde muchísimos años, al igual que los de los municipios circunvecinos, aunque los de Cabañas lo hubieran querido frente a su población, pero la idea de última hora según se sabe, fue de tinte político partidista del entonces diputado Arturo Castillo Parada, cuando en su campaña reeleccionista les ofreció a sus seguidores, la obra en cuestión, lo que no quedó solo en simples ofrecimientos, ya que en poco tiempo logró conseguir una buena cantidad de hierro de varias pulgadas y, lo más importante, la inclusión de determinada suma de dinero en el Presupuesto de Gastos del Erario Nacional, y con la mediación del ex diputado Julio César Arriaza Castillo, se procedió a la integración de un comité de vecinos, que se encargaría de dirigir todas las acciones relacionadas con esa obra, el cual quedó integrado de la manera siguiente: Presidente, Marco Tulio Ayala Méndez; Vicepresidente, Samuel Castillo Orellana; Secretario, Julio César Arriaza Castillo; prosecretario, Mario Hernández; tesorero, Marco Antonio Casasola Saavedra; vocales: Tomás Roldán León, Hugo Leonel Mendoza, Arnulfo Guerra, Rolando Páiz Barrios, Arnulfo Castro García, Hermenegildo Ramírez, Israel Luna, César Augusto Gutierrez, César Aquino Morales y otro, y a pesar de la resistencia promovida por cierta autoridad, quien no estaba conforme con las personas electas del citado comité, se logró su autorización por la Gobernación Departamental de El Progreso. Hasta allí la intervención del diputado Castillo Parada, pues habiendo perdido la elección, se quedó a la zaga de toda actividad, pero es digno reconocerle su valiosa intervención, pues estaba cumpliendo sus promesas de campaña. Algunos opositores, no de la construcción del puente en sí, sino de la elección del comité, quisieron llevar agua a su molino o comerse el mandado como se suele decir vulgarmente, presionando al Gobernador Departamental, de su mismo partido, para que se cambiara el comité, democráticamente electo, por personas adhoc, que respondieran a su manera de pensar, hacer y dirigir políticamente las acciones, petición que no fructificó ante la valiente oposición de algunas personas del pueblo, pues el Gobernador no tuvo otra opción más que ratificar al mencionado comité, cuyos integrantes mantuvieron hasta el final la independencia del proyecto. Tomó entonces la batuta el Comité de vecinos con el lema de obras son amores y no buenas razones y con todo empeño, prosiguió las gestiones del caso, ante el gobierno de la república, ya entonces con la participación del distinguido paisano Edgar Pineda Morales, quien fue un magnífico enlace entre funcionarios claves del Estado

202 encargados de manejar estos asuntos y el propio comité, siendo así que al final de cuentas en tiempo record, se logró una solución final, suscribiéndose como consecuencia el contrato de la obra, entre el comité, en representación de los vecinos, y la empresa constructora “Conza”, propiedad del Ing. Alfredo Amílcar Bolaños, a un costo total de Q. 3.751,3OO.OO, en plan tripartito, así: El Estado por medio del Consejo Regional de Desarrollo, Región III, Q. 3.428,O49; Municipalidad, Q.273,25l.OO y Comité Q. 50,OOO.OO en materiales, además de la estricta y legítima supervisión, concluyéndose felizmente el mismo, siendo inaugurado el día 3l de octubre de l998, bajo la administración del ciudadano Hugo Arriaza Pensamiento, como Alcalde, en tiempo record de haber iniciado su construcción y la supervisión gratuita del Ing. Antonio Ramírez, por parte del comité. Pero eso no es todo, hubo de por medio el deseo e interés del gobierno de la república de querer hacer bajo sus directrices el puente, y a eso vamos, ¿Quién dio la orden para ejecutar inmediatamente esos trabajos?, sería el presidente Arzú o el vicepresidente Flores Asturias, creo que este último, pues a decir verdad, a la par del beneficio colectivo que representaba para el vecindario de El Jícaro y pueblos circunvecinos, también le sería más cómodo para el hermano de este último funcionario para sacar su producción de mango de su empresa en la finca El Tintero, hacia la carretera del Atlántico con destino a los mercados nacionales e internacionales, haciendo patente el adagio que dice: “todo en la vida lleva un interés”. Si no se hubiera dado la orden del “todo poderoso”, (Vicepresidente Flores Asturias), cuyo hermano como ya se dijo tiene intereses en el municipio la obra no se hace, por el contrario, hubiéramos observado atónitos, como ya ha ocurrido en otros casos que “partidas de presupuesto vienen, partidas van y de momento se detienen. Política partidista al fin, ¿verdad?. ÚLTIMA HORA, ÚLTIMA HORA. Hoy 30 de mayo de 2010, siendo las siete horas, cuando nos encontramos en la víspera del proceso de impresión del presente libro, recibimos la triste noticia de que esta verdadera joya para los jicareños, a los doce años de su inauguración y de prestar un servicio eficiente, una parte de su estructura colapsó, llevada aguas abajo, por la fuerte creciente del río Motagua, provocada por las copiosas lluvias de la tormenta tropical AGATHA, quedando incomunicada la población, por lo que los jicareños estamos de luto. Igual suerte corrió el centenario puente “Orellana” de El Rancho, cuyas obras monumentales de acceso, que prestaron efectivos servicios colectivos a la región, con lo ocurrido, pasan a formar parte de nuestra historia. A los pocos meses del problema, el paso por el puente a El Jícaro, ha sido rehabilitado provisionalmente, por la Municipalidad en forma inteligente, por medio de una rampa engrapada a la otra parte que quedó en pié, a la espera que el gobierno de la república lo construya de nuevo, en forma más técnica y de mejor calidad.

203 MI CURRICULUM VITAE. Por considerarlo de algún interés para los estimados lectores, particularmente la juventud, hago suya mi hoja de vida, no solo para dar a conocer la responsabilidad, constancia y disciplina que conlleva el trabajo, sino porque el desarrollo de la actividad que enmarca, comienza de abajo hacia arriba, recorriendo oficina tras oficina, en sentido ascendente, en los distintos campos y cargos de la administración pública desempeñados, valga decir, medio forjado en los caminos de la vida, honrando a mi familia y a mi pueblo, lo que lógicamente se traduce de alguna manera, en humildes experiencias adquiridas, hasta convertirme con el devenir del tiempo, hoy día, con mucha satisfacción del deber cumplido, en persona emérita, en tres instituciones: el Estado, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y las Municipalidades, por razón de tiempo y edad, con modestas pensiones que en hora buena son un aliciente para mi vejez.

Nombre: Carlos Egberto Casasola Saavedra Lugar de nacimiento: El Jícaro, departamento de El Progreso Fecha: 9 de septiembre de 1933 Nombre de los padres: Fidel Egberto Casasola Venegas y Felicinda Saavedra Terraza
NIVEL EDUCCATIVO: Bachiller en Ciencias y Letras, en escuela nocturna; Maestro de Educación Primaria Urbana, en escuela nocturna; Estudios y cursos ganados en Facultad de Derecho de la USAC. CARGOS DESEMPEÑADOS: EN LAS MUNICIPALIDADES.  Oficial 1º. Secretaria Municipal y del Juzgado de Paz, El Jícaro;  Secretario Municipal y del Juzgado de Paz, El Jícaro;  Alcalde Municipal y Juez de Paz, El Jícaro;  Secretario Municipal y del Juzgado de Paz, Concepción Las Minas, Chiquimula;  Secretario Municipal y Juez de Asuntos Municipales, Ciudad Vieja, Sacatepéquez;  Secretario Municipal y Juez de Asuntos Municipales, San José Pinula, Guatemala.

EN EL ESTADO.  Oficial 1º., 2º., y 3º Juzgado de Trabajo y Prev. Soc., Puerto Barrios;  Oficial Primero y Jefe Interino, Registro Civil, Quezaltenango;  Secretario del Ministro de Trabajo y Previsión Social;  Juez 6º Ramo Penal, ciudad capital;  Juez 9º Ramo Penal, Civil y de Familia, colonia La Florida, capital;  Inspector de Trabajo, Inspección General del ramo, capital;  Encargado de Personal, Inspección General de Trabajo;  Entrevistador Para Empleos, Servicio Nac. Empleo, Ministerio de Trabajo;  Secretario Departamento Servicio Nacional Empleo, Ministerio de Trabajo;  Jefe Interino, en varias ocasiones, Departamento Servicio Nacional Empleo; 

204 EN EL INSTITUTO GUATEMALTECO DE SEGURIDAD SOCIAL:  Inspector Patronal, División Inspección, Departamento Patronal;  Secretario General Sindicato de Trabajadores del IGSS.;  Asistente Ejecutivo, División Inspección;  Jefe Sección de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia;  Subjefe División de Inspección;  Supervisor Regional, El Progreso y Cuilapa;  Delegado Regional, representante de Gerencia, departamentos: Santa Rosa, Jalapa y Jutiapa.

INICIATIVA PRIVADA.   Inspector Colegio Secundaria La Juventud: Mi Oficina particular, atendiendo trámites judiciales y de otros ramos, últimamente.

Carlos Egberto Casasola Saavedra, al centro, en el Seminario sobre Recursos Humanos y Seguridad y Mano de Obra en Washington D. C.

A la Derecha, Carlos Egberto Casasola Saavedra en el Seminario de Alto Nivel sobre Salud, en Bogotá, Colombia.

ASISTENCIA A SEMINARIOS.  Delegado del Ministro de Trabajo y Prev. Soc. al Primer Seminario de Alto Nivel Sobre Recursos Humanos y Estadísticas Laborales, realizado en ciudad San Salvador, República El Salvador, del 19 al 29 abril 1966, bajo auspicios Organización de Estados Centro Americanos: Ver participación en PÁGINA 418 del libro de Actividades de la Secretaría General de la Organización de Estados Centro Americanos (ODECA) 1965/68, de Internet. Delegado del Ministro de Trabajo y Prev. Soc. al Séptimo Seminario Internacional sobre Planificación de la Mano de Obra Y Desarrollo de los Recursos Humanos, realizado en Washington D.C., Estados Unidos de América, del 23 de septiembre al 9 de diciembre de 1966, en el Instituto Internacional de Mano de Obra, bajo los auspicios del Gobierno de los Estados Unidos y la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID);

205     Asistencia al Seminario de Alto Nivel Sobre Seguridad y Salud, celebrado en Bogotá, Republica de Colombia, patrocinado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el año 1974; Asistencia a seminarios locales, sobre distintos temas de la Mano de Obra y Recursos Humanos, Servicios de Empleo, Periodismo Sindical y Seguridad Social, con acreditación de diplomas. Otros: Miembro de la Asociación Guatemalteca de Egresados del Instituto Internacional de Mano de Obra de Washington; Secretario de Actas, primera junta directiva, Fraternidad Jicareña; Cofundador periódico “El Jícaro”, Fraternidad Jicareña; Director periódico “STIGGS”, Sindicato de Trabajadores del IGSS. Autor libro Monografía de El Jícaro; Autor folleto “Breve Crítica sobre la Unión Centro Americana”, como trabajo de seminario previo al diploma de bachillerato; Director y fundador revista “Navidad” que circuló en homenaje a El Jícaro; Redactor textos programa “Aquí El Jícaro” que se difundió en “Radio Faro Aviateca”, hoy Radio Cultural, siendo director el locutor Mario Estupinian quién gentilmente me concedió espacio, en la voz de su colega, locutor, Mario Vásquez Sauza; Director revista “Municipalidad”, que circuló en San José Pinula, Guatemala; Autor pequeño prontuario, conteniendo modelos de resoluciones y diligencias judiciales, ramo penal, para Juzgados de Paz Integrante Comités de Feria y Desarrollo Social, en varios lugares; Artículos sobre temas diversos, en periódicos y radio periódicos del país. Diploma de Reconocimiento por participación en el desarrollo del municipio, otorgado por la comunidad cristiana católica de la parroquia, La Sagrada Familia. Condecorado con la “Orden José María Orellana Pinto”, con medalla de honor al mérito, por servicios prestados a la Patria y el Municipio y contribuido a la cultura del pueblo, otorgada por la Asociación Fraternidad Jicareña.

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Quien desee consultar mi archivo personal, sobre los documentos que respaldan lo anterior, lo invito a hacerlo cordialmente, desde ya. PUNTO Y FINAL En los términos apuntados, concluyo el presente libro, lo cual me llena de profunda satisfacción, por segunda vez acontecida, al ver realizados de nuevo mis propósitos, plasmando a través de los caracteres de la inventiva de Gutenberg, léase la imprenta modernizada, las añosas tradiciones orales que escasamente aún flotan en el ambiente del terruño, acumuladas con el paso del tiempo en las mentes de nuestros coterráneos, que logré recopilar en su momento, compilados para su resguardo en este pequeño ejemplar, por cierto la forma más viable de preservar los acontecimientos de la historia, para conocimiento de los estimados lectores actuales y venideras generaciones, a la espera de que lo lean, lo disfruten y saquen sus propias conclusiones.

206 Preciso es dejar constancia por aparte, que este libro lo venia escribiendo desde hace algún tiempo en mi computadora, con importantes datos y hechos de antaño, conseguidos por informaciones verbales de vecinos o conocedores del tema, que lamentablemente, no aparecen en este texto, por haberse borrado el bosquejo en ejecución, de la memoria o disco duro, por un accidente fortuito, en la “formateada” de dicho aparato, así dicen los técnicos, al momento de introducir nuevos programas de mi interés, sin percatarme, ni ellos, del problema que se iba a suscitar, …. su desaparición. Sin embargo haciendo un esfuerzo de rememoración, pues la calva ya falla, casi atando cabos, logre en lo posible, recuperar algo de lo perdido, hasta donde mi mente fue capaz de responder, y buena parte recapitular, que complementado con los pocos antecedentes escritos que aún tenía, constituyen ahora, este su pequeño libro, que recoge facetas del pasado y presente de nuestro pueblo, pero consciente eso sí, que quedaron muchos datos en el olvido, para mala suerte nuestra, y para mí en particular, una tragedia. El mérito de un libro, además de lo que su contenido pueda significar a juicio de los lectores, está en la aventura de su impresión, porque hay muchas personas que escriben, pero por lo caro de su impresión, dejan inéditos, desafortunadamente sus pensamientos, como ha ocurrido con muchos talentos jicareños. Prohibida su reproducción parcial o total. N del A. Bibliografía consultada: Monografía de El Jícaro, del autor/Nueva Relación de Viajes por la Nueva España, de Tomás Gage/Recordación Florida de Fuentes y Guzmán/División Política y Administrativa de la República de Guatemala, de Mateo Morales Urrutia/ Libro Guatemala, de José Martí/José María Orellana, Presidente de Guatemala, de Juan de Dios Aguilar de León/ Medallones de Oro, de José Solís Morales/artículos de Isidro Morales Marín, de Periódico El Jícaro. Además, tradición oral acumulada y consultas de Internet.

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Carátula Inferior

VARIEDAD DE CACTUS EN EL JÍCARO

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