P. 1
Samper Pizano, Daniel - Postre de Notas

Samper Pizano, Daniel - Postre de Notas

|Views: 2.472|Likes:
Publicado porpatricia_carvajal_9

More info:

Published by: patricia_carvajal_9 on Feb 24, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOC, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

01/30/2013

pdf

text

original

Daniel Samper Pizano

Postre de Notas

Daniel Samper Pizano Postre de Notas

Los artículos que componen este volumen aparecieron publicados
entre enero de 1982 y julio de 1986 en la revista Carrusel, del diario El
Tiempo.

Diseño colección y portada: GERMÁN LEAL C. con caricatura de NAIDE
Caricaturas interiores: YAYO

1986 Daniel Samper Pizano 1986 PLAZA & JANES

Editores Colombiana Ltda.
Calle 23 No. 7-84 Bogotá, Colombia

ISBN: 958-14-0145-8

Preparación litográfica: Servigraphic Ltda., Bogotá Impreso y encuadernado por:
Editorial Printer Colombiana Ltda. Printed in Colombia

2

Daniel Samper Pizano Postre de Notas

'Sigo esperando su libro...'

Lulú, la novia del hijo del primo segundo de un tío político de una niña que fue secretaria
de mi hermano en 1974, estaba brava conmigo. No la veía desde ese entonces —casi diez
años— y me la encontré de improviso a la salida del fútbol. Casi no la reconozco. Pero algún
circuito de la memoria se encendió milagrosamente y ubiqué su cara en un rincón borroso de
mis recuerdos.

—¡Lulú! —la saludé.
Ella a duras penas contestó el saludo, a pesar de que es hincha de Santa Fe y de que fue
esta la razón por la cual una vez me la presentó en la oficina de mi hermano su secretaria, que
tenía un tío político cuyo primo segundo tenía un hijo que estaba saliendo con Lulú.
Yo me corté todo ante la glacial correspondencia de Lulú. Me quedé pensando qué le
habría ofendido de mí. Estaba seguro de que se llamaba Lulú, porque era el mismo nombre de
la Pequeña Lulú, aquel personaje de las tiras cómicas con el cual guardaba un coincidencial
parecido. Mi saludo, además, había sido bastante cariñoso, cosa que excluía la posibilidad de
que lo hubiera tomado como demasiado frío. Santa Fe había ganado esa tarde y todos
estábamos de buen humor. Sospechando de repente un accidente embarazoso, miré hacia
abajo, pero tenía la cremallera bien cerrada. No entendía, pues, a qué se debía el antipático
saludo de Lulú.

Esa noche me desvelé pensando en el asunto y al día siguiente, sin poder resistir más la
curiosidad, llamé a mi hermano; éste localizó a su antigua secretaria; la antigua secretaria se
puso en contacto con el tío político y el tío político habló con el primo segundo, el cual encargó
a su hijo de conseguir el teléfono de Lulú, a la que no veía hacía tiempo. Cuando se deshizo la
cadena, ya averiguado el teléfono de Lulú, mi ansiedad parecía la letra de un bolero. Con la
mano temblorosa y la garganta reseca llamé a Lulú, quien tenía ahora un pequeño taller de
costura donde confeccionaba cortinas.
—Lulú —le dije sin contemplaciones—: noté el domingo que estabas brava conmigo, y

quiero saber a qué se debe.
—¿Y todavía me lo pregunta? —Contestó Lulú—. No sea tan descarado.
Ahora entendía menos que antes lo que estaba ocurriendo.
—Debe tratarse de un chisme, Lulú —tartamudeé—. Alguna calumnia que publicaron en
"Legislación Económica" o en la revista del Banco de la República.
—Qué Banco de la República ni qué nada. Lo vi con mis propios ojos. ¡No me niegue que
usted acaba de publicar un libro!
—Sí, —le respondí en el colmo de la confusión—. ¿Y qué pasa con eso?
—¿Cómo que qué pasa con eso? —Lulú estaba francamente alterada—. ¡Que esta es la
hora en que no me ha mandado su libro!
Colgué el teléfono, porque era inútil seguir la conversación. Y me acordé de que, hace
muchos años, mi papá, que es profesor universitario, también publicó un libro de texto y tuvo
que soportar la impertinencia de varios amigos y conocidos que lo atajaban en la calle para
recriminarle el hecho de que no les hubiera mandado su libro. Tuvo que escribir una nota al
respecto y salir del país ocho años para quitarse de encima la pesadilla de los ciudadanos
irritados a los cuales no había mandado su libro.
Yo estuve pensando más tarde, cuando me volvió el alma negra al cuerpo blanco, en
llamar a Lulú y explicarle los hechos de la vida editorial con la misma franqueza con que ahora
explican a los niños los de la vida del sexo. Quise decirle que, a pesar de que nuestros
nombres aparecen en letras grandes en la carátula, los escritores sólo recibimos veinte
ejemplares gratuitos de acuerdo con los derechos de autor que reconoce un contrato
redactado por los editores con premeditación y alevosía. Quise contarle que casi todos los
autores tenemos madre, que algunos incluso tenemos padre y que hay unos cuantos
afortunados, como yo, que gozan de señora, de hijos y de hermanos. Esos madre, padre,
señora, hijos y hermanos saquean los libros de cortesía. Quise explicarle que quienes
contamos con una larga lista de enemigos no podemos darnos el lujo de regalarles libros a los
amigos porque con ello estaríamos secando nuestro pequeño mercado de lectores. Quise
confesarle que muchas veces los propios autores nos vemos obligados a comprar ejemplares

3

Daniel Samper Pizano Postre de Notas

en las librerías, a precios comerciales, para salir de compromisos ineludibles. Quise agregar a
esta confesión que, en esos casos, nos toca disfrazarnos de ama de casa piernipeluda o de
misionero dominico a fin de que no se crea que estamos tratando de aumentar las ventas
artificialmente. Quise decirle en forma absolutamente cándida que los escritores vivimos de
escribir, sí señora, y que si alguien no paga por nuestro trabajo entonces nos tocaría meternos
de raponeros.

Quise decirle mil cosas, pero al final sólo le dije una. Volví a llamar a Lulú al día

siguiente:

—¡Le mandaré mi libro con mucho gusto, cuando usted me regale las cortinas de mi

casa! —y le tiré el teléfono.

Dos días más tarde, cuando pasé por la librería de un amigo a ver si me adelantaba unos
pesos para ir al cine, me contó que esa tarde había llegado al local una señorita "idéntica a la
Pequeña Lulú" y había comprado un ejemplar de Llévate esos payasos.
Gocé lo indecible en vespertina al saber que, a la larga, Lulú había acabado costeándome

las entradas.

4

Daniel Samper Pizano Postre de Notas

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->