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catequesis preparatoria Jornada. LA TRANSMISIÓN DE LA FE

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CATEQUESIS PREPARATORIA DE LA JORNADA 2007

LOS PADRES, PROTAGONISTAS DE LA TRANSMISIÓN DE LA FE

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Querido/a catequista: Estamos viviendo momentos nuevos en el campo de la catequesis diocesana. El proyecto pastoral de la Iniciación cristiana está dinamizando de forma progresiva a todos los agentes implicados en la tarea hermosa de “hacer un cristiano”: sacerdotes, religiosos y religiosas, catequistas, profesores, padres y familia. La Diócesis está recordando a los padres la función importante e ineludible que desempeñan en la transmisión de la fe. El V Encuentro Mundial de las Familia, recientemente celebrado en Valencia, nos lo ha recordado a todos con palabras solemnes. La transmisión de la fe aparece también como el gran objetivo y la gran preocupación del Plan Pastoral de la CEE. Bajo el título "Yo soy el Pan de vida" y el subtítulo "Vivir de la Eucaristía". Por todo ello, hemos querido dedicar la Jornada del catequista de este curso pastoral 2007 a ésta temática urgente y recurrente. A nadie se le oculta las dificultades que entrañan el proyecto de una “catequesis familiar”: la indiferencia religiosa de muchas familias, la dejadez en la práctica religiosa, la incapacidad que sienten los mismos padres de educar en la fe porque ellos mismos se ven inmaduros. Durante mucho tiempo los padres han estado tan ausentes en la catequesis de la comunidad que parecía que este tema les era ajeno totalmente. La “catequesis es asunto de los catequistas”, se decía. Pero ha llegado el momento de que los padres tomen parte y se impliquen en la educación de la fe de sus hijos. Sin la colaboración de los padres, difícilmente se puede realizar una educación de la fe con garantías de futuro. La Iglesia valora y confía en las familias a la hora de proponer la fe a las nuevas generaciones y cree que debe asumir un verdadero protagonismo en la transmisión de la fe. Invitamos a las familias a vivir con gozo y esperanza su fe y a participar como familias en la vida parroquial y en la catequesis. “Las cosas que hemos oído y que sabemos, las que nos contaron nuestros antepasados: las glorias del Señor y su poder, las maravillas que hizo, no se las ocultaremos a nuestros descendentes, sino que se las contaremos a la generación venidera” (Salmo 78,3-4). Este proyecto de catequesis familiar reclama por parte nuestra un acompañamiento. Los padres nos necesitan y hemos de repensar en ésta clave los procesos catequéticos de la infancia. Estamos convencidos de que la catequesis familiar dará un gran impulso a toda la catequesis parroquial en general y a la familia en particular. Para reflexionar y estudiar el tema de esta Jornada, os propongo la carta pastoral que D. Rafael Palmero escribió el año 2002 para sus diocesanos de Palencia, titulada “Transmitir la fe en la familia”. He adaptado el texto a tres sesiones de estudio y reflexión, acompañado de preguntas que invitan al dialogo y a la profundización del tema. Os deseo un buen trabajo y hasta el día de la Jornada.

Aurelio Ferrándiz García Director del Secretariado Diocesano de Catequesis

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DIVISIÓN DEL TRABAJO PRIMERA SESIÓN: Una nueva situación en la familia que dificulta la transmisión de la fe SEGUNDA SESIÓN: La familia, cauce privilegiada para la transmisión de la fe TERCERA SESIÓN: Caminos prácticos ORACIÓN PARA COMENZAR LA SESIÓN Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, Padre que eres amor y vida, haz que cada familia humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo, Jesucristo, “nacido de Mujer”, y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de la vida y del amor para las generaciones que siempre se renuevan. Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo. Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor. Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del Matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias. Haz finalmente, te lo pedimos por la Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra, pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la familia.

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Por Cristo Nuestro Señor, que es camino, verdad y vida por los siglos de los siglos. Amén Juan Pablo II

PRIMERA SESIÓN: UNA NUEVA SITUACIÓN EN LA FAMILIA QUE DIFICULTA LA TRANSMISIÓN DE LA FE
Preguntas que se escuchan: “¿No será por culpa nuestra?” “¿En qué hemos fallado?”

Con demasiada frecuencia nos encontramos con padres o madres de familia, o con abuelos y abuelas, que se quejan y que sufren porque sus o sus nietos no valoran la fe cristiana de la familia, la ignorancia o incluso la contradicen de palabra y de obra. Muchas veces esos padres o abuelos se sienten culpables de no haber sido capaces de transmitir a los jóvenes miembros de sus familias la vida cristiana, que ellos aprecian tanto, aunque a veces tampoco la vivan con suficiente coherencia. Está bien que hagan un examen de conciencia para ver en qué han podido fallar y en qué pueden hacerlo mejor.
Pero la realidad ha cambiado: La transmisión de la fe se ha interrumpido

La situación que vivimos es realmente muy nueva. No podemos seguir suponiendo que la experiencia cristiana se vive y se transmite hoy exactamente igual que ayer y que los problemas de la educación en la fe se deben sólo a la tibieza o a las culpas de los padres o de los educadores. Aun con defectos y pecados, en tiempos no demasiados lejanos la fe se transmitía de una generación a otra con cierta naturalidad. Hoy día, en cambio, la transmisión generacional de la fe se ha interrumpido o está en peligro no en una o en dos familias, sino en muchas.
Acertemos con el diagnóstico de lo que sucede y va mal: Debilitación de la familia y debilitación de la fe

1. La familia no transmite con facilidad los valores La familia no tiene ya, en general y no sólo en lo religioso, la fuerza educadora que tuvo en el pasado. Cuesta transmitir la fe, pero cuesta también transmitir otros valores, desde el afecto a los parientes hasta los principios éticos más elementales. Está bien recordarlo para situar las cosas en su justo punto. Se trata de un fenómeno de hondo calado histórico y social que todavía no sabemos bien en qué parará. Los cristianos lo vivimos y lo sufrimos, como lo

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viven y lo sufren también otras personas. No se trata simplemente de nuestra culpa o de nuestra falta de fe.
La “familia tradicional”

Ésta se caracterizaba, o se caracteriza, por una articulación sólida entre la continuidad de las relaciones personales, apoyada en estructura sociales e institucionales, y la solidaridad afectiva entre los miembros del grupo familiar. Lo propio de la familia era precisamente constituir un ámbito en el que las personas podían encontrar apoyos sociales para sus relaciones afectivas y, a la inversa, estas relaciones contribuían a vitalizar y consolidar la institución social que les da estabilidad y continuidad.
La “familia fusional” o “familia club”

Algunos especialistas hablan de que se ha ido gestando un nuevo tipo de relaciones familiares distinta de la tradicional y que llaman “familia fusional” . Ésta se basa en la primacía casi absoluta de los intereses afectivos: la familia tiende a parecerse cada vez más a un grupo de amistad, en el que prima la mera simpatía o el sentimiento amoroso. Esta primacía sucede a costa de lo institucional y de la continuidad y estabilidad social de las relaciones familiares. Al mismo tiempo se desarrollan las relaciones llamadas de “familia club”, que tiende a asemejarse a los clubes o grupos en los que se asocian quienes comparten unos determinados gustos o intereses. La familia tradicional se basa ante todo en la reproducción de la vida y en las relaciones conyugales y paternofiliales y de parentesco. En cambio, la familia club descansa sobre una evaluación de tipo económico acerca de las ventajas y de los inconvenientes que reporta o puede reportar la vida en común de determinadas personas. Se trata de relaciones que tienen a ser tan móviles o inestables como suelen ser las relacione comerciales o de interés de diverso tipo entre individuos más o menos autónomos. Si el cálculo de beneficio que la relación familiar aporta al individuo resulta negativo, no se duda en suspender o romper la relación.
Consecuencias a la hora de educar

La creciente inestabilidad y comercialización de las relaciones familiares dificulta o incluso imposibilita su carácter de ámbito educativo básico. Si las relaciones familiares se debilitan y se disuelven, haciéndose cada vez más parecidas a las de un grupo de amigos o las de un club social, su fuerza personalizadora tenderá también a desaparecer. Lo que sucede entonces es que aparecen otras instancias que pasan a ocupar el lugar o las parcelas dejadas vacías por la familia. Así, por ejemplo, se constata hoy que la televisión y los grupos de amigos, ejercen un influjo cada vez mayor en la configuración de la mentalidad de las nuevas generaciones, en detrimento de la educación familiar. 2. La fe, progresivamente debilitada por el secularismo
Secularización interna a la Iglesia

¿No hemos de reconocer que esa mentalidad nos ha afectado a todos de una u otra manera debilitando nuestra fe en sus mismas raíces? Así parecen darlo a entender algunos síntomas tan preocupantes como los que enumero a continuación 1. Con triste frecuencia no hay sitio para Dios en nuestra vida diaria, porque desconfiamos de su realidad y nos avergonzamos de nuestra fe en Él. Es como si la 5

propagada secularista y la vida secularizada hubiera hecho mella en nuestra mente y en nuestro corazón 2. En cambio, hay demasiado sitio para la duda y la indecisión. Se ha extendido la duda y la desesperanza y, de su la duda y la indecisión respecto al sentido último que pueda tener la existencia humana. La duda como sistema de vida no es más que otra manifestación del orgullo del hombre que confía solo en sí mismo y que se cierra a reconocer que tiene la suerte de no hallarse solo en el universo, sino ante un Dios que ha salido a su encuentro desde el fondo de su misterio. No tenemos por qué quedarnos solos con nuestras dudas e inseguridades. Ahí está la respuesta del Dios-con-nosotros. 3. No nos preocupamos de alimentar nuestra fe. ¿Por qué no dedicamos más tiempo a la oración y al silencio? ¿Por qué nos perdemos en lo superficial, sin tiempo para cultivar el espíritu? No cabe duda: estamos bastante dominados por esa mentalidad mundana que pone ilusamente el sentido de la vida en lo exterior, en las cosas, en las actividades, en los placeres más o menos efímeros. ¿Será que la mentalidad materialista nos va haciendo perder el sentido de Dios? 4. Tenemos miedo a lo que Dios nos exige: la conversión. Como consecuencia del predominio del los gusto contemporáneos sobre el mensaje cristiano, “la fe se queda reducida a una opinión por lo que no conviene sacrificar mucho. Ni tiene fuerza tampoco para justificar ninguna renuncia o decidir un determinado comportamiento. Muchos querrían creer, pero sin molestarse, sin tener que cambiar de vida, sin tener que aceptar las enseñanzas de la Iglesia, sin tener que dedicar tiempo a la propia formación… sin apuntarse a nada, sin tener que dejar otras cosas que les gustan más” Para profundizar en grupo: 1. Comparte en el grupo las ideas que consideras más importantes del texto. 2. Describe el tipo de familia de los niños que tienes en catequesis. 3. Comenta algún síntoma de debilitamiento de la fe más prevalente en tu entorno parroquial. 4. ¿Ante este diagnóstico sobre la familia, consideras que hay “esperanza” para la educación de la fe de las nuevas generaciones?

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SEGUNDA SESIÓN: LA FAMILIA, CAUCE PRIVILEGIADA PARA LA TRANSMISIÓN DE LA FE

1. ¿Se transmite la fe?
Corre la idea de que la fe es un asunto estrictamente individual

Que un joven haya de creer o no creer sería una cuestión exclusivamente suya y nadie debería inmiscuirse en ello, tampoco sus padres. Pretender que los hijos sean cristianos sería, según este modo de pensar, un atentado contra su libertad personal. Por el contrario, unos padres respetuosos de sus hijos deberían dejarles libertad para que, cuando sean mayores, ellos mismos puedan elegir su fe o su increencia. Lo único que podrían hacer estos padres respetuosos sería darles o procurarles la información necesaria para que su elección futura sea lo más responsables posible.
¿Serán más libres los hijos si nos abstenemos de educarles en la fe?

En modo alguno. Lo que sucederá es que su libertad estará básicamente subdesarrollada en lo tocante a la fe y se encontrarán indefensos ante las influencias de signo contrario que necesariamente habrán modelado su libertad en un sentido no cristiano. Mientras no reciben de los suyos un apoyo de vida cristiana, nuestros hijos son asaltados por la amplia gama de estímulos de modo de vida pagano propio de nuestra cultura postmoderna: desde el gusto por la droga y el individualismo hasta las ideas más peregrinas acerca de la sexualidad, el matrimonio, el ocultismo o la reencarnación.
Educar en la fe no puede ser indoctrinar

Es decir, imponer con cierta violencia una determinada visión de las cosas. Nunca recurrirá a la violencia física ni psíquica, ni a ningún tipo de coerción o de chantaje. Al contrario, los educadores en la fe han de hacer gala del respeto más exquisito a la dignidad y a la libertad de los niños y de los jóvenes. Educar en la fe es, más que nada, propiciar el reconocimiento libre y gozoso de que todos hemos sido elogios por Dios y constituidos por Él como hijos suyos queridos. 7

La fe se transmite porque se educa

Nosotros la entregamos a nuestros hijos como nosotros la hemos recibido de nuestros padres y educadores. Nadie puede inventar la fe. Su contenido es la elección y la redención de Dios por Jesucristo; hemos de tener noticia de este mensaje: hemos de aprenderlo. Nadie podrá elegir libremente la fe si no se ha capacitado para ello en el momento oportuno. La Iglesia y cada uno de los bautizados, según nuestra misión y nuestra responsabilidad, somos los cauces por los que se transmite la vida cristiana de generación en generación, en virtud del testimonio eclesial y personal de todos nosotros. Sin este testimonio, nadie se acordaría ya hoy de Jesús de Nazaret y nadie viviría ni moriría con la esperanza que comunica su Espíritu. 2. La familia, Iglesia doméstica
Se le llama al matrimonio “el gran sacramento” (Ef 5,32)

Esa realidad humana fundamental se ha convertido en uno de los sacramentos de la gracia de Dios revelada por Jesucristo. San Pablo asimila la relación que el matrimonio cristiano establece entre los esposos a la relación existente entre Cristo y la Iglesia. Como Cristo entrega su vida por la Iglesia, así los esposos entregan sus vidas el uno al otro de manera incondicional. Se puede decir que las relaciones familiares, por la que los cónyuges y los hijos se aman tan generosa y gratuitamente que se quieren y acogen por lo que son, y no por lo que tienen o por lo que hacen, constituye un modo específico de participar en la vida del mismo Dios. Difícilmente se puede imaginar un lugar mejor que la familia para el crecimiento en la fe de todos sus miembros y, en particular para la iniciación y educación de los hijos en la vida cristiana. Los pequeños y los jóvenes encontrarán en la familia que vive su fe el ambiente natural en el que, por así decir, verán y palparán lo que es el misterio de la gracia de Dios, del amor originario del Padre, del amor liberador y redentor del Hijo y del amor vigorizador e iluminador del Espíritu Santo. Porque la vida misma de la familia es una especie de icono de la Trinidad Santa. Del mismo modo que los padres han engendrado a sus hijos para la vida en el mundo, quieren hacer lo posible para que, con su testimonio de fe, alimentado por la gracia matrimonial, el germen de la vida divina que el bautismo le otorga a sus hijos, se desarrolle y se robustezca en ellos al compás de su crecimiento corporal y espiritual. Nada extraño, pues, que si es primordialmente la Iglesia la que nos engendra para la vida cristiana, la familia haya sido llamada por el Concilio “la Iglesia doméstica”, porque sin su insustituible ser y misión, no le nacerán hijos al nuevo Pueblo de Dios. La familia no sólo puede y debe transmitir la fe, haciendo posible la vocación de todo cristiano a la santidad, sino que ha de cuidar también la vocación especial que el Señor pueda poner en el corazón de los niños y de los jóvenes. 3. Una misión obligada y gozosa: fe y apostolado
La fe tiende a darse y a propagarse

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Siempre que la fe es vida auténtica, fuente de esperanza y de amor divino, los que disfrutan de ella sienten el impulso casi natural de hacer a otros partícipes de su tesoro. Éste es el sentido primario en el que la transmisión de la fe constituye una obligación: porque es algo que viene exigido por la misma naturaleza de la fe que tiende a darse y a propagarse. De ahí dimana la obligación moral que los creyentes tenemos de comunicar nuestra fe a los demás. Si esto es válido para todos, lo es de manera específica para los padres. En ellos la obligación y el gozo de la transmisión de la fe van particularmente unidos.

Fidelidad a la fe es apostolado

Lo que llamamos “apostolado” no es otra cosa que la fidelidad consecuente a la fe, la cual tiende a propagarse. No hay fe auténtica que se quiera quedar en casa, solamente en la intimidad de la persona. Al contrario, si somos fieles a su dinamismo y no le ponemos barreras, la fe se da con naturalidad a los demás, eso es lo suyo y lo que vigoriza: la fe se fortalece al darse. Para profundizar en grupo: 1. Comenta tu experiencia de la evangelizaron que has recibido en tu familia. 2. Cómo explicarías a los padres de los niños de tu grupo de catequesis la siguiente frase: “la familia está llamada a ser Iglesia”. ¿En qué consiste esto? 3. Un caso de vida: Luisa y Fernando forman una joven pareja; tienen tres hijos, la mayor de 8 años; los otros de 5 y 3. La mayor acaba de llegar del Colegio y dice: “Mamá, el sábado empieza la catequesis”. El padre, al escucharla, responde: “¿Es que no tiene otro día? ¡Los sábados nos vamos!”. Y la madre: “Es que otro día no puede ser Fernando; la niña tiene clase de balet”. El padre: “Pues si no puede ser habrá que escoger: o el ballet o la catequesis, pero los sábados no nos quedamos aquí”. La madre: “Hombre, del ballet tampoco la vamos a quitar…”. Tal vez resulten dificultades comunes a muchas familias. Tal vez existen variantes, pero el problema de fondo puede ser el mismo. ¿Es la catequesis una “actividad más” en la programación familiar -no sólo de la hija? ¿Dónde están los intereses de los padres, cuando piensan en sus hijos? ¿Es la fe algo que se vive en el ambiente? ¿De qué forma los padres se dejan catequizar?

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TERCERA SESIÓN: CAMINOS PRÁCTICOS La familia tiene grandes recursos para ofrecer a los niños y a los jóvenes una alternativa religiosa y verdaderamente humana al inmanentismo secularista que seca las fuentes de la esperanza y, al incapacitarlas para la fe viva, deja inermes a las personas ante la vida y ante la muerte.
Algunos recursos importantes

1. Creación de un clima humano por el testimonio de la fe vivida La familia constituye el hogar del existir humano. De ahí que el clima, el modo de vida que se hace, sea lo más determinante en las relaciones familiares. Ese clima, guiado y bañado por la fe, es lo primero que se ha de cuidar. Pero el clima de fe que los hijos respirarán con naturalidad difícilmente se dará si los padres cristianos no aciertan a dejar a Dios el lugar que le corresponde en sus vidas. Se trata simplemente de vivir las relaciones conyugales como lo que son: signo e instrumento del perdón, del amor y de la ternura de Dios. De ahí brotará el ambiente humano y cristiano que formará como la atmósfera respirada por todos en la familia, en particular por los hijos. 2. La iniciación a la oración y a los sacramentos La presencia divina que se acoge en la fe, ha de ser interiorizada y expresada. Esto es lo que hacemos en la oración y en las celebraciones litúrgicas.
La oración como diálogo personal con Dios

Iniciar en la oración es ayudar al niño a entablar un diálogo personal con Dios, su Padre, que tanto le quiere. O con Jesús, nuestro hermano mayor, que sigue hablándonos en el Evangelio y desde el Sagrario. O con el Espíritu Santo que comunica fuerzas y alegrías a todos los discípulos del único Maestro.
El rosario es un método fácil

El rosario sigue siendo un método fácil para cumplir en familia todos esos objetivos: familiarizare con las fórmulas básicas de la oración cristiana, como son el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria; conocer y meditar los misterios de la vida de Jesucristo y de María, figura y madre de la Iglesia; iniciarse en la contemplación sosegada con el recurso de la 10

repetición pausada y rítmica, que está desmostado que ayuda a la interiorización; y todo ello, en familia, como comunidad básica de vida y de oración.
La oración de silencios y gestos

La oración se hace con fórmulas y con el corazón. Por eso los padres pueden enseñar también a orar con sus silencios y con sus palabras; con sus gestos y con sus actitudes. Para ello es preciso vencer falsos pudores y superar una concepción estrecha de lo que es la oración cristiana.
Dar ejemplo a los hijos con la Eucaristía dominical y la confesión

La Iglesia expresa su oración en la Liturgia y en los sacramentos. No dejéis, queridos padres, de dar ejemplo a vuestros hijos participando en la liturgia de la Iglesia. No descuidéis, en particular, la Eucaristía de cada domingo. Vale más el ejemplo que mil palabras. Vuestros hijos aprenderán por experiencia que el fin de semana tiene algún sentido más que la diversión, aunque ésta sea buena y necesaria. Más necesaria es aún la unión divina que robustece nuestro espíritu en la Mesa a la que el mismo Señor Jesucristo nos invita. Dadles también ejemplo de aprecio del sacramento de la reconciliación. No tengáis miedo de que os vean acercaros al abrazo que Dios nos ofrece, por el Espíritu de Jesucristo, en la confesión sacramental de nuestros pecados. Es grande saber reconocer los propios límites y pecados ante el Dios del perdón. Es un signo de veracidad y de humildad que vuestros hijos serán los primeros en apreciar. 3. Catequesis formal y ocasional, con toda su novedad y sus exigencias
La catequesis familiar

Juan Pablo II dice de la catequesis familiar que “precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis” (CT, 68). Precede, no solo porque se realiza previamente y antecede en el tiempo a la catequesis institucional de la parroquia, sino porque la posibilita eficazmente, cuando la familia acompaña el despertar religioso de los más pequeños. Acompaña porque, sin suplir ni sustituir la catequesis de la comunidad cristiana o escolar, la complementa adecuadamente. Enriquece las demás formas de catequesis porque hay aspectos de la educación en la fe, como es, por ejemplo, la personalización, que se enseñan y aprenden mejor en el ámbito personal de la familia. Los objetivos de la catequesis en familia son “el despertar religioso, la iniciación en la oración personal y comunitaria, la educación de la conciencia moral, la iniciación en el sentido del amor humano, del trabajo, de la convivencia y del compromiso en el mundo, dentro de la perspectiva cristiana” (CT, 273).
La catequesis ocasional Aprovechar las situaciones vitales

Esta catequesis ocasional es especialmente valiosa, pues puede dejar honda huella, ya que suele darse en condiciones óptimas: como consecuencia de una experiencia fuerte (“papá, ¿dónde está la abuela ahora que ha muerto?”), de una interrogación vital (“mamá, 11

¿de dónde ha venido mi nuevo hermanito?”), o del proceso inicial de búsqueda se sentido (“pero ¿por qué hay tantos niños en el mundo que pasan hambre?). Muchos pasajes del Evangelio nos muestran cómo Jesús aprovecha las situaciones vitales para referirse, por ejemplo, a la providencia del Padre (“no andéis preocupados por qué comeréis o con qué os vestiréis…”) o a la cercanía que en ocasiones no percibimos por nuestra falta de fe (tempestad calmada).
“Perder” un momento con los hijos

Quizá falte esta catequesis ocasional más a causa del activismo de los padres, que no les permite “perder” un momento con los hijos, cuando la ocasión es propicia, porque eso trastorna sus planes, lo que están haciendo. Los padres cristianos deben estar preparados para responder. Es de vital importancia para sus hijos. Sería bueno que pensaran de vez en cuando: ¿hemos aprovechado las circunstancias oportunas para una catequesis ocasional con vuestros hijos?
Ver la televisión juntos

Puede ser ocasión de comentar después determinadas imágenes, comportamientos insólitos, criterios novedosos…, desde la perspectiva siempre del mensaje de Jesús. No olvidemos que la cultura televisiva pasa hoy, con frecuencia, por el mismo rasero todas las realidades. Tras las imágenes más duras del Tercer Mundo, puede aparecer en la pantalla un reportaje sobre un elegante desfile de modas. Ese paso tan rápido impide que muchos puedan reflexionar, interrogarse sobre nuestro modo de vida superficial e incluso sobre la parte de responsabilidad que tenemos en las tragedias actuales. Los padres y, en su caso también los hijos, pueden aportar la iluminación ética que viene del Evangelio, cuando hay diálogo e interés compartido.
Presentar la verdad de la fe

Los padres no tendrán nunca miedo a presentar a sus hijos la realidad de la fe tal como ella es, aunque su novedad perenne y sus exigencias no dejen nunca de extrañarles algo o mucho a ellos mismos. Lo malo es ocultar, maquillar o aderezar a nuestro modo la verdad de la fe de Jesucristo, en su autenticidad eclesial, es decir, según nos la transmite la Iglesia, que es hoy para nosotros la voz viva del Señor. 4. El estímulo para el compromiso cristiano La familia educa la conducta cristiana de los hijos ante todo conduciéndose ella de modo cristiano.
En lo referente a la vida familiar misma

“Siempre fue deber de los cónyuges, y hoy constituye la parte más importante de su apostolado, manifestar y demostrar con su vida la indisolubilidad y santidad del vínculo matrimonial; afirmar y defender enérgicamente el derecho y el deber de los padres y tutores de educar cristianamente a la role; defender la dignidad y la legítima autonomía de la familia” (AA, 11)
Obras de justicia en las que la fe se acredita

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“Adoptar como hijos a niños abandonados, acoger benignamente a los extranjeros, ayudar en la creación de las escuelas, asistir a los adolescentes con el consejo y con recursos económicos, (…) sostener a los cónyuges y a las familias que están en peligro material o moral, proporcionar a los ancianos no sólo lo indispensable, sino también las justas ventajas que derivan del progreso económico”

Obra misionera de las familias

Hoy día conocemos a no pocas familias enteras, y por lo general bastantes numerosas, que han hecho las maletas para irse con este fin a los países más pobres o, también a los más ricos, porque todos necesitan el testimonio de la familia cristiana. 5. La colaboración con la parroquia y con la escuela La familia tiene su propia autonomía y los padres no pueden delegar en nadie su responsabilidad de padres y de educadores primeros de sus hijos. Pero la familia no es capaz ella sola de todo. Es “iglesia católica”, pero no es ella sola la Iglesia Católica. La familia necesita aunar sus esfuerzos con la Iglesia y con la escuela para que su misión pueda realizarse bien. Se trata de colaboración, lo cual es distinto tanto del aislamiento de la familia de su propio mundo, como de la abdicación de sus propias capacidades y tareas. Los padres habrán de emplear tiempo y energías en enterarse de lo que sus hijos hacen en la escuela y en la parroquia. El mero hecho de que muestre interés, de un modo discreto y cariñoso, ya es educativo para los hijos, que se abrirán de buen grado a comunicar a sus padres lo que les sucede fuera de casa.

CONCLUSIÓN: ¡ADELANTE: “MAR ADENTRO”!
Una palabra de aliento:

Como cristianos que sois, no tenéis por qué dejaros arrastrar por la desconfianza que impregna el ambiente de la cultura llamada postmoderna. Si amáis vuestra fe, vosotros y vuestros hijos tenéis futuro. Tenéis un futuro tal, que ni la muerte lo podrá frustrar. Vosotros, si queréis, podéis cambiar vuestro mundo con la fuerza del Evangelio. Que nadie os engañe: no hay nada prefijado ni por los astros, ni por las encuestas sociológicas, ni por la descristianización creciente de nuestra sociedad. Cristo os ha liberado para la verdadera libertad. Haced uso de ella. El Santo Padre, Juan Pablo II, ha exhortado y animado a toda la Iglesia a comenzar el nuevo milenio de la era cristiana mirando hacia delante, con la valentía y la esperanza de la fe. Con las mismas palabras elegidas por él os animo yo también a todos: “Duc in altum: ¡Mar adentro!” (Lc 5,4). Si llevamos en la mano y en el corazón el Evangelio de Jesucristo, no hay razón ninguna para el miedo ni para los complejos. “Sólo Cristo 13

buscado y amado con mayor sincero, aseguraba el Papa a los jóvenes de Méjico en el año 1979, es fuente de alegría, serenidad y de paz”. Para profundizar en grupo: 1. El Obispo propone en su carta pastoral un camino práctico detallando algunos recursos, ¿por donde deberíamos comenzar? 2. Se le ocurrió una tarde, cuando Margarita tenía tres meses: “¡Voy a empezarle un diario a mi hija!”. Al principio hasta le dio una risa muy tonta, pero poco a poco: “Se lo daré cuando sea mayor”. En él fue escribiendo todo: las anécdotas curiosas, las características de la niña, los que significaba para ella ser su madre… Pero sobre todo le interesaba contarle su crecimiento en la fe. ¿Pero es posible esto? Una niña no entiende de fe. Fue al final, cuando se lo entregó, cuando se dio cuenta de que su hija sí había crecido en la fe, porque fue educada en el Señor, porque participó, ya antes de nacer, del fuerte compromiso cristiano del matrimonio. Margarita tiene ahora 15 años. El Instituto, los amigos, las lecturas, le están dificultando su fe. Los padres la observan un poco preocupados; dice frases sueltas que expresan su problema y ellos saben que las dice para que ellos se den cuenta, pero también saben que deben esperar a que ella se manifieste con mayor claridad. Ya llegó el momento. Casi sin proponérselo nadie la conversación está iniciada. Margarita hace su gran pregunta: ¿”Por qué me bautizasteis? Ahora no soy libre para elegir ser cristiano; ¡hay tantas religiones…!”. Y habla angustiada de sus dudas, de sus amigos de otras confesiones. Ella entonces busca el diario y se lo entrega; lo abre por una de las páginas y le pide a margarita que lea: “Margarita, quiero decirte algo muy importante: se refiere a tu Bautismo. Tienes 10 meses y hasta ahora habíamos pensado que tú lo decidirías cuando fueras mayor, como lo habrás leído antes. Pero mira, papá y yo hemos pensado que debemos darte algo que te falta. Nosotros te damos lo que necesitas para vivir, todo lo que tu cuerpo necesita para vivir, pero tu alma también necesita de algo que sólo Dios puede darte. Es la fe. Es su Espíritu para que tú tengas fuerza en tu vida para vencer el mal y caminar hacia el bien. Dios te quiere hacer su hija y quiere que entres a formar parte de la Iglesia, la comunidad (…) Deseo con todo mi corazón que cuando seas mayor estés contenta de este paso que vamos a dar por ti (…). Te ayudaremos, hija, y, sobre todo, tu padre Dios te ayudará (…). Te estoy preparando para ser Hija de Dios desde que estabas en mi vientre y Dios nos está pidiendo ya que te demos el Bautismo”. El diario sigue; la madre le cuenta a su hija en él cómo fue su bautismo, qué lecturas escogieron (la de Nicodemo, nacer de nuevo, del Espíritu), y como la sumergieron en el agua, y cómo la ungieron con el crisma, y los cantos, y la renuncia al mal, y la confesión de fe… Margarita le pide a su madre que le deje el diario para leerlo entero. El joven matrimonio sabe que su hija está en camino para encontrar su identidad de creyente. No hace falta ser buen literato, no se trata de quedar bien ante los hijos; lo que se pretende es hacer memoria de la vida como vida cristiana. Si es tan parecido a lo que hacían los israelitas, y los primeros cristianos… ¿Por qué no escribir la fe, la vida sencilla de un hijo que es educado a todos los niveles, las pequeñas cosas que hacen que todos nos sintamos alguien para los otros…? ¿Por qué no transmitirles la alegría del propio crecimiento? ¿Por qué no ofrecerles el interés personalizado por cada uno? 14

¿Por qué no gastar tiempo en algo tan importante? ¿Por qué no darles datos de su identidad? 3. Qué compromiso a nivel de grupo proponéis para que la catequesis familiar o la transmisión de la fe en la familia sea una realidad en tu parroquia. Enumera pequeños detalles.

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