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Concurso de Microrelatos Lema: De los hechos extraordinarios que convirtieron en Arte el pensamiento El patio trasero de palacio estaba tranquilo,

olores de jaboneras, de almazaras y molinos impregnaban hasta los ltimos rincones del Turris toledano. Teresa caminaba despacio ensimismada en su pensamiento, todo estaba dispuesto; aquella maana iba a dar el paso ms importante de su vida desde que su marido se fuera. El pueblo toledano que fundaran siglos antes vettones en el conocido Cerro de la Atalaya, ajeno a lo que ocurra, vera nacer uno de los proyectos ms hermosos e importantes de su historia presente y futura; esa cronologa, que no marcan los hechos, sino el espritu y el arte de todo un Renacimiento. Se hizo llamar a los hermanos Egas, a Guas y a un jovencsimo Alonso de Covarrubias, para cumplir el designio de construir el templo que aprisionaba el pensamiento de Teresa durante tantos aos, un cielo en la tierra, y un rbol de vida que acercara a Dios y a la Verdad, que siempre volva a su mente en forma de luz reflejada. Una iglesia que tendra que ser arte y proporcin, Vitrubio mediante, de un universo en Torrijos. Rabdomantes y canteros, con pndulo en la chaqueta, elegiran el lugar sagrado sobre la antigua mezquita, junto a las abaceras, aprovechando la fuerza espiritual y telrica del recinto y de sus cavas, cuadraran el crculo, es decir, espritu, alma y cuerpo para la ascensin al cielo, y mantendran el octgono radiante que ya nunca abandonara el arte del pueblo. Antn Egas, con sonrisa nerviosa y entusiasmo contenido, observaba el plano, situando el sacramento respetando la solsticial salida de nuestra estrella de oro, marcando el poniente y la puerta sur. Cuando Gutierre muri, Teresa ya dispona de cantidad de dinero, que destin a hospitales de pobres, y buenas obras, pero esta vez cubrira con su mecenazgo, la vala de los Egas, Guas, de Correa de Vivar, y lanzara a Covarrubias a la luz de los grandes. Mampostera, caliza y plomada sustituyose al barro rabe, y arterias de sangre de roca sustentaran el cielo en una mano, la luz y el firmamento de ojos al sol en las alturas, a travs de sus ventanas; albores del pensamiento de Antn que se transformaban en cimientos y emocin de Teresa Enrquez. Sementera de arte y espritu, de un pueblo, que estaba naciendo, de un cuerpo que vuelve a su templo, de jabn, aceite y fuego.