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HISTORIA DE LA FILOSOFIA MEDIEVAL PROF. Dr.

JORGE EDUARDO NORO / MATERIAL DE TRABAJO

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¿CIENCIA EN EL MEDIOEVO? : OTRA MIRADA ANTICIPO DE LAS REVOLUCIONES MODERNAS
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

01. EDAD MEDIA: CONTEXTO Y JUSTIFICACION
La edad media está caracterizada por otra organización de la realidad y otra cosmovisión que predetermina el carácter de las producciones humanas y, entre ellas, el concepto mismo de ciencia: 01.El mundo está subordinado al concepto judeocristiano de creación: el universo es el ámbito que Dios ha establecido para el hombre, como rey de la creación (es natural que el rey habite el centro de la realidad) 02.El orden de lo creado refleja un orden divino o celestial. 03.El universo es homogéneo porque reconoce a un único creador-ordenador y supone una única manera de acceder a él (para interpretarlo y usarlo). 04.El cosmos (ordenado por un Dios ordenador) no constituye un fin en sí mismo sino un paso hacia el mundo definitivo (ciudad terrestre / ciudad de Dios; valle de lágrima / patria definitiva) 05.La estructura sociopolítica se construye sobre un esquema de poder y de subordinación en total asimetría social (Señor feudal y vasallo, castillo y poblados, Poder de la iglesia y feligreses). 06.La tarea del hombre de ciencia (asociado a la filosofía y a la teología) es descubrir el mundo y hacer un registro de sus fenómenos a través de (1) la observación y (2) la clasificación, determinando cuáles son los entes naturales y cómo pueden asociarse entre sí para constituir categorías o universos significativos 1
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JORGE LUIS BORGES aporta su curioso punto de vista en un ensayo maravilloso denominado: " El idioma analítico de John Wilkins" (Borges, 1952). Wilkins pretendía construir un lenguaje universal, sueño común a muchos otros buscadores de lenguas perfectas que garantizaran un conocimiento absoluto, libre de impurezas. Para lograrlo necesitaba dar primero con la división del mundo tal cual éste es, es decir identificar aquellas clases a las que debería nombrar. Veamos el resultado obtenido, y - siguiendo a Borges - consideremos la octava categoría, la de las piedras: "Wilkins la divide en comunes (pedernal, cascajo, pizarra), módicas (mármol, ámbar, coral), preciosas (perlas , ópalo), transparentes (amatista, zafiro), e insolubles (hulla, greda, arsénico). (Borges, 1952) Es muy difícil resistir a la tentación de robarle a Borges el adjetivo "alarmante" para calificar los riesgos de creer que somos capaces de dar con "clases naturales". Desde luego la clases naturales de Wilkins, sólo le parecen tales a él mismo. Si se tratara únicamente de una persona, la cuestión no constituiría un verdadero peligro. Sin embargo, grupos o tribus sociales mucho más numerosas y poderosas, tienen la misma tendencia a "naturalizar" sus categorizaciones. Borges menciona una cierta enciclopedia China denominada "Emporio celestial de conocimientos benévolos" en la que se ha dividido los animales en:"a)pertenecientes al emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en la clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas."(Borges, 1952)No hace falta tener la penetración de un Borges para darse cuenta de que no sólo Wilkins, o los chinos, tienen una cierta fascinación por "ejercer el caos categorial”, operando un presunto orden sobre una realidad des -ordenada y caótica; proponiendo lo que ellos creen como tal, independientemente de la discusión absurda sobre si éstas categorías existen "en si". Podemos afirmar sin ambages que las distintas culturas, y las diversas lenguas han categorizado el mundo de forma muy

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07.Hay un esfuerzo por encontrar la secreta concatenación (los esquemas ocultos) que une a los seres y permite interpretarlos desde un interior que es más metafísico que fenoménico y físico. 08.Preocupa el avance de conocimientos que no responden a los paradigmas ortodoxos sino que se desplazan hacia sectores que no pueden ser abordados y que sin embargo tientan a los practicantes de nuevos saberes. Hay una necesidad de abrir los ojos (y la inteligencia) hacia los nuevos conocimientos y hacia una ciencia que invade desde diversos territorios: árabes, pseudociencias, prácticas populares. 09.La sujeción a la observación (y la fidelidad aristotélica en la interpretación-visión del mundo)2 constituye una barrera para el avance del saber y de los conocimientos... 10.La matemática, abandonada en el curso de siglos cargados de filosofía (los temas específicos de la filosofía medieval naturalmente se resisten a la utilización de la misma), aparece al final del período, como un instrumento que debe acompañar la construcción de los saberes.

02. ARISTOTELES, LA REALIDAD Y EL CONOCIMIENTO

Una simplificación de la historia de la ciencia tiende a reducir y a confundir el conflicto pre-copernicano y esencialmente medieval a la defensa exagerada de la filosofía y de la ciencia aristotélica. Conviene marcar sin embargo, que el sentido común (o el respeto a los fenómenos) puede tener posiciones prearistotélica: la sujeción a las páginas de la biblia (de contenido religioso y sin ninguna intención científica) podía alentar posiciones contrarias a las formuladas por los griegos, especialmente en el campo de la cosmología. Un cuerpo de saberes mas significativo (los religiosos y los filosóficoteológicos) presionaban sobre aportes científico, generando mayor grado de adhesión(creencia) y convencimiento (psicología) por sobre los aspectos estrictamente lógicos (interpretación del fenómeno). Es necesario remarcar, por lo tanto, que: (1) La primera oposición que se da en el seno de la cultura medieval (bajo indiscutibles influencias religiosas) es el enfrentar el patrimonio griego en general y las obras Aristotélicas en particular. Se suponía que venía a desplazar conocimiento que tenían otras referencias mucho más confiables. Esas concepciones cosmológicas (y pseudocientíficas, en general) pudieron subsistir, contrariando afirmaciones que la ciencia terminó por incorporar, hasta muy entrada la edad moderna... (2) Cuando la ciencia aristotélica conquista su lugar y se hace patrimonio de la escolástica floreciente, su defensa absoluta y su indiscutible preeminencia constituyó también otro freno para el avance del conocimiento. El mirar la realidad “con ojos aristotélicos” representó una barrera para quienes pretendían acceder con otros criterios y con mayor libertad especulativa al conjunto de lo real. (3) En síntesis: la edad media ofrece paradójicamente una doble actitud: contra Aristóteles y sujetos a Aristóteles. Sus representantes diseñaron un tipo de conocimiento científico que sólo podía ser removido a través de una revolución en el saber, un atrevimiento intelectual, que culturalmente no fue generosamente aceptado. Cuando Copérnico (siglo XV) y Galileo (siglo XVI) luchen por imponer una nueva visión de la real deberán luchar contra el imperio de los fenómenos de la tradición aristotélica y el sentido común cargado de otras influencias de la visión de la realidad y del cosmo pre-aristotélica.3
diferente. De pueblo en pueblo, de tribu en tribu y a través del tiempo han existido, existen y existirán distintos recortes del mundo, inconmensurables unos con otros. Esto nos lleva a una primera refutación de la TEORÍA CLÁSICA DE LAS CATEGORÍAS, en particular, la refutación del punto crucial que supone la existencia de "clases naturales". Entonces, si no tiene sentido hablar de clases naturales, si cada grupo humano realiza distinciones diferentes y utiliza distintas lenguas a las que les atribuimos un genuino poder formativo (es decir que no son mera forma, sino que esa forma aporta siempre contenido)... ¿Puede suceder lo mismo con las diversas ciencias? 2 Ese “ver con los ojos de Aristóteles” asoma en muchos de los protagonistas de un mundo medieval que se prolonga en la modernidad... Nadie puede ver libremente si antes no se ha armado de las categorías interpretativas del mundo que le ha facilitado el estudio previo. Es imposible VER lo que no se puede INTERPRETAR y por lo tanto es necesario negarlo y condenarlo... cfr. EL NOMBRE DE LA ROSA y GALILEO... 3 ¿Podría interpretarse en esta dirección los argumentos de COLON para realizar sus viajes a las INDIAS y probar la esfericidad de la tierra? ¿Se trata de dos verdades: la de la gente común – entre ellos los gobernantes – y la de los

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03. ANTICIPOS DE LA MODERNIDAD: ORESME, GROSSETESTE, BURIDAM

3.1. NICOLÁS DE ORESME
Es una muestra de las importantes anticipaciones del pensamiento copernicano. Lo presenta en el comentario crítico al tratado De Aristóteles, escrito durante el siglo XII por miembro de la importante escuela nominalista de París. El método seguido por Oresme es típicamente escolástico. En su largo manuscrito divide el texto aristotélico en fragmentos; cada fragmento, compuesto por unas pocas frases, está separado de los restantes por largos comentarios explícativos y críticos. El lector descubre una vez llegado al final de la obra que Oresme está de acuerdo con Aristóteles en todos los puntos esenciales, excepto en lo que concierne al tema de la Creación. Sin embargo, las razones que le empujan a correr el punto de vista aristotélico están lejos de ser claras; la crítica de Oresme ha destruido varias de las demostraciones de Aristóteles y sugerido importantes alternativas para un buen número de sus opiniones. Dichas alternativas raramente fueron adoptadas por los propios escolásticos, aunque el hecho de que los eruditos no las continuaran discutiéndolas contribuyó a crear un estado de división en cuyo seno los astrónomos podían experimentar la idea de una tierra en movimiento. Por ejemplo, Nicolás de Oresme criticaba por completo el argumento aristotélico sobre la unicidad de la tierra. Aristóteles afirmaba que, en caso de existir dos tierras en el espacio caerían hacia el centro del universo para unirse en una sola, pues la tierra tiende de modo natural a ocupar el centro del espacio. Esta demostración, dice Oresme, no tiene validez alguna, pues presupone una teoría del movimiento que no ha sido probada. Quizá la tierra no tienda naturalmente hacia el centro, sino hacia otros fragmentos de tierra próximos. Nuestra tierra tiene un centro y tal vez sea hacia él, independientemente de la posición que ocupe dentro del universo, donde se dirigen todas las piedras abandonadas libremente. Según esta teoría oresmiana, el movimiento natural de un cuerpo se halla gobernado, no por la posición que ocupa en un espacio aristotélico absoluto, sino por su posición relativa con respecto a otros fragmentos de materia. Esta tesis representa algo así como un requisito previo para las nuevas cosmologías de los siglos XVI y XVII; cosmologías en las que la tierra había perdido sus características de unicidad y centralidad. Teorías similares en varios aspectos son comunes en los textos de Copérnico, Galileo, Descartes y Newton. Nos enfrentamos con anticipaciones aún más importantes a los futuros argumentos copernicanos cuando Oresme critica la refutación por parte de Aristóteles de las tesis de Heráclides el pitagórico, quien había explicado el movimiento diario de las estrellas postulando una rotación axial hacia el este de la tierra central. Oresme no cree en la rotación de la tierra, o al menos así lo dice, aunque intenta demostrar que la elección entre una tierra inmóvil y una tierra en rotación debe ser una simple cuestión de fe. Ningún argumento, dice, sea lógico, físico, o incluso bíblico, puede refutar la posibilidad de una rotación diaria de la tierra. Por ejemplo, nada puede concluirse del movimiento aparente de las estrellas pues, dice Oresme:

hombres de ciencia? ¿COLON intenta convertir los conocimientos en arma de descubrimiento, conocimiento y conquista?

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“Parto del supuesto de que el movimiento local sólo puede ser percibido cuando un cuerpo altera su posición con respecto a otro. Por tal razón, un hombre situado sobre un navío A que se mueva con uniformidad, rápida o lentamente, puede ver otro navío B que se mueva del mismo modo, tendrá la sensación de que ninguna de ambas naves está en movimiento. Si A está en reposo y B en movimiento, creerá que B se mueve; pero si es A el que está en movimiento y B el que permanece en reposo, seguirá creyendo, como en el caso anterior, que A está en reposo y B es el que se mueve (...). Así pues, afirmo que si, de las dos partes del universo mencionado anteriormente, la superior (o celestial) gozara hoy de movimiento diario, tal como es el caso, mientras que la inferior (o terrestre) permaneciera en reposo, y si mañana se invirtiera la situación y la parte inferior gozara de movimiento mientras que la otra, el cielo, careciera de él, seriamos incapaces de apercibirnos en lo más mínimo de tal mutación, pues lo mismo v vemos hoy que mañana. En uno y otro caso, tendríamos la sensación de permanecer en reposo la parte sobre la que estamos situados mientras se mueve la parte restante del universo, de forma totalmente idéntica a lo que sucede a un hombre a bordo de una nave que cree ver en movimiento los botes situados en la orilla.” Se trata de un argumento basado en la relatividad óptica que desempeña un papel de primer orden en las obras de Copérnico y Galileo. No obstante. Nicolás de Oresme no se detiene una vez llegar este punto. Acto seguido emprende un demoledor ataque contra los argumentos aristotélicos aún más importante: entre ellos, el que deriva la inmovilidad de la tierra del hecho de que un objeto lanzado verticalmente hacia arriba debe caer siempre al suelo en su punto de partida. 4

NICOLE ORESME LE LIVRE DE DIVINACIONS (EL LIBRO DE ADIVINACIONES)
Aquí comienza el libro Maestro Nicolás de Oresme de adivinaciones. Mi intención con la ayuda de Dios es mostrar en este libro, por experiencia, por autoridad, por razón humana, que loca cosa, mala y peligrosa temporalmente, pone su entendimiento a desear saber o adivinar las aventuras y los destinos futuros, o las cosas ocultas, por la astrología, por geomancia, por nigromancia, o por cualquier otro arte, si debe llamárselas arte, igualmente tal cosa es muy peligrosa para las personas de estado [39 r.2] como lo son príncipes y señores quienes pertenecen al gobierno público Y para eso yo he compuesto este librillo en francés a fin de que la gente pueda entender, de quienes, si como yo he entendido, varios están demasiado inclinados a tales presunciones. Y una vez que haya yo escrito en latín sobre esta materia [Tractatus contra judiciarios astronomos] y si alguien quiere reprobar lo que diré en cuanto a mi principal intención, de frente y con razón, no en detracción y escribiendo en contra. Y yo responderé, si puedo, porque así podría encontrar la verdad. De todos modos, a pesar de lo que diga, lo someto a la corrección de aquellos a quienes corresponda y suplico que se me excuse por la ruda manera de expresarme, ya que no tengo por costumbre exponer o escribir en francés. Aquí siguen los capítulos del libro El primero, es de las artes por las cuales se consulta sobre las cosas ocultas y avisadas. El segundo, cuanto tienen de verdad las partes de la astrología. El tercero, cuanto de verdad hay sobre lo que se dice. El cuarto, de una respuesta a una pregunta. El quinto, de los argumentos que los príncipes deben estudiar en tales ciencias. El sexto, de los argumentos a favor de la posibilidad de conocer el futuro por estos métodos. El séptimo, de los argumentos que esta cosa es redituable y posible. [39 v.1; p.52] El octavo, de la verdadera prueba de lo contrario por la experiencia. El noveno, será de mi propósito por autoridad. El décimo, será de prueba del propósito por razón. El undécimo, será que en tal arte no hay
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Se ha trabajado libremente – y con muchas transcripciones textuales – el texto que presente KUHN en su Revolución Copernicana. Cap. 4. Tradición remodelada. De Aristóteles a los Copernicanos. Pp. 143 y ss en la edición de Hyspamérica

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certidumbre. El duodécimo, será de como uno es defraudado por tales artes. El decimotercero, será de como los príncipes deberán ajustarse a tales ciencias. El decimocuarto, será de como se responderá a los argumentos del cuarto capítulo. El decimoquinto, será de las respuestas a los argumentos del quinto capítulo. El decimosexto, será de las respuestas a los argumentos del octavo capítulo. El decimoséptimo, será de las recapitulaciones y conclusiones omnium capitulorum. Est finis prologi libelli.

CAPITULO PRIMERO
Son muchas las artes o las ciencias, por las que uno suele consultar sobre las cosas del porvenir, u ocultas, secretas, encubiertas) o que pueden ser aplicadas a estos usos: Una es la astrología, la cual, a mi parecer, tiene seis partes principales. La primera determina principalmente a los movimientos, a los signos, y a las medidas de los cuerpos celestes, por la que mediante las tablas pueden conocerse las constelaciones, los eclipses futuros y cosas semejantes. La segunda es de las cualidades, de las influencias y de los poderes naturales de las estrellas, de los signos, de los grados, de los signos del cielo, y de cosas tales como una estrella en una sección del cielo significa [40 r.1] o tiene la virtud de causar calor o frío, sequedad o humedad, y también de los efectos naturales. Y esta parte es introductoria para hacer las predicciones. La tercera es de las revoluciones de los astros y de las conjunciones de los planetas, y es aplicada a tres tipos de predicciones. Primeramente, a saber, por las grandes conjunciones los grandes eventos mundiales, como son las plagas, mortandades, hambrunas, inundaciones, grandes guerras, ascensión y caída de reinos, aparición de profetas, nuevas religiones, y cambios similares. En segundo lugar, podemos conocer la calidad del aire, los cambios en el clima de cálido a frío, de seco a húmedo, de los vientos, de las tormentas, y de cambios semejantes. En tercer lugar, podemos juzgar los humores del cuerpo humano y de las cosas como tomar medicinas o [40 r.1; p.54] cosas similares. . La cuarta parte es de los nacimientos, para juzgar principalmente el destino de un hombre mediante la constelación y figura de su nacimiento. La quinta trata sobre las interrogaciones, esto es, juzga y responde una pregunta de acuerdo a la constelación que está en el cielo en el momento en que es formulada la pregunta. La sexta trata de la elección del momento para comenzar un viaje o emprender una tarea y en esta parte está incluida la rama que enseña como hacer imágenes, caretas, anillos y cosas semejantes. Las otras ciencias son la geomancia, hidromancia, y artificios semejantes, quiromancia, experimentos, supersticiones y de los auspicios de estornudar, de los encuentros, de las disputas por el canto de un pájaro, por los miembros de las bestias muertas, del arte de la magia, nigromancia, interpretación de los sueños, y muchas otras vanidades que no son ciencias propiamente dichas.

CAPITULO DOS
La primera parte de la astrología es especulativa y matemática, ciencia muy noble y excelente, y expuesta en los libros muy disimuladamente, y puede conocérsela adecuadamente pero no puede serlo con exactitud, como lo he declarado en mi tratado de la Medición de los Movimientos de los Cielos [N. Éd. : Tractatus de commensurabilitate vel incommensurabilitate motuum celi] y lo he probado mediante razones fundadas en demostraciones matemáticas. La segunda es especulativa, natural y es una muy bella ciencia y posible de conocer, en cuanto a lo que concierne a su naturaleza, pero sabemos muy poco acerca de ella, porque la mayoría de las reglas de los libros son falsas, como dijo Averrois, y pobremente o nulamente probadas. Y algunos de ellos, que fueron situados en el país o el momento en el que fueron hechos, son falsos en otra parte y en la actualidad. Porque las estrellas fijas que tienen gran influencia según los antiguos, (non sunt nunc ubi tunc fuerunt) luego de que se aplicaran a la práctica de los juicios

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Y la tercera en tres maneras arriba dictadas de las cuales la primera, que trata sobre los grandes eventos mundiales, puede ser y es suficientemente conocida solamente en términos generales. Pues no puede saberse en qué país, en qué mes, a qué personas, ni bajo qué determinantes tales cosas sucederán, ni otras circunstancias particulares. En segundo lugar, las mutaciones del aire, es cosa posible de conocer su naturaleza pero es demasiado fuerte y no está presente, no lo estuvo durante largo tiempo para quienes la conocieron, salvo como nada. Pues las reglas de la segunda parte muchas veces son falsas si como yo he dicho, y esta parte la suponemos. Y del mismo modo son falsas las reglas especiales que están escritas para esta parte. Y por esto vemos comúnmente que tales mutaciones se hubieran visto mejor juzgadas por los marinos o los trabajadores del campo que por los astrónomos. En tercer lugar, de aquello que pertenece a la medicina, se puede saber alguna cosa en cuanto a los efectos que resultan del curso del sol y de la luna, y en otros muy poco o nada. Toda esta tercera parte de la astrología se refiere principalmente a los efectos de la naturaleza, y los otros que siguen tienen más en cuenta principalmente a los efectos del destino. La cuarta parte, que es de las natividades, en cuanto a la complexión y la inclinación de la persona que ha nacido en ese momento, es posible conocer su naturaleza pero no su destino ni las cosas que pueden ser evitadas por la voluntad humana, por lo que esta parte habla más de los efectos naturales. Y está visto por experiencia que dos personas nacidas con tan poca diferencia horaria [41 r.2] que no puede notársela, sus destinos serán siempre totalmente contrarios porque yo digo que esta parte no puede ser conocida, ni las reglas sobre estos escritos son verdaderas. La quinta parte, de las interrogaciones, y la sexta, de las elecciones, no tiene fundamento razonable ni veracidad, y de la parte de las imágenes dice Averrois sobre el libro XII de Metafísica que proviene y ha nacido de la corrupción de la filosofía y de las fábulas de los paisanos, y lo puede entender quien ha leído los libros de Yginius [gramático, autor de las Fábulas o La astronomía] y Aratus [astrónomo estoico, discípulo de Eudoxo, autor de los Fenómenos] que tratan de este tema, tales imágenes no tienen efecto en sí mismas ni por arte de magia o por nigromancia

3.2. GROSSETESTE (1175 – 1253)

Vive en el floreciente siglo XIII, cuando los grandes sistemas medievales producen obras tan importantes como las catedrales (armadas con la complicidad secreta de sus arquitectos y constructores: los masones). Era franciscano pero inglés (lo que determinaba la orientación de su filosofía y de su interpretación de las ciencias). Había estudiado en Oxford y en París, y llegó a ser catedrático y canciller de Oxford. Aunque llegó a ser obispo, por su oposición a la autoridad del papa lo transformó en heterodoxo y fue excomulgado. Pertenece a los primeros movimientos de una filosofía empírica con incipientes formas indagación experimental. Comienza a afianzarse la idea de que para determinados objetos “únicamente la experiencia concede la certeza, porque acerca de algunos fenómenos tan particulares el silogismo carece de valor”. Orientó con sus contribuciones la dirección de los estudios físicos durante los siglos XIII y XIV. Entre sus escritos se encuentran sus comentarios a la Física de Aristóteles y tienen una gran influencia de Agustín, de corrientes neoplatónicas y de Tratados de óptica de los árabes. Cuando pretende organizar su cosmología entiende que el eje de interpretación y organización debe ser la luz. A través de procesos de difusión, agregación y disgregación de la luz, se forman las nuevas esferas celestes. Los fenómenos de la naturaleza pueden explicarse en su totalidad gracias a la luz. A los principios

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metafísicos y cosmológicos se le suman aportes científicos y empíricos acerca de las propiedades de los espejos y de los lentes. Y curiosamente algunas de sus afirmaciones anticipan la revolución de la ciencia moderna: “Es enorme la utilidad del estudio de las líneas, los ángulos y las figuras, p orque sin ellos no podría conocerse nada de la filosofía natural. Poseen una validez absoluta en todo el universo y en sus partes”. (REALE-ANTISERI: 514-515). Hay que explicar todos los fenómenos naturales por líneas, ángulos y figuras. El modo normal de la propagación de las acciones naturales, que se realizan en línea recta, obedecen a las leyes de la reflexión y de la refracción. Las dos figuras más destacadas son la esfera (porque la luz se multiplica esféricamente) y la pirámide (porque la acción más poderosa que puede ejercer un cuerpo sobre otro es la que parte de toda la superficie del agente para concentrarse en un solo punto del paciente). Lo esencial de la física se reduce al estudio de las propiedades de la figura y de las leyes del movimiento.(GILSON: 441) Dios crea de la nada y simultáneamente, la materia prima y la forma de esta materia. Dios creo un simple punto material informado. Esta forma es luz, una sustancia corpórea muy sutil que se aproxima a lo incorpóreo y cuyas propiedades características son el de engendrarse a sí misma perpetuamente, difundiéndose esféricamente alrededor de un punto. Esta difusión de la luz no puede ser contrariada sino por dos razones: (1) o encuentra un obstáculo opaco que la detiene o (2) termina por alcanzar el límite extremo de su posible enrarecimiento (y con ello acaba su propagación). Esta sustancia formal es también el principio activo de todas las cosas: la corporeidad. El resultado de esta multiplicación infinita de la luz y de su materia debe ser necesariamente un universo finito. La luz, que es simple, multiplicada infinitamente, debe extender la materia igualmente simple según dimensiones de tamaño infinito. Así se forma una esfera finita, cuya materia está en su límite último de enrarecimiento por sus extremos y más espesa y más densa a medida que nos acercamos al centro. Cuando se ha agotado toda posibilidad de enrarecimiento de la luz, el límite exterior de la esfera constituye el firmemente, que refleja a su vez la luz hacia el mundo. La acción de esta luz reflejada engendra las nueve esferas celestes de las cuales la más baja es la de la Luna. (GILSON: 439 – 441) 5 Por encima de esta última esfera celeste, inalterable e inmutable, se escalonan las esferas de los elementos: aire, fuego, agua y tierra (que recibe y concentra las acciones de todas las esferas superiores). 6 El aporte de GROSSETESTE es valioso porque frente a una tradición griega y aristotélica que privilegiaba un tipo de conocimiento (racional y deductivo) proponía otro principio explicativo y otros recursos metodológicos. Recupera el valor de la observación y de la experiencia unidas a una estructura matemática de interpretación de la realidad. La mirada del hombre de ciencia comienza a “armarse” matemáticamente para ordenar e interpretar la realidad. Pero la audacia es mayor cuando se atreve a construir una nueva cosmología en el que el principio físico de la LUZ se asocia a los principios teológicos y metafísicos de la creación y de la configuración del mundo. Repitiendo esquema de filósofos de la antigüedad encuentra procesos justificatorios para sostener sus propias teorías y refuerzo con principios matemáticos, geométricos y físicos la estructura y las debilidades del sistema.

3.3. BURIDAM Jean 7 :
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GILSON Etienne, La filosofia en la Edad Media. Gredos. Madrid. 1985 Como es de esperar, en el contexto de la filosofía medieval, la teoría de la luz servía perfectamente para acompañar nuevas concepciones del conocimiento (doctrina agustiniana de la iluminación) y de la realidad metafísica. (GILSON: 441/2) 7 BOIDO Guillermo, Noticias del Planeta Tierra. Galileo Galilei y la revolución científica. A-Z editora. 1996. (50-56) Los alquimistas (poema) (122) MOLEDO Leonardo, De las tortugas a las estrellas. A-Z

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Filósofo escolástico francés del siglo catorce , nacido en Béthune, en el distrito de Atois hacia el final del siglo trece; se desconoce la fecha de la muerte. Estudió en la universidad de París con el nominalista Guillermo de Occam, fue profesor de la facultad de artes, procurador de la Nación de Picardía y (en 1327) rector de la universidad. En 1345 fue uno de los embajadores enviados por la universidad a la corte papal de Aviñón. También se dice que ayudó a la fundación de la universidad de Viena, pero parece improbable porque Burilan estaba en París en 1358 y Denifle ha mostrado (Chartul. Univ., Paris, II, 646) que la universidad de Viena no fue fundada hasta 1365, cuando Buridan era tan anciano que difícilmente pudo emprender tal viaje. Sus obras principales son: "Compendium Logicae", "Summa de Dialectica, y "Comentarios" sobre las obras de Aristóteles, la mas importante de las cuales fue sobre la “Política”. Dullard publicó una edición completa en París, 1500, que ha sido reimpresa con frecuencia, e.g., Oxford 1637, Londres 1641 Burilan no era teólogo. En Filosofía, pertenecía a la escuela de los Nominalistas o Terministas de Occam, a la que adhirió a pesar de las reiteradas condenas. También practicaba aquella determinada forma de escepticismo que apareció en la Escolástica de aquel tiempo y que surgió del creciente sentido de la inadecuación de la razón para resolver los más altos problemas del pensamiento. En su “Compendium Lo¡dicae” desarrolló por extenso el arte de encontrar el término medio en la demostración y eso, con el paso del tiempo ( se menciona por primera vez en 1514) vino a ser conocido como “El Puente de los Asnos”, el puente por el que los escolares estúpidos eran incapaces de pasar de la menor o la mayor al término medio, del silogismo, conocida más por la frase “El Asno de Burilan” que se refiere al “caso” de un burro hambriento colocado entre dos cargas de heno iguales en cantidad y calidad e igualmente distantes. El animal colocado así, argüía el dialéctico, nunca podría decidir a que carga de heno dirigirse y como consecuencia moriría de hambre. El “caso” no se halla en los escritos de Buridan (aunque el problema que propone se encuentra en Aristóteles) y puede haber sido inventado por un oponente para mostrar lo absurdo de la doctrina de Buridan. Esa doctrina comenzaba por negar la distinción entre las distintas facultades del alma. La voluntad y el intelecto, decía Buridan, son lo mismo. De ahí que decir que la voluntad es libre en algún sentido excepto en el que el intelecto es también libre, es decir que la voluntad es más libre que sí misma. La libertad de la voluntad es la libertad de toda el alma. La libertad humana consiste, pues, en el poder de elegir entre dos o más alternativas deseables (libertas oppositionis). Cuando el intelecto presenta una alternativa como mejor ( más alta) que la otra, la voluntad debe elegir la primera, Cuando la voluntad presente dos alternativas como igualmente deseables, no puede haber elección (aquí probablemente el oponente introducía el ejemplo de asno para ridiculizar la postura de Buridan). La voluntad sin embargo aún tiene otro recurso: puede posponer la elección dirigir al intelecto a considerar sólo una alternativa y cuando la otra alternativa, aunque sea mayor ( o más alta) cae fuera de la conciencia, la voluntad puede llegar a una decisión y “elegir”, si es que ahora se puede llamar así al acto. Por consiguiente, Buridan mantiene que en un conflicto de motivos el más fuerte siempre prevalece. La voluntad está “determinada” por el motivo más fuerte. No es un voluntarista. La voluntad, dice, es inferior al intelecto, por que presupone el acto del mismo, depende de él y es por medio del intelecto y no por medio de la voluntad que el hombre consigue la felicidad suprema. 8 a afirmación aristotélica de que todo movimiento forzado requiere la acción de un agente externo para su ocurrencia se vuelve problemática cuando se aplica al movimiento de los proyectiles. Una piedra arrojada con la mano o una flecha lanzada por medio de un arco describen movimientos forzados aun cuando hayan abandonado, respectivamente, la mano y el arco. ¿Cuál ha de ser entonces el agente externo o causa eficiente que obliga a esos proyectiles a describir movimientos no naturales? Aristóteles discutió el problema brevemente y nunca se pronunció definitivamente acerca de la cuestión; ofreció, en distintas oportunidades, explicaciones contradictorias. Una de ellas deriva de una teoría original de Platón, según la
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WILLIAM TURNER. ENCICLOPEDIA CATOLICA

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cual el aire circundante al proyectil se rarifica detrás de él y, para impedir allí la formación de un vacío, presiona sobre su parte posterior y lo obliga a realizar el movimiento forzado. La crítica a esta EXPLICACIÓN DEL MOVIMIENTO DE LOS PROYECTILES no demoró mucho tiempo. Se conoce la de Hiparco (siglo 11 a.C.) mencionada por el erudito Filopón (siglo VI) en un comentario sobre la Física de Aristóteles. Ambos sugieren que si el aire fuese el agente externo responsable de la persistencia del movimiento bastaría soplar alrededor de un cuerpo para que éste comenzara a moverse. Filopón propone entonces una audaz idea, no aristotélica, la existencia de una "fuerza motriz incorpórea" interna en el cuerpo, transferida a éste durante el lanzamiento por la fuente impulsora y responsable de la perduración de su movimiento no natural. En el siglo XIV coexistieron distintas formulaciones de una mecánica basada en el mismo presupuesto. Todas ellas coinciden en atribuir el movimiento del proyectil a un agente interno, el impetus, entregado por el motor al móvil cuando éste es arrojado. Nicole Oresme, pensaba que el impetus constituye un agregado no natural al cuerpo y que se esfuma con el tiempo como lo hace el calor de un objeto más caliente que el medio ambiente. Para su maestro Jean Buridan, en cambio, el impetus se corrompe o destruye sólo en presencia de una resistencia externa (como el rozamiento) o de la gravedad, entendido este último término como la propensión natural de todo cuerpo intrínsecamente pesado ("grave") a caer hacia el centro de la Tierra. En particular, señaló que ello volvía innecesario atribuir la eterna rotación de los astros a ángeles o inteligencias divinas (como era frecuente en la época), pues bastaba suponer que Dios, en el momento de la Creación, imprimió impetus convenientes a las esferas celestes "que no decrecieron ni se corrompieron con el paso del tiempo, pues no existe ninguna inclinación por parte de tales cuerpos a seguir otros movimientos distintos de los que El les asignó, ni tampoco hay resistencia alguna que pudiera corromper o reprimir dichos impetus". Buridan rechaza la explicación aristotélica. Si el aire se desplazase hacia atrás para empujar al proyectil, un objeto aguzado en ambos extremos avanzaría menos, a igualdad de las restantes condiciones, que otro cuya parte trasera fuera roma y plana. Cuando el atleta salta, "no siente el aire que se mueve, sino que el aire frente a él le resiste con fuerza". Para Buridan, el impetus no es un efecto o una medida del movimiento, sino un agente responsable del mismo, y explica el movimiento de una piedra lanzada a manera de proyectil diciendo que el motor imprime un cierto impetus o fuerza motriz al cuerpo en movimiento, impulso que actúa según la dirección en que ha sido lanzado el proyectil, ya sea hacia arriba o hacia abajo, lateral o circularmente. (...) Tal impetus es el que permite a la piedra continuar su movimiento una vez que ha dejado de actuar el motor. No obstante, dicho impetus disminuye continuamente a causa de la resistencia presentada por el aire y de la gravedad de la piedra, que tiende a moverse en dirección contraria hacia la que se sentiría naturalmente predispuesto a mantenerla el impetus. Así, pues, el movimiento de la piedra va haciéndose cada vez más lento, hasta que llega el momento en que el impetus disminuye o se corrompe de tal forma que la gravedad de la piedra se sale con la suya y la hace descender hasta su lugar natural. A continuación Buridan afirma que los cuerpos más masivos reciben mayor cantidad de impetus, y ello explica por qué una misma fuerza impulsora (la mano) arroja más lejos una piedra que una pluma. La gravedad y el roce destruyen rápidamente el pequeño impetus de la pluma, lo cual no sucede con la piedra. Asimismo, Buridan reconoce el aumento de velocidad del movimiento de caída, y explica que ello se debe a una propiedad de la gravedad: la capacidad de imprimir al cuerpo incrementos de impetus. La gravedad actúa como un "motor primario" que origina un empuje constante hacia abajo, al que se agrega sin cesar el del "motor secundario", el impetus adquirido. El empuje total sobre el cuerpo aumenta, pues, instante a instante, y ello se traduce en un aumento gradual de velocidad del cuerpo. De estas afirmaciones, que hemos traducido libremente a un lenguaje un tanto newtoniano, algunos autores han pretendido que Buridan habría prefigurado la noción moderna de cantidad de movimiento o impulso lineal, pues el impetus aumenta con la velocidad y la masa del cuerpo. En la formulación de otros contemporáneos de Buridan, sin embargo, el impetus recuerda más bien lo que hoy llamamos energía cinética. Uno de ellos, Alberto de Sajonia, aplicó la teoría para explicar el movimiento de una bala de cañón por medio de impetus compuestos, y analizó la trayectoria en tres etapas: (1) movimiento violento: el

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impetus aniquila la gravedad natural; (2) movimiento compuesto, a la vez natural y forzado, con destrucción gradual del impetus por la gravedad; y (3) movimiento natural de caída debido a la gravedad. Adviértase que de la mecánica aristotélica sólo pervive aquí la necesidad de ofrecer explicaciones causales: no sólo es ajena a ella la noción de impetus, sino también la afirmación de que un movimiento pueda ser a la vez natural y forzado, lo cual afecta sustancialmente la precisa distinción entre ambos que formulara Aristóteles. Durante este período hubo también una singular preocupación por el modo en que las cualidades varían su intensidad con el tiempo. Se prestó atención a los cambios del color de los frutos o al calentamiento y el enfriamiento de los cuerpos, pero también a la ganancia o pérdida de la caridad, el placer, la ira o la gracia. Este tipo de estudios, realizados bajo la común denominación de "intensificación y disminución de formas y cualidades", dio frutos de interés para la historia de la física en el siglo XIV, en el seno del Merton College de la Universidad de Oxford. Eruditos mertonianos o "calculistas", tales como William Heytesbury y Thomas Bradwardine, lograron dar un paso importante hacia la futura "matematización del movimiento" al tratar por primera vez, aunque de modo vago, con lo que hoy llamamos movimientos uniforme y uniformemente acelerado, empleando para ello el recurso a figuras geométricas poligonales. De allí en más, la utilización de representaciones gráficas sería habitual para ofrecer descripciones cinemáticas del movimiento. 9 (...) Las cuestiones dinámicas y cinemáticas que hemos mencionado no agotan el contenido de las especulaciones iniciadas en el siglo XIV y que tienen un fuerte matiz antiaristotélico, aunque sólo se trate de formular suposiciones para "salvar las apariencias". También fue discutida la posibilidad del movimiento terrestre. Oresme muestra que es imposible discriminar entre una Tierra fija y otra en rotación, pues el movimiento aparente de las estrellas podría deberse, no a la rotación de una esfera estelar, sino a la ilusión óptica que nos produce la rotación diaria de la esfera terrestre, un argumento que será esgrimido frecuentemente por Copérnico y los copernicanos. Su exposición es como sigue: Afirmo, pues, que si de las dos partes del universo mencionado anteriormente, la superior [celeste] gozara hoy de movimiento diario, tal como es el caso, mientras que la inferior (sublunar] permaneciera en reposo, y si mañana se invirtiese la situación y la parte inferior gozara de movimiento mientras que la otra, el cielo, careciera de él, seríamos incapaces de apercibirnos en lo más mínimo de tal mutación, pues lo mismo veríamos hoy que mañana(..) de forma totalmente idéntica a lo que le sucede a un hombre a bordo de una nave que cree ver en movimiento los árboles situados en la orilla. Pero tan sorprendente como la precisión de este argumento de "relatividad óptica" es, para un lector moderno, el hecho de que Oresme no extrae de aquí ninguna conclusión revolucionaria. Pretende someter al análisis ciertos enunciados de Aristóteles para concluir, con escepticismo, que la observación y el razonamiento no bastan para fundamentar enunciados verdaderos acerca de la realidad, y que para ello es necesario recurrir a la Escritura. Oresme no duda de que la Tierra está inmóvil, mas su nominalismo lo vuelve escéptico con relación al alcance de las facultades humanas para resolver estas cuestiones y lo pone en evidencia. Estos argumentos, así como los vinculados con la teoría del impetus y las consideraciones cinemátícas de los calculistas mertonianos, se difundieron en las universidades italianas en las que luego estudiarían Copérnico y Galileo. Entre 1480 y 1520, imprentas establecidas en Venecia y París publicaron obras de los mertonianos y de Buridan, aunque no de Oresme. ¿Las conocían Copérnico y Galileo? En caso afirmativo, y suponiendo que se hayan limitado a recrear y sintetizar una tarea ya cumplida por los eruditos medievales del siglo XIV, el mérito que tradicionalmente se les ha atribuido debería ser, entonces, reivindicado para aquéllos. Esta tesis ha sido explícitamente sostenida por ciertos historiadores, y más adelante nos ocuparemos de ella, pues resulta del mayor interés para la historia de la revolución científica.
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Pero hay que resisitirse a considerar que los GRAFICOS representan la REALIDAD, los “movimientos realmente existentes en la naturaleza”, cosa que no hicieron. No se trata de mediciones reales sino de construcciones gráficas para favorecer el cálculo y la resolución de los problemas. (BOIDO: 53)

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DIVERSAS VERSIONES E INTERPRETACIONES DEL ASNO DE BURIDAN:

(1) EL ASNO DE BURIDÁN es el nombre que se le da al animal que protagoniza un antiguo argumento de reducción al absurdo contra Jean Buridan, defensor del libre albedrío y de la posibilidad de ponderar toda decisión a través de la razón. Para satirizar su posición, algunos críticos imaginaron el caso absurdo de un asno que no sabe elegir entre dos montones de heno (o, en otras versiones, entre un montón de avena y un cubo de agua), y que a consecuencia de ello termina muriendo de inanición (o de sed). Se trata, según algunos, de una paradoja, ya que, pudiendo comer, no come porque no sabe, no puede o no quiere elegir qué montón es más conveniente, ya que ambos montones le parecen iguales. Aristóteles, en el De Caelo, ya se había preguntado cómo un perro confrontado ante dos cantidades idénticas de alimento podría comer. El ejemplo del asno que muere de hambre por indecisión parece inverosímil, pero es posible imaginar casos menos extremos y más intuitivos de la misma paradoja: piénsese en alguien que sigue la máxima de hacer siempre primero lo que es más urgente y, enfrentado ante varias tareas urgentes, su propia deliberación acerca de cual es la tarea prioritaria le hace perder valiosísimo tiempo. O piénsese en una persona que ama a dos pretendientes ¿puede amarlos a ambos con la misma fuerza y perderlos a ambos por culpa de su indecisión? (2) EL ARGUMENTO DEL NOMINALISTA JUAN BURIDÁN PARA AFIRMAR LA LIBERTAD DE INDIFERENCIA, consistente en decir que si hubiera necesidad, un asno, situado a igual distancia de un balde de agua y un haz de heno, moriría de hambre y de sed sin poder decidirse. Para los tomistas el conocimiento racional es superior a la voluntad, mientras que para Buridan es lo contrario. Y para demostrarlo expone un ejemplo muy gráfico, que se conoce como el caso del «asno de Buridan». El animal lleva sin comer mucho tiempo y tiene hambre. Le colocan a derecha y a izquierda dos montones de cebada exactamente iguales. Se trata de un asno puramente intelectual. El asno delibera, y entre comer y no comer, opta por comer porque tiene hambre, y su organismo lo necesita. Y la segunda cuestión que se plantea es por cual de los dos comenzar. Y como no hay razón que aconseje uno sobre otro, el famélico asno muere en presencia de ambos montones. Del ejemplo se desprende que la voluntad debe decidir por sí misma. Una actitud pragmática hubiera sido que el asno se hubiera dejado de gaitas intelectuales, y que hubiera empezado a comer por cualquiera de los dos montones, dando primacía a la voluntad sobre el intelecto. (3) EL ASNO DE BURIDÁN ha sido interpretado muchas veces en el contexto del problema de la libertad o del libre albedrío, y vendría a significar que ninguna elección es posible si no se halla precedida o acompañada de alguna preferencia. O lo que es lo igual: toda elección presupone la existencia de un motivo. Mas que de aquí concluyan algunos que, puesto que ello es así, el libre albedrío es imposible, entiendo yo que es conclusión grosera y equivocada, porque la libertad no consiste en una capacidad absoluta de elección; una elección en el vacío o ejercida sobre un conjunto infinito de opciones, sino, al contrario, es la posibilidad de elegir entre una serie de alternativas dadas, que serán más o menos, según los casos, y sobre alguna de las cuales, sin duda, recaerá nuestra preferencia. De tal manera, que cuando no se dé preferencia de ningún tipo, sino plena indiferencia (como le sucede a nuestro asno), no puede haber elección, y sin capacidad de elegir no hay tampoco libertad, y así, como decía Descartes: «la indiferencia es el grado menor de libertad». Y hasta menor aún: tanto que, como digo, podría con

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fundamento sostenerse que la indiferencia es la negación de la libertad misma. No se trata, por tanto, que el motivo niegue la libertad, sino que, al revés, es su condición. (4) LA HISTORIA DE BURIDÁN puede interpretarse también, como es obvio, inserta en la controversia entre el intelectualismo y el voluntarismo. Y llevada a este terreno podría, en un primer momento, ser vista como argumento que viene a apuntalar la tesis intelectualista, y que diría más o menos así: si no existe un motivo o una razón para preferir una alternativa a la otra (motivo o razón que sólo pueden venir dados por el entendimiento), entonces no hay elección, y si no hay elección, tampoco hay acción, y la consecuencia será la parálisis y la inactividad. Por tanto, la voluntad se halla supeditada y subordinada al entendimiento. Bien. Pero ahora puede verse el asunto desde otro ángulo y decir que eso, en efecto, es lo que sucedería si los intelectualistas tuviesen razón. Pero no sucede: el asno no se muere de hambre (pueden hacerse cuantos experimentos se quiera), porque, aunque burro, no es tonto, y, sin duda, acabará decantándose por uno de los dos montones de heno, aunque aparentemente no exista razón o motivo para preferir uno en vez del contrario. Por tanto, los intelectualistas no tienen razón, y, frente a lo que ellos piensan, hay que concluir que es la voluntad, no el entendimiento, el motor de la acción. Pero entonces, si EL ASNO DE BURIDÁN PRUEBA UNA TESIS Y LA CONTRARIA, algo falla en alguna parte, lo que obliga a concluir que el asunto mismo está mal planteado. Ni se sostiene un intelectualismo puro ni tampoco un voluntarismo igualmente puro, sino que es preciso plantear de una forma distinta las relaciones entre entendimiento y voluntad. Supongamos, en efecto, que el entendimiento fuera el factor determinante de nuestra acción. Lo que entonces cabría esperar, lógicamente, es que nuestro obrar fuese siempre bueno o adecuado, siquiera en aquellos casos en los que nuestro intelecto no ha incurrido en error. Porque si es cierto, seguramente, que, como tantas veces se ha dicho, nadie quiere lo malo en tanto que malo, sino en la medida en que, erróneamente, lo tiene por bueno y lo considera como tal, entonces también lo es que en aquellos casos en los que ningún engaño ni error han ofuscado al entendimiento a la hora de evaluar una situación dada y emitir un juicio sobre ella, el acto volitivo consiguiente no podría sino ser del todo ajustado a la situación misma y –si de ética hablamos – bueno. Pero de sobra sabemos que, diga lo que diga Sócrates, cuya doctrina no es sino la conclusión a la que por fuerza se encuentra abocado todo intelectualismo que quiera ser consecuente, eso no siempre es así, sino que, al contrario, actuamos no pocas veces contraviniendo los dictamos de una fina intelección y hasta del simple sentido común. “Muchos que cometen los actos más reprobables, pronuncian los mejores discursos” y “Muchos que no conocen la razón, viven, no obstante, de acuerdo con ella”.(Demócrito) (5) INCLUSO AL PROPIO ASNO DE BURIDÁN la duda únicamente puede planteársele después de haber comprendido que los montones de heno son iguales y están a la misma distancia. Sin este presupuesto ni siquiera tiene sentido la paradoja misma. No se necesita ser un Solón o un Aristóteles para actuar conforme a la razón o a la prudencia; y paralelamente, tanto el uno como el otro podrían haber llegado a actuar (y es casi seguro que lo hicieron en alguna ocasión) de un manera irracional o imprudente. Eso es, creo yo, todo lo que cabe extraer de las referidas palabras de Demócrito. Pero interpretarlas (en especial el último de los fragmentos reseñados) en el sentido de afirmar la existencia de una voluntad desligada de toda deliberación o intelección, es sencillamente absurdo. La voluntad sólo puede ejercerse como tal cuando una serie de alternativas se presentan al sujeto como tales alternativas, pero eso sólo es posible como resultado de un acto intelectivo, porque el que un conjunto de opciones se constituyan, para y ante mí, precisamente como opciones por alguna de las cuales me es dado decantarse, es labor del entendimiento. Y por eso yo sé que puedo optar por comer esto o aquello, pero ninguna posibilidad tengo de optar por la inmortalidad. Es obra del intelecto el señalar los límites entre el deseo y la decisión: y así, puedo desear lo imposible, pero sólo puedo optar ante aquello que me es dado, y, en consecuencia, puedo desear ser inmortal, pero no decidir serlo. Y la prueba de ello es que únicamente un niño (en quien las funciones intelectivas aún no están plenamente desarrolladas) o un enfermo mental (en quien se hallan embotadas) incurren en el error de tomar por alternativas reales lo que no

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son sino sus deseos. Entendimiento y voluntad se encuentran, pues, profundamente entrelazados, entretejidos hasta tal punto el uno con la otra que podría pensarse que no se trata de dos facultades distintas, sino de una sola. Así lo cree Spinosa:: “En el alma no se da ninguna volición, en el sentido – aclara–, de afirmación o negación, aparte de aquella que está implícita en la idea en cuanto que es idea”. [Ética, II, 49] Y de ahí el Corolario: «La voluntad y el entendimiento son uno y lo mismo».

04. ROGER BACON (1212-1292)

Alumno de Grosseteste (de quien pondera como virtud el haber conocido a Aristóteles y haber sabido apartarse de él para instruirse con otros autores y de su propia experiencia), franciscano nacido en Oxford y formado en su Universidad, llegó a disponer del repertorio de conocimientos de sus maestros (entre ellos, Pedro de Maricourt que había escrito sobre las propiedades del Imán, recurso explicativo que tentó a numerosos hombres de ciencia como principio explicativo de diversos tipos de movimientos). Calcular, razonar, experimentar. Aunque es importante la demostración (especialmente la matemática), lo es sobre todo la experiencia y la experimentación, porque el espíritu queda convencido y descansa en la evidencia de la verdad. (WILSON: 447-448) Sus obras principales Opus minus, Opus maius y Opus Tertium fueron sucesivamente aprobadas y condenadas por diversos representantes de la iglesia, guiándose menos por su contenido y más por la amistad/enemistad que profesaban con Bacon. Pretendían convertirse en una enciclopedia del saber bajo la exclusiva influencia de Aristóteles a quien consideraba la perfección última del hombre... aunque no debía detenerse en él la investigación y el avance del saber. Para él, hay numerosas causas que producen el freno del verdadero conocimiento 10 pero la verdad es hija de su tiempo y la ciencia no es el resultado del esfuerzo de un individuo, sino de la contribución solidaria de la humanidad: con el paso del tiempo, los hombres que vienen después borran los errores de quienes lo han precedido. Al conocimiento se llega por dos caminos: por la argumentación y por el experimento. La argumentación puede ser concluyente, pero puede no convencer y no elimina la duda. Es necesario buscar la verdad apelando a la experiencia. El camino seguro es el de la experiencia porque sin experiencia no es posible conocer nada de modo suficiente. Estimular a que se hagan experiencias es una manera de lograr un mayor aprovechamiento del tiempo y de los conocimientos. Saber es poder: ”Las obras de la sabiduría se encuentran defendidas por leyes seguras y conducen eficazmente a la meta querida. Por eso las autoridades se hacen asesorar por hombres que manejan el conocimiento” Defiende el carácter fundamental de la matemática en la constitución de la ciencia (“No se puede conocer nada de las cosas de este mundo, celeste o terrestre, si no se sabe matemáticas”). Estudioso de la física y, sobre todo, de la óptica (tradición que seguirán los filósofos ingleses) establece las leyes de la
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La ignorancia tiene por lo menos cuatro causas: (1) La autoridad deleznable e impropia (aunque no incluye allí a la Iglesia, aunque critica las obras de Alberto Magno y de Tomas de Aquino); (2) La influencia de las costumbre que lleva a aceptar por válido lo que se conoce desde siempre; (3) La opinión de la muchedumbre iletrada e ignorante (que influye a todos los contemporáneos, salvo él); El ocultamiento de la propia ignorancia (saber que no se sabe) detrás de una aparente sabiduría. Posteriormente – en el siglo XVI – otro BACON atribuirá a CUATRO IDOLOS (fantasmas) la causa de los conocimientos defectuosos o imperfectos.

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reflexión y de la refracción de la luz. Se le atribuye la construcción de los primeros anteojos11, prescribiendo su construcción y su uso, y aportó ideas para la formación del telescopio. (REALEANTISERI: 515-518) Con un criterio científico sumado a la fuerza de la imaginación intuyó el mundo del futuro: uso de explosivos, aeronaves, circunnavegación del globo terráqueo, propulsión mecánica de diversos objetos, puentes sin pilares que atraviesan los ríos “Se pueden construir vehículos para navegar sin remos, de manera que naves enormes, con un solo piloto, avancen a mayor velocidad que si la propulsasen una multitud de remeros. Pueden construirse carros que se muevan sin caballos. Y es posible también construir máquinas de volar y un instrumento de pequeñas dimensiones que sirva para elevar y para bajar pesos de magnitud casi infinita. No sería difícil construir un instrumento mediante el cual un solo hombre pueda atraer hacia él, violentamente, a mil hombres. De la misma manera es posible elaborar instrumentos que sirvan para caminar por los ríos y los mares hasta tocar el fondo de ellos”... Algunas de estas invenciones según Bacon habían sido utilizadas ya en la antigüedad. BACON tiene mayor mérito por su propuesta metodológica que por sus aportes a la ciencia. Intuye el poder de la misma y se atreve a prever sus posibilidades, pero no realiza pasos concretos. Señala el camino, pero no se atreve – tal vez por el contexto en el que se desempeña – a transitarlo. Revisando sus escritos uno valora sus intuiciones, precisamente porque la historia se encargó de confirmar muchos de sus atrevimientos imaginativos. “Siendo esta ciencia experimental del todo desconocida para el vulgo de los estudiosos, no podría convencer a la gente de su utilidad, si no declarara al mismo tiempo su excelencia y su alcance. Sólo esta ciencia sabe discernir de modo cabal qué puede hacer por la virtud de la naturaleza, qué por el esfuerzo del arte, qué por trucos; qué significan los hechizos, los conjuros, invocaciones, magia... Sólo esta ciencia nos enseña cómo considerar los destinos de los magos y cómo no deben ratificarse, sino rechazarse, del mismo modo que la lógica estudia los razonamientos sofísticos. Tres caracteres principales tiene esta ciencia. Lo primero, indaga mediante experimentos las conclusiones importantes de todas esas ciencias. Pues las demás ciencias saben cómo descubrir sus principios mediante experimentos; pero se llega a sus conclusiones mediante raciocinios derivados de los principios descubiertos. Pero, de tener una experiencia completa y particular de sus conclusiones, habrán de tenerla merced a la ayuda de esta noble ciencia.”(BACON ROGER: OPUS MAIUS. En LA CIENCIA EN LA EDAD MEDIA) En Europa, los conocimientos teóricos van acentuando el carácter matemático y experimental rompiendo con una tradición filosófica que polarizaba todas las formas de saber. En el vida práctica Europa se fue enriqueciendo con los aportes tecnológicos que le sirvieron de soporte para imponer – en las diversas conquistas – la superioridad civilizatoria: instrumentos y objetos movidos por el agua, el molino de viento, reloj mecánico, hilatura de la seda, fabricación de lentes y papel, obtención de
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Ver la curiosa introducción de la invención de los ANTEOJOS o LENTES (1284/1294) en la novela de U. ECCO, El nombre de la rosa. Los anteojos desempeñan un importante papel en la trama del relato y ROGER BACON es citado frecuentemente: 25,81,95,111, 203, 2,49-250,261 y 386 (edición Lumen/De la Flor. 1985) “He visto en varios países cosas nuevas que se hacen con el vidrio y me han sugerido la idea de un mundo futuro en el que el vidrio no esté solo al servicio de los oficios divinos (relicarios y ventanas) sino que se use también para auxiliar las debilidades del hombre. Metió las manos en el sayo y extrajo sus lentes. ¡Oculi de vitro con capsula!. Me habló de ellas cierto monje que conocí en Pisa. Decía que su invención no databa de dos décadas...(...) Son difíciles de fabricar. Ten en cuenta que el espesor del vidrio debe cambiar s egún el ojo al que ha de adaptarse...” Es verdad que ya no tenemos la sabiduría de los antiguos. Somos enanos, pero enanos subidos sobre los hombros de aquellos gigantes, y aunque pequeños, a veces logramos ver más allá de su horizonte... (ECCO: 109-110)

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diversas sustancias como los metales, las aleaciones, el jabón, los ácidos, los alcoholes, la pólvora y las armas de fuego. Las respuestas a las diversas necesidades y el desarrollo natural del ingenio humano aportaron una serie de soluciones técnicas – a veces a través de compleja ingeniería – a la realidad, antes de que las ciencias encontraran sus fundamentos o se interesara por ellos.

PROF.DR JORGE EDUARDO NORO MATERIAL DE CATEDRA norojor@c ablenet.com.ar