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Corpus Christi en San Juan Nuevo Parangaricutiro , Michoacán. Dr. Hilario Topete

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Corpus Christi en San Juan Nuevo Parangaricutiro1, Michoacán "...

porque en el salir los oficiales con sus oficios, en la fiesta del Corpus-Christi, ha habido en esta cibdad diferencias, especialmente entre los armeros é sastres, por tanto, por los quitar de diferencias mandaron que el oficio de los armeros salga junto al arca del Corpus, y luego delante dél bayan los sastres, e asy subcesibe un oficio en pos de otro." Disposición del Cabildo de México, 24/V/1529, citado por Luis González Obregón, en México Viejo. Hilario Topete Lara Escuela Nacional de Antropología e Historia Instituto Nacional de Antropología e Historia El propósito fundamental que subyace en el presente trabajo es bastante modesto: a) utilizar el trabajo etnográfico; b) recurrir al apunte historiográfico; c) convocar a la perspectiva funcional-estructuralista de la antropología. Con ello demostraría, mediante el estudio de un caso, que con la estructura social se imbrican el rito y la fiesta formando una unidad que se desarrolla mediante refuncionalizaciones constantes conformes con la normatividad de una organización social conservada, en tanto que posibilita la reproducción social de una comunidad. Este material, conviene aclarar, es un producto parcial del proyecto de investigación formativa "Estudios Antropológicos en la Meseta Tarasca" de la Licenciatura de Antropología Social de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Empecemos pues, desde... Las raíces San Juan Nuevo Parangaricutiro, Michoacán, en México, es, paradójica y contradictoriamente, viejo, aunque en cierto sentido es también nuevo. Se dice nuevo porque el lugar donde hoy se encuentra asentado era conocido, hasta hace cinco décadas, como la Hacienda de los Conejos o Ahuanítzaro, lugar donde fueron reubicados los habitantes de San Juan Parangaricutiro luego de la erupción del volcán Paricutín (1943), en la Meseta Tarasca del Eje Neovolcánico
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Parangaricutiro, en lengua purhé (purépecha) puede significar, dependiendo del lugar donde se coloque el acento, "canoa de agua (o tinaja) metida en el paredón" o "en la mesa".

2 mexicano. Esta, su vida reciente, podría decirse que apenas comienza, aunque es la que más cambios ha experimentado. Se dice que es también viejo. La primera referencia documentada que de él se tiene, se encuentra en el Lienzo de Jucutácato. Su nombre en purhé, Pantzingo. Pantzingo, "El lugar de paso", fue fundado en los albores del siglo XIV2 y, a menos de dos centurias, hubo de ser abandonado por causa de la política de congregaciones (reducciones) puesta en marcha en los inicios de la Colonia. Este renacimiento comenzó cuando, encabezados por un fraile afín a Vasco de Quiroga, posiblemente fray Juan de San Miguel, los moradores de Pantzingo fueron trasladados al lugar que ocuparían por generaciones. Otros pueblos prehispánicos que fueron reducidos junto con los otrora moradores de Pantzingo fueron Andajchura, Tzintzícaro, Tzicatácuaro, Tzirajpan, Cutztato y Corínguaro; todos ellos pasaron a integrar los seis barrios originales del nuevo pueblo congregado: Parangaricutiro. La anteposición del "San Juan" data de su fundación, hacia 1540,3 conforme con la norma de nominación novohispana para los pueblos incorporados a la jurisdicción eclesiástica. El manto religioso de la cristiandad dejó su impronta desde entonces en los aconteceres sanjuanenses. San Juan Nuevo Parangaricutiro y el San Juan Parangaricutiro de ayer son, pues, los extremos de una misma y accidentada historia que se desarrolla en dos lugares distintos, pero unidos a fuerza de ritos, de mitos y de una tenaz lucha por permanecer. Ambos son lo nuevo y lo viejo. Entre ellos hierve una tradición rica y enriquecida, en cuyas raíces explicativas se entrelazan la naturaleza, el trabajo y la religión. El Pueblo está históricamente signado por exabruptos y lentos recomienzos, aunque es fácil reconocer que entre unos y otros emerge, como eje vertebrador, una cultura modificada gradualmente, pero que no muere, ni cede con facilidad el paso a lo nuevo. Los hombres, obligados por el Paricutín a

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Salvador Cuara Amezcua, Vida y tragedia de Parangaricutiro Mich., edn. del autor, Morelia, 1985, p. 15. Véase también, Davis Zavala Alfaro, Agonía y éxtasis de un pueblo, edn. Del autor, s.l., 1983, pp. 13-18. 3 César Moheno, Las historias y los hombres de San Juan, México, El Colegio de Michoacán, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 1985, pp. 37-39.

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3 abandonar el San Juan Parangaricutiro,4 de ascendencia colonial, viven hoy su más próximo renacimiento, desde 1944. Pero el Paricutín y su Zaapichu5 no sólo soterraron bajo su manto de lava al viejo San Juan de las Colchas. El desastre se extendió de lo ecológico a lo social y a lo político, entre otras esferas de la cultura:6 centenares de hectáreas de sus tierras comunales quedaron bajo una capa de rocas ígneas que las inhabilitó para el cultivo; el traslado al pequeño valle en que hoy se encuentra enclavado, y la diáspora que en un trance así es consustancial, lo llevó a perder, además, su categoría de municipio libre para pasar a ser Tenencia de Uruapan, entre el 7 de agosto de 1944 y el 11 de agosto de 1950. A pesar de todo, dentro de ese mar de rupturas, hay ciertas continuidades. El Corpus Christi, entre ellas, nos muestra que la cultura es uno de los aspectos más persistentes en el devenir histórico; nos muestra, además, que la estructura y la organización sociales también pueden ser atisbados desde el rito y la fiesta. A demostrarlo se encamina el resto del texto.
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Para profundizar en torno a la manera en que fueron vividos tanto el surgimiento del volcán como el desalojo de la zona donde vivían los habitantes de San Juan Parangaricutiro, también llamado San Juan de Las Colchas, pueden leerse los testimonios recopilados por Rafael Mendoza Valentín, en Yo vi nacer un Volcán, Novoa Editorial, León, 1988, pp. 39-92. El sobrenombre "De las Colchas" fue proporcionado por la fama que adquirió la comunidad en la elaboración de esas prendas, producto de una especialización en la elaboración de textiles cuyos orígenes arrancan en los inicios de la colonia; esto coincide con —y es un resultado mediato de— la estrategia de los frailes misioneros que congregaron pueblos y que, a la manera quirogana, les proporcionaron capacitación en oficios que les permitieran al mismo tiempo diversificar sus actividades productivas, producir excedentes para tributar a la administración colonial y lograr, hasta donde fuera posible, la autosubsistencia. Vid. Benjamín Jarnés, Vasco de Quiroga, obispo de utopía, Ediciones Atlántida, México, 1942, passim; también, César Moheno, op. cit., pp. 85-87. 5 Cuando se platica con los lugareños viejos, al referirse al volcán, hablan de dos: el Padre, que es propiamente el Paricutín y el Zaapichu ("El niño", en purhé) que es el hijo (aunque es un segundo cráter que se formó al taponarse el original). Y dicen, en tono festivo, "¡Hombre pues el niño salió más travieso que el padre!" porque fue, de hecho, la lava manada por El Zaapichu la que sepultó buena parte de los Pueblos de San Salvador Combutzio (Parícutin) y San Juan Parangaricutiro, lo cual obligó a evacuar el área y reubicar a ambos pueblos. El Primero hoy se llama Caltzontzin y se encuentra conurbado a la ciudad de Uruapan, Mich; el segundo es al que hemos referido y seguiremos haciéndolo. El testimonio oral fue proporcionado por José Anguiano, cabildo de San Juan Nuevo Parangaricutiro. 6 Una de las primeras reflexiones sobre los violentos cambios a que obligó este fenómeno natural, aunque inédita hasta 1983, la realizó Víctor Serge en su ensayotestimonio "San Juan Parangaricutiro". El cambio sociocultural en la coyuntura y la desesperanza se pasean a lo largo y a lo ancho de un escrito en el cual intenta compartir el dolor por "la muerte de los sembradíos y del pueblo", por "un futuro incierto" y una alegría arrebatados por el volcán, mientras el curioso fuereño, comerciante a veces, hizo del desastre un brillante negocio y del área un inmenso salón donde ir a maravillarse. Vid. Víctor Serge, "San Juan Parangaricutiro", en pp. 117-147 de El Buscón núm. 3, marzo/abril de 1983, México.

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4 Corpus Christi: ayeres Clemente V, en 1311, declaró al Corpus Christi como día festivo universal para el mundo católico. Ocho años más tarde se celebró por primera vez en Barcelona. A partir de entonces pasó a ser una de las conmemoraciones más representativas del catolicismo español. En él habrían de conjugarse tanto la cruzada contra los moros como la resistencia ante la penetración protestante. Entre los siglos XV y XVI, apareció en las procesiones del Corpus europeo un nuevo elemento: la participación formal en las procesiones, de las autoridades civiles, los gremios y las cofradías, al lado del clero.7 La conquista y la colonización hispanas trajeron, junto con la espada y la fe, nuevas tecnologías, formas de organización sociopolítica, maneras de entender la propiedad, rituales y festividades religiosas, entre muchas otras cosas más. No resulta extraño, pues, que en 1524 se celebrara por vez primera el Corpus en la ciudad de México. Su auge no esperó, y su obligatoriedad se oficializó un lustro después. La procesión no dejaría de representarse en las calles citadinas sino hasta 1865, cuando la Guerra de Reforma, y las leyes emanadas de ella, signaron su reclusión.8 El Corpus metropolitano, sin embargo, no se transpuso mecánicamente. Mientras que en España abría el cortejo la Hostia Sagrada, en la ciudad de México lo hacían los "gigantes", la "tarasca" y las danzas de españoles, indios y mestizos. Un listado minucioso del resto de la procesión arroja un saldo sui generis: en la Nueva España, más allá de cierto sincretismo, se evidenció un fuerte carácter popular y festivo mediante el cual se ratificaban posiciones sociales, estructuras de poder, honores sociales, instituciones y organizaciones sociales; pero, sobre todo, el papel articulador de lo social que, innegablemente, jugaba la Iglesia Católica. Así, aparecían, cuerpos de militares y granaderos, monjas, órdenes religiosas, cofradías, alguaciles, notarios y estudiantes de los diversos colegios, entre otros.9 En el área purépecha también adquirió características propias: las calles se adornaban con flores que tapizaban el piso. De trecho en trecho, se disponían arcos florales, colgaban adornos en los techos, se montaban escenografías con bosques entre los que se colocaba fauna regional, y de los árboles hacían pender los más variados frutos. Por supuesto, la danza y la música populares rompían la solemnidad de los
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María Teresa Sepúlveda, Los cargos políticos y religiosos en la región de Pátzcuaro, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 1974, pp. 2021. 8 Luis González Obregón, México viejo, Promexa Editores, México, 1989, p. 451. 9 Ibídem, pp. 445-447.

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5 ministros de culto, quienes elevaban cantos al Señor Sacramentado.10 Corpus Christi: hoy Resulta casi imposible comprender la festividad de Corpus en Nuevo San Juan si no se revisa el sistema de cargos religiosos, cuyas raíces se hunden en el pindekuario, o libro de registro de las obligaciones y los cargos religiosos tradicionales.11 El sistema de cargos comunitario tiene una estructura 12 compleja en la cual se destacan los siguientes subsistemas: a) de los cargueros de la Virgen de Fátima de los barrios;13 b) de los cargueros de la Virgen de Guadalupe;14 c) de los cargueros
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Uno de los mejores trabajos realizados en el área, en relación con la religiosidad popular, los cargos y su importancia sociopolítica, lo ha realizado Pedro Carrasco. Este autor remite una breve referencia histórica de los cargos tradicionales en el área; muchos de ellos aparecerán en el listado que hacemos en el apartado que sigue. Para ampliación, véase Pedro Carrasco, El catolicismo popular de los tarascos, SEP Setentas, México, 1976, pp. 58 y ss. 11 Un carguero, hoy día, es un individuo que asume la responsabilidad de dedicar parte de su vida en favor del culto a una imagen religiosa o de un santuario o capilla vinculado con la deidad seleccionada. Su dedicación contiene una serie de actividades a garantizar la reproducción y sostenimiento del culto y los rituales convenidos para tal efecto. Un carguero sabe que no recibirá compensación económica alguna y que, por el contrario, realizará erogaciones para convocar a al comunidad en torno de la imagen o del recinto recibido en custodia. Un carguero sabe que la comunidad le reconocerá su desempeño como tal y le brindará un trato diferencial identificable por cierto respeto social si ha cumplido con "la costumbre"; si no lo hace, sabe que sufrirá la desaprobación comunitaria. En lo general, el carguero tiene que preparar un recinto para recibir la imagen. Esta preparación consiste en el acondicionamiento de un espacio de su casa como altar (según sus posibilidades y las ayudas recibidas) y se hace responsable de rezar un rosario vespertino (todos los días mientras dure su cargo) al cual podrán asistir los devotos que así lo deseen; por supuesto, el carguero corresponde brindándoles a los asistentes, al final del rosario, "un refrigerio" (tamales, atole, pozole u otro alimento típico). Los cargueros, por regla general, reciben apoyo de familiares y amigos, razón por la cual las erogaciones pueden no resultar muy costosas, excepto, por supuesto, en más oneroso de los casos, el del mayordomo (y algunos de sus cargueros, como las huananchecha [Vid. cita 23] y El José, entre otros), El kámbiti y El regidor, cuyos gastos durante su gestión pueden superar los 15 000 dólares (cambio 1996, caso del mayordomo). 12 Véase, al final, la estructura del sistema. 13 Doce miembros en total por año. Reciben a la imagen el primer sábado de mes y la entregan al Santuario en viernes (último o primero de mes, según sea el caso); los cargueros se identifican por un escapulario azul y un rosario, y una credencial que los acredita como tales. Para ser admitido, se requiere solicitud previa y comulgar familiarmente durante cinco sábados previos a la reunión donde se aprueba o rechaza su solicitud. Es el único cargo que envía a Portugal los listado de cargueros para que sean sepultados en el área "donde se apareció la imagen por primera vez". El origen del subsistema data de los años ochenta del presente siglo. 14 Doce miembros en total con un turno preestablecido que reciben la imagen el día 12 del mes y la entregan al Santuario el undécimo del siguiente. Se distinguen por su uniforme que varía en cada ciclo anual (al gusto de todos). En este subsistema, para solventar los gastos, organizan una "tanda" cuya aportación fija se

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6 del Niño Jesús de los Viejitos;15 d) de los cargueros del Niño Jesús de las Pastorcitas;16 e) de los cargueros del Señor de los Milagros ("Rancherito");17 f) de los cargueros de San Isidro Labrador;18 g) de los cargueros de la Virgen de Fátima de Paricutín;19 h) de los cargueros de la Virgen de Fátima ("Pequeña");20 i) de los cargueros del Señor de los Milagros ("del Pueblo");21 j) de los cargueros de la Capilla del Hospital, y k) los cargueros del Señor de los Milagros (del Santuario) o cargueros de Los Cabildos. De ellos, vamos a destacar los dos últimos, cuya antigüedad está prácticamente vinculada con el
entrega al carguero en turno para auxiliarle en el pago de cohetes y la música con la que se acompaña a la imagen de la casa del carguero al templo y viceversa. Los cargueros, además, tienen bajo su responsabilidad organizar su participación en la Semana Santa, la fiesta de su patrona el 12 de diciembre, donar al curato una botella de vino de consagrar y dos mil hostias. Otra especificidad es que los miembros forman una mutualidad para auxiliarse en caso de enfermedad, accidente o muerte. 15 Número de cargueros indefinido, pero de acuerdo con el total de los autopropuestos se dividen los días de estancia de la imagen en casa de cada uno. Casi todos los cargueros asumen la responsabilidad como "pago de manda". La coordinación del cargo se deposita en el mandón, quien asigna fechas de entrega y recepción. Las redes de solidaridad permiten que los cargueros, mediante una "tanda" y un "tequio", se apoye al carguero en turno para realizar el altar y el ornato de la imagen, para solventar los gastos para alimentos de los asistentes a los rosarios vespertinos, para pagar cohetes, música y confeccionar un "Nacimiento" monumental el 25 de diciembre, en el seno del Santuario de la Comunidad, a donde se le traslada —nacimiento con imagen integrada— acompañado de danzantes ataviados como "Viejitos". En este cargo, una peculiaridad es que la imagen se traslada no en capelos ni andas, sino directamente en los brazos del carguero varón. 16 La organización de este subsistema posee una gran similitud con el anterior. Es, sin embargo, el único que se vincula con una festividad cívica (celebran el Día del Niño con piñatas y regalos) y La Noche del 25 de diciembre, cuando se lleva la imagen al Santuario para ser depositada en un Nacimiento monumental confeccionado ex profeso, es acompañada con danzas de huananchecha y otras niñas ataviadas con un traje tradicional. 17 Este subsistema se activa fuera de la comunidad, en las villas, rancherías, caseríos y demás asentamientos demográficos de los alrededores de la comunidad. Su movilidad la coordina el mandón quien realiza el orden de rotación entre los solicitantes. Como la imagen está asociada a las actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas y frutícolas, los cargueros atavían a la imagen con todo género de productos y derivados cuyos abundantes productos se desean. Esta es la única imagen que habitualmente no se traslada con música (sólo cohetes anuncian su procesión); sin embargo, en diciembre, es entregada en la Capilla del Hospital y de allí es trasladado, en medio de música y danzas ejecutadas por las Huananchecha. 18 Este subsistema es atípico: no lo coordina ninguna instancia religiosa (es casi propiedad de una familia) ni del Sistema General. Las ceremonias son modestas y la imagen es trasladada a casa de quien lo solicita y allí permanece el tiempo que el solicitante desea, hasta que haya un nuevo solicitante o hasta que los responsables de ella encuentren un nuevo carguero, según sea el caso. La imagen de San Isidro Labrador, en los tiempos en que la comunidad era fundamentalmente agrícola, sí poseía muchos devotos y la fiesta patronal era muy notoria. Hoy los cargueros la realizan con cierta modestia: una misa, música y una comida en casa del carguero en turno; no hay traslado con música ni danzas, ni uniformes, ni se

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7 origen del sistema y, por ende, a la presencia del catolicismo en la comunidad. Como puede apreciarse, al ver el anexo al final, los cargueros de la Capilla del Hospital son miembros cuya aparición en el subsistema no está sujeta a escalafón. El mayordomo, seleccionado entre otros autopropuestos, no requiere de recorrer previamente por cargo alguno; sólo requerirá solicitarlo ante alguno de los miembros del cuerpo de Cabildos. Por supuesto, está consciente de las enormes cargas económicas y de trabajo que le esperan durante un año: conservar la limpieza y subvencionar el mantenimiento de la casa mayordomal, que se encuentra anexa a la Capilla del Hospital, y del recinto mismo; adornar convenientemente el altar y la nave principal de la parroquia en ocasión de la Inmaculada Concepción, La Candelaria, coronación de cargueros, etcétera, proporcionar en fechas predeterminadas
ofrece, después del rosario vespertino "refrigerio" alguno a los asistentes, ni asiste a los recintos religiosos, excepto el día 15 de mayo, cuando se le celebra una misa. Sin embargo, son los únicos cargueros que participan en la festividad del Corpus Christi como oficios. Véase más adelante en el texto. 19 Subsistema de reciente creación en torno a una imagen de la Virgen de Fátima (expropiada a una organización religiosa llamada Ejército Azul) que sólo va de casa en casa en una de las dos colonias de reciente fundación en la comunidad. De número indefinido de cargueros, intenta emular la normatividad de la organización de los cargueros de la Virgen de Fátima (Vid.). 20 Se rige con las normas y procedimientos de los cargueros de la Virgen de Fátima de los Barrios. La duplicidad obedece a un conflicto habido a mediados de los ochenta entre la responsable de ésta y un grupo de cargueros quienes disputaron la responsabilidad. El curato intervino y salomónicamente decidió que ambos tenían la razón y se creó un cargo paralelo con una imagen de menores dimensiones. 21 Este subsistema es el más representativo de San Juan. Está integrado por doce cargueros coordinados y organizados por una responsable ante quien se hacen las "listas de espera" para el siguiente año. Los cargueros reciben la imagen en casa el 14 de un mes y es entregada el 13 del siguiente en el santuario. El traslado del Santuario hasta la casa del carguero se realiza, luego de una misa, en medio de una procesión multitudinaria (pueden intervenir miles) en las cuales predominan las mujeres. Las mujeres, en su mayor parte ataviadas con rollo, blusa bordada, rebozo y delantal (algunas descalzas, algunas, también, con penachos) con una sonaja en mano, forman dos columnas a ambos lados de la calle y realizan una danza acompasada por una orquesta que va hasta el final de las columnas, cerrándolas. Los hombres, casi todos ellos cargueros también van al final, detrás de la imagen (envuelta en copal), aunque no bailan; sólo un grupo de ellos sí lo hace: los chichimecas, que van en medio ataviados con pantalón blanco, arcos, pelucas y sonajas. El cortejo es acompañado con cohetes, música y danzas desde el interior del Santuario hasta la casa del carguero. Allí se disuelve luego de que se les ofrece "un refrigerio" y, al igual que en el resto de los cargos, el rosario vespertino diario, no puede faltar. Entre otras diferencias podemos destacar: la suntuosidad de los altares y recintos en que se deposita la imagen; el adorno del final del camino (mosaicos con aserrín de color tapizando el suelo y adornos de palmas); y colecta de limosnas durante el recorrido para destinarlas a la beneficencia pública.

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8 alimentos y bebidas a sus cargueros cuando se les convoque o hagan acto de presencia, y diariamente al prioste 22 y su familia y a las huanánchecha (cuatro diario), entre otras más. El mayordomo se auxilia con un equipo de cargueros entre los que destaca el prioste, encargado, a través de su esposa, del ornato sabatino (adornos llamados "palmas" hechas por las huanánchecha,23 con flores y vegetales donados por el pueblo), de alimentar, también mediante las huanánchecha, a la Virgen con copal, de vigilar las posesiones (prendas) de la imagen, de mantener en buen estado y estéticamente dispuestas las andas de la imagen, de participar en algunos rituales establecidos por la costumbre. El José es un cargo depositado en un niño (primogénito o unigénito varón), cuyo padre tiene la obligación de proveer la leña que se consume en la cocina de la casa mayordomal (no se utiliza otro tipo de combustible); también participa en la festividad de Reyes el 6 de enero en la que, entre otras responsabilidades, proporciona juguetes de regalo a los cargueros del mayordomo. El fiscal, el vaquero, el arriero, el karari, y los (dos) temben tziman miyuri24 prestan servicios para brindar hospitalidad a los invitados del mayordomo y para realizar los trabajos que se les soliciten para alguna fiesta o ritualidad. Existe también un conjunto de cargos que sí se someten a un sistema de escalafón. A la cabeza están los Cabildos, cuerpo de "pasados", de "respetables" que han cubierto todos los cargos de la línea y son los depositarios de la pindekua ("costumbre", "tradición"). Por debajo de ellos se encuentra un mandón, que es el responsable del mantenimiento del aseo en Santuario del Señor de los Milagros de la Comunidad (para ello se auxilia de cuatro cargueros sin derechos "escalafonarios"
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Vid. Infra. Huanánchecha, plural de huanancha, del purhé cha que significa "garganta", y huandani, "hablar"; esto es, "la que habla con la garganta". Otra acepción dice que es "la que carga algo apoyado en el cuello" (hombro). Las dos acepciones tienen sentido: la primera remite a las huanánchecha mitológicas que acompañan a Xarátanga (luna) y le cantan por la noche, "rodeando el templo"; la segunda, remite a una de sus funciones reales que es la de cargar -sólo ellas- sobre los hombros, las andas de la Inmaculada Concepción de la Capilla del Hospital. Vid. E. Ruiz, Michoacán, paisajes, tradiciones y leyendas, s.e., México, 1940, pp. 4546. 24 Temben tziman miyuri, "los que cuentan de doce en doce". Otrora, eran los encargados de la contabilidad de los bienes de la Capilla del Hospital, y de entregar doce monedas de oro al curato de la comunidad. El karari, "escribiente", realizaba funciones secretariales y de contaduría. El Vaquero, su nombre lo dice, era el encargado del cuidado del ganado (vacas, ovejas, burros, mulos, etcétera) propiedad de la Capilla del Hospital. El arriero, por último, era el encargado de reunir los excedentes de producción de la capilla y de la comunidad para llevarlos a vender en los pueblos de camino a la costa y de comprar sal y otros productos necesarios en la comunidad. Hoy estas funciones sólo se representan en un desfile alegórico realizado el 7 de diciembre.

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9 llamados katapiecha); es también responsable del Santo Entierro, de coordinar buena parte de las fiestas religiosas, de brindar hospitalidad a los cabildos cuando celebran reuniones importantes (como ratificación y nombramiento de cargueros) y servir de enlace entre los cabildos y los cargos.25 El regidor, inmediatamente por debajo del mandón, es elegido de entre seis que cada año han dejado de ser kámbitiecha;26 aquél, a la par que apoya al mandón en sus funciones, es garante de la celebración de las fiestas patronales en cada barrio, obligación mayor de cada kámbiti. Sus erogaciones, por supuesto, no son muchas: una en el carnaval y otra en Semana Santa. En la primera, recibe a los cargueros de la Capilla del Hospital y les agasaja con alimentos y bebida, aunque, como siempre se hace a "puertas abiertas", es, a fin de cuentas, un convivio comunal, como prácticamente ocurre en todos los demás; en la segunda, es encargado de elaborar dentro del Santuario, para la adoración del Santísimo, un altar monumental realizado con alcatraces y azucenas donde, además, a cambio de las limosnas recibidas en un colector puesto a propósito al pie del mismo (limosnas que se entregarán íntegramente al curato), ofrece siempre algo sacro a cambio (espigas de trigo bendecidas, escapularios, estampitas, etcétera). En el peldaño más bajo del escalafón se encuentran los kambitiecha, quienes son, para efectos del sistema, el enlace de la geopolítica barrial con el subsistema escalafonario; consecuentemente, con la jerárquica estructura eclesiástica y con la comunidad, como demostraremos. Los Kambitiecha son los responsables de organizar y costear, con apoyo de familiares y vecinos, la fiesta patronal del barrio; son también, uno de los ejes centrales de la celebración del Corpus. De acuerdo con el pindekuario, son llamados a ser actores principales, el mayordomo y su esposa, los cargueros de ambos y sus mujeres, las huanánchecha y los kambitiecha de barrio, conjuntamente con los miembros de los "oficios", como se llaman a sí mismos los grupos de participantes. Personaje relevante es el kámbiti, ubicado en el primer peldaño de un escalafón que asciende luego hacia la regiduría, al mandonazgo, y culmina en el cabildato. La pindekua, o costumbre, dicta que año con año, en casa del mandón se reúna el Cabildo para designar a quienes serán el nuevo mandón y el regidor; asimismo, dicta que en la ceremonia de
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Hasta hace tres décadas, el mandón fue el depositario de los "Justos Títulos" o el conjunto de los documentos que avalaban la propiedad comunal de las tierras que aún detentan, y ocupó un cargo cívico, el de Representante de Bienes Comunales ante el Gobierno Federal. Durante la colonia, era el administrador general de la comunidad. 26 Vid. Infra.

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10 coronación27 del uno de enero, en el Santuario del Señor de los Milagros, se coronen, ratificándoles, a los seis kambitiecha. Los kambitiecha son los cargueros directamente responsables de levantar sendos altares que engalanan el interior del Santuario. El tiempo invertido en trabajo, en ocasiones, consume hasta tres días antes del Jueves de Corpus, y su exposición se prolonga por una semana más. Cada altar representa el esfuerzo económico final del cargo de Kámbiti hacia lo comunal. Durante la Semana Santa, ya habrá sido responsable del montaje de un pasaje de la pasión de Jesucristo. Pero aquí la relevancia y responsabilidad se potencian en la proporción de un gasto en el que se incluye la cooperación en dinero, trabajo o especie, por parte de los parientes consanguíneos y, en ocasiones, de los parientes rituales; un segundo círculo de cooperantes, ya se dijo, lo integran los vecinos del barrio quienes aportan principalmente trabajo, pero que también saben comprometido el prestigio del barrio en la calidad del altar y el pasaje en cuyo montaje participan. El rito, visto como una metáfora, es la ratificación de la unión de los seis pueblos congregados en forma de barrios, cada cual con su santo patrono y festividad, signada con base en el trabajo; revela a la iglesia como el seno en el cual se formó pueblo (y al cual se regresa a refrendar la ascendencia) y como eje articulador de cierta unidad comunitaria lograda bajo sus auspicios. Nunca, como en esta celebración del Corpus, se hace tan evidente un acto de comunión, de religamiento colectivo como en este que nos ocupa. Sin embargo, este acto de unidad no está exento de contradicciones: la competencia por lograr el altar más suntuoso o el más original está presente desde el inicio del montaje; los honores sociales también están en juego, como lo están en el resto de las festividades comunitarias. El prestigio del kámbiti, la familia y el barrio está en juego. No es extraño, entonces, que el compromiso de cumplimiento, aunque se adquiere personalmente, comprometa a la familia y al barrio. Tampoco es gratuito que esta demarcación geopolítica aporte buena parte de la cuota de trabajo para elaborar el altar; ello, sin importar el tiempo invertido, durante el cual —aquí sí, y en forma exclusiva— los alimentos y bebidas corren por cuenta del kámbiti y a lo sumo, de la familia de éste. La expresión popular "hoy por ti, mañana por mí" (aunque siempre por nosotros), posee aquí un especial significado,
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La ceremonia de coronación es un ritual por medio del cual la iglesia avala a los cargueros y la comunidad los reconoce. Consiste de colocar sobre sus cabezas, momentáneamente, una corona de la imagen en turno, si la posee o de la deidad tutelar donde se realiza el acto litúrgico (misa) que le antecede.

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11 pues evidencia las relaciones de cooperación y los diversos mecanismos de la reciprocidad social que existen entre los purhembes desde tiempos prehispánicos, cambios lógicos e históricos de por medio, claro. Ellos garantizan así, cierta continuidad de un rito temporal en la memoria de los lugareños, cuyas relaciones sociales de soporte tienen cierta correspondencia con la forma de tenencia comunal de la tierra que aún se preserva. El Corpus, también según la pindekua, reserva en el recinto del Santuario un lugar de honor: justo a la entrada principal, y de frente a la imagen del Señor de los Milagros (Santo Patrono de la comunidad),28 se eleva un altar realizado por las huanánchecha o "palmeras" y los cargueros que auxilian al mayordomo en la Capilla del Hospital.29 Las huanánchecha constituyen un cuerpo de doncellas (adolescentes, solteras y vírgenes) que se encargan, entre otras tareas, de asear el recinto de la Capilla y sus alrededores. Su número es variable, y en esta ocasión son responsables de colaborar para la elaboración de un altar que no representa a barrio alguno, sino a una autoridad que tiempos atrás hacía posible la institución-hospital fundada para el servicio a Dios y a los hombres, diseñada para la tributación y una autonomía relativa. Con el trabajo aportado, que se conjuga con el los cargueros del mayordomo y el de este mismo, también se coloca una buena dosis de prestigio en juego porque, como el trabajo más colectivo, representa este altar una mayor erogación económica, mayor consumo de trabajo y esfuerzos de imaginación. No es extraño, pues, que se sepa de antemano que el lugar de honor lo ha de ocupar el arreglo más suntuoso, y al decir suntuoso, nos referimos a más tradicional,30 aunque de mayor costo, si no, piénsese que la mayor parte de los adornos en color púrpura está logrado a base de una orquidácea llamada lirio. En el Jueves de Corpus, hoy como ayer, el pueblo ha conquistado la calle. Los purépechas lo habían hecho desde la Colonia; ahora es una romería donde la reciprocidad y el honor
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Originalmente, el santo patrono fue San Juan, como todavía lo recuerda el nombre de la comunidad. Sin embargo, el culto al Señor de los Milagros, que se prolonga por más de dos centurias, refleja una característica común a la religiosidad popular purépecha: adoptar patronazgos conforme con la aceptación popular. Así, no es éste el único caso en que se rinde culto a una imagen cuando el patrono es otro. 29 Erigida, como muchas otras capillas hospitalarias, en honor de la Inmaculada Concepción. 30 De todos los altares construidos para esta ocasión, a lo largo de seis años, el que elaboran el mayordomo y sus cargueros, es el que menos variaciones ha presentado; se diría que existe un patrón emulado. Los otros, en cambio, son recreaciones de pasajes bíblicos y la gama de posibilidades a realizar es mucho más amplia.

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12 social hacen girar en torno de sí lo pagano y lo religioso en una síntesis con apariencia lúdica, explosiva, ensordecedora y enajenante. El consumo se presenta como la punta del iceberg. Pareciera que no importase lo que se consume, sea música, alimentos, cigarrillos o bebidas, y que el objetivo fuese hacer del mundo, en toda su riqueza, un objeto usable. Pareciera que hombres, mujeres y niños se transformasen en agentes pasivos que absorben vorazmente su objeto de consumo y que fuesen absorbidos por él; pareciera, en su exterioridad, que los objetos consumibles perdiesen sus cualidades concretas puesto que no son solicitados —ni entregados— por precisas y reales facultades humanas, sino por el poderoso afán de tener y usar. Ahora pareciera que el consumo fuese la forma enajenada de estar en relación con el mundo y hacer de él una cosa consumible, no de interés ni de preocupación. Pero no ocurre así; al contrario, existen detrás relaciones y valores comprometidos. No es aquí el caso de las grandes urbes. Detrás del consumo hay varios elementos que sólo pueden explicarse por la cultura y no por cierto "inconsciente social". El carácter procesional — con el cual se anuncia, en la víspera, el Corpus— aparentemente caótico, por las calles aledañas al santuario; la participación de los oficios como corporaciones, y la irrupción del mayordomo y los cargueros para realizar toda clase de intercambios desiguales, mediante las mujeres31 ocultan razones más profundas del ser purépecha. La actividad política ha jugado un papel importante — mas nunca determinante— en la festividad del Corpus. El triunfo de un partido político puede provocar un resentimiento que aleja a determinados oficios de la procesión; en cambio, facilita la participación de otros. Por esta razón, desde hace más de una década, "ni son todos los que están, ni están todos los que son". La procesión da inicio desde muy temprano. Sin embargo, los cazadores, desde unos días antes han ido al monte para cobrar algunas piezas (venado, conejo, coyote) y son los primeros en hacer su aparición, desde la víspera. Este oficio — hoy inexistente como tal— que abre tradicionalmente el festejo, marca un recorrido trinitario que habrán de ejecutar sin excepción el resto de los oficios: una visita al curato para brindarle música y parte de lo obtenido, otra a la presidencia municipal y una más a la casa mayordomal donde se reproducen las mismas acciones. Cumplido el recorrido, van por las calles mostrando con orgullo las piezas; a propósito, algunas de ellas, no cazadas por su escasez, se representan
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Vid. Infra.

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13 lúdicamente disecadas. Familiares y amigos del oficio acompañan al cortejo y todo el conjunto es envuelto de manera constante por música. Poco antes del mediodía, se concentrarán en la plaza principal para culminar su cometido. Por otro punto de la plazuela, hacen acto de presencia los leñadores32 con sus hachas de utilería realizadas en madera. Por supuesto, tampoco a ellos puede hacerles falta una buena dotación de bebida y música. Los carpinteros también llegan desde temprano y se aprestan a disponer tablones, pequeñas mesas y sillas en el área aledaña a un templete, desde donde les amenizará un conjunto musical. Pero la procesión es obligada para todos los oficios, y luego les vemos sumarse tras los trabajadores del monte, cuyo símbolo es una motosierra tallada en madera y fibras vegetales; familiares, amigos, curiosos, bebida y música, no pueden faltar. Corpus sin departición carece de sentido. Una vez realizado el recorrido trinitario —y por las calles céntricas del pueblo— que varía en tiempo, ruta y distancias, los miembros de los oficios se concentran en la plazuela, instalan sus aperos, una escenografía representativa del oficio e inician a actuar —algunos realmente ejecutan— la producción propia del oficio. La plaza empieza a poblarse. La animación va en ascenso y los asistentes parecieran disponerse tan libre como caóticamente en el área; sin embargo, esta es una congregación de oficios y cada uno, como antaño, tendrá un lugar. Los resineros, como el resto, así lo saben y no encuentran dificultades para su instalación; tablones, pequeñas tarimas y diminutos costales con brea los simbolizan. En otra área de la plaza, los carniceros destazan una res; ellos, al igual que los cazadores, buscan reconocimiento a su habilidad trabajando en público. Terminada su labor, simularán que lavan el piso y dejarán un charco de sangre en la cual los jóvenes se arrojarán unos a otros para divertir a los asistentes. Los trabajadores del vivero, hombres del bosque también, se reconocen por pequeños pinos cultivados y por un marro, hecho en madera también, que rememora al instrumento con el cual se marcan los árboles autorizados para el corte, y reiteran que San Juan vive del bosque y que lo sabe. Mientras en el Santuario, a unos pasos de la plaza, se celebra la misa alusiva al día, afuera principia un baile de puertas abiertas en los espacios de cada oficio con las bandas contratadas por cada grupo de trabajadores; el espectro musical no deja de ser abigarrado: mariachis, conjuntos tropicales, bandas norteñas y tradicionales lo mismo tocan —
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Los leñadores son trabajadores del monte que se dedican a descortezar y tajar la madera que ha de ser enviada a las fábricas de celulosa de papel, luego de astillarla en los aserraderos de la comunidad.

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14 simultáneamente— un abajeño, que un son, un jarabe, una "quebradita", un merengue o una cumbia. Allí, entre el ruido ensordecedor pueden apreciarse a unas pequeñitas ataviadas a la manera tradicional, aunque festiva, en el área del oficio de los agricultores quienes, con una yunta de bueyes tienden románticamente un puente desde hoy hasta unos ayeres triturados ya por tractores, rastras y sembradoras mecánicas. La evocación de San Isidro nos traslada hacia un patronazgo que día con día pierde vigencia en una comunidad que vive principalmente de la silvicultura y los aprovechamientos forestales. Ellos (al igual que los resineros), como en tiempos coloniales, rememoran los arcos y los sembradíos artificiales característicos del Corpus y juegan a atrapar falsos ladrones de maíz a quienes imponen una condena de ahorcamiento (que jamás ha de cumplirse) o de pagar una multa para comprar más música y bebida que ha de compartirse con el sentenciado. Terminada la misa hace acto de presencia un personaje colectivo que alegra, solemniza y evidencia un aspecto significativo de la conmemoración. Son las huanánchecha. Ellas en ocasiones como ésta se atavían a la manera "tradicional".33 Las huanánchecha, se ha dicho, rememoran a las jóvenes doncellas del mito cosmogónico purépecha, 34 pero también nos permiten acercarnos a la estructura y la organización sociales purépechas precortesianas refuncionalizadas a través del tiempo.35 Esta es, en este momento, la función más importante. Están allí en compañía de sus tíos rituales: el mayordomo, su esposa, y los cargueros
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El atavío "tradicional" de la huanánchecha consiste de zapato blanco, "naguas blancas", "naguas prietas" (rollo de paño de lana en color negro), blusa azul celeste, trenzas, un delantal adornado (con lentejuela, chaquira, canutillo y tira bordada), rebozo de bolita terciado y una kanakua (corona hecha de pan y orquídeas, depositada sobre una base de madera cubierta con un mantel tejido a ganchillo). 34 Nicolás León, en su "Leyenda inaugural", remite: Las huanánchecha "Aparecen en el fondo oscuro [como] luces fantásticas que se mueven; opacas unas veces como si las cubriese un velo; otras veces brillaban como un fulgor intenso de dulce claridad... Poco a poco los ojos de los peregrinos descubrieron unas blancas vestiduras, coronadas de luces que iban acercándose, flotantes y gallardas... El canto se hizo perceptible; era una plegaria religiosa, tan llena de ternura, que parecía el himno de la virginidad elevado a la más casta diosa del cielo. Los peregrinos entendían la letra de las estrofas que estaban dirigidas a la brillante Cúcuta, la virginal antorcha de la noche... Era una imprecación a la sagrada esposa de `nuestro padre el Sol´, esposa virgen que jamás comparte el lecho con su real consorte y que es sin embargo, la madre de los progenitores del ser humano". Nicolás León, Michoacán, paisajes, tradiciones y leyendas, s.e., México, 1940. 35 Vid. Hilario Topete Lara,"Huanánchecha: el cargo religioso para la exaltación comunitaria de la doncellez... aunque cueste, allá, en San Juan Nuevo Parangaricutiro", ponencia presentada ante el XVII Congreso Internacional de Historia de las Religiones, México, agosto de 1995 (en prensa).

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15 de ambos. Entre todo ellos, ahora, le dan otro sentido a la festividad de Corpus Christi. En efecto, en este ritual aparentemente báquico, el mayordomo se encargará de recorrer todos y cada uno de los lugares de los oficios; al llegar allí, las huanánchecha ofrecerán agua de frutas a los miembros de los oficios y recibirán (exigirán, si es necesario), a cambio, uno de los objetos por ellos expuestos. Las cargueras mayores también harán lo propio, pero ellas depositarán en los hombros, cuello y sombreros, unos hilos de estambre a los cuales llaman "merinos" y que representan los tiempos coloniales en los cuales las mujeres que realizaban su cargo en la Capilla del Hospital se encargaban de cardar, hilar y tejer hilos de lana esquilada a los borregos propiedad del recinto religioso.36 El intercambio a todas luces es desigual. Unos hilos por una silla, una botella de agua de frutas por un tablón de madera. No hay en ello, sin embargo, presiones. Al contrario, existe una gran disposición a la representación; existe, cierta alegría por dar y recibir, regatear y mostrar, de un lado, la habilidad para convencer y, del otro, el orgullo de entregar algo que considera significativo, a decir de algunos informantes. Los cargueros varones, en cambio, sólo son invitados a un trago. Las diferencias de actividades y funciones remiten a una concepción de la esfera de la producción muy común entre diversos grupos étnicos asentados en el territorio mexicano: el comercio, "como no produce", es indigno del hombre, "razón por la cual el hombre siempre pierde en el regateo", a decir de otros informantes; asimismo, la mujer, como en el caso de las jóvenes, sólo coadyuva a la producción visitando los lugares de trabajo para llevar bastimento a los trabajadores, según una interpretación recogida entre los propios cargueros. Una vez logrado el fin, con un paso, una coreografía y una música que no cambia, se dirigen a otro oficio. Cuando se ha terminado por recorrer todos, se retiran hacia la Capilla del Hospital, dejando tras de sí, una fiesta donde cualesquiera puede participar de la música y del trago, si es invitado. Antes de terminar Fenoménicamente, esto es un acto de comercio, o la simple representación teatral de algún mercado en el cual las botellas y los "merinos" suplen a la mercancía dinero. En realidad, se trata de intercambios desiguales que no pueden considerarse como reales trueques ni como transacciones comerciales. Es observable, asimismo, que sólo las mujeres intercambien y que
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Puede tratarse, también, aunque no existen datos de soporte, que los "merinos" refieran a un cargo político de la feudalidad española, concedido por disposición real, con funciones de fiscalía en el mercado de la merindad.

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16 nunca, en el regateo, un trabajador gane a una carguera: su autoridad no se discute. ¿Qué es lo que hay detrás, entonces? Es evidente que un oficio no es un cargo; por lo tanto, comunitariamente no se adquiere ningún prestigio personal con él, en una comunidad donde el honor social es un valor deseable; sin embargo, como colectivo, ofreciendo música, comida y bebida, sí puede alcanzarse. Cada uno de los objetos, aun los miniaturizados, representa la habilidad del realizador que se difumina en el conjunto. Por otro lado, la presencia del mayordomo, cuyo honor social no está sujeto a duda, ratifica que el desempeño de sus funciones —apoyado por las propias de sus cargueros— constituye, entre otras cosas, un medio de reificación social que, en este caso, rememora los tiempos en que fungía como eje integrador de las estructuras social y económica: parte de lo producido en la comunidad se concentraba en la Capilla del Hospital (que era a su vez una unidad productiva autosuficiente sostenida por los miembros de la comunidad mediante rotaciones constantes); allí era entregado al carguero llamado "arriero" para que lo llevase a tierra caliente para conseguir sal y otras mercancías de difícil acceso en la región que eran llevadas a San Juan para su redistribución. Asimismo, la cita que se dan los barrios en el interior del Santuario para la edificación de los altares evidencia el enorme poder de convocatoria de la iglesia y del religamiento que esta institución hace de la geopolítica sanjuanense por un lado; por otro, muestra el valor que tienen aún el parentesco consanguíneo, el parentesco ritual, las afinidades barriales y las reciprocidades en trabajo, alimentos, dinero y materiales. A través de las huanánchecha, la comunidad ratifica un profundo y olvidado pasado mítico prehispánico y el enorme valor que se concede a la virginidad femenina y al papel que tiene como reproductora, cuanto portadora de la cultura, de buena parte de la reproducción social. Los recorridos trinitarios (curato, presidencia municipal, mayordomo) que ejecutan los oficios el Jueves de Corpus ratifican las tres instancias de autoridad de la estructura social reconocidas según las reglas de la organización social comunitarias.37 Sin embargo, más allá de las normatividades y de la síntesis que de la estructura y la organización sociales puede leerse en el Corpus Christi, en San Juan Nuevo Parangaricutiro, a través de cada una de sus misiones y realizaciones, se evidencia que uno de los agentes motivadores de la reificación es ese valor
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Estos recorridos trinitarios no se agotan allí. Por ejemplo, para la festividad de Kurpitiecha ("Los que se juntan", para ejecutar sones y abajeños tradicionales en ocasión de la festividad de Reyes), de jóvenes que compiten en danzas, el recorrido también es obligatorio y en el mismo orden.

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17 socialmente deseable que llamamos eufemísticamente Honor Social; puede leerse, también, que las relaciones sociales por medio de las cuales corren las reciprocidades, la cooperación y la ayuda mutua, aún no se destruyen y se aferran al refugio en la práctica religiosa como si se pretendiese que allí estuviesen a salvo de una dinámica capitalista que brega por imponer nuevas formas de ver y vivir al mundo y a la vida. Entrevistas con: Tomás Anducho y esposa, Concepción Campoverde (Cabildos); José Anguiano (Cabildo); Roque Aguilar (mayordomo, 1992); Esteban Alfaro y esposa, Petronila Huitrón (mayordomos, 1994); Luis Velázquez y esposa, Estela Hernández (mandones, 1994); Catalina Chávez (responsable de la imagen y organizadora de los cargueros del Señor de los Milagros, 1995); María Guadalupe López (responsable de la imagen y la organización de los cargueros de la Virgen de Fátima, 1995); Antonio Rodríguez (Q.E.P.D.), responsable de la imagen y de los cargueros de San Isidro (1994).

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