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RESEÑA HISTÓRICA DE LA FUNDACIÓN DE QUITO

RESEÑA HISTÓRICA DE LA FUNDACIÓN DE QUITO

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RESEÑA HISTÓRICA DE LA FUNDACIÓN DE QUITO.

Después del sacrificio de Atahualpa (julio de 1533) en manos de los caudillos conquistadores, el territorio del Tahuantinsuyo y, en particular, el de Quito, fue escenario del gran empuje con que los españoles intensificaron sus planes de sometimiento. Además de Francisco Pizarro, en el sur, en la región quiteña aparecieron Diego de Almagro, Sebastián de Benalcázar y otras figuras. Ocurrió entonces que Benalcázar, en conocimiento de que su compatriota Pedro de Alvarado dejaría Guatemala para dirigirse a la zona de Quito en pos de mayores ganancias para su empresa, no demoró tampoco para ponerse en marcha desde San Miguel de Piura hacia el Norte, con la finalidad de mantener los privilegios y riquezas que iba acumulando en el sector adonde llegó impulsado por su afán de conquistador. Aunque Francisco Pizarro nunca autorizó la salida de Benalcázar, este puso manos a la obra a su propósito. Tras abandonar San Miguel de Piura llegó a la circunscripción de Loja en los primeros meses de 1534; desde allí decidió continuar hasta situarse en los alrededores de Tomebamba, para descansar y planificar una mejor organización de la hueste que lo acompañaba. Dispuesto a cortar el avance del audaz Pedro de Alvarado y decidido también a demostrar su liderato e iniciativas frente a sus compañeros de aventura que en ocasiones lo habían relegado, Benalcázar redobló esfuerzos y siguió su trayecto en medio de los asedios y ataques de los aguerridos defensores de la tierra quiteña al mando del general indígena Rumiñahui. Cuando Benalcázar se disponía a entrar en Riobamba, la antigua, padeció el acoso de los naturales a quienes enfrentó a mediados de 1534 en Tiocajas, Colta y sectores aledaños. Una repentina erupción del Cotopaxi resultó providencial para los españoles, porque escaparon de la inminente derrota en manos de los indígenas. Benalcázar llegó en julio de 1534 a la fortaleza de Pichincha y encontró que la Quito indígena estaba prácticamente en escombros, como consecuencia de la orden que dio el astuto Rumiñahui para que se escondan los tesoros y se incendie la ciudad. Todo, como rechazo a los invasores que, a más de su sed de oro, tramaban la esclavitud para quienes poblaban en esta parte del continente. ¿ Mientras Benalcázar era testigo impotente de las ruinas de la Quito indígena, otro conquistador, Diego de Almagro, llegó del Perú a la nación quiteña por órdenes de Francisco Pizarro, para exigirle explicaciones sobre su actitud. Ante los acontecimientos, el emisario pizarrista buscó como única alternativa el apoyo de su coterráneo y así salir airoso ante la presencia de Alvarado, cuestión que le daría vía libre para seguir sus faenas de conquista. Dispuesto a ganar tiempo y para evitar más dificultades y contratiempos, el 15 de agosto de 1534, Diego de Almagro fundó la ciudad de Santiago en las planicies de Riobamba y de esa manera tomó posesión de las tierras para la jurisdicción de Francisco Pizarro. Este acto terminó con las pretensiones de Pedro de Alvarado, quien sin otra alternativa tuvo que pactar con sus adversarios.

El 28 de agosto de 1534, en el mismo sitio que Diego de Almagro fundó la ciudad de Santiago, aconteció lo que varios historiadores llaman la 'fundación a distancia' de San Francisco de Quito. Esta ceremonia incluyó la formación del Ayuntamiento o Cabildo de la nueva Villa, con la juramentación legal de dos alcaldes y ocho regidores. El escribano Gonzalo Díaz dio fe de este acto que ejecutó el mariscal Diego de Almagro. El domingo 6 de diciembre de 1534, al cabo de tres meses y días del ceremonial protagonizado por Diego de Almagro en las inmediaciones de Riobamba, correspondió al teniente de gobernador, Sebastián de Benalcázar, confirmar y ejecutar la fundación de la villa de San Francisco de Quito sobre las ruinas que dejó Rumiñahui. Banalcázar ratificó a las autoridades del Cabildo que se formó en agosto, compuesto de regidores y alcaldes. De igual modo, se realizaron otros pasos que dieron total legalidad al asentamiento efectivo de Quito. Por tales circunstancias, Sebastián Moyano de Benalcázar (Belalcázar) resultó el indiscutible instalador de la Villa de San Francisco de Quito en el sitio donde actualmente luce su señorío y belleza. DOCUMENTOS TETIMONIALES Acta de la Fundación de la Villa de San Francisco de Quito (Fragmento) En la ciudad de Santiago a veinte y ocho días del mes de agosto años del nacimiento de Nuestro Salvador HiesuXrispo de mil quinientos y treinta y cuatro años el magnífico señor don Diego de Almagro, Mariscal de su Magestad en estos Reinos de la Nueva Castilla por su Majestad y Lugar Teniente General de Gobernador y Capitán General en ellos por el muy magnífico señor el Comendador don Francisco Pizarro Adelantado Gobernador y Capitán General de los por su magestad etcétera y por virtud de los poderes que de Su Magestad tiene como su Teniente general de Gobernador y Capitán General fundaba y fundó otro pueblo, en el sitio y asiento de donde está el pueblo que en lengua de indios ahora se llama Quyto que estará a treinta leguas más o menos de esta ciudad de Santiago, al cual puso por nombre la Villa de San Francisco. Fuente www.wikipedia.com Inauguración del Primer Cabildo en la Villa San Francisco de Quito (Fragmento) En la villa de San Francisco de la provyncia de Quyto, a seys días del mes de diciembre años del nascimiento de nuestro salvador Jhesuxristo de myl quynyentos e treynta a cuatro años el muy noble general de la dicha provyncia por el ylustre e muy magnifico señor el comendador don Francisco Picarro adelantado governador e capitan general de estos reynos de la nueva castilla por sus magestades en presencia de my Concalo Diaz scriuano de sus magestades e su scriuano e notario publico en la su corte el dicho señor capitan (mando a) dixo que mandava e mando a my el dicho scriuano notefique a los alcaldes e rregydores deste dicha villa que rresydiesen (en ella) e admynystrasen en ella la justicia de su magestad e que husasen de los dichos oficios de alcaldes e

rregydores conforme a la fundación y elección que hizo el magnifico señor don Diego de Almagro mariscal en estos rreynos de la nueva castilla por manera que esta dicha villa fuese bien rregida e la justicia de su magestad en ella admynystrada so pena de quynyentos pesos de oro para la camara de su magestad demas de las otras penas en derecho establecidas e Ansy mysmo mando a pregonar publicamente esto por dicha villa que todos los españoles que quysyesen asentar por vezinos della paresciesen a beniesen, a se asentar oy dicho dia ante my el dicho scriuano e que el les mandaria señalar solares e exidos y lymites a la dicha villa testigos francisco rryz e mycael de velasco y otros . Fuente www.wikipedia.com BARRIOS TRADICIONALES El Panecillo.- Los incas lo llamaron Ñahuira (a la manera de Pucará, Guachalá, Changalá, Machalá) que quiere decir el lunar, el grano asentado. Después, los primitivos españoles le pusieron el nombre de Cerro Gordo, en el sentido de su redondez, y los posteriores españoles le denominaron El Panecillo, pequeño pan. La Loma Grande y Chiquita.- Porque son dorsos de lomas cubiertas de calles y de casas. La Ronda.- Por ser una calle muy estrecha, igual a Las Rondas de España. La Guaragua.- Quiere decir en idioma aborigen 'lugar pintoresco, tachonado de estrellas'. ANÉCTOTAS QUITEÑAS El aeropuerto-potrero Noviembre de 1920: mes y año famosos en los anales de la aviación quiteña. El 28 de ese mes apareció, por primera vez en los fastos de la Capital, un avión de verdad y volando. Fue El Telégrafo I, pilotado por el italiano Elia Liut, que antes había dado una singular emoción en Cuenca, tras un vuelo de fama iniciado en Guayaquil. Todo fue singular. Nadie habló de otro tema. El presidente de la República, José Luis Tamayo, compartió la curiosidad y solemnizó varios actos. Pero en medio del entusiasmo, dos ciudadanos mostraban gestos de rabia: Nicolás Espinosa y Pedro Saá. Lo que pasa es que el perverso e inoportuno avión aterrizó en un campo contiguo a las propiedades de Espinosa y Saá. En el único sitio apropiado, pero Saá vio con mayor paciencia el paso entusiasta del público por entre los sembríos que heredó a su madre, doña Mariana Jaramillo de Saá. Espinosa se enfureció. Su pérdida era mayor y concurrió hasta las autoridades pidiendo por lo menos algo de indemnización, aunque con poca suerte. -¿Cómo hacen campo de aviación en los terrenos de nuestras haciendas? gritó Nicolás, sin encontrar respuesta. El propio Elia Liut había escogido el sitio. Y, pese a las protestas, el pequeño avión de las altas hazañas siguió en su sitio, inmóvil y admirado, hasta el 9 de febrero de 1921.

QUITO CAPITAL DEL ECUADOR El Congreso del Estado del Ecuador en Colombia, Considerando: Que el Sur de Colombia se ha separado del resto de la República y es urgente fijar la Capital del nuevo Estado independiente; Que, a más de haber sido la Capital del Distrito del Sur y la primera en lanzar el grito de independencia de España, Quito posee clima saludable, abundantes víveres, muchas comodidades para la vida y locales decentes para los tres poderes. Decreta: Art. 1°- La Capital del Estado Ecuatoriano será siempre la Ciudad de Quito. Art. 2°- El Congreso celebrará en ella sus sesiones. Art. 3°- Los altos funcionarios de los poderes Ejecutivo y Judicial residirán en dicha ciudad. Cuando se halle apestada, invadida por el enemigo, o en momentos difíciles, el Presidente de la República podrá llevarla a otro lugar y la regresará enseguida que pase el peligro. Art. 4°- Ninguna orden, decreto o reglamento que diere el Gobierno fuera de la nombrada Capital y sus cinco leguas, tendrá valor. Esta es una de las leyendas más famosas de la ciudad de Quito. Y, según cuenta la historia, todo empezó en la Plaza de La Independencia cuando allí aún no existía ningún monumento. En este lugar vivía Bella Aurora, una hermosa joven que asistió con sus padres a una corrida de toros. Según cuentan quienes asistieron a esa corrida, nadie sabe de dónde salió un toro negro que se acercó a Bella Aurora de manera muy extraña. La observó fijamente e hizo que la niña espantada se desmayara del miedo. Sus padres desesperados salieron inmediatamente del lugar, llevándola a su hogar y pidiendo ayuda a un doctor que no se explicaba el por qué Bella Aurora no podía reaccionar desde aquel susto. El toro al no ver a la niña en la Plaza, saltó la barrera dirigiéndose a la casa 1028, donde vivía Bella Aurora. El animal entró en su casa y lleno de furia tumbó la puerta de su habitación. La joven, que aún continuaba en un estado de nervios, solo alcanzó a gritar y él la embistió, acabando con su vida. Hasta ahora nadie sabe de dónde salió ese extraño toro y por qué atacó a la niña. Al parecer ese será un mito que nunca podremos descubrir. EL GALLO DE LA CATEDRAL Había una vez un hombre muy rico que vivía como rey. Muy temprano en la mañana comía el desayuno. Después dormía la siesta. Luego, almorzaba y, a la tarde, oloroso a perfume, salía a la calle. Bajaba a la Plaza Grande. Se paraba delante del gallo de la Catedral y burlándose le decía: ¡Qué gallito! ¡Qué disparate de gallo! Luego, don Ramón caminaba por la bajada de Santa Catalina. Entraba en la tienda de la señora Mariana a tomar unas mistelas. Allí se quedaba hasta la noche. Al regresar a su casa, don Ramón ya estaba coloradito. Entonces, frente a la Catedral, gritaba: ¡Para mí no hay gallos que valgan! ¡Ni el gallo de la Catedral! Don Ramón se creía el mejor gallo del mundo! Una vez al pasar, volvió a desafiar al gallo: ¡Qué tontería de gallo! ¡No hago caso ni al gallo de la Catedral!

En ese momento, don Ramón sintió que una espuela enorme le rasgaba las piernas. Cayó herido. El gallo lo sujetaba y no le permitía moverse. Una voz le dijo: - ¡Prométeme que no volverás a tomar mistelas! - ¡Ni siquiera tomaré agua! - ¡Prométeme que nunca jamás volverás a insultarme! - ¡Ni siquiera te nombraré! - ¡Levántate, hombre! ¡Pobre de ti si no cumples tu palabra de honor! - Gracias por tu perdón gallito. Entonces el gallito regresó a su puesto. Cuentan quienes vivieron en esos años, que don Ramón nunca más volvió a sus andadas y que se convirtió en un hombre serio y responsable. Además dicen algunas personas que el gallito nunca se movió de su sitio, sino que los propios vecinos de San Juan, el sacristán de la Catedral, y algunos de los amigos de don Ramón, cansados de su mala conducta, le prepararon una broma para quitarle el vicio de las mistelas. CANTUÑA Se dice que hace muchos años atrás cuando se construía el atrio de la Iglesia de San Francisco trabajaba un indígena llamado Cantuña, que era el responsable de terminar la obra. El tiempo pasaba y la obra no se concluía, Cantuña era amenazado con ir a prisión si no terminaba la obra a tiempo y esto lo ponía muy nervioso. Pero un día, cuando regresaba a su casa salió de entre las piedras un pequeño hombrecillo vestido de rojo, con nariz y barba muy puntiagudas que con voz sonora le dijo: Soy Satanás, quiero ayudarte. Yo puedo terminar el atrio de la iglesia antes de que salga el sol. A manera de pago, me entregarías tu alma. ¿Aceptas? Cantuña, que veía imposible terminar la obra a tiempo le dijo: Acepto, pero no debe faltar ni una sola piedra antes del toque del Ave María o el trato se anula. De acuerdo respondió Satanás. Decenas de diablos se pusieron manos a la obra y trabajaron sin descanso. Cantuña, que miraba con miedo cómo se iba terminando la obra se sentó en un lugar y se dio cuenta de que faltaba una piedra. Fue entonces cuando sonó el Ave María y al faltar esa piedra para terminar la obra logró salvar su alma. El diablo, muy enojado, desapareció y Cantuña además de salvar su alma pudo ver terminada la obra que se conserva hasta hoy. EL PADRE ALMEIDA En esta historia se cuenta como un padre franciscano del convento de San Diego no era precisamente un ejemplo de conducta. Dice la leyenda que este padre, todas las noches, salía a tomar aguardiente. Para salir tenía que encaramarse hasta una ventana apoyándose en un brazo de la imagen del Cristo. Pero una noche, mientras intentaba salir, se dio cuenta que la imagen lo regresó a ver y le dijo: ¿Hasta cuándo, Padre Almeida? Y éste le contestó: Hasta la vuelta. Y se marchó. Una vez ya chumado (borracho) salió de la cantina y yendo caminando por las calles de Quito, tropezó con seis hombres altos, vestidos de negro, que transportaban un ataúd, y cayó

Al levantarse regresó a ver en el interior del ataúd y se vio a él mismo. Y huyó despavorido. Se puso a pensar que eso era una señal de que podía morir intoxicado y desde aquel día no volvió a tomar. Y desde entonces la cara del Cristo apareció más sonriente Sebastián de Benalcazar llega a la ciudad de Quito, y mira que ha sido incinerada por el astuto general Rumiñahui, posteriormente el 15 de Agosto de 1534, Diego de Almagro Fundó la 1534, al cabo de tres meses y días del ceremonial protagonizado por Diego de Almagro en las inmediaciones de Riobamba, correspondió al teniente de gobernador, Sebastián de Benalcázar, confirmar y ejecutar la fundación de la villa de San Francisco de Quito sobre las ruinas que dejó Rumiñahui. Incendiada

ciudad de Santiago en la planicies de Riobamba, finalmente el domingo 6 de diciembre de

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