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Teoría del polisistema

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Teoría del polisistema

Itamar Even-Zohar

(En Poética y literatura comparada, Tel Aviv, 1975) Traducción de Liliana Fortuny Trascripción de Pamela Rivera Para Roman Jakobson y en memoria de Yuri Tinianov sine quibis non.

INTRODUCCIÓN

Desde que se inició la hipótesis del polisistema en 1970 (Even-Zohar 1970: rep. 1978- 1113) un creciente número de estudiosos [i] interesados en el problema, yo inclusive, hemos estado llevando a cabo trabajos sobre la manera de desarrollar el tema, discusiones sobre su aplicabilidad y pruebas diversas, estudios piloto e investigaciones más amplias. Esto resulta alentador no sólo porque de este modo la hipótesis del PS se transforma cada vez más en parte del dominio público y por lo tanto se evita el peligro de que se convierta en un capricho personal, sino porque, sobre todo, da esperanzas de que se acelerará el proceso total de pasar de las premisas meramente teóricas a una teoría y práctica de la investigación más desarrollada. El propio trabajo ha avanzado naturalmente en etapas y deliberadamente no ha ofrecido una perspectiva sintética: ni los hallazgos, ni las afirmaciones que realicé en diversos artículos se han defendido siempre a favor de la hipótesis del PS. Sin embargo, a las ventajas obtenidas por haber dejado el campo relativamente abierto para introducir nue-

vas ideas y evitar la petrificación dogmática apresurada, han seguido ciertas desventajas. Es obvio que el desarrollo gradual de las propias ideas puede no interesar necesariamente a los demás o puede que los otros no las sigan. Por lo tanto, como observo en mi propio trabajo, así como en el de los demás, siento que diversas cuestiones ahora no parecen estar totalmente explicadas ni entendidas por completo. Por el contrario, para que la hipótesis del PS pueda manejarse mejor que los modelos previos con los fenómenos complejos que intenta explicar, sus nociones fundamentales requieren reformulación y reevaluación continuos y deben sugerirse formulaciones nuevas. El siguiente trabajo intentará aclarara los puntos fundamentales, comentar algunos malentendidos, proporcionar alguna información básica y referirse brevemente al trabajo realizado hasta el momento. 1. SISTEMA Y POLISISTEMA EN EL FUNCIONALISMO MODERNO: Lo estático vs. Lo dinámico

La idea de que los fenómenos semióticos, es decir, los modelos de comunicación humanos gobernados por signos (por ejemplo, cultura, idioma, literatura, sociedad) deben considerarse como sistemas y no como conglomerados de elementos diversos, ha llegado a ser una de las ideas principales de nuestro tiempo en la mayor parte de las ciencias humanas. Por lo tanto, la recolección positivista de datos tomada de buena fe sobre fundamentos empiristas y analizada la base de su sustancia material, ha sido remplazada por un enfoque funcional basada en el análisis de relaciones. Vistos como sistema, se volvió posible describir y explicar cómo operan los diversos agregados semióticos. En consecuencia, se abrió el camino para lograr lo que se ha considerado a lo largo del desarrollo de la ciencia moderna como el objetivo fundamental de ésta última: detectar aquellas reglas que gobiernan la diversidad y complejidad de los fenómenos más que su registro y clasificación. Dado que los enfoques pre-funcionalistas casi nunca intentaron detectar tales reglas, los que fueron tomados como “fenómenos” (es decir, los objetos para observación/estudio) en realidad no se superpusieron con lo que fue posible detectar una vez que se empezó con las hipótesis funcionales. De esta manera, la idea de sistema ha hecho posible no sólo dar cuenta adecuadamente de los fenómenos “conocidos”, sino que también permitió el descubrimiento de fenómenos “des-

conocidos”. Además, los datos conocidos de los que no se había pensado nunca que fueran correlacionables con los datos observados se volvieron ahora significativos para estos últimos. Me resulta necesario describir en detalle la manera en que esto cambió las estructuras y los métodos, los interrogantes y las respuestas de cada disciplina en la cual fue introducido. Sin embargo, a pesar de las premisas comunes, el enfoque funcional no ha sido suficientemente unificado. Hablando a “grosso modo” se han propagado dos programas diferentes y altamente incompatibles. Desafortunadamente, este hecho no ha sido siempre entendido y ha ocasionado mucho daño al desarrollo de diversas disciplinas semióticas. Además, el hecho de no distinguir entre esos programas, no sólo dio una idea equivocada acerca de sus respectivos contenidos, sino que hizo difícil apreciar fundamentalmente lo que cada uno estaba destinado a lograr. Es de lamentar que mientras que esto es reconocido como un lugar común trivial en algunas partes de la moderna tradición semiótica, aún están a la orden del día las presentaciones incorrectas, inclusive a cargo de “profesionales”. En honor a la brevedad, me referiré a los programas respectivos como “la teoría del sistema estático” vs. “la teoría del sistema dinámico”. Se ha identificando erróneamente la teoría del sistema estático con el enfoque “funcional” o “estructural” y en general se ha hablado de ella como de las enseñanzas de Saussure. En los escritos de de Saussure y en obras subsiguientes dentro de su tradición, el sistema se concibe como una red de relaciones estática (“sincrónica”), en el cual el valor de cada elemento es una función de la relación específica en la que ésta entra. Mientras la función de elementos, así como las reglas que los gobiernan, son detectadas de esta manera, no existe casi ninguna forma de dar cuenta de los cambios y variaciones. El factor de sucesión temporal (“diacronía”) se ha eliminado del sistema y se considera que no puede ser tenido en cuenta por las hipótesis funcionales. Por lo tanto, la diacronía se considera extrasistémica y, dado que fue identificada exclusivamente con el aspecto histórico de los sistemas, ha sido virtualmente desterrada del reino de la lingüística. Son evidentes las desventajas de introducir el concepto de sistema para reemplazar la recolección de datos mecanicista. Además, la reducción del sistema a un aspecto ahistórico y extratemporal, por así decirlo, no está equivocada per se. La escena lingüística del tiempo, con su gran concentración sobre el campo histórico, concebida como no sistémica, clara-

mente constituyó un obstáculo para descubrir no la manera en que el lenguaje difiere en diversos períodos, sino la manera en que opera. Por medio de la reducción se había logrado un nivel de abstracción adecuado y los mecanismos principales de la función del lenguaje fueron así dejados al descubierto. Es obvio que desde el punto de vista de un modelo tan abstracto, la posible existencia simultánea de opciones diferentes dentro de un sistema en un momento dado, no necesita ser considerada si tales opciones son, en un principio, reductibles. Como es bien sabido, desde otros campos de la investigación (por ejemplo la termodinámica), desde el punto de vista metodológico es más efectivo comenzar desarrollando una teoría para sistemas cerrados. Así considerado, el enfoque estático realmente logra su intención última. Sin embargo, si se toma por lo que no es (es decir, por un modelo que apunta a una estimación más cerrada de las condiciones en las que un sistema opera en el tiempo), puede entorpecer la investigación científica. Existe una clara diferencia entre un intento de dar cuenta de algunos principios fundamentales que rigen un sistema fuera del dominio del tiempo y uno que pretenda explicar cómo un sistema opera “en principio” y “en tiempo”. Una vez que se admite el aspecto histórico dentro del enfoque funcional, deben extraerse diversas implicancias. Primero, se debe admitir que tanto la diacronía como la sincronía son históricas, pero la identificación exclusiva de esta última con la historia es insostenible. Como resultado de esto, la sincronía no puede y no debe ser igualada con lo estático porque, en un momento dado, más de un conjunto diacrónico está operando en el eje sincrónico. En consecuencia, por una parte, es obvio que cada una de ellas es, por separado, un sistema. En segundo lugar, como no es necesario que la idea de estructuralidad y sistematicidad sigan siendo identificadas como homogeneidad, un sistema semiótico es necesariamente heterogéneo, una estructura abierta. En consecuencia, muy raramente es un unisistema sino que es necesariamente un polisistema –un sistema múltiple, un sistema de varios sistemas intersectan uno con otro y en parte se superponen utilizando simultáneamente diferentes opciones que funcionan, sin embargo, como un todo estructurado cuyos miembros son interdependientes. Si el enfoque estático, sincronístico (más que “sincrónico”, del que se dijo anteriormente que no es estático) surge de la escuela de Ginebra, el enfoque dinámico tiene sus raíces en la obra de los formalistas rusos y los estructuralistas checos. Sus propuestas han sido for-

muladas más explícitamente y con mayor vehemencia por Yuri Tinianov en el campo de la poética (1987) y Roman Jakobson en el campo de la lingüística (1929, 1931, 1949), así como por ambos autores en conjunto (1929). Su noción de sistema dinámico, sufriendo un cambio constante, cuyo proceso es en sí mismo un sistema, lamentablemente ha sido ignorada en gran medida en ambos campos.[ii] El enfoque sincronístico – el cual como fue entendido resultó falaz – triunfó. Tanto para legos como para “profesionales”, el “estructuralismo” es a menudo equiparado con lo estático y lo sincrónico, la estructura homogénea y el enfoque ahistórico. 2. PS: PROCESOS Y PROCEDIMIENTOS 2. 1. Propiedades generales del PS Frente al panorama descrito, el término de polisistema es más que una simple convención terminológica. Su propósito es hacer explícita la concepción del sistema como dinámico y heterogéneo en oposición con el enfoque sincronístico. Pero nunca se instalará suficientemente en el hecho de que no existe propiedad que pueda relacionarse al “polisistema” que no pudiera, como tal, relacionarse con el “sistema”. El término sistema es apropiado si se está preparado para entender por sistema tanto la idea de una red de relaciones cerrada en la cual los miembros reciben sus valores a través de sus respectivas oposiciones, como la idea de una estructura abierta que consta de varias redes de relaciones concurrentes. El problema reside en que tales prácticas no pueden comprobarse. Por lo tanto, deben acuñarse nuevos términos para hacer que los conceptos que hay detrás de éstos resulten evidentes, aún cuando los viejos términos, en principio, serían suficientes. La fuerza lograda por el término polisistema radica en la multiplicidad de intersecciones y, en consecuencia, en la mayor complejidad de la estructuralidad implicada. Además, pone mucho énfasis en que, para que un sistema funcione, no es necesario que le sea requerida uniformidad. Una vez que se reconozca la propiedad histórica de un sistema (un gran mérito desde el punto de vista de la construcción de modelos más fieles al “mundo real”) se evita la transformación de tal objeto histórico en una serie de casos ahistóricos sin correlación.

Hay que admitir que, puesto que manejar un sistema abierto es más difícil que manejar uno cerrado, los niveles de agotamiento pueden ser más limitados. Tal vez se dará más espacio para la “entropía” que puede ser cuantitativamente superior debido al hecho de que se deben tomar en cuenta más relaciones, y se debe presuponer más de un centro para el sistema. Seguramente esas son “desventajas” desde el punto de vista de la teoría de los sistemas estáticos, pero no desde la perspectiva de los dinámicos. En realidad, el sincronismo puede tratar la idea general de la función del lenguaje, pero no puede dar cuenta de tal función sobre un territorio específico en el tiempo, puesto que los lenguajes son polisitemas, no sistemas. La estructura heterogénea de la cultura en la sociedad puede, por supuesto, estar reducida sólo a la cultura de la clase gobernante, pero esto no resultaría de utilidad fuera del intento de construir modelos homogéneos para dar cuente de los principales mecanismos que rigen un sistema cultural cuando el factor tiempo y las presiones de los sistemas adyacentes son eliminados. La crisis de situación de semiosis heterogénea es tal vez más evidente y “palpable”, por así decirlo, en los casos en que por ejemplo, una determinada sociedad es bilingüe, que es el estado común de la mayoría de las comunidades europeas hasta épocas modernas y muy recientes. En el campo de la literatura, por ejemplo, esto se manifiesta en la situación en que una comunidad posee dos opciones literarias, dos “literaturas”, por así decirlo. Para los estudiosos de la literatura superar tales obstáculos, limitándose sólo a una de ellas ignorando la otra, es naturalmente, más conveniente (o más “cómodo”) que abordar ambas. En realidad, ésta es la práctica común en los estudios literarios, y no hace falta insistir en los malos resultados que se obtienen[iii]. La hipótesis de PS, sin embargo, está destinada precisamente a abordar estos casos, así como aquellos otros menos evidentes. De este modo, no solamente hace posible la integración dentro de la investigación semiótica de objetos (propiedades, fenómenos) que no habían sido notados antes o habían sido rechazados de plano, sino que también tal integración se vuelve una precondición, una condición sine qua non para un entendimiento adecuado de cualquier campo semiótico. Por lo tanto, el lenguaje standard no puede ser explicado sin las variedades no standard; la literatura infantil no se considera un fenómeno sui-generis, sino que se relaciona con la literatura para adultos; la literatura traducida no está desconectada de la literatura “original”; la producción literaria para las masas (novelas policiales o sentimentales, etc.) no es simplemente

desecha como “no-literatura” para evitar el descubrimiento de su dependencia con la literatura “individual”. Además, puede parecer trivial poner el acento en que la hipótesis del PS implica un rechazo a los juicios de valor como criterio para una selección a priori de los objetos de estudio. Esto debe ser particularmente enfatizado en los estudios literarios, donde la confusión entre crítica e investigación aún existe. Si se acepta la hipótesis del PS, entonces se debe aceptar también que la poética histórica literaria – el estudio histórico de los polisistemas literarios - no puede limitarse a las llamadas “obras de arte”, aunque alguien las considerase la única razón de ser de los estudios literarios en primer término. (No es necesario que aceptemos esta actitud). Se debe desterrar este tipo de elitismo de la historiografía literaria. Sin embargo, debe recordarse que este no tiene relación con nuestros criterios como críticos o lectores privados. Esto significa más bien que en la medida en que los académicos descubrieron los mecanismos de la historia literaria, no podemos utilizar juicios de valor arbitrarios y temporarios como criterios para seleccionar los objetos de estudio en un contexto histórico. Los juicios de valor predominantes de cualquier período son en sí mismos una parte integrante de los objetos a ser observados. Ningún campo de estudio puede elegir sus objetos de acuerdo con las normas del gusto sin perder su status como disciplina intersubjetiva. Es natural que alguien pueda interesarse en un área específica de un cambio amplio, pero aún entonces resulta evidente que ninguna parte determinada de cualquier sistema puede analizarse aisladamente. Por otro lado, querría advertir sobre lo que puede denominarse un enfoque “doctoral al revés”. Existe la tendencia entre los que podríamos llamar “eruditos con falsa conciencia”, de ignorar las jerarquías culturales y halagar a la literatura popular, comercial o naive como “la cultura verdadera y exclusiva”, la que realmente es importante para un historiador. Este tipo de enfoque, bastante popular en algunos círculos, no es de mayor utilidad que la del elitismo tradicional o alguna otra forma de entusiasmo romántico hacia los productos del “verdadero espíritu de la nación”, no corrompido, por así decirlo, por la civilización sofisticada. Una historiografía no elitista y no evaluativa intentará eliminar todo tipo de prejuicio. Por lo tanto, no se debe permitir que la hipótesis del PS se convierta en una justificación pseudo-racional de ideas “democráticas” (expresadas a menudo por medio de la denigración de la cultura “erudita”), propagadas por agentes literarios. Ta-

les tendencias, aunque pueden ser legítimas dentro del contexto de la “lucha literaria”, no tienen nada que ver con la disciplina cuya tarea es observar a ésta. 2. 2. Estratificación dinámica y productos sistémicos Si damos por sentado que los sistemas de opciones simultáneas son iguales, la heterogeneidad es reconciliable con la funcionalidad. Dentro de un polisistema existen jerarquíasrelaciones entre centro y periferia, o estratificación dinámica. Esta es la lucha permanente entre los diferentes estratos. Tinianov nos ha enseñado qué es lo que constituye el estado sincrónico del sistema. Éste es la victoria de un estrato sobre otro que produce el cambio en el eje diacrónico. En este movimiento centrífugo vs. centrípeto los fenómenos son llevados del centro a la periferia, mientras que, a la inversa, los fenómenos pueden abrirse paso hacia el centro y ocuparlo. Sin embargo, con un polisistema no se debe pensar en términos de un centro y una periferia, porque varias de estas posiciones están hipotetizadas. Por ejemplo, puede tener lugar un movimiento por el cual determinado elemento (propiedad, modelo) es transferido de la periferia de un sistema a la periferia de un sistema adyacente dentro del mismo polisistema, y luego se mueve al centro de este último. Esos movimientos, o procesos de transferencia que dan por resultado tales transposiciones serán denominados conversiones. Tradicionalmente, a menudo hemos sido confrontados con los resultados de tales conversiones sin habernos dado cuenta de que habían ocurrido o ignorado el origen de sus resultados. Puesto que en la práctica, el (uni) sistema ha sido identificado exclusivamente con el estrato central (lengua standard, cultura oficial, alta literatura, patrones de comportamiento de las clases dominante), las periferias han sido concebidas, en caso de que lo sean, como categóricamente extrasistémicas (lo que, por supuesto, coincide con la ideología contemporánea, es decir, con la “visión interior” del “pueblo-en-la cultura”; cf. Lotman et al, (1975); Voegelin (1960). Esta actitud ha impulsado algunos avances. En primer lugar, no había conciencia de las tensiones de los estratos dentro de un sistema y, por lo tanto, no se detectaba el valor (significado, función) de una variedad de elementos; éstos estaban en clara oposición con otros elementos simultáneos, cuya existencia y naturaleza eran ignoradas. En segundo lugar, como ya fue expresado, no podía darse razón del proceso de cambio, y los cambios tenían que se explicados desde el punto de vista de las invenciones individuales de

las mentes imaginativas o de las “influencias” de otro centro polisistémico (otro idioma/ otra literatura). En tercer lugar, los cambios manifestados materialmente (en la medida en que eran diferentes del proceso de cambio, es decir, de la conversión), no podían ser interpretados porque su naturaleza se ocultaba a la vista del observador. Para qué mencionar, por ejemplo, las ideas distorsionadas sobre la creatividad del escritor, que era reducida a varias nociones de “imaginación” o “inspiración” y, por ende, totalmente inaccesible a toda comprensión verdadera. Se perdió la oportunidad de desenredar el intrincado conjunto que constituyen las condiciones en las que trabaja el escritor, parte de las cuales consisten en ciertas limitaciones pertinentes en tanto que otra es una función de la capacidad del escritor -en casos en que ésta es realmente efectiva- para crear condiciones que él imponga y no que le sean impuestas. En primer lugar, por qué se producen las conversiones, cuáles son las razones para las conversiones específicas y por qué medios ellas se actualizan (realizan), son cuestiones de las que la teoría del PS se ha ocupado cada vez más en proporción directa a las instancias crecientes en que sus premisas fueron sometidas a juicio durante los últimos años. Algo resulta evidente: las relaciones que obtienen dentro del PS no sólo dan razón de los procesos del PS sino también de los procedimientos del PS. Es decir, que las exigencias del PS resultan ser relevantes para los procedimientos de selección, manipulación, amplificación, supresión, etc. que ocurren en los productos reales (tanto verbales como no verbales) pertenecientes al PS. Por lo tanto, aquellos que están interesados no en los procesos que ocurren en su campo específico, tales como la lengua o literatura, sino en la construcción “real” de productos (por ejemplo expresiones lingüísticas, textos literarios) no pueden dejar de tener en cuenta el estado del PS particular de cuyos productos se ocupan. Naturalmente, cuando se tratan sólo productos oficiales (expresiones de idioma standard, “obras de arte” literarias), no se puede detectar el resultado de las exigencias del PS. Enfrentados con innumerables modificaciones dentro de tales textos cuyo status intertextual está claramente manifiesto (tales como la traducción y la adaptación), los académicos lamentablemente a menudo, se refugiaron explicando estos fenómenos con las nociones de “errores” y “desentendimientos”, “malas imitaciones” y “culturas deterioradas”. Puesto que tales académicos no pudieron ver la conexión entre la posición de los modelos textuales (propiedades, carac-

terísticas) dentro del todo estructurado (al cual pertenecen) por una parte, y las decisiones tomadas mientras se producen, esto se transformó en el único refugio posible para ellos.[iv] 2.2.1. Estratos canonizados vs. no canonizados Además de la ley general de estratificación, un gran logro de los Formalistas Rusos ha sido la formulación de la hipótesis particular sobre el status respectivo de los diversos estratos. Tal vez Sklovski (1921, 1923) fue el primero en advertir que en literatura la inequidad entre los diferentes estratos es una cuestión de diferencias socio-culturales. Algunas propiedades, por lo tanto, son canonizadas, mientras que otras permanecen no canonizadas (o, como Bajtin postuló posteriormente, algunas son oficiales en tanto que otras son no oficiales). La canonicidad, como fue propuesta por Sklovski, no tiene relación con el juicio de valor de los textos ubicados en diversos estratos y no constituye un eufemismo para la literatura “buena” vs. la “mala”. Obviamente, “el-pueblo-en-la-cultura” realiza esta identificación para aceptar una y rechazar la otra, pero esto no le da validez como una noción analítica. Además, el hecho de que en determinados períodos ciertas propiedades tiendan a agruparse alrededor de determinados status, no significa que esas propiedades sean “esencialmente” pertinentes a algún status. Sklovski, cuyo punto de partida inicial con la idea de “extrañamiento” (1916, más tarde de “desautomatización”) ha sido ahistórico, corrigió esta falacia argumentando que es la automatización de lo canonizado, su agotamiento, lo que hace posible que lo no canonizado lo reemplace. El mecanismo del cambio literario fue de ese modo explicado por medio del proceso de lo que se llamó conversión, ocasionada, de acuerdo con Sklovski, por la creciente incapacidad de las propiedades canonizadas que ocupan el centro de la literatura, para llenar determinadas necesidades funcionales. Las tensiones entre cultura canonizada - no canonizada (oficial / no oficial, alta / baja, standard / no standard) son universales, están presentes en todo sistema semiótico humano a causa de que, simplemente, no existe una sociedad humana no estratificada, ni siquiera utópicamente. “No hay un lenguaje no estratificado, aunque la ideología dominante que rige las normas del sistema no permita una consideración explícita de otros estratos que no sean canonizados. Ocurre lo mismo en lo referente a la estructura de la sociedad y todo lo relacionado a ese fenómeno complejo. Además, todas las ideologías y experimentos de antiestratificación a nivel social no han resultado exitosos. Lo que podría cambiarse es el medio

por el cual las oposiciones estratificacionales se mantienen intrínsecamente.” (Even-Zohar [1997] 1978: 43). Esta situación, que ha sido justificadamente interpretada como una de las miserias de la humanidad, no necesita ser considerada en todas sus manifestaciones. La ideología de una cultura oficial como la única defendible en una sociedad determinada ha dado por resultado una coacción cultural masiva para naciones enteras a través de un sistema educacional centralizado y ha hecho imposible, aún para los estudiosos de la cultura, observar y apreciar el papel de las tensiones dinámicas que operan dentro de la cultura para su eficaz mantenimiento. De manera similar a un sistema natural que necesita, por ejemplo, de regulación de calor, los sistemas culturales tienen necesidad de un equilibrio regulador para no entrar en colapso o desaparecer. Este equilibrio regulador se manifiesta en oposiciones estratificacionales. Los sistemas canonizados de cualquier polisistema muy probablemente se estancarían después de cierto tiempo si no surgiera rivalidad con un sistema no canonizado que amenazara con reemplazarlo. Bajo la presión de esto último, el sistema canonizado no puede permanecer intacto. Esto garantiza la evolución del sistema, que es la única manera por la que puede preservarse. Por el contrario, cuando no se permite que se aflojen las presiones, a menudo presenciamos un abandono gradual del sistema y un movimiento hacia otro sistema (por ejemplo, el latín reemplazado por los diferentes idiomas románicos) o su colapso total por medio de la revolución (derrocamiento de un régimen, la total desaparición de los modelos hasta el momento preservados, etc.). Por lo tanto, resulta molesto escuchar lamentaciones sobre la declinación de la cultura y la victoria arrasadora, por así decirlo, de la “sub-cultura”. Como dije antes, cuando no existe “sub-cultura”, o cuando a esta no se le permite ejercer verdaderas presiones sobre la cultura alta / oficial / canonizada, no hay posibilidad de que haya cultura “alta” vital. Sin el estímulo de una “sub-cultura” o “arte popular” fuerte, no surgirá la necesidad de una competencia real. En tales circunstancias, toda actividad semiótica canonizada tiende gradualmente a petrificarse. Los primeros pasos hacia la petrificación resultan evidentes en el alto grado de reducción (encuadramiento) y estereotipización creciente de los diversos repertorios. La literatura, por ejemplo, se vuelve muy “libresca”, la lengua se ve reducida a una franja angosta del inventario disponible. Sirven de ilustración para el caso ejemplos como la literatura latina, la eslava tardía o la literatura e idioma hebreos hasta el período israelí, la china, la literatura e idioma árabes

hasta hace muy poco, y así sucesivamente en el nivel lingüístico. Para el sistema, la petrificación es una perturbación operacional: a la larga, el sistema no puede hacer frente a las necesidades cambiantes de la sociedad en la que funciona. Como regla, el centro de todo polisistema es el mismo del sistema canonizado de mayor prestigio. Sin embargo, esto no significa que no exista periferia del sistema canonizado, o que los modelos generadores para todo el PS necesariamente pertenezcan a este último. Sólo significa que es el grupo que rige el PS el que, en última instancia, determina la canonicidad de cierto repertorio (de características, elementos, modelos). Una vez que se ha determinado la canonicidad, el grupo mencionado se adhiere a las propiedades por él canonizadas para mantener el control. Por otra parte, si no se logra el éxito en el primer o en el segundo procedimiento, tanto el grupo como su repertorio canonizado son apartados por algún otro que se abre camino hacia el centro, canonizando un repertorio diferente. En caso de que otro grupo se adhiera al repertorio canonizado, sólo muy de vez en cuando puede tener el control del centro del PS; generalmente se los encuentra en la periferia del canonizado, más tarde llamados “epígonos” por el “pueblo-en-la-cultura”. Sin embargo, como los PS se pueden estancar, los “epígonos” pueden prolongar por largo tiempo su repertorio establecido y, por lo tanto, con el tiempo identificarse -desde un punto de vista estratificacional- con el grupo que inició esa situación. Sin embargo, la canonicidad no es una noción simple, es decir, que no expresa una sola relación claramente definida sino un conjunto de relaciones que aún no han sido explicadas satisfactoriamente. Además, por aproximación de ideas, expresa no sólo el status ya adquirido por una unidad literaria (texto, modelo), sino también su status potencial. Esto es, que puede aplicarse a unidades literarias que estén por ganar status o que están por perder status. Las primeras, a causa de las opciones recién creadas, poseen el potencial de migrar de la periferia al centro del sistema canonizado. Las últimas, por el contrario, tienden a perder importancia en el centro, aunque su status, sin embargo, puede prolongarse indefinidamente. Estas últimas, conocidas técnicamente en literatura como “epigónicas” pueden con facilidad ser empujadas a estratos no canonizados una vez que tales unidades han abandonado determinadas características. Como la situación en el margen fluctúa constantemente, sólo el análisis comparativo histórico detallado podrá ser capaz de llevar a cabo una descripción.

Una clasificación ahistórica que se intente sobre tal corpus irá al fracaso. Se debe poner énfasis en que la canonicidad es análoga no a las oposiciones jerárquicas del lenguaje, sino a las relaciones jerárquicas que rigen el PS lingüístico. Las oposiciones que determinan qué variedad del lenguaje se considerará “standard”, “civilizado”, “vulgar”, “slang”, o “erudito” no son principalmente lingüísticas, sino socioculturales. La selección de determinado conjunto de características para la suposición de cierto status es ajena, en este caso, al agregado en sí mismo. Es obvio que una vez que ha sido seleccionado puede también contribuir a que se prolongue su propia posición privilegiada. Pero inclusive en ese caso sólo estaría perpetuando un principio que fue gobernado no por él mismo sino por algún otro sistema. La literatura canonizada sostenida siempre ya sea por las elites conservadoras o renovadoras se ve limitada por aquellos patrones culturales que rigen el comportamiento de estas últimas. Si la elite requiere sofisticación, excentricidad o las características opuestas para gratificar sus preferencias y controlar el centro del sistema semiótico cultural, entonces la canonicidad se adherirá a esas características tan estrechamente como le sea posible. Por supuesto, muchos componentes de ese mecanismo en realidad han sido transformados en funciones que operan dentro de co-sistemas “más próximos” al PS literario. Hechos de la “vida literaria”, es decir, las instituciones literarias tales como la crítica (no académica), editoriales, publicaciones, periódicos y otros factores intevinientes, son a menudo operadores (functores)[v] de traducción de un sistema sociocultural “más remoto que impone limitaciones. Por lo tanto, se nos permite llevar a cabo un trabajo descriptivo, al menos en cierta medida, “en el campo de la literatura en sí misma” y proporcionar a la poética términos de referencia bien definidos. Podemos observar qué características se reúnen alrededor de qué modelos, y dar por sentado que el PS “se regula a sí mismo” (cf. Lotman, 1976), o sea que, simplemente, registramos qué status ha sido impuesto por qué operadores (functores) de la “vida literaria”, especialmente por aquellos formulados de una manera explícita, por ejemplo artículos polémicos, enciclopedias, historias literarias tradicionales, programas de estudio escolares, etc. (cf. Shavit, 1978). Por lo tanto, puede llevarse a cabo un análisis intrasistémico, que es indispensable si deseamos no caer en prácticas prefuncionalistas o en una sociología positivista ahistórica. Pero si rechazamos la idea de que las relaciones de estratificación intrasistémicas dentro de un PS son, en definitiva, limitadas por un sistema sociocultural más simple, nos quedaremos con una cantidad de preguntas mal hechas y mal respondidas.

2. 2. 2. Tipos primarios vs. secundarios Como se dijo anteriormente (2. 2.) las conversiones, como procesos, se relacionan también necesariamente con los procedimientos específicos impuestos sobre las propiedades de las que se trata. En otras palabras, la conversión tiene correlación con la transformación. Estos procedimientos de diversos tipos a veces son definibles como las condiciones previas de las conversiones, mientras que otras veces son claramente resultado de estas últimas. Que sean una cosa u otra depende del estado específico que rige el PS y de nuestra capacidad de descubrir las reglas generales de la correlación entre conversión y transformación. En primer momento, no se hace evidente que dos principios separados están relacionados porque estos procedimientos están íntimamente unidos al proceso que se discute y porque -durante ciertos períodos de la historia del idioma o de la literatura- determinados procedimientos tienden a operar así permanentemente en ciertos estratos. De alguna manera ellos parecen ser más bien intercambiables. Me temo que éste fue el modo en que las cosas fueron descriptas en varios trabajos míos, pero fueron corregidas de manera explícita en mi última contribución teórica a la materia (Even-Zohar, 1978: 28-35). Propuse la oposición entre los tipos “primario” y “secundario” como el principio que rige los procedimientos implicados en las conversiones (y la estratificación en el PS en general). Pero como en los cuerpos literarios reales que había analizado entonces, los tipos “primarios” tendían a aparecer exclusivamente en el sistema canonizado (y los “secundarios” en el no canonizado), comencé a utilizar el término “sistema primario” para un “sistema canonizado que posee tipos primarios” (y “sistema secundario” para un “sistema no-canonizado que posee tipos secundarios”). Ahora debo rechazar rotundamente esta práctica porque vuelve confusa la cuestión y es incorrecta cuando se toman en consideración otros períodos diferentes a los que traté (cf. Yahalom, 1978). La oposición primario/secundario se refiere al principio que rige las características de los tipos semióticos desde el punto de vista de admisibilidad dentro de repertorios establecidos. Cuando se establece un repertorio (de elementos gramaticales o de modelos literarios) y todos los modelos derivados que le pertenecen (por ejemplo los aspectos gramaticales de las frases, textos literarios) se construyen totalmente de acuerdo con lo que tal repertorio pone a disposición, nos enfrentamos con un sistema conservador. Todo producto individual

(pronunciación, texto) del sistema será altamente predecible y toda desviación se considerará extravagante. Productos del sistema conservador que califico de “secundario”. Por el contrario, el aumento y reestructuración de un repertorio por medio de la introducción de nuevos elementos, como resultado de lo cual cada producto es menos predecible, son expresiones de un sistema renovador. Los modelos que ofrece son del tipo “primario”: la precondición para su funcionamiento es la discontinuidad de los modelos establecidos. Por supuesto, es una noción puramente histórica. A ningún modelo “primario” -una vez que se admite en el centro del sistema canonizado- le lleva mucho tiempo volverse “secundario” si se prolonga lo suficiente. La lucha entre las oposiciones primarias y secundarias no es un determinante de menor importancia de la evolución del sistema, que la lucha entre los estratos altos y bajos dentro del sistema. Es natural que el cambio ocurra sólo cuando un modelo primario se apropia del centro de un PS: su perpetuación denota estabilidad y un nuevo conservadurismo. Generalmente, la perpetuación se rige por medio de sus propias reglas específicas. Por lo tanto, no ha sido posible hasta aquí observar la perpetuación de algún modelo primario sin modificaciones estructurales que pueden ser denominadas ad hoc, “simplificación”. Esto no quiere decir que los modelos primarios son más sofisticados que los secundarios, sino que en el curso de su perpetuación, y dentro de los modelos secundarios que en última instancia emergen de ellos, se lleva a cabo un proceso de reducción. Por ejemplo, los modelos heterogéneos se transforman en definitiva en modelos homogéneos; de este modo se reduce el número de patterns incompatibles dentro de la misma estructura; las relaciones complejas son reemplazadas gradualmente por menos complejas y así sucesivamente. Es natural que el procedimiento inverso se produzca cuando un modelo secundario es manipulado de tal modo que se transforma virtualmente en uno primario. Como dije anteriormente, la canonicidad no se superpone seriamente con la primariedad, aunque puede haber ocurrido en épocas más reciente, o sea, desde la época romántica. Por lo tanto, es importante descubrir qué relaciones se obtiene entre los sistemas canonizados/no-canonizados y los modelos primarios/secundarios. Cuanto más observamos a la literatura con la ayuda de esas nociones, más evidente es que estamos enfrentando un mecanismo semiótico total más que uno exclusivamente literario. Como los sistemas son regidos por quienes los controlan, los medios por los que se lucha dependerán de su eficacia relativa para controlar el sistema. De este modo, cuando el control puede lograrse sólo por ase-

dio de la ruptura (“cambio”) esto se vuelve el principio popular imperante. Sin embargo, en tanto que la “perpetuación” pueda satisfacer a aquellos que podrían perder más con la ruptura, ésta no será apoyada. Naturalmente, una vez que hay una apropiación, el nuevo repertorio no admitirá elementos que puedan poner en peligro su control. El proceso de “secundarización” de lo primario resulta así ser inevitable. Esto es, además, reforzado por un mecanismo paralelo de “secundarización” por el cual un sistema logra estabilizarse a sí mismo, o reprime la innovación. Por medio de tal proceso se retraducen, por así decirlo, nuevos elementos a viejos términos, imponiendo de ese modo funciones precedentes en nuevos portadores más que cambiando las funciones. Por lo tanto, como en el caso de un nuevo régimen que sostiene las instituciones del viejo transfiriendo sus funciones a nuevas personas, así un modelo literario primario, gradualmente alterado, desempeña las mismas funciones de los modelos secundarios de una etapa previa. Desde el punto de vista semiótico, éste es un mecanismo por el cual lo menos inmediatamente entendible, lo menos descifrable, se vuelve más entendible y descifrable. Lo menos conocido y por eso la más atemorizante, lo más exigente y cargado de más información, se vuelve más conocido, menos atemorizante, y así sucesivamente. Empíricamente, esto parece ser lo que la abrumadora mayoría de los “consumidores de cultura” prefiere realmente, y cuando alguien desea controlarlos, esta preferencia estará totalmente satisfecha. 2. 3. Intra e inter-relaciones Los principios y propiedades del PS expuestos en los párrafos precedentes, válidos para las intra-relaciones del PS, parecen tener validez también para sus interrelaciones. Estas interrelaciones se realizan en conjunción con dos tipos de sistemas adyacentes: uno con un todo más amplio perteneciente a la misma comunidad, y otro en el que otro todo, o sus partes, pertenece a otras comunidades, ya sean del mismo origen (clase) o no. En el primer caso, tal perspectiva se basa en la hipótesis de que todo sistema semiótico -por ejemplo la literatura, idioma- es sólo un componente de un PS más amplio, el de la “cultura” al cual es, desde el punto de vista semiótico, sometido y del cual es isomórfico (cf. Even-Zohar, 1979: 39-44), y así correlacionado con este todo mayor y sus otros componentes. Por ejemplo, las preguntas complejas de cómo la literatura se correlaciona con el idioma, la sociedad, la economía, la política, la ideología, etc., pueden aquí, con la teoría del PS, merecer hipótesis

menos simplistas y reduccionistas que de otra manera. Ya no es necesario suponer que los hechos sociales, para tomar un caso, deben encontrar una expresión (forma) inmediata como quería hacernos creer la sociología primitiva o “historia de las ideas” (Geistesgeschichte), el marxismo incluído. Las complejas relaciones entre estos sistemas culturales, si están vistos como del todo isomórficos y funcionales sólo dentro de un todo cultural, pueden observarse sobre la base de concesiones mutuas, que a menudo ocurren oblicuamente, o sea, a través de estrategmas transmisionales y a menudo a través de las periferias. Creo que he demostrado esto, al menos en parte, en mis observaciones sobre la función de la literatura traducida y otros estratos que funcionan principalmente en la periferia. Amplio material y un análisis detallado de tales casos son expuestos por Toury (1977), Shavit & Shavit (1974), Shavit (1978a, 1978b, 1979), Yahalom (1978; y otro en preparación) y otros. Además, si suponemos que, por ejemplo, el sistema literario es isomórfico con el sistema social, sus jerarquías sólo pueden ser concebidas como interactuando con las jerarquías de este último. La idea de una literatura menos estratificada que se vuelve más estratificada, lo que propuse como universal, (“Todos los sistemas literarios se esfuerzan por volverse polisistémicos” cf. Even-Zohar, 1978: 39) puede ser entendida así a causa de las relaciones homólogas que existen entre literatura y sociedad. Lo mismo resulta válido para la noción clave de la hipótesis del PS, la de dicotomía canonizada - no canonizada, expuesta previamente. Esta dicotomía está formulada en términos literarios, porque se supone que la literatura es un sistema que se autorregula. Pero tal concepción es sostenible sólo si el PS literario, al igual que cualquier otro de naturaleza semiótica cultural, es simultáneamente autónomo y heterónomo con todos los otros cosistemas semióticos. El grado de autonomía y heteronomía dependerá de si los elementos (“hechos”) cosistémicos funcionan en su centro o periferia. De este modo, hechos de la “vida literaria” por ejemplo, ideologías literarias, editoriales, crítica, grupos literarios, o cualquier otro modo de imponer el gusto (cf. Eichenbaum (1929) 1971, Shant, 1978) funcionan de una manera más inmediata para la estratificación del PS que otros “hechos” sociales. En otras palabras, la estratificación literaria (o, para el PS, multiestratificación) no opera sólo en el nivel de los textos ni están los textos estratificados exclusivamente de acuerdo con las características inherentes a ellos. Más bien, las limitaciones impuestas so-

bre el PS literario por sus diversos cosistemas semióticos contribuyen a las relaciones jerárquicas que los rigen. En cuanto al segundo caso, o sea, las correlaciones que un sistema mantiene con los sistemas controlados por otras comunidades, las mismas hipótesis son perfectamente válidas. En primer lugar, del mismo modo que un conjunto de fenómenos que opera para determinada comunidad puede ser concebido como un sistema que constituye una parte de un PS mayor que, a su vez, es sólo un componente del PS más amplio de la “cultura total” de esa comunidad, así puede este último ser concebido como un componente en un “mega-polisistema”, es decir, uno que organiza y controla varias comunidades. A lo largo de la historia, tales “unidades” de ninguna manera están bien definidas o concluídas para siempre. Más bien, se da lo opuesto, porque los límites que separan los sistemas adyacentes se desplazan, constantemente, no sólo dentro de los PS sino entre ellos. Los conceptos precisos de “dentro” y “entre” no pueden ser tomados estáticamente. Tal enfoque, como en general el enfoque estático ahistórico, ha sido el mayor obstáculo para la comprensión adecuada de diversos hechos históricos. A modo de ilustración, analicemos ahora un caso más notorio, el de las comunidades europeas y sus literaturas. Es evidente que a lo largo de la Edad Media toda la Europa central y occidental constituyó un polisistema, en el cual el sistema canonizado era controlado por la literatura escrita en latín, mientras que la literatura no canonizada comprendía textos orales/escritos en los diversos idiomas vernáculos. A través de un complicado proceso, este PS colapsó gradualmente para ser reemplazado -alrededor de la mitad del siglo XVIII- por una serie de polisistemas unilingües más o menos independientes, cuya interdependencia con los otros polisistemas se volvió cada vez más insignificante, al menos desde el punto de vista tanto de los consumidores corrientes como de las ideologías dominantes. Sin embargo, para la teoría del PS es evidente que para poder no sólo describir los principios generales de las interferencias sino también explicar su naturaleza y causas con cierta exactitud, se debe postular para ellos una hipótesis de estratificación. Porque, cuando las diferentes naciones europeas surgieron y crearon gradualmente sus propias literaturas, desde el comienzo, determinadas relaciones entre el centro y la periferia participaron en el proceso inevitablemente. Las literaturas que se desarrollaron antes que otras y que pertenecían a naciones que tenían influencia, ya sea por prestigio o por dominación directa, sobre otras naciones, fueron tomadas como fuentes para las literaturas más jóvenes. Como resul-

tado, inevitablemente surgió una discrepancia entre los modelos imitados, y que a menudo fueron del tipo secundario, y los originales, en la medida en que estos últimos pudieran haber sido empujados en ese momento desde el centro de su propio PS a la periferia. De ese modo, la literatura objeto realmente funcionaba, desde el punto de vista del comportamiento de su repertorio, como periferia de la literatura fuente. No es de extrañarse, por lo tanto, que cuando se traducen textos de la primera a la última, por lo general -en términos de la literatura fuente de la traducción- estos textos se secundaricen. A menudo ellos causan la impresión en los receptores de dejà vu, de productos epigónicos. Sin embargo, esta propiedad objetiva de tales textos con respecto a la literatura fuente genética no tiene importancia funcional para su rol (o el rol de los modelos en los que se basan) en su propia literatura. Tales consideraciones son indispensables sólo cuando estamos interesados en descubrir los procesos y procedimientos por los cuales un sistema surgió o se mantuvo y, por supuesto, cuando se investigan procedimientos trasnacionales bilaterales. No es necesario entrar en detalles para explicar la razón por la que el ignorar esas relaciones produce descripciones y análisis ingenuos. En resumen, el punto importante aquí es que la teoría del PS ofrece la oportunidad para tratar funcionalmente los mecanismos de interferencia intersistémica. Las condiciones particulares en las cuales una literatura puede ser interferida por otra literatura, como resultado de lo cual se transfieren propiedades de un PS a otro, es una tarea importante de la teoría de la interferencia y requiere el desarrollo de una teoría de transferencia general (cf. EvenZohar, 1978e, 1979), en un trabajo previo (1975; 1978a), intenté formular diversas leyes de transferencia, parte de las cuales operan sobre el nivel polisistémico. Aquí es evidente la importancia del status relativo de un polisistema contra otro. Esto también lleva a la difícil pregunta de si puede formularse una regla de inventario general, es decir, si se puede inducir de los casos investigados que a menos de que un PS posea determinados elementos no puede funcionar. Si esto ocurre, una literatura que carezca de los elementos necesarios es “más débil”, por así decirlo, que un PS adyacente que los posea. Se desprende que la “más débil” sin demora se apropiará, si nada interfiere, del elemento del que carece. En realidad, tal punto de vista no debe causar la preocupación que tan a menudo se encuentra en los estudios literarios comparativos tradicionales donde repetidamente se realizan intentos para demostrar que determinada influencia, si se admitiera que ésta existe, no fue resultado de la

inferioridad del “apropiador”. Si se acepta la hipótesis de que es probable que las propiedades de la periferia penetren el centro una vez que la capacidad del centro (o sea el repertorio del centro) para cumplir con ciertas funciones se ha debilitado (regla de Sklovski), entonces, no tiene sentido negar que el mismo principio opera también sobre el nivel intrasistémico. De la misma manera, la estructura polisistémica de las literaturas estudiadas es la que puede dar cuenta de los diversos y complejos procesos de interferencia. Por ejemplo, contrariamente a lo que por lo general se piensa, a menudo la interferencia se realiza a través de las periferias y migra más lejos (a los centros) desde estas últimas. Cuando se ignora este proceso, simplemente no existe explicación para el surgimiento y función de elementos nuevos en el repertorio. Los textos semiliterarios, la literatura traducida, la literatura infantil, la literatura popular -todos aquellos estratos rechazados en los estudios literarios corrientes- son objetos de estudio indispensables para una comprensión correcta de cómo y por qué ocurren las transferencias dentro de los sistemas así como entre ellos. 2.4. Estabilidad e inestabilidad; ambivalencia y clasificación Para que pueda operar un PS parece que deben cumplirse diversas condiciones. Por ejemplo, existe un motivo para creer que los sistemas semióticos verbales deben cumplir con determinadas condiciones estructurales, por cuanto ellos están condicionados por un todo cultural (social, económico) más amplio. Aquí tiene validez universal una ley de dinamismo, que puede expresarse de otro modo como una ley de polisistematización. Esto significa que para llenar las necesidades, un polisistema realmente lucha para aprovecharse de un inventario creciente de opciones alternativas. Cuando un PS dado ha conseguido acumular un stock suficiente, hay buenas posibilidades de que el inventario propio bastará para su mantenimiento y preservación al menos que las condiciones cambien drásticamente. Por el contrario, las transferencias intersistémicas permanecen como la única solución o, por lo menos, la solución más firme y se llevan a cabo de inmediato, aún cuando el centro del PS se resista por un tiempo. Esto puede dar la impresión falsa de que al PS le interesa ser permanentemente inestable, lo que es cierto. La inestabilidad no debe identificarse con el cambio, de la misma manera que la estabilidad no debe identificarse con la petrificación. Se deben considerar las nociones en un nivel funcional. Un sistema que es incapaz de mantenerse durante un tiempo y a menudo se encuentra al borde del estancamiento o el colapso,

es inestable desde el punto de vista funcional; mientras que es estable un sistema que atraviesa por un cambio permanente, firme y bien controlado. Sólo los polisistemas estables logran sobrevivir, mientras que los otros simplemente mueren. Por lo tanto, las crisis o “catástrofes” dentro de un polisistema (o sea, acontecimientos que demandan un cambio radical, ya sea por conversión interna o por interferencia externa) que pueden ser controladas por el sistema, son signos de un sistema vital más que de uno degradado. En consecuencia, todos los procesos y procedimientos de naturaleza fluctuante, heterogénea, cambiante -tan rechazados por ser, por así decirlo, indescifrables y enigmáticos- se han convertido en problemas de estudio cruciales para la teoría del PS. De igual manera, la estratificación sistémica, manifestada en el nivel del producto en oposiciones tipológicas (primario/secundario) no puede ser interpretada en términos de hechos concluídos ni como instrumentos de clasificación. En primer lugar, en los períodos equilibrados y estables, la naturaleza y status de los productos (pronunciaciones, textos, modos, patterns) pueden ser relativamente unívocos. Pero cuando los cambios se vuelven más evidentes a causa de diversas presiones funcionales, o cuando el PS está en estado de crisis a causa de que un repertorio petrificado ha ocupado por largo tiempo el centro, entonces inmediatamente se producen “superposiciones”. En éstas se pueden combinar status contradictorios, lo que significa que aquél puede funcionar simultáneamente en más de un sistema. Además, este tipo de ambivalencia así introducida en el sistema parece ser no sólo el resultado del cambio sino también la condición previa de éste. Probablemente es uno de los medios más importantes para la conversión sistémica. Después de alguna modificación, se ha demostrado que la idea de ambivalencia, debida a Yuri Lotman (1976a; 1976c) tiene una importancia especial para el PS según Yahalom (1978; 1979a; 1979b). Estas consideraciones ponen en total evidencia, aún para las mentes más mediáticas, que la idea de “sistema” no tiene nada que ver con la idea de clasificación y nomenclaturas. Desafortunadamente, los hábitos clasificatorios son difíciles de erradicar y tienden a infiltrarse subrepticiamente. Estos pueden constituir un serio peligro al tratar de aplicar los conceptos que propone la teoría del PS porque ésta simplemente no está destinada para abordar una clasificación de textos como tales. Creo que he aclarado ya explícitamente que puesto que el PS es un todo

dinámico, un sistema con muchos niveles, es analíticamente productivo considerar sus “hechos” (desde el punto de vista de las entidades actualizadas - productos/textos) solamente si pueden demostrarse sus varias co (relaciones) mutuas. De este modo, detectar el status y/o el tipo de un producto específico tiene valor no para la clasificación del inventario del PS, por así decirlo, en un momento dado, sino cuando es necesario analizar los procesos y procedimientos involucrados. Además pareciera surgir claramente de toda la presentación de la teoría del PS que el objeto de estudio no puede limitarse sólo a los textos concluídos individuales. Puesto que se supone que el PS es una red de multi-relaciones, es imperioso que aborde muchos textos, a menudo a través de métodos de muestreo. En consecuencia, es la idea de modelo, o sea, una combinación potencial elegida de un repertorio dado sobre el cual ya han sido impuestos “relaciones textuales apropiadas” (orden, concatenación y proposiciones [matriz], cf. Even-Zohar [1972]) la que debe reemplazar a la de texto individual. En consecuencia, este último debe ser tratado como una manifestación de un determinado modelo, ya sea conservador o renovador (y por lo tanto sin precedentes). La importancia de un texto para el PS está por lo tanto determinada sólo por la posición que pudiera haber ocupado en el proceso de creación y/o preservación. En lugar de tratar los textos exclusivamente como sistemas cerrados, estamos orientados al desarrollo de conceptos del repertorio y modelo literarios. Es obvio que los aspectos sintagmáticos del texto literario, las “relaciones textuales propias” no son suficientes, aún con las formulaciones más avanzadas, para llenar las demandas de la hipótesis del PS en los niveles de la teoría y la investigación.

Notas [i] Ver Toury (1974; 1976; 1978). Lembert (1978; 1978ª). Shavit & Shavit (1974; 1976). Yahalom (1978; 1978a; 1979; 1979a). Lefevere (1978) cf. También el informe de Kemer (1977). De menos importancia son los diversos trabajos del Prof. Shmeruk quien, aunque renuente a hacer uso explícito de la teoría del PS, ha realizado su descripción y análisis de la literatura iddish (1978) sobre la idea de un polisistema simbiótico. También encuentro que en proyecto Bunyan construido por el Dr. B. Scholz en Ámsterdam (1976), donde se

utiliza la idea del PS, es valioso para una mayor descripción de los procesos de transmisión intersistémica a través de las periferias. También es muy aclaratorio el reciente trabajo del Prof. Shaked sobre la periferia de la literatura hebrea moderna canonizada, donde predominan claramente los modelos secundarios (Shaked, en prensa). [ii] Resulta verdaderamente incomprensible por qué el Formalismo ha sido acusado de ignorar la historia literaria y reducir los estudios literarios al análisis de textos. El excelente capítulo de Erlich sobre “Dinámica literaria” (1965; 251-271) es muy informativo en este aspecto. Erlich dice: “Los formalistas eslavos tenían demasiado sentido histórico. G. O. Vinokur pretendía que los historiadores literarios de Opojaz estuvieran obsesionados con el verdadero proceso del movimiento, con las divergencias entre las diferentes escuelas literarias hasta el punto de haber virtualmente abandonando los standards críticos aplicables a más de un período.” (Erlich, 1965:253). De la misma manera, es falso afirmar que la tesis de Tinianov – Jakobson (1928) son un documento de transición entre la etapa “primitiva” del Formalismo y la etapa “desarrollada” del estructuralismo checo. Todas las ideas posteriores expresadas por Mukarovsky o Vedicka sobre la historia literaria han sido formuladas – a menudo más clara y menos ambiguamente – en los trabajos de Tinianov, Skolvski, Eichenbaum, Zhirmunski y otros que comenzaron a trabajar en este campo antes de 1920. [iii] El análisis conceptual del caso del polisitema simbiótico hebreo-iddish (cf. Even-Zohar 1970; 1970a; 1978c; 1979b). En esos trabajos se propone la función del iddish como un sistema no canonizado en relación con el hebreo. El completo trabajo de Shmerul confirma ampliamente el caso. Sin duda que este se aplica para cualquier comunidad bilingüe/diglótica, aunque esta idea es a menudo ignorada o rechazada como insostenible. La eslava vs. la rusa; la clásica vs. la romance medio literaria; la árabe y la latina vs. la española / italiana/ francesa/ inglesa son virtualmente casos equivalentes. [iv] Para el debate de las posiciones polisistémicas como restricciones sobre los productos, cf. Even-Zohar (1978b, para la literatura traducida), Shavit (1978a y 1979, para la literatura infantil). [v] N. del T. Functor: 1) Algo que realiza una función u operación.

2) Signo para una función no proposicional, en especial, un signo sincategoremático para indicar operaciones en lógica simbólica.

Fuente: Problemáticas de las Literaturas Hispanoamericanas y Argentinas . http://literaturaslatinoamericanasunsa.blogspot.com/

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