ICIAR, UNA CARRERA SIN FIN…

Plaça Catalunya, Barcelona, 2011

Un lema que se hizo famoso en las recientes manifestaciones y asambleas de los indignados en España, decía, retomando una consigna zapatista: ‘Vamos despacio porque vamos lejos’. Lógico, digo yo. Pero, ¿qué pasa cuando uno (una, en este caso) desafía la lógica? ¿Cuándo una además de ir lejos va rápido? ¿Y cuando esa una, además de ir lejos, además de ir rápido, avanza con valentía, inteligencia y sensibilidad? Pues que esa una actúa en unas veinticinco películas y series de televisión, escribe guiones, se mete a co-productora de cine, realiza cuatro cortos y cinco largos como directora, recibe premios y reconocimientos profesionales, se convierte en la única directora española con una película nominada a un Oscar y… que esa una es Iciar Bollaín. He estado trabajando sobre su cine durante los últimos cinco años—muchos menos, desde luego, de los que llevo saboreándolo como espectadora ya desde que vi aquella precisa y contenida interpretación suya de Estrella en El sur cuando era sólo una adolescente. Luego, Trini y La Niña, Milady y Patricia, Pilar y Antonio, y otros tantos de sus personajes, se han ido convirtiendo en compañeros de viaje. Me han hecho disfrutar y sufrir, me han permitido vislumbrar formas de vivir diferentes, entender mejor el mundo en el que vivo y a mí misma. He disfrutado no sólo de multitud de ratos íntimos viendo su cine, sino también de muchos otros compartiéndolo con mis estudiantes en la Universidad de Roehampton, con otros compañeros en congresos, y con multitud de espectadores en festivales de cine. Me he divertido viendo cómo esa llegada de Milady a Santaeulalia en Flores de otro mundo, o esa torpe escenificación doméstica de dos de los hombres que asisten a la terapia para maltratadores en Te doy mis ojos provocaban la risa en lugares tan dispares como Hyderabad, Nairobi, La Habana o Atlanta. He observado cómo las complicaciones vitales de tres mujeres detectives en Mataharis intrigaban a decenas de saharauis en el campamento de refugiados de Dakhla… Y he disfrutado, en fin, de haber pasado estos últimos años reflexionando y escribiendo sobre ese cine; satisfecha, además, de tener la oportunidad de hacerlo en inglés, para una editorial británica, por lo que supone de reconocimiento de su directora en el extranjero. Cinco años siguiéndole el rastro a Iciar… A veces he logrado acortar distancias… Pero nada, siempre me acaba sacando una cabeza de ventaja: una cabeza desafiante como esas montañas en las que tiene lugar la acción de su nueva película. Aún no está en las tiendas mi libro, e Iciar, con su último viaje fílmico, ya me ha dejado atrás. Yo podría intentar hacer un sprint y escribir un nuevo capítulo, pero seguro que, para cuando lo acabara, estaría ella imaginando otro con su cámara. Ya veo que escribiendo no le alcanzo, filmando desde luego tampoco, escalando, lo dudo. Pero igual… ¿igual si me meto a través de ese espejo en el cielo que nos regala en Katmandú? Igual encuentro la puerta secreta para penetrar en otro de sus complejos mundos. Al menos, durante ese par de horas, se detendrá el tiempo, se detendrá esa carrera … La mía. La suya, desde luego, no. La suya va lejos. ISABEL SANTAOLALLA 30 DE ENERO DE 2012

Isabel Santaolalla es catedrática de cine y español en University of Roehampton, London. Es la autora de The Cinema of Iciar Bollaín, Manchester University Press, 2012.

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